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Composición y Ecosistemas de la Microbiota Oral

La cavidad oral puede considerarse como un gran ecosistema con múltiples microorganismos que interactúan entre sí y con su entorno. Este ecosistema se divide en varios ecosistemas primarios como la mucosa, las superficies dentales, la película adquirida y la placa dental. La película adquirida es una capa de menos de 1 mm formada por la adsorción de componentes salivales como proteínas y glucoproteínas sobre las superficies dentales, proporcionándole una carga electronegativa y permitiendo la posterior coloniz
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Composición y Ecosistemas de la Microbiota Oral

La cavidad oral puede considerarse como un gran ecosistema con múltiples microorganismos que interactúan entre sí y con su entorno. Este ecosistema se divide en varios ecosistemas primarios como la mucosa, las superficies dentales, la película adquirida y la placa dental. La película adquirida es una capa de menos de 1 mm formada por la adsorción de componentes salivales como proteínas y glucoproteínas sobre las superficies dentales, proporcionándole una carga electronegativa y permitiendo la posterior coloniz
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Ecología Oral. Composición Microbiota Oral.

El término ecosistema hace referencia a la comunidad de diferentes seres vivos que, establecidos en un lugar, interactúan entre
ellos y, a su vez, con los factores físicos y químicos que conforman su entorno no vivo. En este sentido, la cavidad oral puede
considerarse como un gran ecosistema. En ella existen microorganismos que se relacionan entre sí, están inmersos en un ambiente
específico, con elementos abióticos que les circundan, con el que también están estrechamente relacionados. La zona o lugar
natural en el que estos microorganismos se localizan se conoce como hábitat. El vocablo nicho no se refiere a un sitio físico sino al
conjunto de características físicas, químicas y biológicas que permiten a una determinada especie desarrollar sus funciones
elementales para vivir y reproducirse, a fin de constituir una comunidad. Los factores que regulan la coexistencia de los
microorganismos reciben el nombre de determinantes ecológicos. Cuando existe equilibrio entre la microbiota y los tejidos que
configuran parte del ecosistema, se utiliza el término de eubiosis y cuando éste se rompe, el de disbiosis que, en el caso que nos
ocupa, se correspondería con la boca enferma. Las enfermedades infecciosas de la cavidad oral son, como en otras partes del
organismo, específicas o inespecíficas; estas últimas tienen el carácter común de ser polimicrobianas y mixtas.
ECOSISTEMAS ORALES. La cavidad oral se encuentra situada en el tercio inferior de la cara y está dividida por los arcos
alveolodentarios en dos regiones: a) vestíbulo por delante de dichos arcos, limitado por los labios y las mejillas y b) la boca
propiamente dicha por detrás. Ambas se comunican entre sí por los espacios interdentales y retrodentales. En ella existe una amplia
diversidad de tejidos, microorganismos y ambientes; por esto, aunque en conjunto por sí misma constituiría un ecosistema, las
diferencias, algunas de ellas importantes, entre las distintas regiones que la configuran, determinan que pueda establecerse una
subdivisión en los denominados ecosistemas primarios, que básicamente son los siguientes:
1. Mucosa: Como la de cualquier otra zona está constituida por: a) epitelio de revestimiento queranocítico con los estratos basal,
espinoso, granuloso y, a veces, en algunas regiones, otro córneo y b) tejido conjuntivo subyacente o lámina propia; entre ambos
se distingue una delgada membrana o lámina basal. La población epitelial queranocítica se renueva periódicamente por un
proceso descamativo que dura 12 ó 13 días. La mucina y la fibronectina que la recubre tiene una gran significación ecológica
en la cavidad oral. La mucosa, cuya continuidad se ve interrumpida por los conductos de las glándulas salivales (mayores y
menores) y por los dientes, se subdivide en cuatro tipos diferentes, según su distribución topográfica y su actividad funcional
predominante.
- Masticatoria. Recubre el paladar blando y las encías.
- De la unión dentogingival. Reviste la región de la cavidad oral que está en íntimo contacto con las piezas dentarias.
- De revestimiento. Cubre labios, mejillas (yugal), suelo de la boca, superficie ventral de la lengua y paladar blando.
- Especializada. Tapiza la superficie dorsal de la lengua que, aun siendo un órgano musculoso y queratinizado, posee
numerosas papilas con funciones sensoriales y mecánicas.
