1.
1 Ruralidad, lo agrario y lo agrícola
A lo largo de esta asignatura nos adentraremos en el estudio de las sociedades
rurales y de cada una de sus problemáticas. Como punto de partida iniciaremos
con el análisis de algunos conceptos básicos como lo rural, lo agrario y lo agrícola.
Desde el origen de las sociedades modernas, donde el proceso civilizatorio es
una de sus características y la urbanización uno de sus elementos fundamentales;
la sociología se dio a la tarea de reflexionar sobre la parte opuesta de este
proceso de urbanización; es decir, lo rural. El concepto de lo rural es usado como
antónimo de lo “urbano”, rural y urbano has sido analizados como una dicotomía
o como partes de un proceso. El pensamiento social ha tratado de diferenciar lo
rural de lo urbano; en este sentido, la dicotomía consiste en que en el primer tipo
de sociedad impera “la voluntad natural”, mientras que en la segunda impera “la
voluntad racional del grupo”. Desde este punto de vista, lo rural es caracterizado
por la importancia de la familia y lo urbano por el contractualismo. Para el caso
de América Latina y, por tanto, de México existen criterios más o menos
homogéneos de lo que es una sociedad rural; sin embargo, para países
desarrollados el debate es mucho más complejo, pues para autores como Artemio
Baigori, lo rural nunca se ha definido como tal y este concepto se explica
tácitamente a partir de lo que no es urbano , la situación no es sencilla, esto
porque la urbanización en Europa y Norteamérica dejó de ser hace tiempo un
proceso cuantitativo de mera acumulación demográfica en torno a una
acumulación de recursos, para pasar a ser un proceso de carácter cualitativo. Si
los sociólogos en países desarrollados han hablado de la urbanización como modo
de vida, es porque ya no puede verse en términos de acumulación exclusivamente,
sino en cuanto a extensión de estilos culturales, de modos de vida y de
interacción social. Es decir, lo urbano ya no está únicamente en las ciudades. En
este orden de ideas, cuando se habla de la urbanización del mundo campesino,
implícitamente se refieren a ese proceso que entonces se veía como colonización
cultural, y que no es en realidad sino la extensión del núcleo civilizatorio a la
totalidad del territorio social. La urbanización es un proceso indisociable de la
revolución industrial y del capitalismo: de forma que, únicamente allí donde las
formas de intercambio y de relación no sean de tipo capitalista, podríamos hablar
tal vez de cultura rural, es decir preindustrial, y en este sentido precapitalista.
Pero "allí donde triunfan el intercambio de mercancías, el dinero, la economía
monetaria y el individualismo la comunidad se disuelve, es reemplazada por la
exterioridad recíproca de los individuos y el 'libre' contrato de trabajo". Donde
algunos veían únicamente la desaparición física del campesinado como grupo
social, debía entenderse la desaparición de una cultura, no de un colectivo social
y productivo.
Desde el punto de vista de Baigorri, para describir las sociedades rurales de
países desarrollados, se podría echar mano de definiciones, pero ninguna
serviría, salvo como frágil muleta para mantener ficciones epistemológicas,
supuestos campos científicos que no son sino refugio de nominalismos: sociología
rural, sociología urbana, geografía rural, geografía urbana, ordenación rural,
ordenación urbana y ahora hasta turismo rural. El Instituto de Estadística en
países desarrollados, para censar y cuantificar a la población, habla de zonas
rurales, zonas intermedias y zonas urbanas, sin otro criterio, como en casi todos
los países, que el tamaño demográfico. A continuación, analizaremos qué se
considera como sociedad rural en nuestro país, más allá de los datos meramente
demográficos.
1.1.1 Diferencias entre lo rural y lo urbano
Tal como lo señalamos en páginas anteriores, para el caso de México existen
criterios más o menos homogéneos para definir qué es una sociedad rural, cuando
se compara con una sociedad urbana, la rural tiene menor densidad de población,
menor diferenciación social, menor movilidad social y espacial, tasas más lentas
de cambio social. La agricultura representa la actividad económica y ocupación
al principal, además de que el sistema político-económico está centrado
alrededor de la tenencia de la tierra. Se dice que las sociedades rurales no
cuentan con una infraestructura suficiente para cubrir todas las necesidades de
la población; por tanto, se observa en ellas aún mayor proporción de
interrelaciones de carácter personal; esto es, los individuos que viven en zonas
rurales interactúan con mayor frecuencia con quienes forman parte de su
localidad que quienes vivimos en las grandes ciudades. Por otra parte, las
sociedades urbanas se caracterizan porque su población se dedica a actividades
económicas secundarias y terciarias; no primaras como es el caso de la
agricultura. En las zonas urbanas no sólo se concentran aglomeraciones
demográficas, también una amplia gama de bienes y servicios; esto es, la
población urbana tiene mayor acceso al bienestar social, pues en las grandes
ciudades se concentran servicios educativos, de salud se cuenta con
infraestructura, etcétera. Es en las zonas urbanas donde las relaciones humanas
sufren grandes cambios, pues lo que caracteriza la vida cotidiana es el
individualismo; mientras que en zonas rurales podemos observar que las formas
de socialización se desarrollan mediante parentescos, en donde el papel que
desempeña la familia tiene gran relevancia. Las sociedades urbanas se
caracterizan porque se presenta mayor complejidad en la división del trabajo y
en el sistema de estratificación social; hay una significante movilidad social y
territorial; además de que se presenta el anonimato en contactos
interpersonales.
1.1.2 Características de lo agrario
La palabra agrario se deriva del latín Ager, Agrarium, campo, se aplica a todo lo
relativo al campo. Lo agrario obedece a situaciones, hechos, a disciplinas y
métodos creados por el hombre en el campo o para el campo. En este orden de
ideas, el concepto se ubica en diversos procesos, pues podemos hablar de
economía agraria, derecho agrario, legislación agraria, movimientos agrarios,
cada uno de ellos con sus propios matices. Por otra parte, cuando se habla de la
sociología que tiene por objeto el estudio del campo y de lo agrario, se le
denomina habitualmente como sociología rural. El concepto agrario indica
dinámica, no ocurre lo mismo con campo o rural, lo agrario en un concepto que
indica movimiento y procesos sociales.
Para el caso mexicano lo agrario abarca dos problemáticas distintas, por un lado,
la tenencia de la tierra y por oro, la producción; es decir, es una problemática
que está en estrecha relación con la propiedad agraria, con la tenencia de la
tierra. El marco jurídico que regula la tenencia de la tierra es el Derecho Agrario
"como el conjunto de normas, leyes, reglamentos y disposiciones en general,
doctrinay jurisprudencia que se refieren a la propiedad rústica y a las explotac
iones decarácter agrícola".
El Derecho Agrario trata de regular todas aquellas relaciones jurídicas
derivadas del campo. Uno de sus elementos jurídicos fundamentales es el
artículo 27constitucional, en donde están incluidas las garantías de la propiedad,
además de consignar la propiedad originaria de la nación sobre aguas y tierras
del país y de consignarse el derecho de propiedad privada, se establecen los
derechos de propiedad comunal y ejidal, que son conocidos como Derecho
Agrario. La autoridad más importante con respecto al Derecho Agrario es la
Secretaría de la Reforma Agraria (SRA). El origen del problema agrario, cuya
implicación es la tenencia de la tierra, se remonta a momentos previos a la
Revolución Mexicana de 1910-1917 cuando los campesinos demandaban un pedazo
de tierra y el reparto agrario, según Gustavo Gordillo, este es el punto de partida
del problema, pues con el triunfo revolucionario se dio el primer paso para el
reparto de tierras, junto con ello se originó el derecho agrario mexicano
moderno. En la historia de México, este tipo de derecho atravesó por diversas
etapas, la primera de ellas fue la promulgación de leyes que garantizan el reparto
agrario, la segunda fue concretizar las acciones agrarias y la tercera fue el
reconocimiento de la propiedad de la tierra tanto a campesinos como a indígenas.
En términos muy generales esto es lo que implica el concepto agrario, pero ello
tiene múltiples impactos, problemáticas y procesos sociales, tal como lo veremos
a lo largo de esta guía de estudio. Finalmente, la connotación del problema
agrario desde el punto de vista productivo tiene que ver con la comercialización
de los productos agrícolas. La realidad del campo mexicano nos ha mostrado que
no basta realizar leyes y promulgar un reparto de tierras si el campesino e
indígena no cuenta con el respaldo institucional para comercializar lo que produce
en sus tierras. A lo largo de esta asignatura veremos que el problema agrario no
sólo estuvo vigente en nuestro país, sino que representa un foco rojo para la
sociedad nacional. Más adelante, en la tercera unidad nos detendremos a
analizar, con detenimiento esta problemática.
1.1.3 Lo agrícola en sociedades rurales
Cada uno de los conceptos vistos hasta el momento, tienen que ver con lo rural y
el campo, lo agrícola no es la excepción, pues se refiere a todo lo relacionado con
el cultivo de la tierra. Lo agrícola está relacionado con la producción del campo
y todo lo que ello implica, no sólo en términos de productos cultivables sino del
uso adecuado de los recursos naturales y tecnológicos. Por ello, lo agrícola tiene
que ver con la utilización de la fertilidad de la tierra para la producción de
plantas y animales para el hombre. El término implica toda la forma de cultivo y
cría de animales. Actualmente podemos identificar tres modalidades de
agricultura: 1) de gran escala, 2) de tipo familiar y 3) complementario.
La primera modalidad, la de la agricultura en gran escala, es aquella que consiste
en la explotación de unidades agrícolas de gran tamaño que se caracteriza por la
producción para el mercado y la especialización por tareas. La agricultura de tipo
familiar consiste en la explotación de una extensión reducida, siendo su principal
objetivo la producción de mercancías y de servicios para satisfacer las
necesidades tanto del propio campesino como de los miembros de su familia. La
agricultura complementaria también llamada agricultura de jornada incompleta
o agricultura parcial es aquel tipo de agricultura familiar en que tan solo parte
de la familia se dedica al quehacer agrícola en tanto que otra parte, la
cuantitativamente mayor, emplea sus energías laborales en ocupaciones que no
son de carácter agrícola.
1.2 ¿Indígena y campesino son sinónimos?
Una temática conceptual a la que recurriremos con frecuencia tiene que ver con
el tema indígena, por un lado y el campesino, por otro. Erróneamente se suele
pensar que no existe gran diferencia entre un indígena y un campesino; ese es,
precisamente, nuestro objetivo en este apartado: diferenciar claramente qué
vamos a entender por indígena y por campesino.
1.2.1 Características de la cultura indígena e identidad étnica
El estudio de las culturas indígenas ha sido tarea constante de los antropólogos;
el concepto de indígena sigue siendo centro de debates antropológicos; es decir,
no existe un consenso de qué debemos entender cuando empleamos el término
indígena. Uno de los antropólogos más reconocidos en México, Guillermo Bonfil
Batalla, se dio a la tarea de plantear una serie de categorías analíticas para
definir el ser indígena. Bonfil señala que no existe una definición jurídica que nos
de herramientas necesarias para identificas qué es un indígena.
Todas las naciones tienen criterios propios para identificar el tipo de población
que componen a sus ciudadanos. México es ejemplo de ello, los datos estadísticos
han utilizado diversas variables para identificar a la población indígena, se señala
lo anterior porque Bonfil Batalla advierte que los criterios para calcular la
población indígena han variado a lo largo de nuestra historia. Según este autor,
el indio no se define por una serie de rasgos culturales externos que lo hacen
diferente ante los ojos de los extraños (la indumentaria, la lengua, las maneras,
etcétera); se define por pertenecer a una colectividad organizada, con una
herencia cultural propia forjada y transformada históricamente a través de
generaciones, y es con relación a ese referente cultural que se sabe y se siente
maya, purépecha, zapoteco, tzeltal o chol. En el caso de la población indígena en
México que actualmente se calculan en 10 millones de mexicanos; es decir,
representan el 10% de la población, estamos hablando de gente que mantiene su
pertenencia a la sociedad local que se identifica a sí misma como diferente de
otras de la misma clase, a partir de su relación con un patrimonio cultural común
y exclusivo, quedan fuera de estos datos, por tanto los individuos y grupos
sociales que han perdido su sentimiento de identidad étnica. La dificultad para
identificar a la población indígena se vuelve aún más compleja si tomamos en
cuenta que los datos no reflejan totalmente la realidad, a este fenómeno los
antropólogos han denominado etnocidio estadístico. Lo anterior se debe a cuatro
factores fundamentales. En primer lugar, no podemos confiar en las cifras
censales porque hay una defectuosa captación de datos; es decir, los
encuestadores del INEGI no siempre desarrollan su trabajo de manera eficiente
y suelen inventar datos, esta incidencia se repite, sobre todo en zonas
incomunicadas y de difícil acceso, tal es el caso de los poblados indígenas. En
segundo lugar, porque la población indígena muchas veces oculta que habla una
lengua indígena. Este fenómeno se presenta en zonas urbana o semi urbanas, la
ciudad de México es vivo ejemplo de ello; pues está poblada, en su mayoría, por
personas migrantes tanto campesinas como indígenas. Debido al fuerte racismo
hacia los grupos étnicos, al momento que los encuestadores del INEGI preguntan
si hablan alguna lengua indígena, ellos lo niegan para no ser catalogados como tal,
pues en nuestro país ser señalado como indio, implica un sentido peyorativo. En
tercer lugar, porque desde que México emergió como un Estado-Nación en 1910,
se dio a la tarea de homogeneizar a toda la población por medio de la cultura y
la historia nacional. Uno de los objetivos de ese Estado-Nacional es,
precisamente, dividir paulatinamente las culturas étnicas para que los indígenas
se sientan más identificados con la cultura nacional mestiza que con la propia. En
términos generales, el Estado-Nación ha cumplido sus expectativas, muchos
indígenas han renunciado a su cultura ética para adoptar por completo
comportamientos mestizos, en la ciudad de México es fácil identificarlos, basta
con visitar los domingos la Alameda Central. Finalmente, en cuarto lugar, no
podemos confiar por completo en las cifras del censo de población, porque al
indígena siempre se le ha relacionado con el “rechazo” y con la “falta de
civilización”, por ello las autoridades municipales también suelen negar su
existencia.
Con base en esta serie de situaciones se asegura que los censos no pueden ser
confiables para identificar a la población indígena, es decir, aunque el último
censo General de Población y Vivienda del 2000, arrojó como dato que en México
existen 10 millones de indígenas, lo que representa el 10% del total de la
población; debemos tomar el dato con cierta reserva, debido a las observaciones
realizadas anteriormente. Como ya lo señalamos, el último criterio utilizado por
el INEGI para identificar a la población indígena en México es el lenguaje. Sin
embargo, esto no es suficiente porque ser indígena no solo implica hablar una
lengua étnica, lo que también debe tomarse en cuenta son elementos sociales y
culturales. La antropología social señala que lo que verdaderamente define al
indígena es su identidad étnica, es decir, su religiosidad, sus creencias y los
valores culturales. La identidad étnica es el sentido de pertenencia a una
colectividad con una herencia cultural. Esto es, el indígena maya no sólo se sabe
maya, se siente maya.
1.2.2 ¿Qué es la cultura campesina?
La cultura campesina presenta una marcada similitud con muchos aspectos
propios de la cultura india, de tal manera que se puede afirmar que se trata de
comunidades con cultura india que han perdido su identidad correspondiente.
Para el campesinado la agricultura es la actividad económica básica, hace uso en
gran medida de técnicas indias para el cultivo de sus tierras. El maíz representa
el principal cultivo para las comunidades campesinas, aunque para cultivar sus
productos se observa la utilización del arado y los correspondientes animales de
tiro; en algunos casos esto tiene explicación debido a la proliferación de las
haciendas, pues en el pasado ocuparon tierras planas que se presentan para el
cultivo con arado.
La forma de tenencia de la tierra en la cultura campesina puede ser de tipo
individual coexistiendo con la propiedad ejidal. Los campesinos están organizados
por medio de las autoridades ejidales y municipales, mientras que en la mayor
parte de las comunidades indígenas el sistema de cargos se convive con las
formas de organización institucional.
1.2.3 Diferencia entre indígena y campesino
Ahora bien, es momento de aclarar cuáles son las diferencias entre ambos
grupos culturales, entre ellas podemos identificar el idioma; es decir, la
población campesina no habla una lengua indígena, aunque es muy probable que
las generaciones pasadas de los campesinos hablaran alguna lengua indígena, sin
embargo, dejaron de hacerlo debido al proceso de asimilación cultural del
Estado-Nación mexicano. En la cultura indígena, son precisamente los ancianos
quienes han transmitido el conocimiento de la lengua madre, sin esa transmisión,
la lengua se habría perdido como ocurrió con otras de su misma naturaleza. El
elemento más significativo que distingue a un indígena de un campesino es su
identidad étnica, esto nos revela que en la cultura campesina se ha roto el
sentido de pertenencia étnico, es decir, ya no hay una identificación con un
“nosotros” étnico. Esto es resultado de la aculturación, de la desindianización.
1.2.4 Semejanzas entre cultura indígena y campesina
En nuestro país, retomando lo visto en el primer punto de este apartado, hay una
gran cantidad de comunidades campesinas que no son consideradas indígenas, ni
reclaman serlo. Sin embargo, podemos encontrar una mezcla de similitudes entre
comunidades campesinas e indígenas, entre ellas se encuentran las siguientes:
1) La agricultura sigue siendo la actividad económica básica entre ambas
culturas, de hecho, en esta actividad se hace uso, en gran medida, de técnicas
indias.
2) Para desarrollar su trabajo agrícola en ambas sociedades, se recurre a la
solidaridad familiar y a la cooperación vecinal, basada en la reciprocidad.
3) En ambas persisten mitos, cuentos y leyendas, en los que la naturaleza
persiste como un ente vivo. En estas historias míticas aparecen frecuentemente
seres sobrenaturales.
4) En la cultura indígena y en la campesina, el maíz sigue siendo la cosecha
principal.
5) En la cultura campesina existe una cosmovisión en la que persisten prácticas
muy parecidas a las de la cultura indígena, como por ejemplo la medicina
tradicional.
6) En ambas culturas, se presenta la elaboración de artesanías, que no difieren
demasiado unas de otras.
7) En las dos culturas, la orientación económica tiende a la autosuficiencia.
8) En ambas culturas, permanece frecuentemente el sistema de cargo que
además está vinculado a actividades religiosas.
1.3 Formas de tenencia de la tierra
Cuando todo parecía indicar que el "problema de la tierra", ese antiguo nudo
gordiano de la cuestión agraria que alimentó la vida política y social de América
Latina durante tantas décadas era una reliquia del pasado, hoy asoma
nuevamente como tema de debate. Y es que las viejas banderas que dieron lugar
a las reformas agrarias de la región siguen allí, como si el tiempo no les hubiera
hecho mella: pobreza rural, éxodo a las ciudades, estancamiento de la producción
agropecuaria, inequidad social. A esto se agrega la degradación ambiental, una
perdida acelerada del capital natural.
La pobreza en el campo no solo no ha sido resuelta, sino que se ha agudizado, la
ciudad ha demostrado su incapacidad en absorber a tantos migrantes. Además,
las nuevas reglas de juego de la globalización y del libre mercado vuelven a
preconizar un modelo basado sobre las ventajas comparativas de los países,
América Latina únicamente trata de fortalecer su capacidad de aportar
materias primas a la economía mundial. Con las reformas agrarias que
últimamente se han dado en América Latina, de manera paulatina se ha
incrementado la venta de tierras ejidales y es cada vez mayor el tipo de
propiedad privada de la tierra. Ahora bien, el concepto "tenencia de la tierra"
nunca ha sido objeto de grandes polémicas, y más bien cubre un abanico amplio
de problemáticas, como se refleja en este apartado. Sin embargo, encontramos
definiciones dispares, oscilando en el caso de América Latina en dos grandes
grupos, quienes ponen el énfasis en los aspectos de distribución de la tierra
entre los distintos actores sociales rurales, así como las relaciones que entre
ellos se generan, y quienes ponen el acento en las formas y derechos de
propiedad, de acceso y uso de los recursos. Hay quienes señalan que una
definición práctica de tenencia de la tierra debe integrar ambos aspectos; es
decir, tanto la distribución de la propiedad, como los derechos de propiedad.
