Monografía El sistema solar no nos cabe en el techo
Astronomía
en la escuela
Sebastián Cardenete Se propone en este artículo cómo construir un modelo del sistema solar a es-
Centro de Ciencia cala, de modo que los alumnos participen en su creación y uso y les permita
Principia. Málaga
entender cómo es en realidad el sistema solar, las enormes distancias que se-
paran a unos cuerpos planetarios de otros y comparar las grandes diferencias
que hay entre sus respectivos tamaños.
Palabras clave: modelo a escala, sistema solar, planetas, astronomía, educa-
ción obligatoria.
The solar system doesn’t fit on our ceiling
This article aims to show how to build a scale model of the solar system so
students can take part in building and using it. The idea is that this model will
help them understand what the solar system is really like, comprehend the
enormous distances between different planetary bodies and compare the vast
differences in sizes.
Keywords: scale model, solar system, planets, astronomy, compulsory schooling.
Cuando les cuento a los alumnos de astronomía lo inmenso que es el
sistema solar, encuentro que es muy difícil que se hagan una represen-
tación mental de las enormes dimensiones que tiene. Para resolver esta
cuestión, los profesores del grupo de trabajo de «Astronomía en la ense-
ñanza» nos pusimos a buscar cómo y dónde conseguir el material que
nos permitiera hacer un sistema solar a escala.
Habíamos visto experiencias en las que otros compañeros, como
Simón García (1986) en Murcia, habían construido un sistema solar a
escala utilizando grandes avenidas en las que un paseo en bicicleta per-
mite apreciar las largas distancias que hay entre los planetas, pero la re-
alización de esta actividad exige la colaboración de otras instituciones.
En el libro de BROMAN (1988), se propone una escala de 1:1000
millones para la construcción del modelo: la Tierra tendrá un diámetro
de 13 mm y estará situada a 150 m de distancia del sitio en el que esté
el Sol. En esta representación, Plutón quedaría a casi 6 km de distancia
(cuadro 1).
Con estas proporciones, el sistema solar no nos cabe en el techo,
pero si ajustásemos la escala para que pudiera entrar, la Tierra resultaría
imperceptible. La solución que hemos encontrado ha consistido en usar
dos escalas distintas: una para los tamaños y otra para las distancias.
Partimos de la escala propuesta por Broman y la adaptamos para
aprovechar el pasillo del Instituto, que en nuestro caso tiene unos 25 m
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Cuadro 1
E 1:1000 millones
de largo. Dividimos las distancias de la escala
Diámetros mm. Distancias m.
doscientas veces para reducir su longitud
Sol 1400 - mientras que aumentamos cinco veces los
diámetros de los planetas para que sean visi-
Mercurio 5 59 bles fácilmente. Ahora sí que nos cabe en el
techo. Queda un sistema solar de 23,6 m, a
Venus 12 108
los que añadiremos 1 metro para dibujar un
Tierra 13 150 arco que representa la superficie del Sol. Ob-
sérvese que en este nuevo modelo se está
Marte 7 230 multiplicando mil veces el tamaño de los
planetas en relación con las distancias que
Júpiter 143 780
los separan. Esta «licencia» de usar dos esca-
Saturno 121 1400 las distintas se justifica por el objetivo de lo-
grar una visión de conjunto del sistema
Urano 48 2900 solar, al que nuestro alumnado sólo han vis-
to dibujado en los libros. Tras hacer los cál-
Neptuno 44 4500
culos oportunos, quedan los resultados que
Plutón 2,3 5900 muestra el cuadro 2.
Las distancias se miden a partir del
borde del Sol, del que únicamente dibuja-
Cuadro 2 remos un sector circular. Para decorarlo,
podemos añadirle fulguraciones y protube-
Diámetros Distancias: rancias. Mercurio quedará situado a 23 cm
x 5 mm. 200 m. del borde del Sol; Venus, a 43 cm del borde de
Mercurio, y así sucesivamente. Obsérvese
Sol 7000 - que las distancias entre los planetas van au-
mentando progresivamente, según la ley de
Mercurio 24 0.23
Titius-Bode.
Venus 61 0.43 Tras los cálculos, y antes de ponernos
manos a la obra, conviene hacerse varias
Tierra 64 0.60 preguntas que van a definir la creación del
modelo. Podemos suscitar un debate entre
Marte 34 0.92 los alumnos que les llevará a tener un mejor
Júpiter 715 3.12
conocimiento del sistema solar. Entre Marte
y Júpiter queda un hueco que nos llama la
Saturno 602 4.56 atención: ¿existe algún cuerpo planetario
que ocupe este lugar?
