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EL CRUCE DE LA PAMPA
De Rafael Bruza
Rafael Bruza
Francia 2852 Dto.2
(3000) Santa Fe
Te: 0342-4520529
ESCENA 1
2
Un inmenso sol rojo besando el horizonte. Una llanura vacía con algunos penachos de
pasto duro. El viento soplando en una nota subliminal. La luz creando brillos falsos.
Olor a tierra seca.
Alvarito, el maratonista ciego, equipo de gimnasia azul y un bolso pasado en
bandolera, viene trotando despacio. Flaco y anguloso, mantiene su mandíbula
cuadrada apretada con fuerza. En la cabeza, un gorro de visera ancha. En los pies, un
par de zapatillas gastadas.
Alvarito detiene su avance pero sigue trotando en el lugar. Trata de mirar inútilmente
un punto delante suyo. Gira y se encuentra con el inmenso sol rojo. Deja de trotar. Por
unos segundos lo contempla como hipnotizado. Por fin abre el bolso de mano y saca un
bastón blanco plegable. Lo arma y se para en una postura digna, como si estuviera por
cruzar una avenida.
ALVARITO : Apenas levantando la voz. ¿Alguien sería tan amable de informarme
donde estoy? Pausa. Estoy buscando la llegada de la décimo segunda edición de la
maratón... Pausa. Para sí al comprobar que no hay nadie. Me parece que me perdí.
Alvarito se encoge de hombros y se sienta. Del bolso de mano saca una servilleta que
pone sobre sus piernas y una bolsita de nueces. Toma dos y las aprieta entre sí junto a
su oído para asegurarse que se rompan. Come lentamente.
Por la izquierda aparece el Dr Villafañe, gordo sesentón con algunos pelos grises en la
cabeza y bigote ancho. Lleva pantalón negro y saco gris a cuadros, moñito a lunares en
el cuello. En la mano derecha un portafolios. Camina con paso sostenido y mirando el
suelo, perdido en sus propios pensamientos.
Alvarito se tensa al advertir una presencia. Rápidamente toma el bastón y vuelve a
pararse.
ALVARITO: Digno. Bueno, bueno. No hubo que esperar tanto, al fin y al cabo. Sabía
que enviarían alguien por mí. Mientras Alvarito habla el Dr Villafañe pasa detrás suyo
sin notar siquiera la presencia del ciego desaparece en la lejanía. Pero no quisiera
causar molestias. Si me apunta en dirección yo le meto solo. Eso sí: me va a tener que
decir más o menos a qué distancia está el alambrado... Para ir previendo el golpe, vio?
Alvarito ríe de su propio chiste. Inmediatamente advierte que no hay nadie. Gira y
vuelve a enfrentarse con el inmenso sol rojo. Pausa. Se sienta y saca de su bolso una
radio a transistores. La prende: música de Haydn. Sigue comiendo nueces
rompiéndolas junto a su oído.
El Dr Villafañe regresa mirando la espalda de Alvarito. Camina hasta colocarse detrás
suyo. Sin embargo, mira más a la radio que a Alvarito.
DR VILLAFAÑE: Señalando. Haydn! Alvarito se sobresalta. Es Haydn, verdad?
Alvarito busca la dirección de la voz. El Dr Villafañe continúa como poseído. Ni bien
apareció Haydn se quebró el viento. ¡Qué símbolo, me dije! El renacimiento
instalándose en la primitiva llanura, retemplando los sonidos. ¡Un salto histórico!
Haydn versus el viento. ¿Se da cuenta? Una vez más se repite en estas pampas la
dicotomía histórica: civilización o barbarie. Pausa. Se tranquiliza. Alvarito está
desorientado. Perdón, no me presenté: Dr. Raúl Villafañe, historiador y filósofo.
ALVARITO: Tendiendo la mano a cualquier lado. Severo Avaro, maratonista. Pausa.
Pero me dicen Alvarito.
Ambos se han quedado con las manos tendidas en distinta dirección, esperando recién
entonces el Dr Villafañe advierte la ceguera de Alvarito, aunque tarda en reaccionar.
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DR VILLAFAÑE: Agarrándole la mano. Disculpe... Recién me doy cuenta que es
Ud ...Duda maratonista...y...
ALVARITO: Sí. Y que no veo un culo. Ríe.
DR VILLAFAÑE: Incómodo. Homero, el mayor poeta griego de la antiguedad, era
ciego... Para sí, como descubriendo algo. Quizá la poesía sea la facultad de ver
solamente para adentro... Pausa.
ALVARITO: Cuando iba a la primaria me hicieron aprender una de memoria. Todavía
me acuerdo. “Era el día y la hora en que el sol la cresta dora de los andes”. Nunca me
sonó bien. Para mí tendría que haber sido “la cresta de los andes dora” pero me dijeron
que no; que “de los andes” iba abajo porque había... se rasca la cabeza ¿Cómo se
llama?
DR VILLAFAÑE: Encabalgamiento.
ALVARITO: Sí. Algo así. De todas formas yo quedé ciego antes de poder conocer los
andes; así que... qué me va a importar ahora si le dora la cresta o no. Vuelve a reír.
DR VILLAFAÑE: Apabullado. Sí, no?
Silencio. Quedan ambos contemplando la llanura. Están incómodos. El Dr Villafañe
golpea su rodilla con el portafolio. Alvarito se palmotea la mano que tiene el bastón.
ALVARITO: ¿Están lejos los andes?
DR VILLAFAÑE: Mirando alrededor. Y sí, bastante. De aquí no se los ve.
ALVARITO: Suspirando. En fin. Así es con la poesía.
El Dr Villafañe reacciona de golpe. Abre el portafolios y saca una pila de papeles. Los
hojea nervioso moviéndose en distintas direcciones, como si estuviera consultando un
mapa. Alvarito trata de seguir los movimientos del Dr. en vano. Por fin, el Dr. Villafañe
se dirige a Alvarito.
DR VILLAFAÑE: ¿Dónde estamos?
ALVARITO: Me sacó la pregunta de la boca.
DR VILLAFAÑE: ¿Usted también...?
ALVARITO: También.
El Dr. Villafañe se sienta en el suelo hojeando los papeles. A su lado Alvarito hace lo
mismo sacando las nueces del bolso.
DR VILLAFAÑE: No entiendo cómo pudo haber sucedido. Aquí, Señala una hoja y la
pone delante de Alvarito perfeccioné la teoría toynbeeana sobre la espiral histórica, ve?
Alvarito toma la hoja. De esto hace unos sesenta kilómetros. Lo recuerdo perfectamente
porque fue lo que me hizo torcer el rumbo hacia el este.
ALVARITO: Después de pegar su cara a la hoja, se la devuelve al Dr. ¿Hacia el este
de dónde?
DR VILLAFAÑE: ¡Hacia el este de la teoría de la inmortalidad!
ALVARITO: Ahí es donde se fue a la mierda.
DR VILLAFAÑE: Sorprendido. ¿Le parece?
ALVARITO: Seguro.
DR VILLAFAÑE: Lo mira receloso. ¿Y usted?
ALVARITO: No. Yo venía bien. Maratón por ruta, pan comido. Con seguir la banquina
basta. No va que había un tramo en reparación! “Agarrá el desvío Alvarito” me gritó
uno. “De paso acortás”. Ahí me tocó el honor de deportista. “Andá a la puta que te
parió” le dije y le metí derecho. A los dos kilómetros me dí contra una aplanadora. Diga
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que no estaban trabajando sino me hacían filet. Me levanté como pude y seguí
corriendo. Lo único que se piensa en una maratón es en seguir corriendo. Pero está visto
que con el golpe salí apuntado a cualquier lado, no?
