Loki es un dios perteneciente a la mitología nórdica.
Es hijo de los gigantes
Farbauti y Laufey y tiene dos hermanos, Helblindi y Býleistr de los que poco se
sabe.1 En las eddas es descrito como el «origen de todo fraude» y se mezcló con los
dioses libremente, llegando a ser considerado por Odín como su hermano hasta el
asesinato de Balder. Después de esto, los Æsir lo capturaron y lo ataron a tres
rocas. Según la profecía se liberará de sus ataduras para luchar contra los dioses
en el Ragnarök.
A pesar de las muchas investigaciones, la figura de Loki permanece en la oscuridad;
no existen trazas de un culto y su nombre no aparece en ninguna toponimia.2 En
términos religiosos, Loki no es una deidad. Al no tener culto ni seguidores (no se
ha encontrado ninguna evidencia o referencia a ello), es más bien un ser
mitológico. Puesto que no puede ser considerado más que como un gigante. En la
actualidad muchos grupos neopaganos que se autodenominan Lokeanos le rinden culto,
lo que lo eleva a la categoría de dios menor. Sin embargo, cuentan con la oposición
de muchos otros grupos paganos ya asentados como los folkish. Algunas fuentes a
veces lo relacionan con los Æsir;3 pero esto probablemente se deba a su estrecha
relación con Odín y a la cantidad de tiempo que pasó junto a los dioses en
comparación con los suyos (por lo cual se le asocia con Lugh, su paralelo en el
panteón celta).