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Eva: La primera madre y mujer bíblica

Respuesta: Eva en la biblia era la esposa de Adán, el primer hombre que Dios creó. Eva fue la madre de Caín, Abel, Set y "otros hijos e hijas" (Génesis 4:1-2, 25; 5:4). Eva fue la primera mujer, la primera esposa y la primera madre en el mundo.

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Eva: La primera madre y mujer bíblica

Respuesta: Eva en la biblia era la esposa de Adán, el primer hombre que Dios creó. Eva fue la madre de Caín, Abel, Set y "otros hijos e hijas" (Génesis 4:1-2, 25; 5:4). Eva fue la primera mujer, la primera esposa y la primera madre en el mundo.

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EVA

Respuesta: Eva en la biblia era la esposa de Adán, el primer hombre que Dios creó. Eva fue la madre de Caín,
Abel, Set y "otros hijos e hijas" (Génesis 4:1-2, 25; 5:4). Eva fue la primera mujer, la primera esposa y la
primera madre en el mundo.

El nombre Eve proviene de la palabra hebrea chavâh, que significa "los vivos" o "la vida". A ella se le llamó
"Eva", porque fue la madre de todos los vivientes (Génesis 3:20). Dios la creó después que permitió que Adán
viera que no tenía una compañera adecuada de entre los animales, es decir, no había ninguna otra criatura
como él. Así que Dios creó a Eva como el complemento de Adán. Eva fue creada a imagen de Dios, tal como fue
Adán (Génesis 1:27).

Dios le dio un mandamiento a Adán y Eva mientras estaban viviendo en el jardín del Edén. Él les dijo que no
comieran de un árbol llamado "el árbol del conocimiento del bien y del mal", advirtiéndoles que el día que de
ese árbol comieran, ciertamente morirían (Génesis 2:17). La biblia no nos dice cuánto tiempo Adán y Eva
vivieron en el jardín sin que hubiese problemas, pero en algún momento Eva cedió ante la tentación de comer
del árbol prohibido. Ella fue engañada por la serpiente (1 Timoteo 2:13-14), que generalmente se cree, fue una
criatura usada por Satanás. La serpiente sembró la duda en la mente de Eva preguntándole si Dios realmente
había dicho que no comieran el fruto del árbol (Génesis 3:1). Luego, la serpiente le dice una mentira a Eva: "No
moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios,
sabiendo el bien y el mal" (Génesis 3:4-5). Eva tomó del fruto, lo comió y luego le dio a su esposo, Adán,
también comió. Adán y Eva comprendieron de inmediato lo que anteriormente no habían entendido; sus ojos se
abrieron para descubrir tanto el bien como el mal. Sin embargo, Dios no había mentido; la muerte vino como
resultado de la desobediencia de Adán y Eva.

La muerte vino a toda la raza humana como resultado del engaño que Eva experimentó y la posterior elección
de Adán para pecar. Eva y todas sus hijas recibieron dos maldiciones específicas. En primer lugar, Dios
multiplicaría el dolor en el embarazo. Segundo, Dios declaró que la relación entre el hombre y la mujer se
caracterizaría por el conflicto (Génesis 3:16). Estas dos maldiciones han demostrado ser verdad en la vida de
cada mujer a lo largo de la historia. No importa cuántos adelantos médicos alcancemos, la procreación es
siempre una experiencia dolorosa y estresante para una mujer. Y no importa cuán avanzada y progresista sea
la sociedad, la relación entre el hombre y la mujer sigue siendo una lucha por el poder, la batalla de los sexos,
llena de luchas.

Eva fue la madre de todos los vivientes, y también fue la primera en experimentar estas maldiciones. Sin
embargo, Eve será redimida juntamente con Adán, por causa del segundo Adán, Cristo, quien fue sin pecado
(Romanos 5:12-14). "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. . .. Fue
hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante" (1 Corintios 15:22, 45)

Rebeca (personaje bíblico)


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Imagen extraída del Génesis de Viena, que muestra a Rebeca y a Eliécer.


