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STAFF
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Dey Turner
Traductoras
Dey Turner Julieyrr Buty Maddox
Sofí Belikov Adriana Tate Valentine Fitzgerald
Moni BeaG Michelle
Diana Alexa Colton Jeyly Carstairs
Nats Cynthia Delaney Majo_Smile
Eni Issel Vanessa VR
ElyCasdel Anelynn Aimetz
Snowsmily Gabihhbelieber Becky_abc2
Val_17 Florbarbero
Correctoras
Gabihhbelieber Anakaren [Link] 4
Verito [Link] Key
Momby Merlos Cami G. -Valeriia♥
Pau!! LIZZY’ CarolHerondale
NnancyC Alessa Masllentyle Mire
*Andreina F* SammyD Cotesyta
ElyCasdel Meliizza Jasiel Alighieri
Sofí Fullbuster Aimetz Val_17
Alaska Young Amélie Gaz Holt
Tessa Victoria Melii
Itxi Vanessa VR Niki26
Mel Markham Daniela Agrafojo Dannygonzal
Lectura final
Laurita PI
Diseño
Deydra B.
ÍNDICE
Sinopsis Capítulo 19
Parte I: Otoño Capítulo 20
Capítulo 1 Capítulo 21
Capítulo 2 Capítulo 22
Capítulo 3 Capítulo 23
Capítulo 4 Capítulo 24
Capítulo 5 Capítulo 25
Capítulo 6 Capítulo 26
Capítulo 7 Capítulo 27
Capítulo 8 Capítulo 28
Parte II: Invierno Capítulo 29
5
Capítulo 9 Parte IV: Verano
Capítulo 10 Capítulo 30
Capítulo 11 Capítulo 31
Capítulo 12 Capítulo 32
Capítulo 13 Capítulo 33
Capítulo 14 Capítulo 34
Capítulo 15 Capítulo 35
Capítulo 16 Capítulo 36
Capítulo 17 Agradecimientos
Parte III: Primavera Someday Maybe
Capítulo 18 Sobre el autor
SINOPSIS
Spring Honeycutt quiere dos cosas: aprobar su tesis de una vida
sustentable y salvar el medio ambiente. Ambas cosas parecen totalmente
inalcanzables hasta que el profesor de su universidad sugiere que con un
nuevo ángulo, su trabajo podría ser publicado. Spring jura que hará
cualquier cosa para asegurarse de que eso suceda.
Sin embargo, “hacer cualquier cosa” significa formar un equipo con
el muy caliente, muy privilegiado y muy engreído, Henry Knightly.
Henry es la única esperanza de Spring para que su trabajo se
publique, pero también es el súper millonario hijo de un promotor
inmobiliario y el polo opuesto de Spring. Es bastante malo que no pueda
evitar sentirse atraída por la forma en que Henry presiona sus botones,
tanto políticamente como físicamente. Mientras trabajan en su tesis, Spring
descubre que hay más en Henry que su dinero y sus suéteres de rombos…
pero ¿puede Spring dejar caer sus defensas lo suficiente como para dejarlo
entrar? De repente, escoger entre lo que quiere y lo que necesita pone a 6
Spring en conflicto con todo lo que cree.
Definitely Maybe #1
Para Jane Austen.
Si ella no hubiera preparado el terreno esta escritora no estaría aquí.
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PARTE I
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“La vanidad y el orgullo son cosas diferentes, aunque a menudo las
palabras se utilizan como sinónimos. Una persona puede ser orgullosa sin
ser vanidosa. El orgullo se relaciona más con nuestra opinión de nosotros
mismos; la vanidad, a lo que los demás hayan de pensar de nosotros.”
Orgullo y Prejuicio
1
Traducido por Sofí Fullbuster & Moni
Corregido por gabihhbelieber
—Spring Honeycutt, qué amable de su parte unírsenos por fin.
Todos los ojos, incluyendo los del profesor Masen, se movieron hacia
mí mientras mi intento de entrar furtivamente al salón fallaba.
—Lo siento —dije, deteniéndome en la puerta—. Me encontraba…
en un atasco.
Con su mirada aun perforándome, Masen negó con la cabeza pero
no habló, como si hubiera esperado una explicación más profunda.
—Eh. —Me aferré a mi mochila—. En mi camino al campus, encontré
un gato en los arbustos. 9
Unos pocos chicos en la parte trasera del salón se rieron con disimulo.
—Estaba herido. Llamé a la protectora de animales y esperé. No
había sangre, pero no podía caminar, así que… —Me preguntaba por qué
Masen me permitía retrasar su disertación. ¿No íbamos a discutir sobre
Thoreau y Walden ese día?—. Era un gato gris con un collar, pero no tenía
ninguna identificación.
Masen se inclinó contra el escritorio y frotó su mandíbula. El gesto
siempre me daba la impresión de que estaba molesto.
—Ni siquiera me gustan los gatos —añadí por alguna razón—, pero,
quiero decir, no podía dejarlo allí. —Sentí un nudo en la garganta,
recordando los tristes y cristalinos ojos que me habían mirado y cómo
cuando con gentileza froté su lomo, trató de ronronear—. Había un
pequeño grupo de personas para cuando la protectora de animales llegó,
así que me fui. De todas formas, ese es la razón de mi tardanza.
Tan ágilmente como era posible, caminé hasta la tercera fila y me
senté en un escritorio vacío, preguntándome qué tan sonrojadas lucían mis
mejillas.
Masen asintió, su expresión algo desconcertada, luego apuntó al
pizarrón, continuando con su discurso.
Apenas tuve tiempo para abrir la boca y exhalar antes de que una
burlesca voz femenina siseara en mi dirección. —Clásica entrada, Spring.
Qué profunda.
Ni siquiera tuve que mirar para ver quién lo dijo. Cuando éramos
novatas hacía dos años, Lilah Charleston olvidó dejar su mentalidad de
“chica insoportable” en la secundaria. Ya apestaba bastante que su
hermandad se localizara a dos manzanas de mi alojamiento, sino el que
también tuviéramos Ecología como carrera. Por lo que era forzada a
compartir un salón de clases con ella al menos dos veces en un semestre.
Por regla general la habría ignorado, ¿pero si lo hacía no crearía
malos precedentes para el resto de nuestro tercer año? Aunque me
rebajara a su nivel no dejaría de molestarme. Desde que le quité la
práctica en nuestro primer año, su meta fue hacer de mi vida un infierno
viviente. Miré su atuendo. En un mundo perfecto, una Lilah vestida de pies
a cabeza con cuero mientras se encontraba sentada en nuestra clase de
Ecología habría dado base para una falla automática.
—Gracias —le susurré cuando el señor Masen se hallaba de
espaldas—. Y lindas botas. —Lo dejé así. Sabía lo que quería decir. Los
becerros eran mucho más lindos que cualquier par de botas que pudiera
llevar.
Entrecerró sus glaciales ojos azules, pero luego metió los pies debajo
1
del escritorio. 0
Un punto para Spring.
Quince minutos antes de las doce, el profesor Masen se quitó los
lentes y terminó la clase. Aleluya. Si era lo suficientemente rápida, podría
encontrar a Mel en el campus para un café.
—Al menos lavo mi cabello —dijo Lilah mientras juntaba sus libros—.
Puedo olerte desde aquí. —Alejó su rostro, arrugando la nariz con disgusto.
Lindo. Jugó la carta de “apestas”. Realmente creía que nos
hallábamos de vuelta en la secundaria.
Alargué la mano para sostener un puñado de las delgadas hebras
rubias que colgaban sobre mi hombro y las froté protectoramente, mi
pulgar e índice deteniéndose sobre una pequeña y oscura cuenta azul al
final de una.
—Buena suerte encontrando algún tipo digno que se acerque a
menos de tres metros de esas cosas. —Mientras Lilah hablaba, un
musculoso atleta vistiendo una camiseta de rugby me dio una media
sonrisa, luego me guiñó mientras pasaba.
No era que no quisiera salir con alguien, era más por la falta de
tiempo. Simplemente no tenía suficientes horas en el día, y más que
demasiados problemas en mi plato. Pensaría en los chicos después de
conseguir mi doctorado.
—¿Se supone que te hagan lucir bien? —preguntó Lilah con
desdén—. Porque no lo hacen. —Me miró de pies a cabeza—. Rara.
—¿Es un Channel número cinco el que huelo? —No pude evitar
responder. Dos podían jugar el juego—. ¿Lo usaste en el Cuerpo de la Paz?
Ahí es donde les dices a todos que estuviste el verano. —Lilah se congeló y
me miró furiosa—. Pero el rumor circulando dice que fuiste de compras en
París y no a reconstruir casas en Zambia.
Lo atenuaba. El auténtico rumor decía que se hizo una cirugía
plástica, pero no iba a decirlo. Llevaba trenzas; Lilah aumentó de talla de
sujetador. Vivía, y dejaba vivir.
Si Lilah se sentía tan apasionada por hacer el bien en el mundo
como afirmaba, debería haber ido a África en vez de a Europa. Por
supuesto, ella tenía los medios para hacerlo. A diferencia de mí. Con dos
becas, un considerable préstamo, y tres trabajos, apenas lo lograba. Lilah
no sabía cuán afortunada era de ser financieramente independiente.
Arrugó sus labios recubiertos de lápiz labial. —No te atreverías a 1
contar una historia así.
Me sentía feliz de que fuera dos centímetros más alta. Cuando me
1
provocaba así, mi pacifista interna se iba como un pan de fibra en el
desayuno, por lo que quería darle un puñetazo. Pero la violencia no
resolvería nada.
—No, no le diré a nadie, Lilah —dije con cansancio—. ¿Y quieres
saber por qué?
—¿Spring?
Ambas prestamos atención al profesor Masen cuando gritó mi
nombre.
—¿Tienes un minuto? ¿O tienes otra clase?
—Estás acabada —cantó Lilah mientras se alejaba, atravesando la
puerta.
Caminé hacia el escritorio de Masen, casi lista para prometerle que
nunca llegaría tarde de nuevo, sin importar qué lastimada criatura
encontrara. Aunque sabía, muy profundo en mi interior, que no era verdad.
Mi amor por los animales sobrepasaba mi aversión por los gatos o que mi
consejero se molestara momentáneamente conmigo.
Masen miraba la pantalla de su laptop. Mientras esperaba, me
aferré a la tira de mi mochila y observé la pizarra, que se hallaba cubierta
de un arcoíris de terminologías y definiciones que aún no memorizaba. Dos
días en el semestre y no estaba tan pendiente a mis clases como solía
estarlo. ¿Cómo pasó eso?
—Estaba analizando tu propuesta para tu proyecto independiente
—dijo Masen, atrayéndome de golpe al presente—. Luce… familiar.
El pánico se apoderó de mí. Tres estudiantes habían sido echados de
Stanford el último año por plagio. La sangre aún se encontraba en el agua,
y los profesores circulaban como tiburones.
—Profesor Masen —dije, dando un paso hacia delante—. Ese trabajo
es mío, lo juro. Puedo citar todo. —Estaba a punto de sacar mi
computadora y enseñarle los documentos de prueba cuando un indicio
de sonrisa cruzó su rostro.
—No es eso —dijo—. Lo que quería decir era, esto es lo que dijiste en
mi clase de Antropología del Capitalismo el año pasado. ¿Intentas pasar
los próximos dos semestres repitiendo la misma opinión?
—¿Repetir? —repetí—. ¿No sería reciclar más apropiado? —Me reí
ante mi propia broma ecologista, pero Masen me miró inexpresivo—. Yo…
escogí investigar la sustentabilidad de nuevo porque es en lo que creo — 1
dije, sin bromear.
—Lo sé, Spring. Toda la clase lo sabe. Hablar de tus actitudes nunca
2
ha sido un problema.
¿Problema? ¿Ser un paladín para mejorar el mundo era un
problema?
Mis instintos casi me pusieron a la defensiva, pero en su lugar, me
tomé un momento para respirar, deslizando los dedos de arriba abajo por
mi cabello. Algo con lo que solía calmarme.
—Este es un proyecto importante; lo sabes, ¿cierto?
Asentí en silencio; pero por dentro, me recordaba que todo en la
Universidad de Stanford era importante. Solo tenía que ver las cuatro
cartas certificadas por mi consejero de la secundaria que enviaron a la
junta de admisión. Ser aceptada en Stanford no era lo que había sido un
reto para mí, lo subsiguiente probó ser una tarea incluso más grande; lo
que, obviamente, era lo más importante en mi vida. Durante el año
pasado, me añadí a más clases, causas y demandas en mi tiempo libre,
con la única intención de sobresalir en un mar de más de quince mil otros
estudiantes destacados.
Tenía que sobresalir. De otra forma, no iba a lograrlo.
—Eres una estudiante excepcional —continuó Masen. Sonreí ante
eso, los músculos de mi estómago relajándose—. Tengo algunos amigos en
los periódicos. Veo potencial en tu tesis, y si acaba bien, casi puedo
garantizarte la publicación.
Espera, ¿qué? ¿Una publicación como una estudiante de tercero?
—Eso es maravillosamente genial —solté y dejé caer mi mochila—. Lo
que sea que tome. Si no cree que mi tesis es lo suficientemente buena,
trabajaré en ella. Haré lo que sea.
Se reclinó en su chirriante silla. —Tengo algunas ideas, pero primero…
—Cambió a una nueva página en su computadora—. Veo que tomaste
veintiuna clases el último semestre y diecinueve el último otoño.
—Sí —confirmé, mirando la pantalla.
Arqueó una de sus tupidas cejas. —Bastante ambiciosa.
Me encogí de hombros.
—Lo que significa que vas adelantada.
Oh, por favor no me pidas que sea tu asistente. Preferiría tomar otro
turno como mesera en el club de country que corregir pruebas de los de
primer año.
—¿Alguna vez has considerado cursar Economía de segundo año?
1
Algunas de tus clases principales se encuentran en aulas vecinas. 3
Eso era una sorpresa. —Ya tomé las dos clases requeridas —dije—,
pero aparte de eso, no sé mucho de economía.
Masen regresó a mi propuesta. —Lo sé —dijo adrede—. Ese es mi
punto.
—Oh. —Tragué, las visiones de mi nombre en un periódico
desvaneciéndose como el bosque tropical del Amazonas—. ¿Cómo cree
que Economía de segundo año ayudará?
—¿Debatiste en la secundaria? —preguntó, lo que parecía fuera de
lugar.
—No —admití.
—Pero ¿entiendes el concepto?
—Se discute sobre un problema —comencé, esperando que sonara
como si supiera de qué hablaba—. Tienes que saber suficiente de las
contrapartes para pelear por ambos lados.
—Exactamente. —Apuntó a mi propuesta en la pantalla—. Eso es
precisamente lo que esto necesita. La contraparte.
Bajo mis trenzas, mi nuca se tensó en señal de alarma. La sensación
se extendió por mi garganta y mejillas. Hacía un año, temiendo no ser
notada en mis clases o comunidad, hice algunos grandes cambios. No solo
en el trabajo o en las marchas de Green Peace, sino con las trenzas, las
dietas vegetarianas, la deliberada falta de vida social… todo en nombre
de ser tomada en serio. Finalmente, me sentí parte de ello y lucía como
parte de ello. Para este momento, todo debería empezar a encajar. Pero si
Masen, mi consejero, aún no se daba cuenta de lo resuelta que era, ¿qué
más podía hacer?
Comenzaba a sentirme como si estuviera ahogándome de nuevo.
—Profesor Masen —comencé—, por los dos últimos años, Ecología ha
sido mi vida. Vivir sustentable, promover la libertad y las tierras saludables,
apoyar la agencia de protección ambiental. Escogí Stanford por sus
proyectos liberales, y usted me dice que cree que debería…
Alzó una mano para detenerme. —No te estoy diciendo que
conduzcas una Hummer o uses petróleo. La sustentabilidad es un problema
crítico, y creo que lo entiendes. Un claro entendimiento del punto de vista
de la economía rellenaría tu investigación; darle algo de sustento. —
Apuntó a la pantalla de nuevo—. Juzgando por tu propuesta, te
encuentras bastante cerca del tema. Necesito que retrocedas y lo veas
desde otra perspectiva. 1
—Perspectiva —repetí, mi cabeza sintiéndose pesada. 4
—En cualquier estadio, para ser mejor que tus oponentes debes
entenderlos por dentro y por fuera. Tienes el corazón, Spring, pero no tienes
la mente de un empresario. No aún. —Masen hizo el gesto de frotar su
barbilla de nuevo—. Mencionaste la agencia de protección ambiental.
¿Qué si vas por el otro lado y estudias el impacto en los humanos,
los beneficios del desarrollo inmobiliario?
Antes de seguir mis instintos y soltar que no existía tal cosa, me forcé
a detenerme y pensar en ello. A pesar de que no podía entender el punto
de vista de Masen aún, confiaba en él. Tenía que confiar en él. El hombre
tenía mi futuro académico en la palma de su mano.
—¿Los beneficios del desarrollo inmobiliario? —Me detuve,
esperando que mi cerebro procesara el concepto.
—Habla con unos pocos estudiantes de economía —sugirió—, o
mejor, alguien que conozca los puntos más finos del desarrollo inmobiliario;
esa es la clave. Indaga más sobre tu investigación. Tal vez cuando tu
propuesta sea más consistente, podremos hablar sobre la publicación.
Esa palabra de nuevo. Publicación. Era excitante. Si la utilizaba para
guiarme o manipularme, no me importaba. Funcionó. —Lo que usted diga
—respondí, recogiendo mi mochila—. Comenzaré justo ahora.
Masen se puso los lentes. —Espero escuchar de tus progresos pronto.
Y luego nos juntaremos de nuevo.
Después de darme unas cuantas instrucciones más, me sentía con
ganas de bailar y gritar, pero me contuve y me encaminé al pasillo,
esquivando a algunos otros estudiantes destacados mientras corrían a
clases. Cuando la adrenalina inicial desapareció, el pánico surgió. Y para
cuando iba a medio camino a casa, me sentía bastante confundida, mi
mochila sintiéndose pesada con cada paso.
¿Cuándo tendría tiempo para comenzar un nuevo proyecto y tal vez
añadir una asignatura? ¿Dónde, exactamente, iba a encontrar a un
magnate que conociera del tema en la Universidad de Stanford? Y lo más
importante: ¿cuánto de mi alma me encontraba dispuesta a vender para
aprender?
Mi atención apuntaba a un camión de mudanza aparcado delante
de la casa frente a la mía. Tres tipos se encontraban descargando cajas.
Así que suponía que los aspirantes a estudiantes de física con su loca teoría
del Big Bang se mudaron. Qué mal, extrañaría sus explosiones semanales.
1
Mientras me acercaba a la casa, a punto de cruzar la calle, un tipo
salió de la casa. Debido al peso y sus largas piernas, caminar a zancadas 5
quizás era un término más apropiado. Después de pasar una mano por su
oscuro y rizado cabello, se puso un par de lentes de sol negros y
permaneció de pie en medio del recientemente podado césped,
firmando un portapapeles que uno de los tipos de mudanza le había
tendido.
Giró la cabeza. Incluso desde esa distancia, noté el corte de su
mandíbula. Era un lindo corte. Mientras sostenía el portapapeles, alzó sus
lentes por un segundo, revelando el resto de su rostro.
Mmh, no era tan malo. No era malo en absoluto. De hecho…
—Oye —dijo el tipo, medio ladrándole a uno de los de mudanza—.
No toques el Viper. —Apuntó a un largo y brillante auto deportivo negro
aparcado en la entrada—. Cuesta más que tu vida.
Jesús. ¿Qué demonios?
Me hallaba en medio de la calle, aún mirando al tipo cuando mi
compañera Julia gritó desde la entrada.
—¡Spring!
La cabeza del tipo giró bruscamente en mi dirección. Cuando mis
ojos se encontraron directamente con sus lentes, sentí mi rostro
encenderse.
Odiaba ser atrapada mirando, pero no era como si fisgoneara ni
nada. Estaba cruzando una calle pública delante de mi propia casa en
medio del día. No era un delito exactamente. Aun así, sabía que el tipo me
observaba mientras me dirigía a la casa.
—Si quieres que te haga la pedicura antes de esta noche —añadió
Julia—, necesitamos comenzar ahora. Apresúrate.
Apreté la correa de mi mochila, sintiendo sus ojos en mi espalda.
Bien. Buena primera impresión, Spring. Seré conocida como la mujer que
no solo se preocupa por la pedicura, sino que no puede hacerla por sí
misma.
—Sí, ya voy —dije, trotando por el camino y entrando en la casa—.
No tenías que gritar eso. —Dejé caer la mochila junto a la puerta y seguí el
rojo cabello de Julia escaleras arriba.
—¿Gritar qué?
Sacudí la cabeza y me reí en voz baja. —No importa.
Diez minutos más tarde, me encontraba sentada en el suelo en una
esquina de nuestro gran baño, mis piernas estiradas frente a mí. Julia
1
inclinada hacia delante para aplicar una segunda capa de color azul 6
marino ruso en mis uñas. Anabel, nuestra otra compañera de cuarto,
entraba y salía del baño con un grupo de amigas, bromeaban pasando
de su lápiz labial a la nueva fraternidad en nombre de Adam Levine hasta
tacones de aguja. Antes de que fuera tentada a entrometerme y dirigir la
conversación a un tema que leí en las noticias, tomé una revista del suelo y
me concentré en echarle viento a mis uñas.
—¿Tienes planes para la cena? —le pregunté a Julia.
—Pensé que iba a encontrarme con Tommy —respondió—, pero no
he sabido nada de él.
—Tommy llamó por teléfono esta mañana justo después de que te
fueras a clases —le dije—. Anabel habló con él.
Los ojos verdes brillantes de Julia se abrieron alarmados, pero luego
sonrió y los rodó hacia el cielo. —Oh, en serio.
Le di una palmada en el brazo. —Me temo que perdiste a tu cita por
nuestra demostrativa compañera de cuarto, conejita.
Rodó los ojos de nuevo. —Eso parece.
—Anabel no conoce la vergüenza cuando se trata de pescar a un
hombre. ¿Qué te poseyó a darle a un macho de cualquier especie nuestro
número de la casa en vez de tu celular?
Julia se mordió el labio. Era por mucho la alumna más bonita en un
radio de ocho kilómetros. Tommy, o cualquier otro chico, era suyo. Pero
ella no competía por citas.
—Es tu culpa —continué—. Deberías aprender a jugar sucio. La
próxima vez que el teléfono de la casa suene, usa tus codos. Para eso los
creó Dios.
—Lo recordaré —dijo Julia—. Ahora siéntate aquí y no muevas los
pies. —Fue hacia el espejo, continuando con su rutina de
embellecimiento—. ¿Alguna vez has extrañado esto? —preguntó mientras
pasaba un cepillo por su cabello.
—Nunca —le dije—. Mi manera es a bajo mantenimiento.
—Solo me lo preguntaba, porque cuando no está trenzado, tu
cabello luce como el de una estrella de cine.
Tiré de una trenza. —¿Cuál estrella de cine?
—No, quiero decir, tienes esos ojos azules, toda americana, y cabello
largo y rubio tipo Gossip Girl en ti. 1
—¿Quién es Gossip Girl? —pregunté—. ¿Participó en
Anatomy?
Grey’s
7
Julia me lanzó una toalla de mano. —No importa. Olvidé que solo
afirmas mirar CNN.
Me incliné hacia delante para soplar los dedos de los pies. Mis uñas
de las manos eran del mismo tono oscuro. Por lo general no me tomaría
tantas molestias en coincidir el color en mis manos y pies, pero le prometí a
mis amigas que las acompañaría esta noche en la primera gran fiesta del
año escolar. También prometí que revisaría mi actitud cínica en la puerta.
Había una ligera posibilidad de que una de esas cosas pudiera
pasar.
En verdad, no debería salir en absoluto. El profesor Masen esperaba
un adelanto de mi nuevo proyecto para el lunes en la mañana, y hasta
ahora, ni siquiera tenía el atisbo de un plan.
—Si mal no recuerdo —dije, volviendo a un tema menos
traumático—, ni siquiera te gustaba Tommy. ¿No fue quien te hizo pagar lo
tuyo cuando te llevó a cenar?
—Ese es él. —Julia chasqueó la lengua—. Un caballero debe tratar a
una dama como a una dama. Es lo que siempre dice mi abuela.
Julia era tan chapada a la antigua. En ese sentido, ella y yo éramos
tan diferentes como podíamos ser. Aun así, la amaba; desde ese perfecto
y alucinante cabello hasta el delicado anillo céltico que usaba en su
menique todos los días.
—¿Hola? ¿Hay alguien en casa? ¿Springer?
—¡Aquí arriba! —grité a mi mejor amiga, Melanie, mientras cerraba la
puerta delantera de golpe.
Me había enviado un mensaje hacía una hora. Enojada con su
compañera de cuarto por haber estacionado en su lugar, Mel iba a ir a la
fiesta de esta noche con nosotras. Para el momento en que subió las
escaleras, estaba jadeando, con la cara enrojecida, y los ojos marrones
salvajes. Pensé que podría estar enferma, pero sonreía. Los rizos color café
rebotaban más de lo usual.
—Entonces, cuéntame todo. —Sonrió Mel, recuperando el aliento.
Vestía una blusa negra de encaje, pantalones negros de talle bajo, y
zapatos altos de punta abierta negros, lápiz labial rojo carmesí salpicado
en sus uñas. Mientras se aferraba de la puerta con una mano, se inclinó
hacia atrás como una contorsionista y alcanzó para ajustar la correa de un
zapato.
—¿Sobre qué? —pregunté, cojeando con cuidado de no ensuciar 1
mi esmalte brillante.
La sonrisa de Mel prácticamente partía su cara. —Sobre los chicos
8
nuevos al otro lado de la calle.
Oh. No dije nada y seguí mirándola sin comprender. No necesitaba
saber que me atraparon medio espiando a uno de ellos.
—¿Chicos nuevos? —Julia se congeló, su delineador cerniéndose
frente a su cara. Ella trataba de lucir indiferente, aunque sabía; como
todas lo sabíamos, que Mel era los ojos, oídos, nariz y garganta de la
“Sociedad Cardinal” en Stanford. Trabajó en la oficina administrativa en el
primer año y aún tenía importantes conexiones internas. Nada pasaba en
nuestra universidad que ella no supiera primero.
Una sonrisa de satisfacción se extendió por el rostro de Mel. —Se
están mudando mientras hablamos. Hoy. Justo ahora. —Se detuvo,
observando mi expresión impasible—. En serio, ¿dónde has estado?
—Tengo un proyecto de investigación alrededor del que intento
envolver mi cerebro, así que he estado… —Me callé, notando que Mel me
miraba mientras señalaba hacia la ventana de la habitación de Julia a
través del pasillo, la que daba a la calle.
Siguiendo la señal, Julia caminó hacia la ventana, Mel justo detrás
de ella. Yo me quedé en el baño.
—¿Sabes algo sobre ellos? —Escuché a decir Julia.
Como si tuviera que preguntar.
—Bueno, el nombre del rubio es Dart —dijo Mel—. Transferido de
Duke. Es un estudiante de posgrado en Kinesiología. Ha tenido tres novias
serias y su padre ganó un Premio Nobel.
Melanie era una fuente de información.
Me mordí el labio y me aparté de la pared, yendo por curiosidad,
para mantenerme al día con los acontecimientos actuales, por así decirlo.
Debería saber sobre mis nuevos vecinos, ¿cierto? Además que uno de ellos
manejaba un Viper, poseía la cara de una estrella de cine pero era un
poco idiota.
Mel sonrió cuando entré a la habitación.
—No digas una palabra —le advertí cuando llegué al lado de Julia,
que miraba por la ventana. Mientras Mel hablaba sobre Dart, me alcé
sobre las puntas de mis pies y miré por la ventana. Por lo que pude
distinguir, había dos chicos alrededor del patio delantero. Vi al de cabello
negro primero. El de cabello claro no me pareció tan llamativo. 1
Cuando Julia soltó un suspiro de anhelo, la miré. Un lado de su boca
se curvó hacia arriba. 9
—Dart —dijo el nombre, luego lo repitió dos veces. Metódicamente,
sus largos dedos metieron un mechón de cabello detrás de su oreja—. Ese
es un nombre interesante, ¿no creen? Me pregunto qué significa. Suena
familiar, ¿cierto? Como si fuera la abreviatura de algo. —Movió los labios,
murmurando el nombre una y otra vez como un tic.
—Entonces, Mel —dije—. Que…
—¡D’Artagnan! —exclamó Julia, haciéndome saltar—. Apuesto
cualquier cosa a que su nombre real es D’Artagnan. Es de Los Tres
Mosqueteros. Es un caballero real.
No se me escapó su uso del tiempo presente. Presionó las puntas de
sus dedos contra el vidrio y se inclinó. —Dart. Es muy guapo, ¿no?
Casi deslumbrante.
—Oh —interrumpió Mel con un tono de advertencia—. Es el hermano
de Lilah.
Julia se dio la vuelta, con la boca abierta, paralizada en silencio por
el horror.
—¿Lilah? —dije la palabra como si fuera el nombre de un veneno
que acababa de tragar, y luego medio esperé escuchar la música “dun-
dun-dun” que acompaña a un giro trágico en la trama de una película.
Miré a través del vidrio hacia nuestros vecinos, una sensación familiar
enfermiza pasó sobre mí—. Fantástico —gemí—. La presumida alfa de esta
universidad tiene un hermano. Si este chico Dart es parecido a Lilah,
tendremos suerte si nos ignora completamente.
Mel me ofreció una sombría señal de asentimiento.
Dart se arrodilló en la entrada, buscando en una caja abierta. Le
daré crédito a Julia, era bastante lindo, pero no mi tipo.
Nuestro vecino de cabello negro estaba de frente, lentes de sol
colgaban del cuello de su camisa. Dio un deliberado giro de ciento
ochenta grados, mirando hacia su puerta principal y plantó sus manos en
las caderas. Su trasero —quiero decir su espalda— se hallaba hacia
nosotros.
Oh, mi Dios.
Directamente en los talones de la fascinación, mi orgullo se encendió
en la nuca, recordándome que no era alguien que se reduciría a sí misma
a babear por un hombre, al menos no en público. Por lo tanto, dejé que
pasara exactamente un lapso de cinco segundos antes de comenzar con 2
mis preguntas.
—Entonces, eh, ¿el otro? —Me froté la nariz, obligando a mi voz a
0
sonar indiferente—. ¿Cuál es su historia?
Cuando Mel se volvió hacia mí, me dedicó una amplia sonrisa, como
si hubiera estado esperando a que preguntara. —Sí, Springer. Pensé que te
podría gustar. Delicioso, ¿no?
Rodé los ojos, no dispuesta a unirme al festival de la baba por el
momento. —¿Supongo que el pobre es tu objetivo de presa para el
próximo año?
—Oh, no. He decidido guardar ese pequeño bocado —Inclinó la
cabeza hacia la ventana—, para ti, nena. Y nunca lo creerás cuando te
cuente sobre él. Adelante, adivina quién es. Pregúntame su nombre.
Mel no estaba dispuesta a hacer esto fácil para mí. Sabía cómo era
yo en cuanto a chicos. Si mostraba el menor interés, ella quería que
estuviera escrito en el dirigible de Goodyear.
Volví mi atención hacia mis uñas, quitando una mancha de esmalte
de la cutícula. Si quería compartir su chisme sobre la identidad secreta de
nuestro vecino de cabello negro, no le suplicaría. Con buen trasero o sin
buen trasero, la emoción se había ido.
—¡Es Henry Knightly! —exclamó, posándose sobre el marco de la
ventana.
Me volví hacia Julia en busca de una pista, pero miraba hacia el
garaje donde Dart desapareció hacía un minuto.
—Ya sabes. —Mel volteó un pendiente—. ¿Knightly?
Aún no tenía idea.
—¿Knightly Hall? ¿El edificio nuevo detrás de Stone Plaza? —Su boca
se torció, dándome una sonrisa socarrona—. Ese edificio que tú y tu
pequeño grupo de ambientalistas protestaron en contra que fue
construido el año pasado. Te ayudé a pintar todas esas pancartas
estúpidas. Destrozando por completo mi manicura francesa.
Mmm. Eso sí me sonaba familiar, pero las manifestaciones a las que
asistí comenzaban a mezclarse.
—¿Él construyó el Knightly Hall? —pregunté.
Mel se rio. —No, Einstein. Su padre donó tres millones a esta
universidad, y nombraron al edificio por él.
Mi estómago se desplomó. Oh. Ese Knightly.
Investigué a la familia el año pasado. Eran dueños de un montón de
tierra en todo el oeste de los Estados Unidos. Si no talaban los bosques,
2
represaban ríos, o arrendaban sus tierras a los mineros quienes arrasaban
con todo, o vendían a los taladradores para la última locura de matar a la
1
tierra: fracturación hidráulica.
—Oh, rayos —murmuré.
Mi mirada dejó a Mel y se movió hacia la ventana de nuevo. Henry
Knightly le sacaba brillo a un lado de ese auto negro y brillante con el
codo.
Vale más que tu vida… Sus palabras hicieron eco en mis oídos,
causando que pensamientos anteriores sobre su apariencia se derritieran
como los casquetes polares.
—Precisamente lo que esta universidad no necesita —dije—. Otro
chico rico zumbando alrededor en su auto deportivo tragador de gasolina,
y probablemente yendo a la escuela con matrícula gratis porque su padre
se lo legó.
—¿Qué?
—Nada —dije, negando con la cabeza—. Es solo que… Stanford no
es barato, Mel. Mis tres trabajos apenas me mantienen a flote, y mis padres
nunca han pagado un centavo de mis gastos escolares. Mi mamá no
puede costearlo, y no he hablado con mi padre en años. —Señalé hacia
la ventana—. Aquí viene ese chico, probablemente estudiando para ser un
magnate de los negocios de alto vuelo mientras lo logra a la sombra de su
papi. Un poco injusto, ¿no crees?
—Está en la escuela de leyes, Springer. Sin ninguna ayuda financiera.
—Oh —dije, frunciendo el ceño.
—¿Por qué esa mirada? —Mel tomó mi barbilla en su mano—. ¿Estás
decepcionada de que ya no tienes una razón que justifique odiar a Henry
Knightly?
Mi boca se abrió, lista para negarlo. Pero como siempre, Mel tenía
razón. No conocía a este chico, y el odio en la boca de mi estómago no
era exactamente buena evidencia contra él. A pesar de que su conexión
con Lilah Charleston era bastante condenatoria por sí sola.
—También fue a Duke —dijo Mel, esponjando la parte posterior de su
cabello—. Allí es donde conoció a Dart cuando eran estudiantes de primer
año. Eran compañeros de habitación, jugaban juntos a la pelota. Han sido
mejores amigos por años.
Julia se descongeló de repente. Casi había olvidado que se
encontraba allí, tan quieta como la Venus de Milo. —Mel —dijo—, ¿cómo
demonios sabes todo esto?
Me reí, siempre amando cuando la Señorita Julia maldecía.
2
—Nunca revelaré mis fuentes —dijo Mel. 2
Dart reapareció en el patio delantero. Caminó hacia Henry Knightly,
que estaba al teléfono. Era obvio que Dart quería hablar con él, pero su
compañero levantó el dedo índice en una brusca expresión de: silencio,
estoy hablando.
—¿Va a matarte absolutamente? —preguntó Mel, tocándose una
uña—. ¿Ser su vecina?
—No —respondí, mis ojos fijos en mi vecino de cabello negro mientras
se daba la vuelta, presionando botones en su teléfono. Deslizó sus lentes de
sol sobre su cabeza, dándome otra clara vista. No pude evitar moverme
unos centímetros más cerca de la ventana—. Su presencia no me va a
afectar en lo más mínimo…
Mi cabeza se hizo hacia atrás cuando Knightly de pronto miró hacia
la ventana, atrapándome.
Cuando dio un paso hacia delante, me aparté del vidrio y me di la
vuelta.
—Yo... —Me aclaré la garganta—. Tal vez nunca le hable.
—¿Ni siquiera esta noche en la fiesta? —preguntó Mel, capturando el
final de mi reacción, luego mirando hacia fuera. Esperaba que el chico ya
no estuviera mirando.
—Especialmente no esta noche —dije con firmeza, jugando con un
puñado de trenzas.
Mel miró de la ventana hacia mí, luego se rio en voz baja. —Sigue
repitiéndote eso.
No me gustaba la manera en que sonreía.
2
3
2
Traducido por Diana
Corregido por Verito
—No lo veo. —Julia agarró mi brazo con tanta fuerza que estaba
perdiendo la sensación desde el codo hacia abajo.
Mel flanqueaba a mi otro lado. —¿Cómo está mi aliento? —
preguntó, y luego exhaló en mi cara como solo una mejor amiga podía.
—Como ponis y arcoíris —respondí.
Cuando nos acercamos a la calle conocida como “Fiesta sin salida”,
pude escuchar que se encontraba repleto, simplemente por los gritos de
las chicas coquetas. Por esta noche, no me importó unirme a la multitud de
doscientos otros estudiantes listos para celebrar un nuevo comienzo.
2
Linternas chinas iluminaban el perímetro de la calle, mientras que
alrededor de los árboles, postes de teléfono y señales de la calle, 4
parpadeaban luces de color blanco. Amigos, compañeros de clase y
colegas que no habíamos visto desde junio nos saludaron mientras nuestro
trío, con brazos entrelazados, nos abrimos paso entre la multitud.
A pesar del frío en el aire después de que el sol se puso, Julia llevaba
un vestido de tirantes de color amarillo limón. Luego estaba la sumamente
elegante de cabello oscuro, ojos oscuros, vestida de negro Melanie a mi
otro lado. Tal vez habrían hecho una entrada más impresionante si no
hubiera estado entre ellas.
La camiseta blanca de algodón campesina que lucía venía de mi
tienda de segunda mano favorita de San Francisco. Mis pantalones
estaban descoloridos a un cielo azul, sus dobladillos gastados y con
agujeros. Para esta noche, también decidí usar mi único par de aretes
colgantes de plata.
Era una rareza, pero mi estado de ánimo festivo aumentó, algo sobre
el inicio de un año escolar. Toqué mi cadera contra la de Mel, y
compartimos una sonrisa animada.
—Spring —dijo Julia—, todavía no lo veo por ninguna parte.
—¿Quién?
—¡Dart!
Ahhh, claro.
—Tal vez no venga —dije al pasar por la esquina del DJ. El hombre
detrás de la barricada sostenía un solo auricular hasta su oído. Su otra
mano se movía entre un ordenador portátil y un ecualizador, meciendo el
cuerpo al compás—. Parecía bastante convencional, Jules. Esta fiesta
podría ser demasiado bohemia.
El agarre de Julia en mi brazo se aflojó, al parecer mi opinión la
deprimió. Me hubiera gustado haber ofrecido una excusa más amable,
pero me quedé callada. Mejor decepcionarse por Dart Charleston ahora
que enamorarse de él después. Cualquier conocido de Lilah era una mala
noticia para nosotras.
Mi compañera de laboratorio del semestre pasado llamó desde un
par de metros a distancia. Le devolví el saludo. Sostenía un vaso rojo sobre
su cabeza. Hice un gesto para alejarlo. Ninguna bebida para mí, gracias.
—Oh, ¡me encanta esta canción! —exclamó Mel. Ni dos segundos
más tarde, ella fue arrastrada por un desconocido alto con una camiseta
de Kappa Alpha. Me eché a reír, viéndola desaparecer en el mar de
gente.
Entonces vi a Lilah. 2
Vestida con el último grito de la moda, ella lanzó besos de Hollywood 5
a la gente que pasaba. Su largo pelo blanqueado hasta los hombros era
recto como una navaja de afeitar, perfectamente enmarcando el
bronceado permanente en su anguloso rostro, ojos claros detrás del
maquillaje oscuro y pesado, y los labios más rojos que los de Taylor Swift.
Sorprendentemente, sin cuero.
Dart se encontraba a su lado, sonriendo de oreja a oreja, asintiendo
con la cabeza a los extraños como si en verdad disfrutara. Eh. Así que tal
vez me equivoqué. Era mucho más lindo de cerca. Su pelo rubio estaba
despeinado pero ordenado, y sus ojos claros eran radiantes, replicando
otro conjunto de los ojos justo a mi lado.
Le eché un vistazo a Julia, que también lo había visto. Un hermoso
color ruborizó su cara mientras se concentraba en él.
Oh, muchacho. Que el cielo ayude al pobre D'Artagnan Charleston.
Me susurró en mi inexperto francés, las palabras caían de su boca
demasiado rápido para su torcida lengua americana. El único mensaje
coherente que pude distinguir era que debía prometer que nunca iba
abandonar su lado.
—¡Calme toi! —le contesté, pidiéndole que se calmara y dándole
palmaditas en el brazo—. No voy a ninguna parte, conejito. Mantente
calmada.
La sombra oscura a unos pasos detrás de los hermanos supuse era
Henry Knightly. Ninguno de ellos se cruzó en nuestro camino, pero luego,
Lilah giró a la izquierda y se detuvo ante nosotros. Me miró directamente a
los ojos sin el menor atisbo de reconocimiento, luego posó su mirada en
Julia, dándole la más grosera mirada de arriba abajo antes de pasar a
hablar con quién sea que se hallaba a nuestro lado.
Estar tan cerca de Lilah fuera de clase —¡en su estado natural!— hizo
que una bola de calor se agitara en mi estómago.
Después de una cantidad adecuada de tiempo transcurrido, nos
miró otra vez. —Oh. Hola, Spring —dijo con esa voz sensual baja que había
perfeccionado—. No te había visto.
Mantuve mi postura con valentía, a pesar de que no quería nada
más que alejarme de la escena.
—Nunca te hubiera reconocido —continuó.
—Me alegro de verte, Lilah —mentí—. ¿Cómo fue tu primera
semana?
—Oh, ya sabes, presido este club y soy presidente de ese sindicato...
2
Como siguió hablando, robé una mirada a Julia. Había bajado la 6
barbilla, quizás sin saber dónde mirar y sin querer decir nada, por temor
que Lilah se retorciera de alguna manera maliciosa. Por eso, quería darle
un puñetazo directamente en su boca inyectada con colágeno. No tenía
problema con que fuera mi enemiga, pero no tenía ninguna excusa para
odiar a Julia. Mi dulce e inocente compañera de cuarto que no entendía
a las chicas como Lilah, las niñas que eran malas sin ninguna razón.
Intenté una sonrisa, esperando reprimir mi deseo de golpear el
cráneo de Lilah, y luego miré a Dart. Bueno, parecía agradable; no como
Lilah. Después de un sutil aclarado de su garganta, le dio un codazo a su
hermana.
—Oh, perdóname —ronroneó Lilah—. Este es mi hermano. —Agitó
una mano huesuda a mí en modo de introducción.
Dart tendió la mano. —Es un gran placer conocerte. —Su voz era
alegre y animada—. ¿Spring? Ese es un nombre genial.
—Gracias —le dije—. Siempre me ha gustado mucho. —Me
preguntaba si debía decirle el resto, pero recitar Spring Elizabeth Honeycutt
McNamara Shakespeare-Barnes siempre me brindaba las miradas más
peculiares. Seguía regañando a mi madre por cambiar nuestro nombre a
algo tan ridículo.
La mirada de Dart se quedó en mí solo por un segundo antes de que
rodara de forma natural a Julia, que me pellizcaba el brazo con tanta
fuerza que era probable que sangrara debajo de mi camisa.
—¡Ay! —Hice una mueca. Julia me dio un codazo, y tenía la certeza
de que Dart captó el gesto—. Ah, esta es mi compañera de cuarto Julia —
le dije, preguntándome si me rompió una costilla.
La mano de Dart ahora se extendió a mi compañera de cuarto. Su
mano libre se deslizó a Dart mientras que Lilah murmuró algún tipo de
disculpa por no darse cuenta de Julia se encontraba a mi lado. Dart
sonreía, Julia brillaba. No hablaban, pero sus ojos se conectaron. Incluso
sentí las chispas.
Lilah cambió su peso hacia un lado con impaciencia, luego frunció
los labios. —Dart —dijo—, vamos a mezclarnos. Me pediste que te
presentara a las chicas guapas en el campus. —Entrecerró los ojos hacia
Julia.
Dart no pareció oír la observación de su hermana. Y con la mano de
Julia todavía en la suya, poco a poco comenzó a alejarse de mí. Entonces
el agarre de Julia en mi brazo desapareció mientras los dos se apartaban 2
del grupo.
—Me gusta tu sombrero —le dijo Dart, mientras eran tragados por el
7
mar de otras parejas. Cuando me volví, dejé que mis ojos se quedaran en
Lilah, sintiendo una esquina de mi boca elevarse. Parecía furiosa, haciendo
que el otro lado de mi boca se levantara en respuesta. Retrocedí un paso,
y luego giré sobre mis talones. Mi trabajo aquí ha terminado.
—Oh, Spring, espera. —La voz de Lilah era como uñas en una pizarra.
Entrecerré los ojos preparándome, antes de girar—. Aún no has conocido a
mi cita. —Sin apartar los ojos de mí, metió un brazo hacia atrás y arrastró
hacia delante a la persona que se encontraba detrás de ella.
—Henry —dijo—, esta es una de las chicas que viven cruzando tu
calle.
Una mirada vaga de reconocimiento cruzó la cara del tipo, por lo
que me pregunté qué chismes maliciosos le habría contado Lilah, e incluso
me preguntaba si me reconoció como la chica que lo atrapó regañando
a su hombre de mudanza esta mañana.
Sin embargo, me sorprendió un poco lo lindo se veía de cerca. Tenía
toda la vibra de alto, moreno y guapo. Lástima que su personalidad
parecía tan melancólica.
Lilah sonrió con ironía ante la confusión de Henry Knightly. —Todos
llamamos a su lugar la Casa Marrón —explicó—. Es la única casa en la
calle que no está pintada de un color decente. Bastante desagradable, si
me preguntas. La ciudad debería denunciarla.
—Asegúrate de escribir tu concejal municipal —le dije.
—Siempre tienes que ser tan lista, ¿verdad? —acusó con otra mueca
de desprecio—. ¿Has salvado más gatos últimamente?
Los ojos de Knightly de repente se trasladaron a los míos, pero no dijo
nada.
Lilah hizo un gesto con la mano en mi dirección. —Esta es Spring —
dijo entre dientes a su cita—. Ya sabes...
Me miró durante un momento y luego asintió. —Hola.
Respondí sin convención, lo que reflejaba su gesto no verbal y el
saludo bisílabo. Sus ojos no permanecieron en mí durante mucho tiempo
después de la introducción. Cuando apartó la mirada de mi cara,
aproveché la oportunidad para una evaluación física más detallada.
Soy un humano.
Claro, la estructura del hueso de su rostro era lo que se podía
denominar como esculpido. Definitivamente había un pecho definido allí, 2
bonitos hombros y piernas largas. Si tuviera un anhelo por el pelo oscuro y
rizado, podría haber sido muy atractivo. Sim embargo, de cerca sus ojos 8
marrones se mantuvieron estables, y su acristalada sobreexpresión informó
que no le importaba una mierda conocerme o estar en una fiesta.
Llevaba un suéter con rombos en forma de diamantes de colores
azul, gris y negro, bajo una chaqueta abierta. Era un viernes por la noche,
el final del verano, y el chico traía un atuendo de negocios informal.
En el mismo instante en que moví la mirada a su rostro, Knightly me
miró de nuevo. Una expresión de confusión junto con desaprobación
arrugó su frente. Oh sí, Lilah sin duda estuvo ensuciándome. ¿Por qué otra
cosa un completo extraño me miraría como si fuera su peor enemigo?
—¡Henry! —Lilah se colocó a su lado, pero su voz aguda era lo
suficientemente fuerte para ser oída desde quince metros—. Te prometí el
primer baile, ¿recuerdas?
Los ojos de Knightly permanecieron en mí, pero asintió en dirección a
Lilah.
—Nos vemos más tarde, Spring —dijo Lilah, enlazando su brazo
esquelético en el de él. Me reí entre dientes mientras los veía irse.
Me sorprendió cuando Henry Knightly se volteó y me miró por encima
del hombro, haciendo contacto visual una vez más. Hasta que se perdió
de mi vista no me di cuenta de que no había respirado.
2
9
3
Traducido por Nats
Corregido por Momby Merlos
Saludé a Julia cuando me crucé con ella, pero ni siquiera lo notó.
Parecía encajar en los brazos de Dart, y bailaba en la que seguro sería su
nueva canción favorita. El brazo entero izquierdo de Mel me saludó,
agitándolo sobre la cabeza de un chico de fraternidad como un náufrago
señalizando a un avión de rescate. Moví los dedos mientras la pasaba,
continuando mi caminata en solitario alrededor del perímetro de la fiesta.
Un muchacho alto vestido con una camisa hawaiana roja se metió
en mi camino, prácticamente chocándose conmigo. —Amigo —gruñí—. Si
me salen moretones, estás muerto.
—Lo siento. 3
—¿Alex? 0
Camiseta hawaiana se giró, bajó la mirada, y parpadeó, intentando
ubicarme. Pero habría reconocido esos perezosos ojos azules con motas
rosadas y ese desgarbo en cualquier lugar. —¿Spring? —dijo al fin, su rostro
iluminándose—. Oye, hola. Vaya. —En verdad me miró dos veces—. Luces
increíble.
—Oh bueno, gracias. —Le señalé—. Tú también. No sabía que
regresaste a Stanford.
Cursaba primer año, y Alex Parks y yo teníamos una clase juntos.
Tuvimos un tonto coqueteo, pero no mucho. No podía recordar por qué.
Mientras miraba su sonriente y despreocupado rostro, su pelo aclarado por
el sol cayendo sobre su frente, sentí un ligero arrepentimiento por no haber
tenido al menos una cita con él.
—Me tomé un par de semestres libres —dijo, deslizando las manos en
los bolsillos del pantalón caqui—. Pero es bueno estar de vuelta. —Sus ojos
se deslizaron por todo mi cuerpo, en un chequeo no muy sutil—. Y
es bueno verte de nuevo. En serio. Ese peinado es locamente genial.
Jugué con el final de una trenza. —Gracias.
Se pasó una mano por su pelo de surfista. —Así que, ¿cómo…?
Sus palabras fueron interrumpidas por el choque atronador de los
platillos y un redoble de tambor. Cuando la música tropical sonó por los
altavoces, estallaron los aplausos. Por el efecto dominó de la multitud, supe
que algo ocurría en el extremo izquierda de la pista de baile.
—Van a empezar un concurso de limbo.
—¿Es a dónde vas? —pregunté, intentando no sonar decepcionada.
—Iba. —Esbozó una lenta sonrisa—. Ya no. —Ver todos esos dientes
me hizo preguntar a qué olía su aliento. Si era algo como su colonia, ya
deseaba tenerle más cerca. Tomó una bebida y se bebió media copa—.
¿Quieres una? —preguntó.
—Ahora mismo no —dije.
—Sí, también he acabado. —Le entregó su copa a un chico que
pasaba por al lado.
—Entonces, ¿te tomaste un tiempo libre? —pregunté—. ¿A dónde
fuiste? —Nuestras cabezas se acercaron naturalmente mientras
avanzábamos hacia un lado, lejos del centro de la fiesta.
Alex iba dos años más avanzado que yo en la universidad y debía
haberse graduado el año pasado, pero me explicó que decidió aplazar su
último año para viajar. Mientras soltaba la información, decidí que tal
decisión —el dejar las cosas así— era un movimiento muy valiente. Le hacía
3
interesante, quizás porque no tenía ese tipo de libertad. 1
—Hola, Spring —dijo Julia, apareciendo detrás de nosotros. Dart se
encontraba a su lado, sus hombros tocándose.
—¿Divirtiéndose? —les pregunté.
—Sí, lo hacemos —contestó Dart por ambos.
Oh, hermano.
El brazo musculoso de Alex se acercó cuando él y Dart estrecharon
la mano mientras les presentaba brevemente. Ni Dart ni Julia parecieron oír
una sola palabra de lo que dije después de eso, así que los cuatro nos
asentamos en dos conversaciones cómodas pero separadas.
Pero no duró mucho, algo duro y afilado se me clavó entre los
omóplatos, empujándome hacia delante, justo en el pecho de Alex. No
fue completamente desafortunado, y ambos nos reímos mientras él me
estabilizaba.
—No te vi, querida —se disculpó la ácida voz de Lilah. Uno de sus
delgados brazos envuelto en el de Knightly mientras se encaramaba al
lado de su hermano. Deslizó los dedos por su pelo ceniciento y parloteó
sobre alguna banda que vio durante el verano.
Knightly se mantuvo en silencio, sus oscuros ojos mirando el móvil. Por
ignorar a Lilah, le di dos puntos. Sin nadie dispuesto a proseguir con la
conversación de Lilah, se arrojó a mi chico preguntándole más o menos
una decena de preguntas sin respirar.
—Sí, vivo en Los Ángeles —contestó Alex, después de que le
preguntara de dónde era—. El sol, la playa, las chicas. Hogar, dulce hogar.
—Bueno, no es eso tan acogedor —dijo Lilah sobre la música,
aplicándose otra capa de labial rojo—. Deberíamos quedarnos juntos así
toda la noche.
Nadie contestó.
—¿Verdad? —Miró por encima de su hombro—. ¿Henry?
Por el ligero tirón en su mandíbula, podía decir que su cita la
escuchó pero no respondió, sus ojos aún pegados en el móvil.
Mentalmente le di otros dos puntos.
—¿Henry? —Jesús. Lilah no se rendiría.
Al oír de nuevo su nombre, bajó el móvil y se acercó a nosotros,
luego se detuvo. —Parks —murmuró, aunque sus labios entreabiertos
apenas se habían movido.
Miré de él a Alex, quien estaba a mitad de pedirle a Lilah ir a bailar. 3
Se habían ido antes de que tuviera la oportunidad de volver a respirar.
Knightly permaneció quieto donde se encontraba, observándoles
2
marcharse. Detrás de él, Julia y Dart se habían perdido el intercambio sutil
pero tenso entre ambos.
Cuando me removí, los ojos de Knightly se dispararon en mi
dirección. Una mezcla de sorpresa e indignación me devolvieron la
mirada, como si me hubiera pillado escuchando una conversación
privada. La forma en que sus profundos ojos marrones me midieron hizo
que mis rodillas estuvieran a punto de doblarse.
Un momento después, sus ojos se cerraron, y una pequeña muesca
de estrés apareció entre ellos. Cuando los abrió de nuevo, los posó sobre
mí, tan firmes como antes. Se acercó, su boca abriéndose.
—Vamos a salir de nuevo —nos gritó Dart, cortando lo que sea que
fuese a decir Knightly.
Me volví para ver a Julia y a Dart yendo hacia los otros bailarines.
Alex y Lilah estaban en los alrededores. Incluso podía ver la cabeza de Mel,
sus rizos marrones flotando mientras bailaba. Para cuando me giré, me
encontraba sola.
4
Traducido por Eni
Corregido por Pau!!
—Estaré… —Señalé el lado opuesto de la calle.
Después de obtener el visto bueno de Mel, atravesé la multitud hacia
la acera. Serpenteé una fila de mesas portátiles colocadas a un lado,
donde varios juegos de cartas y partidas de ajedrez se disputaban debajo
de grandes lámparas. A pesar de que una docena de personas se reunían
en torno a esas mesas, era el único rincón más o menos silencioso de la
fiesta callejera. Me deslicé entre dos mesas, me senté en la acera, y saqué
el celular para revisar mis mensajes.
Tenía dos mensajes de correo electrónico y un correo de voz. Primero
revisé los correos electrónicos. Ambos eran de estudiantes de economía 3
sacándome de mis casillas. Mierda. Antes de reproducir el correo de voz,
me preparé para recibir más malas noticias. Hacía un par de horas, le 3
envié un correo al profesor Masen con unas cuantas páginas de notas,
pensando que eso le daría en qué pensar mientras seguía buscando una
fuente. Tomé una respiración profunda, luego presioné una mano sobre mi
oreja libre, escuchando el correo de voz. Era algún chico de estadísticas
queriendo formar un grupo de estudio. Guardé el mensaje y exhalé de
alivio.
No me encontraba lista para volver a ser el centro de atención, así
que permanecí allí, prácticamente escondida debajo de la última mesa
de juego donde tres chicos jugaban póker. Entre sus cabezas, podía
distinguir los torsos de los asistentes de la fiesta mientras caminaban. Esa
vista fue temporalmente oscurecida cuando una pareja se detuvo
directamente sobre mí para liarse.
—¡Hola! —grité cuando el chico me pisó el pie.
Sin molestarse en sacar la lengua de la garganta de su
acompañante, me miró de reojo para ver si me reconocía, entonces se
alejaron tropezándose.
Tal vez mi ubicación era un poco aislada. Si hubiera una evacuación
masiva, ¿sería pisoteada y dejada muerta debajo de una mesa rodeada
de piezas de ajedrez? Justo cuando iba a levantarme y encontrar a Mel, el
atisbo de un poco de cabello enmarañado quedó a la vista.
—Puedes irte, pero yo no estoy listo.
A través de los jugadores de póker, vi a Dart Charleston meter la
mano en un contenedor rojo y sacar una lata helada. Lo podía ver
bastante bien. Y oír perfectamente.
—Eso es obvio.
Las cartas del chico bloquearon de mi vista a la persona que se
encontraba con Dart. Quienquiera que fuera rechazó la bebida que le
ofrecía.
—Ella es increíble, hombre. —Dart se encontraba de espaldas a mí,
sus palabras eran menos audibles—. Saldremos mañana.
—Es obvio que le gustas. —La cabeza de Henry Knightly quedó a la
vista. Se apoyó contra la mesa de juego. Miré hacia mi derecha donde
dos chicas aparecieron de repente, observando algo en un iPad. A mi
izquierda había una fila de cinco o seis chicos que usaban únicamente
toallas alrededor de la cintura. Me hallaba prácticamente atrapada en
este lugar por el momento. Haciendo espionaje por defecto.
—Convenientemente, vive al otro lado de la calle —continuó
Knightly.
3
Sonreí cuando me di cuenta de que hablaban de Julia. No era una 4
sorpresa, pero me alegró que Dart ya se sintiera embelesado.
—¿Qué hay de ti? —dijo Dart—. Has conocido a una docena de
mujeres esta noche y ya estás listo para salir huyendo.
Knightly negó con la cabeza. —No hay nadie que me importe ver de
nuevo.
Las charlas de chicos eran tan poco interesantes. Al menos podía
contarle a Julia que Dart era su admirador.
Acomodándome en cuclillas, me equilibré sobre las puntas de mis
pies, con las manos aferradas a las rodillas, lista para alejarme en esa
posición.
—¿Nadie? —dijo Dart, sonando sorprendido—. ¿Qué tal la
compañera de habitación de Julia?
Me quedé inmóvil, mirando hacia abajo a la acera.
—¿Qué pasa con ella?
Aún escondida debajo de la mesa de juego, me volteé para mirar
en su dirección. La pequeña porción del rostro de Dart que podía ver
sonreía. —Amigo, no tengo que decirte esto pero es caliente.
No pude evitar sonreír. A pesar de mi forma de pensar acerca de
que la inteligencia era más importante que la belleza, era agradable ser
considerada como caliente. Aprobaba a este chico Dart más y más.
—No recuerdo haber conocido a nadie caliente —dijo Knightly.
Puse mis ojos en blanco, tratando de no sentirme insultada.
Dart se rio de buena gana. —Como sea, hombre.
—Si estás hablando de la rubia —dijo Knightly, cruzando los brazos—,
no es mi tipo.
Qué suerte la mía. Mis piernas temblaron, por el esfuerzo de
mantener la flexión.
—¿El tipo hermoso? —preguntó Dart—. Parece divertida y muy
inteligente. ¿Estás diciendo que no es tu tipo?
—Alguien como ella no es el tipo de nadie. —Knightly sacó su
teléfono—. Obviamente.
Mi boca se abrió. 3
—Creo que estudia biología —dijo Dart—. Te gustaría…
—Es una feminista “amante de los árboles”.
5
Guau. Qué poco original. El comentario apenas me desconcertó.
Durante el año pasado, me llamaron de formas mucho peores que la
anticuada “amante de los árboles”. Viniendo de alguien como Henry
Knightly, el insulto era prácticamente un cumplido. Por supuesto, era un
poco raro estar en cuclillas aquí, escuchando a un extraño
desacreditándome, pero nada de lo que dijo debía importarme.
—Tu hermana me regañó la otra noche —dijo Knightly. Bajó la
mirada hacia su teléfono, por lo que no podía oírlo con claridad, pero juró
que escuché las palabras “liberal” y “atención” tal vez incluso “falsa”.
Apreté los dientes. ¿Qué le dijo Lilah? ¿Y qué veneno hacía circular
este chico?
Dart se encogió de hombros y tomó un trago. —Su cabello es
espantoso. Esas trenzas.
Knightly murmuró algo sobre ridículo y sucio, terminando con
“serpientes”.
Oh, no, no lo hizo. Di lo que quieras sobre mis ideas políticas, pero
deja a mi cabello fuera de eso.
—Sin esperanzas —dijo Dart. Cuando se volteó en dirección a la
multitud, su expresión se iluminó—. Aquí viene Julia. Me tengo que ir.
¿Seguro que no quieres quedarte?
—Ya me voy. Nos vemos mañana.
Observé como Dart arrojó la lata en la basura, intentando aplacar su
cabello rebelde, luego desapareció.
Dejando a Knightly de pie solo.
Se apoyó de nuevo en la mesa de juego, haciendo que se
tambaleara. Probablemente era ajeno al juego de cartas que perturbaba.
Definitivamente inconsciente de la chica que se encontraba a cinco
metros de distancia y a quien insultó de los pies a la cabeza en
exactamente dos minutos.
No podía dejar de reproducir sus palabras, sus duras y feas palabras.
Cuanto más corrían por mi cabeza, me ponía más enojada y más
irracional. ¿Falsa? ¿Serpientes? ¿Cómo se atrevía? Era quien conducía un
maldito Viper.
Mis pulmones comenzaron a contraerse, y cada respiración era más
pesada y rápida. Mis piernas ahora en verdad temblaban, cortando la
circulación de mis pies.
Casi por obligación, me puse de pie.
3
Cuando me vio, la expresión de Henry Knightly apenas cambió. 6
Hubo una ligera sorpresa en sus ojos, pero por lo demás, parecía
imperturbable.
Una persona más cobarde se habría alejado y habría hecho una
línea recta hacia el barril más cercano. Pero nunca me he acobardado
ante un desafío. Serpenteé alrededor de la mesa, acercándome a él,
Knightly sacó las manos de sus bolsillos y dio un paso atrás, poniendo tierra
de por medio.
—Serpientes —dije, cuando estuve lo suficientemente cerca para
asegurarme que escuchara.
Inclinó su cabeza como su estuviera escuchando a un niño. —
¿Disculpa?
—Solo para que lo sepas, referirse a una persona que ama el planeta
como un “amante de los árboles” es una de las cosas más patéticas que
he oído. Esto no son los ochentas.
—Ama el planeta —repitió con lentitud.
—Es correcto —dije—. Y siento mucho que no hayas conocido a
alguien caliente. En especial a alguien que no es una farsante, ¿cierto? —
Cuando no dijo nada, sacudí mi cabeza como rechazo y me volteé,
viendo a Mel dirigiéndose hacia mí. —Y aquí tienes un consejo —solté
mientras comenzaba a dar marcha atrás—, ten cuidado de las opiniones
en las cuales confías.
—Springer, tengo que decirte…
—Shhh —siseé, entrelazando mi brazo con el de Mel y alejándola de
la escena. Para cuando llegamos al bar, le había contado todo.
—Entonces, para recapitular —dijo, tomando un refresco dietético
de un contenedor—, los chicos piensan que tus trenzas son repulsivas.
—Las llamó serpientes —confirmé y tomé un sorbo de su lata.
—¿Y a ti te importa porque…?
—No me importa. —Acaricié una de mis preciosas trenzas rubias
entre mis dedos—. El chico es venenoso, al igual que Lilah. Son la pareja
perfecta. Deberías haberlo visto, de pie allí con sus brazos cruzados,
pegados a su cuerpo como si tuviera una camisa de fuerza. Quizás con
miedo de tocar algo que no estuviera debidamente esterilizado.
Le di una patada a un vaso de plástico que se atravesó en mi
camino.
—No sabe nada de mi vida. Me llamó farsante mientras que 3
permanece en una esquina sin dirigirle a nadie la palabra. Es un riquillo.
Miré a Mel, que se encontraba inusualmente callada.
7
—¿Mel? —dije alzando la voz ya que alguien hablaba por un
micrófono—. ¿No tienes algo que agregar…? —Me detuve cuando un
nuevo pensamiento llegó a mi mente—. Espera, no estás de acuerdo con
él, ¿verdad?
Su mirada se recorrió nuestro entorno, luego bajó hasta sus uñas,
después hacia arriba a una señal de pare, a cualquier parte menos a mí.
Cuando por fin se decidió a mirarme, una sonrisa triste y empática curvó su
boca. —Bien, de acuerdo. —Tomó una respiración profunda—. Has
cambiado bastante desde el año pasado, Springer. Tienes que admitir eso.
Abrí la boca pero no hablé.
—Es como si un día estuvieras saliendo con tus amigos como
cualquier chica normal, usando una falda, una camisa rosa y sandalias de
tiras, y al día siguiente ya no eres tú, tienes esas cosas en tu cabello, haces
huelgas en el ayuntamiento para salvar a alguna tribu montañosa en
peligro de extinción de Costa Rica de la cual nadie ha escuchado nunca.
—He oído hablar de ellos —me defendí—. Y yo…yo todavía uso
faldas.
—Cambiar es bueno —continuó—. Y obviamente la universidad es el
lugar perfecto para hacerlo. Me conoces, me encanta tu pasión feminista
y tu adorable cinismo… —Su voz se volvió monótona—. Y tus protestas, tus
plantones, tus habituales diatribas liberales….
—Ya entendí, Mel —espeté, frotando mis brazos.
Mel y yo habíamos sido mejores amigas desde que teníamos diez
años. Se suponía que era la única persona que me amaba sin importar las
cosas locas que hiciera. Nunca fui capaz de hablar con mi madre de mi
vida; ella era demasiado excéntrica “emocionalmente atrofiada” como
nuestra familia reducida la llamaba. Y mi padre, nunca se hallaba cerca
para confiar en él.
Mel conocía mis razones; sabía que luché como el infierno para
destacar el año pasado, para en verdad hacer una diferencia y llegar a
ser reconocida. Es cierto, tal vez algunas de mis decisiones trajeron la clase
de atención equivocada, pero aun así, me generó un poco de náuseas
pensar que incluso Mel me consideraba alguna especie de broma. Una
farsante, haciendo eco a Henry Knightly.
Lágrimas de enojo presionaban contra mis ojos, allí mismo, en medio
de la fiesta. Apreté los músculos de mi estómago, mordiéndome el interior
de mis mejillas, y miré hacia otro lado. Justo después de que mi padre se
fuera cuando tenía diez años, solía llorar mucho. Nunca más había llorado,
3
hacerlo no solucionaba nada. 8
—Es solo… —Mel succionó sus labios—. Te volviste un poco…
abrasiva. —Retrocedió un paso, deliberadamente, de manera graciosa,
como si tuviera miedo de que tomaría represalias con un golpe de karate.
—Divertido —murmuré.
—Simplemente recuerda, nadie te entiende como yo.
—Lo sé.
Puso una mano en mi hombro. —¿Estás bien, cariño? —preguntó,
sonando genuinamente preocupada—. Eres la persona más genial que
conozco, Spring Honeycutt. ¿Te das cuenta? Y eso es decir muchísimo,
porque soy excepcionalmente genial. —Apretó mi brazo—. Nunca, nunca
permitas que nadie te haga sentir mal acerca de tus decisiones, ¿de
acuerdo? —Su sonrisa torcida—. Ni siquiera una perra como yo.
—Perra. —Golpeé su hombro—. No lo haré —prometí, mi voz algo
aguda por la emoción.
Era raro que Mel y yo nos pusiéramos sentimentales en estos días. Mi
cinismo se convirtió en una barrera, en el escudo protector que llevaba,
incluso alrededor de mis amigos más cercanos. A veces me arrepentía de
eso. Eran pocos los momentos en que ese escudo se deslizaba y me
permitía ser vulnerable con alguien.
—El tipo es un imbécil —dijo Mel, haciendo frente a la multitud.
Exhalé una risita liberadora. —Es verdad.
—¡Oh! —Hubo una sonrisa en su voz—. Pero es un imbécil que se está
fijando en ti. Por Dios, sin embargo… es hermoso.
Puse los ojos en blanco. —Imbécil.
—Espero que no te refieras a mí.
Me di la vuelta. —Alex, hola.
—Hola —dijo. De alguna manera, era incluso más lindo que hace
una hora. O quizás comparaba su agradable expresión cuando me habló
con las miradas amargas de Knightly y el disgusto ardiente de todas las
cosas relacionadas con Spring Honeycutt.
—Esa es una canción increíble —dijo Alex, señalando la música disco
en el aire—. Simplemente debo bailar contigo. —Me tendió una mano,
galantemente—. Por favor no me hagas ir allí solo. Tengo un mal
presentimiento y me convertiré en un gran idiota si no estás conmigo.
—Bue… —Antes de terminar la palabra, Alex gritó, me agarró por la
cintura, y me llevó a la pista de baile en un torbellino.
3
—¿Baile de salón? —preguntó después de encontrar un espacio 9
entre dos parejas dando vueltas.
—No lo creo —contesté, sintiéndome sin aliento y risueña.
—Te enseñaré. —Cogió mi mano izquierda y la apoyó en la parte
frontal de su hombro. Después de tomar mi otra mano en la suya, su mano
libre se movió hasta mi cintura, luego se deslizó más abajo hacia la curva
de mi cadera. Di un grito ahogado ante la sorpresa cuando me atrajo más
cerca—. Sígueme.
Avanzó un paso, haciendo que diera un paso atrás.
—Excelente —dijo. Me reí con nerviosismo y lo agarré con más fuerza,
disfrutando la sensación de su musculoso hombro duro bajo mi mano, la
loción de afeitar, sus ojos azules apacibles mientras nos movía en un
círculo. Justo después de que me hiciera girar bajo su brazo, me acercó
más y su otra mano se deslizó hacia mi cadera.
—Entonces —dijo, su voz baja. Nos encontrábamos tan cerca ahora
que podía sentir su aliento en mi cuello.
—¿Entonces? —respondí.
—Entonces… —Volteó la cabeza hacia un lado—. ¿Qué tan bien lo
conoces?
Seguí sus ojos, luego parpadeé sorprendida cuando me di cuenta
que miraba a Henry Knightly.
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0
5
Traducido por Sofí Fullbuster
Corregido por NnancyC
Era tarde, y ya que no podía imaginar cómo podría mejorar mi
noche, gracias a esos diez minutos que pasé en los brazos de Alex,
consideré ir a casa y conciliar algo del sueño que no conseguiría hasta
después de diciembre.
Antes de irme, pensé que debería encontrar a Mel o a Julia y
avisarles. La última vez que las vi, se encontraban al otro lado de la pista
de baile. En vez de caminar por las afueras, sería más rápido acortar por el
centro, así que caminé hacia la masa de personas. Alguien me golpeó el
hombro. —Lo siento —murmuré, frotando mi brazo. Alguien más pasó junto
a mi otro lado, golpeándome en el hombro derecho. Lo siguiente que supe
era que un brazo se enganchó en el mío, demasiado apretado, y me dio
4
la vuelta. Entonces mi otro brazo fue agarrado. Me hallaba atrapada en
medio del tráfico de la pista, ¿o era algún tipo de loca conga?, y me
1
dirigía en la dirección equivocada. Parecía que la línea iba a la gran casa
de hermandad en la esquina, en la que Lilah vivía. No quería terminar allí.
Pero no había espacio libre o una metafórica luz al frente que me
guiara, así que sin molestarme en mirar detrás de mí, desenredé mi brazo,
me incliné hacia delante, manos en las rodillas, y comencé a retroceder
como un torpedo en reversa. Mi cuerpo chocaba contra los otros,
desenlazándolos, mientras que algunos salían de mi camino, maldiciendo
mientras torpedeaba para pasarlos. No dejé de moverme hasta que me
encontraba fuera del atasco y junto a la periferia de los bailarines.
Al fin libre, extendí los dedos por mi pecho y respiré profundamente,
mi corazón golpeando duro debajo de mis manos. Necesitaba quedarme
quieta por unos minutos, tranquila, y luego estaría bien…
—Impresionante modo de escapar.
Chillé y me giré, mi corazón disparándose hasta mi garganta.
—Y bastante efectivo —añadió Henry Knightly.
No estaba segura de si se suponía que respondiera, aunque era
obvio que me hablaba a mí. ¿Y qué seguía haciendo aquí? ¿No le dijo a
Dart que se iba?
Ladeó la cabeza a un lado, asimilando la expresión en mi rostro. —
Luces ligeramente…
—¿Qué? —Alcé la barbilla, preparándome para escuchar algún tipo
de insulto. Si decía una palabra sobre mis trenzas, podría tumbarlo… tan
pronto como sintiera mi brazo derecho de nuevo.
—Ligeramente ansiosa —completó—. ¿Necesitas un…? —Mi mirada
dura se movió al vaso rojo de plástico en su mano extendida. Negué con la
cabeza. Bebió un sorbo, luego bajó el vaso, moviéndolo en su mano.
