Modelo de carta para eutanasia digna
Modelo de carta para eutanasia digna
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Definición de eutanasia
Lo primero que tenemos que hacer antes de entrar de lleno en el análisis del término que ahora
nos ocupa es establecer su origen etimológico. En este sentido, nos encontramos que aquel
procede del griego y concretamente de la suma de dos vocablos: eu, que puede traducirse como
“bien”, & tanathos, que es equivalente a “muerte”.
«Eutanasia» es una bella palabra, con un origen etimológico rotundo: buena muerte; esto significa
dar la muerte a una persona que libremente la solicita para liberarse de un sufrimiento que es
irreversible & que ella considera intolerable. Sin embargo, por culpa de los nazis, «eutanasia» es
para algunas personas una palabra maldita, que nombra el asesinato de miles de seres humanos
discapacitados o con trastornos mentales, paralelo al genocidio judío. Eutanasia & homicidio (o
asesinato, si es con alevosía, ensañamiento o por una recompensa) son conceptos incompatibles,
porque es imposible que una muerte sea, a la vez, voluntaria & contra la voluntad de una persona.
Por esta razón, el concepto de eutanasia involuntaria es un oxímoron; si no es voluntaria, quizá
sea un homicidio compasivo, pero no una eutanasia.
Concretamente podemos establecer que existen dos tipos de eutanasia. Así, por un lado, estaría la
llamada eutanasia directa que es aquella que viene a definir al proceso de adelantar la muerte de
una persona que tiene una enfermedad incurable. En este caso, a su vez, aquella se puede dividir
en dos clases: la activa, que básicamente consigue la muerte del citado enfermo mediante el uso
de fármacos que resultan letales; & la pasiva, que es la que consiste en la consecución de la
muerte de aquel mediante la suspensión tanto del tratamiento médico que tenía como de su
alimentación por cualquier vía.
Lina María Lemoine Montaño
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Los médicos son los responsables de ejecutar la eutanasia, por lo general con el apoyo de los
familiares del enfermo en cuestión. Hay casos, sin embargo, donde el enfermo se encuentra en
condiciones de elegir sobre su propio cuerpo y solicita la aplicación de la eutanasia. Esta práctica,
sin embargo, está prohibida en la mayoría de los países.
La eutanasia despierta todo tipo de debates éticos. Sus defensores aseguran que evita el
sufrimiento de la persona y que rechaza la prolongación artificial de la vida que lleva a situaciones
que son indignas. Los detractores, en cambio, consideran que nadie tiene derecho a decidir
cuándo termina la vida del prójimo.
Uno de los casos internacionales más conocidos sobre la eutanasia fue la del español Ramón
Sampedro que a los 25 años quedó tetrapléjico por culpa de una mala caída desde una roca al
mar. En una cama vivió desde entonces & siempre pidió morir dignamente. Él necesitaba ayuda
para conseguir dicha muerte e ideó un plan que le llevó a conseguir su objetivo sin que ninguna de
las personas que le habían ayudado incurriera en delito.
Cabe destacar que, a lo largo de la historia, la eutanasia ha sido utilizada como excusa para
concretar la eliminación de grupos sociales. El nazismo promovía la eutanasia de los minusválidos
o discapacitados por considerarlos inferiores & con el argumento de ser un acto compasivo.
Esta situación hace que haya sujetos que apoyan la eutanasia, pero siempre que sea consentida
por el enfermo. De esta manera se evita la aplicación en contra de la voluntad. No es el caso, sin
embargo, de pacientes en coma que no pueden pronunciarse de ninguna manera, ni a favor ni en
contra de la eutanasia. Lo mismo ocurre en el caso de los recién nacidos.
Lina María Lemoine Montaño
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Al acercarse al tema de la eutanasia, algo que llama la atención es la variabilidad de términos que
se utilizan. En los Países Bajos, país pionero en su regulación, la ley de eutanasia (2002) se llama
«de terminación de la vida» a petición propia, mientras que en Bélgica se llama «ley de eutanasia»
(2002). En Oregón, el suicidio asistido se regula en la «ley de muerte con dignidad» (Death with
Dignity Act, 1998), & en California, en la «ley de opción al final de la vida» (End of Life Option Act,
2015). En Canadá, es la «ley de ayuda médica para morir» (Medical Assistance in Dying, 2016), &
en Victoria (Australia) es la «ley de muerte voluntaria asistida» (Voluntary Assisted Dying Bill,
2017).
Por el tabú. A lo largo de la historia, el suicida primero fue un delincuente, luego un pecador &
ahora un loco. Según el Instituto Nacional de Estadística, cada día hay diez suicidios en España: la
mitad se ahorcan, tres se lanzan al vacío, uno se pega un tiro & otro se envenena. La muerte
voluntaria es algo cotidiano, una conducta compleja que la sociedad ha medicalizado para
simplificarla, con el estigma de que el 90% de los suicidas padecen un trastorno mental (poniendo
en duda, sin mucho rigor, la lucidez de estas personas para disponer de su vida).
La muerte voluntaria ha existido desde siempre, pero algo ha cambiado en los últimos 50 años
para que la eutanasia sea hoy una demanda social muy mayoritaria. Por un lado, el aumento de las
enfermedades crónicas degenerativas asociadas al envejecimiento (la mitad de los mayores de 85
años padecen Alzheimer) & de nuestra capacidad para mantener con vida a personas
dependientes en situaciones críticas, & por otro, la emergencia de la autonomía como un derecho
fundamental en una sociedad democrática.
En 2018, con nueve leyes autonómicas de muerte digna & otra similar de ámbito estatal, está claro
que la vida ya no es sagrada (solo Dios la da & la quita), pero únicamente si depende de una
medida de soporte vital, ya sea un respirador o un suero para hidratarse, que pueda ser
rechazada. Veinte años antes, en 1998, Ramón Sampedro no pudo morir asistido por su médico
porque no tenía la «suerte» de estar enchufado a un aparato. Esta es la paradoja de la máquina,
una situación absurda, injustificable desde el sentido común, que es necesario cambiar.
Confundir la eutanasia con el homicidio es como confundir el amor con la violación, o el regalo con
el robo, o lo voluntario con lo forzado. Aun así, divagando sobre los supuestos peligros de una ley
de eutanasia, algunas personas se preguntan: ¿podrían existir formas de coacción más sutiles,
por parte de la familia o de cualquier otro, que obligaran a los ancianos & a las personas más
vulnerables a solicitar una muerte que no desean? ¿Regular la eutanasia nos podría situar en
una pendiente resbaladiza que nos conduciría de forma inevitable al homicidio de personas
contra su voluntad? Ambas preguntas son un tanto enrevesadas, porque sospechan que el médico
sea cómplice de homicidio, algo que no encaja en una relación médico-paciente de confianza. ¿De
qué forma una ley de eutanasia puede convertir a un médico, al que la sociedad confía el
cuidado de las personas, en un ser irresponsable o un verdugo? De ninguna, & por tres razones: la
propia naturaleza de la relación médica, los mecanismos de control de la ley & la experiencia de
los países que han regulado la eutanasia (especialmente Bélgica & los Países Bajos).
