Evolución de Ondas en Electrónica
Evolución de Ondas en Electrónica
Sedov
Capítulo IV
Cuesta arriba por la escala de las frecuencias
Acerca de cómo la humanidad fue logrando, de año en año, poner a su servicio ondas cada
vez más cortas y de lo que sufrió la electrónica en el proceso de adaptación de las
frecuencias ultra elevadas.
Contenido
Toda onda es necesaria
Desde un kilómetro hasta fracciones de un micrón
¿Cuánto pesan las ondas cortas?
El problema de los haces estrechos
Las rejillas comenzaron a reproducirse
Tres en lugar de una
Las causas de la segunda crisis
Es un tríodo, pero no del todo
Los electrones son demasiado lentos
El circuito en calidad de semáforo
El klistrón es semejante a los golpes de mar
El tiempo se hizo imprescindible
El electrón vino a dar con el magnetrón
La ingenuidad y la creación
Los impulsos y Pinocho
Las ondas corren por un túnel
El campo es fuego frío
Episodios de la guerra pasada
Los electrones mantienen combate
Un arma de dos filos
Señales contra señales
Un objetivo para distraer la atención
Los cohetes y la electrónica
Desde que fue creado hiperboloide
¿Cómo modular la luz?
En el orden del día
¡Habla el Universo!
¡Aquí la Tierra! ¿Cómo me oyen?
El segundo aliento de la Astronomía
Colaboración de Gerardo Codesido 1 Preparado por Patricio Barros
Antonio Bravo
Electrónica Recreativa [Link] E. Sedov
§ IV.3
Al lado de la gama de radio ondas se encuentra la gama de la televisión. Esta utiliza las
ondas desde 1 metro hasta 6 metros de longitud. A estas les corresponden las frecuencias
de 300 a 50 megahertzios. Por consiguiente, la anchura de banda en la que se efectúan las
transmisiones televisivas es de 300 - 50 = =250 megahertzios.
§ IV.4
Con la televisión linda la localización. Esta utiliza ondas desde varios metros de Longitud (a
menudo, menores de un metro) hasta 3 centímetros (de 300 a 10.000 megahertzios). La
anchura de la banda de frecuencias es igual a 10.000 - 300 = 9.700 megahertzios.
Esta banda es tan ancha que en ella existe sitio para todos. Hoy día, se utiliza ampliamente
por la radiocomunicación. Para aumentar el alcance de la comunicación se utilizan
retransmisores instalados, por ejemplo, en los satélites artificiales (Sputnik).
Las ondas centimétricas se obtienen por medio de dispositivos especiales, por ejemplo, con
auxilio del magnetrón, el klistrón y el tubo de onda progresiva.
§ IV.5
En los últimos años a la numerosa familia de dispositivos electrónicos se añadieron nuevos
miembros: dispositivos para la generación de ondas milimétricas y todavía más cortas
(submilimétricas).
Se crearon los diocotrones, carcinotrones, harmodotrones, micratrones, resnatrones etc. etc.
Todos ellos son dispositivos experimentales y aún se desconoce a cual de ellos, en el futuro,
le tocará conquistar la misma popularidad, de la que gozan hoy día sus hermanos mayores:
el magnetrón y el klistrón.
§ IV.6
La gama de las frecuencias útiles para la comunicación y localización se amplió
extraordinariamente con la aparición de los osciladores cuánticos (láseres).
Los láseres ensancharon la gama hasta las ondas de 0,4 de micrón, es decir, hasta
frecuencias de 0,75 X 109 megahertzios. Esta gama coincide con la gama de rayos visibles
de la luz (0,4 a 0,7), de micrón, o sea (0,75 a 0,4) X 109 megahertzios. Esta es más ancha
que la banda de las frecuencias, comprendidas en un cuadro de televisión en 30 millones de
veces. Esto significa que valiéndose de las irradiaciones de los láseres en calidad de
portadoras de señales, se pueden transmitir, simultáneamente, 30 millones de programas
de televisión.
§ IV. 7
Subiendo por la escala de las frecuencias hemos "pasado por encima" de un escalón, o sea,
hemos omitido la zona de frecuencias situadas debajo de la gama luminosa: se trata de los
así llamados rayos infrarrojos.
"Infra" significa "más abajo". La frecuencia de las ondas infrarrojas es inferior a las
frecuencias de los rayos de luz roja visible. Los rayos infrarrojos son invisibles a simple
vista. Ellos ocupan una banda entre las ondas milimétricas y las luminosas,
aproximadamente desde 0,4 X 109 megahertzios hasta 1 millón de megahertzios (longitud
de ondas de 0,7 de micrón a 0,3 de milímetro).
Para la localización, estas ondas resultaron muy cómodas. Para su obtención no se requieren
generadores especiales, ya que todos los cuerpos son, por excelencia, las “estaciones
transmisoras” que irradian al espacio rayos térmicos infrarrojos. Unos objetos irradian el
calor recibido del Sol, otros su propio calor (el calor de la sangre, el calor del motor, etc.).
El localizador necesita solamente un receptor sensible, entonces él detectará la presencia de
estos cuerpos incluso en oscuridad completa.
§ IV. 8
El aparato de rayos X, conocido por todos, utiliza ondas 10 mil veces
más cortas que las de la gama luminosa (hasta décimas de micrón).
El récord de las ondas cortas utilizadas en la microscopía electrónica
pertenece a las ondas de millonésimas partes de micrón.
§ IV. 9
Las ondas más cortas y más largas de todas las conocidas son las
que nos suministra el cosmos. Entre las ondas que llegan del cosmos se ha logrado detectar
ondas de 30 millones de kilómetros. Un periodo de oscilaciones de semejantes ondas dura
100 segundos. ¡Entre el Sol y la Tierra cabrían solamente cinco ondas como estas!
Al mismo tiempo, los rayos cósmicos contienen oscilaciones con una longitud de onda igual a
0,005 ángstrom (décimas de millonésimas de micrón).
§ IV. 10
Para completar el cuadro, vale recordar que, según los últimos datos de la ciencia, las ondas
de 8 a 14 micrones representan las “ondas olorosas”. Es posible que en el futuro la
electrónica, al asimilar estas ondas, pueda transportar los olores igual que hoy transporta
las imágenes y los sonidos.
¿Dónde encontrar decenas y cientos de miles de canales para crear en la ciudad una
videocomunicación general? Queda una posibilidad, acortar las ondas y luego aumentar sus
frecuencias.
Pero aquí surge una dificultad bastante esencial: cuando las longitudes de las ondas se
contraen hasta fracciones de milímetro los dispositivos electrónicos se “fatigan"
semejantemente a como ya en la primera etapa de reducción comenzará a “fatigarse" el
tríodo.
¿Cómo obrar? ¿Abandonar, para siempre la idea del videoteléfono? ¡No, al revés! Pues,
además de la electrónica, ya existe la fotónica y la solución de este problema está en su
poder.
Adelantándonos, diremos que los generadores de fotones (láseres) generan ondas luminosas
con una longitud de 0,4 a 0,7 de micrón (frecuencias de 4 1014 a 7,5 x 1014 oscilaciones por
segundo, o sea, de 0,4 x 109 a 0,75 x 109 megahertzios).
¿Cuantos programas de televisión cabrán en esta gama? Este cálculo ya sabemos cómo se
realiza:
N = (0,75-0,4) x 109 / 12 = ¡30 millones de programas!
¡Un número exuberante! Pero nuestro ascenso por la escala de frecuencias ha sido tan
impetuoso, que el lector apenas habrá asimilado todo aquello que se presentó a su vista
cuando alcanzamos la cima de la gama óptica de frecuencias.
Ahora se puede, quizá, hacer un corto receso y meditar sobre aquello con que nos fuimos
encontrando en el camino.
Todas las ondas luminosas con una longitud entre 0,4 y 0,7 de micrón,
cabían en un fragmento microscópico de la regla. El largo del fragmento
es solamente de 3 diezmilésimas de milímetro. En el filo de una hoja de
afeitar cabrán casi 300 fragmentos semejantes. ¡Y con cada fragmento
entran 30 millones de programas televisivos!
Al mismo tiempo, en toda la gama de radio ondas con longitud de 1 a 2000 metros (¡dos
kilómetros!) apenas caben unos 20 teleprogramas. A primera vista esto parece una
paradoja.
He aquí el segmento microscópico de la regla con una dimensión de 0,3 de micrón. En él se
colocaron todas las ondas luminosas. Y he aquí el largo camino que comenzó a 1 metro del
umbral de su casa y terreno en la otra calle a dos paradas del trolebús. En este camino se
disponen las longitudes de todas las radioondas utilizables.
¿Entonces, por qué en el fragmento ínfimo entra un millón de veces más información que en
el camino de 2 kilómetros de largo?
La explicación de esto es sencilla. Cuando se estiman los espectros de las señales y la banda
de los canales por los cuales se transmite en las señales, se usa no la escala de longitudes
de ondas sino la escala de frecuencias.
Colaboración de Gerardo Codesido 9 Preparado por Patricio Barros
Antonio Bravo
Electrónica Recreativa [Link] E. Sedov
Esta frecuencia es 3 x 109 veces mayor que la frecuencia de señal con una longitud de onda
de 2000 metros.
Aproximadamente, una hormiga (que pesa cerca de 3 miligramos, o sea 3 milésimas de
gramo), es tantas veces más ligera que un cachalote mediano (que pesa cerca de 10
toneladas).
Pero aquí se debe aclarar una vez más una circunstancia. Puede ser que a muchos les
parecerá raro que el "cachalote" resultó ser no las ondas, cuya longitud se mide por
kilómetros, sino las ondas con longitud de fracciones de micrón. Nosotros comparamos el
cachalote y la hormiga no por su tamaño, sino solamente por el peso. Y "el peso” de las
radio-ondas aumenta con el incremento de sus frecuencias.
La frecuencia luminosa superior es aproximadamente dos veces más alta que la inferior, e
igual a 0,75 x 109 megahertzios. La gama de ondas luminosas, es decir, el intervalo de la
escala entre las frecuencias superior e inferior será:
0,75 x 109 - 0,4 x 109 = 0,3 x 109 megahertzios = 300 X 106 megahertzios.
Las primeras estaciones de radiolocalización (esto ocurría principios de los años 40)
concentraban en un haz las ondas métricas con ayuda de enormes antenas.
El haz palpaba en el cielo el avión del adversario e indicaba adónde dirigir el proyectil. No
podían los pilotos aceptar esta situación por mucho tiempo. Era necesario, cuanto antes,
equipar con localizadores la aviación. Únicamente que, ¿cómo hacerlo? ¡No se iba a montar
sobre el avión una antena con las dimensiones de una casa de dos pisos! No obstante, se
puede reducir, en muchas veces, la antena y al mismo tiempo no violar la condición de la
irradiación direccional, conforme a la cual las dimensiones de la antena deben ser mucho
mayores que la longitud de las ondas irradiadas. Este problema hay que resolverlo a la
inversa: en lugar de aumentar las dimensiones de la antena, disminuir la longitud de las
ondas.
Cuando la longitud de las ondas se redujo a cm se hizo posible la creación de antenas
efectivas y compactas para los aviones.
A que precio se consiguieron las ondas centimétricas, hablaremos un poco más adelante.
Ahora volvamos a aquella etapa de la historia de la electrónica, cuando el desarrollo de la
televisión y de la radiocomunicación de largo alcance, requirieron de la electrónica el
dominio de las ondas cortas y ultracortas.
