Para responder a estas preguntas, organizamos las interpretaciones gráficas en una estructura de
estudio que distingue cuatro períodos que, a su vez, condicionan las transformaciones urbanas en
la ciudad, entre los siglos XIX y XX, señalando los factores que impulsaron los cambios durante los
procesos territoriales: • La colonia (1577). • La infraestructura: el ferrocarril (1870). • El
crecimiento demográfico promovido por la Ley de Inmigración (1876) y hasta 1916 (durante la
Primera Guerra Mundial) y Reforma Universitaria de 1918 (gestada desde 1916). • La gestión: el
modelo industrial (desde 1927 -inauguración de la Fábrica Militar de Aviones- a 1940). Las
variables que relacionamos en este estudio, corresponden al soporte físico (topografía, río,
barrancas, suelo), determinantes del crecimiento urbano de la ciudad desde su fundación; el
soporte geométrico (cuadrícula, modos distribución y división) y los sucesos evolutivos de
crecimiento, durante las transformaciones (desarrollo en el tiempo). Como resultante de este
análisis, interpretamos los modelos de ciudad orientados al crecimiento y a la organización del
territorio con relación a los contextos que propician su desarrollo. En este caso de estudio, a
enfatizar una ciudad centralizada y dispersa.
LÓGICAS DE ORGANIZACIÓN DEL TERRITORIO DURANTE LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN
URBANOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA - SIGLOS XIX Y XX Desee un universo temporal, la
delimitación de esta investigación corresponde al lapso entre los siglos XIX y XX, considerando las
sucesivas lógicas de transformación urbana como procesos de cambio y desarrollo desde los
factores mencionados, articulando cuatro períodos: el primero, comprende desde su fundación
hasta el siglo XIX (1577-1870); el segundo, entre finales del siglo XIX y las primeras dos décadas del
siglo XX (1870-1916); el tercero, la primera mitad del siglo XX (1916-1962); y el cuarto, la segunda
mitad del siglo XX (1962-1990). Las lógicas de organización del territorio durante el recorte
temporal mencionado, comprenden aspectos físicos poblacionales y de gestión. Incorporamos en
los ejes de estudio, los geográficos, contextuales y demográficos. Cada cambio de período,
corresponde a un momento de crisis o de cambio en relación a las manifestaciones espaciales y
funcionales de la ciudad que expresan en su morfología los procesos económicos sociales e
institucionales. • Desde 1577 - 1870 | Proceso de consolidación: En esta fase del proceso de
transformación se precisa la construcción, roles y consistencia internos de la ciudad colonial (1577,
traslado y propuesta de trazado de Suárez de Figueroa), hasta el inicio del progreso tecnológico
mercado por el ferrocarril.
6.1.1 Proceso de Consolidación: 1577-1870 Desde el primer trazado de la ciudad de Córdoba en
1577 (Lorenzo Suárez de Figueroa), los hechos singulares destacados responden a la necesidad de
fortalecer los inestables lazos generados con el soporte físico. La fundación misma de cada ciudad
preveía el rol, la división, la distribución y la estratificación. Una sociedad urbana que respondía a
la forma urbana. Compacta, homogénea y militar, desconociendo las preexistencias del territorio,
los cauces de los ríos o la topografía. De alguna manera se trataba de evitar cualquier acto
espontáneo o autónomo. Las reiteradas inundaciones del río Suquía (antes nombrado Primero) y
del arroyo La Cañada, son hechos que de una u otra manera orientan el desarrollo de la ciudad
durante más de doscientos años, proyectando un modelo de ciudad concentrado en las manzanas
coloniales. Hacia 1809 la cuadrícula histórica compuesta por setenta manzanas se extiende hacia el
oeste y traspone el arroyo La Cañada con fines productivos (quintas y acequias, senderos y
caminos de acceso a la ciudad son distintivos en el sector noroeste). Hacia el este y al norte, la
cuadrícula llega a los bordes del río. Las barrancas sur y los márgenes del río no son colonizadas en
este período. La estrategia de planificación responde a teorías, modelos y estrategias militares que
enlazan estas ciudades colonizadas a partir de 1492, las que sostienen un origen común de un
modelo abstracto en paisajes naturales, contextos diversos que, de alguna manera, ya sea sutil o
basado en las diferencias, cada región ha adaptado y desarrollado a lo largo de la historia,
produciendo singularidades e identidades propias en cada ciudad latinoamericana. Desde sus
orígenes, la cuadrícula se vincula a la variada topografía trepando accidentes naturales y
definiendo nuevas situaciones formales organizadas y orientadas a partir de elementos singulares
(naturales o artificiales), como si en realidad no fuese generada desde una malla regular y
abstracta. La lógica de organización del territorio responde a las acciones de distribución y división
internas de cada manzana (Foglia y Goytía, 1980), que implicó el uso de la cuadrícula en estas
latitudes, comprendiendo y relatando el modo de ocupación territorial desde la fundación de la
ciudad. Del proceso de consolidación se evidencian estrategias de expansión interrumpida en el
tiempo con relación a las inesperadas crisis naturales e inundaciones que afectaron la ciudad. En
este período se plasmaron acciones fuertemente ligadas al soporte físico, como cruzar el arroyo
ganando terrenos para cultivo y producción hacia el oeste, y extender la cuadrícula hacia el norte,
correspondiente al límite sur del río Suquía. De esta manera, el crecimiento es limitado por un
modelo de ciudad concéntrico proyectado para el territorio.
La ciudad capital de la provincia cumple 445 años el viernes 6 de julio. Un día como
ese del año 1573, un centenar de españoles encabezados por Jerónimo Luis de
Cabrera funda Córdoba en un territorio que llama de la Nueva Andalucía, pero la región ya
había sido transitada por otros exploradores que abrieron el paso a la fundación.
El último viaje antes de aquel día que hoy celebramos fue comunicado al rey Felipe II mediante
un informe conocido como la Relación Anónima, aunque ese documento lleva la firma de Jerónimo
Luis de Cabrera.
La fundación de la ciudad de Córdoba tuvo como antecedente la orden que en 1571 el virrey
del Perú, Francisco Álvarez de Toledo, impartió al recién nombrado gobernador del
Tucumán, Jerónimo Luis de Cabrera —quien hasta ese momento había servido al ejército real
español— encomendándole poblar y fundar en el valle de Salta en la parte y lugar que le
pareciere mejor convenir, un pueblo de españoles para que de estos reinos del Perú se pueda
entrar a dichas provincias sin el riesgo y el peligro que hasta aquí, y de ellas salir a estos
reinos a contratar y mercadear.
