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APRENDER

A
APRENDER

Alimentos transgénicos
Ciencia, ambiente
y mercado:
un debate abierto
Julio Muñoz Rubio
(coordinador)
Ana Barahona Echeverría
Luis Herrera Estrella
Miguel Martínez Trujillo
Alejandra A. Covarrubias Robles
Silvia Ribeiro
Agustín López Munguía
Julio Muñoz Rubio
Jaime Padilla Acero
León Olivé Morett
José Luis Solleiro Rebolledo
Víctor Manuel Toledo Manzur
Elena Álvarez-Buylla Roces
Amanda Gálvez Mariscal
Liza Covantes Torres
Ana de Ita Rubio
Francisco G. Bolívar Zapata
Jorge Fuentes Morúa
Les Levidow
biblioteca
aprender a aprender

coordinadores de áreas y especialidades

Luis de la Peña
ciencias de la materia
Pablo Rudomin
ciencias de la vida
Pablo González Casanova
ciencias humanas
Rolando García
teoría y metodología
Raymundo Bautista
matemáticas
Luis Benítez-Bribiesca
ciencias de la salud
Felipe Lara Rosano
ingenierías y tecnologías

COMITÉ EDITORIAL DEL CEIICH

Luis Benítez-Bribiesca
Norma Blazquez Graf
Daniel Cazés Menache
Enrique Contreras Suárez
Rolando García Boutigue
Alejandro Labrador Sánchez
Rogelio López Torres
John Saxe-Fernández
Guadalupe Valencia García
ALIMENTOS TRANSGÉNICOS.
ciencia, ambiente y mercado:
un debate abierto

por

ana barahona echeverría * luis herrera


estrella y miguel martínez trujillo
alejandra a. covarrubias robles
silvia ribeiro * agustín lópez munguía
julio muñoz rubio * jaime padilla acero
león olivé morett * josé luis solleiro
rebolledo * víctor manuel toledo manzur
elena álvarez-buylla roces * amanda
gálvez mariscal * liza covantes torres
ana de ita rubio * francisco g. bolívar
zapata * jorge fuentes morúa * les levidow

JULIO MUÑOZ RUBIO


coordinador
edición al cuidado de concepción alida casale núñez

portada de maría luisa martínez passarge

primera edición, 2004


© siglo xxi editores, s. a. de c. v.
en coedición con el centro de investigaciones
interdisciplinarias en ciencias y humanidades, unam

isbn 968-23-2544-7

derechos reservados conforme a la ley, se prohíbe


la reproducción total o parcial por cualquier medio
mecánico o electrónico sin permiso escrito del editor.

impreso y hecho en méxico/printed and made in mexico


BIBLIOTECA APRENDER A APRENDER

Esta colección se propone transmitir a los lectores los conocimientos


necesarios para aprender una disciplina, una especialidad interdis-
ciplinaria o un concepto determinado. Se propone asimismo dar
a conocer lo último sobre el tema. La colección también tiene el
propósito de dar cuenta de las llamadas “nuevas ciencias”, vinculadas
al creciente desarrollo del análisis de sistemas complejos y autorre-
gulados, que corresponde a una gran revolución científica, técnica y
humanística.
Esta revolución científica y humanística que vivimos se caracteriza
por cambios de paradigmas de investigación y reestructuración de
categorías y conceptos, de nuevos métodos y técnicas de análisis, in-
terpretación y acción, y abarca las ciencias de la materia, las ciencias
de la vida y las ciencias humanas. Su alcance y profundidad replan-
tean los problemas de la cultura general y la especialidad en todos los
campos del pensamiento y de la acción, de las ciencias y las humani-
dades. La colección busca acercar al lector a sus temas y problemas y
adiestrarlo. Está destinada a lectores con educación media y superior,
y a los especialistas que quieran actualizar sus conocimientos en las
disciplinas que cultivan o en otras de su interés.
ÍNDICE

presentación, por julio muñoz rubio 1

ingeniería genética: origen y desarrollo,


por ana barahona echeverría 9

plantas transgénicas: potencial,


uso actual y controversias, por luis herrera
estrella y miguel martínez trujillo 29

ventajas y limitaciones de la biotecnología


en la obtención de variedades resistentes
a estrés ambiental, por alejandra a. covarrubias robles 51

cultivos transgénicos: contexto empresarial


y nuevas tendencias, por silvia ribeiro 67

aspectos polémicos de la introducción de las plantas


transgénicas en la alimentación, por
agustín lópez-munguía 89

ciencia y reduccionismo: una crítica a la concepción


cartesiana del mundo en la producción de alimentos
transgénicos, por julio muñoz rubio 98

análisis de riesgos y percepción pública de los


alimentos transgénicos, por jaime padilla acero 115

transgénicos, riesgo y participación pública,


por león olivé morett 131

biotecnología para un desarrollo agrícola sustentable,


por josé luis solleiro rebolledo 149
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo.
el caso de la biotecnología agrícola (transgénicos),
por víctor manuel toledo manzur 161

aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad


de los impactos del maíz transgénico,
por elena álvarez-buylla roces 181

consecuencias para la industria alimentaria de la


utilización de organismos genéticamente modificados,
por amanda gálvez mariscal 219

contaminación genética del maíz,


por liza covantes torres 233

maíz transgénico en méxico: apagar el fuego con gasolina,


por ana de ita rubio 251

biotecnología moderna para el desarrollo de méxico,


por francisco g. bolívar zapata 261

comentarios al proyecto de ley de bioseguridad


de los organismos modificados genéticamente,
por jorge fuentes morúa 269

¿democratizando la tecnología o tecnologizando


la democracia? respuestas europeas a los cultivos
transgénicos, por les levidow 285
PRESENTACIÓN

julio muñoz rubio

El presente libro surgió como una consecuencia del ciclo de mesas


redondas intitulado Alimentos Transgénicos: Un problema y una
Solución desde la Interdisciplina, que fue organizado por el Centro
de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades
(ceiich) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), y
que se llevó a cabo del 26 al 28 de noviembre de 2002 en el Auditorio
Alfonso Caso de la propia unam, en Ciudad Universitaria.
La intención que se tuvo al organizar ese ciclo de mesas redondas
fue la de propiciar una reflexión integral, global, sobre el problema
de los alimentos transgénicos (llamados también organismos modi-
ficados genéticamente o simplemente omg). Es decir, una reflexión
que incorporara no solamente los diferentes puntos de vista que exis-
ten sobre este controvertido aspecto del desarrollo científico-tecno-
lógico, sino que integrara al mismo tiempo las diferentes disciplinas
y aspectos de su problemática, en la inteligencia de que una solución
satisfactoria para ésta requiere por fuerza de esa reflexión integral e
interdisciplinaria, particularmente en nuestro país.
Para tales efectos, y habiendo sido esas jornadas una iniciativa pro-
veniente de un centro universitario de investigación, se consideró im-
prescindible invitar a distinguidos académicos a participar en dicho
evento. No obstante, se consideró que la reflexión sobre los alimentos
transgénicos no podía quedarse encerrada en los marcos de lo es-
trictamente académico, a riesgo de producir una serie de discusiones
meramente intelectuales, sin relación clara con la problemática social
más amplia. De esa manera se invitó a participar a representantes de
organizaciones no gubernamentales, de la conabio, de la iniciativa
privada impulsora de la producción de alimentos transgénicos y de
organizaciones campesinas mexicanas. Además, se contó con la pre-
sencia de un académico proveniente del extranjero invitado a México
por el propio ceiich.
Es de hacerse notar que este ciclo de mesas redondas tuvo un éxito
rotundo por varias razones. En primer lugar porque se logró reunir
en un solo evento a buena parte de las personas que, desde un ámbi-
[1]
2 julio muñoz rubio

to u otro, están opinando y participando en México en la discusión


sobre los transgénicos. En segundo lugar por el nivel mismo de las
participaciones que en él se dieron y por la seriedad, y en ocasiones la
vehemencia, de los debates y discusiones que de manera natural sur-
gieron a lo largo de esos tres días. En tercer lugar, y de manera muy
importante, por la excelente respuesta del público asistente que aba-
rrotó prácticamente en todas las ocasiones el auditorio Alfonso Caso,
uno de los más grandes de la universidad, y participó con preguntas y
opiniones en las discusiones, expresando abiertamente su acuerdo o
desacuerdo con lo que uno u otro de los ponentes expresaba.
Fue gracias a todo esto que al final del evento, y tomando en con-
sideración su éxito, se consideró imprescindible editar una memoria
de lo acontecido. No obstante, en el transcurso de la preparación de
la misma, se modificó un tanto la idea original, pues se consideró
necesario invitar a participar a algunas personas con un profundo
conocimiento del problema de los alimentos transgénicos, que por
diversas razones no pudieron participar en el ciclo de mesas redon-
das de noviembre de 2002. El resultado final fue la participación de
17 personas, entre académicos de la unam, la uam, el cinestav, la
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y la Open Uni-
versity de Londres, así como miembros de varias organizaciones no
gubernamentales.
Tratándose de un tema por naturaleza polémico, se trató de en-
contrar un equilibrio en los distintos puntos de vista expresados en
este libro, sin que predominara claramente ninguno de ellos sobre
los demás.
Para que el público en general, así como los especialistas no
entrenados en temas de biología, puedan tener una idea clara de
los orígenes históricos de las discusiones en torno a los alimentos
transgénicos, se consideró necesario poner en primer lugar de este
libro un trabajo en el que se hiciera un resumen de los principales
acontecimientos en genética y biología molecular desde inicios del
siglo xx. Es esta la valiosa aportación de Ana Barahona Echeverría,
quien no se interna en las polémicas propias sobre los organismos
genéticamente modificados, pero nos ofrece el marco histórico de
referencia, imprescindible en toda discusión sobre relaciones entre
ciencia, tecnología y sociedad.
Luis Herrera Estrella junto con Miguel Martínez Trujillo inician
propiamente la discusión sobre los transgénicos, señalando las venta-
jas históricas que tiene la elaboración de plantas de este tipo. En su
presentación 3

defensa de los alimentos transgénicos, manifiestan que con las téc-


nicas de la biología molecular es posible hoy fabricar variedades de
plantas comestibles resistentes a antibióticos, virus, bacterias y hongos
fitopatogénicos; al ataque de insectos o con mayor tolerancia a los
factores ambientales. La ciencia, de esta manera, puede contribuir a
aliviar o mitigar muchos de los problemas derivados de la escasez de
alimentos.
Ésta es también la línea argumentativa básica desarrollada por
Alejandra Covarrubias, quien pone especial atención en las varie-
dades resistentes a estrés ambiental. Las ventajas de la fabricación
de estos alimentos son apoyadas por ella, quien sin embargo señala
que estas técnicas pueden no ser ambientalmente seguras cien por
ciento y que los métodos tradicionales en la agricultura podrían se-
guir manteniéndose paralelamente al desarrollo de los referentes a
los transgénicos.
En oposición a los puntos de vista anteriores, se alzan las opiniones
de la investigadora Silvia Ribeiro, quien sostiene que son los intere-
ses de grandes empresas transnacionales, muchas de ellas conocidas
por ser las mayores contaminadoras del planeta, los que están privan-
do en relación con la producción y distribución de alimentos transgé-
nicos. Para tales compañías el interés por los problemas del hambre
y la nutrición es nulo. Su afán es de lucro, y por ello buscan someter
a campesinos y consumidores (es decir, a la humanidad toda) a las
dinámicas generadas por tales intereses.
Agustín López Munguía continúa el debate haciendo una elocuen-
te defensa de la biotecnología y de sus aplicaciones en diversas áreas
de la producción como la industria química y la farmacéutica, y cen-
tra su argumentación en refutar la tesis de que los transgénicos pro-
ducirán grandes daños a la salud y al ambiente. No existen evidencias
científicas de que esto esté sucediendo ni de que en el futuro vaya a
ocurrir, por lo tanto, tales temores son infundados e irresponsables.
En oposición a esto, Julio Muñoz Rubio expone que la ciencia
moderna se basa en una visión reduccionista del mundo, la cual tiene
como consecuencia una serie de limitaciones para comprender la na-
turaleza de los sistemas vivos. Esta ciencia tiene una gran capacidad
predictiva en física clásica, pero cuando trata con fenómenos como
los de los seres vivos esta capacidad disminuye considerablemente de-
bido a la extrema complejidad espacio-temporal de los organismos.
Por ello, las argumentaciones que defienden la inocuidad de los
transgénicos tienen que ser tomadas con reserva, pues no es posible
4 julio muñoz rubio

conocer con precisión cuáles serán los efectos de la manipulación


genética en plantas para las próximas décadas o aun siglos.
Jaime Padilla Acero aborda el problema de los alimentos trans-
génicos desde el punto de vista del esquema del análisis de riesgos,
expresando que éste es el método más adecuado para ampliar la
percepción pública sobre estos productos de la biotecnología, para
así lograr que el público en general comprenda los beneficios de los
transgénicos. Señala que ninguna tecnología es absolutamente segu-
ra, que existen diversos grados de certidumbre y que en el caso de los
transgénicos la labor predictiva es difícil mas no imposible.
Otra interesante contribución en referencia al análisis de riesgo y
la participación pública sobre los transgénicos es la presentada por
León Olivé Morett. Él expresa que la diversidad valorativa existente
en la sociedad —resultado de una diversidad cultural— tiene que ser
tomada en cuenta por quienes evalúan la biotecnología y sus efectos, y
hace así una defensa de la participación, tanto de expertos como de
no expertos provenientes de los diversos sectores de la sociedad, en
la vigilancia de los sistemas biotecnológicos y de sus artefactos, a fin
de tomar decisiones y actuar para evitar sus efectos negativos en la
medida de lo posible.
El tema de la sustentabilidad y del papel de la ciencia en su pro-
moción e impulso es, sin duda alguna, uno de los temas ineludibles
en la discusión sobre los alimentos transgénicos. José Luis Solleiro y
Víctor Manuel Toledo Manzur abordan este problema desde pers-
pectivas contrapuestas. Solleiro utiliza una argumentación semejante
a la de Herrera y Martínez, y a la de Covarrubias en el sentido de
apoyar los grandes avances que representa la biotecnología en la
agricultura; se manifiesta a favor de la utilización de transgénicos,
particularmente en México, para garantizar la sustentabilidad de las
actividades agrícolas, contando con el apoyo del sector empresarial.
Toledo, por su parte, se opone a concebir a la ciencia como neutral;
expresa que hoy está subordinada a las fuerzas e intereses del merca-
do, que los organismos genéticamente modificados son producto de
esta ciencia y que su imposición representa una destrucción de los
sistemas tradicionales de cultivo y del conocimiento popular acerca de
la naturaleza acumulado durante milenios. Finaliza argumentado que
la industrialización agrícola significa la creación y mantenimiento de
sistemas muy simplificados y que dependen para su mantenimiento
de gran cantidad de insumos externos, lo cual es la antítesis de la
sustentabilidad.
presentación 5

Hasta este punto, la mayoría de los trabajos que se presentaron,


si bien en ocasiones mencionan la situación de México, abordan la
problemática de los alimentos transgénicos desde un punto de vista
más bien general. Se consideró necesario, por razones obvias, incluir
en el presente volumen varios trabajos que centraran su atención en la
situación generada en México por la introducción de los alimentos
transgénicos. Pues bien, el problema que más ha llamado la atención
en nuestro país en relación con estos alimentos es el de las conse-
cuencias que su introducción está teniendo en la producción de
maíz. Cuatro son los trabajos recibidos que abordan esta problemáti-
ca de manera central.
El primero de ellos es un reporte elaborado por Elena Álvarez-
Buylla Roces, del Instituto de Ecología de la unam. En este documen-
to, originalmente preparado para la Comisión para la Cooperación
Ambiental de América del Norte,1 se indica la posibilidad de la intro-
gresión de caracteres propios de las variedades transgénicas a las sil-
vestres, la cual sería difícil de evitar con la introducción de variedades
transgénicas. Las consecuencias de tal flujo génico serían, por ejem-
plo, la aparición de teosintes-malezas y de plagas de insectos difíciles
de controlar. Asimismo, surgirían efectos inesperados por causa de
efectos pleiotrópicos y por el impacto de esta contaminación sobre
especies distintas a las usadas en biotecnología. No obstante, los efec-
tos negativos sobre la variabilidad genética se reducirían a una parte
muy pequeña del genoma del maíz. En función de esto, la autora
considera altamente prioritario saber si ha ocurrido, y hasta qué pun-
to, introgresión de variedades transgénicas de maíz a las variedades
locales en México.
Las disertaciones sobre el maíz continúan con el trabajo de
Amanda Gálvez Mariscal. En él, después de señalar la importancia
que tiene en México el cultivo y el consumo del maíz, también alerta
sobre los desconocimientos que se tienen sobre el nivel de introgre-
sión de genes transgénicos en Oaxaca y Puebla, y sobre sus efectos.
Para mejorar las evaluaciones de riesgos y proteger la biodiversidad
mexicana se requieren, entre otras cosas, una mayor comunicación
entre las instituciones de salud y de agricultura de México y Estados
Unidos, completar la reglamentación nacional y mejorar los sistemas
de monitoreo y vigilancia.
1
Dado que es un reporte previamente publicado, se decidió, con permiso de la
autora, publicar in extenso, a pesar de que su longitud excede a la de las demás contri-
buciones que se recibieron.
6 julio muñoz rubio

Liza Covantes Torres critica los modelos tecnocráticos de desarro-


llo agrícola tales como la “revolución verde” y el actual, continuación
de aquél y basado en la producción de transgénicos. Considera que
el riesgo para el ambiente y la salud que se está corriendo en México
con la introducción de maíz transgénico es razón suficiente para
demandar la prohibición de la liberación de estas variedades y hace
un llamado a la sociedad a movilizarse en contra de estas alternativas
tecnocráticas.
En su oportunidad, Ana de Ita Rubio continúa con la crítica a la
introducción de organismos genéticamente modificados en la agri-
cultura, especialmente en México, señalando los peligros que tienen,
por ejemplo, la introducción de maíz Bt (resistente a insectos) y el to-
lerante a herbicidas, uniéndose a las voces de alerta sobre los efectos
de la contaminación por maíz transgénico en México.
Continuando con la problemática en México, pero referida a la ley
de bioseguridad, sigue el turno de Francisco G. Bolívar Zapata, quien
en un artículo previamente publicado,2 señala que el hecho de que
una determinada tecnología tenga riesgos no implica que haya que
rechazarla; que la biotecnología ha logrado enormes avances en di-
versos campos; que a pesar de los riesgos que pudieran implicar los
transgénicos, nada grave ha sucedido hasta ahora y no hay pruebas
de que algo grave pueda suceder a causa de su introducción, y que en
este país se requiere una ley de bioseguridad que garantice la protec-
ción ambiental, de la biodiversidad y de la salud. En caso de rechazar
la introducción de transgénicos, México se vería sumido en el atraso
tecnológico.
En relación con este mismo tema de la bioseguridad y la ley que
en México se está debatiendo (y que ya fue aprobada por el Senado),
Jorge Fuentes Morúa, luego de mostrar los aspectos importantes rela-
cionados con el concepto de riesgo en la ley de bioseguridad, critica
la desinformación que existe sobre los organismos genéticamente
modificados para el conjunto de la ciudadanía de nuestro país y seña-
la que la manera como se ha ido conduciendo el tema de la biosegu-
ridad lleva el riesgo grave de hacer que la ley sea un instrumento para
legalizar las actividades de las empresas transnacionales e ilegalizar
las de aquellos que se opongan a ellas.
El trabajo que cierra esta compilación es el de Les Levidow. En él
se analiza el concepto marxista de fetichización y la manera como se
2
También se reproduce aquí con permiso del autor y del editor de la revista en que
fue originalmente publicado.
presentación 7

expresa en las discusiones que en Europa se están llevando a cabo en


torno a los alimentos transgénicos, concluyendo que, por la manera
en que estas discusiones se llevan a cabo, se traducen en un impulso,
por parte del Estado, de tecnologización de la democracia más que
de democratización de la tecnología.
Como se puede observar, la complejidad del problema en cuestión
es grande y abarca numerosos campos y disciplinas. Solamente con
la integración de ese conocimiento y su comprensión global podrán
encontrarse las mejores vías de solución a su problemática.
Dado que este libro (a pesar de algunas ausencias lamentables)
reúne a una parte considerable de las personas que, con uno u otro
punto de vista, son autoridades reconocidas en la materia de los
alimentos transgénicos en nuestro país, seguramente cumplirá el
objetivo que se persigue con su publicación: ofrecer por primera
vez en México una visión global de la problemática de los alimentos
transgénicos.
Además de cumplir este objetivo, este libro deberá cumplir con
otro adicional: en momentos en que no más de un puñado de per-
sonas que manejan las esferas del poder de las grandes potencias
intentan echar a la basura la razón, la inteligencia y la sensibilidad,
productos todos ellos de milenios de desarrollo humano; en momen-
tos en los que se pretende imponer el olvido de la historia y de la
cultura, así como el sometimiento de la humanidad al pensamiento
único, se hace imprescindible el ejercicio del pensamiento autónomo
y creativo y el ejercicio implacable de la crítica a través de la confron-
tación de puntos de vista.
Sin duda, el lector encontrará en estas páginas un interesante
ejemplo del ejercicio de ese pensamiento autónomo, de la confron-
tación de argumentos, del ejercicio de la razón, de la crítica y de la
inteligencia, todas las cuales son condiciones ineludibles de cualquier
convivencia que se califique de humana. Queda claro que en México,
las instituciones de educación pública, y en particular la unam, han
mostrado una gran capacidad para conducir este tipo de discusiones
y de esta manera cumplir con su función de difusoras de la cultura.
Las acciones a seguir en torno al complejo problema de los ali-
mentos transgénicos deberán ser resultado de esa reflexión y de ese
ejercicio de la razón y de la inteligencia. Una sociedad informada es
una sociedad capaz de tomar determinaciones de manera conscien-
te. Si este libro logra contribuir a fomentar la preocupación de la
comunidad universitaria y de la sociedad mexicana sobre el complejo
8 julio muñoz rubio

problema de los alimentos transgénicos y orientarla a tomar cons-


cientemente las decisiones que procedan, entonces habrá cumplido
con sus objetivos.
Una última cuestión: esta presentación no estaría completa sin
los agradecimientos a todas las personas que hicieron posible la
realización de aquel ciclo de mesas redondas, sin quienes el presente
volumen sería inexplicable.
Deseo agradecer por un lado a Daniel Cazés Menache y a Norma
Blazquez Graf, respectivamente director y secretaria académica del
ceiich, por el entusiasmo mostrado y el apoyo brindado desde el sur-
gimiento de la idea de las mesas redondas (en junio de 2002) hasta
la publicación de este libro. Igualmente agradezco el apoyo y parti-
cipación de Ricardo Mansilla Corona y Elke Köppen Prubmann, in-
vestigadores del programa Estudios Interdisciplinarios del ceiich, al
cual pertenezco. Agradezco la ayuda de los técnicos académicos Juan
Carlos Villa Soto, Rosa María Mendoza Rosas y Rogelio López Torres;
mención especial merece la ayuda continua brindada por la técnica
académica Laura Moncada Marín, quien verdaderamente funcionó
como el brazo derecho de la organización de aquellas jornadas de
discusión de noviembre de 2002.
Es digno de reconocerse y agradecerse el eficiente y solidario tra-
bajo de Gladys Castillo Guerrero, jefa del Departamento de Difusión
del ceiich, por el apoyo logístico, a Isauro Uribe Pineda, jefe del
Departamento de Publicaciones del ceiich, y Ma. Ángeles Alegre
Schettino, del mismo departamento, por el diseño de la publicidad
para el evento.
Deseo agradecer a Lev Jardón Barbolla por la traducción al español
del texto de Les Levidow y last but not least, mi sincero agradecimiento
al propio Lev Jardón y a Mónica Vázquez Arellano, Rosario Aguirre
Mendoza, Sara Martínez Flores, Meztli Méndez Méndez, Karla Flores
Lot, Xitlali Aguirre Dugua, Emiliano Jacobo Arteaga, Cristina Cer-
vantes Arrioja y Paulina Cifuentes Ruiz, todos ellos estudiantes de la
carrera de biología de la Facultad de Ciencias de la unam, quienes
incansablemente hicieron todo el trabajo de pega y repartición de
propaganda del ciclo de mesas redondas y el de inscripción de asis-
tentes al mismo. Sin su participación, el éxito de aquellas jornadas y la
edición del presente libro hubieran sido más que dudosos.

Ciudad Universitaria, México, D. F., octubre de 2003


INGENIERÍA GENÉTICA: ORIGEN Y DESARROLLO

ana barahona echeverría*

introducción

La ciencia es una de las actividades características del mundo con-


temporáneo y, más que ninguna otra actividad humana, distingue la
época actual de los siglos anteriores en la medida en que sus resulta-
dos tienen profundas repercusiones sociales, políticas, económicas y
éticas.
La ciencia es una forma de conocer y explicar el mundo que
nos rodea, pero se diferencia de otras formas de conocimiento en
que utiliza maneras particulares de observar, pensar, experimentar
y probar, las cuales constituyen los aspectos fundamentales de su
naturaleza. La ciencia puede entenderse como un proceso de pro-
ducción de conocimientos, que no sólo cuenta con instrumentos que
extienden los sentidos y que permiten hacer observaciones cuidosas
e intervenciones en los fenómenos, sino que cuenta también con el
establecimiento de teorías que les dan sentido.
Uno de los aspectos fundamentales de la ciencia es su historicidad.
La ciencia, al igual que otras actividades humanas, es una actividad
social compleja. La comprensión del papel de la ciencia en la cultura
y la sociedad se debe precisamente a la conjunción entre la historia y
la ciencia. Uno de los resultados de la historia de la ciencia es el reco-
nocimiento de la naturaleza de ciertos rasgos científicos, de los fines y
valores que están asociados a la ciencia, y de manera muy importante,
el papel que en la dinámica de la ciencia juega el cambio científico.
En tanto proceso, la ciencia tiene una historia; la forma en que
los seres humanos han observado y explicado la naturaleza ha sido
diferente en distintas épocas de su historia. A principios del siglo xix,
por ejemplo, no se sabía de la existencia de los genes, pero sí de qué
pasaba al cruzar ciertas variedades de plantas entre sí; en la actuali-
dad contamos con la secuencia, casi completa, del genoma humano.
El cambio en el conocimiento es evidente e inevitable. Aunque en la

* Departamento de Biología Evolutiva, Facultad de Ciencias, unam.

[9]
10 ana barahona echeverría

actualidad los científicos rechazan la idea de que un objetivo de la


ciencia es alcanzar la verdad absoluta y están de acuerdo en que exis-
te cierta incertidumbre que forma parte de su naturaleza, se puede
decir que la mayor parte del conocimiento científico es duradero. Sin
embargo, la modificación del conocimiento es una de sus normas. Lo
que sabemos ahora puede ser desmentido, modificado o rechazado
por observaciones o proposiciones teóricas futuras. Así, estabilidad y
cambio son parte integral de la naturaleza de la ciencia.
Actualmente estamos viviendo la tercera revolución industrial.
La primera surgió de la aplicación de nuevas fuentes de energía a la
producción masiva de bienes (máquina de vapor); la segunda, con
la transferencia de la teoría de la información a los procesos indus-
triales. Estas dos revoluciones fueron manifestaciones de la capacidad
cada vez mayor del ser humano para controlar y manipular su entor-
no y dieron como resultado importantes cambios sociales y políticos.
La tercera es una revolución científico-técnica (o tecnocientífica),1 e
involucra principalmente a la robótica, la computación y la ingenie-
ría genética.
En el caso de la ingeniería genética, esta tercera revolución se
diferencia de las anteriores ya que involucra a los seres vivos, es de-
cir, está relacionada con el mundo biológico al que pertenece el ser
humano; la capacidad de manipular en forma directa los genes que
determinan la forma y función de los organismos vivos utilizando
medios técnicos sofisticados tiene repercusiones inmediatas en los
seres humanos, particularmente en la producción de alimentos y
en la salud.
Desde el inicio de la “agricultura”, hace aproximadamente entre
10 000 y 12 000 años, las plantas y animales se han cultivado y criado
selectivamente para obtener nuevas variedades de utilidad para el ser
humano, pero este mejoramiento por procesos naturales de repro-
ducción es lento y es una técnica limitada a aquellos organismos con
reproducción sexual. Las nuevas tecnologías surgidas de la ingeniería
genética permiten transferir directa y rápidamente el material gené-
tico de organismos poco emparentados entre sí, produciendo formas
“nuevas” o variedades en corto tiempo; esta transferencia permite
“crear” organismos con determinadas características deseadas para

1
En 1987 Bruno Latour acuñó el término “tecnociencia” para superar la idea de
que la “ciencia” y la “tecnología” son actividades completamente independientes una
de la otra.
ingeniería genética 11

llevar a cabo ciertos procesos particulares, superando las limitaciones


de la reproducción sexual, en la medida en que permite añadir, com-
binar o quitar funciones de los organismos vivos.
La ingeniería genética se desarrolló como una rama de la biología
molecular. Ésta involucra el estudio de los tres procesos de trans-
misión hereditaria (duplicación, transcripción y traducción), y el
estudio de las tres clases de macromoléculas (adn, arn y proteínas).
Aquélla es el conjunto de técnicas que permiten la recombinación
del adn en el laboratorio, se basa en la manipulación directa de los
genes o segmentos de adn (que codifican para una determinada pro-
teína), y en la de sus mecanismos de expresión. Esta manipulación
y recombinación se puede llevar a cabo debido a la universalidad
del código genético que permite utilizar las enzimas de restricción
para que corten una determinada secuencia de adn de cualquier
origen, formando sitios idénticos y complementarios con la finalidad
de modificar los organismos. La técnica más utilizada es la del adn
recombinante, aunque ya se han desarrollado otras nuevas técnicas
con resultados palpables y con implicaciones no sólo económicas o
sociales, sino también éticas.
En este contexto, y ante las recientes controversias que han gene-
rado tanto la producción como el uso de los llamados “organismos
modificados genéticamente”, se hace necesario entender de dónde
surgen el conocimiento y las técnicas que permiten justamente la ma-
nipulación genética. Es necesario revisar la historia de la ingeniería
genética, ya que su desarrollo significó un avance sin precedentes de
la capacidad del ser humano de modificar su entorno. En este traba-
jo, por tanto, describiremos los principales hechos que condujeron
a la consolidación de la ingeniería genética como una rama de la
biología molecular que ha tenido un desarrollo vertiginoso en los
últimos decenios.

la biología molecular

El término “biología molecular” apareció por primera vez en 1938 en


un reporte científico que el físico y biólogo Warren Weaver, del Ins-
tituto Rockefeller de Nueva York, dirigió a la comunidad científica.
Para él, la biología no progresaría a menos que estuviera apoyada en
métodos provenientes de la física y la química y que comprendiera
12 ana barahona echeverría

el funcionamiento de una célula viva a nivel molecular. Es decir, la


biología se tendría que convertir en molecular. Con este reporte se
iniciaría el proceso considerado como “la molecularización de la bio-
logía”. En un principio, la biología molecular fue considerada como
una nueva disciplina científica que resultaba de la hibridación de la
química estructural de las proteínas y de la genética. Su propósito
sería dilucidar los mecanismos moleculares utilizados para leer los
mensajes contenidos en el adn y que eran traducidos en secuencias
de aminoácidos constituyentes de las proteínas.
El desarrollo de la biología molecular se debió principalmente
a la influencia de los adelantos en las ciencias físicas y químicas, y a
la investigación directa que científicos de estas ramas comenzaron a
llevar a cabo dentro de la biología. La transformación radical de los
problemas y el tipo de soluciones en biología ocurrió debido a la mi-
gración de intelectuales del continente europeo hacia Estados Uni-
dos e Inglaterra, y al viraje de muchos físicos teóricos decepcionados
de los resultados del uso de la bomba atómica en la segunda guerra
mundial (Stent, 1968: 390-395). Para Niels Bohr, en Copenhague, los
problemas que le quedaban por resolver a la física teórica eran pocos,
en comparación con la materia viva, la cual ofrecía un campo de es-
tudio inexplorado en el que hacían falta explicaciones de la mayoría
de los procesos.
Según Gunter Stent, la biología molecular naciente se podía dividir
en dos escuelas. Para la primera, la escuela informacional o el grupo
del fago, la influencia de la mecánica cuántica fue determinante en
cuanto a sus objetivos, metodologías y principios axiológicos (o juicios
de valor). Para la segunda, la escuela estructuralista, la influencia fue la
de la utilización de los principios de la cristalografía de rayos x que se
habían desarrollado desde 1912, y los estudios sobre la naturaleza del
enlace atómico de Linus Pauling (Pauling, 1931: 1367-1400).2
De los físicos que emigraron a Estados Unidos y a la biología,
Max Delbrück fue el más destacado. En 1935, publicó un artículo en
donde señalaba algunas propiedades de lo vivo, sobre todo de las mo-
léculas genéticas, que no podían ser deducidas de la física y química
tradicionales; cada gen es una molécula especial y no una especie
química homogénea como las que estudian la química analítica y la
termodinámica estadística (Timofeeff-Ressovsky et al., 1935: 190-245).

2
Para un estudio más detallado del proceso de fisicalización de la biología y del
nacimiento de la biología molecular, véase Suárez y Barahona (1992).
ingeniería genética 13

Para Delbrück, la estabilidad de los genes a lo largo de millones de


años sólo podía ser entendida en términos atómico/cuánticos, es
decir, Delbrück entendía la estabilidad de la molécula genética como
un caso especial de la estabilidad atómica.
Después de la segunda guerra mundial, estas ideas se difundieron
gracias a la publicación, en 1944, del libro ¿Qué es la vida?, de Erwin
Schrödinger, en donde se anunciaba una nueva época en la investiga-
ción biológica: “la evidente incapacidad de la física y la química actua-
les para dar cuenta de los fenómenos espaciotemporales que tienen
lugar dentro de un organismo vivo no significa en absoluto que ello
sea imposible para estas ciencias” (Shrödinger, 1944). El problema
que planteaba Schrödinger hizo eco en los físicos, quienes voltearon
a la biología para encontrar nuevas perspectivas a su investigación.
Para Schrödinger, los genes eran capaces de preservar su estructu-
ra porque los cromosomas en que se encuentran no son más que cris-
tales aperiódicos formados por isómeros repetitivos que formarían
un código genético similar al Morse. Esta derivación de una “forma
cuántica”, meramente especulativa, fue la primera aproximación
cuantitativa al problema de la herencia. Este libro significó pues, la
divulgación de las ideas de Bohr y Delbrück acerca de la especificidad
de la información genética, e impulsó el diseño y análisis de experi-
mentos en la biología, primero dentro del grupo del fago y posterior-
mente en los trabajos de Linus Pauling sobre los enlaces atómicos.

El grupo del fago

Los bacteriófagos o fagos son virus que infectan especialmente a bac-


terias. Su ciclo de vida se había descrito desde 1926: la unión de un
virus con una bacteria, la multiplicación del virus en el interior de
ella, y la liberación de la progenie mediante la lisis de la célula infec-
tada. Aunque los datos eran indirectos, pues todavía no se contaba
con el microscopio electrónico (el cual se utilizó a partir de 1939),
Delbrück y Emory Ellis3 mostraron, por un lado, la secuencia del ciclo
del bacteriófago y la regularidad del proceso de lisis y, por el otro,
que el modelo de crecimiento bacteriano ponía más preguntas que
respuestas (Ellis, 1939: 631-642).

3
Al llegar a Estados Unidos en 1937, Delbrück se integró al grupo de investigación
de Emory Ellis en el Instituto Tecnológico de California.
14 ana barahona echeverría

El modelo fago-bacteria representaba un modelo sencillo donde


estudiar los problemas de la reproducción y la herencia. De hecho
se consideró, en un principio, que la herencia bacteriana era el últi-
mo reducto del neolamarckismo. Con la utilización del microscopio
electrónico se pudo conocer la estructura y complejidad del fago,
parecido a un espermatozoide, hacia los años cuarenta del siglo xx.
Este descubrimiento fue una de las grandes aportaciones de la física a
la biología ya que permitió una delimitación precisa de los problemas
reduciéndolos casi estrictamente a problemas cuantitativos.4 (Véase
la figura 1.)

figura 1. Bacteriófagos que parasitan bac-


terias. Están compuestos de adn encapsula-
dos en una cubierta de proteína.

Finalmente, en 1943, al unirse Delbrück con Salvador Luria y


Alfred Hershey, se constituyó el núcleo duro del grupo del fago. Del-
brück y Luria se habían conocido en 1940 en una reunión de físicos
y decidieron emprender investigaciones conjuntas ya que Luria, al
igual que Delbrück, trabajaba con fagos. Estos experimentos empeza-
ron al año siguiente en Cold Spring Harbor, Massachussets. En 1943,
al unirse Hershey, empezaron a producirse los primeros resultados
de sus investigaciones. Entre los primeros hallazgos estuvo el hecho
de que las bacterias sufrían mutaciones genéticas al igual que los or-

4
Durante ese decenio se trabajaba también en los aspectos metabólicos y bioquími-
cos de ciertos organismos. En 1941, G. Beadle y E. Tatum (1941: 499-506) publicaron
un artículo, resultado de sus investigaciones con el hongo Neurospora crassa; debido
a las características especiales de este hongo ascomicete, sus mutaciones son distingui-
bles fácilmente ya que impiden el crecimiento de las colonias en medios carentes del
nutriente producido por el gen normal.
ingeniería genética 15

ganismos superiores;5 éstas aparecían espontáneamente y eran selec-


cionadas de acuerdo con el mecanismo propuesto por Darwin en el
siglo xix. Gracias a la buena elección del objeto de estudio, el diseño
cuidadoso de los experimentos y la utilización de metodologías pro-
venientes de la física (estadística y matemáticas, por ejemplo), el gru-
po del fago pudo resolver problemas que no habían sido claramente
establecidos por los métodos convencionales de la genética clásica
(Luria y Delbrück, 1943: 491-511).
Para dilucidar la naturaleza química del gen, Avery, MacLeod y
McCarty propusieron en 1944 al adn como el agente transmisor de
la información genética (Avery et al., 1944: 137-158). Su trabajo con
neumococos no fue aceptado rápidamente pues se creía que eran las
proteínas, y no el adn, el agente hereditario. Dos aspectos más tuvie-
ron que ver con el hecho de que no fueron aceptados estos resultados
inmediatamente; el primero, era el hecho de que Avery pertenecía
a la comunidad médica y no a la naciente comunidad de “biólogos
moleculares”, y menos al grupo del fago y, segundo, que existían pro-
blemas técnicos en la purificación del adn, lo cual hacía dudar de las
concentraciones reportadas por Avery.
Sería más tarde, con R. Hotchkiss, cuando se afinarían los resulta-
dos de Avery, reduciendo la contaminación de las proteínas a 0.02%
del preparado de adn (Hotchkiss, 1949: 40-55); en 1948, Hotchkiss
junto con Erwin Chargaff mostraron que las cuatro bases constitu-
yentes del adn (adenina, guanina, citosina y timina) no estaban
presentes en las mismas proporciones; para estos estudios utilizaron
la recién inventada técnica de la cromatografía de papel, que servía
para separar y estimar los constituyentes de las moléculas, en este
caso, del adn. Chargaff hizo notar también una característica estruc-
tural del adn, a saber, que las proporciones molares de las purinas y
las pirimidinas totales son iguales, es decir, (a)=(t) y (g)=(c) (Char-
gaff, 1950: 201). En 1952, finalmente, Alfred Hershey y Matha Chase,
utilizando las nuevas técnicas de isótopos radiactivos que habían sido
desarrollados durante la guerra por investigadores físicos, demostra-
ron sin lugar a dudas que el adn era el material de la vida (Hershey
y Chase, 1952).

5
Anteriormente se pensaba que las bacterias mutaban, por la influencia del am-
biente, en una suerte de mecanismo lamarckiano de adaptación.
16 ana barahona echeverría

La escuela estructuralista

Como se había mencionado, la escuela estructuralista estuvo influen-


ciada por los trabajos que Sir Lawrence Bragg y su padre, William
Bragg, habían desarrollado en el terreno de la cristalografía desde
1912, al hacer pasar un haz de rayos x paralelos sobre una disposición
cristalina de átomos, que al difractarse produce un patrón caracte-
rístico del peso atómico y de la disposición espacial de los átomos
de cada molécula. Al analizar este patrón de rayos x desviados por
el cristal hacia una placa fotográfica, se puede inferir la disposición
espacial de los átomos que lo produjeron. Gracias a estas técnicas,
fueron determinadas las constituciones de cadenas cortas de aminoá-
cidos hacia los años treinta del siglo xx por W. T. Atsbury y John D.
Bernal, ambos discípulos de Bragg. Posteriormente, Atsbury, en 1948,
propuso una estructura del adn en la cual los nucleótidos se apilaban
paralelamente, esta estructura no fue considerada aunque sí fueron
tomadas algunas de sus mediciones como correctas, por ejemplo, la
separación entre los nucleótidos de 3’4 amstrongs.
En el Instituto Tecnológico de California, Linus Pauling y sus cola-
boradores lograron determinar la estructura tridimensional de gran
cantidad de moléculas sencillas utilizando la complementariedad de
los estudios cristalográficos y los cálculos atómico-cuánticos. Gracias a
estas investigaciones, Pauling pudo establecer la naturaleza del enlace
covalente, la formación de orbitales híbridos de enlace, la resonancia
y los ángulos de enlace y las distancias interatómicas (Pauling, 1929:
1010-1026). A partir de estos estudios, Pauling se enfocó a la determi-
nación de la estructura de las proteínas como la queratina, de donde
dedujo que los aminoácidos podrían girar formando una hélice, en la
que cada vuelta mediría aproximadamente 5’4 amstrongs o 3’6 ami-
noácidos, formándose enlaces de hidrógeno entre los átomos de cada
tres o cuatro aminoácidos. De estos resultados, Pauling estableció mo-
delos estructurales a escala de los átomos y enlaces, en donde se veían
con gran precisión los detalles de la estructura de las proteínas y sus
hélices alfa y beta (Pauling, 1960).
Por su parte, Maurice Wilkins y Rosalind Franklin trabajaban en
la estructura del adn, bombardeando cristales purificados con rayos
x, fotografiando los patrones de difracción resultantes. Aunque el
patrón no proporcionó una imagen directa de la estructura de la
molécula, las mediciones de diversos aspectos del patrón sugirieron
que se trataba de una hélice. Esta fotografía del adn fue presentada
ingeniería genética 17

por Wilkins en un congreso en Nápoles en 1951, al que asistió James


Watson. Impresionado por esta fotografía, Watson se incorporó al La-
boratorio Cavendish dirigido por Sir Lawrence Bragg con el objeto de
aprender cristalografía, en principio bajo la dirección de Max Perutz.
La idea de Watson era que tal vez el adn fuera el cristal aperiódico del
que hablaba años antes Schrödinger y al mismo tiempo, el transmisor
de la información hereditaria.
Con la llegada de Watson al Cavendish, él y Francis Crick se co-
nocieron y rápidamente formaron un equipo interesado en el adn.
Crick era un físico teórico con conocimientos sobre cristalografía y
estaba interesado en el modelo de Pauling de la alfa-hélice. Sus co-
nocimientos y las conversaciones con Watson sobre la fotografía de
Wilkins y Franklin, lo hicieron sospechar que la estructura del adn
también podría ser helicoidal, explicando de esta forma su regula-
ridad; esto le permitió desarrollar una primera teoría cristalográfica
helicoidal hacia 1951 y, en 1952, una segunda sobre las hélices trenza-
das. Estos estudios se basaban en restringir el problema a los mínimos
supuestos posibles y tomar la menor cantidad de datos.
Watson trabajó durante estos años en el reconocimiento de las es-
tructuras helicoidales de la cápside del virus del mosaico del tabaco,
en genética bacteriana y sobre la relación adn-arn-proteínas. Estos
trabajos en conjunto lo acercarían al enfoque que pensaban debía de
tener la estructura del adn.
Así, en 1953, Watson y Crick desarrollaron el modelo de la doble
hélice, en donde sintetizaban las evidencias empíricas y las necesi-
dades funcionales del adn (Watson y Crick, 1953: 737-738). Este
modelo proponía una estructura de dos cadenas de polinucleótidos
dextrógiras, enrolladas en forma de hélice alrededor de un mismo
eje; también proponía que ambas cadenas eran antiparalelas y que su
separación sólo podía darse una vez desenrolladas; según este mode-
lo las bases púricas y pirimídicas de cada hebra estarían apiladas en
el interior con sus planos paralelos entre sí y perpendicularmente al
eje de la doble hélice; las bases de una hebra estarían apareadas en
los mismos planos con las bases de la otra hebra mediante enlaces
de hidrógeno, habiendo sólo dos pares permitidos, a-t y g-c. Para
explicar la periodicidad de 0.34 nm observadas en las fotografía de
rayos x, postularon que las bases se apilan a una distancia respectiva
de 0.34 nm de centro a centro (en cada vuelta completa de la doble
hélice hay exactamente 10 nucleótidos), que representa la distancia
secundaria repetida de 34 amstrongs o 2.3 nm. Según este modelo, el
18 ana barahona echeverría

esqueleto de azúcar-fosfato se encuentra en el exterior de la hélice,


mientras que las bases nitrogenadas están en el interior. Este modelo
explicaría de forma por demás convincente la duplicación y la muta-
ción de la molécula de adn. (Véase la figura 2.)

figura 2. La doble hélice puede copiarse de manera semiconser-


vativa. La información del adn se transfiere a un arnm durante la
transcripción, que es decodificado en los ribosomas para formar
las proteínas.

El código genético

Una vez aceptado el modelo de la doble hélice de Watson y Crick,


se derivaron diversos programas de investigación para explicar des-
de el punto de vista molecular los procesos de mutación del adn y
la forma en que la información estaba contenida y era descifrada
posteriormente. Este último llegó al establecimiento de lo que ahora
conocemos con el nombre de “código genético”.
Con el modelo de Watson y Crick, lo que Mendel había postulado
un siglo antes ahora tenía una explicación química. Sin embargo, no
quedaba establecido cómo la información contenida en el adn, es de-
cir, la secuencia de las cuatro bases nitrogenadas, podía “traducirse”
en los 20 aminoácidos constituyentes de las proteínas.
ingeniería genética 19

En las células eucarióticas, las proteínas son sintetizadas en los


ribosomas que se encuentran localizados en el citoplasma, mientras
que el adn se encuentra sólo en el núcleo. De esta forma se empezó
a sospechar que intervenían diversas moléculas en la transferencia de
la información del núcleo al citoplasma. En 1952, Alexander Dounce
postuló que el primer paso en la transmisión de la información debía
ser una copia de arn, ya que los ribosomas están constituidos de arn
y proteína. La lógica indicaba que el arn en los ribosomas contenía
el mensaje para la síntesis proteica, lo cual quería decir que dife-
rentes ribosomas eran responsables de la producción de proteínas
específicas. A principios de los años sesenta del siglo xx se postuló la
existencia de diferentes clases de arn; la copia de arnm o mensajero
se producía durante el proceso de transcripción dentro del núcleo
siguiendo las reglas de complementariedad, g-c y a-u (uracilo en
el caso del arn), al dejar el núcleo, éste era transferido a los ribo-
somas donde ocurría la traducción, la cual empezaba cuando los
ribosomas se pegaban al arnm y sintetizaban la cadena proteica, un
aminoácido cada vez. Estos aminoácidos serían transportados por
otra molécula, el arnt o de transferencia. Con estos hallazgos, Crick
postuló el dogma central de la biología molecular: el adn contiene la
información genética que se transcribe en arn que se traduce en pro-
teínas.6 Este proceso de transmisión fue un paso muy importante para
poder comprender la forma en que la información contenida en el
adn era traducida a proteínas, pero seguía sin entenderse la relación
entre las bases nitrogenadas del adn/arn y los aminoácidos.
Con el descubrimiento de la enzima polinucleotidofosforilasa por
S. Ochoa en 1955, y el desarrollo de sistemas de traducción in vitro
por M. W. Nirenberg y H. Matthaei en 1961 (Nirenberg y Matthaei,
1961: 1588-1602), se pudo avanzar en descifrar el código genético.
Estos sistemas de traducción in vitro, en donde se marcan radiacti-
vamente los aminoácidos, permiten establecer qué secuencia en el
arnm es responsable de la incorporación de qué aminoácidos. En
un proceso de ensayo y error usando arnm sintéticos, en 1965, se
completó la identificación bioquímica de los vocablos del código ge-
nético: una combinación de tres bases, codón o triplete, codifica para
un aminoácido sencillo; cuatro bases (a, t, g, c) se pueden combinar

6
Este dogma tuvo que ser modificado más tarde, en los años setenta del siglo xx,
debido al hallazgo de una enzima, la transcriptasa reversa, encontrada en ciertos virus,
con la capacidad de formar adn a partir de arn.
20 ana barahona echeverría

en 64 codones; un número de tripletes pueden codificar para más de


un aminoácido lo cual hace que el código sea degenerado (esta dege-
neración exhibe cierta regularidad y proporciona algunas ventajas bio-
lógicas); la última letra del triplete es menos importante que las otras
posiciones, y existen secuencias que indican el término de la síntesis
de proteína (Crick, 1961: 1227-1232). (Véase la figura 3.)

Segunda posición

U C A G

UUU UCU UAU UGU U


Phe Tyr Cys
UUC UCC UAC UGC C
U Ser
UUA UCA UAA Ocre UGA ópulo A
Leu
UUG UCG UAG ámbar UGG Trp G

CUU CCU CAU CGU U


His
CUC CCC CAC CGC C
Primera posición

C Leu Pro Arg

Tercera posición
CUA CCA CAA CGA A
Gln
CUG CCG CAG CGG G

AUU ACU AAU AGU U


Asn Ser
AUC lle ACC AAC AGC C
A Thr
AUA ACA AAA AGA A
Lys Arg
AUG Met ACG AAG AGG G

GUU GCU GAU GGU U


Asp
GUC GCC GAC GGC C
G Val Ala Gly
GUA GCA GAA GGA A
Glu
GUG GCG GAG GGG G

figura 3. El código genético.

El código genético es universal,7 es decir, es el mismo en toda la


naturaleza, y la secuencia de bases siempre es traducida en la misma
proteína. Este hecho (y el descubrimiento de las enzimas de restric-
ción) constituyó la base teórica para el desarrollo de la ingeniería
genética, particularmente de la técnica del adn recombinante.

