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Crítica a la Psicología de Adler

El documento critica la concepción de Adler en psicología, argumentando que su enfoque ignora el inconsciente y subestima la sexualidad, alejándose del psicoanálisis. A través de un análisis detallado, se expone cómo Adler introduce nociones filosóficas y finalistas que contradicen el determinismo psíquico del psicoanálisis freudiano. A pesar de sus errores, se reconoce que la obra de Adler contiene ideas interesantes que pueden contribuir a la comprensión de la psicología individual.

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Crítica a la Psicología de Adler

El documento critica la concepción de Adler en psicología, argumentando que su enfoque ignora el inconsciente y subestima la sexualidad, alejándose del psicoanálisis. A través de un análisis detallado, se expone cómo Adler introduce nociones filosóficas y finalistas que contradicen el determinismo psíquico del psicoanálisis freudiano. A pesar de sus errores, se reconoce que la obra de Adler contiene ideas interesantes que pueden contribuir a la comprensión de la psicología individual.

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Bibliotecas de Psicoanálisis

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Obras Completas de Sandor Ferenczi

LXLVII. CRÍTICA DE LA CONCEPCIÓN DE ADLER


La escuela psicológica de Adler, al haberse olvidado del inconsciente y subestimado la
sexualidad, se ha situado fuera del campo del psicoanálisis. Sin embargo, la lectura un tanto
penosa de este grueso volumen (400 páginas) es instructiva incluso para nosotros; esta obra nos
permite seguir las vías que pueden conducir a una orientación y un método científicos empíricos
hacia un sistema dogmático precozmente elaborado y fuertemente teñido de filosofía1.
Veamos cómo explica el Dr. Furtmüller en el prólogo la diferencia entre la “psicología
actual” y la concepción adleriana: la primera “se interesa esencialmente por los fenómenos
psíquicos localizados en la periferia de la personalidad y sólo se acerca al núcleo con inquietud y
timidez”, mientras que “Adler plantea como principio de base metodológico que es preciso acudir
primero al núcleo de la personalidad para a continuación comprender y valorar con exactitud los
fenómenos periféricos”. Esta frase es suficiente para mostrarnos que la nueva orientación
abandona pura y simplemente la división tópica del aparato psíquico deducida de la experiencia al
precio de un gran esfuerzo, para reemplazarla por las nociones de “núcleo” y de “periferia”,
tomados sin duda de a anatomía. No explica qué debe entenderse por “núcleo de la personalidad”,
pero se trata probablemente de algo de lo que da a entender el pedagogo cuando afirma estar
constantemente «confrontado a la personalidad viva de sus alumnos». Aunque este prólogo da
cuenta fielmente de los principios básicos de la «psicología individual» -de lo que no dudamos en
absoluto, se advierte que éste contiene un elemento puramente intuitivo, inaccesible al análisis
psicológico; la nueva orientación queda excluida por esta razón de las investigaciones puramente
psicológicas y se atribuye el título de filosofía. Pero los sistemas filosóficos no son más que
productos de la impaciencia, de la incapacidad para soportar incertidumbres reales; la formación
de sistemas es un recurso para dominar las dudas; con un toque de varita mágica aporta la paz al
filósofo y le dispensa de la obligación de hacer tentativas tímidas e inquietantes. Sea cual fuere la
dicha que experimenta el filósofo, no le envidiamos; renunciando provisionalmente a la armonía
interior, nos contentamos con los valores reales que nos ofrece el psicoanálisis.
Los catorce ensayos contenidos en este volumen pertenecen a la pluma de Alfred Adler. La
mayoría habían aparecido con anterioridad; al reunirlos de esta forma, ofrecen un cuadro
instructivo del desarrollo de la «psicología individual».
La obra de Adler sobre la “inferioridad orgánica”, trabajo importante desde el punto de