Me crucé de brazos y me giré, intentando ignorarlo. Mi respiración
todavía era un poco desigual para confiar en mí misma y entrar de nuevo
en la multitud, incluso si era para alejarme de este tipo.
—Así que…
Oh, Jesús, por favor no salgas con clichés aburridos.
—Así que, ¿cuánto tiempo has estado aquí? —preguntó.
—Desde las nueve —respondí, mirando al frente.
—No. —Su voz iba dirigida directamente hacia mí—. ¿Cuánto tiempo
4
en Stanford? 2
—Oh. —Le eché un vistazo—. Este es mi tercer año.
—Así que es tu penúltimo año.
—Sí.
Incluso con la música estrepitosa llegando desde cada dirección, un
silencio ensordecedor nos rodeaba a Knightly y a mí. Me balanceé de un
lado a otro en mis talones, más que lista para dar el primer paso lejos de él
tan pronto como mi cuerpo me lo permitiera.
—¿Qué quería decir Lilah cuando te preguntó si habías salvado más
gatos? —preguntó de repente.
—Nada —respondí—. Larga historia.
Inclinó la cabeza, sus ojos oscuros midiéndome. —Te vi.
—¿Qué?
Cambió su peso, acercándose. —Con el gato. Estaba allí.
Lo miré fijamente. —Tú…
—Había un montón de gente también. Cuando el Control de
Animales llegó, te fuiste.
—Llegaba tarde a clases —expliqué, sintiéndome un poco
sorprendida—. Pero desearía haber podido quedarme para saber a qué
veterinaria llevó al gato el oficial. Quería ir a verlo después.
—La clínica veterinaria Palo Alto —dijo—. Ahí llevaron al gato.
—¿Cómo…?
Se encogió de hombros. —Pregunté.
—Oh. —Me sentía demasiado atónita en ese momento, no sabía
qué más decir. ¿Este tipo también era un amante de los animales? Lo más
probable era que practicara ser un picapleitos.
La canción cambió. Algunas parejas dejaron la pista mientras otros
tomaban sus lugares vacíos. Por mi vista periférica, vi a Knightly retroceder,
pero solo para lanzar el vaso en un basurero. Luego se encontraba justo a
mi lado de nuevo.
—Esta es una buena canción —dijo, tal vez notando mi mirada fija
en las parejas frente a nosotros—. ¿Te gusta?
—No particularmente. No bailo con hombres.
—¿Discúlpame?
Dios. No debería haber dicho nada en primer lugar. Mis normas de
música auto-impuestas habían sido necesarias para re-concentrarme en
4
mis metas, pero era bastante molesto explicarlas. No era como si fuera
anti-hombres, ¡lo contrario! Me volvía una completa idiota con una buena
3
canción de amor, a menudo hasta me olvidaba donde me encontraba.
Podía desperdiciar incontables horas escuchando las baladas más cursis
de Bruno Mars mientras pensaba en algún tipo. Pero junto con trenzar mi
cabello, cambiar mi carrera y pintar mi primera pancarta, me puse a mí
misma en un régimen de música solo de chicas. Sin tener esa distracción
agregada era algo fortalecedor. Pero no iba a explicarle eso a un total
extraño en medio de una fiesta en la calle.
—No bailo canciones de cantantes masculinos.
Knightly parpadeó. —Oh. —Lucía un poco aliviado, entonces en su
rostro apareció lo que podría haber sido una sonrisa, pequeñas líneas
arrugando las esquinas de sus ojos oscuros.
—¿Algo divertido? —pregunté, intentando bloquear el hecho de que
su sonrisa trajera una inesperada calidez a su rostro.
—Eh, ridículamente divertido. Pensé que dijiste que no bailabas con
hombres.
—Oh. —No pude evitar reírme ante su error.
—Tal vez cuando la canción cambie, deberíamos ir a bailar. —Su voz
era confiada, aunque también inquisitiva, y su expresión seria de una forma
coqueta. Toda la imagen era… no lo sé. ¿Sexy?—. Pero solo si la canción
carece de un cantante masculino, por supuesto.
Me gustaba la forma elevada en la que hablaba. Maldito sea. Aquí
en Stanford, mi uso común de términos coloquiales me hacía sentir
avergonzada de estar entre los otros intelectuales. Maldecía a todos los
que usaban mejor gramática que yo.
—¿Por qué querría bailar? —pregunté.
Parecía divertido por mi pregunta. —Parece ser el ritual universal y
adecuado del momento.
—No soy conformista.
—Obviamente —disparó en respuesta. Me di cuenta que sus ojos
marrones tenían motas doradas. ¿Y aquellas eran pecas en la nariz?
Bastante gracioso.
Luces de varios colores parpadearon detrás de él como estrellas, la
brisa de la noche sopló su cabello ondulado. El tipo lucía como un jodido
modelo de Calvin Klein posando. Podía soportar comer con los ojos a su
sensualidad desde una distancia segura a través de la ventana de Julia,
pero con sinceridad, era incómodo estar frente a frente. Lo más 4
desconcertante era la forma en que me miraba, extasiado, como si fuera
la única persona en un mar de cientos.
4
Cuando se inclinó hacia mí, mis hombros se tensaron, haciendo que
unas pocas trenzas se movieran. Su mirada se disparó a mi cabello.
—Ten cuidado —dije—. No te querría muy cerca de mis serpientes. —
Le di una mirada sucia—. Muerden.
En mi forma para nada sutil, mencioné el tema con calma, dándole
la oportunidad de disculparse por lo que sabía que yo había escuchado.
Pese a que no había forma de que pudiera explicar las cosas que dijo, me
sentía mórbidamente curiosa de escuchar su racionalización.
—Me gustan las serpientes —dijo con total naturalidad.
—Ja. —Rodé los ojos—. Seguro.
—Y sucede que disfruto una buena mordida.
Parpadeé, pero su mirada permaneció impasiblemente en mí, la
intensidad de sus ojos haciendo que mi estómago aleteara. No iba a caer
por el juego de este chico, aun siendo totalmente original.
Se acercó. —Baila conmigo.
—No vine aquí para bailar.
—Lo hiciste más temprano.
Recordé encontrar sus ojos brevemente cuando me hallaba en la
pista con Alex.
—Puedes hacerlo mejor que él —dijo, evidentemente recordando el
mismo momento—. Y me mantendría alejado de él si fuera tú.
Mi boca colgó abierta.
—Baila conmigo —repitió antes de que tuviera la oportunidad de
quejarme.
Casi me reí. —No.
—¿Por qué? —Sus ojos no titubearon.
—¿En serio? —¿Este tipo hablaba en serio?—. Tú, alguien al que
acabo de conocer, ¿estás advirtiéndome que permanezca alejada de un
amigo que he conocido por dos años, como si fueras mi hermano o algo?
Y… y te escuché. —Señalé las mesas de juegos—. Escuché lo que le dijiste
a Dart Charleston sobre mí, sobre mi cabello. Fue hace una hora. ¿Crees
que ya lo olvidé?
Echó un vistazo por encima de su hombro hacia donde apuntaba,
luego de vuelta a mí. —¿Qué crees que me escuchaste decir sobre ti? —
Avanzó un paso. Si se acercaba más, estaría invadiendo seriamente mi 4
espacio personal.
—Simplemente guárdate tus opiniones antes de que en verdad
5
conozcas a alguien, y…
—¿Eso es lo que tú haces?
Será caradura.
Bien, sí, lo que sea. Tal vez lo había prejuzgado antes de que lo
conociera oficialmente, pero aun así, ¿no acerté?
—Por supuesto —dije, poniendo las manos en las caderas.
—¿Por eso le enseñaste el dedo a mi auto esta noche?
Me respiración se atascó, de una forma bastante audible. —Yo… yo
no… le enseñé el dedo a tu auto.
—Lo hiciste. —Deslizó las manos en los bolsillos, su postura relajada—.
Estabas con otras dos mujeres en la calle, te detuviste frente a mi entrada y
le enseñaste el dedo a mi Viper. Lo vi todo por la ventana.
Joder.
¿Vio eso? Mel, Julia y yo nos encontrábamos de camino a la fiesta.
Teníamos que caminar frente a la casa al otro lado de la calle y no pude
evitar… bueno, quiero decir: ¿qué valentía debía tener un estudiante
universitario para ser dueño de un coche como ese? Él la tenía.
—Mira, si hiciera algo como eso, y no estoy diciendo que lo hice,
todo lo que querría decir sería… bueno, nuestra generación tiene que ser
más responsable y…
—¿Estás insinuando que mi auto no es responsable o que no soy
responsable?
Cuando no respondí, avanzó otro paso, prácticamente sobre mi
rostro en ese momento. Si se acercaba más, me sentiría obligada a bailar
con él después de todo.
—Tal vez deberías dar un paseo en el auto conmigo. —Su voz
disminuyó—. Así puedes decidir sobre ambos. —Su mirada escudriñó mi
rostro, deteniéndose brevemente en mi boca.
Chico coqueto.
Solo para romper el contacto visual, desplacé la mirada más allá de
su hombro, hacia el lado de la calle.
Lilah se encontraba de pie ahí, observándonos con las manos en las
caderas. Flanqueada por dos de sus chicas de la hermandad que
llevaban el mismo cárdigan rojo y apretado. La mirada que me disparaba
podría congelar el fuego. Para ella, no podía imaginar cómo Knightly y yo
4
lucíamos, a menos de un brazo de distancia, inclinándonos contra el otro, 6
sonrojándome de un rojo lujurioso como una chica hablándole al tipo del
que ella tenía un enamoramiento.
Joder. Joder. Joder.
Lilah se alejó de su grupo y paseó con aire desenfadado hacia
nosotros, la muerte y la destrucción brillando en sus ojos.
Alcé las manos. —Me largo de aquí —anuncié, retrocediendo.
—Spring.
Escucharlo llamarme por mi nombre disminuyó mi ira, haciéndome
tropezar momentáneamente. Había algo en su tono, algo incompleto.
Pero seguí caminando, sin querer darnos tiempo de terminar.
6
Traducido por ElyCasdel
Corregido por *Andreina F*
—Te ves muy bonita —dijo Julia.
—No suenas decepcionada —respondí, levantando la mirada hacia
ella desde el piso de mi cuarto.
—No estoy decepcionada.
—Lo siento, desaprobadora, quise decir.
—No soy… —se interrumpió al ver mi sonrisa—. ¿En serio vas a salir
con él?
—Si por él te refieres a Alex, entonces sí. Mi turno en el restaurante se
retrasó, llegará aquí en cualquier minuto. 4
No dijo nada mientras me miraba ponerme los zapatos, pero hacía 7
ruidos. En el caso de Julia, eso era peor que decir algo.
—¿Tienes algo que desees compartir? —pregunté.
Sus ruiditos se detuvieron. —No —dijo, pero el timbre de su voz fue
raramente alto—. ¿A dónde te llevará? —Ahora se encontraba detrás de
mi espalda, manoseando mis trenzas.
—A cenar.
—Mmm.
—Desaprobadora, de nuevo —dije mientras me apoyaba en las
rodillas para levantarme, alcanzando el radio de mi escritorio para
encenderlo y simultáneamente cerrando la puerta de mi armario.
Mi habitación era súper pequeña, pero me encantaba. Solía estar
en el ático, pero los propietarios decidieron obtener mayor ingreso con la
renta el año que me mudé aquí. Lo único malo era que las escaleras del
ático eran demasiado ruidosas. El último año, le pagué a un estudiante de
ingeniería cien dólares para construir una escalera retráctil afuera de mi
ventana para poder entrar y salir sin despertar a mis compañeros de piso. Y
además, para mantener afuera a cualquier visitante indeseable, coloqué
un candado afuera de mi ventana para cuando saliera, y cuando
entraba, guardaba la escalera, y cerraba la ventana por el interior.
Antes de bajar las persianas, me aseguré de que la escalera se
encontrara desplegada y la ventana estuviera cerrada, en caso de que
Alex y yo regresáramos muy tarde.
—Sin embargo, desearía que salieras con nosotros —dijo Julia.
Percibía un ligero reproche en su voz—. Vamos a ver películas en casa de
Dart.
—Te dije, no hay manera de que esté cerca de esa persona.
Unos días después de la fiesta en la calle, le dije a Julia lo que
sucedió entre Henry Knightly y yo, las cosas que le escuché decir. Pero
entonces, fue como hablarle a una pared. Ella había estado saliendo con
Dart cada día y solo sabía que debía de haber algún tipo de explicación.
Después de todo, ningún amigo de Dart podía decir nada de eso sobre mí.
Agarré mi bolsa y puse la correa sobre mi hombro.
Julia se dejó caer en mi cama, haciendo ruidos de nuevo, pero
levantó su cabeza cuando escuchamos el timbre dos pisos abajo. Seguido
de los tacones de Anabel como respuesta. Me moví hacia la puerta, un
poco preocupada de que Anabel encontrara una forma de robarme a mi
cita justo en mis narices. 4
—¿A qué hora regresas? —preguntó Julia. 8
Me hallaba a la mitad del pasillo cuando dije—: ¿A qué hora
regresas tú?
Exhaló una delicada sonrisa. —Espero que lo pases bien, Spring —dijo
con sinceridad.
Dije adiós con la mano y bajé las escaleras.
—Hola, Alex.
—Hola, a ti. ¿Estás lista? —Tenía el mismo estilo arrogante
despreocupado de la fiesta—. Te ves bien.
Personalidad, pensé que era el atractivo de Alex mientras
permanecía debajo de la lámpara del pórtico. Su cabello castaño claro se
hallaba un poco húmedo y desordenado, y su cara tenía un brillo que
parecía que acababa de salir del gimnasio. Sus ojos azules brillaban
mientras avanzaba hacia él.
—¿Me estás admirando? —pregunté, arqueando las cejas.
Golpeó su hombro contra el mío. —Admirarte, es un instinto natural
de cualquier hombre.
—Inténtalo más sutilmente la próxima —sugerí.
Caminamos hacia su auto. Era un modesto Accord gris.
—Lo siento —dijo mientras abría la puerta—, mi, ajam, Bentley se
encuentra en reparación. —Señaló al otro lado de la calle a donde un
odioso Viper negro se encontraba estacionado torcido en la calle. Alex
levantó su dedo medio, haciendo un gesto universalmente conocido en
dirección al coche.
Sonreí concordando y subí al asiento del pasajero.
—Lucías muy cómoda la otra noche —dijo después de que
saliéramos de la curva—. Te vi hablar.
—¿Con quién?
—Con Henry.
—Él me hablaba a mí —lo corregí—. Sin invitación.
—Desearía haberlo sabido —dijo, mirando el camino—. Me hubiera
acercado y te hubiera llevado conmigo. Lejos.
Obviamente, Alex era muy coqueto. Tal vez ese era el por qué no
nos enganchamos en primer año. Al salir ahora con él, rompía mi regla de
no salir pasada la segunda semana del año escolar. Le sonreí, en paz con
mis justificaciones de por qué acepté salir con él. Algo en él era demasiado
4
carismático como para dejarlo pasar. 9
—No te preocupes. —Golpeé su hombro—. Tus clases se pondrán
pesadas pronto y te olvidarás de tu obsesión conmigo.
—Eso es lo que tú crees, preciosa. —Cambió la velocidad y aceleró
la máquina—. Nunca he permitido que una pequeña cosa como la
escuela me quite del camino de pasarla bien. Ya verás. —Me dio una
sonrisa que sentí hasta los pies—. Así que, ¿cuál es su historia?
—¿De quién?
—Tú y Henry.
¿Otra vez él?
—No hay historia —dije—. Lo conocí el día de la fiesta en la calle,
somos vecinos, es todo.
—Mmm. —Alex tocó su barbilla—. ¿Apuesto a que él ya es un queso
grande?
—Lo dudo. —Puse los ojos en blanco y miré afuera de la ventana—.
Pero tú lo conoces, ¿cierto? —Me mordí el labio inferior, deseando poder
tragarme las palabras directo en la garganta. No debí preguntar algo así.
Pero era cierto que el chico lanzó dagas a Alex la otra noche, eso se sintió
demasiado personal, y tal vez algo de lo que Alex no quería hablar.
Mi cita se giró hacia mí. —¿Supongo que sabes lo que pasó en la
fiesta?
Asentí indecisa, sin querer incomodarlo, en especial sobre algo que
Knightly hizo. El chico y su Viper casi me pasaron por encima esta mañana.
De acuerdo, tal vez caminé demasiado lento para cruzar la calle, y tal vez
no debí agacharme a amarrarme los zapatos a mitad de la calle, pero no
había necesidad de que me tocara el claxon de esa forma. ¿Intentaba
molestarme? Bueno, yo intentaba molestarlo, así que creo que estábamos
a mano.
Alex volvió su atención al camino, mirando hacia adelante. —La
cosa es, que él y tenemos una muy vieja historia en común. Pero entre tú,
yo y la columna de la cama, soy probablemente la última persona que
debería hablar de él.
Eso me parecía bien; ni siquiera me preocupaban los chismes, ni
siquiera los chismes de Henry Knightly. Justo ahora, solo me interesaba Alex.
Era el hombre importante al que recordaba. Tal vez debería hacerle saber
una o dos cosas sobre la sustentabilidad económica.
Espera. Oh, amigo. ¿Qué encantador sería que una persona que 5
pudiera ayudarme con la investigación de mi tesis, la única persona cuyo
cerebro podría no estar contaminado, la única persona a quien iba a 0
tener que hacer que le gustaran los gemelos siameses por los siguientes
meses… fuera Alex Parks?
—Prácticamente crecimos juntos —continuó Alex—. Pero no hemos
hablado en años.
Abrí la boca para preguntar a quién se refería, y luego recordé.
Knightly se estaba convirtiendo en un tema agotador.
—El chico no es capaz de olvidar nuestras diferencias —dijo Alex—.
Espero que haya cambiado, porque hay algunas cosas que un hombre no
puede perdonar. Vive y aprende, ¿cierto? Como dije, soy la última persona
que debería hablar de él.
Aun así, Alex habló. Mientras conducíamos hacia el centro, aprendí
que Knightly y Alex fueron a la misma escuela preparatoria en Los Ángeles.
Por dos años fueron “uña y carne” por como lo dijo. Pero al inicio de su
último año, algo pasó.
—Fui expulsado, gracias a ese chico. —Su voz fue más severa de lo
que esperaba, sus largos dedos sostuvieron con fuerza en el volante.
Recordé la forma en que Knightly lo miró la otra noche. Parte
egoísta, parte bestia sexy. Era fácil para mí ignorar la parte sexy, era más
difícil bloquear al idiota.
—¿Cómo? —no pude evitar preguntar.
—Los dos estábamos en el equipo de fútbol. En la misma posición.
Henry era del equipo titular, yo permanecí en la banca. Lo que no
importaba —añadió rápido—. No necesitaba ser el centro de atención
como él, pero cuando dejé de pasar tanto tiempo en la banca, se enojó, y
lo siguiente que supe es que fui arrastrado a la oficina del decano. Una lista
tan larga como mi brazo de infracciones falsas me fue lanzada. Fuentes
confiables me dijeron que fue Henry. —Apretó la mandíbula—. Al siguiente
día, me expulsaron.
—¿Por qué no protestaste?
No habló por algunos minutos; tenía la mirada perdida en el
parabrisas, como si recordara algo desagradable. No quería añadir nada
a eso.
—Por sus conexiones familiares —dijo al fin—, no había nada que
pudiera hacer. Nació con cuchara de plata en la boca, yo no. He tenido
que trabajar como un jodido demonio por todo lo que tengo.
Entendía eso. También podía entender la amargura que guardó 5
durante cuatro años. Lo que no podía entender era como se rindió y lo
aceptó, no peleó contra la decisión de su expulsión, no discutió.
1
—Pero ya sabes, nunca me adueño de los crímenes. —Alex rio, pero
era una risa de enojo y amargura—. De todas formas, me patearon el
trasero. También fue una pena, porque en realidad me agradaba el chico,
lo quería como un hermano. Conozco a su familia, a su hermana menor. —
Murmuró algo tan bajo que no pude escucharlo mientras corría sus manos
por su cabello—. Pero después de un tiempo, tienes que llamar a las cosas
por su nombre, ¿cierto? —Luego, entró en un lugar de estacionamiento, se
giró hacia mí y suspiró—. Supongo que el dinero puede comprarte
cualquier cosa. Incluso su admisión en Stanford para Derecho. El chico no
ha trabajado de manera honesta ni un solo día en su vida. —Puso un dedo
en mi barbilla—. Créeme.
—Bueno, entre más alto están, más fuerte es la caída —dije,
cayendo en los dichos y clichés de Alex—. Digo, lo hago. Te creo.
—Gracias —dijo—. ¿Lista para comer?
—Estoy famélica.
La calle principal del centro de la ciudad Palo Alto se encontraba
llena. Parecía que todo el campus saboreaba un poco de lo último de
libertad antes de que la vida como la conocíamos se detuviera. Solo
teníamos que caminar unas calles, y una vez que fui capaz de caminar a
su lado, Alex se anotó un punto al reírse de cualquier cosa que dijera y
tocarme la mano, mi codo, mi hombro. Era la plática de respuesta rápida
usual de cada primera cita, cuando no conoces mucho a la otra persona.
Y era experta en la rutina de la primera cita porque nunca me permitía
una segunda.
—¿Alguna vez has escuchado de una película llamada Annie Hall?
—preguntó Alex mientras nos deteníamos para cruzar la calle.
—Woody Allen.
—¿Conoces a Woody Allen? —Golpeó mi hombro—. Tal vez me case
contigo.
La luz se puso verde, y nos unimos al grupo de los que cruzaban.
—¿Recuerdas lo que le pasó en la primera cita de Alive con Annie?
—Ha pasado mucho desde que la vi. ¿Alive olvida su billetera? Qué
típico.
—Estuvieron bromeando en esa forma neurótica de Woody Allen —
dijo Alex, mirándome de soslayo—. Como lo hicimos la otra noche. —Tomó
mi mano y la colocó en la parte interior de su codo—. Alive le dijo a Annie
algo como “Al final de esta cita, querré besarte, pero será raro y
5
vergonzoso por toda la tensión. Así que, ¿por qué no terminamos con eso 2
ahora mientras no hay presión?”.
—Inteligente —dije.
Alex me lanzó esa sonrisa perezosa que le iba tan bien. —El punto es
—dijo, pasándose una mano por el cabello, tan encantadoramente
nervioso—, que creo que me sentiré tan similarmente presionado para el
final de nuestra cita.
Dejó de caminar. También yo. Le tomó dos segundos a mi mente
entender lo que la suya ya entendía.
Después de esbozar una sonrisa de consentimiento, Alex se acercó y
puso una mano en mi mejilla. Pero luego se detuvo y miró alrededor, lo
siguiente que supe fue que agarró mi mano y me alejó.
Caminamos enérgicamente uno al lado del otro por unos cinco
segundos, y lo seguí dando vuelta en la esquina del estacionamiento. Y
salvo por el aparcacoches y una docena o algo así de autos de millones
de dólares, se encontraba vacío.
Sin decir palabra, me agarró de la mano libre y me acercó. Apenas
tuve tiempo de sonreír antes de que el beso comenzara. Sus brazos eran
tan fuertes a mi alrededor y sus labios tan suaves en mis labios, mejilla y
cuello. Igual que lo hizo en la pista de baile, sus manos se hallaban en mis
caderas, balanceándome como si nos moviéramos con la música. Su
boca tenía un sabor mentolado, no exactamente como a pasta dental,
algo más fuerte.
No era que fuera mojigata, pero aún al final de la cita no estaría
chupada por toda la cara por un chico… y este era el inicio de nuestra
primera cita. Pero por la razón que fuera, no permitía que nada me
apartara. Me sentía determinada y un poco desafiante, como si intentara
probarle algo a alguien.
Además, no había pasado tanto desde el verano anterior en Coos
Bay, Oregón. Mi madre pasó la mayoría de junio hablando de cómo mi
padre se negó a pagar por mi matrícula. No es que me sorprendiera… no
había esperado nada de mi padre en años. Mis dos hermanos y yo
decidimos hace mil años que entre más pronto nos olvidáramos de él,
mejor. El resto del verano, mamá se internó más en sus bolas de cristal y sus
cartas de tarot. Mis hermanos vinieron a casa solo una vez. Trabajaba en
dos lugares a tiempo completo, lo que sea; no tenía tiempo para citas o
diversión. Tal vez esa era la razón por la que me interesaban tanto en los
besos de Alex.
Sus manos se deslizaron a la parte baja de mi espalda, aún 5
meciéndonos a un insólito ritmo.
Julia tenía una teoría, sobre que existían dos tipos de besos. El
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primero era cuando la experiencia era por el puro placer físico de besar.
Podían ser cálidos y excitantes y con un poco de chispas durante el primer
tipo de beso, pero es más por el placer de la gratificación personal. Estos
besos eran divertidos y libres y preferentemente sin compromiso. El primer
tipo de beso era corpóreo, rozaban tu cuerpo y los sentidos más
superficiales, pero nunca emociones profundas, y nunca tu alma o tu
cuerpo.
Mi expectativa bajo esa poca luz del estacionamiento era el primer
tipo de beso. Sin duda era así, teniendo en cuenta que era lo
suficientemente inteligente para darme cuenta de que Alex
experimentaba meramente un deseo físico y nada más. Mis emociones,
alma, y corazón se hallaban completamente intactos. Perfecto.
De acuerdo con Julia, por el contrario, existía un segundo tipo de
beso. Este beso viene con toda una lista de requisitos y regulaciones. Hay
compromiso, cuidado, entrega, sacrificio, relación, y especialmente, amor.
Al parecer, todo sobre la lista de reglas hacían del segundo tipo de beso
algo más mágico y que la tierra se moviera e incluso más constante que el
primer tipo de beso.
Mientras las manos de Alex se movían arriba y abajo por mi columna
vertebral como si fuera un contrabajo, no podía imaginar que algo como
eso fuera posible. Pero Julia tenía disparatadas teorías.
Del primer tipo o no, Alex era un excelente besador. Muy creativo,
probablemente podía mantenerlo así por quince minutos —ese era mi
límite para aburrirme— pero cuando el chico del estacionamiento nos
pasó para sacar la camioneta azul contra la que Alex me tenía
presionada, nos separamos.
—Bueno, estás lleno de sorpresas —dije un poco sin aire.
Tocó mi barbilla con un dedo, luego lo deslizó hacia abajo a mi
cuello. —¿Quieres regresar a mi casa?
—¿Qué?
Casi como si estuviera saliendo de un trance, su expresión intensa se
disolvió y su sonrisa perezosa regresó. —Vamos, preciosa. —Tomó mi mano,
ligando mi brazo con el suyo, y salimos del estacionamiento—. Elige el
restaurante.
—No puedo creer que robes movimientos como ese —dije,
pensando en qué bestia tan pervertida debía ser Woody Allen en la vida
real.
Alex rio y me dio una de sus sonrisas ladeadas. —Si eso es lo que
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mantiene tu máquina flamante, me aseguraré de hablar sobre Henry más 4
a menudo. —Puso su mano sobre la mía y la apretó.
¿Knightly? Casi me tropiezo con mis pies. ¿Por qué demonios Alex
estaría pensando en él? ¿O asumiría qué pensaría en él mientras nos
besábamos?
7
Traducido por Snowsmily
Corregido por ElyCasdel
—Lo siento. No tenemos más mesas vacías.
Gemí y miré sobre los hombros de la mesera hacia el café
inusualmente abarrotado.
—Es la lluvia —explicó con un encogimiento de hombros—. Nadie
quiere estar afuera.
—Sí —concordé, perturbada porque todo Stanford al parecer
escogió comer en Oy Vey Café esta mañana.
—Puedes hacer tu pedido para llevar —sugirió, luego señaló detrás
de mí hacía la docena más o menos de personas ya de pie en la fila. 5
Supuse que era mi única opción.
—Puede acompañarme.
5
Henry Kinghtly se encontraba sentado en una pequeña mesa
redonda cerca de una ventana con los cristales empañados, haciendo un
ademán hacia la silla vacía frente a él.
—¿Te parece bien? —me preguntó la mesera.
—Ah, bueno… —Miré sobre mi hombro hacia la fila en el mostrador
de la comida para llevar. ¿Se duplicó en los últimos cinco segundos?
—Otra opción —continuó la mesera—, sería utilizar esta silla en otra…
—Me hará compañía. —Sacó la silla con su pie—. Siéntate, Spring.
—Jesús, es un cavernícola, ¿por qué no? —murmuré entre dientes a
medida que caminaba hacia la mesa, confundida, pero helada y
hambrienta. Estúpida lluvia.
Tomé asiento frente a él, ordené mi desayuno, y saqué un libro de mi
bolso, preparándome para ignorar nuestra cercana proximidad. No es que
fuéramos exactamente extraños. Habían transcurrido tres semanas de
clase, me cruzaba con él prácticamente todos los días, sin embargo, por lo
general no hablábamos. Todas esas cosas que Alex me dijo en nuestra cita
eran difíciles de olvidar. No confiaba en este chico… apenas me
agradaba.
—¿Qué lees? —preguntó.
Le eché un vistazo sobre el libro que utilizaba como un escudo y lo
bajé un centímetro. —Huis Clos, suivi de Les Mouches —respondí antes de
cambiar el interruptor de francés a español en mi cabeza.
Sus cejas se arquearon. —¿Jean Paul Sartre?
Le coloqué el separador y dejé el libro en la mesa, al lado de mi
panqué de semilla de amapola. —¿Cursas francés?
—No, no. —Tomó un mordisco de la rosca de pan frente a él. Tenía
algo de color rosa esparcido.
Por alguna razón, encontré eso extremadamente extraño. ¿Era
fresa? ¿Henry Knightly comía queso crema de fresa?
—Estudio latín —continuó—. Me ayuda con la terminología de leyes.
Además, es una lengua muerta. —Me miró, de modo inexpresivo—. Estoy
tratando de resucitarla.
—¿Sin ayuda?
Exhaló lo que podía haber sido una risa, entonces tomó un sorbo de
un gran termo plateado. —Si eso es lo que se necesita.
5
Mientras comprobaba algo en su teléfono, lo observé desde el otro 6
lado de la mesa, preguntándome por qué tenía un humor tan
conversador. No intercambiamos esta cantidad de palabras desde la
fiesta. También me preguntaba a dónde iba tan temprano, sabía que la
mayoría de los cursos de postgrado eran impartidos en las tardes para
acomodar a los estudiantes que tenían trabajos. Knightly no tenía un
trabajo.
No vestía un traje completo hoy, pantalones gris oscuro, una camisa
blanca con rayas de color azul, y una corbata a rayas negra y gris. Una
chaqueta gris oscuro colgaba sobre el respaldo de su silla. La mayoría de
los profesores no se vestían de tal manera. Para mí, la formalidad de su
atuendo iba de mano con la actitud formal que utilizaba tanto como los
muchos suéteres de rombos.
Revolví el contenido de mi gran taza turquesa de porcelana,
bajando la mirada hacia el líquido marrón agitándose como un remolino.
—Qué clima —observó.
—Sí —respondí.
—¿Qué clases tienes esta mañana?
Detestaba las charlas triviales. ¿Por qué no había tomado mi comida
para llevar? ¿Por qué todavía había un maldito mozón afuera y por qué
había dejado en casa los paraguas?
—Estadísticas —dije, mordisqueando los bordes de mi pastelito.
—¿Nada después de eso?
—¿Por qué me preguntas sobre mis clases?
—Porque te encuentras sentada justo frente a mí y es educado.
—Oh, ¿eres educado ahora? —No pude evitar soltar
abruptamente—. ¿Atropellaste a algún peatón últimamente?
Algo en su expresión parecía complacido por mi estallido.
Tomé una bocanada de aire y bajé la mirada hacia mi plato. —
Supongo que no se me da muy bien la charla trivial como a algunas
personas.
—Tal vez estés fuera de práctica.
Levanté la barbilla. —¿Y qué? ¿Eres el gran maestro de la
comunicación?
—¿Cómo sabrías si lo soy o si no? No nos conocemos muy bien. —Sus
ojos se ampliaron con diversión ante lo que sea que pensara decir luego—. 5
¿No crees que sea momento de que solucionemos eso? Sé que yo estaría
dispuesto a hacer algo al respecto. 7
Mis dientes dejaron de moverse a mitad de un mordisco. Su contacto
visual no titubeó, provocando que la temperatura debajo de mi cuello se
elevara un grado o dos. En un universo paralelo, podría suponer que ligaba
conmigo. Pero eso parecía tan probable como descubrir búhos
manchados viviendo en la Torre Trump.
Tragué y rápidamente recogí mi novela, dejando que el marca libros
se deslizara hasta la mesa, sostuve el libro delante de mi rostro, mirando
vagamente a las páginas por un instante, sin agradarme el modo en que
mi corazón latía tan vacilante. Cuando mi enfoque en la página por fin se
aclaró, me di cuenta de que las palabras se encontraban al revés. De
formar enderecé el libro, esperando que mi compañero de mesa no lo
notara.
No tuve tal suerte.
Un sonido extraño venía del otro lado de la mesa. Bajé mi escudo. —
¿Qué es tan gracioso? —pregunté, sorprendida de ver a Knightly riéndose
detrás de una mano empuñada.
—Tus botones —dijo.
Bajé la mirada hacia la camiseta que vestía. Era un suéter negro, sin
botones.
—No —dijo, con otra risa—. Tus botones, Spring. —Me señaló, sus
dedos como un arma—. Son muy fáciles de presionar, ¿no es cierto?
—Dependiendo de quién los presione, y dónde. —Casi me reí ante la
insinuación accidental que salió de mi boca. Guau, ¿ahora yo flirteaba
también? Alcancé mi vaso de agua helado y lo llevé hacía mis
repentinamente labios secos. Cuando robé una mirada de él, su boca
estaba congelada en una sonrisa juvenil, en verdad complacido.
—Lo siento —dijo—, estoy avergonzándote.
—No, claro que no.
—Estás sonrojándote.
—Yo no me sonrojo —declaré, dejando mi vaso en la mesa con un
golpe seco, sacudiendo los cubiertos—. ¿Y ésta es la clase de
conversación educada que tienes en mente?
—Tomaré lo que pueda conseguir. —Negó con la cabeza—.
Botones.
—¿Sabes qué? —dije, después de limpiar a toquecitos mi boca con
una servilleta—. Creo que me agradaba más cuando no ignorábamos. 5
Sus cejas se estrecharon. —¿Ignorarnos? —Un momento pasó antes
de que se inclinara hacia atrás en su silla—. De acuerdo, bien, no estás
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sonrojándote. —Palmeó su barbilla, luego su boca lentamente se curvó en
una sonrisa.
Era una sonrisa agradable. De hecho… Eh, Henry Knightly en verdad
debería sonreír de ese modo más a menudo. Estuve momentáneamente
aturdida por la manera en que sus ojos marrones se entornaban, dándole
al resto de su rostro un semblante casi inocente. Era hipnótico.
—Así que, Spring Honeycutt, ¿vas a decirme que clases tienes hoy, o
debería mirar tu horario en línea? —Alcanzó su teléfono.
—Estadísticas —repetí—. Tu compañero de habitación tiene una
clase justo frente a mí.
—¿Cómo sabes eso?
Lo miré por un instante. —Porque está saliendo con mi compañera
de cuarto.
—Oh. —Una sombra pareció eclipsar su expresión por un momento
mientras tomaba un trago—. Bien. ¿Y qué tienes después de Estadísticas?
—Tengo un bloque de cuatro horas de investigación. —Descansé mis
codos en la mesa—. ¿Hay algo más que te gustaría saber?
Abrió su boca, pero luego se detuvo como si reconsiderara la
pregunta. —Si estás en tercer año, ¿esta investigación es para tu tesis de
estudios independiente?
—¿Cómo lo supiste?
Elevó su taza de viaje y bebió otro trago. —Tuve suerte. ¿Has elegido
un tema?
La pregunta hizo que mi estómago se retorciera y que mi corazón se
detuviera al mismo tiempo.
—¿Qué? —preguntó Knightly, probablemente notando que todo el
color se drenó de mis rostro.
—Nada —respondí, jugando con mi cuchara de té—. Sí, tengo un
tema. Comencé a trabajar sobre él en el verano, pero hace un par de
semanas, mi consejero…
—Oh —dijo—. Está haciéndote cambiarlo.
—Dijo que necesito un nuevo ángulo. —Me detuve, sin saber cómo
explicarle más a fondo a un hombre sin conocimientos, y no realmente
teniendo el estómago para adentrarme en toda la cosa—. Es complicado. 5
—Seguro que sí. —Contuvo una pequeña sonrisa—. Conociéndote. 9
—Gracioso —dije, sin reírme.
Knightly empujó su plato hacia un lado. —Podría ayudar hablar sobre
ello.
—¿Teniendo una conversación educada?
Otra de esas sonrisas inalterables apareció en su rostro. Mis pupilas
podrían, de hecho, haberse dilatado. Hombre, iba tener que mantenerme
alerta para permanecer inmune ante este chico.
—En realidad no quieres escuchar sobre mi proyecto —dije.
—¿Qué más tengo que hacer? —Miró hacía la ventana—. Está
lloviendo.
Tenía razón. Tampoco tenía otro lugar al cuál ir, y quién sabe, tal vez
hablar de ello en voz alta con alguien que no tenía ni idea sobre el tema a
debatir respondería con libertad. Suspiré y descansé el costado de mi
cabeza contra mi palma. —De acuerdo, bueno, básicamente mi enfoque
principal es la diversidad y productividad de los sistemas biológicos
permanezcan a través del tiempo. Lo siento, eso fue demasiado técnico.
Lo que quiero decir es…
—Sustentabilidad.
Fruncí el ceño. —¿Sabes de qué se trata?
—Sí. —Cuando no continué, hizo un gesto para que continuara.
—De cualquier modo, ya que sabes lo que es la sustentabilidad, es
probable que también seas consciente que el urbanismo del terreno está
destruyendo el medio ambiente. Sí, lo sé, no es noticia nueva, pero intento
probar que el uso continuado de terrenos urbanizados podría ser incluso
peor; debería ser revitalizado de nuevo para la naturaleza. Ninguna nueva
área forestal o laderas de montaña o pantanos van a aparecer
repentinamente en el medio de un sistema urbano. Tenemos todo lo que
vamos a tener alguna vez ahora mismo, hoy en día. Y no es suficiente.
—¿No es una manera demasiado simple de verlo? —preguntó.
Miré al otro lado de la mesa hacia él. —No.
—¿Estás segura?
—Mira, ¿quieres escuchar el resto o quieres discutir?
Sus cejas se juntaron como si se encontrara a punto de decir algo
más, pero entonces cerró la boca y se inclinó hacia atrás.
—Como decía —Le di una mirada—, a esta escala, vamos a estar
viviendo en un mundo anti utópico en tres generaciones.
6
—¿Qué? 0
—Distopía. El yang de utopía. Piensa: lo opuesto al Jardín del Edén.
Como Los Juegos del Hambre. ¿Los has leído?
Desconcertado, negó con la cabeza.
—Es una novela, parecida a 1984 en el…
—¿Estás sacado tu investigación de novelas?
—Por supuesto que no. Hacía una comparación. —Apreté un puño
en mi sien, molesta por todo el desvío—. Como sea, lo que quiero decir es
que, tenemos que recuperar el terreno industrial, es la única forma de
salvarlo. He realizado la investigación ambiental, pero Masen, mi profesor,
quiere que aprenda más sobre el final del negocio, la economía en ello, el
lado legal.
Frustrada ante la idea, acuné las manos sobre mi rostro, sintiéndome
—no por primera vez en tres semanas— completamente derrotada. Si lo
pensaba mucho, enloquecería. Entonces… me ahogaría.
—Tengo una fecha límite en camino —murmuré a través de mis
dedos, más que todo para mí misma—. He leído algunos artículos y libros
me senté en algunas conferencias de economía urbana, y he, incluso,
hablado con un par de economistas. ¿Cómo nadie en Stanford puede
entender de qué hablo?
—Envíame tu borrador.
Sabiendo que debí haber escuchado mal, retiré los dedos y levanté
la mirada. —¿Qué?
—Tus hechos son erróneos.
Dejé caer las manos. —No, no lo son.
—Lo son. Puedo ayudar.
—No, no puedes. —Empujé mi silla, preguntándome si me insultaba a
propósito o si así era su personalidad—. ¿Por qué querrías ayudarme de
cualquier modo?
Se encogió de hombros. —Tal vez creo que empezamos con el pie
izquierdo —respondió—.Tal vez he estado esperando para compensártelo.
—¿Tienes otro pie? —pregunté con escepticismo.
Me devolvió la mirada. —¿Qué?
Mi mal chiste le pasó desapercibido. —Nada —dije—. Como sea, no
te dejaré leer mi borrador. Ni siquiera te conozco.
Se inclinó hacia adelante, descansando sus brazos cruzados en la 6
mesa. —Spring, ¿sabes qué estudio?
1
—Abogacía —dije—. Estás en la escuela de leyes.
—Eso es cierto. —Frotó su barbilla, recordándome un poco al
profesor Masen—. Mi pregrado era finanzas, pero estoy estudiando leyes
corporativas con énfasis en el desarrollo de propiedad.
Lo miré, los engranajes de mi cerebro moviéndose ante lo que sus
palabras implicaban. Un segundo después, sentí témpanos de hielo
deslizarse arriba por mi columna, y mi corazón comenzó a martillear debajo
de la pesada mirada de Henry Knightly, pero era por una razón diferente
esta vez.
—Eso significa…
—Significa —dijo—, que si eres una ecologista, entonces soy tu peor
pesadilla. —Nos miramos sobre la mesa el uno al otro, una pared invisible
construyéndose entre nosotros—. Pero también significa que si quieres
aprender sobre la economía del desarrollo de los terrenos —Juntó sus
dedos debajo de su barbilla—, entonces soy el hombre de tus sueños.
8
Traducido por Deydra Eaton
Corregido por Sofí Fullbuster
Me quedé fuera de la puerta de la sala de estudio privada en el
tercer piso de la biblioteca, sin sentirme dispuesta a entrar por ahora.
Todavía no podía creerlo, no podía creer mi estúpida suerte. De
todas las personas que podían ayudarme, que se encontraban dispuestos
a hacerlo, con mi proyecto de investigación, tuvo que ser Henry Knightly.
Estúpido y jodido karma.
Después del desayuno en la cafetería, corrí a casa a través de la
lluvia y lo busqué en línea. O a su familia, más bien. Eran hacendados,
bueno, lo habían sido por generaciones. Cuando busqué a los Knightly en
Google el año pasado, excavando por chismes cuando el Knight Hall se
6
encontraba en construcción, solo arañé la superficie. De hecho, eran
dueños de tierra a lo largo de América del Norte, los mayores bloques
2
alrededor de Wyoming, Idaho y Montana. La principal inmobiliaria agrícola
y ganadera.
Lo que habrían hecho con el paisaje, no quería imaginarlo. No
tuvieron ningún problema en demoler una franja de árboles para erigir el
edificio del mismo nombre en Stanford. ¿Por qué habrían de tratar de
manera diferente veinte mil acres inocentes en el noroeste?
A mitad de mi clase de estadística, mi teléfono vibró con un nuevo
correo electrónico. De nuevo, me pidió que enviara mi borrador. Postergué
lo inevitable durante tanto tiempo como pude, pero mientras calculaba
cuántos días me quedaban antes de que Masen estuviera respirando en
mi cuello, por fin me di cuenta que no tenía elección. Le envié mi borrador
y quince minutos más tarde, me respondió, deseando que nos
reuniéramos.
—¿Vamos a hacer esto o no?
Salté ante su voz, viniendo desde el interior de la sala de estudio.
¿Cómo sabía que me encontraba allí? ¿Vio mi sombra? ¿Me escuchó
andar de puntillas hacia la sala? Cielos, ¿podía olerme? ¿Podía el dinero
comprar súper sentidos?
—Spring, tengo mi propia clase en una hora.
Cerré los ojos por un segundo, aferrándome a la correa de mi
mochila, luego entré en la sala.
Knightly se hallaba en una mesa pequeña, una pila de libros a un
lado, y una de esas escurridizas mini-portátiles negra frente a él. Llevaba la
misma camisa y corbata de esta mañana, solo que en ese momento el
primer botón se encontraba suelto, y el nudo de la corbata estaba flojo.
Lucía bien en él. Ahora, si hubiera destellado una de esas sonrisas, esto
podría ser soportable.
—Oye —dije—, perdón por la tardanza, yo…
—Está bien. —No levantó la mirada cuando me senté.
De acuerdo, entonces teníamos de vuelta con el señor Encanto.
—He estado repasando tu borrador y la lista de recursos que citaste
—dijo, haciendo clic en la flecha abajo como veinte veces, mirando la
pantalla.
—¿Y? —pregunté cuando no continuó—. Piensas que es una mierda,
¿verdad? 6
—No todo —dijo, subrayando un párrafo en la pantalla. 3
—Bueno, eso es un alivio —murmuré, apoyándome en un codo—.
Obviamente no asumí que estaríamos de acuerdo en esto. Sé sobre la
tierra que tu familia posee.
Por fin alzó la barbilla, pero no habló. Había esperado que saltara y
que discutiera conmigo como en el desayuno, que dijera algo. Pero solo
permaneció allí con una expresión imperturbable.
Su silencio me puso tensa.
—Sé… sé lo que ellos… lo que tú… crees —añadí, sin poder
detenerme de llenar el silencio—. Y deberías saber que no vine aquí a
discutir contigo, o para escuchar una conferencia, o para que alguno de
nosotros cambie nuestra mentalidad. Estoy aquí porque no tengo otra
opción. Solo para ser claros. ¿De acuerdo? No creo que puedas destrozar
mi sistema de creencias y luego irte.
Se recostó en su silla. —Todavía no he dicho nada.
Parpadeé. —Oh. Bueno… pero sé lo que estás pensando.
Una pequeña sonrisa retorció la comisura de sus labios, un indicio de
la misma sonrisa que me detuvo en el desayuno. —¿Cómo puedes saber
eso? —preguntó, alisando su corbata.
—Porque conozco tu tipo —dije, eligiendo continuar el argumento en
lugar de enfocarme en cómo mirar su sonrisa me daban ganas de lamer
mis labios—. Tienes un título en finanzas, vienes de una familia con dinero y
conduces un coche deportivo. Votaste por los republicanos, ¿no es así?
Sus cejar se alzaron ligeramente. —¿Eso es un crimen?
—Ojalá —murmuré, cambiando a una página en blanco de mi
cuaderno.
—Guau —dijo, inexpresivo—. ¿Algo más sobre mí que quisieras sacar
de tu pecho? —De repente, todo lo que Alex me dijo inundó mi cerebro.
Cómo Knightly había sido celoso, crítico, acusatorio, y luego Alex fue
repentinamente expulsado de la escuela. El recuerdo de lo que Knightly
dijo sobre mí en la fiesta, lo que le escuché decir, también se encontraba
en una posición importante en mi mente. Y cómo le gritó a los de la
mudanza para que no tocaran su precioso auto, y cómo no le dijo una
sola palabra a Julia.
Podía estar ayudándome en un gran aprieto, pero no iba a confiar
en él, a pesar de la forma en que me miraba con esa media sonrisa, y la 6
manera en que un mechón de cabello oscuro había caído sobre su frente,
rogando que mis dedos lo echaran hacia atrás para luego continuar 4
enredándose por su cabello.
Tuve que ignorar eso y recordar el resto.
Era todo lo que tenía. Sabía que tenía que jugar bien, así que sonreí
tan agradablemente como era posible y me recliné en el asiento. —No,
terminé. —Le eché un vistazo a su computadora con mi borrador en la
pantalla—. Ahora, es tu turno. ¿Qué es lo que realmente piensas?
Ladeó la laptop para que la pantalla estuviera frente a mí. A parte
de la última tarea del profesor Masen, nunca vi tantos tachados rojos.
Este sería un semestre muy largo.
PARTE II
6
“Nunca había amado a alguien antes... así que, naturalmente, pensaba
que no estaba en mi naturaleza amar. Pero siempre me ha parecido que
5
debía ser celestial ser amado ciegamente, con pasión, completamente... Y
me habría permitido ser adorada, y dar infinita ternura a cambio.”
La Pimpinela Escarlata
9
Traducido por Moni
Corregido por Alaska Young
Cuando bajé las chirriantes escaleras del ático en dirección a mi
habitación, me encontré con Anabel saliendo de la de Julia.
—Oh, hola Springer —dijo, tratando de mostrar una expresión
inocente, lo que de inmediato me hizo sospechar.
—¿Qué hacías allí? —pregunté.
—Nada —dijo, mirando hacia la habitación de Julia—. Charlábamos.
Cosas de chicas. ¡Ten un bonito Día de Acción de Gracias! —Hizo un gesto
con los dedos y se alejó. Las pequeñas charlas con Anabel por lo general
incluían peticiones para pedir prestado un par de zapatos que nunca
volverías a ver, o consejos no solicitados y ortodoxos sobre citas. Cuando se
6
trataba de Julia, ninguno era buena idea. 6
Doblé la esquina y entré en su habitación.
—¿Lista para irnos? —preguntó Julia, sonriendo brillantemente.
—Casi —respondí, evaluándola con rapidez. Tendría que preguntarle
más tarde qué discutía con Anabel.
Dos maletas se hallaban abiertas al pie de la cama. El resto del
colchón lo cubría con pilas separadas de ropa organizadas
uniformemente. Julia cantaba para ella misma, doblando metódicamente
un suéter blanco. —¿Ya empacaste, verdad? —preguntó.
Gemí como respuesta, ajustando un audífono cuando la apropiada
canción de rock de una chica enojada arrullaba mi oído.
Con los exámenes parciales terminados, nos adentramos en la parte
dura del trimestre de invierno. Los trabajos, proyectos de investigación,
equipos de asesoramiento. Locura por delante. Dejé mis tres trabajos para
concentrarme en la escuela. Ahora era el momento de enfocarse, el gran
empuje hacia el final.
Era la primera vez que ponía un pie en la habitación de Julia en
semanas. A pesar de los diversos montones de ropa, lucía impecable.
Incluso con su mente entrelazada con el corazón, seguía siendo tan
ordenada como siempre. Noté que al calendario en la pared rosa aún no
lo volteaba de octubre a noviembre, incluso aunque ya estábamos a más
de la mitad del mes.
—¿Planeas quedarte para siempre? —pregunté, mirando la enorme
pila de ropa en la maleta.
—Ya quisiera. —Sonrió con nostalgia.
Me deslicé sobre un par de pantalones rojos para poder sentarme. —
Estos serán los siete días más largos en la historia del mundo —me quejé.
—Tan dramática —respondió Julia—. Estarás bien.
—Contigo y Dart haciendo caras de besos el uno al otro sobre el
pavo y el pan de maíz con relleno, sin mencionar al otro habitante de esa
casa.
Julia levantó las cejas. Había estado empacando toda la mañana.
Anabel se iría en cualquier minuto, para pasar la semana con su familia. Yo
rara vez salía durante las vacaciones. Mis hermanos también se quedarían
en la escuela, y por lo último que escuché, mamá iba a un retiro en la
naturaleza, probablemente sin siquiera darse cuenta de que era Día de
Acción de Gracias. No quería pasar otro día festivo en mi pequeña ciudad
natal, no quería otro recordatorio de cómo mi vida podría ser si no pasaba 6
con éxito la universidad, si no lograba sobresalir y hacer algo conmigo
misma en el mundo. Amaba a mi madre, pero no quería terminar como
7
ella.
Debí irme de vacaciones con Mel, que conduciría a casa de sus
abuelos en Washington. Me invitó, pero la rechacé.
Julia en realidad quería quedarse en la ciudad para Acción de
Gracias. Como Dart. Así que las dos teníamos la casa para nosotras.
Eso fue hasta que nos enteramos de que las otras casas en renta de
nuestro casero tenían termitas, así que todas sus propiedades iban a ser
fumigadas durante las largas vacaciones. El exterminador llegaría mañana
temprano. Aquellos de nosotros que aún nos encontrábamos en la ciudad
fuimos obligados a quedarnos en algún otro lugar mientras el aerosol
tóxico hacía su trabajo.
Julia volvió a cantar, guardando su bolsa de maquillaje en el
pequeño bolsillo exterior de la segunda maleta.
—¿Qué es eso de allí? —pregunté cuando mi ojo captó un pedazo
de encaje negro escondido en el rincón.
—Oh. —Julia lo cubrió con un suéter—. No es nada —dijo, bajando la
mirada, moviendo más ropa alrededor—. Solo algo de Anabel.
—¿Es lencería?
—No. Bueno, algo así. —Se metió algo de cabello detrás de la
oreja—. No es nada, en serio. Tal vez ni siquiera lo use.
Se veía avergonzada, casi me reí. —Conejita, no es asunto mío lo
que uses para tu novio; solo ten cuidado con lo que Anabel te da, ya sea
un sostén de realce o un consejo sobre relaciones.
—Lo haré. ¿Y qué hay sobre ti?
—¿Qué hay sobre mí?
—Realmente te gusta Alex —dijo—. ¿O debería preguntarte eso?
Porque es difícil de decir contigo.
Jugué con el puño de mi manga. —¿Qué hay que no me guste?
Torció los labios pero no habló por un momento. —Ahora es mi turno
de decirte que te cuides —dijo por fin.
—Tu preocupación se nota como es debido.
Puramente en el sentido convencional, Alex y yo no salíamos, porque
salir en realidad incluía ir a lugares, tal vez compartir una comida. Los
momentos que Alex y yo pasábamos juntos siempre comenzaban de la
misma manera que en nuestra primera cita. Nada más, nada menos. Una
liberación controlada de feromonas y hormonas era una buena manera
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de romper un día aburrido de estudio. Alex era bueno para eso. A veces
hablábamos un poco sobre su pasado con Henry Knightly, aunque no me
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sentía muy cómoda con el tema, así que usualmente lo interrumpía. Y
nunca solté una palabra a nadie de lo que me dijo la noche de nuestra
primera cita.
—No sabemos nada sobre él —dijo Julia, arrastrando la maleta
número uno hacia la puerta.
—Ustedes no —le dije—, pero yo sí.
—Le pregunté a Dart hace un par de semanas, porque es obvio que
Alex y Henry tienen una historia.
La miré. Jugaba con la cremallera de su maleta.
—Sabe que fueron a la secundaria juntos y que tuvieron una pelea.
Dart dijo que a Henry no le gusta hablar sobre ese tema.
—Por supuesto que no le gusta —concordé, doblando mis rodillas
para sentarme con las piernas cruzadas.
Julia frunció el ceño.
Muy fácilmente pude haber aclarado su mente. Alex y yo tuvimos
una buena carrera, pero la carga de la dopamina y la norepinefrina
estimulando mis sentidos disminuyeron rápidamente. Me hallaba muy
ocupada y aburrida. Tomaba mucho para que mantuviera mi interés, sin
importar qué tan bien besara.
—¿Confías en Alex antes que en Henry? —preguntó Julia dudando.
—Lo hago.
—¿Incluso después de toda la ayuda con tu tesis?
—Solo porque ha pasado un par de noches a la semana dándome
conferencias sobre lo errada estoy no significa que no es un idiota aún más
grande para otras personas. De hecho, probablemente prueba que lo es.
Quién sabe qué tan idiota es con sus amigos.
Bajó la mirada, pasándose los dedos por el regazo. —Nos hemos
conocemos desde hace más de dos años —comenzó, la vista abajo—. No
solías ser tan cerrada.
—El tipo me dijo hipócrita el otro día porque comí un huevo. —Rodé
los ojos—. Soy una vegetariana ambiental, no Gandhi. Y la semana
pasada, me dijo que soy una elitista arrogante. ¿Cómo puedo ser elitista si
no tengo dinero?
—Tu actitud, ¿tal vez?
Me senté de nuevo. —¿Cómo? 6
Por su expresión arrepentida, pude notar que se sentía mal de haber
dicho las palabras en primer lugar. Los dedos giraban nerviosamente en los
9
extremos de su cabello, dándome la misma mirada preocupada y distante
que Mel me dio esa noche de la fiesta en la calle.
—Bueno… —Julia apretó los labios—. Puedes reaccionar un poco
exagerado.
—¿Yo? —pregunté, tratando de no sonar chillona—. Es su culpa. Es
tan político sobre todo.
Me miró por un momento luego se echó a reír. —Hola, taza negra,
¿has conocido a la tetera negra?
Me golpeó la rodilla y se puso de pie. —De acuerdo, Springer, hora
de irse.
—No, conejita, por favor —lloriqueé—. Pidamos un préstamo y
quedémonos en un hotel.
—Graciosa —dijo—. Antes de irnos, necesito que me hagas un gran
favor.
—Lo que sea —dije, sacando los pies de la cama.
—Di dos cosas buenas sobre Henry.
—Lo que sea menos eso.
—De esa manera, si durante la semana llegas a sentirte,
mmm, furiosa, puedes pensar en ellas. —Se recogió el cabello en una
coleta—. Solo dos cosas. Pueden ser incluso sobre su físico. Eso es fácil.
Hola, no estás ciega…
—Bien —la interrumpí—. Se… se afeita bien.
Julia rodó los ojos.
—Y su rostro es muy simétrico.
—Atractivo —dijo con sarcasmo, pero al parecer la pacifiqué lo
suficiente por el momento—. Toma tus maletas. Es hora.
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Traducido por Eni
Corregido por Tessa
Dart abrió la puerta sonriente y emocionado, con una mano sostenía
la parte de superior mientras la abría. —Hola, cariño —le dijo a Julia,
pareciéndose a un niño a punto de dar un paseo en un poni.
—Hola —respondió, llegando a sonrojarse. Para este momento
llevaban juntos tres meses y ella aún actuaba como si cada vez que se
vieran fuera su primera cita. Al parecer, Dart tenía debilidad por las chicas
buenas. Y no podías encontrar a alguien más “bueno” que Julia.
Me pregunté si tendría el coraje de usar esa misteriosa pieza de
encaje negro para él. Entonces recordé que tenía pendiente una seria
conversación con ella sobre Anabel. Alguien como Julia no tenía 7
necesidad de ser guiada por la Kardashian residente de Stanford. Pero
cuando Dart se acercó para besar a Julia y ella ladeó la cara por lo que se 1
encontró con su mejilla, me imaginé que esa charla podría esperar.
El tiempo que pasé antes en el interior del domicilio
Knightly/Charleston fue fugaz, y nunca curioseé cuando Knightly se hallaba
allí. Prefería mantener nuestra relación tal como era, a una distancia
profesional.
Algo que no se suponía que incluyera dormir en su casa por una
semana.
El lugar no era el típico apartamento de soltero universitario. No
colgaban anuncios de neón parpadeantes en ninguna de las paredes, ni
tenían un enfriador de cerveza en la mesita de la sala, ni lámparas de lava
cursis y ni una sola barra o pesas dispersas en el suelo, lo que por lo general
era con lo que te tropezabas al entrar a cualquier otro lugar lleno de
testosterona en el campus.
Al cruzar el umbral de la sala de estar, Knightly se encontraba
sentado en el sofá, inclinado sobre una pila de libros de texto abiertos y un
ordenador portátil al lado. Usaba pantalones oscuros, y los dos primeros
botones de su camiseta azul desabrochados. Una corbata azul oscuro
descansaba sobre el respaldo del sofá.
—Ya están aquí. —Sonrió Dart, anunciándonos.
Knightly levantó la mirada de su trabajo, su expresión cordial. —Hola
—dijo, cerrando el libro y poniéndose de pie—. ¿Hay algo que pueda
hacer? ¿Todas las maletas están dentro?
Julia y Dart se veían demasiado ocupados arrullándose el uno al otro
para responder.
—Tenemos todo. Creo que estamos listas —respondí, sintiéndome un
poco idiota.
Asintió y todo quedó en silencio de nuevo. Ya debería haberme
acostumbrado a sus lapsos de silencio. No reunimos en cinco sesiones de
estudio en el último mes; la mitad del tiempo la pasábamos debatiendo, la
otra mitad, se podría escuchar caer un alfiler. Éramos expertos en el clásico
punto muerto.
—En verdad apreciamos su ayuda —me obligué a pronunciar,
tratando de no sonar como si tragara una medicina—. Gracias por
hospedarnos.
—Claro —respondió—. Una vez que me enteré de tus circunstancias,
no hubo nada que pensar. Somos vecinos.
—Cierto —dije—. Vecinos. 7
Me miró. —¿Por qué lo dices así?
Sentí ganas de reír. La última vez que nos encontramos para analizar
2
mi tesis, casi nos peleamos. Bueno, casi llegué a las manos, mientras que
Knightly se quedó sentado observándome en silencio mientras me hacía
enojar más y más ante la manera en que pensaba que debía ir mi
proyecto. Pero si aún nos consideraba simplemente vecinos, entonces por
mí bien.
—No importa —dije.
El hombro de Dart me golpeó cuando pasó a mi lado. Tenía una de
las maletas de Julia en su mano. Ella lo siguió, arrastrando la otra maleta de
ruedas.
Knightly me echó un vistazo. —Supongo que saben a dónde van.
Sonreí algo incómoda.
—¿Puedo? —preguntó, bajando la mirada a mi lado. No sabía bien
a qué se refería hasta que alcanzó las correas de mi bolso.
—Puedo llevarlo.
—Estoy seguro de que puedes hacerlo, pero ya lo tengo —dijo,
caminando hacia el interior de la casa. Lo seguí por una esquina de un
pasillo estrecho.
—¿Habías venido aquí antes? —preguntó.
—Algunas veces en la sala de estar.
—Vamos a dejar el recorrido por la casa para más tarde. Te daré la
versión corta ahora. Es una organización muy lógica. Resueltamente
lógica. Hay cinco habitaciones y nada más somos dos. —Miró sobre su
hombro—. Dart y yo, quise decir. No tú y yo. ¿Cómo se vería eso?
—Espantoso —dije, riendo.
Me llevó por las escaleras.
—Cada habitación se encuentra pintada de un color dominante —
explicó—. Es muy probable que no hayas notado la habitación de color
rojo que acabamos de pasar. Es la única habitación de la primera planta.
Lilah se quedará allí.
—No puedo esperar —murmuré.
Se detuvo en el descansillo, sus ojos marrones me evaluaron. Debió
haber leído mi agria expresión. —Oh, así es. Ustedes dos no se llevan bien.
¿Por qué? 7
—Yo me llevo muy bien. Ella es la que me quiere muerta. 3
Knightly se quedó pensativo por un momento y luego asintió
sabiamente. —Entiendo. No más preguntas.
—Gracias —dije, y seguimos subiendo las escaleras.
—Esta es la habitación de Dart. —Señaló la primera habitación
detrás de una puerta cerrada—. Dorada. Le dije que podía volver a
pintarla, pero le gustó el color, lo llama Zen. Tu compañera de cuarto está
en frente atravesando el pasillo. Naturalmente.
—Naturalmente —repetí, pasando por delante de su habitación. Oí
voces amortiguadas por la rendija de la puerta.
—También de Dart —dijo, señalando el baño mientras pasaba a sus
anchas.
Pasamos por dos puertas más cerradas sin ningún detalle. Supuse
que habían sido reservadas para la parte de más tarde “el gran recorrido”.
La última puerta del pasillo estaba abierta con las luces encendidas.
—Asumo que el verde es su color favorito, señorita Ecologista.
—¿Cuánto tiempo te tomó deducirlo?
Knightly se detuvo en la puerta, dejando que entrara primero. La
habitación tenía paredes blancas y brillantes con tres centímetros de color
verde, bordes cuadriculados blancos y negros alrededor del techo y el
piso. Detrás de las cortinas de rayas verdes, una enorme ventana daba
hacia el este. El acogedor dormitorio era más sofisticado que cualquier
habitación de hotel en la que me hubiera alojado.
—Gracias. Es realmente bonita.
—Eres nuestra primera invitada oficial —dijo, apoyándose contra el
marco de la puerta—. En mi registro, Lilah no cuenta. —Dejó caer mi
atiborrada bolsa de lona de Adopta un Bosque Tropical a sus pies—. Bien,
deberías tener todo lo que necesitas. —Se volvió sobre los talones y dio un
paso hacia el pasillo—. El baño de al lado. Es mío. Lo compartimos.
Y desapareció.
Me quedé mirando la puerta vacía donde estuvo parado.
¿Compartir el baño? ¿Con Henry Knightly? Eso no iba a ser
incómodo en lo absoluto…
De inmediato realicé un cálculo mental revisando cuánto tenía en
mi tarjeta de crédito de emergencia. Gemí, mis brazos cayeron a mi
costado sin fuerzas. Odiaba sentirme tan impotente, tan atada
financieramente. Deseé poder llamar a mi madre para que me sacara de 7
apuros, pero eso no era una opción realista. Después de graduarme,
esperaba no tener que estresarme tanto por el dinero.
4
Pero por ahora, como un buen soldado, colgué la ropa en el
armario, tiré los zapatos debajo de la cama, junté los artículos de tocador
absolutamente necesarios, y me dirigí a la puerta de al lado.
El baño estaba impecable, no había ni una mota de polvo, ni un solo
mechón de cabello. Incluso la puerta de vidrio de la ducha estaba
impoluta. La habitación tenía la misma combinación de marrón, gris,
crema y negro de la sala de estar, y olía a loción para después de afeitar,
piñas y blanqueador.
El gabinete era de un color canela con herraje negro. Había dos
puertas a cada lado, y tres cajones en el centro. El cajón del medio se
encontraba vacío, y había sido dejado abierto. Conociendo los modales
de mi anfitrión, tenía la seguridad de que era para mí. Mis pocos productos
para el cabello, el cepillo de dientes, la pasta de dientes, el jabón, y mi
crema limpiadora de rostro todo encajaba adentro a la perfección.
Después de asegurarme de haberle puesto seguro a la puerta, le
eché un vistazo a los estantes: un cepillo de dientes eléctrico, desodorante
masculino verde, una botella de colonia pequeña con un sello italiano
despegado, y un producto para el cabello.
En el mostrador al lado del lavabo había una taza de cerámica azul
y gris de la crema para afeitar y un cepillo para esparcirla.
Sí, pensé mientras olía rápidamente la espuma especiada, es él.
El armario para la ropa blanca al lado de la ducha era del mismo
color canela. Abrí la puerta y examiné el contenido. Tampoco, nada fuera
de lo normal allí. Me agaché y metí la cabeza debajo del fregadero. No
sabía que esperaba encontrar, ya que despiadadamente fisgoneé a
través de los cajones y armarios. Tal vez esperaba que algún elemento me
dijera todo sobre él, esa pista esquiva que me confirmara todo.
Pero lo que sea que buscaba, no lo encontré. Henry Knightly tenía
toda la pinta de cualquier otro estudiante conservador de abogacía de
veintitrés años de edad.
Bajé las escaleras para unirme a los otros, un poco decepcionada.
Todos se encontraban en la cocina. La bandejas de comida no eran
para unos pocos días, pero Julia tenía encendido su modo doméstico a
gran escala, cortando verduras para picar y con un plato lleno de galletas
y salsa en la mesa. Dart enjuagaba algo en el fregadero. Cuando Julia se
le acercó por detrás, y deslizó dos dedos en la parte de atrás de sus
vaqueros en la cintura. Fue un pequeño gesto, ante el cual Dart ni siquiera
reaccionó. No sé por qué me llamó la atención. 7
Por lo que sabía, Julia aún no había tenido sexo, siendo un poco más
anticuada que las chicas promedio de veintiún años de edad. Que
5
supiera, solo había otra chica virgen en la habitación.
Supongo que… nunca tuve tiempo para tales enredos. Mi flirteo de
juventud se pasó tratando de entrar a Stanford, y tratando de permanecer
en Stanford.
Bueno, eso fue lo que me dije. Si era brutalmente honesta, la idea de
que existiera la más mínima posibilidad de detener mi vida por tener un
bebé me aterrorizaba haciendo desaparecer hasta la última pizca de
libido. Mi madre me tuvo a los diecisiete años, y nunca me permitió olvidar
todo lo que sacrificó para mantenerme. Ella luchó, toda mi familia luchó.
No iba a pasar el resto de mi vida de esa manera.
Al captar un destello de Julia y Dart en un momento íntimo me
sorprendió. El comienzo de su relación era muy absorbente. Lo que era raro
en Julia, ella nunca dejaba que el contacto físico llegara muy lejos.
Siempre era lo contrario, más emocional. Ahí era probablemente donde el
regalo de encaje negro de Anabel entraba.
La mano de Dart se deslizó a su cintura, acunando su cadera. Eh…
Tal vez ya habían dormido juntos. Julia y yo éramos cercanas, así que me
sorprendía un poco que no me lo hubiera contado. No podía evitar
mirarlos furtivamente mientras se acurrucaban sobre el fregadero. Sus
dedos se hallaban fuera de los vaqueros, pero la forma en que en que se
encontraban de pie al lado del otro, el cabello de Julia recogido en una
cola de caballo, la mano de Dart en su nuca desnuda. Inocente, pero…
no.
Tragué saliva y miré hacia otro lado. Tener esa clase completa de
intimidad, no era parte de mi plan, no con el desastre de matrimonio de
mis padres como mi ejemplo principal. Por lo que podía recordar, no
quería experimentarlo. Pero de repente, al observar a Julia con sus pies
descalzos, poniéndose en puntas de pie para darle un beso en la mejilla a
Dart, hizo que me preguntara si me podría estar perdiendo de algo.
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Traducido por Val_17
Corregido por Itxi
Julia y Dart se despertaron al amanecer para poner el pavo en el
horno. Después de eso, se fueron a dar una vuelta por la costa, dejando los
restantes, y aún durmientes, miembros de la familia para hacer frente al
resto de los preparativos de la cena de Acción de Gracias.
Uno por uno, todos se asomaron a la cocina. Lilah horneó dos
pasteles la noche anterior y ahora intentaba una salsa de arándanos
“casera” (sacada de un tarro). Me ofrecí para los rollos, las verduras y otros
elementos del menú sin carne. Knightly se sentó en una silla de la cocina
comiendo un tazón de cereal. No se levantó ni una vez, centrado en su
iPad. 7
—¿Quieres probar mi relleno? —le preguntó Lilah. Su ligeramente
disfrazado doble sentido no pasó desapercibido para mí. Sin una pista a la 7
petición lasciva, Knightly señaló con la cuchara que tenía la boca llena.
Le sonreí a la masa de pan que amasaba.
Sin desanimarse, Lilah continuó las variaciones de su petición hasta
que su teléfono sonó, dejando la cocina. Ella no me había dirigido una sola
palabra.
Con el tazón de cereales vacío en su mano, Knightly se levantó de la
mesa y se desplazó hacia el fregadero. Enjuagó la taza y la puso en el
lavaplatos. Vestía pantalones largos negros y una camiseta verde algo
descolorida y unas letras incomprensibles de un azul marino en la parte
delantera. Italiano, probablemente. Creo que estaba a punto de irse a
correr.
—Bueno —dijo, limpiándose las manos en un paño de cocina—,
parece que lo tienes todo bajo control aquí. Entonces… —Retrocedió
hacia la puerta—… te dejaré…
—Oh, nooo. —Levanté las manos para mostrar que estaba hasta los
codos con harina—. No planeas dejar todo a las mujeres de la familia,
¿no?
Arrojó su iPad en una silla junto a la puerta y luego vino a mi lado. —
¿Qué es eso?
—Masa de pan. Nada más.
—¿Quieres... ayuda?
—¿Tienes limpias las manos?
Se las miró y asintió.
Con un dedo, deslicé la masa frente a él. —Muéstrame tus
habilidades.
Su mirada sostuvo la mía, evaluando mi desafío. Después de un
momento, tomó la masa y se sentó, mientras yo caminaba hacia el
fregadero para lavar mis manos. La estaba mirando con profundidad en el
momento en que regresé.
—No cocinas, ¿no? —supuse.
—No, a menos que tenga que hacerlo. Esto es un entrenamiento.
¿Podrías cogerme algo de la nevera?
—Es un poco temprano para una cerveza, ¿no crees? —dije mientras
abría la nevera, a punto de llegar detrás de las cajas de comida para
llevarle la media vacía de la noche anterior, esperando encontrar filas y
filas de botellas oscuras. Me sorprendió no encontrar absolutamente
7
ninguna bebida alcohólica de ningún tipo. Muy poco universitario. 8
—No cerveza —dijo Henry—. Mi abuelo paterno murió de cirrosis
hepática cuando tenía cuarenta y cinco años. —Su barbilla estaba
escondida, amasado un poco distante—. Nunca he bebido un trago en mi
vida.
Lo miré por un momento. Qué cosa para admitir. Y parecía casi
orgulloso de ello. Bueno, no es que el ser abstemio fuera algo vergonzoso.
De hecho, no podía evitar desear que mi propio padre hubiera seguido
esa práctica en particular cuando tenía veinte años, en lugar de
emborracharse y dejar a mi madre en casa con tres niños. Cinco años
estando sobrio o no, todavía no le había perdonado el haber elegido el
alcohol sobre su familia después de todos esos años.
—¿No bebiste en la fiesta? —le pregunté, recordando
perfectamente que sostenía un vaso rojo.
—No —dijo—. Sabía que tenía que mantener el juicio esa noche. Oí
que había serpientes.
Susurré entre dientes. —Me estás matando.
—Aunque voy a tomar agua —dijo—, si puedes manejarlo.
—Puedo manejarlo. —Deslicé una botella de la estantería de la
puerta.
