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Cultura campesina en Chiltoyac, Veracruz

Este documento es un resumen de tesis doctoral sobre la configuración de la cultura campesina en una localidad rural de Veracruz a lo largo del siglo XX. Explora cómo los pobladores han establecido una relación con la tierra en el contexto del sistema ejidal mexicano y cómo la tierra y el ejido han sido fundamentales para la reproducción sociocultural de las familias campesinas y la comunidad. También examina cómo los campesinos han respondido a cambios recientes en la ley agraria y la crisis agrícola, y las posibles transform
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Cultura campesina en Chiltoyac, Veracruz

Este documento es un resumen de tesis doctoral sobre la configuración de la cultura campesina en una localidad rural de Veracruz a lo largo del siglo XX. Explora cómo los pobladores han establecido una relación con la tierra en el contexto del sistema ejidal mexicano y cómo la tierra y el ejido han sido fundamentales para la reproducción sociocultural de las familias campesinas y la comunidad. También examina cómo los campesinos han respondido a cambios recientes en la ley agraria y la crisis agrícola, y las posibles transform
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A mis maravillosas hijas,

Lucía y Andrea
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Agradecimientos

Este trabajo es el resultado de varios años de trabajo y fue realizado con el apoyo de
varias instituciones. La Universidad Autónoma Metropolitana me proporcionó el
espacio para realizar mis estudios de doctorado, el Consejo Nacional de Ciencia y
Tecnología me apoyó con recursos y la Universidad Veracruzana, donde presto mis
servicios como profesora, me dio el apoyo para mi dedicación completa a esta tarea.

Las personas que me apoyaron durante el proceso fueron muchas, por lo que aquí
solo mencionaré a algunas. A mi directora de tesis, la Dra. Maria Ana Portal le
agradezco su confianza y sus aportes, siempre tan acertados. A mis asesores, el Dr.
Ekart Boege y el Dr. David Skerritt, les agradezco sus observaciones. A los
profesores, Dr. Juan Castaingts y Dr. Roberto Varela, y a los compañeros del
Seminario de Antropología Simbólica, quienes apoyaron mi proyecto durante su
primera etapa, deseo expresar, también, mis más sinceros agradecimientos.

Muchas otras personas participaron durante este largo proceso, en especial mis
amigas, hermanas del alma, con quienes comparto caminos, aventuras y sobre todo
el placer de vivir. Mi querida amiga y colega Blanca Cordero Díaz, tuvo la paciencia
de escuchar en todo momento mis disquisiciones en torno al trabajo y la
disposición de leer con sus ojos siempre críticos cada parte de este manuscrito.
Evelia Botana hizo las correcciones de estilo. Lilia Morán, Mayra Ledesma, Laura
Berruecos, Antonia Ávalos, Zulma Amador, Emma Luisa Lucero, Patricia Saavedra:
todas me impulsaron a seguir, aún en los momentos más difíciles. Mil gracias por
su invaluable solidaridad y sus palabras de aliento.

A mi querida madre Cristina y a mi abuela Consuelo, les agradezco, desde lo más


profundo del corazón, la energía que me ha guiado durante toda la vida; a mis
queridos hermanos Enrique, Carlos Ernesto y Francisco Emiliano, su fuerza y su
amor; a Domingo, Trini, María y Tatiana, quienes me han demostrado su amor de
mil maneras. A mis sobrinos Paolo, Guisseppe, Marina y Penélope, sus sonrisas. A
Oscar, Yolanda, María Dolores, Pedro, Oscar e Iván, Claudia, Pedrín, Sofía, Gabor y
Ricardo, a quienes también les tocó ser parte de esta empresa, gracias por sus
palabras de aliento y por su amor. A Francisco, con quien compartimos tantos años
de nuestra vida, le agradezco su paciencia y su amor. A Lucía y Andrea, por
prescindir del tiempo de mamá dedicado a este trabajo.

Finalmente, más no por ello menos importante, quiero agradecer profundamente el


apoyo que recibí por parte de los pobladores de Chiltoyac. Obviamente, sin su
solidaridad y su hospitalidad este trabajo no se hubiese podido realizar. En especial
deseo expresar mi agradecimiento a Minerva y a Régulo, a doña Pilar y a don
Olegario, a Gloria, a Saturnina, a Onofre, a Víctor, a Marcelina, a Chati, a Trini, a
Berta y a Ebodio; a la Sra. Gloria Sosa, al Sr. Regino Sosa, al Sr. Gilberto

4
Hernández y a la Maestra Pastrana, a don Silviano y a sus hijos Joel y Roberto
Ortiz; a la Sra. Doanaciana Ortiz; a los muchachos del telebachillerato, en especial a
Verónica Rivera y Moisés Ortiz, con quienes tuvimos la intención de formar un
taller de historia oral para recuperar la memoria de los abuelos y las abuelas; al Sr.
Gildardo Rivera; a don Gaspar y a don Cándido Martínez, a don Nicéforo, al Sr.
Wenceslao Velásquez y a sus hijos, Ciro y Atanacio; al Sr. Guadalupe Ortiz y a su
esposa; a la familia Cortés; al Sr. Neftalí Martínez y al Sr. Benjamín Burgos. A
todos los habitantes de Chiltoyac, muchas gracias. Espero que este texto les
proporcione elementos para mirar su pasado e imaginar su futuro, para construir
horizontes.

Xalapa, Veracruz, diciembre de 2001

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“...Huye Adso, de los profetas y de los que están


dispuestos a morir por la verdad, porque suelen
provocar la muerte de muchos otros, a menudo
antes que la propia, y a veces
en lugar de la propia...
Quizá la tarea del que ama a los hombres
consiste en lograr que éstos
se rían de la verdad, lograr que la verdad ría,
porque la única verdad consiste en aprender
a liberarnos de la insana pasión por la verdad.”

Humberto Eco
El nombre de la rosa
 
 
 
 
 
 
 
 
“Retomando el pensamiento de Buda…
...Todo esfuerzo por comprender
destruye el objeto al cual nos hemos aferrado,
en provecho de un objeto de otra naturaleza;
reclama de nuestra parte un nuevo esfuerzo,
que anula en provecho de un tercero,
y así sucesivamente hasta que alcanzamos
la única presencia duradera,
que es aquella donde se desvanece
la distinción entre el sentido
y la ausencia de sentido:
la misma de la cual partimos...”.

Léví-Strauss
Tristes Trópicos
 

6
INTRODUCCION

Este trabajo trata sobre la configuración de la cultura campesina en una localidad


rural del centro de Veracruz a lo largo del siglo XX. En particular, se reconstruye el
proceso histórico de la relación que los pobladores de la localidad han establecido
con la tierra, en el contexto del sistema ejidal de tenencia en México. Se enfatiza en
el papel que han tenido la tierra y el ejido en la reproducción sociocultural de las
familias campesinas y de la comunidad, centrando la atención en los procesos de
uso y de apropiación del territorio ejidal y en las formas de organización del trabajo
agrícola. Asimismo, se abordan las respuestas que estos campesinos despliegan
frente a la nueva ley agraria y a la crisis agrícola que se vive actualmente en la
región y se advierten las posibles transformaciones de la cultura campesina local
en este contexto.

A partir de la investigación antropológica, se traza un relato etnográfico en el


que se destaca el proceso de construcción identitaria de estos pobladores rurales.
Vemos a la identidad como un proceso social y no como una esencia (Aguado y
Portal, 1991; 1992; Giménez, 1992; Portal, 1993), como resultado de procesos
socioculturales y políticos de negociación en los cuales los campesinos, que se
constituyen en grupos sociales heterogéneos, construyen un lenguaje común. A
través de esta etnografía, la atención se centra en los procesos y las prácticas
sociales por medio de las cuales los campesinos de Chiltoyac se apropiaron del
territorio ejidal, y cómo alrededor de éste se creó la comunidad como el espacio
social imaginado donde ellos han negociado cotidianamente su identidad, tanto al
interior, como frente a las fuerzas y actores externos. La tierra, como medio
fundamental de subsistencia, el ejido, como espacio de organización de prácticas
locales, y las formas de trabajo al interior de las empresas domésticas campesinas,
han sido elementos centrales en el proceso. La organización del trabajo, aunque
subsumida a procesos capitalistas, al mismo tiempo ha respondido a las estrategias

7
y necesidades de la reproducción de las familias y de la comunidad.

El régimen ejidal de tenencia de la tierra ha sido fundamental en la


configuración de los procesos rurales en la entidad veracruzana. En los últimos
setenta años, gran parte de los campesinos en el estado, han construido sus
espacios locales y sus estilos de vida al interior del sistema ejidal.1 Particularmente
en las áreas rurales del centro de Veracruz, alrededor del uso de la tierra ejidal,
asociado fundamentalmente con los cultivos agroindustriales de la caña de azúcar y
el café, se han estructurado formas específicas de reproducción de los pobladores
rurales, donde el ejido ha sido un eje central en la vida socioeconómica, política y
cultural de las comunidades rurales. La tierra ejidal ha sido la base del sustento
material, recurso de poder y de prestigio, y referente fundamental de las
identidades individuales y colectivas de los grupos campesinos en esta región.

Los estudios sociales sobre campesinos han asumido que es precisamente el


acceso a la tierra lo que los distingue de otros grupos o tipos sociales subalternos.
El papel de la tierra como medio de subsistencia, el valor que le confieren y la
relación subjetiva que establecen con ella, se constituyen en categorías culturales
básicas, alrededor de las cuales los campesinos han construido sus visiones del
mundo y sus identidades. Esta premisa, a partir de la cual se reconoce el papel
central de la tierra en la configuración de los campesinos como grupos sociales, sin
embargo, ha dado lugar al desarrollo de perspectivas que consideran que la
relación subjetiva que estos grupos sociales establecen con la tierra es condición
esencial de la cultura campesina. De manera apriorística se define al campesino por
su relación subjetiva -natural- con la tierra a partir de la cual se derivan
racionalidades económicas, respuestas políticas, formas de organización y
comportamientos sociales inherentes al campesinado como grupo social (Shanin,
1979).

                                                                                                               
1
Veracruz es el estado con mayor número de ejidos y comunidades agrarias, 3,337, seguido de
Michoacán, con 1,749 y Chiapas con 1,714. (INEGI, 1988).

8
A diferencia de estas perspectivas, en este trabajo se aborda la relación que
los ejidatarios de Chiltoyac establecen con la tierra como un proceso que se
construye históricamente en interrelación con otras dimensiones y procesos. No se
trata, por tanto, de considerar que los pobladores rurales de Chiltoyac se definen
como campesinos a partir de establecer una relación esencial y ahistórica con la
tierra, ni de suponer a priori una identidad sustentada en una relación estática y
natural con ésta. Los pobladores de esta localidad han construido su identidad
social y sus formas de reproducción sociocultural al interior de un procesos
hegemónico, inmersos en su relación con el Estado y en procesos de producción
capitalistas. La cultura campesina local se ha configurado alrededor de los cultivos
comerciales de caña y del café, asociados con la producción de autosubsistencia y
con el sistema ejidal de tenencia de la tierra. Al mismo tiempo que se sustenta en la
pequeña producción doméstica ha estado subsumida a las relaciones mercantiles
propias de los complejos agroindustriales correspondientes. La producción y
reproducción de la cultura campesina local es resultado de un largo y complejo
proceso histórico de interrelaciones, en el que los campesinos de Chiltoyac,
inmersos en relaciones desiguales de poder, en tanto ejidatarios han tenido el
control sobre la tierra y con ello, sobre ciertos espacios de su reproducción.

Un aspecto que distingue a estos productores rurales de otros, es la


diversidad de sistemas productivos al interior de sus empresas domésticas, lo cual
ha implicado la sobreposición y complementariedad de formas culturales
mercantiles y no mercantiles en su funcionamiento. Las formas de gestión y
distribución del territorio ejidal, y las maneras de organización de los procesos
productivos, al mismo tiempo que obedecen a los procesos de acumulación
agroindustrial, responden a las necesidades de campesinos que se han apropiado
de instituciones estatales, como el ejido y el crédito, para construir sus procesos de
reproducción sociocultural.

El espacio local
Al interior de la extensa región cafetalera Xalapa-Coatepec, a 8 kilómetros al
noreste de la capital del estado, se ubica el poblado de Chiltoyac, situado dentro de

9
los límites del municipio de Xalapa, a una altura aproximada de 700 a 800 metros
sobre el nivel del mar. Actualmente, Chiltoyac cuenta con una población
aproximada de 2180 habitantes. Cuatro cruces ubicadas en los cerros delimitan el
asentamiento urbano, o “fundo legal del pueblo” hacia los puntos cardinales. Estas
cruces fueron colocadas por los misioneros franciscanos en el siglo XVI y los
habitantes de la localidad las renuevan periódicamente. El poblado está dividido en
cinco barrios, los cuales definen también la diferenciación socioeconómica entre los
habitantes. En el barrio de El Centro viven las familias con mayores recursos, ahí se
encuentra la Iglesia, un pequeño Parque con kiosco, el edificio de la Agencia
Municipal, una Biblioteca, la Escuela Primaria y la Casa del Campesino; en este
barrio se encuentran las únicas cinco calles recientemente pavimentadas del
poblado. Los cuatro barrios restantes se extienden sobre un espacio muy amplio
también ocupado por numerosas fincas de café. En el barrio de La Palma, contiguo
al centro, se encuentran el Jardín de Niños y la Telesecundaria. Mas alejados del
centro, asentados en pequeños cerros y lomeríos, entre fincas de café, se
encuentran los barrios de La Calzada -donde esta ubicado el Telebachillerato-, El
Cerrito y La Barrera; este último denominado por una de las candidatas a la
Agencia Municipal como “el barrio de los indios”, haciendo referencia a las
condiciones de pobreza e insalubridad que prevalecen en esta zona del poblado. La
Agencia Municipal ha sido una instancia de organización local muy importante, a la
que corresponde la administración de la zona de pequeñas propiedades, dentro del
fundo legal del pueblo que abarca una superficie de 98.5 hectáreas. La existencia de
esta zona de tenencia privada de la tierra, le ha dado a la Agencia Municipal de
Chiltoyac una importancia mayor que la que ha tenido en otros ejidos, donde las
zonas de asentamiento urbano también forman parte del ejido.

Durante el siglo XX, Chiltoyac se desarrolló como un núcleo rural -


congregación y ejido- dentro de un municipio con un alto porcentaje de población
urbana2. La cercanía con la urbe le ha permitido comercializar sus productos

                                                                                                               
2
Desde las primeras décadas del siglo XX la población del municipio se ha concentrado
mayoritariamente en la ciudad de Xalapa: en 1940 la población urbana del municipio representaba
casi el 85%. La concentración demográfica en la ciudad de Xalapa se ha incrementado

10
agrícolas, proporcionar servicios y complementar sus actividades agrícolas con la
venta de fuerza de trabajo en actividades urbanas –comercio, servicio doméstico y
albañilería, principalmente-. Las redes sociales tejidas en torno a la ciudad de
Xalapa, principalmente por la vía del parentesco, han generado una vida cotidiana
en constante interacción con la urbe. Al mismo tiempo, la memoria histórica local
establece su autonomía, al recordar que, en el siglo XIX, Chiltoyac era municipio y
tenía un gran territorio, - al decir de los chiltoyenses, es más antiguo y era más
grande que Xalapa-. La carretera asfaltada que conecta directamente al poblado
con la ciudad de Xalapa se construyó entre 1997-98, con recursos del programa
Crédito a la Palabra, lo cual simplificó notablemente la comunicación, ya que
anteriormente, la ruta para llegar a esta ciudad en transporte, seguía el camino
hacia el ingenio La Concepción -pasando por los municipios de Jilotepec y
Banderilla-.

Los vestigios arqueológicos encontrados en la zona ubican a Chiltoyac como


asentamiento totonaca entre los siglos XI y XII, posteriormente sometido al
imperio azteca. Durante la colonia, los pobladores de este lugar recibieron una
extensión territorial de aproximadamente dos mil hectáreas por parte del gobierno
colonial; sin embargo, unos años después, fueron despojados de esas tierras e
iniciaron su lucha por recuperar el territorio que les había sido otorgado por el
Virrey Luis de Velasco. Poco se sabe de la historia agraria local pero a partir de los
documentos que durante los primeros años de la reforma agraria los pobladores
entregaron a las autoridades gubernamentales, solicitando la restitución de sus
tierras, tenemos noticia de que desde 1604 existía un conflicto alrededor de las
tierras de Chiltoyac que nunca se resolvió.

En los primeros años del siglo XX el pueblo estaban confinado a un pequeño


espacio territorial -de aproximadamente 100 hectáreas-, rodeado por las haciendas

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
paulatinamente. En el conteo de población llevado a cabo por el INEGI en 1995 se registra una
población total en el municipio de Xalapa de 336 632 habitantes de los cuales 324,081 habitaba en
la capital del estado y el 4% vivía en localidades rurales.(INEGI. Censos de Población y Vivienda del
Estado de Veracruz, 1940, 1950, 1960, 1970, 1980, 1990).

11
de Paso de San Juan, Paso del Toro y Lucas Martín. En este contexto, los
pobladores del lugar se involucraron en la contienda revolucionaria con la finalidad
de recuperar sus tierras y durante la reforma agraria iniciada en la segunda década
del siglo pasado recibieron 1350 hectáreas de tierra como dotación ejidal. La lucha
por el territorio fue un elemento fundamental en el proceso de construcción del
sentido de comunidad a nivel local. Para los pobladores de Chiltoyac la tierra ejidal
significó la posibilidad de una nueva forma de vida y representó la aspiración de
quienes se incorporaron en la lucha agraria. En la memoria de los pobladores, la
formación del ejido se concibe como un hito histórico. El territorio ejidal
representa una conquista de los antepasados, a la vez que un derecho otorgado por
el Estado.

Alrededor del uso, la gestión y la distribución de la tierra ejidal se


conformaron los espacios sociales y políticos de confrontación y disputa local. La
diferenciación social al interior de la localidad ha estado fuertemente asociada a la
dinámica ejidal, siendo la tierra y los derechos agrarios componentes
fundamentales en estos procesos. Asimismo, a través del ejido se establecieron los
vínculos con las agencias gubernamentales y muchos de los mecanismos de
integración a los complejos agroindustriales. Los sistemas de plantación cañera y
cafetalera se desarrollaron en el marco del sistema ejidal de tenencia de la tierra. El
uso de la tierra en cultivos comerciales incorporados a los complejos
agroindustriales dio lugar a la emergencia de una cultura campesina asociada a
estos sistemas de plantación3. Esto implicó transformaciones en las dinámicas de la
producción, en la organización del trabajo y en los procesos de reproducción;

                                                                                                               
3
En sus trabajos sobre los sistemas agrícolas de producción en Latinoamérica, en especial para la
región de El Caribe, los antropólogos norteamericanos, Sydney Mintz y Eric Wolf, acuñaron el
concepto de sistema de plantación -cañero, cafetalero, tabacalero-, para analizar las formas
específicas de la expansión del capitalismo en la agricultura de los países colonizados, a través de
formas de organización productiva de gran escala. Los sistemas de plantación, cuyos cultivos son
destinados al mercado y su funcionamiento se guía a partir de la obtención de altos rendimientos
económicos, implican formas específicas de uso y de control de los recursos productivos. Los
autores sostienen que a través de la ocupación de grandes extensiones territoriales, la plantación
altera los paisajes geográficos y sociales preexistentes, imponiendo normas y valores, modos de vida
y prácticas culturales derivadas de su funcionamiento. El control sobre la tierra, la mano de obra y
la organización del trabajo son los mecanismos a través de los cuales el sistema de plantación
despliega su dominio sobre la vida sociocultural de las regiones. (1975)

12
algunas de las formas tradicionales de organización del trabajo fueron reinventadas
por los campesinos para insertarse en la producción de estos cultivos
agroindustriales. Los ejidatarios se transformaron en productores cañeros y
cafetaleros, lo cual influyó de manera determinante en las formas de organización
de la actividad agrícola, en los modos de vida de los pobladores rurales, en la
diferenciación social y en los procesos políticos locales y regionales.

La presencia del Estado ha sido fundamental en la configuración de los


procesos agrarios y de las identidades locales en los espacios rurales. Al interior de
un proceso dialéctico de “confrontación cultural”, las políticas agrarias y el régimen
ejidal de tenencia de la tierra han mantenido la presencia constante de las agencias
gubernamentales en los espacios locales, situando al Estado posrevolucionario
como principal interlocutor de los pobladores rurales.

“... la dialéctica de la confrontación cultural se lleva a cabo en contextos


desiguales de poder y supone apropiaciones, expropiaciones y
transformaciones recíprocas. Donde reciprocidad no implica una
distribución equitativa del poder ya que, si bien la dominación tiene efectos
reales, no todos éstos son totalmente poderosos, ni completamente
inclusivos.” (Nugent y Alonso, 1994: 210).

Gran parte de la literatura sobre el ejido ha enfatizado en su carácter de


institución promovida por el Estado como medio para la sujeción de los
campesinos. En efecto, el ejido fue concebido por los arquitectos de la política
agraria como una forma de reinventar a las poblaciones rurales dentro del proceso
de formación del Estado posrevolucionario. Esta reinvención se dio como parte de
un proceso hegemónico al interior del cual la política agraria se nutrió de las
tradiciones y de las expectativas de estas poblaciones (Mallon, 1994, pp.72-73).

“…el ejido ha funcionado semánticamente dentro de lo que Marx podría


haber llamado “el ideal historiográfico” del Estado Mexicano, su ‘así llamada
historia cultural’ (1857), para promover un nacionalismo popular
revolucionario que estableciera un rol privilegiado para el Estado como
paterfamilia y arbitro de los conflictos sociales… El ejido es un elemento

13
fundamental de la “tradición selectiva” 4 a través de la cual el Estado
posrevolucionario ha construido su legitimidad y su hegemonía. El énfasis al
interior de la retórica oficial en las raíces indígenas del ejido ha servido para
fundamentar el carácter “genuinamente popular” del sistema de tenencia de
la tierra…. Lo popular ha sido apropiado por lo populista con la finalidad de
construir una imagen del Estado como el verdadero representante de la
nación y de sus hijos auténticos, el pueblo.” (Nugent y Alonso, 1994: 212-
213)

Por su parte, las comunidades agrarias han construido sus propias


tradiciones selectivas como resultado de experiencias históricas particulares y de
sus nociones acerca de la tierra y de los derechos de propiedad sobre ella. Como
veremos a lo largo de este trabajo, los campesinos de Chiltoyac crearon su concepto
en torno al ejido como parte de una larga tradición de lucha que otorga al poder
estatal el derecho de conceder la propiedad de la tierra a las comunidades. En el
contexto de la reforma agraria, la visión de estos campesinos se acerca a lo
planteado por Armando Bartra (1985) en relación con el movimiento agrarista:

“…el movimiento agrarista fue un movimiento campesino que, desde el


momento en que admitió que sus derechos sobre la tierra provenían del
Estado, reconoció la legitimidad del nuevo orden social y aceptó su propio
rol subordinado”. (:23)

No obstante que la tradición selectiva de las campesinos de Chiltoyac fue muy


cercana a la ideología agrarista, se configuró al interior de un proceso dialéctico de
confrontación cultural, donde las nociones que estos campesinos construyeron en
torno al territorio ejidal y al ejido, se nutrieron de sus experiencias del pasado y
propiciaron formas de gestión y de apropiación de la tierra que emanaron de las
instituciones culturales de la comunidad. Instituciones que no necesariamente
respondieron a la normatividad establecida desde las agencias del Estado.

Para Michael Kearney (1996), la política de desarrollo rural en México se


presenta como un caso paradigmático de tensiones estructurales y contradictorias
que en vez de eliminar a los campesinos ha tendido a recrearlos y a perpetuarlos.
Esta promoción por parte de las agencias estatales de la reproducción campesina
ha tenido un sustento fundamentalmente político, tendiente a reproducir el pacto

                                                                                                               
4 “…una tradición selectiva (es): una versión intencionalmente selectiva de un pasado configurativo

y de un presente configurado, que resulta entonces poderosamente operativo dentro del proceso de
definición e identificación cultural y social.” (Williams, (1977) 1997:137)

14
establecido a partir de la revolución mexicana. En efecto, la acción del Estado en la
cuenca cafetalera Xalapa-Coatepec, a través de sus políticas agrícolas y sociales y
del impulso a la modernización agroindustrial, garantizó los mecanismos de
transferencia de excedentes para el desarrollo del capital, al mismo tiempo que
propició un proceso constante de “recampesinización” (Gledhill, 1993; Lomnitz,
1995), al establecer condiciones materiales para la reproducción de las familias
campesinas y de las comunidades rurales. Durante varias décadas (1950-90) los
productores rurales ejidatarios de la región, al insertarse en las cadenas
agroindustriales de la caña y el café, pudieron utilizar créditos y otros apoyos
estatales para su reproducción, generándose una dinámica sociocultural
fuertemente asociada a las regulaciones estatales.

Desde mediados de los años ochenta, los ejidatarios, productores cañeros y


cafetaleros de la zona, viven cambios significativos. Los marcos de las relaciones
con el Estado y sus agencias se trastocan como resultado de la aplicación de las
políticas neoliberales y de nuevas formas de regulación. Su inserción en las cadenas
agroindustriales se transformó a raíz de la privatización de la industria y la
desregulación del mercado. Al mismo tiempo, las formas de gestión, distribución y
propiedad de las tierras, tienden a modificarse como producto de las reformas al
Artículo 27 constitucional decretadas en 1992. Las políticas neoliberales, junto con
las condiciones cambiantes de la economía internacional globalizada, en un
contexto nacional de crisis de las formas de organización de la producción
agropecuaria, están propiciando el surgimiento de nuevos procesos
socioeconómicos, políticos y culturales que reconfiguran el escenario del mundo
rural de la región. La pérdida de la importancia de las actividades agrícolas como
medios fundamentales del sustento familiar, y la emergencia de un proceso
migratorio acelerado de trabajadores ilegales hacia actividades urbanas en Estados
Unidos, son factores que transforman los referentes y significados actuales en
torno a la tierra y a la reproducción sociocultural de los campesinos de Chiltoyac.
En este sentido y tomando en consideración las condiciones del contexto mayor
que enfrentan estos campesinos, me parece pertinente preguntarse acerca de la
forma cómo se están reconfigurando su cultura y su identidad, al redefinirse la

15
relación con la tierra, la organización ejidal y las condiciones de la reproducción
social.

Fuentes y conceptos
Esta etnografía, sobre la gente y sus mundos sociales, esta enfocada en las formas
cómo los pobladores de esta localidad construyen sus procesos de reproducción a
través de un proceso continuo de adaptación y resistencia ante las condiciones
cambiantes del entorno global. A través del relato, se descubren las complejas
interrelaciones que intervienen en la producción y reproducción de la vida
sociocultural de la localidad. Vemos cómo las diversas formas culturales
campesinas en Chiltoyac se configuran en interrelación con los procesos del
capitalismo agrario en la región. Interrelaciones multidimensionales en las que los
procesos económicos, culturales y políticos globales se “relocalizan” al interior de
un espacio local específico. De esta manera, se intenta una lectura articulada de la
realidad en la que las diferentes dimensiones y niveles de la realidad se entretejen
de manera compleja.

“...es necesario pensar la realidad como una articulación, es decir, como una
relación entre procesos, imbricados de forma no determinada previamente y
dejar que su reconstrucción permita reconocer de qué modo concreto se
articulan los procesos (...) ...una lectura articulada de la realidad... al dar
preeminencia a las relaciones posibles por encima de las relaciones teóricas,
exige considerar de forma abierta y crítica cada aspecto de la realidad, así
como su relación con los demás aspectos que la integran; esto es, observarla
y describirla sin pretender encuadrarla dentro de un esquema teórico que
implique relaciones a priori.” (Zemelman, 1987:18-19).

Mi trabajo se nutre de algunos estudios antropológicos sobre campesinos


que reconocen la complejidad de los procesos de construcción de identidades
sociales en los espacios rurales. Particularmente de aquellos estudios que desde la
perspectiva regional o local ensayan una lectura articulada de la realidad, donde los
procesos económicos, políticos y culturales se sintetizan en la configuración de
sujetos e identidades sociales particulares. En estos trabajos se enfatiza la
necesidad de atender a la especificidad de los casos locales como una estrategia
epistemológica central en la comprensión de los procesos sociales que dan lugar a

16
la configuración de “campesinos históricamente específicos” (Isaacman, 1993).

Dos características me parecen sumamente relevantes en estos estudios: la


integración de la dimensión cultural en el análisis de los procesos de reproducción
de la vida material, y ambos en el estudio de los procesos políticos. Y el enfoque
teórico-metodológico que trasciende la dicotomía estructura y acción social; de esta
manera, cuestiones tales como la lucha política, la identidad o la formación de
clase, dejan de ser abstracciones para incorporarse en las prácticas cotidianas y en
las experiencias histórico-concretas de los campesinos.

Un aspecto de fundamental importancia en estos estudios es el


reconocimiento de la heterogeneidad de los campesinos. Así, nos enfrentamos con
un aparente paradoja, “…queremos adscribir a los campesinos una cultura
distintiva pero al mismo tiempo mantener un sentido de distinción entre los
campesinos.” (Smith, 1989: 24). En su trabajo sobre los Huasicanchinos en la
región de Mantaro en Perú, este autor nos muestra cómo una población
heterogénea de campesinos –“provenientes de los barrios marginados de Lima, de
los mercados informales de Huancayo, de las parcelas del pueblo o de las estancias
de pastoreo en la montaña” (:26)- construye su identidad alrededor de la lucha por
la tierra y cómo en este proceso se crea y recrea permanentemente la comunidad,
como parte de un proceso complejo de producción de cultura. El conflicto en torno
a un recurso esencial para la vida cotidiana, tuvo el efecto de intensificar la
discusión entre los miembros de la comunidad y los obligó a reexaminar no solo lo
que constituía la pertenencia, sino lo que “la comunidad” en sí misma significaba (:
26).

“La producción de cultura es especialmente relevante para nuestra


comprensión de los campesinos por dos razones. Primero, esta perspectiva
sugiere que lejos de ver a la cultura campesina como prístina y original que
después fue invadida desde el exterior, debemos verla, desde el principio,
como la afirmación (o el fracaso) de la voluntad y de la identidad bajo
condiciones de dominación y de resistencia. Segundo, la heterogeneidad –ya
sea en términos de diferenciación socioeconómica o de formas de
incorporación a los distintos sectores de la economía- es un aspecto básico
en la definición del campesinado.” (: 27).

17
Gran parte de las imágenes antropológicas sobre los campesinos se han
creado al interior del paradigma del desarrollo5, trazadas a partir de perspectivas
dualistas y de visiones desarrollistas de las culturas campesinas. Desde las diversas
disciplinas de la ciencias sociales, las construcciones teóricas han definido y
abordado los problemas sociales del mundo rural a partir de una lectura estática de
la historia, estableciendo una línea que divide el pasado tradicional o precapitalista,
del presente moderno o capitalista. Las imágenes de un pasado prístino,
“tradicional”, reifican al campesino -como sujeto social- al considerar como natural
un orden producido históricamente. De esta manera, las representaciones del
mundo rural se han construido a partir de una lectura estática y oposicional de la
historia, donde una economía natural temprana es eventualmente reemplazada por
la sociedad moderna.6 Esta forma de concebir la historia y su relación con la
cultura ha conducido a tratar a la cultura campesina anclada en la historia y
contrapuesta a la cultura dominante, como un conjunto de atributos inalterados
que se trasladan a través del tiempo por medio de la tradición. A partir de las
nociones de tradición y persistencia se concibe a la cultura campesina como un
conjunto de rasgos que sobreviven y se conservan del pasado; los campesinos se
ubican como grupos sociales tradicionales al interior de una tipología que opone

                                                                                                               
5
En un texto titulado “Encontering Development: The Making and Unmaking of the Third World”,
Arturo Escobar (1995) nos propone un análisis del desarrollo en tanto formación discursiva, como
“una experiencia histórica singular” que ha implicado la creación de un dominio de pensamiento y
de acción sustentada en tres ejes: en formas de conocimiento, en sistemas de poder y en formas de
subjetividad. Este discurso ha dado lugar a prácticas concretas de pensar y de actuar a través de las
cuales el Tercer Mundo ha sido producido. Desde esta perspectiva, la investigación sobre el
desarrollo se concibe como un capítulo de la llamada Antropología de la Modernidad, es decir, de la
investigación de la modernidad occidental como un fenómeno cultural e histórico específico.
6Desde diversas perspectivas teóricas las oposiciones básicas, tradición y modernidad, atraso y

desarrollo, precapitalismo y capitalismo, han conducido a analizar a los campesinos y a sus formas
culturales a partir de la visión de un pasado estático envuelto en la tradición. Las teorías del
subdesarrollo y de la dependencia trascienden estas dicotomías al introducir la idea de la dialéctica
del subdesarrollo, de la conexión histórica del mundo y de que el atraso rural ha sido el producto del
desarrollo. De esta manera, las sociedades locales y regionales son analizadas como parte de la
estructura de la modernidad capitalista. Sin embargo, -nos dice William Roseberry (1993), “...a
pesar de su aparente radicalismo en la invocación de una historia del capitalismo, las categorías de
tradición, atraso y subsistencia permanecieron histórica y sociológicamente vacías, dado que la
historia adcrita a ellas fue demasiado general y muy profundamente incorporada al interior de un
pasado que se veía de manera estática”. (: 327-328).

18
tradición y modernidad.7

A diferencia de estas perspectivas, en este trabajo se concibe a la cultura


como una dimensión constitutiva del mundo social que atraviesa, permea y
confiere sentido a la totalidad de las prácticas sociales. Como parte del contexto
significativo al interior del cual se lleva a cabo la actividad social, el proceso
cultural es socialmente constituyente, ya que la cultura es una fuerza material que
informa y toma parte de la acción social. Al mismo tiempo, como producto de la
acción pasada y presente, es a la vez socialmente constituida y como tal, se crea y
recrea permanentemente al interior de las relaciones sociales de poder y de
dominación (Roseberry, 1991).

La cultura campesina, como proceso histórico social específico, se construye


y se transforma al interior del proceso hegemónico, donde los campesinos se
apropian y resignifican selectivamente los elementos de la cultura dominante. A
partir de la noción gramsciana de hegemonía, William Roseberry (1994) proponen
entender el proceso hegemónico en los siguientes términos:

“…Exploremos la hegemonía no como una formación ideológica terminada y


monolítica, sino como un proceso político impugando de dominación y lucha
(…) … propongo utilizar el concepto no para entender el consentimiento sino
para entender la lucha; las maneras en que las poblaciones subordinadas
utilizan las palabras, las imágenes, los símbolos, las formas, las
organizaciones, las instituciones y los movimientos, para hablar acerca de
algo, para entender, para confrontar, para acomodarse o para resistir la
dominación, están moldeadas por el propio proceso de dominación. Por
tanto, lo que la hegemonía construye no es una ideología compartida, sino

                                                                                                               
7
La dicotomía tradición-modernidad se reflejó de manera clara en los estudios antropológicos en
localidades campesina realizados a partir de la propuesta teórica impulsada por Robert Redfield,
quien a través de la noción del continum “folk-urbano”, ubica a las sociedades campesinas como
sociedades típicamente atrasadas en el contexto de la modernidad occidental. Las sociedades
rurales, tipo “folk”, son caracterizadas por presentar una serie de razgos culturales como los
siguientes: “...small, isolated, non-literate and homogenous, with a strong sense of group solidarity.
The ways of living are conventionalizad into the coherent system which we call ‘culture’. Behaviour
is traditional, spontaneous, uncritical and personal; there is no legislation or habit of experiment
and reflection for intellectual ends. Kindship, its relationships and institutions, are the type
categories of experience and the familiar group is the unit of action. The sacred prevails over the
secular; the economy is one of status rather than of the market.” (Redfield, 1947: 293, en Long,
1977: 33).

19
un material común y un marco significativo para vivir, hablar y actuar sobre
órdenes sociales caracterizados por la dominación (: 358-361).

Lejos de ser un conjunto de atributos, valores, actitudes y comportamientos


dados, contrapuestos a la modernidad capitalista, la cultura campesina se
construye y reconstruye permanentemente al interior de ésta. Una parte
significativa de la literatura antropológica sobre culturas campesinas se ha
producido al interior de la perspectiva de los llamados Estudios Subalternos; en un
análisis crítico sobre estas perspectivas, el antropólogo de la India, K
Sivaramakrishnan (1995), cuestiona aquellas visiones dicotómicas que conciben a
las construcciones culturales de los grupos sociales subalternos, particularmente de
los campesinos, como procesos autónomos, así como a los estudios de la resistencia
campesina que ven en la conciencia de los subalternos formas culturales separadas
de las formas dominantes. Para este autor, el estudio de las culturas de los
subalternos y de las formas de resistencia debe situarse al interior de la “dinámica
cotidiana del poder”. Por definición, los grupos subalternos no poseen autonomía (:
339-402).

Las construcciones teóricas desde las diversas ciencias sociales han


incorporado en la categoría de “campesinos” a grupos sociales heterogéneos, cuyas
formas de vida y de inserción en el mundo capitalista occidental ha sido diversa. En
este sentido considero que para hablar de campesinos es necesario asumir que
éstos no existen como grupo social homogéneo o como un todo identificable, sino
solamente en su especificidad regional y local, constituyéndose y reconstituyéndose
permanentemente. Es decir, los distintos tipos de pobladores rurales son el
resultado de procesos históricos locales y regionales y de formas particulares de
integración al proceso global de acumulación capitalista a nivel nacional e
internacional (Roseberry, 1991, 1993). A partir de esta premisa se propone
incorporar la dimensión histórico cultural en el estudio de estos grupos sociales,
quienes constituyen la otredad del mundo occidental y se han configurado como
tales como parte del proceso histórico mundial (Wolf, 1987). Al hacer referencia a
las formas de concebir el pasado, particularmente en relación a la diversidad

20
cultural, O’Brien y Roseberry (1991), proponen trascender aquellos modelos
teóricos que ven el pasado a partir de polos opuestos y de construcciones
deductivas. Para estos autores, la diferencia cultural no necesariamente implica
persistencia de la tradición:

“... las transformaciones del mundo contemporáneo han implicado la


creación permanente de la diferencia cultural, de nuevas expresiones de ésta
y de la redefinición de viejas formas. Tratar esas diferencias como
indicadores de la persistencia de culturas tradicionales al interior del mundo
moderno es omitir, precisamente, aquellas características que hacen de esas
culturas expresiones de aspectos importantes de la vida presente de mucha
gente.” (:1).

De esta manera, las formas culturales aparentemente “primordiales”, tales


como la economía doméstica campesina, la comunidad, la etnicidad, el género o la
familia, son, de hecho, construidas históricamente, son resultado del cambio,
“…productos de un proceso histórico particular operando en campos sociales
específicos… que emergen en coyunturas particulares, al interior de campos
de poder particulares y de sedimentaciones del pasado y del presente,
particularmente complejas y desiguales .” (ibidem:10).

En este sentido, me parece interesante y sobre todo sugerente, la noción de


la comunidad, como resultado de un proceso continuo y siempre incompleto de
producción cultural, a través del cual se negocian significados, identidades y
membresías al interior del grupo y dentro del contexto mayor de relaciones
económicas y políticas de explotación y de dominación, que nos propone Gavin
Smith (1989;1991). No se trata por tanto de ofrecer una imagen romántica de una
comunidad basada en el consenso y la reciprocidad. La comunidad se construye y
reconstruye permanentemente y juega un papel fundamental en el proceso de
reproducción material, social y político de este grupo. A lo largo de la historia local
y en su interrelación con la sociedad global, la comunidad y sus instituciones
persisten y se transforman, y la identidad se reconfigura continuamente.

“La gente continúa concibiéndose a sí mismos como Huasicanchinos


independientemente de los lugares que hoy habitan. Sin embargo, el
carácter de ser un Huasicanchino ha cambiado con el tiempo, así como sus
instituciones esenciales, las cuales han sobrevivido al mismo tiempo que se
han transformado. El observar a Huasicancha en este amplio desarrollo

21
histórico nos ayuda a entender cómo la comunidad está integrada a la
cultura dominante, mientras que sigue manifestando una cultura en
oposición a esa hegemonía. Históricamente los productores directos han
sido explotados a través de la preservación y la manipulación de las
instituciones locales. Como resultado de esto, estas instituciones han sido
simultáneamente los medios para insertar a Huasicancha a la economía y a
la sociedad mayor, y los medios de expresión de una identidad local
contrastante (en oposición) con esa economía y esa sociedad.” (: 29).

La comunidad Huasicanchina se desarrolló estrechamente vinculada con las


dinámicas de la reproducción social, a través de un conjunto de instituciones
locales cambiantes que proporcionaron las condiciones para la reproducción de las
empresas domésticas. Para Gavin Smith (1989), los ámbitos privados de la
sobrevivencia cotidiana alrededor de las empresas domésticas son espacios
fundamentales donde se crea y recrea permanentemente la identidad de estos
campesinos; las formas cotidianas de sobrevivencia son “la otra arma de la lucha” –
nos dice- (:13), y el sentido de pertenencia “no es una noción abstracta, vagamente
ligada a la identidad, sino algo esencial para la sobrevivencia” (:26) . De ahí la
importancia conferida al análisis de las empresas domésticas y a las diversas
maneras de su integración a la sociedad mayor. A partir de las dinámicas
heterogéneas de la reproducción de los campesinos de Huasicancha, se configura
un lenguaje de comunidad, el cual, al mismo tiempo, es movilizado en sus acciones
políticas. De esta manera el trabajo de G. Smith nos expone la necesaria
interconexión de los procesos económicos, culturales y políticos de la reproducción
social, y nos muestra a la comunidad como el medio fundamental en que los
campesinos construyen su identidad.

En la misma perspectiva, el trabajo de Francisco Gómez Carpinteiro (1998),


trata sobre el proceso de formación histórica de clase entre los campesinos de un
ejido cañero del estado de Puebla. Al igual que el anterior, este estudio nos orienta
en relación al papel central de la comunidad en el proceso de construcción de
identidades sociales, al mismo tiempo que nos muestra las maneras cómo los
ejidatarios de San José Teruel se apropiaron del ejido a través de sus nociones
sobre la tierra y el trabajo, asociadas a sus dinámicas de reproducción social. Se

22
destaca el lugar que ocupó el ejido como espacio de organización local y como
medio de integración subordinada a la sociedad mayor y se analizan las respuestas
de los ejidatarios de Teruel ante la nueva ley agraria. Me interesa enfatizar el papel
central conferido a las nociones sobre la tierra y el trabajo en los procesos de
producción cultural y de formación de clase en este estudio antropológico. A través
de una etnografía histórica el autor nos muestra a una comunidad local que se
aglutina en torno a la aspiración por el manejo individual de la tierra y por la
autonomía de sus formas de trabajo, enfrentándose de esta manera al
cooperativismo estatal en el sector azucarero. La comunidad se define como un
espacio de negociación donde los actores locales, con discursos diferenciados, se
interrelacionan y construyen un lenguaje común. Este lenguaje de comunidad se
constituye históricamente como “el vehículo primordial en que los campesinos se
expresan como clase.” (: 49). De esta manera, analiza la forma en que este lenguaje
es activado por los campesinos de Teruel en sus respuestas frente a la nueva ley
agraria y reconoce el papel fundamental del Estado en los procesos de
conformación de la identidad social de estos campesinos. El Estado ha actuado
regulando el acceso a la tierra y garantizando los mínimos de subsistencia; los
campesinos han activado los aspectos contenidos en el esquema de “economía
moral” (Scott, 1976) en su relación con aquél 8 . La reforma ejidal –nos dice
Francisco Gómez- abre una nueva etapa de negociación entre el Estado y los
campesinos.

A raíz de la nueva legislación agraria muchos estudios sobre el ejido se


preguntan acerca del futuro de esta institución y se replantean la perspectiva desde

                                                                                                               
8 James Scott (1976) utiliza los conceptos de economía moral y de ética de subsistencia para explicar

el comportamiento político de los campesinos del sudeste asiático. Señala que la economía moral,
en tanto guía conceptual básica, establece los conceptos básicos de justicia y de explotación a partir
de los cuales los campesinos actúan, tanto al interior de sus comunidades, como en sus relaciones
con la sociedad colonial y con el Estado. El derecho de subsistencia y la norma de reciprocidad son
los dos principios fundamentales que rigen la organización en las sociedades campesinas, a ello se
refiere, precisamente, el concepto de “economía moral”. Estos principios tienen implicaciones tanto
a nivel de las estrategias materiales de reproducción, como en relación a los patrones de
organización familiar y comunitaria. Es decir, nos habla, tanto de la dimensión material de la vida
de los campesinos, como del sistema de valores que subyace en todos los niveles de la organización
de las sociedades campesinas y de sus relaciones con la sociedad mayor.
 

23
la cual se ha venido estudiando. Un aspecto que se destaca en los trabajos sobre la
reforma ejidal es la importancia conferida a los distintos contextos históricos
locales para entender la forma cómo las reformas están impactando la vida de los
pobladores rurales (Snyder y Torres, 1998). A través de diversos estudios de caso,
se muestra que el ejido y la tierra son referentes importantes en los procesos
identitarios de los pobladores rurales (Cornelius &Myre, 1998; Randall, 1999) .

Si bien se reconoce al ejido como una institución promovida por el Estado


como respuesta a las demandas de los campesinos, se trasciende a las perspectivas
que lo han analizado como un instrumento de dominación, y se propone
profundizar en el estudio de las formas en que los campesinos mexicanos se
apropiaron localmente de este espacio social:

“…el ejido es una institución oficial constituida y sustentada en la ley. Sin


embargo, las prácticas locales en relación con la tierra y los recursos ejidales,
y el rol del ejido en la vida cotidiana de los ejidatarios difiere bastante del
modelo oficial. La dimensión histórica de este proceso no debe pasarse por
alto. Los ejidatarios se refieren mucho a sus luchas violentas por obtener la
tierra y recuerdan sus experiencias e historias de esto en gran detalle, así
como sus conflictos internos después de la reforma. De esta manera, para los
pequeños usufructuarios, el ejido no representa una institución oficial
abstracta. El ejido significa un conjunto de relaciones históricas relativas a
ciertos recursos, a conflictos y a asentamientos que tuvieron lugar en
diferentes arenas y que se desarrollaron a través del tiempo.” (Nuijten,
1992:197).

Desde estos enfoques el ejido se concibe como una arena de organización y


representación política local de los pobladores rurales, en su relación con el resto
del sistema político mexicano, al mismo tiempo que una arena de confrontación y
de negociación a nivel local. Es decir, un espacio social donde se organizan las
prácticas económicas y políticas entre los diversos pobladores y grupos locales,
quienes lo utilizan para negociar entre ellos, con los grupos regionales de poder,
con la burocracia gubernamental o con los representantes de compañías privadas o
partidos políticos (Zendejas, 1995: 48). En base al estudio de un ejido en el valle de
Ecuandureo en el occidente de Michoacán, este autor nos muestra un proceso
histórico de disputa local donde los pobladores rurales –ejidatarios y no

24
ejidatarios- se apropiaron del ejido y lo utilizaron de acuerdo a sus propios
intereses, desde su fundación en la década de los treinta (:46). Estas prácticas
sociales a través de las cuales los campesinos se apropiaron del ejido, desafiando en
ocasiones a la normatividad oficial, forma parte de las llamadas “formas cotidianas
de resistencia campesina” (Scott, 1985). En el trabajo de Sergio Zendejas (1995) se
destaca la importancia de la perspectiva histórica en el estudio del impacto de las
reformas legislativas para entender cómo, los diversos grupos y pobladores locales,
se apoyan en sus experiencias históricas, de participación política y de acceso a la
tierra en relación con el ejido, con la finalidad de enfrentarse a las reformas.

La importancia de observar las respuestas de los pobladores rurales desde


una perspectiva histórica se muestra también en los estudios realizados por Lynn
Stephen (1994; 1995; 1998) en el estado de Oaxaca, donde ella analiza las formas
contradictorias en que la reforma ejidal fue recibida en tres localidades rurales
donde la agricultura de subsistencia se combina con el trabajo en el sector
informal, con la migración y con la pequeña industria. “…Este periodo decisivo,
revela creencias y valores acerca de la tierra, del trabajo, del gobierno, del
desarrollo económico, de la historia y de las relaciones sociales que usualmente
permanecen bajo la superficie.” (Stephen, 1994: 3). La participación de los
ejidatarios en el Procede es “un proceso saturado de historia” (:17), donde la
reforma ejidal tiene significados distintos y muchas veces contradictorios para los
pobladores rurales, de acuerdo a perspectivas generacionales y de género
diferenciadas. Los ejidatarios de El Tule, Unión Zapata, y San Dionisio Ocotlán
participaron en el Procede no sin cuestionar profundamente el proceso, de esta
manera invocaron su memoria histórica al cuestionar la actual política
gubernamental. Su participación en el Procede forma parte de las estrategias
contradictorias de resistencia y acomodo que muestran la complejidad de la
sociedad rural mexicana.

En algunos estudios de caso se enfatiza en el papel del ejido como referente


de la construcción identitaria, en zonas rurales cercanas a ciudades medias. Para el
caso de un ejido conurbano a la ciudad de Zamora, en el estado de Michoacán, Luin

25
Goldring (1998; 1999) analiza al ejido como un recurso organizacional importante
que tiene significados contradictorios y cambiantes, como recurso económico y
político, y como factor fundamental de la identidad. Destaca en su estudio la
importancia que para la gente tiene el ser miembro del ejido en términos de la
definición de su sentido de pertenencia y en relación con la continuidad de un
“estilo de vida” asociado con la actividad agrícola. Para los ejidatarios originales y
para sus sucesores, cuyas identidades están fuertemente atadas a la historia de la
lucha por la tierra, el ejido tiene un valor histórico-emocional importante, sin
embargo para aquellos que ven en la tierra principalmente un recurso para tener
ingresos o poder, el ejido tiene un significado distinto. Este conjunto de
significados asociados con los derechos ejidales ha determinado las respuestas que
los ejidatarios han tenido frente a la nueva ley agraria, donde se aceptó la
implementación del Procede pero no la desaparición del ejido y la privatización de
la tierra.

Un aspecto central en el estudio sobre el ejido y su papel en la configuración


de las identidades campesinas lo constituye la relación con el Estado. Como lo
mencioné arriba, la forma en que tradicionalmente se ha abordado este tema es
considerando que el ejido fue creado por el Estado como un instrumento para
desmovilizar a los campesinos y cooptarlos al seno de un régimen corporativo,
donde éstos fueron entes pasivos y sumisos ante el poder estatal y sus mecanismos
de dominación. Al respecto y sin negar la fuerza de la regulación estatal y el papel
central del Estado en la producción de las categorías socioculturales en los espacios
rurales –“campesinos”, “ejidatarios”, “indígenas”-, es necesario incorporar otras
dimensiones y analizar al ejido como una institución apropiada por los pobladores
rurales. Únicamente de esta manera podemos entender la vitalidad y resistencia del
ejido en muchos lugares y eventualmente imaginar su futuro en el contexto de la
nueva ley agraria, de las políticas neoliberales y de las transformaciones en la
agricultura a nivel mundial.

Lo local y lo global
Este trabajo de investigación parte de la idea de que los procesos de cambio en el

26
mundo rural revisten formas particulares, atendiendo a los contextos histórico-
culturales locales específicos; es decir, que no podemos hablar de una sociedad
rural, sino de múltiples y diversas ruralidades. La tendencia general de la
agricultura y de la economía moderna de destruir a las sociedades campesinas, no
implica su aniquilación total. Al contrario, en el mundo global contemporáneo se
reproducen formas culturales campesinas que se conservan como aspectos de
comunidades e identidades complejas. Al mismo tiempo, la gran mayoría de los
llamados “campesinos” se reproducen a sí mismos al interior de relaciones
económicas y sociales complejas. (Kearney, 1996) 9

En su análisis sobre las actuales transformaciones en el mundo rural


Norman Long (1996) destaca de manera central,

“...la compleja dinámica interrelacionada a través de la cual los procesos


globalizantes y localizantes generan nuevos modos de organización y sobrevivencia
económica, nuevas identidades, alianzas y luchas por espacio y por poder, y nuevos
repertorios culturales y de conocimiento.” (:51).

Al mismo tiempo nos propone los conceptos de “localización” y de “relocalización”


con la finalidad de
“... examinar las maneras complejas en las cuales las formas locales de
organización y conocimiento son constantemente retrabajadas en
interacción con las condiciones externas cambiantes... hablamos del
resurgimiento de compromisos locales y de la ‘reinvención’ o creación de
nuevas formas sociales locales que emergen como parte del proceso de
globalización. Argumentar en favor de la reafirmación de la organización
local y de los patrones culturales, en favor de la reinvención de la tradición y
la creación de nuevos tipos de adhesión local, no es, por lo tanto, lo mismo
que hablar de conjuntos de tradiciones locales perdurables. Más bien, estos
patrones ‘reinventados’ se generan a través del encuentro continuo entre
diferentes marcos de significados y acción.” (:58).

La globalización es diversidad, no uniformidad; sin embargo, en la mayoría

                                                                                                               
9
Michael Kearney analiza la forma cómo desde diversos paradigmas teóricos en las ciencias sociales
se ha construido la categoría de “campesinos”, a través de la cual se encierra -se contiene- a grupos
heterogéneos en una identidad esencial -ahistórica-. Propone el concepto de “polivios” (plolivyans)
para aludir a sujetos sociales con identidades complejas internamente diferenciadas. (1996)

27
de los debates sobre lo local y lo global, se han marginado “el lugar” y la conciencia
que sobre él se asientan. La concepción de “el lugar” como una forma de espacio
vivido y vinculado al territorio “debe ser parte de cualquier agenda política radical
contra el capitalismo y contra la globalización ajena a límites espaciales y
temporales. En otras palabras, la política también se ubica en los lugares, no sólo
en los superniveles del capital y del espacio…” (Escobar, 2000: 194). Desde esta
perspectiva, el enfocar el estudio de la ruralidad desde la cultura local, constituye
una propuesta epistemológica que, al reintroducir la dimensión centrada en “el
lugar”, nos permite trascender los supuestos implícitos en el metadiscurso del
desarrollo y “... reconcebir y reconstruir el mundo desde la perspectiva de las
prácticas llevadas a cabo en lugares...”. (ibidem: 172) y de esta manera nos abre a la
posibilidad de reconocer horizontes históricos, de “construir una dirección
históricamente viable” (Zemelman 1989: 38)10.

Al respecto, me parece pertinente retomar la respuesta que Gavin Smith


(1998) da a los organizadores del Coloquio “Las Disputas por el México Rural”11
para enfatizar la contribución de la perspectiva antropológica en el estudio de los
procesos rurales :

“…es necesario –dicen éstos- reconsiderar nuestras teorías y metodologías


para que nos permitan analizar no solamente las grandes y dramáticas
transformaciones macro-estructurales y de política gubernamental sino
también las diversas luchas y los proyectos políticos, socioeconómicos y
culturales gestados cotidianamente entre diferentes grupos locales,
regionales y de burócratas que se han ido generando durante los últimos
años…” (de Vries y Zendejas, 1998: 26).
                                                                                                               
10
Desde la perspectiva epistemológica de la reconstrucción articulada de Hugo Zemelman, el papel
del conocimiento social no es el de la predicción, sino el de la acotación de lo potencialmente posible
o viable de objetivarse en la realidad. Esta idea de un conocimiento para la construcción de
realidades posibles o viables -de imaginar “utopías”- exige el incorporar la historicidad como
fundamente de toda práctica cognitiva y se sustenta en dos supuestos básicos en relación con la
noción de realidad social: el de movimiento y el de direccionalidad. La realidad social no esta
determinada y en este sentido es inacabada, abierta a múltiples posibilidades y ámbitos de prácticas
posibles. Los procesos sociales no están determinados por las estructuras, siendo el movimiento
histórico resultado de la articulación de la acción concreta de los hombres y la situación o
circunstancias que marcan los límites y definen las potencialidades a los proyectos de éstos. Desde
esta perspectiva la tarea del conocimiento social es la construcción de horizontes históricos
(Zemelman 1987a; 1987b; 1989; 1992;1997).
11 Realizado en El Colegio de Michoacán, Zamora, noviembre de 1994.

28
“…Estoy seguro de que existen múltiples respuestas a esta problemática,
pero quiero empezar, por lo menos, con el interés de la antropología por lo
cotidiano… me gustaría conservar siempre la idea de que, como
antropólogos, siempre empezamos con los pies en la tierra, en el poblado,
con el pueblo.” (Smith, 1998: 46).

Reflexiones metodológicas
La primera vez que visité Chiltoyac fue en 1997, haciendo un recorrido general por
las localidades de la zona de abastecimiento de caña del ingenio La Concepción. En
esta ocasión asistí a la fiesta patronal del pueblo que se realiza todos los años el
primer viernes de marzo, fecha conmemorativa de la aparición del “Señor de
Chiltoyac”. En ese tiempo tenía pensado realizar un estudio comparativo en varias
comunidades de la zona, centrando la atención en el tipo de tenencia de la tierra y
en la forma en que esta variable podría ser distintiva de formas culturales diversas
entre los campesinos cañeros. Chiltoyac aparecía en mis estadísticas como una
localidad predominantemente ejidal, en contraposición con otras -como San Pablo
Coapan- donde la tenencia era privada. Además de ser una de las principales
“colonias” que abastecían con caña al ingenio mencionado, Chiltoyac se distinguía
por la diversificación de sistemas productivos al interior del ejido: caña y café en
igual proporción, junto con algunos espacios cultivados con maíz. Asimismo el día
de la fiesta tuve la oportunidad de platicar con la Sra. Gloria Sosa, alfarera, quien
me informó sobre la importancia de esta actividad productiva en la localidad.
Durante esta visita decidí que una de las localidades que incluiría en mi
investigación sería Chiltoyac.

El trabajo que realicé en la zona cañera del valle de Actopan (1995-1997) me


permitió profundizar en las formas en que se organiza el cultivo de la caña y en las
relaciones que establecen los productores cañeros al interior del complejo
agroindustrial azucarero. Durante varios meses me dediqué a recorrer la zona de
abastecimiento junto con los ingenieros encargados de la organización del cultivo
por parte del ingenio, con los que mantuve largas entrevistas para tener un
conocimiento amplio sobre las formas en que el ingenio controla el proceso

29
productivo. Al mismo tiempo, me interesaba conocer cómo se estaba
transformando la organización del complejo agroindustrial a partir de la
privatización del ingenio. Durante los recorridos por los campos cañeros y por las
localidades de la zona también realicé entrevistas a los productores y a sus
familiares, con la finalidad de comprender la manera en que la actividad cañera se
incorporaba en las empresas domésticas campesinas, la participación de la mano
de obra familiar en las actividades del cultivo y las formas de organización del
trabajo. Me interesaba profundizar en la especificidad del campesino cañero de la
región y en la ambigüedad de su posición social: “híbrido de campesino,
arrendatario y peón” (Lomnitz, 1995: 160). En ese momento mi interés se centraba
en ubicar la cultura y la identidad de estos campesinos en tanto productores
cañeros; en encontrar los elementos que definieran un estilo particular de ser
campesinos para los cañeros minifundistas de la región.

Durante los siguientes dos años me dediqué al estudio de la comunidad de


San Pablo Coapan, “colonia” que abastece de caña al ingenio, ubicada en el
municipio de Naolinco. A diferencia de Chiltoyac, los campesinos de esta localidad
eran pequeños propietarios; sin embargo, compartían muchas similitudes: la
diversificación de sistemas productivos –la caña y el café y en mucho menor
proporción, el maíz- y sobre todo una organización sustentada en la empresa
doméstica. Estos dos aspectos, la diversificación de sus estrategias económicas y la
importancia de la empresa doméstica, cuestionaron el enfoque centrado en la caña
y me obligaron a incorporar otras dimensiones en la investigación. A partir de ese
momento se hizo evidente que la caña constituía sólo una dimensión de la cultura
y la identidad de estos campesinos. El cultivo del café y del maíz se incorporaban
de manera importante en la vida económica y sociocultural de las familias y
comunidades de la región. Era necesario, por tanto, incluir el estudio de estos
sistemas productivos y de la forma cómo éstos se integraban de diferente manera
en la reproducción campesina.

Un aspecto me llamó fuertemente la atención durante estos años: la vida


sociocultural de la comunidad en San Pablo Coapan estaban profundamente

30
permeada por la religiosidad. Empecé por preguntarme acerca del papel
fundamental que el pensamiento religioso tenía en la cultura de los campesinos.
Reflexionaba sobre las maneras en que este pensamiento estaba implicado en los
significados que para ellos tenían la tierra y su trabajo agrícola, y cómo estos
significados incidían en su vida económica. Me interesaba profundizar en las
creencias y representaciones que estos campesinos habían construido a lo largo de
su historia -mitos, cuentos y leyendas- y la relación entre éstas y los procesos de
reproducción material de estos pobladores rurales. Me sorprendía encontrar una
población de productores cañeros integrada a relaciones mercantiles de producción
que, sin embargo, mantenían una vida cultural local arraigada en creencias y
tradiciones alejadas de una racionalidad capitalista. El texto de Michael Taussig
(1993) en el que analiza las creencias en el diablo que los proletarios rurales han
construido para enfrentar la expansión del sistema capitalista de organización de la
producción agrícola en las plantaciones cañeras del Valle del Cauca en Colombia,
me pareció sugerente al respecto. Por otra parte, me acerqué a la literatura que
trataba acerca de la religiosidad de campesinos mexicanos, en donde se
identificaba esto como un elemento central en formas culturales y racionalidades
productivas opuestas al capitalismo : la subjetividad, la conciencia y la cultura de
estos campesinos fuertemente permeada por un pensamiento religioso híbrido
(Giménez,1978; González, 1991; Greenberg, 1995; Portal, 1986; Shadow y
Rodríguez,1994; Taussig, 1993; Uzeta,1996). El trabajo que presenté para obtener
el grado de maestría me permitió sondear en varios aspectos de la religiosidad y de
las creencias populares en esta localidad; sin embargo, no encontraba el eje que
pusiera en contacto los procesos de la vida material con el pensamiento religioso. A
partir de las asesorías con mi directora decidimos ubicar el eje en la tierra, en la
relación que estos campesinos establecían con ella y en las maneras en que esta
relación -objetiva y subjetiva- permeaba ambos aspectos. Cómo alrededor de la
tierra y de la actividad agrícola se construía la identidad de estos pobladores y la
relación que ésto podría tener con sus tradiciones culturales: fiestas, cuentos,
leyendas y mitos -tradición oral-.

Después de algunos meses en los que preparé el examen de maestría e hice

31
los ajustes necesarios al proyecto de tesis doctoral, y dado que ya había hecho un
amplio trabajo de campo en San Pablo Coapan decidí continuar con la
investigación de campo en la segunda localidad contemplada en el proyecto. En ese
momento decidí centrar mi investigación en los procesos de la reproducción
sociocultural de las familias y de la comunidad, para ubicar en este nivel el análisis
de la construcción identitaria, dejando a un lado el tema de la religiosidad. Centrar
mi trabajo en las formas de apropiación del territorio ejidal me permitiría dilucidar
las especificidades de la cultura campesina local. Regresé a Chiltoyac en julio de
1998 para iniciar el estudio de esta localidad; en esta ocasión me sorprendió que el
camino directo para llegar al poblado desde Xalapa había sido asfaltado. De
inmediato conocí a la esposa del entonces Agente Municipal quien se mostró
interesada en el estudio que pretendía yo realizar en el pueblo; en adelante, ella,
además de apoyarme en todo sentido, me presentó a varios de los informantes con
quienes mantuve largas conversaciones y entrevistas.

Los objetivos del trabajo de campo fueron amplios: conocer las maneras en
que la tierra ejidal se incorpora como eje central de la reproducción material y de la
identidad, y cómo los distintos sistemas productivos se manejan de maneras
diversas y complementarias en los procesos de reproducción de estos campesinos.
Me interesaba profundizar en la “intencionalidad cultural” (Salhins, 1988)
subyacente en la organización de este sistema complejo de producción y en la
forma cómo localmente se estaban experimentando las políticas neoliberales,
particularmente en lo referente a la nueva ley agraria. Era necesario, además, darle
un contenido histórico a la investigación, en el sentido de ubicar los procesos de
transformación en las formas de uso y distribución de la tierra ejidal y en los
procesos de reproducción sociocultural.

La investigación de campo cubrió varios frentes:


1. Seguimiento del uso y distribución de la tierra ejidal y de las maneras en que se
organiza la reproducción cotidiana al interior de los espacios domésticos: durante
varias temporadas de campo intermitentes, siguiendo el ritmo del ciclo agrícola
local, visité a distintas familias de la localidad, a partir de lo cual pude observar la

32
diferenciación socioeconómica existente entre ejidatarios y comuneros, así como
entre aquellas que poseían mayor cantidad de tierras y las que vivían
principalmente de la venta de su fuerza de trabajo y de la alfarería en los barrios
más alejados del centro. Durante mis visitas a distintos hogares de Chiltoyac y
durante las observaciones en los recorridos por los campos cañeros, las fincas de
café y las siembras, y a través de las pláticas y entrevistas realizadas a los distintos
miembros de estas familias, enfoqué mi atención en las actividades laborales
realizados por éstos, así como en la organización del trabajo en los ciclos agrícolas
del café, de la caña y del maíz y en la elaboración de loza. Esto me permitió
observar las formas en que se organizan cotidianamente los recursos de las
empresas domésticas de estos campesinos, especialmente la tierra, las relaciones
de trabajo al interior de los grupos familiares, y las relaciones sociales a nivel de la
comunidad.

2. A través de las entrevistas realizadas a individuos de diferentes generaciones,


ejidatarios y comuneros, di seguimiento a varias trayectorias familiares, con la
finalidad de observar la movilidad de la tenencia de la tierra ejidal tanto al interior
de las familias como a nivel del ejido en su conjunto: los patrones de herencia, las
características del mercado de tierras ejidales y las transformaciones en la
organización de los procesos de la reproducción material, a lo largo de las décadas
que siguieron a la reforma agraria. Me interesaba conocer las transformaciones en
la organización de las formas de reproducción sociocultural de las familias. Hice
entrevistas a ejidatarios de la segunda y tercera generación, y a los hombres y
mujeres miembros de sus familias extensas. Las entrevistas que realicé nunca
fueron estandarizadas dada la convicción de que cada informante poseía un tipo de
conocimiento específico en función de su posición de “sujeto ubicado” (Rosaldo,
1989) en el contexto local; en muchas ocasiones las entrevistas se realizaban con la
presencia de varios miembros de la familia, lo cual me mostró las diferentes
interpretaciones por género y generación. A través de sus relatos sobre situaciones
históricas específicas de su acontecer cotidiano, logré profundizar en los
significados que los campesinos construían sobre su historia y su vida pasada y
reciente. Las entrevistas se construyeron a manera de pequeños relatos de vida e

33
incluían preguntas sobre su situación actual. Esto me permitió conocer las
evaluaciones heterogéneas de estos campesinos sobre la crisis agrícola actual, sobre
las nuevas formas de regulación estatal y sobre la posible desaparición del ejido a
partir de la nueva ley agraria.

3. El enfoque familiar de las pláticas y entrevistas tuvo una doble finalidad: por una
parte, registrar la organización de la reproducción cotidiana de los grupos
domésticos a lo largo de la historia del ejido y, por otra, conocer los roles de género
y generacionales, las relaciones de poder y las jerarquías al interior de las familias
extensas. Particularmente, me interesó profundizar en los conflictos al interior de
estas familias y su relación con la posesión de la tierra. Este último aspecto de la
investigación fue complementado con fuentes de información documentales del
Registro Agrario Nacional; en estos archivos pude dar seguimiento a los patrones
de herencia de los derechos ejidales, así como conocer algunos de los conflictos
familiares más fuertes suscitados por ésta.

4. La organización del ejido y su papel en la construcción de la comunidad fue un


aspecto central al que me aboqué durante el trabajo de campo. Además de incluir
preguntas sobre este tema en las entrevistas a nivel familiar, se realizaron
entrevistas a 9 ejidatarios viejos -de los cuales sólo dos pertenecían a la primera
generación por haber recibido derechos agrarios siendo casi niños- y a una
ejidataria de la segunda generación, hija de uno de los líderes locales que
participaron en la lucha agraria. A través de sus relatos logré reconstruir aspectos
importantes de la historia de la lucha agraria a nivel local; la cual se complementó
con fuentes documentales del Registro Agrario Nacional. La coincidencia entre la
información recabada en el archivo y la historia oral fue sorprendente. En los
relatos y documentos encontré algunos elementos que me remitieron a una historia
agraria que se remonta a varios siglos atrás. Estas fuentes de información me
posibilitaron profundizar en la historia de la formación del ejido y las maneras en
que los pobladores se fueron apropiando del territorio. Asimismo, a través de las
entrevistas a informantes -ejidatarios y comuneros- de distintas generaciones pude
reconstruir las prácticas sociales en torno a la gestión y la distribución del ejido y

34
las maneras en que la legislación agraria es apropiada en el contexto local.

5. La respuesta negativa por parte de los ejidatarios hacia la aplicación del


Programa de Certificación de Derechos Ejidales (Procede) como parte de la
implementación de la nueva ley agraria en el ejido fue un asunto que estuvo
presente durante todo el trabajo de campo. Además de incluir preguntas específicas
sobre este tema en las entrevistas a ejidatarios y comuneros de las distintas
generaciones, realicé entrevistas a las autoridades ejidales de ese momento (1998-
1999). Asimismo, intenté participar como oyente en una de las asambleas ejidales
donde se trataría el asunto, pero mi solicitud para que se me permitiera presenciar
la asamblea fue rechazada por algunos ejidatarios que tomaron la palabra. Se dijo
en aquella ocasión que el derecho a la asistencia a la asamblea era solo para los
ejidatarios y que en todo caso podría yo asistir a las asambleas generales del
pueblo. En éstas, sin embargo, no se trataban asuntos relacionados con el futuro
del ejido y la aplicación del Procede. Este hecho me indicó que los asuntos ejidales
eran sumamente delicados y que tocaban aspectos claves del orden político al
interior de la comunidad y de la relación con las agencias gubernamentales. En lo
tocante al quehacer de las agencias gubernamentales, pude presenciar en 1998 la
entrega de recursos del Programa de Solidaridad para la siembra de maíz por parte
de las autoridades del municipio. Visité varios proyectos productivos que estaban
siendo financiados con recursos municipales del ramo 33: la construcción de un
invernadero para el cultivo de anturios para la exportación, que hasta la fecha no
funciona, otro invernadero pequeño familiar para el cultivo de tomate y hortalizas,
y un vivero de plantas de café.

6. Durante los distintos momentos del trabajo de campo enfoqué mi atención en la


trayectoria de vida de la familia del entonces Agente Municipal. Me interesó hacer
un seguimiento a profundidad de la dinámica de este grupo familiar para penetrar
en el mundo cotidiano de una familia, en sus relaciones más íntimas, en sus
solidaridades, en sus conflictos. A raíz de la relación cotidiana y de confianza que
se creó con esta familia decidí solicitar a la Sra. Pilar Carrillo el escribir la historia
de su vida a lo cual accedió. Las 20 horas de entrevistas grabadas, junto con

35
pláticas informales y entrevistas a otros miembros de su familia extensa me
permitieron construir un relato de vida de esta familia; la historia de un individuo
siempre hará referencia a la historia de la familia, del grupo y de la sociedad a la
que pertenece. A través de este testimonio se construye una interpretación fundada
en las categorías de los propios actores sociales y en este sentido, el relato es
retomado no tanto como fuente de datos de la historia cotidiana sino en tanto
"práctica discursiva" (Giddens, 1987).

7. La observación de campo en los espacios domésticos y laborales de las diversas


familias se complementó con mi participación en varias fiestas: la fiesta patronal
del primer viernes de marzo, la celebración de Todosantos en los primeros días del
mes de noviembre y en fiestas familiares y comunitarios de quinceaños y de
graduación. Las fiestas son eventos sumamente importantes para los pobladores de
Chiltoyac, especialmente la fiesta patronal, en la que se incluye la celebración de las
ceremonias dedicadas al ciclo de vida: bautizos, confirmaciones, primeras
comuniones, matrimonios. Estos rituales van acompañados de comidas, en las
cuales se celebra el invariable establecimiento de los lazos de compadrazgo entre
familiares cercanos o amigos. Alrededor de la fiesta se construyen lazos de
solidaridad a la vez que se manifiestan los conflictos familiares.

8. Durante el trabajo de campo utilicé la imagen fotográfica como un lenguaje y una


forma de interpretación complementaria: "Como la fotografía es contingencia pura
y no puede ser otra cosa (siempre hay algo representado) -contrariamente al texto,
el cual, mediante la acción súbita de una sola palabra, puede hacer pasar una frase
de la descripción a la reflexión-, revela enseguida esos detalles que constituyen el
propio material del saber etnológico.” Barthes (1989: 68).

El uso de las fuentes narrativas y del relato de vida en la investigación


Este trabajo de investigación antropológica tiene su base en el uso de las fuentes
orales, es decir, de los discursos emitidos por la gente en las situaciones de
entrevistas formales y de pláticas informales. Mi interés por penetrar en el mundo
de vida de estos campesinos, por entender sus experiencias, sus expectativas y sus

36
horizontes vitales y por captar la multidimensionalidad implícita en la construcción
de su identidad y de su cultura, me llevaron a utilizar los datos cualitativos y las
narrativas como fuentes fundamentales en la investigación.

La naturaleza cualitativa de la información contenida en el trabajo, intenta


centrar la atención hacia las nociones de la gente sobre su historia y su experiencia
de vida como campesinos, en una región y en un tiempo histórico específicos. Los
testimonios orales -nos dice Alan F. Isaacman- permiten al investigador entender
las complejidades del mundo rural recuperando las percepciones propias de los
campesinos y tratando de describir lo que éstas significan. Dado que no hay una
correlación exacta entre lo que los campesinos piensan y las realidades sociales en
que viven, es tan importante el considerar la comprensión de lo que ellos vieron y
entendieron, como las estructuras sociales que han limitado sus elecciones y
opciones (1993: 223). A través del uso de las fuentes orales busco dirigir la atención
interpretativa “…hacia la forma en que la conciencia de la gente interactúa con el
mundo, precisamente dentro de los procesos incompletos de las prácticas sociales
cotidianas.” (Smith, 1998: 53).

El lugar concedido en este trabajo al relato de vida merece algunas


reflexiones metodológicas. Al respecto, es necesario enfatizar que el uso de la
información biográfica, lejos de tener un carácter ilustrativo muestra aspectos de la
vida social que de otra manera permanecen ocultos. De entrada, el relato de vida
nos permite reconstruir la intensidad de la experiencia vivida. La entrevista a
profundidad que se realiza con el objetivo de construir un relato de vida, permite al
investigador adentrarse en las prácticas discursivas de los sujetos, y acercarse
desde la llamada “relación práctica con el mundo”, a esta “...relación de <docta
ignorancia>, de comprensión ciega para sí misma”, que caracteriza al llamado
sentido práctico. (Bourdieu, 1991: 41).

Al mismo tiempo nos permiten un acercamiento multidimensional a los


procesos de organización y de cambio en un espacio rural localizado. Sobre la
importancia de centrar el estudio de los procesos de organización, Eric Wolf (1990)

37
señala que la antropología debe trascender la perspectiva estática que concibe a la
organización social como un producto que responde a un esquema cultural dado,
para entenderla como “una voz activa”, como un proceso complejo y cargado de
conflictos. Para entender a la organización como proceso -nos dice-, es necesario
enfocar la atención hacia el “curso de la acción” y preguntarse qué está pasando,
por qué está pasando, quién se involucra en el evento, con quién se involucra,
cuando, cuántas veces; preguntas que desde luego deben incorporar el contexto y
las condiciones macroestructurales que delimitan los marcos de la acción. (: 591).
Tercero,

En suma, a través del ejercicio metodológico implícito en el enfoque


biográfico busco captar los elementos básicos de la “dialéctica de lo social”, es
decir, lograr la síntesis de la estructura y de la acción social y acercarme, de esta
manera, desde los aspectos privados y particulares de la historia individual, a una
historia antropológica de lo social.

