AURELIO MARTÍNEZ, POETA MILITANTE Y AMIGO
José Luis Ayala
domingo, 30-10-2016
Aurelio Martínez Escobar, es el poeta puneño menos estudiado debido que no
cuenta con una biografía, crítica literaria y menos con una edición que recoja el
conjunto de su gran producción literaria. Lo que ha sucedido es que no se
preocupó por editar libro alguno y menos una antología de sus artículos literarios.
De modo que mientras no se tenga un texto amplio de su poesía crónicas,
tampoco será posible situarlo en el lugar que le corresponde. Todo lo que sabe es
lo me consta, tenía 15 cuadernos de poesía escritos en español, aymara y
quechua. ¿Qué ha sucedido con ellos? Precisamente de trata de rescatarlos para
publicarlos con el auspicio la Universidad Nacional del Altiplano.
Ahora los escritores puneños del siglo XX, tienen un espacio propio en la
Literatura Peruana y Latinoamericana. Bien podía entonces aplicarse la sentencia
del dramaturgo y poeta español José Zorrilla: Los muertos de vos matáis, gozan
de buena salud. 1. Y gozan de buena salud debido a la contribución de las
ciencias sociales, particularmente de los estudios interdisplinarios y de la
cosmopercepción andina. 2. La historia, especialmente la lingüística y una
diferente crítica literaria social, han contribuido de modo sistemático para que
algunos narradores y poetas puneños, hayan sido finalmente revalorados. Así, ha
terminado, al fin y al cabo, el largo destierro que sufrieron en su propia patria, el
menosprecio de una crítica literaria que ahora es un lastre, pero no falta quienes
repiten reprochables conceptos del pasado. El caso de Gamaliel Churata, es el
más emblemático de una historia literaria escrita con criterio racista, limeño-
centrista, discriminatorio y atentatorio contra el concepto de Nación Peruana,
cultura nacional e identidad plural para forjar la unidad en la diversidad.
Gamaliel Churata después de haber sido desterrado y maltratado como escritor
“indigenista”, ha pasado a ser ahora, uno de los más importantes creadores de la
Literatura Latinoamericana. Afirmo una vez más que la denominación indigenismo,
les hizo mucho daño a escritores peruanos que se identificaron con las grandes
mayorías quechuas, aymaras y ciudadanos de la Amazonía Peruana. Ser
indigenista significaba ser un intelectual que se ocupaba de la tragedia social del
indio. La palabra indio era sinónimo de bestia de carga, sin derechos de ninguna
naturaleza, un subhumano, habitante ignorante de los Andes, sin memoria,
tradiciones, cultura ni historia. Menos mal que esos juicios han sido en parte
superados, pero no falta quienes todavía usen esta palabreja para clasificar a
escritores que han esperado muchos años, para ser entendidos y finalmente
incorporados a lo que ahora se llama pluriculturalidad.
Es preciso tener en cuenta los antecedentes de hechos que muy poco se analiza.
¿Cómo surgió la literatura vanguardista puneña del siglo XX? Es preciso
establecer algunas coordenadas históricas para ubicar mejor la eclosión de una
expresión cultural vanguardista. Sí, vanguardista y no indigenista. Se trata de tres
corredores históricos por los cuales hubo un flujo de corrientes ideológicas bien
marcadas. La primera se estableció con el impulso de las corrientes libertarias
contra la opresión de España y liberación de las colonias. Los barcos que llegaban
de Europa a América no solo trajeron noticias sino ideas revolucionarias. Fue así
que en 1780 estalló la rebelión liderada por José Gabriel Túpac Amaru II y el
corredor ideológico se conformó desde Buenos Aires hasta Cusco. Puno se
convirtió en el eje de la resistencia colonial, en un campo de batalla hasta la
derrota y asesinato de Pedro Vilca Apasa.
El segundo corredor se formó con ocasión de la guerra por la Independencia
Americana desde Buenos Aires hasta Cusco. Así, 16 de julio de 1809, se instaló la
Junta Tuitiva de los Derechos del rey y del pueblo como consecuencia de la
revolución del 25 de mayo en Chuquisaca. Fue José Manuel de Goyeneche que
después de formar un gran ejército español en Puno, derrotó a los patriotas en
Chacaltaya. Luego ordenó el asesinato del presidente de la Junta, Pedro Domingo
Murillo, como de Melchor León de la Barra, José Antonio Medina, Juan Manuel
Mercado, Antonio Ávila, Gregorio García Lanza, Juan de la Cruz Monje y Ortega.
El Dr. Juan Basilio Catacora Heredia, 3 nació en Ácora, fue miembro de la Junta
Tuitiva. Hasta ahora en el Perú y menos en Puno, no se le ha rendido el homenaje
que le corresponde y menos reclamado sus restos humanos para que reposen en
Puno.
