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Cri-Cri, El Mensajero de La Alegría

Compilación de canciones de Cri-cri, con análisis de las letras. Algunas de ellas son inéditas. Muy recomendable.

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Cri-Cri, El Mensajero de La Alegría

Compilación de canciones de Cri-cri, con análisis de las letras. Algunas de ellas son inéditas. Muy recomendable.

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Repositorio de Investigación y Educación Artísticas

del Instituto Nacional de Bellas Artes

[Link]

Cómo citar este documento:


Alcaraz, José Antonio, Cri-Cri: el mensajero de la alegría. México: Instituto
Veracruzano de Cultura, Conaculta, INBA, Cenidim, 1994, 41 p.
CRI-CRI :
EL MENSAJERO DE LA ALEGRÍA
JOSÉ ANTONIO ALCARAZ

CRI-CRI:
EL MENSAJERO /

DE LA ALEGRIA

CUADERNOS DE CULTURA POPULAR

INSTITUTO VERACRUZANO DE CULTURA


CENTRO NACIONAL DE INVESTIGACIÓN,
DOCUMENTACIÓN E INFORMACIÓN
MUSICAL CARLOS CHÁ VEZ
ALAS Y RAÍCES A LOS NIÑOS
VERACRUZANOS
INSTITUTO VERACRUZANO DE CULTURA

Rafael Arias Hernández,


Director General

José Tomás Carrillo Sánchez,


Secretario Técnico

Ángel José Fernández,


Coordinador General de Publicaciones

Jorge Lobillo,
encargado de la Colección

MUSEO DE ARTE DE ÜRIZABA

Cecilia Santacruz Langagne,


Directora

Portada: Página 4
Primera edición, 1998
®DERECHOS RESERVADOS
INSTITUTO VERACRUZANO DE CULTURA/ INBA
®José Antonio Alcaraz
Canal esquina Zaragoza
Código Postal 91700
Veracruz, Veracruz, México .
Impreso y hecho en México
ISBN 968-7824-72-7
GOBIERNO DEL ESTADO DE VERACRUZ

Patricio Chirinos Calero,


Gobernador Constitucional
Guillermo H. Zúñiga Martínez,
Secretario de Educación y Cultura

CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES

Rafael Tovar,
Presidente
Eduardo Reyes Langagne,
Coordinador Nacional de Descentralización
Susana Ríos Szalay,
Coordinadora Nacional de Desarrollo Cultural Infantil

INSTITUTO NACIONAL DE BELLAS ARTES

Gerardo Estrada,
Director General

CENTRO NACIONAL DE INVESTIGACIÓN , DOCUMENTACIÓN


E INFORMACIÓN MUSICAL CARLOS CHÁ VEZ

José Antonio Robles Cabero,


Director :
Para José Antonio Robles y Arturo Díaz,
con gratitud aquí explícita
Y al ir con su canción
es como un árbol doblando
el dulce fruto de su sombra
y suspendiendo música en sus ramas

MARGARITA MICHELENA,
Arte Sonora
PRELIMINAR

SoN LAS tres de la mañana. La as ociación brin ca de


inmediato. El vínculo con Cri-Cri y sus cancio nes se
vuelve evidente, al momento de escribir esto. Como
creo haberlo relatado ya en otro texto, ahí surgieron
mis tareas (devastadoras para algunos) en el teatro
musical.
Durante el año lejano de 1942 (¿o era 43 ?) -hoy
aureoleado con el prestigio hermoso de la remembran-
za- tenía cuatro de edad. Para la fiesta de fin de año
una monja adorable, toda júbilo y entendimiento , la
"Seño Consuelo'' preparaba afanosamente nuestro exa-
men, que sería arduo en materias académicas. Para ello
agrupó a los niños supuestamente más listos del kin -
der.
Los no muy avispados a diferencia fueron escogidos
para la sección de "Cantos y Juegos".
Así, nuestros orgullosos progenitores podrían corro-
borar nuestros avances escolares a lo largo de una se-
sión pública, llamada pomposamente «examen » por
nosotros.
Tal como cabía esperar - y a consecuencia de moti-
vos fácilmente discernibles- fui de inmediato al exilio,
abandonando el grupo que integraban los aplicados,
para trasladarme al vecindario de aquéllos pertene-
cientes a los lúdicos (según los alcances de un vocab u-
10 J O SÉ AN TO N IO A L C ARA Z C RI- C RI

lario adquirido posteriormente).


Dicha sección estaba a cargo de otra monja: amari-
llenta y reseca ésta , pariente cercano de Olivia la de
Popeye, según demostraban las apariencias . Aquel ser
lastimero era conocida como la "Seño Serafina ". Sus
dientes rechinaban al tiempo que fruncía el gesto con
un temblor de cráneo apenas disimulado. Era especia-
li sta en eso que el lenguaje coloquial suele designar
como "entripados". Verme llegar a su grupo y crispar-
se fue simultáneo. Desde hacía algunas semanas trata-
ba inútilmente con su voz chillona y ríspida , en el um-
bral de la estridencia, de marcar ciertas "evoluciones"
a mis compañeritos y compañeritas que desempeña-
ban el rol de los personajes desplegados por Cri-Cri
en su sabrosa estampa lírica, donde se revelaban los
secretos de Jos muñecos cuando, en periodos noctur-
nos, salían a bailar, tras un desfile resplandeciente .
En apego riguroso a la verdad histórica debo decla-
rar que no medí las consecuencias de mis actos: empe-
cé por meter la cuchara, poco después me erigí en su
asistente de dirección y después de una semana era ya
el director de aquella puesta en escena, la más entra-
ñable que he realizado.
Tuve la complicidad encantadora de un niño regor-
dete , con mejillas rojísimas: un güero llamado Luisito
Domínguez. Tenía el físico menos adecuado para des-
empeñarlo , pero él se empeñó en encarnar a Pinocho .
Para ello trajo un juguete de esos entonces muy popu-
lares: sobre una pequeña plataforma con ruedas iba
E l. MENS A J ERO DE L A ALEGR Í A 11
·- - - - - - -

un muñequito golpeando con baquetas, de modo más


que insiste nte , un timbre met áli co; ruido infernal, co-
diciable por lo tanto pa ra los pobl adores de aquel es-
pacio histriónico (así como coreográfico) incipiente.
A una niña (Rosario, creo ; más bien: «Chayito ») le
amarré varios plumeros al cuerpo como D ios y mis dotes
de tramoyista precoz me hicie ron entende r, ia to mé
del brazo y ilisto!: éramos "la Coco rica y Migue lito ".
Por supuesto fue un triunfo babilór:ico, nin ivita y
fosforescente. 1v1onumenta1, en res umen .
En memoración de aquellos seres perdura bies y pa-
ra homenajear tales momento s expansivos que var1 con-
migo , he realizado una compilación de dimemiones ínti-
mas; frágiles al igual del recuerdo. T odo esto quiere ser
cálido y dar testimonio de gratitud a Fran cisco Gabilon-
do Soler. Por lo tanto , incluyo mi cuento "El Grillito",
escrito para evocarlo. Y para deci rle a la s niñas y niños
de hoy que aquellos del pretérito lo seguimos siendo, aun
cuando nuestro físico inútilmente quisiera desmentirlo.
Lo que ahora aparece constituye apenas el anticipo
ele un estudio detallado que emprenderé acerca de las
excelencias musicales, hallazgos y regocij os conteni-
dos en la obra del «Grilli to Cantor», porque Francisco
Gabilondo Soler merece figurar lado a lado con los com-
positores más importa ntes , representativos de la iden -
tidad mexicana ; entre nuestros ances tro s mejores.

