INVALIDACION:
Los actos administrativos, como hemos podido saber, pueden extinguirse, en general por dos
causas: En razón de ser contrarios al interés público, o en razón de los vicios que lo afectan, en
este último caso, el retiro de los actos viciados, toma el nombre de invalidación.
Por regla general la extinción de los actos viciados corresponde a los órganos jurisdiccionales,
cuando ocurre ello se habla de nulidad.
En este contexto, entonces, podemos sostener que el concepto de validez del acto administrativo,
nos lleva a otra especie de retiro, a la invalidación, esto es, la sanción que el propio órgano
administrativo puede imponer a sus actos de viciada estructura, mediante la emisión de un acto
que lo invalide, pudiendo emitirlo el propio órgano emisor del acto, el superior jerárquico o un
órgano especial de control.
El fundamento de la invalidación es la mantención del principio de juridicidad, por lo tanto, son los
vicios del acto administrativo los que mueven a la Administración a extinguirlo, para restablecer el
imperio del derecho quebrantado.
Por lo tanto, la invalidación y la nulidad sólo son formas de invalidez que se distinguen por el
órgano declarante, pues ambas se dirigen en contra de un acto administrativo viciado; ambas
tienen como objetivo esencial su extinción; ambas tienen como finalidad última velar por la
conformidad de la actividad realizada por la Administración con el ordenamiento jurídico vigente,
con el principio de juridicidad.
No obstante, esta diferencia meramente formal tiene gran importancia, la invalidación se realiza
mediante un acto administrativo; en cambio, la anulación se realiza mediante una sentencia. De
esta diferencia pueden extraerse las siguientes consecuencias:
- La nulidad presupone el ejercicio de una potestad jurisdiccional; la invalidación es el
ejercicio de una potestad de control administrativo;
- La anulación se produce siempre a petición de parte (recursos impugnatorios); en cambio,
la invalidación puede producirse tanto a petición de parte, tanto como de oficio por la propia
Administración, ejerciendo la potestad de tutela o autocontrol;
- La nulidad produce cosa juzgada, en el sentido que habiéndose denegado no cabe una
nueva impugnación; en cambio, la invalidación, denegada, cabe impugnarla ante la judicatura.
Vicios que pueden afectar la legitimidad de un acto administrativo:
a) Violación de ley;
b) Incompetencia;
c) Desviación de poder; y
d) Vicios de la voluntad.
El acto se entiende viciado cuando carece de todos los elementos que le otorgan conformidad con
el derecho, en el momento de su emisión o, bien, cuando algunos de ellos adolecen de
irregularidad.
REQUISITOS:
a) Un acto viciado, que sea necesario extinguir;
b) Un órgano administrativo dotado de potestad de controlador o de autotutela para
eliminarlo; y
c) Un nuevo acto administrativo, emitido en ejercicio de esa potestad, que tenga por objeto
eliminar el acto viciado.
INVALIDACION POR EL MISMO ORGANO QUE LO DICTO:
Se puede ejercer de oficio, en mérito de su facultad de autocontrol o, bien, mediante las
impugnaciones, a través del llamado recurso de reconsideración.
Su competencia para invalidar un acto puede extinguirse por dos causales genéricas:
- La competencia se agota con la sólo emisión del acto viciado, vgr. reglamento delegados; y
- Un agotamiento después de dictado el acto, como consecuencia del transcurso de cierto
lapso que haga intangible el acto emitido, consolidando de manera definitiva los derechos
derivados de dicho acto, por razones de seguridad jurídica.
INVALIDACION POR EL SUPERIOR JERARQUICO:
Deriva del principio de jerarquía el hecho que el superior jerárquico pueda eliminar por
ilegitimidad el acto emanado del órgano jerárquicamente subordinado. Esta invalidación también
puede ser de oficio o a petición de parte, careciendo el inferior jerárquico de la facultad para
invalidar los actos que emitiera su superior jerárquico.
También esta facultad encuentra su fundamento en el poder jurídico y genérico de controlador
que los superiores deben ejercer sobre los inferiores.
De oficio cuando ejerce control sobre el órgano inferior, esta facultad se encuentra limitada si el
órgano emisor tiene competencia exclusiva en la materia o esté autorizado para resolver en
definitiva, excluyéndose, entonces, la avocación de competencia.
Del mismo modo, el superior jerárquico puede invalidar los actos del inferior acogiendo el recuro
jerárquico, en este último caso, se tiende a tutelar los intereses de particulares, en concurrencia
con el interés público protegido; mientras que en la invalidación de oficio, se prescinde del interés
privado y sólo se protege el interés público.