—Sí, gracias —dijo, absorto, cuando me puse delante de él. Sin
suerte, intentaba de rascarse la mejilla con su hombro. Estaba familiarizada
con la Ley de Murphy en la cocina: el momento en que tus manos están
incapacitadas, cada centímetro de tu cara; y otras diferentes partes del
cuerpo, inevitablemente comenzaban a picar.
—¿Podría conseguir un poco de ayuda aquí? —preguntó con voz
distorsionada.
Me senté en la mesa con él y balanceé la silla hacia atrás sobre las
dos patas.
Soltó una dura exhalación de frustración y luego se frotó la mejilla
con el dorso de la mano, dejando tras de sí una mancha de harina.
—Cariño, tienes un poco de algo —Señalé en mi mejilla—, justo allí.
Henry dejó de amasar para devolver mi sonrisa, la suya era mucho
más amenazante que la mía. Examiné mis uñas. Un momento después,
algo pequeño y pegajoso golpeó mi cara.
Parpadeé, levanté la vista y limpié mi mejilla mientras le decía bruto
en francés—: ¿Et tu, Brute? 7
La sonrisa siniestra creció a medida que movió los dedos como un
látigo hacia mí, enviando más trozos de masa en mi dirección. La mayoría 9
aterrizando cerca.
—Oh, fallaste —dije mientras la silla cayó a cuatro patas. Me incliné
hacia delante, con mis codos soportando mi peso. Henry hizo lo mismo, sus
palmas harinosas sobre la mesa, dirigiéndose hacia mí. Su mirada se desvió
a algo a un lado de él y luego a mí. Su sonrisa se ensanchó.
Fue entonces cuando me di cuenta de la bolsa abierta de harina
sobre la mesa, más cerca de él que de mí. Sin necesidad de dar la vuelta,
sabía que detrás de mí en el mostrador había azúcar, sal, pimienta, harina
de avena, bicarbonato de sodio, pan rallado, y otras sustancias de
confitería ralladas y en polvo.
Dos segundos más tarde, nuestras respectivas sillas volaron detrás de
nosotros. Cinco segundos más tarde, como una explosión de nieve, la
harina se hallaba en todas partes.
Dio un paso a la derecha, me acerqué por la izquierda. Y así
bailamos...
Después de un lanzamiento particularmente vil de almidón de maíz
de mi parte, Henry parpadeó y tosió, moviendo la cabeza, el polvo blanco
cayendo de su cabello oscuro, capturándose en sus rizos.
Fue a la ofensiva.
Me tambaleé hacia atrás, temporalmente cegada, agarrando el
borde del mostrador para que mis pies no se deslizaran debajo de mí. Era
difícil respirar con cacao en polvo en la nariz, y solté una risa, haciéndome
asfixiar. Cuando recobré el enfoque, Henry estaba en el fregadero,
llenando un largo vaso bajo el grifo.
—Ja, ja, ja —se burló por encima del hombro.
—Solo ingredientes secos. Secos.
—No me acuerdo de escuchar las reglas. —Cerró el grifo cuando el
agua alcanzó el borde superior.
Retrocedí, colgando sobre el mostrador. Henry bloqueaba la única
salida adecuada al patio trasero. Estaba atrapada. El vello de mis brazos
se erizó cuando dio un paso hacia adelante, con el vaso lleno en su mano,
dirigido directamente a mí.
—¡No te atreverías! —dije con voz áspera, resbalándome y
deslizándome en retirada. 8
Metió los dedos en el vaso y los sacudió. Grandes gotas de agua se
impregnaron en la parte delantera de mi camiseta. 0
Necesitaba un arma, cualquier arma. Fue entonces cuando me fijé
en el tazón de Lilah y la brillante salsa de arándano roja en la esquina de la
mesa, pidiendo a gritos entrar al ring. Los ojos de Henry se agrandaron
cuando lo deslicé fuera de la superficie lisa y en la palma de mi mano, mi
brazo se ladeó como un lanzador de béisbol.
—Baja eso —ordenó.
Lo señalé con la barbilla. —Tú primero.
—No es una opción. —Su sonrisa hizo cosquillear mis brazos otra vez.
Amenazas verbales y no verbales adicionales fueron emitidas. Las
promesas de venganza eterna se prometieron, pero ninguno de los dos
bajamos nuestras armas.
—Un centímetro más cerca —advertí, mirando su camisa—, y es un
adiós a ese Armani Exchange que vistes.
—Tengo otro. —Parecía a punto de salpicar más agua hacia mí,
cuando de repente, mientras pisaba un montículo excepcionalmente
hinchado de mezcla de harina, perdió el equilibrio. Gracias a esta breve
distracción, hice mi movimiento, lanzándome hacia adelante, con la
espada desenvainada.
Con mis dos segundos de ventaja, se dio la vuelta, lanzándome el
agua. Solo salpicó mi hombro. Me agaché y balanceé detrás de él con el
tiempo justo para volcar todo el plato de arándanos viscosos sobre su
cabeza.
Y entonces, con el brazo todavía en el aire, me quedé helada. Tal
vez, sorprendida de mi fácil triunfo.
Ese fue mi error.
Con un grito, me di la vuelta, haciendo una línea recta hacia la
puerta del patio. Pero ya era tarde.
Henry tiró de la parte de atrás de mi camiseta, luego agarró mi
muñeca. —No tan rápido, Honeycutt.
Me aparté y di la vuelta, mis pies deslizándose por el suelo
resbaladizo. Pude ver el blanco de sus ojos y dientes debajo de la gelatina
de color rojo cayendo por su cara. Me retorcí contra sus garras mientras él
sonreía diabólicamente, arrastrándome hacia el lavabo.
La harina y el agua junto con el blanco cuello en V y sujetador de
rayas azules que usaba no era la impresión que quería dejar en la mañana
de Acción de Gracias.
8
—¡Detente! —chillé, luchando por romper su agarre. 1
—No. —Se detuvo de arrastrarme el tiempo suficiente para
apoderarse de mi otra muñeca, sosteniéndome firmemente con ambas
manos.
—Digamos que es un empate —ofrecí—. Estamos a mano, ¿de
acuerdo?
—Estoy a punto de hacerlo así —dijo, en voz baja. Cuando intentaba
zafarme, soltó mis muñecas lo suficiente para deslizar las manos por mis
brazos y apoderarse de mis hombros. No podía dejar de pensar que en un
universo paralelo, podría parecer como si estuviéramos a punto de
abrazarnos.
Este pensamiento me hizo detener, aunque intenté una vez más
liberarme, con bastante poco entusiasmo. Me sentí extraña, un poco
mareada, mientras miraba su cara a través de mis pestañas endurecidas
de harina. Sus manos eran fuertes y calientes alrededor de mi piel.
Capaces.
La siguiente cosa que supe fue que mis pies se deslizaban de nuevo.
Sin embargo, esta vez Henry no me llevaba al lavabo me acercaba hacia
él.
Ya no sonreía. Tampoco yo. Su intensa mirada se deslizó a mi boca, y
al igual que mis ojos iban a la deriva por su cara de una manera similar, me
di cuenta de una pequeña gota de salsa de arándanos corriendo por su
nariz. Como una gruesa lágrima carmesí, goteando al extremo.
Incliné mi barbilla y me reí. —¿Armisticio? —pregunté, jadeando por
recuperar el aliento.
Cuando nivelé mi barbilla, Henry me examinó con escepticismo. —
Solo si declaras la derrota. —Debido a su expresión severa bajo toda esa
baba roja, otra risa brotó de mi garganta. Sus dedos presionaron en mi piel,
sus ojos mirando el lavabo.
—¡Tú ganas, tú ganas! ¡Sin agua! —rogué—. Ahora, suélteme, señor.
En lugar de dejarme ir, agarró mis hombros, llevándome un par de
pasos hasta que mi espalda chocó contra la pared. —No hasta que lo
digas —susurró. Se encontraba muy cerca de nuevo, más cerca que antes,
por lo que era muy consciente de sus fuertes manos, el calor de su piel, sus
largos dedos cerrados alrededor de mis brazos.
—¿Decir qué? —pregunté después de tragar con fuerza. 8
—Repite conmigo: Henry Edward Knightly, tercero, es el rey de la 2
cocina.
—¿Tercero? —No pude dejar de carcajear.
—Dilo —demandó, sus dedos agarrando mis hombros, presionando
contra la pared—. No sé por qué estás peleando tan duro contra esto,
Spring. —Su voz se volvió extrañamente tranquila—. Sabes lo que viene si
no me obedeces completamente. Voy a mojarte, y créeme —Miró hacia
abajo a la parte delantera de mi camiseta—, voy a disfrutar cada
segundo.
—¡Está bien, de acuerdo! —Cerré los ojos y respiré hondo—. Henry
Knightly es el rey…
—No —me interrumpió, moviendo sus manos a cada lado de mi
cuello—. Henry Edward Knightly, tercero.
Abrí los ojos, así podía rodar y murmurar algo burlón. Pero su rostro se
encontraba más cerca de lo que esperaba, sus manos suaves en mi cuello,
sosteniéndome en mi lugar. Me miró a los ojos, sin parpadear. Estábamos
tan cerca, casi pecho a pecho, y por un momento, se me olvidó que tenía
que respirar. Sin otra palabra, inclinó su rostro cubierto de harina al mío, y
dejé de respirar por completo.
Cuando me besó, se produjo una explosión de estrellas detrás de mis
ojos. Su cuerpo se movió, presionándome con fuerza contra la pared, y no
me dejó más remedio que agarrarme a las curvas de sus codos. Sus manos
todavía sostenían mi cuello, sus dedos moviéndose sobre mi piel, con los
pulgares rozando a través de mis mejillas. Pude probar el azúcar en sus
labios, la harina y el dulce sabor de los arándanos, una deliciosa
combinación que me hizo agua la boca. Sin darme cuenta, separé los
labios, necesitando un sabor más profundo.
Antes de que tuviera la oportunidad, había terminado.
Pero no podía alejarme, no quería abrir los ojos, necesitaba
permanecer en el momento en el que me dejó ver lo que Henry podría ser.
No el tutor arrogante o la estatua griega muda, sino el hombre que me hizo
reír, que empujó mis botones, tuve una pelea de comida en su impecable
cocina, y logró hacer volar mi mente en diez segundos.
Con sus fuertes manos todavía sosteniéndome, podía oler su piel,
escuchar su respiración, aún lo suficientemente cerca para besarlo. Me
dolía la garganta ante la idea, y sentí su corazón acelerado, yendo más
rápido que el mío.
—Ahora estamos a mano —dijo en voz baja. Entonces me soltó. Dio
un paso atrás y se pasó el dorso de la muñeca por su nariz cubierta de
salsa.
8
—Esto... esto no ha terminado —logré decir, eligiendo ignorar por 3
completo lo que acababa de ocurrir; si él podía hacerlo, entonces yo
también. Pasé los dedos por mis trenzas, en un intento de despojar lo
pegote. De alguna manera, la brillante salsa de arándano rojo que cubría
la mitad superior de su cuerpo se trasladó a mi pelo y a toda la parte
delantera de mi camiseta. Mi mente se tornó inestable, imaginando cómo
sucedió.
—Tendré mi venganza —me obligué a agregar.
—Cuento con eso.
Cuando se retiró con una sonrisa lenta, la boca de mi estómago se
inundó de calor y me sorprendí mirando su boca manchada de arándano.
Tenía que salir de allí, ahora, antes de que hiciera algo de lo que me
arrepentiría.
Henry tomó una toalla de mano de la encimera, la enrolló, y
chasqueó el final en mi dirección. —Ahora da un paso atrás —dijo—, así
puedo limpiarte con la manguera.
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Traducido por Julieyrr
Corregido por Mel Markham
—¿Cuál es tu respuesta, querida? Todo el mundo espera.
Negué con la cabeza, no por la impaciencia de Lilah, si no por mí misma.
Todo este terrible juego fue mi idea.
—Y ella no puede saltarse su turno —continuó Lilah—. Eso no es justo
para el resto de nosotros. —Se sentó en el suelo en el lado opuesto de la
sala al que me ubicaba, con la cabeza apoyada contra el lado de la
tumbona en la que Henry se encontraba. Me miró con descaro. La
desgraciada vaca salió a conseguir sangre. Era probable que nunca me
perdonara por haber arruinado sus arándanos.
Arándanos. 8
Mis ojos se dirigieron automáticamente a Henry. Se reía mientras le
decía algo a Dart.
4
—Si quiere puede saltar su turno —dijo Julia, volviendo a explicar las
reglas del juego. Tenía el brazo de Dart extendido por sus hombros mientras
se encontraban sentados en medio del sillón, con los pies enredados
alrededor del otro encima de la mesa de café—. Cada uno de nosotros
puede saltarse una vez su turno si así lo decide —aclaró aún más—. ¿Pasas,
Springer?
—No —dije—. Voy a responder. Dame un segundo.
Lilah suspiró con fuerza suficiente y todos voltearon a verla, entonces
rodó los ojos y sacó el celular. ¿Por qué no se iba si tanto se aburría? Hacía
dos horas, este “juego” entre nosotros comenzó como un combo de
Verdad o Reto, Veinte Preguntas, y Colores Reales. En nuestro turno, cada
uno de nosotros cinco respondía una pregunta; una pregunta de prueba,
una pregunta destinada a hacer frente a los dilemas éticos, exponer los
puntos de vista de quien contestaba o cambiar valores particulares.
Algunas eran más superficiales que otras, pero todas fueron hechas para
ser contestadas analíticamente.
Esa era la idea, de todos modos. ¿Por qué no sugerí Monopoly en su
lugar? ¿O tal vez un buen juego de Ruleta Rusa?
En general, las respuestas de Julia y Dart tenían que ver algo con el
otro, mientras que las de Lilah eran en su mayoría sobre dinero o viajes al
extranjero. No me importaba nada de esto, porque me interesaban las
respuestas de uno de los participantes. Aunque cuando un serio Henry
afirmó que los arándanos cubiertos de cacao eran su comida favorita,
tuve la experiencia única de atragantarme con mi refresco dietético y
tener que responder, una vez más, la pregunta de Lilah de por qué su plato
especial desapareció.
—Vamos —gruñó Lilah, rodando sobre su estómago—. No es una
cirugía cerebral.
—De acuerdo, 60 Minutos —ofrecí por fin después de pensar
demasiado una pregunta tan benigna.
Julia se aclaró la garganta y me miró.
Exhalé, deseando que no me conociera tan bien.
—Está bien. True Blood —murmuré, en mi lata de soda—. Me gustan
los vampiros y True Blood es mi programa favorito de televisión, ¿de
acuerdo? Me encantaba tanto que lo odiaba.
—¿Eso es todo? —se burló Lilah—. ¿Eso es lo que te llevó tanto
8
tiempo? 5
—Interesantes dicotomías —me dijo Henry—. Me encantaba hasta
que lo odiaba —citó—. Elaborado.
Me gustaba la forma en que se inclinaba hacia adelante, casi en el
borde de su asiento. Sin duda tenía una manera de hacerme sentir como si
él y yo fuéramos las únicas personas en la sala, igual que aquella noche en
la fiesta cuando nos hablamos por primera vez. No había olvidado cómo
me hizo sentir… atrapada con la guardia baja, pero de una agradable y
curiosa manera. Últimamente me hizo sentir un montón de cosas nuevas.
Pero en este momento no éramos los únicos en el cuarto.
—No fui dicotómica —le dije—. Me límite a plantear los hechos.
—¿Cuál es tu respuesta, Henry? —pregunto Julia.
—Seinfield —dijo, apoyando los pies sobre la mesa de café. Los
diamantes grises, marrones y azules en sus calcetines de rombos se
correspondían con el suéter azul con cuello en V azul marino que llevaba
puesto. Todos lo miramos, sorprendidos por su respuesta—. Es la comedia
del hombre pensante. Eterna. Incluso en el sindicato de los cielos.
Oh. ¿Quién lo hubiera imaginado?
También aprendí que Dart solía remar en Duke hasta que se quebró
el hombro. Además, sus gustos eran: pasear por la playa, los tenis blancos y
John Mayer. Casualmente, también lo eran de Julia. O tal vez era una
coincidencia. Tal vez eran una de esas parejas perfectas. Lo único que
parecían no tener en común era su demostración pública de afecto.
Mientras Dart parecía dispuesto a mostrar su afecto en cualquier
momento, Julia era del tipo dulce y tímida. Aunque si tuviera que apostar,
podía asegurar que ella se soltaba cuando se encontraban solos.
—¿Canción favorita para cantar en la ducha? —Era la siguiente
pregunta sobre la mesa.
—No canto —declaré.
—Yo tampoco.
Esta repuesta de Henry trajo varios gritos fuertes de Dart.
—¡Mientes, hombre! —La expresión severa de Henry se mantuvo
firme mientras fulminaba con la mirada a su compañero de piso—. De
hecho, he podido dormir un poco más estas últimas mañanas —continuó
Dart—, sin ti haciendo tu normal estruendo mañanero.
Henry en verdad se sonrojó.
—Dije que yo no… 8
—¡Lo haces! Personalmente, me gusta tu interpretación de “Put a
Ring On It”. 6
—Amigo —murmuró Henry, bajando la barbilla, masajeando su nuca.
—Pero creo que eres más impresionante cuando alcanzas las notas
altas de “Livin’ on a Prayer”.
—Creo que… —dijo Henry—. Creo que hay que seguir adelante.
Dart estiró su brazo hacia Henry, su mano en un puño. Henry solo la
consideró impasible. —Amigo… —engatusó Dart. Henry miró de reojo a la
rama de olivo extendida, se rio entre dientes y luego chocó los puños con
su mejor amigo.
—¿Pieza favorita de música clásica? —Esa era mi pregunta. Me
pareció interesante cuando se preguntaba en compañía adecuada y
cuando obtenía una respuesta honesta. En realidad, me había quedado
sin preguntas. Henry iba a contestar primero, pero no lo hizo de inmediato,
así que respondí por él. —Claro de Luna, ¿cierto?
—¿Cómo puedes adivinar algo como eso?
—Elemental. —Tomé un trago de refresco dietético—. Pon a diez
hombres en un cuarto y toca diez piezas diferentes de música clásica, seis
dirán que Claro de Luna es su favorita. Hubo un estudio real. —Le di un
vistazo a Henry—. En Duke, tal vez. —Se cruzó de brazos.
—Rudimentaria investigación —acusó, pero me di cuenta de que
trataba de no sonreír.
—No estoy en desacuerdo. —Levanté el pie para sentarme con las
piernas cruzadas—. Es la misma teoría, si le preguntas a esos mismos diez
hombres cuál es su flor favorita. Siete dirán lirio, pero solo si se les muestra
una foto.
Dart parecía confundido al principio, pero asintió con la cabeza
después de pensarlo bien, probablemente imaginando un lirio.
—Sí —dijo—. También tiene razón sobre eso. —Puso a Julia cerca—.
Me encantan los lirios, cielo. —La besó en la sien—. ¿Cómo sabes eso,
Spring? ¿Otro proyecto de investigación?
—Más o menos —le dije—. Los hombres no pueden evitarlo, son
naturalmente atraídos por la flor del lirio, ya que se ve exactamente como
el interior de una mujer…
—Spring —me cortó Julia. Un momento después, sin embargo, ella
apretó los labios y se rio por lo bajo. Dart la observaba, viéndose
confundido, pero divertido. La sutil conexión subconsciente,
evidentemente, no se le había ocurrido aún. Henry, sin embargo, se reía de 8
buena gana en sus dos manos.
7
—¿Tres placeres culpables? —preguntó Julia, luego ella y Dart
compartieron sus respuestas y se acurrucaron. Lilah comentó
despectivamente algo sobre Ámsterdam.
Mientras meditaba sobre el tema, corrí mi dedo índice en la parte
superior de mi lata. ¿Tres placeres culpables? Si iba a ser honesta, debería
pensarlo un poco.
—Escuchar programas de deporte en la radio —comencé, contando
las respuestas con mis dedos—. Tortitas de frutillas y novelas.
—¿Novelas francesas? —preguntó Henry.
—Asqueroso. No. —Me encogí ante la insinuación.
—No de ese tipo. Me refería a lo que leías cuando tomamos el
desayuno en el café.
Esto llamó la atención de Lilah. Dejó caer el teléfono, se sentó y me
miró. Sus uñas acrílicas eran como garras, teniendo en cuenta que se
clavaban en las rodillas de sus pantalones vaqueros de diseñador.
—Británicas —expliqué—. Del siglo diecinueve.
—¿Cuál es tu favorita? —preguntó Henry.
—¿Por qué?
—Me gustaría saber.
—¿Más de tu conversación educada? —le pregunté, inclinando mi
cabeza—. ¿Nada más que hacer porque está lloviendo?
Henry se rio y se inclinó hacia delante. —¿Te acuerdas de mí
diciendo eso?
—Es algo difícil de olvidar.
Lilah se había levantado sobre sus rodillas, mirando de Henry hacia
mí y luego a Henry como si estuviera viendo un partido de tenis.
—¿Entonces? —solicitó Henry—. ¿Cuál es tu libro favorito?
—La Pimpinela Escarlata —contesté, tratando de ignorar las miradas
heladas de Lilah, lo que era difícil, ya que podía sentirlas—. ¿Cuál es el
tuyo?
—Matar a un Ruiseñor. ¿Por qué La Pimpinela Escarlata?
Teníamos que detenernos antes de que Lilah en verdad me
apuñalara, pero no creo que Henry lo dejara hasta que le diera una
respuesta.
—Bueno, por una razón, me gusta la forma en que se burla de la 8
maldad de la burguesía.
—¿Tienes un problema con la clase social acomodada? —
8
preguntó—. Tal vez eran los revolucionarios franceses que necesitaban ser
burlados.
—¡Ja! Hablar sobre simplificación excesiva. —Crucé los brazos—.
Fueron los aristócratas los que causaron la guerra. Esas personas estaban
excesivamente preocupadas por el respeto, el éxito y el dinero. —Miré
directamente a Henry—. ¿Suena familiar?
Se encogió de hombros. —Eso no es un crimen. Así fue como se les
enseñó a diez generaciones a vivir.
—¿Y eso es una excusa? Espera, déjame adivinar, así fue como se te
enseñó a vivir.
Acusó el golpe. —Aprendí mucho de mi padre.
Incluso a través de la habitación, podía ver que intentaba no sonreír.
Deliberadamente empujando mis botones y disfrutándolo.
—Sabes qué, no importa. —Lancé las manos al aire.
—¿Te declaras derrotada? —preguntó Henry—. ¿Otra vez?
Sentí un rubor sobre las mejillas. —Hay otras personas en la habitación
—le dije, después de despejar mi garganta—. Puedo asegurar que no les
interesa esta conversación disfuncional.
—A mí sí me interesa —dijo Dart.
—A mí también —se hizo eco Julia—. Ustedes son más entretenidos
que el reality de amas de casa.
Suspiré. —Siquiera, ¿has leído el libro? —le pregunté a Henry, con
más calma.
—Ya no lee novelas —dijo Dart—. Francesas o de otro tipo.
—¿Ya no? —pregunté, recogiendo esa palabra—. Pero dijiste Matar
a un Ruiseñor. ¿Por qué es tu favorito? ¿O era?
Henry no contestó de inmediato. Tenía los codos en los brazos de la
silla, con los dedos debajo de su barbilla. Después de unos largos
momentos, pensé que tal vez no quería compartir su respuesta. Tal vez era
algo personal. Pero, ¿cómo puede serlo? Era solo una historia.
—Creo que suficiente información de alto secreto se ha difundido
esta noche —dije, rompiendo el silencio—. Ya he terminado de jugar.
—Ya era hora —murmuró Lilah—. Henry, ¿quieres ver una película?
—Mi madre lo leyó cuando era una adolescente —dijo Henry,
8
cogiendo una pelusa de su regazo—. Matar a un ruiseñor. El día que
aceptó la propuesta de mi padre, ella le dio una copia y le dijo que Atticus
9
Finch es la clase de padre que quería que su marido fuera.
Oh. Bueno… rayos.
Mi interior se tornó débil y tierno mientras Henry Edward Knightly, III, y
yo nos mirábamos. Me sentí extraña, el mismo alboroto en mi pecho que
experimenté la primera noche que lo conocí, junto con lo que parecía un
globo aerostático inflado dentro de mi pecho, empujando contra mi
corazón.
—Atticus Finch —le dije—, es sin duda el padre más memorable de la
literatura occidental.
Henry inclinó la barbilla, con apreciación en sus ojos. Juro que podía
probar los arándanos en la parte posterior de mi lengua.
—Pero te das cuenta —añadí rápidamente—, que era un padre tan
notable porque era viudo.
Henry parpadeó, su mirada moviéndose al espacio vacío al lado de
mí y luego cayendo al suelo. Por un momento frenético, me preguntaba si
se sentía enojado, o peor, herido. No tenía conocimiento de sus padres. Tal
vez su madre había muerto y en realidad era criado por un viudo. Y allí me
encontraba yo haciendo una grieta insensible. Quería grapar mi boca
cerrada.
—Touché. —Cuando miré a Henry, sonreía—. Por favor, recuérdame
llamar a casa más tarde y decirle a mis padres lo que dijiste. —Cerró los
ojos y se rio como repitiendo mis palabras en su cabeza—. Eso podría ser la
pieza más divertida de visión literaria que he oído nunca. Un viudo. —Se
sacudió con risa—. Clásico.
—¿Ya terminamos con esto? —gimió Lilah.
—Ni cerca de terminar —dijo Henry, inclinando la cabeza lo
suficiente para que pudiera verlo mirándola. Luego inclinó la barbilla hacia
mí y me guiñó un ojo.
Me habían guiñado un montón de veces antes, pero nunca tener la
atención se sintió como la intención real. Ese era el aleteo de vuelta en mi
pecho, mis manos hormigueaban y no podía apartar la mirada del hombre
en rombos.
—Ya casi hemos terminado, Li —aseguró Dart a su hermana—.
Todavía tenemos que obtener la respuesta de Henry primero. Tres placeres
culpables.
—Oh, sí, mmm —Henry se movió hacia adelante, tocando su
barbilla—. Vamos a ver. Harley-Davidsons, cómics y… —Levantó una 9
sonrisa fugaz a nadie en particular—. Y cierta mujer que no tiene miedo de
decir las cosas como son. Definitivamente, mi placer culpable número uno
0
en este momento. —Lentamente movió los ojos hacia mí y me guiñó el ojo
de nuevo. —Ah, y los arándanos.
La silla debajo de mí, el suelo, el mundo entero pareció
desvanecerse y yo revoloteaba, flotaba, suspendida en el aire, fijada en la
atmósfera por los ojos de Henry.
La sala quedó en silencio y me volví muy consciente de lo fuerte que
mi corazón latía. Podía oírlo detrás de mis orejas. ¿Podía todo el mundo ver
a través de mi camisa? Arrastré mi mirada hacia la ventana del frente,
estudiando las hojas en movimiento bajo la luz del pórtico, obligándome a
que mi cuello y mis mejillas no se volvieran rojas, obligándome a no saltar
de la silla y…
—Hubiera pensado que la tala de árboles era uno de tus placeres
culpables, Henry. —Lilah se había dirigido a él, pero me miraba a mí.
—¿Tala de árboles? —repetí.
—Pensé que podría molestarte, Spring —dijo Lilah, viéndose y
sonando tremendamente satisfecha de sí misma.
—No me digas que haces eso —le dije a Henry—. ¿Incluso después
de todo lo que sabemos?
Se cruzó de brazos. —No hay pruebas de que…
—Sí, las hay. Y lo sabes. Está en mi investigación. Hemos hablado de
ello. Mucho.
—Ese estudio de la Universidad de Oregón está lleno de agujeros y
ficciones. ¿Y no comparaste esa situación con Los Juegos del Hambre?
—¿En serio estás trayendo eso?
—Lo traigo porque tus hechos son equivocados.
Salté de mi asiento. —Deja de decir eso.
También Henry se puso de pie encontrándose conmigo en el centro
de la habitación como si fuéramos dos boxeadores. —Esto es lo que
llamamos un debate, Spring —dijo—. Intercambiamos ideas, mejorando la
base de conocimientos del otro. ¿O es que no te enseñan eso en la
manifestación a Wall Street?
—Oh, bueno —dije, haciéndolo bien en su cara—. Muy maduro.
Tomó una respiración profunda y luego soltó el aire, poniendo las
manos en sus caderas. —Hablamos sobre eso el otro día. La naturaleza
tiene su lugar digno, pero no hay ninguna evidencia de que el cultivo y los
9
bosques maderables cosechados sean menos saludables que los bosques
abandonados a sí mismos. Nuestro ex presidente trabajó con los
1
legisladores durante ocho años en resolver este mismo problema.
—Esto no es un debate —señalé—. Me estás dando conferencias.
Una vez más.
Continuó hablando, prácticamente encima de mí—: Más del
cincuenta por ciento de los incendios forestales queman los árboles de
edad madura.
—¡Exactamente! —exclamé—. Los árboles se queman por gente
como tú. —Empujé su pecho—. Que se mantienen jodiendo con el medio
ambiente. Y para que conste, ese ex presidente tuyo es un idiota… si me
permites la expresión.
Su rostro palideció. Después de un momento, abrió los labios,
moviendo la mandíbula hacia atrás y adelante. —Ahórrate tus opiniones
liberales —dijo, alcanzando una mano para dar masajes a su nuca—. Y la
palabra idiota no es una expresión. Entonces, ¿quién es el idiota aquí?
Sabía que mi cara estaba roja, si no es que púrpura. Knightly se volvió
y murmuró algo en voz baja que no pude oír.
—¿Qué dijiste? —le pregunté, mirando a su espalda.
—Te llamó testaruda —respondió Lilah con una sonrisa burlona.
—Lilah —dijo Dart en un tono de advertencia—. No te metas en esto.
Se encogió de hombros y se miró las uñas. —Eso es lo que dijo. Lo
escuché.
—En serio. —Miré a Knightly, cuando por fin se dio la vuelta—. ¿Así es
cómo me llamaste?
Me miró directo a los ojos. —El zapato encaja, ¿no es así?
—Bien, bien —interrumpió Dart, interponiéndose entre nosotros como
un árbitro—. Los dos son tipos duros y demasiado obstinados, y nos sentimos
impresionados.
Estaba dispuesta a ir arriba y terminar con la miseria por esta noche.
Julie y yo nos íbamos a casa mañana. Esto no ocurriría lo suficientemente
rápido.
—En alguna otra ocasión la llamaste algo más —dijo Lilah—. ¿Qué
era, Henry? Ah, sí, hippie sucia.
—¡Lilah! —espetó Dart—. Creo que será mejor que te calles.
Me quedé mirando a Knightly, esperando que dijera que nunca me
llamaría algo tan ofensivo… esperando que dijera algo en mi defensa.
Pero no habló. Después de un largo momento, ni siquiera me miraba.
9
Mientras la realidad se imponía, la sala a mi alrededor se volvió de 2
color blanco brillante, entonces se inclinó hacia un lado. Mis ojos se sentían
secos y miserables. Los cerré, presionando una mano a lo largo de las
cejas.
¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo me permití bajar la guardia? Claro,
necesitaba su ayuda con mi investigación, pero no debería haber
comenzado a pensar en él como un amigo, alguien que me entiende
como nadie.
—Spring, ¿estás bien? —preguntó Julia.
—Bien —murmuré—. Buenas noches.
—No te vayas. No de esta manera.
—Déjala irse si quiere —dijo Lilah. Sus ojos se estrecharon mientras
sostenían los míos—. Henry, tengo que hablar contigo de algo importante,
de todas formas —añadió, todavía mirándome fijamente mientras me
dirigía hacia las escaleras.
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Traducido por Adriana Tate
Corregido por Anakaren
Detrás de la puerta cerrada con seguro, giré la llave del grifo al
máximo y metí una mano debajo, enfocándome en la manera en que la
iluminación en riel sobre el espejo distorsionaba la forma de mis dedos
debajo del chorro de agua.
Distraída por el momento, mi respiración se hizo más estable. Agarré
una toalla y coloqué una esquina debajo del agua. Mi maquillaje para los
ojos manchó mis mejillas mientras la frotaba por mi cara. La dejé caer
sobre el lavabo y me miré en el espejo.
Habían pasado diez años desde que me veía así: mejillas sonrojadas,
el aleteo de mis fosas nasales, en general las arrugas de mi cara. Sí, estaba 9
a punto de llorar.
Pero no lo haría.
3
Meterme en una estúpida discusión con Knightly no justificaba las
lágrimas. Sabía desde el principio en que me metía y solo porque podía ser
encantador, cálido y humano no era excusa para habernos acercado, lo
suficientemente cerca como para permitirle que hiriera mis sentimientos
tan profundamente que sentía verdadero dolor en mi pecho. Si me salía el
tiro por la culata, no tenía a nadie a quien culpar sino a mí misma.
Después de cerrar la llave del agua, me subí al tocador y me senté
con los pies en el lavabo. El tiempo seguía pasando, pero no me sentía lista
para salir del baño. Era la única habitación que tenía seguro. Así que me
aprendí de memoria cada ingrediente de la lista del frasco de enjuague
bucal detrás del espejo. Realmente debería usar del tipo sin alcohol, me
encontré considerando. Siempre puedo recomendar mi marca…
Pero no, no podía. De hecho, excepto por algunos roces
accidentales con él en la cocina, podía probablemente andar por ahí sin
hablarle por el resto de mi condena bajo su techo y si no fuera por una o
dos sesiones más de investigación, puede que por el resto de mi vida.
Un nudo se retorció en mi estómago. Cuando mis ojos capturaron mi
reflejo en el espejo, me estremecí ante quien me devolvió la mirada. Si
hubiera visto a alguna otra chica luciendo tan destrozada como yo, habría
jurado que sufría una profunda depresión.
Me bajé del tocador y caí sobre la alfombra. Mis dientes fueron
cepillados y limpiados con hilo dental con más tiempo y cuidado de lo
necesario antes de que apagara la luz del baño y con sigilo abriera la
puerta.
Generalmente iluminado por una luz de techo, el pasillo se
encontraba tan oscuro como boca de lobo. Con mi primer paso hacia el
insoldable abismo, me estrellé con un gran objeto justo afuera de la puerta
y perdí mi equilibrio, cayéndome hacia delante. Alguien me atrapó justo
antes de que llegara plantar la cara en la alfombra y juntos rodamos por el
suelo.
—¿Estás bien? —susurró Knightly. Sus brazos estaban envueltos a mi
alrededor, sosteniéndome en un fuerte abrazo mientras yacíamos en el
medio del pasillo.
—¿Qué haces? —le siseé, sentándome y alejándome con rapidez,
desligando nuestras extremidades enredadas.
—Esperando por ti. He estado aquí afuera durante una hora. — 9
Hablaba en voz baja y me pregunté si todo el mundo dormía.
—Podrías haber tocado si necesitabas entrar —dije, copiando su
4
tono bajo.
—No necesito entrar. Necesito hablar contigo.
Mientras mis ojos se adaptaban a la oscuridad, me di cuenta que
estaba descalzo. Y tampoco usaba su suéter, solo la camisa de cuello azul
claro que llevaba debajo. Ahora la llevaba fuera, desabrochada la cuarta
parte hacia abajo y doblada hasta los codos.
Me mordí el labio, molesta conmigo misma por tomarme el tiempo
de notar que vestía y cuántos botones se encontraban desabrochados.
—Fue un error —dijo—. Lo que te dije antes.
—¿Qué parte? —Mi visión más acostumbrada a la oscuridad podía
notar que tenía las cejas unidas.
—Todo —dijo después de un momento—. Probablemente.
Asentí, sin saber cómo responder o si tenía que responder en
absoluto.
—Esta es mi casa —continuó— y eres mi invitada, y…
¿Y?
—Y no debí haber dicho lo que dije.
No estaba segura si trataba de disculparse o simplemente señalaba
que tal vez tuvo un ligero error de juicio por primero insultar mis creencias y
luego llamarme tonta, testadura y sucia hippie.
—¿Ninguna respuesta? —susurró.
No tenía nada que decir.
—¿Estás enojada? —preguntó.
Levanté el mentón, mirando directamente a su sombrío rostro. Al
parecer, mi expresión respondió su pregunta.
—Cierto. —Asintió unas cuantas veces—. Deberías sentirte enojada
conmigo. —Su boca se torció en una sonrisa incómoda—. Todos tenemos
nuestros asuntos candentes y da la casualidad que tú y yo tenemos uno
que compartimos… el enfrentamiento común.
Colocó una mano en mi brazo. Me estremecí y me golpeé el codo
contra la pared detrás de mí.
—¿Por qué esto es tan difícil? —gruñí, frotando el hueso de mi codo
adolorido—. ¿Por qué disfrutas atormentarme y hacer mi vida miserable?
¿Por qué?
Cuando se rio, aparté su mano de mi brazo.
9
—Oh. Pensé que estabas siendo… —Me examinó más de cerca, con 5
su cabeza inclinada hacia un lado—. No disfruto de atormentarte y sin
duda no intento hacerte miserable. Eso es lo último que quiero.
Un dolor sordo de odio hacia los dos hizo que mi cerebro doliera y se
extenuara.
—Pero, es claro —añadió—, que tú crees que lo hago, así que debo
ser culpable en ambos casos.
—¿Por qué siempre hablas como un abogado protector a fondo? —
gruñí en voz baja.
—¿La práctica hace la perfección? —intentó bromear, pero yo no
participaba.
—Fils de solape. Tu es tellement arrogant —murmuré llamándolo
pedazo de mierda arrogante, mientras tenía la mirada clavada en la
oscura pared por encima de su hombro. No me importaba que mi francés
fuera extra vulgar, sabía que él no entendía—. Quelle connerie.
—Je suis impressionné.
Me dijo que “estaba impresionado”, mis ojos se dispararon hacia él.
—¿Excuses-moi? —repliqué automáticamente, ¿él me entendía? —.¿Tu
m’as compris?
—Oui. —Su rostro se encontraba inexpresivo mientras levantaba los
hombros en un pequeño gesto de disculpa—. Je parlais très bien français
depuis de nombreuses années, parce que j’aime voyager et…comme tu
sais, le français est la langue d’amour.
Enmudecida, por saber que hablaba francés desde hacía mucho
tiempo, solo atiné a mirarlo boquiabierta.
—Tu es sans voix, le Printemps. ¿Quel est le problème? —Su acento
era perfecto, elegante, increíblemente sexy… algo que en verdad me
molestó.
—No tengo un problema —murmuré, a propósito respondiendo su
pregunta en español.
—No te avergüences. Tu francés es muy bueno, en especial las
malas palabras.
—Una vez te pregunté directamente si estudiabas francés y dijiste
que no. ¿Mentiste?
—Ahora no estoy estudiando francés. He tenido fluidez por años. 9
—Quisquilloso —refunfuñé—. Tengo la seguridad de que serás un
gran abogado. 6
—Escucha, hay algo que debes saber sobre mí. —Se quedó en
silencio, esperando hasta que lo estaba mirando—. Nunca miento. —Casi
sonó como una promesa.
Este hombre sentado frente a mí, no tenía idea de quién era en
realidad. ¿Era el amoral e hipócrita que Alex dio a entender? ¿O era el
hermano leal que escuché hablando por Skype con su hermana menor
por una hora el día de Acción de Gracias, y dos horas la mañana
siguiente? ¿Era el compañero tolerante que permitía ser burlado
abiertamente por su mejor amigo? ¿O era el habitual arrogante dolor en el
trasero que no tenía nada que decir sino cosas condescendientes?
O… tal vez era ese chico magnético y agradable que tomó tiempo
de su exigente horario de la escuela de derecho para ayudarme. El chico
que podía volver mi lógica en puré con solo un beso.
La verdad era, que no lo sabía. Me hizo sonreír esta noche… luego
me dio una patada en los dientes.
Estaba cansada de la montaña rusa, cansada de la guerra.
—¿Por qué simplemente no te puedes disculpar por hacerme ver
como una idiota? —dije por fin—. Y luego acabaremos con nosotros para
siempre.
—No eras la que se veía como una idiota. Fui yo. Y… —Su voz se
volvió más baja—. No quiero terminar contigo para siempre. —Colocó una
mano en mi brazo de nuevo. No me importaba esta vez—. Lo siento. Por
favor, ¿me perdonas? —Presionó mi brazo, recordándome lo cerca que se
encontraba. Pero eso era imposible de olvidar.
—Ya no quiero pelear más —susurré. Era lo único que se me ocurrió
decir. Y sabía que era lo único que en verdad quería decir.
—Yo tampoco —respondió con otro apretón.
—Entonces no lo hagamos, ¿de acuerdo? —dije—. Porque te
necesito.
Los ojos de Henry se agrandaron y la presión de su mano en mi brazo
se hizo más pesada. —Spring.
—Para la investigación —añadí con rapidez—. Necesito tu… ayuda.
—Oh —dijo—. Por supuesto. Lo que sea que necesites, por el tiempo
que necesites. Cuenta conmigo.
Bajó la mirada hacia su mano en mi brazo. Cuando pasó el pulgar 9
por la parte interior de mi codo, sentí como si mi piel se iluminara. Su
mirada regresó a mis ojos y tenía en el rostro una expresión que noté 7
algunas otras veces. No era su sonrisa encantadora o su molesta mirada de
profesor. Henry me miraba como un hombre miraba a una mujer.
Para variar, no me obligué a voltearme y retirarme. De hecho,
estaba atrapada en una fuerza gravitacional, curiosa por lo que el
siguiente momento podía traer…
—¿Heeeenryyyy?
El siguiente momento, por desgracia, trajo a Lilah, con su abrasiva
voz llamando desde las escaleras. —¿Estás despierto?
Retiró la mano de mi brazo y presionó un dedo en sus labios. —Shhhh.
Asentí con lentitud, completamente de acuerdo.
Pero Lilah parecía inflexible. —Escuché algo. ¿Eras tú?
Henry suspiró y estiró el cuello para mirar hacia las escaleras. Con su
voz ronca le respondió afirmativamente, pero que se encontraba de
camino a la cama. Incluso a las dos de la mañana, podía oler su loción
para después de afeitar, su jabón y su gel para el cabello. Su esencia era
como una nube alrededor de mi cabeza, atontándome. Estar así de cerca
de él, en la oscuridad, era como escuchar a Bruno Mars. Necesitaba salir
de allí.
Mi agitación captó su atención. —¿Te vas?
—Es muy tarde —dije, aunque no me moví.
—Supongo que lo es. Gracias por… —Pasó una mano a través de su
cabello rizado—. Bueno, gracias.
—De nada. —Todavía no me movía, no me sentía lista para irme.
Pero no podía simplemente sentarme allí, preguntándome si el momento
que compartimos se repetiría alguna vez. Así que al final, revisé a mi
alrededor en la alfombra, asegurándome que no se me cayó nada
durante nuestro revolcón. Encontré mi teléfono por nuestros pies.
—¿Algún hombre ahí? —preguntó Henry, mirando el dispositivo en mi
mano—. Cantantes, quiero decir.
—Ninguno.
—¿Nunca?
—No en la actualidad —enfaticé.
—¿Por qué?
—¿En verdad quieres hablar de eso ahora? 9
Se rio suavemente en voz baja. —Tal vez no. —Miró el teléfono de
nuevo—. ¿No Linkin Park? —Negué con la cabeza—. ¿Tim McGraw? —Hice
8
una mueca—. ¿Justin Bieber? —Bajé mi mentón, mirándolo a través de mis
pestañas—. ¿Qué hay de un Largo Beso de Buenas Noches?
Mi corazón dio un fuerte y doloroso golpe sordo, luego pareció
detenerse en seco. —¿Ahora? —jadeé, ahogándome en esa sola sílaba—.
Quizás no deberíamos, quiero decir… nosotros…
—Oh, eh no —dijo—. Ese es el nombre de una banda. Un Largo Beso
de Buenas Noches.
—Oh. Sí. Lo sé. —Por el amor de Dios. Mantén la compostura, mujer.
Henry se quedó tranquilo por un momento, luego agarró mi teléfono.
—Dámelo —dijo, poniéndose de pie—. Te lo devolveré en la mañana con
una nueva lista de reproducción. Permíteme educarte.
Sin otra palabra, caminó hacia mi habitación, regresó unos cuantos
segundos más tarde con mi laptop debajo de un brazo, pasó cerca de mí
y desapareció en su habitación.
14
Traducido por BeaG
Corregido por [Link]
—¿Señorita Honeycutt?
La parte de atrás de mi cabeza golpeó contra la pared cuando
salté. Abrí los ojos y pestañeé varias veces, trayendo mi mente al presente,
enfocándome en la cara de Masen saliendo de la puerta de su oficina.
—Entra —dijo.
Me quité los audífonos, los dulces sonidos de una canción de Maroon
5 nueva para mí aún sonando en mi cabeza. ¿Era de extrañarse que mi
mente estuviese embobada?
Después de una inhalación profunda y tragar, me puse de pie, 9
preparada para concentrarme en la más importante reunión de mi carrera
universitaria. 9
Esta era nuestro primer encuentro desde que rechazó mi esquema
reescrito en octubre. Desde esa vez, trabajé como una loca. Después de
un tiempo, pude ver a lo que él quería llegar cuando abordó el tema de
un nuevo ángulo. Ahora, mi teoría tenía una profundidad y riqueza que
había estado perdida antes. Potencial.
Odiaba admitirlo, pero la ayuda y la visión de Henry hicieron
prácticamente toda la diferencia. De hecho, no estaría donde me
encontraba ahora sin él. Después de Acción de Gracias, no era como si
concordáramos milagrosamente en todo, aún no estábamos de acuerdo
en puntos clave, pero era como si la desconfianza y la tensión se hubieran
ido. Sin embargo, una diferente clase de tensión tomó el lugar. Y nunca
podía mirarlo realmente sin probar el sabor del aran…
—Toma asiento.
Salté de nuevo, luego me senté en un viejo sillón de cuero frente al
desordenado escritorio de mi profesor. Tenía una copia de mi nuevo
esquema en una mano y masajeaba su barbilla con la otra. Parecía que
nos pasábamos por alto los pasos convencionales, porque Masen dejó
caer mi trabajo en su escritorio y puso un dedo justo en el medio de él.
Agarré los brazos de la silla, preparándome para las malas noticias.
—Mejor —dijo.
Respiré y aflojé los dedos de mis pies. —Gracias.
—Me impresionó que hayas tomado mi consejo. No tenía la
seguridad de qué harías con algo como esto.
—No —dije—. Usted tenía razón. Necesitaba una nueva perspectiva.
—Necesita un poco de trabajo pero, definitivamente pienso que vas
por el buen camino. —Me pasó el trabajo a través del escritorio—. Hice un
par de notas.
¿Un par? La cosa se ve como que un arcoíris vomitó en él.
—Pero realmente me gusta esta parte. —Dibujo un círculo alrededor
de la sección tres.
—¿En serio? —dije con una sonrisa, aún sintiéndome tan aliviada que
quería estirarme sobre el escritorio y besarlo. ¡Besar a cualquiera! ¿A quién
podía besar?
—Dime. —Se inclinó hacia atrás en la silla—. ¿Con quién has estado
trabajando en esto?
Mi garganta se secó, pensado con precisión a quién quería besar. 1
Traté intensamente de quedarme en el presente, concentrarme en
las palabras de Masen por la siguiente media hora, pero incluso cuando
00
terminamos y me encontraba de regreso en la biblioteca, mi mente seguía
sin remedio a la deriva, divagando, divagando…
—Hola.
Saqué la mirada de mi cuaderno para encontrar a Mel mirándome.
—¿Qué estás garabateando? —Le dio la vuelta a la mesa para mirar
mejor—. ¿Eso son rombos?
Miré la hoja. Era, efectivamente, muchos rombos. —No, es, ehh. —
Rápidamente dibujé sobre el boceto—. Pizza.
—¿Pizza? —Examinó el garabato de nuevo—. Guau. En verdad
apestas dibujando.
—¿Verdad que sí? —Me reí, cerrando mi cuaderno—. Supongo que
tengo hambre.
—Bueno, entonces, vayamos a comer.
—No puedo —dije, alcanzando mi laptop—. Debo entregar un
ensayo y estudiar para dos pruebas. Estaré aquí toda la noche.
Mel jaló el espaldar de mi silla. —Tienes que comer, nena. Vamos.
Subiremos a tu casa y cocinaré para ti. ¿Cómo suena eso?
No tuvo que amenazarme con hacerme daño corporal para
convencerme de salir por un tiempo, comer algo sólido antes de que
tuviera una sesión de estudio de toda la noche. No era la mejor cocinera
del mundo, pero la idea de que alguien cocinara para mí sonaba
increíblemente reconfortante.
Después de poca resistencia, le permití que me llevara a casa.
—Y también es una experiencia madura —dije—. Estoy aprendiendo
mucho de mí misma y del mundo que me rodea.
—¡Cuidado con ese carro! —gritó Mel.
Me quedé inmóvil, con un pie colgando del bolsillo al tiempo que
una camioneta hizo un giro cerrado en la esquina. Después de que pasara,
Mel me agarró del brazo y me tiró hacia atrás. —Presta atención por
donde caminas —dijo—. Estás en las nubes.
1
—No estoy en las nubes —me defendí—. Simplemente estaba… 01
—Simplemente hablabas de Henry Knightly.
¿Lo hacía? Pensaba que hablaba sobre las clases.
—¿Y? —dije a la defensiva, cerrando mi abrigo, de repente
arrepintiéndome de haber sido arrastrada fuera de la biblioteca.
—Y, que no te he visto en dos semanas. —Buscó en su mochila, su
mano saliendo de nuevo con un brillo labial rosado—. Quiero escuchar de
ti. —Se aplicó el tinte brillante en los labios.
—Te estoy diciendo acerca de mí.
—¿Oh? —Pestañeó y lanzó el brillo en su bolso—. Oh —repitió,
acompañándolo con un asentimiento—. De acuerdo. Continúa. Pero sin
lanzarte hacia el tráfico, por favor. Decías que es una experiencia madura
salir con Henry.
—Sí —sostuve, tratando de recordar hacia donde se dirigía mi más
reciente tren de pensamiento—. Así es como lo veo —añadí, metiendo un
pie en la cuneta. Mel entrecerró los ojos ante mi temeridad.
—Lo último que escuché, fue que te encontrabas a punto de
lanzarte del puente Golden Gate porque era la única persona dispuesta a
ayudarte con tu tesis. —Entrelazó su brazo con el mío y me jaló hacia el
medio de la acera mientras caminábamos a mi casa.
—Eso aún es cierto.
—Pero pasas todo tu tiempo con él.
—Eso se llama investigar.
La expresión de Mel se inclinó a la confusión en el creciente
crepúsculo. —Pensé que odiabas al chico.
—Nunca dije eso.
Lo pensó por un momento, mordiéndose el labio. —¿Todavía
pelean?
—Discutimos pero no peleamos. —Hice una pausa, considerando si
esto era del todo veraz—. Ya no. Hicimos una especie de trato al respecto.
Somos más productivos ahora.
Un BMW azul condujo hacia nosotros. Desaceleró, y Julia nos saludó
desde el lado del pasajero, Dart detrás del volante. Con dientes y cabellos
brillantes, eran un comercial de ropa de moda. Él tocó la bocina; Mel y yo
saludamos.
—No estar de acuerdo con Henry es natural. Somos muy diferentes —
continué, entonces me reí sobre lo subestimado que eso era—. Me
1
conoces, y sabes cómo es Henry. 02
—No realmente —dijo—. No lo conozco. No tan bien como tú lo
haces.
Puse los ojos en blanco, ignorando el tono de su voz.
Mel dejó de caminar y volvió a buscar en su bolso, maldiciendo con
impaciencia en voz baja. —Sé que tengo un chocolate aquí por alguna
parte.
—¿Chocolate antes de la cena? Eso es raro en ti.
—Mejor que un cigarrillo —gruñó—. Dejé de fumar la semana
pasada. ¡Ajá! —Sacó una barra de chocolate y la sostuvo como si fuese
una antorcha olímpica.
—¿Dejaste de fumar? ¿Cuándo exactamente comenzaste?
Mel rasgó el envoltorio del chocolate con los dientes. —La semana
antes de eso.
Me reí. —Lo que sea para que dejes los temidos granos de cacao.
—Es un círculo vicioso —dijo, tomando un gran mordisco con los ojos
cerrados, el azúcar siendo absorbido por su torrente sanguíneo, las
endorfinas hirviendo. La barra de chocolate había desaparecido en
aproximadamente tres mordiscos. Arrugó el envoltorio vacío y a
continuación, cogió su móvil—. Tyler está llamando de nuevo.
—Ah. —Sonreí—. El elusivo novio de verano en Washington. ¿Cuándo
lo voy a conocer?
—Voy a pretender que no escuché eso. —Me lanzó una mirada
fulminante—. He estado invitándote a casa de mis abuelos por diez años.
Solo di las palabras e iremos. —Sonrió a su celular y escribió algo—. Haría
cualquier cosa por siete minutos en el cielo1 con Tyler ahora mismo.
—Elegante, Mel.
—Hablando de… —dijo, mientras nos acercábamos a mi casa—.
¿Cómo encaja Alex en el humeante guiso de carne de testosterona que
tienes a fuego lento en tu cacerola? —Me miró de arriba abajo.
—No he visto a Alex en un par de semanas —dije—. No desde…
—Acción de Gracias. Lo sé. —Las palabras de Mel tenían un dejo
de “te lo dije”.
Cuando resoplé, pude ver mi aliento. —Para responder a tu
pregunta, Melanie, Henry y yo no discutimos sobre Alex Parks, ¿de
acuerdo? —De hecho, sentí mi barbilla sobresalir, consternada por tener
que explicarme.
1
Cruzamos la calle, pasando en frente de una fraternidad. Un grupo 03
de chicos se encontraban afuera jugando con un disco volador solo
usando sus pantalones cortos. Estaba oscuro y frío. Mel se detuvo a mirarlos
boquiabierta.
—Realmente no me importa qué pasó entre Henry y Alex —añadí—,
y estoy segura de que a Henry tampoco. —Me interrumpí, preocupada de
que podría haber dicho demasiado. Por lo que sabía, Mel no tenía
conocimiento de su turbulenta historia, y no era mía para compartirla.
—Muy diplomático —dijo—. Deberías lanzarte a política.
Nos detuvimos en frente de mi casa. Ninguna luz se encontraba
prendida. Al otro lado de la calle, el Viper negro se hallaba en la acera,
estacionado en ángulo como siempre.
—Entonces, si no se permiten discutir —dijo—, eso significa que no
hay discusiones políticas entre ustedes, no hablan de dinero, sobre el
derecho de la mujer, no de Alex. ¿Qué hacen en esa pequeña habitación
de estudio? Ni siquiera hay suficiente espacio para… Ohhh. —Sonrió y
1Juego en el que entras a un armario con alguien del sexo opuesto para hacer lo que
quieran.
entrelazó su brazo con el mío—. ¿Se cepilla los dientes primero? ¿Usa
enjuague bucal? Luce como si tuviera una boca muy limpia. —Gimió y se
quedó mirando al espacio—. Mmmm, apuesto que es como besar un túnel
de menta fresca. ¿Cierto?
—¿Qué? —exclamé—. ¡Nunca he besado a Henry Knightly!
La puerta principal del frente se cerró de golpe. Mel y yo saltamos.
Me di la vuelta para ver a Henry de pie debajo de la luz del pórtico,
usando una chaqueta de cuero negra. Sin duda, había alguna forma
romboide puesta sobre su cuerpo.
—Es un poco temprano para que llegues en casa, ¿no, Spring? —
gritó, señalando su reloj. Sentí el agarre de Mel apretarse en mi brazo—. No
me digas que todas las bibliotecas del campus se quemaron hasta los
cimientos.
Sin molestarme en mirarla, sabía que los ojos curiosos de Mel se
pegaban a mí, estudiando cada movimiento. Prácticamente la podía
escuchar jadeando mientras esperaba por mi respuesta. Henry se
encontraba a mitad de camino de su patio ahora.
—Tengo un grupo de estudio en una hora —grité de vuelta.
—¿Parando a comer un poco de tofu primero? —preguntó y luego
cambió la dirección y comenzó a ir hacia su carro. 1
—Gracioso —murmuré. Lo escuché reírse. 04
La alarma del Viper sonó dos veces y las luces pestañearon. Henry
pasó una mano por su cabello. Estaba súper rizado esta noche, como si
hubiese dejado que se secara en el aire después de la ducha.
—Santa madre de lo sexy —susurró Mel—. En serio, Springer, es más
caliente que el condenado Sahara. Mira ese cuerpo y ese rostro… esos
labios. ¿Cómo no puedes saltar a…?
—Cállate —siseé.
—¿Aún nos veremos mañana en la noche? —llamó Henry, abriendo
la puerta del Viper.
Di un rápido vistazo a Mel. Me miraba boquiabierta ahora,
esperando por mi respuesta. —Eh, sí —dije, mientras se subía en su auto.
—Adiós, Henry —cantó Mel, su voz aguda e infantil.
Miró sin ninguna expresión a Mel. —De acuerdo, cuídense.
Después de que cerró la puerta, Mel se separó de mí y se dobló de la
risa.
El motor del Viper rugió a la vida, y Henry aceleró un par de veces, el
tubo de escape emitió gases grises. Flotando, mezclándose con la niebla
de la noche. Salió de la calzada y en seguida, se enderezó. No podía ver a
través de los oscuros vidrios polarizados, y después de que pasó, dejé
escapar una exhalación. Mel todavía sacudía los dedos tras él.
—Deja de hacer eso —espeté, golpeando su mano—. Va a pensar
que…
—¿Qué? —preguntó impaciente.
—Nada. —Me reí, golpeando su hombro—. Eres una muy buena
amiga. —Me aliviaba que Mel no volvió a hablar de la cosa del beso. No
sabía cómo explicar la mañana de Acción de Gracias. Yo cubierta el
polvo de cacao y Henry con salsa de arándanos corriendo por su rostro…
nuestras bocas…
—¿Así que saldrás con él mañana en la noche?
—No es una cita.
—¿No vas a ir a la manifestación en el campus? La clave es la mujer
que se encadenó a si misma al árbol de secoya. Me pareció que era
apropiado para ti.
—Voy a ir. 1
Mel se paró en seco. —¿Henry Knightly te acompañará?
Froté mi nariz. —Dijo que le interesaba.
05
Mel echó la cabeza hacia atrás, rompiendo en carcajadas. —Oh,
nena. Esa es la cosa más graciosa que he escuchado en todo el día. —El
aire frío salía de su boca abierta como el humo de una chimenea—. Si
ustedes dos no hablan acerca de su dinero o su dulce trasero, y te rehúsas,
por alguna loca razón, a desgarrar esos trajes de diseñador y hacer de las
tuyas... ¿Qué hacen?
—¿Su dulce trasero? —repetí.
—Sí, y no cambies el tema. Esto es fascinante. ¿Entonces? ¿Qué
hacen?
—Bueno, cuando no estamos estudiando, a veces hablamos sobre
música. Se horrorizó cuando le dije que escuchaba solamente a artistas
femeninos. —Esto parecía un buen tema, porque Mel se animó.
—¿Todavía estás en esa onda? —preguntó.
—Lo estaba hasta que confiscó mi teléfono en Acción de Gracias y
añadió una nueva lista de reproducción. Solo de hombres. —Hice una
mueca.
—¿Algo bueno?
Mi mano izquierda se hallaba en el bolsillo de mi chaqueta, mi pulgar
recorriendo ausentemente la pantalla del celular. Sentí una sacudida,
como si mis dedos supieran lo que estaba allí.
—Mm, sí, hay una par de canciones tolerables —admití—. Iba a
borrar toda la lista pero pensé que sería rudo, ya que se tomó el tiempo
para cargarla.
—Aww, que cortés de tu parte. En especial cuando ninguna de sus
canciones te interesa.
—Sí —murmuré, deseando no haber sacado el tema.
—No lo sé, Spring. He visto chicos entrar y salir de tu vida. La mayoría
de ellos no les das ni la hora, y a los otros, como Alex, los tratas como tu
rascador personal.
—Asco.
—Nunca he visto que seas muestres tu real yo con un chico. No
últimamente. —Se detuvo—. Nunca, en realidad. Tú y Henry tienen una
relación interesante.
—No tenemos una relación —repliqué. Mel comenzaba a
fastidiarme. Caminé hacia el buzón de correos y lo abrí. 1
—Pondré un poco de agua para los fideos —dijo, subiendo las
escaleras del pórtico.
06
Asentí mientras veía las cartas. Un par de segundos después, casi sin
pensarlo, mi atención se fue hacia el otro lado de la calle. En el segundo
piso, la ventana de la segunda habitación brillaba en amarillo. Henry dejó
la luz prendida de nuevo. Juro que lo hace a propósito, solo para hacerme
ir hacia allá y darle otra lección sobre desperdiciar la energía. Suspiré y
entré a mi casa.
Cuando me quité el abrigo e ingresé a la cocina, Mel se encontraba
sentada en un taburete con un codo en la barra del desayuno, su mano
ahuecando un lado de su cabeza. No aprecié su mirada inquisitiva.
—Me estoy muriendo del hambre —dije—. ¿Dónde está la comida
que me prometiste?
—El agua de la pasta está en la estufa. —Giró en su taburete—. Pero
lo primero, nena. —Abrió la palma de su mano—. ¿Dónde tienes tu
teléfono?
15
Traducido por Snowsmily
Corregido por Cami G.
Divagar no sería de ninguna utilidad, no con la forma en que Mel me
observaba, un brillo impaciente en sus ojos. De mala gana, alcancé mi
abrigo, deseando no haber compartido tanto con ella en nuestro viaje a
casa. Busqué de bolsillo en bolsillo, a pesar de que sabía exactamente
dónde se encontraba mi teléfono.
—Te lo dije —dije sobre mi hombro, evasivamente—. Creo que ya
podría haber borrado su lista de reproducción.
Por la sonrisa impaciente que llevaba Mel, sabía que no iba a
creérselo.
Cuando saqué mi teléfono, saltó de su banquillo y estuvo a mi lado
1
en un parpadeo, su palma a la par detrás de mí.
07
—Bien —dije—. Puedes verla.
Sonrió con entusiasmo, agarró mi teléfono, y recorrió un dedo a
través de la superficie. Un segundo más tarde, las luces parpadearon.
—Ajá —dijo, su dedo trabajando en el menú—. Su lista de
reproducción parecer ser el último conjunto de canciones que estabas
escuchando. Loco, ¿no? —Movió los ojos con una pizca de humor—. A
menos de que tengas otra lista de reproducción titulada La educación de
Spring de la Voz Masculina.
—Oh, bien. —Froté mi oído—. La escuchaba hace un rato… mientras
yo… esperaba para ver al profesor y… y entretenía mis pensamientos, lo
que ya sabes, necesito algunas veces.
Mel corrió un dedo sobre la lista de diez canciones, justo cuando un
chillido a través de la cocina llamó mi atención. La dejé y fui hacia la
estufa para apagar la hornilla. Agua burbujeaba y salpicaba desde la olla
de fideos hirviendo. Revolví el contenido luego revisé debajo de la tapa de
la pequeña olla de salsa roja. Mel continuaba examinando la lista de
reproducción, mientras mordisqueaba con impaciencia un lado de mi
mejilla.
—Interesante selección de artistas —ofreció por fin—. Pero no
reconozco ninguno de estos títulos.
Enterré un tenedor en medio de la pasta, girándolo hasta que una
porción resistente se separó. —Creo que las inventó —dije, bañando los
fideos con la salsa, sin embargo de repente no tenía apetito—. Quiero
decir, la pista uno es el chico de Fleetwood Mac pero obviamente no se
llama Encuéntrame en la pradera. Y la pista dos…
Cerré la boca cuando Mel sonrió como el gato Cheshire. Un
segundo después, giró para salir de la cocina, colocándose un auricular.
Me senté sola en la barra por tanto tiempo como pude soportarlo, mi
cena sin tocar en la mesada.
—Oh, mi santa madre de mierda.
Al menos Mel hablaba ahora, a pesar de ser solo de manera
retórica. Eran los diez minutos de silencio previo que en verdad me
enloquecían.
1
—¿Estás bromeando? 08
Sus estallidos desde la sala de estar eran igualmente irritantes. Por fin,
luego de su tercera erupción, tomé mi tazón de espagueti vegetariano y
caminé hacia la sala. Todas las luces se encontraban apagadas. Mel,
acurrucada en un extremo del sofá, con las rodillas recogidas, no me notó,
demasiado concentrada en la que fuera la canción que sonaba, un
expresión confundida arrugando su rostro. Podía decir por la manera en
que movía sus dedos a través de la pantalla del teléfono que había
seleccionado esa pista en particular. Una sonrisa tiró de la esquina de su
boca.
Me dejé caer en el brazo de la silla frente a ella, tomando un
bocado de fideos, masticando despacio, observándola avanzar hacia la
próxima canción. Sonó por aproximadamente cinco segundos antes de
que su mandíbula cayera. Sacándose un auricular, llamó en dirección a la
cocina—: ¡Springer! ¡Trae tu trasero aquí de inmediato!
—Estoy sentada justo aquí.
Mel chilló y saltó.
Me miró mientras con calma tomaba otro bocado de fideos,
masticaba, tragaba, luego limpiaba las esquinas de mi boca suavemente
con una servilleta.
—Así que… te das cuenta de qué es esto —dijo por fin.
Pensé por un momento, luego me encogí, sorbiendo un fideo
solitario.
—¿Le has preguntando a Henry acerca de estas canciones?
—Le agradecí cuando me devolvió mi teléfono a la mañana
siguiente, pero no ha traído el tema a colación desde entonces.
—Spring —Rodó los ojos—, para alguien con todos tus cerebros,
puedes ser excepcionalmente tonta.
Me había confundido.
—Cariño —Extendió el teléfono—, estas son canciones para
enrollarse.
Ahora era mi turno para utilizar la expresión aturdida. —No, no lo son.
—Cariño. —Su voz era incrédula mientras señalaba el delgado
rectángulo plateado en su mano, como si su simple existencia fuera
evidencia.
—Henry Knightly no hizo una lista de reproducción de canciones
para liarse —sostuve. 1
—Sí, lo hizo.
09
Le arranqué el teléfono de las manos. —No. —Bajé la mirada hacia
él—. No incluye a Marvin Gaye o Prince o… o Barry White.
—¿Esa es tu idea de música para besarse? —preguntó—. No muy
original. No como la lista de Henry. Shhh, nueva canción. —Presionó una
mano sobre el auricular restante—. Deeemonios.
Lo interpretaba todo mal. Lo sabía, porque conocía a Henry. Al
menos pensaba…
—Es un genio —espetó Mel—. Estás son mucho más sutiles que Marvin
Gaye. Confía en mí. —Saltó la siguiente canción—. Ohh, doble demonios.
Ven aquí. —Tomó mi brazo y me tiró abajo a su lado—. Ponte esto. —
Colocó un auricular en mi cabeza y luego comenzó la canción—. Escucha
esto mientras imaginas a Henry, te reto a mirarme a los ojos y decirme que
no sientes ganas de montarte a horcadas encima de él.
Lo hice mientras ella preguntaba, solo para aliviar mi propia mente.
Cuando sentí el primer estallido incómodo de mi corazón, la miré. Sus ojos
permanecían cerrados, cabeza hacia atrás, abanicando su rostro. —
Frescura mentolada —murmuró.
Más como dulzura de arándonos, casi corregí.
—Voy a borrar éstas —solté abruptamente, retirándome el auricular.
Fui a agarrar mi teléfono, pero Mel lo sostuvo por encima de su cabeza,
fuera de mí alcance—. Melanie Gibson —dije, a través de mis dientes
apretados—. Dámelo.
Se puso de pie y negó con la cabeza, sus rizos marrones
balanceándose mientras daba un paso hacia atrás. —Estoy
probablemente equivocada —insistió—. Estoy segura de que tu agradable
y respetable vecino republicano no quiso decir nada con ello. —Sonrió
como una idiota.
Escogiendo no continuar el debate, llevé mi cena a medio comer
hacia la cocina y lo tiré en el fregadero.
Más tarde, después de que Mel se fuera a casa, tomé asiento en la
oscura sala de estar, me ajusté los dos auriculares y reproduje la pista uno,
con la teoría de Mel en mente. Antes del final del primer coro, mi garganta
se tornó seca y bajé la mirada a mi teléfono, alucinada de cuán
completamente tonta fui todo este tiempo. Salté a la pista dos, luego a la
tres. Para el momento en que había escuchado toda la lista de
reproducción, mis palmas sudaban y un gracioso e impaciente sentimiento
giraba dentro de mi estómago y mi pecho. Podría haber sido deseo,
podría haber sido pánico.
De cualquier manera, no me sentía en dominio de mis emociones. Y
1
necesitaba retomar el control, ese era todo el punto de hacer todos los
grandes cambios el año pasado. Estaba tomando el control, dirigiendo mi
10
vida. Y si la elección de Henry de una simple canción de Rob Thomas de
hace diez años atrás me hacía sentir tan severamente fuera de control que
realmente quería sentarme a horcadas sobre él en lugar de estudiar,
entonces necesitaban irse.
Justo antes de irme al campus, conecté el teléfono en mi
computador y borré todas las diez canciones.
16
Traducido por Alexa Colton
Corregido por LIZZY’
La maldición ahogada desde fuera de mi ventana me hizo reír.
—¿Estás bien ahí abajo? —le dije.
—Bien. —El martilleo comenzó de nuevo.
Me reí y empaqué un par de vaqueros y dos suéteres en mi bolsa de
lona. No Doubt se reproducía de fondo desde mi ordenador portátil en el
piso.
Con solo la luna y una pequeña linterna para guiarlo, Henry estaba
fuera, después de haberse ofrecido a arreglar el peldaño más suelto en la
escalera de cuerda que colgaba de mi ventana. Luego fue a MacGyver 1
por algunos ganchos para mantenerlo seguro contra la casa. De vez en
cuando, el martilleo se detenía abruptamente, y escuchaba murmullos de 11
maldiciones.
Después de unos veinte minutos, los dedos de Henry se cerraron
alrededor del borde del umbral, y se encontraba a mitad de camino hacia
mi ventana, castañeando los dientes, al igual que el príncipe de Rapunzel.
Una vez dentro, deslizó el vidrio para cerrarlo.
—¿Estás seguro de que lo has arreglado? —pregunté con
escepticismo, llevando la bolsa hacia la puerta abierta de mi habitación—.
Si me tendiste una trampa y cede ante mi peso, te demandaré.
—Nunca ganarías —dijo con total naturalidad—. Te enterraría con
tecnicismos. —Dejó el martillo en la repisa de la ventana, miré alrededor de
mi habitación, y se frotó la nuca. Parecía distraído, lo que era extraño para
Knightly, aunque este vistazo a su incomodidad no era del todo
desagradable.
—La carga de los hechos recae sobre el estado —me defendí,
preguntándome si un poco más de charla sobre leyes lo haría sentir más
cómodo.
—Precisamente es mi punto, soy un buen amigo de la oficina del
fiscal.
—No eres un águila legal —le dije, cruzando la habitación,
empujando los cajones cuando pasé.
—¿Todo empacado? —preguntó por fin, alejándose de la esquina
junto a la ventana. Estuvo en mi habitación una vez, así que pensé que su
preocupación no tenía nada que ver con el entorno.
—Todo empacado, ¿y tú? —Henry asintió—. ¿Quieres un refresco o
algo así? Hay un montón abajo.
Negó con la cabeza. —¿Y tú? —preguntó de repente, como si
hubiera recordado de pronto sus modales—. ¿O te gustaría salir? ¿Obtener
algo de comer?
—Es casi medianoche, Knightly. —Señalé los números rojos de neón
en el despertador—. Los dos tenemos que salir al amanecer.
—Es cierto —dijo, sonriendo por fin, a pesar de que aún parecía
preocupado—. Me iré. —Un poco vacilante, se dirigió hacia la ventana.
—Puedes usar la puerta principal, todo el mundo está despierto en la
planta baja. Creo que se irán más tarde. O puedes quedarte aquí por un
tiempo. Pasar un rato, si quieres. A menos que estés cansado. —Abaniqué
mi cara—. Estoy muy despierta. Aún siento la adrenalina de mi último final.
—Lo mismo aquí —dijo. Nos giramos al mismo tiempo hacia mi
ventana, escuchando los sonidos de fiestas de la noche antes de
1
vacaciones, calle abajo. 12
Henry volvió a sonreír, más genuinamente esta vez. —Definitivamente
me quedo. —Se quitó la chaqueta. Debajo tenía un suéter negro con gris,
azul y verde, con rombos como diamantes, en la parte frontal.
El diseño de rombos es algo así como un arte perdido, pensé cuando
lo vi colgar la chaqueta en el respaldo de mi silla de escritorio. Pero maldita
sea si Knightly no sabía llevarlos.
—¿Te importa si cambio la música? —preguntó, señalando mi
portátil, aunque no esperó una respuesta. Bajo al suelo y pasó un dedo por
la superficie táctil—. ¿Dónde se encuentra mi lista de reproducción?
—Dañada —le dije—. Las pistas de repente no se reproducían, así
que tuve que borrarlas. —En verdad odiaba mentir, pero sinceramente
después de lo que Mel insinuó, las canciones de Henry me hicieron perder
la cabeza.
—Eso es extraño.
Mordí la uña de mi pulgar. —Ajá.
—Bien entonces, creo que estas tendrán ser. —Se sentó sobre sus
talones y continuó desplazándose por mi biblioteca de canciones—. Janis
Joplin —dijo, haciendo una mueca—. ¿En serio?