“...Cada vida humana se revela por medio de sus aspectos menos


generalizables como una síntesis vertical de una historia social. Toda
conducta, todo acto individual, aparece en su forma más individualizada
como una síntesis horizontal de una estructura social. ¿Cuántas biografías se
necesitan para llegar a una ‘verdad’ sociológica, y qué material biográfico
será el más representativo y nos dará algunas verdades generales? Quizás
estas interrogantes no tengan sentido porque nuestro sistema social está de
lleno en el interior de cada una de nuestras acciones, nuestros sueños,
fantasías, logros y conductas, y la historia de este sistema está en el interior
de la historia de nuestra vida individual....
“…El individuo no es un epifenómeno de la sociedad. En relación con las
estructuras y la historia de una sociedad, él es un polo activo e imprime su
huella como práctica sintética. Lejos de reflejar lo social, el individuo se
adueña de ello, lo mediatiza, lo filtra y lo traslada de nuevo proyectándolo en
otra dimensión, que luego se convierte en la de su subjetividad. El no puede
romper con ella, pero no la sufre pasivamente y de hecho la inventa
nuevamente cada segundo.” (Ferrarotti,1988: 88-89)

La creación del relato de vida

El relato de vida no es simplemente una suma de informaciones: es ante todo una

38
estructura -la reconstrucción de una experiencia vivida en un discurso- y un acto de
comunicación. Frecuentemente los relatos de vida no existen más que en estado
virtual hasta el momento en que interviene el investigador (Lejeune, 1989: 34). A
partir de la definición de las líneas básicas del estudio, la primera tarea de quien
pretende escribir un relato de vida es elegir a la persona que se preste a contar su
vida y establecer con ella una relación de confianza que permita el diálogo. El
discurso del testimonio oral es un discurso dialógico: se elabora en y a partir del
diálogo que se establece entre el investigador y el informante. El investigador
construye sus preguntas, el informante responde. Juntos van creando el orden del
relato, profundizando aspectos de la vida del sujeto, dando lugar a la emergencia
del recuerdo. La memoria se activa a partir de imágenes y de asociaciones,
saltando de un momento de la vida a otro, mezclando tiempos y personajes. El
investigador debe saber escuchar, y aún cuando lleve una guía para hacer la
entrevista,

“...permanece atento a la lógica propia del discurso que suscita, y utiliza sus
intervenciones tanto para llevarlo a explicitarse y desarrollarse, como para
reconducirlo a un orden prestablecido... De receptor del relato, el
entrevistador, se convertirá a continuación, en su emisor desde el momento
en que tendrá que transcribir y montar el texto.” (ibidem, 1989: 36)

En general, los relatos de vida se elaboran a través de la técnica de la


entrevista semidirigida. En este diálogo, el investigador debe cuidarse de la
tendencia a manipular la entrevista, es decir, a forzar sutilmente las respuestas
para hacer decir al informante lo que quiere escuchar. Al mismo tiempo, es
importante que sepa conducir la entrevista de tal forma lo lleve a profundizar en
aquellos aspectos asociados con las líneas del estudio en cuestión.

“Este desafío -nos dice Issacman- implica estar atento cuando las voces
campesinas no provean el material que se adecue claramente a nuestras
categorías analíticas, o incluso peor, cuando el material las ponga en
cuestión.” (1993: 225).

El discurso de la memoria es un laberinto. La perspectiva que un individuo


tiene de su propia vida no es unitaria ni ordenada cronológicamente. De hecho, el

39
sentido unificado de la historia de vida se crea artificialmente; primero a través de
las entrevistas, en el contexto del diálogo y luego en la redacción del relato.

“...Como toda narración, una historia de vida es una versión construida


retrospectivamente, una versión que no corresponde al carácter real de los
acontecimientos... Las narraciones esconden una triple ilusión: en primer
lugar, la ilusión de un transcurso de los acontecimientos completo, en
segundo lugar, la ilusión de un principio y un final definidos, y en tercer
lugar, la ilusión de una imagen objetiva del pasado.” (Franzke, 1996: 65).

Toda historia de vida posee un carácter mitológico -nos dice el mismo autor-
en la medida en que al reconstruir nuestro pasado transfiguramos muchos de los
eventos o acontecimientos importantes, con la finalidad de crear una auto-imagen
coherente. Al plantear esto, no se pretende poner en cuestión la autenticidad del
relato de vida o medir la cantidad total de verdad que contiene; el mito es
simplemente una forma distinta de explicar nuestra experiencia del mundo, un
sistema diferente de los modelos explicativos científico-racionales (ibidem: 63). A
partir de estas reflexiones el mismo autor se pregunta acerca de la validez del uso
de las historias de vida como fuente y material de información para el análisis
científico. Al respecto, nos dice:
“Si tratamos las historias de vida con lo que Niethammer llama ‘ojo
etnológico’... si leemos entre líneas, escuchamos lo que no se ha dicho e
investigamos críticamente, no seremos embaucados por el mito sino que, al
contrario, lo descubriremos.” (ibidem: 66).

En otras palabras, podríamos decir que para identificar los elementos


mitológicos presentes en las narrativas, es necesario ir más allá de la historia de
vida individual en el proceso de investigación y ubicar al sujeto entrevistado en los
campos de relaciones objetivas o espacios sociales en donde se ha llevado a cabo la
trayectoria vital que nos narra12.

Para dar coherencia y unidad al conjunto de narraciones orales obtenidas en


                                                                                                               
12En un ensayo crítica sobre la historia de vida, Pierre Bourdieu introduce la noción de trayectoria:
“...como una serie de posiciones sucesivamente ocupadas por un mismo agente (o un mismo grupo)
en un espacio en sí mismo en movimiento y sometido a incesantes contradicciones.” (1997: 82).

40
la serie de entrevistas grabadas, para construir el relato, el investigador debe
orientarse en el tiempo, entender la lógica del discurso de la memoria y los
elementos implícitos en la narración del informante -que se manifiestan a través de
las asociaciones presentes en el discurso-. La memoria no actúa cronológicamente;
la memoria se guía a través de imágenes, por asociaciones que difícilmente siguen
un orden temporal. Sin embargo, el investigador, para elaborar un relato legible
está obligado a referirse a un calendario único, a integrar en una misma serie de
antes y después los elementos vertidos en las narraciones del informante en los
distintos momentos del diálogo.

El ordenamiento de la información obtenida durante las entrevistas y la


organización de los distintos hilos de la historia individual dependen de los
objetivos analíticos de la investigación, de lo que el investigador pretenda resaltar.
Philippe Lejeune distingue tres etapas en la elaboración del relato para su
exposición final: la trascripción propiamente dicha, el montaje y el encuadre. Sobre
la tarea de trascripción el autor nos señala algo fundamental:
“...no basta con tener una grabadora para poder fijar por escrito la emoción
de la ‘vivencia’ tal como la produce el escuchar un habla. Transcribir no es
una simple operación de copia... es una recreación completa.” (1989: 42).

De esta manera, la trascripción intenta conseguir una forma que exprese lo más
aproximadamente posible en lenguaje escrito los elementos emocionales, pero
sobre todo los significados implícitos en el lenguaje oral.

A través de la fuerza expresiva de la palabra hablada -la melodía de la


entonación y la intensidad del acento- y de los significados ocultos en la semántica
de la narración, la fuente oral nos revela los significados de los eventos cotidianos;
se trata de ir más allá de la materialidad visible de los acontecimientos para
descubrir su significado (Portelli, 1989: 6).

“...La subjetividad del discurso oral es muy evidente. El locutor está


continuamente presente en su mensaje: expresa su adhesión al discurso que
hace, da explicaciones, hace comentarios. El número de verbos subjetivos
que expresan la actitud del locutor es mucho más elevado que en un texto

41
escrito. La subjetividad se presenta como una línea que atraviesa todo el
mensaje. Generalmente se destaca del resto del discurso por una entonación
específica.” (Willems, 1996: 107).

El paso del lenguaje oral al lenguaje escrito plantea numerosos problemas, si


consideramos que el primero tiene una coherencia discursiva que le es propia y que
incluye formas de expresión que en muchos casos son inaprensibles a través del
lenguaje escrito. 13 En este sentido es importante tomar en cuenta que las
características propias del lenguaje oral se pierden en la trascripción. Esta -nos dice
D. Willems- es un texto bastardo en la medida en que restituye en forma escrita
una organización discursiva y sintáctica propia de lo oral (ibidem: 110). De hecho,
las transcripciones literales de las entrevistas son textos casi ilegibles para quienes
no están imbuidos en el proceso de investigación.

Después de la trascripción de las entrevistas grabadas, se procede a la


elaboración de una versión editada. El montaje -nos dice Philippe Lejeune- se
asocia a la transformación del diálogo en monólogo. Las preguntas y los
comentarios del entrevistador, que en la situación de entrevista forman el
entramado y la proyección del discurso del informante, se eliminan. Sin embargo
normalmente sólo a partir de las respuestas del informante no es posible lograr un
texto coherente:

“...cuando se retira el andamiaje y la pantalla, toda la construcción corre el


riesgo de derrumbarse y oscurecerse. Es necesario un trabajo para transferir
al texto del monólogo las funciones de estructuración y de comunicación que
asumía el entrevistador en el diálogo.” ([Link].: 50).

                                                                                                               
13Propiedades que distinguen el lenguaje oral-lenguaje escrito:
(1)multidimensionalidad-unidimensionalidad;
(2)pasajero-duradero;
(3) forma discursiva: diálogo-forma discursiva: monólogo;
(4) dependiente del contexot-más autónomo;
(5) implícito-explícito;
(6) estructura no lineal agregativa-estructura lineal analítica;
(7) flexible-fijo;
(8) partícipe subjetivo-distante objetivo;
(9) espontáneo-controlado. (Willems, 1996: 108)

42
La edición del relato implica varias etapas: en la primera se realiza un
desmontaje, se separan las unidades de información -los fragmentos- que contiene
el texto de las respuestas y se seleccionan, eliminando los elementos no pertinentes
y las redundancias; seleccionando entre varias versiones de la misma narración. En
seguida se establece el orden del relato, y se colocan los fragmentos de acuerdo al
orden establecido, utilizando en el relato solamente las frases del narrador. A
través del ordenamiento de los fragmentos, a manera de piezas de un
rompecabezas, el investigador recupera algunas de las formas expresivas del
lenguaje oral en la construcción del significado del discurso. Por medio del montaje
o edición se interpretan los silencios, las entonaciones y los acentos; se explicita lo
implícito; se incorpora el diálogo, convirtiéndolo en monólogo. El investigador, al
ser parte de los contextos en los que se dieron las entrevistas, puede recrear la
situación de entrevista en la edición del relato. Utiliza el conocimiento de lo
implícito que la relación de investigación le ha permitido adquirir.

Estructura del trabajo


El trabajo está estructurado en cuatro capítulos. En el primero se intenta una
reconstrucción de la historia agraria local, centrando la atención en la lucha de los
pobladores de Chiltoyac por la recuperación de sus tierras y en los procesos de
apropiación del territorio ejidal durante los primeros años de la reforma agraria. Se
destaca la importancia de la lucha por la tierra en el proceso de construcción de la
comunidad y la forma en que estos pobladores aprovecharon el contexto de la
contienda revolucionaria como espacio para que “las tradiciones de comunidades
imaginadas” (O’Brien y Roseberry, 1991: 17) se activaran en la lucha agraria y
política del momento. De tal manera que en adelante, la comunidad se recrea
permanentemente alrededor del territorio ejidal y el ejido. La reconstrucción de la
historia local está basada principalmente en testimonios orales de la gente del
lugar. A través de los relatos se descubren los procesos de diferenciación social y las
políticas locales alrededor de la gestión del territorio durante los primeros años de
la formación del ejido. Vemos de esta manera cómo la identidad de estos
campesinos en tanto ejidatarios, se construye al interior de un proceso de
formación hegemónica en todos los niveles.

43
En el segundo capítulo, se profundiza en las prácticas cotidianas que dan
contenido al proceso de apropiación local de la tierra en el ejido durante los últimos
sesenta años. Se analizan las dinámicas de la transferencia de la tierra a nivel local
a partir de las prácticas sociales alrededor de la herencia y del mercado de tierras.
Se exploran las formas cómo el territorio ejidal se construye como territorio
colectivo y los procesos de construcción de la comunidad alrededor de éste. Al
mismo tiempo, descubrimos los procesos socioculturales que están en la base de la
construcción del derecho a la posesión de la tierra ejidal. El derecho de usufructo
de la tierra se aborda como un aspecto que se entreteje al interior de otros
procesos: de producción, de cultura y de políticas locales; de esta manera, se
descubren las normatividades paralelas que se desarrollaron como formas de
apropiación local del ejido en tanto espacio social de organización de prácticas
locales. El estudio de la gestión ejidal a nivel local nos muestra aspectos
importantes de los procesos de diferenciación social y de las políticas locales. ejidal.
Al mismo tiempo se analiza la resistencia de estos campesinos a la aplicación de la
nueva legislación agraria, delineando los procesos político-culturales en los que se
inserta esta respuesta14. Se intenta una interpretación de las contradicciones y
ambivalencias de las respuestas locales a los cambios en la legislación agraria en un
contexto en donde la tierra ha sido fundamental en los procesos de reproducción
social y se trazan las posibles transformaciones en el ejido como resultado de los
cambios en la política agraria y de la crisis agrícola que se vive actualmente en la
región. El ejido se devela como instancia central de organización de prácticas y
procesos sociales y políticos a nivel local.

En el capítulo tercero se abordan el uso de la tierra, la producción agrícola y


la organización social del trabajo en el ejido de Chiltoyac, como procesos histórico-
culturales, en donde las distintas actividades agrícolas y no agrícolas que toman
parte en la reproducción de las familias y de la comunidad adquieren significados

                                                                                                               
14
Como se verá en este capítulo, el ejido de Chiltoyac es uno de los pocos de la región que hasta la
fecha no han ingresado al Programa de Certificación de Derechos Ejidales (Procede) para obtener
sus títulos parcelarios.

44
diferenciados. El objetivo central de este capítulo es comprender el papel que cada
una de las actividades productivas ha tenido en la configuración de la cultura
campesina local; los productores de Chiltoyac valoran y se vinculan de distinta
manera a los cultivos de café, de caña y de maíz. La finca, la bezana y las siembras
-respectivamente- 15 connotan procesos distintos de apropiación de la tierra,
generan diferentes ideas y se incorporan de distinta manera en los procesos de
reproducción material y sociocultural de la comunidad. A través de la
reconstrucción histórica de la forma en que cada una de las actividades productivas
se fue incorporando en la reproducción material, descubrimos el lugar de estos
cultivos y de la actividad alfarera en la configuración sociocultural de la comunidad
y las distintas formas de integración a la sociedad mayor. La organización social de
trabajo en las actividades productivas ocupa un lugar central en el análisis. Vemos
al conjunto de las relaciones sociales implicadas en la organización de la
sobrevivencia cotidiana y cómo los campesinos utilizan distintas formas culturales
-a nivel familiar y comunitario- para lograr su reproducción social.

En el cuarto capítulo se relata la trayectoria de una familia de Chiltoyac a


través de la narración de la historia de vida de la figura femenina principal del
grupo familiar. El uso de los testimonios orales y la construcción del relato de vida
nos da la posibilidad de acceder a la comprensión de la multidimensionalidad de
este particular estilo de ser campesino, asociado con los sistemas de plantación
cañera y cafetalera, con el cultivo del maíz para el autoconsumo y con la fabricación
de loza. Vemos la manera en que el uso de la tierra define formas específicas de
reproducción de los pobladores rurales y cómo este sistema diversificado de
producción se sustenta en las formas de organización del trabajo al interior de los
grupos domésticos y de las familias extensas. A través de la narración de la historia
de vida, vemos a un grupo familiar de la localidad produciendo y reproduciendo
sus condiciones de vida en el contexto de procesos históricos macroestructurales
cambiantes. Pilar Carrillo Martínez y su marido, Olegario Rosas, nos dan a conocer

                                                                                                               
15
Finca: parcela sembrada con matas de café; Siembras: cultivo de la milpa; Bezana: parcela que
está produciendo caña (Pilar Carrillo, Chiltoyac).

45
las formas concretas en las que los cultivos de la caña y el café se incorporan de
manera central en los esquemas de reproducción de los campesinos de Chiltoyac.
Vemos, a través de sus historias cotidianas, las modalidades en que se incorpora el
capitalismo agrario en el ejido, las formas cómo se integran los campesinos de
Chiltoyac a los sistemas agroindustriales de la caña y el café, y las transformaciones
que se dan, en los espacios de organización de la reproducción campesina, como
producto de la incorporación en el ejido de estos sistemas de producción. A través
del relato de vida descubrimos el complejo mundo de relaciones sociales en el cual
se desenvuelve la trayectoria de vida de una familia campesina que comparte su
experiencia a nivel local y accedemos a la dimensión de la vida privada.

A lo largo del trabajo se van entretejiendo los procesos actuales que se viven
en la localidad. La nueva ley agraria, la crisis de la cafeticultura, la reconversión de
la agroindustria azucarera y la ausencia de apoyos estatales hacia el campo, están
dando lugar al colapso de la actividad agrícola como fuente fundamental de la
subsistencia de estos pobladores. La tierra y el ejido dejan de ser los ejes centrales
de los procesos de reproducción sociocultural. La migración internacional hacia
varias ciudades de Estados Unidos se convierte en una alternativa casi obligada
para los campesinos de Chiltoyac. Este proceso migratorio reciente, a la vez que se
sustenta en las formas socioculturales históricamente configuradas, esta
propiciando la emergencia de nuevos horizontes vitales para los jóvenes y la
reconfiguración de la cultura campesina local.

46
CAPÍTULO I
TIERRA, MEMORIA E IDENTIDAD:
LA FORMACIÓN DEL EJIDO EN CHILTOYAC

“Nosotros somos indios desde


1600...
Cuando la conquista ya existía Chiltoyac”16

En este capítulo se analiza el proceso de reforma agraria en Chiltoyac centrando la


atención en su dimensión histórica. Se descubre a través de la historia oral cómo
los pobladores de la localidad reconstruyen el proceso de formación del ejido y de
apropiación del territorio ejidal. A partir de las prácticas discursivas generadas por
la memoria colectiva se muestran los significados en torno a la tierra ejidal y la
manera en que la ideología agrarista es apropiada por los pobladores de la
localidad como un referente simbólico de su vínculo con la tierra. Como fruto de la
lucha revolucionaria y agrarista, el ejido tiene significados históricos y emocionales
diferenciados, cuyo estudio es fundamental para entender la forma cómo estos
campesinos responden ante los nuevos procesos globales (Stephen, 1996; Goldring,
1998). A través de la historia oral vemos la manera particular cómo se genera el
derecho a la tierra ejidal, y la importancia central de la lucha agraria y del ejido en
la recreación de la comunidad. Asimismo se analiza la forma cómo estos elementos
se incorporan en la base del proceso de construcción identitaria de estos
campesinos.

La historia que aquí se relata utiliza básicamente dos tipos de fuentes: los
documentos del archivo agrario y las llamadas fuentes orales (Portelli, 1988), en
base a las cuales fue posible reconstruir fragmentos importantes de la historia
agraria local. La complementariedad y coincidencia de las fuentes fue
sorprendente. Los documentos escritos me permitieron ubicar las fechas precisas
                                                                                                               
16
Sr. Ciro Velásquez, 50 años, comunero, hijo de ejidatario de segunda generación, Chiltoyac, febrero del
2000

47
de acontecimientos que en los testimonios orales aparecen perdidos en el tiempo, y
a reconocer de manera más clara los conflictos políticos locales que en las fuentes
orales se mostraron de manera difusa. Los testimonios orales me ayudaron a ubicar
a los personajes que aparecen en los documentos escritos, y a leer entre líneas, es
decir, a entender aspectos importantes del contexto local en el cual los documentos
escritos fueron redactadas y enviados a las autoridades agrarias del gobierno
federal y estatal.

A través de la historia oral intentamos la reconstrucción de la memoria


colectiva. No se trata, por tanto, de ver en los relatos un reflejo fiel y coherente del
pasado, sino de observar, a través de la mirada reflexiva de los actores, el
significado de la experiencia vivida. Tampoco se trata de construir una imagen
lineal y armónica de los procesos histórico locales, sino de comprender la forma
cómo éstos son recreados. La memoria gestiona, controla y reinventa al pasado,
seleccionando experiencias, acontecimientos y personajes, dotándolos de
significado. La memoria actualiza las experiencias individuales y colectivas vividas
en el pasado a través de esquemas interpretativos del presente. Así, no existe
ningún recuerdo objetivo, sólo se recuerda lo que tiene relevancia para quien lo
recuerda desde la perspectiva de las circunstancias y necesidades del tiempo
presente (Núñez, 1997). “... ‘tanto en el caso de los grupos como en el de las
personas, la memoria no registra, sino que construye’.... Esto implica la existencia
de una percepción selectiva, una aprehensión de la realidad condicionada por un
orden social que valora, clasifica, relaciona, invierte y, en una palabra, capta el
mundo en forma específica.” (López Austin, 1985 :75).

Los testimonios orales obedecen a especificidades diversas: la edad y


posición social del informante, así como la interacción que se establezca en la
entrevista, son factores fundamentales en la construcción del discurso del
testimonio. En tanto producto de una situación biográfica específica, cada uno de
los informantes, a través de su testimonio, recrea aspectos distintos de la historia
local y describe el acontecer desde una perspectiva particular. Al relatarnos la
historia de su pueblo, nos habla de la forma cómo se insertan en el escenario social

48
y alude en sus narrativas a su participación individual en el proceso histórico local
y regional. En cada uno de ellos se refleja un conocimiento individual, exclusivo de
una experiencia y situación biográfica particular. Como individuos, los informantes
han vivido su propia vida, por lo cual construyen una representación propia y
recrean distintas versiones -muchas veces contradictorias- sobre los mismos
eventos. Al mismo tiempo, sin embargo, los relatos individuales coinciden, nos
presentan los mismos acontecimientos y temas, trabajan con el mismo material del
recuerdo. Muchas veces, con olvidos y silencios comunes. Es decir con un acervo
de conocimiento colectivo e intersubjetivo común.

La memoria colectiva esta anclada en el grupo y en este sentido se constituye


como una dimensión fundamental de los procesos de construcción de las
identidades colectivas: “...no es posible recordar sino en tanto que miembro de un
grupo...” -nos dice M. Halwachs- (en Bastide, 1970: 514-515). La memoria colectiva
es una memoria articulada entre los miembros del grupo, cuyo lugar de anclaje se
encuentra en las redes, prácticas y relaciones sociales, “...se encuentra
materializada en las instituciones sociales, en el espacio-tiempo de la comunidad y,
en estrecha relación con éste, en la gestualidad festiva y ritual. Existen
instituciones, espacios, tiempos y gestos de la memoria.” (Giménez, 1986: 48)

En la medida en que vive a través del conjunto de todas las memorias


individuales, la memoria colectiva -local o de grupo- carece de existencia propia; es
memoria articulada a partir de la interrelación de las memorias individuales. Sobre
la base de los relatos individuales, y más allá de ellos, se va urdiendo una malla de
memorias parciales y especializadas, a la vez únicas y solidarias, que se
complementan cruzándose, interceptándose y jerarquizándose (ibidem: 45). Al
mismo tiempo, la memoria colectiva opera de manera fragmentaria, ambigua y
muchas veces contradictoria.

49
A manera de un bricolage17, “...La memoria colectiva puede ser pensada
como un proceso en el cual los recuerdos que retiene un grupo se estructuran por
pedazos -materiales y simbólicos- de historia vivida y resignificada continuamente,
de construcciones individuales socializadas, de refuncionalizaciones mediante la
creatividad de la tradición oral, de la significación de los objetos materiales que
rodean al grupo, y de la invención de nuevos procesos.” (Portal, 1997: 57). Esto no
quiere decir, sin embargo que “...se trata de pedazos inconexos de la realidad, sino
de una construcción articulada y significativa de las experiencias.” (ibidem: 58). A
través de la memoria colectiva el grupo despliega su “...capacidad creativa para
ordenar su experiencia, recordarla y transmitirla”, y construye una historia distinta
al ordenamiento cronológico y erudito del saber histórico académico (ibidem: 59)18.
Al mismo tiempo retoma elementos de la memoria oficial, insertándose
activamente al interior del proceso hegemónico. “...La memoria popular no se
yergue frente a la oficial como un bloque frente a otro, al margen de esa ‘compleja
circulación de memorias que implica la búsqueda de la hegemonía’.” (Giménez,
1986: 50).

                                                                                                               
17
Roger Bastide (1970) considera que la memoria colectiva trabaja a la manera del bricolage: “…el que obra
sin plan previo y con medios y procedimientos apartados de los usos tecnológicos normales. No opera con
materias primas, sino ya elaboradas, con fragmentos de obras, con sobras y trozos...” (Levi Stauss, 1964: 35.
Nota del traductor). Este concepto fue utilizado por Levi Stauss para explicar la forma cómo opera el
pensamiento mítico: “...lo propio del pensamiento mítico es expresarse con ayuda de un repertorio cuya
composición es heteróclita, y aunque amplio, no obstante es limitado... ... ... en el plano práctico consiste en
elaborar conjuntos estructurados, no directamente con otros conjuntos estructurados, sino utilizando residuos
y restos de acontecimientos; odds and ends, diría un inglés, o, en español, sobras y trozos, testimonios fósiles
de la historia de un individuo o de una sociedad.” (ibidem:35 y 42-43)
18
 “....cada  tipo  de  memoria  depende...  de  una  condensación  específica  del  espacio-­‐tiempo  que  constituye  
el   tipo   de   memoria   considerada   como   género   específico.   La   memoria   nacional   emana   de   un   espacio-­‐
tiempo   monumental,   público   y   épico.   Se   trata   de   la   gesta   del   tiempo   de   origen   de   los   héroes   nacionales,  
de   una   saga   de   fundación.   La   memoria   colectiva   de   grupo,   más   privada   y   más   local,   comparte   con   la  
memoria   nacional   el   carácter   épico   de   su   cronotopo,   una   temporalidad   cíclica,   acrónica,   mítica...   En  
oposición   a   ello   el   saber   histórico   desarrolla   un   espacio   multidimensional   y   una   temporalidad  
croonológica  y/o  periodizada  con  un  efecto  de  distanciamiento  entre  el  pasado  y  el  presente.  Se  trata  
de  un  cronotopo  de  un  discurso  explicativo,  metadiscursivo,  argumentativo,  racional.”  (Robin  1989:  72-­‐
73).  
 

50
1.1.- La construcción de la memoria colectiva

“...recordar no es revivir,
sino rehacer, reconstruir, repensar,
con imágenes e ideas de hoy,
experiencias del pasado.
La memoria no es sueño, es trabajo”.
Bosi, 1990: 54

Como en casi todos los lugares, en Chiltoyac la lucha agraria es recreada en la


memoria colectiva a través de distintas versiones y énfasis; versiones
complementarias unas y contradictorias otras, que muchas veces responden a los
cohortes generacionales de los informantes y a su posición al interior de la
estructura social a nivel local. La percepción del pasado depende de la posición
relativa de los actores en la estructura social.

Los testimonios de los hombres y mujeres de mayor edad son profundos en


el tiempo y recrean con cierto detalle los acontecimientos y experiencias
significativas de la lucha agraria. Como veremos a lo largo de este capítulo, a través
de éstos se construye la imagen de una comunidad de campesinos que tuvo una
participación activa en la formación del ejido. Al mismo tiempo, en base a estos
testimonios es posible reconstruir fragmentos de la historia agraria local, detectar
los conflictos políticos en el pueblo y ubicar la presencia de los grupos regionales en
las políticas locales; es decir, los “procesos hegemónicos comunales” (Mallon, 1994)
asociados con la presencia de facciones, proyectos e ideologías a nivel regional y
nacional. Se trata de una versión heroica, contada por los hijos de los
protagonistas, quienes al incorporarse como soldados carrancistas arriesgan su
vida con la finalidad de recuperar sus tierras (ver los “Fragmentos de la memoria
colectiva” al final del capítulo) .

Los testimonios de los informantes que no habían nacido durante ese


tiempo retoman la versión oficial del discurso revolucionario y mencionan en sus
relatos más a los héroes nacionales que a los locales. De esta manera, Zapata,
Madero, Villa, Carranza, La Revolución, son nombres propios que se retoman para

51
explicar la existencia del ejido en Chiltoyac como parte de un proceso nacional. Al
mismo tiempo, en esta versión de la historia agraria local, la más generalizada,
encontramos de manera ocasional la alusión a los antiguos, los fundadores -del
ejido-, los que lucharon por la tierra, nuestros padres/abuelos. Se trata de lo que
podríamos llamar la “versión oficial” a nivel local, la cual, a la vez que retoma el
discurso histórico nacional, justifica y legitima la presencia de una élite local
constituida por los ejidatarios. De esta manera, la memoria colectiva no solamente
opera a nivel del proceso hegemónico al interior de la comunidad –aspecto que se
profundiza en el siguiente capítulo, particularmente en el inciso sobre los
ejidatarios y los comuneros-, sino que también nos explica, en parte, el fuerte
vínculo que los pobladores de Chiltoyac han establecido con el régimen político
posrevolucionario. Al hablarme acerca del la filiación mayoritaria al Partido
Revolucionario Institucional (PRI) de la gente de Chiltoyac, la hija del Sr. Gilberto
Hernández, me dice:
“...en Chiltoyac están aferrados al PRI porque consideran que está ligado a
lo que les dejaron sus antepasados, piensan que no apoyar al PRI -que es el
partido de la revolución- es como traicionar a sus antepasados... Creen que
no se pueden salir porque es el partido de los de antes: de los
revolucionarios, los agraristas... Aquí son priistas de corazón... … ‘y el
partido no tiene la culpa -comenta don Gilberto- son sus gentes’...”.19

Particularmente relevante en la memoria colectiva de Chiltoyac, resultan las


imágenes del zapatismo contenidas en los relatos sobre la lucha agraria. Las
generaciones que no vivieron la lucha agraria retoman la “narrativa maestra de la
revolución mexicana” (Nuijten, 1998) y sus relatos sobre la formación del ejido se
basan en menciones generales acerca del proceso nacional:
“…aquí y en todo México, por Zapata y por la revolución se hizo la
repartición de tierras, se formaron los ejidos… eso fue como en 1914…
Según dicen el ejido de Chiltoyac fue el primero en el estado de

                                                                                                               
19Entrevista con el Sr. Gilberto Hernández (78 años), ejidatario de segunda generación y con su
hija, octubre de 1999.

52
Veracruz…”20.

En contraste, los chiltoyenses que vivieron la violencia cotidiana de la revolución,


se alejan de la narrativa oficial, construyendo su versión acorde con su propia
experiencia y reconocen la contradicción entre ésta y la “historia oficial”:
“...Así dicen, ‘que Zapata dio las tierras’... pero a nosotros los zapatistas
nos vinieron a quemar la casa...”.21
Destaca en este sentido, el testimonio de la Sra. Donaciana Ortiz, quien vivió la
lucha agraria en Chiltoyac siendo una niña de 7 años y es hija de uno de los líderes
locales más destacados (ver los “Fragmentos de la memoria colectiva” al final del
capítulo).

1.2.- Los mitos de origen

Los relatos de tradición oral22 -mitos, leyendas, cuentos- que constituyen la capa
más profunda de la memoria, nos remiten al discurso de los orígenes de la
comunidad. Se trata de los mitos fundacionales, en donde encontramos referentes
fundamentales de los procesos identitarios a nivel local.

Hace muchos años, los vecinos de esta comunidad no contaban en su haber


con un crucifijo y mucho menos con un templo. Preocupados por la falta de
esas cosas importantes para su fe, celebraron una asamblea comunitaria
en la cual se nombró una comisión para que fuera a la ciudad a buscar a
alguien que pudiera hacer un crucifijo. Se fueron caminando por la calzada

                                                                                                               
20
Ibidem.
21 Entrevista con el Sr. Candelario Martínez, ejidatario de primera generación, 89 años, recibió
tierras ejidales durante después de la dotación, durante la fase del parcelamiento, siendo muy joven,
hijo de Jorge Martínez, jefe local de la lucha agraria. Chiltoyac, septiembre de 1999.
22
 Jan   Vansina   (1966)   define   a   la   tradición   oral   como   una   cadena   de   testimonios   transmitidos  
verbalmente.   Se   trata   de   un   testimonio   relativo   al   pasado,   que   no   ha   sido   vivido   o   verificado   por   el  
mismo  testigo  que  lo  emite,  quien  lo  ha  aprendido  de  oídas  -­‐de  ahí  su  carácter  auricular-­‐,  transmitido    
de  generación  en  generación  por  medio  del  lenguaje  hablado.  A  diferencia  de  la  historia  oral  -­‐que  es  una  
creación  del  investigador  junto  con  el  testigo-­‐,  la  tradición  oral  existe  y  funciona  independientemente  
del  investigador.    
 

53
rumbo a Xalapa y apenas habían avanzado medio kilómetro, cuando
encontraron a un señor con el que iniciaron una interesante charlo,
contándole con lujo de detalles la necesidad del crucifijo y que a eso se
dirigían a la ciudad. Dicho señor les dijo que no tenían que ir a la ciudad y
que no se preocuparan porque él les haría el crucifijo. Se regresaron
contentos de haber encontrado quien hiciera la obra. Ese día se llegó la
noche y decidieron que el señor se quedara hospedado en una galera que
ocupaban para el secado del tabaco. En la mañana siguiente, se volvieron
a reunir para preguntarle qué tipo de madera necesitaba y para invitarlo
a desayunar. Con esta idea llegaron a la galera y fue una gran sorpresa lo
que vieron en ese momento, pero el huésped en cuestión no estaba. Ahí en
su lugar estaba el crucifijo del Señor de Chiltoyac.23

En una de las leyendas que refieren al origen del poblado se cuenta que
antiguamente el lugar donde ahora se asienta el pueblo eran sembradíos de chile y
el poblado estaba arriba, en el cerro. Ahí se apareció el Señor de Chiltoyac -santo
patrono del pueblo-, sin embargo él se bajaba constantemente y se colocaba en un
árbol de ciprés que se encontraba en donde ahora está la iglesia, la gente lo volvía a
subir al cerro, pero él insistía y se bajaba. A raíz de esto decidieron fundar el pueblo
abajo, en el lugar donde ahora se asienta24.

Al mismo tiempo, los relatos de la tradición oral asocian el origen del actual
asentamiento con la solicitud que los pobladores hicieron, durante la época
colonial, al gobierno español para que éste les otorgue tierras. Así lo encontramos
plasmado en el siguiente relato:

“...antes de que llegaran los españoles, los nativos de Chiltoyac vivían allá
arriba en el cerro de Cacalotepec, pero no tenían tierras. Después pensaron
que necesitaban mucho las tierras para trabajar y una comisión de señores

                                                                                                               
23 Escrito por la Sra. Pilar Carrillo en un cuaderno. Recopilado en julio de 1998, Chiltoyac.
24
 Sra.  Gloria  Sosa,  alfarera,  Chiltoyac,  marzo  de  1997.  
 

54
se fue caminando a México a pedirle tierras al rey español don Luis de
Velasco. Al cabo les dieron dos caballerías, desde Xalapa hasta Naolinco. Y
ahí estaban trabajando pero vino una enfermedad que se nombraba
tlalzahuatl y entonces se desperdigaron, se fueron, y duraron 50 años los
nativos de Chiltoyac viviendo en otro lugar. Yo creo que eso ha de haber
sido como en el 1600, ya estando los españoles aquí. Luego mandaron un
investigador y se vino a encontrar que ahí estaba un pueblito y les
preguntaron:
-Bueno, ustedes de donde son?.
Y ahí fue cuando dijeron:
-Nosotros somos de Chiltoyac.
Y entonces les dijo:
-Pues tienen que buscar sus terrenos, tienen que buscar su lugar porque
ustedes son criollos del pueblo de Chiltoyac.
Pues se vinieron a buscar sus tierras, las que les habían dado los españoles,
pero ya no las encontraron, ya se las habían quitado, ya no había tierras,
pero no vendieron. Ya se las habían quitado, se las quitó el gobierno,
porque en ese tiempo el gobierno de Benito Juárez empezó a quitar a los
campesinos y a hacer haciendas, entró otro gobierno, el de Porfirio Díaz a
quitarle tierra a los campesinos y a hacer haciendas, así fue, en todo
México. Encontraron que no tenían tierras, por acá por el río Sedeño era
de Eduardo Dondé, ése lo que hizo fue echar ganado bravo y nadie podía
entrar porque los bueyes los correteaban y los desbarrancaban. Del cerro
de Cacalotepec para arriba era la hacienda Lucas Martín, pues ninguno
podía traer leña, el que fuera a traer leña se lo agarraban y se lo llevaban
a la hacienda porque todos tenían que pagar. En ese tiempo la gente no
conocía tener bestias, pura leña cargando y se pagaba por un tercio de
hombre 6 centavos y por un tercio de mujer 3 centavos... había que pagar
para ir a traer leña. Como no tenían tierras, lo que hacían todos era que
iban a sembrar hasta abajo de Tenampa, ahí iban a sembrar. Eso fue en el
1905 o 1906. Entonces estaba el movimiento de que iba a haber guerra, ya
se oía que iba a haber revolución. Entonces en 1915 empezaron los de aquí

55
a solicitar el ejido pues la gente quería tierra, y sí, se la concedieron. Ahora
ya es ejido.”25

A través de este relato observamos que para los pobladores de Chiltoyac la


posesión de la tierra se interpreta como un derecho que ha sido otorgado por el
Estado desde tiempos remotos. El antiguo asentamiento prehispánico situado en el
cerro se traslada y los campesinos de Chiltoyac construyen su identidad en alianza
con el Estado quien, desde tiempos inmemoriales, les ha otorgado el derecho a
usufructuar la tierra, recurso fundamental de la sobrevivencia cotidiana. De
acuerdo con este relato, el derecho a la tierra proviene del Estado. A diferencia de
muchos otros pueblos que encuentran un derecho natural o moral sobre la tierra,
otorgado por ancestros y dioses, en Chiltoyac, es el Estado quien tiene el poder
absoluto de conceder la prerrogativa a poseerla; este poder es concebido como algo
natural sancionado por su memoria histórica26.

Por otra parte, esta narración casi mítica, también nos permite descubrir un
fuerte sentido de pertenencia asentado en su vínculo con la tierra entre los
habitantes de Chiltoyac. Ambos aspectos nos explican el hecho de que la
participación local en la contienda política regional del movimiento revolucionario
-como veremos más adelante- se haya dado fuertemente vinculado con su lucha por
recuperar las tierras que anteriormente les habían sido concedidas por el rey
español. A diferencia de la gran mayoría de los productores rurales de la región
central del estado de Veracruz, los pobladores de Chiltoyac se involucraron
directamente en la contienda revolucionaria regional.

                                                                                                               
25
 Este   relato   fue   recopilado   en   una   entrevista   que   tres   estudiantes   del   sexto   semestre   del  
telebachillerato   le   hicieron   al   Sr.   Gregorio   Ortiz,   83   años,   ejidatario   de   la   segunda   generación,   hijo   de  
uno   de   los   líderes   locales   más   destacados   en   la   lucha   agraria   -­‐Norberto   Ortiz-­‐,   Chiltoyac,   octubre   de  
1999.  
26
 En   su   estudio   realizado   en   la   sierra   de   Puebla,   Florencia   Mallon   (1994)   profundiza   en   las  
interpretaciones   locales   de   las   leyes   liberales   en   torno   a   la   propiedad   de   la   tierra   y   sostiene   que   las  
políticas   agrarias   posrevolucionarias   se   asentaron   sobre   la   base   de   una   “cultura   popular   local”  
generada   durante   la   revolución   liberal   en   el   siglo   XIX.   El   liberalismo   popular   del   siglo   XIX   -­‐nos   dice   -­‐   ya  
había  definido  el  derecho  del  Estado  para  intervenir  en  favor  del  acceso  a  la  tierra  y  enlazó  el  derecho  a  
la  tierra  a  la  defensa  de  la  nación.  Obregón  y  Cárdenas  se  asentaron  en  esas  tradiciones  (:101).    
 

56
Como veremos a lo largo de este capítulo, la memoria colectiva local está
permeada, en sus distintas capas, por la idea de un antes y un ahora determinado
por la formación del ejido. De esta manera ubicamos la importancia de la tierra
ejidal como un referente central en la construcción identitaria. El territorio ejidal,
desde su formación, ha sido la base material en la reproducción social de sus
pobladores y el sustento simbólico en la reconstrucción de la comunidad misma. La
memoria colectiva así lo expresa al ordenar su historia en un tiempo anterior y otro
posterior marcado por el reparto de tierras. En la leyenda popular que cuenta el
origen y la historia del pueblo podemos ubicar el significado que para ellos tiene la
formación del ejido:

“Contaban los abuelitos de mi abuelita que Chiltoyac estaba en un terreno


arriba del puente. Pero se piensa que algún animal sacaba los cadáveres de
su sepulcro. Entonces una comisión de señores se fueron caminando a
México para pedirle a don Luis de Velasco permiso para fundar el
Chiltoyac de hoy. Los primeros pobladores vivían de la alfarería. Sufrían
mucho cuando iban a cortar leña a los latifundios de los terratenientes,
quienes golpeaban y correteaban a los pobres nativos de Chiltoyac. Esto
terminó después de la revolución mexicana o sea cuando se formaron los
ejidos.”27

De principio este relato nos presenta la imagen de un pueblo cuyos


antepasados desaparecieron. Se reconoce la existencia de un pasado prehispánico,
sin embargo éste se torna inexistente en la memoria histórica. Se pierde junto con
los antecesores. Los habitantes de Chiltoyac, confinados en el cerro requirieron de
un nuevo territorio para refundar su comunidad, de esta manera, el antiguo
asentamiento, situado arriba del cerro se traslada después de que el gobierno
colonial les otorga un territorio para sobrevivir.
                                                                                                               
 Escrita   en   el   cuaderno   de   5º   de   primaria   de   la   nieta   de   los   Srs.   Gilberto   Hernández   (78   años),  
27

ejidatario   de   segunda   generación   y   Ana   Pastrana   (85   años),   maestra   de   la   escuela   primaria   en   el  
poblado  desde  los  40’s  Chiltoyac,  julio  de  1998.  
 

57
Por otra parte, la figura que nos muestra este relato borra la diferenciación
social existente entre los pobladores del lugar antes del reparto agrario, siendo que
al interior de la localidad coexistían diferentes categorías de actores sociales, entre
los cuales destaca un pequeño grupo de comerciantes-agricultores que tenían
propiedades medianas dentro del fundo legal y que arrendaban tierras de las
haciendas vecinas. Estos personajes, algunos de ellos originarios de poblaciones
vecinas, principalmente de Xalapa, tenían fincas de café con plantaciones de
árboles frutales -huertas- y un poco de ganado; además tenían tiendas “bien
surtidas, y carnicería” -nos relata la Sra. Donaciana Ortiz-; compraban café a los
pequeños agricultores de Chiltoyac y lo procesaban de manera rudimentaria allí
mismo, para venderlo localmente o en las poblaciones vecinas; algunos de ellos
también tenían negocios en Xalapa; otros compraban la fruta que los pequeños
agricultores de Chiltoyac tenían en sus huertas, muchas veces la compra era de la
cosecha. La mayoría de lo pobladores de Chiltoyac eran propietarios de pequeñas
fracciones de terreno al interior del fundo legal del pueblo (ver el Plano del Fundo
Legal del Pueblo en 1889, en donde están registrados 131 propietarios); ahí no era
posible la siembra de la milpa, dado el tamaño y la topografía de los terrenos;
tenían pequeñas huertas de frutales, chile u hortalizas, que en ocasiones
comercializaban en los mercados vecinos28. Los chiltoyenses se dedicaban a la
producción de alfarería: fabricaban loza, principalmente comales y ollas, en
pequeños hornos de leña, misma que compraban en las haciendas vecinas; la loza
era comercializada por ellos mismos en las poblaciones vecinas, o por comerciantes
que llegaban de otros lugares a comprársela directamente a sus casas. También
salían a vender su fuerza de trabajo como jornaleros a las haciendas vecinas,
principalmente a las de Tenampa y Almolonga; en Tenampa se cultivaba tabaco, y
caña de azúcar, en las dos. Algunos trabajaban como sirvientes -“mozos”- con los
                                                                                                               
 De   un   total   de   135,   según   el   censo   agrario   que   se   levantó   en   1918,   70   jefes   de   familia   de   Chiltoyac  
28

están   registrados   como   pequeños   propietarios   de   tierras   dentro   del   Fundo   Legal.   No   aparecen   en   el  
censo   varios   de   los   personajes   que   en   los   relatos   aparecen   como   comerciantes-­‐agricultores   no  
originarios   de   Chiltoyac.   Las   propiedades   son   pequeñas,   solamente   11   jefes   de   familia   tiene  
propiedades   mayores   a   1   hectárea;   se   registran   únicamente   7   colonos   -­‐que   arriendan   tierras   a   las  
haciendas  vecinas-­‐  de  135  jefes  de  familia.  (RAN,  exp.23:5113  (726.1),  folio  #143,  20  de  junio  de  1918).    
 

58
pequeños comerciantes-agricultores establecidos en Chiltoyac.

Esta dinámica socioeconómica permitió la subsistencia de la población y la


reproducción de la comunidad, aunque en condiciones que hoy se reconocen como
de extrema pobreza:
“...aquí no teníamos donde sembrar, sufríamos.. todos éramos muy
atrasados, no había escuela y la gente andaba descalza y estaba arraigada
la nigüa... Una vez que vino la orden presidencial, cuando se le dio el ejido
al pueblo, sintieron bonito... entonces ya fue distinto, ya todos tenían maíz,
frijol, pipiana, calabacita... porque antes de tener las tierras del ejido
éramos muy pobres...”.29

Vemos en este breve pasaje que la reconstrucción del pasado en la memoria


colectiva le atribuye un alto valor al territorio ejidal como medio de subsistencia y
como momento de refundación de la vida comunitaria.

                                                                                                               
29
 Entrevista  con  el  Sr.  Silviano  Ortiz,  75  años,  comunero,  Chiltoyac,  septiembre  de  1999.  

59
CROQUIS.

60
61
1.3.- Antecedentes de la reforma agraria en Chiltoyac

Durante los primeros años del siglo XX, Chiltoyac fue una localidad situada en los
límites del territorio de las haciendas de Lucas Martín, de Paso del Toro y de San
Juan (ver mapa: “Ubicación de la localidad de Chiltoyac y extensión de las
haciendas a principios del siglo XX”). De acuerdo con los documentos que sirvieron
de base para que las autoridades llevaran a cabo la reforma agraria en Chiltoyac, las
tierras del llamado fundo legal -territorio donde se asentaba el poblado-, eran parte
de un espacio territorial que durante la colonia le fue otorgada al pueblo por el
virrey Luis de Velasco, en 1556 y por el Padre Fray Antonio Notario del Convento
de Santa Bárbara, en 1682. La superficie que les fue concedida como merced real en
1556 comprendía una extensión de “un sitio de ganado mayor y dos caballerías”30 y
la que les fue donada posteriormente por el religioso franciscano comprendía una
extensión de “dos caballerías”. 31 La historia de la lucha agraria del pueblo de
Chiltoyac por recuperar sus tierras incluye una serie de solicitudes y trámites
legales ante las agencias estatales, que realizaron las autoridades locales,
“gobernadores y principales”, a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX, donde
reclamaban haber sido despojados de sus tierras y solicitaban que se les entregaran
los títulos primordiales de las mismas (Ramírez, 1997).

A través de los informes que presentaron los agentes gubernamentales


agrarios en torno a la solicitud de restitución que los vecinos de Chiltoyac hicieron
al gobierno revolucionario de Venustiano Carranza en 1914, se sabe que los
habitantes de Chiltoyac fueron congregados en la vecina ciudad de Xalapa en 1601
y que a mediados del mismo siglo (1653) “alborotados por su gobernador” y dada la
carencia en la que vivían, solicitaron volver a su “antiguo pueblo”. Entre los
documentos que sirvieron de base para que las autoridades agrarias aprobaran la
                                                                                                               
30El sitio para ganado mayor y menor tenía la forma de un cuadrado, equivalente a 1,755 ha., 61
áreas. Estos sitios debían estar por lo menos a una distancia de 838 metros de las casas de los
naturales y poblarlas en un año con 2 mil cabezas de ganado menor o 500 de ganado mayor. Las
caballerías tenían la forma de un paralelograma de ángulos rectos cuyos lados más grandes tenían
una medida de 931 metros por 460 de ancho y equivalía a 42 ha, 72 áreas, 53 centiáreas. (Benítez,
1984)
31Registro Agrario Nacional (RAN), exp. 23.5113 (726.1), folio # 93, s/f.

62
solicitud de Chiltoyac, se anexan los testimonios y constancias de las tierras
donadas a los habitantes del poblado por el Virrey Don Luis de Velasco y por el
Padre Fray Antonio Notario. Asimismo se informa que en 1789 “…el gobernador y
naturales pidieron que se les dieran tierras de los hacenderos colindantes... hasta
completar las que les correspondía por derecho, en virtud de no tener tierras
suficientes”. En los litigios agrarios del siglo XVIII, los habitantes del poblado
argumentaron que las tierras se las habían usurpado los hacendados que
circundaban el poblado y solicitaron que se las devolvieran32. Posteriormente -en
1880- después de la promulgación de las leyes de reforma, los pobladores de
Chiltoyac retomaron la idea de localizar los límites de sus tierras comunales y
solicitaron nuevamente la entrega de los títulos territoriales de su pueblo. En 1901
le fueron entregados por el Archivo General de la Nación los títulos de las tierras
que habían recibido como merced y como donaciones.33

La forma en que los pobladores de Chiltoyac perdieron la posesión de esas


tierras no es clara. David Ramírez (1997) afirma que la ciudad de Xalapa, dada su
creciente importancia comercial, se apropió de las tierras donadas por el virrey
español a Chiltoyac, ya que los habitantes de esta población “…fueron
abandonando su pueblo, congregándose en el de Xalapa... el pueblo de Xalapa,
desde 1556 se apropió el pueblo y tierras de Chiltoyac y por eso se sintieron siempre
despojados de sus tierras. No sabemos qué hizo Xalapa con esa superficie o si sobre
ellas fueron mercedados españoles... lo cierto es que cuando en 1831 describió el
pueblo el Jefe Político de Xalapa, Chiltoyac sólo tenía las 600 varas de fundo legal y
tenía que sembrar en tierras de Naolinco, pagando contribuciones.” (: 32-33). El
periodista xalapeño Joaquín María Rodríguez afirmaba en 1895 que los habitantes
de Chiltoyac, “...han pretendido volver a adquirir sus antiguos dominios, pero no lo
han podido lograr, no obstante sus títulos, por la dificultad de justificar que no han

                                                                                                               
32RAN, exp. 23.5113 (726.1) folio # 52-62, Dictamen y Memorial que presenta el Perito Paleógrafo
de la Comisión Nacional Agraria, 10 de abril de 1919.
33RAN, exp. 23:5113 (726:1), folios # 62-72, Copia certificada en 1917 del Testimonio de los títulos
primordiales y constancias posteriores referentes a la propiedad territorial del pueblo de Chiltoyac,
expedida por el Archivo General de la Nación, 21 de enero de 1901.

63
vendido anteriormente lo que hoy disputan, de manera que se han quedado tan
solo con el casco del pueblito y unas cuantas huertas, que sumadas no dan siquiera
la medida del fundo legal.” (citado por Ramírez, 1997: 35).

En un informe que los pobladores de Chiltoyac presentaron a la Comisión


Local Agraria en agosto de 1918, para sustentar su solicitud de restitución de
tierras, señalaron como un antecedente importante que en 1882, el juez de primera
instancia del Cantón de Xalapa, quien había sido designado para darles posesión de
sus tierras fue corrompido por los hacendados, quedando por esta razón sin efecto
la restitución de sus tierras: “...manifestamos que hemos tenido noticias que hace
unos treinta y cinco o treinta y seis años el Lic. Pedro Olmos.... había sido
designado por el Gobierno de entonces para darnos posesión y hacer
personalmente el verdadero deslinde de los terrenos que nos corresponden y
estando a efecto de principiar sus trabajos, recibió en el camino que de este pueblo
conduce a la población de Jalapa una carta cerrada enviada por uno de los ricos
hacendados, dando por resultado que después de informado vimos luego a las
claras que el citado Juez, en quien teníamos cifradas todas nuestras esperanzas
cambió en el momento de proceder, dándonos a entender que el contenido de la
referida carta era que le ofrecían buena cantidad de metálicos los ricos de
referencia, dejando así frustradas nuestras esperanzas de terrenos... En ese tiempo,
las Autoridades Municipales de Jilotepec, San Pablo, Naolinco y Mesa de
Chicuacén, en unión de varios vecinos habían concurrido a este lugar con
entusiasmo de presenciar la primera posesión que nos iban a entregar de cuyos
actos y antecedentes existían en el Archivo General del pueblo... sabemos por
nuestros antepasados que los Ayuntamientos anteriores, al hacer alguna venta no
lo hacían con parecer del pueblo y que después a petición de los ricos mandó el
Gobierno anterior a unos ingenieros a que pusieran linderos alrededor del pueblo,
dejándonos así encerrados cual si fuésemos algunos cerdos en chiquero...”.34

                                                                                                               
34RAN, Exp. 23. 5113 (726:1), folios # 160-161. Firman el representante del pueblo, Norberto Ortíz,
el delegado municipal, Roque Hernández, el secretario, Juan Morales y 20 firmas más, Chiltoyac, 11
de agosto de 1918.

64
Cuando los pobladores de Chiltoyac volvieron a solicitar la restitución de sus
tierras en el año de 1914, señalaban como posibles acaparadores a las haciendas
colindantes: Lucas Martín, La Concepción, Paso del Toro, Paso de San Juan,
Tenampa y Maxtatlán.35 En las averiguaciones agrarias que siguieron a dicha
solicitud, los agentes gubernamentales informaron haber entrevistado a algunos
ancianos del pueblo, quienes manifestaron que “sus padres les contaban que los
terrenos del pueblo los poseían en arrendamiento algunos particulares”. En el
testimonio se señalan tres casos: el terreno conocido como “Cerro Colorado que
hoy pertenece a la Hacienda La Concepción”, había sido arrendado anteriormente a
un particular; que antiguamente “el Pueblo adjudicó lo que es la hacienda Paso del
Toro” a otro propietario particular. Acerca de la hacienda Lucas Martín,
informaron que el terreno de dicha hacienda había sido arrendado a Manuel García
Teruel pero que como Santa Anna era su compadre de bautizo le dijo “que no
hiciera caso de la gente del Pueblo, que no pagara renta y que quedara como
suyo”.36

Estas averiguaciones tenían la doble finalidad de verificar la forma en que


las tierras habían dejado de pertenecer al pueblo para proceder a la aprobación de
la solicitud de restitución, así como delimitar la extensión de los antiguos
territorios de los solicitantes, para proceder a la expropiación de las haciendas
correspondientes. Finalmente, en el dictamen que realizaron las autoridades
agrarias se declaró improcedente la restitución y se resolvió a favor de realizar la
dotación, en virtud de considerar que el pueblo carecía de tierras y que por tanto
tenía el derecho a recibir como dotación una extensión de tierra para la
subsistencia de sus habitantes37. Se infiere en la argumentación legal donde se

                                                                                                               
35RAN, exp. 23:5113 (726.2), folio #1-2, Solicitud dirigida al Gobernador y Comandante Militar del
Estado de Veracruz por los pobladores de Chiltoyac (se anexan 42 firmas) para que “se nos
restituyan nuestros terrenos de los que hemos sido despojados y para que se nos haga reparto o
división de ellos”, 12 de noviembre de 1914).
36RAN, exp. 23:5113 (726.2), folio # 97. Informe que presenta el agente propagandista Manuel
Jiménez al C. Presidente de la Comisión Local Agraria del Estado -Ing. Froylán Alvarez-, 1 de
noviembre de 1917.
37Restitución y dotación se refieren a dos procedimientos legales diferenciados: el primero implica
el devolver la tierra que ha sido arrebatada ilegalmente a los campesinos y el segundo se refiere a
una donación de tierra que el Estado otorga a los campesinos en virtud de considerar sus

65
niega la restitución, que la fragmentación del ejido que perteneció al pueblo de
Chiltoyac fue “muy anterior al año de 1856” y que por ende es improcedente la
restitución de las tierras que los pobladores reclamaban. Dice: “...los propietarios
de las haciendas presentaron sus títulos primordiales, en donde se ve que éstas se
formaron en la época virreinal... los vecinos no han podido demostrar el despojo y
no han podido encontrarse documentos que demuestren la traslación de la
propiedad comunal a los particulares...”, además de no encontrarse los documentos
que señalen los linderos de las tierras que se reclamaban.38

No obstante lo prolongado de su lucha por recuperar las tierras, que como


vimos se remonta a la época colonial, los pobladores de Chiltoyac acatan sin
ninguna resistencia la resolución presidencial donde se les niega la restitución,
aprobándose en su lugar la dotación de las tierras. Nugent y Alonso (1994), en un
estudio que realizan sobre la formación del ejido en Namiquipa en el estado de
Chihuahua, aluden a la diferencia entre estos dos tipos de establecimiento de un
ejido. Desde el punto de vista de una distinción del procedimiento legal, el método
de la dotación se crea para evitar los obstáculos propiciados por la dificultad para
las poblaciones de documentar legalmente el despojo de tierras. Sin embargo,
desde el punto de vista de los campesinos, la restitución supone el reconocimiento
por parte del Estado posrevolucionaro de sus derechos anteriores sobre la tierra,
mientras que la dotación alude a un regalo por parte del Estado, supone que el
derecho a poseer la tierra proviene del Estado e implica el establecimiento de una
relación de subordinación con el mismo. Para estos autores, la restitución implica
reconocer el derecho intrínsico y autónomo de la comunidad sobre la tierra. En el

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
necesidades. En el conjunto del territorio nacional, las solicitudes de restitución fueron, en su
mayor parte sistemáticamente negadas, a pesar de que en muchas ocasiones los territorios donados
bajo el procedimiento legal de la dotación, fueron los mismos que las poblaciones reclamaban como
suyos. Entre 1916 y 1980, sólo el 17% de las solicitudes de restitución fueron aprobadas, en contraste
con el 79% de las solicitudes de dotación. Durante este período, se hicieron 214 restituciones y
21,289 dotaciones. Es decir, sólo aproximadamente el 1% de los ejidos en México fueron formados a
través del reconocimiento formal de los derechos primarios de los pueblos sobre las tierras (Nugent
y Alonso, 1994: 228-229).
38RAN, exp. 23:5113 (726.2), folio # 186-193, Proyecto de dictamen para la resolución presidencial

que presenta el ponente G. Rebolledo, 9 de octubre de 1918.

66
caso de Chiltoyac, dotación y restitución se concibieron como sinónimos. Esta
actitud contrasta con la mostrada por otro tipo de poblaciones, como la que se
reseña en el trabajo citado, en donde nos presentan a los pobladores rurales del
lugar negándose a aceptar las condiciones planteadas por la ley agraria y el nuevo
régimen de tenencia de la tierra. En el caso de Chiltoyac, no encontramos ni en los
documentos de la época, ni en los testimonios orales, alusiones que nos señalen
algún conflicto al respecto; los solicitantes asumen implícitamente que el derecho
de posesión de la tierra se los otorga el Estado, se trate de dotación o de restitución.

1.4.- Imágenes de la lucha agraria

El 12 de noviembre de 1914, cuarenta y tres hombres de Chiltoyac dirigieron un


escrito al Gobernador y Comandante Militar del estado de Veracruz, solicitando
que se les restituyan los terrenos de los que han sido “despojados y se haga el
reparto o división de ellos”39. Esta solicitud se realizó en el contexto del decreto
estatal de reforma agraria expedido en octubre de 1914 por el gobierno de Cándido
Aguilar en Veracruz y unos meses antes de la promulgación de la ley agraria del 6
de enero de 1915, a través de la cual el gobierno pretendió otorgar garantías de
distribución de tierra a los pobladores rurales a cambio de su apoyo para el
movimiento constitucionalista (Santoyo 1995: 69). En este contexto, algunos
hombres en Chiltoyac formaron un frente en apoyo al gobierno de Venustiano
Carranza y recibieron armas para combatir a las fuerzas zapatistas en la región40.

                                                                                                               
39Se señala en el escrito el nombre de las haciendas y de los propietarios que en ese momento
estaban en posesión de los terrenos que ellos solicitaban. Guillermo Pasquel, Luis Caraza, Ranulfo
Escobar, Eduardo Dondé y José Galván, propietarios de las hacienda: “Lucas Martín”, “La
Concepción” y “Paso de San Juan”, “Tenampa”, “Paso del Toro” y “Mesa de Masatlán”,
respectivamente. “...Todos estos señores o haciendas poseen terrenos que corresponden a nuestra
jurisdicción.” (RAN. Exp. 23:5113(726.1).
40 Después del asesinato de Madero, en febrero de 1913, el general Victoriano Huerta tomó el
control de los centros urbanos de Veracruz. En respuesta, los liberales y maderistas juntaron sus
fuerzas con el general Venustiano Carranza -Primer Jefe Del Ejército Constitucionalista- y con el
general Cándido Aguilar a quien Venustiano Carranza había comisionado para organizar
contingentes revolucionarios en Veracruz . En agosto de 1914, Aguilar había establecido la capital
en Xalapa y se había conducido para ganar el control en la región central del estado. En octubre,
después de la Convención de Aguascalientes donde se desconoce a Carranza, los zapatistas y los
villistas entraron al Distrito Federal. Carranza estableció su gobierno en el puerto de Veracruz
(Baitenmann, 1997: 42-43). Cándido Aguilar fue gobernador provisional del estado de Veracruz del

67
De acuerdo al testimonio oral de una de sus hijas, Norberto Ortiz, uno de los jefes
locales más sobresalientes, aprovechando sus redes regionales y su carácter de líder
local, se organizó junto con varios vecinos de la localidad con la finalidad de
solicitar la restitución de las tierras, y al mismo tiempo que se afiliaron al
carrancismo41.

En la memoria colectiva local vemos a la lucha agraria en Chiltoyac como un


acontecimiento en el cual los jefes locales, a partir de sus vínculos con las redes y
fuerzas sociopolíticas regionales, aprovechan la coyuntura en la que el gobernador
Cándido Aguilar ofrece el reparto de tierras para retomar la lucha por su tierra.

“La revolución de Madero comenzó en 1910, entonces me contaba mi papá


que aquí pensaban en tener ejido. Ya luchaban desde antes, pero no se
podía porque estaban viviendo en medio de cinco ricos… Entonces se
pegaban con hombres políticos, Manlio Favio Altamirano en una ocasión
les dijo a los de aquí: - “ustedes están rodeados de cinco perros grandes”...
Así hablaban los políticos… Mi papá me dijo que sostuvo con 50 centavos
mensuales, para la ayuda de los representantes, porque nosotros los
campesinos nos asociamos con los de más poder y colegio.”42

Estos fragmentos de la memoria colectiva nos permiten insistir en la importancia


de la alianza con la fracción carrancista del incipiente Estado revolucionario para
los chiltoyenses. La lucha agraria se interpreta en la mayoría de los relatos como
una lucha local en contra de los terratenientes, apoyada por los líderes políticos
regionales. La filiación carrancista de los pobladores de Chiltoyac es muy
significativa en los relatos orales de quienes, siendo niños aún, vivieron el
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
28 de mayo de 1914 al 23 de junio de 1917 y gobernador constitucional del 24 de junio de 1917 al 17
de mayo de 1920 -con algunos gobernadores interinos que lo reemplazaron por algunos periodos de
tiempo- ( Corzo, [Link]., 1986).
41En esta etapa del movimiento revolucionario en Veracruz las filiaciones políticas de los jefes
locales se establecieron a partir de lealtades personales con líderes regionales. Los grupos locales en
la región se dividieron entre las facciones zapatistas, villistas y carrancistas. (Baitenmann 1997: 43)
42Sr. Wenceslao Velásquez Ortiz, 80 años, ejidatario de la segunda generación, entrevista octubre
de 1999.

68
enfrentamiento entre las facciones y grupos revolucionarias en la región. En este
sentido, la lucha agraria se vive en medio de la confrontación con los grupos
“rebeldes”, denominados por los habitantes como “zapatistas”, término asociado
con el vandalismo y el robo (ver los Fragmentos de la memoria colectiva al final del
capítulo). Al mismo tiempo, como se mencionó anteriormente, vemos que la
imagen del zapatismo en la memoria colectiva se presenta de manera
contradictoria, ya que en el discurso de quienes no vivieron en ese tiempo, la figura
de Zapata y el lema “tierra y libertad”, es retomando como fundamento de la
existencia del ejido. Descubrimos de esta manera el carácter histórico-contingente
de la construcción de la imagen del zapatismo entre los pobladores de Chiltoyac.

En contraste con muchas de las localidades de la región, en donde el reparto


agrario se dio como parte de un proceso propiciado directamente por fuerzas
externas -regionales- (Baitenmann, 1997; Hernández,1996; Núñez, 1998; Ponce y
Núñez, 1996; Skerrit,1996), Chiltoyac nos ofrece una historia donde observamos a
una comunidad rural mestiza, situada fuera de los límites territoriales de las
haciendas, cuya solicitud agraria se da sobre la base de una tradición local de lucha
por la recuperación de sus tierras. Siguiendo la propuesta de Alan Knight (1998),
me parece pertinente preguntarse si los pobladores de Chiltoyac podrían ser
caracterizados como campesinos “externos”, miembros de una comunidad
relativamente independiente de las haciendas, que se incorporan en la “fase
primaria” de la reforma agraria, anterior al agrarismo radical veracruzano de los
años veintes, cuando la mayoría de las poblaciones vecinas se incorporan al
proceso agrario. Veracruz fue una de las entidades federativas donde el movimiento
campesino en torno a la demanda por la tierra -el llamado movimiento agrarista-
tuvo gran trascendencia en el proceso de formación del Estado posrevolucionario.
Algunos estudios realizados en la entidad han construido una imagen del agrarismo
a partir de una visión épica de la lucha por la tierra, en la cual los agraristas se
enfrentan contra los terratenientes y las fuerzas conservadoras (Domínguez, 1992;
Reyna,1996). Estas perspectivas integran a los campesinos en un actor homogéneo
que se adscribió a la lucha agraria con una incipiente ideología propia de su
condición socioeconómica, rápidamente mediatizado y manipulado por los

69
intereses del Estado. Otros estudios asumen una perspectiva distinta, donde es
posible observar a una diversidad de actores campesinos involucrados localmente,
obedeciendo a múltiples lealtades, muchas veces cambiantes, y asumiendo
distintas posiciones en relación con la tierra, con el movimiento agrarista, y ante el
proceso de formación del Estado posrevolucionario (Baitenmann, 1997; Skerritt,
1996).

La interpretación de la historia agraria de Chiltoyac que se hace en este


trabajo, nos sugiere que la reforma agraria fue un proceso en el cual los pobladores
rurales fueron participantes activos y no destinatarios pasivos de los proyectos
promovidos por agentes externos. “…la rebelión campesina inicial, primaria, fue
mucha más que una reacción Pavloviana a un deterioro económico cuantificable.
Tenía aspectos morales, ideológicos, psicológicos. El campesinado mexicano
gozaba de una larga tradición de resistencia, ligada a un vivo sentido liberal-
patriótico. Su resistencia –al cacique, al Estado, y a la hacienda- acarreaba una
afirmación -a veces elocuente- del valor moral y colectivo de la comunidad, basado
en memorias y mitos históricos… Esta apelación al pasado, muy común en el
discurso campesino, marcaba no una nostalgia atávica, sino una memoria colectiva
y un cálculo racional, pragmático e inteligente.” (Knight, 1998: 35-36). Los
testimonios orales nos revelan una serie de imágenes donde los sujetos responden
activamente ante la coyuntura: utilizaron las armas que el gobierno
constitucionalista les dio para un doble propósito: defender la zona de los ataques
de los grupos “rebeldes”, también llamados “zapatistas”, y para enfrentarse con los
celadores de las haciendas; al mismo tiempo se reunían en secreto para resolver los
asuntos relacionados con la demanda de restitución y para redactar los escritos que
dirigían a las instancias gubernamentales; realizaban cooperaciones de dinero
entre la gente del pueblo para los viajes que hacía la comisión a la ciudad de
Córdoba y organizaban faenas para apoyar el trabajo de deslinde que realizaban los
ingenieros de las dependencias gubernamentales para la reforma agraria (ver los
Fragmentos de la memoria colectiva al final del capítulo).

La lectura de este momento de la historia local nos muestra una imagen en

70
la que los pobladores de Chiltoyac se presentan como campesinos desposeídos, que
interesados en obtener tierras expropiando a las haciendas vecinas, se afilian a las
fuerzas carrancistas aprovechando el ofrecimiento de reparto agrario del gobierno
estatal de Cándido Aguilar. Al mismo tiempo, sin embargo, descubrimos una
relación ambivalente con las haciendas: reciben armas del ejército
constitucionalista para formar un frente defensivo para la ciudad de Xalapa en
contra de los grupos rebeldes y -de paso- para resguardar a las haciendas vecinas
de los ataques rebeldes. En los relatos se señala claramente que los terratenientes
tenían el monopolio de las tierras y que la formación del ejido se dio en
confrontación con ellos. El enfrentamiento directo del jefe local Jorge Martínez -
quien había sido el primer jefe del ejército carrancista en Chiltoyac- con los
hacendados, para lograr la apropiación de las tierras, está presente en el relato de
uno de sus hijos. Al recibir la orden presidencial de expropiación de una fracción de
las tierras de la hacienda de Lucas Martín, Jorge Martínez da aviso de desalojo a los
celadores y comienza a desmontar el territorio de la hacienda:

“...En aquel tiempo aquí no había ni dónde sacar un rollito de barañas


porque los terratenientes lo tenían todo, nos sacaban de las orejas si nos
descubrían en sus fincas. Entonces a mi papá, Jorge Martínez, que fue el
primero que gestionó las tierras, le dieron un comprobante, para que
viniera y empezara a tumbar árboles aquí en el cerro de Cacalotepec, todo
eso era encinera. Ahí se metió a tumbar árboles para que oyeran que ya
había permiso de desmontar, para que se dieran cuenta los del pueblo y no
tuvieran miedo de ir a traer leña, porque en ese tiempo había
guardamontes de las haciendas. Aquí en el cerro había dos guardamontes,
uno en la cumbre y otro allá en El Palenque, a la orilla de la carretera...
Entonces como ya tenía orden, les dio un plazo de 24 horas para que se
retiraran y sí, tuvieron que desocupar el lugar.”43.

En algunos documentos de la época, en los que se argumenta ampliamente


                                                                                                               

71
la solicitud de restitución, encontramos la presencia de relaciones violentas en
donde los pobladores de Chiltoyac estaban impedidos de entrar a los territorios
hacendarios a riesgo de ser golpeados y/o encarcelados: “...no teníamos la libertad
de dar un paso por sus fincas, ni mucho menos extraer alguna madera o leña seca
para uso de nuestras casas y muchos vecinos de este lugar fueron encarcelados y
remitidos a Jalapa bien presos, donde pagaban la multa...”44.

También se señala la presencia de grupos armados que obstaculizaban el


reparto de las tierras de las haciendas vecinas a los solicitantes de la localidad:
“...habiendo iniciado ante el Gobierno las gestiones encaminadas a la restitución de
los terrenos que pertenecieron al Pueblo de Chiltoyac y habiendo recibido una
contestación favorable... acontecimientos inesperados han venido a agravar la
situación: el sábado 23 del presente como a las nueve de la mañana un grupo de
cuarenta hombres bien armados y con abundante parque, penetraron al Pueblo
exigiendo armas, préstamos forzosos y allanando moradas, mostrando especial
cuidado por obtener todos los documentos que pudieran relacionarse con las
exigencias del Pueblo respecto a la restitución de terrenos...Tenemos noticia de que
tales gavillas son favorecidas por algunos hacendados de los contornos o por lo
menos, por sus empleados, pues se nos ha informado que han ido a armarse
algunos a la Hacienda de Tenampa y a la de Paso del Toro.”45

Al mismo tiempo que la lucha agraria se presenta como una lucha en contra
de los terratenientes, a partir de otros relatos orales y documentos del archivo, se
descubre que algunos pobladores de Chiltoyac establecieron alianzas con los
hacendados, en virtud de que en ocasiones aquellos los resguardaban de los
ataques rebeldes. Encontramos que alguno que otro de los que se enlistaron como
soldados carrancistas habían sido trabajadores de las haciendas -incluso fueron
                                                                                                               
44 44
[Link] Martínez, 90 años, ejidatario de la primera generación, recibió tierras ejidales muy
joven, hijo del jefe local Jorge Martínez. Chiltoyac, noviembre de 1999.
45RAN, exp. 23. 5113 (726:1), folio # 7. Oficio dirigido al C. Gobernador, firmado por Roque
Hernández, Emilio Hernández y Norberto Ortiz, en representación de los vecinos del antiguo
Pueblo de Chiltoyac, hoy Congregación del mismo nombre, perteneciente al municipio de Jalapa, 27
de enero de 1915.

72
hombres de confianza de los hacendados o administradores vecinos-. Asimismo, en
el tejido de las redes regionales se implicaban relaciones de parentesco y de
compadrazgo, lo cual incidía directamente en la dinámica de las lealtades
personales y de las filiaciones políticas con las fuerzas externas. Encontramos en
este sentido, la presencia de alianzas y filiaciones cambiantes, donde la
intencionalidad de los actores involucrados se daba, en la práctica, en función de
las situaciones coyunturales.

Al respecto, destaca el caso del jefe local Norberto Ortiz, quien a la vez que
dirigía y organizaba al grupo de solicitantes de tierra, se convertía en compadre de
Fructuoso Landa, capitán de la tropa carrancista en Chiltoyac. Por su parte, éste
último, quien fue enviado a Chiltoyac por el ejército constitucionalista en la región
para dirigir las operaciones militares en la zona, era pariente de la dueña de la
hacienda Lucas Martín. Esta relación, que se dio en el momento en que iniciaba el
proceso de expropiación de las tierras de esta hacienda y el reparto agrario al
interior de la localidad, fue un detonador para el surgimiento de grupos
contrapuestos y conflictos locales.

En 1917, en el marco de las averiguaciones que las autoridades agrarias


realizaban en torno a las antiguas tierras del pueblo, el agente de la Comisión Local
Agraria del estado informó al presidente de la misma acerca de las actitudes de
Norberto Ortiz, quien –se dice en el informe- “...está sugestionado y es
incondicional de su superior, el Capitán Fructuoso Landa, que ha absorbido el
militarismo y por tanto ve con malos ojos a los civiles de ahí, hasta el grado de
ponerles restricciones para la repartición proporcional de tierras. Este individuo –
refiriéndose a Norberto Ortiz-, como es a la vez Subteniente y Presidente del
Comité Ejecutivo de repartición de tierras, es el árbitro y obra en todos los casos de
acuerdo y por mandato de su Jefe, sin preocuparse por la atención de otras
autoridades. Su jefe, el Capitán Fructuoso Landa, que tal parece es pariente o
hermano de la actual dueña de esos terrenos, quizá por parar el golpe de que al
abrir las averiguaciones correspondientes se compruebe que Chiltoyac ha tenido
Ejidos y que por lo tanto, tengan todos los que poseen hoy terrenos que hacer a la

73
postre la devolución de los mismos, se ha apresurado al parecer con fines altruistas
a darle al Pueblo determinada cantidad de terreno... que esa donación se hizo del
conocimiento del C. Presidente de la República...”. A continuación solicita la
autorización para proseguir con las averiguaciones y pide que Norberto Ortiz sea
removido del cargo de Presidente del Comité Ejecutivo, y que “...ese señor Capitán
Landa deje en completa libertad de acción los asuntos que de ahí son extraños
enteramente a su empleo, pues entre otras cosas, cuando llegó a ese pueblo le dijo a
los vecinos: -aquí, el que no sea militar, el que no tome conmigo las armas, no tiene
ningún derecho ni debe exigir ni pedir tierras...”. Finalmente señala que las
averiguaciones son todavía incompletas porque el propio Norberto Ortiz no le ha
proporcionado los documentos que amparaban la posesión de las tierras del
pueblo.46

A partir de su relación de compadrazgo con el capitán del ejército


constitucionalista, Norberto Ortiz establece relaciones cercanas con la dueña de la
hacienda Lucas Martín, lo cual tiene implicaciones importantes a nivel de las
políticas locales, es decir, de los conflictos y luchas de poder a nivel local. En los
testimonios orales y en los documentos escritos encontramos la presencia de
elementos que nos permiten inferir que en algún momento este personaje se
identifica con los intereses de la hacendada, traicionando, de esta manera, la causa
colectiva original de la lucha por la expropiación de las tierras a los terratenientes.
Sin embargo, su hija nos relata la manera en que Norberto Ortiz se negó a recibir
las gratificaciones ofrecidas por parte de la dueña de la hacienda Lucas Martín a
cambio de suspender los trámites de expropiación de tierras, argumentando frente
a la hacendada, que el asunto de la solicitud de tierras era colectivo y que él no
podía tomar una decisión individual al respecto. De ninguna manera se pretende
llegar a una conclusión verídica en relación con los acontecimientos descritos, ni
mucho menos de juzgar al personaje, sino de entender que la lucha agraria a nivel
local involucra a diferentes categorías de actores sociales –a una población

                                                                                                               
46RAN, exp. 23. 5113 (726:1), folio # 97, Informe dirigido al Presidente de la Comisión Local Agraria
por parte del Agente Propagandista, Manuel Jiménez, Xalapa, Ver., 1 de noviembre de 1917.