DR VILLAFAÑE: Suspira. Eso parece.
ALVARITO: Suspira. En fin. Así es con el deporte.
Pausa. El Dr Villafañe se para y camina algunos pasos alrededor tratando de ubicarse.
Queda mirando un punto fijo en el horizonte. Alvarito arma el bastón y se para al lado
del Dr. como si mirara el mismo punto.
DR VILLAFAÑE: Está oscureciendo.
ALVARITO: Si nos agarra la noche aquí estamos fritos.
DR VILLAFAÑE: Claro... la helada.
ALVARITO: No. Los indios.
El Dr. Villafañe lo mira atónito. Alvarito ríe.
ALVARITO: Era un chiste.
DR VILLAFAÑE: Aprecio su sentido del humor Alvarito, pero no me sorprendería
nada que en estas tierras quedara vestigios de las antiguas culturas.
Vuelve a mirar a lo lejos. Parece ver algo. Poseído, va hasta su maletín y guarda los
papeles. Alvarito percibe el movimiento del Dr.
ALVARITO: ¿Ya se marcha? El Dr Villafañe sale corriendo hasta desaparecer en el
horizonte. ¿Y para dónde va, si no es mucho preguntar? Claro, usted dirá: ¿y a este
ciego qué mierda le importa? Ríe. De puro curioso nomás Dr... ¿Dr? Busca alrededor.
Advierte que está solo. Me dejó hablando solo, el hijo de puta.
Alvarito se arrodilla y a tientas comienza a guardar sus cosas en el bolso, silbando a
Haydn. El Dr. Villafañe regresa defraudado por donde salió hasta colocarse al lado de
Alvarito.
DR VILLAFAÑE: Otra vez Haydn...
ALVARITO: Sobresaltado. ¡Dr! No lo escuché llegar. Bueno... tampoco lo escuché
irse.
DR VILLAFAÑE: Sabrá disculpar lo intempestivo de mi partida, Alvarito, pero por un
momento me pareció haber visto el presente.
ALVARITO: ¿Que vio qué cosa?
DR VILLAFAÑE: ¡El presente!
ALAVARITO: ¡Mierda! Usted sí que está perdido, Dr.
El Dr Villafañe sonríe. Toma a Alvarito del brazo y lo hace girar.
DR VILLAFAÑE: Mire toda esta desolación. Y en el medio de ella, alguien silbando a
Haydn. Un remoto austríaco, creador de la sinfonía moderna, sobrevolando la pampa a
través del silbido de un ciego. ¿Cómo llegó hasta aquí? Haydn es parte del equipaje que
nuestros padres trajeron de Europa. A nosotros, sus hijos, nos siguen sonando esas
melodías como si fueran nuestras. Nosotros, un país de inmigrantes, extrañamos lo que
extrañan nuestros padres. A fuerza de silbarnos melodías, de secar la nostalgia en sus
ojos, extrañamos por herencia ese pasado que no hemos conocido nunca. Pero estamos
aquí, lo que construimos está aquí, y lo que es más importante, nuestros hijos están aquí.
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Es decir, nuestro futuro está aquí. Esa es la contradicción del inmigrante: tener un
pasado en otro lado y el futuro en estas tierras. ¿Y el presente? ¿Dónde está el presente?
No tenemos presente; somos esa transición entre un pasado europeo y un futuro
americano. El presente vive huyendo. Yo estoy empeñado en encontrarlo. Quiero
recuperar el presente, crear mis propias melodías, no ser hijo ni padre. Este país no tiene
presente, por eso se desconoce a sí mismo. Recién vi un brillo en el campo pero era un
esqueleto de vaca, un vestigio insignificante del pasado reciente de esta llanura. Yo
quiero el presente. ¡El presente! Golpea el puño sobre su palma. ¡El presente! ¡El
presente!
Alvarito quien lo ha escuchado embelesado, comienza a reírse.
DR VILLAFAÑE: ¿De qué se ríe?
ALVARITO: Me acordaba de un juego que hacía cuando era chico. Si uno repite
muchas veces una palabra: el presente, el presente, el presente... al cabo de un rato, el
presente no tiene sentido.
Villafañe queda pensativo. Alvarito termina de ordenar su bolso, silbando a Haydn.
Coloca su bolso en bandolera, arma el bastón y se para en una postura digna, como si
estuviera por cruzar una avenida.
ALVARITO: Apenas levantando la voz. ¿Alguien sería tan amable de informarme
dónde estoy? Pausa. El Dr Villafañe lo mira sorprendido. Estoy buscando la llegada de
la décimo segunda edición de la maratón... Pausa. Villafañe espera junto a Alvarito.
Parece que no va a haber suerte hoy.
Se sienta y saca las nueces. Come con tranquilidad. El Dr Villafañe permanece cerca
suyo, ignorado.
DR VILLAFAÑE: Disculpe... No me dijo dónde iba.
ALVARITO: Con la boca llena. A los Andes.
DR VILLAFAÑE: ¿A los Andes? ¡Son como mil kilómetros! ¡Hay que cruzar toda la
pampa!
ALVARITO: Asiente con la cabeza. Maratón interprovincial: de la Mesopotamia a los
Andes.
DR VILLAFAÑE: Pero... ¿Dónde de los Andes? Mire que los Andes son largos...
ALVARITO: A mí me dijeron: cuando empieza la subida es que llegaste a los Andes.
Preguntá por el Aconcagua, cualquiera lo conoce. Al pie está la llegada.
DR VILLAFAÑE: Mirando el sol de la tarde. Admiro su espíritu deportivo, Alvarito,
pero tiene una ardua empresa por delante.
ALVARITO: Así es con la maratón.
DR VILLAFAÑE: Sigue mirando el sol. Se exalta de improviso. ¡Alvarito! ¿Cómo no
me di cuenta antes? ¡Ya sé dónde están los Andes!
ALVARITO: Ansioso. ¿No me diga? Apúnteme que le meto solo nomás.
DR VILLAFAÑE: Hay que seguir el sol de la tarde.
ALVARITO: ¿El disco rojo? Lo mira. ¿Nada más que eso?
DR VILLAFAÑE: Sonriente. Nada más que eso.
ALVARITO: Pero cómo no me dieron ese dato!
Alvarito busca su bolso y comienza a guardar las cosas. Villafañe lo observa nervioso.
DR VILLAFAÑE: ¡Espere, espere! ¿Y yo?
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ALVARITO: Deteniéndose. ¿Adónde va? Porque antes no le entendí ni jota.
DR. VILLAFAÑE: Es que... no es tan fácil de explicar. Lo que yo busco puede estar en
cualquier lado.
ALVARITO: Entonces véngase para los Andes. A lo mejor está ahí. O en el camino.
DR. VILLAFAÑE: Vuelve a mirar el sol. Hacia los andes... ¿Le parece?
ALVARITO: Si tiene alguna idea mejor...
DR. VILLAFAÑE: En este momento no tengo ninguna idea. Eso es lo que me
preocupa. Respira hondo. Imagínese, yo, un hombre de letras, apabullado por la
naturaleza, lazarillo de un ciego que convierte su destino en mi propio destino. ¿Dónde
ir? Hacia los Andes, sugiere un voz a mis oídos. ¿Pero por qué? ¿Para qué? ¿Qué
significan esas montañas colosales ante la vida de un hombre? Las montañas, al igual
que la llanura son dos expresiones de la soberbia de este planeta. Alvarito lo escucha
absorto y se sienta. Automáticamente saca las nueces y comienza a comerlas. Entonces,
¿cuál es nuestro rol? Nosotros, hombres pequeños e insolentes, enfrentaremos la
soberbia de esas montañas, al igual que ahora nos enfrentamos con el significativo
crepúsculo de esta llanura.