El tercer corredor se estableció también desde Buenos Aires hasta Cusco, se trata
del flujo de ideas en relación a la vanguardia del siglo XX referente al arte y
literatura. El surgimiento de los ismos y necesidad de renovar el modernismo que
había cumplido su ciclo vital, hizo que las revistas literarias trajeran manifiestos,
proclamas y textos con nuevos conceptos del arte y cultura. Con la llegada del tren
a Puno en 1905 e instalación del servicio de vapores por el Titicaca, Puno se
convirtió en un puerto cultural donde era posible encontrar revistas y libros, que en
Lima no se podía conseguir. Desde Madrid a Buenos Aires, de allí a Puno,
Arequipa y Cusco, ese era el trayecto de libros y revistas literarias vanguardistas.
De modo que en Puno los jóvenes tuvieron muy temprano acceso al cubismo de
Picasso y Braque (1907), al futurismo de Marinetti (1909), a la música atonal
dodecafónica de Stravinski (1909), al dadaísmo de Tristán Tzara (1916), al
imaginismo de Erza Pound (1912), al cubismo literario de Guillaume Apolinaire
(1914), así como a los primeros manifiestos del surrealismo suscritos por André
Breton (1924). Pero además podían leer revistas literarias como Grecia y
Cervantes. Arturo Peralta dijo que después de leer varios manifiestos y proclamas,
decidieron escribir desde Puno hacia el mundo, pero creando una corriente propia
que tradujera una realidad mágica, alucinante, humana y trágica a la vez. En otras
palabras, escribir desde la vanguardia para expresar un universo único que no se
parezca a ninguno.
Fue en este contexto histórico cultural que Aurelio Martínez Escobar, nació en
Puno el 13 de julio de 1894 y falleció en Arequipa de 8 de mayo de 1976. Hijo de
Fabián Martínez Casquino, nacido en Arequipa afincado en Puno como
funcionario, quien casó con Rafaela Escobar Solano, oriunda de Ácora. Se trata
de una antigua familia descendiente de funcionarios españoles y no de una
campesina, como se ha dicho. Debido a la estrechez de la economía familiar y
ausencia del padre, se vio obligado a trabajar cuando todavía no había dejado de
ser un niño, cuando era un púber, ingresó como ayudante en los tallares del diario
“El siglo”, cuyo director era el Dr. Carlos Belisario Oquendo Álvarez, que
habiéndose casado con la dama moheña Zoraida de Amat Machicao, tuvo un hijo
llamado Carlos Oquendo de Amat, autor de los “5 metros de poemas”.
Fue en “El siglo” donde Aurelio Martínez aprendió el arte de la tipografía. En el
libro “Carlos Oquendo de Amat”, 4 aparece un detallado texto en el que Aurelio
Martínez cuenta cómo se funcionaba “El siglo”, tan pronto como el médico llegó a
Puno, después de haber estudiado medicina humana en la Universidad de la
Sorbona. El Dr. Oquendo se ocupaba de traducir las noticias del extranjero y
redactar la columna política. Masón, anticlerical, profesor en el Colegio San
Carlos, médico y político liberal, formado en la escuela filosófica racional de
Augusto Comte, pronto se llenó de enemigos. La iglesia católica, los hacendados,
los políticos locales oportunistas y medievales, hicieron un frente hasta finalmente
conseguir que el médico saliera de Puno para morir en Pomabamba.
A comienzos del siglo XX, en Puno juntamente con El Siglo, circulaba El Eco de
Puno (1899), La Región y Los Andes (1928). En Azángaro: El Sur, Korilazo, El
Indio, La voz de Azángaro, etc.; en Cabanillas, Noticias y La Voz del Pueblo. Al
mismo tiempo que se podía leer diarios de Buenos Aires: La Nación y La Prensa,
aunque llegaran con cuatro días de retraso. La revista Ondina, La Voz del Obrero,
La Tea y el Boletín Titikaka, eran la expresión de una sociedad que leía y pensaba.
Nicolás Oquendo tenía un café en la llamada Casa de piedra, que ahora ocupa la
sede del Gobierno Regional, ponía a disposición de sus clientes el diario Le
Monde de París, allí se reunía generalmente la masonería puneña anticlerical y
liberal, cuya cabeza visible era Isaac Deza. En la otra casa de piedra ubicada en el
Parque Pino, se reunía la clase media para leer diarios de Lima.
