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Eolo y los vientos de Ulises

Eolo, el señor de los vientos, le regaló a Ulises un saco con todos los vientos excepto el favorable para que pudiera regresar a Ítaca, ya que Poseidón quería impedir su regreso. Sin embargo, los curiosos marineros de Ulises abrieron el saco mientras él dormía, liberando una tormenta que alejó el barco de su destino y lo dejó a la deriva durante varios días.

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Eolo y los vientos de Ulises

Eolo, el señor de los vientos, le regaló a Ulises un saco con todos los vientos excepto el favorable para que pudiera regresar a Ítaca, ya que Poseidón quería impedir su regreso. Sin embargo, los curiosos marineros de Ulises abrieron el saco mientras él dormía, liberando una tormenta que alejó el barco de su destino y lo dejó a la deriva durante varios días.

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Eolo: Le regala vientos a Ulises

Eolo era un anciano que vivía en la isla de Eolia. Era el señor de los
vientos y llevaba instalado en esa isla contralado las idas y venidas de todos
los vientos desde el principio de los tiempos. Y seguramente allí seguirá. Un
buen día, a la isla de Eolo llegó el héroe Ulises en su camino de vuelta a Ítaca.

Al héroe Ulises se le estaba complicando el camino de vuelta a Ítaca


después de la guerra de Troya. A veces porque se entretenía con magas o con
sirenas, otras veces por los peligros a los que se enfrentaba y otras veces más
porque el dios del mar, Poseidón, estaba muy enfadado con Ulises y se
dedicaba a hacerle imposible la navegación.

Poseidón iba una vez por semana a la isla de Eolo porque era su mejor
amigo. Allí jugaban a las cartas, se divertían y también hacían la planificación
semanal de los vientos que querían dejar salir durante los siguientes siete días.
Pero un día Eolo se enfadó con Poseidón porque el dios le había hecho
trampas a las cartas y decidió gastarle una broma pesada.

Fue cuando apareció por la isla de Eolia el héroe Ulises de Ítaca, ansioso
por llegar a su casa y encontrarse con Penélope. Eolo vio en Ulises la mejor
forma de castigar a Poseidón, que estaba empeñado en que no volviera a
casa. Y así le prometió a Ulisesun viento favorable hasta Ítaca. Como todos los
vientos obedecían a Eolo antes que a Poseidón lo tuvo fácil.

- Yo te ayudaré a volver a Ítaca, Ulises- le dijo Eolo amistosamente.

- Pero es que Poseidón está empeñado en complicarme el camino y


nunca puedo navegar con buen rumbo- contestó Ulises.

- No te preocupes, los vientos me obedecen a mí, no a Poseidón.

Y Ulises confió en Eolo porque además de dio un saco donde encerró


todos los vientos excepto el viento favorable que le ayudaría a navegar hasta
Ítaca. Con el saco de los vientos bien cerrado para que no se escaparan, Ulises
se volvió a su barco feliz de poder regresar por fin.
- ¿Qué llevas en ese saco?- le preguntaron sus marineros

- No es nada, pero os puedo asegurar que esta vez llegamos a casa-


contestó Ulises.

Pero a los marineros no les bastó la escasa explicación que dio Ulises y
empezaron a sospechar que el saco estaba lleno de tesoros, sobre todo,
porque Ulises no soltaba el saco ni un solo momento. Y es que a veces los
secretos se pueden volver peligrosos.

Mientras Ulises sujetaba el saco con fuerza para que ningún viento
desfavorable se escapara, los marineros le miraban pensando que era un
capitán codicioso que pensaba quedarse con todos los tesoros. Y, por
supuesto, la cosa no acabó bien.

Ulises, por muy héroe que fuera, también tenía necesidades y en un


momento dado el sueño le venció. Los marineros aprovecharon a ese Ulises
dormido para arrebatarle el saco al que estaba abrazado. Solo querían abrir el
saco para ver qué contenía. Pero en cuanto lo abrieron, un huracán de vientos
salió del saco y se formó una tormenta como nunca se había visto en el
Mediterráneo.

Así que el barco de Ulises volvió a alejarse de su destino y se quedó


navegando sin rumbo durante unos cuantos días hasta que los fuertes vientos
se calmaron. No sabían ni dónde estaban, pero desde luego seguían muy lejos
de Ítaca. Lo que sí tenían cerca era una nueva aventura.

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