Se ha repetido muchas veces que Haydn fue el creador de la sinfonía y
del cuarteto de cuerda. Si esto es muy aceptado en cuanto a lo primero
hay unanimidad en cuanto a lo segundo.
Antes de Haydn se habían escrito sinfonías, no solamente en Mannheim,
sino en otros lugares como Viena. Johann Stamitz, autor de numerosas
sinfonías, muere en 1757, justo en el momento en que Haydn
comenzaba a consagrarse en ese género. Es con Haydn, cuando la
estructura de la sinfonía en cuatro movimientos se va imponiendo.
A través de sus 104 sinfonías es como mejor se puede seguir la
evolución; no las escribió ni al comienzo, ni al final de su carrera (que se
extiende de 1750 a 1803). La primera data de 1759 y la ultima de 1795.
Periodos:
Las sinfonías entre 1761 a 1765.
Progresivamente la escritura de carácter solístico fue desapareciendo
de las sinfonías haydianas.
Durante sus cinco primeros años con los príncipes de Esterhazy es el
género de la sinfonía el que acapara esencialmente la atención de Haydn
en el terreno instrumental. A partir de 1761, logra un éxito magistral
con las tres obras maestras de este periodo que son la sinfonía nº 6 en
re (la mañana), la nº 7 en do (El Mediodía) y la nº 8 en sol (La Noche).
Uno de los rasgos más sorprendentes de estas sinfonías es la presencia
continua de instrumentos solistas, lo que las acerca al antiguo concerto
grosso: el violín, dos incluso en el Mediodía y la Noche, violoncelo y
contrabajo). Además hay otros rasgos que unen esta trilogía con el
pasado barroco: notas repetidas en los bajos, ritmos con puntillo. En los
últimos compases del movimiento lento de la Mañana, se ha visto una
especie de homenaje al estilo de Corelli.
Las sinfonía de 1776 a 1774.
Hacia 1766 la producción de Haydn se diversifica y profundiza en el
plano expresivo. Se carga de una significación y dimensiones totalmente
nuevas. Se observa un retorno importante a la polifonía y un uso
bastante frecuente del modo menor.
Es la época de la llamada crisis romántica o del Sturm und Drang
(sentido y sensibilidad) y en la que se encuentran obras de las más
grandes Haydn escribió.
Las primeras en modo menor son, la nº 39 en re menor, la nº 49, en
fa menor (La Pasión). Hay que señalar que la tonalidad de fa menor
tiene siempre para Haydn una significación muy especial, tanto en su
muisca instrumental como vocal. Esta tonalidad fue para él, lo que fue la
de sol menor para Mozart o la de do menor para Beethoven.
La nº 26 en re menor (las Lamentaciones). También escribe otras en
modo mayor, nº 48 María Teresa, la vigorosa nº 36 en si bemol.
Symphony nº 49 La Pasion In F minor - Austro Hungarian
La imponente nº 42 en re, abre la serie de las grandes obras del apogeo
del Sturm und Drang. La nº 65, resplandeciente, teatral; la nº 64 un
precioso documento íntimo. La nº 56 en do, que lleva el resplandor del
do mayor a unas alturas insospechadas. La extraordinaria nº 44 en mi
menor (Fúnebre) simboliza por si sola todo el periodo del Sturm und
Drang. La nº 45 en fa sostenido menor (Los Adioses) de las mayores
y más celebres de Haydn. La nº 46 en si mayor. La nº 47 en sol mayor,
una de las más luminosas de Haydn.
Las sinfonías de 1775 a 1784
Con relación a la extraordinaria floración que se produce en la etapa
anterior, su producción sinfonía marca un ligero retroceso cuantitativo
y cualitativo en este periodo. Se suele llamar a este periodo, el periodo
galante, lo cual es verdad si por estilo galante se entiende la seducción
melódica o variación ornamental. Pero estos rasgos de estilo que se
multiplicaron en Haydn y Mozart a partir de 1775, están lejos de poder
definirlos por si solos. Sobre todo, porque más tarde, se convirtieron en
parte integrante del clasicismo vienés en su apogeo. Las posteriores
sinfonías parisienses y londinenses son inconcebibles sin las sinfonías de
este periodo.