Fue en ese ambiente de lucha contra una mentalidad colonial que aún subsiste, en
el que Aurelio Martínez se formó y aprendió que el escritor tiene una tarea política
irrenunciable en la sociedad que vive. Así como otros jóvenes que trabajaron con
el Dr. Oquendo, llegada la madurez intelectual decidieron intervenir en la lucha
política. Churata de joven visitaba con su padre Demetrio Peralta, la Sociedad
Fraternal de Artesanos, fue allí donde recibió las primeras lecciones de
anarquismo. En cambio, Aurelio Martínez se dedicó a leer libros de carácter
marxista. Por eso es que cuando se formó “Bohemia andina”, era un esclarecido
izquierdista no así sus compañeros de bohemia. ¿Cómo se incorporó a la
izquierda puneña? Todo se debe a la visita proselitista de Sergio Caller Iberico,
quien junto con José “Chaflú” Díaz y Demetrio Peralta, fundaron el Partido
Comunista en Puno.
Obrero linotipista adolescente, influido por el ejemplo del Dr. Oquendo en la lucha
contra el gamonalismo y una mentalidad colonial, además del poder político
clerical insoportable, al empezar la adolescencia fue matriculado en el Centro
Escolar N° [Link]í recibió otras lecciones de tipografía en los talleres instalados
por orden de José Antonio Encinas, cuando recordó a Aurelio Martínez dijo: "José
Sierra, Luis Rivarola y Aurelio Martínez se dan la mano con la extrema izquierda
del Centro (los Peralta). Los tres son escritores, el último un audaz y valiente
panfletario, cuyo temperamento se esboza desde el aula, él y Rivarola son más
del centro”. 5.
Es importante advertir que Encinas dice: “José Sierra, Luis Rivarola y Aurelio
Martínez se dan la mano con la extrema izquierda del Centro (los Peralta)”. Lo que
significa que Encinas sabía que el poeta Martínez estaba ideologizado mucho más
que todos sus compañeros. En un principio se adhirió a las ideas del aprismo,
pero cuando se presentaron las primeras manifestaciones contradictorias, se
decidió por el marxismo. En la generación Orqopata, Aurelio Martínez fue el único
militante izquierdista convicto y confeso, ocultar este hecho sería traicionarlo, los
demás escritores fueron solo simpatizantes izquierdistas. Hasta que la dictadura
de Sánchez Cerro y luego de Benavides, ahogaron con sangre, prisiones y
destierro a los más esclarecidos intelectuales peruanos. Aurelio Martínez como
muchos escritores, optó por el ostracismo y el silencio como medio de defensa y
subsistencia, ante el horror y espanto de dictaduras que retrasaron los cambios
sociales.
El poeta no culminó sus estudios primarios debido a la ausencia de Encinas y
porque atenazado por la necesidad de subsistir, trató de vivir como obrero
impresor, pero el salario no le alcanzaba para ayudar a su progenitora. Fue
entonces que trabajó como rematista del Mercado Municipal de Abastos de Puno,
durante muchos años. Hasta el Dr. José Antonio Encinas, logró que ingresara
como bibliotecario en el Colegio Nacional San Carlos. Se desempeñó también
como periodista y corresponsal de "La Crónica" de Lima y "Noticias" de Arequipa.
Pero, ¿a qué se debe el interés de críticos y especialmente docentes universitarios
del Perú y el extranjero por la literatura vanguardista puneña? Aunque algunos
siguen usando el mote “indigenista” o “indigenismo” debido a un evidente lastre
academicista, lo importante es que algunos críticos han logrado revalorar los
aportes de la literatura vanguardista puneña, desde de distintas disciplinas, tesis y
estudios analíticos. Una característica marcada es sin duda, el hecho de revalorar
a escritores puneños que estuvieron condenados a permanecer en el último
círculo del infierno de Dante y, desprecio de la crítica literaria oficial limeña.
Así, se han ocupado de la literatura vanguardista puneña docentes y escritores
como Elizabeth Monasterios, Maya Aguiluz Ibargüen, Riccardo Badini, Marco
Thomas Boshard, Eugenio Chang Rodríguez, Dorian Espezúa Salmón, Guissela
Gonzales Fernández, Miguel Ángel Huamán, César Toro Montalvo, Jorge Floréz-
Áybar, Efraín Kristal, Mauro Mamani Macedo, Ricardo González Vigil, Manuel
Velásquez Rojas, Feliciano Padilla Chalco, Manuel Pantigoso, José Luis Rénique,
Cynthia Vich, Arturo Vilchez Cedillo, Antonio Melis, Yasmín López Lenci, Silvia
Rivera Cusicanqui, Helena Usandizaga y José Luis Velásquez Garambel. Todos
coinciden en que la literatura puneña del siglo XX, es una de la más genuina y
original. Sin embargo, hay quienes como Gerardo Leibner, cuestionan al
indigenismo como al propio Mariátegui, para afirmar que el indigenismo es un mito
y que los “Siete ensayos” de Mariátegui han dejado de tener vigencia. En fin,
habrá que analizar a los analizadores enemigos de Mariátegui.
