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Tipos de Auditorios en Oratoria Forense

1) Un auditorio es el espacio donde se reúne una audiencia para escuchar o observar eventos como espectáculos, conferencias o presentaciones. 2) En la oratoria forense, existen dos tipos de auditorios: el necesario, compuesto por el tribunal y la parte contraria; y el eventual, compuesto por cualquier otra audiencia. 3) Dentro del auditorio necesario, el tribunal es el preferente ya que tiene el poder de decisión, mientras que la parte contraria es secundaria aunque también influye en el orador.

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Tipos de Auditorios en Oratoria Forense

1) Un auditorio es el espacio donde se reúne una audiencia para escuchar o observar eventos como espectáculos, conferencias o presentaciones. 2) En la oratoria forense, existen dos tipos de auditorios: el necesario, compuesto por el tribunal y la parte contraria; y el eventual, compuesto por cualquier otra audiencia. 3) Dentro del auditorio necesario, el tribunal es el preferente ya que tiene el poder de decisión, mientras que la parte contraria es secundaria aunque también influye en el orador.

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1

EL AUDITORIO

En un término general, un auditorio (del latín auditorium, una serie de asientos


puestos de manera semicircular en el anfiteatro romano) es el espacio dentro de
un teatro, de un cine, de una sala de conciertos, de una escuela o de cualquier
otro espacio público (incluso al aire libre) al que asiste una audiencia (público) a
escuchar y/u observar un evento o presentación cultural, educativo, político o social
(espectáculo, concierto, película, obra de teatro, examen, recital, coloquio,
lecturapública, performance, happening, fiesta, mitin, debate, conferencia, asambl
ea, etcétera). En el caso específico de los cines, el número de auditorios suele
expresarse como el número de salas.

Por extensión podemos mencionar, también se llama auditorio al grupo de


personas que escucha o que observa una representación, es decir, el término
también se aplica para hacer referencia a la audiencia.

La audiencia es el grupo de personas a quien se va a dirigir el discurso, es uno de


los factores más importantes. Según el tipo de auditorio dependerá el lenguaje que
se usará y los ejemplos que se usaran para poder explicar el texto. Es importante
adaptar el discurso al nivel de conocimiento del auditorio.

El auditorio: Es el que se dirige el discurso y el arbitro del éxito o del fracaso del
orador.

El fin del orador es que sea entidido a todas sus anchas todo lo que desea otorgar
al auditorio, para tal cometido los terminos usados deben ser de interés de todos los
reunidos en dicha oportunidad, debe imperar un ambiente participativo y leal.

Al margen de esto, es necesario que el orador conozca a quienes tiene en frente,


por tal razon, a modo de ejemplo debe interrogarse ¿Cómo es mi auditorio? ¿el
tema que deseo serles participes, llegar a ellos y como lograr esto?, dichas
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interrogantes deben ser resolvidas por él mismo realizando una cuidadosa al


respecto, pero no debiendo caer en una preocupación desmedida al respecto.

Es distinto dirigirse a unas personas que reciben nuestro mensaje voluntariamente


que a otras que lo hacen por obligacion. La predisposcion que muestran sera muy
diferente.

Debemos buscar la satisfacición del público, no la de nuestro ego.

Nos dirigimos a una audiencia, no a nosotros mismos, los protagonistas son las
personas oyentes o lectoras, no la autora.

Con respecto al auditorio, en la Oratoria Forense no puede fijarse una


contradisposición entre el orador considerando como sujeto activo y auditorio como
sujeto pasivo.

A efectos sistemáticos existen dentro de la Oratoria Forense dos clases de


auditorios: el necesario y el eventual.

Dentro del necesario halamos del preferente (el Tribunal) y del secundario (parte
contraria).

CLASES DE AUDITORIO

EL AUDITORIO NECESARIO

Dentro del auditorio necesario están:

A) Preferente (El tribunal)

Este puede ser unipersonal (juez), o colegiado (Tribunal), el auditorio necesario


es el auditorio, mas relevante por sus facultades de decision y al que se dirige la
virtud persuasiva de la Oratoria.