Enzimas de restricción

A mediados de los años cincuenta del siglo xx, Arthur Kornberg aisló
y purificó una enzima responsable de la replicación del adn, a la que
llamó adn polimerasa (ahora adn polimerasa i), la cual confirmó el

7
La multiplicidad de vocablos del código de la mayoría de los aminoácidos supues-
tamente indican una diferenciación evolutiva. Sólo se han encontrado variaciones en
las mitocondrias y se supone que éstas son adaptaciones secundarias posteriores a su in-
serción como endosimbionte de las células eucarióticas. Este punto sigue en debate.
ingeniería genética 21

mecanismo de duplicación implícito en el modelo de la doble hélice


de Watson y Crick. Aunque no es la única enzima que interviene en la
duplicación génica, su estudio llevó a que otros investigadores se inte-
resaran por el papel de ciertas enzimas en los procesos genéticos.
Un gran avance en la biología molecular fue el descubrimiento de
las llamadas enzimas de restricción,8 capaces de reconocer las mismas
secuencias de adn de cualquier origen (humano, bacteriano, etc.) y
cortarlas en pequeños fragmentos. En los años sesenta del siglo xx,
Smith y Wilcox, en la Universidad de John Hopkins, aislaron una en-
zima que corta el adn en sitios específicos generando pequeños frag-
mentos, a la que llamaron endonucleasa de restricción (Smith y Wil-
cox, 1970: 379). A la fecha se han descrito más de cien endonucleasas
de restricción que reconocen y cortan secuencias específicas de adn.
Los trozos de adn varían de tamaño y, debido a que los extremos que
se generan pueden reunirse o ligarse covalentemente utilizando otra
enzima llamada ligasa, pueden reconstruirse moléculas de adn en
una gran variedad de formas diferentes. Esta metodología es denomi-
nada recombinación in vitro de ácidos nucleicos.9
En 1974, S. Cohen y H. Boyer demostraron que estas endonuclea-
sas reconocen el adn cromosomal de cualquier origen y lo rompen en
sitios específicos; la implicación de este descubrimiento es el hecho
de que existen sitios idénticos, generalmente secuencias de entre cua-
tro a seis pares de bases, en todos los adn, desde los seres humanos,
las bacterias hasta los plásmidos que se localizan dentro de ellas. Esta
característica del adn y las propiedades de las enzimas de restricción
permitieron llevar a cabo los primeros experimentos de hibridación
de moléculas de adn. Como las enzimas de restricción reconocen y
cortan sitios específicos y sus extremos son complementarios, es posi-
ble unir fragmentos de adn diversos. Este descubrimiento es una de
las piedras angulares de la ingeniería genética que abrió las puertas al
desarrollo de técnicas moleculares de manipulación de adn. (Véase
la figura 4.)

8
El nombre de “restricción” se deriva del comportamiento de un virus bacteriano,
el fago lambda, en diferentes hospederos. Este fago crece favorablemente en la cepa
c de E. coli, pero lo hace con deficiencia en la cepa k de la misma bacteria. Esto hace
suponer que existe una restricción del fago en la cepa k debido a la presencia de una
enzima que corta el adn del fago.
9
Estas enzimas son ampliamente utilizadas para identificar o encontrar genes de cier-
tas enfermedades, pruebas de paternidad, medicina legal, entre otras muchas cosas.
22 ana barahona echeverría

figura 4. Célula bacteriana con su adn cromosomal y varios plásmi-


dos. Las enzimas de restricción abren el adn circular de un plásmido
en sitios específicos cuyos extremos son complementarios. Un gen de
otro organismo puede insertarse en el sitio de restricción. El resul-
tado es una molécula recombinante. Este plásmido es introducido
posteriormente a una célula huésped (bacteria u hongo) en donde se
produce la proteína a gran escala.

ingeniería genética

La ingeniería genética es un conjunto de técnicas que se encargan de


la recombinación del adn en el laboratorio, basadas en la manipula-
ción directa de los genes o segmentos de adn que codifican para una
proteína deseada y de sus mecanismos de expresión. Esta recombina-
ción no se puede llevar a cabo sin las enzimas de restricción ya que
son ellas las que cortan determinada secuencia de cualquier origen
formando sitios idénticos y complementarios cuya finalidad última es
poder añadir nuevas funciones a los organismos. La recombinación
del adn ocurre también de manera natural mediante procesos como
la reproducción sexual, la transformación bacteriana y la infección
viral. De cualquier forma, ésta comprende dos procesos, a saber, el
cambio de la composición de nucleótidos del adn de una sola célula,
ingeniería genética 23

unas cuantas o el organismo completo, y la selección de combinacio-


nes de adn valiosas.
En el caso de la reproducción sexual, la recombinación genética o
crossing-over que ocurre durante la formación de los gametos permite
el intercambio de material genético de los cromosomas homólogos,
formando nuevas combinaciones genéticamente únicas. En la transfor-
mación bacteriana ocurren procesos que permiten transferir genes
entre especies, por ejemplo, la adquisición o intercambio de plásmi-
dos es probablemente la forma más común. En una infección viral
se puede transferir adn ya que el material genético del virus puede
insertarse en un cromosoma de su huésped eucarionte y permanecer
días, meses o años. Al abandonar a su huésped, el adn viral puede
llevar consigo material del cromosoma que al invadir a otro huésped
le transfiere material de otro organismo. Estos métodos naturales de
transferencia genética son ampliamente conocidos y comparten con
la tecnología del adn recombinante en el laboratorio el hecho de que
hay intercambio de adn entre organismos de individuos o especies di-
ferentes, pero se diferencian principalmente en que en la naturaleza
los intercambios no son dirigidos, es decir, los genes no se mueven de
manera preferencial y su utilidad está determinada por la selección
natural. En el laboratorio, en cambio, se mueven secuencias especí-
ficas de adn de organismo escogidos deliberadamente para obtener
un producto específico; la utilidad de estas nuevas combinaciones de
laboratorio está dada por los intereses humanos, ya sean comerciales,
médicos u otros.

La tecnología del ADN recombinante

La tecnología del adn recombinante transformó la biología molecu-


lar desde una ciencia fundamental y descriptiva hacia una tecnología
aplicada. En un principio, esta nueva tecnología tenía objetivos
meramente científicos. Paul Berg estaba tratando de encontrar un
método para producir suficiente adn del virus sv40 que produce
cáncer. Se propuso introducir el adn en una bacteria de tal manera
que el adn se duplicara automáticamente. Si este método resultaba
satisfactorio, decía Berg, y el gene introducido podía expresarse en la
bacteria, entonces nos encontraríamos con una fuente barata y eficaz
de proteínas útiles que podrían ser cultivadas en grandes cantidades
en cajas de Petri.
24 ana barahona echeverría

Como vimos anteriormente, las enzimas de restricción recono-


cen y cortan secuencias específicas de adn, formando pequeños
fragmentos cuyos extremos pueden reunirse e insertarse en otro
adn, formando una molécula híbrida o recombinante que contiene
los genes de interés y los del vehículo molecular o vector (gene-
ralmente un plásmido bacteriano).10 Esta molécula recombinante
puede ser introducida en una bacteria por el proceso de transfor-
mación y al dividirse producir copias del segmento del cromosoma
de interés o clones. Esta metodología se denomina clonación molecu-
lar de adn.
A partir de esta técnica, se desarrollaron otras que resultaron im-
portantes tanto para la introducción de genes de otros organismos
en los plásmidos de las bacterias, como para obtener las secuencias
precisas de los genes o trozos de adn y para la construcción de vecto-
res moleculares.
Tal es el caso de la técnica desarrollada por E. M. Southern, lla-
mada el Southern blotting o mancha de Southern. Esta técnica permite
la localización de ciertas secuencias de adn al cortarlo con enzimas
de restricción y luego separando los fragmentos de acuerdo con el
tamaño por electroforesis en un gel de agarosa.
Otras técnicas fueron las desarrolladas por Walter Gilbert y su
colega Fred Sanger para secuenciar trozos de adn y así conocer
exactamente la “secuencia” de sus bases. Todas las técnicas que se de-
sarrollaron posteriormente estuvieron disponibles en los años setenta
del siglo xx, y produjeron proteínas como la somatostatina, insulina,
alfa-interferon, y muchas más.
La posibilidad de manipular los genes debido al incremento de
nuevas tecnologías ha crecido sustancialmente y ha dado como resul-
tado un impulso para el desarrollo de métodos de análisis del adn,
como la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa (pcr, por
sus siglas en inglés) que permite encontrar e identificar una molécula
simple de adn. Esta técnica tiene aplicación tanto en el laboratorio
como en la medicina clínica. Otras técnicas de manipulación gené-
tica son la técnica de la cadena antisentido, la de los oligodesoxinu-
cleótidos, la de la formación de la triple hélice y la de transferencia
nuclear que dio lugar a Dolly.

Los plásmidos fueron descubiertos en los años cincuenta y no son más que adn ex-
10

tracromosomal. Transportan genes de resistencia a los antibióticos y otros fármacos, y se


han convertido, junto con el fago lambda, en los vectores moleculares por excelencia.
ingeniería genética 25

Con el desarrollo de la ingeniería genética, la posibilidad de estu-


diar propiedades genéticas de los humanos se ha convertido en un
problema tanto científico como ético. El tipo de problemas depende
del nivel de la investigación, ya que ahora se cuenta con la secuencia
completa del genoma humano. Sus posibles usos en medicina para la
producción de fármacos, en la reproducción asistida, la terapia géni-
ca o la identificación de sospechosos o en juicios de paternidad son
sólo algunos de los de estas nuevas técnicas.
Vemos así cómo el desarrollo de técnicas de manipulación gené-
tica, surgidas de la biología molecular, han dado un vuelco conside-
rable a nuestro entendimiento de la molécula de la herencia, pero
también a nuestras posibilidades de transformar el mundo. Estos
desarrollos han planteado, sin lugar a dudas, controversias acerca de
su uso racional y de los resultados que pueden ser obtenidos.

conclusiones

La ingeniería genética surge como una rama de la biología molecu-


lar. La búsqueda de los determinadores de la herencia que se inició
con Mendel en el siglo xix siguió un largo camino tanto en los
trabajos de la genética clásica, como en el desarrollo de la biología
molecular, surgida gracias a la intromisión de la física en la biología,
por un proceso que se puede denominar como la fisicalización de
la biología. Posteriomente, este impulso de analizar las macromo-
léculas orgánicas desde el punto de vista de la física experimental
y en particular de la física cuántica culminó con el proceso que se
denominó como la molecularización de la biología hacia mediados
del siglo xx. Estos desarrollos se vieron coronados con el modelo de
la doble hélice de Watson y Crick en 1953. Desde entonces, el desa-
rrollo de nuevas técnicas y nuevos enfoques teóricos han permitido
un avance sustancial en nuestro conocimiento del genoma y de su
manipulación.
El desarrollo de la ingeniería genética ha generado controversias
sociales, económicas, éticas y ecológicas dignas de tomarse en cuenta.
Estas controversias generalmente tienen que ver con los riesgos que
implica la introducción en el medio de organismos desarrollados en
el laboratorio y de su potencial para producir cambios significativos
en el genoma humano.
26 ana barahona echeverría

El uso de estas técnicas puede mejorar nuestro nivel de vida en


la medida en que proporcionen bienestar social, en la medicina y la
producción de alimentos; pero está altamente cuestionado su uso en
otras esferas, como por ejemplo, en el ser humano para la produc-
ción de clones o seres idénticos a uno mismo. Los debates que han
de surgir y el resultado de ellos, será muy importante en el desarrollo
sucesivo de esta disciplina científica. Por ello, la solución a muchos de
los problemas que se plantean tienen que analizarse y resolverse des-
de la interdisciplina; deberán tomarse en cuenta los factores éticos,
sociales y económicos, así como los históricos y filosóficos. De esta
forma, las decisiones que se tomen sobre el futuro de los organismos
modificados genéticamente estarán más informadas y, por lo tanto,
serán más duraderas.

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PLANTAS TRANSGÉNICAS: POTENCIAL,
USO ACTUAL Y CONTROVERSIAS

luis herrera estrella∗


miguel martínez trujillo∗∗

introducción

La permanente necesidad de disponer de satisfactores que atiendan


las demandas humanas de alimento, vestido y obtención de materias
primas para la elaboración de diversos productos ha sido la causa de
que, desde el surgimiento de la agricultura, las plantas de interés para
el hombre hayan sido cultivadas, seleccionadas y consecuentemente
mejoradas en características tales como mayor rendimiento, calidad
nutricional, facilidad de cultivo y resistencia a agentes bióticos o abió-
ticos que las afectan.
El fitomejoramiento tiene sus bases en los experimentos realizados
hace más de un siglo por Gregorio Mendel, en los que concluyó que
las características de los organismos están dadas por factores discretos
heredables (genes), y no son resultado, como se creía anteriormente,
de la mezcla azarosa de las cualidades de los progenitores. Con este
conocimiento comenzó, entre los cultivos de mayor importancia, el
método tradicional de producción de cultivares mejorados mediante
cruzas dirigidas entre individuos, de la misma especie o de especies
estrechamente relacionadas. Los individuos sobresalientes son se-
leccionados en ciclos subsecuentes de cultivo, hasta que después
de numerosos eventos de cruzas y retrocruzas, aunadas a laboriosas
pruebas de campo, se obtiene una generación portadora de la carac-
terística deseada que es reconocida como una nueva variedad. Todo
el proceso de selección va acompañado de colectas, tanto de semillas
como de plantas completas, que son almacenadas en bancos de ger-
moplasma quedando a disposición para posteriores usos. Es destaca-
ble que una importante limitante de todo proyecto de producción

*
Departamento de Ingeniería Genética de Plantas, Unidad de Biotecnología Vege-
tal del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del ipn.
**
Facultad de Biología, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

[29]
30 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

de nuevas variedades vegetales es la incompatibilidad sexual entre


las especies de plantas seleccionadas como progenitores y que si la
divergencia genética entre las especies involucradas es muy grande,
la probabilidad de obtener semillas viables de tal cruza es muy baja y
mayor será el número de generaciones requerido para incorporar en
la progenie el carácter elegido.
La técnica descrita, también conocida como fitomejoramiento tra-
dicional, se ha empleado ancestralmente y sus logros resultan innega-
bles. Sin embargo, dichos métodos, además de ya resultar insuficientes
para incrementar la producción agrícola a un ritmo que permita satis-
facer la creciente demanda de alimentos impuestas por el permanente
crecimiento demográfico, tienen el inconveniente de haber producido
variedades vegetales extremadamente dependientes de agroquímicos,
cuyo uso desmedido impacta negativamente el ambiente.
Los objetivos principales de los programas de fitomejoramiento
actuales siguen siendo aumentar el rendimiento, disminuir las pér-
didas ocasionadas por plagas y enfermedades y reducir los costos de
producción. No obstante, ahora también se tiene interés de emplear
los cultivos agrícolas para generar productos de alto valor agregado
para usos en la industria química, alimenticia y farmacéutica. Así, hoy
en día la ingeniería genética, definida como la manipulación en el
laboratorio de la información genética de un organismo utilizando
las técnicas de la biología molecular, se presenta como una poderosa
alternativa para obtener cultivares transgénicos que superen en su
productividad y calidad a sus contrapartes obtenidas por métodos
tradicionales.
La ingeniería genética permite el acceso y manipulación directa de
la información genética de cualquier ser vivo, e incluso posibilita la
creación de genes sintéticos. Por ello, esta tecnología, también cono-
cida como del adn recombinante, rompe con las barreras impuestas
por la incompatibilidad sexual y hace posible introducir en plantas,
genes provenientes no sólo de otras especies vegetales evolutivamen-
te distantes, sino incluso de hongos, virus, bacterias y animales; esta
modificación se lleva a cabo en un ciclo. Esto se basa en el principio
de que el código genético de los organismos vivos es universal. De tal
manera, la obtención de plantas transgénicas (portadoras de un gen
ajeno o heterólogo), empleando alguna de las técnicas disponibles
para tal efecto, representa hoy en día uno de los medios más versátil
y preciso para producir variedades vegetales mejoradas.
plantas transgénicas 31

métodos de transformación genética de plantas

Con las metodologías del adn recombinante ahora es posible la


producción de organismos modificados genéticamente o transgé-
nicos, en los que se han insertado genes heterólogos mediante su
manipulación en el laboratorio. Particularmente en plantas, el poder
introducir nueva información genética requiere de que se cumpla
con los siguientes dos requisitos: a] disponer de un método para la
regeneración in vitro de la especie de interés y, b] contar con un mé-
todo de transformación eficiente para la misma.
Puesto que las técnicas de cultivo de tejidos hacen posible que
a partir de cualquier célula o tejido se puedan regenerar plantas
completas, su uso resulta indispensable para la regeneración de in-
dividuos transgénicos que contengan la nueva información genética.
En cuanto a la transformación se refiere, es necesario contar con un
método que permita tanto la introducción del material genético que
se pretende incorporar, como su integración estable, funcional y he-
redable en el genoma vegetal.
Las plantas transgénicas que se han logrado obtener a la fecha,
provienen del uso de diversos métodos de transformación genética.
Entre ellos se tiene un método biológico y por lo tanto natural,
basado en el empleo de una bacteria que vive en todos los suelos
del mundo llamada Agrobacterium tumefaciens. Debido a que ini-
cialmente se pensó que el sistema basado en Agrobacterium sólo se
podía aplicar a un número limitado de especies vegetales (ahora
se sabe que puede no sólo transformar todas las especies vegetales
sino también otros organismos como hongos), surgió la necesidad
de desarrollar métodos de transformación genética alternativos.
Entre estos métodos alternativos se pueden mencionar protocolos
fisicoquímicos de transformación directa, como la electroporación
de protoplastos y los tratamientos con polietilenglicol y cloruro de
calcio, y métodos físicos, como el bombardeo con micro partículas
recubiertas de adn.
El primer método diseñado para la transformación de células
vegetales, que ha resultado el más exitoso y por consecuencia el más
usado, surgió del estudio detallado del mecanismo de infección de la
bacteria fitopatógena Agrobacterium tumefaciens. Desde entonces, los
esfuerzos se enfocaron en conocer los mecanismos de transferencia
de este adn, con la idea de adecuar este sistema para transferir genes
a plantas.
32 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

Estudios orientados a establecer la funcionalidad de genes prove-


nientes de otros organismos en sistemas vegetales mostraron que los
genes procarióticos o eucarióticos heterólogos intactos no son reco-
nocidos por la maquinaria de la planta y, por consiguiente, no son
expresados. Esto llevó a la conclusión de que la expresión de genes
heterólogos en sistemas vegetales sólo sería posible si las secuencias
codificantes de los genes foráneos se colocaban bajo el control de
señales transcripcionales funcionales en plantas.
El primer ejemplo exitoso de la expresión de un transgen en cé-
lulas vegetales fue reportado en 1983 (Herrera et al., 1983) y al año
siguiente se obtuvo la primera planta de tabaco transgénica diseñada
por ingeniería genética, tomándose estos avances como el nacimiento
de la época del fitomejoramiento agrícola por ingeniería genética.
La supuesta incapacidad de Agrobacterium para infectar plantas
monocotiledóneas, limitó por mucho tiempo la transformación de
cultivos tan importantes como arroz, trigo y maíz. Este hecho impulsó
la búsqueda de técnicas alternativas y así surgieron la introducción de
adn en células desprovistas de pared celular (protoplastos), utilizando
sustancias permeabilizantes de la membrana plasmática, como el polie-
tilenglicol, la aplicación de pulsos eléctricos de alto voltaje que abren
poros en la membrana (electroporación) y la microinyección, que no
es otra cosa que la introducción directa de adn en el núcleo de las cé-
lulas vegetales. La aplicación de estos métodos ha sido muy limitada, ya
sea por las inconveniencias que representa el poder regenerar plantas
completas a partir de protoplastos o por lo difícil e impráctico que re-
sulta utilizar la microinyección con fines masivos y comerciales.
Las dificultades para la transformación de cereales fueron vencidas
cuando, en 1987, se diseñó un acelerador de partículas con el cual es
posible bombardear células o segmentos de tejido vegetal con micro
partículas recubiertas de adn. Este método, también conocido como
biobalística, que permitió la transformación de maíz y arroz, también
se ha empleado exitosamente para transformar diferentes especies
vegetales de gran importancia alimenticia a escala mundial.

aplicaciones de la ingeniería genética de plantas

Al igual que el fitomejoramiento tradicional, la biotecnología se ha


enfocado principalmente en la búsqueda de incrementos en la pro-
plantas transgénicas 33

ducción y protección de cultivos agrícolas contra plagas y enferme-


dades. Sin embargo, los rápidos adelantos de las técnicas de biología
molecular han ampliado los horizontes y en el futuro próximo la
industria, el ambiente y la salud humana y animal, también se verán
beneficiados por la aplicación de estas novedosas técnicas. Con ellas
se intenta no sólo obtener variedades vegetales tolerantes a plagas,
enfermedades y condiciones ambientales adversas que permitan me-
jorar los rendimientos, sino plantas capaces de producir insumos de
alto valor económico y ambiental. La lista de productos susceptible
de obtenerse en plantas transgénicas incluye enzimas, alimentos con
alto valor nutritivo, productos farmacéuticos, vacunas y plásticos
biodegradables. Las expectativas de la producción y uso de plantas
transgénicas se discuten a continuación.

mejoramiento de la composición
y cualidades de semillas y frutos

Las semillas representan la fuente de alimento más importante en las


plantas, ya que contienen proteínas, lípidos y carbohidratos y pueden
ser almacenadas y transportadas sin sufrir cambios considerables
en sus propiedades nutricionales. Los humanos y los animales no
pueden sintetizar 10 de los 20 aminoácidos esenciales y por lo tanto
deben obtenerlos como parte de la dieta. La composición de aminoá-
cidos en las semillas es variable y ninguna especie vegetal produce se-
millas con la proporción óptima de aminoácidos necesarios en la die-
ta humana. Las fuentes principales de proteínas para una gran parte
de la población humana son las semillas de cereales y leguminosas,
sin embargo, una característica de éstas es la deficiencia de lisina en
cereales y de cisteina y metionina en leguminosas. Aunque una solu-
ción a este problema sería el consumo de ambas clases de semillas en
las proporciones adecuadas, en el caso de los humanos existen tradi-
ciones y factores económicos que hacen poco práctica esta solución.
Una alternativa consiste en cambiar la composición de las proteínas
en algunas semillas ya sea por métodos convencionales de mejora-
miento genético o mediante el uso de la ingeniería genética. Algunos
esfuerzos de ingeniería genética orientados para este propósito son el
incremento hasta en 33% de metionina en las proteínas de las semi-
llas de plantas transgénicas de canola y lupino, mediante la expresión
34 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

en semilla de una proteína de maíz rica en metionina en estos culti-


vos. El contenido de lisina en semillas de soya se incrementó hasta en
43%, mediante la introducción y expresión de un gen sintético que
codifica una proteína rica en este aminoácido. Mediante la modifi-
cación de las propiedades regulatorias de las enzimas implicadas en
la biosíntesis de aminoácidos esenciales se ha incrementado la lisina
libre en soya y en canola. Estos éxitos permitirán posteriormente la
modificación de otras plantas como maíz, arroz y frijol.
Otra aplicación potencial de la ingeniería genética en el mejora-
miento de la calidad nutricional de los alimentos es la de aumentar
el contenido de vitaminas. La deficiencia en vitamina a es un pro-
blema muy importante en varios países, especialmente en Asia,
donde 124 000 000 de niños padecen la deficiencia de esta vitamina,
lo cual conduce a la ceguera. La aplicación oral de esta vitamina es
problemática, debido principalmente a la carencia de infraestructu-
ra. Una alternativa es la producción de esta vitamina en la semilla de
arroz, el cual es consumido preferentemente en estas poblaciones.
Mediante la introducción de 3 genes foráneos en plantas de arroz,
ha sido posible la producción de β-caroteno (pro-vitamina a) en el
endospermo de las semillas de este cereal (Ye et al., 2000). Debido a
que el β-caroteno puede ser transformado en el cuerpo humano en
vitamina a, este arroz transgénico tiene un enorme potencial de dis-
minuir la avitaminosis que padecen muchos niños en Asia. El cultivo
de esta variedad transformada o bien la transferencia de los genes a
otras variedades mediante cruzamiento y selección permitirá el culti-
vo extensivo del arroz dorado (como se le conoce comúnmente) rico
en pro-vitamina a.
Se considera que los lípidos de origen vegetal tienen mejores
cualidades nutricionales con respecto a los lípidos animales, prin-
cipalmente debido a que no contienen colesterol y a que son ricos
en ácidos grasos poliinsaturados. Con el propósito de mejorar aún
mas la calidad de los aceites vegetales, sobre todo para disminuir la
incidencia de enfermedades del corazón causadas por el consumo
de grandes cantidades de ácidos grasos saturados, se han obtenido
plantas de canola transgénicas, con una mayor proporción de ácidos
grasos poliinsaturados (40% de ácido láurico) en estas semillas.
plantas transgénicas 35

alteración de la vida de anaquel de frutos

Puesto que el proceso de maduración de frutos es continuo e irrever-


sible, otro de los graves problemas a los que se enfrenta el manejo de
productos agrícolas en el área de fruticultura es el reducido tiempo
del que se dispone para el traslado y distribución de frutos frescos
desde los lugares de cosecha a los sitios de venta y consumo. Por ello,
la ingeniería genética ha intentado retardar la maduración y redu-
cir las pérdidas poscosecha al aumentar la llamada vida de anaquel.
Usando genes antisentido es posible transformar plantas y bloquear
la expresión de genes importantes en el proceso de maduración, tales
como los relacionados en la biosíntesis de etileno (hormona vegetal
que dispara el proceso de maduración de muchos frutos) o de enzi-
mas hidrolíticas directamente involucradas en el ablandamiento de los
frutos. Usando estas estrategias se han producido tomates, melones
y algunos otros frutos cuya vida de anaquel se ha prolongado desde
unos días hasta varias semanas. En la actualidad, los tomates de mayor
vida de anaquel ya han sido comercializados por tres diferentes com-
pañías. Esta estrategia tiene un potencial enorme para su aplicación
en frutos tropicales, producidos principalmente en países en vías de
desarrollo, donde las condiciones de almacenamiento y transporte
son deficientes, ocasionando pérdidas severas.

resistencia a virus, bacterias y hongos fitopatogénicos

Una de las aplicaciones de la ingeniería genética que más ha sido explo-


rada tanto en laboratorios públicos como privados es la generación de
plantas resistentes a enfermedades. El éxito de estos estudios ha sido va-
riable, por ejemplo, plantas resistentes a más de 30 enfermedades virales
han sido obtenidas con éxito, mientras que el desarrollo de resistencia a
enfermedades causadas por hongos es aún muy incipiente. A continua-
ción se describen algunos de los avances obtenidos en este respecto.
Los virus, considerados entidades no celulares compuestos de áci-
dos nucleicos y proteínas, representan a los agentes fitopatogénicos
más devastadores que se conocen porque no existe ninguna medida
de control efectiva contra su ataque. Por esta razón, se piensa que el
control de las enfermedades virales será el campo donde la ingeniería
genética de plantas puede tener su mayor impacto.
36 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

El uso de genes virales y su introducción en plantas ha permitido el


desarrollo de resistencia, lo cual se conoce como resistencia derivada
del patógeno, este fenómeno ha sido explicado considerando que la
planta reconoce un exceso en la expresión de los genes virales intro-
ducidos y evita su expresión, impidiendo, además, la infección por el
virus de la cepa utilizada y cepas relacionadas.
Usando el gen que codifica para la proteína de la cápside, se obtu-
vieron en 1986 las primeras plantas de tabaco resistentes al virus del
mosaico del tabaco. Utilizando una estrategia similar se obtuvieron
plantas de calabacita amarilla y de sandía resistentes a virus. La papa-
ya ha sido severamente atacada por el virus de la mancha anular y los
esfuerzos para generar plantas resistentes usando las técnicas conven-
cionales de hibridación han fracasado, por lo que fue necesario trans-
formar plantas con el gen que codifica para la proteína de la cápside
de este virus. A partir de 1994, se obtuvieron plantas resistentes al
virus y ha sido posible mantener cultivos redituables de papaya en
diferentes lugares, como es el caso de Hawai. Actualmente, la papaya
y la calabacita amarilla han sido comercializadas. Además, tomates
transgénicos resistentes al virus del mosaico del tabaco, papas trans-
génicas resistentes a los virus x y y de la papa, y pepinos transgénicos
resistentes al virus del mosaico del pepino han sido producidos.
Las pérdidas derivadas de enfermedades bacterianas, en el nivel
global, son consideradas menos importantes que aquellas causadas
por virus y hongos. Sin embargo, en el nivel regional infecciones bac-
terianas causan pérdidas muy importantes en algunas especies. Dife-
rentes estrategias han sido utilizadas para disminuir el daño causado
por las enfermedades bacterianas, como es la producción de plantas
transgénicas resistentes a toxinas o que expresan genes de resistencia
a la infección bacteriana.
El arroz silvestre Oryza longistaminata es resistente a Xanthomonas
oryzae pv. Oryzae (Xoo) causante de la enfermedad del tizón del halo,
la cual causa importantes pérdidas en la producción comercial de
arroz en Asia. En 1995, se identificó y aisló un gen de resistencia a
esta bacteria (Xa21), el cual fue transferido posteriormente a varie-
dades de arroz Indica, y éstas mostraron una mejoría en la resistencia
a Xoo. Actualmente, se están realizando ensayos para determinar la
resistencia de las plantas de arroz en condiciones de campo, así como
la conservación de características deseables de la semilla.
Aunque los hongos producen importantes pérdidas en cultivos
de plantas, hay pocos logros sustantivos en la producción de plantas
plantas transgénicas 37

transgénicas resistentes a estos patógenos. La expresión de genes


que codifican enzimas capaces de degradar los constituyentes mayo-
res de la pared celular de los hongos (quitina y β-1,3 glucanos) ha
sido usada como una estrategia para controlar a estos organismos.
La expresión de dos genes que codifican para estas enzimas en
plantas de tomate mostró un nivel útil de resistencia al ataque por
el hongo Fusarium.

plantas transgénicas resistentes al ataque de insectos

En condiciones naturales, las interacciones planta-insecto son de vital


importancia para ambos organismos. Particularmente, las plantas se
ven beneficiadas en procesos como polinización, remoción de tejido
muerto y eliminación de insectos dañinos. De tal modo, puede decir-
se que el control de insectos que se alimentan de plantas es un evento
común en la naturaleza.
Sin embargo, la mayoría de las plantas cultivadas, al sembrarse en
regiones diferentes a sus centros de origen, se vuelven susceptibles
de ser atacadas por especies regionales de insectos que, de hecho,
son una de las principales causas de pérdidas de productos agrícolas
en todo el mundo. Sin duda, el problema es mucho mayor cuando se
consideran las pérdidas que causan los insectos durante el periodo de
almacenamiento de granos y semillas. Por tal razón, la obtención de
cultivares resistentes a plagas es una de las prioridades de cualquier
programa de fitomejoramiento.
Para enfrentar este problema, la ingeniería genética se ha interesa-
do en dos grupos de genes (Estruch et al., 1997). Uno de ellos incluye
los provenientes de la bacteria Bacillus thuringiensis (Bt), que codifi-
can para proteínas cristalinas con propiedades insecticidas conocidas
como δ-endotoxinas. Cuando estas δ-endotoxinas son ingeridas por
los insectos, éstas ejercen su toxicidad mediante la unión a células
intestinales del tracto digestivo ocasionando una lisis osmótica. Estas
proteínas manifiestan una actividad específica en diferentes grupos
de insectos, por ejemplo, las proteínas llamadas Cry1 son activas con-
tra lepidópteros (polillas y mariposas) y los Cry3 solamente contra
coleópteros (escarabajos).
Los genes que codifican para δ-endotoxinas inicialmente mostra-
ron una expresión baja en plantas, por lo que tuvieron que ser mo-
38 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

dificados mediante cambios en el uso de codones, incremento en el


contenido de gc y eliminación de algunas regiones. De esta manera,
ha sido posible la generación de plantas transformadas que pueden
efectivamente ser utilizadas para resistir el ataque de insectos especí-
ficos. El primer cultivo resistente a insectos fue el de tabaco, en el año
1987, en la actualidad también se tiene tomate, algodón, papa, maíz,
canola, soya y arroz. En el caso del maíz, las plantas transformadas
con genes Bt muestran excelente protección contra el barrenador
europeo incluso usando poblaciones de insectos cien veces mayores
en relación con las que se presentan de manera natural. Aunque el
maíz ha sido un éxito biotecnológico, los insectos que atacan este
cultivo difieren de acuerdo con la región geográfica y son necesarios
ensayos de campo para evaluar la efectividad para el control de insec-
tos en diferentes ambientes. Algunos ensayos ya han sido realizados
en México por parte de algunas compañías privadas.
Recientemente (2001) se ha reportado la producción de plantas
híbridas de arroz, las cuales muestran resistencia a dos de las más im-
portantes plagas de lepidópteros, sin una reducción en la productivi-
dad. En Cuba se han desarrollado líneas transgénicas de caña de
azúcar (un cultivo importante para ese país) resistentes al ataque
de insectos y otros en vías de desarrollo.
Debido a que muchas especies de insectos no son sensibles a las
proteínas Cry, la búsqueda de otros genes cuyos productos tengan
propiedades insecticidas, es una labor permanente en el campo
de la biotecnología vegetal. Entre los candidatos más destacados
se mencionan los inhibidores de proteasas que interfieren con el
funcionamiento de las enzimas digestivas de los insectos y que son
parte del sistema de defensa de algunas plantas. Usando inhibidores
de proteasas de origen vegetal ha sido posible obtener plantas trans-
formadas de canola, papa, alfalfa y tomate, aunque en estos casos las
plantas todavía no han sido comercializadas.

plantas transgénicas con mayor tolerancia


a factores ambientales

La sequía, salinidad y el frío son los factores abióticos más impor-


tantes que disminuyen la producción agrícola. Una de las estrategias
para incrementar la tolerancia a tal estrés es la producción de com-
plantas transgénicas 39

puestos osmoprotectores (osmolitos), tales como azúcares, alcoholes,


aminoácidos y compuestos cuaternarios de amonio (glicina-betaina),
los cuales incrementan el potencial osmótico de la célula y estabili-
zan membranas y estructuras macromoleculares. Algunas especies
vegetales producen estos osmolitos debido a que están naturalmente
adaptadas a crecer en condiciones de sequía, alta salinidad o bajas
temperaturas, sin embargo, muchas de las plantas cultivadas de im-
portancia económica no acumulan suficiente cantidad de compues-
tos osmoprotectores que les permitan ser tolerantes al estrés, por lo
que se han hecho esfuerzos encaminados a la producción de plantas
transgénicas con un incremento en la producción de osmolitos. La
glicina-betaina ha sido producida en plantas de tabaco y Arabidopsis,
transformadas con un gen bacteriano y muestran una mejor tole-
rancia al estrés producido por nacl y frío. Además, en tabaco se ha
logrado la sobreproducción del azúcar trehalosa y se ha obtenido un
incremento en la tolerancia a la sequía. Otros osmolitos, tales como
el manitol han sido sobre producidos en Arabidopsis y se observa un
mejoramiento en la germinación de las semillas en condiciones de
alta salinidad (Nuccio et al., 1999).
Otra estrategia para incrementar la tolerancia al estrés es la so-
bre-expresión de genes que codifican transportadores de iones, por
ejemplo el de na+/h+ de la membrana vacuolar, que transporta na+
del citosol hacia la vacuola donde se acumula, permitiendo un ba-
lance osmótico adecuado. Plantas de Arabidopsis transformadas que
sobreproducen el transportador na+/h+ muestran un crecimiento
sostenido en suelos con concentraciones de nacl de hasta 200 mm.
Recientemente (2001), se han producido plantas de tomate sobre-
productoras del transportador na+/h+ de Arabidopsis, las cuales son
capaces de crecer, florecer y producir frutos en presencia de altas
concentraciones de sal (200 mm), además de preservar la calidad del
fruto, ya que éstos muestran un contenido bajo de sodio.
En condiciones de estrés abiótico, los mecanismos de tolerancia
que permiten el crecimiento de una planta bajo esas condiciones
desfavorables involucran el establecimiento de cambios bioquímicos
y celulares que requieren la participación coordinada de muchos ge-
nes. Esta expresión orquestada de genes está controlada por factores
de transcripción. La manipulación de los factores de transcripción
que regulan la expresión de genes de tolerancia al estrés abiótico es,
por ende, una estrategia prometedora para la generación de plantas
con mayor tolerancia al frío y a la sequía.
40 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

Los suelos ácidos representan un problema en las regiones del


mundo con alta precipitación, como los bosques tropicales lluviosos
y bosques de coníferas. Se estima que 40% de la superficie arable del
mundo presenta este problema (68% de América tropical, 38% de
Asia tropical y 27% de África tropical). El aluminio es el elemento
metálico más abundante en el suelo y es tóxico para muchas plan-
tas, en soluciones de baja concentración. De manera natural, algunas
plantas presentan estrategias para tolerar las concentraciones tóxicas
de aluminio, como la producción y exudación de ácidos orgánicos al
suelo (citrato y otros), lo que permite la formación de compuestos
quelados que carecen de toxicidad. El uso de un gen bacteriano que
codifica para la enzima citrato sintasa, encargado de la síntesis de
citrato, ha permitido generar plantas transgénicas de tabaco y papaya
que producen 5 a 6 veces más citrato en las raíces y muestran tole-
rancia a concentraciones tóxicas de aluminio 10 veces mayores a las
concentraciones toleradas por las plantas originales (De la Fuente et
al., 1997).
La contaminación de suelo con metales pesados producto de di-
versas actividades industriales cada vez se convierte en un problema
ambiental y de salud más importante. Para tratar de resolver este pro-
blema se han propuesto estrategias en las cuales se utilicen organis-
mos vivos para extraer los metales pesados que contaminan el suelo y
así limpiarlo, estos procesos han sido denominados como biorreme-
diación. Debido a que las plantas producen raíces que penetran hasta
capas muy profundas del suelo, el uso de plantas para eliminar la
contaminación por metales pesados ha sido propuesta. La fitorreme-
diación de suelos contaminados con metales pesados es un problema
complejo, lo que ha llevado a la búsqueda de estrategias menos cos-
tosas y más efectivas. El uso de plantas para remover selectivamente y
reciclar los metales del suelo es potencialmente efectivo, como se ha
demostrado con plantas transgénicas de Arabidopsis, transformadas
con el gen bacteriano merA que codifica para la enzima reductasa del
ion mercúrico, que permite transformar la forma catiónica del metal
a Hg(0) una forma volátil y no tóxica de este elemento (Chaney et al.,
1997). Sin embargo, es necesaria una mayor investigación básica y
aplicada en este campo con respecto a otros metales tóxicos.
plantas transgénicas 41

las plantas como biorreactores

La producción de proteínas foráneas en plantas tiene varias ventajas,


ya que su producción puede ser en semillas, frutos o tubérculos, con
la posibilidad de colectarlos y almacenarlos, para ser consumidos
directamente o ser procesados para obtener el producto de interés.
Otras ventajas son: 1] el costo bajo a una escala agrícola; 2] reducción
de los costos de capitalización en relación con el uso de métodos de
fermentación; 3] escalamiento relativamente sencillo de la produc-
ción; 4] producción de proteínas multiméricas complejas, tales como
los anticuerpos, que son perfectamente ensamblados y, 5] produc-
ción segura de las proteínas, considerando que las plantas no son
hospederos naturales de patógenos de humanos (Lavick y Thomas,
2001; Giddings, 2000). Este último punto toma una enorme impor-
tancia con el reciente surgimiento del sars, causado por un virus que
al parecer originalmente infectaba a gatos salvajes consumidos como
alimento en China y que por una mutación se volvió virulento para
el ser humano, lo cual implica que la producción de proteínas re-
combinantes de uso farmacéutico sería mucho más segura en plantas
transgénicas que en cultivos de células o animales transgénicos.

producción de vacunas orales en plantas transgénicas

Investigaciones recientes han demostrado que los frutos de plantas


transgénicas tienen la capacidad de sintetizar y acumular proteínas
antigénicas y, por lo tanto, podrían eventualmente ser usadas como
vacunas orales contra agentes infecciosos como virus y bacterias. Los
objetivos inmediatos son las infecciones gastrointestinales y respirato-
rias, que representan las principales causas de mortalidad infantil en
los países en vías de desarrollo. Muchas enfermedades diarreicas son
causadas por bacterias, como Escherichia coli, que producen toxinas
responsables del cuadro clínico. Los genes de dichas toxinas se han
aislado e introducido a plantas de papa lográndose su acumulación
en tubérculos. Ratones alimentados con papas transgénicas produje-
ron niveles elevados de anticuerpos contra la toxina y manifestaron
resistencia a la infección. Los ensayos en humanos con antígenos
producidos en plantas se encuentran en desarrollo, particularmente
con la toxina termolábil de E. coli, virus de la hepatitis b y virus de
42 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

Norwalk; en los tres casos mencionados existen respuestas sistémi-


cas mucosales inmunes, sin efectos adversos demostrados, lo que
permitirá en un futuro próximo su uso como vacunas (Walmsley y
Arntzen, 2000).

uso comercial de plantas transgénicas

En 1994, la compañía Calgene obtuvo el primer producto transgé-


nico liberado para consumo: el tomate Flavr savr® de maduración
retardada. En este caso no existe ningún componente adicional en
la planta ya que solamente se inhibe la expresión del gen nativo
mediante una estrategia de antisentido; no obstante, la información
en los medios de comunicación se manejó en el sentido de que las
personas podrían tener problemas por su consumo. Este tomate se
vendió durante 1995 en los Estados Unidos, aunque posteriormente
se retiró del mercado debido a sus problemas de cultivo, por ser
una variedad susceptible al ataque de patógenos. Un tomate similar
se lanzó al mercado por la empresa Zeneca en 1995, con propie-
dades nutritivas iguales al tomate convencional y sin problemas
alergénicos, actualmente se vende como puré de tomate con un
etiquetado que menciona su procedencia transgénica, ha tenido
un verdadero éxito entre los consumidores debido al mejor sabor
por la utilización de temperaturas de procesamiento más bajas. Una
situación similar se ha dado con la soya (Roundup) con tolerancia a
un herbicida de rápida descomposición en el suelo, liberada para su
consumo en 1996 y rechazada inicialmente por algunos países de la
Unión Europea como Dinamarca, pero aceptada en la mayoría de
los países, considerando que no existen diferencias desde el punto
de vista nutritivo con respecto a la soya producida de manera con-
vencional. Esto demuestra que los consumidores no están en contra
del empleo de la tecnología moderna si pueden obtener las ventajas
y beneficios de la misma.
El área global de cultivos transgénicos comercializados se ha in-
crementado gradualmente: en 1996 se cultivaban 1.7 millones de
hectáreas; 11 en 1997; 27.8 en 1998; 39.9 en 1999; 44.2 en 2000 y
52.6 en 2001, lo que representa un incremento de más de 30 veces en
cinco años. Los países industrializados tienen las tres cuartas partes
de la superficie cultivada con plantas transgénicas, principalmente
plantas transgénicas 43

Estados Unidos (68%) y Canadá (6%), mientras que los países en


desarrollo tienen una cuarta parte, destacando Argentina (22%) y
China (3%). Por lo que respecta al número de países, en 1996 sólo
6 aceptaban el cultivo de plantas transgénicas, y se ha incrementado
a 13 en 2001 (Estados Unidos, Argentina, Canadá, China, Sudáfrica,
Australia, Rumania, México, Bulgaria, España, Alemania, Francia,
Uruguay e Indonesia). Las plantas transgénicas más cultivadas de
acuerdo con reportes del 2001 son la soya (63%), el maíz (19%),
el algodón (13%) y la canola (5%); en menor proporción se en-
cuentran la papa, la calabacita y la papaya, con menos de 1% cada
una de ellas. Los fenotipos de las plantas transgénicas que más se
cultivan son la tolerancia a herbicidas (77%), resistencia a insectos
(15%), combinación de tolerancia a herbicidas y resistencia a insec-
tos (8%), resistencia a virus y otros (menos de 1%). Las superficies
cultivables de plantas transgénicas con respecto a no transgénicas
para algunos cultivos fueron en el año 2001: 46% de soya, 20% de
algodón, 11% de canola y 7% de maíz; el área global de estos 4
cultivos (transgénicos y convencionales) es de 271 millones de has,
por lo que los cultivos transgénicos representan 19%. (Una revisión
completa sobre estos datos se encuentra en James 2002).
A principios de los años noventa del siglo xx la mayoría de los agri-
cultores estaban escépticos respecto de los cultivos transgénicos y esto
continúa en los países en desarrollo. No obstante, el hecho de que los
agricultores de algunos países industrializados y en desarrollo hayan
tomado la decisión de incrementar sus áreas de cultivos transgénicos
hasta en 30 veces habla del volumen de confianza que los agricultores
han puesto en los cultivos transgénicos, que pueden hacer una con-
tribución vital a la alimentación global.
La transferencia de la tecnología de plantas transgénicas a los
países en desarrollo tiene aspectos económicos, políticos y sociales,
no obstante que desde el punto de vista técnico los problemas son
menores. La creación de centros de investigación agrícola en países
en desarrollo (Filipinas, México, Colombia, Nigeria, India, Perú,
Siria, Taiwán y Costa de Marfil) y la participación de organizaciones
internacionales tales como la fao representan las etapas iniciales en
la transferencia de esta tecnología.
44 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

algunos aspectos de la bioseguridad relacionados


con la siembra y consumo de productos transgénicos

Como siempre sucede, el surgimiento de nuevas tecnologías des-


pierta inquietud, tanto entre la comunidad científica, como entre el
público en general. El uso generalizado de los productos de la inge-
niería genética no podría ser la excepción. Un ejemplo lo tenemos en
las campañas que grupos ambientalistas han realizado en contra de los
productos de la biotecnología, por lo que la Unión Europea determi-
nó que a partir del 31 de julio de 1997 quedaba prohibida la entrada
a sus países de plantas transgénicas generadas en otros países, aunque
tal parecería que existe un componente económico en esta decisión
(Hails, 2000).
Una clara muestra del compromiso mundial de atender la proble-
mática de la bioseguridad con respecto a las plantas transgénicas y
otros organismos es el proceso de negociación de un protocolo sobre
bioseguridad para el movimiento transfronterizo de organismos ge-
néticamente modificados (ogm) en el marco del Convenio sobre la
Diversidad Biológica. Este proceso inició en 1994 y las dos primeras
rondas de negociación tuvieron lugar en Montreal, Canadá (1998) y
Cartagena, Colombia (1999).
Un análisis de los riesgos y beneficios debe hacerse considerando
el cultivo de plantas transgénicas y plantas no transgénicas para valo-
rar y ponderar si los riesgos ecológicos son mayores, menores o igua-
les. Hails (2000) hace un análisis del debate que existe actualmente
entre los defensores y detractores de las plantas transgénicas y sugiere
que el mejor árbitro en la toma de decisiones debe ser el análisis cien-
tífico por medio de ensayos de campo, donde se analicen las diversas
variables ecológicas que pueden ser alteradas. En principio, el análisis
de los beneficios y riesgos de las plantas transgénicas debe considerar
el fenotipo que se está modificando en la planta, ya que cada uno de
los casos debe tratarse de manera diferente.
Las primeras pruebas en campo con cultivos transgénicos de taba-
co se realizaron hace ya más de 10 años (1986), en Francia y Estados
Unidos; a la fecha estas pruebas han sido numerosas y suman varios
miles, principalmente en maíz, canola, papa, tomate, soya, algodón,
tabaco, melón y pepino.
Otra inquietud se refiere a que los genes de resistencia a anti-
bióticos, utilizados como marcadores de selección en el proceso de
producción de plantas transgénicas, pudieran pasar a los microor-
plantas transgénicas 45

ganismos que habitan el tracto digestivo del ser humano y generarse


agentes patogénicos resistentes a dichos antibióticos. Particularmen-
te este temor es infundado, ya que varios estudios realizados para eva-
luar esta posibilidad mostraron que o no ocurre, o sucede con una
frecuencia extremadamente baja. En comparación, ha sido muy bien
documentado que el intercambio genético entre diversas bacterias
es común y la transferencia de genes de resistencia a antibióticos es
frecuente, por lo que en todo caso, existe un riesgo mayor en el uso
generalizado e indiscriminado de antibióticos que se utilizan en los
hospitales, ya que esto permite la selección de bacterias patógenas
portadoras de genes de resistencia a muchos antibióticos.
Más extrema aún ha sido la preocupación que han externado
algunos grupos sobre la posibilidad de que el consumo de genes sea
dañino a la salud o que los genes de plantas transgénicas pudieran
incorporarse a las células del ser humano y causar cáncer. No hay
evidencia alguna de que esto pudiera suceder y si así lo fuese, debe
aclararse que las plantas normales contienen decenas de miles de
genes y que si el adn de las plantas causara daños a la salud o se
pudiese incorporar en los cromosomas del ser humano, esto vendría
sucediendo desde que el hombre apareció en la tierra.
La posible generación de alergias por alimentos transgénicos
también ha sido mencionada como un problema potencial para el
consumo de productos derivados de esta nueva tecnología. Aquí cabe
mencionar que la mayoría de los productos que de manera natural
causan alergias son de origen vegetal, primordialmente proteínas, y
que ya se cuenta con mucha información sobre las características que
hacen una proteína potencialmente alergénica. De tal modo, la intro-
ducción de genes en plantas que codifican proteínas que ya se sabe
que no causan reacciones alérgicas no debe causar preocupación.
Para aquellas proteínas de las que no se tiene información, se debe
hacer una evaluación previa a su aprobación para consumo humano
ya que se cuentan con ensayos que permiten determinar si son po-
tencialmente alergénicas. En este respecto, vale la pena mencionar
que las plantas transgénicas representan una herramienta poderosa
para eliminar componentes alergénicos de productos, tales como el
cacahuate, que anualmente causan la muerte de algunas personas
al ser consumidos por personas susceptibles. Recientemente se ha
reportado que usando técnicas de ingeniería genética se ha tenido
éxito en eliminar la proteína que constituye el principal alergeno en
el frijol de soya.
46 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