La sinfonía nº 67 en fa menor. La sinfonía n º 70 en re mayor. La
sinfonía 53 en re mayor (La Imperial). La numero 68 (La Roxolane)
La n º 73 en re mayor, celebre (La Caza), la nº 77 en si bemol
mayor.
Las seis sinfonías parisienses, números 82 a 87 ( 1785-1786 )
Hacia el año 1780, Haydn no compone para Esterhazy más que música
instrumental. A partir de 1784-1785 destina sus tríos, sus cuartetos y
sinfonías al mundo exterior: organizadores de conciertos y, sobre todo
editores de Viena Paris y Londres.
También recibe encargos del exterior. De parís en 1784-1785, las
Sinfonías Parisienses; de España un año más tarde, las Siete Palabras
De Cristo. Y todo llega en el mejor momento para Haydn. Su aislamiento
casi completo, agravado por el hecho de que su príncipe solo solicita de
él música instrumental, podía perjudicar la calidad de su inspiración,
incluso acabar con ella, pero no fue así. No solo porque el príncipe le
proporciona sustanciosos dividendos sino también porque le fuerza a
escribir para un público anónimo, tríos, sonatas cuartetos y sinfonías.
Todo ello le permite a Haydn sobrevivir y continuar evolucionando.
Estas sinfonías contienen un uso más libre y más acusado de
cromatismo, al tiempo que muestran la admirable maestría del
compositor.
Estas sinfonías de Haydn desde la primera parisiense hasta la última
londinense, forman un total de veintitrés obras maestras de una gran
variedad e incluso describen una extraordinaria curva ascendente.
Constituyen, con las seis últimas sinfonías de Mozart (antes de que
Beethoven recoja el testigo) el apogeo de la sinfonía clásica vienesa.
Sinfonía en nº 87 en la mayor
Sinfonía nº 85 en si bemol mayor (La Reina de Francia). Es la obra
que más se ejecuta de todas las parisienses. Se dice que en Paris fue
especialmente apreciada por María Antonieta. Por su síntesis magistral
de elegancia y vigor, de lo sabio y popular, la sinfonía la Reina ilustra los
fastos de una época que tocaba a su fin, el Antiguo Régimen, sin olvidar
a aquellos que más o menos, se encontraban excluidos de estos fastos.S
Sinfonía nº 86 en re mayor. Puede considerarse la mayor de todas las
sinfonías parisienses. Su movimiento lento es el más profundo y original
de los seis.
Sinfonía nº 82 en do mayor (el Oso). Con un carácter muy marcial, en
su primer movimiento, Vivace assai, suenan unos acordes
violentamente disonantes que anuncian los del primer movimiento de
la sinfonía Heroica de Beethoven.
Las cinco sinfonías Tost y de Ogny, número 88-92 ( 1787-1789).
Después de las parisienses Haydn destina otras cinco sinfonías a la
capital francesa. De las cinco, la número 88 en sol mayor y la 92 en
sol mayor (Oxford) son las más celebres de Haydn.
La número 88 Oxford (1787) es la más vigorosamente concentrada
sinfonía que haya salido de la pluma de un sinfonista. Cualidad debida
al estricto monotematismo de cada uno de los movimientos y a una
libertad formal que permite exponer un máximo de cosas en un mínimo
de tiempo.
De su magnífico largo, decía Brahms: “quisiera que mi novena sinfonía
fuera así...” Una simplicidad a primera vista que enmascara una enorme
complejidad. El minueto (allegretto) es una danza campesina de un
vigor poco corriente que bien podría compararse a un cuadro de
Brueghel el Viejo. El final (allegro con spirito) es el segundo gran rondó
sinfónico de Haydn, junto con el de la Sinfonía nº 85. El magistral y
enérgico canon central y los efectos cómicos del final de la sinfonía
ilustran hasta qué punto Haydn integra los elementos populares en un
estilo cada vez más sabio y evolucionado.