El Dr. Villafañe cierra los ojos indicando el final de su discurso. Alvarito amaga a
aplaudir pero no lo hace. Duda.
ALVARITO: Humildemente. ¿Quiere una nuez?
El Dr. Villafañe abre los ojos. Mira a Alvarito y alrededor.
DR VILLAFAÑE: No gracias. Suspira. Hay que ponerse en marcha.
ALVARITO: Cómase una nuez primero. Tienen mucha caloría.
DR VILLAFAÑE: ¡No hay tiempo! ¡Arriba Alvarito! ¡No se deje ganar por la llanura!
¡No se engañe creyendo que el tiempo es infinito! El tiempo, como la llanura, tienen
que terminar en algún lado. Hacia allí iremos.
Alvarito se levanta y se coloca al lado del Dr.
ALVARITO: Tímidamente. ¿Hacia los Andes?
DR VILLAFAÑE: Señalando el sol. ¡Hacia el presente!
Alvarito, impresionado, asiente y comienza a caminar en cualquier dirección. El Dr
Villafañe lo advierte y corre tras él, lo toma del brazo y regresa a buscar su maletín.
Alvarito saca la radio y la prende. Vuelve a surgir Haydn. Tomados del brazo caminan
dignamente hacia el sol rojo que se apaga lentamente. El viento vuelve a soplar hasta
hacer desaparecer la música.
ESCENA 2
El sol ojo sigue dominándolo todo. El viento llega por ráfagas levantando remolinos de
tierra. El Dr. Villafañe camina mirando el suelo, acariciándose el mentón. A su lado,
Alvarito trota, siguiendo el paso del Doctor.
ALVARITO: “En un marco de azul celestial... y al rayo solar... va la juventud...”
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Ambos se detienen de golpe. Alvarito parece escuchar algo lejano. El Dr. Villafañe,
como encandilado, mira un punto delante suyo. Excitado, sale corriendo hasta
desaparecer.
ALVARITO: Me parece que cambió el viento.
Se pone el dedo en la boca y lo levanta al cielo con aire concentrado. Asiente.
ALVARITO: Asintiendo. Viento norte... mal lo veo... Te irrita los nervios. Bufa. Pone
el bolso en el suelo. Le dije: De noche no se marcha. Si no hay sol, no me oriento. Ud.
que no: que las estrellas, que la astronomía... Clavado nos fuimos para arriba!
Alvarito advierte que está solo. Queda unos segundos desconcertado. Luego patea el
suelo protestando. Se calma. Busca el bolso y saca el bastón blanco, lo arma y se para
con dignidad.
ALVARITO: Apenas levantando la voz. ¿Alguien sería tan amable de informarme
dónde estoy? Pausa. Espera con expectativa. Estoy buscando la llegada de la décima
segunda edición de la maratón...
Pausa. Se sienta y saca la radio a transistores. La prende. Vuelve a surgir Haydn.
Rebusca en el bolso hasta encontrar la servilleta y las nueces, que vuelve a comer
rompiéndolas junto a su oído. El Dr. Villafañe reaparece por la derecha. Camina
tropezando, tapándose los ojos con las manos, sin el maletín. Choca con Alvarito y
rueda en el suelo hasta quedar extendido boca abajo, los brazos abiertos en cruz.
Alvarito apaga la radio asombrado. El Dr. Villafañe se incorpora con dificultad y se
sacude el saco. El polvo le produce un acceso de tos. Con las manos se aprieta los ojos,
dolorido. Alvarito aguarda sonriendo.
DR. VILLAFAÑE: Señalando vagamente por donde vino. Por allá no es...
Vuelve a taparse los ojos. Como un chico, empieza a sollozar. Alvarito deja de sonreir
al advertirlo. Busca a tientas al Dr. y lo toma por los hombros.
ALVARITO: Bueno, bueno! No es para tanto! ¿Qué nos habremos desviado? ¿80, 90
kilómetros? Apenas unos milímetros en el mapa. Para un maratonista es cuestión de
horas.
DR VILLAFAÑE: En un nuevo ataque de llanto. ¡No veo nada Alvarito! Lo busca a
tientas y lo toma por las solapas. ¡Estoy ciego! ¡Me duelen los ojos!
Alvarito queda paralizado por el asombro. Suavemente levanta las manos y palpa el
rostro del Dr. Lo hace sentar en el suelo y se arrodilla a su lado.
ALVARITO: ¿Qué le pasó?
DR VILLAFAÑE: Vuelve a señalar por donde vino. Recién... creí ver un brillo y me
encontré en medio de la salina...
ALVARITO: La salina! ¡Claro! Ya dije yo que nos habíamos ido muy al norte.
DR VILLAFAÑE: Me deslumbré. No existía el horizonte. Por primera vez después de
tantos días de ver es línea maldita, no había horizonte. ¡Estaba parado en la nada!
ALVARITO: Sí, la salina es jodida, engañosa.
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DR VILLAFAÑE: Recuerdo ese blanco interminable, cada vez más fuerte. Me miré
las manos y vi que yo también me estaba volviendo blanco.
ALVARITO: Hay que ponerse carbón debajo de los ojos, para evitar el reflejo.
DR VILLAFAÑE: Hasta que desaparecí. Mi cuerpo se había vuelto de sal como la
mujer de Lot, y yo me había diluido en la salina.
ALVARITO: Aliviado. Menos mal que se dio maña para volver. Tuvo suerte. Mire que
de la salina no sale ni Cristo.
DR VILLAFAÑE: ¡Gracias al cielo que a Ud. se le ocurrió prender la radio para
guiarme! Alvarito tiene un ataque de tos. El Dr. Villafañe le busca la espalda y lo
palmea. Y fíjese qué curioso: como si fuera un llamado personal, Haydn nos reúne
nuevamente.
ALVARITO: Demudado. Así es con la salina...
Pausa. Alvarito queda pensativo. El Dr. Villafañe permanece expectante.
DR. VILLAFAÑE: ¿Y? ¿Qué tengo?
ALVARITO: Rápidamente. Ceguera temporal. No es nada. En unos días se le pasa.
Hay que vendarlo.
Alvarito busca en el bolso y saca un rollo de gasa. De rodillas, se coloca detrás del
Dr. , busca su mano y le da el extremo del rollo.
ALVARITO: Vamos a ver, dijo un ciego. Ríe. Póngase la venda sobre los ojos.
El Dr. Villafañe obedece y Alvarito desenrolla la gasa y comienza a girar como una
noria alrededor del Dr. Entusiasmado, aconseja.
ALVARITO: El mayor peligro del maratonista ciego es el alambrado. Y si el alambre
es de púas, se la regalo. En zona de alambrado hay que andar con un ojo bárbaro. Si
estamos con suerte y vamos derecho, sabemos que a los mil metros se viene el golpe.
Parece duro, pero uno se acostumbra. La cuestión es no dejar de correr. Pausa. En
campo abierto no hay problema. Uno corre y es como si volara. El cielo debe ser así.
Poder correr sin alambrados. Pausa. Tengo el cuerpo lleno de cicatrices por culpa de
los alambrados. Experiencia, dirán algunos. Sí, claro. Pero yo siempre termino en el
suelo y encima me tengo que curar solo. Pausa. Así es con los alambrados.
El viento sopla por ráfagas. De pronto, el Dr. Villafañe se tensa y se levanta de golpe.
