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Simón Rodríguez: Educador y Pensador Venezolano

Simón Rodríguez fue un destacado pedagogo y pensador americano que influyó en la educación y el pensamiento de Simón Bolívar, promoviendo la formación de ciudadanos a través del saber. Nacido en 1769 en Caracas, su vida estuvo marcada por su lucha por la educación popular y su exilio tras ser involucrado en conspiraciones políticas. A pesar de sus innovadoras ideas educativas, enfrentó resistencia y decepción en su país, falleciendo en 1854 en Perú.

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Simón Rodríguez: Educador y Pensador Venezolano

Simón Rodríguez fue un destacado pedagogo y pensador americano que influyó en la educación y el pensamiento de Simón Bolívar, promoviendo la formación de ciudadanos a través del saber. Nacido en 1769 en Caracas, su vida estuvo marcada por su lucha por la educación popular y su exilio tras ser involucrado en conspiraciones políticas. A pesar de sus innovadoras ideas educativas, enfrentó resistencia y decepción en su país, falleciendo en 1854 en Perú.

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República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para Educación Universitaria Ciencia, Tecnología


Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez
Iniciación Universitaria - Sección: “J”
Sabana Grande – Caracas

SIMON RODRIGUEZ

Facilitadora Integrante
Matilde Lopez Jeamhowards Montiel
C.I: 28.149.452

Caracas, 11 de marzo de 2019


Simón Rodríguez fue uno de los intelectuales americanos más importantes de su
tiempo, maestro, pedagogo y pionero de la educación, presento las ideas más
democratizadoras de la época de la emancipación, jamás la historia de la América
independentista ha sido tan injusta con uno de sus grandes personajes como lo fue
con la obra del insigne educador y gran pensador americano don Simón Rodríguez. El
relato de su vida, atrapado en el sobrenombre de El Maestro del Libertador, se
destacó en la historia por el mérito de haber forjado el espíritu y las ideas de Bolívar,
reduciendo a pasividad lo que fue realmente una activa relación de reciprocidad.

Pero Simón Rodríguez no nació para hacer de Bolívar el futuro Libertador de


América; se hizo a sí mismo, más bien, para convertir en verdaderas repúblicas a los
territorios conquistados por la libertad. El proyecto diseñado por Simón Rodríguez,
basado en la colonización del continente por sus propios habitantes y en la formación
de ciudadanos por medio del saber, lo dibuja como un gran pensador americano a
quien, en virtud de su incesante lucha en favor de la educación popular, sería más
justo recordar como el gran maestro de muchos. La originalidad de sus pensamientos,
su sentido estricto de la honestidad, la trascendencia renovadora de sus ideas
pedagógicas y sociales y la heterodoxia y excentricidad de sus métodos hablan de un
hombre con sentido propio, ajeno al contexto de su época.

Simón Rodríguez nació en Caracas el 28 de octubre de 1769. Este niño


abandonado tuvo una larga lista de nombres de pila: Simón Narciso de Jesús, de lo
que se deduce su fecha de nacimiento, si se considera que el 28 de octubre es el día de
san Simón Apóstol y el 29, el día de san Narciso de Jerusalén. Se asume, pues, que de
acuerdo a la tradición de nombrar a los expósitos según el santoral, Simón Rodríguez
nació la noche del 28 al 29 de octubre de 1769.

Las imprecisiones en torno a su procedencia han animado la fábula: abandonado


en las puertas de un monasterio, se crió en la casa de un clérigo de nombre Alejandro
Carreño, quien se presume que era su padre, junto a su hermano Cayetano Carreño,
que se convertiría en un famoso músico de la ciudad. Era alto y fornido, y su
extravagante forma de vestir provocaba la risa de muchos.

