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Simón Rodríguez: Educador y Pensador

Simón Rodríguez, conocido también como Samuel Robinsón, fue un educador y filósofo venezolano que fue tutor y mentor de Simón Bolívar. Enseñó a Bolívar cuando era joven y lo acompañó en sus viajes por Europa donde presenciaron la coronación de Napoleón. Más tarde, Rodríguez se desempeñó como Director de Educación Pública en Bolivia donde estableció las primeras escuelas-taller, pero renunció debido a desacuerdos con el presidente. Pasó el resto de su vida como

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Simón Rodríguez: Educador y Pensador

Simón Rodríguez, conocido también como Samuel Robinsón, fue un educador y filósofo venezolano que fue tutor y mentor de Simón Bolívar. Enseñó a Bolívar cuando era joven y lo acompañó en sus viajes por Europa donde presenciaron la coronación de Napoleón. Más tarde, Rodríguez se desempeñó como Director de Educación Pública en Bolivia donde estableció las primeras escuelas-taller, pero renunció debido a desacuerdos con el presidente. Pasó el resto de su vida como

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Simón Rodríguez

Simón Rodríguez, tutor y mentor de Simón Bolívar

Información personal

Nombre de
Simón Narciso de Jesús Carreño Rodríguez
nacimiento

Nacimiento 29 de febrero de 1769


Caracas, Provincia de Venezuela, Imperio
español

Fallecimiento 28 de febrero de 1854(84 años)


Amotape, Perú

Lugar de
Panteón Nacional de Venezuela
sepultura

Nacionalidad venezolana

Familia
Cónyuge María de los Santos Ronco

Información profesional

Ocupación educador, político.

Firma

[editar datos en Wikidata]

Simón Narciso de Jesús Carreño Rodríguez (Caracas, Venezuela, 28 de octubre de 1769–Amotape, Paita, Perú, 28 de
febrero de 1854), conocido en su exilio de la América española como Samuel Robinsón, fue un educador, escritor,
ensayista y filósofo venezolano. Tutor y mentor del Libertador Simón Bolívar al igual que Andrés Bello, fue un visionario
defensor de la educación pública.

Índice
[ocultar]

 1Biografía
o 1.1Primeros años
o 1.2Maestro
o 1.3Samuel Robinsón
 2Epílogo y restos
 3Obras
 4Honores
 5Notas
 6Enlaces externos

Biografía[editar]
Primeros años[editar]
Simón Rodríguez nació, en Caracas el 28 de octubre de 1769.1 Este párvulo expósito tuvo por nombre Simón Narciso de
Jesús, de lo que se colige su fecha de nacimiento, si se considera que el 28 de octubre es el día de san Simón Apóstol y el
29, el día de san Narciso de Jerusalén. Se asume, pues, que de acuerdo a la tradición de nombrar a los expósitos según el
santoral, Simón Rodríguez nació la noche del 28 al 29 de octubre de 1769.
Tuvo por padre a un clérigo nombrado Carreño, cuyo apellido llevó don Simón por algún tiempo; pero que cambió después
por el de Rodríguez. [...] Don Simón no fue hijo único; tuvo un hermano, llamado Cayetano, que de afición llegó a ser el
mejor músico de Venezuela.2

Amunátegui, quien fuera el primer biógrafo de Simón Rodríguez, probablemente se haya basado en el testimonio de Andrés
Bello, a quien conoció en Santiago de Chile. Y es que Andrés Bello y Simón Rodríguez habían sido vecinos en Caracas,
habitando ambos en casas del Callejón de la Merced, frente a la iglesia del mismo nombre. Andrés Bello se crio en la casa
de su abuelo, el gran pintor Juan Pedro López; Simón y Cayetano vivieron en la casa del sacerdote Alejandro Carreño. 1
Arturo Uslar Pietri1 y más recientemente Rafael Fernández Heres3 han rechazado la idea de que Simón Rodríguez haya
sido hijo natural de un sacerdote católico.
Sin embargo, la tradición ha dado por cierto que Simón Rodríguez y Cayetano Carreño fueron hijos naturales del sacerdote
Alejandro Carreño y Rosalía Rodríguez, y así lo recogen tanto Arístides Rojas ―quien afirma haber recibido sus datos del
último hijo sobreviviente de Cayetano Carreño (también llamado Cayetano), sobrino de Simón Rodríguez―4 como Ramón
de la Plaza.5 Sea como fuere, el hecho es que Simón y Cayetano se criaron juntos, y fueron conocidos en Caracas como
«los hermanos Carreño».
Cotejando los censos de la parroquia de Altagracia es posible arrojar luz sobre la crianza de Simón Rodríguez. En las
matrículas de los años 1774, 1775 y 1776 aparecen los párvulos expósitos Simón y Cayetano, registrados en casa de
Rosalía Rodríguez, viuda, quien era hija de un propietario de haciendas y ganaderías en los llanos del Guárico,
descendiente de canarios.6 No es descabellado suponer que hacia 1780 ―luego del matrimonio de Rosalía Rodríguez con
Ignacio Abay― los niños Simón y Cayetano hayan tenido que cambiar de hogar. Y en efecto, la matrícula de 1790 de la
parroquia de Altagracia registra a los jóvenes en casa del sacerdote Alejandro Carreño. 7 En 1791, luego de la muerte de
Alejandro Carreño, los hermanos quedaron bajo la tutela de su tío materno, el sacerdote Juan Rafael Rodríguez, 4 canónigo
doctoral de la catedral y hermano de Rosalía Rodríguez. Simón y Cayetano ocuparon una casa en la «calle segunda de
norte a sur... cuadra de Nuestra Señora de la Salud»8 (hoy esquinas de Ibarras a Madrices), casa en la que probablemente
vivieron juntos hasta el casamiento de Cayetano en 1794.
Maestro[editar]
En mayo de 1791 ―cuando ya tenía 21 años― el Cabildo de Caracas le dio un puesto como profesor en la Escuela de
Lectura y Escritura para Niños. En esta escuela tuvo la oportunidad de ser el tutor del futuro libertador Simón Bolívar.
El tutor de Bolívar, Carlos Palacios y Blanco, decidió enviar a Bolívar a vivir con Simón Rodríguez porque no podía
atenderlo personalmente. Ante la perspectiva de vivir con Rodríguez, el 23 de julio de 1795 Bolívar escapó de la casa de su
tío Carlos para refugiarse en la casa de su hermana María Antonia, quien ejerció su custodia temporal, hasta que la Real
Audiencia de Caracas resolvió el litigio judicial y devolvió a Carlos Palacios la custodia de Bolívar. Este trató de resistirse
pero fue sacado por la fuerza de casa de su hermana y llevado en volandas por un esclavo hasta la humilde casa de
Rodríguez. Bolívar tuvo que compartir el espacio con otros veinte niños en una casa no apta para ello, y por ello escapó de
allí un par de veces, en las que terminó volviendo por orden de los tribunales. En 1794, Simón Rodríguez presentó un
escrito crítico, Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de primeras letras en Caracas y medios de lograr su
reforma por un nuevo establecimiento. Fuertemente influenciado por el Emilio de Jean-Jacques Rousseau, Simón
Rodríguez desarrolló una revolucionaria concepción de lo que debía ser el modelo educativo de las naciones americanas.
En 1824, el mismo Bolívar ―en carta al general Santander― decía que su maestro «enseñaba divirtiendo». Este espíritu
que intentaba romper con las rígidas costumbres educativas del colonialismo español se reflejaría en toda la obra y el
pensamiento de Simón Rodríguez.
Su participación en la Conspiración de Gual y España, descubierta en julio de 1797, en contra de la corona española lo
obligó a renunciar a su cargo de maestro y huir del territorio venezolano, con 27 años.
Samuel Robinsón[editar]

