Prescripción y Caducidad Jurídica
Prescripción y Caducidad Jurídica
CADUCIDAD
INDICE
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INTRODUCCION
El propósito del presente trabajo, el cual es el de no sólo otorgar una visión específica
y parcial en cuanto a la PRESCRIPCION Y CADUCIDAD se refiere, sino más aún ubicarlo
dentro del ámbito de estudio de todos los ámbitos en general y su previa comprensión
para poder abarcar posteriormente el tema asignado; para cumplir con este fin
podemos indicar que la relevancia jurídica en todas las legislaciones del mundo.
En el transcurso del tiempo está indesligablemente vinculado a la existencia humana y
por ello constituye un hecho jurídico de importancia. Todos los hechos jurídicos tienen
lugar en el tiempo y éste, con su transcurso influye gravemente en las relaciones
jurídicas dando lugar a la constitución de derechos subjetivos, como en el caso de la
prescripción adquisitiva, o a extinguir, ya la acción, como en la prescripción extintiva,
ya a aquella y al derecho, como en la caducidad.
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El peligro que significaba ese modo de adquirir lo limitó la Ley de las XII Tablas, que
prohibió la usucapión de las cosas robadas, introduciendo la idea del justo título y de la
buena fe en la posesión. Mucho tiempo después, según el propio Petit, luego de
haberse fijado por los jurisconsultos romanos las condiciones necesarias para la
usucapión, apareció otra institución destinada a proteger a los poseedores de fundos,
para los cuales no se aplicaba la usucapión, y que era la praescriptio longi temporis.
La gran obra de Justiniano, que resumió las instituciones jurídicas romanas en el
Corpus Iuris Civilis, fusionó la praescriptio longi temporis con la usucapio, siendo así
receptada por la codificación civil moderna.
LA PRESCRIPCIÓN EN LA CODIFICACIÓN CIVIL MODERNA
Con los remotos antecedentes que han quedado expuestos, la prescripción fue
receptada, básica y fundamentalmente, por la codificación civil. Así, en 1804 el Código
francés la legisló en sus dos modalidades, como usucapión y como prescripción
extintiva, estableciendo que “la prescripción es un modo de adquirir o de liberarse
por transcurrir un espacio de tiempo en las condiciones determinadas por la ley”
(artículo 2219º), para luego desarrollar un tratamiento unitario, tanto en lo
atinente a la prescripción adquisitiva como en lo correspondiente a la prescripción
extintiva.
El tratamiento que el Código de Napoleón dispensó a la prescripción influyó en los
Códigos del siglo XIX y es así como, entre otros, los Códigos chileno, colombiano,
argentino, de Costa Rica y de España, aún vigentes, por ejemplo, regularon la
prescripción adquisitiva y la prescripción extintiva como si fueran los aspectos de
una sola institución jurídica. El Código Civil de 1852, también bajo la influencia del
Code Civil, le dio este tratamiento.
Considerando inconveniente el tratamiento legislativo unitario, la doctrina comenzó a
formular el planteamiento dual impulsado por la doctrina alemana y que ha sido
seguido por la codificación civil a partir de 1900, fundándose en que, aparte del
elemento fáctico del transcurso del tiempo, los requisitos exigibles para una y otra
prescripción son distintos. Según anota De Gasperi3, razón tuvo Savigny al impugnar
por falsas las expresiones adquisitiva y extintiva, pues, en su opinión, no había
una prescripción construida con reglas sencillas, por lo que propugnó la doctrina
que concluye en que no puede haber una teoría general de la prescripción
aplicable a todas las relaciones jurídicas y a los derechos que emergen de ellas,
fueran absolutos o relativos.
Acogiendo las ideas de Savigny, el Código alemán, vigente desde 1900, legisló por
separado la usucapión, como un modo de adquisición de la propiedad de las cosas, y,
la prescripción, como un modo de extinción de las pretensiones. Similar tratamiento le
dieron a la prescripción el Código brasileño de 1917 de gran influencia en el Código
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Por último, la regulación del arbitraje, materia desprendida del Código Civil vigente, en
la actualidad sometida a la Ley N° 26572, Ley General de Arbitraje, ha introducido
también normas sobre prescripción extintiva, que se suman a las de otras leyes
especiales.
