Procedimientos Ecoguiados
Procedimientos Ecoguiados
Ignacio Oulego, Ángela Ferrer, Javier Gil, Alberto Salas, Olivia López, José Manuel López, Jorge López.
PROCEDIMIENTOS ECOGUIADOS
Ignacio Oulego Erroz. UCIP. Complejo Asistencial Universitario de León.
Ángela Ferrer Barba. UCIP. Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña
Javier Gil Antón. Hospital Universitario de Cruces.
Alberto Salas Ballestín. UCIP. Hospital Son Espases de Palma de Mallorca
Olivia Pérez Quevedo. UCIP. C. H. U. Materno-infantil Insular de Las Palmas de Gran Canaria.
José Manuel López Álvarez. UCIP. C. H. U. Materno-infantil Insular de Las Palmas de Gran
Canaria.
Jorge López. Hospital general Universitario Gregorio Marañón.
Coordinador: Ignacio Oulego. Complejo Asistencial Universitario de León
Revisado: José Luis López-Práts Lucea. Hospital Clínico Universitario de Valencia.
ÍNDICE
1. Canalización vascular ecoguiada:
1.1. Fundamentos del acceso vascular guiado por ecografía (Ignacio Oulego, Ángela Ferrer)
1.2. Canalización venosa central y central de acceso periférico (Javier Gil)
1.3. Control del CVC post-procedimiento con ecografía (Ignacio Oulego)
1.4. Canalización arterial (Alberto Salas)
1.5. Entrenamiento y simulación en canalización vascular eco-guiada: modelos para
práctica del acceso vascular (José Manuel López)
2. Drenaje torácico (Javier Gil)
2.1. Exploración el derrame y selección del lugar para punción
2.2. Técnica de drenaje torácico eco-guiado
3. Procedimientos abdominales: (Ángela Ferrer)
3.1. Paracentesis, inserción de catéter de diálisis peritoneal
3.2. Punción suprapúbica
3.3. Colocación de sondas
4. Otros procedimientos ecoguiados
4.1. Punción lumbar (Ignacio Oulego, Jorge López)
4.2. Pericardiocentesis (Jorge López)
INTRODUCCIÓN
La canalización vascular es una técnica esencial en el niño crítico. Las guías clínicas
internacionales recomiendan la canalización vascular guiada por ecografía de cualquier vena
central simpre que esté disponible tanto en niños como en adultos. Además, hoy en día se
reconoce que no existe un acceso vascular ideal o de primera elección en niños y que este debe
elegirse tras la valoración clínica del paciente, de la indicación del catéter y la realización de una
exploración vascular completa con ecografía. En este texto vamos a revisar los fundamentos
básicos sobre la canalización vascular central eco-guiada. El objeto de este texto es simplemente
servir como punto de base para iniciar la práctica de la canalización vascular central y aclarar
algunos conceptos fundamentales y nomenclatura específica. En ningún caso sustituye a la
realización de cursos prácticos y la práctica supervisada en pacientes.
EQUIPO
Ecógrafo: El ecógrafo ideal para la canalización vascular eco-guiada, debe ser sencillo de
manejar, ligero, resistente, con un tiempo de encendido rápido y debe tener al menos la
posibilidad de realizar exploracion en modo 2D. La mayoría de los ecógrafos portátiles que se
utilizan en anestesia o emergencias son adecuados para este fin. Adicionalmente es muy útil
que es ecógrafo disponga de la posibilidad de hacer doppler color.
Sondas: Es el elemento fundamental del equipo. La sonda ideal para la canalización eco-guiada
en niños es una sonda de alta frecuencia con gran definición en planos superficiales que tenga
una huella pequeña y cuya manipulación comprometa el menor espacio posible. La sonda que
más se aproxima a las características ideales es la hockey-stick lineal (Figura, 1a). Como segunda
opción están las sondas lineales de huella pequeña (< 6-7cm) y en su defecto sondas lineales
convencionales (Figura 1b). Las sondas microconvex de alta frecuencia son una buena
alternativa, seguida por las sondas convex de tipo abdominal. No recomendamos usar sondas
de ecocardiografía phased array (Figura, 1c) ya que la calidad de imagen en planos superficiales
es muy pobre.
Figura 1: Distintas sondas. Sonda “hockey-stick” (a), de izquierda a derecha (sonda microconvex, lineal y
convex (b), sonda phased array cardiaca (c)
Botonología: Uno de los aspectos que más preocupa al operador inexperto es conocer los
botones del ecógrafo. Los conocimientos sobre modificación de la imagen que necesitamos
manejar para realizar la canalización vascular eco-guiada son pocos y sencillos.
Fundamentalmente deberemos saber ajustar los siguientes parámetros:
Profundidad:
La profundidad de escaneo es un parámetro fundamental. Cuanta menor profundidad “más
grande” veremos las estructuras en la pantalla pero sólo veremos las más superficiales.
Debemos seleccionar la profundidad mínima que nos permita ver las estructuras de interés. Por
ejemplo en el caso del abordaje de la yugular interna con que veamos la carótida y el tiroides
será suficiente. En general en niños con una profundidad de 2-3 cm (según la edad) es suficiente.
Ganancia general
La ganancia es la cantidad de ecos que recibe la sonda. A modo práctico lo vemos como “brillo”
que tienen las estructuras en la ecografía. En general seleccionaremos una ganacia que nos
permita distinguir adecuadamente los músculos de los vasos.(figura 2b). Demasiada ganancia
(figura 2c) puede hacer que la imagen del interior del vaso sea poco clara y que no se distingan
los tejidos en la superficie lo que puede dificultar mucho la visualización de la aguja. Una
ganancia demasiado baja hace que exista poco contraste entre estructuras (figura 2a) y tampoco
es adecuada. Además de la ganacia general, puede ser útil ajustar la ganancia en profundidad
que nos permite dar diferentes ganancias a distintas profundidades de la imagen, si está
disponible en nuestro ecógrafo.
Figura 2: Regulación de la ganancia. Ganancia escasa (a), ganancia adecuada (b), exceso de ganancia (c)
Zoom
Algunos ecógrafos permiten seleccionar una zona de interés y hacer un zoom de esa zona. Ello
puede ser útil cuando realicemos canalizaciones de vaso en niños muy pequeños en lactantes o
neonatos. Hay que tener en cuenta si se utiliza el zoom para la canalización, que la imagen
obtenida en la pantalla es solo la correspondiente a una parte de la obtenida por la sonda, y por
lo tanto, podemos perder las referencias que nos permiten localizar el vaso con respecto a la
aguja.
Escala del color y el doppler
Si utilizamos color deberemos ajustar la escala de velocidades doppler a la velocidad del flujo
sanguíneo que estamos explorando. Si estamos explorando venas la escala debe ser baja (<30-
40 cm/seg) para poder detectar el flujo venoso, mientras que para el flujo arterial es mejor
escalas mas altas (50-80 cm/seg) para evitar el fenómeno de aliasing (generación de artefactos
en la imagen de doppler color).
Ganancia del color
Este es un parámetro que deberemos contralar si usamos doppler-color. Aumentando la
ganancia del color conseguiremos que el vaso se “llene de color”, de forma que parecerá más
grande en color que en 2D. Si la bajamos iremos detectando una señal de color cada vez más
pequeña centrada en el vaso hasta desaparecer. La ganancia ideal es aquella que una vez
seleccionada la escala de velocidad correcta permite ver el vaso lleno de color sin sobrepasar
sus límites (es decir sin sobreestimar el tamaño) y sin que aparezcan destellos (como chispas de
color) alrededor del vaso.
Figura 3: Asepsia del transductor. Funda esteril plástica (a). Campo estéril con el cable fijado al borde
para evitar su movilización.
Para obtener la imagen adecuada del vaso a canalizar es fundamental que estemos bien
orientados en la imagen. Hay dos principios que debemos observar siempre en la canalización
vascular eco-guiada: a) debemos obtener una imagen anatómica en la pantalla y b) nuestro
transductor, el vaso del paciente y la pantalla del ecógrafo deben estar en el mismo eje de visión
(es decir mirando hacia el frente debemos verlo todo), para lo que es ideal colocar el ecógrafo
en el lado opuesto al paciente en el que nos encontremos nosotros.
Orientación anatómica
Con esto queremos decir que la lateralidad izquierda-derecha del paciente, del transductor y de
la pantalla debe ser la misma. Si nos colocamos a la cabecera para canalizar la vena yugular
interna del lado derecho mirando de frente a la pantalla del eco debemos ver la yugular a
nuestra derecha y la carótida a nuestra izquierda. Para ello la marca de la pantalla y la muesca
del transductor deben estar hacia el mismo lado respecto a nosotros (para ello se debe colocar
la muesca de la sonda siempre a nuestra izquierda, al igual que la marca en la pantalla, tanto si
pinchamos desde craneal o desde caudal respecto al paciente (figura 4). En caso de que
utilicemos una visión longitudinal del vaso, la muesca del transductor puede colocarse en
cualquier posición pero para evitar equivocaciones nosotros recomendamos colocar la muesca
del transductor siempre hacia posición craneal del paciente.
Figura 4: Orientación anatónica de la imagen. La marca de la pantalla y la muesca del transductor deben
estar colocados a nuestra izquierda según miramos al paciente y al ecógraso (circulos rojos)
Oblicuo
El haz de ultrasonidos se coloca en “diagonal” respecto al eje mayor del vaso con un ángulo
aproximado de 45º (figura 6c). Este abordaje se utiliza menos. Aúna las ventajas de los abordajes
transversal y longitudinal. Por un lado permite visualizar la vena y la arteria en el mismo plano,
así como estructuras adyacentes. Además permite introducir la aguja en plano con el vaso.