74
heterogénea de campesinos disputando intereses, proyectos y espacios políticos-,
entre los cuales se crean situaciones de tensión y conflicto, como parte del proceso
hegemónico a nivel de la comunidad. Vemos a la “política entre ellos” (Ortner
1995) como un aspecto fundamental en la reconstrucción de la comunidad, lo cual
se verá de manera más clara cuando analicemos en el siguiente apartado la forma
en que a nivel local se experimentó el reparto agrario.

Resulta paradójico descubrir que al mismo tiempo que la lucha agraria se da


en el contexto de conflictos y tensiones entre ellos, se presenta en la memoria de los
pobladores como un asunto de interés colectivo en el que participa la comunidad
en su conjunto y en el que cada miembro se involucra de acuerdo a su posición
social, a sus intereses y como una decisión personal, incluyendo a aquellos se
quedaron al margen por miedo –de tomar las armas-. En los relatos encontramos
diversas imágenes que nos muestran a la banda local de músicos recibiendo al
presidente Carranza en una localidad cercana a la ciudad de Xalapa, a las mujeres
preparando comida para los ingenieros de la comisión agraria que llegaban a
realizar el deslinde del territorio ejidal, a los personajes con mejor situación
socioeconómica colaborando con dinero para las comisiones a ciudades lejanas o
prestando sus mejores caballos a los ingenieros. En suma, vemos que a través de la
memoria se construye una imagen que nos muestra a una población unida en la
lucha por un interés común que es la tierra.

1.5.- El régimen ejidal de tenencia de la tierra en Chiltoyac

La reforma agraria implementada por el Estado en los años posteriores a la


revolución ha tenido gran trascendencia en la configuración de los procesos rurales
en México. Entre 1915 y hasta antes de la promulgación de la Nueva Ley Agraria, se
distribuyeron 95 millones de hectáreas entre más de 3 millones de pobladores
rurales y 28 mil comunidades en todo el país (Atlas Ejidal, 1991). De tal manera
que en los últimos setenta años gran parte de los campesinos mexicanos ha
construido sus espacios locales y sus estilos de vida al interior del sistema ejidal. El
ejido, en tanto sistema social de tenencia de la tierra, fue la institución fundamental

75
a través de la cual el Estado llevó a cabo la reforma agraria47. De acuerdo con la
legislación agraria de 1917, las tierras ejidales pertenecen a la nación y al Estado
que, como su legítimo representante, otorga a las comunidades y a sus miembros el
derecho de usufructo sobre la tierra. En Veracruz el reparto de tierras alcanzó
grandes proporciones, especialmente en su región central, donde la mayor parte de
las tierras fueron dotaciones concedidas a las comunidades campesinas antes de
1940.48 (Baitenmann, 1997; Cambrezy, 1992; Skerritt, 1996). En base a esta forma
de tenencia de la tierra, se han configurado contextos locales en los cuales la tierra
ejidal ha jugado un papel central en los procesos de reproducción, tanto material,
como simbólica de las comunidades. En el caso de Chiltoyac, la centralidad del
ejido se ha sustentado hasta ahora, en el control de los campesinos sobre la tierra,
garantizando con ello su reproducción social.

Con la implementación del régimen ejidal, los pobladores de Chiltoyac


reiniciaron la aventura de apropiarse de un territorio bajo un régimen jurídico que
en principio resultó ambiguo. Desde que hicieron la solicitud de restitución, hasta
que la superficie total del territorio ejidal se ocupó íntegramente, los campesinos de
Chiltoyac se debatieron a nivel local en torno al problema de la forma de uso y
distribución de la tierra, a partir de los lineamiento generados en las agencias
gubernamentales -circulares, reglamentos y leyes- (Mackinlay,1991). El reparto
agrario, desde sus inicios se dio en un contexto de luchas locales por el poder, en el
cual los actores sociales se plantearon intereses divergentes y establecieron alianzas
con los distintos actores y fuerzas políticas a nivel regional.

                                                                                                               
47 El ejido es un sistema de tenencia de la tierra basado tanto en los sistemas indígenas
mesoamericanos, como en aquellos sistemas del sur de Europa en el siglo XV (Mendieta y Núñez
1981: 72-73). El término designa una unidad territorial (cuyo tamaño puede variar en un rango de
100 a 100 mil hectáreas) creada de acuerdo a las leyes formuladas durante la revolución mexicana y
las políticas agrarias implementadas desde 1920. Idealmente las tierras ejidales deben ser
susceptibles de ser cultivadas. El ejido puede caracterizarse por una diversidad de tipos de
relaciones de producción. (Nugent and Alonso 1994: 209-210)
48 De acuerdo al Atlas Ejidal, en 1990 había más de 3,337 ejidos y comunidades agrarias en
Veracruz, siendo el estado con mayor número -seguido por Michoacán que tiene menos de dos mil-.
El número de ejidatarios en la entidad es de 235,000. En la región Xalapa-Coatepec había 73 ejidos
con 8 mil ejidatarios.

76
La organización local del sistema ejidal se fue configurando en diferentes
momentos que marcan coyunturas, a partir de las cuales se fue delineando la
marcha del proceso de reforma agraria en Chiltoyac. El reparto de tierras fue un
proceso lento que se inició casi inmediatamente después de la solicitud de
restitución, en 1915-16, cuando se decide la expropiación de tierras de la hacienda
Lucas Martín. En respuesta a una circular expedida por el Gobierno del Estado,
para dar cumplimiento al Decreto General de Tierras de la Ley Agraria del 6 de
enero de 1915, las autoridades locales encargadas de realizar el reparto provisional
de las tierras expropiadas49, junto con los ingenieros de la Sub-Comisión Agraria
del Estado, iniciaron los trabajos encaminados a la delimitación del territorio ejidal
y al reparto de parcelas entre los jefes de familia (ver el “Croquis del Ejido y Fundo
Legal del Pueblo de Chiltoyac”, donde se marcan las primeras delimitaciones del
ejido). En el primer reparto agrario que se llevó a cabo se hizo la delimitación de 16
fracciones de terreno -“parcelas”- de 10 hectáreas cada una. Cinco de estas
fracciones se repartieron entre 26 beneficiarios por medio de un sorteo, los cuales
ocuparon individualmente fracciones de 1/2 o 1 hectárea; destacan los casos de
Maximino Cuevas –miembro del Comité Particular Ejecutivo de Chiltoyac- y de
Vicente Amaro, quienes aparecen registrados con 7 ha. y 10 ha. respectivamente, lo
cual es indicativo de un proceso de acaparamiento de tierras por parte de
personajes con cierto poder económico a nivel local y regional durante los primeros
años de la reforma agraria. En los testimonios ambos personajes aparecen como
gente de dinero; Maximino Cuevas también es llamado cacique y Vicente Amaro

                                                                                                               
49La instancia local responsable de la delimitación y el reparto fue el Comité Particular Ejecutivo,
órgano de representación local creado por la Ley Agraria de enero de 1915 (circular # 22) para
manejar los procesos de solicitud de tierras (Baitenmann, 1997). En el momento del informe, los
miembros de este comité eran Maximino Cuevas, Pascual Ochoa y Guadalupe Oliva- y el delegado
de la Junta de Administración Civil o también denominado “representante de tierras”, Norberto
Ortiz. (RNA, exp.23:5113 (726.1), Folio # 32-33, Informe sobre la delimitación y el fraccionamiento
de 16 parcelas situadas en el potrero llamado “La Estanzuela” perteneciente a la hacienda de Lucas
Martín, 20 de abril de 1915). Las juntas de administración civil fueron creadas durante el gobierno
de Cándido Aguilar y sustituyeron a los ayuntamientos y a las jefaturas políticas. Estas juntas
sirvieron como catalizadores del inicio de las peticiones de tierras. En la ley agraria del 6 de enero
de 1915 se establecen los procesos operativos básicos para llevar a cabo la “restitución de ejidos y la
dotación de tierras” -expropiación y fraccionamiento en el informe mencionado-: conteo de gente
(censos), el registro de propiedades, la medición de espacios, la delimitación de fronteras; “técnicas
de poder que fueron esenciales en la construcción del Estado”. (Baitenmann, 1997).

77
era un comerciante que no radicaba en el pueblo pero que tenía intereses
económicos –fincas – y una relación cercana y cotidiana con los habitantes50.

La forma de apropiación de las primeras “parcelas” por parte de la mayoría


de los pobladores fue a través de la siembra inmediata de maíz; aquellos con
mayores recursos cercaban sus parcelas para sus animales. En el informe que las
autoridades locales presentaron, se señalaba que otras cinco fracciones o “parcelas”
no se repartían en ese momento dado que en esa época del año no era posible
sembrarlas. Otra parte de los terrenos delimitados como “parcelas” en el plano que
levantaron los ingenieros, ya estaban ocupados por los llamados “colonos”,
quienes, de acuerdo a lo señalado en el informe, sembraban desde años atrás en
esas tierras. Es muy probable que se trate de arrendatarios de las tierras de la
hacienda expropiada51. De acuerdo con la información oral, la cantidad de tierra
dentro del ejido que inicialmente ocupó cada uno de los vecinos de Chiltoyac
individualmente se dio en función de las posibilidades de sembrarla y/o cercarla, es
decir que aquellos que tenían animales y dinero para cercar fracciones de terreno
dentro del territorio ejidal se apropiaron de mayor cantidad de tierra52.
En el censo agrario levantado en junio de 1918, se indica la extensión de
terreno ejidal que tenía cada uno de los 135 empadronados en esa fecha: 37 jefes de
familia poseían extensiones mayores a una hectárea, 27 manifestaron no tener
tierra ejidal y el resto -71- ocupaba superficies menores a una hectárea53. En ese
momento de la reforma agraria ellos utilizaban la tierra para siembras de maíz en
pequeña escala y otros cultivos asociados para la subsistencia de la familia. Las
                                                                                                               
50 El Sr. Olegario Rosas (75 años), nos relata que “Don Vicente Amaro”, le compraba la cosecha de
naranjas a su padre y la llevaba a vender a la ciudad de México. La trasladaban en burro hasta la
estación de ferrocarril más cercana que estaba en la localidad de Banderilla, ubicada en lo que ahora
es la carretera federal Xalapa-México. Por su parte, la Sra. Casimira Cortés (89 años) me informó
que sus suegros vivían “arrimados en una finca de don Vicente Amaro…”.
51RNA, exp.23:5113 (726.1), Folio # 32-33, Informe sobre la delimitación y el fraccionamiento de 16
parcelas situadas en el potrero llamado “La Estanzuela” perteneciente la hacienda de Lucas Martín,
presentado por los ingenieros de la Sub-comisión Agraria del Estado (Enrique de Silva, Ignacio
Cortés y Otoniel Aguirre), 20 de abril de 1915.
52Entrevista con el Sr. Olegario Rosas, 75 años, Chiltoyac, agosto de 1998.
53 RAN, exp. 23:5113 (726.1). Padrón del Censo Agrario de la Congregación de Chiltoyac del
Municipio de Xalapa, documento firmado por el Representante del Pueblo, Norberto Ortiz, el
secretario, Juan Morales y el agente municipal Roque Hernández, quien a su vez era el maestro del
pueblo (información oral).

78
posibilidades de producción agrícola de estos campesinos eran reducidas. De los 37
jefes de familia que declararon poseer una superficie ejidal mayor a una hectárea
en dicho censo, destacan 11 nombres que ocuparon más de 2 hectáreas de territorio
ejidal: Norberto Ortiz (2), Porfirio Cortés (3.5), Longino Herrera (2), Fructuosa
Landa (4), Pedro Rodríguez (2), Juan Cortés (2), Carlos Molina (3). Emilio
Hernández (6), Maximino Cuevas (5), Marcelino Yoval (3), Sixto Vázquez (2). Dos
elementos destacan en esta información: la diferenciación social existente entre los
pobladores antes del reparto agrario, que se manifiesta justamente en la cantidad
de tierras que pueden ocupar y la inclusión de Fructuoso Landa, quien no era
nativo de Chiltoyac y vivía en ese momento en el poblado por motivos político-
militares. Si bien el reparto de tierras ejidales no presentaba grandes contrastes en
términos cuantitativos, la diferenciación social entre las familias que pudieron
ocupar 4 ó 6 hectáreas y las que sólo pudieron ocupar media, es grande, en un
contexto social en el que el tener un animal de carga era un indicador de bienestar
mayor54.

Varios datos son indicativos de que los jefes locales aprovecharon sus
posiciones de poder y sus relaciones con las instancias gubernamentales externas
para manipular el reparto de tierras. En el inciso anterior señalé el
condicionamiento que hacían las autoridades locales a los posibles beneficiarios
para recibir tierra del ejido -pertenecer al ejército carrancista-. El hecho de que
Fructuoso Landa, capitán del ejército constitucionalista, aparezca en la lista de
aquellos que usufructuaban fracciones de tierra ejidal en 1918, siendo que no era
nativo ni vivía en el pueblo antes de la contienda revolucionaria, es significativo.
Helga Baitenmann (1997) afirma que entre los años de 1917 a 1924, que
transcurren entre la dotación provisional y la dotación definitiva, nueve hombres
de Chiltoyac controlaban el comité agrario, la agencia municipal y la representación
                                                                                                               
54La Sra. Pilar Carrillo, al referirse al traslado de productos para su venta en la vecina ciudad de
Xalapa, me comentó que su madre le decía que “en Chiltoyac el que tenía un burro ya era rico”,.
(Sra. Pilar Carrillo, 72 años. Entrevista realizada en Chiltoyac, marzo de 1999). En el mismo sentido
podríamos interpretar cuando la Sra. Donaciana Ortiz nos relata que Emilio Hernández y Maximino
Cuevas, junto con otros tres o cuatro pobladores, “fueron los que sostuvieron los gastos del
ingeniero” y de la comisión que acudió a la localidad para hacer la delimitación del ejido.
(Entrevista con la Sra. Donaciana Ortiz, 92 años, Chiltoyac, septiembre de 1999).

79
local del “procurador de pueblos””…aprovechando sus posiciones, ellos midieron
las mejores tierras, obtuvieron beneficios personales de la explotación de los
bosques comunales y despojaron a individuos de sus parcelas.” (:85-86). En los
documentos se hace evidente el uso por parte del jefe local Norberto Ortiz de los
puestos de representación y de la fuerza armada proporcionada por el gobernador
del estado, Adalberto Tejeda, para manipular el uso de la tierra a favor de sus
intereses personales. Se lo acusa de enriquecerse con los bosques comunales, de
cobrar altos impuestos por el uso de la tierra y de forzarlos a enlistarse en la
guerrilla local: “Valido de las armas se ha impuesto de tal manera que hace su santa
voluntad y ha abusado disponiendo de los montes, los que ha explotado de manera
irrisoria, sin dar cuenta a la comuna como estaba en su deber hacerlo...” 55.

Durante estos años, la distribución del territorio ejidal se da en medio de


conflictos, en donde existen relaciones económicas y políticas desiguales entre los
actores locales, quienes en las distintas coyunturas, se plantean intereses
contrapuestos, muchas veces influenciados por las organizaciones que actúan a
nivel regional. El parcelamiento definitivo del ejido y la entrega formal de las
parcelas individuales a cada uno de los beneficiados fue en 1928. Antes de ese
momento destaca el conflicto local que tuvo lugar en torno al uso y la distribución
de la tierra ejidal, a raíz de la formación de una Sociedad Cooperativa para la
siembra de maíz en 1924.56 La disputa local en torno a la cooperativa, da cuenta de
la discusión al interior de la comunidad acerca de la forma de apropiación de la

                                                                                                               
55 ACAM exp. 36, Chiltoyac, oficio 2827, del Secretario de Gobierno quien transcribe escrito de
Abraham Oliva, agente municipal y vecinos, al Presidente de la CLA, 10 de septiembre de 1920. (en
Baitenmann, 1997: 85).
56En 1921, el presidente de la república Alvaro Obregón difundió ante las autoridades agrarias de
todo el país la famosa Circular núm. 48, a través de la cual se dieron las instrucciones para la
promoción de organizaciones cooperativas entre los beneficiarios de la tierra. Bajo la influencia de
los modelos socialistas europeos, los funcionarios agrarios replantearon sus nociones románticas en
torno al uso de la tierra ejidal, sustentadas en el ideal democrático-comunitario de las sociedades
indígenas, hacia los ideales cooperativistas, inspirados en la revolución rusa. Un año mas tarde, en
la Circular 51 se establece la obligatoriedad para todos los campesinos beneficiados por el reparto
agrario, de organizarse en cooperativas de producción y comercialización. De acuerdo con esta
circular, la tierra debía ser poseída comunalmente y trabajada colectivamente, dividiendo las
ganancias entre los individuos de acuerdo a la cantidad de trabajo que cada uno invirtiera en la
producción. (Baitenmann, 1997: 252-253)

80
tierra ejidal y de la forma en que los intereses de las facciones políticas regionales
se entretejen en Chiltoyac con las políticas internas alrededor de la tierra.
 
En el estado de Veracruz, las organizaciones agrarias, fuertemente
permeadas por la ideología anarcosindicalista y comunista de la época,
promovieron la formación de cooperativas entre los productores rurales. David
Skerritt (1996) hace un amplio análisis histórico sobre los vínculos que se
establecieron entre el movimiento obrero y el movimiento campesino veracruzano
de la época. Durante los primeros años de la década de los veinte, los militantes
comunistas veracruzanos –vinculados con el movimiento obrero- se dieron a la
tarea de promover la formación de cooperativas en el campo, siendo el
cooperativismo un aspecto central en las acciones de la Liga de Comunidades
Agrarias, la cual se formó en marzo de 1923 con el apoyo del gobernador Adalberto
Tejeda. El proyecto del cooperativismo, sustentado en “un discurso radical de torno
al uso de la tierra”, propuso la socialización de la tierra entre los campesinos, en
contraposición con las ideas liberales de la propiedad individual; estos dos
proyectos tuvieron eco en el contexto de un campesinado heterogéneo,
internamente dividido (:112).

En Chiltoyac, la sociedad cooperativa surge en un contexto en el que, como


veíamos, los jefes locales se aprovechan de su poder para manejar los asuntos
relacionados con la tierra. Dicha sociedad se formó con 43 miembros y se
destinaron 30 hectáreas de terreno ejidal para la siembra colectiva de maíz. La
pugna local en torno a esta forma de organización se describe en el relato de la Sra.
Donaciana Ortiz, como una confrontación entre sindicados y libres; los primeros
eran partícipes de la sociedad cooperativa y los segundos se opusieron a su
funcionamiento; también se dice que sus partidarios eran los comunistas. Es
interesante anotar que entre los opositores estaban los jefes locales Jorge Martínez,
Norberto Ortiz y Maximino Cuevas. En los documentos encontramos la
autodenominación del grupo opuesto a la cooperativa como los “parceleros libres”
–se señala que eran 66 los miembros de este grupo-, la cual hace alusión a su
posición en contra de la posesión comunal de la tierra y a favor de los derechos

81
individuales sobre la misma. En varios documentos se insiste en la situación
conflictiva que se vivió en Chiltoyac a raíz de la formación de la cooperativa. Se
señala que los grupos en pugna se disputaban la ocupación de las tierras,
argumentando ambos invasiones por parte del grupo contrario 57 ; los “libres”
señalan que la cooperativa les invadía terrenos que ya venían trabajando desde
1915 y que se trata de las tierras ubicadas en las planicies; sin embargo, las
autoridades agrarias informan que las tierras que ocupaba la cooperativa eran muy
pocas y que los que no se incorporaron tenían suficiente tierra donde sembrar.
Asimismo se insiste en la influencia de las disputas políticas regionales en los
conflictos en torno a la cooperativa, diciendo que la división que existe entre los
ejidatarios de Chiltoyac se debe a la cercanía con la ciudad de Xalapa, “por lo cual
van con frecuencia elementos políticos que fomentan la división”58.

Vemos de esta manera a las fuerzas nacionales y regionales - “externas”-


interactuar con las “políticas internas”(Ortner, 1995), en un contexto local
diferenciado donde la mayoría de los miembros del ejido no estaba dispuesta a
asumir formas comunales de uso de la tierra 59 . Cabe preguntarse si,
independientemente de los apoyos e intereses externos, a nivel local la disputa en
torno a la cooperativa implicaba visiones o conceptos distintos en cuanto al uso y
apropiación de la tierra.

                                                                                                               
57
“ ...un grupo de 43 ejidatarios formó una Sociedad Cooperativa, asesorada por la extinta Dirección
de Aprovechamiento de Ejidos… Desde la fecha de su instalación año tras año se suscitan
dificultades, pues unos y otros desean abarcar nuevas tierras, los ejidatarios libres pretenden
sembrar las tierras destinadas a la Cooperativa, y ésta pretende invadir otras tierras, por lo cual
tiene que estar esta oficina pendiente para proteger a unos y otros.” (RAN, exp.23:5113(726.1), folio
# 346. Dirigido al Srio. de Agricultura y Fomento, por el delegado en Xalapa 21 de febrero de 1927)
58 RAN, exp.23:5113(726.1), folio # 330. Telegrama que dirige el secretario de agricultura al
entonces presidente de la república, Plutarco Elías Calles, sin fecha.
59Helga Baitenmann (1997) afirma que la privatización de las tierras en el centro de Veracruz se dio
durante el siglo XIX y que en la región los pobladores rurales carecían de experiencias de uso
comunal de la tierra. Los productores rurales eran campesinos “libres”, es decir, pequeños
propietarios, arrendatarios, medieros, o jornaleros. La pérdida de la tierra comunal por parte de las
poblaciones, no sólo fue resultado del abuso de los terratenientes, sino también de que los líderes de
las comunidades se aprovecharon de las leyes liberales para enriquecerse a sí mismos a expensas de
las comunidades (:245). En el caso de Chiltoyac, como vimos en párrafos anteriores, la pérdida de
las tierras comunales no es tan clara; sin embargo, en algunos relatos orales se menciona que
Chiltoyac perdió su condición de municipio en 1875 en virtud de los malos manejos que de las
tierras hicieron sus autoridades.

82
La forma en que funcionó la cooperativa implicó formas colectivas de
organización del trabajo:
“Cuando todavía no se aparcelaba el ejido tenían la cooperativa, aquí, en la
cañada de El Pino... me acuerdo cuando cosechaban, conseguían costales
grandes y se repartían los costales...”.60

“...trabajaban en unión... entre todos iban a componer la tierra y entre


todos sembraban, limpiaban la milpa y entre todos la aterraban... y a la
hora de la cosecha pues ya no se convenían porque unos querían más y a
los más tontos pues les daban muy poquito... por ahí empezó la cosa de que
se dividieron y entonces fue cuando vino el ingeniero a hacer el reparto de
parcelas.”61.

Las versiones presentes en la memoria colectiva en torno al fracaso de la


cooperativa son distintas, sin embargo se complementan para descubrir la
complejidad del proceso. Se infiere en los relatos que las formas colectivas de
organización del trabajo no tuvieron éxito en virtud de que no todos los integrantes
se comprometían con igual nivel de responsabilidad; se menciona incluso al
alcoholismo como una causa de que se generaran los conflictos internos. El Sr.
Wenseslao Velázquez (80 años), cuyo padre fue miembro de la cooperativa, dice
que la cooperativa se formó,
“...para que todos los compañeros se hicieran de algo porque eran muy
pobres... Pero nunca faltan los vicios...”.

Su padre le contaba que dentro de la sociedad se formó un grupo donde todos


tomaban y todo el tiempo pedían dinero para comprar aguardiente,
“...a la hora de comer necesitaban aguardiente... y los otros, los que no
tomaban, reaccionaron diciendo: -¡qué diablos les vamos a estar
                                                                                                               
60Entrevista con el Sr. Olegario Rosas, ejidatario de la segunda generación, 73 años, Chiltoyac. Es
interesante el uso de la palabra “me acuerdo” en este testimonio, ya que es sorprendente que dicho
informante recuerde lo que pasó cuando tenía 2 o 3 años. Esto alude a la forma cómo opera la
memoria colectiva, a la forma cómo se transmiten los recuerdos y las experiencias.
61Entrevista al Sr. Gaspar Martínez 90 años, Chiltoyac, septiembre de 1999.

83
manteniendo el vicio! No nos va alcanzar el dinero para vivir, mejor aquí
la paramos...”.62

En el mismo testimonio se menciona también que la cooperativa no funcionó


porque,
“...el cacique de nombre Maximino Cuevas Mejía, que tenía mucho dinero,
juntó a su gente para hacer política... Aquellos se dirigieron a la ciudad de
México, donde las autoridades le dijeron al cacique que si les daba 300
pesos, la cooperativa se iba a la basura. El cacique se los dio. Así le
cortaron las garantías y se desunieron.”63

La Sra. Donaciana Ortiz, por su parte, hija de Norberto Ortiz, uno de los más
fuertes enemigos locales de la cooperativa, dice que los que no estaban de acuerdo
eran los señores que habían gestionado la solicitud y la expropiación de las tierras,
así que hicieron gestiones en México y “...les resolvieron favorable al grupo libre,
les prometieron la cuestión de parcelar”.

De hecho, las políticas nacionales agrarias cambiaban, en un contexto


político-institucional en el cual todavía no se definía claramente la forma que
asumiría el régimen ejidal de tenencia de la tierra en cuanto a la forma de posesión
de la misma. En 1925 el presidente Calles anula la Circular 51 y establece la ley de
parcelamiento ejidal64, lo cual indudablemente fue un factor determinante para que
la sociedad cooperativa en Chiltoyac perdiera apoyo institucional frente a sus
opositores, quienes apoyaron la nueva ley. El número de miembros de la
cooperativa apenas representaba una tercera parte de los jefes de familia censados
para el reparto agrario, lo cual implica que la mayoría de los pobladores rurales no

                                                                                                               
62 Entrevista realizada en Chiltoyac, noviembre de 1999.
63Ibidem
64Primera Ley Reglamentaria sobre Repartición de Tierras Ejidales y Constitución del Patrimonio
Parcelario Ejidal (diciembre de 1925), en la que se postula la división de la tierra en dotación entre
parcelas individuales. La tierra cultivable permanecería inalienable, y los bosques y pasturas
permanecerían en posesión y uso comunal, la ley fue diseñada para promover la privatización de las
parcelas ejidales y en contra del agrarismo radical del gobernador de Veracruz, Adalberto Tejeda.
(Baitenmann 1997:111)

84
estaban dispuestos a asumir formas colectivas de organización del trabajo y de uso
de la tierra, y más bien estaban esperando la división de la tierra ejidal en
fracciones individuales. Incluso muchos de ellos estaban dispuestos a pagar por los
terrenos recibidos, lo cual se infiere del comentario de un informante en donde se
dice que los jefes de familia no quisieron que les diera más tierra en lo individual
porque pensaban que entre más tierra ocuparan más tendrían que pagar65; lo cual
tampoco estaba definido claramente en la legislación agraria a nivel nacional.66

En los documentos de la época se registra una continua insistencia por parte


de los ejidatarios de Chiltoyac a las autoridades agrarias para que se haga el
parcelamiento. La ocupación individual de la tierra se fue dando paulatinamente
desde el primer reparto en 1915-16. La mayoría de los beneficiarios ocuparon
inmediatamente fracciones pequeñas del territorio ejidal, como se observa en el
censo agrario de 1918, donde se registra que 108 jefes de familia usufructuaban
fracciones pequeñas del territorio ejidal. En gran medida, sobre la base de esta
ocupación se llevó a cabo el parcelamiento formal en 1928. No sabemos con
exactitud si las fracciones de tierra que previamente se habían estado ocupando de
manera individual fueron respetadas en el reparto formal, sin embargo los
informantes así lo manifiestan cuando nos relatan las historias individuales del
parcelamiento:
“...a mi papá le tocó un pedazo de falda de cerro, esa fue la primera finca
de café que hicimos cuando todavía vivía él, antes de que parcelaran...
sembramos café y plátano, teníamos como quinientas matas de plátano.
Cuando vinieron a parcelar, que vino el ingeniero, ya las teníamos y todo
lo que estaba sembrado se respetó, por eso nos la dejaron”.67

                                                                                                               
65Entrevista con el Sr. Olegario Rosas, 73 años, Chiltoyac, julio de 1998.
66El debate sobre si debían o no pagar los beneficiarios se dio desde la primera ley agraria en 1915
hasta 1945, año en que se expidió una ley donde se estableció la transferencia libre de pago de las
tierras ejidales a los pueblos. Helga Baitenmann comenta que la razón principal de que no se
implementaran las leyes acerca de que los beneficiarios estarían obligados a pagar por la tierra fue
que para que los ejidatarios pagaran sus indemnizaciones deberían recibir formalmente las parcelas
de tierra fraccionadas. (1997:78)

67Entrevista con el Sr. Cándido Martínez, 89 años, Chiltoyac, agosto de 1999.

85
La apropiación inmediata de tierras se dio a través de la siembra de maíz,
cultivo que permite mayor movilidad en la ocupación física de la tierra que la
plantación de cafetos. En el caso del conflicto de la cooperativa, la movilidad en la
ocupación física de la tierra en la siembra de maíz, nos hace pensar que es probable
que algunas de las fracciones que habían sido previamente ocupadas por “libres”
hayan quedado dentro de los límites de las 30 hectáreas adjudicadas para la
sociedad. El conflicto sobre esas tierras en particular también se explica por la
ubicación topográfica y la calidad de las mismas; se trataba de tierras altamente
valoradas por los pobladores; los llamados “planes” que en el lenguaje local se
utiliza para denominar a las superficies de tierra ejidal que se ubican en las partes
más planas del territorio.

En el acta de repartimiento se señala que el fraccionamiento de las partes


laborables del ejido se hizo en dos zonas del ejido y se repartió a cada ejidatario una
superficie de terreno en cada una de las zonas: 3,750 metros cuadrados en la zona
de humedad, llamada también de “tonalmil” y 1.0518 ha. en la zona de temporal,
donde se encuentran los “planes”. El parcelamiento incluyó 135 parcelas que fueron
entregadas a 87 ejidatarios que figuraban en el censo y a 48, que sin figurar en el
censo también “tenían derecho a parcela”68. En el reparto de tierras se incluyó a
varones que no eran nativos de Chiltoyac; entre ellos se encontraban algunos que
se habían adscrito como soldados en el pelotón del ejército constitucionalista en
Chiltoyac, lo cual no quiere decir que esto fuese una condición necesaria para
recibir derechos agrarios en el ejido. Hay casos que nos ilustran acerca de la forma
cómo se crearon los derechos para recibir parcelas por parte de los inmigrantes.
Los casos del esposo de la Sra. Donaciana Ortiz y el del abuelo de la Sra. Pilar
Carrillo, quienes recibieron tierra durante el reparto, siendo ambos inmigrantes del
estado de Puebla (primos hermanos, al parecer), son contrastantes, ya que el
primero perteneció al batallón de Chiltoyac y el segundo no se incorporó como
soldado. El esposo de la Sra. Donaciana, Próspero Burgos, era originario del estado

                                                                                                               
68RAN, exp. 36, folios # 39-43, Acta de Repartimiento, 5 de mayo de 1928.

86
de Puebla, hijo de comerciantes-arrieros, “vendían rebozo, zarape y mercería”;
creció en Chiltoyac junto con su madre -viuda- y algunos otros parientes que
también emigraron y se establecieron en Chiltoyac alrededor del año de 1910. Fue
soldado carrancista y doña Chanita dice que le dieron tierras “por su servicio”; se
infiere de su relato que siendo gente de fuera, no originaria, la única manera de
legitimar su derecho a tierra era el pertenecer a las fuerzas armadas locales. En
contraste, el abuelo de la Sra. Pilar Carrillo, primo hermano de aquel, no se
incorporó como soldado pero fue contemplado en el reparto de tierras junto con
sus dos hijos mayores de edad. Refiriéndose a esta familia, la Sra. Donaciana nos
dice: “...en el primer reparto no los reconocieron, luego les dieron tierras para
sembrar, en el segundo reparto... Y todos ellos se han portado bien...”69. Esta
última expresión, “y se han portado bien”, alude a su participación como miembros
de la comunidad, principalmente cumpliendo con las cooperaciones comunitarias -
ayuda a los vecinos necesitados en velorios, enfermedades- y participando en las
faenas -trabajo colectivo para el bien de la colectividad-, aspecto fundamental en la
construcción del sentido de pertenencia a la sociedad local. Se desprende, a partir
del análisis de los casos aludidos en la información oral, que uno de los elementos
fundamentales que normó el reparto de tierras, durante estos primeros años, fue la
convivencia al interior de la comunidad, factor central en la construcción del
sentido de pertenencia y del derecho agrario.
A pesar de que algunas familias como las del ejemplo anterior habían
inmigrado a la localidad, hacia fines de los años veinte Chiltoyac había perdido
población70: de acuerdo a la información proporcionada por algunos informantes,
cuando llegaron los ingenieros a entregar las parcelas había poca gente en
Chiltoyac y para llenar los 135 lugares que se habían registrado en el censo se
                                                                                                               
69La Sra. Donaciana Ortiz hace referencia dos repartos: el primero fue el que se dio inmediatamente
después de la solicitud de restitución; el segundo fue en 1928, año en que las autoridades agrarias
acuden a Chiltoyac a hacer el parcelamiento definitivo y la entrega formal de las parcelas.
70 A partir de 1885 y hasta 1930 la localidad de Chiltoyac registra una tasa negativa de crecimiento

demográfica, pasando de 1,058 habitantes en 1885, a 852 en 1910 y a 705 en 1930. Entre los factores
que propiciaron este comportamiento demográfico se encuentran los siguientes: 1. En 1885
Chiltoyac pierde su condición de municipio; 2. En 1924 se presenta una plaga que propicia una
fuerte crisis agrícola –la llamada “plaga de la langosta”; 3. A nivel regional se da un proceso de
redistribución demográfica, presentándose un movimiento poblacional de las partes altas hacia la
costa, acorde con un incremento en los asentamientos rurales debido al reparto de tierras ejidales
(Hernández, 1996; Skerrit, 1989)

87
anotaron menores de edad71. Según un informe del ingeniero encargado del ejido
de Chiltoyac, en 1930 muchos productores agrícolas habían huido del pueblo hacia
otros ejidos o haciendas. El 70 u 80 por ciento de los residentes se dedicaban a la
alfarería dejando mucha de la tierra del ejido sin cultivar o rentándola a los
pobladores de pueblos vecinos. Si tomamos en cuenta que el total de la superficie
ejidal dotada a los habitantes de Chiltoyac fue de 1350 hectáreas, podemos
observar que la superficie ejidal parcelada ocupó únicamente el 15 por ciento de la
superficie total del ejido. El 85 por ciento restante del territorio quedó sin parcelar.

En el siguiente capítulo veremos la forma cómo esta superficie “sobrante”


del territorio ejidal – también llamada “comunal”- fue siendo ocupada por los
ejidatarios y por sus hijos. Vemos cómo las formas de apropiación de la tierra
respondieron a las estrategias cambiantes de reproducción de las familias
campesinas de la localidad a lo largo de la historia ejidal y la dinámica de gestión y
distribución de la tierra alrededor de una noción que concibió al ejido a la vez como
patrimonio familiar y como territorio colectivo de la comunidad. A raíz de la
nueva ley agraria implementada por el Estado a partir de 1992, que sienta las bases
para el desmantelamiento del ejido, es pertinente preguntase acerca de las
respuestas que los ejidatarios despliegan como producto de su historia local. En
este sentido, veremos la manera cómo la memoria histórica actúa sobre el presente
y a la lucha agraria proyectarse como símbolo que actúa de manera un tanto
contradictoria: por una parte legitima la diferenciación social al interior de la
comunidad y por otra construye una noción de la tierra ejidal como patrimonio de
la comunidad, moldeando las respuestas de los ejidatarios frente a la reforma
ejidal.

                                                                                                               
71Entrevista con el Sr. Silviano Ortiz, 75 años, Chiltoyac agosto de 1999. En este caso se encontraban
los Srs. Cándido y Gaspar Martínez, quienes recibieron sus parcelas siendo muy
jóvenes.(Entrevistas citadas).

88
1.6.-Fragmentos de la memoria colectiva

Aquí en los tiempos del zapatismo se armó el pueblo...


Los zapatistas eran malos, la primera vez que vinieron estábamos por entrar a la
escuela, era yo chiquilla, todavía vivía mi mamá y en eso que llaman para la
escuela y ahí estaba el maestro, don Roque Hernández que en paz descanse... era
un joven flaco, limpiecito, delgado, blanco, porque él no trabajaba en el campo,
era sastre y era maestro de música, tocaba muy bonito el clarinete... Estaba
parado en la puerta esperando que fueran las ocho... nosotros estábamos
jugando, cuando vemos que empezaron a entrar bastantes hombres, por todas las
entradas del pueblo... no eran soldados, no estaban uniformados, nada más con
carabinas... nosotros éramos chiquillos, nos quedamos paradillos en la puerta y
al maestro que estaba parado ahí lo agarraron y luego y luego que se meten para
adentro. Y nosotros que estábamos entrando a clase no sabíamos qué pasaba,
nomás veíamos que se llenaba la plaza de gente.
Esa fue la primera vez que entraron los zapatistas al pueblo, robaron en
las tiendas y se llevaron a 20 hombres, se llevaron al maestro, a dos mozos de
Antonio Rivera, que era dueño de una tienda... esos llevaban agua que estaban
acarreando... pues que los agarran y los amarran también, se llevaron al sastre.
A los 20 los amarraron, con las amenazas de que los iban a fusilar: “a estos los
vamos a fusilar porque son carrancistas”. Se los llevaron y los colgaron a una
higuera... ahí donde están esos paredones que nadie vive... quien sabe si todavía
esta esa higuera, hace mucho que no voy por ahí...
Ese día los zapatistas robaron en todas las tiendas: mangas de hule, ropa,
zapatos, sombreros... se metieron en las casas a robarse lo que pudieron de ropa,
machetes, morunas, sombreros, rebozos, pantalones, lo que pudieron... porque no
andaban uniformados, los zapatistas andaban con pantalones de esos de dril que
le nombraban y camisa de manta. Eran los zapatistas de Roberto Cejudo, ese fue
el que entró aquí por primera vez...Y los de aquí pidieron refuerzo a Xalapa y
corrieron a los zapatistas y se fueron, dejando tiradas todas las cosas que se

89
habían robado. Y de los que estaban colgados en la higuera ninguno se ahorcó,
porque uno de ellos, un señor que se llamaba Pedro, dicen que no lo amarraron
bien y como se fue aflojando sacó una navaja y con esa se cortó el mecate y los
salvó a todos.
La gente se mantenía haciendo ollitas, eso era todo lo que teníamos. Iban a
vender a Banderilla y a Naolinco, ahí había mercado, había plaza los sábados y
los domingos, porque Xalapa era un mercado muy chiquito. Entonces, con eso de
que los rebeldes andaban ahí, rondando por el malpaís, el pueblo estaba haciendo
movimiento y juntas. Y hacían juntas por la petición de terrenos, que no teníamos
ejido, todo era de los terratenientes... Y como el gobierno ofreció tierra y libertad
pues Chiltoyac aprovechó de hacer una solicitud que quería tierra. Esto fue a fines
de 1914... yo era chiquilla y eso era lo que me contaba mi papá... Entonces
solicitan las armas y se las da el gobierno y se arma la bola de hombres aquí.
Esto es lo que les cuento fue antes de1916, porque en ese año se murió mi
mamá. Entonces mi papá nos decía: “…hija, no tengas miedo porque yo, si viene
la revolución, me voy a ir de soldado, voy a coger la carabina... pero ustedes se
quedan con su mamá y escóndanse por donde Dios les ayude, donde les digan que
se van a esconder se van y obedezcan, no lloren, pa’que no hagan bulla...
Ahí donde vivía Agustín, ahí vivimos en ese tiempo, yo era chiquilla... no tan
chiquilla, como 7 años, porque yo me acuerdo que decía mi papá: “estense
calladitos por favor mientras estamos platicando, jueguen sin estar haciendo
bulla, va haber junta, no quiero escándalo…”.
Se juntaban los que no tenían miedo, los que estaban decididos a defender.
Las juntas las hacían para solicitar tierras, porque no teníamos ejido, a
escondidas, sin luz, en una casa particular ahí atrás de la casa de la maestra
Pastrana, ahí hacían las reuniones, calladitos... Y escribían con mucho cuidado
para presentarse a la gobernación en Córdoba. Iba una comisión de dos hombres
o tres, según la cooperación, porque no había sueldo, como peones ganaban tres
reales, de aquí a la hacienda de Tenampa o Almolonga, ¡hágame el favor!!!! 36
centavos ganaban diariamente por una tarea o por día....
Antonio Rivera, Felicitas Garrido, Leonarda... Emilio Hernández, Pascual
Ochoa... esos eran los que ayudaban con cooperar para las comisiones. Los Ochoa

90
tenían sus finquitas, ya era de edad el señor, su mamá de ellos era muy viejecita
pero los heredó a sus hijos y tenían... Emilio Hernández igual, como lo ves hasta
la fecha tiene sus cosas todavía... dicen que Amaro tenía sus fincas y su casa,
también Gaspar López y Antonio Rivera...
Mi papá era del comité, no había comisaría, todavía era un comité, así
decían los oficios que le giraban a mi papá, Comité Particular Ejecutivo, era un
grupo para responder por todos los gastos que se estaban haciendo por las
comisiones a Córdoba... y las comisiones no podían ir seguido porque los
zapatistas descarrilaban el tren, aquí, por Veracruz... Entonces fíjese usted que
hacían las juntas muy escondiditas, oscuro... hacían un borrador del escrito con
una velita y para mandarlo a Córdoba ya lo pasaba el secretario, don Roque
Hernández, el maestro, el papá de Luis Hernández... ese hacía los escritos a
mano, no había máquina... En 1915 fue la solicitud y se armó el pueblo, por temor
a los rebeldes... Entonces hacían las reuniones en la casa de mi papá. Norberto
Ortiz Herrera era mi papá, otro era Jorge Martínez, otro Carmen Cortés... y
Eugenio Ortega, Emeterio Ortega, Emiliano Hernández... porque no todos
quería... Muchas aquí no quisieron, no querían entrarle a eso de expropiarle a los
terratenientes, muchos tenían miedo y otros no y con esos poquitos le entraron.
Por eso unos se quedaron viendo que no les tocó tierras y ya después hicieron otra
petición, viendo que ya por donde quiera se extendió eso de expropiar a los
terratenientes, entonces Chiltoyac hace otra solicitud. Entonces ya fue muy
distinto, ya todos tenían maíz, frijol, pipiana, calabacitas... porque el fundo legal
era muy chiquito y la mayor parte de la gente no tenía donde sembrar…72

Así dicen, que Zapata dio las tierras...


...pero a nosotros los zapatistas nos vinieron a quemar la casa... la casa que tenía
mi papá, donde vivíamos con mi mamá, nos la quemaron... de la agencia para
allá juntito había una tiendilla, allí vendía una señora que se llamaba Agustina
Medina, vendía cosas y vendía petróleo, pues ahí vinieron a sacar los zapatistas

                                                                                                               
72Relato creado a partir de las entrevistas realizadas con la Sra. Donaciana Ortíz (92 años),
Chiltoyac, septiembre de 1999 a febrero del 2000.

91
unas latas de petróleo y que van y le queman la casa... Esa noche no dormimos
ahí, toda la gente dormía en las fincas... Uh! en la mañana, en la madrugada, que
oímos el tropelazo de caballos y la llamarada... estaba ardiendo la casa...
La gente no dormía aquí, todas las noches se iban a dormir a donde fuera,
arriesgando que le fuera a picar una nauyaca o un coralín... Entonces mi papá
empezó a arreglar que les dieran armas, empezó a conseguir a algunos de aquí y
si les dieron, 11 carabinas… entonces eran de un tiro, eran los rifles grandotes y
bueno ya con eso ya no volvieron a entrar los rebeldes aquí, porque después el fue
a rendir informes a Xalapa, el había buscado para darle las armas a 11... me
acuerdo que uno se llamaba Policarpio Salazar y el otro se llamaba Alejandro
Sánchez, Pedro Rodríguez, Santiago Ortíz, Luis Hernández, Abraham Oliva, Feliz
Oliva, Luciano Oliva, fueron los que agarraron las primeras armas, porque la
gente, todos los viejitos tenían miedo...73

Aquí no teníamos donde sembrar...


...Sufríamos... Una situación triste, una pobreza y nomás la loza, y toda la gente
con piojos, éramos muy pobres, almorzábamos y ya casi no cenábamos porque no
había tortillas. El pueblo no tenía tierras, no había fincas ni cañal. Juntábamos
barro por ahí por la barrera. En ese tiempo nomás de la alfarería, eran alfareros.
Mi mamá era alfarera, pero ella nomás se dedicaba al comale. Había un barro
muy bueno, muy finito, allá por la Tembladera y salía la loza muy buena. El
pueblo era muy chico. Entonces las casitas eran muy humildes, se hacían de hoja
de caña y de jonote de plátano74. En ese entonces no hablaban como ahorita,
hablaban el mexicano... bueno eso me lo platicó mi papá...
Iban a las juntas hasta Córdoba, caminando, para demandar la tierra…
estaban gestionando el ejido. Iban porque a veces llegaba el presidente allá.
También iban a México, caminando, de día y de noche. Se ponían cinco
sombreros, cuatro chaquetas, cuatro pantalones y se iban a la junta, sin comer,

                                                                                                               
73Entrevistas realizadas al Sr. Candelario Martínez, Chiltoyac, septiembre de 1999.

74Se refiere a la cáscara del tallo del plátano.

92
sufriendo mucho para adquirir el ejido. Una vez que vino la orden presidencial,
cuando se le dio el ejido al pueblo, sintieron bonito.
En una ocasión en que vino Venustiano Carranza a Xalapa pues citó a los
de aquí, lo fueron a alcanzar a Banderilla. Chiltoyac se adelantó a darle la
bienvenida con la música, entonces había una banda de la iglesia, con saxofón y
tambor y al presidente de la república le dio gusto y dijo: -No tengan cuidado
Chiltoyac, que sí van a tener su ejido. Sí se les va a conceder, pero con calma.
Entonces fueron a otra junta y ya les dijeron que les iban a quitar a los
hacendados... Los hacendados tenían celadores con carabina y moruna, cuidaban
vacas y cuidaban el monte, no se podía cortar ni un palo, ni leña... El presidente le
dio al pueblo 11 carabinas y les dio la orden presidencial: -“ahorita me sacan a
todos los celadores”. Jorge Martínez, que era mi tío, le dijo a un celador que se
llamaba Nacho Álvarez: -Por favorcito don Nachito, tiene usted media hora para
irse, vamos a Chiltoyac y regresamos, si lo encontramos cuando regresemos
tenemos la orden de matarlo...
Cuando llegó la orden presidencial pusieron los linderos y les recortaron a
los ricos… El ingeniero fue poniendo mojoneras para señalar los linderos del ejido
de Chiltoyac.
En ese tiempo me contó mi papá que no había mucha gente... el pueblo era
muy pequeñito y para completar los 134 ejidatarios... porque había que hacer una
lista para el gobierno... ¡hasta a los niños y a un niña les tocó parcela!!! Para
abarcar más tierra hasta pusieron chamacos que tenían derecho a parcela. Y
había amenazas: “no apunte usted a los niños porque los van a freír en aceite”... a
esos no les tocó. A mí no me tocó parcela, todavía no nacía yo.
Yo nada más sé lo que me dijo mi padre, porque él fue un fundador del
ejido... Cuando vinieron los ingenieros pues se fueron parcelando los terrenos:
primero sacaron 5 parcelas en El Ranchito, de ahí se fueron parcelando a El
Pedregal, de aquel lado del río, toda Arquería se parcelo... Y así se fueron
parcelando las tierras de abajo. Por la parte de Tonalmil también se hicieron
parcelas numeradas. Así quedaron marcadas las parcelitas para los 134
ejidatarios, pero como el ejido es grande y quedó bastante terreno sin parcelar:
montes, barrancas y cerros, pues dijeron, “aquí es para la gente que va a nacer”,

93
entonces de ahí venimos nosotros, los libres. Y algunos tenemos más tierra que los
que tienen parcela. Los ejidatarios auténticos se quedaron con poquita tierra,
eran hombres que no sabían ni trabajar75.

                                                                                                               
75Relatocreado a partir del conjunto de entrevistas realizadas al Sr. Silviano Ortiz, comunero, 75
años, Chiltoyac, septiembre de 1999 a julio del 2000.

94
CAPÍTULO II
LA POLÍTICA AGRARIA Y LOS PROCESOS LOCALES DE
APROPIACIÓN DEL TERRITORIO EJIDAL

Desde que se decreta la primera ley agraria en 1915 hasta 1943, cuando se establece
el código agrario que rigió al ejido hasta hace pocos años (1992), la modalidad
ejidal de tenencia de la tierra se fue construyendo y reconstruyendo
permanentemente, como concepto al interior del Estado, y en las prácticas sociales
a niveles locales y regionales. Desde la perspectiva del Estado, el ejido fue
concebido como un medio para redistribuir la tierra entre la población rural
desposeída, a la vez que se consideraba como una vía para estimular la producción
agrícola. La normatividad oficial del régimen ejidal de tenencia de la tierra fue
definida en un contexto de disputa entre las diferentes facciones de la contienda
revolucionaria y posrevolucionaria, al interior de un proceso complejo de
construcción del Estado (Baitenmann, 1997; Joseph y Nugent,1994; Katz,1999;).
Durante los primeros años, el debate al interior de las instancias gubernamentales
giró en torno a considerar el ejido como un momento de transición hacia la
pequeña propiedad privada de la tierra o constituirlo en una modalidad de
propiedad colectiva legalmente reconocida (Janvry, [Link]., 1997; Mackinlay,1991).

Al quedar institucionalizado como forma de tenencia social de la tierra se


instrumentaron los mecanismos específicos y la normatividad legal, quedando
establecido un modelo oficial para la regulación y la administración de los ejidos; se
implementaron las reglas de acceso a la tierra, las formas de organización y las
características de los derechos de los ejidatarios sobre la tierra. Sin embargo, sobre
la base de la normatividad oficial, el sistema ejidal de tenencia de la tierra ha sido
redefinido en los contextos locales a partir de procesos específicos de apropiación
local de la tierra. Las formas locales de organización ejidal se fueron configurando

95
como resultado de una interacción permanente entre el modelo oficial y las
prácticas sociales cotidianas de los actores locales (Nuijten,1992 y 1998). Otros
estudios han caracterizado al ejido como una arena social de disputa y negociación
local en torno al acceso a la tierra y otros recursos, a través de la cual los pobladores
rurales han expresando históricamente formas cotidianas de resistencia frente al
poder estatal (Zendejas, 1995; Zendejas y Mummert, 1998).

En el caso de Chiltoyac, el ejido se constituyó como centro de la organización


económica, social y política de la comunidad y como eje histórico de la identidad
local. En el contexto de las reformas al sistema ejidal, es pertinente preguntarse
acerca de las respuestas concretas que los pobladores rurales de la localidad
despliegan como producto de historias, de visiones del mundo y de condiciones de
vida particulares.

2.1.- Las reformas al sistema ejidal


Entre las nuevas políticas rurales del Estado mexicano en la última década, destaca
por su trascendencia en los actuales procesos de cambio rural, la nueva ley agraria
aprobada en 1992. Esta proporciona el marco legal para el posible
desmantelamiento del sistema ejidal de tenencia de la tierra y la consiguiente
privatización de los derechos de propiedad sobre la misma. Los cambios
introducidos por la nueva ley se sustentaron en el reconocimiento de la crisis
económica y social generalizada en el sector rural. El eje central del cambio
legislativo se encuentra en la estructura de los derechos de propiedad sobre la
tierra, bajo el supuesto de que el sistema ejidal de tenencia ha sido uno de los
factores fundamentales que ha conducido al estancamiento del sector agrícola, al
no proporcionar los incentivos, ni la base sociopolítica institucional adecuada para
la inversión y la eficiencia productiva.

De entrada, con la nueva legislación se decreta el fin del reparto agrario,


argumentando que la redistribución de la tierra promueve el minifundismo, el
empobrecimiento y la inseguridad en la tenencia; en adelante, los propietarios
privados que inviertan en la producción agropecuaria pierden el riesgo de la

96
expropiación de la tierra. Al mismo tiempo, desde las nuevas instancias
burocráticas se implementa el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y de
Solares Urbanos (Procede), a través del cual los ejidatarios obtienen certificados
individuales de titulación de sus parcelas. La participación en este programa
requiere de la aceptación por parte de los miembros de las comunidades ejidales, a
través de su voto aprobatorio en la asamblea general del ejido.

La participación en el Procede y la entrega de certificados individuales de


titulación no necesariamente conduce a la disolución del ejido y a la privatización
de la tenencia de la tierra; esto último es una decisión de los miembros del ejido
que puede o no darse con posterioridad al proceso de titulación. Sin embargo, a
diferencia del derecho de usufructo sobre la tierra establecido en la anterior
legislación, que prohibía a los ejidatarios realizar cualquier tipo de transacción
mercantil, las reformas introducidas permiten a los ejidatarios el derecho a vender,
rentar o arrendar legalmente sus tierras, además de no estar obligados a trabajar
personalmente sus parcelas. Esto último es fundamental, en el contexto de la
dinámica laboral de los pobladores rurales en la actualidad, en la cual la migración
permanente y temporal forma parte fundamental de las estrategias de
reproducción de las sociedades campesinas. De hecho, tanto las normas legales que
prohibieron la realización de transacciones mercantiles con la tierra ejidal, como
aquellas concernientes a la obligatoriedad para los ejidatarios de trabajar
personalmente sus parcelas, habían sido mediadas por una serie de prácticas y
normas informales localmente establecidas, a través de las cuales se violaba
cotidianamente la normatividad legal, de tal manera que al interior de los ejidos se
habían desarrollado distintos tipos de mercados de tierras, con el consiguiente
proceso de concentración y desigualdad en la posesión de la tierra ejidal
(Concheiro, [Link]., 1995). Esto sirvió de argumento en favor de las reformas al
sistema ejidal por parte de los miembros del gabinete del gobierno federal en el
momento en que se diseñó la nueva ley agraria, algunos de los cuales -la llamada
corriente “campesinista” (Cornelius y Myre, 1998)- evaluaron los efectos
perniciosos del paternalismo oficial y veían en el régimen ejidal un obstáculo para
los procesos de modernización y democratización en el campo. Argumentaron que

97
el ejido se había convertido en una institución sustentada en formas corporativas y
clientelares de gestión, propiciando el neolatifundismo y la concentración de
recursos y de poder en las “élites ejidales”. Para esta corriente, a través de las
nuevas disposiciones legales se liberaría a los ejidatarios de las relaciones
paternalistas con el Estado y se abrirían los canales para una gestión productiva
autónoma por parte de los productores rurales.

“…la nueva ley agraria… Forma parte de las estrategias que los gobiernos
neoliberales han impulsado para preparar el camino al Tratado de Libre
Comercio acordado desde 1994 por Canadá, Estados Unidos y México. El
marco de aplicación de las reformas a la legislación supone una nueva
relación entre el Estado y los campesinos dirigida a un nuevo impulso de los
procesos de acumulación capitalista. Permite además, distinguir una
coyuntura donde el nexo político entre el gobierno y los campesinos
comienza a desvanecerse y los canales de dominación a perder su base de
sostenimiento. Esto significa que el Estado busca fundar un nuevo tipo de
conexión con los individuos, sustituyendo las formas pasadas que
establecían su consenso mediante una política corporativista de concesiones
y garantías por otras donde la relación queda sujeta a las fuerzas del
mercado y al desarrollo de perspectivas económicas orientadas en esta
lógica.” (Gómez, 1998: 17).

Con la finalidad de prevenir la excesiva concentración de la tierra ejidal


privatizada, la nueva ley agraria fija ciertos límites legales al tamaño de las
propiedades. Al mismo tiempo, se establecen los mecanismos legales que permiten
la asociación de los ejidatarios con el capital privado nacional y extranjero. Para
aquellos miembros del gabinete preocupados por la integración de México a la
dinámica del comercio internacional -los llamados “tecnócratas” (Corneluis y Myre,
1998)-, la nueva legislación sería el medio para recapitalizar e incrementar el
potencial de exportación de aquellos sectores de la agricultura con ventajas
comparativas en el mercado mundial de producción agrícola. Para ellos, el ejido, en
su forma tradicional, es una institución obsoleta que detiene la integración del
sector agrícola al libre mercado. En este sentido, los derechos de propiedad sobre la
tierra deben garantizar la seguridad en la tenencia de la misma, factor fundamental
para incentivar la inversión de capital en el sector. En la Conferencia Internacional
sobre Reforma Agraria y Desarrollo que se llevó a cabo en diciembre de 1999 en la

98
ciudad de México, el Presidente de la República afirmó que la reforma agraria
emprendida en 1992 sienta las bases para que el campo enfrente los desafíos de la
economía global, sustentando tal afirmación en el supuesto de que la seguridad
legal de la propiedad de la tierra es el medio para fomentar la inversión productiva,
incrementar la productividad y mejorar los niveles de vida de las familias
campesinas76. Este supuesto, sin embargo es producto de una visión muy limitada
en relación con la problemática que actualmente enfrenta el sector rural. De hecho,
después de ocho años de haberse aprobado la nueva ley agraria, los cambios en la
propiedad de la tierra han sido muy modestos y la dinámica económica del sector
rural no ha repuntado, ni en relación a la tan deseada autosuficiencia alimentaria,
ni en términos de competitividad frente a la economía global.

La crisis que enfrenta el campo mexicano desde hace más de dos décadas
trasciende lo planteado por quienes han visto en la reforma ejidal un instrumento
fundamental para solucionar la ineficiencia del sector agrícola mexicano y la
pobreza rural; sobre todo en un contexto de inexistencia de una política de
desarrollo rural sólida que instrumente mecanismos adecuados para dinamizar la
producción, atendiendo a las diversidades y potencialidades de las distintas
regiones del país. El problema de la descapitalización y de la ausencia de tecnología
moderna para la producción agrícola no se resuelve implementando medidas
legales tendientes a modificar la estructura de la tenencia de la tierra, sin atender al
problema de la falta de recursos necesarios para la producción; sobre todo en un
contexto global en el que la agricultura ha sido uno de los sectores más subsidiados
por los gobiernos nacionales -particularmente en los países desarrollados
(Pipitone, 1994)-.
2.2.- Las respuestas locales frente a la nueva ley agraria
Algunas investigaciones sobre la reforma ejidal realizadas por especialistas y
académicos, nos muestran que el impacto de las reformas legales al artículo 27
constitucional ha sido lento y sobre todo muy diferenciado en las distintas regiones

                                                                                                               
76Ernesto Zedillo, Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo en el siglo XXI,
Discurso Inaugural, Los Pinos, México, 6 de diciembre de 1999.

99
del país. Las variaciones en los contextos históricos y en las condiciones
socioculturales locales han definido de manera fundamental el destino de las
reformas. En algunos de estos estudios se muestran las diversas formas cómo a
niveles regionales y locales los campesinos han enfrentado la nueva legislación
agraria (Bouquet, 1997; Corneluis y Myre, 1998; Frye, 1993; Gómez, 1998; Snyder y
Torres, 1998; Zendejas, 1995).

Para el caso de el ejido de El Tule, Oaxaca, Lynn Stephen (1998) destaca el


impacto que tiene la experiencia de los ejidatarios con las agencias
gubernamentales para propiciar u obstaculizar las implementación de las reformas.
En este caso, los ejidatarios han utilizando su incorporación al Procede como
estrategia de vinculación a otras esferas de la administración pública para obtener
recursos para la producción. En contraste encontramos la experiencia de los
productores henequeneros de Yucatán, donde Othón Baños (1998) nos presenta la
decisión de los ejidatarios de incorporarse al Procede como parte de una estrategia
defensiva con la finalidad de preservar los viejos vínculos clientelares con las
agencias gubernamentales que tradicionalmente han proporcionado beneficios y
servicios fundamentales (Snyder y Torres, 1998). El caso del ejido La Guaracha en
Michoacán, nos muestra una región donde la estructura de la tenencia de la tierra
en el momento de las reformas al artículo 27, estaba basada en fuertes
irregularidades asociadas al desarrollo del neolatifundismo. Las desigualdades y los
conflictos al interior de la comunidad, así como la desconfianza de los ejidatarios
frente a las agencias gubernamentales, han hecho que la implementación del
Procede haya sido muy tardía y lenta (Gledhill, 2000). Otro estudio en el que se
presenta el papel que ha jugado la desconfianza hacia las agencias
gubernamentales en la respuestas de los ejidos a la implementación de las
reformas, es en el este de Chiapas, donde la experiencia histórica negativa dejó un
legado de suspicacias frente a los agentes gubernamentales, lo cual ha
obstaculizado la implementación del Procede (Stephen, 1998).

Los ejidatarios cañeros de San José Teruel en el estado de Puebla, por su


parte, se incorporaron voluntaria y activamente al Procede como parte de un

100
proceso de reactivación de aspiraciones históricos-locales, en el cual el manejo
individual de la tierra aglutinó a una comunidad cambiante y heterogénea en torno
al nuevo programa agrario; los objetivos del programa gubernamental fueron
evaluados y dotados de significado en función de los objetivos e intereses
específicos de los ejidatarios. En este caso, vemos un estudio que incorpora a la
dimensión histórica y político-cultural de manera central en el análisis de las
respuestas que los ejidatarios despliegan ante las nuevas disposiciones en materia
agraria (Gómez, 1998).

La reforma ejidal se inscribe en contextos rurales locales en el que la tierra


deja paulatinamente de ser el eje de la reproducción material de los pobladores.
Algunos estudios realizados en comunidades con un alto nivel de emigración
nacional e internacional, nos muestran que la producción agrícola no proporciona
los ingresos suficientes para la reproducción de la mayoría de las familias rurales
(Kearney, 1995; Gledhill, 1993; Nuijten, 1998; Zendejas, 1999). Sin embargo, la
implementación del Procede no ha dado lugar a la inmediata privatización de la
tierra ejidal. Los ejidatarios no muestran urgencia de vender sus tierras en un
contexto nacional e internacional en el que tampoco se ofrecen alternativas
permanentes de sobrevivencia. La implementación de la reforma ejidal no ha
incidido en una transformación acelerada de los patrones en la tenencia de la tierra
en virtud de que los ejidatarios tienen pocas oportunidades estables para obtener
ingresos en actividades fuera del ejido; las opciones de empleo alternativas son
percibidas como formas inseguras de obtener ingresos para la subsistencia familiar
(Corneluis y Myre, 1998).

En el caso de los llamados “ejidos transnacionales”, la posesión de una


fracción de tierra por parte de los emigrantes mantiene el sentido de pertenencia a
la comunidad, además de ser considerada como un medio de ahorro y seguridad
económica. La tendencia creciente a la integración de los pobladores rurales a los
circuitos migratorios hacia el país del norte, no ha sido revertida por la reforma
ejidal. Un alto porcentaje de familias ejidales han venido complementando sus
ingresos a través de la migración desde mucho antes de que se implementaran las

101
reformas77. De hecho, las reformas al artículo 27 legalizan prácticas y reglas locales
-ilegales- que permitían la posesión de derechos ejidales por parte de los
pobladores rurales migrantes, siendo que la legislación agraria condicionaba el
derecho al usufructo de la tierra al uso de la misma mediante el trabajo personal
directo del ejidatario o usufructuario - la tierra es para quien la trabaja-. En
contraste, la nueva ley agraria otorga el derecho a la propiedad individual sobre la
fracción de tierra ejidal, sin la obligación de trabajarla personalmente. Esto
significa que los ejidatarios que trabajan la mayor parte del tiempo en E. U. y que
dejan sus parcelas en arrendamiento no corren el riesgo de perder sus derechos
sobre la tierra78. En este sentido, la obtención de los Certificados Individuales de
Titulación -títulos de propiedad- sobre las tierras ejidales puede incidir en un
incremento de la migración, en virtud de que se anula el riesgo de perder la tierra
para aquellas personas que deciden salir de sus comunidades (Cornelius y Myre,
1998).

En el contexto de la nueva ley agraria, el ejido y las comunidades rurales se


transforman de maneras diferenciadas, atendiendo a las condiciones histórico-
sociales particulares a niveles local y regional. En la región rural veracruzana
circunvecina a las ciudades de Xalapa y Coatepec, la implementación del Procede
ha sido lenta y diferenciada, a pesar de que los ejidos de la zona comparten formas
de uso, distribución y de gestión de la tierra ejidal79. Con base en esta forma de

                                                                                                               
77En 1996, aproximadamente el 4 por ciento de los mexicanos que vivían en localidades de 2,500
habitantes o menos dejaba su lugar de residencia temporalmente como migrantes (Corneluis y Myre
1998: 6-7)
78Algunos estudios de caso documentan la forma en que los migrantes retenían o perdían sus
derechos ejidales, en el contexto de prácticas agrarias y normas sancionadas localmente. Monique
Nuijten (1998) nos narra el caso de un ejido michoacano en donde paulatinamente los migrantes
habían ido ganando la posibilidad de retener sus derechos ejidales a pesar de radicar en Estados
Unidos. Por su parte, Emmannuelle Bouquet (1997), señala para el caso de Tlaxcala el que las
prácticas mercantiles alrededor de la tierra ejidal no habían sido causa de privaciones de derechos,
mientras que el abandono del ejido como lugar de residencia había constituido un factor de
privación de derechos en las Investigaciones Generales de Usufructo Parcelario realizadas
periódicamente en los ejidos por parte de las autoridades agrarias, locales y gubernamentales.
79De una muestra de 33 ejidos sobre la base de un total de aproximadamente 90 existentes en la
zona de estudio, más de la mitad no se han certificado aún: 17 casos, de los cuales 3 han rechazado
la implementación del programa (Tuzamapan, Vaquería y Bella Esperanza); en 11, el Procede se
encuentra suspendido por conflictos en límites y mediciones, y en 3 ejidos faltan documentos para
la integración de la carpeta básica. En los 16 ejidos que ya han obtenido la certificación del Procede,

102
tenencia de la tierra, se configuraron contextos locales en los cuales la tierra ejidal
ha jugado un papel central en los procesos de reproducción, tanto material, como
simbólica de las comunidades.

En su trabajo sobre el sistema ejidal, Helga Baitenmann (1997) analiza las


formas en que se llevó a cabo el programa de titulación en algunos ejidos de la
región. En este estudio se plantea que a pesar de que en la nueva ley agraria se
establecen las condiciones para un proceso de participación de los ejidatarios en la
toma de decisiones con respecto a la titulación, muchos de los procedimientos
fueron distorsionados, y en las asambleas donde se tomaron acuerdos en relación
con la incorporación de los ejidos al programa, se retomaron prácticas de
participación poco democráticas y las autoridades agrarias locales utilizaron sus
posiciones de poder para favorecer la incorporación al Procede. Los ejidatarios
fueron poco o mal informados en relación con sus derechos y con los objetivos del
programa gubernamental, incluso muchos, no sabían que la aplicación del Procede
era voluntaria; los agentes gubernamentales encargados utilizaron tácticas de
presión para forzar a los ejidatarios a votar a favor del Procede (:220-228). El
control autoritario por parte de las autoridades agrarias locales fue utilizado y en
algunos casos fortalecido como resultado de la participación de los ejidos en el
Programa y muchas asambleas ejidales han dejado de funcionar (Baitenmann,
1998).

En algunos ejidos de la región, sin embargo, la aplicación del Procede se ha


visto obstaculizada por conflictos entre grupos locales o por problemas limítrofes
entre ejidos80. En el caso del ejido de Tuzamapan, un viejo conflicto entre los
ejidatarios en torno a las tierras de uso común, no ha permitido implementar el
programa para proceder a la delimitación de las parcelas individuales (Núñez,
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
el proceso ha sido muy lento. Información obtenida en entrevista con el Visitador Agrario,
Procuraduría Agraria, Xalapa, Veracruz, enero, 2000.

80Hacia noviembre de 1999, de los 224 ejidos correspondientes a la Residencia Xalapa de la


Delegación de la Procuraduría Agraria, el 46% todavía no habían sido certificados en el Procede.
Información obtenida en el Archivo del Procede, Residencia Xalapa, Delegación de la Procuraduría
Agraria en el estado de Veracruz.

103
1999). En otros ejidos se dan procesos similares y el programa de titulación se
encuentra suspendido “por conflictos al interior del núcleo ejidal”. Los
“visitadores” del Procede han registrado como obstáculos para llevar a cabo los
trabajos de implementación del programa, “el rechazo o la apatía de los
ejidatarios”81.

A través de la presencia de prácticas socioculturales y políticas locales, y de


las respuestas que los pobladores de la localidad tienen frente a la política agraria,
vemos que el ejido y la nueva ley agraria adquieren significados diferenciados al
interior de comunidades rurales heterogéneas. El caso particular de Chiltoyac se
presenta como excepcional al tratarse de un ejido colindante a la ciudad de Xalapa,
es decir muy propenso a integrarse al mercado de tierras urbanas, que sin embargo
se ha negado a implementar el Procede. Veamos la especificidad de los procesos
locales de organización, distribución y ocupación del territorio ejidal a lo largo de
la historia del ejido.

                                                                                                               
81Archivo del Procede, Residencia Xalapa, Delegación de la Procuraduría Agraria en el estado de
Veracruz.

104
2.3.- Los procesos de apropiación del territorio ejidal en Chiltoyac
El poblado de Chiltoyac está ubicado en un espacio territorial en donde el ejido,
desde los años veinte de este siglo, ha sido la forma de organización social
predominante. La centralidad del ejido se ha sustentado en el control de los
campesinos sobre la tierra, garantizando con ello su reproducción social. En base al
uso y explotación de la tierra ejidal, la producción agrícola de Chiltoyac se fue
integrando de manera creciente a la economía capitalista, inicialmente a través de
la venta de diversos productos a las ciudad de Xalapa y a los pueblos cercanos y,
posteriormente, a través de su inserción a las cadenas agroindustriales del azúcar y
del café. Como veremos más ampliamente en el capítulo siguiente, el esquema de
reproducción social de los grupos campesinos en la localidad, basado en la tenencia
ejidal ha incluido también la siembra de maíz y de otros productos agrícolas en
pequeña escala para el autoconsumo y en mediana escala para la venta a nivel
regional, así como la fabricación de loza -comales y ollas de barro-, la cual fue hasta
hace aproximadamente treinta años una actividad productiva muy importante para
la subsistencia familiar de estos pobladores rurales.

Encontramos en Chiltoyac que en un contexto de diferenciación


socioeconómica marcado y creciente, la mayoría de los grupos familiares poseen
fracciones de tierra ejidal en las cuales se cultiva café y/o caña, además de maíz,
coexistiendo la venta temporal de fuerza de trabajo -dentro o fuera del poblado-,
como parte de un esquema complejo de reproducción social al cual recientemente
se empieza a integrar la migración a Estados Unidos, lo cual sin duda redundará en
cambios significativos al interior del ejido y en los esquemas de reproducción.

105
2.3.1.- La ocupación del territorio ejidal: acceso, uso y distribución de la
tierra

El reparto inicial de la tierra ejidal o “parcelamiento” -como le llamaron localmente


al proceso de reparto individual de parcelas ejidales-, consistió en la distribución de
pequeñas fracciones de tierra ejidal entre los 135 ejidatarios “fundadores”,
principalmente de las mejores tierras ubicadas en las planicies, dejando sin
parcelar aproximadamente el 85 por ciento del total de la superficie del territorial
del ejido (1350 ha.). En algunos documentos que se refieren a la dotación de tierras
para Chiltoyac y sobre todo en los testimonios orales, se hace referencia a que la
dotación fue de 10 hectáreas por ejidatario, sin embargo como se mencionó en el
primer capítulo, los primeros beneficiarios del reparto ejidal, los llamados
ejidatarios -“legítimos” o “los antiguos”- recibieron una fracción mínima de tierra
parcelada, junto con un certificado de derecho ejidal que amparaba la posesión
individual de esas fracciones. El parcelamiento incluyó la entrega de dos fracciones
de tierra a cada uno de los 135 ejidatarios: una fracción de 3,750 metros cuadrados
en la zona de humedad -lomerío- y otra fracción de 1 ha. en la zona de temporal -
planicies-. 82. Las 1157 hectáreas de la superficie no parcelada, “tierras en común” o
“sobrante” -como ellos le llaman-, fue ocupada paulatinamente por los mismos
ejidatarios primero, y posteriormente por sus hijos y por los avecindados. De esta
manera el territorio ejidal se dividió en dos categorías de tierras: las llamadas
“parcelas” que son las pequeñas fracciones amparadas por un derecho ejidal y la
tierra “comunal”, la cual no está formalmente parcelada. De acuerdo con esta
forma de distribución del territorio ejidal surgieron dos categorías de adscripción
para los usufructuarios de tierra ejidal: los ejidatarios y los comuneros –estos
últimos no tienen documento de derecho agrario-.

La apropiación del territorio ejidal por parte de la población de la localidad


fue un proceso lento, que se explica en función de los usos de la tierra y de las
formas de organización de los grupos domésticos y de las familias. En un primer

                                                                                                               
82 RAN, Exp. 36, folios # 39-43, Acta de Repartimiento, 5 de mayo de 1928.

106
período, que va desde la fundación del ejido hasta la década de los 50, el cultivo de
la tierra se daba en muy pequeña escala para la producción de autoconsumo -la
milpa-; asimismo, la mayoría de los pobladores se dedicaba a la producción
alfarera, siendo esta actividad una fuente fundamental para la subsistencia de las
familias. En los testimonios orales se indica claramente que durante los primeros
años de instauración del ejido, los ejidatarios no utilizaban la totalidad de las
tierras para la producción agrícola dado que “eran alfareros”; únicamente
utilizaban pequeñas fracciones para la siembra de maíz, frijol, pipián, calabacita,
que dedicaban a la subsistencia familiar. La mayoría de los ejidatarios no tenían
recursos para la siembra en mayor escala, dependiendo ésta del tamaño de los
grupos domésticos, principalmente de la cantidad de fuerza de trabajo disponible al
interior de las familias. Las formas de organización del trabajo para la producción
agrícola incluían formas de ayuda mutua entre los grupos domésticos y pobladores
de la localidad; la llamada “mano vuelta”, en la que se daban relaciones de ayuda
recíproca para la siembra y para la cosecha del maíz entre familiares y amigos, era
la forma predominante de organización del trabajo en la actividad agrícola.

Como se señala en el capítulo anterior, durante los primeros años del


régimen ejidal, fueron muy pocos los pobladores que tuvieron la posibilidad de
ocupar cantidades de tierra mayores a 1 ha., es decir, la mayoría ocupó fracciones
muy pequeñas. Algunos ejidatarios con mayores recursos -una franca minoría que
no llega ni a 10, de los 135 ejidatarios que conformaron desde su fundación el ejido-
ocuparon superficies mayores de tierra ejidal -fracciones de 4 a 10 ha.-; éstos
incluso llegaban a producir algunos excedentes para los mercados cercanos -
Xalapa, Banderilla, Naolinco- (maíz, hortalizas, frijol, leche, carne); algunos
establecieron pequeñas fincas de café y comenzaron a cultivar caña para los
trapiches83 de la región o para abastecer al cercano ingenio de La Concepción.

Durante este primer período, la mayor parte del territorio ejidal estaba
“baldía”, es decir sin dedicarse a labores agrícolas. Incluso algunos pobladores
                                                                                                               
83 Eltérmino de trapiche se utiliza para designar a una pequeña fábrica de producción de
mascabado o piloncillo (Fraginals, 1978:169).

107
vecinos -fundamentalmente del ejido de El Tronconal- solicitaban a las autoridades
del ejido de Chiltoyac permiso para hacer uso de alguna fracción de tierra o
arrendaban fracciones los ejidatarios de Chiltoyac, a través de acuerdos
particulares. Estas fracciones se destinaban a la cría de ganado, al cultivo de
básicos o bien a la siembra de caña. El préstamo o arrendamiento de fracciones de
tierra ejidal era considerada como un beneficio para el ejidatario -poseedor formal-
en la medida en que el trabajo del desmonte -limpieza del terreno para el cultivo-
era realizado por quien solicitaba la transacción. Al hacer una evaluación de este
tipo de transacciones en las que estuvo involucrado, un ejidatario de la segunda
generación, me comenta que antes no sabían que el “monte” tenía un valor, pero
que sin embargo ellos no tenían los recursos necesarios para realizar el desmonte
de los terrenos, que era uno de los motivos por el cual no utilizaban la tierra para la
producción agrícola. Una forma lenta de desmonte se daba precisamente a través
de la actividad alfarera que les requería de la recolección cotidiana de leña.: “en esa
época no teníamos conocimiento de lo que valía el monte...porque el monte
vale...”84.

