UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO
DIRECCIÓN GENERAL DE LOS ESTUDIOS DE POSTGRADO
ÁREA DERECHO
ESPECIALIDAD EN DERECHO DEL TRABAJO
CONSTITUCIONALIDAD Y LEGALIDAD DE LAS DECISIONES
EMANADAS DEL INSTITUTO NACIONAL DE PREVENCIÓN, SALUD Y
SEGURIDAD LABORALES (INPSASEL) A TRAVÉS DE LAS CUALES SE
CERTIFICAN LAS ENFERMEDADES OCUPACIONALES Y LOS
ACCIDENTES DE TRABAJO
Trabajo Especial de Grado, para
optar al Grado de Especialista, en
Derecho del Trabajo
Autor: Abg. Héctor J. Ramírez Ch.
Asesor: Manuel Díaz Mujica
Caracas, julio de 2006
ÍNDICE GENERAL
pp.
ÍNDICE GENERAL ii
LISTA RESUMEN iii
PRÓLOGO iv
CAPÍTULOS
I INTRODUCCIÓN 7
II LA NUEVA LEY ORGÁNICA DE PREVENCIÓN,
CONDICIONES Y MEDIO AMBIENTE EL TRABAJO.
ANTECEDENTES. OBJETIVOS. 15
III EL INSTITUTO NACIONAL DE PREVENCIÓN,
SALUD Y SEGURIDADES LABORALES. NATURALEZA
JURÍDICA Y NUEVAS FUNCIONES. 25
IV NATURALEZA JURÍDICA DE LOS ACTOS EMANADOS
DEL INSTITUTO NACIONAL DE PREVENCIÓN,
SALUD Y SEGURIDADES LABORALES. LA INEFICACIA
DEL PROCEDIMIENTO PRINCIPALMENTE APLICABLE. 34
V FACULTAD DE CERTIFICACIÓN Y CALIFICACIÓN
DE LAS ENFERMEDADES OCUPACIONALES Y DE LOS
ACCIDENTES DEL TRABAJO. DEFINICIONES DE LAS
ENFERMEDADES OCUPACIONALES Y DE LOS ACCIDENTES
DEL TRABAJO. VIABILIDAD CONSTITUCIONAL Y LEGAL DE
DICHAS DECISIONES. PROCEDIMIENTOS IDÓNEOS PARA
SU TRÁMITE. 45
VI MECANISMOS Y RECURSOS DE IMPUGNACIÓN DE LAS
DECISIONES DE INPSASEL QUE CERTIFICAN Y/O CALIFICAN
LAS ENFERMEDADES OCUPACIONALES Y DE LOS
ACCIDENTES DEL TRABAJO. 67
CONCLUSIONES 79
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 81
3
REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO
FACULTAD DE DERECHO
ESPECIALIDAD EN DERECHO DEL TRABAJO
CONSTITUCIONALIDAD Y LEGALIDAD DE LAS DECISIONES
EMANADAS DEL INSTITUTO NACIONAL DE PREVENCIÓN, SALUD Y
SEGURIDAD LABORALES (INPSASEL) A TRAVÉS DE LAS CUALES SE
CERTIFICAN LAS ENFERMEDADES OCUPACIONALES Y LOS
ACCIDENTES DE TRABAJO
Autor: Héctor J. Ramírez Ch.
Año: 2005
Tutor: Manuel Díaz Mujica
RESUMEN
El trabajo que hoy se presenta se encuentra circunscrito al área del
derecho laboral y relacionado directamente con la temática generada por el
desarrollo de la normativa referida a la prevención, condiciones y medio
ambiente del trabajo, contemplada en la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005). En virtud de ello, se
plantearon objetivos como: el análisis de la naturaleza jurídica del Instituto
Nacional de Prevención, Salud y Seguridades Laborales (INPSASEL) creado
por dicha Ley, y de su facultad para dictar el acto a través del cuál se
califique una enfermedad y/o accidentes como profesional, así como el
procedimiento que debe seguir para dictar dicho acto; y la determinación de
la constitucionalidad y legalidad de esa facultad de INPSASEL. Para justificar
el trabajo en cuanto a su factibilidad, pertenencia e importancia, se pretende
diseñar recomendaciones jurídicas dirigidas a que las decisiones de
INPSASEL se dicten los más apegado a derecho posible y así se eviten
consecuencias antijurídicas e impugnaciones y declaratorias de nulidad. Para
lograr los objetivos propuestos, se ha utilizado una metodología del tipo de
investigación monográfica, vale decir, teórica, de índole documental, en un
nivel descriptivo, con la utilización de técnicas de análisis de contenido,
resúmenes analíticos, análisis crítico, inductivo, deductivo y otras propias de
las investigaciones del tipo documental, desde una óptica netamente
cualitativa, cuya importancia se refleja en las consideraciones que el autor
tenga tanto de la doctrina, leyes y la jurisprudencia. Descriptores: seguridad
social, enfermedad ocupacional, accidente de trabajo, INPSASEL, actos
administrativos cuasijurisdiccionales, recursos de nulidad.
v
PRÓLOGO
Contiene este trabajo un estudio analítico y crítico sobre las funciones
del INSTITUTO NACIONAL DE PREVENCIÓN, SALUD Y SEGURIDAD
LABORALES (INPSASEL), instituto autónomo con patrimonio y personalidad
jurídica propia creado por la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y
Medio Ambiente del Trabajo (2005), con la finalidad de garantizar a la
población sujeta al campo de aplicación del Régimen Prestacional de
Seguridad y Salud en el Trabajo, las prestaciones establecidas en la Ley
Orgánica del Sistema de Seguridad Social y el cumplimiento del objeto de la
Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
(2005). Específicamente se hace un estudio crítico de una de las funciones
de INPSASEL, como lo es la facultad de calificar el origen ocupacional de
una enfermedad o accidente padecido por un trabajador.
En tal sentido, en primer lugar, se hace un estudio de los antecedentes
normativos que justifican a la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y
Medio Ambiente del Trabajo (2005), así como de los objetivos fundamentales
de esta Ley. Posteriormente, nos dedicamos a estudiar a INPSASEL como
uno de los entes encargados de cumplir con los objetivos de la Ley Orgánica
de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005),
adentrándonos en su naturaleza jurídica, así como en la calificación de sus
5
actos.
De inmediato, analizamos en forma crítica la naturaleza de los actos
de INPSASEL que califican las enfermedades o los accidentes de trabajo
como ocupacionales, haciendo relevantes menciones a su viabilidad
constitucional y legal, así como al procedimiento idóneo para su emisión.
En el desarrollo de estos tópicos formulamos propuestas referentes a cómo
deben ser calificadas, tratadas y consideradas estas actuaciones de
INPSASEL, y sobre cómo deberían ser los procedimientos que dan lugar a
esas actuaciones para que de ellas no se derive infracción alguna a los
derechos y garantías legales y constitucionales. Cabe señalar, que todas
estas consideraciones, parten de la premisa, a nuestro parece cierta, que en
la mayoría de los procedimientos que dan lugar a los actos de INPSASEL el
patrono es un parte a la cual se le debe garantizar el debido proceso y el
derecho a la defensa.
Por último, se hacen unas consideraciones legales y jurisprudenciales
sobre cuáles son los recursos que se pueden ejercer para impugnar las
decisiones de INPSASEL, así como cuál es el Tribunal competente para
conocer de esos recursos en sede judicial y cuál es el procedimiento judicial
a seguir.
v
CAPÍTULO I
INTRODUCCIÓN
El 18 de julio de 1986 entró en vigencia una Ley denominada Ley
Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (1986).
La Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
(1986) se sancionó y promulgó, tal como lo establecía su artículo 1°, con la
finalidad de garantizar, a los trabajadores condiciones de seguridad, salud y
bienestar en un medio ambiente adecuado y propicio para el ejercicio de sus
facultades físicas y mentales. A los fines de desarrollar sus objetivos, la Ley
Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (1986)
creó un organismo denominado Instituto Nacional de Prevención, Salud y
Seguridades Laborales (INPSASEL), al cual le otorgó un patrimonio
separado y un conjunto de competencias de carácter supervisorias y de
inspección de las condiciones de seguridad y medio ambiente del trabajo.
Sin embargo, fue aproximadamente entre 2 y 3 años atrás cuando a
INPSASEL se le otorgó la partida presupuestaria necesaria para funcionar,
pues anteriormente el organismo sólo existía en papel. Eran los funcionarios
denominados Supervisores del Trabajo, adscritos al Ministerio del Trabajo,
quienes cumplían con las funciones que eran competencia de INPSASEL.
7
Estos funcionarios tenían entonces funciones supervisorias y de inspección,
así como eran los encargados de tramitar todas las obligaciones
administrativas que imponía INPSASEL. En caso de alguna infracción por
parte de algún patrono, estos funcionarios sólo tenían la facultad de dejar
constancia de tal incumplimiento y en ciertos casos imponer las multas
previstas en la Ley del Trabajo y/o la Ley Orgánica del Trabajo, pero no
tenían la facultad de determinar si en un caso especifico una enfermedad y/o
accidentes tenía carácter ocupacional. Es posible que sus informes pudieran
servir de indicio o medio probatorio para que, en un eventual debate judicial,
demostrar el carácter ocupacional de una enfermedad o un accidentes que
haya padecido algún trabajador, pero, al final, quien determinaba si ese
informe era un medio probatorio idóneo o no, y si la enfermedad o el
accidente era ocupacional o no, era el Juez Laboral a quien le correspondía
conocer de un eventual litigio laboral por infortunios del trabajo.
Vale decir, bajo casi toda la vigencia de la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (1986), los actos emanados de
los supervisores del trabajo eran simples documentos administrativos
totalmente desvirtuables en sede judicial con la promoción de otros medios
probatorios cuyos méritos fueran contrarios a la información que residía en
tales informes. Eran, pues, meros informes, con carácter de indicios para la
decisión que pudiera tomar el Juez que conociera de un litigio por infortunios
v
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del trabajo.
Como ya señalamos fue hace aproximadamente entre 2 y 3 años atrás
cuando INPSASEL comenzó a funcionar, bajo el fundamento legal y de
competencia previsto en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y
Medio Ambiente del Trabajo (1986). Por lo tanto, muchas de las funciones
de los Supervisores del Trabajo fueron asumidas por los funcionarios que, si
hubiese existido física y presupuestariamente INPSASEL, eran los
competentes para realizarlas.
En esa medida, los nuevos funcionarios de INPSASEL empezaron a
realizar las actividades supervisorias y de inspección que efectuaban los
referidos Supervisores del Trabajo. Evidentemente, tal como sucedía con los
Supervisores del Trabajo, sólo emitían informes totalmente desvirtuables en
sede judicial y que en forma alguna podía calificar, por lo menos en forma
definitiva, como ocupacional una enfermedad y/o un accidente de algún
trabajador.
Esa situación actualmente ha cambiado radicalmente, pues el 25 de
julio de 2005 entró en vigencia una reforma de la Ley Orgánica de
Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (1986) que le confirió
a INPSASEL unas facultades amplísimas, entre las cuáles destaca la
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certificación y/o calificación, previo estudio técnico, del carácter ocupacional
de una enfermedad y/o de un accidente padecido y/o sufrido por un
trabajador, con todas las consecuencias pecuniarias, administrativas y hasta
penales que podría acarrear tal calificación.
Esta novísima facultad de INPSASEL, trae como consecuencia que el
debate sobre el carácter ocupacional de una enfermedad y/o un accidente
padecida o sufrida por un trabajador ya no pueda tramitarse por la vía judicial
que, en principio, es la vía idónea para ventilar conflictos entre particulares
(en este caso patrono-trabajador), pues será INPSASEL el encargado, a
través de un análisis de carácter técnicos más que jurídico, de solucionar a
priori ese eventual conflicto sobre el carácter ocupacional de la enfermedad o
el accidente.
Hablamos de conflicto de intereses porque es totalmente factible que el
patrono difiera de la calificación de ocupacional de ciertas enfermedades y
accidentes. Por lo tanto, el patrono tendría derecho a contradecir los
argumentos de INPSASEL o del trabajador y de defenderse trayendo medios
probatorios para desvirtuarlos. Esta labor de defensa, la podría desplegar el
patrono sin inconvenientes cuando era el Tribunal Laboral quien se
encargaba de calificar la enfermedad o el accidente, pero ahora, cuando es
INPSASEL quien detenta esa función, pareciera que se encuentra limitado
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de desplegar esa labor a cabalidad.