La numero 92 (Oxford). Esta obra, la última compuesta en Estheraza
(1789) es también la mayor. Más tarde será igualada pero no superada.
Fue con esta sinfonía con la que Haydn inauguró su primera temporada
londinense y la que se escuchó en Oxford la víspera en que fue
nombrado doctor Honoris causa de esta ciudad.
Es a la vez una de las más bellas y de las más sutilmente organizadas en
el plano formal. La impresión de amplitud producida por el
extraordinario primer movimiento se debe sobre todo a la prodigiosa
extensión de la forma sonata. Beethoven al escribir el de la sinfonía
Heroica no pudo olvidar un primer movimiento como este.
Las doce sinfonías londinenses números 93 a 104.
Los dos viajes a Londres (1791-1792 y 1794-1795) cambian la vida de
Haydn. Gracias a estos viajes y cambios, Haydn se encuentra al fin en
contacto directo con el público nuevo de las salas de concierto. Era
indispensable, para que estas dos estancias en Londres fueran
coronadas por el éxito y entrasen en la historia de la música, que los
nuevos datos correspondieran a nueva música. Haydn lo sabía, aceptó el
desafío y lo ganó.
Cuando Haydn cumplía en Londres 60 años 1792, Mozart acababa de
morir y su influencia internacional no había llegado aún. Pero en
muchos aspectos y sobre todo por sus sonoridades, las sinfonías
londinenses están más alejadas de Mozart que muchas partituras
Haydianas de 1788 y 1790.
Las sinfonías londinenses están animadas de un frenesí, de una
novedad, de una vena experimental que recuerda la juventud de Haydn.
Las doce sinfonías londinenses son una síntesis cada vez más lograda de
elementos y sentimientos extremos: virtuosísimo orquestal,
profundidad, libertad soberana de la forma, coherencia a todos los
niveles.
La sinfonía nº104 (1795) fue la última que compuso Haydn. Con ella
abandonaba un género que le había ocupado durante cuarenta años.
Durante los catorce años que le quedaban escribió música de cámara
(cuartetos, tríos) y coral (misas y oratorios) pero no compuso ni una
sola sinfonía.
Sinfonía nº 95 en do menor. Su movimiento final recuerda por sus
episodios fugados el de la sinfonía júpiter de Mozart. Obra entonces
desconocida pero de la que Haydn seguro había leído el manuscrito.
Ningún crítico deja de comparar las dos páginas en lo que concierne a la
escritura fugada.
Sinfonía nº 93 en re mayor y la numero 94 son las primeras sinfonías
escritas por Haydn después de la lección aprendida gracias a su contacto
con los músicos, el público y la prensa de Londres. De hecho, son aún
más espectaculares y sobre todo más homogéneas que las dos
anteriores.
Por su forma y sonoridad, la sinfonía nº 93 vuelve la espalda a Mozart.
Es muy apreciada por los Haydinianos convencidos. Su introducción
adagio comienza fortissimo con un unísono de toda la orquesta sobre
tres res. Nadie había comenzado nunca así una sinfonía
Symphony No. 93 - Adam Fischer Austro - Hungarian Haydn
Orchestra
Sinfonía nº 94 en sol mayor (La Sorpresa). Se opone por su elegancia
y virtuosismo a la grandeza un poco ruda de la nº 93. La sinfonía La
Sorpresa se convirtió rápidamente en una de las sinfonías más
populares de Haydn, especialmente en Viena. En su célebre andante se
produce el famoso acorde destinado a despertar a las damas dormidas
en los conciertos. Después de la primera audición un periódico
londinense escribía a propósito de él la palabra “sorpresa.” En los países
germánicos lleva el nombre de Sinfonía del golpe de timbal, del golpe de
cañón o de tambor.