Chris Van Dan asevera que una parte del debate señala que los regímenes de
tenencia están definidos socialmente por normas de acceso a los recursos
(tierra, árboles, minerales, etc.) y normas de uso de los recursos. Estos
regímenes definen los derechos y los deberes de la gente con respecto a los
recursos. Estas normas pueden estar escritas, en las leyes, o pueden ser parte
de un derecho consuetudinario no escrito. La colectividad (normalmente una
entidad política como el estado-nación, una dependencia del estado, una
comunidad local, un clan) que legitima estas normas suele retener algunos de los
derechos sobre el recurso, mientras que los usuarios del recurso designados
(familias, grupos, empresas) tienen otros derechos. La división de los derechos
de tenencia refleja las relaciones de poder, derechos que a menudo pueden ser
conflictivos entre sí. Se han dado varios intentos de clasificar las formas de
tenencia de la tierra en América Latina. Ello fue relativamente fácil hasta hace
algunas décadas, mientras imperaron formas más o menos estables y definidas
de tenencia. A partir de los años sesenta con las reformas agrarias y los
procesos de colonización, -en forma más acelerada a partir de los años '80-
empiezan profundas modificaciones en las estructuras agrarias, con realidades
regionales cada vez más particulares, pero que lamentablemente ya no han sido
monitoreados en los últimos años; esto debido a la perdida de interés en estos
temas por parte de los estudiosos del agro, economistas, politólogos, sociólogos,
con lo cual es difícil tener una radiografía actualizada de las formas de tenencia
en América Latina. A modo de referencia, utilizaremos la siguiente clasificación
basada principalmente en la que hace Chris van Dam.
Tipos de propiedad Características
1. Pública
• Áreas intangibles: calles, aguas costeras, puertos, áreas de seguridad nacional,
etcétera.
• Ares protegidas
• Tierras fiscales o baldías
• Tierras urbanas/infraestructura No pueden ser vendidas, arrendadas,
donadas, hipotecadas, etcétera. A veces superpuestas con otras formas de
tenencia o concesiones mineras, madereras y petroleras A veces reservadas
para programas de colonización.
2. Privada
• Latifundios
• Empresas agropecuarias
• Inversiones especulativas/ inmobiliarias
• Pequeños productores capitalizados
• Campesinos de subsistencia Con importantes áreas improductivas o de pastoreo
extensivo. Uso intensivo de tecnología y capital, relaciones de asalaramiento,
vinculadas a agroindustrias y mercados externos. Producen básicamente para el
mercado (monocultivos, café, tabaco, fruticultura, horticultura)
1.3.1 Propiedad comunitaria
Sería erróneo introducirnos al tema de la propiedad comunal sin retomar cuál ha
sido su trayectoria en México, de acuerdo con la información recabada, los datos
más antiguos del Derecho Agrario en México se ubican en época precolonial.
Desde entonces se ha buscado la mejor forma de hacer productiva la tierra, y
es también desde ese momento que se distinguen las instituciones agrarias, por
ejemplo, las de los aztecas; por medio de tales instituciones se puede apreciar
claramente la proyección de su estructura social, ésta se formaba de nobles,
sacerdotes, el ejército, del pueblo en el que había agricultores, comerciantes,
artesanos y esclavos. Las guerras fueron fuente de ingreso territorial para los
aztecas; así es como se apoderaban de las tierras, y las repartía entre los más
altos rangos. De acuerdo con datos de Assenatto Blanco la denominación que se
le dio a la propiedad agraria entre los aztecas fue la siguiente:
•Tlatocalli. Ésta era la propiedad del monarca
•Pillali. Tierras de los principales nobles.
• Altepetlalli. Tierras propiedad del barrio.
•Calpulli. Tierras que se les repartieron a cada jefe de familia, para que las
cultivaran y sostuvieran.
•Miltchimalli. Con estas tierras se sostenían al ejército.
•Teotlalpan. Eran las tierras de los dioses, el producto se destinaba al
mantenimiento de los gastos que originaba el culto.
Durante la época colonial, al consumarse la caída de Tenochtitlán, la Corona
española adoptó diversas medidas tendientes a organizar la vida política,
económica y social de ese nuevo y enorme territorio. Al efecto, el Consejo Real
de las Indias emitió diversas disposiciones para promover el mejoramiento
espiritual y material de los indios; sin embargo, de manera paralela también
autorizó la creación de otras instituciones, en primer término, la encomienda,
cuyo propósito era modificar las costumbres de los naturales y obtener tributos
y tierras.
Existieron en la Nueva España muchos tipos de tierras, pero claramente se
puede apreciar que la propiedad agraria se clasificó en tres grupos:
•la propiedad privada de los españoles,
•la propiedad de los pueblos indios y
•la propiedad eclesiástica.
Para principios del siglo XX, teniendo como marco de referencia la dictadura de
Porfirio Díaz, fue que se generó un conjunto de contradicciones que afloraron
plenamente a partir de 1910 y fueron estandarte de uno u otro bando en las
luchas que se sucedieron por casi diez años. La insatisfacción originada por el
autoritarismo, la ausencia de democracia, la concentración de la riqueza y de la
propiedad y la violencia de los órganos de represión del Estado, abrieron cause
de las demandas para moderar la desigualdad, recuperar las tierras expropiadas
injusta e ilegalmente a las comunidades, elevar los salarios de los obreros y
mejorar en general las condiciones de vida de la población. Las exigencias de la
sociedad se concretaron en planes y leyes que tuvieron en casi todos los casos
importantes un apartado de carácter agrario. Vale anotar que las demandas de
hacer justicia agraria no eran nuevas, pues se nutrían de un largo proceso de
planes, programas, proclamas y levantamientos registrados durante todo el siglo
XIX. Fue con el Plan de San Luis Potosí que se levantaron en armas la mayoría de
los campesinos, en tal Plan estaba mencionado la promesa de devolvérseles a
éstos las tierras que les fueron despojadas. Pero aunque el levantamiento
triunfó, no se cumplieron las promesas agrarias, lo cual generó inconformidad
entre diversos líderes y caudillos. El movimiento encabezado por Emiliano Zapata
fue similar en muchos aspectos a otros movimientos agrarios, tanto en los
motivos como en las estrategias de lucha. La mayor parte del ejército zapatista
estuvo compuesta por campesinos libres y su principal sustento era la solidaridad
aldeana, el respeto a una autoridad avalada por la tradición y la no-remuneración
o pago a los soldados. Sus dirigentes, entre los que se encontraban campesinos,
obreros e intelectuales, mostraron siempre una gran adhesión a los ideales del
movimiento, por lo que éste mantuvo siempre una considerable unidad.
De conformidad con el Plan de Guadalupe, Venustiano Carranza encabezó el
Ejército Constitucionalista y emprendió una lucha cuyo objetivo fundamental era
el restablecimiento del orden legal, con lo que luchó contra los zapatistas y
villistas. Carranza pretendió mostrar al país que su proyecto de nación era
sensible a las causas profundas de la Revolución y que además del
restablecimiento de la legalidad retomaría las demandas más apremiantes de la
sociedad. Este proceso se inició con la Ley Agraria del 6 de enero de 1915,
emitida por Carranza en Veracruz, la cual recogió el aspecto nodal de la lucha
zapatista, pues ordenó la restitución de tierras arrebatas a raíz de una
interpretación dolosa de la legislación de julio de 1856 y estipuló la dotación para
aquellos pueblos que carecieran de ella. Asimismo, estipuló la creación de la
Comisión Nacional Agraria por cada estado o territorio de la federación, y de
los comités particulares ejecutivos que en cada entidad federativa se
considerasen necesarios. El Artículo 27 estipuló la restitución de tierras a las
comunidades que hubiesen sido despojadas y ordenó la dotación para los pueblos
que carecieran de tierras. La expropiación con fines de restitución y dotación
respetaría únicamente las propiedades legalmente establecidas que no
excedieran de 50 hectáreas de tierras de primera calidad. Se responsabilizó a
los estados y territorios de la República para fijar la extensión máxima de tierra
de que puede ser dueño un solo individuo o sociedad legalmente constituida y a
fraccionar los excedentes que serían adquiridos por el Estado, mediante el pago
con bonos que constituirían la deuda agraria. Con todo ello se dejaron
establecidas las bases legales para una profunda Reforma Agraria. La aplicación
del Artículo 27 encontró grandes dificultades, pues entre los dirigentes
revolucionarios existían diversas posturas en torno a la cuestión agraria,
situación que repercutió en hacer efectivo el reparto de tierras y en las
reformas que, años más tarde dificultaron el acceso de los campesinos e
indígenas a la tierra.
1.3.2 Pequeña propiedad
Pese a la normatividad novohispana recopilada en las Leyes de Indias, los tres
siglos de dominación española se caracterizaron por el despojo de la propiedad,
la explotación y expoliación de los indígenas, y la concentración de la tierra en
manos de los peninsulares. La propiedad comunal de los indios fue objeto de un
permanente y sistemático despojo por parte de los conquistadores y
colonizadores; al principio mediante las mercedes y repartimientos; después a
través de las adjudicaciones, confirmaciones, composiciones, acciones de
compraventa, remates y la usurpación violenta. La consolidación de la hacienda
como una unidad productiva eficiente sólo pudo lograrse a partir de la creación
de un sistema que permitiera atraer, fijar y reponer de manera sistemática los
trabajadores a su servicio. Sin embargo, también se debe tomar en cuenta que,
de manera paralela, se fortalecía el espíritu señorial en los hacendados, deseosos
de mostrar a familiares, amigos y socios la extensión de sus tierras y el control
que ejercían sobre los cientos o miles de peones a su servicio. El siglo XIX fue
tan conflictivo que la atención al campo y su desarrollo quedaron relegados,
surgiendo grandes y poderosos latifundistas que no fueron lo suficientemente
sensibles y generosos para hacer participar de sus utilidades a los campesinos y
trabajadores. Por el contrario, lejos de alentarlos, los explotaban. Como hemos
visto, la pequeña propiedad fue privilegiada durante la Corona Española; a pesar
de haber impulsado un proceso de independencia, esta forma de tenencia de la
tierra prevaleció. Un siglo después, la Revolución Mexicana volvió a fomentar su
existencia, la situación no cambió durante la época posrevolucionaria. Gustavo
Gordillo señala que los años que van de 1920 a 1934 se caracterizaron por una
hegemonía que lograron imponer los sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías
Calles al resto de los generales revolucionarios. Como presidentes de la
República, ambos se caracterizaron por considerar al ejido como una forma
transitoria que deberían culminar en la formación y consolidación de una pequeña
propiedad.
Durante la gestión presidencial de Calles se inició la formación de diversas
instituciones con las que se pretendió hacer de la Reforma Agraria un proceso
integral y proveer a los nuevos propietarios con la infraestructura necesaria. Los
proyectos de mayor envergadura fueron la creación de la Comisión Nacional de
Irrigación y del Banco Nacional de Crédito Agrícola. A pesar de todo el trabajo
hecho en torno a la Reforma Agraria, de 1920 a 1934 no se logró un cambio
sustancial en el sistema de tenencia de la tierra heredado del porfiriato. Los 7.6
millones de hectáreas repartidas desde 1917 hasta 1934 no pusieron fin al
latifundio como unidad central del sistema de producción agrícola, ya que sólo
representaron el 6.7% de la tierra que los grandes latifundistas tenían a fines
del porfiriato. En 1934, antes del arribo de Lázaro Cárdenas a la Presidencia de
la República, se efectuaron diversas reformas jurídicas: se modificó el Artículo
27 constitucional, para señalar que las afectaciones de tierra se realizarían
respetando invariablemente la pequeña propiedad
agrícola en explotación; se creó el Departamento Agrario, en sustitución de la
Comisión Nacional Agraria, y se instituyeron las Comisiones Agrarias Mixtas en
cada entidad federativa, en las cuales tendrían participación las organizaciones
campesinas. Así, podemos señalar que la pequeña propiedad ha gozado del
respaldo institucional necesario para poder sobrevivir a través de los distintos
procesos sociales que ha enfrentado nuestro país y con la Revolución Mexicana
esta situación se reforzó mediante las reformas constitucionales que
garantizaron su presencia. El problema de la pequeña propiedad es que cayó en
una serie de vacíos jurídicos que resultó que resultó difícil para el Estado regular
los criterios que le ayudaran a definir qué extensiones de tierra podían
considerarse como “pequeña propiedad”. De esta forma, los pequeños
propietarios en México bien podían tener extensiones de tierras que iban desde
las 6 hasta las 600 hectáreas; es decir, el nombre de pequeños propietarios sólo
se quedaba en eso, en una connotación.
1.3.3 Propiedad ejidal
A diferencia de los dos anteriores tipos de propiedad: la comunal y la pequeña
propiedad, cuyos orígenes se remontan a la época de la Colonia, el caso del ejido
tiene una historia reciente, pues se remonta a la creación del artículo 27 de la
Constitución, éste fue aprobado por el Congreso Constituyente de 1917,
establecía que el Estado era creador de propiedades - contradiciendo la doctrina
convencional de la ley natural - en el sentido de que los derechos a la propiedad
de tierras y aguas pertenecían originalmente a la nación, que “ha tenido y tiene
el derecho a transferir su control a personas naturales, dando así origen a la
propiedad privada”, y que “la nación siempre tendrá el derecho de imponer
restricciones a la propiedad privada en resguardo del interés público”. Si bien la
Constitución estipula que el Estado es siempre el representante de la Nación, al
establecer un régimen presidencial se está en la práctica transfiriendo a éste la
representación de la Nación y, con ello, la función de creador de propiedad
privada.
El Artículo 27 reconocía tres formas de propiedad rural: la pequeña propiedad
privada, la propiedad comunal y la propiedad ejidataria, establecía un trato
diferencial para las propiedades ejidales y comunales. Teniendo en cuenta el
daño que se había hecho a las comunidades indígenas durante el período de
reformas liberales de la segunda mitad del siglo XIX, al aplicar el concepto de
que todos los ciudadanos tienen igual capacidad legal, procuró protegerlas al
disponer que todos los asuntos relacionados con la distribución o restitución de
tierras y la solución de los litigios con los pueblos indígenas deberían resolverse
en procesos administrativos y no en cortes exclusivamente judiciales, “de suerte
que pudieran actuar a su discreción, evaluando las circunstancias especiales que
podrían surgir como resultado de la falta de capacidad de los indígenas. De lo
contrario, los procesos administrativos, que son tales porque tienen que tener
facultades discrecionales, se verían forzadas por uno u otro medio legal, a
transformarse en cortes judiciales en el sentido estricto del término, lo que les
restaría toda eficacia [para los fines de distribución de tierras]. Puede decirse
que, en tales condiciones, no les sería posible efectuar una asignación o
restitución de tierras, porque tales acciones se verían obstruidas o
desbaratadas por la habilidad y los recursos de los terratenientes”
Además, para que no haya duda sobre este trato diferencial entre el ejido y la
comunidad, por una parte, y la propiedad privada, por la otra, Andrés Molina
Enríquez, el padre de la legislación agraria mexicana, argumentó varios años
después que “los distinguidos integrantes de la Asamblea Constituyente de
Querétaro tuvieron en cuenta que tanto las propias comunidades (con el fin de
desafiar a los grandes terratenientes) y los trabajadores (para desafiar a los
empresarios agrícolas) se encontraban en tal condición de inferioridad, que al
gobierno le era indispensable actuar en su favor, con el fin de equilibrar las
fuerzas de ambos lados y garantizar la plena justicia, desempeñando en ambos
casos la misma función, como fiscal público o procurador estatal, que la
desempeñada en todos los asuntos en que menores sean parte del litigio”. Esto
crea una relación de “tutelaje” entre el Estado y los campesinos, cuya situación
es equiparada a la de un niño o menor de edad. La evolución de la propiedad ejidal
estuvo influenciada por dos vertientes de pensamiento nítidamente
diferenciadas, aunque ambas tengan el mismo denominador establecido por
Molina Enríquez y sus colegas en la redacción del Art. 27. De allí en adelante,
siguen por distintos caminos.
- La vertiente moderada
extrajo más directamente de Molina Enríquez la idea de un pequeño empresario
agrícola e idealizó su figura por oposición al hacendado indolente e ineficiente,
aunque la mayoría de sus ideas tomaron forma a través de la experiencia de los
ejércitos noroccidentales de Calles y Obregón, provenientes del estado de
Sonora. Este grupo, que de hecho fue la fracción militar triunfante de la
revolución mexicana, estaba formado básicamente por medianos y pequeños
campesinos muy celosos de su independencia, muy eficientes en términos
empresariales y con una arrolladora ambición de ejercer el poder político. Para
ellos, la distribución de tierras tenía sólo un fin: pacificar a los ejércitos de
campesinos e infligirles una derrota política luego de haberlos derrotado en el
campo de batalla. Por lo tanto, el ejido era considerado como un sistema
transitorio de propiedad que se aplicaba a las comunidades indígenas, con la
intención de inculcar gradualmente en su cultura el sentido de la propiedad
privada. Para ellos, las culturas indígenas y las tradiciones comunitarias que
encarnaban eran reminiscencias del pasado, que deberían sufrir una
transformación radical para que la revolución, entendida básicamente como un
proceso de modernización, pudiera tener éxito. Para ellos, la agricultura
individual se basaba en la necesidad de dotar al campesino de seguridad legal, y
fue esto lo que el Presidente Calles consignó en el proyecto de ley que presentó
al Congreso, donde se introducía la parcelación interna de las tierras ejidales:
“Esta es una seguridad absolutamente necesaria para despertar el interés del
campesino por sus cultivos y por mejorar la producción de la tierra, así como
para vincular al campesino a su parcela, vínculo que ciertamente se crea como
resultado de la existencia de las pequeñas propiedades individuales”. Esta
corriente de pensamiento también se denominó la escuela Callista.
- La vertiente socialista y radical que se nutrió de la experiencia de los ejércitos
campesinos de Zapata y Villa, y de las luchas agrarias de fines de los años 20,
desarrolló sus ideas teóricas primeramente en el seno de la Comisión Nacional
Agraria (organismo gubernamental que se estableció durante los primeros años
del nuevo régimen, a fin de atender a los asuntos de distribución de tierras) y
posteriormente las perfeccionó durante el período más activo de la protesta
rural (1925-1933) impulsada por una serie de movimientos campesinos regionales
que se oponían al cooperativismo estatal incipiente. Con todo, su nacimiento
oficial como una doctrina integrada se produjo al redactarse el Plan Sexenal del
Partido Revolucionario Nacional, que fue el programa político de la campaña
presidencial de Lázaro Cárdenas. Por esta razón se le denomina escuela
Cardenista. Sin cuestionar el principio básico de las leyes constitucionales
relativas al papel tutelar que ejerce el estado con respecto a los campesinos, la
vertiente Cardenista introdujo dos cambios importantes en la política de
gobierno: el papel de la reforma agraria como un instrumento de la estabilidad
social y el papel del ejido como una institución permanente. La aplicación de esta
política se basó en dos supuestos previos: el primero, que ya no era posible
retardar la solución de las demandas básicas del movimiento campesino, a saber,
el acceso a la tierra, sin correr el riesgo de que el movimiento de masas arrasara
con la institucionalidad; y el segundo, que el ejido se había transformado en el
eje de la política rural estatal El ejido, que hasta entonces se había considerado
como un instrumento para acoger las demandas de las masas campesinas, adquirió
nuevas características (que mantuvo hasta 1991), como resultado de una doble
vinculación: entre el ejido y el estado, y más especialmente con las agencias
gubernamentales; y entre el ejido y sus integrantes, los ejidatarios, que son
socios en esa unidad productiva.
1.4 El ejido
La pobreza en el campo fue una de las razones principales de la Revolución
Mexicana. La explotación y marginación que padecían los campesinos, sobre todo
en el centro y sur del país, llevaron a que, al fin de la Revolución, la justicia social
se convirtiera en una de las razones de ser de la Constitución vigente y del
sistema político construido a partir de 1917. El Artículo 27 es uno de los
fundamentos de la Constitución de 1917; éste en su primer párrafo expresa: "La
propiedad de la tierra y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio
nacional, corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el
derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la
propiedad privada".
Así constituida, la propiedad privada también es protegida mediante una serie
de garantías; estableciéndose que la propiedad de la tierra y su distribución no
está consignada a la lucha entre los intereses individuales, sino que concierne al
bienestar y a la estabilidad de la sociedad como un todo; limitándose la propiedad
privada sólo por el interés colectivo. En el afán de justicia agraria, marco del
Artículo 27 constitucional, se derivaron limitantes a la propiedad privada: a los
latifundios —buscando fraccionarlos—, a la pequeña propiedad, —buscando
desarrollarla y protegerla—; ante la necesidad o interés por tierras, se definió
una modalidad, la de expropiación sólo por causa de utilidad pública, como acto
de la administración pública y mediante indemnización.
1.4.1 Orígenes del ejido
Como lo hemos señalado, la teoría de la propiedad de la tierra como función social
y fin del Estado encontró su mejor expresión en el Artículo 27 constitucional.