En efecto, en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (2005) no se establece un procedimiento donde el
patrono pueda desarrollar un defensa efectiva y cabal, tal como lo si existe
en sede judicial. Presumimos que el procedimiento aplicable debe ser el
previsto en la Ley Orgánica del Procedimientos Administrativos, lo cual nos
lleva a concluir que efectivamente no hay mayores garantías a la defensa del
patronos frente a una eventual calificación de la enfermedad y/o accidente
padecido por uno de sus trabajadores, pues ese procedimiento de la Ley
Orgánica del Procedimientos Administrativos esta destinado a solucionar
conflictos entre la administración y los particulares, y no conflictos entre los
particulares, tal como lo es la calificación de una enfermedad o un accidente
como ocupacional.
Vale decir, la sede idónea y el procedimiento idóneo para ventilar dicho
conflicto de intereses, no debe ser otro el judicial, por lo tanto darle esta
facultad a INPSASEL podría poner entredicho, no sólo el derecho de la
defensa de la empresa sino también el derecho de esta última a ser juzgado
por sus jueces naturales.
Frente a estos prolegómenos devenidos de la actividad que debería
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desplegar INPSASEL para dictar las referidas decisiones, también nos
encontramos con la incógnita referida a la naturaleza jurídica de tales
decisiones, pues sólo conociendo dicha naturaleza se podría descifrar su
valor probatorio y decisorio, así como su eficacia jurídica para hacerlos valer
en otros procedimientos judiciales o administrativos. Igualmente conociendo
dicha naturaleza jurídica podríamos descifrar cuáles son los mecanismos y
recursos, a que alude la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (2005), que se pudieran ejercer a los fines de impugnar
dichas certificaciones o calificaciones emanadas de INPSASEL.
Por las razones anteriormente expuestas, se hace necesario realizar
una investigación que pueda dar luces la pertinencia constitucional y legal
que tiene esa nueva facultad de INPSASEL de certificación y calificación del
carácter ocupacional de los accidentes y/o enfermedad de los trabajadores.
Por lo tanto, en el presente trabajo, en primer lugar se busca determinar
la naturaleza jurídica de las decisiones de INPSASEL en el marco de la Ley
Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005),
a los fines de precisar cuál es el procedimiento más idóneo para el trámite de
dicha decisiones y cuáles serían los mecanismos para su impugnación y
control de su constitucionalidad y legalidad.
Es de suma relevancia analizar y evaluar los actos de este nuevo
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organismo, INPSASEL y, en especial, de su facultad de calificar o determinar
el carácter laboral de los accidentes y/o enfermedades que padezcan los
trabajadores. Tal como lo señalamos, anteriormente esta facultad le
correspondía a los jueces laborales, en el caso que hubiera sido sometido a
su consideración un conflicto sobre el carácter laboral o no de un accidente o
enfermedad. INPSASEL y anteriormente los Supervisores del Trabajo sólo
poseían la facultad de levantar informes que podían servir de indicios para la
definición de la laboralidad de un accidente o de una enfermedad de un
trabajador.
Vale decir, el otorgamiento de una facultad que le correspondía al juez
anteriormente, hace que sea necesario su estudio para determinar el
alcance, valor y eficacia de ese otorgamiento y de las decisiones generadas
en virtud del mismo. Este alcance, valor y eficacia es de gran importancia,
toda vez que INPSASEL, a partir de la entrada en vigencia de la Ley
Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005),
adquiere un papel protagónico en el control estadal de las empresas, del
sector privado y público, pues las decisiones de este organismo podrían traer
consecuencias económicas, administrativas y hasta penales a la empresa.
En efecto, una decisión de INPSASEL que determine la laboralidad de una
enfermedad podría traer como consecuencia que la empresa deba pagar
cuantiosas indemnizaciones, multas y hasta sea objeto de sanciones
penales.
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Por lo tanto, es evidente que las decisiones de INPSASEL no pueden
limitarse a un análisis técnico ocupacional del accidente y/o de la
enfermedad, por el contrario requieren de un sustento jurídico que garantice
el respeto y el cumplimiento de las garantías constitucionales.
Con la presente investigación se pretenden diseñar recomendaciones
jurídicas dirigidas a que las decisiones de INPSASEL se dicten los más
apegado a derecho posible y así se eviten consecuencias negativas tanto
para la empresa, en virtud de la responsabilidad a la puede estar sometida,
como para INPSASEL, toda vez que se evitaría impugnaciones y
declaratorias de nulidad de sus actos. Además, una decisión de INPSASEL
apegada a las garantías constitucionales y a la Ley, traería mayor seguridad
jurídica y por supuesto mayor armonía en las relaciones laborales.
v
CAPÍTULO II
LA NUEVA LEY ORGÁNICA DE PREVENCIÓN, CONDICIONES Y MEDIO
AMBIENTE DEL TRABAJO. ANTECEDENTES. OBJETIVOS.
La creación de INPSASEL se enmarca sin lugar a duda en una
evolución de la normativa venezolana dirigida a garantizar la prestación de
servicio en un ambiente adecuado para salud, física y mental, y la dignidad
del trabajador. Tal como lo señala Caldera (1972) “esta exigencia legal
dimana directamente del respeto a la persona humana del trabajador y se
reafirma el interés social de tener un población sana y activa, con el menor
número posible de tarados o inválidos”. Sigue Caldera (1972) citando a
Krotoschin: “En términos generales, aquellos deberes se refieren,
positivamente, a que el patrono debe mantener los lugares, instalaciones,
maquinarias, herramientas etc., en un estado tal que se excluya en lo posible
cualquier peligro para la vida la salud del trabajador y, negativamente, a que
omita actos nocivos. Lo mismo vale para toda la organización del trabajo, la
cual debe tener en cuenta la integridad física (y también moral) del
trabajador, en tanto y en cuanto la peculiaridad del trabajo lo permita.”.
La primera normativa sobre seguridad y medio ambiente que
encontramos en Venezuela la podemos ubicar en la Ley del Trabajo que
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entró en vigencia en 1928, durante el gobierno del General Juan Vicente
Gomez. Esta ley que fue el resultado de la necesidad, por presión
internacional, de dictar una Ley del Trabajo, contemplaba una disposición
bastante escueta, sobre las condiciones en que debía prestarse el trabajo.
En efecto, según Caldera (1972) esta disposición, que después fue repetida
en la Ley del Trabajo de 1936, señala las siguientes condiciones para prestar
el servicio: “1° que permitan a los trabajadores su desarrollo físico normal; 2°,
que les dejen tiempo libre suficiente para el descanso y la instrucción y para
sus expansiones lícitas; 3° que presten suficiente protección a la salud y a su
vida con los accidentes y enfermedades profesionales; 4° que pongan a las
mujeres y niños al abrigo de todo atentado a la moral y a la buenas
costumbres”.
Estas primeras experiencias legales en materia de condiciones,
seguridad y medio ambiente del trabajo, fueron evolucionando. En efecto,
según lo expuesto por el trabajo presentado por Vera (1994), para el año de
1938 se contratan los servicios de los doctores Antonio Zelenka y Cyrylle
Deschamps, expertos en el área de Seguridad Social con el fin de ejecutar
en el Venezuela los estudios derivadas a Seguros de Enfermedad,
Maternidad, Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales, forma por
la cual se establecen los fundamentos técnicos para las prestaciones
médicas y en dinero. Es en 1939 cuando se prepara un segundo proyecto
semejante al precedente, que consideraba la cobertura de las contingencias
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de invalidez y vejez, y es el 24 de julio de 1940, cuando es aprobado el
proyecto definitivo, elaborado por Ministerio del Trabajo, pasando a constituir
en el instrumento legal que establece los antecedentes inmediatos de la
prevención de Venezuela. La misma recoge en su normativa la experiencia
mundial referente a la materia, recopilada por la Organización Internacional
del Trabajo, y muestra los principios fundamentales que sobre Seguridad
Social fueron contemplados en el Tratado de Versalles.
“El 19 de febrero de 1944 se dicta el Reglamento General de la Ley de
los Seguros Sociales y el 9 de octubre de ese mismo año inicia sus funciones
el Instituto Central de los Seguros Sociales, creándose la primera Caja
Regional ubicada en el Distrito Federal” (Vera, 1994).
En la Constitución Nacional de 1947 en su Capítulo IV, artículos 52 y
54, se estableció en forma clara y determinante el derecho de todos los
habitantes del país a la Seguridad Social.
En 1957, se responsabilizó a la Dirección de Prevención Social la
elaboración de un Proyecto para extender el Seguro Social a los Riesgos de
Enfermedad-Maternidad, Accidentes y Enfermedades Profesionales.
Para el año 1964 se introduce en las Cámaras Legislativas la nueva Ley
del Seguro Social Obligatorio, la cual fue aprobada el 22 de julio de 1966, y
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que recibió el ejecútese el 11 de julio de ese mismo año y entraría en
vigencia el 1º de enero de 1967. A partir de esta fecha surgen por primera
vez cubiertos los riesgos de vejez, invalidez, sobrevivientes, incapacidad
parcial, nupcias, enfermedades y accidentes profesionales y maternidad.
Posteriormente, el 18 de julio de 1986, entró en vigencia Ley
Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (1986).
La Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
(1986) se sancionó y promulgó, tal como lo establecía su artículo 1°, con la
finalidad de garantizar, a los trabajadores condiciones de seguridad, salud y
bienestar en un medio ambiente adecuado y propicio para el ejercicio de sus
facultades físicas y mentales.
Posteriormente se dicta la Ley Orgánica del Sistema de Seguridad
Social Integral que tiene como objeto entre sus principios generales, lo
estipulado en su artículo 1, el cual reza de la siguiente manera: “Objeto de la
Ley. La Seguridad Social Integral tiene como fin proteger a los habitantes de
la República, en los términos y condiciones que fije esta Ley, ante las
contingencias de enfermedades y accidentes, sean o no de trabajo, cesantía,
desempleo, maternidad, incapacidad temporal y parcial, invalidez, vejez,
nupcialidad, muerte, sobrevivencia y cualquier otro riesgo que pueda ser
objeto de previsión social, así como de las cargas derivadas de la vida
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familiar y las necesidades de vivienda, recreación, formación profesional y
cualquier otro tipo de necesidad de similar naturaleza.”
Dentro de esta normativa el legislador, pretende establecer de manera
cabal el derecho del trabajador ante los accidentes y enfermedades, ya sean
de trabajo o no. En este sentido, se puede notar como la protección ante los
riesgos profesionales y ocupacionales pertenece al sistema integral de la
seguridad social.
En vista de que la preservación de la salud de los trabajadores es un
aspecto que debe ser considerado por el Estado venezolano, decide su
inclusión dentro de las consideraciones hechas al respecto de la seguridad
social, como un elemento delegado a la responsabilidad tanto de los órganos
públicos como privados.
Una de las prestaciones estipuladas a los trabajadores según la Ley
Orgánica del Sistema de Seguridad Social y su reglamento, es la de Atención
a la salud, prevención y riesgos en el trabajo, establecida en su artículo 5,
por lo cual en su contexto integral de la protección del trabajador, contempla
el resguardo de la seguridad de las condiciones de prevención en su medio
ambiente laboral ante cualquier posible contingencia.
Es así como el aludido marco legal, en su artículo 46 determina que:
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“Instituciones para la Atención y Prevención. Se podrán crear instituciones
públicas, privadas o mixtas especializadas en la atención y prevención de los
riesgos laborales, siempre que se sujeten a las disposiciones de la Ley
Especial del Subsistema de Salud y de la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo.”
En función a lo anterior, se propicia la existencia de instituciones
privadas y públicas destinadas a prevenir en las empresas la atención de los
riesgos laborales.
Vale decir, se crea un marco jurídico donde debe estar comprendida la
normativa referida a la seguridad y medio ambiente del trabajo. Por lo tanto,
la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
(2005) queda enmarcada dentro de ese Sistema de Seguridad Social integral
contemplado en la Ley de la Seguridad Social Integral, pues esta última
define a dicho sistema como un conjunto integrado de regímenes
prestacionales complementarios entre si e interdependientes destinados a
atender las contingencias objeto de protección. Entre estos sistemas y/o
regímenes se encuentra el régimen prestacional de salud e higiene en el
trabajo.
La Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
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(2005), acoge en cierta medida algunos de los objetivos que ya estaban
contemplados en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (1986), más otros adicionales que aluden a la visión
extensiva de la salud e higiene en el trabajo.
En efecto, podemos constatar que en la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005) existen una serie de
objetivos, por una parte preventivos o profilácticos y por otra parte
resarcitorios o indemnizatorios, pero que se encuentran entrelazados bajo
una finalidad común, a saber establecer las instituciones, normas y
lineamientos de las políticas, y los órganos y entes que permitan garantizar a
los trabajadores, condiciones de seguridad, salud y bienestar en un ambiente
de trabajo adecuado y propicio para el ejercicio pleno de sus facultades
físicas y mentales.
En ese sentido, el objetivo profiláctico tiende a desarrollar esa finalidad
común mediante la promoción del trabajo seguro y saludable, y la prevención
de los accidentes de trabajo y las enfermedades ocupacionales. El objetivo
indemnizatorio, lo hace a través de la creación de una sistema de reparación
integral del daño sufrido.
Por otra parte, como un complemento de ese concepto de salud, higiene y
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ambiente de trabajo adecuado, propicio para el ejercicio pleno de sus
facultades físicas y mentales, la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y
Medio Ambiente del Trabajo (2005) incorpora otra finalidad, a saber el
desarrollo de programas para la recreación, utilización del tiempo libre,
descanso y turismo social.
En ese sentido, la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (2005) busca: (i) regular los derechos y deberes de los
trabajadores, y de los empleadores y empleadoras, en relación con la
seguridad, salud y ambiente de trabajo; así como lo relativo a la recreación,
utilización del tiempo libre, descanso y turismo social; (ii) desarrollar lo
dispuesto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y el
Régimen Prestacional de Seguridad y Salud en el Trabajo establecido en la
Ley Orgánica del Sistema de Seguridad Social; (iii) establecer las sanciones
por el incumplimiento de la normativa; (iv) normar las prestaciones derivadas
de la subrogación por el Sistema de Seguridad Social de la responsabilidad
material y objetiva de los empleadores y empleadoras ante la ocurrencia de
un accidente de trabajo o enfermedad ocupacional; (v) regular la
responsabilidad del empleador y de la empleadora, y sus representantes
ante la ocurrencia de un accidente de trabajo o enfermedad ocupacional
cuando existiere dolo o negligencia de su parte.
v
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Estos objetivos de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (2005), como ya lo indicamos son concomitantes con
la norma programática establecido en el artículo 87 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela (1999), según el cual todo patrono o
patrona garantizará a sus trabajadores y trabajadoras las condiciones de
seguridad, higiene y ambiente de trabajo adecuados, y el Estado deberá
adoptar medidas y creará instituciones que permitan el control y la promoción
de estas condiciones. Al igual estos objetivos están adaptados a lo
preceptuado en el Convenio 155 de la Organización Internacional del Trabajo
debidamente ratificado por Venezuela en 1981.
Para Iturraspe (2003) los objetivos fundamentales de la reforma contenida en
la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
(2005) son los siguientes:
“a. El Desarrollo de la institucionalidad que permita diseñar, implementar y
evaluar la política nacional en materia de seguridad y salud en el trabajo con
participación de todos los sectores con responsabilidad en la materia.
b. Establecimiento del marco legal que permita la puesta en funcionamiento
del Régimen Prestacional de Seguridad y Salud en el Trabajo con la
integración de los componentes de prevención, promoción de la salud de los
trabajadores, atención integral en caso de accidentes de trabajo y
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enfermedades ocupacionales, ambiente, recreación y turismo social.
c. Perfeccionamiento de los derechos y deberes de las partes sociales y su
protagonismo en esta materia.
d. Incorporar ene. Financiamiento del régimen la idea del riesgo variable y la
introducción de la cotización dependiendo del cumplimiento de metas de
seguridad y salud y la variable de premio a quienes tiene baja tasa de
accidentalidad, morbilidad y mortalidad y de incremento de cotizaciones a
quienes no cumplen con la normativa (experience rating).
e. Establecer una coordinación entre los aspectos regulatorios del medio
ambiente en general con los ambiente de trabajo y de este último con los
relacionados con el tiempo de trabajo, el descanso de los trabajadore, la
recreación y el turismo social….”
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CAPÍTULO III
EL INSTITUTO NACIONAL DE PREVENCIÓN, SALUD Y SEGURIDADES
LABORALES. NATURALEZA JURÍDICA Y NUEVAS FUNCIONES.
A los fines de desarrollar sus objetivos, la LOPCYMAT-86 creó al
INPSASEL, al cual le otorgó un patrimonio separado y un conjunto de
competencias de carácter supervisorias y de inspección de las condiciones
de seguridad y medio ambiente del trabajo.
Sin embargo, fue aproximadamente entre 2 y 3 años atrás cuando a
INPSASEL se le otorgó la partida presupuestaria necesaria para funcionar,
pues anteriormente el organismo sólo existía en papel. Así lo señala
Iturraspe (2006) cuando señala: “De esta manera la LOPCYMAT dictada en
1986 con respuesta legislativa a la conmoción que sacudió el país con el
“desastre de Tacoa” tuvo una historia de un alto grado de inaplicación, sobre
todo –entre varias razones- porque durante la mayor parte del período de su
vigencia, no se puso en práctica su principal instrumento de aplicación, el
Instituto Nacional de Prevención Salud y Seguridad Laboral (INPSASEL). …”
Antes de que se le otorgara esa partida presupuestaria, eran los
funcionarios denominados Supervisores del Trabajo, adscritos al Ministerio
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del Trabajo, quienes cumplían con las funciones que eran competencia de
INPSASEL. Estos funcionarios tenían entonces funciones supervisorias y de
inspección, así como eran los encargados de tramitar todas las obligaciones
administrativas que imponía INPSASEL. En caso de alguna infracción por
parte de algún patrono, estos funcionarios sólo tenían la facultad de dejar
constancia de tal incumplimiento y en ciertos casos imponer las multas
previstas en la Ley del Trabajo y/o la Ley Orgánica del Trabajo, pero no
tenían la facultad de determinar si en un caso especifico una enfermedad y/o
accidentes tenía carácter ocupacional. Es posible que sus informes pudieran
servir de indicio o medio probatorio para un eventual debate judicial
demostrar el carácter ocupacional de una enfermedad o un accidentes que
haya padecido algún trabajador, pero, al final, quien determinaba si ese
informes era un medio probatorio idóneo o no, y si la enfermedad o el
accidente era ocupacional o no, era el Juez a quien le correspondía conocer
de un eventual litigio laboral por infortunios del trabajo.
Estas funciones de los Supervisores del Trabajo coinciden con las
funciones de organismos similares en el Derecho Comparado. A manera de
ejemplo, podríamos hacer referencia, tal como lo señala Palomeque (2000) a
la actividad inspectora y de prevención de los riesgos laborales que ejecutan
los Gobiernos Autónomos en España a través de los Inspectores del Trabajo
y de la Seguridad Social, en el marco de la Ley 31/1995 del 8 de noviembre,
v
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de Prevención de Riesgos Laborales. Vale decir, en España, tal como lo
señala Palomeque (2000), la referida función supervisoria y de inspección de
las condiciones de seguridad e higiene del trabajo, le corresponde a estos
Inspectores del Trabajo y de la Seguridad Social, pero en momento alguno
estas funciones podrían calificar el carácter laboral de una enfermedad y/o
accidente del trabajo. Si podían a través de sus actos (inspecciones y
supervisiones) preconstituir pruebas a los fines de que esa determinación, en
caso de un eventual juicio, se soporte en sus informes, pero no actúan en
forma alguna como jueces con capacidad de dilucidar un conflicto de
intereses entre particulares referido al carácter laboral o no de un accidente o
una enfermedad.
Posteriormente, en virtud de la norma programática contenida en la Ley
Ley Orgánica del Sistema de Seguridad Social Integral y la entrada en
vigencia de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente
del Trabajo (2005), se le otorga estructura y presupuesto a INPSASEL.
Además, a través de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (2005), se le confieren funciones que van más allá de
las simples facultades supervisorias y de inspección. En efecto, a través de la
Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
(2005), se le otorgan a INPSASEL una serie de facultades que no se limitan
a las supervisorias y de inspección, pues, hasta le atribuyen la capacidad de
v
27
definir cuando estamos en presencia de una enfermedad ocupacional o de
un accidente del trabajo, conflicto entre particulares que debería ser
dilucidado por jueces de la materia. En cualquier caso creemos, que estas
nuevas funciones se deben desarrollar en concordancia con las garantías
constitucionales, pues de lo contrario quedaría en entredicho su viabilidad
jurídica.
En efecto, la novísima Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y
Medio Ambiente del Trabajo (2005), prevé un cúmulo de nuevas facultades
para INPSASEL entre las cuáles destaca la estipulada en el numeral 15 del
artículo 18 de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente
del Trabajo (2005). En efecto, en dicha norma se le adjudica a INPSASEL la
capacidad para determinar el carácter ocupacional de una enfermedad o de
un accidente. No se establece en la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005), alguna norma que prevea
un procedimiento dirigido a efectuar dicha calificación ni unos parámetros
formales para la emisión de esta última.
Sólo existen en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (2005) una serie de facultades supervisorias, de
inspección y sancionatorias de parte de INPSASEL, y con una evidente
estructura más técnica que jurídica. En efecto, la Ley Orgánica de
v
28
Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005) establece que
el INPSASEL es un instituto autónomo con personalidad jurídica y con
patrimonio independiente al fisco, adscrito al Ministerio del Trabajo y la
Seguridad Social, y tendrá como finalidad garantizar a la población sujeta al
campo de aplicación del Régimen Prestacional de Seguridad y Salud en el
Trabajo, las prestaciones establecidas en la Ley Orgánica del Sistema de
Seguridad Social y el cumplimiento del objeto de la presente Ley. Por lo
tanto, INPSASEL tendrá las siguientes facultades:
“1.- Ejecutar la Política Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo.
2.- Presentar para su aprobación al órgano rector, conjuntamente con
el Instituto Nacional de Capacitación y Recreación de los Trabajadores, el
Plan Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo.
3.- Proponer los lineamientos del componente de salud, seguridad y
condiciones y medio ambiente de trabajo del Plan Nacional de Seguridad y
Salud en el Trabajo.
4.- Proponer al ministerio con competencia en materia de seguridad y
salud en el trabajo los proyectos de normas técnicas en materia de seguridad
y salud en el trabajo.
v
29
5.-Aprobar guías técnicas de prevención, que operarán como
recomendaciones y orientaciones para facilitar el cumplimiento de las normas
de seguridad y salud en el trabajo.
6.- Ejercer las funciones de inspección de condiciones de seguridad y
salud en el trabajo, estableciendo los ordenamientos y plazos de
cumplimiento en caso de violación de la normativa vigente, sin perjuicio de
las competencias generales de las Unidades de Supervisión, adscritas a las
Inspectorías del Trabajo.
7.- Aplicar las sanciones establecidas en la presente Ley.
8.- Asesorar a trabajadores, a empleadores y empleadoras, a las
cooperativas y otras formas asociativas comunitarias de carácter productivo o
de servicio, así como a sus organizaciones representativas, en materia de
prevención, seguridad y salud laborales.
9.- Calificar el grado de peligrosidad de las empresas,
establecimientos, explotaciones y faenas, así como de las cooperativas y
otras formas asociativas comunitarias de carácter productivo o de servicio.
10.- Crear y mantener el Centro de Información, Documentación y
v
30
Capacitación del Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad
Laborales.
Promover el desarrollo de investigaciones y convenios en el área de
seguridad y salud en el trabajo con los organismos científicos o técnicos
nacionales e internacionales, públicos o privados, para el logro de los
objetivos fundamentales de esta Ley.
12.- Desarrollar programas de educación y capacitación técnica para
los trabajadores y los empleadores y empleadoras, en materia de seguridad
y salud en el trabajo.
13.- Revisar y actualizar periódicamente la lista de enfermedades
ocupacionales.
14.- Investigar los accidentes y las enfermedades ocupacionales,
estableciendo las metodologías necesarias para ser aplicadas y realizando
los ordenamientos correspondientes.
