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Vida y legado de Domingo Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento fue un político y escritor argentino que pensaba que el gran problema de la Argentina era el dilema entre la civilización y la barbarie. Creía que la civilización se identificaba con lo urbano y europeo, mientras que la barbarie era lo rural, indígena y gauchesco. Durante su presidencia impulsó la educación y las comunicaciones para promover la civilización sobre la barbarie. Más tarde continuó promoviendo la educación primaria obligatoria y gratuita.

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Vida y legado de Domingo Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento fue un político y escritor argentino que pensaba que el gran problema de la Argentina era el dilema entre la civilización y la barbarie. Creía que la civilización se identificaba con lo urbano y europeo, mientras que la barbarie era lo rural, indígena y gauchesco. Durante su presidencia impulsó la educación y las comunicaciones para promover la civilización sobre la barbarie. Más tarde continuó promoviendo la educación primaria obligatoria y gratuita.

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Domingo Faustino Sarmiento fue ante todo un hombre de su

tiempo, marcado por profundas contradicciones y una enorme


sinceridad que lo llevaba a ser siempre políticamente
incorrecto. Insultó a la oligarquía de su tiempo y pidió no
ahorrar sangre de los mismos gauchos a los que llamaba “el
soberano” y se obsesionaba en educar. Todo eso, no parte de
ello, fue Sarmiento.

Nació el 15 de febrero de 1811 en el Carrascal, San Juan. Allí


el joven Domingo conoció al que sería el protagonista de su
libro más importante: Facundo (Quiroga), quien tomó San
Juan y gran parte de Cuyo. (…) Sarmiento subtituló esta obra
con la frase que sintetizaba su pensamiento: “Civilización y
Barbarie”. Así describía el autor su obra: “Remito a su
excelencia un ejemplar del Facundo que he escrito con el
objeto de preparar la revolución y preparar los espíritus. Obra
improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio
a veces, no tiene otra importancia que la de ser uno de los
tantos medios tocados para ayudar a destruir a un gobierno
absurdo y preparar el camino de otro nuevo”. La obra literaria
de Sarmiento estuvo marcada por su actuación política desde
que escribió: “…Facundo no ha muerto ¡Vive aún!; está vivo
en las tradiciones populares, en la política y las revoluciones
argentinas; en Rosas, su heredero, su complemento…”

Sarmiento pensaba que el gran problema de la


Argentina era el dilema entre la civilización y la
barbarie. Como muchos pensadores de su época,
entendía que la civilización se identificaba con la
ciudad, con lo urbano, lo que estaba en contacto con lo
europeo, o sea lo que para ellos era el progreso. La
barbarie, por el contrario, era el campo, lo rural, el
atraso, el indio y el gaucho. Este dilema, según él, sólo
podía resolverse con el triunfo de la “civilización” sobre la
“barbarie”. Decía en un lenguaje ciertamente
bárbaro: “Quisiéramos apartar de toda cuestión social
americana a los salvajes por quienes sentimos sin
poderlo remediar, una invencible repugnancia”. En una
carta le aconsejaba a Mitre: “…no trate de economizar
sangre de gaucho. Éste es un abono que es preciso
hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de
seres humanos esos salvajes”.

Entre 1845 y 1847, por encargo del gobierno chileno, visitó


Uruguay, Brasil, Francia, España, Argelia, Italia, Alemania,
Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y Cuba. En cada
uno de estos países se interesó por sus sistemas educativos,
el nivel de enseñanza y las comunicaciones. (…)

Cuando Sarmiento asumió la gobernación de San Juan dictó


una Ley Orgánica de Educación Pública que imponía la
enseñanza primaria obligatoria y creaba escuelas para los
diferentes niveles de educación, entre ellas una con capacidad
para mil alumnos, el Colegio Preparatorio y una escuela
destinada a la formación de maestras. Desde la presidencia
siguió impulsando la educación fundando unas 800 escuelas…

Sarmiento aprendió en Estados Unidos la importancia de las


comunicaciones en un país extenso como el nuestro. Durante
su gobierno se tendieron 5.000 kilómetros de cables
telegráficos y en 1874, poco antes de dejar la presidencia,
pudo inaugurar la primera línea telegráfica con Europa.
Modernizó el correo y se preocupó particularmente por la
extensión de las líneas férreas.

Desde el gobierno, Sarmiento intentó concretar proyectos


renovadores como la fundación de colonias de pequeños
agricultores de Chivilcoy y Mercedes. La experiencia funcionó
bien, pero cuando intentó extenderla se encontró con la
cerrada oposición de los terratenientes nucleados en la
recientemente fundada Sociedad Rural Argentina, que en la
persona de su presidente Enrique Olivera, le hizo saber a
Sarmiento que el sindicato de los terratenientes consideraba
“inconveniente implantar colonias como la de Chivilcoy donde
ya estaba arraigada la industria ganadera”. Sarmiento se
enojó y declaró: “Nuestros hacendados no entienden jota
del asunto, y prefieren hacerse un palacio en la Avenida
Alvear que meterse en negocios que los llenarían de
aflicciones. Quieren que el gobierno, quieren que
nosotros que no tenemos una vaca, contribuyamos a
duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a
los Unzué, a los Pereyra, a los Luros, a los Duggans, a
los Cano y los Leloir y a todos los millonarios que pasan
su vida mirando cómo paren las vacas. En este estado
está la cuestión, y como las cámaras (del Congreso) están
también formadas por ganaderos, veremos mañana la
canción de siempre, el payar de la guitarra a la sobra del
ombú de la Pampa y a la puerta del rancho de paja”.
En 1875, Sarmiento asumió como Director General de
Escuelas de la Provincia de Buenos Aires. Si bien estaba
obsesionado por la educación primaria, limitaba a ese nivel de
enseñanza la conveniencia de la educación popular: “La
educación más arriba de la instrucción primaria la desprecio
como medio de civilización. Es la educación primaria la que
civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Todos los
pueblos han tenido siempre doctores y sabios, sin ser
civilizados por eso”.

Durante la presidencia de Roca ejerció el cargo de


Superintendente General de Escuelas del Consejo
Nacional de Educación y logró la sanción de la Ley
1420, que establecía la enseñanza primaria, gratuita,
obligatoria, gradual y laica.

Sarmiento murió el 11 de septiembre de 1888. De acuerdo


con su voluntad, su cuerpo fue cubierto con las banderas de
Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, y trasladado a Buenos
Aires. Pocos años antes, había dejado escrito una especie de
testamento político: “…sin fortuna que nunca codicié, porque
era bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena
muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que
yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia
millones en mejores condiciones intelectuales,
tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones
y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de
vapores los ríos, para que todos participen del festín de
la vida, del que yo gocé sólo a hurtadillas”.

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