Mehu
Mehu
(Mḥw)
en jeroglífico
La tumba, descubierta en 1940, se ubica a un centenar de metros de la pirámide
escalonada de Zoser, el monumento de piedra más antiguo del mundo y el más
importante de Saqara, la necrópolis de la antigua ciudad de Menfis, la capital de
los primeros faraones.
El propietario de la tumba, Mehu, fue visir durante el reinado del faraón Pepi I
(2325-2150 a.C.), al inicio de la VI dinastía, lo que le granjeaba amplios poderes,
como ser jefe del palacio real o el superior de los jueces, según explicó el
renombrado arqueólogo Zahi Hawas.
El experto aseguró que la tumba es "única" porque gracias a ella se ha descubierto
que el dios Jentiamentiu también era venerado en la zona del delta del Nilo y no
solo en el Alto Egipto, como se creía antiguamente.
Los jeroglíficos del enterramiento muestran que ese dios tenía una "conexión
personal" con Mehu, según relató Hawas, lo que da fe de la importancia que tuvo
este visir en su época.
No en vano, el enterramiento tiene unas dimensiones dignas de la realeza, 500
metros cuadrados repartidos en cuatro cámaras completamente decoradas y un
amplio patio descubierto.
Mehu también recibió el privilegio de poder enterrar a su hijo y su nieto en el
mismo sitio, algo que no podían hacer la mayoría de los nobles de la época, por lo
que podría considerarse como "una tumba real", en palabras de Waziri.
Las paredes de las cámaras y pasillos están pintadas con ricos frescos que ilustran
escenas de la vida diaria del Antiguo Egipto, como la danza, la pesca y la caza o la
fabricación de piezas de oro.
En la capilla principal, la más rica, figuran imágenes de las copiosas ofrendas que
realizó Mehu a los dioses y en el centro de la escena, se puede ver una figura
masculina, con la perilla que usaban los faraones, bebiendo de un cáliz.
En la fachada de la tumba, sobre el dintel de la puerta, aparece una inscripción
jeroglífica que, tras su restauración, "es por primera vez legible", según dijo
Hawas, quien se encargó de traducir el texto en 1993.
A pocos metros de la tumba de Mehu, el ministro de Antigüedades, Jaled al Anani,
también visitó hoy la tumba sur del complejo funerario de la pirámide de Zoser,
que será inaugurada a principios de 2019 después de una completa restauración,
puesto que estaba en muy mal estado.
La tumba, de estructura laberíntica y a la que se accede a través de una escalera
de 28 metros de profundidad, todavía supone un enigma para los arqueólogos,
que dudan si pertenecía al propio Zoser o si es una pirámide inacabada dedicada a
otro faraón.
Mehou fue un chaty (canciller) del Imperio Antiguo de Egipto durante el reinado
del faraón Meryra Pepy. Comenzó su carrera como funcionario durante el reinado
de Unis y alcanzó puestos de responsabilidad con Teti hasta llegar al máximo
puesto con Pepi. Además de los títulos anejos al cargo tenía los de Canciller
del Bajo Egipto, Gobernador del Alto Egipto y Guardián de la Corona.
Su primera esposa fue la princesa Iku, posiblemente hija de Meryra Pepy puesto
que llevaba el título de Hija del Rey, y tuvo otras dos esposas, Nebet y Nefretkaus.
De estas uniones tiene al menos un hijo llamado Kahotep que fue enterrado en
la mastaba de su padre.
Tumba
Vista de parte de la calzada que conduce al complejo funerario de Unis, junto a la cual se encuentra la
mastaba de Mehu.
Fue enterrado en una mastaba de Saqqara, al noroeste de la calzada de
la Pirámide de Unis. Tiene bellas pinturas de bailarinas y cantores que se han
hecho famosas. Fue descubierta por el egiptólogo egipcio Zaki Saad y fue
excavada en 1940 por el arqueólogo Salam Hussein, y se encuentra en una
perfecto estado de conservación, con hermosos frescos policromados que
representan escenas de caza y pesca, las ofrendas y la vida cotidiana, como la
cosecha, la música y la danza, la navegación o el trabajo de los metales. 1
La mastaba incluye un pórtico con dos pilares cuadrados que llevan una imagen
de Mehu con su nombre y títulos. En el suelo se encuentra la entrada al pozo de
acceso y una puerta falsa destinada a recibir las ofrendas y a facilitar el paso del
alma del mundo de los vivos al de los muertos. Pintada en rojo para imitar al
granito (material demasiado caro que solo usaban algunos nobles además del
faraón y sus esposas), esta estela tiene largas columnas de jeroglíficos grabados y
pintados con las fórmulas elogiosas que debían acompañar los ritos del culto al
difunto. Una segunda estela similar se conserva al fondo de la capilla de las
ofrendas, que tiene las paredes cubiertas de relieves de buena calidad con
escenas del ofrecimiento de ofrendas y dos imágenes de Mehu ataviado con las
ropas de su cargo, sentado ante una mesa ricamente surtida.
La tumba tiene las escenas funerarias clásicas, ricamente detalladas, y conserva su
policromía. En el pasillo está grabado el desfile de los cuarenta dominios a que
pertenecían los templos funerarios al cuidado de Mehu, entre los que se
encuentran los de Neferirkara, Dyedkara-Isesi, Unis y Teti, lo que indica que el
cambio de dinastía no fue traumático y que los nuevos soberanos deseaban
depender de estos antepasados y atraerse así su protección.
La mastaba tiene una pequeña capilla funeraria adjunta también decorada.
Pertenece a Merire-Anj y contiene una estela falsa puerta tratada de manera
similar a las de Mehu.