2. Superficies dentales, película adquirida y placa
2.1. Superficies dentales. Los dientes, a diferencia de los epitelios mucosos, no son descamables y esta característica facilita la
colonización y acumulación bacteriana. Están constituidos por estructuras especializadas de tejido epitelial y conjuntivo,
mineralizados con una parte de material inorgánico, especialmente hidroxiapatita, y otra orgánica con colágeno,
proteoglucanos y diversas proteínas. Como ecosistema primario dental más importante en la región supragingival, destaca la
corona o parte del diente no cubierta por los huesos maxilares y que se encuentra expuesta en la cavidad oral; estructuralmente
está formada por el esmalte y una porción de dentina. El esmalte está constituido en peso por un 95% de componentes
inorgánicos, fundamentalmente cristales de apatita en forma hidroxi (mayor proporción), fluoruro y carbonatada, y un 5% de
agua y material orgánico; la dentina está compuesta en peso por un 70% de material inorgánico, un 20% de material orgánico,
principalmente colágeno, y un 10% de agua. En la corona destacan, por su importancia ecológica y su relación con las
enfermedades orales, las zonas retentivas de las áreas de contacto con las encías, las superficies oclusales o masticatorias,
donde se encuentra el sistema de surcos, fosas y fisuras, y los espacios proximales o interproximales en los que contactan los
dientes. Menos importancia como ecosistema primario tiene, en la región subgingival, el cemento radicular ya que, incluido en
los alvéolos dentarios de los huesos, no está expuesto al ambiente oral salvo en presencia de patología. Su composición química
es la siguiente: un 65% en peso de material inorgánico, un 23% de material orgánico y un 12% de agua. El cemento y, de forma
especial, la corona, son los auténticos ecosistemas primarios de las superficies dentarias; sin embargo, en el curso de 1 a 3
horas se recubren por la película adquirida y poco después ésta es colonizada por bacterias orales que inician la formación de
placas. Estos hechos son hasta cierto punto fisiológicos pese a realizar una higiene cuidadosa, de ahí que tanto la película
adquirida como las placas se consideran, al menos en sus comienzos, como ecosistemas primarios.
2.2. Película adquirida. Es una capa amorfa acelular de algo menos de 1 mm de espesor, constituida por la adsorción selectiva sobre
las superficies dentarias de componentes salivales, especialmente glucoproteínas y proteínas, y en menor grado, de productos
secretados por los microorganismos. Habrá diferencias en la composición de las distintas películas según se establezcan sobre
cemento, esmalte, sarro, e incluso sobre materiales artificiales. Sin embargo, el hecho de que en su génesis intervenga de forma
fundamental la saliva a la que está más expuesta la corona, a su trascendencia en el desarrollo de placa en esta zona y a que
sea la mejor conocida, motiva que se realice a continuación un breve bosquejo de cómo se lleva a cabo su formación (figura
51.1). En la superficie limpia del esmalte, los cristales hexagonales de hidroxiapatita, Ca10(PO4)6 (OH)2, se disponen en forma
de una red cristalina semejante a un panal. Los iones Ca2+ se sitúan en: a) los vértices del hexágono y b) en su interior, aunque
en distintos planos, formando dos triángulos equiláteros superpuestos alrededor de cada uno de los grupos hidroxilos. Los
aniones fosfatos tienen forma tetraédrica con el átomo de fósforo en el centro y los de oxígeno en los vértices; los grupos
tetraédricos se sitúan por parejas en cada uno de los lados de los hexágonos. Esto indica que los iones cálcicos están más o
menos «protegidos» por los aniones fosfatos, por lo que la superficie de la hidroxiapatita tendrá una carga predominantemente
negativa. Cuando la saliva baña la corona se constituye la capa de hidratación de Stern, de tal forma que la superficie de la
hidroxiapatita atrae iones contrarios, por lo que en dicha estructura predominarán iones calcio con algunos aniones fosfatos.
