La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva
hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer
la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar
también la plena verdad sobre sí mismo.
« CONÓCETE A TI MISMO »
El hombre cuanto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su
unicidad, le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia
existencia.
Brotan al mismo tiempo las preguntas de fondo que caracterizan el recorrido de la
existencia humana: ¿quién soy? ¿de dónde vengo y a dónde voy? ¿por qué existe el mal? ¿qué hay
después de esta vida? Son preguntas que tienen su origen común en la necesidad de sentido que
desde siempre acucia el corazón del hombre: de la respuesta que se dé a tales preguntas, en efecto,
depende la orientación que se dé a la existencia.
Entre los diversos servicios que la Iglesia ha de ofrecer a la humanidad, hay uno del cual es
responsable de un modo muy particular: la diaconía de la verdad. Por una parte, esta misión hace a
la comunidad creyente partícipe del esfuerzo común que la humanidad lleva a cabo para alcanzar la
verdad; y por otra, la obliga a responsabilizarse del anuncio de las certezas adquiridas, incluso
desde la conciencia de que toda verdad alcanzada es sólo una etapa hacia aquella verdad total que se
manifestará en la revelación última de Dios.
El hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo
que puede hacer cada vez más humana la propia existencia. Entre estos destaca la filosofía, amor a
la sabiduría, que contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida y a
trazar la respuesta: ésta, en efecto, se configura como una de las tareas más nobles de la humanidad.
Cada pueblo, posee una sabiduría originaria y autóctona que, como auténtica riqueza de las
culturas, tiende a expresarse y a madurar incluso en formas puramente filosóficas.
En realidad, todo sistema filosófico, aun con respeto siempre de su integridad sin
instrumentalizaciones, debe reconocer la prioridad del pensar filosófico, en el cual tiene su origen y
al cual debe servir de forma coherente.
Cuando la razón logra intuir y formular los principios primeros y universales del ser y sacar
correctamente de ellos conclusiones coherentes de orden lógico y deontológico, entonces puede
considerarse una razón recta o, como la llamaban los antiguos, orthòs logos, recta ratio.
Ha decaído, en definitiva, la esperanza de poder recibir de la filosofía respuestas definitivas a tales
preguntas.
Reafirmando la verdad de la fe podemos devolver al hombre contemporáneo la auténtica
confianza en sus capacidades cognoscitivas y ofrecer a la filosofía un estímulo para que pueda
recuperar y desarrollar su plena dignidad.
La filosofía, que tiene la gran responsabilidad de formar el pensamiento y la cultura por
medio de la llamada continua a la búsqueda de lo verdadero, debe recuperar con fuerza su vocación
originaria. Por eso he sentido no sólo la exigencia, sino incluso el deber de intervenir en este tema,
para que la humanidad, en el umbral del tercer milenio de la era cristiana, tome conciencia cada vez
más clara de los grandes recursos que le han sido dados y se comprometa con renovado ardor en
llevar a cabo el plan de salvación en el cual está inmersa su historia.
CAPÍTULO I
LA REVELACIÓN DE LA SABIDURÍA DE DIOS
Jesús revela al Padre
En la base de toda la reflexión que la Iglesia lleva a cabo está la conciencia de ser
depositaria de un mensaje que tiene su origen en Dios mismo. En el origen de nuestro ser como
creyentes hay un encuentro, único en su género, en el que se manifiesta un misterio oculto en los
siglos (cf. 1 Co 2, 7; Rm 16, 25-26), pero ahora revelado.
El hecho de que los racionalista negaban todo conocimiento que no fuese producto de las
capacidades naturales de la razón, obligó al Concilio Vaticano I a sostener con fuerza que, además
del conocimiento propio de la razón humana, capaz por su naturaleza de llegar hasta el Creador,
existe un conocimiento que es peculiar de la fe. Este conocimiento expresa una verdad que se basa
en el hecho mismo de que Dios se revela, y es una verdad muy cierta porque Dios ni engaña ni
quiere engañar. El Concilio Vaticano I enseña, pues, que la verdad alcanzada a través de la
reflexión filosófica y la verdad que proviene de la Revelación no se confunden, ni una hace
superflua la otra. Por tanto, La filosofía y las ciencias tienen su puesto en el orden de la razón
natural, mientras que la fe, iluminada y guiada por el Espíritu, reconoce en el mensaje de la
salvación la « plenitud de gracia y de verdad » (cf. Jn 1, 14) que Dios ha querido revelar en la
historia y de modo definitivo por medio de su Hijo Jesucristo (cf. 1 Jn 5, 9: Jn 5, 31-32).
La verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre que transmite dicha revelación,
resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelación. La revelación de Dios se inserta,
pues, en el tiempo y la historia, más aún, la encarnación de Jesucristo, tiene lugar en la « plenitud de
los tiempos » (Ga 4, 4). En el “tiempo” tiene lugar toda la obra de la creación y de la salvación y,
sobre todo destaca el hecho de que con la encarnación del Hijo de Dios vivimos y anticipamos ya
desde ahora lo que será la plenitud del tiempo (cf. Hb 1, 2).
La verdad que Dios ha comunicado al hombre sobre sí mismo y sobre su vida se inserta en
el tiempo y en la historia. La historia, pues, es para el Pueblo de Dios un camino que hay que
recorrer por entero, de forma que la verdad revelada exprese en plenitud sus contenidos gracias a la
acción incesante del Espíritu Santo (cf. Jn 16, 13).
Él se nos manifiesta en lo que para nosotros es más familiar y fácil de verificar, porque
pertenece a nuestro contexto cotidiano, sin el cual no llegaríamos a comprendernos. La verdad
expresada en la revelación de Cristo no puede encerrarse en un restringido ámbito territorial y
cultural, sino que se abre a todo hombre y mujer que quiera acogerla como palabra definitivamente
válida para dar sentido a la existencia.
La razón ante el misterio
La revelación está llena de misterio, sólo la fé permite penetrar en el ministerio,
favoreciendo su compresión coherente.
El Concilio enseña que cuando Dios revela, el hombre tiene que someterse con la fe. Con
esta afirmación se indica una verdad fundamental del cristianismo. Se dice, que la fe es la respuesta
de obediencia a Dios. Ello conlleva reconocerle en su divinidad, trascendencia y libertad suprema.
En la fe, pues, la libertad no sólo está presente, sino que es necesaria, la fe es la que permite
a cada uno expresar mejor la propia libertad, la libertad no se realiza en las opciones contra Dios, la
libertad alcanza la certeza de la verdad y decide vivir en la misma.
Para la búsqueda de la compresión del misterio se debe conocer los signos contenidos en la
revelación. Estos signos son:
El signo eucarístico, Cristo en la Eucaristía está verdaderamente presente y vivo, y actúa
con su Espíritu, pero como acertadamente decía Santo Tomás, « lo que no comprendes y no ves, lo
atestigua una fe viva, fuera de todo el orden de la naturaleza. Lo que aparece es un signo: esconde
en el misterio realidades sublimes ». El conocimiento de fe, en definitiva, no anula el misterio; sólo
lo hace más evidente y lo manifiesta como hecho esencial para la vida del hombre.
La verdad que la Revelación nos hace conocer no es el fruto maduro o el punto culminante
de un pensamiento elaborado por la razón. Por el contrario, ésta se presenta con la característica de
la gratuidad, genera pensamiento y exige ser acogida como expresión de amor. Esta verdad relevada
es anticipación, en nuestra historia, de la visión última y definitiva de Dios que está reservada a los
que creen en Él o lo buscan con corazón sincero. El fin último de la existencia personal, pues, es
objeto de estudio tanto de la filosofía como de la teología. Ambas, aunque con medios y contenidos
diversos, miran hacia este « sendero de la vida » (Sal 16 [15], 11), que, como nos dice la fe, tiene su
meta última en el gozo pleno y duradero de la contemplación del Dios Uno y Trino.
CAPÍTULO II
CREDO UT INTELLEGAM
« La sabiduría todo lo sabe y entiende » (Sb 9, 11)
La Sagrada Escritura nos presenta con sorprendente claridad el vínculo tan profundo que
hay entre el conocimiento de fe y el de la razón. Lo atestiguan sobre todo los Libros sapienciales.
