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Conducta Ritualista en Psicología

Este documento define la conducta ritualista como un conjunto de acciones prescritas que se repiten a pesar de ser inadaptadas. Luego discute varias definiciones de la conducta propuestas por diferentes autores, incluyendo a Pierre Janet, Watson y Koffka. Finalmente, analiza distintos enfoques para clasificar y estudiar los fenómenos de la conducta.

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Conducta Ritualista en Psicología

Este documento define la conducta ritualista como un conjunto de acciones prescritas que se repiten a pesar de ser inadaptadas. Luego discute varias definiciones de la conducta propuestas por diferentes autores, incluyendo a Pierre Janet, Watson y Koffka. Finalmente, analiza distintos enfoques para clasificar y estudiar los fenómenos de la conducta.

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Luis Steven Velasco Gaibor

Psicología Clínica
Quinto Semestre

Conducta Ritualista

Definida por Pierre Janet como el conjunto de movimientos, acciones y palabras.


Es perceptible exteriormente, sale del organismo y alcanza objetos exteriores.
Sin embargo, también existen conductas interiores como la toma de conciencia,
que resulta un perfeccionamiento de la conducta. Serie de actos o acciones, que
perceptiblemente son vistos u observados en una persona, entidad o grupo y que
ocurren siguiendo una secuela que aparece repetida con las mismas
características.

Conducta ritualista: Conducta en la que se siguen una serie de acciones


prescriptas, que se repiten a pesar de ser inadaptarías

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Luis Steven Velasco Gaibor
Psicología Clínica
Quinto Semestre

Conducta
El término conducta o comportamiento ha sido incorporado a la psicología desde
otros campos del conocimiento; fue ya anteriormente empleado en la química —
y lo sigue siendo aún para referir o dar cuenta de la actividad de una sustancia,
un cuerpo, un átomo, etcétera. Posterior-mente, Huxley lo introduce en biología
para referirse también a las manifestaciones de la sustancia viva: célula, núcleo,
etcétera; y Jennings, en psicología animal. En todos estos campos, el término se
refiere al conjunto de fenómenos que son observables o que son factibles de ser
detectados, lo cual implica la consigna metodológica de atenerse a los hechos tal
cual ellos se dan, con exclusión de toda inferencia animista o vitalista. Se busca,
por lo tanto, que su descripción y estudio sean una investigación libre -o lo más
libre posible de adiciones antropomórficas. Esta posición antimetafísica y
antivitalista tiende en todas las ciencias a un mayor rigor científico, describiendo
y explicando todos los fenómenos en función de los fenómenos mismos, sin tener
necesidad de recurrir a potencias o fuerzas ajenas y distintas a los sucesos
naturales. En el estudio del ser humano también se aplicó el término a todas las
reacciones o manifestaciones exteriores, tratando así de que la investigación
psicológica se convirtiera también sistemáticamente en una tarea objetiva, y por
lo tanto- la psicología en una ciencia de la naturaleza. El término conducta,
aplicado a las manifestaciones del individuo, tiene siempre la connotación de
estar dejando de lado lo más central o principal del ser humano: los fenómenos
propiamente psíquicos o menta-les. Estos últimos serían realmente los
fenómenos más importantes, dado que originan la conducta; y si estudiamos
únicamente esta última, nos estamos ocupando sólo de productos y derivados,
pero no del fenómeno central. Etimológicamente la palabra conducta es latina y
significa conducida o guiada; es decir, que todas las manifestaciones
comprendidas en el término de conducta son acciones conducidas o guiadas por
algo que está fuera de las mismas: por la mente. De esta manera, el estudio de
la conducta José BlegerConducta25 ta, considerada así, asienta sobre un
dualismo o una dicotomía cuerpo-mente, sobre la tradición del más puro
idealismo, en el que la mente tiene existencia de suyo y es el punto de origen de
todas las manifestaciones corporales; según esta perspectiva, el cuerpo es
solamente un instrumento o un vehículo del que se vale la mente (alma) para
manifestarse. La raíz religiosa de este esquema es fácil de deducir. En la historia
del concepto de conducta en psicología, tiene importancia el artículo de Watson
publicado en 1913, que inicia la corriente o escuela llamada Conductismo o
Behaviorismo, en el que sostiene que la psicología científica debe estudiar sólo
las manifestaciones externas (motoras, glandulares y verbales); aquellas que
pueden ser sometidas a observación y registro riguroso, tanto como a
verificación. Ya antes que Watson, Pillsbury había definido la psicología como la
ciencia de la conducta y Angelí integrante de la escuela funcionalista anticipaba
el reemplazo de la mente porla conducta como objeto de la psicología. Posi-