Este carácter anfotérico (cargas positivas y negativas) permite posteriormente la adsorción mayoritaria de proteínas ácidas
interaccionando con zonas positivas cálcicas, y de forma minoritaria, la de proteínas básicas con otras aniónicas de fosfatos
(igualmente, en menor cantidad, pueden interaccionar otros tipos de iones). Además, es posible que las proteínas salivales
desplacen los iones de la capa de hidratación, por lo que las mismas proteínas podrán interaccionar igualmente con la superficie
de la hidroxiapatita que, también, es anfotérica. En general, las primeras proteínas que se adsorben lo hacen por enlaces iónicos
y suelen ser de bajo peso molecular; cuando se ha formado esta capa inicial pueden tener lugar otro tipo de interacciones,
como los enlaces de hidrógeno e interacciones hidrófobas. Aunque la carga de las proteínas es el carácter primordial para la
adsorción, la configuración molecular y la distribución de los grupos cargados dentro de la molécula también serán importantes
para la adsorción sobre la capa de hidratación y la hidroxiapatita. Asimismo, las modificaciones que sufren algunas proteínas
salivales también desempeñan un importante papel para depositarse sobre la hidroxiapatita; así, la mucina que contiene
cadenas terminales de ácido siálico (N-acetilneuramímico o NANA) que le confieren carga negativa puede perderlas por la
acción de neuraminidasas microbianas y esto provoca su insolubilización y precipitación. Diversos estudios han señalado que
entre los aminoácidos que configuran la película adquirida destacan la prolina, glicina, tirosina, treonina, serina, etc. Las
proteínas detectadas son muy variables; entre ellas cabe destacar las siguientes: amilasa, lisozima, inmunoglobulinas A y G,
mucina, histatinas, estaterinas, cistatinas, glucosiltransferasas y, sobre todo, una glucoproteína de 62 kDa rica en prolina.
Igualmente se han encontrado restos glucídicos, bien porque formen parte de las glucoproteínas o bien porque sean productos
extracelulares bacterianos. En cualquier caso, el gran contenido de proteínas con grupos aniónicos libres proporciona a esta
película adquirida un carácter especialmente electronegativo.
2.3. Placa dental. Aunque su composición varía con el tiempo de evolución y la localización, podría definirse de forma general como
una biopelícula formada por microorganismos adheridos entre sí y a una superficie dentaria (considerando como tal a la película
adquirida), embebidos, entremezclados y rodeados de un material extracelular abiótico de un triple origen: bacteriano, saliva
y dieta. Con frecuencia se utiliza el término de materia alba para referirse a los depósitos de bacterias, leucocitos, células
epiteliales descamadas y restos de alimentos sobre las superficies dentales y placas, pero que son arrastrados por un chorro
de agua; la distinción entre estos dos tipos de acumulaciones microbianas es cuestionable y su empleo no tiene interés clínico.
Ésta es la razón por la que en este texto se utilizará el término, más aceptado internacionalmente, de placa para designar ambos
tipos de acumulaciones en las superficies dentales.
2.3.1. Supragingivales o coronales. A su vez estarán localizadas en: a) superficies lisas como las caras bucales o vestibulares,
palatinolinguales de los dientes y, de forma especial, en zonas de estancamiento como el margen gingival (placa de
superficies lisas o dentogingival, cuando se sitúa junto al margen de la encía); b) zonas de retención de las áreas de contacto
de los dientes o espacios interproximales (placa proximal) y c) otras zonas de retención como los hoyos, fosas, fisuras o
surcos de las superficies oclusales (placa de fosas y fisuras). De ellas, la mejor conocida es la de superficies lisas, ya que las
otras son difíciles de estudiar; esto se debe a la complejidad que entraña efectuar tomas de muestras sin que se
contaminen con zonas vecinas o con la propia saliva.
2.3.2. Subgingival. Está situada por debajo del margen de la encía en el surco gingival o, cuando éste profundiza en el curso de
enfermedades periodontales, en la bolsa (placa subgingival); a su vez, en este último caso se distinguen tres zonas: a)
adherida al diente, b) flotante y c) adherida al epitelio. También esta placa, como la de superficies libres, ha sido estudiada
suficientemente dentro de las limitaciones que supone su conocimiento exacto (véanse los capítulos 53 y 55). La
diferenciación entre la placa subgingival y la de superficies lisas, especialmente a nivel dentogingival, es fácil cuando existe
un límite entre ellas, es decir, cuando el margen de la encía marca fisiológicamente dicha separación, ya que, en
determinadas circunstancias, como el desplazamiento coronario de los tejidos gingivales por hiperplasia o cuando exista
una recesión gingival con migración apical, puede producirse una unificación topográfica de ambas
2.3.3. Localizada en las superficies radiculares. Aparece cuando éstas quedan expuestas al ambiente oral (placa radicular). Esta
entidad es discutible, ya que como se señalará en el capítulo 53 muestra importantes semejanzas con la subgingival
adherida al diente y la de superficies lisas en la zona dentogingival. Cuando las placas localizadas en la corona (superficies
lisas, proximal y de fosas y fisuras) y en el cemento (radicular) alcanzan cierto espesor y cuando se calcifican, especialmente
las de la zona dentogingival o la radicular, pueden observarse como una capa blancuzca o amarillenta (cálculo, sarro o
tártaro); su existencia se comprueba por raspado o mediante sustancias reveladoras que colorean dichas entidades. Por el
contrario, la placa subgingival verdadera, cuando no forma una unidad con la de superficies lisas, en las circunstancias que
se indicaron anteriormente, es difícil de observar mediante una mera inspección clínica, debido obviamente a su peculiar
situación anatómica, a no ser que se pueda separar la encía con un chorro de aire; por otra parte, el cálculo subgingival
suele ser de un color más negruzco y en su diagnóstico es fundamental el sondaje periodontal.