México, o. F. , 2ó de agos to de 1998


" ... SALEN DE SUS CAJAS DISPUESTOS
A JUGAR"'

¿QUIÉN, que tenga más de cuarenta años y haya na-


cido en aquella que alguna vez fuera la muy noble y
leal Ciudad de México - hoy Viet Hank-, puede recor-
dar el momento en que escuchó por primera vez a Cri-
Cri ?
La frecuentación inicial de sus canciones se consti-
tuye hoy en imágenes indescernibles que habitan, en
forma a la vez permanente y entrañable , los estratos
subterráneos de nuestra memoria, de nuestras memo-
nas.
Sin que pueda distinguirse de manera clara pero no
por ello menos concreta, la presencia de Cri-Cri se con-
funde con los orígenes de nuestra individualidad.
En medio de ese Olimpo de temores, siniestros mur-
mullos, incógnitas, soslayos, adivinaciones y sobreco-
gimientos de la infancia, esa infancia que todos pare-
cen que rer negar precisamente por haberla vivido si-
multánea a aquella solar de afectos donde surge insis-
tente la alegría "entre los juegos y los cuentos, sobre
la tierra seca " -según las afortunadas palabras de No-
1 Este tex to fu e le íd o po r su autor e l 9 d e fe brero d e 1983 durante
la prese nta c ió n d e l libro e n cue sti ó n y homen aj e a Gabilondo So le r e n
e l Audito ri o Juli á n Carrillo de la U NAM . Apare ció publicado e n Proceso,
M éx ico (1 4 d e fe b rero d e 1983) , núm. 328.
EL MENSAJ E RO DE L A AL E GRÍA 13

vo-, y al lado de la otra infancia en que fantasmas y


sometimientos constituyen caudal terrible, sólo cantos
y juegos esclarecen la propia identidad para el niño ,
logrando alejar por un momento para la carga soterra-
da de penumbra e intuiciones estremecedoras origina-
das en la diaria, múltiple , constante, agresión de que
es objeto .
Ya lo he afirmado alguna vez: "La sociedad infantil
es más cruel que la adulta . Las posibilidades de anoni-
mato se ven incrementadas para los niños. Ellos no tie-
nen los medios para asumir sus derechos políticos o
civiles y se les hace pagar brutalmente la protección
que reciben. Son objeto de una serie de manipulacio-
nes, provenientes de la codicia y el apetito erótico de
quienes se supone debían velar por ellos, encauzarlos,
amarlos".
Y a mitigar los efectos de todo este sector emocio-
nal (iba a escribir conmocional) -tan vasto que llega
a volverse inexistente a fuerza de no hablar acerca de
él- contribuyen decisivamente el canto de las rondas
como el imaginar bienhechores legendarios. E sto , sin
perder de vista, por supuesto, lo que de manera tan lú-
cida y penetrante formula Carlos Monsiváis cuando
señala: "Todo cuento de hadas es un relato terrible,
con apariencia de cuento de hadas".
Es ahí donde se patentiza la importancia de la crea-
ción llevada a cabo por Gabilondo Soler, compositor-
poeta quien lleno de amor y generosidad destina su
obra al niño.
1-l .i USÉ A N T ON IO A LCARAZ. C RI-CR!
- --- - -- - -- - -

Co¡¡ ánimo fe stivo , personajes sugerentes y fantasía


rep leta de frescura , cada una de las canciones de
Cri--Cri <Hraviesa el espa ci o y disipa co n su mera pre-
sencia al través de textos y sonidos musicales unidos
de manera indisoluble , aq uella maraña interna de pa-
vores e incomprensión en quien -por medio del radio
pr i1ne ro y post eriormente las grabaciones- aprendió
como resultado a sonreír. Hoy, esas canciones so n pa-
ra nosouos id é nticas a aque ll as est rellas muy distan-
tes, cuya luz nos sig ue ll egando , incluso después de ha--
ber desaparecido .
Las invenciones de Cri-Cri no entraflan ningún re-
lato terrib le: en e llas vive n el cariño , el sentido del hu-
mor, el gozo, el júbilo , la sabrosura pintoresca del colo-
rido local e incluso , en ocasiones ("La muñeca fea "),
la evocación que va dejando en el trayecto -gradual -
mente- su carga ele nostalgia, al situarse cada vez más
cerca de la capacidad para llegar al paraíso recobrado.
C uando h a transcurrido el tiempo, esas canciones
que hemos ido haciendo nue stras, tanto como nos han
ido haC1endo suyos, efectúan desde los laberintos de
la memoria un retorno benéfico . Soportan --diría Mar-
ce! Proust- e n su natural eza frágil , con gran vivacidad,
vigo rosas, "e l edificio inmenso del recuerdo ".
Y si para refer irse a Cri-Cri hacen falta los extre-
mos que se han invocado aquí, así como en un acto ple-
namente voluntario la pre5e ncia del novelista francés
más importante en esrc siglo, habré de recurrir ahora
a Marga rito Ledesma , «e l bardo de Chamacuero». Por-
EL M E N SAJERO D E L A A LEGRÍA 15