Rebeca, Rebekah o Rivka (‫ר ְב ָקה‬,ִ en Hebreo estándar Rivqa, en Hebreo Tiberiano Riḇqāh) fue
una matriarca bíblica y la mujer y sobrina segunda de Isaac. Su historia se narra en el Génesis. Rebeca era muy
hermosa (de ahí viene su significado) pero exhibía una gran sencillez. Rebeca fue la madre de los
gemelos Esaú y Jacob, siendo este último su elegido. Era nieta del hermano de Abraham, Najor. Abraham era el
padre de Isaac.
La Biblia relata que Abraham envió a Eliezer, jefe de sus sirvientes, con el objetivo de encontrar una mujer para
su hijo que no fuera cananea. El criado hizo lo que le pidió su amo y encontró a Rebeca. Impresionado por su
amabilidad y la buena situación de su familia, la eligió como esposa de Isaac y se la llevó junto a su futuro
marido. Nada más verla Isaac se enamoró de su elegancia y belleza. Después se la llevó a la tienda de su
madre, Sara, para casarse con ella.
Ademaś, se dice que gracias a la presencia de Rebeca, Isaac logró sobrellevar la repentina muerte de su
madre, que ocurrió poco después.
Según Génesis 49:31-32 Rebeca fue enterrada en la Cueva de los Patriarcas, en Hebrón.

Isabel
Biografía

Isabel era descendiente de Aarón. Ella y su esposo Zacarías eran justos delante de Dios, andando en todos los
mandamientos y ordenanzas del Señor sin mancha, pero sin hijos.

Mientras estaba en el templo del Señor, Zacarías fue visitado por el ángel Gabriel que le dijo: "No temas,
Zacarías, porque tu oración es oída; y tu mujer, Isabel, te dará a luz un hijo, y llamarás Juan. Y tendrás gozo y
alegría; y muchos se regocijarán de su nacimiento. Porque será grande delante del Señor, y beberá vino ni
sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre." Zacarías dudó, ya que tanto él como su
esposa eran muy viejos. El ángel se identificó como Gabriel y le dijo a Zacarías quedaría mudo hasta que se
cumplieran las palabras,porque no creía.

Cuando los días de su ministerio se completaron, regresó a su casa y concibió su mujer, Isabel, quien se escondió
por cinco meses, pensando: "El Señor ha hecho esto ahora, para que la gente no me desprecie."

Gabriel fue enviado a Nazaret de Galilea a la prima de Isabel, María y le informó que ella concebiría por el
Espíritu Santo y daría a luz un hijo llamado Jesús. Después de que ella también fue informada de que su prima
Isabel iba en su sexto mes de embarazo, viajó a los monte de Judá a visitar Isabel. Y aconteció que, como oyó
Isabel la salutación de María, la criatura saltó en su vientre e Isabel llena del Espíritu Santo y su madre exclamó
a gran voz,diciendo: "Bendita tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que
venga a visitarme la madre de mi Señor? Pues tan pronto oí tu saludo, mi hijo se estremeció de alegría en mi
vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!". Matthew Henry
comenta: "María sabía que Isabel estaba embarazada, pero no parece que Isabel supiera que su prima fuese
destinada para ser la madre del Mesías y, por lo tanto, el conocimiento que tuvo parece haber venido por una
revelación, lo que sería un gran estímulo para María". Después de las palabras de Isabel, María entonó el canto
conocido como el Magnificat. Y se quedó María con ella como tres meses y se volvió a su casa.

Isabel dio a luz a su hijo y sus vecinos y parientes oyeron que Dios había tenido con ella gran misericordia y se
alegraron con ella. Al octavo día vinieron para circuncidar al niño y le llamaban Zacarías, como su padre. Más
la madre, dijo: "No, él se llamará Juan" y ellos le dijeron que no había nadie en su parentela que se llamara
así. Entonces preguntaron por señas a su padre cómo le quería llamar y él pidió una tablilla en donde escribió:
"Juan es su nombre. Todos se maravillaron, su boca se abrió de inmediato y alabaron a Dios."

Esa es la última mención de Isabel, que no es mencionada en ningún otro capítulo de la Biblia. Este capítulo
continúa con la profecía de Zacarías, conocido como el Benedictus y termina con la nota que Juan crecía y se
fortalecía en espíritu y estuvo en lugares desiertos hasta que comenzó su ministerio; se desconoce cuánto tiempo
Isabel y su marido vivieron después de esto.[1]
Lidia: Una mujer entregada a Dios y Su obra

nos comenta cómo, en el día de reposo, ella se congregaba en el lugar de oración para adorar a Dios.

