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Prescripción y Caducidad Jurídica

Este documento trata sobre la prescripción y caducidad desde una perspectiva histórica. Explica que la prescripción se remonta al derecho romano y ha evolucionado a través de las codificaciones civiles modernas. También diferencia la prescripción adquisitiva de la extintiva y cómo los códigos civiles peruanos de 1852 y 1936 las trataron de manera separada, siguiendo la tendencia doctrinal alemana de distinguir ambas figuras.
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Prescripción y Caducidad Jurídica

Este documento trata sobre la prescripción y caducidad desde una perspectiva histórica. Explica que la prescripción se remonta al derecho romano y ha evolucionado a través de las codificaciones civiles modernas. También diferencia la prescripción adquisitiva de la extintiva y cómo los códigos civiles peruanos de 1852 y 1936 las trataron de manera separada, siguiendo la tendencia doctrinal alemana de distinguir ambas figuras.
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PRESCRIPCION Y

CADUCIDAD

INDICE

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

INTRODUCCION

El propósito del presente trabajo, el cual es el de no sólo otorgar una visión específica
y parcial en cuanto a la PRESCRIPCION Y CADUCIDAD se refiere, sino más aún ubicarlo
dentro del ámbito de estudio de todos los ámbitos en general y su previa comprensión
para poder abarcar posteriormente el tema asignado; para cumplir con este fin
podemos indicar que la relevancia jurídica en todas las legislaciones del mundo.
En el transcurso del tiempo está indesligablemente vinculado a la existencia humana y
por ello constituye un hecho jurídico de importancia. Todos los hechos jurídicos tienen
lugar en el tiempo y éste, con su transcurso influye gravemente en las relaciones
jurídicas dando lugar a la constitución de derechos subjetivos, como en el caso de la
prescripción adquisitiva, o a extinguir, ya la acción, como en la prescripción extintiva,
ya a aquella y al derecho, como en la caducidad.

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

NOCIÓN GENÉRICA DE LA PRESCRIPCIÓN.


En una noción genérica, la prescripción se puede entender como un medio o modo por
el cual, en ciertas condiciones, el decurso del tiempo modifica s La prescripción, en
esta noción genérica según la explica Ennecerus1, es el nacimiento y la
terminación o desvirtuación de derechos en virtud de su ejercicio continuado o de su
no ejercicio continuado y, en consecuencia, distingue la prescripción adquisitiva —que
nosotros preferimos llamar usucupativa o simplemente usucapión— de la prescripción
extintiva. Advierte el tratadista alemán que la prescripción no se configura de un modo
uniforme para todas las relaciones jurídicas y que, por tanto, hay que prescindir de una
doctrina general de la prescripción, aunque algunas de sus manifestaciones concretas
se repitan en las distintas clases de prescripción.
La opinión de Ennecerus, que resume la de la doctrina alemana, representa una
corriente doctrinal muy acentuada en cuanto a un desarrollo dual de la prescripción:
de un lado, la adquisitiva o usucupativa y, de otro, la extintiva o liberatoria. Así, dentro
de esta corriente doctrinal ambas clases de prescripción tienen en común que se
fundan en el transcurso del tiempo, pese al razonamiento atribuido a Giorgi en el
sentido de que nadie puede conquistar un derecho si no es a expensas de quien lo
pierde, por lo que la prescripción sería adquisitiva y extintiva al mismo tiempo.
Así planteado el dilema frente a la prescripción, legislación y doctrina pe- ruanas
han optado por la diferenciación de las dos clases de prescripción, desde que
cada una constituye un instituto jurídico distinto, con sus propias características, aun
cuando puedan tener como sustento común el transcurso del tiempo y que ambas
sean instituciones jurídicas que se fundamentan en consideraciones de orden público.
El decurso del tiempo es, pues, el que produce los efectos jurídicos necesarios para
que operen tanto la prescripción adquisitiva como la prescripción extintiva. Por la
primera, el simple poseedor de un bien puede devenir en propietario y, por la
segunda, el titular de un derecho no podrá ejercitar útilmente la acción que le es
correlativa para hacer efectiva su pretensión, sustancialmente una relación jurídica.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Los antecedentes históricos de la prescripción se remontan al derecho romano, que le
dio el perfil de institución jurídica, habiendo, en el tiempo, precedido la prescripción
usucupativa a la prescripción extintiva.
La usucapión (de usucapear: adquirir por el uso), según Petit2, apareció en Roma como
un modo de adquirir la propiedad de las cosas por una posesión suficientemente
prolongada, siendo necesario para usucapir, apoderarse de una cosa y hacer uso de
ella. La inacción prolongada del propietario equivalía al abandono tácito de su derecho
y, al cabo de un tiempo, la adquisición quedaba consumada en beneficio del poseedor.

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

El peligro que significaba ese modo de adquirir lo limitó la Ley de las XII Tablas, que
prohibió la usucapión de las cosas robadas, introduciendo la idea del justo título y de la
buena fe en la posesión. Mucho tiempo después, según el propio Petit, luego de
haberse fijado por los jurisconsultos romanos las condiciones necesarias para la
usucapión, apareció otra institución destinada a proteger a los poseedores de fundos,
para los cuales no se aplicaba la usucapión, y que era la praescriptio longi temporis.
La gran obra de Justiniano, que resumió las instituciones jurídicas romanas en el
Corpus Iuris Civilis, fusionó la praescriptio longi temporis con la usucapio, siendo así
receptada por la codificación civil moderna.
LA PRESCRIPCIÓN EN LA CODIFICACIÓN CIVIL MODERNA
Con los remotos antecedentes que han quedado expuestos, la prescripción fue
receptada, básica y fundamentalmente, por la codificación civil. Así, en 1804 el Código
francés la legisló en sus dos modalidades, como usucapión y como prescripción
extintiva, estableciendo que “la prescripción es un modo de adquirir o de liberarse
por transcurrir un espacio de tiempo en las condiciones determinadas por la ley”
(artículo 2219º), para luego desarrollar un tratamiento unitario, tanto en lo
atinente a la prescripción adquisitiva como en lo correspondiente a la prescripción
extintiva.
El tratamiento que el Código de Napoleón dispensó a la prescripción influyó en los
Códigos del siglo XIX y es así como, entre otros, los Códigos chileno, colombiano,
argentino, de Costa Rica y de España, aún vigentes, por ejemplo, regularon la
prescripción adquisitiva y la prescripción extintiva como si fueran los aspectos de
una sola institución jurídica. El Código Civil de 1852, también bajo la influencia del
Code Civil, le dio este tratamiento.
Considerando inconveniente el tratamiento legislativo unitario, la doctrina comenzó a
formular el planteamiento dual impulsado por la doctrina alemana y que ha sido
seguido por la codificación civil a partir de 1900, fundándose en que, aparte del
elemento fáctico del transcurso del tiempo, los requisitos exigibles para una y otra
prescripción son distintos. Según anota De Gasperi3, razón tuvo Savigny al impugnar
por falsas las expresiones adquisitiva y extintiva, pues, en su opinión, no había
una prescripción construida con reglas sencillas, por lo que propugnó la doctrina
que concluye en que no puede haber una teoría general de la prescripción
aplicable a todas las relaciones jurídicas y a los derechos que emergen de ellas,
fueran absolutos o relativos.
Acogiendo las ideas de Savigny, el Código alemán, vigente desde 1900, legisló por
separado la usucapión, como un modo de adquisición de la propiedad de las cosas, y,
la prescripción, como un modo de extinción de las pretensiones. Similar tratamiento le
dieron a la prescripción el Código brasileño de 1917 de gran influencia en el Código
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Civil peruano de 1936—, el Código italiano, el Código boliviano y el Código