Decenas de miles de personas han muerto voluntariamente con una eutanasia en Bélgica, los
Países Bajos & Canadá, o con un suicidio asistido en Suiza & en cinco estados de los Estados
Unidos, sin que haya existido un solo caso de homicidio. En algunos estudios se ha utilizado el
concepto de «terminación de la vida sin petición expresa», que comprende la retirada de medidas
de soporte vital (limitación del esfuerzo terapéutico) & sedaciones paliativas, en las que a juicio del
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Morir es una decisión personalísima. Ninguna persona solicita a su médico una eutanasia sin estar
convencida de que su sufrimiento es irremediable. Además del sentido común, todas las leyes
aprobadas exigen que se consideren todos los recursos disponibles, como los cuidados paliativos.
En Oregón, donde desde 1998 tienen sistematizada la recogida de estos datos, las tres razones
para morir más frecuentes son: el sufrimiento existencial, la incapacidad para disfrutar de la vida &
la pérdida de autonomía. Las personas no deciden morir por miedo al dolor, a síntomas de la
agonía o a cualquier otro que se pueda tratar con paliativos, sino porque consideran que «vivir
así» ya no tiene sentido. Por ello, afirmar que los paliativos son el antídoto de la eutanasia es un
acto de fe que, como tal, no se basa en la realidad (el deseo de morir), sino en las creencias
personales (la muerte voluntaria es inaceptable). En Bélgica, en seis de cada diez eutanasias
intervienen los paliativos; no existe competencia, sino complementariedad. Ese es el camino.
En la aldea global de Internet, cualquier persona con un teléfono puede conseguir una dosis letal
de pentobarbital que el cartero le lleva a su casa. También puede comprar un cóctel letal de
pastillas en la farmacia de su barrio, sin necesidad de receta (o una bolsa, o una soga…). Desde
hace 25 años, las asociaciones pro derecho a morir dignamente ponen a disposición de sus socios
guías de muerte voluntaria con los métodos de auto liberación más fiables. Algunos movimientos
ciudadanos reclaman ir más allá de las leyes de eutanasia e independizarse de la muerte
medicalizada. En Holanda, la cooperativa Por Voluntad Propia facilita a sus socios un conservante
alimentario, que se compra en la droguería a un precio mínimo, que provoca una muerte rápida &
sin dolor. Internet sitúa la muerte voluntaria en otra dimensión. O la ley se adapta a lo que exige la
sociedad, o las personas seguirán tomando sus decisiones, desbordando a la legislación.
Este intento de influir en la sociedad se ha repetido una & otra vez con cada uno de los derechos
civiles, atemorizando a la población con argumentos falsos. La religión católica también
desaprueba el divorcio, los métodos anticonceptivos, el aborto & el matrimonio entre personas
del mismo sexo. En una sociedad plural, la respuesta es obvia: si no quiere, no lo haga, no se
divorcie, no aborte, no solicite la eutanasia…, porque el derecho a morir, a casarse o a divorciarse,
no exige a nadie la obligación de ejercerlo.
Los datos demuestran que la muerte voluntaria puede regularse con seguridad. Ninguna ley de
eutanasia es perfecta, fundamentalmente por la exigencia de unos requisitos. Si el médico
comprende que para esa persona la muerte que desea es la opción menos mala & se siente
comprometido a ayudarle, ¿en nombre de qué o de quién, con qué autoridad, deciden unas
personas ajenas a esa relación de confianza sobre la voluntad de morir? La ayuda médica para
morir debería legalizarse como un acto médico más, cuya única condición sea documentar la
libertad del individuo para disponer de su propia vida, ya sea por razones de enfermedad o por
hartazgo de vivir. Cuanto antes, mejor.
La Biblia no trata el tema de la eutanasia directamente. Ahora bien, lo que menciona sobre la vida
& la muerte nos ayuda a tener un punto de vista equilibrado. Según la Biblia, está mal ponerle fin a
una vida, pero eso no significa que haya que recurrir a medidas extremas para prolongar el
proceso de la muerte.
La Biblia dice que Dios es nuestro creador, “la fuente de la vida” (Salmo 36:9; Hechos 17:28). La
vida es muy valiosa para él, & por eso condena el asesinato, tanto si le quitamos la vida a alguien
como si nos quitamos la nuestra (Éxodo 20:13; 1 Juan 3:15). Además, la Biblia indica que debemos
tomar precauciones razonables para proteger nuestra vida & la de los demás (Deuteronomio
22:8). Está claro que Dios quiere que valoremos el regalo de la vida.
Lina María Lemoine Montaño
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La Biblia no justifica que se ponga fin a la vida de una persona, ni siquiera cuando su muerte es
inminente o inevitable. El ejemplo del rey Saúl de Israel da prueba de ello. Cuando lo hirieron
mortalmente en una batalla, le pidió a su escudero que lo ayudara a quitarse la vida (1 Samuel
31:3, 4). El escudero se negó, pero tiempo después otro hombre dijo que él había ayudado a Saúl a
cumplir su deseo, aunque era mentira. David condenó a ese hombre por derramamiento de
sangre, pues veía ese asunto igual que Dios (2 Samuel 1:6-16).
En la Biblia no se dice que haya que alargar la vida de una persona si está claro que su muerte es
inminente. Por el contrario, ofrece un punto de vista muy equilibrado. La muerte es nuestro peor
enemigo, la consecuencia del pecado que hemos heredado (Romanos 5:12; 1 Corintios 15:26).
Aunque no deseemos morir, tampoco debemos temer a la muerte, ya que Dios promete que
resucitará a quienes han fallecido (Juan 6:39, 40). Las personas que respetan la vida buscan el
mejor tratamiento médico posible. Ahora bien, eso no implica elegir tratamientos que se limiten a
alargar una vida que está llegando a su fin.
No, la Biblia no menciona el suicidio cuando habla de los pecados imperdonables. &, aunque se
trata de un pecado grave, Dios entiende perfectamente que hay factores que pueden hacer que
alguien tenga tendencias suicidas, tales como las enfermedades mentales, el estrés extremo o
incluso la propia genética (Salmo 103:13, 14). Mediante su Palabra, Dios consuela a las personas
que están angustiadas. Además, la Biblia promete que “va a haber resurrección así de justos como
de injustos” (Hechos 24:15). Esto muestra que también pueden resucitar quienes han cometido
errores graves, incluidos quienes se suicidan.
Lina María Lemoine Montaño
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La eutanasia animal no se puede comparar con la eutanasia aplicada a las personas. Dios les da a
los humanos la esperanza de vivir para siempre, pero a los animales, no (Romanos 6:23; 2 Pedro
2:12). Es cierto que la Biblia condena el trato cruel hacia los animales, pero le dio al ser humano
autoridad sobre ellos (Génesis 9:3). Dios espera que cuidemos con bondad a los animales, así que
sus dueños tienen que decidir cuál es la forma más compasiva de tratarlos, lo que incluye la
decisión de poner fin a su vida en caso de sufrimiento (Proverbios 12:10).
El ‘resucitado’ proyecto para legalizar la eutanasia en España repone en el calendario político una
demanda social inexistente. Como se ha recordado, la ley de paliativos es más urgente & menos
dolorosa.