Simón Bolívar con 21 años (en 1804).

En 1797, en la villa de Kingston (en la isla de Jamaica), cambió su nombre a Samuel Robinsón. Después de permanecer
algunos años en los Estados Unidos, en 1801 viajó a Francia. En 1804, con 34 años, se encontró en París con Simón
Bolívar (21 años), de quien había sido maestro poco más de diez años antes.9
El año anterior (1803) Bolívar había viajado a Europa desolado porque el 22 de enero de 1803 había fallecido en
Caracas su esposa madrileña, con la que estuvo casado apenas unos meses.
Al año siguiente (1805) viajaron juntos a Italia. En Milán fueron testigos presenciales de la coronación de Napoleón
Bonaparte como rey de Italia y de Roma. El 15 de agosto de 1805, Rodríguez fue testigo del famoso juramento de
Bolívar sobre el monte Sacro (en Roma), en donde se comprometió a liberar a toda América de la corona española. 9 Simón
Rodríguez lo registró para la Historia. Bolívar regresó a Venezuela al año siguiente (1806).
Entre 1806 y 1823, mientras se libraba gran parte de la Guerra de Independencia en su natal Venezuela, Rodríguez vivió
en Italia, Alemania, Rusia, Prusia y Países Bajos. Luego daría su opinión sobre este periodo de tiempo diciendo:
Permanecí en Europa por más de veinte años; trabajé en un laboratorio de química industrial […]; concurrí a juntas secretas
de carácter socialista […]. Estudié un poco de literatura, aprendí lenguas y regenté una escuela de primeras letras en un
pueblecito de Rusia.
Simón Rodríguez10

Regresa a América en 1823, usando el nombre de Simón Rodríguez nuevamente. En 1824 establece en Colombia la
primera «escuela-taller». Atiende al llamado hecho por Bolívar desde el Perú, y es nombrado «Director de la Educación
Pública, Ciencias, Artes Físicas y Matemáticas» y «Director de Minas, Agricultura y Vías Públicas» de Bolivia.
En 1826, establece una segunda escuela-taller como parte del proyecto para toda Bolivia. Pero el Mariscal Antonio José de
Sucre, presidente de Bolivia desde octubre de 1826, no tenía una buena relación con él, por lo que Rodríguez dimitió el
mismo año, trabajando el resto de su vida como educador y escritor, viviendo alternadamente entre Perú, Chile y Ecuador.
Muy importante es su trabajo titulado Sociedades Americanas, dividido en varias ediciones publicadas
en Arequipa (1828), Concepción (1834), Valparaíso (1838), y Lima (1842). El texto insiste en la necesidad de buscar
soluciones propias para los problemas de Hispanoamérica, idea que sintetiza su frase:

Simón Rodríguez vivió sus últimos años en Ecuador.

La América española es original, originales han de ser sus instituciones y su gobierno, y originales sus medios de fundar
uno y otro. O inventamos, o erramos.11

Otra obra importante fue El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de Armas (de 1830), un alegato sobre la
lucha social que emprendía Bolívar en esa época.

Epílogo y restos[editar]
En los años finales de su vida dio clases en varios colegios de Quito y Guayaquil(Ecuador); debido a un incendio que azotó
esta ciudad, gran parte de su obra quedó hecha cenizas.12
En 1853 emprendió su último viaje rumbo a Lima (Perú) al lado de su hijo José, y de Camilo Gómez, un compañero de este,
en Paita mantuvo contacto con la heroína sudamericana Manuela Sáenz quien también se encontraba exiliada allí. La
muerte lo sorprendió el 28 de febrero de 1854, con 84 años, en el caserío de Amotape, a orillas del río Chira.13 Fue asistido
por Camilo Gómez.
Setenta años después (hacia 1925) sus restos fueron trasladados al panteón de Perú, y en 1954 al Panteón Nacional de su
Caracas natal.