Esta situación, en la cual la mayoría de los ejidatarios no contaban con los


recursos suficientes para incrementar la producción agrícola, comienza a
transformarse en la década de los cincuentas, a raíz del establecimiento de un
contrato por parte de las autoridades ejidales de Chiltoyac con el ingenio de La
Concepción, en el que los ejidatarios, organizados en una Sociedad Local de Crédito
Ejidal85, se comprometían a abastecer al ingenio con caña de azúcar. De acuerdo
con la información oral, esta sociedad era manejada por las autoridades ejidales
locales bajo la modalidad de una cooperativa de productores de caña y fue
promovida por el entonces presidente del comisariado ejidal, quien es reconocido
en la memoria colectiva como un héroe local. A partir de su gestión, la mayoría de

                                                                                                               
84Entrevista con el Sr. Olegario Rosas, ejidatario de la segunda generación, 72 años, Chiltoyac,
febrero, 2000.
85RAN, exp. 36. Chiltoyac, folio # 00188, Oficio dirigido por el Banco Nacional de Crédito Ejidal al
Jefe de la Delegación Agraria, donde se le solicita los documentos relativos al ejido dado que “han
tenido instrucciones de organizar en Sociedad Local de Crédito Ejidal al ejido de Chiltoyac”, 23 de
marzo de 1957

108
los ejidatarios se convirtieron en productores de caña, lo cual significó para ellos
una transformación fundamental en sus condiciones de vida:
“Chiltoyac ha cambiado mucho, ahora ya es una población con todos sus
servicios, pero cuando yo comencé a comprar tierra, en 1940, Chiltoyac era
un pueblo muy pobre, muy atrasado, no tenía escuela. Así estuvo desde la
fundación del ejido hasta 1955, cuando estuvo un representante en el
comisariado ejidal, un señor que se llamó Melquiades Ortiz. Ese comenzó a
sembrar caña, ahí fue cuando Chiltoyac sacó las orejas, salió de aquella
ruina, de aquella crisis, porque todos lo que ahora son cañeros,
adquirieron tierras que estaban abandonadas y empezaron a sembrar y
vieron buenos resultados con el ingenio....” 86.

A diferencia del caso de otros ejidos de la región, cuyo surgimiento se da


inmerso dentro del sistema de plantación cañera87, los ejidatarios de Chiltoyac se
incorporaron como productores al cultivo de caña de azúcar a partir de la década
de los cincuenta. La apertura de la frontera agrícola hacia el cultivo de caña dio
lugar a la necesidad de extender la ocupación del territorio ejidal, debido al
incremento en los requerimientos de tierra apta para la siembra de caña. En este
momento el proceso de ocupación del territorio ejidal comienza a acelerarse. Los
ejidatarios empezaron a ocupar superficies mayores de tierra, extendiéndose, en
primera instancia, sobre la totalidad de sus fracciones parceladas, que como vimos
anteriormente estaban situadas en las planicies del ejido, siendo las más aptas para
la plantación cañera. Algunas fracciones de tierra que estaban siendo arrendadas a
pobladores vecinos -de El Tronconal y El Castillo fundamentalmente- fueron
“recogidas” por las autoridades ejidales de Chiltoyac para incorporarlas al cultivo
de la caña.

                                                                                                               
86 Entrevista con el Sr. Regino Sosa, comunero, 65 años, Chiltoyac, junio de 1999.
87 Sidney Mintz y Eric Wolf (1975), acuñaron el concepto de sistema de plantación, al hacer
referencia a un sistema sociocultural, que no solamente implicó una forma específica de expansión
del modo de producción capitalista al mundo rural de los países colonizados, sino que dio lugar a la
penetración de normas y valores culturales “derivados de su funcionamiento”.

109
La incorporación del cultivo de la caña como parte de las actividades
productivas de los ejidatarios les permitió la posibilidad de un “fondo de ahorro”,
que fue utilizado para incrementar y diversificar sus actividades productivas, sobre
todo para el establecimiento de pequeñas fincas de café en las lomas del ejido; en
aquellas superficies no aptas ni para la plantación cañera ni para la milpa. La
organización de la producción cañera involucraba la utilización casi permanente de
fuerza de trabajo asalariada, a través del flujo continuo de recursos crediticios para
las diversas actividades del cultivo, además de un ingreso al final de la cosecha. En
este contexto, la mayoría de los ejidatarios junto con sus hijos asumían roles de
jornaleros o “peones” al interior de la sociedad cooperativa; es decir, a la vez que
“socios”, los ejidatarios asumían el trabajo del cultivo de la caña a cambio del
jornal, en el contexto de un sistema de integración a la agroindustria en la que
recibían créditos para las labores agrícolas a cuenta de la entrega de la materia
prima al ingenio azucarero. De esta manera, los ingresos provenientes de la caña se
distribuían a lo largo del año; los ejidatarios garantizaban un mejor nivel de
subsistencia cotidiana y un ahorro que les permitía invertir en las otras actividades
productivas. La mayoría de ellos, aunque de manera diferenciada, diversificaron
sus actividades agrícolas durante los años que siguieron a los cincuenta,
incorporándose crecientemente a los sistemas de plantación de la caña y el café.

Los ejidatarios fueron ocupando poco a poco pequeñas fracciones de las


llamadas tierras comunales, de tal manera que cada ejidatario en lo individual llegó
a usufructuar varias fracciones, distribuidas en distintas partes del territorio ejidal.
En el contexto de familias ejidales extensas, donde los grupos domésticos
compartían el uso de la tierra a través de formas familiares de organización del
trabajo, los ejidatarios de la primera y de la segunda generación contaban con la
participación activa de sus hijos y descendientes para las actividades productivas,
siendo ellos la cabeza de la organización familiar. Al relatarnos detalladamente la
forma en que se organizaban al interior de la familia con sus hijos recientemente
casados –en el capítulo IV de este trabajo- la Sra. Pilar Carrillo se refiere al “trabajo
en junta”, que implica la cooperación de todos los miembros de la familia en las
distintas actividades domésticas y productivas, dirigidos por el jefe de familia (en

110
este caso es el marido de la señora), quien detenta el control de los recursos y
administra, junto con la esposa, tanto los recursos destinados a las actividades
productivas como aquellos para el consumo doméstico cotidiano. Para las nueras
de la Sra. Pilar la época en que estaban “en junta” es recordada como sumamente
desagradable, ya que ellas no contaban con recursos propios ni para sus
necesidades cotidianas más elementales88.

Las distintas fracciones de tierra que el ejidatario iba ocupando se


incorporaban como parte del patrimonio de toda la familia; los hijos varones se
casaban llevando a la mujer a vivir a la casa de los padres durante unos años, para
posteriormente “apartarse de comida”, y sólo a la vejez o muerte del progenitor,
asumir su independencia “de trabajo”. En virtud de que la mayoría de las fracciones
que cada jefe de familia poseía no estaban legalmente parceladas ya que formaba
parte de las llamadas tierras comunales, los ejidatarios de la primera y de la
segunda generación han transferido separadamente los derechos de usufructo de
las distintas fracciones de tierra a varios de sus hijos y descendientes; aunque sólo a
uno de ellos –al primogénito- los derechos agrarios y las llamadas “parcelas”. De
esta manera se explica el incremento de la cantidad de unidades domésticas con
tierra, siendo que en Chiltoyac, hasta hace pocos años, la gran mayoría de los jefes
de familia tenía acceso a la tierra ejidal.

A partir de las historias familiares descubrimos la presencia de una


diversidad de formas a través de las cuales los pobladores en lo individual han
logrado el acceso a la tierra ejidal, siendo la herencia y la compra-venta las dos
formas predominantes de distribución y movilidad de la misma. El Sr. Olegario
Rosas (73 años), ejidatario de la segunda generación, recibió sus derechos agrarios
y sus fracciones parceladas como herencia por parte de su padre; además de una
superficie en propiedad privada dentro del fundo legal y una fracción como
“sobrante de parcela”. Hasta mediados de la década de los 50, arrendaba su parcela

                                                                                                               
88Entrevistas a: Pilar Carrillo, 70 años; Minerva Chores, 33 años, Trinidad Ortiz, 33 años, Berta
Rivera, 39 años, Chiltoyac, 1998-1999.

111
a un vecino de Chiltoyac. Posteriormente, en el contexto de la Sociedad de Crédito
Ejidal, se incorporó como productor cañero y “recogió” su parcela al arrendatario.
Durante las décadas de los sesentas y setentas compró varias fracciones más en las
que establece, junto con sus hijos, pequeñas fincas de café; dos de estas fracciones
fueron heredadas a su esposa por parte de su tío materno. En 1983 este ejidatario
poseía un total de quince fracciones, de las cuales once medían entre un cuarto y
media hectárea; las cuatro fracciones restantes eran un poco más grandes (1-2
has.); en total, este ejidatario usufructuaba 11 ha. dentro del territorio ejidal.
Actualmente las fracciones han sido repartidas como herencia entre sus cuatro
hijos varones y dos de sus nietos (los hijos del primer matrimonio de su única hija);
la superficie de propiedad privada, donde cada uno de ellos ha construido su
vivienda, también fue dividida y forma parte de la herencia.

La cantidad y calidad de la tierra que cada uno de ellos heredó está en


función de las relaciones jerárquicas al interior de la familia que sigue un orden de
acuerdo a las edades. Con excepción del primogénito, quien al ser sucesor
preferente de los derechos agrarios de su padre pasa a ser “ejidatario”, los cinco
“herederos” restantes son “comuneros”, es decir usufructúan fracciones
comprendidas dentro de las llamadas de “tierras comunales”.

Esta historia familiar nos permite observar que los procesos de ocupación,
distribución y uso del territorio ejidal, se han dado estrechamente vinculados con la
dinámica de la organización familiar y con la inserción de la tierra ejidal en los
sistemas agroindustriales de plantación cañera y cafetalera. Asimismo, vemos que
estos procesos han estado inmersos en una dinámica donde las relaciones
mercantiles juegan un papel preponderante; el uso de la tierra en los cultivos
comerciales de la caña y el café, propició la generalización de las prácticas de
compra-venta de la tierra “del sobrante” (85%, recordemos), generándose un tipo
de mercado local de tierras ejidales que ha incidido de manera fundamental en los
procesos de distribución del territorio ejidal.

112
2.3.2.- Mercado local de tierras ejidales

“A mi no me gusta la ambición,
si lo bien vendido no rinde,
pues menos lo mal habido...”89

El sistema ejidal de tenencia de la tierra en los espacios rurales de la región Xalapa-


Coatepec se ha desarrollado en el contexto de una agricultura comercial de
plantación -caña y café-, donde las relaciones mercantiles han sido fundamentales
en el uso y la distribución de la tierra. La mercantilización parcial de la tierra ha
sido un mecanismo muy importante en los procesos de distribución de las tierras
ejidales entre los pobladores de Chiltoyac. Sin embargo, el mercado de tierras se ha
construido en base a relaciones mercantiles acotadas por prácticas sociales y
normas locales que han restringido la libre circulación de la tierra dentro de los
límites del espacio local. Dado que el derecho a la posesión de la tierra ha estado
fundamentalmente asociado con la pertenencia a la comunidad, son pocos los casos
registrados de compra-venta de la tierra a personas que no viven dentro del pueblo.
El vivir y convivir ha sido fundamental en la construcción del “adentro”; como se
ha dado históricamente, desde la fundación del ejido, aquellas personas que se
“portan bien” pueden aspirar a obtener el derecho de usufructo de alguna fracción
del ejido. En las entrevistas realizadas a las autoridades locales se señala
enfáticamente que los principales conflictos que enfrenta el ejido en la actualidad,
están asociados con la venta de fracciones a “gente de fuera”, gente que no vive
dentro del pueblo, dado que el derecho a usufructuar tierra ejidal ha implicado
adquirir ciertas obligaciones de carácter comunitario, como participar en las
“faenas” del ejido; siendo gente de fuera -se argumenta- es difícil que se integren en
los trabajos de carácter comunitario para el bien colectivo 90.

Uno de los conflictos fundamentales que ha impedido a las autoridades

                                                                                                               
89Sr. Guadalupe Ortiz Molina, 76 años, comunero, Chiltoyac, mayo del 2000.

90Entrevistas realizadas al Agente Municipal, Sr. Régulo Tejeda Rosas y a los 6 miembros del
Comité Ejidal (Erasto Morales, presidente, Benjamín Burgos, secretario) Chiltoyac, julio, 1998-
noviembre, 1999.

113
agrarias regionales llevar a cabo el Procede en Chiltoyac ha sido precisamente el
que varios pobladores de la vecina localidad de El Tronconal usufructúan tierras
ejidales de Chiltoyac, ya que este poblado esta asentado en un espacio de 14 ha. que
inicialmente pertenecía al ejido de Chiltoyac. Los códigos locales -normas morales-
en torno a los derechos de usufructo de la tierra ejidal han reprobado la venta de
tierras a los pobladores de localidades vecinas; mientras que el arrendamiento ha
sido una práctica común. Sin embargo, algunos ejidatarios y comuneros han
trasgredido esta normatividad local, vendiendo fracciones de tierra a los vecinos de
El Tronconal y de El Castillo; incluso algunos pobladores señalan que las
autoridades ejidales locales han vendido tierras “a los de Tronconal”91.

Las fracciones de tierra de la superficie comunal -85% del territorio ejidal- se


han venido distribuyendo y redistribuyendo a través de prácticas sociales
predominantemente mercantiles, a pesar de que la ley agraria de 1917 establecía
que la tierra ejidal no podía ser vendida o rentada. La movilidad en la posesión de
la tierra ejidal parcelada -15% de la superficie ejidal total-, ha sido distinta que la de
la tierra “sobrante”; a diferencia de esta última, las “parcelas” no se han
incorporado al mercado de compra-venta de tierras, aunque si se ha practicado el
arrendamiento. La renta temporal de la tierra ha constituido una práctica
generalizada entre los pobladores de Chiltoyac; incluso en las décadas anteriores a
los sesentas, muchos pobladores de localidades vecinas, principalmente los de
Tronconal y El Castillo, arrendaban tierras a los ejidatarios de Chiltoyac.

La renta de las fracciones de tierra se ha dado a través de acuerdos


personales donde normalmente no intervienen las autoridades ejidales; y dado que
el uso de la tierra en los cultivos de plantación -caña y café- es permanente, en
muchos casos el arrendamiento se da bajo la forma de “venta de cosecha”,
transacción mediante la cual el poseedor de la fracción de tierra sembrada con caña
o con café vende la cosecha de uno o más años. Además de la renta, se da la
práctica del llamado “préstamo” de fracciones, fundamentalmente de aquellas no
                                                                                                               
91Entrevistas varias, Chiltoyac, julio de 1999 a enero, 2000.

114
propicias para el café o la caña destinadas a la milpa; este tipo de transacciones se
dan en los casos en que el usufructuario reconocido por la autoridad ejidal -que
puede ser “ejidatario” o “comunero”- accede a dar en préstamo una fracción de
tierra a algún vecino que se lo solicite. En estos casos el beneficiario del préstamo
“agradece”, compartiendo parte de su cosecha con quien le hizo el favor de prestar
la fracción de tierra; el poseedor formal de la fracción asume como parte del
beneficio el trabajo del desmonte del terreno. En algunas ocasiones, este tipo de
transacciones -el arrendamiento o el “préstamo”- ha dado lugar al surgimiento de
conflictos personales entre las partes involucradas, al negarse el solicitante a
devolver la fracción al poseedor formal92. En estos casos el hecho de ser “ejidatario”
o “comunero” es definitorio, ya que difícilmente puede un “ejidatario” ser objeto de
despojo por parte de un “libre”, sin embargo se han dado casos en los dos sentidos.

En los documentos del archivo agrario encontramos tanto el caso de una


ejidataria que fue “despojada” de una fracción de tierra del sobrante por parte de
un “comunero”, como el caso de un “ejidatario” -de la segunda generación- que aún
teniendo una fracción de tierra sin laborar durante más de 30 años reclamó ser
objeto de despojo, siendo que al final del conflicto fue él quien lo ganó, a pesar que
la legislación agraria establecía como uno de los requisitos indispensables para
tener derecho al usufructo de la tierra el trabajarla personalmente. A través de
estos casos podemos observar que las relaciones personales al interior de la
organización ejidal son fundamentales para ganar o perder en un conflicto sobre
usufructo de la tierra; en el primer caso que señalamos se trata de un “comunero”,
hijo de un ejidatario con poder -prestigio y reconocimiento- a nivel local, que había
ocupado cargos dentro de la organización ejidal, lo cual fue fundamental para que
la asamblea ejidal lo apoyara mayoritariamente para que se quedara con la

                                                                                                               
92En los expedientes de Derechos Ejidales (RAN, Exp. Derechos Ejidales Fraccionamiento #1, Tomo
A:1972-1979 y Tomo B:1979-1995), aparecen únicamente 11 casos de conflictos personales con
motivo de denuncias por despojo; se trata de los pocos casos en que las denuncias trascienden el
espacio local, ya que muchos conflictos se resuelven en las instancias ejidales locales de gestión, con
la intervención directa de las autoridades ejidales con las partes involucradas. Los integrantes del
comisariado ejidal y del comité de vigilancia del ejido normalmente se reúnen todas las noches en el
salón ejidal para resolver esta clase de conflictos cotidianos que se dan con mucha frecuencia.

115
posesión de la fracción de tierra en disputa; siendo que la “ejidataria” argumentaba
tener el derecho sobre ésta dada su carácter de usufructuaria con derechos
legalmente reconocidos. En el segundo caso mencionado, a pesar de que el
“ejidatario” objeto del despojo no tenía reconocimiento por parte de las
autoridades ejidales que en ese momento detentaban los cargos, uno de sus
argumentos fundamentales fue el de ser heredero de un ejidatario de la primera
generación; su derecho de poseer la tierra se sustentaba en su posición de
descendiente de uno de los primeros ejidatarios, los que habían luchado por el
ejido. Vemos en estos conflictos que los derechos en torno al usufructo de la tierra
están asociados, tanto con las filiaciones y alianzas en el marco de las políticas
locales, como con la historia local de la lucha por la tierra.

El mercado local de tierra ejidal tuvo una dinámica regulada por la


organización ejidal a través una normatividad interna que permitió la venta o el
arrendamiento temporal de la tierra, principalmente dentro de las fronteras del
pueblo. Uno de los mecanismos fundamentales de apropiación individual del
territorio comunal fue el de solicitar la autorización para la ocupación permanente
de fracciones de terreno del “sobrante” al comisariado y a la asamblea ejidal, y uno
de los requisitos para hacer una solicitud era el de ser ejidatario fundador o hijo de
ejidatario. De esta manera, los interesados en hacer uso de pequeñas fracciones de
tierra comunal, solicitaban permiso a los integrantes del comisariado en turno -los
consejos de vigilancia del ejido fueron los directamente involucrados del reparto y
distribución del “sobrante”- y éste les otorgaba el derecho permanente sobre la
fracción. Uno de los recursos necesarios para obtener el derecho del uso de la tierra
fueron las relaciones personales con las dirigencias ejidales: los comisariados y los
miembros del comité de vigilancia les otorgaron permiso con mayor facilidad a sus
parientes y compadres. Un argumento inapelable para recibir el derecho de
usufructuar fracciones de tierra del “sobrante” era el de ser “ejidatario”. Para los
avecindados fue requisito indispensable el observar “buena conducta” para con la
comunidad, esto es, participar en las actividades comunitarias: cooperaciones
diversas -funerales, fiestas, enfermedades- y en las faenas del pueblo; las faenas
aluden a la realización de un trabajo colectivo que se organiza para el bien de la

116
comunidad en su conjunto.

Los pobladores nativos sin derechos agrarios -los “no ejidatarios”- y los
avecindados han venido adquiriendo fracciones a través de diversas formas,
principalmente a través de la compra-venta de tierras comunales. El caso del Sr.
Regino Sosa nos permite observar la forma cómo un poblador nativo de Chiltoyac
que no había recibido ninguna herencia adquirió un conjunto de fracciones de
tierra -10 hectáreas en total-; este señor logró, a través de los años, generar un
fondo de ahorro que le permitió incrementar sus actividades productivas,
principalmente en el cultivo del café:

“Yo de la comunidad no recibí nada , todo fue a base de trácalas -trueque,


cambio y compra-venta-... el pedazo que tengo allá en el cerro lo cambié
por un burro... luego los otros pedacitos que tengo acá abajo los compré,
uno me costó 40 pesos y el otro 90 pesos... esos los conseguí a puro esfuerzo
de ahorro de trabajo: limpié el terreno, hice los hoyos, planté la planta y la
levanté, de ahí me comenzó a dar café. Las dos fincas se hicieron juntas y
de ahí me comencé a enderezar. Después adquirí otras dos hectáreas, esas
me las donó un señor, un viejito al que le trabajé en sus finquitas mucho
tiempo... y yo digo que me las donó porque lo que le pagué fue muy poco
por dos hectáreas. Después cambié una finca de 1,500 matas de café por 3
hectáreas de monte. Así fue, a los 35 años comencé a hacer la primera
finquita, y me fui por partes, a conforme me iban dando mis ahorros y ahí
fue cuando entraron ya mis hijos, ellos trabajaban para la comida y yo me
dediqué a lo mío, mi primera plantación fue de 300 matas de café y la
segunda de 500....”.93

Las relaciones de parentesco, de amistad y de compadrazgo han jugado un


papel muy importante en la dinámica cualitativa del mercado de tierras ejidales en
Chiltoyac. Las relaciones mercantiles en torno a la tierra han estado mediadas y

                                                                                                               
93Entrevista con el Sr. Regino Sosa, 65 años, comunero, Chiltoyac, junio de 1999.

117
traducidas por valores no mercantiles, asociados con las relaciones y las políticas
comunitarias y familiares; así como con valores y creencias no mercantiles con
respecto a la tierra. Más que una mercancía o un bien de capital, para los
pobladores de Chiltoyac, la tierra ha representado un medio de sobrevivencia y un
vínculo de pertenencia a la familia y a la comunidad.

En las trayectorias de vida de distintos pobladores -hombres y mujeres-


encontramos que las transacciones de compra-venta de tierra no solamente han
estado determinadas por las posibilidades monetarias de adquirir esas fracciones.
En los relatos de varias familias vemos que las relaciones de parentesco se imponen
como un aspecto central de la transacciones. En su relato de vida, la Sra. Pilar
Carrillo nos describe cómo su tío materno accedió a venderles unas fracciones del
sobrante por tratarse de ella y de sus hijos, que eran sus ahijados. En este caso, la
transacción de compra-venta de tierra no solamente estuvo determinada por las
posibilidades monetarias de adquirir esas fracciones, sino por las relaciones
afectivas y las normas sociales que rigen las relaciones de parentesco, donde el
padrino tiene ciertas obligaciones morales con los ahijados. En este sentido la tierra
no se evalúa simplemente en términos de su valor mercantil; más allá de las
consideraciones mercantiles vemos cómo las relaciones y los intereses familiares y
de amistad jugaron un papel fundamental en las transacciones de compra-venta de
la tierra ejidal94. A través de las historias particulares descubrimos los aspectos
específicos del contenido de las relaciones familiares -y de amistad- y cómo las
relaciones de jerarquía en su interior, se fundamentan en una noción de
reciprocidad en donde podemos observar la coexistencia de valores mercantiles y
no mercantiles dentro de la misma relación social (Long, 1994).

A diferencia de lo que ha sucedido con algunos ejidos en otras regiones del


país, en donde las relaciones mercantiles en torno a la tierras han dado lugar a
procesos muy agudos de concentración de la misma, bajo la figura del
neolatifundismo -concentración de la tierra ejidal por la vía del arrendamiento-
                                                                                                               
94 Relato de vida, Capítulo IV de este trabajo.

118
(Concheiro, 1995; Gledhill, 1993), hasta hace muy pocos años en Chiltoyac
encontrábamos:
(a) la presencia de un proceso de mercantilización de las tierras ejidales limitado al
espacio local y regulado por la organización ejidal, a pesar de que el ejido se
encuentra muy próximo a la vecina ciudad de Xalapa;
(b) un proceso lento de concentración de las tierras ejidales en manos de
pobladores locales, quienes lograron acaparar una cantidad relativamente mayor
de fracciones, precisamente a través de la compra-venta de las tierras del
“sobrante”. El papel de la usura en el proceso de diferenciación social en Chiltoyac
ha sido fundamental, siendo que en la información oral recopilada se enfatiza la
presencia de unas cuantas familias de “acaparadores” que en parte han logrado su
riqueza en base al agiotismo;
(c) un proceso agudo de fragmentación del territorio ejidal: el total de la superficie
que cada ejidatario posee esta dividida en fracciones pequeñas -muchas de éstas
fracciones no mayores a una hectárea-, dispersas en los distintos lugares del
territorio ejidal.95

2.3.3.- Herencia de la tierra

“...Aquí en Chiltoyac a los que son hombres les dejan donde sembrar
y a las mujeres no nos dejan.
A mí me tocó de herencia una fracción pequeña de propiedad
-dentro del llamado “fundo legal”- para mi casa,
pero no me tocó para sembrar.
Entonces por eso le pedí un pedacito de tierra al comisariado...
Ahí vamos peleando con mi hijo,
vamos peleando un patrimonio que es para los hijos,
porque el día de mañana
este chamaco va a querer trabajar en el campo
y de dónde, de qué raíces se va a agarrar para ir a trabajar...
no hay dónde diga el chamaco: ‘voy a ver mi milpa’...”.96

                                                                                                               
95 Son pocos los ejidatarios que poseen una superficie mayor a 15 ha.. La mitad usufructúa
superficies menores a 5 ha. y solamente 4 poseen superficies mayores a 17 hectáreas. Los
comuneros, a excepción de dos o tres usufructúan un promedio de 1 a 2 ha. cada uno. Ver cuadro de
“Superficie ejidal cultivada por ejidatario en Chiltoyac, 1983”, al final del capítulo III.
96Entrevista con la Sra. Severiana, 45 años-madre soltera, Chiltoyac, julio, 1999.

119
La herencia de la tierra ha jugado un papel central en la configuración de las
familias y de los grupos domésticos en Chiltoyac; las relaciones de género y los
procesos de jerarquización al interior de las familias están estrechamente asociados
a los derechos de posesión sobre la tierra. La mayoría de los conflictos al interior de
las familias tienen un trasfondo que se asocia con asuntos de tierras y muchas
disputas entre hermanos (as) y entre padres e hijos(as) se dan alrededor de la
herencia; la tierra es un bien altamente valorado, como medio de subsistencia y
como símbolo de pertenencia.

Las prácticas sociales en torno a la herencia de la tierra se llevan a cabo de


acuerdo con los roles de género y las jerarquías marcadas por las edades de los
hijos. De tal manera que los derechos de posesión de la tierra se heredan de manera
diferente; las fracciones de propiedad privada destinadas a la vivienda -las
comprendidas dentro de la zona urbana o fundo legal- , se dividen entre todos los
hijos e hijas. Hasta ahora la extensión de estas propiedades ha permitido que se
puedan repartir fracciones para vivienda entre varios hijos(as); incluso hay
propiedades grandes que albergan fincas de café; al interior de los solares se
encuentran espacios para los animales de trabajo y para la cría de animales
domésticos, se hacen planteles de café, se cultivan hortalizas y -en el caso de las
familias que producen loza- se realizan las actividades para la alfarería.

La regla es que los hijos varones formen sus propias familias en la casa de
los padres, hasta tener los recursos para construir su vivienda en el mismo solar y
“apartarse”. Las mujeres, en cambio, suelen separarse de los padres para integrarse
al grupo familiar del esposo; ellas también reciben una pequeña fracción en el
fundo legal y/o en el ejido, cuando sus padres tienen suficiente tierra para repartir
o bien cuando no hay hijos varones en la familia. La tierra del “sobrante” se reparte
entre todos los hijos, sobre todo entre los que residen en el poblado; a los que han
salido de la localidad también se les toma en cuenta para la herencia, ayudándolos
a adquirir una vivienda propia o sosteniendo sus estudios -se dan casos de venta de

120
una fracción de tierra por parte de los padres para estos fines97-. En general, todos
los hijos reciben una o varias fracciones de tierra como herencia, paulatinamente,
siguiendo el curso del ciclo de desarrollo de las unidades domésticas; a la muerte de
los padres es deseable que todos tengan seguridad de sus posesiones. Los casos
más comunes de conflictos fuertes por la herencia al interior de las familias, se dan
cuando los padres mueren sin haber definido con claridad la división de la tierra
que dejan como patrimonio a sus hijos y descendientes.

Un elemento que incide sobre las decisiones en el reparto de la herencia de


la tierra es su uso. Las fracciones sembradas con caña han sido consideradas como
las más valiosas, ya que hasta ahora han representado una garantía de subsistencia
bastante segura; el cultivo de la caña se asienta en las mejores tierras y por sus
características -rudeza del trabajo agrícola-, ha sido considerado como una
actividad masculina. De esta manera, encontramos que normalmente son los hijos
varones preferentes a los que se les transfieren los derechos de uso de las fracciones
sembradas con caña de azúcar. En la finca de café, en cambio, encontramos una
participación muy activa de las mujeres, sobre todo en la cosecha o “corte”, por lo
que la herencia de una fracción de tierra para las mujeres normalmente contempla
una o más fracciones de finca. Cuando hay varios hijos varones en la familia, las
fracciones con caña son las más valoradas en la distribución de la herencia.

En el contexto del sistema ejidal de tenencia de la tierra, la herencia de los


derechos agrarios y de las fracciones parceladas ha tenido un significado que
trasciende el valor económico, ya que el heredero o la heredera de éstos se
convierte en cabeza de la familia y miembro importante al interior de la
comunidad, al incorporarse a la organización ejidal con derechos legalmente
                                                                                                               
97La educación es considerada como un bien altamente valorado: el que los hijos estudien ha sido
una prioridad para las familias. Aunque también se valora la necesidad de que los hijos se dediquen
al trabajo agrícola, la auto percepción de “ser ignorantes” frente a la población urbana es recurrente.
Como en la mayoría de los espacios rurales mestizos del país, en Chiltoyac, la idea de que el nivel de
educación va a mejorar las condiciones de vida es generalizada –la educación se ha concebido como
una estrategia de movilidad social, no siempre desvinculada del trabajo agrícola, lo cual se
manifiesta en los casos –excepcionales- en los que los jóvenes consiguen becas para estudiar en
Chapingo.

121
reconocidos. A diferencia de las fracciones de tierra comunal, las fracciones
parceladas están amparadas por un derecho ejidal, el cual es altamente valorado; el
certificado de derechos ejidales es un documento al que se le confiere un alto valor
simbólico.

Muchos hombres mayores -y algunas viudas- retienen la posesión de la


tierra y sobre todo de los derechos ejidales como una estrategia para garantizar su
posición dominante al interior de la familia y de la comunidad, y la seguridad de
ser protegidos por sus hijos durante la vejez. La obligación de cuidar a los padres
recae fundamentalmente sobre quien hereda los derechos agrarios; esta preferencia
muchas veces se gana en función de la cercanía con los padres. El “apartarse”
puede ser considerado como un causal de pérdida de la herencia de los derechos
agrarios -aún siendo el primogénito, que es al que por norma se le transfieren los
derechos-98.

Las historias locales sobre hombres y mujeres mayores abandonados por los
hijos que son heredados en vida, en muchos casos previenen a los ejidatarios viejos
para transferir los derechos antes de morir. La experiencia del Sr. Candelario
Martínez (89 años) en la que él, siendo ejidatario, se vio defraudado por su hijo -al
que eligió como heredero de los derechos-, ha sido muy comentada en el pueblo; el
hijo al que él designó como sucesor vendió sus derechos y las parcelas, y ya no vive
en el pueblo; otro de los hijos logró recuperar los derechos pagando nuevamente al
comprador, sin embargo, no se siente con la obligación de cuidar y mantener a su
padre. Don Candelario vive con su hijo menor y con su nuera, a quienes les paga -
de la pensión que recibe como cañero- por la comida y por que le laven la ropa 99.
El y muchos viejos del pueblo opinan que don Candelario no recibe el apoyo que

                                                                                                               
98Las reglamentaciones legales en materia de herencia agraria establece que el ejidatario transfiere
sus derechos agrarios a uno solo de los miembros de la familia; debe hacer una lista de sucesión con
nombres y orden de preferencia y tiene la libertad de elegir a quien considera como sucesor
preferente. En los documentos sobre sucesión de derechos en el ejido de Chiltoyac, encontramos
que la mayoría de los ejidatarios han elegido como sucesores preferentes a los primogénitos. RAN,
Exp. Derechos Agrarios Fraccionamiento #1 Tomo A; 1972-1979 y Tomo B: 1979-1995.
99Entrevistas a los Srs.: Candelario Martínez, Gilberto Hernández, Olegario Rosas y Pilar Carrillo,
Chiltoyac, septiembre de 1999-enero del 2000.

122
debiera recibir un anciano por parte de sus hijos, siendo un ejemplo de un viejo
abandonado y sin recursos para trabajar; es el paradigma, a nivel del imaginario de
la comunidad, de los cambios en las concepciones generacionales sobre la familia,
la solidaridades, la tierra y el trabajo100.

“Ya no tengo nada, ya no soy nada. Estoy como arrimado aquí en el


pueblo. Le di las gracias a la tierra el tiempo que me mantuvo, sembrando
mi maíz, mi frijol, mi caña, porque desde que recibimos el ejido hasta
ahora que la entregué a mis hijos ella me mantuvo. ¡Y ellos la están
vendiendo¡... Si la tierra no es para vender, si yo se las di para que
trabajen no para vender. Yo no sé qué piensan, creen que el dinero por el
que venden les va a durar mucho tiempo. La tierra es para trabajarla, ésa
nos mantiene.” 101

Es evidente, en este caso, la existencia de concepciones generacionales en conflicto


con respecto a la tierra. Para el Sr. Candelario es inconcebible que su hijo venda la
tierra, él ha vivido de la tierra y de su trabajo, así como las generaciones anteriores.
Su padre fue uno de los jefes locales en la lucha agraria; don Candelario y su
hermano, el Sr. Gaspar Martínez, recibieron parcelas y derechos ejidales siendo
muy jóvenes. Actualmente don Gaspar teme que su hijo -a quien ha heredado los
derechos- venda la tierra, y esto provoca una relación cotidiana muy conflictiva
entre ellos102.

Actualmente los conflictos intergeneracionales son distintos de los que


                                                                                                               
100En la tesis de Raúl Cantú se trabajan una serie de relatos de ancianos de Chiltoyac, donde estos
argumentan en torno a estos cambios: “...ya no es como antes de que uno estaba seguro de que
aunque no fuera al campo a trabajar, tendría lo necesario para vivir, hoy ya no es así....hoy la gente y
los más jóvenes se preocupan mas bien por sí mismos que por lo demás, aunque estos sean sus
propios padres....En esta época la gente piensa diferente, no sé por qué la gente sólo piensa en sus
intereses y dice: esto me importa a mí y no me importa lo que sea de interés a los otros. La gente
como que busca sólo su beneficio personal y si acaso el de su pareja e hijos, unos de hecho ni eso,
imagínate que van a andar pensando en lo que le importe o interese a los viejitos, ni esperanzas....”.
(2000:102-108)
101Entrevista con el Sr. Candelario Martínez, ejidatario de la primera generación, 89 año, Chiltoyac,
septiembre de 1999.
102Entrevista con el Sr. Gaspar Martínez, Chiltoyac, noviembre, 1999.

123
existieron para generaciones anteriores, esto se debe, en parte, a los cambios en el
uso de la tierra y la transformación en los patrones de organización familiar.103 Sin
embargo, la ruptura entre generaciones, en la mayoría de los casos no es tajante;
muchos de los padres y de las madres, ya viejos, siguen siendo respetados por sus
hijos y por sus nietos. En el caso de la familia Rosas Carrillo, por ejemplo, los nietos
agradecen a su abuelo el haberles enseñado a trabajar y todavía siguen los consejos
de éstos para la siembra y para las diversas actividades agrícolas.104

“...la mayoría de los padres no le transfieren el derecho a los hijos porque


les tienen desconfianza, piensan que cuando uno les da ya luego lo
desconocen a uno... es miedo. Y a un viejito aquí así le pasó, su hijo vendió
y él se quedó sin nada, casi sin casa.
“¡Al ver que mi hijo no trabajó y ya vendió la parcela, sentiría yo horrible!
Por eso muchos piensan que los hijos van a vender, es desconfianza. Y
algunos tienen razón, ven que sus hijos no son de trabajo. Yo aquí porque
veo que ellos, desde que están chicos trabajan, no son gente de vicio. Y es
bonito ver que los hijos están trabajando, que no están vendiendo.105

“Por eso yo ya mejor repartí, porque en cualquier momento se puede uno


morir y éstos se van a estar peleando por un pedacito, en cambio ya
hablando con ellos ya quedan conformes con lo que les tocó... faltando la
cabeza de familia, todos iban a pelear. A Ebodio le dejé los derechos y las
parcelas porque él es el mayor, si se los dejo a otro entonces él sí hubiera
tenido motivos para inconformarse. Quizás si lo dejo para después haya
pleitos. A otras familias les ha sucedido, se pelean por la parcela”.106

                                                                                                               
103Raúl Cantú Hernández afirma que en Chiltoyac se transformó el modelo de organización familiar
como resultado fundamentalmente de la integración de los productores rurales a los sistemas de
plantación de la caña y del café en los últimos 50 años. (2000)
104Entrevista con el Sr. Régulo Tejeda Rosas, 33 años, comunero, nieto -hijo de crianza- del Sr.
Olegario Rosas, quien afirma que lo que más le agradece a su abuelo es que le enseñó a trabajar,
Chiltoyac, diciembre de 1999.
105Entrevista con la Sra. Pilar Carrillo, 73 años, Chiltoyac, septiembre de 1999.
106Entrevista al Sr. Olegario Rosas, 75 años, ejidatario de la segunda generación, Chiltoyac, 7 de
septiembre de 1999.

124
En Chiltoyac, los derechos ejidales y las fracciones parceladas se han venido
transfiriendo primordialmente a través de la herencia, de generación en generación
por la vía del parentesco. La compra-venta de derechos se ha dado en muy pocos
casos, cuando los ejidatarios han emigrado sin dejar familiares cercanos107. La
noción de la tierra como patrimonio familiar que debe servir para la seguridad y la
continuidad de la familia, es un factor central en la elección de quién hereda los
derechos agrarios; El o la elegido(a) pasa a ser ejidatario(a) con derechos legales
reconocidos y, aun cuando el derecho es individual, el(la) ejidatario(a) queda como
el representante y aval del grupo familiar en su conjunto al interior del sistema
ejidal.

A través de las Investigaciones de Usufructo Parcelario108 realizadas en el


ejido por parte de las autoridades agrarias estatales, podemos observar la dinámica
de la transferencia de los derechos en el ejido. En 1969 se regularizaron los
derechos individuales de 105 ejidatarios, de los cuales la mayoría habían fallecido;
en el acta levantada con motivo de la asamblea ejidal de privación de derechos y
nuevas adjudicaciones, encontramos que el 39% de las nuevas adjudicaciones de
derechos agrarios fueron para los hijos varones, 1% para hijas, el 12% para las
viudas, el 13% para nietos y sobrinos y el 18% para personas sin vínculo de
parentesco con el ejidatario original. Es claro que la preferencia la tienen los hijos
                                                                                                               
107A diferencia de otras experiencias ejidales en diversas regiones del país, donde las prácticas de
compra-venta de derechos ejidales son comunes (Gledhill, 1993; Nujten, 1998).
108Las Investigaciones sobre el Usufructo Parcelario (IUP), promovidas por las autoridades agrarias
gubernamentales, se introdujeron como parte de las acciones para la regularizar la distribución y la
transferencia de los derechos agrarios individuales. El objetivo de estas investigaciones fue el de
controlar el uso de la tierra en los ejidos y supervisar si los ejidatarios seguían la normatividad legal.
En caso de encontrar situaciones en donde no se siguiera la legalidad, el ejidatario perdía sus
derechos y la tierra se asignaba a otra persona, de acuerdo con la decisión de la asamblea ejidal. El
procedimiento que se seguía en estas investigaciones incluía la realización de una asamblea ejidal en
donde se señalaba la situación de cada uno de los ejidatarios legalmente reconocidos. En las
asambleas se hacían las listas de los ejidatarios muertos o de aquellos que habían abandonado sus
parcelas -a quienes se les hacía una acta de “privación de derechos”- y se especificaba la lista de
sucesores de los ejidatarios, para determinar la nueva persona a la que correspondían los derechos y
las parcelas. En la práctica las IUP se llevaron a cabo siguiendo normal locales muchas veces no
acordes con la legislación agraria: una venta podía ser manejada en los listas como “abandono de
cultivo” o bien un “sucesor preferente” podía ser objeto de abolición de sus derechos agrarios por
razones de políticas locales. A través de estos censos, los ejidatarios legitimaron sus normas locales -
muchas veces ilegales-. (Baitenmann, 1997; Nuijten, 1998).

125
varones, a pesar de que las reglamentaciones legales en materia de herencia agraria
señalan a la mujer del ejidatario como primera en el orden de posibilidad de
herencia entre los miembros de la familia. De los 105 casos de nuevas
adjudicaciones, 29 corresponden a mujeres, entre las que se encuentran los casos
de 3 nueras -viudas del hijo sucesor del ejidatario-109. En Chiltoyac, las mujeres han
sido relativamente excluidas en relación con los derechos agrarios, lo cual se
observa en la generalidad de las comunidades ejidales del país (Baitenmann, 1997;
Marroni, 1995; Nuijten,1998; Stephen, 1998b) 110 . A pesar de que en 1971 se
promovieron cambios en la legislación agraria que reconocían la igualdad de
derechos para las mujeres111, en el ejido de Chiltoyac la situación de exclusión no se
transformó; durante los años posteriores y hasta la actualidad, de los 135
ejidatarios, el 25 % en promedio han sido mujeres 112 -siendo este promedio
superior al nacional, donde se registra para 1984 un 15% de mujeres ejidatarias
(Arispe y Botey, 1987)). Con respecto a la posición de la mujer en relación con los
derechos agrarios, es muy interesante el caso de la Sra. Luisa Cuevas (70 años),
quien siendo viuda, entabló un juicio agrario que duró más de 10 años, en contra
del hermano de su esposo, quien tenía la intención de quedarse con los derechos
agrarios que pertenecieron a su madre, siendo que el marido de la Sra. Cuevas
había sido designado como sucesor preferente. Este caso, nos muestra a una viuda-
nuera, cabeza de una familia de diez hijos, disputando su patrimonio y el de sus

                                                                                                               
109RAN, Exp. Derechos Agrarios, Fraccionamiento 1, 1972-1979, folios # 652-674. Acta de Privación
de Derechos y Nuevas Adjudicaciones, 5 de diciembre de 1969, Chiltoyac, municipio de Xalapa.
110
Resulta interesante y paradigmático el caso analizado por Rosío Córdoba (1998) en el municipio
de Coatepec. En la localidad de Tuzamapan, “…el reconocimiento de la capacidad femenina en la
esfera de la producción agrícola ha permitido a las mujeres el acceso a la tierra y el control de los
medios de producción, favoreciendo que se les considere como sujetos con derecho a heredar el
patrimonio familiar.” (:124)
111Las reformas en la legislación agraria realizadas en 1971 destacan en virtud de que se establece la
igualdad de derechos de las mujeres: al igual que los hombres en las leyes anteriores, en las
reformas de 1971 se establece que las mujeres tienen derecho de ser beneficiarias de tierra aún no
siendo viudas ni teniendo hijos -la única condición era la de tener la edad adulta y estar dedicadas a
las labores agrícolas-. (Baitenmann, 1997; Stephen, 1999).
112RAN, Exp. Derechos Agrarios, Fraccionamiento 1, 1972-1979, folios # 805-817. Investigación de
Usufructo Parcelario. Acta de Asamblea General Extraordinaria, 21 de octubre de 1978, Chiltoyac.
RAN, Exp. Derechos Agrarios, Fraccionamiento 1, Tomo B, 1979-1995. Investigación General de
Usufructo Parcelario. Acta de Asamblea General Extraordinaria, 26 de mayo de 1983. Archivo del
Procede, Expediente de Chiltoyac, Investigación de Usufructo Parcelario, 10 de junio de 1991.

126
hijos. Otro caso es el de la Sra. Cristobalina Hernández, quien siguió un juicio muy
largo por los derechos agrarios de su extinto padre en contra de un sobrino suyo,
nieto del titular.

Siguiendo el hilo de las distintas historias familiares encontramos que la


elección del sucesor de los derechos agrarios se da tomando en cuenta muchos
elementos, entre los cuales las obligaciones morales y los aspectos afectivos son
muy importantes. En algunos casos los primogénitos se “apartan” de la casa
paterna por razones afectivas, perdiendo con ello el derecho de heredar el estatus
de ejidatario; el Sr. Guadalupe Ortiz (76 años), a quien correspondía heredar los
derechos de su padre por primogenitura, nos comenta que “perdió los derechos”
porque se tuvo que “apartar” de su familia siendo muy joven -sus padres no querían
a su mujer-. El Sr. Regino Sosa (63 años) vivió una situación similar y nos dice que
en la decisión de su madre de heredar los derechos a su hermano menor, lo
importante fue, “...la voluntad, su sentimiento para elegir al que se le donaron los
derechos, porque fue sin tomar acuerdo entre nosotros, nunca nos reunió para
comunicarnos su decisión”113.

Por su parte, el caso del Sr. Joel Ortiz (45 años), a quien su abuelo eligió
como sucesor, nos permite descubrir la importancia de los factores afectivos en la
elección del heredero principal:
“...mi abuelo era muy regañón y siempre quería que se hiciera lo que él
mandaba, por eso mi papá no se llevaba bien con él. Yo siempre lo
ayudaba, cuando me mandaba ha hacer algún trabajo, aunque fuera en
domingo, pues yo iba. Mi hermano Roberto nunca le hacía caso...”.

Cuando su abuelo decidió dejarle a él los derechos, se redactó un testamento


manuscrito con las firmas de las autoridades ejidales locales, donde el señor
expresa su voluntad de heredarle los derechos a su nieto Joel; en este escrito están
también las firmas del hermano y del padre de Joel, donde “...manifiestan su

                                                                                                               
113Entrevista con el Sr. Regino Sosa, 65 años, comunero, Chiltoyac, julio de 1999.

127
conformidad con la voluntad de mi abuelo, para que no vayan a decir que yo me
quedé con lo que no me pertenecía....yo con esto le compruebo a usted que no le
quité a mi papá así como así...”114.

En otros casos, el padre no hereda los derechos al primogénito por sentir


una obligación especial para ayudar a alguno de sus hijos: el Sr. Pedro Carrillo
transfirió los derechos a su hijo menor que era alcohólico pensando que con este el
hijo podría “recuperarse” -dejar el alcoholismo-. Este es un caso en que la herencia
se decide por aquel hijo que está en una situación socioeconómica y moral
desfavorable. Ya con los derechos a su nombre, cuando el padre muere, el hijo
realizó algunas transacciones mercantiles no muy claras -venta o renta- con los
derechos, muere y su hermano mayor “rescata” los derechos, pagando a quien se
había quedado con éstos. En este caso podemos observar el valor -material y
afectivo- asignado a los derechos agrarios, ya que enfáticamente la Sra. Pilar nos
comenta que el hermano tuvo que pagar una suma excesiva de dinero -más de lo
que le hubiese costado comprar “cañales”- para “recuperar lo que era de su
padre”115.

El derecho ejidal es individual, sin embargo es considerado como patrimonio


familiar, legado de los “antiguos” y símbolo de pertenencia a la comunidad. Junto
con el derecho ejidal también se incorpora la responsabilidad social ante la
comunidad: “...los 135 ejidatarios dan el frente por todo el ejido, un ejidatario
tiene fuerza.. por eso decimos que es delicado vender una “parcela”...”.

A diferencia de otros casos, en Chiltoyac el derecho agrario esta respaldado


en la fracción de tierra ejidal parcelada; es decir el título y la tierra están unificados,
descartándose de esta manera casos en los cuales se vendan tierras parceladas sin
derechos agrarios y viceversa. La venta de las “parcelas” es un acto que se ha
condenado socialmente, considerándose moralmente negativo; el vender la
                                                                                                               
114Entrevista con el Sr. Joel Ortiz, ejidatario, 45 años, Chiltoyac, 25 de septiembre de 1999.
115Entrevista con la Sra. Pilar Carrillo, Chiltoyac, septiembre de 1999.

128
“parcela” implica dañar los intereses y el honor de la familia ya esto significa
vender los derechos agrarios. De acuerdo con la información oral proporcionada y
con los informes oficiales, encontramos que la herencia juega un papel central en la
transferencia de la tierra y de los derechos ejidales. Junto con los derechos ejidales,
los padres heredan el prestigio y la posición social. Esta transferencia se ha ido
dando de generación en generación a uno sólo de los miembros del grupo familiar,
quien pasa a formar parte de la organización ejidal. La posesión del derecho ejidal -
certificado- ha sido un factor fundamental de distinción social al interior de la
comunidad.

2.3.4.- Ejidatarios y comuneros

De acuerdo a la forma cómo se ha organizado hasta ahora la distribución del


territorio ejidal, como se señalaba en párrafos anteriores, existen dos tipos de
usufructo: el de los 135 “ejidatarios”, quienes poseen las llamadas “parcelas” que
son las pequeñas fracciones de terreno amparadas por el certificado de derechos
ejidales, y el de los “comuneros”, quienes usufructúan fracciones de tierra ejidal sin
ser reconocidos legalmente como ejidatarios. Este acceso diferenciado ha implicado
un proceso de inclusión y de exclusión de los pobladores de Chiltoyac, en el cual los
135 ejidatarios conforman una élite local que ha tenido el control sobre el acceso a
la tierra y a otro tipo de recursos -crédito y programas gubernamentales-. Las
autoridades ejidales han tenido la función de avalar a los “comuneros” para la
contratación de créditos con el ingenio o con Banrural y para los apoyos
gubernamentales diversos con el municipio para el desarrollo de diversos proyectos
productivos en el ejido.

Dada la importancia y la centralidad de la organización ejidal en Chiltoyac,


aquellos pobladores sin derechos ejidales legalmente reconocidos -los comuneros-
han estado marginados de los ámbitos de decisión y han sido considerados como
ciudadanos de segunda.

129
“La diferencia entre el ejidatario y el comunero es muy grande. El
ejidatario está censado, está bien registrado en un plano en donde se
marcan todos sus derechos y sus parcelas y tiene el apoyo del gobierno
para tener todos esos derechos. El comunero nada más tiene en donación
un pedazo de tierra para que la trabaje, pero sin registro, no tiene
documento registrado por el gobierno donde se diga que es auténtico dueño
de todo, del terreno y del trabajo...
“Yo le veo mucha diferencia a ser ejidatario y a ser simplemente comunero,
pero eso sí, para pagar y dar faenas es lo mismo, por eso muchos no
estamos de acuerdo, pero qué le hacemos, tenemos que aceptar así las
cosas mientras no llegue el Procede porque aquí ya está anunciado que va
a llegar y entonces sí, ya nos van a abarcar parejo, porque nos van a
registrar los pedazos de tierra a todos, tanto a ejidatarios como a
comuneros, y nos van a extender un documento, un certificado, entonces sí
ya va a cambiar mucho esto.”116

El número de comuneros se ha ido incrementando a través de los años,


siguiendo el curso del crecimiento demográfico y los ciclos de desarrollo de los
grupos domésticos. Veíamos que durante las décadas siguientes a los años
cincuenta, la superficie del ejido fue siendo crecientemente incorporada a los
cultivos de la caña y del café. Muchos pobladores jóvenes de la localidad
comenzaron a usufructuar fracciones del “sobrante” del ejido de manera
permanente, sin ser reconocidos legalmente como ejidatarios. Al momento de
recibir el derecho de usufructo de una fracción de tierra, el “comunero” adquirió la
obligación de pagar la contribución anual y de participar en las faenas propias del
ejido. No obstante adquirir las mismas obligaciones de los “ejidatarios” como
miembros del ejido, los comuneros no han tenido el derecho irrestricto de
participar en las instancias de decisión.

En tanto entidad colectiva con patrimonio propio y personalidad jurídica, el


                                                                                                               
116Sr. Regino Sosa, comunero, Chiltoyac, septiembre de 1999.

130
ejido se organiza formalmente alrededor de dos instancias: el comité ejidal -
integrado por el comisariado ejidal y el comité de vigilancia- y la asamblea general
de ejidatarios. El comité ejidal está integrado por 12 ejidatarios -tres miembros
propietarios y tres suplentes en cada una de las instancias- que se eligen en la
asamblea cada tres años. Los miembros del comisariado ejidal y del comité de
vigilancia han tenido el control sobre el usufructo de la tierra ejidal, al otorgar el
permiso a los pobladores para hacer uso de ésta. Asimismo, han fungido como
representantes del ejido ante las agencias gubernamentales y han sido árbitros en
los conflictos locales en torno a la posesión de la tierra. También han jugado un
papel importante en la gestión de recursos para las actividades productivas y han
sido mediadores para la implementación de las políticas agrícolas.

Siguiendo las normas legales establecidas en las leyes agrarias, los miembros
del comité ejidal se han venido eligiendo cada tres años; los 135 miembros de la
organización ejidal convocados en asamblea general proponen planillas de 12
miembros (6 titulares y 6 suplentes), de entre las cuales eligen, a través del voto, a
los miembros del comisariado ejidal y del comité de vigilancia; la planilla ganadora
ocupa los 6 cargos del comisariado y la planilla que queda en segundo lugar ocupa
los del comité de vigilancia. En la revisión de los expedientes agrarios encontramos
que durante los últimos treinta y cinco años (1965 a la fecha), aproximadamente 35
ejidatarios han ocupado los cargos de presidente, secretario o tesorero de ambos
comités, y de ellos, aproximadamente 15 han ocupado más de una vez un cargo. La
edad promedio de quienes han ocupado dichos cargos ha sido de 45 años (30-60
años)117.

La asamblea general de ejidatarios, formada por los 135 ejidatarios o


“derechosos” -como les llaman a los ejidatarios localmente- ha sido considerada
como la instancia más importante en la toma de decisiones en relación con la
gestión del territorio ejidal. La asamblea ha sido el foro donde se discuten todos los
                                                                                                               
117 RAN, Exp. Derechos Agrarios #1, Censo para la Expedición de Derechos Agrarios, Ejido
Chiltoyac, Xalapa, Ver., 1969; RAN, Exp. Derechos Agrarios, Fraccionamiento 1, 1972-1979,
Chiltoyac, Ver.; RAN, Exp. 77 bis 2/sur, Chiltoyac, Ver.; Entrevistas a los miembros del comité
ejidal, Chiltoyac, julio, 1998.

131
asuntos del ejido: faenas, proyectos productivos, créditos, y sobre todo aquellos
relacionados con transacciones de tierra y transferencia de derechos ejidales: “Aquí
se acostumbra que la asamblea es la ley. La última palabra la da la asamblea y sí
se respeta...”118.

Esta instancia de organización ejidal ha sido considerada como la


depositaria de los derechos colectivos de la comunidad sobre el territorio ejidal. En
la asamblea se formuló y se aprobó el reglamento interno del ejido, se han venido
eligiendo a los miembros del comisariado ejidal y del comité de vigilancia, se ha
autorizado el uso de la tierra ejidal y se ha regulado la formación de grupos de
crédito; asimismo, en la asamblea se resuelven los conflictos más graves entre
ejidatarios o comuneros -aquellos conflictos menores se tratan en el comité ejidal,
que sirve como mediador entre las partes-. En la asamblea se discuten y se toman
decisiones en asuntos relacionados con la transferencia de los derechos ejidales,
siguiendo una normatividad local, muchas veces “ilegal”, que responde a
concepciones, prácticas y políticas locales.

Destacan los casos en que los derechos agrarios han quedado vacantes, por
cambio de residencia o fallecimiento de un ejidatario, sin existir en la localidad
parientes cercanos -hermanos(as)- o descendientes que reclamen el derecho.
Aunque no se han dado muchos de estos casos en la historia ejidal de Chiltoyac, la
forma en que se ha procedido para otorgar un derecho vacante a los pobladores no
ejidatarios ha sido diversa: en algunos –al parecer muy pocos y nada claros- los
derechos se han comprado, en otros, se han adjudicado por razones de filiación o
alianza a los grupos de poder local y otros han sido otorgados por sorteo en las
asambleas. En los documentos oficiales no se encuentra ningún tipo de
información acerca de estos procedimientos –solo se menciona el caso de los
sorteos-, ya que las asambleas de “Privación de Derechos y Nuevas Adjudicaciones”
se realizaban ante la presencia de los agentes gubernamentales -los llamados
comisionados de la Secretaría de la Reforma Agraria-, siguiendo los cánones
                                                                                                               
118Sr. Gilberto Hernández, 74 años, ejidatario, Chiltoyac, septiembre de 1999.

132
establecidos por la legislación. Por supuesto que en las actas no se señalan
procedimientos ilegales o arreglos particulares previamente convenidos con la
anuencia del comité ejidal. En los testimonios orales hay muy pocas menciones
sobre estos procedimientos: se señala que los derechos vacantes -que ha habido
muy pocos- se adjudicaron, en los años sesenta, en un sorteo, en donde los
beneficiados “tuvieron suerte”; en estos sorteos podían participar “personas de
buena conducta... que no fueran a adquirir la tierra como un negocio”119. Por estas
vías algunos pobladores de la localidad que no recibieron un derecho ejidal por
herencia adquirían el reconocimiento de ejidatarios, pasando a formar parte de la
organización ejidal y miembro activo de la asamblea general de ejidatarios. El
silencio generalizado acerca de la forma cómo aquellos ejidatarios que no
heredaron los derechos los han adquirido es muy significativo ya que es un
indicador claro de la importancia del tema en relación con las políticas locales, y
del valor simbólico de los derechos agrarios en el contexto local. Además de que se
alude a procedimientos ilegales –la compra-venta de derechos-, lo cual, como se
mencionó antes, no ha sido práctica común en Chiltoyac.

A los comuneros se les ha permitido participar de manera condicionada en


las asambleas ejidales, a veces sólo con voz, otras con voz y voto -sobre todo en las
asambleas donde se tratan asuntos correspondientes a las actividades agrícolas-.
Para las elecciones de autoridades o para tomar decisiones trascendentes no les
está permitida la entrada al salón ejidal, donde se realizan las asambleas.

“...cuando viene algún problema que aprieta bonito y que ya es oficial o de


cosas grandes, entonces ya se juntan todos los derechosos de deveras, los
que tienen pleno derecho...”120.

“…los ejidatarios son los señores grandes que llevan el manejo del pueblo.”

                                                                                                               
119Entrevistas con los señores: Guadalupe Ortíz, 78 años, comunero; Gilberto Hernández, 75 años,
ejidatario de la segunda generación y Olegario Rosas, 75 años, ejidatario de la segunda generación,
Chiltoyac, enero-marzo, 2000.
120 Ibidem.

133
121 .

“…son los más ancianos, los que toman todas las decisiones en la
asamblea… de los más nuevos nadie es ejidatario...”122 .

Estas expresiones –que desde luego no corresponden enteramente con la realidad-


nos sugieren una imagen acerca del orden local en la que los ejidatarios son vistos
con respeto y su posición de poder es legítima a nivel de la comunidad. Esta
legitimidad esta sustentada en la historia agraria, los ejidatarios son los
“auténticos” representantes de quienes lucharon por la tierra.

Los “comuneros”, la mayoría de los cuales son descendientes de los


ejidatarios originales, han aceptado la hegemonía de los ciento treinta y cinco
derechosos, en virtud de que reconocen en ellos el valor de haber participado
directamente en la lucha por la tierra; son los “legítimos”, aquellos que lucharon
por el ejido, y sus hijos o descendientes son los herederos y depositarios del hito
histórico de la lucha de “los antiguos” por la tierra. Los sucesores preferentes,
ejidatarios de la segunda y tercera generación, heredaron el derecho ejidal, lo cual
los coloca en una situación de poder y de prestigio al interior de la comunidad.

Los ejidatarios han tenido el poder dentro de la organización ejidal y con ello
el control sobre el usufructo de la tierra ejidal; se han amparado en la memoria
colectiva y en el valor simbólico de la lucha por la tierra, negándose en varias
ocasiones a reconocer oficialmente los derechos de los comuneros. En un informe
realizado por las autoridades agrarias en 1965 se hace una aclaración en la que se
hable acerca de la existencia “…de 81 campesinos que sin ser reconocidos, ni tener
título están trabajando dentro del ejido en las tierras que se dejaron como
comunales…”, sin embargo, “…los miembros del comisariado ejidal se niegan a que
se cense a estos campesinos que sin tener derechos reconocidos tienen plantaciones

                                                                                                               
121 Sr. Regino Sosa (60 años), Chiltoyac, octubre, 1999.
122 Entrevista con la Sra. Sara Sarmiento, 25 años, alfarera, Chiltoyac, septiembre, 1999.

134
de café.”123.

En 1988 un grupo de siete comuneros solicitó la realización de una


Investigación de Usufructo Parcelario (IUP) a las autoridades agrarias estatales,
“…para que se haga reconocimiento de sus derechos agrarios, ya que tienen más de
20 años de venir trabajando la tierra sin perjuicio.”124. Nuevamente, en esta ocasión
las autoridades locales se negaron a reconocer los derechos de los solicitantes, lo
cual queda asentado en el acta de la asamblea ejidal, en la cual se acusa a la
comisionada de las autoridades gubernamentales de mostrar una “...actuación
impositiva y ofensiva para realizar la IUP, sin que nosotros, la totalidad de los
ejidatarios hayamos solicitado reconocimiento de derechos agrarios a campesinos
que por diversas razones han causado problemas demográficos, ya que viven en el
poblado usando los servicios y han sido aceptados y protegidos en el ejido para que
vivan y convivan en armonía con nuestras familias, ya que muchos de ellos son
parientes cercanos de algunos compañeros ejidatarios; porque nos hemos
condolido al verlos necesitados y hemos aceptado respetarles las pequeñas
posesiones que han obtenido de manera irregular e ilegal y nos hemos hecho
disimulados por el bien de la sociedad y de la paz pública; pero siempre se les ha
advertido que se dediquen a trabajar, porque la resolución dotatoria solamente
reconoció a 136 derechos -incluida la parcela escolar-, que se encuentran todos
vigentes, y que de lo contrario haríamos valer de inmediato nuestros derechos
agrarios individuales y los del núcleo agrario para declarar inexistente los acuerdos
y tratos que han realizado a espaldas del ejido y que provocan problemas... Así
entonces es de concluir que ningún empleado podrá imponernos procedimientos
como el que la referida comisionada pretendía, para hacernos caer en anuencias de
asamblea y en autorizaciones que sólo perjudican al núcleo agrario...”125. En el

                                                                                                               
123 RAN, Exp. Derechos Ejidales #1, 1927-1969, folios # 450 y 491. Aclaración anexa a los Informes
de la Investigación de Usufructo Parcelario, 7 enero de 1965 y 14 de junio de 1966.
124 RAN, Exp. Derechos Ejidales, Fraccionamiento 1, Tomo B, 1979-1995. Oficio donde el Srio.
General de la Liga de Comunidades Agrarias y el Srio. de la Alianza Estatal de Productores de Caña
solicitan la intervención del Delegado de la Secretaría de la Reforma Agraria, Xalapa, Ver., 6 de
junio de 1988.
125 RAN, Exp. Derechos Ejidales, Fraccionamiento 1, Tomo B, 1979-1995, folio #1053. Acta
levantada por la Inconformidad de la Asamblea General en el ejido de Chiltoyac, 21 de agosto de

135
informe que sobre el evento envía la comisionada agraria al delegado estatal de la
SRA, la suscrita afirma que “…los ejidatarios se alteraron pues no están dispuestos
a admitir más ejidatarios de los que ya existen... y dijeron que nadie iba a mandar
al ejido contando con el apoyo de la Asamblea, motivo por el cual agradecí a los
asistentes sus atenciones y abandoné el recinto, pues bajo las condiciones
expuestas no era posible realizar ningún trabajo.”126 A pesar de estos incidentes, en
septiembre del mismo año se realizó una inspección ocular de la superficie que
poseían los solicitantes, en la que “aceptaron colaborar dos ejidatarios legalmente
reconocidos”, ya que las autoridades del ejido se negaron a participar127. En junio
de 1989, la Comisión Agraria Mixta resolvió reconocer los derechos ejidales de los
siete solicitantes 128 ; sin embargo, las autoridades ejidales de la localidad
interpusieron un recurso de inconformidad en contra de la resolución oficial, a
través de la cual lograron impedir que se les reconocieran derechos agrarios en el
ejido a los siete solicitantes.129

Este evento y sus prácticas discursivas nos permiten descubrir la presencia


de una autoridad ejidal local con gran autonomía en el control de los asuntos en
torno al manejo de la tierra y de los derechos ejidales, en donde las prácticas y las
normas locales se sobreponen a la normatividad legal. A pesar del fuerte
intervencionismo estatal que en gran medida ha controlado el funcionamiento
interno de los ejidos -dada la complejidad de los procedimientos legales de gestión
oficial-, es posible ver al ejido como un campo semiautónomo (Bouquet, 1997), en
donde las prácticas sociales y las normas a través de las cuales se gestiona el ejido,
muchas veces obedecen más a las configuraciones socioculturales y políticas
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
1988.
126 RAN, Exp. Derechos Ejidales, Fraccionamiento 1, Tomo B, 1979-1995, folio # 1050. Oficio
dirigido al Delegado de la SRA en el estado por parte de la comisionada, Xalapa, Ver., 22 de agosto
de 1988.
127 RAN, Exp. Derechos Ejidales, Fraccionamiento 1, Tomo B, 1979-1995, folios #1063-1065. Acta de
Inspección Ocular, 24 de septiembre de 1988.
128 Ibidem, folios # 1058, 1063-1065 y 1120-1133.
129 RAN, Exp. Derechos Ejidales, Fraccionamiento 1, Tomo B, 1979-1995, folios #1142,1149 y 1151. El
recurso de inconformidad se interpuso ante el H. Cuerpo Consultivo Agrario con fecha 12 de enero
de 1990. El delegado de la SRA ordena que se suspenda la entrega de certificados de derechos
ejidales a los siete solicitantes.

136
locales, que a la presencia de un “estado fuerte”, que ejerce un control vertical y
corporativo sobre los ejidatarios (Gordillo, 1988).

En relación con el evento, me parece pertinente preguntarse el por qué el


resto de los “comuneros”, que para esa fecha eran alrededor de doscientos, no se
sumaron a dicha solicitud, siendo que han permanecido excluidos de los ámbitos
locales de decisión. En el mismo sentido es importante señalar que a pesar del
énfasis que se ha puesto durante la investigación de campo en descubrir los
procesos asociados con la existencia de los dos tipos de usufructuarios de la tierra
ejidal, no hay un registro claro de este evento en los testimonios orales; sólo en una
entrevista se encuentra una mención al evento, sin que parezca haber sido
relevante:

“...los ejidatarios tienen mayor responsabilidad con el ejido, hacen


acuerdos y toman las decisiones para todo. El comunero también está
reconocido, porque para cualquier faena y para el pago de contribución al
ejido también participa el comunero, nada más que no tiene ni voz ni voto
en la asamblea. En algunas ocasiones sí participan los comuneros en las
asambleas, cuando se trata de cosas de trabajo en común, pero en los
asuntos que ellos tratan del ejido pues no participan. Una vez unos
comuneros estuvieron en el lío ese de que se hicieran todos ejidatarios...”130.

A pesar de la relativa pasividad de los comuneros, quienes al parecer han


interiorizado su situación de inferioridad en relación con los “derechosos”, su
participación informal en las políticas locales ha sido fundamental. El apoyo de los
comuneros en las elecciones de autoridades, en muchas ocasiones ha sido
determinante en el triunfo de algún grupo contendiente: “...aunque no podamos
votar en las asambleas donde se eligen a los comisariados, nosotros, los que
somos comuneros, que no somos ejidatarios, les echamos porras a nuestros

                                                                                                               
130 Entrevista con el Sr. Celio Carrillo, 60 años, comunero, Chiltoyac, septiembre de 1999.

137
aliados...”131. En otras ocasiones la participación de los comuneros con voz y voto
en las asambleas ha sido impuesta a las autoridades gubernamentales con la
anuencia del comisariado ejidal en turno, como estrategia para favorecer la
resolución de algún conflicto en particular, en función de alianzas y filiaciones al
interior de las políticas locales. En el caso de la asamblea ejidal convocada para
discutir el conflicto que sostuvo el Sr. Silviano Ortiz -comunero- con la Sra. Aurelia
Cortés -ejidataria- por el usufructo de una fracción de tierra, para la cual “...se
reunieron en el salón ejidal un grupo de noventa y cuatro campesinos, pero al
hacerles saber que de ellos sólo cincuenta tenían el carácter de ejidatarios y que,
por tanto, no se podía realizar la asamblea, ellos se opusieron terminantemente a
que se lanzara una segunda convocatoria para la asamblea, haciendo saber que
ellos decidirían el sentir sobre el problema y que la junta se celebraría en ese
momento...”132. Finalmente se dice que la resolución del caso se dio a favor del
comunero.

Vemos de esta manera a los comuneros participando de las políticas locales e


influyendo en las relaciones locales de poder y en decisiones importantes asociadas
con el usufructo de la tierra; algunos de ellos -dos o tres- poseen superficies más
grandes del territorio ejidal que la gran mayoría de los ejidatarios, lo cual los coloca
en una posición de poder al interior de la comunidad: “los ejidatarios se sienten
más porque tienen título, pero la mayoría tiene muy poca tierra...”133.

El conjunto de los ciento treinta y cinco ejidatarios posee una superficie del
territorio ejidal proporcionalmente mayor que la usufructuada por los comuneros.
En 1984, los ejidatarios usufructuaban el 58% del total del ejido, mientras que el
resto de la superficie ejidal -42%- se distribuía entre los doscientos cincuenta
comuneros -es decir, un promedio de cerca de 2 ha. por cada uno-. A pesar de que
los ejidatarios han concentrado el control sobre el usufructo de la tierra dentro de
                                                                                                               
131Sr. Silviano Ortiz, comunero, 72 años, Chiltoyac, septiembre de 1999.
132RAN, Exp. Derechos Ejidales, Fraccionamiento 1, Tomo B, 1979-1995, folio #478. Informe sobre
conflicto de tierras en Chiltoyac llevado a cabo por el comisionado de la SRA, 26 de febrero de 1981.

133Sr. Silviano Ortiz, 75 años, comunero, Chiltoyac, septiembre de 1999.

138
las instancias locales de autoridad ejidal, no encontramos un proceso asociado de
concentración de la tierra, siendo que, como se señaló antes, la máxima extensión
de tierra que poseía en los años ochenta algunos de ellos no rebasaba las 20
hectáreas y la mayoría tenía extensiones menores a las 10 hectáreas. Cabe destacar
el caso de un comunero, quien detentaba en esos años el usufructo de 27 ha.,
mientras que 27 ejidatarios(as) -de los cuales 15 eran mujeres- poseían superficies
menores de 3 ha.134

La diferenciación en cuanto al tipo de derechos asociados a la posesión de la


tierra parcelada y de la comunal, define percepciones, evaluaciones, intereses y
expectativas específicas y heterogéneas al interior de la sociedad local y ha sido un
aspecto fundamental de las políticas locales entre los pobladores de Chiltoyac -de la
llamada “política entre ellos” (Ortner, 1995). Esta diferenciación, sin embargo, no
implica la existencia de dos grupos de pobladores homogéneos y contrapuestos -
comuneros vs. ejidatarios-, ya que al interior mismo de estos dos grupos existen
diferencias y desigualdades significativas: de género, generacionales y sobre todo
en lo que se refiere a la cantidad de tierra que poseen y a las posiciones que ocupan
dentro de la comunidad -redes de parentesco y relaciones políticas-. La tierra y los
derechos ejidales han significado diferentes cosas para diferentes personas y
significan más que un medio económico de sobrevivencia (Nuijten, 1998).

A partir del análisis del proceso histórico de apropiación del territorio ejidal
descubrimos la presencia de una contradicción básica: apropiada y explotada de
manera individual, la tierra ejidal ha sido concebida como territorio colectivo de la
comunidad. El formar parte, vivir y convivir dentro de la localidad, ha sido el
requisito indispensable para tener derecho al usufructo de la tierra. Este concepto

                                                                                                               
134Es significativo este hecho en relación a la situación desigual que viven las mujeres con respecto a
la posesión de la tierra: de las 33 ejidatarias registradas en 1983, casi la mitad, usufructúa
superficies menores a las 3 ha., es decir, lo correspondiente a las fracciones parceladas asociadas
con sus derechos agrarios. RAN, Exp. Derechos Agrarios, Fraccionamiento 1, Tomo B, 1979-1995,
folios # 652-673, Acta de Inspección Ocular practicada en el ejido de Chiltoyac, complementaria a la
Investigación General de Usufructo Parcelario, el 23 de mayo de 1983. Consultar el Cuadro anexo en
el trabajo.

139
de territorio colectivo se ha sustentado desde el inicio de la reforma agraria en las
prácticas locales de organización ejidal-asambleas ejidales, faenas, cooperaciones,
dirigencias-, a través de las cuales se manejó la distribución y el uso de la tierra, y
en cuyos espacios se han dirimido los conflictos locales. La coexistencia
contradictoria entre el concepto de territorio colectivo y el uso individual de la
tierra, junto con una forma de organización política del ejido que excluye a los
comuneros, en un contexto local en el que el ejido ha sido un factor central en la
reproducción social de los pobladores y de la comunidad, da lugar a evaluaciones y
respuestas locales ambivalentes y contradictorias, producto de una configuración
sociocultural heterogénea donde los distintos grupos locales despliegan visiones e
intereses particulares.

En la legislación agraria encontramos una contradicción básica similar: ha


permitido la posesión individual de las parcelas ejidales a la vez que su uso y
distribución han sido mediados por reglas sociales. La normatividad legal
proporciona los procedimientos para la división de la tierra cultivable en parcelas
individuales y posibilita que los ejidatarios elijan un heredero. Estos dos elementos
hacen que la tenencia ejidal de la tierra revista un carácter similar al de la
propiedad privada. El carácter social de la tierra ejidal, por su parte, se ha
sustentado en el principio básico de que “la tierra es para quien la trabaja” de tal
forma que el ejido debe servir para proveer la subsistencia de las familias y de las
comunidades campesinas (Nuijten, 1998). Esta tensión entre el carácter individual
y el carácter social de la tenencia ejidal es fundamental para descubrir los
significados diferenciados en torno a la tierra y al ejido, y las particularidades de los
procesos locales ante la nueva ley agraria.

140
2.4.- Procesos de adaptación y resistencia ante la nueva ley agraria

“Yo ya les dije a mis hijos:


las tierras no son de ustedes, son del gobierno,
nosotros somos como trabajadores,
eso es lo que soy yo...
Pero las tierras están cubiertas de plantas
y esas plantas me pertenecen a mi o a mi familia
y el día que llegue yo a faltar y que viniera el Procede,
pues el derecho es de mi familia...
si otra persona quiere las tierras
tendrán que pagar las plantas...”.135

En un contexto local en el que el ejido ha sido factor central en la organización


social, las reformas en materia agraria se han percibido, en su conjunto, como
amenazantes para la sociabilidad de la comunidad. Desde que los visitadores de la
Procuraduría Agraria llegaron en 1993 a informar sobre el Programa de
Certificación de Derechos Ejidales (Procede), hasta la fecha, los ejidatarios de
Chiltoyac se han negado a ingresar al programa. Un conflicto en relación con los
linderos del ejido, ha sido el motivo que esgrimen los ejidatarios ante la
Procuraduría Agraria para no ingresar: se trata de 14 hectáreas de tierra que desde
hace aproximadamente 60 años están siendo ocupadas por viviendas del poblado
vecino de Tronconal. La cantidad de tierra en cuestión representa solo el 1% de las
1350 hectáreas del ejido de Chiltoyac.

Según el diagnóstico del ejido realizado por los visitadores agrarios del
Procede en mayo de 1994, el ejido no es viable para su incorporación al programa
“por falta de interés” por parte de los ejidatarios. Sin embargo en 1997 los
ejidatarios dieron su voto aprobatorio para ingresar al programa en la llamada
“Asamblea de Información y Anuencia”. A la fecha, el programa se encuentra
suspendido por la existencia de “conflictos por límites” con el ejido de El
Tronconal136.