Frente a este auditorio el orador debe procurar, suprimir sus alusiones que
desligan de la majesta de la justicia, sobre todo si el juicio es público.

Un aspecto muy importne que debe tomar en cuenta el orador forense frete a este
auditorio, es el semblante de los jueces mientras habla, para deducir de esta
3

observación fisonómica el efecto que produce su informe. Si se percibe que un


razonamiento ha causado vivia impresión, ahondara en él y se extenderá, con
amplios detalles en sus consecuencias. Por el contrario si advierte que un raciocinio
causa, aburrimiento o descontento, conlcuira rápidamente.

El juez y su capacidad de discernimiento.

El primer problema que se le plantea a la actividad del juez es el del derecho que
debe servir de base al fallo. Es el orden juridico del propio país, casi siempre, el que
tiene que suministrar la norma para la decisión. Pero, a veces, el mismo se remite
a un derecho extranjero. En asuntos inernacionales, y en ocasiones tambien en
asuntos eclesiásticos, puede plantarse la necesidad de atender al derecho no
nacional. Pero dentro de los límites del derecho legitimo del propio Estado surge
con fuerza renovadora el problema de saber que normas jurídicas serán aplicables
en el caso que se trate de ventilar.

En efecto el juez ha de estudiar determinadamente cada caso que se le presente,


toda vez que en su momento procesal pertinente deberá emitir su fallo. Asimismo,
debe conocer el derecho compardo, que en muchísimos casos le suministra la
norma para fundamentar su decisión.

Stammler, dice, ademas de lo ya expuesto, que pude ocurrir que tras este punto de
vista que se presenta inmediatamente, pase a segundo plano o se borre por entero
otro punto de vista de distinta modalidad, a saber el del camino métodico por el que
se puede basar la rectitud fundamental de una determinada voluntad jurídica.

Al efecto, cabe considerar que se trata de dos problemas totalmente distintos. La


posibilidad de elegir con metódica suguridad la norma jurídica fundamentalmente
justa, consitituye, evidentemente, la premisa logica para que pueda realizarse de
hecho, esa opción. En cambio, las normas legales donde se dispone que se juzgue,
no atendiéndose a los artículos técnicamente plasmados en la ley, sino como
arreglo al derecho justo que se elija como tal, sienta no menos evidentemente, la
premisa práctica para que el juzgador pueda optar.
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El autor menciona varios e interesenates ejemplos jurisprudenciales, pero que para


los efectos de este estudio, nos circunscribiremos a dos ramas penal y civil.

En el derehco penal, apunta, prevalece, en cuanto a la punibilidad, el criterio de que


sea el articulo de la ley el de decida. Una acción sólo es punible cuando el hecho
se halle castigado con una pena por la ley en el momento de relizarse. Es una
consagración consciente del principio del derecho técnicamente elaborado.

Nuestara legislación civil, también se refiere a la indemnización proveniente de los


daños, pero no ahonda sobre el daño moral i contra las buenas costumbres en una
forma clara Amén de todo ello, a nadie escapa que en la última década se ha venido
notando un decaimiento de la moral en algunos estratos sociales, situación que el
legislador debe contemplar en sus estudios y procurar legislarla para evitar mpas
deterioro social y daños a personas honorables.

En conclusión, el lector que posea inclinaciones para ejercer la carrera de juez debe
estudiar detenidamente la punibilidad de la acciones cuando el hecho se halle
castigado con una pena en el momento de realizarse y de indemnización por daños
cuando dolosamente se atente contra las buenas costumbres. Si bien es cierto que
exiten códigos de ética, no se han emitido, en nuestro medio, dispociciones que en
el aspecto moral, regulen y guien el comportameinto de la población, situación que
merece ser atendida por los legisladores.