Obras[editar]

 Representación al Ayuntamiento (Caracas, 1793).14


 Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de primeras letras en Caracas, y medio de lograr su reforma por
un nuevo establecimiento (Caracas, 1794).
 Sociedades americanas en 1828, cómo serán y cómo podrían ser en los siglos venideros (Arequipa, 1828).15
 El libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos por un amigo de la causa
social (Arequipa, 1830).
 Observaciones sobre el terreno de Vincocaya con respecto a la empresa de desviar el curso natural de sus aguas y
conducirlas por el río Zumbai al de Arequipa (Arequipa, 1830).
 Sociedades americanas en 1828, cómo serán y cómo podrían ser en los siglos venideros [Luces y virtudes
sociales](Concepción, Imprenta del Instituto, 1834).
 Informe sobre el terremoto de Concepción (Concepción, 1835).
 Sociedades americanas en 1828. Cómo serán y cómo podrían ser en los siglos venideros [Primera parte. Luces y
virtudes sociales] (Valparaíso, Imprenta del Mercurio, 1840).
 Partidos (11 artículos) (Valparaíso, El Mercurio, 1840).
 Sociedades americanas en 1828, cómo serán y cómo podrían ser en los siglos venideros (Lima, Imprenta del
Comercio, 1842).16
 Crítica de las providencias del gobierno (Lima, Imprenta del Comercio, 1843).
 Extracto sucinto de mi Obra sobre la Educación Republicana (3 artículos) (Bogotá, El Neo Granadino, 1849).
 Consejos de amigo dados al Colegio de Latacunga (Latacunga, 1851).

El 28 de febrero se conmemora el fallecimiento del llamado Maestro del Libertador,


Simón Rodríguez.
A continuación destacaremos algunos de los momentos más importantes de la vida de este
ilustre venezolano:

1.- Nació en Caracas el 28 de octubre de 1771. Se dice que fue hijo adoptivo de Cayetano
Carreño y de Rosalía Rodríguez. De su infancia, poco se sabe y el único familiar conocido
es su hermano Gayetano.
2.- Este intelectual venezolano fue reconocido como un gran pedagogo, pensador filosófico,
escritor de obras de contenido histórico y sociológico.

3.- El primer contacto con Simón Bolívar se da cuando Rodríguez es contratado por
Feliciano Palacios, abuelo del Libertador, para que en su propia casa le sirva de escribiente.
4.- Para mayo de 1791 con 21 años de edad, el Cabildo de Caracas le concede un puesto
como profesor en la “Escuela de Lectura y Escritura para niños”, donde tiene la
oportunidad de ser el tutor de Simón Bolívar.

5.- En 1794 presentó un escrito crítico “Reflexiones sobre los defectos que vician la
escuela de primeras letras en Caracas y medios de lograr su reforma por un nuevo
establecimiento” al Cabildo de Venezuela, pero las autoridades coloniales no le prestaron
atención.
6.- Participó en el movimiento revolucionario de Gual y España en 1797, por lo que debió
abandonar el país al fracasar esta acción en contra de la corona Española.

7.- En 1798 se trasladó a Jamaica, donde se inscribió en una escuela pública para
aprender inglés. Luego marchó a los Estados Unidos, estableciéndose en Baltimore, donde
se desempeñó por algún tiempo como cajista de una imprenta.
8.- A lo largo de 16 años, viajó por Italia, Suiza, Alemania, Bélgica, Rusia, Inglaterra, entre
otras naciones. Su estadía en el viejo continente le permite dominar el francés, el italiano, el
alemán y el portugués, profundizar sus estudios filosóficos y entrar en contacto con las
teorías revolucionarias que pronto implantarían un nuevo orden político y social de alcance
mundial.

9.- Simón Bolívar viaja a Europa por tres años, donde se reencuentra con su Maestro
Simón Rodríguez.
10.- En 1823 vuelve Rodríguez a Venezuela, y Bolívar lo nombra Director e Inspector de
Instrucciones Públicas y Beneficencia, y además regenta la Escuela Municipal de Caracas.

11. En esa época acompaña al Libertador a Chuquisaca, donde funda una escuela,
acorde con sus ideas de enseñanza.
12.- En 1829, retirado de la docencia, establece en Azángaro, sobre las riberas del Lago de
Titicacas, una fábrica de Velas, pero cedió a encargarse de nuevo de la Educación.

13.- Después de la muerte del Libertador, en 1830, se traslada a Lima y luego a


Huacho. En 1833, fue nombrado Director de estudios del Departamento de Concepción,
este mismo año, en Chile se entrevista con su compatriota Andrés Bello y funda una
escuela de barrio. Después de algunos años de permanencia en aquella República, pasó a la
del Ecuador donde fue nombrado catedrático de Botánica y Agricultura del Colegio de
Latacunga.
14.- En 1846, regenta un Colegio en Quito y en 1847 se traslada al Sur de Colombia, para
luego irse a Perú, donde murió a los 83 años de edad el 18 de Febrero de 1854. Sus restos
fueron trasladados en 1954 al Panteón Nacional, en el centenario de su muerte.

Simón Rodríguez
(Simón Narciso Jesús Rodríguez; Caracas, Venezuela, 1769 - Amotape, Perú,
1854) Pedagogo y escritor venezolano.
Simón Rodríguez

Jamás la historia de la América independentista ha sido tan injusta con uno


de sus grandes personajes como lo fue con la obra del insigne educador y
gran pensador americano don Simón Rodríguez. El relato de su vida,
atrapado en el sobrenombre de El Maestro del Libertador, se destacó en la
historia por el mérito de haber forjado el espíritu y las ideas de Bolívar,
reduciendo a pasividad lo que fue realmente una activa relación de
reciprocidad.

Pero Simón Rodríguez no nació para hacer de Bolívar el futuro Libertador de


América; se hizo a sí mismo, más bien, para convertir en verdaderas
repúblicas a los territorios conquistados por la libertad. El proyecto diseñado
por Simón Rodríguez, basado en la colonización del continente por sus
propios habitantes y en la formación de ciudadanos por medio del saber, lo
dibuja como un gran pensador americano a quien, en virtud de su incesante
lucha en favor de la educación popular, sería más justo recordar como el
gran maestro de muchos. La originalidad de sus pensamientos, su sentido
estricto de la honestidad, la trascendencia renovadora de sus ideas
pedagógicas y sociales y la heterodoxia y excentricidad de sus métodos
hablan de un hombre con sentido propio, ajeno al contexto de su época.

