Armada Invencible
Armada Invencible es un término de origen inglés9
para referirse a la Gran Armada de 1588, Armada Invencible
proyectada por el monarca español Felipe II para
destronar a Isabel I e invadir Inglaterra. El ataque Guerra anglo-española (1585-1604)
tuvo lugar en el contexto de la guerra anglo-española
de 1585-1604.10 El ataque fracasó pero la guerra se
prolongó dieciséis años más y terminó con el Tratado
de Londres de 1604, favorable a España.11
Felipe II decidió articular el ataque conjuntamente, y
de manera compleja desde los puertos del litoral
atlántico español (de Andalucía a Guipúzcoa pasando
por Portugal, de donde partiría el grueso de la flota,
Galicia, Asturias, Santander y Vizcaya; y desde las
posesiones españolas en los actuales Países Bajos).
Se armó una gran flota en puertos españoles que
recibió el nombre de Grande y Felicísima Armada.
Las naves enviadas desde la península ibérica
participarían en el combate, mientras que las fuerzas
españolas que salieran simultáneamente desde los
Países Bajos, con los Tercios de Flandes, se
encontrarían entre el canal de la Mancha y el mar del
Norte con las que habían partido de la Península, con
el objetivo de desembarcar en Inglaterra.12 Esta
invasión no pretendía la anexión de las islas
británicas al Imperio español, sino la expulsión de
Isabel I del trono inglés, y respondía a la ejecución de
María Estuardo, la política antiespañola de piratería y
a la guerra de Flandes.9 Debía mandarla el almirante
de Castilla Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz,
pero murió poco antes de la partida de la flota, siendo Travesía de la armada española
sustituido a toda prisa por Alonso Pérez de Guzmán
(VII duque de Medina Sidonia), grande de España. Fecha 12 de julio-23 de septiembre de
Estaba compuesta por 127 barcos que zarparon de 1588
Lisboa, y de ellos, 122 barcos entraron en el canal de Lugar Canal de la Mancha, mar del
la Mancha.13 Norte, costas de Escocia e
Irlanda
Las turbulentas condiciones meteorológicas en el mar
Coordenadas 50°10′00″N 4°15′42″O
llevaron al naufragio de muchas naves. Sin embargo
Resultado Fracaso español
87 barcos, unas dos terceras partes de la flota,
Militarmente indecisa1
regresaron a España 13 sin haber cumplido su misión
de derrotar a las fuerzas inglesas y favorecer el Beligerantes
ataque desde Flandes.14 15 En 1589 Inglaterra llevó a Inglaterra Monarquía
cabo una expedición militar para destruir los barcos Provincias Unidas Hispánica
españoles que estaban siendo reparados en La • Italia española
Coruña, Santander y San Sebastián, así como para • Portugal bajo la
iniciar una insurrección antiespañola en Lisboa. Esta Casa de Austria
expedición fue conocida como Contraarmada y Figuras políticas
fracasó en sus objetivos.16 Isabel I de Felipe II de
Inglaterra España
Comandantes
Índice Charles Howard Alonso Pérez de
Antecedentes Francis Drake Guzmán el Bueno y
Walter Raleigh Zúñiga (VII duque de
La estrategia
John Hawkins Medina Sidonia)
Los planes de Isabel
Martin Frobisher Alejandro
Cambio de mando de la Armada y la Lord Henry Farnesio (III duque de
partida Seymour Parma)
La Armada se acerca a Inglaterra William Winter Juan Martínez de
El canal de La Mancha Recalde
La isla de Wight Miguel de
El paso de Calais Oquendo
Martín de
El mar del Norte
Bertendona
El regreso rodeando las islas británicas
Pedro de Valdés
Hallazgos arqueológicos
Fuerzas en combate
Tamaño de las flotas
Bajas inglesas 197 navíos2 154 navíos2
34 navíos de guerra2 20 galeones2
Ataques españoles a las costas inglesas
163 navíos mercantes 44 navíos mercantes
Panorama armados2 armados2
Barcos de las flotas 60 navíos de las 4 galeazas
Imperio español Provincias Unidas napolitanas2
Escuadra portuguesa (bloqueo de puertos)2 4 galeras portuguesas2
Escuadra castellana 1972 cañones2 3 23 urcas2
Escuadra de Vizcaya 15 925 hombres2 22 carabelas2
15 pinazas2
Escuadra de Guipúzcoa
22 pataches2
Escuadra andaluza
11243 -24312 cañones
Escuadra levantina o italiana
8050 marineros2
Escuadra de urcas 19 000 soldados2 (17
Galeras napolitanas 000 españoles y 2000
Inglaterra y Provincias Unidas portugueses)
2088 remeros2
Leyendas
Llegada de la patata a Irlanda Bajas
Referencias Ningún barco perdido4 Plymouth:
604 -1005 muertos por 7 muertos y 31
Bibliografía
combate heridos6
Enlaces externos 2000 muertos por Portland Bill:
enfermedad4 50 muertos y 70
heridos4
3000 muertos por Isla de Wight:
Antecedentes intoxicación alimentaria5 50 muertos y 70
En 1558 el Imperio español se extendía por América heridos6
y Filipinas, además de haberse anexionado los Gravelinas:
territorios del Imperio portugués por derechos 1 barco hundido6 7
sucesorios. El interés de España por Inglaterra era ~1400 bajas6
geopolítico, al ser un reino de importancia que podría Canal de la Mancha:
7 barcos perdidos8
ser un perfecto paraguas para sus posesiones en los
Total:
Países Bajos frente a ataques franceses o rebeliones
63 barcos perdidos4 (2
protestantes.