Todo esto lo había. Pero en el tríodo los electrones de la emisión secundaria no molestaban
a nadie y por eso nadie los notaba. En efecto, “se derramó" el electrón del ánodo, pero no
tiene a donde ir, ya que además del ánodo, en el tríodo no existen otros electrones con
potencial es positivo y no hay nadie que lo atraiga. Bajo la acción del campo del ánodo el
electrón se ve obligado a caer de nuevo sobre el ánodo. He aquí por qué antes de introducir
en el tubo la segunda rejilla, el efecto de la emisión secundaria a nadie, en esencia, le
preocupa. Pero en el tetrodo sise o se convirtió en un problema, en un obstáculo que había
que eliminar de inmediato.
En el tubo de izquierda (de faro) la ampolla se compone de varios escalones y por su forma
recuerda un faro. La rareza de las formas de los triodos de hiperfrecuencia quedara
absolutamente comprendida después de que nosotros conozcamos los generadores de
hiperfrecuencia, en los cuales se utilizan los triodos mencionados.
§ IV. 12
§ IV.13
Los circuitos de semejante tipo se denominan resonadores de cavidad. En estas se originan
ondas estacionarias.
Cierta semejanza con estas ondas presentan las oscilaciones que se originaran en una
cuerda si un extremo de ella se fija en la pared, y cogiendo en la mano el otro, se empieza a
desplazar este, uniformemente, hacia arriba y hacia abajo. La onda correrá hasta la pared,
será reflejada, y comenzará a retroceder. Pero al encuentro de ella corre una nueva cresta
de onda.
del circuito desempeña el papel de la pared en la que fue fijada la cuerda: el nudo de voltaje
surge precisamente en él. El pistón representa un cortocircuito: aquí la resistencia (y por
consiguiente, la tensión) resultante nula (véase la curva de voltaje U). Pero allí, donde la
resistencia es pequeña, la intensidad de la corriente resulta muy grande. Por eso el vientre
de la corriente se originará precisamente en ese lugar. (Véase la curva J). Al desplazar el
pistón, junto con éste se desplazan el nudo de voltaje y el vientre de la corriente: varía la
longitud de la onda estacionaría. Un gran mérito en la elaboración de la teoría de los
resonadores de cavidad pertenece al científico soviético M. S. Neiman,
§ IV.14
Para la generación de oscilaciones es necesario un circuito de retorno (reacción). Esta
reacción se crea por medio de un bucle especial que transmite la energía del circuito anódico
al circuito de rejilla.
Otro bucle permite tomar una parte de la energía de las oscilaciones del circuito anódico
para ser transmitida a la antena y ser irradiada al éter. Allí donde hay un vientre de
corriente (es decir, en el pistón) el campo magnético resulta muy grande. Por eso,
precisamente, aquí es donde se coloca el bucle.
Esa misma energía puede ser tomada a través de la capacidad. La capacidad debe colocarse
lo más cerca posible del vientre de voltaje, o sea, en el lugar de concentración de las fuerzas
eléctricas.
Desplazando el pistón hacia la izquierda y hacia la derecha se modifica la longitud de las
ondas estacionarias, realizando con esto el ajuste del generador a la frecuencia requerida.
Parecía que en la nueva estructura de los tubos se había previsto todo. Y, sin embargo, el
generador a base de estos tubos no puede producir una frecuencia tan siquiera de 3000
megahertzios. La longitud de la onda con esta frecuencia es igual a 10 centímetros. Pero la
localización exige que las ondas sean tres veces cortas. Esta necesita ondas con longitud de
3 cm, es decir frecuencias de hasta 10,000 megahertzios. En estas frecuencias no puedan
funcionar ni los tubos nuevos, a pesar de que estos fueron creados especialmente para
frecuencias ultra-elevadas. ¿Por que? Si el tubo y los circuitos forman un todo, y las
capacidades parásitas que antes presentaban un obstáculo, ahora se integraron en los
circuitos. No existen las inductividades, las espigas se convirtieron en discos y estos también
se integraron en los circuitos. ¿Qué es lo que ahora impide obtener oscilaciones de las más
altas frecuencias?
Pues molesta una circunstancia: en estos tubos el electrón emitido por el cátodo, tarda
demasiado en alcanzar el ánodo. ¿Que ha pasado aquí con el electrón? ¿Adónde se metieron
su movilidad y ligereza de las que nos admirábamos antes literalmente a cada paso?
El electrón sigue siendo tan rápido come antes. Y el tiempo de su recorrido desde el cátodo
al ánodo constituye nada más que una diezmilmillonésima parte de segundo, 10.000 veces
más corto que el microsegundo. Pero en la gama de las oscilaciones de FUE las
milmillonésimas partes de segundo adquieren un significado determinante. La cuestión es,
que precisamente este es el tiempo (una diezmilmillonésima parte de segundo) que dura un
ciclo completo de oscilaciones de la frecuencia de 10.000 megahertzios. Mientras el electrón
pasa del cátodo al ánodo, a la tensión, en el circuito, le da tiempo a alcanzar las magnitudes
máximas, caer y de nuevo crecer. Resulta, efectivamente, que en comparación con la
velocidad de variación de la tensión, el electrón se mueve bastante lento. Incluso él resulta
ser muy lento para frecuencias tan altas. En nuestras escalas habituales del tiempo a una
diezmilmillonésima parte de segundo no se puede llamar ni siquiera instante. Pero para los
tubos de FUE este instante es demasiado largo: estos perciben el tiempo con mucha más
sensibilidad que nosotros. Hasta el momento hemos considerado que en el generador todo
transcurre instantáneamente: surgió la señal en el ánodo, pasó por el circuito de retorno a la
rejilla e inmediatamente le transmitió al ánodo un "impulso".
Pero en el campo de las FUE el concepto “inmediatamente” adquiere un sentido distinto.
Surgió la señal en el ánodo. Paso por el circuito de retorno a la rejilla. Se incrementó el
potencial en la rejilla y empujó hacia el ánodo al electrón “lento”.
Pero mientras el electrón pasaba del cátodo al ánodo, la semionda positiva en el ánodo fue
sustituida por la semionda negativa. El electrón llegó inoportunamente. Como si alguien
queriendo balancear un péndulo intentase cambiar la dirección, no en el punto extremo de
su trayectoria, sino en algún punto intermedio del camino. En este case, cada vez, antes de
Colaboración de Gerardo Codesido 20 Preparado por Patricio Barros
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impulsar el péndulo, habrá que pararlo, por eso las oscilaciones no crecerán, sino que se
atenuaran. Lo mismo ocurre en el tríodo: el tiempo de recorrido del electrón “lento”,
conmensurable con el período de las oscilaciones de FUE, crea una diferencia de fases entre
las oscilaciones en el ánodo y la rejilla (véase § III.12) y la tensión del retorno comienza a
funcionar “descompasadamente”.
¿Cómo reducir el tiempo de recorrido? Pudiera parecer sencillo: reducir el recorrido del
electrón. Así precisamente, se hizo. En los triodos, creados para las oscilaciones de FUE en
un huelgo similar al grueso de una hoja de afeitar, lograron colocar el cátodo, la rejilla y el
ánodo. ¡Involuntariamente nos viene a la memoria el maestro elogiado, en sus tiempos, por
Leskov por haber logrado herrar una pulga!
Pero la cuestión aquí ni siquiera consiste en las dificultades de fabricación. El Levshá
contemporáneo podía hacer un huelgo aún menor, si esto no empeorara la calidad de los
tubos.
La tensión en el ánodo del tubo es alta. Si el cátodo se encuentra muy cerca del ánodo,
entre ellos puede surgir una chispa. Hay que tener en cuenta otro peligro: cuanto menor es
la distancia entre los electrodos, tanto mayor será la magnitud de la capacidad parásita
(véase § III.21). Y cuando la capacidad parásita es considerable, dejan de funcionar hasta
los circuitos de cavidad. ¿Cómo salir de esta situación? Separando los electrodos, aumentará
el tiempo de recorrido. Aproximándolos: crecerá la capacidad parásita.
¡Esto, es ya realmente una crisis! ¡Un verdadero círculo vicioso!
¿Quizá probemos, manteniendo el huelgo reducido, disminuir la superficie de la rejilla, del
ánodo y del cátodo? Entonces la capacidad disminuirá, mientras que el tiempo de recorrido
no aumentará. No, esto tampoco es una salida.
¡El cátodo con pequeña superficie no dará suficiente cantidad de electrones! ¡El ánodo con
pequeña superficie no dejará pasar suficiente corriente!
Todo esto se tuvo en cuenta al crear los triodos de cerámica metálica y de faro. Todas las
dimensiones aquí no son casuales. No se puede arrimar más los electrodos: comenzará a
molestar la capacidad parásita. No se pueden reducir sus superficies: disminuirá la corriente
en el tubo, esto resultaría de baja potencia. Y la localización exige impulsos potentes para
los objetivos de gran distancia. Por eso estos triodos se empezaron a utilizar para la
amplificación y generación de ondas más largas de 10 centímetros. Para la creación de
ondas con longitud de 3 centímetros fue necesario buscar nuevos caminos.
pasara a formar parte del propio tubo electrónico? Resulta que es posible. Precisamente así
están construidos los generadores de ondas de 3 centímetros de longitud: el magnetrón y el
klistrón.
En el klistrón de nuevo encontró utilización el conocido por nosotros, cañón
electrónico. El haz electrónico traspasa el espacio en el interior del klistrón y
se apoya en el electrodo-colector, al cual se ha suministrado potencial
positivo. En el camino del haz están instalados dos circuitos resonantes. Estos
se parecen a las roscas de pan. Los agujeros de las "roscas" están cubiertos
con mallas, a través de las cuales el electrón puede pasar libremente. Dentro
de las "roscas" (campo alternativo) se encuentran las mismas ondas estacionarias que los
circuitos § IV.12 y § IV.13.
Estos dos circuitos están sintonizados a la onda de 3 centímetros, es decir, a la frecuencia
de 10.000 megahertzios.
Por el camino, desde la salida hasta la meta, el electrón encontrará, primero, el circuito No
1. Con ayuda del bucle aquí se suministra la energía de las oscilaciones con frecuencia de
10.000 megahertzios. Durante cada periodo de oscilación estas oscilaciones actúan sobre los
electrones de diferente modo. En el haz se originan enjambres y rarefacciones.
Algo semejante ocurre con los automóviles que se desplazan por el circuito Sadóvoie de
Moscú y por otras carreteras donde existe regulación automática del tráfico urbano.
Mientras no hay luz roja conecta la velocidad máxima, alcanza a aquellos que van delante;
pero si no tuviste suerte, no lograste colarte antes de encenderse la luz roja, frena y espera,
hasta que otros lo alcancen. Cuando de nuevo se encienda la luz verde, podrás seguir
adelante en el “enjambre” de vehículos que se originó al pie de la luz roja. Pasados unos
cuantos semáforos, todos los vehículos se distribuirán en grupos: unos tendrán que esperar
en el semáforo a los que vienen detrás, otros alcanzaran a aquellos que iban delante.
En el klistrón ocurre casi lo mismo: los electrones, son los automóviles y el circuito actúa
como un semáforo. Pero el semáforo solamente da las señales, y los choferes regulan la
velocidad de las máquinas según estas señales. En el klistrón es distinto. El circuito mismo
regula la velocidad: los electrones que pasan a través de sus mallas, bien se aceleran, bien
frenan en dependencia de cuál semionda de voltaje actúa en el circuito en el momento dado.
Si en la malla derecha del circuito No. 1 tenemos “más" y en la izquierda “menos”, el campo
eléctrico acelerara al electrón que se encuentra entre las mallas: En el momento siguiente
los signos en las mallas cambiaron, y el electrón, que en este momento se encuentra entre
las mallas, tendrá que reducir la velocidad, el campo comenzará a frenarle. Como resultado,
los enjambres y rarefacciones de los electrones serán casi idénticos a las del circuito
Sadovoie.
orificios de las mallas pasa todo el flujo de electrones. Entonces, ¿por qué la onda no se
filtra a través de la malla pasando del captador al agrupador, creando con esto la reacción?