Otro aspecto debatido es si la introducción de genes en los cro-


mosomas de plantas puede causar efectos inesperados que puedan
ser nocivos a la salud o a los ecosistemas. Estos efectos inesperados o
también llamados pleiotrópicos podrían generarse por dos factores
principales: 1] que los genes introducidos de alguna manera afecten
la expresión de genes de las plantas ubicados en regiones cercanas a
donde ocurrió su inserción (por ejemplo, que regiones reguladoras
de la transcripción de los genes introducidos afecte la expresión de
genes vecinos) y, 2] que la proteína producida por algún gen intro-
ducido tenga funciones inesperadas que puedan alterar el desarrollo
o composición química de la planta.
Si bien es importante considerar que estas posibilidades cierta-
mente pueden ocurrir, se debe analizar si estos fenómenos pueden
presentarse de manera frecuente y si ocurren de manera natural en
las plantas. En este contexto se debe mencionar que en la mayoría
de las plantas y probablemente en todas existen elementos móviles
llamados transposones que brincan de manera natural de una posi-
ción en el cromosoma a otra y aún a otros cromosomas. Estos transpo-
sones contienen elementos reguladores de la transcripción que se ha
demostrado que alteran de manera positiva o negativa la expresión de
genes ubicados en la inmediata vecindad de la nueva ubicación del
transposón. Estudios recientes indican que los efectos de los elemen-
tos regulatorios de la transcripción de un gen sobre la expresión de
otros está limitada a distancias muy cercanas, debido a que existen
de manera natural barreras o bordes naturales que flanquean cada
unidad transcripcional para precisamente evitar que genes vecinos
sujetos a diferentes tipos de regulación o patrón de expresión tejido
específica se afecten unos a otros. Por lo tanto, sería relativamente fá-
cil determinar si la inserción de genes en plantas transgénicas afecta
la expresión de los dos genes ubicados a ambos lados del sitio donde
se integró el segmento de adn introducido. Es importante también
considerar que probablemente este tipo de alteraciones en la expre-
sión de genes ocurre con frecuencia en la mayoría de los genomas
vegetales, cuando un transposón se mueve a una localización cromo-
sómica distinta, y que hasta la fecha esto no ha causado alarma, ni se
ha demostrado que cause problemas de salud o en el medio ambien-
te. Finalmente, se podría proponer que los genes a introducirse en
variedades transgénicas fueran modificados de manera que quedaran
localizados en medio de dos secuencias barrera para evitar que altera-
ran la expresión de genes aledaños al sitio de inserción.
plantas transgénicas 47

La posibilidad de que la proteína codifica por gene introducido


en plantas transgénicas tenga una función adicional a la esperada es
ciertamente real. Existe evidencia creciente de que muchas proteínas
tienen funciones totalmente distintas a las que se les conocía, por lo
que es necesario realizar un análisis profundo de las plantas transgé-
nicas que se pretende liberar en el medio ambiente y ser consumidas
por humanos. Sin embargo, es necesario señalar que, con el crecien-
te conocimiento de las funciones de los genes de plantas derivados
de la caracterización de los genomas de las mismas, la mayoría de las
variedades transgénicas que se producirán en el futuro serán deriva-
das del uso de genes de origen vegetal y probablemente del uso de
genes de la misma planta, por lo que los potenciales riesgos derivados
de funciones no conocidas de genes incorporados a variedades trans-
génicas sería equivalente a lo que sucede de manera natural cuando
se generan nuevas variedades de plantas por mejoramiento genético
convencional.
Una nueva preocupación externada por quienes consideran que
la tecnología de transgénesis no debe ser usada en la agricultura es el
riesgo potencial de que genes de plantas transgénicas sean transferi-
dos a variedades criollas o especies silvestres y que esto pueda poner
en peligro su viabilidad biológica o su integridad genética. Como
muchos de los aspectos que se han comentado sobre bioseguridad,
esta preocupación debe ser considerada seriamente y analizada con
base en el conocimiento científico. Para este análisis debe tomarse
en cuenta que genes de variedades comerciales e híbridos han sido
transferidos a variedades criollas o especies silvestres desde hace mu-
chas décadas y que la permanencia de dichos genes depende de
muchos factores, pero primordialmente de que la planta receptora
tenga una ventaja competitiva que le permita reproducirse y trans-
mitir dichos genes más eficientemente que las originales. Es difícil
imaginar que un solo gen pudiera tener un efecto catastrófico en la
supervivencia de una especie vegetal o que la alterara de tal manera
que la convierta en una supermaleza o una especie capaz de extinguir
otros organismos, ya que las interacciones en los sistemas biológicos
son muy complejas y dinámicas y la competitividad de una planta
depende de muchos genes. En este sentido es mucho más peligrosa
la introducción de organismos exóticos en un ecosistema donde no
existen depredadores u otros factores que limiten su multiplicación.
Es importante comentar que mucho se ha discutido sobre los as-
pectos éticos del la producción y uso de las plantas transgénicas y su
48 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

posible efecto en la biodiversidad. Aunque este debate está lejos de


terminar y de que se tenga un consenso sobre si es ético o no usar esta
manipulación artificial del genoma de las plantas para crear satisfac-
tores, hay varios aspectos que deben mencionarse:
1] El ser humano lleva cerca de 10 000 años manipulando el ge-
noma de plantas y animales, tanto para la producción de alimentos
como por motivos de recreación.
2] El genoma de todos los organismos es altamente dinámico y el
intercambio de genes entre diferentes especies ocurre de manera na-
tural. Tal vez en este aspecto, el ejemplo más dramático sea el mismo
origen de las plantas; los organismos fotosintéticos superiores tuvie-
ron su origen en la evolución mediante un proceso de endosimbiosis
entre una bacteria fotosintética y una célula eucariótica, que significó
la transferencia masiva de genes de origen bacteriano al genoma de
la célula eucariótica.
3] La agricultura es probablemente la actividad humana más alta-
mente nociva para la biodiversidad, ya que representa el reemplazo
de la gran mayoría de la biodiversidad nativa por una o pocas especies
cultivadas y el uso de compuestos químicos como son los fertilizantes,
pesticidas y herbicidas, que contaminan el medio ambiente.
Teniendo en cuenta éstos y otros factores se debe determinar si el
uso de plantas transgénicas puede ayudar a establecer una agricultura
menos dañina al medio ambiente y la biodiversidad, así como hacer
un análisis sobre el balance costo-beneficio que representaría el uso
de plantas transgénicas. Para hacer esto es importante que se tomen
en cuenta tanto los potenciales beneficios económicos del uso de esta
tecnología en cada país, así como sus posibles repercusiones tanto
sociales como culturales.
Por lo que respecta a los alimentos derivados de plantas transgé-
nicas, se utiliza como criterio para su consumo lo sugerido por la
fao y oms, que se refiere a la equivalencia sustancial por lo que se
comparan las propiedades del alimento transgénico con respecto al
no transgénico, y cuando no existen diferencias en sus propiedades
nutritivas y alergénicas se sugiere la aprobación del alimento trans-
génico para el consumo. En México, la Secretaría de Salubridad y
Asistencia es la encargada de la aprobación del consumo y comer-
cialización de alimentos transgénicos y hasta el año 2000 se habían
autorizado los siguientes: jitomate (Lycopersicum esculentum) de madu-
ración retardada, papa (Solanum tuberosum) resistente a la catarinita
de la papa, canola (Brassica napus) resistente al herbicida glifosato,
plantas transgénicas 49

soya (Glycine max L) resistente al herbicida glifosato, canola (Brassica


napus) resistente al herbicida glufosinato de amonio.

perspectivas y consideraciones

La generación de plantas transgénicas ha dependido principalmen-


te de dos factores, el desarrollo de métodos de transformación de
plantas cultivadas y el conocimiento de nuevos genes y su función.
Actualmente existen protocolos de transformación para cereales,
leguminosas, pastos y plantas ornamentales y medicinales.
El conocimiento de los genes de plantas y su función se ha llevado
a cabo mediante mutaciones que afectan diferentes procesos, tales
como la fotosíntesis, respuesta a luz, desarrollo de flores y semillas;
esta estrategia ha permitido disectar procesos importantes de las
plantas. Aunado al trabajo anterior se suman los proyectos conocidos
como genómicos, que consisten en una primera etapa en secuenciar
el genoma completo de algunas plantas y posteriormente analizar la
expresión de miles de genes a la vez (utilizando la tecnología de mi-
cro-arreglos), en condiciones ambientales y fisiológicas particulares,
como estrés ambiental, desarrollo de la semilla, etc. Se cuenta actual-
mente con la secuencia completa de la planta modelo Arabidopsis tha-
liana y del arroz, con conclusiones interesantes que serán aplicadas a
muchas especies de interés agrícola. Basándose en este nuevo cono-
cimiento será posible el diseño de plantas transgénicas usando pri-
mordialmente genes de origen vegetal, particularmente genes de la
misma especie, que tengan una mayor productividad, mayor calidad
alimentaria o que toleren mejor factores ambientales adversos como
son la salinidad y la sequía. Estas nuevas generaciones de variedades
transgénicas, por contener genes de origen vegetal deberían tener
una aceptación mucho mayor por aquellos grupos preocupados en la
transferencia de genes de microorganismos a plantas.
Finalmente, conviene puntualizar que la ingeniería gené-
tica de plantas es una realidad, pero queda todavía un campo en
experimentación cuyas expectativas de aplicación han despertado un
enorme interés en el ámbito mundial. Asimismo, si bien aún no se de-
muestra plenamente lo contrario, no hay bases sólidas para asegurar
que sus productos sean peligrosos. Por lo tanto, los llamados de alar-
ma deben ser escuchados con prudencia, pues resulta evidente que
50 luis herrera estrella/miguel martínez trujillo

los productos transgénicos solamente serán utilizados masivamente


cuando hayan satisfecho rigurosas pruebas que garanticen que su li-
beración no representa riesgos, ni para la salud, ni para el ambiente.

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VENTAJAS Y LIMITACIONES DE LA BIOTECNOLOGÍA
EN LA OBTENCIÓN DE VARIEDADES RESISTENTES
A ESTRÉS AMBIENTAL

alejandra a. covarrubias robles∗

La necesidad del ser humano de obtener diferentes fuentes que


le proporcionen alimentos en diferentes regiones y ambientes dio
lugar al nacimiento y desarrollo de la agricultura. Aun cuando la
“biotecnología” es un término relativamente reciente, sus orígenes
se pueden rastrear en los albores de la civilización humana, cuando
para subsistir, los campesinos del neolítico empezaron a modificar su
ecosistema al seleccionar de sus cosechas cierto tipo de semillas para
sembrar en el siguiente periodo. Sin saberlo seleccionaron a favor de
plantas que, por ejemplo, producían más semillas, resistían el ataque
de ciertas plagas, resistían periodos de sequía o de congelamiento,
etc. Así, las civilizaciones sedentarias favorecieron la producción y
el uso de plantas y animales modificados y, consecuentemente, sus
fuentes de alimentación se redujeron a aquéllas que cumplían con
sus expectativas de rendimiento y calidad. Esta práctica ha llevado a
que la mayor parte de nuestra alimentación dependa de un número
reducido de especies vegetales si consideramos la gran variedad de
especies existentes en la Tierra. Así, la emergencia de la agricultura
cambió radicalmente el curso de la historia del ser humano y estable-
ció las bases de las civilizaciones actuales.
Los beneficios que se han obtenido en los últimos dos siglos a
partir de la modificación de diferentes organismos ha favorecido
el mejoramiento y la generación de transformaciones en diversas
tecnologías. Éste sería el caso de la aplicación de la genética al
mejoramiento de diferentes cultivos, lo cual ha acelerado el cruza-
miento entre diferentes variedades para obtener cultivos mejora-
dos. Más recientemente, la aplicación sistemática de esta forma de
selección ha llevado al mejoramiento masivo de diferentes granos
básicos, como maíz, arroz, trigo, frijol, soya, etc., los cuales se han
introducido en diferentes regiones del mundo. En muchas áreas en

*
Departamento de Biología Molecular, Instituto de Bioetcnología, unam.

[51]
52 alejandra a. covarrubias robles

donde la agricultura es intensiva, esta práctica ha desplazado a las


variedades locales.
Esta tecnología, conocida como “mejoramiento genético”, permite
seleccionar aquellas plantas que poseen los genes más deseables desde
el punto de vista agronómico con la finalidad de reproducirlas para su
siembra y cosecha. Por otro lado, los mejoradores agrícolas además de
poder seleccionar características útiles en cierto cultivo, también son
capaces de combinar plantas con diferentes características ventajosas
para obtener la progenie que las posea. Aun cuando el “mejoramiento
genético” ha sido durante siglos el principal método para el mejora-
miento agrícola, y ha permitido seleccionar variedades con característi-
cas específicas a partir de variantes naturales, presenta algunas desven-
tajas. Una de las más evidentes es el hecho de que cuando se cruzan,
en particular especies que se autopolinizan, éstas se vuelven más ho-
mocigotas (más homogéneas genéticamente) que sus progenitores, de
tal forma que conforme los genes de interés son más homocigotos en
la población, aquellos genes indeseables, que en los progenitores
estaban enmascarados por estar en una forma heterocigota, ahora se
expresan. Estas observaciones indican que el mejoramiento de los cul-
tivos no necesariamente depende de la introducción de nuevos genes,
éste se puede dar por ganancia o pérdida de función, o bien por una
combinación de ambas (Poehlman, 1987).
Puesto que el mejoramiento agrícola requiere, en la mayor parte
de los casos, de la producción de una progenie fértil, es necesario
cruzar plantas de la misma especie (con el mismo juego de genes),
pues la introducción de genes en especies similares o diferentes (con
distintos juegos de genes) es progresivamente más difícil en función
de la divergencia entre sus juegos de genes. En algunos casos esta
barrera se puede salvar mediante el uso de técnicas de cultivo de
tejidos, si se conocen las características reproductivas de las especies
de interés.
Cabe hacer notar que diferentes variedades seleccionadas por los
primeros agricultores, dadas sus características de alto rendimiento
o vigor, resultaron ser poliploides, lo cual significa que estas plantas
contienen más de los dos grupos de cromosomas con los que nor-
malmente cuenta un organismo superior. Las plantas poliploides
han jugado un papel importante en la evolución de los cultivos que
ahora consumimos. Éstas pueden surgir espontáneamente en la na-
turaleza, o bien, se pueden inducir con ciertos químicos específicos.
También se pueden generar plantas poliploides como resultado
ventajas y limitaciones de la biotecnología 53

de la combinación de cromosomas de dos especies diferentes. Por


ejemplo, las variedades de trigo más modernas son hexaploides, en
comparación con sus ancestros que son diploides. Se piensa que las
variedades diploides que contenían dos grupos de 7 cromosomas (aa)
se cruzaron con alguna especie de un pasto silvestre (bb) y dieron
lugar a una variedad tetraploide (aabb), la cual, a su vez, se combinó
con otra variedad silvestre (dd) para generar el trigo moderno con
naturaleza hexaploide (aabbdd), con 42 cromosomas. En tiempos
recientes se tomó ventaja del fenómeno de poliploidia para generar
un híbrido entre dos especies diferentes, trigo y centeno, al cual se le
ha llamado “triticale”. Este híbrido resultó de un intento de combinar
las características ventajosas del trigo (Triticum), alto rendimiento y
alto contenido de proteína en la semilla, con la capacidad de adap-
tación a ambientes adversos y el alto contenido de lisina del centeno
(Secale). El cruzamiento intensivo entre la progenie de esta cruza, así
como el tratamiento con ciertos químicos, ha permitido la obtención
de derivados fértiles de “triticale” que tienen un alto rendimiento, un
alto contenido de proteína, resistencia a limitación de agua, madurez
temprana, y resistencia a enfermedades (Chrispeels y Sadava, 1994).
En paralelo, avances científicos adicionales han influido en el
desarrollo de la agricultura. En los últimos decenios, el desarrollo
de la biotecnología vegetal ha inducido un cierto “entusiasmo tecno-
lógico” que podría impactar las formas en las cuales se obtienen los
cultivos que consumimos, la producción de fármacos y algunos otros
químicos que se utilizan en la industria (por ejemplo, plásticos). Una
de las contribuciones más importantes que permitieron el desarrollo
de la biotecnología vegetal moderna ha sido el descubrimiento de
que es posible obtener plantas completas y funcionales a partir del
cultivo de pequeñas piezas de hojas o tallos, o de masas diminutas de
células vegetales que se dividen activamente (meristemos), las cuales
se encuentran frecuentemente en la punta de tallos o ramas. Esta
característica natural de las plantas dio lugar a un método para multi-
plicar plantas in vitro al cual se le conoce como “propagación clonal”,
ya que las plantas se obtienen a partir de una “clona” o grupo de indi-
viduos genéticamente idénticos. El uso de esta metodología permite
obtener millones de plantas, esencialmente idénticas, a partir de una
sola, en periodos cortos de tiempo. La clonación de plantas por téc-
nicas de cultivo de tejidos estableció las bases para la “industria de la
micropropagación”. Así, se han generado diferentes tipos de cultivos
de meristemos. En algunos casos, este cultivo da lugar a masas indi-
54 alejandra a. covarrubias robles

ferenciadas de células que se conocen como “callos”, los cuales bajo


ciertas condiciones generan estructuras embrionarias llamadas “em-
briones somáticos”. Estos embriones se pueden desarrollar normal-
mente y dar lugar a tallos que más tarde forman raíces y finalmente
producen una planta completa. A la fecha, muchas especies vegetales
han sido propagadas por ambos métodos. En particular, ha sido exi-
toso en la generación de plantas ornamentales, pero también se apli-
ca a ciertas plantaciones agrícolas como papa, fresa, palma de aceite,
plátano, algunas plantas medicinales y algunos árboles. El hecho de
que es posible obtener especies “elite” que pueden ser multiplicadas
rápidamente representa una ventaja obvia de la “micropropagación”,
particularmente en el caso del mejoramiento de especies arbóreas y
de los programas para reforestación. Otra ventaja de la micropopaga-
ción es que es posible obtener plantas libres de enfermedades (virus,
bacterias u hongos) las cuales pueden ser utilizadas como materia
prima para plantar. Es así como los productores de papa y fresa, en-
tre otros, generalmente, obtienen cada año su material para siembra
(Hernan, 2002).
Las técnicas de cultivo de tejidos también permiten cultivar los “ca-
llos” bajo ciertas condiciones, en medio líquido, de tal manera que se
puede establecer un cultivo de células vegetales en suspensión. Esta
clase de cultivos ofrece la alternativa de producir ciertos compuestos
de origen vegetal que pueden ser usados como fármacos, cosméticos,
saborizantes o agroquímicos (Cocking, 1986).
La capacidad natural de las plantas para generar una planta com-
pleta y funcional a partir de una célula (totipotencialidad) no sólo
dio lugar a una nueva tecnología por sí misma, sino también permitió
la producción de plantas modificadas por “ingeniería genética”.
La ingeniería genética implica la introducción de uno o más ge-
nes, previamente aislados, en organismos de la misma o de diferentes
especies. Un proceso natural de transferencia de genes entre especies
diferentes sucede en el caso de la transferencia que realiza una bac-
teria del suelo, patógena para ciertas plantas, llamada Agrobacterium
tumefaciens. Esta bacteria causa tumores en ciertas especies vegetales
al infectar por medio de alguna herida e interferir con el proceso de
cicatrización, de tal manera que, en lugar de que se forme un callo
que cierre la herida, las células proliferan sin control y forman un
tumor. Este proceso tumorogénico es inducido por la transferencia
de genes de una sola bacteria a un cromosoma de la célula vegetal.
La expresión de ciertos genes en la célula transformada con los genes
ventajas y limitaciones de la biotecnología 55

bacterianos se altera de tal forma que produce cantidades anormal-


mente grandes de ciertas hormonas vegetales por lo cual se induce la
proliferación. Todas las células provenientes de esta célula infectada
heredarán, por lo tanto, los genes bacterianos. Aún cuando este pro-
ceso de transferencia de adn puede considerarse promiscuo, puesto
que sucede entre organismos no relacionados, es un proceso natural
(Buchanan et al., 2000).
El conocimiento que derivó de la caracterización de este proceso
de infección dio lugar a la idea de substituir los genes de la bacteria
que se integran en el genoma vegetal por genes, ya sea de la misma
especie vegetal o de organismos de otras especies. Para lograrlo fue
necesario modificar el fragmento de adn bacteriano capaz de inser-
tarse en el genoma vegetal con la finalidad de obtener la inserción
del gen exógeno con la menor cantidad de adn bacteriano posible.
El adn bacteriano que se inserta en el genoma vegetal es parte de un
plásmido llamado Ti, al cual se le removieron los genes bacterianos
causantes de la formación del tumor y se conservaron ciertas regiones
que son esenciales para que la inserción ocurra. Así, el gen de interés,
equipado con una región de control apropiada (que permita su ex-
presión en plantas), se introduce primero entre estas regiones y, jun-
to con un gen que permite la selección de las plantas transformadas,
en la mayoría de los casos hasta ahora, ha sido un gen que confiere
resistencia a un antibiótico. Este plásmido Ti modificado, junto con
el gen de interés, se debe introducir primero a una cepa adecuada de
Agrobacterium para que después la bacteria transformada se ponga en
contacto con fragmentos de tejido vegetal, de tal manera que se trans-
fiera el plásmido Ti modificado y el fragmento con el gen selecciona-
do se inserte en el genoma de la célula vegetal. Mediante las técnicas
de regeneración in vitro es posible obtener plantas completas en las
que cada una de sus células expresan tanto el gen de interés como
aquél que permitiría seleccionar las plantas transformadas al confe-
rirles resistencia a algún antibiótico (por ejemplo, kanamicina). Así
pues, las plantas cuyas células contienen el fragmento arriba descrito
serán capaces de sobrevivir en un medio que contenga antibiótico, en
tanto que las que no lo contengan (las no transformadas) morirán
en este medio. Esta tecnología dio lugar a la “biotecnología vegetal
moderna” y también contribuyó a la generación de nuevas estrategias
para abordar preguntas relacionadas con los diferentes procesos
llevados a cabo por las plantas, las cuales difícilmente habrían sido
contestadas sin esta alternativa metodológica (Torrey, 1985).
56 alejandra a. covarrubias robles

Aun cuando la transformación de plantas mediada por Agrobac-


terium pareciera ser el método más conveniente (pues con éste se
han transformado un buen número de especies diferentes), existen
algunas que no son susceptibles a la infección por esta bacteria, en
particular, los cereales y los pastos (arroz, trigo, maíz, sorgo, caña
de azúcar, etcétera). Esta limitación indujo la búsqueda de métodos
alternativos, y una tecnología que ha resultado exitosa para estos
fines ha sido la llamada “biolística”. Esta metodología consiste en
introducir directamente las moléculas de adn en las células vegetales
utilizando una pistola que dispara microproyectiles recubiertos con
el adn que contiene el (los) gen(es) de interés. Por razones que aún
se desconocen, el adn que entra a las células se integra en alguno de
los cromosomas y de esa manera se transmite al resto de la progenie
(Klein, 1992).
A la fecha, los diferentes métodos de transformación han permi-
tido transformar y regenerar un número importante de especies ve-
getales incluyendo cereales (arroz, maíz, trigo, cebada, avena), fibras
(algodón), algunas leguminosas y semillas aceitosas (lino, canola,
soya, girasol, chícharo), hortalizas (zanahoria, coliflor, apio, pepino,
lechuga, melón, petunia, papa, tabaco, tomate, etc.), pastos (alfalfa,
trébol, pasto de jardín, etc.) y algunos árboles (manzano, nogal, ála-
mo) (Chrispeels y Sadava, 1994a).
Cabe mencionar que el mayor y mejor conocimiento de la regu-
lación de la expresión genética en plantas, así como de los genes in-
volucrados en diferentes procesos fisiológicos ha permitido mejorar
esta tecnología. Entre otras cosas, es posible hacer uso de diferentes
“promotores” (regiones que controlan la expresión de los genes)
que permitan controlar la expresión del gen que se introduce por
diferentes estímulos (hormonas, temperatura, déficit hídrico, etc.),
o bien, restringir la expresión del gen en cuestión a ciertos tejidos u
órganos, o a ciertas etapas del desarrollo de la planta. También es posi-
ble controlar los niveles de expresión del gen y, consecuentemente, la
cantidad de la proteína que se produciría en la planta “transgénica”.
La capacidad de transferir a una planta genes de organismos de
diferentes especies no es exclusiva de la tecnología arriba descrita.
En el proceso de “mejoramiento tradicional” también se obtienen
plantas “transgénicas”, es decir, plantas que han adquirido los genes
o caracteres de variedades de la misma especie y, en algunos casos,
incluso de especies vegetales diferentes. Cuando un mejorador desea
introducir un carácter particular en un cultivo busca variedades sil-
ventajas y limitaciones de la biotecnología 57

vestres o cultivadas que posean el carácter de interés (por ejemplo,


resistencia a un hongo patógeno, resistencia a sequía, etc.). Posterior-
mente, realiza varias cruzas entre la variedad que se quiere mejorar y
aquélla que posee la característica de interés, de tal forma que logra
transferir y estabilizar el gen o los genes responsables de esta carac-
terística en la variedad cultivable. En este proceso de mejoramiento
el intercambio genético entre las variedades o especies utilizadas es
abundante, de tal forma que el o los genes de interés se transfieren
acompañados de cientos de genes no relacionados con la característica
deseada. En cierta forma, este procedimiento tiene la ventaja de que
no es necesario conocer el o los genes involucrados en la característi-
ca agronómica deseada, ya que esencialmente se basa en la selección
de las plantas que las posean, independientemente de cuántos genes
se transfirieron y por qué mecanismo. En el caso de la transforma-
ción por ingeniería genética es necesario conocer el gen que se va a
introducir, así como las características funcionales de la proteína para
la cual codifica. Esto último pudiera representar una ventaja, pues se
conoce con precisión la información genética a introducir, de tal for-
ma que es posible llevar a cabo una caracterización fina de la planta
transgénica a obtener en cuanto a la localización de la inserción en
el genoma de la planta y los posibles cambios genéticos. Aun cuando
esta nueva tecnología deja abierta la posibilidad de introducir genes
de origen muy diverso y eso se pudiera considerar como una forma
de introducir variabilidad o diversidad, esto deja preguntas, aún no
contestadas, en cuanto a las alteraciones en los mecanismos normales
de intercambio y recombinación genética del genoma vegetal (Nap
et al., 2003).
A la fecha, se han identificado muy pocos genes que puedan ser
utilizados eficientemente en el mejoramiento de cultivos de impor-
tancia agrónomica, entre éstos se encuentran genes de origen viral los
cuales codifican para proteínas que restringen la multiplicación del
virus y evitan su dispersión en la planta infectada, evitando así daños
y pérdidas del cultivo causadas por la infección con este tipo de virus
(Wilson, 1993; Shin et al., 2002; Smith et al., 1994). Otro ejemplo bien
conocido es el de la introducción de genes de origen bacteriano que
codifican para proteínas con actividad insecticida. Las plantas que las
expresan o producen son resistentes al ataque de ciertos insectos, ya
que la larva del mismo se muere por intoxicación al comerse trozos
de sus hojas o raíces (Ferre, 2002). De manera similar sería posible
obtener plantas modificadas en caracteres agronómicos en los que
58 alejandra a. covarrubias robles

sólo estuviera involucrado un sólo gen, tales como la resistencia a


ciertos patógenos (Campbell et al., 2002; Hirt, 2002; Salmerón y Verr-
nooij, 1998). Sin embargo, en muchos de los caracteres de importan-
cia agronómica están involucrados numerosos genes. Tal es el caso de
la resistencia a diferentes condiciones de estrés ambiental como sería
la sequía, las altas temperaturas, el congelamiento, las altas concen-
traciones de sales, la acidez del suelo, la inundación, etcétera.
A la fecha, las diferentes variedades que existen en el merca-
do con características de resistencia a estas condiciones de estrés
ambiental han sido obtenidas por “mejoramiento tradicional”,
utilizando como fuentes de resistencia variedades silvestres o culti-
vadas que poseen la resistencia deseada aunque carezcan de otras
de importancia agrícola. Tal sería el caso de cruzar una variedad
a, con buenas cualidades agronómicas y cierta resistencia a sequía,
pero con sensibilidad a ciertos patógenos, con otra variedad b que
fuese sensible a sequía pero resistente a enfermedades. Después
de realizar una primera cruza entre estas variedades (a x b), se re-
quiere realizar otra cruza con la variedad parental (a), que posee
el mayor número de características deseables (retrocruza), con la
finalidad de incrementar la probabilidad de obtener entre la pro-
genie individuos que contengan las características deseables de a
más la resistencia a patógenos de b, por ejemplo. Después de ello se
requiere autocruzar la progenie para homogenizar genéticamente
la población (durante 5 a 7 ciclos de cultivo) para posterioremen-
te seleccionar en la progenie obtenida aquéllas que presenten las
características favorables, resistencia a sequía y a patógenos. Este
proceso, dependiendo del caso, pudiera durar entre 5 y 8 años en
algunos cultivos como frijol y quizás más (10 a 12 años) en otras
situaciones. El proceso es largo, sobre todo en estos casos en los que
se desea seleccionar por caracteres multigénicos (o de baja hereda-
bilidad) (Chrispeels y Sadava, 1994b; Poehlman, 1987).
Aun cuando la ingeniería genética, aplicada a la biotecnología
agrícola, representa una oportunidad para acortar el tiempo inver-
tido en el mejoramiento, la obtención de plantas con características
de resistencia a factores del medio ambiente aún representa un reto
a salvar por su naturaleza multigénica. A la fecha se han logrado
avances considerables en cuanto al conocimiento de algunos de los
mecanismos básicos involucrados en la respuesta adaptativa de ciertas
especies vegetales y, con ello, a la identificación de diferentes genes
que pudieran ser útiles en conferirle a la planta algunas caracterís-
ventajas y limitaciones de la biotecnología 59

ticas de tolerancia. Algunos ejemplos de ello son: genes de origen


bacteriano como betA que codifica para la colina deshidrogenasa,
enzima que participa en la síntesis de glicin-betaína, y el cual incre-
menta la tolerancia a salinidad cuando se sobrexpresa en plantas de
tabaco (Lilius et al., 1996); codaA que codifica para la colino-oxidasa
que también participa en la síntesis de glicin-betaína, y que confiere
tolerancia a salinidad y a bajas temperaturas en plantas transgénicas
de Arabidopsis y arroz (Maheswari et al., 1999; Sakamoto et al., 1998;
Huang et al., 2000); mtlD cuyo producto es la manitol-fosfato-deshi-
drogenasa, involucrada en la síntesis de manitol, que confiere cierto
grado de tolerancia a salinidad y sequía en tabaco y Arabidopsis (Tar-
czyinski et al., 1993; Thomas et al., 1995). Entre los genes de origen
vegetal están: el P5CS que codifica para la pirrolín-carboxilato sintasa,
enzima que participa en la síntesis de prolina, y cuya sobrexpresión
ectópica, aparentemente, genera tolerancia a salinidad y sequía en
tabaco y arroz, y a estrés osmótico y calor en soya (Kishor et al., 1995;
Zhu et al., 1998); entre los genes que codifican para ciertas proteí-
nas abundantes en semillas secas, conocidas como proteínas lea, la
sobrexpresión ectópica de COR15a y Hva1 incrementa los niveles de
tolerancia a sequía y salinidad en Arabidopsis, arroz, trigo y avena.
También se ha reportado un efecto favorable, en cuanto a la tole-
rancia a sequía y congelamiento, de la expresión regulada de ciertos
factores transcripcionales que regulan la expresión de los genes
involucrados en la respuesta a limitación de agua (Tamminen et al.,
2001; Jaglo-Ottosen et al., 1998; Tsai-Hung Hsieh et al., 2002; Kasuga
et al., 1999). Este último caso pareciera ser el que ha dado lugar a un
mejoramiento más significativo desde el punto de vista agronómico,
al menos en el caso de canola. Así, a pesar de que la sobrexpresión
ectópica de algunos de los genes identificados como participantes de
la respuesta a déficit hídrico, o a otras situaciones ambientales estre-
santes, son capaces de conferir ciertos niveles de tolerancia a algunas
condiciones de agobio, los niveles de tolerancia que se alcanzan en
algunas plantas modelo, como Arabidopsis o tabaco, bajo condiciones
controladas de laboratorio, no necesariamente se reflejan en otras
plantas de interés agronómico, o bien en las mismas especies, una vez
que éstas se someten a condiciones naturales de estrés en el campo,
si consideramos que para el agricultor la resistencia a un factor estre-
sante implica, al menos, mantener la productividad del cultivo. La na-
turaleza multigénica de estas características de resistencia, así como
la gran variabilidad de las condiciones de los cultivos, predice que la
60 alejandra a. covarrubias robles

obtención de plantas transgénicas que expresen un solo gen no será


la solución para ello. Por otro lado, lleva a considerar la complemen-
tación de esta metodología con el uso de otras tecnologías con un
potencial importante como lo es la localización genética de loci ligados
a caracteres cuantitativos (Poehlman, 1987). Esto último, no sólo para
generar “marcadores moleculares” que pudieran auxiliar en la selec-
ción de las variedades deseadas sino también para tratar de identificar
aquellos genes ligados a estos marcadores. También resulta evidente
de estas experiencias, la necesidad de conocer con mayor profundi-
dad los diferentes mecanismos que utilizan las plantas superiores, en
particular, las de interés agrícola para resistir situaciones ambientales
adversas como la sequía o la erosión de los suelos, condiciones cada
vez más frecuentes en nuestro planeta.
Lo arriba mencionado no subestima el hecho de que la biotecno-
logía agrícola moderna ofrece un vasto número de posibilidades para
generar diversas estrategias para el mejoramiento de los cultivos, por
lo cual no suena aventurado predecir que podría tener impacto no
sólo en la agricultura sino también en las prácticas para la producción y
procesamiento de alimentos. Incluso se invierten esfuerzos en desarro-
llar el llamado “cultivo de moléculas” en el que las plantas pudieran ser
utilizadas para la producción de grandes volúmenes de productos con
poco valor agregado, como almidones y aceites industriales; así como
para la producción de volumenes pequeños de productos con un alto
valor agregado, como vacunas y otros fármacos (Daniell et al., 2001;
Pridmare et al., 2000).
Aun cuando la “nueva biotecnología agrícola” representa un po-
tencial considerable, ésta no representa la solución a los problemas
a los cuales se enfrenta la agricultura mundial. Cabe puntualizar que
la integración de esta metodología, aunque reduciría el tiempo del
proceso de mejoramiento, no elimina la aplicación de los procedi-
mientos usados en los métodos de “mejoramiento tradicional”, ya
que en muchos casos será necesario transferir el gen de interés de
una variedad transformable a otra no-transformable, o bien a otra
que posea características agronómicas adicionales. Por otro lado,
compartiría todos los problemas asociados al estilo de agricultura que
se ha implantado en el mundo. La agricultura “convencional” es una
práctica que depende enormemente de una inversión elevada y de in-
sumos tecnológicos. Algunos de los avances tecnológicos han llevado
a que el agricultor minimice los costos de producción por unidad; sin
embrago, su utilización es altamente dependiente de subsidios guber-
ventajas y limitaciones de la biotecnología 61

namentales o de investigación realizada en industrias del sector. De


hecho, muchos de estos avances han llevado a una disminución de las
oportunidades de trabajo en el campo, a favor de más empleos en
las ciudades en donde se producen los insumos, maquinarias y quími-
cos. En este sistema, los bajos costos de producción, que en algunos
casos se refleja en alimentos más baratos, impacta a los consumidores
y al negocio agrícola; sin embargo, los inconvenientes recaen sobre
toda la sociedad. Las consecuencias negativas de estas prácticas son,
principalmente, la contaminación por fertilizantes y pesticidas y la
degradación o erosión de la tierra, entre otras. De ahí que exista una
preocupación importante y surjan dudas sobre el balance de benefi-
cios contra perjuicios de la “agricultura intensiva” la cual no preserva
sino que daña el medio ambiente y por tanto se considera una ac-
tividad “no sustentable”. Desafortunadamente, este tipo de práctica
es la que domina y se promueve en las áreas cultivables del mundo
“desarrollado” y “no desarrollado”.
Ante este panorama, la “nueva biotecnología agrícola” posee el
potencial de aliviar algunos de los efectos negativos de la “agricultu-
ra intensiva” al poder generar plantas resistentes a algunos insectos,
hongos, bacterias o nematodos, lo cual consecuentemente reduciría
el uso de pesticidas y, por tanto, los niveles de contaminación por
estos químicos tóxicos. También pudiera ayudar a obtener cultivos
que utilicen mejor el nitrato o el fosfato del suelo, en cuyo caso
disminuiría la contaminación por nitrato de los mantos freáticos.
Como todas las tecnologías, no en todos los casos la “biotecnología
agrícola moderna” haría de la agricultura una actividad ambiental-
mente amigable o segura. Por ejemplo, las compañías que producen
herbicidas han invertido en la generación de plantas que toleran her-
bicidas, generalmente, el herbicida para el cual tienen el mercado
más grande (Charles, 2001). Así que si se continúa con un enfoque
como éste para controlar el crecimiento de hierbas en los campos de
cultivo, esto aumentará el uso de químicos en la agricultura y, con ello,
la consecuente contaminación. Una situación similar, que afectaría la
conservación del medio ambiente y el equilibrio de nuestros ecosiste-
mas, pudiera ser el que esta tecnología llevara al uso indiscriminado,
guiado por intereses económicos, de ciertos ecosistemas que antes no
habían sido utilizados, como pudieran ser los desiertos o las zonas de
playa. Así que no es difícil llegar a la conclusión de que si se continúa
estimulando una “agricultura intensiva”, el escenario más probable
en el futuro será que la “biotecnología agrícola moderna” reforzará
62 alejandra a. covarrubias robles

la tendencia hacia una agricultura industrial, altamente dependiente


de químicos y de altos niveles de insumos.
Este análisis lleva a la conclusión de que las sociedades del mundo
deben enfrentar el reto de decidir la dirección que las prácticas
agrícolas deben tomar en el futuro. Por tanto, sería importante
definir si queremos una mayor industrialización que dependa de
inversiones millonarias, o bien si preferimos una mayor sustentabi-
lidad que requeriría de menos insumos externos. En este contexto,
podríamos considerar a la “biotecnología agrícola moderna” como
cualquier otra tecnología que, dado los incentivos apropiados, y en
combinación con prácticas tradicionales, pueda conformar sistemas
agrícolas más eficientes y sustentables. De hecho, cabe recalcar que
el hambre en el mundo no es un problema que se resolvería con esta
tecnología, como algunos claman; ya que nuestros sistemas agrícolas
actuales producen suficientes alimentos. La razón de la persistencia
del hambre en el mundo reside en otras causas que no se discuti-
rán aquí. Aun cuando es verdad que el crecimiento de la población
mundial tiende a incrementarse de forma alarmante y esto lleva a la
preocupación de si el ser humano será capaz de producir la cantidad
de alimentos suficiente, la solución de este problema no recae nece-
sariamente o solamente en la producción de alimentos, sino también
en su distribución adecuada, entre otras cosas.
Una preocupación surgida en relación con el cultivo de plantas
modificadas por ingeniería genética está relacionada con la “ero-
sión” y “contaminación” genética. Con referencia a ello recordare-
mos que, desde su nacimiento, la agricultura ha llevado a restringir
la base genética de los cultivos que constituyen nuestra alimenta-
ción. La combinación y selección de las diferentes variedades de los
cultivos ha llevado a la rápida adopción de muchas de ellas dado
el éxito inicial que el agricultor percibe ante el mejoramiento y,
consecuentemente, ha descartado la riqueza y diversidad genética
de razas y variedades silvestres. Por ello se ha generado una uni-
formidad genética que representa un cierto riesgo en términos de
susceptibilidad a plagas, por ejemplo. Este problema de “erosión
genética” es algo que se debe considerar durante el diseño de las es-
trategias para la producción de plantas modificadas por ingeniería
genética, así como en cuanto a las regiones en donde se distribui-
rían para su siembra (Conner et al., 2003). Otro factor a considerar
es el relacionado con la “contaminación genética” ocasionada por
el “flujo génico”. Todos los cultivos tienen parientes silvestres en
ventajas y limitaciones de la biotecnología 63

algún lugar de la Tierra y, de hecho, cierto “flujo génico” ocurre


entre los cultivos y sus variedades silvestres, sobre todo cuando estas
poblaciones crecen en regiones cercanas. Así, cuando los agriculto-
res compran sus semillas para sembrar es probable que induzcan el
“flujo génico” entre sus cultivos y las variedades silvestres cercanas,
en particular cuando existe una presión selectiva para mantener
ciertos caracteres (genes), que pudieran darle una ventaja selectiva
a las variedades silvestres (Quist y Chapela, 2002). A pesar de que se
ha detectado “flujo génico” entre cultivos de maíz e híbridos de la
misma especie originales de Oaxaca, México, desafortunadamente,
a la fecha no se cuenta con evidencia suficiente que pueda asegurar
qué tan intenso puede ser este flujo y si representa un problema real
para los ecosistemas. Sin embargo, por esta razón, es importante
aplicar una regulación rigurosa en cuanto a las regiones en donde
será posible sembrar variedades transgénicas, así como cuáles o qué
tipo de variedades transgénicas será realmente necesario cultivar en
cada país.
Todo este tipo de preocupaciones deben ser consideradas para
poder establecer políticas gubernamentales dirigidas a contrarrestar
problemas agrícolas locales que favorezcan a la gente y al equilibrio
mundial más que a la economía de algunos.

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CULTIVOS TRANSGÉNICOS:
CONTEXTO EMPRESARIAL Y NUEVAS TENDENCIAS1

silvia ribeiro*

En todo el mundo, los cultivos transgénicos son presentados por


sus promotores —la industria biotecnológica y los científicos finan-
ciados por ella— como la nueva revolución tecnológica que traerá
múltiples beneficios para la humanidad: prometen que aumentará
los rendimientos en la cosechas y disminuirá el uso de agroquímicos,
que producirá cultivos tolerantes a enfermedades, a sequía y suelos
salinos, así como alimentos más nutritivos. Anuncian que será la solu-
ción para el hambre y la desnutrición en el mundo. Se enorgullecen
de que es un fenómeno global porque en 6 años el área cultivada con
transgénicos se multiplicó por 30, pasando de 1.7 millones de hectá-
reas en 1996 a 52.6 millones de hectáreas en 2001.2
Recientemente, un representante de la Organización de la Indus-
tria Biotecnológica (bio por sus siglas en inglés), escribía: “Hay una
razón por la que los cultivos mejorados mediante de la biotecnología
moderna han sido adoptados mucho más rápido que lo nunca antes
visto en la historia de la agricultura: la biotecnología da resultado,
y lo que le da al productor es mayor libertad de elección, mayores
ganancias, y mayor sostenibilidad. De hecho, donde los propios agri-
cultores se han podido expresar, la libertad de elección ha definido
el ritmo metéorico de adopción de las variedades biotecnológicas”
(Val Giddings, 2002).
La realidad de los transgénicos, sin embargo, contradice estas pro-
mesas, y el análisis riguroso de las estadísticas nos muestra aspectos
que la industria biotecnológica y los científicos financiados por ella se
empeñan en desconocer.
No se trata de un fenómeno global: los cultivos transgénicos no
muestran aceptación por parte de la vasta mayoría de los agricultores

1
El presente artículo está basado en la investigación colectiva del Grupo etc
<[Link]>.
*
Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo etc).
2
isaaa es la fuente de las estadísticas sobre cultivos transgénicos citadas en este
artículo, a menos que se especifique otra cosa. Véase también James (2002).

[67]
68 silvia ribeiro

que producen una gran diversidad de cultivos alimentarios a lo lar-


go y ancho del mundo. Tampoco han aumentado los rendimientos
más que marginalmente en casos específicos y por cortos periodos
de tiempo. En la mayoría de los casos no han disminuido el uso de
plaguicidas, lo han aumentado. La industria biotecnológica ha debi-
do invertir enormes sumas en propaganda para forzar la aceptación
de una tecnología introducida en el mercado prácticamente por una
sola compañía multinacional, en regiones geográficas muy limitadas.

La realidad de los cultivos transgénicos nos muestra lo siguiente:

• Sólo cinco empresas dominan la totalidad del mercado de semillas


transgénicas plantadas comercialmente en el mundo hasta 2002:
Monsanto, Syngenta (Novartis + AstraZeneca), DuPont, Bayer (in-
cluida Aventis) y Dow. (basf se incorporó posteriormete). Estas
cinco compañías están entre las 6 mayores productoras de agro-
químicos del mundo, controlan 70% del valor de ese mercado en
el nivel mundial. Dos de ellas están simultáneamente entre las 8
farmacéuticas más grandes del mundo
• Apenas cuatro cultivos de exportación —soya, algodón, canola,
maíz— responden por casi la totalidad de semillas transgénicas
cultivadas en el mundo
• Tres países —Estados Unidos, Argentina y Canadá— tienen 96%
del área total de cultivos transgénicos, y si agregamos a China, se
alcanza 99%
• Dos características de modificación genética totalizan el área plan-
tada comercialmente en el mundo; 77%, es decir, más de las tres
cuartas partes de los cultivos transgénicos plantados comercial-
mente en 2001 estaban manipulados con una sola característica: la
tolerancia a herbicidas patentados por la compañía que vendió las
semillas. Del resto, 15% fueron manipulados para ser plantas insec-
ticidas, introduciéndoles el gen de la toxina de la bacteria Bacillus
thurigiensis (Bt), y el 8% restante fue una combinación de ambas
características
• Una sola empresa —Monsanto— vendió 91% de las semillas trans-
génicas plantadas comercialmente hasta diciembre de 2001.3

Dato tomado del sitio Web de Monsanto, se utilizaron las estadísticas del isaaa
3

para el área global plantada con transgénicos. De acuerdo con Monsanto, la tecnología
de transgénicos cubrió 48 000 000 de hectáreas (o 118 000 000 de acres) en 2001.
cultivos transgénicos 69

Lo que mejor describe los cultivos transgénicos desde su introduc-


ción comercial en 1996 es la agricultura industrial, la concentración
corporativa y la uniformación. Más que “libertad de elección”, se trata
de un virtual monopolio del mercado de semillas transgénicas, intro-
ducido en mercados prácticamente “cautivos”, donde la agricultura
industrial ha establecido relaciones de fuerte dependencia de los
agricultores con las compañías semilleras y de agroquímicos, por me-
dio de sistemas de contratos y otras formas de dependencia estructu-
ral, tales como condicionamientos de compra, créditos o préstamos.

la hegemonía corporativa

La concentración corporativa es un fenómeno que no atañe solamen-


te a los transgénicos, se ha venido acentuando en todos los rubros
industriales en el último decenio. Desde 1990, el valor mundial de
las fusiones y adquisiones empresariales saltó de 462 000 millones
de dólares estadunidenses a más de 3.5 billones de dólares en el año
2000.4 Este valor global de fusiones y adquisiciones fue equivalente a
12% del total del producto bruto mundial en el año 2000. El poder
de estas megaempresas multinacionales va mucho más allá del merca-
do. Utilizan su poder económico para ganar enorme poder político.
Por alianzas, presencia de representantes de las corporaciones en los
gobiernos, dependencias estructurales (por ejemplo, deuda externa,
tratados de libre comercio), presiones, o directamente corrupción o
chantaje, los gobiernos se convierten en servidores de las corporacio-
nes en vez de servir a los ciudadanos, conviertiendo la democracia en
un apéndice nominal de la plutocracia. Los poderes económicos han
ido tomando más y más esferas de las decisiones sobre la vida pública,
tanto en los gobiernos nacionales como en los foros internacionales
—cuyas asambleas se componen también de representantes de go-
biernos. De esta forma van logrando, además de la dominación de
mercado, que se formulen normas y legislaciones a su favor.
Siguen algunos ejemplos en cifras del desarrollo histórico de la
concentración en los sectores directamente vinculados con la alimen-
tación, la agricultura y la farmacéutica, ya que son los sectores donde

4
Thomson Financial Services, “m&a in 2000: Fast start... fading finale”, 3 de enero
de 2001. En internet: <[Link]>
70 silvia ribeiro

las autodenominadas y mal llamadas “industrias de la vida” desarro-


llan productos transgénicos.

• Hace 20 años existían miles de empresas semilleras, la mayoría de


ellas pequeñas empresas familiares. Ninguna llegaba a dominar 1%
del mercado mundial. Hoy, las 10 empresas de semillas más gran-
des del mundo controlan aproximadamente la tercera parte del
comercio mundial de semillas, que factura anualmente más de 24
000 millones de dólares estadunidenses
• Hace 20 años existían unas 65 empresas de agroquímicos que pro-
ducían insumos agrícolas. Actualmente, las 10 mayores empresas
de agroquímicos controlan 90% del mercado mundial, valuado en
27 700 millones de dólares por año
• En 1989, las 10 empresas farmacéuticas mayores controlaban 29% de
las ventas mundiales. Actualmente las 10 mayores controlan 58.4%
de las ventas, estimadas en 322 mil millones de dólares por año.
Las tablas siguientes muestran quiénes son actualmente las mayo-
res empresas de cada sector, en el nivel mundial.

tabla 1. Las 10 mayores empresas de agroquímicos en el mundo

Venta de Agroquímicos 2001 Porcentaje


Empresa (millones de dólares) del mercado
mundial
Bayer (incluye Aventis 5 600 20.1%
CropScience) pro forma

Syngenta 5 430 19.5%


Monsanto* 3 760 13.5%
basf 3 240 11.7%
Dow Agrosciences 2 330 8.4%
DuPont 2 260 8.1%
Arysta LifeScience 703 2.5%
(Tomen + Nichimen)
Makhteshim-Agan Industries 700 2.5%
Sumitomo Chemical 580 2.1%
fmc 560 2.0%

Fuente: Grupo etc , basado en materials de Agrow World Crop Protection News, 28 de
junio de 2002, núm. 403, y de Allan Woodburn Associates.
* Pharmacia se desprendió totalmente de Monsanto en agosto de 2002.
cultivos transgénicos 71

Las diez empresas agroquímicas más grandes controlan 90% del mer-
cado mundial, valuado en 27 800 millones de dólares estadunidenses.
Las 10 mayores compañías de semillas controlan aproximadamen-
te 30% del mercado comercial de semillas, valuado en 24 400 mi-
llones de dólares estadunidenses (estimación de International Seed
Federation para 49 países: <[Link]/[Link]>).

tabla 2. Corporaciones líderes en semillas a nivel mundial


Empresa Venta de semillas 2001 Total de ventas 2001
(millones de dólares) (millones de dólares)
Dupont (Pioneer) EU 1 900 27 700
Monsanto EU 1 700 5 500
Syngenta (Novartis + 938 6 323
AstraZeneca) Suiza
Groupe Limagrain Francia 678 1 028
Savia (Seminis) México 450 702
Advanta Holanda 420 420
KWS AG Alemania 388 388
Delta & Pine Land EU 306 306
Sakata Japón 230 (estimado) n/a
Dow EU 200 (estimado) 27 800

Fuente: Grupo etc.

tabla 3. Las diez mayores farmacéuticas a escala mundial


Empresa Ventas farmacéuticas 2001 Porcentaje del
(millones de dólares) mercado mundial
Pfizer + Pharmacia* 40 786 pro forma 12.6
GlaxoSmithKline 24 775 7.7
Merck & Co 21 347 6.6
Bristol-Myers Squibb 19 423 6.0
AstraZeneca 16 480 5.1
Aventis 15 844.7 4.9
Johnson & Johnson 14 851 4.6
Novartis 11 980 3.7
Wyeth 11 716.5 3.6
Eli Lilly 11 542.5 3.6

fuente: grupos etc y Scrip’s 2002 Pharmaceutical Company League Tables.