PRESCRIPCION USUCAPION
La usucapión también llamada prescripción adquisitiva o positiva es un modo de
adquirir la propiedad de una cosa. La prescripción adquisitiva compete a aquella
persona que mediante el transcurso de cierto tiempo y bajo las condiciones
establecidas por la ley ha poseído un bien inmueble, se ejerce contra quien aparezca
como propietario de esos bienes en el Registro Público de la Propiedad, con el fin de
que se declare que se ha consumado y que ha adquirido por prescripción la propiedad
del inmueble reclamado.
El fundamento de la usucapión, desde el punto de vista del sujeto activo, responde a la
necesidad de poner fin a un estado de incertidumbre de derechos (los generados por
la posesión apta para usucapir, y los de propiedad que le asisten al titular del dominio),
en tanto que centrada la atención en el sujeto pasivo, la prescripción adquisitiva
descansa en la inercia del auténtico propietario del bien, quien lo abandonó o dejó en
manos de otro poseedor, inercia que da lugar a la usucapión, que constituirá la sanción
impuesta al propietario negligente.
Es claro que el fundamento de la usucapión no operaría, si en la prescripción
adquisitiva se demandara a alguien que no fuera el verdadero propietario, porque el
estado de incertidumbre aludido no cesaría, al no haber sido tomados en cuenta los
derechos del auténtico dominador de la cosa; además, no tendría sentido atribuir el
abandono del bien inmueble a quien no es realmente su dominador, tampoco sería
lógico sancionar a quien no puede imputársele la calidad de “propietario negligente”,
porque sólo su actitud de abandono y negligencia podrían constituir la causa para el
acogimiento de la acción de prescripción.
Tanto la doctrina clásica desde el derecho romano, como nuestra legislación anterior y
la vigente, reconocen que sólo la posesión originaria, es decir, la que se tiene en
concepto de dueño, puede producir el efecto de adquirir la propiedad mediante de la
prescripción. Por ello, la posesión en concepto de propietario, es la primera condición
necesaria para prescribir.
CLASIFICACION Y CUALIDADES
Debe distinguirse entre la 'posesión de buena fe' y la posesión de mala fe apta para
producir la propiedad mediante la usucapión.
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Se entiende por justo título el que legalmente baste para transferir el dominio
o derecho real de cuya prescripción se trate.
El título para la prescripción ha de ser verdadero y válido.
El justo título debe probarse; no se presume nunca.
B) Plazos
1º El dominio de los bienes muebles se prescribe por la posesión no interrumpida de
tres años con buena fe.
En cuanto al derecho del dueño para reivindicar la cosa mueble perdida o de que
hubiese sido privado ilegalmente, así como respecto a las adquiridas en venta pública,
en Bolsa, feria o mercado, o de comerciante legalmente establecido y dedicado
habitualmente al tráfico de objetos análogos, se estará a lo dispuesto en el art 464 del
Código Civil
Este art 464 señala: "La posesión de los bienes muebles, adquirida de buena fe,
equivale al título. Sin embargo, el que hubiese perdido una cosa mueble o hubiese sido
privado de ella ilegalmente, podrá reivindicarla de quien la posea.
Si el poseedor de la cosa mueble perdida o sustraída la hubiese adquirido de buena fe
en venta pública, no podrá el propietario obtener la restitución sin reembolsar el
precio dado por ella.
Tampoco podrá el dueño de cosas empeñadas en los Montes de Piedad establecidos
con autorización del Gobierno obtener la restitución, cualquiera que sea la persona
que la hubiese empeñado, sin reintegrar antes al Establecimiento la cantidad del
empeño y los intereses vencidos.
En cuanto a las adquiridas en Bolsa, feria o mercado, o de un comerciante legalmente
establecido y dedicado habitualmente al tráfico de objetos análogos, se estará a lo que
dispone el Código de Comercio."
Las cosas muebles hurtadas o robadas no podrán ser prescritas por los que las
hurtaron o robaron, ni por los cómplices o encubridores, a no haber prescrito el delito
o falta, o su pena, y la acción para exigir la responsabilidad civil, nacida del delito o
falta.