DR. VILLAFAÑE: ¡El portafolios!
Trata de ubicarse y sale corriendo hacia la derecha, la gasa suelta y flameando como
una bandera.
ALVARITO: Espere Dr. ! ¡No terminé!
Mascullando maldiciones, palpa el suelo hasta encontrar el bolso. Saca la radio, la
prende a todo volumen y la levanta en dirección a la salida del Dr. Está en puntas de
pié, tenso, las mandíbulas apretadas. Radio en alto y bolso en mano, parece la estatua
de la libertad en medio del campo. Haydn marca el cuadro en el apoteosis.
Lentamente y cojeando regresa el Dr. Villafañe, brazos extendidos y un gesto de dolor
entre los vendajes.
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DR. VILLAFAÑE: Gritando para imponerse a la música. ¡Alvarito!
ALVARITO: Baja el volumen. Está a dos pasos del Dr. pero no lo percibe. Grita. ¡Por
aquí, Dr.!
DR. VILLAFAÑE: Logra llegar hasta Alvarito. Lo toma del brazo. Apague nomás,
Alvarito. No llegué lejos. Me caí a los diez metros. Suspira. Si no fuera redundante,
volvería a llorar.
Alvarito busca el rostro del Dr. y lo acaricia piadoso. Luego lo hace sentar en el suelo
con suavidad y vuelve a vendarlo lentamente. El Dr. se deja hacer.
DR. VILLAFAÑE: Parece mentira que unos papeles sean la prueba de la existencia de
un hombre. Un hombre no es lo que cree sino lo que los otros perciben de él. ¿Cómo
probar entonces mi propia existencia si nada palpable he dejado? ¿Cuántas teorías han
quedado confiadas al viento? Cuando llegue a los Andes: ¿qué tendré para mostrar? He
atravesado la pampa para nada. Mi hazaña no estará en lo que he pensado sino en lo que
mi cuerpo ha soportado. Suspira. Busqué los papeles en la salina pero las hojas se
confundían con la sal. Blanco sobre blanco. Nada. Eso quedará de mí. Polvo sobre el
polvo. Nada.
Alvarito termina el vendaje y comienza a hacer ejercicios de precalentamiento. El Dr
Villafañe percibe el movimiento y se tensa.
ALVARITO: ¿Dónde perdió el portafolios?
DR. VILLAFAÑE: Sin entender. Hacia el norte. A unos dos kilómetros de aquí.
ALVARITO: Busca a tientas al Dr. y le pone una mano en el hombro. Melodramático.
Dr: yo traeré de vuelta su vida.
DR. VILLAFAÑE: Impactado. ¿De verdad? Niega también melodramático. No puedo
permitirlo Alvarito. No puedo permitir que un hombre arriesgue sus facultades por unos
papeles de dudosa significación. Yo, que he comprobado los riesgos de la salina...
ALVARITO: Pare Dr. No voy a quedar más ciego de lo que estoy. Ríe.
En un impulso el Dr. Villafañe busca en el suelo hasta encontrar la radio. Satisfecho, la
prende. Allegro de Haydn. Alvarito toma la clásica posición de los corredores luego de
orientarse y sale corriendo, la cabeza en alto y respirando ruidosamente.
DR. VILLAFAÑE: ¡Fuerza Alvarito! ¡A por ellos! ¡Traed de vuelta mi pluma para que
yo dar testimonio de tus proezas pueda!
Ríe. Busca en el bolso, se sienta y saca unas nueces que parte junto a su oreja del
mismo modo que Alvarito. Come. Busca más nueces en el bolso y se petrifica. Con
gesto de terror saca un revólver. Lo palpa y vuelve a ponerlo en el bolso. Sigue
comiendo nueces, pensativo. Por la derecha reaparece Alvarito. Camina vacilante. En
las manos, un alto de papeles destrozados, algunos hechos un bollo. Duda. Toma aire.
ALVARITO: Dr. Raúl Villafañe!
DR. VILLAFAÑE: Sobresaltado, apaga la radio. ¡Severo Avaro! ¿Es usted?
ALVARITO: Sí señor! ¡Y tengo algo que darle! Traga saliva. Villafañe espera tenso.
Encontré los papeles. Villafañe se relaja. Están hechos mierda.
El Dr. se precipita hacia Alvarito y le manotea los papeles. Los recorre al tacto
conteniendo el aire. Abatido, los deja caer en el suelo.
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ALVARITO: Consolador. Los perros... me habían hablado de los cimarrones, pero
nunca pensé que fueran tan bravos.
DR.. VILLAFAÑE: Solloza. Se comieron mis papeles, mis teorías...
ALVARITO: Tienen un hambre que te la regalo. Son capaces de comer cualquier
porquería.
DR.. VILLAFAÑE: Violento. ¿Cómo porquería? ¡No se lo voy a permitir!
ALVARITO: Confuso. ¿Qué? ¿Cómo?
DR. VILLAFAÑE: ¡Le voy a hacer borrar sus palabras a golpes de puño! ¡En garde!
Toma la clásica posición de los boxeadores.
ALVARITO: Ud. me interpreta mal, Dr. !
DR. VILLAFAÑE: ¡Discapacitado ignorante! ¡Minusválido bruto!
ALVARITO: Tocado. ¡Pero qué se cree, viejo de mierda!
DR. VILLAFAÑE: Lanzando trompadas. ¿Dónde está? ¿Dónde está?
ALVARITO: Lanzando trompadas. ¡Acá estoy! ¡Vamos, pelee! ¡No se esconda!
Ambos siguen tirando golpes hasta quedar exhaustos. Las respiraciones son agitadas.
Están bañados en transpiración. Se sientan. La mano del Dr. Villafañe encuentra una
de sus hojas. La toma y la acaricia suavemente.
DR. VILLAFAÑE: Es necesario una vida para construir una obra que nunca estará
completa. ¿Y qué hereda el futuro? Una frase, una palabra, un instrumento. Yo dejaré
menos que eso. Hace un bollo la hoja y la tira.
ALVARITO: Se incorpora. Los Andes están esperando. ¿Seguimos Dr.?
DR. VILLAFAÑE: ¡Seguimos! Toma aire. Majestuoso, cita. Todas estas borrascas que
nos suceden, son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien
las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue
que habiendo durado mucho el mal, el bien está cerca.
ALVARITO: Duda. Se rasca la cabeza. Eso vendría a ser que no hay mal que dure cien
años, no?
DR. VILLAFAÑE: Lo mira. Alvarito: su capacidad para vulgarizar a Cervantes es
admirable. Respira hondo. ¡Ni el mal ni la llanura pueden ser eternos! ¡Adelante
Alvarito! ¡A las montañas! ¡La certeza de nuestro triunfo nos guiará los pasos!
Alvarito recoge las cosas. El Dr. Villafañe arranca decidido en dirección equivocada.
Alvarito corre tras él y lo detiene. Saca el bastón y lo arma. Caminando del brazo, van
hacia el sol.
ALVARITO: “En un marco de azul celestial... y al rayo solar... va la juventud...”
El viento sopla hasta tapar la canción de Alvarito. Los caminantes se pierden en el
horizonte.
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ESCENA 3
Gris. Sólo gris. La línea del horizonte se ha perdido. El cielo y la tierra son del mismo
color. No hay viento.
Un tarareo llega de lo lejos. Es Haydn. Marchando en fila, aparecen los personajes. Al
frente, el Dr Villafañe parece dirigir una orquesta imaginaria, acentuando los
momentos briosos de la melodía. Atrás, Alvarito acompaña con entusiasmo.