15.- Calificar el origen ocupacional de la enfermedad o del accidente.
16.- Elaborar los criterios de evaluación de discapacidad a
consecuencia de los accidentes de trabajo y las enfermedades
v
31
ocupacionales.
Dictaminar el grado de discapacidad del trabajador.
18.- Registrar y acreditar los Comités de Seguridad y Salud Laboral,
los Servicios de Seguridad y Salud en el Trabajo, personas naturales y
jurídicas que presten servicios o realicen actividades de consultoría y
asesoría en el área de seguridad y salud en el trabajo, y supervisar su
funcionamiento.
19.- Coordinar acciones con otros organismos del sector público y del
sector privado, con competencia en seguridad y salud en el trabajo para el
ejercicio efectivo de sus funciones.
20.- Establecer los principios para la elaboración, implementación y
evaluación de los programas de seguridad y salud en el trabajo.
21.- Tramitar las prestaciones a que hubiere lugar y ordenar a la
Tesorería de Seguridad Social el pago de las prestaciones en dinero
causadas ante la ocurrencia de un accidente de trabajo o enfermedad
ocupacional según lo establecido en la presente Ley.
22.- Prestar apoyo técnico especializado a los organismos
v
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competentes en materia de certificación y acreditación de calidad.
Crear y mantener actualizado el Sistema de Vigilancia Epidemiológica
de Seguridad y Salud en el Trabajo, en coordinación con el ministerio con
competencia en materia de salud, en correspondencia con el Sistema de
Información del Sistema de Seguridad Social.
24.- Fortalecer los mecanismos de integración, coordinación y
colaboración entre los órganos y entes nacionales, estadales y municipales
con competencia en materia de seguridad y salud en el trabajo.
25.- Asesorar al Ejecutivo Nacional sobre la suscripción y ratificación
de tratados, convenios y acuerdos internacionales en materia de seguridad y
salud en el trabajo.
26.- Requerir la acción de los organismos de seguridad del Estado para el
cumplimiento de sus competencias….”
v
CAPÍTULO IV
NATURALEZA JURÍDICA DE LOS ACTOS EMANADOS DEL INSTITUTO
NACIONAL DE PREVENCIÓN, SALUD Y SEGURIDADES LABORALES.
LA INEFICACIA DEL PROCEDIMIENTO PRINCIPALMENTE APLICABLE.
El numeral 1. del artículo 15 de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones
y Medio Ambiente del Trabajo (2005) establece expresamente el INPSASEL
es un ente de gestión del Régimen Prestacional de Seguridad y Salud en el
Trabajo que se configura como un instituto autónomo con personalidad
jurídica propia y patrimonio propio e independiente del Fisco.
Tal como lo señala Lares Martínez (1998): “Los institutos autónomos son
entidades creadas directamente por actos de poder público, dotadas de
personalidad jurídica y patrimonio propio, que tienen como objeto la gestión
de servicios públicos o la realización de actividades administrativas ,
financieras, industriales y comercialeas…”. La existencia de estos órganos
emana directamente de un decisión oficial, como en el caso INPSASEL, cuya
creación deriva de la La Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (1986) y posteriormente de La Ley Orgánica de
Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005).
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Los institutos autónomos son considerados por la Doctrina como entidades
no territoriales y administración pública descentralizada por servicios (Lares
Martínez (1998)), toda vez que la finalidad de la creación de dichos institutos
es la de darle independizar desde el punto de vista patrimonial y directivo a
un servicio público. En el caso de INPSASEL, la finalidad de configurarla
como un instituto autónomo es darle autonomía patrimonial y autarquía
directiva al servicio dirigido, en términos generales, a garantizar a la
población sujeta al campo de aplicación del Régimen Prestacional de
Seguridad y Salud en el Trabajo, las prestaciones establecidas en la Ley
Orgánica del Sistema de Seguridad Social y el cumplimiento del objeto de la
presente Ley. Por lo tanto, considerando su naturaleza jurídica, los actos
emanados de INPSASEL deben ser considerados indefectiblemente como
actos administrativos, tal como lo establece el artículo 7 de la Ley Orgánica
de Procedimientos Administrativos (1981) cuando estipula: “Se entiende por
acto administrativo, a los fines de esta Ley, Toda declaración de carácter
general o particular emitida de acuerdo con las formalidades y requisitos
establecidos en la Ley, por los órganos de la administración pública”.
La Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
(2005) es el cuerpo legislativo que le da la competencia a INPSASEL para
dictar dichos actos calificados como administrativos. Muchos de los actos
que debe dictar INPSASEL son los actos típicos dictados por la
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administración pública en virtud de su relación con los particulares. A saber,
son aquellos actos que cuando son dictados tienen como fin administrar la
relación entre INPSASEL que tal como lo señala Rondón de Sanso (1990)
“tiene en su poder atender a una pretensión del administrado, o bien ejercer
los particulares (potestad disciplinaria, potestad sancionatoria”. Vale decir,
como dice Rondón de Sanso (1990): “el acto típico de de la Administración
es el de naturaleza unilateral y autoritario, es decir aquel por el cual ella
constituye una situación jurídica (creándola, modificándola o extinguiéndola);
o bien, declara algo, a los fines de otorgar certeza jurídica, a un hecho o una
actuación (procedimientos y actos declarativos).” Vale decir, en estos actos la
Administración decide sobre el interés de un particular o de un grupo de
particulares. La Administración como competente para tutelar ese interés,
decide, conforme a la Ley, si dicho interés puede afectar el interés público o
no, pero no toma decisiones que en forma alguna dilucidar una controversia
entre partes, pues estas decisiones en principio le corresponden al órgano
jurisdiccional.
Estos actos administrativos calificados como típicos se dictan previa la
tramitación de un procedimiento administrativo que, salvo que exista otro
procedimiento previsto por Ley, debe ser el estipulado en la Ley Orgánica del
Procedimientos Administrativos (1981), el cual esta concebido, tal como lo
señala Rondón de Sanso (1990), como la actuación de un particular o un
v
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grupo de particulares frente la Administración. Sigue Rondón de Sanson:
“Estos procedimientos que hemos denominado unilaterales-autoritarios son
los que dan lugar a verdaderos y propios proveimientos administrativos, con
los cuales la Administración lo que busca es satisfacer el interés cuya tutela
le ha sido asignada”.
Vale decir, entendemos que ninguno de los actos administrativo emitidos por
INPSASEL pueden ser dictados sin que se cumpla con el procedimiento
previsto en la Ley Orgánica del Procedimientos Administrativos (1981),
máxime cuando La Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (2005) no prevé un procedimiento administrativo
especial a tales fines, pues en ese caso debería prelar el procedimiento
especial conforme lo estipula el artículo 47 de la Ley Orgánica del
Procedimientos Administrativos (1981).
En tal sentido, INPSASEL al iniciar un procedimiento administrativo de oficio
debe, conforme a lo estipulado en el artículo 48 de la Ley Orgánica del
Procedimientos Administrativos (1981) notificar a los particulares cuyos
derechos subjetivos o intereses legítimos resulten afectados para que en un
lapso de 10 días tenga derecho a exponer sus pruebas y alegatos a los fines
de evitar afectación de dicho intereses o derechos. En el caso, que el
procedimiento se inicie por solicitud de parte interesada el solicitante deberá
v
37
presentar la correspondiente solicitud administrativa cumpliendo con los
requisitos previstos en el artículo 49 de la Ley Orgánica del Procedimientos
Administrativos (1981), a saber dicha solicitud deberá hacer constar: “1. El
organismo al cual está dirigido;…2. La identificación del interesado, y en su
caso, de la persona que actúe como su representante con expresión de los
nombres y apellidos, domicilio, nacionalidad, estado civil, profesión y número
de la cédula de identidad o pasaporte;…3. La dirección del lugar donde se
harán las notificaciones pertinentes; …4. Los hechos, razones y pedimentos
correspondientes, expresando con toda claridad la materia objeto de la
solicitud;…5. Referencia de los anexos que lo acompañan, si tal es el caso;
…6. Cualesquiera otras circunstancias que exijan las normas legales o
reglamentarias; …7. La firma de los interesados…” Posteriormente se
deberán cumplir los tramites previstos entre los artículo 51 y 59 de la Ley
Orgánica del Procedimientos Administrativos (1981).
Como se puede observar del estudio de la Ley Orgánica del Procedimientos
Administrativos (1981), si el procedimiento administrativo se inicia por
instancia de partes, no hay una oportunidad ni la obligación de notificar a los
particulares distintos al solicitante que se vean afectados en sus derechos
legítimos y directos, tal como ocurre en el procedimiento iniciado de oficio.
Por lo tanto, en el caso que la decisión de INPSASEL afecte los interés del
patrono, quién normalmente podría configurarse en ese particular con
v
38
intereses y derechos en el procedimiento administrativo, al parecer no sería
necesario notificarlo y, por lo tanto, estaría de alguna forma limitada su
participación en el procedimiento administrativo, salvo que por razones del
procedimiento sea necesario efectuar una inspección (como normalmente
ocurre) en las instalaciones del patrono para verificar las condiciones de
salud, higiene y medio ambiente del trabajo.
Esta situación de limitación del patrono, como particular interesado, para
participar en el procedimiento, podría traer como consecuencias,
independiente que el patrono se entere del procedimiento a través de una
inspección en sus instalaciones por parte de INPSASEL, serías violaciones al
derecho de la defensa, previsto en el artículo 49 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela. En efecto, el procedimiento
administrativo de la Ley Orgánica del Procedimientos Administrativos (1981)
ser limitativo e ineficaz para garantizar el ejercicio del derecho a la defensa
de todas las partes que pudieran estar involucradas en el procedimiento que
da lugar al acto dictado por INPSASEL.
Esta situación la podemos ver en forma más tangible en aquellos actos de
INPSASEL que tienen como finalidad la calificación como ocupacionales de
las enfermedades y/o accidentes que padezca un trabajador. En efecto, en
estos actos INPSASEL (aun cuando es factible que los dicte de oficio, en
v
39
cuyo caso debería notificar a todos los particulares interesados, que en este
supuesto deberían ser el patrono y el trabajador afectado, sin perjuicio de las
eventuales notificaciones a los delegados de prevención, a los miembros del
Comité de Higiene y Seguridad Laborales y a los organismos sindicales),
normalmente actúa previa solicitud del trabajador o de su representante, por
lo tanto, INPSASEL podría realizar una serie de actuaciones administrativas
y verificaciones sin que el patrono tuviera conocimiento de ellas ni pudiera
tener el control de ellas, o sin que pudiera defenderse alegando hechos
distintos a los alegados por el solicitante o promoviendo pruebas que
contribuyan a arribar a una conclusión distinta a aquella dirigida a calificar la
enfermedad o el accidente como ocupacional. En este supuesto las únicas
formas en que el patrono podría participar son: (i) enterándose por medios
propios de la existencia del procedimiento, y tratando de participar en él (si
tiene oportunidad para ello) alegando que tiene un evidente interés legítimo y
directo por ser la parte que se verá afectada por una decisión de califique la
enfermedad y/o el accidente como ocupacionales; y (ii) que INPSASEL
ordene hacer una inspección en las instalaciones de la empresa a los fines
de recabar pruebas para unilateralmente y sin la existencia de un verdadero
proceso contradictorio, decidir si la enfermedad y/o el accidente alegado por
el solicitante es ocupacional o no.
Es cierto que el artículo 59 de la Ley Orgánica del Procedimientos
v
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Administrativos (1981) establece expresamente que: “Los hechos que se
consideren relevantes para la decisión de un procedimiento podrán ser
objeto de todos los medios de prueba establecidos en los Códigos Civil, de
Procedimiento Civil y Enjuiciamiento Criminal y en otras Leyes”, pero sin
embargo, esta actividad probatoria, aun cuando sea propuesta por el
solicitante, va a depender de la voluntad de INPSASEL de permitir o
considerar pertinente la evacuación de tales pruebas, tal como lo establece
el artículo 53 de la Ley Orgánica del Procedimientos Administrativos (1981),
cuando señala que es responsabilidad de la administración impulsar el
procedimiento en todas sus partes. Es factible que el trabajador solicitante
pueda lograr en cierto momento una actividad probatoria más completa, dado
que el procedimiento administrativo se instaura en virtud de su solicitud, pero
el patrono que más que un tercero interesado, definitivamente puede ser
calificado como parte, sólo podrá desarrollar dicha actividad probatoria en el
caso que logre tener conocimiento del procedimiento durante su tramitación y
siempre y cuando INPSASEL le considere pertinente la evacuación de las
pruebas que pueda proponer o le exija llevar al expediente del caso ciertas
probanzas.