El secreto está en que aquí se originan ondas con longitud de 3 centímetros
aproximadamente, mientras que los agujeros de las mallas son de tamaño muy inferior. La
onda “no distingue" agujeros tan diminutos. Si las ondas y los electrones tuviesen la aptitud
de ver, los electrones verían la malla transparente y las olas como una tapia.
Pero la idea general del klistrón nació mucho antes: esta fue propuesta en el año 1932 por
uno los pioneros de la radio técnica soviética D. A. Rozhank I.
§ IV.16
Hemos tenido ya la ocasión de analizar la conducta del electrón sobre el cual actúan
simultáneamente las fuerzas eléctricas y magnéticas (Capítulo III). “Ejercicios de acrobacia
aérea”). En las lentes magnéticas las fuerzas del campo magnético están dirigidas a lo largo
de la trayectoria de los electrones. En el magnetrón estas actúan transversalmente. Sin
embargo, el electrón también en este caso se ve obligado por la acción de las fuerzas
magnéticas a dominar la técnica de la acrobacia aérea. Aquí, el se desplazan por una curva
compleja que lleva el nombre de cicloide. Esta misma curva la describe cualquier punto de la
llanta de una rueda movimiento.
Al mismo tiempo, el ánodo pretende atraer hacia sí a todos los electrones, arrancándoles del
abrazo del campo magnético. Tenemos presente una concurrencia original: el campo
eléctrico del ánodo obliga al electrón a desplazarse en línea recta, mientras que el magnético
pretende con la mayor fuerza posible hacerle girar.
§ IV.17
Además de los campos permanentes, sobre el electrón actúa también
un campo alternativo, que surge en los circuitos del magnetrón. Los
circuitos en este caso son también tridimensionales. Están situados en
el mismo ánodo. Estos son aquellas mismas cámaras que dieron al
dispositivo el nombre de magnetrón de cámaras múltiples. En el
interior de las cámaras se concentran las fuerzas magnéticas,
mientras que las fuerzas eléctricas se sitúan en las ranuras. Las
ranuras son una especie de condensadores de los circuitos, y las
cavidades, sus bobinas.
§ IV.18
Igual que el klistrón, el campo del circuito puede acelerar o retener al electrón que pasa
cerca de él en dependencia del tipo de semionda de oscilaciones que surge en la cámara en
este momento. El electrón al pasar por el campo de frenado de una de las cámaras, entrega
a este campo una parte de su energía. Como consecuencia, el electrón agota su energía
antes de que pueda regresar al cátodo, y en el punto A su velocidad se hace nula. Pero aquí,
él es atraído por los campos de la cámara-circuito vecina, recobra nuevas fuerzas y en el
mismo punto A comienza a describir una nueva espira. La segunda espira le conduce a la
cámara siguiente (punto B).
§ IV. 19
Las cámaras están unidas entre sí por medio de enlaces especiales, pero no
consecutivamente sino alternativamente. Si numerásemos todas las cámaras por orden,
resultan que todas las cámaras pares estarán unidas entre sí, y las impares, entre sí. Por
eso, en un momento determinado en todas las cámaras pares (o en todas las impares) actúa
una misma semionda. En las cámaras vecinas las oscilaciones se encuentran en contrafase:
en el instante en que el campo de la cámara 1 frena a los electrones, el campo de la cámara
2 los acelera; pero mientras el electrón se alejaba de la primera cámara y se acercaba a la
segunda, por la segunda espira transcurrió justamente un semiperiodo de oscilaciones. Los
signos en las cámaras se han invertido: en este momento en la cámara 2 surge el campo de
frenado.
Todo aquí esta calculado con gran precisión: recorriendo consecutivamente todas las
cámaras, el electrón cada vez llega en aquellos mementos cuando en la cámara actúa la
semionda de frenado que obliga al electrón a entregarle parte de su energía. En definitiva el
electrón entregara toda su energía e incidirá sobre el ánodo.
§ IV.20
Otro destino recibirá su mal aventurado compañero, si este se retrasa un poco y llega a la
cámara No. 1 cuando entre en acción la semionda aceleradora. Al recibir
de esta una energía adicional él trazará una espira completa de la cicloide
y alcanzará el cátodo antes de que su velocidad se haga nula. Al chocar
contra el cátodo le entregará a este la energía restante y se retirará para
siempre del juego.
Tras él, el cátodo será alcanzado por todos los electrones desfasados
respecto al voltaje alternativo de las cámaras. Por cuanto que éstos
§ IV.21
Los electrones puestos en fase interactúan con el campo de las cámaras de distinto modo,
ya que en el momento de la semionda de frenado de voltaje estos se encuentran en
distintos puntos de la cicloide.
Cuanto más veloz sea el electrón tanto más fuerte frenará. Los más lentos alcanzarán a los
más rápidos, se agrupan en “enjambres” y estos enjambres giran como si fueran los rayos
de una rueda en rotación.
§ IV.22
La energía, entregada por los electrones que componen los “enjambres” mantiene las
oscilaciones en los circuitos (cámaras) del magnetrón.
La frecuencia de las oscilaciones de las ondas electromagnéticas es igual a la frecuencia
propia (de resonancia) de los circuitos y puede alcanzar 10.000 y hasta 100.000
megahertzios. Con ayuda del bucle introducido en una de las cámaras seleccionan la energía
de las oscilaciones y la mandan a la antena para la emisión de ondas centimétricas o
milimétricas.
§ IV.23
Si comparamos el magnetrón con el klistrón las ventajas del primero serán evidentes: en el
klistrón cada electrón interactúa con el campo una sola vez, sin embargo, en el magnetrón,
en su movimiento giratorio él actúa simultáneamente sobre varias cámaras. El giro del
electrón está acondicionado a la acción del campo magnético.
Gracias a la acción reiterada de los “enjambres”, en las cámaras del magnetrón se producen
oscilaciones de gran magnitud; la potencia del impulso es de cientos y miles de kilovatios.
Estos impulsos llegan a la antena de la estación de radar y son dirigidos hacia el objetivo
(avión, cohete).
Por muy complicados que sean los procesos que tienen lugar en el magnetrón, estos se basa
en el mismo principio con el que nos encontramos en todos los aparatos electrónicos: la
interacción de los electrones cargados con las fuerzas de los campos permanentes
alternativos.
La ingenuidad y la creación
Incluso cuando se tiene un primer conocimiento superficial de los tipos fundamentales de los
aparatos electrónicos para frecuencias ultra elevadas, se ve claramente cuán multiformes
son los principios y construcciones ocasionados por la gama de FUE. Sin embargo, los
aparatos examinados tienen un parentesco: todos se valen de la resonancia. Y en esto,
precisamente, consiste la debilidad común de todos ellos. Todos se portan bien mientras la
frecuencia de la señal coincide con la frecuencia propia de los circuitos. ¿Y si se necesita
cambiar la frecuencia de la generación?
En el klistrón esto se consigue modificando la tensión en el reflector. Pero, este método
permite reajustar la frecuencia solamente dentro de unos límites reducidos: hasta que la
señal es capaz de hacer vibrar los circuitos. Esto es posible solamente en el caso en que la
frecuencia de los "golpes” se aproxima a la frecuencia propia de los circuitos (véase § III.8 y
§ III.9).
La modificación de la alineación del circuito es una cuestión bastante complicada. Con
semejante problema nos encontramos en los receptores: para amplificar nuevas frecuencias
hay que realinear sus circuitos.
Durante mucho tiempo se conformaban con esto. Parecía imposible idear algo para el caso:
todos los aparatos padecían del mismo defecto. En una sola frecuencia todos ellos funcionan
maravillosamente, sin embargo, no hay ninguna posibilidad de modificar la frecuencia en
límites amplios o de amplificar aquellas señales que contienen un gran número de
frecuencias distintas.
Y en esto aparece un inventor, el cual, al tropezar con este problema hizo una serie de
preguntas ingenuas.
¿Por qué es obligatorio el circuito? ¿Por qué es obligatoria la resonancia?
La ingenuidad de este era comprensible. ¿De dónde iba a conocer el arquitecto austriaco
Rodolfo Kompfner, todas las dificultades que hubo que superar para la elaboración de los
aparatos electrónicos designados para las frecuencias ultra elevadas?
Pero la electrónica tuvo suerte. Precisamente a un arquitecto, y no aún físico, pudieron
ocurrírsele tales preguntas y ajenos. Quizás esta fue precisamente la ingenuidad que les
Colaboración de Gerardo Codesido 31 Preparado por Patricio Barros
Antonio Bravo
Electrónica Recreativa [Link] E. Sedov
falta a los creadores de los aparatos electrónicos, que para los distintos casos de la vida
acostumbran a apelar a los circuitos.
El camino escogido por Kompfner fue demasiado inesperado: él decidió rehusar el circuito y
conseguir la interacción de los haces de electrones y la onda electromagnética que corre al
lado de ellos.
Pero, ¿cómo obligar a la onda y al flujo de electrones que corran uno al lado del otro? La
onda corre a la velocidad de la luz, los electrones son de 10 a 15 veces más lentos. Una
partícula no puede alcanzar a la luz, esto fue demostrado hace tiempo por Einstein. Pero
como suele decirse: ¿si la montaña no puede acercarse a Mahoma, puede ser que Mahoma
se acerque a la montaña?
¿El electrón es más lento que la onda? ¡Magnífico!
¿Y por qué no disminuir la velocidad de la onda? De nuevo una pregunta que un especialista
podría calificar como ingenua. La onda puede desplazarse a la velocidad de la luz
exclusivamente, y ésta última no puede ser modificada por nadie.
Pero Kompfner no solamente era ingenuo. Supo contestar con sentido creador alas
preguntas puestas por el mismo. ¿Si es imposible frenar las ondas en su movimiento, quizás
se pueda hacer su camino más largo? ... Y obligo a la onda a desplazarse por una espiral.
La onda, por las espiras, se desplaza a la velocidad de la luz. ¿Cuán pronto alcanzará la otra
espira? No es nada difícil saberlo: de espira a espira la onda se desplazará a una velocidad
tantas veces menor, cuantas veces la distancia entre las espiras sea menor que la longitud
de la propia espira.
Y al lado corren los electrones. Al principio ellos adelantan a la onda un poquito, después
ésta comienza a frenarlos. Como resultado, la onda recibe energía. Y si en el klistrón y en el
magnetrón el electrón le entrega energía al resonador en aquel corto momento, cuando pasa
cerca de él, aquí la interacción de los electrones con la onda tiene lugar durante todo el
recorrido. Por eso mismo, el efecto de amplificación es mucho más notable: el klistrón
amplificaba las señales unas diez veces. Sin embargo, el aparato creado por Kompfner lo
hace en un millón de veces... ¡Y sin resonadores ni reajustes de ninguna clase! El tubo
puede funcionar con un intervalo de frecuencias amplísimo.
Esto mismo ustedes lo pueden realizar con cualquier disco de 33,3 revoluciones por minuto
poniéndole a una velocidad mayor, digamos, a 78 revoluciones por minuto. En este caso, el
bajo se convertirá en soprano y ustedes podrán oír voces de guiñol, muy cómicas.
Está bien. Pero ¿qué tienen que ver aquellos impulsos?
¿Acaso el disco no representa un impulso? La duración del impulso es el tiempo necesario
para oír un disco de cabo a rabo. Un disco microsurco de dimensiones medias, a la velocidad
de 33,3 revoluciones por minuto, es tocado aproximadamente en 10 minutos. En el caso
dado, los 10 minutos constituyen la duración del "impulso". Si hacemos que el disco gire a la
velocidad de 66,6 revoluciones por minuto, el "impulso" se hará dos veces más corto. Con
esto, todas las frecuencias contenidas en el sonido grabado en el disco, aumentarán en dos
veces y el sonido que ocupaba antes una banda de 50 a 800 hertzios, ahora ocupara una
banda de 100 hasta 1.600 hertzios.
