ABSTRACT
El presente ensayo representa un análisis histórico, sociológico y jurídico de los
meses finales y posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En específico, en los
que las potencias aliadas acordaron el establecimiento de un Tribunal Militar
Internacional (TMI) para los juzgar a los criminales de guerra alemanes. Se
analizan las decisiones políticas fundamentales de los dirigentes, concediéndoles
como causal las distintas realidades sociales, políticas y económicas de cada
nación, y las repercusiones de su interacción en el plano internacional.
INTRODUCCIÓN
Los Juicios de Núremberg se consideran la piedra angular del respeto a los
Derechos Humanos. Representaron el primer juicio a nivel internacional
llevado a cabo bajo un acuerdo multilateral entre las potencias vencedoras para
juzgar altos mandos, dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen
nacional socialista de Adolf Hitler por sus crímenes y abusos en contra de la
humanidad en nombre del Tercer Reich.
Por otro lado, también es la primera vez que al país vencido se le hace un juicio
justo, en lugar de humillarlo a través de represalias económicas, políticas y/o
territoriales. Se acordó el respeto a los derechos legales de los acusados así como
no condenarlos a ejecuciones sumarias arbitrarias. En efecto, se establece la
obligatoriedad de una ley universal que aplique para todos y fortalezca el
concepto de Justicia, que a partir de entonces no le perteneció solamente a los
países más fuertes o desarrollados; esto, debido a la necesidad social y política de
la supremacía del derecho internacional sobre las leyes nacionales de un Estado.
En efecto, representa la primera vez que las convenciones, los tratados, los
pactos, las conferencias y los demás instrumentos del derecho internacional se
aplican de manera concreta en juicio. De esta manera, se cristalizó el derecho
penal internacional a través de una aplicación concisa y multilateral de
instrumentos internacionales legales, más una recaudación paulatina de leyes
inalienables y esenciales (derechos humanos). Así, estos dos elementos formarán
el cuerpo legal base del derecho penal internacional actual.
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Los tribunales de Núremberg darán pie a la evolución de un cuerpo legal
enfocado a proteger los Derechos Humanos empezando por la Declaración
Universal de los Derechos Humanos. De igual forma, la influencia de estos
juicios ha logrado cristalizarse en distintos tribunales e instancias, como es el
caso del Tribunal de Yugoslavia o la Corte Penal Internacional.
·Estos Tribunales aparecen como un caso crítico dentro de las instituciones
internacionales, pues es un hito en el derecho internacional y el parteaguas de la
normativización delos derechos humanos. Añadiendo, que es el precursor de
muchas instancias a nivel internacional y, por lo tanto, un modelo básico de la
acción conjunta para la aplicación del derecho y la justicia a nivel mundial.
Para poder entender esta cuestión será necesario plantear el antecedente
histórico que rodea esta cuestión. Por lo cual se estudiarán las relaciones
diplomáticas entre las potencias Aliadas durante la SGM, las implicaciones
políticas y legales de la realización de un juicio internacional,y las diferencias de
intereses y trabas al establecimiento de un tribunal, resultado de una acción
conjunta. De esta forma, se podrá desarrollar libremente la respuesta de que los
Juicios de Núremberg tuvieron un impacto inconmensurable en las instituciones
internacionales y en su evolución, con sus limitaciones debido a varios factores
estructurales dentro de las mismas instituciones y su influencia en las instancias
internacionales garantes de Derechos Humanos.
ANTECEDENTES
Los Juicios de Núremberg entraron en sesión en noviembre de 1945, seis meses
y medio después de que Alemania se rindiera, y tras una larga serie de
discusiones, debates y conferencias previas, pues el camino hacia la propia
realización de un juicio en la posguerra estaba repleto de trabas políticas y
legales.
Durante la SGM los países aliados ya se habían planteado la cuestión de qué
hacer con los criminales de guerra alemanes, evidentemente en el supuesto de
que los primeros no perdieran el conflicto. Esta cuestión resultó
extremadamente compleja y altamente sujeta a puntos de vista divergentes. En
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un primer momento, y durante un tiempo considerable, se consideró seriamente
el sometimiento de los transgresores Nazis a ejecuciones sumarias y arbitrarias;
sin derecho a juicio como una solución más apropiada. Sin embargo, esto estaba
a punto de cambiar.