paraguayo, así como el vigente Código Civil peruano, al legislar sobre la usucapión
como un modo de adquirir la propiedad o como un efecto de la posesión, y,
separadamente, sobre la prescripción extintiva, siendo éste el tratamiento que recibe
en la codificación contemporánea, pese a que Códigos del siglo XX como el mexicano
para el Distrito Federal y el venezolano han mantenido el tratamiento unitario. El
Código brasileño que ha venido a derogar al de 1917 mantiene el tratamiento dual de
la prescripción.
Paralelamente a la codificación civil, la codificación mercantil comenzó también a
legislar sobre la prescripción, aunque, obviamente, sólo sobre la extintiva y sin
introducir una normatividad sistemática y completa más allá de precisar características
muy propias, pero dejando su tratamiento y desarrollo, básicamente, a la codificación
civil, por lo que nunca se ha desarrollado una doctrina de la prescripción distinta a la
desarrollada por la doctrina civilista. La desmembración de la codificación mercantil ha
traído como consecuencia que las leyes especiales en las que se ha ido desmembrando
legislen sobre la prescripción extintiva.
LA PRESCRIPCIÓN EN LA CODIFICACIÓN CIVIL PERUANA
El Código Civil de 1852, como los demás Códigos del siglo XIX, como ya hemos
advertido, no pudo sustraerse a la influencia del Código napoleónico y dio a la
prescripción el mismo tratamiento al desarrollar de manera unitaria tanto la que
denominó de dominio (usucupativa) como la de acciones (extintiva).
El Código de Comercio de 1902, que adaptó a nuestro medio el Código de Comercio
Español de 1885, obviamente legisló sólo sobre la prescripción extintiva.
El Código Civil de 1936 acogió criterio distinto al de 1852 y, siguiendo la
corriente doctrinal impuesta por los pandectistas alemanes que trazaron la distinción
que se adoptó en el BGB y que se reflejó en el Código brasileño de 1917, legisló por
separado la prescripción adquisitiva o usucupativa y la prescripción extintiva. De
este modo, llevó la prescripción adquisitiva al Libro Cuarto dedicado a los Derechos
Reales, legislando separadamente la usucapión inmobiliaria de la mobiliaria, y, la
prescripción extintiva al Libro Quinto dedicado al Derecho de las Obligaciones, aunque
sin hacer una radical desvinculación, ya que, según su artículo 876º, “rigen en esta
prescripción (la adquisitiva), las reglas establecidas para la extintiva en cuanto
sean aplicables”. Esta disposición fue calificada por Jorge Eugenio Castañeda4
como “ilógica e incongruente, si se acepta que la prescripción adquisitiva y la extintiva
son instituciones disímiles, pues así parece haberlo entendido el legislador cuando las
instaló en diferentes Libros”.
Planteada la reforma del Código Civil de 1936, como ponentes que fuimos ante la
Comisión Reformadora, propugnamos el mantenimiento del tratamiento dual de la
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prescripción a fin de que la prescripción adquisitiva continuara tratada en el Libro


de los Derechos Reales, por ser este instituto un modo de adquirir la propiedad de los
bienes y constitutivo de derechos reales, y que la prescripción extintiva se llevara a un
Libro especial y no se le mantuviera ligada al Libro de las Obligaciones. Indicamos que
el transcurso del tiempo, que es el sustento de ambas clases de prescripción, en
la usucupativa produce un efecto erga omnes en favor del prescribiente, lo que no
ocurre en la extintiva, que libera al prescribiente únicamente respecto del sujeto
con quien tenía entablada una relación jurídica particular, a lo que debemos
precisar ahora, atendiendo a la posición asumida por el Código Civil, que no se trata de
liberarlo del cumplimiento de una prestación sino de reconocerle la posibilidad de
oponer la prescripción frente a la pretensión que contra él se quisiera hacer valer.
Concluimos en que tan sustancial diferencia eximía de mayor abundamiento para
justificar el mantenimiento del trato legislativo del Código Civil de 1936, aunque, como
hemos indicado, no solo sustrayendo la prescripción extintiva del Libro de las
Obligaciones, sino instalándola en un Libro especial.
El Código Civil vigente desde el 14 de noviembre de 1984 llevó, pues, a la
prescripción extintiva a un Libro especial —el Libro VIII— que legisla también
sobre la caducidad. A la prescripción adquisitiva, tanto mobiliaria como inmobiliaria, la
legisla al hacerlo sobre los modos de adquisición de la propiedad (artículos 950º y
953º) y sin reproducir la norma del artículo 876º del Código anterior. Según el artículo
950º, la propiedad inmueble se adquiere por prescripción mediante la posesión
continua, pacífica y pública como propietario durante diez años y, a los cinco años,
cuando median justo título y buena fe. Por el artículo 951º, la adquisición por
prescripción de un bien mueble requiere la posesión continua, pacífica y pública
como propietario durante dos años si hay buena fe, y por cuatro si no la hay. El
artículo 952º faculta al prescribiente a entablar juicio para que se le declare
propietario, indicando que la sentencia es título para la inscripción de la propiedad en
el Registro de la Propiedad Inmueble y para cancelar el asiento en favor del antiguo
dueño. Por último, el artículo 953º —reiterando el texto del artículo 875º del derogado
Código de 1936— mantiene como causal de interrupción del decurso prescriptorio la
pérdida o la privación de la posesión, salvo que se recupere antes de un año o si por
sentencia se restituye.
Como excepción al principio que regula las normas que hemos dejado expuestas
y a la doctrina que las informa, el Código Civil legisla también sobre la pérdida
de derechos reales por el no uso. Se trata de la extinción del usufructo por el no
uso del usufructuario durante cinco años, conforme al inciso 2 del artículo 1021º, y de
la extinción de las servidumbres, también por el no uso durante cinco años, conforme
al artículo 1050º. En ambos casos, la prescripción es usucupativa y no extintiva porque
no es una praescriptium actionem, pues opera en favor del titular del derecho sobre la
cosa fructífera y del titular del derecho sobre el predio sirviente, respectivamente.
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PRESCRIPCION Y
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Por último, la regulación del arbitraje, materia desprendida del Código Civil vigente, en
la actualidad sometida a la Ley N° 26572, Ley General de Arbitraje, ha introducido
también normas sobre prescripción extintiva, que se suman a las de otras leyes
especiales.
PRESCRIPCION USUCAPION
La usucapión también llamada prescripción adquisitiva o positiva es un modo de
adquirir la propiedad de una cosa. La prescripción adquisitiva compete a aquella
persona que mediante el transcurso de cierto tiempo y bajo las condiciones
establecidas por la ley ha poseído un bien inmueble, se ejerce contra quien aparezca
como propietario de esos bienes en el Registro Público de la Propiedad, con el fin de
que se declare que se ha consumado y que ha adquirido por prescripción la propiedad
del inmueble reclamado.
El fundamento de la usucapión, desde el punto de vista del sujeto activo, responde a la
necesidad de poner fin a un estado de incertidumbre de derechos (los generados por
la posesión apta para usucapir, y los de propiedad que le asisten al titular del dominio),
en tanto que centrada la atención en el sujeto pasivo, la prescripción adquisitiva
descansa en la inercia del auténtico propietario del bien, quien lo abandonó o dejó en
manos de otro poseedor, inercia que da lugar a la usucapión, que constituirá la sanción
impuesta al propietario negligente.
Es claro que el fundamento de la usucapión no operaría, si en la prescripción
adquisitiva se demandara a alguien que no fuera el verdadero propietario, porque el
estado de incertidumbre aludido no cesaría, al no haber sido tomados en cuenta los
derechos del auténtico dominador de la cosa; además, no tendría sentido atribuir el
abandono del bien inmueble a quien no es realmente su dominador, tampoco sería
lógico sancionar a quien no puede imputársele la calidad de “propietario negligente”,
porque sólo su actitud de abandono y negligencia podrían constituir la causa para el
acogimiento de la acción de prescripción.
Tanto la doctrina clásica desde el derecho romano, como nuestra legislación anterior y
la vigente, reconocen que sólo la posesión originaria, es decir, la que se tiene en
concepto de dueño, puede producir el efecto de adquirir la propiedad mediante de la
prescripción. Por ello, la posesión en concepto de propietario, es la primera condición
necesaria para prescribir.
CLASIFICACION Y CUALIDADES
Debe distinguirse entre la 'posesión de buena fe' y la posesión de mala fe apta para
producir la propiedad mediante la usucapión.