“El día de reposo salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde pensábamos que habría un
lugar de oración. Nos sentamos y comenzamos a hablar a las mujeres que se habían reunido. Y estaba
escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que
adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía. Cuando ella y su
familia se bautizaron, nos rogó: “Si juzgan que soy fiel al Señor, vengan a mi casa y quédense en ella.”
Y nos persuadió a ir”, Hechos 16:13–15.

Lidia no sabía lo que sucedería ese día. Ella nunca se imaginó que tendría un encuentro que cambiaría su vida
por completo. Y lo que me encanta de esta escena es que cada detalle fue orquestado por la providencia
divina. Pablo iba en una dirección diferente (Hechos 16:6-12), pero el Espíritu no le permitió continuar y luego
tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia le pedía ayuda. El apóstol se convenció de que necesitaba ir
a anunciar el evangelio a ese lugar. Llegaron a Filipos, y en el día de reposo fue justo al lugar donde Lidia se
reunía con las mujeres a orar.

Pablo y Silas llegaron a compartir la buena noticia de salvación. Lidia escuchó y Dios hizo lo que solo Él podía
hacer: abrir su corazón para que ella creyera en Cristo. En ese momento ocurrió el mayor de los milagros; ella
recibió salvación eterna y fue adoptada en la familia de Dios.

Justo cuando estaba estudiando esto conocí a una mujer joven que buscaba a Dios en la religión… igual que
Lidia lo hacía. Al aprender estas verdades plasmadas en la historia de Lidia, mi corazón se llenó de esperanza
para compartirle el evangelio. Estas son algunas cosas que podemos aprender de la historia de Lidia.

Marta y María: Vidas de amor y servicio a Cristo

Marta y María son dos mujeres de fe extraordinarias. Eran hermanas y vivían con su hermano Lázaro, quien el
Señor resucitó después de haber estado cuatro días muerto. Vivían en una pequeña aldea llamada Betania,
situada a unos pocos kilómetros de Jerusalén.

No se sabe muy bien cómo es que Jesús se hizo amigo de estos hermanos, pero los tres llegaron a amar al Señor
y confiar en él. Jesús encontraba consuelo y descanso en casa de ellos, y llegaron a tener una estrecha amistad.
Juan nos dice que “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Jn. 11:5).

Marta y María aparecen en al menos dos acontecimientos en el Nuevo Testamento: en una comida y en una
muerte.

Una comida

En Lucas 10:38-42 se nos narra la inesperada visita de Jesús con sus 12 discípulos y con algunas de las mujeres
que le seguían a casa de Marta. Como es natural, si tienes visitas inesperadas y eres hospitalario, la primera
reacción es servirles, ofreciéndoles algo de comer. Marta era una mujer muy hospitalaria y muy práctica, se
ocupaba de que todos sus invitados estuvieran bien atendidos y se “preocupaba con muchos quehaceres” (v.
40). Sin embargo, María se sentó a los pies de Jesús a escuchar sus palabras (v. 39).

¡Qué diferentes en su recibimiento a Jesús! Marta activa y preparando todo; María tranquila a los pies de su
Señor, absorbiendo cada palabra y enseñanza que salía de los labios de aquel que la salvó.
Las dos actuaron bien, porque servirle y oírle son actividades buenas, pero Marta tenía un problema. Ella se
enfadó con su hermana hasta el punto de regañarla públicamente por no ayudarla “…dijo: Señor, ¿no te da
cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile pues que me ayude” (v. 40). La queja de Marta incluso se
extiende a Jesús “¿no te da cuidado?”, “¿Es que no te importa que mi hermana no me ayude, Jesús?”. No era el
servicio de Marta lo que estaba mal, sino su actitud en el servicio.

La respuesta de Jesús la dejaría sin palabras. Él le reprendió de una manera tan tierna y cariñosa como un buen
padre a su hija: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas”. Quería hacerle entender que,
aunque era justificado preparar comida para los invitados, su enfado era injustificado. Jesús defendió la
decisión de María como la mejor elección: “Pero solo una cosa es necesaria, y María ha escogido la buena
parte, la cual no le será quitada” (v.42).