Cuando Cabrera partió de Potosí, en julio de 1572, debió optar entre seguir las claras
directivas del virrey o acatar la voluntad de Francisco de Aguirre —quien había sido
gobernador del Tucumán y también el fundador de la ciudad Santiago del Estero— y que lo
instaba a proseguir el plan de conquista del sur. Cabrera eligió esto último. La expedición de
conquista, de más de un centenar de hombres, ingresó en el territorio que estaba habitado por
los aborígenes comechingones, que vivían en comunidades denominadas ayllus y encontró un
río al que Cabrera llamó San Juan —hoy Suquía—, ya que el día 24 de junio la Iglesia
conmemora a San Juan el Apóstol.
Cabrera fundó Córdoba el 6 de julio de ese mismo año con el nombre de Córdoba de la
Nueva Andalucía, posiblemente en homenaje a los ancestros de su esposa, oriundos de
la homónima española. La fundación se realizó en la margen izquierda del río, en un paraje
llamado Quisquisacate, nombre puesto por los indios a la confluencia de dos ríos, en lo que
hoy son las barrancas del barrio Yapeyú, al noreste de la actual área central. En el mismo
acto, hizo labrar el acta fundacional por el escribano Francisco de Torres y determinó
el escudo de armas de la ciudad.45
Cabrera buscaba dos objetivos. Uno de ellos era disponer de una salida a "La Mar del Nord",
es decir al océano Atlántico, ya que creyó que la laguna de Mar Chiquita era una bahía de este
océano; y también intentó fundar otra ciudad a orillas del río Paraná.46 El segundo de los
objetivos era la fabulosa Ciudad de los Césares.
Aunque el origen del nombre de Córdoba no está del todo claro, podría provenir
de Karduba (contracción de Kart-Juba, "La ciudad de Juba"). Aquel asentamiento, hoy
ciudad española, podría haber sido así bautizado por el general cartaginés Amílcar Barca en
honor de un general númida llamado Juba, que combatió y murió en una batalla en la región,
alrededor del año 230 a. C.4748
Según datos del Archivo Histórico, después de cuatro años de fundada la ciudad, en 1577, las
autoridades, una vez retirados los aborígenes, resolvieron el traslado de Córdoba a la margen
sur del río Suquía o Primero, y el entonces Teniente Gobernador don Lorenzo Suárez de
Figueroa trazó el primer plano de la ciudad, de setenta manzanas en damero. El documento
da cuenta de una ciudad con diez cuadras de largo y siete de ancho. En la imagen puede
verse que los solares eran divididos en cuatro. Esto regía para los vecinos, dado que los
terrenos de las órdenes religiosas no eran divididos.49
En 1580 comenzó la construcción de la Catedral de Córdoba, finalizada en 1758. En 1599 se
instaló la orden religiosa de la Compañía de Jesús y de esta manera Córdoba pasó a ser el
punto central de tareas de evangelización de los padres jesuitas en Sudamérica.50
Siglo XVII
Los religiosos de la Compañía de Jesús fundaron, en 1608, un noviciado y, en 1610,
el Colegio Máximo del cual derivó, en 1613, la Universidad de Córdoba, la actual Universidad
Nacional de Córdoba, la cuarta más antigua de América.51 En 1622 comenzó a funcionar
la Aduana Seca.45
En 1623 ocurrió el primer desborde conocido del arroyo La Cañada, situación que obligó a
construir la defensa conocida como el Calicanto en 1671, del que hoy solo queda un pequeño
vestigio en la esquina de las calles Belgrano y Bulevar San Juan, barrio Güemes.52
En 1671 fue consagrada la iglesia de la Compañía de Jesús. Luego, en 1687, Ignacio Duarte y
Quirós fundó el Colegio Nacional de Monserrat.53 Durante el llamado primer período(1687-
1767), el Colegio estuvo regido por los sacerdotes jesuitas. 53 Ya en 1699, Córdoba fue
ascendida a la sede del obispado del Tucumán. De esta manera, la ciudad fue el centro
administrativo, religioso y educacional de la región. 45
Siglo XVIII
Según un acta del cabildo la población provincial ascendía, en enero de 1760, a 22.000
habitantes, de los cuales 1.500 eran españoles y los restantes se dividían
en mestizos, mulatos y negros.54 Se presume que la población era mayor, dadas las
dificultades para llevar a cabo el censo.
En 1776 el rey Carlos III creó el Virreinato del Río de la Plata, en el cual Córdoba quedó,
en 1785, como la capital de la Intendencia de Córdoba del Tucumán, comprendiendo los
actuales territorios de las provincias de Córdoba, La Rioja y la región de Cuyo.
En noviembre de 1784 llegó a Córdoba Rafael de Sobremonte luego de ser designado
gobernador intendente de la Intendencia de Córdoba del Tucumá[Link] 5Nota 6 El gobernador
intendente era la segunda jerarquía después del virrey. Ese mismo año dictó el reglamento
de policía, creando seis cuarteles que descentralizaban la ciudad. Se ocupó de la mendicidad
y la atención de los menores, entre otras cosas. Realizó obras públicas como parques y
paseos, amplió los calabozos del cabildo, hizo iluminar las calles con 113 faroles de velas de
sebo que se encendían las noches sin luna, construyó el primer puente sobre el arroyo La
Cañada (hoy calle 27 de abril), reglamentó, entre otros, los gremios
de plateros, herreros, albañiles, carpinteros, pintores, sastres, zapateros, músicos y barberos
e instaló el primer sistema de agua corriente de América.
Siglo XIX
En 1806, durante las Invasiones Inglesas, el virrey Rafael de Sobremonte regresó a Córdoba
donde estableció la capital interina del Virreinato del Río de la Plata. En veinte días reunió un
importante contingente y lo envió a Montevideo para repeler la invasión en dicha ciudad,
objetivo no logrado.
Durante la época patria, en 1821 se dictó un reglamento provisorio que facilitaba
la inmigración. Según el censo de 1822 la ciudad contaba con 11.552 habitantes.
El 29 de junio de 1829 ocurrió en Córdoba una de las dos batallas que enfrentaron al
general José María Paz con el caudillo riojanoFacundo Quiroga.