Con toda su complejidad define la propiedad, la restringe, establece su
modalidad, el procedimiento y sus reglamentaciones para modificarla, invoca el
principio de expropiación y la causa de utilidad pública; todo ello a través de los
atributos del Estado, mismos que configuran las formas de propiedad y los fines
de la reforma agraria. El resultado de estas formas de propiedad, una vez
atacado el latifundio, fue una estructura compuesta principalmente por tres
elementos: la propiedad pública, la social: ejidal y comunal, y la pequeña
propiedad. En cuanto a la propiedad pública, cuando el Artículo 27 señala que los
bienes son de la Nación no sólo indica que existe un dominio del Estado sobre
todos ellos, sino que tiene y existe una propiedad pública igual a la que tienen los
propietarios privados; aún más protegida ya que sobre estos bienes el dominio
de la Nación es inalienable, los particulares no pueden adquirir sobre ellos
derechos reales. Con la propiedad ejidal y comunal, se buscó dar respuesta al
problema agrario, cuya caracterización principal estaba en la dicotomía —
producto de la Conquista y la Colonia— de individuos sin tierra, sin derechos y
sin trabajo, por un lado, y de grandes latifundistas por otro, y se concretaría
con la reforma agraria cuyos objetivos fueron:
1. Restituir la tierra a aquellos núcleos de población que habían sido despojados
por los grandes latifundios y las haciendas.
2. La distribución gratuita de tierra a poblaciones que carecían de ella, en la
forma de dotación llamada ejido.1 aunque en ninguna parte del Artículo
constitucional se define lo que es un ejido, se menciona como tal y, en la práctica,
el concepto se aplicó a los núcleos de población dotándolos de tierras a través
de los procedimientos señalados en la Ley.
3. Crear con ello una nueva estructura de tenencia que reemplazara el antiguo
sistema latifundista y permitiera un crecimiento agrícola acelerado.
Con relación al ejido, la idea esencial que lo inspiró fue la de proteger a las
propiedades colectivas de los pueblos. La palabra ejido se refería, originalmente,
a las tierras comunales que se encontraban a la salida de los pueblos y que servían
para el usufructo colectivo (para ganado y recolección de madera), y éste era el
significado que tradicionalmente se le daba en México, antes de la reforma
agraria. De hecho, en la terminología corriente, el concepto ejido se refiere a la
comunidad de campesinos que han recibido tierras, su patrimonio está formado
por tierras de cultivo (área parcelada), otras para satisfacer necesidades
colectivas (uso común) y otra más para urbanizar y poblar (fundo legal),
principalmente. Así, desde 1917 hasta 1992 se crearon ejidos casi
ininterrumpidamente, pero la función económica atribuida a éstos ha cambiado
de forma gradual; primero se les consideró como fuentes de ingresos
complementarios a los salarios ganados en las grandes fincas (periodo
comprendido por el modelo primario exportador principalmente en los años
veinte), luego como pequeñas fincas de subsistencia para los grupos rurales más
atrasados (durante los años treinta, en la gran depresión, el ejido se encontraba
inactivo y sin apoyo gubernamental). Posteriormente se le asignó durante los años
cuarenta, un papel primordial en la producción agrícola y, con la reforma de 1992,
finalmente tiene objetivos productivos semejantes a los del sector agrícola
privado. La organización interna más apropiada para el ejido siguió un trayecto
paralelo, en función del papel que le tocó desempeñar dentro de la estructura
agrícola general del país y de las tendencias predominantes en cada época. Por
lo tanto, en este marco institucional debe situarse la creación de la mayoría de
los ejidos colectivos. Ahora bien, no todos los ejidos de la República fueron
dotados con la misma cantidad y calidad de recursos. Muchos factores
intervinieron en esta diferenciación que, en parte, es responsable de las
variaciones en la eficiencia económica y el funcionamiento institucional de los
mismos. En primer lugar, juegan un papel los diferentes recursos naturales en
las diversas regiones del país (los ejidos del norte con promedios de dotación de
20 hectáreas); en segundo, la densidad demográfica de cada zona (los ejidos del
centro del país con promedio de dotación de entre tres y cuatro hectáreas) y su
relación con la estructura de tenencia en la época del reparto agrario; y en
tercer lugar, el proceso mismo de la distribución, caracterizado en sus distintas
etapas por aspectos particulares de tipo jurídico, técnico, político e ideológico,
que se han manifestado en la modificación paulatina de la unidad mínima de
dotación ejidal. En consecuencia, el sector ejidal no constituye un sistema de
tenencia homogéneo en lo que a cantidad y calidad de sus recursos se refiere.
Entre el Artículo 27 original y el reformado en 1992 hubo al menos trece
decretos con sendas enmiendas, mismas que reflejan los diversos énfasis del
régimen en vigor.
1.4.2 Marco jurídico y operacionalización del ejido
Originalmente la estructura agraria comprendía al secretario de la Reforma
Agraria, al Cuerpo Consultivo Agrario, las comisiones agrarias mixtas, cuyo
presidente era el delegado agrario que reside en las entidades federativas, y a
los comités particulares ejecutivos —núcleo de población conformado por
solicitantes de tierra cuya constitución obedecía a la creación de un expediente
de restitución o dotación— y que cesaban cuando se ejecutaba; y al interior del
ejido que comprende a la comunidad de ejidatarios organizados formalmente a
través de tres instancias: la Asamblea general de ejidatarios, el Comisariado
Ejidal y el Consejo de Vigilancia. La Asamblea ejidal se constituía por todos los
ejidatarios que no hubiesen sido privados de sus derechos. La Asamblea, además
de elegir y remover a los miembros del Comisariado Ejidal y del Consejo de
Vigilancia, tenía la facultad de autorizar, modificar o rectificar las
determinaciones del Comisariado Ejidal reconocido como autoridad y de dictar
acuerdos relativos a la forma en que debían disfrutar los bienes ejidales y de
las comunidades. Con la reforma de 1992, por un lado, se restringe
considerablemente la autoridad institucional y a la vez se les anula la autoridad
a los comisariados ejidales atribuyéndoles facultades sólo de representación y
administración del ejido. La Asamblea general de ejidatarios era, teóricamente,
el núcleo básico de la democracia ejidal, ya que en ella debían discutirse y
tomarse decisiones relativas a la marcha del ejido. Sin embargo, en la práctica
sucedía con frecuencia que la Asamblea no funcionaba satisfactoriamente,
dejando que fuese el comisario el que tomara las decisiones rutinarias y, a veces,
las importantes también. Cabe destacar que los ejidos que son al mismo tiempo
comunidades territoriales bien identificadas (pueblos o aldeas independientes),
la Asamblea general; aunque representa realmente a toda la comunidad, tiene
limitantes ya que los que no son ejidatarios no participan en sus deliberaciones,
es decir jóvenes y adultos solicitantes de tierra, jornaleros, artesanos,
comerciantes, etcétera. En consecuencia, la Asamblea es una estructura
organizativa que corresponde a los ejidatarios con plenos derechos, pero no es
un órgano de gobierno político; de tal forma que puede crearse confusión al
considerársele un vehículo adecuado de gobierno democrático de toda la
comunidad, cuando más bien es la representación de las personas vinculadas
entre sí por la tenencia de la tierra. Actualmente la legislación agraria
contempla la constitución de la Junta de Pobladores como el instrumento que le
permite al ejido y los avecindados conjuntar esfuerzos para el logro de objetivos
orientados fundamentalmente al bienestar. El hecho anterior refleja una
contradicción debido a la imposibilidad que han mostrado la mayoría de los ejidos
para encontrar soluciones (aunque sean parciales) a los graves problemas de
reservas de tierras y de tenencia que se vienen viviendo en años recientes, sobre
todo debido a la necesidad de tierras para satisfacer la demanda causada por el
crecimiento de la población. No se diga ya de los problemas derivados de la baja
productividad y de la desigualdad originada en la distribución ni de la
participación en la producción agrícola. De hecho, en relación con su población
joven en edad de trabajar, pocos son los ejidos que tienen posibilidad de
incrementar sus reservas territoriales para incorporarlas al patrimonio colectivo
ejidal con el objeto de que los hijos de los ejidatarios dispongan superficies
laborales y encuentren empleo en la propia comunidad. Al respecto Arturo
Warman establece: "la Reforma de 1992 reconoce este hecho y posibilita para
los ejidatarios y propietarios la formación de sociedades mercantiles para la
producción agropecuaria (...) para integrar con transparencia y eficacia los
procesos de la producción y mercadeo"; con la reforma se abre la posibilidad de
que los hijos de ejidatarios, posesionarios y avecindados puedan emplearse en
actividades internas del ejido no necesariamente vinculadas a la explotación de
la tierra. El Comisariado Ejidal, aunque podría ejercer un efectivo liderazgo que
redundara en beneficio de los ejidatarios, no lo hizo; en la mayoría de los casos
estaba limitado igual que la Asamblea. Muchas veces su incapacidad para resolver
los problemas colectivos desde esa esfera de poder hacía que se desvirtuara esa
función y, en cambio, se aprovechase para ejercer el control y dominio derivando
en cacicazgos que sólo buscaban el beneficio personal o el de unos cuantos, en el
mejor de los casos.
1.5 ¿Lucha de clases en el campo mexicano?
1.5.1 El debate marxista en el campo mexicano
Para la década de los años setenta, la mayor parte de los estudios realizados en
ciencias sociales y humanidades estuvo influenciado por el pensamiento marxista.
Los estudios sobre el campo mexicano no fueron la excepción; en este sentido,
respecto a los estudios rurales surgió un fuerte debate académico. La polémica
planteaba formas distintas de resolver el problema agrario. En las discusiones
teóricas sobre la polémica campesina en México se plantearon dos tendencias,
cada una de ellas tiene posiciones distintas respecto a las acciones que se debían
llevar a cabo para superar los problemas rurales. Los investigadores participes
de la polémica trataron de plantear alternativas a los actores; es decir, tanto al
Estado como a los campesinos. El debate estaba representado por
“campesinistas” y “descampesinistas”.
1.5.2 La posición descampesinista
Esta corriente consideraba que el desarrollo de las relaciones capitalistas en el
campo conduciría, inevitablemente, a la desaparición de los campesinos y la
transformación progresiva del campesinado (ya fuera rural, urbano; agrícola o
industrial). Para los descampesinistas el capitalismo agrícola significaba la
concentración de los recursos productivos en pocas manos y la eliminación
progresiva del pequeño campesino independiente. Lo anterior tenía explicación
en el hecho de que el campesino, para poder sobrevivir tenía que vender su
fuerza de trabajo; es decir, se debía transformar en proletariado. Generalmente
esto implicaría que perdiera su pequeña parcela o, cuando menos, el control sobre
sus propios medios de producción, así como sobre el producto de su trabajo. En
este orden de ideas, el futuro del campesino era muy claro, pues en la medida
que se proletarizara, iba a adquirir una conciencia de clase proletaria y se
organizaría políticamente como parte del proletariado para luchar por sus
intereses y por un cambio fundamental en la sociedad. Sin embargo, si el
campesino se aferrara a su minifundio, no podría desarrollar plenamente su
conciencia de clase proletaria y se debilitaría su capacidad de lucha. Por lo tanto,
el minifundio, la economía propiamente campesina y, en general, la reforma
agraria, constituyen no sólo un freno al desarrollo capitalista, sino también un
obstáculo al desarrollo de la lucha de clases. Por otra parte, de acuerdo con los
teóricos de esta corriente, el capitalismo requiere la proletarización del
campesino no sólo para detener la necesaria mano de obra sino también para la
formación del mercado interno; es decir, el proletario recibe un salario y a
cambio compra las mercancías producidas por el sistema capitalista.
1.5.2 La posición campesinista
Esta sostiene que, si bien la tendencia general es que se ha presentado en países
como el nuestro, la particularidad del capitalismo es que no puede absorber
productivamente a toda la fuerza de trabajo, creando un enorme problema de
subocupación y desempleo. En consecuencia, no sólo no se da la proletarización
progresiva del campesinado en la forma prevista, por el contrario, se presenta
con frecuencia una “recampenización”. Es decir, la preservación y aún recreación
de la economía campesina minifundista, con las siguientes funciones:
a) Reproducir mano de obra a bajo costo para el sistema capitalista
b) Servir de colchón de seguridad para millones de familias que de otra manera
no tendrían ingreso alguno.
c) Disminuir las presiones sociales y políticas que pueden generar las grandes
masas de desocupados rurales
d) Producir mano de obra barata no calificada para el sector terciario y, de esta
manera, contribuir a los elevados niveles de vida de la burguesía y de la clase
media.
e) Producir excedentes para los mercados locales y regionales, aunque sea en
pequeña escala, lo cual fortalece la posición de la pequeña burguesía rural y
pueblerina que, a nivel regional, constituye uno de los pilares del sistema político
vigente.
Las implicaciones políticas y estratégicas de esta situación difieren de la
corriente anterior. Aquí se trata de ver en el campesino no simplemente un
proletariado disfrazado, sino un productor-consumidor insertado en una
estructura social muy particular (la comunidad, el pueblo) con sus propios valores
culturales y sistemas de relaciones sociales, vinculando de múltiples y, a veces,
contradictorias maneras con el sistema capitalista imperante. Por consiguiente,
tanto la acción del Estado como la de las organizaciones políticas y campesinas
se plantea de manera distinta que los descampesinistas.
Reflexión final
A lo largo de esta primera unidad nos hemos acercado a temáticas elementales
que nos brindan la posibilidad de tener una idea de lo que implica la problemática
rural. El primer paso que dimos en este sentido fue delimitar los elementos
conceptuales básicos; así exploramos que las sociedades rurales son aquellas
cuya forma de subsistencia y actividad económica principal es la agricultura, son
áreas en las que el sistema productivo proviene del campo. Identificamos qué
implicaciones tiene lo agrario y descubrimos que, al menos se compone de dos
problemáticas, por un lado, una serie de factores que se mencionan a lo largo de
la unidad, sobre todo cuando estudiamos las formas de tenencia de la tierra,
pues el derecho agrario sirve de marco jurídico que regula las diversas formas
de propiedad sobre la tierra. Explorar sobre estos conceptos nos brinda
herramientas para no caer en confusiones, así los vimos cuando analizamos los
conceptos de indígena y campesino, logramos construir los parámetros
necesarios para diferenciar uno del otro y pudimos hallar el elemento cultural
que los diferencia, es decir, el sentido de pertenencia, esto es, la identidad
étnica, tal como lo refiere Bonfil Batalla. La importancia de detenernos a
estudiar la forma de tenencia de la tierra ejidal sienta las bases para que, más
adelante, comprendamos las implicaciones de la reforma al artículo 27
constitucional, en 1992; la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, así
comos el surgimiento de movimientos sociales en áreas rurales; esto debido a
que cada una de estas problemáticas tiene como marco de referencia la aguda
crisis económica y política en que entró el ejido desde hace ya tres décadas.
Ahora bien, es importante señalar que solamente hemos explorado los conceptos
básicos de la materia y podemos darnos cuenta que es prácticamente imposible
analizarlos de manera aislada, pues cada uno de ellos está en constante
interrelación con los otros. De esta forma, el concepto de lo agrario tiene
estrechos vínculos con los diversos tipos de propiedad de la tierra; los conceptos
de indígena y campesino –como lo vimos- se encuentran íntimamente ligados, tal
es el caso que, por momentos suele confundirse uno con el otro. Es importante
tener presente lo anterior porque lo mismo ocurrirá con la serie de
problemáticas a estudiar durante el desarrollo de esta asignatura.
Unidad II
Problemática Rural: Aspectos Físicos y Demográficos
Introducción
Con base en los conocimientos generales adquiridos en la primera unidad, a
continuación, se abordan temas que muestran las singularidades del medio rural.
En esta segunda unidad se tratarán problemáticas como la situación demográfica
y física en las zonas rurales. Respecto al sector rural se han planteado distintas
alternativas para el cuidado de los recursos naturales, uno de ellos es,
precisamente, el desarrollo sustentable; forma de producción ecológica que,
mediante el uso adecuado de productos orgánicos, pretende ayudar a superar la
devastación ecológica que enfrentan las áreas rurales de nuestro país. En esta
misma temática se interrelaciona otra que tiene que ver con nuevas técnicas de
cultivo cuyo objetivo es aprovechar los recursos que se encuentran en las zonas
rurales para producir con mayor eficiencia productos agrícolas. Se estudiará en
qué consiste la agroecología, cuáles son sus principales objetivos y qué elementos
se deben tomar en cuenta para la elaboración de un proyecto agroecológico. En
esta segunda unidad también se abordará el tema del medio físico en las
distintas áreas rurales, no solo nos detendremos a conocer las diversas áreas
productivas del país, sino también las zonas cuya situación de pobreza sobresale
del resto del país. Un tema de actualidad que tiene que ver con las
características demográficas de las zonas rurales es el de la migración. Aquí nos
detendremos a estudiar la relación que existe entre ambas problemáticas y
trataremos de cuestionar si, verdaderamente, el crecimiento de la población
rural es la única causa del problema migratorio.
Objetivos de la unidad
1.- Analizar qué es el desarrollo sustentable y qué elementos sociales y físicos
se deben tomar en cuenta al momento de elaborar un proyecto agroecológico. 2.-
Que el alumno adquiera conocimientos básicos sobre las características físicas,
geográficas y demográficas de las áreas rurales de nuestro país. 3.- Indagar
sobre el problema de la migración y su interrelación con otros fenómenos que
son parte las problemáticas del medio rural.
Temario
2.1 Desarrollo sustentable
2.1 Desarrollo sustentable
2.1.1 ¿Qué es el desarrollo sustentable
2.1.2 Principios fundamentales de sustentabilidad
2.1.3 Metodología agroecológica
2.1.4 Agroecología y Pueblos Indios
2.2 Áreas geográficas de México
2.2.1 Formas de producción en México
2.2.2. Zonas geográficas de México
2.3 Crecimiento demográfico: ¿causal de la migración?
2.1 Desarrollo sustentable
En esta parte de la unidad, realizaremos una revisión sobre diversas fuentes
documentales con el propósito de posibilitar una visión muy general de cómo ha
sido tratado el tema y su relación estrecha con la agroecología. No obstante,
como introducción podríamos tomar como definición –genérica- de desarrollo
sostenible la que brinda el Informe Bruntland que en 1987 dice que es “el
desarrollo que tiene en cuenta las necesidades del presente sin comprometer las
necesidades de las generaciones futuras” Además, es preciso señalar como
elementos constitutivos de este concepto, el desarrollo económico, el desarrollo
social y la protección del medioambiente, dimensiones que deben ser
consideradas en forma interrelacionados e interdependientes entre sí.
2.1.1 ¿Qué es el desarrollo sustentable
La incorporación mundial del término desarrollo sustentable fue introducida por
la ONU en los años noventa, después de las trágicas consecuencias de la
denominada Revolución Verde. Haciendo un seguimiento sobre el origen del
concepto tenemos que desde los años setenta algunos documentos de la ONU
comienzan a perfilar su interés por la conservación de los recursos naturales.
Así lo muestra la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medios Ambiente,
realizado en Estocolmo en 1972. En este documento la ONU se hace hincapié en
la importancia y necesidad de considerar en la agenda mundial el problema del
deterioro ambiental.
Para 1987, en el Informe Bruntland titulado “Nuestro futuro común”, la ONU
señalaba la necesidad de impulsar el desarrollo en el presente, pero sin
comprometer los recursos naturales de las generaciones futuras. Esta serie de
planteamientos y preocupaciones por garantizar un desarrollo económico
preservando los recursos naturales, se concretó en 1992 cuando en la
Conferencia de Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo, realizado
en Río de Janeiro; la ONU acordó que la protección al medio ambiente y el
desarrollo social y económico eran fundamentales para el desarrollo sustentable.
En esta Conferencia surgieron los principios elementales y el programa de acción
para lograr el desarrollo sustentable conocidos como Principios de Río.
La ONU promovió la adopción universal del desarrollo sustentable por parte de
los gobiernos. Los principios básicos del desarrollo sustentable fueron firmados
por 178 países en Río de Janeiro, Brasil. Más tarde, en 2002 se plantearon de
manera concreta las tareas de los gobiernos para implementar el desarrollo
sustentable, de esta manera surgió el Plan de implementación, en él se afirma
que la erradicación de la pobreza y la modificación de las modalidades
insustentables de producción y consumo, así como la protección y gestión de los
recursos naturales básicos que forman la base del desarrollo económico y social,
son objetivos generales que constituyen un requisito esencial para el desarrollo
sustentable. Por otra parte, estas ideas generales de la sustentabilidad han sido
seriamente cuestionadas por los especialistas. Partiendo de ello, es por lo menos
controvertido aceptar sencillamente afirmaciones tales como: Elaborar
programas nacionales de desarrollo sustentable y de desarrollo local y de las
comunidades, cuando sea apropiado, dentro del marco de estrategias de
reducción de la pobreza de cada país, para promover el desarrollo de la población
que vive en la pobreza y de sus organizaciones. Estos programas deben reflejar
dichas prioridades y permitir progresivamente el acceso a los recursos
productivos, los servicios y las instituciones públicas y en particular a la tierra,
al agua, a las oportunidades de empleo, al crédito, a la educación y a la salud.