                                                                                                               
135
Sr. Regino Sosa, comunero, Chiltoyac.

136Información obtenida en entrevista con el visitador agrario de la Residencia Xalapa, Delegación

141
El ingreso al Procede y la resolución de este conflicto son asuntos que se han
discutido al interior del núcleo ejidal, muchas veces sin la presencia de las
autoridades de la Procuraduría Agraria. Los ejidatarios de Chiltoyac no han
permitido que los agentes gubernamentales intervengan demasiado en el asunto.
De acuerdo con la información proporcionada por la visitadora agraria, los
ejidatarios de Chiltoyac “son muy cerrados”, a ella no le permiten asistir a las
asambleas ejidales si no la invitan previamente. En la asamblea llevada a cabo en
agosto de 1998, por ejemplo, ante la presencia de la visitadora agraria, se trató el
conflicto con el ejido de Tronconal, sin embargo no se llegó a ningún acuerdo y
decidieron postergar la discusión sin la presencia de la funcionaria gubernamental
para tomar el acuerdo con respecto a las tierras en conflicto. Hasta hace poco
tiempo había dos posiciones entre los miembros de la asamblea ejidal: una parte de
ellos se pronuncia por “recoger los terrenos” y otros opinan que es mejor negociar
los terrenos a cambio de algún beneficio para la comunidad.137

Al interior de la organización ejidal y del poblado en su conjunto no hay una


posición homogénea ni precisa en relación con la conveniencia de ingresar al
Procede. Los dirigentes del comisariado ejidal opinan que el ingresar al programa
les facilitaría la relación con las agencias gubernamentales y de crédito, sin
embargo manifiestan mucho temor ante la posible agudización de la venta de
tierras del ejido. Desde que los primeros visitadores del Procede llegaron al
poblado, los ejidatarios y comuneros tiene la convicción de que ya es legal vender la
tierra al margen de la asamblea ejidal: “Un delegado vino a decir que ya se podía
vender, que ya había cambiado la ley, que nuestros títulos ya no iban a servir”138.
Ello ha provocado que se agudicen las transacciones de compra-venta de tierras
ejidales a gente de fuera de la comunidad, lo cual rompe con la normatividad
interna del ejido y con el control que hasta hace pocos años ejercía la asamblea -y

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
de la Procuraduría Agraria en Veracruz, Xalapa, marzo del 2000.
137
Información proporcionada por la Ing. Luz Ma. Espinosa, visitadora de la Procuraduría Agraria,
Residencia de Xalapa, Delegación Veracruz. Xalapa, septiembre de 1998.
138Entrevista con los miembros del comité ejidal, Chiltoyac, julio de 1998.

142
sobre todo la dirigencia- sobre las transacciones de tierra ejidal entre los
pobladores de Chiltoyac. Por otra parte, la información que se maneja acerca de lo
que ha estado sucediendo en algunos ejidos vecinos es motivo de alarma para la
dirigencia ejidal de Chiltoyac.

“Hay quienes les interesa más el dinero que la tierra, entonces van a
vender y va a venir gente de fuera y van a empezar los problemas, porque
esa gente no va a querer participar en las faenas del pueblo. Uno está
viendo el futuro, por eso no queremos abrir el abanico. Nos estamos
defendiendo. La presión para vender es muy grande. La gente que quiere
comprar, que tiene poder económico, va a cercar a la gente de aquí, poco a
poco. En San Juan, los dueños de parcelas ahora son peones en las mismas
tierras que eran de ellos. Están llegando japoneses a otras comunidades.
Haciéndose el Procede es peor, nomás se abren las puertas. Hasta ahora
hemos estado sosteniendo la situación, tratando de hacer conciencia para
que no se venda la tierra, de lo contrario vamos a ser esclavos de otra
gente o vamos a tener vecinos extraños.” 139

A través de esta evaluación se puede observar que los dirigentes ejidales ven
en la aplicación del Procede y en la liberalización de la tierra ejidal una situación
que amenaza la sociabilidad al interior de la comunidad, en la medida en que
perciben la posible transformación hacia la propiedad privada como una apertura a
agentes externos con intereses distintos, y con ello la eventual fractura
comunitaria. Ello pone en peligro, también, su propia posición -dominante- al
interior de la organización ejidal y de la comunidad en su conjunto. Sin embargo,
los comuneros, que están excluidos de la toma de decisiones al interior de la
organización ejidal, ven la posibilidad de obtener certificados y de disponer de
manera individual de su tierra como una oportunidad para lograr tener un
documento legal que ampare sus derechos sobre la tierra. Otos comuneros valoran
positivamente el nuevo programa en términos de los asuntos políticos locales: “…el
                                                                                                               
139Ibidem.

143
Procede si nos beneficiaría porque todos seríamos iguales, en cuestión de las
decisiones en las asambleas participaríamos todos…”140.

Esto no quiere decir que de manera mecánica todos los ejidatarios estén en
contra de la aplicación del Procede, ni que los comuneros la defiendan sin tomar en
cuenta los “riesgos” que su aplicación conlleva para la sociabilidad comunitaria.
Más bien encontramos la coexistencia entre estas dos visiones en un proceso
continuo de negociación del significado del programa al interior de la comunidad.
Uno de los aspectos que más se pondera en las evaluaciones acerca de la nueva ley
agraria es el que se refiere al pago de impuestos ya que se considera que con la
regularización de la tenencia de la tierra bajo las nuevas condiciones legales, se
incrementará el pago de las contribuciones fiscales.

En un contexto de evaluaciones y respuestas heterogéneas al interior de la


comunidad, es posible observar algunas de las tendencias que emergen a nivel
local, como resultado de las transformaciones en los marcos de regulación estatal y
de la crisis económica estructural por la que desde hace varias décadas atraviesa el
país y en particular el sector rural. Es claro que la nueva ley agraria ha reforzado
una tendencia al incremento en la venta de tierras que se venía presentando, de
hecho, desde finales de la década de los ochenta, a raíz de la crisis del café y de la
privatización de la industria azucarera. Uno de los factores que está impactando de
manera fundamental al ejido de Chiltoyac es el crecimiento de la mancha urbana de
la vecina ciudad de Xalapa –ver el mapa “Ejido de Chiltoyac. Base topográfica y
división municipal”, al final del capítulo”-. El conflicto con el ejido de El Tronconal
-que si recordamos es el motivo esgrimido por los ejidatarios de Chiltoyac para no
entrar al Procede-, justamente tiene que ver con el rechazo, por parte de los
ejidatarios de Chiltoyac, de las prácticas de especulación con la tierra en los ejidos
circunvecinos, especialmente en el de El Tronconal, en donde muchos de los
ejidatarios han vendido su tierra para uso urbano –en el mismo mapa se puede
observar que una parte del ejido de Tronconal esta adentro de la mancha urbana de
                                                                                                               
140
Sr. Niséforo Cortés, 51 años, comunero, guardacorte -responsable de la cosecha de caña del
ejido-, Chiltoyac, febrero, 2000.

144
la ciudad de Xalapa-.

El escenario de confinamiento del mercado de tierras ejidales al espacio


comunitario, está siendo modificado actualmente en el contexto de los actuales
procesos de urbanización y de crisis agrícola regional. La venta de la tierra a
personas ajenas a la comunidad se ha acelerado y la sección del ejido que colinda
directamente con la ciudad de Xalapa está dejando de ser propicia para la
agricultura, ya que se trata de terrenos conurbados donde la gente que vive en las
colonias cercanas roba cualquier cosa que se siembra. Los ejidatarios y comuneros
de Chiltoyac se sienten amenazados por la posibilidad de ver invadidos sus terrenos
por asentamientos urbanos irregulares. Actualmente la parte del ejido que colinda
con la zona urbana -unas 10 ha. aproximadamente en la zona de El Palenque- está
en peligro de ser incorporada al mercado de urbano de tierras. En la visita que hizo
el actual subdelegado de la zona norte del municipio (febrero de 2001) se trató el
asunto de la lotificación de tierras ejidales en esa zona y el Sr. Ciro Velásquez -
comunero y secretario del patronato local del agua- comentó al respecto: “....el que
siembra en tierra ajena hasta la semilla pierde...”, aludiendo a que de ninguna
manera serían legítimas las ventas de tierra para lotificación. Estos son los riesgos
que ven los ejidatarios al incorporarse al Procede, aunque para algunos -
principalmente para los comuneros- pudiese ser ventajoso obtener certificados de
posesión de la tierra, lo cual, además incrementaría el precio de la tierra en el
mercado.

La mayoría de los ejidatarios y comuneros de Chiltoyac ven en la venta de la


tierra una alternativa no deseable y extrema; en general, la decisión de vender la
tierra se identifica con una actitud irresponsable que atenta contra el patrimonio de
la familia o de la comunidad -en los actuales casos de ventas a personas de fuera-.
Sin embargo, muchos jóvenes no muestran interés en el trabajo agrícola, y algunos
de ellos salen a trabajar o a estudiar a la ciudad cercana de Xalapa, o a otras
ciudades del país, para ya no volver a radicar en su pueblo. La inserción de los
pobladores de Chiltoyac a las corrientes de migración hacia Estados Unidos es una
tendencia emergente que se incrementa a un ritmo muy acelerado.

145
La crisis agrícola regional junto con este proceso migratorio reciente está
dando lugar a la emergencia de procesos que están transformando los significados
en torno a la tierra y al ejido para los pobladores rurales de Chiltoyac, quienes
dejan de percibir al trabajo agrícola como una alternativa de subsistencia digna,
optando masivamente por migrar temporalmente al país del norte, siempre con la
esperanza de volver141. Esto no significa, sin embargo que la tierra deje de ser
importante y que el ejido necesariamente vaya a desaparecer. Muy pocos de los
migrantes a Estados Unidos están vendiendo sus tierras para irse y muchos
pretenden crear un fondo de ahorro para invertir en sus actividades productivas al
volver.

Al mismo tiempo, el precio de la tierra se incrementa ante la expectativa de


regularizar la posesión individual de la misma y el sentido de la tierra como
propiedad privada empieza a consolidarse142. La centralidad del ejido en tanto
organización social comunitaria para la gestión y la regulación de un territorio
agrícola colectivo se desvanece, lo cual sin embargo contrasta con el gran temor
que manifiestan los pobladores ante la venta de tierras a personas ajenas a la
comunidad. Después de ocho años de decretada la nueva ley agraria, los
procedimientos para la certificación de los derechos ejidales no se han iniciado
todavía en la localidad, sin embargo el proceso de mercantilización de la tierra
ejidal se ha agudizado considerablemente.

El conocimiento que localmente se tiene en relación con la nueva ley, al


considerar que cada quien es libre de negociar con sus fracciones ejidales, propicia
una pérdida relativa de poder de la instancia ejidal a nivel local. En los últimos

                                                                                                               
141
Algunos de los jóvenes entrevistados que tenían la intención de irse a trabajar como inmigrantes
indocumentados a Estados Unidos manifestaron su intención de irse por un tiempo para regresar:
comprar tierras, poner un negocio o invertir. Evidentemente sus expectativas tienden a cambiar
después de la experiencia migratoria.
142
“ Es ridículo tener que pedir permiso a una asamblea para vender, por qué tengo que andar
pidiendo permiso para vender algo que es mío...”. Sr. Régulo Tejeda Rosas, 33 años, comunero,
agente municipal, Chiltoyac, enero del 2000.

146
meses, a raíz de la derrota del PRI en las elecciones municipales de 1997, la
agencia municipal se ha convertido en objeto central de disputas locales. Ante las
nuevas disposiciones en materia agraria y aunque el ejido no haya procedido a
hacer las gestiones para ingresar al Procede, se dejan sentir los efectos sobre una
organización ejidal que pierde relativamente sus atribuciones en el manejo y
gestión de la tierra.

A pesar de esto, frente a los embates de las políticas neoliberales y del


mercado de tierras urbano, el ejido es considerada localmente como una instancia
de protección. Se defienden de posibles ventas de tierras y utilizan el carácter
colectivo de esta forma de tenencia para protegerse de posibles embargos por
créditos no pagados: “aquí nos avala el ejido que es una instancia colectiva”, así lo
expresa un líder local al referirse a las ventajas que en tanto ejidatarios tienen, al
recibir los escasos recursos crediticios por parte del ingenio y del programa de
Alianza para el Campo. En este caso el ejido funge como aval de los productores.

Es difícil prever cual será el futuro de la organización ejidal en Chiltoyac, el


cual está fuertemente relacionado con los esquemas de reproducción material y las
estrategias que desplieguen los ejidatarios. Las transformaciones en estos niveles
pueden dar lugar al surgimiento de nuevos roles del ejido al interior de la
comunidad y a nuevas prácticas organizativas comunitarias. Otras experiencias
locales en la región están mostrando una tendencia al desmantelamiento de la
organización ejidal y a la privatización de la tierra, con el consiguiente proceso de
concentración de la misma en manos de empresarios agrícolas. En otros casos, sin
embargo, el rol del ejido está siendo redefinido. Al perder su importancia en el
ámbito del control de la tierra puede fortalecer su rol en el terreno de la
organización política y de representación comunitaria.

147
CAPÍTULO III
EL BARRIAL, LA BEZANA, LA FINCA Y LAS SIEMBRAS
USOS DE LA TIERRA Y REPRODUCCIÓN CAMPESINA EN CHILTOYAC

Durante los últimos cincuenta años, los campesinos-ejidatarios de Chiltoyac han


construido y reconstruido sus formas de vida alrededor de un complejo sistema
productivo que ha combinado la agricultura comercial de plantación con cultivos
de autoconsumo y la actividad artesanal. A lo largo de esta historia ejidal, la
siembra de maíz y la actividad alfarera, y particularmente los cultivos de
plantación, han regido los tiempos y espacios de la vida social; los tiempos de
zafra, los del corte de café y el de la huaca143, han definido los ritmos de la vida de
los pobladores de Chiltoyac. Como se ha mencionado antes, a partir de la década de
los cincuenta la tierra del ejido se destinó cada vez más para los cultivos de
plantación y los ejidatarios se transformaron en productores cañeros y cafetaleros
asociados a los complejos agroindustriales respectivos. La actividad alfarera y la
siembra de maíz pasaron a ocupar un lugar secundario dentro de las estrategias de
subsistencia de las familias. La expansión de los cultivos de caña y de café dio lugar
a la configuración de un estilo particular de ser campesino para estos pobladores.

El cultivo de la caña significó una transformación fundamental tanto en las


condiciones de vida como en las formas de organización del trabajo al interior de
las empresas domésticos. El flujo de los recursos crediticios les permitió mayores
posibilidades para el conjunto de sus actividades productivas. La organización de
un proceso productivo financiado por la institución crediticia, les proporcionó
ingresos continuos por la vía de los salarios por jornales en las diversas actividades
                                                                                                               
143El llamado tiempo de la huaca alude a los meses de escasez -comúnmente entre los meses de
septiembre y octubre, cuando ya pasó un mes desde que recibieron la liquidación de la caña y
todavía no empiezan ni el corte de café ni la cosecha de caña -zafra-. “Estamos en la huaca”, en el
tiempo muerto, “…ahorita no hay dinero, nadie tiene dinero”, -julio de 1999-. “…este tiempo no se
compara con el rejuego que hay en el pueblo en la temporada del corte de café... Es cuando llegan
de otros lugares los cortadores, familias entera…s”. Entrevista con el Sr. Régulo Tejeda, 33 años,
comunero, agente municipal, y con Minerva Chores, 33 años, esposa del agente municipal,
Chiltoyac.

148
del cultivo, además de un ingreso al final de la cosecha –“preliquidación” y
“liquidación”. Posteriormente, a partir de la constitución de la Unión Nacional de
Productores Cañero en la década de los setenta, se incluyeron una serie de
prestaciones y garantías que incidieron en una situación de mayor seguridad
económica: pensión y seguro social, préstamos personales en momentos de
necesidad o para la fiesta de Todosantos, entre los más relevantes. Los ingresos por
liquidaciones, además de utilizarse para cubrir las necesidades básicas se
incorporaron como parte del “fondo de ahorro” y del “fondo ceremonial”: vivienda,
educación, fiestas (Wolf, 1971: 16)-; además permitieron la inversión hacia otras
actividades agrícolas, principalmente hacia el cultivo del café y la siembra de maíz.
De esta manera el cultivo de la caña se integró de manera central en las estrategias
de reproducción de los campesinos de Chiltoyac. En los últimos diez años los
productores viven cambios significativos a raíz de la privatización de la industria;
las “ventajas” que recibieron durante una época de auge -estatización-, se han
desvanecido y cada vez menos productores rurales minifundistas pueden sostener
el cultivo.

Como veremos en este capítulo, la expansión de la plantación cafetalera en


el ejido se dio de manera distinta. En contraste con la caña, en el cultivo del café,
los productores no dependen de una sola planta de transformación industrial -
como es el caso del ingenio que genera zonas de influencia a su alrededor,
estableciendo lazos de absoluta dependencia para los productores cañeros-. Aún
cuando la necesaria integración agroindustrial de estos cultivos y la inestabilidad
del mercado mundial del producto, son elementos que los hacen semejantes,
existen diferencias en cuanto a la complejidad de su transformación industrial y a
la organización de recursos productivos que ello genera. En este sentido, los
cafetaleros han mantenido cierto grado de autonomía frente a la agroindustria en el
ámbito de las actividades productivas; una parte de la producción del café ha sido
procesado artesanalmente por los propios productores y a pesar de que a partir de
la creación del Inmecafé se integraron a una esquema comercial controlado por las
agencias gubernamentales, la organización del trabajo en las actividades
propiamente agrícolas ha sido íntegramente manejada por las empresas

149
domésticas. A diferencia del cultivo de la caña, el café es un cultivo generalizado en
Chiltoyac, todas los grupos domésticos, en distintas proporciones desde luego,
poseen al menos una pequeña finca de café144. Asimismo, este cultivo se integra de
manera muy distinta a la empresa doméstica, primero porque es un cultivo de
autoconsumo, siendo que todas las familias procuran guardar un poco de la
cosecha para procesarlo artesanalmente y consumirlo durante el año; segundo
porque la organización de la producción involucra formas de organización del
trabajo en el que participa el grupo familiar extenso. Siguiendo los planteamientos
de Guillermo Bonfil (1987) en su teoría del control cultural, podríamos decir que el
cultivo de café, aún siendo un cultivo de plantación integrado a las cadenas
mercantiles globales, se ha desarrollado como una forma cultural apropiada.

En este capítulo se destaca la importancia de profundizar en las formas de


reproducción material y sociocultural desde el punto de vista de los procesos
productivos en que los campesinos de Chiltoyac se han involucrado a lo largo de su
historia ejidal. Vemos la interrelación e interpenetración de las diferentes
actividades productivos en la reproducción de estas familias rurales, la
configuración de una cultura campesina alrededor de éstos y cómo las formas de
organización social del trabajo al interior de las empresas domésticas campesinas
en Chiltoyac se han sustentado en relaciones donde los lazos de parentesco y la
comunidad han sido fundamentales.

“…el trabajo, -nos dice Allen Isaacman (1993)- o más precisamente, las
diferentes formas del proceso laboral, han tenido un profundo impacto en el
universo material y cultural de los campesinos… La distribución del trabajo
es culturalmente construida, vinculada con nociones sobre ética laboral, con
ideologías de género, con obligaciones normativas basadas en la familia, en
el parentesco, y con la lucha sobre los significados…”. (:206-207).

El llamado trabajo en junta y las diversas formas asalariadas y no asalariadas de

                                                                                                               
144En 1983 alrededor del 23% de la superficie ejidal estaba ocupada con caña de azúcar, el 40% con
café, el 15% con maíz y el 20% restante de la superficie era monte y potrero (Ver cuadro p...). En
1994 había aproximadamente 230 productores de caña registrados en el ingenio y 400
cafeticultores registrados en las asociaciones de crédito correspondientes.

150
organización del trabajo agrícola y no agrícola a lo largo de la historia y en las
diferentes actividades productivas, han sido estrategias fundamentales de la
reproducción campesina de los chiltoyenses. La expansión de los cultivos de caña y
de café se dio a través de la combinación de prácticas organizativas del trabajo que
involucraron al grupo familiar extenso, y al interior de éste, al manejo del crédito y
a las relaciones salariales de trabajo como base fundamental de las estrategias de
reproducción de las empresas domésticas de estos campesinos. Tanto en la caña
como en el café, los productores han dependido del crédito oficial -más
intensamente en el caso de la caña- para realizar las actividades agrícolas y para
lograr su subsistencia cotidiana. El crédito ha sido fundamental en la organización
cotidiana de la reproducción social y paradójicamente ha reforzado la dependencia
de los campesinos al contexto global.

El análisis de las formas sociales de organización productiva, nos permite


observar la manera cómo en los distintos momentos históricos, las instituciones
relativas a la organización del trabajo, tales como la familia extensa, la división del
trabajo al interior de los grupos domésticos y las distintas formas de intercambio
de trabajo entre grupos domésticos y en las distintas actividades productivas, son
utilizadas por el capital y el Estado para extraer excedentes de los campesinos. Al
mismo tiempo que las relaciones sociales subyacentes a estas instituciones están
basadas en una ideología fundada en la reciprocidad. Esta contradicción
fundamental, ha dado lugar a la transformación continua en el funcionamiento de
estas formas de organización del trabajo. (Smith, 1989: 29-30).

En suma, las formas de trabajo basadas en relaciones personales de


parentesco, de amistad y de compadrazgo, al interior y entre las empresas
domésticas de estos productores rurales, conllevan una doble y ambivalente
función: al mismo tiempo que sirven de base para la reproducción de las familias y
de la comunidad campesina, integran su trabajo a la economía capitalista. Esto ha
dado lugar a la polémica en torno a la “persistencia de formas no capitalistas de uso
de fuerza de trabajo” como un rasgo central de la cultura campesina. Algunas
corrientes destacan este proceso como un mecanismo que utiliza el capitalismo

151
para disminuír los costos de reproducción de la fuerza de trabajo, haciéndolas
funcionales a la dinámica del capital, mientras que en otras se enfatiza en el
carácter de resistencia de estas dinámicas sociales y culturales hacia el capitalismo
(Long, 1984). A través de la historia productiva de Chiltoyac, más que contraponer
estas interpretaciones, lo que se constata es “la doble especificación de este tipo de
producción”, es decir, las formas de producción campesinas, a la vez que obedecen
a los imperativos de la reproducción social de las familias y de la comunidad, han
estado supeditadas a las determinaciones de una formación social mayor (Smith,
1989: 19).

152
153
Mapa

154
Ciclo agrícola

155
3.1.- LA ALFARERÍA EN CHILTOYAC

“Yo tengo entendido que nosotros somos de barro, que Adán fue hecho de barro...
por eso no es bueno tirar el barro. Es nuestra tradición, el barro no se debe de desperdiciar
ni se debe maltratar, así nos impusieron las antepasadas, que el barro se debe cuidar.
Además, el barro se debe tratar con cariño, se debe trabajar con amor,
porque si no, se quiebra... eso nos decían...
El proceso del barro es muy misterioso, si lo trata uno mal se rompen las cosas...
es una tradición muy antigua.” 145

De acuerdo con los documentos y las leyendas sobre el origen del pueblo, la
actividad alfarera es muy antigua y ha sido fundamental en la reproducción de las
familias y de la comunidad a lo largo de los siglos. Aunque en la actualidad la
elaboración de loza ha dejado de ser predominante, algunas familias se dedican a
ella y muchas poseen el conocimiento del oficio. La alfarería es un oficio femenino,
donde el conocimiento se ha ido transmitiendo de madres a hijas y de suegras a
nueras. Esto no implica, sin embargo, que haya sido exclusivo de la mujer; la
división del proceso productivo ha incluido la participación activa de los hombres
en varias fases del proceso y algunos varones jefes de familia se han dedicado a esta
actividad como fuente fundamental de subsistencia. La alfarería en Chiltoyac ha
sido una actividad productiva donde participa el grupo familiar en su conjunto,
aunque el lugar central es preponderantemente femenino.

La alfarería ha constituido un elemento central en la construcción del


sentido de pertenencia para los pobladores de Chiltoyac a lo largo de su historia. La
relación que han establecido con el territorio ejidal y sus estrategias de
reproducción han estado permeadas, de distinta manera, en las diferentes
coyunturas, por su identidad como alfareras (os). La organización familiar extensa,
el lugar central ocupado por la mujer en la organización del trabajo y la
transmisión del oficio de generación en generación por la vía femenina, han sido
aspectos fundamentales en la configuración de la cultura campesina local.
                                                                                                               
145Gloria Sosa, 60 años, alfarera, Chiltoyac, diciembre del 2000.

156
La tradición oral de la localidad nos informa que durante el siglo XIX, los
pobladores de Chiltoyac “vivían de la alfarería”; esta actividad les permitió la
reproducción de las familias y de la comunidad, en un contexto regional de
expansión de las haciendas y plantaciones. La elaboración de loza para la venta en
el mercado regional, les permitió obtener ingresos cotidianos para la subsistencia
familiar.

“...Haciendo ollas, comales y tinajas, con eso nos alzaron a nosotros, nueve
de familia… Mi papá se iba a trabajar a la hacienda y nosotros hacíamos
ollas y comales, mi mamá nos enseñó...”.146

Como se mencionó en el capítulo anterior, durante las primeras cuatro


décadas desde la formación del ejido (1920-1960), la capacidad productiva de los
campesinos era muy limitada, ocupaban pequeñas fracciones -parcelas- para las
siembras de maíz -milpa-; pocos ejidatarios tenían la posibilidad de introducir caña
y café, y utilizaban algunas fracciones para pequeños potreros. Durante esa época,
la actividad alfarera era muy importante en la subsistencia de las familias.

“Aquí en Chiltoyac todos hacían comales, tapaderas, anafres y vendían en


Xalapa, Coatepec, Teocelo, Xico, Rinconada, Carrizal... Mi mamá hacía
ollas y yo también me dediqué a eso. Íbamos a traer el barro a la barrera,
se amontonaba y se pisaba, después se molía para hacer las tapaderas y
los comales. Comales se hacían una y media o dos docenas, diario. No se
                                                                                                               
146Entrevista con la Sra. Casimira Cortés, 85 años, Chiltoyac, julio de 1998. La familia Cortés
todavía encuentra en la alfarería un medio de subsistencia. La Sra. Casimira y su marido -que
falleció en el año 2000-, tienen tres hijas mujeres y dos varones: Juana (60 años), Plácida,
Esperanza, Silverio y Timoteo. Para doña Casimira, la actividad alfarera ha sido desde la época de
sus padres y abuelos muy importante. Ella aprendió el oficio de su madre y actualmente es ella
quien dirige la actividad, aunque ya no tiene la fuerza necesaria para realizar algunas de las tareas.
Las hijas y la nieta y eventualmente los hijos y el sobrino -cuando no tienen que ir al campo- son los
que van a recoger el barro al barrial -lo acarrean en cubetas y con una bestia- Las hijas muelen el
barro y doña Casimira hace los comales. Ya no hacen ollas porque se les rompieron los moldes.
Cuando sus hijos eran chicos, doña Casimira hacía 6 docenas de comales a la semana y quemaban el
sábado o el domingo. La hija mayor acompañaba al padre a vender los comales a Xalapa.
Actualmente a veces llegan gentes de Teocelo, San Lorenzo, San Antonio Tepetlán, San Pablo y
Tonayán a comprarles los comales. Chiltoyac, julio de 1998.

157
hacía mucho porque se quebraban. Se quemaban y luego luego a llevarlas,
a donde quiera, a Banderilla, a Xalapa... Yo llevaba cargando comalotes
grandotes, porque había unas tortillerías donde había seis, siete mujeres
echando tortilla en los comales... no era como ahora que son eléctricas.
Llevaba el comal en bestia, dos cargas en cajas. A veces llevaba yo cuatro o
seis cajas... Eso fue como en el cincuenta o sesenta... Pero se acabó todo eso,
ahora las tortillerías son con pura electricidad, ya se acabó la alfarería...
Ahora nos dedicamos al café, a la caña... Antes no había otra cosa,
haciendo loza la pasábamos....”.147

La expansión de la plantación cañera y cafetalera durante las siguientes


décadas, 1950-80 tuvo implicaciones fundamentales en las formas de reproducción
material y sociocultural de los pobladores. La actividad alfarera y la milpa pasaron,
paulatinamente, a ocupar un lugar secundario en las estrategias de subsistencia
familiar. Sin embargo, algunas familias que no tuvieron acceso a la tierra -o que
tenían fracciones muy pequeñas- encontraron en la alfarería una alternativa para la
subsistencia familiar dentro del pueblo, combinada con la actividad agrícola para el
autoconsumo.

“Mi papá fue comalero de verdad, todavía hace 10 años hacía comales... de
eso vivíamos, de los comales. El no tenía tierras, lo dejaron sin tierras, pero
pedía prestado para sembrar maíz, frijol, pepino. Le gustaba sembrar y le
prestaban la tierra a cambio del trabajo del desmonte... Muchas veces,
cuando mi papá se iba a vender comales, los cambiaba por frijol, maíz o
pipián, lo que se cosechara... Íbamos a vender a San Antonio, ahí los
cambiábamos por quesos. Yo y mis hermanas también hacíamos comales...
ya después estuve aprendiendo a hacer ollas, macetas... Mi papá tenía su
banco donde molía pelototas de barro, le gustaba mucho moler. Un día
molía y al otro día hacía los comales, se hacía dos o tres docenas de

                                                                                                               
147Entrevista con el Sr. Gregorio Ortíz, 83 años, ejidatario de la segunda generación, Chiltoyac,
agosto del 2000.

158
comales por día con el barro ya molido. Venían unas señoras de Xalapa a
comprárselo y si no, él lo llevaba a vender a todas las rancherías, se
llevaba un burro. Tenía dos cajas grandes donde acomodaba 15-18 comales
para llevarlos a vender a Xico, Teocelo, Tuzamapan. Se iba a las cuatro de
la mañana y cuando le iba bien en la venta venía como a las tres o cuatro
de la tarde, si no, ya venía llegando de noche. Todavía a Andrés, el hijo de
mi hermano que se crió con mis papás -tiene 20 años- le tocó ir a vender
comales. Vendía a 3 pesos cada comal, depende, si le compraban más pues
los daba más baratos... como 2 pesos los comales...
“ A veces mi hermana hace comales, todavía, con su suegra... A mí se me
antoja hacer unas macetas pero no tengo todos los instrumentos de la
alfarería...Todas mis hermanas hacen comales, es bonito jugar con el
barro... lo que más cansa es moler el barro. Para hacer los comales es un
proceso: primero se muele el barro, se hacen los comales y luego se afilan,
ya que se enduran, cuando se secan, se alisan para quemarlos y después se
pintan. Mi papá escogía los días soleados para quemar, la leña la traía en
un día, la partía muy bien partidita y ya después todo un día se dedicaba a
puro quemar. Para hacer el horno primero se hace la cama con los palitos
de leña y ahí se van acomodando los comales. El tamaño de la cama
depende de la cantidad de comales que se vayan a poner. Se pintan con
tinta roja y con tinta blanca. La tinta roja la compraba mi papá, se la
venían a vender unas señoras. La tinta blanca la traían de aquí abajo, de la
calzada que va a San Juan, de ahí íbamos a traerla con mi mamá, se
escarbaba la tierra para sacar la tinta, ella se juntaba con otras señoras
para traerla... Mi papá entregaba 10 o 20 docenas de comales en Xalapa,
venían a encargarle... dejó de hacerlos porque la gente empezó a usar
comales de lata, pero esos no son bonitos, la tortilla se quema.”148

                                                                                                               
148Entrevista con Trini Ortíz, 25 años, marzo, 2000.

159
3.1.1.- El barrial

Durante los últimos cien años los espacios territoriales que la comunidad ha
establecido para extraer el barro se han ido reduciendo paulatinamente. Antes de la
formación del ejido “había un lugar dentro del fundo legal”, donde las familias
extraían el barro para la elaboración de comales, ollas y tinajas –ver el “Plano
General del Deslinde y Reparto del Fundo Legal, 1889”- 149 . Posteriormente,
durante los trabajos técnico administrativos gubernamentales de distribución del
territorio ejidal a la comunidad -proceso de reforma agraria-, “el ingeniero marcó
una área de terreno para sacar barro, para todos los del pueblo... ahí está el
barrial-.150

Actualmente, lo que antes fue la “barrera pública”, dentro del fundo legal,
está totalmente poblada -barrio de La Barrera- y una gran parte de la fracción del
territorio ejidal inicialmente señalada por el ingeniero que hizo el reparto agrario,
ahora se encuentra ocupada por la parcela escolar -con plantación cañera-:
“Antes el barrial era mucho más grande, pero sembraron caña en un
pedazo, en la parte donde esta el mejor barro... esa parte se la dieron a la
parcela escolar151 y nos dejaron una parte muy pequeña, sólo una orilla.
Esa parte se quedó para toda la gente que quiere trabajar, es del pueblo,
todo el que quiera hacer loza va a traer ahí su barro...”152.

Las alfareras se quejan de que el barrial se encuentra muy reducido y en muy mal
estado:
“...La gente no respeta el barrial, lo cogen para potrero, y cuando hay café
                                                                                                               
149Este lugar fue conocido como “barrera pública”. Durante los últimos 50 años se ha ido poblado
hasta formar uno de los cinco barrios del poblado - “La Barrera”, o “el barrio de los indígenas”,
como recientemente lo ha llamado una de las candidatas a la agencia municipal.
150 Sr. Wenseslao Velázquez, 80 años, Chiltoyac, noviembre de 1999.
151 El deslinde de la parcela escolar se hizo en 1970. La fracción de terreno ocupa una superficie de
6.74 ha. que están sembradas con caña. Hay un comité administrador de la parcela escolar,
integrado por un presidente, un secretario y un tesorero; el comité depende de la instancia ejidal -
comisariado y asamblea-. RAN. Expediente núm. 36, Folio 210. Chiltoyac.
152 Entrevista con la Sra. Gloria Sosa promotora y presidenta del Comité de Alfareras de Chiltoyac,
septiembre de 1999.

160
y lavan el grano en el beneficio -que esta arriba del barrial- el agua sucia
llega hasta abajo... hay drenajes que llegan al barrial, y como alrededor
hay cañales, cuando abonan y llueve, todo el abono se va también hacia el
terreno donde está el barrial... Y es un barrial muy rico, hay barro negro,
rojo, blanco y cenizo”153

Al parecer, el barrial no le interesa tanto a los ejidatarios, quienes valoran más la


plantación cañera de la parcela escolar154, sin embargo el comité de alfareras se
encarga de cuidarlo, claro, de acuerdo a sus posibilidades. Al respecto, la
presidenta del comité se queja de que la gente a veces no quiere cooperar para el
pago de la limpia del barrial; sin embargo ahorita están esperando “a que pasen las
aguas” para volver a chapear -limpiar-, ya que “ahí no se debe fumigar porque se
echa a perder el barro”.

3.1.2.- La organización de las alfareras

“Yo pensaba, ¿cómo se va a acabar la tradición?


Así fue como formé el grupo...”

En el año de 1992 la Sra. Gloria Sosa, al mismo tiempo que promovía pequeños
talleres de alfarería en su casa, aprovechó la visita de la esposa del entonces
candidato a gobernador del estado de Veracruz por parte del PRI y le solicitó apoyo
para las alfareras del pueblo:
“...somos un grupito muy pequeño y necesitamos láminas para los techos
de los talleres. Las alfareras no tienen donde trabajar, son muy pobres,
trabajan a la intemperie, si llueve o hace sol no trabajan... Eso fue lo que le
dije a la Sra. Chirinos... A los 8 días me mandaron 350 láminas de zinc con
un licenciado que vino a repartirlas... Tuve que firmar... yo, que ni fui a la

                                                                                                               
153 Entrevistacon la Sra. Gloria Sosa promotora y presidenta del Comité de Alfareras de Chiltoyac, y
con la Sra. Sara Sarmiento, Secretaria del Comité, septiembre de 1999.
154 La secretaria del comité del grupo de alfareras comentó que hace unos años ellas estuvieron
haciendo gestiones para que la plantación cañera de la parcela escolar no se extendiera más: “se iba
agrandando... dicen que la parte del barrial es ejido y el ejido es del pueblo...”. Sra. Sara Sarmiento,
25 años, Chiltoyac, septiembre de 1999.

161
escuela... Y ya mero me meten a la cárcel porque mucha gente aquí estaba
enojada, decían que le había entregado láminas a quien yo quise, pero yo
no pedí para todo el pueblo, pedí para las alfareras que formaban parte del
grupo, nada más pedí para las que tenía en la lista... Todo fue por una
chiripada y pegó...”.155

Un año después se creó el Taller Comunitario de Alfarería Tradicional y las


alfareras de Chiltoyac se incorporaron a un proyecto promovido por el municipio
de Xalapa para la formación de una microempresa. Fue de esta manera que
recibieron recursos para la edificación del taller y la compra de un molino eléctrico.
El grupo, que originariamente incluyó a 48 mujeres se redujo a 19, las cuales se
comprometieron en la construcción del taller y en el pago del crédito156. El contrato
para ocupar el terreno donde se instaló el taller tuvo una vigencia de 7 años.

“Yo trabajé mucho en la construcción del taller, junto con mis compañeras,
todas trabajamos. Muchas veces andábamos con la piocha y la pala,
abriendo las zanjas para que trabajara el albañil. Mi esposo y mis hijos
también trabajaron en la construcción del taller... Por eso duele mucho que
el taller haya tenido que tumbarse... bueno, al menos siete años fuimos
felices ahí...”.157

Para la Sra. Gloria la experiencia del trabajo colectivo en el taller fue muy buena.
Participaron en varias exposiciones en las cuales difundían el trabajo artesanal de
la localidad y vendían sus piezas. El taller fue un espacio colectivo donde
trabajaban todas juntas, lo cual era un gran aliciente. Después de siete años, sin
embargo, cuando se cumplió el contrato de usufructo del terreno donde estaba
                                                                                                               
155 Entrevista con la Sra. Gloria Sosa López (Mario Pérez Monterosas , “La alfarería en Chiltoyac: el
impulso y la riqueza de la tradición” Entrevista con la Sra. Gloria Sosa López, Diario de la Tarde,
Xalapa, Ver., lunes 9 de mayo de 1994).
156 El crédito fue de 10 mil nuevos pesos y aunque la gente no quería compromisos, aceptaron. Con
lo del crédito les mandaron láminas y material, construyeron un horno e instalaron el molino. En
1994, la presidenta del comité de alfareras comentaba lo siguiente: “somos 19 mujeres
comprometidas a pagar, aunque trabajemos o no trabajemos, somos responsables de pagar”. (Pérez,
1994).
157 Entrevista con la Sra. Gloria Sosa, Chiltoyac, septiembre de 1999.

162
instalado -propiedad privada- y ante la falta de recursos para adquirirlo, tuvieron
que quitar el taller158. Lo único que les quedó fue el molino, el cual un año después
de haber desaparecido la edificación del taller, lo instalaron en el portal de la casa
de la Sra. Gloria; para poder utilizarlo cooperaron entre las alfareras del grupo para
el contrato de luz. Dentro del grupo participan mayoritariamente mujeres maduras
y jóvenes, y dos varones, uno de ellos esposo de la tesorera del comité. En los
últimos años, la alfarería ha significado una alternativa de subsistencia para estas
mujeres, ya que les ha permitido enfrentar la crisis de la cafeticultura; las alfareras
se dedican a la elaboración de loza durante los meses secos -de marzo a junio- y a
partir de noviembre se integran al corte de café. En su trabajo normalmente se
involucra el grupo familiar en su conjunto -los hombres acarrean el barro y a veces
la leña-; los niños también participan y algunas de las integrantes del grupo
trabajan de manera conjunta con las mujeres de su familia –madres, suegras,
nueras-. Al interior del grupo destaca el caso de Julia Sarmiento:

“Con la alfarería nos ayudamos económicamente. Es sencillo, lo hace uno y


lo va uno a vender a Xalapa. Mi hermana Julia -la tesorera del grupo- y su
marido viven de la alfarería, ya no trabajan en el campo. Aunque haya
lluvia trabajan, secan la loza y la leña y queman las piezas adentro, en el
brasero. Los dos se dedican a eso y todos los viernes van a vender a
Xalapa, en el tianguis de Las Américas. El estudió bachillerato pero es
difícil conseguir otro trabajo, en Xalapa piden muchos requisitos.”159

La comercialización de la loza sigue diversos mecanismos: cuando los


hombres de la familia se involucran, normalmente son ellos mismos quienes salen
a venderlo; en el caso en que la actividad sea realizada principalmente por las
mujeres, la loza se trabaja por pedido; se vende a gentes de fuera que llegan a
buscar la mercancía o a comercializadores locales que salen a vender en la región.
                                                                                                               
158LaSra. Gloria Sosa intentó conseguir apoyo para pagar los 17 mil pesos que quería el dueño del
terreno, sin embargo no lo logró. Entrevista, septiembre de 1999.

159 Entrevista
con la Sra. Sara Sarmiento, 25 años, secretaria del comité de alfareras, Chiltoyac,
septiembre de 1999.

163
La diferencia del precio de compra y el de venta para estos intermediarios es
considerable:

“Mi compadre Isidro compra comales en el pueblo y los lleva a vender. Los
compra a 8 pesos y los vende a 30... la gente que los hace los da a 10 pesos
pero como él los compra por docena se los dan a 8... El los va a vender en la
yegua, se va a los ranchos, casa por casa: Cafetales, Tepetates... Él, nada
mas de ir andando se gana buen dinero ¡Y la pobre gente aquí matándose
por el barro!...”.160

La Sra. Gloria Sosa tiene un espacio en la entrada a su casa donde exhibe su


artesanía y un pequeño taller en el patio interior, donde sus hijos le construyeron
un “cobertizo al estilo de antes”, donde trabaja desde que desapareció el taller.
Aunque su esposo y tres de sus hijos se dedican al trabajo en tierras propias y
ajenas, sembrando café, maíz, frijol y caña, la alfarería es una actividad
complementaria muy importante para la subsistencia familiar cotidiana: los
productos de la alfarería son “como una alcancía... a veces con lo que vendo aquí
saco para el recaudo de la semana” -nos dice ella-. En la fabricación de la loza
participa la mayoría de los miembros de la familia extensa. El esposo junto con los
hijos se encargan de acarrear el barro y la leña, los nietos ayudan a doña Gloria a
instalar el horno; y algunas de las mujeres jóvenes de la casa participan
activamente en la elaboración de las piezas. A pesar de que desde hace algunos
años los hijos varones casados “se apartaron”, para formar sus propias familias
nucleares, comparten con sus padres y hermanos el solar y muchas de las
actividades laborales en el campo.

La trayectoria de doña Gloria en el oficio ha sido excepcional. Ante la


sustitución de los utensilios de barro por el metal, ella ha diversificado su
producción alfarera a través de su trabajo creativo.

                                                                                                               
160Entrevista con la Sra. Minerva Chores, 30 años, esposa del agente municipal, Chiltoyac, febrero,
2000.

164
“Como a mí me ha gustado mucho trabajar con el barro, y al ver que las
ollas ya no se vendían, se me ocurrió que tenía que hacer otras cosas.
Ahora la mayoría de las cosas que hago las voy imaginando, viene la
gente, les gusta y lo sigo trabajando. Las fruteras que hice en forma de hoja
de calabaza gustaron mucho... En Todosantos había mucha frutera y se
vendieron... salió mucho y algo que le gusta a la gente lo sigo haciendo.
También trabajo por pedido: los patitos es un pedido, los comalitos otro,
los borreguitos también. Las tinajitas se van a ir para el otro lado, me los
encargó una señora que tiene su marido allá y dice que su esposo le mandó
a pedir las tinajitas porque las va a regalar allá.”161

El esfuerzo y las actividades que doña Gloria ha realizado para promover y


enriquecer la tradición de la alfarería en Chiltoyac son muy significativos. De
manera implícita, tanto en su discurso como en su acción, esta la idea de mantener
la tradición como referente identitario de la cultura local. En Chiltoyac la alfarería
no solamente ha constituido una alternativa y una fuente complementaria de
subsistencia familiar. La importancia histórica y la forma cómo esta actividad se ha
organizado al interior de los grupos domésticos son aspectos que nos indican el
papel que esta actividad ha tenido en la configuración de la cultura local.

                                                                                                               
161Entrevistacon la Sra. Gloria Sosa, promotora y presidenta del Grupo de Alfareras, Chiltoyac,
diciembre del 2000.

165
3.2.- LAS SIEMBRAS DE MAÍZ

“Nosotros estudiamos la luna para sembrar el


maíz...
Se siembra en luna recia, de luna llena hacia adelante,
8 días después de la luna llena.
...En luna tierna se siembran los árboles
...para podar es en tiempo seco...
‘Con la luna tierna no se debe doblar el maíz’
eso dice mi abuelo-”162.

Durante las primeras décadas a partir de la fundación del ejido, los productores
rurales de Chiltoyac extendieron sus siembras de maíz fundamentalmente hacia las
cañadas que se sitúan en las partes altas del territorio ejidal -tierras llamadas de
tonalmil o de humedad-, en los cerros que separan a Chiltoyac con la ciudad de
Xalapa163; paulatinamente fueron extendiendo sus siembras hacia las superficies
bajas, en las planicies donde estaban los potreros, en las tierras de temporal de
ciclo otoño-invierno.164

A partir de los 50’s, al mismo tiempo que se expandió la plantación cañera y


cafetalera en el ejido, la siembra de maíz disminuyó paulatinamente,
conservándose en pequeñas superficies. La caña se extendió sobre la zona de
temporal, en las superficies bajas y planas; el café, en las laderas de las lomas, en la
parte alta del territorio ejidal. En ambos lugares se han conservado pequeñas
fracciones donde el maíz se siembra en dos ciclos. En las tierras de humedad, el
maíz se siembra en las cañadas -partes “desprotegidas”-, donde durante los meses
de diciembre a febrero caen heladas, por lo que “el café no se da”165. En estas
                                                                                                               
162Sr. Régulo Tejeda Rosas, 30 años, Agente Municipal, Chiltoyac, noviembre, 1998.
163En esta zona se encuentra la cañada de El Pino donde, como se señaló en el Capítulo I de este
trabajo, durante los primeros años de formación del ejido un grupo de ejidatarios formó la
cooperativa para la siembra de maíz.
164Las características agroecológicas de la zona donde se encuentran las tierras ejidales permiten la
realización de dos siembras de maíz al año para los campesinos, una en la zona alta, en las llamadas
tierras de tonalmil -ciclo primavera-verano-, y otra en las zonas bajas, en las llamadas tierras de
temporal. Junto con el maíz se siembra frijol, pipián -calabaza- y chile.
165Durante un recorrido por la zona, el agente municipal me comentó enfáticamente que si en las
cañadas “se pudiera sembrar café, no sembrarían maíz”. Régulo Tejeda Rosas, 30 años, julio de
1998.

166
tierras, las tierras de tonalmil, el cultivo del maíz no depende de las lluvias, por lo
que la siembra corre menos riesgo de perderse por falta de agua.

“...La tierra de tonalmil es tierra del 25 de enero, el mero día de San


Pablo... antes, en esos días toda la gente sembraba maíz y se cosechaba en
agosto. Ahí, la tierra es más negra y se daba maíz angosto o amarillo, era
muy bonito el maíz... En la parte de abajo del ejido se le nombra de
temporal, porque busca el tiempo que llueva y la tierra es más caliente. Ahí
antes se sembraba puro maíz ancho y blanco... En estos tiempos se siembra
parejo, tanto maíz blanco como amarillo. En los dos lugares la tierra es
muy buena, todo consiste en que la fertilices bien y que llueva, porque el
agüita que Dios manda es una agüita sagrada para las plantas... sin agua
no “trabaja” ninguna planta.” 166

De acuerdo con los testimonios orales, una parte de las cosechas de maíz se
destinaba a la venta en los mercados de la vecina ciudad Xalapa, sin embargo esto
no era fácil ni ventajoso, ya que en toda la región se sembraba el grano y los precios
eran muy bajos167. Junto con el maíz se sembraba calabaza, frijol, pipián, que
también se comercializaban. La mayoría de los ejidatarios tenían bueyes para los
arados; algunos de ellos, que poseían mayor número de animales, se dedicaban a la
actividad ganadera -producción de leche y cría de ganado-, lo cual, como vimos en
los anteriores capítulos, les permitía concentrar fracciones mayores de tierra ejidal.
Los llamados gañanes eran trabajadores de la yunta, éstos también trabajaban
para el ingenio alquilando sus yuntas y haciendo los trabajos de preparación de la
tierra para la siembra de caña. La primera etapa de la plantación cañera en el ejido
se realizó en base al uso de yunta y algunos ejidatarios se especializaban en esta
tarea. Con el tiempo esta actividad fue desapareciendo en el ejido, muchos
ejidatarios que tenían animales los vendieron; actualmente los productores rurales
                                                                                                               
166Gaspar Martínez, 90 años, ejidatario de la primera generación, Chiltoyac, marzo de del 2000.
167 “Hace 60 años llevábamos maíz a la plaza Jaureguí -Xalapa- y nos pagaban a 8 o 9 centavos el
kilo!”. Entrevista con el Sr. Gildardo Rivera, 78 años, comunero, mayordomo de la iglesia, Chiltoyac,
enero del 2000.

167
de Chiltoyac, cuando requieren del uso de la yunta para las siembras de maíz y caña
las alquilan en las poblaciones vecinas.

En las actividades de la milpa participaban fundamentalmente los hombres,


aunque muchas veces las mujeres ayudaban a sus maridos en algunas tareas del
cultivo. La organización del trabajo a través del sistema mano vuelta –localmente
llamado “vuelta ‘ e mano”- incluía a parientes, amigos y compadres, quienes se
ayudaban entre sí en las tareas intensivas del cultivo y sobre todo en la cosecha.
Estas relaciones de trabajo incluían tanto el pago de jornales como la ayuda
mutua, dependiendo de la posición económica del ejidatario. El sistema de mano
vuelta implicaba relaciones jerárquicas, en donde los ejidatarios con mejor posición
económica jugaban un papel dominante en relaciones de trabajo complejas,
muchas veces mediadas por el parentesco -por “razones” simbólicas y afectivas-. Al
referirse a las formas en que se organizaba la “vuelta ‘ e mano” en la que
participaba su marido, la Sra. Pilar Carrillo en su relato de vida nos aclara la
relación con un familiar, compadre y patrón con el cual su marido trabajaba y con
el que se establecía un sistema de mano vuelta con varios peones. En este caso la
mano vuelta se organizaba entre los trabajadores del Sr. Valente Alarcón, quien
tenía dos yuntas y pagaba jornales para sus actividades agrícolas; entre ellos,
incluido el patrón, se prestaban ayuda mutua para sus siembras. 168

Al final de la cosecha, cuando era abundante, el agraciado organizaba una


fiesta llamada la viuda. El maíz se almacenaba en la troje y el último grano

                                                                                                               
168“… el difunto Valente -patrón de Olegario- era familiar y compadre... su esposa era prima
hermana de él, entonces éramos familiares y compadres... El siempre tenía trabajo, nos llevaba a
su siembra de maíz, nos llevaba a sus fincas, a sembrar frijol... El tenía fincas y ganado, eso es lo
que lo ayudaba, tenía dos yuntas y eso es lo que lo aventajaba... En lo de Olegario era poco,
entonces cuando iba a sembrar su maíz buscaba peones y yo les tenía que llevar la comida... ya de
allí él iba a desquitar, a según quién le había ayudado...”. El Sr. Olegario enriquece la explicación
de la dinámica de esta forma de organización del trabajo entre parientes:“...Si nos hacía falta un
peón el compadre Valente los mandaba conmigo, acabábamos mi tierra y nos íbamos a trabajar
con él, y también íbamos con lo de ellos... El patrón pagaba y ya nosotros le desquitábamos a él...
También trabajábamos en otros lados con sus yuntas, nosotros se las arreabamos y así
ganábamos nosotros y ganaba él con sus yuntas...”. Entrevistas con los Srs. Olegario Rosas,
ejidatario, y su esposa Pilar Carrillo, Chiltoyac, septiembre del 2000.

168
recogido era motivo para establecer un compadrazgo: aquel participante de la
cosecha que recogía la última mazorca era responsable de apadrinar la cruz de la
troje del dueño de la parcela. Con el tiempo y la paulatina expansión de las
plantaciones, la producción milpera ha disminuido considerablemente;
actualmente algunas familias almacenan su maíz en troje, sin embargo el ritual de
agradecimiento de la cosecha ya casi no se realiza; a veces, cuando la cosecha es
buena se hace una comida con los cosechadores y familiares y/o se pone una cruz
en la parcela con un ritual que incluye el compadrazgo en el mes de mayo -mes de
la cruz-.

“El maíz se sembraba en el tonalmil... en toda esa parte se sembraba en


enero, febrero y se cosechaba en agosto. También se hacía la siembra de
temporal, ahí se sembraba el 20 de mayo, en junio se empezaba a sembrar
y se cosechaba en diciembre. En esa época se sembraba mucho maíz en Las
Haldas, Tepetates, San Lorenzo... Había mucho maíz y no valía, por eso la
gente empezó a meter caña... Ahora esas tierras tienen caña...
“En ese tiempo había mucha yunta y ahí habían puros potreros... y como
no había caña, sembraba uno maíz y había mucho ganado... Una vez que
se sembró caña comenzaron a vender sus vacas... Yo no tenía yunta, la
conseguía y la pagaba por día, ya una vez que empecé a trabajar la yunta
yo mismo, ya no se pagaba, yo componía nuestras tierritas. No eran
extensiones grandes de tierra y las trabajábamos entre la familia. Yo
trabajaba las tierras con mi padre y mis hermanos, trabajábamos en
junta.
“Sembramos maíz hasta el cuarenta... porque una vez que sembramos caña
dejamos de sembrar maíz. Me acuerdo que yo llevaba mi maíz a Xalapa, a
vender, porque se daba bastante y sacaba uno calabaza, pipián, frijol... y
claro que se llevaba a venderlo, porque abundaba... Ahora no, como se
siembra caña ya nomás siembra uno maíz para el gasto.”169

                                                                                                               
169Entrevista con el Sr. Gregorio Ortíz, 83 años, ejidatario, Chiltoyac, agosto del 2000.

169
3.2.1.- El cultivo del maíz en la subsistencia familiar

“En marzo se puede sembrar arriba, donde, aunque es polvoso, con la poca humedad que tiene la
tierra el producto nace y se cultiva, eso sí, siempre con fe en Dios. En la parte de abajo, se siembra
por el temporal, se esperan los aguaceros de junio para sembrar. Ahora, debido a los cambios del
clima, es imposible atinarle cuando va a llover, a lo mejor es por la contaminación, porque ahora
hasta para sembrar hay que tener suerte. No es como antes, que los abuelos decían “voy a
sembrar porque ya sé que dentro de diez o quince días va a llover... O los santos, que San José
echa el agua, que el tres de mayo, que San Isidro”... todos ellos era un hecho de que echaban el
agua. Tronaba y llovía...
ahora a veces truena y no llueve.”170

A pesar de hacerse en pequeña escala, la siembra de maíz ha sido un componente


fundamental en los procesos de reproducción sociocultural en la localidad. La
producción de maíz para el autoconsumo ha sido central para la subsistencia de los
grupos domésticos y de las familias. En la actualidad, aproximadamente 300
campesinos de Chiltoyac están inscritos en los programas gubernamentales de
apoyo a la producción de maíz, siendo que la gran mayoría destinan fracciones de
tierra muy pequeñas para sus siembras -.75 ha. en promedio-.171 Los productores
que más siembran -muy pocos- llegan a destinar un máximo de una o dos hectáreas
de tierra a la producción de maíz y repartida en varias fracciones pequeñas: “...aquí
nadie tiene una hectárea junta de maíz” 172 . (Ver la Tabla “Superficie ejidal
cultivada por ejidatario. Chiltoyac, 1983”, al final de este capítulo).

El préstamo o renta de tierra para esta actividad agrícola es una práctica


generalizada, donde ambas partes se benefician. Los comuneros con poca tierra o
quienes no la tienen, solicitan en préstamo o en renta pequeñas fracciones, donde
cultivan su milpa. Aquellos poseedores de superficies aptas para el cultivo del maíz,
que no utilizan la tierra, a veces prefieren rentarla o prestarla, ya que su uso
implica que la tierra no se enmonte; el trabajo del desmonte es percibido como un
beneficio para el poseedor de la tierra. El préstamo de tierras para la siembra de
                                                                                                               
170Régulo Tejeda Rosas, 30 años, agente municipal, Chiltoyac, marzo del 2000.
171En 1983, el 80% de los ejidatarios destinaba una pequeña fracción de tierra a la siembra de maíz;
el promedio de superficie por ejidatario era de .75 hectáreas. Ver Tabla Anexa.
172Entrevista con el Sr. Régulo Tejeda Rosas, 30 años, comunero, agente municipal de la localidad,
Chiltoyac, enero del 2000.

170
maíz se da entre parientes y amigos. Hay quienes reciben recursos del Procampo o
recursos del Programa de Crédito a la Palabra173 y que prestan su tierra a otra
persona.

Los productores de maíz destinan la mayor parte de sus cosechas para el


consumo familiar. Cuando se trata de una tierra prestada, una parte de la cosecha
se da al dueño de la tierra, en señal de gratitud: “la gente siempre agradece”. Al
interior de los grupos familiares, el producto de la siembra muchas veces se
comparte entre padres e hijos, hermanos y compadres.
“El terreno ese donde sembró mi papá es mío... Yo no me doy abasto para
sembrar las dos partes que tengo y ya le digo: ‘siémbralo tú’, pero a él no le
cobro por ser mi papá, al contrario, le ayudo a limpiar, a aterrar y todo,
pero el maíz está en su casa. Ya nada más me dice: ‘si necesitas unas
mazorcas vas a la casa y te doy’... Cuando se me acaba mi maíz voy y me
da una poquita...”.174

La siembra de maíz significa una inversión para las familias, ya que para la
realización de las diversas actividades del cultivo se necesita contar con cierta
cantidad de recursos:
“...para sembrar maíz se necesita dinero: meter la yunta cuesta... Para
trabajar en lo propio se necesita dinero, porque si no hay dinero para la
comida se necesita trabajar en lo ajeno”. 175

“Es más fácil comprar maíz que sembrarlo, la inversión es muy alta.
                                                                                                               
173El Procampo es un programa de apoyo para el cultivo de granos básicos implementado por las
agencias gubernamentales desde 1994 hasta la fecha. En Chiltoyac están inscritos 90 de los
aproximadamente 300 productores de maíz, “los demás no se inscribieron porque aquí la gente no
creía en nada...”. En 1998 recibieron 660 pesos por hectárea. Además de los apoyos del Procampo,
los productores maiceros de Chiltoyac han recibido recursos a través del Programa de Crédito a la
Palabra: crédito anual de 350 pesos por productor, sin intereses que deben pagar aproximadamente
6 meses después de haberlo recibido. En este programa están inscritos 110 productores de maíz.
Con el pago de dinero se crea un fondo de operación para obras comunitarias: en 1996 y 1997 el
dinero se utilizó para terminar la construcción del salón ejidal y para la construcción de la carretera
Chiltoyac-Tronconal. En enero del 2000 se creó con los recursos de este crédito la “caja solidaria”.
174Entrevista con el Sr. Joel Ortiz, 50 años, ejidatario, Chiltoyac, octubre del 2000.
175Entrevista con la Sra. Pilar Carrillo, Chiltoyac, noviembre de 1999.

171
Ahora, cuando el clima favorece y no hay gallina ciega, a todo dar... si es
buena la cosecha sale uno casi parejo con la inversión. La ventaja es que si
se le antoja a uno un elote pues nada más viene uno a cortarlo y se da uno
el gusto de comer una tortilla sana, hecha por uno...”.176

“...Lo más pesado es preparar la tierra para sembrar, pues hay que quitar
la hierba y las piedras, para que no afecten el cultivo... tenemos que dejar
la tierra bien limpia y porosita. Después hay que esperar a que Diosito nos
mande la lluvia para sembrar la semilla. Yo no tengo tractor, ni bestias que
me ayuden a arar la tierra, sólo empleo mis manos y estas herramientas:
azadón, machete, lima y el punzón (estaca pequeña con una punta para
hacer los hoyos donde se siembran las semillas).”.177

“En la parte de abajo, donde antes se sembraba maíz, ahora son cañaleras.
Ahí la tierra está cansada, ya no crece la mazorca igual que antes, ahora se
dan unos molcatitos muy chicos que antes no había –se refiere a las
mazorcas pequeñitas y sin grano-. Ahora a veces ya casi sólo vas a
cosechar zacate para el burrito... La tierra se pierde por el calor...”.178

“...las cosechas de maíz son raquíticas, no hay técnica en el campo, no hay


asesoría ni financiamiento... En el maíz es en lo que estamos más
atrasados, sólo lo hacemos por costumbre, como una tradición”.179

El uso de tecnología para la siembra de maíz es inexistente; el abono es


indispensable para una buena cosecha, sin embargo muchos productores no
disponen de los recursos para comprarlo. Hasta hace unos años se utilizaban
                                                                                                               
176Entrevista con el Sr. Víctor Rosas Carrillo, comunero, 43 años, Chiltoyac, enero del 2001.
177Entrevista con el Sr. Plácido López Hernández, siembra de maíz en una fracción de tierra que le
rentaron. De su cosecha, una parte espera venderla y otra utilizarla para el consumo de su familia.
Chiltoyac, febrero del 2000.
178Entrevista con el Sr. Gaspar Martínez, 90 años, ejidatario de la primera generación, Chiltoyac,
marzo del 2000.
179Entrevista con el Sr. Plácido López Hernández, Chiltoyac, febrero del 2000.

172
recursos crediticios proporcionados por el ingenio en las siembras: para el pago de
jornales, el alquiler de la yunta y la compra del abono. Sin embargo, en los últimos
años, el ingenio ha reducido drásticamente el flujo de recursos hacia el campo, por
lo que los productores ya no cuentan con esa posibilidad para invertir en sus
siembras de maíz. Aunado a esto, en los últimos años los ingresos del café han
disminuido considerablemente, por lo cual las familias no cuentan tampoco con
ahorros que les permitan contar con los recursos del café para el cultivo de la
milpa.

La producción de maíz no es redituable y con el deterioro ecológico que ha


ido sufriendo la tierra, los rendimientos han bajado mucho. A pesar de esta
consideración muchos agricultores del pueblo destinan una pequeña fracción de su
tierra y una parte de su tiempo de trabajo y de sus recursos para sus siembras. En
la mayoría de los casos, este trabajo es realizado por el usufructuario de la parcela
con la ayuda de sus hijos; algunos ejidatarios contratan jornaleros180. Sin embargo
los riesgos de perder la cosecha y la falta de recursos propician que la siembra de
maíz se realice en condiciones sumamente desventajosas.

“Al pobre que siembra poquito lo que le pasa es que se queda más pobre. La
siembra de maíz es rentable en lugares de riego y en grande, aquí en
Chiltoyac la siembra es rudimentaria... Es mejor ser albañil que tener poca
tierra... ”. 181

La siembra de maíz, es una vía para el acceso a apoyos gubernamentales, sin


embargo, los recursos provenientes de los programas gubernamentales para la
producción de básicos -Procampo y Crédito a la Palabra- no alcanzan a cubrir ni

                                                                                                               
180En este sentido es interesante el caso de la Sra. Luisa Cuevas vda. de Rivera, ejidataria que
contrata a 4 ó 5 de sus nietos para sus siembras; ellos se organizan para trabajar en grupo y cobran
“por tanto”, aunque por tratarse de la abuela, a pesar de que no les conviene, a veces trabajan por
día -por jornal-. La ejidataria destina dos fracciones de .75 ha. aproximadamente para siembras de
maíz. Edmundo Rosas Rivera, 20 años, Chiltoyac, enero del 2001.
181Entrevista con el Sr. Félix, 50 años, originario del estado de Guerrero y con su suegro, el Sr.
Gilberto Hernández, 82 años, ejidatario de la segunda generación, Chiltoyac, septiembre de 1999.

173
una mínima parte de los costos de producción de las siembras.

“Los apoyos del Procampo no te rinden, nada más te mantienen una


semana o dos. Yo le decía a la gente que no necesitamos que el gobierno nos
dé dinero, nada más con que valgan los precios de los productos que se dan
en la zona. Así, los que tenemos poco o los que no tienen tierras, buscamos
trabajo con los que tienen y ahí la hacemos, y el que tiene 200 matas de
café, si valen, también ahí se alivianan... Pero ésto no sucede y de ahí se
desprenden muchos problemas...”182

A pesar de esta situación muchos campesinos de Chiltoyac siguen


sembrando maíz. El tener maíz criollo es considerado como un lujo, sobre todo
cuando se cuenta con suficiente cantidad para las fiestas, de todosantos a finales de
octubre y para la fiesta del señor de Chiltoyac, el primer viernes de marzo. En este
sentido es posible afirmar que la siembra de maíz es un signo de distinción al
interior de la comunidad. Para sembrar maíz hay que contar con ciertos
excedentes, aunque algunas familias con muy pocos recursos siguen sembrando en
tierras prestadas –lo cual ni siquiera les da acceso a los recursos gubernamentales,
dado que los destinatarios de éstos son los usufructuarios de la tierra registrados
ante la organización ejidal -.

Las siembras son un espacio donde el ser campesino de Chiltoyac se


reproduce cotidianamente: en las prácticas concretas que rodean esta actividad
productiva, en la organización del trabajo, donde comúnmente participan padres,
hijos y hermanos –aunque cada uno tenga sus fracciones de tierra- y en la
distribución del producto, el cual generalmente se comparte entre familiares, ya sea
a través de préstamos o regalos -para agradecer alguna ayuda-. Unos cuantos
productores, que cultivan en mayor escala, venden parte de su producto, ya que
tampoco es muy fácil conservarlo, por las plagas.

                                                                                                               
182 Entrevistacon el Sr. Régulo Tejeda Rosas, 30 años, comunero, nieto de ejidatario, agente
municipal, Chiltoyac, febrero del 2000.

174
Hasta hace poco tiempo el cultivo de la milpa se había sustentado en la
diversificación productiva, siendo que una parte de los excedentes generados en el
café y en la caña se utilizaban para las siembras. Sin embargo, actualmente, la
reconversión de la agroindustria azucarera y sobre todo la crisis del café, dejan
pocos o nulos excedentes para sostener este esquema productivo de las economías
campesinas en Chiltoyac.

175
3.3.- LA PLANTACIÓN CAÑERA EN EL EJIDO

Yo sé que la caña llega a México traída por los españoles, allá por el 1520.
Esto me lo informaron unas religiosas que vivieron aquí en mi casa.
Ellas me dijeron que en ese tiempo Chiltoyac ya estaba en pie, sembraban algodón y maíz y se
dedicaban primordialmente a la alfarería. Más adelante los españoles le pidieron permiso al
virrey para sembrar caña entre Xalapa y Chiltoyac y pusieron un trapiche de nombre Santísima
Trinidad.
Sin embargo estas hermanas estaban disgustadas porque dos indígenas de Acatlán, dos de
Actopan y dos de Chiltoyac tenían que trabajar jalando y haciendo fuerza como de animales
porque no había yuntas de mulas o de bueyes para mover el timón del trapiche para moler caña y
les pegaban… .Entonces la caña se da desde esos tiempos...”183

El poblado de Chiltoyac está ubicado en una región donde encontramos la


presencia de la plantación cañera desde el siglo XVII. En esta región, al igual que
en el resto del país, el sistema agroindustrial azucarero se sustentó, desde sus
inicios y hasta las primeras décadas del siglo XX, en el régimen de propiedad y
explotación de los recursos de las haciendas. En el seno mismo de este régimen, se
dieron las condiciones para la concentración de los recursos productivos, la
producción en gran escala y la implementación de las innovaciones tecnológicas
necesarias en el establecimiento de ingenios azucareros. Aunque los pobladores de
Chiltoyac no vivieron al interior de los territorios de las haciendas, como la gran
mayoría de las poblaciones ejidales de la región, su relación con el sistema de
plantación cañera fue estrecha, ya que casi todos los hombres jóvenes y maduros
del pueblo trabajaban como jornaleros en las haciendas azucareras vecinas de La
Concepción -San Juan y San Antonio-, Tenampa y Almolonga.184

La introducción de la caña en el territorio ejidal fue lenta y selectiva.


Durante las primeras décadas de la formación del ejido muy pocos ejidatarios
comenzaron a cultivarla. La instalación de una pequeña plantación cañera se
realizaba con la participación de fuerza de trabajo familiar y asalariada por lo que

                                                                                                               
[Link] Rivera, 78 años, comunero, mayordomo de la iglesia, Chiltoyac, enero, 2000.
184“Antes los únicos que sembraban caña eran los Caraza -los hacendados-, nosotros éramos
trabajadores de ellos....”. Sr. Gregorio Ortiz (83 años), ejidatario de segunda generación, Chiltoyac.
agosto, 2000.

176
se requería de recursos monetarios suficientes para pagarla, además de los
conocimientos técnicos específicos y las relaciones sociales necesarias para adquirir
la semilla y garantizar su transformación industrial. Algunos ejidatarios –alrededor
de tres- con los recursos económicos, culturales y políticos necesarios
(conocimiento y redes), establecieron pequeños trapiches para la producción de
panela.

“...en aquel tiempo era una caña criolla, veteada, que le decían rayada, era
caña muy dulce, moradita. Se hacía panela en un trapiche de bueyes... Yo
contrataba a dos cortadores para moler. Tenía tres moledores, uno grande
y dos chicos que daban vuelta para ir moliendo la caña... después se
pasaba a la caldera... el fogón se hacía con bagazo o leña... ”185.

Estos pequeños establecimientos artesanales se situaban en lugares cercanos


a las plantaciones para facilitar el acarreo de la caña. Otros ejidatarios llevaban sus
cañas a los trapiches cercanos186. La mayoría, sin embargo, no contaban con los
recursos para incorporar el cultivo en sus parcelas; su relación con la plantación
cañera se daba a través de la venta de su fuerza de trabajo en las haciendas
cercanas, principalmente en La Concepción, donde realizaban todas las actividades
agrícolas del cultivo: siembra, barbecho, limpia, corte, acarreo. El Sr. Gregorio
Ortiz (83 años), quien desde los 10 años trabajó como peón en las haciendas de San
Juan y de La Concepción -vecinas al poblado de Chiltoyac-, nos informa que iban
alrededor de 90 trabajadores a trabajar en las limpias, en las siembras, en el corte y
el acarreo de la caña. También iban a limpiar fincas de café a Las Animas y a la
hacienda de Almolonga. Es interesante observar la inexistencia de una
diferenciación precisa entre aquellos ejidatarios que primero incursionaron en el
cultivo de caña -de manera independiente, es decir con sus propios recursos- y
aquellos que trabajaban como jornaleros en las haciendas-plantaciones vecinas.
                                                                                                               
185Entrevista con el Sr. Gildardo Rivera, 78 años, Chiltoyac, agosto, 2000.
186De acuerdo a la información oral proporcionada en Chiltoyac, durante las primeras décadas del
siglo XX, tres ejidatarios de Chiltoyac tenían trapiches, ademas de los que existían en los poblados
cercanos de Tronconal y Seis de Enero.

177
Casi todos, en algún momento de sus vidas trabajaron como peones en las
haciendas, incluidos aquellos que refieren haber producido caña antes de que su
cultivo fuera promovido por la autoridad ejidal local y el ingenio187. Antes de la
década de los cincuenta muy pocos ejidatarios habían tenido la iniciativa de
establecer contratos de crédito a cuenta de cosecha con los ingenios cercanos -
Mahuixtlán o La Concepción-.

3.3.1.- La expansión de la caña en el ejido

De acuerdo con los testimonios orales, fue hacia fines de los cuarenta, cuando el
presidente del comisariado ejidal promovió la expansión de la superficie cañera
dentro del ejido a través de un proyecto colectivo de organización productiva para
la plantación. El primer paso fue gestionar los contratos de los ejidatarios con el
ingenio La Concepción188. En este contexto muchos ejidatarios se involucraron en
el proyecto que impulsó Melquiades Ortiz: extender la plantación cañera en los
campos del ejido propicios para el cultivo. Dos factores fueron determinantes para
que los empresarios azucareros avalaran la nueva plantación: la ampliación de la
capacidad de molienda de la fábrica y la introducción de camiones para el
transporte de la caña -que anteriormente se hacía a través de una vía de ferrocarril
cuya extensión era sumamente limitada-189.

                                                                                                               
187El relato de don Gildardo Rivera, quien en la actualidad es uno de los llamados acaparadores de
tierra ejidal, es elocuente al respecto: “...Yo fui de catorce años a hacer tareas de 500 metros de
plantita de caña a la hacienda... y teníamos que estar en el mero sol y los mayordomos que
repartían tareas ni se asomaban y si te faltaba un surco o dos el sábado no te pagaban la tarea...
antes el trato con los peones era muy estricto...”. Chiltoyac, agosto, 2000.
188En el marco de una política de regulación estatal creciente hacia la agroindustria azucarera, en
los años de 1943 y 1944 se dictaron dos Decretos Cañeros en los que se concedía a los industriales la
facultad para otorgar y supervisar técnicamente el crédito a los productores de caña. De esta
manera, los ingenios fungían como intermediarios entre la Financiera Industrial Azucarera, S.A.
(creada en 1943 y posteriormente llamada Financiera Nacional Azucarera) y el productor. Para los
empresarios azucareros esto significó la garantía del abastecimiento de la materia prima con un
mínimo de desembolso inicial de capital propio, ya que hacían el pago -liquidación- de la caña
entregada por los productores hasta el término de la cosecha (García, 1997: 9; Igartúa, 1987).
189De hecho, en 1955 se delimita oficialmente la zona de abastecimiento del ingenio La Concepción,
siguiendo los lineamientos del Decreto Presidencial de 1943 en el que se establece la obligatoriedad
de la siembra de caña para aquellos ejidatarios y propietarios cuyas tierras se encuentren dentro del
radio de la zona de abastecimiento y sean susceptibles del cultivo. Sin embargo, en ninguno de los

178
Las modalidades a través de las cuales el ingenio extendió la superficie
cañera en la región fueron diferenciadas pero siempre por medio de un sistema
intensivo de cultivo que involucró formas centralizadas de organización productiva.
En algunas colonias - así se les ha llamado a las distintas zonas o ejidos que
abastecen de materia prima al ingenio La Concepción-, como en el caso de San
Pablo Coapa, los pequeños propietarios rentaban sus tierras al ingenio en base a
contratos individuales de arrendamiento; el ingenio arrendaba varias fracciones de
tierra y controlaba directamente la producción cañera en estas zonas, llamadas de
“cultivos intensivos”190. En el radio de influencia inmediato al ingenio -de antiguas
tierras de la hacienda sembradas con caña -en La Concepción y San Juan-, se
formaron organizaciones cooperativas de ejidatarios-productores en donde la
producción cañera era administrada por líderes locales-ejidales. En el caso de
Chiltoyac, la expansión del cultivo fue a través del establecimiento de contratos
individuales, por medio de los cuales se fijaron las condiciones bajo las cuales los
productores recibían financiamiento para las actividades del cultivo a cuenta de las
cosechas.191

Los ejidatarios de la primera generación y sus hijos participaron activamente


en la nueva empresa: desmontaron para abrir los campos, los cercaron y realizaron
los trabajos de siembra y de cultivo de la caña; el ingenio proporcionaba -como
créditos a cuenta de cosecha- los insumos y los recursos para que se pagara la mano
de obra necesaria. Durante los primeros años, la administración y la organización

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
testimonios orales recopilados, los productores cañeros de Chiltoyac se refieren a este decreto y no
consideran haber sido obligados a sembrar caña dentro del territorio ejidal. Cabe señalar que los
decretos 1943 y 1944 establecieron las condiciones legales que rigieron durante varias décadas las
relaciones de los productores cañeros con la industria: regulación estatal del precio del azúcar y la
forma en la que se determinaba el precio de la caña.
190 Durante esa época el ingenio alquilaba tierras a ejidatarios y pequeños propietarios de toda la

zona a través de una sociedad comercial llamada “Cultivos Intensivos, Sociedad de Capital
Limitado”. Las tierras arrendadas eran administradas directamente por los inspectores de campo
del ingenio (información proporcionada por el Mtro. Erasmo Hernández).
191 El Sr. Francisco Vázquez, Jefe del Departamento de Crédito del Ingenio La Concepción afirma

que el ejido de Chiltoyac arrendaba 50 ha. al ingenio La Concepción a mediados de los años 50.
Entrevista, 7 de agosto del 2000, La Concepción, Mpio. de Jilotepec. Sin embargo en las entrevistas
realizadas a los ejidatarios cañeros de Chiltoyac ellos niegan enfáticamente que alguna vez el ejido
haya arrendado tierras al ingenio.