B) SECUNDARIO (LA PARTE CONTRARIA)

En segundo termino , debe prestar atencion al auditorio que llamaremos secundario,


constituido con la parte contraria sea de carácter estatal, como loa abogados del
Ministerio Público, sea de carácter privado, como el abogado contrario. Este
auditorio se diferencia del anterior por carecer de poder decisorio sobre el infome,
aunque asimismo reviste las caracteristicas del sujeto activo y del sujeto receptivo.
Sujeto activo, desde el punto de vista oral en mayor medida que el auditorio
preferente, como emisor de un informe de impugnacion previa o posterior, y sujeto
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receptivo reciproco frente al orador, en tanto y en cuanto entre sus respectivos


informes exiten influencias mutuas que lo determinan.

LAS PARTES: El abogado moderno, además de la práctica de la oratoria forense,


ha de relacionarse directamente con las partes, tanto en la vía civil como penal, y
otras ramas del derecho, ya que ello se ha discutido ampliamente en el derecho
guatemalteco y comparado.

Frecuentemente, señala Mario Aguirre Godoy, se alude durante la tramitación


procesal al concepto de parte, y su determinación es importante por los efectos que
produce su actividad y porque solamente en razón de tal calidad se permiten ciertas
diligencias. Así, a las partes compete interponer los oportunos recursos, absolver
posiciones, reconocer documentos, etc. En el proceso intervienen otras personas
ajenas a la calidad de partes, como el juez que está por encima de ellas, los
expertos, testigos, abogados, etc. Las partes que intervienen en un proceso son dos
y tradicionalmente se les ha denominado parte actora y parte demandada. Tal
denominación se pretende sustituir, porque algunos tratadistas de la materia, como
por ejemplo Nicero Alcalá Zamora y Castillo, sostienen que el hecho de accionar
corresponde al igual ambas partes y en ese sentido propiamente debería
designárseles a las dos, con el calificativo de accionantes. Además, es frecuente
que ambas partes tengan la doble calidad de actores y demandados, como sucede
en los casos de reconvención.

En relación a la función del juez, opina Cappelletti, que el método o principio de la


escritura es ciertamente un método anticuado en pleno siglo XX. Asimismo, agrega,
que impedir al juez ver cara a cara y hablar con las partes y con los testigos, y sobre
todo oírles hablar, significa para nosotros sustraer al juez una de las más
importantes y quizá la más importante guía para descubrir la verdad, para formarse
una justa convicción respecto del caso. Por otra parte, no se puede negar que el
contacto directo del juez con las partes y con los testigos, lleva consigo una cierta
dosis de riesgos para la imparcialidad objetividad del juez. A las razones objetivas
y sin rostro de la verdad y de la justicia, podría él ser inducido a anteponer aquellas
otras, conscientes o inconscientes, de la simpatía o antipatía hacia una parte en
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daño o a favor de la otra; o quizás podría inclinarse a preferir las razones de la parte
culta a las de la parte inculta; o las de la parte noble a la parte plebeya; y así
sucesivamente discurriendo. El moderno sistema de oralidad, en el cual, por tanto,
la audiencia viene a construir en el momento más importante (y también el más
dramático) del proceso, presupone, como ha escrito un agudo jurista austriaco
(Gustav Demelius) a fines del siglo último, un magnus judex; un gran juez o por lo
menos un juez hábil, inteligente, sobre todo honesto. La razón histórico-sociológica
del triunfo, en el medioevo, del sistema de la escritura, ha de verse probablemente
en la falta, precisamente, en aquellos tiempos, de una gran magistratura.

Finalmente, cada día los abogados vamos comprendiendo la necesidad de la


comunicación oral, ya que con ella se logra avenir a las partes, ilustrar al juzgador
acerca de un determinado proceso, en el entendido del aforismo que dice que el
abogado es el asesor en un proceso determinado que conoce los hechos y el juez
quién conoce el derecho, explicar a los interesados lo escrito, y sobre todo,
comunicarnos con nuestros alumnos para que sean mejores profesionales de las
ciencias jurídicas y sociales.

Además, compartimos con Hugo Alsina y Cappelletti, el pensamiento de que no todo


el proceso es escrito; es, y así debe funcionar técnicamente, de carácter mixto, a
efecto de que los detalles en la formación de la prueba, tanto civil como penal y
otras vías, quede escrita, para luego, en forma concreta, acudir a la fase pública u
oral a exponer los resultados de una buena investigación jurídica o judicial, según
sea el caso de que se trate.