INVALIDACION POR UN ORGANO CONTRALOR:
Este poder invalidatorio se debe ejercer a posteriori, puesto que si extingue un acto antes de que
termine su proceso de formación y produzca sus efectos, dicho órgano estará representándolo y
no invalidándolo.
ACTOS INVALIDABLES:
Según la doctrina que ha sostenido invariablemente la jurisprudencia de la Contraloría General
todos los actos ilegítimos pueden invalidarse, aún aquellos que tengan por objeto incorporar un
derecho al patrimonio de un particular.
No obstante, en el derecho comparado, la potestad de invalidación está limitada por el transcurso
del tiempo y, en cierto modo, por la buena fe del destinatario del acto.
El principio de la buena fe regula los efectos de la invalidación, no los limita como el transcurso del
tiempo.
En Chile, a contar de la publicación de la Ley 19.880, en conformidad con lo dispuesto en su
artículo 53, la potestad invalidatoria de la Administración Pública icio o a petición de parte,
ejercerse, previa audiencia del interesado, dentro del plazo de dos años, contados desde la
notificación o publicación del acto que se invalida. El acto invalidatorio será siempre impugnable
ante los Tribunales de Justicia
De este modo, entonces, en nuestro Derecho la potestad de invalidación tiene límites temporales
en su ejercicio, toda vez que la ley dispone un plazo dentro del cual debe ejercerse la potestad.
Que el acto sea invalidable significa solamente que no puede dejarse sin efecto en virtud del vicio
que lo afectaba; no obstante, que pueda extinguirse sus efectos por la revocación, por la
caducidad, por mutuo discenso o por decaimiento.
EFECTOS DE LA INVALIDACIÓN:
Por la naturaleza misma de la invalidación ésta no sólo detiene la producción de los efectos del
acto que se invalida, sino también se eliminan las consecuencias ya producidas del acto viciado,
por lo tanto, hay que aceptar su eficacia ex tunc, o sea, el que sus consecuencias se remonten a los
efectos producidos antes de la emisión del acto invalidatorio.
En efecto, si se trata de un acto viciado en su totalidad el que se elimina, esta eliminación debe ser
completa, por ende, desaparecen todas sus consecuencias jurídicas.
El acto de invalidación produce efectos generales, es decir, invalida el acto anterior para todo el
mundo, el acto, entonces, deja de existir tanto para el titular, como para terceros.
El titular del acto que se invalida no puede exigir de la Administración una indemnización, porque
no hay ningún derecho lesionado, sólo su buena fe le sirve para moderar los efectos de la
invalidación (funcionario de hecho).
Los terceros que cifraban sus intereses en el acto que se invalida no tienen tampoco derecho a
indemnización por parte de la Administración, ni por parte del titular del acto, cuando éste ha
actuado de buena fe.
Cuando quien invalida es un órgano de control, puede derivarse responsabilidad para el agente u
órgano emisor, si le ha cabido culpabilidad en el vicio del acto.
CADUCIDAD:
La caducidad se distingue de la revocación y de la invalidación por constituir una sanción, que
consiste en poner término a los efectos un acto administrativo regular a contar de la fecha del acto
que declara la caducidad; por lo tanto, sus efectos rigen a futuro. Consecuencialmente, los efectos
producidos por el acto durante el tiempo intermedio, esto es, desde su entrada en vigencia hasta
la declaración de caducidad, se mantienen inalterables, pues dichos efectos emanaron de un acto
regular.
La causa en la que se basa la caducidad es el incumplimiento de las obligaciones que el acto que se
caduca imponía al administrado; de modo que la Administración no podría decretar la revocación
porque ésta opera por razones de interés público y, menos aún, la invalidación pues ésta recae
sobre un acto viciado.
En el caso del acto regular que se caduca, podía haber constituido derechos a favor del
administrado o ensanchado su esfera jurídica o de poder; es una forma de extinción propia de los
contratos administrativos, no obstante, también procede respecto de los actos administrativos,
[Link]., se puede caducar un permiso.
DECAIMIENTO:
Constituye una forma de extinción natural de los efectos del acto administrativo que se produce
respecto de un acto de carácter general y de efectos ininterrumpidos o permanentes cuando, por
cambios operados en la realidad social, desaparecen o se modifican los motivos que sirvieron de
fundamento para la dictación del acto; por lo tanto éste deja de producir los efectos propios del
mismo, permaneciendo como una norma jurídica vigente sólo desde el punto de vista meramente
formal, pero estéril en cuanto a la producción de efectos. La inexistencia sobreviniente de los
efectos de un acto no produce la revocación automática del mismo, como tampoco se vuelve
ilegal o irregular, sino que tan solo se vuelve ineficaz o inaplicable.