La eutanasia o muerte dulce, en sentido físico no moral, es un concepto en cierto modo engañoso
& contradictorio. Alude a una muerte sin sufrimiento. Pero salvo en algunas circunstancias
inesperadas -muerte repentina por accidente de tráfico, explosión terrorista o infarto súbito-, ante
la muerte siempre hay un periodo de anticipación & de sufrimiento, más psíquico que físico. Por
mucho que se quiera edulcorar, el suicidio asistido o sin asistir implica dolor, angustia, agonía; la
premeditación suele ser más lacerante que la inyección letal. Lo novedoso de nuestra época es
que al tradicional suicidio -comprensible o no, heroico o huidizo, desesperado o enajenado- se le
quiere arropar con la venia médica, quizá para desculpabilizar al afectado & trasladar la acción, la
responsabilidad, a otro, amparándose en una ley que purificaría & limpiaría la sangre. Los griegos,
tan heroicos a veces, no necesitaban tantas retóricas ni leyes para cortarse las venas.
En contraste con las libertades, los derechos implican la cooperación o asistencia de otros. Las
personas mentalmente competentes tienen la libertad de poner fin a sus propias vidas (es decir,
no serán enjuiciadas), pero no existe un derecho reconocido al suicidio que implique la
cooperación de otros. Sí existe el derecho a rechazar medidas no deseadas o “heroicas” que
simplemente prolonguen el proceso de muerte, pero no el “derecho” a recibir un medio letal para
suicidarse.
La mayoría de la legislación se aplica a adultos con enfermedad terminal que tendrán menos de 6
meses de vida. Pero suele estar implícito el criterio de menos de 6 meses ‘sin tratamiento’. Por lo
tanto, un joven con diabetes insulinodependiente podría considerarse “terminal” según la Ley de
Muerte Digna de Oregón, al igual que los que rechazan el tratamiento apropiado, como una joven
con anorexia nerviosa. Es de hecho una tergiversación del significado tradicional del término
‘incurable’.
En los países europeos que las permiten no hay evidencia de eutanasias incorrectas. Hay casos de
suicidio asistido en trastornos psiquiátricos en Bélgica & Holanda amparados por la ley, que iguala
el sufrimiento físico & el psíquico. Entre 2008 & 2014, más de 200 pacientes psiquiátricos fueron
eutanasiados a petición propia en Holanda: el 66 % citó “aislamiento social & soledad”; en el 24
por ciento de estos casos al menos un consultor externo no estuvo de acuerdo.
Nunca se garantiza una muerte pacífica con los métodos actuales. Un artículo de este año en The
New England advertía de que “los médicos que apoyan el SA deben considerar cómo abordar el
potencial de resultados adversos, incluido un tiempo de muerte más largo de lo esperado (hasta 24
horas o más), despertar de la inconsciencia, náuseas, vómitos & jadeos”. Los datos recopilados
entre 1998 & 2015 muestran que el tiempo transcurrido entre la ingestión de drogas letales & la
muerte varía de un minuto a más de cuatro días. Sin embargo, es difícil conocer la tasa real de
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El SA depende por completo del juicio, la autorización & el poder prescriptivo del médico. Además,
la autonomía del paciente es solo una de las cuatro piedras angulares de la ética médica; las otras
son beneficencia, no maleficencia & justicia. Son por otro lado una minoría los que solicitan drogas
letales. & no está claro por qué el auto envenenamiento confiere más dignidad a la propia muerte
que la forma clásica de abandonar este mundo.
Simplemente quieren ‘apresurar’ una muerte inevitable. Las genuinamente suicidas no sufren una
condición terminal, pero quieren morir. Este argumento elimina el suicidio por decreto lingüístico.
El suicidio es el acto de quitarse la vida, independientemente del contexto. Puede haber perfiles
psicológicos que distinguen el suicidio en el contexto de la enfermedad terminal, pero eso no
revierte el significado del término. La mayoría de los suicidios ocurren en el contexto de una
enfermedad psiquiátrica grave. Sin embargo, los que expresan ideación suicida en el contexto de
una depresión mayor rara vez quieren morir; solo quieren liberarse de su intenso dolor emocional.
Se suele promover la legalización de la eutanasia & su aceptación social con cinco clases de
argumentos:
I. El derecho a la muerte digna, expresamente querida por quien padece sufrimientos atroces;
II. El derecho de cada cual a disponer de su propia vida, en uso de su libertad & autonomía
individual;
III. La necesidad de regular una situación que existe de hecho. Ante el escándalo de su persistencia
en la clandestinidad;
IV. El progreso que representa suprimir la vida de los deficientes psíquicos profundos o de los
enfermos en fase terminal, ya que se trataría de vidas que no pueden llamarse propiamente
humanas;
V. La manifestación de solidaridad social que significa la eliminación de vidas sin sentido, que
constituyen una dura carga para los familiares & para la propia sociedad.
No todos los partidarios de la eutanasia comparten todos estos argumentos; pero todos, en
cambio, comparten los dos primeros, & a menudo el tercero.
A lo largo de este texto iremos refiriéndonos a cada uno de dichos argumentos para examinarlos
en su propio contexto.
Lina María Lemoine Montaño
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Según la Corte Constitucional el derecho fundamental a vivir en forma digna implica el derecho
a la eutanasia o morir dignamente.
Desde 1997 la Corte Constitucional de Colombia, mediante Sentencia C-239 de ese mismo año,
declaró que en nuestro país no podrá derivarse responsabilidad penal para el médico que ayude a
un enfermo terminal a morir dignamente.
Sin embargo, hace tres años la Alta Corporación encontró que a pesar de existir un precedente
constitucional en la sentencia ya mencionada, la ausencia de regulación ha impedido que esa
garantía se vea realmente materializada.
Por tal motivo, la Corte ordenó Ministerio de Salud & Protección Social, por medio de la Sentencia
T-970 del 2014, la elaboración del Protocolo para la aplicación del procedimiento de eutanasia en
Colombia, con el fin de que las EPS cuenten con un grupo interdisciplinario de expertos
preparados para atender la solicitud de un paciente que desea ejercer el derecho a morir
dignamente.
Cabe resaltar que tanto en 1997, como en 2014, el Alto Tribunal ha hecho un llamado al Congreso
de la República para que regule el derecho constitucional a morir dignamente.
Los enfermos mayores de edad en fase terminal definidos así con los criterios clínicos &
pronósticos de este protocolo que soliciten la aplicación del procedimiento.
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Serán excluidos del tratamiento los adultos con trastornos psiquiátricos confirmados por
especialista & tampoco se aplicará para voluntades anticipadas.
VI. Segunda valoración: El comité científico interdisciplinario o quien haga sus veces es el
segundo evaluador que debe valorar los anteriores requisitos. Este comité debe ser
independiente del médico tratante, no debe haber atendido previamente al
solicitante, ni tener con él relación personal o profesional. En el caso de discordancia
entre las dos valoraciones, el comité consultará con otro profesional & reevaluará el
caso.
I. El diagnóstico del médico tratante: Debe contar con el requisito objetivo, que implica
que la enfermedad debe estar calificada por un especialista como terminal, & el
subjetivo, en el cual la enfermedad debe producir intenso dolor & sufrimiento a quien
la padece.
La Resolución 1216 precisa que este consentimiento puede ser previo a la enfermedad
terminal. Los documentos de voluntades anticipadas o testamento vital se
considerarán manifestaciones válidas de consentimiento & deberán ser respetadas.
VI. El quórum para deliberar, sesionar & decidir: Deberá ser de la totalidad de sus
integrantes & las decisiones serán tomadas de preferencia por consenso.