A comienzos de la década de 1830 se sucedían actos de revanchismo y tropelías provocadas
por montoneras santafesinas de Pascual Echagüe, acantonadas en la ciudad tras la caída del
general Paz. Durante toda esa década la provincia estaría convulsionada políticamente.
Córdoba tenía en aquella época Aduana y Casa de Moneda, pasando ambas a funcionar a
partir de 1844 en un edificio sobre la actual calle General Paz. La Casa de Moneda fue
cerrada por Justo José de Urquiza en 1855.
En abril de 1854 el gobierno cordobés declaró por nacionales a la Universidad Mayor y
el Colegio de Monserrat y como tales sujetos al gobierno nacional y bajo su inmediata
dependencia y dirección. En 1856 el Congreso Nacional lo ratifica y establece que los fondos
para su funcionamiento provendrán del Tesoro Nacional.
Según el censo de 1869 la provincia contaba con 210.508 habitantes. El 18 de mayo de 1870
se inauguró el tramo hasta Rosario del Ferrocarril Central Argentino (luego General Bartolomé
Mitre). Ese mismo año Agustín Garzón fundó el pueblo San Vicente (hoy barrio). En 1871 se
inauguró el Observatorio Astronómico a cuyo cargo se encontraba
el astrónomo norteamericano Benjamín Apthorp Gould, traído al país dos años antes
por Domingo Faustino Sarmiento.
La ciudad es sede de numerosas iglesias de diferentes credos y religiones, como Iglesias
Católicas, Sinagogas y Mezquitas, y una gran cantidad de iglesias evangélicas. Así ha recibido
también el apodo de "La ciudad de las campanas".125 La Catedral está ubicada frente a Plaza
San Martín sobre la peatonal de la calle Independencia. Nace como templo mayor desde la
fundación.
El centro histórico, está conformado por manzanas cuadrangulares de unos ciento treinta
metros de lado. La disposición de los barrios y avenidas principales es radial, es decir, del
centro de la ciudad nacen las avenidas que llevan a los barrios más periféricos. Conforme al
crecimiento demográfico, Córdoba se ha expandido principalmente al noroeste y al sudeste,
siguiendo el recorrido de la Ruta Nacional Número 9. La Cañada de Córdoba, uno de los
símbolos de la ciudad, se caracteriza por sus muros de piedra y las tipas que la bordean. La
primera construcción, de calicanto (cal y canto rodado),126data de 1671 y la actual de 1944. Su
recorrido es atravesado por las respectivas calles perpendiculares, que vistas
en perspectiva son puentes que atraviesan su trazado
A la llegada de los conquistadores españoles (siglo XVI), la región serrana de esta provincia estaba
habitada por los comechingones, el área pampeana se encontraba habitada por los het o antiguos
pampas y el noreste por los sanavirones. Por su parte, en el noroeste se encontraban los
olongastas, una parcialidad de los diaguitas, mientras que por las orillas del río Carcarañá se
encontraba la etnia epónima, muy influida culturalmente por los guaraníes.
El 6 de julio de 1573 Jerónimo Luis de Cabrera fundó la ciudad de Córdoba de La Nueva
Andalucía, a orillas del río Suquía, en un sitio llamado Quizquizacate por los lugareños (“Encuentro
de los ríos” en idioma sanavirón). El nombre dado por Cabrera a la ciudad es un homenaje a su
ciudad natal, la ciudad española de Córdoba en la comunidad de Andalucía. Cabrera buscaba dos
objetivos. Uno de ellos era disponer de una salida a “La Mar del Nord”, es decir al Océano
Atlántico, ya que creyó que la Laguna de Mar Chiquita era una bahía de este océano; y también
intentó fundar una ciudad a orillas del río Paraná. El segundo de los objetivos era la fabulosa
Ciudad de Los Césares, por esto desobedeció las órdenes del virrey del Perú y fundó la ciudad de
Córdoba al sur de la jurisdicción que se le asignara. Dicha desobediencia motivó que Cabrera fuera
decapitado en la ciudad de Lima, en Perú el 17 de agosto de 1574.
Provincias de comechingones y sanavirones
Siendo gobernador de la provincia del Tucumán, Juríes y Diaguitas, una enorme jurisdicción que
abarca las actuales Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero y Córdoba,
Jerónimo Luis de Cabrera encarga a uno de sus hombres de armas, Lorenzo Suárez de Figueroa,
una expedición a las provincias de comechingones y sanavirones; el término “provincia” alude a
características comunes en cuanto a lengua y cultura de los pueblos aborígenes, antes que una
jurisdicción geográfica. La misión pretende abrir un camino entre estas últimas, el Río de la Plata y
el Atlántico.
El 10 de enero de 1573, la expedición de Suárez de Figueroa llega a Soto, en momentos en que
los nativos del lugar participan de una ceremonia alrededor de su árbol totémico: el algarrobo,
afirma Aníbal Montes, el precursor de los estudios arqueológicos en Córdoba, en su libro “El indio,
el criollo, el gaucho” (1948). La ceremonia es conocida actualmente con el nombre de
Algarrobeada, y se celebra en el mes de enero en Cruz del Eje, originalmente llamada Toco Toco.
Gobernar es fundar
Lorenzo Suárez de Figueroa viaja acompañado por cerca de 50 hombres. En el decurso de la
expedición, empadrona “indios de tasa”, como se llama a los nativos varones de entre 18 y 50 años
de edad en condiciones de trabajar; en efecto, serán aquellos la fuerza de producción del sistema
de Encomiendas de Indios.
La Relación Anónima dice que “se hallaron por vistas que se hizo y otras por información
más de 600 pueblos de indios” con una población estimada en unas 30 mil personas. Entre los
pobladores hay quienes lucen preciosas chaquiras -collares o brazaletes- prolijamente trabajadas.
El medio
Los pueblos tienen unas 40 casas y están cercados por ramas de espinales que abundan en la
zona, de acuerdo a la crónica.
“Son las casas por la mayor parte grandes que en una dellas se halló caber diez
hombres con sus caballos armados que se me metieron allí por una emboscada que se
hizo. Son bajas las casas que la mitad de la altura que tiene está bajo tierra y entran a
ella como a sus baños y esto hacenlo por el abrigo para el tiempo frío y por falta de
madera que en algunos lugares por allí tienen”, prosigue la descripción.
La expedición, además, encuentra siete ríos y más de 70 a 80 arroyos y manantiales; “ todos de
muy lindas aguas (…) Hay grandes pastos y muy buenos asientos para poderse criar
ganado en gran número como en España se crían, y hacer molinos y otras haciendas
con que puedan vivir prósperos los que allí vivieren”, asegura el informe.