El decaimiento del acto administrativo presenta la peculiaridad que puede recuperar su vigencia
cuando la realidad social vuelve a coincidir con la existente al momento de la emisión del acto que
experimentó el decaimiento.
ACTIVIDAD CONVENCIONAL DE LA ADMINISTRACION.
CONTRATO ADMINISTRATIVO:
La Administración dispone de potestades de poder público que la facultan para celebrar con los
particulares contratos o convenciones para el cumplimiento de objetivos, que si bien, podría
alcanzar unilateralmente, esto es, por la vía del acto administrativo, no se ha descartado de su
actividad jurídica recurrir a formas convencionales.
La Administración recurre a la modalidad contractual cada vez que resulta más conveniente al
interés general asociar los recursos económicos, tecnológicos y humanos de los particulares para
la consecución de un objetivo determinado, cuyo logro resulta más conveniente a través de la
colaboración de ambas capacidades o bien, cuando el propósito perseguido por la Administración
es imposible de conseguir por si misma.
El recurso a la vía contractual no implica, en modo alguno, un abandono o debilitamiento de las
prerrogativas de poder público de que dispone la Administración, ya que la actuación unilateral
constituye su forma ordinaria y habitual de ejercicio de sus competencias. En todo caso, cuando la
Administración recurre al procedimiento contractual está muy lejos de actuar como un particular
más en la relación contractual de que ella es parte.
CONTRATOS DE DERECHO COMUN Y CONTRATOS ADMINISTRATIVOS.
La Administración celebra un contrato de derecho común cada vez que la regulación de la
formación del consentimiento, los efectos del contrato, su extinción y el contencioso a que dé
lugar se rigen por el derecho común, esto es, por el derecho aplicable a los particulares en sus
relaciones contractuales. Por el contrario, un contrato celebrado por la Administración no es de
derecho común, cuando alguno de los aspectos señalados esté regido por normas especiales de
derecho público.
Para entender mejor a qué se refieren los contratos administrativos debemos atender al tipo de
sujeto que concurre con la Administración en la producción de la declaración de voluntad y es así
cómo los diferenciamos de los convenios administrativos, en los cuales junto con la Administración
converge otro ente administrativo y NO un particular, sea persona natural o jurídica.
DISTINCION ENTRE LOS CONTRATOS ADMINISTRATIVOS Y LOS CONTRATOS DE DERECHO COMUN:
El interés de esta distinción dice relación, en primer lugar, con la jurisdicción competente para
conocer de los problemas que se susciten en su interpretación, situación que no es el caso de Chile
y, segundo, se refiere a las normas aplicables a la relación contractual, de derecho administrativo,
en el caso de los contratos administrativos y de derecho común, civil o comercial, en el caso de las
otras convenciones.
En el caso del contrato administrativo el régimen jurídico obedece a reglas básicamente distintas
de las del derecho civil, aportando soluciones jurídicas diametralmente opuestas, en algunos
casos, a las prescritas por el derecho civil, [Link]., las cláusulas exorbitantes, es decir, el poder de la
Administración de modificar unilateralmente el objeto del contrato (ius variandi), modificación
que, necesariamente, tiene que acatar la contraparte; los poderes de dirección y de fiscalización
de la ejecución del contrato de que dispone la Administración; el término unilateral y anticipado
del contrato por parte de la Administración (resciliación) y, por último, el poder sancionatorio de
la Administración.
Las siguientes estipulaciones constituyen cláusulas exorbitantes:
1.- Establecer estipulaciones que no podrían contemplarse en un contrato de derecho privado, por
ser contrarias a la ley, debido a que contienen obligaciones que no son susceptibles de ser
libremente consentidas dentro del derecho civil o comercial;
2.- Las cláusulas que otorgan prerrogativas de poder público, ya sea a la Administración respecto
de su co-contratante, bajo la forma de poderes de acción de oficio, de resciliación discrecional, de
controles exorbitantes; como al co-contratante frente a los usuarios del servicio, bajo la forma de
otorgar derechos a percibir tarifas o privilegios de exclusividad;
3.- Estas cláusulas, en todo caso, solamente pueden estar inspiradas en propósitos de interés
general, por tanto, no son susceptibles de ser incorporadas en contratos celebrados entre
particulares.
