0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas4 páginas

Propiedades y mitología del fuego

El fuego es una reacción química de combustión que produce calor y luz visible, compuesto por gases y partículas incandescentes. Históricamente, ha sido considerado uno de los cuatro elementos clásicos y ha influido en diversas mitologías y religiones, donde se le atribuyen significados simbólicos y rituales. La comprensión científica del fuego ha evolucionado desde teorías antiguas hasta la moderna teoría de la combustión de Lavoisier, que establece que las sustancias que arden se combinan con oxígeno.

Cargado por

geodatacenter
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como TXT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas4 páginas

Propiedades y mitología del fuego

El fuego es una reacción química de combustión que produce calor y luz visible, compuesto por gases y partículas incandescentes. Históricamente, ha sido considerado uno de los cuatro elementos clásicos y ha influido en diversas mitologías y religiones, donde se le atribuyen significados simbólicos y rituales. La comprensión científica del fuego ha evolucionado desde teorías antiguas hasta la moderna teoría de la combustión de Lavoisier, que establece que las sustancias que arden se combinan con oxígeno.

Cargado por

geodatacenter
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como TXT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Fuego

Ir a la navegaci�nIr a la b�squeda
Commons-emblem-question book [Link]
Este art�culo tiene referencias, pero necesita m�s para complementar su
verificabilidad.
Puedes colaborar agregando referencias a fuentes fiables como se indica aqu�. El
material sin fuentes fiables podr�a ser cuestionado y eliminado.
Este aviso fue puesto el 26 de marzo de 2017.
Para otros usos de este t�rmino, v�ase fuego (desambiguaci�n).

El fuego es una mezcla de gases incandescentes y otras part�culas procedentes de


una combusti�n
Se llama fuego al conjunto de part�culas o mol�culas incandescentes de materia
combustible, capaces de emitir calor y luz visible, producto de una reacci�n
qu�mica de oxidaci�n acelerada. Las llamas son las partes del fuego que emiten luz
visible, mientras que el humo son f�sicamente las mismas pero que ya no la emiten.

Coloquialmente se le conoce tambi�n como lumbre o candela en algunos pa�ses.1?2?

�ndice
1 Comportamiento fisicoqu�mico
2 Evoluci�n de la concepci�n cient�fica del fuego
2.1 Teor�a de la combusti�n de Lavoisier
3 Mitolog�a sobre el fuego
3.1 Significado simb�lico e iconolog�a
4 Peligros
5 V�ase tambi�n
6 Referencias
7 Enlaces externos
Comportamiento fisicoqu�mico
Esta fuerte reacci�n qu�mica de oxidaci�n es un proceso exot�rmico, lo que quiere
decir que, al mismo tiempo, desprende energ�a en forma de calor al aire de su
alrededor. El aire que se encuentra alrededor de las mol�culas o part�culas
calientes disminuye la densidad y tiende a flotar sobre el aire m�s fr�o
(convecci�n). En el caso particular del fuego de estado s�lido, el aire caliente
viaja hacia arriba a tal velocidad que empuja a�n part�culas pesadas de combustible
en la misma direcci�n (a�n calientes y brillantes), las cuales van bajando de
temperatura al igual que el aire circundante, dejando de brillar y torn�ndose
generalmente de un color negro como el carb�n; el aire, al enfriarse, empieza a
bajar de velocidad, a tal punto que ya no puede empujar las part�culas para arriba
y estas empiezan (si pesan m�s que el aire) a levitar sin subir, para luego caer de
nuevo a tierra.

Evoluci�n de la concepci�n cient�fica del fuego


V�ase tambi�n: fuego (elemento)
En la antig�edad cl�sica el fuego fue uno de los cuatro elementos cl�sicos, junto
con el agua, la tierra y el aire. Estos cuatro elementos representaban las cuatro
formas conocidas de la materia y eran utilizados para explicar diferentes
comportamientos de la naturaleza. En la cultura occidental el origen de la teor�a
de los cuatro elementos se encuentra en los fil�sofos presocr�ticos de la Grecia
cl�sica, y desde entonces ha sido objeto de numerosas obras de expresi�n art�stica
y filos�fica, perdurando durante la Edad Media y el Renacimiento e influyendo
profundamente en el pensamiento y la cultura europeos. Paralelamente, el hinduismo
y el budismo hab�an desarrollado concepciones muy parecidas.

En la mayor�a de estas escuelas de pensamiento se suele a�adir un quinto elemento a


los cuatro tradicionales, que se denomina, alternativamente, idea, vac�o, �ter o
quintaesencia (literalmente "la quinta esencia").
El concepto de los elementos cl�sicos continu� vigente en Europa durante la Edad
Media, debido a la preeminencia de la visi�n cosmol�gica aristot�lica y a la
aprobaci�n de la Iglesia cat�lica del concepto del �ter que apoyaba la concepci�n
de la vida terrenal como un estado imperfecto y el para�so como algo eterno.

El uso de los cuatro elementos en la ciencia se abandon� en los siglos XVI y XVII,
cuando los nuevos descubrimientos sobre los estados de la materia superaron, la
concepci�n cl�sica.