3. Materiales artificiales. Es el caso de los utilizados para restauración dental, terapéutica ortodóncica o cualquier otro elemento
no propio de los tejidos del hospedador. Evidentemente, este último carácter, el ser artificial, les haría que no fueran
considerados como ecosistemas primarios; sin embargo, la frecuencia con la que hoy día se encuentran en las cavidades orales
humanas, les hace que, hasta cierto punto y con las naturales reservas, puedan ser considerados como tales, máxime cuando
las afecciones derivadas de su existencia son a veces tan importante como la de los tejidos naturales.
4. Surco gingival. Es un espacio, hasta cierto punto virtual, del periodonto en el que se localizará la placa subgingival. Está formado
por el diente (corona y raíz) y dos porciones del epitelio que recubre la encía marginal o libre, el que se orienta hacia el diente
sin entrar en contacto con él (epitelio sulcular) y el que contacta la encía con el diente (epitelio de unión), que delimita en
sentido coronario dicho surco. En él se origina un exudado, el líquido gingival o crevicular, que procede de los capilares próximos
al epitelio de unión. Para algunos, su salida estaría relacionada de forma secundaria con la influencia inducida por la
acumulación bacteriana de la placa, ya sea dentogingival o subgingival. Para otros se trataría en realidad de un fenómeno
fisiológico continuo. Es una controversia puramente académica, puesto que siempre existen microorganismos en la unión
dentogingival, ya que éstos comienzan a acumularse al poco tiempo de realizar una higiene cuidadosa. Lógicamente, cuando
la placa dentogingival está claramente establecida, existe una auténtica placa subgingival y la salud periodontal es deficiente,
y por tanto existe inflamación, la cantidad de líquido gingival será mayor y puede quedar retenido, ya sea en el propio surco o
en las bolsas que se forman en el curso de las enfermedades periodontales, que no son más que incrementos de la profundidad
del surco gingival a consecuencia de la destrucción de los tejidos periodontales. En definitiva, tanto la anatomía del surco
gingival como la composición del líquido crevicular varían en función del estado o salud periodontal.
5. Saliva. Se trata de un líquido algo viscoso segregado al interior de la boca por diversas glándulas denominadas mayores y
menores. Las mayores son tres pares de glándulas: a) las parótidas, que vierten su secreción a través del conducto de Stenon
en las superficies de los molares y premolares superiores y b) las submaxilares y sublinguales, que lo hacen por medio del
conducto común de Wharton en la parte más ante rior del suelo de la boca a nivel de las superficies linguales de los incisivos
inferiores. Las glándulas salivales menores, en número de 500-700, se localizan en: a) paladar duro, blando y úvula (palatinas);
b) región del istmo en el pliegue glosopalatino o pilar anterior, extendiéndose a veces hasta el paladar blando (glosopalatinas);
c) en el tejido conjuntivo subyacente a la mucosa oral de los labios superior e inferior (labiales); d) en la mucosa que recubre la
mejilla (bucales); e) en las proximidades de la glándula sublingual mayor (sublinguales menores) y f) en la punta, el cuerpo y la
raíz de la lengua (linguales). Estas secreciones (saliva glandular) se esparcirán y contactarán con otras zonas cercanas; al mismo
tiempo, el movimiento de la lengua, labios y músculos mímicos de la cara las extenderán a otras regiones más amplias y se
mezclarán con el líquido gingival, restos alimentarios, microorganismos (especialmente los procedentes del dorso lingual) y
células descamadas de la mucosa oral (saliva completa o mixta), bañando abundantemente todos los ecosistemas primarios
orales, a excepción del surco gingival. Diariamente se segrega un volumen total de saliva de 1 a 1,5 litros, pero mientras que
sin estímulo externo existe un flujo continuo de entre 0,25 y 0,35 ml/minuto (saliva en reposo), ante un estímulo físico como
la presencia de nutrientes en la cavidad oral, la masticación o la fase previa a la ingestión de alimentos, el flujo puede llegar a
1,5 ml/minuto (saliva estimulada). Hay importantes diferencias entre la composición de la saliva glandular, mixta, en reposo o