Pero, lo que sí debe quedar claro es la necesidad de evolucionar en nuestro


derecho, dinamizándolo como recomienda la doctrina del derecho comparado; de
lo contrario, la sociedad se encontrará, cada vez más, con limitaciones de carácter
técnico que le impedirán resolver sus controversias en una forma eficiente y, por
ende, repercutirá en los centros de enseñanza del derecho, en donde faltarán los
elementos necesarios para superar su nivel académico.
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EL AUDITORIO EVENTUAL (El público)

Como una garantia procesal, en la mayor parte de los paises se ha


establecido la publicidad de los debates, con algunas restricciones que en ciertos
casos la suprimen totalmente por razones excepcionales de moralidad, orden
público u otras.

Este auditorio a diferencia de los anteriores, desempeña un papael


puramente pasivo y eventual, puesto que en ocasiones no asiste al informe. De el
se excluyen los testigos convocados judicialmente hasta el momento en que ya han
declarado, así como los individuos que denoten una conducta inconveniente dentro
del proceso.

La oratoria forense, a diferencia de otros géneros de Elocuencia, no va dirigida a


una masa de público heterogénea o especializada, sino a un auditorio reducido casi
siempre técnico, los jueces, es necesario indicar que debe hablarse para el auditorio
judicial y no para el público.

ASPECTOS A TENER EN CUENTA DE LOS AUDITORIOS:

 Todo auditorio tiene un sentimiento [Link] establece las normas de lo


que el grupo cree que tiene derecho a recibir y de lo que el orador les debe
ofrecer. Una audiencia formada por personas con idéntica profesión es muy
diferente que otra a la que acuden personas de distintos ramos.

 Los auditorios se condicionan a sí mismos. La actitud de la mayoría imperará


auqnue se trate de un grupo heterogéneo, la risa provocara más risa, el
silencio generara un silencio mayor, de ahí la dificultad de realizar la primera
pregunta en un coloquio.
 El público que nos escucha no es un ente abstracto, está formado por
personas que, de forma individual o como grupo, han tenido unas
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determinadas viviencias en los momentos previos a nustra intervención, el


recurdo de éstas puede aparecer en cualquier momento y provocar la
distracción. No debe estrañarnos la creciente tendencia del público a “perder
la onda”; si esto sucede, será muy dificil volver del aislamiento mental.
Necesitaremos de algun incentivo para lograrlo.
 Las presonas estamos acostumbradas a mensajes cortos (anuncios de TV),
incluos las noticias de los informativos tienen una duración media de dos
minutos. El público busca también rápidamente un significado a las palabras
que escucha y muestra desinterés ante las intervenciones que se alargan
con palabras huecas y frases sin contenido.
 El nerviosismo incial. Pocas personas se escapan del molesto nerviosismo
previo a una intervención en público, ¿Qué se puede hacer para controlarlo?,
ante todo ten presente lo siguiente:
 Primero. Es necesario aprender a convivir con los nervios. Aun los más
consagrados oradores, actores, cantanrtes, etc., presentan un cierto grado
de nerviosismo antes de enfrenterse al público.
 Segundo. Cada vez que hables en público te costará un poco menos que la
vez anterior, sobre todo si es ante el mismo público (por ejemplo tus coñeros
de estudio).
 Tercero. Los nervios desaparecerán por si mismo en el momento que
empiece a hablar.
 Cuarto. En la mayoria de los casos el auditorio no se fija en sus reacciones
corporales: temblor en la voz, sudoración de las manos. Etc. Por lo tanto, no
les des pistas del tipo: “perdonad que me timble la voz”; “qué nerviso estoy”.
 Quinto. No evites la mirada o el contacto visual con el auditorio, es una señal
evidente de nerviosisimo.