En el siglo XVII, Johann Joachim Becher propuso una versi�n particular de la teor�a
de los cuatro elementos: el papel fundamental estaba reservado a la tierra y al
agua, mientras que el fuego y el aire eran considerados como simples agentes de las
transformaciones. Todos los cuerpos, tanto animales como vegetales y minerales,
estaban formados seg�n Becher por mezclas de agua y tierra. Defendi� tambi�n que
los verdaderos elementos de los cuerpos deb�an ser investigados mediante el
an�lisis, y, en coherencia, propuso una clasificaci�n basada en un orden creciente
de composici�n. Becher sosten�a que los componentes inmediatos de los cuerpos
minerales eran tres tipos diferentes de tierras, cada una de ellas portadora de una
propiedad: el aspecto v�treo, el car�cter combustible y la fluidez o volatilidad.
La tierra, que denomin� terra pinguis, se consideraba portadora del principio de la
inflamabilidad. Su nombre podr�a traducirse como tierra grasa o tierra oleaginosa,
que en la alquimia se conoce con el nombre de azufre, aunque Becher emple� tambi�n
otras expresiones para designarla; entre ellas, azufre flogisto (este sustantivo
derivado del griego phlogistos, que significa "inflamable"). Finalmente fue la
palabra flogisto la que acab� imponi�ndose, gracias sobre todo a la labor del m�s
efectivo defensor de sus ideas, Georg Ernst Stahl.

Teor�a de la combusti�n de Lavoisier


La teor�a de la kk se mantuvo hasta los a�os ochenta del siglo XVIII, cuando
Antoine Laurent Lavoisier, considerado el padre de la qu�mica moderna, dise�� un
experimento para contrastarla. Lavoisier coloc� una peque�a cantidad de mercurio
sobre un s�lido flotando sobre agua, lo cerr� bajo una campana de vidrio y provoc�
la combusti�n del mercurio. Seg�n la teor�a del flogisto, el cuerpo flotante
deber�a estar menos sumergido tras la combusti�n, ya que la cantidad restante de
sustancia junto a la ceniza deber�a pesar menos que la inicial y el volumen de aire
dentro de la campana deber�a aumentar como efecto de la asimilaci�n del flogisto, y
con ello el nivel de l�quido cerrado deber�a ser m�s bajo que al comienzo. El
resultado del experimento contradijo los resultados esperados seg�n esta teor�a.
Lavoisier interpret� correctamente la combusti�n, eliminado el flogisto en su
explicaci�n. Las sustancias que arden se combinan con el ox�geno del aire, por lo
que ganan peso. El aire que est� en contacto con la sustancia que se quema pierde
ox�geno y, por tanto, tambi�n volumen.

Con Lavoisier los qu�micos abandonaron progresivamente la teor�a del flogisto y se


apuntaron a la teor�a de la combusti�n basada en el ox�geno.

Mitolog�a sobre el fuego

En la mitolog�a griega, el Etna era el volc�n en cuyo interior se situaban las


fraguas de Hefesto, que trabajaba en compa��a de c�clopes y gigantes. El monstruoso
Tif�n yac�a debajo de esta monta�a, lo que causaba frecuentes terremotos y
erupciones de humo y lava.

Tragafuegos indio en B�lgica. Para que la llamarada se produzca se sopla el


combustible a trav�s de la llama en presencia de ox�geno.
Desde que el humano comenz� a dominar el fuego, se present� un problema importante:
encenderlo. De ah� que las religiones se convirtieran en las guardianas del fuego:
mantener un fuego permanente era importante por si los fuegos dom�sticos se
apagaban, y de ah� que todas las religiones, todav�a ahora, mantengan un fuego
encendido en el santuario.

Inicio del fuego de forma natural por la ca�da de un rayo en un tronco, provocando
un incendio forestal
El culto del fuego sigui� al que se tributaba al Sol y casi todos los pueblos lo
adoraron como el m�s noble de los elementos y como una viva imagen del astro del
d�a. Los caldeos lo ten�an por una deidad suprema. Sin embargo, en Persia es donde
se extendi� su culto casi exclusivamente. Se encontraban por todas partes cercados
cerrados con muros y sin techo, dentro los cuales, se encend�a asiduamente el fuego
en donde el pueblo devoto ven�a a ciertas horas para rogarle. Los grandes se�ores
se arruinaban [cita requerida] arrojando en �l esencias preciosas y flores
odor�feras, privilegio que miraban como uno de los mejores derechos de la nobleza.
Estos templos descubiertos fueron conocidos de los griegos con el nombre de Pyreia
(???a?a) o Pyrateia (???ata?a). Los viajeros modernos hablan tambi�n de ellos como
de los m�s antiguos monumentos del culto del fuego. Cuando un rey de Persia estaba
agonizando, se apagaba el fuego en las principales ciudades del reino y no se
volv�a a encender hasta despu�s de la coronaci�n de su sucesor. Estos pueblos se
imaginaban que el fuego hab�a sido tra�do del cielo y puesto sobre el altar del
primer templo que Zoroastro hab�a mandado edificar en la ciudad de Xis, en la
Media. Estaba prohibido arrojar a �l nada que no fuese puro, llegando a tal punto
la superstici�n que nadie osaba mirarlo atentamente. En fin para m�s imponer, los
sacerdotes lo conservaban secretamente y hac�an creer al pueblo que era inalterable
y se alimentaba de s� mismo. Hyde ha cre�do que este culto ten�a por �nico objeto
representar al Ser Supremo.