El joven maestro

La larga carrera de Simón Rodríguez como educador, si es que así puede


etiquetarse su incesante labor de "formar ciudadanos por medio del saber", se inicia
oficialmente cuando el Cabildo de Caracas le otorga, en 1791, el permiso para ejercer
de maestro de escuela de primeras letras en la única escuela pública de esa ciudad.
Claro está que la formación autodidacta emprendida por Rodríguez desde muy joven
habla de un inicio más temprano en su carrera y de un encuentro prematuro con la
vocación del saber, la reflexión y el pensamiento. Fue en esa época cuando, en la
escuela de primeras letras del Cabildo de Caracas, tuvo entre sus alumnos, hasta los
catorce años, al entonces travieso Simón Bolívar. Simón Rodríguez, que además de
maestro era también amanuense del tutor de Bolívar, había sido recomendado para
encargarse de la educación del futuro Libertador de América. Actualmente la escuela
de primeras letras se encuentra en restauración pero es un sitio de ámbito turístico,
constando de la sala de Vida Cotidiana, Sala de Anfiteatro, Sala Interactiva entre
otras.

Exilio

Alguna contingencia de vital importancia para la vida del maestro lo animaría a


abandonar el país. La fecha de su éxodo es dudosa, tanto como la naturaleza de los
acontecimientos que lo propiciaron. Es un lugar común el que afirma que Simón
Rodríguez formaba parte de la famosa conspiración de Manuel Gual y José María
España, descubierta el 13 de julio de 1797, y que tuvo que huir despavorido hacia La
Guaira para embarcarse en un galeón con destino a Jamaica.
En 1797, en la villa de Kingston (en la isla de Jamaica), cambió su nombre a
Samuel Robinsón, Rodríguez utilizó sus ahorros para aprender inglés en una escuela
de niños; mientras lo hacía, se divertía enseñando castellano a los párvulos. Después
permanece algunos años en los Estados Unidos, Baltimore, se empleó como cajista de
imprenta, oficio que le permitiría, más tarde, componer él mismo los moldes de
imprenta de sus obras, más tarde, en la ciudad de París, se empadronaría en el registro
de españoles de la manera siguiente: "Samuel Robinson, hombre de letras, nacido en
Filadelfia, de treinta y un años"; y esta identidad la mantendría los siguientes veinte
años de su vida en el viejo continente. En 1804, con 34 años, se encontró en París con
Simón Bolívar (21 años), de quien había sido maestro poco más de diez años antes.
El año anterior (1803) Bolívar había viajado a Europa desolado porque el 22 de enero
de 1803 había fallecido en Caracas su esposa madrileña, con la que estuvo casado
apenas unos meses. Al año siguiente (1805) viajaron juntos a Italia. En Milán fueron
testigos presenciales de la coronación de Napoleón Bonaparte como rey de Italia y de
Roma.

Por último, llegaron a Roma. Aquí fue donde subieron al Monte Sacro y se
produjo el famoso juramento de Bolívar de libertar América: "Juro delante de usted
(así describe Rodríguez el juramento de Bolívar), juro por el Dios de mis padres, juro
por ellos, juro por mi honor, y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo, ni
reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del
poder español".

En la ciudad de Nápoles sus trayectorias se separaron: Bolívar regresó a América;


Simón Rodríguez volvió a París y de ahí marchó a Alemania, y luego a Prusia,
Polonia, Rusia e Inglaterra. Según su propio relato, trabajó en un laboratorio de
química, participó en juntas secretas de carácter socialista, estudió literatura y lenguas
y regentó una escuela de primeras letras en un pueblecito de Rusia. Y es que Simón
Rodríguez era un apasionado de la escritura. Veía en ella unas capacidades expresivas
que, desde su punto de vista, no estaban reflejadas en la gramática española. Solía
escribir utilizando al máximo signos de puntuación, admiración y exclamación,
mayúsculas y subrayados, y esquemas de fórmulas, símbolos, paréntesis y llaves, de
forma tal que le resultara posible transmitir el espíritu y la complejidad de sus
pensamientos. Quería una letra viva. Y así la habría de practicar a lo largo de todo su
escrito en Europa. Luego retornaría al nuevo continente