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

El primero de los supuestos no presenta mayor problema, pues éste se da cuando se


tiene un título traslativo de dominio o justo título como pueden ser la compraventa, la
permuta, la donación, entre otros, mediante el cual se hace creer al poseedor del bien
que es dueño. En el entendido que título traslativo de dominio o justo título tiene que
ser subjetivamente válido, pues si el título fuese perfecto no habría necesidad de
acudir a la prescripción adquisitiva, ya que produciría todos sus alcances legales.
El segundo de los supuestos es el que más conflicto presenta en la práctica, ya que no
se cuenta con justo título, es decir, únicamente existe una causa de hecho, como
sucede en el caso del delito de despojo. En este caso el despojante que pretenda
usucapir el bien raíz que detenta deberá acreditar su animus domini, o sea, justificar la
exteriorización del domino sobre el inmueble, mediante la ejecución de actos que
revelen su comportamiento como dueño, mandando sobre él y disfrutando del mismo
con exclusión de los demás, tanto en sentido material como en sentido económico.
Justificando además el lugar, la forma y la fecha en que cometió su delito de despojo,
de tal manera que no quede duda de la causa que generó su posesión. La posesión así
adquirida, se tendrá en cuenta para la prescripción a partir de la fecha en que haya
quedado extinguida la pena o prescrita la acción penal, pues así lo ordena el artículo
1155 del Código Civil Para el Distrito Federal.
Así pues, la posesión apta para prescribir debe reunir las cualidades de ser pacífica,
continua y pública, las cuales en su ausencia la posesión se considera viciada e inútil
para prescribir; pero en la posibilidad de que se purguen esos vicios y la posesión se
convierta en apta y eficaz para la prescripción.
Así se recoge por ejemplo en el artículo 1.900 del Nuevo Código Civil y Comercial de la
Nación (Argentina), donde se dice literalmente que "la posesión para prescribir debe
ser ostensible y continua".
A la cualidad de la posesión pacífica se opone la violencia y, si ésta cesa, comienza
nuevamente a correr el término prescriptivo.
A la cualidad de la posesión continua se opone la interrupción, esto es, cuando ha sido
interrumpida ya sea porque el poseedor fue privado de la posesión de la cosa por más
de un año; o porque le hayan entablado demanda u otro cualquier género de
interpelación judicial con relación a la cosa poseída, siempre y cuando el actor no
desistiese de ella, o no fuese desestimada su demanda o no se declare caduco el juicio;
o porque la persona a cuyo favor corre la prescripción reconozca expresamente, de
palabra o por escrito, o tácitamente por hechos indudables, el derecho de la persona
contra quien prescribe.
A la cualidad de la posesión pública se opone la clandestinidad, es decir, si la posesión
se disfruta de manera tal que no pueda ser conocida por el público en general.

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ELEMENTOS PERSONALES Y REALES


A) Personales
Pueden adquirir bienes o derechos por medio de la prescripción las personas capaces
para adquirirlos por los demás modos legítimos.
Los derechos y acciones se extinguen por la prescripción en perjuicio de toda clase de
personas, incluso las jurídicas, en los términos prevenidos por la ley; Queda siempre a
salvo a las personas impedidas de administrar sus bienes el derecho para reclamar
contra sus representantes legítimos, cuya negligencia hubiese sido causa de la
prescripción. La prescripción ganada por un copropietario o comunero aprovecha a los
demás.
La prescripción produce sus efectos jurídicos a favor y en contra de la herencia antes
de haber sido aceptada y durante el tiempo concedido para hacer inventario y para
deliberar.
Las personas con capacidad para enajenar pueden renunciar la prescripción ganada;
pero no el derecho de prescribir para lo sucesivo; Entiéndese tácitamente renunciada
la prescripción cuando la renuncia resulta de actos que hacen suponer el abandono del
derecho adquirido.
Los acreedores, y cualquiera otra persona interesada en hacer valer la prescripción,
podrán utilizarla a pesar de la renuncia expresa o tácita del deudor o propietario.
B) Reales
Son susceptibles de prescripción todas las cosas que están en el comercio de los
hombres. Las cosas muebles hurtadas o robadas no podrán ser prescritas por los que
las hurtaron o robaron, ni por los cómplices o encubridores, a no haber prescrito el
delito o falta, o su pena, y la acción para exigir la responsabilidad civil, nacida del delito
o falta.
POSESIÓN NECESARIA PARA LA USUCAPIÓN
La posesión ha de ser en concepto de dueño, pública, pacífica y no interrumpida.
Sólo la posesión que se adquiere y se disfruta en concepto de dueño puede servir de
título para adquirir el dominio.
Los actos meramente tolerados, y los ejecutados clandestinamente y sin conocimiento
del poseedor de una cosa, o con violencia, no afectan a la posesión.
No aprovechan para la posesión los actos de carácter posesorio, ejecutados en virtud
de licencia o por mera tolerancia del dueño.