PRINCIPIOS QUE RIGEN LA CONTRATACIÓN ADMINISTRATIVA:
1.- Desigualdad
2.- Juridicidad
3.- Mutabilidad del contrato
4.- Equivalencia prestacional
5.- Colaboración
5.- Ejecución de buena fe
1.- Desigualdad: En este tipo de contratos la Administración de Pública recibe un conjunto de
poderes que la sitúan en un plano de superioridad respecto de su contraparte, donde éste tiene
pocas posibilidades de discutir los términos del contrato, su principal manifestación sólo se
encuentra en la posibilidad de aceptar participar o no en el proceso de licitación.
2.- Juridicidad: La Administración Pública debe actuar dentro de su competencia y previa
habilitación legal para contratar, sin transgredir el ordenamiento jurídico. Pudiendo insertar en los
contratos todo tipo de cláusulas, con la única limitante que no sean contrarias al principio de
juridicidad.
3.- Mutabilidad del contrato: Se refiere principalmente a que se permite que los contratos
administrativos puedan ser modificados unilateralmente por parte de la Administración, la que se
realiza sin consulta de la otra parte contratante, no obstante, tal modificación no es arbitraria, sino
que está orientada en un cambio de la necesidad pública que lo originó, es lo que se denomina el
“IUS VARIANDI”. Con todo tal modificación hará necesaria la debida revisión y adecuación del
contrato a las circunstancias sobrevinientes.
4.- Equivalencia prestacional: Frente a las cláusulas exorbitantes que detenta la Administración
surge como contrapartida el derecho del contratista al equilibrio económico-financiero del
contrato, concretándose este principio en el pago de indemnizaciones por daños y perjuicios
causados a sus derechos contractuales por parte de la Administración.
5.- Colaboración: El particular es un colaborador voluntario, por lo tanto, tanto la Administración
como el particular colaboran en la satisfacción de una necesidad pública, lo que permite una
mayor flexibilidad por parte de la Administración, cuando sea necesario, para el otorgamiento al
contratista de un mayor plazo para la ejecución de la obra o servicio.
6.- Ejecución de buena fe: Este principio conlleva a que las partes no sólo se obligan a lo que las
cláusulas del contrato puedan estipular, sino que también a todos aquellos principios que emanan
de la naturaleza de la obligación.
DIVERSIDAD DE CONTRATOS ADMINISTRATIVOS:
Dentro de los contratos administrativos, los más frecuentes de ellos son los siguientes:
a) Contrato de obra pública: Tiene por objeto la construcción, reparación, ampliación o
modificación de una obra pública de naturaleza inmueble, por parte de un contratista particular,
quien recibe como contraprestación por el trabajo efectuado una remuneración que ha sido, como
las demás obligaciones, libremente pactada por las partes.
b) Contrato de concesión de obra pública: La Administración encarga a un contratista
particular la realización de un trabajo público, generalmente consistente en la construcción de una
obra inmueble pública, por cuenta y riesgo del contratista, obra que pasará al dominio público.
Asegurándole al empresario constructor su explotación exclusiva y excluyente durante un período
de años, durante el cual aquél tiene derecho a recibir un precio o tarifa de parte de los usuarios de
la obra, bajo la supervigilancia de la Administración.
c) Contrato de concesión sobre un bien nacional de uso público: La Administración amplia la
esfera de competencia de un particular, al otorgarle un derecho individual, especial, permanente y
exclusivo, sobre parte de un bien nacional de uso público, a cambio de una remuneración o precio
con la obligación de construir sobre el bien determinadas obras que al término de la concesión
pasan al dominio público, pudiendo la Administración ponerle término por razones sobrevivientes
de interés general, en cualquier tiempo.
d) Contrato de fabricación, de investigación o de ensayo: Recaen, normalmente, sobre
suministros de elementos que requieren de investigaciones y ensayos para su fabricación, en
atención a la complejidad y alta tecnología que precisan dichos elementos, están destinados, en
especial, para las Fuerzas Armadas.
e) Contrato de abastecimiento o suministro: Es un contrato de tracto sucesivo, cuyo objeto
es el aprovisionamiento de especies muebles o el suministro de insumos, los bienes pueden ser
durables o fungibles.
f) Contrato de concesión de servicio público: La Administración delega en un particular la
atención de una necesidad pública, la cual habría correspondido satisfacer directamente a la
Administración, a cambio del derecho a percibir una tarifa o precio de parte de los usuarios del
servicio, bajo la supervigilancia y amparo de la Administración.
g) Contrato de empréstito público: Consiste en la obtención de dinero por parte de los
particulares, a quienes se les entrega títulos de crédito representativos del capital entregado, más
reajustes e intereses convenidos, en consideración al tiempo fijado para la restitución.
h) Contrato de prestación de servicios: Un profesional conviene con la Administración la
prestación de sus servicios profesionales o técnicos, a cambio de un honorario (contrato a
honoraros).