En efecto, Gerardo Leibner afirma: “En la segunda mitad de los 20 Mariátegui hizo
grandes esfuerzos para interpretar la realidad peruana y presentar un proyecto
socialista revolucionario que responda a inquietud de la ‘nueva generación’ por
formar un Perú moderno e integral. El intento de interpretación tuvo su mayor
expresión en los ‘Siete ensayos’. El proyecto alternativo propuesto recién comenzó
a ser formulado en forma parcial en las tesis enviadas a la Conferencia Comunista
Latinoamericana reunida en Buenos Aires. Su redacción debería ser
complementada
en el libro perdido o jamás escrito por Mariátegui. Las presiones políticas por parte
del APRA, del Comintern a partir de 1929 y del régimen de Leguía, lo apuraban a
definir su proyecto nacional. Finalmente, su enfermedad lo venció antes de
concluir su elaboración”. 6
Aurelio Martínez fue amigo desde la infancia de Gamaliel Churata, que era
talabartero; Dante Nava, carpintero, Mateo Jaika, peletero; Inocencio Mamani,
pastor de ovejas; Aurelio Martínez, tipógrafo; Emilio Vásquez, soldado; Alejandro
Peralta, zapatero. A todos los animó para formar un grupo de amigos y comentar
lecturas de libros en su casa ubicada en un promontorio llamado Orqopata (sobre
el cerro en quechua). Churata era además director de la Biblioteca Municipal
Pública de Puno y Aurelio Martínez tenía en ese entonces, una gran experiencia
como trabajador en “La voz del obrero”. Lo que significa que Martínez desde niño
tuvo una clara conciencia de clase y el rol que tiene el escritor en sociedades
como la nuestra.
Veamos ahora una de las críticas más injustas contra los escritores peruanos y por
extensión en referencia a intelectuales puneños vanguardistas del siglo XX. Se
trata de la tesis esgrimida por Mario Vargas Llosa, la que es posible resumir así:
los indigenistas se irrogaron el derecho a hablar en nombre de los demás, cuando
debieron tratar los temas que eran inherentes a su clase social, a su problemática
y no a una ajena y distinta. Es decir, no debieron hablar en nombre del indio sino
de ellos mismos. Los indios tienen sus propios problemas y ellos no han tratado el
problema de los mestizos, ni delegaron para que hablen en nombre de ellos. En
consecuencia, la utopía arcaica que tiene su máxima expresión en José María
Arguedas, resulta una impostación literaria que carece de autenticidad y vigencia.
Más claro no canta ni canta claro.
Durante mucho tiempo esta deleznable como inaceptable afirmación, ha sido
repetida en la academia como en ensayos que no vale la pena mencionar. Para
nosotros, se trata de una afirmación destinada a destruir a Arguedas, así como a
escritores andinos con ideología descolonizante. Pero el marqués de Vargas
Llosa, escritor endogámico e ideólogo del ultraliberalismo inhumano, no
conseguirá que el Perú deje de admirar y amar a Garcilaso de la Vega, Huaman
Poma de Ayala, José María Arguedas, Ciro Alegría, Manuel Scorza, César Vallejo
y menos a Gamaliel Churata.
Según el Diccionario de la Real Academia de Lengua Española, indigenismo es:
“Estudio de los pueblos indios iberoamericanos que hoy forman parte de
naciones en las que predomina la civilización europea. Doctrina y partido que
propugna reivindicaciones políticas, sociales y económicas para los indios y
mestizos en las Repúblicas iberoamericanas. Exaltación del tema indígena
americano en la literatura y el arte. Vocablo, giro, rasgo fonético, gramatical o
semántico que pertenece a alguna lengua indígena de América o proviene de
ella”.
Estos conceptos son absolutamente equivocados y además obsoletos. Lo correcto
es usar la palabra vanguardismo para denominar a esta clase de literatura. Se
trata de una literatura que se desarrolló de acuerdo a los cánones del término
avant-garde, que significa situarse en la vanguardia. Hugo Verani, tiene razón al
afirmar: “El advenimiento de una generación ávida de cambios no se manifiesta
únicamente en los grandes centros de actividad cultural. Por el contrario, los ecos
vanguardistas se dejan sentir en casi todos los países latinoamericanos, en varios
focos simultáneos y sin mayor conexión entre sí. Pero acusando, como dicen los
redactores de la revista Proa de Buenos Aires, ‘la más perfecta coincidencia de
sensibilidad y anhelos’. Vicente Huidobro narra el nacimiento de una poesía
radicalmente distinta en el mundo hispano, con El espejo de agua (1916)
especialmente Ecuatorial y Poemas árticos, publicados en Madrid en 1918
promueve la renovación de la poseía hispana dos mundos.