La crónica describe a los pobladores como “grandes labradores que en ningún cabo hay
agua o tierra bañada que no la siembren por gozar de las sementeras de todos
tiempos”.
Córdoba es la capital de la provincia homónima y ciudad más poblada de
la Argentina después de Buenos Aires. En consecuencia es un importante
centro cultural, económico, financiero y de entretenimiento. Córdoba es
referida también como La Docta y La ciudad de las campanas.
Está situada en la región central del país, a ambas orillas del río Suquía.
Córdoba es una importante factoría cultural, receptora de estudiantes
universitarios de todo el país y del mundo. Su Universidad, fundada en
1613, es la primera de Argentina y la cuarta más antigua de América. Es
considerada una de las más importantes del continente.
El origen de la Universidad Nacional de Córdoba se remonta al
primer cuarto del siglo XVII, cuando los jesuitas abrieron el Colegio
Máximo, donde sus alumnos –en particular, los religiosos de esa
orden– recibían clases de filosofía y teología. Este establecimiento
de elevada categoría intelectual fue la base de la futura
Universidad.
Primeras reformas académicas
Los jesuitas estuvieron a cargo de la Universidad hasta 1767,
cuando fueron expulsados por resolución del Rey Carlos III. Así, la
dirección de la Casa pasó a manos de los franciscanos. Durante el
siglo y medio en que se extendió la administración jesuítica, la
Universidad tuvo un perfil exclusivamente teológico-filosófico.
Vinculados a la Universidad estaban los Colegios Mayores, entre los
que cabe mencionar el de Monserrat, fundado en 1687 por el
Presbítero Doctor Ignacio Duarte y Quirós.
A fines del siglo XVIII, por disposición del Virrey Nicolás Antonio
Arredondo, se incorporaron los estudios de leyes. Esto marcó el
nacimiento de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales en 1791.
Así, la Universidad de Córdoba, tras un siglo y medio de existencia,
dejaba de ser exclusivamente teológica. Poco antes de terminar el
siglo, la sociedad recibía los primeros graduados en leyes.
Conflictos entre franciscanos y el clero secular en disputa por la
dirección de la Universidad, trajeron aparejado el re-bautismo del
establecimiento, por Real Cédula del año 1800, que pasó a
denominarse Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora
de Monserrat.
Se le otorgan los privilegios y prerrogativas de las universidades
mayores existentes en España y América, y alcanzó el doble título
de Real y Pontificia. Esta Real Cédula se ejecutó en 1808 con el
nombramiento del Deán Dr. Gregorio Funes como Rector y demás
autoridades. Desde entonces, el clero secular desplazó a los
franciscanos de la conducción universitaria.
El Deán Funes, de espíritu progresista y abierto a los nuevos
desarrollos de la ciencia y la técnica, proyectó profundas reformas
de los estudios y la introducción de nuevas materias, como
aritmética, álgebra y geometría, entre otras.
Escenario geográfico y habitantes originarios.
La ciudad de Córdoba se fundó en un sitio que desde tiempos remotos constituyó un espacio geográfico
favorable para el asentamiento humano. Las tierras de Quisquisacate, -tal su denominación aborigen-, era un
vasto valle regado por un río que los naturales llamaban Suquía, situado en el piedemonte de las Sierras
Chicas, y dotado de tupida arboleda como algarrobos, talas y chañares, donde convivían con una variada
fauna.
La cuenca del Río Primero o Suquía está formada por el Arroyo Saldán y más al sur por el Arroyo de la
Cañada que tiene sus nacientes en la Lagunilla, en cercanías de la localidad de Malagueño, y su
desembocadura en el río, al llegar a la parte más anchurosa del valle.
Las características topográficas e hidrográficas del valle presentan ciertas particularidades. El río al salir de
las Sierras Chicas hasta el barrio San Vicente recorre 19 kilómetros con varias curvas que van modelando su
fisonomía. El valle se ensancha gradualmente alcanzando su mayor ancho al atravesar el centro de la ciudad
con 1,8 kilómetros , y luego se va estrechando progresivamente al salir de la Chacra de la Merced en
dirección hacia la llanura, para desembocar aguas abajo en la Laguna de Mar Chiquita, llamada antiguamente
Ansenuza.
Rodean la parte más ancha del valle, o sea el actual centro de la ciudad, barrancas y terrazas que en algunos
puntos como Alta Córdoba, el parque Sarmiento y el Observatorio alcanzan una altura de 45 metros de
promedio que se extiende longitudinalmente al cauce del río y es rodeado de fuertes desniveles topográficos
actualmente en la zona de mayor ancho que corresponde con el actual centro.
Pero el ecosistema durante los últimos siglos está comprobado que experimentó algunos cambios
fundamentalmente en los cursos de agua, ya que por ejemplo el río durante el siglo XVI a la altura de la traza
fundacional corría casi paralelo a la misma muy cerca de la actual calle Lima - Santa Rosa, y luego entraba en
Barrio General Paz siguiendo casi la misma dirección, mientras que al cauce actual se lo llamada ''madre
antigua'', o sea un cauce anterior por donde corrían las aguas.
Estas bondades del lugar debieron ser condiciones suficientes para que allí hubiese presencia humana hace
aproximadamente 10.000 años. Estos primitivos habitantes eran cazadores y recolectores, y sus sucesores ya
establecidos definitivamente en el valle cultivaron el maíz y destinaban al pastoreo de las llamas alrededor del
año 1000 d.C., los que dejaron innumerables vestigios arqueológicos debido a su ocupación permanente del
valle.
Por varias noticias de los primeros tiempos de la conquista, conocemos que el propio Jerónimo Luis de
Cabrera, estimó la población aborigen en 600 pueblos con casi 30.000 indios, en tanto que el Gobernador
Juan Ramírez de Velazco informó al Rey en 1580 que los habitantes naturales de Córdoba eran 40.000. Las
condiciones desfavorables de trabajo esclavo, a que fueron sometidos por los españoles, sumado a las
nuevas enfermedades que contrayeron, indican que para el año 1600 solo estaban sujetos a la ciudad 8.000
indios ya que el resto había fallecido, según precisiones del historiador jesuita Nicolás del Techo.