hundidos en combate)
Felipe II contrajo matrimonio con la reina católica de • 26 galeones
• 13 urcas
Inglaterra María I, de modo que el hijo que tuvieran
• 20 pataches
pudiera reinar en España y en Inglaterra. María I, a
• 3 galeazas
instancias de su consorte, Felipe II, comenzó a
• 1 galera
construir una armada inglesa moderna, bautizando al
20 000 muertos
primer barco como Felipe y María en
• 1500 en los
conmemoración de su casamiento. María I falleció en combates4
1558 sin dar a Felipe II un heredero, lo que llevó a la • 8500 en los naufragios
hermanastra de María, la reina Isabel I de Inglaterra, • 2000 asesinados en
a acceder al trono. Isabel comenzó a reinstaurar la Irlanda
reforma anglicana en Inglaterra y Felipe II intentó • 8000 muertos por
detener el proceso y asegurarse la alianza con otras causas
Inglaterra, proponiéndole matrimonio a la que fuera
Armada española de
su cuñada, proposición que fue rechazada.17 Armada Invencible →
intervención en Irlanda
Felipe II de España e Isabel I de Inglaterra
convivieron de manera pacífica durante su primera década de reinado. A la postre, España había sufrido
constantes ataques en sus colonias de Ultramar y de sus barcos mercantes por parte del pirata John
Hawkins y de su primo sir Francis Drake, que actuaban con expediciones financiadas por Isabel I, pero
sin perder su condición de piratas y tratantes de esclavos africanos. En 1568 Hawkins y Drake, en una
tormenta, buscaron refugio en un puerto de Nueva España (actual México), lo que España vio como una
ocasión para atacarles, librándose la batalla de San Juan de Ulúa, que se saldaría con una victoria
española. Isabel respondió a este ataque a naves inglesas atacando cinco galeones españoles cargados de
oro.
En 1570 el papa Pío V promulgó una bula que excomulgaba a Isabel I y autorizaba a cualquier católico
para asesinarla y a cualquier monarca católico para destronarla.18 Felipe II no se mostró interesado en
dicha acción, pero el agente papal italiano Roberto di Ridolfi acabó presentándose ante la Corte de
España y propuso al rey una conspiración para asesinar a Isabel I y sustituirla por la reina de Escocia,
María Estuardo, de religión católica.19 El rey de España mandaría diversos agentes a Inglaterra para
incitar a la rebelión, pero ésta jamás llegó a estallar porque los espías de Isabel descubrieron el complot.
Isabel decidió iniciar un contraplan para dar dinero y tropas a los rebeldes protestantes de los Países
Bajos. A partir de 1572 Isabel comenzó a financiar las expediciones corsarias de Hawkins y Drake en las
costas del Caribe, capturando botines de ciudades españolas. En 1585 Drake atacó diversos puertos de
Galicia, atentando contra iglesias y matando a curas y a monjas,19 lo que motivó la acción de Felipe II
de atacar por fin a Inglaterra.
La estrategia
Felipe II contactó con el duque de Parma, Alejandro Farnesio, que gobernaba los Países Bajos, y con el
marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán, almirante de la flota de Lisboa, para pedirles un plan de
invasión de Inglaterra. El plan de Álvaro de Bazán era mandar una gran flota que desembarcara en Gran
Bretaña y procediera a la invasión. Por su parte, la estrategia de Farnesio era una ofensiva relámpago a
Londres por parte de los Tercios de Flandes. Felipe, en lugar de decidirse por uno, ordenó que ambos
planes fueran combinados. El marqués de Santa Cruz debía salir de Lisboa a cargo de una Gran Armada
y se reuniría con Alejandro Farnesio, cuyos 30 000 hombres desembarcarían en el Condado de Kent y
sitiarían a Londres. Esa zona era propicia, ya que no había fortificaciones entre la costa de Kent y
Londres.19
Los planes de Isabel
Isabel I fue informada por sus espías de los planes de invasión de Felipe II. Desde 1583 Inglaterra había
fundado una Comisión Real para la Armada, que continuó la labor de modernización de la armada
inglesa iniciada por María I. Todos los buques antiguos se reacondicionaron para mejorar su velocidad, y
todos los nuevos buques se diseñaban para ser más rápidos, presentando una proa más baja, castillos de
popa, líneas más pulidas y cubiertas de cañones más largas. En este contexto, un galeón inglés era un
buen rival para un simple barco de transporte español.
A fin de ganar tiempo para disponer sus defensas, Isabel ordenó a sir Francis Drake atacar la bahía de
Cádiz, donde se estaban construyendo barcos de la Gran Armada española. El ataque de Francis Drake,
conocido como la Expedición de Drake de 1587, destruyó o capturó cerca de 100 buques españoles, lo
que interrumpió notoriamente los preparativos españoles y retrasó los trabajos cerca de un año.