Figura 6: Relación plano-vena transversal (a). Relación plano-vena longitudinal (b). Relación plano-
vena oblicua.
Figura 7: Relación fuera de plano (a), visión de la aguja como un punto ecogénico (b)
En plano:
La aguja y el plano de ultrasonidos coinciden. Obtendremos una imagen completa de la aguja lo
que nos permite visualizar la punta de la aguja a medida que avanza en el tejido durante todo
su trayecto (figura 8). Es más difícil de obtener ya que exige más coordinación entre la mano que
sujeta el transductor y la mano que introduce la aguja. Sin embargo al permitir la introducción
de la aguja “en plano” es considerado, en general, el abordaje de elección para las técnicas eco-
guiadas. .
Figura 9: Abordaje transversal fuera de plano. La vena se corta en transversal (a) y la aguja se introduce
fuera de plano (b) Se obtendrá una sección circular del vaso y la aguja aparecerá como un punto
ecogénico en la pantalla (c).
Abordaje longitudinal en plano:
Se obtiene un corte longitudinal del vaso y la aguja se introduce en plano con control directo de
la punta de la aguja en todo momento. Suele ser el abordaje más utilizado por las personas con
experiencia. Exige más destreza manual. En este abordaje el transductor se mantiene fijo y
centrado en el vaso y la trayectoria de la aguja se modifica para penetrar el vaso en el punto
deseado. La desventaja de este abordaje es que no tenemos un control visual de la arteria y
otras estructuras. Ante pequeñas desviaciones del plano del transductor o de la trayectoria de
la aguja, podemos perder el control de la punta de la aguja y puncionar sin querer otra
estructura. Por ello es muy importante mantener la dirección de la aguja siempre alineada con
el plano del haz de ultrasonidos.
Figura 10: Abordaje longitudinal en plano. La vena se “corta” en longitudinal (a), y la aguja se introduce
en plano observándose en toda su longitud (c).
Abordaje transversal en plano.
Se obtiene una imagen transversal del vaso pero la aguja se introduce desde un lateral del
transductor en plano (figura 11) Este abordaje es útil cuando existe una relación supero-inferior
de la arteria respecto a la vena o existe otra estructura superficial que debemos evitar como un
nervio etc…. El problema de este abordaje es que la guía entra en el vaso dirigida hacia la pared,
lo que puede dificultar su introducción especialmente en venas de pequeño calibre, por lo que
no se suele utilizar mucho en niños pequeños.
Oblicuo en plano:
Se obtiene una imagen oblicua de la vena y la arteria y la aguja se introduce en plano (figura 11).
Este abordaje aúna las ventajas del transversal fuera de plano y del longitudinal en plano. Ha
mostrado muy buenos resultados en la canalización de la yugular interna en adultos, aunque
existe menos experiencia en niños.
Figura 11: Inserción de la aguja en transversal en plano (a). Inserción de la aguja en oblicuo en plano
Abordaje “combinado”:
Transversal fuera de plano + longitudinal en plano. Se trata de puncionar la piel en transversal
fuera de plano para asegurarnos que estamos centrados en la vena y acto seguido rotar el
transductor 90º y proseguir con la canalización en longitudinal en plano. Esto es muy útil cuando
el vaso a canalizar es de pequeño tamaño ya que en este caso resulta difícil entrar centrado en
el vaso si utilizamos directamente el abordaje en plano.
Figura 12: Principio de triangulación. Si la distancia al transductor se hace coincidir con la profundidad
del vaso, un punción con un ángulo de entrada de 45º debe entrar en el vaso aproximadamente en el
plano .
Maniobras para seguir la aguja fuera de plano
Consisten en la maniobra de deslizamiento y la inclinación o basculación del transductor. Estas
maniobras sirven para conseguir un seguimiento visual de la punta de la aguja durante el
abordaje transversal fuera de plano. Permite solucionar las imprecisiones de la técnica anterior,
y es lo que utilizan os operadores que tienen experiencia en el uso de las técnicas eco-guiadas.
Maniobra de deslizamiento:
Se obtiene un plano transversal del vaso según lo explicado anteriormente. Se elige el punto
teórico de punción en base a la maniobra de triangulación antes descrita. Una vez que la punta
de la aguja se introduce en la piel, en vez de avanzar la aguja en este momento desplazamos el
transductor y lo ponemos pegado a la aguja. La imagen de la aguja obtenida en este punto
corresponderá a la punta de la aguja. Ahora podemos avanzar conjuntamente transductor y
aguja (el transductor se desliza por la piel a la vez que la aguja profundiza en el tejido) de forma
que conseguiremos seguir la punta de la aguja hasta verla penetrar en el vaso. Esta técnica es
muy útil cuando el vaso es profundo y disponemos de cierto espacio para maniobrar.
Maniobra de basculación:
Esta maniobra es similar a la anterior pero en vez de mover el transductor hacia la aguja lo que
haremos es bascular el transductor siguiendo la punta de la aguja a medida que avanza. Esta
técnica es la preferida por muchos y es útil especialmente cuando hemos de puncionar muy
cerca del transductor y el espacio para maniobrar es escaso (figura 13).
Figura 13. Maniobra de basculación. Se realiza un movimiento de basculación desde proximal a distal a
medida que introducimos la aguja en la piel (a,b). Debemos ser capaces de seguir la punta de la guja
hacia el vaso (c)
Técnica de inserción en plano
Usando el abordaje longitudinal en plano podremos obtener un control directo y continuo de la
aguja pero deberemos tener mayor destreza manual. En principio se obtendrá un plano
longitudinal de la vena lo más centrado posible en el vaso. Se introduce la aguja por un lateral
del transductor justo pegado al borde del mismo. En este caso no hay una distancia del
transductor recomendada para puncionar ya que esta variará dependiendo de la longitud de la
huella de nuestro transductor y de la profundidad del vaso. Lo que es fundamental es mantener
centrado y no mover la mano del transductor durante la inserción. La única mano que debemos
mover es la de la aguja y conseguir que entre en la piel completamente alineada con el centro
de nuestro transductor. Si durante la inserción no somos capaces de ver la aguja lo más probable
es que hayamos movido el transductor o el plano de inserción de la aguja. En este caso nunca
deberemos seguir avanzando la aguja sino retirar y reposicionar el plano y la aguja antes de
avanzar de nuevo. Un factor fundamental, que a veces se olvida, cuando utilizamos la inserción
en plano es que la visualización de la aguja será tanto mejor cuanto más tangencial incida el
ultrasonido en la aguja (más cercano a un ángulo de 90º entre el haz de ultrasonido y la aguja)
Por ello para esta técnica conviene pinchar con la aguja más tumbada desde un punto más
alejado del objetivo, siempre que el espacio disponible nos lo permita.
Figura 14: Modificación de la visión de la aguja según el ángulo de inserción. Cuanto más se aproxime a
un ángulo de 90º mejor se visualiza en la pantalla.
INTRODUCCIÓN
La canalización venosa central y periférica consta de dos fases: la exploración pre-procedimiento
y la técnica de canalización. La exploración pre-procedimiento tiene como objetivo final
identificar el acceso venoso más adecuado. A continuación se detallan las características ideales
de un acceso venoso central.
Figura 1: Visión transversal de la vena yugular interna en posición habitual (anterolateral) respesto a la
carótica.
Si existen dudas es muy útil obtener un doppler pulsado del vaso para ver el tipo de flujo. El flujo
arterial (figura 2ª) es fundamentalmente sistólico y de alta velocidad. El flujo venoso (figura 2b)
es de baja velocidad, bifásico (en sístole y diástole) y a veces se observa una onda retrógrada. El
color azul o rojo de la imagen sólo indica la dirección del flujo (rojo si se acerca al transductor y
azul si se aleja) y no sirve para diferenciar la arteria de la vena.
Figura 2: Doppler pulsado arterial mostrando el típico flujo sistolico de alta velocidad (a), y el doppler de
una vena central con su flujo sistodiastolico de baja velocidad (b)
Figura 4: a) trombosis total de una vena con ausencia de la señal doppeler. b) hematoma entre la vena y
la arteria que las desplaza lateralmente. c) estenosis de la vena basílica con reducción del flujo en
doppler secundaria a daño de la pared vascular por punciones repetidas
Figura 5: Grado de solapamiento entra la arteria carotida y yugular interna observadas en neonatos y
lactantes de bajo peso. a) posición normal; b) solapamiento parcial; c) solapamiento complero con
posición antero-anterior.
Así mismo, cambiando levemente la posición del paciente, la arteria y la vena cambian de
relación, por lo que si es posible elegiremos la postura en la que la arteria se separe más de la
vena. La postura que resulte más satisfactoria en la exploración preprocedimiento debe
mantenerse posteriormente durante la canalización. En la figura 6 se muestran las variaciones
anatómicas más habituales de la yugular y carótida internas. Según algunos autores la mayoría
de las veces la VYI se localiza en posición anterolateral a la carótida siendo la posición del cuello
la responsable de la mayoría de las posiciones “falsamente anteriores o laterales”.
Es la vena en la que existe más experiencia. Situándonos a la cabecera del paciente, rotando su
cabeza hacia el lado contralateral, se localiza el vértice del triángulo formado por la unión del
fascículo esternal y clavicular del esternocleidomastoideo y se coloca el transductor en
transversal con la muesca hacia medial (más o menos a las 9 horas). La VYI se localiza en posición
antero-lateral respecto a la carótida en aproximadamente el 80-90% de los pacientes pediátricos
fuera del periodo neonatal. La excesiva extensión y rotación del cuello hacia el lado
contralateral puede aumentar el grado de solapamiento con la arteria carótica y debe evitarse.