Una vez enterado de la estancia de Rodríguez en Colombia, Bolívar le escribió una


carta en la cual lo invitaba a encontrarse con él en el sur, donde se hallaba en plena
campaña. En Bogotá, primer lugar de estancia a su regreso, sus primeros pasos se
encaminaron a instalar una "Casa de Industria Pública. En Guayaquil presentó al
gobierno un plan de colonización para el oriente de Ecuador. Finalmente, se encontró
con Bolívar en Lima: Simón Rodríguez le presentó sus planes pedagógicos, que
habrían de ser implantados en América, en las escuelas que el Libertador ya trataba
de fundar y que pondría bajo la dirección del educador. Simón Rodríguez quedó
incorporado a su equipo de colaboradores.

Bolívar lo nombró entonces director de Enseñanza Pública, Ciencias Físicas,


Matemáticas y Artes, y director general de Minas, Agricultura y Caminos Públicos de
la República Boliviana. El primer día del año 1826 comenzaría a funcionar la llamada
Escuela Modelo, que en el cuarto mes de su andadura tenía ya doscientos alumnos.

Con independencia de cuál fuera la filosofía implicada en el desarrollo de este


proyecto, estuvo claro que no tenía encaje alguno en la sociedad de entonces; la gente
no comprendía aquello y le parecía excesiva la inversión que demandaban las
escuelas. El mariscal Sucre se vio influido por la crítica del medio, y escribió al
Libertador para mostrarle su descontento con la obra de Robinson, como lo solía
llamar. Después de enemistarse con todos, Simón Rodríguez renunció finalmente a su
cargo. Con profunda rabia y decepción escribió una carta al Libertador, en la que se
quejó amargamente de la incomprensión que había padecido.

Decepcionado por cuanto no le habían dejado hacer por la libertad de América, y


arruinado y endeudado por cuanto había puesto de su bolsillo para el funcionamiento
de las escuelas, se marchó al Perú. En Arequipa montó una fábrica de velas, de la cual
esperaba obtener fondos para su manutención; las velas representaban también una
muestra sarcástica de aquello que en su opinión había significado el "siglo de las
luces" para América. Partió luego a Valparaíso, ciudad en la cual también se dedicó a
la enseñanza, utilizando un método bastante original para la época en la clase de
anatomía, se desnudaba y caminaba por el salón para que los alumnos "tuvieran una
idea del cuerpo humano". Por supuesto, esta didáctica no tuvo larga vida. La sociedad
comenzó a rechazarlo; la población de alumnos descendería rápidamente y él acabaría
en la más absoluta miseria. Paralelamente, y en forma coherente con su visión de las
cosas, fundó en esa ciudad una fábrica de pólvora y al mismo tiempo publicó un
folleto sobre la Fabricación de pólvora y armas con otras enseñanzas generales, en
cuyo preámbulo se puede leer: "la pólvora es aquí el pretexto para tratar de la
educación del pueblo". Posteriormente partió a Quito y fundó otra fábrica de velas;
luego marchó a Ibarra, a Colombia, y regresó nuevamente a Quito en el año 1853.

Tenía 82 años y conservaba aún un aspecto atlético. Dictó una conferencia que
sorprendió al público por sus experiencias y por sus amores tórridos e hijos dejados
por el mundo, al igual que por sus ideas. Finalmente, en 1853, a pesar de haber
manifestado su intención de volver a Europa con la ilusión de que allí todavía se
podía "hacer algo", se trasladó a Amotape, ciudad peruana en la que falleció el 28 de
febrero de 1854, a los 83 años de edad. Simón Rodríguez fue el primero que quiso
aplicar en Sudamérica los audaces métodos educativos que empezaban a utilizarse a
comienzos del siglo XIX en Europa, y por todos los medios trató de imponer en las
atrasadas provincias de Bolivia y Colombia las novedosas y revolucionarias teorías
sobre la educación de la infancia. Nutrido en las ideas de los grandes filósofos
franceses del siglo XVIII, fue un espíritu inconforme y radical.

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