Agustín Agualongo Sisneros
El 25 de agosto de 1780, nacía en Pasto,
el caudillo Agustín Agualongo Sisneros,
quien de simple miliciano cuando se
inscribe en 1811 para defender a su
ciudad de las agresiones que va a ser
objeto por parte de los ejércitos que tanto
del norte como del sur pretenden destruir,
fue adquiriendo sus títulos militares hasta
alcanzar el de Brigadier General de los
Ejércitos del Rey. Analizaremos cuales
son los conceptos que varios importantes
historiadores de Colombia y Ecuador
emitieron a favor de nuestro valor y
orgullo de un pueblo como hemos considerado a Agustín Agualongo.
Los siguientes son apartes del libro “Agualongo Valor y Orgullo de un
Pueblo” de autoría de Enrique Herrera Enríquez hablando del
nacimiento del prócer pastuso: “Fuertes vientos impregnados de frío que
presurosos bajan desde las colindantes montañas vecinas al valle de
Atriz, caracterizan en general la temporada de agosto en el placido
recinto de la histórica San Juan de Pasto que se extrémese y
convulsiona en los albores de la década de 1780, no solo con el habitual
periodo ambiental de la época, sino frente a la nueva tributación que se
augura implantar por parte del gobierno español ante la guerra que
libraba contra Inglaterra que para aquel entonces cumplía algo mas de
un año.
En Ullaguanga, bucólico lugar poblacional de la ciudad, cercano al
sector denominado río Blanco en predios del caudal cristalino del Pasto,
la familia Agualongo Sisneros, está presta a recibir un nuevo hijo que
tanto Manuel como Gregoria al igual que toda la familia en general y los
vecinos más cercanos esperan ansiosamente para acogerlo con gran
beneplácito esperando darle un nombre acorde con el calendario
católico cristiano según disposición y costumbre de las gentes de aquel
ayer que poco a poco se ha ido diluyendo para dar paso a nuevas
identidades de la modernidad actual.
En altas horas de la madrugada del 25 de agosto de 1780, los dolores
de parto de Gregoria Sisneros Almeida se hacen más dramáticos como
preámbulo del nacimiento de nuevo hijo de Manuel Agualongo quien
preocupado por el estado de su esposa ha salido en búsqueda de la
partera para que atienda el nacimiento de su vástago. Las horas pasan
y la angustia es cada vez más impaciente, el penetrante frío
acompañado de fuertes vientos que traspasa umbrales, puertas y
ventanas de la soñolienta ciudad, cala los huesos, hace estremecer el
cuerpo provocando tomar una taza de café o un tinto con aguardiente
que alivie en algo la expectativa del momento.
En medio de la angustia, la impaciencia y los vientos fríos de aquel
agosto, se escucha el llanto de la nueva criatura que retumba cual si
fuese trueno del relámpago destellante en el volcán tutelar de la ciudad
cuando éste se encuentra en plena reactividad y ahora presenta un
magnifico espectáculo con su cima cubierta de temprana nieve,
resplandeciente ante la luz estelar de la mañana. ¡Es un varón! ¡Es un
varón! Alguien grita. Si, en efecto, los Agualongo Sisneros cuentan con
un varón que sin lugar a dudad da gran alegría en general a la familia,
particularmente a Manuel, que como hombre siente complacer la
continuidad de su estirpe con su particular apellido.