que , mediante uno de sus más deslumbrantes milagros


poéticos, Margarito demarca el territorio donde Gabi-
londo Soler ejerce su tónica acción: "El Corazón Hu-
mano de la Gente ".
Las reminiscencias de aquellas canciones en que per-
vive Cri-Cri están trenzadas a nuestro origen mismo :
a los momentos cuando sin percibirlo comenzamos a ser,
nos pertenecen tanto como la vista o el acto de respi-
rar. Forman parte de nuestro cuerpo , al igual que esos
componentes del individuo cuya presencia se obstinan
las religiones en proclamar nefastos .
Nuestro lenguaje, el que hoy usamos , lleva en sí to-
das esas figuraciones , después de haberlas digerido a
tal punto que ya no son objeto de reflexión. Tras cada
uno de nuestros gestos, implícitas en nuestras actitu-
des , involucradas con nuestras convicciones, residen las
melodías de nuestra infancia. Cuando, en medio de la
calle vislumbramos un amigo , al levantar la mano y de-
cir: "¿Hola, cómo estás?", nuestra habla hace resonar
la presencia de aquella música que nutrió el mundo de
cada uno, durante aquel periodo cuando era un acto
de temeridad el cruzar solos la avenida.
Adherencias maravillosas que nos saturan cu ando
tomamos conciencia de ellas y hacen nacer en ustedes
como en mí, el agradecimiento. Plenitud de la intimi-
dad colectiva.
Al interior de nuestros afectos , en lo mejor de cada
acto diario , origen de la desenvoltura o la nobleza de
cada mexicano capaz aun de practicarlas, como fuente
16 J O S É A N T O N 1O A L C A R A Z : C R 1 - C R 1

misma de gentileza, están aquellas canciones que oí-


mos como parte del entorno infantil, creyendo nues-
tros mayores que eran efímeras como muchas de las
suyas: no sospechaban siquiera cuán trascendentes re-
sultarían para nuestra individualidad como grupo, su
código de conducta y temperamento .
Contemporánea de sí misma, mi generación en la
Ciudad de México hizo su tarea diariamente al llegar
de la escuela; padeció, libró "las batallas del desierto ",
bajo el aura omnipresente de la radio.
Lo mejor de los sonidos, entregados en forma inte-
resadamente desinteresada, lo más rescatable -ade-
más de los humoristas- son los programas de Cri - Cri.
Cuando estábamos en sexto año , casi al terminar la
Guerra de Corea, apareció la televisión . Lo mejor de
sus imágenes entregadas en forma interesadamente de-
sinteresada, lo más rescatable residía en los Cuentos
de Cachirulo.
Dos seres fundamentales para nuestro inventario
emotivo: Francisco Gabilondo Soler y Enrique Alonso
(1924).
Cálida diáspora de sus talentos y hallazgos, la que
vive hoy en nosotros.
Después nos volveríamos "hábiles en la cultura de
nuestros placeres" hasta llegar el momento en que , por
primera vez, diríamos con Pellicer:

Tu amor es el erario inagotable


que costea el país de los poemas.
EL MENSAJERO DE LA ALEGRÍA 17

Lo que sigue ya no es importante, aquí. Lo funda -


mental para este momento en que nuestra gratitud se
hace explícita es lo que permanece: Cri- Cri, Gabilon-
do Soler, sus canciones.
He leído con manifiesta voracidad el libro de Elvira
García De lunas garapiñadas: Cri-Cri, documento
ejemplar editado por Radio Universidad y FONAPAS.
Sólo el elogio puede calificar la tarea emprendida
y realizada por una periodista mexicana dotada con el
sentido de la oportunidad, poder de penetración y agu-
deza para investigar.
Mediante numerosos testimonios verbales ahí reco-
gidos, Elvira García lleva con juguetona astucia de la
mano al lector por un' campo pocas veces recorrido an-
tes.
El homenaje, pleno de justicia, a un compositor me-
xicano y su producción suele ser poco frecuente en
nuestro medio, por desgracia.
Elvira García subsana esto al entregar un retrato
hablado, o más precisamente una serie de retratos ha-
blados que se traducen en "imagen compartida". La
suya se vuelve una actitud admirable.
A fin de asegurar la pluralidad de enfoque de crite-
rios, y mediante ello la objetividad, hemos sido entre-
vistados varios participantes de la escena cultural me-
xicana; el más notable de ellos, como resulta prover-
bial en estos casos es: Carlos Monsiváis.
Elvira García logra amalgamar nuestras opiniones
y comentarios con un fascinante relato autobiográfico
18 JO S É A N TON 1O AL e A RA Z: e R 1 - e R 1

del protagonista así como varios documentos perio-


dísticos exhumados por su destreza profesional.
Trabajos como éste son muy necesarios, indispen-
sables, dada nuestra enfermedad crónica: la caníbal-
amnesia mexicana. Desmemoriados por una parte y
antropófagos por la otra, nos empeñamos en la nega-
ción sistemática de los nuestros, en ignorarnos mutua-
mente y menguar hasta donde sea posible los ecos de
la presencia del otro; especialmente si este último es
valioso.
El abierto antagonismo de la postura de Elvira Gar-
cía hacia esta autonegación represiva y opresora es
laudable ya de entrada, pero el aplauso a la misma se
incrementó al percibir la espléndida solvencia y luci-
dez de su rescate.
La autora de este documento milita -al igual que
tantas otras mujeres, periodistas mexicanas valiosas-
a favor de la inteligencia, como lo ha demostrado en
De lunas garapiñadas al poner de relieve la figura, la
obra, el precioso legado de Cri-Cri.
Este libro acerca de Gabilondo Soler, un hombre
que ha sabido -como lo hizo Paul Klee (1887-1940)-
reconquistar la mirada primera y con ella la integridad
del candor, encarna un testimonio acerca de aquel lu-
gar bíblico que Montherlant recuerda: la Ciudad cuyo
príncipe es un niño.
A Cri-Cri sólo podría decirle: "Grillito sería feliz,
con las cosas de tu país".
"También yo te quiero y te quiero feliz ".
ANTROPOLOGÍA DE LO ENTRAÑABLE 2

ALUBIA Salpicón (ya se sabe: "las damas primero").


Foforito Cantarranas, Sinfónico Fonseca, así como
-vestido de marinerito, con todo y su infalible gorro
cuyo remate tiene forma de pizza-lsidro Cotorrón es-
tán (según la locución antigüita) de plácemes.
Las adorables criaturas tienen motivo sobrado pa-
ra, en estos últimos tiempos, manifestar su regocijo y
comentar animados acerca del doble motivo: 1) la apa-
rición del disco de Cri-Cri Las canciones que no había
grabado (RCA Víctor MIKST 2395); 2) La Editorial Po-
sada ha reeditado el libro de Elvira García, ahora con
el título .. .es Cri-Cri (antes se llamó De lunas garapi-
ñadas).
Como este volumen ya fue comentado extensa-
mente aquí -sólo cabe hacer notar por ahora el placer
que produce su reaparición . A diferencia, acerca del
disco hay mucho que hablar y, por lo tanto, algo que
escribir.
Dando brinquitos llenos de contento, con sus voce-
citas agudas, mis personajes infantiles predilectos (no
te enceles, Mafalda, ni acomplejes, Migue lito) celebran
lo dichosos que son, al poder asistir a la celebración
del Cincuentenario de Cri-Cri a quien quieren, respe-

2 Publicado en Proceso, México (5 de agosto de 1985) , núm . 457.


20 JOSÉ ANTONIO ALCARAZ: CRI-CRI

tan y admiran más allá de lo imaginable.