Symphony No 94 G major (Surprise)
Symphony No. 94 in G major 'Suprise'
Sinfonía nº 98 en si bemol mayor. Es una de las mayores a causa de su
extensión final y de las más serias entre las londinenses. Uno de sus
mayores admiradores fue Beethoven que compro el manuscrito
autógrafo después de la muerte de Haydn y que se inspiró en ella para
componer su cuarta sinfonía, también en si bemol.
El musicólogo británico Donald Tovey ha visto en esta magnífica obra
una especie de réquiem a la memoria de Mozart cuya muerte acababa
de conocer Haydn cunado estaba componiendo esta obra. De hecho
encontramos en ella una casi cita del andante de la sinfonía júpiter, pero
sobre todo vemos que en ella reina una infinita tristeza.
El desarrollo del primer movimiento es contrapuntístico y de una
extrema violencia. Después de él vuelve la melodía inicial pero esta vez
acompañada de un solo violoncelo que la transforma en lamentación.
Seis compases antes del final reaparece en los oboes y el fagot solo,
sostenida por un acorde disonante.
Symphony No. 98 in B flat major
Symphony No 98 B Flat major
Sinfonía nº 99 en mi bemol mayor
Fue compuesta por Haydn en Austria cuando daba lecciones a
Beethoven. La introducción, Adagio, sobrepasa, no en dimensiones
pero si en profundidad y en amplitud expresivas, todas las precedentes
de Haydn, salvo quizás la numero 92. A causa de su acorde inicial en mi
bemol, tocado fuerte por todos los instrumentos, nos hace pensar en el
quinto concierto para piano de Beethoven. Igual que la sinfonía n 92, el
primer movimiento de la sinfonía 99 anuncia de cerca el de la sinfonía
Heroica de Beethoven.
El adagio es uno de los movimientos lentos más bellos que se hayan
escrito jamás
Symphony No.99 - Pinnock Royal Concertgebouw Orchestra
Symphony No. 99 in E-flat major
Sinfonía nº 100 (Militar) El segundo movimiento se tomó bastante en
serio en Londres en 1794 y no sin razón, ya que se encontraba en guerra
contra la Francia revolucionaria. Un periódico después de haber
señalado que hasta las damas no pudieron abstenerse de aplaudir, habla
de “partir hacia la batalla, de marcha de soldados, de trueno del asalto, de
choque de armas, de gemidos de los heridos y de rugido infernal de la
guerra.” Después de este movimiento, Haydn coloca un tercer
movimiento bastante lento, hecho que repetirá Beethoven en su octava
sinfonía.
Haydn: Symphony No.100
Joseph Haydn - Symphony No. 100 in G major "Military"
Sinfonía nº 101 (El Reloj) Con una introducción en modo menor.
Nunca Haydn había comenzado una sinfonía con tanto misterio.
Symphony 101 'Clock' El Reloj - Leonard Bernstein New York
Philharmonic
Symphony No. 101 in D major "The Clock"- Sir Charles Mackerras
and the Orchestra of St. Luke's.
Sinfonía nº 102 en si bemol mayor. La introducción es lenta y
misteriosa a la vez comienza con un si bemol tocado por todos los
instrumentos a la vez ( crescendo, después decrescendo), principio que
anuncia ya el de la creación.
Joseph Haydn - Symphony No. 102 in B-flat major
Haydn-Symphony No.102-Mov.1/4
Haydn-Symphony No.102-Mov.2/4
Haydn-Symphony No.102-Mov.3/4
Haydn-Symphony No.102-Mov.4/4
Sinfonía nº 103 en mi bemol mayor. El redoble de Timbal. Su
introducción con un solo de timbales es una de las más extrañas de toda
la literatura sinfonía. Su segundo movimiento (andante piu tosto
allegretto) por su aire de marcha lenta con resonancias eslavas, anuncia
ya mucho a Schubert y Mahler. Es en páginas tales como el final ( allegro
con spirito) de esta sinfonía , verdadera proeza, donde Beethoven
aprendió a escribir los largos movimientos sobre un tema único sin que
decaiga la atención y evitando repeticiones textuales.
