INSTITUTO DE ESTUDIOS
SUPERIORES
EMPRENDEDORES ALFRED
NOBEL
PROYECTO DE INVESTIGACION
EL SUICIDIO COMO UNA ALTERNATIVA EN
LAS SOLUCIONES DE JOVENES DEL
MUNICIPIO DE SANTO DOMINGO
TEHUANTEPEC, OAXACA.
Lic. En Psicopedagogía
1er cuatrimestre
Grupo “B”
Alumno:
Ivan de Jesús Luis Margarito
Profesor:
Lic. Fabiola Betanzos Parola
Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca, noviembre del 2019
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
¿CUALES SON LOS FACTORES QUE INFLUYEN EN LOS SUICIDIOS EN
JOVENES EN EL MUNICIPIO DE SANTO DOMINGO TEHUANTEPEC,
OAXACA?
OBJETIVOS
OBJETIVO GENERAL
Al finalizar la investigación describir los factores psicológicos y sociales que
influyen en el intento de suicidio en adolescentes manteniendo la coherencia
y el orden de este proyecto de investigación.
OBJETIVOS ESPECIFICOS
Determinar de que manera los factores psicológicos influyen en la incidencia
de los intentos de suicidio en los jóvenes del municipio de Santo Domingo
Tehuantepec, Oaxaca.
Determinar si los antecedentes familiares, son un factor importante en la
decisión de intentos de suicidio en los jóvenes del municipio de Santo
Domingo Tehuantepec, Oaxaca.
Describir los factores sociales que predisponen a la conducta del intento del
suicidio en los jóvenes del municipio de Santo Domingo Tehuantepec,
Oaxaca.
JUSTIFICACION
Hablar sobre suicidio en la adolescencia resulta difícil por varias razones; porque se
considera un tema trágico, un tabú que preferimos no mencionar, por temor a que
se incremente el riesgo en adolescentes que intenten quitarse la vida, por considerar
que el suicidio no es tan frecuente en estas edades, pues es una etapa de la vida
con muchas potencialidades para desarrollar una existencia creativa y creer que
cuando ocurre, puede ser un acto impulsivo, no bien pensado y por considerar que
es una tarea exclusiva de psiquiatras, psicólogos, médicos y suicidólogos, en el que
no pueden intervenir otros sectores de la población. Cada una de estas razones
constituyen mitos relacionados con la conducta suicida y no reflejan en modo alguno
las evidencias del suicidio en la adolescencia. Aprender a cuidar la única vida que
tenemos los seres humanos es una cualidad que debe ser desarrollada desde la
más temprana infancia. Aprender a amarse racionalmente incrementa la capacidad
de amar a otros, aprender a respetarse hará que seamos respetados. Enfrentar la
vida con soluciones no suicidas mejorará nuestra calidad de vida. El suicidio en la
adolescencia es una trágica realidad, ocupa un lugar entre las tres primeras causas
de muerte en la mayoría de los países. Es por ello que considero de manera
primordial la realización de esta investigación para determinar las causas que llevan
a determinadas situaciones, conflictos intensos y marcados en la vida de los jóvenes
hasta el punto de llevarlos al suicidio, creer que esta es la única solución a sus
problemas, es algo que preocupa a la sociedad ya que la inmadurez de los jóvenes
en esta etapa de su vida es muy susceptible a cambios de temperamentos. A través
de este trabajo se aspira a que se permita sensibilizar a los jóvenes del municipio
de Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca sobre tomar conciencia en sus decisiones
evitándole fatalidades en su vida. Esta investigación es importante que se realice
porque busca estudiar uno de los fenómenos más complejos que enfrenta el ser
humano como es el suicidio y de manera especial, el suicidio de los adolescentes.
Conocer mejor este problema, permitirá generar estrategias útiles para prevenir
dicho comportamiento.
MARCO TEÓRICO
CAPITULO 1
EL SUICIDIO
1.1 Conceptualización
1.1.1 Motivos, causas y sintomatología
1.1.2 Suicidio y género
1.1.3 Proceso psíquico del suicidio
CAPITULO 2
LA ADOLESCENCIA
2.1 Conceptualización
2.1.1 Fases de la adolescencia
2.1.2 El yo en la adolescencia
2.1.3 Pensamiento y razonamiento en la adolescencia
2.1.4 La importancia de los vínculos y los aspectos socio-culturales en la
adolescencia
CAPITULO 3
IDEACIÓN SUICIDA
3.1 Conceptualización
3.1.1 Factores de riesgo
3.1.2 Signos o señales de alerta habituales
3.1.3 Asistencia y prevención
MARCO TEÓRICO
CAPITULO 1
SUICIDIO
1.1 CONCEPTUALIZACIÓN
La palabra suicidio deriva del latín moderno sui (de sí mismo) y cidium (matar), el
Diccionario Hispánico Universal (1968) define al suicidio como un acto intencional
causado a uno mismo que pone en peligro la vida y que da como resultado la
muerte. Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (1968) lo define como
un acto con resultado mortal, cada día hay en promedio casi 3000 personas que
ponen fin a su vida, y al menos 20 personas intentan suicidarse por cada una que
lo consigue. De esta manera se estima que para el año 2020, el número de
defunciones por esta causa crecerá un 50% para alcanzar los 1,5 millones de
muertes anuales.