Desde el invierno del 42 los gobiernos de las potencias vencedoras anunciaron la
determinación de castigar a los criminales de guerra nazis. Los líderes de
Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS hicieron pública la primer
declaración conjunta donde se reconoció oficialmente el exterminio masivo de
judíos y europeos (cuyas cifras ascendían a más de 62 millones de muertos) y se
determinó que se enjuiciaría a los responsables. Fue en ese mismo año, que se
consideró la alternativa: el Ministro de Asuntos Exteriores de la URSS,
Viacheslav Molotov, propuso realizar un juicio mediante un “Tribunal Militar
Especial”, sin embargo, el resto de los aliados -y principalmente EEUU- seguían
considerando una ejecución (sumaria y arbitraria) como la solución más viable.
Un gran avance en las discusiones y debates puede considerarse la divulgación
del comunicado Aliado denominado “Declaración de Moscú”, en el año de
1943. Este documento afirmaba una serie de principios esenciales. El más
importante fue el traslado de los criminales de guerra al lugar de los hechos para
enfrentar su sentencia; de tal modo, que se seguirían las leyes aplicables de cada
territorio. Pero, el problema era evidente: ¿Qué hacer con los criminales de
mayor relevancia, cuyos delitos no se circunscriben a una región geográfica
específica?. La Declaración únicamente estipuló que dichos altos mandos serían
tratados de manera distinta, mas sin especificar si se trataría de juicios o de
ejecuciones sumarias. Lo único de lo que se podía estar seguro entonces, era que
los criminales no quedarían impunes, y que los perpetradores estarían a merced
del veredicto impuesto por las potencias aliadas al finalizar la guerra.
Una de las mayores controversias en el intento de consenso político entre las
naciones se presentó en la Conferencia de Teherán, del 28 de noviembre al 1º
de diciembre de 1943; donde se reunieron el Primer Ministro Británico,
Winston Churchill,el Secretario General del Partido Comunista de la URSS,
Joseph Stalin y el Presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt. En
una reunión previa del gabinete británico el 10 de noviembre de ese año,
Churchill se hizo a la idea de que lo más pertinente al ganar la guerra sería
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elaborar una breve lista de altos oficiales alemanes que hubieren cometido los
crímenes más atroces, y ejecutarlos; teniendo por objetivo acortar el conflicto y
debilitar el poder político de Alemania, siempre y cuando fuesen figuras
representativas y aisladas dentro del régimen nazi. Por otro lado, el PM
británico estaba a favor de un tribunal especial sólo si se limitaba a la
identificación de los sospechosos y a la elaboración del listado. Sin embargo,
unos días después las ideas inglesas se vieron frustradas, cuando en la cena del
29 de noviembre Stalin propuso que la ejecución de cincuenta mil oficiales nazis
era la mejor opción para acabar con el poder militar de Alemania, y evitar la
reproducción de eventos similares. A pesar de que Winston Churchill estuvo a
favor de la pena de muerte desde el principio, esta cifra le pareció exhorbitante y
ultrajosa, por lo que se opuso firmemente ante la perspectiva extremista rusa. Por
otra parte, pareció que en esa conferencia Roosevelt estaba a favor de una
ejecución de oficiales en una cifra mucho más próxima a la de la URSS que a la
propuesta por GB.
Dentro del propio gabinete de Estados Unidos existía un sesgo importante. A
favor de una ejecución masiva de los criminales de guerra alemanes, se
encontraba la voz de Henry Morgenthau, Secretario del Tesoro, quien proponía
la aniquilación completa y permanente del gobierno nazi. En oposición, el
Secretario de Guerra Henry Stimson, quien se negaba a apoyar en la
desindustrialización y destrucción de la economía alemana para evitar el
resurgimiento de un conflicto de esta envergadura. De igual manera, insistió en
un proceso judicial ortodoxo que cumpliera con el respeto a los Derechos
Humanos. En septiembre de 1944 declaró que lo esencial de la cuestión era la
construcción de un método adecuado para ocuparse de los criminales,
cuidadosamente planificado y con un procedimiento extremadamente definido.