* Pfizer anunció en julio de 2002 que compraba Pharmacia.
72 silvia ribeiro

Las diez mayores compañías farmacéuticas tienen juntas 58.4% del


mercado mundial de ventas, valuado en 322 000 millones de dólares
para el año 2001.

las fusiones corporativas y los transgénicos

En términos de control, es importante observar que muy pocas em-


presas dominan porcentajes importantes en cada rubro. Más signifi-
cativo es que varias de ellas están simultáneamente entre las mayores en
dos o los tres rubros. Son los mayores productores de transgénicos,
razón por la cual en el Grupo etc les denominamos “los gigantes
genéticos”. Las empresas agroquímicas y de semillas comenzaron
el proceso de fusiones y adquisiciones mutuas con la idea de lograr
mayor control de los compradores de sus productos: los agricultores.
Posteriormente, comienza una fusión con la industria farmacéutica
que tiene su punto culminante en 2001, momento en el cual las cinco
empresas que controlan la venta de semillas transgénicas estaban to-
das, simultáneamente, en el rubro farmacéutico. Este proceso se de-
bió en parte a que los tres rubros parten de bases similares para la in-
vestigación y desarrollo de transgénicos —incluyendo las actividades
de bioprospección, o más adecuadamente llamada biopiratería— de
recursos genéticos y conocimientos indígenas, que potencialmente
podrían tener aplicación sea para modificación de semillas, como
químico agrícola, en biorremediación o en farmacéuticos. Las fusio-
nes les facilitaron también el acceso a las patentes que las diferentes
compañías detentan sobre estos recursos y sobre genes o compo-
nentes de éstos. En el año 2000, Pharmacia (que entonces incluía
Monsanto), DuPont, Syngenta, Dow, Aventis (actualmente propiedad
de Bayer) y el Grupo Pulsar (ahora Savia), tenían 74% de las paten-
tes agrobiotecnológicas. En 2001, Pharmacia y DuPont hicieron un
acuerdo para acceder mutuamente a sus patentes, logrando entre
estas dos empresas controlar 41% del total.
Al contrario de lo que mercadean los promotores de los transgé-
nicos sobre sus éxitos comerciales, Monsanto ha venido sufriendo
pérdidas significativas en el valor de sus acciones, al igual que Semi-
nis. Aventis tuvo que pagar más de 1 000 millones de dólares para
solventar el retiro del mercado de la variedad de maíz transgénico Bt
“Starlink”, que pese a estar prohibida para el consumo humano en
cultivos transgénicos 73

Estados Unidos se coló en la cadena alimentaria llegando a cientos


de procesadores de maíz y a una gran diversidad de productos en
venta al público. La industria farmacéutica, que es el ramo indus-
trial con mayores porcentajes de ganancias en el planeta, se mostró
ansiosa por separarse de las mal reputadas productoras de transgé-
nicos agrícolas, manteniendo en varios casos lazos más discretos que
no afectaran su propia imagen. En el curso de los dos últimos años,
Pharmacia se desprendió de Monsanto y DuPont vendió su división
farmacéutica a Bristol-Myers Squibb. Bayer, sin embargo, aprovechó
la crisis para adquirir Aventis, comprándose así un lugar significati-
vo en el negocio de las semillas transgénicas.

Otros Pharmacia
26% (incluye
Monsanto)
21%

Grupo Pulsar 3%
DuPont
20%

Aventis
6%

Dow Syngenta
11% 13%

figura 1. 74% de las patentes agrobiotecnológicas


son de 6 gigantes genéticos.

fuente: Grupo etc. Tomado de “Globalización s. a.”, etc Communique, núm. 71, julio/
agosto de 2001, <[Link]>.

Actualmente, los gigantes genéticos con importante presencia en


agrobiotecnología son, como señalamos anteriormente, Monsanto,
Syngenta, Bayer, DuPont y Dow. Con excepción de Dow, son las mis-
mas empresas que junto a la multinacional mexicana Savia, presidida
por Alfonso Romo, integran la “asociación civil” Agrobio México, que
dice tener como objetivo la promoción (¿desinteresada?) de la bio-
tecnología agrícola en México.
Siendo las mismas empresas que fabrican la mayoría de los agro-
químicos a escala mundial, es lógico que más de las tres cuartas partes
de las semillas modificadas genéticamente, en lugar de resistentes a
enfermedades o contener ventajas agronómicas o de nutrición, sean
resistentes a sus propios herbicidas. Las mismas megaempresas que
dominan este mercado y que nos han vendido agrotóxicos por de-
74 silvia ribeiro

cenios, ahora nos dicen que los transgénicos disminuirán o harán


innecesario su uso.

¿libertad de elección?

Según la industria biotecnológica, el uso de transgénicos tiene gran-


des ventajas económicas para los agricultores. Por eso, si tuvieran
“libertad de elección”, los adoptarían rápidamente, tal como ya lo
han hecho en Estados Unidos, país que tiene 66% de la superficie
plantada con transgénicos en el mundo.
Contrariamente a esta afirmación, el Departamento de Agricul-
tura de Estados Unidos difundió, en junio de 2002, un informe don-
de analizaban por qué los agricultores de ese país habían adoptado
el uso de transgénicos. Una de sus conclusiones dice textualmente:
“Quizás, el tema pendiente más importante, es explicar por qué ha
habido un ritmo de adopción tan acelerado mientras que los im-
pactos económicos parecen ser variados o incluso negativos” (Fer-
nández-Cornejo et al., 2002). Particularmente sorprendente es que,
según este informe, la adopción de la soya tolerante a herbicidas
tuvo “un impacto económico no significativo”. Mas aún, teniendo
en cuenta que 65% de la soya en Estados Unidos se produce con va-
riedades RoundUp Ready —tolerantes al herbicida glifosato— y que
la mitad de la soya cultivada en el mundo utilizó estas variedades.
Esto muestra fehacientemente que no es necesario que un produc-
to sea bueno ni tenga buenos resultados para que de todos modos
llegue al mercado.
Posiblemente preocupada por los resultados reales de los transgé-
nicos y las pérdidas económicas de las principales compañías inver-
soras en el rubro, la industria financió un estudio que muestra apa-
rentes buenos resultados actuales y perspectivas futuras aún mejores.
El informe fue producido por una institución estadunidense llamada
National Center for Food and Agricultural Policy (ncfap), que dice haber
hecho 40 estudios de caso de 27 cultivos transgénicos en Estados Uni-
dos (Gianessi, 2002). Es relevante analizarlo ya que en este estudio se
basa gran parte de la información utilizada tanto en la propaganda
de las empresas, como por algunos académicos que no han analizado
realmente las estadísticas de producción y uso de agroquímicos en
los transgénicos.
cultivos transgénicos 75

El informe de la ncfap dudosamente puede llamarse independien-


te, pues fue mayoritariamente financiado por Monsanto, bio (Orga-
nización de la Industria Biotecnológica), el Council for Biotechnology
Information (un aparato de propaganda de las mismas industrias) y
varias sociedades con claros intereses comerciales en el tema.
Según ncfap, los seis cultivos aprobados comercialmente en Es-
tados Unidos —soya, maíz, algodón, canola, papaya y calabaza— ha-
brían producido 1 000 814 toneladas adicionales, incrementando el
ingreso agrícola en 1 500 millones de dólares y reducido el volumen
de plaguicidas en 2 865 toneladas.
Por su parte, el Dr. Charles Benbrook, economista agrícola autor
de varios estudios sobre los resultados de los transgénicos en Estados
Unidos, afirma que el informe de la ncfap tiene fallas importantes.
Por ejemplo, la mayoría de los datos positivos se basan en dos culti-
vos: el aumento del ingreso económico debido a la soya transgénica
(1 000 millones de dólares) y el aumento de volumen de producción
debido al maíz (1 000 580 toneladas), cifra que representa solamente
0.6% de la producción de maíz de Estados Unidos.
El cálculo de las entradas de los agricultores en este estudio, no se
basa en ingresos, sino en el “ahorro” de lo que habrían gastado el total
de los productores de soya, si con la soya hubieran usado otros herbi-
cidas más caros que el glifosato. Este escenario nunca existirá, porque
los que no cultivan soya transgénica tolerante a un herbicida, advierte
Benbrook, no necesariamente aplican otros herbicidas, compran la
semilla a precios más baratos y, en muchos casos, aun sin hablar de
cultivos orgánicos, tienen métodos complementarios no químicos
que les abaratan el costo. La semilla de soya transgénica es más cara,
requiere mayor volumen de herbicidas (un promedio de 11% más,
según Benbrook, en un informe de mayo de 2001 para Northwest
Science and Environmental Policy Center), produce menos que la soya
convencional (2 a 8% menos), y ya se está presentando resistencia en
las hierbas que se supone combatir (Benbrook, 2001).
En el caso del maíz, el aumento de volumen es real, aunque sólo
sea un porcentaje mínimo de la producción de maíz en Estados Uni-
dos, pero no compensa el gasto extra de los agricultores en las semi-
llas transgénicas, que son más caras. Según otro estudio de Benbrook
(When does it pay to plant Bt-corn?) (Benbrook, 2002) donde analiza la
producción de maíz en el periodo 1996-2001, los agricultores pagaron
659 millones de dólares extra por la semilla transgénica mientras
que el valor del volumen adicional producido realmente por éstas
76 silvia ribeiro

fue de 567 millones de dólares, es decir, perdieron 92 millones de


dólares. El mismo informe muestra que la efectividad del maíz Bt sólo
compensa la inversión en casos de ataques severos (más de cuatro
veces por cosecha), de la plaga para la que se ha manipulado, que en
su mayoría es el barrenador europeo del maíz (Ostrinia Nubilalis) y
que en México no existe.
En general, en el caso de los cultivos manipulados con genes
del Bacillus thuringiensis (Bt), surge resistencia de los insectos al
Bt incorporado en las plantas luego de algunas cosechas, que
lo vuelven poco efectivo frente a las plagas que supuestamente
combatiría y hacen que posteriormente se necesiten mayores
volúmens de plaguicidas (Benbrook, 2002). Las propias empresas
que comercializan este maíz sugieren que los agricultores conserven
40% de su predio con maíz no transgénico para crear “refugios”
para las plagas y retardar el surgimiento de insectos resistentes.
Pero ni siquiera esta estrategia está dando los resultados deseados.
El surgimiento de resistencia en la población-plaga objetivo es una
de las causas principales por las que el porcentaje de cultivos Bt ha
disminuido su porcentaje de presencia en el total de características
transgénicas.
Con respecto al algodón transgénico, modificado en su mayoría
también con Bt, luego de aparentes buenos resultados de inicio, la
Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (epa) prohibió
en septiembre de 2001 su cultivo en Florida, Puerto Rico, Hawai
e Islas Vírgenes por el surgimiento de malezas resistentes y por
los posibles impactos en la biodiversidad debidos a la trasferencia
de transgenes a parientes silvestres y a otras plantas de algodón.
México es mucho más propensa a esta transferencia por tener mayor
diversidad de algodón.
En el caso de la soya, es un hecho que las variedades transgénicas
producen menos que las convencionales y usan mayor volumen de
químicos, lo que ha tenido que ser reconocido incluso por la propia
industria, aunque por supuesto, la industria evita mencionar el tema.
En el caso general de los transgénicos, analizando la producción de
algunos años, se muestra lo mismo: no aumentan la producción,
pero sí aumentan el uso de plaguicidas y definitivamente son más
costosos para el agricultor. La pregunta que se hace el Departamento
de Agricultura de Estados Unidos de por qué de todas maneras han
sido adoptados por los agricultores, posiblemente se explica más
por la relación de los cultivadores estadunidenses con las empresas
cultivos transgénicos 77

semilleras y de agronegocios, a las que muchas veces están ligados


por contratos de compra de cosecha. En el caso del maíz Bt, varios
analistas predijeron que la siembra iba a declinar en el año 2002 por
los escasos resultados obtenidos y por la moratoria europea que hizo
disminuir considerablemente el mercado para maíz transgénico. Los
analistas sugirieron que los agricultores tratarían de sembrar maíz
de variedades convencionales. Esto no sucedió, sino que la siembra
de transgénicos se mantuvo aproximadamente en el mismo nivel.
Según varios agricultores consultados, se debió a que no encontraron
suficiente cantidad de semillas no transgénicas en el mercado.

más presos que agricultores

Un aspecto que muchas veces queda oculto en el debate sobre trans-


génicos es que esta tecnología promueve la desocupación rural. Las
políticas agrícolas de Estados Unidos, siempre a favor de las grandes
corporaciones semilleras y de agronegocios, partieron ya de una baja
población rural, e incluso falta de mano de obra. Por esto a la ofi-
ciliadad de Estados Unidos no le preocupa este aspecto, de hecho,
actualmente, hay más población en las cárceles de Estados Unidos
que agricultores en sus campos.
En Argentina, el segundo productor mundial de transgénicos, la
introducción de esta tecnología aceleró el proceso de concentración
y extranjerización de la propiedad de la tierra, favoreciendo una ver-
dadera “reforma agraria” al revés, dejando más pequeños productores
sin tierras cuando éstos no pudieron pagar los créditos que recibieron
para comprar las semillas transgénicas a un costo mucho mayor que la
semilla convencional. Según los estudios de Walter Pengue, “en un pe-
riodo de alta movilidad productiva y tecnológica (1992-1999), la escala
mínima de producción en Las Pampas pasó de 243 hectáreas a 357,
y de 170 000 establecimientos agropecuarios quedaron solamente
116 000 (una reducción de 32%)” (Pengue, 2001).
La supuesta ganancia económica por usar transgénicos no se basó
en el aumento de producción, sino en el menor número de aplica-
ciones de herbicida pero en volúmenes cada vez mayores y, por tanto,
en el ahorro de mano de obra. Esto aumentó la desocupación entre
los asalariados rurales. Eduardo Buzzi, presidente de la Federación
Agraria Argentina (faa), expresó en su Congreso del año 2002 que
78 silvia ribeiro

quienes se apropiaron de los beneficios de la expansión de la produc-


ción agrícola argentina fueron los proveedores de insumos químicos
y de semillas transgénicas, todos ellos empresas multinacionales o sus
subsidiarias (Buzzi, 2002).
A la luz de los hechos, de los pobres resultados obtenidos y los im-
pactos que se van demostrando en los pocos países que han aprobado
la siembra comercial de transgénicos, las empresas que los producen
necesitan desesperadamente nuevos mercados, donde todavía no se
tenga información suficiente y a los que llegan con datos parciales o
falseados. Invierten grandes sumas en presiones a gobiernos del Sur
para que abran sus mercados, insistiendo en que los transgénicos se-
rán la solución a sus problemas.
Pero la agricultura mecanizada, el monopolio corporativo y la falta
de posibilidades de elección son las características que mejor describen
a los transgénicos; y nada tienen que ver con solucionar el hambre en el
mundo. Los cultivos modificados genéticamente son una herramienta
para la agricultura industrial y los beneficiarios de esos productos son
las multinacionales, no el público, y mucho menos los campesinos del
tercer mundo. Son productos diseñados para quitar la producción de
alimentos de manos de las comunidades locales y crear mayor depen-
dencia con las corporaciones gigantes de los agronegocios.

los nuevos transgénicos: atrapando al consumidor

Además de los problemas en la producción, las primeras generacio-


nes de transgénicos han sido rechazadas por grandes grupos de con-
sumidores en muchos países del mundo. Un factor que influyó para
esto es que estas primeras generaciones de transgénicos son cultivos
resistentes a químicos de la misma empresa (no a enfermedades ni
problemas de suelo o climáticos) y cultivos insecticidas, que en pocos
años han mostrado su inefectividad. Algunos pocos casos se han de-
dicado también a características que podrían favorecer a las grandes
compañías procesadoras de alimentos, como los tomates de madura-
ción retardada. Estas características no tienen ventajas agronómicas
que rindan beneficios a los agricultores, pero sobre todo no ofrecen
ningún tipo de beneficio a los consumidores. Los alimentos modifi-
cados genéticamente disponibles en el mercado no son más baratos,
no tienen mejor sabor, no son más saludables, ni más nutritivos. La
cultivos transgénicos 79

mayoría de la gente se pregunta, como es lógico, ¿por qué aceptar


cualquier nivel de riesgo —aún si dicen que es mínimo o que los da-
ños no están probados— si no dan ningún beneficio y podrían tener
muchos problemas potenciales?
Hasta la propia industria biotecnológica admite que la estrategia
de introducir transgénicos a los mercados por medio de estos prime-
ros productos fue muy torpe. Pero las corporaciones parecen haber
aprendido la lección. Estamos frente a cambios de estrategias de mer-
cadeo importantes que sobre todo intentan manipular la imagen de
los transgénicos ante los consumidores .
La próxima generación de productos biotecnológicos serán pro-
ductos que se pretende sean percibidos por los consumidores como
beneficios nutricionales y para la salud, sobre todo para gente con
poder de compra. También serán productos transgénicos diseñados
para ser atractivos para los mayoristas y minoristas de ventas al público
de alimentos y medicamentos (supermercados) e incluirán alimentos
“biofortificados” (con vitaminas y minerales incorporados), plantas y
animales modificados para producir fármacos y vacunas.
Se nos presentan como alimentos que tendrán “valor agregado”,
como arroz con vitamina a, lechugas con vitamina c, maíz con hierro
para combatir la anemia y cultivos con con ácidos grasos omega-3
para la prevención de enfermedades cardiovasculares, etcétera.
Estos nuevos transgénicos, además de aparecer como “moralmente
legítimos”, competirán en el enorme mercado ya existente de los pro-
ductos con agregados minerales y vitáminicos, llamados “alimentos
funcionales” o nutracéuticos. Este mercado, sin transgénicos, tiene
actualmente un valor de 65 000 millones de dólares a escala global.
Según los analistas, los mercados combinados de alimentos, salud y
nutrición tendrán un valor de 15 billones (millones de millones) de
dólares estadunidenses para el año 2027, constituyéndose en el rubro
de mercado más importante del planeta.
Esto no quiere decir que los productos de esta tercera genera-
ción, efectivamente, serán más sanos, más baratos o más nutritivos, ni
siquiera necesarios, ya que existen alternativas naturales para lo que
pretenden atender. Pero serán hábilmente mercadeados y emocio-
nalmente atractivos para la gente que tenga dinero y pague por ellos,
preséntandolos como beneficios al consumidor. Adicionalmente,
serán mercadeados en nombre de los pobres desnutridos del tercer
mundo, alegando que será una forma de hacerles llegar vitaminas y
vacunas a las que no podrían acceder de otra forma.
80 silvia ribeiro

Por eso es que oímos tanta propaganda de productos como el


“arroz dorado” de AstraZeneca. Según sus promotores, este arroz
modificado genéticamente para contener vitamina a es un producto
que va a alimentar a los pobres, a la vez que curará sus deficiencias
nutricionales. Sin embargo, hay muchas alternativas de una dieta
natural sana que esas personas podrían disfrutar si no vivieran en la
marginalidad y si tuvieran acceso a la tierra y los recursos naturales
y pudieran, entre otras cosas, seguir utilizando sus métodos tradicio-
nales de cultivo y su cultura alimentaria diversa, factores todos ellos
que serán empeorados con el avance del monopolio corporativo y
el consecuente aumento de la marginación. Por ejemplo, hay mu-
cho más hierro y vitaminas en los quelites que rodean los cultivos
de arroz en Asia que lo que podría aportar este arroz transgénico,
del que deberían consumir en grandes cantidades para lograr el
aporte nutricional prometido. Pero estos quelites, considerados ma-
lezas por la agricultura industrial, desaparecerán si se introducen
cultivos con tolerancia a herbicidas que serán rociados con grandes
volúmenes de químicos.
Tal como la revolución verde hace 40 años, la tercera generación
de productos biotecnológicos se quiere vender en nombre de los po-
bres de los países del Sur. Y tal como sucedió con la revolución verde,
no tendrá nada que ver con alimentar a los pobres ni con la agricultu-
ra sustentable. El mercado al que se dirige es a los grandes propieta-
rios agrícolas, a los dueños de los agronegocios y a los consumidores
con poder adquisitivo. Los campesinos y los pobres siempre tendrán
más opciones si logran mantenerse en sus parcelas con producción
diversificada y aprovechando los múltiples elementos vegetales y ani-
males que acompañan esa diversidad, que no requieren de dinero
para su acceso.
La presión por introducir transgénicos a los países del Sur está
relacionada también con la necesidad de la industria biotecnológica
de vender los productos que le sobran o que han fracasado en sus
mercados en el Norte porque no han podido demostrar propiedades
atractivas para los productores ni consumidores, o porque ya han co-
menzado a generar resistencias en las malezas y los insectos que dicen
controlar. Las multinacionales, por su fracaso económico y ético con
las primeras generaciones, presionan por entrar y usar a los pobres
del Sur para poder legitimar su producción y sus ventas en el Norte,
al mismo tiempo que quieren aumentar sus ganancias vendiendo
sobrantes y tecnología obsoleta a los países del Sur.
cultivos transgénicos 81

Se aprovechan de la falta de legislación y control, para intro-


ducir los excedentes de cosecha que no pueden vender a Europa
(porque tiene una moratoria sobre éstos) o a Japón (porque re-
quiere etiquetado), y así introducen estos granos en países como
México donde no hay control y donde ha provocado una grave
contaminación de los maíces criollos, o mediante programas de
ayuda alimentaria, fundamentalmente de los programas de usaid
y el pl 480, pero también a través del Programa Mundial de Ali-
mentos (pma), en ayuda alimentaria a países como Ecuador, Gua-
temala, Nicaragua, Bolivia, Zimbabwe, Zambia y otros. Es notorio
el caso de varios países africanos que luego de conocer la contami-
nación de maíz en México se rehúsaron a recibir maíz transgénico
como ayuda alimentaria, pero Estados Unidos y el pma (que es una
estructura de legitimación para verter los desechos de las multina-
cionales a los pobres) los presionó para recibirlos de todas mane-
ras, diciendo que la alternativa era que sus poblaciones murieran
de hambre. Argumento hipócrita y cruel, ya que el hambre en esos
países está estrechamente ligada con las políticas comerciales que
Estados Unidos y las mismas multinacionales imponen con las re-
gulaciones comerciales.
Estas estrategias son fundamentales para “inundar” los mercados
y los cultivos locales por medio de contaminación, facilitando así
que luego se diga que como de todos modos esos países ya están
comiendo transgénicos y no se han visto consecuencias negativas
—nadie las evaluará— no hay problema para consumirlas o plantar-
las allí. Paradójicamente, se utilizan a los mismos pobres que serán
los más negativamente afectados, para justificar la introducción de las
nuevas biotecnologías agrícolas para los ricos.
Necesitamos reflexionar sobre todo esto y preguntarnos constan-
temente quién controla y quiénes se benefician de estas tecnologías.
Pese a todos los discursos de que los transgénicos resolverán el ham-
bre en el mundo, ninguna tecnología será la solución porque la raíz
del problema está en la injusticia y la desigualdad.

difíciles de tragar

La próxima generación de transgénicos presentará además nuevos


riesgos ambientales y de salud, más peligrosos que los ya existentes.
82 silvia ribeiro

En Estados Unidos se vienen realizado desde 1991 más de 300 ex-


perimentos secretos —pero legales— en granjas que utilizan cultivos
agrícolas para producir químicos industriales y fármacos en plantas
transgénicas, sin que los vecinos ni el público tengan conocimiento
de éstos ni el reisgo que corren. Se está utilizando maíz, soya, arroz,
alfalfa, tomate, tabaco y otros. El cultivo preferido, usado en 70% de
los experimentos, es el maíz. Las sustancias producidas son, entre
otras, vacunas veterinarias y de uso humano, anticuerpos, abortivos,
espermicidas, plásticos y adhesivos. Según la industria, esto ahorra
mano de obra y es más barato.
A fines de 2002, se desató un escándalo en Estados Unidos lue-
go de que se hiciera público que la Administración de Alimentos y
Fármacos (fda) ordenó destruir 500 000 bushels (aproximadamente
17 600 metros cúbicos) de soya porque se podría haber mezclado
con granos de maíz modificado genéticamente para producir una
sustancia no comestible, al parecer una vacuna veterinaria. La soya
se utiliza como insumo en 70% de los productos que se compran en
un supermercado, desde comida para bebés hasta conservas, helados,
panes, mermeladas y sopas. La fda sentenció a Prodigene, la compa-
ñía responsable del experimento, a pagar 250 000 dólares de multa y
2.7 millones de dólares por la soya incinerada.
El descubrimiento se hizo en Nebraska, donde un agricultor plan-
tó unas cuantas hectáreas de este maíz farmacéutico por encargo de
la empresa Prodigene. Le pagaron más que por un simple cultivo,
pero debía ser secreto y tomar algunas medidas de seguridad, tal
como sembrar una cortina de plantas estériles alrededor para que
el polen no pudiera diseminarse más allá de su campo. Así lo hizo,
pero algunas plantas de maíz que quedaron en su terreno rebrota-
ron cuando ya había plantado una cosecha posterior de soya. Luego
cosechó todo junto inadvertidamente y lo envió a un silo donde se
mezcló con la producción de muchos otros agricultores. Este caso
fue descubierto por la fda en octubre pasado. No fue el primero: ya
se había descubierto otro caso similar en setiembre, en Iowa. Según
las autoridades, esto demuestra que los controles funcionan, y por
tanto no hay de que preocuparse. La propia industria biotecnológica
no coincide: en octubre pasado (y seguramente ya alertada sobre
estos casos) decretó normas voluntarias para estos farmacultivos. Por
ejemplo, recomiendan no sembrarlos en los cinturones cerealeros de
Estados Unidos. Luego de los incidentes de Nebraska y Iowa, la Secre-
taria de Agricultura les hizo llegar una lista proponiéndoles 15 medidas
cultivos transgénicos 83

para elaborar nuevas regulaciones, entre ellas, introducir genes de


color diferenciado, no utilizar cultivos alimentarios para este tipo
de producción y usar, por ejemplo, tabaco. A esto último se niegan
rotundamente: su cultivo preferido para modificar genéticamente y
producir sustancias no comestibles es el maíz y no piensan cambiarlo.
Dicen que es el que funciona mejor; que se conoce ampliamente su
biología, lo que facilita su uso.
La industria del procesado de alimentos está furiosa y dice que
quiere garantías absolutas y riesgo cero para no volver a contaminar
la cadena alimentaria, como sucedió hace dos años con el maíz prohi-
bido para consumo humano Starlink, que se filtró a restaurantes y di-
versos productos envasados. El gerente de Prodigene, Anthony Laos
responde: “nada en este mundo está libre de riesgos” (Los Angeles Times 23
de diciembre de 2002).
Es verdad, no hay aparato de control que pueda contener los
múltiples factores de riesgo de hacer transgénico un cultivo tan ex-
tendido como el maíz. Si la contaminación no es en el campo por
polen, viento o insectos, puede ser en el transporte, en el silo, en
el molino, etcétera. Debería bastar con ver la contaminación que
ha habido de maíces criollos, en México, donde incluso la expe-
rimentación con maíz transgénico es ilegal. ¿Qué sucedería si la
contaminación —intencional o accidental— se diera con maíces
manipulados para producir abortivos o anticonceptivos? ¿Sería me-
jor si fuera maíz para producir plásticos o combustibles? Y si fuera
para producir fármacos ¿quién querría estar “vacunándose” todo el
tiempo o consumiendo los fármacos recetados al vecino? No tiene
ningún sentido que todos tengamos que correr esos riesgos, para
que las poquísimas empresas que producen transgénicos sigan en-
riqueciéndose a costa de la salud de todos.

patentes y TERMINATOR : hacia la bioesclavitud

El objetivo principal de los gigantes genéticos son las ganancias y


no la salud, el hambre o el medio ambiente. Para aumentarlas, sus
estrategias están dirigidas a lograr cada vez más control sobre los
mercados, los consumidores y los productores. Un complemento
para ellos, además de las estrategias tecnológicas y de mercado, son
las patentes.
84 silvia ribeiro

Todos los transgénicos están patentados y estas patentes están


concentradas en las manos de un puñado de empresas que controlan
las semillas, los agroquímicos y sectores importantes de la industria
farmacéutica.
Las patentes han planteado grandes restricciones a la investigación
en general, que es una de las razones por la cual otras formas de
“propiedad intelectual” sobre variedades, tales como los derechos
de obtentor otorgados en la Ley de Variedades Vegetales, prevén
excepciones para su uso no comercial, sea en investigación o para
que los agricultores puedan usar parte de su propia cosecha como
semilla. Esto último es reconocido como “Derechos del agricultor”
en Naciones Unidas y es apenas un mínimo reconocimiento a la con-
tribución a la alimentación de todos, que los campesinos han hecho
mejorando semillas en sus campos por miles de años. Los sistemas de
patentes desconocen y violan estos derechos.
El uso de cualquier transgénico agrícola implica pagar regalías
por su patente y convierte en ilegal el uso de éstas para la próxima
cosecha. Todos los gigantes genéticos han desarrollado sistemas para
detectar este uso “ilegal” y en Estados Unidos y Canadá hay en este
momento más de 2 000 juicios en curso contra agricultores a los que
se acusa de uso indebido de patente. Esto quiere decir que si se usan
semillas trasngénicas o si un campo es contaminado accidentalmente
con éstas, los agricultores pierden sus derechos ancestrales y deben
pagarle a las empresas.
El caso más conocido es posiblemente el de Percy Schmeiser, agri-
cultor canadiense de Saskatchewan, Canadá, acusado por Monsanto
de haber “robado” la semilla de canola transgénica de esta compañía
e infringido su patente monopólica. Percy (agricultor de 71 años)
nunca compró estas semillas, ni las plantó: su campo se contaminó
con polen de campos vecinos y plantas que crecían espontáneamente
en los caminos aledaños. La canola que invadió sus campos fue mani-
pulada genéticamente para hacerla resistente al herbicida glifosato.
Percy no usó este herbicida en sus cultivos, ya que no sabía de la
contaminación. En un juicio histórico que asestó un duro golpe a los
derechos de los agricultores de todo el mundo, un juez canadiense
dio razón a Monsanto en marzo de 2001, alegando que Schmeiser
había violado su patente. Monsanto lo demandó por más de 100 000
dólares, pero el juez sentenció a Percy a pagar 19 000 dólares, por no
tener pruebas de que Schmeiser hubiera obtenido ilegalmente la se-
milla. El razonamiento del juez fue sorprendente: Percy debía haber
cultivos transgénicos 85

avisado a Monsanto que en su campo podría haber contaminación


y pedirle que retirara esas plantas. Al no hacerlo, fue considerado
culpable. En el año 2002, Percy Schmeiser fue condenado a pagar a
Monsanto otros 153 mil dólares por los gastos del juicio. El caso va
ahora a la Suprema Corte de Canadá.
Esto se podría repetir en México y en cualquier otro lugar a partir
de la expansión y consolidación de las leyes de patentes que existen
en la Organización Mundial de Comercio y que obliga a todos los
países miembro a adoptarlas.
Sin embargo, no contentos con el control mediante las patentes,
los gigantes genéticos han desarrollado también una “patente bioló-
gica”: la tecnología Terminator, que produce semillas estériles en la
segunda generación. Una patente típica le otorga al propietario un
monopolio legal exclusivo por 20 años. Con Terminator, este monopo-
lio no tiene fecha de expiración. Es la herramienta perfecta para la
industria corporativa de semillas en el mercado global, porque deja
totalmente vacío el concepto de soberanía nacional en semillas.
En 1999, debido a la enorme oposición pública a las semillas sui-
cidas, Monsanto y AstraZeneca hicieron un compromiso público de
no comercializar semillas Terminator. Esto llevó a mucha gente a creer
que la crisis había pasado. Nada podía estar más alejado de la verdad.
Tanto Monsanto como AstraZeneca se fusionaron con otras empre-
sas después de este anuncio. En agosto de 2001, el Departamento de
Agricultura de Estados Unidos (usda) anunció que había licenciado
sus patentes Terminator a Delta & Pine Land Seed Co. —la compañía
de semillas de algodón más grande del mundo—. Delta & Pine Land
anunció públicamente su intención de comercializar las semillas
Terminator. Otras compañías continúan desarrollando y refinando
la esterilización genética de semillas. Los propietarios de patentes
Terminator incluyen a las más grandes corporaciones de semillas y
agroquímicos e instituciones de investigación tales como Syngenta,
Monsanto, DuPont, basf, Delta & Pine Land, el Departamento de
Agricultura de Estados Unidos, y las Universidades de Cornell, Pur-
due y Iowa, en Estados Unidos.
Recientemente, exacerbados por el trágico caso de la contami-
nación con transgénicos del maíz nativo en México, la industria y
científicos allegados a ella están argumentando que Terminator es una
tecnología para la bioseguridad, como método para prevenir el escape
genético y la contaminación. Terminator no fue concebido con este
uso: su nombre original fue “sistema de protección de la tecnología” y
86 silvia ribeiro

se proponía evitar que nadie pudiera “robarles” el uso de sus semillas.


Ahora cambian el discurso para legitimar su aplicación. Si la industria
biotecnológica no sabe como controlar su tecnología contaminante,
sencillamente, ésta no debería ser permitida, en lugar de agregar “so-
luciones” cada vez más sofisticadas tecnológicamente, que apuntan a
una mayor dependencia de los usuarios. La bioseguridad a costa de la
seguridad alimentaria es un planteo cínico e inmoral.
Otras tecnologías estrechamente ligadas a Terminator son poten-
cialmente aún más insidiosas. Tal es el caso de las llamadas “tecnolo-
gías de restricción del uso genético” —o tecnologías “traidoras”. Con
el control de la expresión genética la meta es lograr que las caracte-
rísticas de un cultivo se puedan “prender” o “apagar” al aplicarle un
químico determinado. Si, por ejemplo, las compañías pueden modi-
ficar genéticamente las semillas para que reaccionen solamente ante
la aplicación de su propio plaguicida o fertilizante patentado, van a
reforzar enormemente la dependencia en la agricultura. Tanto los
agricultores como la seguridad alimentaria se convertirán en rehenes
de los gigantes genéticos. A menos que los gobiernos tomen acciones
urgentes para prohibir estas tecnologías, serán comercializadas con
consecuencias devastadoras para los agricultores y agricultoras, la
soberanía alimentaria y la biodiversidad.

un estricto principio de precaución

Los transgénicos son más caros, producen menos, contaminan más y


son objeto de las más acres controversias sobre sus posibles efectos en
la salud, tema que no hemos abarcado en esta ponencia, pero sobre
el que existe abundante literatura. Producen también un aumento
de la dependencia económica y tecnológica y si pese a todos estos
hechos su uso se expandiera, en un futuro muy cercano entrañarán
riesgos nunca antes vistos mediante cultivos alimentarios manipula-
dos para expresar sustancias no comestibles y/o con el potencial de
ser activados para provocar esterilidad. Los transgénicos muestran,
como ya ha sucedido con muchos otros productos fabricados para las
ganancias y no para el interés público, que no es necesario que sean
realmente buenos, inocuos o tengan beneficios, para que lleguen al
mercado. Por todo esto, la única opción sensata es aplicar un estricto
principio de precaución que impida su liberación en el ambiente,
cultivos transgénicos 87

evitando poner en riesgo la enorme diversidad agrícola, natural y cul-


tural de México, el aumento de la contaminación de las semillas cam-
pesinas y la introducción de nuevas herramientas de sojuzgamiento
de las economías campesinas y de la soberanía alimentaria.

bibliografía y fuentes consultadas

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ASPECTOS POLÉMICOS DE LA INTRODUCCIÓN
DE LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS EN LA ALIMENTACIÓN

agustín lópez-munguía*

Los últimos dos decenios del siglo pasado fueron de espectaculares


logros y de tiempos difíciles para la biotecnología. Algo similar al
asombro, las expectativas y los temores que vivió la sociedad del siglo
xix cuando Pasteur descubrió la naturaleza microbiológica no sólo
de la producción de alimentos milenarios como la cerveza y el vino,
sino también de las enfermedades como el ántrax y la rabia, lo que
dio nacimiento a la microbiología como ciencia y al desarrollo de mé-
todos para su manipulación y control, todo esto es importante seña-
larlo, en medio de una fuerte oposición a la pasteurización, que sólo
podía ser aplicada por las empresas y amenazaba con desplazar a los
pequeños granjeros; en medio también de un temor generalizado al
encuentro con microorganismos infecciosos en aire, agua y el medio
ambiente en general.
Algo similar sucedió a mediados del siglo xx cuando Florey y
Chain lograron llevar a nivel industrial el descubrimiento de Fleming,
es decir, la producción de penicilina mediante microorganismos en
cantidades y volúmenes suficientes para satisfacer las necesidades
de antibióticos que demandaban las víctimas de la segunda guerra
mundial. Las expectativas fueron rebasadas con creces (no creo ne-
cesario describir aquí lo que los antibióticos han representado para
la humanidad) y los temores de que el uso masivo de antibióticos
generase rápidamente agentes infecciosos resistentes e invencibles
no se cumplió; de hecho, la industria biotecnológica ha encontrado
estrategias para contender con la generación de resistencia a los anti-
bióticos surgida tanto de manera natural, como por consecuencia del
uso irresponsable de los mismos.
La industria biotecnológica se convirtió en tan sólo tres o cuatro
decenios en una opción de proceso a la petroquímica para la produc-
ción de bienes y servicios, y la lista de productos que de ella derivan
es muy amplia, e incluye ácidos orgánicos, aminoácidos, colorantes,

*
Instituto de Biotecnología, unam.

[89]
90 agustín lópez-munguía

vitaminas, gomas, edulcorantes, saborizantes, inoculantes para legu-


minosas, proteínas unicelulares, etc., una larga lista de productos
industriales resultado de haber hecho de la microbiología una indus-
tria (Moses y Caope, 1991). Cuando el petróleo se agote, la biotec-
nología será sin duda la opción más atractiva para la producción de
energéticos y materias primas.
Señalo estos dos grandes logros históricos para contextualizar los
orígenes de la biotecnología moderna, cuyo nacimiento culmina en
los años setenta del siglo xx, época en la que, resultado del inexo-
rable avance del conocimiento y de la necesidad inherente al ser
humano de conocer el mundo, de conocerse a sí mismo y de aplicar
este conocimiento en su propio beneficio, fue posible desarrollar me-
todologías para manipular la información genética de la célula. No
pasó mucho tiempo antes de que este conocimiento se concretara en
aplicaciones de interés para la sociedad.
La investigación básica de hoy es la aplicada de mañana y en la
biotecnología esos tiempos se acortan, lo que resulta en una venta-
ja para países como México. Fue así como en los años ochenta del
siglo xx se inició la producción de proteínas recombinantes que,
para aplicar el léxico que los medios han adoptado para las plantas,
deberíamos llamar también “proteínas transgénicas”. Gracias a desa-
rrollos en esta área, millones de diabéticos en México y en el mundo
ya no dependen de la insulina de puerco para su tratamiento, lo que
ocasionaba trastornos y riesgos, sino de un medicamento más natu-
ral, para seguir con el léxico de moda. De igual manera podemos
citar el caso de quienes padecen de hemofilia, de los anémicos o
de quienes se recuperan de los estragos de la quimioterapia; a todos
ellos, las proteínas transgénicas les cambiaron la calidad de vida. El
ya más de un centenar de medicamentos en el mercado, resultado de
la primera ola de productos transgénicos ha tenido un impacto en
el sector salud, cuyas dimensiones quizás la sociedad aún no alcanza
a apreciar, en parte porque no las ha necesitado, en parte también
porque no son económicamente disponibles para las mayorías. Existe
una consecuencia adicional de gran impacto social y es el hecho de
que esta primera ola de productos acabó prácticamente con el des-
piadado y riesgoso mercado de las proteínas de la sangre. Para mayor
información sobre el impacto de la biotecnología moderna en ésta y
otras áreas, se recomienda la consulta de la revisión coordinada por
F. Bolívar y publicada por el conacyt y el Fondo de Cultura Econó-
mica (Bolívar, 2001) y La biotecnología (López Munguía, 2000).
aspectos polémicos 91

Sin embargo, es frecuente leer o escuchar en los medios: “genes de


humanos o de animales expresados en bacterias, levaduras o en células
de ratón dan lugar a proteínas que pasan al torrente sanguíneo o nos
sirven de alimento” o, peor aún, “estamos siendo usados como coneji-
llos de Indias para la evaluación de productos de la biotecnología”, e
incluso, “existen graves riesgos para la salud como consecuencia del
consumo de alimentos transgénicos”. Toda esta cruzada de desinfor-
mación ante una opinión pública no informada promueve ciertamente
el desconcierto y la zozobra. Para las grandes mayorías, el que los genes
formen parte de sus alimentos es una novedad, y en el manejo de la in-
formación se aprovecha este hecho para infundir temores. Poca gente
es consciente de que desde los principios de la humanidad comemos
no sólo proteínas, sino también genes: genes de maíz, trigo, soya, frijo-
les o de cuitlacoche, de jumiles y escamoles y de todas esas maravillas
que conforman la dieta nacional.
De hecho, se tiene poca conciencia de que desde principios de
los años noventa del siglo xx las proteínas de interés alimentario
fueron objeto de esta primera ola de tecnología, la primera de ellas
que se aprobó para consumo humano en Estados Unidos salió de una
bacteria crecida industrialmente a cuyo genoma se introdujo el gene
de una vaca. Esta proteína constituye lo que la gente conoce como
el “cuajo”, producto que permite coagular la leche para obtener el
queso. Claro que el consumidor difícilmente percibe el impacto de
este desarrollo; quizás sí en la calidad del queso, o en su abasto, pero
la gran mayoría conoce su origen, su función y los problemas de
abasto, pues la proteína debía extraerse del cuarto estómago de las
terneras. Curiosamente sí lo aprecian los vegetarianos, pues ahora
ya pueden consumir queso, que hasta antes de la biotecnología mo-
derna requería de un producto obtenido del sacrificio de un animal.
Pues bien, la evaluación que se hizo de esta proteína transgénica
en materia de seguridad alimentaria fue tan rigurosa que a ya casi
10 años de que entró en los mercados, incluido el mexicano, no ha
existido el menor problema asociado con su consumo. A pesar de
eso, las pruebas asociadas con el consumo de proteínas se han hecho
cada vez más rigurosas. Otro ejemplo es la somatropina bovina, una
proteína transgénica que inyectada a las vacas estimula la producción
de leche. Éste es quizás un ejemplo donde claramente se muestra la
necesidad de ser muy cuidadosos en separar el impacto que un pro-
ducto alimentario puede tener en la salud, sus riesgos y sus alcances,
de su impacto económico y social. Así, es muy claro que cuando esta-
92 agustín lópez-munguía

dos como Wisconsin en Estados Unidos, declararon una moratoria al


uso de la somatropina a mediados de los años noventa del siglo xx,
lo hicieron claramente por el impacto que este producto tendría en
el sistema productivo. Por otro lado, en la Unión Europea, la misma
prohibición se dio ante el absurdo de introducir un producto que
incrementara la producción de leche, de cuyos excedentes no saben
cómo deshacerse, mas no porque el producto representase algún
riesgo para la salud humana.
Esta reacción a las consecuencias de la biotecnología, mas no a la
tecnología per se no nos es ajena. Es similar a la situación que se vive
en la industria del azúcar: las importaciones y futuro libre comercio
de la fructosa tienen un impacto brutal en el contexto económico y
social de la industria de la caña de azúcar. Las medidas en materia de
protección a dicho sector no requerirían de justificaciones basadas
en supuestos efectos que el producto pudiera ocasionar a largo plazo
en contra de la salud de los mexicanos, por el hecho de proceder de
maíz transgénico o de haber sido obtenidas mediante procesos en los
cuales se emplean proteínas producidas y mejoradas por ingeniería
genética (hidrólisis del almidón a glucosa e isomerización de glucosa
a fructosa); más bien lo que se haga al respecto, tiene la justificación
de estar basado en una política con prioridades nacionales.
Desafortunadamente esto es justamente lo que pasa cuando lo
biotecnológico se refiere a las plantas, en particular a plantas comes-
tibles, es decir, a los alimentos transgénicos, resultado de la segunda
ola de desarrollos de la biotecnología moderna. Dejando por un
momento de lado los aspectos relacionados con su impacto ambien-
tal, aspecto que también es abordado por expertos en las jornadas
que dieron lugar a este texto, me referiré de manera particular a su
impacto en la salud. En este sentido, existe un ambiente de descon-
fianza y de zozobra, resultado de la inagotable insistencia con que se
repiten aquí y allá, rumores y asociaciones de la tecnología biológica
con la imagen de Frankenstein; se habla de daños a la salud del con-
sumidor, de resistencias a los antibióticos, de alergias, de cáncer, de la
muerte de mariposas, del aumento en los casos de enfermedades que
van desde el Alzheimer hasta las vacas locas, e incluso de embarazos
transgénicos (Ribeiro, 2002) todo esto sin que exista ninguna eviden-
cia de tales efectos tóxicos. Ningún dato sobre alergenicidad, cáncer,
o cualquier otra enfermedad ha sido detectado como consecuencia
del consumo de alimentos transgénicos, y quienes así lo afirman, lo
hacen sin aportar evidencia alguna, como es el caso de los embarazos
aspectos polémicos 93

transgénicos (López Munguía, 2003). Sin embargo, todos estos males


parecen estar ya inexorablemente ligados en la mente del consumi-
dor con los alimentos transgénicos; es necesario reconocer que esto
es parte también de una crisis de credibilidad de las instituciones, y
que es nuestro deber de académicos tratar de restablecerla dado el
carácter emocional que priva en la forma en que el público concibe
el riesgo. Para documentarse al respecto se recomienda la lectura de
las declaraciones que ha hecho la Organización Mundial de la Salud
(oms, 2000), grupos como el Colegio Americano de Nutriólogos
(2002), o alguna de las decenas de documentos emitidos por ins-
tancias tales como las Academias de Ciencias (incluida la mexicana,
la americana, la francesa y la Royal Society), la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación (fao) y otras tantas asocia-
ciones médicas.
El público debe saber que, en materia de seguridad alimentaria, las
reglas de evaluación son hoy más estrictas que nunca. Nos toca a noso-
tros vigilar los aspectos ambientales por ser ésta nuestra riqueza. Pero
en cuestión de seguridad alimentaria, ningún alimento en la historia
moderna ha sido tan escrupulosamente revisado como los que resul-
tan de la biotecnología moderna y existen protocolos recomendados
por la fao y la Organización Mundial de la Salud que sirven de refe-
rencia para su evaluación y aprobación como alimento. Documentos
recientes emitidos por la fao <[Link]/biotech/[Link]>, la oms
<[Link]> o la Sociedad de Toxicología <[Link]/
information/governmentmedia/gm_food.doc> pueden ser consulta-
dos para mayor información al respecto.
Para cada alimento se revisan aspectos agronómicos, químicos y
nutricionales, bioquímicos, fisiológicos y genéticos. En breve, las téc-
nicas de los microarreglos permitirán analizar incluso los patrones de
expresión genética en las variedades modificadas. Por otro lado, en las
pruebas nutricionales, las nuevas proteínas se analizan con animales de
laboratorio alimentándolos con dosis que escandalizarían a cualquier
miembro de sociedades protectoras de animales. Sólo cuando se ha
demostrado su inocuidad en modelos animales es que son aprobadas
para consumo humano.
Cuando señalo que ningún alimento ha sido tan cuidadosamen-
te evaluado como los transgénicos, me equivoco. La ciencia nos ha
revelado que ningún alimento es 100% seguro y existen múltiples
compuestos tóxicos en muchos de nuestros alimentos tradicionales.
Tal es el caso de los frijoles, cuyo contenido de factores antinutricio-
94 agustín lópez-munguía

nales es tal que si éste fuese un producto de la biotecnología moderna,


por ejemplo con la proteína bt, difícilmente pasaría las pruebas
antes señaladas, debido a este arsenal de compuestos químicos. De
ahí la necesidad de basarnos en lo que se denomina “la equivalen-
cia sustancial”. Es decir, que para iniciar la evaluación de cualquier
alimento es necesario compararlo con la contraparte silvestre de la
que proviene.
Curiosamente, la peor crisis que ha sufrido la industria alimentaria
en los tiempos modernos, la crisis de “las vacas locas”, se dio dentro
de los países donde no se consumen productos transgénicos y fue
resultado del uso de tecnologías que hoy ya nadie cuestiona en el
mundo, usando una lógica de reciclado tendiente a aprovechar todo
residuo agroindustrial (López Munguía, 2001). En efecto, se trataba
de dar de comer a unos animales los residuos de otros, práctica que
en un principio no parece descabellada pues el reciclaje pareciera
sinónimo de sustentabilidad. Las vacas fueron entonces alimentadas
con residuos de animales, principalmente de borregos y fueron con-
taminadas con “priones”, proteínas tóxicas que logran la transforma-
ción de proteínas similares en el cerebro y su depósito en forma de
fibras, causando la pérdida de las capacidades mentales. Éste es un
claro ejemplo de que no hay tecnología 100% segura, y que lo impor-
tante es analizar fundamentalmente los productos y no los procesos
tecnológicos con los que se elaboran.
Los problemas que enfrenta la sociedad son de gran envergadura;
el gran reto consiste en ser cautelosos y al mismo tiempo aprovechar
las herramientas que brinda la biotecnología para contender con
ellos. No sólo los agrícolas sino también los que se refieren al medio
ambiente. La contaminación, el calentamiento global, la escasez de
agua y la crisis energética son tan sólo algunos de ellos. Para progre-
sar en esta dirección necesitamos una biotecnología responsable;
una tecnología comprometida que resuelva problemas y no sólo
diagnostique y regule el impacto de los desarrollos que se hacen en
el exterior.
¿Cómo aprovechar la riqueza de nuestra biodiversidad cuando
todo pareciera apuntar al hecho de que para muchos la única alter-
nativa y propuesta viable para conservarla es salirnos de ella? No es
difícil imaginar un escenario de mayor contaminación genética si no
se forma a los productores en esta disciplina y se fijan reglas de una
convivencia armoniosa y sustentable. Se requiere definir “qué sí y qué
no” se puede hacer; “dónde sí y dónde no”; “para qué sí y para qué
aspectos polémicos 95

no” usar la biotecnología. Las posturas de “todo o nada”, como en


muchos otros aspectos de la vida, acabarán retrasando la oportuni-
dad de desarrollar una estrategia nacional y, paradójicamente, permi-
tirán que continúe el desaprovechamiento, pérdida o degradación,
de nuestros recursos genéticos.
El reto es combinar con sabiduría nuestra riqueza, nuestros
recursos, desarrollar nichos y, sí también, nuestra necesidad ya
inevitable hoy en día de participar en un mundo global. ¿No es ahí
donde quisiéramos colocar no sólo tequila y cerveza, dos excelentes
productos de la biotecnología nacional, sino también pozol, tesgui-
no, pulque, mezcal, tuba, sotol y otros tantos productos de nuestra
biotecnología tradicional, así como una gran variedad de frutos y
productos agrícolas específicos de nuestras condiciones climáticas
y geográficas y de nuestra tradición cultural? Éstos y muchos otros
productos han estado por muchos años al margen de la inversión
científica y tecnológica, ¿seguirán siendo gratuitos los aportes de
México al mundo?, ¿bastará con cerrar las puertas para evitar el sa-
queo de recursos genéticos o evitar su ingreso como ya sucedió en
el caso del maíz?, ¿cuántas veces más se repetirá la historia de Zymo-
monas mobilis, bacteria aislada del pulque, cuyos genes hoy le sirven
a otra bacteria, [Link], para producir alcohol en Estados Unidos? Sin
un impulso claro y decidido a la biotecnología nacional como ha
sido propuesto por biotecnólogos mexicanos (Bolívar, 2001) pocas
alternativas nos quedan.
Hay además un problema de cantidad, aunque éste se mire
siempre como un simple problema de distribución: la producción
mundial de cereales, fuente principal de calorías que se da en 1 400
millones de héctareas, es de cerca de 2 000 millones de ton/año. Con
estos cereales, en teoría, se puede alimentar a 1 000 millones de ha-
bitantes, si todos tuvieran un régimen alimentario oriental; pero sólo
alcanzaría para 2 500 millones, si se come como en Occidente, pues
buena parte de los granos se convierte a productos animales con baja
eficiencia. Así que hay pocas alternativas para la población en el mun-
do: o los occidentales se vuelven vegetarianos o se aumenta en más
de 50% el rendimiento agrícola; con biotecnología o sin ella (Wilson,
2002). Otra opción interesante es la llamada agricultura orgánica. Sin
embargo, de acuerdo con un estudio de 21 años en Europa Central,
publicado en mayo de este año en la revista Science, aunque reduce
los insumos de fertilizantes y plaguicidas, disminuye el rendimiento
de los cultivos en 20% (Maeder, 2002). Además, el costo de los pro-
96 agustín lópez-munguía

ductos no es accesible a las mayorías y resulta sumamente difícil de


regular, propiciando los fraudes por falta de controles y la ingerencia
igualmente de instancias externas al país para la certificación.
Necesitamos dar un paso hacia un ambientalismo sí, pero un am-
bientalismo científico. Aspirar a mejores condiciones de vida para
todos requiere de tecnología. La pregunta es ¿cuál? El planeta no da
para más: de acuerdo con un artículo publicado recientemente en
la revista Scientific American y al que he hecho ya referencia (Wilson,
2002), necesitaríamos 4 planetas tierra si los 6 000 millones de terríco-
las aspirásemos a vivir con el nivel de vida de alto consumo energé-
tico como en Occidente. ¿Cómo conjuntar, si no es con tecnología,
productividad con sustentabilidad sin seguir cargándole el costo del
crecimiento económico al medio ambiente? Por otro lado, no es la
biotecnología, sino la humanidad la que está destruyendo la biodiver-
sidad, lo que puede documentarse fácilmente dado el deterioro de
bosques y selvas en el país, ya sea por sobreexplotación y corrupción,
o bien por hambre.
También hay un problema de calidad: aunque llegue el arroz,
el maíz o el trigo, no llegan zanahorias, betabeles o tomates, y más
de 400 millones de personas en más de 100 países incluido México
sufren de deficiencias totales o parciales de vitamina a causante de
ceguera. ¿Es ético no usar esta tecnología para tratar de atacar este
problema? No es menos grave el problema de deficiencias de hierro,
ante el escaso consumo de espinacas, lentejas o berros: millones de
niños sufren de anemia en México y el mundo. Se sabe ya cuál es la
maquinaria que permite a las plantas bombear hierro del suelo, por
lo que no está lejos una nueva generación de plantas que impacten
directamente la salud en beneficio del consumidor o plantas que
permitan sembrar en diversos ambientes hoy adversos para la pro-
ducción agrícola, como las zonas áridas, de suelos salinos o ácidos,
incluido el gravísimo problema de la cada vez menor disponibilidad
de agua. Plantas comestibles a las que se pueda eliminar los factores
que causan alergia (como es el caso del gluten de trigo) o frutas del
país que puedan hacerse resistentes al manejo para poder ser mejor
distribuidas. Es inconcebible que cerca de 40 millones de seres huma-
nos que padecen de hambruna en África rechacen la ayuda alimenta-
ria, por el supuesto riesgo a largo plazo que podría ocasionar el maíz,
que además de haber sido evaluado por numerosas instancias ajenas
a las compañías que lo produjeron, ha sido consumido por millones
de seres humanos, incluidos los mexicanos.
aspectos polémicos 97

Los biotecnólogos estamos convencidos de que urge una legisla-


ción sobre bioseguridad; una legislación que sea cuidadosa del medio
ambiente, pero cuidadosa también de que la biotecnología moderna
promueva y fortalezca nuestra tradición agrícola y alimentaria. Para
ello se requiere de imaginación y arraigo: para no desperdiciar esta
extraordinaria herramienta de la que disponemos para resarcir el
daño causado al planeta y resolver sus más agobiantes problemas;
para usar el potencial de la biosfera, para correr riesgos sí, pero pen-
sando a largo plazo, desarrollando cada vez más productos biodegra-
dables resultado de las tecnologías biológicas, desarrollando nichos,
siendo eficientes y, desde luego, siendo humildes. La biotecnología,
es tan sólo una herramienta.