Villafañe advierte el paisaje que lo rodea. Se detiene de golpe. Alvarito, sin advertirlo,
choca contra él, cortando el canto.
El silencio es tan duro como el color. Villafañe contiene la respiración. Alvarito se
golpea las orejas, comprobando si está sordo.
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DR. VILLAFAÑE: El sol. No está.
ALVARITO: El viento. Paró.
DR. VILLAFAÑE: No se ve nada.
ALVARITO: No se escucha nada.
DR. VILLAFAÑE: ¿Dónde estamos?
ALVARITO: En el medio.
DR. VILLAFAÑE: ¿En el medio de qué?
ALVARITO: De la pampa. Del viaje.
DR. VILLAFAÑE: ¿Cómo lo sabe?
ALVARITO: ¿No lo siente?
DR. VILLAFAÑE: Sí. Mira alrededor. Estamos en el medio. Estamos a la misma
distancia de la meta que de la partida. Da lo mismo seguir que volver. Aquí, la nostalgia
es tan fuerte como el sueño. Por primera vez, mi vida depende de mí.
ALVARITO: Sigamos Dr. Sigamos.
DR. VILLAFAÑE: ¿Seguir? ¿ Adónde?
ALVARITO: Adelante. A los Andes.
DR. VILLAFAÑE: No. Yo no voy.
ALVARITO: ¿Cómo que no va?
DR. VILLAFAÑE: Vuelvo.
ALVARTIO: ¿Dónde?
DR. VILLAFAÑE: Vuelvo con la gorda.
ALVARITO: ¿Qué gorda?
DR. VILLAFAÑE: Mi mujer.
ALVARITO: Pero... ¿Me va a dejar solo?
El Dr. Villafañe asiente tristemente con la cabeza. Se acerca a Alvarito y lo abraza.
Este se deja hacer.
DR. VILLAFAÑE: Discúlpeme, pero ya elegí mi destino. Si doy un paso más estaré
llegando. Si doy un paso atrás, estaré volviendo. Elegí volver. Además... hoy es mi
aniversario de bodas. La gorda siempre hace torta. Adiós Alvarito. Cuídese de los
alambrados.
Da la espalda a Alvarito y comienza a caminar. Alvarito busca en el bolso y saca el
revólver. Apunta hacia el Dr. Villafañe.
ALVARITO: Destino las pelotas. ¡Ud. no se me va!
DR. VILLAFAÑE: Se vuelve y ve el revólver. No bromee, Alvarito. Me resisto a creer
que mi destino sea un ciego con el revólver en la mano.
El Dr. Villafañe reinicia la marcha. Alvarito dispara un tiro al aire. Villafañe queda
petrificado.
ALVARITO: Ud. se queda aquí hasta que se le pase. Alvarito saca una soga del bolso.
¡Atese los pies! ¡Y bien fuerte que lo estoy vigilando!
El Dr. Villafañe envuelve la soga alrededor de sus pies. Alvarito controla que esté bien
atada.
DR. VILLAFAÑE: Esta es una locura, Alvarito. Tengo que volver. Mi mujer debe estar
preocupada.
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ALVARITO: Ya va a pasar Dr. ¿Sabe la cantidad de veces que me dije: pero quién me
manda a mí a correr? Pasa Dr., pasa.
DR. VILLAFAÑE: Tengo que volver. ¡Quiero la gorda! Alvarito quiero la gorda.
ALVARITO: Lo entiendo Dr. La mujer querida pesa. No lo digo por la gorda. Yo
también sé lo que es haber amado a una mujer.
DR. VILLAFAÑE: ¡No! Yo no la quería. La odiaba. Ella me recordaba el cuerpo, la
tiranía de los sentidos. ¿Cómo amar una cosa así? Porque la gorda crecía, y ése era mi
espanto. No era sólo el volumen. Era la masa. La masa que gravitaba sobre mi vida. Era
un globo que se iba inflando de materia. Crecía proporcionalmente a mi trabajo mental.
Yo pensaba, ella comía. Cuanto más teorías agregaba yo a mi mente, más quilos
agregaba ella a su cuerpo. Asquerosa, insaciable. Parecía que no se iba a detener nunca.
Me jodía la vida la gorda. ¡Me jodía la vida!
ALVARITO: Confundido. Entonces para qué quiere volver?
DR. VILLAFAÑE: Porque aquí, en el medio de la pampa me doy cuenta que soy igual
que ella. Soy el asqueroso del pensamiento, el insaciable del intelecto. Aquí me doy
cuenta que ella no era mi lastre sino mi equilibrio. Ella era el ancla que evitaba que mi
mente anduviera a la deriva. La gorda era la conexión con el mundo, la realidad que se
descubre después de haber creído que todo es sueño. Ahora, entre las brumas del pasado
y la ilusión del futuro, descubro que el presente que busqué por tanto tiempo, es el culo
de la gorda. Ahí está el presente. La gorda y su culo. ¡Quiero la gorda! ¡Quiero el culo
de la gorda!
ALVARITO: Pare Dr. Pare.
Villafañe sigue gritando. Dando saltitos con los pies atados intenta volverse. Alvarito
tensa la cuerda y lo hace caer. Rápidamente corre hacia él, le busca la cabeza y lo
desmaya de un golpe con el revólver. El Dr. queda inerte. Alvarito le acaricia la cabeza.
ALVARITO: Discúlpeme, Dr. Pero si lo dejo volver no se va a encontrar con el
recuerdo de su mujer. Se va a encontrar con su mujer. Suspira. Los sueños angustian,
pero la realidad aplasta. Saca las nueces y comienza a comerlas, rompiéndolas junto a
su oído. Mi mujer me envenenaba. Veneno para ratas, me daba. Con el té me lo daba.
Para la digestión decía. Lo del té digo. Lo del veneno no decía nada. “Tomate el té que
después andás con dolor de estómago”. “Tiene gusto raro” decía yo. “Es de carqueja”
decía ella. ¡Qué mierda iba a saber! Yo no tenía la más puta idea de lo que era la
carqueja. Hasta en el desayuno me encajaba la carqueja. Meses. Yo había perdido hasta
las ganas de comer, pero ella seguía con la carqueja. Ahí fue que perdí la vista. Por el
veneno, no por la carqueja. ¡Mirá si el yuyo va a tener la culpa! Come otra nuez. Me
internaron en el hospital. Nadie sabía qué tenía. Mi mujer estaba todo el día conmigo,
yo creía que para hacerme compañía. A las ocho de la mañana se aparecía con el termo.
Apenas me despertaba sabía que estaba allí. En ese momento le decía que la amaba más
que nunca. Ella se inclinaba sobre mí, me daba un beso en la frente, me empujaba un
poquito y me decía: “Andá, morite”. Y yo estaba dispuesto a morirme nomás. Come
otra nuez. Como no mejoraba el médico entró a sospechar. Mandó el termo al
laboratorio y ahí se encontraron que no era carqueja. Come otra nuez. Fué a juicio. En el
tribunal lo único que dije era que la amaba y que la perdonaba. Ella se paró y me gritó:
“Morite hijo de puta. Cuando salga te voy a hacer cagar, mierda”. Eso fue lo que me
impactó. Las mala palabras. En tanto años de matrimonio nunca le había escuchado una
mala palabra. ¡Me lo decía en serio! Yo no me había dado cuenta de que me odiaba
tanto. Me odiaba con el mismo tamaño con que yo la amaba. Queda pensativo. ¿Vio
como son las cosas? Amar te mata despacito. Al Dr. Estamos en el medio. Ya escapamos
de la muerte. Entonces para qué volver. Cuando me enteré que estaba libre empecé a
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correr. Seguro que me está siguiendo Y yo que todavía la amo... si llega a aparecer: ¡la
cago a tiros!