Describe al hombre sabio, lo presente como el que ama y busca la verdad. La peculiaridad que
distingue el texto bíblico consiste en la convicción de que hay una profunda e inseparable unidad
entre el conocimiento de la razón y el de la fe. El mundo y todo lo que sucede en él, como también
la historia y las diversas vicisitudes del pueblo, son realidades que se han de ver, analizar y juzgar
con los medios propios de la razón, pero sin que la fe sea extraña en este proceso. La razón y la fe,
por tanto, no se pueden separar sin que se reduzca la posibilidad del hombre de conocer de modo
adecuado a sí mismo, al mundo y a Dios.
La Fé y la razón tienen su propio espacio de realización y una está dentro de la otra. La
razón debe respetar algunas reglas de fondo para expresar mejor su propia naturaleza. Una primera
regla consiste en tener en cuenta el hecho de que el conocimiento del hombre es un camino que no
tiene descanso; la segunda nace de la conciencia de que dicho camino no se puede recorrer con el
orgullo de quien piense que todo es fruto de una conquista personal; una tercera se funda en el «
temor de Dios », del cual la razón debe reconocer a la vez su trascendencia soberana y su amor
providente en el gobierno del mundo.
« Adquiere la sabiduría, adquiere la inteligencia » (Pr 4, 5)
Para el Antiguo Testamento el conocimiento no se fundamenta solamente en una
observación atenta del hombre, del mundo y de la historia, sino que supone también una
indispensable relación con la fe y con los contenidos de la Revelación. Para el autor sagrado el
esfuerzo de la búsqueda no estaba exento de la dificultad que supone enfrentarse con los límites de
la razón. Según el Apóstol, en el proyecto originario de la creación, la razón tenía la capacidad de
superar fácilmente el dato sensible para alcanzar el origen mismo de todo: el Creador. Debido a la
desobediencia con la cual el hombre eligió situarse en plena y absoluta autonomía respecto a Aquel
que lo había creado, quedó mermada esta facilidad de acceso a Dios creador.
La relación del cristiano con la filosofía, pues, requiere un discernimiento radical. En el
Nuevo Testamento, especialmente en las Cartas de san Pablo, hay un dato que sobresale con mucha
claridad: la contraposición entre « la sabiduría de este mundo » y la de Dios revelada en Jesucristo.
La profundidad de la sabiduría revelada rompe nuestros esquemas habituales de reflexión, que no
son capaces de expresarla de manera adecuada. El verdadero punto central, que desafía toda
filosofía, es la muerte de Jesucristo en la cruz. El hombre no logra comprender cómo la muerte
pueda ser fuente de vida y de amor, pero Dios ha elegido para revelar el misterio de su designio de
salvación precisamente lo que la razón considera « locura » y « escándalo ».
La filosofía, que por sí misma es capaz de reconocer el incesante transcenderse del hombre
hacia la verdad, ayudada por la fe puede abrirse a acoger en la « locura » de la Cruz la auténtica
crítica de los que creen poseer la verdad, aprisionándola entre los recovecos de su sistema. La
relación entre fe y filosofía encuentra en la predicación de Cristo crucificado y resucitado el escollo
contra el cual puede naufragar, pero por encima del cual puede desembocar en el océano sin límites
de la verdad. Aquí se evidencia la frontera entre la razón y la fe, pero se aclara también el espacio
en el cual ambas pueden encontrarse.
CAPÍTULO III
INTELLEGO UT CREDAM
Caminando en busca de la verdad
« Todos los hombres desean saber » y la verdad es el objeto propio de este deseo. Incluso
la vida diaria muestra cuán interesado está cada uno en descubrir, más allá de lo conocido de oídas,
cómo están verdaderamente las cosas. El hombre es el único ser en toda la creación visible que no
sólo es capaz de saber, sino que sabe también que sabe, y por eso se interesa por la verdad real de lo
que se le presenta.
He reafirmado esta convicción en la Encíclica Veritatis splendor: « No existe moral sin
libertad.. Si existe el derecho de ser respetados en el propio camino de búsqueda de la verdad, existe
aún antes la obligación moral, grave para cada uno, de buscar la verdad y seguirla una vez conocida
».
El hombre encuentra esta verdad de los valores no encerrándose en sí mismo, sino
abriéndose para acogerla incluso en las dimensiones que lo transcienden. La verdad se presenta
inicialmente al hombre como un interrogante: ¿tiene sentido la vida? ¿hacia dónde se dirige?. Lo
que es verdad, debe ser verdad para todos y siempre.
Diversas facetas de la verdad en el hombre
El hombre también la evita a veces en cuanto comienza a divisarla, porque teme sus
exigencias. Pero, a pesar de esto, incluso cuando la evita, siempre es la verdad la que influencia su
existencia; en efecto, él nunca podría fundar la propia vida sobre la duda, la incertidumbre o la
mentira; tal existencia estaría continuamente amenazada por el miedo y la angustia. Se puede
definir al hombre como aquél que busca la verdad.
La sed de verdad está tan radicada en el corazón del hombre que tener que prescindir de ella
comprometería la existencia.
Las verdades más numerosas son las que se apoyan sobre evidencias inmediatas o
confirmadas experimentalmente. Éste es el orden de verdad propio de la vida diaria y de la
investigación científica.
En otro nivel se encuentran las verdades de carácter filosófico, a las que el hombre llega
mediante la capacidad especulativa de su intelecto. Cada hombre, como ya he dicho, es, en cierto
modo, filósofo y posee concepciones filosóficas propias con las cuales orienta su vida. De un modo
u otro, se forma una visión global y una respuesta sobre el sentido de la propia existencia.
Están las verdades religiosas, que en cierta medida hunden sus raíces también en la
filosofía. Éstas están contenidas en las respuestas que las diversas religiones ofrecen en sus
tradiciones a las cuestiones últimas.
CAPÍTULO IV
RELACIÓN ENTRE LA FE Y LA RAZÓN
Etapas más significativas en el encuentro entre la fe y la razón
Fue tarea de los padres de la filosofía mostrar el vínculo entre la razón y la religión.
Dirigiendo la mirada hacia los principios universales, no se contentaron con los mitos antiguos, sino
que quisieron dar fundamento racional a su creencia en la divinidad. El objetivo que dicho proceso
buscaba era la conciencia crítica de aquello en lo que se creía. El concepto de la divinidad fue el
primero que se benefició de este camino. Las supersticiones fueron reconocidas como tales y la
religión se purificó, al menos en parte, mediante el análisis racional. Sobre esta base los Padres de la
Iglesia comenzaron un diálogo fecundo con los filósofos antiguos, abriendo el camino al anuncio y
a la comprensión del Dios de Jesucristo.
La filosofía, en cuanto sabiduría práctica y escuela de vida, podía ser confundida fácilmente
con un conocimiento de tipo superior, esotérico, reservado a unos pocos perfectos.
El encuentro del cristianismo con la filosofía no fue pues inmediato ni fácil. La práctica de
la filosofía y la asistencia a sus escuelas eran para los primeros cristianos más un inconveniente que
una ayuda. Para ellos, la primera y más urgente tarea era el anuncio de Cristo resucitado mediante
un encuentro personal capaz de llevar al interlocutor a la conversión del corazón y a la petición del
Bautismo. Sin embargo, esto no quiere decir que ignorasen el deber de profundizar la comprensión
de la fe y sus motivaciones. Un pionero del encuentro positivo con el pensamiento filosófico,
aunque bajo el signo de un cauto discernimiento, fue san Justino, quien, conservando después de la
conversión una gran estima por la filosofía griega, afirmaba con fuerza y claridad que en el
cristianismo había encontrado « la única filosofía segura y provechosa »
Para Clemente de Alejandríala filosofía griega, para este autor, no tiene como primer
objetivo completar o reforzar la verdad cristiana; su cometido es, más bien, la defensa de la fe: « La
enseñanza del Salvador es perfecta y nada le falta, por que es fuerza y sabiduría de Dios; en cambio,
la filosofía griega con su tributo no hace más sólida la verdad; pero haciendo impotente el ataque de
la sofística e impidiendo las emboscadas fraudulentas de la verdad, se dice que es con propiedad
empalizada y muro de la viña »
Orígenes asume la filosofía platónica para argumentar y responderle. Refiriéndose a no
pocos elementos del pensamiento platónico, comienza a elaborar una primera forma de teología
cristiana.