Haydn - Symphony No. 103 'Drum Roll' - New York Philharmonic -
Leonard Bernstein
Haydn Symphony Nº 103 H. I:100 G major "Military" "Militär
En las sinfonías londinenses consigue el autor un carácter majestuoso
valiéndose de introducciones lentas a los movimientos iniciales, aspecto
distinto al similar carácter de algunas sinfonías anteriores. Por
supuesto, la materia musical es ahora mucho más sustanciosa. Haydn ha
engrandado la orquestra y ha depurado todavía más la escritura
instrumental. Ya los violoncelos no serán inseparables de los
contrabajos, los instrumentos de viento participan elocuentemente en
los movimientos lentos y los contrastes sonoros son más evidentes. La
maestría de Haydn había llegado a su cénit y el desarrollo de la forma
sinfónica había preparado el advenimiento de Beethoven.
Sinfonía nº 104 en re mayor. ( Londres )
Haydn: Symphony 104 'London' in D Major - Capella Istropolotana
Symphony No. 104 - London
Estilo musical de Haydn
El cuadro de la forma sonata, se aplica fecundamente a las sinfonías y
los cuartetos. Sobre una segura unidad tonal, la melodía de Haydn surge
fresca, sencilla y sin aspavientos que define una época entera de la
música alemana.
Por un lado es popular, por su línea clarísima y por otro es cortesana,
por su orden, por su rebeldía a convulsiones, por la misma ligereza que
no es superficialidad. Desenvuelve en un cuadro precioso de formas las
cosas mejores, la emoción más delicada que el tiempo pedía a la música
italiana. Melodía, forma y un alegre sentido de la instrumentación dan a
sus sinfonías un encanto imperecedero.
En las sinfonías, sus vigorosos movimientos de minué de estilo
campesino que tanto influyeron sobre los scherzos de Beethoven, eran
mirados con desdén por entender que se trataba de fragmentos
comunes o vulgares.
La contribución técnica más grande de Haydn fue junto a la composición
de sus cuartetos, la consolidación de la forma sonata. En sus primeros
años se satisfizo componiendo música melodiosa que exhibía escaso
desarrollo, a veces ninguno. Por así decirlo eran arias para
instrumentos. Pero a medida que se desarrolló, y que se familiarizó con
la obra de C.P.E Bach, la escuela de Mannheim y la escuela vienesa
temprana, perfeccionó el principio de la sonata mucho más que
cualquiera de los restantes compositores Europeos.
Durante la década de 1770, Haydn vivió la época del Sturm und Drang y
en estos años Haydn compuso música apelando a claves poco usuales
(fa menor, mi menor, fa sostenido menor, si mayor. En todos los casos
claves de tipo romántico. Puede afirmarse que su selección de claves es
más audaz que la de Mozart, si bien Mozart se muestra más audaz dentro
de la clave.)
A partir de 1780, ya se aprecia un estilo claro, un sentimiento de
optimismo, una melodía de acento masculino, una textura armónica de
sorprendente riqueza y una alegría sin rodeos en la composición. El
rococó ha quedado muy atrás; estamos en presencia del clasicismo más
puro, y la musica adquiere un perfil grandioso.
Es difícil evocar la música de un compositor que aparezca igualmente
desprovista del ingrediente neurótico (en este sentido, la única que
podría asemejársele, es la de Dvorak). La música de Haydn es siempre
equilibrada, saludable.
Tal vez carezca de la pasión que se advierte en Mozart, pero puede
admitirse que la música de Haydn se mantiene en un plano
consecuentemente tan elevado como la de Mozart, y quizá aún más alto,
aunque nunca alcanzó las alturas de Mozart en sus obras de mayor
fuerza. Desde aproximadamente 1780, hasta su muerte apenas existe
una sinfonía, un cuarteto, una misa o un oratorio de Haydn que no
merezca legítimamente el calificativo de obra maestra. La fertilidad de
este hombre era sobrecogedora.