DR. VILLAFAÑE: Musitando. La gorda... la gorda...
Alvarito resopla fastidiado. Medita unos instantes. Iluminado, busca la radio y la
prende. Surge Haydn.
DR. VILLAFAÑE: Haydn... Haydn...
Ayuda al Dr. a incorporarse. Comienza a desatarlo.
DR. VILLAFAÑE: Alvarito... Soñé con mi mujer... Me perseguía por un laberinto
hospitalario con una torta envenenada... Pero una música me guiaba hacia la salida.
ALVARITO: Es Haydn. Ud. se orienta con Haydn. Es su brújula. Si no fuera por
Haydn se viviría perdiendo.
Guarda las cosas en el bolso. Ambos se incorporan. Alvarito sigue con el revólver en la
mano. Villafañe lo mira de reojo.
DR. VILLAFAÑE: Me siento avergonzado. Guarde el revólver. No hace falta. Yo...
sentía que todo era inútil. Este lugar... esta nada es demasiado. Extrañaba.
ALVARITO: ¡El culo extrañaba Ud.! Villafañe ríe. Yo lo que extraño es poder mirarle
las tetas a las mujeres. Así que imagino. A veces una me habla y yo pienso: “esta debe
tener un hermoso par de tetas”. Por la voz me imagino. Alguna me deja que se las toque.
Las conmuevo. Les digo que ahora mis ojos son mis manos y se las toco un rato. En la
llegada de la maratón siempre hay muchas mujeres. Yo nunca gané, pero siempre me
hacen subir al podio. Como ejemplo de perseverancia,vió? Yo hago el que tropiezo,
pongo las manos adelante y le agarro las tetas a la que está más cerca. ¡Cosa linda las
tetas!. Carga el bolso. ¿Seguimos?
DR. VILLAFAÑE: ¡Seguimos! Toma aire. todas estas borrascas que nos suceden, son
señales que presto ha de serenar el tiempo...
ALVARITO: ¿Otra vez Cervantes?
DR. VILLAFAÑE: Sorprendido. ¿Lo conoce?
ALVARITO: No. Es Ud. que se repite.
DR. VILLAFAÑE: Ríe. ¡Demos ese paso Alvarito! Salgamos del medio.
ALVARITO: ¡Hacia los Andes!
Alvarito comienza a tararear a Haydn. Como dirigiendo una orquesta se pone en
marcha. Villafañe se retrasa unos segundos mirando hacia atrás. De golpe, corre detrás
de Alvarito y se une al canto. Ambos se alejan. El gris se va haciendo negro. El viento
vuelve a soplar. Haydn se pierde en la lejanía.
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ESCENA 4
El viento sopla blanco.
El Dr. Villafañe, sin la venda, camina hecho un ovillo. Adelante, Alvrito se inclina como
una lanza, desafiando el viento. La fiebre marca el rostro de ambos.
DR. VILLAFAÑE: De la salina a la nieve. De un blanco a otro blanco. ¿Este color
insulso, frío, es el presente? El presente es un silencioso cuadro blanco. Nosotros somos
la afrenta, el desafío, el insulto del cuadro. Somos la pincelada accidental del universo.
Cae de rodillas. Dios es un pintor novato.
ALVARITO: Casi suplicando. ¿Alguien sería tan amable de informarme dónde estoy?
Mira alrededor desesperado. Estoy buscando...
Afiebrado y delirante cree advertir algo delante de él.
ALVARITO: Los veo! ¡Recuperé la vista! ¡Está todo el pelotón! ¡Muchachos! Arenga.
“En un marco de azul celestial...” Vinieron a verme ganar! Duda. No me van a sacar el
primer puesto, no? Tembloroso, busca en el bolso hasta sacar el revólver. ¡Aunque
venga todo el pelotón, una vez voy a ganar yo, mierda! Dispara un tiro.
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DR. VILLAFAÑE: Se incorpora al escuchar el disparo. ¡Una revolución! ¡Una
revolución, por fin! Nos libramos de Europa. !
ALVARITO: Voy a subir la escalerita del podio aunque me tropiece! Dispara
nuevamente.
DR. VILLAFAÑE: ¡Disparen nomás, hijos de puta! ¡Vamos a construir un presente de
gloria!
ALVARITO: El negro Salinas! ¡Ese me puso la traba en la largada! Dispara otro tiro.
DR. VILLAFAÑE: ¡Se acabaron los reaccionarios! ¡Los lastres aristocráticos!
ALVARITO: El rengo Benítez! ¡Me sacó seis metros en el pique! Dispara.
DR. VILLAFAÑE: ¡Se acabaron los señalados por la historia! ¡Los herederos de las
instituciones!
ALVARITO: Le dí! ¡Vení ahora que te corro, rengo hijo de puta! Mira atentamente.
¡Puta madre, se me vienen encima! Desesperado, aprieta varias veces el gatillo pero se
ha quedado sin balas.
DR. VILLAFAÑE: ¿Se acabaron las balas? ¿Hemos sido derrotados?
ALVARITO: No! ¡No! ¡Paren! Se acurruca tomándose la cabeza con los brazos, como
protegiéndose de una enbestida. ¡Quiero ganar! Déjenme ganar a mí. ¡Una vez nomás!
¡Déjenme ganar! Solloza.
DR. VILLAFAÑE: Como un fantasma. De nuevo esta silenciosa blancura sin tiempo.
Alga muy malo habremos hecho para que Dios nos deje sin color y sin sonido. Pronto
nos volveremos blanco. Blanco sobre blanco. Nada. Solloza.
Ambos sollozan por separado. Empieza a sentirse un temblor. Un alud se inicia en la
punta de la montaña. Alvarito y el Dr. se incorporan.
DR. VILLAFAÑE: Señalando. ¡Allá! ¡Allá! El pueblo baja de los montes! ¡Todavía no
estamos vencidos!
ALVARITO: Pero... ¿cuántos maratonistas hay en esta carrera? ¿Tengo que correr
contra todo el mundo!
DR. VILLAFAÑE: Mi mujer ya no me va a reprochar por buscar el presente. ¡Allí está
el presente! ¡Estos hombres van a crear el presente! ¡Gorda! ¡Vuelvo a casa!
ALVARITO: Son todos ciegos! ¡Los que corren son todos ciegos! ¡Los voy a cagar a
todos! ¡Soy el único que ve la llegada! Vuelve a mirar con atención. ¡Mi mujer! ¡Me
encontró! ¡Mierda!
Comienza a correr pero cae a los dos pasos. Cae de boca. Se levanta redescubriendo su
ceguera.
DR. VILLAFAÑE: ¡Gorda! ¡Gorda! ¿Me oís? ¿Dónde te metiste? ¡Perdonáme Gorda!
ALVARITO: Yendo hacia el Dr. ¡Doctor! ¡Doctor!
DR. VILLAFAÑE: ¡Severo Avaro! ¿Qué hace en mi casa?
ALVARITO: Dr, estoy ciego!
DR. VILLAFAÑE: ¡Qué novedad!
ALVARITO: Quiero decir que toda es una alucinación! Sacude al Dr. Es la fiebre Dr.!
DR. VILLAFAÑE: Tranquilícese. En cualquier momento viene la Gorda y nos da de
comer.
ALVARITO: El alud! ¡El alud!
DR. VILLAFAÑE: ¿De qué habla Alvarito?