Rotando el transductor 90% se obtendrá el eje longitudinal. La VYI aumenta su grosor a medida
que nos acercamos al tórax. Teniendo en cuenta este factor la canalización ecoguiada puede
realizarse en una localización cervical baja donde la probabilidad de éxito es mayor, idealmente
utilizando una técnia longitudinal u oblicua en plano si el tamaño del transductor y del paciente
lo permite. La VYI derecha es habitualmente de mayor calibre que la izquierda. Además su curso
directo hacia la vena cava superior minima la posibilidad de malposición de la guía por lo que en
general es de elección respecto a la VYI izquierda. La VYI izquierda se visualiza de la misma forma
que la derecha pero en este caso la muesca del transductor se sitúa hacia lateral. Si la situación
hemodinámica y respiratoria del paciente lo permite, colocándolo en posición de Trendeleburg
se maximiza el calibre de la vena y se minimiza la posibilidad de embolismo aéreo. En el neonato
la VYI se encuentra frecuentemente solapada a la arteria carótida con una relación antero-
anterior, lo cual junto con el pequeño tamaño del vaso dificulta la canalización y aumenta el
riesgo de punción arterial accidental. Además debido a la baja presión venosa es un vaso que se
colapsa ante la minima presión del transductor. Por todo ello la canalización de la VYI en el
neonato no es tan favorable como en otros grupos de edad.
Figura 7: Canalización de la vena yugular interna. Posición del cuello y sujección correcta del tranductor
(a). Visualización de la aguja en el interior del vaso como un punto ecogénico (b)
Figura 9: Canalzación de la VYI derecha en oblicuo en plano. Posición del transductor respecto a la vena
yugular y arteria arteria (a). Visualización de la entrada de la aguja en plano mientras se mantiene la
visualización de la arteria carótida (b).
Figura 10: Maniobra para la visualización correcta del tronco braquiocefálico. Movimiento descendente
con el transductor en transversal a lo largo del cuello manteniendo en el centro la VYI (a). Movimiento
de inclinación hacia anterior al llegar a la zona supraclavicular visualizándose la arteria subclavia (b).
Posición final del transductor en la fosa supraclavicular con visualización en eje longitudinal de la unicón
entre la vena subclavia y el tronco braquiocefálico derecho (c).
La canalización del TBC desde la zona supraclavicular es un acceso de reciente incorparación que
ha demostrado tasas de éxito muy altas especialmente en casos de canalización habitualmente
complicada por otros abordajes como la canalización en neonatos y niños de bajo peso. El tronco
braquiocefálico es la vena más gruesa accesible a la canalización ecoguiada. Debido a que se
encuentra fijada a las estructuras subyacentes no es susceptible de la compresión externa ni
varía de diámetro con los movimientos respiratorios, por lo que supone un acceso ideal para la
canalización durante la respiración espontánea o pacientes con distress respiratorio, casos en
los que la yugular puede colapsarse totalmente durante la respiración. Algunos trabajos
muestran tasas de éxito superiores al 95% incluso en neonatos de bajo peso. En un trabajo de
nuestro grupo la tasa de canalización al primer intento fue mayor con este acceso que con la
yugular interna en niños que precisaban canalización venosa central urgente. Otra de las
ventajas de este abordaje es que el sitio de salida del catéter es muy cómodo para el paciente y
facilita el trabajo de enfermería. A diferencia del acceso infraclavicular se puede realizar
hemostasia por compresión directa de la zona de punción, por lo que la presencia de diátesis
hemorrágica no es una contraindicación para su utilización.
El abordaje del TBC izquierdo tiene la ventaja de que su dirección es más directa hacia la vena
cava superior y de que pasa más alejada de la arteria subclavia. Además suele ser bastante
cómodo para el operador diestro, ya que se puede realizar desde el lado izquierdo de la cama
sin necesidad de ponerse a la cabecera del paciente. Por el contrario tiene la contrapartida de
que el conducto torácico desemboca en la unión del tronco braquiocefálico izquierdo y la
subclavia por lo que en podría puncionarse, aunque esto es infrecuente. Para la canalización es
muy importante que localicemos claramente la línea plural del apex pulmonar (señalada con *
en la figura 10), para evitar su punción producir un neumotórax. La posición del paciente y para
la canalización, en este caso del lado derecho se muestra en la figura 11.
Figura 11. Posición del paciente y abordaje para la canalización del TBC derecho en plano desde zona
supraclavicular. La aguja se introduce desde el lateral del tranductor (a). Visualización de la entrada en la
unión de la subclavia con el TBC manteniendo en todo momento una visión de toda la longitud de la
guja (b)
Figura 12. Canalización infraclavicular en plano de la subclavia derecha. Nótese la posición del
transductor respecto a la clavicula (a y b paneles superiores). La aguja se introduce en plano (c panel
superior). La clavicula (cl) produce una sombra que impide la visualización de una porción de la aguja (b
panel inferior) y del catetér (c panel inferior)
Vena axilar
Es la denominación de la vena subclavia fuera del tórax. Puede visualizarse en transversal (figura
13 a) y en longitudinal (figura 13b) desde la zona de la línea axilar anterior
Figura 13: Posición del transductor y visualización de las vena y arteria en transversal (a) y de la vena
axilar en longitudinal (b)
Vena femoral
Se localiza en la unión del tercio interno y tercio medio de la línea que une la sínfisis pubiana y
la espina iliaca anterosuperior (figura 14a). Debemos deslizar el transductor en transversal
desde el ligamento inguinal hacia distal e identificar la vena femoral (medial) y la arteria femoral
(lateral). Si desplazamos el transductor distalmente observaremos como la arteria se bifurca en
arteria femoral común y arteria femoral superficial, y la vena se va situando cada vez más
profunda, por lo que la punción arterial inadvertida será mas frecuente cuanto más distal nos
coloquemos (figura 14b).
Figura 14: Posición del transductor para la canalización fuera de plano de la vena femoral derecha (a).
Visualización de la arteria femoral superficial y profunda con la vena femoral localizada medialmente (b).
En el niño mayor se suele colocar la pierna con abducción y rotación externa de la cadera. En el
neonato esta maniobra puede ser contraproducente habiendose demostrado que aumenta el
grado de solapamiento de la vena y la arteria. En el neonato y lactante pequeño es preferible
realizar la punción lo más próxima al ligamento inguinal donde el grado de solapamiento es
menor y el tamaño de la vena es más amplio. En general debemos tener en cuenta que la vena
femoral es un vaso de menor diametro comparada con la VYI o el TBC en neonatos y lactantes
(aproximadamente un 40% menor) y que el tamaño se iguala al de la VYI hacia los 3 años de
edad. Generalmente se utilizará un abordaje transversal fuera de plano. No obstante algunos
grupos prefieren el abordaje longitudinal en plano, con un tercio del transductor colocado distal
al ligamento inguinal y dos tercios proximal (figura 15a) para realizar la canalización en los casos
más complicados como los neonatos (figura 15b).
Figura 15: Posición del transductor y la aguja para la canalización de la vena femoral usando un abordaje
longitudinal en plano. Nótese la localización de la mayor parte del transductor por encima del ligamento
inguinal (a). entrada de la aguja en plano con colapso de la pared de la vena femoral en el momento de
penetración en el vaso (b).
El protocolo RaCeVa (Rapid Central Vein assessment) se utiliza para una evaluación rápida de
las venas centrales. Este protocolo ha sido específicamente estudiado en niños. Se centra
únicamente en la evaluación de venas del tórax y cuello
1) VYI en zona central del cuello (transversal)
2) VYI en zona distal del cuello (transversal)
3) Tronco braquiocefálico supraclavicular (longitudinal)
4) Subclavia supraclavicular (longitudinal)
5) Subclavia-axilar infraclavicular (transversal)
6) Subclavia-axilar infraclavicular (longitudinal)
Los aspectos a evaluar en cada uno de los territorios son: tamaño, permeabilidad, variación
respiratoria, relación con la arteria y proximidad a la pleura o a otras estructuras de riesgo
Hoy en día no existe una recomendación clara sobre cuál es el acceso eco-guiado de elección en
niños. El más utilizado es la canalización de la vena yugular interna por ser el que más
experiencia acumula y para el cual la evidencia en el adulto es más sólida. Sin embargo en
pediatría existen una serie de circunstancias que hacen que esta recomendación no siempre sea
acertada. En base a lo comentado a lo largo del capítulo se exponen a continuación una serie de
sugerencias para la elección del acceso eco-guiado. Por supuesto, estas sugerencias no pueden
tomarse como recomendaciones. El acceso se elegirá tras valorar todos los aspectos relevantes
tanto de la patología del paciente como del estado del capital venoso.
Figura 16: Venas de miembro superior y cuello accesibles a la canalización ecoguiada. A: venas
braquiales, B: vena basílica C: vena cefálica, F: vena axilar-subclavia, I, tronco braquicefalico, H yugular
interna, G yugular externa.
Vena basílica
Desde la flexura se asciende con el transductor en transversal a lo largo de la zona medial Para
visualizarla mejor la vena basílica conviene supina el brazo para exponer la zona lateral. Una vez
localizada en la flexura se asciende con el transductor por la zona medial observando como la
vena basílica se hace más gruesa, más medial y profunda. Suele ser la vena más gruesa del brazo.
En la canalización guiada por ecografía se puede canalizar la zona más profunda en la zona media
del brazo que no es accesible a la palpación. Este es el lugar ideal para la canalización, y se debe
considerar de elección en general para la colocación de Pica. La punción en esta localización ha
demostrado mejorar la durabilidad y reducir el riesgo de trombosis, además de ser más cómoda
para el paciente ya que no limita la flexión del brazo.