HAYDN – La Passione
So much of Joseph Haydn’s creative life and output centres around his experiences at
the Esterházy Court in Esterház, the elaborate palace opened by Prince Nicolaus in
1766. The security and encouragement it afforded him is often so clearly suggested in
the music he wrote, and in the considerable advances he made in the development of his
style. Nowhere is this development of a creative talent more evident than in his
compositions for String Quartet, and in his Symphonies.
Often known as the ‘Father of the Symphony’, by far the majority of his symphonic
output was composed during his time at Esterház. Yet we say ‘symphonic’… In our
understanding, that is a big concept, both in scale and in numbers of players. But for
Haydn, who was expected to perform his works solely to the Prince and a limited
audience, there were only usually about 12 – 16 players available for any one
performance. This only increased to a very limited extent during his time at the court,
but essentially our modern understanding of a Haydn symphony from these years at
Esterház is very different from the reality as Haydn would have known it, in
performance. For this recording, Arion gives an all-too-rare glimpse of this world that
Haydn himself experienced. Using the number of players and instruments typically
available at the palace*, we present a recording of three of Haydn’s most remarkable,
and wonderful, middle period symphonies, written during his first years as full music
director at Esterház. One is certainly justified in calling them ‘symphonies’; but in using
such modest forces, an inevitable conclusion to be drawn is that they are far closer in
spirit & concept to the string quartets and other chamber music of this period than, say,
the magnificent symphonies he wrote much later, in London or Paris. The leader of the
orchestra, Luigi Tomasini, was also the inspiration for his quartet writing – an orchestra
and quartet in which Haydn also played second violin, as well as harpsichord.
All of the symphonies included on this recording stem from what was later known as
Haydn’s Sturm und Drang period (that is, ‘Storm and Stress’: a title taken from a play
of the same name by Friedrich Maximilian von Klinger). The period itself extends for
nearly ten years, from the very moment Prince Nicolaus opened his new palace. To put
that date into context, Mozart was 10 years old and Handel had been dead for 6 years.
With titles such as Trauer, Lamentatione, Feuer and La Passione, the general mood and
intention of these symphonies is already clear. Also, put in the context of other
composer’s work at this time, such as J.S. Bach’s son, Johann Christian (the so-called
‘London’ Bach), the predominance of works in a minor key by Haydn during this period
is almost unique. Indeed, Bach only wrote one symphony in a minor key during his
whole career! We do not necessarily think of Haydn as a composer constantly ‘bucking
the trend’…but when we begin to realise just how adventurous, inventive and creative
he really was in the context of his time, the affect he had on Beethoven’s development,
for instance, becomes all the clearer.
Symphony No.41 in C major was composed in 1769. This is a magnificent work, often
ignored in favour of the better-known Symphony No. 48 in C major (Maria Theresa).
Like Symphony No. 48, it was originally published with a full array of trumpets and
timpani, as well as a part for solo flute, in addition to the more regular grouping of
strings, oboes & horns. However, the more sparsely scored version we present on this
recording undoubtedly represents Haydn’s first thoughts about the work, since there is
an authenticated manuscript extant which contains no evidence of either trumpets or
timpani. To my knowledge, this is the premiere recording of this original version: and
heard without the pomp and clatter of additional trumpets and timpani, the stratospheric
C alto horn writing sounds even more extraordinary and impressive – haunting even –
as well as packing twice the punch! Of particular note in this symphony is the beautiful
Un poco andante, which, with the addition of a solo flute and much inventive writing,
seems to pave the way for some of the composer’s finest intimate moments in the later
‘London’ Symphonies. In the context of Haydn’s time, it was still something of a rarity
to include a wind instrument in any slow movement – an effect heightened by the
addition of horns playing in C basso. The ensuing Menuet (and, in particular, the Trio)
sees a breathtaking return to C alto writing, containing some of the highest writing in
the entire horn repertoire!