VII. La objeción de conciencia: La institución promotora de salud debe contar con médicos
no objetores de conciencia o permitir el acceso de quienes no sean objetores para
practicar la eutanasia. En ningún caso se podrá argumentar objeción de conciencia
para no practicar el procedimiento que cumpla con los requisitos establecidos.
La eventual objeción de conciencia será por escrito y motivada, ante lo cual el comité
ordenará a la IPS para que dentro de las 24 horas siguientes reasigne a otro médico
que lo realice.
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Este procedimiento regulado en la Ley Consuelo Devis Saavedra (Ley 1733 del 2014) establece el
derecho que tienen las personas con enfermedades en fase terminal, crónicas, degenerativas e
irreversibles a la atención en cuidados paliativos que pretende mejorar la calidad de vida mediante
un tratamiento integral del dolor, el alivio del sufrimiento & otros síntomas.
El objetivo de esta normativa es lograr la mejor calidad de vida posible para el paciente & su
familia, dado que la medicina paliativa afirma la vida & considera el morir como un proceso
normal.
La persona que padezca de una enfermedad terminal, crónica, irreversible & degenerativa tiene
los siguientes derechos, además de los consagrados para todos los pacientes:
I. Al cuidado paliativo: Todo paciente tiene derecho a solicitar libre & espontáneamente
la atención integral del cuidado médico paliativo.
II. A la información: Todo paciente con ese diagnóstico tiene derecho a recibir
información clara, detallada & comprensible sobre su diagnóstico, estado, alternativas
terapéuticas de atención paliativa propuestas & disponibles & los riesgos &
consecuencias en caso de rehusarse al tratamiento.
III. A una segunda opinión: El afectado podrá solicitar un segundo diagnóstico dentro de
la red de servicios que disponga su EPS o entidad territorial.
VI. Derecho de los familiares: Si es un paciente adulto que está inconsciente o en estado
de coma, la decisión sobre el cuidado paliativo la tomará su cónyuge e hijos mayores;
faltando estos, sus padres, seguidos de sus familiares más cercanos por
consanguinidad.
Lina María Lemoine Montaño
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Encuesta Colombia Opina revela que en Bélgica, Francia, España & Dinamarca, ciudadanos apoyan
la muerte digna.
En desarrollo de los resultados de la encuesta Colombia Opina, contratada por la Gran Alianza de
Medios (RCN La Radio, RCN Tv, la F.m. & la revista Semana) se destaca que los la mayoría de los
colombianos encuestados cree que la eutanasia es un mecanismo legal para acabar con el
sufrimiento de una persona que padezca enfermedades terminales & que de manera voluntaria
quieran acabar con ese dolor.
A la pregunta: ¿Cree usted que debería ser legal o no que un médico asista a un paciente mayor de
edad quien padece una enfermedad terminal, a terminar con su vida, si este es el deseo del
paciente, & ha sido expresado claramente por el mismo?, el 73% de los colombianos respondieron
que sí.
En esta misma encuesta fueron incluidos otros países del mundo donde fueron preguntadas 2 mil
personas por cada país, cuyos resultados demuestran la gran favorabilidad que tienen los
ciudadanos en el planeta a que la eutanasia sea legal.
Bélgica 86%, Francia 84%, España 78%, Dinamarca 73%, Colombia y Austria en quinto lugar con un
73%, Gran Bretaña con un 70%, Italia con 64%, Estados Unidos 63%, Japón 54% & Rusia 47%.
La encuesta fue realizada por Ipsos Napoleón Franco en el periodo comprendo entre el 5 & el 19
de junio de 2015.
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La resolución 825 del 2018, expedida por el Ministerio de Salud, reglamentó el procedimiento para
hacer efectivo el derecho a morir con dignidad de los menores de edad, que incluye las
condiciones para acceder al procedimiento de la eutanasia, tal como lo había ordenado la Corte
Constitucional.
La resolución advierte que el psiquiatra infantil que conozca el caso debe identificar un “desarrollo
neurocognitivo & psicológico excepcional”.
El otro cambio relevante frente al borrador inicial de la resolución fue la conformación del comité
científico-interdisciplinario que analiza el cumplimiento de todos los requisitos. La versión final
establece que estará conformado por un pediatra, un psiquiatra & un abogado (ya no exige que el
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En definitiva, la resolución indica que todo adolescente cuya situación médica represente
sufrimiento “constante e insoportable que no pueda ser aliviado”, podrá solicitar “de manera libre,
informada e inequívoca” la aplicación de la eutanasia como parte de su derecho a morir con
dignidad.
En esa medida, se establece que mayores de 14 años podrán pedir este procedimiento sin
autorización de los padres, siempre & cuando tengan una enfermedad o condición en fase
terminal & no haya opciones terapéuticas o curativas.
Entre los 12 & 14 años se debe tener en cuenta la voluntad del menor de edad para efectuar el
procedimiento, pero el consentimiento de los padres es obligatorio. Niños de los 6 a los 12 años
podrán aplicar si alcanzan un “desarrollo neurocognitivo & psicológico excepcional que les permita
tomar una decisión libre, voluntaria, informada e inequívoca en el ámbito médico & su concepto de
muerte alcanza el nivel esperado para un niño mayor de 12 años”.
No obstante, la resolución deja claro que no podrán solicitarla recién nacidos, niños de primera
infancia ni quienes presenten estados alterados de conciencia, discapacidades cognitivas e
intelectuales o trastornos psiquiátricos diagnosticados que alteren la competencia para entender,
razonar & emitir un juicio reflexivo.
La norma hace énfasis en que esa decisión no debe ser influenciada por seres queridos ni terceros,
& que antes de acudir a ese desenlace se debe garantizar el acceso a los cuidados paliativos.
Lina María Lemoine Montaño
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El debate sobre la posibilidad de que los menores de 18 años decidan acerca de si quieren acabar
su vida en caso de una enfermedad terminal, está que arde. [Link] habló con cuatro
profesionales de diferentes ámbitos & esto fue lo que opinaron sobre el tema.
El tema de la eutanasia infantil se generó a raíz de una tutela interpuesta por los padres de un
niño de 13 que nació con parálisis infantil. Durante este tiempo los padres lucharon con su EPS
para lograr que le prestaran los servicios necesarios de manera oportuna para sobrellevar esta
condición, pero eso no sucedió. Por consiguiente, el niño desarrolló una complicación que llevó a
los padres a dicha tutela. Esta fue revisada en la Corte Constitucional en cuya sentencia le indica al
Ministerio de Salud reglamentara la eutanasia infantil. La medida llegó cuando el niño de la tutela
ya había muerto.
Desde entonces las críticas no se han hecho esperar. Según el médico Juan Carlos Hernández, la
eutanasia es una alternativa más que las personas tienen para llegar a la muerte digna. “Eso quedó
sustentado en la sentencia del magistrado Lizarazo que muestra tres alternativas: los cuidados
paliativos, el desistimiento terapéutico voluntario del paciente y por último la eutanasia, que es la
más infrecuente”. En adultos ya se había reglamentado pero ahora que hay que hacerlo en la
población menor de 18 años, a Hernández le preocupa cómo van a tomar la decisión estos niños,
muchos de los cuales no entienden el concepto de eutanasia. “Lo que uno esperaría es que la
corte dijera ‘¡hombre, vamos a sancionar la EPS, por qué no dio los tratamientos a tiempo,
investiguemos!’, dijo recientemente a [Link] Jeison Aritizábal, presidente de una asociación
de discapacitados.