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Quinto Semestre

blemente entre los más importantes, en lo que respecta a la conducta como


objeto de la psicología, haya que contar los estudios de P. Janet y los de H.
Piéron. Este último formuló desde 1908, una psicología del comporta-miento, y
P. Janet hizo importantes aportes al tema de la psicología de la conducta, en la
que incluía la conciencia, considerada como una conducta particular, como una
complicación del acto, que se agrega a las acciones elementales. El mismo autor
estudió la evolución de la conducta, describiendo una jerarquía de operaciones,
compuesta de cuatro grupos: conducta animal, intelectual elemental, media y
superior. Pero aun con estos anticipos, el behaviorismo de Watson fue una
verdadera proclama, consecuente y abierta, de una posición materialista en
psicología; lo es, aun considerando todas sus limitaciones mecanicistas y los
reparos puestos por diferentes autores a la verdadera paternidad de Watson
sobre el concepto de conducta y —entre otros— las objeciones de H. Piéron, para
quien el behaviorismo, como psicología específicamente norteamericana, sólo
tiene de específico "sus exageraciones frecuentemente pueriles". Sin entrar en
esta polémica de la prioridad sobre el concepto de conducta en psicología,
interesa saber que fue Watson el que promovió una de las escuelas que hicieron
tambalear, aun más, el edificio de la psicología clásica y que —de distintas
maneras y con diferentes valores— aportó elementos que conducen a nuevas
posibilidades de la psicología. Tolman dice que, indiscutiblemente, se habló de la
psicología como ciencia de la conducta antes de Watson, pero este último
transformó la conducta en "ismo". Watson incluyó en la conducta todos los
fenómenos visibles, objetivamente comprobables o factibles de ser sometidos a
registro y verificación v que son siempre respuestas o reacciones del organismo
a los estímulos que sobre él actúan. Intentó asentar la psicología sobre el modelo
de las ciencias naturales, con una sólida base experimental, y por ello presentó
una sistemática oposición a dos postulados fundamentales de la psicología
clásica: a la introspección como método científico, y a la conciencia como objeto
de la psicología. Sobre esto último, sin embargo, tal como lo sugiere Tilquin,
quedan dudas de si la exclusión de la conciencia, por parte de Watson, es de
carácter ontológico o metodológico. Koffka incluye una división tripartita de la
conducta, que presenta como muy semejante a la de McDougall; denomina
procesos a la suma de movimientos observables, distinguiéndola del
comportamiento y de las vivencias. El comportamiento incluye los procesos que
denomina efectivos o reales y para los que se emplean conceptos funcionales,
mientras que para los fenómenos o vivencias se utilizan conceptos descriptivos.
Explica estos conceptos con ejemplos sencillos. Si se observa un leñador y se
determina que el número de leños que parte por minuto va disminuyendo, se
está haciendo una observación del comportamiento, es decir, de procesos
efectivos o reales; si sobre esta base se determina la fatiga del leñador, se está
describiendo su comportamiento con un concepto funcional. En otro ejemplo
similar, una persona desconocida pierde algo en la calle y yo lo recojo y se lo

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entrego; si al día siguiente vuelvo a encontrarla, esa persona reacciona de otro