estimulada, entre individuos e incluso en un mismo sujeto. Tales diferencias se acentuarán por diversos factores como el tipo
de alimentación, higiene oral, enfermedades glandulares, la deshidratación y otros. Reconociendo este hecho puede señalarse
que la saliva es una solución acuosa, con un 99,5 % de agua y un pH que oscila entre 6,5 y 7,5, en la que se encuentran diluidas
o dispersas múltiples sustancias como electrólitos (p. ej., calcio, amoníaco, bicarbonato fosfato), proteínas (p. ej., mucinas,
estaterinas, histatinas, cistatinas, otras ricas en prolina o enzimas como amilasa o lisozima), hidratos de carbono,
inmunoglobulinas y otros compuestos (en la tabla 51.1 se recogen a título orientativo algunos componentes de la saliva mixta,
tanto estimulada como en reposo, comparándolos con los del líquido gingival y el suero). La función principal de la saliva es
reblandecer y lubrificar los alimentos para facilitar su deglución; además, desde el punto de vista ecológico tiene un papel
importante en la regulación de la microbiota oral; sin embargo, se discute su consideración como ecosistema primario oral, ya
que cuando sale de las glándulas es totalmente estéril, pero, obviamente, encontrar saliva con estas características es imposible
en la práctica, porque instantáneamente, como se ha comentado, se contamina con otros elementos.
CARACTERÍSTICAS DE LOS ECOSISTEMAS ORALES. La cavidad oral es un ecosistema abierto y dinámico, expuesto a numerosos
factores que condicionan las características y la composición microbiana de los diversos ecosistemas primarios orales. Estos factores
pueden resumirse en los siguientes puntos:
 Variabilidad. Se refiere a que los ecosistemas presentan diferencias cualitativas y cuantitativas entre sí, entre los individuos, e
incluso en un mismo sujeto en idéntico ecosistema en momentos distintos del día. Esta variabilidad se debe en parte a: a)
factores propios del hospedador (p. ej., higiene oral, hábitos dietéticos, dientes con mayores o menores irregularidades en la
superficie oclusal, flujo salival o fuerza de la masticación); b) la naturaleza de los propios microorganismos (p. ej., capacidad de
adherirse a superficies duras que puede ser mayor, menor o nula) y c) factores fisicoquímicos (p. ej., pH, disponibilidad de
nutrientes o humedad).
 Heterogeneidad. Se refiere a la gran diversidad de especies distintas que pueden aislarse de los diferentes ecosistemas, de tal
forma que se ha llegado a decir que todos los microorganismos conocidos, que en cierta manera se relacionan con el hombre,
se aíslan alguna vez en la cavidad oral humana, bien como transitorios o transeúntes (la mayoría) o bien como residentes o
autóctonos (sólo unos pocos).
 Cantidad. Debido al fácil acceso de los microorganismos a la cavidad oral, se comprende que su cantidad sea muy elevada;
además, están muy concentrados en un espacio relativamente pequeño. Como ejemplo se debe señalar que la saliva puede
contener 100 millones de microorganismos por mililitro o que en la placa coronal madura de superficies lisas pueden
encontrarse hasta 1011-1012microorganismos por gramo de peso húmedo.
 Especificidad. Algunos microorganismos, que constituyen una minoría, tienen una tendencia especial a colonizar determinadas
superficies orales. Así, por ejemplo, Streptococcus mutans y Streptococcus sanguis se aíslan preferentemente en superficies
duras como la corona dental, mientras que Streptococcus salivarius y Stomatococcus mucilaginosus se detectan sobre todo en
el dorso de la lengua.
ESTUDIO DE LA MICROBIOTA ORAL. Debido a las peculiaridades de los ecosistemas primarios orales y, de forma especial, a la
variabilidad, heterogeneidad y cantidad de la microbiota, existen numerosos problemas a la hora de conocer con exactitud su
composición microbiana. Aunque en los últimos años se han realizado numerosos avances en los métodos diagnósticos
microbiológicos, su aplicación a la cavidad oral dista mucho de ser definitiva. Aunque en capítulos sucesivos se hará mención a los
procedimientos que se aplican para el estudio de diversas enfermedades orales, ahora se hará un somero resumen de cómo se
efectúa un análisis de la microbiota oral.