En el continente latinoamericano los límites temporales de los vanguardismos son,
aproximadamente, 1916 y 1935. Las inquietudes renovadoras canalizan hacia
1922 –año clave de la eclosión vanguardista latinoamericana—en la acelerada
sucesión de manifiestos, polémicas, exposiciones y movimientos encaminados por
propósitos distintos, pero contagiados de la ‘furia de la novedad’ de que habla
Jorge Manach en su ensayo ‘Vanguardismo”. 7
Ulises Juan Zevallos Aguilar, autor del ensayo “Indigenismo y nación”, es un
ejemplo de intelectual académico, que en cierta manera repite la tesis de Vargas
Llosa, aunque el lenguaje que usa sea mucho más directo: “En la elaboración del
constructo de la cultura indígena – dice Zevallos-- se encuentran varias
operaciones
epistemológicas que constituyeron al indígena como un otro. En primer lugar, los
intelectuales constituyeron a la cultura indígena como objeto de estudio usando la
noción ‘cultura (que) que es la principal herramienta para hacer otro’ (Abu-Lughod
1992: 123), y ordenaron y calificaron las prácticas culturales en un sistema
coherente en el que todas estaban relacionadas y cumplían funciones
estructurales, dejando de lado las contracciones y conflictos.
En segundo lugar, adoptaron la posición de sujetos de conocimiento que
describían y explicaban la cultura indígena. Pero al constituirse en intérpretes de
esta cultura, por un lado paralizaron a su objeto de estudio negándole dinamismo
y por otro silenciaron a los grupos humanos que describían. En tercer lugar, el
hecho de calificar de ‘indígena’ a la cultura andina puneña significó establecer una
diferencia entre ella y las culturas mestiza y occidental”. 8
¿Qué clase de formación literaria tenían los escritores vanguardistas puneños?
José Antonio Encinas inculcó a sus discípulos la necesidad de ser autodidactas en
vista de que en Puno no había universidad y porque muchos de ellos, tampoco
llegarían a estudiar al Colegio Nacional San Carlos. Al rememorar a sus alumnos,
menciona a Juan González, Flavio Núñez, Remigio Cabala, Enrique Encinas,
Carlos Ávila, Manuel Morales, Gustavo Bello, José Alejandro Cabrera, José Costa,
Emilio Armaza, Alberto Mostajo, Jorge Castro, José Manuel Sierra, Aurelio
Martínez, Ricardo Deza, Emilio Romero, Juan Jiménez, Carlos Ferrari, José
Salguero, Néstor Ponce y Rocha, Honorio Ponce, Washington Cano, Ricardo
Vásquez, Leonardo Zevillanos, Joaquín Chávez, Pedro Bermejo, Santiago
Velásquez, Pedro Barrios, Ricardo Ávila, Francisco Martínez, Neptalí Cano, José
Ayala Valdez, Cirilo Pari, Pastor Sosa Miranda, Anselmo Garnica, Emilio Vásquez,
Vicente Molina. Adrián Dávila, Moisés Vera, Humberto Suárez, Cecilio Martínez,
Juan Huanca, Juan Vistula, Nicomedes Laguna, Marcos Cornejo, Roberto
Cárdenas, Samuel Perea, Tomás Alcocer, Daniel Portugal, Máximo Vásquez,
Carlos García, Octavio Peñaranda, Eduardo Aramayo, Víctor Masías, Carlos P.
Cáceres, Gerardo del Mar, Alejandro Tavera y Humberto Ortiz. Completan la lista:
Arturo y Alejandro Peralta; Luis y Emilio Rodríguez; Víctor y Enrique Villar; José y
Alfonso Torres Luna; Segundo y Jorge Núñez Valdivia; Florencio y José Díaz
Bedregal; Lorenzo y Arturo Camacho Ávila; Miguel, César y José Garcés; Daniel,
Alberto y Augusto Pérez Carpio; Gustavo, Héctor, Raúl y Ricardo Rubina. Además,
Amadeo Landaeta, Guillermo Garnica, José A. Dávila, Emilio Vera, Isaac Meneses
y Mateo Terroba. Víctor Masías, Manuel Armaza, José San Román, Ricardo Deza,
Juan Oquendo, Sebastián Rodríguez, L. Metas, Máximo Luján, Carlos Ferrari,
José Torres, Luis Rivarola, José Sierra, Adrián Dávila y Francisco Martínez.