modo; describo su comporta-miento diciendo que me ha reconocido o que me
recuerda, utilizando un concepto descriptivo. Las vivencias o fenómenos están
constituidos por los pensamientos u opiniones que cada sujeto puede expresar.
El leñador puede decir que está fatigado, y el desconocido de ayer, que me
reconoce. Pero puede haber contradicción o una falta de paralelismo entre la
descripción funcional de su comportamiento y las vivencias que realmente tienen
esos individuos. La conducta externa y la conducta interna están "no sólo
acopladas por fuerza y accidentalmente, sino emparentadas por esencia y unidas
objetivamente". Según Koffka, Thorndike también emplea la palabra conducta de
la misma manera o con la misma extensión, es decir, incluyendo el aspecto
fenoménico. Jaspers es otro de los autores que intentó unificar los fenómenos
que estudia la psicología, ordenándolos en cuatro grupos, según el grado de
perceptibilidad de los mismos; el primero es el de los fenómenos viven-ciados; el
segundo, el de las funciones o rendimientos objetivos (memoria, inteligencia,
trabajo, etcétera); el tercero, el de las manifestaciones corporales concomitantes;
y el cuarto, el de las objetividades significativas (expresiones, acciones, obras).
Lagache ha dedicado mucha atención a este tema y define la conducta como la
totalidad de las reacciones del organismo en la situación total. Reconoce en ella:
1) la conducta exterior, manifiesta; 2) la experiencia consciente, tal como ella es
accesible en el relato, incluyendo las modificaciones somáticas subjetivas; 3)
modificaciones somáticas objetivas, tal como ellas son accesibles a la
investigación fisiológica; 4) los productos de la conducta; escritos, dibujos,
trabajos, tests, etcétera. El término conducta se ha convertido así, en la
actualidad, en patrimonio común de psicólogos, sociólogos, antropólogos, sin que
por este solo empleo se esté filiado en la escuela del behaviorismo; inclusive se
ha convertido en un término que tiene las ventajas de no pertenecer ya a ninguna
escuela en especial y de ser lo suficientemente neutral como para constituir o
formar parte del lenguaje común a investigadores de distintas disciplinas, campos
o escuelas. De esta manera, el empleo que vamos a hacer nosotros del término
está fuera de los límites de la escuela conductista o de alguna de sus variantes,
aunque por otra parte resume y recoge las consecuencias, para la psicología, de
la revuelta watsoniana, tanto como las de la Gestalt y el psicoanálisis. Incluimos
así bajo el término conducta, todas las manifestaciones del ser humano,
cualesquiera sean sus características de presentación, ampliando de esta manera
el concepto a sectores mucho más vastos que los que caracterizan al
conductismo. Es lo que han hecho, entre otros, Koffka, Janet, Lagache y entre
nosotros E. Pichón Riviére. Al conjunto de manifestaciones del ser humano que
llamamos conducta, está dedicado el presente estudio. Adoptamos, como punto
de partida, las definiciones que da Lagache sobre conducta, como "el conjunto
de respuestas significativas por las cuales un ser vivo en situación integra las
tensiones que amenazan la unidad y el equilibrio del organismo"; o como "el

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conjunto de operaciones (fisiológicas, motrices, verbales, mentales) por las


cuales un organismo en situación reduce las tensiones que lo motivan y realiza
sus posibilidades". En el ser humano este conjunto de operaciones tiene una
estructura muy compleja que iremos distinguiendo en el curso de nuestra
exposición

Conducta ritualista
Conducta ritualista
Los aspectos ritualistas en un crimen emanan de las cuestiones internas del
delincuente en particular y se proyectan dependiendo de las exigencias internas
para cometer el crimen, se deriva de la motivación y de las fantasías, son
cuestiones simbólicas que son altamente individualizados y reflejan los aspectos
de la escena que no son necesarios para cometer el crimen, pero fundamentales
en la expresión de la motivación principal o el propósito del acto criminal en sí.
Vernon Geberth ha vinculado la fantasía basada en elementos de una relación
sexual a través de la interpretación psicodinamica, los aspectos ritualistas
también se pueden expresar de manera diferente sobre una serie de delitos, ya
sea por evolución o por una fantasía patológica severa

Características comunes del delincuente asociadas con el comportamiento


ritualista:

 Cuerpo posando
 Dejar a la víctima en una posición abierta
 Dejar a la víctima en posición sexual degradante
 Inserción de objetos en las cavidades
 Tener un guion preparado para la víctima.
 Uso de conductas aberrantes relacionadas con la esclavitud sexual.
 Heridas de arma punzo-penetrante en una zona determinada del cuerpo.
 Marcas post-mortem en el cuerpo de la víctima.
 Mutilación corporal.
 Dejar la ropa perfectamente doblada a un costado del cuerpo.
 Afeitar la zona púbica de la víctima.
 Golpes o puñaladas innecesarias o exageradas.
 Sexo post-mortem.