A 33,3 rpm la banda es 800 - 50 = 750 hertzios.
A 66,6 rpm, la banda as 1.600 - 100 = 1.500 hertzios.
La banda resultó dos veces más ancha ya que el impulso dura en este caso no 10, sino 5
minutos solamente.
En la radiolocalización, el impulso dura millonésimas de segundo, sin embargo, la ley sigue
siendo la misma: si el impulso se hace dos veces más corto, esto significa que la banda de
frecuencia crecerá exactamente el doble.
Es conocido por todos, que con auxilio de un filtro óptico, de un haz de color blanco se
pueden separar consecutivamente los rayos rojo, azul y verde. En la electrónica, este “filtro
óptico" puede ser un circuito de banda estrecha, LC (véase § III.9). El conjunto de
semejantes circuitos se asemeja al prisma óptico: la señal de entrada se descompone aquí
en un gran número de distintos “colores”.
En su tiempo Isaac Newton escribió en su libro sobre óptica que había logrado por medio de
un prisma obtener “la imagen del Sol en colores". La palabra imagen, Newton la escribió en
latín: espectro. Hoy día, al conjunto de las frecuencias contenidas en una señal compuesta,
se denomina también en la electrónica espectro, a pesar de que obtener la imagen
cromática del impulso es imposible. Es verdad, que si nuestros ojos tuvieran la facultad de
ver las radioondas de la misma manera que las ondas de la gama óptica, cada señal se
presentaría como un dibujo complicado con numerosos matices, y a veces con una gama
completa de colores.
El “dibujo" que llega a los receptores "montado sobre la señal portadora", no es un simple
dibujo tejido en tul, sino más bien se asemeja a los dibujos multicolores de las alfombras. La
amplificación de las señales compuestas de espectro muy ancho es uno de los problemas
más importantes y difíciles de la electrónica. En numerosos casos a la solución de este
problema ayuda del tubo de onda progresiva.
Además la recepción de los impulsos de las ondas centimétricas estaba ligada con el
problema de la gama que amplificación. Y hasta el "acarreo" de las señales del generador a
la antena y de la antena hasta la entrada del receptor, se convirtió en un problema al que no
fue fácil de solucionar. Ante este caso de la gama de las oscilaciones de FUE la señal era
transportada por un hilo conductor. Más, cuando la cuestión se refiere a las frecuencias ultra
elevadas todas las concepciones habituales resultan no válidas.
Comparen la corriente creada por los generadores de FUE con la corriente industrial. La una
y la otra se modifican de formas de sino solo y que, pero la corriente de FUE tiene
[Link] de oscilaciones por segundo, mientras que la corriente que fluye por los
hilos conductores de su apartamento tiene solamente 50. En tantas veces se diferencian las
ondas: en el generador de FUE, son de 3 centímetros, en el hilo conductor, ¡de 6.000
kilómetros! A todo lo largo del tendido de los cables conductores, que unen la central
hidroeléctrica de Kuibishev con Moscú cabe solamente una cuarta parte de onda. Al mismo
tiempo en un hilo conductor de varios centímetros cuando tienen lugar las oscilaciones de
FUE caben unas cuantas ondas. Un cable de 7,5 milímetros de longitud (un cuarto de onda)
trabaja ya como una antena, que dispersa la energía de las FUE al espacio. Además de esto,
con el incremento de las frecuencias de las oscilaciones de FUE crecen las pérdidas en el
interior de los hilos conductores.
Desde los tiempos de Faraday es conocido que basta poner la carga en movimiento para que
instantáneamente aparezca alrededor de ella una aureola (véase § III.46). En la aureola se
encuentran las fuerzas magnéticas. Cuanto más intenso es el movimiento más fuerte será el
campo de las fuerzas magnéticas. Efectuando [Link] de oscilaciones por segundo,
el electrón engendra un campo de tal potencia que empieza a molestar considerablemente a
los electrones vecinos. Hay que tener en cuenta que estos también realizan las mismas
oscilaciones y cada uno de ellos tiene su aureola. En el interior del hilo conductor los
electrones se encuentran muy estrechos y de elegir de este pasa a la capa superficial donde
existe más holgura: por lo menos aquí nadie les presiona por la parte de fuera del
conductor.
Para este fin crearon el hornillo-maravilla. Este no necesita ni leña, ni gas, ni espirales
incandescentes. ¿Y cómo se asa el pato?
¡Con magnetrones!
§ IV.25
Si entra las armaduras de un condensador se coloca un material con una resistencia
infinitamente grande (aislador ideal), la corriente no pasará a través de él.
Pero en la naturaleza no existe nada ideal. Todos los aisladores (entre los que se encuentran
también el cuerpo del pato) tienen una resistencia finita y sometidos a la acción del campo
eléctrico dejan pasar la corriente. Todos los aisladores son de mala conductibilidad térmica,
por eso puestos al fuego común se calientan con dificultad e irregularmente: el pato podría
quemarse por fuera, quedándose crudo por dentro. El campo, sin embargo, penetra a través
del aislador (el pato) y la corriente que surge engendra calor. El calor que se desprende será
tanto mayor, cuanto mayor sea la frecuencia de las oscilaciones de la energía. Como fuente
de estas oscilaciones puede servir un magnetrón.
§ IV. 26
La "llama fría", de las frecuencias ultra elevadas encontró numerosas aplicaciones. Con su
ayuda ablandar el vidrio para darle después la forma requerida, prensa material plástico,
vulcanizan el caucho, secan algodón y lana.
Esta "llama" es utilizada ampliamente por la industria alimenticia. Con ella curan jamones,
secan tabaco y azúcar, eliminan las larvas de los gusanos de la harina.
La "máquina de coser" electrónicas tiene un mecanismo ingenioso. Entre las armaduras del
condensador se colocan dos tiras de plástico o de caucho. Bajo la acción del campo estas
tiras se aglutinan formando una postura. Una postura sin hacer un solo agujero ¿qué puede
haber mejor para la fabricación de colchones de ahí que, embarcaciones pequeñas, juguetes
de playa, fundas y capa impermeables?
§ IV. 27
Mientras los materiales aislantes se calientan bajo la acción del campo eléctrico, las
corrientes de Foucault surgen a causa de los campos magnéticos. Para la obtención de estos
campos los potentes generadores producen corriente saltaron las que
circulan por los otros lamentos de normas bovina que envuelven el
horno de inducción. En estos hornos pueden hundirse toneladas de
material gracias a que la potencia de éstos alcanza miles de
kilovatios.
La facultad del campo magnético de penetrar en el metal permitió
realizar la fundición en tampoco tiempo, que el metal nos llega a
oxidarse, lo que mejora considerablemente su calidad.
§ IV.28
§ IV.29
Y ahora unos ejemplos de “autoservicio": la utilización de los medios creados por la
electrónica para sus propias necesidades. La soldadura del vidrio con el metal en el lugar de
empalme del balón con el zócalo del tubo, se efectúa con la ayuda de campos de alta
frecuencia.
Para crear en el tubo un elevado grado de vacío se necesita extraer de las piezas el gas. Con
este fin el tubo se coloca entre las espiras de la bobina. El campo calienta al rojo las piezas
que se encuentran en el interior del balón, el gas se volatiliza y posteriormente es extraído
del balón.
El silicio y el germanio puros para la producción de aparatos a semiconductores, se obtienen
también con ayuda de la fusión de los cristales en vacío valiéndose de los campos de alta
frecuencia.
En una de las oscuras noches de febrero del año 1942, dos buques de línea alemanes
“Scharnhorst” y “Gneisenau” y el crucero “Príncipe Eugen" zarparon de Brest, bloqueado por
los barcos de la flota inglesa y pasaron por el Canal de la Mancha. Ninguno de los cientos de
radares ingleses pudo detectar estos barcos: las pantallas de los radares fueron “cegadas”
por las estaciones antirradar alemanas.
Así comenzó la gran batalla entre los medios electrónicos, que no cesó en todo el curso de la
guerra mundial. Han pasado dos décadas desde el día que terminó esta guerra, pero los
cuadros de los grandiosos combates siguen hasta hoy día vivos en la memoria de los
contemporáneos. Incluso aquellos que no participaron en ellos conocen la amplitud y la
ferocidad de estos combates por los filmes, la literatura y por las narraciones de los
veteranos de la guerra.
Sin embargo, incluso al participante le ha quedado una imagen poco nítida de otro tipo de
combates: la pugna oculta pero continúa entre los electrones y las ondas.
Evidentemente, el éxito de la mayoría de las operaciones en gran parte dependía de la
correcta utilización de los medios de la técnica electrónica. He aquí algunos episodios.
Para guiar a sus bombarderos hacia las ciudades de la Gran Bretaña, los alemanes instalaron
en el territorio ocupado de Bélgica, Holanda y Francia radiofaros especiales.
En el estrecho, el faro ayudaba al piloto alemán a mantener exactamente el curso precisado.
Los intentos para suprimir estas señales no dieron resultado: en cuanto se perturbaba el
funcionamiento de un faro, le suplía otro qua funcionaba con otra frecuencia. Entonces los
ingleses escogieron otro método de reacción: construyeron en su territorio estaciones, que
podían recibir y reflejar (retransmitir) la señal de los radiofaros alemanes. El “colorido” de la
señal no se variaba, pero la dirección que le señalaban al piloto alemán con el haz estrecho
de la estación retransmisora lo conducía a un objetivo falso. Sucedió incluso un caso cuando
la señal falsa obligó a un piloto alemán a aterrizar en Inglaterra: al tomar tierra en el
aeródromo de Devonshire. Hasta el último instante él estaba absolutamente convencido de
que había regresado a Francia, a su propio aeródromo.
A veces la señal falsa obligaba a los alemanes a lanzar las bombas no sobre el objetivo, sino
sobre un lugar desierto o sobre el Canal de la Mancha. En definitiva los pilotos alemanes
dejaron de creer en los faros, tanto en los suyos como en los del enemigo.
El mando alemán entonces recurre a una treta militar. Las radioemisoras alemanas
comenzaron a transmitir a Inglaterra un texto propagandístico. Los habitantes de Londres
muy pronto notaron una circunstancia rara. Toda vez, un poco antes de que llegaren los
“huéspedes” de Alemania, la voz del locutor alemán comenzaba a sonar con más fuerza.
Simultáneamente en los suburbios de Londres la voz se hacía apenas distinguible. De esta
circunstancia se interesó la inteligencia, pero durante largo tiempo esta no pudo hallar
explicación. Resultó que la propaganda en este caso era simplemente un camuflaje, el
destino de la emisora era completamente otro. Esta conducía a los aviones de los alemanes
hacia Londres. Para lograr esto, un poco antes de que los aviones despegaran, se modificaba
el régimen de radiación: en vez de la antena ordinaria se conectaba una antena direccional y
las ondas salían dirigidas en forma de un haz estrecho. Este haz iba dirigido hacia Londres,
por lo que en Londres la señal se amplificaba mientras que en sus suburbios desaparecía.
Cuando esta treta fue descubierta, la pugna contra ella se hizo Edell. De nuevo se utilizó la
retransmisión y otra vez las bombas alemanas caían sobre el Canal de la Mancha.
Los medios que utiliza la electrónica en esta guerra están distribuidos según sus armas.
