Labiduria riparia (TIJERETA) PREDATOR.
I. Breve definición del grupo y principales caracteres diagnósticos
Los dermápteros (Dermaptera, del griego derma, piel y pteron, ala; textura suave del segundo par de alas)
son un orden de insectos de unas 2000 especies, conocidos como tijeretas o cortatijeras, debido a la
impronta que producen los cercos en forma de pinza o tijera que estos insectos tienen en el extremo
posterior del cuerpo. Son insectos de cuerpo alargado, ligeramente aplanado, de tamaño mediano a
pequeño, de color negro a castaño oscuro -ciertas especies exóticas presentan reflejos metálicos-, con un
par de cercos posteriores. Las alas anteriores tienen aspecto elitroide y recubre las posteriores que son
membranosas. Normalmente viven bajo piedras, en las frutas o en la corteza de los árboles.
1.1. Morfología
Los dermápteros son insectos de talla pequeña a mediana (4-80 mm), con el tegumento esclerotizado y la
cutícula lisa o pubescente. Aparato bucal de tipo masticador. Las alas anteriores denominadas tegminas
recubren las alas posteriores dejando el abdomen al descubierto. El abdomen termina en un par de cercos.
La cabeza es de tipo prognato, convexa, de forma casi triangular y ligeramente aplanada con las suturas
visibles entre los escleritos. Para distinguir las categorías taxonómicas superiores se utiliza la longitud de
los ojos, la distancia entre ellos y las distancia entre las antenas (Steinmann, 1986). Los ojos están bien
desarrollados con unos centenares de omatidios, salvo ciertas especies parásitas o cavernícolas que son
ciegas. Carecen de ocelos. Delante de los ojos se insertan las antenas con un número variable de artejos
según las especies (12-50). La longitud de los artejos del primero al quinto, es un carácter significativo para
la identificación de especies en determinadas familias. Las antenas juegan un papel importante para el
reconocimiento de las presas, la parada nupcial y el cuidado de los huevos y de las larvas (Albouy &
Caussanel, 1990).
El aparato bucal es de tipo masticador, compuesto del labro, las mandíbulas, las maxilas, la hipofaringe y
el labio. El cuello es estrecho y membranoso con diferentes escleritos que facilitan el movimiento de la
cabeza en todos los sentidos.
El tórax comprende los tres segmentos característicos de los insectos. El protórax con una placa dorsal
única esclerotizada que es el pronoto. El mesonoto y el metanoto corresponden a las placas tergales del
segundo y tercer segmento del tórax; son más anchas que largas. En la región ventral, el prosterno,
mesosterno y el metasterno. El sistema pleural está bien desarrollado facilitando la inserción de los
podómeros basales de las patas.
Las tegminas son cortas y nunca sobrepasan la mitad del abdomen, en ciertas especies son muy cortas o
incluso ausentes. Pueden presentar unas carenas o pliegues característicos para la identificación de las
especies como se utilizan también en el caso de los élitros de los coleópteros. Las alas posteriores son de
forma semicircular, transparentes y membranosas, con una estructura muy complicada que jamás se ha
utilizado para la clasificación de las especies. Son funcionales en algunas especies como la tijereta común
(Forficula auricularia Linneo, 1758) y Labidura riparia (Pallas, 1773).
Fig. 1. Hábitus de Labiduria riparia, visión dorsal y ventral (adaptado de Burr, 1911).
Fig. 2. Ala desplegada de Labiduria riparia.
Las patas son de longitud variable según las especies, la coxa de forma troncocónica, el trocánter es
bastante pequeño, el fémur generalmente comprimido permite alojar la tibia cuando se flexiona la pata. La
tibia es de sección más o menos circular. Cada tarso comprende tres artejos; el primero y tercero de longitud
similar y el segundo más corto. La longitud y morfología de los tarsos es un carácter significativo para la
identificación de las especies.