—A veces cuando me siento furiosa, me hace feliz. —Me senté en el
suelo junto a él—. Ahora, si me lo permites. —Me acerqué y tomé el control
de mi portátil—. Te educaré.
Dos horas más tarde, me había sacado mi suéter. Igual que Henry. Y
también sus zapatos. La pantalla brillante de mi ordenador portátil y la
lámpara de la calle frente a mi ventana, eran las únicas fuentes de luz en
la habitación.
—A mí me gusta mucho el café de su casa, chicas —dijo—. Tu Sara e
Ingrid.
—¿Mejor que el de Fiona Apple?
Hombro con hombro, descansábamos en mi alfombra de imitación
de piel de oveja, delante de mi ordenador portátil. Mientras me acercaba
para ajustar el volumen, Henry agarró mi muñeca. Sus manos eran más
callosas de lo que hubiese pensado, pero aun así su agarre era suave. Una
combinación sorprendentemente agradable. No me importó nada
cuando comenzó a tocarme. Realmente nada. Fuimos amigos,
compañeros de estudio... que por casualidad compartieron un beso hace 1
aproximadamente un millón de años. Desde que Masen aprobó el
segundo proyecto, mis sesiones de investigación con Henry casi estaban 13
acabadas. No sabía con seguridad cómo eso me hacía sentir.
—Mucho mejor que el de Fiona Apple. —Hizo una mueca, no le
preocupaban mucho por Fiona, Hole o Alanis. Era demasiada flagrante
angustia feminista para él—. Tu gente lo hace mejor.
—¿Mi gente? —dije, deslizando la mano fuera de su agarre
alrededor de mi muñeca—. Eso es una cosa increíblemente chovinista
para decir.
Gimió. —Sabes que eso no es lo que quise decir.
Cerré los ojos, reprimiendo una sonrisa burlona.
—¿Otra de mis idiosincrasias que requieren mejoras? —preguntó.
Asentí—. Debidamente anotado. —Guiñó un ojo y rodó sobre su
estómago, llegando a cambiar a otra canción.
Desde ese incidente en su pasillo oscuro, Henry y yo no compartimos
otro un momento romántico. Ni siquiera de cerca. Lo consideré una
bendición, después de todo, no podía esperar tomar notas de estudio
mientras hablaba, si me encontraba constantemente preguntándome si
sabía a arándanos. Las cosas fueron mejor de esta manera. Como le dije a
Mel: una experiencia para madurar.
La mayor parte del tiempo, Henry era bastante entretenido para
pasar el rato. La forma constante de rezumar confianza en sí mismo fue
molesta al principio pero cuanto más tiempo pasábamos juntos, más
natural era esa característica. Llevaba sus convicciones bien. Relajado y
seguro no era una combinación del todo desagradable.
Leía la lista de pistas de un álbum, haciendo comentarios críticos y
bastante hilarantes en voz baja, mientras en silencio lo observaba
extendido de espaldas por mi alfombra blanca. No podía evitarlo. Él
estaba aquí, haciendo que lo mire fijo.
Esta noche llevaba vaqueros. Una rareza para él. Y un placer para
mí. Más temprano en la noche, se quitó su suéter, y lo que le quedaba era
una de sus millonarias camisetas blancas sencillas. Con cuello en V.
Ajustada. Muy bien ajustada. Tenía el cabello revuelto como nunca lo vi.
Tenía un mechón en la parte trasera, que siempre alisaba con gel. Esta
noche, rizos oscuros se asomaban en algunos lugares mientras en otros
caían con descuido.
Se volvió un poco, y el perfil de su mandíbula y su mejilla, se
reflejaban en la luz.
1
Excitante.
Semanas transcurrieron desde que permití que mis pensamientos lo
14
recordaran como el impresionante y hermoso chico fuera de la ventana
de Julia. Para mí, se convirtió en un sistema sin rostro y sin cuerpo. Esta
noche, sin embargo, cualquier tonto podía ver que Henry Knightly fue
esculpido en las mismas piedras del Monte Olimpo. Adórnalo con una cota
de malla y un pelaje, y él era Adonis, Héctor u Ulises... con un toque de la
Quinta Avenida.
—¿Knightly? —le susurré a su espalda, aunque no tenía ni idea de lo
que quería decir.
—¿Honeycutt? —respondió.
No, ni idea.
—¿Sí? —respondió por segunda vez.
Sin dejar de mirar su perfil, suspiré de nuevo y al final respondí con—:
Estás despistado.
Estiró el cuello para mirarme maliciosamente por encima del
hombro. —Y sin embargo estás aquí conmigo, en medio de la noche.
¿Qué dice eso de ti?
—¿Ese despiste no es necesariamente indicativo de inteligencia? —
recité, teniendo un momento difícil pensar con claridad o ver otra cosa
que sus centelleantes ojos marrones. Su pelo alborotado. Su boca.
Henry se rio entre dientes. —Compartimos pésimos hábitos, ¿no te
parece? —dijo mientras rodaba sobre las rodillas.
—¿Qué hábitos?
—Presumir demasiado —comenzó a decir—, juzgar injustamente.
Dudar de nuestros propios ojos. —Se frotó la mandíbula—. Ese es el peor de
todos, ¿no es así? —Presionó reproducir, y música llenó el espacio entre
nosotros. Acababa de descargar una nueva canción. Bruno Mars.
—Yo... —Mi boca de repente se secó—. Acabo de recordar algo.
Henry parpadeó hacia mí cuando me puse de pie. —¿Qué?
—Eh... El clima de Coos Bay es muy húmedo este invierno —dije,
retrocediendo hacia la puerta—. Voy a ir a la planta baja y buscar mi
impermeable, así que no te olvides de llevar uno a casa.
—De acuerdo —dijo, tal vez preguntándose por qué de repente
tenía que salir de la habitación.
En el momento en que bajaba por mis chirriantes escaleras, presioné
ambas manos en mi corazón y exhalé. Después de unas cuantas 1
respiraciones, me sentí mejor, más tranquila. Mi cabeza también se sentía
más clara. Tal vez respiré de su colonia o algo así. Esa debe ser mi siguiente 15
regla: no permanecer alrededor de los chicos que huelen a gloria. O que
reproduzcan para mí a Bruno Mars. En verdad, necesitaba hacer una lista.
Tomé el abrigo y regresé en mi habitación unos minutos más tarde,
pero Henry no se hallaba en la alfombra donde lo dejé. Se encontraba en
el rincón junto a la ventana, con el teléfono en la oreja.
—Sí. —Hizo una pausa para reír y luego me notó—. De acuerdo, está
bien, pero mira tengo que irme. Nos vemos después.
Miré el reloj despertador. —¿Quién era? —No pude dejar de
preguntar.
—Mi padre.
—Son las tres de la mañana.
—No donde él se encuentra.
Doblé el abrigo y lo coloqué en mi bolsa. —¿No vas a pasar las
vacaciones con tu familia?
—Lo haré —dijo—. Pero acabo de recordar algo que quería hacer
por él.
Me senté en la alfombra. —Pero no pasaste Acción de Gracias con
ellos. —Recordé de repente. Yo no fui a casa porque mi hogar era
deprimente, pero Henry ¿por qué no fue?
—No valía la pena viajar al extranjero —explicó, tomando el mismo
lugar a mi lado en el suelo—. Durante los descansos cortos, a veces me voy
con mi familia a Los Ángeles y Washington, con primos, tíos, abuelos. —Se
encogió de hombros—. O a veces me voy con Dart a Nueva York. Así que,
¿qué sucede en la planta baja? —preguntó, cambiando a una nueva
canción.
¿Por qué tenía la sensación que intentaba cambiar de tema?
—Completamente tranquilo —informé, recostándome contra el
marco de la cama—. Anabel salió esta noche y supongo que Julia está
con Dart en su casa o se encuentran en su cuarto.
—¿En serio?
—Suenas sorprendido.
—No, yo... —Se rascó la barbilla—. Terminó temprano hoy y escuché
parte de su conversación. No creo que estén pasando el rato esta noche.
Casi me reí. Julia esperó esta noche durante toda la semana. Incluso
tuvo otra "conversación" con Anabel, aunque quién sabe lo que salió de
eso. No pude evitar sentirme emocionado por Julia.
1
—¿Por qué sonríes? —preguntó Henry. 16
—Oh. —Me aclaré la garganta—. Nada, nada. ¿Qué canción es
esa? Ponla de nuevo.
Los sonidos de la calle habían cesado hace horas. Henry se puso
boca abajo en mi cama con la cabeza colgando sobre el borde, mientras
seguía recostada cómodamente en el suelo. Podía oír su respiración arriba,
pausada y pensé que dormía.
Y por eso su pregunta me sobresaltó. —¿Qué es lo que quieres de la
vida? —preguntó.
—Paso —Entreabrí un ojo para encontrarlo frunciéndome el ceño—.
Temas como ese están prohibidos entre nosotros, ¿recuerdas? No más
discusiones.
Inclinó los codos y los colocó sobre mi cama, con su barbilla en la
parte superior de sus manos. —Sin embargo, me gustaría saber, en serio.
Dime. —Se rio y se frotó los ojos, y agregó—: ¿Por favor?
Por su tono, supe que no era el gracioso de antes, quería la
información. Podía darle eso. —Bueno, si quieres saberlo, quiero cambiar el
mundo.
A pesar de que estaba oscuro, pude ver que sonreía. —Esa es una
meta bastante grande. ¿Tienes un plan? Además de la difusión de los
beneficios de la sustentabilidad, quiero decir.
No pude dejar de reír. —Eso es definitivamente el paso uno. Y puesto
que el paso uno podría tomar los próximos veinte años, podría seguir con
ello durante un tiempo.
Henry se rio en voz baja y se pasó una mano por la cara. —Me gusta
mucho tu respuesta —dijo, con los ojos siguiéndome mientras me
sentaba—. Y uso la palabra gustar, porque no puedo pensar en otro verbo
para hacer justicia al sentimiento.
Sonreí en la oscuridad, divertida por la forma en que llegué a
acostumbrarme a su formalidad verbal.
—Estoy a favor de que cambies el mundo —añadió.
No pude evitar sentir un poco de calor, y agradecía la penumbra de
1
la habitación, en caso de que me hubiese ruborizado. —Hablando de 17
cambios, se está haciendo tarde. —Le pasé la bufanda arrugada que usé
como almohada—. O temprano, quiero decir. —Flexioné los pies desnudos
frente a mí—. Los dos nos estamos yendo, como en dos horas.
—Cierto —dijo Henry, pasando el dedo índice y el pulgar sobre los
párpados—. Supongo que debería irme ahora. —No creía que en realidad
hubiese estado dormido, pero parecía distraído otra vez, como si tuviese
algo que quería decir, pero no lo había hecho. Se comportaba de la
misma manera que cuando atravesó mi ventana hace seis horas.
Se deslizó fuera de la cama y hacia el suelo a mi lado. Después de
un bostezar y estirarse, se inclinó hacia delante, pasando sobre mis piernas.
No sabía qué hacía, hasta que me di cuenta de que iba a sacar sus
zapatos.
Su hombro izquierdo presionó contra mi derecho. Incluso en la
penumbra, su brazo definido me alcanzó a llamar la atención. Tendones
apretados se destacaron en el interior de su codo y el antebrazo, como
cuerdas de músculos flexionados y contraídos cada vez que se movía. Su
camiseta se amoldaba alrededor de su fuerte bíceps. No veía a Henry en
manga corta a menudo debido al clima frío del área. Disfrutaba de la
vista.
Agarró sus zapatos y se enderezó, su hombro todavía tocaba el mío.
Doblé las rodillas y me moví unos centímetros hacia atrás, dándonos un
poco de espacio. Henry me miró mientras me alejaba.
—Antes de irme —dijo, buscando a tientas con los cordones de su
zapato—, me gustaría decirte algo, en realidad si no te importa, dos cosas.
Su voz sonaba profunda, vacilante, y su tono era más formal que de
costumbre. Lo excusé, echándole la culpa a la forma en que acabábamos
de quedamos despiertos toda la noche, incluso después de una semana
de finales estresantes.
Cuando posó sus ojos marrones sobre mí, había una ternura en ellos
que reconocí. Lo siguiente que supe, es que parecía como si nos
encontráramos de nuevo en su pasillo, con las piernas enredadas en el
piso, y la mano de Henry en mi brazo. Pero esta vez, mi música se
reproducía de fondo, sentados en una alfombra de piel de oveja,
totalmente solos, sin compañeros de habitación que nos molesten, y sin
Lilah para interrumpir.
—¿Qué...? —susurré—. ¿Qué es lo que quieres decirme?
Pensé que lo sabía. Esperaba saberlo. Estaba petrificada de saberlo.
Henry se deslizó hacia adelante, y me incliné automáticamente a su
encuentro. Parte de mi cerebro pensó que era extraño que no intentara 1
detenerlo, mientras que otra parte se sintió aliviada de haber creído.
18
Parpadeó sus largas pestañas y retrocedió un centímetro. —¿Qué
fue eso? —susurró.
—¿Qué fue qué?
Los ojos de Henry le echaron un vistazo a la ventana, ambos
escuchando el mismo susurro desde el otro lado. —Espera —advirtió
mientras me levantaba a investigar. Lo sentí sostener la parte trasera de mi
blusa por un segundo, tal vez previniéndome, pero no necesitaba una
advertencia.
Lo primero que noté fue que olvidé levantar la escalera después de
que Henry trabajara en ella ayer por la noche. Tampoco bloqueé la
ventana por dentro. Me paré frente al cristal y miré fuera. Estaba
ligeramente oscuro y eran casi las cinco de la mañana, no había rastro de
la salida del sol. Solo mi reflejo se mostró mientras deslizaba la ventana
para abrirla y me incliné sobre la cornisa.
Un par de labios mojados se estrellaron contra los míos.
Di un grito ahogado y golpeé la parte trasera de mí cabeza contra el
marco, tambaleándome lejos de la ventana.
—¿Cómo se encuentra la chica más sexy de la escuela? —Alex
estaba a medio camino a través de la ventana antes de que pudiera
hacer nada.
—Detente —susurré—. ¿Qué haces aquí?
—En mi camino de regreso a la casa de la Fraternidad. Vi tus cortinas
abiertas. —Sin esfuerzo, balanceó las piernas, seguidas de su cuerpo
desgarbado—. Y se me ocurrió pasar, ¿sabes? Al igual que en los viejos
tiempos. —Sonriendo de oreja a oreja, se inclinó, sus largos brazos yendo a
mi cintura. Podía oler una fiesta de fraternidad en su aliento y ropa.
—Alex, no... —gruñí, empujando los codos contra su pecho. No había
olvidado quien se encontraba detrás de mí, siendo testigo en un asiento
de primera fila. Liberándome como pude, me di la vuelta, en realidad
esperando algo de ayuda.
Pero Henry se quedó allí, con su chaqueta sobre un hombro,
mirándome.
En su estado alterado, le tomó a Alex un par de segundos más notar
a Henry. Cuando lo hizo, se en voz baja y se balanceó sobre los talones. —
¿Te estabas yendo, Knightly? —dijo arrastrando las palabras, su voz era una
mezcla de risas, petulancia, y valor mientras echaba un brazo alrededor
de mí—. Yo me encargo desde aquí. Adiós. 1
Un músculo se sacudió en la mandíbula de Henry, pero ya no me
miraba. —Déjala —dijo. Su voz sonaba amenazante, y la mirada de sus ojos
19
era más que hostil.
Pero Alex no se movió. De hecho, estaba… sonriendo.
Los ojos de Henry se desplazaron a los míos. —Dile que se vaya a su
casa y no vuelva nunca más.
—¿Por qué? —No podía dejar de preguntar, un poco alarmada por
la repentina agresión. Sabía que tenían una historia, la mala sangre y todo
eso. Alex atravesando muy campante mi ventana era, sin duda, una
situación no deseada y un poco espeluznante, pero ese era mi problema,
no el suyo.
Henry no me respondió de inmediato, tal vez tratando de controlar
su ira. —Spring —dijo por fin, con un eco de molestia, usando la voz de
conferencista que me volvía loca—, dile que se vaya. No quieres quedarte
a solas con él.
Me encontraba a punto de preguntarle por qué otra vez, pero la
furia en su rostro me hizo detener. Cuando soltó una exhalación fuerte y
miró a Alex, sabía que mis palabras no eran necesarias. Así que me quedé
quieta, sin saber qué esperar. ¿Una pelea? ¿Serían arrojados algunos
golpes? Tal vez oiría alguna impresionante mala palabra de Henry.
Pero sin una palabra, se volvió y desapareció por la puerta.
Temporalmente paralizada, solo pude mirar por donde se fue, esperando
que volviera a aparecer, esperanzada de que reapareciera. Pero
entonces oí el portazo de la puerta de enfrente y mi estómago cayó al
suelo.
—Hasta nunca, idiota.
—Oye —gruñí, balanceándome alrededor, desgarrada entre correr
detrás de Henry o hacerle frente a Alex. Cuando Alex sonrió, se cruzó de
brazos y se apoyó en mi escritorio, la prioridad era clara.
—¿Cómo te atreves a solo aparecer aquí?
—Vamos, Spring —dijo arrastrando las palabras.
—No, escúchame. Esto es totalmente inapropiado. Él tiene razón,
tienes que irte.
Alex soltó un bufido. —¿Por qué?
Me sentía demasiado cansada como para meterme en nada
pesado con él, y demasiado estupefacta por el comportamiento de Henry.
Dijo que no debía permanecer a solas con Alex, y sin embargo, ¿no se fue 1
dejándonos solos? Pensaría en eso más adelante. En estos momentos,
necesitaba a este chico de fraternidad presuntuoso, fuera de mi 20
dormitorio.
—Alex, estás borracho. Vete a casa y duerme un rato. —Sólo quería
que se fuera, su olor, su visión… todo de él, simplemente que desaparezca.
Me sentía casi dispuesta a conducir de vuelta a la casa de fraternidad,
pero después de un momento, se encogió de hombros y comenzó a bajar
por la ventana.
En realidad, no confiaba en que se fuera, así vigilé su descenso por la
escalera nunca perdiéndolo de vista, hasta que tropezó en la esquina.
Luego mi mirada se dirigió automáticamente a la casa de enfrente. La luz
del dormitorio de Henry se encontraba encendida y parecía como si las
persianas se hubiesen movido de regreso a su sitio. Mi impulso fue de
deslizarme por la escalera y tratar de explicarle, explicar que no tenía un
hábito de dejar que Alex Parks, o cualquier tipo, entrara en mi habitación a
las cinco de la mañana. Pero antes de que pudiera conseguir pasar una
pierna por la ventana, la luz se apagó.
17
Traducido por Val_17
Corregido por Alessa Masllentyle
—¿Fue tu familia entera a casa para Año Nuevo? —pregunté,
alcanzando a tomar el plato que Julia sostenía—. ¿Los seis hijos?
—Sí —respondió, luego hizo chasqueó la lengua—. Absolutamente.
—Pateó el vacío lavavajillas cerrado. No fue una acción violenta, y sin
embargo lo fue. Julia rara vez estaba de mal humor. Tal vez era el jetlag,
aterrizó bastante tarde anoche. O tal vez era el estrés del próximo
semestre. Las clases comenzaban de nuevo en dos días.
—¿Qué tal tus vacaciones? —preguntó mientras caminaba
alrededor de la cocina, inconscientemente abriendo y cerrando cajones—
. ¿Tuviste un rato agradable en casa? —La entonación de su voz era 1
forzada. Cogió una esponja y comenzó a fregar el lavabo ya limpio.
Suspiré ante su pregunta. Mi familia. No es exactamente mi tema
21
favorito. Pero Julia no parecía querer hablar de sus vacaciones de
Navidad, así que me detuve en un taburete de la barra y me senté,
tamborileando los dedos en la isla. —Mi madre se disculpó todo el tiempo,
pensando que no había suficientes regalos bajo el árbol. Como si a alguno
de nosotros le importara.
Julia asintió, frotando a la distancia. No se había molestado en
arremangar las mangas, por lo que colgaban sobre sus manos,
empapadas. Fue entonces cuando me di cuenta de que llevaba
pantalones holgados, un chándal y una camiseta negra desteñida con
una camiseta manga larga de color gris debajo. Tenía el pelo recogido en
una cola de caballo. Sin calcetines, sin zapatos, sin maquillaje.
—Robby y Curtis estaban totalmente obsesionados con la
temporada de la escuela secundaria —continué por el bien de la
conversación—. Amo a mis hermanos, pero en verdad me vuelven loca.
Julia no respondió, no parecía escuchar. Vi como limpió ambos lados
del fregadero, eliminando nada en él, sostuvo la esponja con agua
caliente, limpió más y luego la arrojó en el escurridor.
—Oh, y conseguí esto. —Me bajé del taburete y me apoyé en el
mostrador—. Fueron a visitar a mi padre, mis hermanos lo hicieron. —Me
detuve y miré a Julia, esperando una reacción. Después de un momento,
levantó sus cejas—. Lo sé, ¿verdad? Así al azar. —Enderecé una hilera de
tazas—. Creo que él quiere hacer las paces o lo que sea. Se volverá a
casar este verano. No sé. Ellos querían que también fuera a visitarlo, pero
no hay manera. No después de todo este tiempo.
Todavía dolía cuando pensaba en ello. Robby, Curtis y yo se suponía
que debíamos estar juntos en esto, un equipo contra ser heridos por papá
de nuevo. Si querían reconciliarse, supongo que era solo yo ahora.
—De todos modos —añadí, no queriendo que la amargura arruinara
mi estado de ánimo—, no nos matamos unos a otros, y no hubo casi nada
de sangre. —Sonreí—. Así que en general, fue una exitosa fiesta Honeycutt.
Julia levantó una sonrisa por la conclusión de mis anécdotas
familiares. Fue forzada y poco sincera, pero al menos ya no refregaba sus
dedos tan duro. Se inclinó sobre el fregadero, con los ojos cerrados.
Algunos de sus cabellos se derramaron hacia adelante, cayendo sueltos
de la descuidada cola de caballo. Sus hombros se elevaban y bajaban, su
respiración muy medida, y me pregunté si se sentía enferma.
Está bien, esto no era el jetlag. Parecía estar bien cuando yo
hablaba, así que busqué un nuevo tema. —¿Dónde está Anabel? —le
1
pregunté. El calendario social de nuestra compañera de piso
probablemente ya estaba lleno, incluso el día que regresó de sus
22
vacaciones. Evidentemente mi pregunta era retórica, porque Julia abordó
la suya.
—¿Has oído hablar de Alex? —preguntó, recogiendo la sobre
utilizada esponja.
La arranqué de su mano.
Se volvió hacia mí, desconcertada. —¿Y bien?
—Bien, ¿qué? —Tiré la aniquilada esponja a la basura.
—¿Alex? —preguntó.
—Oh. Eh, no. Pero en realidad, lo voy a invitar a casa esta noche. —
Mi estómago se hizo un rollo, ya que no me sentía demasiado animada por
verlo. Las vacaciones de invierno se encontraban a solo dos semanas, pero
en esas dos semanas, tomé un par de decisiones, decisiones que aún me
sorprendían. Alex tendría que saber sobre cada una de ellas, ya que lo
involucraba, y a otra persona que los dos conocíamos.
—¿Esta noche? —preguntó Julia.
—Te voy a dar una mano porque sé que tú y Dart no se sienten
cómodos a su alrededor. Es posible que quieras pasar el rato cruzando la
calle.
El rostro de Julia contrajo, y vi la primera lágrima.
—¿Qué va mal?
Se llevó las manos a la cara, tapándose los ojos, rompiendo sollozos
de su garganta. —Y yo que pensaba que era raro —comenzó, ya en
medio de una historia—, no oír nada en todo ese tiempo. —Retrocedió
hasta un rincón de la cocina y se dejó caer al suelo. Me uní a ella, sentada
en mis rodillas.
—No funcionó —murmuró llorando—. Simplemente no funcionó.
No lo noté antes, pero sus ojos se encontraban inyectados en sangre
con círculos oscuros bordeando los párpados inferiores. Mirándola hice una
mueca de dolor. —¿Qué no funcionó? —pregunté.
—Ella me dijo que peleara para conseguir, pero… pero…
—¿Quién te lo dijo? —pregunté, tocando su hombro.
—Pero creo que eso lo molestó. No sé lo que… lo que pasó. —La
última palabra apenas la chilló antes de que el llanto se hiciera cargo.
—Conejita, está bien.
1
—No, no lo está. Porque él no me llamó, no por una semana. 23
—¿Quién? —No la estaba siguiendo en absoluto ahora.
—Quiero decir, hemos estado juntos cada día durante cuatro meses.
Cada día, Spring. ¿Y entonces no llama por una semana? Ni siquiera en
Navidad. —Sollozaba a través de un bufido sarcástico de risas—. ¿Quién
hace eso?
—Oh. —Temor rodó en mi estómago—. ¿Dart?
Sorbió y asintió. —Así que al final lo llamé. Quiero decir, puedo
hacerlo, ¿no? Lo tengo permitido. Esto no son los años cincuenta.
—Claro —le dije, haciendo mi mejor esfuerzo para seguirla.
Julia tiró de un paño de cocina del fregadero. —Al principio, no dijo
casi nada —dijo, secándose las mejillas—. Pero lo conozco, Spring. Lo
conozco. —Me lanzó una mirada feroz—. ¡Está en mi sangre! Le di todo,
cada parte de mí. ¿Entiendes?
Asentí, aunque no tenía idea de qué quería decir.
Lo que sí sabía era esto: en los cuatro meses que estuvieron juntos,
nunca había visto a dos personas más felices o más compatibles que Julia
y Dart. Para cualquier persona que tuvo la suerte de ser atrapado en su
estela de amor, era obvio que estas dos personas nacieron la una para la
otra. Dart puede haber estado más animado al respecto, pero sabía que
el corazón de Julia —su ternura, su completa devoción— pertenecía a
Dart.
—Dijo… dijo que pensaba que deberíamos separarnos por un tiempo
—continuó, su labio inferior temblando—. Me sorprendió, no supe qué
decir. —La miseria y el miedo ardía detrás de sus ojos—. No necesito
tiempo. Necesito a Dart. —Sus labios sellados en un ceño roto—.
Compartimos cosas, Spring, cosas nuevas. —Bajó la cabeza, bajando la
voz—. Algo a lo que nunca puedo volver.
Oh. Así que durmieron juntos. No es de extrañar que se sintiera tan
destrozada. El primer amor, la primera relación sexual. Mi corazón se
rompió por ella de nuevo mientras mi mente corría en busca de respuestas.
Sin embargo, no tenía sentido. En primer lugar, ¿por qué Dart no llamaría
por una semana y luego rompería por teléfono? No era en absoluto su
forma de actuar.
—Je ne sais pas… je ne sais pas. —Julia murmuró en francés que no
lo entendía mientras se desplomó en una bola, abrazando su cuerpo.
Hice lo que pude para tranquilizarla, forcejeando palabras de
consuelo y aliento sobre como los hombres eran como bandas elásticas,
1
pero honestamente, me sentía muy confundida. 24
—Lo quiero de vuelta. —Lloró—. Lo quiero de vuelta aquí. Una vez
que esté aquí lo vamos a arreglar todo.
Las clases empezaban pronto, lo que significaba que Dart regresaría
a la ciudad en cualquier momento. Le acaricié el pelo enredado, en
silencio uniéndome a su confianza. Si hubo algún error, seguramente se
aclararía dos segundos después de que Dart estuviera en presencia de
Julia, enamorándose de ella de nuevo.
—Vamos a llevarte arriba —sugerí.
El cuerpo de Julia estaba débil y tenso, pero asintió. Justo cuando
me encontraba a punto de ponerla de pie, la puerta principal se abrió y se
cerró de golpe.
—¿Spring?, ¿has escuchado?
Santo cielo, mujer.
Unos segundos más tarde, Mel dobló la esquina de la cocina, casi
tropezando con nuestra masa amontonada. —Oh —Frunció el ceño a
Julia—, parece que acabas de descubrirlo.
A pesar de ser mi mejor amiga, a veces Mel carecía de tacto. Le di a
la aún llorosa Julia un fuerte abrazo antes de ponerme de pie. —Este no es
un buen momento —le susurré a Mel—. Algo está mal.
—Maldición —dijo Mel, mirando a Julia hacia abajo—. ¿Por qué no lo
supo antes de ahora? —Se volvió hacia mí—. ¿Por qué tú no lo sabías?
—¿De qué hablas?
—Dart. —Se mordió el labio—. Se fue. Te juro que pensé que sabías,
pensé…
—¿Se fue? —soltó Julia—. ¿Quieres decir, se ha ido? —Su cara de
porcelana estaba llena de manchas mientras miraba a Mel llena de
lágrimas—. ¿Dónde está Dart?
Mel abrió la boca, pero no habló por un momento. —Se mudó —dijo
por fin, sonando un poco culpable—. Lo escuché hace solo unos minutos
d… de —Se mordió el labio—, de Lilah.
Mi corazón se detuvo en seco cuando Julia se quedó sin aliento. Era
un sonido primitivo, como un animal herido. Nunca quería escucharlo de
nuevo.
Mel se inclinó hacia mí. —Por qué Julia no lo sab…
—Shhh —le susurré—. Dame dos segundos para pensar. —Apreté los 1
dedos sobre mis párpados—. Bueno, bueno, necesito llamar a Henry. Él
sabrá que ocurre. Él… 25
—Springer. —Sentí la mano de Mel en mi hombro—. Ambos se han
ido. —Me tomó un momento registrar sus palabras—. Ambos.
No me molesté en tomar el tiempo para reorganizar mi expresión de
conmoción antes de bajar mis manos.
—¿No te dijo nada? —susurró Mel.
Abrí la boca, pero solo negué con la cabeza.
—Al parecer —dijo ella—, Dart va a pasar este semestre operando
en una organización humanitaria en algún lugar en el extranjero. Lilah no
me dijo a dónde se fue Henry, pero siguió hablando de algún castillo y
Suiza. Eso suena como un lugar que él iría. —Se encogió de hombros—.
Todo lo que sé es que la casa del otro lado de la calle tiene nuevos
inquilinos este semestre. Se han ido.
Traté de mantener la calma, traté de no demostrar que sentía como
si acabara de ser abofeteada. Lo que le iba a decir a Alex esta noche, y lo
que esperaba decirle a Henry cinco minutos después… era todo para
nada ahora. Tomé una respiración profunda, necesitando recomponerme.
Habría otro momento y lugar para procesar lo que eso significaba para mí.
En este momento, existía un mayor problema en cuestión.
—¿Jules? —dije, acercándome lentamente.
Levantó la cabeza y me miró con los ojos sin expresión, mechones de
pelo rojo enredándose en sus lágrimas.
—Lo siento —le susurré.
Sus ojos buscaron mi cara en busca de respuestas. Pero no tenía
ninguna.
—Lo siento mucho. —Bajé a su lado y pasé un brazo por sus hombros
temblorosos. Apoyó la cabeza en mí y en silencio sollozó, mientras yo
miraba la pared, tratando de recordar lo que había sido antes de que mis
sentimientos cambiaran, preguntándome por qué mi pecho se sentía
como si hubiera sido vaciado con una cuchara.
1
26
PARTE III
1
“Tienen derecho a creerlo, sin duda, y tienen derecho a que se respeten
sus opiniones... pero para poder vivir con otras personas, tengo que vivir
27
conmigo mismo. La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es
la conciencia de una persona.”
Matar un ruiseñor
18
Traducido por Cynthia Delaney
Corregido por SammyD
—¿Spring? ¿Una palabra?
Me detuve en el lugar, mi mochila colgando en uno de mis hombros.
—Cla.... —Me atraganté con mi propia lengua—. Claro, profesor Masen. —
Sonreí tan brillante como era posible mientras caminaba con temor al
frente del vacío salón.
Se sentó en su escritorio, frotándose la barbilla. —Nos encontramos a
tres meses del nuevo semestre. Has cancelado nuestras dos últimas
asignaciones y omitido una fecha límite.
—Oh, eh, lo sé. Estoy... —Me encontraba a punto de decir que
atravesaba una crisis personal, pero ¿cuán inútil era eso? Y no podía
1
sencillamente decirle la verdad: que perdí el interés en escribir mi tesis. No
era algo que deberías admitir a tu consejero.
28
A pesar de las asignaciones y fechas límites omitidas, esperaba que
Masen no lo hubiera notado. Pero evidentemente, no era tan afortunada.
Durante los últimos meses, tuve problemas para concentrarme. Las
cosas no venían con tanta facilidad como deberían, y cada uno de mis
profesores lo había hecho por mí, podía decir. No sabía cómo me las
arreglé para llegar tan lejos, lo que posteriormente se agregaba al estrés.
En un instante pasaba del pánico a la indiferencia. De cualquier manera,
no era productiva.
Masen se aclaró la garganta. —Has estado... ¿qué? —preguntó,
tratando de terminar mi frase incompleta.
—He estado muy ocupada... en mis otras clases —esquivé—.
Antropología está pateando mi trasero.
Leyó algo en la pantalla de su computadora que no pude ver. —
Estás tomando una carga completa otra vez este semestre, pero no es
demasiado tarde para dejar una clase.
—Dejar una…
—Solo necesitas quince unidades para mantener tu beca.
—No puedo abandonar una clase —espeté, indignada por la
sugerencia.
Mi profesor me miró y se echó hacia atrás, su antigua silla chirriando.
—Entonces te sugiero arreglar lo que está roto —dijo—. El tiempo se acaba.
—Lo sé, y lo haré —prometí, a pesar de que no tenía ni idea de
cómo arreglar lo que estaba mal conmigo. Ni siquiera podía nombrarlo.
Me asustaba que si introducía mis síntomas en una guía médica en línea,
escupiría que tenía el corazón roto.
Por lo general, no me enfermaba en el coche pero este particular
tramo de carretera camino a Washington era tortuoso y sinuoso como una
montaña rusa. Casi esperaba echar un vistazo y ver a Mel con sus manos
fuera del volante como si encontráramos en una montaña rusa.
—Mel —le dije, mi mano derecha sosteniendo la agarradera sobre la
puerta mientras mi izquierda se presionaba contra mi estómago revuelto—.
1
Te lo juro, si chocamos un camión en movimiento y realmente vivimos para
contarlo, te atropellaré.
29
Sacó una mano del volante para inclinar sus gafas de sol blancas,
pero no se detuvo.
—¿Por qué vas tan apresurada? Las vacaciones de primavera tienen
un total de siete días.
—Pensé que estabas apresurada por darte una escapada —dijo, sus
gafas posando en la punta de su nariz—. Si se me permite citarte. —Se
aclaró la garganta—. “Iré a cualquier parte, hasta el fin del mundo,
contigo, Mel”. Eso fue hace dos días. ¿Ya cambiaste de parecer? Qué
voluble.
Sacó su pie del acelerador y desaceleró. El coche detrás de nosotros
tocó la bocina.
Miré por la ventanilla trasera. —Simplemente me gustaría llegar en
una pieza. —El coche ahora nos superaba. Tocó la bocina de nuevo ya
que continuábamos desacelerando—. Mel, ¿alguna vez has oído hablar
de la rabia del camino? Sería bastante malo si nos estrellamos contra un
árbol, ¿pero también recibir un disparo?
—¿Exageración?
—¿Eso crees?
Mel se rio, acelerando a fondo, los neumáticos de su Jetta chillando
contra el hormigón.
Durante años me invitó a casa de sus abuelos. Siempre la rechacé,
debido a trabajos, proyectos y protestas. Pero esta vez, me sentía más que
feliz de aceptar su propuesta, a pesar de que empacar y huir por una
semana cuando debería ponerme al día con la tarea no era la más
ingeniosa de las decisiones. Pero lo hice de todos modos.
Cerré los ojos y froté mis sienes. Cuando los abrí de nuevo, un signo
de milla pasó a toda velocidad. Nos hallábamos en algún lugar en el
medio de nuestro viaje. Quinientos kilómetros más a Vancouver,
Washington.
Sí, este pequeño viaje era justo lo que recetó el doctor, si ese médico
era de la filosofía de huir de tus problemas. Necesitaba espacio,
necesitaba aclarar mi mente, y necesitaba volver a la normalidad. De
alguna manera, en alguna parte, me desvié de curso. Cuando la última
vez realicé el gran cambio, cambié de especialidad, trencé mi cabello, y
figurativamente quemé mi sostén. No tenía idea de cómo afrontarlo ahora.
Tragué el vómito que burbujeaba en mi garganta. —¿Ya llegamos ?
—me quejé. 1
—Nos vamos a detener un segundo. Tengo una desesperada
necesidad de sustento, más específicamente, una barra de chocolate.
30
—¿Qué pasó con el que trajiste contigo?
Mel frunció el ceño. Se volvió al suelo detrás de su asiento, trajo una
bolsa de plástico hacia delante, y la colocó en su regazo. Buscó en su
interior, manteniendo una mano en el volante.
—Ah, podría haber jurado... —Levantó sus gafas de sol para ver la
bolsa con mayor claridad—. Tenía dos, de hecho —murmuró, perpleja—.
Solo están los envoltorios ahora. No... ¿No eran...? Ohhh. —Soltó el aliento,
sonriendo con extremo alivio antes de volver a lucir desanimada.
La miré fijo por un momento, absolutamente desconcertada, hasta
que me di cuenta de cómo era simplemente imposible seguir a veces el
tren de pensamientos de Mel. —Eh, sí, ¿qué está pasando ahí? —pregunté,
trazando círculos en el aire alrededor de su cara.
—Me acabo de dar cuenta que tuve uno de mis aturdimientos.
—¿Aturdimientos? —repetí, preguntándome si debería hacerla
aparcar así podría conducir.
—Sí, hace poco he planteado una nueva teoría acerca de mí y la
comida chatarra.
—Ahhh. Soy toda oídos.
—Es muy sencillo, de verdad. Alguien me ofrece pastel de chocolate
o rosquillas o algo, pierdo la conciencia y a continuación me encuentro
cubierta de migajas y siento como si quisiera vomitar, y sin embargo no
tengo ningún recuerdo de comer cualquier cosa. Es la cosa más extraña.
Hemos estado en la carretera durante cuatro horas y ya he descuartizado
dos barras de caramelo, Spring. Ni siquiera sé qué tipo eran, pero eran
buenas, creo. Como he dicho, no me acuerdo.
—Debes escribir esto para The New England Journal of Medicine,
conseguir aquella publicación de lo que has estado pasando.
—No te burles de mí, hablo muy en serio. ¿Has visto la cantidad de
peso que he ganado? Tres kilos desde el verano.
—¡No! —Jadeé burlándome. Mel tenía un cuerpo fabuloso—. No te
sientas tan mal. He ganado dos.
—¿En serio? No se te nota.
—Tengo mi propia teoría sobre eso.
—Escucho —dijo, acelerando para superar una caravana. 1
—Bueno, ya sabes que soy una gran fan de la invención de la
bombilla de luz, ¿no? Y nadie ama a la segunda generación de iPad más
31
que yo.
—Sigue hablando.
—Pero estoy convencida de que la invención más grande de nuestro
tiempo son los oscuros vaqueros de mezclilla ajustados en la cadera de
talle baja. Ocultan absolutamente todo.
—Oh, nena, tienes razón. Salud por eso. —Levantó una lata de
refresco dietético, brindando consigo misma—. Mira, hay una tienda.
Tengo un antojo abrumador de una barra de chocolate.
En lugar de aparcar en un restaurante y conseguir comida sana
como dos personas normales, nos abastecimos con comida chatarra. Mi
conductora optó por tres barras de chocolate y un gran vaso de refresco
dietético con dos dosis de lima, mientras que me limité a un paquete de
seis mini donuts empolvadas y una botella de soda helada.
—¿Cómo está Julia en estos días? —preguntó Mel. Tenía un poco de
chocolate en la punta de su nariz—. No la he visto en semanas.
¿Realmente usa la ropa interior de Dart en la casa?
—Eso es asqueroso. ¿Dónde lo has oído?
—La gente habla.
—No debería.
—Las mentes estúpidas creerán cualquier cosa —dijo.
Tomé un largo trago de soda, las burbujas obstruyendo mi garganta.
—Para responder a tu pregunta... Ups, ja ja, esa no fui yo. —Mis palabras
salían con dificultad entre dos eructos gaseosos—. No voy a chismear sobre
mi compañera de cuarto.
Mel se rio entre dientes cubiertos de chocolate.
—Quiero decir, quiero a Julia, pero a veces... —hipeé, sintiéndome
ligeramente intoxicada de azúcar—. Bueno, diré que han sido unos tres
meses difíciles para todas nosotras, y simplemente déjalo así.
—Oh, Spring, cielo, eso es tan dulce —susurró en sarcástica
compasión.
—¿Que es dulce?
—Tú. —Apretó su labio inferior—. Pensando que voy a “dejar las
cosas así”.
Hipeé.
—Te encuentras en mi coche, nena —agregó—. Debes pagar los 1
platos rotos, y sabes el precio. Así que, Julia por fin dejó de llorar todo el
tiempo, ¿verdad? —preguntó, interrogándome como si fuera un testigo 32
hostil.
Asentí, tomando otro trago de mi botella de cuello largo.
—¿Va a sus clases y no reprobado aún?
—Aún. —Levanté un dedo—. Esa es la palabra clave aquí. —Tiré la
última rosquilla en mi boca y tomé mi tiempo masticando—. Estoy segura
de que lo peor ha pasado.
A decir verdad, la vida con Julia en estos días no era fácil. Esa viveza
chispeante y alegre desapareció completamente de su semblante. La
Julia que amábamos fue aplastada y escondida en algún lugar debajo de
la criatura frágil y abatida que pasaba la mayor parte de su tiempo libre
vagando alrededor de la casa, aunque no usando el bóxer de un chico.
Al principio, y por algunos minutos, compartí el duelo de Julia, pero
cuanto más tiempo transcurría, más me convencía que todo ocurrió para
mejor.
Después de que unas pocas cosas inocuas fueron compartidas,
dije—: Me siento mareada.
Mel hizo una mueca. —Yo también, pero tengo una pregunta más.
—Bajó la mirada hacia su regazo cubierto de migajas y envoltorios—.
¿Dónde estoy? ¿Y qué pasó con todas las barras de chocolate que acabo
de comprar?
—Eso son dos preguntas.
Una hora más tarde, tecleaba mi teléfono. Tres correos electrónicos
de Julia, una breve nota de mi compañero de laboratorio, y un anuncio
esperando arreglar mi disfunción eréctil. ¿Bien...?
Sin otros mensajes.
Mi corazón se hundió como una piedra, pero al segundo siguiente
me sentía absolutamente furiosa conmigo misma. Odiaba cuando una
réplica me atacaba de esa manera. Después de tres meses, esperaba que
se hubieran detenido.
Henry se había ido, sin decir adiós, y nunca me contactó de nuevo.
Mordí el interior de mi mejilla y miré por la ventana a las capas de verdes
colinas y pinos. Incluso en mis momentos más cínicos, era imposible negar
lo mucho que dolía. Habíamos estado yendo a alguna parte. Al menos
pensaba que lo habíamos hecho. Y luego fue como si una alfombra fuera
retirada de debajo de mí. Los trozos de mi vida volaron en el aire, e incluso
después de tres meses, no había sido capaz de recogerlos. Algunos, como 1
la escuela, demoraba en hacerles frente.
Una noche en el campus, podría haber jurado que lo vi por el patio.
33
En el momento miré por segunda vez, se había ido. O por lo menos, el alto,
de cabello oscuro que vi se había ido.
Después del vergonzoso espectáculo, me resigné a que su mudanza
fue lo mejor que me podía haber pasado. Mi razonamiento fue
pragmático: En primer lugar, me encontraba mejor sin él. Su arrogancia,
¿no me condujo a la locura? ¿Sus opiniones ultra conservadoras me
exasperaban más allá de los límites? Sí.
En segundo lugar, había tomado demasiado de mi tiempo, fue
demasiada distracción para el final del semestre cuando debería haber
estado estudiando para los exámenes finales y no preparando preguntas
estúpidas para él y así podríamos satisfacer la “investigación”. Vale, así que
tal vez eso no era culpa suya. Me mordí la uña del pulgar.
Y ese coche, esos trajes estúpidos. Todavía no era abogado,
después de todo.
Sí, fue lo mejor, algo muy bueno. Parpadeé, dándome cuenta de
que miraba mi bandeja de entrada vacía.
Tenía otro problema ahora. Un recordatorio de casi todos los días de
la ausencia de Henry era la presencia de Alex. Teníamos una clase en el
mismo edificio, al mismo tiempo, y no tenía forma de evitarlo. Al final no lo
invité el día que nos enteramos que Dart y Henry se mudaron, pero tuvimos
una pequeña charla posterior. Mis razones por las que no podíamos pasar
el rato como antes sonaron débiles y vagas, pero me ignoró protegiendo
su orgullo y dijo que siempre seríamos amigos.
Lo que sea.
Después de eso, se comportaba distante conmigo y muy irritable. No
me importaba, siempre y cuando se mantuviera alejado. A pesar de que
todavía no sabía qué pasó entre él y Henry en el pasado, mi instinto me
decía en quien confiar.
Por lo que sabía, era la única persona con la que Alex habló de
haber sido expulsado de la Academia Elliott. Pero eso cambió en enero.
Era como si, al segundo en que supo que Henry se fue, no pudiera dejar de
hablar de la forma en que fue injustamente tratado en la escuela
secundaria. Y para el día del Presidente, no existía un cardenal en un radio
de diez kilómetros que no conociera todo el sucio relato.
La historia de Alex también comenzó a incluir a la hermana menor
de su enemigo, y el horrible personaje que, al parecer, era ella. —Una
copia calcada de su hermano, ¡de acuerdo! —le dijo Alex a cualquiera
1
que lo escuchara. 34
No hacía falta decir que Alex y yo nos distanciamos. Bueno, él se
distanció mientras yo nadaba furiosamente en otra dirección.
—Entonces —le dije a Mel mientras apagaba el celular y lo dejaba
en mi mochila—, por fin voy a conocer a Tyler.
Mel se volvió hacia mí desde la dirección contraria, con el rostro
iluminado. —Ahh, mi bebé Ty. —Su boca se partió en una sonrisa, y luego
se lamió los labios—. Es absolutamente delicioso.
Así arribamos a lo que también sabía: Tyler era su novio intermitente
desde hacía años durante las vacaciones de verano en la casa de su
abuela. Él asistía a la universidad en Seattle, pero también estaría en
Vancouver durante las vacaciones de primavera. Mel me advirtió que
tenía la intención de pasar mucho tiempo con él. Estaba bien con eso.
Traje montones de tarea y tenía grandes intenciones de atrincherarme en
una de las habitaciones de invitados de la casa de los Gibson que tenía
vista al lago. Tenía mucho en que ponerme al día.
—Incluso curvará tus pies, Springer —añadió Mel—. Lo juro por todo
lo que es santo y el chocolate, que vas desmayarte.
Dudoso. No compartíamos el mismo gusto por los hombres, y su idea
de curvar a los pies significaba nada más que un buen cuerpo y dientes
rectos. Tal vez había crecido exigente.
—Lo mejor de él —sonrió Mel—, es que es tonto como un saco de
martillos. En serio, el chico consigue sus acontecimientos actuales de
Conan.
—¿Eso es lo mejor de él?
—Es refrescante. Después de pasar meses rodeada de cerebritos y
ratones de biblioteca…
—¿La presente compañía excluida?
Mel levantó su teléfono. —Me mensajeó dos veces desde el
almuerzo. Oh, ¿no te has olvidado de mañana por la noche?
Gemí en voz alta, deseando que Mel lo hubiera olvidado.
—Vamos a pasar un buen rato, ya lo verás.
—Fabuloso. Justo lo que no necesito esta semana, una maldita cita a
ciegas.
—No es exactamente a ciegas. Tyler lo conoce. Es más bien un...
un... 1
—¿Montaje?
—No, no. —Sacudió la cabeza, probablemente no quería darme
35
una razón más para que me negara—. No es un montaje, ¡lo juro! De
hecho, Ty ni siquiera sabía que su primo se encontraba en la ciudad esta
semana. No hasta anoche. Bueno, en realidad —Se rio cariñosamente—,
conociendo a Tyler, tal vez sabía desde hace semanas y se le olvidó de
decirme.
Eso no ayudó. —¿Este primo? ¿Esperas que hable con él por cuantas
horas? ¿Por qué tenemos que ir todo el trayecto a Portland para un partido
de baloncesto? ¿No podemos hacer una cena rápida? ¿No era que Tyler y
tú ya tenían planes para mañana en la noche?
Después de mi cuarta frase, me di cuenta de la cantidad de
preguntas en una fila que hice, así que me callé.
—Estos nuevos planes son mejores —dijo Mel—. Pensé que los Trail
Blazers eran tu equipo de la NBA.
Me encogí de hombros.
—No es ni siquiera una hora en tráfico hasta el Rose Garden de la
casa de la abuela. El primo de Ty nos consiguió asientos en la cancha,
nena. En la cancha.
Eso era de un modo genial, y Mel tenía razón, era una fanática de
los Blazers. Lo único que mi padre me transmitió. Y nunca había estado
siquiera cerca de la cancha.
—Juegan contra los Lakers —añadió Mel—. ¿Me estás diciendo que
estás dispuesta a saltarte eso? —Se quedó sin aliento—. Oh, Spring, ¿y si
Leonardo DiCaprio está sentado en la cancha?
No pude evitar reír. —Si ese es el caso, te prometo que le daré al
primo de Tyler un gran beso húmedo.
1
36
19
Traducido por Adriana Tate
Corregido por Meliizza
El radiante cielo azul brillaba a través del conjunto de nubes sobre mi
cabeza. Me encontraba de espaldas en el centro de la cama con dosel,
mirando hacia arriba, mi laptop y tres libros de textos abiertos a mi lado.
Esta mañana fue sorpresivamente productiva. Mientras Mel visitaba a sus
parientes lejanos, yo estudiaba, enfocándome en las ciencias sociales,
aunque no reescribiendo mi tesis… lo cual era lo que debería haber estado
haciendo, pero como sea, al menos no estaba de provocadora en
Facebook.
—Spring, los chicos llegarán aquí en cualquier momento —gritó Mel
mientras pasaba por mi puerta a toda prisa. 1
Me encontraba lista desde hacía una hora y ahora me hallaba
tranquilamente asimilando todas mis lecturas de antes. Maquiavelo. Susan 37
B. Anthony. La máquina desmotadora de algodón… Nubes blancas
pasaron, oscureciendo mi visión azul mientras la noche se acercaba.
Mis ojos se abrieron de golpe cuando escuché que llamaban a la
puerta principal de la planta baja.
—Están aquí —gritó Mel desde el baño—. ¿Correrías abajo y los
dejarías entrar? De lo contrario el abuelo hablará hasta por los codos. Es
muy vergonzoso.
Algunas chicas convencionales nunca abrirían la puerta para una
cita, por no hablar de citas a ciegas. Me recordé que no me importan las
convenciones, así que salí de la cama y agarré mi chaqueta.
Toc. Toc. Toc.
—¡Ya voy! —grité a nuestras impacientes citas mientras me dirigía por
las escaleras. Más golpes—. Por todos los demonios, aguanta los caballos,
DiCaprio.
Me detuve ante la puerta cerrada, tomando un segundo extra para
prepararme antes de llegar al pomo.
Un ramo de flores silvestres y brillantes fue empujado debajo de mi
nariz. —Si no me besas en tres segundos, moriré de muerte —declaró el
presentador desde detrás de la guirnalda. Cuando no dije nada, bajó las
flores, dio un paso hacia delante y vino a un centímetro de mi boca.
—Oh. —Abrió los ojos justo a tiempo—. Yo… pensé que eras Mel.
Tyler. Todavía llenando mi zona de confort, me miró distraídamente,
luego dio un paso atrás y escondió las flores detrás de su espalda. —Ehh,
¿ella está por ahí?
—Claro. —Abrí la puerta más ampliamente, un poco aturdida—.
Adelante.
Se hallaba solo.
Caminamos juntos hacia el sofá. Su pequeño error lo debió haber
puesto nervioso, porque no podía mirar hacia mí; se mantuvo moviendo los
ojos del suelo al ramo de flores en su regazo.
—Así que, ¿tú debes ser Tyler?
—Sí —dijo después de un suave resoplido de risa—. Tenemos una cita
esta noche… Mel y yo, quiero decir, no tú y… —se interrumpió.
Cuando no hablaba, podía ver como Mel lo consideraría delicioso. El
chico definitivamente tenía los ingredientes de un Leo, pre-Titanic. Tenía 1
uno de esos rostros de bebés angelical que no podías dejar de mirar.
Grandes y redondos ojos azules, cabello rubio y sedoso que parecía como 38
si fue lavado con champú para bebés, y labios rosados y carnosos que
tenía la certeza que Mel no podía esperar para hincar sus dientes en ellos.
Demonios, casi tuve la oportunidad.
Si esta era la cita de Mel, ya me encontraba ligeramente interesada
en ver la mía.
—Me siento tan estúpido —murmuró—. Mel nunca me dejará superar
esto.
—Nunca se olvida de los momentos vergonzosos de un amigo —
concordé—. Pero no te preocupes, es nuestro pequeño secreto.
Tyler se rio, finalmente relajándose, luego se enfocó en mí. —¿Nos
conocemos?
—No antes de… —Señalé hacia la puerta principal—. Conozco a Mel
de la escuela. Y de casa.
Tyler se quedó en silencio, sus grandes ojos azules llenos de
mortificación cómica. —Ahora realmente me siento estúpido. —Se golpeó
con la palma de la mano su frente—. Tú eres Spring.
—Correcto.
—Estoy tan aletargado. Jetlag, supongo. —Tyler no tomó un vuelo a
casa desde Seattle, manejó. Y ahí no había cambio de hora. Mel se
hallaba en lo cierto sobre él siendo tierno, y también sobre ese saco de
martillos.
—Olvidé completamente que venías. Oh, sí. Es una cita doble o algo
así, ¿cierto?
¿Algo así? Sentí una nube oscura cerniéndose sobre mí.
—Con tu primo —dije, con la esperanza de acelerar su memoria.
—Correcto. —Miró hacia donde su reloj de pulso debería estar, pero
no llevaba uno—. Debería estar aquí en cualquier momento. —Luego miró
alrededor de la sala, tal vez pensando que su primo jugaba al escondite—.
Por lo general, es puntual.
—Hola, chico.
Tyler se volteó, luego se puso de pie, presentándole las flores a Mel.
Pretendí leer una revista mientras los dos tortolitos se reunían, más bien
ruidosamente. Unos cuantos minutos más tarde, Mel corrió por las escaleras
para refrescarse y agarrar un suéter. Tyler se sentó a mi lado, más a gusto.
—Entonces —dijo, agitando la revista en mi mano—, he oído hablar
mucho de ti. —Encantador—. Mel me contó un millón de historias. 1
—Ninguna es cierta —dije en un tono monótono—. También, he oído
algunas cosas sobre ti. 39
—Todas son ciertas.
El reloj de pared caoba en la esquina marcó las seis. —Será mejor
que nos pongamos en marcha pronto —dije—. ¿Estás seguro de que tu
primo vendrá?
Tyler se acercó al marco de la chimenea y sacó un retrato
enmarcado de la familia Gibson de hacía diez años. —No he hablado con
él desde ayer, pero sí. —Colocó el portarretrato abajo y luego desapareció
dentro de la cocina, regresando con una bolsa de papas fritas y una soda.
Mi estómago rugió, advirtiéndome de un entrante momento de
incomodidad. Mel me había contado historias sobre Tyler, muchas de las
cuales terminaron con él siendo un poco… excéntrico. La última cosa que
quería era ser la tercera rueda. Simple y perfectamente podía ver un juego
de baloncesto en la televisión. O mejor aún, trabajar en mi tesis.
—Como dije. —Tyler hizo crujir algunas papas fritas—. Siempre es
puntual. Tiene la dirección, pero dudo que haya puesto un GPS en la
Harley.
—¿Conduce una motocicleta? —pregunté—. ¿En marzo? ¿En
Washington?
—Lo sé, ¿cierto? —No parecía preocupado, pero eso no hizo nada
para aliviar mi ansiedad. Dejó las papas fritas y se inclinó hacia delante—.
Tu cabello es impresionante. ¿Cómo se llega a hacer eso?
—Son trenzas —dije, mostrando una sola tira—. Le pago a alguien
cada dos meses.
—Estupendo.
—Gracias. —Miré hacia otro lado pero podía sentir que sus ojos
todavía permanecían en mí, así que agarré otra revista.
—¿No quieres saber nada más sobre Trip?
—¿Trip? ¿Ese es tu primo?
Asintió, todavía masticando.
—Eh, por supuesto —respondí, dejando caer la revista en mi regazo—
. ¿Entonces? —Pero Tyler se mantuvo masticando y sonriendo—. ¿Tiene una
motocicleta? —le incité.
—Creo que únicamente cuando está en el pueblo o en casa. No
todo el tiempo. —Se rascó la cabeza—. Mantiene la suya aquí en una
unidad de almacenamiento. Ja, ja. Supongo que no confía en mí lo
1
suficiente para dejarla en nuestro garaje. 40
—¿Va a la universidad?
—De vuelta al este por un tiempo. —Metió cuatro papas fritas en su
boca. Ligeramente repugnada de sus modales, solo lo escuchaba a
medias. A diferencia de Mel, Tyler no era una fuente de información—. Está
en la costa oeste ahora… pero eso es obvio, ¿verdad? Ya que va a venir
esta noche. —Levantó un dedo—. Espera, creo que mi madre dijo algo
que residía en el extranjero de nuevo después de Duke. Siempre está
viajando. No puedo seguirle el ritmo.
Sonaba como si el primo Trip podría ser tan excéntrico como Tyler.
Excéntrico o no, sería mejor que apareciera pronto. Tenía las
entradas.
—De todos modos —continuo Tyler, con más seguridad en su voz—,
vivirá en el este, pero ahora está en California.
—¿En qué parte de California? —pregunté cortésmente, mientras
volteaba a la mitad de la revista.
—Stanford.
Levanté la mirada de la revista. —Eh. Ahí es donde vamos. —Bajé mi
mirada y volteé otra página—. Mundo pequeño. —Después de leer
exactamente dos líneas del artículo sobre las nuevas renovaciones en la
vieja cuidad de Vancouver, mi mente captó algo que mencionó. Un
momento después, la revista comenzó a deslizarse de mis manos y no
podía sentir mis piernas.
No.
—¿Di…? —Tosí, con mi voz ahogada—. ¿Dijiste Duke?
Tyler asintió.
—¿Y Stanford?
Siguió asintiendo y abrió la lata de soda.
—No puede ser. —Tragué saliva y miré fijamente el rostro de bebé de
Tyler.
Mi mente captó algo más. ¿No había mencionado Henry una vez
que a veces pasaba tiempo con sus parientes en Washington? ¿Y no es
“Trip” un apodo común para “tercero”? Cerré los ojos, el resto de mi
cuerpo se unió con mis piernas en entumecimiento.
—Va la escuela de derecho —murmuré, más que todo para mí
misma. 1
—¡Oye! —Pareció sorprendido—. ¿Cómo lo sabes? 41
Esperé para que su cerebro conectara los puntos. Lo hacía
lentamente.
—Oh, claro. —Se golpeó la frente, como si eso pudiera ayudar—.
Qué idiota soy.
Esta era suficiente confirmación y salté del sofá. —¡Mel! —grité desde
el pie de las escaleras, sin molestarme en esconder el pánico en mi voz—.
¡Melanie Deborah Gibson! ¡Baja!
—Cinco minutos más —gritó en respuesta.
—¡No! —grité alarmada—. ¡Baja inmediatamente! No vas a creer…
Salté y me di vuelta al sonido de un puño en la madera.
20
Traducido por Issel
Corregido por Aimetz
Miré a la puerta principal.
Otro golpe.
Me giré hacia Tyler, que tenía una expresión un poco confundida, y
luego miré de vuelta a la gran puerta marrón de madera, preguntándome
si sería muy tarde para subir corriendo las escaleras y escaparme por la
claraboya.
Tocaron la puerta.
—¡Uno de ustedes abra! —gritó Mel.
Fui capaz de descongelarme solo lo suficiente para que mis piernas 1
movieran el resto de mi cuerpo hacia el sillón. Me senté, con la espalda
recta, y crucé las manos en mi regazo.
42
—Yo me encargo —dijo Tyler, luego gritó—: ¡Voy!
La puerta del frente crujió al abrirse.
Crucé mis piernas, y las descrucé, luego tomé una revista cualquiera
que se encontrara cerca de mí.
—Hola, hombre —dijo Tyler mientras saludaba al nuevo invitado.
Levanté la mirada rápidamente, pero se encontraban detrás de la puerta
abierta. Aunque mis ojos no necesitaban confirmación. Lo sabía. Lo sentía.
—Hola. Qué bueno verte —respondió el visitante y lo escuché
palmeando a Tyler en el hombro mientras entraba a la casa. Tenía
clavada la mirada en la revista que sostenía al revés entre las manos.
Los primos hablaron brevemente en la puerta y luego Tyler hizo una
especie de resoplido. —Oh, creo que ustedes dos se conocen.
Me asomé por encima de la revista justo a tiempo para ver a Tyler
moverse a un lado.
Al verme, Henry Edward Knightly, Tercero, pasó de blanco a verde y
luego a rojo más rápido que una luz estroboscópica. Agradecí a mis
estrellas de la suerte el haber tenido veinte segundos de preparación. A él
le tomaron menos de cinco regresar a su color normal. —Spring —dijo
después de unos rápidos parpadeos, su expresión algo más compuesta
que la mía—. Hola.
—Hola —respondí, sintiendo los vellos de mi nuca erizarse. ¿Debería
levantarme? ¿Debería quedarme sentada? ¿Cuál es el precedente?
—Esto es una sorpresa. —Caminó hacia mí, con las manos en los
bolsillos, armado con esa ilustre confianza.
—Sí, para mí también —dije, enderezando mi barbilla, con los dedos
arrugando los bordes de la revista.
No estaba segura si se suponía que tenía que abrazarlo en señal de
bienvenida, chocar su puño o algo. Nuestra relación nunca fue definida. Y
no nos separamos en las mejores de las circunstancias. Y aun así, después
de tres meses, sentía como si no hubiese pasado el tiempo.
Por un aterrador momento, todas las cosas que planeaba decirle el
primer día que regresamos después de Navidad vinieron con premura
hacia mí. Los sentimientos también regresaron, o al menos su recuerdo. La
emoción que sentí, y el nerviosismo de caminar dentro de lo desconocido.
Y luego la gran decepción.
—¿Cómo has estado? —preguntó. 1
—Bien —dije, haciendo rebotar la rodilla—. Excelente de hecho. ¿Y 43
tú? —Cielos, ¿siempre me ponía tan nerviosa a su alrededor? No lo
recordaba.
Henry no respondió de inmediato, pero pude ver una sonrisa tirando
de un lado de su boca. No tenía idea a que se debía. —Muy bien, gracias
—dijo por fin.
Los chicos se sentaron en el sofá. Henry me miraba, y sentía mi cuello
arder, por lo que me concentré en mis uñas. ¿Por qué dejé que Mel me las
pintara del color de una berenjena?
Durante los siguientes sesenta segundos, no hubo más que gargantas
aclarándose y tos baja y falsa. Miré sobre sus hombros hacia las escaleras,
rogando mentalmente que Mel se nos uniera y rompiera la tensión.
—Tu cita de esta noche —dijo Henry a su primo—. Es ella…
—Es Mel —respondí por Tyler. La cara de Henry no tenía expresión
alguna. Por supuesto que no la recordaba—. Mi mejor amiga que luce
como una Sandra Bullock más joven. La conoces.
—Seguro. —Asintió, pero su cara mostraba que no le sonaba ni el
nombre ni la descripción.
—Hablando de Mel —dijo Tyler—. Deberíamos irnos. —Pasó sobre las
largas piernas de Henry y se encaminó hacia las escaleras.
—Así que… —dijo Knightly después de unos momentos de silencio—,
¿te quedas aquí durante toda la semana de las vacaciones de primavera?
—Sí. —Volví a cruzar las piernas y bajé la revista—. Debe ser bueno
para ti.
—¿A qué te refieres?
—Tú y Dart dejaron la escuela. Cada semana son vacaciones de
primavera para ti.
Inclinó la cabeza a un lado. —¿Ah?
—Ahora estás viviendo en un castillo —agregué.
—¿Quién te dijo eso?
—¿Quién crees que me lo dijo?
Se inclinó hacia atrás y colocó un brazo sobre la parte de atrás del
sofá. —Ahh, Lilah. —Elevó una sonrisa torcida—. Debes haber odiado eso.
—Su sonrisa se expandió, con bastante cara de no sentirlo.
De pronto me di cuenta que usaba lentes. Lentes con montura de
pasta negros, probablemente Armani o algo similar italiano. Ese no fue el 1
único cambio que noté. Su cabello estaba más largo, más ondulado, y un
poco desordenado. También ¿lucía más tonificado? Esbelto y cincelado. 44
Tal vez por jugar cricket, montar caballos, o cualquier cosa que la gente
que vive en castillos hacía. Obviamente no vivió de una dieta constante
de comida basura de universidad como yo.
—Debe ser bueno —repetí—. No tener clases este semestre.
Frunció el ceño. —Dart no tiene —dijo—. Yo, sí.
Devolví su expresión de desconcierto. —¿Qué significa eso?
—Significa que estoy en la escuela.
—¿Dónde?
—La mayoría de mis clases son en el Neukom —respondió—. Se
encuentra en el otro lado del campus por…
—¿En Stanford?
—Por qué pensarías… Oh. Creo que, ¿escuchaste lo que Lilah ha
estado diciendo sobre eso también? —Se frotó la barbilla—. No sé de
donde obtiene su información.
Me encogí de hombros, aun un poco estupefacta.
—Así que, ¿todo este tiempo, pensaste que yo…? —Apretó sus labios
y se enderezó los lentes.
Cuando no terminó lo que iba a decir, señalé a sus anteojos. —¿Qué
pasa con ellos?
—He estado ocupado —explicó—. Son más fáciles. Me
desacostumbré a usar los de contacto.
—¿Y dónde está toda es cosa que pones en tu cabello?
Pasó sus dedos por la parte de arriba de sus inusualmente
alborotados risos. —Ya no acostumbro a hacer eso tampoco. ¿Cómo fue
que lo llamaste una vez? Mi complejo de Ronald Reagan. El narcicismo
republicano vuelto loco.
Me reí. —No puedo creí que recordaras eso palabra por palabra.
—Un retrato como ese no es fácil de olvidar. Me siento contento de
escoger no usar un traje de tres piezas esta noche. —Sacudió el polvo de la
solapa de su chaqueta de pana, chashmere o lana—. No lo habría
superado. Y tú… —Se detuvo, con su mirada deslizándose hacia la trenza
colgando sobre mi hombro.
—¿Qué?
—Nada —respondió—. Es solo que… ha pasado un tiempo. 1
Terminó de hablar, se inclinó hacia atrás y juntó los dedos. 45
Lo hacía de nuevo. En cuestión de cinco minutos, Henry Knightly
presionaba mis botones, haciendo comentarios que eran
deliberadamente confusos. Exceptuando los lentes y el cabello rizado, no
había cambiado ni un ápice.
Un gran libro se hallaba en su regazo. Pasaba las hojas. Estudiando
con gran interés las brillantes fotos de la fauna canadiense, pero era obvio
que no lo leía. Podía ver una sonrisa torciendo la comisura de su boca. Al
final dejó escapar la risa que contenía.
—¿Qué es tan divertido?
Cerró el libro y se inclinó hacia delante. —Spring Honeycutt. Hemos
ido a la misma escuela por siete meses, y conduje mil doscientos
kilómetros…
—Para tener una cita conmigo.
Pasó sus dedos por su sonriente boca. —No es exactamente lo que
pensaba —dijo—. Pero es bueno verte.
Bueno verme. ¿Era bueno verlo? ¿Era bueno causando que mi boca
se secara y haciéndome preguntar qué podría haber pasado en mi cuarto
la noche antes de vacaciones si Alex no hubiera aparecido?
Henry se puso de pie y se dirigió hacia la ventana saliente, mirando a
la colina cubierta con pinos. —Así que, ¿cómo vamos manejar esto?
—¿Manejar qué?
—Esta noche. Es nuestra primera cita. —Se volteó hacia mí, haciendo
que mi pulso saltara.
—Es un juego de básquetbol, Knightly —dije después de tragar—. Eso
es todo.
Henry parpadeó y metió las manos en sus bolsillos. —Claro,
Honeycutt —Asintió, secamente—. Eso es todo lo que es.
Ninguno de los dos habló por unos minutos hasta que,
afortunadamente, Mel y Tyler bajaron las escaleras. Mel miró directamente
a Henry como si viera un espejismo. —Ty acaba de decir que eras tú, pero
yo…
—Hola —le dijo Henry—. Qué bueno volver a verte.
Ella parpadeó —Sí. —Lo hizo nuevamente y me miró—. Extraño, ¿eh?
De nuevo, Mel y su clásica falta de tacto.
1
—¿Por qué no conducen juntos ustedes dos? —sugirió Tyler, con su 46
brazo rodeando a Mel—. Nosotros tenemos mucho con lo que ponernos al
día.
Mel me dio una mirada interrogativa cuando tomamos nuestras
carteras de la barandilla mientras Henry se apegaba a los arreglos de viaje
propuestos. Los cuatro nos encaminamos hacia afuera.
—¿Viniste en una motocicleta? —pregunté.
Una pequeña muesca apareció en la piel entre las cejas de Henry y
señaló hacia un Jeep negro descapotable estacionado al final de la
carretera.
—¿Tuyo? —Aunque en realidad no tenía que preguntar, se
encontraba estacionado torcido.
Asintió, dándole vuelta al anillo plateado de las llaves alrededor del
dedo índice, atrapándolas en la mano.
—¿Estaba cerrada la tienda Lamborghini? —lo molesté—. Pobrecito.
—¿Has extrañado burlarte de mí?
—Es difícil reconocerte sin un Viper a tu alrededor.
Esbozó una sonrisa distante. —Sí, en realidad extraño ese coche.
—¿Dónde está? —pregunté, subiéndome en el asiento del pasajero.
Henry se encontraba justo detrás de mí, cerrando la puerta una vez que
me encontraba adentro—. ¿No están conectados como gemelos?
Se deslizó en el asiento del conductor, le dio vuelta a la llave en la
ignición y aceleró el motor. —El Viper era un préstamo —dijo ajustando el
espejo—. ¿No lo sabías?
—No —respondí sorprendida—. Asumí que era tuyo.
—Solo por seis meses. —Cambió a reversa y retrocedió de la zona de
estacionado—. Una de las compañías de mi padre tiene interés en
patrocinar a un corredor. —Íbamos siguiendo el Jetta de Mel fuera de la
subdivisión—. El Viper era un tipo de préstamo/pago constituyente como
parte de las negociaciones, pero solo por los primeros dos cuartos de su
año fiscal.
—Espero que lo que acabas de decir tenga sentido para ti.
Sonrió. —El pronóstico muestra que no habrá lluvia esta noche, pero
¿te gustaría que pusiera el techo? —Negué con la cabeza, luchando con
mis trenzas mientras bailaban alrededor de mi cara. Henry metió la mano
en el asiento de atrás y tomó una gorra de béisbol azul con tres letras
doradas impresas en el frente y me la pasó. 1
—¿Cal? —chillé, haciendo que la palabra sonara como un 47
juramento—. ¿El enemigo a muerte de Stanford? No voy a usar eso. —
Lancé la gorra a su pecho como si fuera una granada—. ¿Quieres que
seamos atrapados por un rayo?
—Hay otra atrás. Los Giants. Bastante benigna.
—Mi cabello está bien, Knightly.
Giró el retrovisor y se colocó la ofensiva gorra azul en la cabeza,
volteando hacia mí con una sonrisa. Rodé los ojos, tratando de no reírme
de su expresión infantil. Presionando mis botones…
—Los Cardinals acabaron con los Bears el otoño pasado —dije,
agitando el billete sobre sus ojos.
—Lo sé, fui al juego. Y sí, Spring, me senté en el lado de Stanford.
—¿Entonces por qué tienes una gorra de Berkeley?
—Mi hermana la está considerando como una posibilidad para el
próximo año. Es mucho más mente abierta de lo que yo soy.
La hermana de Henry. Recuerdo haber escuchado de ella por Alex.
—¿También se encuentra aquí de vacaciones?
Colocó el intermitente mientras frenábamos ante una luz roja. —No,
solo yo. Tenemos familia en la ciudad de Scappoose, aproximadamente a
cuarenta y ocho kilómetros de distancia. Paso las vacaciones con ellos
cuando puedo.
El interior del Jeep de Henry estaba un poco más desordenado de lo
que habría esperado, en especial después de compartir su baño por una
semana en noviembre. Mientras nos conducía a una muy conservadora
velocidad de sesenta y cinco kilómetros por hora hacia Portland, me tomé
la libertad de hurgar alrededor. Un surtido de mapas, botellas de agua
vacías, la gorra de los Giants, dos sudaderas, un mazo de polo (creo), y
acuñada en el bolsillo de la puerta de pasajeros tenía un libro de bolsillo.
—¿Qué haces con esto? —Abaniqué las páginas del gastado libro
debajo de su nariz.