Por cien cálidas razones diferentes, entre otras, co-
incido con ellos al expresar -en forma lo mismo abier-
ta que entusiasta-predilección patente por "Chinito
sería feliz 1 con las cosas de tu país": una de las letras
más encantadoras de Gabilondo Soler. Esta canción
hacía falta, de manera apremiante, en la discografía
del «Grillito Cantor».
Junto con ella se multiplican las presencias bien-
venidas: imborrable la ranita Luli; el conejo que sacu-
de la alfombra; don Perfidia-Mala-Entraña (hechice-
ro de postín 1.. .malvado, bajo y ruin); El Castillo Azul;
el sapito con "el chistoso papá sapote 1el muy chato del
tío zapato".
Lirismo , fantasía, humor, fábulas , gracia , visiones
ultraterrenas lo mismo que bucólicas nutren o inte-
gran la opulencia verbal y sonora cuyo paisaje bu-
cólico repleto de cargas efectivas, justifica sin cortapi -
sas la alegría de los pequeños virtuosos de la mando -
lina, el bombardón, violín y contrabajo (o más bien
tolo loche).
Y continúan apareciendo con desenfado imágenes
deliciosas: El Pato Bizco; la negrita Cleta Dominga :
familiar lejano de los personajes más difundidos en las
canciones de Montsalvatge; así como el Marinero ("to-
ma tu pipa 1y ponte a fumar") o Pico Peñón ("con mis
cabritos 1 soy dueño 1 del cielo").
Una vez más, la epifanía que reside en las canciones
creadas por Gabilondo Soler irradia su acción bené-
EL MENSAJERO DE LA ALEGRÍA 21

fica, por medio de mecanismos que le son caracterís-


ticos : tanto estimula como sugiere presencias, situa-
ciones y actitudes que la lógica maquinal se rehúsa a
admitir, avalar o circunscribir.
Claro ejemplo de esto se encuentra en el desp arpa-
jo verbal -más allá del mero significado de las pala-
bras- en "La Pensativa': donde la fonética se con-
vierte en elemento precioso de juego hasta situar la'
total suma de música y palabras, en un terreno vecino
a la sabrosa agilidad del trabalenguas. "Cuando la va-
ca 1,va caminando 1 va cabizbaja 1 va cavilando 1 dicen
que vaca 1 se escribe con "v"/ ibah! Cada cosa 1 la que
uno ve 1 ... vaca, vaca, vaca, vaca 1 iva a acabarse de
tanto pensar!"
Para disgusto o pasmo de los «ebúrneos», cabría su-
poner a esta joyceana vaquita -muuuuu- emparenta-
da con aquella que ha auspiciado tantos deleites juve-
niles al inicio del Retrato del artista adolescente.
Puede hacerse notar, asimismo: con sus escaramu-
zas, el uso de esta aliteración crea una figura rítmica
regular, que sustenta tanto el fraseo como los acentos
de cada periodo y el conjunto de los mismos. Esta rela-
ción entre texto, métrica musical y carácter crea una
preciosa unidad orgánica, notoria al momento mismo
de la audición. El oyente, a quien no conciernen tales
consideraciones técnicas, resiente, sin embargo, sus
efectos, mismos que proporcionan una coherencia par-
ticular al transcurso mientras le escucha. En conse-
cuencia, cuanto capta de manera intuitiva le lleva al
22 JOSÉ ANTONIO ALCARAZ: CRI-CRI

deleite: finalidad última, llena de nobleza, de este ti-


po de música.
Y precisamente en esto residen buena parte del
éxito o hallazgos mayúsculos del universo de Cri-Cri,
tan consistente: en el ser fiel a sí mismo, sin por ello
anquilosarse ni acatar los límites tácitos de la respeta-
bilidad a lo consabido. Su catálogo ha llegado a cons-
tituirse en un conjunto de signos válidos, seductores,
individuales al extremo porque en cada canción Cri-
Cri inventa, propone, descubre, fantasea, opera como
acicate para la aventura propia, más allá de cuanto
establece cualquiera de los relatos musicales que ha
emprendido.
Aquí Cri-Cri es idéntico a Andersen : multiplica un
territorio inédito que se relaciona, en forma simultá-
neamente subterránea y evidente, con otros aborda-
dos por él mismo. A la vez, vierte en cada una de sus
obras elementos propios, que le proporcionan un per-
fil individualísimo.
En la brevedad magnífica de la canción de uno y
cuento del otro, residen múltiples figuraciones creati-
vas que les hacen autosuficientes. Lo imaginado por
ellos encierra una rica variedad de personajes y acota-
ciones o maneras de observar: plasticidad creativa que
llegarán a integrar una conmovedora galería irrepe-
tible de alcances y donaires ilimitados, al tener como
condición primera la intangible.
Por lo que toca a la realidad auditiva de esta edi-
ción discográfica, se hace notable el trabajo de Eduar-
EL MENSAJERO DE LA ALEGRÍA 23

do Magallanes cuyos arreglos a la vez que enmarcan


con tino, subrayan lo ideado por Cri-Cri sin alterarle.
Vale la pena hacer notar que estos arreglos son algo
más «modernos» de cuanto era acostumbrado en las
grabaciones precedentes. Sin embargo, cabría esperar
un gesto de mayor audacia eventual; por ejemplo : pa-
ra "El Castillo Azul" bien pudo haberse utilizado un
grupo instrumental-dadas ciertas sugestiones implíci-
tas del texto- en que figurasen alternativamente laúd
y coro de metales (a la Gabrielli), con apoyo de arpa
y piano, además de percusiones metálicas (glockens-
piel; triángulo; campanas tubulares, platillos; suspen-
dido y chocado; tam-tam, etcétera).
Las creaciones de Cri-Cri contenidas en este disco
hacen evidente la presencia de una confederación aní-
mica invicta, animada por la ternura amistosa que se
traduce en una frescura perenne. Concurren a inte-
grar tal eslabonamiento: lo insólito, la cordialidad, un
didactismo subliminal de ánimo festivo o ciertos de-
talles caricaturales. Esta recuperación de la mirada
primera incluye la presencia del elemento chusco, en-
tendido como valor creativo. Los símbolos encarnan
aquí presencias, sugestiones, representaciones, me -
táforas directas, fantasías.
Asimismo, en estas canciones afloran con frecuen-
cia tanto frases cantables caracterizadas por giros de
zarzuela, con su rústica lozanía y ensueño diurno , co-
mo elementos del music-hall hispano-francés de los
años veinte o el ragtime.
24 J O S É A N T O N 1O A L e A R A Z: e R 1 - e R 1