Urano 256 11.6 Cundo en 1781 William Herschel descu-
brió Urano, se confirmó la ley de Titius-Bode,
Neptuno 248 18.00
ya que este planeta se encontraba a 19,18 UA
Plutón 12 23.6 (unidades astronómicas), tal como predecía
dicha ley. Según la sucesión matemática pro-
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puesta por la ley de Bode, entre Marte y Júpiter debía de existir un cuer-
po planetario no descubierto hasta esa fecha. En 1801 el italiano Piazzi
encontró Ceres, el primer cuerpo del cinturón de asteroides.
Este tipo de investigación histórica sobre el conocimiento del sis-
tema solar por parte de nuestros alumnos enriquece el trabajo que se
realiza y facilita la introducción de conceptos como el de unidad astro-
nómica para medir las distancias en el sistema solar. Así queda a la deci-
sión del equipo la posibilidad de colocar o dibujar los cuerpos más
grandes del cinturón de asteroides: Ceres, Palas, Vesta, etc.
Otra discusión interesante se plantea al advertir que se incluye a
Plutón en la lista de planetas. Ello se debe a que cuando construimos
nuestro primer modelo en 1989, no se había planteado este debate en-
tre la comunidad científica. Pero ahora, ¿debemos incluir en nuestro
modelo al planeta enano Plutón?
La respuesta a esta pregunta nos lleva a debatir sobre el concepto
de planeta. Ya Francisco Anguita (1993), en su libro Geología planeta-
ria, plantea la cuestión de qué es un planeta y, para definir los distintos
elementos que forman el sistema solar, prefiere utilizar el término cuer-
po planetario.
En realidad, tras el descubrimiento de Plutón, realizado por Clyde
Tombaugh en 1930, se han descubierto decenas de cuerpos en lo que hoy
se conoce como Cinturón de Kuiper, al que pertenecen también Sedna,
Quaoar, Eris (que es más grande incluso que Plutón), entre otros. Estos
descubrimientos han llevado a la comunidad internacional a plantearse
si realmente se pueden considerar planetas Plutón y estos otros objetos
de gran tamaño, además de algunos de los más grandes de los asteroides
que forman parte del cinturón situado entre Marte y Júpiter.
Tras varios años de discusión, en el año 2006 la Unión Astronómica
Internacional definió planeta como un cuerpo celeste que orbita alre-
dedor del Sol, tiene suficiente masa para que su gravedad supere las
fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuma una forma en equilibrio
hidrostático (prácticamente esférica), y haya limpiado la vecindad de su
órbita de planetesimales. Según esta definición, Plutón no es un plane-
ta, sino que, junto con el resto de cuerpos planetarios citados, forma
parte de una nueva categoría, la de los planetas enanos.
Contar con Plutón en el modelo que construyamos puede suscitar
este debate, porque hemos observado que los alumnos ya no lo incluyen
en su lista de planetas, aprendida de carrerilla. Da la sensación de que lo
único que hemos conseguido al quitarlo de esta categoría es que, en lu-
gar de que tengan una visión actualizada del sistema solar, en la que se
debería incluir el cinturón de Kuiper y la nube de Oort, los alumnos
se ahorren tener que aprender un nombre de esta lista.
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El incluir o no Plutón también puede depender simplemente de la
longitud del espacio del que dispongamos, pero, en todo caso, plantear
este debate con los alumnos enriquece la experiencia. Para crear nues-
tro primer modelo utilizamos cartulinas. Dibujamos los planetas con
circunferencias y luego con los alumnos las coloreamos, las recortamos
y las pegamos en el techo del pasillo; no quedaron mal. Sin embargo,
creo que debemos intentar que el trabajo quede lo suficientemente
atractivo para que llame la atención de nuestros alumnos, así que deci-
dimos buscar bolas de esos tamaños y que el sistema solar fuera más
parecido a la realidad.
Conseguir una bola que corresponda a las dimensiones del Sol en
nuestro modelo a escala es bastante difícil; por ello, podemos confor-
marnos con dibujar un sector circular de este planeta en uno de los ex-
tremos del pasillo y colorearlo. Conseguir una bola de aproximadamente
700 mm de diámetro (la de Júpiter) no fue tan difícil; se pueden pedir en
las siguientes páginas web:
. [Link]/bolas-poliestireno-porexpan/1-
[Link]
. [Link]/es/[Link]#decorativo
También se pueden conseguir en tiendas de manualidades.