179
del trabajo estaban a cargo la autoridad ejidal y los ejidatarios involucrados en el
proyecto asumieron el rol de peones: trabajaban en sus tierras recibiendo
semanalmente su jornal -remuneración monetaria-. Para los ejidatarios, quienes en
su mayoría tenían que salir a trabajar a las haciendas vecinas para garantizar su
subsistencia cotidiana, el proyecto significó la garantía de trabajo en sus propias
tierras y el beneficio de un ingreso mínimo de subsistencia -salario semanal-.192

“Al ver que aquí en el pueblo existía mucha calamidad, que la gente salía a
trabajar a San Pablo, a La Concha, a Almolonga, a Mahuixtlán, a Las
Ánimas... Que todos los terrenos del ejido estaban con monte y que ahí se
podía sembrar caña, Melquiades habló con los ejidatarios, se valió de la
asamblea que le dio el fallo y plantó caña. Fue a La Concha y habló con un
señor de aquí de San Antonio, Adolfo Conde, para que le ayudara a
conquistar a los patrones, que la gente de aquí quería sembrar caña... Y así
fue, arregló y comenzaron a trabajar.”193

“El comisariado nos representaba y los socios de la cooperativa -los


mismos parceleros- eran los peones que trabajaban en la caña. Había
mucho trabajo: haciendo las cercas, para que no se metieran los animales -
porque había mucho potrero-, desyerbando, limpiando el pelillo... Y como
era en unión no hacíamos mucho esfuerzo por apurarnos... ¡quién se iba a
apurar si era en unión!... No le echaban ganas, pensaban en trabajar poco
y ganar... y es ahí donde se iban los gastos... No había ganancias, siempre
salíamos perdiendo... Y aunque no teníamos alcances decíamos: ‘siquiera
tenemos trabajo’... con eso nos conformábamos...”.194

Dos elementos propiciaron que los ejidatarios no se apropiaron del proyecto:


su carácter centralizado y la organización intensiva del trabajo. Para la mayoría de
                                                                                                               
192Las haciendas de La Concepción y de San Juan se desintegraron en la década de los 30 y la de
Almolonga en los 50.
193Entrevista con el Sr. Regino Sosa, Chiltoyac, octubre, 1999.
194Entrevista con el Sr. Olegario Rosas, Chiltoyac, marzo del 2000. Glosario: parceleros-ejidatarios;
pelillo-planta de la caña recién nacida; en unión-trabajo en conjunto

180
ellos no había sido posible incursionar en el cultivo de la caña de manera
individual; muchos desconocían el mecanismo administrativo de los contratos de
abastecimiento con los ingenios -crédito a cuenta de cosecha-, por lo que no habían
tenido la posibilidad de establecer una plantación en sus parcelas por su propia
iniciativa. Conocían los mecanismos de la organización productiva de la plantación
cañera en el contexto de la hacienda, mismos que se retomaron en la “cooperativa”:
la organización de cuadrillas de trabajadores dirigidos y controladas por los
llamados mayordomos. Sin embargo, a diferencia de la hacienda, la
administración ejidal del trabajo no fue eficaz, ya que los ejidatarios, al saberse
dueños de la tierra -parceleros- se resistieron a trabajar con la misma intensidad
que el jornalero de la hacienda; en contraste, en este caso, a pesar de no trabajar
con la intensidad necesaria recibían su jornal. Este hecho puede pensarse como
paradójico: los campesinos saboteándose a sí mismos, negándose a una forma de
organización colectiva del trabajo que, de ser exitosa, muy probablemente les
proporcionaría beneficios. La experiencia de “la cooperativa de caña” es evaluada
por los actores, refiriéndose de manera irónica al carácter colectivo de la
organización productiva: “… la cooperativa no funcionó porque era en unión…
siendo en unión, ¿a quién le interesaba trabajar?”. Al parecer, y de acuerdo con las
entrevistas sostenidas con algunos ejidatarios que participaron de la experiencia, lo
que encontramos es una resistencia ante formas típicamente capitalistas de
organización del trabajo en tierras ejidales: tiempos, intensidad, control
centralizado -forma de resistencia cotidiana característica de los obreros –el
llamado tortuguismo-. Se trata de una resistencia que expresa principios opuestos a
una organización centralizada e intensiva del trabajo. Al mismo tiempo que
manifiesta la dificultad de asumir el cultivo de caña como propio, más aún en el
contexto del colectivismo. La resistencia de los campesinos cañeros hacia las
formas cooperativas promovidas por el Estado –los llamados ejidos colectivos- se
muestra claramente en casos como el del ingenio Atencingo reseñado por Francisco
Gómez (1998) y en el caso de La Guaracha en Michoacán (Gledhill, 1993).

Al interior de la comunidad, no todos los ejidatarios participaron en la


cooperativa y en los testimonios orales algunos ejidatarios y comuneros no hacen

181
ninguna referencia a este momento de la historia local, argumentando –a mi
pregunta sobre la cooperativa y la expansión del cultivo cañero en el ejido- que en
Chiltoyac nunca se sembró caña de otra manera que no fuera individual –ni se
arrendaban tierras al ingenio ni se formó una cooperativa-.

La experiencia de la expansión de la plantación cañera en el ejido y de la


cooperativa se dio en un contexto local y regional de mucha violencia y de fuertes
disputas locales por la tierra y por el poder:

“A mi me tocó mucha matazón cuando era yo chiquilla, no había luz y en la


noche se oía la ladradera de perros, esa era la seña de que andaban levantando a
la gente para que fuera a cargar al muerto o al herido... Se oía bien feo. Gracias a
Dios a nosotros no nos tocó nunca, ni a la familia, pero de todas maneras se
sentía feo. A mi marido le tocó cargar a los difuntos y a los heridos... Esa historia
es bien grande porque en aquel tiempo había mucha matanza. Había pistoleros
de parte de un jefe y había pistoleros de parte de otro jefe, y entre ellos se tenían
muina y se mataban, se ponían emboscadas. Unos dependían de un jefe del El
Castillo... no me acuerdo cómo se llamaba”195

De acuerdo con la información oral proporcionada por algunos de los que


integraron la cooperativa, el liderazgo del presidente del comisariado ejidal logró
ser efectivo al inicio del proyecto, sin embargo Melquiades Ortiz fue asesinado en el
contexto de fuertes conflictos políticos locales y extralocales.

“Al comisariado lo asesinaron. El sí trabajó mucho y nos ayudó. Pero el que


hace una cosa bien no falta quien lo quite. Todos los terrenos que ahora
tenemos, que son cañales, los tenían los de Tronconal y nosotros
anduvimos con Melquiadas para arriba y para abajo. Tenía que hablar
con el gobernador, en la noche y lo esperábamos y nos veníamos
caminando, ahí andábamos con él... pobrecillo... Despues arregló con el
ingenio para que se sembrara caña y cuando iba a empezar la cosecha que
                                                                                                               
195Entrevista con la Sra. Pilar Carrillo, 70 años, Chiltoyac, septiembre de 1999.

182
lo matan... No se sabe quién, a su familia y a su hermano les dio miedo...
En ese entonces había carabinas y había defensa para andar cuidando al
comisariado, pero ese día no lo acompañaron. El iba a trabajar a los
campos de abajo, era en la mañana, faltaba un cuarto para las siete. Las
gentes que lo mataron sabían donde iba y ahí lo esperaron... Pobre, perdió
la vida por los ejidatarios.” 196

Los testimonios acerca de la muerte de este personaje son pobres y


contradictorios; el silencio en torno al acontecimiento predomina y en muy pocas
entrevistas los pobladores de Chiltoyac se refieren a la violencia cotidiana que se
vivió en el pueblo en las décadas posteriores al agrarismo.197

3.3.2.- Producción cañera y reproducción campesina

“La tierra es mía pero la caña no, la caña es del ingenio.”198

En la década de los cincuenta, el cultivo cañero se extendió progresivamente sobre


una amplia franja del territorio ejidal. A partir de este momento, los ejidatarios de
Chiltoyac se involucraron en un proceso productivo de carácter intensivo,
centralizado y subordinado al complejo agroindustrial azucarero. El sistema de
producción en pequeña escala, basado fundamentalmente en la fuerza de trabajo
familiar y en formas comunitarias diversas de organización del trabajo agrícola,
                                                                                                               
196 Entrevista con el Sr. Candelario Martínez, 89 años, ejidatario de la primera generación,
Chiltoyac, septiembre de 1999.
197En el contexto del movimiento agrarista veracruzano, el gobernador Adalberto Tejeda promovió
la formación de guerrillas campesinas durante los años veintes, otorgando armas a los grupos
locales para su defensa. De esta manera, los conflictos armados entre los agraristas y las llamadas
guardias blancas -de los terratenientes- permearon la vida política de todas las localidades en la
región durante varias décadas. A pesar de que en 1933 el gobierno federal promovió un amplio
desarme de las guerrillas campesinas, en el centro de Veracruz la violencia continuó hasta finales de
los cincuenta. Destaca el movimiento de la llamada “mano negra”, patrocinado por el hacendado-
cacique de Almolonga, quien tenía pistoleros que en toda la región asesinaban a los agraristas. Las
luchas por el poder a nivel regional se difundían comúnmente hacia las localidades a través de redes
personales-clientelares. A pesar de lo prolongado del clima de violencia en la región Xalapa-
Coatepec, pocos estudios han profundizado en el tema, sobre todo en el periodo posterior al
agrarismo (Baitenmann,1997; Ponce y Núñez,1992; Santoyo,1995; Skerrit, 1985).
198Sr. Gregorio Ortiz, 83 años, Chiltoyac, agosto del 2000.

183
características de la milpa, fue complementado y/o sustituido -transformado- por
un sistema de producción agrícola de carácter intensivo, en donde la fuerza de
trabajo de la familia era insuficiente. La integración de los ejidatarios al sistema de
cultivo por contrato, en el cual la institución financiera les proporcionaba los
recursos necesarios para el cultivo -insumos y salarios-, implicó la incorporación
del manejo del crédito como parte fundamental de sus estrategias de reproducción.

Algunos estudios recientes realizados en distintas regiones cañeras del país,


analizan la manera en que la regulación estatal del sistema agroindustrial
azucarero en México y del cultivo de la caña, en el contexto del sistema ejidal de
tenencia de la tierra y del minifundio privado, han fortalecido una cultura
campesina sustentada en un conjunto de garantías sociales de primordial
importancia para los productores cañeros. En estos trabajos de investigación se
destacan los procesos contradictorios en los que se ha desarrollado la reproducción
de los campesinos cañeros, incorporando en el análisis las múltiples dimensiones
del proceso (Chollett, 1997, 1998; Gómez, 1996, 1998; Singelmann, 1979, 1995;
Singelmann y Otero, 1995).

Muchos de los elementos planteados por estos autores se presentan de


manera similar en el caso de Chiltoyac, donde el cultivo de caña ha sido soporte
fundamental de las estrategias de sobrevivencia familiar, al mismo tiempo que
eslabón central de la sujeción de los campesinos al capital y al proyecto
hegemónico del PRI-gobierno. La omnipresencia del capital industrial y de la
regulación estatal de la producción y comercialización del azúcar, han subsumido
los espacios de la reproducción de las familias campesinas a la lógica de la
acumulación capitalista.

La integración vertical en el complejo agroindustrial azucarero, que supone


una interdependencia entre la producción agrícola y la industrial, ha implicado la
subordinación de la organización del trabajo agrícola a las normas, necesidades y
disciplina de la fábrica. Es el ingenio el que ha impuesto los ritmos y las formas del
trabajo de los productores cañeros, ha establecido qué tipo de tierras son

184
susceptibles de ser destinadas al cultivo, ha definido los tiempos de la siembra, de
los cuidados del cultivo y de la cosecha, y ha detentado el control de los recursos
monetarios, al fungir como intermediario entre la institución financiera y los
productores199.

Por su parte, la regulación estatal de la agroindustria ha incluido diversos


aspectos: la determinación del precio, tanto de la materia prima como del azúcar; el
establecimiento de las normas legales que han regido las relaciones entre el capital
industrial y los productores rurales; las condiciones del financiamiento de la
producción industrial y agrícola; y durante las casi dos décadas de ‘estatización’ de
la industria -70’s y 80’s-, el control por parte del Estado sobre la agroindustria en
su conjunto.

A pesar de verse inmersos en este contexto de subordinación y de


regulaciones -políticoeconómicas- externas, los ejidatarios cañeros de Chiltoyac
han obtenido ventajas del cultivo, integrándolo como parte del conjunto de
estrategias de reproducción de la familia y de la comunidad. Vimos que durante la
primera etapa de expansión de la plantación cañera en el ejido, el crédito,
manejado por las autoridades ejidales, fue utilizado fundamentalmente para pagar
el trabajo de los ejidatarios y de sus hijos, garantizando con ello una fuente
constante de ingreso para las familias. La plantación cañera sirvió también como
medio de apropiación del territorio ejidal por parte de sus legítimos usufructuarios
en contra de invasores externos, ya que la caña impedía que las tierras ejidales
fueran utilizadas, para pastoreo o siembras, por vecinos de otros lugares.200

                                                                                                               
199Esta forma de organización del trabajo y la ausencia de control por parte del campesino de su
proceso productivo, ha sido el mecanismo fundamental para la transferencia de los excedentes
generados en el campo hacia el proceso de acumulación del capital industrial. Numerosos estudios
han analizado y documentado los mecanismos a través de los cuales se da este proceso de
subsunción del trabajo campesino al capital. En muchos de estos estudios se ha caracterizado al
campesino cañero como proletario o como trabajador semiasalariado, en virtud de no tener en sus
manos el control sobre el proceso productivo. Rubio, 1987; Paré, 1974; Bartra, 1979. Descripción
detallada de la organización del trabajo agrícola en el cultivo de la caña y las relaciones con el
ingenio en Núñez, 1998.
200 En los testimonios orales se manifiesta que antes de los cincuenta muchos de los campos que
fueron ocupados para la plantación cañera en el ejido estaban en manos de pobladores de la vecina
localidad de Tronconal.

185
El manejo del crédito por parte de las autoridades del ejido fue sustituido
gradualmente por un manejo individual de los recursos:

“...éramos colonos con su fracción de tierra... tú dabas la parcela y el ingenio


daba el avío, es decir créditos para semillas, para limpias, para siembras, para la
cosecha y el transporte de la caña hasta el batey.”201.

De hecho, algunos productores habían establecido contratos individuales


con el ingenio antes de que se promoviera la siembra colectiva -en unión-. El
manejo individual de los recursos proporcionados por el ingenio no significó, sin
embargo, la obtención de utilidades para los ejidatarios-productores202. En los
testimonios orales se hace referencia continua a las condiciones de endeudamiento
crónico con el ingenio, recibían los créditos de avío con los que solventaban los
trabajos del cultivo, fundamentalmente el pago de la fuerza de trabajo -familiar y
no familiar- y eventualmente las siembras de maíz. Sin embargo la contabilidad
final generalmente resultaba negativa en las liquidaciones:
“....En ese tiempo nunca teníamos alcances, no había utilidad para
nosotros... Casi todos los cañeros vivíamos endeudados con el ingenio”.203

A pesar de esta situación, durante las décadas de los cincuentas y los


sesentas, el cultivo de caña significó una fuente de trabajo segura para los
campesinos de la localidad y un ingreso complementario de subsistencia cotidiana

                                                                                                               
201 Entrevista con el Sr. Gildardo Rivera, Chiltoyac, agosto del 2000.
202 A pesar de que los rendimientos en campo en el ingenio La Concepción eran muy buenos
durante ese tiempo: 70 toneladas por hectárea promedio en los años 60’s y 70’s, los productores no
recibían utilidades. Los industriales establecían condiciones muy desfavorables para los
productores, aplicando descuentos indebidos y manipulando el control sobre los criterios de pago -
peso, nivel de sacarosa-. Situación que era generalizada en el resto de los ingenios del país (Igartúa,
en Paré (coord.), 1987: 34). Es importante señalar que en virtud de la importancia estratégica
conferida al azúcar para el proyecto de desarrollo capitalista nacional -bien de consumo de la
canasta básica y en algunos periodos también fue fuente de divisas- por decreto, durante 1958-1970,
el precio del azúcar no se incrementó, siendo que el precio de la tonelada de caña estaba supeditado
al precio del azúcar (Flores, en Paré (coord.), 1987: 57).
203 Sr. Delfino Durán, 73 años, Chiltoyac, marzo del 2001.

186
para las familias. La mayoría de los productores se concibieron a sí mismos como
campesinos cultivando para el autoconsumo; la estrategia de utilización del crédito
para pagar el trabajo de los miembros de la familia permitió a los productores
cañeros controlar la esfera de la reproducción social, a pesar de su condición
subordinada y de la transferencia de excedentes al capital industrial generados en
el trabajo agrícola (Gómez, 1996). Esta forma de apropiación del cultivo -esta
estrategia o adaptación- se reforzó durante la siguiente década, en el contexto de
una amplia reestructuración de la agroindustria azucarera a nivel nacional, de la
redefinición de las relaciones de los productores agrícolas con la industria y con el
Estado, y de la reorganización política de los cañeros a nivel nacional 204.

Como resultado de la ‘estatización’ de la agroindustria y de la movilización


gremial a nivel nacional, a mediados de la década de los setenta, los productores
cañeros lograron un conjunto de garantías y prestaciones sociales que les
permitieron crear un fondo de ahorro altamente valorado. Al mismo tiempo se
reforzaron los vínculos entre las instituciones estatales y los productores de caña y
la dependencia de éstos frente a ellas.

Durante los años setenta y parte de los ochenta los productores cañeros se
adaptaron al paternalismo del Estado; éste les proporcionaba la seguridad en la
comercialización de su producto, garantizando la operación continua de los
ingenios, crédito para la producción, seguro médico y pensión de vejez. Estas
garantías sociales, incorporadas en políticas estatales, decretos e instituciones han
sido la base de la dependencia de los productores siendo que el cultivo de la caña
por parte de estos pequeños productores ha estado supeditado a los recursos
proporcionados por el gobierno y a las políticas estatales hacia la agroindustria. Los

                                                                                                               
204 Durante los primeros años de la década de los setentas el Estado asumió la administración de
los ingenios privados en quiebra. En 1975, 56 de los 62 ingenios del país pertenecían al gobierno
federal. Por otra parte, en 1977 se integraron las organizaciones gremiales de productores de caña
existentes en el país en una sola, la Unión Nacional de Productores de Caña-CNC, con lo cual se
completa el proceso de centralización estatal de la rama agroindustrial (Cordero, 2000). Al mismo
tiempo, en 1975 se estableció un nuevo decreto cañero y en 1976 se incrementó el precio del azúcar
en 48 por ciento, después de más de diez años de mantenerlo congelado (Singelmann, 1993).

187
productores de caña y sus comunidades nunca obtuvieron autonomía económica
dado que sus ingresos y su subsistencia dependieron de las políticas y decretos
gubernamentales y del pacto político de sus organizaciones gremiales con el PRI
(Singelmann, 1995).

El contraste que los cañeros de Chiltoyac hacen entre el tiempo de Roque y


la actualidad, nos permite hablar de una época de oro del cultivo cañero, cuando las
familias construyeron sus viviendas con materiales de concreto y mandaron a sus
hijos a la escuela. También participaron activamente en la construcción de sus
organizaciones gremiales y en las luchas reivindicativas por garantías sociales.205

“Mi papá fue uno de los fundadores de esta unión de productores de caña,
con el extinto Roque Spinoza Foglia. Yo cuando estuve chico andaba con él,
tenía 11 años... En el 72, 73 me iba con él a andar. Mi papá se llamó
Ventura Martínez Cortés, ya falleció y fue uno de los precursores a nivel del
poblado y de la zona, para hacer la agrupación de productores de caña de
azúcar. El participó en reuniones en México y en Guadalajara y en todas
las zonas donde iba Roque. Porque aquí antes el ingenio estuvo en manos
de empresarios particulares, los Caraza, de ahí pasó al gobierno federal206.
Cuando estaban los empresarios fue la pugna, porque en ese tiempo nos
hacían muchos cargos indebidos en las liquidaciones.
“Cuando empezó a funcionar la agrupación con Roque pues más o menos
había un aliciente para los productores porque les daban utilidades del
                                                                                                               
205 En el libro coordinado por Luisa Paré (1987) varios autores hacen un análisis sobre el proceso de
reestructuración del complejo agroindustrial azucarero y sobre todo una reseña muy completa en
torno al movimiento de los productores cañeros de los setenta. Francis Mestries afirma que el
movimiento de los productores cañeros de Veracruz (1972-73) fue uno de los más importantes en el
sexenio de Luis Echeverría. Por su parte, Gabriela Igartúa registra la participación de los
productores de la zona de abastecimiento del ingenio La Concepción en el Congreso donde surgió la
Federación Veracruzana de Productores de Caña en septiembre de 1971. Este movimiento
reivindicativo, “a pesar de pertenecer a la CNC se había ganado ciertos márgenes de autonomía,
precisamente por la fuerza y los logros conseguidos a través de la lucha” (:108). Francis Mestries
destaca el papel del liderazgo carismático en el movimiento, lo cual coincide con la imagen de Roque
Spinoza que se construye en la memoria colectiva de Chiltoyac.
206 El ingenio La Concepción fue transferido al gobierno federal en el año de 1976. (Información
proporcionada por el Mtro. Erasmo Hernández, Xalapa, Ver.)

188
bagazo y les daban bultos de azúcar... nos daban un bulto por cada
productor, era un regalo... ahorita ya no es un regalo, nos lo venden, ¡a
precio del mercado!
“En esos tiempos aquí en Chiltoyac había gente contraria a la organización
y como mi papá fue uno de los fundadores, pues tuvo muchos problemas.
Después tuvieron que unirse todos porque ya vieron que era buena
organización. Y digo en su tiempo porque hasta cierto año fue una
organización de las mejores... Ya pasando el tiempo se van deteriorando
los líderes, van cayendo en controversia y se va desmejorando la
organización. Yo estoy empapado en esto porque cuando mi papá anduvo
más o menos me enteré y supe los problemas, lo que solicitaban los
cañeros, cuáles han sido sus problemas... Con el gobierno federal tampoco
funcionó, últimamente otra vez lo vuelven a tomar los empresarios y
seguimos de mal en peor... Ahorita estamos casi abandonados. Yo ya estoy
viendo desaparecer a muchos cañeros por falta de crédito, otros están
vendiendo su caña al ganado, les da más dinero que venderla a la
industria”.207

Los años de ‘estatización’ de la industria azucarera constituyen el marco de


referencia frente al cual los productores cañeros evalúan su situación actual. Las
condiciones que están enfrentando a raíz de la reducción de los subsidios estatales
y de la privatización del ingenio208 son muy desfavorables: los créditos de avío han
dejado de fluir hacia el campo por lo que los productores no cuentan con recursos
para la producción. Desde los primeros años de la década de los noventa, la nueva
administración privada del ingenio impone la introducción de nuevas variedades
de caña, lo cual ha representado un incremento considerable de los costos de la

                                                                                                               
207 Entrevistacon el Sr. Neftalí Martínez, Secretario de Acción Política, UPC-CNC del ingenio La
Concepción, Chiltoyac, febrero del 2000.
208 Como parte de la política nacional de reestructuración económica neoliberal, en 1988 el gobierno
federal decide implementar la política de reprivatización de los 52 ingenios que estaban bajo la
administración estatal. La mayoría fueron vendidos a grupos empresariales-corporaciones
vinculados con la industria refresquera y alimenticia. (Chollett, 1997; Singelmann, 1995). El ingenio
La Concepción fue adquirido por un industrial veracruzano vinculado con la rama alimenticia en
1990 (Núñez, 1995).

189
producción agrícola; la mayoría de los productores no cuentan con los recursos
para sostener el cultivo en condiciones óptimas de calidad; las nuevas variedades
han mostrado ser menos resistentes y más demandantes de trabajo, por lo cual
muchos productores optan por abandonar el cultivo. De hecho en varias “colonias”
de la zona de abastecimiento del ingenio La Concepción se está manifestando una
tendencia creciente al arrendamiento de tierras, generándose por esta vía un
proceso de concentración de la tierra -una especie de neolatifundismo- en manos
de productores medianos y grandes.

“...Para el ingenio es mejor trabajar con productores grandes, eso nos han
dicho, que para ellos es mejor que los pequeños productores
desaparezcan... y nos amenazan... Esta situación de endeudamiento era la
que existía antes, la misma situación... Hace falta otro movimiento...”.209

Las evaluaciones de los productores de Chiltoyac sobre las ventajas y


desventajas de continuar sembrando caña no son homogéneas y muchas veces son
contradictorias. Ante la ausencia de recursos crediticios para el cultivo, los
productores optan por realizar las actividades productivas ellos mismos y contratan
pocos jornaleros; muchas veces no pueden realizar las actividades necesarias para
un cultivo de calidad. Las liquidaciones por la venta del producto al ingenio “son
muy bajas”, sin embargo, para muchos grupos domésticos, la caña todavía
representa una alternativa para la subsistencia familiar: “deja poquito pero algo
seguro”210.

Es interesante observar que los productores nunca se refieren a la


administración privada del ingenio como responsable de la situación. En las
evaluaciones de los productores entrevistados se hace referencia a las condiciones
desfavorables del azúcar en el mercado internacional y nacional por la introducción
del jarabe de maíz -alta fructuosa- y se hace responsable al gobierno de la situación.

                                                                                                               
209 Pláticacon el Sr. Delfino Durán, líder local cafetalero, promotor del beneficio de café de la ARIC-
UPCV 1985, Chiltoyac, marzo 2001.
210 Entrevista con la Sra. Gloria Sosa, alfarera, esposa de comunero, Chiltoyac, septiembre de 1999.

190
“Ya lo han dicho, que de allá viene el mal... Y el gobierno no mete las manos
para que no entre ese dulce de maíz que viene del extranjero...”.211

Una de las prestaciones más valoradas en la actualidad es la pensión de


vejez, siendo que actualmente el 94 por ciento de los ancianos de Chiltoyac recibe
pensión como cañeros (Cantú, 2000: 60). Para los productores cañeros que todavía
no tienen la edad para pensionarse, los bajos ingresos que el cultivo de la caña
representa en la actualidad, de alguna manera se compensan con la seguridad de
tener un ingreso seguro durante la vejez.
“Aunque sea barata la caña y no me vaya bien en las liquidaciones, lo que
quiero es lograr lo de la pensión... Con unos 10 años más que aguante con
la caña logro mi pensión, una vez lograda pues ya veré qué hago con la
tierra. A lo mejor mis hijos ya no van a lograr eso de la pensión...”.212

El contexto en el cual los ejidatarios cañeros siguen produciendo caña es


muy desfavorable y es probable que muchos no logren sostener el cultivo. Sin
embargo, las expectativas de un ingreso seguro por la vía de este cultivo siguen
vigentes. En la actualidad, quienes poseen alguna fracción de tierra ejidal con
plantación cañera requieren invertir sus propios recursos para la renovación
constante de sus siembras ya que el crédito proporcionado por el ingenio ha
disminuido considerablemente. Algunos migrantes recientes utilizan parte de los
recursos generados por su trabajo en Estados Unidos para renovar sus plantaciones
de caña, con la expectativa de regresar y obtener buenas liquidaciones de la venta
del producto al ingenio. Hasta ahora el cultivo de la caña había representado
ingresos seguros que se complementan con garantías sociales primordiales para la
reproducción de las familias campesinas. Aunque este esquema ha ido perdiendo
vigencia frente a la administración privada del ingenio y las condiciones
desfavorables del mercado del azúcar, los productores minifundistas de Chiltoyac
no han abandonado masivamente el cultivo como ha pasado en otras localidades

                                                                                                               
211 Entrevistacon el Sr. Gildardo Rivera, 78 años, Chiltoyac, enero del 2000.
212 El
Sr. Joel Ortiz, 50 años, es productor cañero desde 1970 y ejidatario por herencia de su abuelo.
Entrevista, Chiltoyac, septiembre de 1999.

191
vecinas, donde los ‘grandes’ productores concentran crecientemente tierras para el
cultivo de caña.213

                                                                                                               
213 Enalgunos ejidos de la zona se empiezan a gestar proyectos alternativos para la transformación
industrial de la caña en base al establecimiento de trapiches industriales para la producción de
panela. Es el caso de la vecina localidad de Seis de Enero, donde existe un proyecto promovido por
el municipio de Xalapa para la instalación de un trapiche. Información proporcionada por el
Director de Desarrollo Rural del municipio de Xalapa, febrero del 2001.

192
3.4.- LA CAFETICULTURA EJIDAL

Antes el café era muy bueno,


se le echaba excremento de vaca y de chiva...
y tardaba mucho en secarse la planta.
Ahora con eso de los químicos, las plantas crecen rápido pero no duran nada.
El mejor café es el criollo, que era el que teníamos antes...
el de ahora se siembra la mata y se tiene que resembrar al poco tiempo.
Ya se agarra para puro negocio.214

A diferencia de la caña, la introducción de la plantación cafetalera en la región


Xalapa-Coatepec se asocia a la pequeña propiedad de la tierra y a la cultura
ranchera. Fueron los arrendatarios de las tierras de las haciendas quienes
encontraron en el cultivo del café un espacio productivo al margen de éstas durante
la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, el proceso de fragmentación de las
tierras hacendarias antes de la reforma agraria se asocia, en parte, con la
introducción del cultivo cafetalero (Casas,1993; Hoffmann, 1992;b Hoffmann;
Olvera,1996).

En Chiltoyac, al igual que en el conjunto de la región, el cultivo del café se


instaló durante la segunda mitad del siglo XIX. A través de los testimonios orales
encontramos que antes de la reforma agraria, este cultivo se integraba como parte
importante del esquema de reproducción material y sociocultural de las familias
campesinas de la localidad. Como se mencionó en el primer capítulo, en las
pequeñas fracciones de propiedad privada, la plantación de fincas cafetaleras se
asoció con el cultivo de huertos familiares -principalmente de árboles frutales,
mango y naranja-. La mayoría de los pequeños propietarios producían café para el
autoconsumo y para la venta, una parte de la producción se procesaba
artesanalmente y otra se vendía en cereza. La comercialización y el procesamiento
del café estaban en manos de pequeños-medianos comerciantes que operaban en el
entorno regional; algunos tenían viviendas en el poblado y establecimientos
comerciales en Xalapa, compraban el fruto -café cereza- a los campesinos de la
                                                                                                               
214 Plática con el sr. X, recorrido por las fincas de café, Chiltoyac, junio 1999.

193
localidad y lo procesaban para venderlo en Xalapa.

Durante los primeros años después de la reforma agraria la expansión del


cultivo en el territorio ejidal fue muy lenta. El precio del café cereza era muy bajo y
los productores tenían pocas posibilidades de financiar la instalación de
plantaciones con sus recursos. A diferencia de otros ejidos de la región, en donde
este cultivo se extendió de manera intensiva durante los años 30’s-40’s, en
Chiltoyac este proceso se dio de manera más lenta y selectiva. En los estudios
realizados en la región, se registra que la expansión de la cafeticultura ejidal se dio
a partir del financiamiento de los grandes cafeticultures, quienes realizaban el
procesamiento industrial del grano215 . En algunos ejidos, la plantación de café se
extendió de manera intensiva durante la década de los treinta, al tiempo que los
pobladores recibían las tierras ejidales. La empresa cafetalera Fernández y
Compañía, desde su plantación Las Ánimas controlaba crecientemente la
transformación industrial del café cereza en toda la región, poseía tres unidades de
industrialización y garantizaba la producción agrícola a través del préstamo
usurero a pequeños propietarios y ejidatarios, quienes se encargaban de producir el
grano en sus tierras (León, 1983). A través del otorgamiento de préstamos a los
productores agrícolas aseguraban la oferta, proporcionándoles a los productores-
ejidatarios préstamos a cuenta de cosecha. Aunque el papel del crédito privado y de
la usura en la expansión del cultivo cafetalero en los ejidos es un tema poco
investigado, algunos estudios han detectado que la mayoría de los ejidatarios
recurrieron al endeudamiento con prestamistas para la instalación de fincas
cafetaleras -sobre todo a partir de los años cuarenta, “cuando empezó a valer” 216 -

                                                                                                               
215 Una vez que el café es cosechado comienza una compleja cadena de procesamiento
agroindustrial. Primero el beneficiado húmedo, donde se despulpa el grano; este procedimiento
debe hacerse antes de las 48 hrs; se fermenta y se lavan los granos -ambos procesos son muy
importantes en la determinación de la calidad final-; después del lavado, el grano debe secarse -
dependiendo de las condiciones del clima esto dura una semana aproximadamente -café
pergamino-. La siguiente fase es el beneficiado seco, este procedimiento requiere de maquinaria
más sofisticada con unidades agroindustriales grandes. En este proceso se quita una cubierta
delgada que cubre al grano después de lo cual se clasifican para la venta. El producto de este último
proceso se nombra café oro y es la forma en que se comercializa en el mercado internacional
(Porter, 2000).
216 Mientras que en 1940 el precio promedio del café fue de 9.57 dólares, en 1948 éste ascendió a
34.30 dólares (Aboites, 1980).

194
(Aboites, 1980: 34-36).

En el ejido Estanzuela, en el municipio vecino de Coatepec, los ejidatarios


decidieron introducir la plantación en 1935, un año después de recibir la posesión
definitiva de su territorio ejidal. “...los Fernández López les dieron incentivos
diciéndoles que si sembraban café ellos les darían los créditos a corto, mediano y
largo plazo, para que se pudieran sostener durante el tiempo indispensable que
requieren las nuevas plantaciones para empezar a producir (3 a 5 años). Entre
tanto, tenían que seguir trabajando en las fincas de éstos y una vez llegando el
tiempo de la cosecha para pagar sus créditos tenían que entregar el café cereza en el
beneficio de Las Ánimas”. Con esto los Fernández garantizaban la producción de
café cereza para procesarlo y comercializarlo, mano de obra para sus fincas,
además de propiciar relaciones paternalistas con los campesinos para no verse
afectados por la reforma agraria (León, 1983:140-141).

En contraste, encontramos que en Chiltoyac no se registran de manera


significativa este tipo de relaciones. En ningún testimonio se manifiesta que los
ejidatarios de esta localidad hayan recurrido al crédito con los grandes productores
privados de la región para la instalación de sus fincas. Esto no significa, sin
embargo, que no establecieran lazos de dependencia con los poderes económicos
regionales. En algunos testimonios encontramos el caso de Vicente Amaro, quien
junto con su hermano, era arrendatario de la hacienda vecina de Las Ánimas y
participó en las llamadas “guardias blancas”, en defensa de los intereses del
hacendado frente al movimiento agrario (León, 1983: 96 y 129). Este personaje
compraba café y naranja a los campesinos de Chiltoyac, quienes muchas veces le
vendía la cosecha completa; la naranja la llevaba a la ciudad de México por
ferrocarril y el café a los beneficios de la hacienda Las Ánimas. Esto nos indica que
una parte de la producción de café de Chiltoyac llegaba por la vía del
intermediarismo a los grandes propietarios privados, quienes de manera creciente
iban monopolizando la comercialización, la industrialización y la exportación del
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

195
café en la región.

En la década de los cuarenta, algunos ejidatarios de Chiltoyac producían y


beneficiaban artesanalmente su café:

“Mi abuelo comenzó con la producción de café hace más de 60 años, a base
de puro trabajo, de él y de sus hijos, financiamiento no tuvo. Todo el
producto lo procesaba en una máquina despulpadora de café manual. Se
hacían dos o tres quintales... era poco, por eso lo podían procesar aquí en
la casa.
“...también trabajó mucho las yuntas y la siembra de maíz, posteriormente
el café, y también sabía de albañilería... entre mi abuelo y mi papá
construyeron esta casa.
Mi papá y mis tíos trabajaban en la hacienda de Almolonga y en
Mahuixtlán, cortando caña. Ahí les pagaban por tarea y tenían que hacer
bien su trabajo porque si no los cuartiaban -les pegaba el capataz con
fuete-.
“Recuerdo que cuando tenía yo como cinco años mi abuelo hizo la planilla
que está aquí afuera de la casa, ahí se secaba el café, y atrás de la casa, se
guardaba mucho grano, en la bodega,.
También me acuerdo que él tenía un carrito, el único del pueblo y los demás
se unían para llevar el café hasta Coatepec.. . Eso ya fue después, como en
el 70-71, cuando empezaron a haber los primeros compradores... recuerdo
que se apellidaban Piñero... Ellos empezaron a comprar porque tenían
mucho dinero y tenían una hacienda en Juchique de Ferrer.”217

3.4.1.- Del cultivo familiar al cultivo intensivo.

Es posible dividir la historia de la cafeticultura ejidal en Chiltoyac atendiendo a los


siguientes elementos: el ritmo de expansión del cultivo, las características de la
                                                                                                               
217 Entrevista con el Sr. Neftalí Martínez (40 años), ejidatario de la tercera generación, Chiltoyac,
agosto, 2000.

196
organización de la producción y el carácter de la regulación estatal en torno a la
actividad productiva. Durante las primeras cuatro décadas (1920-1960), en un
contexto local de carencia de recursos y de ausencia de apoyos estatales, la
intensidad del cultivo era a escala familiar218. A partir de los setentas, el ritmo de
expansión del cultivo del café comenzó a acelerarse; algunos productores utilizaron
parte de los ingresos generados en la producción de caña para el establecimiento de
sus fincas, al mismo tiempo que los apoyos gubernamentales para la cafeticultura
ejidal se incrementaron. La participación de la fuerza de trabajo familiar en el
establecimiento de las fincas fue fundamental. La cafeticultura ejidal en Chiltoyac
se extendió en base a la organización familiar del trabajo, en el contexto del grupo
familiar extenso.

“A los treinta y cinco años comencé a hacer mi primera finquita y me fui


por partes, a como me iban dando mis ahorros. Mi primera plantación fue
de 300 matas, despues plantamos 500, a puro esfuerzo de ahorro de
trabajo... En ese tiempo ya mis hijos me empezaban a ayudar, ellos
trabajaban para la comida, y yo me dediqué a lo mío....”219.

Durante esta década y la siguiente, el Instituto Mexicano del Café acrecentó


notablemente sus funciones en materia de financiamiento a la producción agrícola,
comercialización e industrialización del grano220. Con el apoyo del Inmecafé y de

                                                                                                               
218Durante esta etapa, como se mencionó mas arriba, la producción, comercialización y
procesamiento del café estaba monopolizada por los grandes y medianos propietarios privados a
nivel regional. La regulación estatal del mercado del café limitada; no interviene en la
comercialización. Además de los préstamos privados, el financiamiento para la instalación de fincas
de café se da a través de sociedades de crédito -Banco de Crédito Agrícola-: en la región operaban 20
sociedades de crédito, 18 de las cuales sembraban café. (Aboites, 1980).

219 Entrevistaal Sr. Regino Sosa, 65 años, comunero, Chiltoyac, junio de 1999.
220 El Inmecafé impulso a la cafeticultura ejidal como parte de un proyecto estatal de desarrollo
rural en el campo, abrió centros de recepción del grano, fijó precios oficiales de compra, extendió
sus actividades crediticias, amplió su capacidad industrial y manejó un porcentaje creciente de la
cosecha nacional de café. Restringió la usura, limitó el acaparamiento y el intermediarismo privado
y participó activamente en la exportación. Construyó beneficios ejidales y amplió la difusión de
investigaciones agrícolas. Algunos datos nos muestran la expansión de las actividades
gubernamentales en torno a la comercialización e industrialización en la rama cafetalera: en 1970 se
terminó de construir el beneficio estatal “Puerto Rico”, localizado muy cerca de Tuzamapan. En la
cosecha de 1974-75, el Inmecafé adquirió el 39.2% de una cosecha de 2 millones de quintales de

197
los recursos provenientes del cultivo cañero, los campesinos de Chiltoyac
instalaron fincas cafetaleras en las faldas de los cerros y en las barrancas del
territorio ejidal. Aprovecharon el apoyo del Instituto, el cual les proporcionó la
planta, los recursos -crédito para pagar mano de obra y fertilizantes- y la asesoría
técnica necesaria para el establecimiento de las fincas cafetaleras. El Inmecafé
otorgaba créditos considerando el conjunto de actividades laborales y los costos
que esto implicaba: desde la siembra, hasta el cuidado del crecimiento de la planta,
en un principio; después, el mantenimiento y la cosecha. Instaló centros de acopio
del grano en las localidades, fijando un precio oficial mínimo de compra; los
productores recibían el pago por su producto en dos partes. Al mismo tiempo
fomentó la organización de los productores en torno a las llamadas Unidades
Económicas de Producción y Comercialización (UEPC).

Es importante destacar que estas instancias organizativas para el control de


los programas de financiamiento se organizaban en el seno del ejido. En los
documentos donde se establecen los lineamientos operativos para las UEPC’s se
señala claramente que los directivos locales de estas instancias de organización
para la producción debían ser las autoridades locales y los asuntos relacionados con
los apoyos gubernamentales para la producción se resolvían en las asambleas
ejidales.221 De esta manera se amplía significativamente el margen de acción del

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
café. Asimismo, de 1972 a 1976, los centros receptores de café cereza de esta institución pasaron de
25 a 259. (Aboites 1980: 46-48). El Inmecafé se convirtió en el principal exportador nacional de
café, siendo que durante el ciclo 81-82 comercializó el 42% de la producción nacional del grano.
(Millán 2000: 107)

221 En el Plan para el Desarrollo para Cafeticultura, 1976-1982, se señalan los lineamientos del
funcionamiento de las Uniones Económicas de Producción y Comercialización. El objetivo
fundamental: controlar el programa de anticipo a cuenta de cosecha. Lineamientos para su
operación: (1) existe un promotor de la organización de productores por parte del Instituto, quien
selecciona a los socios; (2) los directivos locales de las UEPC deben ser las autoridades locales; (3)
entre los requisitos para ser socio destaca la importancia de la certificación de la autoridad local,
que los aspirantes no estén comprometidos con otras instituciones crediticias, y que no posean más
de 20 hec.;(4) realización de asambleas quincenales, asambleas de los socios; (5) la asamblea de los
socios es un recurso complementario mas no prioritario para la toma de decisiones del INMECAFE;
(6)para otorgar los anticipos a cuenta de cosecha, se realiza una asamblea para anotar a los
solicitantes, con la aprobación de las autoridades locales, de los asambleístas y del productor.
Asimismo se señala que la estrategia de operación de estas instancias organizativas locales tiene que
sustentarse en un “proceso de concientización organizativa” entre los productores: “proceso
mediante el cual logramos que el productor conozca su problemática y participe en la solución de la

198
ejido y el poder de las autoridades ejidales hacia el manejo de los aspectos del
financiamiento y de la organización productiva: las autoridades ejidales certificaba
a los productores en lo individual y los anticipos a cuenta de cosecha debían
decidirse en la “asamblea de socios” que se organizaba al interior de la instancia
ejidal.

En 1976 solamente 204 (21%) de los “productores asistidos” por el Inmecafé


en la región estaban asociados en UEPC -16 personas de Chiltoyac-. Al parecer fue a
partir de ese año que los productores de Chiltoyac se integraron a los programas
gubernamentales de apoyo a la cafeticultura ejidal222 . Lamentablemente no se
cuenta con información sobre personas asistidas por Inmecafé y número de socios
para años posteriores a 1976; sin embargo, en la información oral encontramos la
presencia de los apoyos estatales en Chiltoyac sobre todo en los últimos años de la
década de los setenta y principios de los ochenta.

La forma cómo operaban los programas involucraba a los productores -


ejidatarios y comuneros- en lo individual, quienes recibían los recursos y disponían
de ellos; contaban también con asesoría técnica y con un paquete tecnológico que
propició el cambio de variedades. El café localmente llamado criollo -arábigo- se
fue sustituyendo por plantas de café bourbon, mundo novo y caturra223. Las nuevas

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
misma... hacemos consciente en forma racional al productor de su participación directa en los
problemas que le atañen y de los servicios vía programas del Instituto, que el gobierno lleva a cabo
para el logro de su integración al desarrollo nacional.” (Archivo del Estado de Veracruz, Inmecafé,
Vol. II, Folio #211-221).

222 En los registros del número de personas asistidas por el Inmecafé de 1967 no aparece ninguna de
la localidad de Chiltoyac, en contraste con otros ejidos como Tuzamapan, San Marcos, El Grande,
Monte Blanco, El Castillo, Espinal. (Archivo del Estado de Veracruz, Plan para el Desarrollo de la
Cafeticultura 1953-1966, Personas Asistidas por el Inmecafé en 1967). Esto no quiere decir, sin
embargo que en Chiltoyac no hubiese productores cafetaleros, en 1966 se registran en los archivos
agrarios “80 campesinos no reconocidos en el ejido”, comuneros con plantaciones cafetaleras en el
territorio ejidal. (RAN. Exp. Derechos Agrarios #1 1927-1969. Folio #491).
223 La variedad arabigo es la más antigua; es apreciada por su larga vida (hasta 50-80 años), por ser
rústica y por lo flexible de sus ramas que facilitan grandemente la cosecha; las variedades bourbon y
mundo nuevo tiene una duración de vida menor (15-25 años), se trata de arbustos más tupidos y
una mayor producción; la última variedad introducida en la región es caturra, arbusto más pequeño,
de follaje denso y de alta productividad si se cultiva con técnicas específicas (cultivo al sol, alta
densidad de plantación, poda y fertilización), dura menos tiempo que las otras variedades y sus
ramas son frágiles y se rompen fácilmente al momento de la cosecha. (Hoffmann, Blanc-Pamard,

199
variedades proporcionaban mayores rendimientos pero requerían de otros insumos
-como los fertilizantes- y de mayores cuidados en su cultivo -limpias, podas-, lo
cual incrementaba la necesidad de fuerza de trabajo. Los créditos a cuenta de
cosecha proporcionados por el Inmecafé y las nuevas tecnologías propiciaron una
mayor intensidad en el cultivo. Se incrementó la utilización de fuerza de trabajo
asalariada, sobre todo por parte de aquellos productores con mayores recursos. Las
plantaciones rebasaban las posibilidades de trabajo familiar y la capacidad de
procesamiento artesanal, por lo que la venta de café cereza se volvió predominante;
los productores, al recibir el crédito del Inmecafé se comprometían a entregar una
parte de su cosecha a los beneficios estatales; reservando una pequeña parte que se
procesaba artesanalmente para el autoconsumo.

Bajo el esquema de crédito proporcionado por el Inmecafé los productores


estaban comprometidos a entregar una parte de su cosecha en los centros de
recepción del Instituto; el resto podía ser procesado por los propios productores o
venderse a particulares. Parte de los recursos se utilizaban para solventar la
subsistencia cotidiana familiar en forma de jornales para los miembros de la
familia. Los créditos, la nueva tecnología y la asesoría por parte de los promotores y
técnicos del Instituto y de otros programas gubernamentales, generaron nuevas
prácticas productivas y una organización más intensiva del trabajo, al
incrementarse la escala de la producción y la densidad de las plantaciones .224

“Hubo un tiempo que jalaba cinco o seis peones y también una camioneta
Dodge y abrí varios terrenos… llegué a tener 10 hectáreas de finca de café...
En ese tiempo sí iba yo fuerte, cada año hacía yo alguna cosa, un año hice
estas dos piezas de la casa, al siguiente año otra arriba, luego el baño y ya
el último año que empezó a bajar el precio hice el garage... Año con año iba

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
Rossignol, 1987: 20)

224 Hacia fines de los setentas y los ochentas se implementaron programas de créditos a largo plazo
en los ejidos de la región, para la renovación o implantación de fincas por parte del Banco de
Crédito Rural del Golfo y del Programa Integral de Desarrollo Rural -este último otorgaba créditos a
largo plazo sin intereses para los productores más desprotegidos (Hoffmann, et. al., 1987).

200
yo ingresando, trabajando bien y produciendo mucho café... una vez llegué
a recoger sesenta, setenta toneladas... Nada más que cuando el café se vino
abajo caí en cartera vencida en el banco... tuve que vender dos fincas
grandes...”.225

Al igual que el cultivo cañero, el café proporcionó recursos para viviendas,


camionetas, fiestas familiares -bodas, quince años, bautizos-; además, durante la
cosecha, los productores obtenían ingresos cotidianos provenientes de la venta del
café recién cortado. En contraste con el manejo de la cosecha de caña -cuya
organización está bajo el control del ingenio- , el corte de café ha sido controlado
por los productores de manera individual y una pequeña parte del producto se
maquila artesanalmente para el consumo familiar.

“Yo tuesto el café en los comales, para tomar... Sí, porque el café que
tomamos, nosotros lo tostamos... Lo cortamos de la mata, lo secamos, lo
morteamos, lo tostamos y lo bebemos... Sí, nosotros todo el año
componemos café para tomar, nunca compramos café de bolsita... Esas
lonas que tenemos atrás de la puerta es café que guardamos para todo el
año, y hasta nos sobra...”.226

El productor define las fechas de la cosecha -pepenas, primer corte, segundo


corte- y cuando lo requiere, porque la fuerza de trabajo familiar no es suficiente, se
encarga de conseguir cortadores -jornaleros a destajo- que lo ayudan durante la
cosecha. A diferencia del esquema que ha prevalecido en la agroindustria
azucarera, en donde el ingenio lleva el control administrativo de los gastos
realizados en las parcelas, el productor cafetalero maneja directamente la

                                                                                                               
225 Entrevista al Sr. Regino Sosa, 65 años, comunero, Chiltoyac, junio de 1999. En 1993-94 cayó en
cartera vencida con Banrural y vendió dos fincas de 1.5 ha. cada una a dos pobladores de Tronconal
para pagar su adeudo.
226 Entrevista con la Sra. Gloria Sosa, alfarera, esposa de comunero, 3 de sus hijos ya están casados
pero siguen trabajando con su padre: “Ya todos recibieron casita de su papá y desde que se casaron
su papá les paga cuando trabajan con él... No es lo mismo que contratar un trabajador que no es de
la familia.”. Chiltoyac, septiembre de 1999.

201
contabilidad de la finca: una parte del ingreso proveniente de la venta diaria del
café cereza se destina al pago de los cortadores -a destajo por kilogramo cortado-,
otra a las maniobras, que incluyen el acarreo del café del campo a los centros de
acopio y de los cortadores -a quienes durante los años de auge se les proporcionaba
vivienda y parte de la comida-; otra parte se destina al gasto familiar cotidiano,
alimentación, vestido, fiestas. El primer viernes de marzo es la fiesta patronal, para
la cual los ingresos provenientes del café han sido fundamentales. En la fiesta del
primer viernes de marzo, se realizan los ritos de paso católicos y la mayoría de las
familias festejan, en las casas se prepara comida -mole, arroz, tamales, tortillas- y
se compra la ropa nueva del año.

3.4.2.- La organización de la cosecha

La cosecha del café se inicia entre noviembre y diciembre. Despues de todosantos


se hace el primer corte de café, que consiste en la pepena de los primeros granos
rojos que van madurando. El segundo y tercer corte se realizan en enero, febrero y
marzo, cuando la mayor parte del fruto está maduro; momento en que se requiere
de mayor cantidad de fuerza de trabajo. Cuando el grano se madura es necesario
cortarlo inmediatamente ya que si se deja en la planta, se cae o se seca,
perjudicando a la plantación.

Los productores cafetaleros de Chiltoyac contratan jornaleros para el


segundo corte, de acuerdo a las necesidades de su finca y a la disponibilidad de
mano de obra familiar. Generalmente los miembros de la familia extensa participan
en el corte de las fincas propias; entre padres e hijos, hermanos y familiares
cercanos se contratan mutuamente. Cuando la cosecha rebasa sus capacidades,
contratan jornaleros y ellos mismos fungen como patrones y cortadores al mismo
tiempo. Para la gran mayoría de los productores, que tienen entre 1 y 2 hectáreas de
café, lo conveniente es utilizar la fuerza de trabajo familiar para el corte, sobre todo
cuando el precio del café es muy bajo -que es el caso de los últimos años-. Algunos
productores medianos, que tienen mayor cantidad de tierras con café, se trasladan

202
en sus camionetas a otros lugares para contratar gente 227; ellos tienen pequeños
cuartos, con agua y luz donde se alojan sus trabajadores, quienes llegan con su
familia ya que todos sus miembros participan en el corte. La mayoría de los
cortadores provienen de Providencia, San Isidro, San Juan, Monte Real, Tronconal,
El Castillo y en menor medida de Xalapa, de la colonia Carolino Anaya -“...los de
Xalapa prefieren irse a las fincas de Coatepec donde les pagan un poco mejor”-.

“La mayoría de los cortadores que tengo vienen de otras partes, vienen una
semana o dos, a ayudarme, porque las matas ya estaban bien copaditas y
no me doy abasto a cortarlo yo solo. A ellos les ofrezco su casita, su petate
para que duerman, también les doy de comer aunque sea frijoles porque es
lo que como yo... Si como carne, pues les doy también.”

“... es el segundo año que vienen, ya se les tiene confianza, los podemos
dejar solos en la finca y sabemos que van a hacer limpio el trabajo. Mi hijo
los lleva y los trae en la camioneta todos los días... En navidad se les da
pollo, harina y aceite para sus buñuelos... cuando termina el corte se van
contentos, y durante el año vienen si necesitan algún préstamo y como son
cortadores de uno, no se les puede cobrar interés. Y hay algunos que sí
agradecen, pero hay gentes que no son agradecidas y dicen ‘...no, el precio
es muy barato, yo no le voy a ayudar a este hombre’ ... Y yo comprendo, un
peso que se le estaba pagando al cortador por kilo, pobrecito, de nada
sirve...”.228

Los “poquiteros”, productores que tienen entre 500 y 1000 matas de café no
contratan jornaleros, ellos realizan la cosecha entre los miembros del grupo
doméstico.
                                                                                                               
227 Como se puede observar en la Tabla al final de este capítulo, en 1984 sólo 15 ejidatarios (el 11%
del total) tenían plantaciones mayores a las 5 ha. de tierra, distribuidas en varias fracciones.
228 Entrevista con el Sr. Gildardo Rivera, 75 años, comunero, pertenece al grupo de personas que
mas tierra tienen en Chiltoyac. Hay quienes dicen que tiene 20 ha., otros que tiene más. En la
inspección ocular realizada en 1983 por la SRA se registran 27 ha. usufructuadas por el Sr. Rivera.
Entrevista en diciembre del 2000.

203
“....nosotros tenemos aproximadamente 1000 matas de café y procuramos
cortar el café entre la familia, mi esposo y yo, con la ayuda de mi hijo (14
años), que algunos días falta a la escuela para ir al corte. Ahora no voy a
poder ir a cortar porque la niña está recién nacida, aunque le pedí a
Régulo que me lleve a la finca, aunque sea nada más a ver cuánto café hay.
Pensamos sacar alrededor de 15 mil pesos, para pagar el crédito229 -un
bulto de abono cuesta 100 pesos- y también terminar el cuartito y el baño
que estamos haciendo... El cuartito es para Nere, mi hijo. El corte del otro
pedacito va a ser para los gastos de la fiesta, hay que comprar pollos y
refrescos porque vamos a bautizar a la niña...”.
Ellos procuran maquilar una parte de su cosecha, aunque es muy poco lo que
pueden procesar: “Régulo maquiló lo de un día, ese lo va a vender en
pergamino. En el beneficio le cobran 70 pesos por quintal para
maquilarlo...”.230

A diferencia de la zafra -cosecha de caña- la organización del corte incluye la


participación de la mujer de manera fundamental. Todas las mujeres de Chiltoyac
han dedicado parte de su tiempo de trabajo al corte, durante los meses de
diciembre a marzo231, ayudando a la familia paterna antes de casarse y a la del
grupo familiar del esposo después del matrimonio. Al interior de los grupos
familiares extensos, las nueras se incorporan activamente en el corte de café; las
abuelas cuidan a los nietos y dirigen las actividades domésticas -de la casa-. La
cafeticultura ejidal en Chiltoyac se ha caracterizado por ser una actividad que
involucra al grupo familiar extenso en su conjunto. El agudo fraccionamiento del
territorio ejidal -herencia a 3 generaciones-, y la concentración mayor de la tierra
en menos manos, nos indica que la gestión productiva se está separando cada vez

                                                                                                               
229 Reciben crédito del programa alianza para el campo. Chiltoyac, diciembre del 2000.
230 Entrevista con la Sra. Minerva de Tejeda, 30 años, esposa del agente municipal, Chiltoyac, enero
del 2000
231 Meses en que la alfarería no se trabaja debido a la falta de sol y a la humedad -recordemos-. Las
alfareras del comité suspenden su producción artensanal durante los meses del corte.

204
más hacia el espacio de las familias nucleares 232 .

3.4.3.- La experiencia del beneficio de café ARIC-UPCV

“Chiltoyac se sacó el premio para hacer el beneficio de productores de café”233.

Durante los años de auge de la cafeticultura en el ejido, la gran mayoría de las


familias mejoró sus condiciones de vida; los ejidatarios y comuneros manejaron sus
fincas de manera individual y se abocaron a la venta de café cereza en un contexto
de creciente separación del proceso agrícola y el procesamiento industrial234. Se
especializaron como productores agrícolas dentro del complejo agroindustrial
cafetalero, dependiendo de los precios de garantía que el Instituto establecía, de
sus políticas y de la gestión de los técnicos extensionistas235.

En este contexto, durante los primeros años de la década de los ochenta,


muchos cafeticultores de Chiltoyac se incorporaron al movimiento regional de
productores cafetaleros en torno a la demanda por incrementos en el precio del
café cereza. Como integrantes del movimiento gremial, posteriormente
incursionaron en un proyecto “autogestivo” de apropiación del proceso de
                                                                                                               
232 En el siguiente capítulo se describe la forma cómo el grupo familiar de la Sra. Pilar Carrillo se ha
organizado a lo largo de su vida, nos muestra los elementos socioculturales que han caracterizado a
las relaciones familiares de trabajo alrededor del cultivo del café; las concepciones en que se han
sustentado estas relaciones; los conflictos y las jerarquías entre los miembros de la familia.
233 Roberto Ortiz, 50 años, comunero, productor cafetalero, Chiltoyac, octubre, 2000.
234 Como se mencionó anteriormente, la producción cafetalera está inmersa en una compleja cadena
mercantil que incluye varias fases de transformación industrial, siendo que la mayor cantidad de
“valor agregado” se incorpora en las fases industriales de transformación (40 por ciento se
incorpora en el proceso de tostado y molido). El diferencial en el precio en que los productores
agrícolas venden el grano recién cortado y el precio al consumidor final es alto. Los precios en las
diferentes fases en 1995 eran los siguientes: café cereza 3 pesos, café pergamino 15 pesos y café oro
22 pesos. (Porter 2000)
235 En su análisis sobre la cafeticultura en la región de Coatepec, Luis Aboites (1980) se refiere a la
omnipresencia del Inmecafé en el sector y al carácter de su intervención: “...El Inmecafé se convirtió
en acaparador, en dador de crédito, en intermediario, en organizador de productores, en
exportador. Lejos de ser un organismo destinado a lograr la autogestión, la democracia en los
manejos, el acceso incondicional de los pequeños productores al mercado mundial, la redistribución
y reapropiación del excedente generado, el control del proceso productivo, el Inmecafé se ha
transformado de un organismo de servicio público en entidad monopolizadora de buena parte del
producto cafetalero” (: 50).

205
industrialización y comercialización del grano.236

El proyecto del beneficio de la ARIC-UPCV se llevó a cabo bajo un esquema


de asociación de productores de varias localidades de la región y se instaló en una
fracción de tierra ejidal en Chiltoyac. Los cafeteros de Chiltoyac vieron en este
proyecto la posibilidad de apropiarse de una parte del proceso de transformación
industrial, lo cual les permitiría mayores utilidades de su actividad productiva.
Durante los primeros dos años de funcionamiento, el beneficio logró obtener
alcances -ciertas utilidades- para los socios, sin embargo, dadas las dificultades que
desde el inicio del proyecto se presentaron, y ante la caída vertiginosa de los precios
del café en 1989-1993, el proyecto quebró y la empresa colectiva cayó en cartera
vencida.

Muchos productores de Chiltoyac no comprendieron cabalmente el esquema


organizativo sobre el cual se impulsó, y otros no participaron de la experiencia por
diferencias políticas. Aunque pretendió ser independiente y autogestiva, al margen
del Inmecafé, la empresa funcionaba bajo un esquema de crédito similar -la
asociación solicitaba los recursos a las instituciones de crédito, los productores
recibían créditos a cuenta de cosecha y entregaban el café al benefico para su
procesamiento-. Los productores participaron de la inversión aportando parte de
su cosecha para la construcción y la compra de maquinaria.

En el proyecto participaron otros ejidos y productores de varias


localidades237, sin embargo, en Chiltoyac algunos productores consideran que la

                                                                                                               
236 En 1982 surgió la Unión de Productores de Café de Veracruz como resultado del descontento
provocado por los bajos precios de garantía que ofrecía el Inmecafé en la coyuntura nacional de
crisis económica, devaluación e inflación. El proyecto político de esta organización gremial -
independiente de la CNC y de los partidos políticos- ha sido ampliamente analizado: ver Olvera,
1991; Celis, 1991; Olvera y Millán, 1994 y Millán 2000.

237 En la Asociación Rural de Interés Colectivo (ARIC) para la instalación del beneficio de café
participaron alrededor de 11 ejidos, entre ellos, La Concepción, Vistahermosa, Paso de San Juan,
San Nicolás, Chiltoyac, El Grande, Tuzamapan, Alborada, Paso Grande. (Entrevista al Sr. Cirio Ruiz,
dirigente de la UPCV y promotor del proyecto, miembro del Consejo Regional del Café de Coatepec,
Coatepec, marzo del 2001).

206
construcción y la maquinaria les pertenece:

“...Los productores dieron faenas y fueron a traer la maquinaria y hoy el


beneficio está en quiebra. Lo querían vender, pero no se vende, porque es
de la comunidad. Hubo una asamblea donde dijimos que no se vende ni un
fierro, porque es del pueblo”238.

La experiencia del beneficio de café de la ARIC-UPCV es evaluada como un fracaso.


Haciendo alusión a la escala del proyecto y a su inviabilidad, el Sr. Neftalí Martínez,
quien actualmente dirige una Sociedad de Solidaridad Social (SSS) -de las tres
existentes en Chiltoyac- opina que el beneficio “...es una obra millonaria, pero es
un elefante blanco que no tiene financiamiento y está parado”. La evaluación que
él hace con respecto al fracaso del beneficio ejidal es clara: poca experiencia técnica
en el proceso de maquila del café de los productores y de quienes impulsaron el
proyecto, la baja de los precios del café en 1989-1993 y el creciente monopolio de la
cadena mercantil por parte de las empresas transnacionales239.

3.4.4.- Crisis de la cafeticultura ejidal

Ahorita todos los cafeteros estamos perdidos,


debemos al banco, debemos en particular, y no sabemos qué hacer,
la mayoría de las fincas están perdidas, entre el monte, perdidas en la broca,
el café está en quiebra, no nos da resultado. 240

“Por eso tengo ese pleito con el


gobierno.
Ahorita el café y la caña ya no son redituables...
Yo tengo puro café y nada más me está quitando tiempo
porque está en partes donde se podría sembrar maíz y frijol.
El café ya mero no da ni para sus gastos, porque el café tiene muchos gastos:

                                                                                                               
238 Ibidem.
239 Estaevaluación coincide con la que hace el Sr. Cirio Ruiz, dirigente de la UPCV y miembro del
actual Consejo Regional del Café de Coatepec, quien promovió y participó activamente en el
proyecto del beneficio. Entrevista realizada al Sr. Cirio Ruíz, Coatepec, febrero del 2001.

240Neftalí Martínez, 45 años, ejidatario de tercera generación, excomisariado ejidal de1993 a1996,
Chiltoyac,

207
ahorita hay que limpiar y abonar...
Por eso digo, lo que hace falta es que intervenga el gobierno,
la finca se va a perder, lo que hay que hacer es cambiar el sistema de producción”.241

El año de 1989 marcó el inicio de la crisis de la cafeticultura regional y de una


profunda transformación de las estructuras que la habían sustentado. La caída
vertiginosa de los precios del café enfrentó repentinamente a los productores a la
inviabilidad económica de una de sus principales fuentes de subsistencia familiar.
Se calcula que la caída del ingreso real de los cafeticultores fue del 70% entre 1989
y 1993 (Olvera y Millán 1994)242.

Al mismo tiempo, se anunció el “adelgazamiento” del Inmecafé y se


reestructuró el Banrural, lo cual disminuyó drásticamente los apoyos
institucionales hacia el sector. En Chiltoyac, muchos productores que habían
recibido créditos para ampliar o renovar sus plantaciones se vieron imposibilitados
para cumplir con sus obligaciones financieras, por lo que cayeron en cartera
vencida durante esos años 243 ; vendieron sus camionetas y otros hicieron
transacciones en el mercado de tierras -arrendamientos, ventas de fracciones,
ventas de cosecha- para pagar sus créditos y solventar la crisis de subsistencia
familiar. Ante la falta de financiamiento, se vieron imposibilitados para dar
mantenimiento a las plantaciones, por lo que la calidad del café producido declinó.
Además de los requerimientos de insumos -fundamentalmente fertilizantes-, las
plantaciones, para su mantenimiento, requieren de dos o tres limpias al año y al
menos, de una poda; por su parte, el corte del fruto maduro es indispensable y
durante los años de crisis, el precio del café cereza no alcanzaba a cubrir los costos
de la cosecha -el pago a los cortadores más las maniobras que el productor debe
realizar para la cosecha-, por lo que durante esos años muchas fincas se

                                                                                                               
[Link] Sosa, 65 años, comunero, Chiltoyac, junio, 1999.
242Precios Internacionales del Café: 1988-132.50; 1989-128.60; 1989-78.95; 1990-90.30; 1991-
85.04; 1992-65.29; 1993-68.08 dólares (Millán 2000: 153).
243La deuda acumulada de los productores cafetaleros a nivel nacional acendió a 270 millones de
pesos a finales de 1993. (Porter 2000: 123)

208
deterioraron. Algunos productores utilizaron como estrategia la venta de la cosecha
-lo que les permitía obtener un ingreso mínimo además de garantizar el corte de
café-244. Durante las crisis, los ejidatarios y comuneros contratan menos jornaleros
para el corte y se intensifica la participación de los miembros de la familia en las
actividades agrícolas. La organización del corte en base al grupo familiar extenso ha
sido una estrategia fundamental para sostener la plantación cafetalera durante la
última década.

La diferenciación entre los campesinos a nivel local se hizo presente durante


la crisis y se agudizó: “muchos vendieron tierras” y los pocos productores con
mejores condiciones económicas -los “acaparadores”, prestamistas- contaron con
ahorros suficientes para sostenerse durante esos años y acrecentaron sus
superficies de tierra ejidal. Los productores cañeros contaron con el respaldo de los
ingresos de la caña, lo cual les permitió resistir la baja de los precios del café. El
número de productores cañeros en Chiltoyac durante la década de los noventa ha
oscilado alrededor de los 250, la mayoría de los cuales posee superficies menores a
1 hectárea.

Durante la primera mitad de los noventa, los cafeticultores de Chiltoyac


encontraron una alternativa de subsistencia en la migración a la ciudad de Xalapa o
hacia otras ciudades del país. A diferencia de otras localidades de la región, donde
ya había comenzado un proceso migratorio ilegal hacia Estados Unidos desde esos
años, los pobladores de Chiltoyac no optaron por el abandono de la actividad
agrícola como fuente fundamental de subsistencia245. La relativa diversificación de
las actividades productivas dentro del ejido, la cercanía con la ciudad de Xalapa y la

                                                                                                               
244El que necesita dinero vende su cosecha. Cuando se va llegando el momento de la cosecha se
empieza a vender. A diferencia de la caña, las transacciones con las cosechas de café se hacen por
una sola cosecha. No es conveniente vender por más de una cosecha por la posible variación súbita
de los precios. Nadie quiere correr el riesgo en cuanto al precio y en cuanto a la cantidad de café que
tiene la finca. Entrevista con el Sr. Niséforo Martínez, guardacorte, Chiltoyac, febrero, 2000.
245De 1987 a 1993 se registra un incremento de los índices de migración en la región del 5.3%. En el
caso del ejido Úrsulo Galván, municipio de Xico, se detectó un incremento del 15.5% de la migración
de la población adulta durante estos años (Baitenmann, 1997). En otras poblaciones de la región se
inició un proceso creciente de migración internacional indocumentada de la población de hombres
jóvenes, fuertemente asociado con crisis cafetalera en la región (Pérez, 2000).

209
organización familiar del trabajo, permitieron que algunos chiltoyenses, que habían
migrado en busca de trabajo durante los primeros años de los noventa, regresaran
a la localidad246.

La sorpresiva alza de los precios del café 1995-97 y los apoyos


gubernamentales emergentes logrados a partir de las movilizaciones gremiales en
la región, dieron un respiro a la economía de los pequeños cafeticultores de
Chiltoyac247. Sin embargo, ésto no implicó una reactivación significativa de la
cafeticultura ejidal. Durante los últimos años, las corporaciones transnacionales se
han apropiado crecientemente de la cadena mercantil; además de verse deteriorada
la calidad de la producción agrícola del café debido a la falta de recursos –para el
mantenimiento de las fincas- y al incremento de los costos de producción y del
costo del crédito248.

Durante el segundo quinquenio de la década de los noventa, los productores


contaron con pocos apoyos por parte de las agencias gubernamentales. Siguiendo
los nuevos esquemas institucionales, los cafeticultores se agruparon en las
llamadas Sociedades de Solidaridad ya mencionadas.
“... A través de estas sociedades tenemos personalidad jurídica ante los
bancos y tenemos acceso a crédito, aunque no tengamos título de
propiedad... Estamos constituidos en sociedad porque así eran las reglas
del banco...”.

Actualmente, en Chiltoyac existen tres Sociedades de Solidaridad Social donde se


agrupan aproximadamente el 50% de los productores, “los que no están en

                                                                                                               
246El caso del grupo familiar de la Sra. Pilar Carrillo: dos de sus hijos migraron hacia lugares
lejanos: Guadalajara y Oaxaca durante los primeros años de los noventas; regresaron 2 años
despues, cuando hubo un repunte en el precio del café. Actualmente uno de ellos, el menor esta
trabajando en la ciudad de Atlanta, E.U., como inmigrante ilegal.
247 En 1994 se crea el Consejo Mexicano del Café y el Procafé, programa de asistencia financiera
directa para los productores (Guzmán, 1999; Millán, 2000).
248En Chiltoyac la mitad de las plantaciones son viejas. Información proporcionada por el Sr.
Neftalí Martínez, ex -comisariado ejidal y representante de una de las SSS que hay en la localidad.

210
ninguna de las SSS es porque no quieren crédito, les da miedo endeudarse”,
además de que para recibir créditos del programa Alianza para el Campo no es
necesario pertenecer a ninguna asociación.249 A través de estas organizaciones, los
productores forman parte del Consejo Regional del Café de Coatepec. Los apoyos
emergentes del Procafé, que consisten en la asistencia financiera directa para los
productores, no los reciben todos, sólo aquellos que estaban en el padrón del
Inmecafé, “los más antíguos”-, independientemente de si están o no incorporados a
las Sociedades de Solidaridad Social. En la cosecha de 2000-2001 van a recibir 750
pesos por hectárea, lo cual les significará una ayuda para la sobrevivencia250.

En las últimas dos cosechas (1999-2000 y 2000-2001), los ingresos de los


productores no rebasaron el monto del jornal diario de trabajo. La situación actual
del mercado internacional del café y las características de la cadena mercantil del
grano a nivel internacional mantienen muy bajo el precio del café de la región251. A
diferencia de lo que sucede en otras regiones del país, la mayoría de los
cafeticultores del centro de Veracruz no ha logrado insertarse de manera menos
desventajosa al mercado internacional del café (Porter 2000). En toda la cuenca
cafetalera de Xalapa-Coatepec y particularmente en Chiltoyac, la cafeticultura
ejidal está dejando de ser una alternativa de subsistencia familiar.

                                                                                                               
249 Entrevista con el Sr. Neftalí Martínez, ejidatario, presidente de una de las SSS, Chiltoyac.
250 Entrevistas con el Sr. Neftalí Martínez, dirigente de una Sociedad de Solidaridad Social en
Chiltoyac, febrero, 2001. También forma parte del comité de la CNC -a nivel de la zona de
abastecimiento del ingenio La Concepción-. Fue presidente del comisariado ejidal en Chiltoyac
durante 1993-1996. En abril del 2001 todavían no han recibido el apoyo emergente de los recursos
del Procafé.
251 Además del bajo precio en la bolsa de Nueva York, el café de la región esta siendo “castigado” por
las empresas transnacionales que monopolizan los procesos de transformación industrial, las cuales
descuentan una cuota de 20 dólares al café mexicano argumentando mala calidad del producto.
(Encino, 2001).

211
3.5.- NUEVAS ESTRATEGIAS DE LA REPRODUCCIÓN CAMPESINA

“Tenemos un arraigo hacia el café.


Casi el 75% de los terrenos del ejido están sembrados con café,
aunque no sea redituable...
Hemos buscado y no tenemos otra alternativa...
Y sí hemos buscado, yo he estado optando...
Nosotros sembramos chayote en un grupo,
pero también nos fuimos a la quiebra
porque el precio de la reja estaba muy bajo
-nos la pagaban a 20 o 25 pesos-.
Si tomamos otra alternativa, necesitamos riego,
necesitamos gastos extras...
conocemos muy poco los sistemas de esos productos
y no tenemos financiamiento...”.

El cultivo del café forma parte de la cultura productiva local y es difícil que
los cafeticultores opten por otros sistemas productivos agrícolas en sustitución de
éste. Algunos han ensayado alternativas, complementando sus actividades
productivas con el cultivo del chayote, de la palma camedor o del maracuyá -cuyas
siembras se pueden combinar con el café-, sin embargo estos proyectos han
fracasado por falta de mercado, de conocimientos o de financiamiento. A decir de
uno de los líderes locales, las alternativas productivas requieren de la organización
colectiva, “...para sembrar en bloque -50 o 100 hectáreas...” y esto supone “…un
cambio de mentalidad... y la gente no se anima a arriesgarse...”.

Los proyectos productivos impulsados por el municipio en la década de los


noventa: invernaderos familiares para el cultivo de hortalizas, huertos familiares,
hatos borregueros, granjas porcícolas o de gallinas, microempresas rústicas de
beneficio de café, no han sido muy exitosos a nivel local252. Los invernaderos de

                                                                                                               
252 ElDirector de Desarrollo Rural del Municipio, Lic. Carlos Chimal, manifiesta mucho entusiasmo
en torno a los proyectos para el desarrollo rural que están impulsando. Comenta que en virtud de no
ser Xalapa una ciudad industrial, es necesario fomentar un desarrollo rural sólido con el objetivo de
llevar a cabo proyectos que permitan a Xalapa autoabastecerse de productos agrícolas. Los
proyectos pretenden integrar grupos productivos en función de los distintos cultivos: café, caña,
hortícolas, flor de corte -actualmente se está promoviendo la instalación de un trapiche para la
producción de panela en la localidad de Seis de Enero, vecina al ejido de Chiltoyac, con la
participación de productores cañeros-. (Entrevista, Xalapa, Veracruz, 15 de febrero del 2001). El
éxito de estos proyectos, sin embargo depende de muchos factores y en este sentido es pertinente
preguntarse sobre la emergencia de procesos de cambio en las relaciones entre la sociedad civil y las

212
hortalizas -con tecnología israilí, por ejemplo-, requieren de una cultura productiva
muy alejada de la que los productores agrícolas de Chiltoyac han desarrollado como
cañeros, cafetaleros o milperos. El invernadero para el cultivo de hortalizas
requiere de una organización productiva con administración precisa de tiempos y
movimientos (el riego por goteo y otros cuidados). Además de la infraestructura y
las redes necesaria para sacar el producto al mercado.

En una entrevista con el director de Desarrollo Rural del municipio de


Xalapa, él se refiere a la necesidad de un “cambio en la cultura productiva” de los
productores agrícolas en la región para implementar una “cultura hortícola” que
requiere de una vigilancia cotidiana y muy precisa del proceso productivo,
escalonamiento en los cortes del producto para tenerlo diariamente, así como de
trabajo intensivo. Para su instalación los promotores-extensionistas y técnicos del
municipio participan activamente junto con los productores interesados, quienes se
organizan en patronatos: “…en Chiltoyac hay que buscar que sean familiares para
que funcionen los patronatos, el mínimo para los invernaderos son 4 jefes de
familia.” El funcionamiento de este tipo de invernaderos requiere de una
capacitación intensiva por parte del productor, y muchas veces éste no esta
dispuesto a asumirla. El único proyecto, que se construyó en 1997-98, de esta
naturaleza -para producir tomate- no ha dado buenos resultados, por “falta de
financiamiento” -nos informa el Sr. Roberto Ortiz, productor rural de Chiltoyac y
propietario del invernadero-. Actualmente en Chiltoyac se está promoviendo un
invernadero grande, con tres naves, en el que participa un grupo familiar extenso;
además del “invernadero de alta tecnología” para el cultivo de anturios.

Un grupo de nueve ejidatarios se involucró desde 1996 en un proyecto


productivo de exportación de anturios, para el cual se construyó un invernadero
con tecnología holandesa con recursos del Programa de Solidaridad, “a cambio del
apoyo en la campaña” del presidente municipal de Xalapa. De los socios del
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
agencias gubernamentales, es decir de una nueva cultura de la gestión estatal, a raíz del proceso de
democratización electoral (desde 1997 el municipio de Xalapa ha sido ganado por fuerzas de
oposición, PRD y Convergencia Democrática).