A sus ojos, Estados Unidos debía poner el ejemplo com garante de la
democracia y de la libertad, participando en un tribunal internacional que
juzgara a los transgresores de las Normas de Guerra. Puesto que además, dichas
normas habían sido ratificadas por el Tribunal Supremo de Estados Unidos y
por ende debían constituir la base para toda acción judicial o represiva en
contra de los nazis. Sin embargo, Roosevelt continuaba apoyando a
Morgenthau dado que eran amigos cercanos, y el Presidente consideraba que el
trato a los criminales era una cuestión puramente política y no judicial.
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Durante la Conferencia de Québec, el 11 de agosto de 1944, las tres potencias
Aliadas estaban a favor de una ejecución sin juicio previo a los dirigentes nazis.
Esto se debió a que lo que querían hasta ese momento era la destrucción
absoluta el Régimen Alemán; ergo, facilitar la transición hacia un nuevo tipo de
gobierno y acabar lo más rápidamente posible con el conflicto y los problemas
que envolvían la posguerra. Las ejecuciones formaban parte del plan para
alcanzar ese objetivo y de ésta manera poner un ejemplo, condenando a la
horca a los más grandes criminales de guerra y así asegurar la no reproducción
de tales atrocidades (“muerto el perro…”). No pasa desapercibida la posibilidad de
que no todos los miembros de los distintos gabinetes pensaran igual; no
obstante, esta era la postura de los Aliados a finales de septiembre de 1944.
El gran “giro copérnico” inesperado se dio en octubre del mismo año cuando
Stalin cambió de opinión. Ahora, el dirigente ruso apoyaba la iniciativa dada
por Molotov de un juicio justo llevado a cabo por un tribunal internacional.
Esto se debió a que Stalin, al ver que Churchill no aceptó su anterior propuesta,
podría aprovechar esta nueva postura para efectos propagandísticos y obtener
una mejor imagen en occidente. De hecho, los soviéticos ya habían comenzado
a tomar medidas unilaterales desde el verano de 1943, mientras que repelían el
frente oriental hacia Alemania, establecieron los primeros juicios por la
participación en los crímenes de guerra nazis, en los cuales inclusive soviéticos
resultaron inculpados a favor de efectos propagandísticos o del Estado. El
primero de estos procesos fue el de Krasnodar en julio de 1943: este tribunal dio
a conocer al público uno delos primeros casos de asesinato en masa de judíos,
siendo así el primero juicio abierto dentro de la guerra, desembocando en ocho
sentencias de muerte públicas.
Los soviéticos continuaron realizando este tipo de procesos arreglados y
ejecuciones unilaterales para apelar a los medios, la opinión pública, levantar la
moral y dar un buena imagen de la URSS. Sin embargo, este abuso de poder y
el terror que causaba entre su población alertó a las otras dos potencias. EEUU
y GB temían que Hitler en represalia diera la orden de ejecutar prisioneros
angloamericanos; y así fue, sólo que dado que al final de la guerra la estructura
política alemana se encontraba prácticamente ineficiente y desorganizada,
nunca se llevó a cabo la orden del dirigente nazi. Por otra parte, estos juicios
llevados a cabo por la Unión Soviética dejaban mal vistas a las potencias
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occidentales ante los ojos del resto de la comunidad internacional, pues se
suponía que éstas eran los garantes de la democracia y la justicia.
Dadas las circunstancias, el gobierno estadounidense fue aceptando
paulatinamente la idea de un juicio en vez de las ejecuciones; en parte, gracias a
las acciones de Stimson dentro del gobierno, pero también a la posición
desfavorable de EEUU frente a la URSS en los medios, en lo referente al trato a
los criminales nazis. El papel de Stimson fue clave porque como no podía
enfrentarse al Presidente y a Morgenthau directamente se le encargó la
redacción de una alternativa que él diera. Dicha petición la pasó al
Subsecretario John McCloy, que a su vez la pasó -siguiendo la cadena de
mando-, al Coronel Murray C. Bernays, quien elaboró este documento clave
para el cambio de parecer de Estados Unidos. Abogado de profesión, Bernays
redactó un documento llamado “Proceso a los criminales de guerra europeos”
en el que defendía firmemente un proceso judicial ortodoxo. Afirmaba que un
juicio ofrecería ventajas al acabar la guerra que una mera ejecución no podía.