Tres días después, el 28 de agosto, cumpliendo con el ritual de los
católicos cristianos del ayer, el recién nacido fue llevado y presentado
ante el altar de la Iglesia o Templo Matriz de San Juan Bautista de Pasto
para que sea bautizado por el padre Miguel Ribera, quien seguramente
como era costumbre de la época propuso el nombre de AGUSTIN
haciendo honor al santo patrono que se festeja en este día. A la madrina
de bautizo de Agustín Agualongo Sisneros, doña Catalina Pérez se le
advirtió el parentesco que contraía al igual que las obligaciones que
adquiría para con el ahijado…”
El nombre de Agustín Agualongo despierta controversia entre quienes
sin conocer su historia lo atacan, le indilgan las vicisitudes del pueblo
de Pasto, insultan y denigran por la valerosa actitud que tuvo frente a
las milicias pastusas en las confrontaciones con Simón Bolívar y sus
generales, cuando se pretendía acabar con Pasto y su gente; en tanto,
quienes conocemos la historia de la vida militar del Coronel de Brigada
Agustín Agualongo, lo defendemos y respetamos el valor y orgullo de
pastuso que siempre enarboló cuando nuestra ciudad y en general la
región fue objeto de los execrables crímenes que casi terminan con
Pasto y su gente, no en vano el general Simón Bolívar decía desde
Potosí a Santander el 21 de octubre de 1825
Esta situación nos ha llevado a una investigación de carácter histórico
para que conozcamos cual ha sido y es el criterio que ha despertado la
vida militar de un guerrero como lo fue Agustín Agualongo.
José María Obando, antiguo compañero de lucha y quien capturó al
caudillo popular pastuso, dice: “Agualongo había sido demasiado
grande en su teatro, tanto por su valor y constancia, como por la
humanidad que había desplegado en competencia de tantas
atrocidades ejercidas contra ellos. Yo pude haber manchado mis manos
con la sangre de aquellos desgraciados en un tiempo en que era mayor
el lucimiento cuanto era mayor la matanza; pero no quise igualarme a
los bárbaros que hasta hoy se jactan de haber bebido el hombre
rendido”
BATALLA DE BOMBONA
Simón Bolívar emprendió la Campaña
del Sur con el objetivo de dominar
Pasto y conquistar Quito cuyos
habitantes se habían declarado
enemigos de la independencia, y
defensores de los derechos del rey
Fernando VII. Para lograrlo dividió las
tropas enviando al general Sucre a
Guayaquil por vía marítima y él marchó
desde Popayán con 2.400 sobre
Pasto, aunque sabía que “Pasto era un
sepulcro nato para todas nuestras
tropas”, ya que todos los afamados héroes que alguna vez se atrevieron
a atacar a Pasto, fueron derrotados en el intento, muchos de ellos
fusilados, otros huyeron e incluso el Precursor Antonio Nariño que fue
apresado y enviado a España.
Un teniente Álvarez, patriota que quedó rezagado de sus tropas en una
campaña anterior, estuvo varios meses disfrazado de fraile e informó a
Bolívar sobre las fuerzas y defensas de los realistas en Pasto y le
recomendó no atacar, más bien evitar a Pasto y seguir hacia Quito para
apoyar a Sucre. Por eso el ejército republicano tomó el Camino de los
Ingenios, un callejón sin salida que pasaba por Chaguarbamba (Nariño),
Mombuco (La Florida), Sandoná, Consacá, Bomboná y Yacuanquer. El
6 de abril pernoctaron en Consacá, mientras que las fuerzas realistas
de 1.200 hombres, de los cuales 750 pertenecían a las Milicias de Pasto
y bajo el mando del coronel Basilio García, dieron la vuelta por
Yacuanquer y en el cañón sur del río Cariaco se atrincheraron y
parapetaron, esperando a Bolívar
El 7 de abril de 1822 hacia las 3 de la tarde se inició la batalla de
Bomboná. Cerca del volcán Galeras en el actual Departamento de
Nariño Colombia
Bolívar dirigió la batalla desde la actual Piedra de Bolívar y aun sabiendo
que la posición era formidable dijo: “no debemos permanecer aquí, ni
podemos retroceder. Tenemos que vencer y venceremos”, ordenando
a los batallones Bogotá, Vargas y escuadrones de Guías, a mando del
general Pedro León Torres, descender hacia el puente de terraplén
sobre el río Cariaco para atacar a las fuerzas pastusas, mientras
enviaba al batallón Rifles al mando del General Manuel Valdés atacar
el flanco derecho realista localizado a mayor altura en la Loma de Paja.