Por último cabe señalar, a los fines de conocer un poco la naturaleza jurídica
de estos actos de calificación de la enfermedad y del accidente, que éstos
últimos parecieran estar revestidos de lo ha denominado la doctrina, para
v
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algunos como Severo Giannini (1970) en forma errónea, “discrecionalidad
técnica”, pues INPSASEL en este procedimiento sólo realiza las actuaciones
administrativas, probatorias y argumentativas que como organismo
competente considere necesarias, y luego en base a una decisión técnica
médico ocupacional, toma una decisión sobre la calificación de la
enfermedad o del accidente.
Sin embargo, cabe señalar, tal como lo señaló la antigua Corte Suprema de
Justicia, en sentencia dictada en fecha 28 de julio de 1998 resolviendo sobre
un recurso de nulidad ejercido por Johnson & Johnson de Venezuela, S.A.
contra la Norma Covenin 2883-92 y contra la decisión de Ministerio de
Fomento que declaraba dicha norma como de obligatorio cumplimiento, la
discrecionalidad técnica que “no es discrecional aunque su nombre así lo
revele…está constituida por la aplicación de los criterios de eficiencia y
racionalidad, aplicables a los distintos procesos que son objeto del control
administratrivo. La discrecionalidad técnica no es consecuencia libre, sino
vinculada a criterios científicos de ciencia pura o de ciencia aplicada; y por
otra parte, es una actividad reglada, incluso en el fin, ya que este no puede
ser sino los expresamente señalado en la Ley.”. Vale decir, aun cuando la
administración, en este caso INPSASEL, sólo deba acogerse a los criterios
técnicos médico-ocupacionales para determinar si la enfermedad y/o el
accidente en profesional o no, su actuación debe estar aparejada o casada
v
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con la finalidad de su actuación que debe estar conforme a las normas
legales y constitucionales.
Por lo tanto, es necesario que en su actuación técnica, INPSASEL evite
infringir las normas legales y constitucionales entre las cuáles resaltan la
garantía al debido proceso prevista en el artículo 49 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela que necesariamente incluye la garantía
o derecho a la defensa. No obstante, como ya lo veremos en el próximo
capítulo esta actuación meramente técnica pareciera no esta muy acorde a
esa garantía del debido proceso que contiene necesariamente a la garantía o
derecho a la defensa.
v
CAPÍTULO V
FACULTAD DE CERTIFICACIÓN Y CALIFICACIÓN DE LAS
ENFERMEDADES OCUPACIONALES Y DE LOS ACCIDENTES DEL
TRABAJO. DEFINICIONES DE LAS ENFERMEDADES OCUPACIONALES
Y DE LOS ACCIDENTES DEL TRABAJO. VIABILIDAD CONSTITUCIONAL
Y LEGAL DE DICHAS DECISIONES. PROCEDIMIENTOS IDÓNEOS PARA
SU TRÁMITE.
Tal como lo señalamos en el Capítulo anterior, dentro de los actos de
efectos particulares que INPSASEL puede dictar encontramos, entre otros,
aquellos que tienen como objetivo: “Calificar el origen ocupacional de la
enfermedad o del accidente…”. Estos actos, a diferencia de los calificados
como típicos de los dictados por la administración (referidos y estudiados en
el Capítulo anterior), suponen la existencia de una controversia, a saber la
existencia o no de una enfermedad o accidente ocupacional. Es evidente que
la calificación de ocupacional o no de una enfermedad o accidente, puede
comportar una controversia, ya que el patrono podría no estar de acuerdo
con la declaración del trabajador que dice haber sido víctima de un accidente
o una enfermedad con ocasión de su trabajo.
En estos actos de calificación de enfermedad y/o accidente, el interés
44
del trabajador que no sería otro que ser indemnizado, tanto por la tesorería
de la Seguridad Social como por el patrono, se contrapone al interés del
patrono a no pagar indemnización alguna en el caso que considere que el
trabajador no sufrió un accidente o una enfermedad ocupacional. Por lo
tanto, no estamos en presencia de un acto que decide un interés unilateral
que no afecta a tercero alguno ni genera derecho en el interesado ejecutable
frente a un tercero. Una decisión de INPSASEL estableciendo que una
enfermedad o un accidente es ocupacional, puede hacer nacer el derecho en
el trabajador de exigirle a su patrono el pago de severas indemnizaciones por
incapacidad y por daño moral.
En efecto, la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio
Ambiente del Trabajo (2005) establece que en su artículo 76 que
INPSASEL: “…previa investigación, mediante informe, calificará el origen del
accidente de trabajo o de la enfermedad ocupacional…”. En esa calificación
por parte de INPSASEL del origen del accidente del trabajo o de la
enfermedad ocupacional, se podría sentar la base jurídica para la
reclamación al patrono de ese trabajador de severas indemnizaciones por
incapacidad y/o por daño moral, esto sin incluir las sanciones a la que podría
estar expuesto el patrono y el posible ejercicio de acciones penales en contra
de sus representantes. Esto se debe a que la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005), expresamente prevé un
v
45
régimen de responsabilidad administrativa, pecuniaria o indemnizatoria y
penal para el caso que INPSASEL considere que la enfermedad o lesión que
padece el trabajador ocurrió con ocasión al servicio prestado a su patrono.
Es INPSASEL a través de las referidas certificaciones que crea una
eventual obligación o responsabilidad en cabeza del patrono, o determina el
basamento jurídico para justificar una acción en contra de dicho patrono para
el cumplimiento de dichas obligaciones o responsabilidad. En consecuencia,
es lógico arribar a la conclusión que el patrono frente a la eventual
adjudicación por vía de la referida certificación de una serie de obligaciones y
responsabilidades, debería tener derecho a expresar su contradicción a los
fines de evitar la asunción de tales obligaciones y responsabilidad, pues es
totalmente factible que los hechos descritos por el trabajador, al solicitarle a
INPSASEL la calificación de su lesión o enfermedad, no sea ciertos, que no
hayan ocurrido tal como lo él lo indica, o que existen otros elementos de
hechos y hasta técnicos que pudieran llevar a concluir que la lesión o la
enfermedad no derivaron del trabajo.
Por lo tanto, es evidente que ese acto de INPSASEL que certifica el
accidente o la enfermedad como laboral o no, más que regular la relación
entre el trabajador denunciante e INPSASEL como administración, busca
dirimir un controversia o conflicto entre las partes, a saber si ese accidente o
v
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enfermedad se produjo con ocasión del trabajo prestado por el trabajador a
su patrono.
Vale decir, existen dos partes claramente diferenciadas con intereses
diametralmente contrapuestos, a saber, por una parte, el patrono que,
considerando las consecuencias patrimoniales, administrativas y
sancionatorias que se pueden derivar, no le conviene que se califique la
enfermedad y/o el accidente como ocupacional y por lo tanto tiene derecho a
manifestar su contradicción a lo alegado por el trabajador, y por otra parte, el
trabajador que comparece a INPSASEL a los fines de que dicho organismo
defina que la lesión y/o enfermedad que padece fue ocasionada por el
servicio prestado, y a tal efecto, hace una declaración de cómo ocurrieron los
hechos y eventualmente a petición de INPSASEL presenta una serie de
pruebas.
Frente a estas dos posiciones y partes claramente definidas,
INPSASEL se nos presenta como un tercero que, por orden legislativa, se
encargará de definir si esa enfermedad o lesión es laboral o no, si ocurrió por
negligencia o culpa del patrono, y si el patrono, entonces, debe indemnizar al
trabajador o si es responsable administrativamente o hasta penalmente por
dicha enfermedad o lesión derivada de una accidente.
v
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Vistos estos elementos, el acto mediante el cual INPSASEL califica la
enfermedad o el accidente, evidencia una clara naturaleza
cuasijurisdiccional, pues tal como lo señala Rondón de Sanso (1990)
INPSASEL al dictar este acto: “no realiza como objetivo esencial, su función
de satisfacer en forma práctica los intereses de la comunidad o sus propios
intereses, sino que esta destinada a declarar ante varios sujetos en conflicto
quien tiene la razón y quien no la tiene. Esta declaración que es análoga en
su estructura a la de un fallo judicial, es lo que vamos a denominar acto
cuasijurisdiccional”. En el caso bajo estudio, INPSASEL no actúa como la
Administración típica, a saber no actúa a través de un acto unilateral que
busca tomar una decisión que satisfaga solamente el interés bajo su tutela,
vale decir, en la actuación típica de la administración esta última actúa como
parte (las partes son la administración y el particular), por lo que no va a
crear obligaciones ni responsabilidad gravosas a la esfera jurídica subjetiva
de terceros, sólo podría generárselas a la esfera jurídica subjetiva del
particular solicitante.
Por el contrario, aun cuando es de su interés garantizar la reparación
de los daños causados al trabajador por su prestación de servicios,
INPSASEL, cuando califica, no actúa como parte sino que ejerce una función
análoga a la de un Juez, al dilucidar o dirimir una controversia entre patrono
y trabajador sobre si la enfermedad o la lesión es de carácter laboral o no.
v
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Este criterio queda aun más soportado cuando observamos que conforme al
artículo 77 de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente
del Trabajo (2005), el patrono (empleador o empleadora) es un sujeto
legitimado para ejercer los recursos administrativos y judiciales en contra de
la decisión de INPSASEL que califica la enfermedad y/o el accidente como
ocupacional. Esta legitimación no se debe a otra razón que al hecho
mesurable que el patrono en este caso, más que un tercero, es parte del
procedimiento que dio lugar al acto administrativo y por lo tanto así debe ser
tratado, con todas las garantías necesarias para que su ejercicio como parte
no sea ineficaz
Así la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia
en sentencia 438 dictada por la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia el 4 de abril de 2001, caso C.V.G
SIDERÚRGICA DEL ORINOCO (SIDOR) C.A. señaló lo siguiente:
“Ahora bien, existen procedimientos administrativos donde la
Administración cumple una función equivalente a la del juez para
resolver la controversia entre dos partes. Por ello se ha
denominado a los actos que resultan de dichos procedimientos
como “actos cuasijurisdiccionales” (Rondón de Sansó, 1990). En
tales actos, la Administración, en sede administrativa, no actúa
como parte en el procedimiento decidiendo unilateralmente sobre
v
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derechos que le son inherentes, sino que actúa en forma similar
a la del juez, dirimiendo un conflicto entre particulares y cuya
decisión está sometida al posterior control en sede judicial. Así
sucede en algunos procedimientos administrativos llevados a
cabo por las Inspectorías del Trabajo, tal como es el caso objeto
de esta decisión. Es pues indudable que el acto administrativo
que resulta de dichos procedimientos de tipo cuasi-jurisdiccional,
crea derechos u obligaciones tanto para la parte recurrente como
para aquélla o aquéllas que, tal como consta en el expediente
administrativo, estuvieron efectivamente presentes en el
procedimiento del que resultó el acto impugnado.” INPSASEL para
poder emitir el referido acto de calificación debe subsumir los hechos a los
que tenga acceso, bien sea por instancia del trabajador o a través de la
inspección que pudiera efectuar en la instalaciones del patrono, en las
definiciones de accidente de trabajo y enfermedad ocupacional estipuladas
en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del
Trabajo (2005).
En efecto, el artículo 69 de la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005) señala que se debe
entender por accidente de trabajo: “todo suceso que produzca en el
trabajador o la trabajadora una lesión funcional o corporal, permanente o
v
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temporal, inmediata o posterior, o la muerte, resultante de una acción que
pueda ser determinada o sobrevenida en el curso del trabajo, por el hecho o
con ocasión del trabajo”. Posteriormente ese mismo artículo hace una
enumeración de ciertas situaciones particulares en las cuáles también existe
un accidente de trabajo, a saber: “1. La lesión interna determinada por un
esfuerzo violento o producto de la exposición a agentes físico, mecánicos,
químicos, biológicos, psicosociales, condiciones metereológicas
sobrevenidas en las mismas cirscunstancias…2. Los accidentes acaecidos
en actos de salvamento y en otros de naturaleza análoga, cuando tengan
relación con el trabajo...3. Los accidentes que sufra el trabajador o la
trabajadora en el trayecto hacia y desde su centro de trabajo, siempre que
ocurra durante el recorrido habitual, salvo que haya sido necesario realizar
otro recorrido por motivos que no le sean imputables al trabajador o la
trabajadora, y exista concordancia cronológica y topográfica en el recorrido.