Vena braquial y paquete vasculonervioso braquial:
Se observará la típica imagen en Mickey Mouse con las dos venas braquiales en posición
superficial-lateral (orejas) y a los lados de la arteria braquial (cara). En la zona medial se
observará la vena basílica (amarillo) Esta es una vena poco adecuada para la canalización de un
PICCs por su estrecha proximidad a la arteria y nervio braquial, por lo que también es una
alternativa a la vena basílica.
Figura 17: Relación anatómica entre la arteria braquial (rojo), venas braquiales (azul) y vena basilica
(amarillo). Las venas y arteria braquiales conforman la imagen típica en Mickey Mouse. La línea azul
indica el periostio humeral.
Vena cefálica
Es la vena superficial y más lateral en el brazo. Su canalización eco-guiada también es habitual
pero su recorrido hasta la circulación central es menos favorable con más dificultad para una
correcta colocación de la punta del catéter por lo que debemos considerarla como una
alternativa a la vena basílica. Su posición relativa al paquete vascular braquial se muestra en la
figura 19
Figura 18: Posición relativa de la vena cefálica del brazo derecho. La vena basílica (verde) se encuentra
superficial y lateral respecto a la arteria (rojo) y venas braquiales (azul).
Safena
Es una vena que raramente se canaliza con eco ya que no ofrece ventajas respecto a los accesos
en miembro superior. Puede ser útil en pacientes con accesos vasculares crónicos y múltiples
trombosis o para la colocación de una vena periférica en lactantes pequeños con fracaso de
otros accesos. Se puede canalizar sobre el maleolo tibial.
Figura 19: Posición del pie para la canalización de la vena safena con un angiocatéter de 24G (a).
Visualización de la vena safena en plano transversal. La flecha indica la colocación de un gel semisólido
para mejorar la visualización
sería elegir venas de al menos 4 mm de diámetro y con una profundidad inferior a 1.5 cm ya que
venas más profundas son mucho mas complejas de canalizar con éxito.
Habitualmente la colocación de PICCs guiada por ecografía se realiza en las venas profundas del
brazo. La punción eco-guiada se realiza en la zona media del brazo donde las venas son más
profundas y gruesas salvando la flexura. Esto permite por un lado una mayor comodidad del
paciente, un menor cizallamiento del catéter con los movimientos y se reduce la posibilidad de
trombosis. Una punción demasiado alta cercana a la axila debe evitarse por la posibilidad de
daño nervioso y por los mismos motivos que debe evitarse la flexura del antebrazo
Figura 21: Canalización de PICC en basílica. a: zona de exploración de la basílica en la zona medial del
antebrazo. b: medición de la vena y canalización en transversal fuera de plano. c: colocación correcta en
tercio inferior de VCS/tercio superior de aurícula derecha.
BIBLIOGRAFÍA
1. Menéndez JJ, Verdú C, Calderón B, Gómez-Zamora A, Schüffelmann C, de la Cruz JJ, et
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COMPROBACIÓN DE LA GUÍA
Una vez canalizada la vena, podemos comprobar con la ecografía intraprocedimiento que la guía
se aloja en el vaso y si discurre hacia el objetivo deseado (especialmente si encontramos
resistencia en la introducción) Esto último es especialmente importante en la canalización de
accesos en el cuello, subclavia o PICCs donde la malposición de la guía y del CVC al lado
contralateral o hacia la vena yugular en casos de PICCs en el brazo es relativamente frecuente.
Cuando canalicemos la vena yugular interna, primero comprobaremos la posición intravascular
de la guía con un plano transversal y posteriormente longitudinal. Es importante realizar ambos
planos ya que si la guía hace un bucle lo visualizaremos mejor con un plano transversal.
Figura 1: Comprobación del paso de la guía (a) y del catéter (b) en planco longitudinal en la vena yugular interna
inferior, la posición ideal es justo por encima del diafragma en la unión cavo-atrial. No obstante
es aceptable la introducción de una pequeña porción del catéter en la aurícula derecha
especialmente si es necesario medir la PVC para asegurar la posición entra-torácica del CVC.
Hasta hace pocos años, la radiografía de tórax se consideraba la técnica de elección para la
comprobación de la punta del catéter. No obstante la radiografía supone exponer al paciente a
radiación y tiene importantes limitaciones para la localización precisa de la unión cavo-atrial
incluso cuando es interpretada por un radiólogo experimentado. Además la obtención de la
radiografía de tórax en la UCIP normalmente tiene una importante demora. La ecografía puede
ser una alternativa a la radiografía. Las ventajas de la ecografía en esta aplicación son la ausencia
de radiación, la rápida disponibilidad y una mejor definición de la unión cavo-atrial respecto a la
radiografía de tórax.
Existen evidencias sólidas de que la ecografía puede detectar fácilmente la posición de la punta
de los CVC colocados por vía femoral (figura 2). La porción superior de la vena cava inferior y la
aurícula se visualizan fácilmente desde un plano subcostal longitudinal.
Figura 2: Comprobación de catéteres femorales desde plano subcostal (eje de cavas) y correspondencia
con la imagen radiográfica a: Localización de la unión cavo-atrial. B: catéter intra-atrial. C: Catéter en
localización correcta en la unión cavo-atrial. D: Localización del catéter demasiado bajo.
Primero: “C” (Complications): Se obtiene una ecografía torácica son sonda lineal en 2-4 espacio
intercostal anterior torácica para descartar neumotórax
Segundo: “V” (intraVenous): Se realiza un escaneo de la venas yugulares, subclavia-innominada
bilateral y con transductor lineal y de la vena cava inferior con transductor cardiaco. Se trata de
descartar la posición fuera de la vena cava mediante la visualización de los sitios plausibles de
migración del CVC. Por ejemplo si se canaliza la VYI derecha la presencia del CVC en VYI y vena
innominada ipsilateral con ausencia en subclavia ipsilateral, yugular e innominada contralateral
y vena cava inferior define la posición correcta. Si se canaliza subclavia la presencia del CVC en
innominada ipsilateral y su ausencia en yugular bilateral, innominada bilateral y vena cava
inferior se considera adecuada.
Tercero: “C” (intraCardiac): Finalmente se realiza un plano subcostal 4 cámaras o paraesternal
corto del corazón para para descartar la posición intracardiaca del CVC.
Siguiendo este protocolo los autores fueron capaces de localizar un 71% de los CVC en una
población de 81 adultos ingresados en una UCI de traumatología. Hubo 10 malposiciones en la
radiografía y sólo 5 fueron localizadas adecuadamente por el protocolo CVC SONO. De estos 5,
3 tenían varios CVC lo que dificultó la visualización y los otros dos tenían malposiciones
infrecuentes (1 bucle del CVC en la yugular ipsilateral y una malposición de un CVC insertado en
VYI derecha en la innominada contralateral. Todos los CVC adecuadamente colocados menos 1
fueron detectados por el protocolo CVC SONO. Evidentemente los resultados del estudio
aunque meritorios fueron subóptimos. La principal limitación de este protocolo es que no
visualiza la punta del CVC en la vena cava si no simplemente descarta su posición en otra
estructura vascular.
Figura 3: Planos utilizados para la localización de catéteres. a: plano longitudinal de VCI y aurícula
derecha. b: Planos subcostal de la VCS, c: plano para esternal derecho de la vena cava superior y
aurícula derecha, d: plano coronal de TNC izquierdo y VCS, e: plano transversal de vena yugular, f: plano
longitudinal de vena subclavia derecha y TBC derecho.
Primero se realiza el plano subcostal (eje largo y corto). Si la CVC se sitúa en la cava se considera
correcto y se mide la distancia a la unión cavo-atrial. Si el CVC se localiza en aurícula se
diagnostica la posición intracardiaca y debe retirarse hasta dejarlo en posición correcta.
Figura 4: Localización de catéter yugular derecho en posición intra-atrial (a). Correspondencia con la
radiografía de tórax (b).
En caso de CVC superiores si no se visualiza el CVC en vena cava superior desde subcostal se
escanea la vena cava superior en paraesternal derecho y supraclavicular. Esto permite la
visualización de CVC en la parte proximal de la VCS y en innominada.
Figura 5: Eje paraestenal derecho mostrando un CVC totalmente implantado de 6.5F correctamente
colocado en el tercio inferior de la VCS (a). Correspondencia con la radiografía (b)
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redirigiendo la aguja hasta que se obtiene salida de flujo sanguíneo, momento en el que se
introduce la cánula o la aguja en el vaso.
Canalización de la arteria radial:
Es la arteria más comúnmente canalizada ya que suele ser fácilmente accesible, dispone de
circulación colateral y el procedimiento en esta localización suele tener una baja tasa de
complicaciones durante su acceso y monitorización, aunque no está exenta de ellas. Las más
frecuentes son los hematomas, las trombosis y las infecciones. Estas complicaciones aumentan
con el número de intentos.
Según la evidencia actual, al realizar el procedimiento guiado por ecografía se aumenta la
probabilidad de canalizar la arteria radial en el primer intento comparado con la canalización
exclusivamente por palpación, disminuye el número de hematomas, la duración del
procedimiento y el número de intentos.
Antes de realizar el procedimiento debería realizarse el test de Allen para comprobar la
circulación colateral.
