0% encontró este documento útil (0 votos)
575 vistas6 páginas

BALDOMERA

Taller de la obra Baldomera.

Cargado por

Jhames M. Leon
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
575 vistas6 páginas

BALDOMERA

Taller de la obra Baldomera.

Cargado por

Jhames M. Leon
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
redo Pareja Diezcanseco Baldomera EI autor y su obra En nuestro puerto principal apareci6 por los afios 30 un excelente grupo de narradores, al que se le ha Jos cinco como un pufio- como decfan Hamado Grupo de Guayaquil, compuesto por cinco escritores ellos: Alfredo Pareja Diezcanseco, Joaquin Gallegos Lara, José de la Cuadra, Enrique Gil Gilbert y Demetrio Aguilera Malta. Los cinco han dejado una huella muy definida en la narrativa ecuatoria- na, Novelas de profundo contenido social, personajes tomados del auténtico pueblo costefio, temas arrancados a la vida misma y una gran capacidad en el manejo del lenguaje novelistico. Pareja Diezcanseco es un gran conocedor del medio guayaquilefio, de los barrios marginales y sus per- sonajes: obreros, comerciantes, amas de casa, gente honrada y trabajadora, y junto a ellos, delincuen- tes, prostitutas, oportunistas y pendencieros. De este submundo portefio, Pareja Diezcanseco extrac las historias de sus obras. Alfredo Pareja nacié en Guayaquil en 1908 y durante su vida ha desempeiiado infinidad de funciones: grumete de barco, empresario, periodista, diplomatico, banquero, legislador y Ministro de Relaciones exteriores. Sus principales obras novelisticas son:,La casa de los locos}La Sefiorita Ecuador Ric », Muelle, La beldaca’ Baldomera’ Las tres ratas, Las pequeiias est fia de Alfaro y de Historia de s - Hechos y hazajias de don Balén de Baba, Hombres sin u faturas. También es autor de La hoguera barbara, biogra- | Ecuador, en el género hist6rico, Baldomera es una enorme negra que vende ca del Pozo. Una noche, después de cerrar Landucci, va a una cantina, en donde aflora alimentos: carne en palito, muchines, empanadas, en la Bo- su negocio y encargar los trastos en la tienda del italiano ois su temperamento y arma una fenomenal bronca; agrede a la policia y es conducida a la cércel. Un policia la maltrata horriblemente, hasta que Baldomera, cae de- rrotada. Es trasladada tardiamente a un hospital, y tiene que abortar. Sus dos hijos, Polibio e Inocente ‘a visitan en la cdrcel. Polibio, el hijo bueno, consigue pagar a multa y logra la libertad. En la narracién, que ha retrocedido al pasado, aparece un nuevo personaje: Lamparita, cuatrero empe- dernido y delincuente que hace de las suyas en Boliche y Naranjal.. Se cuenta la relacién entre Lampa- rita y Candelaria. Perseguido por la policfa rural, Lamparita huye a Guayaquil, en donde ingresa al ham- pa. Se hace amigo de otros pillos: Encomiendita, Zarapico, Jejen y otros. Conoce a Baldomera en un prostibulo y se enamora de la negra; se casan y van a vivir en un departamento de barrio pobre. Lam- parita se encuentra con Candelaria, que se ha prostituido y pretende ir a vivir con ella, pero Baldome- ra se percata y propina tremenda zurra a Candelaria y obliga a Lamparita a volver a su hogar. Nace Po- libio, hijo de Baldomera y Lamparita. Antes ya habia nacido Inocente, de padre desconocido. Baldome- ra interviene decididamente en la revolucin del 15 de Noviembre de 1922. Se narra la heroica partici- pacién del pueblo guayaquilefio en este levantamiento obrero. Lamparita es abaleado én un asalto, cae reso y es conducido al hospital. Baldomera pone su negocio para mantener a su familia. Se da modos de visitar a Lamparita. Polibio se separa de la familia, va a Catarama, donde también se ha convertido en cuatrero. Por su parte Inocente, que odia a su padrastro y se avergiienza de su madre, es un oportunista de pési- mos sentimientos. Trabaja en un aserradero y , con adulaciones, logra escalar. Se enamora de Celia Ma- rfa, una empleada doméstica a quien leva a trabajar al aserradero. Cuando va a casarse El inmigrante espafiol Ignacio Acevedo prepara un huelga en el aserradero, pero los huelguistas son traicionados por Inocente, que los denuncia, Baldomera esti a favor de la huelga. Es apresada y, para salvar a su hijo, se declara