El material elegido fue el poliestireno-expandido, más conoci-
do como porexpan, por ser muy ligero y fácil de pintar. Los alumnos
pueden colorear las bolas de porexpan con témpera, a partir de las
fotos que podemos localizar en alguna guía de astronomía, como la
de Pasachoff (1985). En el libro Astronomía de John (2007) hay unas
imágenes magníficas y actualizadas de todo el sistema solar. Tam-
bién podéis buscarlas en la multitud de imágenes que hay en Inter-
net. Las del programa Nine Planets pueden ser una buena referencia:
[Link]
Los anillos de Saturno se pueden dibujar sobre «cartón pluma» o
«cartón proyecto», recortarlos y colorearlos. Se pueden reproducir los
anillos de Urano con tres circunferencias hechas de alambre acerado.
También podemos colocar la Luna junto a la Tierra, los satélites de Júpi-
ter: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto, así como Titán junto a Saturno.
Resulta interesante plantearse cómo distribuir los planetas en el
techo. Si se trata de un pasillo estrecho, no queda más remedio que co-
locarlos alineados. En este caso deberíamos reflexionar junto con los
alumnos si esta situación se puede dar alguna vez en el sistema solar
(véase la imagen 1 en la página siguiente).
Aunque hay muchas imágenes en las que se representan los plane-
tas alineados, en la realidad esta situación no se da. En cada momento,
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Imagen 1. Aspecto del sistema solar colgado en el techo del Centro de Ciencia Principia
cada planeta se encontrará en un punto de su órbita alrededor del Sol
y cada planeta tarda un tiempo diferente en recorrerla. Mientras que la
Tierra tarda un año en dar una vuelta alrededor del Sol, Mercurio sólo
tarda 88 días y Plutón, sin embargo, tarda 248 años. Por esta razón es
mejor situar los planetas de forma no alineada: se puede hacer en un
pasillo con suficiente anchura o en una sala suficientemente espaciosa,
como en la biblioteca, o mejor aún en la entrada, para que lo vean todas
las personas del centro.
Una vez instalado nuestro sistema solar, realizaremos un «paseo»
con los alumnos. Es más interesante hacerlo desde Plutón hacia el Sol, a
favor de la gravedad, como si viajáramos a bordo de un cometa. En cor-
tas paradas y de forma breve describiremos los aspectos más destacados
de cada planeta. Se puede ambientar el paseo oscureciendo el pasillo,
proyectando imágenes de vídeo, usando una linterna potente para en-
focar cada planeta durante el recorrido, poniendo música… También se
puede teatralizar este paseo para los alumnos más pequeños: disfrazar-
nos de astronauta, poner humo artificial…
Cada alumno estudiará lo más destacado de un cuerpo del siste-
ma solar y se lo contará al resto de la clase durante el paseo. Con
ayuda de la linterna podemos hacer que la sombra de la Luna caiga
sobre la Tierra, con lo que podemos explicar los eclipses de Sol y los
de la Luna si iluminamos la Tierra y ésta ensombrece a la Luna (véase
la imagen 2).
También podemos movernos para situarnos de forma que queden
alineados dos o tres planetas, con lo que podemos simular conjunciones
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Imagen 2. Eclipse de Sol, la sombra de la Luna cae de planetas. Un foco de intensidad
sobre la Tierra. Al fondo, Marte variable colocado al fondo del
pasillo puede simular el brillo
del Sol visto desde las diferentes
distancias a las que nos encon-
tremos durante el recorrido. Por
último, podemos dibujar de for-
ma discreta y con trazos discon-
tinuos las órbitas de los planetas,
sobre todo si no los situamos de
forma alineada. Esto contribu-
ye a tener una mejor apreciación
de las distancias a las que se en-
cuentran.
Conclusión La construcción del modelo del sistema solar a escala ha implicado a to-
da la clase y ha contribuido de forma clara al conocimiento por parte de
los alumnos del sistema solar, de sus componentes, de su situación en
el espacio y, sobre todo, de sus enormes dimensiones. Tras concluir el
montaje del modelo y realizar su recorrido, la idea tan extendida entre
los alumnos de que dos cuerpos planetarios pueden chocar con suma
facilidad ya no es tan generalizada. Éste es un ejemplo de cómo puede
cambiar la visión del sistema solar después de la construcción de este
modelo.