Reducir la carga de la deuda insustentable, a través de acciones que permitan
aliviar la deuda y cuando corresponda cancelarla y crear otros mecanismos
innovadores para encarar de manera integrada los problemas de la deuda de los
países en desarrollo, en particular de los más pobres y los más altamente
endeudados. En consecuencia, las medidas de alivio de la deuda deberían, donde
sea apropiado, perseguirse enérgicamente y expeditivamente, incluso dentro de
los Clubs de París y Londres y otros foros relevantes, con el fin de contribuir a
la sustentabilidad de la deuda y facilitar el desarrollo sustentable, y
reconociendo que los deudores y acreedores deben compartir la responsabilidad
de prevenir y resolver situaciones de deuda insustentable, y que el alivio de la
deuda extranjera puede tener un papel clave en la liberación de recursos que
pueden entonces ser dirigidos hacia actividades consistentes con el logro del
crecimiento sustentable y el desarrollo. Por lo tanto, apoyamos del párrafo 47
al 51 del Consenso de Monterrey que trata de la deuda externa. Los acuerdos de
alivio de la deuda deberían buscar evitar imponer cualquier carga injusta a otros
países en desarrollo, debería haber un incremento en el uso de garantías para
los países más pobres, vulnerables a la deuda. Los países son alentados a
desarrollar estrategias nacionales integradas para monitorear y manejar las
deudas externas como un elemento clave para reducir las vulnerabilidades
nacionales.
Es necesario ubicar la temática del desarrollo en un marco más amplio, sensible
al contexto concreto en el cual surge la problemática de la sostenibilidad
señalando su naturaleza social y, más específicamente, como el resultado de
cierto tipo de relaciones sociales. En síntesis, asumir la característica histórica
concreta de los conceptos y su uso evitando “naturalizarlos” y con ello el riesgo
de aceptar pasivamente situaciones creadas por el hombre y no por la naturaleza
como son la pobreza, la mortalidad infantil, el afán de renta por sobre la dignidad
humana, etc. Por otra parte, si se analiza el discurso de los organismos de
Naciones Unidas paralelamente a los datos de la realidad sistematizados y
difundidos por las propias Naciones Unidas, es inevitable interrogarse acerca de
la trascendencia del plano formal en relación con conceptos como el desarrollo
sustentable difundido por ellos. Esto surge al comprobar que la realidad muestra
un sentido casi inverso a la cada vez más ratificada importancia de la noción de
desarrollo sostenible, por parte de las cumbres, foros, conferencias, etc.
En síntesis y sin abundar en más ejemplos, es evidente que el núcleo de cualquier
crítica reside en la contradicción que se pone de manifiesto ni bien se contrasta
el discurso con la realidad, el deber ser y el ser.
2.1.2 Principios fundamentales de sustentabilidad
Como lo hemos visto, los términos sustentables, sustentabilidad, desarrollo, en
conjunto, aparecen en el discurso cotidiano como una forma de conciliar el
crecimiento económico expresado en la concepción del desarrollo y el equilibrio
del ecosistema. Hoy en día, estos términos del desarrollo sustentable o
sostenible son muy utilizados en el lenguaje de los ecologistas y ambientalistas,
en espacios académicos, en el discurso indígena, etc.; por lo tanto, con el fin de
comprender mejor el presente tema es necesario, de entrada, definir el término
de desarrollo sustentable o sustentabilidad. Este concepto es un término que en
estas últimas décadas ha sido bastante utilizado, no solo en los medios políticos
y económicos de casi todos los países del centro o industrializados, sino también
en América Latina o países denominados pobres, subdesarrollados o tercer
mundistas-, para los cuales este concepto se ha convertido en un término de
manejo común. Desde el lenguaje político económico, el concepto de desarrollo
implica las siguientes características:
"1) Elevada capacidad productiva determinada por una compleja estructura de
producción industrial, competitiva y rápida en la readecuación de su producción;
2) Elevados niveles de ingreso y consumo per cápita y bienestar social extendido
a la mayor parte de los sectores sociales;
3) Grado de utilización (y eficiencia en el uso) de las llamadas modernas
tecnologías vero similitud o la de producción disponible;
4) Elevado nivel de la población económicamente activa".
Con estas anotaciones, el desarrollo se comprende como un crecimiento hacia el
mejoramiento del nivel de vida, o bienestar de los seres humanos. A partir de
estas características surge la clasificación muy conocida por la cual existen
países desarrollados y otros que serían subdesarrollados o tercer mundistas, es
decir, aquellos que no cumplen con las características del desarrollo, entre los
cuales se encuentra, obviamente, México. Cabe señalar que la conceptualización
del desarrollo ha ido cambiando dependiendo de las variables históricas,
culturales y políticas; así, se hablaba de desarrollo a secas, luego se añadió la
necesidad de la equidad social y finalmente se ha incorporado como requisito del
desarrollo la sustentabilidad ambiental. Ahora bien, el término sustentable y
sostenible es un concepto desconocido por el léxico común español, sin embargo,
aparece enunciado por primera vez en el año de 1987 en el Informe de la
Comisión Mundial para el Medio Ambiente, también denominado Informe
Brundtland, por haber sido dirigido por la ex Ministra Noruega Gro Hariem
Brundtland. De este informe surge la siguiente definición que sirve de base para
posteriores definiciones: "Desarrollo sustentable es aquel que atiende a las
necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las necesidades de
las futuras generaciones".
La definición anotada da a entender que el desarrollo sustentable comprende, al
menos, dos perspectivas que se pueden sintetizar en dos objetivos: el objetivo
actual, es el mejoramiento de la calidad de vida de todos los habitantes. El
objetivo futuro, no menos importante, consiste en no comprometes el futuro de
las futuras generaciones restringiendo sus alternativas de desarrollo. Con ello
incorpora un aspecto nuevo y es el de la justicia intergeneracional o
transgeneracional que debería ser parte inherente a toda política de desarrollo.
Lo anterior implica que el bienestar actual de la humanidad necesariamente
obliga a tomar decisiones apropiadas para no comprometer el bienestar de los
que aún no nacen, es decir, que el desarrollo sustentable es un desarrollo a largo
plazo, es pensar en hoy y en el mañana. A estas definiciones Rafael Negret, hace
un aporte en el sentido de que el desarrollo no debe ser sostenido, sino también
sostenible; considera que el crecimiento sostenido significa continuar
acumulando, creciendo, proyectándose, pero como ha venido sucediendo, con
dirección al caos, tal como es la proyección del crecimiento económico, que más
bien se preocupa de lo cuantitativo y no de lo cualitativo. De manera que la
sustentabilidad del desarrollo también es dinámica y por ende se requiere de la
inteligencia humana para proyectarse en el tiempo y en el espacio.
2.1.3 Metodología agroecológica
La agroecología permite entender la problemática agrícola en forma más
profunda, es la disciplina científica que enfoca el estudio de la agricultura desde
una perspectiva ecológica. La agroecología va más allá de una mirada uni-
dimensional de los agroecosistemas: de su genética, agronomía, edafología, etc.
Esta abarca un entendimiento de los niveles ecológicos y sociales de la
coevolución, la estructura y funcionamiento de los sistemas. La agroecología se
refiere al estudio de fenómenos netamente ecológicos dentro del campo de
cultivo, tales como las relaciones depredador/presa o competencia
cultivo/maleza. La agroecología se perfila como una disciplina única que delinea
los principios ecológicos básicos para estudiar, diseñar, manejar y evaluar
agroecosistemas desde un punto de vista integral, incorporando dimensiones
culturales, socioeconómicas, biofísicas y técnicas.
Manuel Alteri señala que la idea consiste en desarrollar agroecosistemas con
dependencia mínima en agroquímicos e insumos energéticos, enfatizando
sistemas agrícolas complejos, en los cuales, las interacciones ecológicas y las
sinergias entre los componentes biológicos proporcionan los mecanismos para que
los sistemas agroecológicos subsidien su propia fertilidad del suelo,
productividad y la protección de cultivos. La agroecología a menudo incorpora
ideas sobre un enfoque de la agricultura más ligado al medio ambiente y más
sensible socialmente, se centra no sólo en la producción sino también en la
sostenibilidad ecológica del sistema de producción, en las relaciones ecológicas
presentes en el campo y su propósito es iluminar la forma, la dinámica y las
funciones de esta relación. En agroecología el principio más importante utilizado
para asegurar la autorregulación y sostenibilidad es la biodiversificación. La
agroecología moderna es una concepción holística y sistémica de las relaciones
entre las sociedades humanas y las sociedades vegetales y animales de cada
ecosistema, orientada a la producción agraria en armonía con las leyes naturales.
El enfoque agroecológico considera a los ecosistemas agrícolas como las unidades
fundamentales de estudio; y en estos sistemas, los ciclos minerales, las
transformaciones de la energía, los procesos biológicos y las relaciones
socioeconómicas son investigados y analizados como un todo. Es entonces,
objetivo fundamental de la agroecología, permitir a los investigadores,
estudiantes de la agricultura y agricultores, desarrollar un entendimiento más
profundo de la ecología de los sistemas agrarios, de manera de favorecer
aquellas opciones de manejo adecuadas a los objetivos de una agricultura
verdaderamente sustentable.
Metodología
Por medio del conocimiento de los procesos y relaciones los sistemas
agroecológicos pueden ser administrados mejor, con menores impactos negativos
en el medio ambiente y la sociedad, más sostenidamente y con menor uso de
insumos externos. La metodología y práctica de la agroecología proviene de
distintas raíces filosóficas que difieren de aquellas de las cuales proviene la
ciencia agrícola convencional, toma en cuenta tanto el sistema agroecológico
como el social en el que trabajan los agricultores, pone menor énfasis en las
investigaciones realizadas en los centros experimentales y en los laboratorios y
enfatiza fuertemente los experimentos en el proceso de investigación. La
agroecología anima a los investigadores a capitalizar en el conocimiento y la
habilidad de los agricultores y a identificar el potencial ilimitado de ensamblar
la biodiversidad para crear sinergias benéficas que provean a los
agroecosistemas con la capacidad de mantenerse o retornar a un estado innato
de estabilidad natural. Los agroecológos buscan dirigir las investigaciones hacia
los principios ecológicos que gobiernan el campo agrícola, esperan que las
investigaciones sirvan para entregar pautas generales , pero no recomendaciones
en detalle, para el diseño y manejo de agroecosistemas. La agroecología
proporciona una metodología para obtener un conocimiento profundo de la
naturaleza de los agroecosistemas y los principios mediante los cuales funcionan.
A la investigación agroecológica le interesa no sólo maximizar la producción de
un componente particular, sino más bien la optimización del agroecosistema como
un todo.
Enfoque metodológico
La agroecología plantea su propia propuesta metodológica; al respecto
encontramos tres enfoques metodológicos:
1. El primero hace una descripción analítica de los sistemas agrícolas y de sus
propiedades específicas, por ejemplo, la diversidad de plantas, acumulación de
biomasa, retención de nutrientes y rendimiento.
2. El segundo analiza, de manera comparativa, sistemas de cultivo y
agroecosistemas; en este sentido, se estudia la productividad de cultivos
específicos, la dinámica de las plagas, el estatus de los nutrientes respecto a su
relación con factores como la diversidad de los campos de cultivos, la frecuencia
de las malezas, la población de insectos y los patrones de reciclaje de nutrientes,
3 El tercero realiza una comparación experimental para identificar la dinámica
y reducir el número de variables, por ejemplo el rendimiento de un cultivo mixto
de maíz, frijol y calabaza puede ser comparado con el cultivo simple de cada una
de estas especies. Por otra parte, las organizaciones no gubernamentales
agroecológicas desarrollaron un método para la generación y divulgación de la
tecnología, que genera nuevos conocimientos y ayuda a adaptar la información
técnica a las estrategias de subsistema campesina. Los objetivos de las ONG, en
los programas de investigación y desarrollo, incluyen:
1. Mejoramiento de la producción de alimentos básicos
2. El uso eficiente de recursos locales y la reducción de insumos externos
3. El rescate y la reevaluación de sistemas agrícolas indígenas
4. El incremento de la diversidad de cultivos y animales
5. El mejoramiento de la base de recursos naturales
La agroecología inicia el desarrollo agroecológico coevolucionista mediante los
siguientes procesos:
1 conceptuando la agricultura como un proceso que sigue principios ecológicos,
provee nuevos conocimientos sobre el comportamiento y manejo de distintos
agroecosistemas
2 El poder se distribuye en el sistema social a través de las instituciones
descentralizadas y de la participación popular.
2.1.4 Agroecología y Pueblos Indios
Como ya lo hemos visto, la agroecología requiere de levantamiento de
diagnósticos no sólo para identificar los recursos naturales con que cuenta la
zona sino para tener información socioeconómica. Para el caso de los territorios
donde se asientan poblaciones étnicas se debe tomar en cuenta su forma de
interrelación con la naturaleza, incluyendo sus elementos históricos. Además,
desde el punto de vista de Eckart se debe plantear una metodología para saber
realmente cuál es la relación entre pueblos indios y recursos naturales. En primer
lugar se deben concebir a los territorios étnicos como sistemas complejos donde
se reconozcan los diferentes elementos y procesos del orden ecológico,
sociocultural, económico y político. Así, diferentes fenómenos y hechos serán
analizados desde una perspectiva regional, lo mismo si se hace a escala del
territorio étnico, de sus zonas, del municipio, de la comunidad o de la unidad
doméstica, estos últimos son concebidos como subsistemas. Se debe hacer un
esfuerzo por conocer la diferencia espacial dentro de los territorios étnicos,
ello nos permitirá descubrir los diferentes procesos que se desarrollan al
interior y conocer fenómenos y procesos mayores en la escala regional, estatal,
nacional e inclusive internacional. Lo que nos brindará la posibilidad de entender
cómo pueden presentarse variables incluso dentro de los mismos subsistemas;
un ejemplo puede ser la circulación de los productos, la puesta en marcha de
productos agrícolas está muy relacionada con la red de vías de comunicación,
hasta la utilidad que hace un productor del huerto familiar puede ser
diferenciada. En segundo término, otro elemento a tomar en cuenta son los
procesos de trabajo. El proceso de trabajo tendrá relación directa con las
condiciones naturales y con el paisaje, éste último es una porción de espacio con
límites propios, cargado de historia y de cultura, pues no se trata solamente del
paisaje natural sino del paisaje total. Esta segunda categoría cuenta con otra
relación binominal: la población y la fuerza de trabajo. En las comunidades
indígenas, para producir una tonelada de maíz se requiere de más días-hombre
que si fuese una producción tecnificada. En los espacios étnicos existe una alta
demanda de fuerza de trabajo, el esfuerzo productivo no es recompensado con
una productividad necesaria para satisfacer una población creciente, esto
genera la expulsión de mano de obra. Un elemento más en la metodología
planteada por Eckart es el proceso de producción en el sentido estricto. Aquí se
presentan los procesos de trabajo en unidades donde cada una realiza una parte
de la producción con determinados insumos y fuerza de trabajo. Desde el punto
de vista de este autor, existen dos tipos de fuerza de trabajo; en primer lugar,
las que se organizan de acuerdo a la lógica de subsistencia; en segundo lugar, las
unidades empresariales, cuyo objetivo es la máxima ganancia. De esta forma, la
forma de estrategia de producción mesoamericana pierde eficacia frente a la
capitalista.
Otro paso metodológico es la identificación del proceso de producción en el
sentido amplio
. Se ubica en el escenario de los procesos de producción dominantes, aquí se
puede observar cómo las regiones étnicas son saquieadas y las causas de su
derrumbe ecológico. En este sentido, la agroecología en territorios étnicos se
debe desarrollar con ciertas tecnologías e insumos necesarios, dependiendo de
la productividad. Con este esquema es posible generar un diagrama de flujo que
abarque toda la región étnica y en donde se dé cuenta de las entradas y salidas
de productos e insumos y de fuerza de trabajo regional. La agroecología en los
territorios étnicos es viable, siempre y cuando se cambie la escala para observar
las estrategias de aproximación a la naturaleza que se pueden apreciar en ciertos
segmentos de la sociedad étnica especializada.
2.2 Áreas geográficas de México
2.2.1 Formas de producción en México
En México existen diversas formas de producción, uno de ellos es el sistema de
explotación agrícola seminómada, característico de muchas áreas del este y
sureste de México, conocido como roza, tumba y quema: consiste en que una
población relativamente pequeña afecte importantes extensiones de selva, para
sembrar maíz o transformarlo en pastizales para fines pecuarios. Desde el punto
de vista económico, los pastizales son importantes, pues constituyen el medio
natural más propicio para el aprovechamiento pecuario, por ser los mejores para
la alimentación del ganado y no requerir de inversiones muy altas. Este
aprovechamiento no se realiza adecuadamente en la mayor parte del país, y en
muchos lugares el sobrepastoreo y el pisoteo excesivo del ganado reducen la
cubierta vegetal, exponiéndola a los efectos de la erosión. El panorama anterior
es preocupante si se considera que el elevado deterioro en varias regiones y
estados del país pone en riesgo la gran biodiversidad que tiene México. Vale la
pena señalar que la mitad del territorio nacional tiene asociaciones vegetales,
con casi 7 mil especies representadas y dos de los estados más perturbados,
Oaxaca y Chiapas, ocupan el primero y segundo lugar en la biodiversidad nacional.
Complementan la lista Veracruz, Guerrero y Michoacán, este último en especial
ya que es mayoritariamente de bosque templado, con un alto grado de
endemismo.
Los sistemas de producción imperantes, las relaciones de intercambio y
apropiación de excedentes, es decir, las mediaciones socioeconómicas
existentes entre la población rural y su ambiente establecen los parámetros para
comprender las consecuencias recíprocas entre ambas dimensiones. Por ello, es
necesario diferenciar la población rural de acuerdo con sus características
productivas. La "tipología de productores" del sector social, permite una
aproximación al conocimiento de las relaciones entre un sector de la población
rural y el medio ambiente, en el marco de un desarrollo sustentable. De acuerdo
con esta tipología, se distinguen cuatro grupos de productores: autoconsumo
humano, comerciales, diversificados, y autoconsumo productivo. Al considerar
los factores críticos de la sustentabilidad ambiental del desarrollo agrícola en
relación con la tipología de productores, es importante señalar algunos de los
resultados generales más significativos. De acuerdo con los siete criterios
utilizados para establecer las perspectivas para un desarrollo sustentable
(coherencia ecológica, estabilidad sociocultural, complejidad infraestructural,
estabilidad económica-financiera, incertidumbre y riesgos, vulnerabilidad
ambiental y vulnerabilidad ecológica).
De acuerdo con estudios agrícolas, los productores comerciales presentan las
mejores condiciones en cuanto a su estabilidad sociocultural, ligada a sus formas
sociales de usufructo y posesión de la tierra, y la mayor complejidad
infraestructural por su capacidad de intercambio productivo y tecnológico, ya
que cuentan con mayor capacidad organizativa. Los productores diversificados
tienen la más alta perspectiva ambiental para una agricultura sustentable. Se
encuentran mayoritariamente en regiones ecológicas relativamente más estables
y su vulnerabilidad a la erosión moderada. La incertidumbre y los riesgos son
bajos porque tienen una mejor lógica para enfrentar la modernidad, equilibran
su economía entre el autoconsumo y el mercado y una estrategia dirigida a la
diversificación productiva. Están considerablemente organizados, tanto en
corporaciones políticas como económicas. Los productores tipificados como de
autoconsumo productivo se ubican principalmente en las regiones templado-
húmedas, donde predominan los bosques de coníferas. Las características de
estas regiones implican una vulnerabilidad media a la erosión, pero en la medida
en que avancen los desmontes, las altas precipitaciones, debido a que se trata
de zonas montañosas, aumentará la susceptibilidad a la erosión. Sin embargo, por
su presencia regional, no serán ellos los responsables de la deforestación de las
selvas del trópico, sino a ganaderización de los productores privados. Los
productores de autoconsumo humano representan el porcentaje mayor del
sector. Su estabilidad económico-financiera es muy baja, y tienen el menor valor
monetario productivo por hectárea y el valor de su producción es el más bajo del
sector. Cuentan con una baja complejidad infraestructural y una estabilidad
estructural moderada. Mantienen una alta coherencia ecológica, por su lógica
productiva de auto subsistencia. Los productores de autoconsumo humano tienen
pocas posibilidades para el desarrollo sustentable, esto debido a factores
ligados a su condición de marginalidad, pobreza; a la posibilidad de vender sus
parcelas; su relativo arraigo al territorio y a sus patrones culturales. Los
productores de autoconsumo humano son más de un millón de ejidatarios y
representan el 41% del sector social y casi el 60% de ellos se ubica en estados
como Oaxaca, México, Chiapas y Guerrero, en tanto que en estados como
Veracruz, Michoacán y Puebla comparten su predominio con los productores
diversificados, lo que representa un 70% del sector. De acuerdo con datos del
INEGI muestran que el 77% de productores son de autoconsumo y sólo
comercializan el 15% de su producción, de eso comercialización, cerca de la mitad
se vende en su localidad y sólo el 25% se vende fuera del estado. Entre sus
estrategias está la búsqueda por diversificar su producción como mecanismo de
subsistencia. Con base en los anterior, la mayoría de los campesinos e indígenas
del sector tienen un futuro incierto en cuanto a sus posibilidades de desarrollo
sustentable. Sólo el 35% del sector social tendría posibilidades, el resto
requiere de apoyo gubernamental urgente para sobrevivir y alcanzar el
desarrollo social.