culpable. Inocente, vil como un gusano, acepta la declaracién de su madre y ella es enviada dos aiios a la cdrcel. Se presentan los cuadros miserables de la cdrcel, en los que Baldomera aparece con su genio y figura de siempre. ere Waele) Lee el siguiente fragmento de la novela Baldomera. Corresponde a la parte inicial de la obra. Aquf se describen los rasgos fisicos y psicol6gicos de la morena, principal protagonista de la obra. Se ha afir- mado, con mucha raz6n que Pareja Diezcanseco tiene gran habilidad para caracterizar a los personajes femeninos de sus novelas. En este caso, creemos que la figura de Baldomera constituye una de las me- jores caracterizaciones logradas en nuestra literatura, Baldomera se agiganta en la obra y logra dimen- \siones enormes por su temperamento, agresivo a veces, pero con profundos sentimientos humanos. Se describe e} negocio de Baldomera en la Boca del Pozo. Recreémonos leyendo, Baldomera -Un muchin, dofia Baldomera. -Cédjalo, pues. -Tenga el medio Baldomera esta sentada junto al portal de la tienda del i quito de madera, exageradamente minusculo Para sus pi el fogén: un cajén de tablas cubierto de ceniza: arriba, ul de estos, una hoja de lata requemada; y entre los fi Sobre una mesa ennegrecida por el humo y la gra hierro enlozado. Muchines, carne en palito, tortas di alli, destilando manteca. Al lado de los comestible: rrito de lata con monedas. Y apenas mas all, el italiano Landucci, en un ban- osaderas. Frente a ella, arde Nos fierros delgados; encima lerros y la lata arden los carbones. 'sa hay una respetable bandeja de © Platano verde: todo se encuentra S, en la misma bandeja, hay un ta- excitante ajicero de vidrio. Baldomera, con larga cuchara de palo, da vuelta a las torrejas. C, i irvi Con la S- ta libre, avienta el fuego, sirviéndose de un gran abanico de paja. El ae a a cara. Los ojos estan rojos. Los Parpados, hinchados. Es Baldomera una mujer todavia joven. Apenas alcanzara a los cuarenta. Sentada, se la ve mediana. Pero si Baldomera se levanta, hay que ver. Parece tener mas de un metro ochenta de estatura, aunque, en verdad, no tenga mas de los setenta o seten- tay cinco. Solo quien contemplara los pies de Baldomera, metidos en las chancletas, podria calcular Su corpulencia. Son unos pies descomunales. El traje le da al tobillo. Un traje que ha perdido el color. Y que no dibuja ninguna forma. Porque Baldomera hace tiempo que no tiene cintura. Es cuadrada. Sencillamente cuadrada. Sobre la ba~ riga, casi le cuelgan los pechos. Los pechos de Baldomera son largos y, al mismo tiempo, gordos: dos masas de carne embutida. Pero hay que mirarle el cogote: todo tedoblado, con rayas negras y lustrosas de la tierra y de la grasa. Por la espalda, le pende el pelo en desorden, pelo negro, negrisimo, que hace mas fuerte su cara. Y hay que decirlo su cara chata que contiene constantemente una expresién de furia. Los ojos son pequefitos; casi no tienen pliegues de tanto mirar la candela. Su nariz, roma, de muy abiertas ventanas, se enrojece en la punta. De la boca de Baldomera no hay mucho que hablar: es ancha, carnosa, abultada. En cambio, su barba es llamativa. Al terminar, es redonda, regordeta. Mejor dicho, no termina nunca. Porque siguen abajo varias curvas idénticas que le hace el cogote. Viéndola un poco de lejos, yen sombras se apostaria que no tiene barba. Pero, no. Es inconfundible: sus pelos. Parecen de un adolescente que aun no se hubiera afeitado. Son pocos pelos, verdad. jPero qué pe- los! Largos, duros, gruesos. Y cuando Baldomera esta con rabia, su gesto revelador y caracteristico es tirarse algunos y luego sobarse la barba nerviosamente con la palma de la mano para calmarse la picazén. Ademas, Baldomera es negra. No tanto. Tiene mas bien un ligero tinte violaceo. Y se da el lujo de mostrar los cabellos largos, cosa rara por lo apretados y enroscados que son. Ahora Baldomera ensejia otro detalle importante. es la cintura un tanto mas gruesa que lo de costumbre. Un buen observador afirmaria que esta prefiada. Hace tiempo que Baldomera ha escogido ese sitio para el negocio. Por las majianas, esta desde las diez hasta la una. En las tardes, al golpe de cinco se le ve venir ondu- lando su enorme