Según el “Protocolo para la detección y manejo inicial de la ideación suicida”, se
considera que el suicidio en jóvenes es uno de los problemas más importantes en
la actualidad. Refiere que la Organización Mundial de la salud (OMS), ubica al
suicidio dentro de las diez primeras causas de muerte a nivel mundial, “al año
mueren en el mundo alrededor de un millón de personas y 1,8% del total de
fallecimientos son por este motivo. Los datos de suicidio entre los jóvenes son muy
preocupantes, entre los 15 y 24 años se establece entre la segunda y tercera causa
de muerte, igual para ambos sexos. Las tasas de suicidio, aunque varían
considerablemente entre países, han aumentado aproximadamente en un 60% en
los últimos 50 años. El problema es de una gran magnitud si se tiene en cuenta que
por cada suicidio consumado existen al menos 20 intentos.” (De la Torre Martí,
2013, p.3). Los autores hacen referencia también, a la estrecha relación que existe
entre suicidio y depresión, destacando que la mayoría de las personas que se
suicidan, tienen antecedentes depresivos y la mitad de las personas con diagnóstico
de depresión, han tenido intentos suicidas… es un fenómeno que se lo debe
considerar como multi causal, en el que aspectos psicológicos, sociales, y
psiquiátricos se ponen en juego en relación al acto suicida. Por lo que se cree
prioritario, que la conducta suicida sea prevenida y atendida de manera adecuada,
esto se puede llevar a cabo mediante la detección de los signos que pueda
presentar el joven de ideación y pensamientos suicidas, ya que aquellos son los que
suelen aparecer en los consultorios clínicos. (De la Torre Martí, 2013).
Desde la psicología y la sociología varios autores son los que coinciden en que a
pesar de que sea un acto individual, las causas que llevan al individuo a terminar
con su vida dependen de factores sociales. Así, por ejemplo, Durkheim (1985)
definió al suicidio como un hecho social, como la búsqueda de una solución, y el
problema se constituiría para aquellos que siguen vivos en el sistema social.
Sostiene además que es tan suicidio matarse como dejarse morir, cuando la
persona en el momento de cometer el acto que pondrá fin a su vida, sabe con
certeza lo que normalmente debe resultar del mismo. Además, manifiesta que entre
los aspectos y factores importantes en el suicida se deben señalar: aislamiento,
imposibilidad de abstenerse a normas sociales o de cumplir anhelos personales y
la pérdida de la propia estima.
Marchiori (1999), considera que el suicidio es un comportamiento que la persona
realiza intencionalmente de manera autodestructiva. Se desarrolla en un contexto
de una etapa altamente sensible de la vida, panorama que se ve agravado si el
contexto familiar-social no es lo suficientemente apto para contener a la persona en
riesgo.
La autora recientemente mencionada, hace referencia a que el suicidio no se trataría
de una entidad psicopatológica, sino más bien un fenómeno en el que se encuentran
variables biológicas, psicológicas, sociológicas y culturales. A su vez, tanto el
suicidio como el intento de suicidio no cuentan con un significado unívoco,
dependen de las circunstancias en las que se encuentre cada persona y el estado
emocional en el que se encuentre.
Según Marchiori (1993), gran parte de las veces han observado comunicaciones y
advertencias verbales por parte de la persona que se encuentra en riesgo. Estos
intentos de comunicar algo son más bien un aviso dirigido a alguien, un mensaje
que por lo general lo que busca es una respuesta por parte del receptor.
1.1.1 Motivos, causas y sintomatología
Con respecto a los motivos que llevan a una persona a decidir quitarse la vida,
Marchiori (1990) considera que el suicidio puede darse por:
- Depresión.
- Alcoholismo.
- Conflictos familiares.
- Conflictos económicos.
- Situaciones sociales y culturales.
- Situaciones de enfermedad orgánica.
- Situaciones de enfermedad mental.
En cuanto a las causas del suicidio, Carlos Tozzini (1969) describe las siguientes:
- Por enfermedad mortal, real o imaginaria.
- Por taedium via vitae.
- Por agresividad (del sujeto contra sí mismo; del sujeto contra el medio).
- Por depresión (crónica y aguda).
- Por heroicidad.
- Por accidente.
Desde una perspectiva criminológica: (Solomon y Patch)
- La persona que intenta suicidarse o que voluntariamente autodestruye su vida,
presenta una acentuada vulnerabilidad emocional, familiar y social.
- La depresión por pérdidas reales, concretas y muy importantes en su vida,
constituye la base de los comportamientos suicidas.
- El suicida produce un comportamiento irreversible para sí, para su familia y ara la
sociedad.
- Todo intento de suicidio pone en serio riesgo la vida de la persona y existe el
peligro de las repeticiones o reincidencias autodestructivas.
- El suicida daña moralmente a su familia, a la sociedad y a la cultura a la cual
pertenece.
- Se requiere reforzar las medidas asistenciales y de prevención del suicidio.
- Son necesarios mayores programas para cuidar la vida de las personas.
Según Marchiori (1990), la Sintomatología de las personas en riesgo suicidas es la
siguiente:
- Retraimiento: El individuo se aísla de su medio social y familiar. Se aleja de sus
intereses cotidianos
- Pérdida de interés por las personas, por sus familiares y amigos, por su actividad
principal.
- Pérdida de interés por su trabajo y sus actividades.
- Insomnio. Pérdida de apetito, desinterés por las relaciones sexuales.
- Interés llamativo por la muerte y los temas vinculados a ella, entre ellos el suicidio.
- Preparativos Inesperados para la muerte, preocupación por sus cosas, sus
deudas, documentos, etc.
- Un deseo repentino de desprenderse de las posesiones más preciadas.
- Interés en la compra de armas, sogas, drogas, etc.
- Un sentimiento de desamparo y de vulnerabilidad, de indefensión.
1.1.2 Suicidio y género
Se evalúa la conducta de riesgo y protección a la salud, y se concluye que los
hombres tienden a situaciones de riesgo y de daño en mayor medida que las
mujeres. Los hombres tienden a ser más impulsivos, por lo que son más propensos
a realizar acciones auto lesivas, en las mujeres en cambio, hay una prevalencia en
cuanto a los sentimientos de desesperanza y la depresión. (Langhinrichsen-Rohling
en Villalobos Galvis, 2009).