Existen medios de defensa y de ataque, hay medios de reconocimiento y haces de
camuflaje. El haz de radio puede ser muy peligroso. Claro que él no lleva en sí la muerte,
pero la presagia. Si se le permite “palpar” el espacio sin obstáculo, él dirigirá el proyectil o la
bomba exactamente hacia el objetivo. De aquí se deduce: hay que luchar contra los haces.
¿Cómo?
Fueron hallados una multitud de medios. Se elaboraron materiales capaces de absorber las
radio-ondas. Si el objetivo se encuentra tapado con semejante material la onda en el no se
reflejare, el impulso no regresará al radiolocalizador o regresará tan atenuada que el
objetivo no podrá ser distinguido en la pantalla.
Esta tarea puede ser resuelta de otro modo. Dejemos que los impulsos se reflejen, de todos
modos, estos no podrán ser registrados, si con el impulso reflejados envía simultáneamente
hacia el receptor de la estación una señal de interferencia más potente. Las frecuencias de
las interferencias tienen que coincidir con la frecuencia de sintonización del receptor del
adversario. Este, evidentemente, esta sintonizado en la frecuencia de los impulsos emitidos.
Para determinar su sintonización hay que investigar la señal emitida. Por eso resulta
necesario el reconocimiento: receptores de reconocimiento especiales captan, registran y
analizan la señal radiada.
El radiocamuflaje dificulta el reconocimiento: de entre tantas señales camufladas emitidas
con diferentes frecuencias, no siempre se logra detectar la peligrosa. Si la señal fuera
descifrada, el adversario utilizará estaciones especiales que emitirán interferencias en el
intervalo de las frecuencias de trabajo. Así y todo la estación puede funcionar normalmente
con las interferencias, si se proveen medios especiales que posibiliten distinguir las señales
propias de las interferencias ajenas. Modulando la señal con códigos especiales se pueden
crear tales sistemas, capaces, en presencia de las perturbaciones del adversario, de detectar
los objetivos, determinar sus coordenadas, apuntar las piezas de combate, dirigir un cohete,
mantener la comunicación.
Así, en la interacción complicada de los aparatos y dispositivos electrónicos nace la táctica
de la guerra electrónica.
Entre las múltiples especialidades del electrón, la especialidad militar juega en nuestro
tiempo inquietante, por desgracia, un papel, lejos de ser el último. Y nosotros, las personas
que aspiramos a la paz, no debemos olvidar esto, debemos tener bien presente el papel que
deberá jugar el electrón en la causa de la defensa de nuestro país.
Estos permitían a la base señales que servían para controlar la velocidad de la altura. Los
aparatos de reconocimiento de los ingleses no solamente trataban estas señales sino que
descifraba las prescripciones, con las que se guiaban los cohetes. Los especialistas ingleses
crearon aparatos para la irradiación de señales falsas que obligaban a los cohetes a
descender antes que alcanzaron el objetivo prefijado.
La radio reacción resultó ser tan ejecutiva que los alemanes se vieron obligados a rehusar la
radio conducción y apoyarse en el giroscopio.
Del grado de conocimiento que se tenga sobre los medios radiotécnicos del ejército
enemigo, dependerá, en una medida considerable, el final de la guerra. El mando militar de
las fuerzas armadas de los Estados Unidos pretende, sin escatimar medios, descubrir las
características de los aparatos y sistemas electrónicos con que están equipados los ejércitos
de los países socialistas. Dos mil estaciones de radioescucha instaladas en los barcos,
aviones y bases y ocho mil operadores que realizan el reconocimiento, mantiene
actualmente el Consejo Nacional de Defensa de los EEUU.
realizan la vigilancia y el espionaje entre los ciudadanos de su propio país. Reconociendo que
“el segundo filo del arma” puede en cualquier momento herir a los mismos que recurren a
estos aparatos, la firma “Kliftron” colocó al fin de la lista de las novedades elaboradas por
ella una nota elocuente: ¡Tengan cuidado! En muchos países del mundo rigen leyes que
prohíben el uso de algunos de los aparatos antes mencionados. Es cuidado del comprador (y
no del vendedor) cerciorarse con ayuda del jurista de la aplicación de estas leyes en relación
con el uso de cada uno de los artículos adquiridos".
“Tengan cuidado”... La advertencia viene muy bien al caso. Desgraciadamente, esta no fue
atendida por aquellos que equiparon con los medios más modernos de la técnica el avión
"Lockhead U-2”, en el que el primero de mayo del año 1960 Francis G. Powers, realizó un
vuelo ilegítimo, al violar la frontera estatal de la URSS. Su avión llevada a bordo
transmisores especiales que emitían interferencias, un receptor multicanal de
reconocimiento en todas las bandas de radio-ondas “corrientes” (de 2,5 centímetros hasta 1
metro). Antenas apareadas permitían determinar exactamente el lugar de donde venía la
señal. Todas las señales eran registradas en cintas magnéticas con la esperanza de que
posteriormente por las grabaciones descifradas se podría comprender la designación de
todas las señales y determinar las gamas de la frecuencia de trabajo.
Afortunadamente las esperanzas de la inteligencia americana no fueron confirmadas: se
debía saber que un vuelo sobre el territorio ajeno con el fin de espionaje también es un
arma de dos filos.
La supresión de las estaciones radiodetectoras del adversario por medio de una potente
perturbación fue muy usada en la guerra pasada.
Para la defensa de la ciudad de Bzema de los ataques de los bombarderos, los alemanes se
valían de baterías antiaéreas dirigidas por las estaciones de puntería de las piezas de
artillería (EAC) tipo "Wurtzburgo”.
El servicio de inteligencia de los aliados estableció que la frecuencia portadora de estas
estaciones era igual a 560 megahertzios. En el verano del año 1943 los bombarderos del 8º
ejército aéreo norteamericano fueron dotados de transmisores tipo “carpet”. Los
transmisores irradiaban una perturbación que consistía en un espectro de frecuencia media
de 560 megahertzios. En octubre del año 1943 se hizo el primer recuento: habían sido
derribados dos veces menos aviones equipados con “Carpet” que los que no lo llevaban.
Las interferencias representan un método muy efectivo. Si la radio desempeña el papel de
sistema nervioso del ejército, las interferencias son un medio capaz de paralizar casi por
completo este sistema. Después de que esto se hizo evidente, los ejércitos aliados utilizaron
en la guerra pasada los medios más variados de contra-acción. Sobre la base de la
"fortaleza volante" B-29 los norteamericanos crearon un "agregado"
de perturbaciones de toda clase. A bordo de la “fortaleza volante"
se encontraban 18 transmisores, receptores de reconocimiento y
hubo que instalar tantas antenas que el avión se “erizó" por lo que
recibió el nombre de “puerco espín”.
Más, no existe ningún método en la electrónica contra el que no se
pueda encontrar nuevos medios de defensa.
Los dos filos de la espada es un caso bastante trivial. Se pueden
recordar historias con multitud de diferentes filos. El primer filo de una de semejantes
historias, fue la instalación en los aviones de caza alemanes de estaciones radiodetectoras
que realizaban la puntería y la interceptación. El segundo filo de la espada fue aprovechado
por los ingleses inmediatamente: al poco tiempo estos captaron las señales y determinaron
la gama de sus frecuencias. En esto apareció un tercer filo: los bombarderos ingleses fueron
equipados de estaciones antirradar.
¿Uds. piensan que con esto se agotaron los "filos"? ¡Ni por esas! Los pilotos alemanes se
adiestraron a guiar sus cazas por las señales perturbadoras, como si fueran radiofaros.
Otra vez la balanza se inclinó a favor de los cazas y de nuevo fue encontrado un medio de
lucha.
Puesto que las interferencias irradiadas desde el bombardero ayudan al adversario, es
necesario irradiarlas desde la Tierra. A lo largo del litoral sur de Inglaterra se instalaron los
enormes transmisores americanos “Tuba”. Como consecuencia de sus potentes señales los
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cazas de los alemanes quedaban “ciegos” ya en Europa, mientras que los bombarderos
ingleses, libres de sus perseguidores, regresaban tranquilamente a su casa a través del
Canal de la Mancha.
En las condiciones actuales la efectividad de las interferencias es tal, que se hizo muy difícil
encontrarle el tercer filo a la espada.
En agosto del alto 1958 una explosión efectuada por los norteamericanos en la isla
Johnston, interrumpió la comunicación entre Japón y California en la banda de 5 a 25
megahertzios. La comunicación se restableció solamente después de transcurrir 18 horas.
La explosión nuclear crea una cantidad enorme de electrones en forma de partículas beta
rápidas. En el campo magnético de la Tierra los electrones se comportan igual que en el
campo de la lente magnética: estos “entran en espiral” y se desplazan a lo largo de las
líneas de las fuerzas magnéticas. (Vea en el Capítulo III la sección “Ejercicios de acrobacia
aérea”).
Conociendo la estructura del campo magnético de la
Tierra, es posible mandar a cualquier zona la enorme
masa de partículas beta que surgieron con la
explosión.
En manos de los hijos de la Tierra, actualmente se
concentra una energía tal que, en comparación con
ella, la Tierra se nos presenta como una pequeña y
mansa anciana, bajo el velo transparente del campo
magnético de los innumerables radio-ondas. La
anciana se encuentra muy preocupada: ¿y, qué, si
entretenidos con sus juegos peligrosos, sus hijos van más allá de lo permitido?
¡Hasta 700 objetivos lograba crear un solo avión en los años de la guerra pasada! Vaya a
saber cual de los 700 objetivos es el que hay que batir con el fuego. La sencillez de este
método le ocasione gran popularidad: en las armas de guerra, sobre el territorio de la
Alemania fascista, fueron lanzadas, ¡cerca de 20 mil toneladas de laminilla de metal!
Para conseguir una reflexión efectiva se usan reflectores angulares de las más distintas
dimensiones y formas. En los años de guerra mediante estos reflectores “para distraer la
atención" de las estaciones lanzabombas de abordo, fueron creadas “seudo ciudades”
enteras. Se utilizaban redes especiales compuestas de semejantes reflectores. La red
reflejaba la mayor parte de la energía y las estaciones de puntería, de las piezas de artillería
automáticamente, dirigían los cañones hacia el objetivo falso. Un avión “pensaba con la red”
los proyectiles del enemigo, dejando así el camino limpio para los demás.
Los medios de guerra electrónica fueron utilizados en gran escala en el verano del año 1944,
cuando con el desembarco de las tropas aliadas en Normandía, se abrió el segundo frente.
Preparándose para enfrentar el desembarco, los alemanes concentraron en el litoral norte de
Europa un número enorme de estaciones de detección que podían controlar todo el espacio
circundante y cada palmo de tierra. Con el fuego de la artillería y de los ataques aéreos, los
aliados destrozaron antes de comenzar el desembarco el ochenta por ciento de las
estaciones alemanas, y para la supresión de los medios restantes del enemigo se instalaron
cerca de 700 estaciones perturbadoras.
Comenzó una grandiosa mistificación: sobre el Canal de la Mancha cruzaban los aviones de
los aliados, creando con ayuda de reflectores y señales especiales objetivos falsos en
muchos lugares. Desconcertados, los pilotos alemanes quedaron completamente agotados
por la multitud de falsas alarmas.
Mediante un gran número de señales y objetivos falsos, durante más de cuatro horas, los
aliados simularon el desplazamiento del desembarco en dirección a Boloña y, en fin de
cuentas, obligaron a los alemanes a concentrar todas sus fuerzas en las regiones de Boloña
y Calé. En esto, las tropas de los aliados desembarcaron en Normandía, donde la resistencia
de los alemanes había sido tan debilitada que de 2127 barcos que tomaron parte en el
desembarco los alemanes pudieron hundir solamente 6.
recurre a los propios cohetes. El ejército norteamericano, por ejemplo, cuenta con dos
cohetes para cumplir misiones de esa índole "Green Quail” (“Codorniz verde") y “Fire Bee”
("Abeja de Fuego”).