Carlos Dante Nava y José Catacora Solórzano. 9
Es verdad que Encinas conoció a Manuel Z. Camacho como a Telésforo Catacora
y haya tenido en cuenta la experiencia pedagógica de ambos, razón por la que
Elizabeth Monasterios diga que: “Sin duda el intelectual mestizo más próximo a
Telésforo Catacora y uno de los indigenistas que más decididamente apoyó las 9
reivindicaciones indígenas, José Antonio Encinas le dio continuidad al proyecto de
una educación enraizada en la cultura nativa. Esa continuidad, sin embargo, se
produjo desde un espacio de construcción nacional vinculado a políticas
indigenistas civilizatorias desentendidas de un diálogo orgánico con las demandas
indígenas de Catacora y Allqa Camacho. Institucionalmente, Encinas formó parte
de la primera promoción de normalistas egresados de la Escuela Normal de
Varones y nunca se cansó de ponderar el carácter laico, provinciano y libertario de
los primeros normalistas peruanos”. 10
Aurelio Martínez militó también en el grupo cultural Bohemia Andina conformado
por Alejandro Peralta, Gamaliel Churata, Emilio Romero, Alejandro Franco, Emilio
Armaza, Víctor Villar Chamorro y Ezequiel Urviola. Esta generación tuvo el acierto
de publicar la revista La Tea, de la que circularon doce números desde julio de
1917 hasta noviembre de 1919. Era una revista de ideas y literatura con un tiraje
de 200 ejemplares, tomó el nombre de una revista que se publicaba en Arequipa
entre 1907 y 1908. Fue una experiencia importante de jóvenes que buscaban
situarse en el panorama de la literatura peruana. Era una edición “solo para los
elegidos”, es decir una edición de carácter elitista y lejos de ser la expresión de un
movimiento literario popular. Sin embargo, esta experiencia para el poeta fue vital
porque recibió la docencia política de Manuel González Prada.
La Tea para Aurelio Martínez fue un laboratorio y medio de expresión literaria sin
una marcada tendencia ideológica. Sin embargo, escribió crónicas literarias. En el
número cuatro del 28 de julio de 1918, firma un texto denominado Cenotafio. Es
un artículo que traduce el dolor que le causó la muerte de Manuel González
Prada. Y sucedió que en octubre de 1917 Arturo Peralta viajó a Bolivia, donde
participó en la formación del grupo Gesta Bárbara. A su regreso a Puno lideró la
formación del Grupo Literario Orqopata en el que militó Aurelio Martínez. Pero
después de una revisión exhaustiva del Boletín Titikaka, nos hemos dado con la
ingrata sorpresa que Churata nunca publicó ni un solo texto de Martínez.
Fue Juan Eduardo Fournier Barrionuevo, quien acogió a Aurelio Martínez como
trabajador en su tipografía y a la vez redactor. Hay que leer “La voz del obrero”
para conocer las grandes batallas por la cultura puneña tanto de parte de Fournier
como de Martínez. Antes que Mariátegui publicara “Labor”, Fournier fundó un
diario para defender los derechos de los trabajadores. Nació en Puno, el día 18 de
setiembre de 1881 y falleció el 12 de octubre de 1957. El padre de Eduardo fue el
ciudadano francés José Fournier, que casó con Catalina Barrionuevo,
descendiente de antiguas familias puneña. Estudió primaria en la Escuela
Municipal de Puno, a cargo de José María Miranda. Forjó la conciencia política de
los trabajadores y obreros,
"La Voz del Obrero" desarrolló una férrea defensa de la cultura y la democracia
con participación de redactores obreros: Alejandro Cáceres, Manuel Z. Aragón,
José Manuel Sierra, Jacinto Gamero, Daniel Franco Serruto y Modesto Flores. En
los 76 números editados, Aurelio Martínez tiene un lugar importante como
defensor de los derechos de los trabajadores. Fournier alentaba la autoeducación
de los trabajadores, Aurelio Martínez incidía en la necesidad de conocer las
doctrinas políticas y les permita tener una conciencia clara para no traicionar los
intereses de clase social. Fournier falleció el 12 de octubre de 1957. Debido a
Fournier en “La Voz del Obrero" empezaron a trabajar como periodistas Arturo
Peralta, Alejandro Peralta y Aurelio Martínez. El surgimiento de "Bohemia Andina",
fue alentado por Fournier, imprimió "Báquica Febril" (1921) de Dante Nava. En
1926 publicó el “Boletín Titikaka”, edición que tuvo 20 números hasta que fue
censurado por el gobierno fascista de Sánchez Cerro. El Boletín circuló de 1930 a
33.