En cuanto al suicidio por género, se cree que los hombres incluyen métodos de
mayor letalidad, se rehúsan a pedir ayuda, son más propensos a las sustancias
psicoactivas y al consumo excesivo de alcohol. Las mujeres, poseen más
mecanismos de afrontamiento ante situaciones estresantes, tienen en cuenta más
de una variable a la hora de tomar alguna decisión, tendencia que las ayudaría en
el momento de llegar al suicidio consumado. (Villalobos Galvis, 2009).
A nivel estadístico, se calcula que cada cien personas que intentan suicidarse, un
70% pertenece al sexo femenino, pero las personas que realizan el acto suicida
propiamente dicho/consumación del acto, 70 de cada 100 personas son varones.
En su mayoría, los intentos suicidas frustrados ocurren en las mujeres. (Morón,
1987).
1.1.3 Proceso psíquico del suicidio
Marchiori (1990), señala que las personas con riesgo suicida, se encuentran en un
estado emocional de desesperación y angustia incontrolable. El proceso psíquico,
comprende las siguientes etapas:
La idea del suicidio: la representación mental del acto. Las ideas de muerte van
estructurando una personalidad cada vez más angustiada y con una progresiva
marginación o auto marginación social.
- La preparación del suicidio: los comportamientos y actos preparatorios de la
acción, por ejemplo, comprar veneno, armas, escribir cartas, preparar funeral,
despedirse de los familiares.
- El suicidio: acto de matarse, tiene como consecuencia la muerte.
(Marchiori, 1990).
CAPITULO 2
ADOLESCENCIA
2.1 CONCEPTUALIZACIÓN
“El término “adolescencia” proviene del latín adolescens que significa “hombre joven
y deriva también de que significa “crecer, padecer, sufrir”. Consecuentemente, es
un período conflictivo, “crítico”, es decir, un momento decisivo en el cual el sujeto
se separa de lo familiar, juzga y decide. Asimismo, lo consideran un “purgatorio”, un
tiempo en el que nuevamente se vivencia el sufrimiento del nacimiento, es decir que
podría interpretarse como un “segundo nacimiento”, pero psicológico”. (Griffa y
Moreno, 2005, p.8).
El período de vida caracterizado como “adolescencia”, al igual que todo fenómeno
humano, explican Aberastury y Knobel (1971), se lo debe considerar como tal dentro
de un marco cultural-social en el cual se desarrolla. Así que es importante
comprender esta etapa como un fenómeno específico en la historia del desarrollo
del ser humano, como también las condiciones del contexto geográfico en el que se
desarrolla y las variables temporales histórico-sociales. A su vez, mientras los
elementos socioculturales influyen en las manifestaciones adolescentes, se debe
tener en cuenta que también existen variables psico biológicas que dan
características universales a este fenómeno. (Aberastury y Knobel, 1971).
Según Aberastury y Knobel (1971) una característica propia se refiere a que, como
toda situación de crisis, obliga al individuo a reformularse los conceptos que tiene
sobre sí mismo, llevando a un abandono progresivo de la imagen infantil y a
empezar a proyectarse en un mundo adulto. El fenómeno adolescente, debe
tomarse como un proceso universal de cambio, de desprendimiento, pero que
tendrá connotaciones particulares dependiendo el medio circundante por el que se
vea envuelto el joven, las cuales favorecerán o dificultarán el desarrollo, según las
circunstancias.
De acuerdo a Carvajal Corzo (1994), el ser humano a lo largo de su desarrollo se
ve atravesado por etapas relativa tranquilidad, como también períodos de cambios
y crisis. Dependiendo la fase que se esté atravesando, van a ser las exigencias
específicas a la estructura psíquica. “el período de cambios y crisis que se designa
con el nombre de adolescencia es sin duda la más turbulenta de todas. Abarca, más
o menos, la segunda década de vida.” (Carvajal Corzo, 1994, p.9). Se observa a la
adolescencia como un camino de la dependencia e indefensión infantil hacia la
posibilidad de desenvolverse en el mundo adulto de manera autónoma e
independiente.
Como en cualquier otra fase del ciclo vital del ser humano, la persona no solo se
define por su desarrollo individual, sino también por el medio externo que lo rodea,
los otros significativos con los que se relaciona, que en principio son los vínculos
parentales, y luego pasan a ser compañeros y profesores. Para el adolescente, los
grupos e instituciones en los que se encuentra inserto, la clase socio económica a
la cual pertenece, la cultura que lo rodea y sus ideales adquieren fundamental
importancia, ya que son las interacciones con las que el joven cuenta, por un lado,
y las figuras significativas por el otro, las que le dan a esta etapa vital un carácter
especial que lo diferencia de las diferentes etapas de la vida. (Carvajal Corzo, 1994).
Para poder comprender qué se entiende por adolescencia, se debe pensar en el
marco de un ciclo vital que engloba al sujeto desde sus inicios de constitución
psíquica, este ciclo del ser humano está constituido por una secuencia compleja de
períodos de una relativa tranquilidad y períodos de grandes cambios,
frecuentemente acompañados de crisis. (Carvajal Corzo, 1994).
Tal como explica Fernández Mouján (1997), la adolescencia no es una unidad
definible estáticamente para siempre, sino que se trata de un período de transición,
que se divide a su vez en tres etapas: pubertad, adolescencia propiamente dicha o
media, y final. Se puede explicar a la adolescencia como un período del desarrollo
en el que el joven transita duelos, crisis de identidad, como una organización libidinal
e integración genital o como un proceso en el que se desarrolla el pensamiento
adulto.