If there is one symphony which truly encapsulates the feeling of this Sturm und Drang
period, it must surely be the Symphony No. 49 in F minor, entitled La Passione, which
was composed a year earlier than No. 41, in 1768. The last in a sequence of symphonies
written using an antiquated form based on the church sonata, it opens with a powerful,
heart-rending slow movement. Written in the pessimistic, and extremely rare key
(during the C18th) of F minor, all four movements remain in the minor throughout; only
the trio allows us an occasional glimpse of hope! It is possible this profound work was
intended to be performed on Good Friday, and it deeply impressed the musical world of
Haydn’s time, judging by the number of manuscript copies and publications available
all over Europe.
The Trauersymphonie in E minor, No. 44, is possibly Haydn’s greatest achievement
during the whole Sturm und Drang period. Dating from around 1771, it is a highly
charged work throughout – with the singular exception of an exquisite slow movement,
which, it is known Haydn requested to be played at his own funeral. Counterpoint
features heavily in the extended first movement, and in the extraordinary minuet, which
contains a strict canon between upper and lower parts. The finale is perhaps the most
concentrated and dramatic movement of this whole period: the tension is often so
overwhelming that it leaves the listener feeling totally exhausted, in addition to the
players themselves!
* For this recording, we have chosen to include one extra viola player in addition to
Haydn’s known list of players at Esterház. It is a clear, from the following letter of
1768, that Haydn recommends such a addition: “I would ask you to use two players on
the viola part throughout, for the inner parts sometimes need to be heard more than the
upper parts, and you find in all my compositions that the viola rarely doubles the bass.”
[from The Collected Correspondence and London Notebooks of Joseph Haydn, edited
and translated H.C. Robbins Landon].
Born in the sleepy provinces of a still largely feudal Austro-Hungarian Empire, Joseph
Haydn has to rank among the least susceptible of the great composers to a Hollywood
makeover. Although documentary filmmaker Phil Grabsky's 2012 In Search of Haydn is
well worth seeking out, there's really no Haydnesque equivalent to Tom Hulce in
Amadeus or Gary Oldman as Beethoven in Immortal Beloved.
Yet from the obscurity of those provinces Haydn emerged and eventually achieved a
degree of fame that at its climax eclipsed that of either Mozart or Beethoven vis-à-vis
their respective contemporaries. How? Through consistent, patient, sustained hard work
- which isn't easy to dramatize. There's little theatrical material to extract from Haydn's
life story and certainly nothing like the suicidal crisis Beethoven overcame in the early
years of his deafness or the tragically premature death of Mozart. Indeed, Haydn had the
advantage of a much longer lifespan than both and carried on at his own steady,
industrious pace.
The great London symphonies of the 1790s represent Haydn's final, glorious efforts
in this format, but they also tend to overshadow the range of his earlier experimentation
with the symphony. No. 49 dates from the first decade of his employment by Prince
Nikolaus Esterházy, the head of an exceptionally music-loving and wealthy Hungarian
family.
The stability provided by his aristocratic patron was well-suited to the composer's
temperament. Haydn advanced to Kapellmeister of the princely estate in 1766 - located
in the Esterházy's ancestral seat of Eisenstadt but later also including the Esterháza
Palace in modern-day Hungary (both sites were at a remove from the urban bustle of
Vienna). This position entailed responsibility for all instrumental, stage, and secular
vocal music on the premises, along with overseeing the permanent staff of musicians
(including their personal problems).
In his strange but intriguing new book Danubia: A Personal History of Habsburg
Europe, Simon Winder cheekily imagines Haydn producing "background music for the
aristocratic soirées of yesteryear, with brocaded people who have not washed for quite a
while kissing hands, fluttering fans and peering through quizzing-glasses." Homer may
have nodded here and there, yet the fact is that Haydn had the means at his disposal to
experiment much as his scientific contemporaries were speculating and experimenting
in makeshift laboratories.
