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Loureen y el "puff" de Samuel

Este documento presenta una conversación entre Loureen y Florence después de que Loureen afirma que su esposo Samuel se ha convertido en cenizas frente a ella. Florence duda de la historia de Loureen y trata de averiguar los hechos. Las dos mujeres discuten qué hacer a continuación, con Loureen considerando llamar a la policía pero también queriendo evitar problemas legales. Finalmente acuerdan que Loureen barrerá las cenizas y dirá que Samuel ha desaparecido, mientras Florence la visitará para jugar cartas.

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Loureen y el "puff" de Samuel

Este documento presenta una conversación entre Loureen y Florence después de que Loureen afirma que su esposo Samuel se ha convertido en cenizas frente a ella. Florence duda de la historia de Loureen y trata de averiguar los hechos. Las dos mujeres discuten qué hacer a continuación, con Loureen considerando llamar a la policía pero también queriendo evitar problemas legales. Finalmente acuerdan que Loureen barrerá las cenizas y dirá que Samuel ha desaparecido, mientras Florence la visitará para jugar cartas.

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¡Puff!

Lynn Nottage

Personajes:
LOUREEN
FLORENCE

SAMUEL: ¡Voy a contar hasta diez. Y después no quiero ni verte, ni oírte!


Una, dos, tres, cuatro…
LOUREEN: ¡Vete al diablo, Samuel!

(Oscuro, al encender las luces hay un montón de cenizas en el centro del


escenario)

LOUREEN: ¿Samuel? Ah… Ah… ¿Samuel? No me vengas con tus bromas,


mira que no estoy para juegos. Samuel, no lo hice a propósito. Te prometo que
me portaré bien si vuelves… Bueno, ven, ya está servida la comida.

LOUREEN: Déjate de tonterías y ven a sentarte.

LOUREEN: Ah… No fastidies, ya sé que me olvidé de recoger tu camisa para


mañana, pero puedo lavarte otra. Lo haré ahora mismo ¡Ahora mismo!
¿Sam… , me oyes? Tal vez ni se me ocurrió lavartela. (Retrocede como si
fuera a recibir un puñetazo. Pausa) ¡Ah! (Se sienta a marcar el teléfono.)
Florence, oye hija, ¿Podrías venir un momento? Ha habido un pequeño
accidente… Apúrate por favor… Ah…

(LOUREEN coge una escoba y un recogedor. Se acerca dubitativamente al


montón de cenizas. LOUREEN va y le abre la puerta a FLORENCE. Sin
prestarle atención LOUREEN vuelve a dar vueltas por la habitación)

FLORENCE: ¡Buenas!
LOUREEN: (Señalando las cenizas.) Ah… Ah…
FLORENCE: ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Quemaste algo? (FLORENCE
mira fijamente el montón de cenizas) ¿Qué diablos es eso?
LOUREEN: (Susurra.) Samuel… Creo que es Samuel.
FLORENCE: ¿Qué es lo que ha hecho ahora?
LOUREEN: ¡Es él! ¡Es él!
FLORENCE: Chica, ¿Qué te pasa? ¿Al fin te hizo perder el juicio? Ya yo
sabía que algo tarde o temprano iba a suceder.
LOUREEN: Florence, ¡Llama a la policía!
FLORENCE: Pero ¿Por qué? ¡No me asustes mujer!
LOUREEN: ¡Llama a la policía! (FLORENCE levanta el teléfono y marca un
número rápidamente.) Creo que lo mate.

(FLORENCE cuelga el teléfono)