ALVARITO: Mierda! Busca en el bolso y saca la radio. Surge Haydn.
DR. VILLAFAÑE: Se toma la cabeza con las manos. Haydn... Haydn...
ALVARITO: Sí, Dr! ¡Haydn! ¡Y las montañas! Y la nieve. ¡Nos va a aplastar!
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DR. VILLAFAÑE: Mira asombrado alrededor. ¡Un alud! Y yo que creí que era el
presente.
ALVARITO: Acomodándose el bolso. ¡Corra Dr.! ¡Corra que si nos agarra el presente
estamos fritos!
Ambos salen corriendo con Haydn sonando en la radio. El ruido de la nieve se hace
más fuerte, hasta aplastar la música.
ESCENA 5
Noche cerrada. En un barril arde un fuego donde Alvarito y el Dr Villafañe se
calientan las manos. El frío casi los ha paralizado. El único sonido es el crepitar del
fuego. Los personajes lo miran pensativos.
ALVARITO: Cómo es el presente?
DR. VILLAFAÑE: Se alza de hombros. No sé. Nunca lo he visto. Cuando amanezca lo
veré.
ALVARITO: Y cómo sabrá que es el presente si no lo vio nunca?
DR. VILLAFAÑE: Sonríe tristemente. Es un brillo en la mente. La comprensión de la
historia. La base del porvenir. Es saber qué ha fallado y qué hay que hacer para
remediarlo.
Alvarito asiente con la cabeza. Silencio. Siguen pensativos.
DR. VILLAFAÑE: ¿Cómo es la llegada?
ALVARITO: Es un ... una... Una tela que dice: llegada.
DR. VILLAFAÑE: ¿Nada más que eso?
ALVARITO: Bueno... A veces hay un palco. Y funcionarios. Y mujeres. Hay trofeos y
todos sonríen.
DR. VILLAFAÑE: ¿Por qué a veces?
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ALVARITO: Porque casi siempre cuando yo llego no queda nadie.
El Dr Villafañe asiente con la cabeza. Silencio. Siguen pensativos.
DR. VILLAFAÑE: De una manera extraña yo estoy aquí gracias a mi mujer.
ALVARITO: Yo también estoy aquí gracias a mi mujer. De una manera muy extraña.
Sonríen. Silencio. Siguen pensativos.
DR. VILLAFAÑE: Mañana emprenderemos el regreso.
ALVARITO: Ajá. Después que se llega hay que regresar.
DR. VILLAFAÑE: Lo mira serio. Tiene razón. Cuando se acaba la búsqueda se
emprende el regreso.
Silencio. Quedan pensativos.
ALVARITO: ¿Faltará mucho para que amanezca? Tengo frío.
DR. VILLAFAÑE: Yo también. No. No debe faltar mucho.
Silencio. Queda cada uno aislado en su mundo.
DR. VILLAFAÑE: Nunca pensé que iba a tardar veinte años.
ALVARITO: Está confundido Dr. Hace solamente año, año y medio que estamos
juntos.
DR. VILLAFAÑE: Sí. Ya sé. Pero yo hace veinte años que busco el presente.
ALVARITO: Cómo que veinte años?
DR. VILLAFAÑE: Buscaba una teoría original. Y salvar a este país de su dolor. “El
presente”, pensé entonces. A este país le falta el presente. Vivimos es el dolor de lo
perdido en el pasado y el deseo de venganza en el futuro.
ALVARITO: Pero veinte años!
DR. VILLAFAÑE: Entonces comencé a buscar el presente. La gente reconocería mi
búsqueda, mi mujer me perdonaría tanta ausencia y esta nación podría empezar a ser
ella misma.
ALVARITO: Pero qué va a encontrar acá después de veinte años?
DR. VILLAFAÑE: El presente.
ALVARITO: El presente ya se fue a la mierda! ¡Mire si lo va a esperar a Ud. veinte
años!
DR. VILLAFAÑE: Si existe, está acá.
ALVARITO: Usted está más loco que una cabra! Después de veinte años el presente es
historia.
DR. VILLAFAÑE: No se ponga irrespetuoso. Yo no le critico sus objetivos.
ALVARITO: Es una cuestión de sentido común, Dr. Ningún presente aguanta veinte
años.
DR. VILLAFAÑE: Discúlpeme Alvarito, pero Ud. no está capacitado intelectualmente
para comprender los alcances de esta teoría.
ALVARITO: ¡Capacitado un carajo! Si hubiera sabido que estaba buscando algo que
desapareció hace veinte años, le daba una patada en el culo ni bien lo encontré.
DR. VILLAFAÑE: ¡No me hable de esa manera!
ALVARITO: ¿Pero sabe la cantidad de presentes que se le pasaron en esos veinte años?
¡Perdió veinte años al pedo!
DR. VILLLAFAÑE: ¡Pero qué sabe Ud. de teorías!
ALVARITO: ¡Váyase a la mierda Ud. y sus teorías!
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DR. VILLAFAÑE: A punto de saltarle encima. ¡Mire...! ¡Mire...! ¡Mejor me callo
porque sino acá ocurre una desgracia!
ALVARITO: Pero sí, cállese.
DR. VILLAFAÑE: Bruto ignorante.
ALVARITO: Loco de mierda.
DR. VILLAFAÑE: ¿Cómo dijo?
ALVARITO: No hablaba con Ud.
DR. VILLAFAÑE: ¡Mejor así!
Hoscos, vuelven junto al fuego. Quedan esperando. Farfullan por lo bajo.
ALVARITO: ¡Veinte años!
DR. VILLAFAÑE: ¡Termínela con mis veinte años!
ALVARITO: No estoy hablando de sus veinte años. Hablo de mis veinte años.
DR. VILLAFAÑE: ¿Qué pasa con sus veinte años?
ALVARITO: Que en veinte años que llevo corriendo la maratón nunca me topé con un
tipo como Ud.
DR. VILLAFAÑE: Las maratones.
ALVARITO: Cómo?
DR. VILLAFAÑE: Las maratones. Es plural. Se dice “corriendo las maratones”.
ALVARITO: No. Está bien. Es singular. “Corriendo la maratón”. Es una sola.
DR. VILLAFAÑE: ¿Cómo una sola?
ALVARITO: Hace veinte años fue la largada. Es una sola.
DR. VILLAFAÑE: ¿Una maratón de veinte años?
ALVARITO: ¿Y de qué se asombra Ud? ¿Acaso no se pasó veinte años buscando
boludeces? Yo corro hace veinte años.
DR. VILLAFAÑE: ¡Pero Ud. está más loco que yo! ¿La maratón que corre se largó
hace veinte años?
ALVARITO: ¿Está sordo o qué? Hace veinte años que busco la llegada.
DR. VILLAFAÑE: ¿Pero cómo va a tardar veinte años?
ALVARITO: Me perdí varias veces. Pero aquí estoy: firme en la brecha.
DR. VILLAFAÑE: ¡La llegada debe haber desaparecido!
ALVARITO: Yo estaba anotado. Alguien tiene que estar esperando. Es ley del deporte.
DR. VILLAFAÑE: ¡Ud. es un delirante! ¡Buscando la llegada de una maratón que se
largó hace veinte años!
ALVARITO: Mes más, mes menos...
DR. VILLAFAÑE: ¡Acá no hay nada! ¡La maratón prescribió! Se olvidaron todos de
esa maratón!
ALVARITO: Lo importante es competir!
DR. VILLAFAÑE: ¡Me trajo engañado! ¡Me usó para que lo acompañara!
ALVARITO: No señor! ¡Yo me arreglo solo! ¡No lo necesito a Ud.!