Carolina Corcho
Médica psiquiatra
La resolución del Ministerio de Salud sobre la eutanasia infantil responde a la orden de un juez de
la república que busca garantizar un derecho. Lo que me preocupa a mí como médica es que en el
país no se haya avanzado en garantizar el derecho a la salud de esta población, & se plantee en un
salto garantizar la eutanasia. Doy esta cifra: en una década, entre 1998 & 2011, en Colombia hubo
1.400.000 muertes evitables, que se hubieran prevenido si se hubiera hecho una buena gestión de
servicios de salud & de sus determinantes sociales. En el plano infantil tenemos que una
enfermedad como la leucemia, que es tratable, pero en Colombia los niños que la sufren mueren
más que en otros países por barreras en el acceso al sistema de salud. Mientras aquí se mueren 8
de cada 10 niños en otros países se mueren solo 4, es decir que un niño colombiano tiene el doble
de posibilidad de morir por leucemia. En varias ocasiones he tenido que atender casos de
eutanasia en adultos para saber si la persona tiene competencia para tomar la decisión & en
ambos casos se trataba de personas con cáncer que padecían mucho dolor, en esos casos era claro
que había un manejo ineficaz del dolor por no oportunidad en la entrega de medicamentos &
barreras de acceso del sistema de salud. Esas circunstancias son las que se van a presentar con los
niños. Llama la atención la celeridad del ejecutivo para avanzar en dar cumplimiento a sentencias
de la corte, como las referidas a la eutanasia, & la omisión en intervenir en asuntos como el cierre
de camas de pediatría a causa de la baja rentabilidad económica que generan, & la reglamentación
adecuada de la ley estatutaria que garantiza el derecho fundamental a la salud.
Lina María Lemoine Montaño
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Estoy de acuerdo con que se valide el derecho de la eutanasia en niños & que los menores tengan
esa opción de acceder a dicha alternativa, pero siempre & cuando se analice muy bien cada caso &
estos menores tengan acceso a Cuidados Paliativos Pediátricos siempre, porque la atención en
cuidados paliativos & en la enfermedad terminal de niños es muy diferente a la de los adultos &
los casos no solo se centran en cáncer sino en muchas enfermedades congénitas. Por ejemplo,
muchas veces la condición de terminalidad de un niño es por una enfermedad congénita & está
asociada a retardo mental & a alteraciones neurológicas, lo cual expone al niño & los padres a un
sufrimiento intenso. Pero en dichos casos, que son los más frecuentes (más que el cáncer) él no
tiene claridad para optar porque no entiende el concepto de eutanasia. En los adolescentes el
panorama es más claro porque ya pueden tomar decisiones pero me queda el interrogante de si
los niños menores de edad preadolescentes a quienes se les abre la posibilidad de decidir, tengan
la capacidad de hacerlo. La idea es que cada caso se estudie bien para asegurarse de que los
padres no están optando por esta medida, debido al cansancio o a que no reciben la atención
adecuada de su EPS. Lo ideal sería que la reglamentación pensara más en el niño que en los
cuidadores.
Lina María Lemoine Montaño
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Abogado, Ph.D.
Sobre esta resolución tengo las siguientes consideraciones: En primer lugar, es comprensible la
difícil situación a la que se enfrentan los padres de un niño con discapacidad, con un delicado
estado de salud, como es el caso de la acción de tutela que generó la decisión de la Corte
Constitucional. Sin embargo, lo que falló en dicho caso fue una adecuada atención de la EPS al
niño afectado & el oportuno suministro de cuidados paliativos, tal como lo establece la Ley 1733
de 2014. Como se narra en los hechos del caso, ante la falta de atención por la EPS, la situación del
menor se agravó hasta tal punto que sus padres se vieron obligados a pensar en la posibilidad de
la eutanasia. En lugar de avanzar en una reglamentación lesiva del derecho a la vida de los
menores, considero que se debe trabajar en un adecuado desarrollo & observancia de la Ley de
cuidados paliativos. El segundo punto está relacionado con la capacidad de los menores para
tomar una decisión tan importante, el de la disposición de su propia vida. En Colombia se
considera que los menores de 18 años no cuentan con capacidad jurídica plena & por eso no se les
permite celebrar ciertos actos & contratos, & tampoco pueden votar ni comprar licor o cigarrillos.
Sin embargo, en la resolución se prevé que pueden disponer de su existencia, aquella que los
convierte en sujetos derechos. Un menor carece de la madurez psicológica suficiente para
pronunciarse jurídicamente en un asunto tan sensible como este. El consentimiento de sus padres
también estaría afectado por el dolor & la compleja situación que están afrontando. Por último, es
importante anotar que, al tratarse de la limitación de un derecho fundamental (a la vida), sería
necesaria una ley estatutaria para reglamentar el asunto. En este caso, la Corte Constitucional está
pidiendo que, por vía de resolución, se resuelva un tema que debería surtir el debate de una ley
estatutaria, por lo que, incluso, el ministerio podría proponer una excepción de
inconstitucionalidad, máxime cuando la orden fue emitida una sala de revisión & no por la Sala
Plena de la corte.
Lina María Lemoine Montaño
0603245
Jeison Aristizábal
Hace 20 días yo interpuse una acción de tutela ante Consejo de Estado para que se detuviera el
proceso de reglamentación que viene adelantando el Ministerio de Salud. Hoy llamamos & está en
revisión la acción de tutela & esperamos que la decisión salga la semana entrante. Se puso por
varios motivos: el primero es que Colombia ha firmado convenios internacionales donde se
compromete a la protección de los derechos de los niños & este reglamento va en contravía de la
ley cuya primera obligación es protegerla. El segundo motivo es que la discusión de fondo es que
las EPS no dan atención adecuada a niños con enfermedades terminales. El concepto se dio en una
sala compuesta por tres magistrados & uno de ellos no estuvo de acuerdo. Estas decisiones creo
que se deben tomar con la corte en pleno & no por dos magistrados solamente. Esos errores de
fondo & forma nos llevaron a interponer esta tutela para que el ministerio se abstenga de
promulgar esta reglamentación. Además no podemos promover una cultura de la muerte. ¡Hay
que promover una cultura de vida, de luchar por la vida & salvar vidas! No optar por el camino
más fácil, que es morir.[ CITATION Sem18 \l 9226 ]
El Ministerio de Salud & Protección Social, mediante la Resolución 825 de 2018, reglamenta el
derecho a morir con dignidad de los niños, niñas & adolescentes, dando cumplimiento a la
Sentencia T-544 de 2017 proferida por la Corte Constitucional.
Lina María Lemoine Montaño
0603245
II. De 3-6 años: El niño o la niña desarrolla su pensamiento pre lógico, intuitivo, aparece
la idea de muerte como fenómeno temporal, la muerte es reversible o transitoria. No
se consolida idea de muerte propia.
III. De 6-12 años: El niño o niña desarrolla un pensamiento lógico, operacional, que le
permite adquirir elementos que hacen parte del concepto de la muerte, como la
inmovilidad, universalidad e irrevocabilidad. Resultado de esto el concepto de muerte
se elabora con gradual consciencia de irreversibilidad & de final. La muerte propia o de
un ser querido, es difícil de comprender.