Ten en cuenta las consideraciones siguientes:

 Cuanto mejor hayas preparado la exposición, más seguro y confiado


hablarás, por lo tanto prepara previamente el discurso y acompañate de la
notas y apuntes que necesites.
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 No e recomendable leer todo el discuros, se pierde naturalidad y la atencio


del publico, pero si llevar anotoda la primera frase con la que inciar la charla.
Proporciona seguridad y confianza. Cree firmemente en que el público va a
estar interesado en lo que les va a contar.
 Ten confianza en que vas a desarrollar una charla con éxito. No se fijarán
que has perdido el hilo del discurso si no das muestras de desesperacion
cuando te pase.
 Evita cualquier forma de movimiento o tic nervioso que pueda delatar tu
estado de ánimo, concretamente: no te pongas la mano delante de la boca,
ni mentas las manos en los bolsillos y mucho menos juegues con las
monedas o llaves que lleves.

Consejos para convencer al auditorio.

 Se debe distinguir claramente el objetivo y la intencion del mensaje que


se va a dar: información, persuasión o ambas.
 Distribuye el contenido de la presentacion en tres partes bien
diferenciadas: introducción, cuerpo y conclusión.
 Limita el número de temas clave a siete o a menos por cada presentación.
Una buena presentación exige organización, brevedad y un uso
cuidadoso de la lengua.
 Utiliza un lenguaje adecuado con el público y emplea sustantivos y verbos
que doten de fuerza y dinamismo al texto. Evita la voz pasiva.
 Expresa una idea en cada elemento utilizando frases cortas en lugar de
oraciones compuestas.
 Es recomendable ser creativo y sustituir palabras por ilustraciones. Una
ilustracion despierta el interés y transmite la información con mayor
rapidez.
 Utiliza gráficos, tablas y diagramas para que los datos pueden ser
contrastados fácilmente.
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 En el momento de la presentacion hay que dar la imagen de estar ralajado


y seguro, aunque se esté como un flan. Deberemos vocalizar con
claraidad y evitar hablar de forma entrecortada.
 Es muy bueno tener un vaso de agua a mano para utlizarlo en caso de
que se nos seque la boca, o simpmente para cuando necesitamnos una
excusa para pensar en la siguiente idea.
 Nunca hay que adminitr que se está nervioso y disculparse por ello. Si se
nos olvida algo, lo mejor es seguir adelante y mencionarlo cuando lo
recordemos.

EL PÚBLICO U OYENTE.
El oyente no es el auditorio, es decir, la muchedumbre. Además, sea el
auditorio numerosos o restringido, toma inmediatamente un valor colectivo, que se
adhiere al hecho de la agregación y no del número.
En lo que concierne al oyente, tomado individualmente, no es tan simplista
que podría darle qué pensar su actitud a menudo pasiva, a un orador
experimentado.
Salvo excepciones, el oyente es en general un buen chico en presencia del
orador, él no es muy exigente. El oyente adivina, instintivamente, las dificultades
que el orador tiene que vencer. El individuo de cultura nula o de cultura media,
admira al hombre que habla bien, es que, para el común del hombre, la vida es
rápida y dura y no deja fácilmente tiempo para pulir las frases y buscar las
expresiones raras o chistosas. Cada cual, en el trajín de las ocupaciones, se ha
hecho un vocabulario profesional o familiar y desde la primera parte de su vida, el
ciclo de adquisición es cerrado. Él no ha querido más emociones verdaderamente
asimilables, sino solamente fórmulas banales, o imaginadas, que la moda de un día
lanza y hace desaparecer.
De manera general, el oyente es mucho más indulgente con el orador
mediocre, que no lo es cualquier otro apreciador para los artistas mediocres de otro
orden que el del arte oratorio, cantante, escultor, pintor. Parece que, por poco que
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un orador sea inteligible, es admitido por el auditorio. Todavía debe él alcanzar la