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En cuanto a la interrupción de la posesión el Código civil distingue entre la interrupción


natural y la civil:
1º Interrupción natural: Se interrumpe naturalmente la posesión cuando por cualquier
causa se cesa en ella por más de un año.
2º Interrupción civil: La interrupción civil se produce por la citación judicial hecha al
poseedor, aunque sea por mandato de Juez incompetente. Se considerará no hecha y
dejará de producir interrupción la citación judicial:
a) Si fuere nula por falta de solemnidades legales.
b) Si el actor desistiere de la demanda o dejare caducar la instancia.
c) Si el poseedor fuere absuelto de la demanda.
También se produce interrupción civil por el acto de conciliación, siempre que dentro
de dos meses de celebrado se presente ante el Juez la demanda sobre posesión o
dominio de la cosa cuestionada.
Cualquier reconocimiento expreso o tácito que el poseedor hiciere del derecho del
dueño interrumpe asimismo la posesión.
Contra un título inscrito en el Registro de la Propiedad no tendrá lugar la prescripción
ordinaria del dominio o derechos reales en perjuicio de tercero, sino en virtud de otro
título igualmente inscrito, debiendo empezar a correr el tiempo desde la inscripción
del segundo.
USUCAPIÓN ORDINARIA
A) Requisitos: La buena fe y el justo título
 Para la prescripción ordinaria del dominio y demás derechos reales se necesita
poseer las cosas con buena fe y justo título por el tiempo determinado en la
ley.
 La buena fe del poseedor consiste en la creencia de que la persona de quien
recibió la cosa era dueño de ella, y podía transmitir su dominio.
 Se reputa poseedor de buena fe al que ignora que en su título o modo de
adquirir exista vicio que lo invalide; Se reputa poseedor de mala fe al que se
halla en el caso contrario.
 La buena fe se presume siempre, y al que afirma la mala fe de un poseedor
corresponde la prueba.
 La posesión adquirida de buena fe no pierde este carácter sino en el caso y
desde el momento en que existan actos que acrediten que el poseedor no
ignora que posee la cosa indebidamente.
 Se presume que la posesión se sigue disfrutando en el mismo concepto en que
se adquirió, mientras no se pruebe lo contrario.

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CADUCIDAD

 Se entiende por justo título el que legalmente baste para transferir el dominio
o derecho real de cuya prescripción se trate.
 El título para la prescripción ha de ser verdadero y válido.
 El justo título debe probarse; no se presume nunca.

B) Plazos
1º El dominio de los bienes muebles se prescribe por la posesión no interrumpida de
tres años con buena fe.
En cuanto al derecho del dueño para reivindicar la cosa mueble perdida o de que
hubiese sido privado ilegalmente, así como respecto a las adquiridas en venta pública,
en Bolsa, feria o mercado, o de comerciante legalmente establecido y dedicado
habitualmente al tráfico de objetos análogos, se estará a lo dispuesto en el art 464 del
Código Civil
Este art 464 señala: "La posesión de los bienes muebles, adquirida de buena fe,
equivale al título. Sin embargo, el que hubiese perdido una cosa mueble o hubiese sido
privado de ella ilegalmente, podrá reivindicarla de quien la posea.
Si el poseedor de la cosa mueble perdida o sustraída la hubiese adquirido de buena fe
en venta pública, no podrá el propietario obtener la restitución sin reembolsar el
precio dado por ella.
Tampoco podrá el dueño de cosas empeñadas en los Montes de Piedad establecidos
con autorización del Gobierno obtener la restitución, cualquiera que sea la persona
que la hubiese empeñado, sin reintegrar antes al Establecimiento la cantidad del
empeño y los intereses vencidos.
En cuanto a las adquiridas en Bolsa, feria o mercado, o de un comerciante legalmente
establecido y dedicado habitualmente al tráfico de objetos análogos, se estará a lo que
dispone el Código de Comercio."
Las cosas muebles hurtadas o robadas no podrán ser prescritas por los que las
hurtaron o robaron, ni por los cómplices o encubridores, a no haber prescrito el delito
o falta, o su pena, y la acción para exigir la responsabilidad civil, nacida del delito o
falta.
2º El dominio y demás derechos reales sobre bienes inmuebles se prescriben por la
posesión durante diez años entre presentes y veinte entre ausentes, con buena fe y
justo título. Para los efectos de la prescripción se considera ausente al que reside en el
extranjero o en Ultramar. Si parte del tiempo estuvo presente y parte ausente, cada
dos años de ausencia se reputarán como uno para completar los diez de presente.

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

La ausencia que no fuere de un año entero y continuo, no se tomará en cuenta para el


cómputo.
PLAZOS PARA LA USUCAPION EXTRAORDINARIA
1º También se prescribe el dominio de las cosas muebles por la posesión no
interrumpida de seis años, sin necesidad de ninguna otra condición.
2º Se prescriben también el dominio y demás derechos reales sobre los bienes
inmuebles por su posesión no interrumpida durante treinta años, sin necesidad de
título ni de buena fe, y sin distinción entre presentes y ausentes, salvo la excepción
determinada en el art 539 del Código civil (Las servidumbres continuas no aparentes, y
las discontinuas, sean o no aparentes, sólo podrán adquirirse en virtud de título).
REGLAS SOBRE EL CÓMPUTO DEL PLAZO
1. En la computación del tiempo necesario para la prescripción se observarán las
reglas siguientes:
2. El poseedor actual puede completar el tiempo necesario para la prescripción,
uniendo al suyo el de su causante.
3. Se presume que el poseedor actual, que lo hubiera sido en época anterior, ha
continuado siéndolo durante el tiempo intermedio, salvo prueba en contrario.
4. El día en que comienza a contarse el tiempo se tiene por entero; pero el último
debe cumplirse en su totalidad.
LA USUCAPION Y EL REGISTRO DE LA PROPIEDAD
En relación al juego entre la usucapión y el Registro de la Propiedad podemos
distinguir las siguientes situaciones:
 Usucapión en favor del titular inscrito o Usucapión secundum tabulas
A los efectos de la prescripción adquisitiva en favor del titular inscrito, será justo título
la inscripción, y se presumirá que aquél ha poseído pública, pacífica,
ininterrumpidamente y de buena fe durante el tiempo de vigencia del asiento y de los
de sus antecesores de quienes traiga causa.
 Usucapión contra el Registro o contra tabulas (cuando no coinciden los datos
del registro con la persona que la está poseyendo para la usucapión)
Como regla general: En cuanto al que prescribe y al dueño del inmueble o derecho real
que se esté prescribiendo y a sus sucesores que no tengan la consideración de
terceros, se calificará el título y se contará el tiempo con arreglo a la legislación civil.
Como reglas especiales:

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CADUCIDAD

1º Frente a titulares inscritos que tengan la condición de terceros con arreglo al art 34
Ley Hipotecaria (adquirente de buena fe y a título oneroso de titular inscrito) sólo
prevalecerá la prescripción adquisitiva consumada o la que pueda consumarse dentro
del año siguiente a su adquisición, en los dos supuestos siguientes:
a) Cuando se demuestre que el adquirente conoció o tuvo medios racionales y
motivos suficientes para conocer, antes de perfeccionar su adquisición, que la
finca o derecho estaba poseída de hecho y a título de dueño por persona
distinta de su transmitente.
b) Siempre que, no habiendo conocido ni podido conocer tal posesión de hecho al
tiempo que la adquisición, el adquirente inscrito la consienta, expresa o
tácitamente, durante todo el año siguiente a la adquisición. Cuando la
prescripción afecte a una servidumbre negativa o no aparente, y ésta pueda
adquirirse por prescripción, el plazo del año se contará desde que el titular
pudo conocer su existencia en la forma prevenida en el apartado a, o, en su
defecto, desde que se produjo un acto obstativo a la libertad del predio
sirviente.
2º La prescripción comenzada perjudicará igualmente al titular inscrito, si éste no la
interrumpiere en la forma y plazo antes indicados, y sin perjuicio de que pueda
también interrumpirla antes de su consumación total.
a) Prescripción extintiva contra tabulas: La prescripción extintiva de derechos
reales sobre cosa ajena, susceptibles de posesión o de protección posesoria,
perjudicará siempre al titular según el Registro, aunque tenga la condición de
tercero. Esto es aunque el adquirene goce de la protección registral si lo que
adquiere es un derecho que no existe en la realidad extraregistral por haber
desaparecido por prescripción , no adquirirá nada
b) Usucapión liberatoria: Los derechos adquiridos a título oneroso y de buena fe
que no lleven aneja la facultad de inmediato disfrute del derecho sobre el cual
se hubieren constituido, no se extinguirán por usucapión de éste. Tampoco se
extinguirán los que impliquen aquella facultad cuando el disfrute de los mismos
no fuere incompatible con la posesión causa de la prescripción adquisitiva, o
cuando, siéndolo, reúnan sus titulares las circunstancias y procedan en la forma
y plazos que señalados en el párrafo para la usucapión contra tabulas.
PRESCRIPCION EXTINTIVA
CONCEPTO
La Prescripción Extintiva es la manera establecida por ley por el cual se extingue la
acción ligada a un derecho subjetivo de contenido patrimonial por la inactividad del
acreedor y por el tiempo que señala la ley del acreedor se extingue pasados cinco (5)
años. Antes era de quince años, luego se rebajó a diez años.
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ANTECEDENTES
La Prescripción Extintiva libera al deudor de pagar. En Roma la obligación era coactiva,
es decir se podía cobrar de manera personal, inclusive utilizando la fuerza y violencia.
Modernamente la obligación solo se puede cobrar coercitivamente.
Modernamente la Prescripción Extintiva convierte a la deuda en una deuda natural. Es
decir el deudor sigue siendo deudor pero no puede ser cobrado coercitivamente
menos coactivamente. El deudor aun prescrito la acción puede pagar, pero no puede
pedir al acreedor que le devuelva por haberse extinguido la acción. No existe
repetición. No puede pedir la devolución porque surge la “excepto retentio” que
favorece al acreedor.
Por eso decimos que, lo que se extingue es la acción y no el derecho, como ocurriría en
Roma.
FUNDAMENTO
El fundamento responde a la pregunta: ¿Porque el paso del tiempo extingue la acción
procesal?
La prescripción pareciera favorecer al deudor. Pareciera favorecer a quien no cumple
con una obligación. Pero no es así, por los fundamentos siguientes: el orden público y
la presunción de pago.
 EL ORDEN PÚBLICO. Si uno de los fines del Derecho es la paz y el orden público,
sin la prescripción no sería eficaz para mantener ese orden público.
 El deudor estaría atado por una eternidad al acreedor. Habría procesos civiles
entre unos y otros en cualquier tiempo. El odio entre las partes seria
inacabable.
 Por eso el derecho le provee al acreedor un tiempo prudente para cobrar. Si en
ese plazo no hace uso de su acción para cobrar, castiga su negligencia,
extinguiendo la acción. Por eso la prescripción mantiene la paz.
 LA PRESUNCIÓN DE PAGO. Si el deudor ha pagado tiene derecho a recibir una
nota de pago o recibo y la ley le obliga a que guarde ese recibo por cinco (5)
años. Es por eso que la ley presume “jure et jure” que si el acreedor no cobra
en ese lapso de tiempo, es como si el deudor lo hubiera pagado.
COMIENZO DE LA PRESCRIPCIÓN
“ARTICULO 1493°.- COMIENZO DE LA PRESCRIPCIÓN. La prescripción comienza a correr
desde que el derecho ha podido hacerse valer o desde que el titular ha dejado de
ejercerlo. ”