…4. Los accidentes que sufra el trabajador o la trabajadora con ocasión del
desempeño de cargos electivos en organizaciones sindicales, así como los
ocurridos al ir o volver del lugar donde se ejerciten funciones propias de
dichos cargos, siempre que concurran los requisitos de concordancia
cronológica y topográfica exigidos en el numeral anterior…”.
Por su parte el artículo 70 de la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005) establece que se debe
v
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entender por enfermedad ocupacional: “ Los estados patológicos contraídos
o agravados con ocasión del trabajo o exposición al medio en el que el
trabajador o la trabajadora están obligados a trabajar, tales como los
imputables a la acción de agentes físicos y mecánicos, condiciones
disergonómicas, metereológicas, agente químicos, biológicos, factores
psicosociales y emocionales, que se manifiesten por una lesión orgánica,
trastornos enzimáticos o bioquímicos, trastornos funcionales o desequilibrio
mental, temporales o permanentes.”
En sentido INPSASEL deberá en primer lugar verificar bajo un análisis
técnico la existencia de la enfermedad o de la lesión. Pero también, deberá
hacer un estudio de los hechos a los fines de determinar si existe una
relación de causalidad entre ese factor o suceso y la enfermedad o lesión, o
en otras palabras si existe un nexo de causalidad entre el trabajo realizado y
la enfermedad y/o la lesión padecida. Así lo ha considerado en distintas
sentencias la Sala de Casación Social del Tribunal Supremo de Justicia,
entre las cuales podríamos citar la dictada por dicha Sala en fecha 1° de
junio de 2006, con Ponencia del Magistrado Luis Franceschi, en el Caso José
García Vs. WEATHERFORD LATIN AMÉRICA, S.A., en la cual se estableció
lo siguiente: “Conforme a la doctrina de la Sala, que en esta oportunidad se
reitera, en el caso examinado si bien el demandante demostró que padecía
una enfermedad, no logró probar que la misma era consecuencia de la
v
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prestación del servicio, es decir, no determinó el nexo causal entre la labor
ejecutada y la lesión producida (nexo de causalidad), y aunque la empresa
no practicó al trabajador el examen pre-empleo, lo cual ciertamente opera
como una presunción en su contra, ello, adminiculado con las declaraciones
de los testigos que se limitan a decir que el trabajador laboraba “después de
haber cumplido su jornada de trabajo, sin descansar lo obligaban a regresar
nuevamente al trabajo para solventarle problemas a la empresa”, no puede
considerarse como plena prueba para determinar el nexo causal entre el
estado patológico del actor y la labor por este desempeñada, por lo que el
juzgador de alzada actuó apegado a derecho al declarar de acuerdo a las
pruebas consignadas en autos, improcedente la condena de indemnización
por enfermedad profesional solicitada por el actor”.
Esta labor de verificación de la existencia de la relación de causalidad
requiere indefectiblemente del concurso de la partes involucradas en el
procedimiento, como lo son el patrono y el trabajador, pues son ellos los que
podrían llevar al procedimiento administrativo los elementos argumentativos y
probatorios necesarios para dilucidar si existe o no el nexo de causalidad
necesario. Además son ellos, el trabajador y el patrono los que tiene derecho
a hacer valer sus argumentos y defenderse cabalmente de los afirmaciones
de hecho y de derecho que pudieran perjudicarlos. Esta actividad
argumentativa y probatoria era llevaba a cabo sin inconvenientes cuando la
v
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calificación de la laboralidad de una enfermedad y/o accidente era materia
que se ventilaba por ante un Tribunal del Trabajo, pues en el proceso judicial
establecido actualmente en la Ley Orgánica Procesal del Trabajo (2002)
existe oportunidades y lapsos para que la partes puedan esgrimir sus
alegatos y defensas y puedan promover y evacuar las probanzas tendientes
a demostrar la laboralidad o no de la enfermedad o el accidente de trabajo.
No obstante, esta situación no es del todo así en el “procedimiento
administrativo” que parece tramitar INPSASEL para dictar las referidas
calificaciones, pues en dicho proceso, si bien pareciera no coartársele el
derecho a las partes de presentar los argumentos de hecho y derecho que
consideren relevantes y traer las documentales que sean necesarias para
soportar tales hechos, no existe una oportunidad y/o lapso para que las
partes presenten tales argumentos, y promuevan y evacuen esas pruebas
documentales, así como otras pruebas que pudieran ser pertinentes
promover y evacuar para dilucidar si la enfermedad o el accidente es laboral
o no, tales testigos, expertos médicos o de otro tipo, pruebas de informes,
entre otras. Entonces, tal como lo señalamos en el Capítulo anterior, la
actividad argumentativa y probatoria de la partes, va a depender de que
INPSASEL considere pertinente la participación del patrono y la evacuación
de las pruebas que podría proponer éste último, tal como se lo permite el
artículo 58 de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos (1981).
v
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Esta situación nos lleva necesariamente a concluir que el
procedimiento establecido en la Ley Orgánica de Procedimientos
Administrativos (1981), no garantiza la garantía al debido proceso que
contiene el derecho a la defensa, por lo menos, del patrono en el caso que el
acto a dictar sea la calificación de la enfermedad o accidente como
profesional, pues pareciera que es necesario un procedimiento de corte
judicial a los fines de dilucidar dicho asunto, procedimiento este que debe
otorgarle, tanto al trabajador como al patrono, oportunidades y/o lapso para
plantear sus argumentos, esgrimir sus defensas frente a esos argumentos y
promover y evacuar las pruebas pertinentes.
En efecto, como ya señalamos, el acto que determina si enfermedad o
el accidente es profesional necesariamente tiene una naturaleza
cuasijurisdiccional, a saber formalmente es un acto administrativo pero
materialmente es una sentencia, por lo tanto, es fundamental que el
procedimiento que de lugar a estos actos le garantice el derecho al debido
proceso, que contiene el derecho a la defensa, a las partes afectadas
directamente por el procedimiento y el acto administrativo final, que en esta
no son otras que el trabajador y el patrono, independientemente que sólo el
trabajador sea el solicitante.
En efecto, en la Constitución de la República Bolivariana de
v
55
Venezuela (1999), existen una serie de garantías constitucionales que
evidentemente deben guiar o predeterminar la viabilidad jurídica de las
actuaciones de INPSASEL. Entre otras garantías, evidentemente nos
interesa, a los efectos de este estudio, la garantía constitucional al derecho a
la defensa que esta enmarcada dentro de la garantía al debido proceso. A
saber conforme lo establece el artículo 49 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela (1999): “El debido proceso se aplicará a todas las
actuaciones judiciales y administrativas; en consecuencia:…1° La defensa y
la asistencia jurídica son derechos inviolables en todo estado y grado de la
investigación y del proceso. Toda persona tiene derecho a ser notificado de
los cargos por los cuales se le investiga; de acceder a las pruebas y de
disponer del tiempo y de los medios adecuados para ejercer su defensa.
Serán nulas las pruebas mediante violación del debido proceso. Toda
persona declarada culpable a recurrir del fallo, con las excepciones
establecidas en esta Constitución y en la ley”
El derecho constitucional a la defensa garantiza a las partes el ejercicio de
sus legítimas facultades procesales para cumplir las cargas, aprovechar las
posibilidades y realizar las expectativas que el proceso comporta. En este
orden de ideas, la Sala de Casación Civil de la extinta Corte Suprema de
Justicia expresó que la defensa, en su sentido procesal, no es un derecho
que compete exclusivamente al procesado, sino que es facultad que la Ley
v
56
concede a ambas partes para formular pedimentos ante el órgano
jurisdiccional, en resguardo de los bienes jurídicos en que estén interesados
La indefensión, de acuerdo con la jurisprudencia del Máximo Tribunal,
reiterada en infinidad de fallos ocurre en el juicio cuando el Juez [u órgano
administrativo] priva o limita a alguna de las partes el libre ejercicio de los
medios y recursos que la Ley pone a su alcance para hacer valer sus
derechos, por lo que, para que exista violación del derecho de defensa, la
infracción debe ser imputable al Juez.
En sentencia del 24 de abril de 2002, la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia reconoció que constituye una evidente violación del
derecho a la defensa de los administrados la omisión por parte del Juez o de
la Administración de valorar las pruebas promovidas en el procedimiento que
revisten relevancia, por ser capaces de modificar la decisión, si hubieren sido
valoradas a los efectos de emitir una decisión. A tal efecto, la Sala señaló:
“Es criterio de esta Sala, que en autos existe prueba suficiente para concluir
que, en el juicio por cumplimiento de contrato de arrendamiento, sí fue
probado que el arrendatario, para el momento de la demanda, era el
ciudadano José Correa Belisario, en virtud de la subrogación que ocurrió
respecto del original arrendatario y, asimismo de las pruebas documentales,
se podía deducir que el contrato era a tiempo determinado. La falta de
apreciación por parte de los jueces de las pruebas que constan en el
v
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expediente produjo el vicio de silencio de pruebas, que contiene el artículo
509 del Código de Procedimiento Civil, el cual está relacionado con el
derecho constitucional a la defensa y a la tutela judicial efectiva. …En ese
sentido, la Sala considera que todo ciudadano tiene el derecho a ser juzgado
y a que la causa sea resuelta con fundamento en los elementos de hecho y
de derecho que cursen en el expediente y no puede el Juez silenciar las
pruebas, pues esa falta de juzgamiento incide directamente en el derecho a
la defensa y en el derecho a ser juzgado con las garantías del debido
proceso. …Ahora bien, la Sala precisa que para que se configure la violación
del derecho constitucional a la defensa, no basta con la simple falta de
valoración de una prueba, sino que se compruebe que la prueba dejada de
apreciar era determinante para la decisión, de tal manera que, de haber sido
apreciada, la decisión hubiera sido otra….En el caso de autos, el
demandante denunció la violación del derecho a la defensa por la falta de
apreciación de la impugnada de las pruebas que demostraban el carácter de
arrendatario del demandado, y la consecuencial, procedencia de la
demanda. Dichas pruebas en el presente caso, eran determinantes para la
demostración de la cualidad de arrendatario del demandado, razón por la
cual su falta de apreciación incidió, de manera directa, en la decisión final, lo
cual lesionó el derecho a la defensa del demandante. Por tanto, ante la
verificación del silencio de unas pruebas determinantes en el juicio que dio
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58
lugar al amparo de autos, la Sala debe declarar con lugar la apelación y
revocar el fallo impugnado. Así se declara.”
La garantía del derecho a la defensa ha de ser atendida como garantía
de oportunidad de todo ciudadano de insertarse en relaciones procesales
previamente ordenadas y reguladas en el espacio y en el tiempo; como
garantía de oportunidad para contradecir, alegar y probar en defensa de su
interés dentro del proceso, y como garantía de oportunidad de ser
escuchado, en situación de igualdad con los demás sujetos de la relación
procesal, y de obtener una sentencia que tome en cuenta sus razones y
probanzas.
Es evidente entonces bajo esta normativa que la decisión que dicte
INPSASEL a los fines de certificar y/o calificar una enfermedad laboral debe
estar imbuida del respeto de esta garantía constitucional, pues de lo contrario
el acto emitido por INPSASEL estaría viciado de nulidad absoluta.