2.1.1. Fases de la adolescencia
Según Griffa y Moreno (2005), es posible distinguir tres fases en la adolescencia:
“adolescencia inicial o baja”, “adolescencia media o propiamente dicha” y
“adolescencia alta o final”:
- Adolescencia inicial o baja adolescencia: Abarca aproximadamente entre los 11 y
13 años, incluyendo en esta etapa a la pubertad.
Como principal característica se da el desarrollo corporal, que demanda una
importante reorganización de la personalidad, con una definitiva diferenciación física
entre los sexos.
En cuanto a las relaciones parentales, la familia sigue siendo el centro de su vida,
aunque lentamente empieza la tarea de desprendimiento de ella.
- Adolescencia media o propiamente dicha: Comprende el período entre los 12-13
años a los 16 años. Es la fase en donde se constituye la identidad personal y sexual.
En cuanto al desarrollo corporal, ya no es tan acelerado como lo era en la etapa
puberal, y alcanza proporciones adultas.
En cuanto a la relación con la familia, los autores destacan el distanciamiento
familiar que se produce, en donde la familia deja de ser el centro de existencia. Se
producen logros de lograr independencia, lo que lleva la gran parte de las veces a
conductas de rebeldía y a la autoridad en general. De forma paralela al
distanciamiento, se adhieren al grupo de pares, creando sus propias normas y
costumbres, acordes a la ideología grupal imperante, grupos en los que predomina
la orientación al sexo opuesto, conformados heterogéneamente.
Consecuentemente, en esta fase se producen fuertes ambivalencias y
contradicciones debido a las fantasías de independencia que genera separaciones
y uniones a nuevos grupos, donde el descontrol y la confusión son muy frecuentes.
Esta etapa está fuertemente caracterizada por la búsqueda del sentido de la vida,
el descubrimiento de valores y de preocupación ética.
- Adolescencia final o alta adolescencia: es difícil determinar cuándo culmina el
periodo adolescente, esto dependerá de distintos criterios que consideren
importante la inserción laboral, el partir de la casa, finalizar el secundario, lograr un
título universitario, el casamiento... en esta etapa el joven realiza un doble
movimiento: hacia el mundo externo (grupo de pares, amistad, vínculos amorosos);
y otro movimiento hacia el mundo interno (ideales, proyectos de vida,
responsabilidad social, conciencia moral).
(Griffa y Moreno, 2005).
2.1.2. El yo en la adolescencia
La forma en la que los jóvenes se perciben a sí mismos, tiene importantes efectos
en la forma de desenvolverse ante las posteriores circunstancias de la vida. “el
dilema esencial para un joven que desea integrarse plenamente en la sociedad es
el que existe entre “desempeñar los roles adecuados” y el “yo”. Por una parte, es
importante poder desempeñar los roles correctos en diversos entornos sociales, y
seguir las reglas prescriptas para esas situaciones. Por otra, es igualmente
importante poder mantener elementos de la individualidad o el yo”. (Coleman y
Hendry, 2003, p. 59).
Se considera fundamental, al referirnos al yo, el desarrollo de las nociones de auto
concepto, autoestima e identidad; definiendo al primero como la idea global del
sentido del yo, que incluye la autoestima, la imagen corporal y otras dimensiones
del yo; el autoestima como la evaluación que el joven hace de sí mismo o el sentido
de autovaloración, y la identidad como una idea integradora de la persona, que
engloba el ideal de vida para el Yo y el de la sociedad en la que el hombre vive.
(Coleman y Hendry, 2003).
Auto concepto: Según Coleman y Hendry (2003), plantean que, en la adolescencia,
se produce una mayor diferenciación que en la niñez, en cuanto a sí mismo. Los
aspectos del auto concepto, a su vez, se vinculan a situaciones específicas. Así, un
niño podrá percibir su estado emocional, ya sea tristeza, alegría o enojo, de manera
más general, mientras que el adolescente, pueda especificarlo a situaciones
concretas y ante determinadas circunstancias. Por otra parte, el adolescente,
empieza a incluir la noción sobre quien hace una descripción, por ejemplo, expresar
que los padres lo ven contento y tranquilo, pero que los amigos lo perciben de
manera diferente. Se lo considera como una capacidad que adquiere el yo de ver
diferentes puntos de vista.
- Autoestima: al mismo tiempo que se desarrolla el auto concepto, se desarrolla la
autoestima. Considerando ésta como la evaluación general que uno hace de su
valía personal. Se considera que imagen personal, concepto personal y auto
percepción son términos que se relacionan estrechamente, ya que todos
refieren a la manera en la que el sujeto hace evaluación de sí mismo. (Coleman y
Hendry, 2003).
Es especialmente en la etapa adolescente, donde la autoestima adquiere
importancia fundamental, si se compara con otras edades tempranas. Si bien en
esta etapa vital, los jóvenes pasan menos tiempo con sus padres y entran en
conflicto la mayoría de las veces, el lazo padre-hijos sigue siendo crucial, ya que si
los padres son capaces de brindar amor, apoyo y seguridad, la autoestima del
adolescente, va a tender a aumentar, al contrario, si los menosprecian y no creen
en sus capacidades y potencialidades, son ignorados, entre otras actitudes, la
autoestima va a tender a disminuir, lo que indica la importancia de la aprobación de
los padres, como también los adultos significativos con los que cuenta el joven que
no son familiares, como lo puede ser un maestro, u otro referente externo. (Delval,
1998).