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

Por ejemplo si Juan prenda a María por seis (6) meses. El término de la prescripción no
empieza a correr al día siguiente del nacimiento de la obligación, sino vencido los seis
meses. Al día siguiente de tal hecho ocurren dos cosas:
SUSPENSIÓN DE LA PRESCRIPCIÓN
La prescripción no corre (CC 1502):
• Contra quien reside o se encuentra fuera del territorio nacional en servicio del
Estado, hasta treinta (30) días después de haber cesado en sus funciones.
• Contra el acreedor de una obligación sujeta a condición suspensiva o plazo
suspensivo, hasta que la condición se cumpla o el día llegue. En el primero existe el
derecho pero no es aun exigible. En el segundo no hay derecho, habrá cuando se
cumpla la condición. O sea que la prescripción no corre, lo hará cuando su derecho sea
exigible (día fijo) o cuando se cumpla la condición. “La prescripción no corre 2. Contra
el acreedor de una obligación sujeta a condición o día fijo, hasta que la condición se
cumpla o el día llegue.” (CC 1502 inciso 2).
• Contra el heredero con beneficio de inventario, respecto a los créditos que tenga
contra la sucesión. La prescripción se suspende por el lapso en que se realice el
inventario. El Beneficio de inventario es el derecho concedido al heredero para aceptar
la herencia obligándose por las deudas del causante únicamente hasta la concurrencia
del valor de los bienes que recibe.
• Entre cónyuges. Si había préstamo de dinero cobrable antes del matrimonio, al
suceder éste la prescripción se suspende. Si se divorcian la prescripción continua desde
el momento antes de casarse.
• Respecto a una acción de garantía, hasta que tenga lugar la evicción. La prescripción
no corre respecto a una acción de garantía, hasta que tenga lugar la evicción. Porque si
aparece un tercero con mejor derecho el vendedor tiene que devolver el precio
pagado e indemnizarle. Mientras no se de esa garantía no corre la prescripción. La
evicción es la pérdida o turbación que sufre el adquirente de un bien, o de un derecho
real sobre éste, por vicios de derecho anteriores a la adquisición; siempre que ésta
fuere onerosa, el transmisor de los derechos en cuestión será responsable por los
perjuicios o turbaciones causados.
• En cuanto a las deudas por daños económicos causados al Estado. “Artículo 112. Los
delitos cometidos por servidores públicos que atenten contra el patrimonio del Estado
y causen grave daño económico, son imprescriptibles y no admiten régimen de
inmunidad.”(CPE).
INTERRUPCION DE LA PRESCRIPCIÓN

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

La Interrupción De La Prescripción es el efecto previsto por ley por el cual el tiempo


transcurrido anteriormente a favor del deudor se extingue por una causa
expresamente prevista por ley de tal manera que si el deudor que quiere ampararse en
la prescripción tiene que empezar de nuevo el computo civil.
Esta Interrupción de la prescripción puede darse por la conducta del deudor y por la
conducta del acreedor.

PRESCRIPCION USUCAPION Y PRESCRIPCION EXTINTIVA


Considerando el tratamiento dual que a partir de 1936 la codificación civil
peruana viene dando a la prescripción, es conveniente establecer el fundamento
doctrinal de la separación de la prescripción usucupativa de la prescripción extintiva.
Contra la posición sostenida por la doctrina unitarista, que estima a la
prescripción como la transformación reconocida por la ley de una situación de hecho
en una situación de derecho por el transcurso del tiempo, la doctrina dualista sostiene
que si bien tal transformación se produce en la prescripción adquisitiva, salvo el caso
que opere por el no uso, no ocurre lo mismo con la prescripción extintiva, porque en
esta lo que se desvanece es la situación jurídica como consecuencia del no ejercicio
de la correspondiente acción protectora del derecho.
El transcurso del tiempo, según escribió León Barandiarán6 en sus comentarios al
Código Civil peruano de 1936, puede tener un efecto decisivo en cuanto a las
recíprocas situaciones del titular de un derecho frente al sujeto pasivo del mismo
dentro de la órbita de la prescripción extintiva, puesto que el resultado que sobreviene
es la modificación de la situación entre los dos sujetos, en razón de que uno de ellos
puede liberarse ante el accionar del otro oponiéndole, precisamente, la
prescripción extintiva. En la prescripción usucupativa, por el contrario, se crea una
modificación en la posición jurídica del usucapiente que no solo atañe al anterior
propietario, contra el cual la prescripción adquisitiva se produce, sino erga omnes,
porque se ha constituido un derecho real en favor del prescribiente.
La doctrina que distingue la usucapión de la prescripción, encuentra, pues,
fundamentos de diversa índole para justificar y explicar el tratamiento
[Link]í,atendiéndosealosrequisitosparaprescribir,enlaadquisitiva se requiere,

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

como factor determinante, de la posesión del usucapiente, que es un hecho positivo;


mientras que en la prescripción extintiva se requiere, también como factor
determinante, de la inacción del titular del derecho que está en la posibilidad de
accionar, que es un hecho negativo. Por el ámbito de aplicabilidad de la prescripción,
la adquisitiva solo es susceptible de aplicarse a los derechos reales que pueden ser
materia de posesión, mientras que la extintiva se aplica no solo a los derechos
reales, sino también a los creditorios, y en general, a los de naturaleza patrimonial.
Por los efectos de la prescripción, en la usucupativa los efectos son adquisitivos y
extintivos, pues los derechos los adquiere el usucapiente y los pierde el anterior titular
del derecho; mientras que en la extintiva, los efectos son meramente extintivos,
porque solo liberan al deudor de la acción del acreedor para hacer efectiva su
pretensión y le dan un medio de defensa que oponerle.
Por último, es del caso destacar que el tratamiento dual de la prescripción no permite
determinar una sola naturaleza jurídica, como tampoco, es obvio, un concepto único
de ella. Siendo un vocablo anfibológico, solo la dualidad permite su explicación: de un
lado, como prescripción adquisitiva y, de otro, como prescripción extintiva.
PRESCRIPCIÓN EXTINTIVA Y CADUCIDAD
El decurso del tiempo dota de afinidad a la prescripción extintiva y a la
caducidad, lo que determina una relativa confusión. Sin embargo, la doctrina ha
establecido la diferenciación que ha sido acogida por el Código Civil peruano.
En efecto, el Código Civil las diferencia con nitidez, pese a las confusiones que ofrecen,
pues para la prescripción extintiva se extingue la acción, que debe interpretarse como
la pretensión, mas no el derecho (artículo 1989º), mientras que para la caducidad se
extingue el derecho y la acción correspondiente (artículo 2003º), ya no entendida
como pretensión sino como el derecho de acción, esto es, como derecho a la
jurisdicción.
CADUCIDAD
CONCEPTO
La caducidad es aquella institución por la que un derecho se extingue o, si se quiere,
muere a consecuencia del transcurso del plazo legalmente establecido para su
ejercicio sin que éste se hubiera ejercitado. Tiene declarado el Tribunal Supremo que
"la caducidad es un modo de extinción de un derecho por el mero transcurso del
tiempo señalado por la ley; se trata de un derecho que nace con un plazo de vida y
que, pasado éste, se extingue; es un derecho de duración limitada" (en sentencias de
11 de octubre de 1985 o 12 de junio de 1997), o, simplemente, que "la caducidad de la
acción es el fenómeno o instituto por el que, con el transcurso del tiempo que la ley o
los particulares fijan para el ejercicio de un derecho, éste se extingue, quedando el