vista biológico, es la que proporciona el punto de partida de la nueva teoría. Data del período
psicoanalítico del autor y en aquellos momentos despertó en muchos de nosotros la esperanza de
que este hombre penetrante conseguiría desarrollar el paralelo biológico de los descubrimientos de
Freud. La ambigüedad del término «inferioridad» permitió seguidamente al autor introducir
subrepticiamente la noción en absoluto científica y puramente antropocéntrica de valor en los
1
“Heilen und Bilden”. Obras médicas y pedagógicas de la “Verein für individualpsychologie”. Editado por el Dr.
Alfred Adler y el Dr. Karl Furtmüller.
estudios biológicos. Acentuando un aspecto parcial de determinados casos (incompletamente
analizados en el sentido de Freud); en los que -según Adler- los síntomas neuróticos compensan
las «inferioridades orgánicas» existentes y, apoyándose en observaciones similares realizadas sobre
sujetos normales o individuos inteligentes2, llegó a la «teoría de la inferioridad orgánica» del
psiquismo cuya función sería la de compensar la inferioridad de los órganos «sobre los cuales se
construye». Adler abandona así una segunda distinción psicológica fundamental en el plano
heurístico, la que debe establecerse entre los impulsos del Yo y los impulsos sexuales. Estos
últimos no se mencionan; el psiquismo se ha convertido en un órgano puramente utilitario.
Para Adler, “la actividad orgánica primitiva (el impulso) está ligada al placer sobre todo a
nivel de los órganos que se distinguen por su interioridad”. Debemos concluir por tanto que Adler
considera a los órganos genitales, cuya actividad está siempre ligada al placer, como inferiores.
Denomina también «inferioridad» (en lugar de superioridad) a la fuerza particular de un impulso.
Pretende que el sentimiento de inferioridad psíquica se halla siempre fundado sobre una
inferioridad orgánica real (inhibición del desarrollo de un órgano), pero no lo demuestra. La
asimilación incondicional de estas dos nociones, tan favorables a la teoría de Adler, está pues
injustificada.
A continuación Adler es consecuente consigo mismo cuando atribuye la máxima
importancia al impulso de valoración de sí: el impulso agresivo. Llega prácticamente a subordinar
todos los impulsos a la noción de impulso agresivo, por la única razón de que todo impulso tiene
un componente motor. La neurosis y el genio provendrían de una inhibición del impulso agresivo.
El autor se aleja aquí todavía más del psicoanálisis en la medida en que abandona la hipótesis de
los erotismos orgánicos y retorna a la vieja concepción que consiste en asimilar sexualidad y
genitalidad. No admite más que la posibilidad de una asociación ulterior entre las funciones
sexuales y las demás funciones orgánicas (por ejemplo: asociación entre sexualidad e impulso
agresivo en el sadismo).
Hay que reconocer que Adler ha intentado subsanar una laguna de nuestro saber
psicológico cuando, en el capítulo consagrado al impulso agresivo y a sus «asociaciones», ha
elaborado una parte de la psicología del Yo de la que el psicoanálisis todavía no había podido
ocuparse. Pero el psicoanálisis no podrá pronunciarse sobre las tesis propuestas por Adler sino
después de establecer las. verdaderas bases de una psicología del Yo mediante el estudio de las
neurosis narcisistas (las. enfermedades del Yo).
Como puede verse, parece que Adler pretende asignar a la sexualidad un papel accesorio.
Igualmente es sorprendente constatar luego el poder considerable que atribuye a la sexualidad en
su psicología; casi todos los objetivos del hombre serían una expresión de su huida entre el
hermafroditismo psíquico, y sobre todo ante el papel femenino, es decir, la «protesta viril». Es,
pues, la protesta viril la que encaja todo y la que desempeña el papel más importante en todo lo
que es psíquico, en toda evolución o degeneración psíquicas, tanto en la enfermedad como en el
sueño. Adler mantiene simultáneamente todos sus principios precedentes (inferioridad orgánica,
impulso agresivo) pero estableciendo una relación -muy laboriosa- entre tales principios y la
nueva teoría.