Biografía

Los historiadores suelen ubicarlo en la borrosa frontera que separa la


genialidad de la locura; y no sin razón, ya que la vida de Simón Narciso Jesús
Rodríguez se encuentra minada de anécdotas que no cesan de sugerir la
interrogante. Nació en Caracas el 28 de octubre de 1769 (aunque también
se afirma que fue en 1771); se dice que era hijo natural de Rosalía Rodríguez
y de un hombre desconocido, de apellido Carreño.

Las imprecisiones en torno a su procedencia han animado la fábula:


abandonado en las puertas de un monasterio, se crió en la casa de un clérigo
de nombre Alejandro Carreño, quien se presume que era su padre, junto a
su hermano Cayetano Carreño, que se convertiría en un famoso músico de
la ciudad. Era alto y fornido, y su extravagante forma de vestir provocaba la
risa de muchos.

Ninguna de estas referencias, sin embargo, cifra la existencia de Simón


Rodríguez: viajero incansable, fue un cosmopolita en el sentido literal del
término, a quien poco importaba el arraigo a cualquier vínculo familiar,
cultural o territorial. El ethos de su vida fue siempre educar, y para ello
recorrió el mundo entero, en busca de un lugar en el cual pudiera "hacer
algo" y poner en práctica sus ideas. Ésta fue su verdadera patria.
El joven maestro

La larga carrera de Simón Rodríguez como educador, si es que así puede


etiquetarse su incesante labor de "formar ciudadanos por medio del saber",
se inicia oficialmente cuando el Cabildo de Caracas le otorga, en 1791, el
permiso para ejercer de maestro de escuela de primeras letras en la única
escuela pública de esa ciudad. Claro está que la formación autodidacta
emprendida por Rodríguez desde muy joven habla de un inicio más temprano
en su carrera y de un encuentro prematuro con la vocación del saber, la
reflexión y el pensamiento.
Simón Rodríguez

A los veinte años de edad, según se dice, Simón Rodríguez ya había leído
a Jean-Jacques Rousseau, particularmente su obra Emilio o De la educación, y una
traducción de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Como
muestra del ímpetu y la avidez de sus reflexiones, siempre originales y a
contrapelo del medio, presentó al ayuntamiento de Caracas, en 1794, un
estudio titulado Reflexiones sobre los efectos que vician la escuela de primeras letras de
Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento.

Las ideas vertidas en este ensayo parten de la necesidad de formalizar la


educación pública por medio de la creación de nuevas escuelas y la formación
de buenos profesores; de esta forma, argumentaba, se promovería la
incorporación de más alumnos (incluyendo a los niños pardos y negros) y la
disminución progresiva de la enseñanza particular; se requería además
buenos salarios.

Fue en esa época cuando, en la escuela de primeras letras del Cabildo de


Caracas, tuvo entre sus alumnos, hasta los catorce años, al entonces
travieso Simón Bolívar. Simón Rodríguez, que además de maestro era también
amanuense del tutor de Bolívar, había sido recomendado para encargarse de
la educación del futuro Libertador de América.
Alguna contingencia de vital importancia para la vida del maestro lo animaría
a abandonar el país. La fecha de su éxodo es dudosa, tanto como la
naturaleza de los acontecimientos que lo propiciaron. Es un lugar común el
que afirma que Simón Rodríguez formaba parte de la famosa conspiración
de Manuel Gual y José María España, descubierta el 13 de julio de 1797, y que
tuvo que huir despavorido hacia La Guaira para embarcarse en un galeón
con destino a Jamaica.
Hay quien asegura, sin embargo, que su partida ocurrió en fecha anterior a
noviembre de 1795, y que fue motivada por su descontento con el régimen
español: "Mal avenido con la tiranía que lo agobiaba bajo el sistema colonial
(en palabras de Daniel Florencio O'Leary),resolvió buscar en otra parte la libertad
de pensamiento y de acción que no se toleraba en su país natal". Jamaica le
esperaba como puerto de inicio de una aventura de más de veinte años en
el exilio.
El exilio

La vocación que mostraba Simón Rodríguez hacia la educación se manifiesta


también en la atención que prestaba a los nuevos conocimientos; se
encontraba sediento por aprender, al tiempo que diseñaba y ensayaba a su
paso nuevos métodos de enseñanza. Una vez en Kingston, Rodríguez utilizó
sus ahorros para aprender inglés en una escuela de niños; mientras lo hacía,
se divertía enseñando castellano a los párvulos. Su método era curioso: "Al
salir a la calle los alumnos lanzan sus sombreros al aire, y yo hago lo mismo
que ellos".

Su siguiente destino sería Estados Unidos. En Baltimore se empleó como


cajista de imprenta, oficio que le permitiría, más tarde, componer él mismo
los moldes de imprenta de sus obras. Tres años después viajó a Bayona, en
Francia, donde se registró bajo el nombre de Samuel Robinson "para no tener
constantemente en la memoria (según dijo él mismo) el recuerdo de la
servidumbre". Más tarde, en la ciudad de París, se empadronaría en el
registro de españoles de la manera siguiente: "Samuel Robinson, hombre de
letras, nacido en Filadelfia, de treinta y un años"; y esta identidad la
mantendría los siguientes veinte años de su vida en el viejo continente.
En París conoció a Fray Servando Teresa de Mier, un sacerdote revolucionario de
origen mexicano, y lo convenció para que juntos abrieran una escuela de
lengua española. Para acreditar sus conocimientos, Rodríguez tradujo al
castellano la novela Atala de Chateaubriand; Mier se atribuyó la traducción.
También estudió física y química, y se convirtió en el expositor de orden de
las investigaciones del laboratorio para el cual trabajaba.

Bolívar se encontraba en París desde 1803, y Simón Rodríguez formaba parte


de sus amistades más cercanas. Ambos disfrutaban de largas tertulias, a
veces solos y otras acompañados de Fernando Toro o de algún otro
personaje. En 1805 emprendieron una larga travesía hasta Italia, cruzando
a pie los Alpes. Fueron de Chambéry a Milán, luego a Verona y Venecia,
Padua, Ferrara, Florencia y Perusa.
El juramento del Monte Sacro

Por último, llegaron a Roma. Aquí fue donde subieron al Monte Sacro y se
produjo el famoso juramento de Bolívar de libertar América: "Juro delante
de usted (así describe Rodríguez el juramento de Bolívar), juro por el Dios
de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor, y juro por la patria, que no
daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las
cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español".