DR. VILLAFAÑE: ¡Lo que usted necesita es un siquiatra! ¡El señor busca la llegada de
una carrera que se hizo hace veinte años!
ALVARITO: ¿Ah sí? ¿Y Ud.? ¿Y Ud. que busca un presente de hace veinte años atrás?
¡Ud. es el loco!
DR. VILLAFAÑE: ¡Yo estoy bien! ¡El chiflado es Ud!
ALVARITO: Pero cállese, loco de mierda.
DR. VILLAFAÑE: ¿Cómo dijo?
ALVARITO: ¡Loco de mierda! ¡Eso dije!
DR. VILLAFAÑE: ¡Maratonista discapacitado! Puto!
ALVARITO: ¡Más puta será la gorda! ¡Viejo impotente!
DR. VILLAFAÑE: ¡La reconcha puta que te parió! ¡Te voy a matar!
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ALVARITO: ¡El que te va a matar soy yo, viejo pelotudo!
Ambos se abalanzan sobre el otro y se toman de la garganta. Forcejean entre
improperios. El aire comienza a faltarles. Caen de rodillas. El rostro se les vuelve
morado. Ninguno afloja la presión. Las bocanadas son cada vez más desesperadas. En
ningún momento dejan de ahorcarse.
DR. VILLAFAÑE: Con un hilo de voz . ¡Alvarito!
ALVARITO: Idem. ¿Sí?
DR. VILLAFAÑE: Nos estamos matando.
ALVARITO: Sí, ya sé.
DR. VILLAFAÑE: Afloje.
ALVARITO: Afloje Ud.
DR. VILLAFAÑE: Mire que nos morimos aquí.
ALVARITO: Sí, cagamos fuego.
DR. VILLAFAÑE: ¿Largamos los dos juntos?
ALVARITO: A la cuenta de tres. ¿Vamos?
Ambos cuentan hasta tres sin soltarse. Al cabo, se sueltan bruscamente y caen en el
suelo. Jadeando, intentan volver a llenar sus pulmones. El fuego sigue crepitando. Se
incorporan lentamente.
DR. VILLAFAÑE: Hubiera resultado paradójico morir ahora, a punto de cumplir el
sueño.
ALVARITO: Sí, ¿no? Una joda.
DR. VILLAFAÑE: Ríe. Linda imagen literaria. Para un cuento.
ALVARITO: Ríe. Por poco no contamos el cuento.
Vuelven junto al fuego. Tienden sus manos hacia él. Silencio. Queda cada uno aislado
en su mundo.
DR. VILLAFAÑE: Alvarito.
ALVARITO: ¿Sí Dr.?
DR. VILLAFAÑE: Yo estuve pensando... Tengo que pedirle disculpas. Usted tiene
parte de razón.
ALVARITO: Quien tiene que disculparse soy yo, Dr. Usted también tiene parte de
razón.
Se miran. Silencio. En un impulso, ambos se abrazan.
ALVARITO: ¿Y después que encuentre el presente qué va a hacer?
DR. VILLAFAÑE: No sé. Nunca lo pensé. Habrá que pensar rápido porque mañana
empieza el futuro. Pausa. ¿Y Ud.?
ALVARITO: No sé. Yo siempre quise llegar. Pero nunca pensé qué iba a hacer después.
Silencio. Quedan pensativos.
ALVARITO: Después de esto puede volver con la gorda.
DR. VILLAFAÑE: Lo mira horrorizado. ¿Ud. cree?
ALVARITO: Sí. Debe ser lindo tener a alguien que lo espere.
DR. VILLAFAÑE: Como si lo hubiera pensado por primera vez. Sí. Debe ser lindo.
Pausa. Entusiasta. ¡Ud. podrá largar otra maratón!
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ALVARITO: Horrorizado. ¿Otra más?
DR. VILLAFAÑE: Es todo un triunfo lo suyo Alvarito. Todo un triunfo.
Silencio. Suspiran.
DR. VILLAFAÑE: Bueno... Habrá que volver con la gorda.
ALVARITO: Yo voy a seguir huyendo de mi mujer. Huir nomás. Sin buscar nada.
DR. VILLAFAÑE: Otra teoría no se me va a ocurrir.
ALVARITO: Yo estoy viejo. No me van a dejar correr otra maratón.
DR. VILLAFAÑE: Hace veinte años era una teoría original. No sé si en todo este
tiempo...
ALVARITO: No se debe acordar nadie de la maratón. ¿Quién habrá ganado?
DR. VILLAFAÑE: Se me produjo un vacío en el pecho...
ALVARITO: A mí en el estómago...
DR. VILLAFAÑE: ¿Faltará mucho para que amanezca?
ALVARITO: Creo que no. Si estuviéramos en la pampa ya hubiera amanecido.
DR. VILLAFAÑE: Se viene el día entonces.
ALVARITO: Sí, se viene.
DR. VILLAFAÑE: Se viene.
Silencio. Villafañe se muerde el labio. Alvarito traga saliva.
DR. VILLAFAÑE: Creo que tengo taquicardia.
ALVARITO: Es el frío. Yo tengo la pierna derecha que me duele. De una quebradura
vieja.
DR. VILLAFAÑE: Nos tendríamos que hacer ver. Puede ser grave.
ALVARITO: Me duele cada vez más. A ver si pierdo la pierna. ¿Cómo corro después?
¿Y si a Ud. le da un paro cardíaco?
Silencio. Respiran ansiosos.
DR. VILLAFAÑE: Sugerente. ¡Capaz que el presente ni siquiera está aquí!
ALVARITO: Cómplice. ¡Ni la llegada! ¿A quién se le ocurre una llegada al pie del
Aconcagua?
DR. VILLAFAÑE: ¡Pero cómo no lo pensé antes! ¡En un país que es todo pampa, el
presente no puede estar en las montañas!
ALVARITO: Eso! ¡Y la llegada tiene que estar en la pampa, al lado del presente!
Se estudian esperando la reacción del otro. De golpe, ambos se ponen en movimiento,
empezando a recoger las cosas.
DR. VILLAFAÑE: ¿Sabe una cosa Alvarito? A veces no sé si estamos buscando o
estamos huyendo.
ALVARITO: Y cuál sería la diferencia?
DR. VILLAFAÑE: Al que busca lo impulsa el ansia. Al que huye, el miedo.
ALVARITO: Piensa un instante. ¿Los dos corren, no?
DR. VILLAFAÑE: Sí, los dos corremos.
Siguen acomodando sus cosas. Alvarito empieza a reír.
DR. VILLAFAÑE: ¿De qué se ríe?
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ALVARITO: Al lado de mi casa había un perro que siempre corría los autos. Era un
perro astuto. Los corría hasta la esquina y ahí largaba. Para mí que el perro pensaba: si
lo llego a agarrar... ¿Qué hago con el auto?
DR. VILLAFAÑE: Así que para Ud. la función del perro no es agarrar el auto sino
correrlo.
ALVARITO: No sé. Vaya a saber qué se le pasa por la cabeza a un perro, ¿no?
DR. VILLAFAÑE: Si no podemos explicar a los perros Alvarito, cómo explicar a los
hombres.
Alvarto pone su dedo en la boca y mide el viento.
ALVARITO: Viento a favor y en bajada. Linda noche para seguir corriendo.
DR. VILLAFAÑE: Linda noche. Con un poco de suerte, al amanecer estaremos lejos
de aquí.
Alvarito prende la radio. Surge Haydn. En fila india, los personajes se alejan. Haydn
queda flotando en el aire mientras amanece sobre las montañas vacías.