Estos datos indican que el territorio cordobés estaba sumamente poblado a la llegada de los españoles,
fundamentalmente por dos etnias los Comechingones y los Sanavirones. Los primeros de carácter más
guerrero fueron los que ofrecieron resistencia a los conquistadores, aunque su capacidad militar no fue
suficiente para detener a los invasores europeos. También es conocido que el pueblo llamado Quisquisacate
era uno de los tantos que poblaban el lugar donde tuvo su asiento definitivo la ciudad, para lo cual fueron
traslados a Anisacate, en las nacientes del Río Segundo, para dejar libres las tierras fértiles.
La ciudad y su territorio.
La fundación de Córdoba no fue un hecho fortuito, su establecimiento obedeció a razones políticas y
estratégicas encuadradas dentro del proceso de expansión territorial que los españoles planificaron para esta
parte del cono sur americano.
Aunque el territorio cordobés ya había sido explorado por otros expedicionarios antes de 1573, la corriente
colonizadora que entró en Córdoba provenía del Perú. Allí residía el Virrey Francisco de Toledo, quien en el
año 1571 nombró al sevillano Jerónimo Luis de Cabrera para la exploración de los territorios situados al sur
del Perú y Alto Perú, actual Bolivia, para lo cual lo nombró Gobernador, Capitán General y Justicia Mayor de
las provincias del Tucumán, Juríes y Diaguitas, región que comprendía aproximadamente el actual territorio
del Noroeste y Centro de la Argentina.
La misión principal que le instruyeron a Cabrera fue la de fundar una ciudad en el valle de Salta, para mejorar
el tráfico comercial entre el Perú y el actual Noroeste argentino; pero el Gobernador desobedeció la orden y
continuó las exploración y avance más al sur de Santiago del Estero, con la meta de encontrar una salida al
Océano Atlántico. Para alcanzar este objetivo debía contar con una ciudad intermedia que sirviera de nexo
estratégico entre los dos extremos de este vasto territorio, que comprendía una gran zona de llanura, ríos,
arroyos y montañas.
De este modo se vislumbra la fundación de una ciudad mediterránea, en un sitio que ofrecía todas las
condiciones para tal empresa, con un emplazamiento natural favorable y sobre todo abundante mano de obra
humana de donde los españoles se pudieran servir para construir y mantener la ciudad.
La expedición encabezada por Cabrera partió de Santiago del Estero, e ingresó a Córdoba por la actual
región Norte, arribando al valle de Quisquisacate el 24 de junio de 1573. Al encontrar el río que los naturales
llamaban Suquía lo bautizaron río de San Juan, ya que el santoral cristiano anunciaba esa conmemoración
religiosa para ese día.
Cabrera denominó a la nueva ciudad, Córdoba de la Nueva Andalucía, y el 6 de julio de 1573 se llevó a cabo
la ceremonia oficial de fundación, donde plantó el rollo y picota en unas barrancas altas de la margen Norte
del río desde donde se podía visualizar todo el valle, en el actual barrio Yapeyú; y mandó construir en el
mismo lugar, un fuerte que sirvió de protección a los expedicionarios y sus familias.
Este espacio fortificado fue el primer asiento de la ciudad. Presentaba las viviendas de los pobladores
agrupadas alrededor de una plaza pública de forma cuadrada. También contenía una cárcel para alojar los
indios prisioneros, y en dos de sus esquinas o ángulos sobresalían dos baluartes o cubos que contenían dos
cañones cada uno. En el centro de la plaza una figura circular parecía incluir un mangrullo o mirador que
seguramente servía de control y vigilancia del lugar, mientras se mantenía la guerra con los naturales.
Pero éste primer asentamiento fue pasajero, ya que Cabrera tenía la intención de trasladar la ciudad a la
parte baja del valle, en la margen sur, donde estaba poblada por gran cantidad de aborígenes; contaba con
mejor emplazamiento previendo la protección de los vientos, eficaz accesibilidad para el transporte, y sobre
todo las características topográficas del valle, favorecía la provisión de agua, elemento indispensable para
desarrollar la vida cotidiana y las faenas productivas. Estas intenciones del fundador se plasmaron en un
plano que mandó trazar el 28 de agosto, pero que no pudo materializar pues su verdugo y sucesor Gonzalo
Abreu de Figueroa, lo mandó destruir de la documentación oficial donde estaba registrado, una vez que se
hizo cargo de la Gobernación.
El 11 de julio de 1577 se trazó un nuevo plano, respetando el emplazamiento planificado por Cabrera y
modificando parcialmente algunos aspectos de su diseño. De este modo en 1577, la ciudad se trasladó a
su nuevo asiento en la zona baja de valle de Quisquisacate, momento preciso en el cual comenzó su
verdadera vida urbana, fuera de los límites de la fortificación, lugar que, sin embargo adquiere relevancia
histórica por ser el primer ámbito donde los pobladores organizaron la vida civil, institucional, militar y
urbana.
Siguiendo la legislación española dictada en materia de organización de los territorios americanos
conquistados y la fundación de nuevas ciudades, se planeó un asentamiento que mostraba importantes
diferencias con respecto a otras ciudades posteriores, e incluso actuales. La esencia del planteo consistía que
la ciudad debía contener un sector exclusivamente urbano con áreas residenciales y los edificios
institucionales y de servicios; mientras que el territorio rural circundante, debía de diferenciarse de acuerdo a
su uso, posibilitando actividades de producción agrícola ganadera e industriales. En definitiva, la organización
del espacio rural contribuía a posibilitar la vida y desenvolvimiento diario de la ciudad y de sus habitantes.
Esta concepción de la ciudad hispanoamericana quedó definitivamente establecida como legislación
urbanística en 1573, cuando el Rey Felipe II dictó las Leyes de Indias donde se recopilaron todas las
experiencias al respecto.
La ciudad de Córdoba se delineó a partir de la plaza, que era el centro simbólico, y a partir de la cual se
estructuraban los diversos sectores urbanos. La traza propiamente dicha incluyó setenta manzanas
organizadas en forma de cuadrícula, separadas por calles de 35 pies y subdivididas cada una en cuatro
solares o terrenos que eran adjudicados a los conquistadores que acompañaron al fundador, y donde debían
edificar sus viviendas. Frente a la plaza principal o plaza mayor, sobre su costado Oeste, se dividió la
manzana en dos partes iguales por medio de una callejuela hasta hoy existente, conocida como Pasaje Santa
Catalina, y ambos terrenos quedaron destinados a Cabildo e Iglesia Mayor. También las órdenes religiosas
fueron incluidas en el repartimiento de solares, dejándose previsto otros terrenos para la construcción de
matadero público y hospital.