inteligibilidad.
Es que el oyente no juzga solamente acerca del valor oratorio, ésta lleno de
indulgencias para el orador que habla mal, nos lo indica Fernand Corcos,
magistrado que fuera de los tribunales de Francia, pero que tiene tal orador el aire
de un buen hombre de apariencia sincera, o que se expresa torpemente, pero que
se comprende lo que él quiere decir. Se convendrá que es el colmo de la
indulgencia.
Sin embargo, el orador no se fíe demasiado. Por encima de esta
benevolencia, el oyente se forma su idea, que no es lo más a menudo, lo repetimos,
la de su actitud exterior. Tal orador que ha sido aplaudido, se asombraría si oyera
las reflexiones que cambian cada uno de los pequeños grupos de amigos o de
parientes, a la salida de la reuniones; tal vez se vería alabado por cualidades que él
mismo ignoraba tener; pero más probablemente aprendería así la existencia de
defectos que no se conocía.
Roberto Carbonell afirma que la paz, la seguridad y el control de sí mismo,
son factores determinantes del éxito en la comunicación oral personal, pues con
ellos las ideas se clarifican, las frases se construyen sin dificultad, el pensamiento y
los sentimientos se pueden comunicar libremente.
Pero, ¿qué actitud debe guardar el orador hacia el público? A veces hemos
oído aconsejar al orador, durante el discurso, que mire con preferencia a un oyente,
escogiéndolo de aspecto medianamente inteligente y seguir, sobre esa fisonomía,
los efectos de su demostración.
Nosotros no estamos seguros de la infalibilidad del procedimiento. Desde
luego, las apariencias engañan extrañamente, y podemos suponer, sin demasiada
malicia, que tal oyente, que parece paternal y tranquilo, puede ser un indiferente
conducido por el azar, un complaciente halagado de ser mirado por el orador, un
extranjero que comprende mal el francés y que no sigue las manifestaciones
oratorias más que para perfeccionarse en la lengua, un adversario que disimula por
el cálculo o por cortesía. Dentro de estas diferentes hipótesis, el orador erraría
completamente si sacara una conclusión cualquiera de las manifestaciones
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exteriores de su auditorio. Muchos oradores novatos se dejan llevar de la


gesticulación de uno de los jueces o de las miradas o gestos ambiguos de
aprobación. Los viejos habituados a los tribunales, saben que hay una cortesía en
ciertos oyentes, pero que es puramente exterior y no compromete el fondo, como
se dice en derecho, y ellos no deducen jamás de la actitud de un juez la opinión del
tribunal. Que el orador imite en esto al abogado.
Además, tenemos que comprender que el orador debe persuadir o
convencer, dirigiéndose a la voluntad y a la inteligencia; por ello, el orador ha de
esgrimir pruebas perfectamente bien encadenadas y apoyadas en sólidos
razonamientos; sólo así puede influir en la opinión o voluntad del oyente, o en
ambas a la vez.
Entonces, colegimos que es muy importante que el futuro abogado
comprenda la necesidad de practicar la oratoria, pero dirigiéndose a la voluntad e
inteligencia de los oyentes, pues se estima, por lo menos, que éstos poseen un
grado de escolaridad elevado.
No podemos negar con la doctrina de la materia, que argumentar es construir
lógicamente una estructura que sea apoyo de una acción determinada. Recordemos
–dice Miguel Saad- que argumentar no es afirmar, sino probar mediante razones
sólidas, con las que el orador puede apoyar su entrega y convencer a su auditorio.
Lo últimamente expuesto, constituye un argumento por el que nos inclinamos
a defender la preparación de los futuros abogados en el terreno de la investigación
científica, la argumentación y razonamiento lógico jurídico y su formación ética.
Lord Abinger, eminente abogado británico, al respecto, nos da el siguiente
pensamiento: Conozco tanto por experiencia como por teoría, que la parte más
esencial de la oratoria es hacerse comprender. Para éste propósito, es
absolutamente necesario que el tribunal y los jurados conozcan de antemano, o tan
pronto como sea posible, de qué se trata.
Efectivamente, el lector y estudioso del derecho debe comprender el objetivo
esencial de la oratoria, cual es persuadir con la palabra; empero, por el otro lado,
debe tener bien claro que en nuestro sistema procesal no existen los jurados y que
estos obedecen más a un sistema anglosajón.
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CLASIFICACIÓN DEL PUBLICO U OYENTE SEGÚN LAS SIGUIENTES


VARIABLES:
1.- Clasificación según el tamaño

Es evidente que las presentaciones masivas comportan una mayor dificultad tanto
para conseguir captar su atención como a la hora de interactuar con ellos durante
la exposición. Por el contrario, un grupo reducido de oyentes permite mucho más la
participación de éstos a la presentación y facilita el diálogo.