2º El dominio y demás derechos reales sobre bienes inmuebles se prescriben por la
posesión durante diez años entre presentes y veinte entre ausentes, con buena fe y
justo título. Para los efectos de la prescripción se considera ausente al que reside en el
extranjero o en Ultramar. Si parte del tiempo estuvo presente y parte ausente, cada
dos años de ausencia se reputarán como uno para completar los diez de presente.
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1º Frente a titulares inscritos que tengan la condición de terceros con arreglo al art 34
Ley Hipotecaria (adquirente de buena fe y a título oneroso de titular inscrito) sólo
prevalecerá la prescripción adquisitiva consumada o la que pueda consumarse dentro
del año siguiente a su adquisición, en los dos supuestos siguientes:
a) Cuando se demuestre que el adquirente conoció o tuvo medios racionales y
motivos suficientes para conocer, antes de perfeccionar su adquisición, que la
finca o derecho estaba poseída de hecho y a título de dueño por persona
distinta de su transmitente.
b) Siempre que, no habiendo conocido ni podido conocer tal posesión de hecho al
tiempo que la adquisición, el adquirente inscrito la consienta, expresa o
tácitamente, durante todo el año siguiente a la adquisición. Cuando la
prescripción afecte a una servidumbre negativa o no aparente, y ésta pueda
adquirirse por prescripción, el plazo del año se contará desde que el titular
pudo conocer su existencia en la forma prevenida en el apartado a, o, en su
defecto, desde que se produjo un acto obstativo a la libertad del predio
sirviente.
2º La prescripción comenzada perjudicará igualmente al titular inscrito, si éste no la
interrumpiere en la forma y plazo antes indicados, y sin perjuicio de que pueda
también interrumpirla antes de su consumación total.
a) Prescripción extintiva contra tabulas: La prescripción extintiva de derechos
reales sobre cosa ajena, susceptibles de posesión o de protección posesoria,
perjudicará siempre al titular según el Registro, aunque tenga la condición de
tercero. Esto es aunque el adquirene goce de la protección registral si lo que
adquiere es un derecho que no existe en la realidad extraregistral por haber
desaparecido por prescripción , no adquirirá nada
b) Usucapión liberatoria: Los derechos adquiridos a título oneroso y de buena fe
que no lleven aneja la facultad de inmediato disfrute del derecho sobre el cual
se hubieren constituido, no se extinguirán por usucapión de éste. Tampoco se
extinguirán los que impliquen aquella facultad cuando el disfrute de los mismos
no fuere incompatible con la posesión causa de la prescripción adquisitiva, o
cuando, siéndolo, reúnan sus titulares las circunstancias y procedan en la forma
y plazos que señalados en el párrafo para la usucapión contra tabulas.
PRESCRIPCION EXTINTIVA
CONCEPTO
La Prescripción Extintiva es la manera establecida por ley por el cual se extingue la
acción ligada a un derecho subjetivo de contenido patrimonial por la inactividad del
acreedor y por el tiempo que señala la ley del acreedor se extingue pasados cinco (5)
años. Antes era de quince años, luego se rebajó a diez años.
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ANTECEDENTES
La Prescripción Extintiva libera al deudor de pagar. En Roma la obligación era coactiva,
es decir se podía cobrar de manera personal, inclusive utilizando la fuerza y violencia.
Modernamente la obligación solo se puede cobrar coercitivamente.
Modernamente la Prescripción Extintiva convierte a la deuda en una deuda natural. Es
decir el deudor sigue siendo deudor pero no puede ser cobrado coercitivamente
menos coactivamente. El deudor aun prescrito la acción puede pagar, pero no puede
pedir al acreedor que le devuelva por haberse extinguido la acción. No existe
repetición. No puede pedir la devolución porque surge la “excepto retentio” que
favorece al acreedor.
Por eso decimos que, lo que se extingue es la acción y no el derecho, como ocurriría en
Roma.
FUNDAMENTO
El fundamento responde a la pregunta: ¿Porque el paso del tiempo extingue la acción
procesal?
La prescripción pareciera favorecer al deudor. Pareciera favorecer a quien no cumple
con una obligación. Pero no es así, por los fundamentos siguientes: el orden público y
la presunción de pago.
EL ORDEN PÚBLICO. Si uno de los fines del Derecho es la paz y el orden público,
sin la prescripción no sería eficaz para mantener ese orden público.