De esta forma, aun cuando no este expresamente establecido en la
Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo
(2005), es necesario que en el tramite y/o procedimiento administrativo que
de lugar a los actos administrativos que contengan las referidas decisiones,
se respete el derecho a la defensa del patrono y/o otros interesados que se
v
59
vean afectado en su esfera jurídica subjetiva por las decisiones de
INPSASEL. Vale decir, se le debe permitir a estos últimos la participación y
promoción y evacuación de cualquier medio probatorio suficiente o pertinente
a los fines de desvirtuar el carácter laboral de las enfermedades y/o
accidentes de sus trabajadores. Al establecerse un procedimiento apegado
a la garantía del derecho a la defensa se estaría garantizando el debido
proceso estipulado igualmente en dicho artículo 49 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela,
Cabe indicar, que pudiera haber ocurrido que el legislado cuando le
otorgó a INPSASEL la facultad de calificar la enfermedad y/o el accidente
como laboral, entendió, en forma muy limitada y errónea, que dicho asunto
podía ser analizado y decidido sólo desde un punto de vista técnico, pues el
artículo 76 de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente
del Trabajo (2005) señala que INPSASEL calificará el origen de esas
enfermedades y/o accidentes “previa investigación” y “mediante un informe”.
Es decir, al parecer el legislador consideró que en este procedimiento sólo
era importante la labor de investigación y técnica de INPSASEL. Sin
embargo, asumir esta interpretación (a nuestro parecer errónea), sería como
entender que en un proceso judicial lo único relevante para decidir el caso
sería los argumentos del demandante explanados en la demanda, la función
discrecional del Juez y el informe pericial que efectúe el experto nombrado
v
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por el Tribunal, y que por lo tanto no debería existir una oportunidad para
contestar la demanda, esgrimir defensas y promover y evacuar pruebas a
instancia de parte y en especial de parte demandada. Evidentemente, esta
situación nos llevaría a concluir claramente que este procedimiento judicial
sería totalmente nugatorio del derecho de la defensa del demandado. Por lo
tanto, si traspolamos este ejemplo al procedimiento de INPSASEL,
deberíamos arribar a la misma conclusión independientemente que estemos
en sede administrativa, pues el derecho a la defensa deber existir en todos
los ámbitos procesales existentes, sean administrativo o judiciales.
En este sentido, creemos que en ausencia de una normativa que
establezca un procedimiento cuasijurisdiccional para la calificación de los
accidentes y enfermedad como ocupacionales, INPSASEL podría asumiendo
su carácter de directora del procedimiento, dictar providencias de mero
tramite que establezcan un procedimiento contradictorio dirigido a
salvaguardar el derecho a la defensa del trabajador y en especial del
patrono. Este procedimiento podría ser parecido al establecido en los
artículos 453 y 454 de la Ley Orgánica del Trabajo (1997) donde se reconoce
que existe una contraposición de intereses y que el Inspector del Trabajo
actúa más como Juez que como administración pública.
v
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Este procedimiento contradictorio garante del derecho a la defensa
podría ser recogido en las Guías Técnicas que normalmente dicta INPSASEL
conforme al artículo 18 de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y
Medio Ambiente del Trabajo (2005) o a través de instructivos internos de
carácter procedimental. Igualmente proponemos que este procedimiento
contradictorio sea parte de la discusión que actualmente se efectúa para la
aprobación del correspondiente Reglamento de la Ley Orgánica de
Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005).
No obstante, existe el riesgo cierto que el establecimiento vía guía
técnica o instructivo de un procedimiento cuasijurisdiccional distinto al
procedimiento previsto en la Ley Orgánica del Procedimientos
Administrativos (1981) (cuerpo normativo de obligatoria aplicación cuando no
existe procedimiento especial, como es el caso bajo estudio), pueda ser
calificado como una actuación inconstitucional, toda vez que, conforme de
puede interpretar del artículo 49 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela (1999), el establecimiento de un proceso es de
reserva legal. Por lo tanto, si INPSASEL establece un procedimiento vía
resolución de aplicación preferente a la Ley Orgánica del Procedimientos
Administrativos (1981), dicho procedimiento podría ser inconstitucional, por
violentar la reserva legal, e ilegal por contrariar el procedimiento establecido
en la Ley Orgánica del Procedimientos Administrativos (1981), máxime
v
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cuando se podría deducir de una lectura de la Ley Orgánica de Prevención,
Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (2005) que la emisión de guías
técnicas se justifican para el desarrollo de la funciones sustantivas de
INPSASEL y no procesales.
En tal caso, podría presentársenos como una solución, que la Guía
Técnica o el instructivo de INPSASEL reconozca la aplicación del
procedimiento establecido en la Ley Orgánica del Procedimientos
Administrativos (1981), pero haciendo la acotación expresa que, como
estamos en presencia de un procedimiento claramente contradictorio, es
necesario garantizar la participación del patrono, notificándole del
procedimiento y dándole posibilidad para que esgrima sus defensas y
promueva y evacue las pruebas que considere pertinentes, en el lapso de 4 a
6 meses que conforme a la Ley Orgánica del Procedimientos Administrativos
(1981) debe durar el procedimiento administrativo, tal como lo señala el
artículo 60 de la Ley Orgánica del Procedimientos Administrativos (1981).
Por último, resalta el estudio y análisis de la garantía a ser juzgados
por nuestros jueces naturales estipulada en el numeral 4 del artículo 49 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, pues podría arribarse
a la conclusión (tal como se ha discutido en el caso de otros procedimientos
cuasijurisdiccionales), que otorgarle INPSASEL la facultad de certificar la
v
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laboralidad de un accidente de trabajo y/o enfermedad, puede infringir dicha
garantía. En efecto, el asunto jurídico de la calificación de un accidente o una
enfermedad es evidentemente conflicto entre particulares, a saber, por una
parte, el trabajador que pretende que sea calificado como laboral un
accidente o una enfermedad, y por otra el patrono que tiene el derecho a
demostrar que no es así y evitarse el eventual pago de indemnizaciones,
sanciones y hasta de condenas penales. Bajo esta premisa el funcionario
natural para decidir conflictos entre particulares es el Juez, y no la
administración pública, que, salvo algunas excepciones, sólo debe dilucidar
conflictos entre la administración y los particulares.
Sin embargo, el otorgamiento de estas facultades jurisdiccionales a la
administración pública no es un tema nuevo, y ha sido justificada, tal como lo
señala Rondón de Sanso (1990) esgrimiéndose varias razones, tales como:
“la circunstancia de que el legislador siempre ha creído que crear
procedimientos administrativos contradictorios, sustitutivos de la vía judicial,
haría más expedita la solución de conflicto que en ellos se debate y, al
mismo tiempo, flexibilizaría el trámite, lo cual se corresponde con la
naturaleza de orden público que todas las instituciones sometidas a tal
régimen poseen. Por otra parte se ha estimado que para los administrados
es menos onerosa la vía administrativa y cuando utilizamos este término, no
estamos refiriendo no sólo al gasto efectivo que se pueda tener en juicio,
v
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sino también al uso del tiempo y de los múltiples recursos que se consumen
en un proceso judicial”.
v
CAPÍTULO VI
MECANISMOS Y RECURSOS DE IMPUGNACIÓN DE LAS
DECISIONES DE INPSASEL QUE CERTIFICAN Y/O CALIFICAN
LAS ENFERMEDADES OCUPACIONALES Y DE LOS ACCIDENTES
DEL TRABAJO.
El artículo 77 de la de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y
Medio Ambiente de Trabajo (2005), establece expresamente que frente a la
decisiones de INPSASEL se pueden ejercer recursos administrativos y
judiciales. Inmediatamente la misma norma establece que son legitimados
para ejercer dichos recursos: (i) el trabajador o trabajadora; (ii) el empleador
o empleadora del trabajador o trabajadora afiliado; (iii) los familiares
calificados del trabajador o de la trabajadora establecidos en el artículo 86 de
la presente Ley; y (iv) La Tesorería de la Seguridad Social.
Esto quiere significar que se puede ejercer contra cualquier decisión
de INPSASEL incluyendo las que importan al presente estudio, los recursos
administrativos previstos en la Ley Orgánica del Procedimientos
Administrativos (1981), a saber el recurso de reconsideración, el recurso
jerárquico y recurso de revisión, y el correspondiente recurso de
66
contenciosos de anulación por ante el Tribunal de la Jurisdicción
Contencioso Administrativa que sea competente.
Ahora bien, si analizamos, desde un punto de vista pragmático la
posibilidad de ejercer un recurso de reconsideración en el caso de las
decisiones de INPSASEL que implican un contradictorio, tales como
aquellas que deciden la calificación de una enfermedad y/o un accidente
como laboral o no, podríamos llegar al absurdo de concluir que si INPSASEL
reconsidera en perjuicio del trabajador, éste último también podría tener
derecho a exigir una reconsideración, por lo que podríamos estar en
presencia de una cadena infinita e inmensurable de reconsideraciones. Por
tal razón, creemos que lo más lógico, es entender que el recurso
administrativo que se debe ejercer frente a una decisión como la de estudio,
es el recurso jerárquico previsto en los artículos 95 y 96 de la Ley Orgánica
del Procedimientos Administrativos (1981), que en el caso de un acto de
INPSASEL debe ejercerse para ante el Ministerio de adscripción, a saber el
Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, y frente a este recurso se debe
ejercer el correspondiente recurso contencioso administrativo de nulidad por
ante el Tribunal de la Jurisdicción Contencioso Administrativa que sea
competente.
v
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No obstante, existe la posibilidad que se considere que no es
necesario agotar la vía administrativa para impugnar estas decisiones de
INPSASEL por vía judicial, pues conforme lo puso de relieve la Sala Político
Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia en su decisión de fecha 28
de septiembre de 2004 (Exp. N° 2004-0659, caso Juan Romero y otros), a
partir de la entrada en vigencia de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de
Justicia no es requisito de admisibilidad del recurso de nulidad el
agotamiento de la vía administrativa. Por lo tanto, es totalmente factible y
viable jurídicamente interponer un recurso de nulidad directamente en contra
de la decisión emanada de INPSASEL, sin necesidad de haber ejercido
recursos en sede administrativa.
En lo que se refiere al Tribunal de la Jurisdicción Contencioso
Administrativa competente para conocer de dicho recurso de nulidad, la Ley
Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (2005),
en su Disposición Transitoria Séptima, señala lo siguiente: “Séptima.
Mientras se crea la Jurisdicción Especial del Sistema de Seguridad Social,
son competentes para decidir los recursos contenciosos administrativos
contenidos en la presente Ley, los Tribunales Superiores con competencia
en materia de trabajo de la circunscripción judicial en donde se encuentre el
ente que haya dictado el acto administrativo que dio origen al recurso inicial.
v
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De estas decisiones se oirá recurso ante la Sala de Casación Social del
Tribunal Supremo de Justicia. “
Tal y como lo establece la norma antes citada, hasta tanto no sea
creada la Jurisdicción Especial del Sistema de Seguridad Social, son los
Juzgados Superiores del Trabajo de la región donde se dictó el acto los que
tienen competencia especial y temporal, para conocer, sustanciar y decidir,
las acciones, demandas o recursos contenciosos administrativos contenidos
en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de
Trabajo (2005), vale decir decir, demandas, solicitudes o recursos dirigidos
contra actos administrativos de efectos particulares, procedentes del
INPSASEL. Vale decir, una vez más, la jurisdicción laboral actúa como
jurisdicción contenciosa administrativa especial.
Se debe señalar que los actos administrativos de efectos particulares
demandados en nulidad, emanados del INPSASEL, deben originarse o
erigirse de las situaciones y relaciones jurídicas derivadas del trabajo, por el
hecho del trabajo o con ocasión del trabajo como hecho social y de la
seguridad social. Tales actos administrativos objeto de impugnación, surgen
por la aplicación de normas relativas a la seguridad y salud en el trabajo
previstas en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente
del Trabajo (2005), a los trabajos efectuados bajo relación de dependencia
v
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por cuenta de un empleador o empleadora, cualquiera sea su naturaleza,
cuyas normas de seguridad y salud permitan regular los derechos y deberes
de los trabajadores y trabajadores, empleadores y empleadoras en el centro
de trabajo, en aras de asegurar un ambiente adecuado y propicio para el
pleno despliegue de actividades por parte del laborante, en la unidad de
producción de bienes y servicios, mediante la promoción del trabajo seguro y
saludable, la prevención de los accidentes en el trabajo y las enfermedades
de tipo ocupacional y las posibles reparaciones a los daños producidos entre
otros.
