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La importancia de las relaciones y la responsabilidad

El principito recuerda su planeta natal y su rosa, a la que cuidó y protegió. Ahora que está lejos, mira al cielo y se consuela pensando que su estrella y su rosa están allí, aunque muy lejanas. Extraña a su rosa y asume la responsabilidad de cuidar lo que ha domesticado.

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La importancia de las relaciones y la responsabilidad

El principito recuerda su planeta natal y su rosa, a la que cuidó y protegió. Ahora que está lejos, mira al cielo y se consuela pensando que su estrella y su rosa están allí, aunque muy lejanas. Extraña a su rosa y asume la responsabilidad de cuidar lo que ha domesticado.

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Tener un amigo es un verdadero privilegio y si uno se olvida de ellos se

corre el riesgo de volverse como las personas mayores que sólo se


interesan por las cifras y los números. Para evitar esto, he comprado
una caja de lápices de colores.

Las semillas duermen en el secreto de la tierra durante un tiempo,


hasta que, un buen día, una de ellas despierta en una encantadora
ramita que mira hacia el sol.
"Es una cuestión de disciplina”, me dijo más tarde el principito. “Después de que
uno termina su baño matinal, hay también que limpiar la casa, es decir, acicalar
cuidadosamente al planeta. Hay que arrancar los baobabs en cuanto se les
distingue de los rosales pues se parecen mucho cuando son pequeñitos. Es fácil
aunque fastidioso”
A veces no hay inconveniente en dejar para un poco más tarde el trabajo pero tratándose de baobabs, el
retraso es siempre fatal. Yo he conocido un planeta, habitado por un perezoso que descuidó tres
arbustos…"

Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden y las espinas son su defensa.

Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar entre millones y millones de estrellas, es
suficiente mirar al cielo para ser feliz pues puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…"
¡Pero si el cordero se la come, será tan doloroso como si de pronto todas las estrellas se apagaran!

Es tan misterioso el país de las lágrimas!

En el planeta del principito había habido flores comunes, de una sola fila de pétalos que apenas
ocupaban sitio y a nadie llamaban la atención. Asomaban entre la hierba una mañana y morían por la
tarde... Pero aquella flor era distinta, había surgido de una semilla llegada quién sabe de dónde, y el
principito había vigilado cuidadosamente aquella ramita tan diferente de las que él conocía.

El principito observó cómo crecía un enorme capullo y presentía que de allí habría de salir una aparición
milagrosa; la flor tardaba en definir su forma y en completar su belleza al abrigo de su verde envoltura.
Poco a poco escogía sus colores y ajustaba sus pétalos.

"¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡Ella
perfumaba e iluminaba mi vida! ¡No debí haber huido! ¡No supe reconocer la ternura detrás sus pobres
astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Y… yo era demasiado joven para saber amarla".

Sólo hay que exigir a cada quien, lo que cada uno puede hacer.
Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo, que juzgar a los otros. Si eres capaz de juzgarte rectamente
eres un verdadero sabio.

Me pregunto si las estrellas están encendidas para que cada quien pueda reconocer la suya. ¡Mira!,
precisamente sobre nosotros está mi planeta, pero... ¡tan, tan lejos!

Tú eres para mí, sólo un muchachito igual a otros y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes
necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro como otro zorro cualquiera. Pero si tú me domesticas,
entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, como también yo lo
seré para ti

Los trigales no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Sin embargo, tú tienes el cabello dorado como
el trigo y, cuando me hayas domesticado, será maravilloso ver los trigales: te recordaré y amaré el canto
del viento sobre el trigo.

–Sólo se conoce bien lo que se domestica

te sentarás sobre la hierba, un poco retirado de mí; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no dirás nada,
pues el lenguaje puede ser fuente de malos entendidos.

Es mejor que vengas siempre a la misma hora –dijo el zorro–. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la
tarde, yo desde las tres comenzaría a ser dichoso. Conforme avance la hora, más contento me sentiré. A
las cuatro me sentiré agitado e inquieto, así descubriré lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a
cualquier hora, yo nunca sabré cuándo preparar mi corazón. Tú sabes, los ritos son necesarios. –¿Qué es
un rito? –inquirió el principito. –Eso también es algo casi olvidado –dijo el zorro–. Es lo que hace que un
día sea diferente a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un
rito. Todos los jueves acostumbran ir a bailar con las muchachas del pueblo. Los jueves, entonces, son
maravillosos para mí, ¡puedo pasear hasta la viña! En cambio, si los cazadores no tuvieran un día fijo
para ir a bailar, todos los días serían iguales y yo no tendría vacación alguna.

Yo no quería causarte daño, pero tú quisiste que te domesticara.

He ganado a causa del color del trigo. Ahora es mucho más agradable.

Son realmente muy bellas pero están vacías. Nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera puede creer
que mí rosa es igual. ¡No es así! Ella es más importante que todas ustedes juntas porque a ella he
regado, a ella cuidé y protegí con el biombo, porque la libré de los gusanos, dejando sólo los que serían
mariposas. Porque es ella a la que oí quejarse, vanagloriarse y, a veces, hasta callarse. Porque,
finalmente, ella es mi rosa.

Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.

Lo que hace importante a tu rosa, es el tiempo que le has dedicado

¡Tú no debes olvidarla! Eres responsable, por siempre, de lo que hayas domesticado ¡Eres responsable
de tu rosa!
El principito estaba cansado. Se sentó; me senté a su lado y después de un silencio me dijo: –Las
estrellas son bellas por la flor que no se ve..

Sentado en una duna, nada se ve ni se distingue, nada se oye y, sin embargo, hay algo que resplandece
en el silencio

Cuando era niño vivía en una casa antigua que, según la leyenda, tenía un tesoro escondido. Sin duda
nadie lo encontró y quizás nadie lo buscó, pero la casa parecía toda encantada por ese tesoro que
guardaba en secreto dentro de su corazón

Al contemplar sus labios entreabiertos en los que se esbozaba una sonrisa, me dije aún: "Lo que más me
emociona de este principito es su fidelidad a una flor. Es la imagen de la rosa que resplandece en él
como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme..." Y lo sentí más frágil aún. Pensé que a las
lámparas hay que protegerlas: un viento fuerte puede apagarlas... Seguí caminando y con la luz de la
aurora descubrí el pozo.

Por la noche mirarás las estrellas; no puedo señalarte la mía, mi casa, porque es demasiado pequeña.
Así es mejor; mi estrella será para ti una de ellas, cualquiera. Te gustará entonces mirar a todas y todas
serán tus amigas. Además, voy a hacerte un regalo.

La gente tiene estrellas pero no significan lo mismo para todos. Para algunos, los que viajan, las estrellas
son sus guías. Para otros sólo son lucecitas. Para los sabios las estrellas son motivo de estudio y para mi
hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas no dicen nada. Tú tendrás estrellas como nadie
ha tenido.

Por la noche, al mirarlas, como sabes que yo habito en una de ellas y ahí estaré riendo, será para ti como
si todas las estrellas se rieran. ¡Sólo tú tendrás estrellas que saben reír!

Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando al
cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas siempre me hacen reír". Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado
una broma.

Tendrás pena y sufrirás porque parecerá que estoy muerto y no será verdad.

Para ustedes que quieren al principito, lo mismo que para mí, nada en el universo habrá cambiado si en
cualquier parte, quién sabe dónde, un cordero desconocido se ha comido o no se ha comido una rosa...
Pero miren al cielo y pregúntense: el cordero ¿se ha comido la flor? Y veréis cómo todo cambia...
¡Ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto sea verdaderamente importante

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