Argumentó que a los nazis se les podía y debía acusar de conjura, se podían
acusar organizaciones enteras, siempre y cuando fuesen los elementos más
representativos detrás de los crímenes cometidos. Respetando así la
universalidad del derecho y la justicia de la cual Estados Unidos era el supuesto
garante, recuperando de esta forma cierta imagen mediática. Además, el juicio
evitaría dos problemas de considerable magnitud: la martirización de los
dirigentes nazis ejecutados y alimentar un deseo de venganza alemán que
desencadenara después un nuevo conflicto.
Además de Stimson, a favor de un juicio, se encontraban James Forrestal,
Secretario de la Marina y Cordel Hull, Secretario de Estado. El 11 de
noviembre le enviaron una nota a Roosevelt para proporcionarle una
orientación sobre el tema antes de que fuera a la conferencia de Yalta, del 7 al
12 de febrero de 1945. Sin embargo, en ésta el Presidente no mencionó nada y
junto con Churchill seguían estando a favor de las ejecuciones.
El gran cambio de postura se dio después de la muerte de Roosevelt el 12 de
abril de 1945, cuando subió Harry Truman (sí, el mismo que más tarde
bombardeó el mismo país dos veces) y aceptó la posición del resto de los
secretarios a favor de los juicios. Posteriormente, al verse los británicos aislados
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en la cuestión, fueron convencidos por EEUU a mediados de 1945 para que
aceptasen la alternativa de un tribunal internacional.
Finalmente, el 03 de mayo en San Francisco, se reunieron los dirigentes de Gran
Bretaña, Estados Unidos, URRS y Francia recién liberada; concuerdan llevar a
cabo un proceso judicial en Núremberg, Alemania, pues ahí se promulgó la
solución final de Himmler. Meses después, el 8 de agosto de 1945 se firmó el
Acuerdo de Londres para el Establecimiento de un Tribunal Militar
Internacional, concluyéndose los estatutos bajo los cuales se iban a desarrollar
los juicios, que detallaban la constitución del mismo y los derechos de los
acusados. La URSS se vio desplazada dentro de la configuración de los mismos,
pues al ser un país totalitario la mayoría de sus leyes no fueron tomadas en
cuenta. El Tribunal le pertenecía a las potencias occidentales a pesar de ser de
iniciativa soviética. Esto causó cierta polémica pues los rusos querían hacer de
los juicios un evento magistral y ejemplar diseñado para mostrar la magnitud de
la culpa de los alemanes. Al contrario para Estados Unidos y Gran Bretaña,
cuyas intenciones respecto al proceso era “preservar los derechos de los
acusados”. Evidentemente al final se aplicó un procedimiento occidental; lo
cual, representó un triunfo a nivel internacional para las dos potencias y aún
más para EEUU, que logró mediatizar altamente su papel en los Juicios de
Núremberg y recuperó su imagen como garante de la libertad y la justicia,
estableciendo sus ideales como la base para un nuevo orden mundial.
NÚREMBERG Y EL DERECHO PENAL
INTERNACIONAL
Se puede proponer este evento como el punto que marca la evolución del
derecho penal internacional moderno. Tal es el caso, que algunos autore como
Bassiouni marca este Tribunal como la génesis de esta rama. Esto se debe a que
según ellos, antes de la SGM la soberanía del estado reinaba suprema ante su
gente, en término de derechos y libertades principalmente. Mientras que la
esfera internacional se caracterizaba por la anarquía entre países. Pero a partir
de Núremberg, comienza una revolución dentro del derecho.
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Este fenómeno marca el abandono de la venganza a través de represalias
después de una guerra por parte de los victoriosos sobre los vencidos -tendencia
internacional recurrente en los conflictos bélicos-, para así dar lugar a un juicio
justo que garantice la igualdad legal a los acusados, fortaleciendo la importancia
de la universalidad de la justicia. Una ilustración clara de ello es la liberación de
3 acusados declarados inocentes (Hans Frietcshe, Franz Von Papen y Hjalmar
Schacht). Aunando que se estableció el derecho a elegir un abogado por parte
de los procesados.