Así mismo, el nivel de stress que se experimenta cuando uno se somete a un gran
grupo de gente es mayor. Los grupos reducidos permiten llegar a conocer un poco
a los participantes para relajar el ambiente.

2.- Clasificación según el grado de conocimiento

¿Cuánto sabe la audiencia sobre el tema que vamos a tratar?

Esta pregunta es clave para saber el tipo de presentación que debemos hacer.
Forzosamente, un público experto va a exigir mucho más de nosotros. Una mayor
preparación y dominio del tema. O, en su defecto, mucha participación del público
para que éste enriquezca la sesión. Además también va a condicionar el registro de
lenguaje a emplear. Con un público inexperto deberemos cuidar el uso de
tecnicismos y hablar lo más llanamente posible para no incurrir en el Síndrome de
las Estrellas Michelin.

3.- Clasificación según el grado de homogeneidad

¿Se trata de un grupo abierto o cerrado?

Los grupos cerrados acostumbran a tener un nexo en común que une a todos sus
miembros (una afición en común, el mismo oficio, pertenecer a una misma
institución o empresa…). Eso hace más fácil encontrar argumentos para conectar
con ellos y sus motivaciones. Los público abiertos, por el contrario, son mucho más
heterogéneos y, por consiguiente, el esfuerzo que debemos hacer para captar su
atención es mucho mayor.
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4.- Clasificación según criterios sociodemográficos

Del mismo modo que en el caso anterior, tener un público sociodemográficamente


uniforme nos da criterio para elegir qué decir y cómo decirlo. Por ejemplo, en una
presentación ante alumnos de un colegio vamos a utilizar un vocabulario coloquial
y vestiremos con un look moderno. Decisiones como el registro de vocabulario
utilizado, el idioma, nuestro aspecto o el tipo de humor pueden ser determinantes
para conectar o no con una audiencia sociodemográficamente homogénea.

5.- Clasificación según la ubicación

Podemos distinguir entre presentaciones en las que el público está presente en la


sala y presentaciones a distancia en la que no hay contacto visual entre presentador
y audiencia (por ejemplo, locutor de radio, presentador de televisión o webinars).
Las primeras ofrecen la posibilidad de detectar la reacción de los oyentes a medida
que se desarrolla la exposición, lo que nos permite reaccionar sobre la marcha. En
cambio, las presentaciones a distancia son más complejas porque se trata de
exposiciones a ciegas en las que no sabes si todavía mantienes la atención de la
audiencia o si ésta dejó de escuchar hace tiempo.

6.- Clasificación según el grado de motivación

¿Se trata de un público que viene a oírte por iniciativa propia o está sentada delante
de ti a la fuerza?

En el primer caso partes de la premisa que el público está interesado en ti o en el


tema. Por el contrario, cuando la audiencia se ve forzada a asistir al acto debes
trabajar muy bien la presentación para lograr que se interesen por lo que les vas a
contar.

7.- Clasificación según el nivel de predisposición

¿Tienes un público entregado? ¿O a priori es un público hostil que viene con recelo?
¿Se trata de una audiencia neutra?
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El grado de predisposición del público determina el nivel de resistencia que vamos


a encontrarnos. Cuanta menor es la predisposición, mejor deberemos argumentar
nuestra exposición para convencer y dar la sensación de saber de lo que se habla.
En cambio, el público entregado ya da por sentado que eres bueno en el tema con
lo que se resisten mucho menos a que les convenzas. De hecho, seguramente
vienen para eso.