En los primeros 30 minutos de combate, los batallones al mando del
general Pedro León Torres, fueron masacrados y reducidos a la mitad
bajo el fuego de metralla de los realistas que desde posiciones tan
ventajosas disparaban sobre seguro y los cañones, según don Basilio
García, "causaron el destrozo más sangriento, que los sensibles
desmayaban ver los cadáveres unos sobre otros”. Todos los oficiales
fueron saliendo de combate, heridos o muertos y los de menor
graduación ocuparon sus puestos.
Mientras tanto, el batallón Rifles trepó por la loma de Piquiurco, atravesó
la montaña La Leonera y pasó la quebrada a la altura de Jusepe, para
descender por el costado y la retaguardia de las trincheras que
defendían en Catambuquillo tres compañías del Batallón Aragón.
Venciendo a dos avanzadas que estaban en territorio de Bomboná,
lograron su objetivo y al atardecer habían tomado posesión del ala
derecha realista. Por este hecho histórico, este campo recibió el
renombre de Rifles de Bomboná.
Bolívar arengó al Batallón Vencedores diciéndoles: "Vuestro nombre
solo basta para la victoria; corred y asegurad el triunfo". Se unieron a
este batallón las reliquias de los otros batallones y atacaron. Según
afirma el Coronel Manuel Antonio López: “en los pocos momentos que
restaban del crepúsculo, quedó reducido a casi un cuadro. La noche
sobrevino y sus sombras salvaron a aquella heroica división de una
destrucción completa."
En la noche, Bolívar no sabía a ciencia cierta que había sucedido con
el batallón Rifles, solamente era consciente que había perdido en pocas
horas la mitad de sus hombres, se calcula, según los diarios de campo,
que más de 1000 la mayoría muertos, mientras que las pérdidas
realistas fueron de unos 250. Por eso se destruyó el armamento
sobrante y los muertos fueron incinerados en el mismo campo. Se
hicieron “siete montones de cadáveres formidables que se reunieron
para quemar. Otro mayor montón de un batallón que hizo fuego a la
altura de un derrumbe, han sido arrojados los cadáveres a la quebrada,
y también otros que murieron cerca de esta misma en distintas partes”.
Al día siguiente, el campo opuesto estaba vacío, porque en la noche,
las tropas realistas se retiraron estratégicamente hacia el sur, al sitio
llamado la Guaca, desde donde retaron al libertador a volver a atacar y
en un gesto de gran caballerosidad le devolvieron la bandera del
batallón Bogotá con una carta en la que le decía: “Remito con el
conductor la bandera de Bogotá, que la suerte de la guerra puso en mis
manos, habiendo quedado el asta en los puntos de defensa y el
abanderado muerto en el campo del honor”. A lo que Bolívar respondió:
“Doy las gracias a Vuestra Señoría por la bandera del Bogotá que se ha
servido dirigirme. No puedo responder a Vuestra Señoría con igual
dádiva, porque no hemos tomado banderas enemigas; pero sí el campo
de batalla”. Don Basilio García le respondió: “aunque ha tomado el
campo de batalla, fue abandonado por mí sin ser vencido."
Las puertas de Pasto siguieron cerradas para el Libertador, quien tuvo
que dar marcha atrás hasta la población El Trapiche (hoy Bolívar), en el
departamento del Cauca, dejando a su espalda casi 300 heridos que
fueron atendidos por los realistas en el Hospital de sangre de Consacá.
El general venezolano Pedro León Torres, gravemente herido en la
batalla, fue cuidado hasta su muerte en la población de Yacuanquer,
por la familia del doctor don Thomás de Santacruz Cayzedo, quien era
el propietario de la hacienda Bomboná en esa época. Como el mismo
general afirmó: “Todo valiente es humano y generoso.”