Un personaje poco mencionado es José G. Herrera. Llegó a Puno para instalar
una imprenta moderna y a la vez una librería. La amistad con Churata hizo que
Herrera se convirtiera en el librero más atento a las publicaciones de carácter
vanguardista. Herrera desde Puno hacía pedidos de libros tanto a las principales
librerías de Buenos Aires como de Madrid. Churata pagaba puntualmente y
Herrera podía tener los libros más importantes de la vanguardia de España,
México y Buenos Aires. Herrera también publicó el Boletín Titikaka y fue ganado
por la literatura vanguardista de la época. En ese entonces, Aurelio Martínez era
ya un declarado activista político y se dedicó durante mucho tiempo a organizar
juntamente con “Chaflú” Díaz y Demetrio Peralta, el Partido Comunista. Recuerdo
nítidamente que Aurelio encabezada juntamente con Vicente Mendoza Díaz y
Rosendo Aza Huirse, secretario de la C.G.T.P., los mítines políticos pidiendo por
ejemplo la nacionalización de la Brea y Pariñas, acompañó a José Macedo
Mendoza, Ernesto More y Fernando Manrique Enríquez, así como al general
César Pando Egúsquiza y al cura Salomón Hidalgo, en un mitin de izquierda en
Puno, ambos dirigentes del Frente de Liberación Nacional.
Aurelio Martínez fue sin duda un poeta de su tiempo histórico, un hombre de
izquierda comprometido con el destino de una parte de la humanidad abolida por
un sistema injusto, que solo le interesa la sistemática acumulación de capital. He
tenido la suerte de ser sin duda uno de sus amigos más cercanos y gracias a él es
que he podido escribir la biografía de Alberto Mostajo, Gamaliel Churata y Carlos
Oquendo de Amat. Lo conocí cuando era bibliotecario en San Carlos, frecuenté su
casa o venía a la casa de Mateo Jaika a conversar sobre política o literatura.
Dimos recitales, viajamos y compartimos una amistad fecunda con Alberto
Valcárcel, Jesualdo Portugal y Teodoro Núñez Ureta, hasta en 1970 en que me fui
a París y al regreso lo encontré muy deteriorado a causa de su difícil situación
económica.
Pero la literatura puneña no solo se ha robustecido durante los últimos 20 años
con la contribución de nuevos escritores que radican en Puno o que han llegado
de otros lares como es el caso de Feliciano Padilla, sino que además aparecerá
un libro valioso de Emilio Vásquez sobre Carlos Oquendo de Amat. Circulará “El
ángel iluminado”, que viene a ser una antología de ensayos de Churata, además
de una serie de documentos valiosos. La Universidad Nacional del Altiplano ha
publicado 100 libros más como lo hizo anteriormente. Estoy en condiciones de
anunciar la publicación del libro “Los abismos de Vargas Llosa”, que es un ensayo
referente a la aseveración del novelista peruano-hispano cuando dijo: “Yo fui
marxista”. He terminado de escribir la biografía de Desirée Lieven, princesa rusa
revolucionaria vinculada al Perú a través de César Vallejo y defensa de la vida de
guerrilleros encarcelados. He concluido de escribir también un libro intertextual
que se refiere a la agonía de César Vallejo, recoge testimonios que escuché
cuando radiqué en París.
Sería injusto no citar la actividad editora de la Universidad Nacional del Altiplano,
que ha publicado no solamente facsimilares, sino libros valiosos que no era
posible encontrar aun en las bibliotecas más selectas. El trabajo de José Luis
Velásquez Garambel es altamente valioso porque además trasciende las fronteras
de Puno, permite tener una visión más amplia de la literatura puneña. La labor
cumplida en referencia a una política cultural universitaria de los rectores Lucio
Ávila Rojas y Eduardo Pineda Quispe, es ejemplar y trascendente. Estoy seguro
que si se prepara un libro en referencia a Aurelio Martínez, sería sin duda
publicado con especial cuidado debido a su poesía vanguardista como por
ejemplo su poema Paseo en cicle, que francamente resulta genial. La UNA ha
publicado por ejemplo, los libros de Mateo Jaika, Saturnino Corimayhua y Héctor
Estrada Serrano.