Por otro lado, este proceso constituye uno de los más grandes pilares de la
acción multilateral moderna. Pues fueron 4 potencias (inicialmente) quienes
actuaron conjuntamente en favor de la supremacía de la justicia ante cualquier
otra acción represiva. Evidentemente, esto marcó un gran adelanto en la
manera de llevar la política internacional pues por primera vez se da a conocer
un gran acto de cooperación a favor de la paz y la estabilidad.
Tras el Acuerdo de Londres el 8 de agosto del 45’, se establece la Carta de
Tribunal Militar Internacional para Altos Criminales de Guerra. En este
documento, se establecen tres cargos que revolucionaron el derecho
internacional y que son parte de los derechos humanos hoy en día. El primero
de ellos es el caso de los Crímenes contra la Paz, que designa la planeación,
preparación o iniciación de una guerra de agresión o que viole acuerdos
internacionales, tratados o regímenes. El segundo es el cargo de Crimen de
Guerra que se define como las violaciones de acuerdos o convenciones de
guerra tales como el asesinato, la deportación, el sentimiento a trabajos
forzados, atentados contra poblaciones civiles asesinato de rehenes, violación de
derechos humanos y devastaciones no justificadas. En tercer lugar los Crímenes
contra la Humanidad como la exterminación, asesinato, deportación y otros
actos inhumanos contra poblaciones civiles, así como su persecución por
razones políticas, raciales o religiosas (Helfman, 2012).
Existe un cuarto cargo que no muchas veces se reconoce pero es el de Conjura,
y este es la participación como organizador, responsable, inductor o cómplice en
la formulación o ejecución de un plan conjunto para cometer o facilitar
crímenes contra la paz, de guerra o contra la humanidad (Gellately, 2004).
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Bajo estas cláusulas se juzgaron a los acusados en los Procesos de Núremberg,
que representaron un gran avance en materia legal y penal, y demostraron un
alto grado de multilateralismo, pues fueron acordadas por las potencias
vencedoras para edificar todo el proceso legal. En materia de derechos
humanos, estos cargos representaron un hito puesto que se acuerda
internacionalmente la protección de los derechos de un pueblo aún si es el
propio estado rector quien representa la amenaza.
Consecuentemente, se incorporan conferencias, acuerdos y tratados a este
nuevo cuerpo legal que será la base del derecho internacional moderno y de la
protección de los derechos humanos. Marcan el inicio, pues da pie a un cuerpo
legal que irá evolucionando a partir de los conceptos creados por el mismo
proceso o incorporando instrumentos de las relaciones internacionales.
Ahora bien, para que este cuerpo garantice la responsabilidad individual frente
a crímenes internacionales, el derecho internacional admitirá la retroactividad
legislativa. Es decir, un criminal podrá ser juzgado por una ley promulgada
después de su acción. Esto representa mucho en materia de las relaciones
internacionales, pues esta institución contribuye a la justicia universal. Además
es una manera de contener maniobras legales evasivas ante crímenes que son
evidentes pero para los cuales aún no hay ley.
Por consiguiente, puede afirmarse que los Juicios de Núremberg, tanto legal
como políticamente fueron el fenómeno pionero de muchas instancias que irán
evolucionando por su cuenta.
NÚREMBERG Y LOS DERECHOS
HUMANOS
Como se mencionó anteriormente, los Tribunales de Núremberg son
considerados la piedra angular de los derechos humanos. La razón, en primer
lugar, es que dio pie a la Convención contra la Tortura, a la Convención contra
el Genocidio y a la redacción de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos (The Triumph of Justice, 1998). Este documento se traduce en la
necesidad de universalidad de la garantía de los derechos humanos. A partir de
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Núremberg todos tienen los mismos derechos. Vencedores y vencidos. De esta
forma, esta carta será la base de la acción multilateral de la Organización de las
Naciones Unidas. Ergo, se establecerán instituciones concretas de justicia como
la Corte Penal Internacional para juzgar a altos criminales de guerra y
tribunales específicos en el contexto de las violaciones a los cargos enunciados en
la conferencia de Londres.
No obstante, no basta solamente apreciar sólo el evento histórico. En palabras
de José Ayala Lasso, la Justicia es un Derecho Humano, y por ese simple hecho, es
necesario resarcir el daño. Es parte del proceso de rehabilitación de las víctimas
saber que los crímenes están reconocidos oficialmente como delitos y que los
culpables serán condenados. Con ello, no se trata de una identificación entre
pena y justicia sino del reconocimiento de la necesidad de respetar al ser
humano. El respeto y la compasión para la víctima exige que se investigue
profundamente el crimen y que esta investigación conduzca a una forma de
reparación y reivindicación de su dignidad (José Ayala Lasso, 1995).