Rodeando la traza se dejó establecida la calle de ronda; su misión era servir de lugar de vigilancia y
control de la ciudad por sus cuatro costados. Su ubicación corresponde a las actuales calles Santa Rosa –
Lima por el Norte, Santiago del Estero por el Este, Bv. Illia –San Juan por el Sur y Jujuy por el Oeste. Estas
calles fueron durante los primeros doscientos años de la ciudad, el límite hasta donde se extendió la
urbanización.
Hacia el Oeste de la Cañada y de la calle de ronda, Cabrera dispuso en 1574 el repartimiento de las
llamadas cuadras de riego, compuestas por 15 suertes divididas cada una en 5 cuadras de 440 pies de
lado y separadas por calles en dos direcciones. Este sector de la ciudad destinado a quintas y huertas tenía
forma rectangular y se extendía aproximadamente entre el río y las barrancas del sur en el actual barrio
Alberdi, quedando delimitado por las calles Av. Colón al Norte, Duarte Quirós al Sur, Bolívar – Jujuy o calle de
ronda al Este, y Ocaña al Oeste. Sus adjudicatarios fueron en su mayoría vecinos que ostentaban cargos
públicos, propietarios de solares y estancieros de la campaña, pero su ocupación y uso real no fue masivo, y
muchas cuadras se abandonaron con el paso del tiempo.
Las ordenanzas españolas también preveían en las ciudades los posibles ensanches y extensiones, por lo
que debían dejarse zonas libres previstas para ese fin, conocidas como ejidos. En el caso de Córdoba,
existieron dos sectores destinados a esa función. Uno fue el ejido del Norte señalado por Cabrera en 1574,
situado entre las cuadras de riego y el río, o sea comprendido entre la Av. Colón y el río. El otro fue el ejido del
Este señalado por el teniente general Lorenzo Suárez de Figueroa en 1578, comprendido entre la calle
Santiago del Estero o ronda Este y el río Primero, teniendo la particularidad que el Cabildo autorizó a los
vecinos a fabricar en forma gratuita, adobes y ladrillos en este terreno para su provecho.
Los terrenos barrancosos de los altos del sur de la ciudad, fueron destinados por el gobernador Gonzalo de
Abreu en 1579 para baldíos y propios, y fueron conocidos posteriormente como pastos comunes. Servían
para pastoreo a los bueyes de labor y el ganado destinado para provisión de carne a los pobladores. Su
ancho en dirección Naciente - Poniente, comprendía desde la barranca del Pucará hasta el Arroyo de la
Cañada con una profundidad de 10.000 pies hacia el sur. Documentos catastrales posteriores señalan este
sector de la ciudad con mayor superficie, y sus límites se fijan por el Este el Camino a San Carlos, por el
Oeste la calle Río Negro, llegando su profundidad hasta las inmediaciones del barrio Villa El Libertador.
Fuera del sector propiamente urbano se establecieron las llamadas tierras de laborcompuestas por
chacras y estancias; las primeras dedicadas a la producción agrícola y las segundas a la producción
ganadera. Entre las barrancas del Norte y la traza quedó disponible una porción de terreno bañadas por los
dos brazos del río, las cuales se entregaron a los vecinos en suertes de tierras para chacras que se
escalonaban a lo largo del valle hacia el Naciente. Eran terrenos de dimensiones variables y forma rectangular
con el frente menor que daba al río, y en los cuales los vecinos producían hortalizas, frutas, ganado menor;
elaboraban materiales para la construcción como adobes, ladrillos y tejas; y especialmente levantaron
acequias, molinos hidráulicos, y atahonas destinados para la elaboración de harina, uno de los principales
alimentos del vecindario.
Estas actividades productivas organizadas en las chacras fueron posible merced al aporte sacrificado de la
mano de obra aborigen que contribuyeron no solo con servicio personal de los pobladores, sino también a
órdenes religiosas, como la chacra que tenían los jesuitas en el Oeste, llamada Quintas de Santa Ana, o la
Chacra del Convento de la Merced, hacia el Naciente de la ciudad. Los indios superaban en cantidad
holgadamente a los españoles, Al respecto, el gobernador Alonso de Rivera informaba al Rey en 1607 que la
ciudad de Córdoba tenía 4.113 indios frente a 60 vecinos. Constituyeron la mano de obra indispensable para
construir edificios, obras hidráulicas como la acequia, los molinos, desarrollar labores agrícolas-ganaderas,
artesanales y aportar el servicio personal en las residencias.
De vital importancia para la vida de los primeros pobladores fue la acequia pública que abastecía de agua a la
ciudad, llamada ‘‘acequia principal’’ o ‘‘contra acequia’’, con su toma sobre el río. En 1592 el Cabildo dispuso
su construcción; debía pasar por la actual Avenida Vélez Sársfield, para lo cual debió ensancharse la calle
para que la acequia corriera en medio. Desde entonces se la llamó calle Ancha de Santo Domingo, o
simplemente Calle Ancha, por situarse en su recorrido dicho convento.
Existió otra acequia posiblemente anterior que corría paralela al actual Boulevard San Juan y que llegaba
hasta el convento de San Francisco. Su existencia fue efímera ya que su uso se extendió hasta el primer
cuarto del siglo siguiente.
Córdoba quedó organizada entonces, a lo largo del valle de Quisquizacate, con su casco urbano, calle de
ronda, ejidos, cuadras de riego, pastos comunes y chacras. Completaban el diseño territorial de la ciudad
las estancias situadas en los valles serranos, y los ríos de llanura, regiones conectadas por caminos
principales y otros secundarios que se fueron abriendo paso a medida que se afianzaba la labor colonizadora.
Desde el centro de la ciudad irradiaban dos vías de comunicaciones de carácter interregional.
Aproximadamente en la intersección de las calles Santiago del Estero y Lima partía el Camino a Santiago
del Estero que comunicaba con el Norte, Bolivia y Perú (Camino Real al Perú); y una bifurcación hacia el
Este llevaba al Fuerte de la fundación. Creemos que desde este lugar la misma vía continuaba corriendo
paralela al río con dirección a las chacras y estancias situadas río abajo, la cual es mencionada en las
primeras mercedes de tierra como ‘‘Camino a Suquía y Ansenuza’’. Se trata de la actual calle Bajada
de Piedras en barrio Altos de General Paz, que más abajo se denomina Camino a Chacras de la Merced.