Los Padres Capadocios, Pseudo-Dionisio, y especialmente Agustín juegan un papel central
en el desarrollo del pensamiento cristiano. El motivo de Agustín para abrazar la fe católica fue su
honestidad sobre el hecho de que sus misterios centrales son inaccesibles a la razón natural. Al
hablar de los Padres, el Papa dice esto: "No eran pensadores ingenuos. Precisamente porque eran
intensos en el contenido de la fe viva, pudieron alcanzar las formas más profundas de especulación.
Por lo tanto, es minimalista y erróneo restringir su trabajo simplemente a la transposición de las
verdades de la fe en categorías filosóficas. Hicieron mucho más. De hecho, lograron revelar
completamente todo lo que quedó implícito y preliminar en el pensamiento de los grandes filósofos
de la antigüedad. Como he señalado, la tarea de ellos era mostrar cómo la razón, liberada de las
restricciones externas, podía salir del callejón sin salida del mito y abrirse a lo trascendente de una
manera más apropiada. Por lo tanto, purificado y correctamente ajustado, la razón podría elevarse a
los planos superiores de pensamiento, proporcionando una base sólida para la percepción del ser, de
lo trascendente y de lo absoluto.
"Es aquí donde vemos la originalidad de lo que lograron los Padres. Acogieron con
beneplácito la razón que estaba abierta a lo absoluto, y la infundieron con la riqueza extraída de
Apocalipsis. Esto fue más que una reunión de culturas, con una cultura tal vez sucumbiendo a la
fascinación del otro. Sucedió más bien en las profundidades de las almas humanas, y fue una
reunión de la criatura y el Creador. Superando la meta hacia la cual, sin darse cuenta, tendió a
fuerza de su naturaleza, la razón alcanzó el bien supremo y la verdad última. en la persona de la
Palabra hecha carne. Frente a las diversas filosofías, los Padres no tenían miedo de reconocer
aquellos elementos en ellos que estaban en consonancia con la Revelación y los que no. El
reconocimiento de los puntos de convergencia no los cegó a los puntos de divergencia ".
San Anselmo inicia el escolasticismo, con su rigor intelectual, al mostrar que la función de
la razón es "encontrar el significado, descubrir explicaciones que permitan a todos llegar a una
cierta comprensión de los contenidos de la fe. San Anselmo subraya el hecho de que el intelecto
debe buscar lo que ama: cuanto más ama, más desea saber. El deseo de verdad, por lo tanto,
estimula la razón para ir siempre más lejos; de hecho, es como si la razón estuviera abrumada al ver
que siempre puede ir más allá de lo que ya ha logrado. Sin embargo, es en este punto que la razón
puede aprender hacia dónde conducirá su camino al final... La armonía fundamental entre el
conocimiento de la fe y el conocimiento de la filosofía es una vez más confirmado. La Fe pide que
su objeto sea entendido con la ayuda de la razón; y en la cima de su búsqueda, la razón reconoce
que no puede prescindir de lo que la fe presenta “. Es decir, la fe le da a la razón un objetivo más
alto para disparar y la estimula.
Novedad perenne del pensamiento de santo Tomás de Aquino
Tuvo el gran mérito de destacar la armonía que existe entre la razón y la fe, argumentaba
que la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto, no pueden contradecirse
entre sí, reconoce que la naturaleza, objeto propio de la filosofía, puede contribuir a la comprensión
de la revelación divina. La fe, por tanto, no teme la razón, sino que la busca y confía en ella, la
razón iluminada por la fe, es liberada de la fragilidad y de los límites que derivan de la
desobediencia del pecado y encuentra la fuerza necesaria para elevarse al conocimiento del misterio
de Dios Uno y Trino.
Una de las grandes intuiciones de santo Tomás es la que se refiere al papel que el Espíritu
Santo realiza haciendo madurar en sabiduría la ciencia humana, La sabiduría, don del Espíritu
Santo, difiere de la que es virtud intelectual adquirida.
En Thomas, el Magisterio de la Iglesia ha visto y reconocido la pasión por la verdad; y,
precisamente porque se mantiene constantemente dentro del horizonte de la verdad universal,
objetiva y trascendente, su pensamiento escala "alturas impensables para la inteligencia humana".
Con razón, entonces, puede ser llamado un "apóstol de la verdad". Mirando sin reservas a la verdad,
el realismo de Thomas podría reconocer la objetividad de la verdad y producir no solo una filosofía
de 'lo que parece ser' sino una filosofía de 'lo que es.
El drama de la separación entre fe y razón
El Papa no duda en acusar esas concepciones racionalistas o modernistas de la
investigación, que inspiraron tanto (i) los diversos proyectos de desmitificación (pienso en Spinoza,
Kant, Bultmann, Hegel) como (ii) el "humanismo ateo" (aquí tiene en opinión de personas como
Marx y Nietzsche), "dio lugar a sistemas totalitarios que han sido desastrosos para la humanidad".
Además, el modernismo inspiró una mentalidad positivista con respecto a las ciencias naturales y,
por lo tanto, separó la investigación científica de cualquier contexto moral intrínseco a ella como
tal. Y, finalmente, la actual "crisis del racionalismo" ha llevado al nihilismo, cuyos partidarios
afirman que "la búsqueda es un fin en sí misma, sin ninguna esperanza o posibilidad de alcanzar el
objetivo de la verdad. En la interpretación nihilista,
En el proceso, la filosofía misma ha sido marginada y reemplazada por concepciones
instrumentales de racionalidad que sirven a fines inapropiados como el placer, el poder o la riqueza.
"A raíz de estos cambios culturales, algunos filósofos han abandonado la búsqueda de la verdad en
sí mismos y han hecho de su único objetivo el logro de una certeza subjetiva o un sentido
pragmático de utilidad. Esto a su vez ha oscurecido la verdadera dignidad de la razón, que es ya no
está equipado para conocer la verdad y buscar lo absoluto ".
A pesar de las interesantes ideas filosóficas que ciertamente han resultado de estos enfoques
caprichosos de la indagación, el vínculo entre la fe y la razón necesita un examen minucioso porque
"cada uno sin el otro está empobrecido y debilitado". pistas que lo exponen al peligro de perder de
vista su objetivo final. Privada de la razón, la fe ha enfatizado los sentimientos y la experiencia, y
por lo tanto corre el riesgo de no ser más una proposición universal. Es una ilusión pensar que la fe
está ligada a un razonamiento débil, podría ser más penetrante; por el contrario, la fe corre el grave
riesgo de marchitarse en el mito o la superstición. De la misma manera, la razón que no está
relacionada con una fe adulta no es impulsada a mirar hacia la novedad y la radicalidad. de ser ".
CAPÍTULO V: INTERVENCIONES DEL MAGISTERIO EN CUESTIONES
FILOSÓFICAS
El discernimiento del Magisterio como diaconía de la verdad
La filosofía conserva su autonomía, pero puede salir mal en formas que lo lleven a entrar en
conflicto con la revelación. Aquí el Magisterio no puede permanecer en silencio. "No es la tarea ni
la competencia del Magisterio intervenir para hacer realidad las lagunas del discurso filosófico
deficiente. Más bien, es el deber del Magisterio responder clara y fuertemente cuando las
controvertidas opiniones filosóficas amenazan la comprensión correcta de lo que se ha revelado. , y
cuando las teorías falsas y parciales que siembran la semilla del error grave, que confunden la fe
pura y simple del Pueblo de Dios, comienzan a difundirse más ampliamente [Nota: Aquellos de
nosotros involucrados activamente en la enseñanza de estudiantes universitarios católicos debemos
No se sienta tentado a disputar esto invocando la afirmación de que hoy " s Los católicos en el
mundo occidental tienen una educación demasiado alta para ser tratados paternalmente de esta
manera por el Magisterio. En todo caso, los católicos altamente educados de hoy en día son en su
mayoría muy poco educados en la Fe.] "A la luz de la fe, por lo tanto, el Magisterio de la Iglesia
puede y debe ejercer con autoridad un discernimiento crítico de opiniones y filosofías que
contradicen la doctrina cristiana".