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

interesado impedido para el cumplimiento del acto o ejercicio de la acción" (en


sentencia de 26 de diciembre de 1970).
Íntimamente ligada a la prescripción, por cuanto ambas instituciones se configuran
como causa de extinción de derechos y acciones por el mero transcurso del tiempo
unido a su no ejercicio (véase "Prescripción"); no cuenta, sin embargo, con una
concreta regulación, ni siquiera individualización, en nuestro Código Civil;
estableciéndose su expresa previsión para ciertos derechos y dentro de la normativa
propia de éstos; dentro del Código Civil (artículos 19, 689, 703, 719, 730, 1299, 1301,
1508 o 1524 CC) o, fuera de este texto legal, en diversas leyes especiales. En un
sentido amplio, concluye la Doctrina mayoritaria, se encuentra íntimamente ligada a
derechos potestativos, es decir, a facultades o poderes jurídicos cuya finalidad es la de
provocar un cambio de situación jurídica, lo que evidentemente determina una
situación de incertidumbre para aquellos que pueden verse afectados por tal
modificación jurídica. Por este motivo, el Derecho articula ciertos mecanismos, como la
caducidad, que tienden a dar mayor seguridad a ciertas relaciones jurídicas, finalidad
que comparte plenamente con el instituto de la prescripción.
CADUCIDAD Y PRESCRIPCIÓN
No obstante su estrecha relación, ya desde la sentencia del Tribunal Supremo de 30 de
abril de 1940, la Jurisprudencia ha seguido un camino constante y unitario a fin de
deslindar la figura de la caducidad frente a la prescripción, e incluso, de otras figuras.
Manteniéndose que "lo cierto es que prescripción y caducidad son términos distintos.
La caducidad, como tiene señalado este Ato Tribunal es un término donde fenece por
el transcurso del tiempo señalado para ejercitar una acción...En cambio, la prescripción
es la creadora de adquisición y extinción de derechos, y consiguientemente, cualquier
requerimiento o acción ejercitada interrumpirá la misma" (sentencia del Tribunal
Supremo de 10 de julio de 1999), "a su vez, la suspensión de la prescripción paraliza
ésta, no corre el tiempo para la misma, pero no inutiliza el ya transcurrido y así,
cuando desaparece la causa de suspensión, se reanuda el cómputo de prescripción.
Pero el Código Civil no la admite y han desaparecido antiguos supuestos en que se
daba. Tan sólo existe cuando alguna específica y excepcional norma la ha establecido"
(en sentencia de 12 de junio de 1997). Trata de la suspensión en la sentencia del
Tribunal Supremo de 31 enero 1986, que establece que "el acto interruptivo tiene
como efecto capital la necesidad de que el tiempo de prescripción haya de contarse de
nuevo por entero, pues a diferencia del instituto de la suspensión, que simplemente
paraliza el plazo concediendo eficacia al tiempo ya transcurrido para sumarlo al
posterior a la cesación del fenómeno suspensivo, la interrupción elimina ese recurso
de manera que el lapso legal de prescripción ha de ser iniciado en su cuenta una vez
desaparecida la causa que tal interrupción produjo".

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

En concreto, la prescripción exige algo más que el mero transcurso del tiempo para la
extinción del derecho, como es, lo que se ha venido denominar el "silencio de la
relación jurídica"; es decir, su no ejercicio por parte del titular que permite presumir el
abandono del mismo por parte de quien puede ejercitarlo. Tiene declarado el Tribunal
Supremo que la caducidad "genera decadencia del derecho de forma automática, por
el simple transcurso del tiempo legal o del previamente convenido, pues sólo atiende
al hecho objetivo de la conducta inactiva del titular dentro del término que fija y
controla su eficiencia, siendo causa de extinción de los derechos y fijación definitiva de
lo acordado, con liberación de todo condicionamiento que supedite su efectividad."
(Sentencia de 12 de febrero de 1996). En definitiva, si en la prescripción se ha
defendido la existencia de un doble fundamento, uno subjetivo, como presunción de
abandono del derecho por parte del titular, y otro objetivo, determinante de una
mayor seguridad en el tráfico jurídico al suponer efectiva limitación al ejercicio tardío
del derecho; el fundamento de la caducidad es enteramente objetivo, opera por el
mero transcurso del tiempo establecido con independencia de la conducta del titular.
Por ello, es doctrina jurisprudencial consolidada la que afirma que en los casos de
caducidad no inciden las causas de interrupción de la prescripción del artículo 1973 del
Código Civil o, lo que es lo mismo, no existe causa alguna que impida la consolidación
de la relación jurídica una vez transcurrido el plazo durante el que es posible el
ejercicio de la acción o del derecho.
La diferencia, por tanto, entre prescripción y caducidad, ha de buscarse en la
naturaleza del derecho sobre el que recae, porque en la primera, el derecho nace libre,
pues los límites a su ejercicio surgen de circunstancias posteriores que permiten
presumir el abandono del mismo por parte de su titular; sin embargo, en la caducidad
el derecho nace con un plazo de vida, nace ya limitado, el titular habrá de ejercitarlo
durante este plazo y transcurrido el mismo el derecho se extingue automáticamente,
pues es un derecho de duración limitada.
EFECTOS DE LA CADUCIDAD
El principal efecto de la caducidad es el de causar la automática extinción del derecho
o de la acción, si bien, por su especial naturaleza y fundamento jurídico, deben
destacarse otros efectos íntimamente ligados a ésta y que, de nuevo, suelen estudiarse
por contraposición a los propios de la prescripción.
Así, como se ha expuesto, la caducidad, en cuanto afecta a un derecho limitado, no
puede interrumpirse por ninguna de las causas legales que operan para la prescripción.
Efectivamente, si el fundamento subjetivo de presunción de abandono determina para
la prescripción la posibilidad de que, bien por actos del acreedor, bien por actos del
propio deudor que de forma inequívoca contradigan aquella presunción de inactividad,
el plazo se interrumpa, inutilizando el tiempo transcurrido, de tal forma que el derecho
se revigoriza (véase "Interrupción de la prescripción"). En la caducidad, el derecho,
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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