Cambio de mando de la Armada y la partida
Felipe II veía que la Armada se había convertido en un enorme
gasto financiero y apresuró a Álvaro de Bazán para que atacara
Inglaterra. Sin embargo, el 9 de febrero de 1588 Álvaro de Bazán
murió en Lisboa aquejado de tifus, dejando a la Armada sin
almirante. En la capital portuguesa no se encontraba ningún
marino con un prestigio social a la altura de Bazán para liderar
una empresa de esa envergadura, de modo que Felipe II recurrió
al duque de Medina Sidonia, Alonso Pérez de Guzmán. El 19 de
febrero de 1588, recibió el anuncio de la muerte del marqués de
Santa Cruz y la orden de partir a Lisboa.20
El duque de Medina Sidonia carecía de experiencia naval y no se
consideraba el hombre indicado para el proyecto. En cartas
enviadas al rey se puede leer en concreto:
Alejandro Farnesio, duque de Parma
V.M. me mandó viniese a Lisboa a aparejar esta armada y
traerla a mi cargo. Y en aceptar la jornada propuse a V.M.
muchas causas propias de su servicio, por do no convenía el
que yo la hiciese, no por rehusar el trabajo, si no por ver que
se iba a la empresa de un reino tan grande y tan ayudado de
los vecinos y que para ello era menester mucha más fuerza
de la que V.M. tenía junta en Lisboa. Y así rehusé este
servicio por esta causa. Y por entender que se facilitaba más
a V.M. el negocio de lo que algunos entendían, que solo
miraran a su real servicio, sin más fines.21
Así, lo fácil de comprender en este caso eran sus preocupaciones
en relación a la premura que exigía el rey y el mal estado de
aquella armada. Una armada mal pertrechada, sin el personal
necesario ni el apropiado. Una armada diseñada apresuradamente
que él tenía que disponer en un demasiado corto espacio de
tiempo y sin apenas hombres (9000). Dice en un informe
(ortografía original):
... aunque ayan escrito a V.M. de aquí, que esta armada
estaba tan a punto y en orden que podría partir dentro de
Almirante Álvaro de Bazán pocos días, después que yo he llegado la he hallado tan
diferente de esto, que fuera imposible poderse hacer, pues
todo lo que yo he hecho después que llegué y lo que se va
haciendo es tan necessario, que si no se hiciera dentro del
puerto, fuera la armada a mucho riesgo, porque toda la
artillería se ha mudado, por ser ymposible poder servirse
della de la manera que estaba puesta, y otras muchas cosas
de esta calidad que han sido menester de mudarse.22 23
Felipe II no recibió las cartas del duque declinando el cargo que
le ofrecían, ya que los consejeros del rey las interceptaron y le
respondieron que negarse a semejante misión le desacreditaría
para siempre. Recibida esta respuesta, el duque se dirigió a
Lisboa a cumplir con lo encomendado. Al cabo de seis semanas
de haber ejercido el mando, la Armada se hizo a la mar. La
armada incluía 19 000 infantes, 7000 marineros, 1000 caballeros
de fortuna, 180 clérigos y 130 barcos.
El 25 de mayo de 1588, el duque de Medina Sidonia mandó un
Alonso Pérez de Guzmán, duque de correo al duque de Parma, en los Países Bajos, para informarle de
Medina Sidonia que la Grande y Felicísima Armada, como se hizo conocer por
Felipe II, se hacía a la mar. Recomendaba en su correo que se
dispusiera a preparar las tropas terrestres para la invasión de
Inglaterra.
El 24 de junio, las galernas dispersaron la flota frente a La Coruña, empujando a algunos barcos hasta el
sureste de Inglaterra, y a otros hacia el golfo de Vizcaya. Llevó más de un mes volver a reunir la flota.
Por su parte, el duque de Medina Sidonia volvió a aconsejar una vez más al rey que desistiese de la
empresa o que le relevase del mando, a lo que el rey respondió airado que se dedicase a lo que le tocaba
hacer.19
Al mismo tiempo, los ingleses enviaron a la desesperada una flota de guerra destinada a enfrentarse a la
Gran Armada mientras ésta se hallaba amarrada en La Coruña, pero las condiciones meteorológicas eran
tan malas que los ingleses ni siquiera consiguieron llegar a España y hubieron de regresar a sus puertos.
La Armada se acerca a Inglaterra
A partir del 22 de julio, cuando alcanzaron el golfo
de Vizcaya, las fuertes tormentas y el estado de la
mar provocaron que para el 28 del mismo mes una
parte de la flota (40 barcos) se hubiera perdido y
separado del resto. Tuvieron que pasar otros dos días
más para que los barcos perdidos regresaran al
grueso de la flota. Desafortunadamente para ellos ya
habían sido avistados por el barco inglés Golden
Hind, comandado esta vez por Thomas Fleming,
quien tuvo tiempo de dar la voz de alarma mientras
la «Grande» aún se recomponía. Cuando la Armada
alcanzaba la altura de Fowey, el 29 de julio de 1588,
los faros costeros ingleses ya anunciaban su La batalla entre la Armada española y la flota
inglesa
presencia.
Del aviso de Fleming a Drake sobre la llegada
española nace una de las muchas, aunque poco probable, leyendas o mitos acerca del comentario de
Drake cuando, jugando a los bolos en Plymouth Hoe, le llegó la noticia del avistamiento de la «Grande»:
Tenemos tiempo de acabar la partida. Luego venceremos a los españoles.