Se lanzan estos desde aviones y son guiados por radio o por dispositivos programados a
bordo. Al tomar la delantera al avión que los lanzó, anegan las estaciones emitiendo
interferencias, y en caso de necesidad, pueden servir de objetivo falso tomando sobre sí el
fuego. Cumplida la misión, estos cohetes “se suicidan", explotan para mantener en secreto
todo aquello que se lleva a bordo. -
La técnica moderna aprovecha también objetivos falsos de radiolocalización para asegurar la
misión de los cohetes balísticos intercontinentales. En particular, en los EEUU se está
estudiando la manera de proteger la ojiva de combate del cohete por una nube de
fragmentos metálicos que sirven de objetivo falso.
¿Pero de qué modo los fragmentos podrían enviarse al espacio?
¿En el mismo cohete? Sería un error, pues cada gramo puesto en trayectoria resulta
sumamente caro.
La solución es muy sencilla. Al poner la ojiva de
combate en la trayectoria, el cohete portador
jugó su papel fundamental. Ahora puede usarse
como objetivo falso. Después de que la ojiva es
puesta en su trayectoria y se separa del cohete
portador, este explota formando una novela de
fragmentos. La atmósfera está muy rarificada a
grandes alturas, por lo que los fragmentos
acompañan al cohete moviendo sea la misma velocidad. La noble alcanza dimensiones de
cientos de kilómetros cuadrados. La diminuta cabeza se pierde prácticamente dentro de esa
enorme nube dificultando su detección por las estaciones de radiolocalización.
Durante la Segunda Guerra Mundial ya se empezaron a usar cohetes y torpedos
autodirigidos. En la hojita del proyectil se instalaban dos antenas que emitían señales bajo
cierto ángulo. Mientras el proyectil va directamente hacia el objetivo la señales de las
antenas son idénticas. En cuanto sería un poco surge una diferencia de señales, por la que el
dispositivo automático vuelve a orientar al proyectil hacia el objetivo. A fin de cuentas, al
proyectil vuela por una trayectoria denominada "curva de persecución". Los cazadores saben
que de la misma manera el lobo persigue a la liebre: mientras la víctima no nota el peligro
corre en dirección recta, pero una vez enterada de la persecución, empieza a zigzaguear. El
lobo, lo mismo que un proyectil con ojivas electrónica, mira siempre al objetivo.
Norbert Winer, fundador de la cibernética, solía contar tal episodio. Cierto día se hallaban el
laboratorio del ministerio de defensa. Se encontraba solo en el local, pero le parecía que
alguien le está observando incansablemente. Advirtió que la cabeza roma de un torpedo
colgado de los soportes se dirigía hacia el lugar donde él se desplazaba. La sensación no era
muy agradable. Parecía que a su lado en el cuarto vacío se ocultaba un cruel carnicero,
provisto de una carga mortal en lugar de cerebro.
Verdad, que la carga sin cerebro no es lo peor.
Cuando la cibernética comenzó a proveer los
proyectiles, cohetes, torpedos de “cerebro
artificial”, los carniceros se volvieron mucho
más peligrosos y el contacto con ellos, mucho
más horrible.
He aquí una novedad similar.
El avión-cohete "Matador" (EEUU) va dotado de un sistema de guiado tipo “Atran” protegido
contra las interferencias. Es curioso el principio de su funcionamiento. En su “memoria” va
introducido previamente un mapa. Con ayuda de dispositivos panorámicos de localización se
toman fotografías del terreno sobrevolado. El esquema electrónico compara los dos mapas,
confronta los puntos de referencias fundamentales y, al hacer las correcciones, las transmite
al autopiloto. El avión-cohete de semejante dispositivo no pudo ser desviado del rumbo
durante las pruebas por seis estaciones de interferencias. Se comporta como una persona
con memoria ideal: si conoce el terreno no se pierde ante puntos falsos de referencia
aislados.
§ IV.30
En los últimos años, para la localización y la técnica de comunicaciones, se presentaron
nuevas posibilidades como resultado de la puesta en servicio de la gama luminosa, en la que
las longitudes de las ondas constituyen fracciones de micrón.
¿Cómo se generan las ondas micrónicas?
Hemos visto que en los generadores de las gamas de ondas decimétricas y centimétricas, a
lo largo del circuito tridimensional, debe ser ubicada una parte determinada de la onda
estacionaria (véase § IV.13). Esto significa que la longitud geométrica del resonador deberá
ser mayor que la de las ondas irradiadas.
Si queremos obtener, mediante un circuito tridimensional ondas 1000 veces más cortas que
las milimétricas tendremos que construir un circuito que puede ser visto solamente bajo el
microscopio. Una tarea prácticamente irrealizable. Por suerte, la naturaleza nos concedió
otra posibilidad. Ella posee resonadores acabados “sintonizados” en ondas muy cortas. Tales
resonadores son los átomos de las distintas sustancias.
§ IV.31
En condiciones habituales los átomos de los
gases y cristales absorben la energía luminosa.
En el año 1916 Einstein estableció teóricamente
que con la ayuda de la luz es posible llevar a
estos mismos átomos a un estado de excitación,
y estos empezarán a irradiar ondas luminosas con otra frecuencia.
Surge una "inducción luminosa" original: algo así como si los átomos de los gases o cristales
comenzaran amplificar la luz incidente en ellos.
En el año 1940 el físico soviético V. Fabricant describió los experimentos en los cuales se
logró obtener una intensidad de la luz y radiada superior a la de los pases incidentes. En el
año 1951 a V. Fabricant, F. Butáiev y M. Vudynskaya se les concedió el certificado de autor
por “El método de amplificación de las irradiaciones electromagnéticas (de las ondas
ultravioletas, visibles, infrarrojas y radioeléctricas)”.
En el año 1954 N. Básov y A. Prójorov crearon en la Unión Soviética el primer generador
cuántico.
§ IV.32
Los fundamentos de los generadores cuánticos son los procesos de
absorción e irradiación de las partículas de luz, fotones (de aquí que esta
mina fue denominada fotónica.)
El fotón es un cuanto (porción mínima) de energía luminosa. Además del
fotón, en la naturaleza existen otros cuantos: cuanto del campo
electromagnético invisible (es decir, de las ondas radioeléctricas), cuanto
de energía acústica (se denomina fotón), cuanto del campo de gravedad (denominado
gravitón), cuanto del campo nuclear (mesón).
§ IV.33
Si el átomo absorbe un fotón, la energía del átomo se incrementara: uno de sus electrones
pasa de la órbita normal, en la cual él poseía una energía E, a la órbita superior de la
energía E3.
El fotón absorbido por el átomo, portaba en sí
tanta energía, cuanto necesita el átomo para
subir el escalón de E1, a E3.
La frecuencia de la señal de excitación,
compuesta de estos mismos fotones, se
determina mediante el citado escalón: cuanto
más alto es el "escalón” (E1 - E3) tanto mayor
deberá ser la frecuencia.
§ IV.34
A diferencia del estado de estabilidad al que corresponde el nivel E, el estado de excitación
es inestable: los átomos pasan fácilmente del nivel E3 a otro nivel más estable, por ejemplo,
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La irradiación se prolongara hasta que todos los electrones no hayan abandonado el nivel
E3, o sea, no bajen el escalón E3 - E2. La excitación les obligará de nuevo a pasar a este
nivel y seguidamente se producirá un impulso de luz irradiada. El tiempo consumido en la
excitación es mucho mayor que el tiempo de irradiación.
Los impulsos emitidos por los láseres modernos suelen durar milésimas de segundo. En el
largo transcurso de excitación los átomos excitados acumulan mucha energía, la cual
posteriormente en milésimas de segundo se despoja del cristal como un haz recto y
brillante.
§ IV.35
La frecuencia de irradiación del láser depende de la diferencia de los niveles E3 - E3, es
decir, de aquel “escalón”, al cual “bajo” el átomo que irradió un fotón (véase § IV.33). Y la
frecuencia de la señal de excitación se determina por la diferencia E3 - E, (véase § IV.33).
El láser (de barra de rubí) irradia luz de color rojo, y como señal de excitación sirve la luz
verde corriente. La frecuencia del color rojo es inferior a la frecuencia del verde.
Correspondientemente el escalón E3 - E2 es menor que el escalón E3 – E1. A diferencia de
un circuito corriente, cuyas dimensiones pueden variar con el tiempo debido a las
§ IV.36
Antes de transmitir la señal de excitación, todos los átomos de cromo en la barra de rubí se
encontraban en el “escalón" inferior, es decir, en estado estable (en nuestro dibujo
convencional a esta condición le corresponde el color negro). La señal de excitación
suministro a la Barra de rubí fotones y excitando sus átomos los trasladó al nivel E3 (al
estado de excitación de los átomos, en nuestro dibujo, le corresponde el color azul).
§ IV.37
El átomo excitado puede, en cualquier memento, emitir un fotón. Este fotón alcanzará a otro
átomo excitado y “empujándole” hacia el nivel E2, arrastra consigo un nuevo fotón. Dos
fotones, en el acto, se convertirán en cuatro, cuatro en ocho, etc. Surge una “avalancha” de
fotones, donde todos los fotones "marchan al paso” en la misma: fase y con la misma
frecuencia.
Algunos de los fotones pueden desviarse del eje de la barra (en el dibujo su recorrido esta
señalado con flechas). Estos abandonarán rápidamente los límites del cristal, sin encontrar
átomos por el camino. Por el contrario, los fotones que se mueven en dirección del eje,
constantemente encontrarán por el camino nuevos átomos excitados, cada vez los harán
volver a su estado estable, arrastrando por el camino a nuevos fotones.
De esta manera, en la dirección, que coincide con la del eje del cristal, se crea un flujo
fotónico potente.
§ IV.38
Esta avalancha rueda a lo largo de la barra de rubí
haciéndose cada vez más potente a cuenta de los nuevos
fotones arrastrados por el camino. Al alcanzar el espejo B,
instalado en la copa derecha de la barra, el flujo se reflejará y se dirigirá en sentido
contrario, continuando creciendo continuamente.
En el extremo izquierdo de la barra, el flujo de nuevo chocará contra el espejo A y,
reflejándose, de nuevo se dirigirá al espejo B.
§ IV.39
A diferencia del espejo A, el espejo B posee cierta transparencia, pero el flujo inicial de
fotones resultó ser demasiado débil para poderle “perforar”. En cada nuevo recorrido hacia
uno y otro lado aumenta la potencia de la avalancha que, por fin, los fotones, ahora más
fuertes, interrumpiendo en el espejo B semitransparente, atravesarán el espacio con una luz
filiforme
§ IV.40
La luz irradiada por los láseres se distingue de la luz habitual, por ser excitada mediante una
señal especial, por lo que todos los fotones en ella parecen “marchar al paso” con una
misma fase e igual frecuencia.
En esto consiste el valor principal de las ondas originadas por la fotónica: la luz ordinaria
“corre" en distintas direcciones, mientras que la luz del láser se dirige en una sola dirección
en forma de haz recto y uniforme.
Un láser equipado de una lente telescópica especial puede “producir” sobre la Luna un rayo
de 3 kilómetros de diámetro solamente. Mientras que el haz de un reflector corriente a esta
distancia resultaría tan ancho que en él cabrían 11 discos como la Luna.
Todos tuvimos en la infancia nuestro pequeño “hiperboloide", o sea, una lupa corriente. Su
rayo no poseía una fuerza tan fantástica, pero, en principio, esta cumplía la misma función
que el dispositivo creado por Garin: los rayos solares concentrándose en un diminuto “haz",
podían dejar su huella en un árbol, en un banco o una quemadura en la mano. Pero
aparecen los láseres y la fantástica idea de Tolstoi encuentra una posición real. El "rayo" que
surge en aquel lugar, a donde fue dirigido el haz de láser, encierra en sí un peligro muy
serio: el punto del rayón esta alumbrado de tal modo, como si lo alumbrasen miles de soles.