Siempre he afirmado que soy un escritor afortunado por haber conocido a
Gamaliel Churata, Emilio Romero, Emilio Vásquez, Emilio Armaza, Alejandro
Peralta, Alberto Cuentas Zavala, Ricardo Arbulú Vargas, Luis de Rodrigo, Adrián
Cáceres Olazo, Inocencio Mamani. Natalio y Augusto Calderón (Conima), Enrique
Cuentas Ormachea, Alejandro Franco y Mario Franco Inojosa, Sacarías Puntaca,
José Andrés “Pupa” Dávila, Miguel N. Angles, Julián Palacios Ríos y Virgilio
Palacios. Cipriano Angles, Ernesto More, José Portugal Catacora, Efraín Miranda,
Samuel Frisancho Pineda, Rosendo Aza Huirse, Teobaldo Loayza Obando, David
Frisancho Pineda, Alberto Paniagua Daniels, Mariano Coacalla, Mariano Larico,
Aurora Encinas, Gustavo Zegarra Villar, Alberto Zúniga Álvarez, Mateo Jaika,
Alberto Parodi Isolabella, José Patrón Candela, Augusto Martínez Aparicio, Fermín
Aguilar, Heriberto Luza Bretel, Benjamín Dueñas Tovar, Aurora Encinas, Lizandro
Amat Machicao, Vladimiro Bermejo, Mariano Paqo Mamani, Aurora Encinas
Franco, Pablo Apaza Toque, César Cano Patiño, Víctor Humareda, Mercedes
Bueno Morales, Alberto Paniagua Daniels, Augusto Ramos Zambrano, Reynaldo
Chuquihuanca Ayulo, Vicente y Julio Mendoza Díaz, Vicente Benavente Calla,
Juanito y Abraham de la Riva Bermejo, Alberto Valcárcel y Edgar Valcárcel. Tengo
que adicionar los nombres de Carlos Calderón Fajardo, Estrella Peralta y Héctor
Aguilar. No me olvido de Wilfredo Melo a quien conocí en París y tomó el nombre
de Huáscar Amaru. (Le debo una extensa crónica sin omitir a Pablo Manuel
Cadenillas ni a Óscar Gutiérrez).
Por Aurelio Martínez guardo un gran cariño y recuerdo. Sus conversaciones eran
una cátedra de historia e identidad andina. Nunca olvidé la vez que viajamos a
Tintiri, esa maravillosa reliquia de adobe que destruye el tiempo. Leninista hasta el
tuétano, bolchevique y enemigo mortal de Stalin y Trotski, admiraba a Fidel
Castro, al Che Guevara, Luis de la Puente Uceda. Ahora falta hacer un gran
esfuerzo para recuperar su producción dispersa, sobre todo rescatar sus
cuadernos en los que tenía registrada toda su producción literaria en español,
aymara y quechua. Ojalá la familia de Américo Francés, seudónimo de Aurelio
Martínez, decida realizar esa acción ineludible y si así fuera, seré el primero en
sumarme a esa importante como histórica cruzada (2016)
1.- José Zorilla. Nació en Valladolid en 1817, falleció en Madrid en 1893. Escritor español, En 1833
ingresó en la Universidad de Toledo como estudiante de leyes, y en 1835 pasó a la Universidad de
Valladolid. Poeta y dramaturgo, autor de la célebre frase tan citada, aunque es atribuida a otros
escritores con ligera variación textual.
2.- José Luis Ayala. Diccionario de la cosmopercepción andina. Editorial Arteidea. 2005. Lima.
3.- José Luis Ayala. El Dr. Juan Basilio Catacora Heredia. Protomártir de la Independencia
Americana. Editorial Derrama magisterial. 2009. Lima.
4.- José Luis Ayala. Carlos Oquendo de Amat. Editorial Horizonte. 1998. Lima. Se trata de un texto
permanente saqueado y negado. Sin embargo, los datos de internet pertenecen a ese libro.
5.- José Antonio Encinas. Un ensayo de escuela nueva en el Perú. Pág. XXX. 1959. Lima.
6.- Gerardo Leibner. El mito del socialismo indígena de Mariátegui. Conclusiones. Pontificia
Universidad Católica del Perú. Fondo editorial. Pág. 227. 1999. Lima.
7.- Hugo J. Verani. Las vanguardias literarias en Hispanoamérica. Tierra firme. Pág.10. 1995.
México.
8.- Ulises Juan Zevallos Aguilar. Indigenismo y nación. Los retos de representación de la
subalternidad aymara y quechua en el Boletín Titikaka. Pág. 191. (1926-1930). Puno.
9.- José Luis Ayala. Alberto Mostajo. Delirio y tragedia de un poeta vanguardista y filosofante.
Arteidea. Grupo Editorial. Pág. 109. 2009. Lima. A la lista del libro citado se ha aumentado algunos
nombres más.
10.- Elizabeth Monasterios. Vanguardia plebeya del Titicaca. Gamaliel Churata y otras
beligerancias estéticas en Los Andes. Universidad Nacional del Altiplano. Pág. 102. 20 5. Puno.