Identidad: Se le da particular importancia al concepto de identidad en esta etapa
vital, ya que se considera que “la adolescencia está signada por el pasaje de una
identidad reconocida a una identidad asumida” (Griffa y Moreno, p.48, 2005). Tal
como consideran Griffa y Moreno (2005), la identidad es una tarea que lleva a cabo
el adolescente, ya que a diferencia de la etapa infantil, en la que el sujeto es
consciente de estar en su mundo, el lugar que ocupa es más signado por los otros
que totalmente apropiado como parte de sí mismo; el adolescente, realiza un trabajo
de conquista y apropiamiento de un lugar nuevo y desconocido hasta el momento,
desde el cual desarrollarse como persona para posteriormente acceder al mundo
adulto, dicho lugar no sólo que debe ser reconocido, asignado y dado por los otros,
sino que debe ser un lugar de descubrimiento y apropiación desde el yo del joven,
requiere ser consciente de sí mismo, reconocerse diferente a los demás,
desarrollando poco a poco la tarea identificatoria. Por lo que el sí mismo, dejará de
ser un lugar asignado por el mundo externo, para pasar a ser el centro de sus
propias iniciativas.
Erikson, en Griffa y Moreno (2005), postula que el desarrollo de la identidad personal
es un proceso gradual, que comienza desde el momento en que nacemos. Implica
un autoconocimiento del sujeto de sí mismo y de sus posibilidades; aunque lo más
íntimo y profundo de cada persona se va descubriendo a lo largo de la vida en el
tránsito de las diferentes etapas vitales.
La identidad entonces, haría referencia a la consistencia con la que el sujeto se
desenvuelve a lo largo de su vida a pesar de las modificaciones que puedan existir
en el tiempo.
Fernández Mouján (1997), menciona los elementos que componen a la identidad
agrupadas en tres sentimientos básicos: unidad, mismidad y continuidad. Éstos, son
inseparables y se manifiestan en el desarrollo de todas las áreas del ser humano.
La unidad se trata de la necesidad que tiene el Yo de integrarse y diferenciarse en
el espacio en el que se vive. Corresponde al cuerpo, al esquema corporal en su total
organización y la percepción que de él tiene la persona. Es por esto que en la crisis
de identidad que el adolescente transita, se rompe la unidad por el cambio físico y
las sensaciones que percibe, así como el cambio de la imagen interna sobre su
cuerpo.
La mismidad implica el reconocerse a uno mismo en el tiempo (mente) y en el
espacio (cuerpo). Pero fundamentalmente se trata de la necesidad de ser
reconocido por los demás.
La continuidad radica en la necesidad del Yo de percibirse uno mismo a lo largo del
tiempo, a pesar de los cambios y discontinuidades que puedan existir.
2.1.3. Pensamiento y razonamiento en la adolescencia
El desarrollo cognitivo en los adolescentes, al igual que otras aéreas de maduración,
está en constante cambio y desarrollo, aunque no tan visible como otras esferas de
crecimiento. Las alteraciones a nivel intelectual y del pensamiento, producen
consecuencias e implicaciones en los comportamientos y actitudes de los jóvenes.
A su vez, estos cambios hacen posible la independencia del pensamiento y la
acción, desarrollando una perspectiva temporal que incluye al futuro, facilita el
progreso a la madurez en las relaciones, las destrezas comunicacionales, y son de
gran ayuda para la capacidad del individuo para asumir responsabilidades en un
mundo adulto en la sociedad. (Coleman y Hendry, 2003).
Operaciones formales: Coleman y Hendry (2003), hacen referencia al concepto de
operaciones formales, desarrollado por el psicólogo suizo Jean
Piaget, sobre el desarrollo cognitivo de los adolescentes. Éste señala que existe un
cambio cualitativo en la naturaleza de la capacidad mental del joven, lo que lleva a
la consolidación del pensamiento operacional formal propiamente dicho. Se hace
especial distinción entre las operaciones concretas y las formales, en las concretas
(entre los 7 y 11 años), el niño comienza a dominar las nociones de clases,
relaciones y cantidades; también permite formularse hipótesis y explicaciones sobre
acontecimientos concretos. De todas maneras, en la etapa concreta, el niño no es
capaz de diferenciar claramente entre lo que se da perceptivamente y lo que se
construye mentalmente. En cambio, cuando el joven accede a las operaciones
formales, empieza a tener a su disposición otro tipo de capacidades, considerando
la más relevante, la capacidad para construir proposiciones “contrarias a los
hechos”. “este cambio se ha descrito como un desplazamiento de énfasis en el
pensamiento adolescente de lo “real” a lo “posible”, y facilita un enfoque hipotético-
deductivo para la resolución de problemas y para la comprensión de la lógica
proposicional” (Coleman y Hendry, 2003).
Tal como señala Fernández Mouján (1997), refiriéndose al pensamiento lógico-
formal como el verdadero cambio en el pensamiento adolescente, haciendo
referencia a la teoría de Piaget; señala que las estructuras formales, no son innatas
ni socialmente adquiridas, sino que dependen de dos factores: por un lado, la
interacción con el medio, y por otro, de factores endógenos de carácter biológico.
De esta manera, la lógica formal, permite al pensamiento adolescente, la
incorporación a la sociedad y un mayor dominio de los impulsos, gracias a que la
capacidad de espera se hace posible. A su vez, permite captar los valores culturales
abstractos como patria, ideología, entre otras, hasta el momento no reconocibles,
ya que, en el estadio anterior del desarrollo del pensamiento, se limitaba a ideas u
objetos concretos.
- Pensamiento moral: De acuerdo a Jean Piaget (1932), y su teoría del juicio moral
del niño, explica la existencia de dos estadios en el desarrollo de la moral. El
primero: “realismo moral”, es un periodo en donde los niños hacen juicios sobre una
base objetiva, por ejemplo, estiman la cantidad de daño que se ha causado. El
segundo estadio, que corresponde a la edad de 8 a 12 años aproximadamente, se
lo llama moralidad de cooperación o de reciprocidad; en éste, las decisiones sobre
la moralidad se hacen sobre una base subjetiva, y dependen de la intencionalidad
de los actos, más que de una consecuencia.