La solicitud para hacer efectivo el derecho fundamental a morir con dignidad, se enmarca en todo
adolescente que tenga una enfermedad o condición terminal & que presente sufrimiento
constante e insoportable que no pueda ser aliviado.
Lina María Lemoine Montaño
0603245
¿Que pasaría en un país como Colombia con los pacientes victimas de cáncer, con enfermedades
del Sistema Nervioso Central o en situación de discapacidad?
Lo visto en Holanda fue, que precisamente estas poblaciones percibieron que el manejo de su
enfermedad era la eutanasia y no el manejo interdisciplinar del cuidado paliativo.
Desde el punto de vista del costo económico para el sistema de salud es favorable la “muerte
asistida” pues se disminuyen los costos de estos tratamientos y se acorta rápidamente la estancia
y consumo del sistema por parte de estos pacientes. Dice Boer: "Yo solía ser un partidario de la
legislación holandesa. Pero ahora, con 12 años de experiencia, me tomo un punto de vista muy
diferente".
Lo que muestra esta experiencia es que la indicación en muchos casos fue simplemente ser un
anciano, en otros casos primaron las presiones e intereses de los familiares por su bienestar & no
al del paciente.
El ejercicio de nuestros Senadores & representantes debe ser honesto en temas tan sensibles
como la vida misma & no caer en discusiones de ideologías & de modas que como la evidencia
científica lo muestra el caso de Holanda ha sido un horrendo fracaso. & para finalizar, recordarles
Lina María Lemoine Montaño
0603245
El homicidio por piedad, según los elementos que el tipo describe, es la acción de quien obra por
la motivación específica de poner fin a los intensos sufrimientos de otro. Doctrinariamente se le ha
denominado homicidio pietístico o eutanásico. Por tanto, quien mata con un interés distinto,
como el económico, no puede ser sancionado conforme a este tipo. Se confunde los conceptos de
homicidio eutanásico & homicidio eugenésico; en el primero la motivación consiste en ayudar a
otro a morir dignamente, en tanto que en el segundo se persigue como fin, con fundamento en
hipótesis seudocientíficas, la preservación & el mejoramiento de la raza o de la especie humana.
Es además, el homicidio pietístico, un tipo que precisa de unas condiciones objetivas en el sujeto
pasivo, consistentes en que se encuentre padeciendo intensos sufrimientos, provenientes de
lesión corporal o de enfermedad grave o incurable, es decir, no se trata de eliminar a los
improductivos, sino de hacer que cese el dolor del que padece sin ninguna esperanza de que
termine su sufrimiento. El comportamiento no es el mismo cuando el sujeto pasivo no ha
manifestado su voluntad, o se opone a la materialización del hecho porque, a pesar de las
condiciones físicas en que se encuentra, desea seguir viviendo hasta el final; al de aquel que
realiza la conducta cuando la persona consiente el hecho & solicita que le ayuden a morir.
Sentencia C-239/97
Código Penal
Artículo 106. Homicidio por piedad
El que matare a otro por piedad, para poner fin a intensos sufrimientos provenientes de lesión
corporal o enfermedad grave e incurable, incurrirá en prisión de dieciséis (16) a cincuenta &
cuatro (54) meses.
Lina María Lemoine Montaño
0603245
En el 2015 el Gobierno reguló la muerte digna, pero siguen las trabas. Una de cada 4 EPS cumple.
El 8 de enero del 2017, acompañada únicamente por su madre, Sofía* murió en la sala de
urgencias de la clínica Foscal, en Bucaramanga, una tierra que no era la suya, a 438 kilómetros de
su natal Arauca.
En lugar de disfrutar de su familia, los últimos tres meses de vida Sofía los dedicó a pelear con
médicos, funcionarios e instituciones para que le permitieran morir dignamente.
Todo comenzó en febrero del 2016 cuando, a sus 24 años, a Sofía le descubrieron un cáncer
terminal. Ante la imposibilidad de una cura, & al ver deteriorada su salud –al punto de tener 10
tumores en el cuerpo que le generaban fuertes dolores & le impedían realizar sus actividades sin la
ayuda de terceros–, el 3 de octubre del 2016 la joven decidió que no quería esperar hasta que
todo empeorara: prefería morir.
Cuando ella & su madre le hicieron esa solicitud al Hospital San Vicente de Arauca se encontraron
con toda clase de trabas administrativas: en el departamento no existía la infraestructura
necesaria para realizar el procedimiento, ni un comité técnico que pudiera cumplir con la
eutanasia. Además, tres anestesiólogos se declararon objetores de conciencia, & la Nueva EPS –
entidad a la que estaba afiliada– no obró con celeridad porque nunca había realizado una muerte
asistida.
Por eso Sofía* no murió cuando quiso, ni como quiso. Por eso a Sofía no le cumplieron su último
deseo de dejar este mundo en su casa, acompañada de toda su familia, sino que la trasladaron en
un helicóptero ambulancia hasta Bucaramanga.
Lina María Lemoine Montaño
0603245
La primera eutanasia que se hizo efectiva en el país, después de la reglamentación del Ministerio
de Salud, fue la de Ovidio González, padre del caricaturista Matador, quien tras una ardua pelea
logró que se le practicara el proceso el 3 de julio del 2015 en Pereira.
En su momento se dijo que el caso de Ovidio le había dado una lección de humanidad a las
instituciones médicas del país, pues su petición escaló a la opinión pública tras sufrir toda clase de
barreras para poder acceder a la muerte digna por un cáncer terminal en su boca.
Desde entonces, según información del Ministerio de Salud conocida por EL TIEMPO, solo 17
personas más han muerto a través de este procedimiento. Aunque esa cartera desconoce cuántas
solicitudes de eutanasia han sido rechazadas –pues asegura que las normas determinan que las
instituciones solo deben informar las situaciones en las que se hace efectiva–, lo cierto es que esta
práctica estaría siendo negada en la mayoría de los casos.
Así lo comprueban las cifras de las ONG que se han encargado de asesorar a los enfermos
terminales. La Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente (DMD) ha acompañado en los últimos
dos años a unas 100 personas que podían acceder a la muerte asistida, pero a las que –a pesar de
duras peleas administrativas & hasta jurídicas– los médicos les negaron el proceso.
Únicamente en un 10 por ciento de los casos que acompañó la fundación, las entidades médicas
cumplieron la última voluntad de los pacientes terminales. El resto de usuarios tuvieron que
esperar hasta el fin de su enfermedad sin cura.
Los pacientes mueren en medio de un gran sufrimiento & con una gran frustración personal frente
al Estado
Lina María Lemoine Montaño
0603245
“Los pacientes mueren en medio de un gran sufrimiento & con una gran frustración personal
frente al Estado, que les ha dicho que tienen derecho a morir dignamente pero no les deja
ejercerlo”, aseguró Carmenza Ochoa, directora de la fundación.
Pese a esas historias, la Superintendencia de Salud le informó a este diario que a la fecha ninguna
institución ha sido sancionada, ni hay investigaciones. En el 2016 & en lo que va del 2017 esa
entidad ha recibido solo cuatro quejas por la negativa de los galenos a asistir la muerte por piedad.