2.2.2. Zonas geográficas de México
Flora y fauna de México México presentan una gran variedad de vegetación y
fauna, en él pueden encontrarse extensiones territoriales donde casi no se
presenta vegetación, como sucede en las partes más áridas de los desiertos o
cerca de las nieves perpetuas. En contraste, existen zonas como la Selva
Lacandona, en el estado de Chiapas, que constituye uno de los ecosistemas más
importantes y representativos del trópico húmedo; su flora es rica en especies,
destacando los árboles de maderas preciosas como la caoba y el cedro rojo;
también constituye el hábitat de un gran número de especies animales, como el
jaguar, entre otros.
En plantas, México ocupa el cuarto lugar con 25,000 especies registradas, de las
250,000 que existen a nivel mundial, y se calcula que hay 30,000 más aún no
descritas dentro del territorio nacional, lo cual lo colocaría en segundo lugar en
el mundo. La superficie forestal del país comprende 73.3% de su territorio.
Fauna. Características principales
La fauna está constituida por el conjunto de las especies animales que pueblan
naturalmente cada lugar de la Tierra. Las especies que forman la fauna están
íntima y múltiplemente relacionadas entre sí y con el resto de las partes vivas
(vegetación, microorganismos, etc), y no vivas (suelo, climas, agua, etc.), que
componen a los ecosistemas. Existen especies animales que son exclusivas de un
determinado ecosistema, como los roedores llamados "perros de la pradera"
(Geomys spp) en llanuras semiáridas y áridas de Norteamérica, por citar un
ejemplo.
Sin embargo, muchos otros animales son muy móviles o adaptables, y así tenemos
especies migratorias, tanto terrestres como marinas; o bien, animales
prácticamente universales. Es por ello que las regionalizaciones faunísticas no
pueden hacerse utilizando la distribución de una o unas pocas especies, sino
tomando en consideración a todas las que pueblan a cada región, y en particular,
a aquellas que tienen relaciones ecológicas más estrictas con alguna parte de
cada ecosistema.
34
La fauna neotropical incluye marsupiales, como la zarigüeya
(Didelphis virginianus
) y camélidos, como la llama
(Lama lama),
además de perisodáctilos como el tapir
(Tapirus terrestris).
En el caso de la fauna de los mares mexicanos, se distinguen tres grandes
regiones: a) la zona del Golfo de México y el Caribe, con amplias plataformas
continentales, aguas cálidas y abundantes arrecifes de coral; b) la del Pacífico
Sur, de aguas profundas y cálidas; y c) la del Pacífico Norte y el Golfo de
California, de aguas frías. Las dos primeras son bastante similares entre sí, salvo
por la existencia en el Golfo de una proporción mayor de especies asociadas a
los ecosistemas de arrecife y plataforma. En ambas, el número de especies es
muy grande, aunque los individuos no son muy abundantes en cada caso. La región
del Pacífico Norte y Golfo de California es, por el contrario, menos abundante
en especies y más abundante en número de individuos. A esta región llegan
especies migratorias como la ballena gris (Rachianestes glaucus) y en sus costas
viven los elefantes marinos (Mirounga angustirrostris).
El territorio nacional cuenta con zonas de invernación importantes para especies
migratorias del norte del continente; destacan los bosques ubicados en los
estados de Michoacán y México, a donde migra la mariposa monarca durante esta
época. Por otra parte, en el Golfo de México y el mar Caribe, donde existen aguas
cálidas y abundantes arrecifes de coral, se pueden encontrar importantes zonas
con diferentes tipos de tortugas marinas y delfines. Respecto a la fauna que
habita en el país, México ocupa importantes lugares en el mundo, tiene el primer
lugar en reptiles, con 717 especies de las 6 300 clasificadas, de las cuales 574
son propias del país; se ubica en el segundo lugar en diversidad de mamíferos, al
contar con 449 de las 4 170 especies existentes; en anfibios ocupa el cuarto
lugar, con 282 de las 4 184 especies que se han detectado, y en aves ocupa el
decimosegundo lugar con 1 150 de las 9 198 clases.
Regiones faunísticas
2.3 Crecimiento demográfico: ¿causal de la migración?
A continuación estudiaremos la posible relación entre la migración y el
crecimiento demográfico, al respecto los datos señalan que después de la
Revolución, México ha experimentado cuatro fases de crecimiento diferentes:
De 1910 a 1940 se gestó la reconstrucción de la estructura social y económica
de México, aunque hay que destacar la pérdida de casi un millón de vidas como
consecuencia de la Revolución: la población total en 1910 era de unos 15 millones
de habitantes, mientras que en 1921 la cifra se redujo a 14 millones, para
alcanzar tres años después los niveles previos. Desde 1924 a 1940, se mantuvo
un crecimiento sostenido del 1,6% anual. El periodo que va de 1940 a 1960 se
caracterizó por el crecimiento de las áreas urbanas a costa de las zonas rurales:
en 1940 la población total era de 19,6 millones, de los que un 35% correspondía
a zonas urbanas; veinte años después, con una población de 35 millones, el 50%
estaba establecida en las áreas metropolitanas (México, Guadalajara, Monterrey
y León, principalmente). Por otra parte, se produjo un brusco crecimiento de la
población, debido entre otras causas a la disminución de la tasa de mortalidad,
que pasó del 2,6% en 1940 al 0,3% en 1960. De 1960 a 1970 el acelerado proceso
de desarrollo urbano comenzó a convertirse en un serio problema para las
autoridades nacionales. La explosión demográfica y la emigración del medio rural
alcanzaron cifras muy elevadas, observándose un vertiginoso crecimiento de las
grandes ciudades, que ya contaban casi con el 74% de la población total (algo
más de 48 millones de habitantes). Por otra parte de 1970 a 1985 se observa
una disminución sostenida en las tasas de crecimiento de la población, además de
producirse una ligera redistribución de la misma. Este estancamiento quizá
pueda deberse a la inquietud del Gobierno, que puso en práctica una ambiciosa
política de planificación, definida en el Plan Global de Desarrollo 1980-1982. En
este orden de ideas, los datos del XI Censo General de Población y Vivienda
muestran que en 1990 la población total ascendía a 81.249.645 habitantes, de
los cuales 39.893.969 son hombres y 41.355.676 son mujeres. En comparación
con el año 1980, se registra un aumento de 14.402.812 habitantes, dato que
supone un crecimiento en las dos últimas décadas del 2,6%, inferior al 3,2% del
período 1950-1970 y superior al 2,2% de 1930-1950. Según los datos del Conteo
de Población y Vivienda de noviembre de 1995, la población mexicana ascendía a
91.120.433 habitantes; por otra parte, las estimaciones del Consejo Nacional de
Población para 1996 y del Departamento de Estudios Sociales de Banamex
esperaban que esta cifra creciera a 94.732.320 habitantes en 1997 y a casi 100
millones en el año 2000, con una tasa de crecimiento sostenido del 1,49%. El
comportamiento demográfico es uno de los factores que incide en el proceso
migratorio, sin embargo, es necesario aclarar que no es la única explicación causal
para este problema social, pues en él inciden otro tipo de factores, como lo
veremos a continuación. Si bien para los años sesenta y setenta las grandes
ciudades del territorio nacional tuvieron que absorber la migración interna del
campo a las ciudades; para los años ochenta las metrópolis fueron rebasadas por
los procesos migratorios. Fue en ese momento que se agudizó la migración de
nuestros co-nacionales hacia Estados Unidos. Ahora bien, la migración ha
devenido en una de las expresiones demográficas más significativas del mundo
contemporáneo y constituye, al mismo tiempo, uno de los fenómenos más
complejos de la dinámica poblacional. Los motivos que inducen a los individuos o
grupos a tomar la decisión de abandonar, temporal o definitivamente, su lugar
de origen, encuentran explicación a partir de factores muy diversos.
La migración es entendida como una estrategia de los individuos o los grupos
familiares para mejorar sus condiciones de vida o, simplemente, como una
estrategia de sobrevivencia. En este sentido, en las decisiones concretas de
migrar inciden, con frecuencia, además de los factores meramente económicos
(falta de empleo, empleos mal remunerados) elementos de carácter histórico,
cultural, psicosocial, etcétera. El origen del problema migratorio que México
tiene con el país más poderoso del mundo (EUA) es muy antiguo; sin embargo, si
alguna fecha pudiera marcarse como el inicio de los grandes conflictos derivados
de las migraciones de mexicanos hacía el vecino país del norte, es el famoso
Tratado de Amistad y Límites
de 2 de febrero de 1848, con el cual el estado mexicano perdió más de la mitad
de su extensión territorial (dos millones, doscientos veinte mil kilómetros
cuadrados), quedando el territorio de México circunscrito exclusivamente a sus
actuales dimensiones: Un millón, novecientos setenta mil, doscientos diez
kilómetros cuadrados. En el territorio cedido en 1848 a los Estados Unidos de
América, se ubican los actuales estados de: Texas, Arizona, Colorado, Nuevo
México, Nevada, California, Utah y Oregón. Ante el contexto de pobreza
generalizada entre grandes grupos de personas en México; ante la caída del
poder adquisitivo del salario y la escasa oferta de empleo, cada vez, más
trabajadores mexicanos emigran hacia los Estados Unidos, en busca de una
alternativa de sobrevivencia. Las más influyentes organizaciones obreras de
México informan que a pesar de las severas medidas aplicadas por el gobierno
estadounidense para evitar el paso de inmigrantes ilegales, el 44.2% de quienes
arriban a territorio de ese país de manera ilícita, provienen de México. De
acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en EUA existen
17 millones de mexicanos, de los cuales, 2.5 millones son ilegales. Se indica que,
en los últimos 12 años, el SIN ha deportado a 14 millones de ilegales. Estas
expulsiones se empezaron a intensificar a partir de 1995. En ese año las
expulsiones ascendieron a 1.6 millones, incluidos 30 mil menores de edad. Datos
de investigadores mexicanos señalan que en México la jornada laboral está muy
mal pagada. En el sector agrícola no llega esta paga a dos dólares diarios, lo que
obliga a numerosos jefes de familia a buscar otras alternativas de trabajo: en
las grandes ciudades mexicanas y en la Unión Americana. Igual situación está ya
ocurriendo a los obreros mexicanos, los que frente a los raquíticos salarios o
peor aún: frente a un creciente desempleo, emigran hacía el país vecino.
El único y verdadero cordón de retención para los trabajadores mexicanos, está
en las fronteras, constituido por la industria maquiladora de exportación y por
la industria manufacturera mexicana asentadas en las franjas fronterizas pero
que también pagan salarios que están muy por debajo de los que se pagan en los
Estados Unidos, y de ahí la constante rotación de trabajadores en estas
industrias, puesto que ellos prefieren frecuentemente emigrar al territorio
estadounidense, por el espejismo del dólar. El Congreso del Trabajo señala que
posee cifras relacionadas con los mexicanos que laboran en EUA. Indica que, en
el vecino país del norte, el 44.2% de los trabajadores inmigrantes son mexicanos;
que otro 22% proviene de Asia; 9.5% de Centroamérica; 5.6, de Sudamérica, 7.5,
del Caribe y 7.3, de Europa. Con base en lo anterior podemos señalar que la
migración tiene relación directa con el crecimiento demográfico y con otra serie
de factores que impulsan dicho proceso, entre ellos destaca el deterioro salarial
en México, la falta de apoyo a la producción agrícola (recordemos que buena
parte de estos migrantes provienen de zonas rurales).
Unidad III
Aspectos Económicos del Sector Rural
Introducción
En esta tercera unidad estudiaremos los problemas económicos que actualmente
enfrenta el sector rural en México, parte fundamental de tales situaciones tiene
explicación en el proceso de descapitalización que, desde los años setenta, viene
enfrentando el campo mexicano. En esta parte del programa analizaremos la
forma en que el campo ha perdido su rentabilidad y las políticas gubernamentales
que pueden servirnos de base para comprender tal crisis de descapitalización.
En este sentido, una consecuencia irreversible es la marginalidad en que se
encuentra buena parte de la población rural en nuestro país, por ello es tema es
parte importante de la situación económica rural. La marginalidad será explorada
no como un dato dado, sino como un fenómeno social en torno al cual giran otra
serie de problemáticas sociales. Ante el problema económico que se vive en
zonas rurales se han planteado diversos mecanismos para enfrentar esta
situación, algunos han traído resultados positivos y otros han sido el centro de
fuertes polémicas académicas y políticas debido a sus impactos negativos en los
seres vivos, nos referimos – en este caso- a los transgénicos. En este tercer
capítulo analizaremos el papel que pueden llegar a desempeñar en la economía
rural, pero también los costos humanos y naturales que podría enfrentar el ser
humano por su utilización. Se explorará cómo han sido producidos los
transgénicos en las zonas rurales de nuestro país. Para combatir la situación
económica y sus repercusiones negativas en el campo mexicano, los gobiernos del
continente americano comenzaron a impulsar medidas macroeconómicas con el
afán de construir áreas comerciales comunes, ejemplo de ello es el tratado de
libre comercio de América del norte (TLC), los resultados de esta medida no
arrojaron las expectativas esperadas, sobre todo en lo que respecta a la
comercialización de productos agrícolas. Hasta el momento, los resultados del
TLC no han repercutido de manera positiva en la economía rural, por ello, al
abordar este tema nos detendremos a analizar las repercusiones del TLC en el
campo mexicano. Aunado a esta serie de problemas, que ilustra la situación
económica por la que atraviesa el medio rural, nos encontramos que la situación
de la cartera vencida se viene a sumar a esta compleja realidad. Esta última
problemática tiene que ver con la crisis que enfrentó nuestro país a principios
de 1995, aquí analizaremos cuales son los actores principales de la cartera
vencida y las alternativas que cada uno de ellos plantea para superar tal
situación.
Objetivos de la unidad
1.- Que el alumno identifique las distintas etapas del proceso de
descapitalización en el campo mexicano.
2.- Fomentar en el alumno la capacidad de interrelacionar todas las
problemáticas de aspecto económico con los temas de actualidad del sector
rural.
Temario
3.1 Descapitalización del campo mexicano
3.1.1 Productividad del campo mexicano
3.1.2 Política gubernamental hacia zonas rurales
3.2 El problema de la marginalidad
3.3 Productos transgénicos
3.3.1 ¿Qué son los productos transgénicos?
3.3.2 Producción de transgénicos en México
3.3.3 Ventajas de la producción transgenética 3.3.4 Desventajas de la
producción transgénica
3.4 El TLC y el campo mexicano
3.4.1 La globalización y el libre mercado
3.4.2 Características del TLCAN
3.4.3 Repercusiones del TLC en el campo mexicano
3.5 Cartera vencida en zonas rurales 3.5.1 Orígenes de la cartera vencida
3.5.2 Cartera vencida y actores sociales
3.1 Descapitalización del campo mexicano
3.1.1 Productividad del campo mexicano
En esta parte de la guía de estudio analizaremos la historia de la cuestión
productiva en México, así como los factores que incidieron en la caída de la
productividad. De esta forma, durante los años de 1930 a 1966 la producción
agrícola de México creció más rápidamente que su población, contribuyendo
significativamente al desarrollo general del país. En el periodo 1930-1946,
aunque la población creció con mayor rapidez, 3.2% cada año, la producción
agrícola experimentó índices de crecimiento más altos, 7.1% en promedio. Como
resultado, la disponibilidad interna de alimentos aumentó 3.8% al año y con ello
el sector agropecuario contribuyó al desarrollo urbano-industrial con alimentos
a bajos precios y con la generación de divisas producto de sus crecientes
exportaciones. En el crecimiento sostenido de la agricultura incidieron dos
factores, el primero de ellos fue el reparto agrario cardenista, así como la
fuerte inversión pública destinada a este sector. Desde 1930 hasta 1959 al
14.8% de la inversión pública federal se destinó a obras de irrigación y el 20.1%
a caminos. De esa manera, el gasto público destinado al desarrollo rural fue
mayor de los ingresos fiscales provenientes de este sector. Sin embargo, en la
estrategia de desarrollo general adoptada, conocida como de sustitución de
importaciones, la agricultura se encontraba en desventaja respecto de los otros
sectores productivos, pues se postulaba la necesidad de otorgar los mayores
estímulos posibles a la industrialización para garantizar así el óptimo desarrollo
del país. La banca privada captó más recursos de la agricultura que los devueltos
al campo por la vía del crédito. Por su parte, las divisas obtenidas por las
exportaciones agrícolas no capitalizaron al agro, pues se destinaron a equipar al
aparato industrial, en tanto el salario mínimo rural se mantuvo por debajo del
ingreso urbano.
Por otro lado, la política de incentivos en favor del campo redundó en beneficio
principalmente de productores privados y de un reducido número de ejidatarios.
Al lado de un pequeño sector productivo y equipado existía otro, mayoritario,
que se encontraba marginado del auge agrícola. Para 1960, el 3.3% de los predios
produjeron 54% del producto agrícola, en parte porque contaban con 67% de la
tierra de riego y 75% de la maquinaria, mientras que 50% de las propiedades
rurales apenas generaban 4% de la producción.
Desafortunadamente a mediados de los años sesenta concluyó la etapa de
crecimiento de la agricultura mexicana, esto se debió a diversos factores, entre
ellos destaca el hecho de que, a partir de 1966 el incremento de la producción
agrícola, 2% en promedio al año, ha sido inferior al crecimiento de la población;
de maíz y frijol descendió en términos absolutos. Los elementos que habían
contribuido al crecimiento de este sector mostraron a partir de entonces signos
inequívocos de agotamiento. En el periodo 1960-1965 disminuyó el porcentaje de
la inversión pública destinado a las actividades agropecuarias y durante los diez
años siguientes se acentuó la tendencia a concentrar esa inversión en las zonas
de riego, en especial en tres estados fronterizos. La expansión de la frontera
agrícola, producto de la reforma agraria y de la inversión pública en obras de
irrigación, se vio drásticamente frenada en estos años: el total de la superficie
cosechada, que en el periodo 1946 - 1966 pasó de 6.6 a 14.9 millones de
hectáreas, tuvo un crecimiento casi nulo en la siguiente década y en los años
1976-1978 tuvo un magro crecimiento, para ubicarse en 15.1 millones.
Por otra parte, el proceso de urbanización que experimentó el país en esos años
modificó los hábitos de consumo alimenticio y, con ello, la demanda de algunos
productos agrícolas. Con el mejoramiento del nivel de ingreso de la población
urbana aumentó el consumo de productos basados en proteínas de origen animal
y de alimentos procesados industrialmente. Las reses, cerdos y aves que debían
satisfacer esa demanda se desarrollaron a gran velocidad, gracias a los nuevos
forrajes como el sorgo y la soya. La política agropecuaria, orientada
principalmente a satisfacer las necesidades alimenticias de los grupos urbanos,
dirigió sus instrumentos de fomento a esos granos. El crédito oficial para estos
productos creció a expensas del financiamiento al maíz, pues los precios
agrícolas hicieron más lucrativa su producción y una gran parte de los distritos
de riego se dedicó a esos cultivos. La falta de crecimiento en la producción del
maíz en este periodo muestra cabalmente la crisis de la producción campesina
en México. Casi el 85% de los campesinos cultivan este grano. Aunque el patrón
de consumo alimenticio sufrió variaciones provocadas por el fenómeno de la
urbanización, se estima que un habitante del medio rural obtenía tres cuartas
partes de sus calorías diarias y 80% de su proteína en forma de tortillas y frijol.
Así, la crisis de la producción agropecuaria se vio más acentuada por la
convergencia de tres fenómenos: el proceso de descapitalización a que fue
sometida, la reducción en la tasa de crecimiento de la superficie cultivada y el
ritmo decreciente de la producción de maíz en zonas de temporal.
3.1.2 Política gubernamental hacia zonas rurales
Hemos revisado, de manera general, el comportamiento de la producción
agrícola, este proceso tiene estrecha vinculación con las políticas de gobierno,
al respecto. Fue durante la administración del presidente Calles que la política
se dirigió a restablecer el orden interno como premisa fundamental para el
desarrollo de la actividad económica. De esta forma, se iniciaron importantes
programas, como la reestructuración del sistema bancario y la reorganización
del sector rural del país.