2.1.4. La importancia de los vínculos y los aspectos socio culturales en la
Adolescencia
Es fundamental, a la hora de estudiar cualquier problemática social, tener en cuenta
el ambiente circundante en el que se encuentra inserto tal fenómeno, como así
también las variables socio-culturales que lo rodean.
Tal como explican Aberastury y Knobel (2006), el proceso adolescente no se da
como una entidad aislada de la sociedad y del entorno que rodea al joven, es decir
que su desarrollo no va a depender únicamente de él y sus variables internas, sino
que, la familia, por ser el primer esbozo de mundo social, influye decisivamente y
determinará modos de ser del adolescente. Posterior a estas primeras
identificaciones con las figuras parentales, el medio será el encargado de delimitar
las nuevas posibilidades de identificación, incorporando pautas socioculturales y
económicas. Los dinamismos internos del sujeto, siguen conservándose, pero las
características del mundo externo, irán modificándolas lentamente.
Ricardo Rodulfo (2004) menciona que, en la etapa adolescente, existe “un nuevo
acto psíquico”: la inscripción del nosotros en la adolescencia. El “nosotros” como
parte de un proceso en el que el sujeto se puede diferenciar de otro sin necesidad
de tener que oponerse a él. Se trataría de una diferencia no oposicional, sino que
se reconoce los aspectos que el otro tiene distintos, pudiendo ver y aceptar la
alteridad del otro. El nosotros, como una adquisición expuesta a fallas, idas y
vueltas, pero implica que en la adolescencia se vuelva a pensar y a plantear la
problemática de la alteridad. Por un lado, porque el adolescente necesita ser
reconocido por sus pares, y ser admirado por ellos, en esta etapa se vuelve
esencial, y por el otro, porque se produce un proceso de desprendimiento del núcleo
familiar.
La vida del adolescente transcurre en dos planos: el de la familia y el grupo de pares,
en una progresiva separación y construcción de la identidad. Pero el entorno del
joven comprende también demandas sociales más amplias como la elección
vocacional, la inserción laboral, el rendimiento académico, el cómo transita el tiempo
libre y el uso del dinero. (Griffa y Moreno, 2005).
Silvia Di Segni, en Griffa y Moreno (2005), menciona la “gran orfandad del siglo XX”,
haciendo referencia a la pérdida de las figuras parentales como modelos a imitar;
parte de la cultura ha desdibujado el rol adulto y es necesaria la creación de nuevos
modelos de adultez, lo que implica dejar de lado la idea de adulto como alguien que
cumple un rol autoritario, los jóvenes necesitan padres, personas que se diferencien
de ellos, que marquen límites, que estén presentes, ya que si esto no ocurre, no
logran una adecuada socialización, no aprenden a esforzarse y no toleran
frustraciones, lo que podría llevar a consecuencias negativas muchas veces
expresadas en conductas destructivas hacia los demás o hacia sí mismos.
Sternbach (2006) explica que los jóvenes de hoy no se parecen a los de algunas
décadas anteriores. Debido a mutaciones culturales, que han producido cambios en
la subjetividad de todas las sociedades, por lo que no se puede definir a la
adolescencia como una categoría estática y rígida, no constituye un universal, es
definida como tal en cierto momento histórico dependiendo los discursos que
predominen en cada época. Hoy, a diferencia de otros periodos históricos, la
adolescencia era considerada una etapa de transición que culminaba en la adultez,
actualmente la juventud es aquello que todos aspiran alcanzar, construyéndose así
en un ideal colectivo. A su vez, explica la autora, la rapidez e inmediatez con la que
se vive el tiempo y sus transformaciones socioculturales, producen cambios
repentinos en la construcción de subjetividad, a tal punto en el que las brechas entre
generaciones se unen cada vez más, lo que hace más difícil diferenciarlas.
“A la vez, el enaltecimiento e idealización del estado adolescente coexiste en la
actualidad, significativamente, con la indeterminación de su lugar asignado para el
futuro en lo social. Así es que a menudo, el adolescente es idealizado en tanto tal,
pero ignorado en los requerimientos propios de su momento vital”. (Sternbach y
Rojas, 1997, p.121). Lo cual se presenta como una de las paradojas más severas
con las que se debe enfrentar el adolescente de la postmodernidad, generando así,
problemáticas que pueden poner en riesgo la vida del joven. En los últimos años,
mencionan las autoras, el crecimiento progresivo del suicidio adolescente es un
fenómeno que llama la atención, lo cual nos abre a interrogantes en relación al lugar
que ocupan los jóvenes en la familia y en la sociedad hoy en día.
CAPITULO 3
IDEACION SUICIDA
3.1. CONCEPTUALIZACIÓN
Se define a la ideación suicida como “la aparición de pensamientos cuyo contenido
está relacionado con terminar la propia existencia” (De la Torre Martí, p.3, 2013).
También se incluyen aquellos pensamientos que refieren a la falta de valor del
sentido de la vida, deseos de quitarse la vida, la planificación del acto suicida y
fantasías en torno a la muerte. Menciona la autora, que se debe hacer particular
diferenciación entre lo que se entiende como ideas suicidas y el acto suicida
propiamente dicho, ya que éste último tiene como resultado final la eliminación de
su propia vida, mientras que las ideas hacen referencia a una tentativa de autolesión
o autoeliminación intencionada sin resultado de muerte.
Según De la Torre Martí, existen diversas causas de ideación suicida, ya que es un
fenómeno multi determinado. Desde una perspectiva cognitiva- conductual,
destacan algunos factores que podrían tener mayor influencia sobre las ideas y
conducta suicida. Beck, Rush, Shaw y Emery (1983) explican que la una persona
puede expresar cierta tendencia al suicidio en conductas manifiestas: “el sigilo, una
decisión súbita de cumplir un deseo y en las expresiones verbales. El suicida puede
decir, por ejemplo: “no deseo seguir viviendo” o “quiero terminar con todo”. Otras
expresiones que pueden indicar ideas de suicidio son “no voy a aguantar mucho
más”, “soy una carga para todo el mundo”, “las cosas no van a mejorar nunca”, “toda
mi vida he sido inútil, etc.”. En ocasiones, la expresión de los deseos de suicidio es
indirecta y sólo puede comprenderse retrospectivamente”. (Beck, Rush, Shaw y
Emery, p.192, 1983).