Sir Francis Drake24
Sin embargo, la flota inglesa fondeada en Plymouth no tenía posibilidades de zarpar, ya que ni el tiempo
ni la mar se lo permitían en ese momento. Con la brisa en contra y la subida de la marea, la flota inglesa
se encontraba atrapada en el puerto. Además, en esos mismos instantes la Armada española navegaba
viento a favor, a barlovento.
El almirante Juan Martínez de Recalde, segundo comandante de la Armada, reparó en que la flota inglesa
se encontraba atrapada en su propio puerto sin posibilidades de zarpar y avisó al duque de Medina
Sidonia para que realizara un ataque a gran escala al puerto de Plymouth.19 Sin embargo, Medina
Sidonia debía dirigirse a los Países Bajos a reunirse con el duque de Parma y juntarse con las tropas de
Flandes, y había recibido órdenes estrictas de no atacar a los ingleses a no ser que se viera obligado a
ello. Esto pudo interpretarse como que siempre actuó eligiendo la mejor y más coherente de las opciones
para la flota.25
Así, en definitiva, no parece haber constancia de la advertencia del segundo sobre atacar a la flota inglesa
en puerto y las afirmaciones, quizás exageradamente humildes dado su carácter modesto y obediente, de
Alonso Pérez de Guzmán sobre sí mismo pudieron contribuir a esta idea de incompetencia sobre su
liderazgo de la flota en materia militar.
El canal de La Mancha
Los ingleses lograron sacar 70 naves del puerto de Plymouth ayudados con botes de remos y, amparados
por la oscuridad, la noche del 30 de julio rodearon a la armada española, gozando de la ventaja de
situarse a barlovento. El 31 de julio, la flota inglesa comenzó a avasallar tímidamente a la Armada
Grande y, al margen de los primeros contactos y estimación del poderío adversario, se realizaron por la
parte inglesa los primeros ataques con tímidos cañoneos a larga distancia.26 La Armada española adopta
una formación de media luna, con los barcos más robustos en la vanguardia y los más frágiles protegidos
en el interior.
En primer lugar, los ingleses atacaron a uno de los buques de los extremos como blanco de un cañoneo
desde la lejanía, el San Juan de Portugal, buque insignia del almirante Juan Martínez de Recalde, que
recibirá más de 300 cañonazos.
En una de estas refriegas ocurrieron dos accidentes no tan importantes para la «Grande» como el botín
conseguido por los ingleses: se perdieron dos galeones españoles, el San Salvador, navío insignia de
Pedro de Valdés al mando de la flota andaluza (11 navíos), y el Nuestra Señora del Rosario.
En el primero parece ser que explotó la santabárbara del buque, el pánico y desconcierto del personal a
bordo hicieron que este se entregara y quedara a merced de Drake.
El otro galeón, el Nuestra Señora del Rosario, en una maniobra de abordaje sobre un navío inglés, chocó
con otro barco español, quedando inutilizado su palo mayor y, por lo tanto, sin posibilidad de hacer frente
a ningún ataque. Corrió la misma suerte que el San Salvador, que quedó a merced de los ingleses junto
con su tripulación y acabaron en los puertos de Weymouth y Dartmouth, respectivamente.
La pérdida de dos navíos importantes como los mencionados, así como las pequeñas refriegas, no fueron
tan graves para los españoles como el botín conseguido por los ingleses, ya que, al menos uno de ellos,
iba repleto de víveres, munición (aunque poco quedaría del San Salvador) y demás material para el
aprovisionamiento de la «Grande». Dadas las circunstancias posteriores y las dificultades de la Armada
para fondear en Flandes, ambos navíos quizás hubieran sido de una importancia cualitativa.
Aun así, parece evidente que dos galeones de los 137 navíos españoles no eran, en aquel momento, una
gran pérdida cuantitativa. Sin embargo, cuando los problemas empezaron a superar a la «Felicísima»,
cualquier navío, por poco importante que pareciera, se convirtió en vital para su objetivo.