La reorganización del sector campesino contempló la redistribución de la
propiedad territorial, propiedad que para su adecuada explotación requería de
apoyo financiero. Así, el Gobierno Federal se enfrentó a la necesidad de
establecer un instrumento que atendiera, de manera eficiente, a ese sector de
la población, a pesar de que en aquel entonces no se concebía a un banco que
realizara fines sociales. Al recibir la encomienda de elaborar la Ley de Crédito
Rural, Manuel Gómez Morín reconocía, antes que nada, que en México es más
grave el problema del crédito para la agricultura, pues además de que en el país
existen las mismas causas que hacen mundialmente difícil este préstamo, hay
razones peculiares que lo complican de un modo extraordinario. Para elaborar la
Ley de Crédito Agrícola, Manuel Gómez Morín trabajó durante 1925, revisó
principalmente la jurisprudencia francesa y alemana sobre la materia; según
Enrique Krauze y Jean Meyer, dio a luz una ley y un banco que estaban llamados
a ser mucho más que eso: un centro coordinador de la vida rural, un centro de
educación ciudadana y de educación moral. Con la publicación de la ley de Crédito
Agrícola, en marzo de 1926, se creó el Banco Nacional de Crédito Agrícola, al
que se le encomendaría proporcionar los fondos necesarios para que los pequeños
propietarios pudieran cultivar sus tierras, a través de un sistema de crédito que
promoviera los principios del cooperativismo.
La Ley de Crédito Agrícola se fincó en cuatro principios que hasta nuestros días
tienen plena validez y que son:
1. El crédito rural, por su naturaleza, requiere previamente de la organización
de los usuarios.
2. La garantía del crédito rural es especial, diferente a la de otros tipos de
crédito, como los comerciales.
3. La organización del crédito rural demanda una profunda descentralización,
porque sólo la acción local puede penetrar en la vida del pequeño agricultor, y
4. El crédito rural, si bien no debe considerarse como gratuito o no redituable,
necesita un amplio subsidio gubernamental, tanto para el capital inicial, como
para la administración general, que por la vigilancia y asesoría que precisa se
vuelve más costosa que la de los bancos comerciales.
Como el Banco Nacional de Crédito Agrícola se estableció en beneficio de
pequeños propietarios únicamente, mediante la Ley de Bancos Agrícolas Ejidales
del 16 de marzo de 1926, se autorizó a la Secretaría de Agricultura y Fomento
fundar bancos agrícolas ejidales en los Estados de la República, con el fin de
facilitar el crédito para el fomento de sus explotaciones y mejoramiento de sus
hogares, a los poseedores de parcelas ejidales que se organizaran en forma
cooperativa, conforme a las disposiciones de la propia Ley. Con lo anterior,
podemos observar que, una vez más, sólo se trató de beneficiar al pequeño
propietario, esto coincide con lo visto en la primera unidad de esta guía de
estudio, pues a la pequeña propiedad se le dio prioridad jurídica para regular su
situación agraria. Además, es importante recordar que los pequeños propietarios
fueron quienes lograron elevar la producción agrícola, esto es el 54%, pues
contaban con las mejores tierras de riego. Por otra parte, uno de los requisitos
para tener acceso al crédito rural, el campesino debía tener en regla los
documentos de propiedad; es decir, contar con la documentación legal que les
diera la tenencia de la tierra sobre sus propiedades. Si revisamos los datos,
podremos darnos cuenta de que en ese momento el 90% de los ejidatarios
carecían de este documento, pues sus ejidos aún no contaban con la tenencia de
la tierra, sus expedientes esperaban apilados en la Secretaría de la Reforma
Agraria y fue hasta los años setenta que la población con extrema pobreza tuvo
acceso a créditos bancarios.
Seis años más tarde, en diciembre de 1961, se publicó la Ley del Seguro Agrícola,
Integral y Ganadero que sistematizó una serie de preceptos y ordenamientos
que ya formaban parte de la cultura del crédito agropecuario. Su principal
institución operativa fue, desde ese momento, la Aseguradora Nacional Agrícola
y Ganadera, S.A. (ANAGSA), un nuevo organismo auxiliar dentro del creciente y
complejo sistema de crédito rural. Después de casi una década de operación de
la Ley de 1955, el 8 de marzo de 1965 se publicó el Decreto que ordenó la
creación de otro banco para el sector rural: el Banco Nacional Agropecuario, S.A.
Su objetivo fundamental y específico era llevar a cabo, "en el menor tiempo
posible", la descentralización del crédito agropecuario a través de instituciones
regionales autónomas. Se trataba originalmente de un banco de "segundo piso",
esto es, una institución que no trataría en forma directa más que con los bancos
que operaban en el sector rural; el nuevo banco, además, supervisaría
estrechamente la aplicación y resultados económicos de los créditos
autorizados. Sin embargo, la recién inaugurada institución quedó autorizada para
desarrollar muchas tareas generales que de alguna manera ya eran realizadas y
compartidas por los otros dos bancos campesinos: el Agrícola y el Ejidal. Así, el
Banco Nacional Agropecuario formó su propio sistema, atendió directamente a
la clientela campesina, otorgó créditos a los particulares, sociedades e
instituciones vinculadas con las actividades agropecuarias y estuvo facultado
para planear y ejecutar proyectos rurales específicos. Para los años setenta, el
gobierno señaló que el apoyo al campo, era una política prioritaria, era necesario
revertir la tendencia que deprimía al agro e impulsar fuertemente su desarrollo
social y económico, "mediante políticas vigorosas y sostenidas de inversión
pública en obras de infraestructura y de gasto social en el campo,
fortalecimiento de la organización y la capacitación campesinas, y mejoramiento
de los términos de intercambio del sector rural en relación a las demás
actividades económicas", cuya congruencia se justificaba con la reciente revisión
de la legislación agraria. La iniciativa fue aprobada por el Congreso de la Unión y
se publicó el Decreto correspondiente el 5 de abril de 1976. La nueva Ley abarcó
seis títulos: sus fines, el sistema nacional de crédito rural, los sujetos de
crédito, las operaciones de crédito rural, las operaciones especiales de apoyo, y
un título final sobre disposiciones generales. Con relación a los fines, se amplió
la definición del crédito rural, haciéndolo extensivo a todas las actividades que
conforman el proceso de la producción agropecuaria. Se agregó, como materia
de crédito, el consumo familiar y la industria rural. El enriquecimiento del
concepto pretendía estimular la integración vertical de las explotaciones
agropecuarias y evitar intermediaciones innecesarias. Todo esto, buscaba
beneficiar tanto a productores como a consumidores, al establecerse una
relación más directa con los costos reales de producción. Con la nueva legislación
también se uniformaron y agilizaron las operaciones crediticias, se indujo el uso
de mejores tecnologías para la producción, mediante la asistencia técnica y el
crédito supervisado, y se auspició el fomento de la investigación científica y
tecnológica en el sector rural. Por lo que se refiere a los sujetos de crédito rural,
se reconocieron explícitamente las formas jurídicas incorporadas en la Ley
Federal de la Reforma Agraria: el ejido, la comunidad, la unión de ejidos y la
unión de comunidades. Se incorporó también la posibilidad jurídica de su
asociación con grupos organizados de colonos y pequeños propietarios. Además
del ejido y la comunidad, como unidades básicas que convenía fortalecer, se
ordenó la transformación de las antiguas sociedades locales en la figura jurídica
que correspondiera según el régimen de tenencia de la tierra, se incluyó la
creación de asociaciones rurales de interés colectivo, con fines de
comercialización, compra de insumos, prestación de servicios, etc.
En materia de organización y capacitación, la Ley General de Crédito Rural
otorgó facultades específicas a la institución. Se estableció una estructura
especial para atender esta vertiente, que también se generó en los bancos
regionales con grupos de técnicos de carácter interdisciplinario. La Ley General
de Crédito Rural de 1976 sufrió también algunas modificaciones. Por la reforma
publicada en el Diario Oficial de la Federación el 30 de diciembre de 1977, se
modificó el artículo 54, en lo relativo a los sujetos de crédito, que se componía
de una lista limitativa para el crédito oficial, en tanto que para el crédito privado
constituía un universo abierto. La reforma de 1977 igualó posibilidades. Como
podemos observar, la política del gobierno hacia el campo fue dirigida, en primera
instancia, a los pequeños propietarios, esto es, a la propiedad privada, pues eran
ellos quienes cumplían con todos los requisitos crediticios. La búsqueda
constante por impulsar el crédito rural llevó al gobierno mexicano a crear
distintas instancias, hacia la década de los años setenta el crédito se abrió a la
propiedad ejidal. Una vez que el crédito permitió a los ejidatarios tener acceso
a él, éste fue utilizado como mecanismo de control político, cabe señalar que en
aquella época el corporativismo vivía sus mejores momentos, la mayor parte del
sector rural estaba incorporada en la Central Nacional Campesina (CNC). En esa
década comenzaron a formarse las primeras organizaciones campesinas
independientes, mismas que fueron excluidas totalmente de este tipo de
créditos. En esa época sólo se otorgaban prestamos crediticios a los campesinos
que estaban afiliados a la CNC, las organizaciones independientes quedaron
fuera de ese beneficio.
En la segunda mitad de la década de los años ochenta las instituciones de crédito
rural tuvieron que flexibilizarse, comenzaron a otorgar créditos a ejidatarios y
campesinos que pertenecían a organizaciones independientes. Sin embargo, las
propias contradicciones internas de los bancos rurales terminaron por acabar
con ellos, a tal grado que apenas hace un año, en el 2003, desapareció el
BANRURAL debido a su ineficiencia e ineficacia.
3.2 El problema de la marginalidad
La marginación es una palabra tan exacta para definir una realidad, muy cruda,
de la situación que vive la mayoría de los mexicanos; es el resultado de una cadena
viciosa que se ha vuelto parte de la historia, presente y, sin ser pesimistas, más
sí realistas, también de un futuro -al menos- por muchos años más. La
marginación es un fenómeno estructural que se origina en el patrón histórico de
desarrollo y se expresa en la dificultad para hacer llegar el progreso en el
conjunto de la estructura productiva y en las regiones del país, y también en la
exclusión de grupos sociales del proceso de desarrollo y del disfrute de sus
beneficios, entiéndase, principalmente zona rural, indígenas, etc. Los procesos
que modelan la marginación conforman una precaria estructura de oportunidades
sociales para los ciudadanos, sus familias y comunidades, y los expone a
privaciones, riesgos y vulnerabilidades sociales que a menudo escapan al control
personal, familiar y comunitario y cuya reversión requiere de una activa
participación de los agentes públicos, privados y sociales. El índice de
marginación permite diferenciar entre las entidades federativas y los municipios
el impacto global de las carencias que padece la población, como resultado de la
falta de acceso a la educación, la residencia en viviendas inadecuadas, la
percepción de ingresos monetarios insuficientes y las relacionadas con la
residencia en localidades pequeñas.
El índice de marginación considera cuatro dimensiones estructurales de la
marginación: vivienda, ingresos por trabajo, educación y distribución de la
población. De acuerdo con Elizabeth Martín, la vivienda es el espacio afectivo y
físico donde los cónyuges, hijos u otros parientes cercanos, estructuran y
refuerzan sus vínculos familiares a lo largo de las distintas etapas de su curso
de vida. Asimismo, la vivienda constituye un espacio determinante para el
desarrollo de las capacidades y opciones de las familias y de cada uno de sus
integrantes para llevar a cabo el proyecto de vida que tienen razones para
valorar. El alojamiento en una vivienda digna y decorosa, derecho sancionado en
el Artículo Cuarto Constitucional, favorece el proceso de integración familiar en
un marco de respeto a las individualidades, evita el hacinamiento, contribuye a
la creación de un clima educacional favorable para la población en edad escolar,
reduce los riesgos que afectan la salud, y facilita el acceso a los sistemas de
información y entretenimiento modernos. La población que habita viviendas que
carecen de energía eléctrica, agua entubada, drenaje, sanitario exclusivo o de
tamaño inadecuado, está expuesta a mayores impedimentos para gozar de una
vida larga y saludable y dificulta el aprendizaje de los menores de edad, entre
otras privaciones cruciales en la vida de las familias y sus integrantes. En cuanto
a los ingresos por trabajo, se indica que las oportunidades de las personas para
tener un nivel de vida digna están determinadas por una diversidad de factores.
De ellos, destacan la posesión de activos, el acceso a satisfactores esenciales
relacionados con el gasto social del estado (como la educación, y la salud), así
como las posibilidades de lograr una participación competitiva en los mercados
de trabajo.
En educación, el acceso al conocimiento constituye un aspecto crucial para que
las personas puedan realizar el proyecto de vida que tienen razones para valorar.
Asimismo, la escolaridad de la población constituye uno de los factores decisivos
para aumentar la productividad del trabajo e incorporar la innovación
tecnológica, y con ello fortalecer la competitividad de las economías.
Como se comprenderá, los rezagos y las deserciones del sistema educativo
definen situaciones sociales excluyentes; además, el Artículo Tercero
Constitucional establece el acceso a la educación básica como un derecho de los
mexicanos.
Por otra parte, en cuando a la distribución de la población, el carácter
concentrado y a un tiempo disperso del poblamiento de países como México,
constituye uno de los factores que dificulta alcanzar la igualdad de
oportunidades de participación en el proceso de desarrollo y en el disfrute de
sus beneficios.
Se trata de un fenómeno que tiene sus raíces en la constitución misma de la
Nación y que se acentuó en el curso del proceso de desarrollo de las últimas
décadas. Así, al iniciar el siglo XXI, los centros urbanos siguen concentrando
volúmenes considerables de población, servicios e infraestructura, personal
calificado y recursos económicos, lo cual los convierte en escenarios
privilegiados del proceso de modernización; a su vez, en un gran número de
asentamientos que se dispersan a lo largo del territorio nacional vive una pequeña
proporción de la población en condiciones sumamente precarias.
La residencia en localidades pequeñas, dispersas y en situación de aislamiento,
no sólo hace difícil aprovechar las economías de escala de los servicios básicos,
de la infraestructura y el equipamiento, sino que por razones de costo-beneficio
ha determinado que las acciones de la política social se concentren en la atención
de quienes viven en las grandes concentraciones urbanas. Esas circunstancias
crean una circularidad entre el tamaño del asentamiento y la carencia de los
servicios básicos. Diversas investigaciones han demostrado que la ampliación de
las capacidades y opciones de las personas para llevar a cabo el proyecto de vida
que valoran propicia el avance en el proceso de la transición demográfica. De
esta forma, conforme aumenta la escolaridad de las personas, la ocupación de
viviendas adecuadas, el acceso a servicios esenciales y la disposición de ingresos
monetarios suficientes para adquirir bienes y servicios, tiende a reducirse la
mortalidad y morbilidad y, con ello, a aumentar las oportunidades reales de
disfrutar de una vida larga y saludable. Asimismo, la consolidación del proceso
de desarrollo crea un horizonte de certidumbre y confianza sobre el destino de
las generaciones presentes y futuras, al tiempo que propicia la difusión de una
cultura de previsión y planeación. En este sentido, es importante destacar que
la marginación es una de las múltiples expresiones de un bajo nivel de desarrollo
humano de las entidades y municipios, y guarda una estrecha relación con algunos
indicadores de rezago sociodemográfico, que inciden sobre las condiciones de
vida de la población y contribuyen a generar sentimientos de inseguridad e
indefensión ante realidades que escapan al control individual, familiar y
comunitario.
La marginación es una medida-resumen que permite diferenciar a los municipios
según la intensidad de las privaciones que padece la población. Uno de los
indicadores incluidos en su estimación es la proporción de la población ocupada
que gana hasta dos salarios mínimos. Este indicador no busca diferenciar a los
municipios de acuerdo con la disponibilidad de los recursos monetarios de los
hogares para adquirir bienes y servicios esenciales. Estudios del Consejo
Nacional de Población clasifican así el grado de marginación en los Estados: Muy
bajo, bajo, medio, alto, muy alto. En total, en el ámbito nacional, 374 municipios
tienen grado muy alto de severidad de la pobreza, donde viven 2.6 millones de
habitantes; asimismo, llama la atención que un total de 591 municipios tiene grado
alto y en ellos residen alrededor de 7.5 millones de personas. Con grado de
severidad de pobreza medio se encuentran 388 municipios, los cuales cuentan
con 8.4 millones de habitantes; con grado bajo existen 821 municipios que dan
residencia a 25 millones de personas; y con grado muy bajo se cuenta un total de
269 municipios densamente poblados, pues ahí viven 54 millones de personas.
Como se advierte, los datos generales de la severidad de la pobreza se aproximan
a los de la marginación. La marginación y la pobreza constituyen dos expresiones
de una misma realidad social, cuyos impactos territoriales confinan en micro
regiones a millones de personas, donde el rezago productivo y educativo, la
residencia en viviendas inadecuadas, la carencia de infraestructura y
equipamiento urbano, conforman una precaria estructura de oportunidades
sociales que limitan poderosamente las capacidades y opciones de las personas
para realizar el proyecto de vida que tiene razones para valorar.
En sociedades heterogéneas como la mexicana, la propagación del progreso
técnico y de los beneficios sociales del desarrollo, como puede ser el acceso a
los servicios de educación y salud, infraestructura y equipamiento, así como a
viviendas adecuadas, entre otros, enfrentan "obstáculos de índole histórico-
estructural" proceso mismo del desarrollo; se produce la exclusión sistemática
de grupos sociales y de regiones, lo que se expresa en la persistencia de
marcadas brechas y desfases regionales en el avance de la transición
demográfica. Es aquí donde se inmiscuye el inevitable tema político y forma la
trilogía o trinomio de conceptos que explican el porqué de las cosas: economía-
sociedad-política. Son conceptos intrínsecos que deberían ser -en su conjunto-
la vía para aplicar soluciones, pero que hoy son más bien esos obstáculos
histórico-estructurales. En ese sentido, uno de los retos más desafiantes para
la planeación del desarrollo regional y la política de población, es definir
estrategias e instrumentar programas que impulsen un desarrollo con equidad y
fortalezcan la justicia distributiva mediante la atención prioritaria a quienes
padecen las desventajas más significativas, o sea, a los marginados. La mejoría
del entorno económico y social de los municipios, así como de su equipamiento y
dotación de infraestructura, contribuirá poderosamente a reducir las
vulnerabilidades de las poblaciones indígenas. Por eso, es urgente impulsar
políticas y programas orientados a fortalecer la justicia distributiva y a reducir
las profundas brechas del desarrollo regional del país.
3.3 Productos transgénicos
3.3.1 ¿Qué son los productos transgénicos?
Se llaman alimentos Transgénicos a todos aquellos que proceden de Organismos
Genéticamente Modificados (OGM) directa o indirectamente, por incluirlos en
su proceso productivo.
La manipulación genética consiste en introducir genes específicos de otras
especies o de la misma, en el genotipo de un Organismo, para que se manifiesten
en su fenotipo esas características identificadas, que importarán un beneficio
para los seres humanos, dirigido a satisfacer las necesidades del comercio, la
producción, la salud y la alimentación. No siempre son de hecho “transgénicos”
ya que muchas veces el gen que se introduce proviene del mismo género, pero
precisamente la ventaja de la ingeniería genética es que permite alterar los
genes sin depender de los procesos naturales de reproducción. Interesan
especialmente al momento de querer dotar a cierta variedad de plantas de
determinada resistencia a un patógeno, que no posee, o darle mayor calidad.
La transgénesis o transferencia génica horizontal en plantas se puede realizar
utilizando el ADN-T (transferible) del plásmido Ti (inductor de transformación)
de la bacteria Agrobacterium tumefaciens que produce los tumores o "agallas"
en las heridas que se originan en las plantas. En el proceso de infección, el ADN-
T tiene la propiedad de poder pasar de la célula bacteriana a las células de las
plantas, incorporándose al ADN de los cromosomas de éstas. Dicho de forma muy
esquemática, la manipulación genética en este caso consiste en incorporar al
ADN-T el gen que se desee introducir en la planta.
La mayor eficacia de la técnica se consigue utilizando cultivos celulares de hoja
o de tallo que son capaces de regenerar plantas adultas completas a partir de
células que han sido genéticamente modificadas (transformadas) usando como
vector el ADN-T.
Otro caso interesante ha sido la obtención de plantas transgénicas de tomate,
soja, algodón, colza, etc. a las que se les ha incorporado un gen que produce la
resistencia al principio activo (por ejemplo, el glifosato) de los herbicidas de
amplio espectro, lo cual permite eliminar las malas hierbas y malezas, tratando
los campos con herbicidas que no dañan al cultivo. Este descubrimiento ha sido
realizado y explotado por la compañía Monsanto, que lidera el Mercado de la soja
distribuyendo el herbicida Roundup y la semilla resistente al mismo: Soja
Roundup Ready. Por su liberación comercial, es uno de los cultivos transgénicos
de mayor difusión en la Argentina y en el mundo, así como los maíces Bt que
produce Novartis, que además de la resistencia a los insectos que le da la
proteína Bt es inmune al herbicida Basta que distribuye la misma compañía.
También se han obtenido plantas transgénicas de tomate con genes que alargan
el periodo de conservación y almacenamiento. Ello es gracias a que existen
diferentes posibilidades de mejora vegetal mediante la utilización de la
ingeniería genética (tecnología que recibió el mencionado nombre genérico y cuyo
objetivo último es introducir, aumentar o quitar ciertas características
hereditarias a un organismo vivo. Lo logra mediante técnicas que permiten la
transferencia de genes específicos de una especie a otra, sin el concurso de la
reproducción sexual).