Los autores recientemente mencionados, consideran que la intencionalidad suicida
se trataría de un continuo; en sus extremos se encuentran, por un lado, la intención
firmemente de suicidarse; por el otro, la idea de seguir con vida. A lo largo de este
continuo se pueden encontrar distintos grados de intencionalidad que van
variando… en este trayecto, el individuo tiene pocas o muchas intenciones de seguir
viviendo, por más que existan expresiones del tipo “no puedo soportarlo más”, no
necesariamente significa que tenga la firme convicción en su deseo de quitarse la
vida, aunque si constituyen una manifestación de querer abandonar toda sensación
de tristeza y malestar, aunque sea por un período de tiempo. El deseo de una
persona con rasgos depresivos, que intenta huir a la vida puede ser tan grande, que
tenga en vista la idea del suicidio como una posibilidad mejor a su estado actual.
(Beck, Rush, Shaw y Emery, 1993).
La presencia de un estilo cognitivo en personas que tienen una perspectiva
pesimista sobre su futuro, el entorno y ellos mismo y la presencia de rasgos
depresivos, asociados a un proceso emocional y comportamental disfuncional,
puede llevar a la persona a un sentimiento de desesperanza, disminuyendo así las
posibilidades de que la persona encuentre soluciones disponibles, lo que hace
aumentar la probabilidad de suicidio. (De la Torre Martí, 2003).
Explica De la Torre Martí (2013), que una hipótesis fundamental a la hora de explicar
las ideas suicidas, es que aparezca un suceso estresante que haga desencadenar
ciertas emociones (generalmente de frustración/rechazo), la sensación de querer
desaparecer de alguna situación que se le presenta como imposible ante las
posibilidades que piensa el sujeto tener en algún momento, junto a la idea de que
no es posible encontrar una solución a sus problemas, y finalmente, la falta de
recursos para aliviar la crisis (por ejemplo, apoyo social).
De acuerdo a De la Torre Martí (2003), es fundamental a la hora de detectar el
riesgo suicida, evaluar los factores de riesgo del individuo y tener en cuenta que
cuanto mayor sea el número de factores en una misma persona, mayor será la
probabilidad de que se presente una ideación o una conducta suicida; así mismo,
que no se encuentren presentes no significa que una persona no pueda llevar a
cabo alguno de estos comportamientos.
3.1.1 Factores de riesgo
Según De la Torre Martí (2003), se debe prestar atención si se encuentra alguno de
los siguientes Factores de riesgo:
- Depresión
- Alcoholismo
- Adicción a sustancias
- Psicosis
- Intentos previos de intentos de suicidio o autolesiones
- Aislamiento
- Enfermedad física (posibles consecuencias vitales, crónica o que provoque gran
debilitamiento)
- Historia familiar de trastornos del estado de ánimo, alcoholismo o suicidio
- Duelo, pérdida reciente o preocupación con el aniversario de una pérdida
traumática
- Desestabilización familiar debido a una pérdida, abuso personal o sexual, o
violencia
- Trauma reciente (físico o psicológico)
- Plan específico de suicidio formulado
- Abandonar pertenencias preciadas o cerrar/arreglar asuntos
- Cambios radicales en el comportamiento o estado de ánimo
- Exhibir una o más emociones negativas intensas poco características
- Preocupación por abuso pasado
3.1.2 Signos o señales de alerta
Según De la Torre Martí, (2003) las personas que se encuentran en riesgo suicida,
presentan los siguientes signos o señales de alerta habituales:
- Verbaliza directamente la idea o posibilidad de suicidarse, con frases como
“quiero quitarme de en medio”, “la vida no merece la pena”, “lo que quisiera es
morirme”, “para vivir de esta manera lo mejor es estar muerto”. Es posible que las
verbalizaciones de algunos pacientes sean menos completas por lo que es
imprescindible mantenerse atentos cuando aparecen otras sutiles como “esto no
durará mucho”, “pronto aliviaré mi sufrimiento”, “dejaré de ser una carga”; así como
las dirigidas hacia él mismo, el futuro o la vida tales como “no valgo para nada”,
“esta vida no tiene sentido”, “estaríais mejor así”, “estoy cansado de luchar”, “quiero
terminar con todo”, “las cosas no van a mejorar nunca”.
- Piensa a menudo en el suicidio y no puede dejar de darle vueltas. Si esto ocurre,
se requiere diferenciar la posibilidad de suicidarse con el miedo a perder el control
en un problema de ansiedad u obsesión.
- Amenaza o se lo comenta a personas cercanas, lo cual se podría entender
como una petición de ayuda. Es frecuente que se comente la insatisfacción y poca
voluntad de vivir a otras personas cercanas antes que, al profesional sanitario, por
lo que puede ser de gran utilidad obtener información adicional de la familia y
relaciones íntimas siempre que sea posible.
- Lleva a cabo determinados preparativos relacionados con su desaparición,
como, por ejemplo, arreglar documentos, cerrar asuntos, preparar el testamento,
regalar objetos o bienes y llamar a otras personas para despedirse.
- Reconoce sentirse solo, aislado y se ve incapaz de aguantarlo o solucionarlo.
Piensa en ello constantemente y no ve ninguna salida a su situación. Se puede notar
que transmite sentimientos de impotencia, indefensión, depresión y especialmente
desesperanza.