cuerpo y con unas pisadas que dejan huellas en cualquier piso que fuera. En la esquina hacen estacién los autobuses. Los chéferes, siempre comilones, engullen a cada vuelta un muchin, una carne en palito, una empanada de platano ver- de. También es que por alli trafica toda la gente que va al hospital, a la Carcel, al Ce- menterio, sitos en la Lengua. El que ahora compré un muchin es, precisamente, un chofer. Ha dejado el autobus y masca con hambruna la yuca fria llena de manteca y pedacitos mintisculos de queso deshilachado. El policia lo apura: -Ya andando, ligerito, helé que se atrasa. -Estos longos metidos a pacos -refunfufia entre dientes el chofer. eee, Bo Prisa, que de no le multo. ~Ya voy, amigo. 7 : ia y no sabe qué hacer nj Guifia un ojo Baldomera, que rie. El policia los mira 2 un salto y monta a su qué decir. Pero el conductor ya ha terminado su refrig arena el autobus. Baldomera carruaje, del que sale la chillona musica de un fade eramente al compas del valse sigue con la mirada al chofer y contonea la cabeza lig isco, el chofer No puede co. que transmite el radio. Pero como el arranque ha sido bru: ; rueda. Los resortes gas- rresponder las miradas de Baldomera: tiene que fijarse a pene de las ventanillas, tados det vehiculo obligan a los pasajeros a agarrarse gel clientes. Y hoy se gas- Baldomera frie y frie. Regularmente, Baldomera trata mal Buia ita ta un genio... De repente, cuando ve venir a un grupo de pt . -iLas empanadas calientes! -jSe me acaban los muchines! -iCarne en palito, sefior! Como nadie le hace caso se impacienta. Se frota la barba con denuedo.. Deja de freir. Ha escuchado sonar las nueve en el reloj del Hospital. Sus pies golpean nerviosamen- te el suelo. Con el torso de la mano toca la bandeja, y nota que estan frios los comes- tibles. Acerca la bandeja al fuego. De minuto en minuto, Baldomera se enfurece. {Se ira a quedar varada con todo es- to? jQué vaina!. Pero, de repente, entran unos borrachos a la tienda de Landucci, cu- ya bandera italiana flamea todos los dias del afio a la puerta. En el mostrador, en la parte cubierta de zinc, curva y con un hueco debajo de la llave de agua, se arriman, con los codos apoyados, y piden: . -jCuatro puros, gringo! Baldomera ha sonreido. Espera, sopla, apenas la candela. Cuando ha visto, al través de sus ojillos de conejo, que los borrachos han vaciado sus copas, grita, mirando ha- cia el otro lado: - -jMuchines para la juma! -Adids, si alli esta la Baldomera —Dice uno. -Vamos pues. i Se acercan dando traspiés. Se apoyan en los estan’ il , po e hipo: tes. Vacilan. Alguno dice, entre hi- -A... ver...Came... en ...pa... lito. -La plata -responde Baldomera. es? ZAh? 2Que .. . no te voy ...a... Pagar? Y sin mas ni mas tiende la mano hacia la bandeja. Los ojos de Baldomera han brilla- do como tizones. Rapidamente golpea con su manaza la del borracho, al par que pre- gunta indignada: -Qué te dio? -iCarajo, negra! Ahora veras. Hace ademan de irse encima, Baldomera, tranquilamente se incorpora, con los brazos en jarra. Y solo dice: ~iAver! {Qué quieres? El borracho vacila un poco. Los amigos lo sujetan. -No te metas, Papujo, con Baldomera. espera, yo pago. -Es que cree que yo le tengo miedo. iYo soy bien hombre por la hostia! -Te digo que no te metas vos. Deja no mas. Retirado el borracho por sus compafieros, los demas van cogiendo, quien una carne en palito, cual una empanada, y pagan por adelantado. Después a Baldomera solo le queda en la bandeja una empanada. Cuando se han alejado del todo los comprado- res, Baldomera la hace desaparecer entre sus dientes. Luego tose. Escupe flemas y torna a sentarse. Permanece inmévil, se dirige a la tienda. -éSon ya las diez, don Landucci? -Cinco faltan. -Entonces, voy a guardar. Apaga los tizones con un jarro de agua que ha solicitado al italiano. Luego carga el fo- gon y la mesita. Resopla un poco al sentir el peso. Pero no es. por cansancio. Es su gordura que la obliga a respirar tan fuerte. Lleva ambas cosas como si nada pesaran. La cocina en el brazo derecho, ajustandola contra el cuerpo. La mesa casi en el aire, en el izquierdo. Ya en la tienda, guarda sus utiles. Un real diari 4 io paga por ese servicio,

También podría gustarte