Es ardua la discusión sobre quienes acentúan los beneficios que se obtienen de
estas biotecnologías, así como también los que se inclinan por resaltar los
peligros que generan. Lo que es común a ambas posturas es el reconocimiento de
la envergadura que tienen estas biotecnologías en la vida cotidiana. En tal sentido
está dicho que los transgénicos aportan una ayuda decisiva a los agricultores de
los países ricos y pobres en su lucha milenaria por mejorar las especies
haciéndolas resistentes a las agresiones, a veces letales, de los insectos y las
malas hierbas. Las naciones que cultivan estas plantas auto-inmunizadas -
principalmente los Estados Unidos, Canadá, la Argentina y China- pueden
producir más a menor costo y, sobre todo, usar menos pesticidas, con lo cual
reducen la contaminación y mejoran la biodiversidad.
Según Guy Sorman, “nos encaminamos hacia las plantas inteligentes, hacia una
agricultura de precisión que tendrá la doble virtud de mejorar el ambiente en
los países prósperos y salvar a los pobres de la hambruna prometida por el
crecimiento demográfico. Los pobres son conscientes de ello; los ricos, todavía
no”.
Los vegetales transgénicos más importantes para la industria alimenticia son,
por el momento, la soja resistente al herbicida glifosato y el maíz resistente al
taladro, un insecto. Aunque se utilice en algunos casos la harina, la utilización
fundamental del maíz en relación con la alimentación humana es la obtención del
almidón, y a partir de éste: glucosa y fructosa. La soja está destinada a la
producción de aceite, lecitina y proteína. Hasta hace poco, los mejoradores
agropecuarios cruzaban sólo a los "parientes cercanos" del reino animal o vegetal
para crear nuevas variedades o razas; pero en la actualidad es posible tomar
genes de especies totalmente diferentes y crear nuevos productos y/o formas
de vida. Por ejemplo, los científicos tomaron el gen de las luciérnagas que emite
luz y lo insertaron en el código genético de una planta de tabaco: la planta madura
brilla 24 horas al día.
Otros investigadores introdujeron un gen anticongelante del lenguado en el
código genético de una planta de tomate para protegerla de las heladas. La
Biotecnología, también, ha aplicado estas técnicas de transgénesis estableciendo
las primeras granjas farmacéuticas en las que se crían ovejas, cabras, vacas o
cerdos transgénicos que producen en su leche proteínas terapéuticas humanas.
3.3.2 Producción de transgénicos en México
Los productos transgénicos han rebasado fronteras, no sólo se producen en E.U.
o Canadá, en México el maíz de 138 comunidades campesinas e indígenas de los
estados de Chihuahua, Morelos, Durango, Estado de México, San Luis Potosí,
Puebla, Oaxaca, Tlaxcala y Veracruz, está contaminado con transgénicos. Seis
organizaciones no gubernamentales, con el apoyo de varias organizaciones
comunitarias y de biólogos de la Universidad Autónoma de México, analizaron
más de 2.000 plantas provenientes de 138 comunidades, con el siguiente
resultado: en el 24% de las comunidades se encontró la presencia de algunos
genes transgénicos en el maíz nativo, que van desde 1,5% hasta 33,3%. La
contaminación coincide con la proteína Bt-Cry9c que identifica el maíz Starlink
el que presuntamente Aventis (ahora fusionada con Bayer) habría retirado del
mercado por estar prohibido para el consumo humano. También se encontró
contaminación con otras cepas de Bacilus Thuringiensis (Bt) utilizadas, entre
otras, por las empresas Monsanto y Novartis y con la proteína CP4-EPSPS de
Monsanto. Los análisis fueron realizados con “kits” comerciales de detención,
marca Agdia. Primero los realizaron las comunidades y las ONGs y
posteriormente la empresa que distribuye los “kits” en México, que corroboró
los resultados.
Las plantas, provenientes de zonas alejadas y de comunidades que cultivan su
propia semilla, contenían dos, tres y hasta cuatro transgénicos en forma
concomitante. Esto indica que la contaminación tiene muchos años y que el maíz
contaminado, se ha estado cruzando por muchas generaciones para incorporar
todos esos eventos en su genoma.
Las consecuencias son impredecibles, expertos señalan que un riesgo aún mayor
es la contaminación que se podría dar por la producción que hay en [Link]. de
maíces transgénicos para producir sustancias que van desde plásticos y
adhesivos a espermicidas y abortivos. Escapes accidentales de maíz modificado
para producir sustancias no comestibles ya habían ocurrido en Iowa y Nebraska.
Otro aspecto que destacar es que todas las proteínas detectadas están
patentadas. Quiere decir que los responsables, debido a su urgencia por el lucro,
dejaron sus huellas dactilares. Las transnacionales gastan millones de dólares en
propaganda, en la cual afirman que la biotecnología es la forma moderna,
científica y rápida de continuar la actividad ancestral del hombre de manipular
plantas. No han logrado convencer a la mayoría de los consumidores, mucho
menos lo lograrán con los campesinos mexicanos, que, si de algo saben, es del
maíz. Por si todo lo anterior fuera poco, este escándalo ocurre al mismo tiempo
que el gobierno de EE. UU. acaba de aprobar nuevas reglas para el ingreso de
alimentos a ese país. La medida, que encarecerá y dificultará aún más las
exportaciones, está justificada en la necesidad de impedir la entrada de posibles
armas biológicas.
3.3.3 Ventajas de la producción transgenética
En términos generales la biotecnología puede ser utilizada para le evaluación de
estado de los ecosistemas, transformar contaminantes en sustancias no tóxicas,
generar materiales biodegradables a partir de recursos renovables y desarrollar
procesos de manufactura y manejo de desechos ambientalmente seguros. Los
investigadores están explorando propuestas biotecnológicas para la solución de
problemas en muchas áreas del manejo ambiental y asegurar la calidad tales
como la restauración ecológica, detección de contaminantes, monitoreo,
remediación, evaluación de toxicidad y conversión de basuras en energía.
Los transgénicos son una de las actividades de la biotecnología actual, por tanto,
no habría motivo para dudar que será alcanzado por los beneficios generales de
la biotecnología para superar los riesgos que puedan provocar.
Algunos países ya han adelantado catálogos con toda la información genética de
las especies autóctonas, para extremar su protección y para conseguir que sea
respetado el Convenio en otros términos de mercado, como ser el pago de
regalías que corresponde y el trabajo consensuado en bioprospección. En este
sentido, han obtenido buenos resultados, tanto Costa Rica como México, que ya
se encuentran trabajando con multinacionales como Monsanto, con laboratorios
en el propio país, beneficiándose con la transferencia de tecnología y logrando
el respeto por sus ecosistemas.
La producción transgénica Básicamente, el aumento notable de la producción de
alimentos necesarios para el abastecimiento de una cada vez mayor población.
Por ejemplo, la soja se utiliza como materia prima para obtener aceite, que luego
es procesado químicamente por hidrogenación, y lecitina. Ninguno de estos dos
productos contiene la proteína que ha sido introducida para inducir la
resistencia. Son por tanto idénticos en todas sus propiedades físicas, químicas,
biológicas, nutricionales y toxicológicas, procedan de soja "normal" o de soja
"transgénica". Casi lo mismo puede decirse del maíz. Sus aplicaciones
fundamentales son la obtención de almidón y de glucosa a partir de ese almidón.
Como precaución adicional, no se utilizan generalmente genes de resistencia a
antibióticos importantes en clínica humana o frente a antibióticos nuevos que
pudieran tenerla en el futuro. En todo caso, puesto que el gen de resistencia al
antibiótico no juega ya ningún papel en la planta transgénica, si se considerara
un riesgo, podría eliminarse. Desde el punto de vista de Sergio Cecchetto, hasta
hoy, está científicamente comprobado que los transgénicos no presentan ningún
problema a la salud de las personas que los consumen, ni de los animales que los
consumen, ni de las personas que consumen productos de estos animales. La
alternativa que todavía no está científicamente descartada es la eventual
influencia en el organismo a lo largo de varios años de consumo de este tipo de
alimentos, y más aún, a través de varias generaciones. Pero luego de diez años
de consumo por millones de personas, no hay ningún indicio científico que pueda
suponer la aparición de alguna alternativa sanitaria de consecuencias fuera de
control para la medicina humana.
3.3.4 Desventajas de la producción transgénica
Greenpeace, ha empezado a llamar la atención sobre los peligros de la
transferencia de genes transgénicos de los cultivos a las malezas emparentadas
con ellos a través de la polinización cruzada. Los genes transgénicos que
producen la tolerancia a los herbicidas y la resistencia a las pestes y los virus,
por ejemplo, podrían escapar e insertarse en los genomas de las malezas, creando
yuyos resistentes a los herbicidas, las pestes y los virus.
Estos temores se vieron confirmados en 1996 cuando un equipo de investigación
danés observó la transferencia de un transgén al genoma de una hierba silvestre
(algo que las compañías de biotecnología habían descartado como una posibilidad
remota o inexistente). Los potenciales impactos de la liberación en el medio
ambiente y de la utilización en la alimentación de los organismos modificados
genéticamente (OMG) a largo plazo no están evaluados. Desde el punto de vista
ambiental, los cultivos transgénicos presentan el muy grave riesgo de propagar
contaminación genética, siendo impredecibles el comportamiento de los nuevos
genes transferidos a especies silvestres y los peligros para los ecosistemas,
como una disminución de la biodiversidad.
Los cultivos transgénicos amenazan la diversidad genética al simplificar los
sistemas de cultivo y promover la erosión genética. Guy Sorma señala que son
justamente los países del Tercer Mundo, en desarrollo y países Tropicales, los
más ricos en diversidad; aquellos que corren los mayores riesgos en cuanto a su
protección. Ellos son los que al mismo tiempo se encuentran en mayores
desventajas para limitar el desarrollo de las tecnologías productivas que le
garantizan la posible inserción en los Mercados y el crecimiento económico.
El perjuicio que provocará la dispersión de un transgénico en el país originario
de la especie es mayor, porque puede invadir y extinguir especies autóctonas
emparentadas, dilapidando un capital natural que podría ser útil en el futuro,
como fuente de rasgos para programas de mejora genética. Por ejemplo: no sería
aconsejable permitir maíz transgénico en la región centroamericana, donde se
encuentran multitud de variedades de maíz tradicionalmente cultivadas por los
indígenas, y el teosinte, precursor silvestre de esta planta. Salvo que los datos
científicos garantizaran la seguridad, a priori no sería ético poner en peligro el
rico acervo genético y cultural ligado al centro de diversidad y domesticación de
esta especie. Uno de los problemas más grandes que no se ha tenido en cuenta
históricamente (y que ha perdido oportunidad de hacerlo el mencionado
Protocolo de Cartagena-Montreal) es el de la introducción de organismos
extraños en ecosistemas diferentes, el tráfico transfronterizo de cualquier tipo
de seres vivos, que sin ser transgénicos, han provocado la extinción absoluta de
numerosas especies. Debería considerarse el impacto ambiental y estudio de los
riesgos de cada uno de los organismos que se quieren introducir por sus posibles
efectos adversos.
Para la alimentación humana, la aparición de nuevas toxinas o nuevas sustancias
alérgicas no se ha descartado científicamente. Además, los genetistas han
relacionado el surgimiento tanto de bacterias patógenas como de resistencia a
los antibióticos con la transferencia de genes a especies no emparentadas, por
infección a través de virus y por intermedio de partículas de ADN presentes en
el ambiente que se han pegado a la célula, o por medio del cruzamiento inusual
entre especies no emparentadas.
Es posible que el uso abusivo de antibióticos en la cría intensiva de animales y en
la medicina, junto con la nueva práctica de la ingeniería genética a escala
comercial, sean los principales factores que en los últimos años han contribuido
a la rápida propagación de la resistencia múltiple a los antibióticos entre agentes
patógenos nuevos y antiguos. Muchos de los genes que están siendo insertados
en los cultivos de alimentos nunca antes habían integrado la dieta humana y nadie
sabe realmente cómo afectará esto a nuestra salud en el mediano y largo plazo,
ya que por ejemplo, el maíz modificado genéticamente tiene también el gen de la
beta-lactamasa, que confiere resistencia al antibiótico ampicilina.
La desinformación y la falta de legislación sobre el control y etiquetado de estos
productos hace imposible que una persona pueda decidir libremente sobre su
consumo o no. Por ejemplo, algunos vegetales transgénicos, como la soja y el maíz,
se están usando mezclados y de forma indistinta con los cereales no modificados.
Además, algunos alimentos modificados genéticamente se utilizan para dar de
comer a animales que llegan al consumo de las casas, por lo que, aunque no se
realice un consumo directo, llegan de forma indirecta a nuestra mesa sin saberlo.
3.4 El TLC y el campo mexicano
3.4.1 La globalización y el libre mercado
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte representa la punta del
iceberg bajo el cual se dan profundas transformaciones e interrelaciones entre
las naciones que lo firmaron. No se puede entender y comprender la firma de
tratados comerciales sin detenernos a analizar el contexto económico en el que
surgió el impulso de zonas comerciales comunes. El proceso en el que nos
encontramos inmersos se ha denominado globalización.
Esta globalización se da con base en una considerable expansión de las fuerzas
productivas y de las relaciones sociales de producción capitalistas. La tecnología
al aplicar los avances de las ciencias ha logrado elevar a las fuerzas productivas
a un mayor nivel, que ha traído como consecuencia la producción de bienes y
servicios en tal magnitud que ninguna otra época llego a conocer y, que, de no
mediar medidas de preservación, amenaza con acabar con los recursos del
planeta, pues tal es el galopante paso que lleva la explotación de los mismos. Los
recursos financieros y de todo tipo muestran como tendencia dirigirse a aquellas
zonas y/o ramas que ofrezcan mejores garantías; que cuenten con posibilidades
de acceso a los insumos o materias primas a bajos costos, que tengan mano de
obra barata y/o con alto nivel de calificación; que haya mercados amplios o
susceptibles de ampliarse; que las condiciones políticas garanticen la estabilidad
social, así como la procuración de las mejores facilidades al capital. La
globalización es en suma la movilidad del capital, de bienes y servicios con cada
vez menores obstáculos a lo largo y ancho del globo terráqueo. Las fronteras
políticas entre los Estados siguen subsistiendo, pero las económicas son cada vez
menos una barrera a esa movilidad.
Este desarrollo de las fuerzas productivas trae como consecuencia que las
relaciones sociales de producción también se transformen, y así vemos que el
trabajo, el otro factor básico de la producción está quedando todavía más
subordinado al capital. Es un hecho que a nivel mundial los sindicatos están en
franco retroceso; han perdido en poco tiempo muchos de los logros que a través
de muchos años y en duros enfrentamientos contra el capital habían conquistado.
Ante la amenaza de cerrar las fábricas y trasladarlas a otras regiones o países,
los sindicalizados aceptan el despido de parte de los trabajadores y la reducción
de prestaciones. En México los casos de los obreros de la Wolkswagen y la Ford,
se inscriben en esa dinámica.
En nuestro país, como en las naciones de similar desarrollo, la sobreexplotación
de la fuerza de trabajo por parte de las empresas es una necesidad a la que se
recurre con frecuencia, pues no es de otro modo como el capital mantiene sus
ventajas competitivas en el mercado mundial. Sin embargo, esa globalización de
la economía no ha estado exenta de contradicciones y estas se encuentran
básicamente, no entre el capital y el trabajo, sino entre los propios capitales que
disputan entre sí, en el terreno económico, por preservar o ampliar sus zonas de
influencia.
Así por ejemplo, al mismo tiempo que se aboga por eliminar las barreras
arancelarias, los propios Estados, a instancias de los capitales instalados en su
territorio, violan los acuerdos y establecen impuestos compensatorios a la
entrada de ciertos productos que pueden desplazar a la producción local. Y esto
se da también con respecto a los capitales. Ello ha llevado a decir al Director
Gerente del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, a los 177 países
miembros de este organismo, que se necesita una nueva estrategia que garantice
el crecimiento mundial sustentado en una 'verdadera' apertura comercial y un
libre flujo de capitales.
La competencia actual y la necesidad de encontrar nuevas áreas de inversión y
de comercio son tan fuertes que a la par que se desarrolla este proceso de
globalización, se da la creación, paradójicamente, de uniones, convenios,
tratados, etc., entre los integrantes de zonas vecinas o no. Los gobiernos buscan
consolidar acuerdos que traigan ventajas a los capitales instalados en la zona
para enfrentar la competencia en mejores condiciones asegurando sus espacios
económicos. Podemos decir entonces que los capitales empujan a la globalización
cuando en forma particular salen beneficiados de ella; pero, por otra parte,
aquellos que se inclinan por la regionalización, lo hacen con el objetivo de también
aumentar sus tasas de ganancia, preservando zonas o mercados de influencia. Es
el caso de las armadoras automotrices norteamericanas, que quieren desplazar
a la muy competitiva industria japonesa. Esta última es proclive en esa rama a la
globalización, en tanto sus rivales se pronuncian por la regionalización. Los
próximos anos verán agudizarse esas contradicciones entre la globalización y
regionalización. En ese marco se da la relación México-EU.
3.4.2 Características del TLCAN
El Tratado de Libre Comercio o North American Free Trade Agreement
(NAFTA), es un conjunto de reglas que los tres países acuerdan para vender y
comprar productos y servicios en América del Norte. La integración entre
Estados Unidos y Canadá, empieza a materializarse en 1965, con la firma del
Pacto Automotriz entre esos dos países. Por su parte, entre México y Estados
Unidos esa integración comenzó a materializarse también de una manera más
clara en 1965 cuando se establece el programa de las maquiladoras en el norte
de México, que logra promover una integración muy importante entre esos dos
países.
Pero no es sino hasta 1990 que los presidentes de México y de Estados Unidos
deciden iniciar la negociación de un acuerdo comprensivo de libre comercio, y en
septiembre de ese año, el Presidente de Canadá comunica su interés de
participar en las discusiones para celebrar el tratado. El 11 de junio de 1990,
Carlos Salinas de Gortari, presidente de México, y George Bush, Presidente de
Estados Unidos, acordaron las negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio
entre los dos países.
Más tarde, Canadá se incorporó a las negociaciones, iniciándose de esta forma
los trabajos trilaterales con el objetivo de crear una zona de libre comercio en
América del Norte. En el año 1991 los presidentes de los tres países anuncian su
decisión de negociar el NAFTA y en junio de ese año se da la primera reunión
ministerial de negociaciones.
Las negociaciones concluyeron el 11 de Agosto de 1992 por los Jefes de
Gobierno de los tres países. *El TLC fue firmado por los tres países el 17 de
Diciembre de 1992. *Tras varios años de debate, en 1993 fue aprobado por las
Asambleas Legislativas de Canadá, México y Estados Unidos. *El TLC entró en
vigor el 1 de Enero de 1994.
I.- Objetivos y medios del TLC
A) Objetivos: *Promover las condiciones para una competencia justa.
*Incrementar las oportunidades de inversión. *Proporcionar la protección
adecuada a los derechos de propiedad intelectual. *Establecer procedimientos
eficaces para la aplicación del TLC y para la solución de controversias. *Fomentar
la cooperación trilateral, regional y multilateral, entre otros. *Eliminar barreras
al comercio entre Canadá, México y Estados Unidos, estimulando el desarrollo
económico y dando a cada país signatario igual acceso a sus respectivos
mercados. Estos objetivos se lograrán mediante el cumplimiento de los principios
y reglas del TLC, como los de trato nacional, trato de nación más favorecida y
transparencia en los procedimientos.
B)Medios: * Reglas de Origen El TLC prevé la eliminación de todas las tasas
arancelarias sobre los bienes que sean originarios de México, Canadá y Estados
Unidos, en el transcurso de un periodo de transición. Para determinar cuáles
bienes son susceptibles de recibir trato arancelario preferencial son necesarias
reglas de origen.
Las disposiciones sobre las reglas de origen contenidas en el trato están
diseñadas para: -Asegurar que las ventajas del TLC se otorguen sólo a bienes
producidos en la región de América del Norte y no a bienes que se elaboren total
o en su mayor parte en otros países. -Establecer reglas claras y obtener
resultados previsibles. -Reducir los obstáculos administrativos para los
exportadores, importadores y productores que realicen actividades comerciales
en el marco del Tratado.
* Barreras arancelarias Una de las partes centrales de este marco regulador del
comercio de bienes es el programa de desgravación arancelaria, mediante el cual
se plantea la eliminación progresiva de los aranceles sobre bienes originarios, de
acuerdo con unas listas de desgravación. El arancel de partida con que se inicia
el programa de desgravación en Estados Unidos y Canadá es el arancel del
Sistema General de Preferencias, es decir el arancel preferencial o en su
defecto el de nación más favorecida mientras que para México será su arancel
aplicado. Esto es importante, porque no se empieza con los aranceles
consolidados en el GATT que en algunos casos son más altos, sino que se empieza
con el arancel aplicado.