Es por lo anterior que los procesos llevados a cabo en Núremberg son tan
importantes, ya que se estableció una ley internacional universal que aplique
para todos los casos y, que en cada caso, se protejan los derechos humanos -
tanto de inculpados como de víctimas- y se imparta justicia. A partir de ese
momento y sin “quitar el dedo del renglón”, es que se ha dado la evolución del
plano internacional; tanto en lo referente a las relaciones políticas, sociales y
económicas entre países como de sus instituciones nacionales e internacionales.
Es decir, se dio el primer paso hacia la configuración del sistema internacional
contemporáneo.
EL TRIBUNAL MILITAR INTERNACIONAL
El TMI celebró sesión del 20 de noviembre de 1945 al 1 de octubre de 1946 en
la Sala del Tribunal del Pueblo del Palacio de Justicia de Núremberg (Alemania).
El Juez Federal norteamericano Robert H. Jackson fue (por disposición
presidencial) el encargado de la totalidad de la organización del juicio. Fue
precisamente él quien sugirió la locación, debido a que Núremberg era la única
ciudad que disponía con un palacio de justicia con suficiente espacio.
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Cada una de las potencias nombró a un juez y a un sustituto. Asimismo, la
institución acusadora estuvo integrada por representantes de las cuatro
potencias (GB, URSS, EEUU y Francia).
El Presidente del Tribunal fue el Juez y Miembro Lord Geoffrey Lawrence.
Fueron presentados, en 218 días de sesión, las declaraciones de 360 testigos, los
cuales fueron interrogados oralmente y por escrito. Se utilizaron más de dos
millones de affidavits como evidencia. Se precisó de la colaboración de más de
mil empleados (personal para las interrogaciones, intérpretes, traductores,
escribientes, etc.).
El día 30 de septiembre y el 1º de octubre de 1946 fueron dictadas las
sentencias: 3 sentencias absolutorias, 12 sentencias a pena de muerte, 7
sentenciados en parte a cadena perpetua, en parte a prisión. Asimismo, la
Organización declaró criminal tanto al Cuerpo del Mando Político del Partido
Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP), como a la SS, la
Gestapo y el Servicio Secreto de Seguridad. Los condenados a muerte fueron
ejecutados muy temprano por la mañana del 16 de octubre de 1946 en el viejo
gimnasio de la Penitenciaría de Núremberg, incinerados en un crematorio de
Munich y a continuación, sus cenizas fueron esparcidas en un arroyo afluente
del río Isar. Aquellos que habían sido condenados a prisión fueron transferidos a
la cárcel de criminales de guerra en Berlin. El último de ellos, Rudolf Hess,
cometió suicidio en esa prisión en agosto de 1987. (Klaus Kastner, 2007).