Para aumentar aún más la confusión, introduce en la «psicología individual» la noción de
«finalidad» y la filosofía del «Als-ob» según Waihinger, esta última con la intención explícita de
demostrar la irrealidad, la existencia puramente «als-ob» de los afectos y de las tendencias
sexuales descubiertas por el psicoanálisis tanto en los enfermos como en los sujetos normales.
Con tales armas, Adler ataca, en su crítica de la teoría freudiana de la sexualidad infantil, primera
y principalmente el complejo incestuoso, luego la sexualidad inmoderada de los neuróticos
2
Una estadística objetiva demostraría sin duda que hay muchos mas oradores de laringe bien desarrollada, músicos
de fino oído y pintores de buena vista que lo que sugiere la teoría de la inferioridad orgánica.
descubierta por el psicoanálisis, y concluye que se trata de simples tendencias defensivas, de
compromisos, de formaciones «Als-ob» debidas a la exacerbación de la protesta masculina,
protesta que reposa siempre sobre una inferioridad (¿supuesta o real?). «No podernos admitir que
las excitaciones sexuales del neurótico y del hombre civilizado sean reales», dice para terminar.
Según podemos ver, Adler ha comenzado como biólogo y termina como filósofo, sin
avenirse a admitir en el «hombre civilizado» -como si el hombre fuera un ser aparte, superior a
todo lo animal- la realidad de la sexualidad, que, sin embargo, domina totalmente el mundo
orgánico.
Señalemos una vez más que la obra de Adler, errónea en conjunto, contiene indicaciones exactas,
ideas biológicas y caracteriológicas interesantes cuyo valor nunca ha sido discutido por el
psicoanálisis. Sea de ello lo que fuere, Adler, con su estilo dialéctico de jurista, da mucho que
hacer a sus lectores y dificulta bastante la comprensión de sus ideas.
El artículo del Dr. K. Furtmüller, incluido en el mismo volumen, proporciona una visión
mucho más clara y precisa de las tendencias de Adler (“La importancia psicológica del
psicoanálisis”). Tras haber evaluado con precisión y objetividad los progresos que la psicología
debe a Breuer y Freud, establece la diferencia entre Freud y Adler del siguiente modo: «Según la
concepción de Freud, el neurótico sufre "recuerdos" que le llegan de manera inoportuna y
perturbadora como un "lastre del pasado", haciéndole incapaz de cumplir su "verdadera tarea que
es la de asegurar su porvenir" » Pero esta concepción sólo es válida en la medida en que la
«existencia de representaciones inconscientes es concebida como una perturbación patológica»;
no puede mantenerse «desde el momento que se admite que el inconsciente desempeña también
un papel en el psiquismo normal». Resulta impensable que el hombre normal en el plano psíquico
pase también su vida con la mirada vuelta atrás. Esta hipótesis contradice además el valor práctico
indiscutible de la libre asociación, de la «irrupción de las ideas», que constituye también un
preámbulo del psicoanálisis según Freud. Adler afirma que en la vida actual, además del pasado
psíquico, interviene también un “objetivo vital inconsciente, una representación inconsciente del
papel que el individuo quiere desempeñar en el mundo». El material del pasado sólo proporciona
a nuestras tendencias el medio, y no el fin. Furtmüller considera contrario a la lógica profunda de
la evolución del psicoanálisis el que los autores absolutamente adictos a Freud rechacen lo
esencial de las correlaciones establecidas por las investigaciones de Adler, al tiempo que admite
tácitamente algunos detalles.
La clara formulación de Furtmüller evidencia lo que distingue al psicoanálisis de la
«psicología individual». El psicoanálisis explica el presente y las mociones evolutivas en función
del pasado (O sea. de una forma causal). Por el contrario, Adler introduce en la interpretación
psicológica un elemento místico, «finalista», algo que es independiente del pasado. Dicho de otro
modo: Adler abandona el determinismo psíquico y vuelve a la hipótesis de una tendencia evolutiva
y de un libre albedrío independiente del pasado.
El psicoanálisis ha reconocido siempre lo que había de utilizable en las ideas de Adler, pero