El deudor estaría atado por una eternidad al acreedor. Habría procesos civiles
entre unos y otros en cualquier tiempo. El odio entre las partes seria
inacabable.
Por eso el derecho le provee al acreedor un tiempo prudente para cobrar. Si en
ese plazo no hace uso de su acción para cobrar, castiga su negligencia,
extinguiendo la acción. Por eso la prescripción mantiene la paz.
LA PRESUNCIÓN DE PAGO. Si el deudor ha pagado tiene derecho a recibir una
nota de pago o recibo y la ley le obliga a que guarde ese recibo por cinco (5)
años. Es por eso que la ley presume “jure et jure” que si el acreedor no cobra
en ese lapso de tiempo, es como si el deudor lo hubiera pagado.
COMIENZO DE LA PRESCRIPCIÓN
“ARTICULO 1493°.- COMIENZO DE LA PRESCRIPCIÓN. La prescripción comienza a correr
desde que el derecho ha podido hacerse valer o desde que el titular ha dejado de
ejercerlo. ”
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Por ejemplo si Juan prenda a María por seis (6) meses. El término de la prescripción no
empieza a correr al día siguiente del nacimiento de la obligación, sino vencido los seis
meses. Al día siguiente de tal hecho ocurren dos cosas:
SUSPENSIÓN DE LA PRESCRIPCIÓN
La prescripción no corre (CC 1502):
• Contra quien reside o se encuentra fuera del territorio nacional en servicio del
Estado, hasta treinta (30) días después de haber cesado en sus funciones.
• Contra el acreedor de una obligación sujeta a condición suspensiva o plazo
suspensivo, hasta que la condición se cumpla o el día llegue. En el primero existe el
derecho pero no es aun exigible. En el segundo no hay derecho, habrá cuando se
cumpla la condición. O sea que la prescripción no corre, lo hará cuando su derecho sea
exigible (día fijo) o cuando se cumpla la condición. “La prescripción no corre 2. Contra
el acreedor de una obligación sujeta a condición o día fijo, hasta que la condición se
cumpla o el día llegue.” (CC 1502 inciso 2).
• Contra el heredero con beneficio de inventario, respecto a los créditos que tenga
contra la sucesión. La prescripción se suspende por el lapso en que se realice el
inventario. El Beneficio de inventario es el derecho concedido al heredero para aceptar
la herencia obligándose por las deudas del causante únicamente hasta la concurrencia
del valor de los bienes que recibe.
• Entre cónyuges. Si había préstamo de dinero cobrable antes del matrimonio, al
suceder éste la prescripción se suspende. Si se divorcian la prescripción continua desde
el momento antes de casarse.
• Respecto a una acción de garantía, hasta que tenga lugar la evicción. La prescripción
no corre respecto a una acción de garantía, hasta que tenga lugar la evicción. Porque si
aparece un tercero con mejor derecho el vendedor tiene que devolver el precio
pagado e indemnizarle. Mientras no se de esa garantía no corre la prescripción. La
evicción es la pérdida o turbación que sufre el adquirente de un bien, o de un derecho
real sobre éste, por vicios de derecho anteriores a la adquisición; siempre que ésta
fuere onerosa, el transmisor de los derechos en cuestión será responsable por los
perjuicios o turbaciones causados.
• En cuanto a las deudas por daños económicos causados al Estado. “Artículo 112. Los
delitos cometidos por servidores públicos que atenten contra el patrimonio del Estado
y causen grave daño económico, son imprescriptibles y no admiten régimen de
inmunidad.”(CPE).
INTERRUPCION DE LA PRESCRIPCIÓN
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En concreto, la prescripción exige algo más que el mero transcurso del tiempo para la
extinción del derecho, como es, lo que se ha venido denominar el "silencio de la
relación jurídica"; es decir, su no ejercicio por parte del titular que permite presumir el
abandono del mismo por parte de quien puede ejercitarlo. Tiene declarado el Tribunal
Supremo que la caducidad "genera decadencia del derecho de forma automática, por
el simple transcurso del tiempo legal o del previamente convenido, pues sólo atiende
al hecho objetivo de la conducta inactiva del titular dentro del término que fija y
controla su eficiencia, siendo causa de extinción de los derechos y fijación definitiva de
lo acordado, con liberación de todo condicionamiento que supedite su efectividad."