 Recogida de muestras. Debe, por una parte, ser representativa del ecosistema que se estudia y no contaminarse con
microorganismos de zonas circundantes.
 Transporte al laboratorio. Es imprescindible el uso de medios y sistemas apropiados, para que posteriormente puedan
recuperarse microorganismos especialmente exigentes y lábiles. No debe demorarse, por las mismas razones, el tiempo del
envío de las muestras, siendo lo ideal que las mismas se procesen a la cabecera del paciente.
 Tratamiento de las muestras. Aparte de otros procedimientos, es fundamental en muchas de ellas, como las placas, disgregarlas
para separar individualmente los microorganismos y así facilitar su estudio, o bien hacer diluciones. Los procesos pueden, sin
embargo, destruir algunos de ellos, introducir factores adversos para su posterior crecimiento (p. ej., aire para las bacterias
anaerobias estrictas) o eliminar algunas especies en el proceso de dilución.
 Estudios directos. Comprende exámenes en fresco con diversos tipos de microscopio y tinciones que sólo aportan información
parcial de los tipos de microorganismos existentes. Más útiles pueden ser la cromatografía de líquidos-gases, la fluorescencia
directa, otros métodos de detección de antígenos, sondas de ADN, reacción en cadena de la polimerasa (PCR), etc.
 Cultivo de las muestras. En unos casos habrá que realizar un estudio cualitativo (detección de los diferentes microorganismos)
y en otros cuantitativo (cantidad de microorganismos referidos a la unidad que se establezca, como peso o volumen), y en
ciertas ocasiones habrá que detectar una determinada especie en relación con el total de la microbiota. Ello obliga al empleo
de diferentes medios de cultivo sólidos con distinto grado de selectividad, atmósferas diversas y tiempos variables de
incubación. En algunos casos, la proliferación rápida de ciertos microorganismos puede interferir con otros que se multiplican
más lentamente.
 Identificación. Afortunadamente, hoy día se dispone de múltiples métodos que permiten establecer la identidad de los
microorganismos: estudio de enzimas preformadas, pruebas bioquímicas convencionales, reacciones antígenos-anticuerpos,
sondas de ADN, empleo de sistemas automatizados, etc.
NATURALEZA DE LA MICROBIOTA ORAL. La microbiota oral es extraordinariamente compleja. Se han llegado a aislar hasta 200
especies distintas en una misma cavidad bucal en el transcurso del tiempo; la mayor parte tendría la característica de ser transitoria,
de forma que como residente sólo quedarían unas 20 aproximadamente. En los capítulos correspondientes a la sección de
microbiología sistemática se han indicado los géneros y especies que suelen aislarse en la cavidad bucal y a ellos remitimos al lector.
A continuación sólo se recogen los principales microorganismos que constituyen la microbiota oral.
 Cocos grampositivos. Con gran diferencia sobre los demás son los estreptococos del grupo viridans los más aislados, tanto
cualitativa como cuantitativamente, de todos los ecosistemas orales, en menor proporción se hallarían Staphylococcus spp.,
Enterococcus spp., S. mucilaginosus, Abiotrophia spp., y los anaerobios estrictos Peptostreptococcus spp.
 Cocos gramnegativos. Se detectan diversas especies, aerobias y comensales no exigentes, del género Neisseria y otras
pertenecientes al género Veillonella como anaerobias estrictas.
 Bacilos grampositivos. Numerosos bacilos grampositivos y elementos filamentosos pleomórficos se aíslan de la cavidad oral.
Destacan un número amplio de especies de los géneros Actinomyces y Lactobacillus y, en menor cantidad, Corynebacterium
matruchotii, Rothia dentocariosa, especies de Propionibacterium y las pertenecientes a los géneros anaerobios Eubacterium y
Bifidobacterium. Otras bacterias no bien identificadas se incluyen habitualmente bajo el término vago e impreciso de
«difteroides» o «difteromorfos», por su forma similar a las corinebacterias.
 Bacilos gramnegativos. Sobresalen por su importancia los anaerobios estrictos no esporulados como Porphyromonas spp.,
Prevotella spp., Fusobacterium spp., Leptotrichia buccalis, Selenomonas spp. y Centipeda periodontii. Igualmente destacan
como bacterias anaerobias facultativas: Actinobacillus actinomycetemcomitans, Haemophilus spp., Eikenella corrodens,
Capnocytophaga spp. y algunas especies del género Campylobacter.
 Otros microorganismos. Entre ellos sobresalen los treponemas comensales, hongos como Candida spp., Mycoplasma spp., y los
escasos protozoos aislados en la cavidad oral como las especies Trichomonas tenax y Entamoeba gingivalis.