Bolívar estimaba que la dominación de Pasto era el punto más difícil en
la Campaña del Sur, por ello en una carta a Santander escribió: “la
libertad del Sur entero vale bien más que el motivo que inspiró aquello
del hijo primogénito de la gloria. Se entiende por lo que respecta a
Pasto, que era lo terrible y difícil de esta campaña. No puede Usted
imaginarse lo que es este país y lo que eran estos hombres; todos
estamos aturdidos con ellos. Creo que si hubieran tenido jefes
numantinos, Pasto habría sido otra Numancia”.
NAVIDAD NEGRA
el 24 de diciembre de 1822, fecha llena de dolor y rencor para la
memoria pastusa. El primero de tres agonizantes días, la ciudad de
Pasto, aunque desprotegida después de haber sido vendida y
traicionada por sus propios líderes y gobernantes, el pueblo pastuso
nunca cedió a ningún tipo de presión por parte de Simón Bolívar, ni de
forma pacífica ni violenta.
El general Antonio José de Sucre, bajo las órdenes de Simón Bolívar,
sabía perfectamente que podía hacer lo que le plazca con el pueblo
pastuso, ya que nadie se lo iba a impedir. Ya eran las tres de la tarde y
las tropas independentistas entraron a la ciudad como poseídos,
destruyendo todo aquello que se atravesara en su camino. Algunos
soldados de la milicia pastusa en un vano intento por defender la ciudad,
salieron a detener el ataque. Cuando la fe y la religión (enseñada a los
golpes por los europeos) fue una opción de salvación, los pastusos
acudían a refugiarse en las iglesias y capillas, incluso optando por
socorrerse detrás de la imagen del apóstol Santiago tallada en un yeso,
esperando que al menos su efigie amansara la violencia con la que las
bestias independentistas se adentraban a la ciudad.
Simón Bolívar no era precisamente el ser más religioso dentro de la
historia de la independencia, su falta de respeto por las creencias
católicas que los españoles habían inculcado (a la mala) a los colonos
y que para esa época los pastusos aun conservaban se puede notar
cuando fue capaz de lanzar un ataque sobre ellos en plena semana
santa cuando se desató la Batalla de Bomboná y como se puede ver
ahora, masacrarlos a quema ropa en plena celebración de navidad, por
lo tanto, era de esperarse que esa falta de respeto la cometan las tropas
a su mando, la cuales ni siquiera se detuvieron ante la imagen del
apóstol Santiago, que no solo ignoraron sino que también pisotearon
como si no representara nada, la gente que buscó refugio en las iglesias
no tuvo más suerte que el resto, en estas, las mujeres eran violadas y
los hombres decapitados, así mismo, aprovechando la arremetida
dentro de las iglesias, los soldados de Sucre se dispusieron a saquear
los tesoros que adornaban las estatuas de los santos y de igual manera
todo tipo de riquezas.
Debido a la falta de defensa militar por parte de los pastusos, sus
propios líderes militares, Estanislao Merchancano y Agustín Agualongo
se refugiaron en las montañas, no con el ánimo de huir, sino de evitar
ser apresados o asesinados, sabiendo que después del tormento que
estaban viviendo, los iban a necesitar.
De todos los hombres que durante esos días acompañaron a Sucre para
suscitar tal masacre, el “Batallón Rifles” fue el más fiero en cumplir su
tarea. Cuando el mensaje enviado por Bolívar parecía ya haber sido
comprendido claramente, estos continuaron aprovechándose de la
ciudad y su gente, en donde ninguna anciana, mujer o niña se libró de
ser profanada sexualmente por estos hombres, tanto que al momento
en que encontraron un convento donde arremeter, ni siquiera las monjas
salvaron su celibato a manos de estos.