(Sentencia de 12 de febrero de 1996). En definitiva, si en la prescripción se ha
defendido la existencia de un doble fundamento, uno subjetivo, como presunción de
abandono del derecho por parte del titular, y otro objetivo, determinante de una
mayor seguridad en el tráfico jurídico al suponer efectiva limitación al ejercicio tardío
del derecho; el fundamento de la caducidad es enteramente objetivo, opera por el
mero transcurso del tiempo establecido con independencia de la conducta del titular.
Por ello, es doctrina jurisprudencial consolidada la que afirma que en los casos de
caducidad no inciden las causas de interrupción de la prescripción del artículo 1973 del
Código Civil o, lo que es lo mismo, no existe causa alguna que impida la consolidación
de la relación jurídica una vez transcurrido el plazo durante el que es posible el
ejercicio de la acción o del derecho.
La diferencia, por tanto, entre prescripción y caducidad, ha de buscarse en la
naturaleza del derecho sobre el que recae, porque en la primera, el derecho nace libre,
pues los límites a su ejercicio surgen de circunstancias posteriores que permiten
presumir el abandono del mismo por parte de su titular; sin embargo, en la caducidad
el derecho nace con un plazo de vida, nace ya limitado, el titular habrá de ejercitarlo
durante este plazo y transcurrido el mismo el derecho se extingue automáticamente,
pues es un derecho de duración limitada.
EFECTOS DE LA CADUCIDAD
El principal efecto de la caducidad es el de causar la automática extinción del derecho
o de la acción, si bien, por su especial naturaleza y fundamento jurídico, deben
destacarse otros efectos íntimamente ligados a ésta y que, de nuevo, suelen estudiarse
por contraposición a los propios de la prescripción.
Así, como se ha expuesto, la caducidad, en cuanto afecta a un derecho limitado, no
puede interrumpirse por ninguna de las causas legales que operan para la prescripción.
Efectivamente, si el fundamento subjetivo de presunción de abandono determina para
la prescripción la posibilidad de que, bien por actos del acreedor, bien por actos del
propio deudor que de forma inequívoca contradigan aquella presunción de inactividad,
el plazo se interrumpa, inutilizando el tiempo transcurrido, de tal forma que el derecho
se revigoriza (véase "Interrupción de la prescripción"). En la caducidad, el derecho,
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limitado desde su nacimiento, cuenta con un plazo concreto para su ejercicio y el mero
transcurso del tiempo determina su extinción, con independencia de la actitud del
titular, porque su fundamento es de estricta seguridad jurídica.
Además, esta automaticidad determina que la caducidad opere por sí misma, sin
necesidad de que nadie la invoque o alegue, lo que obliga a los Tribunales a apreciarla
de oficio, tan pronto como se constate (en sentencias del Tribunal Supremo de 14 de
noviembre de 1993 o de 12 de febrero de 1996, entre otras). Por el contrario, la
prescripción extintiva únicamente puede ser apreciada por los Tribunales a instancia
de parte como hecho obstativo y excluyente de la pretensión frente a él deducida. En
definitiva, aun habiendo prescrito el derecho o la acción, si el favorecido por la misma
no la hace valer ante los Tribunales, se presume que renuncia a tal beneficio, y resulta
necesaria la estimación de la demanda.
Finalmente, se afirma que la caducidad es irrenunciable, frente a la renunciabilidad de
la prescripción ganada consagrada por los artículos 1935 y 1937 del Código Civil. De
nuevo, en atención a su especial naturaleza, se admite que quien haya ganado el
derecho por prescripción pueda renunciar al mismo, expresa o tácitamente (o sea, a
través de actos que hagan suponer el abandono del derecho adquirido); sin perjuicio
del derecho de los acreedores o cualquier otra persona interesada a hacer valer la
prescripción ganada, a pesar de la renuncia del deudor o propietario. Por el contrario,
la caducidad, alejada de toda conducta o actitud del titular del derecho, no admite
semejante renuncia.