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CIENCIA Y REDUCCIONISMO: UNA CRÍTICA
A LA CONCEPCIÓN CARTESIANA DEL MUNDO
EN LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

julio muñoz rubio∗

Una de las características más importantes en la elaboración y comer-


cialización de los alimentos transgénicos y de la polémica que han
generado en muchas partes del mundo es que son producto de la
ciencia y por lo tanto de la actividad de los científicos. Sin duda algu-
na, esta polémica en particular se extiende hasta abarcar el carácter
mismo de la ciencia contemporánea. Mientras los defensores de estos
productos sostienen la defensa fundados en buena parte en la con-
vicción generada desde finales del siglo xvi [con Bacon (1961) como
uno de sus principales impulsores] del inmenso potencial que el ser
humano tiene para, utilizando la ciencia, dominar la naturaleza y en
encontrar explicaciones verdaderas; los críticos de la producción de
estos alimentos señalan entre otras cosas algunas deficiencias y limita-
ciones que la ciencia misma tiene para poder evaluar el impacto de su
producción y comercialización. Por ello, resulta ineludible tomar una
posición con respecto al carácter que la ciencia ha tenido y tiene. En
este trabajo, tomando partido por una posición crítica, me propongo
justamente mostrar algunas deficiencias conceptuales y metodológi-
cas características de la ciencia contemporánea, las cuales reflejan el
caso específico de las investigaciones sobre organismos genéticamen-
te modificados, y que resultan en un obstáculo para comprender de
manera clara el carácter de su funcionamiento
Es frecuente que quien levanta críticas a la ciencia es calificado de
oscurantista, retrógrado o dogmático. A fin de evitar la asignación
de estos calificativos deseo expresar mi convicción de que la ciencia
ha revolucionado nuestra forma de vida, en muchos sentidos para
bien de la humanidad: ha cambiado de raíz nuestra visión del mundo
en un sentido progresivo, tratando de explicarlo en términos diná-
micos y materialistas; ha descubierto gran cantidad de verdades; ha
echado por tierra explicaciones misteriosas y derrotado en muchos


Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, unam.

[99]
100 julio muñoz rubio

momentos y lugares la ignorancia y el dogma, y ha incrementado


enormemente nuestro conocimiento del mundo. Con todo ello, la
ciencia ha contribuido decisivamente al mejoramiento de la condi-
ción humana.
Sin embargo, también es cierto que la ciencia se ha desarrollado
con base en una concepción reduccionista. Debido a ello, en oca-
siones, ha ofrecido explicaciones muy simplificadas del mundo, las
cuales llevan frecuentemente a limitaciones en nuestra concepción
del mismo, tal es el caso de aspectos importantes de las ciencias
biológicas. Esta simplificación se debe en buena parte a la filosofía
cartesiana.

características del reduccionismo cartesiano

Las características relevantes del modelo reduccionista de René Des-


cartes para el caso que nos ocupa son las siguientes: cualquier sistema
está compuesto en su totalidad por un conjunto natural de unidades
o partes, las cuales son homogéneas dentro de sí mismas y básicamen-
te iguales entre sí. Estas partes son ontológicamente previas al todo,
existen aisladas y concurren una a una para formar los todos, por lo
cual el todo es igual a la suma de sus partes (Levins y Lewontin, 1985:
269). (Véase la figura 1.)

figura 1. Representación cartesiana


de la relación entre las partes y el todo.

Pero ¿cómo explicaba el propio Descartes esta concepción? Exis-


ten en su obra numerosas alusiones a ello. En la quinta de sus Reglas
para la dirección del espíritu, lo explicaba de la siguiente manera:
ciencia y reduccionismo 101
Todo el método consiste en el orden y disposición de las cosas a las que se ha de
dirigir la mirada de la mente a fin de que descubramos alguna verdad. Y la obser-
varemos exactamente si reducimos gradualmente las proposiciones complicadas y
obscuras a otras más simples, y si después intentamos ascender por los mismos gra-
dos desde la intuición de las más simples hasta el conocimiento de todas las demás
(Descartes, 1996a: 87).1

Esta afirmación está elaborada como un criterio metodológico,


como una forma de abordar y facilitar el planteamiento y la resolución
de los problemas, pero es un reflejo de la manera como Descartes pien-
sa que se deben comprender los objetos de estudio mismos. Esto queda
claro en la sexta regla, en donde el mismo autor señalaba que:

Para distinguir las cosas más simples de las complicadas e investigarlas con or-
den, conviene en cada serie de cosas, en que hemos deducido directamente
algunas verdades de otras, observar cuál es la más simple y cómo todas las de-
más están más o menos o igualmente alejadas de ella (Descartes, 1996a: 88).

Y, más adelante, en la regla nueve, defiende la validez de esta


concepción de las cosas y de este método, a fin de llegar a conocer
la verdad:

Conviene dirigir toda la agudeza del espíritu a las cosas más insignificantes y
fáciles y detenerse en ellas largo tiempo hasta acostumbrarnos a intuir distin-
ta y claramente la verdad (Descartes, 1886a: 106).

Siendo más explícito, señaló en la regla trece:

Si entendemos perfectamente una cuestión, debemos abstraerla de todo con-


cepto superfluo, reducirla a la mayor simplicidad y dividirla en las partes más
pequeñas que se pueda, enumerándolas (Descartes, 1996a: 135).

Por si esto no fuera suficiente para comprender su concepción


reduccionista, podemos remitirnos a sus Los principios de la filosofía,
en donde plantea la extensión como la propiedad esencial de los
cuerpos y la que los hace divisibles. Allí explicó que:

1
Descartes repetiría esta tesis más tarde en sus Reglas para la dirección del espíritu (Des-
cartes, 1996: 56).
102 julio muñoz rubio

Así pues, sólo existe una materia en todo el universo y la conocemos en virtud
de que es extensa; todas las propiedades que apercibimos distintamente en
ella se reducen a que es divisible y a que sus partes están en movimiento y
que, en consecuencia, puede ser susceptible de todas las diversas disposicio-
nes que observamos que pueden acontecer en razón del movimiento de sus
partes (Descartes, 1995: pte. seg., 23).

En la misma obra, Descartes agrega otra propiedad de las partes


más simples: su esencialismo:

Cuando concebimos la substancia, solamente concebimos una cosa que exis-


te en forma tal que no tiene necesidad sino de sí misma para existir (Descartes,
1995: pte. prim., 51).

Y un poco más adelante agrega:

Hay atributos que son propios de las cosas a las que son atribuidos y otros
atributos que dependen de nuestro pensamiento (Descartes, 1995: pte.
prim., 57).

Estas tesis se han aplicado a lo largo de la historia también a las


ciencias biológicas, en especial a la genética, y han sido un elemento
central en la teoría sintética de la evolución. Al menos desde finales
del siglo xix hubo una fuerte tendencia a dividir el cuerpo de los or-
ganismos en tantas partes como fuera necesaria hasta encontrar las
partículas esenciales que provocaban el fenómeno de la vida (Mayr,
1982: 653-727). El paradigma reduccionista cartesiano, en las ciencias
de la herencia, pareció anotarse un triunfo decisivo a partir del últi-
mo medio siglo, con la determinación de la estructura tridimensio-
nal de los ácidos nucleicos y el consecuente desarrollo de la biología
molecular (Watson y Crick, 1953a y b). A partir de ese momento los
genes y los nucleótidos han sido vistos como esas partes esenciales del
mundo vivo. Los organismos son concebidos como el resultado de la
suma de esas partes esenciales, que tienen una vida propia, que no
tienen necesidad sino de sí mismas para existir.
Todo esto ha dado lugar a un amplio programa de investigación
(si deseamos expresarnos en términos de I. Lakatos (1993) o a un
paradigma [en términos de T. S. Kuhn (1971)] que se basa en la tesis
de que la vida tiene como propiedad fundamental la transmisión de
caracteres de una generación a otra y, por otra parte, que al aplicarle
ciencia y reduccionismo 103

a esta tesis las del reduccionismo cartesiano, resultará ser que la vida
tiene una “esencia”, la cual estará localizada en las unidades últimas o
“esenciales”: los nucleótidos, los cuales, al ser los portadores de todas
las características del individuo y de la propiedad de replicarse, esta-
rán confiriendo al ser vivo con esa propiedad determinante.
En el interior de las comunidades que se interesan por trabajar
en este programa de investigación o este paradigma, se ha disparado
una irresistible tentación —por no decir obsesión— por averiguar
las “esencias” de todo tipo que se encuentran en esas partículas ele-
mentales del mundo vivo, y que se ha reflejado en la producción de
gran cantidad de artículos, libros, conferencias, programas de radio
y de televisión con una amplia cobertura, etc. Ejemplos de discipli-
nas derivadas de este modelo reduccionista son la sociobiología y la
psicología evolutiva, las cuales han pretendido encontrar las raíces
genéticas del comportamiento de seres humanos y animales conside-
rados como “sociales”; las investigaciones acerca del genoma humano
y sobre clonación y, desde luego, la biotecnología y su expresión par-
ticular en la elaboración de organismos genéticamente modificados y
los alimentos transgénicos.
Es indudable que todas y cada una de estas disciplinas han logrado
resolver una buena cantidad de problemas, lo cual, de acuerdo con
Laudan (1977), les daría una superioridad sobre otras tradiciones de
investigación que laborasen con objetos de estudio similares (aun
cuando los hallazgos de todas estas disciplinas no fueran verdades),
pero desde un punto de vista epistemológico, contienen una defi-
ciencia que se expresa especialmente en las investigaciones sobre los
alimentos transgénicos, ésta es que, al aplicar una metodología re-
duccionista, no se considera la enorme complejidad del mundo vivo.

la crítica del cartesianismo

Lewontin (1991) señala que este modelo cartesiano es una manera


de expresar la concepción individualista del mundo. En ella, la so-
ciedad está constituida por una serie de elementos o partes a las que
se les considera “esenciales”: los individuos, los cuales, merced a su
capacidad de raciocinio, concurren de manera voluntaria e indepen-
diente de cada uno de los demás, a establecer relaciones entre ellos.
Por tanto, las relaciones sociales mismas están, bajo esta concepción,
104 julio muñoz rubio

subordinadas a la voluntad de los individuos. Esta filosofía surge jus-


tamente con la decadencia del modo feudal de producción, cuando
la burguesía impone una nueva concepción del mundo basada en
las explicaciones materialistas y dinámicas, y en la que la libertad es
vista como la capacidad del individuo de labrarse conscientemente su
propio destino, en vez de seguir siendo, como en la Edad Media, un
sujeto subordinado eternamente a la voluntad de Dios.
Esta concepción individualista hace una analogía de la sociedad en
los organismos y en sus componentes. La suma de los órganos (en los
organismos más complejos) es lo que explica al individuo; la suma de
las células explicará la formación de cualquier parte del cuerpo del
organismo, y será la suma de las moléculas la que explique la forma-
ción de las células. Finalmente, las unidades últimas de las moléculas
son las que serán responsables de las propiedades de éstas.
Con todo esto, el reduccionismo contemporáneo característico de
la biología molecular y de la biotecnología puede ser considerado
como esa extensión de la filosofía y sociología individualista. Es pues,
un fiel reflejo de la concepción burguesa del mundo.
Esto se hace más claro si consideramos que el reduccionismo de la
filosofía cartesiana tiene su origen y explicación en la influencia que
el desarrollo del trabajo manufacturado, elemento central de la orga-
nización capitalista del trabajo, ejerció sobre diversos ámbitos, inclui-
do el intelectual, de la sociedad del siglo xvii (Labastida, 1987).
Es necesario comprender este sistema filosófico, además, como
una forma de dar una explicación del mundo físico de aquella época.
La física era en ese entonces la ciencia por excelencia y la relativa sim-
plicidad de los sistemas físicos estudiados permitía ocultar la falsedad
de muchas de las tesis filosóficas que se encontraban (y encuentran)
detrás de esa concepción. Las características del movimiento de un
cuerpo en el espacio, tal como una bola de billar sobre el paño de su
mesa o el de un planeta alrededor del Sol; el grado de desviación de
un rayo de luz al pasar a través del agua o el tiempo necesario para
elevar x grados la temperatura de un volumen determinado de un
líquido son todas ellas magnitudes relativamente simples de calcu-
lar, dada la simpleza de los sistemas estudiados. Incluso fenómenos
sociales en apariencia muy simples, como la democracia burguesa,
que llega a un punto de auge a fines del siglo xviii con la Revolución
francesa, parece un sistema fácil de estudiar, comprender y adoptar:
los individuos ejercen el derecho de participar en la vida pública de
su país, haciéndose representar por aquel o aquellos que son electos
ciencia y reduccionismo 105

por ellos mismos, en un sistema en el que los votos individuales se


suman y se elige al candidato que más ha obtenido, representante del
todo o suma de las partes.
De esta manera, sería desproporcionado afirmar que la ciencia
cartesiana no sirve para nada o no ha hecho aportaciones de impor-
tancia al conocimiento del mundo. Al contrario, si se ha mantenido
como la visión hegemónica de la ciencia es debido a su elevada capa-
cidad heurística con respecto a problemas trascendentales.
Pero esta pujanza y vigor que muestra el reduccionismo en la cien-
cia de los siglos xvi al xix, se trueca en debilidad con el ascenso de las
ciencias biológicas. La simpleza del mundo cartesiano queda puesta
en cuestión y se ponen en relieve sus limitaciones. Examinémoslas:
Al igual que es imposible pensar que un individuo aislado de la
sociedad pueda hacer algo, es decir, algo que tenga una mínima
relevancia para la sociedad, o bien que pudiera desarrollar algu-
na actividad sin que medie una previa relación social; también se
puede afirmar que por sí solos los nucleótidos, los genes, y las mo-
léculas de ácidos nucleicos contenidas en un organismo no hacen
nada, no tienen ninguna función, es más, su existencia carece de
sentido. Al revés de como se considera en biología molecular y en
biotecnología, donde el gen es pensado como la parte que por sí
sola ya contiene todos los elementos fundamentales de la vida, se
puede afirmar que ni las células, ni los organismos, ni la sociedad,
entendidas como todos pueden comprenderse como la suma de las
partes. Es justamente al revés, es el todo el que, entendido como una
multitud de relaciones en su interior y con otros sistemas similares,
el que puede explicar la existencia de las partes y sus roles especí-
ficos en contextos espacio-temporales (Lewontin 1992, Litchmann
1990). Para decirlo de otra manera: en el universo, lo mismo en el
universo físico, biológico, como cultural y social, las relaciones que
se establecen dentro de esos sistemas son las que pueden explicar
el papel específico jugado por cada una de las partes que lo compo-
nen. De otra manera se cae en una especie de fetichismo dentro del
cual las partes consideradas como esenciales (sin explicarse por qué
se les considera así) parecen serlo debido a una misteriosa cualidad
interna que las hace comportarse de manera natural de ese modo,
como si por sí mismas ya tuvieran las propiedades que las hacen ser
lo que son. Estas unidades y todos los demás componentes de la vida
son capaces de hacer lo que hacen solamente en la medida en que
establecen relaciones con otros componentes del sistema en el que
106 julio muñoz rubio

están, es decir, de establecer interacciones en el espacio-tiempo. Es


así como podemos explicar los procesos de evolución en cualquiera
de sus escalas.
En otras palabras: el conjunto de interacciones de las partes con
el todo, de éste con las partes y de las partes entre sí, en un complejo
espacio-tiempo, es lo que explica las características morfofisiológicas
de un organismo. Esta concepción dialéctica niega la existencia de
una parte o componentes esenciales y, por tanto, que tengan una
jerarquía superior a las demás, a partir de las cuales todo lo demás se
construya unilinealmente. (Véanse las figuras 2 y 3.)

figura 2. Representación dialéctica de


la relación entre las partes y el todo.

figura 3. Relación dialéctica entre par-


tes y todo en el complejo espacio-tiempo.

Ahora bien, el tipo de ciencia en la que se han basado las investi-


gaciones sobre alimentos transgénicos, debido al ya mencionado ca-
rácter reduccionista que tiene, no llega a comprender la complejidad
inherente a los organismos y nos ofrecen una visión simplista de ellos.
Al descomponerlos hasta sus partes más “sencillas” y considerar éstas
ciencia y reduccionismo 107

como “esenciales”, elabora un modelo fisicalista de los seres vivos; los


tratan como si estos sistemas se comportaran como partes de un mo-
tor o astros en movimiento. La idea básica de la que se parte es que si
queremos obtener un organismo con una determinada característica,
por ejemplo, la producción de una vitamina; lo que hay que hacer es
trasladar de un organismo de una especie en la que se haya detectado
la producción de esa vitamina, el gen que codifica para producirla
e insertarla en el genoma del primer organismo. Debido a la cons-
tancia en el comportamiento del gen trasladado, se esperará que el
nuevo organismo, genéticamente modificado, produzca la sustancia
esperada. Así, podemos ir trasladando genes de un organismo a otro,
jugando con las propiedades de cada uno de aquéllos para fabricar lo
que uno quiera. Las limitaciones para esto serían meramente técni-
cas, pero dado el grado de avance en este tipo de investigaciones, no
serían insuperables.
Con ello, la biotecnología estaría respetando una característica
fundamental del modelo inductivo de la ciencia: la predictibilidad.
Y aquí es donde entramos en un problema especialmente polémico:
cuando los críticos de la fabricación y comercialización de alimentos
transgénicos advierten de los peligros para la salud o el ambiente
no sólo a corto, sino a mediano y largo plazos, que estos alimentos
pueden tener (Apoteker 1999, Anónimo 1999), se responde con un
argumento débil, que puede sintetizarse en la frase: “no hay pruebas
de que esto haya sucedido”.
¿Por qué califico de débil el argumento? Por una parte, desde un
punto de vista lógico, porque no hay nada que pueda garantizar que
el hecho de que, aun en el caso de que en realidad hasta ahora no
se haya detectado algún daño en la salud o el ambiente producto de
un alimento transgénico, ello no nos dice nada de que en el futuro
no se vaya a presentar. En otras palabras, la deficiencia que tiene un
enunciado universal es que no existe ninguna garantía de que la si-
guiente ocasión en que éste sea sometido a una contrastación vaya a
ser igualmente verificado. Al afirmar: “Todos los cuervos son negros”,
se está haciendo una consideración del color de los cuervos cono-
cidos hasta el momento. Por abrumadora que sea la evidencia que
apoye este enunciado, no hay ninguna seguridad de que el siguiente
cuervo que sea observado no sea blanco, rosa o multicolor. No hay
ninguna diferencia con el enunciado: “Los alimentos transgénicos no
han provocado daños a la salud o al ambiente”. La crítica que Popper
(1962, 1967: 57-87) dirigió al inductivismo, que tan fuertemente es
108 julio muñoz rubio

defendido por los apologistas de los alimentos transgénicos, encuen-


tra aquí uno de sus puntos más sólidos. Desde luego, en el caso del
color de los cuervos o, por poner otro ejemplo, en el de la ley universal
de la gravedad, a pesar de la imposibilidad lógica de que el enunciado
universal que da sustento a la ley sea respetado en la siguiente expe-
riencia, de manera intuitiva se puede pensar que para un fenómeno
tantas veces corroborado, su violación en unas cuantas ocasiones no
lo invalidaría automáticamente, sino que se podrían construir hipó-
tesis ad hoc para los casos excepcionales. Pero para fenómenos tan
novedosos como los de la manipulación genética de organismos, con
la falta de evidencia experimental y con las lagunas que aún se tiene
en el conocimiento de este problema, afirmar que por el hecho de
que supuestamente no existen evidencias de daños no las habrá en el
futuro, carece de sustento lógico.
Pero debemos agregar más. En el párrafo anterior se puso un
ejemplo referente a un proceso relativamente sencillo: el de la
atracción entre dos cuerpos. Pero el caso de los alimentos transgéni-
cos es considerablemente más complejo por tratarse de un proceso
en el que están involucrados el material genético de dos organismos
de distintas especies y sus interacciones con el ya de por sí complejo
ambiente en el que se encuentran. Entre mayor sea la compleji-
dad del sistema de estudio, mayor será la posibilidad de que la
predictibilidad falle, debido a las numerosas posibilidades que se
presentan en cada paso de la vida de un organismo, considerado en
la totalidad de sus relaciones. En ese sentido, aparece de nuevo la
crítica al reduccionismo de las ciencias biológicas, pues es incapaz
de evaluar adecuadamente la elevada complejidad del mundo vivo
y por lo tanto no puede aceptar que exista un grado mayor de im-
predictibilidad de los efectos a mediano y largo plazos derivados de
la modificación genética de los organismos. La biotecnología trata
a los organismos como entes en los que un efecto particular de la
manipulación genética se deriva de una causa igualmente particular
y sólo de ella, es decir, relaciones uno a uno de causas y efectos. Ésta
es otra de las características simplificadoras del mundo presente en
el modelo cartesiano aquí criticado (Levins y Lewontin, 1985: 269;
Lewontin, 1992: 39-57).
ciencia y reduccionismo 109

concepción clasista y prepotencia científica

Ahora bien, en la medida en que el reduccionismo en ciencia se


encuentra fuertemente limitado para hacer predicciones a media-
no y largo plazos en sistemas vivos, expresa un paralelismo con el
pensamiento economicista característico del capitalismo, el cual
está, por su propia naturaleza, preso de los problemas inmediatos
de producción, circulación y consumo de mercancías, en una lógi-
ca de ganancias también inmediatas y por todo ello fuertemente
limitado, cuando no imposibilitado para planear, predecir y hacer
consideraciones a mediano y largo plazos en la economía mundial,
regional o nacional. El reduccionismo economicista no es extraño
al reduccionismo en ciencia natural. Al contrario, como Wise (1989
a y b) lo muestra, comparten muchas características entre sí y sus in-
teracciones son más fuertes de lo que a primera vista parecen. Quizá
es debido a esta lógica inmediatista y fragmentaria de la que están
embebidas la economía burguesa y la biotecnología, que existe una
tan profunda identificación entre ambas ramas y que se apoyen
mutuamente, mostrando también con ello el carácter de clase que
tiene la investigación sobre alimentos transgénicos. Lo importante no
es la reflexión acerca del largo plazo, ni sobre la complejidad de las
interacciones, sino la maximización del éxito inmediato.
Por esto, la ciencia cartesiana se identifica con el pensamiento de
una clase social: la burguesía. Su visión del mundo es materialista y
racional, pero también parcial, fragmentaria e inmediatista, su visión
del mundo nunca es integral y completa. Este modelo separa las
partes entre sí y del todo; el individuo de la sociedad, el organismo
del ambiente, el pensamiento del cuerpo, el espacio del tiempo, las
causas de los efectos, las cualidades “primarias” de las “secundarias”.
Todas estas fragmentaciones son también fragmentaciones propias
de la visión burguesa del mundo, la cual incluye al menos una más,
que es fundamental en este análisis crítico: la separación sujeto-ob-
jeto (Marx, 1953; Schaff, 1976), los cuales siguen existencias inde-
pendientes el uno con respecto al otro. Las propiedades de uno no
tienen que reflejarse o que interponerse con las del otro. La investi-
gación científica debe partir de este hecho. Dicho de otra manera:
la tesis sobre la existencia independiente del sujeto con respecto al
objeto lleva a concluir que la verdad sobre el universo físico debe ser
investigada dejando de lado los prejuicios, pues son elementos distor-
sionantes de la realidad (Descartes, 1995: 63-70).
110 julio muñoz rubio

De aquí se desprende de manera implícita que sólo el sujeto capaz


de actuar frente a su objeto de estudio de manera desprejuciada y
neutral, será capaz de aprehender y comprender las propiedades
esenciales de esos objetos y, lo que es igualmente importante, opinar
y decidir con autoridad y conocimiento de causa acerca de los usos y
aplicaciones de las propiedades que le han sido descubiertas.
Todo esto lleva a situaciones caracterizadas por lo que podríamos
calificar como la “dictadura del experto”. Si el científico, a quien se
supone un sujeto entrenado para comportarse de esa manera fría
y neutral frente a sus objetos de estudio, llega a una determinada
conclusión, los únicos autorizados para refutarlo son otros sujetos
igualmente preparados en caso de que llegasen a conclusiones dife-
rentes. El resto de la sociedad está parcial o totalmente incapacitada
para tomar parte en el debate, al menos si no ubica su argumentación
desde el lado de la ciencia misma. Éste es un fenómeno propio del
capitalismo.
De esta manera, el capitalismo agudiza una serie de conflictos que
ya estaban presentes desde otras épocas: en primer lugar, el conflicto
entre ciencia y conocimientos tradicionales, tan agudamente percibi-
do por Feyerabend (1982, 1986), el conflicto entre el tecnócrata y el
campesino, y el conflicto entre campo y ciudad.
Aquí debemos ubicar uno de los orígenes del conflicto generado
con la producción de los alimentos transgénicos. Cuando el apologis-
ta de la comercialzación de estos productos genéticamente modifica-
dos resulta ser, además, un “hombre de ciencia” o cuando sin serlo
se apoya en las tesis y afirmaciones de los científicos que también
defienden la investigación sobre estos organismos, la posibilidad de
establecer un diálogo con quien no está dedicado a la investigación
científica y que por razones distintas a las de la ciencia se opone a la
fabricación de estos organismos, queda cerrada. Sólo otro experto
estaría autorizado para refutar. Esto plantea un problema adicional
no menos importante: el debate sobre los alimentos transgéncios no
solamente es un debate que se desarrolla en el interior de las comu-
nidades académicas y científicas acerca del carácter de la ciencia y sus
métodos, es, además, un debate en el que se pone en cuestión el ca-
rácter de la relación de la ciencia con la sociedad y deja en evidencia
que, mientras se siga utilizando una concepción de la ciencia basada
en la separación del sujeto y el objeto, pensando que el único modo
legítimo de conocer los objetos del mundo es el de la ciencia, sólo los
expertos están autorizados para opinar. Las consecuencias negativas
ciencia y reduccionismo 111

que esta concepción de ciencia que uniforma el conocimiento tiene


para la vida democrática de las sociedades han sido señaladas (Feyera-
bend, 1982; Dupré, 1993: 244-264) y no pueden ser menospreciadas.
La concepción cartesiana del mundo, basada en la existencia de
esas dualidades y escisiones tales como las de cualidades primarias y
secundarias, y que identifica a las primeras como las únicas objetivas,
elabora una concepción de la verdad accesible solamente mediante
el método científico que aborde los problemas en torno a esas cuali-
dades primarias. Con ello, relega la subjetividad y la sensualidad a un
segundo o tercer plano en la vida del ser humano, considerándola
casi como un mal inevitable, como un defecto inherente a nuestra
especie o, en todo caso, como una característica de las personas dé-
biles de carácter. Por ello mismo hay que intentar evitarlo o dejarlo
para actividades que no pretendan contribuir al conocimiento real
del mundo, tales como la poesía o los rezos. Por ello construye un
esquema en el que la naturaleza es únicamente vista como esas pro-
piedades comprensibles sólo a través del frío análisis cuantitativo de
esa ciencia, y tiende a construir un abismo que aparta al ser humano
de la naturaleza (Pepper, 1984).
La tradición cartesiano-baconiano-positivista de la ciencia, ade-
más, deja implícito que ésta tiene una capacidad infinita para resolver
problemas. Lo anterior puede considerarse correcto solamente en la
medida en que nunca será posible admitir que ya todo lo que hay que
conocer del mundo está conocido y no hay más preguntas por for-
mular. Afortunadamente, siempre habrá algo nuevo por investigar y
saber. Pero esto no quiere decir que la ciencia sea capaz de resolver
cualquier problema que se le presente. Hay algunos enigmas que será
difícil que algún día tengan una explicación más o menos completa y
coherente. El problema de los efectos en la salud y el ambiente a me-
diano y largo plazos causados por la introducción masiva de alimen-
tos transgénicos en los ecosistemas quizá sea uno de esos problemas
imposibles de predecir con exactitud.
Por estas razones es necesario tomar una actitud más modesta so-
bre las capacidades de la ciencia y, sin hacerla a un lado, echar mano,
además, de un tipo de argumentación no científica (en la medida en
que pueda ser trazada una línea entre ciencia y no ciencia, tarea por
demás ardua y dificultosa). Los criterios éticos y estéticos deben jugar
un papel central en este caso. Ante la duda que provoca entre impor-
tantes sectores de la sociedad los efectos de la elaboración y produc-
ción masiva de alimentos transgénicos y ante la falta de evidencias
112 julio muñoz rubio

contundentes que lo nieguen, lo más adecuado es deshacerse de las


restricciones que se derivan de una argumentación estrictamente ba-
sada en el discurso de la ciencia y desarrollar una línea argumentativa
que ponga en el centro de su atención al ser humano. Pero no al ser
humano comerciante (Homo oeconomicus) ni al ser humano enajena-
do en el mundo de las cosas y las posesiones, ni al ser humano estricta
y únicamente racional, sino al ser humano total, considerado en su
multidimensionalidad, sus potencialidades y sus capacidades intelec-
tuales, físicas, afectivas y sensuales, y en su diversidad cultural.
Por todo lo anterior, creo que existen argumentos de peso su-
ficientes para pensar que es necesaria una transformación tal de
nuestra forma de ver el mundo, y el mundo vivo en particular, que
se deshaga del lastre que representa la hegemonía del reduccionis-
mo cartesiano. No es necesario pensar en una erradicación total del
mismo, pues en primer lugar es imposible pensar en una ciencia des-
pojada de todo reduccionismo, éste es necesario en un momento o
en otro y, en segundo lugar, es claro que siempre será capaz de hacer
importantes aportaciones al conocimiento. Lo que planteo es que a
la luz de una serie de problemas del desarrollo científico y tecnoló-
gico del mundo actual, que no son otra cosa que el desarrollo social,
el modelo reduccionista cartesiano ha mostrado sus límites. El de la
producción de alimentos transgénicos es uno de los principales pro-
blemas en donde estas limitaciones se han hecho patentes, lo cual se
evidencia por las objeciones que ha generado entre amplios sectores
sociales. Por ello es necesario construir una nueva hegemonía que,
en el aspecto epistemológico, enfrente esta obsesión reduccionista
derivada del modelo cartesiano, especialmente en la biotecnología;
que ubique al reduccionismo no como una esfera autónoma y do-
minante del conocimiento, menos aún como la única metodología
adecuada, sino como una herramienta limitada a los problemas a los
que realmente pueda ofrecer alguna solución, todo subordinado a
un sistema dialéctico y por lo tanto antitético al reduccionismo.
Considero que la concepción dialéctica que intento defender
ofrece grandes ventajas con respecto al reduccionismo hegemónico
actual. Como ya se dijo, rompe con las parcialidades e inmediatismos
propios del cartesianismo, con su visión fragmentaria del mundo y,
además, toma en cuenta la complejidad real de los organismos e inte-
gra su acción y existencia en el complejo espacio-tiempo en el que se
mueven. La visión dialéctica logra hacer eso porque rechaza concebir
al sujeto escindido del objeto de estudio. Reivindica la interacción
ciencia y reduccionismo 113

entre esos dos elementos en el conocimiento del mundo, y reivin-


dica, además, la unidad entre teoría y práctica, manifestando que
el conocimiento del mundo es, antes que nada, una relación social
(Marx 1953). Con todo ello, la ciencia queda integrada al conjunto
de actividades humanas. Por ello, la concepción dialéctica puede
unificar el conocimiento de la ciencia con el de la ética y las metodo-
logías tradicionales e integrar los argumentos de últimas esferas en
los debates científico-tecnológicos, sin considerar de entrada alguna
de estas esferas como privilegiada, esencial o dominante frente a las
demás. De esta manera, la sociedad entera queda a su vez integrada
en estos debates. Eso es lo que en este moemento se requiere en el
debate sobre los alimentos transgénicos.
Queda por responder la pregunta de si esto es posible dentro de
los marcos del capitalismo. La respuesta que doy es negativa. Aunque
desde hace años existen intentos de introducir un pensamiento de
este tipo en la ciencia, considero que es necesaria una transforma-
ción de la sociedad desde su raíz para lograr otra forma de concebir
el mundo, pero eso ya es materia de otro trabajo.

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ANÁLISIS DE RIESGOS Y PERCEPCIÓN PÚBLICA
DE LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

jaime padilla acero*

En esta ponencia se describen y comentan varios elementos que inte-


gran el sistema de evaluación técnica de los alimentos transgénicos, en
los ámbitos sanitario, nutricional y ambiental, dentro del marco de la
divulgación académica. Se discute su relación con diversas consecuen-
cias del surgimiento de esta innovación productiva y de este tipo de
agroindustria de base científico-técnica; en particular, con los impactos
en la certidumbre o confianza de la población en estos productos.
Los alimentos elaborados con base en cultivos transgénicos o pro-
cesados con ayuda de componentes de otros organismos modificados
genéticamente (omg) han aparecido en los anaqueles y en las notas
periodísticas cada vez con mayor frecuencia. La percepción de su na-
turaleza, intención, utilidad y riesgos, por distintos sectores sociales,
ilustra de diversas maneras la desarticulación entre el desarrollo cien-
tífico-tecnológico y el conocimiento público, en ambos sentidos.
Los alimentos transgénicos se derivan, de manera genérica, de
variedades dentro de especies vegetales, animales o de microorganis-
mos conocidos que han sido “modificados genéticamente” y se utili-
zan desde hace casi un decenio, ya sea como componentes principa-
les o desde antes, como insumos complementarios el procesamiento
de los mismos.1 Esta modificación genética se entiende actualmente
y de manera convencional, como la producida por procedimientos
derivados de la biotecnología moderna, es decir, los que involucran
la movilización (artificial, mas no totalmente azarosa) de fragmentos
de adn —genes recombinantes o transgenes—, del genoma de un
organismo a otro, el cual se propaga luego para constituirse en una
variedad mg. Si bien se considera que las cruzas y la selección (arti-
ficial) de variedades vegetales y de razas animales por mejoramiento

*
Centro de Investigación en Energía-unam/ Comité de Divulgación en Morelos.
1
Se excluyen de esta ponencia otros omg cuyos productos tienen una aplicación
en el área farmacéutica, ambiental e industrial, los cuales requerirían de un estudio
adicional en términos del análisis de riesgos y percepción pública.

[115]
116 jaime padilla acero

tradicional, generan, asimismo, distintos tipos de modificación ge-


nética (también, relativamente azarosa), con el uso de la ingeniería
genética se han trascendido barreras reproductivas que permiten,
desde hace unos 30 años, hacer funcionar genes particulares en otros
ambientes celulares y obtener ya sean los productos asociados, las
funciones o propiedades particulares de ciertas especies biológicas
(antibióticos, hormonas, bioinsecticidas, anticuerpos, nutrimentos),
en otras especies cultivables donde el rendimiento, el costo y otras
ventajas agronómicas —y hasta ambientales—, resultado de su ex-
presión, brindan una alternativa de mejoría productiva. No obstante,
desde diversas perspectivas dentro del ámbito alimentario (sanitaria,
agroecológica, socioeconómica) existen otras posibles consecuencias
que es necesario considerar de modo sistemático.

percepciones encontradas

En principio, algunas experiencias de divulgación y el análisis some-


ro de la cobertura de prensa sobre este tema sugieren que existe un
considerable grado de desconocimiento, tanto en el público general
—sobre los conceptos y aspectos técnicos alrededor de los alimen-
tos transgénicos—, como en los grupos empresariales —sobre las
necesidades y la realidad productiva de la sociedad mexicana. Es
decir, existen diferencias acentuadas en la percepción de los motivos,
la confiabilidad en los métodos y los efectos finales de la ingeniería
genética aplicada a la producción agroalimentaria. Las causas son
diversas pero, por un lado, los modos de difusión e intercambio de
información sobre la naturaleza y alcances de la biotecnología agrícola
no han sido suficientemente directos, amplios y plurales, lo que ha
fortalecido la polarización de opiniones en torno a su generación,
uso y regulación. Por otro lado, si bien se reconoce un derecho in-
discutible para la elección personal en materia de consumo, lo cual
se fundamenta en un espectro contrastante de concepciones sobre
la gestión productiva y ambiental, en lo relativo a las opciones de
política pública, el asunto es más complejo. Tales políticas deben
promover, en principio, la mejora de las condiciones productivas,
sanitarias, educativas y otras, para amplios sectores de la población.
Para lograr una mejoría en el bienestar físico (es decir, en cuanto a
seguridad alimentaria y ambiental, cuando menos), no se vislumbran
análisis de riesgo y percepción pública 117

a corto plazo muchas alternativas distintas a la adopción de formas


de organización productiva, consecuentes con la incorporación de
innovaciones tecnológicas de mayor efectividad y en el marco del
desarrollo sustentable. La finitud de las tierras arables y del agua
disponible; los impactos continuos de enfermedades causadas por
microorganismos —aparte de las plagas de insectos— y las limitacio-
nes de los sistemas de abasto en nuestros países, no serán resueltos so-
lamente con cambios en la estructura social o las políticas comerciales.
Por tanto, para examinar mejor estas innovaciones debemos utilizar
una terminología común y promover consensos con base en informa-
ciones de distinto tipo, para promover y adoptar colectivamente las
opciones más favorables o menos dañinas para la sociedad y el medio
ambiente en su conjunto.

riesgos y beneficios

Una de las discrepancias más evidentes entre los promotores de la


biotecnología agrícola y sus detractores está en los balances finales
respecto de beneficios y riesgos tanto de la tecnología misma, como
de sus productos y medios de control. Se discute globalmente sobre
las grandes soluciones o las graves amenazas que reportaría a la salud,
al equilibrio ecológico o al progreso económico, mediante argumen-
tos —o “evidencias”— que son fácilmente cuestionables desde el
punto de vista metodológico, técnico e histórico. Actualmente, por
ejemplo, se hacen alertas, denuncias y suposiciones sobre los trans-
génicos (todos), que frecuentemente carecen de sustento en pruebas
empíricas reproducibles, publicadas o discutidas abiertamente. Así
como “la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia” —motto
preferido de grupos muy atentos al principio precautorio—, la mera
suposición de riesgos —por muy evidentes que parezcan—, no nos
releva de la necesidad de pruebas aplicables, lo que también es una
mal entendida actitud que sostienen otros grupos muy afectos al mé-
todo científico. Alternativamente, los datos de presuntos beneficios
se fundamentan con cierta insistencia en extrapolaciones de otras
condiciones productivas, relativamente distantes o especiales, que no
son comparables a las que podrían ser el “blanco” a atinar dentro de
la problemática agroalimentaria de nuestro país (por ejemplo, plagas
locales, aridez o acidez de suelos, prácticas productivas ineficientes,
118 jaime padilla acero

malos hábitos alimenticios y otras). Por esto, nuestra idea aquí es pro-
mover una actitud más crítica —escepticismo informado, dirían los más
ambiciosos—, y no alimentar posturas intolerantes, complacientes o
peor aún, indiferentes respecto de los omg. Sólo así nos permitire-
mos discutir abierta y productivamente nuestra posición al respecto,
como individuos y como sociedad.
Un punto de vista insoslayable es asumir que cada tecnología o
producto derivado tiene riesgos y beneficios potenciales que moti-
varon su generación o adopción. Sin ir más lejos, nuestro sistema
alimentario depende mayormente de cultivos intensivos de temporal;
almacenamiento rústico y transporte terrestre, así como el procesa-
miento y empaque en zonas industriales. Aunque tales procedimien-
tos se traducen normalmente en un mayor volumen de productos
saludables, frescos o no perecederos a costos poco variables, diversas
eventualidades podrían provocar peligros graves si no hubiera un mar-
co regulatorio y mecanismos de control que los eviten. Entonces, la
obtención de balances más justos entre ambos tipos de efectos, en
el contexto de los cultivos mg, requiere una metodología que arroje
datos específicos, científica y técnicamente sustentados sobre las prin-
cipales aseveraciones que se plantean, por ejemplo, en los medios
impresos. Nuevamente, este abordaje es necesario para contrarrestar
mitos, falacias y ambigüedades que impiden tener un nivel de certi-
dumbre —que resultaría de aplicarlo—, que poseen otras cosas como
los jabones, las computadoras o las vacunas.

¿cómo se origina la percepción pública?

Una medida de la opinión social (percepciones favorables, contrarias


o divididas en diversos grados) ante un producto tecnológico es,
cabalmente, un resultado instantáneo y promediado de algunos fac-
tores culturales (peso de experiencias ajenas, actitud ante cambios,
costumbres, etc.) y de elementos informativos disponibles. Ambos
tipos de componentes pueden analizarse y —como lo demuestran
las intensas campañas de publicidad de ambos lados— modificar ac-
tivamente la percepción. En este contexto, un debate más profundo
en torno a los omg requiere incorporar el conocimiento de mayor
número de elementos, de distintos ámbitos, para promover una per-
cepción más dinámica (digamos hacia el entendimiento), y enmarcada
análisis de riesgo y percepción pública 119

en criterios de seguridad y elección informada, en el nivel personal


y comunitario.

objetivos de una política de comunicación en bioseguridad

La percepción pública, considerada así como un proceso dinámico,


sujeta a monitoreo y análisis continuos, permite suponer que podría
aprovecharse como una medida del entendimiento público del cam-
bio técnico y social. En general, algunas metas de la comunicación
social en ciencia y tecnología, son aumentar el nivel de reflexión y
comprensión de los problemas o disyuntivas del desarrollo mismo. Esto
es, conocer, lo más ampliamente posible, los factores que influyen y la
dinámica de este proceso. Este conocimiento es más firme si se nutre
de información plural, con base en reflexiones atractivas y explicati-
vas sobre aquél; se sigue que éstas surgen de algún tipo de investiga-
ción y análisis, que serán consistentes si se sustentan en un método y
una justificación explícitos. La definición apropiada de este método
y su justificación han estado ausentes en el actual debate nacional de
pros y contras de los omg. En este sentido, un esquema de análisis
de riesgos (en lo general, y en su acepción casuística, es decir, caso
por caso) es considerado aquí el sustento más adecuado para contri-
buir a la transformación de la percepción pública (como instantáneas
de un proceso educativo), hacia un entendimiento más claro de los
omg como herramienta de investigación o como alternativa alimenta-
ria o de muchas otras variantes productivas actualmente disponibles
y que serán más o menos adecuadas para cumplir con los fines del
desarrollo. Bajo este esquema y en el espíritu de estas jornadas, esta
contribución2 tiene por objeto: a] aportar mas elementos básicos
para el análisis interdisciplinario de los alimentos mg o transgénicos;
b] fortalecer las estrategias y oportunidades de comunicación directa
y multilateral al respecto y, necesariamente, c] colaborar en la toma
de decisiones, individuales y colectivas, en torno a los productos de la
biotecnología en el marco de la bioseguridad y el desarrollo sustenta-
ble. Sin poder cubrirlo con propiedad en este espacio, el eje principal

2
Esta ponencia se presentó al tiempo de la publicación de una quinta y definitiva
iniciativa de ley sobre bioseguridad y organismos modificados genéticamente. (Véanse
referencias).
120 jaime padilla acero

de la discusión se centra en varios puntos de la iniciativa de ley de


bioseguridad de organismos genéticamente modificados (lbogms),
aprobada ya por el Senado (2003) y agenda pendiente en la actual
Cámara de Diputados (lix Legislatura, 2003-2006).

el sustento y el reto académicos

La justificación inicial es fortalecer la participación de los académicos


en una tarea educativa para mejorar el nivel en este delicado diálo-
go,3 que a veces sólo se reduce al ámbito periodístico y al legislativo.
Es importante resaltar, primero, que este sector tiene capacidad
para compilar, organizar y contrastar desde una perspectiva acadé-
mica (científica, idealmente), tanto aspectos de la evaluación de
los alimentos, como también de los contenidos y tendencias de la
opinión pública y publicada; segundo, que recurrir a enfoques multi
e interdisciplinarios casi siempre es más productivo, en términos de
conocimiento significativo, que las conclusiones derivadas (y frecuen-
temente sesgadas o desarticuladas) de una o pocas especialidades o
sectores; tercero, que por definición y convicción es importante soste-
ner que un debate dentro de la comunidad académica, universitaria
—aun con cargas ideológicas evidentes—, no admite “cláusulas de
exclusión” en temas o posturas, salvo en términos metodológicos
y, en algunos casos, de pertinencia. Finalmente, se asume también
que los resultados de la discusión —siempre continua, y como pro-
ductos de comunicación— pueden generar o fortalecer distintos
posicionamientos, los cuales no son equivalentes a los que resultan
de simples campañas informativas o “de medios”. No es ocioso insistir
en que para la situación mexicana este proceso de diálogo es particu-
larmente especial, ya que además de ser un país con gran diversidad,
centro de origen y domesticación de varios cultivos de importancia
mundial, poseemos también una infraestructura de investigación y
desarrollo que puede permitir generar soluciones propias, urgentes y
complementarias a variados problemas de productividad, calidad nu-
tricional, aprovechamiento y conservación de recursos y hasta com-

3
Ha habido diversas contribuciones (Véanse referencias), pero destaca la participa-
ción de la Academia Mexicana de Ciencias en el proceso redacción de la iniciativa de
ley, lo cual es una experiencia casi inédita.
análisis de riesgo y percepción pública 121

petitividad comercial. Llegar a reflejar estas disyuntivas al tiempo de


ir estableciendo reglas claras de promoción y regulación sigue siendo
un reto académico complejo que ha ido incorporándose en este tipo
de debates y, afortunadamente, aunque más dilatadamente, en otras
instancias en el nivel nacional, así como en la legislación específica
que se ha elaborado en el Congreso.4

riesgos: parte de un marco de referencia amplio

Algunos de los valores constitutivos del desarrollo sustentable, asu-


midos como inseparables luego de múltiples discusiones en foros
mundiales, incluyen la articulación de garantías para la seguridad
alimentaria, sanitaria, ambiental y socioeconómica. Cada una de
las opciones tecnológicas productivas, de construcción, de comuni-
cación, de transporte e incluso de conservación del ambiente que
adopten las familias, las comunidades y las sociedades en conjunto
—que deberían o de hecho se adecuan a este modelo de desarro-
llo—, se topa con diversas dificultades o riesgos de fallar, de producir
nuevos problemas (tal como persistir en las opciones convencionales
conlleva diversos riesgos). Por tanto, el análisis y comparación de las
distintas consecuencias previsibles —lo que los planificadores llaman
escenarios— permitirá hacer balances más completos de las alternati-
vas disponibles, adecuadas o evitables. En esta práctica se incluye el
análisis de riesgos, el cual puede concebirse en tres etapas. Primera,
la evaluación: aplicar técnicas efectivas para la identificación y ca-
racterización misma de los riesgos. Segunda, su gestión por medio
del establecimiento de posibilidades para el manejo de los riesgos
conocidos o valorados, para eliminarlos o reducirlos a un umbral
“aceptable”, definido y explícito. Finalmente, la comunicación del
riesgo, que implica genéricamente hacer consciente a todos los usua-
rios de las situaciones potencialmente peligrosas, de sus consecuencias
y de las medidas preventivas o correctivas a tomar. (Véase la tabla i.)
Los ejemplos más ilustrativos, aunque no tan aplicados, pueden ser
la automedicación, los viajes en avión y la descarga o uso de archivos
obtenidos de Internet. Por esto, un argumento general que justifica

4
La versión dictaminada de esta iniciativa de ley (junio de 2003) está disponible en
Internet (Véanse referencias).
122 jaime padilla acero

la crítica a los medios de comunicación por su “manejo informativo”,


es deformar la percepción de riesgos con el uso de terminología o sus-
tento inadecuados. La estrategia debería ser plantear, de manera clara
pero no determinista —o peor, fatalista—, la probabilidad de que una
situación pueda resultar adversa, peligrosa o hasta mortal en caso de
no tomar medidas preventivas, y de sus efectos remanentes, aun consi-
derando las medidas correctivas. Para adoptar ambos tipos de medidas
frente a diversos riesgos se requiere información confiable, actualizada
y precisa, pero ésta normalmente se proporciona de modo superficial.

tabla i. Pasos generales en el análisis de riesgos con respecto a tecnologías, productos


específicos y procesos de producción y aplicación (modificado de Padilla y López-
Munguía, 2002).