Inicialmente se posiciona la muñeca es con una extensión aproximada de 45º (una mayor
extensión favorece la compresión del vaso) aunque mediante la visualización ecográfica
elegiremos el grado de extensión en el que el vaso tenga mayor calibre. Utilizaremos la
visualización transversal o longitudinal para guiar el procedimiento. Es útil presionar
ligeramente con el transductor para intentar fijar la arteria. La canalización se puede realizar con
aguja y guía (técnica de Seldinger clásica) o por punción directa con angiocatéter, avanzando la
cánula sobre la aguja. Esta última técnica es la preferida por muchos para la canalización de la
arteria radial, sobre todo en niños pequeños, ya que en estos casos el vaso es de menor calibre
y muy superficial por lo que en general puede ser más fácilmente canalizada de esta manera. Se
introduce el catéter con un ángulo de 15-30º respecto a la piel ajustando la posición hasta
visualizar que contacta con la pared arterial. Debe avanzarse hasta que se observa como la
arteria se colapsa y se expande de nuevo o hasta que refluya sangre por el catéter. En este
momento debe retirarse el transductor o disminuir la presión para no dificultar el avance del
catéter. La ecografía nos permitirá confirmar que el catéter está introducido en la luz del vaso y
no atraviesa la pared posterior.
Figura 1: Canalización de la arteria radial en plano con angiocáteter (a). Confirmación de la posición intravascular
del angiocatéter (b).
La punción se realiza con el paciente en decúbito supino, con la pierna ligeramente flexionada,
en abducción y rotación externa.
Se coloca el transductor en el pliegue inguinal donde se observa el triángulo femoral, que se
sitúa distalmente al ligamento inguinal. El paquete vásculo-nervioso está compuesto (de lateral
a medial) por el nervio, la arteria y la vena femorales. Si continuamos visualizando la arteria
desplazándonos hacia distal observaremos la bifurcación de la arteria femoral en arteria femoral
superficial y profunda. El lugar de punción será proximalmente a esta bifurcación. En los
pacientes en los que esta bifurcación se produce más proximal la canalización ecoguiada ha
demostrado mayor tasa de éxito en el primer intento.
La técnica puede realizarse, tras tomar las medidas de esterilidad, con el transductor en
transversal o longitudinal a la arteria (en este último caso la principal limitación se encuentra en
la falta de espacio en pacientes pequeños). Se realiza el procedimiento con la cánula fuera de
plano o en plano, con una inclinación de aproximadamente 45º y continuando el procedimiento
de forma similar a la canalización de la arteria radial.
Figura 2. Arteria y vena femorales en visión transversal (proximalmente a bifurcación de arteria femoral).
Otras alternativas son la arteria dorsal pedia, la arteria axilar o la arteria braquial, aunque esta
última se desaconseja por la ausencia de circulación colateral.
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rellenando tras su punción. Tienen larga vida media y son fácilmente transportables, pero
suelen tener poca área de superficie al no ser de gran tamaño, su precio es elevado, y no están
disponibles para todo el mundo. El trayecto de la aguja queda marcado después de muchos usos
(Figura 3).
Figura 4: Modelo de Gelatina: Drenajes tipo Penrose rellenos con distintos colorantes hidrosolubles,
anclados en varias capas de Gelatina. (Cortesía del Dr. Vicente Roqués)
Sin embargo: a) suelen dar una apariencia uniforme de la imagen ecográfica (Figura 5) sin
objetivarse diferentes estructuras musculares o tendinosas (salvo que la preparación se realice
asociando algún componente tipo mucilago); b) dejan marcado el trayecto de la aguja después
de varios intentos; c) no se tiene la sensación de pinchar un tejido real; d) dependiendo de la
concentración de gelatina usada en la fabricación del modelo puede ser muy fácilmente dañable
y; e) los movimientos de la aguja hacia los lados al introducirse en la gelatina/agar pueden que
no sean fácilmente controlables al intentar pinchar el vaso.
a) b)
Figura 5: Visión ecográfica de los ejes transverso (a) y longitudinal (b) en el modelo de Gelatina.
4.-Modelo animal:
a) “in vivo”: utilizando animales de experimentación, lo que supone un coste y una preparación
laboriosa para su realización en condiciones óptimas (sedación, ventilación mecánica,
monitorización, etc) y una limitación en el número de punciones;
b) “artificiales”: fabricados de forma manual utilizando como estructura muscular, muslos de
pollo, pavo o cerdo, pork-belly, bloque de embutido o tofu y como estructura vascular distintos
componentes elásticos (sondas urinarias, drenajes torácicos, trocar metálico, sistemas de
infusión de sueros, etc.). Con ellos se consigue una sensación real de los distintos tejidos tanto
desde el punto de vista de la visión ecográfica como de la sensación al pinchar y proceder a la
canalización. Son asequibles en su preparación aunque precisan de un mínimo de tiempo para
su construcción. Además el coste económico es bajo, siendo fácilmente, manejables y
transportables. Permiten en su diseño diferentes grados de complejidad, según diámetro y
profundidad del vaso, pudiendo aumentar el nivel de dificultad a medida que va avanzando en
el proceso de entrenamiento. Por otra parte y como desventajas necesitan de la refrigeración
para su conservación, su vida media es de unas semanas por deteriorarse la estructura
muscular y presentan la posibilidad de introducir aire en la estructura vascular durante su
preparación por lo que hay que manejarla con cuidado.
5.- Modelos de punción-localización: Son modelos artificiales utilizados habitualmente por los
radiólogos para el entrenamiento en localización y punción de estructuras quísticas o nodulares
a nivel hepático, mamario y tiroideo principalmente. Se utilizan para la familiarización con el
ecógrafo, y la técnica de punción en procedimientos eco-guiados. El componente
muscular/tisular puede ser: porciones de tofu, hígado o pechuga animal, bloques de embutidos
o dilución de agua tibia con espesante alimenticio introducido dentro de un guante quirúrgico.
El componente vascular/nodular también es variado, desde aceitunas con/sin hueso, bolitas-
tacos de queso, pastillas de goma-gemínalas, alambre-aguja de punto, etc., incluidas en el
interior del componente muscular/tisular (Figura 6).
Figura 8: Llenado de la estructura vascular con colorante hidrosoluble, mediante jeringa (izda) o mediante
dosificador (drcha)
Ambos componentes simulan la estructura muscular y vascular del paciente pediátrico que se
presenta en la Figura 10, junto al resto de componentes del modelo de simulación.
Figura 11: Izda: Trocar de punción atravesando longitudinalmente la porción muscular del modelo; Drcha: Sutura del
drenaje al extremo de la estructura vascular distal al nudo realizado (detalle ángulo superior)
Al traccionar del drenaje y la estructura tubular en sentido opuesto, ésta quedaría insertada
dentro de la estructura muscular simulando la estructura vascular que intentaremos visualizar y
canalizar de forma ecoguiada en el modelo experimental (Figura 12).
Figura 12: Ubicación en el interior de la estructura muscular de la estructura vascular, tras traccionar del drenaje
suturado a ella
Para mantener la fijación de la estructura vascular a la muscular como ocurre en los pacientes
pediátricos debido a los tejidos que rodean al sistema vascular, se utilizará un sistema de clamps
que se aclarán a unos soportes (Figura 13).
Según la tensión aplicada sobre la estructura elástica mediante el sistema de clamps fijados a
distinta longitud, conseguimos tres rangos de diámetros diferentes, equiparables a los
diámetros de los vasos de los pacientes pediátricos obteniendo así diferentes niveles de
dificultad para la CVE (Figura 13).
Figura 13: Diámetros vasculares (D1-D3) según el grado de estiramiento de la estructura elástica con los clamps
(flechas) y su representación ecográfica
Figura 14: Profundidades vasculares (P1-P3) según el nivel de profundidad a la que se introduce la estructura
vascular desde la superficie de la estructura muscular
Figura 15: Drcha: Visión “in vivo” de la región femoral de un lactante de 5 meses; Izda: Visión de la estructura
muscular en el modelo diseñado
Figura 17: Estructuras vasculares unidas mediante un nudo, permitiendo la utilización del modelo en múltiples
punciones
La tensión aplicada sobre la estructura elástica mediante un sistema de fijación y clamps con
distinto grado de separación de los mismos permitió establecer tres rangos de diámetros
diferentes, equiparables a los diámetros de los vasos de los pacientes pediátricos obteniendo
así diferentes niveles de dificultad para la CVE. Esto permitirá situar los puntos de fijación de los
clamps, para poder simular los diámetros a estudiar (Figura 18).
Figura 18: Distancia de separación de los soportes de fijación y clamps de la estructura vascular para conseguir los rangos de
diámetro vascular analizados.
La imagen ecográfica del modelo, en los tres ejes de visualización más comunes se
presenta en la Figura 19.
Figura 19.- Visión de la estructura muscular y vascular en los Ejes ecográficos estudiados, en el modelo diseñado
Figura 20: Visualización de la aguja de punción en los tres ejes estudiados en el modelo de entrenamiento en CVE
DRENAJE TORÁCICO
Javier Gil-Antón. UCIP. Hospital Universitario Cruces. Departamento de Pediatría. Universidad
del País Vasco UPV/EHU.
INTRODUCCIÓN
La inserción de una aguja para obtención de líquido pleural (toracentesis) y la colocación de un
tubo de drenaje pleural son técnicas invasivas que conllevan riesgo de hemotórax, neumotórax
y punción visceral (hígado, bazo). La guía ecográfica se ha mostrado útil para seleccionar el
punto de inserción más adecuado, permitir la obtención de muestras ante fracasos con la
técnica anatómica, reducir el riesgo de complicaciones y facilitar la comprobación inmediata
de la eficacia del procedimiento.
Al igual que para el acceso vascular la ecografía puede utilizarse para hacer un marcaje previo
del lugar de punción realizando posteriormente la técnica sin guía ecográfica (técnica estática).