Bajo su influencia se evapora el metal y una placa de grafito se encandece hasta 8000
grados durante 5 milésimas partes de segundo.
Los creadores de los láseres al principio introdujeron un método original para evaluar la
potencia del rayo y el grado de su “concentrabilidad”. Ellos median estas magnitudes por la
cantidad de cuchillas habituales de afeitar. Si dirigimos un rayo sobre una cuchilla se forma
un agujerito. El láser es capaz de quemar de una vez varias cuchillas, y a veces decenas de
ellas. ¿Por qué no es un hiperboloide? ¡Pocos se atreverían a cerrarle el paso a un rayo como
éste!
¿Pero, por qué el láser resultó ser precisamente el hiperboloide? Este “dispara” con fotones,
o sea con luz visible corriente. Sí, pero además del láser existen otras fuentes de luz. ¿Por
qué no podríamos utilizarlas para estos mismos fines?
A diferencia de la luz que emite el láser, la luz habitual posee un espectro de frecuencias
muy amplio. Dicho de otro modo, esta se forma de ondas de diferente longitud.
Supongamos que alguien tira a un lago muchas piedras distintas. Entre ellas hay grandes y
pequeñas, estas producen ondas de diferente longitud que se juntan unas a otras. Pero en
vez de una sucesión regular de las crestas y cavidades en la superficie del lago, se forma
una marejada compleja.
No se logra formar rayos dirigidos de la luz corriente, ya que las ondas de esta luz influyen
una sobre otra de diferente manera: a veces coinciden las crestas, otras veces las crestas y
cavidades. Se obtiene un cuadro más complicado que en la superficie del lago, al cual
echaron muchas piedras diferentes. Es por esto, que los especialistas a la luz irradiada por el
láser la denominan señal y a la luz habitual, por ejemplo, de una lámpara eléctrica, desde su
punto de vista, no es más que ruido. Claro, ¡qué nadie ha oído como hace ruido una
lámpara! No obstante, se la puede considerar como un generador de ruido, porque desde el
punto de vista de un especialista, el ruido es toda señal con amplitudes casuales y un amplio
espectro de frecuencias. (Sobre el espectro y su descomposición véase el apartado "Los
impulsos y Pinocho” del Capítulo IV).
El filamento de la lámpara eléctrica, se calienta por la corriente al blanco. Los átomos
excitados del filamento se encuentran a diferentes niveles energéticos. Deslizándose de los
“escalones” superiores a los inferiores, estos irradian una gran cantidad de fotones. Pero ya
que los escalones son diferentes, cada átomo irradia su frecuencia. Y juntos, estos crean un
amplio espectro de radiación, una gran cantidad de diferentes frecuencias.
El sol también es un generador de ruido. Cada centímetro cuadrado de su superficie
transmite a la Tierra una señal de una potencia de cerca de 7 kilovatios. Pero si queremos
separar mediante un filtro una banda de frecuencias de un megahertzio, entonces de los 7
kilovatios, a la salida del filtro quedarán sólo 0,00001 W, la potencia disminuir a 700
millones de veces.
Esto significa, que a la banda de un MHz le
corresponde sólo 1/7006 parte de energía y la
restante, se la llevaron las otras frecuencias
del espectro, las otras múltiples ondas que
forman la luz solar.
Mediante un prisma, en el cual se refractan
directamente estas ondas, se puede crear
"una imagen del sol en color", o sea, separar
de la luz blanca los colores rojo, anaranjado,
amarillo, verde, azul celeste, azul y violeta.
Empero el rayo láser es de un solo color. Este
está compuesto de ondas de una sola longitud.
En esto consiste su principal valor: el posee
divertida, sus ondas no se está recién y no se
abogan unas a las otras, sino que van en una
misma dirección en forma de un haz fino.
Utilizando el enfoque puede producirse un rayo láser aún más agudo. Para esto no se
necesitan grandes reflectores o lentes. La longitud de las ondas luminosas constituye 10
milésimas partes de milímetro (de 0.4 a 0.7 de micrón). Hasta una pequeña lentes tienen
mucha más longitud que las ondas irradiadas.
Creando un rayo dirigido mediante el láser y utilizando el enfoque, puede “dispararse con
luz” sobre cualquier objeto a distancia.
La luz del láser se irradia en ráfagas muy cortas, que duran milésimas de segundo. Durante
la ráfaga se irradia una potencia que se mide por miles de vatios. La Agencia Associated
Press ya comunicó que en Norteamérica comenzaron a crear un generador, capaz de abatir
un avión en vuelo u otro objetivo a la distancia de dos kilómetros. Y en el cosmos este
mismo rayo podrá actuar a una distancia de cientos de kilómetros, ya que allí no hay
atmósfera que debilite los rayos luminosos. El peso y tamaño de este generador serán
La potencia de emisión de un láser moderno constituye por termino medio solo milivatios. La
conclusión es poco consoladora: para que el rayo pueda abatir al cohete es necesario elevar
la potencia de los láseres más de 100 millones de veces. El cálculo simple, pero convincente,
es poco probable que en un futuro próximo se consiga crear un "hiperboloide”, que pueda
ser un medio efectivo contra los cohetes.
los fotones? Si estos no tienen carga, o sea, que cualquier campo los tiene sin preocupación.
¿Cómo salir de esta embarazosa situación?
Prestando atención a los diferentes casos de influencia del campo sobre las propiedades
ópticas de la materia, los físicos rápidamente encontraron la solución correcta.
He aquí la cadena de sus razonamientos y acciones. Los sonidos, los impulsos y la imagen se
transforman en corriente eléctrica. La corriente crea un campo. El campo influye sobre el
cristal, provocando el cambio de sus propiedades ópticas. Pero, el haz de láser puede
atravesar el cristal o ser reflejado por este. O sea, si se influye sobre el cristal por medio de
un campo alterno, el rayo cambiara su intensidad y en la señal portadora del láser aparece
el “dibujo” necesario. Aquí “el espejo oblicuo" ya no es simplemente una imagen artística, en
efecto, la luz necesita para modularse espejos reales. Estos, evidentemente, deben ser
“oblicuos”; bajo la influencia del campo ellos desfiguran la luz.
Los físicos conocen diferentes fenómenos (o, como a ellos les gusta expresarse, efectos),
que permiten influir mediante el campo sobre la luz. Por ejemplo, el efecto Faraday, cuya
esencia consiste en que bajo la influencia de los campos magnéticos, cambia la polarización
de la luz. O el efecto Zeeman: bajo la influencia del campo exterior cambia el espectro del
rayo luminoso que atraviesa el cristal. De este modo la señal del láser se modula según la
frecuencia. Tenemos también el efecto Kerr (la refracción de los rayos y la alteración de la
polarización bajo la acción del campo eléctrico) (Con la noción de polarización el lector se
encontró en el Capítulo III (véase § III. 18)), el cual permite realizar la modulación de las
señales luminosas portadoras, transformando las señales moduladoras en campos eléctricos
alternos.
La luz puede modularse con el sonido. En este caso las ondas del sonido deformaran la red
cristalina y cambiaran con esto las propiedades ópticas del medio por el que se propaga la
luz.
Por fin, en el mismo láser puede cambiarse la intensidad de alimentación y de este modo
influir en determinados límites sobre la intensidad de la señal luminosa y sobre su
frecuencia.
La señal modulada del láser llega al receptor. Como es conocido, en este es necesario
realizar la detección, o sea separar el "dibujo” del "cañamazo". Esto puede realizarse
utilizando el efecto fotoeléctrico en el cual la corriente del fotoelemento depende del brillo de
la iluminación. La detección se reduce a un simple fenómeno: el rayo modulado cambia su
intensidad, y en el circuito del fotoelemento cambia la corriente.
El mismo efecto se utiliza para transformar la frecuencia de la señal luminosa. La señal del
láser-transmisor se mezcla en el fotoelemento con la señal del láser del heterodino (El papel
que desempeña el heterodino fue descrito en el Capítulo “Electrones, ondas y campos”.
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(Parte “El reino de los espejos oblicuos"), y en la salida se destaca la frecuencia diferencial.
La parte restante del esquema no se diferencia del esquema de los receptores habituales
superheterodinos (Véase el esquema en la página 140), porque como resultado de la
transformación, la frecuencia de la señal luminosa desciende hasta la frecuencia de radio.
Los trabajos relacionados con la modulación y detección de la señal luminosa, ahora se
realizan intensivamente. Los físicos realizan experimentos y confrontan los resultados. Se
valía la utilidad de los métodos descritos para diferentes señales y frecuencias moduladoras.
Los científicos, todavía tienen una gran tarea a realizar sobre las cuestiones de la
modulación de la luz, para, entre todos los efectos conocidos, encontrar el “efecto más
efectivo” para los diferentes fines prácticos.
§ IV.41
En muchas ramas de la técnica hallarán uso los haces luminosos finos y filiformes y
concentrados originados por los láseres. Los láseres sarán ampliamente utilizados para el
mantenimiento de la comunicación con los objetos cósmicos. Es evidente qua la
comunicación directa entre la Tierra y el cosmos es muy dificultosa, ya qua la luz es
dispersada por las nubes, la niebla, la nieve, la lluvia. El láser deberá ser instalado en los
satélites mientras que las estaciones de radio comunes, mantendrán la comunicación entra
el satélite y la Tierra.
§ IV.42
El haz mandado por el láser al espacio cósmico incidirá exactamente sobre el lugar
destinado.
Para la comunicación con Marte, una estación de radio ordinaria debería tener una potencia
de millones de vatios, mientras que al láser le bastara con un vatio solamente, ¡menos que
la potencia de una linterna de bolsillo!
§ IV.43
Los láseres podrán prestar un gran servicio no solamente a la comunicación cósmica, sino
también a la submarina. Las ondas radioeléctricas ordinarias en el agua resultan
considerablemente atenuadas, por eso para la comunicación y localización submarinas hoy
día se usa el ultrasonido. La luz también pasa con gran dificultad a través del agua, pero las
ondas luminosas con longitudes correspondientes a los colores azul claro y verde, el agua
del mar las deja pasar libremente: lo que explica su color específico.
§ IV.44
Las señales luminosas, que se usarán como señales portadoras en la comunicación sonora y
televisiva, deberán ser protegidas de la acción atmosférica.
Por lo visto, para estas señales serán diseñados tubos especiales, y para cambiar su
dirección, en los tubos serán instalados espejos.
§ IV.45
Para la electrónica, la época de las “enfermedades infantiles” se acabó hace ya tiempo,
mientras que para la fotónica acaba de comenzar.
Recordarán ¿cuán difícil resultó ser el paso de los transmisores de chispa a la irradiación
continua de ondas? Algo semejante ocurre hoy día con el láser. La excitación se efectúa
mediante ráfagas. Después de cada ráfaga producida por el tubo de excitación el láser
irradia un impulso, con una duración de milésimas de segundo. La creación de una
excitación continua resulta un problema dificultoso: si se aumenta la potencia de excitación,
el láser se recalentará excesivamente, habría que valerse de refrigeración, construyendo
sistemas complicados y voluminosos.
Recientemente se consiguió crear varios tipos de láser con irradiación continua de ondas.
§ IV.46
En el estudio del cosmos, los amplificadores moleculares y paramagnéticos prestan una gran
ayuda. El principio de su funcionamiento es muy semejante al principio del láser. Así como
en el láser, con ayuda de la energía exterior, las moléculas de la sustancia se excitan y
suben al escalón E1 - E3 (véase § IV.33).