El abdomen está provisto en el décimo terguito de un par de cercos que juegan un papel decisivo para la
captura de las presas y en el cortejo previo al apareamiento. La longitud del abdomen es aproximadamente
dos tercios de la longitud total del cuerpo; de forma convexa en la parte dorsal y más o menos plana en
posición ventral. Los terguitos recubren a ambos lados los esternitos, y los pleuritos membranosos están
muy reducidos. Existe un claro dimorfismo sexual, en cuanto al número de segmentos, y la forma y talla de
los cercos. Los machos presentan diez terguitos visibles y en las hembras el séptimo terguito recubre el
octavo y noveno. Tanto la morfología de los cercos como de los últimos terguitos en los machos son
caracteres significativos para la determinación de las especies.
1.2. Historia natural
Biología. Los dermápteros constituyen un orden relativamente pequeño de insectos, con unas 2000
especies. Los anglosajones tenían la falsa creencia de que las tijeretas se introducían en los oídos de las
personas y de ahí su nombre en inglés earwig. La mayor biodiversidad se presenta en los bosques
ecuatoriales de las regiones tropicales; de hábitos nocturnos, viven en la superficie del suelo, bajo las
piedras, en los tocones, etc. Se han encontrado ejemplares de Forficula auricularia en duraznos y
melocotones. En Canarias se ha colectado Labidura riparia en las playas, Euborellia annulipes en las
plataneras y Gonolabis maxima en cuevas (Herrera Mesa, 1999).
La alimentación de los dermápteros es de tipo omnívoro, aunque algunas especies más primitivas son
predadoras por lo que se utilizan para la lucha biológica o lucha integrada. En general la mayoría de los
forficúlidos son saprófagos, detritívoros o fitófagos alimentándose de los pétalos de las flores. En la literatura
científica se han descrito también casos de canibalismo. Las tijeretas utilizan los cercos para la captura y
retención de las presas.
En la región iberobalear y macaronésica los adultos se encuentran preferentemente de junio a septiembre,
aunque dependiendo de diferentes microclimas se pueden encontrar también desde la primavera hasta
finales del otoño. El acoplamiento se produce después del tocamiento de la hembra por los cercos del
macho, previa exploración mediante las antenas entre ambos congéneres. La hembra hace la puesta de
unos 25-70 huevos en el suelo y los cuida durante todo el invierno. Las tijeretas son hemimetábolas. Los
huevos eclosionan a comienzo de la primavera. Las larvas suelen abandonar el nido en el segundo estadio,
experimentan unas cuatro mudas durante las cuales aumenta el número de artejos de las antenas, se
desarrollan las alas y se completa la forma definitiva de los cercos; alcanzan la madurez al final del verano.
Algunas especies de los géneros Anisolabis y Euborellia presentan cinco mudas; los dermápteros presentan
en general una sola generación anual (Imms, 1994).
Predadores y parásitos. Entre los insectos, los predadores naturales más conocidas de Forficula
auricularia y Labidura riparia son los coleópteros carábidos y los estafilínidos. De los vertebrados, los
predadores más frecuentes son las aves insectívoras, el cuervo, el mirlo, la urraca y el zorzal, los erizos,
las musarañas y los zorros. Un estudio realizado mediante el análisis de las egagrópilas del mochuelo
común (Athene noctua) refleja que el 95% de las presas son artrópodos, principalmente insectos
coleópteros y dermápteros (Zerunian et al., 1982).
Los dermápteros en diferentes estadios del desarrollo postembrionario o en estado de imago pueden estar
afectados por protozoos, hongos, oligoquetos, ácaros u otros insectos. En efecto, el tubo digestivo de
diferentes especies de dermápteros se ha encontrado parasitado por gregarinas (Ball et al., 1986). En
determinadas condiciones ambientales de humedad y temperatura las larvas de ciertas especies pueden
ser atacadas por hongos. Algunos ácaros tiroglifidos dificultan el desarrollo de las larvas, y finalmente,
ciertos dípteros taquínidos como Triarthria setipennis son utilizados para la lucha biológica contra Forficula
auricularia porque parasitan sus huevos (Albouy & Caussanel, 1990).