La justificación aquí invoca la unidad de la verdad: "Ninguna forma histórica de filosofía
puede pretender legítimamente abrazar la totalidad de la verdad, ni ser la explicación completa del
ser humano, del mundo y de la relación del ser humano con Dios" . Además, "hoy, con la
proliferación de sistemas, métodos, conceptos y tesis filosóficas que a menudo son extremadamente
complejas, la necesidad de un discernimiento crítico a la luz de la fe se vuelve más urgente, incluso
si sigue siendo una tarea desalentadora. Las limitaciones inherentes e históricas de la razón, es lo
suficientemente difícil de reconocer los poderes inalienables propios de ella; pero a veces es aún
más difícil discernir en afirmaciones filosóficas específicas lo que es válido y fructífero desde el
punto de vista de la fe y lo que es erróneo o peligroso. Col 2: 3) y, por lo tanto, interviene para
estimular la investigación filosófica, para que no se desvíe del camino que conduce al
reconocimiento del misterio ".
A partir de aquí, el Papa reafirma las intervenciones históricas del Magisterio en asuntos
filosóficos, y confirma explícitamente las intervenciones de sus predecesores 19 y 20, incluso
mientras indica a continuación que algunos pensadores que han estado bajo sospecha finalmente
han sido vindicados en parte. (Incluso si han sido reivindicados, es simplemente porque no tenían
los puntos de vista radicalmente erróneos que se les atribuyen. No hay indicios de que los puntos de
vista en sí mismos no deberían haber sido condenados).
En particular, el Papa reafirma la condena del Vaticano I al fideísmo y al tradicionalismo
radical por su denigración de los poderes naturales de la razón y del racionalismo y el ontologismo.
Por otorgar a la razón natural capacidades que solo tenemos por fe. (El tradicionalismo radical
enseña que no podemos conocer a Dios por la razón, pero que el conocimiento "natural" de Dios y
la moral se dio en una revelación original que se ha transmitido de generación en generación; el
ontologismo enseña que incluso en esta vida poseemos por naturaleza un conocimiento intuitivo
inmediato de Dios.) A modo de resumen, dice: "Los pronunciamientos del Magisterio se han
preocupado menos por las tesis filosóficas individuales que por la necesidad de un conocimiento
racional y, en consecuencia, filosófico para la comprensión de la fe. Al sintetizar y reafirmar
solemnemente enseñanzas constantemente propuestas a los fieles por el ordinario magisterio papal,
La Iglesia ha insistido en la distinción entre los misterios de la fe y los hallazgos de la
filosofía, incluso al defender la integridad de ambos. Así, tanto el racionalismo como el fideísmo
han sido condenados como teorías de investigación.
"Examinando la situación actual, vemos que los problemas de otros tiempos han regresado,
pero en una nueva clave. Ya no se trata de cuestiones de interés solo para ciertos individuos y
grupos, sino de convicciones. generalizado que se han convertido en cierta medida en la mente
común. Un ejemplo de esto es la profunda desconfianza de la razón que ha surgido en los
desarrollos más recientes de gran parte de la investigación filosófica, hasta el punto en que se habla
a veces de "la fin de la metafísica. Se espera que la filosofía descanse en tareas más modestas, como
la simple interpretación de hechos o una investigación de campos restringidos del conocimiento
humano o sus estructuras.
"También en teología han reaparecido las tentaciones de otros tiempos. En algunas
teologías contemporáneas, por ejemplo, cierto racionalismo está ganando terreno, especialmente
cuando las opiniones que se consideran filosóficamente fundadas se toman como normativas para la
investigación teológica. Esto sucede particularmente cuando los teólogos, debido a la falta de
competencia filosófica, se dejan influir sin crítica por afirmaciones que se han convertido en parte
del lenguaje y la cultura actuales, pero que están mal fundamentadas en la razón.
"También hay signos de un resurgimiento del fideísmo, que no reconoce la importancia del
conocimiento racional y el discurso filosófico para la comprensión de la fe, de hecho, por la
posibilidad misma de creer en Dios. Un síntoma actualmente extendido de esta tendencia fideística
es un ' biblicismo 'que tiende a hacer de la lectura y la exégesis de la Sagrada Escritura el único
criterio de verdad. En consecuencia, la palabra de Dios se identifica solo con la Sagrada Escritura,
eliminando así la doctrina de la Iglesia que el Concilio Vaticano II enfatizó muy específicamente.
Recordó que la Palabra de Dios está presente tanto en la Escritura como en la Tradición, la
Constitución Dei Verbum continúa enfáticamente: 'La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura
comprenden un solo depósito sagrado de la palabra de Dios confiada a la Iglesia. Abrazando este
depósito y unidos con sus pastores, el Pueblo de Dios permanece siempre fiel a la enseñanza de los
Apóstoles. La Escritura, por lo tanto, no es el único punto de referencia de la Iglesia. La 'regla
suprema de su fe' deriva de la unidad que el Espíritu ha creado entre la Sagrada Tradición, la
Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia en una reciprocidad, lo que significa que ninguno de
los tres puede sobrevivir sin los demás.
"Además, no se debe subestimar el peligro inherente a la búsqueda de derivar la verdad de
la Sagrada Escritura a partir del uso de un solo método , ignorando la necesidad de una exégesis
más integral que permita al exégeta, junto con toda la Iglesia, llegar a la sentido completo de los
textos. Aquellos que se dedican al estudio de la Sagrada Escritura siempre deben recordar que los
diversos enfoques hermenéuticos tienen sus propios fundamentos filosóficos, que deben evaluarse
cuidadosamente antes de aplicarse a los textos sagrados.
"Otros modos de fideísmo latente aparecen en la escasa consideración otorgada a la teología
especulativa , y en desdén por la filosofía clásica de la que se han extraído los términos de la
comprensión de la fe y la formulación real del dogma. Mi venerado predecesor, el Papa Pío XII,
advirtió contra tal descuido de la tradición filosófica y contra el abandono de la terminología
tradicional ".
Ell Papa acusa las teorías de "verdad" de consenso e indica la amenaza intelectual que
representa la especialización. ¿Cómo puede haber un significado último y unificador de la vida?
"Sin embargo, a la luz de la fe que encuentra en Jesucristo este significado supremo, no puedo dejar
de alentar a los filósofos, sean cristianos o no, a confiar en el poder de la razón humana y no fijarse
metas demasiado modestas. su filosofía. La lección de la historia en este milenio que ahora está
llegando a su fin muestra que este es el camino a seguir: es necesario no abandonar la pasión por la
verdad última, el afán de buscarla o la audacia de forjar nuevos caminos en la búsqueda. Es la fe la
que mueve la razón para ir más allá de todo aislamiento y voluntariamente correr riesgos para que
pueda alcanzar lo que sea bello, bueno y verdadero. La fe se convierte así en el defensor convencido
y convincente de la razón ".
El interés de la Iglesia por la filosofía
El Magisterio no solo ha criticado la filosofía, también ha trabajado para la renovación
filosófica. Aquí el Papa cita a Aeterni Patris y sus consecuencias positivas. La Iglesia continúa
recomendando a Santo Tomás y los otros escritores escolásticos. También hubo desarrollos
positivos entre los pensadores católicos fuera del tomismo y el neotomismo.
El Vaticano II continuó en esta línea, continúa esta tradición al proporcionar en Gaudium et
Spes 14-15 "un compendio virtual de la antropología bíblica de la que también la filosofía puede
inspirarse. El capítulo trata del valor de la persona humana creada a imagen de Dios, explica la
dignidad y superioridad del ser humano sobre el resto de la creación, y declara la capacidad
trascendente de la razón humana "(# 60). Además, el Vaticano II dejó en claro la importancia de la
filosofía para la formación sacerdotal.