Aunque útil, esta técnica obliga a que el paciente permanezca en la misma posición anatómica
durante el marcaje y posterior punción con el fin de evitar modificaciones en la posición del
líquido pleural, algo que no siempre es posible asegurar. La sincronización de la punción y la
observación ecográfica en tiempo real (técnica dinámica) aporta ventajas permitiendo la
elección óptima de la dirección de inserción hacia el objetivo y la selección un punto adecuado
de drenaje que sea adecuado para las características particulares del paciente de UCIP (posición
en decúbito, colecciones loculadas, coagulopatía, ventilación mecánica, etc…). Todas estas
características del paciente crítico aumentan los riesgos del abordaje clásico anatómico y son
argumentos a favor de la técnica eco-guiada.
2.1 exploración del derrame y selección del lugar para punción: previsualización
Nosotros utilizamos una sonda lineal de 13-6MHz, para todo el rango de edades pediátricas.
Al igual que en el resto de las técnicas eco-guiadas, el transductor se posiciona con la muesca
hacia la izquierda de la imagen para la visión transversal o bien orientado a craneal cuando se
utiliza un corte longitudinal
El paciente se coloca en la misma posición que para el método convencional, y se mantendrá
esta posición de exploración (previsualizacion) para la punción posterior. Para una
toracocentesis simple en el paciente despierto y colaborador se puede posicionar al paciente
sentado hacia delante con los brazos apoyados sobre una superficie, ya el mayor espesor de
líquido se encontrará en las zonas basales y posteriores del tórax, habitualmente en la zona
subescapular. Sin embargo debemos acostumbrarnos a explorar el área completa desde axila a
paravertebral descendiendo hasta el diafragma.
Figura 1: Posición del paciente despierto y colaborador para la toracocentesis. La zona de mayor
acumulación de líquido en la zona subescapular (a). El transductor se colocará inicialmente en esa zona
para posteriormente buscar el mayor espesor de líquido (b)
Para la inserción de un drenaje pleural en decúbito supino se colocará al paciente con leve
rotación lateral con el hemitórax afecto elevado. El brazo del lado afecto se eleva y cruza por
encima de la cabeza y la cabecera de la cama se eleva unos 30-45º. La zona de exploración
inicial será la línea media axilar. La visión directa de la anatomía por ecografía nos permite
desplazarnos a lo largo de los espacios intercostales para seleccionar el punto óptimo de
punción, pero también hacia anterior o posterior de la línea medioaxilar según las necesidades
sin estar sujetos a las restricciones de la técnica clásica por referencias anatómicas. El límite
pulmonar con el hígado y el bazo son las referencias anatómicas más importantes para elegir un
punto seguro de punción. Como es evidente, en la posición de decúbito la exploración de las
zonas posteriores del tórax estará limitada. Conviene explorar toda la superficie pulmonar
disponible ya que en caso de colecciones loculadas la zona óptima de punción puede no
corresponder con la zona teórica de mayor acumulación de líquido.
Figura 3: Exploración del derrame en 2D. En este caso se visualiza un derrame simple de
aproximadamente 1.5 cm de espesor máximo.
Estas colecciones si están libres presentaran cambios dinámicos con el movimiento y la
respiración, disminuyendo de diámetro en inspiración en relación a la expansión pulmonar
(video). En modo M se pone de manifiesto la aproximación de ambas pleuras con cada
inspiración, lo que se define como signo del sinusoide (figura 4).
Una vez visualizado el derrame es preciso localizar adecuadamente los órganos abdominales
(bazo, hígado) y el diafragma para evitarlos. Se realizara una medición de profundidad de la
pleura visceral y parietal en torno al derrame. Deberemos evitar los procedimientos sobre
colecciones de menos de 10 mm de espesor por el riesgo de punción pulmonar. Así mismo, se
desaconseja el abordaje si el pulmón o el diafragma “invaden “la ventana ecográfica durante el
ciclo respiratorio.
En la técnica estática (solo marcaje) se elige el lugar de punción y se marca con un rotulador
quirúrgico (alternativamente utilizamos un minúsculo corte en la piel con una aguja
intramuscular). Mediante la basculación del transductor se valora el ángulo de inclinación más
adecuado. Sin mover la paciente, se realiza el procedimiento utilizando para ello los datos de
lugar de punción, angulación y profundidad obtenidos previamente.
La técnica dinámica, más recomendable, nos permite observar en tiempo real el avance de la
aguja y permite evitar lesionar otros órganos, así como colocar el drenaje en el sitio indicado
(inferior y posterior). Una vez identificado el lugar de punción, colocamos el transductor en
posición longitudinal introduciendo la aguja por el lado más anterior del tórax (en el lado
derecho del paciente la aguja se observara aparecer por el lado contrario al “punto”) y se
avanzara hasta la zona de profundidad media del derrame (abordaje en plano). Figura 7
Figura 7: Posición del transductor para la inserción en plano de la aguja en el drenaje pleural eco-guiado
(a). Visualización de la aguja en el espacio pleural (b)
Esta orientación ya favorece un posicionamiento de la guía hacia la zona posterior y basal del
derrame. Si además basculamos la base de la aguja hacia craneal conseguiremos que la guía
tome el deseado camino hacia caudal. Para continuar visualizando la aguja habrá de bascularse
sincrónicamente el transductor con la aguja. El avance de la guía a través de la punta de la aguja
puede ser también monitorizado con el ecógrafo (video). Una vez colocado el tubo de drenaje,
el eco nos permitirá descartar compilaciones (neumotórax), comprobar su posición y valorar
la eficacia del procedimiento cuantificando el posible derrame residual.
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Figura 1: Visión típica de la ascitis como un líquido anecoico situado por encima de las asas intestinales
(a) y entre ellas (b,c). Apariencia de un hemoperitoneo como un líquido de ecogenicidad intermedia y
aspecto granulado en FID (d), retrovesical (e) o esplénico en caso de rotura traumática del bazo (f)
Las zonas de punción más adecuadas son: la línea media infraumbilical, entre el tercio superior
y los dos tercios inferiores, o en la unión del tercio inferior con los dos tercios superiores de la
línea que une el ombligo con la espina ilíaca anterosuperior izquierda en el lado derecho. Estas
zonas serán, por tanto, las que exploraremos para elegir la más adecuada para la punción.
Figura 2: Puntos de punción para la paracentesis (zonas verdes en imagen a). Localización del punto de
punción en cuadrante abdominal inferior derecho como el punto entre el 1/3 inferior y 2/3 superiores
de la línea entre la espina iliaca anterosuperior y el ombligo (b). Localización del punto de punción en
transversal respecto a la vejiga y los vasos epigástricos.
Los planos de visualización pueden realizarse tanto en corte longitudinal como transversal del
abdomen en las zonas descritas, teniendo en cuenta que lo más adecuado para la orientación
anatómica es mantener la lateralidad del cuerpo con respecto al transductor y a nosotros
mismos; para ello la marca de la sonda la colocaremos siempre a nuestra izquierda y a la
izquierda en la pantalla. De esta forma, en un eje transversal, lo que visualicemos a la izquierda
en la pantalla, corresponderá con el lado derecho del paciente. Si estamos realizando un corte
longitudinal, lo que veamos a la izquierda en la pantalla será craneal al paciente.
Durante la visualización es importante localizar la arteria epigástrica inferior (AEI) mediante el
uso del Doppler color en los cuadrantes inferiores (sobre todo si la punción la vamos a realizar
en el cuadrante inferior izquierdo) (Figura 3). Su punción puede ser una complicación
importante durante esta técnica, por lo que hay que evitarla. Anatómicamente la AEI sale de la
arteria iliaca externa por encima del ligamento inguinal y posteriormente asciende medialmente
al recto anterior del abdomen; posee muchas modificaciones anatómicas y su trayecto puede,
además, verse modificado en pacientes con ascitis importante. Su localización mediante
ecografía con Doppler color es fácil, debiendo asegurarnos durante la elección del punto de
punción, que no pasa por esa zona.
REALIZACIÓN DE LA TÉCNICA.
Medidas previas
Antes de puncionar el abdomen, procederemos a la administración de anestésico local en la
zona de punción elegida. En general, también será necesario sedar y analgesiar al paciente de
forma moderada para llevar a cabo el procedimiento con mayor seguridad y confort. Así mismo
antes de puncionar, tenemos que vaciar la vejiga, para evitar su punción durante la técnica y
tener mejor campo de imagen, bien con un sondaje de descarga o mediante la colocación de
una sonda vesical permanente, si es preciso.
Técnica de punción
A la hora de puncionar, podemos hacerlo de forma directa, es decir, de forma perpendicular al
abdomen. Otra opción es en forma de Z; para ello traccionaremos de la piel lateralmente y
puncionaremos el abdomen de forma perpendicular, soltando dicha tracción cuando hayamos
sobrepasado la dermis. Con esta técnica evitamos, sobre todo en las paracentesis, la fuga
posterior de líquido por la zona de punción.
Figura 5: Inserción de la aguja fuera de plano (a), inserción en plano (b) visualización del catéter de
drenaje en plano dentro del fluido ascítico.
Comprobación
La comprobación la realizaremos al obtener líquido ascítico en la jeringa, si existen dudas, tras
la obtención de muestras, podemos instilar suero a través de la aguja, esto lo visualizaremos con
la ecografía. Si lo que vamos a colocar es un catéter para diálisis mediante técnica de Seldinger,
podremos comprobar el posicionamiento tanto de la guía como del catéter hacia el fondo de
saco de Douglas mediante la ecografía, tal y como se visualiza en la ecografía FAST del trauma.
También puede ser útil la monitorización por ecografía de la posición del catéter en el transcurso
de la diálisis, para comprobar su correcta posición o en caso de mal funcionamiento, por posibles
obstrucciones u otras complicaciones.