Una muerte

Marta y María tuvieron que enfrentar la muerte de su hermano (Jn. 11). Ellas llamaron al Señor antes de Lázaro
muriera para que le sanara, pero Él mismo retrasó su llegada porque quería mostrar la gloria de Dios (v. Juan
11:4).

Al final, Jesús va a verlas acompañado de sus discípulos. Marta y María están muy tristes, pero ambas muestran
una gran confianza en Jesús. Marta, al oír que Jesús venía a verlas, no esperó en su casa sino que su
impulsividad le hizo salir corriendo a buscarle. Por otro lado, María salió en su búsqueda cuando su hermana la
llamó diciéndole: “El maestro está aquí y te llama”, y al verle se postró a sus pies. De nuevo vemos a María a
los pies de Jesús.

Marta le confiesa en medio de la conversación “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que
has venido al mundo” (v.27). Esta afirmación muestra la gran confianza que ella tenía en Jesús como el Mesías,
su Salvador. También veamos de nuevo el contraste con María, quien cae a los pies de Jesús en adoración y en
humildad, sin exigirle nada. Todas sabemos el final de la historia; Lázaro es resucitado y devuelto a sus
hermanas. ¡Y muchos creyeron en Él!

HISTORIA 90
Con la mujer en el pozo

JESÚS se ha detenido a descansar cerca de un pozo en Samaria. Sus discípulos se han ido al pueblo a comprar
alimentos. La mujer con quien Jesús habla ha venido a sacar agua. Él le dice: ‘Dame de beber.’

Esto sorprende mucho a la mujer. ¿Sabes por qué? Jesús es judío, y ella es samaritana. Y a la mayoría de los
judíos les desagradan los samaritanos. ¡Ni les hablan! Pero Jesús ama a gente de toda clase. Él le dice: ‘Si
supieras quién te pide de beber, tú le pedirías, y él te daría agua que da vida.’

‘Señor,’ dice la mujer, ‘el pozo es hondo, y tú ni tienes un balde. ¿Dónde conseguirías esta agua que da vida?’

‘Si bebes agua de este pozo te dará sed otra vez,’ explica Jesús. ‘Pero el agua que yo daré puede hacer que
uno viva para siempre.’

‘Señor,’ dice la mujer, ‘¡dame esta agua! Entonces no tendré sed nunca más. Y jamás tendré que venir aquí para
conseguir agua.’
La mujer cree que Jesús está hablando de agua verdadera. Pero él está hablando sobre la verdad acerca de
Dios y su reino, que es como agua que da vida. Puede dar vida eterna.

Jesús ahora le dice a la mujer: ‘Ve y llama a tu esposo y vuelve acá.’

‘Yo no tengo esposo,’ dice ella.

‘Contestaste bien,’ dice Jesús, ‘Pero has tenido cinco esposos, y el hombre con el cual estás viviendo ahora no es
tu esposo.’

La mujer se sorprende, porque todo esto es verdad. ¿Cómo sabía estas cosas Jesús? Sí, es porque Jesús es el
Prometido dado por Dios, enviado por él, y Dios le da esta información. Ahora los discípulos de Jesús regresan,
y les sorprende que él esté hablando con una samaritana.

¿Qué aprendemos de todo esto? Que Jesús es bondadoso con gente de toda raza. Nosotros debemos ser así;
no debemos pensar que alguien sea malo solo por su raza. Jesús quiere que toda la gente conozca la verdad
que lleva a vida eterna. Y nosotros debemos querer ayudar a la gente a aprenderla.

¿Por qué fue Dorcas tan querida?


TODOS necesitamos sentirnos queridos. ¿Qué opinas tú?*... La Biblia nos habla de Dorcas, una mujer a la que
todos amaban mucho.

Fue una de las primeras discípulas de Jesús y vivió en Jope, una ciudad de la costa del mar Mediterráneo que
estaba a solo unos 56 kilómetros (35 millas) de Jerusalén.