En la ciudad de Nápoles sus trayectorias se separaron: Bolívar regresó a


América; Simón Rodríguez volvió a París y de ahí marchó a Alemania, y luego
a Prusia, Polonia, Rusia e Inglaterra. Según su propio relato, trabajó en un
laboratorio de química, participó en juntas secretas de carácter socialista,
estudió literatura y lenguas y regentó una escuela de primeras letras en un
pueblecito de Rusia.

Posteriormente, en Londres, se desempeñó como educador e inventó un


novedoso sistema de enseñanza con varios tópicos, de los cuales uno estaba
destinado al buen manejo de la escritura: colocaba a sus alumnos con los
brazos en triángulo y los dedos atados, quedando en libertad el índice, el
medio y el pulgar. Y los ejercitaba en seguir sobre el papel, situado
oblicuamente, los contornos de una plancha de metal donde se había trazado
un óvalo. De esta figura formaba todas las letras. "Nada más ingenioso (diría
Andrés Bello), nada más lógico, nada más atractivo que su método; es en
este sentido otro Pestalozzi, que tiene, como éste, la pasión y el genio de la
enseñanza".
Y es que Simón Rodríguez era un apasionado de la escritura. Veía en ella
unas capacidades expresivas que, desde su punto de vista, no estaban
reflejadas en la gramática española. Solía escribir utilizando al máximo
signos de puntuación, admiración y exclamación, mayúsculas y subrayados,
y esquemas de fórmulas, símbolos, paréntesis y llaves, de forma tal que le
resultara posible transmitir el espíritu y la complejidad de sus pensamientos.
Quería una letra viva. Y así la habría de practicar a lo largo de todos sus
escritos en Europa y una vez retornado al nuevo continente.

Retorno a América
Animado por las noticias que le llegaban de América, Simón Rodríguez
emprendió viaje de regreso en 1823. En su largo exilio había madurado cada
vez más sus ideas en torno a la educación y la política, nutriéndose,
fundamentalmente, del pensamiento de Montesquieu. Es cierto que Rodríguez
acogió las ideas de la Ilustración, pero las utilizó como referencia para la
construcción de un proyecto muy original.

En realidad, no podía ser de otra forma, pues el legado de Montesquieu


acerca del determinismo geográfico y cultural no invitaba a nada distinto. Así
lo expresó Simón Rodríguez: "Las leyes deben ser adecuadas al pueblo para
el que fueron dictadas, [...] deben adaptarse a los caracteres físicos del país,
[...] deben adaptarse al grado de libertad que permita la Constitución, a la
religión de sus habitantes, a sus inclinaciones, a su riqueza, a su número, a
su comercio, a sus costumbres y a sus maneras".

De ahí que su obsesión fuera, hasta el momento de su muerte, la de


promover la "conquista de América por medio de las ideas"; era preciso
formar ciudadanos allí donde no los había, y sólo así se lograría fundar
verdaderas repúblicas que no fuesen una mera imitación de las europeas. La
América española poseía su propia identidad, y había de poseer sus propias
instituciones y gobiernos: "O inventamos o erramos". Su pensamiento,
aunque original, chocaba con el ideario que imperaba en los albores de la
Independencia americana. Quizá por ello nunca fue del todo comprendido,
aun cuando su lucha por ser escuchado y por fundar escuelas públicas a
diestro y siniestro no cesó sino en el instante de su muerte.
El reencuentro con Bolívar
Una vez enterado de la estancia de Rodríguez en Colombia, Bolívar le escribió
una carta en la cual lo invitaba a encontrarse con él en el sur, donde se
hallaba en plena campaña. En Bogotá, primer lugar de estancia a su regreso,
sus primeros pasos se encaminaron a instalar una "Casa de Industria
Pública". Deseaba, más que nada, dotar a los alumnos de conocimientos
directos y habilitar maestros de todos los oficios.
El proyecto fracasó por falta de recursos y el maestro se dirigió hacia el sur.
En Guayaquil presentó al gobierno un plan de colonización para el oriente de
Ecuador. Finalmente, se encontró con Bolívar en Lima: Simón Rodríguez le
presentó sus planes pedagógicos, que habrían de ser implantados en
América, en las escuelas que el Libertador ya trataba de fundar y que pondría
bajo la dirección del educador. Simón Rodríguez quedó incorporado a su
equipo de colaboradores.

A mediados de abril de 1825 inició, junto con Bolívar, un recorrido por Perú
y Bolivia. En Arequipa organizó una casa de estudios; después subió al Cuzco,
donde fundó un colegio para varones, otro para niñas, un hospicio y una casa
de refugio para los desvalidos. En el departamento de Puno hizo otro tanto.
En septiembre, ya acompañados del general Antonio José de Sucre, presidente
de Bolivia, entraron ambos en La Paz, antes de dirigirse a Oruro y a Potosí.

Simón Rodríguez

Y en Chuquisaca, en noviembre de 1825, tuvo que detener la marcha, pues


el proyecto educativo de Simón Rodríguez había de comenzar en esa ciudad.
Bolívar lo nombró entonces director de Enseñanza Pública, Ciencias Físicas,
Matemáticas y Artes, y director general de Minas, Agricultura y Caminos
Públicos de la República Boliviana. El primer día del año 1826 comenzaría a
funcionar la llamada Escuela Modelo, que en el cuarto mes de su andadura
tenía ya doscientos alumnos.
El plan de enseñanza era muy original: se agrupaba a los alumnos y se
concertaban los métodos educativos, mezclándose la técnica y el espíritu.
Los niños, entregados por entero a las tareas de aprendizaje, aun durante
los ratos de diversión, eran observados individualmente por personal
facultativo para identificar las inclinaciones de cada alumno. En palabras de
muchos entendidos, la originalidad de estos proyectos se parecía a la
aplicada en los famosos falansterios de Charles Fourier; sin embargo, Simón
Rodríguez nunca había tenido contacto con aquella obra.