COMPOSICIÓN MICROBIANA DE LOS ECOSISTEMAS PRIMARIOS. Como se indicó previamente existen numerosos problemas de índole
técnico para estudiar la microbiota que coloniza los ecosistemas primarios; de ellos, sin olvidar otros que aluden a sus peculiaridades
especiales (cantidad, heterogeneidad y variabilidad), habría que destacar la posibilidad de la contaminación de un ecosistema por
la procedente de otros. Necesariamente, los estudios realizados son, hoy por hoy, incompletos; por ello, a continuación, y con
carácter meramente orientativo, se indica la distribución microbiana de algunos hábitat orales, que en realidad sólo representaría
una pequeña aproximación al tema.
 Mucosa. La microbiota de la mucosa oral está constituida, salvo en las encías y los labios, casi exclusivamente por cocos
grampositivos anaerobios facultativos y, en especial, por estreptococos viridans. Los labios, al representar una zona de
transición de piel a mucosas, estarán colonizados por una microbiota cutánea como Staphylococcus epidermidis y por especies
de los géneros Kocuria y Micrococcus; además, se detectan también abundantes estreptococos viridans procedentes de la
saliva y el dorso de la lengua debido la acción del humedecimiento labial. En la mucosa yugal predominan también los
estreptococos viridans, destacando Streptococcus mitis; le siguen en frecuencia S. sanguis y S. salivarius; también se aislarán
otros microorganismos presentes en la saliva. En el paladar duro existe una microbiota estreptocócica similar a la de la mucosa
yugal. En el paladar blando aparecen bacterias propias de las vías respiratorias altas como especies de Haemophilus,
Corynebacterium y Neisseria, Streptococcus pyogenes y estreptococos viridans. La microbiota de la encía está íntimamente
relacionada con la de la placa coronal lisa en la unión dentogingival y con la de localización subgingival. El dorso de la lengua
ofrece, por sus criptas y papilas, amplias posibilidades para la colonización bacteriana; aproximadamente un 45% son cocos
grampositivos anaerobios facultativos, destacando sobre los demás S. salivarius, seguido de S. mitis, estreptococos del grupo
milleri y es frecuente la detección de S. mucilaginosus; le siguen en proporción los cocos gramnegativos anaerobios estrictos
(aproximadamente un 16 % de diversas especies de Veillonella) y bacilos grampositivos anaerobios facultativos (en torno a un
12 %, fundamentalmente Actinomyces spp.), en menor proporción pueden detectarse diversas especies pertenecientes a los
géneros Lactobacillus, Neisseria, Fusobacterium y Haemophilus.
 Superficies dentarias. La microbiota correspondiente a los distintos tipos de placas coronales y de localización radicular.
 Surco gingival. Los microorganismos subgingivales se estudiarán en los capítulos 53 y 55. Señalaremos aquí que cuando hay
salud periodontal predominan en el surco los cocos grampositivos anaerobios facultativos, aproximadamente en un 50%, sobre
todo S. sanguis, S. mitis y Streptococcus gordonii y los bacilos grampositivos anaerobios facultativos (alrededor de un 18%),
entre los que destacan diversas especies del género Actimomyces.
 Saliva. Al carecer de microbiota propia, todos los microorganismos tienen un carácter transitorio que depende de la
composición de los otros ecosistemas primarios. En general, predominan los cocos grampositivos anaerobios facultativos (en
torno al 44%), los cocos gramnegativos anaerobios estrictos como Veillonella spp. (alrededor del 15%), y los bacilos anaerobios
facultativos grampositivos (aproximadamente un 15%), destacando las especies de Actinomyces.