Hemos realizado un segundo modelo para el techo del Centro de
Ciencia Principia, donde lo puede ver todo el que visita el museo. Resul-
ta gratificante comprobar cómo el público se sorprende al observar lo
grande que es Júpiter o lo lejos que queda Neptuno, lo que confirma
que no sólo entre los estudiantes, sino también entre el público en ge-
neral, la visión de este modelo ayuda de forma clara a la mejor com-
prensión del sistema solar.
Construir el modelo y realizar el recorrido ha sido una experiencia
muy gratificante que ha implicado a los alumnos y, además, decora el
techo de nuestro instituto con un tema científico y atractivo.
Referencias ANGUITA, F (1993): Geología planetaria. Madrid. Mare Nostrum Ediciones Di-
bibliográficas dácticas.
BROMAN, L. y otros. (1988): Experimentos de Astronomía. Madrid. Alambra.
ESTEBAN, E. (2005): Trabajando con órbitas. Barcelona. Publicaciones de ApEA.
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GARCÍA, S. (1986): «Herramientas astronómicas baratas», en Cuadernos de pe-
dagogía, núm. 136, pp. 27-33.
JOHN, D. (2007): Astronomía. Barcelona. Parragon Books.
PASACHOFF, J.M. (1985): Guía de campo de las estrellas y los planetas. Barce-
lona. Omega.
Anexo Se incluye información básica sobre el sistema solar. Aunque se puede ampliar,
conviene recordar que, cuando realicemos el «paseo», éste no debe hacerse de-
masiado largo y pesado.
Sistema solar
Plutón
¿Debemos incluir este planeta enano? La respuesta es sí, porque muchos alum-
nos creen que con la «recalificación», Plutón ya no existe.
Plutón es, de promedio, el planeta más distante del Sol. Lo descubrió en 1930
Clyde Tombaugh, desde el Observatorio Lowell, después de comparar las posi-
ciones observadas en el cielo de los planetas Urano y Neptuno, con las posicio-
nes predichas para sus órbitas alrededor del Sol. Pequeñas desviaciones de las
posiciones predichas indicaban que las trayectorias de estos dos planetas eran
perturbadas por la atracción gravitacional de otro cuerpo. Se compararon pares
de fotografías de la zona hasta descubrir el desplazamiento de uno de los pun-
tos brillantes en una de las fotografías: ése era el planeta buscado. En 1978 se
descubrió que Plutón tiene un satélite muy cercano, al que se llamó Caronte.
Neptuno
Neptuno orbita alrededor del Sol cada 165 años, a una distancia media de 30
unidades astronómicas (1 UA es la distancia de la Tierra al Sol: unos 150 millo-
nes de km). Tiene un diámetro de 48.000 km y una masa 17 veces mayor que la
de la Tierra. Es el más lejano de los gigantes gaseosos y tiene un período de ro-
tación de cerca de 19 horas. La estructura del planeta es un núcleo rocoso rode-
ado de hielo; lo cubre una atmósfera de 8.000 km de espesor. Esta atmósfera
está compuesta principalmente de hidrógeno molecular, con nubes de metano.
La temperatura es de -220°C.
El descubrimiento de Neptuno: durante el siglo XIX , las observaciones de las po-
siciones de Urano discrepaban con las efemérides predichas. Dos matemáticos,
uno francés, Urbain Leverrier, y otro inglés, John Couch Adams, analizaron estas
pequeñas desviaciones. Trabajaron independientemente y ambos calcularon la
presencia de un nuevo planeta en, substancialmente, el mismo lugar en el cielo.
Posteriormente, en 1846, el alemán Johann Gottfried Galle avistó el octavo pla-
neta del sistema solar.
Urano
Urano es el séptimo planeta del Sistema solar. Tiene un diámetro de cerca de
52.400 km, una masa 14,6 veces mayor que la de la Tierra y orbita alrededor del
Sol cada 84 años. Su distancia del Sol varía entre 18,3 y 20,1 unidades astronó-
micas. Desde la Tierra, Urano puede verse con un telescopio pequeño. Aun con
grandes telescopios sólo puede verse como un pequeño disco verdoso sin deta-
lles visibles en su superficie.