En lo que respecta al procedimiento que se debe seguir en dicho
Tribunal Superior, la Sala Constitucional del Tribunal de Justicia en
sentencias Nos. 3082, 1795 y 1645 de 14 de octubre de 2005, 19 de julio de
2005 y 19 de agosto de 2004, respectivamente, ha señalado expresamente
cuál es el procedimiento idóneo para conocer de las nulidad de los actos
administrativos y en ese sentido estableció, en términos generales, lo
siguiente:
(i) Ante la interposición conjunta del recurso de nulidad por
inconstitucionalidad con alguna o varias solicitudes cautelares, se le
dará entrada al mismo en la Secretaría de la Sala e inmediatamente
se designará ponente, a quien se pasará el expediente para el
pronunciamiento sobre la admisibilidad. En la misma decisión donde
v
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sea admitido el recurso, se emitirá el pronunciamiento relativo a la
medida cautelar solicitada, sea que se trate de medida cautelar
innominada o de amparo cautelar, para lo cual no sólo deberán
tomarse en cuenta los alegatos y la debida argumentación relativa a
los hechos y al derecho que se invocan para lograr la convicción de la
Sala respecto a su procedencia, sino que también se tomará en
cuenta todo instrumento que pueda ser aportado junto al escrito para
tales efectos, siempre que ello sea posible. Claro está, en toda esta
tramitación debe tenerse siempre presente que el estudio de la
constitucionalidad de las normas y en general de los actos u omisiones
estatales, no exige mucho de los hechos.
(ii) En caso de ser admitido el recurso, se ordenarán las citaciones y
notificaciones respectivas, continuando así con la tramitación del
mismo de conformidad con lo establecido en la sentencia N° 1.645 del
19 de agosto de 2004 (Caso Constitución Federal del Estado Falcón),
remitiéndose para ello al Juzgado de Sustanciación.
En este aspecto, es necesario acotar que evidenciado como está, que
no ha sido previsto un lapso para la publicación del cartel al que hace
mención el párrafo undécimo del artículo 21 de la Ley Orgánica del
Tribunal Supremo de Justicia, así como lo obvió la decisión N° 1.645
antes indicada, esta Sala establece mediante la presente, que el
v
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referido lapso será de 15 días hábiles contados a partir de la
expedición del cartel, para que el mismo sea publicado.
Con tal indicación, se pone de relieve la formalidad de la publicación,
frente a otras como el retiro y la consignación del ejemplar de la
prensa donde aparezca publicado el mismo, pues no cabe duda que
debe dársele prioridad a la finalidad de poner en conocimiento de los
terceros la interposición y admisión del recurso. Todo ello, sin perjuicio
de la posterior demostración del cumplimiento de la formalidad por el
recurrente. Si en la misma sentencia se ha declarado procedente la
medida cautelar solicitada, se ordenará realizar la tramitación de la
oposición a la que tiene derecho la parte contra la cual obra la medida,
de conformidad con lo establecido en el artículo 602 y siguientes del
Código de Procedimiento Civil. En el caso de no presentarse oposición
en los términos del artículo 602 ejusdem, de lo cual deberá dejar
constancia el Juzgado de Sustanciación, no deberá abrirse cuaderno
separado. En el caso contrario, sí se abrirá el respectivo cuaderno con
copia de la sentencia en la que se declaró procedente la solicitud
cautelar y del escrito de oposición, a los fines de realizar la tramitación
de la articulación respectiva, donde además se decidirá la misma por
la Sala.
(iii) Cuando haya sido presentada oposición a la medida cautelar y se
haya tramitado la articulación, el cuaderno separado será pasado al
v
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ponente para el pronunciamiento respectivo, a saber, para confirmar,
reformar o revocar la medida. Luego, el cuaderno separado será
agregado a la pieza principal.
(iv) Admitida la demanda, se harán las citaciones y notificaciones que
prevé el artículo 21. En las citaciones y notificaciones se emplazará
para la comparecencia ante el Tribunal. Por analogía, se concederá a
todos los citados el plazo de diez días hábiles establecidos para los
terceros que comparecen en virtud de la publicación del cartel. Ese
plazo se contará a partir de la citación (del demandado o del
Procurador General) o de la notificación (por oficio, para el Fiscal
General; por cartel, para los interesados). Tanto en las citaciones
como en el cartel se indicará que luego del vencimiento del lapso de
comparecencia, se informará sobre la convocatoria para un acto
público y oral.
(v) A los citados y notificados se les emplazará para un acto oral, en el
que se expondrán los argumentos del demandante y se precisará la
controversia. La fijación de ese acto la hará el Juzgado de
Sustanciación de la Sala, una vez que conste en autos la realización
de todas las formalidades relacionadas con la citación y con la
notificación, de manera similar a lo dispuesto en el artículo 223 del
Código de Procedimiento Civil. De esta manera, una vez que venzan
los diez días hábiles para todos los llamados a comparecer, el
v
73
Juzgado de Sustanciación dará por precluida la oportunidad para
hacerlo y dictará el auto convocando para un acto oral y público. El
plazo para dictar ese auto será de tres días, por aplicación del artículo
10 del Código de Procedimiento Civil. Previo a la realización de dicho
acto, la Sala calificará el interés de los terceros que pretendan hacerse
parte en el proceso.
(vi) En el acto público, que se realizará ante la Sala directamente, el actor
expondrá brevemente los términos de su demanda y el demandado
opondrá las defensas previas que estime pertinentes. El demandado
podrá consignar escrito con sus defensas de fondo, a fin de que se
agregue a los autos y sirva para el estudio del expediente durante la
relación de la causa. Idéntico poder tendrá la Procuraduría General de
la República y el Ministerio Público. De ser aceptada la intervención de
terceros, éstos expondrán de manera breve sus argumentos a favor o
en contra de la demanda y podrán consignar escrito contentivo de su
criterio respecto del mérito de la controversia. El Presidente de la Sala,
según la complejidad del caso, fijará al inicio del acto el tiempo que se
concederá a cada parte, sin que nunca pueda ser inferior a los diez
minutos.
(vii) De existir defensas que deban ser resueltas de manera inmediata, por
referirse a la competencia del tribunal o la admisibilidad del recurso,
los Magistrados se retirarán a deliberar. Una vez logrado el acuerdo
v
74
sobre el aspecto planteado, se reiniciará el acto y el Presidente de la
Sala lo comunicará a las partes y quedará asentado en el acta. Si la
Sala estimase necesario suspender el acto para resolver la defensa
opuesta, se hará una nueva convocatoria, la cual deberá hacerse
dentro de los diez días de despacho siguientes. En caso de
suspensión del acto, las partes podrán presentar, dentro de los tres
días de despacho siguientes, los escritos sobre la defensa opuesta, a
fin de ilustrar el criterio de la Sala.
(viii) En caso de que no se planteen defensas o de que sean resueltas en el
mismo acto, continuará el acto público y se interrogará a las partes
acerca de su interés en la apertura del lapso probatorio. Si alguna de
ellas la solicita, deberá indicar los hechos que estima necesario probar
e informará acerca de las pruebas que estime pertinentes. El Tribunal
se pronunciará, en el mismo acto, acerca de la necesidad de probar
los hechos indicados por la parte solicitante. Cualquiera de las partes
podrá, en el mismo acto, promover las pruebas, sin limitarse sólo a
anunciarlas a la Sala. De ser necesario, el Tribunal se pronunciará
sobre la admisibilidad de las mismas. Las pruebas admitidas se
entregarán al Secretario de la Sala, quien las agregará luego a los
autos. Si las partes manifiestan que todas las pruebas serán
promovidas exclusivamente en ese acto, la Sala declarará innecesario
el lapso legal para la promoción posterior. De no abrirse entonces
v
75
lapso para la promoción, comenzará a correr el lapso para la
evacuación de las pruebas que lo requieran, contenido en el artículo
21 de la Ley el cual se aplicará por analogía. De no haber necesidad
de evacuación, la Sala declarará ello expresamente y dará por
concluida la tramitación de las pruebas. La oposición tanto de la
admisión como de la orden de evacuación a las pruebas se formulará
y resolverá en el mismo acto, para lo cual los Magistrados podrán
retirarse a deliberar.
(ix) Si no hubiera promoción de pruebas o cuando hubiera vencido el
lapso para evacuarlas, de ser necesario, se procederá a la
designación de ponente y se dará inicio a la relación. Se suprimirá el
acto de informes en los casos en que no haya pruebas, toda vez que
el acto público sirve para poner a los Magistrados al tanto de la
controversia y bastará dejar transcurrir el lapso para la relación y
permitir así el análisis individual o colectivo del expediente. De existir
pruebas, se realizará el acto de informes orales, a fin de que las partes
puedan exponer sus conclusiones sobre ellas. Al final del acto, las
partes podrán consignar escrito contentivo de esas conclusiones.
(x) Una vez concluida la relación, así lo hará constar la Secretaría de la
Sala, dirá “vistos” y comenzará a transcurrir el plazo para la
preparación del fallo. La sentencia contendrá una breve reseña de los
actos del procedimiento y un resumen de los alegatos y argumentos
v
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de las partes, con exclusión de las defensas previas opuestas en el
acto público, sobre las que la Sala se habrá pronunciado en su
oportunidad.
Cabe señalar que este procedimiento contemplado vía sentencias de
la Sala Constitucional, fue previsto en principio para el Tribunal Supremo de
Justicia conozca los recursos de nulidad, por tal razón, la menciones a los
órganos de justicia corresponden a los del Tribunal Supremo de Justicia. Por
esa razón, hay que interpretar este procedimiento adaptándolo a los órganos
que conforman el Tribunal Superior que conozca del recurso de nulidad en
contra de las decisiones de INPSASEL.
v
CONCLUSIONES
Del estudio anteriormente desarrollado podemos concluir que muchas
de las decisiones de INPSASEL presuponen la existencia de un
contradictorio entre trabajador y patrono, por lo que el procedimiento que da
lugar a ellas y las propias decisiones actos, necesariamente deben ser
calificados de cuasijurisdiccionales.
Esta situación implica el reconocimiento del patrono como parte de los
procedimientos que dan lugar a decisiones de INPSASEL, tales como son la
calificación de ocupacional de una enfermedad o accidente. Este
reconocimiento tiene como finalidad garantizar el derecho a la defensa del
patrono, que podría verse limitado de desplegar su defensa argumentativa y
probatoria, si se entiende que el procedimiento de INPSASEL es
simplemente técnico y es de los típicos llevados por las administración
pública, a saber es un procedimiento unilateral donde sólo existen dos partes
la administración y el particular.
Por esa razón, proponemos que vía Guía Técnica o instructivo de
INPSASEL, se reconozca la aplicación del procedimiento establecido en la
78
Ley Orgánica del Procedimientos Administrativos (1981), pero haciendo la
acotación expresa que, como estamos en presencia de un procedimiento
claramente contradictorio, es necesario garantizar la participación del
patrono, notificándole del procedimiento y dándole posibilidad para que
esgrima sus defensas y promueva y evacue las pruebas que considere
pertinentes, en el lapso de 4 a 6 meses que conforme a la Ley Orgánica del
Procedimientos Administrativos (1981) debe durar el procedimiento
administrativo, tal como lo señala el artículo 60 de la Ley Orgánica del
Procedimientos Administrativos (1981).
Por otra parte, creemos que frente a estas decisiones no puede
proceder los recursos de reconsideración, sino que se debe ejercer
directamente el recurso jerárquico, pues, como estamos en presencia de un
procedimiento contradictorio, reconsiderar una decisión nos llevaría al
absurdo de que nazca en cabeza de la otra parte un nuevo derecho a
reconsiderar. No obstante, tal como lo señalamos, existe la posibilidad que
se considere que no es necesario agotar la vía administrativa para impugnar
estas decisiones de INPSASEL por vía judicial, pues conforme lo puso de
relieve la Sala Político Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia, a
partir de la entrada en vigencia de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de
Justicia no es requisito de admisibilidad del recurso de nulidad el
agotamiento de la vía administrativa
v
79
Por último entendemos que el Tribunal Contencioso Administrativo
Especial que debe conocer de la impugnación de estas decisiones debe ser
el Tribunal Superior del Trabajo de la jurisdicción donde se dictó la decisión
de INPSASEL, y el procedimiento a seguir debe ser el establecido por la Sala
Constitucional del Tribunal de Justicia en sentencias Nos. 3082, 1795 y 1645
de 14 de octubre de 2005, 19 de julio de 2005 y 19 de agosto de 2004,
respectivamente.
v
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