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La firma del agresor


La firma es un término generalmente utilizado para describir las acciones
innecesarias, pero en la práctica se compone de dos conceptos distintos pero
relacionados entre sí. El primero es la firma conductual y el segundo son los
aspectos de la firma. La firma conductual son las acciones personales que se
vinculan con el crimen, Los aspectos de la firma es un grupo de comportamientos.
Los aspectos detrás de la firma tienen que ver con las experiencias individuales
y las influencias que el agresor tenga y están directamente ligadas por la cultura
y los impactos sociales y culturales que afecten su desarrollo, estas influencias
presentaran una variedad de formas y una de estas formas son sus crímenes. En
la firma, el agresor refleja las necesidades emocionales y psicológicas y sugiere
su motivación.
La forma en que el agresor expresa esta psicología individual constituye su firma.
Si el agresor siente la necesidad de aferrarse emocionalmente a la vida de otros
esa será la única forma de hacerlo ya que forma parte de su vida.
Si el agresor tiene problemas con el temperamento y el humor, esto tendrá
repercusiones en su forma de comportarse también y será una información que
caracterice sus crímenes.
Los crímenes que cometen las personas son una consecuencia y resultado de
diferentes influencias, además de las necesidades psicológicas y emocionales, su
firma debe ser bastante distintiva y puede ser de gran apoyo para el investigador
encontrar la diferencia entre los distintos agresores que cometen diferentes tipos
de crímenes y en las áreas en las que actúan.
Un punto de confusión en la actualidad es que la firma es la mejor manera de
ligar crímenes cometidos por un mismo delincuente, no se puede utilizar para
sugerir que una serie de crímenes sea el trabajo de un solo agresor, todo lo que
puedo decir es que existe una fuerte evidencia conductual en lo cual podamos
basar este tipo de evaluación.

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Esto significa que el análisis de la firma no se centra en determinada o particular


evidencia, si no en un conjunto de puntos de evaluación, aunque en el campo
laboral todavía algunos creen que es solo la firma la que los llevara al agresor.

Anomia y formas de desviación

Cuando en una sociedad existen diferencias entre los fines culturales y los medios
sociales, muchas personas entenderán que es justificable el lograrlos de formas
distintas a las establecidas. El innovador es un individuo que asimiló bien el fin,
pero no tan bien las formas institucionalizadas para su obtención. Es por ello que
decide emprender caminos diferentes de los normatizados para lograr el éxito.
En los niveles económicos superiores la presión hacia la innovación es muy alta,
y se incentiva informalmente.

Pero la mayor presión se encuentra en las clases bajas donde la descompensación


entre fines y medios se hace notar con mayor intensidad. De hecho, cuanto más
abierto sea el sistema de estratificación más tensiones producirá, pues un sistema
cerrado establece grados diferentes de éxito para cada estrato. En una sociedad
anómica, las virtudes ordinarias parecen ser de poco provecho y se tiende a
atribuir el éxito a los golpes de suerte. Para el triunfador, esto le permite aparecer
como una persona modesta y accesible, a la vez que disminuye suspicacias
malintencionadas. Para los fracasados, especialmente los que se esforzaron por
alcanzar el éxito, la apelación a la mala suerte les permite disminuir
el nivel de frustración y seguir intentándolo sin que su autoestima se resienta
tanto como para abandonar. Quienes, no crean en la suerte como causa posible
de las situaciones en que se hallan, siempre podrán optar por el cinismo hacia el
estado de las cosas.

El ritualismo

Determinadas personas optan por abandonar los grandes objetivos culturales,


otorgando un empeño desmedido al cumplimiento casi compulsivo de las normas.
Aunque no suele entenderse como un comportamiento desviado, de hecho si que
lo es. La tensión que genera una situación crónica de competencia induce a
muchos rebajar sus expectativas y centrarse en los procedimientos, como
justificación de su fracaso. Este comportamiento es una forma de adaptación muy
propia de las clases medias, pues es en ellas donde la socialización familiar insiste
especialmente en la necesidad de respetar los mandatos morales.