Bajo la envidiable apariencia de trivialidad dichos


elementos, típicos de Cri-Cri, auspician el adveni-
miento elocuente en Gabilondo Soler de una dulce
música que llena de aciertos es siempre tal, aun cuan-
do el tema tratado en ella tenga apariencia anecdótica
de aspereza o se incline hacia lo fantasmagórico , pues
la ilusión permeabiliza el total hasta ser a la vez tónica
y dominante. Fenómeno inexorable.
En virtud de sus figuras rítmicas, clima emotivo, uso
magistral de la prosodia y devastadora nitidez en sus
líneas melódicas evocativas o juguetonas, modulacio-
nes sencillas, así como armonía de aguda simplicidad
simétrica, encarna la condición espléndida, el talento
de Cri-Cri y Francisco Gabilondo Soler -su otro yo--
quienes fusionados de manera irrebatible , desde hace
cincuenta años nos han enseñado invadir sin timidez los
territorios benéficos del gran deleite.
iA Y, QUÉ GUSTO QUE NOS DA! 3

EL 29 de septiembre de 1984, el Palacio de Bellas Artes


celebró su cincuentenario.
Inútil reiterar aquí cuánto se escribió en esas fechas
hasta la saciedad: las actividades llevadas a cabo sobre
el escenario, durante su primer día de vida oficial.
Por lo contrario, no sería del todo descabellado
afirmar que una cuarta parte de mi existencia -o ago-
nía, según se vea- (ioh, seudometáfora!) ha transcu-
rrido entre sus muros de mármol. Como espectador;
ejerciendo diversas tareas teatrales o musicales; ante-
salas y las correspondientes grillas; así como -por su-
puesto- infinitos trámites.
Ni hablar, estoy muy encariñado. Es mi merengue
favorito: blanco y puntiagudo , aunque no siempre dul-
ce .
Compañeros de trabajo, sesiones memorables, so-
focos, chismorreas, incidentes chuscos, incluso ligues,
pleitos y berrinches, presencias entrañables y hasta ve-
lorios (con los correspondientes avatares ahí surgi-
dos): imágenes que permanecen unidas al hoy tan au-
gusto local.
El espectro de un evidente sentimentalismo comien-
za ya a invadir la redacción de . todo esto. Momento,
3 Publicado como parte del libro Allá en el Teatro Grande, Méxi-
co , Plaza y Valdés, 1988.
26 JO S É A N TON 1 O AL C ARA Z: C R l - C R l

en consecuencia, de evitarlo , inte ntando concentrar-


me en aquello que se supone tema central de este tex-
to y -obviamente- habrá de nutrirlo.
Haciendo a un lado en forma voluntaria por entero
conciertos, representaciones dancísticas, recitales, fun-
ciones de ópera que se han efectuado en la Sala de Es -
pectáculos o la Sala Ponce , intentaré hacer un inven-
tario de las obras teatrales que ahí he visto como es-
pectador prejuicioso a la par que silvestre.
Sin embargo, antes de hincar el diente a tan evoca-
tiva materia, me atrevo a reiterar la sugerencia que
alguna vez hice de viva voz a Juan José Bremer, cuan-
do era director (admirable , a pesar de todo) del Insti-
tuto Nacional de Bellas Artes, institución adjunta al
Palacio de Bellas Artes, no viceversa como suele asu-
mirse.
Creo que la Sala de Espectáculos no sufriría desdo-
ro alguno al llevar el nombre de Carlos Chávez, por
razones evidentes.
Dicho esto, he de declarar como la primera vez que
asistí a Bellas Artes el año de 1945. Estaba en primer
año de primaria.
Los monjes con palidez de cirio , languidez de lirio
y palpitar de ave en agonía, cuya ocupación principal
consistía en desinstruir a los alumnos del Cristóbal
Colón, juzgaron adecuado usufructuar mañosamente
las actividades del aparato oficial educativo, a la vez
que "darnos un poquito de barniz", conduciendo lama-
nada a su agresivo cargo hasta Bellas Artes.
EL rv!ENSAJERO DE LA ALEGRiA 27

El Rey Bombón y Cri-Cri fue, en consecuencia, el


espectáculo que presencié entonces. Tenía siete años.
Corría el mes de mayo. Y si la memoria no falla, entre
los participantes estaba Ernestina Garfias, ataviada
más o menos como el hada del Pinocho de Disney, con
cucurucho medieval del que pendía un gran velo.
La situación que recuerdo con mayor claridad resi-
de en una enorme calabaza como de jalogüin: esceno-
grafía donde habitaba "El Abejorro Mostachón" ("Có -
rrele, corre aprisa") íeroz villano de aquella obra. Ha-
bía también un desfile de los personajes, con disfraces
y todo, por el pasillo durante el intermedio. Yo estaba
sentado en la fila "M" al extremo, juntito al pasillo. Iz-
quierda espectador. En luneta, por supuesto.
Es un verdadero deleite haber encontrado coartada
para estas memoraciones. No faltará tema . Mi regoci-
jo es doble, pues se cifra también en una fórmula no
por simplona menos jubilosa: iFeliz cumpleaños, Be-
llas Artes!
CRI-CRI POR EUGENIA~

JúBILO y nostalgia se entrelazan hasta volverse uni-


dad, indisoluble, dual , en el disco compacto (CDM 743-
211967020) donde Eugenia León interpreta con parti-
cular fortuna varias canciones de Francisco Gabilon-
do Soler (1907-1990), acompañada por la Orquesta
de Baja California bajo la dirección de Eduardo Gar-
cía Barrios.
La capacidad expresiva de Eugenia León toma cuer-
po en una serie de caracterizaciones vocales, cuya ri-
queza lleva de asombro en asombro y deleite a deleite
a quien escucha.
Gracias al talento de la cantante, a sus dones y sa-
ber, a la frescura e intencionalidad aguda que imprime
a cada versión, el verbo interpretar cobra dimensiones
radiantes.
Con gran versatilidad, Eugenia León aprovecha las
innumerables oportunidades que le prestan las esplén-
didas canciones de Cri-Cri. Se transparenta el regoci-
jo que experimenta al abordar un género apto al extre-
mo para desplegar los alcances múltiples de su tarea
artística.
Los deliciosos textos e imaginativo trazo melódico
de cada número, reciben un tratamiento lleno de acier-