Según una auditoría realizada por la Superintendencia en el 2016, durante ese año fueron vigiladas
44 entidades promotoras de salud para verificar si estaban cumpliendo las órdenes del Gobierno
frente a la eutanasia.
Tras el estudio se encontró que 13 EPS, el 23 por ciento de la muestra, “están dando
cumplimiento” a la resolución & a la circular externa que reglamentan el proceso.
Otra de las dificultades consiste en que esas 13 entidades que sí cumplen con los parámetros
tienen IPS de alta complejidad que pueden desarrollar los procesos pero únicamente en los
departamentos de Atlántico, Antioquia, Bolívar, Córdoba, Norte de Santander, Magdalena, Nariño,
Santander & Valle del Cauca. Esto implica que los pacientes de las otras 23 regiones del país
tendrían que ser trasladados para hacer efectivo su derecho.
La auditoría de la Supersalud también encontró que las 13 EPS no hacen “seguimiento a sus IPS
respecto a la práctica del procedimiento del derecho a morir dignamente, por lo tanto, no se
podría garantizar que la red sea oportuna y adecuada”.
Lina María Lemoine Montaño
0603245
Por casos como el de Sofía, la Corte Constitucional regañó al Gobierno hace un mes & le ordenó
vigilar que las EPS e IPS del país estén cumpliendo con las órdenes que se les dieron para
garantizar la eutanasia.
Una de las primeras dificultades que sortean los enfermos terminales es que los médicos que los
tratan se declaran objetores de conciencia para no realizar el proceso.
Según Carmenza Ochoa, “más que una objeción de conciencia, pareciera que lo que sienten
muchos médicos es que les queda más fácil decir que no a todo. Hace falta mayor educación e
inclusión en el tema, que se reconozca que es un derecho que todos debemos acatar, & que el
Estado supervise para que no se siga violando”.
Aunque las normas dictan que en estos casos se debe buscar a un médico que sí realice el proceso
(como sucede en las solicitudes de aborto legal), ese trámite no está siendo expedito & hay
instituciones médicas donde todos son objetores.
La segunda dificultad consiste en que varios hospitales no ha conformado los comités de muerte
digna que ordenó el Ministerio de Salud, lo que implica que cuando los pacientes la solicitan no
hay quien tome con rapidez sus casos.
Otro de los vacíos que persisten es que, según la Corte Constitucional, el decreto no dejó claro qué
sucede en las situaciones en las que en una región o departamento no hay ningún centro médico
que pueda cumplir con el protocolo.
Tampoco hay reglas claras sobre el consentimiento. Esto llevó a que la Defensoría del Pueblo le
insistiera a la Corte Constitucional para que revisara una tutela de una madre que pretende que se
Lina María Lemoine Montaño
0603245
A finales del 2016, la esclerosis lateral amiotrófica que sufría Roberto* había avanzado a niveles en
los que estaba afectando gravemente su calidad de vida. La muerte asistida se convirtió en una
posibilidad para el ingeniero desde el 2013, cuando le diagnosticaron esa enfermedad que ya
había padecido su madre.
Tras asesorarse por la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, Roberto le pidió a su médico
que le permitiera morir. Pero al consultar con las directivas de la IPS que lo atendía se dio cuenta
de que aunque se había conformado el comité de muerte digna que debe recibir estos casos, ese
comité era de papel. “Ningún médico quería ser el primero en autorizar un procedimiento de
eutanasia, ningún psiquiatra quería hacer la verificación de la capacidad mental”, le contó su
esposa a la fundación. Solo ante su insistencia e informarles que si no garantizaban su derecho,
acudiría a acciones legales, la institución realizó el proceso de muerte digna.
*Nombres cambiados
I. Incurable
El solicitante debe ser mayor de edad, sufrir un mal “patológico grave” e irreversible,
“diagnosticado por un médico experto”. El consentimiento debe ser libre e informado.
II. Comité
Lina María Lemoine Montaño
0603245
III. Reiteración
Después de recibir la petición, el comité tiene 10 días para definir si el paciente reitera su deseo. Si
lo confirma, la eutanasia se debe hacer en menos de 15 días.
IV. Objeción
Si el galeno que debe practicar la muerte por piedad se declara objetor de conciencia, el comité
tiene 24 horas para nombrar un médico que sí la realice.
El que eficazmente induzca a otro al suicidio, o le preste una ayuda efectiva para su realización,
incurrirá en prisión de dos (2) a seis (6) años.
Cuando la inducción o ayuda esté dirigida a poner fin a intensos sufrimientos provenientes de
lesión corporal o enfermedad grave e incurable, se incurrirá en prisión de uno (1) a dos (2) años.
(Ley 599 de 2000, art. 107)
De acuerdo a ello, es necesario establecer diferencia entre inducir al otro al suicidio & prestarle
ayuda efectiva para ello. Cuando se habla de inducir al otro, se pone en tela de juicio
problemáticas como el acoso escolar, el cual podría implicar riesgo en la calidad de vida de la
persona que es objeto de éste; por ejemplo, quien sea víctima de dichos actos “puede presentar
depresión, temor, baja autoestima, aislamiento & sentimientos de rechazo. (…). El acoso puede
incluso impulsar (…) a tomar decisiones extremas como el suicidio” (Cepeda-Cuervo, E., Pacheco-
Durán, P, García-Barco, L., & Piraquive-Peña, C., 2008, p. 518); se trata de una situación de
impacto emocional tal, que desde la percepción de quien lo sufre, la única salida visible es su
muerte.
Ahora, un caso adicional que puede tenerse en cuenta, & que bien, atañe al psicólogo jurídico,
tiene que ver con la perfilación de los sujetos que, de una u otra manera, inducen a otro(s) al
suicidio, asunto que se presenta, incluso, a nivel; en efecto, es probable que la inducción al
suicidio posea matices de discriminación & agresión, pero a su vez, un fuerte ahínco en ideologías
herméticas, o incluso, discursos que se imponen, teniendo como gabela, la propia existencia; se
trata de fenómenos que acallan al sujeto como consecuencia de la presión social & de otros
asuntos que pueden desbordarle.
Con lo anterior, puede evidenciarse la manera como un concepto jurídico -que desde la
normatividad se reduce a establecer unos tiempos de pena- posee un trasfondo significativo, que
otorga luces a la comprensión e investigación del comportamiento con implicaciones jurídicas.
Cuando se habla de aportar ayuda efectiva, es menester aclarar que el sujeto activo sirve como
medio para un fin: la muerte del otro como respuesta a su padecer; por ende, no sería agente
directo de homicidio, determinado como “el que matare a otro” (art 103, C.P., p.36) ya que dicha
acción no es realizada deliberadamente sino que posee un sustento, está “dirigida a poner fin a
Lina María Lemoine Montaño
0603245
Según Del Rio (2007, en Gonzalez –Javier F. & Guzmán-Priego C., 2016), eutanasia se refiere al
método que utiliza la medicina para producir la muerte de un paciente bajo el consentimiento del
mismo, sin que éste posea sufrimiento, de allí su connotación de “buen morir”.