CONTRATO DE OBRA PÚBLICA:
Consiste en construir una obra pública aunando la organización y capacidad técnica y financiera de
la Administración con la que poseen los empresarios privados de la construcción, a fin de realizar
una obra pública con un fin de interés general, asegurando la posibilidad de un beneficio o de una
utilidad al particular que colabora con la Administración para la consecución de la meta propuesta.
El concepto de obra pública recae sobre un bien nacional, de naturaleza material e inmueble y
destinado a una finalidad de interés público. Es de la esencia de la obra pública que el bien
inmueble sea de dominio de la nación toda, ya sea un bien nacional de uso público o un bien fiscal
destinado a un fin público.
El mecanismo público por el que la Administración busca a su cocontratante se denomina
LICITACION y consiste en un procedimiento por medio del cual se solicita a los proponentes
inscritos en el Registro de Contratistas del Ministerio de Obras Públicas, precalificados, para que se
opongan para la ejecución de una obra material de acuerdo a las bases administrativas,
especificaciones técnicas, planos generales y/o detalle suministrados por dicho Ministerio, de
acuerdo con las normas reglamentarias establecidas para esos efectos, en el decreto 75 de 2004,
del Ministerio de Obras Públicas y en el D.F.L. 850, de 1997, que contiene el texto refundido de la
Ley 15.840, Orgánica de esa cartera de Estado.
LICITACION PÚBLICA:
Características del procedimiento de licitación pública:
a) Regularidad;
b) Solemnidad;
c) Publicidad;
d) Imparcialidad:
e) Objetividad:
f) Contradictoriedad: y
g) Responsabilidad.
Regularidad: Se expresa en una regulación normativa objetiva, abstracta, obligatoria y
permanente, de índole legal, cuya modificación parcial, respecto de un contrato específico,
requiere de un decreto supremo sometido al trámite de toma de razón por la Contraloría General
de la República.
Solemnidad: Las actuaciones comprendidas dentro del procedimiento de licitación son
rigurosamente exigidas por la ley, particularmente aquellos trámites o requisitos exigidos a los
licitantes, de tal manera que su incumplimiento produce respecto de éstos la imposibilidad de
participar en el proceso.
Publicidad: El llamado a propuestas debe publicarse en el Diario Oficial, es un requisito esencial
para su realización, a fin de que permita la participación de todos los que, reuniendo los requisitos
habilitantes, se opongan a la adjudicación del contrato, a fin de dar cumplimiento al principio de
igualdad ante la ley. Además, la publicidad también se expresa en el momento de apertura de las
propuestas, trámite que se lleva a cabo ante una comisión y de los proponentes, de todo lo cual se
levanta un acta.
Imparcialidad: Esta característica está directamente relacionada con el llamado a licitación
mediante la inserción de avisos en el Diario Oficial y el trámite público de apertura de los sobres
de propuestas. En este acápite, cabe señalar que deben necesariamente excluirse a cualquiera de
los participantes que no den cumplimiento a las exigencias relativas a la forma de presentar su
propuesta. La aceptación de la propuesta y la consiguiente adjudicación del contrato está
entregado a los funcionarios llamados a resolver, quienes deben adoptar sus decisiones dentro de
su competencia y con el sólo propósito de velar por el interés general que ellos representan.
Objetividad : También se expresa en la publicación del llamado a licitación; en la capacidad
especial que se exige a los interesados para presentarse a la licitación; en la forma de presentación
de las propuestas; en los funcionarios ante quienes deben abrirse la propuestas; en el acta que
debe levantarse con ocasión de la apertura de las propuestas; y en la forma de adjudicación del
contrato y en el rechazo de las propuestas, Todo lo anterior, tiene por finalidad descartar
cualquiera eventualidad de una adjudicación decidida sobre la base de consideraciones subjetivas.
Contradictoriedad: Atiende a la existencia del derecho de defensa establecido a favor de los
proponentes, cuando éstos estiman que el procedimiento seguido en la licitación ha sido
irregular, perjudicando sus legítimas opciones a la adjudicación del contrato. Los reclamos deben
ser fundados y la resolución que se adopte es la culminación de un procedimiento de índole
jurisdiccional, en consecuencia, el conocimiento y decisión del reclamo debe asegurar la audiencia
del interesado y el ejercicio efectivo del derecho a defensa, permitiéndole presentar las pruebas
que correspondan.
Responsabilidad: El procedimiento está asegurado por un sistema de garantías, consistente en una
boleta de garantía bancaria o póliza de seguro, exigida a los participantes en la licitación, a fin de
que garanticen la seriedad de sus ofertas.