¿Por qué te parece que Dorcas era tan querida?... Pues bien, la Biblia cuenta que hizo generosos regalos y muchas
cosas buenas. Todo indica que confeccionaba bonitas prendas de vestir para las viudas, es decir, mujeres a las
que se les había muerto el esposo. Además, imitando a Jesús, hablaba a todo el mundo acerca del Dios
verdadero, Jehová.
¿Sabes qué le sucedió a Dorcas?... Resulta que se enfermó de gravedad y murió. Todos sus amigos se pusieron
muy tristes, así que mandaron llamar al apóstol Pedro, que estaba a unos 16 kilómetros (10 millas) de distancia,
y le pidieron que se apresurara. Cuando llegó el apóstol, subió al cuarto donde estaba Dorcas, y las mujeres le
enseñaron llorando las prendas que ella les había hecho.
Entonces Pedro les dijo a todos que salieran de la habitación. Él y otros apóstoles ya habían hecho milagros,
pero ninguno había resucitado a un muerto. ¿Qué crees que hizo Pedro a continuación?...
Se arrodilló junto al cadáver y oró a Jehová. Luego le ordenó a Dorcas que se levantara, ¡y ella así lo hizo!
Pedro le dio la mano para ayudarla a ponerse de pie y llamó a las viudas y a los demás para que la
vieran. ¿Te imaginas lo contentos que se pusieron todos?...

Veamos qué podemos aprender de esta historia de la resurrección de Dorcas. Una cosa es que si ayudas a los
demás, muchos te van a querer. Pero más importante aún, Dios te amará y te recordará; nunca olvidará las
cosas buenas que hayas hecho y te dejará vivir feliz para siempre en el Paraíso.

virgen María

La Biblia dice que María tuvo el privilegio singular de dar a luz a Jesús cuando aún era virgen. La Biblia
profetizó este milagro en el libro de Isaías y registró su cumplimiento en los Evangelios de Mateo y Lucas.
En una profecía sobre el nacimiento del Mesías, Isaías predijo: “¡Miren! La doncella misma realmente quedará
encinta, y va a dar a luz un hijo” (Isaías 7:14). Por inspiración divina, el escritor bíblico Mateo relacionó esta
profecía de Isaías con la concepción de Jesús. Después de relatar que María quedó embarazada mediante un
milagro, Mateo añadió: “Todo esto realmente pasó para que se cumpliera lo que Jehová había hablado por su
profeta, que dijo: ‘¡Miren! La virgen * quedará encinta y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel’,
que, traducido, significa: ‘Con Nosotros Está Dios’” (Mateo 1:22, 23).

El evangelista Lucas también registró el embarazo milagroso de María. Escribió que Dios envió al ángel Gabriel
“a una virgen que estaba comprometida para casarse con un varón de nombre José, de la casa de David; y el
nombre de la virgen era María” (Lucas 1:26, 27). Ella misma confirmó que era virgen. Después de escuchar que
iba a ser la madre de Jesús, el Mesías, María preguntó: “¿Cómo será esto, puesto que no estoy teniendo coito
con varón alguno?” (Lucas 1:34).

¿Cómo pudo una virgen dar a luz?


El embarazo de María fue por medio del espíritu santo, es decir, mediante el poder de Dios en acción (Mateo
1:18). Gabriel le dijo a María: “Espíritu santo vendrá sobre ti, y poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por
eso, también, lo que nace será llamado santo, Hijo de Dios” (Lucas 1:35). * Dios realizó un milagro y transfirió la
vida de su Hijo al vientre de María. De este modo, Dios hizo que ella concibiera un hijo.
¿Por qué tenía Jesús que nacer de una virgen?

Dios escogió a una virgen para que Jesús tuviera un cuerpo humano perfecto y así pudiera salvar a la
humanidad del pecado y la muerte (Juan 3:16; Hebreos 10:5). Dios transfirió la vida de Jesús al vientre de
María. Después, el espíritu santo de Dios protegió el embrión de toda imperfección (Lucas 1:35).

De este modo, Jesús nació como ser humano perfecto, tal como lo había sido Adán antes de pecar. La Biblia
afirma que Jesús “no cometió pecado” (1 Pedro 2:22). Siendo perfecto, Jesús podía pagar el rescate y salvar a
la humanidad del pecado y la muerte (1 Corintios 15:21, 22; 1 Timoteo 2:5, 6).

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