Otro importante camino regional de gran significación en los primeros momentos de vida cordobesa fue el
Camino a Santa Fe y Buenos Aires, llamado originalmente ‘‘Camino al Río de la Plata’’. Iniciaba su
travesía por calle San Jerónimo, costeando el río y la bajada del Pucará, continuaba por Barrio San Vicente,
antiguamente llamado Bajo de Ariza, -también zona de chacras-, y más adelante tomaba un rumbo
serpenteante para trepar la Bajada de San Vicente, -actual calle Lisandro de la Torre-, y continuaba luego por
la Av. Amadeo Sabattini. A comienzos del siglo XVII, los viajes a Buenos Aires comenzaron a realizarse por
una ruta más corta, lo que significó que las carretas tomaran por la Bajada del Pucará un camino más
diagonal con rumbo al Río Segundo. Así quedó plasmada en la ciudad una nueva huella urbana como es la
actual Av. Revolución de Mayo en barrio Colón, trazada sobre el viejo Camino Real a Buenos Aires.
Hacia mediados del siglo XVII las principales estancias y chacras del distrito rural que abastecían a la ciudad
con cereales, ganado bovino, ovino, mular y caballar; textiles, maderas, cañas, cal y piedras, eran los partidos
de Totoral, Punilla, Río Primero, Río Segundo, Río Tercero y Calamuchita.
Este esquema territorial y urbano de la ciudad, a su vez estaba inserto dentro de un planeamiento mayor, a
escala regional y continental que los españoles habían ido consolidando a medida que avanzaban en la
conquista y colonización de territorios. Es decir que el desarrollo de las ciudades estuvo condicionado, según
su rango administrativo, su rol estratégico, por su ubicación geográfica, y los recursos naturales disponibles.
En el caso de Córdoba, por su implantación mediterránea dentro del actual territorio argentino, constituyó un
paso obligado de caminos interregionales y rutas comerciales que vinculaban Buenos Aires con el Alto Perú
hacia el Norte, por el Sur con Cuyo y Chile, y por el Este con Santa Fe, la región del Litoral y el Paraguay. Así
Córdoba, fue consolidando durante el siglo XVII un destacado protagonismo comercial, a través de la
producción de ganado mular, textiles, y la administración de la Aduana Seca; e institucional y cultural, con el
traslado de la sede a Córdoba del Obispado del Tucumán y la fundación de la Universidad por los Jesuitas.
Evolución urbanística.
En la faz estrictamente urbana, la ciudad durante el siglo XVII creció lentamente, su ocupación se consolidó a
partir del entorno de la Plaza Mayor organizado con una jerarquía funcional y social decreciente que iba desde
el centro simbólico, la plaza hacia la periferia. Dentro del primero se agrupaban las principales instituciones de
gobierno y la Catedral y los vecinos más representativos de época; le seguían en un segundo orden los
conventos y monasterios, y finalmente las actividades de servicio como hospital y mesones o vendedores
asentados en los bordes de la traza.
Para mediados del siglo XVII las manzanas consolidadas con edificación predominaban en sentido Norte
-Sur, mientras que en los costados Este y Oeste existían varias manzanas sin poblar.
Como todas las ciudades hispanoamericanas, la Plaza Mayor de Córdoba constituyó el principal espacio
urbano de la ciudad, tenía un carácter simbólico donde tenían cabida actividades de tipo gubernamentales,
gobierno, religiosas, comerciales, militares y recreativas como las populares corridas de toros. Su aspecto
urbano era el de una plaza seca, sin ornamentación ni arboleda, que seguía la tradición de las ciudades
españolas medievales; en cierta época del siglo XVII la plaza tuvo una fuente de agua que era alimentada por
la acequia principal.
Un rasgo urbano que caracterizó a Córdoba desde los tiempos coloniales fueron las plazoletas que se
levantaban frente a las iglesias de los conventos y el hospital. Este tipo de espacios urbanos fueron previstos
en las Leyes de Indias, para que se abrieran frente a las iglesias parroquiales y conventos de las nuevas
ciudades fundadas en el territorio americano; aunque con anterioridad a esa fecha ya existían antecedentes
al respecto.
En el caso de Córdoba no se previeron en el trazado de la ciudad, pero al poco tiempo que se instalaron las
órdenes religiosas, las llamadas ‘‘plazoletas del respeto’’ o ''plazuelas'', quedaron conformadas merced a la
donación de terrenos que hicieron algunos propietarios particulares destinados a ese fin. En ellas
estacionaban sus caballos y carruajes los fieles que concurrían a las funciones religiosas, y contenían un
mayor número de personas cuando las festividades lo exigían; aunque desde el punto de vista estético esta
apertura del espacio frente a los templos ayudaba a una mejor percepción visual de los mismos, prolongando
la expansión, calle de por medio, que se lograba con los atrios de las iglesias
Así nacieron las plazoletas de la Compañía de Jesús, del Convento de la Merced, y de la ermita de San
Roque. Otras órdenes incorporaron este espacio público con posterioridad. Su aspecto debió ser similar al
que mostraba la Plaza Mayor, un espacio vacío desprovisto de vegetación, sin solado alguno, y rodeados de
construcciones civiles.
Las obras de infraestructura urbana de esta época fueron escasas, quizá la de mayor envergadura fue la
construcción del calicanto de la Cañada para detener las inundaciones que frecuentemente asolaban a la
ciudad. En 1623 las autoridades decidieron poner fin a este asunto y para ello contrataron al maestro de
albañilería portugués Gonzalo Carbalho quien debía construir una pared de calicanto sobre el arroyo de la
Cañada y desviar su curso hacia la zona de las quintas de riego del Oeste, desmontar el promontorio
conocido como ''cerro colorado'' enclavado en Duarte Quirós y y Belgrano, -donde hoy se erige una plazoleta
de forma triangular-, que desviaba el agua hacia el centro de la ciudad, y torcer el curso del aguaducho de
San Francisco hacia la cañada.
Las obras no se pudieron contratar totalmente debido al fallecimiento del contratista, sin embargo esta
precaria construcción sirvió para definir el rumbo que las aguas actualmente llevan, aunque con ligeras
modificaciones.
Las inundaciones continuaron siendo un problema severo para la ciudad, durante los siglos siguientes, y
recién se pudieron solucionar durante la centuria pasada con la sistematización de su recorrido en la zona
central. Junto al río, constituyeron las principales amenazas de la naturaleza que los cordobeses debieron
luchar periódicamente, para evitar la destrucción de bienes y vidas humanas.