no se ha obligado por ello a adoptar sus conclusiones. Por lo demás, tal exigencia nos afecta
menos a nosotros que a la «escuela psicoanalítica llamada de Zurich», cuya primacía parece
detectar Adler. Indiscutiblemente ambas orientaciones coinciden al menos en lo que se refiere al
finalismo y a la desexualización del psiquismo. En cuanto a nosotros, nos resulta indiferente saber
quién ha sido el primero en intentar perturbar el desarrollo del psicoanálisis con tales tendencias.
La única cuestión contra la que nos manifestamos aquí es la falsificación de los hechos. Es falso
pretender que Freud «reduce todo suceso psíquico a la sexualidad», que asimila la libido a la
afectividad o a la energía psíquica. Tales afirmaciones (que Furtmüller niega además parcialmente
en la misma página) no están confirmadas en ningún pasaje de las obras de Freud.
El ensayo de Léopold Erwin Wechsberg: «Rousseau y la ética» es interesante. El elemento
típico de la biografía de un paranoico y la manera en que se expresa lo patológico en la obra
literaria están fielmente descritos. No se excluye el que todavía tienen porvenir las construcciones
de Adler -preocupado únicamente por el destino del Yo y descuidando el de la libido- en la
explicación de las neurosis narcisistas.
Otto Klauss da una explicación parcial de las «mentiras infantiles» a partir de la tendencia
del niño a poner el entorno a su servicio.
Alfred Appelt, director de una escuela, discute los progresos obtenidos en el tratamiento
de los tartamudos; el profesor F. Asnaurov estudia, desde el punto de vista adleriano, el papel del
sadismo en la escuela y en la pedagogía. Para tener una idea del artículo de Wechsberg, «El niño
ansioso», citaremos el siguiente párrafo: “Desde hace tiempo una niña de siete años se despierta a
menudo sobresaltada por la noche debido a la angustia provocada por el sueño siguiente: está en
un parque, las madres y las niñeras se hallan sentadas en los bancos de alrededor, y ella juega en
medio con otras niñas. Repentinamente levanta los ojos y busca a su madre entre las mujeres. Va
de una a otra, tomando a cada una por su madre pero dándose luego cuenta de que no es ella. Se
despierta en un estado de angustia creciente, y la angustia persiste; por último, pretextando tener
que orinar, despierta a su madre que duerme en la misma habitación”. Este sueño repetido se
explica por lo que le sigue en estado de vigilia. Sólo puede tener un sentido: qué ocurriría si no
estuviera la madre para velar sobre ella cuando nadie la atiende. Pero en lugar de atenerse a esta
interpretación, he aquí lo que dice el autor: Este sueño indica el porvenir. La angustia del sueño
es una advertencia: «El niño se siente fuertemente incitado a ser grande e independiente, a
actuar como si no tuviera madre”. Incluso haciéndolo ex profeso resulta difícil hallar una
explicación más caricaturesca de la tendencia a querer introducir por la fuerza todo lo que es
psíquico en el lecho de Procusto del «impulso de valoración de sí» y del “Als-ob”.
El Dr. Johs. Dück estima que la educación trata de reforzar los centros que intervienen en
el conflicto entre inteligencia y sensualidad. Apoyándose sobre la teoría del «deterioro de la fuerza
nerviosa», pide entre otras cosas que las personas sobrecargadas renuncien a engendrar hijos y
dejen a las energías no desgastadas la labor de propagar la especie. La nota siguiente es también
interesante: «¿Por qué se ve tan poco a los profesores de enseñanza secundaria y superior en las
piscinas o en los campos de deportes? No sólo porque les falta tiempo, sino sobre todo ¡porque
han de hacer frente a una temible competencia!».
El volumen contiene también obras de Màday, Friedrich Thalberg, el Dr. Joseph Kramer, el
Dr. R. E. Oppenheim (el articulo sobre el suicidio de los escolares ya había aparecido en las
“Discusiones de la Asociación psicoanalítica de Viena”), el Dr. Karl Molitor, el Dr. Fried Lint, el
Dr. Vera Eppelbaum y el Dr. Charlot Strasser, lo mismo que los «Recuerdos infantiles de un
antiguo nervioso».