Me miró pero no dijo nada.
—Pensé que solo leías odas de la sexta enmienda, o las memorias de
Lee Iacocca y Rush Limbaugh.
—Me gustan las historias —dijo—. Ese libro en particular es solo para
emergencias, en caso de que me accidente en la calle y no tenga nada
que hacer hasta que la grúa venga. Pero dime —Su cara se puso seria—,
¿qué es Pimpinela? 1
Miré hacia abajo al libro en mi regazo. Mi libro preferido en todo el
mundo. —Es una flor —expliqué, pasando los dedos por la portada—, y una
48
metáfora.
—Después de la forma en que hablaste de él esa noche, me
pregunté qué pensaría yo. Si vería lo que tú ves. —Me miró—. Burgués,
francés y todo.
Volé hacia mi capitulo favorito: Richmond, recordando la primera
vez que lo leí, con una sonrisa soñadora. —Así que, ¿qué piensas?
—Interesante —ofreció, entonces concentrado en la carretera.
—¿Eso es todo? —dije sobre el ruido del tráfico.
Bajó su visera y me miró de soslayo, enigmáticamente.
—No puedes crear un juicio respetable sobre una historia hasta que
la has terminado. —Aprisioné el libro ente mis manos salvaguardándolo—.
¿Cuándo lo comenzaste a leer?
—Enero.
—¿Lo has estado leyendo durante tres meses? —lo acusé,
asombrada—. ¿Hasta dónde has llegado?
Henry se dio unos golpecitos en la barbilla. —Veamos, acabo de
terminar Richmond, por lo que me aproximo a los dos tercios del camino.
—Me miró—. De mi tercera vez.
1
49
21
Traducido por Anelynn
Corregido por Amélie
Mel entrelazaba su brazo con el mío mientras nuestro cuarteto, ahora
temporalmente dividido, caminaba a zancadas hacia el estacionamiento
del Platinum Level. El humor en general era sombrío mientras se despejaba
el Rose Quarter, interrumpido por los frustrados fanáticos de Trail Blazer
gritando comentarios obscenos sobre específicos jugadores de los Lakers.
—¿Por qué tiene que ser un ganador tan molesto? —dije, esperando
que Knightly me oyera, aunque Tyler y él todavía se hallaban a una
distancia prudencial detrás de nosotras.
—Pensé que era un poco linda la forma en que ese jugador chocó
los cinco con él al final del juego. 1
—Ese era Kobe Bryant, Mel. 50
—¿Cómo es que Henry lo conoce?
Negué con la cabeza. —No tengo idea.
—Así que, se me ocurrió —dijo Mel— ¿quieres ir a Beacon Rock
mañana?
Rodeamos una hilera de coches. Pude ver el Jeep de Henry
aparcado al lado del coche de Mel debajo de las luces amarillas
fluorescentes. —¿Un pequeño e improvisado campamento durante la
noche?
—Estoy realmente atrasada en mis clases. Tengo que leer como
quinientas páginas.
—Puedes traer tus libros —dijo, rápida para anticipar mi excusa—.
Imagínate leyendo Walden con el frondoso bosque como tu fondo y el
susurro del río como tu banda sonora.
Sabía que yo era una adoradora del ambiente. —Suena divino —
admití—. No he estado allá arriba desde que éramos niñas. —Sonreí, por
añadidura imaginando la paz y el silencio que había estado buscando. El
lugar perfecto para relajarse y reiniciar—. De acuerdo —dije—. Estoy
dentro, aunque dudo que tu Jetta lo vaya a lograr sin tracción adicional.
¿Tu abuelo…?
—¡Ty! —Mel levantó su barbilla—. Vamos a llevar tu Durango,
¿verdad?
—Demonios, sí. —respondió Tyler a los gritos detrás de nosotros.
—Mmm, ¿qué?
—Todos vamos a ir —dijo, palmeando mi brazo—. ¿Olvidé mencionar
eso?
—Melanie. —Bajé mi voz—. Si no te conociera, pensaría que sabías
que Henry iba a estar aquí todo el tiempo.
—No lo sabía, lo juro —se defendió Mel—. Pero hombre, desearía
haber podido ver tu cara cuando él apareció. Más allá de lo épico.
—Sí, fue un grito real.
—Me sorprende el sarcasmo —dijo mientras pasábamos por un
grupo de chicos reproduciendo el juego en un iPad—. Pensé que ibas a
sentirte feliz de verlo.
¿Feliz? ¿Lo estaba? —Prácticamente desapareció de mi vida en
diciembre —susurré, un pequeño codazo de resentimiento escociendo mis
costillas.
1
—Pero no estabas en una cita o… —Se aclaró la garganta con 51
dramatismo—… algo. ¿Verdad?
—No —admití, aunque por alguna razón sentí otro pinchazo de
resentimiento.
—De acuerdo entonces, ¿acampamos? Será divertido.
—Si suena divertido —admití—. Pero no lo sé. Podría no ser una
buena idea.
—No fue mi idea —dijo, de forma casual señaló con la cabeza
detrás de nosotros
Eché un vistazo sobre mi hombro. Los chicos se encontraban a unos
metros de distancia. Tyler tenía la mano en el hombro de Henry, diciendo
algo que no podía oír. Henry lucía un poco sorprendido y me pregunté si
esos dos sostenían exactamente la misma conversación que Mel y yo
teníamos.
—¿Cómo van tus clases?
Charla trivial. Suspiré. Lo último que quería discutir con alguien era
sobre la escuela.
Incliné mi barbilla hacia Henry, dos espacios en el asiento trasero de
la camioneta de Tyler. Su codo izquierdo se encontraba apoyado en el
descansabrazos de su puerta. Antes de responder, me permití varios
segundos para pensar, decidiendo que tan minuciosa quería ser con un
chico al que ni siquiera podría importarle.
—Bien —contesté. Sí, detalles limitados eran los mejores. Mi turbia
vida académica en el presente no era mi tema favorito. Miré fuera de la
ventana en el suave escenario de la mañana volando mientras Tyler nos
llevaba hacia el campamento.
—¿Cómo va nuestra tesis? —Henry sonrió, provocándome con el uso
del pronombre “nuestra”.
Pero en lugar de ser divertido, más de esa amargura reprimida que
surgió esa noche escoció mi nuca. ¿Cómo es que Henry pudo dejarme así
tirada? Por todo lo que sabía, mi profesor odiaba todo el trabajo y al
parecer reprobaría.
—Bien —repetí.
1
—¿Qué dijo Masen sobre la nueva teoría en la parte cinco? 52
Miré fuera de mi ventana. —No lo ha visto aún.
—¿Por qué?
—No lo he comentado.
Lo oí moverse en su asiento, girando hacia mí. —¿Por qué no?
—Porque no creo que esté listo. De hecho, quiero desecharlo y
comenzar de nuevo.
Eso no era toda verdad, pero me sentía un poco insolente.
—Eso es irracional. —Su expresión se tornó severa, y de repente pude
ver el Henry futuro discutiendo un caso en la corte, lanzando una objeción
tras objeción. Qué fastidioso. Hoy vestía pantalón oscuro, una camisa
blanca de cuello redondo, un suéter de lana color gris oscuro y ambos con
el cierre y botones arriba en el frente. Un poco exagerado.
Se inclinó en la hielera que nos separaba. —¿Te das cuenta que te
va a atrasar un año? No crees que deberías…
El acto de doblar mis brazos lo silenció, mi comunicación no verbal
gritándole que se calle.
—Lo siento —dijo, levantando una mano para proteger su rostro—. Te
repondré toda guía no garantizada.
—Gracias, fiscal.
—Simplemente no quiero que pierdas tu tiempo —dijo, escogiendo
no dejar caer el tema.
—¿Perder mi tiempo? —repetí—. ¿Es eso lo que piensas que hago? —
Me senté de nuevo, tambaleándome en mi frustración. Tal vez no era justa
al estallar así. Después de todo, él no tenía idea de lo estresada que me
sentía por la escuela.
—Lo siento, eso fue grosero —dije y recliné mi cabeza contra el
asiento—. Voy a comentarlo con Mason pronto. Aunque todavía necesita
mucho trabajo. —Exhalé un suspiro melancólico—. Ojalá pudiera tomar un
semestre libre para conseguir terminarlo. Eso sería bastante asombroso, de
hecho.
Henry asintió y se volvió hacia la ventana. —Interesante.
—¿Qué hay de ti? —pregunté—. ¿Vas a darme alguna pista sobre
por qué te mudaste?
Parecía confundido, como si mi pregunta lo hubiera atrapado con la
guardia baja. ¿Pensaba que no noté que repentinamente se fue? 1
—Fue algo que supe con poca anticipación—dijo mientras pasaba
un dedo a lo largo de la goma de la base de la ventana—. La oportunidad 53
siempre sobrevoló, pero no se presentó hasta el final del año.
Entendía el idioma de las palabras, pero el mensaje críptico de su
significado se me perdía. —Nunca me dijiste de que había una posibilidad
de que te mudaras.
—No. —Dejó caer su mano y se volvió hacia mí—. No lo hice.
Eché un vistazo hacia el asiento delantero. Mel y Tyler discutían sobre
el control del estéreo.
—También te llevaste a Dart —dije, mi voz bajando un poquito—. ¿Y
Suiza? —Podía oír el tono acusatorio en mi voz.
—No me lo llevé —argumentó—. Una oportunidad también se le
presentó para él.
Doblé mis brazos. —Eso es mucha coincidencia.
—Y no a Suiza —murmuró como si fuera la cosa más ridícula en el
mundo.
—¿Entonces qué es lo que Lilah le está diciendo a todos?
—No tengo idea —dijo—. No he hablado con ella en meses. Estuve
ahí por algunos días en las vacaciones, pero…
—En Suiza —confirmé, con ojos sin expresión.
Asintió pero no explicó más. —Ahora vivo cruzando la bahía.
Oakland.
—¿En un castillo? —pregunté, otra vez con ojos carentes de
expresión.
—No, es un departamento de interés social. —Se ajustó los lentes—.
Lo más lejano a un castillo. —Antes de que pudiera preguntar porque
demonios él estaba viviendo en los proyectos, se explicó—: Compramos un
complejo residencial que iba a ser rematada. Dart y yo. Doscientas familias
serían desalojadas si no nos ocupábamos de ejecutar una importante
renovación. Fue más fácil solo mudarnos ahí por un tiempo.
—Tú —No pude evitar decir con cara de póquer—, vives en una
casa pública y te haces cargo de su reparación.
—Bueno, Dart hizo la mayor parte, ya que tiene más tiempo en sus
manos y necesitaba un proyecto.
Mi mente no podía enmarcar la imagen, así que rebobiné,
captando algo que dijo. —¿Dart también ha estado en la escuela todo el
tiempo?
1
—No —dijo Henry, mirando fuera de la ventana—. Dejó California 54
hace unas semanas.
—¿Por qué?
—Otro proyecto —dijo con vaguedad.
—¿Dónde?
Henry quitó un pedazo de pelusa de sus vaqueros, entonces su
mirada rodó fuera de la ventana otra vez. —Tema no interesante —dijo.
Gruñí ruidosamente, queriendo que lo escuchara. Se sentía todo
como la previa al Día de Acción de Gracias de nuevo.
Un paso adelante, dos pasos atrás. Aun así, no podía quitar la mirada
del movimiento rápido de su parte del carro. Su rostro sin emociones. Sin
expresar nada. Típico de Knightly
—Entonces —dijo un momento después—, ¿estás viendo a alguien?
—¿Qué?
—¿Puedes hacer preguntas personales pero yo no?
Levantó una pequeña sonrisa.
—No —dijo—. Nada nuevo o emocionante para reportar ahí. ¿Y tú?
—Muy ocupado.
Y eso fue todo.
Ni siquiera mi lealtad a Julia y mi propia curiosidad mórbida pudo
obligarme a seguir desmenuzando al proverbial hombre de mármol.
Enfrente de nosotros, Mel y Tyler discutían, bastante ruidosamente, sobre
escuchar la radio o música. Me recliné hacia atrás y cerré los ojos. Su
conversación era más entretenida que la de nosotros.
Llegamos alrededor de las diez de la mañana. Nuestro lugar para
pasar la noche era hermoso. Hacia el este las laderas de las colinas, la
entrada a las cascadas, con el río Columbia cortando un paso a través de
las montañas como una serpiente azul verdosa. Beacon Rock, el centro de
un viejo volcán, era una gran vista, aparcados en los bancos del río,
esporádicos pinos pimentando su cabeza calva.
Una vez fuera del coche, tomé una profunda respiración y di la
vuelta en un lento círculo. Rodeándonos en todos los lados se plantaban
los verdes y flagrantes pinos de abetos Douglas y arces. Esponjosos
helechos llenaban un bajo paisaje, punteado con azaleas de color rojo
sangre y un arcoíris de primaverales flores salvajes. El viento sopló a través
de las copas de los árboles, y su acompañante armonía era el parloteo de 1
los gansos, el revoloteo de los colibrís y los pájaros carpintero golpeteando
en un árbol en las alturas. En algún lugar de allá afuera, podía oír el ondeo 55
del Columbia franjando su camino entre los árboles.
Cerrando los ojos un momento, permití que una sonrisa tranquila se
extendiera en mi rostro. Cuando paré de dar vueltas y abrí mis ojos, Henry
me observaba, con una vara de la tienda de campaña en una mano.
—¿Qué haces?
—Me recuerda a mi hogar —expliqué—. Soy de Oregón.
—Sé eso —Me dio una mirada de reojo y se alejó. Cielos, ¿cuál era su
problema?
Me volví otra vez hacia el horizonte oriental. El año pasado, leí un
artículo sobre este precioso sitio en el bosque. Imágenes de varias décadas
atrás mostraba un enorme parche desnudo de la tala indiscriminada. En
ese momento me enfurecí, pero mientras me encontraba de pie aquí,
mirando el mismo sitio en persona, nunca hubiera imaginado que alguna
tala azotó el lugar en todos esos años. El bosque estaba completamente
crecido con todos los altos y saludables árboles tan lejos como el ojo podía
ver. Seguro, Henry me sermoneó sobre la nueva reforestación, pero nunca
había visto sus resultados.
Para mi irritación personal, era sorprendentemente impresionante.
Dejé el polveado Durango blanco y vagué hacia el campamento.
Los chicos levantaban la tienda de campaña. Henry se encontraba de
rodillas, sin chaqueta, martillando las clavijas en el suelo con un mazo. No
utilizaron las instrucciones, y en cuestión de minutos, la alta estructura
naranja se encontraba ensamblada.
Levantando la vista hacia el producto terminado, algo me ocurrió. —
Eh, ¿Mel? —murmuré, mientras le entregaba su bolsa de dormir de la parte
de atrás de la Durango—. Me doy cuenta que es muy amplia, pero solo
hay una tienda.
Cuando sonrió, me encogí. Claro este era parte del plan.
Sintiendo mi alarma, relajó su maligna sonrisa. —No te preocupes —
dijo en un susurro bajo, mientras arrastrábamos una pesada hielera hacia el
centro del campamento—. No habrá ñaca ñaca dentro de la tienda… —
Hizo un gesto con la cabeza señalando a los chicos—. Tyler lo tiene claro.
—Bueno, gracias —dije, dejando escapar un prolongado suspiro.
—Cuando nos encontremos fuera de la tienda… —Levantó las
cejas—. Simplemente trata de no buscarnos si vagamos fuera de rastro por
un rato.
Henry caminó hacia nosotras, sus brazos llenos de grandes rocas.
1
Después de dispararme otra mirada intensa, se puso de rodillas y comenzó 56
a arreglar las rocas en un círculo para nuestra fogata.
—Gracias por la advertencia —le susurré a Mel, mirándolo—. Algo lo
hizo enojar. Creo que quiere asesinarme en mi bolsa de dormir.
—Eso no es lo que él quiere hacerte en tu bolsa de dormir —murmuró
Mel.
La fulminé con la mirada. —¿Perdón?
—Nada. —Soltó una risita.
Nuestra tropa se condujo alrededor del bosque todo el día,
divirtiéndonos en medio del camino hacia Beacon Rock, entonces girando
de vuelta a un diferente camino cuando el sol se puso en el este.
Alrededor de las cinco, fuimos forzados a terminar nuestra caminata
temprano después de que me resbalé en una roca cubierta de musgo por
el río, torciéndome el tobillo.
—Piensa en tu lugar feliz —prescribió Henry, su brazo izquierdo
rodeándome, actuando como mi muleta—. Casi estamos de vuelta en el
campamento.
Hice un gesto de dolor, contemplando el camino delante de
nosotros. Mel y Tyler habían desaparecido en los arbustos, dejándonos
solos. —De verdad —insistí, tratando de liberarme—, no duele tanto. —Traté
de cojear lejos de él—. Ve, ya puedo caminar por mí misma. —Fue un
intento lamentable.
—Estás favoreciendo tu lado derecho —observó, envolviendo su
brazo alrededor de mi otra vez. Su agarre era muy apretado esta vez.
Aunque tenía una barba de un día, todavía olía a ese tazón de cerámica
con la crema de afeitar en su baño de Palo Alto. Algo sobre ese olor me
hacía sentir atontada, o tal vez mi pie dolía más de lo que pensaba.
—Agárrate de mí hasta que lleguemos al coche y pueda revisarte —
dijo—. Me siento responsable. Fue mi pase largo del frisbee que hizo que te
cayeras. —Apretó su agarre, acercándome más de tal manera que mi pie
sano apenas tocaba el suelo mientras caminábamos.
Tal vez pensando que me distraía del dolor en el tobillo, Henry
describió una pequeña ciudad tahitiana que visitó algunas veces. Arena
blanca, agua azul claro, amistosos y amables vecinos. Sonaba como un
pequeño pedazo de cielo.
—El lugar perfecto para terminar tu tesis —agregó—. Debajo de una
higuera, la laptop protegida con una sombrilla. Una dieta interminable de
refresco dietético.
1
—No me tientes —dije, tratando de no hacer un gesto de dolor. 57
El sol se escondía y la fogata se veía cálida y tentadora para cuando
Henry y yo regresamos al campamento. Pero mi acompañante nos hizo
detenernos en el Durango primero.
—Entra. —Abrió la puerta trasera de la cajuela del carro—. ¿O
necesitas que te levante?
Resoplé riendo, pero hizo un movimiento hacia mí, así que
rápidamente salté sobre el borde de la plataforma trasera. Con
delicadeza levantó la parte de debajo de mis vaqueros hasta mi rodilla.
Jadeé silenciosamente en el momento que aire frío golpeo mi piel
desnuda, pero entonces al instante se calmó mientras sus cálidas manos
hacían círculos en el músculo de mi pantorrilla, presionando con suavidad
mientras las hacía descender por mi piel, un delicado masaje. Cuando su
examinación se detuvo y sus persistentes manos se sentían más
exploratorias que medicinales, mi respiración de repente se aceleró. Miré
hacia la cima de su cabeza inclinada, mis dedos doblándose alrededor
del borde de la puerta. Una de sus manos se deslizó hacia la sensitiva parte
posterior de mi rodilla mientras que la otra se envolvía alrededor de mi
tobillo, con cuidado manipulando mi pie de un lado a otro.
—¿Te lastimo? —preguntó. Podía sentir su aliento en mi piel mientras
contenía mi propio aliento.
Antes de responder, tragué y negué con la cabeza.
—No se hizo un esguince —dijo, sus ojos alzándose hacia los míos. —
Un leve moretón. —Su piel era tan cálida que me sorprendí cuando sentí
un frío extenderse por mi cuerpo. Su mano detrás de mi rodilla se deslizó
hacia mi tobillo así que ambas manos se encontraban al alrededor de mi
pie. Por un segundo, tuve un destello de él sujetando los lados de mi
cuello… justo antes de que nosotros…
—¿Lista? —preguntó, inclinándose un centímetro más cerca.
Asentí automáticamente.
—Bien. —Dio un paso atrás y jaló mis vaqueros hacia abajo para
cubrir mi tobillo—. Ven. —Se volvió hacia la fogata—. Vamos a comer.
El bosque que nos rodeaba se sumía en la oscuridad, y los dos búhos 1
en cada lado de la fogata huleaban una y otra vez. Agarré la copia de
Walden y me levanté del pequeño tronco que ocupé por las pasadas 58
horas. Una combinación de ese despertar temprano en la mañana, la
larga manejada, el sol, la caminata, y la potencial lesión oficialmente me
agotaron.
—Me voy a la cama —anuncié, dirigiéndome hacia la tienda—. ¿Vas
a quedarte despierta, Mel?
Cuando me di la vuelta, ambos; Mel y Tyler miraban a Henry, que se
encontraba en el suelo sobre una manta, mirando hacia la fogata
distraídamente.
—Son las diez treinta —respondió Mel—. No estoy tan cansada.
Bostezando, cubrí mi boca con una mano. —Los veré en la mañana.
—El viento primaveral de la mañana se había ido una vez que el sol se
puso, y hacía frío. Me apresuré hacia la tienda.
No se distribuyeron lugares formales para dormir, así que desenrollé
mi bolsa de dormir y me situé en la esquina derecha más lejana, más lejos
de la tapa. Esperaba haber conciliado el sueño para cuando los otros
entraran. Mel prometió que nada de ñaca ñaca. Aun así, no quería saber
lo que pasara una vez que la linterna de butano estuviera apagada.
Sintiéndome extrañamente modesta, me arrastré dentro de mi bolsa
de dormir para cambiar mis vaqueros y mi sudadera en mi suave y
confortable pantalón de mi pijama de franela y camiseta de manga larga.
Ahuequé y golpeé mi almohada antes de acostarme, preparada para
que el cansancio me superara.
Me pellizqué mis ojos cerrados, entonces los abrí. Rodé a mi costado.
Quizás había pasado una hora de revolverme y voltearme cuando lancé
hacia atrás la tapa de la tienda y vagué hacia la fogata, acurrucada en
mi pijama y abrigo.
Sentado delante del fuego amarilla, Henry tostaba un malvavisco
bien hecho en la punta de un gancho de alambre. Se encontraba solo.
1
59
22
Traducido por gabihhbelieber
Corregido por Victoria
—¿Cómo ahora vaca marrón? —preguntó Henry. Su voz era
tranquila, los ojos rojos y con sueño.
—¿Acabas de decir, “¿Cómo ahora vaca marrón?”? —le pregunté
mientras deambulé hacia el fuego.
Sonrió, manteniendo sus ojos hacia abajo.
Me paré frente a él, calentando la parte delantera de mi cuerpo. —
¿Dónde están los demás?
—Caminata de noche. —Señaló el final del gancho hacia la
oscuridad del bosque—. No esperaría por ellos por un tiempo. 1
Me giré, calentando mi espalda ahora, recordando la advertencia
de Mel acerca de no tratar de encontrarlos si se separaban del grupo.
60
Mel y yo éramos las mejores amigas, pero había algunas partes de
ella que no necesitaba ver.
—Probablemente no —concordé.
—¿No puedes dormir?
Giré la cabeza a tiempo para ver el malvavisco crujiente deslizarse
en el gancho y desaparecer entre las llamas. —Supongo que estoy
inquieta —dije mientras caminaba junto a él, al tronco en que había
estado sentada antes—. ¿Has tenido alguna vez una de esas noches
cuando tu mente corre pero no puedes averiguar lo que intentas pensar?
—Más a menudo de lo que quisiera —respondió—. Sobre todo el
último tiempo.
Me froté los ojos con las palmas de mis manos. —Tal vez demasiada
cafeína.
Después de mirar fijo al fuego por un momento más, Henry tiró el
gancho a un lado y cambió su peso hacia mí. —Spring… —Se interrumpió,
su cabeza ajustándose a un lado.
Un escalofrío recorrió mi columna vertebral cuando me di cuenta de
que oyó un sonido proveniente de los bosques. Mis ojos se dispararon en
dirección a donde él buscaba, pero no vi nada y no escuché nada...
hasta que Mel y Tyler tropezaron fuera de la oscuridad. Eché un vistazo a
Henry, que ya había relajado su postura.
Mel manejaba la mano de Tyler y moviéndola entre ellos. —¿Todavía
resistiéndose? —le dijo a Henry, y luego se dio cuenta de que me
encontraba sentada al otro lado del fuego—. Oh, hola Springer. Pensé que
dormías.
—Trató —dijo Henry—. Ahora que ustedes dos están de vuelta —Se
puso de rodillas y se levantó—, Spring y yo vamos a dar una vuelta. —Se
acercó y se detuvo frente a mí—. ¿Lista? —Extendió su mano para ayudar
a levantarme.
Cuando no reaccioné, entrecerró los ojos y apretó la mandíbula. La
expresión gritó impaciencia, como si no siguiera algún plan secreto ideado
con antelación. Después de un momento, suspiró y agarró el final de mi
manga de la chaqueta levantándome.
—Pásame tus llaves, hombre —le dijo a Tyler. El anillo de plata voló
por el aire.
Sin pensarlo dos veces, lo seguí. —Al parecer —anuncié a Mel por 1
encima de mi hombro—, vamos a ir a dar una vuelta. —No miré atrás para
tomar nota de su expresión. 61
El motor zumbó suavemente mientras nos dirigimos a lo largo del
camino oscuro lejos de la zona acampada. No tomé el tiempo para
diseccionar cuál sería la motivación de Henry. Una vuelta sonaba muy bien
y el coche era más cálido que la carpa, con menos bichos.
Me acomodé en mi asiento, me quité los zapatos y apoyé los pies en
el tablero. Cuando llegamos al principio al coche, la radio estaba
encendida pero Henry lo apagó de una vez, así que todo fue tranquilo
durante los primeros minutos. Después de la pesca alrededor del bolsillo
interior de su chaqueta de cuero, sacó su teléfono y lo conectó. Sostuvo el
dispositivo de plata en la mano, trabajando con el pulgar a lo largo de la
cara. Me di cuenta de que se desplazaba a lo largo de las pistas de
música.
Una canción vino. La reconocí de inmediato, pero adelantó hacia la
próxima, así con las siguientes, las que también reconocí como parte de
una familiar, y ahora eliminada, lista de reproducción.
—Pon el seis, por favor.
Henry se volvió hacia mí, levantando una ceja. Unos segundos más
tarde, mi petición vino derramándose a través de los altavoces. —¿Te
gusta esto?
—Mucho —admití—. Dave Matthews Band. Un clásico de los
noventas.
—Siempre sospeché que había más en ti de Alanis Morissette.
Exhalé tranquilamente y cerré los ojos, disfrutando de la serenidad
que tanto necesitaba. La oscuridad, la balada de blues, el ritmo del coche
en movimiento, esa loción par después de afeitar...
—¿Tienes hambre? —preguntó en voz baja. Me gustó la forma en
que sonaba acoplada contra la música—. Nos encontramos cerca de un
pueblo.
—No, gracias —le dije. Justo como estuve en el interior de la carpa
durante mi tumultuosa hora de vueltas en la cama, mi mente corría otra
vez. Pensamientos turbios saltaron, abstractos e imágenes desconectadas
brillaron detrás de mis ojos cerrados. Motocicletas, un Viper negro, un
suéter de rombos colgando sobre la curva de una palmera.
De repente, el coche era asfixiante, y se sentía como un cúmulo de
ladrillos calientes se apilaran en mi pecho. Hice un rápido vistazo a mi
conductor. También, parecía pensativo. Tenía los labios apretados en una 1
línea y pude ver los fuertes músculos de su mandíbula tensándose. Aunque
estoy segura de que su cerebro de Rhodes Scholar2 se centró en algo más
62
sustancial que la mío.
No seas idiota, Spring.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Henry después de que la canción
terminó.
—Sí, gracias —contesté, permitiendo que mis ojos permanecieran en
su rostro, lo que logró que mis manos se inunden de un sudor frío. ¿Sofocos
repentinos junto con escalofríos? Probablemente me estaba engripando—.
¿A dónde vamos?
—No lo sé. —Sus ojos melancólicos se suavizaron—. No he sido así en
años.
Una nueva canción comenzó a sonar, lo que provocó una pregunta
que se mantenía escondida desde hacía meses.
—Esta lista de reproducción. —Señalé a su celular equilibrado en el
portavasos entre nosotros—. ¿Qué la motivó?
Un premio internacional de postgrado para estudiantes extranjeros seleccionados para
2
estudiar en la Universidad de Oxford.
—¿No te gusta eso?
—No, sí me gusta —solté—. Solo me sentí… —Me froté la nariz—… un
poco sorprendida por algunas de tus opciones. —Por supuesto que
recordé la teoría que insinuó Mel, cómo esas diez canciones fueron
entrelazadas a un "tema" similar.
—¿Si tienen un hilo conductor? No lo tienen.
Exhalé, eligiendo creerle sobre mi “sexo en el cerebro” mejor amiga.
—Me hiciste pensar —continuó—, esa noche en la fiesta cuando
dijiste que no bailas con cantantes masculinos. Creé una muestra. Para
evidenciar qué te perdías. —Me sonrió brevemente y luego trasladó su
atención de nuevo a la carretera—. Supongo que aproveché la
oportunidad cuando me permitiste cargar una lista de reproducción.
—No te lo permití. Confiscaste mi teléfono en el medio de la noche.
—Me mordí la uña del pulgar por un minuto—. Háblame de la última
canción.
Henry levantó una sorprendentemente gran sonrisa y luego se rio por
lo bajo. —A decir verdad, para esa hice una llamada. —Se ajustó el
cinturón de seguridad sobre el pecho—. Esa noche, llamé a mi hermana
Cami, le dije qué hacía y para quién. —Miró por la ventana lateral. Los
faros de un coche aproximándose brillaron a través de sus gafas—. Es unos 1
años más joven que tú, pero le doy crédito por su gusto impecable en casi
todo. Le mencioné la lista de las canciones que ya tenía en mente, ella
63
aprobó y eliminó. El último fue su sugerencia.
—¿Tu hermana?
Se volvió hacia mí, nuestros ojos se encontraron. —Sí.
Mi estómago hizo un pequeño giro, y ese montón de ladrillos
calientes en mi pecho se sentían más pesado. Y más calientes.
—Ella, eh... ¿vive...? —Me detuve en seco, dándome cuenta de que
no tenía ni idea de dónde provenía Henry. Su familia tenía hogares en todo
el mundo, pero aparte de Elliott Academy en Los Ángeles, Washington,
Duke, Stanford, no tenía ni idea acerca de su vida pasada.
—En este momento, Cami vive en Zúrich —dijo, respondiendo a mi
pregunta inconclusa.
Asentí.
—Estoy seguro de que encontrarás la idea de asistir a una institución
privada, un internado solo para niñas en Suiza anticuado, si no ofensivo,
pero con mis padres fuera de casa tanto... —Se detuvo, apretando los
labios—. Es una escuela excepcional. Si lo decide, podrá asistir a una
universidad de la Ivy League.
Pensé en Henry llamando a su hermana en el medio de la noche
para hablar de música. Si había sido la una de la mañana en California,
¿qué hora era en Europa occidental? Mi atención fue requerida por Henry
dando golpecitos con el nudillo en la ventana lateral. —Me gustaría que
hiciera más calor —reflexionó, cambiando de tema—. Conozco un gran
lugar cerca del río. ¿Todavía tienes frío?
Asentí con la cabeza mecánicamente, aunque no tenía frío. Todo lo
contrario.
Subió la calefacción. —¿Te gustaría usar esto? —preguntó,
desabrochando su chaqueta de cuero. Decliné educadamente, pero me
conmoví por el acto caballeroso. Luego recordé que tenía que ser una
mujer autosuficiente, una feminista independiente. Posicioné mi nudillo
medio a mi sien, masajeando un pequeño círculo. Nada en mi cerebro
funcionaba correctamente esta noche.
—Leí un caso una vez acerca de un hombre que mató a su esposa
porque ella siempre mantuvo su casa situada en treinta grados
centígrados. —Henry giró el coche en lo que parecía ser nada más que un
camino de tierra—. Un día se quebró y le disparó en el corazón. —Se volvió
hacia mí, sonriendo—. Su abogado lo sacó. Homicidio justificado.
1
—¿Es ese el tipo de derecho que quieres practicar? 64
Arrugó la nariz con un aire de repugnancia. —El caso fue lectura
obligatoria. Me gusta estudiar acerca de los abogados litigantes, pero me
faltan las… sutilezas particulares.
Hubo un tiempo en que pensé que Henry habría encajado en el
papel de perseguidor de ambulancias de mala calidad a la perfección.
No sabía lo que pensaba ahora.
—En un tiempo, planeé en trabajar en la fiscalía —continuó—. Pero
tampoco eso funcionará.
—¿Por qué no?
—Por lo que sé sobre mí mismo y el tipo de vida que quiero vivir, soy
más adecuado para la práctica privada.
—¿Más dinero en eso? —pregunté sin pensar.
Henry me miró, sin molestarse en ocultar su ceño fruncido. En
realidad parecía herido. —El dinero sería suficiente —respondió con
frialdad, fijando su mirada en la carretera—, pero si trabajo para la fiscalía,
no podría tomar tantos casos voluntarios como me gustaría. Es por eso que
quiero mi propia práctica.
—¿Trabajo voluntario? —Mis pies se deslizaron fuera del tablero,
sacudiendo mi cuerpo hacia adelante, en línea recta hacia el parabrisas.
Maldijo alarmado mientras su brazo derecho viajó directamente a su
lado, capturándome en el pecho. Conduciendo con una sola mano, se
desvió hacia atrás y adelante a través de la línea central.
—¿Trabajo voluntario? —repetí después que retiró el brazo.
—¿Qué es lo que te pasa? —Me clavó la mirada, con los ojos
ardiendo de conmoción.
—¿Eso no significa de forma gratuita?
Exhaló con brusquedad y se pasó una mano por el pelo. —¿Es tan
difícil de creer?
—Nunca pensé que tú... alguien como tú…
—No todos los abogados son tiburones, Spring —interrumpió—. Y no
todos están afuera para matar a los árboles y contaminar el agua. Mi plan
es hacer mucho el bien.
—No, yo... sí. —Tragué—. Estoy segura de que sí. —Lo enfrenté,
tratando de hacer que mi cara transmitiera lo que sentía, para hacerle
saber que ganó esta batalla—. Lo siento, Henry. No sabía.
—Ese es el problema contigo —murmuró, con los labios apretados—.
1
Piensas que me tenías resuelto desde el principio. Esa primera noche. ¿No
es así?
65
Sentí que mis ojos se ensancharon tratando de mostrar mi inocencia.
Pero tenía razón. La gente rara vez me sorprendía, y Henry se las arregló
para lograr precisamente eso. Una y otra vez. Admitirlo me hizo sentir
miserable. La pila de ladrillos en mi pecho fue sustituida por un nudo en la
garganta.
Su siguiente movimiento me sorprendió cuando se inclinó hacia
delante, sacando su celular del conector. Mi música se detuvo
abruptamente. Solo el sonido de los neumáticos en la carretera.
—Nos acercamos a una tienda —dijo—. Voy a parar para tomar una
bebida. ¿Quieres algo?
—J’ai très soif —murmuré—. Quiero decir, también tengo sed.
Rio con suavidad, sonando más como él de nuevo. —Te entendí la
primera vez.
Repetí su risa, solo que la mía sonaba nerviosa.
Henry aparcó el coche, manteniendo la calefacción encendida. —
¿Refresco dietético? —preguntó mientras abría la puerta.
—Quizás no debería si tengo pensado conciliar algún tipo de sueño
esta noche. Pero...
—Regresaré —dijo, cerrando la cremallera de su chaqueta y luego
pasando sus dedos a través su pelo.
Vi como entró en la tienda, inspeccionó las bebidas de la fuente y
conversó con el empleado, por último colocó dos botellas de agua en el
mostrador y un refresco dietético.
1
66
23
Traducido por florbarbero
Corregido por Vanessa VR
Nuestro viaje de regreso a Beacon Rock fue tranquilo. Los brillantes
números verdes del tablero marcaban la una en punto. Cuando llegamos
a nuestro lugar, Tyler se hallaba en algún lugar lavando sus dientes y Mel se
encontraba en la tienda.
—Estoy muerta —dijo, después de un gran bostezo—. ¿Ustedes
chicos vienen? —Se estremeció y se envolvió con una manta alrededor de
su cuerpo.
Me acerqué al fuego, mirando fijo sus moribundas llamas
anaranjadas. —Todavía no estoy cansada. No creo que pueda dormir
aunque lo intente. —Fruncí el ceño hacia la tienda detrás de Mel como si 1
fuera una prisión esperándome, y luego me dejé caer en uno de los
troncos en frente del fuego, hundiendo las manos en los bolsillos. 67
Mel miró a Henry. —¿Qué hay de ti? —Él negó con la cabeza. Volvió
a bostezar y se despidió con la mano, desapareciendo luego detrás de la
puerta de la tienda.
Henry atizó el fuego con un palo largo y luego lanzó un tronco en la
parte superior. Chispas rojas salieron disparadas y se arremolinaron hacia el
oscuro cielo.
—Estoy bien aquí sola —le dije.
Levantó la barbilla. Amarillo y naranja se reflejaba en las esquinas de
sus gafas.
—No tienes que quedarte si no quieres.
—Sí quiero. —Se limpió las manos en los pantalones y se sentó en el
suelo, al otro lado del fuego del lugar en que me encontraba.
Tyler apareció unos minutos más tarde. Vestía una sudadera de color
amarillo brillante con la capucha puesta, y llevaba una toalla de mano
encima del hombro, un cepillo de dientes sobresalía de su boca. —Todo lo
que necesitamos ahora es tu ukulele, Trip. Cántanos unas pocas líneas de
“Pearly Shells”. —Se rio mucho más fuerte de lo necesario. Parecía de muy
buen humor.
—¿De dónde vienen ustedes dos?
—De la carretera —dijo Henry.
—¿Usaron todo mi combustible?
—Probablemente. —Henry me señaló con su codo—. La calefacción
se puso a tope.
—Tenía frío —me disculpé.
—Es mejor encontrar algo para mantener el calor —dijo Tyler, y
señaló con un pie la manta extendida en el suelo delante de mí. Se rio y
luego desapareció dentro de la tienda. Oí la risita de Mel.
El fuego se reavivó y crujió, mientras el bosque emitía sonidos
extraños. Cuando el viento empezó a soplar a través de los árboles, subí el
cuello de mi abrigo, que se encontraba desabrochado para que pudiera
envolverlo alrededor de mí sobre el pijama de franela, como un traje
cruzado, una protección adicional.
—¿Tienes frío de nuevo?
—Primero no puedo dormir —me quejé—, y ahora no puedo
mantener el calor. No sé lo que me pasa.
1
Henry se puso de pie, caminando hacia mí como un hombre con 68
una misión. No podía adivinar sus intenciones. Cuando se halló a un brazo
de distancia, se detuvo y se inclinó sobre una rodilla. Se quitó la bufanda
azul que colgaba de su cuello, lo enganchó por la parte trasera de mi
cuello, y luego ató los dos extremos bajo mi barbilla.
Me quedé viendo su rostro, pero dejé de hacerlo cuando me miró a
los ojos. Y así, antes de que pudiera hablar, volvió a donde había estado
sentado al otro lado del fuego.
—Gracias —dije, mi corazón latiendo fuertemente por la sorpresa. Su
bufanda era de lana y de cachemir, más suave que una sábana sedosa.
Acaricié mi barbilla con el tejido. Todavía se sentía caliente, y olía picante
y limpio.
—De nada —dijo, dejando caer una piña al fuego. Crujió,
disparando chispas rojas hacia la oscuridad—. ¿Puedo hacerte una
pregunta?
—Por supuesto.
—¿Qué es lo que más te gusta La Pimpinela Escarlata?
Inhalé por última vez la bufanda cálida antes de responder. —La
amistad entre Sir Percy y sus hombres, principalmente —le dije, sobre el
canto de los grillos y los búhos—. Es un estudio profundo de los lazos
masculinos, y cuando tenemos en cuenta su ética en la historia… —Corté
lo que decía, sabiendo que era demasiado analítica. Me decidí por la
embarazosa honestidad—. En realidad, la historia de amor me mata. Y
adoro a Marguerite. Es una heroína envidiable. Vulnerable, pero con un
espíritu libre al mismo tiempo. Admiro su lealtad y su pasión.
—Me recuerda a mi hermana —dijo—. Era tan francesa como un
palurdo criado en el país puede serlo. —Desenvolvió una barra de
chocolate que tomó de la hielera y le dio un mordisco—. Me refiero a
cuando ella era más joven. Tuvo que madurar rápidamente. —Tiró la
envoltura a las llamas amarillas.
Quería preguntarle más acerca de su hermana, pero no tuve la
oportunidad.
—Naturalmente —dijo, echándose hacia atrás—. Me veo a reflejado
en el héroe en la historia, Sir Percy, robusto ídolo entre los hombres,
intocable, incorruptible, que salva a sus nobles compañeros, sin siquiera
una mancha en sus pantalones blancos. —Bajó la barbilla y sonrió
privadamente, metiendo un tronco en el fuego—. Pero francamente, me
siento más relacionado con el policía en la historia. 1
—¿Te sientes relacionado con Chauvelin? —le pregunté,
sorprendida—. ¿El villano malvado que persigue a nuestro héroe a través
69
de Inglaterra y Francia, destruyendo todo a su paso?
—No, Spring. Siento que el chico fue un incomprendido. —Nuestros
ojos se encontraron—. No tomes las cosas tan literalmente. Me leíste mal,
¿recuerdas? —Bajó la mirada hacia el fuego—. Pero no te preocupes, yo vi
a través eso. —Sin dejar de mirar a las llamas, continuó—: Vi a través de ti.
Mis manos sudaban frío otra vez, mientras mis puños se encontraban
apretados en los bolsillos. —Creo que eres como Sir Percy —le dije.
Levantó la vista. —¿En qué sentido?
—¿Qué tal por el hecho de usar una máscara la mitad del tiempo?
—sugerí—. ¿Actuando de una forma deliberada y estudiada? —Pude oír a
mi voz convertirse en acusadora, recordando el pasado... en cómo
desapareció de mi vida sin decir una palabra, y lo mucho que eso me
dolió—. Nunca, nunca mostrando su verdadero carácter hasta el capítulo
final.
—No actúo —dijo, un poco indignado—. ¿Cuándo te vas a dar
cuenta?
—Cuando me lo demuestres, Henry. —Mis palabras salieron en un
tono demasiado elevado, y ambos nos volvimos hacia la tienda oscura—.
A veces —continué susurrando, cuando nadie se movió en el interior—,
siento como si no te conociera en absoluto, y otras veces... siento... —Me
callé y presioné los dedos sobre mi frente—. No sé qué creer.
Dije esto para poner fin a nuestra charla sin discutir, porque
realmente, ¿qué importaba lo que pensaba de él? ¿O cómo me hizo
sentir? ¿Importaba que me comprara un nuevo brillo de labios en
diciembre? ¿O cómo mi corazón se aceleró cuando supe que iba a verlo?
—¿Qué sientes en este momento?
Mi cabeza se levantó ante sus palabras, y lo miré a través del fuego,
preguntándome si era una especie de lector de mentes.
—Acerca de mí, Spring —dijo—. ¿Qué sientes en este momento por
mí?
Eso era fácil. Era Knightly. Se suponía que debía odiarlo. ¿Cierto?
Solo que... no era odio lo que hacía que mi piel hormigueara, que el
fondo de mi boca se inundara con el sabor de los arándanos, y que mi
corazón palpitara cada vez que nuestros ojos se encontraban.
—Qué sientes por mí ahora —continuó—, responde eso. Por favor. 1
El viento cambió, provocando que el humo ocultara el rostro de
Henry, y que por un desesperante momento desapareciera por completo 70
de mi vista. Cuando el viento viró de nuevo y pude ver su rostro, mi pánico
se disolvió al instante, pero una sensación de desesperación diferente se
sentía hasta en mis talones. De repente, me moría de sed, y había solo un
oasis. Era el que podía enfriarme, el agua deliciosa, y estaba dispuesta a
arrastrarme a través de un desierto ardiente solo para sentir su sabor.
Henry se puso de pie, quitándose las gafas. —Voy hacia ti. —Le oí
decir. ¿Pero siquiera se movieron sus labios?
No sé si se acercó a mí como un simple mortal, o si arrojó su cuerpo
temerariamente a través de las llamas como una bestia mítica al estilo de
las épicas poesías griegas. De repente se encontraba en el tronco a mi
derecha, pero no estaba frente al fuego como yo, sino frente a mí. Sentí
que me giraba y deslizaba hasta la orilla del tronco, mis rodillas
acomodándose entre las suyas. Apreté los puños dentro de los bolsillos del
abrigo, sintiendo pequeños escalofríos en las puntas de mis dedos, mi
corazón martillando con nerviosa anticipación.
Se acercó y tomó mi cara entre sus manos, sosteniéndome como si
fuera una pieza de porcelana preciosa. Sus pulgares se movían a través de
mis mejillas, sus dedos en mi nuca. Y entonces... mi arrolladora sed fue
saciada.
Su nariz se sentía helada, pero sus mejillas se sentían calientes como
llamas. Su piel olía a fogata y recién afeitado, y en esta ocasión, no
saboreaba el amargo-dulce de los arándanos, pero aun así sabía
delicioso, irresistible como canela y chocolate.
Tan tradicional...
Me besó una vez y luego se apartó unos centímetros, aún
sosteniendo mi cara. Tomé una sonora respiración, muy decepcionada
porque se detuvo. Pero mi anhelo duró solo un momento, porque se inclinó
hacia mí de nuevo.
Al igual que en su cocina en la mañana de Acción de Gracias,
contemplé un estallido de luces y chispas detrás de mis párpados, mi
interior reaccionaba con un instinto natural que no podía definir, nunca lo
había sentido antes. A medida que el beso se profundizó, esas chispas
explotaron, golpeando y resplandeciendo en mi pecho.
Me incliné hacia él, pasando las manos sobre su desaliñado mentón,
sobre sus mejillas, su cuello, cualquier trozo de piel que pude encontrar,
incluso en su cabello. Mis dedos lo agarraron y se enredaron alrededor de
los suaves rizos, inundando mi cabeza con más estrellas. 1
Una vez más, retiró su cara unos centímetros. No me sentía lista para
otro descanso en nuestro beso, así que me acerqué a él. Retrocedió un
71
poco más. ¿Me tomaba el pelo?
Confundida, me obligué a centrar mis ojos en los suyos.
La ferviente mirada sexy de Henry se cernía sobre mí, haciendo que
mi garganta se secara en un instante. Los lados de su boca se elevaron en
una sonrisa. Era insoportablemente hermoso.
—Espera —susurró—. Cierra los ojos.
Desenredé los dedos de su cabello, moví las manos a la parte
superior de sus hombros y obedecí su petición. Mi respiración se detuvo al
sentir una ráfaga de aire frío cuando Henry abrió el frente de mi abrigo y
deslizó sus brazos alrededor mío. Me tiré hacia adelante. Nuevamente
hacia la calidez. Con mi cara en su cuello, respiré, sintiéndome mareada.
Nos ajustamos uno en el otro, encajamos a la perfección. Su nariz se
sentía en mi mejilla, moviéndose en círculos, enviando un fresco hormigueo
a través de mi cuerpo. Mi columna se sentía débil y extraña, como un
carrete desenrollado de cinta. Mientras seguía en su misión exploratoria, su
mano se congeló cuando tocó el espacio de dos centímetros en la parte
baja de mi espalda, en el lugar donde terminaba mi camiseta y
empezaban mis pantalones de pijama. El contacto de mi piel con su piel
hizo que suspiráramos al unísono.
—Estás helada —susurró—. Vamos a hacer algo al respecto. —Más
rápido de lo que creía posible, me jaló a su regazo y deslizó sus manos por
mi espalda debajo de mi camisa. El fuego y la sedosa calidez se
esparcieron por mi flujo sanguíneo.
Transcurrió un largo tiempo, pero solo era consciente de sus manos,
sus labios, del zumbido en mi cabeza.
Volví a la realidad cuando Henry de repente tomó una profunda
respiración. Abrí un ojo, y luego quité rápidamente las manos de su cuello,
notando cuatro marcas rojas que le dejaron mis dedos.
Mantuvo sus ojos en los míos, sus labios curvándose en una lenta
sonrisa sexy. —Tranquila tigre. —Respiró sobre mi boca.
—Te... te arañé —susurré—. ¿Por qué no me detuviste?
—No me quejaba. —Levantó una sonrisa que derritió todo lo que
quedaba de mí—. Me halagaba.
Después de otro beso que fue demasiado corto, me deslizó de su
regazo y se levantó. La parte frontal de mi cuerpo de repente se congeló,
ante la falta de su calor, de sus brazos, de su aliento en mi boca. Sentí el
peso de sus manos cuando las colocó en la parte superior de mis hombros
1
y me miró. Su cabello se encontraba totalmente revuelto por culpa de mis 72
dedos, dejándolo incluso más sexy de lo que lo tenía antes.
—Voy a avivar el fuego —dijo.
Como me hallaba un poco fuera de práctica en cuanto a la
interpretación de insinuaciones sugerentes, no entendí muy bien qué
quería decir, pero estaba bastante segura de que entendí lo esencial. Así
que, sonreí, deslicé las manos alrededor de su cintura y me puse de pie.
Pero Henry me detuvo en mi lugar.
—No, Spring —dijo, riéndose suavemente—. Quiero decir, avivar el
fuego, el fuego real. —Asintió hacia las brasas apagándose detrás de él—.
¿Qué pensaste que quería decir?
—Nada —dije, exhalando una risita—. El fuego. Correcto.
Se inclinó y besó la punta de mi nariz. —No te muevas.
Mientras observaba cómo se alejaba apreté los labios. Quizás ya se
encontraban hinchados, debido a la barba de su cuello del cual no podía
mantenerme alejada. Sabía que iba a tener marcas delatoras en la cara
mañana por la mañana; la más obvia evidencia era el chupetón que se
formaba. No habría manera de esconderlo, para ocultar lo que habíamos
hecho durante la última hora.
Pero la pregunta era, ¿quería ocultarlo?
Henry se encontraba de rodillas ante las cenizas decrecientes,
reconstruyendo nuestro descuidado fuego. Cuando terminó, abrió la
hielera y sacó una botella de agua. Levantó otra, señalándome, pero
negué con la cabeza. Desenroscó la tapa y bebió un trago.
—Me deshidrataste por completo —dijo en voz baja. Luego me hizo
un guiño.
Santo Dios.
Tomé una bocanada de aire frío de la noche, pero eso solo logró
marearme más, me sentía mareada y al mismo tiempo extremadamente
alerta por inhalar el aroma de su cuello durante tanto tiempo. Estas aguas
eran desconocidas para mí, pero no pensaría en eso. Ahora no era el
momento para diseccionar todo o analizar a muerte en la forma que lo
hacía Spring.
Cuando terminó con su agua, no regresó a su lugar junto a mí, sino
que se sentó en la manta, a mis pies, frente a la fogata encendida. Se
recostó contra mis piernas, su cuerpo cálido y sólido.
—¿Te acuerdas de aquella vez en mi cocina? —preguntó, en el más
1
pequeño de los susurros. 73
Mi corazón se aceleró mientras recordaba aquella mañana. —Sí —le
respondí, mirando hacia abajo, a su nuca, su cabello oscuro se movía
suavemente.
—Luego tuvimos esa noche en mi pasillo y la mañana antes de las
vacaciones... en tu dormitorio.
—Ajam. —Mi pecho se sentía caliente de nuevo.
—Sucedió una vez, entonces la situación se repitió dos veces. —Su
mano derecha se hallaba alrededor de mi tobillo derecho. Incluso después
de la última hora, su toque todavía era una especie de conmoción para
mi sistema, una conmoción bienvenida—. Me prometí que nunca permitiría
dejar pasar otra oportunidad. —Su otra mano se sentía alrededor de mi
otro tobillo—. Sé que sabes lo que quiero decir.
Sin duda, lo sabía.
Sus manos se deslizaron dentro de las piernas de mi pijama,
moviéndose hacia arriba y abajo en la parte inferior de mis pantorrillas.
Cerré los ojos y respiré lentamente a medida que la sangre corría por mis
venas. —Odio decepcionarte, Knightly, pero no te hubiera besado ninguna
de esas otras veces. —Mi protesta sonó poco convincente y chistosa,
porque incluso mientras hablaba, me moví hacia adelante, poniendo una
mano sobre su hombro.
—Honeycutt. —Suspiró con impaciencia—. Sí lo hubieras hecho. —
Apretó una de mis piernas—. Y no hablaba solo de besarte.
Mi corazón latía fuerte y rápido, casi era doloroso, y miré a un lado,
notando lo cerca que la carpa se ubicaba de donde nos sentábamos,
demasiado cerca como para que algo más ocurriera entre nosotros esta
noche. Aunque cada vez que Henry me tocaba, sabía que lo deseaba.
Cálmate, Springer. Están juntos, y tienen un montón de tiempo.
Esto se confirmó cuando Henry se volvió y tomó mi mano, tirándome
suavemente hacia adelante hasta que estuve sentada en el suelo junto a
él. —Hola —dijo, envolviendo un brazo alrededor de mí y arrastrándome
hasta que no quedó un centímetro entre nosotros.
—Hola. —Bajé mi barbilla para que descansara contra su pecho—.
¿Qué piensas?
—Lo mismo que siempre pienso cuando me encuentro cerca de ti. —
Besó la cima de mi cabeza—. He estado hablando demasiado.
—Reconocer que eres locuaz no responde mi pregunta. Dime lo que
sientes.
1
En toda mi vida, nunca le hice esa pregunta a un chico. No sé lo que 74
me poseía para preguntarlo ahora. ¿Qué tipo de respuesta podría darme?
Me mordí el labio y esperé.
Después de un momento, se movió, aflojando su brazo sobre mi
hombro. —De acuerdo —dijo—. Este es un sentimiento real, Spring. ¿Estás
lista?
Tomé una respiración profunda. No quería que el estado de ánimo
se echara a perder por Henry siendo, bueno, Henry. —Lista —le dije.
Antes de hablar, tomó mi barbilla con la mano e inclinó la cara para
mirarme a los ojos. —Siento que esta noche es Navidad y mi cumpleaños
—susurró—. Y acabo de recibir todo lo que había en mi lista. Así es como
me siento.
Dejé que este sentimiento se hundiera en mi alma. Un momento
después, me aparté, deslicé mi mentón de su mano, y rodé sobre mis
rodillas. Henry parpadeó hacia mí, viéndose extrañamente vulnerable. Sus
ojos eran suaves y de color marrón cuando nos miramos el uno al otro. Puse
las manos en sus mejillas y luego las deslicé a los lados de su cuello,
deteniéndome al llegar a los hombros.
—Pues bien —dije, empujando su cuerpo hacia atrás, siguiéndolo
con mi cuerpo—. Feliz cumpleaños, Henry —susurré—. Otra vez.
Los chirridos de los grillos nocturnos se turnaron con el croar de las
ranas, y antes de que nos diéramos cuenta, el sol naranja era una línea
tenue en el horizonte al oriente. Estaba todavía muy oscuro y no me sentía
preparada para la mañana.
—¿Duermes? —susurré. Henry se hallaba boca arriba, y yo me
encontraba de lado, con mis brazos unidos a los suyos y mi frente contra su
hombro.
Mi pregunta parecía lógica; habían pasado unos cinco minutos
desde que cualquiera de nosotros habló o se movió, y fue el tiempo más
largo que permanecimos sin besarnos en toda la noche.
—Pensaba, no dormía —susurró, presionando los labios en mi
cabello.
—¿Acerca de qué? —le pregunté, descansando mi mentón en la
parte superior de su hombro para poder mirarlo a los ojos. Henry en la
tenue luz blanca antes del amanecer. Era para desmayarse.
Respiró hondo, torciendo un poco la espalda. —El tiempo —
respondió—. Y la ironía.
—¿El tiempo y la ironía ocupan tu mente a las cinco de la mañana?
1
¿Es ese el efecto que tengo sobre ti? 75
—El efecto que tienes en mí... —repitió. Miraba más allá de mí, hacia
el cielo turbio—. En realidad, pensaba en estar de regreso en Stanford, en
la casa de enfrente, y estar aquí ahora. Tiempo.
Apreté su brazo. —¿Y la ironía?
—La ironía es, de nuevo en diciembre, me sentí como si gastara toda
mi energía tratando de no ser abiertamente obvio acerca de mis
sentimientos. —Se volvió hacia mí—. ¿Y tú no sabías?
Levanté las cejas.
—¿Debería haber dicho algo entonces? Traté, ya sabes.
—El tiempo —le susurré, frotando la mejilla contra su hombro. La
mezcla de la suave lana de su suéter me daba picazón en contraste con
su piel. A pesar de que estuvimos juntos toda la noche, no podía conseguir
saciarme de él, de su sabor, su potencia, el delicioso olor de su cuello. Era
peor que una fanática en un concierto de Bob Marley.
—Pero aun así, estoy dividido sobre el tema —continuó Henry—.
Comprendo que se supone que mi arrogancia debe terminarse. —Percibí
una sonrisa en su voz—. Supongo que atraparme era una astuta parte de
tu plan.
—Oh, sí —le dije, después de reírme—. Mi plan. Caíste derecho en él.
Solo tardó siete meses.
Se rio suavemente y se quedó mirando el cielo de nuevo. —En serio,
¿cuál habría sido tu reacción si te hubiera besado la noche antes de las
vacaciones?
—¿Te refieres a si hubieras intentado besarme? —corregí, soltándole
el brazo para deslizar el dedo por su barbilla.
Se burló con su encantadora arrogancia. —No hubiera sido solo un
intento, Spring —dijo—. ¿Qué habrías hecho?
—Lo más probable es que te hubiera golpeado en el estómago —le
contesté, deslizando el dedo hacia atrás y adelante a través de su labio
inferior.
Henry se quedó callado por un momento. —Y luego, ¿Qué habrías
hecho? —preguntó—. Después que te besara por tercera vez, quiero decir.
—Un hombre no es nada si no es persistente.
—Probablemente te hubiera dado una patada en las costillas. —Me
apoyé en mis manos, mi cara cerniéndose sobre la de él, solo para
bajarme, colocándome a la mitad de su pecho, con mi nariz en su cuello.
1
Henry metió las manos dentro de la parte de atrás de mi camisa. 76
Parecía ser su lugar favorito para quedarse, al igual que era su cuello para
mí. Los dos necesitábamos sentir nuestra piel. Fue un poco sorprendente
cómo nunca me sentí nerviosa o incómoda, asustada por lo que podría
pasar después. Más importante aún —a diferencia de con todos los otros
chicos— no me aburrí ni un solo momento.
—¿Y después de una cuarta vez? —preguntó en tono relajado.
—¿No has tenido suficiente rechazo? —susurré, plantando besos por
su cuello y tomando inhalaciones profundas.
No respondió. Sus manos se deslizaron desde al interior de la camisa
y corrieron por mi espalda desde la cabeza hasta la cintura, con
movimientos largos, como si me estuviera pintando. Incliné mi barbilla para
poder mirarlo, pero su mirada se dio vuelta, como si tuviera el propósito de
ignorarme. Sus ojos parecían centrarse intensamente en algo más ahora,
algo que sostenía en la mano al otro lado de mí, pero no podía ver lo que
era.
Su mano libre acunó mi nuca, los dedos acariciándome con ternura.
Volvió la otra mano hacia la luz, y por fin pude ver qué era lo que tocaba
tan suavemente. Era una de mis trenzas.
Casi con reverencia, la llevó a la boca y la besó.
1
77
24
Traducido por Issel
Corregido por Daniela Agrafojo
—Spring. ¿Spring? ¡Spring!
—¿Qué? —jadeé y salté hacia delante, mi cinturón de seguridad
halándome de nuevo hacia atrás. En el proceso, golpeé el codo contra el
enfriador a mi lado. Después de parpadear mucho, me enfoqué en la cara
del Mel entre los dos asientos.
—¿Cuál es la diferencia entre un cuervo y un mirlo?
¿Cielos, eso es todo?
—Lo siento, ¿tomabas una siesta o…? —Su mirada se deslizó dos
espacios hacia adelante. 1
También di una mirada rápida en esa dirección. Henry miraba desde
su ventana el paisaje de pinos y postes de teléfono. Tenía la barbilla
78
apoyada en su puño y su expresión totalmente en blanco.
Exhalé sin hacer ruido y me volví hacia Mel, sobándome el codo.
—Mmm, los mirlos son pequeñas aves de patas delgadas y tienen un
canto específico, mientras que los cuervos son más grandes. —Me esforcé
por ser minuciosa—. Por ejemplo, los grajos son comúnmente llamados por
el nombre genérico de cuervo.
—¡Ew! Los grajos son enormes y aterradores —se quejó.
—¿Cierto? —concordé, asintiendo ansiosamente.
Satisfecha, Mel volvió a su puesto, confiándole mi información a Tyler,
quien nos llevaba de vuelta a Vancouver.
Hice un círculo con mis labios y dejé salir el aire, dando otra mirada
de reojo hacia Henry.
Tenía una pequeña sonrisa en su cara ahora, pero aún miraba hacia
fuera a través de la ventana.
—Pensabas en lo de anoche, ¿verdad? —adivinó, hablando con un
tono de voz que solo yo podía oír.
Siseé para callarlo.
—Sí. —Parpadeó lentamente y me dio una mirada intensa—. Yo
también.
—¿Y qué pasa con esas cositas sobre los mirlos? ¿Las pequeñitas? —
preguntó Mel, volteando hacia mí de nuevo. Antes de poder responder, su
expresión cambió—. ¿Estás bien, cariño? Tu cara está totalmente
sonrojada.
Me encontraba a punto de levantar la mano para chequear la
temperatura de mi frente, pero la doctora Melanie se adelantó.
—No, no te sientes caliente. —Tomó mi muñeca—. Pero tu pulso se
agita como el de un colibrí y tus manos están congeladas. Aquí. —Lanzó
una manta sobre mí—. Probablemente te congelas por encontrarte
sentada entre la ventana y el enfriador. Ty, ¿por qué no botaste el hielo?
¿Tyler? Henry, ayúdame a moverlo. No, hacia acá.
Mel se inclinó hábilmente sobre el asiento, desabrochó mi cinturón y
me empujó hacia adelante, así Henry podría mover el enfriador,
dejándome a su lado en el asiento del medio.
—Ahí —dijo Mel, examinando mi nueva posición—. Mucho mejor. —
Asintió y volvió a su puesto—. Aun nos faltan cuatro días. No deberías
enfermarte. —Comenzó a regañar a Tyler para que le prestara atención al 1
camino.
79
Me senté como congelada, con Henry justo a mi lado. No tenía las
agallas para mirarlo ahora mismo, pero podía sentir su hombro
sacudiéndose con una sonrisa contenida. Traté de inclinarme para
apartarme casualmente. Y él se inclinó de la misma forma, colocando un
codo en el reposabrazos.
Un momento después, la manta sobre mi regazo se movió un poco, y
sentí la mano de Henry en mi brazo, luego se deslizó entre mi espalda y el
asiento. Mis ojos se abrieron y miré como las puntas de sus dedos iban
subiendo. No pude evitar arquear mi espalda, con mi aliento volviéndose
un poco superficial.
—¿Qué haces? —susurré, tratando de recuperar el control de mis
facultades. Se rio en un susurro, sus dedos manipulando mi muy sensitiva
nuca. Mi espalda se arqueó de nuevo—. De… de… detente… —casi gemí.
—¿Por qué?
—Porque sí. —Mordí mi labio—. Porque si no te detienes, voy a
comenzar a ronronear. ¿Quieres explicarles eso a ellos?
Su sonrisa se hizo más grande, pero quitó su mano y la colocó en su
rodilla.
—Spring —susurró—. Honestamente, ¿crees que piensan que
estuvimos despiertos toda la noche hablando sobre los viejos tiempos? Fue
una explicación brillante, por cierto, de la razón por la que mi saco de
dormir se hallaba aún enrollado en la esquina de la tienda.
—¿Lo saben? —exhalé sin aliento, mis ojos moviéndose hacia el
asiento donde Mel y Tyler tenían una discusión sobre el GPS.
Henry se encogió de hombros. —No dije nada. Después de que
saltaras para apartarte de mí cuando Mel salió de la tienda esta mañana,
me imaginé que querías mantenerlo entre nosotros por ahora. —Inclinó la
cabeza—. ¿Esto es incómodo para ti? ¿Nosotros?
—Un poco —admití con un suspiro—. Se lo diré esta noche. Va a
hacer una gran cosa de esto. Yo solo… no…
—Está bien, no me importa —dijo Henry—. De hecho —La manta en
mi regazo se movió de nuevo—, me gusta hacerte ronronear. —Sus manos
se deslizaron bajo mi camisa, sus dedos trazando la línea de mi columna.
—Yo… —realmente gemí esta vez—. Creo que voy a tener un
ataque.
—Bésame —susurró Henry—. Te sentirás mejor.
La sugerencia me hizo morderme el labio, pero me las arreglé para
aguantarme e inclinarme hacia atrás, aplastando su mano, forzándolo a
1
apartarla. 80
—¿No? —murmuró cuando le lancé una mirada. Gruñó de
frustración y luego soltó su cinturón de seguridad y se inclinó hacia
adelante entre los dos asientos delanteros para ver algo en el tablero. Se
asomó por el parabrisas para ver algo más. Después de un momento,
volvió a sentarse y a colocarse el cinturón.
—Nos queda menos de un cuarto de tanque de gasolina —dijo por
la esquina de su boca—. Resulta que sé que hay una estación de servicio a
diez minutos. Estoy seguro de que nos detendremos para repostar, y ellos
estarán ocupados bombeando gasolina y discutiendo. No se darán
cuenta. —Me dedicó una media sonrisa traviesa, mirando hacia
adelante—. Supongo que puedo esperar hasta entonces.
—¿Esperar para qué?
Se volvió hacia mí, con una expresión seria. —Bueno, Spring, ya que
obviamente no me vas a dejar extasiarte ahora, tendré que esperar hasta
que nos detengamos. —Sin dejar de verme, asintió hacia la ventana—.
Una vez ahí, voy a sacarte de este auto, arrastrarte hacia la parte de atrás
del edificio y devorarte en privado por cinco minutos. ¿Trato?
Mi estómago hizo un extraño movimiento sincronizado de
contracción y salto, y luego se derritió como mantequilla sobre una
tostada caliente. Aún mirándome, Henry comenzó a tamborilear los dedos
impacientemente sobre su rodilla. Cuando su mirada se deslizó hacia mi
boca, el salto en mi estómago empeoró.
Mariposas, me di cuenta. Henry Knightly me estaba produciendo
mariposas.
—¡Trato! —dije bruscamente.
—¿Qué? —preguntó Mel, mirándome.
—Oh, ummmp. —Inflé mis mejillas y di un gran, dramático
encogimiento de hombros, señalando la ventana—. No… nada.
Después de que volviera su atención a Tyler, dejé escapar el aire.
—Deberías ser actriz —dijo Henry—. Completamente natural.
Apreté los labios suprimiendo una carcajada. Sus dedos todavía
golpeaban su rodilla. Me quedé mirándolos, deseando por encima todo
poder tocarlo. Bueno, quizás no por encima de todo. Quizás…
—¿Te importa si cambio de tema?
Pasé una mano por mi frente húmeda. —Por favor. 1
—Esa noche al final del semestre, cuando te pregunté que querías
de la vida, me dijiste que querías cambiar el mundo. 81
—¿Si? —dije, tirando de mi labio, irritada porque Tyler condujera tan
enloquecedoramente lento.
—¿Que significaba eso exactamente?
—Pude haberme excedido esa noche —admití—. Asegurándome de
superarte.
—Diabólica. —Sonrió Henry.
—Pero en este momento, por ejemplo, mis clases en la comunidad
local ejecutan un programa de reciclaje usando Palo Alto como prototipo.
—Apreciando la distracción, crucé mis piernas y tejí una larga trenza—.
Estamos esperando extendernos hacia San Francisco, quizás conseguir un
poco de exposición nacional.
—¿Reciclando? —repitió con escepticismo.
—Pasos pequeños.
—Sabes, no hay una prueba definitiva de que los bienes reciclados,
papel específicamente, usen menos recursos finitos. Tus árboles todavía se
encuentran en peligro. —Tocó su barbilla con su dedo índice—. Solo lo
traigo a colación para ayudarte a conocer los hechos. Eso, y en lo
personal, siempre está el crecimiento que quiero conseguir de ti.
Rodé mis ojos. —Lo amas, ¿verdad?
—Sin mencionar el tema del desarrollo de tierra en la Gran Cuenca.
—Sonrió—. ¿Agregaste eso a la parte nueve de tu tesis?
—Oh, eh, no. —Mis mariposas quedaron atrapadas en una red
temporalmente—. En realidad he tenido algunos problemas con esa
sección.
Henry me miró, toda la burla se había ido. —¿Por qué no me dijiste?
—¿Cuándo? —Levanté mis cejas—. Te fuiste.
Sus ojos no se movieron de los míos. Pude ver un parpadeo de
confusión en ellos al principio, luego comprensión. Y luego remordimiento.
También me sentía arrepentida. Por lo menos un poco. ¿No decidí que
confié mucho en él el semestre pasado? ¿Confiar en él cuando debí haber
sido independiente? Porque, cuando se fue, quedé peor que antes.
—Spring. —Se inclinó, presionando su hombro contra el mío,
manteniéndolo ahí—. Trabajaremos en eso juntos. —Levantó una mano y
tomó el puente de su nariz—. Lo lamento, no… no conozco tu horario este
semestre. ¿Podemos encontrarnos en la biblioteca el primer jueves cuando
estemos de vuelta?
1
—Creo que tengo esa tarde libre. 82
—Pásame tu teléfono. —Pero no esperó, solo lo tomó del bolsillo
exterior de mi cartera y tecleó algunas palabras—. Ahora está en tu
calendario. No llegues tarde.
—No lo haré, y gracias —dije, un poco sorprendida por lo fácil que
acepté su ayuda de nuevo.
Por unos segundos, sentí un vacío entre nosotros, una pared, como si
hubiéramos vuelto a un modo platónico de estudiante/profesor, como si la
noche anterior nunca hubiera pasado.
Justo cuando otro tipo de arrepentimiento comenzaba a
apoderarse de mí, tomó mi mano bajo la manta, y la movió a mi regazo.
Sus ojos sonreían, y me pregunté si podía sentir el alivio absoluto que sentí
al momento en que me tocó. Volteó mi mano hacia arriba y pasó sus
dedos a lo largo de mi palma, entre mis dedos, subiendo a mi muñeca,
trazando un círculo.
—Nos encontraremos en el último piso del Meyer —dijo, presionando
juntas nuestras palmas, atrapando el calor. Cuando nuestros ojos se
encontraron, le dio un apretón a mi mano—. Hay un cuarto de estudio
detrás de los estantes. Es el único que tiene seguro. —Levantó una ceja—.
Piénsalo.
—Es una cita —dije.
—Usa esa franela de nuestra pelea de comida. —Sus ojos me dieron
un rápido escaneo—. Muy sexy.
Cuando inhalé, cada molécula del oxígeno entrante se encontraba
atada a ese limpio, picante olor masculino, la esencia que respiré durante
las pasadas doce horas.
—¿Di…? Diez minutos hasta la estación de servicio, ¿dices?
—Algo así como dos, ahora —corrigió, luego de echar un vistazo por
el parabrisas.
—Nos detendremos a llenar el tanque —anunció Tyler.
Le lancé una mirada a Henry. Sonrió encantadoramente.
El auto redujo la velocidad, y nos detuvimos, esperando para cruzar
hacia la pequeña estación de Chevron. No había más autos en la
gasolinera. Tyler le daba instrucciones a Mel sobre cuales aperitivos quería
del mini mercado, luego giró su cabeza hacia nosotros, preguntando que
queríamos. Henry y yo declinamos, casi en unísono. Tyler también anunció
que Mel y él estarían usando las “comodidades” primero, y nosotros 1
tendríamos que esperar nuestro turno. Agregó que podríamos querer vagar
un poco por los alrededores porque también iba a inflar las llantas. 83
El plan era perfecto. Tiré de mi labio y miré por la ventana, mi boca
una combinación de algodón seco y saliva. Me pregunté si sería capaz de
esperar hasta llegar detrás de la estación de servicio como Henry planeó.
Después de un millón de años aproximadamente, el auto por fin se
detuvo junto al dispensador de gasolina. Tyler tomó su billetera y bajó del
auto. Abrió la puerta de Henry, esperando que nos bajáramos. Tyler se
encaminó hacia la tienda.
Mel luchaba con su cinturón. Tomándose demasiado tiempo.
Mi corazón latía en mis orejas.
—¿Se van a quedar aquí, chicos? —preguntó sin darse la vuelta.
Los dedos de Henry rodearon mi mano mientras le decía a Mel que
nos quedaríamos. Se bajó de auto, y estaba a punto de cerrar la puerta
cuando Henry la llamó—: ¿Te importaría tomar dos botellas de agua para
nosotros?
Mel usaba lentes de sol, por lo que no pude ver sus ojos. Sin
detenerse, asintió y cerró la puerta.
—Medida preventiva —explicó—. Planeo deshidratarte a ti esta vez.
Empatar.
—Piensas en todo.
Se inclinó sobre mí, con una mirada leonada en sus ojos. Todo lo que
pude hacer fue mantener un dedo arriba para detenerlo. Por encima de
su hombro, mis ojos la siguieron. Podía contar los segundos en mi cabeza,
el número de pasos que tomaría hasta que Mel y Tyler estuvieran dentro de
la tienda. Mis cálculos nos dieron seis segundos más.