La isla de Wight
El duque de Medina Sidonia cuenta con un constante
avance de su flota y escribe casi diariamente al
duque de Parma, mandando mensajeros a los Países
Bajos, para tener noticias de las tropas de Flandes,
pero este no le ha respondido ni una vez. Medina
Sidonia convoca un Consejo de Guerra que
recomienda fondear la Armada en el puerto de la isla
de Wight hasta que se reciba una respuesta del duque
de Parma que indique que los Tercios de Flandes
están listos para zarpar y dirigirse al encuentro de la
Armada. El 4 de agosto, el duque de Medina Sidonia
ordena poner rumbo al puerto, pero el escuadrón
Derrota de la armada invencible, pintura de
costero comandado por Martin Frobisher les presenta
Philippe-Jacques de Loutherbourg (1796)
combate y los conducen a unos bajíos peligrosos
cerca de la costa. En ese momento Drake, Charles
Howard y John Hawkins conducen sus escuadrones hasta situarse en medio de la armada, donde se libra
una batalla de varias horas y la Armada abandona la isla de Wight, dirigiéndose al paso de Calais, a la
altura de las Gravelinas, confiando en que el duque de Parma esté listo para el encuentro.19
El paso de Calais
Véase también: Batalla naval de Gravelinas
Al día siguiente, el duque de Medina Sidonia recibió al fin una carta del duque de Parma donde le
avisaba de que aún no había embarcado a los soldados. Esto se debió a que el duque de Parma no había
recibido el primer mensaje, en el que se informaba de que la Armada había partido de Lisboa,19 pero aun
así dispone sus tropas para embarcarlas. Medina Sidonia ancló su armada en el puerto de Calais y allí
aguardó la llegada de las tropas del duque de Parma a bordo de sus gabarras. Hawkins decidió prender
fuego a ocho brulotes y lanzarlos contra las naves españolas, lo que hizo cundir el pánico entre los
españoles, que cortaban los cables de las anclas, dispersándolos el viento hacia el mar del Norte. A la
mañana siguiente solamente cinco botes permanecen anclados, rodeados por la flota inglesa.19
El mar del Norte
Estando los barcos españoles en el mar del Norte y dispersos, los ingleses fueron a atacarlos. El duque de
Medina Sidonia maniobró para hacer frente al asalto y su galeón, el San Martín, recibe 107 impactos
directos en su casco, mástiles y velamen. Los ingleses atacaron los barcos españoles desde tan cerca que
incluso se intercambian insultos.19 La agresión finalizó cuando los barcos ingleses agotaron su
munición. El duque ordenó que los barcos se reagruparan y, ante la negativa de algunos navíos, mandó
ahorcar in situ a uno de los capitanes insubordinados, dejando sus cuerpos colgando del penol como
advertencia. Sin embargo, la respuesta de su segundo comandante, Juan Martínez de Recalde, que
también se negó a reagruparse, obliga al duque a reconocer su derrota.19
El regreso rodeando las islas británicas
A estos hechos siguieron las grandes dificultades de la Gran Armada para recalar en los puertos
flamencos y un empeoramiento repentino de las condiciones meteorológicas en la zona, lo que llevó a la
flota inglesa a recalar en sus puertos esperando que mejorara el tiempo. La flota española en el mar del
Norte, por causa de los vientos, tuvo que rodear las islas británicas por Escocia y descender luego
bordeando Irlanda para dirigirse a los puertos españoles, con los subsiguientes desastres y hundimientos
en las abruptas y tormentosas costas británicas, que causaron un gran número de bajas entre los
españoles.
Sin embargo, un estudio del historiador español José Luis Casado Soto de 1988,27 demostró, con un
seguimiento de cada navío según la contabilidad de la Gran Armada y la administración de armadas
posteriores que en total las pérdidas no superaron los 35 buques, siendo estos casi todos navíos de
transporte y de navegación mediterránea, ya que en el viaje de vuelta no naufragó un solo galeón.28
Se cuenta que a la vuelta de la Armada a España, Felipe II dijo: «Yo envié a mis naves a pelear contra los
hombres, no contra los elementos».25 En el margen de una de las cartas enviadas al duque de Parma,
autores como Carlos Gómez-Centurión sí dan por escrita por el propio rey la frase: «En lo que Dios hace
no hay que perder ni ganar reputación, sino no hablar de ello».25
Hallazgos arqueológicos
En 1967 los arqueólogos descubrieron el primer pecio de los ocho hallados frente a la costa irlandesa, el
del Santa María de la Rosa. Este barco naufragado carecía de artillería pero poseía una gran pila de
proyectiles. Algunas teorías dicen que la armada fue derrotada porque se le acabó la munición. Colin
Martin descubriría en otros pecios cañones intactos. Al haber mezcolanza de cañones cada uno tiene
calibres distintos, por lo que los españoles tuvieron problemas para distribuir la munición adecuada en
los barcos correspondientes. Además, se descubrió que muchos de los cañones iban montados sobre
enormes cureñas de dos ruedas, lo que era poco manejable.19
Tamaño de las flotas
Otra tergiversación[cita requerida] bastante común relativa a este episodio histórico es la idea de que la
flota inglesa era muy inferior en número de barcos y de cañones a la española y que, a pesar de ello, los
ingleses consiguieron con su pericia y astucia derrotar a la flota española.[cita requerida] Esto es
absolutamente falso, ya que en realidad los barcos ingleses superaban en número a los españoles, a pesar
de que la flota española superaba en tonelaje a la inglesa, y la flota española era, a priori, más poderosa.
De hecho, la flota movilizada por la Royal Navy constaba de 226 barcos, aunque 163 de esos barcos eran
mercantes. Entonces la flota inglesa solamente consistía en 63 barcos armados, frente a los 137 que
componían la Grande y Felicísima Armada. En cuanto al número de cañones, la flota española contaba
con 2431 cañones, mientras que la flota inglesa tenía aproximadamente 2000 cañones (individualmente,
los barcos españoles estaban mucho más artillados que los ingleses).