FLORENCE: ¿Qué?
LOUREEN: ¡Lo maté! ¡Maté a Samuel!
FLORENCE: ¡Qué dices! ¿Está muerto… muerto? Déjate de bromas que no
tengo tiempo para eso. ¿Esta vez lo hiciste de veras?
LOUREEN: (Susurrando.) No sé ni cómo pasó. Fue así, de repente
FLORENCE: ¿Por qué susurras?
LOUREEN: No quiero hablar muy fuerte, no vaya a ser que desaparezca algo
más.
FLORENCE: ¿Dónde está su cuerpo?
(LOUREEN señala el montón de cenizas)
LOUREEN: ¡Ahí!...
FLORENCE: ¿Lo quemaste?
LOUREEN: ¡Yo qué sé! Creo que sí.
FLORENCE: O lo hiciste, o no. ¡Como que no sabes! Loureen, estamos
hablando de homicidio, no de la temperatura del horno.
LOUREEN: Contó hasta cuatro y desapareció. Te juro por Dios.
FLORENCE: ¡No metas a Dios en esto todavía! Siéntate… ¿Tienes algo de
beber?
LOUREEN: No se si tomarme un whisky o celebrar con champagne. Estaba
ahí…
FLORENCE: Cuéntamelo con calma.
LOUREEN: Estaba parado ahí.
FLORENCE: ¿Y?
LOUREEN: Estalló.
FLORENCE: ¿Te volvió a golpear ese hijo de puta?
LOUREEN: No… Estalló. ¡Bum! Delante de mí. Estaba gritando como de
costumbre, luego me levantó esa manaza sarnosa y ¡puff! desapareció…
Apenas pude balbucear y ahora aquí me tienes con un montón de cenizas.
¿Crees que estoy mintiendo?
FLORENCE: Espero que sí, Loureen. Por tu bien y el mío.
LOUREEN: Samuel siempre me decía que si yo alzaba la voz iba a pasar algo
horrible. Y así fue. ¡Soy una bruja… Un engendro del diablo!
FLORENCE: Hija, no me digas que te has estado metiendo otra vez con esas
viejas brujas. ¿No te lo advertí?
LOUREEN: No ha de volver. Oh no, cómo podría… Sería un milagro. Dos en
un día… Podrían canonizarme, peor aún, podrían canonizarle… Lo único que
falta ahora es que me sangren las palmas y me recordarán eternamente como
Santa Loureen, patrona de las mujeres maltratadas. Vendrán peregrinas de
todo el país a ponerme tartas y guisos a los pies y a rogar a esta santa que haga
polvo a sus maridos. Cuántas veces se ha visto que se mande a alguien al
infierno y que la persona se vaya.

(LOUREEN aparenta llorar. Al tratar de consolarla FLORENCE se da cuenta


de que su amiga está riendo histéricamente.)

FLORENCE: ¿Te ha dado por fumar coca?


LOUREEN: ¿Te parece?
FLORENCE: No sería nada raro. He visto a viejas chismosas escurrirse de
fumaderos, haciéndose las santas.
LOUREEN: Florence, trata de ayudarme, no sé qué hacer, me estoy volviendo
loca. ¿Qué hago? ¿Lo barro?, ¿Llamo a la policía? ¿Lo… (Suena el teléfono)
¡Ay, Dios mío!
FLORENCE: ¿Vas a dejar que suene?

(LOUREEN se acerca lentamente hacia el teléfono.)

LOUREEN: ¡No! (LOUREEN pone una mano en el auricular sin levantarlo,


paralizada) ¿Y si es su madre? (El teléfono sigue sonando. Se quedan sentadas
hasta que deja de sonar. Ambas dan un suspiro de alivio.) Me ha convertido en
una asesina, Florence. Tu te acuerdas lo suave que yo era de niña. Soy una
asesina, una asesina, ¡Una asesina!
FLORENCE: No diría eso ni en broma. Ya sabes que las paredes oyen.
LOUREEN: ¿Crees que me apresen? Si me equivoco en algo seguro me dan la
pena de muerte ¿No es lo que hacen con mujeres como yo, con asesinas?
FLORENCE: Hay gente presa por menos.
LOUREEN: Gracias, justo lo que quería oír.
FLORENCE: ¡Y qué esperabas, que alzara los brazos, te abrazara y te
felicitara? ¿Por qué se te ocurre perder el juicio a estas alturas, cuando yo
tengo el arroz a medio cocinar y Edgar está  a punto de llegar preguntando
donde está su maldita comida. Me vendrá con que no hice nada todo el santo
día y que por qué no trabajo. Me hablará de los limpia que siempre está tu
casa. Y no sé cómo podré mirarle de frente sin…
LOUREEN: Lo siento Florence yo ya no puedo hacer nada.

FLORENCE: ¿Juras por tu tetita derecha?


(LOUREEN sujeta ambos senos)

LOUREEN: ¡Te juro por ambas!