Nivel Procedimientos Secuencia


Evaluación Evaluar antecedentes, factores 1a
de riesgo y niveles de riesgo
Identificación de agentes peligrosos 1b
Caracterización de efectos dañinos 1c→2a
Posibilidad o frecuencias de exposición 1d
Manejo Identificación de alternativas 1c→2a
del riesgo de manejo disponibles
ó construccion de capacidades

(Gestión 1) Selección de opciones considerando 2b


estándares de seguridad (nivel
aceptable de riesgo)

Decisión final sobre manejo 2c→3a


(prohibición, restricción, liberación)

Establecimiento de instrumentos 2d
de control y reglamentos operativos
Comunicación Comunicar y evaluar resultados 3a
del riesgo mediante el monitoreo, la percepción
pública y el establecimiento
de confianza/certidumbre

(Gestión 2) Intercambio continuo de información 3b


sobre (cambios en) niveles de riesgo
Evaluación de la eficiencia de controles 2d→3c
y reglamentación
Análisis, comparación e integración 3d→1a
de nuevos datos/casos 3d→2a
análisis de riesgo y percepción pública 123

componentes y modalidades de la modificación genética

En términos generales, la ingeniería genética involucra varias técnicas


para modificar la localización y expresión de unidades genéticas (genes)
en todo el organismo o en un tipo particular de células del mismo. Los
genes, mediante un lenguaje químico universal en el que se deposita
el diseño molecular de variadísimas proteínas, confieren infinidad de
atributos estructurales y funcionales a los seres vivos. Considerando
las estrategias para cambiar alguno de estos atributos, existen tres mo-
dalidades: a] expresar genes nuevos —incorporados de nuevo en un
genoma receptor— para obtener sus productos génicos (las proteínas
como tal y su actividad molecular) en un nuevo contexto biológico; b]
la sobrexpresión genética, con un subsiguiente incremento relativo en
la cantidad y efecto de las enzimas, de los reguladores o de proteínas
determinadas en un mismo organismo, o bien, c] la supresión de su ex-
presión para bloquear un atributo (o fenotipo, tales como estructuras o
funciones bioquímicas) que se considera dañino o indeseable desde el
punto de vista productivo. Los ejemplos conocidos por sus aplicaciones
comerciales se derivan normalmente de la primera y última estrategias
que se mencionan aquí, a partir de sus objetivos:
Ejemplos de cultivos transgénicos del primer caso (nuevas funcio-
nes) llevan incorporado un gene de otro tipo de organismos que, al
producir toxinas específicas o poseer mecanismos de defensa contra
patógenos, hacen posible la protección de cultivos contra plagas y
enfermedades usando “armas” de naturaleza biomolecular (aquí se
incluyen los diversos cultivos Bt); o dan tolerancia contra herbicidas
de amplio espectro para el control de malezas. Hay ejemplos paradig-
máticos de proyectos multinacionales —aún en fase de desarrollo—,
donde se ha incorporado con unos pocos genes adicionales la facul-
tad de producir nutrimentos particulares, como el caso de variedades
de arroz cuyos granos acumulan el β-caroteno, precursor de la vita-
mina a, o bien la ferritina, una proteína que acumula hierro bioló-
gicamente asimilable para contrarrestar, respectivamente, la ceguera
infantil y la anemia. Una estrategia similar a la segunda modalidad ha
permitido la modificación en la proporción relativa de ácidos grasos
en oleaginosas como la canola y la soya para diversificar o abaratar
la producción de aceites especiales de uso alimentario.5 Utilizando la

5
Sin entrar en detalles, esto podría acarrear problemas a la producción tradicional
de copra y cacao en México; pero el caso ilustra nuevamente los efectos múltiples de
124 jaime padilla acero

tercera estrategia se han hecho modificaciones diseñadas para influir


en el desarrollo del cultivo; por ejemplo, la supresión de algunas
funciones en la formación final del fruto en jitomates —mediante
información proveniente del mismo organismo—, permite retrasar la
maduración y prolongar la llamada “vida de anaquel” de los mismos,
conservando mejor su sabor, textura y color. Éste fue el primer caso
de un cultivo mg aprobado por tres agencias regulatorias estaduni-
denses (fda, epa y usda), para su uso comercial y alimentario. Esta
estrategia se considera aplicable en México para productos muy pere-
cederos como el mango, la papaya y otros frutos tropicales.
La posibilidad de modificar (transformar) genéticamente diversos
cultivos está limitada técnicamente por los métodos aplicables y la
viabilidad resultante en cada variedad de cultivo. Las modificaciones
necesarias o posibles (funcionales o estructurales) dependen no sólo
de cada cultivo, sino del atributo y el uso que se le pretende dar a
éste, el cual podría ser obtenido por otros medios. Si bien podríamos
suponer que esta tecnología es sólo una herramienta complementa-
ria para lograr ciertos fines y no un objetivo genérico y global en sí
misma, en diversos casos ha mostrado una rapidez, precisión y estabi-
lidad que ha opacado aparentemente otros logros en mejoramiento
genético o control biológico.

tabla ii. Algunos tipos o categorías de riesgo sobre ogm más mencionados en foros y
publicaciones recientes (datos no publicados)
Tipo Categorías Nivel de Atención a
riesgoa solucionesb
Sanitarios Posibles efectos fisiológicos adversos del alimento en humanos, animales de cría
Toxicidad de nuevos ingredientes Bajo Alta
Alergenicidad de proteínas Bajo Alta
recombinantes en individuos no
susceptibles
Transferencia de resistencia a Casi Media
antibióticos a la flora intestinal nulo
Ambientales Posibles consecuencias del cultivo de un OMG en ecosistemas agrícolas o silvestres
Formación y dispersión indetectable de Alto Media/
híbridos a partir de flujo genético creciente*
Interacciones ecológicas alteradas Alto Alta
del omg o sus híbridos; efectos
mutagénicos de transgenes

disponer de alternativas tecnológicas para obtener productos específicos a partir de otras


fuentes, o bien, para proteger a algunas variedades agrícolas de la sobreexplotación.
análisis de riesgo y percepción pública 125

Desplazamiento de variedades Variable Variable


tradicionales, ancestrales contra (según
comerciales por aprovechamiento zona)
diferencial (erosión genética)
Económicas Repercusiones negativas en aspectos comerciales/mercantiles
Inadecuación productiva del omg Bajo Media
para ambientes específicos
Elevación de precios sin obtención de Bajo Alta
mejoras significativas del producto
Dificultad para rastrear o documentar; Medio Alta
registro o monitoreo insuficiente de
liberaciones

Desplazamiento de variedades Medio Baja


tradicionales, ancestrales contra
comerciales por aprovechamiento
diferencial (dependencia tecnológica)
Legales Complicación de problemas asociados con la falta o la excesiva reglamentación
Conflictos entre prácticas culturales y Alto Media
propiedad intelectual
Carencia de normatividad para Alto Media
experimentación y liberaciones
Falta de infraestructura física y humana Alto Media
capacitada para monitoreo
Inconsistencias de la información al Alto Media
consumidor (etiquetado)
Éticos y Agudización de conflictos entre políticas y actores sociales
culturales
Incompatibilidad entre conservación Variable/ Baja
ecológica y desarrollo agroindustrial alto
(ambiente contra producción)

Indefiniciones para el manejo de recursos Variable/ Baja


genéticos y la asignación de beneficios alto
comunitarios (bioprospección contra
biopiratería)

Reglamentación insuficiente sobre nexos Medio Baja


de organismos públicos y empresas
multinacionales (servicios contra negocios)

a
Según varios documentos de asosciaciones profesionales mundiales.
b
De acuerdo con agencias regulatorias y diversos reportes de investigación [énfasis
en México].
*
A raíz de la introgresión en maíces oaxaqueños.
126 jaime padilla acero

tabla iii. Algunos tipos y categorías de beneficios potenciales de la producción, pro-


cesamiento y consumo de omg (estudio inédito)

Tipo Categoría Abundancia Utilidad Ejemplo


relativa de nacional
proyectos
Nutrimentales Ventajas significativas en valor nutricional o funcional
Mayor acceso, mejor Media Media Arroz dorado
biodisponibilidad,
más diversidad de
nutrimentos
Sanitarios Contribución a la preservación de la salud
Disminución Media Alta Hortalizas,
de residuos de oleaginosas
agroquímicos (algodón)
(fertilizantes, resistentes a plagas
plaguicidas,
contaminantes)
Menor dispersión Resistencia a
de fitopatógenos insectos y virus en
y vectores; calidad hortalizas, frutales
fitosanitaria
Decremento en Baja Alta Almacenamiento
la contaminación de maíz, cacahuate
por fitotoxinas
(alfatoxinas)
Vacunas comestibles Alta Alta Plátanos para
inmunización
Ambientales Mejoría en servicios o indicadores ambientales regionales
Preservación de Baja Alta Inoculantes*
comunidades bióticas,
áreas naturales con
regiones agrícolas
sustentables

Aprovechamiento Baja Alta Biorremediación


y recuperación de en zonas salinas,
terrenos no aptos o semiáridas, suelos
deteriorados ácidos

Económicos Beneficios materiales a productores


Mejor rentabilidad Media Media Granos básicos,
(insumos/ hortalizas y frutas
rendimiento), de maduración
retardada
análisis de riesgo y percepción pública 127

Fuentes alternas, Alta Media Oleaginosas, papa,


renovables de frutales
bioproductos

Oportunidad Baja Alta Especies de origen


de negocios o interés regional
(comunitarios), (chile, frijol,
distribución verduras y otras)
de beneficios a
fitomejoradores

*
Puede no involucrar cultivos de omg, pero si microorganismos mg (rizobios,
azospirilos, micorrizas).

condiciones previas y alcances


de un enfoque precautorio integral

Reconocer los riesgos potenciales y posibles beneficios de los alimen-


tos transgénicos actuales y venideros es imprescindible. Seguramente
habrá que excluir con más atención los riesgos antes de establecer la
amplitud de los beneficios. Pero para tomar decisiones “oficiales” en
cada momento, no se trata de hacer un “promedio global” o selectivo
de éstos y aquéllos, sino de adoptar un proceso de revisión caso por
caso —que no ha sido el procedimiento o la tendencia usual en el
debate público— y considerar las particularidades de cada tipo de
cultivo o alimento en términos de la información genética (gen/
genes) a transferir, el contexto genético de la especie y variedad que
lo(s) recibe, el ambiente agroecológico en el cual se puede desarro-
llar el cultivo resultante y otra serie de condiciones vinculadas con el
problema agronómico, económico, ambiental o hasta estético que se
quiere resolver o atenuar (rendimiento, abasto, hetero u homoge-
neidad, calidad fitosanitaria, propiedades organolépticas). El análisis
de riesgos como estrategia formal y parte sustancial de, por ejemplo,
la innovación tecnológica, conjunta capacidades y herramientas de
diversas especialidades (teoría de probabilidades, control de pro-
ceso, evaluación clínica, impacto ambiental y otras) para sustentar,
matizar o rechazar las suposiciones sobre consecuencias negativas
potenciales, en este caso, de un nuevo alimento (transgénico o no).
De hecho, bajo diversas versiones, este enfoque ha sido adoptado por
dependencias responsables de solicitudes de este tipo; desde la ante-
rior Comisión Nacional de Bioseguridad, uno de los antecedentes de
128 jaime padilla acero

la actual cibiogem, y mejor ejemplificado con el esquema de Análisis


de Riesgos, Identificación y Control de Puntos Críticos (aricpc), que
aplica la Dirección General de Control Sanitario de Productos y Ser-
vicios de la Secretaría de Salud.
Considerando la evaluación y gestión de los riegos mencionados
en la tabla ii es posible que algunos de ellos sean comunes a otras
variedades tradicionales ya que, en diversos casos, se desconoce el
tipo de mutación o rearreglo genómico que permitió la aparición
de las características distintivas de la nueva obtención vegetal. Así, ante
los presuntos riesgos sanitarios de un producto —y no necesaria-
mente de una tecnología—, es mejor tener protocolos adaptados a
cada caso concreto (cultivo, parte comestible, ingrediente, etc.), in-
dependientemente de su origen. De tal suposición a una medición
precisa para determinar que el umbral del riesgo examinado sea
aceptable hay dos obstáculos metodológicos: un parámetro apro-
piado para hacerlo y una interpretación unívoca sobre el resultado.
Aunque así se trabaja en la investigación científica y académicamen-
te se reconocen estas limitaciones, en el ámbito social (y político) se
exacerban los ánimos ya que se exige certidumbre total (inocuidad
absoluta) o se abusa de argumentos circulares para ignorar, en la
práctica, consecuencias implícitas del principio precautorio. Es de-
cir, que la consideración de prácticas alternativas (incluido el inmo-
vilismo), aun con la disminución de riesgos, no elimina totalmente
otras consecuencias actualmente indeseables y, en muchos casos,
tampoco brinda beneficios adicionales.
¿Por qué insistir en este método? Una investigación directa nos
permite cambiar el nivel de certeza relativa (idealmente, cada vez
mayor) o, en todo caso, determinar un valor absoluto de la incerti-
dumbre en un experimento determinado. Las moratorias no. Para
empezar, la evaluación basada en criterios científicos reúne en térmi-
nos generales algunos requisitos distintivos que permiten realizar una
valoración más firme o conclusiva —nunca definitiva— que las sim-
ples opiniones o apreciaciones de uno o más individuos (por genera-
lizadas o tajantes que sean). Su efectividad se deriva más de descartar
contra-hipótesis, es decir, refutar la(s) explicación(es) alternativa(s),
que de confirmar directamente las propias predicciones; implica el uso
de las técnicas más directas y claras, entre varias posibles, para medir
los parámetros determinantes con rapidez, precisión y bajo costo;
la repetibilidad es imprescindible, o al menos la determinación de
grados de libertad generados por variables múltiples y su interacción;
análisis de riesgo y percepción pública 129

genera una interpretación (o varias) sometida o contrastada (una y


otra vez) en foros de discusión abiertos y en su caso, la publicación
arbitrada de los resultados. Este modo, cuando es posible y funciona
—cuando no se le hace equivalente a los “hallazgos” periodísticos u
opiniones descontextualizados— es la mejor manera de contrarrestar
algunas inconsistencias del sistema de propiedad industrial y los de-
fectos de la burocracia y las agendas exclusivamente políticas.
En consecuencia, la opinión o la participación de la comunidad
académica, de los ambientalistas, de organizaciones de productores,
de empresarios y del gobierno mismo, respecto de la promoción, fo-
mento o restricción y de los omg en la alimentación, debe apegarse
más a los resultados independientes y rigurosos de la evaluación sa-
nitaria de los productos reales de la biotecnología moderna. Esto es
a lo que en la iniciativa de ley se refieren como “criterios científica y
técnicamente sustentados”. Hay otros ámbitos de esta evaluación en
los cuales el análisis de riesgos (que incluye frecuentemente la inves-
tigación participativa y sondeos de opinión) es, de momento, la única
garantía para hacer que los recursos públicos y privados, invertidos
para que cumplan sus responsabilidades, tengan una aplicación efec-
tiva en términos de confianza (o rechazo) documentados, más allá de
campañas, etiquetas, eslóganes y pronunciamientos mediáticos.

perspectivas finales

Un análisis de riesgos completo (evaluación, manejo y comunicación


de los mismos), le confiere un valor más significativo —de credibili-
dad— al concepto de certidumbre o a la incertidumbre real (como
parámetros), que permite transitar desde una percepción efímera
y frágil hacia posiciones más sólidas y definitorias en la toma de
decisiones ante opciones múltiples y críticas. La certidumbre o la
desconfianza de la gente en relación con cierto tipo de productos
alimenticios depende de varias condiciones analizables, y representa,
de algún modo, la accesibilidad o traducción de la información deri-
vada del análisis de riesgos. Mientras más legible sea esta información
más firmes serán los argumentos que puedan derivarse para apoyar,
postergar o rechazar cada elección, en este caso, los productos de
omg. Existe una multitud de aspectos sobre su origen, estrategias,
procedimientos, intenciones y consecuencias que pueden conocerse,
130 jaime padilla acero

comentarse, ampliarse, por separado o en conjunto, con mayor aper-


tura y actitud crítica, porque actualmente no hay historias acabadas,
aun tomando en cuenta los ejemplos más sonados (maíces transgéni-
cos en Oaxaca, polen Bt y las mariposas monarca, patentes de canola
en Canadá, etc.). Afortunadamente, contamos con cada vez más in-
formación, pero un método para contender con ella, que sea además
más común, sería también una fortuna.

bibliografía y fuentes consultadas

“Biotecnología y sociedad” en Internet, Agencia de Noticias de la Academia


Mexicana de Ciencias. Un sitio con referencias fundamentales al queha-
cer y al desarrollo (alcances y limitaciones) de la biotecnología en México,
<[Link]/Agencia_de_Noticias/[Link]>, liga biotecnolo-
gía y Sociedad.
Bolívar, F. (coord.), 2003, Recomendaciones para el desarrollo y la consolidación
de la biotecnología en México, conacyt-Academia Mexicana de Ciencias,
México.
cibiogem en Internet, sitio de la Comisión Intersectorial de Bioseguri-
dad y Organismos Modificados Genéticamente (cibiogem-México),
<[Link]>.
Dictamen de 4 comisiones unidas de la Cámara de Senadores a la Iniciativa de
Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (lbogm),
y su contenido (accesible vía Internet) en: <[Link]/
[Link]?&1k=152/Dictamen_Bioseguridad_Final_22ABR03.html>.
Exposición interactiva, Alimentos transgénicos (en Universum, en la Sala
“Cosechando el Sol”, en el Pabellón de Alimentación. Copatrocinada por
Agrobio y producida por la dgdc con la colaboración de varios investi-
gadores universitarios y politécnicos). Inaugurada desde julio del 2002 y
abierta al público.
Galindo F., Enrique y Amanda Gálvez M., 2001, “Percepción pública de la
biotecnología”, Bolívar, F. (comp.), Biotecnología moderna para el desarrollo
de México en el siglo XXI: retos y oportunidades, México, conacyt, pp. 117-140,
cap. 5.
Padilla Acero, Jaime y Agustín López-Munguía Canales, 2002, Alimentos
transgénicos, México, adn eds./conaculta, 214 (col. Viaje al centro de la
ciencia, 19).
TRANSGÉNICOS, RIESGO Y PARTICIPACIÓN PÚBLICA

león olivé morett*

resumen

En este trabajo se discute una caracterización de los objetos biotecnoló-


gicos, entre los cuales se incluyen los “transgénicos” o los “organismos
genéticamente modificados”. Los objetos biotecnológicos constituyen
un tipo particular de objetos tecnológicos, pero muchos de ellos
también son objetos “tecnocientíficos”. Además de discutir estos
conceptos, en el trabajo se distingue entre “sistemas biotecnológicos”
y “artefactos biotecnológicos”. Por su propia naturaleza, los principa-
les sistemas biotecnológicos generan tanto beneficios como riesgos
y situaciones de incertidumbre y de ignorancia. Las evaluaciones de
los sistemas biotecnológicos, de los artefactos que producen, y de sus
consecuencias en las sociedades y en la naturaleza, dependen tanto de
valores constitutivos de esos sistemas biotecnológicos, como de diferen-
tes valores externos a ellos, que varían de un grupo social a otro. Si bien
esos diferentes sistemas de valores suelen traslaparse, muy difícilmente
llegan a coincidir completamente. Los procesos de evaluación de la
biotecnología y de sus consecuencias, por parte de expertos y por parte
de diversos sectores sociales (agentes estatales, empresarios, organiza-
ciones no gubernamentales, grupos ciudadanos), por ejemplo sobre
cuestiones de bioseguridad, deben reconocer esa diversidad valorativa.
En consecuencia, deben establecerse instancias de participación de
expertos de diferentes disciplinas naturales, sociales y humanísticas,
así como de no expertos, representantes de muy diversos sectores so-
ciales, que vigilen el impacto de los sistemas biotecnológicos y de sus
artefactos, y que tengan la capacidad de tomar decisiones y de realizar
acciones para paliar o contrarrestar efectos negativos de los sistemas
biotecnológicos. Tales mecanismos también deben propiciar el apro-
vechamiento positivo de la biotecnología, a partir de acuerdos entre
diversos sectores sociales. Dichos mecanismos deben desarrollarse en
los ámbitos locales, nacionales, regionales y mundiales.


Instituto de Investigaciones Filosóficas, unam.

[131]
132 león olivé morett

introducción

El desarrollo científico y el tecnológico en el siglo xx, particularmen-


te en su segunda mitad, estuvo marcado por el surgimiento y el creci-
miento de los sistemas que muchos autores llaman “tecnocientíficos”.
Algunos ejemplos paradigmáticos de esos sistemas tecnocientíficos
los encontramos en la investigación nuclear; en la espacial, en la in-
formática y en el desarrollo de las redes telemáticas. Sin duda, entre
los ejemplos de tecnociencia que hoy en día más acaparan la atención
pública, y atraen a los mayores intereses económicos y militares, se
encuentran la investigación genómica, la ingeniería genética y la bio-
tecnología en general.
En este trabajo discutiremos una caracterización de los objetos
biotecnológicos como un tipo particular de objetos tecnológicos. Los
transgénicos son sólo un tipo de objetos biotecnológicos, por lo cual
la discusión se centrará en la clase más amplia. Veremos que conviene
distinguir entre sistemas biotecnológicos y artefactos biotecnológicos, y
que muchos sistemas y artefactos biotecnológicos son además tecno-
científicos.
No se trata sólo de proponer una nomenclatura aparentemente
novedosa (y farragosa) para referirse a fenómenos y objetos bien
conocidos. El problema es que en la segunda mitad del siglo xx
surgieron disciplinas tecnocientíficas —notablemente biotecnológi-
cas— que actualmente están teniendo un gran impacto social (en lo
económico y en lo cultural), así como ambiental, y es previsible que
sus efectos aumenten en el futuro. Para comprender ese impacto, y
en su caso para tomar decisiones que permitan intervenir en la so-
ciedad y en el ambiente, por ejemplo para paliar efectos negativos,
para prevenirlos, o para remediarlos, se requiere entender primero
la naturaleza de esos objetos. Y puesto que se trata de objetos nove-
dosos en la historia de la humanidad, que tendrán consecuencias en
la sociedad y en el ambiente hasta ahora no conocidas, necesitamos
nuevos conceptos, para percibirlos, observarlos, entenderlos y poder
actuar sobre ellos.
Una de las preguntas que nos interesa discutir es: ¿cómo situarse
frente, y cómo juzgar, a la biotecnología? ¿Cómo situarse frente a los
objetos biotecnológicos, y cómo evaluar su uso y sus consecuencias?
El problema axiológico, el problema de la evaluación y de los fines y
valores implicados, no puede abordarse adecuadamente si no se com-
prende la naturaleza de los objetos y fenómenos a evaluar.
transgénicos, riesgo y participación pública 133

técnicas, artefactos y sistemas tecnológicos

Comencemos por recordar que no hay una única manera legítima de


concebir la ciencia, ni la tecnología, ni la tecnociencia. Muchas veces
se entiende a la tecnología como reducida a un conjunto de técnicas,
o en todo caso de técnicas y de artefactos. Pero entendida así no es
posible dar cuenta de ella y de su importancia en el mundo contem-
poráneo, y menos hacer propuestas sensatas para su evaluación. Una
buena aproximación a la tecnología la ha ofrecido Miguel Ángel
Quintanilla (Quintanilla, 1989, 1996 y 1998), quien ha aclarado la
distinción entre técnicas, artefactos y sistemas tecnológicos.1
Las técnicas son sistemas de habilidades y reglas que sirven para
resolver problemas. Las técnicas se inventan, se comunican, se apren-
den y se aplican. Por ejemplo, podemos hablar de un grabado hecho
con la técnica de “punta seca”, de técnicas para resolver sistemas de
ecuaciones, de técnicas de propaganda para ganar el mercado para
un cierto producto, o de técnicas para clonar organismos vivos.
Los artefactos son objetos concretos que se usan al aplicar téc-
nicas y que suelen ser el resultado de las transformaciones de otros
objetos concretos. Los artefactos se producen, se fabrican, se usan
y se intercambian. Vivimos rodeados de artefactos: televisores, telé-
fonos, computadoras, aviones, organismos genéticamente modifica-
dos. También un organismo clonado, como Dolly, es un artefacto,
porque es el resultado de un sistema de acciones intencionales hu-
manas, que han aplicado técnicas, y con base en un complejo de sa-
beres científicos y tecnológicos han transformado objetos concretos
para generar un nuevo objeto: el artefacto (la criatura Dolly).
Pero la tecnología es mucho más que el conjunto de artefactos.
Ni las técnicas ni los artefactos existen al margen de las personas que
las aplican o los usan con determinadas intenciones. Una piedra bruta
no ha sido fabricada por nadie, no es un artefacto, pero puede ser
usada como instrumento para pulir otra piedra, para romper una
nuez o una cabeza. Cuando alguien la usa intencionalmente para
transformar un objeto concreto y producir así un artefacto, entonces
se ha creado un sistema tecnológico. Éste es el principal concepto
para entender y evaluar la tecnología y sus impactos en la sociedad y
en la naturaleza.

1
Esta sección se apoya en la parte segunda del libro de Olivé (2002), donde se
desarrollan más a fondo los conceptos que aquí se explican.
134 león olivé morett

Un sistema tecnológico consta de agentes intencionales que persi-


guen al menos un fin. Digamos un grupo de científicos y de empresa-
rios que buscan producir una nueva vacuna para luego comercializar-
la. El sistema incluye también los objetos que los agentes usan con
propósitos determinados (una piedra que se utiliza para pulir otra
piedra y fabricar un cuchillo, o instrumentos utilizados para modifi-
car genes y producir así organismos con determinadas características
fenotípicas). Asimismo, el sistema contiene al menos un objeto con-
creto que es transformado (la piedra que es pulida, los genes que son
modificados). El resultado de la operación del sistema tecnológico, el
objeto que ha sido transformado intencionalmente por alguien, es un
artefacto (el cuchillo, o un organismo genéticamente modificado).
Al plantearse fines, los agentes intencionales lo hacen contra un
trasfondo de creencias, de conocimientos y de valores. Alguien puede
querer pulir una piedra porque cree que le servirá para cortar frutos. La
piedra pulida es algo que el agente intencional considera valiosa. Un
grupo de personas puede querer producir un medicamento o un órga-
no obtenido mediante técnicas de clonación, porque creen que el pri-
mero servirá para curar enfermedades, o el segundo para restablecer
el funcionamiento normal del organismo de una persona; en ambos
casos se presupone que la salud de las personas es valiosa. Los sistemas
tecnológicos, entonces, también involucran creencias y valores.
Los agentes intencionales que forman parte de un sistema tecnoló-
gico tienen la capacidad de representarse conceptualmente la realidad
sobre la cual desean intervenir. Los seres humanos tienen la capacidad
de abstraer de la realidad ciertos aspectos que les interesan, y de cons-
truir modelos y teorías para explicarse esos aspectos de la realidad y para
poder intervenir sobre ellos, para modificarlos o para manipularlos.
Los seres humanos también son capaces de asignar valores a estados
de cosas en el mundo, es decir, de considerar como buenos o malos
ciertos estados de cosas, o de considerarlos como deseables o indese-
ables. En muchas ocasiones la evaluación de un mismo objeto, o de
las consecuencias de un proceso, llevan a juicios encontrados. Por
ejemplo, los materiales de construcción que se obtienen mediante la
explotación de un bosque, digamos la madera, pueden ser valiosos
para un grupo humano. Pero si eso conduce a la deforestación de
un valle, el proceso de tala puede ser juzgado indeseable por algunos
grupos. La sustitución de determinados cultivos tradicionales por
otros con semillas modificadas genéticamente puede ser valiosa para
ciertos sectores sociales, por ejemplo por razones económicas, pero
transgénicos, riesgo y participación pública 135

indeseable para otros grupos, digamos porque se afecte de manera


negativa e irreversible la riqueza de la biodiversidad.
Todo esto significa que los seres humanos son capaces de tomar
decisiones y promover la realización de ciertos estados de cosas en
función de sus representaciones, intereses, valoraciones, deseos y
preferencias, todos los cuales pueden formar elementos constitutivos
de un sistema tecnológico, y pueden chocar con otros sistemas de
valores e intereses.
Los resultados de un sistema tecnológico pueden ser aparatos
(aviones de combate o pulmones artificiales), sucesos (la muerte de
personas, la destrucción o el empobrecimiento de la biodiversidad de
una región o del planeta entero), o pueden ser procesos dentro de un
sistema (la paulatina recuperación del estado de salud de una perso-
na enferma o de un ecosistema en crisis, la constante reducción de la
inflación en un sistema económico), o modificaciones de un sistema
(las alteraciones en un sistema ecológico por la construcción de una
presa, el cambio climático).
Hoy en día los sistemas tecnológicos pueden ser muy complejos.
Pensemos tan sólo en una planta núcleo-eléctrica, en sistemas de
salud preventiva en donde se utilizan vacunas, o en un sistema agríco-
la donde se cultivan organismos genéticamente modificados. Estos
sistemas, además de ser complejos de acciones, involucran conocimi-
entos científicos entre muchos otros elementos (de física atómica en
un caso y de biología en los otros). En estos sistemas está imbricada
indisolublemente la ciencia y la tecnología, por eso suele llamárseles
sistemas tecnocientíficos (Echeverría, 1995 y 2001).
Por “sistemas tecnocientíficos” entenderemos pues sistemas tec-
nológicos que constan de un complejo de saberes, de prácticas, de
sistemas de acciones y de instituciones, en los que la ciencia y la tecno-
logía son interdependientes. Para Javier Echeverría, “la tecnociencia
se caracteriza porque no hay avance científico sin avance tecnológico,
y recíprocamente […] cuando el conocimiento científico depende
estrictamente de los avances tecnológicos, de modo que no es posible
observar, medir ni experimentar sin recurrir a grandes equipamientos,
entonces estamos hablando de tecnociencia” (Echeverría, 2001: 222).
Los sistemas tecnocientíficos, como los científicos, buscan des-
cribir, explicar o predecir lo que sucede, pero no se limitan a ello,
también tienen, como la tecnología, el propósito central de inter-
venir y transformar partes del mundo natural y social. Aunque las
tecnociencias han tenido un crecimiento espectacular en las tres
136 león olivé morett

últimas décadas, y han desplazado en importancia económica y so-


cial a las ciencias y a las tecnologías tradicionales, éstas están lejos
de haber sido eliminadas. Más bien asistimos hoy a una convivencia
de técnicas, sistemas científicos, sistemas tecnológicos y sistemas
tecnocientíficos.

sistemas biotecnológicos y artefactos biotecnológicos:


lo natural y lo artificial

Los artefactos son productos de sistemas de acciones intencionales,


pero no todo artefacto es producido intencionalmente, ni sólo los
aparatos son artefactos. Hay consecuencias de los sistemas tecnológi-
cos que no son intencionales y por lo general no son previstas, y sin
embargo son artificiales.
Los sucesos, los procesos o las modificaciones de los sistemas natu-
rales o sociales son artificiales, tanto como los aparatos, cuando son
efecto de la operación de un sistema tecnológico. La muerte de una
persona puede ser natural, debida a una enfermedad que su cuerpo
ya no puede superar, pero es (un suceso) artificial si resulta de la
acción intencional de alguna persona (aunque la intención de quien
actuó no haya sido producir la muerte de aquella persona, es decir,
aun cuando esa muerte haya sido una consecuencia no buscada, ni
deseada, ni prevista). La muerte de la princesa Diana, como conse-
cuencia de la persecución de fotógrafos sensacionalistas, fue un suce-
so artificial, pero no fue buscado intencionalmente por nadie (o al
menos eso podemos suponer). La destrucción de una ciudad por un
terremoto es natural, pero es artificial si es causada por la explosión
de una bomba nuclear.
Fernando Broncano menciona un bello ejemplo de un grupo de
cazadores y recolectores que, cada día, después de la ardua jornada,
regresan a su aldea. Su objetivo intencionalmente buscado es llegar
a casa por el trayecto más sencillo. Con el tiempo, regresando por
la misma ruta todos los días, el resultado es un sendero en el paisaje
(Broncano, 2000: 102). Broncano sostiene que la intencionalidad
con la que se produce un cierto resultado es una condición necesa-
ria pero no suficiente para distinguir lo natural de lo artificial. Para
él, la característica esencial de lo artificial se encuentra en lo que
denomina “composicionalidad de segundo orden, o capacidad para
transgénicos, riesgo y participación pública 137

fabricar instrumentos que produzcan instrumentos”, y se trata de


una “característica específicamente humana” (Broncano, 2000: 130).
“Muchos animales disponen de técnicas, es decir, de patrones esta-
bles de conducta que transforman el medio, y son también muchos
los animales que fabrican artefactos.” Pero él prefiere en definitiva
la idea de la composicionalidad de segundo orden, que toma del
antropólogo Steven Mithen: “hay un salto cualitativo en la evolución
cuando se comienzan a construir instrumentos para fabricar instrumentos”
(Broncano, 2000: 114).
Desde nuestro punto de vista, que un objeto sea producido inten-
cionalmente (deliberadamente), no es una condición necesaria para
ser un artefacto. La intención de los cazadores nunca fue construir
el sendero. Su objetivo intencionalmente buscado era regresar a
casa. El sendero no es un objeto producido intencionalmente, sin
embargo es un artefacto, no es un producto natural, pues no hubiera
existido de no ser por las acciones intencionales de un grupo de seres
humanos, aunque su fin deliberadamente buscado era otro. La inten-
cionalidad es necesaria, y suficiente, como componente del sistema
de acciones bajo el cual se busca obtener un cierto fin, y el artefacto
es una consecuencia de ese sistema de acciones, pero muchas veces
no es el producto deliberadamente buscado, sino una consecuencia
tal vez ni siquiera prevista.
El adelgazamiento de la capa de ozono no fue un resultado bus-
cado intencionalmente por nadie, y es producto de una compleja
cadena de relaciones causales. Pero en la medida en que algunos de
los elementos que entran en esas cadenas causales son sistemas de ac-
ciones intencionales de seres humanos, que produjeron y utilizaron
los cfc para fines muy diversos (refrigeración, latas de aerosol, etc.),
el adelgazamiento de la capa de ozono es un resultado artificial, es
un artefacto.
Broncano ha señalado acertadamente que el problema no es el
de encontrar una línea de demarcación tajante entre lo natural y lo
artificial, sino distinguir dentro de los objetos naturales aquéllos que
además son artificiales (Broncano, 2000: 101). Así, la capa de ozono
es un objeto natural, y el fenómeno que llamamos su adelgazamiento,
o el objeto llamado “agujero de ozono”, no deja de ser un objeto de
la naturaleza. Pero también es artificial, es un artefacto, en la medida
en la que una condición necesaria de su existencia ha sido un sistema
de acciones humanas intencionales, cuyos fines buscados deliberada-
mente eran otros (por ejemplo, la producción de cfc y su uso como
138 león olivé morett

propulsores “eficientes” en las latas de aerosol). El adelgazamiento


de la capa de ozono es, entonces, una consecuencia no buscada, ni
prevista, de un sistema de acciones humanas intencionales, y por eso
es artificial. A continuación veremos la importancia de esta nota para
la evaluación de los sistemas tecnológicos.

la noción de riesgo y la biotecnología

Una de las características de los sistemas biotecnológicos, especial-


mente de los tecnocientíficos, es que en virtud de su propia natura-
leza producen en su entorno —social y ambiental— efectos a corto,
mediano y largo plazos, muchos de los cuales son significativos para
los seres humanos, y son imposibles de predecir en el momento de
la puesta en funcionamiento del sistema tecnocientífico (por ejem-
plo, la liberación en el ambiente de un organismo genéticamente
modificado). Esto sugiere que los sistemas biotecnológicos generan
situaciones de riesgo, de incertidumbre o de ignorancia.
Una situación de riesgo es aquella en la que se pone en juego algo
valioso para los seres humanos a partir de ciertas consecuencias posi-
bles de la acción o de la operación de un cierto sistema, y se conocen
las probabilidades de que ocurra cada uno de los resultados. Una
situación de riesgo es además de incertidumbre, si se desconocen las
probabilidades con que pueden ocurrir esos sucesos. Una situación
es de ignorancia, si ni siquiera se conocen los sucesos posibles que
pueden ocurrir como consecuencia de la aplicación de un sistema
biotecnológico.
El riesgo además tiene estas tres características:

1] Un riesgo surge en situaciones de elección, a partir de decisiones


humanas de actuar y producir algo, o de omitir acciones y dejar
que pase algo (López Cerezo, 2000: 23).
2] Si se trata de daños que son el resultado de decisiones humanas,
o por lo menos cuya ocurrencia ha sido posible en virtud de de-
cisiones humanas, el riesgo lleva a la imputabilidad de alguna
responsabilidad.
3] El riesgo involucra problemas de justicia social, pues en las socieda-
des contemporáneas “los conflictos sociales sobre riesgos pueden
entenderse, por lo menos en parte, como conflictos respecto de
transgénicos, riesgo y participación pública 139

la compensación por los riesgos, lo que necesariamente entraña


también conflictos sobre el reparto de bienes” (López Cerezo,
2000: 25).
En suma, aquello que calificamos como riesgo sólo existe si hay
seres humanos que tengan razones para considerar como posible
el suceso que, sin embargo, no pueden predecir con certeza, pero
cuya ocurrencia afectaría algo valioso para una persona o para un
grupo de seres humanos (Jaeger, 2001). La ocurrencia del suceso,
además, o bien resulta de una decisión humana de actuar de cierta
manera, o bien su ocurrencia tiene ciertas consecuencias debidas a
que algunas personas omitieron ciertas acciones. Por consiguiente,
los daños causados en una situación de riesgo son imputables a
ciertos agentes, a quienes puede y debe exigirse responsabilidades,
morales entre otras. En las sociedades contemporáneas, además, los
riesgos son omnipresentes y su distribución conduce muchas veces
a conflictos que plantean cuestiones de justicia social.
Enfocando el riesgo de esta manera es un corolario que su iden-
tificación, estimación, valoración, aceptabilidad y gestión, visto todo
esto como un continuo y no como compartimentos estancos, nece-
sariamente dependen de valores. Aunque no todos los valores invo-
lucrados son de tipo ético (Echeverría, 2002), existe un problema
ético de base en las formas de enfrentar los problemas del riesgo que
generan los sistemas biotecnológicos. Pues la información y el cono-
cimiento pertinentes para la identificación, estimación y gestión del
riesgo siempre dependen de un contexto, de la posición de quienes
evalúan, de sus fines, intereses y valores, y “tomar una posición, y estar
en una posición, es inevitablemente una cuestión de ética” (Adam et
al., 2000: 4).
Las percepciones del riesgo están íntimamente ligadas a la forma
como los seres humanos, desde diferentes posiciones, comprenden
los posibles fenómenos que constituyen peligros o amenazas. No hay
una única comprensión correcta del riesgo, como tampoco hay una
única y correcta manera de estimar el riesgo.
Esta idea es la que se ha ocultado mediante la tradicional asocia-
ción del “lenguaje del riesgo”, con el mundo de la economía, del
comercio y de los seguros, de los profesionales de la medicina y de
sus clientes, así como con los deportes peligrosos y los individuos que
“‘arriesgan’ sus vidas por otros” (Adam et al., 2000: 7). Bajo este punto
de vista se sostiene engañosamente que “la percepción del riego im-
plica una relación particular con un futuro desconocido cuya posibi-
140 león olivé morett

lidad, de llegar a realizarse, podría sin embargo calcularse mediante


extrapolaciones de ocurrencias pasadas” (Adam et al., 2000: 7). Bajo
esa concepción, la evaluación del riesgo se reduce equivocadamente
a una mera cuestión matemática que debe quedar en manos sólo
de expertos.
Esta interpretación del riesgo cumple una función ideológica
al ocultar que la estructura misma de las situaciones de riesgo y las
condiciones bajo las cuales es posible obtener conocimiento de la
realidad admiten una pluralidad de puntos de vista distintos, que
pueden ser todos correctos, al percibir, identificar, evaluar y gestio-
nar el riesgo.
Cuando se trata de evaluar los riesgos de la aplicación de sistemas
biotecnológicos, la liberación de un organismo modificado genética-
mente en el ambiente por ejemplo, no hay un acceso privilegiado a
la verdad, a la objetividad o la certeza del conocimiento, y por eso en
este aspecto se encuentran en el mismo nivel los científicos naturales,
los científicos sociales, los tecnólogos, los humanistas, los trabajado-
res de la comunicación, los empresarios, los políticos y los ciudadanos
y todas las personas cuyas vidas pueden ser afectadas. Esto no signi-
fica desconocer que diferentes sectores de la sociedad, y diferentes
miembros dentro de esos distintos sectores, tienen un acceso diferen-
ciado a la información pertinente, al saber especializado, y a ciertos
recursos necesarios para conocer y evaluar las consecuencias de la
biotecnología. Pero sí quiere decir que cuando se trata de evaluar re-
sultados y decidir acciones en torno a un sistema biotecnológico que
afecta a la sociedad o al ambiente, la visión y las conclusiones de cada
sector serán necesariamente incompletas, y ninguno tiene un privi-
legio que justifique su participación a costa de excluir otros sectores
que pueden aportar puntos de vista valiosos y pertinentes.

consecuencias para la bioética y políticas públicas


en torno a problemas planteados por la biotecnología

¿Cómo situarse frente, y cómo evaluar, a los sistemas biotecnológicos y a


los artefactos que producen, así como a las consecuencias que generan,
cuando se afectan intereses colectivos de diversos sectores de la socie-
dad? ¿Cómo contender con estos problemas en las sociedades contem-
poráneas que aspiran a vivir bajo una organización democrática?
transgénicos, riesgo y participación pública 141

Las sociedades modernas se basan en un modelo de ciudadano


que proviene de uno de los supuestos mejor atrincherados del pensa-
miento moderno, a saber, que las personas son racionales y autóno-
mas. Por otra parte, las modernas sociedades democráticas se carac-
terizan por la convivencia de muy diversos grupos y sectores sociales,
con diferentes visiones del mundo y diversos sistemas de valores. La
identificación, evaluación y propuestas de gestión del riesgo depende
de esos sistemas de valores, y puesto que no existe ningún sistema
privilegiado por encima de los demás, entonces no hay una única ma-
nera correcta de identificar los riesgos, ni una única estimación acer-
tada, ni una única valoración que sea la única justa. Por lo tanto tam-
poco es posible una única visión sobre la gestión del riesgo que sea la
única correcta y éticamente aceptable. En cuestión de identificación
y evaluación de riesgos puede haber diferentes puntos de vista tan
legítimos unos como otros. No se trata de una visión relativista que
sostenga que cualquier punto de vista es tan bueno como cualquier
otro. Se trata más bien de una concepción pluralista que sostiene que
no existe un único punto de vista que sea el único correcto.
Esta situación de pluralidad, que se da tanto para los problemas
del conocimiento en general, como para cuestiones éticas, y en parti-
cular para los problemas de la identificación, evaluación y gestión del
riesgo, exige que para encontrar una solución justa, la toma de deci-
siones resulte de un amplio proceso dialógico, donde se intercambie
información, donde se propongan y se rebatan con razones los méto-
dos a seguir, y finalmente se ventilen abiertamente los intereses, fines
y valores de todos los sectores sociales involucrados y afectados por
los riesgos en cuestión y por las formas propuestas para evaluarlos y
gestionarlos, para intentar atenuarlos o para compensar los daños,
buscando alcanzar acuerdos aceptables para las diversas partes.
Es decir, se requiere un conjunto de “normas éticamente justifica-
bles”, que animen y regulen la participación pública en el proceso de
la identificación, la evaluación y la gestión del riesgo generado por
los sistemas biotecnológicos. En el contexto plural de las sociedades
modernas, la estabilidad de los acuerdos exige que tales normas sean
consideradas como legítimas por los diversos grupos sociales. Esto se
logrará sólo cuando los miembros de cada uno de los grupos signifi-
cativos acepten esas normas por razones que ellos consideren válidas,
aunque tales razones no sean las mismas para todos los sectores socia-
les ni para todos los ciudadanos, pues dependerán de sus particulares
visiones del mundo, y de sus diversos principios morales y religiosos.
142 león olivé morett

Por ejemplo, ésta es la situación típica que se plantea en los estados


democráticos laicos con respecto a la legislación sobre el aborto. Pues-
to que un estado laico no debe comprometerse con ningún punto de
vista moral particular en torno a la admisibilidad o condena moral
del aborto, el estado y los ciudadanos deben llegar a un acuerdo acer-
ca de las normas que regularán las decisiones y acciones del estado al
respecto. Tales normas deberían permitir que los ciudadanos actúen
de acuerdo con sus particulares principios morales, pero no deberían
por ejemplo obligar al estado a imponer un castigo a las mujeres,
o a las parejas, que decidan un aborto, pues la condena del aborto
depende de valores y principios morales específicos que varían de un
grupo social a otro. La legislación del estado laico entonces debería
basarse en una norma ética que no obligue a castigar a quienes no
creen que el aborto sea moralmente condenable. Dicha norma de-
bería ser aceptable para todos los ciudadanos —incluyendo aquellos
que condenan moralmente el aborto— en aras de una actitud tole-
rante con otros puntos de vista morales, para lograr una convivencia
armoniosa entre diversos grupos sociales, religiosos o étnicos.
Podemos resumir de la siguiente manera las razones para justificar
la participación pública en el diseño, la evaluación y gestión de políti-
cas en materia de biotecnología, así como en la identificación, estima-
ción y gestión del riesgo generado por los sistemas biotecnológicos:
i] Si se niega la participación pública, y las decisiones en estas cues-
tiones se dejan sólo en manos de los expertos, entonces se genera una
“tecnocracia”—es decir, un sistema donde las decisiones que afectan
a todos los ciudadanos y al ambiente son tomadas sólo por pequeños
grupos de especialistas— que resulta incompatible con los valores
democráticos de equidad en la pluralidad de los puntos de vista, el
derecho a la decisión libre de todos, y la igualdad de todos en la deci-
sión del gobierno (Villoro, 1997: 336).
ii] El desarrollo de la biotecnología afecta a tal grado a la naturaleza
y a la sociedad, que el diseño, la evaluación y la gestión de políticas y
de riesgos en materia de biotecnología implican decisiones sobre res-
tricciones de posibles cursos de investigación y de posibles aplicaciones
porque podrían ser perniciosas. En la evaluación del impacto de los
sistemas biotecnológicos están involucrados problemas de distribución
de bienes y beneficios, atribución de responsabilidades y sanciones, así
como de exigencia de compensaciones. Es decir, se trata de dirimir
cuestiones de justicia social, cuya resolución en una sociedad democrá-
tica resultaría ilegítima sin una amplia participación pública.
transgénicos, riesgo y participación pública 143

iii] Si bien todas las sociedades requieren de expertos para resolver


muchos de sus problemas, entre ellos la generación de medios para
satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos —es decir, las
necesidades indispensables para la realización de cualquier plan de
vida—, y eso justifica la asignación de recursos sociales a esos grupos
de expertos, en las sociedades democráticas es éticamente justificable
exigir, primero, que los dineros públicos se asignen con el convenci-
miento y aprobación del público y, segundo, que los sistemas de cien-
cia y tecnología respondan a genuinas demandas de los ciudadanos
que los mantienen, es decir, es un deber que tengan resultados que
satisfagan genuinas necesidades sociales. Pero la identificación de
esas genuinas demandas sociales, incluyendo la determinación de las
necesidades básicas de los ciudadanos, sólo puede ser legítima si sur-
ge de una amplia participación ciudadana, y no de la manipulación
de grupos de interés y de poder.
Mencionemos finalmente sólo un par de ejemplos de mecanismos
de participación ciudadana que es posible desarrollar:
Coloquio de consenso. Reuniones públicas que permiten a grupos de
ciudadanos participar en la evaluación de sistemas tecnológicos espe-
cíficos. Se trata de un diálogo entre ciudadanos y expertos, abierto al
público y a los medios de comunicación. Por ejemplo, a partir de este
tipo de reuniones, en Dinamarca se han tomado decisiones para pro-
hibir ciertas tecnologías de preservación de alimentos, o para prohibir
a las empresas que exijan un perfil de salud de adn a sus empleados
y a quienes soliciten empleo.2
Talleres de discusión de escenarios. Reuniones locales para propiciar
el diálogo entre cuatro grupos de agentes: a] responsables de la ela-
boración de políticas; b] representantes de empresarios; c] expertos;
d] grupos de ciudadanos. En Dinamarca se ha utilizado para discutir
temas como “ecología urbana” o “la biblioteca del futuro”.3

2
En publicaciones como Science and Public Policy, vol. 26, núm. 5, octubre de 1999, pp.
289-380.
3
Ibidem.
144 león olivé morett

conclusiones

1] Es absurdo hacer juicios generales tales como: “la ciencia es bue-


na” o “la ciencia es mala”, “la tecnología es buena” o “la tecnología
es mala”, “la biotecnología es buena” o “la biotecnología es mala”,
“los organismos genéticamente modificados son buenos” o “los
organismos genéticamente modificados son malos”. Las evaluacio-
nes deben hacerse siempre sobre sistemas tecnocientíficos espe-
cíficos y sobre sus resultados y consecuencias (intencionalmente
buscados o no).
2] La biotecnología y sus aplicaciones llevan consigo riesgos. Por esto,
en materia de biotecnología, deben establecerse mecanismos de
identificación, evaluación y gestión del riesgo que generan.
3] El desarrollo de la biotecnología y la aplicación de sus resultados,
como la globalización, es un proceso que nadie puede detener,
ni conviene intentarlo. Pero los seres humanos en los diferentes
papeles sociales que desempeñan: científicos, tecnólogos, políti-
cos, gobernantes, legisladores, administradores públicos, funcio-
narios de organizaciones internacionales, empresarios y los ciu-
dadanos de la calle, pueden tomar medidas y promover acciones
que podrían influir el desarrollo de los sistemas biotecnológicos
y sobre todo encauzar sus beneficios y su impacto en la sociedad
y en el planeta.
4] Se debe reconocer que en torno a la biotecnología y sus aplicaciones
se congregan y enfrentan intereses económicos, militares, sociales,
culturales y ambientales, que muchas veces son incompatibles.
5] Dado que los sistemas biotecnológicos generan incertidumbre e
ignorancia, y en virtud de que existe una amplia diversidad de va-
lores y de intereses en juego, ya no es aceptable en las sociedades
democráticas que las decisiones se tomen sólo con base en la opi-
nión de expertos. Para la toma de decisiones se requiere la partici-
pación de muy diversos grupos de expertos y de no expertos.
6] La obligación de los estados y de los organismos internacionales
es evitar moratorias o prohibiciones generales absurdas —como
moratorias generales sobre investigaciones biotecnológicas—, y
en cambio, cuando haya razones, deben establecer moratorias
específicas o prohibiciones concretas, como por ejemplo sobre
clonación humana con fines reproductivos. En niveles nacionales
y globales debe legislarse para establecer mecanismos sociales de
vigilancia, de toma de decisiones y de posibles formas de actuar,
transgénicos, riesgo y participación pública 145

así como para fincar responsabilidades y dirimir disputas, con la


participación de los diferentes sectores que tengan intereses en
juego.
7] En el campo legislativo y jurídico debe propiciarse el estableci-
miento de los debidos mecanismos de vigilancia y control de los
posibles efectos de los sistemas biotecnológicos que permitan: a]
tomar decisiones en cuanto a restricciones sobre posibles cursos
de investigación y sobre posibles aplicaciones de sistemas biotec-
nológicos específicos porque podrían ser perniciosos; b] tomar
decisiones sobre cómo determinar cuándo ciertas investigaciones
o determinadas aplicaciones podrían ser perniciosas; c] tomar
decisiones sobre la atribución de responsabilidades (morales y
políticas), sobre todo cuando se dañen bienes públicos (como el
ambiente o un entorno cultural); d] tomar decisiones para exigir
compensaciones. Dichos mecanismos deben desarrollarse en nive-
les regionales, nacionales e internacionales.
8] ¿Quiénes deberían participar en esas discusiones? La legislación
no puede prever de antemano todos los agentes interesados y per-
tinentes en relación con cada problema específico. Por lo tanto,
debe prever los mecanismos que garanticen en cada caso la parti-
cipación de diferentes grupos de expertos y de diferentes sectores
sociales cuyos intereses van en juego.
9] Los expertos tienen las siguientes obligaciones: a] ser transpa-
rentes en cuanto a lo que saben y en cuanto a lo que ignoran; b]
ofrecer siempre razones que respalden sus opiniones, y hacerlas
accesibles a todo el público; c] nunca despreciar a la gente (ni al
ciudadano de la calle ni al legislador); d] tomar en cuenta que la
gente sabe mejor que nadie lo que quiere; e] reconocer que el
papel de los expertos tiene un límite.
10] Los problemas que plantea la biotecnología ya no pueden resol-
verse sólo con “más ciencia” o sólo con más expertos (aunque en
general sea conveniente investigar más, e incrementar el número de
especialistas). No existe ya un único grupo, ni un conjunto defini-
do de grupos de expertos, que puedan tomar las decisiones impor-
tantes (por ejemplo, sobre atribución de responsabilidades, deter-
minación de compensaciones o sobre medidas de seguridad). Se
requieren también novedosas formas de organización social que
estimulen mayor participación ciudadana, lo cual supone mejor
educación, así como un “nuevo contrato social sobre la ciencia y la
tecnología” (unesco, 2000).
146 león olivé morett

11] Según el “nuevo contrato social sobre la ciencia y la tecnología”,


a la sociedad le conviene apoyar el fortalecimiento y desarrollo de
núcleos de expertos que generen conocimiento fiable y útil para
resolver sus problemas. La biotecnología sin duda constituye uno
de los instrumentos de mayor fiabilidad para resolver muchos de
esos problemas. Pero las comunidades de expertos por su parte
deben reconocer que en virtud de los riesgos que generan los sis-
temas biotecnológicos, la vigilancia y la propuesta de soluciones a
problemas específicos, como los que pueden derivarse de la aplica-
ción de sistemas biotecnológicos, deben ser tomadas por medio de
mecanismos que aseguren tanto la participación ciudadana como
la de los grupos de expertos pertinentes. Por otra parte, puesto
que los recursos que permiten el desarrollo de la biotecnología,
sean públicos o privados, provienen del trabajo de los ciudadanos,
los sistemas biotecnológicos deberían abocarse a la resolución de
problemas planteados por los diversos sectores sociales, y no res-
ponder únicamente a los intereses de los sectores empresariales o
militares.
12] La tecnología en general, y la biotecnología en particular, cambia
las formas de vida de la gente. La decisión de aceptar o no los cam-
bios en su forma de vida corresponde a la gente, no a los expertos,
ni al estado. Por eso debe haber discusión pública acerca de cuáles
cambios en la forma de vida, inducidos por los sistemas biotecno-
lógicos, son deseables y éticamente aceptables.