TODO BUEN OYENTE DEBERÁ:

 Observar y escuchar al orador con atención.


 No interrumpir al orador, pedir la palabra levantando la mano.
 Aunque sus conocimientos sean amplios en el tema tratado, debe hablar con
sencillez cuando tenga la palabra.
 Evitar hacer ruidos, por lo tanto teléfonos y otros implementos deben estar
silencio o apagados.

El respeto hacia el interlocutor es primordial, esto nos predispone al diálogo, a la


asertividad y al aprendizaje.

RELACIONES DEL ORADOR CON EL AUDITORIO.


El orador ha de tener en cuenta la mentalidad y cultura del público que le
escucha: su condición social, sus credos políticos y religiosos, sus preocupaciones
e ideales, sus tradiciones y prejuicios, todas aquellas circunstancias que definen el
medio humano donde actúa. Tan indispensable en este conocimiento, como lo son
para el agricultor las condiciones especiales del terreno en el cual efectúa sus
siembras.
En efecto, el orador debe poseer un conocimiento profundo de los oyentes
que le escuchan y en el campo eminentemente jurídico, aún más; por ello es que
estamos de acuerdo en que la formación del futuro abogado sea sólida con
principios culturales amplios y una acrisolada ética.
A su vez, el discurso ha de modificarse según las circunstancias de edad y
sexo de las personas ante quienes se pronuncia: no puede hablarse de igual
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manera ante una asamblea de ancianos que en un concurso de jóvenes, o donde


sólo hay niños; lo que sería lícito decir en una reunión donde no hubiese mujeres,
podría resultar impropio ante un auditorio femenino. El lenguaje, el estilo y el tono,
también deben adaptarse al carácter del auditorio, pues no se habla en la misma
forma a las muchedumbres que en las academias, ateneos y universidades.
Para J.L. Pedraz, los objetivos que un orador puede pretender de su
auditorio, se reducen fundamentalmente a cuatro:
1. Que entiendan lo que es una realidad (EXPLICAR)
2. Que crean, se convenzan de la existencia de una realidad (PROBAR)
3. Que quieran, se dedican a poner en práctica una realidad (PERSUADIR)
4. Que amen, odien, una realidad (EMOCIONAR)
En relación a la oratoria forense, judicial o de la barra, la táctica del orador
forense, para poder actuar con éxito ante el público u oyentes, debe
fundamentarse en los siguientes requisitos:
a. Estudiar muy bien el problema, que comprende el carácter de hechos,
motivo de litigio o acusación, asimismo, la cuestión derecho: qué artículos
de la ley se aplican a tales hechos.
b. Resueltos estos hechos, debe esforzarse por lograr que los jueces y el
jurado acepten su solución, haciéndoles ver y sentir que es verdad.
Para lograr lo anterior, el orador debe saber cautivar la atención de los jueves y de
los que integran el jurado –lo último es para aquellos países.
Debe tenerse en cuenta que en la oratoria y en general las artes declamativas, son
varios los canales abiertos y de la armonía en su utilización dependerá la calidad
estética del discurso, así como la obtención de los resultados esperados por parte
del orador. Por esto, los lingüistas han determinado la importancia porcentual de los
recursos oratorios así:

 Lenguaje corporal 55% (transmite seguridad)


 Entonación 38% (transmite autoridad)
 Elemento verbal o palabras 7% (transmite el conocimiento)
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Lo anterior puede indicar una ironía, pero en realidad puede decirse algo inexacto
o desacertado, pero si se expresa con seguridad podrá convencerse a una buena
parte del auditorio.

ALGUNAS RECOMENDACIONES PARA EXPONER CON ÉXITO UN DISCURSO


SERÍAN:
- Mantener siempre contacto visual con el auditorio, con mirada
panorámica.
- Efectuar variaciones de voz para mantener la atención del público.
- Pronunciar claramente cada palabra y en voz alta.
- Utilizar adecuada expresión gestual, ademanes y expresión corporal.
- Evitar las muletillas o estribillos.
- Controlar los movimientos y ademanes involuntarios, porque distraen al
público.

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