3.4.3 Repercusiones del TLC en el campo mexicano
El maíz es aún el primer cultivo en México. En superficie, valor producido y
personal ocupado, su participación es de lejos la más importante en el país. Su
cultivo se expande sobre distintos contextos geográficos, ecológicos y sociales,
a la vez que incorpora diversos tipos de productores y tecnologías. Por otra
parte, el grano sigue siendo el núcleo de las dietas nacionales, proporcionando la
mayor parte de las calorías y proteínas consumidas por la población Protegido
por las políticas oficiales hasta 1994 y por el impacto devaluatorio al año
siguiente, el maíz dio muestras de resistencia incluso cuando el modelo agrícola
dejó de favorecerlo. A últimas fechas, sin embargo, este espectro de fortaleza
empieza a desvanecerse: en 1995 se detiene su avance productivo, situación que
a partir de entonces es de retroceso. Cultivo temporalero en su mayor parte,
afronta con dificultades la adversidad climatológica, particularmente aguda en
fechas recientes. Para Magda Fritscher a incorporación del maíz al TLC, pactada
en 1992, fue el preámbulo de un nuevo giro en las políticas para el grano.
Concebido el Tratado como un acuerdo de apertura total entre ambos países,
poco margen quedaba para la continuidad de las políticas previas de protección.
Así, de igual forma que los demás granos, el maíz ingresaría a partir de la puesta
en marcha del Acuerdo en un periodo de abrupta transición. Las nuevas
directrices contemplaban, además de su liberalización, un cambio radical en la
política de subsidios, con el paso de los apoyos administrados por la vía de los
precios a un sistema de pagos directos a los productores. Así, también, los
sistemas estatales de comercialización tendieron a ser cancelados,
transfiriéndose esta actividad a agentes privados. Las ayudas a través de los
insumos y tasas de interés declinaron bruscamente, con la privatización y
reestructuración de las empresas estatales.
Conocida la enorme brecha de costos y rendimientos entre el maíz
estadounidense y el mexicano, era evidente que el último tendería a sucumbir,
convirtiendo a México en una enorme plataforma importadora. Salvo un escaso
margen de productores competitivos, saldría afectada por las nuevas
disposiciones la mayor parte de los sectores que destinan su grano a la venta ya
sea que procedan de riego o temporal, sean empresarios o campesinos que
comercialicen sus cosechas en forma total o parcial.
De ello supuestamente quedaban al margen los productores de subsistencia que,
al no vender el grano, tampoco se exponían a la competencia foránea. Sin
embargo, de hecho, el esperado colapso de los maiceros comerciales alcanzaría
también en forma indirecta al sector de subsistencia, al bajar la tasa de
ocupación agrícola. Preocupado el gobierno por los efectos empobrecedores de
la nueva política, diseño un proyecto de ayuda a los maiceros más pobres
destinado a compensar dichos daños. Nació así el Procampo, un nuevo programa
de subsidios, encaminado, según el discurso oficial, a extender el apoyo a la
totalidad de los productores, no sólo a los comerciales
La crisis agrícola que aqueja a México desde hace más de veinte años, se expresa
primordialmente en la producción de maíz. En las últimas dos décadas
disminuyeron la producción, la superficie cultivada, los rendimientos por
hectáreas, incluso el consumo de maíz por persona. Lo único que experimento
crecimiento fue la proporción de la superficie siniestrada y las importaciones
necesarias de este grano para completar una demanda nacional también
estancada.
Para definir con precisión el desigual poder competitivo de la agricultura del
maíz respecto de la de Estados Unidos, debemos considerar primero las
diferencias productivas en los rendimientos por hectárea y la superficie
cultivada por hombre ocupado en la producción de maíz. En Estados Unidos los
rendimientos promedio por hectárea son de 7.5 toneladas, y en México de sólo
1.7 toneladas. En Estados Unidos la superficie por hombre ocupado en la
producción de maíz es de 9.7 hectáreas, en México es de 2.14 hectáreas. En
consecuencia, el producto por hombre ocupado en la producción de maíz en
Estados Unidos es 72.5 toneladas, y en México de sólo 4 toneladas. Esto es, la
productividad de Estados Unidos en este cultivo es mayor a la de México en 17.8
veces. Además, Estados Unidos otorga subsidios directos a sus productores en
cantidades muy superiores a las que otorga México. Allá los subsidios van
directamente al ingreso de los productores, en México la mayor parte de los
subsidios son al gasto; además, cada vez menores.
Pero no es suficiente sólo pugnar por esa política externa en defensa de nuestra
agricultura. Se requiere, según Felipe Zermeño, también una vigorosa política
interior de apoyo a los productores agrícolas, especialmente a los campesinos
que son los que poseen un gran potencial productivo, que por la falta de recursos
hasta ahora no se ha realizado. Se requiere también una política agraria que
tienda a superar la gran desventaja del minifundio, sin despojar a los campesinos
de la tierra que actualmente les pertenece. Lo anterior junto con un gran
esfuerzo de organización de los campesinos, orientados a ocupar
productivamente la frontera agrícola aún existente y a un mejor uso del suelo
agrícola y del agua, para incrementar los rendimientos por hectárea. Se necesita
también la acción organizada de los campesinos para participar en la
comercialización e industrialización de sus productos agropecuarios. Mediante
la libre asociación productiva de los campesinos, con el apoyo de las instituciones
públicas, se debe pugnar por superar las evidentes desventajas del minifundio
sin necesidad de entregar las tierras al gran capital nacional o extranjero, que
es proyecto agrario que hoy está en marcha desde el poder del Estado.
Ante la situación prevaleciente al inicio de los años noventa, Zermeño prevé dos
opciones: La que está en marcha, de facilitar una mayor concentración de la
tierra de buena calidad, a favor del 3% de los productores que son los
empresarios agrícolas. Y la otra, apoyar a este vasto sector de la agricultura
mexicana, dándole prioridad en el avance sobre la frontera agrícola aún
existente y en la aportación de recursos técnicos y financieros, para elevar los
rendimientos por hectárea. Para ello también se debe promover la libre
asociación de los campesinos para que eleven y diversifiquen su actividad,
incorporando a sus actuales labores agropecuarias las de transformación y
comercialización de sus productos primarios. Debemos en serio impulsar esta
segunda opción.
Como se observa, el campo mexicano representa el sector más vulnerable dentro
de la modernización del país, no por las dificultades que presenta en términos
económicos y técnicos, sino también políticos y sociales. Al inicio de los años
noventa, congruente con la política salinista de reducir la participación del
Estado en la economía, se ha buscado que el capital nacional sea el que cubra los
huecos que deja el retiro estatal. Sin embargo, el reemplazo es lento e
insuficiente para el conjunto de la economía y para el campo en particular. Por lo
que resulta explicable el apresuramiento del gobierno mexicano por promover el
Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá a toda costa, por
considerar que el capital extranjero habrá de ser la palanca de la modernización
nacional. Planteamiento que se hace extensivo al campo, donde se ha hecho más
evidente la insuficiente respuesta del capital nacional para invertir
internamente, por lo cual se toman medidas legales que propicien que el capital
extranjero fluya libremente por todos los surcos del campo nacional para lograr
su modernización y correcta ubicación en el nuevo contexto del acuerdo
trilateral.
En el contexto de las posibilidades del TLC como un instrumento que le dé
dinamismo al campo y al conjunto de los sectores económicos del país, resulta
interesante el trabajo de Alain De Janvry y Elisabeth Sadoulet, “El TLC y la
agricultura: una evaluación inicial” en el cual, asumiendo el corto funcionamiento
del Tratado, las asimetrías entre los países y los impactos macroeconómicos de
la crisis de 1995 señalan entre otros elementos, los siguientes:
a) Problemas de los pequeños productores para cambiar a cultivos más
rentables.
b) El TLC presenta oportunidades limitadas para los pobres de México y para
sus problemas estructurales.
c) Actualmente se ha generado una pobreza transitoria en el campo, resultado
del cambio estructural, la cual a mediano plazo desaparecerá. Sin embargo, la
pobreza estructural (la de la inmensa mayoría de los campesinos) permanecerá
por largo tiempo.
d) Necesidad de programas más amplios y reformas sociales, financiados con los
ingresos del avance del comercio y la inversión extranjera directa.
La evaluación anterior de los investigadores de la Universidad de Berkeley,
California, descarta la ilusión de que el TLC podría convertirse en la alternativa
para la modernización del conjunto de los sectores económicos sociales del país.
Lo que debe llevar a una revisión sería de las políticas sectoriales, sus avances,
limitaciones y las necesidades del país. Análisis bajo el cual resultan muy
importantes los señalamientos de la Comisión Económica para América
Latina(CEPAL) cuando señala como el campo mexicano se encuentra en una
“auténtica crisis” desde 1988, a consecuencia de las políticas agropecuarias
impuestas a partir de entonces, pues dieron una “variación radical” a su antiguo
rumbo.
Y advierte que de no haber rectificaciones esa crisis se puede profundizar. Para
dicho organismo, con dichas políticas se abandonaron los objetivos de seguridad
alimentaria y la autosuficiencia, así como la protección estatal hacia los
productores que desde hace décadas regulaba las políticas agrícolas. Destaca
que los principales ejes sobre los que giró esa reforma fueron la
reestructuración del crédito rural, la privatización de las empresas productoras
de insumos, la eliminación de los subsidios por la vía de los créditos y de los
insumos, la supresión de los precios de garantía, el retiro de la Conasupo como
principal instrumento de comercialización, la eliminación de los permisos de
importación, con la reducción de los aranceles y la creación de Procampo
3.5 Cartera vencida en zonas rurales
Actualmente, la agricultura mexicana atraviesa por una situación sumamente
crítica. Desde 1982 hasta la fecha, esta situación puede ser resumida en los
siguientes términos:
1) cae el valor (PIB) de la producción agropecuaria por habitante, disminuye
drásticamente la producción per cápita de granos, declina la producción per
cápita de carnes y lácteos y disminuye severamente la producción maderable;
2) aumentan verticalmente las importaciones de alimentos, hasta superar el
valor de las exportaciones petroleras;
3) se produce un agudo proceso de descapitalización de la agricultura, que se
manifiesta en el estancamiento cuantitativo y en la obsolescencia cualitativa del
parque de tractores y maquinaria agrícola, así como en la reducción del consumo
productivo de insumos agrícolas modernos;
4) se registra un estancamiento cuantitativo y un deterioro cualitativo de la
infraestructura agrícola, especialmente en obras de riego, infraestructura de
investigación y servicios de apoyo a la producción;
5) se reduce el empleo en el sector, y caen los salarios y los ingresos de todos
sus trabajadores, privados y sociales;
6) la problemática social se complica por las crecientes dificultades de los
agricultores campesinos y empresariales para mantenerse en la actividad
agropecuaria como opción de trabajo y de vida en condiciones de deterioro de
los niveles de bienestar; y
7) aparece la creciente insolvencia de los agricultores, tanto empresariales como
campesinos, aumentando verticalmente el problema de las carteras vencidas y
los requerimientos de apalancamiento financiero. El presente apartado tiene
como objetivo profundizar este último problema, la cartera vencida, su
magnitud, orígenes y posibles soluciones.
El fenómeno de la cartera vencida en el sector agropecuario se ha venido
desarrollando desde mediados de los años 80 y se agrava alarmantemente
después de la liberalización de los mercados financieros que se precipita a partir
de 1988-89. Mientras en 1988 la cartera vencida se ubicó “solamente” en $395
mill., un año después ya alcanzó $1,399 mill., en 1992 $3,358 mill., en 1994 $
6,256 y en noviembre de 1995 llegó a $13,326 mill. (cuadro 1), lo que equivale a
un incremento del 3,272.48% frente a una inflación acumulada en el mismo lapso
de 259.25%. En términos reales la cartera vencida ha venido creciendo a una
tasa anual del 12.5% desde 1988.
El porcentaje de la cartera vencida en relación al crédito otorgado creció de
7.4% a 24.0% entre 1985 y noviembre de 1995. Dicha evolución se debió,
principalmente, a una mayor velocidad de la progresión de la cartera vencida en
comparación con el crédito otorgado, mientras durante los últimos 10 años el
crédito subió en términos reales (deflactado) en 1.9%, la cartera vencida
experimentó un aumento en 12.1% anual. El problema es de tal magnitud, que los
productores agropecuarios a nivel nacional tendrían que gastar más de la mitad
de toda la cosecha de granos de 1995 para liquidar solamente la cartera vencida.
Es importante destacar que la relación cartera vencida/valor de granos se ha
empeorado en 1995 a pesar de un aumento en el precio de los granos en promedio
de 75%.
La cartera vencida en sí todavía no dice nada sobre el nivel de endeudamiento
del sector; por ello es necesario relacionar la deuda total con el Producto
Interno Bruto del sector agropecuario (PIBA). Dicha relación se ubicó en 1994
y 1995 en casi 70%, nivel que debemos calificar de inmanejable y por ello de
sobreendeudamiento. No obstante, lo peor para los productores agropecuarios
es el hecho de que durante los últimos años cada vez más se dificultó el acceso
a dinero fresco para realizar inversiones a mediano y largo plazo o simplemente
para trabajar. Con la devaluación del peso frente al dólar en diciembre de 1994
y la instrumentación de una estrategia de "corto plazo" severamente
contraccionista, que comprende una política monetaria y crediticia fuertemente
restrictiva, con el subsecuente aumento estratosférico de las tasas de interés,
los problemas financieros del sector agropecuario se han agudizado
notablemente. La cartera vencida y la severa contracción del crédito interno se
suman para impedir que los proyectos socialmente rentables se lleven a cabo
durante los últimos dos años. Muchos productores han perdido las garantías que
los respaldan como sujetos de crédito y no podrán contratar nuevos créditos
para operar. El CNA estima que, por esta causa, el 20% de la superficie agrícola
quedó sin sembrar durante el ciclo primavera-verano 1995 y la superficie
sembrada de maíz del ciclo otoño/invierno 95/96 se redujo 32% en comparación
con 93/94 cuando alcanzó su máxima extensión.
Ante tal situación es sumamente importante precisar las causas y orígenes de la
cartera vencida en el campo, pues sólo extirpando éstas se podrá resolver a
fondo el problema e instrumentar las políticas necesarias para que no se repita
en un futuro cercano, como ha ocurrido durante los últimos años. La propuesta
de los bancos de analizar la situación caso por caso de ninguna manera conseguirá
esta solución, sino que sirve únicamente para detectar aquellos contados
productores que todavía pueden pagar3.5.1 Orígenes de la cartera vencida
El surgimiento de la cartera vencida agropecuaria como mega problema nacional
es consecuencia de dos grandes fenómenos:
I. La política macroeconómica, sobre todo la política de precios relativos,
II. La política crediticia de la banca,
Al factor de la inflación y el paulatino endeudamiento del sector campesino con
la banca privada hay que sumar la poca rentabilidad que implican las actividades
agrícolas. Entre los instrumentos de política macroeconómica, aplicados durante
el sexenio pasado, la política de precios relativos fue la que tuvo un impacto
decisivo sobre la cartera vencida. La política de estabilización de precios se
orientó hacia dos direcciones: por un lado, la contención de los precios de los
alimentos básicos (apoyándose en la apertura comercial, aunada a la
sobrevaluación del peso y al estricto control de precios agropecuarios por parte
de la SECOFI) como una de las medidas de abatimiento de la inflación; y, por el
otro lado, el retiro de los subsidios indirectos y la reducción de los directos a la
producción agropecuaria con la finalidad de sanear las finanzas públicas.
Efectivamente, se logró la reducción de la inflación e incluso se consiguió un
superávit en las finanzas públicas, pero sin bases firmes y a un costo social
sumamente alto. Los productores agropecuarios se vieron ante una continua
contención de sus precios de venta, mientras sus costos de producción se elevan
desproporcionadamente. Así, los diez principales granos, que representan el 42%
del valor de la agricultura y ocupan el 72% de la superficie agrícola del país,
perdieron entre 1981 y 1994 el 49% de su valor respecto a los precios de las
materias primas que tiene que pagar el sector. Tan sólo el valor del maíz, el
principal grano del país, perdió nada menos que 53%, en otras palabras los
productores tenían que producir en 1994 el doble de lo de 1981 para obtener el
mismo ingreso.
La liberalización de los precios de los granos en 1995 y su aumento en términos
nominales, que es interpretado por unos defensores de la política neoliberal
como la gran panacea, no revierte la situación, dado que a la par siguen creciendo
los costos de producción. A pesar del aumento “fabuloso” en el preciso del maíz,
por ejemplo, éste alcanza en el ciclo primavera-verano de 1995 solamente el 64%
de su valor obtenido en 1981. El valor de la producción de los 10 granos y
oleaginosas más importantes está en 42.5% por debajo de su resultado alcanzado
en 1981 . Ante tales circunstancias, cada vez más productores no obtienen
ninguna ganancia de la producción. Un estudio exhaustivo, realizado entre 1991
y 1993 en colaboración entre la SARH y el Colegio de Postgraduados, cuantificó
el nivel de pérdidas por superficie agrícola para los años 1991/92 (cuadro 3), en
cifras que varían entre el 6% y el 82%, aproximadamente, en los 21 estados
considerados. Aunque la metodología aplicada para el análisis de la rentabilidad
contiene algunas deficiencias, los datos de por sí son muy alarmantes.
La situación se vuelve más dramática después de 1991/92, años del estudio de la
SARH/CP, cuando muchos precios no solamente se estancan sino incluso se
reducen en términos nominales, mientras los costos de los principales insumos
siguen creciendo.
3.5.2 Cartera vencida y actores sociales
El Barzón Sin duda, la cartera vencida agropecuaria forestal es una de las
variables que mejor refleja la actual situación de crisis en el campo. Su inaudito
crecimiento provocó el surgimiento de una organización nacional de deudores de
la banca, El Barzón, que conformó, junto con el movimiento indígena chiapaneco,
el principal movimiento social en el campo a partir del sexenio salinista.
El Barzón, al igual que muchas organizaciones independientes trató de romper
desde su origen con el viejo modelo de relaciones corporativas entre el estado y
las organizaciones campesinas, de hecho, podemos advertir que desde el sexenio
de Luis Echeverría Álvarez que este modelo dejó de servir como mecanismo de
negociación y entró en crisis por su autoritarismo, corrupción, concentración del
poder en las cúpulas y por no responder a las necesidades del neoliberalismo.
Esta disfunción entre las viejas organizaciones sociales y el nuevo Estado
neoliberal tecnocrático fue tan grave que el mismo gobierno salinista se dedicó
a desbaratar gran parte de su estructura. El caso de la Confederación Nacional
de Productores de Hortalizas es particularmente elocuente al respecto. En
agosto de 1993, El Barzón nace en esta coyuntura. Sin duda, esta nueva
organización es el resultado de la bancarrota de una importante capa de
productores medios por la aplicación de la nueva política económica, además, otro
problema contextual fue el encarcelamiento de Juan José, Manuel Ortega y
otros de sus compañeros lo que los llevó a tomar la decisión de construir el
Barzón. El motivo fundamental era agruparse en torno a una colectividad para
defenderse ante el despojo, y resistir el problema de las deudas con la banca
comercial. Sus militantes decidieron construir algo diferente, ético, plural, e
incluyente para elaborar sus propias propuestas.
Lo primero que hicieron fue plantearse dos demandas por las cuales había que
luchar:
1. Solicitaron una Ley de Moratoria para las Carteras Vencidas, misma que
entregaron el 6 de diciembre de 1994. En ella pedían que se repartiera el costo
de la crisis entre banqueros, deudores y gobierno y que se les permitiera no
pagar a la banca durante cuatro años con el objeto de capitalizarse y poder
cumplir con sus compromisos. Los legisladores no aceptaron la propuesta, para
su negativa argumentaron que en el escenario económico no se podía presentar
una devaluación; es decir, era inviable totalmente una moratoria a la cartera
vencida. Sólo bastaron unos días para que la realidad les demostrara lo contrario.
Ante esta situación, los integrantes de El Barzón decidieron consignar "el pago
a lo posible" en los juzgados, con el interés de demostrar jurídica y públicamente
su voluntad de pagar, la moratoria no se las dieron, ellos la tomaron. Miles de
pequeños comerciantes, prestadores de servicio, industriales y agroproductores
pudieron seguir trabajando ya que lo poco que tenían para pagar a los bancos lo
invirtieron en sus propios negocios y pudieron mantener los empleos que
generaban. Hoy muchos barzonistas se han capitalizado por esta vía y han
resuelto parte de sus problemas.
2. Los sectores económicos que representaban nunca se habían visto inmersos
masivamente en problemas judiciales de carácter mercantil. Enfrentaron el
hecho de que ningún abogado quería defenderlos, por aquello de no querer
enfrentarse a los banqueros, muchos de ellos tuvieron que aprender derecho, se
habilitaron como abogados y empezaron la demanda masiva en contra de los
bancos. Así, han conseguido administrar el conflicto por la vía jurídica y lograr
una de sus conquistas: la tregua judicial. Aún y cuando la Suprema Corte de la
Nación falló, en torno al anatocismo, hoy existen en el país un millón y medio de
juicios