Las directivas sobre el valor de la filosofía tomista y sobre la importancia de la filosofía
para la formación sacerdotal se han reiterado porque no se han seguido "con la disposición que uno
desearía... No puedo dejar de notar con sorpresa y disgusto que esta falta de interés en el estudio de
la filosofía es compartido por no pocos teólogos ".El Papa explica:
"Hay varias razones para este desencanto. Primero, existe la desconfianza de la razón que se
encuentra en gran parte de la filosofía contemporánea, que ha abandonado en gran medida el
estudio metafísico de las últimas preguntas humanas para concentrarse en problemas que son más
detallados y restringidos, a veces incluso puramente formal. Otra razón, debe decirse, es el
malentendido que ha surgido especialmente con respecto a las "ciencias humanas". En varias
ocasiones, el Concilio Vaticano II destacó el valor positivo de la investigación científica para un
conocimiento más profundo del misterio del ser humano. Pero la invitación dirigida a los teólogos
para involucrar a las ciencias humanas y aplicarlas adecuadamente en sus investigaciones no debe
interpretarse como una autorización implícita para marginar la filosofía o poner algo más en su
lugar en la formación pastoral y en la praeparatio fidei.. Otro factor es el renovado interés en la
inculturación de la fe. La vida de las Iglesias jóvenes en particular ha sacado a la luz, junto con
modos sofisticados de pensamiento, una serie de expresiones de sabiduría popular; y esto constituye
una verdadera riqueza cultural de tradiciones. Sin embargo, el estudio de las formas tradicionales
debe ir de la mano con la investigación filosófica , una investigación que permitirá que surjan los
rasgos positivos de la sabiduría popular y forje el vínculo necesario con la proclamación del
Evangelio "(# 61) [--].
Las disputas metafísicas de Suárez se mencionan como un ejemplo importante de cómo la
insistencia de Letrán V en la filosofía en la educación en el seminario condujo a pasos importantes
en el desarrollo de la filosofía moderna.
CAPÍTULO VI
INTERACCIÓN ENTRE TEOLOGÍA Y FILOSOFÍA
La ciencia de la fe y las exigencias de la razón filosófica
"La palabra de Dios está dirigida a todas las personas, en todas las épocas y en todas partes
del mundo; y el ser humano es por naturaleza un filósofo. Como una elaboración reflexiva y
científica de la comprensión de la palabra de Dios a la luz de hecho, la teología por su parte debe
relacionarse, en algunos de sus procedimientos y en el desempeño de sus tareas específicas, con las
filosofías que se han desarrollado a través de los siglos. No deseo dirigir a los teólogos a métodos
particulares, ya que ese no es el competencia del Magisterio. En cambio, deseo recordar algunas
tareas específicas de teología que, por la naturaleza misma de la palabra revelada, exigen el recurso
a la investigación filosófica ".
La teología como el intellectus fidei busca responder a través de la investigación
especulativa "a las demandas específicas del pensamiento disciplinado" . Esto significa que la
teología, comenzando con el auditus fidei , debe, por su naturaleza, buscar el tipo de integridad y
sistemática que exige cualquier sistema filosófico. En otras palabras, las propiedades formales de la
sabiduría, tal como las define la filosofía clásica, son requisitos para una comprensión completa que
también sirven como ideales para la teología. Esto no agota la teología, que también tiene otros
lados, así como la metafísica y la teoría moral no agotan la filosofía ampliamente interpretada. Pero
sí significa que el impulso metafísico está presente en la dinámica interna de la teología misma.
La filosofía ayuda tanto al auditus fidei como al intellectus fidei . El Papa aquí pasa por las
principales ramas de la teología y muestra el papel de la filosofía en cada una. La teología
dogmática (sistemática) , dice, sería imposible sin filosofía, ya que debe articular la fe "a través de
conceptos formulados de una manera crítica y universalmente comunicable" (# 66). Lo mismo vale
para la teología moral, que necesita conceptos filosóficos como derecho , conciencia , libertad , etc.,
"que están definidos en parte por la ética filosófica". Esto es aún más obvio con respecto a la
teología fundamental., cuyo objetivo es "exponer la relación entre la fe y el pensamiento filosófico"
. Debe, por ejemplo, delinear el alcance del conocimiento natural de Dios, articular la distinción
entre la revelación divina y otras formas de cognición humana, la naturaleza de la fe, el estado del
lenguaje sobre Dios, etc.
Aquí el Papa responde a la objeción de que hoy en día las ciencias sociales son ayudas más
importantes para la teología que las disciplinas filosóficas. Él enfatiza el deber de la teología "de ir
más allá de lo particular y concreto, para que no se abandone la tarea principal de demostrar la
universalidad del contenido de la fe" (# 69). Es precisamente la investigación filosófica la que
puede discernir la verdad objetiva en diferentes visiones del mundo y culturas.
El Papa luego pasa discutiendo la relación de la filosofía y la teología con diferentes
culturas, algo que siempre ha estado en la agenda católica debido a la universalidad de la Iglesia y
del mensaje y la obra de Cristo. El Papa intenta, como era de esperar, encontrar un punto medio,
enfatizando la importancia de la contribución que las diferentes culturas pueden hacer para la
comprensión de la doctrina cristiana, al mismo tiempo que enfatiza la necesidad de una reflexión
crítica, a la luz de fe, para purificar culturas y llevarlas a la perfección según el mensaje universal de
salvación. El cristianismo "derrumba los muros entre las culturas" y atesora las diferentes luces que
las diferentes culturas pueden arrojar sobre el mensaje cristiano. " Si bien exige a todos los que lo
escuchan la adhesión de la fe, la proclamación del Evangelio en diferentes culturas permite a las
personas preservar su propia identidad cultural. Esto de ninguna manera crea división, porque la
comunidad de los bautizados está marcada por una universalidad que puede abarcar todas las
culturas y ayudar a fomentar lo que está implícito en ellas hasta el punto en que será completamente
explícito a la luz de la verdad”. El Papa destaca a la India especialmente como una cultura que los
pensadores cristianos deberían investigar más a fondo.
"A la luz de estas consideraciones, la relación entre teología y filosofía se interpreta mejor
como un círculo. La fuente y el punto de partida de la teología siempre debe ser la palabra de Dios
revelada en la historia, mientras que su objetivo final será la comprensión de esa palabra que
aumenta con cada generación que pasa. Sin embargo, dado que la palabra de Dios es Verdad (cf. Jn
17, 17), la búsqueda humana de la filosofía de la verdad, perseguida de acuerdo con sus propias
reglas, solo puede ayudar a comprender mejor la palabra de Dios. No es solo una cuestión de
discurso teológico usando este o aquel concepto o elemento de una construcción filosófica; lo que
más importa es que la razón del creyente use sus poderes de reflexión en la búsqueda de la verdad
que se mueve desde la palabra de Dios hacia una mejor comprensión de ella. Es como si,
moviéndose entre los polos gemelos de Dios 'Según la palabra y una mejor comprensión de la
misma, a la razón se le ofrece orientación y se le advierte contra los caminos que lo llevarían a
desviarse de la Verdad revelada y desviarse al final de la verdad pura y simple. En cambio, la razón
se agita para explorar caminos que por sí mismos ni siquiera sospecharía que podría tomar. Esta
relación circular con la Palabra de Dios deja la filosofía enriquecida, porque la razón descubre
horizontes nuevos e insospechados ".
Diferentes estados de la filosofía
Aquí el Papa distingue tres posturas diferentes ( estado ). La primera es la filosofía
completamente independiente de la revelación del Evangelio., como en los filósofos paganos
clásicos y otros, incluso hoy, que no han escuchado el Evangelio. "Vemos aquí la aspiración válida
de la filosofía de ser una empresa autónoma, obedeciendo sus propias reglas y empleando solo los
poderes de la razón. Aunque seriamente perjudicada por la debilidad inherente de la razón humana,
esta aspiración debe ser apoyada y fortalecida. Como una búsqueda de la verdad dentro En el orden
natural, la empresa de la filosofía siempre está abierta, al menos implícitamente, a lo sobrenatural
".Los criterios de rigor (sistemática) e integridad expresan la aspiración de la filosofía de ser
universalmente válida. Sin embargo, casi de inmediato, el Papa distingue esta autonomía de la
[Link] por la filosofía "por algunos filósofos modernos".
La segunda postura es la filosofía cristiana, una "especulación filosófica concebida en
unión dinámica con la fe" (# 76). Esto tiene un aspecto subjetivo, en el que la fe como virtud
teológica purifica la razón del individuo y libera al intelecto de la presunción, y un aspecto objetivo
, en el sentido de que la fe nos da pistas sobre verdades que la razón es capaz de descubrir pero que
probablemente no sin la ayuda de la fe que lo guía .