Con independencia de cuál fuera la filosofía implicada en el desarrollo de este


proyecto, estuvo claro que no tenía encaje alguno en la sociedad de
entonces; la gente no comprendía aquello y le parecía excesiva la inversión
que demandaban las escuelas. El mariscal Sucre se vio influido por la crítica
del medio, y escribió al Libertador para mostrarle su descontento con la obra
de Robinson, como lo solía llamar. Después de enemistarse con todos, Simón
Rodríguez renunció finalmente a su cargo. Con profunda rabia y decepción
escribió una carta al Libertador, en la que se quejó amargamente de la
incomprensión que había padecido.

Últimos años

Decepcionado por cuanto no le habían dejado hacer por la libertad de


América, y arruinado y endeudado por cuanto había puesto de su bolsillo
para el funcionamiento de las escuelas, se marchó al Perú. En Arequipa
montó una fábrica de velas, de la cual esperaba obtener fondos para su
manutención; las velas representaban también una muestra sarcástica de
aquello que en su opinión había significado el "siglo de las luces" para
América.

El éxito de su negocio, sin embargo, estuvo en su retorno a las actividades


de maestro: los padres acudían masivamente a la tienda para que se
encargara de la educación de sus hijos; y fue así como Simón Rodríguez pidió
nuevamente licencia para ser maestro. En 1828 publicó su primera obra,
titulada Sociedades americanas en 1828; cómo son y cómo deberían ser en los siglos
venideros. Se trataba, en realidad, del prólogo de la obra, en el cual se defiende
el derecho de cada persona a recibir educación, señalándose la importancia
que ésta tiene para el desarrollo político y social de los nuevos estados
americanos.
La primera parte fue reimpresa en El Mercurio Peruano al año siguiente, y
continuada en El Mercurio de Valparaíso en noviembre y diciembre de 1829.
También publicó en la imprenta pública una obra en defensa de Bolívar,
titulada El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos por
un amigo de la causa social. Otras obras suyas fueron publicadas, entre las que
figura un proyecto de ingeniería e hidrología en torno al terreno de Vincoaya.
Había muerto el Libertador y el proyecto de la Gran Colombia había quedado
deshecho.

Simón Rodríguez

Después de publicar parte de la obra Sociedades Americanas, se marchó a


Concepción (Chile), invitado por el intendente de la ciudad para que "llevara
a cabo el mejor plan posible de educación científica" en el Instituto Libertario
de Concepción. Aplicó a la enseñanza el sistema diseñado en Arequipa, a
propósito del proyecto hidrográfico, valiéndose de cuadros sinópticos. El
primer cuadro era "fisionómico", y alcanzaba sólo a las nociones; el segundo
era "fisiográfico", destinado a proporcionar el conocimiento; el tercero era
"fisiológico" o de la ciencia, y el cuarto representaba lo "económico", es decir,
la filosofía.
En 1834 publicó Luces y virtudes sociales, obra acabada de su gran proyecto de
instrucción. Desgraciadamente, su suerte se vio teñida una vez más por la
fatalidad: el terremoto de Concepción de 1835 acabó con todo, incluyendo la
estancia de Simón Rodríguez en esa ciudad; "en América no sirvo para nada",
exclamaría. Se marchó a Santiago de Chile y protagonizó un maravilloso
encuentro con Andrés Bello, del cual brotaría parte del impulso de la
universidad fundada por el insigne humanista.

Partió luego a Valparaíso, ciudad en la cual también se dedicó a la enseñanza,


utilizando un método bastante original para la época: en la clase de
anatomía, se desnudaba y caminaba por el salón para que los alumnos
"tuvieran una idea del cuerpo humano". Por supuesto, esta didáctica no tuvo
larga vida. La sociedad comenzó a rechazarlo; la población de alumnos
descendería rápidamente y él acabaría en la más absoluta miseria.
Así lo encontró el viajero francés Louis-Antoine Vendel-Heyl, a quien diría,
casi llorando, que "ni siquiera podía tener el consuelo de publicar el fruto de
sus meditaciones y sus estudios". Como muestra del resquemor que sentía
hacia la sociedad que frustró sus proyectos, en la puerta de la casa de Simón
Rodríguez podía leerse un letrero que decía: "Luces y virtudes americanas,
esto es: velas de sebo, paciencia, jabón, resignación, cola fuerte, amor al
trabajo".

Sufriendo el temor de que su obra se perdiera, alrededor de 1842 escribió:


"La experiencia y el estudio me suministran luces, pero necesito un candelero
donde colocarlas: ese candelero es la imprenta. Ando paseando mis
manuscritos como los italianos sus Titirimundis. Soy viejo y, aunque robusto,
temo dejar, de un día para otro, un baúl lleno de ideas para pasto de un
gacetillero que no las entienda. Si muriera, yo habría perdido un poco de
gloria, pero los americanos habrían perdido algo más".

Reeditó la obra Sociedades americanas y, sin más, marchó rumbo al Ecuador. En


el camino se detuvo en Paita y visitó a la amante de Bolívar, Manuela Sáenz,
que se encontraba retirada en esa ciudad. En Latacunga fue acogido por un
sacerdote, el doctor Vésquez, quien se empeñaba en que don Simón fuera
maestro en el Colegio de San Vicente. A pesar de la insistencia del maestro
en dedicarse a la agricultura, terminó siendo profesor de botánica de esa
institución.
Paralelamente, y en forma coherente con su visión de las cosas, fundó en
esa ciudad una fábrica de pólvora y al mismo tiempo publicó un folleto sobre
la Fabricación de pólvora y armas con otras enseñanzas generales, en cuyo preámbulo se
puede leer: "la pólvora es aquí el pretexto para tratar de la educación del
pueblo". Posteriormente partió a Quito y fundó otra fábrica de velas; luego
marchó a Ibarra, a Colombia, y regresó nuevamente a Quito en el año 1853.

Tenía 82 años y conservaba aún un aspecto atlético. Dictó una conferencia


que sorprendió al público por sus experiencias y por sus amores tórridos e
hijos dejados por el mundo, al igual que por sus ideas. Finalmente, en 1853,
a pesar de haber manifestado su intención de volver a Europa con la ilusión
de que allí todavía se podía "hacer algo", se trasladó a Amotate, ciudad
peruana en la que falleció el 28 de febrero de 1854, a los 83 años de edad.