COMPLICACIONES
Las complicaciones durante la paracentesis son poco frecuentes y aún menos si se realiza guiada
por ecografía, se estiman <1-2%. La más frecuente es el hematoma en la pared abdominal,
generalmente de poca importancia. Otra complicación es la fuga de líquido ascítico, que, como
ya hemos comentado, podemos minimizar mediante la técnica de punción en Z. El sangrado es
una de las complicaciones que pueden aparecer, que también se minimizan evitando la arteria
epigástrica inferior. Incluso en aquellos pacientes trombopénicos o con alteraciones de la
coagulación leves-moderadas, el uso de la ecografía hace de la paracentesis una técnica
bastante segura, sin precisar trasfusión de hemoderivados. Otras complicaciones incluyen
perforación de otras vísceras, sobre todo intestino, lo cual es extremadamente inusual cuando
nos guiamos con ecografía; hipotensión por descompresión brusca del abdomen (se minimiza
evacuando el líquido a velocidad lenta) o alteraciones electrolíticas en relación con la variación
de la homeostasis peritoneal (sobre todo hiponatremia).
3.2 PUNCIÓN SUPRAPÚBICA
La punción suprapúbica es una técnica que se realiza sobre todo en los lactantes pequeños y
neonatos, para la obtención de muestras estériles. Otra indicación es su realización para
posteriormente colocación de un catéter suprapúbico, como es el caso de los traumatismos
uretrales o en algunos casos de disfunción vesical de causa neurológica (esclerosis múltiple,
lesión medular). En general es una técnica sencilla y segura realizada a ciegas, pero no exenta
de complicaciones, que van desde la hematuria, que puede ser importante, hasta la lesión
intestinal por punción. El uso de la ecografía, para localizar la vejiga llena y puncionarla guiada
por la misma, ha demostrado minimizar las complicaciones y aumentar la tasa de éxito.
MATERIAL NECESARIO
• Ecógrafo
• Sonda convex 3 - 7 Hz (puede usarse la microconvex 7 - 10 Hz para lactantes pequeños).
• Material necesario para cubrir la sonda de forma estéril con gel de ecografía estéril.
• Material para campo estéril (paños, gasas, compresas, solución antiséptica).
• Agujas para punción 18 a 22G y jeringas.
• Catéter para sondaje vesical suprapúbico, tipo Foley (según peso del paciente) para técnica
de Seldinger, si es el caso.
• Anestésico local tipo EMLA
REALIZACIÓN DE LA TÉCNICA.
Medidas previas
Administración de anestésico local tipo EMLA para minimizar el dolor. Puede ser necesaria la
sedo-analgesia del paciente, sobre todo cuando se vaya a colocar un catéter.
Visualización
Para visualizar la vejiga colocaremos el transductor justo por encima de la sínfisis del pubis, tanto
de forma transversal como longitudinal, aunque para puncionar, la orientación más adecuada
es la transversal. La previsualización en este caso debe ser breve y si es posible con gel
precalentado, ya que en ocasiones, si la vejiga este llena, y no hay obstrucción uretral, al
posicionar el transductor con el gel desencadenaremos la micción, teniendo que retrasar la
técnica (figura 6)
Mantendremos siempre la lateralidad del cuerpo con respecto al transductor y a nosotros
mismos para una adecuada orientación anatómica (con la marca del transductor a nuestra
izquierda y a la izquierda en la pantalla). El objetivo de la visualización es confirmar la vejiga llena
para proceder a la punción.
Figura 7: Posición del paciente (a) y lugar para la realización de la punción suprapúbica (b)
Manteniendo el transductor por encima de la sínfisis del pubis en posición transversa,
localizando la vejiga llena (con el gel precalentado de forma suave exploración suave, sin
REALIZACIÓN DE LA TÉCNICA
Sondaje vesical
Con el transductor en posición transversa lo colocaremos justo por encima de la sínfisis del
pubis, localizaremos la vejiga, vacía ya que está sondado, con el balón de la sonda vesical en su
interior (Figura 10). Si existe una obstrucción de la sonda, veremos la vejiga llena con el balón
en su interior, de esta forma procederemos a su desobstrucción. Minimizaremos por tanto las
manipulaciones de la sonda, con el riesgo de infección que conllevan, comprobando que existe
una obstrucción y no simplemente una falta de producción de orina. También podemos utilizarlo
para guiarnos en la colocación de la sonda cuando existen dificultades. No debemos olvidar
mantener la lateralidad para la adecuada orientación anatómica.
Figura 10: Visión transversal de un catéter de Foley funcionante (a). Visión transversal de un catéter de
Foley obstruido con la vejiga llena (b), Visión longitudinal de un catéter de Foley obstruido (c).
Sondaje digestivo
La visualización de las sondas en el tracto digestivo a través de la ecografía, así como su uso para
la colocación de las mismas, aunque posible, es una de las técnicas más complejas en la zona
abdominal. Cuando las cavidades digestivas están vacías, se comportan como espacios virtuales
difíciles de localizar por ecografía, mientras que al contrario, si están llenas, el aire dificulta la
localización de la sonda por ecografía. Por ello la localización de sondas digestivas requiere un
importante entrenamiento y a día de hoy es únicamente una alternativa a la radiografía cuyo
rendimiento está por demostrar.
Para localizar la sonda gástrica pondremos al paciente de decúbito supino, ligeramente
lateralizado hacia la izquierda para visualizar el esófago abdominal y el estómago. Colocaremos
la sonda en plano longitudinal manteniendo la lateralidad, es decir, marca en la sonda y la
pantalla hacia craneal, para una adecuada orientación anatómica. Desde esa posición
intentaremos localizar el esófago y estómago, por debajo del hígado e intentaremos localizar la
sonda en el fundus gástrico. Podemos instilar suero agitado a través de la sonda para orientarnos
en su posición (Figura 11).Para localizar la sonda transpilórica procederemos de idéntica forma
pero lateralizando al paciente hacia la derecha, de forma que intentemos visualizar el antro
gástrico, el píloro y parte del intestino delgado por debajo del hígado. (Figuras 12 y 13). Aunque
es una visualización compleja, que precisa experiencia, puede ser muy útil para sondajes difíciles
y también para evitar la exposición a radiaciones de los pacientes.
Figura 12. L: hígado, GB: vesícula biliar, P: páncreas, Ao: aorta, IVC: vena cava inferior, S: médula espinal,
D: duodeno, N: sonda pasando del píloro al duodeno.
Figura 13. S: médula espinal, IVC: vena cava inferior, Ao: aorta, L yeyuno, N: sonda posicionada en el yeyuno.
BIBLIOGRAFÍA
OTROS PROCEDIMIENTOS
Jorge Lópeza, Ignacio Oulego Errozb aUCIP. Hospital Materno Infantil Gregorio Marañón. b UCIP.
Complejo Asistencial Universitario de León
4.1 PERICARDIOCENTESIS
INTRODUCCIÓN
La pericardiocentesis es una técnica poco frecuente en el niño crítico salvo en el postoperatorio
de cirugía cardiaca en las que su frecuencia es algo mayor. Clásicamente, era una técnica con
alta morbimortalidad que se realizaba "a ciegas" sólo con control electrocardiográfico y con
fluoroscopia. Desde la introducción de la ecocardiografía como guía mediados de los 70´s, las
complicaciones se han reducido notablemente. Esta técnica se puede realizar en dos tipos de
PREVISUALIZACIÓN
Lo primero, como siempre ante procedimientos eco-guiados, es realizar una primera
visualización en modo 2D para establecer un diagnóstico del derrame y de su localización.
Generalmente los planos subcostal, apical y paraesternal eje corto y largo, servirán para
asegurar la localización, el tamaño, la distribución y la repercusión sobre el llenado cardiaco.
Esta pre-visualización debe realizarse previo al procedimiento en la postura e la que éste va a
ser realizado, generalmente, decúbito supino y con el cabecero elevado 30-45o.
El lugar más adecuado para la inserción del catéter es aquel en el que el derrame se vea más
próximo al transductor y que presente el acúmulo máximo de líquido evitando la interposición
de estructuras vitales (miocardio, pulmones e hígado). Lo más frecuente es que el líquido se
disponga en las zonas más inferiores del saco pericárdico de tal manera que suelen localizarse
rodeando sobre todo a ventrículo derecho o izquierdo (zona apical) salvo derrames loculados.
Como siempre en procedimientos ecoguiados, se puede realizar la técnica:
Eco-dirigida (estática)
Se marcará la zona y la dirección de punción sobre la piel del paciente, realizando la punción y
el avance del catéter sin visualización ecográfica en tiempo real.
Eco-guiada (dinámica o en tiempo real)
La punción y el avance del catéter se realizan con visualización en tiempo real del procedimiento.
Esta es la más recomendada.
En cualquiera de los casos, el control clínico y electrocardiográfico del paciente son
fundamentales junto con una adecuada sedoanalgesia.
ABORDAJES
Abordaje subcostal
Es el más habitual ya que era el que se utilizaba clásicamente antes de la introducción del control
ecográfico. Permite un acceso sencillo a los derrames localizados en la zona del ventrículo
derecho y tiene la ventaja de que no hay estructuras vitales entre la zona de punción y el saco
pericárdico. El saco pericárdico suele situarse a 5-8 cm de la piel dependiendo de edad del niño,
punto de entrada y volumen del derrame. Los derrames situados en zona apical (ventrículo
izquierdo) con frecuencia no son abordables desde esta localización.