Pero si en el láser, a continuación de esto, los átomos independientemente (como se dice,
espontáneamente) pasan a un nivel más bajo, irradiando fotones, en el amplificador
(molecular o paramagnético) para esto hay que crear un nuevo impulso. Tal impulso es la
señal a amplificar.
La frecuencia de la señal que se amplifica debe corresponder a la magnitud de aquel
“escalón”, del cual caerá por causa del impulso la molécula de sustancia (E3 - E2). Resulta
como si el circuito del amplificador (es decir, la molécula) estuviera sintonizado en
resonancia con la señal que se amplifica.
En los amplificadores, tanto en el molecular como en el paramagnético el estado excitado
del medio (del cristal, de la solución, del gas), se crea bajo la frecuencia de los campos
electromagnéticos.
Las diferencias están relacionadas a que la excitación esta condicionada por diferentes
procesos físicos. Si en los amplificadores moleculares los electrones al excitarse pasan de
una órbita a otra, en los amplificadores paramagnéticos los electrones, al excitarse, se
quedan en sus órbitas, pero cambia el estado magnético de las moléculas de la sustancia
paramagnética irradiada.
§ IV.47
La principal ventaja de los amplificadores cuánticos es la ausencia de ruidos interiores
(propios). En efecto, en los amplificadores de válvulas los ruidos propios se engendran por el
movimiento térmico de los electrones. La amplificación
paramagnética se realiza a temperaturas excesivamente bajas
(menos de 269 grados Celsius), próximas al cero absoluto. En este
caso el movimiento térmico llega prácticamente a desaparecer.
Además, cada fotón contiene tan poca energía que incluso durante
su movimiento caótico no puede crear sus propios ruidos. Es por eso que con los
amplificadores paramagnéticos se puede amplificar la señal en cientos y miles de veces más
que con los amplificadores de válvulas, sin temer, que la señal se “pierda” en los ruidos. Y si
un receptor de válvulas moderno puede asegurar una amplificación de 1024 veces (cien 100
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billones), el receptor con amplificador cuántico permite amplificar las señales en miles de
veces más.
¡Habla el Universo!
En los últimos altos a los especialistas en electrónica les preocupan cada vez más los
problemas cósmicos.
Y es natural, pues el progreso de cada rama de la ciencia y la técnica, siempre sirve de
impulso para el desarrollo de las ramas contiguas.
Como consecuencia de la conquista del espacio cósmico se crearon receptores
supersensibles, así como esquemas electrónicos perfectos, que aseguran la puesta en órbita
de las naves cósmicas y la comunicación entre la nave y la Tierra.
Tras dominar con ayuda de la electrónica un enorme diapasón de ondas, desde un micrón
hasta kilómetros, el hombre se pregunta: ¿cómo podrían utilizarse estas ondas para la
comunicación con los habitantes de otros mundos? Deben de existir, pues, en alguna parte
de la vasta extensión del universo nuestros compañeros de juicio que saben radiar y
receptar las señales no peor que nosotros.
Ni que decir tiene, que interesante sería entrar en contacto con ellos y conocer su
civilización, que quizás, haya adelantado a la nuestra, digamos, en varios miles de años.
Tal vez en el futuro, se pueda visitar a los habitantes de las galaxias vecinas. Mientras tanto,
no estaría de más recibir alguna noticia, alguna señal de respuesta en este sentido: ya
sabemos que existís y estamos de acuerdo en tener amistad con vosotros.
Esta ilusión nació mucho antes de que surgiera la electrónica. Entonces estaban en discusión
distintos medios de comunicación. Se propuso construir un enorme espejo capaz de
reproducir el rayo de sol en Marte. La idea de los autores era marcar con este "rayo” de sol
en la superficie de Marte algún signo matemático. Existieron también otros proyectos; como
por ejemplo, crear en la Tierra una gigantesca señal. El famoso matemático Gauss
consideraba que Siberia para dicho fin, vendría como anillo al dedo. Sugería sembrar en el
área que formara la señal, trigo, cuyo color amarillo contrastaría bien sobre el fondo verde
de la taiga. Habrá quienes consideraban que esta señal debía construirse en el desierto de
Sahara.
Ninguno de los proyectos nombrados llegó a realizarse. La aparición de la radio hizo revivir
la vieja ilusión. Se esperaba que los habitantes del universo transmitieran noticias por radio.
Y aquí esta...
¡Noticia bomba! ¡Señales desde el cosmos! El ingeniero norteamericano Karl Yansky captó
unas noticias que se repetían exactamente cada 23 horas y 56 minutos.
Por desgracia, el estudio de estas señales decepcionó a los impacientes de establecer la
comunicación interplanetaria. Resultó que no eran hombres, ni mucho menos, los que
emitían las señales. Eran la Luna, el Sol, Mercurio, Saturno los que emitían ondas
electromagnéticas. Se logró recibir emisiones de “estaciones de radio” naturales, que distan
de nuestro planeta miles de millones de años luz.
Quedó insatisfecha el ansia de comunicarse con los habitantes del universo. No obstante,
surgió la radioastronomía, una nueva rama aplicativa de la electrónica.
este fenómeno se repite a cada instante, y por eso de cualquier parte del universo llegan
ininterrumpidamente señales en la onda de 21 cm.
El espacio interestelar en su totalidad está lleno de hidrógeno. Los astrónomos observan lo
que acaece alrededor, partiendo de las señales emitidas por los átomos de hidrógeno. En
particular, se logró observar la catástrofe de dos galaxias gigantes y sobre la base de ello
surgió la hipótesis del cataclismo de dos “antimundos”.
Está bien, pero ¿qué tienen que ver con esto otras civilizaciones? ¿Por qué decidieron los
científicos que seríamos oídos justamente en dicha onda?
Razonaron Así: cualquier civilización que haya alcanzado un nivel de desarrollo como el
nuestro o bien más debería interesarse por explorar el universo y captar las señales de
hidrógeno en la onda de 21 cm. Por consiguiente, tendrán receptores sintonizados en dicha
onda. Basta, mediante la modulación, darle un cierto “colorido” a la señal para que esta se
diferencie fácilmente. "Aquella gente” comprenderá que son señales de Ramada y enviaran
la respuesta.
¿Serán confirmadas estas hipótesis? Lo veremos. No queda mucho de esperar, tal vez unos
9 años.
Las ondas electromagnéticas llegan hasta los más recónditos rincones del universo,
impenetrables para los rayos de luz por hallarse tras capas de polvo cósmico.
Con ayuda de los radiotelescopios se han descubierto en el centro de nuestra Galaxia,
cúmulos estelares hasta ahora desconocidos. La Galaxia tiene forma de espiral, como
precisamente lo había predicho la teoría, antes de que se lograra observarla.
En el desarrollo de la radioastronomía han desempeñado un enorme papel los amplificadores
cuánticos moleculares y paramagnéticos (véase § IV.45 y § IV.46). Estos permiten captar
señales sumamente débiles que llegan del lejano espacio. En realidad dichos amplificadores
sirven precisamente para esto y resultarían excesivamente buenos para la
radiocomunicación corriente.
Parece extraño, pero los especialistas han llegado precisamente a esta conclusión
paradójica. El hecho es que dichos amplificadores son tan sensibles que cualquier cuerpo
que emita ondas térmicas (infrarrojas) provoca interferencias muy palpables para ellos. Solo
en el caso en que la antena del receptor esta dirigida hacia el frío cosmos, suele utilizarse
con eficacia la amplificación de que este es capaz.
En la ciudad de San Fernando (EEUU) se instaló un radiotelescopio para la observación de
las estrellas apagadas, invisibles para un telescopio ordinario. Y resultó tan sensible, que
contaba a todos los insectos en vuelo, percibiendo el calor de sus diminutos cuerpos. No se
podía fumar ni un cigarrillo a un radio de 15 metros del telescopio sin perturbar la recepción.
Los objetivos espaciales que no emiten señales pueden “palparse” con ondas reflejadas. La
tarea resultó fácil para la localización, aunque los objetivos estaban bastante alejados y no
eran del todo habituales. Fue menester estaciones especiales y emitir impulsos más
potentes, aunque con mucha menos frecuencia. Estas señales contribuyeron a precisar la
composición de la Luna y Venus y medir la distancia de éstas a la Tierra; pues la localización
esta Ramada a fijar con la precisión de varios kilómetros objetos muy alejados. Los
científicos del Instituto de Física P. N. Lebedeva, obtuvieron un láser especial con el que
lograron realizar la localización de la Luna desde el observatorio astrofísico de Crimea.
Italia y Suiza se comunican a través de los Alpes: las antenas retransmisores están
instaladas en las cumbres de Jungfrau (4166 metros), Monte Generoso (1701 metros) y en
la ciudad de Schasserel, situada a 1609 metros sobre el nivel del mar.
Los norteamericanos trataron de resolver de otro modo el problema de la televisión a
grandes distancias: crear una “ionosfera artificial” con ayuda de cohetes especiales. Una
explosión a cien kilómetros de altura producía una nube de potasio elemental. Esta nube
ionizada por los rayos solares, reflejaba las ondas televisivas durante de hora y media a dos
horas. Es evidente que este proceso es admisible en casos especiales. Pero es poco probable
que de este modo pueda asegurarse la transmisión diaria de programas de televisión, pues
la ionización de la nube, producida por los rayos solares, tampoco es constante, ya que la
comunicación cesa con la puesta del sol.
¡Sin embargo, el problema puede ser resuelto cardinalmente con ayuda de los satélites
artificiales! Los retransmisores instalados en tres satélites puestos en órbita a 120 grados
aseguraran la comunicación televisiva mundial. Si la órbita se elige correctamente (la altura
calculada es de 35.800 km) cada uno de los satélites está Madex a un punto determinado
del ecuador: el número de revoluciones del satélite coincidirá con el de la Tierra.
En 1963 el cohete norteamericano “Thor” puso en órbita el primer satélite artificial “Synkom
2" para retransmitir en “intervisión". Con ayuda de este satélite se transmitieron fotocuadros
desde el puerto Lakehurst (Estado de Nueva Jersey) al barco “Kingsport”, que navegaba
rumbo a Nigeria, hacia la isla africana de Lagos.
Los satélites artificiales soviéticos “Molina” coadyuvaron a transmitir emisiones televisivas
desde Moscú hasta el Extremo Oriente.
Al realizar la “Intervisión” mediante satélites artificiales hubo que enfrentarse con una serie
de problemas por resolver. Como, por ejemplo, transmitir un concierto vespertino a otro
lugar del globo terráqueo, donde ya son altas horas de la noche.
En este caso, el programa se graba previamente en cinta magnética y se transmite al
despuntar el día.
Los satélites artificiales pueden coadyuvar no solo a la televisión, sino a la
radiocomunicación corriente. El problema reside en que de año en año se observa más
estrechez en el diapasón de ondas de 10 a 2000 metros. De aquí se desprende el afán de
ampliar el diapasón de radiocomunicación hasta ondas centimétricas. Pero aquí existe la
inconveniencia de que la ionosfera no refleja las ondas más cortas de varios metros, siendo
el horizonte el límite que estas no pueden “salvar”. Es aquí, donde los satélites artificiales
acuden en ayuda. Instalando en los satélites un retransmisor, puede percibirse una
radioemisión en ondas centimétricas y dirigirlas desde el satélite a cualquier punto lejano de
la Tierra...
Cuesta arriba por la escala de las frecuencias se adelanta no solo la electrónica, sino las
ramas de la técnica relacionadas con ella: la radio empezó a asimilar ondas centimétricas y
la televisión pretende aplicar los láseres y funcionar en ondas de décimas de fracción de
micrón.