La obra de Simón Rodríguez

Guiado por la idea de que sólo a través de la educación popular se


garantizaría la verdadera fortaleza y prosperidad de las nuevas repúblicas,
Simón Rodríguez trazó un proyecto pedagógico de una originalidad
indiscutible. En Rodríguez se fundían de manera extraordinaria el educador,
el hombre de ideas y el escritor. Sus páginas son fascinantes no sólo por la
consistencia de sus ideas y la alta temperatura pasional que les imprime,
sino también por el indiscutible y original acento de novedad de su escritura.
Ello se manifiesta en la particular vivacidad (rasgo inocultablemente
americano) que insufla al castellano, un tanto envarado por siglos de retórica
colonial, y en las innovaciones que introdujo en materia tipográfica.

Pedagogo influido por Jean-Jacques Rousseau y Henri de Saint-Simon, Simón


Rodríguez fue un reformador intuitivo. Maestro de Simón Bolívar, sus
inquietudes e ideas reformadoras influyeron poderosamente en la formación
de El Libertador, según él mismo reconoció. Después del triunfo de Bolívar,
Rodríguez fue director e inspector general de Instrucción Pública y
Beneficencia y organizó escuelas, pero su inquietud y su carácter no lo
dejaron nunca asentar, mal que se agravó tras la muerte de Bolívar; el
maestro fue rodando hasta su avanzada ancianidad por Chile, Ecuador,
Colombia y Perú.
Simón Rodríguez fue el primero que quiso aplicar en Sudamérica los audaces
métodos educativos que empezaban a utilizarse a comienzos del siglo XIX en
Europa, y por todos los medios trató de imponer en las atrasadas provincias
de Bolivia y Colombia las novedosas y revolucionarias teorías sobre la
educación de la infancia. Nutrido en las ideas de los grandes filósofos
franceses del siglo XVIII, fue un espíritu inconforme y radical. Sus principales
textos son El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos
por un amigo de la causa social (1830), Luces y virtudes sociales (1834) y Sociedades
americanas en 1828; cómo son y cómo deberían ser en los siglos venideros (1828, última
edición en 1842).
En El Libertador del Mediodía de América hizo una defensa vigorosa de la figura de
Bolívar y de su actuación en la guerra de Independencia, exponiendo al
mismo tiempo muchas de sus propias ideas sobre la cultura y el destino de
los pueblos hispanoamericanos. Aunque esta obra es muy desigual, y por la
premura en que fue escrita y el temperamento mismo del autor no guarda
mucha unidad, resaltan en ella admirables y audaces pensamientos que
hacen de la misma uno de los estudios más interesantes de la cultura
americana del siglo pasado. Otros escritos suyos son El suelo y sus
habitantes, Extracto sucinto sobre la educación republicana, Consejos de amigo dados al
Colegio de Latacunga y Crítica de las providencias del gobierno.
Nació en Caracas el 28 de octubre de 1769.
Murió en Amotape (Perú) el 28 de febrero de 1854.

Simón Rodriguez
Ilustración realizada por Francisco Maduro
Simón Rodríguez fue uno de los intelectuales americanos más
importantes de su tiempo, destacando por su profundo
conocimiento de la sociedad hispanoamericana, el cual
posteriormente trasmitirá a Simón Bolívar al desempeñarse
como su maestro y mentor. En cuanto a su vida familiar es
poco lo que se [Link] mayo de 1791 el Cabildo de Caracas
lo admite para ejercer el cargo de maestro en la escuela de
primeras letras para niños, lugar al que llegará al año siguiente
Bolívar para iniciar su educación. En junio de 1793 se casa
con María de los Santos Ronco, acto en el cual se declaró
"Expósito de esta feligresía", término que se solía y se suele
utilizar para designar a aquellas personas abandonadas por sus
padres.
Dos años después, tras fugarse el niño Bolívar de la casa de
su tutor, es enviado a casa de su maestro Simón Rodríguez
quien se encargará definitivamente de su formación. Durante
este tiempo Rodríguez fue ganado a la causa independentista
debido a la lectura de los pensadores de la Ilustración; por lo
que en 1797 se vincula al proyecto de emancipación inspirado
por el pedagogo mallorquín Juan Bautista Picornell, en
asociación con los venezolanos Manuel Gual y José María
España. Luego del descubrimiento y fracaso de esta primera
tentativa revolucionaria, Rodríguez es expulsado de
Venezuela, adonde no regresará jamás. En 1797 luego de su
salida del país, se traslada a Kingston (Jamaica) donde residirá
por algún tiempo y en el que cambiará su nombre por el de
Samuel Robinson. Posteriormente, viaja a Estados Unidos
donde vive hasta fines de 1800.
Exilio y vida en Europa
En abril de 1801 se halla en Bayona (Francia), de donde pasa
a París y allí traduce, ese mismo año, la Atala de
Chateubriand. En esta ciudad se encuentra de nuevo con
Simón Bolívar en 1804, convirtiéndose a partir de este
momento en una figura decisiva en el rumbo que tomará la
vida del futuro Libertador de América. En tal sentido, juntos
parten en abril de 1805 a un viaje que los llevará a Lyon y
Chambery para luego atravesar los Alpes y entrar a Italia. En
Milán presencian la coronación de Napoleón Bonaparte como
rey de Italia. Finalmente, la gira culmina en Roma, donde el
15 de agosto del mismo año, Bolívar, junto a Rodríguez y
Fernando Toro, jura dedicarse por completo a la causa de
independencia de Hispanoamérica. Gracias a que el texto
quedó grabado en la memoria de Rodríguez, el mismo paso a
la posteridad como sigue a continuación: "Juro delante de
usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por
mi honor, y juro por mi patria, que no daré descanso a mi
brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas
que nos oprimen por voluntad del poder español". Luego de
una breve visita de Bolívar a Nápoles retornan a París hacia
fines de 1805, separándose tiempo después. En 1806 inicia un
largo peregrinar por Europa, viviendo en Italia, Alemania,
Prusia, Polonia y Rusia; que culmina en 1823 cuando llega a
Londres donde se encuentra con Andrés Bello, emprendiendo
ese mismo año el retorno a América