4 Publi ca do en Proceso, Méxi co (25 de julio de 1994 ), núm . 925 .


EL MEN SA J ERO D E LA A L EG Ri A 29

tos , en términos propios, poniendo de relieve las ex-


celencias de sus hallazgos respectivos.
Los elogios tienden a acumularse ante la capacidad
de Eugenia León para recrear la vena festiva , el liris-
mo , la vivacidad, invención fértil y ánimo juglaresco
de Cri-Cri, cuya materia sonora de envidiable senci-
llez cobra así un renovado esplendor.
Imposible decidirse por una interpretación u otra
para seleccionarla como la mejor del disco pues, con-
forme transcurre el trayecto auditivo, cada una ejerce
sus mecanismos seductores para alcanzar repetidamen-
te la plenitud.
Las inflexiones encantadoras se multiplican, en me-
dio de un júbilo que no cesa: Eugenia León d a en el
blanco una vez y otra. Gracias a ella se vuelve posible
llegar al paraíso recobrado: la infancia; ahora intem-
poral por medio de su acción repleta de musicalidad.
Los contrastes en que resulta tan rico el disco ani-
man en forma decisiva el total hasta volverlo un pro-
ducto artístico codiciable .
Pícara, populachera, exquisita, tropical, briosa, evo-
cativa, Eugenia León refrenda sin cesar, de una inter-
pretación a otra, las dimensiones magnas del texto
musical que aborde, haciéndolo suyo sin resquicios.
Brillan ahí con fuerza y refinamiento simultáneos
los aciertos multiplicados de Francisco Gabilondo So-
ler y Eugenia León, en un diálogo cuya emotividad se
vuelve indispensable experimentar.
Sugestiones para el próximo disco de Eugenia León
30 J O S É A N TON l O A L C A R A Z e R 1 ·-e R 1

interpretando a Cri-Cri, cuya edición resulta ya apre-


miante: "Los tres cochinitos': "Jorobita ': "La negrita
Cucurumbé", "El trenecito ': "Chinito sería feliz':. "La
fiesta de los muiiecos'~ "El gatito de barrio ': "Negrito
Sandía'~ "Caminito de la escuela·; "La cotorrita ': ''Las
siete ya van a dar ': "El patito bizco·: "El chivo en bici-
cleta '; "Los ratones bomberos': "Los mosquitos trom-
peteros'; "Di por qué'·:
PUNTOS CARDINALES EN OAXACA5

EL POPULISMO expansivo de Sergio Cárdenas alcan-


zó logros mejores en el Cuarto Festival de Oaxaca cele ~
bracio entre el19 y 27 de abril. Porque esta vez, a dife-
rencia de lo ocurrido durante 1995, el repertorio fue
escogido con tino más pronunciado, centrándolo en
un examen certero de raíces y perfiles nacionales .
Así, con esfuerzo laudable, se multiplicaron concier-
tos y recitales en la Ciudad de Oaxaca, tanto en los
teatros Álvaro Carrillo y Macedonio Alcalá corno en
numerosos barrios populares, llevándose a cabo en con-
secuencia una amplia labor de difusión, cuyos resulta-
dos estimulantes se hicieron sentir de modo manifies-
to a lo largo del ciclo.
Corno se ha vuelto ya proverbial, la Filarmónica de
Querétaro constituyó el núcleo decisivo para dichas
tareas, de resonancia cada vez más amplia, comparti-
da y fructífera .
No resulta difícil considerar como el punto más alto
del Festival -entre aquellos eventos presenciados por
este cronista- la inclusión de un grupo de canciones
escritas por Francisco Gabilondo Soler, «Cri-Cri»
(1907- 1990), a cargo de Adriana Díaz de León corno
solista espléndida .

s Pub li cado en Proceso, México (20 de mayo de 1996), núm. 1020.


32 JOSÉ ANTONIO ALCARAZ: CRI- C RI

El marco instrumental, también excelente, dirigido


por Sergio Cárdenas, utilizó las orquestaciones reali-
zadas por Sergio Ramírez y Enrique González, que
ya habían probado su calidad y entrañable constitu-
ción en el disco donde Eduardo García Barrios dirige
a la Orquesta Sinfónica de Baja California, para acom-
pañar a Eugenia León.
Un ánimo delicioso, variedad en el sentido interpre-
tativo, intencionado histrionismo chispeante, pícara
alegría e incluso lirismo patético se alternaron dando
en el blanco, una vez y otra, cuando Adriana Díaz de
León y la Filarmónica de Querétaro dirigida por Ser-
gio Cárdenas corporeizaron lo creado por Gabilondo
Soler: uno de los compositores más importantes para
la música mexicana, al detentar un territorio propio ,
irrepetible, pródigo en hallazgos e invenciones.
El disco de Eugenia León y García Barrios, así co-
mo la sesión realizada por Adriana Díaz de León y
Sergio Cárdenas en Oaxaca, implican el inicio de la
presencia, saludable al extremo, de Cri-Cri en las sa-
las de concierto. Antídoto envidiable contra la solem-
nidad, tiesura y academicismo castrante que se han
enseñoreado de las programaciones sinfónicas mexi-
canas en las décadas más recientes. Ahora la capaci-
dad de gozo, el oxígeno (vivificador) en altas dosis y
diversificación, irrumpen de modo bienvenido. Así,
peces y panes de júbilo se multiplican en forma por-
tentosa ante tal coalición de talentos.
Como resulta evidente, en Gabilondo Soler hay un
EL M E N SAJE RO DE LA AL E G RÍA 33

músico con talla y aciertos idénticos a los de Cole


Porter (1893-1964 ), Franz Lehár (1870-1948) o Fran-
cis Poulenc (1899-1963) . La capacidad de Gabilondo
Soler para crear sabrosas escenografías localistas (pin-
torescas, si se prefiere), su especificidad emotiva (sin
recurrir jamás al sentimentalismo), el sentido del hu-
mor lleno de agilidad y frescura, la sencillez cautivan-
te de sus rimas candorosas, así como fluidez melódica
-entre muchos otros rasgos- contribuyen para reivin-
dicar de manera oportuna a Cri-Cri como parte de un
patrimonio precioso.
EL G RILLIT0 6

Para recordar
a Francisco Gabilondo Soler

HABÍA una vez un grillito que alegre tocaba su violín.