Sea lo que fuere, esta costumbre pas� a Grecia. Ard�a aun el sagrado fuego en los
templos de Apolo en Atenas y en Delfos, en el de Ceres en Maut�uaa, en el de
Minerva en el de J�piter Ammon y en las pritaneas de todas las ciudades griegas,
donde ard�an continuamente las l�mparas cuidando muy particularmente que no se
apagasen. Los romanos, imitadores de los griegos, adoptaron este culto y Numa fund�
un colegio de vestales, cuyas funciones consist�an en conservar el fuego sagrado.
Esta religi�n subsisti� entre los guebros o parsos, como tambi�n en muchos pueblos
de Am�rica, entre otros, en Virginia. Cuando estos pueblos volv�an de alguna
expedici�n militar o hab�an salido felizmente de un peligro inminente, encend�an un
gran fuego y atestiguan su alegr�a danzando a su alrededor con una calabaza o
campanilla en la mano, como dando gracias a este elemento por haberles salvado la
vida.

Jam�s empezaban sus comidas sin haber arrojado antes al fuego el primer bocado a
modo de una ofrenda y todas las tardes los encend�an cantando y danzando a su
alrededor.

El fuego es igualmente una de las principales divinidades de los t�rtaros. No


permiten acercar a su territorio a ning�n extranjero sin que antes se haya
purificado pasando por entre dos hogueras. Evitan con gran cuidado meter en el
fuego un cuchillo o siquiera tocarlo con este instrumento. Ser�a un crimen mayor
astillar la madera con hacha cerca las llamas. Antes de beber tienen la costumbre
de volverse hacia al medio d�a, que es el lado que, seg�n ellos, corresponda el
fuego, en honor del cual edifican tambi�n sus caba�as con la puerta mirando hacia
esa parte. Se constru�a expresamente una caba�a en el lugar en que estaba acampado
el emperador de Monomotapa, en la cual se encend�a un fuego que se conservaba con
un cuidado religioso.

Los antiguos africanos tributaban los honores divinos o este elemento y manten�an
en sus templos un fuego eterno.

Los yakouts, poblaci�n de Siberia, creen que existe en el fuego un ser, a quien
atribuyen el poder de dispensar los bienes y los males y le ofrecen sacrificios
perpetuos. Los indios vecinos de las orillas de Columbia miraban el fuego como un
ser poderoso y terrible. Le ofrec�an constantemente sacrificios y le supon�an
igualmente �rbitro del bien y del mal. Buscaban su apoyo porque solo �l pod�a
interceder con su protector alado y procurarles todo lo que deseaban como hijos
varones, esto es, una pesca y una caza abundante, en una palabra todo lo que a su
modo de ver constitu�a la riqueza y el bienestar.

Los chinos que habitan los confines de Siberia reconocen un dios del fuego. Durante
la residencia de M. Pailas en Maiinatschiu, se prendi� fuego la poblaci�n; las
llamas devoraban muchas casas y sin embargo, ning�n habitante procuraba atajarlo.
Todos permanec�an alrededor del incendio en una consternaci�n inactiva; algunos
arrojaban tan solo por intervalos gotas de agua en �l para apaciguar al dios, que
dec�an, hab�a escogido sus habitaciones por un sacrificio. Si los rusos no hubiesen
extinguido el incendio, toda la ciudad habr�a quedado reducida a cenizas.

Significado simb�lico e iconolog�a

Fuego en la ceremonia de la cena del solsticio de invierno (Muy Resp.'. Gr.'.


Log.'. Nacional Mexicana "Independencia No. 2")
Este elemento tuvo altares, sacerdotes y sacrificios en much�simas comunidades del
planeta. Los romanos lo representaban bajo la figura de Vulcano en medio de los
c�clopes. Una vestal cerca de un altar sobre el cual arde el fuego sagrado o una
mujer teniendo un vaso lleno de �l con una salamandra a sus pies son tambi�n
s�mbolos por medio de los cuales los antiguos representaban el fuego. Cesare Ripa y
Gravelot han juntado a estos emblemas la presencia del Sol, principio del calor y
de la luz, y el f�nix, que muere y renace en este elemento, expresi�n simb�lica
que, en opini�n de los fil�sofos, cre�an que el mundo ser�a consumido alg�n d�a por
las llamas para renacer m�s brillante y perfecto.3?

La masoner�a tambi�n incluye el fuego entre sus s�mbolos: es uno de los cuatro
elementos que, al igual que en las culturas de la Antig�edad, son presencia
permanente en el lenguaje y en los trabajos de las logias. La masoner�a toma el
significado simb�lico antiguo del fuego y reconoce su doble naturaleza: creaci�n e
iluminaci�n, por un lado, y destrucci�n y purificaci�n, por el otro.4?

También podría gustarte