Un terrible holocausto asoló a la ciudad de Pasto durante tres días,
donde hasta 500 pastusos cayeron, entre otros heridos y mujeres
violadas, que no podían evitar el desespero de ver cómo eran
arrebatadas sus hijas, tanto que las madres mismas las ofrecían en las
calles a los soldados blancos para que no fueran los negros quienes
dispusieran de ellas. Pero no solo hubo pérdidas humanas, pues entre
los saqueos y la destrucción de edificios, también destruyeron los
archivos públicos y los libros parroquiales, dejando una inmensa laguna
en la historia de Pasto.
Al tercer día de tan sanguinaria inmolación que se llevó la vida de tantos
civiles inocentes en una ciudad desprotegida y asaltada a mansalva, fue
el propio general José María Cordova quien se comunicó con Sucre
exigiéndole el inmediato cese de tan absurda violencia que de hecho
nunca debió ser permitida.
Aunque el 8 de junio de 1822 Bolívar había entrado a Pasto para firmar
la capitulación de Berruecos y luego dirigirse al pueblo con una hipócrita
actitud pacifista, en enero de 1823, este volvió a la ciudad con una
actitud más desafiante, como restregando en la cara de los pocos
pastusos que se atrevían a acercarse, que él había ganado y ellos
perdido, escribió a Santander para mencionarle los planes que tenía
sobre una “renovada” Pasto, comentando que serán perdonados si
estos entregan sus armas y ceden ante tus reclamos.
De esta manera finaliza, no la masacre al pueblo pastuso, pues la
masacre sigue viva al recordar que sucumbieron al dolor y a la pena por
no querer pertenecer a un régimen disfrazado de libertad y en el cual
entraron por mano de quienes los traicionaron, sino el interminable
proceso que seguramente muchos otros pueblos tuvieron que pasar
para pertenecer a la república de Colombia que tanto se esforzaba por
“unificar” Simón Bolívar.
EL COLORADO
La Calle del Colorado, San
Juan de Pasto
Como símbolo para los
pastusos, esta calle guarda
parte importante de la historia
de la ciudad de Pasto.
Esta calle fue la misma que en
una navidad del 24 se
diciembre de 1822, de hace ya
casi 200 años, se vistió de
dolor, sangre, muerte y atroces
asesinatos a manos de tropas
dirigidas por Simón Bolívar.
Hoy en día es un visible simbolo
de la lucha pastusa y de un
pueblo valiente, que a pesar de esta "Navidad Negra" como se le llamó,
logró salir adelante con aguante y firmeza.
Hoy en día, para conmemorar este suceso en honor a todas las victimas
de esta masacre y de este triste acontecimiento, se celebra, el día 28
de diciembre de cada año, el reconocido "Arcoiris en el Asfalto", donde
personas de todas las edades visten de arte y color esta calle donde
una vez sólo hubo muerte y tristeza,
El Colorado es el corazón histórico de la ciudad. Allí nacieron y vivieron
importantes personajes como el poeta José Félix Bate Castro, autor del
Cachirí, La cumbia del Galeras y Soy pastuso y qué, letras que
posteriormente entregaría a su vecino El Chato Guerrero para que las
musicalizara.
Allí en el barrio Santiago, junto a la calle de El Colorado se vivían
interminables fiestas y tertulias musicales a ritmo del sonsureño
interpretado por los residentes, tales como la familia Granja, Alberto
Burbano y su conjunto Los Cuatro Ases, la familia Rosero, famosa por
integrar el Dueto Arteaga Rosero, el pianista Salomón Guerrero, Rosa
Bastidas hermana de los músicos Pedro Pablo, Enrique y Noro, casada
con el músico Manuel Martínez Polit, padre Edy Martínez, entre otros.
En el entorno de El Colorado, narra Javier Vallejo, se gestó el primer
intento de educación superior con la Orden de Frailes menores
Capuchinos de Pasto, y la misión del padre Guillermo de Castellana,
cuando en una de sus primeras obras sociales capacitó en modistería a
las mujeres de escasos recursos.