Henry se encontraba sobre mí en tres.
¿Qué le tomó tanto tiempo?
1
84
25
Traducido por Buty Maddox
Corregido por [Link]
—Mel dijo que bajaría en cualquier momento.
—Sí, claro. —Tyler se rio entre dientes. Los dos sabíamos que serían
horas.
Después de regresar de la cocina, se sentó en el sofá y cogió una
revista deportiva, mientras que yo yacía con las piernas cruzadas en el
suelo a la mesa de café, tratando de rozar un capítulo de mi libro de
texto Mujeres del Siglo Veinte.
Penoso.
Había planeado una siesta en nuestro viaje de dos horas de regreso 1
a Vancouver, pero la pequeña parada de Henry lo hizo totalmente
imposible... 85
—Te extrañé —dijo en el segundo que Mel y Tyler se encontraban
dentro de tienda. Quizás demasiado preocupada por su cuello para
notarlo, no fue hasta que mis pies tocaron el suelo, que me di cuenta que
Henry me tomó realmente en sus brazos y me llevó fuera del coche a la
parte posterior de la estación de gas.
Nosotros usamos cada segundo de esos cinco minutos: Henry me
sostuvo y fijó mis manos contra el edificio de estuco. Me abrazó aun luego
correr su boca arriba y abajo de mi cuello hasta que mis rodillas cedieron.
Entrelazó sus dedos con los míos. A pesar de todos los besos que ocurrieron
la noche anterior, el simple gesto, de reposicionar su agarre para poder
tejer sus dedos entre los míos se sintió enormemente íntimo.
—Se acabó el tiempo —dijo en mi pelo, liberándome. Pero tomé la
decisión escandalosa de otorgarnos diez segundos extras pulsando primero
las palmas contra su pecho, sintiendo su fuerte y palpitante corazón, luego
deslizando lentamente mis brazos a su alrededor. Me alcé en mis pies,
enganchado mi barbilla sobre su hombro, y luego estrechando las manos
por su espalda, sellándonos juntos.
Sin labios, sin lengua. Nos abrazamos.
—Ahh, esto es... muy... —Exhaló un pequeño gemido cuando me
apretó con más fuerza, creando con nuestros cuerpos en una sola línea—.
Springer. —Su respiración se detuvo—. Ahora me haces ronronear…
—¿Estamos un poco somnolientos esta noche?
Mis ojos se abrieron de golpe, de repente me di cuenta que mi
mente había ido. Tyler seguía frente a mí en el sofá. Prácticamente podía
oír la sonrisa en su voz.
—Tal vez tú y el viejo Henry no deberían haber permanecido
despiertos toda la noche, ¿eh?
—Este es un tema aburrido —le ofrecí, golpeteando un resaltador
amarillo a mi libro de texto abierto.
Esta noche ninguno de nosotros tampoco conseguiría descansar,
porque una vez que una elegante Mel bajara y Henry apareciera, los
cuatro nos dirigiríamos a Portland a ver un concierto.
Después de leer la misma oración tres veces, dejé que mi cabeza
cayera sobre mi libro, descansando en una mejilla. Si tuviera treinta
segundos de silencio, sabía que sería como una luz.
—Así que... —Tyler rompió el silencio de nuevo. Me quedé
sorprendida por la forma en que las palabras fueron adornadas con tanta
insinuación. Fue un esfuerzo levantar la cabeza, pero me las arreglé. Sus
1
grandes ojos azules brillaban, mirándome al igual que Henry esta mañana. 86
Me pregunté cuándo fue que me había convertido en completamente
transparente.
—Tú y Henry, ¿eh?
Mi columna se tensó con indignación. Era un reflejo natural. —Henry
y yo, ¿qué?
—Oye, solo trato mantener una charla mientras esperamos —se
defendió—. No me gusta el silencio. Pero... ya sabes lo que quise decir. —
Hizo sonidos de besos babosos.
Puse los ojos. —No pasó nada entre nosotros. —Pero fue un intento
ridículo e inútil. Si se pareciera en algo a su primo, Tyler vería a través de mí.
Me quedé mirando la puerta, los dedos golpeando con impaciencia
debajo de la mesa. No podía esperar para verlo, no podía esperar a
escuchar la camioneta rugiendo en la entrada. Si no fuera por los ojos
excesivamente interesados de Mel y Tyler, me imaginaría rompiendo la
puerta en el segundo que escuchara el crujido de la grava, posiblemente
corriendo y saltando a sus brazos como vi en una película.
Ja. Sonreí para mis adentros. Y así como así, me he convertido en
una romántica. Culpo a Bruno Mars.
Parecían mucho más de cinco horas desde que Henry nos dejó en lo
de Mel para conducir al lugar donde se alojaba esta semana. ¿Mencionó
un abuelo? Y ahora, por su último texto, se encontraba en camino a la
casa. En camino hacia mí.
Mariposas.
Me quedé mirando distraída mi libro de texto, intentando evitar
cualquier tipo de sonrisa en mi cara, tratando de no mostrar ninguna
vertiginosa emoción femenina. Cuando miré hacia Tyler, asegurándome
de que en primer lugar mi expresión en blanco era firme, su sonrisa
zalamera había desaparecido.
—Oh, lo di por hecho. —Se pasó los dedos por la parte trasera de su
cabello rubio—. Mel me dijo que ustedes estaban hablando anoche, pero
asumí…
Tuve que morderme los labios para evitar gritar en voz alta. ¿Tyler en
verdad compró esa carga?
—Solo poniéndonos al día. Como te he dicho —confirmé mi anterior
mentira—. Henry y yo éramos vecinos en Stanford, ¿recuerdas? Y
trabajamos en una tarea juntos. 1
Tyler asintió, totalmente convencido. —Eso es bueno —dijo—. Por lo 87
menos, para ti.
—¿Qué quieres decir?
—Pareces una buena chica, y eres la mejor amiga de Mel.
—¿Y?
Tomó un largo trago de refresco, como si se prepara para contar
una larga historia. —No pensé que Henry conectaría con chicas, todo
casual como eso. —Se limpió la boca con el dorso de una mano—. Bueno,
por lo general no lo hace.
—¿Por lo general?
Dejó la lata de soda y entrelazó sus dedos entre sus rodillas. —Está
bien, así que hubo una vez, al comienzo del verano pasado, ¿verdad?
Justo después de que se graduó de Duke, Henry estaba a punto de irse a
Suecia o a cualquier otro lugar con su familia. —Miró sobre su hombro y
luego a mí—. Lo llamó llenar la cantimplora. ¡Ja! ¡Ja! Supongo que pensó
que estaría lejos de las mujeres estadounidenses durante un tiempo. Así
que, de todos modos… —Se inclinó hacia delante, con los codos sobre las
rodillas—… justo antes de irse, enganchó por un fin de semana, porque
sabía que no sería todo el verano. —Tyler se sentó y cruzó las piernas.
—Enganchó —repetí, no muy segura de qué quería decir. Por
supuesto conocía el término, pero también sabía de su definición
ambigua. Esperé una explicación más detallada, también me pregunté si
la cara de Tyler se encontraba a punto de esbozar una estúpida sonrisa y
me diría que bromeaba conmigo.
Pero continuó. Ninguna estúpida sonrisa.
—Sí —dijo, sonriendo con aprobación—. Ya sabes, aprovechando
esa cosa.
—Oh —le dije, comprendiendo perfectamente ahora. Me incliné en
un codo sobre la mesa de café, sintiendo envidia y pocos celos de una
chica desconocida, simplemente porque estuvo con Henry primero. Miré
hacia abajo y no podía dejar de sonreír, la confianza de saber que nuestro
tiempo llegaría pronto. Y que podría esperar.
—Creo que era la hermana de uno de sus colegas en Duke —siguió
Tyler, despertándome de mi ensoñación—. ¡Oh, sí! —Golpeó su frente—.
Era la hermana de su compañero de habitación. Supongo que visitaba a
su hermano antes de regresar al este, y Henry la tomó fácil.
Esas pequeñas mariposas felices en mi estómago volaron hacia mi 1
garganta y mi boca de abrió.
88
—Ahora resulta ser un desastre —añadió Tyler, bajando la voz como
si compartiéramos un secreto—. Esta chica no lo dejará en paz. Supongo
que también está en Stanford. Tal vez conozcas.
El marcador amarillo que había estado agarrando se resbaló de mi
mano y rodó debajo de la mesa de café. —Es una gran escuela —me
desvié, mientras imaginaba a la chica en mi cabeza. Su cabello lacio y
decolorado, sus rasgos angulosos, y el ceño fruncido de odio cada vez que
lo miraba.
Luché contra la urgencia de correr el dorso de la mano por mis
labios, frotando los besos de Henry.
—No conozco a las chicas de Stanford, en fin... —continuó Tyler, pero
me di vuelta, centrándome en primer lugar en la pintura de paisaje más
allá de su hombro, y luego en mi libro abierto, las palabras en la página
girando alrededor. Tomé un largo respiro, sosteniéndolo, exhalando,
tambaleándome en mi indignación.
Por supuesto que no era justo enojarme con Tyler, era el mensajero. Y
tampoco enojarme con Henry sobre esto era exactamente justo e
imparcial. Lo que hizo antes de que nos conociéramos no tenía nada que
ver conmigo.
Pero el pensamiento de Henry y Lilah juntos mostró una sorprendente
escasa —y sintiéndolo, una desesperada— falta de gusto y de juicio por
parte de Henry. De la nada, me sentía al borde de la risa, teniendo en
cuenta todos los años que ella debió haber sufrido por él. No era de
extrañar que su odio hacia mí alcanzara nuevos niveles el otoño pasado.
Encima de mi triunfo ganándole las prácticas de hacía dos años, la chica
estaba celosa.
Tyler reanudó su diatriba, divagando sobre las mujeres en Stanford.
No pude dejar de preguntarme si él y Mel pelearon, si esa era la razón por
la que repentinamente pareciera tan resentido hacia la población
femenina de Palo Alto.
—Durante las vacaciones —continuó—. Fui a visitar a Henry por,
como, un día. Le pedí algunos consejos sobre Mel. —Me lanzó una
mirada—. Sim embargo, no sabía sobre quien hablaba.
Me eché a reír. —Sé que tu secreto está a salvo.
—Mel y yo somos bastante irregulares, ¿sabes? En ese momento me
sentía frustrado y no sabía muy bien qué hacer. De todos modos, Henry me
contó sobre esta otra chica que conoció, supongo que situaciones 1
parecidas. Ella salía con uno de sus amigos. Ella... —Escuchaba a medias,
con la mirada clavada en la mesa, notando las geniales y sutiles venas de 89
la madera, diferentes niveles de color marrón y negro, que me recordaban
el cabello de Henry—. Ella comenzó a dar señales contradictorias, como,
juegos mentales difíciles de conseguir y lo que sea —prosiguió—. Henry le
dijo a su amigo que definitivamente rompiera con ella.
Un frío repentino se envolvió alrededor de mi corazón. —¿Qué
quieres decir, con que él le dijo?
Tyler sonrió. Tal vez él y Mel tenían algo en común: el amor por el
chisme.
—No sé todos los detalles. —Su voz se tornó un susurro aún
emocionado—. Pero por lo que me imagino, Henry tuvo prácticamente
que convencer a este tipo, este amigo suyo, para dejarla.
Cualquiera que fuera la criatura que se tambaleó en mi estómago
hacía cinco segundos, ahora hacía volteretas hacia atrás, mientras que
usaba zapatos y un casco puntiagudos. —¿Cuándo… —Tragué, tratando
de fingir indiferencia—… ocurrió esto?
Tyler pensó por un minuto, tocándose la barbilla. —Recientemente. El
final del semestre pasado. —Se deslizó otra vez, más cerca de mí. Algo en
mi expresión le animó a continuar sin interrogarme más—: Así que, como
no logró que rompieran, literalmente simplemente convenció a su amigo
para dejarla. Hilarante, ¿verdad? Quiero decir, ¿quién tiene los cojones
para hacer eso? Único viaje. Clásico.
Mi mirada se deslizó de su rostro, mi visión una vez más asumida por
imágenes de Henry. Pero esta vez, el cuadro incluía a Julia llorando en el
suelo de la cocina porque el chico que amaba había desaparecido. Mi
visión se expandió para mostrar a Knightly de pie junto a ella, con una
sonrisa arrogante.
—También parecía muy orgulloso de sí mismo —añadió Tyler.
—¿Él dijo eso? —solté—. ¿Henry realmente dijo eso?
—Bueno, como he dicho, no sé toda la historia, pero... Oye, eras su
vecina. ¿Conocías a la chica que él dejó? Supongo que era una
pueblerina. —Frunció la nariz—. Ciudad pequeña. Sin dinero.
Sabía que mi cara se tornó roja, el calor y la furia rodando arriba de
mi pecho. —Tu primo debería aprender a ocuparse de sus propios asuntos.
Tyler echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. —Me
encantaría escucharte decirle eso. Sí, eso sería realmente divertido.
Vi rojo mientras lo miraba fijo, y sabía que estaba a punto de saltar
desde el suelo y causar daños reales si seguía hablando. Era solo cuestión
de tiempo.
1
—De todos modos. —Tyler finalmente dejó de gritar—. Su compañero 90
es totalmente libre y estoy seguro que su dulce pequeña ex encontró un
nuevo —Arqueó una ceja— semental.
En vez de ejecutar tomas de Karate Kid en su trasero, me di cuenta
de que no tenía fuerzas. Dejé caer mi cara entre las manos, mis mejillas y
párpados tan calientes que tenía la seguridad de que mi temperatura se
había disparado a más de un cuarenta grados.
—Oye —dijo Tyler—. ¿Estás bien?
—Migraña —murmuré a través de mis manos—. Agonía. —Tropecé
con mis pies, el dolor me impedía ver con claridad. Tomé mi libro de texto,
pero solo encontré su esquina. Cayó al suelo y no me molesté en
recogerlo. —No voy a ir esta noche. —Me acerqué a la escalera—. Le diré
a Mel.
—¿Qué pasa con Henry?
Me di media vuelta, utilizando lo último de mi fuerza. —Dile que se
vaya joder a sí mismo.
Al no tener la lucidez para recordar que Julia se encontraba en casa
en Florida por la semana, llamé a su casa primero. No hubo respuesta.
Después de la segunda vez recibí el correo de voz en su teléfono, le dejé
un mensaje.
—¿Julia? —dije después del tono—. Julia, lo siento... lo siento no te he
regresado tus llamadas esta semana. He estado... ocupada. Lo siento. —
Froté la palma de mi mano sobre mi palpitante frente mientras me
paseaba alrededor de la cama con dosel. Incluso la débil luz de la tarde
nublada perturbaba mis ojos—. Hay tantas cosas que necesito decirte,
conejita. Solo... lo siento.
Por supuesto que no entendería por qué le pedía frenéticamente
disculpas, pero la traición a un amigo, aún sin intención, no era algo que se
podía dejar escapar a través del teléfono. Cuando no sabía qué más
decir, terminé la llamada.
Durante toda la llamada, Mel golpeó la puerta del dormitorio. —
¿Springer? ¿Springer? ¿Qué quiere decir que no vas a venir?
Arrojé el celular en la cama, y murmuré algo a través de la puerta
1
sobre no sentirme bien. 91
—¿Vas a estar bien?
Lo haría.
—¿Quieres que me quede en casa contigo?
No lo haría.
—Bueno, está bien —dijo en voz baja—. La abuela no llegará a casa
hasta esta noche. ¿Estarás bien sola?
Le aseguré que lo haría.
Desde la ventana, escuché el débil zumbido de una motocicleta
abajo, acercándose a la casa. Dos neumáticos en el camino de grava.
Treinta segundos más tarde, la voz de Mel se escuchaba en la sala de
estar. Después Knightly. El sonido era uñas en una pizarra que no podía
ahogar. Miré el pomo de la puerta donde colgaba mi mochila antes con
mis audífonos dentro. Suspiré, dándome cuenta de que ambos se
encontraban en la planta baja. Así que me senté en el borde de la cama
y, para bloquear esa insoportable voz que llegaba desde la planta baja,
apreté las manos sobre mis oídos.
Unos minutos más tarde, sentí la vibración de la puerta principal
cerrándose. Esperé, bajando las manos justo a tiempo para oír el sonido de
un coche en alejándose a la distancia.
Se habían ido.
Tomé el celular, tratando de hablar Julia de nuevo. Todavía sin
respuesta. Sostuve las manos sobre mi pecho, sintiéndolo caliente y tenso,
mi corazón latiendo con demasiada intensidad. Traté de respirar, pero no
era capaz de tomar en más que de diminutos soplos de aire. Todo dolía.
Me sentí como una traidora; a Julia, a mí, a todo lo que creía.
Aunque sin saberlo, confraternicé con el enemigo, no podía evitar sentirme
culpable. Para bloquear esa sensación, me concentré en la ira, la traición.
El único consuelo era que solo lo besé.
Sí, a pesar de que quería que sucediera, solo lo besé. Y no significó
nada. Él no significaba nada.
La debilidad y la gravedad me empujaron sobre las almohadas,
pero hizo que me retumbara la cabeza con más fuerza, por lo que rodé y
me deslicé fuera de la cama.
Con todas las luces apagadas, el salón se encontraba en
penumbras. Sombras y pedacitos de sol de la tarde se colaban aunque
estuviera nublado, pintando formas y curvas en la pared oriental. 1
Al pie de la escalera me detuve, mirando alrededor de la 92
habitación. Mi mochila se encontraba junto a la mesa de café, el libro de
texto y el marcador que se me había caído, tumbados en la parte superior.
Aún de pie en el último escalón, recordé también que había una
botella de aspirina en mi bolsa, pero no era capaz de conseguir que mis
pies me movieran en esa dirección. En lugar de ello, di un paso adelante a
la pared junto a la puerta, me apoyé en ella, y me deslicé hasta el suelo,
las rodillas dobladas en frente de mi pecho.
Cerré los ojos, pero mi cerebro giraba tan rápido que no podía
concentrarme, así que me quedé hecha un ovillo. Menos de un minuto
después, un ruido me sobresaltó retornándome a la realidad.
Levanté la barbilla para ver la puerta de entrada a mi lado crujir
mientras la abrían.
26
Traducido por Valentine Fitzgerald
Corregido por Key
—¿Spring?
Vacilé con la idea de no decir nada, esperando que se rindiera y
volviera por donde vino.
—¿Spring? ¿Estás despierta?
—Estoy aquí. —Estúpida.
Knightly se movió bruscamente. —Oh. —Dejó salir una risa
sorprendida, luego carraspeó su garganta—. ¿Estás bien?
—¿Qué haces aquí? —Me levanté, mirando con ansia la cima de la
escalera, pero no creí que mis piernas pudieran cargarme hasta allí. Así 1
que, robóticamente, me dirigí al sofá.
93
Se encontraba justo detrás de mí.
—Quería comprobar cómo estabas. Tyler dijo…
—Estoy bien.
Si situó frente a mí, impidiéndome seguir. —No pareces bien.
Mis sienes latían, y mientras el resto de mi cuerpo se encontraba
sudado y frío, parecía como si mi cabeza estuviera en llamas.
La poca luz de la habitación creó una sombra en él, y lo miré
rápidamente.
Nada en su apariencia cambió en las últimas cinco horas,
provocando que imágenes inundaran mi mente: imágenes de una
inevitable fogata, una inevitable estación de gas, y un rostro que había
estado tan cerca de mí por unas cuantas horas que no podía ver nada
más cada vez que cerraba los ojos.
Hice un esfuerzo genuino para construir un muro mental de ladrillos
antes que otros recuerdos y sensaciones pudieran romperme. Una fresca
sacudida de angustia me golpeó cuando miré su rostro ahora. Anhelo
mezclado con hostilidad… no contaba con la suficiente experiencia
emocional para manejar eso; mis sentimientos por él se encontraban muy
mezclados, muy crudos.
—No sé qué decirte —dije. Rodeándolo, tomé mi mochila y la colgué
en un hombro. El simple gesto de mover mi cuerpo me envió una punzada
de dolor. Debió reflejarse en mi rostro.
—¿Qué es…? —preguntó Henry, sonando asustado.
Cuando traté de pasarlo de nuevo, tomó mi mano. El toque de su
piel me estremeció. No dejó ir la mano.
Casi dije algo… pero no lo hice.
A mitad del último semestre, desarrollé una aversión por discutir con
él, no nuestros inocentes debates que casi siempre terminaba con un más
claro entendimiento del punto de vista del otro, sino por las peleas
verdaderas, la discusión que nos dejaba a ambos con mal humor,
enfadados.
Cuando me detuve frente a él ahora, intentando con fuerzas no
mirar esos ojos chocolates con manchas doradas, incluso con la discusión
que se construía en mi lengua… decidí dejarlo pasar. Preferiría no decir ni
pensar nada al respecto, tampoco pelear. No tenía la fuerza. O el corazón.
Una vez que lo convenciera que me sentía bien, me dejaría y no
tendría que lidiar con él nunca más.
1
Sí, era una respuesta cobarde, pero lo último que quería era sentirme 94
peor.
—¿Te podrías sentar, por favor? —Agarró mi brazo y amablemente
me empujó al sofá. Preferí no protestar, porque de verdad sentía como si
me encontrara a punto de caer de rodillas. Se sentó en el siguiente
almohadón, no muy cerca. Tal vez pensó que tenía algo contagioso. Al
menos lo mantuvo lejos.
—¿Puedo ofrecerte algo?
—Te dije que estoy bien —dije con frialdad, intentando no respirar. Su
embriagante olor aún seguía en el final de mi garganta, haciendo agua mi
boca.
—No creo que lo estés.
Me obligué a mirarlo. Sonreía un poco. No obstante, me di cuenta
que estaba preocupado, ansioso incluso de lo que veía en mí. Mi corazón
se contrajo al saber que una gran parte de mí anhelaba eliminar esa
ansiedad. Pero entonces mi estómago dio un vuelco, recordándome por
qué no podía.
—¿Estás cansada? —preguntó.
—Por supuesto que lo estoy… —Pero me obligué a detenerme, no
permitiendo a mi boca recordarme la razón de por qué me sentía
cansada, por qué estuvimos despiertos toda la noche. Me senté de frente,
forzosamente quieta y con los párpados cerrados, concentrándome en
crear mentalmente un origami de cisne, bloqueando las razones de mi
enojo.
Bloqueando. Nada. En blanco.
—Oh, ya veo —dijo, y sentí la mochila caer de mi hombro,
deslizándose por mi brazo—. ¿Por qué no te relajas y pones tus pies ahí? —
Sus manos sostenían mis hombros, empujándome hacia atrás contra los
cojines. Tampoco discutí con eso.
Fui consciente que Henry había dejado el sofá solo cuando regresó.
Cuando abrí los párpados, había una servilleta y una lata abierta de
cerveza frente a mí. Cerré los ojos nuevamente. Unos segundos después,
sentí la fría lata entre mis manos. Mecánicamente, le llevé a mis labios y
tomé un sorbo.
—¿Te sientes mejor?
—Dije que estoy…
—Bien —terminó por mí—. Te escuché las primeras tres veces. —Me
estudiaba, usando esa preocupada/ansiosa expresión otra vez, pero 1
cuando se encontró con mis ojos, sonrió alentadoramente—. Iba a traer a
colación esto después —dijo—, pero ya que te sientes bien y todo…
95
—¿Qué cosa? —pregunté, dejando la lata en la mesa.
—Tengo noticias. Una sorpresa.
Oh, Dios. El lado enojado de mi cerebro despertó. ¿Te irás? ¿Esa es la
sorpresa? Buen viaje, amigo. No te salgas del camino. Al minuto siguiente,
mi pecho y garganta ardían con angustia. No quería que se fuera.
—Una sorpresa para ti.
Cerré mis secos y abrasivos párpados en un largo parpadeo, luego
miré a través de la habitación, tratando de concentrarme en algo más
mientras él seguía hablando.
—Por supuesto que hay dos pisos, como te dije ayer —decía—. Hay
mucho espacio; demasiado en realidad, pero es una perfecta escapada.
Bien merecida, creo. —Rio, pero había un poco de amargura en ella—. No
sé lo que mi familia dirá. Camille estará de acuerdo, mis padres, sin
embargo, no lo sé. Mi padre enloquecerá, pero creo que mi madre
entenderá tal vez…
Aún seguía sentada inmóvil, mi cabeza palpitaba, mi estómago
revuelto sin tener una pista a dónde se dirigía.
—Pero no me importa. No lo he tenido en meses, obviamente. Es un
milagro que no me hayan echado del programa. —Otra risa amarga—. La
escuela de derecho, mi familia… ninguno de ellos importa ahora mismo.
Intenté postergar cualquier decisión, pensé que mudándome ayudaría,
pero nada logró ningún bien porque aquí estamos. En este momento, el
pensamiento de vivir de otra forma es imposible.
Cuando levantó la mano de mi regazo, lo observé esforzándome
dada la presión detrás de mis ojos.
—Podemos irnos mañana —dijo—, o esta noche. Ahora mismo, si
quieres.
Cuando mis cejas se juntaron, causó un nuevo dolor en mi cabeza.
—¿Irnos? —pregunté, dándome cuenta que no había escuchado—.
¿Dónde?
Presionó sus manos juntas, la mía entre ellas. —Tahití.
A pesar de que psicológicamente no me movía, mi cerebro
trabajaba, dando alcance a lo que dijo.
—¿Qué? —Alejé la mano. 1
Parecía confuso por mi reacción, porque solo me miraba fijo. Un
momento después, suspiró y las líneas de su frente se suavizaron. —La 96
invitación puede que parezca salida de la nada para ti, pero he pensado
mucho en ello, en ti, y sabes cómo me siento…
Me miró a los ojos y se inclinó.
Casi permití que sucediera. Parte de mí lo quería, lo quería a él, lo
necesitaba. Prácticamente podía saborear la deliciosa agua esperando
saciar mi intenso dolor y sed. Mis manos ansiaban tocarlo y sentirlo una vez
más, mientras que la otra parte de mí lo sabía mejor, y seguí su orden.
—No —dije, distanciándome y poniéndome de pie—. No hagas eso.
Knighlty continuó en el borde del sillón, luciendo un poco inquieto.
—¿Por qué estás tan molesta?
Coloqué mis manos en mis caderas. —Mmm, ¿por dónde debería
empezar?
Cuando se puso de pie, retrocedí, manteniendo la distancia. Henry
se detuvo y me observó con cautela, como si esperara que mi cabeza se
encontrara a punto de arder en llamas.
—Spring —dijo, sonando genuinamente preocupado y más que un
poco ansioso—. ¿Qué pasa? ¿Qué está mal?
—Este plan tuyo —comencé—. ¿Esperas que abandone Stanford,
que deje toda mi vida y volar por el mundo?
Avanzó hacia mí con cautela, con las manos levantadas como un
vaquero acercándose a un caballo salvaje. —Perdón si soy poco sutil al
respecto. No soy romántico, pero solo pienso en ti. Puedes relajarte ahí,
terminar tu tesis. Todo está arreglado.
—Estás loco, ¿sabías eso? Estás demente, estás… ¿Por qué te ríes?
Deslizó sus manos en los bolsillos, su enorme sonrisa a punto de
romperse. —Disfruto cuando te pones así.
—¿Disfrutas cuando me enojo?
Tomó un momento, sus cejas frunciéndose. —No, no enojada —
corrigió. Era uno de esos pocos momentos que lo vi ceder—. Sabes cuándo
presiono tus botones.
—Necesitas irte —dije, dándome cuenta que mi plan de no discutir
se fue por la borda—. Ahora.
Su sonrisa se esfumó. —¿Por qué?
Asentí hacia la puerta, pero no se movió.
1
—Juro, Henry Knightly —dije, mi voz elevándose cada vez más y 97
tornándose más aguda—, que si no te vas en este instante…
—Spring.
Apunté a la puerta, ordenándole que se fuera.
—No me iré. —Avanzó un paso—. Estoy enamorado de ti.
Parpadeé, y el aire de mis pulmones desapareció en un momento a
otro.
—¿Qué dijiste?
Dio otro paso. —Te amo.
Por un instante, no pude respirar; estaba en shock, sus simples
palabras saltaban mi enojo completamente. Pero el momento se fue tan
rápido como llegó. Puede que también haya dicho que su color favorito
era el azul.
—¿Y? —dije, forzando a mi voz aferrarse al enojo.
Pude verlo y escucharlo tomar un profundo suspiro.
—¿Y? —Pasó una mano por su cabello—. Te amo y quiero… que
vengas conmigo, que estés conmigo.
—¿De verdad crees que huiré contigo porque eso es lo que quieres
que pase?
Las palabras volaban de mí, en realidad podía verlas formándose en
oraciones en mi mente. Crear e indagar esas palabras eran parte del
pasado, sentimientos heridos que se suponía que se habían ido, que pensé
que se habían ido. Solo tenía que abrir mi boca, y salían atacando.
—¿Puedo recordarte que la noche que nos conocimos me trataste
como una ingrata? Fuiste grosero y crítico por lo que oíste y por cómo
lucía, como si estuviera debajo de tu dignidad.
—Eso no es cierto.
—¿Por qué no llevas a Lilah a Tahití? Sé que se sentirá encantada en
retomar lo que ustedes dos dejaron.
Knightly perdió el color. Pensé que eso me complacería, pero no lo
hizo. De hecho, fue como si el viento me noqueara de nuevo. Una vez más,
quería ir donde él, retractarme de mis palabras, envolverlo con los brazos
hasta que el dolor en sus ojos desapareciera. De alguna forma enferma,
giro irónico, sabía que consolarlo me consolaría a mí misma. Si el pasado
no existiera, nada habría en nuestro camino.
Pero el pasado volvía rápidamente, tan de prisa que me era
imposible detenerlo, y era muy real. 1
—¡Lilah, Henry! —Mi voz se rompió—. ¿En qué pensabas? 98
En ese momento, no sabía si quería una explicación de su parte, una
disculpa o algo. Todo lo que supe de repente fue que el pensamiento de
ellos dos juntos era repulsivo.
Extendió las manos y dijo—: Lilah fue… Spring, no significa nada para
mí. No fue nada.
—¿Nada? —repetí—. ¿Tienes sexo con ella y eso es nada? Incluso no
puedes ser tan inhumano.
Bajó las manos, pero no respondió.
—¿Es eso lo que esperas de mí, también? Siento mucho
decepcionarte por no quitarme la ropa en frente de la fogata.
—No iba a dormir contigo anoche. Ha sido un día, nosotros no… —Se
calló y pasó otra mano por su cabello—. Lilah fue un error que me he
arrepentido cada día desde entonces. Créeme.
—Sí, claro —me mofé, recordando cómo estaba con él en la fiesta
callejera. Seguro, no había mirado bien, pero nunca lo presencié
resistiéndose.
—Bueno, estoy segura que tu familia le gustó más de lo que alguna
vez lo harían conmigo. Ahora no tendrás que preocuparte del qué dirán. —
Me sentía tan enfadada que mi mente se quedó en blanco, pero las
palabras seguían saliendo como dardos volando a su corazón—: Sé todo
de tu familia, y tu hermana. Alex me contó todo.
El rostro de Knightly pasó de blanco a rojo. —No creas nada de lo
que diga —murmuró, casi como una amenaza—. Te advertí que te alejaras
de él.
—¿Me advertiste? —repetí—. Para tu información, Alex me dijo de
toda la mierda de cosas que le hiciste en la secundaria.
—¿Yo? —dijo, apuntando su pecho sonando indignado—. ¿A él?
Asentí con convicción. —Y obviamente no has cambiado. Aún eres
hipócrita con cualquiera que no tenga un millón en el banco.
—Eso es absurdo —murmuró, paseándose por la habitación como un
abogado apurado trabajando en la corte. Se detuvo y respiró unas
cuantas veces, pasando las manos por su cabello—. Así que esa es la
razón por la que estás tan enojada. —Bajó su barbilla y exhaló,
calmándose—. ¿Honestamente crees todo lo que te dijo? —Cuando no
respondí, giró alrededor—. No es cierto —dijo, su voz suplicante—. Me
conoces. 1
—¿Lo hago?
99
Había hablado en voz alta, pero en realidad me preguntaba a mí
misma.
No lo recordaba llegando a mí o tomarme por los brazos, pero ahí
estaba. Sus manos moviéndose a mis hombros, ligeramente
presionándome para mantenerme quieta, recordándome a anoche.
—Sí, sí lo haces —dijo en voz baja, mirando mis ojos—. Piensa. Por
favor.
Entonces lo hice. Pensé en él y en mí. Pensé en lo que creí que era
verdad, y lo que sentí era verdadero hasta la punta de mis pies. Su simpatía
con sus amigos, su mente brillante, su paciencia conmigo, cuán fuerte me
sentía cuando estamos juntos, como me cambió y me hizo luchar en lo
que creía. Desde el primer día.
El enojo se desvanecía, y las náuseas vinieron. Porque sí, lo sabía.
—Su… Supongo que realmente no sé qué pasó entre tú y Alex —
admití ligeramente—. Y quizá no importa, porque lo que siento… —Agarró
mis hombros, llevándome a él—, siento… —Toqué su rostro, mis dedos
recorriendo su barbilla, sus entreabiertos labios, descansando en su mejilla.
Henry posó su mano sobre la mía y suspiró, larga y quebradamente,
su rostro entero reflejando alivio. Al unísono, cambiamos de peso.
Pero de repente, pensaba de nuevo en esas cosas que sabía de él,
una en como trataba a sus amigos. Como un flash, recordé qué nos había
traído a esa habitación en primer lugar.
Conocía a Tyler desde hacía dos días. ¿Era justo confiar en él más
que Henry, sin siquiera preguntar?
—¿Lo hiciste? —Bajé la mano y lo miré fijo.
—No. Spring, Alex Parks es un mentiroso enfermizo. Te diré
exactamente…
—No —interrumpí—. ¿Hiciste lo que Tyler dijo?
Parpadeó, luciendo confundido. —¿Qué?
—¿Hiciste que Julia y Dart rompieran? —pregunté directamente, a
pesar que mi voz temblaba—. ¿Tienes algo que ver con ello?
Henry solo me miró fijo. Por un segundo, me pregunté si no entendió
lo que pregunté. ¿Necesitaba que le repitiera la pregunta?
Pero no. Cuanto más tiempo nuestros ojos miraban los otros y cuanto
más tiempo tardaba en responder, más clara era la respuesta. 2
—¿Qué demonios, Henry? —Quité su mano de mi brazo y retrocedí—
. ¿Lo hiciste? 00
Apartó la mirada, perplejo, queriéndome sacudir como a un niño
pequeño.
—¿Cómo pudiste hacerlo? ¿Por qué?
—Yo… —comenzó y luego se detuvo—. Era lo correcto de hacer. Ella
no lo amaba. Lo sabes.
—¡¿Qué?! —grité, apretando fuerte los puños, sintiendo que en
realidad podría golpear algo.
—Dart es como un hermano para mí. No podía verlo cometer el
mismo error otra vez. Sabía que no funcionaría con ella.
—¿Qué mismo error? —pregunté—. Y no tienes manera de saber si
no funcionaría. No ha sido la misma, Henry. Su corazón está roto; su espíritu
está roto. —Mi voz se quebró—. Y todo es tu culpa.
—Spring, solo…
—No puedo hacer esto. —Nos apunté, de él a mí—. Lo que le hiciste
a Julia y a tu tan llamado mejor amigo es despreciable. Así cual sea el
jueguito que juegas conmigo, terminó, ¿entiendes?
Cambió de posición, pero no habló.
—Primero Alex, luego Lilah y ahora Julia. Quién sabe a cuántas vidas
de gente has jodido.
—No he arruinado a nadie. No sabes lo que pasó. Solo escucha. —
Levantó su mano, pero me aparté.
—No puedo estar con alguien, confiar en alguien que es capaz de
hacer lo que hiciste. Nunca podría amarte. Nunca.
Con mi última palabra, se estremeció.
—Hemos terminado, Knightly —dije, hablando con más fuerza de
manera que mi voz no se quebrara—. Ahora… este minuto… Pour
toujours…
—Sí. Lo entiendo, Spring. —La frialdad en su voz se reflejó en su
expresión—. Después de todo lo que he dicho, ¿así es cómo te sientes? —
Cuando no hice nada más que parpadear, exhaló bruscamente—.
Entonces no hay nada más que decir.
Me crucé de brazos. Nada más que decir.
Aún no se iba, y podía sentir sus ojos en mí, pero elegí no mirarle
hasta que por fin se movió a la puerta principal y giró el pomo. En algún
momento durante la turbulenta última hora, el cielo se abrió y lloviznaba. 2
Diviértete en tu pequeña motocicleta, amigo. 01
Se detuvo bajo el umbral, clavando la mirada en el suelo, sin darse
cuenta que llovía, casi como si hubiera algo más que quería decir. Pero no
lo hizo. Nunca miró atrás.
Una vez que dejó el pórtico, pateé la puerta. A través de la lluvia,
escuché el rugido de su Harley, los neumáticos furiosamente golpeando el
asfalto mientras se alejaba. El sonido desvaneciéndose unos segundos
después.
—Ahí —dije en voz alta, agitando las manos—. Bien hecho, Springer.
Después de mirar fijo la puerta hasta que mis ojos ardieron, alejé la
mirada y subí. Me paseé en círculos por mi habitación, mi sentido común
enloqueciendo, pensando en todas las otras cosas que deseé haberle
dicho.
Entonces me detuve, recordando todas las cosas que había dicho.
Sin preocuparme, mi estómago se revolvió y me incliné, mis dos
brazos rodeándolo. Sabiendo que tenía un segundo de repuesto, abrir la
puerta, corrí por el pasillo, y me incliné en el suelo frente al inodoro blanco,
escupiendo y maldiciendo, esperando que lo inminente se avecinara.
Veinte minutos después de vomitar la comida casi digerida a natural
y descansando mi rostro llameante contra la fría porcelana, me levanté del
suelo y crucé el cuarto.
Granizos golpeaban contra el techo. Relámpagos estallaban y los
truenos retumbaban. Coloqué las manos en la cima de mi cabeza y doblé
la barbilla, intentando protegerme simbólicamente del granizo.
Ya no tenía fuerza, nada más que una extraña sensación de
hundimiento se instaló.
Destruida, me derrumbé en la cama y lloré… lloré por primera vez en
diez años.
2
02
27
Traducido por gabihhbelieber
Corregido por -Valeriia♥
Eché un vistazo a Mel, que observaba la autopista, ocupada por sus
propios pensamientos. Era extraño e inquietante. Nuevo territorio. Fue la
primera vez en nuestra larga relación que sabía más acerca de algo que
ella.
El resto de los días de las vacaciones de primavera consistieron en
permanecer en el dormitorio de invitados con el pretexto de estudiar.
Apagando mi móvil, sin saber qué decirle a Julia, pero también temiendo
cualquier otro tipo de comunicación.
No se dijo nada sobre el tema de Henry Knightly el resto del tiempo
en Vancouver. Lo único que Mel quizás sospechaba era que besé al chico 2
y luego me negaba a hablar con él un día después.
Mantén el estilo, Spring.
03
No pretendía hablar de eso, no quería pensar en ello. Mi presión
arterial ya se encontraba alterada porque nos dirigíamos de nuevo a
California, volando hacia el sur por la autopista. Corrí los dedos por mi
frente y hacia atrás contra el resto de la cabeza, mirando por la ventana.
Fue culpa mía. Entré en la boca de la bestia y tuve que vivir con el
olor hasta que desapareció. Me sirvió adecuadamente acercarme a un
tipo como Knightly. ¿Cuándo iba aprender que los hombres, todos los
hombres, eran el enemigo?
Esto me recordó a la carta que recibí de mi padre hacía un par de
semanas. Una invitación a su boda en pleno verano, enviada bajo la
apariencia de una tarjeta de cumpleaños, la primera carta que recibía en
cinco años. ¡Ja! De ninguna manera iría a esa boda, incluso si mis
hermanos juraban que papá cambió, que trataba de llegar a mí. No
estaba dispuesta a creerlo. En especial, no ahora.
Repasar algunas notas de historia de un cuaderno de clase tomó la
siguiente hora más o menos de nuestro viaje. Mi teléfono vibró. A propósito
no revisaba los mensajes desde hacía días, pero probablemente ya era
hora. Miré de reojo a Mel, que se quejaba en su móvil. Mi sien izquierda
comenzó a palpitar mientras apretaba mi ícono de correo electrónico de
Stanford luego escaneé rápidamente los mensajes. Tenía un montón de
amigos, compañeros de clase, e incluso uno del profesor Masen. Mi
estómago todavía no resistiría si lo leía.
Salté cuando mi teléfono vibró de nuevo. Esta vez el símbolo del
calendario apareció, alertándome de un evento que se llevaría a cabo en
quince minutos. Me quedé mirando la pantalla. No era algo que registré
en mi calendario. Knightly lo puso allí, obviamente. Este evento no era el
que lo vi ingresar, nuestra reunión para repasar mi tesis, que habíamos
pactado la semana para la semana entrante. Esto era algo más, algo...
personal.
Debió ingresarlo cuando no lo miraba, cuando viajábamos uno al
lado del otro en el asiento trasero del coche de Tyler, momentáneamente
distraída por la mano de alguien en mi camisa. El sudor se acumulaba en
las palmas de mis manos, bajo mi cabello, en mi frente, mientras leía el
breve evento una y otra vez, queriendo —casi con desesperación—
encontrarme donde decía que debía estar, con quién, y realizando lo que
deberíamos estar haciendo.
Después de haberlo leído por cuarta vez, todo en mí cayó. Luego
giré. 2
—¿Qué es tan fascinante? 04
La voz de Mel me sobresaltó. Cuando me volví hacia ella, me echó
un vistazo e hizo una mueca.
—¡Mierda, Spring! ¿Qué te pasa?
No sabía qué quería decir. ¿Todo mi cabello se había caído?
¿Sangraba por los oídos?
—Te ves como la muerte.
Divertido, porque me sentía como la muerte.
Bajé la visera para mirarme en el espejo. Allí estaba de nuevo: la
misma chica que vi cuando me encerré en el cuarto de baño en la casa
de Henry, y luego hacía unos pocos días, a solas en la habitación de
invitados, dando vueltas como una loca. Mis ojos, inyectados de sangre
con oscuras bolsas hinchadas, mis fosas nasales blancas y dilatadas, los
labios pálidos, cejas pesadas y sin vida. Mi cara se encontraba
completamente vacía de color excepto por las manchas rojas
marmoleándose por mi cuello como un molesto salpullido. Pero la
expresión en mis ojos... era lo chocante. No parecía sorprendida o triste,
era peor que eso.
Mi rostro se parecía exactamente al de Julia en ese día que
descubrió que Dart había desaparecido.
Oh, dulce, maldita ironía.
—¿Spring? —chilló Mel, todavía boquiabierta.
Cuando abrí la boca para responder, mi estómago exhaló y me
encorvé, un gemido de dolor salió de mi garganta. Sentí que el coche se
desviaba lentamente por el sonido de la grava bajo los neumáticos. No
detuvimos, de inmediato mi ventana era rodaba hacia abajo. Me senté y
bajé la cabeza al lado.
—Si vas a vomitar de nuevo —dijo Mel que sonaba como varios
millones de kilómetros de distancia—, al menos debes tener comida en ti.
No has comido en dos días. Vomitar nada es malo para el esófago.
Mi mejilla derecha se encontraba presionada contra el exterior de la
puerta del coche, y mis trenzas torcidas sobre los ojos mientras la mitad
superior de mi cuerpo colgaba cabeza abajo, suspendido por el cinturón
de seguridad.
—Mantén la respiración, nena. —La mano de Mel se encontraba en
mi espalda, frotándome y acariciándome con comodidad. Mientras tanto
la sangre se acumulaba en mi cerebro, era capaz de respirar mejor, y mi
estómago se relajó. Cuando mi cabeza retrocedió en el interior del coche, 2
Mel tenía un refresco dietético en la mano, ofreciéndomelo. Lo presioné
contra mi frente. La frialdad de la lata se sentía bien.
05
—Gracias —le susurré—. Estoy bien. —Traté de sonreír después tomar
unos sorbos—. Estoy cansada, supongo.
—Cansada, correcto —dijo Mel, frotando mi brazo—. Nos sentaremos
aquí por un segundo.
—No, está bien. Sé que es un largo viaje. —Alarmada, busqué mi
teléfono, que había caído al suelo en mis empujones. Lo agarré y lo apreté
en mi pecho.
—No hay prisa —dijo Mel, mirándome—. Hay un restaurante más
adelante. Nos detendremos por un rato. —Arrancó el coche y nos
detuvimos en el estacionamiento.
El restaurante no estaba lleno, y nos sentamos en una cabina en la
esquina. Cuando insistí en que quería solo una ensalada que sabía que no
iba a tocar, la doctora Melanie se hizo cargo, ordenando una serie de
facetas de vegetales, sopa y pan.
Mi celular colocado en la mesa, el evento del calendario todavía
mostrándose. Lo recogí y sostuve entre las manos. Entonces, no pude evitar
mirar una vez más a lo que Henry programó en secreto para nosotros por
hacer:
Asunto: Mi boca
Ubicación: Tú
Notas: No te muevas. Mi boca está en tus dedos, párpados, tu cara.
Mi boca, tu cuello. Tu boca. Mis manos, tu espalda, piel. Tu boca. Mi boca,
tu lengua. Tu boca, mi boca. Tu estómago, mi boca, mis manos. Bajo tu
cabello. Bajo tu camisa. Mi boca en ti.
Cuando el teléfono sonó en otro recordatorio, mi corazón latió con
intensidad y agarré por mi vaso de agua helada.
Mel me observaba de cerca, con los codos sobre la mesa. —No
tenemos que hablar de eso. Quiero decir, sé que piensas que soy una
chismosa y todo. —Puso los ojos en blanco—. Pero se trata de ti. —Me dio
una patada bajo la mesa—. Sabes que me puedes contar cualquier cosa
y no irá más lejos.
Bajé los ojos, leyendo sus palabras de nuevo, necesidad y miseria me
pegaron como un tsunami.
—Toma otra copa —ordenó, pasándome rápidamente mi vaso.
—Mel —comencé, mirando hacia abajo—, hay algo que tengo que 2
decirte.
—Te escucho, nena.
06
—Besé a Henry cuando estábamos acampando.
Bueno, fue un beso de seis horas, pero ¿a quién le importaba?
—Vaya.
—Al día siguiente, me enteré de algo... malo. Es por eso que no fui
con ustedes a Portland. ¿Sabías que Henry nunca se fue? Se quedó en la
casa después de que tú y Tyler se fueron.
—¿En serio? —Su expresión era suave, sin sonrisa intrigante, ansiosa
de escuchar el último escándalo. Se veía como mi mejor amiga.
—Vino irrumpiendo. —Tragué, sintiéndome mal de nuevo—. Él me
dijo... —Rebajé los ojos—. Me dijo que me ama.
—Pobre Henry.
—¿Por qué dices eso?
—Es obvio que lo echaste —dedujo—. Y ahora te sientes culpable.
—Culpable —repetí—. No sabes qué le contesté.
—Probablemente se lo merecía.
—Probablemente. —Me reí con amargura—. Lo que pensaba que
sabía de él, después, luego de lo que Tyler me dijo…
—¿Tyler te contó algo sobre Henry? —interrumpió—. Ese pequeño
chismoso.
Tuve que morderme la lengua sobre toda la paja en el caldero
negro.
—Henry se merecía lo que le respondí, pero... —De repente, se
construían las lágrimas en mis ojos y el nudo enorme bloqueando mi
garganta—. ¿Es posible tener sentimientos tan fuertes por alguien, sentirse
tan abrumadoramente atraída y conectada que deseas perdonar
cualquier cosa? ¿Qué tan saludable es eso? ¿Qué tan estable?
—No lo sé. —Mel sacudió la cabeza—. Nunca me he sentido así por
nadie. Pero tú y...
Bajé la mano que sostenía el teléfono. Lo miró, luego a mí. —No sé
qué hacer —le comenté, mi labio inferior temblaba—, soy una idiota.
—Cuidado —advirtió con una sonrisa amable, tomando el móvil de
mi palma abierta—. Es mi mejor amiga de la que hablas.
Mientras leía la línea de asunto del evento y en seguida el siguiente,
bastante detallado, la descripción que Henry ingresó, ocupada mirando el
plato de adelante, mi tenedor pasando rápidamente las zanahorias y el
2
arroz de un lado al otro. Unos segundos más tarde, mi celular estaba siendo 07
empujado a través de la mesa.
—Humeante —ofreció ella, apuntando a la pantalla—. ¿Y la parte
legal es? ¿Por qué no estás con él en este momento? —Miró el teléfono—.
Haciendo eso.
Así que le conté todo.
Por supuesto que oyó la historia de Alex alguna vez por el campus,
pero no sabía nada de que Henry hizo romper a Dart con Julia.
—¿En quién confías más? —preguntó Mel, pasando su dedo por el
borde de la copa—. ¿Henry o Alex? ¿O Tyler?
—Henry no negó la cosa de Julia —dije, sintiéndome miserable.
—Bueno, está bien. —Mel movió el platillo y el vaso a un lado y puso
sus manos sobre la mesa de madera tallada—. Vamos a repasar esto
lógicamente. Primero, ¿qué es eso sobre Lilah?
—Oh. —Me estremecí y sacudí la cabeza—. Una equivocación, por
así decirlo. Sabes los chicos... basta con una cara bonita que se lanzan
hacia ella, y pierden toda capacidad de pensar lógicamente. Supuse que
Henry tenía un umbral más alto, pero todos somos susceptibles en algún
momento.
Como prueba, casi añadí que caí presa de Alex.
—No sé si tuvieron algo ocasional el verano pasado —continué—, o si
él creía que era más para ella en ese entonces. Probablemente la conoció
por casi tanto tiempo como lo conoce a Dart. Entonces no era como un
rollo de una noche.
—¿Se enrollaron?
Asentí con la cabeza. —Estoy bastante segura.
—Asco. Es una bruja retorcida.
—Estoy de acuerdo. Pero piensa en ello. Si la vio y no sabía de los
males de su alma interior, ella es, ya sabes, hermosa.
—Asqueroso. —Mel hizo una mueca de náuseas.
—Parecía sorprendido de que lo supiera.
—Eso es porque sabe cómo te sientes acerca de Lilah, y obviamente
sabe cómo Lilah se siente sobre ti. Quizás esa sea la razón por la que
estaba tan absorto por ti en la fiesta. No te equivocas, Lilah le dijo mierda,
así que asumió que eras algún tipo de loca muñeca demoníaca y sin
control, y no una súper chica, mega elegante y extremadamente buena.
2
—Lo que sea —murmuré, tratando de no sonreír—. De todos modos, 08
creo que exageré sobre la cosa de Lilah. Eres consciente de algunos de los
atropellos con los que me he emparejado en el pasado, sin ni siquiera un
ápice de sentimiento, por lo que difícilmente tenga algo que decir sobre
Henry conectando con Lilah. De hecho, siento más pena por ella.
—Bien, así que la cosa de Lilah es vil, pero perdonable —declaró
Mel—, vamos a pasar. ¿Qué pasa con Alex?
No hablé por un momento, tomándome el tiempo para odiarme
correctamente. —Me creí todo lo que me dijo de cabo a rabo. No pensé
dos veces. ¿Y si todo lo que me dijo, a todo el mundo, no es verdad?
Todavía no sé lo que pasó entre ellos. Henry no me lo contó. —Me mordí el
labio—. Bueno, supongo que no le di la oportunidad de explicarse. ¿Pero
sabes qué, Mel? Le dije que nada de eso importaba: lo que hizo con Lilah
—Me estremecí de nuevo—, y lo que yo pensaba que le hizo a Alex. Le
recalqué que no me concernía, porque... yo... —Exhalé lentamente,
presionando las palmas contra mis mejillas ardientes—. Pero lo que le hizo a
Julia, no puedo...
—Sí —gimió Mel—. Eso es difícil de tragar. Cuando lo mencionaste,
¿no sonaba arrepentido?
—No. Porque no lo está. Piensa que hizo lo correcto entrometiéndose
así. No tengo ni idea de por qué. ¿Qué lo podría justificar? —Golpeé mi
puño sobre la mesa—. No puedo estar con alguien que trata a la gente de
esa manera. Dice que me ama, pero luego hace eso a uno de mis amigas
más cercanas. —Tenía la garganta contraída, mis ojos se llenaron de
lágrimas—. No sé cómo perdonarlo por eso —le susurré.
Mel no dijo nada. Seguramente sintió que no podía seguir hablando
del tema. Apoyé un codo sobre la mesa y planté mi cara en mi mano. —
Tanto drama —le dije—. Hace un año, era libre y concentrada. Era feliz.
—¿Sí? —preguntó Mel.
—Bueno, era cínica y dura, y también llena de mierda, pero al menos
tenía un plan. —Giré una trenza alrededor de mi dedo—. Ahora ya no sé lo
que soy.
2
09
28
Traducido por Michelle♡
Corregido por CarolHerondale
Masen ni siquiera esperó que la primera persona se pusiera de pie
después de haber terminado la clase.
—Spring —dijo—. Ven a verme.
Los ojos de Lilah dispararon a mi dirección, pero no reaccioné, no le
daría la satisfacción. Hoy, en la clase, fue la primera vez que la vi desde
que me enteré.
Bueno, como sea.
—¿Dónde está el resto? —preguntó mi profesor, cuando llegué a su
escritorio. Sostuvo el esquema de doce páginas de mi tesis. 2
El tercer borrador. Iba a preguntarle a qué se refería, pero ¿por qué
cubrir?
10
—Eso es todo. Creo que he tocado en los puntos que hablamos la
última vez —dije, tratando de sonar como la experta que decía ser, pero
mis piernas temblaban.
—Sección nueve —dijo, dando vuelta a la página final—. Has hecho
alusión al punto, pero es totalmente impreciso. —Se quitó los lentes—. Este
es el punto crucial aquí, ¿ves? —Me apuntó—. ¿Todo argumento de la
teoría embudos se reduce a esto: En el largo plazo, más de una década,
es el desarrollo de tierras perjudicial o beneficioso? Y ¿por qué? Has
planteado esta cuestión a lo largo del camino, pero aquí tienes que
responder. Sección nueve es donde tu nuevo ángulo realmente debería
entrar en juego.
—Lo sé —dije—. Todavía ajusto esa parte.
Levantó las cejas tupidas. —¿Todavía? Pensé que tenías la mayor
parte del cuerpo por escrito. Tu fecha límite es de tres semanas antes del
final del semestre. En dos meses.
—No lo he olvidado —dije, mi cuello de tortuga sintiéndose caliente y
extraño. No tenía las agallas para decirle que mi investigación estaba
acabada. Mis notas habían sido subidas. Lo que tenía en la mano era todo
lo que tenía. Estúpidamente, pensé que iba a salirme con la mía. Durante
los últimos meses, no me concentré en mi investigación, no como lo hice
en el otoño, y tenía la certeza que quedó demostrado.
—Nosotros hablamos de esto antes del descanso —dijo—. Me
prometiste que lo retomarías.
—Lo sé —dije con énfasis—. Lo hice… Lo hago.
—Te voy a dar una oportunidad más para terminar un borrador
completo, antes de que yo apruebe el tema con el comité —dijo Masen.
Mi estómago se derrumbó al suelo. Pensé que había conseguido el sello de
la aprobación del comité de tesis hacía unos meses—. De otra manera. —
Me pasó mi trabajo, la página superior manchada con un anillo de café—.
Me temo que voy a tener que reprobarlo.
Mi boca se abrió. ¿No fue en septiembre que hablamos de su
publicación?
Unos meses más tarde, dijo que logré un excelente trabajo en la
nueva versión de mi tesis.
Y ahora me encontraba al borde del primer reprobado en mi vida.
Le aseguré a Masen con todo en mí que me gustaría arreglarlo,
realmente esta vez, lo que fuera necesario, y que tendría el nuevo
2
esquema —¡el proyecto definitivo!— en su escritorio la mañana del lunes. 11
Eso era en cinco días.
Antes de salir de la clase, visualizaba la última sección, moviendo las
diferentes partes en mi cabeza. Incluí una gran cantidad de información,
pero tenía agujeros, los muy importantes yo no los podía llenar. Sabía de
solo una persona que podía ayudar.
Salí y me senté en un banco, otros estudiantes pasaban corriendo en
su camino a clase, ajenos a mi lucha interna. Las campanas de Hoover
Tower repicaron a la hora del mediodía.
No sabía qué hacer. Por un lado, no podía reprobar mi trabajo de
investigación de vida sustentable, no mientras hubiera un aliento en mi
cuerpo. Por otra parte, no podía hacerlo, no podía imaginar el escenario
de levantar el teléfono y...
Mi mente era un torbellino, pensando en todas y cada una posible
solución, pero poco a poco me di cuenta de que no tenía otra
opción. Era eso o reprobar. Como un zombi, saqué mi celular y me
desplacé a la última vez que me había llamado de nuevo en diciembre.
Sonó una vez antes de que saltara buzón de voz. En realidad, era
uno de esos medios sonidos, significa que su teléfono se encontraba
apagado o estaba en otra llamada. Mi boca se secó cuando oí su voz que
me pedía que dejara un mensaje. Cerré los ojos y comencé a hablar.
No regresó el llamado o confirmó de alguna manera. Pero sabía que
vendría, porque sabía que no tenía ningún compromiso esta noche. Lo
sabía porque ya habíamos hecho planes para reunirnos. Después corrí
escaleras arriba, casi me desmayo cuando mi teléfono sonó,
recordándome nuestra reunión programada originalmente en el último
piso de la biblioteca Meyer. La habitación detrás de las estanterías. La que
me dijo tenía una cerradura en la puerta. Llegaba con quince minutos de
antelación.
Henry ya se encontraba allí.
Se sentó en la mesa, con la cabeza inclinada, terminando de escribir
en un pedazo de papel de cuaderno amarillo. Arrancó la página del
cuaderno y lo colocó en la cima de una pila de otras impresiones junto a
su ordenador portátil. Debió escucharme, porque levantó la mirada.
—Hola —dije, no del todo capaz de mirarlo a los ojos—. Gracias por
venir.
—Pensé que debías sentirte bastante desesperada para llamarme. — 2
dijo, hablando a la mesa. Su tono no era completamente frío—. Y de nada.
—Sacó la silla a su lado. Caminé alrededor de la mesa y me senté. 12
—Parece que llevas aquí un tiempo —observé intentando entablar
una charla casual—. Espero que no te saltaras una clase.
—En realidad no tengo que asistir a mis clases este semestre. —dijo
Henry—. Todos están registrados y archivados en línea. Prefiero ir allí en
persona, pero no es necesario. Hace unas semanas, he considerado hacer
el resto del semestre de forma remota.
—¿Desde un castillo en Suiza? —No pude dejar de decir, con la
esperanza de aligerar el ambiente. Me sentí aliviada cuando sonrió.
—Tal vez. —Se volvió hacia mí—. Pero luego decidí quedarme por
aquí.
—¿Por qué?
No contestó, pero mantuvo los ojos fijos en los míos. —Por cierto —
dijo por fin—, esto es probablemente lo que necesitarás. —Deslizó la pila de
papeles sueltos hacia a mí—. Puedes leerlos y si tienes alguna pregunta,
podemos debatirla.
—Gracias —dije. Pero no quería sentarme allí y leer. Quería entrar en
uno de nuestros debates clásicos. Quería que empujara mis botones y
desafiara mis opiniones hasta que sintiera tanta pasión que luchara con él
hasta el piso, desplazando sus hombros hacia abajo y…
—Tengo mi propia lectura pendiente —dijo, interrumpiendo mi
fantasía desbocada—. Así que hazme saber si tienes una pregunta.
Asentí, me limpié las manos en mis pantalones y me quedé mirando
hacia abajo a la pila ordenada de papeles.
Leí por un tiempo, haciendo un gran esfuerzo de concentración. Un
grupo de chicos pasó por delante de la habitación y se detuvo justo en
frente de la puerta abierta, teniendo una animada discusión y bastante
sucia sobre la pelirroja tetona que trabajaba en el mostrador de
circulación.
Henry arrastró hacia atrás su silla y caminó hacia la puerta, dando a
los chicos una mirada antes de cerrar la puerta de un golpe. Su mano se
detuvo en la perilla y no pude dejar de notar cómo su pulgar rozó el botón
de bloqueo que sobresalía. Cuando mi mirada se movió a su cara, me
miraba. Poco a poco, de manera constante, mi temperatura comenzó a
subir, pensando en lo que podríamos estar haciendo en ese mismo
momento... Si no hubiera dañado mi relación con el hombre que quería
confiar. Si solamente.
—Este piso es por lo general bastante desierto —observé, tratando 2
de mantenerme en la silla.
—Es por eso que lo elegí. —Una sombra cruzó su rostro y bajó la
13
mirada—. Y tiene las mejores máquinas expendedoras. Barras de
chocolates. —Cuando regresó a su asiento, casi pude notar un pequeño
destello en sus ojos. Tal vez él también pensaba en esa barra de chocolate
que compartimos al lado de la fogata... hacía apenas una semana.
—Henry —no pude evitar decir, aunque no sabía cómo continuar.
Escribía algo en su computadora portátil, pero se volvió hacia mí.
Pude ver las motas de oro en los ojos y las pequeñas pecas en la nariz, los
que había trazado con el dedo mientras murmuraba en mi oído. Me sentí
tan relajada a su lado, tan en paz... Sin embargo, fuera de control, libre del
control de la forma más espectacular.
Mi repentina necesidad era tan sorprendente, que casi me asustó.
Pero, ¿era temporal?
¿Lo perdonaría ahora y le resentiría más tarde? La idea de llevar a
cabo alguna de las dos me hizo sentir físicamente enferma. Quería confiar
en él, totalmente, con tanta desesperación. Lo quería como si nunca
hubiera querido algo en mi vida.
Tal vez no estaba preparada para actuar sobre eso pero ¿no nos
debía decir algo? Hablando... Eso solía ser en lo que éramos buenos.
—Henry —repetí, lamiendo mis labios secos.
Dejó caer las manos sobre el teclado. —¿Sí? —Ladeó la cabeza,
arqueando las cejas.
—¿Qué…? —Antes de que ninguno de nosotros pudiera continuar,
sus ojos se reflejaron en mi celular posicionado boca arriba en la mesa,
cuando sonó el timbre con una llamada entrante. Mi estómago se
convirtió en hielo, cuando una imagen en miniatura del tamaño de la cara
de Alex apareció en la pantalla.
Eché un vistazo a Henry, que miraba a la pantalla. Un segundo
después, cerró su laptop y deslizó hacia atrás su silla. —Voy a dejarte
contestar —dijo sin mirarme.
—Espera. —Agarré mi teléfono y silencié el timbre.
—Si tienes preguntas acerca de esto —dijo, mirando a los papeles
delante de mí luego caminando hasta la puerta—, me puedes enviar un
correo electrónico.
—Henry. —Levanté el celular como prueba de... algo—. No es lo que
piensas. 2
Justo cuando las palabras salieron de mi boca, el teléfono comenzó
a sonar de nuevo. Los ojos oscuros de Henry, con una mirada asesina en la 14
cara, apuntaban directamente a él.
—Increíble, Spring —murmuró, con un tono enojado pero distante.
Nunca lo había oído hablar así antes.
—¿Qué? —Volqué mi teléfono encima y miré a esa cara. Era Alex de
nuevo.
Nos miramos el uno al otro hasta que al final Henry apretó la
mandíbula, abrió la puerta y se fue. Lo observé atravesar la habitación a
grandes zancadas y luego girar la esquina hacia la escalera.
Cuando fui lo suficientemente consciente para notar que mi teléfono
seguía sonando, incliné el brazo y lo tiré contra la pared tan fuerte como
pude. Explotó en pedazos dejando un hueco en la pared.
—Mierda —grité, desplomándome en mi silla.
Con los exámenes consecutivos y entregar un trabajo, transcurrieron
tres días hasta que pude ir a la tienda de celulares. Elegí un iPhone blanco
en esta ocasión y con una funda de extrema protección, como un seguro
para la siguiente vez que tuviera la tentación de lanzar un dispositivo de
doscientos dólares contra un muro de hormigón. Me moría de ganas de
llegar a casa y cargarlo, sintiéndome un poco fuera de contacto con el
mundo.
Me conecté a mi laptop, luego me puse boca abajo en la alfombra
de piel de oveja. Después de unos minutos, escuché pitidos y chirridos. Me
di la vuelta y tomé el teléfono, mirando el número de nuevos mensajes de
correo electrónico apareciendo en la pantalla. Y un nuevo texto.
Me senté.
Esta noche. Nos vemos en la biblioteca. Medianoche. Sabes dónde.
Por favor, ven, Spring.
El texto fue enviado una hora después de que saliera de esa sala de
estudio... hacía tres días.
Un pequeño grito primitivo escapó de mi garganta cuando me
encontré de pie, agarrando una chaqueta y salí corriendo de mi
dormitorio. Había tenido que correr a través del campus un montón de
veces, pero creo que esta carrera rompió todos mis registros. Cuando 2
patiné danto vuelta en la esquina, mi corazón se derrumbó, la búsqueda
de la sala de estudio en la esquina trasera oscura y vacía. Por supuesto, no 15
esperaba que todavía se hallara ahí después de tres días, pero tenía que
comprobarlo. Me apoyé en la puerta y saqué el teléfono, deslizando los
dedos por la cara, sin saber qué debía responder, pero sabiendo que
debía hacerlo.
Lo siento. Mis dedos corrieron. Teléfono murió, acabo de recibir tu
msj. Estoy en la biblioteca ahora. ¿Puedes venir?
Enviado.
<No se pueden entregar mensajes>
Me quedé mirando las palabras hasta que giraban como una rueda
de la fortuna. Tenía que sentarme antes de que mis rodillas cedieran, así
que entré en la habitación oscura y me deslicé en la silla que Henry había
utilizado hacía tres días. No hubo nueva escritura en la pizarra y la
papelera apareció intacta, los pedazos de mi teléfono roto todavía en la
alfombra. La habitación probablemente no fue ocupada desde nuestra
reunión.
Apoyé los codos en la mesa y sostuve mi cabeza, respirando el olor
de los libros viejos, alfombra polvorienta, y el más leve indicio de loción
para después afeitar especiada... Aunque eso era probablemente mi
imaginación.
Cuando abrí los ojos, vi un destello de algo en la silla junto a mí, la
que utilicé la última vez que estuve aquí. Moví la silla hacia atrás para
encontrar unas cuantas hojas de papel de cuaderno amarillo,
cuidadosamente dobladas por la mitad. Sin nombre en ellas, como si
fueran los restos de basura de alguien.
Pero sabía mejor que no lo eran.
Agarré las páginas, cinco en total, encendí la luz y empecé a leer.
2
16
29
Traducido por gabihhbelieber
Corregido por Mire
Julia bajó las páginas de papel amarillo y se me quedó mirando. —
¿Alex hizo... esto? —Asentí, manoseando mi funda de almohada.
—Es casi increíble. —Miró por encima del hombro, como si temiera
que pudiéramos ser oídas. Pero estábamos solas en mi habitación. La
puerta cerrada, la escalera enrollada.
—¿Crees que es cierto?
—Tiene que serlo —le dije—. Para que Henry divulgue esto, en
especial sobre su hermana. —Hice un gesto hacia las tres páginas de notas
en su mano, las páginas que acababa de leer sobre su historia con Alex 2
Parks, las que leí una docena de veces desde que las encontré la noche
anterior.
17
Las otras dos páginas de las notas, las únicas en relación con Julia y
Dart, se encontraban metidas en el bolsillo trasero de mis vaqueros. Julia no
sabía nada acerca de ellas, y no sabía cuándo debería decírselo o si
debería decírselo. Todavía no le había dicho nada acerca de Dart.
Ni siquiera había transcurrido una semana desde que volví de las
vacaciones de primavera luego de haber descubierto que Henry tuvo que
ver con su ruptura. Había leído su explicación en la carta varias veces,
pero aun así me irritaba. O era un malentendido colosal (que no lo creía) o
Henry Knightly fue un terrible juez de carácter y un enorme chismoso. A
pesar de que también era un poco inverosímil, tuve que admitirlo.
—¿Estás segura de que refiere a Alex? —preguntó Julia—. No utilizó
ningún nombre en la carta, salvo el tuyo.
—Estoy segura. Lo dejó en una sala de estudio donde se suponía que
nos encontraríamos. No me sorprende que fuera críptico. Sabía que sé de
qué hablaba.
Julia frunció el ceño. —¿Así que crees que Alex es capaz de lo que
dice Henry?
Me tomó exactamente dos segundos considerarlo. —Por supuesto.
Incluso cuando estuvimos liándonos el septiembre pasado, algo sobre él
me llevó al camino equivocado. —Tomé las páginas y las levanté. Era
como si necesitara repetir los detalles en voz alta por última vez—. La
historia acerca de Henry que esparció, él torció los hechos. Ambos
admitieron que solían ser muy buenos amigos en la secundaria, pero Henry
delató a Alex por hacer trampa. Alex estaba a punto de ser suspendido y
fue atrapado robando archivos del ordenador de Henry. Es por eso que lo
expulsaron.
—Y culpó a Henry por no mentir por él —añadió Julia.
—No sé cómo alguien puede ser tan osado, decir tantas mentiras. Y
ahora, sabiendo lo que hizo... —Le pasé las tres páginas en caso de que
necesitara un recordatorio.
—Se llevó a la hermana de quince años de Henry y la embarazó, solo
para vengarse de él —terminó por mí.
Hice una mueca ante sus palabras, imaginando como una Cami
Knightly de quince años podría lucir tres años atrás, al atravesar una de las
peores cosas que una mujer joven podría, y luego renunciar a un bebé que
nunca tuvo la intención de tener.
Julia tomó una respiración temblorosa, como si estuviera pensando 2
lo mismo.
—De acuerdo a la carta de Henry, ese fue el comienzo de su patrón
18
de conducta —dije—. Y él lo sabría, conoce a Alex y a su modus operandi
desde hace años. Toma niñas, después de perjudicarlas gravemente, o las
encuentra severamente dañadas a algunas, no sé, una cabaña de luna
de miel en la playa. Es violación en una cita, pero con esteroides.
Durmiendo con chicas demasiado jóvenes o demasiado perdidas para
saber lo que hacen, y luego jactarse de no usar protección. ¿Qué clase de
psicópata hace eso?
—Lo oí en toda la escuela —admitió Julia, tirando de su cabello—.
Pero no podía creerlo. —Estaba más delgada en los últimos meses,
también más pálida.
Nos sentamos en la cama y hablamos durante una hora más,
diseccionando las palabras de la carta que prácticamente había
memorizado.
—Cuando pienso en lo que la familia de Henry ha pasado... —dije,
sintiéndome mareada de nuevo—. Y sé que el que haya salido con Alex
también lo hirió.
—¿Cómo se supones que lo sabes? —dijo Julia—. ¿Acaso Henry te
mencionó una sola palabra antes de ahora?
—Creo que lo intentó —admití—. Pero no quise escuchar. —Caí en la
cama y eché un brazo sobre mis ojos—. Léeme la parte inferior de la última
página —solicité.
—¿Está segura? —Moví mi brazo lo suficiente para darle un vistazo.
Se aclaró la garganta—. “Spring”. Tiene muy buena caligrafía, ¿no?
Le lancé otra mirada.
—“Spring” —comenzó de nuevo, leyendo el final de la carta de
Henry—. “Eres la persona más inteligente, talentosa y decidida que he
conocido. Tu lealtad hacia tus amigos y tu sentido absoluto de ti misma me
abruma. Mientras me encuentro en esta sala, esperando a que llegues
para luego entender que no vendrías, así que he hecho un balance de la
situación, y esta es la conclusión a la he arribado: Quiero que sepas que
fue un placer el haberte tenido en mi vida. Me cambiaste, Spring. Sabes
eso, nada más. Que me hiciste sonreír y ver el futuro como nunca lo he
hecho. Donde quiera que vayas en la vida y cuales sean las causas que
elijas para llevar a cabo serán afortunados de tenerte. Te deseo un gran
éxito estés donde estés.”
Sentí las lágrimas aferrándose a las esquinas de mis ojos mientras
miraba hacia el techo.
—Suena como un adiós —dijo Julia, doblando las páginas. 2
—Lo era. —Sollocé—. La última noche, me dijo que meditaba sobre
hacer el resto del semestre en línea. El texto que le envié rebotó, por lo que
19
está en un lugar demasiado alejado para que su celular consiga
recepción, o está desconectado. —Me di la vuelta—. Habló de Suiza y
Tahití, y tiene todo el dinero del mundo, así que quién sabe dónde se
encuentra.
—Lo siento —susurró Julia, acariciando mi brazo.
Miré a su triste sonrisa. —¿Cómo te va, conejita?
—Mejor, creo. —No sonaba tan convincente—. En serio. —Se deslizó
hacia atrás, contra la pared, abrazó sus largas piernas con los brazos y
apoyó la barbilla en las rodillas—. He superado a Dart. He seguido
adelante.
—Eso es bueno —dije, sin saber qué más decir. Todavía no estaba
segura de si debería contarle todo lo que sabía. Si dijo que había
terminado con Dart, ¿sería de ayuda ahora? Sentí una punzada de culpa,
sabiendo que le mentía a una de mis mejores amigas.