Bajas inglesas
Siguiendo con otra de las tergiversaciones[cita requerida] más extendidas, hoy día es bien conocido el
hecho de que los ingleses sufrieron menos bajas que los españoles en la batalla de las Gravelinas, y que
los españoles, a su vez, sufrieron cerca de 10 000 bajas debido a un feroz temporal que los sorprendió
bordeando la costa occidental irlandesa. Un hecho muy importante, y que al mismo tiempo es poco
conocido, es que los marinos ingleses fueron a su vez diezmados por causas ajenas al combate, ya que
unos 9000 marineros ingleses fueron víctimas de sendas epidemias de tifus y disentería que estallaron a
bordo de los barcos ingleses inmediatamente después del enfrentamiento con la flota española. Además,
el ambiente en Inglaterra tras la batalla distó mucho de ser la algarabía de fervor patriótico y festejos por
el fracaso de la invasión española que la mitología popular pretende. La realidad es que a la batalla
siguieron todo tipo de disturbios y enfrentamientos políticos provocados por las penalidades pasadas por
los combatientes ingleses, que murieron por millares en un total abandono, y que tardaron meses en
cobrar sus sueldos debido a que la guerra llevó al borde de la bancarrota tanto a la corona española como
a la inglesa.
El historiador británico Fuller se refiere a ello del siguiente modo:
[...] Felipe II no permaneció inconsciente a las calamidades de los bravos soldados y marinos
que tanto habían arriesgado y soportado en el transcurso de aquella desastrosa cruzada. Hizo
cuanto estuvo en su mano para aliviar sus sufrimientos y en vez de recriminar la derrota de
Medina Sidonia, le ordenó que regresara a Cádiz y reanudara allí su gobierno. Muy diferente
fue la conducta de la reina Isabel, cuya preocupación constante era la de reducir gastos. Al
contrario de Felipe, no había nada de caballeroso ni de generoso en su carácter, y aunque el
profesor Laughton exagera mucho al intentar disimular su tacañería, no existe duda alguna de
que, de haber sido mujer de corazón como lo era de cerebro, hubiera resultado imposible que
dejara morir de hambre y de enfermedad a tan alto número de valerosos marinos luego de
conseguir aquella victoria para ella [...] Tres días después de haber regresado de la persecución,
escribe Burghley: «Las enfermedades y la muerte están causando estragos entre nosotros;
resulta doloroso ver cómo aquí en Margate no hay lugar para estos hombres y muchos de ellos
fallecen en las calles». Una vez más, el 30 de agosto insistió: «Es lastimoso presenciar cómo
los hombres padecen después de haber prestado tal servicio... Valdría más que Su Majestad la
reina hiciera algo en su favor, aun a riesgo de gastar unas monedas, y no los dejara llegar a
semejante extremo, porque en adelante quizá tengamos que volver a necesitar de sus servicios;
y si no se cuida más de esos hombres, y se les deja morir de hambre y de miseria, será muy
difícil volver a conseguir su ayuda»
J. F. C. Fuller. Batallas decisivas del mundo occidental. 2009. RBA Colecciones (pp. 381-382)
Ataques españoles a las costas inglesas
La más incomprensible de las tergiversaciones,[cita requerida] que implican el desastre de la Armada
española de 1588, es que este episodio con frecuencia es referido por historiadores
anglosajones[cita requerida] como un brillante ejemplo de la gran tradición defensiva inglesa que ha
impedido, desde la invasión normanda del siglo XI, el desembarco en suelo inglés de cualquier fuerza
hostil por poderosa que fuera.[cita requerida] En realidad, las tropas españolas atacaron y saquearon
localidades inglesas en diversas ocasiones, tanto antes como después del episodio de la Armada
Invencible, si bien estos hechos suelen ser omitidos[cita requerida] en la historiografía inglesa.
Ya durante la guerra de los Cien Años, el almirante castellano Fernando Sánchez de Tovar asoló las
costas inglesas durante seis años (entre 1374 y 1380), saqueando múltiples localidades como
Southampton, Plymouth, Portsmouth, Dartmouth o Poole, entre otras, y llegando a incendiar, tras
remontar el Támesis, la localidad de Gravesend, a la vista de Londres. Años después, y durante el mismo
conflicto, el corsario español Pero Niño volvió a atacar en 1405 la península de Cornualles, asolando la
isla de Pórtland y saqueando Poole.
Obviando los fugaces desembarcos que marinos españoles llevaron a cabo en las costas inglesas por
motivos de aprovisionamiento de urgencia, en julio de 1595 se produjo la batalla de Cornualles. Una flota
compuesta por cuatro galeras españolas al mando de Carlos de Amésquita, que patrullaba en aguas
inglesas, desembarcó unos 400 soldados de los tercios en la bahía de Mount, en la península de
Cornualles, al suroeste de Inglaterra para aprovisionarse.29 Las milicias inglesas, encargadas de la
defensa inglesa en caso de invasión por tropas españolas, huyeron, y los españoles tomaron todo lo que
necesitaban y quemaron las localidades de Mousehole, Paul, Newlyn y todos los pueblos de los
alrededores.30 Al final del día, celebraron una tradicional misa católica en suelo inglés, embarcaron de
nuevo y lograron esquivar una flota de guerra al mando de Francis Drake y John Hawkins que había sido
enviada para expulsarlos.31
Dos años después del ataque de Amésquita, en 1597, Felipe II volvió a enviar una nueva flota de
invasión contra Inglaterra, más poderosa que su precursora de 1588. Tras avanzar hacia las costas
inglesas sin encontrar oposición, un fuerte temporal dispersó la flota, si bien en esta ocasión no se
produjeron los catastróficos resultados de 1588. Aun así, siete barcos llegaron a tierra en las
proximidades de Falmouth, desembarcando a 400 soldados de élite que se atrincheraron esperando
refuerzos para marchar hacia Londres. Tras dos días de espera, en los que las milicias inglesas no se
atrevieron a hostigarlos, recibieron la orden de embarcar, pues la flota se había dispersado
irremediablemente, y regresaron a España.