Spurring him on was the fact that Haydn could rely on an on-site music ensemble of
13 to 15 players. The Symphony No. 49, which dates from 1768 (according to the
autograph), is scored for the normal contingent he would have had available: pairs of
oboes and horns, strings, and optional bassoon and cembalo (for the basso continuo).
One unusual feature of its design is the progression of movements, with an Adagio at
the start followed by a fast-paced second movement. The order slow-fast-slow (in this
case, Minuet with trio)-fast corresponds to an old-fashioned prototype from the
Baroque, the sonata da chiesa or "church sonata," and is the last such work in Haydn's
symphonic output.
Like many other Haydn symphonies, No. 49 eventually became known by a
nickname that didn't originate with the composer. (Later publishers relished the
advantage of attaching a sales "hook" to these scores.) The title La passione - "passion"
in this case referring not to an ardent love affair but to the Christian Passion - was meant
to suggest an association between the essentially somber character of this music and the
contemplation of Good Friday. But this may be the result of a later historical accident,
dating from a particular performance of the work in 1790 in the German city of
Schwerin during Passion week, which led to the symphony being advertised as such.
Curiously, No. 49 may also refer back to the theatrical context of the genre's origins
- at least according to one controversial interpretation. (The symphony emerged from
the opera house, where it served as an overture to the entertainment.) In her research
into the art-loving Prince Esterházy's promotion of spoken theater along with concerts
and operas, the musicologist Elaine Sisman argues that "much of Haydn's symphonic
music of the period widely described as exemplifying the musical Sturm und Drang was
either originally destined for the stage, or composed with a view to possible later use as
overtures and entr'actes."
Sturm und Drang is the name of an aesthetic movement that itself comes from the
title of a play (as it happens, Storm and Stress, published by Friedrich Maximilian
Klinger in 1776, which actually involves the topic of the American Revolution). This is
usually regarded as a counter-Enlightenment forerunner of Romanticism, with an
emphasis on subjective emotion over rational detachment. The so-called Sturm und
Drang symphonies of Haydn are often described as expressing the musical wing of this
movement, though they predate Klinger's play and the wildfire sensation of Goethe's
Sorrows of Young Werther (1774).
Still, there is a marked emotional turn represented by the Symphony No. 49 and
several other symphonies Haydn produced in the late 1760s and early 1770s. Others
have suggested the composer's working through of personal tragedy. Most striking in
these scores is their use of the minor as the home key - La passione is Haydn's only
symphony specifically in F minor, as it happens - as well as other thematic, harmonic,
and rhythmic traits that intensify expression.
But instead of an attempt to convey the emotions appropriate to the Passion (which
Haydn unarguably did in such masterpieces as his instrumental meditation The Seven
Last Words of Christ from 1786), Sisman argues that Haydn may have written this
music in connection with a production of a comic play (translated from the French) that
was popular in Vienna at the time. The play involved a Quaker of "solid moral sense
and dry wit," which would explain another (Italian) nickname that has been linked to
the Symphony No. 49: "the good-natured Quaker." Sisman's thought-provoking
interpretation of the "rapid-fire repeated notes and imitations of the second group" in the
second movement, for example, is that these "achieve a lightheartedness that belies the
‘tragic' minor-mode associations..."
The musicologist Daniel Heartz, on the other hand, subscribes to the mainstream
view of La passione as a fundamentally solemn work associated with Holy Week. All
four movements are grounded in F minor, with a brief reprieve in the horn-dappled trio
section of the minuet. Heartz points out that the motif heard at the outset (C-D-flat-B-
flat-C) is used to open all four movements and may even allude to sacred plainchant. He
adds: "So stern and gloomy a vision as projected by La passione does not contradict the
possibility that it was intended as the musical equivalent of a Lenten sermon, or at least
a Lenten meditation," explaining the "Good-humored Quaker" moniker as "an ironic
title."