limitado desde su nacimiento, cuenta con un plazo concreto para su ejercicio y el mero
transcurso del tiempo determina su extinción, con independencia de la actitud del
titular, porque su fundamento es de estricta seguridad jurídica.
Además, esta automaticidad determina que la caducidad opere por sí misma, sin
necesidad de que nadie la invoque o alegue, lo que obliga a los Tribunales a apreciarla
de oficio, tan pronto como se constate (en sentencias del Tribunal Supremo de 14 de
noviembre de 1993 o de 12 de febrero de 1996, entre otras). Por el contrario, la
prescripción extintiva únicamente puede ser apreciada por los Tribunales a instancia
de parte como hecho obstativo y excluyente de la pretensión frente a él deducida. En
definitiva, aun habiendo prescrito el derecho o la acción, si el favorecido por la misma
no la hace valer ante los Tribunales, se presume que renuncia a tal beneficio, y resulta
necesaria la estimación de la demanda.
Finalmente, se afirma que la caducidad es irrenunciable, frente a la renunciabilidad de
la prescripción ganada consagrada por los artículos 1935 y 1937 del Código Civil. De
nuevo, en atención a su especial naturaleza, se admite que quien haya ganado el
derecho por prescripción pueda renunciar al mismo, expresa o tácitamente (o sea, a
través de actos que hagan suponer el abandono del derecho adquirido); sin perjuicio
del derecho de los acreedores o cualquier otra persona interesada a hacer valer la
prescripción ganada, a pesar de la renuncia del deudor o propietario. Por el contrario,
la caducidad, alejada de toda conducta o actitud del titular del derecho, no admite
semejante renuncia.
CLASES DE CADUCIDAD
En realidad, la única clasificación válida y general que puede establecerse en relación a
esta figura, carente de toda individualización normativa, es la que distingue entre
caducidad legal y consensual. De nuevo, frente a la prescripción, que únicamente viene
impuesta por el transcurso de los plazos legalmente establecidos; los plazos de
caducidad también pueden establecerse por la sola voluntad de los contratantes. Junto
con los plazos legales de caducidad, las partes, en uso de la libertad de pacto que
inspira la materia contractual en nuestro ordenamiento jurídico (véase "Contrato"),
pueden establecer derechos y facultades pero limitando su posibilidad de ejercicio a
cierto plazo, que será de caducidad.
Por lo demás, la ausencia de una regulación unitaria de esta figura, dispersa a lo largo
del articulado del Código Civil u otras leyes especiales (Ley de Propiedad Horizontal,
Ley Hipotecaria, Ley del Registro Civil...), ha motivado la necesidad del análisis
separado y casuístico de los supuestos de caducidad. Por ejemplo, considera
unánimemente la Jurisprudencia, como auténticos plazos de caducidad los de ejercicio
del derecho a optar por la nacionalidad española del artículo 19 del Código Civil; el
previsto para la protocolización del testamento ológrafo (artículo 689); el de las

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

acciones de filiación (artículos 132, 133, 136 o 137 CC); el de anulación de ciertos
contratos (artículo 1301 CC); la del retracto entre colindantes, comuneros y
coherederos (artículos 1067, 1522, 1523 y 1524 CC); o, entre otros más, el de rescisión
de los contratos (artículo 1299 CC).
Aunque otros supuestos, como los plazos de las acciones para exigir del vendedor el
saneamiento de la cosa de los artículos 1483 y 1490 del Código Civil, han sido y son
muy discutidos; con arreglo a la Jurisprudencia del Tribunal Supremo, que ha venido a
calificar muy diversos supuestos, cabe afirmar "que en caso de duda, y como regla
general, debe entenderse que el plazo es de caducidad, por ser esta institución más
acorde con las tendencias procesales y civiles modernas la estimación de oficio por el
Juzgador, sin necesidad de alegación de parte" (en sentencia de 11 de junio de 1963).
Para finalizar, destacar como especial categoría procesal, la de la denominada
"caducidad en la instancia", término propio del Derecho procesal que supone la
terminación anormal del proceso por la inactividad de las partes durante el tiempo
previsto en la Ley; así, el de dos años si el pleito se hallare en primera instancia, y un
año, si estuviese en segunda instancia o casación ante el Tribunal Supremo (artículo
237 de la Ley de Enjuiciamiento Civil), comenzando el cómputo de los referidos plazos
desde la última notificación que se hubiere hecho a las partes. Esta figura responde
igualmente a un fundamento de seguridad jurídica pues entiende el legislador que los
efectos del proceso en curso, o "litispendencia", no pueden prolongarse
indefinidamente. En cualquier caso, la paralización del proceso debe ser el resultado
de una inactividad voluntaria de la parte, y no por fuerza mayor o cualquier otra causa
contraria o no imputable a la voluntad de las partes o interesados (artículo 238 Ley de
Enjuiciamiento Civil); y no se produce de forma automática, ya que debe ser declarada
expresamente (por medio de Auto) por el Juez o Tribunal, concediendo a la parte,
además, la posibilidad de recurrir tal decisión judicial en apelación (es decir, ante el
órgano judicial superior). En cuanto a sus efectos, la caducidad determina la extinción
del proceso pendiente, pero no de la acción en sí, por lo que la parte podrá volver a
ejercitar de nuevo la misma si no ha prescrito la acción. Fuera del aspecto procesal, el
principal efecto que produce esta extinción es que cesa la interrupción de la
prescripción, comenzando a correr el cómputo de prescripción de la acción desde el
principio plazo. De forma análoga, si la caducidad se produce en segunda instancia o
casación, o sea, en vía de recurso, deberá considerarse desistida a la parte del mismo y
la resolución recurrida quedará firme (artículo 240 de la Ley de Enjuiciamiento Civil).
Por último, como excepción, la caducidad no operará cuando el proceso sea de
ejecución, pues las actuaciones necesarias para la ejecución proseguirán hasta obtener
el cumplimiento de lo juzgado, aunque hayan quedado sin curso durante los plazos
señalados anteriormente (artículo 239 de la Ley de Enjuiciamiento Civil).

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PRESCRIPCION Y
CADUCIDAD

Para concluir, cabe destacar que, no obstante lo expuesto a propósito de la caducidad


en la instancia, el impulso del proceso en el Derecho español no es esencialmente de
parte, sino de oficio. Salvo que la Ley establezca otra cosa, al órgano jurisdiccional
corresponde, según la Ley de Enjuiciamiento Civil, dar de oficio al proceso el curso que
corresponda, dictando a tal efecto las resoluciones necesarias. Principio que, según
nuestro Tribunal Constitucional, está íntimamente relacionado con el derecho a la
tutela judicial efectiva del artículo 24 de la Constitución Española de 1978, y que no es
incompatible, sino todo lo contrario, con las obligaciones de las partes y su deber de
colaboración con los órganos jurisdiccionales, debiendo coadyuvar a interesarse por la
marcha del proceso en el que pretenden la defensa de sus intereses legítimos (en,
entre otras, las sentencias 96/1985; 163/1988; 216/1989). En este sentido, establece el
artículo 236 de la LEC, que la falta de impulso del procedimiento por las partes o
interesado no originará la caducidad de la instancia o del recurso, aunque esto no
impide que lo anteriormente expuesto acerca de la caducidad en la instancia sea
enteramente aplicable, dado que también pueden darse situaciones de auténtica
inactividad de la parte, por ejemplo, cuando pidan de común acuerdo la suspensión del
proceso (que tras sesenta días determina el archivo provisional del proceso y a los dos
años provoca la caducidad en la instancia) o en el caso de falta de cumplimentación de
un exhorto entregado a un Procurador para la realización de un acto (por ejemplo, el
emplazamiento del demandado) sin cuya realización no puede continuar el proceso.
BIBLIOGRAFIA
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1010. Petit. Tratado Elemental de Derecho Romano. p. 206.
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5. León Barandiarán, J. Tratado de Derecho Civil. T. VIII, pp. 80-81.

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