Panorama
Isabel I y la Armada española (121.3 × 284.5 cm), óleo atribuido a Nicholas Hilliard, que probablemente
representa la batalla naval de Gravelinas.32 Worshipful Society of Apothecaries of London.
Barcos de las flotas
Imperio español
Escuadra portuguesa
São Martinho (San Martín) — 48 cañones (primer navío de escuadra, al mando del duque
de Medina Sidonia)
São João (San Juan) — 50 cañones (segundo navío de escuadra)
São Marcos (San Marcos) — 33 cañones (al mando de López de Mendoza, encalló el 10
de septiembre cerca de las costas irlandesas)33
São Filipe (San Felipe) — 40 cañones (al mando de Francisco de Toledo, abandonado el 8
de agosto entre Nieuwpoort y Ostende, capturado el 9 de agosto por la patrulla de las
Provincias Unidas)
São Luís (San Luis) — 38 cañones (al mando de Agustín Mexía)
São Mateus (San Mateo) — 34 cañones (al mando de Diego Pimentel, encalló el 8 de
agosto entre Nieuwpoort y Ostende, capturado el 9 de agosto por la patrulla de las
Provincias Unidas)
Santiago (Santiago) — 24 cañones
San Francesco (San Francisco) — 52 cañones (al mando de Niccolo Bartoli, galeón
florentino incluido en la escuadra portuguesa)
São Cristóvão (San Cristóbal) — 20 cañones
São Bernardo (San Bernardo) — 21 cañones
Augusta (Augusta) — 13 cañones
Júlia (Julia) — 14 cañones.
Escuadra castellana
San Cristóbal — 36 cañones (primer navío de escuadra, al mando de Diego Flores de
Valdés)
San Juan Bautista — 24 cañones (segundo navío de escuadra)
San Pedro — 24 cañones
San Juan — 24 cañones
Santiago el Mayor — 24 cañones
San Felipe y Santiago — 24 cañones
La Asunción — 24 cañones
Nuestra Señora del Barrio — 24 cañones
San Linda y Celedón — 24 cañones
Santa Ana — 24 cañones
Nuestra Señora de Begoña — 24 cañones
La Trinidad Bogitar — 24 cañones
Santa Catalina — 24 cañones
San Juan Bautista — 24 cañones
Nuestra Señora del Rosario — 24 cañones
San Antonio de Padua — 12 cañones.
Escuadra de Vizcaya
Santa Ana — 30 cañones (navío insignia de la escuadra, al mando de Juan Martínez de
Recalde y Alejandro Gómez de Segura)
El Gran Grin — 28 cañones (segundo navío de escuadra, encallado el 24 de septiembre
cerca de Clare Island)
Santiago — 25 cañones
La Concepción de Zubelzu — 16 cañones
La Concepción de Juan del Cano — 18 cañones
La Magdalena — 18 cañones
San Juan — 21 cañones
La María Juan — 24 cañones (hundido el 8 de agosto al norte de Gravelinas)
La Manuela — 12 cañones
Santa María de Montemayor — 18 cañones
María de Aguirre — 6 cañones
Isabela — 10 cañones
Patache de Miguel de Suso — 6 cañones
San Esteban — 6 cañones.
Escuadra de Guipúzcoa
Santa Ana — 47 cañones (navío insignia de la escuadra, al mando de Miguel de Oquendo)
Santa María de la Rosa — 47 cañones
San Salvador — 25 cañones
San Esteban — 26 cañones
Santa María — 20 cañones
Santa Bárbara — 12 cañones
San Buenaventura — 21 cañones
La María San Juan — 12 cañones
Santa Cruz — 18 cañones
Urca Doncella — 16 cañones
El patache La Asunción — 9 cañones
El patache San Bernabé — 9 cañones
La pinaza Nuestra Señora de Guadalupe — 1 cañón
La pinaza Magdalena — 1 cañón
Escuadra andaluza
Nuestra Señora del Rosario — 46 cañones (navío insignia de la escuadra, al mando de
Pedro de Valdés)
San Francisco — 21 cañones
San Juan Bautista — 31 cañones
San Juan de Gargarin — 16 cañones
La Concepción — 20 cañones
Urca Duquesa Santa Ana — 23 cañones
Santa Catalina — 23 cañones
La Trinidad — 13 cañones
Santa María del Juncal — 20 cañones
San Bartolomé — 20 cañones
El patache El Espíritu Santo — 32 cañones
Escuadra levantina o italiana
La Regazona — 30 cañones (navío insignia mandado por Martín de Bertendona)
La Lavia — 25 cañones
La Rata Santa María Encoronada — 35 cañones
San Juan de Sicilia — 26 cañones
La Trinidad Valencera — 42 cañones
La Anunciada — 24 cañones
San Nicolás Prodaneli — 26 cañones
Juliana — 32 cañones
Santa Maria de Vison — 18 cañones
La Trinidad de Scala — 22 cañones
Escuadra de urcas
El Gran Grifón — 38 cañones (al mando de Juan López Medina)34
San Salvador — 24 cañones
Perro Marino — 7 cañones
Falcon Blanco Mayor — 16 cañones
Castillo Negro — 27 cañones
Barca de Amburgo — 23 cañones
Casa de Paz Grande — 26 cañones