En Marzo de 1574 el fundador español, dispuso el traslado de la cuidad, a su
asiento definitivo a un cuarto de legua del primer asentamiento (en el cual
sólo se había construido un cuartel), de la otra margen del río. Este traslado
se debía a la dificultad en el abastecimiento de agua a la ciudad, que se
encontraba sobre la barranca más alta del río en esa zona, y no era posible
construir acequias.
En cambio, en la nueva ubicación, apenas después de la primera barranca
del río (una barranca baja), en las proximidades de una arroyo (la cañada), la
construcción de acequias era más fácil (algunas de éstas ya estaban
construidas por los indígenas que habían habitado el lugar).
Sin embargo, en el nuevo lugar de emplazamiento de la ciudad, las
inundaciones eran mucho más frecuentes, por encontrarse en un sitio más
bajo y rodeado por el río y un arroyo.
Actualmente siguen existiendo inundaciones que se deben principalmente a
la obsolencia de los sistemas de desagote de la lluvia (ya que el río y la
cañada han sido contenidos). El centro de la ciudad, al ubicarse sobre la
primera barranca, el agua acumulada sobre la segunda barranca, que corre
en pendiente hacia el río, se queda estancada en el centro.
Una vez que la ciudad fue trasladada, se dispusieron medidas de carácter
urbanístico:
Trazado, de acuerdo al diseño que sería reemplazado por el de Juárez Figueroa
Distribución de solares.
Orden de cercar los mismos en el plazo de 2 años
Prohibición de siembras o vender en el perímetro destinado a ronda de la ciudad.
El mismo mes en que Cabrera resolvió trasladar la ciudad, llegó a Córdoba
un nuevo gobernador proveniente del Tucumán, Don Gonzalo de Abreu, quien
tomó prisionero al fundador y lo remitió a Santiago del Estero, donde lo hizo
ejecutar.
Abreu tomó el poder de la ciudad y, aunque se resistió al traslado de la
misma, éste finalmente se produjo por la presión de los cabildantes cuatro
años después de la fundación. Abreu le encargó, entonces, a Juárez de
Figueroa la nueva traza de la ciudad, dejando de lado, la efectuada por
Cabrera.
Esta traza constituyó el primer plano efectivo de la ciudad de Córdoba. Es
un damero rectangular de diez manzanas de este a oeste, por siete
manzanas de norte a sur.
Desde la fundación hasta mediados del siglo XIX, Córdoba, no experimentó
un fuerte crecimiento [Link] de la primera traza urbana de la
ciudad de Córdoba. Están indicados los nombres de los propietarios de cada
lote y los lugares reservados para los edificios públicos y religiosos.
Geopolítica de Córdoba
La posición de córdoba en el territorio argentino y americano asigna a esta
vieja ciudad, y al estado provincial que se formó a partir de ella, un papel
geográfico y político de considerable magnitud en la historia del país. Tal
comprobación, sin embargo, no ha de verse como resultado de un caso
determinismo geográfico, pues la importancia del espacio como estimulo de
plasmación política solo adquiere su verdadero significado cuando se lo
relaciona con elementos más mutables, como son, por ejemplo, las
estructuras económicas, las luchas políticas y las modificaciones
culturales. De la alianza de esos factores surgen, en el caso de Córdoba, los
perfiles de una personalidad inconfundible en el desarrollo argentino.
El carácter céntrico de córdoba se reveló desde los días iniciales de la
conquista, y dio a la empresa de fundación los ambiciosos rasgos que se
han destacado al describir el origen de la ciudad capital. Córdoba, en
efecto, fue concebida para servir de enlace entre el norte y el sur del
continente, y entre los dos océanos.
La provincia de Córdoba tendría sus espaldas en la cordillera y su puerta de
acceso en el Río Solís, mirando hacia España, quien se encargaba de
revertir la dirección del circuito, a través de las antillas, istmo de Panamá y
costa del Pacífico.
Esta concepción espacial, de un rasgo acusadamente “interior” por su
pivote en las tierras altoperuanas, y dificultada en su funcionamiento por
sus enormes extensiones de territorio intermedio, y por la escasa población
de las nuevas y modestas “ciudades”, tropezaría muy pronto con las
adversas tendencias de un nuevo centro geopolítico destinado a pujante
desarrollo: el puerto de Buenos Aires y su próxima periferia.
Después de la revolución, Córdoba perdió su unidad con la región andina,
por la separación de La Rioja, y vio debilitados sus antiguos lazos con el
norte, por los azares de la guerra de independencia, a la que contribuyó.
La Región del sur, con su foco relevante en la ciudad de Río cuarto,
experimentó la influencia de una ruta alejada de la ciudad de Cabrera, como
es el camino de Bs As a Chile, y hasta llegó a alentar sentimientos
separatistas. Un caso similar, aunque por distintas razones, fue el de la
región del este, con su núcleo en San Francisco. En este caso el elemento
centrifugo estuvo representado por la gravitación de la población
inmigrante y por la proximidad geográfica con el litoral santafecino.
Frente a estos elementos centrífugos hay otros que poseen una clara
función centrípeta, como lo son las redes ferroviarias y camineras y, sobre
todo, el papel cumplido por la ciudad de Córdoba como centro político.
También es elemento centrípeto el representado por la concentración
industrial y por las posibilidades energéticas.
El papel de la capital particularmente ha sido de esencial importancia en la
cohesión del territorio. Papel que resulta confirmado cuando se recuerda la
función cumplida por Córdoba durante la primera colonización Española. Era
indispensable la cooperación del estado cordobés con la gravitación política
de su capital.
Tres unidades especiales conformaban el dinamismo político de la geografía
nacional: puerto y provincia de Buenos Aires, litoral fluvial, e interior. Dentro
de esta estructura, Córdoba cumplió siempre el papel de encrucijada e
intermediario esencial, ligada como estaba a todas ellas por la proximidad
geográfica, por las líneas de comunicaciones y por las direcciones de la
actividad económica.
Daus refiriéndose a al polaridad entre sierra y pampa, escribe : que la
ciudad de Córdoba es partícipe en cierta forma de los caracteres de ambas
regiones con los recursos de la pampa, por una parte, y abierta a las sierras
por otra. Por lo cual es ruta para otras comarcas del territorio y se hace
depositaria de un cuantioso caudal de valores materiales y espirituales por
suposición geográfica que representa un nexo vital en la vida general de la
nación.