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El descubrimiento de Urano: Urano fue el primer planeta descubierto que no era
conocido por los antiguos. William Herschel anunció su descubrimiento en
1781, aunque inicialmente pensó que era un cometa. Quiso llamarlo Georgium
Sidus, en honor de su patrón, el rey George III. El nombre Urano fue original-
mente sugerido por Bode, pero no fue hasta 1850, cuando John Couch Adams
sugirió el cambio de nombre, que fue adoptado universalmente.
Saturno
Saturno es probablemente el planeta más bello del Sistema solar. Tiene un juego
de anillos mucho más extenso y mucho más fácilmente visible que el de cual-
quier otro planeta. Saturno es el segundo mayor planeta en el Sistema solar,
con un diámetro de 120.000 km. Orbita alrededor del Sol cada 30 años, a una
distancia de cerca de diez unidades astronómicas. La forma del planeta es la de
un esferoide notablemente achatado, con un diámetro polar cerca del diez por
ciento menor que el del ecuador. Saturno es el menos denso de los planetas: su
densidad media es sólo 0,7 veces mayor que la del agua.
Júpiter
Júpiter es el mayor planeta del Sistema solar. Tiene un diámetro 11 veces mayor
que el de la Tierra y una masa 300 veces mayor que la de la Tierra; sin embargo,
su masa es menor que un milésimo de la masa del Sol. Orbita alrededor del Sol a
una distancia de 5,2 unidades astronómicas, en algo menos de 12 años.
La estructura interna de Júpiter es muy distinta de la de la Tierra. La «superficie»
visible de Júpiter es la capa superior de su atmósfera, formada por nubes de me-
tano y amoníaco. En ella se aprecian bandas paralelas al ecuador de distintas
tonalidades y la «gran mancha roja», un huracán tres veces mayor que la Tierra.
En el interior de Júpiter la presión es tan alta que el hidrógeno toma un estado en
el que se comporta como un metal. Por encima de esta zona de hidrógeno me-
tálico hay una capa de moléculas líquidas, principalmente hidrógeno y helio ro-
deado de la atmósfera nubosa, de cerca de 1.000 km de profundidad. El interior
de Júpiter consiste en un núcleo sólido de material similar al de la Tierra.
Marte
Marte es el cuarto planeta a partir del Sol. Se ha conjeturado mucho a lo largo
de los años sobre la posibilidad de que allí existan otras formas de vida. Desde la
Tierra, Marte puede verse con facilidad en el cielo nocturno como un objeto ro-
jizo parecido a una estrella, que se mueve a través del cielo con un período de
algo más de dos años. Su distancia desde la Tierra en oposición (máximo acerca-
miento a la Tierra) varía entre 1,38 y 1,67 unidades astronómicas. Visto con un
telescopio, Marte aparece como un pequeño disco rojizo en cuya superficie
pueden verse (con dificultad) marcas oscuras. También es visible uno u otro de
sus casquetes polares. Aun con telescopios grandes, es muy difícil ver detalles, y
muchos observadores experimentados se engañaron al pensar que habían dis-
tinguido ciertas características, como los canales.
Venus
Venus es el segundo planeta más cercano al Sol. No tiene lunas. Con un diámetro
de 12.104 km es, en tamaño, el más parecido a la Tierra. Su órbita alrededor del Sol
tarda 224,7 días, y su distancia media respecto al Sol es de casi tres cuartos la de la
Tierra. El planeta rota en forma retrógrada en 243 días con respecto a las estrellas
(117 días con respecto al Sol, el día Venusiano). Desde la Tierra, la superficie del
planeta no es visible, pues siempre está cubierta por capas de nubes muy densas.
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Mercurio
Mercurio es el planeta más cercano al Sol. Con un diámetro de 4.880 km, es el
segundo más pequeño. Su órbita alrededor del Sol es notablemente elíptica y la
recorre en 88 días. Su distancia del Sol varía entre 0,31 y 0,47 unidades astronó-
micas. Mercurio tiene un período de rotación de 58,6 días Tiene su superficie
totalmente cubierta por cráteres de impacto.
Dirección Sebastián Cardenete
de contacto Centro de Ciencia Principia. Málaga
scardenete@[Link]
Este artículo fue solicitado por Alambique. Didáctica de las Ciencias Experi-
mentales en enero de 2009 y aceptado para su publicación en abril de 2009.
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