El retraimiento

Se trata de personas que rechazan tanto las metas como las normas y los medios
existentes. Están en la sociedad, pero no pertenecen a ella, no se sienten

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partícipes de algo en lo que continuamente fracasan por los medios legítimos y


a su vez se sienten incapaces de seguir caminos ilegítimos por las prohibiciones
interiorizadas. La solución es la huida total de fines y medios mediante la evasión.
Este tipo de desviados causa una especial alarma social, los ritualistas al menos
mantienen en funcionamiento los engranajes del sistema, los innovadores no
cuestionan sus bases y siempre pueden entenderse como hijos desobedientes e
incluso ingeniosos, pero los evasivos son improductivos y la producción es la base
del sistema.

La rebelión

Los sujetos rebeldes están situados fuera del sistema, de hecho intentan generar
uno distinto, cuestionan tanto los fines como los medios, se sienten ajenos a la
propia estructura social y cultural. Difiere del resentimiento en la medida en que
éste no implica un verdadero cambio de valores, moviéndose por sentimientos
difusos como el odio, la envida o la impotencia.

Es un hecho que la estructura social presiona ejerce una presión diferencial, es


decir, presiona más a quien tiene menos, lo cual no quiere decir que no presione
también a aquellos que ocupan posiciones más favorables en el sistema de
distribución de oportunidades. En este contexto, la desviación es la respuesta
adaptativa a un desajuste, si incrementamos las oportunidades pero siguen
existiendo divergencias entre éstas y las expectativas de triunfo, la puerta a la
desviación continúa abierta. Siempre que los medios instituidos resulten
insuficientes para el cumplimiento de los objetivos, encontraremos sujetos que
se aparten de las normas convencionales dando lugar una situación anómica.

¿Qué es un ritual? El ritualismo de la cotidianidad

La Real Academia Española define un rito como una costumbre o ceremonia. A


pesar de que muchas veces pasemos por alto estos rituales, nuestra sociedad
está repleta de ellos. El objetivo de este blog es profundizar un poco en ellos,
auxiliados por las aportaciones teóricas de la psicología social.

Turner (1969) da una explicación de qué es un ritual, menciona que es una


secuencia estereotipada de actos que comprende gestos, palabras u objetos.
Goffman, por otra parte (1971) propone en su definición de “ritual”, que va más
allá de un acto extraordinario, comprendiendo gran parte de la vida diaria del ser
humano, es por ello que se puede decir que la vida diaria está llena de rituales y
ritualizaciones, los cuales dan normas y crean una cultura propia, la cual se
interioriza y manifestada a través de las interacciones mismas.

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Esta definición resulta bastante rica por lo que propone: los rituales propios de
una cultura son un eje para la conformación de la identidad social. También
supone que los ritos son actos expresivos, es decir, que es mediante ellos y la
simbología que transmiten, que logramos expresar emociones y pensamientos,
además de servir como un código de conducta en situaciones determinadas.

Merton (1965) propuso algo similar, utilizando el término de ritualismo para


referirse a la aceptación de las conductas aceptadas socialmente para mediar la
vida interpersonal, dando a la sociedad una estabilidad relativa.

Esto nos puede llevar a reflexionar que varias de las acciones que realizamos y
consideramos “comunes” o “lo normal” pueden ser producto de rituales cuyo
simbolismo hemos interiorizado.

Cuando en una sociedad existen diferencias entre los fines culturales y los medios
sociales, muchas personas entenderán que es justificable el lograrlos de formas
distintas a las establecidas. El innovador es un individuo que asimiló bien el fin,
pero no tan bien las formas institucionalizadas para su obtención. Es por ello que
decide emprender caminos diferentes de los normatizados para lograr el éxito.
En los niveles económicos superiores la presión hacia la innovación es muy alta,
y se incentiva informalmente.

Pero la mayor presión se encuentra en las clases bajas donde la descompensación


entre fines y medios se hace notar con mayor intensidad. De hecho, cuanto más
abierto sea el sistema de estratificación más tensiones producirá, pues un sistema
cerrado establece grados diferentes de éxito para cada estrato. En una sociedad
anómica, las virtudes ordinarias parecen ser de poco provecho y se tiende a
atribuir el éxito a los golpes de suerte. Para el triunfador, esto le permite aparecer
como una persona modesta y accesible, a la vez que disminuye suspicacias
malintencionadas. Para los fracasados, especialmente los que se esforzaron por
alcanzar el éxito, la apelación a la mala suerte les permite disminuir
el nivel de frustración y seguir intentándolo sin que su autoestima se resienta
tanto como para abandonar. Quienes, no crean en la suerte como causa posible
de las situaciones en que se hallan, siempre podrán optar por el cinismo hacia el
estado de las cosas.