1.3. Interés económico
Los dermápteros no están considerados entre las plagas más significativas de los insectos; aunque algunas
especies son estimadas como una amenaza para ciertos cultivos, otras en cambio son utilizadas para la
lucha integrada, e incluso algunas especies como Forficula auricularia son especies ambivalentes actuando
como plaga en frutales y utilizarse para la lucha biológica contra los áfidos (Aphis pomi y Eriosoma
lanigerum) que atacan a los manzanos (Carrillo, 1985). Quizá esta tijereta es de las especies más
perjudiciales porque causa daños en plantas ornamentales como las rosaledas, en las que estropea los
pétalos de las rosas y en los frutales como los albaricoqueros, melocotoneros, ciruelos y manzanos.
Así mismo Labidura riparia es también un predador de orugas y crisálidas de mariposas, áfidos y larvas de
coleópteros, en cultivos de cereales, maíz, algodón, soja y sorgo por lo que es utilizada de forma eficaz
para la lucha integrada.
1.4. Especies amenazadas en situación de riesgo.
En la fauna ibérica solo cabe mencionar la especie Eulithinus analis característica de hábitat de alta
montaña con poblaciones escasas, y en la fauna macaronésica el género Guanchia con 15 especies, la
mayoría endémicas de las Islas Canarias, con la excepción de G. circinata. Como medidas preventivas se
debe proteger el hábitat de estas especies de posibles desarrollos urbanísticos y fomentar la investigación
para mejorar el conocimiento de la biología y la bionomía de estos dermápteros.
1.5. Principales caracteres diagnósticos para la determinación de las especies
Número de artejos de las antenas.
Morfología y talla de las tegminas y las alas.
Forma y talla de los artejos de los tarsos.
Morfología de los cercos.
Genitalia de los machos.
II. Sistemática y diversidad biológica.
Las primeras clasificaciones de los dermápteros corresponden a Verhoeff (1901) y Zacher (1911) apoyadas
en el estudio detallado de las genitalias de los machos. Burr (1911) establece la primera clasificación de los
géneros y especies basada en los caracteres morfológicos externos más fáciles de distinguir que el análisis
de las genitalias, elabora una clasificación general del orden que es revisada posteriormente por Popham
y Brindle aportando claves para la identificación de los géneros. Estos autores proponen la separación de
un grupo más primitivo -con una genitalia del macho de dos lóbulos-, constituido por las familias
Carcinophoridae, Labiduridae y Pygidicranidae y un segundo grupo – con una genitalia simple-, formado
por las familias Chelisochidae, Forficulidae y Labiidae. La familia Pygidicranidae es considerada desde el
punto de vista filogenético la más antigua por la forma blatodea del cuello. Steinmann (1975) propone una
revisión de la clasificación a nivel de subfamilias basada en la forma de las tegminas y en la forma más o
menos aplastada del cuerpo. Posteriormente, este mismo autor propone una clasificación en dos
subórdenes, los Catadermaptera –con las superfamilias Apachyoidea, Carcinophoroidea y Pygidicranoidea-
con una genitalia del macho de dos lóbulos y los Eudermaptera con la superfamilia Forficuloidea, con una
genitalia simple.
En la clasificación de los dermápteros se presenta una cuestión significativa como es la posición de dos
grupos de dermapteroides parásitos, los Arixenina y los Hemimerina adaptados a la vida parasitaria que no
se consideran en este trabajo porque no cuentan con especies en la fauna ibérica ni macaronésica. La
fauna de dermápteros del mundo comprende 1912 especies. En Europa se encuentran 83 especies
agrupadas en cinco familias, y en la Península Ibérica se han identificado 30 especies que corresponden:
20 especies de la familia Forficulidae, siete de Anisolabididae, dos de Labiduridae y solo una especie de la
familia Spongiphoridae
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