La tercera postura es la filosofía invocada por la teología. "Como un trabajo de razón
crítica a la luz de la fe, la teología presupone y requiere en toda su investigación una razón formada
y educada para el concepto y el argumento. Además, la teología necesita la filosofía como un socio
en el diálogo para confirmar la inteligibilidad y la verdad universal. No fue por casualidad que los
Padres de la Iglesia y los teólogos medievales adoptaron filosofías no cristianas. Este hecho
histórico confirma el valor de la autonomía de la filosofía, que permanece intacta cuando la teología
recurre a ella; pero también muestra el transformaciones profundas que la filosofía misma debe
sufrir”.
En este punto, el Papa hace un comentario muy interesante: "Cuando adopta esta postura,
la filosofía, como la teología, queda más directamente bajo la autoridad del Magisterio y su
discernimiento, debido a las implicaciones que tiene para la comprensión de la Revelación, como
Ya lo he explicado. Las verdades de la fe exigen ciertas exigencias que la filosofía debe respetar
siempre que involucra la teología ".Esto es significativo porque indica que el filósofo católico a
veces se dedicará naturalmente a la teología, ya que en esta tercera postura la distinción entre la
filosofía tal como se practica en este contexto y la teología sistemática se evapora. O esa, al menos,
es la forma en que lo leo. Entonces, por ejemplo, si yo como filósofo católico estoy escribiendo un
artículo sobre la metafísica de la Encarnación, entonces estoy participando en una tarea propiamente
teológica y también, dentro de esta tercera postura, una tarea propiamente filosófica. Aquí la
distinción entre hacer filosofía y hacer teología se rompe, a pesar de que la filosofía en su conjunto
contiene elementos extrateológicos y la teología en su conjunto contiene elementos extrafilosóficos.
El Papa invoca a Santo Tomás como el "modelo auténtico para todos los que buscan la verdad. En
su pensamiento, las demandas de la razón y el poder de la fe encontraron la síntesis más elevada
jamás alcanzada por el pensamiento humano, porque él podría defender la novedad radical
introducida por Apocalipsis sin degradar la aventura propia de la razón ". a pesar de que la filosofía
en su conjunto contiene elementos extrateológicos y la teología en su conjunto contiene elementos
extrafilosóficos. El Papa invoca a Santo Tomás como el "modelo auténtico para todos los que
buscan la verdad. En su pensamiento, las demandas de la razón y el poder de la fe encontraron la
síntesis más elevada jamás alcanzada por el pensamiento humano, porque él podría defender la
novedad radical introducida por Apocalipsis sin degradar la aventura propia de la razón”. a pesar de
que la filosofía en su conjunto contiene elementos extrateológicos y la teología en su conjunto
contiene elementos extrafilosóficos. El Papa invoca a Santo Tomás como el "modelo auténtico para
todos los que buscan la [Link] su pensamiento, las demandas de la razón y el poder de la fe
encontraron la síntesis más elevada jamás alcanzada por el pensamiento humano, porque él podría
defender la novedad radical introducida por Apocalipsis sin degradar la aventura propia de la razón
".
Ahora el Papa prepara el escenario para el próximo capítulo al "desarrollar aún más lo que
el Magisterio antes que yo ha enseñado" y señalar con audacia "ciertos requisitos que la
teologí[Link] hoy del pensamiento filosófico y las filosofías contemporáneas". Continúa: "Como ya
he señalado, la filosofía debe obedecer sus propias reglas y basarse en sus propios principios; la
verdad, sin embargo, solo puede ser una. El contenido de Apocalipsis nunca puede degradar los
descubrimientos y la legítima autonomía de la razón. Sin embargo, consciente de que no puede
establecerse como un valor absoluto y exclusivo, la razón por su parte nunca debe perder su
capacidad de cuestionar y ser cuestionado. En virtud del esplendor que emana del Ser subsistente, la
verdad revelada ofrece la plenitud de la luz y, por lo tanto, iluminará el camino de la investigación
filosófica. En resumen, Christian Revelation se convierte en el verdadero punto de encuentro y
compromiso entre el pensamiento filosófico y teológico en su relación recíproca.. Es de esperar, por
lo tanto, que los teólogos y filósofos se dejen guiar solo por la autoridad de la verdad para que surja
una filosofía en consonancia con la palabra de Dios. Tal filosofía será un lugar donde la fe cristiana
y las culturas humanas pueden encontrarse, un punto de entendimiento entre creyentes y no
creyentes. Ayudará a llevar a los creyentes a una convicción más fuerte de que la fe se hace más
profunda y más auténtica cuando se casa con el pensamiento y no lo rechaza ".
CAPÍTULO VII
EXIGENCIAS Y COMETIDOS ACTUALES
Exigencias irrenunciables de la palabra de Dios
"La convicción fundamental de la 'filosofía' que se encuentra en la Biblia es que el mundo y
la vida humana tienen un significado y miran hacia su cumplimiento, que viene en Jesucristo. El
misterio de la Encarnación siempre seguirá siendo el punto central de referencia para una
comprensión del enigma de la existencia humana, el mundo creado y Dios mismo. El desafío de
este misterio lleva la filosofía a sus límites, ya que se convoca a la razón para hacer suya una lógica
que derriba los muros dentro de los cuales corre el riesgo de ser confinada. solo en este punto el
sentido de la vida alcanza su momento decisivo. La esencia íntima de Dios y del ser humano se
vuelve inteligible: en el misterio del Verbo Encarnado, la naturaleza humana y la naturaleza divina
están protegidas en toda su autonomía, y al mismo tiempo, el vínculo único que los une en
mutualidad sin confusión de se revela cualquier tipo ". Este es un desafío bastante audaz para el
mundo de la filosofía profesional." ¿Ustedes filósofos se sienten marginados? Bueno, aquí es donde
te has equivocado”. Pero es importante recordar que Platón tampoco estaría muy satisfecho con el
estado actual de la filosofía profesional.
El Papa nos lleva a estar en una crisis de significado, tanto por el pesimismo generalizado
con respecto a la razón como por la fragmentación de las disciplinas académicas. Como él dice,
"Esto hace que la búsqueda del significado sea difícil y, a menudo, infructuosa... y puede conducir
fácilmente al escepticismo, la indiferencia o varias formas de nihilismo" (# 81). Esto nos lleva más
lejos dentro de nosotros mismos en "una introversión cada vez más profunda" sin una apertura a lo
trascendente y auto-trascendente. Entonces, lo primero que debe hacer la filosofía es "recuperar su
dimensión sapiencial como una búsqueda del significado supremo y general de la vida.... esta
dimensión sapiencial es aún más necesaria hoy en día, porque la inmensa expansión de la
humanidad".
Esto lleva al segundo requisito, a saber, "que la filosofía verifique la capacidad humana de
conocer la verdad, de llegar a un conocimiento que pueda alcanzar la verdad objetiva por medio de
ese adaequatio rei et intellectus al que se refirieron los médicos escolásticos... La Sagrada Escritura
siempre asume que el individuo, incluso si es culpable de duplicidad y mentira, puede conocer y
comprender la verdad clara y simple ".
Los dos primeros requisitos implican un tercero: "la necesidad de una filosofía de rango
genuinamente metafísico, capaz, es decir, de trascender los datos empíricos para lograr algo
absoluto, último y fundamental en su búsqueda de la verdad. Este requisito está implícito en la
experiencia y el conocimiento analítico por igual, y en particular es un requisito para conocer el
bien moral, que tiene su fundamento último en el Bien Supremo, Dios mismo ... En este sentido, la
metafísica no debe verse como una alternativa a la antropología, ya que es la metafísica la que hace
posible fundamentar el concepto de dignidad personal en virtud de su naturaleza espiritual ".
"No podemos detenernos solo en la experiencia; incluso si la experiencia revela la
interioridad y espiritualidad del ser humano, el pensamiento especulativo debe penetrar hasta el
núcleo espiritual y el terreno desde el que surge. Por lo tanto, una filosofía que rechaza la metafísica
sería radicalmente inadecuada para el tarea de mediación en la comprensión de Apocalipsis. Una
teología sin un horizonte metafísico no podría ir más allá de un análisis de la experiencia religiosa,
ni permitiría que el intellectus fidei ofrezca una explicación coherente del valor universal y
trascendente de la verdad revelada. Si insisto con tanta fuerza en el elemento metafísico, es porque
estoy convencido de que es el camino a seguir para ir más allá de la crisis que actualmente invade
grandes sectores de la filosofía,y así corregir ciertos modos de comportamiento erróneos que ahora
están muy extendidos en nuestra sociedad ".