Me di la vuelta sobre mis rodillas y me senté con las piernas cruzadas
en el medio de la cama. —Las cosas fueron bastante intensa por un
tiempo —dije—. Entre tú y Dart, quiero decir.
—Sí. —Pasó sus dedos por la costura lateral de sus pantalones de
chándal rosa—. Fue intenso.
—No sé cómo ayudarte —admití, tratando de expresar el sentimiento
correcto pero sabiendo que no estaba a la altura—. Quiero decir, no sabía
qué decir. Las chicas manejan perder su virginidad en diferentes maneras.
En verdad me preocupaba que luego de que Dart fuera tu primera vez,
enloquecieras después que se hubiera ido.
—Enloquecí —dijo, sus labios inclinándose en una pequeña sonrisa.
—Sí, lo hiciste —concordé—. Quizás esperaba que enloquecieras aún
más.
—Bueno, siempre hay un mañana —añadió con otra sonrisa. Sin
embargo, un momento después, cayó y exhaló—. Todavía no sé lo que
pasó. Algo debió salir mal, ¿verdad? Estábamos tan cerca, tan perfectos y
entonces... —Se interrumpió y se mordió la uña del pulgar—. Ni siquiera el
consejo de Anabel me ayudó a mantenerlo.
Me senté. —¿Qué te dijo Anabel?
—Al principio me dijo que tenía que debía ser muy sexy a su
alrededor. Viste que me dio para Acción de Gracias.
—Sí —dije, recordando ese encaje negro en un rincón de su maleta. 2
—Fue muy vergonzoso. No quería fingir ser alguien así, incluso para
acercarme a Dart. 20
—¿Alguien como Anabel, quieres decir?
Asintió con la cabeza. —Unos pocos días antes de que nos fuéramos
para Navidad, hablé con ella de nuevo.
No pude evitar gemir. Julia debió sentirse verdaderamente
desesperada para necesitar otro consejo de nuestra promiscua
compañera de cuarto. Deseé poder ayudado en ese entonces, pero
estaba aún más desorientada.
—Me dijo que lo traería de vuelta —continuó Julia—. Eso realmente
engancha a un hombre, cuerpo y alma, ser fría y distante. Dárselo,
entonces quitárselo. Brigitte Bardot, ella no paraba de mencionar a Brigitte
Bardot.
—¿Esa modelo francesa de los años cincuenta?
—Me mostró fotos de ella toda sensual. Se veía como una arrogante
para mí, pero, no sé, eso es lo que Anabel dijo que debía hacer, así que...
—Así que eso es lo que hiciste —dije débilmente, sintiendo esas otras
dos páginas de la carta de Henry escondidas en mi bolsillo trasero. Fue
como si las palabras impresas ardieran en mi piel, gritándome escucharlas
mientras las reproduje en mi mente:
“El año pasado, mi compañero de cuarto estaba comprometido,
pero su prometida lo engañó. Cuando todo salió, ella le dijo que nunca lo
amó, que se trataba de algún tipo de apuesta. No sé la historia completa,
pero fui testigo de primera mano la devastación que causó. Conoces a mi
amigo como un tipo muy alegre, pero esa persona se fue durante mucho
tiempo. Como su mejor amigo, fue difícil de ver. Cuando empezó a salir
con tu compañera de cuarto tan pronto, admito, no lo apoyaba al cien
por ciento. Pero era su vida para vivir. Ella terminó en nuestra casa, lo que
no me importaba, pensé que era una chica dulce, y lo hacía feliz. Tal vez
una semana antes de las vacaciones de invierno, no pude dejar de notar
que parecía una persona diferente, menos locuaz, más retraída, incluso un
poco grosera con él. Al principio consideré que se trataba del estrés de los
exámenes finales, pero una noche cuando habían acabado, la oí hablar
por teléfono. Alguien la entrenaba, diciéndole cómo actuar. Tal vez me
torné demasiado protector, pero me enfureció oír qué planeaba hacer. No
era justo que jugaran con mi amigo de nuevo. Pocos días después nos
íbamos para las vacaciones de invierno. Él y yo nos fuimos juntos al
aeropuerto y le dije lo que escuché. Le dije que su novia estaba jugando
con él. Lo que hizo después de eso, no lo sé exactamente, pero sé que no
estaba listo para regresar a Stanford y vivir enfrente de ella. Haría cualquier 2
cosa por alguien que me importa, así que también opté por abandonar el
campus.”
21
Oí un zumbido en mis oídos, y mi mano temblaba cuando sostuve mi
frente. Casi no podía respirar, sabiendo lo que sabía ahora. Tenía sentido.
Henry tenía razón, solo pensó en su amigo, tratando de ayudarlo. Y le grité,
no lo escuché, no le creí cuando trató de explicarse.
Mi mente estaba entumecida. Me quedé mirando los ojos de Julia,
preguntándome si debía confesar todo. ¿Pero le haría algún bien a estas
alturas? Dart todavía seguía desaparecido. Podría hacer que todo fuera
peor.
Julia se deslizó de la cama y se puso de pie, mirándose en el espejo.
—Hace unas semanas, me sentía muy sola. Echaba de menos a Dart tanto
y... —Metió las manos por debajo de sus brazos, alejándose de su reflejo—.
Yo... me enojé mucho con él. Fue mi primera vez, ¿sabes? Se suponía que
sería especial para los dos, ¿no?
—Eh, cierto —ofrecí, tratando de seguir adelante. Me sentí tan mal
por Julia. Con el corazón roto por ella. Pero un rincón de mi corazón dolía
por Henry. Pensó que hizo lo correcto, incluso si eso significaba herir a su
mejor amigo. Mientras miraba a Julia, entendí exactamente qué debió
sentir.
—Pero entonces pensé —continuó Julia—, si Dart solo pudo
levantarse y dejarme de esa manera, creo que no era tan especial
después de todo. —Pateó el marco de la cama de metal, su voz sonaba
más cínica de lo que alguna vez escuché, y también más amarga—. Me
pregunté, ¿cuál es el problema? Es solo sexo, ¿verdad? Pero construí hasta
que llegara ser este gran evento monumental, cuando estaba
básicamente quitándomelo de encima. Si no es especial, debería caminar
hasta la escuela y traer algunos chicos a casa al azar.
Mi columna se puso rígida. Esto no sonaba como Julia. Francamente,
sonaba como Anabel. —Pero no lo harás, ¿verdad?
Se burló, ese tono cínico todavía persistía. —Nunca tendría las
agallas. Tal vez debería llamar a Alex. —Se rio sombríamente—. Tiene la
experiencia y sé que él...
—Julia —la corté—. Ni siquiera lo digas en broma.
Parpadeó, como si saliera de un trance. —Lo siento. No quise decir
eso. Por supuesto que no... no Alex.
—Bueno —le dije—. Porque no puedo tener dos compañeras
imprudentes. Anabel fue expulsada de un bar la semana pasada. —Agarré
su mano, tirando de ella para que se sentara a mi lado—. Necesito que
seas sensata. 2
Julia sonrió, una de verdad esta vez. —Lo haré —dijo, pero entonces
su postura decayó—. Todavía me pongo triste a veces —admitió—. Muy
22
triste.
—¿Qué puedo hacer? —pregunté, sintiendo un dolor en la
garganta.
—Nada. Así que... gracias por estar aquí, por ser una buena amiga
para mí a través de todo esto.
Ahora era mi turno de apartar la mirada. Sabía que estuve
demasiado envuelta en mi propio drama en las últimas semanas para
darle cualquier tipo de ayuda. Aún no me sentía lista para decirle lo que
sabía acerca de Dart. No ahora. No quería que volviera a enloquecer,
sobre todo si consideraba un buen remedio el sexo casual como un
pasatiempo.
—Lo eres —insistió Julia cuando me vio alejarme. Extendió la mano y
levantó mi barbilla como una madre lo haría—. Y ahora quiero ser una
amiga para ti. —Miró directamente a mis ojos, como si supiera que
ocultaba información—. Hay algo que no me estás diciendo, ¿no?
Asentí, sintiendo un cosquilleo arrastrarse por mi nuca.
Se echó hacia atrás, apoyando sus brazos detrás de ella. —¿Por qué
no te adelantas y lo dices?
Me froté el cuello, tratando de desenterrar las palabras adecuadas,
para llegar a las páginas de mi bolsillo.
—Solo dime Springer —dijo—. Dime cómo Henry se siente por ti.
Inclinó la cabeza y sonrió ante mi reacción totalmente aturdida. No
era muy a menudo que me tomara por sorpresa. No quería responder su
cuestionamiento pero mi otra opción era compartir con ella el resto de la
carta. No podía hacer eso.
—Henry —comencé. Simplemente diciendo su nombre en este
contexto hizo que mi corazón latiera rápidamente—. Me ama.
Julia exhaló como si se sintiera aliviada por algo. —Sí. —Apartó el
pelo de color escarlata sobre un hombro—. Henry siempre te ha amado. Lo
pude ver en su rostro. Tú —Me señaló con un dedo acusador—,
simplemente nunca lo miraste. —Se rio como una campana tintineando, la
primera vez que la oía hacerlo desde diciembre. No me importaba en lo
más mínimo que su buen humor fuera a costa mía.
Me mordí el labio, no tan feliz como pensaba que una chica debería
estar, manteniendo una conversación sobre el amor. Por otra parte,
tampoco tenía experiencia. —Quería llevarme a Tahití. 2
Se tornó melancólica. —Qué romántico. 23
—Le dije que no. De hecho, le dije que se fuera solo. —Contuve mi
labio inferior para que no tambaleara—. Y luego, sentí tanto enojo que le
di una patada a la puerta. —La insipidez presionando contra mi pecho y
me dejé caer en la cama—. En el medio de una tormenta de lluvia.
Los ojos de Julia se llenaron de lágrimas. Extendió la mano hacia la
mía y sonrió en hermoso y comprensivo silencio.
Esta no era yo. No era el tipo de chica que se desmoronaba luego
de desplomarse al exilio durante una crisis personal, sobre todo por algo
tan lamentable como la destrucción de una “casi” relación. Sin embargo,
ahí estaba yo. La chica que ridiculicé. Miserable y deprimida. Incluso con el
corazón más roto que antes.
—Me siento desanimada. —Suspiré—. ¿Qué hago?
—Puedes tomar prestada mis pastillas antidepresivas —ofreció con
una sonrisa—. Si hay tiempo más tarde, podríamos agregar un dogma sin
fin. ¿Tal vez jugar un poco con Adele?
—Ahora estás leyendo mi mente.
—O, siempre podemos convertirlos en vivencias, como una de esas
películas suecas apocalípticas de los años cincuenta. Eso debería alegrar
nuestro estado de ánimo.
—De acuerdo. —Me senté, feliz por la distracción—. Serás la capa y
la capucha del Ángel de la Muerte de pie en la playa en medio de una la
tormenta, y yo seré la esposa del vicario, desterrada a una vida dentro de
una aislada cabaña junto al mar.
Julia se rio y se puso de pie, una botella de agua energética
acunada en sus dos manos. Su expresión fue teatralmente solemne
mientras sus ojos se ponían vidriosos. —Yo soy... la Plaga de la Muerte —
empezó a decir, monótona—. Voy a mantener esta bebida en mi recuerdo
entre mis manos al destino. El silencio, el ooooooodio, el jarabe de maíz. —
Sus brazos extendidos a los costados—. Nunca derramando —continuó,
mirando al frente—. Nunca despertando, prisionera de mi vida absurda. —
Inclinó la cabeza y cayó de bruces sobre la cama, sin derramar una gota.
—Y el Oscar es para... —dije, aplaudiendo.
—Está bien, tengo que estudiar —dijo mientras se levantaba y
caminaba hacia la puerta. A mitad de camino, se dio la vuelta—. ¿Puedo
preguntarte algo? Y no tengas miedo de decirme que me entrometo.
Rodé los ojos. —¿Qué es, conejita? 2
Se metió un poco de pelo detrás de la oreja. —¿Cuándo fue? Quiero
decir, ¿cuándo empezaste a cambiar hacia Henry? —Estoy segura de que
24
captó la escozor que me pasó por la cara, pero por una vez, no dio
marcha atrás—. ¿Fue antes de Washington? ¿Antes de que se alejaron?
Tomé unas cuantas respiraciones, mentalizándome para lanzarme
como una bola de cañón. —Sí, fue antes —contesté—. Henry y yo...
podríamos... hablar. Lo echo de menos.
—Hablar es agradable.
—Es todo lo que hicimos durante meses. Desde luego, también,
debatimos. —Exhalé una risa suave, recordando con cariño—. Pero la
discusión no era genuina, era más como…
—Juegos previos. —Guiñó un ojo y salió de la habitación.
PARTE IV
2
“Es usted demasiado generosa para jugar conmigo. Si sus sentimientos
siguen siendo los mismos que en el pasado abril, dígamelo
25
inmediatamente. Mi afecto y mis deseos no han cambiado; pero una sola
palabra suya me silenciará para siempre.”
Orgullo y Prejuicio
30
Traducido por Jeyly Carstairs
Corregido por Cotesyta
—Es tiempo de volver a la carretera —dijo Mel, su cabeza saliendo
por la ventanilla del lado del pasajero de mi Subaru.
Bajé la mirada, al gran sobre en mis manos, suspendido fuera de la
ranura del buzón de correo. La dirección de la casa al otro lado de mi
calle en Stanford se encontraba escrita en el frente.
—Has estado cargando esa cosa contigo durante una semana —
dijo—. Es un buen plan. Vivió allí una vez, así que la oficina de correos
tendrá una nueva dirección.
—Solo… quiero que lo lea.
2
—Quieres que vea que conseguiste un sobresaliente. —Las gafas de
sol blancas de Mel apoyadas en la punta de su nariz, protegiéndola del 26
brillante sol de Montana.
—Trabajamos duro. Merece ver cómo quedó.
Pero era más que eso. Cuando había empezado con el proyecto
final de mi tesis, fue hacer o morir. Y no iba a morir. Me rompí el trasero
durante dos años para conseguir la oportunidad que me habían dado.
Trenzar mi cabello y ser la rockera enojada solo eran símbolos de lo que
quería ser. Sabía lo que quería ser ahora. No necesitaba símbolos.
Todo lo que me quedaba eran esas notas finales de investigación
que Henry me dio esa última tarde en la sala de estudio. Cuanto más las
investigaba a fondo, mientras las combinaba con mi investigación
adicional, más sentía el retorno de mi fuego interior. Lo perdí por un tiempo,
pero regresó. Quería que el mundo supiera que era apasionada de nuevo.
¿Era egoísta de mi parte querer que Henry también lo supiera?
—Así que envíalo por correo ya y vamos a seguir adelante —dijo
Mel—. Estoy a punto de desmayarme del hambre.
Rodé los ojos. Nos habíamos detenido por comida hacía menos de
una hora. Algo acerca de los viajes por carretera hacía que Mel necesitara
alimento constante.
Este fue el final de nuestra tercera semana en la carretera, dos más
por delante. Mi socia en el crimen no lo disfrutaba al mismo nivel que yo.
Tal vez fui un poco engañosa en mi descripción de lo emocionante que
sería nuestra excursión de verano: Dos chicas solteras, sin preocupaciones
a través de Idaho, Wyoming y Montana mientras hacía una investigación
para un nuevo artículo, comenzando donde mi tesis terminó, viviendo de
la diminuta beca de investigación que me otorgó el departamento de
Geología.
Ayer por la noche, mientras nos acurrucábamos en una cama
individual, esquivando cucarachas voladoras en un motel de mala muerte
en la carretera fuera de Great Falls, Mel muy amablemente me informó
que si visitábamos otro maldito pastizal de vaca o recorríamos otra “jodida
granja de vida sustentable”, me daría de comer a un búfalo.
Le creía.
—Hazlo, cielo —persuadió Mel—. Déjalo caer en la ranura y aléjate.
Se llama cierre.
Tenía razón. Enviarle a Henry mi tesis era una buena manera de
poner un sello a ese capítulo de mi vida. Y era el momento, realmente lo
necesitaba para empezar a trabajar en seguir adelante, incluso si no me
sentía preparada. Así que abrí la enorme entrada metálica, me mordí el
labio y lo dejé ir.
2
—Me siento orgullosa de ti —dijo Mel mientras me deslicé detrás del 27
volante—. Ahora vamos a salir de aquí. Me prometiste un hotel normal esta
noche. Necesito una ducha decente y manicura pedicura como nadie en
el mundo. —Sacudió los brazos como si se limpiara polvo—. Me siento
sudorosa y repugnante.
—Hoy tenemos una parada muy importante —dije, arrancando el
motor.
—Me importa una… —gruñó hundiéndose en su bolso abierto—. Sé
que tengo una barra de chocolate de emergencia aquí en alguna parte.
Oh señor, mataría por un cigarrillo.
—Ya no fumas —le recordé
—Entonces mataría por un poco de chocolate.
—También dejaste el azúcar.
—Cállate, Spring. Me fastidias. —Miró por la ventana con nostalgia—.
Estrangularía a mi propia dulce abuelita por un cigarrillo de chocolate.
Me reí y pasé los dedos por mi cabello, comenzando en el cuero
cabelludo y siguiendo todo el camino hasta las puntas.
Me deshice de las trenzas una semana antes de nuestro viaje. Desde
entonces, cada vez que capturaba mi reflejo, era como si me viera otra
vez, alguien que cree en sí misma y lucha por esas creencias, alguien cuyo
cabello se arremolina endemoniado y sin cuidado con la brisa otra vez.
Una vez que eso se consolidó, mi vida tuvo sentido de nuevo.
Julia y Anabel casi se desmayaron de la alegría cuando vieron mi
cabello. Me río de mis recuerdos y juego con las puntas, como si fueran
una confirmación de otra nueva Spring.
—Se halla a solo dos horas en coche desde aquí —le dije a Mel,
alejándome de la oficina de correos. Mel metió su puño en la boca y
asintió, todavía ansiosa por chocolate. Agradecía que dejara de
preguntar a dónde íbamos. Sería difícil de explicar nuestra próxima
parada.
El tema surgió entre Henry y yo un par de veces, pero siempre fue
vago al respecto. Sabía que su familia tenía propiedades por todo el oeste.
De hecho, cruzamos territorio Knightly durante la última semana. Pero era
la casa justo después de Ft. Benton la que me interesaba. De acuerdo con
mi apresurada investigación, se asentaba sobre cincuenta mil hectáreas.
Hablábamos de colinas, árboles, un río y a la vez tierras agrícolas y de
algún tipo de ganado.
Sobre una base puramente intelectual, tenía curiosidad por saber
2
cómo se mantenía esta tierra… si lo hacían. Henry y yo habíamos tenido
debates de larga duración sobre los pros y los contras del desarrollo de la
28
tierra. Ahora era mi oportunidad de ver como su familia trataba su parte
de tierra.
—¿Ya llegamos? —preguntó Mel, limpiando su bolso por cuarta vez
en la semana. Levantó la vista justo cuando pasamos el letrero de
bienvenida a Kingston—. ¿Dónde diablos estamos? Spring, es el cuatro de
julio.
—Lo sé —dije, frenando, comprobando mi GPS para luego doblar a
la derecha en la calle principal.
—Me prometiste diversión y aventura. ¿Voy a tener que matarte?
—Hay un museo —dije alegremente—, tal vez tienen más
pertenencias de Lewis y Clark. Te gustan, ¿recuerdas? Creo que usaste el
término escabrosamente sexy. Podemos hacer un recorrido.
—Oh, sorpresa —silbó—. Más fotos de tipos muertos de los que nadie
menor de ochenta alguna vez ha oído hablar.
Me mordí el labio. El polvoriento pueblo de cuatro mil habitantes
parecía lindo pero de ritmo lento, y a pesar de los encantadores y viejos
edificios y parcelas verdes de madera de antiguos periodos,
probablemente terminaría siendo aburrido. Un letrero en la pared de un
alto edificio verde me llamo la atención: Restaurado por la Familia Knightly.
Oh. Así que el linaje no solo posee las tierras, sino que parece que
tienen un poco de interés en la ciudad. Eso está muy bien.
Llegamos al museo y nos bajamos. Mel quejándose todo el trayecto
caminando pero sin mirarme. Realmente le debía un buen momento
después de esto. La habitación era luminosa y fría, las filas de retratos
enmarcados y otros objetos de arte alineados en las paredes.
Una bajita y regordeta mujer apareció. Probablemente se
encontraba alrededor de los sesenta y llevaba moño de cabello gris y
castaño. Después de darnos la bienvenida, se lanzó en pleno, explicando
que el tátara-tátara-alguien del general Kingston reconstruyó la casa en
mil novecientos veinticinco después de la tormenta de mil novecientos
veinticuatro. Aferrándose...
Mientras Mel se arrastraba detrás de nosotras, la mujer con el moño
se movió a un grupo de fotografías en blanco y negro enmarcadas, que
mostraba una restauración efectiva. —Si te fijas, toda la madera para la
reconstrucción fue cosechada localmente. Una familia muy particular a
decir verdad.
—¿Y los Kingston también son dueños de toda la madera? — 2
preguntó Mel, quizás tratando de permanecer ocupada para no dormirse
de pie. 29
—¿Los Kingston? —repitió nuestra guía—. Oh, querida, no. Esa familia
directa se mudó de la granja hace dos generaciones. Es la vieja familia de
la hija del general. Los Knightly.
—¿Knightly?
Cerré los ojos, prácticamente sintiendo el arrebato de Mel contra mi
espalda como una ráfaga de viento.
—¿Estamos hablando de los Knightly Knightly? —preguntó,
deslizándose a mi lado.
—Shhh. —Miré a la señora Moño.
—Espera. ¿Sabías que Henry vive aquí? —añadió Mel.
—Ya no vive aquí —dije en voz baja, no queriendo causar una
escena más grande—. Su familia es propietaria del terreno y algunos
edificios de la ciudad, supongo. Estoy segura que Henry nunca ha puesto
un pie en este lugar.
Cuando mire a Moño, sonreía como una tía vieja y sabia. —Supongo
que las damas conocen a Henry.
Mi corazón pareció congelarse a mitad de un latido.
—Ella lo hace —aclaró Mel, clavando un codazo en mis costillas.
—¡Eso es maravilloso! ¿Lo conoces de Stanford?
Mientras asentía, mi corazón congelado dio tres duros golpes. —
Espere. ¿Conoce Henry… —Tragué saliva— Knightly?
—Creció aquí, querida. Pasan la mayor parte de su tiempo ahora en
el este, o en Europa, pero los dos chicos vienen a casa un par de veces al
año.
Levanté una mano. —¿Me está diciendo que Henry vivía aquí?
—Creo que acaba de confirmar eso, Springer —dijo Mel con una
sonrisa.
—Shhh —susurré, golpeándola con mi hombro.
—Los chicos llegan a casa cada verano y un fin de semana de vez
en cuando —dijo Moño—. Trip, en general, se instala aquí en junio y julio.
—Trip —repitió Mel, mirándome.
—Así es como todo el mundo siempre llama al joven Henry. —Se
inclinó hacia adelante—. Es el tercero.
—Sí. —Aclaré mi garganta—. Lo sé. 2
Mel se rio a mi lado, colgándose sobre mi brazo. —Esto es muy 30
delicioso.
Miré a Moño. —¿Sabe si… está Henry?
—Trip —corrigió Mel.
—Cállate —susurré. Entonces—, Trip. —Tosí, tropezando con el
nombre—. ¿Se encuentra en casa ahora? —Contuve la respiración, sin
saber que quería que Moño me respondiera.
—No. —Frunció el ceño—. Pero lo esperan la próxima semana para
el festival y el corte de la cinta. Probablemente ya saben esto, ya que
conocen a Trip, pero la familia cuida mucho de nuestra ciudad.
Protegiéndonos a la mayoría de nosotros como benefactores o peor
cuando la recesión de la carne nos golpeó. —Pasó una tela sobre un
marco de oro—. Hace una década, modernizaron todas las escuelas. El
ochenta por ciento de los graduados van a la universidad, la mayoría con
la beca Knightly. Compraron y donaron todos los sitios históricos que
ayudan a mantener a los turistas que vienen de paso.
—Así que son bienhechores —preguntó Mel a Moño, mientras me
sonreía.
—Absolutamente —contestó—. Emplean solamente a los lugareños
para trabajar en el rancho durante la temporada de verano.
—¿Rancho? —Casi me ahogo de nuevo.
—The Diamond W —aclaró nuestra guía—, es uno de los ranchos de
trabajo de mayor éxito por un centenar de kilómetros, y nuestro mayor
proveedor de productos de la ciudad. La gente viene a experimentar el
viejo oeste. —Rodó los ojos, pero no me perdí la mirada de orgullo que
traía—. Un equipo de ganaderos jubilados lleva grupos a caballo hasta las
faldas. Rodeo todos los sábados. Barbacoa y pastel de frutas. A la gente
seguro le encanta.
—No sé qué decir —murmuré.
—¿Sobre qué, querida? —preguntó Moño, inclinando la cabeza.
Mel, literalmente, se retorcía, resoplando y carcajeando. Le di un
empujón, y se tambaleó hacia atrás. —No se preocupe —dijo,
apareciendo a mi lado, con un brazo apretado alrededor de mis
hombros—, se encuentra en medio de un ataque de nervios.
—O… oh, sí, bueno, ¿debemos seguir adelante? ¿O prefieres visitar
The Diamond W? El próximo autobús sale en diez minutos.
2
31
31
Traducido por Majo_Smile♥
Corregido por Jasiel Alighieri
—No creo que esta sea una buena idea —dije mientras el autobús se
balanceó y rebotamos hacia la colina. Mis uñas se clavaron en el asiento
de vinilo desgarrado en frente de mí.
—¡Esto es épico! —exclamó Mel—. ¿No sientes curiosidad? —Miró
con atención por la ventana polvorienta—. Sé que yo lo hago. No puedo
creer que no me dijeras a dónde nos dirigíamos hoy.
—No sabía que vivía aquí —defendí—. Siento como si lo
invadiéramos.
—Nadie sabrá que te encuentras aquí. —Palmeó mi brazo—. Solo
pasearemos un rato por los alrededores, echar un vistazo a la parte trasera
2
de algunos pantalones vaqueros, luego nos largarnos. Va a ser divertido. 32
Exhalé, todavía levemente alterada, pero al menos Mel estaba
emocionada acerca de algo y no quejándose sobre el extraño olor
proveniente de la parte trasera del autobús.
Junto con la docena de otros pasajeros, fuimos arrojadas en medio
de lo que pareció ser un manicomio al aire libre. Las personas y los
animales se afanaban salvajemente, algunos solitarios precipitándose
alrededor, mientras que los grandes grupos se paseaban. Mel y yo nos
situamos muy juntas tomadas de la mano. Dos citadinas.
Observé la casa ubicada en lo alto de la colina. De todos los lugares
para ver, ese era el primero en mi lista.
—¿Dónde deberíamos ir? —preguntó Mel.
—Me siento abrumada —admití.
—Abajo por la puerta. —Mel hizo un gesto—. Hay más mapas y
folletos. Voy a correr abajo y agarraré unos pocos. —Eso parecía una
buena idea—. Oye. —Sacudió mi brazo—. ¿Vas a estar bien aquí?
—Seguro —respondí, asintiendo como los locos—. Estoy bien.
Me miró con escepticismo. —Está bien. Volveré en un instante.
Completamente sola, me sentí como una refugiada recién salida de
la Isla Ellis abandonada en una intersección de Times Square. La multitud
era una mezcla de turistas, trabajadores, y lo que pudiera haber sido niños
locales de la ciudad cercana. Tal vez el Diamond W Dude Ranch era un
lugar popular frecuentado por los adolescentes.
Traté de mantenerme fuera del camino de todos, colocándome de
pie como un maniquí relleno, mis brazos sujetos a mis costados. Después de
unos minutos, los transeúntes empezaron a caminar alrededor como si
fuera un poste de bandera en el medio de la abertura.
Durante nuestros quince minutos de viaje en autobús, hojeé una
delgada guía turística que había tomado cuando llegamos primero al
museo. Parecía que "Diamond Dub" (como afectuosamente era conocido)
era un lugar de bastante emocionante.
Para el campista aventurero, había paseos a caballo, arreo de
ganado, captura y liberación de pesca en el arroyo de truchas, carreras
de 4x4, senderismo, rodeos, y el tiro al plato. Gente de la ciudad podía
disfrutar las aguas termales, pasear a través de los prados esparcidos de
flores silvestres, y visitar una tienda de recuerdos. Al ponerse el sol, el rancho
ofrecía paseos en carruajes, reuniones hogareñas de poesía vaquera, y un
baile de cuadrillas los viernes por la noche.
En una nota más económica, también leí que Diamond Dub exaltó,
2
se jugó todo por el todo y crio caballos de raza cuarto de milla para
carreras. Sus mil quinientas cabezas de ganado y otra ganadería
33
produjeron carne de res, de cerdo, leche y nata, muchos de los cuales
fueron transportados a través del país, y todos proporcionaron cientos de
empleos para las familias locales.
—¡Arriba vaquero! —gritó alguien sobre la muchedumbre. Las
personas gritaron de vuelta—: Yiiiijaaa. —A la vieja usanza del oeste en
respuesta. No entendí la razón.
Aún tratando de mantener mis miembros intactos, alcancé la guía
turista de mi bolsa y hojeé una vez más, en busca de alguna información
acerca de los propietarios. No había nada. Me encontraba a punto de
lanzarla en mi mochila, pero una mirada a la contraportada hizo que mi
corazón se detuviera.
Era una foto de una puesta de sol en la pradera, y la silueta en el
centro de la bola naranja y oro brillante era un hombre con un sombrero
de vaquero, sobre una rodilla, acariciando un perro. Aun posicionado en
las sombras, el perfil del vaquero fue fácilmente reconocible para mí.
Era Henry.
Miré embelesada la imagen por lo que parecieron horas, hasta que
alguien golpeó mi hombro.
—Disculpe, señora —dijo un tipo sobre su hombro mientras
avanzaba.
¿Señora? ¿Qué era arrogante? Ver la foto de Henry me agitó. Mi
cuerpo se sentía caliente y pegajoso mientras me encontraba bajo el sol
de media mañana, de repente sentí sed. Tal vez alguien podría guiarme
hasta una fuente de agua potable.
Me acerqué a un tipo que parecía que trabajaba en el rancho. —
Disculpe —dije después de aclarar mi garganta. Pero el vaquero se
precipitó más allá como una ráfaga de viento de granja maloliente,
probablemente ni siquiera oyéndome—. Eso estuvo bien.
Lo intenté de nuevo con una chica adolescente que llevaba una
camisa vaquera brillante y una minifalda de mezclilla deshilachada. —Te
ruego me disculpes. —Se protegió los ojos del sol—. ¿Puedes decirme con
quién puedo hablar en la casa?
Sonrió, mostrando un diente frontal astillado. —No lo sé —dijo, y se
alejó con sus amigos.
¿Qué pasaba con este lugar? Pensé que el campo se suponía que
serían serviciales y amables. 2
Decidida en esta ocasión, me concentré en el hombre viniendo 34
directamente hacia mí. Llevaba una silla de montar en un hombro. Un
sombrero de vaquero negro maltratado asentado sobre su cabeza
sudorosa. Llevaba una camiseta oscura, pantalones vaqueros y
chaparreras de cuero marrón cubiertas con lo que esperaba fuera
solo barro. Por la forma en que caminaba, con zancadas largas y
poderosas, sabía que tenía prisa.
—¿Perdóneme? —dije y golpeé ligeramente el brazo con el que
sostenía la silla de montar.
Cesó su andar y se detuvo en el lugar, mirando fijo al frente.
—¿Holaaa? —continué, molesta cuando no respondió—. ¿Habla mi
idioma?
Cuando el ranchero mugriento por fin bajó la silla de montar y se
volvió hacia mí, cada glóbulo de sangre borboteó de mi estómago.
Levantó el dedo índice, empujando el ala frontal de su sombrero de
vaquero para arriba, sus amplios ojos marrones como los centros de dos
girasoles.
—¿Qué...? ¿Qué haces aquí? —murmuré, una vez que recordé
cómo usar mi boca.
Henry se tensó y balanceó la silla de montar contra el costado de su
cuerpo. —¿Qué estoy yo haciendo aquí? —dijo, quitándose el sombrero—.
Yo vivo aquí.
—Pero ella nos contó que no lo hacías... Quiero decir, nos dijo...
Pensábamos que no te hallabas aquí.
—No lo hacía. —Cambió su peso—. ¿Quién es nosotras?
—Mel —contesté—. Ella fue a eh... —Señalé hacia el autobús
actuando como un mimo—. No tenía idea de que te encontrabas aquí.
Los ojos de Henry me dejaron y se enfocaron más allá de mi hombro.
—Volé tarde ayer por la noche. —Cambió la silla de montar a su otro
lado—. Los muchachos… —Torció su cabeza hacia los establos—… les
hacía falta mano de obra esta mañana, así que...
Ofrecí alguna clase de reconocimiento a eso, luego ambos
clavamos la mirada en el piso, pateando el suelo polvoriento.
—¿Cuánto tiempo te quedarás aquí? —preguntó mientras le daba
una palmada al polvo de sus chaparreras con su sombrero.
—Solo esta mañana, es por la investigación.
Tenía el rostro manchado de polvo y su pelo oscuro por el sudor. Y
esos ojos, mirar dentro de ellos por un breve momento me hicieron perder 2
el aliento.
—Lo juro —dije en voz baja—, no habría venido aquí si supiera...
35
Espero que no creas...
—No creo nada.
Asentí, mi cuello sudando.
—Bueno —dijo Henry, apuntando a un lado—, será mejor que
regrese. —Sonrió débilmente, izó la silla de montar al hombro y se alejó con
rapidez.
Muy dentro de mi estómago, un hámster en su rueda corría en
tiempo récord, mientras mi cuerpo permanecía plantado en su lugar tan
firmemente como un árbol de secuoya. Después de un tiempo, ese
hámster se transformó en lava volcánica, arrastrándose como una mancha
voraz desde la boca de mi estómago hasta las paredes de mi esófago.
—Eso no acaba de suceder —susurré. Jadeando en voz alta, me
tambaleé fuera desde el centro del tráfico y me apoyé contra el lado de
una valla de madera, agarrando un poste—. Dime —Miré hacia el cielo—,
dime que eso no acaba de suceder. —Apreté los talones de mis manos
dentro de mis ojos, avergonzada y agonizante, rememorando un pasado
lejano que no pude bloquear: Henry cubierto de arándanos... En mi
habitación... A la luz de la fogata. Henry viéndose pasmado cuando pensó
que no lo amaba.
Henry... ¿con un sombrero de vaquero?
—Mel —susurré—. ¡Melanie Gibson! —grité mientras me alejaba a
zancadas de la valla y giré, escaneando el área por mi cohorte
desaparecida. Un muchacho que conducía un poni por una cuerda me
dirigió una mirada extraña—. Mel —grité, ignorando las miradas—. ¿Dónde
estás?
—¿Spring?
Giré.
Sus preocupados ojos me inspeccionaron, entonces los hizo rodar. —
Causa una escena, ¿por qué no lo haces?
—Vamos. —Tiré su brazo—. Tenemos que marcharnos.
—No. —Me arrastró de vuelta—. ¿Has visto a todos esos tipos lindos
aquí? Son muy musculosos y sucios. La idea del cielo de Melly. De repente
tengo una urgencia abrumadora por… —Se ajustó el sujetador—… montar
a caballo.
Me cubrí la boca con ambas manos, dejando escapar un pequeño
chillido. 2
La sonrisa satisfecha de Mel decayó. —¿Cuál es tu problema? 36
—¿En qué pensaba? —dije a través de mis dedos—. ¿Qué
me poseyó?
Agarró mi brazo. —¿Nena?
—Estuvo aquí. Estuvo de pie justo aquí.
—¿Quién?
—Y estaba todo sudoroso e inmundo y llevando esta cosa en su
hombro. Un sombrero vaquero, Mel. Un sombrero vaquero.
—Springer. —Se cuadró a sí misma frente a mí—. ¿De quién estás
hablando?
—Henry —susurré—. Estuvo aquí. Está aquí.
Mel me soltó y alzó una sonrisa torcida. —No me digas.
—Es imperdonable para mí estar aquí. Piensa que soy una trepadora.
—Cubrí otro chillido con mis manos—. No quería volver a verlo así. Tenemos
que irnos —rogué con los dientes apretados—. Ahora. Por favor.
—De acuerdo, está bien. Pero el servicio de transporte no es hasta
dos horas.
Aporreé mis puños contra mi cabeza.
—Spring. —Mel se echó a reír—. Esto no es el fin del mundo.
Dejé de golpearme el tiempo suficiente para mirarla con ferocidad.
—Oh. —Se rio con disimulo—. Tal vez lo es. Vamos, cielo. —Tomó mi
mano—. Larguémonos de aquí.
Asentí, agotada por la emoción ejercida, y alisé el pelo fuera de mi
cara.
—Vamos a caminar de regreso al coche —dijo—. Te vendrá bien
tomar un poco de aire, ¿sí?
Con su brazo a mi alrededor, nos pusimos en marcha. No habíamos
realizados ni treinta pasos antes de escuchar que gritaban mi nombre.
Fingiendo que no lo oí, seguí caminando, más rápido, tirando a Mel. Se
detuvo abruptamente y tiró de mi brazo, haciéndome girar de manera
muy poco elegante.
—Spring —dijo Henry, trotando hacia nosotras—. Hola, Mel.
Mel lo miró fijamente, pareciendo un poco aturdida. Entonces soltó
una risita bajo su aliento. —Hola, Henry.
—¿Hacia dónde vas? 2
Cuando no respondí inmediatamente, Mel clavó un dedo dentro de
mis costillas. Salté y chillé. —Estamos eh, nos dirigimos a... —Apunté con mi 37
mirada hacia abajo de la colina.
—¿Te vas?
Ahora se encontraba más acicalado. En los diez minutos desde que
se separó de mí, perdió el sombrero, las chaparreras y la silla de montar, y
se puso una camiseta de color verde oscuro y vaqueros desgastados. Su
rostro estaba limpio y su inmaculado pelo por lo general rizado parecía
como si hubiera sido peinado precipitadamente, con los dedos mojados.
Muy a mi pesar, se veía más sexy de lo que incluso mi imaginación pensó
que era posible.
—Acabas de llegar —señaló—. ¿Has visto los caballos o cualquiera
de los espectáculos?
—No, emm...
—Necesitas ver los caballos. ¿Montas? —Sus ojos marrones se movían
entre Mel y yo. Debí asentir con la cabeza ante su pregunta, pero quién
sabe—. He estado muriendo de ganas por tomar un paseo. Todos
deberíamos ir.
Por el rabillo de mi ojo, pude ver la sonrisa de Mel ensancharse. —
¡Nos encantaría! —exclamó. Tiré su brazo. Me empujó de vuelta—.
Simplemente me encantan los caballos.
Forcé un lado de mi boca en una especie de sonrisa. —Suena
divertido.
—Magnífico. —Tenía las manos en las caderas y, como yo, su
respiración era agitada, a lo mejor de su corrida por la colina—. ¿Por qué
no se quedan las dos en la casa esta noche? Hay un montón de espacio.
Mascullé algún tipo de rechazo que, al parecer, nadie escuchó.
—¡Fabuloso! —Mel sonrió con alegría.
—Vamos a tener fuegos artificiales sobre el lago por el cuatro de julio
—dijo—. Mis padres tienen previsto llegar mañana por la noche, pero Dart
y Lilah llegan hoy por la tarde. —Su mirada fija se sostuvo sobre mí por un
segundo extra.
—Me encanta Lilah —dijo Mel con entusiasmo exagerado.
—Está arreglado, entonces. ¿Dónde está tu coche?
—Dónde el autobús nos recogió —contesté.
—¿Llaves? —sugirió, extendiendo su mano abierta. Busqué en mi
bolsillo y se las entregué—. Me reuniré contigo arriba en la casa. Veinte
2
minutos. —Salió disparado como un cañón. 38
Bastante aturdida aún, mantuve los ojos clavados en él hasta que
desapareció por la colina.
—Si el chico mantiene esa velocidad —señaló Mel—, va a llegar a
Canadá para el anochecer.
—Muchas gracias, Mel —espeté, revoloteando a su alrededor—. ¿Por
qué has hecho eso?
—No preocupes tu linda cabecita con nada. —Sonrió abiertamente.
—No podemos quedarnos aquí. Es demasiado raro. No... no puedo...
—Mi voz se esfumó sin poder decir nada.
—Esto es excelente. Él nos invitó. Si no quisiera verte de nuevo, no se
habría molestado. No es así educado. Así que, esto es bueno, ¿verdad?
Traté de asentir, pero un diminuto gemido agudo, se filtró fuera de mi
boca mientras ella tomó mi brazo y me condujo hacia la colina.
—Spring Honeycutt, la manera que te miraba. Guau. —Se abanicó la
cara—. En verdad necesito un cigarrillo ahora.
—No me reconoció al principio.
Mel corrió su mano hacia abajo por la parte de atrás de mi cabello,
luego agarró un puño lleno. —¿Puedes culparlo? —Pasó un brazo
alrededor de mis hombros—. Mira, nosotras no queremos ser groseras, así
que estamos atrapadas aquí. Solo piénsalo de esa manera. ¿De acuerdo?
—Bien —concordé mientras nos dirigíamos a la casa—. Me
estremezco al imaginar qué piensa en estos momentos.
—Oh, cielo —dijo, dándome un pequeño apretón—. Sé
exactamente lo que está pensando.
2
39
32
Traducido por Vanessa VR
Corregido por Val_17
—El que está por la cerca es un sólido siete —dijo Mel—. Podría
conquistarlo si no tuviera el peinado de los ochentas, pero… como dice el
dicho “Allá donde vayas, haz lo que veas”.
Mel y yo esperamos en frente de la casa de tres niveles con el
pórtico rodeándola. Flanqueada por pinos altos y álamos temblorosos,
conducía hacia una línea del horizonte de puntiagudas crestas cubiertas
de árboles. Toda la escena era muy pintoresca frente al gran cielo azul de
Montana.
Un labrador, de orejas caídas y de color chocolate vagaba por ahí.
Mel se arrodilló, tomando su cara entre las manos. Colgando de su cuello, 2
el perro tenía una placa de color rojo y plata. —Su nombre es Spring —dijo,
leyendo la etiqueta. 40
Mi mano voló hasta mi garganta. —¿Hablas en serio?
Se echó a reír, acariciando al perro detrás de las orejas. —Solo te
molestaba. Cálmate. Te ves como si estuvieras a punto de tener un
derrame cerebral.
—Puede ser que necesite comprobar mis signos vitales en un minuto.
—Solo bromeé en parte.
Mel sabía que no estaba de humor para hablar, por lo que se
mantuvo ocupada verificando y calificando a los trabajadores del rancho
cuando desfilaban por ahí.
—Y éste es uno de más de diez —murmuró, comiéndose con los ojos
a un vaquero rubio en pantalones ajustados.
Me reí, agradecida por la distracción, hasta que oí el sonido familiar
de mi auto. Sabiendo que Henry reaparecería en cuestión de segundos, mi
corazón empezó a golpetear como un bombo. Justo cuando él y mi
Subaru llegaron rugiendo por el camino, otro auto llegó, estacionándose
detrás de él. Henry avanzaba, ya a mitad de camino hacia mí, cuando el
lado del pasajero del BMW azul se abrió de golpe.
—Tú —dijo Lilah, mirándome desde otro lado del sendero de
entrada—. ¿Qué haces…? —se interrumpió, girando la barbilla para mirar
a Henry, y luego de nuevo a mí. Poco a poco, estiró sus labios fruncidos,
revelando una sonrisa con todos sus dientes—. Qué increíble. Tú estás aquí,
también. —Corrió hacia mí, adelantando a Henry. Eso fue raro—. Henry no
nos dijo que te encontrarías aquí. —Lanzó su mirada sobre el hombro hacia
él—. Chico travieso.
Henry se detuvo en el lugar, observándome, midiendo mi reacción.
¿Tenía miedo de que fuera a golpearla? Bueno, tal vez la idea pasó por mi
mente, pero después de que le di un pequeño asentimiento, se dirigió de
nuevo a los autos.
—¡Hola Spring! —saludó Dart, desde el camino de entrada—. Hola,
Mel. ¿Todavía te queda bien esa prenda de Cardinal crimson? —Señaló su
camiseta de Stanford.
—¡Sí, chico! —Mel extendió sus brazos como una porrista.
—Lilah. —Dart sonaba frustrado—. Saca tus maletas. No soy tu
esclavo.
La sonrisa pintada en Lilah se tensó por un instante antes de girarse
hacia su hermano. —Vamos —respondió con dulzura—. Tenemos que
ponernos al día más tarde, querida. —La vieja mirada de burla se 2
encontraba de vuelta, lo que me hizo sentir más cómoda que con la
sonrisa que tenía. 41
Henry estaba detrás de mi coche, con una expresión perpleja,
mirando fijamente mis llaves en su mano.
—Tal vez deberías echarle una mano —sugirió Mel.
Me acerqué al Subaru. —Es el plateado —le dije, llegando a su
lado—, con la cabeza cuadrada.
—Gracias —dijo, con los ojos en las llaves. Abrió la compuerta
trasera.
Mel se quedó atrás por las escaleras del pórtico, sabiendo que,
dejándome por mi cuenta, en mi estado actual no sería lo suficientemente
agresiva para poder quedarme a solas con Henry. Tenía la certeza de que
sabía que eso era lo que más necesitaba en el mundo.
Lilah era una historia diferente. Incluso con nadie para contestarle, la
escuchaba hablar a lo lejos mientras arrastraba dos enormes maletas de la
cajuela.
Tenía la boca entreabierta, lista para hablar, mientras veía a Henry
buscar en la desordenada zona del maletero. Aunque me las arreglara
para conseguir que mi boca funcionara, no sabría qué decir. —Lo siento.
—No me parecía suficiente, pero tenía que empezar por algo.
—¿Tuyo? —preguntó, con la mitad del cuerpo dentro de mi auto.
Sostenía mi bolso de mano de Green Peace. En otras circunstancias,
podría haber estado avergonzada por todas las latas vacías, botellas y
envoltorios de caramelos de “emergencia” de Mel, que se encontraban
esparcidos por los asientos y el piso.
—Sí —respondí. El resto de su cuerpo ya estaba afuera, con la maleta
de imitación Gucci en la otra mano. Se paró, frente a mí, una bolsa en
cada mano—. Gracias —dije, metiendo la parte delantera de mi pelo
detrás de mi oreja.
La cabeza de Henry se inclinó mientras me miraba. —Esto es
surrealista —ofreció, a pesar de que parecía que deseaba una palabra
diferente—. Escucha, podemos…
Eso fue todo lo que dijo antes de que Lilah viniera por detrás,
dominando la conversación. Me lanzó una mirada rápida antes de seguir a
Lilah y a Mel hasta el pórtico y por la puerta del frente. Cerré el maletero,
cerré la puerta del conductor con la cadera y sacudí las llaves del auto, sin
saber qué hacer a continuación.
—Hola, Spring —dijo Dart, envolviéndome en un abrazo rápido y 2
amable.
—Es tan bueno verte —dije, devolviéndole el abrazo. Su camiseta
42
estaba caliente por el sol.
—¿Largo día?
—Es casi mediodía —contesté—. Es demasiado pronto para ser largo.
Se rio de mi intento de broma y, durante unos segundos se me
quedó mirando. Casi podía ver lo que pensé que podría estar imaginando:
Julia de pie a mi lado. Sus ojos se reorientaron un momento después.
—¿Cómo has estado? —preguntó.
—Bien, bien. ¿Tú?
Sonrió, pasándose la mano por el pelo claro con estilo desaliñado. —
Bien, bien —repitió. Los dos nos giramos hacia la casa ante el sonido de la
risa de Lilah.
La casa Knightly era enorme desde el exterior, como la gran fortaleza
en la cima de una colina. En el interior, sin embargo, era mucho más sutil.
No había alfombras ornamentadas, candelabros, o cortinas de seda. En
cambio, la decoración rústica occidental era cálida y acogedora.
Cuando Dart y yo entramos, Lilah actuaba como anfitriona,
señalando cosas interesantes a nuestro paso. Henry no se hallaba por
ningún lado, dejando solo a Mel poniéndole atención a Lilah. Era como un
soldado. Me guiñó un ojo y se volvió rápidamente a Lilah, asintiendo y
golpeando su barbilla, cautivada.
Me quedé en el vestíbulo, pasando por los numerosos puntos
centrales de la habitación.
Más allá de la entrada de azulejos de piedra gris, los pisos eran de
madera clara, cubierto con gruesas alfombras en diversos colores
primarios. Nuestra pila de maletas estaba colocada al pie de una escalera
en zigzag. Pieles veteadas de blanco y café y gamuzas diversas cubrían los
rellanos y la barandilla de la segunda y tercera planta que se observaban
al mirar desde arriba la sala de estar. Directamente sobre la chimenea de
ladrillo había un par de cuernos.
Tal vez cinco minutos más tarde, la voz de Henry llegó detrás de mí,
susurrando mi nombre. Cuando me di la vuelta, la mitad de su cuerpo se
encontraba en una esquina. Hizo un gesto con el dedo para que lo
siguiera.
Por el olor familiar a limpio mezclado con especias, sabía que recién
se había duchado y afeitado. También se había cambiado la ropa de
nuevo y ahora vestía en una camiseta blanca y vaqueros oscuros. Tuve
2
problemas para recordar los días en que solo usaba trajes Armani y
suéteres de rombos. Ambos extremos parecían apropiados en él.
43
—¿Tienes un momento? —preguntó, una vez que nos encontramos
solos en el pasillo.
—Claro —dije, más aliviada de lo que me había sentido en meses.
No quería nada más que estar a solas con él, hablar con él, para
explicarle, si es que fuera posible.
—Mi hermana quiere conocerte.
—Oh. —Parpadeé, no exactamente decepcionada. Sentía
curiosidad por Cami hacía mucho tiempo.
Henry dio un paso atrás y apoyó el codo contra la pared de una
manera muy relajada. —Solo para advertirte, es un poco tímida, enorme y
socialmente torpe, pero también es tu mayor admiradora.
—Cállate. —Una voz irritada pero suave vino de la rendija de la
puerta detrás de él.
—¿Mi admiradora? —susurré—. ¿Cómo sabe ella sobre mí?
—Te he mencionado un par de veces —explicó—. Spring —abrió la
puerta—, esta es mi hermana, Cami.
Camille Knightly salió al pasillo. Sus grandes ojos marrones me miraron
a través de una hilera de gruesas pestañas negras. Naturalmente
sonrojada, no usaba ni una gota de maquillaje, porque no lo necesitaba.
Tenía el mismo pelo castaño oscuro que su hermano, cayéndole sobre los
hombros, medía cerca de metro sesenta, y pesaba no más de cuarenta y
cinco kilos. La chica era tan linda como un botón, la cosita más linda en la
portada de las páginas de una revista Seventeen.
Por la forma en que Alex la retrató, había esperado que Cami fuera
una mocosa arrogante y mimada, trepadora social, más como Lilah
Charleston y sus clones de hermandad. Pero no era nada igual a esta
chica delicada de dieciocho años de edad, en vaqueros desteñidos
capris y una remera campesina amarillo claro.
—Hola, Cami. Es un placer conocerte.
—También es un placer conocerte —dijo, con cierta rigidez. No tenía
por qué avergonzarse, pero su hermano, que bromeando la punzaba en la
espalda para que caminara adelante, probablemente no se lo ponía más
fácil.
—Henry —le dije—, ¿traerías mi mochila del asiento delantero? —Le
ofrecí las llaves del coche—. ¿Puedes dejarlo en la sala y me reuniré
contigo más tarde?
2
Apretó los labios, dándome su expresión glacial “oh tan aterradora”.
Pero sus ojos sonreían con aprobación. Tomó las llaves y le dio un último 44
empujón a Cami antes de salir.
—Tengo dos hermanos —le dije—. Sé que pueden ser un dolor.
—Siempre trata de avergonzarme —dijo apuntando a la dirección
en la que él acababa de irse corriendo—. Sobre todo alrededor de sus
amigos. Todavía piensa que tengo nueve.
—Solo bromea. Creo que mis hermanos fueron puestos en la tierra
para torturarme. —Le dediqué una sonrisa, haciendo mi mejor esfuerzo
para ayudarla a sentirse cómoda—. También he sido molestada un
montón de veces por tu hermano. No parece justo, ¿verdad?
Rodó los ojos. —No, no lo parece.
Voces desde la sala de estar se acercaban. El pequeño tour de Lilah
debía dirigirse hacia nosotros. No estaba dispuesta a moverme aún, no
hasta que Cami lo hiciera.
—Así que, escuché que piensas ir a Cal Berkeley el año que viene.
¿Estás segura de eso? —Hice una mueca—. Sabes que son solo un puñado
de comunistas —bromeé, exponiéndole la rivalidad irreconciliable entre
Cal y Stanford.
Cami rio más fuerte de lo que pensé pertinente. —Eso es muy
gracioso. Eso es exactamente lo que dijo Trip.
—¿También lo llamas Trip?
Se encogió de hombros ligeramente. —Cuando se encuentra cerca
de otras personas, le gusta pensar que es algo grande, pero aquí es
simplemente Trip el perdedor.
—¡Me encanta! —reí.
—¿Qué tipo de auto tienes?
—Es un Subaru Outback —dije, sorprendida por la pregunta. Cami
parecía un poco decepcionada por mi respuesta—. ¿Por qué?
—No lo sé. Por la forma en que Trip hablaba, pensé que tal vez tenías
un coche híbrido o eléctrico.
—Espero tenerlo algún día.
—Tendré mi primer auto nuevo el próximo mes —dijo—. Es todo lo
que quiero.
—¿Ya te decidiste? —Conociendo a su hermano, me preguntaba si
se decidiría por la ruta terriblemente cara como el Viper, la ruta deportiva
como su Jeep, o algo más convencional... como una agradable nave
espacial de tamaño mediano.
2
—Mi primera opción es el carro Smart. —Esto me dejó helada, 45
aunque traté de no demostrárselo—. Papá y yo probamos uno hace unas
semanas, pero dice que es muy poco práctico, porque solo puedo llevar
un pasajero. Así que tendré un Prius. Rojo, creo. O azul. ¿Qué piensas tú?
—Bueno, si te vas por lo económico, ¿por qué no uno totalmente
eléctrico o de gas natural?
—Papá me dijo que cualquier cosa menos eso. —Una burla
silenciosa sacudió su pecho—. Así que estoy ahorrando para comprármelo
por mi cuenta. Tendré suficiente en unos pocos años. No entiende que este
país se encuentra en medio de una crisis ambiental. Trip tampoco lo
entiende —susurró—. Tú viste qué conducía.
Asentí, dándole el apropiado aire de horror a mi cara.
—Creo que tal vez concurrir a Stanford, con ciudadanos más
conscientes, lo alteró un poco… para bien. ¿Notaste los recipientes
blancos y azules en todo el rancho? Ahora reciclamos. Comenzamos este
verano. Fue idea de Trip. Muy buena, ¿no te parece?
—Genial —le contesté—. Impresionante, realmente, y un poco...
¿sorprendente? —No quise decir lo último como una pregunta, pero no
pude evitarlo. ¿Henry iniciando un programa de reciclaje?
Los ojos marrones de Cami revoloteaban. Me dio la impresión de que
era un alma muy vieja, sabia para su edad. —Sé que mi hermano puede
actuar como un gran gorila estúpido a veces —dijo—, con su charla
cavernícola de la Asociación Nacional del Rifle, y ¿has visto su imitación de
Eleanor Roosevelt?
Negué con cabeza con un gemido.
—Es perfecta —informó—. Es un importante año de elecciones, y
todavía se burla del sistema. ¡Es incorregible!
Detrás de todo el movimiento e irritación de sus ojos, pude ver
claramente que Cami adoraba a su hermano. Sabía a ciencia cierta que
el sentimiento era mutuo. No podía dejar de pensar en que el tono de
Cami se parecía mucho al que utilizaba cuando Henry y yo nos reunimos a
estudiar. Lucía irritada, pero indulgente. Mucho amor en todos lados.
—La manta indígena colgada en esa pared fue tejida a mano por
pequeños y dulces niños indígenas navajos. —La voz de Lilah provenía de
la esquina.
Me di cuenta de la postura tensa de Cami. —Me acompaña mi
amiga Mel —le dije—. Es una maravilla. Te gustará.
—Genial. —Exhaló—. Trip probablemente haya ido la parte de atrás
por la parrilla. Después del almuerzo, ¿puedo mostrarle algo? Escribí un 2
documento. Es para ser publicado. —Hizo un gesto con la mano en el aire
como si no fuera gran cosa—. Pero me gustaría conocer tu opinión.
46
—Claro —le dije. Las dos nos volvimos hacia la voz de Lilah
aumentando al acercarse—. ¿Dices que Henry se dirigió afuera? —Señalé
en la otra dirección—. ¿Podemos llegar por este camino?
Cami me agarró del brazo y ejecutamos nuestro escape.
Diez minutos más tarde, nos reunimos todos en el pórtico. Henry
ajustaba la llama en la parrilla de gas, mientras que Dart y Mel se sentaron
a ambos extremos de un sube y baja. Lilah acosó a Cami y ahora se
balanceaban en una hamaca de gran tamaño. Lilah acariciaba el
cabello oscuro de Cami con sus dedos con uñas postizas.
No me sentía lo suficientemente relajada para sentarme e intentar
una conversación normal con nadie, así que me acerqué a la comida. La
cocina típica de picnic se extendía en el patio trasero, colocada bajo un
toldo azul. Además de eso, también me di cuenta de tres tazones
adicionales a un lado de los platos, que no coincidían con el resto de los
preparados, como si hubieran sido añadidos a última hora. Ensalada de
frutas, pasta Alfredo refrigerada, y lo que yo sabía que era un buen tofu
duro.
Cuando vi a Henry, parecía como si hubiera girado su cabeza una
fracción de segundo antes. Ahora miraba hacia abajo en la parrilla,
llevando una sonrisa de satisfacción familiar.
Los otros se unieron bajo el toldo. Cargué mi plato con los tres platillos
extra, a sabiendas de que solo se encontraban allí porque yo lo hacía. No
pude evitar la sensación cálida y un poco radiante en el interior,
disfrutando del intento de Henry ante las bromas hospitalarias. Me senté en
una silla mecedora, equilibrando con cuidado el plato en mi regazo.
—¿Todavía sin carne? —preguntó Dart, mientras se sentaba a mi
lado, con una hamburguesa llena de grasa en una mano.
—Dieciocho meses y contando —respondió Henry, cuando se nos
unió desde atrás, pinzas de la parrilla en la mano.
—Diecinueve —lo corregí.
Dart puso su plato a un lado. —Sabes, Spring, hay algo que siempre
he querido hablar contigo.
—¿Qué es? —pregunté, cargando un tenedor lleno de pasta en
espirales.
—Las vitaminas y proteínas en la carne son imposibles de duplicar, y
no se encuentran en otros alimentos. 2
Dejé de masticar.
Dart me observaba con ojos preocupados. —Una dieta equilibrada
47
es la forma más sana de vivir. Eso incluye un poco de carne a veces, y un
poco de leche. La idea es la moderación.
Mis ojos se posaron en Henry, cuya expresión era frenética mientras
miraba a Dart como si se encontrara a punto de amordazarlo.
—Mucho de una cosa no es beneficioso —continuó Dart—, y no lo
suficiente puede ser muy perjudicial.
Hacía unos meses, si alguien tuviera el descaro de decirme eso,
habría volado los estribos, citando otro montón de estadísticas acerca de
cómo un estilo de vida libre de animales podía agregar años a tu vida y
mejorar el planeta. Pero no me volví vegetariana por los beneficios de
salud. Era política, una declaración... como tantas otras cosas en mi vida
habían cambiado. Ese no era el punto que Dart mencionaba ahora.
—Lo sé —dije—. En realidad he estado leyendo sobre eso.
Después de que hablé, Henry suspiró y relajó la tensión en los
hombros.
—¿Quieres la mitad de la mía? —ofreció Dart esperanzado,
haciendo gala de su plato de carne.
—Todavía no. —Me reí—. Pero te lo haré saber.
Henry se apoyó en el respaldo de mi silla. —Mientras tanto, hay dos
hamburguesas portobello en la parrilla.
—Gracias —dije, sintiéndome afectada de nuevo—. Y de todos
modos —me volví hacia Dart—, alguien por aquí juró que lo publicaría en
Facebook si alguna vez me caigo del vagón. —Le di un vistazo a Henry.
—¿Yo? —Golpeó las pinzas de plata en su hombro, sonriendo
inocentemente—. Honeycutt, creo que sabes lo bien que puedo guardar
un secreto.
2
48
33
Traducido por Aimetz
Corregido por Gaz Holt
—Adelante —cantó Cami.
La puerta de su dormitorio se abrió, y Henry entró.
Cami y yo nos encontrábamos boca abajo en su cama,
compartiendo un par de audífonos conectados a su computadora.
—Vamos a salir a ver los fuegos artificiales en diez minutos —dijo.
Cami se sentó. —¿Vamos a subir a la colina? ¿Traes las mantas del
cobertizo? —preguntó mientras se acercaba hacia un espejo,
arreglándose el cabello en una cola de caballo.
—Ya tengo todo abajo. Spring, va a refrescar por la noche. Tal vez 2
necesites esto. —Intentaba no sonreír cuando me tendió una camiseta
púrpura de Los Ángeles Lakers.
49
Estaba a punto de amarrarla alrededor de mi cintura, pero Cami la
agarró. —Te comportas como un hombre de las cavernas otra vez —dijo, y
luego tomó mi brazo—. No te preocupes por su complejo de gorila. Te vas
a sentar conmigo.
—De acuerdo —respondí alegremente, incluso sentándome al lado
de Cami, tan dulce como era, no era la forma en que planeaba la noche.
El resto de los chicos se hallaban reunidos frente a la casa. Las
celebraciones del cuatro de julio se encontraban en todo su apogeo; los
niños corrían girando baritas de destellos y había áreas designadas donde
varios grupos preparaban ruedas pirotécnicas y fuentes. Nuestra tropa se
dispuso a reclamar un lugar para ver el espectáculo principal.
Dart y Lilah dejaron al grupo mientras nosotras cortamos paso por el
campo. Cami y yo caminábamos detrás de ellos, su brazo enlazado con el
mío. Henry y Mel venían por la parte trasera.
—Dart —llamó de repente Henry, justo detrás de nosotras.
—¿Sí?
—¿Le darías una mano a Cami? —Henry le dio un guiño fraternal—.
Esta es una colina empinada, y mira sus zapatos. No puedo llevarte a
ninguna parte.
—Muérdeme —chasqueó, pero luego examinó sus delgadas
sandalias cubiertas de polvo.
Henry le dijo en voz baja algo que sonaba como alemán. De
inmediato me soltó el brazo y se aferró a Dart. En ese instante también noté
que Mel nos había superado y caminaba al lado de Lilah. Henry y yo
íbamos detrás de los demás, solos, por primera vez desde que nos vimos
esa mañana.
La avalancha de emociones que me golpeó era casi paralizante. Lo
único en que lo podía pensar era la última vez que lo vi, saliendo hecho
furia del cuarto de estudio después de que Alex llamó a mi celular
Mi pie tropezó.
—¿Estás bien? Reduce la velocidad —dijo Henry, sosteniendo mi
brazo y luego dejándolo ir—. Tenemos mucho tiempo. —Sus pasos
inmediatamente se desaceleraron, marcando el ritmo. Después de unos
minutos, los otros cuatro se encontraban muy por delante de nosotros.
Nadie se detuvo a esperar ni se dio la vuelta. Mel debía haber tenido a
Lilah esposada. 2
—Siento que no tuviéramos la oportunidad de dar un paseo esta
tarde —dijo Henry, mientras paseaba a mi lado, con las manos en los
50
bolsillos—. Tenemos algunos buenos caballos y... —Su voz se desvaneció y
dejó de caminar.
El sol no se había ocultado todavía totalmente y cuando me volví
hacia él, era siluetas en naranja y oro, al igual que en la parte posterior de
ese folleto. Mi corazón dolía.
—¿Quieres ver los establos? —preguntó.
Miré por la colina a nuestros amigos que estaban casi fuera de la
vista.
—Los alcanzaremos más tarde. —Él ya volvía sobre sus pasos hacia el
camino que acabábamos de recorrer.
Henry agradablemente saludo a varias personas mientras los
pasábamos. Todos le conocían como Trip. Me preguntaba si trabajaban
en el rancho o si eran gente de la ciudad que lo conocían de toda su vida.
—Cami es muy muy dulce —dije mientras atravesamos un campo
diferente, acercándonos a un granero rojo grande.
—Le gustas. Cuando corrí a la casa para cambiarme esta mañana,
le dije que estabas aquí. —Pateó una piedra—. Nunca la he visto tan
emocionada.
—Es diferente de lo que esperaba. —Henry me miró con una
expresión confundida—. Pero diferente de muy buena manera, y... tu casa
es realmente hermosa —me apresuré a añadir, observando el suave
resplandor amarillo viniendo de la luz del pórtico.
¿Charla trivial, Spring? Eres una cobarde.
—En realidad no es mi casa —dijo—, pero gracias. —Desbloqueó y
abrió la puerta de una valla de madera, permitiéndome pasar primero—.
Mi bisabuelo se sentiría feliz de escuchar eso. Hizo la renovación…
—Después de la tormenta del veinticuatro. Sé todo sobre eso.
Me dedicó una lenta sonrisa. —Escuché que tomaste un recorrido
esta mañana. A Susanne le gusta pensar en su museo como el núcleo de
la ciudad. Pase lo que pase allí directamente afecta al resto del mundo. Es
un poco de protectora.
Nos quedamos de pie debajo de la rama de un árbol. Henry tocaba
metódicamente una rama baja que colgaba sobre su cabeza mientras
envolvía mis manos alrededor de un poste de la cerca.
Una brisa suave de la tarde soplaba, agitando las hojas. Me tomé el
2
tiempo de inhalar y exhalar, notando que los olores desagradables de ese 51
mismo día se habían ido. En cambio, el aire de la montaña olía a tierra,
hierba y vida. Tomé en otro respiro, dejándolo en mis pulmones como si
estuviera catando un buen vino.
—Te encanta estar aquí, ¿no? —le dije—. Muy tranquilo.
—Es mi lugar favorito en todo el mundo, y me siento tan contento...
—¿Qué? —pregunté cuando no terminó.
Se pasó una mano por el cabello. —No puedo creer que estés aquí.
Mi corazón latía con fuerza de nuevo, silbando olas de sangre detrás
de las orejas. Agarré con más intensidad el poste. Henry se recostaba
contra la cerca, su mirada indescifrable moviéndose de ida y vuelta desde
el suelo hasta las montañas oscuras.
Sabía muy bien qué sucedió en su cocina harinosa y al lado de esa
fogata en el campamento de Beacon Rock, Henry era un hombre de
acción y no pedía permiso primero. Lo que me hizo preguntarme por qué
todavía no me había sujetado por un beso. ¿Fue porque no habíamos
estado solos? ¿O es que ya no era lo que quería?
Fue entonces cuando me di cuenta de si algo importante iba a ser
dicho o hecho, sería la única que sacaría el tema, y que no se desviaría
hasta que el asunto se resolviera satisfactoriamente. La noción misma
desató un enjambre de mariposas en mi estómago.
—Entonces, ¿qué es esto de mostrarme tus caballos? —pregunté.
Todavía miraba a las montañas. —Esa fue mi cortina de humo. —Su
boca se movió hasta sonreír, pero el resto de su cara quedó inexpresiva—.
No quería correr el riesgo de no poder tener un rato contigo a solas, por lo
menos durante unos minutos. —Dio un paso atrás y dio golpeó un poste de
la cerca con el pie—. Honestamente, pensé que, después de todo lo que
pasó, nunca te volvería a ver.
—Recibí tu texto —solté antes de que acobardarme—. Y quiero que
sepas... —Bajé la mirada, ideando la más magnífica y sincera disculpa que
el mundo jamás hubiera visto. Por desgracia, conociéndome, mis palabras
serían también vergonzosas, nerviosas, solo para romper la tensión. Típica y
cínica Spring.
Después de más de una respiración, obligué al tiempo y a mi propio
corazón a reducir la velocidad, entonces abrí mi boca y simplemente
dije—: Henry, lo siento mucho.
Supongo que debería haber continuado, pero las palabras 2
quedaron atrapadas en mi garganta, la vergüenza y la culpa me
ahogaron hasta quedar muda. Luego las lágrimas brotaron; totalmente 52
inesperadas. Cada hueso de mi cuerpo deseaba que me perdonara por
ser ciega y crítica, así como por ser una completa imbécil sobre mis propios
sentimientos.
En mi corazón, lo perdoné un millón de veces.
—No, tienes razón. —Apretó los labios, con una expresión cada vez
más sombría—. Todavía me estremezco cuando recuerdo cómo me
comporté ese último día en Vancouver. Todas esas cosas que dije y asumí.
—Forzó la boca en una sonrisa—. En verdad creía que vendrías conmigo,
sin hacer preguntas. Fui horrible, y me disculpo.
Me reí en voz baja. —Ya lo has hecho, y también estaba
equivocada.
Agarró su nuca, un aire de frustración sobre él. —Debería haberte
preguntado por Julia antes de hacer algo —dijo—. Y debería haberte
dicho todo acerca de Parks al principio. —Le dio una patada al poste de
la cerca—. Pero no quería decirlo si no tenía que hacerlo.
Cuando alzó la vista al cielo, me di cuenta de cómo el iris de sus ojos
tenía un pequeño brillo. Sabía que sus pensamientos habían volado a su
hermana. Con solo comprender ese sencillo hecho, los sentimientos en mi
corazón se transformaron de la culpa y la vergüenza en compasión y
completa adoración por este fin de semana de vaquero bañado en luz de
luna.
No era la lujuria temporal o emociones primitivas que sentía como los
sonidos y las chispas de la Vigésima Segunda Edición Anual de Fuegos
Artificiales Kingston disparados por encima de nuestras cabezas. Esto era
calmo, terrenal y seguro, sin embargo, no podía contenerme ni un
segundo más.
Inhalé, bloqueando todo lo que me rodeaba, salvó a él, y avancé
un paso. —Knightly —susurré—. Cada vez que creo que sé lo que hago,
consigo golpearme por los costados.
—Ídem —dijo sin siquiera un atisbo de sonrisa. Su frente repleta con
líneas de preocupación y mucha más tristeza de lo que esperaba. Al
notarlo, y sabiendo que su estrés era obra mía, me dolía el corazón de
nuevo. Estaba preparada para hacer cualquier cosa para aliviarlo.
Así que me acerqué y tomé su rostro. El toque hizo una ola de
choque de deseo incontrolable sobre mi cabeza, que en condiciones
normales habría hecho me dieran ganas de salir corriendo. Pero no esta
vez. No había palabras que podía ofrecer. Las palabras parecían meterme
en problemas de todos modos. Era el momento actuar, así que me aferré a
él con todo lo que tenía y me empujé hacia adelante, por fin lista para
2
enfrentarme a lo desconocido. 53
—¿Sí? —susurró, mirando sorprendido.
Sonreí. —Sí.
La más magnífica sensación en el mundo era la dulce boca de
Henry estrellándose sobre la mía hasta que ninguno de nosotros podía
respirar. Sus brazos alrededor de mí, y luego se deslizaron a la parte baja de
mi espalda, acercándome más. No oía nada, pero su respiración —tan
errática como la mía— y mi propio corazón latía detrás de las orejas.
—Spring —susurró, mirándome a los ojos, haciendo que mis rodillas
temblaran—. Eres en todo lo que he pensado durante meses.
Deslicé mis dedos en su cabello. —Esto es en todo lo que he
pensado... —Cuando aplasté mi cuerpo contra el suyo, exhaló un
pequeño gemido de emoción. Casi emití un nuevo gemido cuando nos
hizo girar. Lo siguiente que supe es que me encontraba encima de la
barandilla de tronco partido mirando a su cara de ángel. Después de mi
propio grito silencioso, envolví las piernas alrededor de su cintura sintiendo
sus fuertes brazos rodearme. El especiado aroma embriagador que
emanaba de la parte superior de la cabeza me mareaba, y agradecía
que su agarre fuera lo suficientemente fuerte por lo que podía
simplemente dejarme ir.
Dejarme ir con Henry era sorprendentemente fácil.
Solo tenía que inclinar la barbilla para besarlo. Probé el toque
picante, fantasma de arándanos en la lengua, y chocolate y dulzura y
amor. Cuando me faltaba el aire, presionó su boca en mi cuello, causando
que mis piernas a su alrededor se apretaran. Las naves espaciales y
cohetes de cielo y las explosiones nucleares estallaron en el interior de mi
cabeza. Henry me apartó de la valla, cargándome con su propia fuerza, y
tuve la sensación de flotar en el aire.
A medida que nos besábamos, tocábamos y respirábamos, era
parcialmente consciente de que mi alma dejó mi cuerpo y se movía en
algún lugar por encima de nuestras cabezas. Algún tiempo después, me di
cuenta de que fui inmersa en medio de lo que Julia describe como ese
segundo tipo de beso tan difícil de alcanzar.
—¿Qué es ese brillo labial, si me permites ser tan atrevido?