En total, se llevaron a cabo ante los jueces de las potencias aliadas a 21 altos
mandos del régimen nazi:
NOMBRE CARGO PENA
HERMAN WILHEM GÖRING Comandante de la Luftwaffe y Pena de Muerte
Presidente del Reichtag
JOACHIM VON RIBBENTROP Ministro de Relaciones Exteriores Pena de Muerte
WILHEM KEITEL Comandante de la Wehrmacht Pena de Muerte
ERNEST KALTENBRUNNER Jefe de la RSHA y de los Pena de Muerte
Einsatzgruppen
ALFRED ROSENBERG Ideólogo y Ministro de los Pena de Muerte
Territorios Ocupados Orientales
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NOMBRE CARGO PENA
HANS FRANK Gobernador General de Polonia Pena de Muerte
Ocupada
WILHEM FRICK Ministro del Interior Pena de Muerte
FRITZ SAUCKEL Director del Programa para la Pena de Muerte
Utilización del Trabajo
ALFRED JODL Jefe de la Sección de Defensa Pena de Muerte
Nacional en el Alto Comando
ARTHUR SEYSS-INQUART Comisionado del Reich para los Pena de Muerte
Países Bajos Ocupados
MARTIN BORMAN Secretario del Partido Nazi Pena de Muerte
(in absentia)
RUDOLPH HESS Jefe de Cancillería y sucesor Cadena perpetua
designado de Hitler
WALTER FUNK Ministro de Economía y Presidente Cadena perpetua
del Banco del Reich
ERICK RAEDER Almirante, Comandante en Jefe de Cadena perpetua
la Marina
BALDUR VON SCHIRACH Líder de las Juventudes Hitlerianas. 20 años de prisión
Gobernador de Viena
ALBERT SPEER Ministro de Armamento y 20 años de prisión
Municiones. Arquitecto del Reich
KONSTANTIN VON Ministro de Relaciones Exteriores. 15 años de prisión
NEURATH Protector de Bohemia y Moldavia
KARL DÖNITZ Almirante, Comandante en Jefe de 10 años de prisión
la Marina
HJALMAR VON PAPEN Embajador de Viena y Ankara No Culpable
HANS FRIETZCHE Jefe de la División de Prensa y No Culpable
Radio del Ministerio de
Propaganda
ROBERT LEY Jefe del Cuerpo Alemán de Se suicidó antes de ser juzgado
Trabajo
Muñoz de Cote Otero, Alfonso Tirso. El Tribunal Militar Internacional de Nüremberg. Problemática e
implicaciones de su instauración. Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM.
ANÁLISIS DE LAS LIMITACIONES
Así se llega a la conclusión de que Núremberg representa el paso necesario para
la internacionalización concreta de la justicia en materia de derechos humanos.
Por lo cual da a lugar a un nuevo orden mundial el cual se basa en la
cooperación y el Derecho. Sin embargo, es importante enfocarse en las
limitaciones de ese impacto.
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En primera instancia, la cuestión a abordar resultan ser las fronteras en la
cooperación multilateral. El problema principal es la soberanía, pues uno de los
valores más importantes de la comunidad internacional es el respeto a la
inviolabilidad de la misma. Muchos países se oponen a ciertas reformas
institucionales porque ponen en peligro su soberanía. E inevitablemente surge la
pregunta, ¿Hasta dónde puede/debe la capacidad de un estado ocuparse de los
asuntos de su gente permanecer intacta? La respuesta que se dio en Núremberg
estipuló que la intervención debe darse cuando los derechos básicos de la
población civil ya no puedan ser garantizados por el gobierno.
No obstante, esto le quita al Estado el poder de decisión, sometiéndose al
criterio del país interventor y, por ende, a merced de su decisión y de su posición
como juez. Un ejemplo claro es el de Siria actualmente, pues además de atentar
en contra de los derechos humanos de su propia población, ha perdido la
capacidad de protegerla ante los grupos terroristas. Para ello, Estados Unidos,
“Garante de la Paz” ha querido intervenir sin el consenso del gobierno sirio
aunque éste no lo haya solicitado y haya preferido la intervención de Rusia.
Consecuentemente, este nuevo orden mundial se vuelve un tablero de ajedrez donde
los intereses nacionales juegan un papel esencial al momento de llevar a cabo las
jugadas. Esto representa inevitablemente una limitación a la cooperación en
favor de la paz y la justicia gestada en Núremberg.
Ante esta situación es momento de preguntarse si realmente en Núremberg se
estableció un nuevo orden de cooperación multilateral o más bien una
aristocracia internacional. Pues en esta materia los derechos humanos están
sujetos a la capacidad de un país para intervenir,sus intereses y política exterior,
y su prestigio frente a los demás países. Esto hace de la justicia internacional un
régimen aristocrático encabezado en su mayor parte por las potencias
occidentales.
Por otro lado, esta aristocracia se mantiene dentro de la estructura misma de las
instituciones internacionales surgidas en Núremberg. Ya que al momento de
proponer leyes y de fortalecer el cuerpo legal se da preferencia a los países con
una larga tradición democrática, occidentalizados e influyentes dentro de las
relaciones internacionales. Un gran ejemplo de ello es el mismo Juicio de
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Núremberg donde la URSS no participó dentro de la configuración de leyes a
causa de su régimen dictatorial y Francia tampoco tuvo mucha incidencia pues
no se consideró como potencia victoriosa al final de la guerra. Actualmente los
países pequeños tampoco tienen una voz prominente dentro de la redacción de
las normas internacionales (Berkley Journal of International Law, 2005). Por lo
tanto se puede concluir que las instituciones tienen grandes problemas de
desigualdad entre países a la hora de entablar leyes y normas y de hacer justicia.