Pierde interés por aficiones, obligaciones, familia, amigos, trabajo y apariencia
personal y comienza a aislarse personal y socialmente. Por ejemplo, deja de ir a
clase, salir los fines de semana, llamar a sus amigos, se encierra en su cuarto más
de lo habitual.
- Está muy deprimido y mejora de forma repentina e inesperada, momento en el
cual el paciente puede sentirse con fuerzas suficientes para llevar a cabo sus planes
de suicidio.
- Aparece un cambio repentino en su conducta. Por ejemplo, un aumento
significativo de la irascibilidad, irritabilidad, ingesta de bebidas alcohólicas en
cantidades superiores a las habituales y con una frecuencia inusual, calma o
tranquilidad repentina cuando previamente ha presentado gran agitación, etc.
- Se observa u obtiene información de autolesiones, sean estas lesiones más o
menos relevantes.
3.1.3 ASISTENCIA Y PREVENCIÓN
Las muertes que le suceden al comportamiento suicida, podrían ser prevenibles en
la mayor parte de los casos. Como posible estrategia, se debería concientizar a la
sociedad sobre el fenómeno del suicidio, más aún en aquellas personas que se
encuentren en riesgo, de manera que previamente se debería detectar estos grupos
para aplicar algún tipo de medida preventiva para que no culmine en el acto suicida
(Marchiori, 1990).
La asistencia y prevención en la persona que se encuentra en riesgo suicida están
vinculadas al problema de “ser escuchado”. Es por esto que los métodos que se
han implementado tienen que ver con escuchar al depresivo, o lograr una
comunicación con aquellos individuos que tienen una personalidad con tendencias
a la autodestrucción. Hablar telefónicamente –asistencialmente- con el individuo
que se encuentra atravesando una depresión es uno de los medios posibles;
consiste en que la persona pueda hablar sobre sus ideas de muerte, guardando
anonimato sobre su identidad, ni trasladarse a alguna institución. (Marchiori, 1990).
En la actualidad, los programas asistenciales y preventivos están dirigidos según el
momento de la intervención. Las intervenciones asistenciales están apoyadas por
medidas hospitalarias, medidas de seguridad, tratamiento individual y familiar. Es
decir, que la asistencia implica una intervención en situaciones de crisis y en donde
se encuentra en riesgo la vida de la persona; en el que van a intervenir varios
aspectos que eviten la reincidencia suicida, ya sea contención médica, emocional,
familiar o social. Bancroft y Marsack (1977) consideran tres momentos en la
asistencia al suicida:
1) Antes de la crisis (durante los actos preparativos)
2) Durante la crisis.
3) Después de la crisis, para evitar las reincidencias.
4) En los tres momentos, la asistencia significa una intervención en una situación
de crisis, es decir, de verdadera urgencia y por lo tanto de decisiones en relación a
un diagnóstico y a medidas médicas y terapéuticas.
Si la intervención se realiza antes de la crisis, es fundamental que se inicie
psicoterapia en situación de crisis con la intervención adecuada de profesionales
que ayuden y cuiden al paciente, también familiares y amigos, con los cuales se
sienta en confianza para ir superando las ideas de muerte. Cuando el paciente pasa
al acto, el tipo de intervención debe ser rápida y segura (una indecisión o demora
puede llevar a que la persona se exponga al riesgo de perder la vida). Solomon y
Patch (1972) sostienen que es de suma importancia la comunicación con el
paciente, en la que se focalice a que desista en la decisión de terminar con su propia
vida.
En el tercer momento de intervención –el más frecuente- es después del intento
suicida. Aquí los programas psicoterapéuticos individuales y familiares resultan los
más eficaces. Se considera necesario en la asistencia;
a) Recalcar la importancia de la escucha y contención por parte del profesional de
la psicoterapia de urgencia y en situación de crisis.
b) Recalcar la importancia de una persona personas a quienes los sujetos
vulnerables y el riesgo y puedan confiar sus problemas (Solomon y Match, 1972).
Morón (1987) considera que muchos suicidios son llevados a cabo en circunstancias
en la que es posible la intervención y el rescate. Plantea que el suicidio es una forma
de comunicarse ya que de otra manera no ha podido, sería un pedido de auxilio
ante anteriores intentos de comunicación que resultaron fallidos. En cuanto a la
prevención del suicidio, algunas medidas a considerar son:
- Toda amenaza de suicidio debe ser tomada en serio. Ésta es la primera regla en
la prevención del suicidio.
- El intento de suicidio implica que el individuo ya realizó conductas de ejecución y
que las puede volver a repetir. Además, el nuevo intento puede ser cada vez más
peligroso y con consecuencias fatales. Se requiere estar alerta y con las medidas
asistenciales y de tratamiento adecuadas.
La comunicación telefónica es muy valiosa para aquellos pacientes que se
encuentran en un momento de crisis o previamente a que se desencadene el
episodio. Otras medidas de prevención general sería informar y especializar a
médicos, psicólogos, trabajadores sociales y todo aquel que se encuentre en
contacto con la salud mental de la comunidad; también la apertura de servicios en
hospitales y lugares vulnerables de la comunidad (Marchiori, 1990).
Es frecuente la consulta de personas que se encuentran movilizadas, o
sensibilizadas porque en su población se encuentra con que los suicidios están
siendo recurrentes, averiguan líneas telefónicas para situaciones de urgencia. En la
última década se han formado varias organizaciones voluntarias, algunas
profesionales, y otras no, lo que da cuenta el compromiso de la comunidad desde
diferentes sectores de la sociedad. es importante el trabajo conjunto e
interdisciplinario desde la psicología, la sociología y la demografía para poder
detectar con mayor profundidad las características, causas y evolución de este
fenómeno en el tiempo (Martínez, 2007).