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BIOTECNOLOGÍA PARA UN DESARROLLO
AGRÍCOLA SUSTENTABLE

josé luis solleiro rebolledo*

introducción. el problema ambiental del campo mexicano

En el mundo, cada año se destruyen cerca de 17 millones de hectá-


reas de bosque tropical, se pierden miles de variedades de plantas
que no pueden reemplazarse y millones de hectáreas de tierra se
transforman en desiertos (Wilson, 2002). Este gravísimo problema
ambiental tiene en México una expresión alarmante, según los datos
manejados por el Dr. Gabriel Quadri (2003).

México ocupa uno de los primeros lugares en el mundo en deforestación. La


destrucción de bosques y selvas tiene como causa primordial las actividades
agropecuarias, que cada año eliminan entre 400 000 y un millón de hectáreas
de ecosistemas forestales. El costo ecológico, social y económico es incalcu-
lable, más aún si añadimos la erosión, que afecta 80% de nuestro territorio,
y el agotamiento de los recursos hídricos, especialmente de acuíferos sub-
terráneos. Recordemos que la agricultura consume cerca de 80% del agua
disponible en el país, y que desperdicia casi las dos terceras partes.

Por otro lado, al problema ambiental del país se agrega el de las


precarias condiciones de la mayoría de la población rural; 27% de
la población de México vive del campo, pero genera apenas cerca
de 5% del pib. Este porcentaje, además, tiende a decrecer, lo cual
guarda estrecha relación con el hecho de que, en los últimos veinte
años, el desarrollo agropecuario no ha tenido efectos positivos sobre
la producción. Así, por ejemplo, se tiene que la producción, en kilo-
gramos per cápita, de los ocho principales granos en 1999 se había
reducido 27.6% respecto de 1981; la producción de carnes rojas dis-
minuyó 34.6% en ese lapso; la producción de leche se redujo 15.5% y
la producción forestal maderable fue de 37.4% inferior a la registrada
en 1981 (Calva, 2000). Es fácil concluir que otro problema de urgen-

*
Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico, unam.

[149]
150 josé luis solleiro rebolledo

te solución es el escaso rendimiento de la producción agropecuaria:


producimos poco, deteriorando el medio ambiente al presionar las
reservas de tierra cultivable y los bosques y con muy poco beneficio
para la población rural.
Estos datos hacen evidente la urgencia de generar respuestas efec-
tivas al doble reto de aumentar la productividad, de manera que se
pueda obtener mayor producción en la misma tierra mientras que,
al mismo tiempo, se alcance un manejo ambientalmente adecuado
de los recursos para la actividad agropecuaria, de forma tal que ésta
pueda ser más sustentable, lo cual significa que las generaciones fu-
turas también puedan asegurar su sustento con base en el uso de los
recursos que hoy usufructuamos como sociedad mexicana.
Estamos convencidos de que esta relación negativa entre población
creciente, escasa productividad, pobreza y degradación ambiental
solamente puede romperse con la base de una agricultura más pro-
ductiva, lo cual desaceleraría la invasión de bosques, laderas y tierras
marginales poco aptas para la agricultura. Además, para el caso de las
áreas dedicadas a la agricultura comercial, se requiere hacer cambios
encaminados a reducir el impacto ambiental negativo que ha tenido
la intensificación de la agricultura, las más de las veces por el uso in-
discriminado de los fertilizantes, los plaguicidas y la irrigación.

biotecnología para la agricultura sustentable

La biotecnología puede ser una respuesta para mejorar la producti-


vidad agrícola, promoviendo simultáneamente el uso sustentable de
los recursos naturales. A pesar de que se ha demostrado contunden-
temente que las aplicaciones de la biotecnología han traído impor-
tantes beneficios para la salud humana y animal, la producción de
alimentos, el combate de la contaminación y la generación de nuevos
productos útiles, es relativamente común encontrar que, específica-
mente, la biotecnología moderna, basada en el uso de técnicas de
ingeniería genética, sea criticada en función de un producto aislado.
Quienes acostumbran esto incurren en un grave error, pues la biotec-
nología constituye un conjunto de técnicas con múltiples aplicacio-
nes y posibilidades, según ilustramos en las siguientes líneas.
Así, hoy puede emplearse esta tecnología genérica en la agricultu-
ra como base para diagnosticar enfermedades de plantas con enorme
biotecnología para un desarrollo agrícola sustentable 151

precisión y rapidez, identificar los rasgos genéticos de una especie o


variedad específica con el fin de planificar su mejoramiento, incor-
porar nuevos rasgos productivos que mejoren el desempeño agronó-
mico de la variedad y conferir a las plantas características novedosas
que las hacen más útiles para la alimentación, provisión de sustan-
cias terapéuticas y combate a la contaminación.
Efectivamente, las aplicaciones de la biotecnología han derivado
en la generación de múltiples productos que actúan como mejorado-
res de suelos, biofertilizantes, bioplaguicidas e inhibidores de conge-
lación de cultivos.1
Para el primer caso, debe resaltarse el desarrollo de bacterias fija-
doras de nitrógeno. Las plantas obtienen nitrógeno del suelo, donde
se ha liberado por la degradación bacteriana de plantas y otros orga-
nismos. Las bacterias fijadoras de nitrógeno asociadas con las legu-
minosas están en el género de Rhizobium y su efecto es la prevención
de la erosión al aumentar la disponibilidad de nitrógeno en el suelo.
Investigadores mexicanos han tomado liderazgo internacional en el
mejoramiento genético y uso de estas bacterias.
En el caso de los bioinsecticidas, se han desarrollado múltiples
productos de origen microbiano que facilitan el control biológico de
plagas. Existen, por ejemplo, virus que producen toxinas para ciertos
insectos y que sirven para producir comercialmente agentes bioló-
gicos para combatir gusanos que atacan cultivos como el tabaco y el
algodón. Los insecticidas basados en la bacteria Bacillus thuringiensis
se han usado durante más de cincuenta años para controlar plagas
de los más diversos cultivos y aun insectos que se encuentran usual-
mente en zonas turísticas como mosquitos, sin efecto nocivo para el
ambiente y la salud.
Por otro lado, la biotecnología basada en la ingeniería genética
representa un paso más en la búsqueda por el germoplasma ideal que
sea la base de una nueva ola de progreso agrícola. Este germoplasma
ideal debe responder a un conjunto de expectativas de innovación
que se caracterizan por (Krimsky y Wrabel, 1996):
• Plantas que puedan utilizar óptimamente el agua, adaptables a con-
diciones de sequía.

1
En 1987, se realizaron en California las primeras pruebas de campo de un micro-
organismo genéticamente modificado, la bacteria Pseudomonas syringae, la cual reside
en la superficie de las plantas y cumple con la función de retardar la formación de
cristales de hielo en las mismas, cuando hay disminuciones bruscas de temperatura. El
producto comenzó a usarse a mediados de los años noventa.
152 josé luis solleiro rebolledo

• Plantas de alto rendimiento que permitan obtener producciones


mayores, sin presionar más la frontera de tierras cultivables.
• Dado que el sistema agrícola vigente es muy dependiente de insu-
mos químicos, el germoplasma ideal debe optimizar la eficiencia
en el uso de estos insumos, minimizando la emisión de agentes
contaminantes en el ambiente.
• Ahora que mayores cantidades de luz ultravioleta están penetrando
la biosfera, es deseable desarrollar germoplasma que no acuse da-
ños por radiaciones.
• Germoplasma que pueda contribuir a objetivos de salud, contri-
buyendo con productos del campo que aporten mayores niveles
de nutrientes y minimicen el contenido de sustancias tóxicas y
antinutrientes.
De hecho, los avances recientes han comenzado a entregar los pri-
meros resultados. Por un lado, la biotecnología es ya una herramien-
ta muy efectiva para superar las pérdidas de cultivos ocasionadas por
plagas (insectos, hongos, bacterias, etc.), enfermedades de plantas,
malezas (las cuales merman la producción al competir con el cultivo
por los nutrientes, agua y luz) y condiciones ambientales extremas.
Evidencia de lo anterior puede ser observada en los siguientes
datos:
• Las semillas modificadas genéticamente han mostrado la mayor
tasa de difusión en la historia de la tecnología agrícola. En 1996,
dichas semillas comenzaron a usarse comercialmente, sembrán-
dose un total de 1.6 millones de hectáreas a nivel mundial. Para
1998, el área sembrada pasó a 28 millones de hectáreas, en 2000 a
44 millones y, en 2002, a más de 58 millones de hectáreas (James,
2003). Las razones para que cerca de seis millones de agricultores
en el mundo hayan adoptado esta tecnología tan rápidamente son
básicamente: la obtención de mayores rendimientos debidos al me-
jor control fitosanitario de plagas y malezas, la reducción en costos
de producción y la disminución en el uso de plaguicidas químicos.
• En México, el algodón resistente a insectos ha incidido en aumen-
tos de rendimientos hasta de 22%, lo que representa una ganancia
promedio de 505 de fibra por hectárea, con disminuciones del
costo de control de plagas de hasta 57%. En 2000, de acuerdo
con las evaluaciones hechas por inifap en La Laguna, se redujo la
aplicación de insecticidas para el control del complejo de gusanos
chupadores de 18 kg de ingrediente activo por hectárea, a solamen-
te 2 kg de ingrediente activo por hectárea. La ventaja económica
biotecnología para un desarrollo agrícola sustentable 153

es reforzada por el hecho de que la calidad de la fibra obtenida es


óptima, con lo cual el precio obtenido por el productor es el mejor
posible (Ginco, 2002). Millones de hectáreas sembradas

Año

fuente: “isaa. 2002. “Global Status of Commercializer transgenic crops: 2002”. ISAA
Briefs International Service for the Acquisition of Agri-Biotech Applications, Ithaca.
<[Link]>.

Rendimiento del algodón Bt en México (2000)


Rendimiento de fibra (kg/ha.)

Sinaloa Sonora sur Sonora norte Chihuahua Laguna Tamaulipas

fuente: elaboración propia con base en Monsanto Comercial. 2000. Informe de rendi-
miento de algodón Bollgard. México.
154 josé luis solleiro rebolledo

cuadro 1. Impacto de cultivos biotecnológicos adoptados y sembrados en 2001


Estu- Cultivo Tipo Producción Valor neto Uso de Superficie en
dio (al año) total plaguicidas acres
de (000$/año) (lb. IA/año)*
caso
Volumen Valor Costos
(000 lb.) (000$) (000$)

1 Papaya vr +53 000 +17 000 0 +17 000 0 1 600

2 Cala- vr +6 000 +2 000 +375 +1 625 0 5 000


baza

24 Cano- ht 0 0 -11 000 +11 000 -531 000 871 000


la

26 Soya ht 0 0 - + -28 703 001 50 016 000


1 010 765 1 010 765

28 Maíz ir + +126 466 +1 110 +125 356 -2 603 456 14 927 000
forra- (1) 3 540 992
jero

31 Maíz ht 0 0 -58 050 +58 050 -5 805 000 5 805 000


forra-
jero
32 Algo- ir + +115 002 +12 034 +102 968 -1 870 100 5 144 000
dón (1) 185 373

34 Algo- ht 0 0 -132 676 +132 676 -6 169 000 9 301 000


dón

Total + +260 468 - + -45 681 557 ———**


3 785 365 1 198 972 1 459 440

tipo: ir, resistencia a insectos; ht, resistencia a herbicidas; nr, resistencia a nemáto-
dos; br, resistencia a bacterias; vr, resistencia a virus; fr, resistencia a hongos.
*
ia se refiere a ingredientes activos.
**
nota: La superficie en acres no es total debido a que, en algunos casos, se pueden
sembrar cultivos con varios rasgos en el mismo acre.

fuente: Elaboración propia con base en Monsanto Comercial, 2000. Informe de rendi-
miento de algodón Bollgard. México.

• En el caso de la soya tolerante a herbicidas, los productores de Estados


Unidos están logrando un ahorro conjunto de mil millones de dólares
anuales en sus costos de herbicidas (Gramesi et al., 2002). El cuadro
1 resume los resultados de un estudio del National Center for Food &
Agricultural Policy, realizado recientemente para evaluar el impacto de
la biotecnología moderna en diversos cultivos aprobados en Estados
Unidos. Es evidente la reducción en el uso de agroquímicos.
biotecnología para un desarrollo agrícola sustentable 155

• Como se mencionó previamente, la biotecnología moderna tam-


bién representa la posibilidad de obtener plantas con propiedades
nutricionales superiores que las hagan más atractivas para las
agroindustrias procesadoras, con el consecuente beneficio para el
agricultor quien podrá obtener mejores precios, y para el consu-
midor quien recibirá productos más sanos para la integración de
su dieta. Así, se pueden obtener productos agrícolas mejorados en
cuanto a su composición de aceites y fibras; aumentar su conteni-
do de vitaminas o minerales específicos; mejorar el contenido de
aminoácidos esenciales; aumentar su vida de anaquel; y hacer in-
necesario el uso de aditivos para procesamiento. Ejemplos de estos
productos son los siguientes:
• Maíz, soya y canola modificadas para disminuir su conteni-
do de ácidos grasos saturados.
• Papas modificadas para aumentar su contenido de almidón,
lo que repercute en menor absorción de aceite y disminu-
ción del tiempo de cocción, con el consecuente beneficio
para el procesamiento.
• Tomates con mayor contenido de licopenos, lo cual influye
en la reducción de la incidencia de cáncer de próstata y
gastrointestinal.
Pero uno de los principales beneficios de la biotecnología vegetal
es su impacto positivo sobre el cuidado del ambiente. Todos los datos
mostrados son reveladores y demuestran que la aplicación de la bio-
tecnología moderna trae consigo un alivio para los suelos y el agua,
al disminuirse la utilización de agroquímicos. En enero de 2003, el
Instituto de Investigaciones Ambientales de Dinamarca publicó un es-
tudio sobre los efectos sobre el medio ambiente de una variedad de re-
molacha forrajera modificada genéticamente para tolerar herbicidas.
Después de tres años de pruebas de campo, los resultados indican que
la cantidad y variedad de artrópodos detectada en los campos fue supe-
rior a la de los campos convencionales, lo cual incide positivamente en
la biodiversidad de aves. Pero esto no es todo lo que la biotecnología
puede ofrecer. Desde hace algunos años, se ha logrado mejorar plantas
que ayudan en la remediación de problemas de contaminación. Ya es
común utilizar plantas para capturar metales pesados que contaminan
aguas residuales, constituyendo un conjunto de técnicas conocidas
como fitorremediación. Más recientemente, en un ejemplo de desa-
rrollos prometedores, un equipo de investigación ha desarrollado un
sistema vegetal para remover el arsénico contaminante de suelos, utili-
156 josé luis solleiro rebolledo

zando plantas modificadas genéticamente. La contaminación de suelos


con arsénico representa en todo el mundo una amenaza creciente para
el ambiente y la salud humana y animal.2 Los científicos de la Univer-
sidad de Georgia han trabajado con Arabidopsis para que esta planta
pueda tomar el arsénico del suelo y transportarlo a sus hojas, de tal
forma que ya no esté disponible en el ambiente. Para disponer de este
contaminante, entonces, es mucho más fácil manejar las plantas que
lo han capturado que lidiar con la remediación del suelo.3 Este nuevo
sistema es, sin duda, un gran paso para lograr la limpieza ambiental
usando plantas. Pero, por otro lado, hay que tomar en cuenta que las
aplicaciones de la biotecnología a la agricultura están apenas en su
infancia. (Persley y Doyle, 2002). El rápido crecimiento que se está dan-
do en el estudio de los genomas de plantas y otros organismos trans-
formará la propagación de las plantas, a medida que se identifiquen
más funciones de los genes que se van descubriendo.4 La generación
de rasgos complejos tales como tolerancia a la sequía (controlada por
muchos genes) debería llegar a hacerse común. Un proyecto alentador
en este sentido es el de identificación de genes de tolerancia a sequía
y estrés climático que se realiza actualmente en la Universidad Autó-
noma del Estado de Morelos, donde ya se han transformado plantas
experimentales que muestran propiedades de resistencia a condicio-
nes extremas, propias de diferentes regiones agroecológicas del país.
Los suelos ácidos, la baja fertilidad y la falta de acceso a nutrientes para
los cultivos a precios razonables también son problemas que podrán
atacarse mediante la siguiente ola de productos de la biotecnología
agrícola. Nuevamente, es satisfactorio encontrar que la investigación
sobre resistencia a suelos ácidos se realiza en el cinvestav Irapuato,
donde se han aislado genes de tolerancia prometedores. Las solucio-
nes a estos problemas beneficiarán tanto a los productores como a los
consumidores y, aunque la biotecnología no puede ofrecer solución a
todos los problemas, sí se concluye de estos ejemplos que puede hacer
aportes muy significativos, si es guiada por políticas apropiadas.

2
La contaminación con arsénico ocurre tanto por eventos naturales, como por de-
rrames y drenaje de plantas químicas y manufactureras, lo cual tiene serias consecuen-
cias al contaminar, en última instancia, los depósitos naturales de agua potable.
3
<[Link]/kc>.
4
La investigación en genómica se encuentra en sus etapas tempranas, pero progre-
sa muy rápidamente, gracias al involucramiento de científicos de muchos países entre
los que se encuentra México, así como al apoyo financiero de gobiernos y diversas
organizaciones públicas y privadas.
biotecnología para un desarrollo agrícola sustentable 157

elementos básicos de una política biotecnológica


para la agricultura sustentable

La discusión sobre las oportunidades y limitaciones para la explota-


ción (desarrollo, adopción, difusión y uso) de la biotecnología en un
país debe ubicarse en el contexto de los sectores económicos en los
que se aplicará, así como de su sistema de ciencia, tecnología e inno-
vación y de sus instituciones políticas y económicas. Por ello, la defini-
ción de políticas de fomento a la biotecnología no puede limitarse a
la mera inversión en investigación. De hecho, hace poco más de diez
años, la Office of Technology Assessment del Congreso de Estados Unidos
(ota, 1991), al evaluar la competitividad de la biotecnología de ese
país, propuso un marco de análisis muy completo que consiste en
identificar el nivel de actividad industrial y productiva, y el número de
empresas que participan en la comercialización de las biotecnologías.
(Véase el cuadro 2.) Como segundo paso, se establece una imagen ge-
neral del ambiente competitivo, evaluando un conjunto de factores
contextuales que influirán en la capacidad del país en cuestión para
comercializar biotecnologías y capitalizar así sus beneficios.
En el cuadro 3, se ilustran los elementos básicos para la existencia de
un ambiente propicio para el desarrollo de la biotecnología en un país,
los cuales, como se apunta anteriormente, establecen una indicación
de los componentes de una política efectiva de promoción del desarro-
llo responsable y competitivo de aplicaciones en diferentes sectores.

cuadro 2. Elementos para la competitividad de la biotecnología


Capacidad de traducir resultados de investigación en productos.

La existencia de un tejido empresarial fuerte y articulado: proveedores de servicios,


insumos y equipo; empresas biotecnológicas; empresas usuarias.

Un ambiente propicio conformado por políticas activas e instrumentos efectivos.


Disponibilidad de recursos naturales. Actitudes empresariales frente al riesgo.
158 josé luis solleiro rebolledo

cuadro 3. Elementos de un ambiente propicio para la biotecnología


Políticas específicas La importancia de un programa de biotecnología agrícola.
Una política de estado participativa.
Identificación de aplicaciones prioritarias.
Objetivos claros: productividad y atención de problemas y
oportunidades.
Instrumentos efectivos de intervención.
Asignación de recursos suficientes.
Financiamiento Gobierno apoya investigaciones básicas.
gubernamental Redefinición de criterios de evaluación con énfasis en
a la i&d posibilidades de aplicación.
Un proceso socialmente distribuido con participación
interinstitucional.
Acorde con áreas prioritarias o necesidades de formación de
capacidades.
Atracción de otros donantes y cooperación internacional.
Estímulos Una economía estable en sus reglas y condiciones básicas y
a la inversión dinámica en su crecimiento.
Incentivos fiscales y financiamiento blando.
Fomento a modelos asociativos.
Políticas industrial y agropecuaria activas.
Atención inmediata a las grandes carencias del país.
Regulaciones Balance entre la protección de la salud, el ambiente y la
efectivas biodiversidad, y el fomento a la innovación y la inversión.
Transparente, ágil y basada en el mejor conocimiento
científico disponible.
Evaluación, manejo y comunicación de riesgos.
Legislación antimonopolios.
Capaz de adaptarse al ritmo de cambio técnico.
Relación Respuesta a la intensidad científica de la biotecnología.
universidad- Capacidad para definir proyectos conjuntos.
industria Cultura cambiante de la evaluación académica.
Asignación de mayor importancia a la i&d en empresas.
Instrumentos de fomento a la vinculación.
Capital de riesgo Formas novedosas de promover la creación de empresas.
Ángeles, capital semilla, capital de riesgo.
Incubadoras de empresas.
Capacidad gerencial para promover negocios y entender la
lógica de la inversión productiva.
Protección de la Patentes: claridad sobre materia protegible.
propiedad Derechos de obtentor.
intelectual Acceso y aprovechamiento sustentable de recursos genéticos.
Atención a acuerdos internacionales.
Promoción de la inventiva.
Fomento a flujos Relación entre centros de i&d, empresas y productores.
de tecnología, Comercio internacional de tecnología.
inversión y Desarrollo de proveedores tecnológicos.
comercio Mecanismos efectivos de difusión amplia de los beneficios.
biotecnología para un desarrollo agrícola sustentable 159

Fortalecimiento de Certificación de calidad.


servicios de apoyo* Pruebas y validaciones.
Asistencia legal.
Desarrollo de producto: conjunto de actividades para lograr
aprobación comercial.
Provisión de insumos y equipos.
Recursos humanos Científicos en áreas relevantes.
Ingenieros, agrónomos, veterinarios, etc.
Reguladores.
Abogados.
Banqueros.
Gerentes de proyectos y de tecnología.
Conciencia pública Ambiente para la elección fundamentada por parte del
consumidor.
Evitar temores infundados.
Conciencia sobre beneficios, riesgos y cómo son manejados.
Conciencia sobre el valor real de las alternativas tecnológicas y
del impacto de no adoptar la Bt.

fuente: elaboración propia con base en ota (1991) y Solleiro (1995).

Más allá de la adopción de un determinado enfoque para la


generación de una política específica para el desarrollo de la bio-
tecnología agrícola en México, es importante partir de un prin-
cipio básico: es esencial definir nuestra postura como país ante
la biotecnología moderna y, a partir de ella, generar una política
congruente que sirva de base para los procesos de toma de decisio-
nes en los diferentes ámbitos de autoridad en esta materia, pues
uno de los elementos que más puede entorpecer el desarrollo de
esta área es la actitud contemplativa y dubitativa que conduce a la
parálisis y a la ausencia de decisiones, la cual busca justificarse con
argumentos especulativos. La falta de información no debe caber
en las acciones de gobierno.
Por ello, es menester adoptar una visión amplia en cuanto a las
posibles aplicaciones de la biotecnología en la solución de los pro-
blemas del campo mexicano, responsable en cuanto a la evaluación y
manejo de los eventuales riesgos, estratégica en cuanto a la pondera-
ción de los beneficios sociales y económicos derivados a corto, media-
no y largo plazos, e integral en cuanto a los sectores que pueden ser
beneficiados por la difusión de estas técnicas. Las visiones simplistas,
especulativas y carentes de bases científicas nada aportan al pensa-
miento estratégico en una materia tan compleja y prometedora.
160 josé luis solleiro rebolledo

bibliografía y fuentes consultadas

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global, México, Plaza y Janés.
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for Food & Agricultural Policy.
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Urbana y Chicago, University of Illinois Press.
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ción sobre Políticas Alimentarias, pp. 239-243.
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Sollero, J. L., 1995, “Biotechnology and sustainable agriculture: the case of
Mexico”, Technical Papers, 105, París, oecd Development Centre.
Wilson, E., 2002, “Las calamidades ambientales de la tierra, ¿es la agricultura
parte del problema o de la solución?”, Pinstrum-Andersen y Pandya-Lorch
(eds.) La agenda inconclusa, Washington, D. C., Instituto Internacional de
Investigación sobre Políticas Alimentarias, pp. 103-107.
CIENCIA, SUSTENTABILIDAD Y SOCIEDAD DEL RIESGO.
EL CASO DE LA BIOTECNOLOGÍA AGRÍCOLA
(TRANSGÉNICOS)

víctor manuel toledo manzur∗

We cannot solve the problems we have created


with the same thinking that created them
albert einstein

introducción

Como sucede con buena parte de los principales bastiones de la


modernidad, la ciencia está en crisis no sólo porque no ha logrado
contribuir como se esperaba al bienestar de la especie humana, sino
porque en su versión dominante o convencional hoy se ha vuelto in-
competente para comprender la complejidad del mundo contempo-
ráneo. En efecto, la creciente complejidad, a la que la ciencia misma
contribuyó, ha desbordado los actuales métodos y enfoques de la
investigación científica convencional, contribuyendo a incrementar
la incertidumbre, la sorpresa y el riesgo. “La ciencia —afirma Leff
(2000: 31)—, que se pensaba liberadora del atraso y de la opresión,
del primitivismo y del subdesarrollo, ha generado un desconocimien-
to del mundo, un conocimiento que no sabe de sí mismo; que gobier-
na un mundo alienado del que desconocemos su conocimiento espe-
cializado y las reglas del poder que lo gobiernan. El conocimiento ya
no representa la realidad.”
El paraíso que ofrecía la civilización industrial es hoy una realidad
reducida a un número limitado de seres humanos. Las tendencias del
mundo globalizado han echado por tierra la promesa de un mundo
mejor, con más progreso, justicia y seguridad para todos los miem-
bros de la especie humana. La utopía industrial se encuentra hoy se-
riamente cuestionada pues ni el mercado ni la tecnología, ni la cien-
cia en su versión dominante han sido capaces de ofrecer a los seres
humanos las condiciones de bienestar y calidad de vida previamente
vislumbrados. Al contrario, cada vez aparece más nítida la imagen


Centro de Investigaciones en Ecosistemas.

[161]
162 víctor manuel toledo manzur

de un mundo donde la injusticia, la inseguridad y la incertidumbre


se han vuelto comunes. Se vive cada vez más en una “sociedad del
riesgo” (Beck, 1998).
Para los millones de seres humanos marginados de los beneficios
del mundo industrial, la “sociedad del riesgo” aparece como falta de
oportunidades para sobrevivir en un mundo sumamente peligroso.
Carentes de alimentos suficientes y sanos, agua potable, viviendas,
medicamentos oportunos y disponibles, información, educación y
cultura, y oportunidades de trabajo digno y bien remunerado, los
“condenados de la tierra” deben enfrentarse a un mundo lleno de
amenazas que reducen drásticamente sus expectativas de vida y los
reducen a un estado de elemental supervivencia.
Por otro lado, a los beneficiarios de la civilización industrial, el
modo de vida moderno los enfrenta a un mundo que no por dotarles
de suficientes satisfactores materiales les garantiza una vida plena y
segura. Obligados a la competencia individualista, a la cotidianidad
marcada por los ritmos de la maquinaria industrial, a la satisfacción
mediante el consumo compulsivo, a la “vida instantánea”, los ciudada-
nos modernos también se enfrentan a un mundo inseguro: deterioro
de la unidad familiar, ciudades peligrosas, alimentos inseguros, me-
dicamentos riesgosos, patología individual y colectiva y, últimamente,
terrorismo civil y de Estado (Fukuyama, 1999).
Finalmente, sobre todos los miembros de la especie humana se
cierne cada vez de manera más tangible, el espectro del riesgo ecoló-
gico. En los últimos veinte años, se ha pasado de catástrofes puntuales
de carácter local, a acaecimientos regionales sin consecuencias expan-
sivas, a accidentes y sucesos localizados regionalmente pero con conse-
cuencias más allá de su área de origen, hasta incidentes de dimensión
claramente global. Además, en los últimos años se acumularon su-
ficientes evidencias que demuestran la existencia de fenómenos no
registrados anteriormente tales como el incremento en el número e
intensidad de los ciclones, la producción de gases contaminantes de
la atmósfera derivados de las quemas agrícolas, pecuarias y forestales,
y el registro de 1997 y 1998 como los años más calientes de la historia
reciente. Destacan también dos acontecimientos preocupantes que
revelan una pérdida de control a escala global sobre dos elementos
naturales: el fuego (los incendios forestales de 1997 y 1998) y el agua
(las inundaciones de Europa central y Asia en 2002).
En suma, el proceso de globalización, que es por cierto un fenó-
meno histórico irreversible, en tanto se encuentra dominado por las
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo 163

pautas, la racionalidad y los mecanismos económicos y tecnológicos


del libre mercado, la acumulación de capital y la privatización de la
vida social, no hace más que engendrar y expandir una modernidad
cada vez más riesgosa. Conforme esta “sociedad del riesgo” escala los
peldaños de la incertidumbre, se reducen las posibilidades de tomar
decisiones basadas en el pensamiento racional, y se incrementa el nú-
mero de seres humanos, independientemente de su filiación social,
que se hacen vulnerables a los peligros del mundo moderno (por
ejemplo, no obstante la propaganda de los fabricantes, cada año el
automóvil cobra la vida de entre 750 mil y 900 mil seres humanos y
deja heridos a otros 25 a 30 millones (Toledo, 2002).
Frente a la “sociedad del riesgo” los ciudadanos del mundo echan
mano de tres recursos que aún permanecen inviolados por el avance
de la industrialización (Toledo, 2003): 1] su alianza con la naturale-
za, es decir, el uso conservacionista del mundo vivo y el aprovecha-
miento respetuoso de los procesos orgánicos, que son locales, baratos
y seguros; 2] la recuperación del recuerdo, en donde la espiritualidad
aparece como el elemento de salvación frente un mundo materialis-
ta, individualista y mercantilizado y, 3] la reformulación de un cono-
cimiento que despojado de sus atributos normales se vuelve una suer-
te de “ciencia de y para los pueblos” porque pone en práctica nuevas
maneras de elaborar, transmitir y aplicar el conocimiento científico.

ciencia para una sociedad sustentable

Intentando enfrentar el panorama anterior, en los círculos más


avanzados de la comunidad científica han aparecido voces que re-
claman una transformación de las maneras habituales como la cien-
cia aborda los fenómenos del mundo contemporáneo. Destaca, por
ejemplo, el Congreso Mundial de Científicos realizado en el verano
de 1999 en Budapest, donde delegados de 150 países suscribieron
lo que ellos mismos llamaron un “nuevo contrato social” entre la
ciencia y la sociedad.
Para ello, los participantes de ese congreso, auspiciado por la
unesco y el International Council for Science (icsu), produjeron por
consenso dos documentos en los que se reconoce que dado que
el contexto político, económico, cultural y ecológico dentro del
que se realiza la ciencia ha cambiado sustancialmente en los últimos
164 víctor manuel toledo manzur

años, es necesario redefinir colectivamente los papeles de las ciencias


y llegar a un nuevo compromiso en el que por una parte la sociedad
se obliga a apoyar decididamente la investigación científica y, por el
otro, los científicos aceptan y asumen sus responsabilidades para con
la sociedad: Sciences, should be at the service of humanity as a whole, and
should contribute to providing with a deeper understanding of nature and socie-
ty, a better quality of life and a sustainable and healthy environment to present
and future generations... <[Link]/wcs>.
Una visión similar fue planteada por J. Lubchenko (1998) durante
su discurso como nueva presidenta de la American Association for
the Advancement of Science: “The current and growing extent of human
dominance of the planet will require new kinds of knowledge and applications
from science —knowledge to reduce the rate at which we alter the Earth´s
systems, knowledge to understand Earth´s ecosystems and how they interact
with numerous components of human-caused change, and knowledge to
manage the planet.”
Éstas y otras declaraciones han surgido en paralelo a la emer-
gencia de reflexiones y planteamientos realizados desde diferentes
corrientes epistemológicas tales como la “teoría del pensamiento
complejo” (Morin, 2001), “los sistemas complejos” (García, 1994),
“la complejidad ambiental” (Leff, 2000), la “teoría de la resilien-
cia socioecológica” (Berkes y Folke, 1998; Gunderson y Holling,
2001), o la llamada “ciencia posnormal” (Funtowicz y Ravetz,
1993). Todas estas (contracorrientes han surgido como reacciones
frente a las limitadas capacidades de la ciencia actual y la necesi-
dad de reformularla.
Finalmente, en los últimos años todas estas corrientes han comen-
zado a aglutinarse en torno al nuevo paradigma del llamado desarro-
llo sustentable, sustentabilidad o sociedad sustentable, una propuesta
surgida durante la Cumbre de Río de Janeiro de 1992 sobre medio
ambiente y desarrollo, y que en esencia busca satisfacer las necesida-
des de todos los seres humanos sin afectar los sistemas físico-biológi-
cos o naturales del planeta.
En efecto, cada vez toma más fuerza la idea de revisar y refor-
mular la teoría y la práctica científicas para construir una “ciencia
para una sociedad sustentable”. Esta idea que ha comenzado a de-
sarrollarse en contribuciones específicas (por ejemplo, Funtowicz et
al., 1998; Folke et al., 2002), ha terminado por convertirse en una
propuesta colectiva (Kates et al., 2001; Folke et al., 2002), que hoy
reúne en el llamado Forum on Science and Technology for Sustainability
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo 165

<[Link]> a un número creciente de investi-


gadores, proyectos e instituciones.
Esta “ciencia para la sociedad sustentable” que comienza a hacerse
realidad en la práctica (Toledo y Solís, 2001; Pandey, 2002), tiene entre
sus principales tesis la de hacer una ciencia: 1] basada en un marco
conceptual donde los paradigmas centrales son las relaciones entre la
sociedad y la naturaleza, y la satisfacción de las necesidades humanas,
sin afectar los sistemas naturales; 2] abordada de manera transescalar
(desde lo local hasta lo global); 3] en sus dimensiones históricas todo
lo cual obliga a adoptar enfoques de carácter; 4] interdisciplinario (es
decir, bajo una visión holística o integradora); 5] e internacional (con
conglomerados de científicos tanto del Norte como del Sur); 6] y don-
de los diseños y resultados de la investigación deben ser evaluados, me-
diante el diálogo y la cooperación, por el conjunto de actores sociales
involucrados en la problemática que se busca resolver (investigación
participativa), lo cual incluye 7] tomar en cuenta la experiencia adqui-
rida a través de otras formas de conocimiento (local, indígena, tradicio-
nal o popular), 8] de tal manera que se garantice que los beneficios de
la práctica científica lleguen a todos los actores involucrados. Se trata
en fin, de abordar la complejidad de los procesos del mundo contem-
poráneo en un contexto donde se deben tomar decisiones urgentes,
con información limitada o incierta y donde siempre hay valores en
disputa (Funtowicz y De Marchi, 2000).

la industrialización y corporativización de la ciencia

La ciencia no es neutra, no obstante los argumentos de quienes defien-


den una ciencia política e ideológicamente inmaculada. Y mucho
menos en estos tiempos en que el mundo se vuelve más complejo,
más injusto, más dominado por los intereses de las grandes corpora-
ciones, más presionado por las demandas sociales y, sobre todo, de
mayor riesgo. En efecto, las contribuciones recientes de la ciencia han
estado profundamente influidas por las pautas, los valores y los intere-
ses de los sectores sociales dominantes, pues como producto cultural,
“la ciencia es una construcción humana, una institución progresiva-
mente elaborada, e históricamente condicionada” (Thuillier, 1990).
En un mundo cada vez más polarizado y cada vez más dominado
por las fuerzas del mercado, la actividad científica cobra sentido so-
166 víctor manuel toledo manzur

cial como beneficiadora de uno de los dos polos (sectores sociales o


países privilegiados), al tiempo que se va paulatinamente plegando
a los intereses de las grandes corporaciones (farmacéuticas, alimenta-
rias, informáticas, biotecnológicas, automovilísticas, etc.) de carácter
transnacional, y a los cada vez más poderosos bancos internacionales.
De esta forma, la práctica científica que en el pasado reciente (y
esto sucede todavía en varios países) era una actividad predominan-
temente de carácter público, realizado por universidades o institu-
ciones gubernamentales, se ha ido paulatinamente transformando
en un quehacer orientado por las grandes corporaciones. La ciencia
actual no sólo se ha industrializado, en la medida en que reproduce
esquemas, métodos y objetivos dirigidos a consolidar y expandir el
modo civilizatorio industrial, sino que se está corporativizando al res-
ponder a los intereses particulares de las grandes compañías privadas
de carácter transnacional (un ejemplo es el caso de la investigación
sobre el genoma humano).
En contraposición con los planteamientos del apartado anterior,
la ciencia corporativizada contribuye a agudizar la crisis ecológica y
social y es un factor que acrecienta, no reduce, la sociedad del ries-
go. Esto es especialmente evidente en los campos de la alimentación
(los sistemas tecnoproductivos prevalecientes han arruinado buena
parte de los suelos agrícolas, afectado severamente los mantos acuí-
feros, provocando erosión genética y sobrexplotando los recursos
pesqueros del mundo), la energía (con tecnologías de alto riesgo o
de elevada contaminación) y el transporte (con diseños tecnológicos
notablemente despilfarradores de energía y otros recursos).
Por lo anterior, las modalidades que ha tomado la investigación
científica han dado lugar a una paradoja socialmente absurda: hoy en
día, la plena satisfacción material de todos los seres humanos es, bajo los
actuales patrones científicos y tecnológicos, prácticamente imposible
porque conduce a la destrucción del ecosistema global o planetario.

el triunfo del pensamiento simple:


los organismos genéticamente modificados

Bajo las pautas de una racionalidad industrial basada en las leyes del
mercado y la innovación tecnológica, la ciencia se ha ido orientando,
paulatina e irremediablemente, hacia la generación de conocimien-
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo 167

tos que facilitan el proceso de acumulación, centralización y concen-


tración del capital (y, en una dimensión paralela, el poder militar).
Ello ha conducido al conocimiento científico hacia una reiterativa
simplificación de la realidad.
Frente a la complejidad de la naturaleza, la industrialización de la
agricultura y de los otros procesos productivos primarios (ganadería,
pesca, producción forestal) dio lugar a una ciencia dirigida a crear y
mantener sistemas sumamente simplificados y dependientes de in-
sumos externos: el monocultivo agrícola o ganadero (pastizales), la
plantación forestal especializada, la pesca de una sola especie.
De manera similar, frente a la complejidad del ser humano, en el
que se entrelazan cuerpo, mente y espíritu, la industrialización de la
salud dio lugar a una medicina (corporal y mental) de carácter reduc-
cionista donde las inestabilidades, disfunciones y enfermedades se
arreglan mediante el uso de sustancias químicas dirigidas a controlar
efectos somáticos u orgánicos, independientemente de los procesos
que las originan.
La ideología que engendra esta modalidad científica conlleva la
adopción de un pensamiento simple o simplificador en las mentes
de quienes se supone están especialmente entrenados para realizar
análisis sumamente complejos: los propios científicos. Ello confirma,
por supuesto, que pertenecer al mundo de la ciencia no es garantía
de imparcialidad u objetividad, pues al fin y al cabo cada ser humano,
incluyendo el científico, es víctima y actor de su propia ideología.
Unos de los asuntos de mayor controversia del último decenio han
sido aquellos avances, invenciones o descubrimientos gestados desde
la biotecnología, la biología molecular y la genómica (Kwiatkowska y
López-Vilchis, 2000), y de manera especial la de los organismos modi-
ficados genéticamente (omg). En el caso de la agricultura industria-
lizada la experimentación de variedades genéticamente modificadas
comenzó hace más de dos decenios y su aplicación práctica hace
menos de una. En general, esta nueva tecnología ha estado dirigida
a arreglar limitaciones y problemas de la tecnología agroquímica en
la agricultura; por ello se habla de la segunda versión de un mismo
modelo (de la “green revolution” a la “gene revolution”).
Mucho se ha escrito sobre los daños y peligros potenciales de los
omg para la salud humana y los sistemas y procesos naturales (Altieri,
1997; Lappé y Bailey, 1998; Pengue, 2000; Anderson, 2001), y sobre la
necesidad de adoptar el llamado principio precautorio (Riechmann
y Tickner, 2002); todo lo cual ha llevado a numerosos países (enca-
168 víctor manuel toledo manzur

bezados por los de la Unión Europea) a establecer moratorias para


el cultivo o importación de los omg y, más recientemente, a firmar el
protocolo de bioseguridad (Montreal, 2000) que es el primer tratado
internacional que reconoce en los omg un asunto de riesgo. En el pre-
sente ensayo nos restringiremos a cuestionar la validez de esta tecnolo-
gía teniendo como marco lo revisado en los apartados anteriores.

la biotecnología como religión:


tres dogmas sobre los cultivos transgenicos

El primer rasgo de los omg es que son, mayoritariamente, un produc-


to de la investigación corporativa, es decir, de una ciencia al servicio
de gigantescas y poderosas compañías. Aunque existe también expe-
rimentación y producción en centros académicos u organismos pú-
blicos, por lo común siguen las pautas marcadas por la investigación
en las corporaciones. Ello es parte de un proceso de concentración
de poder económico, tecnológico y científico dirigido a la forma-
ción de un “oligopolio planetario”. Hoy las semillas transgénicas son
producidas y comercializadas por sólo cuatro empresas: Syngenta
(fusión de Astra-Zeneca y Novartis), Aventis, Dupont y Monsanto, las
cuales, además, controlan 60% del mercado mundial de plaguicidas
y la cuarta parte de las semillas que se venden en el planeta.
Estas semillas modificadas genéticamente son celosamente contro-
ladas por medio de patentes y, en algunos casos, como producto de
una investigación orientada mercantilmente, poseen una cualidad
perversa: las plantas obtenidas no poseen ya la capacidad de germi-
nar, propiedad que ha sido bloqueada (tecnología terminator), de tal
forma que el agricultor se ve impedido de reciclar las semillas de sus
propios cultivos, como se ha hecho durante toda la historia de la
agricultura.
Con sus poderosos medios de propaganda, las compañías afirman
que los omg, y en particular las semillas transformadas genéticamen-
te, son descubrimientos científicos indispensables para alimentar al
mundo y reducir la pobreza. Lo anterior parte de tres razonamientos
simplistas y por lo mismo falsos: a] que el hambre se debe a una bre-
cha entre la producción de alimentos y el incremento en la densidad
de la población, b] que la ingeniería genética es la única o la mejor
opción para incrementar la producción agrícola y por lo tanto para
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo 169

remediar el hambre y, c] que esta nueva tecnología será apropiada


por los sectores más empobrecidos de las áreas rurales: los pequeños
productores y sus familias (campesinado).
El primer argumento no resiste la crítica pues de sobra es conocido
que el fenómeno de la malnutrición y el hambre es resultado de una
compleja red de factores económicos, sociales, productivos, tecnoló-
gicos y culturales (véase especialmente el libro ya clásico de Lappé y
Bailey et al., 1998, World hunger, twelve myths). Bastaría con modificar
ciertos mecanismos económicos o sociales de carácter estructural para
disminuir drásticamente el problema del hambre en el nivel mundial.
El problema no es por lo tanto esencialmente tecnológico.
Por ejemplo, la mayor parte de la ayuda internacional que busca
“modernizar” los sistemas de producción de alimentos está dirigida
a transformar los sistemas productivos preindustriales (campesinos o
tradicionales) que han garantizado la autosuficiencia y la seguridad
alimentarias de sus propios dueños, en sistemas agroindustriales es-
pecializados, altamente dependientes en insumos externos y muchas
veces orientados a la generación de productos de exportación (en
muchos casos, “postres” para los ciudadanos del primer mundo).
En el área de la circulación de los alimentos destaca también el
hecho de que bajo los esquemas de la rentabilidad económica, la ma-
yor parte de los alimentos vegetales básicos (cereales, leguminosas y
oleaginosas) son dirigidos a satisfacer los requerimientos alimenticios
no de los seres humanos sino del ganado. Esta desviación provocada
por los intereses de la acumulación económica y legitimada jurídica
y socialmente mediante el respeto a las “leyes del libre mercado”, no
sólo tiene implicaciones de carácter energético (pues resulta más efi-
ciente obtener proteína vegetal que animal en términos de la energía
y, por lo mismo, en función del espacio requerido durante la produc-
ción), socialmente priva a millones de seres humanos del consumo
directo y más barato de los alimentos vegetales.
Los volúmenes de alimentos vegetales desviados del consumo hu-
mano directo para alimentar a los animales de la ganadería industria-
lizada son descomunales. Se estima que 70% de todo el grano básico
producido en Estados Unidos se va para los alimentos balanceados,
y cerca de un tercio de la producción mundial tiene el mismo desti-
no (Rifkin, 1992). En México, donde el modelo de producción de
alimentos ha imitado al del resto de los países industriales, este fenó-
meno no deja de ser igualmente irracional (Toledo, 1987). (Véase la
figura 1.)
170 víctor manuel toledo manzur

vaca

cerdo

pollo

huevo
AGRICULTURA
Sorgo (100% nacional + 75% importado)
Oleaginosas (70% nacional)
Soya (100% nacional + 150% importada)
Trigo (10%)
Maíz (10% - 15%)

PESCA
Anchoveta
Sardina
Otras especies
(40% nacional)

figura 1. Una radiografía de los componentes de los alimentos balanceados utilizados


en México para alimentar cerdos, pollos y reses durante los años ochenta (Toledo et al.,
1989) mostró la extrema irracionalidad de este fenómeno. Los animales se comieron
toda la producción nacional de sorgo más un volumen importado equivalente a 72%
de lo producido internamente, hasta llegar a un total de ocho millones de toneladas
de ese grano. Lo mismo pasó con 70% de la producción nacional de oleaginosas, pues
contra lo que normalmente se piensa las oleaginosas tienen fundamentalmente un uso
forrajero y sólo se utilizan en la industria aceitera de manera secundaria. Toda la pro-
ducción nacional de soya (686 mil toneladas) más un millón de toneladas importadas
de este producto, y entre 10 y 15% del maíz y 10% del trigo producido, terminó tam-
bién en el estómago de los animales. Para coronar el absurdo, los mexicanos dejaron
de comer cerca de 40% del total de la producción pesquera nacional, pues unas 400
mil toneladas de pescado fresco se convirtieron en harinas de pescado compuestas por
dos especies: anchoveta y sardina para alimentos para pollos y cerdos.