Abordaje apical
Para derrames localizados en ápex y no abordables desde otra localización. Es preciso evitar el
paquete vasculo-nervioso costal (en el margen inferior de cada costilla). Facilita la técnica
colocar al paciente con la cabecera de la cama elevada 30-45o y en ligero decúbito lateral
izquierdo. Requiere una mayor destreza y experiencia no siendo recomendado para personal no
entrenado. En caso de que no haya experiencia suficiente, salvo situación de riesgo vital, es
preferible la realización de una ventana pericárdica por un cirujano cardiovascular.
Figura 2: Drenaje pericárdico guiado por ecocardiografía desde visión apical. El transductor se
coloca en el ápex (a) obteniendo un plano de dos cámaras. La aguja se puede insertan en plano (b)
Abordaje descrito para derrames situados en la zona más anterior y en niños más grandes y
adolescentes. Tiene la ventaja de facilitar la inserción en plano de la aguja. Requiere visualizar
la arteria mamaria interna que está adyacente al borde paraesternal con una sonda lineal de
alta frecuencia (6-12 MHz) para evitar su punción.
Tras localizarla, realizaremos con la sonda de baja frecuencia un plano paraesternal eje largo
puncionando a 3-5 cm del borde esternal evitando así la arteria mamaria interna.
Figura 4. Inserción de la aguja en plano para el drenaje pericárdico eco-guiado desde abordaje paraesternal
En niños pequeños es posible realizar el drenaje pericárdico utilizando una inserción en plano
con una sonda lineal, incluso en el plano subcostal. Ello nos brinda una mejor definición de la
imagen en superficie y un control más fino de la trayectoria de la aguja.
Figura 5: Drenaje pericárdico con sonda lineal en lactantes desde abordaje subcostal con inserción en plano
La elección del abordaje más adecuado depende, como ya se ha expuesto, de la localización del
derrame, la experiencia del operador, el transductor usado y el espacio disponible para operar.
PROCEDIMIENTO:
Tras la colocación del paciente, la elección del abordaje más sencillo y seguro, una buena
sedoanalgesia y monitorización y la asepsia adecuada; se realizará la punción con la aguja bajo
visualización directa ecográfica y con control de electrocardiograma. Siempre aspirando, se
visualizará la entrada en el saco pericárdico (se nota una resistencia) junto con la salida de
contenido líquido seroso o hemático (según la naturaleza del derrame). Se introduce la guía
metálica (también visualizada con ecografía) y por técnica de Seldinger se coloca el drenaje
pericárdico. Para el drenaje lo más práctico es la utilización de catéteres multipropósito de tipo
pigtail de inserción por ténica de Seldinguer. Se puede utilizar un catéter de 5-6 French para
niños pequeños y de 8-10 French para niños mayores. El catéter se conectará a una bolsa de
recolección estéril. Muchas veces es precisó lavar el catéter con suero para evitar la obstrucción
y reacumlación de líquido o sangre en el pericardio. Algunos autores recomiendan mantener
una infusión continua (1-3 cc/hora) mediante presurizador (como para una arteria o vena
central), con drenajes periódicos a través de una llave de 3 pasos.
EQUIPO Y MATERIAL
Junto con el ecógrafo, es preciso el uso de una sonda adecuada que permita mucha resolución
de estructuras que se encuentran superficiales. Para ello se precisan sondas de alta frecuencia
(6-12 MHz).
ASEPSIA
Las normas de asepsia, como siempre en este tipo de procedimientos invasivos, deben
mantenerse estrictamente. Es preciso realizar lavado y asepsia de la zona de punción, del
personal que va a realizar la técnica, utilizar material estéril para la misma y tener un método
de asepsia para el material ecográfico que se va a utilizar: sonda y cable; así como gel estéril.
PREVISUALIZACIÓN
La visualización del canal espinal, se realiza con el tranductor colocado para obtener un plano
longitudinal.
Figura 7: Posición del paciente y del transductor para la exploración previa a la realización de la punción lumbar.
En neonatos y lactantes pequeños, debido a la osificación incompleta de las vértebras, la
ecografía permite localizar todas las estructuras anatónicas relevantes para la realización de la
punción lumbar, desde la piel y el espacio epidura hasta los cuerpos vertebrales.
- Espacio interespinoso externo: espacio entre la parter externa de dos apófisis espinosas.
Es el espacio que nosotros habitualmente identificamos por palpación.
- Espacio interespinoso interno. Es el espacio entre la parte interna de dos procesos
espinoso. Es el espacio por el que realmente tiene que entrar la aguja y el cual no se
puede explorar por palpación. Debemos buscar el punto de la columna donde este
espacio es máximo
- Ángulo de entrada de la aguja: entre la superficie cutánea y el punto medio del espacio
epidural. Cuanto más recto sea el ángulo, más sencilla es la técnica.
- Profundidad de inserción: distancia entre la superficie cutánea y el punto medio del
espacio subaracnoideo. Permite hacer una idea de cuánto hay que introducir la aguja.
- Espacio subaracnoideo: es la distancia entre la duramadre y el filum terminale. Es el
lugar donde queremos introducir la aguja. Podemos medir la distancia máxima que será
segura al introducir la aguja sin puncionar los nervios para evitar efectos secundarios.
Aquella postura del paciente donde el espesor del espacio subaracnoideo sea máximo
hará más facil realizar una punción lumbar con éxito y no traumática.
Figura 8: Exploración del canal lumbar para la punción lumbar en el neonato. En a se muestra la distancia
interespinosa externa e interna entre dos procesos espinosos (sp). En b se muestra una trayectoria
adecuada de la aguja entrando en el espacio epidural aproximadamente en el punto medio de la
duramadre. En se muestra la medición del espacio subaracnoideo a nivel inferior al cono medular (cm).
En neonatos y lactantes pequeños también puede realizarse una exploración transversal del
canal medular.
Figura 9: Visión transversal del canal medular en el neonato. La estrella indica el espacio epidura, la fecha
delada muestra la duramadre, la flecha horizontal muesra el espesor del espacio subaracnoideo, la llave
muestra un corte transversal de dos nervios espinales y la flecha gruesa inferior el cuerpo verterbral
Otra de las utilidades de la ecografía lumbar para la punción lumbar en neonatos y lactantes
pequeños es la detección de complicaciones como hematomas subdurales o epidurales fruto de
punciones previas que pueden hacer imposible la realización de la punción lumbar ayudándonos
a identificar aquellos pacientes en los cuales nuevas punciones son fútiles.
Figura 10: Presencia de una hematoma subdural (estrella) por punciones previas fallidad que oblitera el
espacio subaracnoideo en corte longitudinal (a) y transversal (b). Este hallazgo desaconseja la realización de
la punción lumbar
En niños mayores y adultos la ecografía lumbar no puede visualizar más allá de las apófisis
espinosas y el espacio epidurar, por tanto en este grupo de edad la mayor utilidad de la ecografía
es la localización del espacio interespinoso en casos de palpación dificultosa (ej: obesidad) y la
localizaición del espacio interverterbral donde esta distancia sea más favorable.
PREPARACIÓN Y ABORDAJE
Ante todo, es preciso la adecuada colocación del paciente. En neonatos, la posición de sentado
con las piernas flexionadas y la cabeza en posición neutra, demostró en un estudio realizado en
2014 obtener las mejores condiciones anatómicas para la punción lumbar, al aumentar el
espacio interespinoso y el espesor del espacio subaracnoideo respecto a las posiciones
tumbadas. En dicho estudio se demostró que la flexión cervical no mejor significativamente la
apertura del espacio subaracnoideo y es peor tolerad por el paciente con frecuentes
desaturaciones y aumento de la frecuencia cardiaca. En niños, también existen evidncias de que
la posición sentado con flexión de piernas aumenta el espacio interespinoso medido por
ecografía. Sin embargo, muchos prefieren realizar la punción lumbar en decúbito lateral y con
flexión de piernas al haber demostrado disminuir el reisgo de sindrome postpunción. En
cualquier caso, la colocación del paciente y el grado de flexión pueden ser modificados en
función de la exploración ecográfica para intentar maximizar el espacio interespinoso a la altura
de L4-L5 o L3-L4.
Figura 12: Localización y marca del punto óptimo para la punción lumbar en la técnica eco-dirigida
Figura 13: Punción lumbar eco-guiada por abordaje paramediano. En el diagrama se muestra el abordaje
paramediano con una flecha azul (a). Primero se obtiene una visión parasagital longitudinal del canal
medular a la altura de las láminas (L) y ligamento flavum (LF). Se rota el transductor en sentido oblicuo
pasando por la apófisis espinosa superior y la lámina de la vértebra inferior. La aguja se introduce en
plano para penetrar en el espacio subaracnoideo a través del ligamento flavum por lo que se notará un
incremento de resistencia seguido de una disminución de la resistencia y salida del LCR.
PROCEDIMIENTO
Tras la colocación del paciente de acuerdo a las indicaciones de la ecografía pre-procedimiento
y la elección del tipo de procedimiento a realizar (eco-dirigido o eco-guiado), se realizará la
punción con el bisel de la aguja hacia arriba (hacia el ombligo si se realiza en decúbito lateral y
hacia la cabeza si se realiza sentado). Tras notar el cambio de resistencia o visualizar la aguja en
el canal, se retirará el fiador comprobando la salida de líquido cefalorraquídeo.
COMPROBACIÓN INTRAPROCEDIMIENTO Y DETECCIÓN DE COMPLICACIONES
Cuando el procedimiento es eco-guiado, la inserción bajo visualización directa reduce las
principales complicaciones: punción traumática por punción del nervio radicular y las
parestesias durante la punción a contactar la aguja con los nervios espinales. El efecto
secundario más frecuente, la cefalea postpunción, depende directamente relacionada con la
cantidad de líquido cefalorraquídeo extraído.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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