CLASES DE CADUCIDAD
En realidad, la única clasificación válida y general que puede establecerse en relación a
esta figura, carente de toda individualización normativa, es la que distingue entre
caducidad legal y consensual. De nuevo, frente a la prescripción, que únicamente viene
impuesta por el transcurso de los plazos legalmente establecidos; los plazos de
caducidad también pueden establecerse por la sola voluntad de los contratantes. Junto
con los plazos legales de caducidad, las partes, en uso de la libertad de pacto que
inspira la materia contractual en nuestro ordenamiento jurídico (véase "Contrato"),
pueden establecer derechos y facultades pero limitando su posibilidad de ejercicio a
cierto plazo, que será de caducidad.
Por lo demás, la ausencia de una regulación unitaria de esta figura, dispersa a lo largo
del articulado del Código Civil u otras leyes especiales (Ley de Propiedad Horizontal,
Ley Hipotecaria, Ley del Registro Civil...), ha motivado la necesidad del análisis
separado y casuístico de los supuestos de caducidad. Por ejemplo, considera
unánimemente la Jurisprudencia, como auténticos plazos de caducidad los de ejercicio
del derecho a optar por la nacionalidad española del artículo 19 del Código Civil; el
previsto para la protocolización del testamento ológrafo (artículo 689); el de las
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acciones de filiación (artículos 132, 133, 136 o 137 CC); el de anulación de ciertos
contratos (artículo 1301 CC); la del retracto entre colindantes, comuneros y
coherederos (artículos 1067, 1522, 1523 y 1524 CC); o, entre otros más, el de rescisión
de los contratos (artículo 1299 CC).
Aunque otros supuestos, como los plazos de las acciones para exigir del vendedor el
saneamiento de la cosa de los artículos 1483 y 1490 del Código Civil, han sido y son
muy discutidos; con arreglo a la Jurisprudencia del Tribunal Supremo, que ha venido a
calificar muy diversos supuestos, cabe afirmar "que en caso de duda, y como regla
general, debe entenderse que el plazo es de caducidad, por ser esta institución más
acorde con las tendencias procesales y civiles modernas la estimación de oficio por el
Juzgador, sin necesidad de alegación de parte" (en sentencia de 11 de junio de 1963).
Para finalizar, destacar como especial categoría procesal, la de la denominada
"caducidad en la instancia", término propio del Derecho procesal que supone la
terminación anormal del proceso por la inactividad de las partes durante el tiempo
previsto en la Ley; así, el de dos años si el pleito se hallare en primera instancia, y un
año, si estuviese en segunda instancia o casación ante el Tribunal Supremo (artículo
237 de la Ley de Enjuiciamiento Civil), comenzando el cómputo de los referidos plazos
desde la última notificación que se hubiere hecho a las partes. Esta figura responde
igualmente a un fundamento de seguridad jurídica pues entiende el legislador que los
efectos del proceso en curso, o "litispendencia", no pueden prolongarse
indefinidamente. En cualquier caso, la paralización del proceso debe ser el resultado
de una inactividad voluntaria de la parte, y no por fuerza mayor o cualquier otra causa
contraria o no imputable a la voluntad de las partes o interesados (artículo 238 Ley de
Enjuiciamiento Civil); y no se produce de forma automática, ya que debe ser declarada
expresamente (por medio de Auto) por el Juez o Tribunal, concediendo a la parte,
además, la posibilidad de recurrir tal decisión judicial en apelación (es decir, ante el
órgano judicial superior). En cuanto a sus efectos, la caducidad determina la extinción
del proceso pendiente, pero no de la acción en sí, por lo que la parte podrá volver a
ejercitar de nuevo la misma si no ha prescrito la acción. Fuera del aspecto procesal, el
principal efecto que produce esta extinción es que cesa la interrupción de la
prescripción, comenzando a correr el cómputo de prescripción de la acción desde el
principio plazo. De forma análoga, si la caducidad se produce en segunda instancia o
casación, o sea, en vía de recurso, deberá considerarse desistida a la parte del mismo y
la resolución recurrida quedará firme (artículo 240 de la Ley de Enjuiciamiento Civil).
Por último, como excepción, la caducidad no operará cuando el proceso sea de
ejecución, pues las actuaciones necesarias para la ejecución proseguirán hasta obtener
el cumplimiento de lo juzgado, aunque hayan quedado sin curso durante los plazos
señalados anteriormente (artículo 239 de la Ley de Enjuiciamiento Civil).
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