FUNDAMENTACIÓN
La dislalia puede estar originada por diferentes motivos, mediante este
informe veremos una clasificación posible en la cual tendremos en cuenta el
motivo del problema.
En cualquier caso (a excepción de la dislalia evolutiva, la cual forma parte de
un proceso normalizado del desarrollo del lenguaje), la dislalia debe ser
tratada de forma precoz y adecuada, con el fin de lograr la rehabilitación
más beneficiosa.
Debemos tener en cuenta, no obstante, que al menos en algunos fonemas (no
a la totalidad de los mismos), lo que en un idioma o dialecto puede ser
considerado como una articulación defectuosa, para otro no lo es (por
ejemplo, el ceceo o el seseo en Andalucía). Aqui no es una dificultad como
tal, sino del contexto social de cada país o comunidad autónoma, que puede
llegar a determinar algunas formas peculiares de articulación.
DEFINICIÓN.
Las dislalias son un trastorno en la articulación de los fonemas, que se
caracterizan por una dificultad para pronunciar de forma correcta
determinados fonemas o grupos de fonemas de la lengua. Son las anomalías
del habla más frecuentes en la edad escolar, que reciben un pronóstico muy
favorable, siempre y cuando reciban la atención temprana que merecen.
Cuando son abundantes los fonemas afectados, el habla de los sujetos
puede llegar a hacerse ininteligible, poniéndose en peligro la función
comunicativa del lenguaje. La dificultad articulatoria puede afectar a
cualquier vocal o consonante y referirse a uno solo o a varios fonemas en
número indeterminado, aunque su mayor incidencia pueda observarse en
aquellos sonidos que requieren de una mayor habilidad en su pronunciación
por exigir movimientos más precisos.
Según el fonema afectado, las dislalias reciben denominaciones
diferentes, que se establecen a partir del nombre griego del fonema, más el
morfema "- tismo" o "- cismo". Así, la articulación defectuosa del fonema /
recibe el nombre de rotacismo; la del fonema /betacismo; la del fonema
/deltacismo; la del fonema / sigmatismo, etc.
¿QUIÉNES SON LOS NIÑOS Y NIÑAS CON DISLALIAS?
Los niños y niñas que presentan dislalias en su habla presentan:
Una presencia de errores en la articulación de sonidos del habla
(Sustitución, distorsión, omisión o adición) al principio, en medio o al final de
las palabras, tanto en su lenguaje coloquial como en repetición de esos
sonidos cuando se le da un modelo de palabra que los contenga.
Suele tener más de cuatro años.
No existe evidencia, ni diagnóstico de hipoacusia, trastornos neurológicos,
deficiencia mental, ni cambio idiomático.
CLASIFICACIÓN.
Dislalia evolutiva o fisiológica.
Para articular correctamente los fonemas de un idioma, los seres
humanos necesitamos una suficiente madurez cerebral y un adecuado
desarrollo y funcionamiento del aparato fonoarticulador. Esto se consigue a
partir de una edad determinada, que algunos autores sitúan alrededor de los
seis años, que es cuando los niños suelen alcanzar su corrección
articulatoria, aunque antes o después puedan aparecer alteraciones en el
punto de la articulación, en la regularidad de la emisión o sobre la
coordinación del conjunto del aparato neuromuscular que regula la emisión.
Los niños durante el desarrollo del habla presentan una dislalia fisiológica
que generalmente desaparece antes de los seis años (Perelló).Cuando el niño
no articula o distorsiona algunos fonemas de su lengua como consecuencia de
un inadecuado desarrollo de su aparato fonoarticulador, se conoce con el
nombre de dislalia evolutiva. Se trata, pues, de una fase del desarrollo del
lenguaje en la que el niño es incapaz de pronunciar las palabras
correctamente. Aunque normalmente desaparezcan - estas dificultades -
con el tiempo, no es sostenible la creencia en una desaparición espontánea
generalizable a todos los casos.