FLORENCE: Ambas tetas Loureen ¿Sabes lo que te pasará si estás
mintiendo?
LOUREEN: ¡Claro! ¿No crees que debería sentir remordimiento,
arrepentimiento o cualquier otro “miento”? Siento una especie de regocijo
raro, algo así como la primera vez que Samuel y yo hicimos el amor, la noche
de la fiesta de graduación. Me siento así como si me hubiera quitado una
tonelada de ladrillos de encima.
FLORENCE: ¡Desgraciada!
LOUREEN: ¿Qué?
FLORENCE: Hicimos un pacto.
LOUREEN:  Ya lo sé.
FLORENCE: Lo has roto… nos pusimos de acuerdo en que cuando las cosas
empeoraran para ambas, íbamos a… ya sabes… juntas… Ahora debo regresar
allá arriba donde ese y después, ¿qué?
LOUREEN: ¡No sé !  ¡Pensé que tú me lo dirías!
FLORENCE: ¡No sé!
LOUREEN: ¡No sé!
FLORENCE: Me has dejado seca. Francamente no sé qué decir.
LOUREEN: Siempre me han dicho, “Quédate en tu lugar, Loureen”. Mi lugar,
un lugar silencioso en el sofá con un refresco en la mano y una sonrisa tierna.
Y yo, todo este tiempo en la luna, sin saber por qué temía él que yo dijera
algo, que hablara. ¡Zas! Nunca pude hacer lo que quise, a excepción de esas
dos semanas cuando Sam se fue...(FLORENCE levanta nerviosa la chaqueta
de Samuel que cuelga del respaldo de la silla y la aprieta inconscientemente)
¡No! ¡No! No arrugues esa chaqueta. Me mata si se arruga, es su favorita.
¡Cuélgala!
(FLORENCE vuelve a poner la chaqueta en la silla.) Lo siento (LOUREEN
coge la chaqueta y la estruja) ¡Ahí está! (Luego rebusca los bolsillos y saca su
billetera y una entrada de cine) ¡Fíjate! Me dijo que anoche no fue al cine, que
estuvo trabajando hasta tarde. (Loureen busca en la billetera.) Una foto de su
motocicleta, su carnet de identidad, su licencia de conducir y… ¡mira! una
foto de nuestra boda. Estaba guapa ¿no? (Vuelve a poner las fotos en la
billetera) Hubo algunos buenos tiempos...De mis labios salieron esas palabras
que le hicieron desaparecer. Y en todos estos años Florence, eran tan solo
palabras. Eso era todo.
FLORENCE: Temo que nunca me saldrán esas palabras. Comenzaré a tenerte
rabia ¿Sabes? Temo que nada cambiará para mí.
LOUREEN: He estado en las mismas.
FLORENCE: Edgar  nunca me hizo a mí, lo que Samuel a ti, pero sí que me
hizo la vida un martirio.
LOUREEN: No todavía.
FLORENCE: Tengo que pensar en mis hijos ¿No?
LOUREEN: Puedes pensar en miles de cosas antes de…
FLORENCE: Entonces, sube conmigo… Esperemos a Edgar juntas y cuando
llegue, desembuchas tus palabras y…
LOUREEN: Es que no puedo hacerlo.
FLORENCE: Sí que lo puedes. No me vengas con eso. (LOUREEN niega con
la cabeza.) Bueno, supongo que mis mañanas no cambiarán en nada.
LOUREEN: Si estás tan segura, entonces así será. No podría decirlo.
FLORENCE: Pero ya tienes una escoba y un recogedor. No necesitas nada
más. Ese era un hijo de puta y a nadie le importará.
LOUREEN: Va a comenzar a sonar el teléfono, la gente no tardará en
preguntar y sí que le importará.
FLORENCE:  ¿Qué crimen cometiste? ¡Hablar de una vez por todas!
LOUREEN: Debería llamar a la policía o a alguien.
FLORENCE: ¿Para que? ¿De qué les vas a hablar? ¿De las veces que no
quisieron ayudarte? ¿De las noches que tuviste que dormir en mi cama porque
tenías miedo de quedarte abajo? ¿De la vez que casi te arrancó los ojos por
cambiar el canal en la televisión?
LOUREEN: No.
FLORENCE: ¡Ahora entiendes, chica!
LOUREEN: ¡Adiós a la grasa y a la comida salada! ¡Adiós al whisky y a los
bocadillos de chorizo! ¡Adiós al hedor de sus patas, su aliento y su mierda!
¡Adiós! (LOUREEN se acerca al montón de cenizas) ¿Samuel?... Bueno, por
si las moscas.
FLORENCE: Adiós Samuel.
LOUREEN: Mañana avisaré a la policía que desapareció.
FLORENCE: Por qué no lo haces pasado mañana.
LOUREEN: Tengo un pollo en el horno, si quieres te quedas a comer.
FLORENCE: ¡Qué va! Estoy a medio cocinar arroz. Los chicos se estarán
portando mal y Edgar… bueno… Oye, bajo a verte mañana.
LOUREEN: Vendrás a cenar.
FLORENCE: Edgar no lo permitiría. Tal vez a jugar cartas.
LOUREEN: Bueno, cartas.
(Las mujeres se abrazan durante mucho rato. FLORENCE sale. LOUREEN
queda parada a lado de las cenizas, pensando en lo que debe hacer. Por último
decide barrerlas bajo la alfombra y luego tiende la mesa y se sienta a cenar.)

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