Common questions

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Adler introduces an element of philosophy by integrating notions like the 'Als-ob' philosophy, which suggests that certain psychological phenomena are perceived rather than real. This approach challenges the deterministic view of psychoanalysis by proposing that individuals act according to subjective purposes or 'as if' ideals, moving away from Freud's causality tied to past experiences. Adler's use of philosophical frameworks, such as finalism, also blurs the line between empirical psychology and philosophical speculation .

Adler's concept of 'organic inferiority' focuses on compensating for perceived physical weaknesses, which he sees as central to psychic development, diverging from traditional psychoanalysis that emphasizes the unconscious mind and sexual drives. The divergence lies in Adler's view that neuroses compensate for organic inferiority, whereas traditional psychoanalysis, especially Freudian theory, considers unconscious conflicts and sexual drives as foundational .

Adler challenges the psychoanalytic view by arguing that childhood sexual expressions are defenses and formations rather than central determinants of adult pathology. He suggests that phenomena labeled as childhood sexual issues by psychoanalysis are actually defensive reactions against feelings of inferiority, termed as the 'protest viril.' Therefore, Adler posits that subjective goals and social interest, rather than past sexual conflicts, are pivotal in personality development .

In contrast to psychoanalysis, which emphasizes causation rooted in past experiences, Adler's use of 'finality' suggests an individual's behavior is guided by future-oriented goals and purposes. This introduces a teleological element, where actions and motivations are seen as directed towards achieving personal significance or superiority, diverging from the deterministic frameworks of Freudian psychoanalysis .

Ferenczi perceives Adler's system as a philosophical construct borne out of impatience with scientific rigor. He observes that Adler's framework resembles a philosophical system that prioritizes harmony and certainty over the empirical complexity of psychological investigations. Ferenczi contends that such systems are philosophical rather than scientific because they quickly resolve doubts with overarching conceptual metaphors, distancing themselves from the laborious analysis of psychoanalysis .

Ferenczi critiques Adler's method as transitioning from an empirical science to a philosophical system that imposes preconceived notions, such as 'nucleus' and 'periphery,' without empirical grounding. This reflects tension as Ferenczi perceives Adler's method to be based on intuitive and philosophical constructs rather than findings accessible to empirical analysis, moving away from the scientific rigor of psychoanalysis .

Adler's theory of 'aggressive impulse' expands beyond Freudian instincts by emphasizing the drive for self-assertion and superiority over sexual drives. Unlike Freud, who posits sexual and life-preserving instincts as primary, Adler elevates aggression as a fundamental motivating force, subsuming other impulses within it. This reorientation suggests that neuroses and even genius stem from an inhibited aggressive impulse rather than from repressed sexual conflicts .

The concept of 'male protest' in Adler's theory serves as a cornerstone, postulating that much of human behavior is driven by the need to overcome historically and socially constructed feminine roles. This concept explains neurotic behavior, dreams, and even societal development as reactions against perceived sexual inequality and paralysis due to inferiority. The male protest embodies Adler's framework where psychological phenomena are interpreted as efforts toward gender-based superiority rather than sexual development .

Adler deviates from traditional psychoanalytic thought by proposing that aggression, not sexuality, is the primary organizing force of behavior. While Freud links aggression to sexual drives, Adler suggests that aggression is an independent drive aimed at overcoming feelings of inferiority and achieving power. This redefinition reduces sexuality to a subordinate role, viewing it as occasionally intertwined with aggression rather than being a key psychological motivator .

Ferenczi critiques Adler's methodology as being overly intuitive and philosophical, lacking empirical substantiation. By prioritizing constructs like the 'nucleus' and 'periphery' imported from anatomy without empirical basis, Adler's approach moves away from the scientific, evidence-based methods of traditional psychoanalysis, which Ferenczi argues are necessary for true psychological investigation .

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