En realidad habría que hablar de " falsas dislalias", ya que aunque se
aprecien los síntomas característicos de las dislalias las causas son muy
distintas al ser debidas, estas dificultades, a una inmadurez del aparato
fonoarticulatorio infantil, que impide al niño articular correctamente los
fonemas de su lengua. Si en niños de 10 - 12 meses de edad cronológica
nadie hable de una alteración motriz, al constatarse su dificultad para
caminar de forma autónoma, pues se encuentran en un período determinado
de su desarrollo motor, tampoco a nivel lingüístico se puede hablar de un
trastorno articulatorio en sentido estricto, sino de una fase del desarrollo
lingüístico infantil.
En todos los casos, resulta evidente que las dificultades de pronunciación
de los distintos fonemas y sinfones de la Lengua no es la misma, ya que
algunos fonemas requieren de una mayor precisión de movimientos de los
órganos fonoarticulatorios.
Dislalia audiógena.
La correcta articulación del lenguaje depende, entre otras variables de la
capacidad auditiva del sujeto. El niño que no oye bien, que no percibe su
entorno sonoro de forma adecuada, difícilmente puede llegar a articular
correctamente su lengua, ya que confundirá fonemas que ofrezcan alguna
semejanza, al no poseer una correcta discriminación auditiva. Las conductas
de atención y escucha son necesarias para una buena discriminación auditiva,
y ésta es imprescindible a su vez par una adecuada discriminación fonética,
condición indispensable para el desarrollo del lenguaje infantil.
La causa de la dislalia audiógena está, pues, en una pérdida de
sensibilidad auditiva por parte del sujeto, siendo los sujetos con deficiencia
auditiva quienes presentan mayoritariamente este trastorno. En este
sentido, conviene subrayar que "la hipoacusia, en mayor o menos grado
impide la adquisición y el desarrollo del lenguaje, dificulta el aprendizaje de
conocimientos escolares, trastorna la efectividad y altera el
comportamiento social".
Dislalia orgánica.
Las anomalías o malformaciones en los órganos periféricos del habla,
(labios, lengua, paladar, etc.) generan disfunciones en la articulación
fonemática que se denominan disglosias o dislalias orgánicas.
Según el órgano afectado, las disglosias admiten distintas
denominaciones (labiales, linguales, palatales, alveolares, dentales, nasales).
Dislalia funcional.
La dislalia funcional es un trastorno en la articulación del habla, que se
caracteriza por la dificultad que presenta un sujeto para pronunciar
adecuadamente los fonemas de su lengua, ya sea por la ausencia de algunos
sonidos o por la inserción, distorsión o sustitución de unos fonemas por
otros. Se debe fundamentalmente a un mal uso de los órganos articulatorios.
El alumno con dislalia funcional no utiliza correctamente dichos órganos
cuando tiene que pronunciar un fonema. Aunque la dislalia funcional puede
darse en cualquier fonema, la experiencia demuestra que las más frecuentes
son aquellas que afectan a los fonemas /r/, /k/, /l/, /s/, observándose,
asimismo, una prevalencia en el sexo masculino.
Su etiología es multifactorial, aunque en algunos casos pueda ser una
única causa la desencadenante del trastorno. Identificar su origen es de
gran relevancia para poder intervenir de manera adecuada.
INTERVENCIÓN.
Para planificar la intervención de las dificultades articulatorias
funcionales, tomando como base las características fonológicas o fonéticas
de los fonemas a implantar o corregir, podemos recurrir a dos modelos:
fonético y conductual y utilizar, asimismo, dos tipos de estrategias:
indirecta y directa.
Intervención indirecta: Cuyo objetivo es mejorar las funciones que inciden
en la expresión oral del lenguaje. La serie de tareas que afectan a las
bases funcionales del lenguaje podemos agruparlas en torno a los
siguientes núcleos:
Tareas de discriminación auditiva.
Tareas de motilidad bucofacial.
Tareas de respiración y soplo.
Las tareas de percepción y discriminación auditiva están especialmente
indicadas cuando las dificultades articulatorias son de tipo fonológico,
aunque la enorme relación entre ambos tipos de trastornos (fonológicos -
fonéticos) en la práctica hacen que las intervenciones logopédicas se vean
beneficiadas cualquiera que sea el enfoque desde el que se desarrollan.