En otros aspectos, resulta igualmente difícil establecer los criterios de a quién
juzgar y bajo qué cargos; este es un problema estructural poco soluble, pues
existen un sinnúmero de factores que intervienen al momento de elegir a los
acusados. Estos parten de la gravedad del crimen cometido, pero como en
Núremberg se estableció el principio de Conjura, puede que por un delito
internacional de gran envergadura haya muchos acusados. Por lo cual, se
seleccionarán a los más representativos para llevarlos a juicio y éste problema
solo se encuentra sujeto a cierta subjetividad. Al igual que el hecho de que se
elegirá a los perpetradores contra los cuales se tenga un caso más firme y con
más probabilidades de ganar el juicio. Esto contradice los conceptos derivados
de Núremberg, ya expuestos anteriormente.
Hemos visto que la influencia de Núremberg puede parecer extremadamente
fuerte y dinámica en un inicio. Sin embargo, se enfrenta a limitaciones
estructurales del mismo cuerpo y del proceso legal así como a problemas de
multilateralismo sujeto a intereses nacionales.
Así llegamos a concluir que, aunque la herencia de los Tribunales se haya
cristalizado en organizaciones concretas a través de un cuerpo institucional en
constante evolución, la influencia del primer Tribunal Militar Internacional se
enfrenta a nuevos problemas difíciles de resolver o causados por la misma
comunidad internacional. No obstante, hoy en día presenciamos que su impacto
dentro de las instituciones sigue siendo el impulso primario de un sistema
internacional constantemente cambiante; pues las organizaciones que nacieron
en ese entonces siguen modificándose y avanzando hacia un sistema de justicia
más universal y conciso, y pertinente con la idea de universalidad de justicia y a
la igualdad legal.
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CONCLUSIÓN
Definitivamente, Núremberg ha marcado las pautas para el desarrollo de las
instituciones internacionales políticas y jurídicas contemporáneas, fortaleciendo
la protección y garantía de los Derechos Humanos. Sin embargo, su influencia
se enfrenta a un grave problema de multilateralismo, agravado por una notable
aristocracia mundial en la toma de decisiones.
Estos dilemas se observan claramente en los tribunales internacionales
posteriores. Es por ello que considero que aún falta una solidificación de dichos
principios a través de organizaciones concretas y permanentes que marquen un
reglamento estricto para la acción multilateral y para la modificación de la
ambigüedad de las normas legales aplicables. Así mismo, es urgente un grado
más alto de humanismo en las políticas exteriores, que posibiliten la cooperación
a favor de la aplicación universal de dichas normas. Sólo de esta forma resultará
posible dejar de lado las alianzas interesadas de potencias democráticas entre
países que atentan contra los derechos humanos de su propia población.
Paralelamente, entre más se establezcan procesos legales internacionales que
condenen las graves violaciones a derechos humanos, más irá evolucionando el
cuerpo legal, ergo, se fortalecerá el sistema de justicia a nivel mundial. Para ello,
es necesaria una mejor y más seguida aplicación de tribunales internacionales
especializados, y de tratados a favor de la paz y el desarme que se respalden por
la acción conjunta de las potencias garantes de justicia.
De aquí sigue el hincapié en la importancia académica del estudio e
investigación de este tema. En primer lugar, el análisis puramente histórico de la
problemática planteada nos ayuda a determinar cómo se han formado las
instituciones internacionales actuales a partir de un fenómeno determinante que
es Núremberg. Segundo, este estudio nos permite vislumbrar las fallas de un
sistema internacional legal y político todavía en construcción, para la garantía
de los derechos humanos. Esto nos hace caer en cuenta de lo que falta mejorar
en la aplicación del derecho internacional. Lo cual constituye un paso
importante para el perfeccionamiento de las instituciones y la aplicación de las
mismas.
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BIBLIOGRAFÍA
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• TIRSO MUÑOZ DE COTE OTERO, Alfonso. El Tribunal Militar Internacional de Nüremberg.
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