Invierno o verano, día y noche , hacía sonar el instru-
mento con energía formidable . Al escucharlo, los ani-
males -y hasta los árboles- se ponían contentos por-
que disfrutaban las melodías ejecutadas por el grillito.
En todo lugar y a toda hora, el grillito tocaba sin des-
canso. Entonaba además encantadoras canciones, con
una voz afinada y agradable.
Andaba por valles, montes, lomas y praderas, siem-
pre empuñado su violín dedicado al cultivo del noble
arte de la música. Saludaba a todos atento, recorrien-
do infatigable el país de un extremo al otro. Incansa-
ble.
Sin embargo, a pesar de las apariencias, el grillito no
estaba muy contento consigo mismo.
_¿Qué sentido tiene tocar el violín todo el día, sin
descanso?
Sus parientes los grillos se burlaron de él, cuando
les comentó que le gustaría tener otra ocupación. Ellos
6 Apare ció po r primera ve z e n e l vo lumen d e cue nto s infantil es
Ese oficio sí les gusta, México, Ediciones Mixcoatl, enero de 1996.
E L M EN S A JER O DE LA ALE G RÍA 35

estaban muy satisfechos de hacer lo mismo , un día sí


y otro también.
Por eso el grillito había decidido manten e rse
aparte y seguir su vida vagabunda que, después de to-
do, le proporcionaba numerosas satisfacciones, pues
podía contemplar varios paisajes hermosos , además
de conocer a muchos otros animalitos. Hacía amigos
por todas partes. Aunque, a decir verdad, esas amista-
des duraban poco , pues el grillito seguía su camino
durmiendo aquí y allá, donde podía. Eso sí, alimen-
tándose bien: para estar siempre fuerte y sano .
El grillito no dejó que las inquietudes que llevaba
por dentro afectaran su trabajo . Continuaba tocando
el violín, con piezas llenas de júbilo, así como tonadas
encantadoras.
Así, el violín del grillito era fuente de regocijo para
aquellos que tenían oportunidad de escucharlo. Me -
diante su música les comunicaba la alegría de vivir , así
como un bienestar continuo. En consecuencia era re-
cibido con entusiasmo y cariño por todas partes.
Días y días transcurrieron así : con el grillito viaja
que viaja, toca que toca y piensa que piensa.
Muchas veces vio el grillito ocultarse el sol y otras
se puso a cantar a la luz de las estrellas. Todo seguía
igual. Excepto para él, pues se sentía inconforme , co-
mo incómodo; sin que pudiera explicar enteramente
la causa.
Un día se decidió a platicar con los demás animales ,
para saber concretamente a qué se dedicaban y cómo
36 JOSÉ ANTONIO ALCARAZ: C RI- C RI

transcurrían sus vidas. Era una mañana clara llena de


luz. El bosque se veía particularmente hermoso y so-
plaba una brisa fresca. Resultaba notorio el contento
de todos los que emprendían la diaria jornada.
Toca y toca el violín, el grillito llegó hasta un ria-
chuelo. En la orilla había pequeños charcos con refle-
jos dorados, donde chapoteaban felices varias ranitas.
Brincaban de aquí para allá con agilidad, como acró-
batas de un circo acuático o a manera de gimnastas en
alguna competencia olímpica.
-Buenos días, ranitas, ¿cómo están?
-Nosotras muy bien: y tú , ¿qué tal grillito?
-Pues aquí. .. viajando con mis canciones por estos
campos.
A petición de ellas, el grillito tocó el violín para sus
nuevas amigas. Éstas lo escuchaban alegres, rebotan-
do de un lado para otro.
Al cabo de quince minutos, el grillito les preguntó:
-Díganme, ¿no se cansan de tanta voltereta, sin pa-
rar?
-De ningún modo. Es nuestra ocupación principal.
También, cuando sale la luna reunimos un coro de
veinte o treinta y nos ponemos a cantar en plena no-
che. ¿Por qué no vienes a retozar con nosotras?
El grillito aceptó con gusto. Dejó su violín resguar-
dado y se puso a juguetear con las ranitas, tratando de
reproducir sus cabriolas durante un buen rato . Poco a
poco empezó a fatigarse y pensó:
-Qué cosa tan inútil. No sirve para nada estar de
EL MENSAJERO DE LA ALEGRÍA 37

saltarín, nada más porque sí.


Le hubiera gustado mucho esperar la noche para oír
el coro y tocar el violín cuando las ranitas cantaran,
pero había tenido ya más que suficiente; recuperando
su instrumento se preparó a proseguir el camino.
-Adiós, grillito, mucho gusto en conocerte -dijeron
las ranitas con afecto.
-Adiós, amigas, que disfruten mucho sus saltos. Oja-
lá esta noche sus canciones sean muy hermosas.
El grillito emprendió la ruta de nuevo, admirando
cuanto surgía a su paso. El riachuelo era lindo y todos
los lugares que le rodeaban tenían una belleza muy
marcada. La yerba crecía alta, así como los árboles
prodigaban su sombra bienhechora. Había aromas gra-
tos, esparcidos en toda la floresta . Un calorcito deli-
cioso se dejaba sentir, desplegando sus efectos en el
lugar. El día continuaba transcurriendo y el grillito es-
taba cada vez más convencido que la tarea de las ranas
no le convenía. Tampoco su manera de ser.
Súbitamente, aparecieron unos cisnes nadando ma-
jestuosos, que, viendo al grillito, se acercaron hacia la
orilla a fin de platicar con él.
-Hola, señores cisnes, ¿cómo les va?
Uno de ellos, que P!Hecía ser el jefe de aque l grupo
(y de quien se rumoraba que había sido el Patito Feo),
graznó:
- Estamos muy contentos, aquí nadando. El día es
precioso. Oye: no me digas que sabes tocar el violín.
-Pues sí, ¿quieren oírlo?
38 JOSÉ ANTONIO ALCARAZ : CRI-CRI

Y aun antes de recibir la respuesta, el grillito co-


menzó a interpretar sus melodías. La música transcu-
rría con fluidez y vivacidad, para contento de todos.
Varios animales se acercaron complacidos para escu-
char el canto del grillito, junto con su violín.
Cuando el grillito terminó la ejecución, los cisnes
aplaudieron entusiasmados con las alas, haciendo múl-
tiples comentarios para alabar las enormes dotes mu-
sicales del viajero, nuevo por aquellos lugares.
-Gracias, grillito. Fue primoroso. Como ya nos de-
mostraste tus habilidades, deja que compartamos la
nuestra contigo. ¿por qué no vienes a nadar un rato?
De nuevo el grillito puso a salvo su violín, tras unas
rocas pequeñas, e intentó zambullirse. Al contacto
con el agua experimentó cierta incomodidad. No sabía
ni qué hacer. Nadaba con torpeza, mientras veía a los
cisnes, que con su agilidad serena se deslizaban tran-
quilos sobre la superficie líquida. La corriente del río
era cada vez más fuerte y los cisnes impávidos, queda-
ban más lejos por momentos. El grillito temió aho-
garse, por lo tanto -sin mayores cortesías- salió del
agua a duras penas. Tras un momento al sol para se-
carse, recuperó el violín.
Junto a él estaba un castor, que llevaba una gorra
donde se leía: "Ingeniero".
-Pero qué bien tocas el violín, grillito -dijo el cas-
tor, descubriéndose-. ¿por qué no me acompañas has-
ta la presa que estoy construyendo con toda mi fa-
milia? Conocerás a la Señora Castor y también a mis
EL MEN S AJ E RO DE LA A L EG RÍ A 39