Del mismo modo, no podemos detenernos en la hermenéutica. Necesitamos ir más allá del
texto a la realidad que significa. Esta es solo otra indicación de una pérdida general de confianza en
los poderes de la razón. "La fe presupone claramente que el lenguaje humano es capaz de expresar
la realidad divina y trascendente de una manera universal: analógicamente, es cierto, pero no menos
significativo para eso. Si no fuera así, la palabra de Dios, que siempre es una palabra divina en el
lenguaje humano no sería capaz de decir nada acerca de Dios. La interpretación de esta palabra no
puede simplemente seguir refiriéndonos a una interpretación tras otra, sin llevarnos a una
declaración que sea simplemente verdadera; de lo contrario no habría Revelación de Dios, pero solo
la expresión de nociones humanas sobre Dios y sobre lo que Dios presumiblemente piensa de
nosotros ".
Esto es mucho para el mundo de la filosofía profesional, y el Papa lo sabe muy bien. Una
vez más, el tema de la unidad del conocimiento emerge claramente: "Soy muy consciente de que
estos requisitos que la palabra de Dios impone a la filosofía pueden parecer desalentadores para
muchas personas involucradas en la investigación filosófica actual. Sin embargo, esta es la razón,
retomando lo que enseñado repetidamente por los Papas durante varias generaciones y reafirmado
por el propio Concilio Vaticano II, deseo reafirmar firmemente la convicción de que el ser humano
puede llegar a una visión unificada y orgánica del conocimiento. Esta es una de las tareas que el
pensamiento cristiano hará tienen que retomar el próximo milenio de la era cristiana. La
segmentación del conocimiento, con su enfoque fragmentado de la verdad y la consecuente
fragmentación del significado, evita que la gente de hoy llegue a una unidad interior. ¿Cómo podría
la Iglesia no preocuparse por esto? Es el Evangelio el que impone esta tarea sapiencial directamente
sobre sus pastores, y no pueden rehuir su deber de emprenderla ". La única solución es que los
filósofos se identifiquen como parte de la tradición" que, comenzando con el antiguos, pasa por los
Padres de la Iglesia y los maestros del escolasticismo e incluye los logros fundamentales del
pensamiento moderno y contemporáneo "(ibídem.). En resumen, el Papa lo expresa de esta manera:
"En la situación actual, por lo tanto, es más significativo que algunos filósofos estén promoviendo
una recuperación del papel determinante de esta tradición para un enfoque correcto del
conocimiento. El atractivo de la tradición no es un mero recuerdo del pasado; implica más bien el
reconocimiento de un patrimonio cultural que pertenece a toda la humanidad. De hecho, se puede
decir que somos nosotros los que pertenecemos a la tradición y que no es nuestro el disponer a
voluntad. Precisamente Al estar arraigados en la tradición, hoy podremos desarrollar para el futuro
un modo de pensamiento original, nuevo y constructivo. Este mismo atractivo es aún más válido
para la teología.
Los peligros a los que es propenso el trabajo filosófico: (i) eclecticismo , que no se ocupa lo
suficiente de la coherencia interna y coherencia histórica ; (ii) historicismo , que niega la "validez
duradera de la verdad" ; (iii) cientificismo , que limita la verdad absoluta a los hallazgos de las
ciencias positivas y relega otras afirmaciones de conocimiento al "reino de la mera fantasía": el
Papa ve el positivismo como resurgir como el rechazo moderno del valor a favor de la tecnología;
(iv) pragmatismo , con su desdén por un concepto denso del bien común y del bien moral a favor
del gobierno de la mayoría; y nihilismo, que es el resultado de los otros cuatro y constituye el
rechazo de "el significado del ser ... la negación de todos los fundamentos y la negación de toda
verdad objetiva". El nihilismo como fenómeno cultural lleva a las personas "poco a poco, ya sea a
una voluntad destructiva de poder o a una soledad sin esperanza. Una vez que se niega la verdad a
los seres humanos, es pura ilusión tratar de liberarlos. La verdad y la libertad van juntas de la mano
o juntas perecen en la miseria "( ibid .).
Una evaluación del estado actual de la filosofía, vale la pena citar en su totalidad:
"Al discutir estas corrientes de pensamiento, no fue mi intención presentar una imagen
completa del estado actual de la filosofía, que, en cualquier caso, sería difícil de reducir a una visión
unificada. Y ciertamente deseo enfatizar que nuestro La herencia del conocimiento y la sabiduría se
ha enriquecido en diferentes campos: solo necesitamos citar la lógica, la filosofía del lenguaje, la
epistemología, la filosofía de la naturaleza, la antropología, el análisis más penetrante de las
dimensiones afectivas del conocimiento y el enfoque existencial del análisis. Sin embargo, desde el
siglo pasado, la afirmación del principio de inmanencia, central en el argumento racionalista, ha
provocado una solicitud radical de reclamos que alguna vez se consideraron indiscutibles. En
respuesta, surgieron corrientes de irracionalismo,incluso cuando la falta de fundamento de la
demanda de que la razón se fundamentara absolutamente en sí misma se demostraba críticamente.
"Algunos pensadores han denominado nuestra era como la era de la" posmodernidad ". A
menudo utilizada en contextos muy diferentes, el término designa la aparición de un complejo de
nuevos factores que, tan extendidos y poderosos como son, han demostrado ser capaces de producir
importantes y cambios duraderos. El término se utilizó por primera vez con referencia a los
fenómenos estéticos, sociales y tecnológicos. Luego se transpuso al campo filosófico, pero ha
permanecido algo ambiguo, tanto porque el juicio sobre lo que se llama "posmoderno" es a veces
positivo y a veces negativo , y debido a que todavía no hay consenso sobre la delicada cuestión de
la demarcación de los diferentes períodos históricos. Sin embargo, una cosa es cierta: las corrientes
de pensamiento que afirman ser posmodernas merecen una atención adecuada.. Según algunos de
ellos, el tiempo de las certezas es irrevocablemente pasado, y el ser humano ahora debe aprender a
vivir en un horizonte de ausencia total de significado, donde todo es provisional y efímero. En su
crítica destructiva de cada certeza, varios autores no han logrado hacer distinciones cruciales y han
cuestionado las certidumbres de la fe.
“Este nihilismo ha sido justificado en cierto sentido por la terrible experiencia del mal que
ha marcado nuestra era. Una experiencia tan dramática ha asegurado el colapso del optimismo
racionalista, que consideraba la historia como el triunfante progreso de la razón, la fuente de toda
felicidad y libertad ; y ahora, a fines de este siglo, una de nuestras mayores amenazas es la tentación
de la desesperación.
"Aun así, sigue siendo cierto que un cierto pensamiento mental positivista continúa
alimentando la ilusión de que, gracias al progreso científico y técnico, el hombre y la mujer pueden
vivir como un demiurgo, solos y completamente a cargo de su destino".