Para entonces, la luna se apuntalaba en el cielo de medianoche
cuando nos sentamos en un pequeño banco detrás de los establos. El
granero bloqueaba nuestra vista de los fuegos artificiales, pero
disparábamos nuestras propias chispas. 2
—¿Era el mismo que llevabas... antes? —Sacó su cara detrás de un
centímetro de la mía, dejando mis labios vibrar.
54
—No me acuerdo —contesté, colocando mis piernas en su regazo.
—Yo lo hago —susurró, colocando su frente contra la mía —. La piña.
No he sido capaz de comer una desde marzo. Tal vez eso es lo que me
hizo querer llevarte a Tahití. —Apretó los dientes antes de venir de nuevo a
mí, trazando un dedo sobre mi cara, mi cuello, y luego agarrando un
mechón de cabello—. Era aficionado a las trenzas. ¿Por qué el cambio?
—Eso es lo que hacen las chicas. No podemos tener una barba, por
lo que cortamos el cabello.
—No, de verdad. —Sabía que mi respuesta era frívola e, incluso, a la
luz de la luna, podía ver que quería la verdad.
Me retorcí un poco antes de contestar. —Ya he terminado de fingir
—declaré, necesitando ser honesta con él. Parecía satisfecho,
entendiendo el significado de esa simple respuesta y besó la punta de mi
nariz, haciéndome sentir como si emanara brillo desde mi interior—. Traté
de enviarte un mensaje de texto —dije.
—¿Cuándo?
—Después de recibir los tuyos sobre encontrarnos en la biblioteca. En
cierto modo destruí mi teléfono así que no recibí mensajes por tres días.
Henry levantó los ojos como si se diera cuenta de algo por primera
vez. —Oh.
—Mi mensaje de texto rebotó.
Asintió. —He estado desconectado por un tiempo —explicó —. Todo
desconectado. Tengo un viejo celular de emergencia que mis padres y mi
hermana utilizan cuando necesitan ponerse en contacto conmigo y no me
encuentro cerca de un teléfono fijo.
—¿Por qué te desconectaste? —pregunté.
—Revisaba el maldito teléfono cada dos segundos, con la esperanza
de tener noticias tuyas. Después de unos días de nada, me imaginé que
tenía mi respuesta, y no podía soportarlo.
—Lo siento —le susurré, tocando su cara—. Quería llamarte. Creo
que somos bastante patéticos en todo el asunto de la comunicación.
—Ya no más —dijo—. Mañana a primera hora, te daré una lista de
todos los números y direcciones que tengo.
—Tu primer regalo para mí —dije con una sonrisa—. Lo atesoraré por
siempre. 2
Henry se rio en voz baja y luego miró hacia las montañas. —¿Sabías
que esta es la primera vez? —Hizo una pausa, como si no le gustara la
55
forma en que sonaba—. Lo que quiero decir es que nunca traído a una
chica aquí conmigo, no desde que me mudé a la universidad. Eres la
primera.
—Me siento honrada —dije, acariciando al lado de su cuello. Me
llevó a su regazo, así que me senté a horcadas sobre él. Me miró a los ojos
y me besó profundamente, construyendo un calor en mi estómago luego
se extendió por mi cuerpo, perfeccionando mi enfoque. Instintivamente,
tiraba de su camisa, necesitando sacarla de mi camino.
—Spring —susurró, alejándose unos centímetros—. Estamos afuera. —
Miró sobre su hombro y luego a mí—. No es... ideal para nosotros esta
noche.
—Lo sé —concordé, tratando de frenar el flujo de sangre corriendo a
través de mis venas.
Henry suspiró y se pasó una mano por el cabello, apoyándola a un
lado de mi cuello, probablemente sintiendo mi pulso saltar. —Solo dame un
beso —pidió, en voz tan baja. Lo hice—. Una vez más. —Mientras lo hacía,
sus manos se deslizaron hasta la parte de atrás de mi camisa. Me estremecí
de alegría y disolví...
—¿Sabías que —dije, presionando mi boca a su cuello—, en vez de
venir aquí, Mel quería llevarme de vacaciones este verano?
Sus manos dejaron de moverse, y luego sus brazos envueltos
alrededor de mí, me asieron más firmemente contra él. Sabía con
exactitud qué pensó. Sí, habíamos llegado peligrosamente a arruinarlo
todo para siempre.
Momento...
—¿Por qué te invitó? —preguntó.
Puse mi barbilla sobre su hombro y acaricié con la mano la parte
posterior de su cabello. —No lo estaba haciendo muy bien sin ti —admití.
Era más fácil decir esto mientras no lo miraba —. Sabía que tenía que
escapar.
—¿Dónde…? —Sonaba sombrío de nuevo— ¿Dónde te hubiera
llevado?
—México. —Cuando lo sentí estremecerse, me senté otra vez—. ¿No
te gusta México?
Mostraba sus dientes apretados en una mueca en la que los labios se 2
separaron. Me deslicé fuera de su regazo para poder sentarme a su lado.
—Mi preocupación no es tanto con el país como lo es con el orden y la 56
conducta en el gobierno sin ley —explicó—. Temo ser secuestrado en un
lugar extranjero y terminar en una prisión mexicana. La cantidad de
testosterona no es propicia para mis buenos modales y musculosa
apariencia.
Sonreí ante su cadencia formal. Incluso en medio abrazo, Henry no
podía dejar de hablar como un burgués. —Es muy difícil ser tú. —Pasé los
dedos por su cara—. ¿Has estado allí?
Asintió con rigidez.
—¿Mala experiencia?
Pensó por un momento y luego se echó a reír. —La última vez que
estuve allí, mi padre y yo fuimos de excursión en una tormenta y se perdió.
Cami llamó a los federales locales para sacarnos. Humillante.
—Eres unido a tu familia —observé. No era una pregunta, porque ya
sabía la respuesta. Cuando su sonrisa se amplió, suspiré, extrañando a mis
hermanos, a mi madre, a mi padre incluso un poco, lo que era extraño. Tal
vez me perdí la idea de la familia más que nada. Tal vez era hora de que
hiciera algo al respecto.
—¿Tú no? —preguntó Henry, sintiendo mi cambio de humor.
Estábamos solos bajo las estrellas, envueltos alrededor del otro, y
sentía cosas que nunca supe era posible para alguien como yo.
Deberíamos estar disfrutando de la reunión, recuperando el tiempo
perdido, la confesión de nuestros sentimientos, y no hablando de mi
familia.
Pero Henry me miraba con esa expresión que tan bien conocía. Me
llevó a su regazo de nuevo, haciéndome sentir segura y cálida, parte de
algo importante.
—Mis padres —comencé, frotando una mano sobre mi frente—.
Nunca fueron compatibles, incluso durante seis años de matrimonio. No he
hablado con mi padre en persona durante mucho tiempo. Él tenía
problemas, tuvimos problemas.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó Henry, tomando mi mano y
presionándola contra su pecho.
—Años. —Demasiado tiempo, casi añadí.
Henry asintió y me jaló hacia adelante, me abrazaba, su mano
moviéndose arriba y abajo de mi cabello, luego removiéndolo para tocar
mi cuello. Revelar esta parte de mi historia personal era nuevo para mí; no
estaba acostumbrada a abrirme. Pero estar con Henry, en sus brazos, 2
como un manto, con el cuerpo como mi almohada, me daba ganas de
compartir.
57
—Mi mamá —continué, mi cara todavía enterrada en su pecho—
nunca cocinaba para nosotros, pero se las arregló para armar una bolsa
de almuerzo para mí cuando era una niña. Cada uno de los bocadillos
que hizo... —Me interrumpí, emociones fuertes emergían de la nada—.
Siempre tomaba un pequeño mordisco de la esquina antes de envolverlo.
—Sonreí para mis adentros—. Supongo que era su manera de decirme que
me amaba.
No dijo nada al principio, y luego hundió la barbilla hasta tocar su
nariz contra mi mejilla. —Espero que te des cuenta —susurró, su aliento
suave rozando mi piel.
—¿Darme cuenta de qué?
Me atrajo hacia él, con más fuerza. —Espero que te des cuenta —Me
besó con delicadeza—, de que esa es una historia de amor poderoso.
Sus palabras me dieron esa sensación más ligera que el aire otra vez,
somnolienta, soñadora y segura.
Me encantaron.
—Gracias —dije en voz baja, sosteniendo su mejilla.
—¿Me dirás más?
2
58
34
Traducido por Michelle♡
Corregido por Melii
Metí mi cabello detrás de las orejas y clavé los ojos en el vaso. Luego
los despegué, colocándolos sobre mis hombros. Me incliné más cerca del
espejo y luego retrocedí. Después de un suspiro, me volví de lado a lado.
Extraño. Nada parecía haber cambiado. Sin embargo, algo había
cambiado definitivamente, porque me sentía diferente por dentro. Feliz,
confiada, nueva.
A pesar de mi inalterado reflejo me dejó perpleja, o tal vez fue una
simple reacción a la forma en que era vista por los ojos de Henry, alguien
que me amaba. Me mordí el labio, recordando...
—¿Spring? —La voz de Mel me sobresaltó cuando llamó por la
2
puerta de mi dormitorio—. ¿Vienes a desayunar? 59
Me vi obligada a alejarme del espejo y los recuerdos mientras
respondí afirmativamente.
Portaba una sonrisa de oreja a oreja cuando abrí la puerta. —Creo
que soy tu amuleto de la buena suerte.
Traté, sin casi éxito, de ocultar mi enorme sonrisa.
—Cielo, estás absolutamente emocionada.
—No lo estoy —reclamé, sabiendo que sin duda lo estaba.
Mientras bajábamos por las escaleras, oí la voz de Henry desde la
cocina. Me dieron ganas de deslizarse por la barandilla y caer en sus
brazos, a pesar de las miradas de Lilah.
—Oh —dijo Mel mientras sacaba mi teléfono celular de su bolsillo—.
Dejaste esto aquí mientras tú y Henry se hallaban… mmm... —Sonreía de
nuevo—. Alguien te llamó dos veces la noche anterior pero no contesté.
Revisé las llamadas perdidas. —Anabel. —Fruncí el ceño—. Me
pregunto qué quiere.
—¿Luego de la escuela volvió a la casa con Julia? —preguntó—.
Esas dos no tienen nada en común. Tal vez solo esté aburrida. —Los rizos
castaños de Mel rebotaban mientras trotaba por las escaleras delante de
mí, dejándome para devolver la llamada.
Me metí en la oscura biblioteca por privacidad. Sus paredes se
hallaban cubiertas de estanterías de volúmenes encuadernados en cuero.
La mitad de una de las paredes era adornada por una pintura al óleo de
un hombre de pelo gris con un uniforme de oficial de la Marina.
Debe ser uno de los Knightly. Reflexioné mientras miraba la noble
figura, sintiendo un afecto casi reverente. Tan diferente de mi familia.
Marqué el número, recordando las próximas nupcias de mi padre y
sintiéndome sorprendentemente contenta por él.
Anabel respondió después del primer timbre. —¿Spring?
—Hola, extraña —dije—. ¿Cuidando el fuerte?
—Sé que estás en el camino, pero no sabía qué otra cosa hacer.
Pero, quiero decir, pensé que debía decirle a alguien, ¿cierto? — La reina
del drama, Anabel divagó por un minuto, pero no le prestaba atención. En
un momento dado, de hecho sostuve el teléfono lejos de mi oído—. No
creo que fuera como esa infeliz, ¿verdad? Pero, ¿por qué otra razón diría
eso? 2
—Anabel. —Rodé los ojos—. Dime otra vez, poco a poco, lo que
sucede.
60
Cuando habló esta vez, sus palabras todavía eran pocos claras y
confusas, pero la imagen que pintaron en mi mente fue demasiado nítida.
Y de repente, estaba totalmente atenta.
—¿Estás segura? —pregunté, sintiéndome al mismo tiempo enferma
y entumecida—. Julia en realidad... hizo... —No pude terminar, pero tragué
saliva y me hundí en un mullido sillón de cuero. Cuando había escuchado
lo suficiente, mi mente puso en marcha su engranaje, tomando la
decisión—. Bien, de acuerdo, no hagas nada más por ahora. Voy en
camino a casa. —De inmediato marqué el celular de Julia una fracción de
segundo más tarde. Correo de voz. Como me temía.
Justo cuando terminé la llamada, la puerta de la biblioteca se abrió
de golpe.
—Ahí estás. —La voz de Henry resonó alegremente a través de la
habitación. Se veía como el paraíso, el paraíso puro. Todo lo que quería
hacer era correr hacia él, pero no podía moverse. No podía soportar la
idea de decir la verdad.
—Te he buscado por todas. —Su sonrisa se disipó y se detuvo en su
lugar—. ¿Estás…?
Cerré fuertemente los ojos pero lo oí correr hacia adelante. Sentí que
tomó mis manos.
—¿Qué está mal? —Su voz era casi pánico. Cuando abrí los ojos, se
hallaba arrodillado frente a mí.
—Tengo que ir a casa. —Me las arreglé para decir—. En este
momento.
Los ojos de Henry eran grandes como negros discos voladores.
—Tengo que ir a casa ahora —repetí. Cuando traté de ponerme de
pie, me sujetó.
—No. —Su voz era ronca y me sostuvo con mayor firmeza—. No me
vas a dejar ahora. ¿Qué pasó?
Intenté de nuevo ponerme de pie, pero cada extremidad de mi
cuerpo parecía debilitada. Un segundo después, me envolvía entre sus
brazos, arrastrándome al suelo junto a él.
—Cuéntame —dijo en voz baja—. Déjame ayudarte, si puedo. Por
favor.
—Acabo de hablar con Anabel —dije, respirando con dificultad.
2
—Anabel —repitió Henry, mirándome a los ojos—. ¿Tu compañera de 61
cuarto?
Asentí, tratando de mantener la calma. —Me dijo, ella... ella
enloqueció y se fue. Ella ha estado deprimida. Lo sabía. Tal vez no debería
haberla dejado. Y ahora se ha ido.
—¿Anabel?
—Anabel no. —Sorbí por la nariz, bajando los ojos, incapaz de mirarlo
a medida que continué—. Julia —susurré—. Se escapó... con Alex.
Todo estaba en silencio, ninguno de nosotros siquiera respiraba. El
rostro de Henry se tornó gris e inmóvil.
Sus ojos inescrutables vagaron a la deriva desde mí hasta el espacio
vacío a mi lado.
—Julia —dijo—. ¿Estás segura?
Asentí, recapitulando brevemente la llamada telefónica.
—Salieron juntos ayer por la noche, por lo que han sido horas —dije—
. Ella es inestable, durante meses no ha sido la misma. Pensé que mejoró,
pero en realidad mencionó algo sobre Alex hace un tiempo. Yo… —Puse
una mano sobre mi boca—. Pensé que bromeaba.
Henry aflojó su abrazo. Se puso de pie, y me dejó en el suelo, sola.
—Conoces a Alex, lo que ha hecho a otros... —No pude completar
la oración—. No tengo idea a donde fueron pero tengo que tratar de
encontrarla, o al menos estar en casa cuando vuelva.
Henry se encontraba de pie delante de una gran ventana, mirando
a la nada. El sol de la mañana entraba por una rendija en las cortinas, y lo
iluminaba como un foco de luz atravesando el cuarto oscuro. Debería
haber sido una hermosa vista, pero no había nada hermoso en su cara
cuando se dio la vuelta. Ni siquiera me miraba.
—Entiendes por qué me tengo que ir —dije.
Se tocó la barbilla. —¿Hoy?
—Lo antes posible. —Agarrando la silla detrás de mí, me impulsé
poniéndome de pie.
—¿Conduciendo? —preguntó.
Asentí luego intenté llamar a Mel, pero el gran cuarto parecía tragar
mi voz.
—Son mil novecientos kilómetros —señaló.
2
Le lancé una mirada, y su expresión mostraba el deseo de no haber 62
dicho nada. Me dirigí a la puerta sin otro pensamiento que emprender mi
viaje, no tenía tiempo que perder.
—Espera —dijo Henry desde atrás—. No tienes que conducir.
Tenemos un avión.
—No, no podría…
Ya tenía un teléfono en su oreja.
Ninguna causa específica se otorgó como excusa para nuestro
precipitado regreso y no había tiempo para bon adieus. Solo Cami y Henry
nos acompañaban mientras recorrimos en silencio el trayecto a la pista de
aterrizaje detrás de su casa. Henry manipuló las maletas desde su coche al
avión privado, todo al mismo tiempo que instruía y daba directivas
ininteligibles en un minúsculo dispositivo celular negro sobre los
ensordecedores motores del avión.
Cuando comenzaba subir las escaleras de metal, Henry tomó mi
muñeca. —Sí, cierto, pero espera un segundo. —Me miraba directamente,
pero me di cuenta de que hablaba por su teléfono y luego lo mantuvo
alejado de su oído—. Spring —dijo con premura—. No sé cuándo te volveré
a ver. —Me sostuvo la mirada durante un momento antes de soltar mi
muñeca y volver a su llamada telefónica. Ni siquiera tuve tiempo para
responder antes de que Mel me arrastrara por las escaleras para subir al
avión.
—¿Cuál es nuestro plan? —preguntó mientras el avión se trasladaba
por la pista.
Todavía un poco sacudida y todavía sintiendo donde Henry sostuvo
mi muñeca, cerré los ojos, mi mente era un torbellino. —No tengo uno —
admití.
—Recuérdame —añadió Mel—, ¿qué dice exactamente la carta de
Henry sobre dónde Alex tomó Cami? Tal vez hay algo que puede ayudar.
Abrí los ojos para mirar por la ventana. Pude ver a Henry apoyado en
el Jeep, con los brazos cruzados, hablando con Cami mientras miraba
hacia el avión. Lo que sea que él le dijo a ella envió ambas manos volando
sobre su boca abierta. Entonces se acercó y agarró del brazo de su
hermano, sacudiéndolo.
2
63
35
Traducido por becky_abc2
Corregido por Niki26
Melanie y yo no hablamos mucho en el vuelo de regreso a casa.
Henry se hizo cargo de organizar la renta de un auto que estaría
esperando por nosotros en el aeropuerto de San Francisco para
mantenerlo hasta que lo necesitáramos. Agradecía esa acción, porque no
estaba en un estado de ánimo para considerar ese detalle. También se
aseguró de que mi auto estuviera de regreso tan pronto como fuera
posible.
—Voy a ir a tu casa —dijo Mel mientras me encontraba a punto de
girar hacia su calle.
—No tienes que hacerlo —dije con cansancio—. No hay nada que 2
puedas hacer.
—Me puedo sentar ahí contigo hasta que ella regrese —insistió—. Así
64
que cállate.
—Gracias —le dije e hice una vuelta en U para regresar a casa.
Anabel se hallaba sentada en un taburete en la cocina cuando
entramos. Se veía preocupada y cansada, como yo me sentía. Mi primer
impulso fue agarrarla de los hombros y sacudirla, sabiendo que —con su
reciente historial— esto de alguna manera era su culpa pero ahora no era
tiempo de maldecir.
—Dinos qué es lo que no sabemos —le pedí mientras me sentaba a
su lado, y Mel al otro.
—Los vi irse juntos —contestó directamente—. Alex se encontraba
aquí y…
—¿Por qué estaba Alex en esta casa? —interrumpí.
Anabel bajá la mirada viendo sus uñas. —Nosotros nos enrollamos
este verano.
Miré a mi compañera de cuarto. —Te dije que te mantuvieras
alejada de él.
—Lo sé —Jugueteó con las puntas de su cabello—, pero el campus
es un completo pueblo fantasma, y él es agradable…
—Como sea, ¿por qué Julia se fue con él, si había estado saliendo
contigo?
—Como dije, se quedaba aquí. Era extraño, Julia coqueteó con él
casi de forma obsesiva. Dejé la habitación por un minuto y cuando
regresé, mantenían una charla, él la estaba tocando, diciéndole algo
sobre una cabaña en la playa.
Mi sangre se transformó en hielo y miré a Mel. Su rostro se tornó
pálido.
—Estoy bastante segura que él había estado tomando un poco. —
Anabel se mordió el labio—. Bueno, tal vez más que un poco y sé que ella
había tomado bastante.
—¿Y?
—Cerca de la medianoche, él realizó una llamada telefónica. Tan
pronto como él dejó la habitación, Julia comenzó a llorar. Estaba histérica,
diciendo una y otra vez de algo que necesitaba, ya sabes, obtener algo.
¿Alguna vez la escuchaste hablando de esa manera?
Negué con la cabeza, pero luego de nuevo sentí cómo mi sangre se
congeló recordando cada palabra de la conversación que tuvimos
2
acerca de que a pesar de ella y Dart durmieron juntos, incluso así la dejó y 65
cómo se sintió resentida acerca de eso… cómo después de todo eso no
fue especial.
—Todo lo que decía no tenía sentido —continuó Anabel—. Así que le
dije…
—¿Qué le dijiste que hiciera esta vez, Anabel? —Un intenso terror
drenó por mis venas.
—¡Nada! —Sus ojos se abrieron como platos—. Quiero decir, le dije
que se relajara. Estaba borracha, no soy idiota. La siguiente cosa que supe.
Fue que se limpió su rostro y puso esa mirada en sus ojos, mirando a Alex
mientras terminaba su llamada. Camino derecho a él, y le dijo que quería
ver la cabaña.
—¿No la detuviste? —preguntó Mel.
—¿Qué se supone que tenía que hacer?
—Patear a Alex en sus joyas familiares, por ejemplo —sugerí.
—¡No pude! Tomó su bolso y se fueron antes de que tuviera la
oportunidad de hacer algo. Simplemente me dejaron y… eso fue
realmente extraño.
—¿Qué quieres decir? —pregunté, sintiendo otro escalofrío helado
recorriendo mi columna vertebral.
—Bueno, ¿por qué se llevó a ella y no a mí?
—¡Anabel! —dije en un chasquido.
—Lo siento. —Parpadeó y bajó su barbilla, como si tratara de
parecer culpable, pero la conocía mejor. Ella no podía creer que alguien
le hubiera robado un chico debajo de sus propias narices.
—¿Has estado esperando toda la noche? —pregunté, ella
solamente asintió—. Puedes ir a la cama. Gracias por llamarme anoche, sé
que esto debe apestar.
—Sí —dijo, luego agregó justo antes de abandonar el cuarto—: Y en
verdad lo siento.
No le contesté nada, solo caminé con Mel a la sala.
—Apenas han pasado doce horas —dije, dejándome caer en el
sillón—, ¿qué debemos hacer?
—No hay nada que podamos hacer —dijo Mel—. No podemos ni
llamar a la policía aún, no está perdida y no se encuentra en un inminente
peligro.
—Inminente —murmuré con frialdad.
2
—Trata de llamarla nuevamente. 66
Lo hice, pero solo había obtenido como respuesta nada más que su
mensaje de voz todo el día. Le dejé otro mensaje, suplicándole que me
llamara.
—No sabemos a ciencia cierta si fueron a esa cabaña en la playa —
dijo Mel, sentándose a mi lado—. A la misma que también llevó a Cami.
—Eso es lo que él hace, Mel —repliqué, recorriendo con mi puño la
frente—. Tú leíste la carta de Henry.
—Sí —replicó sombríamente—. Solo esperaba que estuviéramos
equivocadas.
No estábamos equivocadas, y yo lo sabía.
—Fue rudo con Cami —dije después de un minuto—. Y ella tenía
quince años, no fue la única. Ha estado haciendo esto por años, siempre
orillando con sus hazañas el delito. ¿Qué haría él, si ellas trataran de
defenderse? —Cerré mis ojos en un rápido parpadeo—. Es asqueroso,
merece ser castrado.
—¿Sabes dónde se las lleva?
—No la locación exacta. Todo alude que Henry se encontraba en
algún lugar por Monterrey, pero ese es un lugar bastante grande.
Mel y yo nos sentamos por horas, compartiendo nuestras
preocupaciones, mientras hacíamos posibles escenarios y esperando que
el padre de Julia que era un ex Navy Seal no llamara a casa. Traté de
llamar a Alex una y otra vez, pero nunca contestó su teléfono. Las sombras
se arrastraban por el piso de nuestra sala, lentamente se transformaba la
escena del atardecer, para el anochecer. Mañana, decidiríamos, si
llamaríamos a la policía.
Por fin la cabeza de Melanie se hundió en mi hombro, y ambas
caímos dormidas.
Mis sueños eran esporádicos, porque dormí sin descansar. Lo único
que recordaba era justo antes de que me despertara. La imagen en mi
cabeza era borrosa, pero había definitivamente fuegos artificiales, un
sombrero de vaquero, y un rostro. El rostro era la única parte del sueño que
era clara como un cristal. Cuando levanté mis brazos hacia él, había un
repentino dolor punzante a mi costado, pero eso no me impidió llegar, a
pesar de que sentía que el cuchillo me apuñalaba una y otra vez, una tras
otra.
—Spring, despierta.
2
Abrí mis párpados, sintiendo la uña de Mel picando mis costillas. A
través de las tenues sombras de la madrugada, ella me estaba mirando. 67
—Julia —susurró, luego señaló la puerta.
Saqué mis piernas del sofá y me senté.
Se encontraba de pie junto a la puerta bajo la luz que iluminada la
habitación, no nos miraba, pero dirigía persistentemente la mirada a quien
se encontraba debajo del umbral, que nosotras no podíamos ver detrás de
la puerta abierta. Susurró algo entonces un brazo la alcanzó, la mitad del
cuerpo de Dart saltó a la vista. En silencio, él le tocó la mejilla de la manera
más suave. Ella inclinó la cara y él moldeó la mano en su cara, le susurró
algo, y luego él se fue.
Después cerró la puerta, se quedó mirando y tocando la madera
con puntas de sus dedos. Sabía que ella sabía que estábamos ahí, pero
nos ignoraba.
—¿Estás bien? —le pregunté poniéndome de pie. Me dolía el cuerpo
por haber dormido la siesta en una posición vertical.
Unos momentos pasaron antes de que Julia se volviera en nuestra
dirección. Parecía ilesa, pero no se veía bien.
Me acerqué a ella, tratando de no hacer una mueca cuando me di
cuenta de las marcas en sus brazos. La rabia y la tristeza giraban como un
torno a mi estómago. Julia debió darse cuenta de mi examen porque
cuando me miró con los ojos llenos de lágrimas, sus labios temblaban.
—¿Jules? —Abrí mis brazos justo cuando rompió en sollozos—. Shhh.
—Le froté la espalda mientras lloraba en mi hombro—. Se acabó. Estás en
casa.
No pudo hablar por un tiempo. No la culpaba, no era una historia
que estuviera ansiosa por escuchar. Mientras esperaba silenciosamente
supuse que la razón de que Dart la hubiera acompañado era porque
Henry le debió decir la razón por la que Mel y yo dejamos repentinamente
su casa esa mañana. Entonces Dart debió haber ido e ir tras ella.
Si Dart llegó a tiempo, no lo sabía todavía. Pero teniendo en cuenta
el tiempo que Julia y Alex permanecieron a solas, así como las marcas rojas
de enojo sobre sus muñecas, no se veía bien. Cuando su llanto se
profundizó, tuve mi respuesta, y me sentí enferma.
Jules lloró mientras la abrazaba y escuchaba. —Lo siento mucho. —
Fue todo lo que fui capaz de decirle. Debido a que lo sentía. Era quien
trajo a Alex a nuestras vidas y no pude evitar sentir una enorme culpa por
eso.
2
Tomamos tres tazas de té, pero no nos movimos del sofá,
acomodada un lado de Julia y Mel en el otro. Después de un rato Julia 68
parecía querer decirnos todo, tal vez necesitaba conseguir sacarlo al
menos una vez. Terriblemente triste, recordó que luego de emborrachase
con licor de menta, se marchó con Alex. Admitió que todo fue muy
confuso después de eso, pero llegaron a una cabaña un par de horas más
tarde. Estaba borracha, pero fue consensuado. Hice una oración silenciosa
de agradecimiento que no fue más que sexo rudo lo que ocurrió.
Conociendo las tendencias de Alex, sé que podría haber sido peor.
Recordaba que usó un condón, cosa que parecía bastante milagrosa.
Pero tal vez fue porque Alex quiso cubrir sus huellas en caso de Julia
presentará cargos. Sin embargo, nada es cien por ciento a prueba de
tontos. Julia tendría que hacerse pruebas. Mel y yo prometimos estar con
ella cuando se hiciera la primera prueba.
Julia recordaba que todavía estaba resbalándose con el sudor de
Alex cuando Dart apareció. Había corrido directamente a ella, la envolvió
en las sábanas de la cama y la llevó hasta el coche. Julia lloró al recordar
cómo la había colocado en el asiento de atrás, apoyó la cabeza en su
regazo y le pidió perdón. Mel y yo también comenzamos a sollozar.
—Dart es un verdadero héroe —dije frotando el hombro de Julia.
—Sí —dijo ella, tratando de sonreír a través de su labio inferior
tembloroso.
—¿Cómo supo dónde encontrarte? —preguntó Mel mientras le
pasaba a Julia una taza de té de manzanilla—. ¿Y tan rápido?
—Henry —susurró, su mano temblaba mientras tomaba la taza.
—Henry ¿qué? —le pregunté.
Ella no respondió.
—Probablemente él le dijo a Dart donde se localizaba la cabaña —
explicó Mel lógicamente—. Conocía el lugar debido a Cami, ¿cierto?
Julia miró a su taza y luego tomó un sorbo lento.
—¿Es eso lo que pasó? —pregunté—. ¿Es así como Dart te encontró?
—Eso es lo que pensé al principio —confirmó—. Todo lo que vi fue a
Dart en la cabaña. Fue el que rompió la puerta y me sacó. Cuando me
llevó hasta el coche, nos sentamos ahí por un tiempo en el asiento trasero.
Tal vez veinte minutos más tarde me di cuenta el coche se movía.
—¿Quién manejaba?
Julia por fin me miró. —Henry.
—Henry —repetí con la mente confusa—. ¿También estuvo ahí? 2
Julia se mordió el labio y asintió. —Honestamente, no me di cuenta 69
que era él al principio. Todavía me sentía un poco perdida. Dart nunca me
dejó ni por un segundo y supongo que no noté cuenta que Henry ingresó a
la cabaña después de que Dart me sacó. Alex todavía se hallaba en su
interior. Cuando nos detuvimos para recargar gasolina una hora más tarde,
mi bolso y mi ropa estaban en el asiento delantero. En ese momento me di
cuenta, Spring.
—¿Te diste cuenta de qué?
—De los nudillos de Henry —susurró—. Los tenía rojos y… —se
interrumpió—. Tengo hermanos, sé lo cómo lucen después de que alguien
tiene una pelea.
Mi estómago se cayó al suelo. —¿Pelearon?
Julia se encogió de hombros. —Creo que sí.
—¿Henry está herido? ¿Sabes qué pasó?
Mel llegó sobre el respaldo del sofá detrás de Julia y me tocó el
hombro.
—Estoy segura de que Henry lo golpeó como el infierno, cariño.
—Además de los nudillos —dijo Julia—, se veía bien. No tenía ninguna
otra una marca, te lo juro, Spring. Después de que nos dejara, se dirigió
directamente al aeropuerto.
—¿Qué? —Parpadeé viendo mis pies—. ¿Henry te dejó aquí? —Me di
la vuelta hacia la puerta principal, pensando que podría materializarse de
la nada—. ¿Por qué no entró?
Cuando Julia no respondió, Mel dijo—: Tal vez pensó que dormías.
—¿Y? Podría haberme despertado.
—No creo que quisiera que supieras que estaba con nosotros —
susurró Julia, su voz sonaba acuosa con nuevas lágrimas.
—¿Por qué? —La miré fijo luego a Mel, y entonces a la pared detrás
de ellas. Nadie tenía una respuesta.
—Tal vez tenía que regresar al rancho —ofreció Mel—. Quiero decir,
Cami todavía estaba ahí y ya sabes… ¿los caballos?
—¿Qué? —La miré boquiabierta.
Mel extendió las manos. —No lo sé. Solo estoy hablando.
No podía dejar de sacar una risa con el intento de explicación de
Mel. 2
—Bueno, gracias por la comparación de mis necesidades a las de un
caballo. 70
Mel bateó sus pestañas. —Fue demasiado fácil, nena.
—Springer, lo siento —dijo Julia tocando mi brazo.
—Sí —le respondí sintiéndome malhumorada de nuevo.
Honestamente no sabía por qué se disculpaba. ¿Por salir corriendo y
hacernos preocupar? ¿Por cortar mi viaje por carretera? ¿O era una
disculpa porque Henry no vino a verme? La miré a los ojos, se veía
agotada y probablemente había estado despierta durante todas sus
sesiones de estudio. Y por supuesto, fue protagonista de un calvario atroz.
—Deberías ir a la cama —dije.
Julia asintió, me dio un abrazo que casi ni sentí, luego desapareció
por las escaleras.
—Tú también puedes irte —dije a Mel presionando mis dedos sobre
mis párpados.
—Sí claro, de ninguna manera. Haré panqueques de mora entonces
conseguiremos una pedicura. Yo invito.
—No, gracias —dije tratando de sonreír, pero la fatiga de los
acontecimientos del día anterior empezaban a pesar por todo mi
cuerpo—. Tal vez mañana. Creo que voy a dormir.
—¿Estás segura?
Asentí. Durante unos minutos, Mel discutió contra irse, pero estaba
decidida, y por fin… me encontraba sola.
Demasiado cansada para subir dos tramos, me acurruqué formando
una bola en el sofá, haciendo un gran esfuerzo para luchar contra mis
pensamientos raros. Incluso si él hubiera asumido que dormía, ¿por qué
habría de detenerlo de entrar? ¿De verme? Fruncí el ceño a mi teléfono,
que solo se mantenía ahí, sin nuevos mensajes o llamadas. Cerré los ojos y
envolví los brazos alrededor de mis piernas, pensando en él, extrañándolo.
Ese glorioso cuatro de julio, cuando Henry y yo nos envolvimos
alrededor uno del otro, no fueron declaradas palabras oficiales, no hubo
confesiones tiernas divulgadas. Había elegido que mis acciones hablaran.
Pensé que él lo había sentido, que sabía lo que no supe decir.
Pero no entró a mi casa ¿por qué?
Realizó este maravilloso servicio magnánimo a mi pequeña familia
de la universidad, y luego desapareció. Sin llamar la atención sobre sí
mismo, simplemente proporcionó un servicio que solo él pudo ejecutar. 2
Spring, no sé cuándo te volveré a ver. Esas fueron sus últimas 71
palabras para mí. Pero ¿qué significaban?
Mientras me encontraba sentada en la oscuridad de la sala, viendo
sombras en las paredes, era casi demasiado fácil, demasiado obvio como
para darme cuenta de que estaba enamorada de él, y probablemente lo
hacía desde un tiempo muy largo. Estar enamorada se sentía diferente de
lo que pensé que sería. No había renunciado a una parte de mí ni
sacrifiqué lo que pensé que era sería apropiado por amarlo. Había
ganado, me abrí… evolucioné.
Esto me hizo sonreír, de hecho casi me eché a reír pero mi sonrisa
murió cuando me di cuenta de que no habría más sesiones de estudio en
la biblioteca, no más viajes de vacaciones a Washington, y no más
altercados sorpresa en la casa de su familia.
¿Había algo más?
36
Traducido por Majo_Smile ♥ & Jeyly Carstairs
Corregido por Dannygonzal
—Dart dijo que Henry retornó a su casa —transmitió Julia. Tenía la
mayor parte de su color de vuelta. Dos días sólidos reconciliándose con el
hombre que amaba podían hacer eso. Nos encontrábamos en su
habitación, ella sentada en el suelo dentro de su armario, reorganizando
los zapatos.
—¿Oakland? —pregunté, levantando la cabeza de su almohada.
—Primero allí, creo, luego a Montana —respondió.
Bueno, al menos no dijo Tahití. Pero aun así, el que quizás haya
estado en Oakland, tan cerca, y todavía ni una llamada telefónica, hizo
que mi corazón se sintiera como si estuviera siendo aplastado como un
2
vaso de plástico. 72
—Así que... ¿sabes si va a volver a la escuela? Las clases comienzan
en dos meses.
—No lo sé —admitió Julia—. Dart se mudó a la casa de enfrente esta
mañana, pero no sé sobre Henry. Tampoco estoy segura de que Dart lo
sepa.
Estaba bien familiarizada con la cautelosa forma de comunicación
de Henry. No me sorprendía que no le hubiera dicho a Julia sus planes
mientras conducían de regreso de Monterey. En todas esas horas que él y
yo permanecimos juntos en el rancho, ni una vez le pregunté si regresaría a
Stanford. Tampoco abordó el tema de dónde se escondió después de la
última noche en la biblioteca. Por la razón que fuere no parecían
importantes en aquel momento. Ahora parecían muy importantes.
—Vaya —contesté ágilmente, tratando de quitarle importancia a
esta información. Pero Julia se encontraba mirándome, segura de que
podía leer mis ojos. Me relajé y cubrí mi cara con un brazo.
No sé cuándo te volveré a ver. Sus palabras sonaron en mis oídos.
—¿Lo has llamado? —preguntó.
Asentí, con la garganta contraída. —No he sido capaz de ponerme
en contacto con él desde la primavera pasada. Se suponía que me daría
su número nuevo, pero dejé el rancho con tanta prisa... —Me encogí de
hombros y luego los dejé caer—. Así que sea lo que sea. Si él llama, él
llama.
—Claro. —El escepticismo se envolvió alrededor del tono de Julia.
Me incorporé y tiré mi pelo hacia atrás. —He estado pensando en
ello, y decidí que todo era demasiado sensiblero. Amor, novios y
todo. Así no soy yo, ¿verdad? —Me obligué a reír en la forma sarcástica
que usaba para salirme de los momentos incómodos. Esta vez, sin
embargo, sonó antinatural, y se sintió aún peor.
—No me importa lo que digas, Spring. Cada chica quiere alguien
que sea dulce con ella. —Se sentó en la cama junto a mí—. Incluso las
cínicas como tú.
Sabía que trataba de ayudar, pero su comentario hizo que mi pecho
se sintiera hueco y adolorido. Hasta hacía poco, no sabía cómo amar,
pero ahora no sabía cómo seguir adelante sin amor.
—Estás luchando contra tus sentimientos, cariño —agregó—. Sé lo
agotador que puede ser. Así que deja de luchar y déjalo fluir.
—¿Fluir? —repetí, dándole mis famosos ojos inexpresivos. 2
Elevó una sonrisa y caminó hacia la puerta. —Sí. Ir con la corriente. — 73
Justo cuando estaba a punto de salir, volteó—. ¿Quieres pasar el rato con
nosotros esta noche?
—Gracias, pero creo que no. —Honestamente, la idea de
permanecer cerca de una pareja feliz era suficiente para hacerme llorar.
Julia asintió y abrió la puerta.
—Conejita —llamé, deteniéndola—. Si no te lo he dicho, me siento en
verdad feliz de que Dart haya regresado y que tú estés, ya sabes, bien.
—Yo también. —Cruzó los brazos y se apoyó contra el marco de la
puerta—. Cometí errores, pero ahora entiendo todo lo que pasó.
Tragué saliva. —¿Lo entiendes?
Asintió lentamente.
—Jules, no sabía cómo decirte lo que conocía. Me siento tan…
—No fue culpa de Henry —interrumpió ella—. No realmente. —Miró
hacia el lado y exhaló—. Errores —murmuró para sí misma—. Cometí
algunos, también lo hizo Dart. Todos lo hacemos. Pero ahora, todo parece
mejor que antes gracias a ello. —Miró con fijeza fuera por un momento—.
Cada segundo que estamos juntos, lo aprecio más y más. Todo ese tiempo
separados, toda esa pérdida de tiempo. Nunca voy a ser tímida sobre mis
sentimientos de nuevo. La vida es demasiado corta, demasiado preciosa
para no amar cada vez que podamos. —Mordió su labio, conteniendo las
lágrimas—. He aprendido eso de la manera más difícil.
—Sí —conseguí decir con la voz ahogada, y luego la vi salir de la
habitación.
Después esa tarde, me senté sola en mi cama. El sol se había puesto
hacía horas, pero no me había movido de mi habitación desde que Julia
se fue. En la planta baja, Anabel organizaba una fiesta íntima para veinte.
Me retiré con la excusa de necesitar escribirle a mi congresista.
Mi habitación estaba oscura y fría, la única luz venía de la farola
afuera de mi ventana abierta, mientras los sonidos de las aceras debajo
flotaban hacia arriba. La luna se encontraba en lo alto y el pueblo de
verano de Stanford estaba vivo y en su apogeo.
Mis dedos sostenían mi cabeza y miré fijamente el techo. Pensando.
Tratando de no pensar. La noche se volvió más oscura mientras avanzaba.
Cuando me di la vuelta, mi mirada se desplazó naturalmente a la ventana
abierta. Solo notando su casa, su dormitorio vacío, que se encontraba al
otro lado de la calle aplastando mi corazón de plástico nuevamente.
Comprobé por cuarta vez el timbre de mi teléfono. Nunca antes había
experimentado tanta falta de control sobre mis pensamientos.
2
Spring, no sé cuándo te volveré a ver. 74
Mi parte racional no tenía ganas de seguir reflexionando el posible
significado de la última declaración de Henry, así que lo expulsé. Pero con
ninguna otra ocupación, mis pensamientos deambularon alrededor del
recuerdo del sonido de su risa... Cómo nos reímos juntos, cómo admiraba
su mente, amaba su música, cómo besó mi trenza, una de las maneras
dulces que demostraron su aceptación y respeto. La forma en que
presionó mis botones solo para hacerme reír en mi propia reacción. Cómo
me trató, me manejó y me dejó ir sola, pero nunca tomó mi mierda.
La forma en la que realmente era así de bueno.
Con los ojos cerrados, nos imaginé en algún futuro escenario...
Susurrando en la oscuridad, compartiendo una almohada, preguntando
cómo dormía el otro.
Me dejé llevar hacia la ventana y me arrodillé, apoyando los codos y
el mentón sobre el alféizar. El aire fresco de la noche se sentía agradable.
—Va a regresar —susurré—. Sé que va a regresar. —Solo decir las palabras
en voz alta me hizo sentir ligeramente mejor, como si mi fe en nosotros
fuera suficiente. Tuvo fe en nosotros durante todos esos meses, y ahora era
mi turno.
Escuché los zumbidos felices del mundo abajo. Mientras la brisa
levantaba y golpeaba las persianas contra el lado de la ventana, abrí mis
ojos, mi mirada vagó perezosamente al otro lado de la calle.
En lo que aterrizaron hizo que mi sangre se parara totalmente.
Parpadeé, afilando mi concentración.
Estacionado torcido en su camino de entrada estaba...
Mi Subaru.
Salté la ventana del tercer piso, deslizándome por la escalera tan
rápido como podía.
Doce pasos más, conté, mis dedos agarrándose alrededor de la
manija de cuerda. Ocho más. Mi corazón palpitaba detrás de mis orejas.
En mi prisa, noté que ninguna de las luces de su casa se encontraba
encendida, ni siquiera la del dormitorio en el segundo piso dónde podría
estar. Llegaré allí tres segundos más rápido si salto...
—¡No lo hagas!
Directamente desde abajo, escuché el grito de advertencia, pero
fue abruptamente interrumpido cuando caí en picada hacia el suelo.
Chocamos en el aire, cayendo sobre el césped en un montón. El mío
hubiera sido un aterrizaje perfecto de diez puntos, si el cuerpo del intruso
no hubiera estado bloqueando mi camino. En cambio, me extendí en mi
2
lado, aturdida y escupiendo hierba. 75
—Quienquiera que seas —resoplé una vez mi cuerpo recuperó su
equilibrio—, no tengo tiempo para explicar la teoría de la propiedad
privada o allanamiento de morada.
El merodeador se encontraba detrás de mí a gatas, jadeando
silenciosamente en las sombras. Probablemente le había sacado el aire, ¡y
tan merecidamente! No tenía tiempo para preocuparme por él, mi único
pensamiento era atravesar esa puerta del otro lado de la calle y subir esas
escaleras.
—No voy a llamar a los policías esta vez —añadí, rodando sobre mis
rodillas—. Pero deberías saber que duermo con una llave inglesa debajo
de mi almohada.
—Parece la usaste sobre mí.
Me di la vuelta para encontrar a Henry frotándose la frente.
—¿Tus zapatos están hechos de cemento, mujer?
—¿Knightly? —Mis ojos se forzaron, atrayendo cada pedacito de luz
de la farola.
—Te vi en la ventana. —Se arrastró, una mano todavía en la frente.
—¿Te hice daño? —pregunté, sintiendo solo la mitad de las
punzadas de dolor de mi hombro derecho.
—No es nada. —Un lado de su cara tenía hierba y suciedad—. ¿A
dónde vas con tanta prisa?
—Vi mi coche y...
Inclinó su barbilla hacia la luz. Decir que la vista hacía vibrar mi alma,
podría ser una expresión dramática, pero eso es lo que sentí mientras
nuestros ojos se encontraban en la oscuridad.
—¿Hace cuánto has llegado? —pregunté, rezando silenciosamente
que no me informara que había arribado hacía días y que solo en este
momento encontraba el tiempo para visitarme y decir hola.
—Exactamente —Entrecerró los ojos en su reloj—, un minuto y veinte
segundos. —Su rostro lucía cansado y un poco desgastado, su ropa y el
pelo inusualmente desaliñado. Notó en mi mirada la pregunta—. Salí de
casa hace diecisiete horas —explicó, aplanando su cuello.
—¿Oakland?
—No —respondió, viéndose un poco confundido por mi suposición—.
El rancho. Volé de vuelta justo después de dejar a Julia y a Dart, luego
emprendí el regreso hasta aquí en tu coche. —Estaba quitándose la hierba
de las rodillas de sus pantalones—. Necesitas arreglar tus neumáticos. Lo
2
habría hecho en el camino, pero sé cómo eres acerca de aceptar favores 76
inesperados.
Creo que asentía, pero solo escuchaba su charla trivial a medias.
Tenía algunas cosas que necesitaba decir, porque, como mi dulce
compañera de cuarto dijo, la vida era demasiado corta para esperar.
—Henry —interrumpí con entusiasmo antes de que su voz tuviera
tiempo de desvanecerse—. Julia me dijo lo que hiciste por ella.
Frunció el ceño, actuando confundido.
—Gracias. Sé que debe haber sido... Desagradable. —Exhalé una
carcajada oscura. Obviamente desagradable era un eufemismo.
—No tienes que...
—Por favor. Necesito decir esto.
Las líneas en su frente desaparecieron mientras asentía y se
recostaba.
—Han habido errores... Metidas de pata, y deseo que hubiera algún
tipo de frase mágica que pudiera recurrir para explicar, para decirte... —
Perdí el impulso y gemí—. ¿Sí?
Dejé de hablar cuando la boca de Henry se abrió, muriendo por
entrometerse. Ahora sostenía un dedo.
—Simplemente no puedes contenerte, ¿o sí?
—Lo siento —dijo—. Pero tengo que interrumpir aquí. —Se movió a
toda prisa para así quedarnos sentados frente a frente en la hierba fresca.
La luz de la farola ahora brillaba a mi favor, iluminando el rostro de Henry.
Pude ver una pequeña marca en su piel, aproximadamente del tamaño
de mi tacón zapato hinchándose en su frente. También pude ver que
acababa de esbozar una diminuta sonrisa.
—No tengo ninguna intención de convertir esto en una de esas
conferencias que encuentras tan irritantes, pero sí quiero dejarte saber en
un par de cosas.
—¿Bien?
—Número uno, realmente lo arruino leyendo entre líneas, no te
molestes en intentar fomentar algún idioma que no es cien por ciento
claro. Dos, te he conocido lo suficiente para saber que no hay una
persona en esta tierra que pueda argumentarte algo en lo que ya no
crees. —Insinuó otra media sonrisa—. La peor pesadilla de un abogado.
Tercero y último...
Por su expresión, sabía que consideraba y formulaba las frases en su 2
cabeza antes de hablar. Algunas cosas nunca cambiaban.
77
—Por último, lo mucho que disfruté estar contigo esa noche en el
rancho, y cuando acampamos, y... En mi cocina. —Tomó una pausa
decisiva, mirándome a los ojos. Sentí en mi pecho esa pila de ladrillos
calientes de todas esas noches—. Bueno —continuó—, esa no era
exactamente la manera en que lo deseaba entonces, y definitivamente
no es la manera en que lo deseo ahora.
Su última declaración me derrumbó. Así como así, los ladrillos
calientes se disolvieron en un líquido frío.
—Tú no... —Apenas podía hablar—. Ahora no me deseas.
Me miró fijamente por un momento largo, su mirada inquebrantable.
—¿No te deseo? —repitió lentamente—. Springer. —Alargó su mano a
través de la oscuridad y tomó la mía—. Nunca he deseado nada en mi
vida más que tú.
Sentí como el peso del mundo volaba de mis hombros mientras lo
miraba, sus labios retrocediendo en una sonrisa. Alargué la mano para
tocarle la cara, pero atrapó mi muñeca.
—Esto no irá más lejos —dijo, bajando mi brazo extendido a mi
lado—, hasta que lo oiga de ti. —Apartó su otra mano de la mía, se recostó
sobre sus talones y cruzó los brazos—. Necesito esto, Spring. Necesito
escucharlo.
Un conjunto de criaturas combatiendo descendió en mi interior. Uno
tratando de tranquilizarme, mientras que el otro me llenó con un tipo
totalmente diferente de nerviosismo. Porque sabía lo que Henry buscaba.
Nunca en mi vida había dicho esas palabras. Intenté mostrárselo
antes, pero eso no fue suficiente. Henry era más valiente que yo, ya lo
había dicho hace meses, intrépidamente. No me sentía igual de valiente.
Suspiró con impaciencia. —¿Vas a decirlo? —preguntó—. Sabes que
quieres. —Ahí estaba otra vez, ese confiado, seguro de sí mismo, sexy
héroe griego, completamente seguro de todo lo que hacía. Sus deliciosos
labios se apretaron, escondiendo una sonrisa mientras poco a poco se
acercaba—. Porque no sé cuánto tiempo más puedo aguantar. Viajé por
tres días sin parar. El último día fue en tu coche, escuchando los únicos
discos que tenías allí. Alanis Morissette en repetición. Ella está atrapada en
mi cabeza. —Su cara de ángel se retorció con exagerado dolor—.
¿Alguna idea de lo que esto está haciéndome ahora mismo?
—¿Escuchaste a Alanis?
—Y Fiona. —Se encogió de hombros afable y encantadoramente—.
Aunque creo que prefiero… 2
—Henry —lo interrumpí, me corrí rápidamente hacia adelante sobre
mis rodillas manchadas de hierba y tomé sus manos—. Henry Edward
78
Knightly... Tercero —añadí en un susurro, dándole una sonrisa cómplice.
Pasé mis manos por sus brazos—. Me vuelves absolutamente loca. —Se rio
entre dientes suavemente y bajó la mirada—. Me asombras. —Alcé su
barbilla—. Y te amo.
Antes de que mi voz se hubiera desvanecido, los brazos de Henry me
tenían rodeada. Debía cambiar algo en tu química cuando besas a
alguien por primera vez después de decir “te amo”. Nunca me burlaría de
Julia o sus teorías de nuevo. Nunca.
La siguiente cosa que supe, era que estábamos en el suelo,
añadiendo nuevos parches de verde a nuestra ropa previamente
manchada de hierba. Henry ya era un desorden, y personalmente, entre
más enmarañado y retorcido se volvía, más increíblemente atractivo se
hacía. Amorosamente extraje las briznas de hierba de su cabello, mientras
él limpiaba cualquier follaje pegado en un lado de mi cara.
—¿No será interesante —susurró, apretando mi mano contra su
pecho—, realmente estar el uno con el otro en pleno día, sin sentir la
necesidad de esconderse detrás de una gasolinera?
—A causa de un tramposo besuqueo me cambiaste en nuestro
campamento.
Esa picante, viril y distintiva naturaleza que exudaba de sus poros,
ahora se filtraba dentro de mi torrente sanguíneo. Le di la bienvenida con
cada respiración.
—Casi —dijo con una sonrisa, tirando de mi brazo. Agradecí
envolviendo mi muslo alrededor del suyo para entrelazarnos más—. No
creo que se considere tramposo si estás saliendo con alguien.
Me moví más cerca para poder esconderme en su cuello. Ese olor. —
En ese momento nosotros no salíamos.
Movió el cabello de mi nuca, su dedo trazando un patrón en espiral
sobre mi piel. —Detalles —dijo—. Sin embargo, me gustaría hacer esto bien.
—¿Hacer qué?
Henry levantó la cabeza de la hierba, apoyándose en un codo —
¿Puedo invitarte a salir? —preguntó—. A una cita de verdad. La primera de
millones.
—Solo si me dices algo —dije, sintiendo una emoción con la
seguridad de un millón de citas por venir con el hombre sin el que no
podría vivir—. En realidad, tres cosas. 2
Sonrió con curiosidad. —¿Las tienes numeradas?
—Son importantes.
79
Metió algo de cabello detrás de mis orejas. —Dispara.
—Primero. ¿Por qué no me llamaste?
—¿Cuándo? —preguntó, pasando una mano de arriba a abajo por
mi brazo.
—Bueno, siempre, en términos generales. Pero ayer u hoy para ser
específica.
—Iba conduciendo. Es peligroso…
—No sabía dónde estabas. —No pude evitar interrumpir, apretando
su hombro—. No sabía qué pasaba.
Parecía desconcertado por mi declaración —Espera. ¿No lo sabías?
—Evidentemente no.
—Antes de que abordaras el avión, te dije que te encontraría de
nuevo aquí.
Lo miré fijo. —No, no lo hiciste.
—Sí —asintió—. Dije…
—Tus palabras exactas fueron: No sé cuándo te veré de nuevo.
—Correcto. Bueno… Y, ¿no entendiste lo que quería decir?
—¿Asumiste que con esa frase sabría que ibas a despegar a
Monterey, encontrar a Julia, traerla de regreso a Palo Alto, irte de nuevo a
Montana, conducir de vuelta, y luego venir a ampliar mi pared como un
caballero de brillante Armani?
—Básicamente —dijo—. Fueron solo tres días.
—Exactamente. —Golpeé su pecho para dar énfasis—: Tres. Días.
Enteros. —Suspiré ante su expresión desconcertada, pero luego me lancé
sobre su pecho y le di un beso, porque no podía imaginarme haciendo
otra cosa—. Henry, tu comunicación deja mucho que desear.
—Voy a trabajar en ello —prometió—. Y nunca te haré esperar tres
días de nuevo.
Bajé mi barbilla para besar su cuello, mi cabello cayendo en su rostro
—¿A dónde fuiste después esa noche que me dejaste la nota?
—Me quedé con Dart en Nueva York por un tiempo —dijo
rodándonos, así estábamos en nuestros lados, nariz con nariz—. Me sentía
completamente enojado conmigo cuando le dije que podría haber
cometido un error con Julia. 2
—¿Le dijiste eso?
—Justo después de que Mel y tú dejaron el rancho —dijo luego de
80
un profundo suspiro—. Incluso antes de eso… Ese último día en Washington,
me hiciste pensar. Después de eso, muy pronto me di cuenta que había
cometido un montón de errores. Mudarme a la casa en Oakland estaba
destinado a ser una distracción para Dart hasta el otoño. Fui un tonto por
no decirte que nos mudábamos. Fue muy injusto de mi parte, pero en ese
momento, intentaba convencerme de que eras la última mujer en el
mundo de la que debería estar enamorado. —Pasó un dedo desde mi
frente hasta la punta de mi nariz—. Aun cuando ya me había enamorado
locamente de la mujer más increíble del mundo. —Su dedo se movió a mis
labios—. Y ella también me ama. —Parpadeó lentamente—. Increíble.
Nunca había soñado despierta sobre lo que un enamorado me diría.
Pero las palabras que pronunció bajo las farolas mientras yacíamos en el
césped superaron cualquier fantasía que podría haber conjurado.
—Dijiste que tenías tres preguntas para mí —susurró Henry,
besándome alrededor de la barbilla—. Número dos, por favor.
—¿Golpeaste a Alex?
Paró de besarme y rodó sobre su espalda. —Pude haber lanzado un
par de golpes, pero nada que dejara algún daño permanente.
—Lo siento por… Él. —Me estremecí—. Volverá en el otoño.
—Lo sé. —Se quedó callado por un momento antes de añadir—:
¿Me perdonas por Lilah?
—Por supuesto. —Puse las manos en el suelo a ambos lados de sus
hombros, equilibrándome sobre él—. En especial porque es obvio que
sufrías la aparición temprana de una psicosis en ese momento.
Se echó a reír. —Realmente fue una pesadilla con ella. Si no hubiera
sido la hermana de Dart, le habría dicho que se fuera mucho más pronto.
—Mmm, me encantaría ver eso, chico duro.
—En cierta forma, le tengo que agradecer.
Incliné la cabeza.
Henry sonrió tocando las puntas de mi cabello. —Si ya no me hubiera
hecho cambiar tanto de opinión sobre ti con las historias de terror
aleccionadoras, podría no haber prestado mucha atención al principio.
Pero al verte en la fiesta en la calle, me confundí al instante —sonrió—. Y a
la vez me intrigó. Estoy seguro de que parecía grosero esa noche,
mirándote como una trepadora, pero trataba de librarme de ti. Después 2
descubrí por mi cuenta que eras esa… esa maravillosa, brillante fuerza de
vida, dediqué cada momento de mi tiempo libre tratando de hacerte 81
olvidar al ogro que conociste esa noche.
—Tienes mi permiso oficial para dejar de compensar el pasado —
concedí después de un rápido beso—. O podríamos permanecer aquí
toda la noche.
Henry sonrió con malicia, y de repente, me sentí siendo levantada y
arrastrada hacia adelante, todo mi cuerpo encima del suyo. Sus brazos se
apretaron a mi alrededor, manteniéndome clavada a él. —Sábado en la
noche, entonces. Es una cita.
Empecé a asentir, pero me detuve. —No puedo. Hay un lugar
importante al que tengo que asistir este sábado. La boda de mi padre.
—Eso es… ¿genial? —expresó, claramente confundido por mi tono
sombrío.
Un pequeño enjambre de nervios revoloteó en mi estómago, pero
también les di la bienvenida. —No lo he visto en diez años —le expliqué—.
Estoy petrificada al respecto, pero es un primer paso. Sé que tengo que
estar allí. Quiero estar allí. —Contemplé al buen hombre envuelto a mi
alrededor, el hombre que estaba convencida podría ayudarme con
cualquier cosa que necesitara, e incluso con esas cosas que no me daba
cuenta que necesitaba—. ¿Quieres venir conmigo?
Henry apartó el cabello de mi cara con ambas manos. —Me
encantaría.
Alguien en mi casa abrió una ventana, y la música se esparció a la
calle. Bruno Mars.
—Tengo una confesión que hacer —susurré.
—¿Mmm?
—Esa lista de reproducción que hiciste para mí, no estaba dañada
como dije. La eliminé a propósito.
Frunció el ceño en confusión. —¿Te enojaste conmigo por…?
—No. —Sostuve su cara entre mis manos—. Esas canciones. No sé si
tenías la intención de hacerlo o no, pero escucharlas me daban ganas
de… —Agaché la barbilla, ocultando mi rostro en su pecho,
irracionalmente avergonzada.
Su cuerpo se estremeció debajo de mí con una sonrisa tranquila. —
¿Te daban ganas de qué?
Esperé un momento y luego levanté mi barbilla. —Hacerlo contigo. 2
—¿En serio? —Arqueó una ceja, mirando a un lado—. Vaya.
—Era una especie de tortura, porque no podía en aquel entonces.
82
—Ah, Spring. Sí, podías tenerme. —Tomó mi cara y me besó hasta
que mis dedos se enroscaron—. Cada vez que querías. —Se echó hacia
atrás, levantando la ceja de nuevo—. Es mejor que creas que voy a volver
a cargar esas canciones.
—Y diez más —pedí, flotando sobre su boca—. Vamos.
Los rociadores del jardín tenían programado su encendido para un
horario en la madrugada. Cuando se encendieron, Henry agarró mi mano
y juntos nos movimos deprisa hacia la acera. Él con el cabello húmedo y la
camisa mojada desabotonada hasta la mitad era como mirar una puesta
de sol deslumbrante. Bebí de la vista.
—En mi casa o en la tuya —preguntó, pequeñas gotas de agua se
aferraban a sus pestañas.
Eché un vistazo a mi casa, las ventanas de color amarillo brillante, los
sonidos de la música, la risa y demasiadas personas.
—La tuya, por favor.
Me tomó de la mano y cruzamos la calle.
Cuando salí del baño del segundo piso, después de haberme
cambiado a una de sus camisas secas y a un par de pantalones cortos de
cordón, Henry acababa de salir de su habitación, con el torso desnudo,
poniéndose una camisa seca sobre su cabeza. Otra mirada. Fija. Al.
Perfecto. Momento de la puesta de sol. Después de que su cabeza y sus
brazos se abrieran paso a través de sus respectivas mangas, me miró
parpadeando, luciendo aturdido.
—Primero esas trenzas, luego la harina, y ahora… —Tiró de la camisa
que llevaba puesta, el agujero del cuello demasiado grande, colgando de
un hombro—. ¿Hay algo que no pueda hacerte ver como una diosa?
—Pensé que me amabas por mi cerebro.
—Te amo por un montón de razones —dijo mientras daba un paso
hacia mí—. Supongo que tú de pie en la puerta abierta de mi habitación
en medio de la noche con ese aspecto es solo mi bono de la suerte.
Maldita sea.
Sus brazos se deslizaron a mi alrededor, apoyándome contra la
pared. —Si nos quedamos aquí mucho más tiempo —susurró la siguiente
vez que sus labios estuvieron libres—, podría no dejar que te vayas.
En respuesta, deslicé las manos alrededor de su cintura luego dentro
de la parte de atrás de su camisa, como él lo hizo tantas veces. 2
—Spring… —murmuró un poco entrecortado mientras pasaba las 83
manos por la lisa y dura piel de su espalda, disfrutando tanto como él.
—Te amo —susurré en su cuello—. Nunca me dejes.
Se apoyó en mí, presionándome contra la pared, nuestros cuerpos
en una línea sólida.
—Creo que tienes una última pregunta —dijo mientras besaba el
camino hacia mi garanta. Cuando su último beso tocó mi clavícula, se
apartó y me miró a los ojos. Me quedé mirándolo, respirando con
dificultad.
—Ven, Honeycutt —dijo, tomando mi mano, entrelazando nuestros
dedos—. Me tienes sediento. —Nos condujo hacia el primer piso y me sentó
en el sofá—. Tu última pregunta. —Apuntó, pasándome una botella de
agua para compartir.
Echándome hacia atrás puse las piernas en su regazo —Hay un
preámbulo primero —dije.
—Qué impropio de ti.
—¿Recibiste mi tesis por correo?
Henry sonrió y pasó una mano sobre mis piernas. —Ayer. Hubiera
llegado aquí dos horas antes, pero no podía salir hasta haberla leído. Dos
veces. Admitiré, me sentí sorprendentemente impresionado, aunque no
debería haberlo estado. —Extendió la mano y pasó un dedo a lo largo de
la línea de mi cabello, parando en el espacio de mi sien—. Este hermoso
cerebro —murmuró con reverencia—. Pero al final no viste mi lado de la
cuestión. —Había un brillo en sus ojos.
Me incliné y lo besé. —Tu punto de vista es erróneo —susurré,
prolongándolo en la esquina de su boca.
—No, tu lado está mal —replicó, luego mordió suavemente mi labio
inferior—. ¿Publicación?
Toqué mi frente con la suya. —Prensa de la Universidad de Oxford.
Sonrió. —Cállate.
—Y una beca que pagaron por mi viaje de investigación de verano.
—Giré un dedo por sus rizos luego tracé hacia abajo hasta la punta de su
nariz—. Lo que me lleva a mi última pregunta. ¿Qué pensaste la primera
vez que me viste en el rancho?
Henry se sentó de nuevo y retuvo un puño en su boca sonriente. —
Varias cosas —admitió—. Que de alguna manera hubieras encontrado el
camino a mi casa. Sabía que eso significaba algo. Después de eso, no me 2
preocupé demasiado. O me amabas o no. Sentí que lo hacías, así que
dejé que las fichas cayeran.
84
Sonreí, sabiendo que nunca me cansaría de su lógica, siempre
impresionada por su fe en nosotros. —¿Pensaste todo eso la primera vez
que me viste?
—No en ese momento. Mi primer pensamiento fue el miedo de que
pudieras pensar que te estaba acosando.
—¿Tú acosándome? —Me reí—. Fui yo quien apareció en tu casa de
forma inesperada.
Sus brazos me rodearon, con fuerza, recordando este hecho con
aprobación.
—Y fui quien quedó arrestada en una de tus reuniones familiares con
Tyler.
—Es correcto —dijo, entrecerrando los ojos—. ¿Cuál es el castigo por
persecución ilegal en el estado de California? —Tocó su frente para hacer
memoria, con sus ojos brillando—. Creo que la sanción es dura y extensa
¿Lista para pagarla toda?
—Ninguna incidencia ocurrió en California —comencé—. Es decir, la
ley establece con claridad…
No lo vi venir, pero de repente me tenía en un abrazo de oso,
susurrando términos jurisprudenciales latinos en mi oído mientras nos
rodaba fuera del sofá.
—Si esta es tu manera de mostrar la aprobación de mi inteligencia —
dije, sujetándole los hombros contra el suelo—, entonces quizás te enseñe
mi conocimiento de la anatomía humana más tarde.
—Ahora en verdad hablas mi idioma. —Movió los hombros, pero lo
mantuve en su lugar.
—Tengo gran esperanza en nosotros —dije, bajando la mirada hacia
él—. A pesar de nuestro puntos de vista opuestos en…
Cubrió mi boca con la suya y luego lentamente nos rodó quedando
encima. Esto me tomó por sorpresa, un poco sobresaltada al sentir todo el
peso de un hombre inmovilizándome totalmente. Entonces Henry sonrió
sobre mí, apoyado en sus codos. Tenía unas ganas tremendas de extender
el cuello y terminar ese beso hasta que ambos explotáramos.
—La oposición conduce a buenos debates, Spring —susurró,
inclinándose para acariciar con su nariz un lado de mi cuello—. Y planeo
tener muy buenos debates contigo durante al menos las próximas diez 2
elecciones presidenciales.
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—¿A pesar de las marchas, las protestas —Froté la parte de atrás de
su cuello— las conferencias y la perforación?
Gruñó en mi cabello —Especialmente en la perforación.
—En ese caso —dije, aspirando el olor de su piel—, estoy aún más
optimista sobre nuestros futuros compromisos.
Cuando Henry me besó, me volví muy consciente de su cuerpo, la
forma en que se movió y cambió, la forma en la que el mío respondió casi
demasiado natural. Todo lo que sentía con él era simplemente natural,
destinado a ser.
—El próximo mes hay una carrera de caridad de cinco kilómetros en
beneficio del saneamiento de la bahía de San Francisco —dijo un
momento después—. ¿Por qué no nos inscribimos en esa?
—Solo si ayudamos a limpiar la playa después. Me inscribiré para eso.
Henry se rio en mi cabello. Para endulzar el acuerdo, estiré la parte
de atrás de su camisa para poder pasar las manos todo el camino desde
la parte baja de su espalda hasta sus fuertes hombros. Me di cuenta de la
forma en que lo hacía temblar contra mí, y me pregunté si mi cuerpo
reaccionó de la misma manera cada vez que me tocaba de esta manera.
—¿Qué piensas? —susurré.
—Haré todo lo que me digas —respondió besando un lado de mi
cuello—. Por cierto, hay algo que tengo que confesar.
—¿Qué es? —pregunté, aunque casi no podía oír nada, además de
la sangre silbando detrás de mis orejas y su dulce respiración.
—He sido vegetariano durante tres meses.
—¡Nooo! —Me reí, abrazándolo con más fuerza—. Entonces, tengo
una confesión para ti.
Se echó hacia atrás, manteniendo el equilibrio sobre sus codos,
mirándome en una manera que hizo que la temperatura de mi cuerpo se
disparara a través de la azotea. —¿Sí? —preguntó.
—Yo… Lo siento, guau, esto es difícil de decir.
Su expresión se tornó sombría. —Spring, nena, puedes decirme
cualquier cosa. Lo prometo.
—De acuerdo. —Tomé una respiración profunda—. Me comí una
hamburguesa el mes pasado. Dos, en realidad.
Henry rodó colocándose
desplomándose de la risa.
a mi lado y se cubrió los ojos, 2
No pude evitar reír nerviosamente mientras miraba sus ojos llenos de 86
agua.
—Ves, Honeycutt —dijo al fin, reuniéndome con él—. Somos más
compatibles de lo que pensábamos.
Besé su mejilla, su nariz, sus párpados, su boca de arándanos. —Y así
empieza.
Agradecimientos
La creación de esta historia llevó un largo tiempo y cada persona
que la ha tocado la ha hecho mejor, más brillante y más amena.
Stacy Honeycutt Shakespeare-Abrams: gracias por arriesgarte con
esta historia sin que hubiera estado completamente lista, por confiar en mí
y por realizarme los cuestionamientos correctos que hicieron que lo lograra.
Como siempre, tu visión es invaluable. Me encanta que supieras que Spring
tenía buen humor y que la ropa de Henry no era tan importante. Te
mereces un par de soquetes de rombos con tu nombre.
Erica Chapman: gracias involucrarte en este proyecto, por tu
entusiasmo y tu emoción, por enviarme mensajes en mitad de día cuando
ambas nos encontrábamos trabajando. Y por amar a Henry mucho más
que yo.
Karen Grove: me siento muy conmovida por escribir Embrace. El
género New Adult es una edad divertida sobre la cual escribir. Gracias por
darme tu aprobación y por hacerme pensar e involucrarme
profundamente en el tema. ¡Eres increíble! 2
Sue Winegardner: gracias por estar cerca de mí para hablar cuando
tenía que escribir y me sentía acorralada y por decirme cada vez que mis
87
personajes necesitaban ser algo más afables. Oh, y gracias por
conseguirme una tonelada de esos batidos de frutas británicas.
Nancy Carr: ¿Recuerdas esa noche cuando conduciendo volvíamos
de la opera (usando vaqueros raídos… ¡faux pas!) y me ayudaste a por fin
corregir ese punto de gran conflicto en la trama? Sí, eso fue asombroso.
Conejita, gracias por nuestras reuniones de natillas y por ser la mejor
lectora beta de toda la faz de la tierra.
Susan Smith: ¿Recuerdas cuando tuvimos una etapa musical y
querías intensamente que Henry improvisara a Sister Hazel? Hasta el día de
hoy, cada vez que escucho esa canción pienso en ti… y en Henry… y en
un montón de Bingleys bailando en el escenario de Gershwin. ¡Mierda, eso
habría sido genial!
Jen Long: merci beaucuop por tus rápidas clases de francés y por
ayudarme con complicadas palabras. Y discúlpame si por accidente le
envié algún correo a tu jefe…
Gracias a mi equipo de publicistas, a Jessica Cantor por crear una
portada que hiciera que mi corazón vibrara y a todos los otros autores de
mi editorial que hacen que escribir para Entangled sea pura felicidad.
Gracias a mi familia y mis amigos que son tan pacientes y me
comprenden cuando necesito encerrarme a escribir. Y a mi madre que me
regaló a Colin Firth luciendo una camiseta mojada. Nunca he recibido
nada igual.
Sobre todo, gracias a Jane Austen. Chica, con doscientos años tus
palabras y tus personajes hacen vibrar al mundo.
2
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SOMEDAY MAYBE
Algunos chicos son imposibles de olvidar.
Rachel Daughtry tiene un plan de diez años
que no deja lugar a errores. Ni a los
muchachos no tan serios; incluyendo a Oliver
Wentworth, el novio de primer año que nunca
ha olvidado. Ahora está de vuelta en San
Francisco con un nuevo trabajo asombroso.
Desafortunadamente, El Plan no cubre cosas
como conocer al nuevo chico “secreto” de su
mejor amiga... Oliver.
Afortunadamente, nadie sabe que Rachel y
Oliver estuvieron juntos, y ni la interminable
tortura de una depilación en el área de bikini
puede hacer que Rachel lastime a su amiga.
Pero esto la está matando. No lo ha olvidado. 2
Ni siquiera un poco. Y mientras su plan de diez años se desmorona a su
alrededor, Rachel se da cuenta de que tal vez —solo tal vez— Oliver se 89
siente de la misma manera.
Ahora Rachel está a punto de perder todo control. Y a su mejor amiga. Y al
amor de su vida...
Someday Maybe es una mirada moderna de Persuasión de Jane Austen
que demuestra que una segunda oportunidad en el amor verdadero
siempre vale la pena el riesgo.
SOBRE EL AUTOR
Ophelia London nació y se crio entre las secuoyas
en el hermoso norte de California. Una vez que
completó su educación, decidió establecerse en
Florida, pero su auto sufrió una avería en Texas y
vive en Dallas desde entonces. Es aficionada a los
pastelitos y a realizar ejercicio en la máquina de
caminar (obviamente ambas cosas se encuentran
conectadas), pasa tiempo mirando películas de
arte e increíblemente programas de televisión de
segunda categoría, viviendo a través de los
personajes que escribe. No pueden hablarle
cuando mira The Vampire Diaries. Ophelia
también es la autora de Playing at Love y Spealing
of Love partes de su serie Perfect Kisses y de Abby Road. Visita su página
web: [Link]
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