Simón Bolívar y Simón Rodríguez en el Monte Sacro en Roma

Retorno al continente americano


Al continente americano ingresa por Cartagena de Indias,
retomando además su nombre Simón Rodríguez. El
Libertador al enterarse de su regreso, le escribe el 19 de enero
de 1824 desde Pativilca (Perú), una de las más conmovedoras
epístolas de toda su vida: "Ud. formó mi corazón para la
libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo
he seguido el sendero que Ud. me señaló [...] No puede Ud.
figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las
lecciones que Ud. me ha dado, no he podido jamás borrar
siquiera una coma de las grandes sentencias que Ud. me ha
regalado". Con la ayuda de Francisco Paula Santander,
ordenado por Bolívar, Rodríguez marcha a unirse con él,
emprendiendo por Cartagena el viaje a Perú a través de
Panamá y Guayaquil, llegando a este último puerto a fines de
1824 o principios de 1825. A su paso por Ecuador dejó
importantes obras: en La Catunga dicta clases de agricultura
y botánica en el Colegio Nacional; en Quito presenta al
Gobierno un Plan de colonización para el Oriente de Ecuador
y en Ibarra, funda una "sociedad de socorros mutuos". En
1825 Bolívar lo recibe en Lima y lo incorpora de inmediato a
su grupo de colaboradores directos. En noviembre de este
mismo año, Bolívar lo nombra "director de Enseñanza
Pública, Ciencias Físicas, Matemáticas y de Artes y director
general de Minas, Agricultura y Caminos Públicos de la
República Boliviana". El 7 de enero de 1826 Bolívar regresa
a Lima y Rodríguez permanece en Bolivia, siendo ésta la
última vez que se ven.
En 1826 renuncia a sus cargos en Bolivia, por no congeniar
con el mariscal Antonio José de Sucrepresidente para ese
entonces de dicha nación. Por tal motivo, se marcha a
Arequipa donde publica en 1828, el Pródromo de la obra
"Sociedades Americanas", texto en el que igual que otros
escritos suyos, insiste en la necesidad de buscar soluciones
propias para los problemas de Hispanoamérica, idea que
sintetiza su frase: " La América Española es Orijinal =
Orjinales han de ser sus instituciones i su gobierno = I
Orijinales sus medios de fundar uno i otro. O Inventamos o
Erramos". En 1830 aparece su libro "El Libertador del
Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos
por un amigo de la causa social", el cual era un alegato a favor
de Bolívar. En septiembre de ese año circula su ensayo
científico "Observaciones sobre el terreno de Vincocaya", en
el cual destaca aspectos sobre la conservación de la
naturaleza, la economía y la sociedad. Aunque no existen
datos precisos al respecto, es probable que en 1831 hubiese
contraído nupcias por segunda vez en Perú con Manuela
Gómez. De Lima se traslada en 1834 a Concepción (Chile) y
acepta la dirección de una escuela. Allí publica su libro "Luces
y virtudes sociales" ese mismo año. Seguidamente se edita en
la misma ciudad el Informe sobre Concepción después del
terremoto de febrero de 1835. Tras visitar Trilaleubu y
Monteblanco (1836) y Tucapel (1837), Rodríguez se
encuentra por segunda vez con Andrés Bello, en Santiago de
Chile. En Valparaíso reedita "Luces y virtudes sociales"
(1838) y pública artículos en el periódico El Mercurio.

Retrato de Simón Rodríguez en sus últimos años de vida

Últimos años y muerte


En 1842 se encuentra en Lima, donde reedita su obra
"Sociedades americanas" publicada en 1828. Un año después
emprende un viaje con destino a Ecuador, ocurriendo a su
paso por el puerto de Paita (Perú) una entrevista entre él y
Manuela Sáenz, ésta anciana y próxima a morir. A Ecuador
llega a fines del mismo año, visitando Guayaquil, Quito y
residiendo luego en Latacunga donde dio clases en el colegio
San Vicente. En los años finales de su vida Rodríguez va a
Guayaquil, donde se perderá buena parte de su obra en un
incendio ocurrido en dicha ciudad. En 1853 emprende de
nuevo viaje al Perú, lo acompañan su hijo José y Camilo
Gómez, compañero de éste; será Gómez quien lo asistirá en el
momento de su muerte ocurrida en el pueblecito de Amotape.
Setenta años después de su deceso, sus restos fueron
trasladados al Panteón de los Próceres en Lima, y desde allí,
al siglo justo de su fallecimiento, fueron devueltos a su
Caracas natal, donde reposan en el Panteón Nacional desde el
28 de febrero de 1954.

(https://www.wikidata.org/wiki/Q1358685?uselang=es#P119) (https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Anonimo_010.JPG)Simón Rodr
(https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sim%C3%B3n_Rodr%C3%ADguez_signature.jpg)Cónyuge 
María de los Santos Ronco 
Informa
(https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sim%C3%B3n_Bol%C3%ADvar,_1804.jpg)de la Plaza.5 Sea como fuere, el hecho es que Sim
(https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sim%C3%B3n_Rodr%C3%ADguez_5.jpg)Permanecí en Europa por más de veinte años; trabajé
 
Observaciones sobre el terreno de Vincocaya con respecto a la empresa de desviar el curso natural de sus aguas y 
conducir
alemán y el portugués, profundizar sus estudios filosóficos y entrar en contacto con las 
teorías revolucionarias que pronto
Simón Rodríguez 
Jamás la historia de la América independentista ha sido tan injusta con uno 
de sus grandes personajes com
se afirma que fue en 1771); se dice que era hijo natural de Rosalía Rodríguez 
y de un hombre desconocido, de apellido Carreñ
Simón Rodríguez 
A los veinte años de edad, según se dice, Simón Rodríguez ya había leído 
a Jean-Jacques Rousseau, (https:
tuvo que huir despavorido hacia La Guaira para embarcarse en un galeón 
con destino a Jamaica. 
Hay quien asegura, sin embarg

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