Intervención directa: Comprende el conjunto de actividades articulatorias
propiamente dichas. Utilizaremos esta estrategia interviniendo
directamente sobre el fonema para conseguir la producción correcta del
mismo. A veces basta con explicar al niño la posición correcta de los
órganos articulatorios, la salida del aire del aparato fonador y la tensión
necesaria en labios y lengua para que, en pocas sesiones, se produzca el
fonema correcto. Después se pretenderá el afianzamiento y la
generalización.
Partiremos de las características fonológicas y fonéticas de los
fonemas a intervenir y centraremos la intervención en dos aspectos
concretos:
Posición labial y abertura bucal correctas.
Posición lingual correcta.
La intervención, desde este modelo, aconseja, en principio, un
tratamiento indirecto orientado a mejorar las funciones auditivas y
motoras que inciden en la articulación fonemática (respiración,
discriminación auditiva y motricidad bucofacial), para realizar después un
tratamiento directo dirigido a señalar y adquirir las posiciones y los
movimientos adecuados de los órganos articulatorios que deben ser
ejecutados para producir correctamente cada fonema o grupo de fonemas.
Modelo conductual.
La Psicología del Aprendizaje posee su propio modelo de intervención en
las alteraciones articulatorias; éstas son conductas observables y pueden
ser rehabilitadas utilizando los principios de la modificación de conducta.
La enseñanza de conductas de articulación, y de cualquier conducta
compleja debe basarse en dos principios fundamentales:
Análisis y descomposición de la conducta en sus partes constituyentes,
para que puedan enseñarse por separado.
Detectar cuál es el componente esencia, el que diferencia y define a la
conducta, y enseñarlo primero; después se añaden los componentes
accesorios.
Desde esta perspectiva los autores apelan a dos procedimientos
sucesivos para lograr la articulación de un fonema:
Se moldea el sonido deseado presentando constantemente el estímulo
ecoico y reforzando las aproximaciones sucesivas.
Se moldea la posición adecuada de los órganos que intervienen en la
producción del fonema.
El tratamiento conductual ha de evaluarse en términos cuantitativos, a
partir de dos etapas bien definidas:
El tratamiento individual bajo condiciones controladas.
La intervención sobre el entorno del sujeto dirigido a obtener condiciones
óptimas para el mantenimiento de la conducta ya adquirida mediante el
tratamiento de la conducta individual.
La terapia anterior se entiende como un reaprendizaje, una extinción de
las conductas lingüísticas inadecuadas o una implantación de las deseadas.
En general, desde este enfoque un programa de articulación debe incluir
una serie de aspectos:
Objetivo: La correcta articulación del fonema o fonemas que no puede
reproducir el sujeto de forma adecuada en su lenguaje espontáneo.
Definición de la conducta: Articulación correcta de uno o varios fonemas
del español. Se anotará como correcta una respuesta similar a las
reproducidas por los hablantes de su comunidad.
Requisitos previos: Tener cubiertos los objetivos de los prerrequisitos
básicos (atención, imitación y seguimiento de instrucciones orales),
mutismo e imitación vocálica. El aparato fonador y el oído deben funcionar
con normalidad.
Fases:
Línea base.
Moldeamiento del fonema.
Moldeamiento del fonema en lenguaje repetido.
Moldeamiento del fonema en tactos.
Moldeamiento del fonema en intraverbales.
Evaluación final.
Generalización.
Seguimiento.
Material necesario: Espejo, objetos diversos, depresores, velas, etc.
En realidad, ambos modelos de intervención no son muy diferentes entre
sí. El modelo conductual utiliza los procedimientos metodológicos del
fonético añadiendo el registro y la utilización de los reforzadores. El
modelo fonético se usa normalmente llevando un registro de sesiones de
intervención y usa los refuerzos (a veces sin tener consciencia de ello) del
conductual. Por su parte, el modelo conductual requiere un previo
conocimiento de la Teoría de Aprendizaje y de las Técnicas de Modificación
de Conducta, mientras que el modelo fonético reclama un conocimiento de
los aspectos fonéticos del lenguaje para su uso.