San Pedro Mayor — 29 cañones
El Sansón — 18 cañones
San Pedro Menor — 18 cañones
Barca de Anzique — 26 cañones
Falcon Blanco Mediano — 16 cañones
San Andrés — 14 cañones
Casa de Paz Chica — 15 cañones
Ciervo Volante — 18 cañones
Paloma Blanca — 12 cañones
La Ventura — 4 cañones
Santa Bárbara — 10 cañones
Santiago — 19 cañones
David — 7 cañones
El Gato — 9 cañones
Esayas — 4 cañones
San Gabriel — 4 cañones
Galeras napolitanas
La Girona — 50 cañones (al mando de Hugo de Moncada)
San Lorenzo — 50 cañones
Zúñiga — 50 cañones
Napolitana — 50 cañones
Inglaterra y Provincias Unidas
Ark Royal (Almirante Charles Howard)
Elizabeth Bonaventure (George Clifford, tercer conde de Cumberland)
Rainbow (Lord Henry Seymour)
Golden Lion (Lord Thomas Howard)
White Bear (Alexander Gibson)
Vanguard (William Winter)
Revenge (sir Francis Drake)
Elizabeth (Robert Southwell)
HMS Victory (1588)) (almirante sir John Hawkins)
Antelope (Henry Palmer)
Triumph (Martin Frobisher)
HMS Dreadnought (1573 (2) (George Beeston)
Mary Rose (Edward Fenton)
Nonpareil (Thomas Fenner)
Hope (Robert Crosse)
Galley Bonavolia
Swiftsure (Edward Fenner)
Swallow (Richard Hawkins)
Larke (Arthur Chichester, I barón Chichester)
Foresight (Christopher Baker)
Aid (William Fenner)
Bull (Jeremy Turner)
Tiger (John Bostocke)
Tramontana (Luke Ward)
Scout (Henry Ashley)
Achates (Gregory Riggs)
Charles (John Roberts)
Merlin (Walter Gower)
Spy (pinaza) (Ambrose Ward)
Sun (pinaza) (Richard Buckley)
Cygnet (John Sheriff)
Brigandine (Thomas Scott)
George (Richard Hodges)
34 mercantes
33 barcazas
23 barcos de cabotaje
30 navíos de las Provincias Unidas en el bloqueo de la costa flamenca.
Los Brulotes perdidos del 7/8 de agosto:
Bark Talbot
Hope
Thomas
Bark Bond
Bear Yonge
Elizabeth
Pastel
Cure's ship
Leyendas
Llegada de la patata a Irlanda
Los soldados españoles se alimentaban con patatas, un tubérculo muy nutritivo que habían traído los
viajeros españoles de América. Una leyenda irlandesa cuenta que los naufragios de estos galeones
españoles en Irlanda llevaron a las costas las patatas, que fueron recogidas por los campesinos.35 El
suelo de Irlanda es enormemente rocoso y el clima muy lluvioso, lo que dificultaba enormemente
muchos cultivos. Los irlandeses comenzaron a cultivar las patatas y vieron que crecían bien en su suelo
rocoso y que eran muy nutritivas, por lo que convirtieron el país en un monocultivo de esa patata.
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Santos (Luis). Ministerio de Defensa, Madrid 2011.
Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre la Armada Invencible.
Navegación: La Armada Invencible ([Link]
La Armada Invencible por el capitán de navío Cesáreo Fernández Duro de la Real
Academia de la Historia - Tomo I ([Link]
ge/n9)
Idem - Tomo II ([Link]
Universidad de Valencia#El desastre de la Armada Invencible ([Link]
umentos/[Link])
La Armada en la leyenda y en la historia ([Link]
p://[Link]/alonsoperez/6parte/[Link]?2&weborama=19)
The Defeat of the English Armada and the 16th-Century Spanish Naval Resurgence: A
More Detailed Look at the Spanish Armada, its Immediate Results, its Long-Term Effects,
and its Lesser-Known Aftermath ([Link] (en
inglés)
Top 10 myths and muddles about the Spanish Armada ([Link]
y/sp_armada.htm) (en inglés)
Diario de los sucesos de la armada que Felipe II envió contra Inglaterra, en la «Colección
de documentos inéditos para la historia de España», vol. XIV, pags. 449–461 ([Link]
[Link]/details/coleccindedocu14madruoft) y vol. XLIII, págs. 417-423 ([Link]
org/details/coleccindedocu43madruoft).
Asociación Amigos del Museo de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada, Agustín
Ramón Rodríguez González (Conferenciante) (2007). «Video de la conferencia sobre la
Armada Invencible en el Museo de las Reales Fábricas de Artillería de La Cavada
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ocid=1311244036685643594&ei=kqE_S_mEDsem-Aaj7LxU&q=la+cavada&hl=es) el 4 de
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micas-de-la-armada-invencible/), podcast de HistoCast (3 horas 43 minutos).
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