213
invernadero, uno de ellos es un ingeniero de Xalapa, y “es el que maneja el
proyecto” 253 . A la fecha la construcción esta casi terminada, sin embargo el
proyecto no ha podido cuajar. Los recursos no fueron suficientes, utilizaron
durante un tiempo las instalaciones para el cultivo de tomate y de flor de lili, y a la
fecha están reviviendo el proyecto de la siembra de anturios con recursos
crediticios por parte del gobierno del estado. Se trata de un proyecto millonario en
el que se involucraron un grupo de productores que “pertenecen a la misma
familia, de las 4 o 5 familias que tienen el control del pueblo”. Con esta afirmación
el Sr. Ciro Velásquez nos habla no solamente de la diferenciación social al interior
de la comunidad, sino de las disputas políticas locales, las cuales se han agudizado
en los últimos años, a raíz de la derrota histórica del PRI en las elecciones para la
agencia municipal en 1997.

Los procesos de diferenciación social se manifiestan en la heterogeneidad de


respuestas que despliegan las distintas empresas domésticas ante las condiciones
actuales. La mayoría de las familias se encuentra en una situación crítica. En las
últimas visitas que he hecho a la localidad, se manifiesta mucha inquietud y
desesperación por la situación de los bajos precios del café. La caña representa una
alternativa -un colchón, un ingreso bajo pero seguro- únicamente para aquellos
que, en condiciones difíciles por la falta de créditos, mantienen su bezana, ya que
otros están abandonado el cultivo cañero254. Muy pocas empresas domésticas están
en posibilidades de sostener sus actividades productivas o de incorporarse en
proyectos alternativos, como los invernaderos para el cultivo de flores o hortalizas,
lo que les demanda inversión en trabajo y otros recursos, como por ejemplo la
instalación de una microempresa rústica para el beneficio del café -alternativa
personal que vislumbra uno de los dirigentes locales de la SSS: “...poner mi

                                                                                                               
253 Informaciónproporcionada por el Director de Desarrollo Rural, Municipio de Xalapa, febrero del
2001..
254
” ...Ahorita estamos esperando la liquidación de la caña, es nuestra esperanza...”, me comenta
Luis Rosas Carrillo, comunero, 48 años, Chiltoyac, julio del 2001. De acuerdo con la información
proporcionada por el Sr. Neftalí Martínez (50 años), excomisariado ejidal en el periodo 1992-1994,
actualmente en Chiltoyac “están desapareciendo cañeros... 20 o 25 gentes ya no son cañeros ahorita,
han abandonado sus terrenos, ya no pudieron cultivarla”. Entrevista, Chiltoyac, 10 de febrero del
2001.

214
secadora y procesar café a pequeña escala”-.

Ante la crisis agrícola, los pobladores rurales de la región diversifican sus


estrategias de reproducción. La migración hacia el norte del país y hacia algunos
centros urbanos de los Estados Unidos se presenta actualmente como la estrategia
de subsistencia familiar predominante. La migración creciente hacia los centros
urbanos de Estados Unidos se ha convertido en la alternativa más viable -casi
obligada- para los jóvenes, sobre todo varones, comuneros de la tercera generación
con muy poca tierra o trabajadores sin tierra, quienes ante un mercado local y
regional de trabajo fuertemente contraído, no encuentran mejor alternativa para
ganarse la vida y apoyar en el sustento de su familia que el cruzar la frontera. La
diferencia de los ingresos que se obtienen fuera de la región son muy grandes; un
trabajador de servicios en las ciudades norteamericanas gana en una hora más de
lo que gana por día un jornalero o un albañil en la región255 . Al referirse a la
situación crítica que se vive durante la última cosecha de café, dos jóvenes esposos,
que regresan de cortar un poco de café “en lo propio”, expresan lo siguiente:
“...despues de la cosecha mucha gente se va a ir a Estados Unidos, qué vamos ha
hacer aquí?...”256.

Los hombres jóvenes e inclusive maduros se alejan del trabajo agrícola, los
que no se van hacia el norte, salen a trabajar a la ciudad de Xalapa como albañiles o
jardineros. La albañilería es una actividad socorrida para los que se quedan, dado
que los migrantes envían una parte de sus ingresos para la construcción de sus
casas.

La migración pendular hacia la ciudad de Xalapa para trabajar en la


construcción se ha acrecentado considerablemente y la temporal hacia la ciudad de
                                                                                                               
255 Lossalarios que están recibiendo los jóvenes en las ciudades norteamericanas oscilan entre 6 y 9
dólares la hora. El jornal que recibe un peón del campo o de albañilería en la región es de 70 a 100
pesos el día (8 a 17 hrs.).

256Entrevista con Saturnino Tejeda Rosas, 31 años, comunero y su esposa, Trini Ortíz, 31 años,
enero del 2001.

215
México también: “...más de 200 gentes están trabajando fuera... los camiones
hacia Xalapa van retacados todos los días... el campo está abandonado”257.

Durante los últimos tres años, se han ido a trabajar a Estados Unidos
alrededor de 131 varones y 14 mujeres258. Una cantidad considerable de ellos -
alrededor de 30- están trabajando en la ciudad de Atlanta y comparten una
vivienda entre todos: primos, tíos, cuñados, amigos -jóvenes solteros o casados-.259
Los migrantes mantienen una comunicación muy cercana con sus familiares, la
mayoría envía remesas -y fotos- para ayudar con la subsistencia de la familia, para
construir sus viviendas o para comprar terrenos. Las casas de los migrantes
“exitosos” se empiezan a notar en la fisonomía del poblado, por sus ventanas de
aluminio o sus trabajos de herrería en las ventanas. También por la forma de vestir
de sus esposas e hijos. Aunque muchos de ellos piensan en regresar, sobre todo los
hombres casados que dejan a sus esposas e hijos a cargo del grupo familiar extenso,
la experiencia migratoria transforma sus horizontes vitales, sus necesidades y sus
expectativas260.

En el caso de Chiltoyac, una parte de las remesas de los migrantes se


invierten en las actividades agrícolas; sin embargo, la tierra deja paulatinamente de

                                                                                                               
257 Entrevista con el Sr. Neftalí Martínez, 50 años, ejidatario de la tercera generación, excomisariado
ejidal, dirigente de SSS local para los programas de apoyo al café. Chiltoyac, 10 de febrero del 2001.
258 Este conteo fue realizado en el mes febrero de 2001, por Efrén Jiménez Rojas y Eduardo Ruíz,
estudiantes de la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana, en el contexto del proyecto
de investigación en marcha sobre la migración ilegal de pobladores rurales de la Cuenca Cafetalera
Xalapa-Coatepec a Estados Unidos, que actualmente estoy llevando a cabo.
259 Entre este grupo de jóvenes se encuentran los dos nietos de la Sra. Pilar Carrillo y su hijo menor.
Los dos primeros son solteros y el menor es casado, tiene un hijo y 34 años de edad. En mis
primeras visitas al pueblo durante el año de 1998 muy pocos pobladores de Chiltoyac había decidido
salir como emigrantes indocumentados hacia Estados Unidos. La historia local de la migración
hacia Estados Unidos -que ha cobrado significado a partir de la agudización de la misma- fue
iniciada por una mujer hace 12 años (actualmente tiene 30), quien se fue a la ciudad de Xalapa, a
México y posteriormente hacia Estados Unidos. Ella es ahora migrante legal y viaja constantemente
a su pueblo. Despues de ella no se había registrado este tipo de movimiento demográfico hasta hace
3 años.
260 “...Si entre los componentes del conjunto que constituye la <cultura popular> tuviese que
nombrar las que requieren mayor atención hoy en día -nos dice E.P. Thompson-, las <necesidades>
y las <expectativas> serían dos de ellos...remodelación de necesidades y elevación del umbral de
expectativas materiales...”. (1995: 27)

216
ser el eje de la reproducción material de las familias y de la comunidad. Al interior
de los grupos familiares, tienden a replantearse los roles de género y
generacionales; a nivel de la comunidad, las organizaciones locales se transforman;
el ejido pierde relevancia, aunque ser ejidatario sigue siendo un signo de distinción
fundamental al interior de la comunidad, incluso en relación con la decisión de
migrar.

Algunos estudios realizados en otras regiones con tradición migratoria


principalmente del occidente de México, donde el proceso migratorio se vive desde
principios del siglo XX, nos indican cómo se resignifica el valor de la tierra, el ejido,
la familia y la comunidad, en contextos de reproducción social de poblaciones
rurales, donde las remesas de los migrantes han tenido un papel preponderante.
Para el caso de un “ejido transnacional” en el valle de Autlán en el occidente,
Monique Nujten (1998) nos muestra cómo, a partir de una “teoría local de la tierra”
propia de el México rural, ésta sigue siendo considerada “como un bien central para
la vida de los pobladores locales”. La tierra en este caso, tiene un valor simbólico
asociado con la producción de maíz para el autoconsumo, es signo de distinción y
de seguridad, y permite el acceso a recursos de proyectos gubernamentales (:90-
93). En el caso de La Guaracha, John Gledhill (1990 y1993) analiza la contribución
de la migración norteamericana a la reproducción del ejido, su impacto en el
mercado de tierras ejidales y en los procesos de diferenciación social, y afirma que
“... la migración es una faceta de un proceso dialéctico de descomposición y
recomposición (del sistema ejidal) que ha marcado la historia del campesinado
como categoría social”. El ejido y los derechos sobre la tierra han desempeñado un
papel crucial en la determinación del futuro a largo plazo de estas poblaciones en el
campo. Wayne Cornelius (1998), en su estudio sobre el impacto de la nueva ley
agraria en la tendencia migratoria en un ejido en el estado de Jalisco, nos señala
cómo el proceso migratorio en Tlacuitapa, iniciado hace cerca de ochenta años,
había debilitado la vitalidad económica y las estructuras políticas locales del ejido
desde antes de las reformas ejidales, por lo cual el impacto de la ley de 1992 sobre
el comportamiento migratorio en el ejido no es significativa. En su estudio nos
muestra una menor propensión de los ejidatarios a migrar, dado su vínculo

217
emocional con la tierra, la cual genera un fuerte sentido de pertenencia y es factor
importante en la construcción de la identidad para los pobladores de esta localidad.
También nos indica que los ejidatarios que migraron en los años noventas hacia
Estados Unidos no iban en busca de capital para invertir en sus tierras, sino que
utilizaron la migración como una estrategia para obtener ingresos para la
manutención familiar.

Otros estudios que analizan procesos migratorios más recientes y dinámicos


en el estado de Puebla, han enfatizado en la construcción de un nuevo tipo de
trabajador migrante: el “transmigrante”, quien al interior de “espacios sociales
transnacionales”, construye comunidades y familias en ambos lados de la frontera.
(Pries, 1997 y 2000). Por su parte Michael Kearney, afirma que la migración
transnacional propicia la emergencia de un “sujeto poscampesino” con identidades
complejas internamente diferenciadas, que suele tener una identidad
transnacional, desbordando el contexto del estado-nación. Las dinámicas
migratorias tienden hacia la creación de “comunidades transnacionales” donde la
movilidad no es solamente de personas, sino también de signos y de valores que se
mueven a través de amplias redes sociales y que se transforman en su interior
(1996).

En la cuenca cafetalera Xalapa-Coatepec y en Chiltoyac particularmente, la


dinámica migratoria acelerada y reciente está propiciando una reconfiguración de
las culturas locales. En Chiltoyac estamos observando que la migración se apoya en
el grupo familiar extenso y que muchos migrantes invierten en sus actividades
agrícolas, en compra de tierras, en la construcción de viviendas y utilizan gran
parte de las remesas en la manutención familiar de este lado de la frontera.
Observamos también que la migración se da de manera generalizada en los
distintos estratos sociales y la importancia de las redes sociales -locales y
regionales- en la dinámica de este proceso. Las maneras en que este proceso está
modificando la cultura local esta asociado con la forma en que la experiencia
migratoria está resignificando los espacios sociales locales de organización, las
instituciones, las formas culturales locales: particularmente las relaciones de

218
género y generacionales al interior de las familias y los “equilibrios” en las políticas
locales.

“La migración internacional -nos dice John Gledhill- implica una serie de
procesos contradictorios en la construcción de la identidad”. (1993: 436). Es
posible que los pobladores de Chiltoyac que se quedan, hombres y mujeres
maduras que difícilmente podrían arriesgarse a cruzar la frontera como
indocumentados y que además no se interesan por irse, puedan generar formas
locales de organización que aprovechen las remesas enviadas para la generación de
proyectos productivos o de mejoras para la comunidad. En todo caso es difícil crear
escenarios posibles. La forma cómo este procesos social emergente esta
impactando la vida y los mundos sociales de estos pobladores está todavía por
escribirse.

219
 

CAPÍTULO IV
FAMILIA, TIERRA Y TRABAJO

La gente de la cual estamos hablando son como una tripulación


de una pequeña barca en un río torrencial.
Sería absurdo para el observador, desdeñar
las estrategias a través de las cuales los tripulantes
logran permanecer a flote,
pero sería aún más absurdo olvidar que es el río torrencial
de la economía dominante quien fuerza las decisiones
que los tripulantes toman y quien lleva a algunos a un refugio
temporalmente seguro y a otros al naufragio sobre las rocas.
Smith, 1989: 246.

Hasta aquí se han delineado los aspectos histórico-estructurales que han dado
lugar a la configuración de la cultura de los campesinos de Chiltoyac. Se ha
destacado el proceso de apropiación del territorio ejidal y del ejido, lo cual nos
indica la importancia central de la tierra en los procesos de reproducción material
de la población local, al mismo tiempo que se revela el papel del ejido como
instancia de organización de la comunidad. Se profundizó en los usos de la tierra a
lo largo de la historia ejidal y en las formas de organización de la producción en las
diversas actividades agrícolas. Asimismo analizamos la dinámica del mercado local
de tierras y de trabajo, ambos asociados a las relaciones familiares y comunitarias.
Hemos visto la forma en que se fueron expandiendo los cultivos de plantación en el
territorio ejidal, transformando las formas de organización del trabajo e
intensificando la producción agrícola de las empresas domésticas campesinas. Se
ha destacado la importancia del grupo familiar extenso en la organización del
trabajo al interior de las empresas domésticas campesinas. Y cómo en base a esta
forma de organización se han sustentado los cultivos de autoconsumo y la
producción de loza, al mismo tiempo que se expandieron los cultivos de plantación.
Sobre la base de la tierra ejidal y de la noción de territorio colectivo, se reproducen
y se organizan las instituciones comunitarias y familiares, en particular el grupo

220
familiar extenso. La noción de la tierra como patrimonio familiar, ha garantizado la
continuidad y la permanencia de la familia a través del tiempo. En este proceso, la
herencia ha jugado un papel central, así como en el establecimiento de jerarquías,
solidaridades y conflictos a nivel familiar y comunitario. Constatamos que el
derecho de primogenitura esta en la base de la organización familiar extensa
(Robichaux, 1997). La posesión del derecho ejidal y del estatus de ser ejidatario,
como aval del grupo, ha sido un elemento central en este tipo de organización
familiar.

Las relaciones de parentesco han sido fundamentales en la organización de


la producción agrícola, siendo que la fuerza de trabajo familiar ha jugado un rol
fundamental en los procesos de producción y reproducción. Para los campesinos de
Chiltoyac, la experiencia laboral se encuentra inmersa en la totalidad de las
relaciones sociales. La racionalidad de la producción, representada por las
actividades de la unidad doméstica, es también la racionalidad de la reproducción
social, representada por todas las relaciones pertinentes para la continuidad de esta
forma de subsistencia. Estas relaciones incluyen las redes personales específicas de
parentesco, de amistad y de vecindad, así como la inversión de todo el aparato
cultural que las define como tales (Smith, 1989: 14).

Los grupos familiares extensos han tenido un lugar central en los procesos
de reproducción sociocultural en Chiltoyac. Este tipo de organización familiar ha
sido estudiada en otros contextos locales. Para el caso del municipio maya de
Oxkutzcab, al sur de Yucatán, Elena Lazos (1995) describe a las familias extensas:
“...compuestas por los padres y los hijos varones casados, con sus respectivas
familias. La unidad doméstica formada es patrilineal y el grupo de residencia
es patrilocal”.

Distingue tres elementos para clasificar a este tipo de familias, de acuerdo a los
arreglos residenciales, a la organización productiva y al consumo:
“…En algunas familias extensas los núcleos familiares viven bajo el mismo
techo; en otros casos comparten el mismo solar, pero habitan en diferentes
casas; y otros viven en diferentes solares. Por lo que respecta a la
organización productiva, hay dos modalidades: en algunos casos los núcleos

221
trabajan conjuntamente... pero el padre decide la organización de la
producción y reparte el producto. En cuanto al consumo, también hay dos
modalidades: el “gasto aparte” y el “gasto junto”...”. (: 105).

Quesnel y Lerner (1989), por su parte, proponen el concepto de “grupo


doméstico de interacción” para referirse a las relaciones sociales de los grupos
domésticos emparentados, miembros de las familias extensas. Relaciones
caracterizadas por la solidaridad, la ayuda mutua y la reciprocidad.

En este capítulo se trata el caso de un grupo familiar extenso de Chiltoyac a


través del relato de vida de una mujer de 72 años, esposa de un ejidatario de la
segunda generación y figura femenina central en el grupo. La narración de la Sra.
Pilar Carrillo Martínez nos permite penetrar en el mundo de la vida cotidiana y de
sus significados, al mismo tiempo que profundizamos en los espacios femeninos al
interior de las familias extensas; espacios conflictivos donde se despliegan las
relaciones entre mujeres de distintas familias y pueblos.

El hilo de la narración se construye con la intención de observar la dinámica


cualitativa del ciclo de vida familiar 261 y las estrategias que despliegan los
miembros del grupo para lograr su sobrevivencia cotidiana a través del tiempo262. A
partir del relato de vida el énfasis está situado en las formas de organización del
grupo doméstico para su reproducción y de sus transformaciones en el tiempo. Por

                                                                                                               
261Ana Paula de Teresa propone tres fases del ciclo familiar: 1) La fase de formación, comprende los
primeros años de la formación de la familia; en esta fase los hijos no se incorporan todavía a las
actividades productivas. 2) La fase de consolidación que empieza a partir del momento en que los
hijos se incorporan a las actividades productivas de la unidad doméstica. 3) La fase de sustitución
que se inicia cuando los hijos abandonan definitivamente la unidad doméstica y quedan en ella sólo
aquellos que van a reemplazar a los padres. (1991: 173)
262
Gail Mummert (1994) utiliza el concepto de “estrategias familiares de
reproducción social” como “...conjunto de esfuerzos realizados por un grupo de
personas, ligados por relaciones de parentesco y por la corresidencia, para asegurar
su sobrevivencia tanto diaria como generacional... abarca todas las actividades
realizadas por los miembros del grupo... Como abstracción teórica construida a
partir de una realidad observable, intenta dar cuenta de la serie de decisiones
tomadas consciente o inconscientemente por una familia a lo largo de su ciclo vital
ante diversos caminos alternativos para lograr su reproducción material y social.”
(:23)

222
medio de las pequeñas historias y eventos del acontecer diario, se expresan, a
través del discurso de la memoria, las prácticas y las relaciones sociales, las formas
de organización de los grupos domésticos y de la familia, así como los espacios de
conflicto, las jerarquías entre sus miembros y las ambivalencias presentes en las
relaciones -entre géneros y generaciones-. Al mismo tiempo, nos permiten
trascender las imágenes románticas que ven a la familia campesina como espacio
de consenso, de cohesión y de integración social.

En la observación etnográfica a otras grupos familiares de Chiltoyac


encontramos experiencias similares, donde el “ideal familiar campesino” (Lomnitz,
1995) permite la organización de grupos familiares extensos, no necesariamente
co-residenciales, al interior de los cuales se dirimen cotidianamente los conflictos.
Durante las últimas décadas, la tendencia hacia la familia nuclear se ha dado como
resultado del crecimiento demográfico, del fraccionamiento de la tierra entre las
nuevas generaciones y de una creciente mercantilización de las relaciones -venta de
fuerza de trabajo en actividades agrícolas y no agrícolas por parte de las
generaciones más jóvenes-263. Sin embargo y de manera aparentemente paradójica,
el nuevo proceso migratorio se está apoyando en las solidaridades del grupo
familiar extenso: las mujeres casadas con los hijos se quedan a cargo de éste, en
una suerte de apoyo recíproco; el joven casado migrante aporta recursos para la
reproducción de su grupo nuclear y la de sus padres y hermanos, y éstos, a su vez,
apoyan a su mujer y a sus hijos en su ausencia. La fuerza del grupo familiar
extenso, sin embargo, no radica en la ausencia de conflictos en su interior; las
relaciones de género y las diferencias generacionales son espacios de confrontación
y negociación permanente.

En el relato se entretejen los distintos niveles y aspectos de la realidad:


individual, del grupo doméstico, familiar y de la comunidad. Aunque se enfoca la
                                                                                                               
263
En un trabajo de investigación sobre las condiciones de la vejez en Chiltoyac, Raúl Cantú (2000)
explica la tendencia hacia el modelo de familia nuclear -que conlleva formas distintas de vivir la
vejez- como producto de la integración de los cultivos comerciales de la caña y el café y sus formas
de organización productiva.

223
atención en el proceso de organización al interior de la familia, su contenido rebasa
esta esfera hacia el conjunto de redes sociales de parentesco, de amistad,
comunitarias y externas. De esta manera es posible descubrir la dinámica cotidiana
de las relaciones que los miembros del grupo familiar establecen entre sí, con otras
personas y con las instituciones locales y regionales-. Por medio de sus recuerdos,
la protagonista nos describe el contenido preciso de las relaciones sociales
significativas que se dieron en su vida, y sus palabras nos revelan los valores
subyacentes a ellas. A diferencia de otro tipo de fuentes de información, encuestas
o cuestionarios estandarizados, el relato de vida nos ofrece la oportunidad de
descubrir los elementos afectivos y culturales presentes en la dinámica de la vida
social.

El matrimonio y las relaciones de género. El trabajo y la vida cotidiana. La


tierra como patrimonio familiar. La experiencia de los campesinos de Chiltoyac de
ser peón- jornalero, ejidatario y patrón al mismo tiempo. La relación cotidiana con
la ciudad de Xalapa. El mercado de tierras, la usura y la diferenciación social a nivel
local. La forma cómo se establecen los distintos tipos de intercambio recíproco. La
vida privada, el alcoholismo y la religiosidad, son los temas que recorren esta
historia.

A través del relato –en el que se incluyen las voces de sus miembros más
jóvenes- observamos las cambios que experimentan las nuevas generaciones y sus
perspectivas en el contexto actual. Vemos cómo en el imaginario de estos jóvenes
coexisten dos mundos como una realidad unificada, lo rural y lo urbano, el mundo
tradicional y el mundo moderno, el ser campesino y trabajador urbano. Este hecho,
-nos dice Lynn Stephen (1994)- es un testimonio de la complejidad de la sociedad
rural mexicana.

El relato que se presenta a continuación se elaboró a partir de los materiales


obtenidos en las sesiones de entrevista. Se trata de un texto que no es literalmente
exacto, en el sentido de que no se presenta una trascripción textual de las
entrevistas; intenta ser fiel al sentido del discurso. Por otra parte, se integra un

224
montaje polifónico, donde a la voz de la narradora central, se incorporan otras
voces: la de su marido y la de otros integrantes de la familia. El objetivo subyacente
es el de enriquecer el relato y recrear la dinámica de la situación de las entrevistas,
ya que en varias ocasiones la intervención de los miembros de la familia,
principalmente del marido, fue fundamental.

225
LA VIDA ES VIDA... Y ME DA GUSTO PLATICAR TODO ESTO...

“...Si los relatos de vida nos interesan,


no es como historias personales,
sino en la medida en que esas historias ‘personales’
no son más que pretexto
para describir un universo social desconocido...
A través de los ojos del narrador,
no es a él a quien queremos ver,
sino al mundo, o más exactamente, a ‘su mundo’.
Queremos servirnos de él como un periscopio
y que sea lo más transparente posible...”
Daniel Bertaux, 1988: 71-72

Nací en el tiempo en que los templos estaban cerrados y oí a mi mamá decir que a
mí me bautizaron de escondidas, en Xalapa, en una casa particular porque las
iglesias estaban cerradas, quién sabe si sería por lo comunistas. Mi padrino se
llamaba Ernesto Carrillo, fue un hermano de mi papá y mi madrina se llamaba
Margarita Montero. El murió joven, yo estaba muy chica cuando murió. Ella era de
El Castillo -a lo mejor todavía vive porque la otra vez que fuimos a verla se veía bien
fuerte la señora-. Mis padrinos vivían en Xalapa, al lado de donde vivían mi mamá
y mi papá. Cuando yo nací mis papás eran muy felices. Eso me platicaba mi mamá,
que ellos no se dirigían una mala palabra, ningún enojo, nada. Lo malo fue que a mi
papá pues le gustó otra señora, una maestra, y ahí se acabó el amor. Yo creo que es
muy triste esa historia de mi mamá, porque ella era de rancho y mi papá pues era
un hombre de ciudad, y no se pueden igualar dos personas de otra clase.

Mi papá se llamó Abraham Carrillo Gil, yo casi no lo conocí porque cuando


era muy chica se dejaron con mi mamá. El era de Xalapa, allá se casaron, allá
vivieron y allá nacimos mi hermana Taide y yo. Mi mamá lo conoció cuando él llegó
al pueblo a enseñarle el oficio de la panadería a mi tío Victorino, hermano de mi
mamá. Ahí se enamoraron, pero mi papá era un hombre de costumbres finas y yo
creo que por eso no se entendieron.

Cuando mi mamá se dejó de mi papá, nos vinimos a vivir con mi abuelito,


ahí donde ahora están las ruinas. La historia de mis abuelitos es triste. Mi abuelo se

226
llamó Gabriel Martínez y mi abuela fue Ascensión Muñoz, originarios de Tecalli de
Herrera, Puebla. Mi abuelito era arriero, vendía telas, ropa, zarapes, desde
chiquillo. Él nos contaba que su papá lo llevaba a vender por todas las rancherías...
lejos de su tierra... y dice que dormían afuera. Donde llegaban pedían posada y
dormían en los corredores de las casas grandes, ahí descansaban, les daban de
cenar y de beber. En aquel tiempo les decían varilleros, porque todo lo medían con
metro, traían telas por piezas, en maletones y a pura mula, venían desde Puebla en
mulas...

A Chiltoyac llegaron a vivir en tiempos de la revolución, cuando mi mamá


tenía 9 años, en 1911. Ellos eran gente acomodada y yo pienso que como allá en su
pueblo tenían sus cosas, sus tierras, allá dejaron todo, pero traían sus centavitos.
Mi mamá me contaba que cuando mi abuelito llegaba de viaje traía mucho oro... en
aquel tiempo el dinero no era como ahorita, era oro y plata... Aquí en el pueblo
algunas personas los criticaban mucho, decían que eran piojos blancos que llegaron
aquí de muertos de hambre y que aquí vinieron a resucitar... pero ellos traían buen
dinero... pues luego se hicieron de casas de material y todo... ya después tuvieron
tierras de las del ejido, entonces sembraban y tenían peones.... Ellos ya venían con
dinero y no iban a demostrar, eran bien sencillitos. Mi abuelita Ascensión Muñoz
tuvo cinco hijos: Aurelio, Cecilio, Victorino, Rebeca y Modesta -mi mamá-.

Cuando repartieron las tierras aquí en el ejido, que el Comisariado empezó a


repartir, mis abuelitos se habían ido a su tierra a levantar las cosechas y mi mamá
se quedó solita con uno de mis tíos que ya murió -no me acuerdo si fue con Aurelio
o con Cecilio-. Entonces como se quedaron ellos, el que fue a recibir las tierras fue
mi tío, y mi mamá, lista, se fue con él. Ella me contó que ahí donde está la cruz en el
camino, donde se apareció el Señor264, todo para dentro, ahí le quedó una parte de
su parcela a mi abuelito y la otra, abajo, en el lugar que le decíamos anteriormente
La Canasta -porque ahora con las cañas le pusieron el nombre de La Baraja-. Eso es
lo que era de mis abuelitos, lo que les repartieron del ejido, sin comprar.
                                                                                                               
264Se refiere al Señor de Chiltoyac, santo patrono del pueblo.

227
Mi mamá se apartó totalmente de la familia de mi papá y se vino
embarazada de mi hermano Pedro, yo tendría tres, cuatro años... Ahí en la casa de
mi abuelito vivimos con mi tía Rebeca, que todavía no se casaba, porque mi
abuelita ya había muerto. Ahí gracias a Dios fui muy feliz, teníamos de comer, sin
mortificaciones y aunque no había escuela, pues íbamos a la doctrina, a la iglesia.
Nos acostábamos, nos ponían a rezar y al levantarnos, también. Como no había
cuadernos, mi mamá nos había comprado unas pizarras chiquitas, así nos
enseñaba, que bolitas, que ganchitos y de ahí a empezar a unir las palabras... Y pues
no fui a la escuela pero algo aprendí. Mi tía estaba siempre al cuidado de nosotras:
nos bañaba en una tina grande, nos sacaban y nos secaban con una sábana... y a la
cama, con mucha ternura, a que reposáramos del baño... mi mamá nos daba té de
canela, para reposar. De ahí nos vestían y a jugar. Después del juego nos ponía de
tarea a desgranar un montón de mazorca o a pelar el pipián para el dulce, esa era
nuestro quehacer, y barrer el patio. Ya en la tarde, cuando llegaba mi abuelito del
trabajo, que tenía siembra de maíz en su parcela, mis hermanos y yo, corriendo, lo
íbamos a encontrar: se bajaba de la bestia, la amarraba, nos daba el bastimento, el
calabazo y el machete, y ya mi mamá o mi tía, al metate y a martajar, a hacer
tortillas calientes, bien bonitas, para mi abuelito. Y cenábamos todos con él, con
amor, sin picardía, sin dificultad.

En la temporada del corte de café mi tía nos llevaba a cortar en la finca que
mi abuelito tenía en la propiedad, atrás de la casa. El café lo llevaban a vender a
Xalapa o venían a Chiltoyac compradores de El Espinal. Lo vendían en cajas que
medían una cuartilla , no era por peso, sino por cuartilla. Una cuartilla parece que
son 27 o 28 kilogramos de café. El maíz a veces lo vendían aquí o mi mamá lo
llevaba a Xalapa... Llevaba una carga de maíz, llevaba pollo, plátano, calabacitas,
naranja... cuanta cosa se diera ella llevaba. De regreso venía con dos chiquihuites
bien llenos de recaudo.

228
Ahí se acabó mi infancia....
Después mi mamá se conoció con el señor que fue mi padrastro... fue una
experiencia muy triste, pues no quedó más remedio que agarrar el metate, y de
veras, Dios me dio las fuerzas para hacer tortillas, así, en la mano y bien pesaditas y
bonitas. Como no había clases, teníamos que barrer la casa, tender las camas, lavar
trastes, moler el nixtamal, hacer tortillas... Tendría yo aproximadamente ocho o
nueve años. A mi hermana y a mí nos daba un cajetito de nixtamal que teníamos
que martajar y ponernos a hacer tortillas... al principio las hacíamos bien feas,
pues estábamos chicas.

Luego nació el compadre Celio -mi hermano menor- que es Hernández


porque su papá se llamó Raymundo Hernández. Ya de ahí se vino a vivir a la casa la
maestra, esposa de Gil -hijo del difunto mi padrastro-. A la escuela nomás fueron
Taide y mi hermano Pedro. Taide estuvo dos años, primero y segundo, porque no
había más, después llegaron hasta tercero... ya hasta tiempo después hubo la
primaria completa y más tarde pues también la secundaria. Pero yo no, nunca fui a
la escuela... yo, a martajar. Bien chica martajaba yo una lata de esas grandes de
manteca, en la mañana un lebrije, al medio día otro y en la tarde otra. Y así fue la
vida que yo llevé y ya de ahí crecí... Porque sí había un maestro pero ya estaba muy
ancianito y se burlaban mucho de él, se subían a las mesas, brincaban, no lo
respetaban... entonces se fue ese señor y vino la maestra Pastrana, jovencita, pero
yo crecí otro poquito y ya no fui a la escuela porque como tenían peones...

Mi padrastro era ejidatario y tenía su parcela ahí abajo, en donde le decimos


El Nacimiento. Ahí sembraban frijolares, tomatales y chilares, tenían siembras de
maíz y caña, nada más que cuando se daba la caña, la vendían para panela, porque
en ese tiempo no había contratos con el ingenio. Entonces había mucho trabajo en
el campo y yo, siendo una niña de trece, catorce años, llevaba la comida hasta allá
para los peones. Mi mamá se apuraba a hacer la comida y las tortillas y me
mandaba a mí, con un compañerito -un pariente mío- o a veces con Taide, mi
hermana, cuando ella tenía vacaciones en la escuela o pedía permiso porque

229
también faltaba mucho.

En ese tiempo... ya no recuerdo qué fiesta había... venían gentes de la


Colonia Seis de Enero, de Alto Lucero, de todo por ahí... unos que les decíamos los
guegues. Venían disfrazados, andaban bailando en las casas y haciendo visiones...
Creo que era carnaval. Entonces, veníamos del campo a donde íbamos a dejar la
comida, y a mí me daba harto miedo porque en aquél entonces se arrimaban a uno,
lo apapachaban, y yo, como les tenía mucho miedo a los disfrazados, me escondía
en los matojos... en el camino había puro acahual.. como no había siembras... Y mi
hermana muy valiente me decía:
-¡Qué, no tengas miedo!
Mi hermana es un año menos que yo. Yo tendría como unos doce años y ella once.

Mi mamá también cosía mucho en la máquina. Desde chiquilla aprendió a


coser. Me contaba que a los siete años ella ya movía la máquina. ¡Qué bonito cosía
mi mamá! Sin aprender corte, hasta figurines le llevaban. Aquí en Chiltoyac
solamente mi mamá cosía... rollazos de tela que le llegaban y se ponía a coser con
mi hermana Taide que le ayudaba, en una mesa grande que tenía para cortar las
telas. Cuando fuimos creciendo mi mamá nos hacía vestidos y a la gente le gustaba
mucho cómo le quedaban. Cuando se venían llegando las fiestas era cuando se
apilaban muchos encargos. Entonces mi mamá cortaba la tela y Taide era la que
cosía... Y yo, ahí en el metate, en la cocina, a martajar para los peones y para
nosotros, los de la casa, que éramos siete: nosotros tres, mi compadre Celio que era
chiquillo, mi mamá, el difunto y su hijo. Y todas las tardes llegaban visitas y a mi
mamá le gustaba que siempre hubiera tortillas. Y para mí no había dificultad, pero
mi tía Rebeca, que en paz descanse me decía:
-Mira mi’ja, es que tu madre a ti no te quiere. Tú siempre como burra, ahí moliendo
bastante y en la cocina, y la muy bonita -Taide- allá cosiendo con ella.
Y de veras, Dios me ha dado fortaleza porque nunca tengo sentimiento por
eso. Nosotras le agradecemos mucho a mi mamá, ella nos enseñó a ser mujercitas
de nuestra casa.

230
Eso fue de mi niñez, nomás moler, bastante... En la mañana se martajaba
una olla de barro grande, para el bastimento y el almuerzo.... Que sí, mira, gracias a
Dios de comer, en abundante, porque todos los días se guisaba, todos los días,
cuando no era una cosa, era otra, pero diario se estaba guisando.... Leche teníamos
suficiente, como mi padrastro tenía vacas, la leche que se tenía era de la mejor
ordeñada. ¡Te imaginas, y todo de natural! Cuando les platico esto a las nueras
dicen que por eso tenía yo mucha fuerza, mucha energía, porque bien comida y
bien bebida... y me dicen:
-Trabajaría usted mucho, pero estaba usted bien comida.
Verdad, bien alimentada, pues era yo una mujer sana, que nunca me dolía nada.

A los quince años me enamoré....


...Y me vine para acá, con el primer hombre, que es mi esposo. Aquí vine a sufrir
también bastante, porque su papá era muy borrachito, todos los días tomaba, y mi
esposo, Olegario, no tenía quién le hiciera el quehacer, por ahí andaba, y como era
peón de la casa de mi mamá, yo creo que por eso nos enamoramos... Y le digo a las
muchachas:
-¡Si ustedes hubieran conocido a su suegro! Tenía su sombrero y su ropita toda
rota, sus guarachos reventados... Nosotras, aunque de percalito pero mi mamá nos
tenía bien arregladitas y calzadas. ¡Lo hubieran conocido!

No me fijé en eso, ni me fijaba yo si tenía donde vivir. Yo casi ni lo conocía,


pero me vine. Aquí él vivía nomás con su papá, porque su mamá se fue. Por la
cuestión de la tomada, se dejaron, y su mamá, que era de Perote, se fue para
Xalapa. El se quedó con su papá y con su abuelita, pero ella se murió y ya se
quedaron los dos solos. Los hermanos se fueron con la mamá. Se quedó de cinco
años aquí solito. Y me platicaban sus vecinas que cuando le agarraba dolor de
estómago o dolor de muelas, lloraba y gritaba, y el papá en la cantina... Y como
tenían un molino de mano, él se molía su nixtamal... ponía maíz, molía su masita
en el molino y se iba con las tías con una batea de masa y con la leña para que le
hicieran sus tortillas... Así creció.

231
Su papá de él era ejidatario y como entonces todo lo que sembraban se daba
muy bien, pues si era un trocón de maíz el que tenían... Ahorita esa fracción ya se le
quedó a un hijo mío... es como lo de una hectárea y aparte un pedregal, que
también lo sembraban de maíz. Esas tierras eran del sobrante, porque la mera
parcela estaba en El Nacimiento, pero no la trabajaban... Toda esa parte del ejido
estaba de baldío, eran potreros, no trabajábamos las tierras, no había modo, no
teníamos dinero... Nada más los que tenían, esos sí sembraban mucho maíz...
(Olegario Rosas 2265).

Mi suegro decía que en aquél entonces los que tenían alambre cercaban y
abarcaban tierras, y ni quién les dijera "no es tuyo". Lo importante era que
trabajaran. El no pudo abarcar mucho, aparte de la parcela.

Yo no sé por qué me vine con él, yo creo que porque lo quería bastante... Fue
un sábado en la tarde... y fui muy atrevida porque cuando me iba a venir, le di mi
ropa antes, en una lonita... El día sábado, mi mamá se iba para San Juan, porque
ahí llegaba el dinero del corte de caña y llegaba mucha gente a rayar. Entonces ella
llevaba una canasta grande de pan, llevaba un poquito de longaniza y carne, llevaba
venta de tomate, de chiles y ahí se ponía, a vender. Y yo, cuando me quedaba, tenía
que hacer el dulce de pepita para irlo a vender al otro día. Ese sábado me quedé y
yo no sé cómo le hice, rapidito hice el dulce, planché la ropa ajena y todo… Fíjate,
tenía quince años y todo eso hacía yo!! Ya habíamos quedado con él que me tenía
que ir en la tardecita, una vez que mi mamá se fuera para San Juan con mi
hermana. Que alisto mi ropa, y… ¿Tú crees que me dio miedo?… ¿Que temblé?…
No... Nomás le di mi ropa, y ya que va por mí, y que le digo:
-Pues sí me voy contigo, pero nomás que llegue mi mamá...
Para que mi mamá no le fuera a echar la culpa a don Ray -así le decíamos a mi
padrastro- o a mi hermano Pedro, que ya estaba grande... Y así fue, apenas llegó mi
mamá, y en lo que estaba embrocada haciendo sus cuentas del dinero -porque si
traía buen dinero-, que me salgo por atrás, por toda la finca, me brinqué el corral,

                                                                                                               
265
El número hace referencia al esquema genealógico anexo.

232
me quité mis guaraches y nos fuimos a toda carrera.
Mi mamá se puso muy mal, dice mi hermana que me estaba llamando... me
decía viejota porque estaba yo bien grandota, ponchadilla, fuerte... Ese día había
traído de San Juan chicharrones y queso, y me gritaba:
-Viejota, ¿no hay un poco de salsa para enchiladas?
Y claro, yo no contestaba. Dice Taide que mi mamá agarró un cuchillo de los que
usaban para matar los cochinos que engordaban en la casa... se salió corriendo, le
fue a preguntar a mis tíos y mi tía le dijo:
-Ha de estar aquí enfrente, porque según dicen, Olegario le andaba hablando, a lo
mejor él la tiene.
Y dicen que vinieron a preguntar aquí, pero ni don Pascual -mi suegro- estaba. Y
ahí andaba con el cuchillo... quería irse a buscarme al camino, pero la detuvieron, y
sí, si nos hubiera alcanzado...

Nosotros nos fuimos a Xalapa y cuando llegamos con mi suegra, ya que nos
dice:
-Ustedes se van a casar por lo civil. Pobrecita chiquilla, mi muchachita -me dice con
mucho cariño- yo estoy aquí en Xalapa pero yo sé de la vida de Modesta, de sus
hijas, que son muy trabajadoras y las respetamos mucho. Se van a casar en
Banderilla.
Pues ya nos fuimos a Banderilla... y ella invitó a sus compañeros del sindicato,
porque era tortillera y para poder vender estaba en un sindicato... Y ahí, saliendo
del juzgado, que nos cruzamos con mi papá, que iba con una muchacha muy joven,
casi de mi edad. Yo no lo conocía, pero como mi suegra iba adelante de nosotros
que se voltea y me dice:
-Mira m’ija, ahí va el viejo de tu padre.
Yo sentí horrible, como que se me acabó la vida en ese momento… Sentí tristeza,
sentí muina, no sé, no sé que cosa sentí, pero me vino una cosa terrible, lo peor que
había yo vivido en la vida. Sí, la historia de mi papá fue muy triste.

Al venirme aquí me fue mal, muy mal, porque como te digo, en mi casa, nos
tenía mi mamá bien arregladitas, calzadas... vaya, aunque guarachitos pero nunca

233
nos faltó, y ropita sencilla... entonces al venir aquí como él nomás tenía el maicito...
¡Ay Diosito!... Y no había trabajo para él, nada, y mi mamá se enojó bastante y no
nos hablaba, ni nos recibía... Yo la abandoné. El suegro borrachito y él pues no
tenía trabajo y yo estaba acostumbrada, no a fiestas, ni digamos a muy bien
presentada, pero cuando menos no nos faltaba de comer bien. Y aquí sí sufría yo
de no comer. Con decirte que un día, ya cuando se contentó mi mamá, pasó por
aquí, que iba a lavar al río -aquí no teníamos agua, no teníamos agua ni luz-... Me
vino a ver, ahí en mi jacalito, porque era un jacalito de madera, de palitos... y me
vino a ver mi mamá, para que yo le diera de comer aquí a mi hermano Celio, le traía
su sopa. Entonces sacó su pocillo grande de peltre, lleno de sopa...
-Mira -dice mi mamá- no traigo otra cosa porque no me dio tiempo de guisar.
Se fue mi mamá y le digo a mi hermano:
-Celio, vas a querer la sopa, m’ijo.
-No, yo sopa no quiero. ¿Tienes frijol?
-Sí -le digo-.
-Pos dame frijoles.
¡Y yo con ansias me comí la sopa!

Al año de que me fui con él nació la primera niña. Tenía yo dieciséis años,
entrando a los diecisiete. Entonces sabía yo hacer el dulce de pipián. La primera vez
le pedí a mi esposo que me comprara pipián y azúcar para hacerlo pero él no me
creía que pudiera yo hacer eso:
-No -dice- yo no tengo dinero para comprarte eso, nada más lo vas a echar a perder.
Por fin lo convencí y que empiezo con un cuartito -de kilogramo-... me fui a
venderlo, lo vendí y así seguí con el dulce.

Luego aprendí a hacer la loza. Un día, su tía, que trabajaba la loza me dice:
-No seas tontita, m’ija, debes aprender a hacer la loza.
Ella me enseñó. Me llevaba yo a mi niña y sí aprendí. Una vez que pude ya empecé
a salir a vender la loza, a lavar ajeno, a planchar ajeno, a moler ajeno... También lo
ayudaba a él en el campo, a destapar la milpa, a quitar la guía… con la yunta lo iba
yo siguiendo: adelante, atrás, adelante, atrás... y como estaba acostumbrada al

234
campo pues si podía yo. A doblar milpa también lo ayudé... una vez me lastimé el
dedo con el machete doblando la milpa. Luego lo convencí también de que
sembráramos tomate, chile, frijol. Sembramos... ¡ya se llegó el tomate, bien chulo!
Tomate del criollo, de rueda. Y ahí me ve usted, en Xalapa con mi canasta grande
de raíz, vendiendo... ya me venía con mi dinerito, con un gusto! Y ya él cosechaba
frijol o los dos nos íbamos a cortarlo y al otro día, a las cinco de la mañana Olegario
se iba a vender ejote... también teníamos frijolitos.

Y sí se sufría, como no había trabajo en ninguna parte... solamente en la


hacienda, ahí le daban a Olegario dos, tres días de trabajo... Pasando Todosantos
empezaba el corte de caña y de café. Cortaba caña aquí en el ejido y en la
hacienda... A mis hijos, a todos les tocó también cortar caña...

...Tenía yo como 18 años y cortaba caña por manojo, no por tonelada.


Cada manojo abarcaba 30 cañas. Y más antes se cortaba por medida, cada
manojo se medía con una cinta de un metro que andaba trayendo el
guardacorte para medir. Creo que pagaban a 25 ó 20 centavos el manojo...
Para mí es mejor por manojo, porque lo que corta uno es lo que le pagan...
es como el café, va uno a cortar a donde uno quiera. Por manojo no
teníamos que acarrear la caña, que es lo más pesado... A mi nunca me
gustó acarrear la caña. Nada más íbamos a cortar y amarrábamos los
manojos. Los camioneros andaban trayendo cargadores y ellos la
acarreaban... les decían los macheteros... En esa época no había cañales
aquí en el ejido, cortaba yo para la hacienda. ...Entonces era una
cooperativa de la hacienda, las tierras eran de los Carazas. Aquí ya había
ejido... pero le digo a usted que estaba de baldío, no lo trabajábamos, todo
eso era potrero, había animales por todos lados, casi no trabajábamos las
tierras... (Olegario Rosas, esposo).

Aquí la mayoría de las mujeres hacíamos comales, toda la gente, esa era
nuestra ayuda para poder comer, para comprar... vender y comprar... A mi me tocó
vender los comales a 20 centavos cada uno en Xalapa. Aquí la vecina de junto hacía

235
ollas. Yo eso sí no pude... para hacer la olla se usa un molde, que es media olla y ya
una vez que esta dura esa media olla se va levantando con olote, pero a mi se me
encampaba... Ya después me dijeron que el barro que yo agarraba no era el bueno
para hacer las ollas. Y es que hay distintos tipos de barro, hay barro blanco que es el
fuerte y barro colorado, esos dos barros se necesitan, y el cenizo, que era para el
comal, pero a mí no me gustaba porque salía el comal muy pesado. Entonces una
buena persona me dijo que agarrara yo barro negro y que lo mexclara con el cenizo,
y habías de ver que salían unos comales bien livianitos!!!... y esos no necesitan
mucha lumbre. Y si tuvo mucho éxito ese comalito. Una señora en Xalapa me los
compraba por docena... le iba yo junte y junte tres, cuatro, seis docenitas, y ella los
llevaba a vender a Veracruz y dice que se vendía como pan caliente... Era un comal
muy livianito y lo hacía yo con un chipotito de barro y al rato, con el sol bien fuerte,
lo secaba yo y ya después a poner mi horno... Antes había mucha leña... como había
mucho monte... casi no había fincas de café... rápido conseguía uno la leña para
quemar el comal. En la mañana, tempranito, Olegario se iba a traer uno o dos
tercios de leña para el horno. Cuando hacía viento era más difícil quemar, porque
había que proteger el horno, que no se saliera la lumbre... era al aire libre. A Gloria,
mi hija, le daba mucho miedo la lumbre. Estaba chiquilla, tendría nueve años y ella
me ayudaba a hacer el comal. Ella molía el barro en el metate... hasta una cubeta se
molía... es un trabajo pesado eso de moler el barro en metate... Cuando Gloria
estaba chiquilla que todavía no me ayudaba, me amarraba yo mi rebozo en la
cintura y componía yo mis molotones de barro... De que comenzaba yo a moler me
ponía yo cante y cante, chifla y chifla... ¡Cómo me daba gusto moler el barro!

El comal tiene su misterio, su magia... aunque tú conozcas bien el trabajo, lo


haces y hay momentos en que por más que tengas cuidado se cuartean, aquí
decimos que se coronan, o sea que se cuartean... Depende de muchas cosas. En una
ocasión, fíjate lo qué nos pasó: ese día Olegario no fue a trabajar al campo, se había
quedado para poner el horno, teníamos un encargo de llevar a vender los comales a
Xalapa. Pusimos el horno, quemamos y ya estaba él destapando el horno y sacando
los comales... ¡bien bonitos que estaban nuestros comales, bien coloraditos!... En
eso que pasa un señor, un empleador -le decimos empleador de que emplean el

236
comal, se lo llevan a vender-... Que si le vendíamos el comal:
-Oiga amigo -le dice a Olegario- véndeme el comal.
Pero aquí se daba muy barato... llevándolos a Xalapa pues ya era más dinero, y
además ya lo teníamos de encargo. Olegario le dijo que no, que no se lo podíamos
vender porque lo habíamos trabajado por encargo. Pues resulta que cuando este
señor se alejó, que se oye un tronido fuerte en el horno, se oyó como una campana,
todo el comal se tronó... ¡Ay Dios mío!... les pegó el viento a los comales o este
señor les echó el ojo... ¡Como no se los vendimos!... Y así nos fuimos a Xalapa, así
averiaditos los llevamos a vender, ya ni por mitad los vendimos... Así te digo, el
comal es difícil, tiene su misterio para hacerlo.

A Xalapa me llevaba yo mi canasta de asa o de raíz que le cabían tres


docenas de comal, y llevaba también una canastita de media cuartilla de maíz (10
kg.) con chilitos de chiltepín, de esos huerteros... De regreso traía mi canasta con
tres kilogramos de masa... y buen dinerito que traía yo. Pero eso sí, era bien
cansado. En aquel tiempo se usaba un zueco que le decían de palo, pues ese usaba
yo. Y un día que los dejo escondidos en la orilla del camino... y ahí andaba yo
ofreciendo mis comales y que llego a una casa y que se me quedan mirando de
arriba a abajo y a mí, la verdad, pues me dio pena porque iba yo descalza... La
señora me ofreció trabajo, pero yo no pude porque los chiquillos iban a la escuela y
además tenía yo que hacer el bastimento para él... y no hice el compromiso...

Caminando, cuando estaba yo bien, hacía una hora veinte minutos o una
hora y media de aquí a Xalapa, más despacio pues dos horas. Iba yo dos o tres veces
a la semana porque mi suegra me daba a lavar ropa de unos abonados que tenía,
seis abonados, y yo tenía que llevar y traer la ropa. La lavaba aquí, en el río y luego
me la llevaba, ya seca, de regreso a Xalapa, a veces planchada y a veces nomás
doblada. Mi suegra era muy buena gente porque me daba que dos kilitos de frijol,
que dos kilitos de azúcar, unas papas o me daba dinero para comprarles pan a mis
hijos... A Gloria, a Evodio y a Luis, cuando estaban más chiquillos, que me iba yo a
vender, los dejaba ya sea con mi mamá, con mi tío Victorino o con mi tía Rebeca.
Ya cuando nació Víctor lo dejábamos con Gloria, que ya tenía 10 años.

237
La vida es vida... cuando ya tenía yo tres hijos, que les daba el pecho, así y
todo trabajaba, estaba bien delgada... Mi marido me decía que parecía yo una
berraca....Y antes no estoy tullida, porque de venir del mero calorón desde Xalapa,
caminando, a meterme al río a lavar la ropa... a enjuagar la que tenía yo del día
anterior en jabón, un refregón y vámonos al agua... me quedaban bien suavecitos
los trapos. Yo planché mucha ropa de almidón, también ajena, bastante: le planché
a mi hermana Taide y a su esposo, a un señor que se llamaba Valente y a uno de los
abonados de mi suegra, un señor bien presumido que nomás los cuellos y los puños
de las camisas tenían que ser almidonados...También aprendí a hacer coronas de
flores de papel... para Todosantos eran las coronas y el dulce de pepita...

El dulce lo hacía por encargo, les pedía que me trajeran el azúcar y la pepita
y ya nomás les cobraba por el trabajo. Para hacer el dulce hay que lavar la pepita
con arena, para pelarla porque tiene tres pellejitos... y debe quedar sin pellejito.
Luego se muele, ya sea en el molino o en el metate y ya hace uno la miel con el
azúcar, a que se haga como hebra. Ya que se hizo bien la hebra se le pone la macita
de pepita molida... Mi mamá decía que entre más se le mueve mas blanquito sale,
como que le va entrando mucho el aire y sí sale blanco. Y luego a figurarlo, a labrar
para hacer las figuras, yo hago borregos, palomas, corazones, frutas... Después, mi
tío le vino a decir a Olegario que mejor me mandara a trabajar a la panadería. Ahí
les aguantaba yo ocho días, día y noche, también para Todosantos.

Dios me dio fuerza...


...Y me da gusto platicar todo esto, porque Dios me dio energía... Y me dicen mis
nueras, “es que usted fue bien comida”... Y si, pues ya una vez que me vine con
Olegario pues no me faltaban las gallinas o los pollos, mataba yo un pollo y tenía
huevos de rancho... Total, gracias a Dios crecieron los muchachos y fue bien bonito,
después de todo. ¡Cómo me daba gusto ir a Xalapa! Ir jalando y venir cargando...
traía yo de todo un poquito, y los chamaquillos gustosos, y mi marido que se iba a
beber, no’mbre, eso si fue bien triste.

238
Cuando compraron la primera televisión estaba una película ranchera, de
esas de pura canción, entonces veo que Gloria empieza a llorar:
-¿Por qué lloras, qué tienes? -le digo-.
-Me da tristeza todo el sufrimiento que pasamos con mi papá, y tú hasta nos
divertías... Así cantabas y bailabas, como esas artistas, con tu vestido bien largo, así
te movías y bailabas.
Si, en la noche les cantaba y les bailaba a los chiquillos, para que no se durmieran,
porque si él llegaba borracho, yo y los chiquillos a veces nos salíamos de la casa.
Llegaba nervioso de tanto tomar, le servía yo de cenar, me aventaba el plato, que no
estaba bueno, y se salía, a seguirle a la borrachera. Yo sentía que por mi culpa se iba
a seguir tomando, que porque la comida no estaba buena o porque yo había hecho
algo mal...

...Y le doy gracias a Dios que me dio permiso de hacerle frente a la labor,
tanto de la familia como de los trabajos. Un día me fui a confesar -ya entonces
había nacido Víctor, lo tenía yo chiquito- y el padre me dijo lo mismo que mi
familia, mi mamá, mis tíos y mi suegra me decían:
-Ya que te estás aguantando mi’ija, Dios te va a premiar.. porque tú te vas, lo dejas,
pero tus hijos, qué va ha ser de tus hijos...
Y mi oración era:
-¿Por qué señor, por qué? Tú que estás en los cielos, en la tierra, ¿por qué estoy así,
por qué sufro, por qué tanto trabajo?... Yo me canso.
Así le decía, con lágrimas... En ese tiempo trabajaba yo el comal, a veces, cuando
me ayudaba mi chiquilla, pobrecita, a moler el barro, me hacía dos docenas... ya
cuando trabajaba sola, una docena mas tres comales...
Una mañana, me acuerdo que Olegario se levantó muy tranquilo, como
pensativo y me preguntó:
-¿Ahora vas a trabajar?
-Sí, si Dios quiere sí, ahí tengo el barro.
-Bueno -me dijo- tienes que hacer el trabajo pero de modo que cuando yo llegue ya
terminaste porque los voy a llevar, a ti y a los chiquillos a la iglesia, antes del

239
rosario, a las seis de la tarde, porque tuve un sueño muy triste. Soñé al Señor de
Chiltoyac que bajaba su manita y me hacía una pregunta: “Hijo mío, ¿a donde está
tú esposa, a donde están tus hijos?”.
Pues has de creer que de veras, lo cumplió, llegó a la hora que dijo y muy
tranquilo... porque como te dije siempre llegaba enojado, tenía yo que tener la
comida y servirle rápido porque si no le servías al momento se iba... Ese día estuvo
muy tranquilo:
-¿Ya estás lista? -me preguntó-.
-Sí.
Pues que nos vamos con los tres chiquillos, Gloria, Evodio y Luis -ni Víctor ni
Onofre habían nacido-. Entramos a la iglesia y que nos hinca y él atrás de nosotros
y diciéndole al señor:
-¡Señor, aquí están mis hijos, mi esposa! Si es cierto que yo no los veo, perdóname.
Vaya, en ese momento de reconciliación yo sentí mucha tristeza. No sabía yo si
tristeza de gozo o de todo lo que el Señor había hecho por nosotros. De ahí para acá
se compuso tantito, y ahora que ya crecieron los hijos, él entró a Alcohólicos
Anónimos... ya se sentía muy mal, pero ciertamente es Dios mismo el que lo
empujó.

Mi esposo era un hombre trabajador, él no desatendió su casa por flojera


sino por el alcohol. Cuando estaba bien trabajaba mucho, como hacía de una cosa
hacía de la otra…. A veces trabajaba en lo ajeno: en lo particular o en la hacienda...

En la hacienda era mejor porque el horario de trabajo estaba establecido


por un reglamento, salíamos a las seis, en cambio aquí en Chiltoyac con los
particulares, oscureciendo todavía estaba yo trabajando. (Olegario Rosas,
esposo)

En tiempo de Todosantos, por el mes de octubre, cuando entraba el tiempo


de zafra, trabajaba en la grava con el ingenio, componiendo las carreteras, tapando
los hoyos, para que pudieran entrar los carros con caña...

240
En septiembre y octubre escaseaba mucho el trabajo. Ya para Todosantos
se engrababa la carretera en el cerro y ahí había buen trabajo porque
pagaban bien... (Olegario Rosas, esposo)

Se iba a las seis de la mañana. Era el tiempo en el que yo le ayudaba a mi tío


Victorino en la panadería, día y noche, para Todosantos, que se hacía mucho pan.
Entonces salía yo de la panadería a las cuatro de la mañana, que me iba a martajar
y a las seis, a mas tardar ya estaba su bastimento para que se fuera a la grava.

Aunque tomé mucho, pero nunca vendí mis tierras. Siempre pensé en mis
hijos, en que el día de mañana tuvieran donde trabajar... yo no quisiera
que mis hijos sufrieran lo que nosotros sufrimos. Yo sufrí mucho de andar
pidiendo trabajo por aquí y por allá. Es triste andar de peón. Yo sufrí
bastante, sobre todo con este patrón... con el compadre Victorino, el tío de
mi esposa... pagaba barato, pero eso sí, nunca me faltaba el trabajo.
Lidiaba yo sus caballos, cuatro o seis caballos que tenía... ahí necesitaba un
peón de planta. Ese señor era muy trabajador y se hizo de dinero con la
panadería... y llegó a comprar muchas tierras. Todas esas tierras se les
quedaron a los sobrinos, a mis cuñados… a esos se les quedó todo,
propiedades y ejido. (Olegario Rosas, esposo)

Mi tío Victorino...
Mi tío fue padrino de bautizo de todos mis hijos y como tenía sus centavitos, pues
tenía sus peones, siempre, de planta... Cuando llovía y se presentaban los peones
pues tenía mucho de mortear, tenía mucho de deshojar y tenía mucho de
desgranar, ahí los tenía... Lloviendo y los peones ahí. Eran tres o cuatro, gente de
aquí... Tenía fincas, nada mas que las tenía descuidadas. Las dejaba enmontar y
cuando iba uno a cortar café ni se adelantaba bien, había harta corrigüela y
chichicaxtle, pura hierba así. Era raro que mandara a limpiar las fincas porque sus
peones los tenía ocupados con el zacate para los animales, la leña para la panadería
y con las siembras de maíz. Con el café no... Y sí tenía fincas, muchas, porque en

241
aquel entonces, le ayudaba a la gente... le pedían dinero prestado y claro que en
aquel tiempo no se podía juntar el dinero y entonces se quedaba con la tierra.
Cuando moría alguien venían a pedir favor. Le decían:
-Mira te vendo este pedacito...
-Bueno, ahí está el recibo...
...Y también los ayudaba: aunque él no iba al velorio, les daba su azúcar, su frijol,
arroz, sus velas -tenía unas canastitas que les decíamos chiquihuite, bien llenos.
Nunca le faltaban las velas, aunque no tenía una tienda bien puesta, él tenía todo y
la gente iba a comprar, iba con su necesidad... Y a toda la gente ayudaba...

Fíjate que cuando él murió, la esposa de mi tío le dijo a Luis -mi hijo- que ya
estaba grandecito... Y como ha sido inteligente de su mente, lo mandó a traer, que
por favor fuera para revisar los recibos. En aquella ocasión Luis me dijo:
-Mi padrino ¡como tiene recibos! Y todos le deben, todos le deben.
Y tú crees que si no le pagaron cuando él vivía mucho menos después... no quedó
mucho dinero, lo que se quedó fue una cajita de madera bien llena de puros
recibos, muchísimos le pedían prestado... Y algunos le vendían su finquita.
Compraba fincas de café limpiecitas pero no las cuidaba, se enmontaban. Y es que
el café no tenía precio... fíjate que cuando llegó a valer tantito el café había unas
cajas que le decía uno cuartilleras... unas cajas de madera que les cabían 28 kilos,
esa era una cuartilla, una cuartilla de café, 15 pesos esa caja bien llena... porque esa
era la medida de los cortadores... él pagaba 6 pesos por caja a los cortadores. A mí
me ponía a que les midiera a los cortadores y a las cortadoras... El pago era por
medida, no por peso... cada día yo les medía, hoy se cortaron 2, 3 cajas, mañana
otras... el sábado les pagaba, a’según había cortado cada quien.

La semana anterior a Todosantos había mucho trabajo en la panadería de mi


tío, de día y de noche. Venía mucha gente de los ranchos vecinos, en bestias, a
comprar pan. Yo le ayudaba a mi tío y a su esposa en la cocina, todos los días
guisaba, si no hacía salsa de chicharrón, pues adobito y si no, salsa de carne de
cochino, o pollo en adobo. Además tenía yo que tener café, leche hervida, frijoles,
tortillas... Ahí comíamos todos, mis chiquillos y yo, también Olegario que llegaba

242
de trabajar y ahí cenaba. Allá nos íbamos y nos teníamos que quedar ocho días,
solamente Olegario dormía en la casa.

Hasta el día primero de noviembre, el día que se van los niños difuntos y
llegan los grandes, me dejaban venirme a mi casa. Bien cansada, con los pies
hinchados, hacía el arco y mi altar. Nos veníamos despues de la comida y ya para
las ocho de la noche hacía mis tamales y a estar velando, sentadilla y cabecendo...
Me daba gusto porque a las cuatro de la mañana, cuando los gallos están cantando
ya me iba a recostar... Pero si era una friega bonita, dura...

Cuando nos veníamos de su casa, mi tío me daba bastante de todo, la masa


para hacer tamales, chile ancho, chile seco, manteca, tomates, café para tostar, café
molido, azúcar... Todo... una gallina bien nueva que apenas estaba poniendo, un
pollote grandote para mole... hacía yo mole y lo molía en metate... la carne de
cochino para tamales... Todo eso hacía y en la noche me pasaba yo velando. No sé
cómo le hacía porque en la madrugada acababa de hacer todo.

Mi tío nos ayudaba mucho, pasando la fiesta de Todosantos él les compraba


ropa a los chiquillos y bien que les atinaba a las medidas. Les compraba de a dos
cambiaditas: dos pantaloncitos, dos camisitas, sus camisetitas... A Gloria, que
estaba más grandecita, y a mí, nos traía telas para dos vestidos. Dinero no me daba,
pero ya con eso me pagaba y yo sí le respondía con el trabajo. Nunca pensé en que
era mejor que me diera dinero... La pobreza de uno es tan grande que yo me
conformaba con que mis chiquillos fueran a comer bastante todos los días.

La troja de maíz...
De maíz no sufríamos, teníamos troja. Se daban unas siembras bien bonitas y
grandes. Cuando cosechábamos bastante, alcanzaba para vender y después para
seguir haciendo los trabajos... Vendiendo y pagando peón, o la yunta, para sembrar
otra vez. Entonces se vendía el maíz por fanegas... era muy poco lo que se vendía.

243
Una fanega eran cuatro cuartillas y el burro aguantaba una266... No era mucho, era
lo de dos lonitas de azúcar... ¡Cómo nos costaba venderlo! Peor cuando llevábamos
maíz amarillo. Ahí íbamos, anda y anda, calle por calle... Que ese maíz era
solamente para los cochinos, eso nos decían en Xalapa. Y era un maíz amarillo
ancho, bien bonito, clarito, salían las tortillas bien suavecitas... Ahora ya quisieran
de ese maíz porque el de Coplamar sale bien feo, todo quebrado. Despues Olegario
sembró maíz blanco, ya entonces sí les gustaba y lo vendíamos ahí por San José.
También vendíamos calabaza que se daba mucha, se daba frijol, de ese yamanque,
se daba mucho ejote. En Todosantos iba uno a vender ejote por lonas, a 40
centavos el kilo, en aquel tiempo... Naranja, lima, todo eso vendíamos antes de
Todosantos.

Pasando Todosantos venía la cosecha. Esa era la siembra que teníamos en el


sobrante, de temporal, en El Toreo... Ahora se me antojan esas cacales para hacer
chilaquiles, pero todo da su vuelta, porque despues dejó de darse el maíz y se puso
caña... Fue cuando Luis tendría unos dieciseis años (1968).

Antes estaba uno escaso de dinero, no había con qué pagar jornales,
entonces para la siembra, Olegario le pedía la yunta prestada al compadre Valente,
él era su patrón, nos llevaba a su siembra de maíz, nos llevaba a sus fincas, a
sembrar frijol, él siempre tenía trabajo. Entonces, teniendo la yunta Olegario hacía
el barbecho él solo con Evodio, mi hijo mayor, que ya estaba grandecito. Ya para la
siembra no necesitaba mucho dinero porque buscaba peones y ya de ahí él iba a
desquitar, a’según quién lo ayudara, a vuelta e mano... Cuando tocaba que le
ayudaran a él, íbamos yo y Gloria, mi hija, a llevárles la comida a todos. Ahí en el
campo les daba a cada quien su plato, eran bastantes, cinco o seis peones. Llevaba
yo una olla de comida bien grande y un rollo de tortillas hechas a mano. En aquel
tiempo, para cultivar la tierra primero era el barbecho, despues del barbecho viene
el surco y despues la siembra y despues nace la milpita y ya decían: “ya la milpa
está buena pa’rayar, con la yunta... entonces meten el arado en la milpa, y como se
                                                                                                               
2661 cuartilla=20kg. de maíz. 1 fanega=4 cuartillas=80 kg. de maíz.

244
siembra calabaza o pipiana tiene que ir uno por delante a librarle la guía de
calabaza para que pase el arado y otro atrás que va destapando la milpita... Ahorita
ya no saben qué cosa es rayar, ni qué cosa es cajonear, ahorita ya nada más dicen
limpiar la milpa... Cuando está como para rayar con yunta dicen limpiar y cuando
está más grandecita que se decía cajonear, ahora dicen aterrar, porque ahora
limpian y aterran a puro azadón. En aquel tiempo cuando se tenía un terreno
donde se podía meter la yunta, entonces decían: “voy a ver que me ayuden” y
cuando lo necesitaba el otro ya iba él, vuelta e mano, así le decían... Así se
ayudaban entre varios, para unos y para otros estaba bien. Ahora ya no se trabaja
así porque ya es cañal, ya no se puede....

Todos trabajábamos con el compadre Valente, él era el patrón y él nos


mandaba: si me hacía falta un peón para mi siembra, el patrón lo
mandaba conmigo, acabábamos mi tierra, íbamos a trabajar en lo de él, y
también íbamos con lo de ellos -los otros peones-... en lo que precisara.
Pero él pagaba y ya nosotros le desquitábamos a él. Hacíamos lo de él y
hacíamos lo de nosotros y también nos íbamos a chambear a otro lado, con
la yunta. El alquilaba las yuntas, nosotros se las arreábamos y ganábamos
nosotros y él con sus yuntas.... El compadre Valente y la comadre
Bernardina fueron padrinos de Luis. Bueno, comenzamos con la cruz,
porque antes cosechábamos y parábamos cruz. Ellos fueron padrinos de
troja. Una vez nosotros fuimos allá y una vez vinieron ellos. La cruz se
ponía unos ocho días despues de que terminaba la cosecha, hasta que se
levantaba el maíz y se hacía la troja... Hacer la troja quiere decir estibar el
maíz. La mazorca la sube uno en fila, se le llama encasquillar el maíz,
acomodarlo... La troja es el maíz que ya está compuesto. Entonces ya bien
acomodadito se pone la cruz. El padrino es al que le toca cosechar la última
mazorca. La cruz se trae del campo, se hace de la caña de la misma milpa.
Las cañas más gruesas son las que se agarraban para hacer la cruz, se
adornaban y se llevaban a donde estaba la troja, a la casa del dueño de la
cosecha. Ahí se hacía el rosario y el dueño invitaba la comida -mole- y el
traguito. En noviembre en todas las rancherías se hacían fiestas, era una

245
cuetería que se oía por todos lados y ya decíamos: “están parando cruz”.
Porque no había cañales en los campos de abajo, era pura siembra en toda
la zona. Todo lo que ahora son cañales era maíz, ‘onde que todos tenían su
troja. Cuando había buena cosecha pues le hacíamos su fiesta, pero si el
maíz estaba penco pues no hacía uno nada... cuando esta bueno el maíz
rinde mucho. Antes se daba mucho el maíz y sin abono, nosotros no
conocíamos el abono, ni lo había. (Olegario Rosas, esposo)

El día que traían la última cosecha de maíz decían que era la viuda y tenía
uno que hacer comida para los cosechadores... cuando llegaban de cosechar había
que tener la comida lista. En el café es igual, cuando se acaba la cosecha es la
viuda, que se les da de comer a los cortadores. Olegario no siempre les hace
comida, a veces los invita para el día de la fiesta del pueblo, el primer viernes de
marzo, ese día se les da de comer. Este año, el día que terminó el corte fuimos Trini
-mi nuera- y yo a traer unos pollos rostizados para llevarlos al campo, no guisamos
pero ya fue la viuda.

En la finca también algunas personas ponen cruz. Nosotros nunca pusimos.


Olegario ha tenido poca fe en las cosas religiosas, hasta la fecha, como que no se
centra en la religión para esas cosas. Cree en Dios y en la Virgen pero nada más. Me
decían mis hijos que por qué no íbamos y hacíamos una oración o algo así, pero no,
no lo hemos hecho. Únicamente he visto que mis hijos llevan el Sábado de Gloria
un poco de agua a bendecir y es lo que van a regar a las fincas o al cañal, eso sí... Y
el que ha parado cruz es Evodio, allá en el cañal.

Aquí se acostumbra llevar la cruz el tres de mayo y el padrino de la cruz, para


cumplir el compromiso, tiene que llevarla tres años, es igual que para bendecir un
cuadro de una imagen, si tú te buscas madrina tienes que llevar tus flores y tus
velas tres años, es el compromiso. Una vez que están las tres cruces, pues ya
depende de la familia, tanto de los padrinos como de los dueños del cañal o de la
finca, si quieren seguir poniendo cruz cada año o ahí le paran.

246
Cortando café...
Fincas de café, primero, no teníamos. En tiempo de corte andábamos en lo ajeno...
Había que levantarse tempranito para preparar el bastimento. Me acuerdo que
andaba yo embarazada cortando en lo ajeno. ¡Como gozaba yo cuando íbamos a
cortar café! Se olvidaba todo lo de aquí. Es bonito ir al corte cuando van varias
mujeres... Yo era gran cortadora, íbamos con mi comadre, a cortar allá por la Cueva
del Agua, ahí donde está la finca que se le quedó a Victor, que era de mi tío
Victorino... Cuando nosotras cortábamos eran unos matorrones grandes y las
bajábamos con una reata que amarrabamos en una piedra. Era café criollo, que es
mejor porque es mas grande y tiene otro sabor.

Mi suegro tenía café, pero poquito. Nada más tenía aquí en la propiedad,
otra finquita en una barranca y otra que estaba por el panteón, pero cuando murió
el señor, Olegario la tuvo que vender... para sepultarlo se vendió la finquita que
estaba por el camposanto. Lo de aquí era poquito, la casita en donde vivíamos
estaba enfrente y todo atrás era finquita y el poquito de café lo cosechábamos
nosotros. Los domingos hacíamos faenas porque los dos trabajábamos y ya el
domingo lo agarrábamos para cortar lo de nosotros... ya cuando fueron creciendo
los chiquillos pues ya nos ayudaban, todos nos poníamos a cortar...

Esas matas yo creo que las sembró mi abuelo... no había surcos, estaban
todas apiladas y mi papá nada más se dedicaba a resembrar. Donde sí
plantó mi papá fue donde vendimos, allá en el camposanto.(Olegario
Rosas, esposo)

El café que cosechábamos nosotros lo vendíamos y apartábamos un poco


para el gasto de la casa, aunque no alcanzaba para toda la temporada. Como en ese
entonces estaba yo buena y sana de mis manos, a mí me gustaba despulpar el café
para tener, para moler. Como eran matas grandes y el grano era grandote, lo
despulpaba en metate, lo machucaba... ¡Habías de ver qué coronitas tan bonitas!...
Y como la necesidad era tan grande, ya nada más estaba yo esperando los primeros
granitos, las primeras coronitas, para cortar. Le quitaba yo la cáscara, lo

247
machucaba y luego, a secarlo en el comal. Me acuerdo que una vez estaba la
llovizna bien dura y no teníamos pa’l café, pues que voy a la finca, me corto unas
coronitas, lo estoy machucando, lo seco en el comal, y ya para al rato, oscureciendo,
ya estábamos bebiendo café nuevo...

La maquila del café lleva mucho trabajo. El café cereza -capulín-, así fresco,
se despulpa con una maquinita y ese día se deja reposando para que suelte la miel,
al otro día se lava y el grano se sube a la planilla y se tiende para secarlo... A mi a
veces me ayudaban unos chiquillos, les daba yo de comer y su refresco y unos
centavitos y a ellos les daba gusto.... Es mucho trabajo, porque se tiene que secar
bien... todos los días sacarlo al sol e irlo moviendo, y despues meterlo, o si no,
taparlo. Son cuatro o cinco soles los que le tiene que dar para que quede bien seco,
color cuerno, le dicen, a que la cascarita se le pueda quitar. Ese café ya queda y lo
encostalan, es pergamino. Y se tiene que tender al sol y mover todos los días porque
si no se enmohece y a la hora de tostarlo se le queda un mal sabor. Ahora, si tienes
billete pues nada más lo mandas a la secadora, ahí se encargan de todo, ya nada
más vas a recoger la costalera de café. El otro procedimiento es el que te decía, que
se seca el café cereza, sin despulparlo. Ya despues nomás se mortea, se escoge, se le
quita la basura, soplándole en el comal. Eso se hace cuando es para uno el café, que
lo quiere uno para la casa. Nada más que es muy fuerte ese café porque se seca con
todo y miel. A mí me gusta mucho mortear el café criollo, que es más grande, es
bonito ese café. Dicen que el café caturra tiene mejor rendimiento, que se
multiplica, porque el criollo, sí se cargan mucho las matas, pero no tiene
rendimiento.

Aquí en Chiltoyac casi nadie maquila el café, todos lo vendemos en cereza...


maquilado vale más y lo venden en junio, julio y ya reponen todo el trabajo, y
tienen dinero para seguir trabajando: para podar, para el abono, para peones, para
todo... Hace cuatro o cinco años que estaba el café, también, bien barato... pues
aquí toda la gente preocupada, pensó que a lo mejor despues iba a valer, y sí,
algunos lo maquilaron... Como ahorita Régulo, mi nieto, dejó un poquito para
maquilarlo. Lo lleva al beneficio y le cobran 70 pesos por quintal. En el Espinal o

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en Vistahermosa toda la gente maquila su café. Me dice Minerva, mi nuera, que el
otro día que fueron por allá no se veía una casa que no tuviera su planillota y su
café tendido... Toda la gente trabajando su café ahí en sus casas, despulpándolo y
destendiéndolo al sol. Yo pienso que desde siempre así lo han trabajado ahí porque
cuando yo era chiquilla venían gentes de El Espinal a comprar café. Y no había
fincas grandes, pero algunos, como mi abuelito sí tenían algo de café... tenía mango
y café, ahí en la propiedad.