Cometidos actuales de la teología
El Papa ahora pasa a la teología, aunque la filosofía sigue siendo prominente incluso aquí
debido a sus contribuciones a la teoría hermenéutica y al papel central que el Papa atribuye a la
metafísica en la teología. El Vaticano II le dio a la teología la doble tarea de (i) renovar sus métodos
específicos para servir a la evangelización y (ii) buscar la verdad suprema y nunca contentarse con
detenerse. Es esta segunda tarea la que implica la metafísica, con sus pretensiones de verdad
universalmente válida. El Papa agrega, en respuesta a quienes consideran moralmente cuestionable
la tarea de disculpa: "Creer que es posible conocer una verdad universalmente válida no es de
ninguna manera alentar la intolerancia; por el contrario, es la condición esencial para un diálogo
sincero y auténtico. entre personas
El propósito principal de la teología es "proporcionar una comprensión de la Revelación y
el contenido de la fe" . Esto implica, en primer lugar, la interpretación de los textos: la Sagrada
Escritura y los textos de la Tradición docente de la Iglesia. Aquí la buena filosofía debe desempeñar
un papel central si queremos evitar errores y consideramos que estos textos tienen un significado en
y para la historia de la salvación. La palabra de Dios tiene una universalidad que trasciende los
tiempos y culturas particulares en que se articula. Esta validez duradera se extiende al lenguaje
conceptual utilizado en las definiciones conciliares . El Papa agrega: "Este es un tema complejo
para reflexionar, ya que uno debe considerar seriamente el significado que las palabras asumen en
diferentes épocas y culturas. Sin embargo, La historia del pensamiento muestra que a través del
rango de culturas y su desarrollo, ciertos conceptos básicos conservan su valor epistemológico
universal y, por lo tanto, conservan la verdad de las proposiciones en las que se expresan. Si este no
fuera el caso, la filosofía y las ciencias no podrían comunicarse entre sí, ni podrían encontrar un
lugar en culturas diferentes de aquellas en las que fueron concebidas y desarrolladas. El problema
hermenéutico existe, sin duda; Pero no es insoluble. Además, el valor objetivo de muchos conceptos
no excluye que su significado sea a menudo imperfecto. Aquí es donde la especulación filosófica
puede ser muy útil. Podemos esperar, entonces, que la filosofía se preocupe especialmente por
profundizar la comprensión de la relación entre el lenguaje conceptual y la verdad,
Aún más vital que la interpretación de las fuentes es "la comprensión de la verdad revelada,
o la articulación del intellectus fidei ". Después de descartar como ya refutó la interpretación
funcional de las doctrinas, el Papa afirma: "Si el intellectus fideidesea integrar toda la riqueza de la
tradición teológica, debe recurrir a la filosofía del ser, que debería ser capaz de proponer
nuevamente el problema del ser, y esto en armonía con las demandas y percepciones de toda la
tradición filosófica, incluida la filosofía de tiempos más recientes, sin caer en la repetición estéril de
fórmulas anticuadas. Dentro de la tradición metafísica cristiana, la filosofía del ser es una filosofía
dinámica que ve la realidad en sus estructuras ontológicas, causales y comunicativas. Es fuerte y
duradero porque se basa en el acto mismo de ser en sí mismo, lo que permite una apertura total e
integral a la realidad en su conjunto, superando todos los límites para llegar a Aquel que hace
realidad todas las cosas. En teología, que extrae sus principios de Apocalipsis como una nueva
fuente de conocimiento,
Luego reafirma este sentimiento para el caso de la teología moral: "Para cumplir su misión,
la teología moral debe recurrir a una ética filosófica que mire a la verdad del bien, a una ética que
no sea subjetivista ni utilitaria. Tal ética implica y presupone una antropología filosófica y una
metafísica del bien. Partiendo de esta visión orgánica, vinculada necesariamente a la santidad
cristiana y a la práctica de las virtudes humanas y sobrenaturales, la teología moral podrá abordar
los diversos problemas de su competencia, tales como la paz, la justicia social, la familia, la defensa
de la vida y el medio ambiente natural, de una manera más apropiada y efectiva ".
En este punto, el Papa establece una conexión importante entre la teología y la catequesis,
insistiendo en que "el trabajo teológico en la Iglesia está al servicio de la proclamación de la fe y de
la catequesis" y que "la catequesis tiene implicaciones filosóficas que deben ser explorado más
profundamente a la luz de la fe ". La catequesis tiene como objetivo principal la formación doctrinal
y espiritual de la persona. Entonces la catequesis debe presentar la doctrina de la Iglesia en su
plenitud y conectarla con la vida de fe. Aquí la filosofía puede articular la conexión entre doctrina
(o veritas) y vita.
CONCLUSIÓN
El Papa explica que ha sentido la necesidad de tratar "de una manera más sistemática" con
la relación entre fe y filosofía cien años después de Aeterni Patris: "La importancia del pensamiento
filosófico en el desarrollo de la cultura y su influencia en los patrones de comportamiento personal
y social está a la vista de todos. Además, la filosofía ejerce una influencia poderosa, aunque no
siempre obvia, en la teología y sus disciplinas. Por estas razones, he considerado apropiado y
necesario enfatizar el valor de la filosofía para la comprensión de la fe, así como los límites que
enfrenta la filosofía cuando descuida o rechaza las verdades de la Revelación. La Iglesia sigue
profundamente convencida de que la fe y la razón se apoyan mutuamente ". La teología debe
recuperar su verdadera relación con la filosofía, pero es tan importante que la filosofía recupere su
verdadera relación con la teología.
Se enfatiza la importancia de la filosofía como causa y efecto de la cultura. La filosofía
puede inspirar a las personas a descubrir "tanto su capacidad de conocer la verdad como su anhelo
por el sentido último y definitivo de la vida" . Además, como "espejo de la cultura", la filosofía es
esencial para la nueva evangelización. que el Papa Pablo VI pidió y, de hecho, la filosofía a menudo
es necesaria como base para la comprensión y el diálogo entre creyentes y no creyentes:
"Reflexionando a la luz de la razón y de acuerdo con sus reglas, y guiados siempre por la
comprensión más profunda dada ellos, por la palabra de Dios, los filósofos cristianos pueden
desarrollar una reflexión que será comprensible y atractiva para aquellos que aún no comprenden la
verdad completa que declara la Revelación divina. Tal base para la comprensión y el diálogo es aún
más vital hoy en día, ya que Los problemas más apremiantes que enfrenta la humanidad -la
ecología, la paz y la coexistencia de diferentes razas y culturas, por ejemplo- posiblemente puedan
encontrar una solución si existe una colaboración clara y honesta entre los cristianos y los
seguidores de otras religiones y todos aquellos que,sin compartir una creencia religiosa, tenga en
mente la renovación de la humanidad ".
El Papa termina con llamamientos separados a teólogos, filósofos y científicos.
A los teólogos que el "El vínculo íntimo entre la sabiduría teológica y filosófica es uno de
los tesoros más distintivos de la tradición cristiana en la exploración de la verdad revelada. Es por
eso que exhorto [a los teólogos] a recuperar y expresar al máximo la dimensión metafísica de la
verdad Para entablar un diálogo crítico exigente con el pensamiento filosófico contemporáneo y con
la tradición filosófica en todos sus aspectos, ya sea en consonancia con la palabra de Dios o no. Que
los teólogos recuerden siempre las palabras de ese gran maestro del pensamiento y la espiritualidad,
San Buenaventura, quien al presentar su Itinerarium Mentisin Deum invita al lector a reconocer la
inadecuación de 'leer sin arrepentimiento, conocimiento sin devoción, investigación sin el impulso
de la maravilla, prudencia sin la capacidad de rendirse a la alegría, acción divorciada de la religión,
aprendizaje separado del amor, inteligencia sin humildad, estudio no sostenida por la gracia divina,
pensada sin la sabiduría inspirada por Dios "(# 105). (El Papa luego agrega algunas palabras
dirigidas especialmente a aquellos involucrados en la formación sacerdotal.
A los filósofos que tengan el coraje de recuperar, en el flujo de una tradición filosófica
duraderamente válida, la gama de sabiduría y verdad auténticas, incluida la verdad metafísica, que
es propia de la investigación filosófica. Deberían ser abiertos a las preguntas impulsivas que surgen
de la palabra de Dios y deben ser lo suficientemente fuertes como para dar forma a su pensamiento
y discusión en respuesta a ese desafío.
A los científicos les dice: "Al expresar mi admiración y ofrecer aliento a estos valientes
pioneros de la investigación científica, a quienes la humanidad debe gran parte de su desarrollo
actual, les exhortaría a continuar sus esfuerzos sin abandonar nunca la experiencia. Horizonte
dentro del cual los logros científicos y tecnológicos se unen a los valores filosóficos y éticos que
son la marca distintiva e indeleble de la persona humana”
Antes de invocar la asistencia, María, sede de la Sabiduría, al final, el Papa insta " todos
mirar más profundamente al hombre, a quien Cristo ha salvado en el misterio de su amor, y a la
búsqueda incesante del ser humano por la verdad y el significado. Diferentes sistemas filosóficos
han atraído a las personas a creer que son su propio maestro absoluto, capaces de decidir su propio
destino y futuro con total autonomía, confiando solo en sí mismos y en sus propios poderes. Pero
esto nunca puede ser la grandeza del ser humano, que puede encontrar satisfacción solo al elegir
entrar en la verdad, hacer un hogar a la sombra de la Sabiduría y morar allí.