El ritualismo

Determinadas personas optan por abandonar los grandes objetivos culturales,


otorgando un empeño desmedido al cumplimiento casi compulsivo de las normas.
Aunque no suele entenderse como un comportamiento desviado, de hecho si que

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lo es. La tensión que genera una situación crónica de competencia induce a


muchos rebajar sus expectativas y centrarse en los procedimientos, como
justificación de su fracaso. Este comportamiento es una forma de adaptación muy
propia de las clases medias, pues es en ellas donde la socialización familiar insiste
especialmente en la necesidad de respetar los mandatos morales

Estructuras de la conducta

Definimos como repertorio de conductas a todas las conductas realizadas por


todas las personas (cada una con diferentes características) en todas las
situaciones posibles. Al momento de categorizarlas, las dividimos en estructuras
de la conducta. En casos habituales, la persona se encuentra en el predominio
de ciertas estructuras. A las estructuras predominantes y repertorio de conductas
relacionadas, Bleger la conoce como personalidad.

Por último, toda conducta es la mejor respuesta del individuo dadas aquellas
condiciones. Por ejemplo, después de un trauma, si la persona adopta un síntoma
somático, esa es precisamente la mejor forma en la que su personalidad total
pudo asimilar el evento.

Estructura ritualista

La necesidad del acompañante en la conducta evitativa es el paso intermedio a


la conducta de estructura ritualista, porque como su nombre lo indica, lo
característico de esta última es el recurrir a rituales para anular mágicamente el
peligro del objeto persecutorio, al cual se mantiene de esta manera controlado
en forma mágica. El ritual aparece o se configura cuando se estereotipa la forma
con la cual se impide el peligro del objeto persecutorio y peligroso, sea anulándolo
mágicamente o controlando una distancia óptima entre el objeto malo y el bueno.
El ritual puede consistir en una compañía estereotipada, un objeto que sirve de
amuleto o un determinado ceremonial. En este control, el orden sirve también
como ritual estereotipado.

En la estructura evitativa, tanto el objeto peligroso como el bueno (ambos


divalentes) estaban situados en depositarios en el área tres. Eso mismo puede
ocurrir para la estructura ritualista, pero puede además abarcar las otras dos
áreas; se puede tratar de un ritual o una estereotipia frente a un "mal"
pensamiento, el cual necesita ser anulado con otro pensamiento "bueno". Una
fórmula muy mitigada, cercana a este ejemplo, es el caso de la duda, en la cual
oscilando entre dos soluciones se configura un ritual que evite el peligro que
potencialmente hay en cada una de las dos. El ritual puede ser un gesto, una
actitud, un tic, la rigidez muscular, o bien aparecer con la ropa, que pertenece

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también al esquema corporal. El ritual puede variar tanto como puede variar la
dinámica y localización

Ide los objetos divalentes. Una diferencia fundamental con la estructura evitativa
es que, en esta última, se evita un objeto peligroso en el área del mundo externo,
mientras que en la ritualista puede estar en cualquiera de las tres áreas. Si se
introyecta el objeto malo, desde el depositario al área del cuerpo, y éste no pasa
a ser controlado con un ritual, puede ser controlado y mantenido a distancia,
disociado del objeto bueno, por una conducta de estructura conversiva. En
psicopatología, la conducta ritualista constituye los cuadros obsesivos.

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Resumen

En resumen podemos decir que lo característico de la conduta ritualista es el


recurrir a rituales para anular mágicamente el peligro de un objeto persecutorio,
al cual se mantiene de esta manera controlado en forma mágica. Es decir que la
persona debe tener algún tipo de ritual para asi satisfacer la necesita de realizar
este tipo de actos

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Conclusión

En conclusión se dice que la conducta ritualista hace que la persona que la posee,
tenga un apego excesivo por realizar algún tipo de ritual, ya sea al inicio o al final
de realizar alguna actividad.

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Bibliografía

(CFEC, s.f.)

(Gomez)

(Ritualismo, perspectiva psicosocial, 2014)

(Villarreal, 2016)

(Bleger)

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Anexos

Cartel acerca de
conducta ritualista

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