Sembrando caña...
Mi suegro le pasó a Olegario los derechos de la parcela en 1947 y le dieron el título
en los setentas, cuando vinieron a hacer la depuración. La parcela que le dejó su
papá en El Nacimiento la tuvimos arrendada durante mucho tiempo. La siembra
que teníamos era en un sobrante en El Toreo, pero la mera parcela no se
trabajaba... Cuando me vine a vivir con él yo no me daba cuenta de que él tenía ese
terreno, yo no sabía. Hasta despues me dijo su papá... Un día que no estaba
tomado, porque tomaba mucho:
-Sabes, que allá en El Nacimiento donde tiene Raymundo -así se llamaba mi
padrastro-, yo también tengo mi parcela.
-Para haber sabido -le dije-, porque mi padrastro ahí tiene cañal.

Mi padrastro sembraba caña y tenía un trapiche donde hacía panela. El trapiche lo


movían con una yunta que él arrendaba, porque él nunca tuvo. Esa yunta no era de
aquí del pueblo, era de un lugar que se llama Pastepec. Entonces, con los animales
se movía el trapiche para hacer la melcocha que metían en un molde. De ahí se
enfriaba y se sacaba la panela... Por eso un día el difunto don Ray -mi padrastro-
me dijo:
-Mira, dile al Olegario que si quiere sembrar la parcela yo le doy la semilla.

Si, que le regalaba la caña para que sembrara ahí. Yo le dije a Olegario, pero él no
hizo caso. Fue en ese tiempo cuando un señor de aquí que se llamó Disiderio Villa
le dijo que por favor le prestara la parcela... y como era monte... él pensó:
-Lo que me den es bueno... de que se quede ahí el monte...

249
¡Quitar el monte es muy costoso! Fíjate, al no saber y como el dinero aquí se
necesitaba mucho, y al no tener más que el monte, bueno pues la empeñó. Se hizo
el compromiso y ya este señor cortó la leña, tumbó los árboles, descepó y metió la
yunta para poner caña.

Olegario no sabía muy bien los trabajos de las cañas, no sabíamos,


estábamos muy ignorantes. El sabía andar de peón aquí en Chiltoyac y cortar caña
allá en la hacienda, pero no sabía nada de cómo se trabajaba con la caña. Porque
mira: todo ese trabajo de tumbar monte, descepar, meter la yunta, pues es un
trabajo grande... y sí, el dinero lo daba el ingenio y ya con la caña se desquitaba...
pero nosotros no sabíamos que en el ingenio daban refacción. Entonces ese señor
se aprovechó, porque como no sabía uno nada... estábamos muy desorientados...Y
ni siquiera preguntamos, tampoco, porque si hubieramos preguntado por ahí, con
otros..... Por la ignorancia todo eso pasa, pero el monte es dinero... porque por
ejemplo, aquí en El Castillo compraban mucho la leña y esa ganancia del monte fue
para ellos -para el señor que desmontó-. Y Olegario lo que quería era que tumbaran
el monte, pero no nos dimos cuenta de que el monte es dinero también... Ya
despues que le cuento a mi hermana Taide y me entero que su esposo estaba
pagando cincuenta pesos de renta por las parcelas... ¡Fíjate, y a nosotros nos daba
quince! Y además nunca nos dieron el dinero junto, ni siquiera cinco pesos juntos:
que dos pesos, que uno cincuenta.. A veces me mandaba Olegario a que le pidiera,
que nos pagara... como limosnera llegaba yo y no, nunca había dinero, ni siquiera
un poco de maíz me daba.

Ya despues el Comisariado quería recogerle la parcela al difunto Disiderio,


pero Olegario le cumplió con el tiempo que se había establecido. Ya se había hecho
el compromiso de arrendarla, y mi marido quizo cumplir como gente, como
hombre de palabra. Lo que nos pagaba no era justo, pero él no quizo recogerla, sino
hasta que se cumplió el tiempo de voltiar, de renovar la siembra. Ya entonces
Olegario hizo contrato a su nombre, con el ingenio... En ese tiempo, como
coincidencia que se enferma, estuvo muy malo, internado en el hospital. Entonces

250
este señor, el que tenía la parcela arrendada, que va y que suspende los trabajos en
la parcela:
-No -dice- aquí ya no siguen trabajando, porque Olegario me debe mucho dinero.

Y que me dicen a mí, que me manda a decir el Representante de Campo, el que


estaba vigilando los trabajos, que a ver cómo le hacíamos porque debíamos mucho
dinero. Pues ya que le hablo al Comisariado, que le hablo al Agente Municipal y sí,
mandaron a traer a este señor. Vino su hijo y ya que le digo:
-Quiero que me digas cuánto te debe Olegario.
-No -dice- no me debe nada, lo único es que no queremos que siembre otra
persona, porque sabemos que se la rentó a otra persona.

Y crees que el Agente Municipal en vez de ayudar todavía me dice:


-Sabes, lo que están haciendo ustedes, está mal... no va a sembrar otra persona, va
a sembrar el que la tenía.
Le digo:
-Y tú, ¿Por qué dices eso? No es cierto, no está mal. ¿Quién es el dueño, tú agente
municipal o mi esposo? Mira, ya mi esposo ya cumplió con este señor, ahora él va a
sembrar. Ustedes tienen metido en la cabeza que va a arrendar y miren, sea que
siembre otra persona, sea que la regale, el dueño es mi esposo y él es el que manda.
Y dice este hombre, el que peleaba:
-Lo vamos a pasar al Departamente Agrario.
Entonces estaba de Tesorero un primo mío, el difunto Felipe... y le dijo:
-Ella es casada, no es amante, ni es querida, no es cualquier mujer, es la esposa del
dueño, ella te responde aquí y donde quieras... No tengas miedo -me dice a mí- a
donde quiera que se pase, a ver con qué van a comprobar.
Entonces me dice el Comisariado:
-Bueno, mañana mismo en la tarde traiga una carta escrita por su esposo, él va a
decir la última palabra.
Y de veras, que me voy al otro día a Xalapa, igual que siempre, caminando,
vendiendo. Y lo que es Dios de veras tan grande, que ahí estaba también internado
un licenciado. Que le digo el caso a mi esposo y el licenciado nos dictó la carta...

251
Con la carta que nos había dictado el licenciado se quedaron con el ojo pelón, bien
asombrados todos, hasta el Agente Municipal que estaba metiendo su cuchara... Ya
cuando vio cómo decía la carta y todo, pues que le dijera yo a Olegario que nos daba
doscientos pesos al año... y que le digo:
-Ni aunque pagara quinientos pesos...

Ya Olegario había firmado el contrato con el ingenio, se lo había yo llevado al


firmar al hospital... Mi esposo había trabajado mucho con el ingenio. Trabajaba con
la yunta del Representante de Campo del ingenio, haciendo los trabajos en los
cañales. Y la tenía bien cuidada... los domingos, en la mañana, en la tarde y al
medio día, estaba cuidando los bueyes... por eso lo querían mucho.

Cuando sembré ya por mi cuenta ahí en El Nacimiento fue que empecé a


tener alcances, del primer corte, del segundo, ya yo administré ahí, yo hice
todo, ya sabía yo, porque antes no sabía nada... aprendí mucho cuando
trabajamos en unión... Trabajando como gañán, con la yunta, me fuí
dando cuenta de los trabajos de la caña... Descepando, tumbando el
monte... porque yo trabajé con la yunta en todos los campos del ejido que
se fueron abriendo para sembrar caña. Entonces me di cuenta que ya
estaba más fácil, porque no era el dueño parcelero a su puro pulmón el que
trabajaba, sino que daban refacción.... Cuando estuvo un Comisariado que
se llamó Melquiades Ortíz todos los ejidatarios aquí empezaron a sembrar
caña en el ejido, en unión: primero ahí en el Nacimiento, despues en El
Ejército, de ahí, El Toreo, La Baraja, El Repertorio, en todos esos campos
se sembró caña... Fue cuando nosotros pusimos caña en El Toreo, hicimos
el contrato en unión. Eso fue como en el ´55-’56, porque cuando asesinaron
al Comisariado se iba a hacer el primer corte, y él murió en el ´57...
Melquiades recogió las fracciones del ejido que tenían los de Tronconal y
las repartió para que los ejidatarios de aquí sembraran caña, yo creo que
por eso lo perjudicaron, aunque nunca se supo quién lo mató.
Fueron diez zafras las que trabajamos en unión, pero nunca teníamos
alcances. La cooperativa no funcionó, no había ganancias, siempre

252
salíamos debiéndole al ingenio. Eran muchos los gastos que se hacían:
nosotros teníamos que cercar todos los campos porque había mucho
animal suelto, y cercar se lleva bastante dinero, además, los peones no le
echaban ganas a trabajar... como los peones eran los mismos dueños pues
no le echaban ganas al trabajo, pensaban en trabajar poco y ganar... y ahí
también se iban los gastos... fíjese unos diez peones que se sentaran a
platicar una hora, ya era más de lo de un peón... Y cuando estaba el
representante del ingenio sí trabajaban, pero se iba y los peones a
sentarse... nos conformábamos con tener trabajo y que nos rayaran en el
ingenio, cada ocho días: aunque no alcanzara uno nada, pero decíamos:
“siquiera tenemos trabajo”. Si hubiera vivido Melquiades sí hubiera
funcionado la cooperativa porque él llevaba todo bien, él economizaba
mucho en el trabajo.
Ya cuando se acabó esa siembra, que se vino el tiempo de voltear, ya cada
quien sembró lo suyo, fue cuando hicimos el contrato a nombre de Luis mi
hijo, el segundo de los varones, porque era muy enfermizo... Todo lo hace
uno por el Seguro.(Olegario Rosas, esposo).

Cuando los hijos fueron creciendo...


Olegario, mi marido, trabajó mucho. Lo que lo amoló fueron las mancuernas, sus
compañeros de trabajo... En lugar de llegar a la casa con la raya, llegaban a la
cantina. Ahí comenzó a enfermarse: llegaba bien tomado los sábados, al otro día se
sentía muy mal, de ahí ya se la curaba los domingos, de ahí se fue al lunes, y así se
iba a trabajar, bien mal. Yo le hacía un té y le echaba un poquito de aguardiente y
así se iba a trabajar y así se fue, hasta que comenzó a tomar todos los días, se puso
mal, completamente mal. Nos hacía la vida pesada, a mí y a mis hijos, porque
llegaba del trabajo y entraba bien tomado, iba al comedor, estado todos en la mesa
comiendo, y botaba todo, insultando, gritando. Me daba tantita tranquilidad que no
hubiera nada de dinero porque si gastaba una parte de su raya, pues no era
mucho... Pero cuando recibía los alcances de la caña, me ponía yo muy mal, muy
preocupada de que fuera a tirar el dinero por ahí... me preocupaba mucho cuando

253
recibía sus centavos... Porque tú sabes, ¡esa bendición que llega de las cañas!... Que
no era mucho, eran doscientos o trescientos pesos... ¡Pero en aquél tiempo, era
mucho dinero!

Con ese dinero lo que hacía yo era pagar lo que debía, porque a veces pedía
yo en la tienda, no mucho porque yo trabajaba, pero a veces que un cachito de
carne, que alguna cosita... Para hacer esta casa, cuando venían los alcances no
agarrábamos nada, todo al banco, así compramos siete millares de tabique...
También con ese dinero, todavía en vida del difunto mi tío -Victorino-, Olegario
compró unas barrancas, una finca que queda abajo del mirador y despues compró
la finca de San Sebastián... esa se la compró en monte a un señor que se llamaba
Máximo. Entonces todavía teníamos una vaca, porque él tenía unos animalitos, y le
dije:
-Ya es la última vaquita, véndela y acompleta el dinero porque nos hace falta para
comprar...
Bueno, nos pusimos de acuerdo... los hijos estaban chicos, y si lo hicimos,
compramos esas fracciones. La que está en la barranca, nos la vendió mi tío
Victorino, y hasta eso, no lo quería vender, pero Olegario le dijo:
-No, yo no lo quiero para mí, lo quiero para mis hijos, porque el día de mañana,
¿donde van a trabajar?... La parcela no puedo partirla para todos mis hijos, tengo
que comprar para que todos tengan donde trabajar.
Y sí se la vendió, pues era para sus ahijados... Porque lo que le dejó su papá a
Olegario fue nomás la parcela y aquí donde vivimos, que es propiedad.

Ya más tarde, cuando mis hijos crecieron, dejaron de estudiar y se pusieron


a trabajar. Y sí había, no faltaba el maíz ni el frijol, ellos sembraban y todo,
entonces dejé de trabajar la loza, dejé de ir a Xalapa a vender... Cuando me hice
embarazada de Onofre, el último de mis hijos, dejé de hacer comales. Ya de ahí
solamente a cortar café... y me dediqué a que ellos se pusieran a trabajar en las
fincas, a sembrar el café. Para fincar se necesita dinero y como los hijos estaban
grandes ya me ayudaban, si Olegario me quería pegar, pues lo agarraban y el dinero
no salía de aquí. Por eso se hicieron las fincas... Se pusieron a trabajar mis hijos y

254
yo me apuraba, todos los días a llevarles la comida.

Sufrimos todos por su manera de tomar, y yo les he dicho a mis hijos,


claramente:
-Cuando conocí a tu papá yo no sabía que él tenía terrenos... Y así como trabajaba
mi mamá con mi padrastro en el campo, teniendo tierras para trabajar, yo soñaba,
y mi pensamiento se iba muy lejos... Yo no soñaba en un buen caballo, yo soñaba en
los trabajos y pensaba: “¡si sembraramos todos esos campos!”...
Así soñaba yo, que se entienda, en los trabajos. ¿Cómo no íbamos a saber nosotros
del valimiento de una tierra? ¿Cómo no iba yo a saber?... si cuando tenía quince
años nos llevaban a trabajar, y veíamos las cosechas, veíamos que llegaba dinero a
la casa, buen dinero...

Cuando Onofre, el menor de mis hijos tenía diez años, hicimos esta casa.
Vino un tío, hermano de mi papá, a ofrecerse para hacerla. El era albañil y
panadero... Y nos vino a conocer:
-Ya que tú padre no tiene comunicación con ustedes -me dijo- yo no quiero
morirme sin verlos.
Porque mi mamá se había apartado totalmente de la familia de mi papá. Entonces
ya estaban grandes mis hijos, y vivíamos en aquella casita, donde ahora viven
Bertha y Evodio. Vino a hacernos el tanque de agua y como a los dos años vino a
hacernos la casa. Vino a ofrecerse, con su esposa y su hija, única, porque se le había
muerto su hijo. Entonces me dijo:
-Mira m’ija, ya le dije a tú esposo que yo vengo a trabajar, vengo a hacer la casa.
Teníamos siete millares de ladrillo del colorado... entonces yo le dije:
-Mira, con esos ladrillos yo quisiera que hicieran dos casas. Es mucho material y yo
no quiero que se haga una sola casa. La familia va a ir creciendo, son cuatro hijos y
necesitamos cuando menos que se hagan dos casas.
Pero como Olegario andaba con la bebida ni decía nada. Nada más los muchachos
opinaban, Evodio y Luis que estaban más grandes:
-No mamá, queremos 8 cuartos...
En ese tiempo todavía ninguno se casaba.

255
-Tampoco -les dije- ahorita están solitos pero el día de mañana van a traer a sus
esposas y a ellas no les va a gustar vivir todas juntas, no van a llevarse bien, como
debe ser.
Ya mejor se hizo una sola casa, que es esta. Como son cuatro cuartos entonces en
cada cuarto dormía uno de los muchachos: ahí donde tengo mi santito dormía
Onofre, en el cuarto de enmedio dormía Víctor... Fueron a Xalapa y gracias a Dios
que nos ayudó, porque con unos centavitos fueron a traer sus camitas... porque
antes ellos dormían en esos catrecitos de doblar... Se levantaban en las mañanas y
doblaban sus camitas.

El primero que se trajo a su mujer fue Víctor, ya luego enseguida, en 1980, se


casó Ebodio. Víctor y Luis no se casaron, fueron “bodas sordas”, nomás se trajeron
a la muchacha. Cuando se casó Ebodio mataron un cochino bien grande y a los
pocos días Luis se trajo a Gisela... ella nomás se vino y ni era su novia. A la que
había sido su novia la dejó plantada y esta muchacha, Gisela, se fue con él... allá
llegaron con un tío mío en Xalapa. Al otro día que se vienen... llegan y yo les dije
bien enojada:
¡Qué cosa están haciendo por allá, pasando vergüenza, la vergüenza para nosotros!
La gente habló mucho, que yo la corrí, pero no, no la corrí. Lo que hice fue que les
hablé claro y le dije a la muchacha:
-Mira Gise, te doy las gracias porque te vienes con mi hijo, pero una cosa sí te digo:
¿De veras lo quieres? Porque yo no quiero una mujer nada más para dos o tres días
y que se vaya. Esto es para toda la vida y si es así, primeramente Dios, quiero que
seas su esposa, no que seas amante o querida, vas a ser esposa. Si es así quédate, y
si no, ahorita decidan los dos, porque él tenía su novia.
Y Luis nomás agachado... le dije:
-Y tú, ¿la vas a querer como esposa?
-Sí, si la quiero.
-Bueno, si es así, a caminar como esposos, mientras que se casan...

Ya después se casaron por la iglesia y por el registro, cuando bautizaron a su


primera niña, la que acaba de cumplir quince años... Hace como ocho años que

256
están viviendo en una casita que construyeron allá donde viven sus papás de ella.

Luis se fue a vivir con sus suegros porque ellos no tienen hijos -varones-, son
puras mujeres, cinco, y entonces lo animaron a que se fuera a vivir allá con ellos. Le
dieron un pedacito para su casa... aunque él de todas maneras tiene su lote aquí.
Cuando se fue ya iban a hacer su casa aquí, pero lo convencieron allá, en casa de su
suegro y mejor allá se fue. Yo sentí muy feo de que se fuera... ya tenían su material
para construír su casa y vino un carro a llevarse todo, el block, la varilla... Ese día
en la mañana que vinieron a acarrear el material, yo mejor me fui a casa de mi
hermano Pedro, acá abajito, para no ver. Y en ese tiempo sufría yo mucho de los
nervios. No le dije a nadie que iba a salir y la pobrecilla de Gloria, mi hija, me
anduvo buscando aquí mismo, que todavía teníamos finca, apenas iban a construír.
Olegario, mi marido, me dijo:
-Que cosa quieres que haga yo... él lo decide... Es más, esas personas son buenas
gentes... Y ya ves, ahí no tienen vecindad ni nada... ¿Qué quieres que haga yo?...

Esos señores quieren mucho a los muchachos. A mis dos hijos que están casados
con sus hijas, siempre los andan afamando. Nosotros nos llevamos muy bien con
ellos. Ya desde antes que Luis se trajera a Gisela ya eramos compadres, de una de
sus hijas que se puso muy enferma y quiso que nosotros pusiéramos un
escapulario... Ya después Luis se trajo a Giserla y luego Onofre se casó con
Saturnina. Con el sacramento del matrimonio de nuestros hijos pues ya nos
encompadramos, porque cuando los padres entregan a la hija, la entregan al novio
y a los padres del novio. Entonces ya con los consuegros dice uno: “De ahora en
adelante nos vamos a respetar, si en algo te ofendí, me dispensas”... Es como una
disculpa entre nosotros, principalmente los hombres que andan por ahí en tomadas
y de repente pues se ofenden. Es como una reconciliación familiar.

Viviendo en junta
Cuando llegaron las nueras cocinabamos para todos allá, en la casa donde vivíamos
-la que fue de mi suegro- y ellos dormían acá, cada quien en su cuarto. En aquel
tiempo, gracias a Dios, estábamos bien, me iba yo a traer el mandado para todos a

257
Xalapa, dos veces a la semana, y sí se economizaba. Entonces estábamos en junta,
unos se iban a trabajar en lo ajeno y otros aquí, y de noviembre a marzo en que
dura el corte, pues todos nos íbamos a cortar en lo nuestro y ese café se iba
vendiendo. De ahí se agarraba para comida y para lo necesario. Ya cuando el café se
dejaba de vender, en marzo, todavía quedaban unos quintos que duraban hasta
abril, mayo, entonces para junio, julio, agosto, hasta que llegaba la liquidación de
las cañas, yo me endrogaba en la tienda para lo más indispensable... En una tienda
que hasta la fecha es de una prima mía, ahí me daban fiado... ahí tengo mucho que
agradecerle, igual que a otra señora que se llama Juanita que me fiaba la ropa...
Gracias a Dios nunca desconfiaron, aunque vieran a mi marido tomadito, nunca
desconfiaron... Que faltaba ropa para mí o para los hijos o las nueras, ahí nos
fiaban, cuanta cosita, que trastes, todo, por abonos y ya cuando venían los alcances
ya pagaba yo.

A las nueras nunca las levanté de la cama en las mañanas, nunca les dije que
tenían que hacer esto o lo otro. Lo que hacía yo era levantarme temprano: me
paraba a lavar el nixtamal en una cubeta grande, bien llena, pues éramos muchos,
los hijos, las nueras, los nietos -Régulo y el Chati, que se criaron aquí- y nosotros
dos. Me levantaba, lavando el nixtamal y poniendo la lumbre para la olla grande de
café, una olla de peltre... y me iba al molino como a las cuatro de la mañana... Ya
cuando venía con la masa ya se estaban levantado ellas, pero todas tranquilas...
Cuando vino Saturnina, pobre chiquilla, estaba bien penquita, y Minerva no, era
bien lista, y las otras pasaban jerga, sacudían las camas, todo... Yo nunca les dije
nada... Mejor en la oración yo pedía:
-Ay Dios mío, lo pongo en tus manos, que ellas decidan, porque yo no puedo
decirles tú vas a hacer esto y tú lo otro...

Y sí, Dios me escuchó, porque unas echaban las tortillas, otra pasaba la jerga, otra
lavaba los platos, otra la comida. Porque yo no siempre estaba, con la venta del
pan, pues me iba que a cobrar, o a otros mandados. A veces me iba yo hasta dos
veces a la semana a Xalapa, a traer mandado y claro, trabajando todos juntos, no
nos faltaba nada... Y mi preocupación, mi inquietud, era que las nueras tenían que

258
tener algo de dinero, esperaban que el marido les diera de su sueldo, pero
trabajando en junta no había eso.

Y sí, a ti te lo digo, sí se sufre, sí sufrí harto cuando no había conformidad.


Por ejemplo, en la panadería había que rayarles a cada quien, a los tres, a Evodio, a
Víctor y a Luis. Y de eso yo era la que tenía la responsabilidad. Ellos iban a
ayudarme tres días a la semana, y los días que no trabajaban en la panadería pues
se iban al campo. Ya Luis, de eso se fue ayudando, iba comprando mercancía hasta
que llegó a surtir una tiendita, de él, y luego se sacó una estufa, en abonos...
¡No’mbre! los demás se me iban encima, y no los hijos, las nueras... que Luis esto,
que Luis lo otro... En ese entonces, fíjate que Dios me ayudaba todavía. En el
trabajo de la panadería me paraba yo a las dos de la mañana y paraba yo a los
nietos que todavía estaban chiquillos, Régulo y Chati. Me paraba, ponía yo el café y
me iba a la panadería que estaba aquí enfrente, acá donde están las ruinas... ya
despues llegaban los muchachos... Cuando ellos llegaban yo me iba con los
chiquillos, los traía para que se bañaran, y veía yo la hora que estaban dando las
seis... Les hacía yo una pollita, pobres chiquillos, “aunque sea les compongo un
huevo” -pensaba-.... para que se ayudaran, porque madrugaban... A bañarlos y a la
escuela. Yo al molino. Cuando regresaba del molino entonces ya ellas -las nueras-
estaban paradas.

A veces los muchachos trabajaban en lo ajeno, que los buscaban para


fumigar alguna finca o algo así. Pero casi siempre estaban en lo de la casa, porque
sí nos ayudábamos con el café, que estaba el Instituto, y también con lo de la caña,
porque teníamos al líder de la caña que era Roque: los alcances venían muy bien...
En ese tiempo aquí en el pueblo la mayoría tenían su camioneta, de que se
ayudaban con lo del Instituto del café y lo de la caña... Había yo hecho la cuenta de
40 camionetas que había en el pueblo, cual más tenía su camioneta... Cuando los
precios bajaron pues muchos han vendido sus camionetas.

Fíjate que es bonito trabajar en junta, porque así es como se trabaja bien,
vaya, no faltan las cosas. Teníamos harto maíz, teníamos de temporal y de

259
tonalmil... ¡bendición de maíz! El dinero de la caña, que entonces daban buen
alcance, Olegario se lo repartía a sus hijos casados... estaba bien... Estábamos todos
aquí sufriendo, trabajando y ayunando, pero viene el alcance y a repartirlo. Y ese
dinero era para que se comparan su ropa, lo que les hiciera falta, buen dinero. Lo
del café, también era algo. En ese tiempo que estaba el Instituto del café, en junio o
julio venía la liquidación del café, y también ese dinero lo agarraba para darle a
ellos, y para abono -fertilizante-... En ese sentido pues estábamos bien... Ya cuando
se apartaron los hijos, ya se sintió distinto. En la panadería, cuando se salieron los
tres mayores pues sí se sintió. Víctor se salió, él era el panadero y los otros dos
también, se salieron de la panadería. Entró Onofre y ya nada más eran dos
trabajando... pues ya era menos, y al trabajar menos pues ya hay menos ganancia
que cuando estaban todos. Ya dejé de trabajar la panadería cuando entró Onofre,
Victor se salió, él era el panadero y los otros dos también, se salieron de la
panadería.

Cuando repartieron Las Mesillas, que a cada ejidatario le tocó una fracción,
entonces ahí pusieron finca, la sembraron todavía todos en junta, Olegario con los
hijos. Ahí, últimamente ya se le quedó a Victor. Ese lugar que le nombran Las
Mecillas era un potrero, toda las personas podían tener su ganado, sus vacas, toros,
burros, caballos, ahí los tenían... el ganado suelto. Pero llegó el tiempo que se oía el
comentario de que la gente de El Coyol quería hacer un rancho ahí, entonces el
Comisariado de aquel tiempo repartió, a cada ejidatario le tocó una fracción ahí en
Las Mecillas... lo repartieron, sin comprar.

Las fincas de café las sembraron cuando estábamos en junta. Tenía yo los
nietos bien chicos, ya se habían casado Víctor, Evodio y Luis. La que me ayudaba en
todo ese quehacer era Gisela, la esposa de Luis. Ella me ayudó mucho porque
molíamos dos cubetas bien colmadas de masa y no alcanzaba, tenía yo que traerme
un cesto grande de tortillas aparte. Estábamos Berta, Marce y Gise, las tres me
ayudaron, pero la que más era Gisela... Y Gloria, mi hija, también me ayudaba
mucho, porque ella lavaba la ropa de sus dos hijos, de Onofre, de su papá y la mía...
Trabajando unidos con los hijos entonces pudimos hacer más, porque al ir

260
recibiendo, por ejemplo de las liquidaciones de la caña, ese dinero sirvió para
seguirlo trabajando. Entonces, como te decía, hubo la oportunidad de comprar, las
dos partes de la barranca y lo de San Sebastián, ahí se hizo una finca muy grande,
la hicieron entre todos los muchachos, los cuatro hijos. Esa ya está partida en dos,
una parte se le quedó a Onofre y la otra fracción que se le va a quedar a Saturnino.
Ahí, cuando se dio la primera cosecha -sería como en el ‘86-, que era planta nueva,
buscaron cortadores, eran veinticinco o veinteséis, y a todos esos cortadores
nosotros les dábamos de comer. Entre Gisela, Gloria, que nos ayudaba, y yo,
atendíamos a toda esa gente. Molíamos dos cubetas bien colmadas de nixtamal y
aparte me iba yo a La Concha a traer tortillas. Los cortadores venían de Yecuatla y
había que darles de comer y donde dormir. Entonces tenía yo muchas patas y les
hacía huevos de pata con salsa de chile seco con ajo, los huevos revueltos con harta
salsa, bien sabrosa. Y me decían que era yo maldosa porque les daba yo huevo de
pato. Ya despues vimos que esa gente era grosera y mejor se trajeron gente de
Providencia. Ellos venían con su familia, en camioneta, traían todo, hasta
televisión, y aquí les dábamos donde dormir y como venían las mujeres pues ya
ellas hacían su comida... Ahora ya es otro cambio porque vienen a cortar de
Carolino Anaya -una colonia de Xalapa- y ya no tenemos ninguna guerra, ni de
dormir, ni de comer, ellos van y vienen todos los días, como pueden los inocentes,
ya no se paga arrastre de ellos, ya no se les da de comer. Estas son unas personas
que verdaderamente hay que agradecerles, porque vienen a buscar a Olegario con
mucho respeto... Hasta ellos mismos vienen a ver la finca, a ver si ya está colorado
el café para empezar a cortar. Y ya cuando se llega el café pues ya ellos se juntan,
una persona se encarga de avisarles y traer a los demás, o sea que ya es menos
trabajo para nosotros... porque cuando era la gente de Yecuatla si nos costó
bastante porque había que darle de comer a todos.

Olegario ya tiene veinte años que dejó de tomar... Primero se internó pero no
aguantó y se escapó, vino a dar aquí sin sombrero, yo me enojé mucho pero ya
despues se metió al grupo de Alcohólicos... El alcoholismo es una enfermedad
incurable y todos ellos saben que todos los días tienen que hacer el esfuerzo de no
tomar. Para la mujer es muy difícil, por eso yo me metí también al grupo de Alanon

261
y me ha ayudado mucho. Yo por eso digo que Dios está en todas partes, sobre todo
en los milagros, como este... ¡Fíjate como Dios es grande!... Es un milagro que él se
haya sanado. Yo iba todos los días a la iglesia, aunque sea un ratito, diez minutos, a
pedirle a Dios... y aquí las vecinas decían:
-Ahí va Pilar con su morralito, a qué se va, viendo el problema que tiene...

...Yo siempre echándome la culpa, como si yo lo mandara a tomar y uno no tiene la


culpa de que se vayan a tomar... Llegaba de mal humor, no le gustaba la comida,
me botaba el plato, se iba bien enojado y yo pensando que ya se había ido a echar
sus tragos por mi culpa, porque no le había gustado la comida o algo que yo había
hecho mal. A veces hasta ganas me sobraban para darle su paliza, pero ¿qué ganaba
yo?... Hay que pedirle al Señor la calma. Yo tuve paciencia... Me acuerdo que mi
suegra me decía:
-Tenle paciencia a mi hijo, está joven ... a ti no te va a gustar que traten mal a tú
hijo...
Nos cuesta mucho tener fe y creer que Jesús está vivo, que él vive en cada uno de
nosotros... a mi lo que me ayudó fue la fe y entender los evangelios... Mi nuera me
dice que eso de aguantar era antes y sí, puede ser, pero si yo no hubiera aguantado,
¿quién sería yo?... ¿y mis hijos?... anduvieran rodando por ahí... Mi marido tomaba
mucho y peleábamos por eso... yo maltrataba mucho a mis hijos. Ya despues él
solito decidió dejar de beber. Y yo le doy gracias a Dios... de una u otra manera se
hace presente el Señor.

Repartiendo el patrimonio familiar...


Cuando se apartaron los hijos fue distinto... bueno, primero se apartaron de
cocina... Los tres mayores hicieron su casa y ya cada quien hacía su quehacer, su
comida. Porque en el trabajo siguieron juntos, todavía un tiempo. Como ahorita
Olegario con el nieto, Chati, que todavía trabajan los dos. El dinero del café lo
agarran para abonar, para peones, para todo lo que le haga falta a la finca, todavía
los dos, el dinero es de los dos. Y Trini, la esposa de Chati, ella hace su quehacer y
yo hago el mío... y ya cuando guisa, que hace unos tamalitos o algo, me convida,
que un cachito de carne o frijolitos, así.

262
Ya una vez que se apartaron de cocina ya vieron que no era lo mismo y ya
mejor Olegario pensó: “Ya que cada quien vea por su trabajo, que cada quien cuide
su trabajo. Lo que se les va a quedar ya que lo cuiden ellos”... Ya mejor les
repartimos a los hijos, porque en cualquier momento se puede uno morir y estos se
van a estar peleando por un pedacito... Hablando con ellos, se quedan conformes...

Quizá si lo dejo para después puede haber pleitos... a otras familias ya les
ha sucedió, que los hijos se pelean por la parcela... ya mejor cada quien con
lo suyo, que cada quien vea su trabajo... y es bonito ver que lo están
trabajando, que no lo están vendiendo... eso es triste... muchos no quieren
dejar que sus hijos sean dueños... Nosotros preferimos repartir, porque
faltando el jefe de familia pueden darse pleitos entre los hijos, en cambio
así ya cada quien queda conforme con lo que le tocó. A Evodio le quedaron
los derechos por ser el mayor, así tenía que ser, de lo contrario entonces él
si hubiera tenido motivo para incorformarse... Hace poco vinieron aquí el
Comisariado, el Secretario y el Tesorero y se hizo una acta de conformidad,
y a cada quien se le dio su parte: cuántos metros, cuántas hectáreas, a
cada quien, también a los dos nietos -hijos mayores de Gloria-. Ahorita
estamos en junta con Saturnino -nieto-, cosechando en la finca que le tocó a
él, pero yo creo que ya va a ser por poco tiempo. Yo ya no puedo ayudarlo,
así que mejor él vea por su trabajo. A nosotros nos quedó un pedacito de
finca, es poco, pero como yo casi ya no puedo trabajar, con eso es
suficiente. Yo estoy pensionado y con eso también nos vamos ayudando,
aunque solamente con lo de la pensión no alcanza...(Olegario Rosas,
esposo).

Olegario se pensionó. Como ejidatario que tiene cañal y que trabaja con el
ingenio, llegando a los setenta años y quiere arreglar su pensión tiene que pasar los
derechos a su esposa o a los hijos. Entonces Olegario me iba a pasar los derechos a
mí y fui al ingenio a firmar a las oficinas. Yo era la derechosa, pero nos pusimos a
pensar que yo no iba a poder subir y bajar para ver los trabajos... hay que andar en

263
los campos, ir al ingenio... Entonces pensamos que mejor que se entendiera el que
había quedado de sucesor... Ademas, mirando yo la necesidad de Ebodio... Bueno,
todos los hijos tienen necesidad pero éste tenía una necesidad más grande, porque
ha estado enfermo del oído, que no oye bien. Entonces un día me dijo:
-Mamá, tú te vas a quedar los derechos de la parcela, dame carta poder para tener
el Seguro.
Pues yo hablé con su papá y le dije:
-Sabes, ya mejor pásale los derechos a Evodio... El día de mañana, me llego a
morir...Ya Dios dirá... No siempre tenemos esa dicha de darle a los hijos y ni
sabemos quién va a morir primero.

Y así fue, se le quedó el derecho a Evodio. La mayor es Gloria, el segundo es Evodio.


Aquí el derecho de la parcela está en los hijos. Nosotros estamos tranquilos, y a mi
me da mucho gusto estar mirando en vida su trabajo, el trabajo de mis hijos.

A Luis se le quedó el pedacito de El Toreo, ahí tiene caña y tiene finca,


aparte otro pedacito de finca allá arriba. A Evodio se le quedó toda la
parcela allá en El Nacimiento, y el completo de parcela que está acá arriba.
En la parcela tiene la bezana y ya hizo finca en el sobrante... ahí también
siembra maicito. A Víctor se le quedó en Las Mesillas y por acá un pedazo
en la barranca, donde le compré al difunto, ahí es buena tierra para el
café... Cuando compré ya era finca, nada más que estaba abandonada, y
nosotros la compusimos. A Onofre le quedó la mitad de San Sebastián y
otro pedacito que tenemos por aquí, chiquito... San Sebastián fue donde
compré y sembramos la finca... la otra mitad se la voy a dejar a Saturnino.
Onofre tiene un pedazo que le dio su suegro, ahí tiene caña y tiene para
sembrar maíz y sí siembra, ahorita fue a doblar... y la caña pues ahorita le
da poco porque ya está perdiendo, pero si vuelve a sembrar... tiene que
voltear eso para volver a sembrar y no es fácil, cuesta y en el ingenio no
dan. A Régulo se le quedó en San Bruno, finca y para sembrar maíz, y otro
pedacito de parte de su papá y otro que tiene en los linderos. Ese era de su
papá pero también lo compusimos nosotros, cuando estábamos en junta

264
todos y ahora ya se le quedó a él... yo le dije:
-Como era de tú papá te lo voy a dar para que siembres maíz.
...Y a Saturnino, si Dios quiere se le va a quedar la otra mitad de San
Sebastian.(Olegario Rosas, esposo)

Hasta ahorita todos van bien, porque muchas veces por aquí les dan a los
hijos y por aquí están vendiendo, y ellos no, hasta ahorita, con el favor de Dios, no
han vendido, siguen trabajando. Y es lo que dice Olegario:
-Si venden, ya no vuelven a recuperar eso, porque el dinero se hace agua.
Olegario también tenía un poquito de dinero en el banco. Ese dinero, cuando se
apartaron lo repartió. Porque eso tampoco se le quedó a él... todos trabajamos,
todos tenemos derecho... De lo que tenía en el banco se los repartió a los cuatro
hijos. Ya entonces Onofre, de su alcance y otros centavos que tenía de su finca se
había comprado su camioneta de batea, pero de ahí viene toda esa calamidad y la
tuvo que vender... pues la refacción está bien cara y.... ¿de donde sacaba dinero?...
Ya mejor la vendió, se compró un cochecito gris pero despues lo tuvo que vender
también...

Otras voces….
Cuando estábamos en junta Régulo trabajaba pero no ganaba... Ya cuando se iba
a venir la fiesta nos daban para ropa y para zapatos... El que administraba era
Luis, vendían el café y guardaban el dinero en el banco... Ya despues se lo
repartieron y también repartieron el terreno. Pero del dinero del banco no le
dieron, a nosotros no nos tocó porque estaba la crisis muy fuerte. Según no le tocó
porque su abuelo de parte de su papá lo mandó traer y le dio dos pedacitos a
Régulo, y doña Pilar dijo que se lo tenían que repartir con su hermano, pero Chati
no quiso... por eso le dejaron más a Régulo. Hicieron la panadería y el horno y
esa ya se la dieron a Chati... Don Olegario le ha dado más terreno a Chati, a él le
quedó la finca más grande... hasta sus hijos han protestado... Pero yo le digo a
Régulo que no tiene por qué resentirse, su abuelo sí lo ha ayudado, lo más
importante es que lo enseñó a trabajar... (Minerva Chores, 32 años, originaria de
San Juan -nuera- esposa del nieto mayor)

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La envida de ellos es la parcela...
...Hace tres años que Evodio recibió el certificado de mi suegro, porque él todavía
no tiene el suyo. La hermana tiene envidia porque a él se le quedó la parcela, pero
nosotros trabajamos para que los hijos de ella crecieran... A mí me tocó verlos, les
lavé, les cociné... todo... eran unos chiquillos. Además lo que le tocaba a ella le
quedó a sus hijos, a uno de ellos le hicieron boda, tiene molino y tiene panadería.
Yo por eso le digo a él:
-Ustedes los crecieron y tus sobrinos ni tan siquiera agradecen...
Evodio, como era el mayor, era el que tenía que trabajar para comer... a
los doce años lo mandaban solito, a limpiar una finca con un tío que era rico...
también se iba a vender comales con su mamá... una vez se cayó la señora y se
rompieron todos los comales... Mi suego le dejó a Evodio porque fue el que más
sufrió...
Los hijos de Víctor han estudiado el telebachillerato... a Edmundo, mi hijo
mayor, no le tocó estudio... y si se le está dando -porque él va a quedar de
ejidatario en lugar de su padre-, es porque ha sufrido... Tienen envidia, pero yo
no sé que cosa pelean porque ellos también tienen buena tierra. Evodio ya no
puede trabajar en lo ajeno, nada más en lo propio... si se va temprano dicen que
es ambicioso, que entre más tiene más quiere. Cuando sus hermanos lo ayudan en
el trabajo, él siempre les paga, nunca lo hacen gratis, y sin embargo le gritan que
ellos lo han ayudado... Yo me casé el 17 de mayo de 1980... hace diecinueve años
que estoy aquí... Antes Evodio no tenía ni un quinto porque estaban trabajando en
junta, estaba como un niño, sin un triste quinto... Hace dieciséis años, cuando
nació Laura me enfermé... y fue porque me hicieron maldad... Cuando me aparté
Edmundo tenía ocho meses... me operaron de la nariz y mi mamá me llevó a su
casa... Fue cuando le dije a Evodio:
-Yo ya en junta ya no quiero vivir, si no me aparto ya no me voy...
Cuando me vine nos dejaron aquí en esta casa, tenía teja y una ventanita... De ahí
ya no tardaron en apartarse las demás nueras. (Berta Rivera, 37 años, originaria
de Chiltoyac –nuera- esposa del hijo mayor).

266
Nuevas estrategias
Onofre se quedó sin dinero por la deuda de lo del café, por eso se fue a Atlanta, a
alcanzar a sus sobrinos. Así como ellos, la mayoría de los jóvenes del pueblo se
están yendo. En casa de José ya se fueron dos nietos, aquí, dos nietos, ahorita se
van a ir tres muchachos, y se van allá, a donde está Onofre. Yo le pido al Señor que
los cuide, son trabajadores... Y yo creo que el Señor de Chiltoyac los cuida porque a
nadie le ha pasado nada... Onofre tuvo que correr 12 horas para pasar, Chati no
hubiera podido y se quería ir también... Lo que anhela Onofre es pagar su deuda y
componer su finca... Piensa estar dos años, regresa cuando su hijo Sergio salga de
la primaria. El está acostumbrado a trabajar, a sufrir, a caminar... Lo que lo ayudó a
pasar fue el grupo -de alcoholicos-, para caminar, le dio fuerza.

Ahora ha llamado varias veces a la semana, le urge hablar con Saturnina, su


esposa, para la cosa de la planta de café que está bien bonita y no quiere que se
pase. Hicieron el plantel entre él y su hermano Luis y quiere que se venda la
planta... Ahorita en eso anda Saturnina. Evodio ya le dijo a ella que lo esperara a
que le den lo de las cañas para comprarsela y eso es seguro, porque a otra gente no
la conoce.

Con el dinero que ha mandado ya se hicieran los trabajos para voltear el


cañal. Son doce o trece tareas -cada una de 500 metros-. Saturnina se ha encargado
de eso. Y estaba bien desesperada porque ella no sabía de esos trabajos... se
agarraba la cabeza y me decía:
-Doña Pilar, ¿qué hago?
-Pues tienes que entrarle criatura -le digo-, pide la bendición de Dios, que te de la
energía para que salgas adelante...
Y sí, Dios la ayudó. Dentro de dos años se cosecha y se reciben el dinero...

Ya fuimos a voltear el cañal, fuimos nosotras, Onofre ya se había ido. Y ya


nació la semilla... Primero tumbaron todo lo que es el pelillo, voltearon eso que ya
no servía y metieron el tractor. Luis, el hermano de Onofre, fue a buscar al

267
tractorista a San Antonio Teníamos que andar a las carreras, fui con doña Pilar
temprano a buscar a Luis para que fuera a traer al tractorista y ya fue el tractor
y nosotras fuimos a ver, nos fuimos a estar con los perros y con los chiquillos. Y
ya entró el tractor, pero como había muchas piedras grandes, hacía falta
sacarlas... yo fui a sacar algunas, las que aguantábamos.. Ya después fuimos a
sembrar, con otras señoras que me busqué para que me ayudaran... ¡Ahí
estábamos, sembrando, moradas de sol!
El ingenio no dio nada, ni el polvillo que se le tiene que poner a la tierra
para la hormiga, porque si no se le pone, la semilla no nace, se la come la
hormiga. ¡Y ese polvillo costó casi quinientos pesos! La semilla si la dio el ingenio,
después la descuenta. Nosotros tuvimos que pagar a los peones que fueron a
sacar la semilla y a picarla. (Saturinina Hernández, 31 años, originaria de
Chiltoyac –nuera- esposa del hijo menor).

Epílogo (Régulo Tejeda Rosas, 32 años, nieto mayor)


... Ahora me gusta más el olor del dinero porque la tierra no se puede comer...
Desde que era chico el trabajo del campo me emocionaba. Yo trabajaba tirando
abono... me iba yo con mis tíos, ahí nos quedábamos a dormir en los campos de
caña, hacían las casas de zacate y ahí nos quedábamos. Yo me quedé dos veces,
tenía yo 8 o 10 años, pero una vez me enterré una espina y ya no quisieron
llevarme. Yo disfruto mucho el olor de la tierra cuando llueve... Me acuerdo en el
92, cuando la crisis del café que me tuve que ir a trabajar de ayudante de
albañilería en “Xalapa 2000”. Me sentía muy mal, como los pájaros cuando se los
vienen a robar para llevárselos a la ciudad... Yo soy feliz sentado abajo de una mata
de café. Me pagaban como maestro albañil y me tocaba dirigir a quince gentes, y
aunque gozaba de privilegios no me acostumbré a estar en Xalapa... el bastimento
no lo puedo disfrutar con la leña de la construcción, yo quería la leña del campo...
En las tardes, cuando agarrábamos el servicio para regresar, la gente en la ciudad
nos veían con asco... aquí se baña uno en la tarde, no es como en Xalapa... y yo
sentía las miradas de la gente... El cansancio, el sudor del trabajo del campo, yo
todo eso lo disfruto... si me dieran a escoger entre una camioneta o un caballo
bonito, yo escogería el caballo...

268
...cuando el campo no da pues te tienes que ir a otra cosa... Todo empieza por la
crisis de los productos del campo. Aquí se cultiva la caña de azúcar y el café como
fuertes, maíz nada mas para el gasto... y el frijol... pero si el café no vale, no sirve,
no alcanza, ni la caña, pues los que tenemos caña o café pues no tienen dinero para
vivir, para comer... qué hacen, pues se van para Xalapa de albañiles, en unos seis
meses, un año, ya son albañiles... o de ayudantes de eléctrico, de fontanero, de
balconero, soldador, carpintero... pero después pasa lo de la India María, que no
eres de aquí ni eres de allá... ratos eres campesino y ratos eres mil usos... pero
porque no puedes ser campesino siempre, por el bajo precio de los productos... Si el
café valiera pues sigues siendo campesino todo el año, tienes de donde comer,
tienes con qué abonar, podar o hacer lo que le tienes que hacer a la finca o al
cañal... Lo único que beneficia a los que tienen caña es el seguro... Eso es lo que
orilla a los de Chiltoyac a que se vayan a otros trabajos, a irse al extranjero... a lo
mejor muchos vemos que se van por al euforía... de hecho a la mayoría de nosotros
nos gusta el campo, pero el campo o el ejido se está acabando... algunos tienen sus
parcelas y lugares donde cultivar pero como no reditúa el café pues tienes que
buscar la forma o te mueres de hambre.

269
FAMILIA ROSAS CARRILLO
CHILTOYAC, MPIO. XALAPA, VERACRUZ, 2001    

                                                                                                                               
 
1 = 2  

 
 
                        = =   4 3 5                 =
6 7                                                              8 = 9                                                                

10=11        12=13  
 

 
 
14 =     =               =                
15 16 17 18 19 20 21 22 23              

24=25  26   27      28      29                30  

 
 
                     
31 32                                                                                35    
33 34  

 
 
 
 
 
 

 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

270
Familia Rosas Carrillo
1. EGO. Pilar Carrillo Martínez. 71 años.
2. Olegario Rosas. 73 años. Ejidatario de la 2ª. Generación.
3. Gloria Rosas Carillo. 55 años. Viuda en 1970. Actualmente casada. Vive en el
solar de su marido.
4. Nereo Tejeda. Murió en un accidente en el arenal en 1970.
5. Julio Cortés. Comunero.
6. Ebodio Rosas Carrillo. 52 años. Primogénito. Ejidataria de la 3ª. Generación.
Finca de café, caña y siembras de maíz. Habita en el solar paterno. Estudio
hasta 3º. De primaria.
7. Berta Rivera. 37 años. Esposa de ejidatario. Esposa de Ebodio. Originaria de
Chiltoyac.
8. Luis Rosas Carrillo. 49 años. Comunero. Finca de café y de caña. Habita en el
solar de sus suegros. Estudio la primaria completa.
9. Gisela Hernández Hernández. Esposa de Luis. Originaria de Chiltoyac.
10. Víctor Rosas Carrillo. 46 años. Comunero. Finca de café. Albañil. Habita en el
solar paterno. En 1995 estuvo trabajando en Guadalajara. Estudió la primaria
completa.
11. Marcelina Alarcón. 45 años. Esposa de Víctor. Originaria de San Juan.
12. Onofre Rosas Carrillo. 37 años. Comunero. Finca de café, siembra de maíz y
cañal (herencia por parte de la familia de su esposa). Estudio la secundaria
completa. En 1995 estuvo en México y en Oaxaca trabajando, posteriormente
volvió al pueblo. En octubre del 2000 se fue como trabajador ilegal a la ciudad
de Atlanta, E.U. (se fue a alcanzar a sus sobrinos Beto (18) y Víctor (27) Piensa
volver en julio del 2002 para la graduación de primaria de su único hijo. Su
esposa y su hijo viven en el solar paterno. Comparten parte de la vivienda con
sus padres.
13. Saturnina Hernández Hernandez. 35 años. Esposa de Onofre. Originaria de
Chiltoyac. Estudió la secundaria completa.
14. Régulo Tejeda Rosas. 32 años. Huérfano de padre desde los 2 años, se crió con
sus abuelos maternos. Habita en el solar de su abuelo. Estudió la secundaria
completa. Fincas de café y siembras de maíz. En 1995 estuvo trabajando en
Xalapa como albañil. Fue Agente Municipal durante el periodo 1997-2001.
15. Minerva Chores. 32 años. Esposa de Régulo. Originaria de San Juan. Estudió la
secundaria completa.
16. Saturnino Tejeda Rosas. 31 años. Huérfano de padre desde su primer año se
crió con sus abuelos maternos. Habita en el solar de su abuelo. Estudió la
secundaria completa. Actualmente trabaja una finca de café “en junta” con su
abuelo. Heredó el horno de la panadería, sin embargo lo ha dejado de trabajar.
17. Trini Ortiz Ortiz. 32 años. Esposa de Saturnino. Originaria de Chiltoyac.
Estudió la secundaria completa.
18. Beto Cortés Rosas. 25 años. Esta en Atlanta, Estados Unidos como trabajador
ilegal desde noviembre de 1999. Se fue con su primo hermano (27).
19. Marisela Cortés Rosas. 18 años. Estaba estudiando el telebachillerato cuando se
casó. Habita en el solar de sus suegros.
20. Esposo de Marisela. Estuvo un tiempo trabajando en la ciudad de México.

271
21. Edmundo Rosas Rivera. 20 años. Heredero potencial de los derechos ejidales
(ejidatario de 4ª. Generación). Trabaja en las labores del campo “en lo propio y
en lo ajeno”. No terminó de estudiar la secundaria por las necesidades
familiares y personales, prefirió dedicarse a trabajar. Esta pensando en la
posibilidad de irse un tiempo a trabajar a E.U., sin embargo hasta ahora no se
ha decidido.
22. Laura Rosas Rivera. 17 años. Vive con sus padres y trabajo como empleada en
una tienda de dulces en Xalapa.
23. Celestino Rosas Rivera. 12 años. Estudia la primaria.
24. Irais Rosas Hernández. 17 años. Casada. Estuvo un año en Tijuana con su
esposo. Actualmente regresaron, viven en la casa de sus suegros y piensan
regresar a Tijuana.
25. Esposo de Irais. Originario de Chiltoyac.
26. Nieta menor. 2 años
27. Víctor Rosas Alarcón. 20 años. Estudió el telebachillerato completo. Esta en
Atlanta, Estados Unidos como trabajador ilegal desde noviembre de 1999.
28. Nieta. 18 años. Terminó el telebachillerato.
29. Nieta. 17 años. Terminó el telebachillerato.
30. Sergio Rosas Hernández. 11 años. Termina la primaria en 2002.
31. Nereo Tejeda Chores. Bisnieto. 16 años. Terminó la secundaria. Estudió un
curso de computación en Xalapa. Postuló para una beca para estudiar el
bachillerato y la universidad en Chapingo pero no fue aceptado.
32. Pilar Tejeda Chores. Bisnieta. 2 años.
33. Clara Tejeda Ortiz. Bisnieta. 5 años.
34. Bisnieta. 3 años.
35. Bisnieta. 1 año.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

272
 Superficie ejidal cultivada por ejidatario en Chiltoyac, 1983.
Municipio de Xalapa, Veracruz.
(hectáreas)  
 
EJIDATA CAÑA CAFE MAIZ OTROS * TOTAL
RIO
1   1.25   0.75   0.25   1.50   3.75  
2     2.75   0.50   1.25   4.50  
3     1.25   0.25   0.75   2.25  
4     4.0   1.50   0.75   6.25  
5   1.85     0.25   2.50   2.60  
6   4.0   2.25     8.0   14.25  
7     0.50   0.25   0.75   1.50  
8     2.25   0.25     2.50  
9   1.10   4.75   0.50   0.50   6.85  
10   1.20   3.0   1.50   0.25   5.95  
11   1.80   0.25   0.50   1.0   3.55  
12     3.50   1.25   1.50   6.25  
13     3.50     2.50   6.0  
14   2.15   0.50     5.0   7.65  
15   0.80   2.75     1.0   4.55  
16     1.0   2.0   2.0   5.0  
17   0.40   1.50   0.25   1.0   3.15  
18   0.40   1.75   1.0   0.25   3.40  
19   0.40   0.75   0.25   1.75   3.15  
20     0.75   1.50   1.0   3.25  
21       0.75   0.75   1.50  
22   0.40   2.0   0.50   0.75   3.65  
23   0.85   5.0   2.0     7.85  
24   2.80     1.0     3.80  
25   1.25       2.0   3.25  
26   1.55   1.0   1.50     4.05  
27   6.40   0.75   0.25   10.75   17.75  
28   1.15   0.50   0.50   1.25   3.35  
29     4.50   0.75   2.25   7.50  
30     2.75   3.0   1.75   7.50  
31   0.75   2.50     4.0   7.25  
32   3.75   0.75   1.0   4.50   10.0  
33   1.25   1.25   1.50   0.25   3.25  
34   1.65   0.50   0.25   1.50   3.90  
35     5.50   0.25   0.50   6.25  
36   0.90   1.0   0.50   0.50   2.90  
37   1.10   0.50   1.0   0.25   2.85  
38   1.90   3.75   0.50   0.25   6.40  
39   1.50   7.75   0.75   0.25   10.25  
40   1.55   1.50   0.25   1.25   4.55  
41   1.50     0.75   0.25   2.50  
42   5.0   2.25   0.75     8.0  
43   1.10   0.50   0.25     1.85  
44     1.75   1.50   0.75   4.0  
45   2.15   1.75   0.25   2.0   6.15  
46   5.55   6.0   0.50   1.0   13.05  

273
47   1.20   2.75   0.25   0.75   4.95  
48   1.90   6.25   0.25   10.75   19.15  
49   0.70   4.0   0.25   1.0   5.95  
50     4.25   0.75     5.0  
51   10.0   5.0   0.75   3.75   19.50  
52   3.15   3.75     2.50   9.40  
53   1.75   3.25   1.0   2.0   8.0  
54   1.25   1.75   0.75   1.25   5.0  
55   3.50   0.50   0.50   1.75   6.25  
56   0.95     0.25   1.0   2.20  
57   1.10   3.75   0.50   0.25   5.60  
58   5.25   1.75   2.25   6.50   15.75  
59   1.20   0.75   1.0   1.25   4.20  
60     0.50     0.50   1.0  
61   0.50   0.50     3.75   4.75  
62   1.15   5.75     0.50   7.40  
63   2.50   4.50   0.50   1.0   8.50  
64         2.0   2.0  
65     1.25     3.75   5.0  
66   3.30   2.50   0.25   0.75   6.80  
67   1.25   5.0     3.25   9.50  
68   1.85   0.25   0.75     2.85  
69     0.50   0.75   0.75   2.0  
70   2.05     1.0     3.05  
71   0.70   5.75   0.50   3.50   10.45  
72   2.15   5.75   0.75   2.25   10.90  
73   1.10   1.25     1.25   3.60  
74   2.55   2.75   1.50   0.50   7.30  
75     0.25   0.75   1.0   2.0  
76       0.50   1.50   2.0  
77   0.45   0.25   0.50   1.0   2.20  
78     3.75   1.25     5.0  
79   1.50   0.50   1.50   1.75   5.25  
80   1.50   2.75   1.0     5.25  
81     2.75     1.25   4.0  
82   2.45   6.25   0.50   1.50   10.70  
83   3.70   4.0   0.25   1.25   9.20  
84   0.90   0.75   0.75   1.75   4.15  
85   0.45   1.25   0.50     2.20  
86   2.50   2.75   0.50   0.25   6.0  
87   1.25   0.50   0.75   4.50   7.0  
88   1.0   0.75       1,75  
89   3.25   4.25   0.50   2.0   10.0  
90     1.50   0.75   1.0   3.25  
91   0.50   1.50   0.25   3.75   6.0  
92   1.60   1.75   0.50   11.25   15.10  
93   0.85   0.50   0.25   0.75   2.35  
94   1.45   2.25   0.50     4.20  
95   5.40   3.50     8.50   17.40  
96   1.0   1.0       2.0  
97   2.75   0.75     1.75   5.25  
98   2.85   5.0   0.25   2.50   10.60  
99   1.85   8.0   0.50   2.75   11.10  

274
100   0.50   3.50   1.75   3.0   8.75  
101   0.80   1.0   0.25   2.0   4.05  
102   2.75     1.25   6.0   10.0  
103   1.35   5.75   0.25     7.35  
104   4.45   3.75   1.0   0.50   9.70  
105   1.25   2.0   0.75   4.25   8.25  
106   1.0   0.75   1.0   1.25   4.0  
107   1.0   1.50   0.75   0.75   4.0  
108   3.75   0.75   0.25   1.0   5.25  
109   0.65   2.75   1.0   5.0   9.40  
110   2.60   1.0   2.75     6.35  
111   2.80   2.50   0.75   0.50   6.55  
112   1.80   1.0     1.75   4.55  
113   1.15   2.0   1.0   1.0   5.15  
114   2.0   2.75   0.25   2.0   7.0  
115   0.75   0.50   0.25   0.75   2.25  
116   0.85   0.75     1.50   3.05  
117   0.45   0.25   0.50   1.0   2.20  
118   2.20     0.25   1.0   3.45  
119   1.0   0.25   0.25   0.75   2.25  
120   0.30   2.75     1.25   4.30  
121   2.15   2.50       4.65  
122   1.25   0.50     0.75   2.50  
123   2.03   0.50     1.0   3.53  
124   1.50   1.50     3.25   6.25  
125   2.35   2.0     1.25   5.60  
126   1.10   1.25   1.75     4.10  
127     1.0   1.0   2.25   4.25  
128   0.90   0.50     0.75   2.15  
129   1.50   0.25     1.25   3.0  
130   0.80     0.50   1.0   2.30  
131   1.50   0.50   0.50   2.0   4.50  
132   2.0   0.75   1.25     4.0  
133   0.40     0.25   0.75   1.40  
134   1.20   0.25   1.0   1.25   3.70  
135   1.10   0.50   0.50   1.0   3.10  
136   1.00   1.25   0.75     3.0  
137   3.25   5.75   0.75   17.0   26.75  
138   2.0   1.0     1.0   4.0  
Parcela 3.70     2.0   1.50   7.20  
Escolar
Tronconal   15.0       15.0  
invasión
TOTAL 210.78    has.   293.75    has.   81.75    has.   247.50    has.   833.78  has.  
TOTAL DE  
SUPERFICIE 833.78  has.  
REGISTRAD
A
• OTROS: Incluye: barbecho, monte, potrero, terreno desmontado, plátano y rastrojo
acahualado.
Elaboración propia en base a el Acta de Inspección Ocular practicada en los terrenos ejidales de
Chiltoyac complementaria a la Investigación de Usufructo Parcelario Ejidal, el 23 de mayo de

275
1983, Municipio de Xalapa, Estado de Veracruz. RAN. Exp. Derechos Agrarios.
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CONCLUSIONES

A través de este trabajo he querido dar cuenta del proceso histórico en el que
se configura una cultura campesina local. Hemos visto a un grupo de pobladores
rurales reproduciendo cotidianamente su vida, desplegando prácticas y estrategias
cambiantes en el marco del desarrollo capitalista de la agricultura mexicana. Mi
atención estuvo dirigida a entender la forma compleja y contradictoria en que estos
campesinos han construido su identidad. En este sentido este trabajo contribuye a
esclarecer, desde el ámbito de una pequeña sociedad rural, el tema de la condición
de los campesinos y del lugar que ocupan, como sujetos sociales, en la sociedad
actual. Este trabajo de investigación antropológica nos permite ver la naturaleza
contradictoria y ambigua de la experiencia histórica y cotidiana de estos
campesinos-ejidatarios, quienes han sido, a la vez, productores de
autosubsistencia, artesanos, jornaleros, cafeticultores, cañeros y trabajadores
urbanos. Constatamos de esta manera la importancia de incorporar esta
multidimensionalidad de experiencias en el estudio de las poblaciones rurales para
entender los procesos culturales involucrados en su configuración como grupos
sociales.

El objetivo central del trabajo estuvo encaminado a encontrar los ejes


alrededor de los cuales se configuró una cultura campesina al seno del sistema
ejidal de tenencia de la tierra, en el caso de productores fuertemente integrados a la
economía agrícola capitalista, a través de los sistemas agroindustriales de la caña y
el café. Para esto, articulé diversas dimensiones, lo que me permitió captar la
complejidad del proceso, así como atender tanto a los aspectos estructurales como
aquellos que recaen en la acción de los sujetos: (a) La dimensión política centrada
en la lucha por la tierra, que se manifiesta a lo largo de la historia ejidal a través del
proceso permanente de creación y recreación de la comunidad, visto desde la
perspectiva de las prácticas locales en torno al ejido y al territorio ejidal. (b) El
análisis de los proceso de apropiación del ejido nos permitió observar cómo los
significados que se construyeron en torno a la tierra emanaron de las instituciones

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culturales de la comunidad –la herencia, las formas de distribución y la
configuración de un mercado local de tierras ejidales-. (c) La dimensión económica,
a partir del análisis del uso de la tierra asociado con los procesos de la reproducción
material; (d) La integración plena de la reproducción material a la economía de
mercado utilizando formas “tradicionales” de organización; (e) Las estrategias
cambiantes de los campesinos para sobrevivir a lo largo de la historia ejidal; (f) La
dimensión de la vida privada, la síntesis de la historia social, la historia singular de
una familia que da cuenta de la complejidad de estos procesos y que nos permite
incorporar, desde las profundidades de la vida privada, las dimensiones de género y
generacionales en esta historia.

Hemos visto cómo la identidad de los campesinos de Chiltoyac se construye


a partir de una diversidad de formas de subsistencia. Las distintas actividades
productivas en las que hasta ahora sustentaron su reproducción, han coexistido al
interior de las unidades domésticas, a pesar de la diversidad de formas de
organización y de racionalidades implícitas en las actividades. Un aspecto
importante en este sentido lo constituye, desde luego, el predominio de los cultivos
comerciales y la inserción subordinada de los campesinos de Chiltoyac a la lógica
del capital agroindustrial y del Estado. A lo largo del trabajo se analizó la forma
como las distintas actividades productivas se incorporaron en la reproducción
campesina y pudimos constatar la manera en que los cultivos comerciales fueron
asumidos a través de la lógica propia de los cultivos de subsistencia; más en el caso
del café que en el de la caña. Las modalidades en que estos campesinos lograron la
diversificación y la complementariedad de las actividades productivas, nos muestra
el despliegue de estrategias múltiples de adaptación ante condiciones siempre
cambiantes. Estrategias sustentadas en la posesión de la tierra ejidal y centradas en
la reproducción de los grupos domésticos, de las familias y de la comunidad. La
noción de estrategia supone que los productores rurales construyen activamente
sus formas y patrones de organización, dentro de los límites del contexto
macroestructual cambiante (Long 1992: 36-37).

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Otras experiencias agrarias en el occidente del país nos muestran una tendencia
hacia la desintegración de las formas campesinas de reproducción en el marco del
sistema ejidal, como resultado del desarrollo del neolatifundismo, de la integración
de los sistemas agrícolas a las cadenas del capital transnacional y de la migración
hacia el país del norte (Gledhill, 1993). En Chiltoyac, el ejido, asociado con la
producción de cultivos de plantación organizados bajo el control del Estado,
proporcionó el marco dentro del cual la comunidad campesina pudo reproducirse,
dentro de un contexto local de diferenciación socioeconómica relativa, en el que
algunos ejidatarios y comuneros lograron concentrar cantidades un poco mayores de
tierra; hasta hace pocos años la gran mayoría de la población poseían al menos una
pequeña fracción de tierra ejidal y los pocos que no tenían accedían a ella a través
de los préstamos para sus siembras.

El ejido ha sido central en la configuración de la cultura campesina local. A


lo largo del trabajo he intentado mostrar al ejido como una institución que ha sido
simultáneamente un medio de inserción de los campesinos a la economía y a la
sociedad dominante y un medio de expresión de una identidad local. El análisis del
desarrollo histórico del ejido, de las prácticas sociales que le dieron contenido y que
impulsaron a generar maneras específicas de apropiación del territorio, así como
de las formas de organización social de la producción, nos permiten entender esta
paradoja de la cultura campesina local y situar al proceso de construcción de la
identidad, al mismo tiempo al interior del proceso hegemónico y en contraposición
con él. En efecto, el caso de Chiltoyac es ilustrativo de la profundidad de la
estatización de los procesos rurales en México -a través de la reforma agraria y del
impulso a la actividad agroindustrial-; sin embargo, paradójicamente puede
considerarse como un caso donde las fuerzas y los símbolos creados por el Estado
son reapropiados en función de la reproducción de una comunidad campesina
sustentada en nociones sobre la tierra y en formas de organización de la producción
doméstica y de la sobrevivencia, que escapan al dominio del Estado y del capital.  
 
A través de esta historia ejidal y del análisis de los procesos locales de
apropiación del ejido podemos observar la creación y recreación permanente de
una “tradición alternativa”, es decir de una reinterpretación y reescritura de la
historia que se centra en eventos y relaciones excluidos de la versión oficial
(Roseberry, 1989: 76), y que apunta hacia un acontecer histórico inmerso en un

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proceso dialéctico de dominación, resistencia y acomodo. Hemos visto una
tradición selectiva local en torno al ejido que se construyó sobre la base de una
historia agraria que se remonta a la época de la colonia, a través de la cual vemos a
los pobladores de Chiltoyac interactuando con el Estado en asuntos relacionados
con la tierra. De esta manera resulta pertinente preguntarse en qué medida las
formas de apropiación del ejido se sustentaron en nociones sobre la tierra, el
territorio y la pertenencia, distintas a la tradición selectiva de la reforma agraria y
que se configuran a partir de una historia agraria anterior. La respuesta a esta
interrogante apunta hacia una investigación de mayor alcance histórico, lo cual
constituye una de las limitaciones más evidentes de este trabajo. No obstante
hemos visto cómo la lucha por la tierra, enmarcada en el movimiento
revolucionario regional y nacional, se dio como un proceso de creación cultural
donde la comunidad local fue reinventada. Y cómo la fuerza de la comunidad se
puso de manifiesto en los procesos de apropiación del territorio ejidal, los cuales se
fincaron en la noción de la tierra ejidal como un territorio colectivo, base sobre la
cual se organizó la reproducción de los grupos domésticos, de las familias y de la
comunidad misma, en un contexto de expansión de los cultivos agroindustriales de
la caña y el café.

En este sentido, es posible afirmar que la comunidad ha sido el medio para


garantizar las condiciones de reproducción, y el ejido ha proporcionado el marco
político, tanto al interior del contexto local, como en relación con las agencias
gubernamentales y el capital agroindustrial. Más allá de su importancia económica,
el ejido se revela como instancia de disputa sociopolítica a nivel local. Al seno de la
organización ejidal se ha llevado a cabo el proceso permanente de construcción y
reconstrucción de la hegemonía comunal, en donde los actores locales se debaten
en torno a las formas de gestión y de distribución de los recursos –materiales y
simbólicos- y establecen las relaciones con actores sociales externos.

La fuerza de la comunidad y la centralidad del ejido se manifiestan en las respuestas


exhibidas en relación con la nueva ley agraria. No exentas de contradicciones y
tensiones locales, estas respuestas nos muestran la relevancia de una organización
ejidal apropiada localmente. La nueva ley pone al descubierto el carácter del ejido

280
como espacio de disputa política a nivel local. Como en muchos ejidos del país, en
Chiltoyac, la incorporación al programa ha sido un asunto que ha intensificado la
discusión entre los usufructuarios de tierra ejidal (Corneluis y Myre, 1998; Frye,
1993; Gómez, 1998; Nuijten, 1998; Snyder y Torres, 1998; Stephen, 1994;
Zendejas, 1995). En estos debates, a veces no tan explícitos –en el caso de
Chiltoyac-, se exhiben intereses contrapuestos y se manifiesta el carácter
heterogéneo de la comunidad. En un contexto local de diferenciación
socioeconómica, la comunidad se ha venido construyendo, no tanto en torno a
valores o significados compartidos sino alrededor del hecho de que los miembros de
la comunidad están involucrados en el mismo argumento, en el mismo
razonamiento, en el mismo discurso, en donde las diversas estrategias, los intereses
y las interpretaciones en conflicto se debaten. Lo que conforma a la comunidad es el
discurso (Sabean, 1984: 29-30, en Smith, 1989: 233).

Parece pertinente preguntarse por qué el ejido de Chiltoyac no ha ingresado al


Procede. La posible respuesta a esta pregunta exhibe las complejidades de las
realidades rurales en la actualidad. De entrado estamos frente a un ejido que se ha
constituido históricamente como un espacio bastante autónomo en relación con los
proyectos e intervenciones gubernamentales; autonomía que, como se ha
argumentado en otros trabajos, no necesariamente implica democracia o consenso
(Baitenmann, 1998; Zendejas, 1995). Por otra parte, la negativa a incorporarse al
programa parece provenir de la élite ejidal, quien defiende su posición de poder al
interior de la comunidad. Finalmente es posible que estemos frente a una
manifestación de resistencia a las políticas gubernamentales de privatización del
ejido, ya que aunque no se manifieste abiertamente y la decisión de retrasar el
ingreso al programa obedezca a razones múltiples y contradictorias, parece evidente
que la respuesta es una estrategia defensiva frente a la introducción de reformas que
pongan en peligro la relativa estabilidad de la comunidad y sobre todo la posesión
de la tierra dentro de los límites locales. No se trata de argumentar a favor de la
existencia de una comunidad de ejidatarios que deliberadamente se abstengan de
participar en los programas gubernamentales como parte de un proyecto mayor, ya
que sus actitudes hacia el programa de certificación han sido ambiguas y cambiantes
de acuerdo a las situaciones coyunturales. En suma, más que encontrar una
oposición abierta y declarada, lo que encontramos son actitudes complejas que
combinan elementos de resistencia y acomodo (Nuijten, 1998: 345; Stephen, 1994).

Como se señaló en el segundo capítulo, las respuestas de los ejidatarios a la nueva


ley agraria han mostrado ser muy heterogéneas en los distintos espacios locales. En
algunos estudios realizados en otras regiones se muestran respuestas favorables a la
implementación del Procede como parte de las estrategias de los campesinos para
lograr su autonomía; sin embargo en ninguno de ellos se contempla la disolución del
ejido como opción, es decir, los ejidatarios quieren el certificado que ampara la
propiedad individual de la tierra y a la vez sostener el espacio de organización del
ejido (Gómez, 1998; Stephen, 1994). El caso de Chiltoyac nos muestra la diversidad
de estrategias y respuestas que los campesinos mexicanos despliegan como parte de
una dinámica contradictoria de “resistencia en un marco de adaptación” (Stephen,

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1994: 35). Al perder relevancia en el ámbito de la reproducción material, el ejido
pasa a ser espacio de organización de prácticas políticas (Zendejas, 1995). De
hecho, a nivel nacional, únicamente el 0.23% de los ejidos han adoptado el régimen
de propiedad privada (SRA, 1999).

En Chiltoyac, la nueva ley agraria está siendo evaluada en el contexto de otros


cambios estructurales. El significado de la tierra y del ejido se está transformando,
no solo a raíz de la reforma ejidal, sino también como resultado de los siguientes
procesos: (a) la redefinición de las relaciones de los campesinos con el Estado, (b) la
crisis agrícola regional y nacional, (c) el crecimiento de la mancha urbana de la
ciudad de Xalapa hacia el ejido, y (d) el proceso migratorio acelerado hacia los
centros urbanos de Estados Unidas. Los pobladores de Chiltoyac no solamente están
enfrentado una redefinición de su identidad como ejidatarios y de lo que esto
significa en sus relaciones entre ellos a nivel de la comunidad y con el Estado, sino
también viven una crisis de su identidad como cafeticultores y en general como
productores agrícolas. En este contexto es posible afirmar que actualmente se vive
un proceso profundo de reconfiguración de la cultura y las identidades, un proceso
intenso de producción cultural, de reelaboración de significados, dentro del cual la
tierra, el trabajo agrícola y el ejido se empiezan a valorar más en función de
aspectos vinculados con la pertenencia y la identidad que con los procesos de
reproducción material. O bien, como se señaló antes, el ejido puede perder
relevancia en la reproducción material de los ejidatarios, comuneros y pobladores
sin tierra; sin embargo, ser el espacio de la organización política y la representación
comunitaria (Zendejas, 1995); consolidarse en “el vehículo de expresión de los
campesinos en cuanto clase” (Gómez, 1998: 203).

La reestructuración neoliberal y las transformaciones de los complejos


agroindustriales del azúcar y del café se están expresando en una profunda crisis
agrícola regional. Los cafeticultores están viviendo una creciente
transnacionalización y monopolización del mercado mundial del grano, lo cual ha
puesto en entredicho el lugar fundamental de la cafeticultura en los procesos de
reproducción. Esto los enfrenta con el desafío de transformar las formas en las que
hasta ahora habían asumido esta actividad productiva. La situación actual de los
mercados internacionales del café exige que los pequeños cafeticultores
reconviertan sus plantaciones y transformen su tecnología para incorporarse a los
nuevos nichos de mercado del llamado café gourmet, lo cual requiere de
organización, de recursos y de nuevos conocimientos tecnológicos -para el cultivo
de café orgánico o de café sustentable, por ejemplo-(Porter, 2000).

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El proceso migratorio reciente responde a una situación crítica de carencia
de alternativas locales de desarrollo agrícola, sin embargo en la medida que se
extiende aceleradamente, trasciende la esfera puramente económica, impactando
todos los niveles de la vida social y cultural de las localidades y de la región en su
conjunto. La migración internacional, nos dice John Gledhill (1990), ha sido
tradicionalmente una acción social espontánea de los campesinos para resolver los
problemas de su reproducción. Para los pobladores de Chiltoyac, la migración
actual esta siendo considerada como la única alternativa viable de subsistencia;
además constituye un medio a través del cual los jóvenes experimentan otras
formas de vida. A pesar de los riesgos que se viven para ingresar como inmigrante
indocumentado al país del norte y de las implicaciones emocionales de alejarse de
sus familias y de la localidad, la mayoría de los migrantes se adaptan rápidamente a
las nuevas condiciones de vida; establecen comunicación cercana con sus
localidades y participan de la vida familiar y social comunitaria a través del envío
de dinero y de una comunicación telefónica permanente. Los procesos de
reproducción de las familias y de las comunidades se sustentan creciente y
primordialmente a partir de las remesas de los migrantes, y la vida social empieza a
girar en torno a la constante salida de hombres y mujeres a trabajar a las ciudades
de Estados Unidos. La integración de los pobladores a estos circuitos
transnacionales genera procesos de transformación en todos los niveles de la vida
cotidiana; las categorías culturales propias de otras formas de vida empiezan a
formar parte de las condiciones cotidianas de existencia en Chiltoyac.

En toda la región, el proceso migratorio de trabajadores ilegales hacia


Estados Unidos se presenta como un fenómeno central en la construcción de la
nueva ruralidad (Llambi, 1996). De esta manera, los pobladores de las pequeñas
localidades se acercan aún más a los llamados “sujetos poscampesinos” (Kearney,
1996), cuya identidad se integra de manera compleja a partir del entretejimiento de
múltiples categorías culturales. Ante este proceso de transformación en marcha,
parece pertinente cuestionarse en relación a los significados y al papel de la tierra,
del ejido y de la comunidad en el futuro; y sobre todo, cómo estos significados van a
incidir en los procesos de reproducción de las familias y de las comunidades

283
campesinas en el actual contexto macroestructural. La migración se está viviendo
por quienes se quedan como un proceso desintegrador a nivel de las familias y de
las comunidades. De hecho, la velocidad con la que se ha dado en algunas
localidades de la región es sorprendente. No sabemos como se redefina el
significado y el papel del ejido en el nuevo contexto, sin embargo es posible que,
como en el pasado, al menos en el caso de Chiltoyac, la comunidad se reinvente
nuevamente, dando lugar a procesos que construyan alternativas para sus
pobladores.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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