Alrededor de dicho concepto han surgido un sinnúmero de posibilidades, una de ellas – & en la
cual el psicólogo jurídico podría tener injerencia- es la valoración del daño en situaciones asociadas
al “encarnizamiento terapéutico”, el cual se refiere al hecho de someter al paciente a una cantidad
de tratamientos infructuosos, ya sea por fines de investigación, percepciones socio familiares,
religiosas o normatividad. Otro elemento adicional que no se escapa de la función psicojurídica, es
la posibilidad de evaluar la capacidad para decidir que posee el sujeto; en este orden de ideas, se
trata de la relación entre el concepto de interdicción, el derecho a morir dignamente & la voluntad
anticipada, lo cual se fundamenta en la Resolución 1051 de 2016 del Ministerio de Salud &
Protección Social, objeto de la cual en su artículo 1, resuelve:
¿Acaso el sufrimiento & su reconocimiento debe estar supeditado a la facultad legal? ¿Posee el
psicólogo jurídico la competencia para realizar valoraciones asociadas a la interdicción en casos
de enfermedad crónica o degenerativa?
Lina María Lemoine Montaño
0603245
Se observa pues, como los conceptos de inducción al suicidio, homicidio por piedad & eutanasia
poseen elementos divergentes que configuran toda una teorización & disertaciones en torno a la
calidad de vida, capacidad legal del sujeto, la dignidad humana & el proceso de morir. Ahora,
conociendo esta diferenciación & lo que ello implica, se hace relevante realizar un breve rastreo
de la jurisprudencia relacionado con la temática planteada, ello con el fin de conocer las diversas
posiciones & puntos álgidos de la discusión.
A pesar de ello; en el 2014, con la Ley 1733, conocida como la “Ley Consuelo Devis Saavedra”, se
logra promulgar la regulación de los servicios de salud para pacientes con enfermedades
terminales, irreversibles, degenerativas o crónicas; seguido de esto, está la Sentencia T-970 del
2014, la cual ordena la redacción de un protocolo médico asociado con el morir dignamente,
asunto que correspondería al Ministerio de Salud, adicionalmente, se solicita la creación de
comités interdisciplinarios (conformados por un médico especialista, un abogado & un psicólogo
clínico o psiquiatra) para evaluar peticiones asociadas al morir dignamente.
Posterior a ello, la Resolución 1051 del 2016, plantea el tema de negarse a recibir tratamientos que
prolonguen la vida & la voluntad anticipada, & finalmente, con la Resolución 4006 del 2016, surge
un comité Ministerio de Salud encargado de controlar los procedimientos para hacer efectivo el
derecho en cuestión; a pesar de ello, aún no se valida ni se pone en marcha un proyecto de ley
que lo reglamente.
Lina María Lemoine Montaño
0603245
Se trata de una temática controversial que, a lo largo del tiempo, ha recibido críticas desde
diversas entidades públicas & privadas, ergo, es una invitación para la reflexión acerca de aquello
que puede realizar el psicólogo jurídico, & que bien, puede encontrarse relacionado con la
realidad social de la nación & la historia que le configura. Otro elemento que puede ser objeto de
intervención desde dicho campo de la psicología, podría residir en el consentimiento libre,
inequívoco e informado del paciente con respecto a morir dignamente (expuesto en el fallo de
Tutela 970 de 2014 en el numeral 7.2.3) específicamente, en la valoración del testimonio; ello, con
el fin de sugerir elementos que permitan dar cuenta de que la decisión del sujeto no es efecto de
presiones de terceros, e incluso, de características anímicas o presencia de trastornos mentales.
Se trata de un tema con múltiples aristas, que implican la dignidad humana, la vida & otros
derechos, tras esta surgen discusiones & planteamientos constitucionales sin avance significativo
como los anteriormente nombrados; con base en ello, ¿Qué reflexión puede realizarse al
respecto? Bien afirma Beccaria C. (2010) refiriéndose a la división de los delitos & sus múltiples
consideraciones, que “la incertidumbre (…) ha producido en las naciones una moral que
contradice la legislación” (p.61) que complejiza la posibilidad de decir algo por causa de los diques
culturales arraigados por tradición en su acervo ideológico, criterios que enfrentan
constantemente a la moralidad & a la doctrina jurídica.
“(…) un procedimiento científico que, después de la muerte, nos posibilita describir cómo era la
víctima en vida; es una reconstrucción psicológica de la personalidad de un fallecido. Se
reconstruye la historia de vida de la persona fallecida, haciendo énfasis en el estilo de vida, rasgos
de personalidad, nivel de estrés, historia de enfermedad mental, & en algunos casos se toman
referencias de expresión de ideación o intención suicida y se da especial atención a las
circunstancias previas ocurridas los días antes de la muerte (p. 8).
Esto corresponde a la materia prima para realizar una intervención acorde a las demandas del
medio; es fundamental el análisis de diversas variables, la reconstrucción de la existencia del
sujeto, sus ideas, su historia, para otorgar una respuesta asertiva, consistente, coherente y con
todas las garantías profesionales, ya que al tratarse de conductas con consecuencia jurídica está
en juego la libertad de un sujeto & la garantía de todos sus derechos, por tanto se debe tener
presente que al ejercer la labor, el psicólogo debe guiarse por los principios universales plasmados
en el artículo 2 de la ley que reglamenta el ejercicio profesional del psicólogo, es decir, el Código
Deontológico y Bioético del Psicólogo (ley 1090 de 2006), tales como: responsabilidad &
competencia: “los psicólogos reconocerán los límites de su competencia & las limitaciones de sus
técnicas. Solamente prestarán sus servicios & utilizarán técnicas para las cuales se encuentran
cualificados. ” (Congreso de la república, 2006, p.2).
Como prefacio y a modo de aporte para reflexión –aunque aún hay mucho por decir & debatir al
respecto-, vale la pena citar un fragmento de la Sentencia C 239 de 1997:
“Siendo la muerte un hecho natural con el cual culmina necesariamente toda vida humana,
dilatarlo a toda costa & por cualquier medio, aún a costa del sufrimiento de quien va morir,
ineludiblemente, constituye una acción reprochable, porque atenta contra la dignidad de aquel a
quien se le práctica, e incluso contra su integridad personal en ciertos casos.” (p.43)
Lina María Lemoine Montaño
0603245
En definitiva, la ayuda o inducción al suicidio amerita ser regulada, pero desde preceptos
concretos & ceñidos a la realidad social, a las demandas & voces de quienes han tenido contacto
con dicho fenómeno, más no desde conceptos religiosos que aún, permean la dinámica política
nacional; es un tema que va más allá de concepciones tradicionales, se trata de la subjetividad, la
dignidad humana & los derechos humanos. El morir dignamente no puede estar supeditado,
exclusivamente, a dilatados procesos jurisprudenciales, sin resolución alguna.
Con respecto a la labor del psicólogo en el contexto jurídico, puede afirmase que está vinculada a
un sinnúmero de situaciones, normalmente disruptivas para quien las padece & que pueden ser
estudiadas desde diversos lentes, de manera que no se trata sólo de evaluar & aportar criterios
adornados sino de identificar las necesidades de la nación, aportar a la visibilidad de
problemáticas, decires & conclusiones, repensar, construir & de construir conocimientos, & sobre
todo, incentivar la construcción de políticas públicas con matiz psicojurídico que movilicen la
garantía de derechos.
Lina María Lemoine Montaño
0603245
Bibliografía
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del/articulo/S0213911118300694/
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debe-ser-legal-colombia-opina
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papel
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muerte-digna
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