hijos. Van a quedar dichosos cuando oigan tus melo-


días. El grillito aceptó de buen grado. El castor lo fue
guiando por la orilla del arroyuelo . En el camino , el
grillito se enteró de los grandes proyectos que tenía
el castor y del trabajo incesante de su familia para lle-
varlos a cabo. Todos, hasta el más pequeño de los cas-
torcitos , cooperaban incansables.
Así pudo verlos el grillito, empeñados en mil ta-
reas: mientras unos roían troncos, a fin de aprovechar
la madera, otros transportaban piedras agrupándolas,
para dar forma al dique que ya comenzaba ser notorio
sobre la orilla del riachuelo, adentrándose cada vez más
en el agua.
Aquello era espectacular: la familia Castor trab aja-
ba afanosa , sin reposo , auxiliada en la tarea por otros
miembros de la especie , cavando laboriosamente para
equilibrar los diversos nive les.
Al ver llegar al castor Ingeniero con el grillito, ape-
nas saludaron para no detenerse. Todos estaban muy
ocupados. El castor se zambulló mientras el grillito
tocaba su violín. Eran tantas las carreras, ires y veni-
res, trabajos y fatigas , jadeos y sudores, que el grillito
comenzó a sentirse mareado con sólo verlos . Tenían
como un gran cansancio de repente .
Sin embargo, continuó tocando hasta que no pudo
más. Entonces, apenas había dado unos pasos para ale-
jarse de ahí, cuando lo abordó una lagartija, enmedio
de la hojarasca:
-Te ves cansado , grillito . Me encanta cómo tocas el
40 JOSÉ ANTONIO AL C ARAZ : CRI-CRI

violín. Pero eso debe ser un gran esfuerzo, ¿no es cier-


to? le dijo cariñosa.
-No, no resulta difícil. Lo que me fatigó fue ver a
los castores, trabajando sin parar. Parece que no tu-
vieran tiempo para disfrutar la música.
Con pereza, la lagartija bostezó, diciéndole:
-Así son ellos. Y o por eso no construyo represas ni
me doy grandes males. Tomo el sol y nada más. A eso
me dedico. Creo que deberías hacer lo mismo. Quéda-
te aquí a mi lado, grillito: descansa y disfruta.
Vio que la lagartija cerraba pesadamente los ojos.
Casi inmóvil, parecía saborear cada partícula de luz y
calor. El grillito decidió imitarla. Y por un momento
le pareció maravilloso estar ahí sin hacer nada. La flo-
jera lo invadió. Poco a poco fue sintiéndose incómodo.
Empezó a reflexionar:
-Qué delicia estar aquí sin trabajar. De vez en cuan-
do resulta necesario el descanso. Aunque no acaba de
gustarme por completo. Necesito volver a lo mío: via-
jar por todas partes, llevando alegría con mi violín.
Ahora, tras haber visto la existencia de otros animales
en la pradera y tratar de compartirla, entiendo que mi
naturaleza y mis dones me inducen a ser como soy. No
trataré de cambiar y proseguiré la misión que ahora
asumo. Hay que dejar que otros cumplan la suya. Mien-
tras tanto yo llevaré a cabo la mía.
Todavía permaneció un momento el grillito descan-
sando junto a la lagartija, que parecía haberse vuelto
de piedra y ni siquiera tomaba en cuenta al violinista.
EL MENSAJERO DE LA ALEGRÍA 41

El grillito empezó a caminar.


-Adiós, lagartijita, que disfrutes mucho el sol. Y o
debo proseguir mi viaje porque ya entendí quién soy
y lo que debo hacer. Gracias por tu compañía.
La lagartija ni siquiera replicó, sólo movió la cola
en señal de despedida.
Y el grillito se marchó en busca de otros animales,
para comunicarles alegría con su violín y su canto. Se
sentía como nuevo. Risueño, anduvo y anduvo en di-
rección opuesta al riachuelo. Las experiencias de aquel
día lo enriquecieron enormemente.
Ahora podía considerarse afortunado: era un gri-
llito convencido de su misión e iba ufano en busca de
otros, a los que pudiera hacer felices. El sol brillaba
en todo su esplendor. El bosque parecía nuevo por en-
tero. Como si de pronto se hubiera vuelto más bello y
acogedor. Con un destello múltiple: verde por entero .
Lleno de lozanía resplandeciente.
Quien canta siempre siente cómo un ángel
está invicto naciendo en su garganta.

MARGARITA MICHELENA,
Arte Sonora
ÍNDICE

Preliminar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
" ... Salen de sus cajas dispuestos a jugar" 12
Antropología de lo entrañable 19
iAy, qué gusto que nos da! . 25
Cri-Cri por Eugenia . . . . . . 28
Puntos cardinales en Oaxaca . 31
El Grillito .... .... . .......... . . .... .... 34
SIENDO

Director General del IVEC

Rafael Arias Hernández,


se terminó de imprimir en Jos talleres
de Artes Gráficas, s. A ..
Tijuana No. 237, Colonia Progreso Macuiltépetl,
en la ciudad de Xalapa-Enríquez, Veracruz,
el 1O de octubre de 1998.
Su tiro fue de 3,000 ejemplares
más sobrantes para reposición .
Captura: Martha Luna Trujillo.
El trabajo editorial
estuvo al cuidado de Martha Vera Rivas,
Nina Crangle, Jorge Lobillo,
.José Roberto Sánchez, Mariano Bonilla,
Ramón Moreno y Ángel José Fernández.

Repositorio de Investigación y Educación Artísticas 
del Instituto Nacional de Bellas Artes
www.inbadigital.bellasartes.gob.m
CRI-CRI : 
EL MENSAJERO DE LA ALEGRÍA
JOSÉ ANTONIO ALCARAZ 
CRI-CRI: 
EL MENSAJERO 
/ 
DE LA ALEGRIA 
CUADERNOS DE CULTURA POPULAR 
INSTITUTO VERACRUZANO DE CULTUR
INSTITUTO VERACRUZANO DE CULTURA 
Rafael Arias Hernández, 
Director General 
José Tomás Carrillo Sánchez, 
Secretario Técnico
GOBIERNO DEL ESTADO DE VERACRUZ 
Patricio Chirinos Calero, 
Gobernador Constitucional 
Guillermo H. Zúñiga Martínez, 
Secreta
Para José Antonio Robles y Arturo Díaz, 
con gratitud aquí explícita
Y al ir con su canción 
es como un árbol doblando 
el dulce fruto de su sombra 
y suspendiendo música en sus ramas 
MARGARITA

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