SUCESIÓN DE LA MICROBIOTA ORAL. Se conoce como sucesión a la sustitución de unos microorganismos por otros en respuesta a
modificaciones que afectan a las características intrínsecas del lugar en que habitan. Se trata de un proceso continuo en el que la
microbiota que inicialmente se instaura en una zona recibe el nombre de comunidad pionera; posteriormente, diversas
circunstancias van modificándola hasta conseguir cierto grado de estabilidad en su composición; es lo que se denomina comunidad
clímax. En la cavidad oral se han descrito dos tipos de sucesiones: alogénica y autogénica
 Sucesión alogénica. Es la sustitución por cambios en el hábitat debida a factores no microbianos, tales como circunstancias
abióticas o del propio hospedador
- Nacimiento. Es el primero de los acontecimientos ambientales que afectan a la sucesión alogénica en la cavidad oral. En el
útero, el feto se encuentra libre de microorganismos y hasta las primeras 8 horas tras el nacimiento, la boca permanece
estéril. Debido al paso a través del canal del parto (contacto con la microbiota vaginal) y por las relaciones con el mundo
exterior (p. ej., aire o alimentación) se inicia la colonización oral. En estos primeros momentos pueden detectarse entre
otros lactobacilos, estafilococos, enterobacterias, neiserias, levaduras y, de forma especial, estreptococos viridans como
las especies S. mitis y S. salivarius que colonizan en particular la mucosa oral. La microbiota anaerobia estricta (p. ej.,
Veillonella spp., Peptostreptococcus spp. o Fusobacterium spp.) y otra anaerobia facultativa (p. ej., Actinomyces spp. o
Haemophilus spp.) se encuentra en poca cantidad. La selectividad de la cavidad oral va ejerciendo su acción de tal forma
que muchos de los microorganismos de esta comunidad pionera no logran establecerse de forma estable; así, poco a poco,
los más adaptados terminan por prevalecer sobre los demás; por ello, hay un claro predominio de la microbiota
estreptocócica (alrededor de un 98%) que desciende al 70% después del primer año.
- Erupción de los dientes. Este hecho fisiológico introduce importantes cambios ecológicos en la cavidad oral. Aparecen las
superficies lisas, las zonas interproximales, las superficies oclusales con las fosas y fisuras y el surco gingival. Surgen pues,
condiciones para la adhesión a superficies duras y ya la microbiota comienza a parecerse a la del adulto. S. sanguis parece
ser el gran beneficiado de estas circunstancias, pasando a ser la especie de estreptococos que se encuentra en mayor
proporción. Tras el primer año comenzará a detectarse S. mutans, principalmente entre la primera dentición y la aparición
de los molares permanentes. Asimismo pueden encontrarse, en mayores cantidades que en la época predental, anaerobios
estrictos, especialmente en el surco gingival, y anaerobios facultativos.
- Vida adulta. Los hábitos dietéticos, la higiene, las anomalías del tejido duro o blando, los cambios hormonales, la
administración de fármacos por vía general y local, etc., son algunos de los factores abióticos que pueden influir en esta
etapa de la sucesión alogénica.
- Caída de los dientes. Debido a la pérdida de superficies lisas y oclusales y del surco gingival, desde el punto de vista
ecológico supone, en cierta medida, un retorno a las condiciones inmediatamente posteriores al nacimiento con sensible
disminución de bacterias anaerobias estrictas, que tienen especial preponderancia en la región subgingival, y un
incremento de levaduras lígadas, ya en la vejez, a un cierto desgaste inmunitario y al uso de prótesis.
- Prótesis, materiales de restauración y otros materiales artificiales. Viene a significar la aparición de otras superficies sobre
las que los microorganismos desarrollarán la colonización.
 Sucesión autogénica. Es la sustitución de la microbiota por modificaciones en el hábitat debidas a factores microbianos. De esta
forma, microorganismos que constituyen una comunidad pionera crean condiciones óptimas para el desarrollo de otros e
incluso hostiles para ellos; así, sólo los más adaptados persistirán en el hábitat modificado, mientras que otros terminarán por
ser sustituidos. Estas modificaciones van ligadas a multitud de factores que se revisarán en los capítulos siguientes: consumo
de nutrientes, producción de ácidos, determinación de una atmósfera reducida, producción de peróxido de hidrógeno, síntesis
de bacteriocinas, etc. Un ejemplo típico de sucesión autogénica es lo que sucede en la placa supragingival de superficies lisas

Resumen. La cavidad oral es un gran ecosistema en el cual los microorganismos están relacionados entre sí y, a su vez, con los
elementos abióticos del entorno en el que están inmersos. Las distintas zonas que conforman estructuralmente esta cavidad
constituyen los llamados ecosistemas primarios: mucosa (masticatoria, de la unión dentogingival, de revestimiento y especializada);
superficies dentales (corona y cemento radicular), película adquirida y placas (supra y subgingivales y radiculares); materiales
artificiales; surco gingival y saliva. Los ecosistemas primarios orales se caracterizan por la gran variabilidad, heterogeneidad y
cantidad de la microbiota constituyente. Su compleja naturaleza, formada por cocos y bacilos (tanto grampositivos como
gramnegativos) y otros microorganismos, plantea numerosos problemas diagnósticos para determinar con exactitud su
composición.

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