En suma, la ecuación “mayor población, más hambre” es un monu-


mento a la simplicidad. Entre las abundantes evidencias empíricas que
desmienten ese supuesto, destaca el libro de Durham (1979), sobre El
Salvador y Honduras, una de las áreas de mayor densidad demográfica
en el mundo. Mediante una rigurosa investigación, ese autor mostró
cómo el problema de la falta de alimentos no fue consecuencia del
incremento de la población sino de otros factores tales como la injusta
distribución de la tierra y las estrategias especializadas dirigidas a pro-
ducir solamente productos de exportación, sacrificando la diversidad
de productos alimenticios para el consumo local, regional y nacional.
El supuesto de que la tecnología de las semillas transgénicas es vital
para una mayor producción de alimentos en el planeta es igualmente
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo 171

dogmático. En principio, buena parte de los cultivos transgénicos no


son de especies alimenticias (como el algodón o la colza) y otros se
emplean como forraje (soya). Con excepción del arroz transgénico
enriquecido con β−caroteno, que busca cubrir la deficiencia de vi-
tamina a que padece una enorme parte de la población asiática, el
resto de los cultivos transgénicos no tienen un objetivo claro y directo
en relación con los problemas de hambre y desnutrición.
Cuando se trata de aumentar los rendimientos por unidad de
superficie resulta más barato, sencillo, independiente y sin riesgo
adoptar ciertas técnicas y estrategias de carácter agroecológico que la
nueva tecnología transgénica.
Aun en el caso de cultivos tan esenciales como el maíz (caso de
México), las variedades transgénicas que se ofertan son fácilmente
superadas en términos de productividad por prácticas tradicionales,
endógenas o agroecológicas. Tal es el caso del empleo de legumino-
sas como los llamados “abonos verdes”, capaces de incrementar los
rendimientos del maíz hasta por 2 y 3 veces, además de ofrecer otros
servicios, ésta ha sido una tecnología típicamente campesina que se
ha expandido en el último decenio en las regiones tropicales húme-
das de México y Centroamérica. (Véase la figura 2.)

ABONOS VERDES
(leguminosas)

Fertiliza orgánicamente Macuna spp.


Evita erosión (frijo terciopelo, nescafé,
Elimina malezas picapica)
Incrementa humedad Canavalia spp.
Forraje (frijol, haba)
Alimento Crotalaria spp.
Control de nemátodos MILPA (chipilín)
Cajanus cajan
(chícharo gandúl)
Thitonia sp.
Incrementa (árnica)
los rendimientos
del maíz
x2 / x3

figura 2. La llamada “revolución de los abonos verdes”, práctica extendida entre los
productores campesinos del sureste de México, permite incrementar los rendimientos
de maíz hasta 2 y 3 veces mediante la siembra y manejo de leguminosas, las cuales
abonan con nitrógeno el suelo de las milpas, eliminan malezas, aumentan la hume-
dad del suelo y sirven como forraje y alimento. Una biotecnología agrícola apropiada
debería contribuir a perfeccionar, no a sustituir, esta técnica agroecológica que es
local, barata y sin riesgo alguno (para más información véase Buckles y Perales 1994 y
<[Link]/tecnología/priag/[Link]>).
172 víctor manuel toledo manzur

Existe, por último, un desacoplamiento estructural entre los pe-


queños productores campesinos y las variedades de cultivos trans-
génicos que ofrecen las compañías. Mientras que los transgénicos,
como sucedió con la llamada “revolución verde”, han sido diseñados
para operar bajo los esquemas del monocultivo agroindustrial, alta-
mente demandante de insumos externos y sobre medianas y grandes
extensiones de tierra totalmente convertidas a la agricultura (agricul-
tores medios y ricos); las familias campesinas tienen como estrategia
de producción parcelas altamente diversificadas (policultivos) de
pequeña escala y donde la búsqueda de la autosuficiencia hace que
las prácticas agrícolas se encuentren articuladas e integradas a áreas
ganaderas, forestales y agroforestales. (Véanse las figuras 3 y 4.)

Ekuaru Milpa

Bosque de Otros
pino-encino cultivos

Potreros

figura 3. En las zonas templadas de montaña, como la Meseta Tarasca en Michoacán,


los sistemas campesinos combinan la milpa basada en la trilogía maíz, frijol, calabaza,
además de amaranto y otros cultivos, con los potreros, las áreas forestales para extrac-
ción de madera, resina y otros productos y los huertos familiares llamados “ekuarus”.

Dicho de otra forma, los cultivos transgénicos no representan más


que una versión más sofisticada de la misma tecnología agroindustrial
que resulta de principio ajena a toda la racionalidad ecológica cam-
pesina (Toledo 1990) y dislocadora de sus modelos de uso múltiple,
estrategia muy cercana a los planteamientos teóricos más avanzados
del manejo ecológico de los recursos naturales (Berkes et al., 2000;
Toledo et al., 2003).
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo 173

Potreros Cocotal Otros cultivos

Cañital
Milpa

Platanar
Platanar
Palmar

huerto
Laguna

Pantano Río

figura 4. La articulación de la agricultura con la ganadería, la recolección, los huertos


familiares e incluso la pesca, se pone de manifiesto en la estrategia de las comunidades
chontales de los humedales de Tabasco.

biotecnología, agroecología y sociedad sustentable

Como sucede con la mayor parte de los críticos, este autor no está
en contra de la investigación biotecnológica, la cual correctamente
diseñada constituye un instrumento con un enorme potencial. Ello
significa que pueden visualizarse y llevar a la práctica modalidades de
investigación biotecnológica realizados desde las universidades o los
organismos públicos con estrategias y objetivos moralmente legítimos.
En esta perspectiva, destacan las propuestas de, por ejemplo, G.
Conway (2000), agroecólogo y presidente de la Fundación Rockefe-
ller, quien invoca una modificación sustancial de la tecnología trans-
génica, que sea lo más libre posible, que sea adoptada por las institu-
ciones científicas y públicas de los países menos desarrollados, y que
responda realmente a las necesidades de los más de 800 millones de
seres humanos que se estima padecen problemas de malnutrición en
el mundo.
De manera similar llama la atención el reporte elaborado por un
grupo de destacados investigadores e impulsado por siete academias
de ciencias (Inglaterra, Brasil, China, México, Estados Unidos y del
174 víctor manuel toledo manzur

tercer mundo), y que bajo el título de “Las plantas transgénicas y la


agricultura mundial” (Anónimo, 2002) se inclina por un uso público,
adecuado y responsable de la nueva tecnología.
No obstante estos intentos bien intencionados, la biotecnología
agrícola (y no sólo las semillas transgénicas) seguirá siendo cuestio-
nada si continúa cautiva de un estilo de investigación que hoy ya no
responde a la complejidad de las problemáticas. De entrada, la idea
de que una simple modificación genética en una especie de planta
logrará remontar situaciones moralmente injustas (en este caso, el
hambre, la desnutrición o la pobreza rural), o es una declaración
demagógica que intenta legitimar una investigación o es un acto de
ingenuidad. La biotecnología sólo será realmente útil cuando deje
atrás las ilusiones derivadas de una ciencia ideológica y políticamente
neutras, y logre insertarse en las nuevas modalidades de hacer cien-
cia y, más específicamente, en los objetivos más generales de una
ciencia para la sustentabilidad.
Más allá del asunto ideológico hay, además, una limitante meto-
dológica que atañe a la escala o el nivel de complejidad donde la
innovación tecnológica actúa. En un ensayo reciente, Holling (1998)
distingue dos principales enfoques en la investigación científica con-
temporánea, lo que él llama “la ciencia de las partes” y “la ciencia de
la integración de las partes”.
La primera, que domina la mayoría de las instituciones, publica-
ciones y proyectos de investigación contemporáneos, está basada en
los paradigmas establecidos desde el siglo xvii (por autores como
Newton, Descartes y Bacon), es analítica y de carácter mecanicista,
monodisciplinaria, experimental y finalmente reduccionista. La se-
gunda proviene de la biología evolutiva y de los enfoques sistémicos y
es fundamentalmente interdisciplinaria. Su objetivo es incluir como
parte del análisis procesos de diferentes escalas, y para ello combina
los enfoques experimental, comparativo e histórico, y termina siendo
el puente con sus contrapartes en las ciencias sociales.
A pesar de la aparente disparidad de estos dos enfoques, Holling
dejó establecido el siguiente axioma:

Tanto “la ciencia de las partes” como “la ciencia de la integración de las par-
tes” son esenciales para la comprensión y la acción. Todos los investigadores
que se sienten más confortables trabajando en sólo una de estas dos corrien-
tes están obligados a entender la otra corriente. De lo contrario, la ciencia
de las partes puede caer en la trampa de proporcionar respuestas precisas a
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo 175

preguntas equivocadas y la ciencia de la integración de las partes en generar


respuestas inútiles a preguntas correctas” (Holling, 1998: 6).

Si seguimos los razonamientos anteriores, para el caso de la produc-


ción agrícola de alimentos, la biotecnología opera como la contraparte
de la agroecología, que busca ser interdisciplinaria, holística, integra-
dora de los saberes milenarios y empíricos de los productores (investi-
gación participativa) y socialmente útil. Todo ello mediante el diseño y
aplicación de sistemas productivos sustentables (Altieri, 1996).
Examinemos el caso de los campesinos mexicanos cuya agricultura
tiene como eje el maíz, que es sin duda el alimento vegetal más impor-
tante del país (especialmente en las áreas rurales). Una biotecnología
agrícola apropiada debería ser diseñada en permanente interacción
con los agroecólogos y debería responder a las necesidades concretas
y específicas de los sistemas maiceros (por ejemplo, resistencia a las
sequías, heladas y otros eventos), las milpas poliespecíficas de peque-
ña escala, la integralidad de la agricultura con la ganadería y las áreas
forestales, y la estrategia campesina de uso múltiple, autosuficiencia
alimentaria y manejo de la biodiversidad. (Véanse las figuras 5 y 6.)

Tradicional de zonas áridas 16.4


De temporal Anual de secano 56.3
Sin barbecho Intensivo 4.5

De humedad
……………………………… 1.9
Sistemas
De riego
de producción
de maíz
(1081)
1 año………………………6.3
Con barbecho 2-7 años………………… 13.2 20.9
> de 7 años……………… 1.4

figura 5. De acuerdo con el detallado estudio de Montañéz y Warman (1985), que


ante la falta de información sigue siendo la referencia más confiable, 72% de los
productores de maíz en México se localiza en zonas con fuertes limitantes de lluvia
(sistemas tradicional de zonas áridas y anual de secano), mientras que 20.9 % enfrenta
limitantes edáficas, de tal suerte que se ven obligados a dejar descansar las parcelas
de 1 a varios años. Una biotecnología agrícola apropiada debería concentrarse en la
búsqueda de variedades de maíz capaces de resistir o de remontar estas limitaciones,
dentro de una estrategia de carácter agroecológico, y matizando la investigación de
acuerdo con cada región ecogeográfica.
176 víctor manuel toledo manzur

figura 6. El nivel de complejidad de la producción de una sola comunidad campesina


se hace evidente en el caso de Plan de Hidalgo, Veracruz, una comunidad indígena
totonaca integrada por 166 familias, cada una de las cuales dispone un promedio de
8 hectáreas de tierra. Cada familia combina hasta 6 unidades de paisaje o de “uso del
suelo”: 1] milpa (donde el maíz se combina con hasta 25 de otras especies de plantas
útiles); 2] huertos familiares (que ofrecen toda una gama de alimentos); 3] cultivos
comerciales (cash crops); 4] potreros para ganado; 5] selvas para producción de vainilla
y, 6] selvas secundarias (para extracción de frutos, hojas de palma, leña y otros produc-
tos). La figura muestra el porcentaje de familias que adoptan alguna de las 6 combi-
naciones posibles e indica la superficie promedio en hectáreas. Un diseño apropiado
de biotecnología agrícola para productores campesinos del trópico húmedo debería
dirigirse a solucionar problemas específicos (de plantas cultivadas, ganado, especies
forestales y agroforestales, etc.) dentro del contexto de la estrategia del uso múltiple,
la cual resulta ecológica y económicamente exitosa (para detalles véase Toledo et al.,
1994 y 2003).

En suma, no se puede realizar una biotecnología socialmente


responsable, si la investigación se diseña únicamente desde los la-
boratorios y sin ninguna interacción con los investigadores de las
otras disciplinas (naturales y sociales) dedicados al tema de la pro-
ducción de alimentos, los propios productores y una visión amplia
que permita contextualizar el significado de lo que se investiga en
el marco de las relaciones entre los sistemas ecológicos y los sociales
(Kates et al., 2001).
ciencia, sustentabilidad y sociedad del riesgo 177

final

El dilema actual de la ciencia será cada vez más entre una investiga-
ción inescrupulosa al servicio de intereses mercantiles o bélicos, que
servirá para apuntalar, no para remontar, la sociedad del riesgo, y
una nueva modalidad de “ciencia para la sociedad sustentable” que
implica una re-formulación profunda de los principios, enfoques,
métodos y aplicaciones de la investigación científica.
Llevado al campo de la agricultura y la producción de alimentos,
la disyuntiva anterior se traduce entre una nueva generación de in-
vestigación agroindustrial basada cada vez más en la manipulación
biotecnológica (genómica), o en la búsqueda de opciones alternati-
vas de carácter agroecológico, en donde por supuesto las contribu-
ciones de la biotecnología deben incluirse. Todo indica que, sin una
reformulación y una autocrítica profundas de quienes se dedican a
la investigación biotecnológica, los omg lejos de lo que pregonan sus
creadores sólo contribuirán a incrementar la “tragedia de la agricul-
tura industrializada” (Kimbrell, 2001) y, por lo mismo, a ensanchar la
llamada “sociedad del riesgo”.

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ASPECTOS ECOLÓGICOS, BIOLÓGICOS
Y DE AGROBIODIVERSIDAD
DE LOS IMPACTOS DEL MAÍZ TRANSGÉNICO1

elena álvarez-buylla roces∗

resumen

Estado del conocimiento: áreas de consenso


México como centro de origen y diversidad de maíz:
estado actual de la biodiversidad en razas locales y teosintes silvestres

La planta de maíz es una Graminae anual, Zea mays ssp. mays L., y su
grano es el que alcanza la mayor producción en el mundo. En México
es el cultivo más importante por área sembrada (más de siete millones
hectáreas en 2001) y el segundo en términos de producción gruesa
(18.6 millones de toneladas en 2001, incluyendo un millon de hec-
táreas de maíz híbrido). México es el centro de origen y diversidad
de las razas de maíz, con más de 60 razas reconocidas hasta ahora y
muchas más subrazas y variedades locales. En México también crecen
varios de los teosintes, parientes silvestres del maíz, entre los cuales se
encuentra el ancestro putativo del maíz y el teosinte perenne. Varios
de estos teosintes y razas de maíz se encuentran en peligro de extin-

1
Documento preparado para la Comisión para la Cooperación Ambiental de
América del Norte.
*
Instituto de Ecología, unam.
The author(s) acknowledge(s) the generous support of the Commission for Environmental
Cooperation of North America in the development of this research. An earlier version of this paper
was prepared as a background document for the Commission for Environmental Cooperation
Article 13 Report on Maize and Biodiversity: The Effects of Transgenic Maize in Mexico that will
be submitted to the North American ministers of the environment in 2004.
La autora agradece el apoyo generoso de la Comisión para la Cooperación Ambien-
tal de América del Norte para el desarrollo de esta investigación. Una versión anterior
de este artículo se preparó como un documento de respaldo para la Comisión de
Cooperación Ambiental, “Artículo 13, Reporte sobre maíz y biodiversidad: los efectos
del maíz transgénico en México”, que se enviará a consideración de los ministros del
medio ambiente en 2004.

[181]
182 elena álvarez-buylla roces

ción por cambios de uso del suelo recientes y degradación ambiental


general. Su conservación es prioritaria independientemente del posi-
ble impacto de la introducción de transgénicos.

Efectos de la liberación al ambiente de variedades transgénicas de maíz

En términos ecológicos, los riesgos hasta ahora más discutidos de


la liberación de transgénicos en el ambiente son los que se derivan
del movimiento no intencional de los transgenes a poblaciones —de
variedades tanto cultivadas como silvestres— para las cuales dichas
transformaciones genéticas no fueron diseñadas. En el caso del maíz
en México, los datos se resumen en dos aspectos fundamentales: 1] la
posibilidad de introgresión (que los transgenes entren y persistan) de
las variedades transgénicas hacia las razas de maíces locales o criollos
y hacia los parientes silvestres del maíz que se encuentran en México
y, 2] las consecuencias biológicas de esta introgresión.

Flujo génico

El flujo génico de maíz a teosinte (Z. m. ssp. mexicana) ocurre a tasas


bajas en cada generación, pero cuando las plantas crecen en proxi-
midad, los alelos de los cultivos introgresan a las poblaciones de los
parientes silvestres después de varias generaciones. También se ha
documentado introgresión de caracteres genéticos de variedades
mejoradas a nativas cuando ambas crecen incluso a distancias mayo-
res de varios cientos de kilómetros. Por lo tanto, el flujo génico y la
introgresión a variedades locales cultivadas y silvestres será difícil de
evitar una vez que crezcan plantas transgénicas en los campos mexi-
canos. Además, los individuos de teosinte y maíz portadores de los
transgenes pueden constituirse en puentes para la introgresión de
los transgenes a nuevas variedades. Finalmente, el intercambio de
semillas entre agricultores puede también hacer que las áreas en las
cuales ocurra la introgresión sean mayores a las que se esperan por el
flujo génico vía polen.
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 183

Consecuencias del flujo génico

Persistencia de transgenes

Una vez que ocurre el flujo génico, la permanencia de los transgenes


dependerá de los efectos que tengan éstos en la adecuación de los
individuos como consecuencia de la expresión de los transgenes. Si
estos efectos son neutrales, el transgén permanecerá en la población
con una frecuencia que dependerá de la frecuencia del flujo génico.
Si el transgén aumenta la adecuación de los individuos que lo portan,
éste aumentará hasta fijarse, y si disminuye, bajará en frecuencia has-
ta desaparecer. Se resumen los efectos esperados de la introgresión
a variedades silvestres y nativas de maíz en México de los transgenes
objeto de los desarrollos biotecnológicos desregulados hasta ahora
en Estados Unidos.

Generación de malezas por resistencia a herbicidas y plagas

Para el caso particular del maíz, la introducción de resistencia a


herbicidas y plagas podría ser problemática en sitios en donde el
teosinte se considera maleza y se controla con el herbicida en cues-
tión o, de manera natural, por las plagas afectadas por la expresión
del transgén. En ambos casos se espera la aparición de teosintes-ma-
lezas difíciles de controlar y en ninguno se espera la evolución de
malezas a partir de variedades de maíz.

Esterilidad masculina

No se espera ni permanencia ni consecuencias negativas producto de


genes cuya expresión confiere esterilidad masculina al maíz.

Erosión genética

En especies de polinización abierta, como el maíz, la recombinación


aseguraría que los efectos detrimentales sobre la variabilidad genéti-
ca producto de la introgresión de transgenes se restrinja a porciones
del genoma sumamente pequeñas.
184 elena álvarez-buylla roces

Evolución de insectos resistentes y generación de nuevas plagas

Resulta claro que si ocurre el flujo no intencional de los transgenes


que expresan la toxina Bt, que confiere resistencia a plagas de lepi-
dópteros a poblaciones no sujetas a regulación, se pueden originar
plagas de insectos que serán difíciles de controlar.

Efectos no esperados

Se podrían presentar efectos no esperados tanto por la posibilidad de


impactar especies que no son el blanco del desarrollo biotecnológico
como por efectos pleiotrópicos. Para el primer caso se ha explorado
el posible impacto de la toxina Bt en las larvas de mariposa monarca
en México. Los resultados más recientes sugieren que el impacto será
menor dados los niveles de exposición esperados. En el segundo caso
se han registrado efectos pleiotrópicos de la expresión de la toxina
en condiciones experimentales. En cualquier caso es recomendable
monitorear los efectos de los transgénicos a largo plazo bajo las con-
diciones ambientales en las cuales se liberan.

Estado de conocimiento: áreas de debate


México como centro de origen y diversidad del maíz:
estado actual de la biodiversidad en razas locales y teosintes silvestres

Es importante resolver el debate en torno al número y las relaciones


genealógicas de las razas de maíz para que el resultado sea referencia
de cualquier análisis sobre el impacto de los transgénicos.

Efectos de la liberación en el ambiente de variedades transgénicas de maíz

Flujo génico

Se ha enfatizado el flujo de las variedades transgénicas a las silvestres,


pero el flujo de cultivar transgénico a no transgénico es igualmente
importante. A partir del artículo de Quist y Chapela (2001) publicado
en Nature, se ha debatido la posibilidad de que hubiera ya introgre-
sión a maíces criollos de Oaxaca. Datos recientes recabados por dos
laboratorios mexicanos bajo encargo del ine y la conabio sugieren la
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 185

presencia de transgénicos en los genomas de razas locales colectadas


de Oaxaca y Puebla. Pero son necesarios más experimentos para co-
rroborar lo anterior.

Consecuencias del flujo génico

Se debate ya la importancia de este tipo de efectos, pero es necesario


recabar más información y desarrollar modelos para analizar los posi-
bles impactos a largo plazo.

Áreas con asuntos no resueltos y controvertidos: temas prioritarios


en los que se necesita mayor investigación para mejorar
el entendimiento de los riesgos que la biodiversidad reviste

Resulta de altísima prioridad saber a ciencia cierta si ha ocurrido ya


flujo génico e introgresión de transgénicos a variedades locales. Dado
que el flujo génico y la introgresión de variedades transgénicas a va-
riedades locales de maíz que se usan para alimento humano o animal
son claramente posibles, si no ya un hecho, es particularmente pre-
ocupante que pueda haber introgresión en variedades utilizadas para
el consumo animal o humano por variedades creadas para producir
sustancias industriales o fármacos. Estos desarrollos podrían afectar
la seguridad alimentaria, de ahí que resulte prioritario evaluarlos y en
su caso tomar medidas de contención o freno. Otros aspectos en los
que resulta importante hacer más investigación por su posible impac-
to son: transferencia horizontal incluyendo la transferencia de la re-
sistencia a antibióticos; acumulación en el ambiente de adn desnudo,
como posible desecho biotóxico, y posible inestabilidad genómica de
los transgenes.

estado del conocimiento: áreas de consenso

La planta de maíz es una especie de pasto (familia: Graminae) anual,


Zea mays ssp. mays L., que produce el grano de maíz (técnicamente, el
fruto) en la infrutescencia femenina o mazorca. El maíz es un cultivo
186 elena álvarez-buylla roces

muy versátil que se destina al consumo animal y humano en bruto o


procesado de múltiples maneras. La mayor parte de su producción se
concentra en América y Estados Unidos, que es el mayor productor
—aproximadamente 40% de la producción mundial—, seguido de
China, Brasil y México. En México, el maíz es el cultivo más importan-
te por área sembrada (más de siete millones de hectáreas en 2001) y
el segundo en términos de producción gruesa (18.6 millones de tone-
ladas en 2001, incluyendo un millón de hectáreas de área sembrada
de variedades de híbridos mejorados).

México como centro de origen y diversidad del maíz:


estado actual de la biodiversidad en razas locales y teosintes silvestres

Toda evidencia arqueológica y biológica señala que el maíz se originó


en México, quizás en el occidente del país (Benz, 1986) o en la cuenca
del Balsas (Iltis, 1987; Doebley, 1990) hace entre 7 500 y 10 000 años
(Wang et al., 1999; Tenaillon et al., 2001). México ha aportado al menos
50 razas de maíz adaptadas a diferentes condiciones climáticas y altitu-
des que van desde 0 hasta 2 700 msnm (Hernández-X., 1985; Sánchez,
1993; Iltis y Doebley, 1980). Sin embargo, se considera que en México
debe haber 60 o más razas de maíz nativas (B. Benz, comunicación
personal), además de que a las razas principales se suma una gran can-
tidad de subrazas y variedades locales aún no bien caracterizadas.
Los teosintes o maíces silvestres tuvieron y tienen una función
importante en la generación de esta variedad de razas de maíz en
México (Welhausen et al., 1952; Wilkes, 1972 y 1977; Hancock, 1992).
En su mayor parte, los teosintes obedecen a las prácticas agrícolas
tradicionales (Sánchez y Ordaz, 1987) y son reconocidos como los
parientes silvestres más cercanos del maíz (Doebley e Iltis, 1980;
Doebley, 1980). De hecho, a uno de los teosintes se le considera el
ancestro del maíz: Zea mays subesp. parviglumis (Doebley, 1990; Iltis,
2000). Otro de los teosintes goza de particular importancia porque
es perenne y puede ser la base para el mejoramiento de razas culti-
vadas que puedan permanecer y no tener que cultivarse cada año.
Además de su importancia como ancestro del maíz o fuente de varia-
bilidad genética para mejoramiento, el teosinte (Zea mays L. subsp.
parviglumis; Iltis y Doebley, 1980) tiene un alto potencial como planta
forrajera, en particular para la engorda de ganado vacuno y equino
(Miranda et al., 2001), aunque en la mayoría de los casos es una male-
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 187

za. Representa un recurso estratégico sobre todo para la agricultura


de subsistencia, que normalmente se lleva a cabo en suelos de mala
calidad agrícola, propicios para el crecimiento de los teosintes.
Muchas de las razas de maíz y la mayoría de las subespecies de teos-
inte se empiezan a considerar en peligro de extinción (Blancas, 2001;
Sánchez, comunicación personal). El tamaño y la distribución de sus
poblaciones se han visto afectadas por el cambio de uso del suelo, la
agricultura intensiva y la urbanización (Wilkes, 1996; Sánchez y Ruiz,
1996). Por lo tanto, independientemente del posible impacto de la in-
troducción de variedades transgénicas de maíz, la conservación de las
razas mexicanas y de las especies de sus parientes silvestres es priorita-
ria, asunto de seguridad alimentaria para México y el resto del mun-
do, y depende de esfuerzos in situ y ex situ. A pesar de que se dispone
de recolecciones considerables de las variedades de maíz en México,
sabemos que hay razas no registradas. Por ejemplo, el cimmyt cuenta
con 8 264 colecciones de maíz, pero faltan al menos 2 mil para alcan-
zar la colección completa de las razas de maíz mexicano (Taba, comu-
nicación personal). De teosintes hacen falta muchas más colecciones.
Una buena fuente de información sobre el estado actual de la distri-
bución, conservación en bancos de germoplasma y caracterización de
la diversidad regional de teosintes de México se puede encontrar en
Sánchez et al. (1998). Las variedades mejoradas representan casi 24%
de la diversidad genética de las razas locales de maíz en México (Te-
naillon et al., 2001 y 2002). Los patrones de diversidad genética pobla-
cional para las razas de maíz y las poblaciones de teosinte asociado con
estas razas se han estudiado muy poco (Blancas, 2001).
La biodiversidad de maíces cultivados y silvestres se relaciona con
una diversidad de sistemas productivos que forman mosaicos, porcio-
nes de áreas naturales diversas que van desde bosques de coníferas en
las zonas templadas hasta selvas altas perennifolias en las zonas cálido-
húmedas. El grado de conservación de estos ecosistemas agrícolas y na-
turales es variable a lo largo del país y constituye el contexto ecológico
en el que se habrán de evaluar los posibles impactos de la introducción
de variedades transgénicas.

Efectos de la liberación en el ambiente de variedades transgénicas de maíz

La mayor parte de las discusiones sobre los efectos ecológicos de


los transgénicos se centra en las características o atributos que se
188 elena álvarez-buylla roces

expresan en las plantas como resultado de la introducción de genes


particulares por medio de la tecnología del adn recombinante. So-
bre todo se han discutido la posibilidad de que los transgenes no se
puedan contener en las áreas aprobadas para su cultivo, el impacto
ecológico de estos posibles escapes a zonas no planeadas y la intro-
gresión o permanencia de los transgenes escapados en poblaciones
de especies (silvestres o cultivadas) para las cuales no se desarrollaron
originalmente.
En contraste, los riesgos ecológicos derivados del proceso de modi-
ficación genética por medio de técnicas de adn recombinante se han
discutido mucho menos. Estos riesgos se derivan de: a] las incógnitas
actuales sobre el proceso de transformación genética de plantas y
animales, y b] los efectos difíciles de predecir o inesperados de la li-
beración ambiental de animales o plantas transgénicas. Estos últimos
efectos dependen de la complejidad espacio-temporal de los sistemas
ecológicos. Son muchas las lagunas de conocimiento y muchos los
puntos de debate en relación con estos dos aspectos. Por tanto, de-
jamos su discusión para la sección de puntos de debate y áreas por
estudiar. A continuación discutimos los riesgos para la biodiversidad
que se derivan de la expresión de los genes objetivo de los desarrollos
biotecnológicos que se siembran en campos abiertos, en el caso de
escapes de los transgénicos a sitios y especies no contemplados en el
desarrollo inicial ni aprobados para su cultivo. Nos centramos en las
posibles consecuencias para el maíz y las condiciones naturales de
México de este flujo génico no deseado.

Flujo génico

La dispersión de polen es diferente para cada especie cultivada o


silvestre pero, dentro de una misma especie, la dispersión polínica
de las plantas transgénicas es muy similar a la de sus contrapartes no
transgénicas. En el caso de los transgénicos, la mayor preocupación
es que los transgenes se incorporen en las poblaciones de parientes
silvestres de los cultivos objeto de la biotecnología. En una revisión re-
ciente (1999), Ellstrand y colaboradores presentaron evidencia clara
y extensa de la ocurrencia de hibridización espontánea entre la ma-
yoría de los cultivos y sus parientes silvestres. En algunos casos se do-
cumenta la producción de malezas, con consecuencias devastadoras,
como producto de la hibridización (Ellstrand, 2001). La dispersión a
largas distancias ocurre sólo con una pequeña fracción del polen pro-
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 189

ducido. Sin embargo, el hecho de que una fracción del polen viaje
distancias considerables hace que el aislamiento total sea una práctica
casi imposible. Además, la progenie de plantas polinizadas de manera
no intencional por variedades transgénicas puede servir de “puente”
para transferir esos transgenes a otras variedades cultivadas o a sus
parientes silvestres (National Academy of Sciences, 2002).
Es menor la evidencia de flujo entre cultivares (Ellstrand, 2001).
Sin embargo, dada la evidencia resumida en el párrafo anterior, es
posible esperar altas tasas de entrecruzamiento entre distintas varie-
dades cultivadas de una misma especie. De hecho se dispone ya de va-
rios casos documentados de flujo de transgenes a variedades para las
cuales no fueron diseñados. Éste es el caso, por ejemplo, de la canola
(Hall et al., 2000). Estos casos y otros apuntan hacia el hecho de que
la contención de transgénicos será prácticamente imposible una vez
que se comercialicen o desregulen (Hodgson, 2002), a menos de que
se desarrollen métodos muy eficientes para su contención.
El maíz es un grano de polinización abierta o fertilización cruzada
(Frankel y Galun, 1977). Por lo tanto, las distintas variedades de maíz
locales y mejoradas (híbridos mejorados industrialmente) se pueden
entrecruzar de manera natural entre sí y con sus parientes silvestres,
los teosintes. En caso de crecer en cercanía, las variedades transgé-
nicas podrían, de manera natural, polinizar y ser polinizadas por las
variedades nativas y los maíces silvestres o teosintes. En este trabajo se
resume la evidencia de este flujo génico para el maíz en México.
Los parientes silvestres más cercanos del maíz, los teosintes,
agrupan a varias especies dentro del mismo género: Zea (Sánchez y
Ruiz, 1996). La presencia de teosintes se extiende a Centroamérica,
hasta Nicaragua (Sánchez y Ruiz, 1996; Serratos, en preparación). Es
probable que algunas de las especies o poblaciones de teosintes se
extinguieran por la introgresión del maíz (Small, 1984). La mayoría
de los teosintes se pueden polinizar artificialmente y dar híbridos
fértiles (Goodman, 1995); las cruzas con Z. m. ssp. mexicana son más
complicadas (Kermicle, 1997), y los híbridos de maíz con Z. perennis
resultan estériles (Doebley, 1990). El maíz se puede incluso cruzar
con especies de Tripsacum (Goodman, 1995), aunque esto no se ha
documentado en condiciones naturales. En campos donde domina Z.
m. ssp. mexicana, es común encontrar híbridos espontáneos (Wilkes,
1996 y 1977). Análisis de aloenzimas en muestras de Z. luxurians, Z.
diploperennis, y Z. m. ssp. mexicana sugieren niveles muy bajos de intro-
gresión de maíz a estos teosintes (Doebley 1990). Esta conclusión se
190 elena álvarez-buylla roces

apoya con datos del espaciador interno del adn ribosomal (Buckler
y Holtsford, 1996). En contraste, los análisis citogenéticos de Kato
(1997) muestran que no ha habido introgresión, y lo mismo se ha en-
contrado con el análisis de aloenzimas de colecciones de semillas de
teosintes que crecieron entremezclados con maíz (Doebleyl, 1990).
Pero este tipo de evidencia no se ha recabado para Z. m. ssp. parviglu-
mis ante la falta de marcadores específicos.
La evidencia más clara de introgresión de alelos de maíz a pobla-
ciones de teosintes recabada hasta ahora, sin embargo, proviene del
trabajo de Blancas (2001). Este trabajo utilizó 18 loci aloenzimáticos
y analizó poblaciones de maíz y teosinte simpátricas y alopáticas.
Encontraron que las parejas de poblaciones de maíz-teosinte sim-
pátricas tenían distancias genéticas menores a cualquier otra pareja
de poblaciones, incluidas aquellas que consistían de dos poblaciones
alopátricas de la misma especie. Al analizar individuos morfológica-
mente intermedios entre el maíz y el teosinte, encontraron en ellos
alelos distintos a las líneas parentales, y concluyeron que éstos son
híbridos pero que representan un linaje que evoluciona de manera
independiente de los linajes parentales. En campos de cultivo expe-
rimentales también registraron introgresión de maíz a teosinte, pero
en tasas menores a 1% por generación (Ellstrand, Clegg, Blancas y
Garner, trabajo en preparación).
El flujo génico entre diferentes variedades nativas y mejoradas de
maíz en México se ha documentado en varios estudios (por ejemplo,
Castillo González y Goodman, 1997; Louette et al., 1997). En este
caso, las tasas de polinización cruzada son muy altas: hasta 60% de las
semillas de una raza criolla provenían de una variedad mejorada que
crecía en proximidad. Esto ha ocasionado que algunas variedades
locales se parezcan mucho a algunas variedades mejoradas (véanse
referencias en Castillo González y Goodman, 1997).
Los resultados anteriores sugieren que es difícil mantener una va-
riedad de maíz genéticamente aislada de las variedades circundantes.
Sin embargo, se ha determinado que para la producción de semilla
certificada es suficiente separar 200 m las parcelas. Esta distancia
limita bastante el flujo génico pero no lo impide totalmente. Datos
sobre el estado de Nayarit en México sugieren que a 200 m ocurre
flujo génico entre una fuente experimental y una variedad receptora,
aunque ya no lo hay a 300 m (Ellstrand, comunicación personal).
Por otro lado, en la India se establece que la distancia mínima es de
400 m (Tunwar y Singh, 1988), mientras que para la fao es de 600 m
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 191

(Kelly y George, 1998). Quizá lograr desfasamientos en las fenologías


de las variedades sea una forma de aislamiento más eficiente que la
separación física (Kelly y George, 1998). Pero, en resumen, en el cam-
po mexicano parece bastante difícil aislar una variedad transgénica
de otras y de las poblaciones de teosintes. Estimulados por el riesgo de
flujo génico no deseado, se hacen esfuerzos por incorporar en las
construcciones transgénicas secuencias que afecten la viabilidad del
polen y por tanto impidan el flujo de genes vía polen transgénico.
La migración genética en plantas no es producto sólo del movi-
miento de polen (gametos) sino también del de semillas y granos
(cigotos), así como de estructuras vegetativas como tubérculos, rizo-
mas, rosetas, bulbos y bulbillos (módulos o ramets). En las poblaciones
naturales, este movimiento depende de agentes naturales. Pero
para el caso de los cultivos como el maíz, depende sobre todo de los
agricultores. A pesar de que hay importantes normas de regulación
del intercambio de semillas en México (la ley federal de variedades
vegetales, los derechos de mejoradores vegetales y la ley federal de
producción, inspección y certificación de semillas), las prácticas de
almacenamiento de semillas para futuras temporadas son comunes y
en general, las semillas a las cuales los agricultores tienen acceso se
intercambian sin regulación estricta. En México, los flujos de semillas
de maíz por intercambios (intencionales o no) desempeñan un pa-
pel importante en la determinación del flujo génico entre variedades
de maíz y la diversidad de este cultivo en las localidades. Estos flujos
sociales se sobreponen al flujo biológico y pueden afectar significa-
tivamente la composición y estructura genética de las poblaciones.
Además, el hecho de que la mayor parte de los pequeños agricultores
posea varias parcelas pequeñas esparcidas en el paisaje los vuelve
incapaces de predecir y controlar el flujo génico natural entre varie-
dades (Bellon y Brush, 1994). Esta situación crea una condición en
la cual numerosas poblaciones diferentes se siembran unas al lado de
otras, lo que favorece el flujo génico entre diferentes variedades y ra-
zas de maíz, así como con sus parientes silvestres: las parcelas de maíz
están intercaladas en áreas naturales en regeneración, y en éstas y en
las orillas de las parcelas crecen los teosintes. En algunos casos, los
teosintes se encuentran también asociados o dentro de las parcelas de
maíz. De hecho, las actividades agrícolas tienen un impacto directo
en la regeneración del teosinte y en la regulación de la introgresión
entre el maíz y el teosinte —por ejemplo, Zea diploperennis necesita de
perturbaciones antrópicas (roza, tumba y quema o perturbaciones
192 elena álvarez-buylla roces

similares) para asegurar su permanencia y evitar su extinción local


(Sánchez-Velásquez, 2001).
La entrada de los transgenes en una población no asegura que
puedan persistir en las poblaciones receptoras, sean silvestres o culti-
vadas. Es decir, el entrecruzamiento no asegura la introgresión. Para
que los genes permanezcan en las poblaciones silvestres y ocurra la
introgresión, es necesario que la adecuación de los híbridos sea igual
o mayor que la de la de los individuos de las variedades parentales.
Los datos apuntan a que, en la mayoría de los casos, los híbridos son
tan adecuados (fit) o más que los individuos silvestres puros (Ellstrand
et al., 1999), al extremo de dar lugar, en la mayoría de los casos, a la
evolución de malezas nuevas (Ellstrand y Schierenbeck, 2000). Tam-
bién hay evidencia, aunque mucho menos documentada, de que la
hibridación aumenta el riesgo de extinción de los parientes silvestres
(Ellstrand et al., 1999). Una vez que la introgresión ocurre, el efecto
biológico de los transgenes depende del efecto fenotípico del gen
insertado (Ellstrand y Hoffman, 1990). Contamos ya con datos de
efectos biológicos en relación con algunas de las 22 variedades trans-
génicas aprobadas y liberadas en Estados Unidos <[Link]>.
Los transgenes en estas variedades confieren al maíz resistencia a her-
bicidas, resistencia a una o varias plagas de lepidópteros, esterilidad
masculina o una combinación de estas tres características. Para cada
caso son diferentes, tanto la posibilidad de persistencia de los transge-
nes después de su introgresión a variedades locales no transgénicas o
a los teosintes, como el efecto biológico de su introgresión.
Además de los procesos naturales involucrados en determinar la
permanencia de los transgenes en las variedades cultivadas y naturales,
probablemente la influencia más importante y menos documentada
en el mantenimiento de las razas de maíz, provenga de las prácticas del
agricultor. Particularmente, de las prácticas de selección de semillas
para la siembra que a su vez afecta el flujo génico. Sin embargo, los
transgenes pueden no ser detectados por los agricultores a menos de
que determinen caracteres fenotípicos claros que puedan ser identifi-
cados por los agricultores y sujetos a selección. Algunos de estos aspec-
tos se tratan en el trabajo del profesor Altieri.

Consecuencias del flujo génico

Persistencia de transgenes después del flujo génico. La persistencia de los


transgenes dependerá de su efecto en la adecuación relativa (igual al
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 193

producto de la probabilidad de sobrevivencia y reproducción de los


individuos que expresan los transgenes en comparación con aquellos
que no lo expresan) de los receptores. Si la adecuación que confieren
los transgenes es igual a la que tienen los individuos sin los transge-
nes, entonces decimos que estos alelos transgénicos son neutros. Por
ejemplo, la tolerancia a herbicidas será una característica neutra en
las plantas a menos de que éstas sean tratadas con el herbicida para
el cual fueron diseñados los transgenes de resistencia. Pero la resisten-
cia a lepidópteros aumentaría la adecuación en sitios en donde estos
insectos normalmente merman la probabilidad de sobrevivencia o
reproducción de las plantas. Finalmente, se espera que la esterilidad
masculina merme la probabilidad de reproducción vía polen en cual-
quier caso y ambiente. Es claro que en algunos casos (resistencia a
insectos) se espera persistencia en las poblaciones nativas o cultivos
locales receptores, incluso después de un solo evento de introducción
de transgenes. Por esta razón es importante mantener en México es-
quemas de monitoreo eficientes que evalúen la presencia de trans-
genes en poblaciones nativas de teosintes y en maíces criollos. La
posibilidad de que estos transgenes hayan introgresado en los maíces
criollos en México aún se debate a partir de la publicación de Quist y
Chapela (2001). Detallamos este debate en la siguiente sección. Aquí
profundizamos en las condiciones que pueden mediar la persistencia
de los transgenes una vez que llegan a una población receptora.
Consideremos el caso en que ocurre un solo hecho de hibrida-
ción entre algunos individuos para los cuales está fijo un transgén
(donadores) y una población de plantas no transgénicas (cultivadas o
silvestres). Supongamos que en la progenie que resulta de este evento
de hibridación los transgenes tienen una proporción p. La teoría de
genética de poblaciones propone que con este único hecho de flujo
génico, el transgén permanecerá con esta frecuencia si no tiene efec-
tos fenotípicos en la población receptora. Es decir, si la adecuación
de los híbridos portadores del transgén es igual a la de los individuos
sin el transgén. Pero si el transgén produce un aumento en la adecua-
ción, su frecuencia aumentará en cada generación hasta llegar a uno,
es decir, hasta fijarse en la población receptora. En contraste, si el
transgén provoca un decremento en la adecuación de los individuos
que lo portan en comparación con los que no lo portan, entonces
su frecuencia disminuirá en cada generación hasta llegar a cero o
perderse (Ellstrand, 2003). Éste es el caso más simple. En el caso en
que el flujo génico es recurrente y proviene de una fuente uniforme,
194 elena álvarez-buylla roces

aun cuando los transgenes sean neutrales, los individuos que los por-
tan aumentarán en frecuencia con cada generación. Es claro que en
este caso los trangenes que confieren ventajas se fijarán muy rápido;
pero si confieren desventajas, también se mantendrán a frecuencias
intermedias, que dependerán del balance entre la presión de selec-
ción negativa por la desventaja que confieren y la tasa de flujo génico
(Ellstrand, 2003).

Generación de malezas por resistencia a herbicidas y plagas. Existe evidencia


abundante de que los cultivos mejorados por prácticas tradicionales
para resistir a plagas y enfermedades pueden hibridarse con sus parien-
tes silvestres y propiciar la evolución de malezas más competitivas. En
el caso de plantas transgénicas con modificaciones que proporcionan
resistencia a plagas que no se encuentran en los parientes silvestres,
el flujo de transgenes puede tener un valor selectivo distinto, en parte
porque en estos casos no existe una historia coevolutiva entre el cul-
tivo y la plaga o patógeno. Como se dijo líneas arriba, en el caso de
transgenes que proporcionan resistencia a herbicidas, en principio
no se esperaría ninguna ventaja adaptativa del portador en un am-
biente natural en el que no se utiliza el herbicida. Sin embargo, en
muchos casos los cultivos y sus parientes silvestres se distribuyen en el
mismo ambiente o en su proximidad. En estos casos, la transferencia
de tolerancia a herbicidas puede hacer plantas silvestres difíciles de
controlar, como en el caso de los parientes silvestres de las plantas
cultivadas (Hall et al., 2000). Por ejemplo, los parientes silvestres de la
canola con introgresión se pueden vovler difíciles de manejar. En ca-
nola hay ahora cuatro variedades resistentes a herbicidas (tolerancia
a Bromoxnyl de Rhone-Poulenc Rorer, que es ahora parte de Bayer
Cropscience) y la variedad pursuit generada por mutagenesis. En el
afán de buscar plantas resistentes distintas a las silvestres se han ge-
nerado plantas triple-resistentes, recombinaciones genéticas de las tres
líneas originales. Aunque estas plantas aún pueden manejarse con
otros herbicidas, es claro que se pueden enfrentar problemas agríco-
las difíciles de solucionar una vez que hay introgresión de genes de
variedades transgénicas que confieren resistencia a herbicidas en
poblaciones silvestres que crecen cerca del cultivo tratado con her-
bicidas. Aunque la tendencia actual es producir herbicidas cada vez
menos nocivos para el ambiente, si se inicia una carrera de inserción
de transgenes para mantener el valor comercial de los productos, se
puede llegar a casos como el anterior y esto puede también conducir
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 195

a la necesidad de utilizar herbicidas cada vez más poderosos y más no-


civos para el ambiente. Una medida para evitarlo sería no introducir
más de un tipo de resistencia en cultivos que pueden entrecruzarse,
como es el caso del maíz.
Para el caso particular del maíz, la introducción de resistencia a
herbicidas podría ser problemática en sitios en donde el teosinte se
considera maleza y se controla con el herbicida en cuestión. En este
caso, la inserción del transgén de resistencia en el teosinte llevaría a
la evolución de una maleza difícil de manejar. Algo similar podría
ocurrir con la resistencia a plagas por la expresión de la proteína Cry,
cuya toxicidad depende de la especie de insecto y de la variante pro-
teica utilizada (Sears et al., 2001). Es previsible que si esta resistencia
pasa a un teosinte que naturalmente se controla por lepidópteros sus-
ceptibles a la proteína expresada en las plantas transgénicas, también
podría darse la evolución de supermalezas. Sin embargo, en este caso
el teosinte sería resitente a la plaga de lepidóptero pero no a un her-
bicida adecuado para su control. En cualquier caso, no se espera que
alguno de estos dos tipos de resistencia pueda convertir una variedad
de maíz criolla en maleza.

Esterilidad masculina. La expresión de esterilidad masculina no debe


producir efectos biológicos dañinos para el caso mexicano porque
es poco probable que estos transgenes lleguen a México y porque la
expresión de este carácter acarrearía desventajas tanto a las plantas
de maíz como al teosinte que lo llegaran a expresar.

Evolución de insectos resistentes y generación de nuevas plagas. En con-


diciones naturales, la resistencia de las plantas a los insectos que las
consumen es resultado de un proceso dinámico que ha evolucionado
por muchos millones de años. Generalmente ocurre una carrera
coevolutiva entre las poblaciones de plantas y las poblaciones aso-
ciadas de insectos en las que se seleccionan los individuos que supe-
ran los mecanismos de resistencia de las plantas. Esto promueve la
evolución de nuevos mecanismos de resistencia en las plantas, y a su
vez nuevas variantes de insectos resistentes, y así sucesivamente. Este
patrón también ocurre entre las plantas cultivadas y sus plagas, y es
probable que también ocurra de manera similar en la mayoría de los
casos en los que se generalice el uso de cultivos que expresan la pro-
teína Bt. Existen diversas variedades desreguladas en Estados Unidos,
modificadas genéticamente para expresar la proteína Cry1Ab de una
196 elena álvarez-buylla roces

bacteria del suelo muy común: Bacillus thuringiensis. La mencionada


proteína forma cristales que se solubilizan en el intestino medio de
determinados insectos, en este caso el gusano barrenador europeo
—la larva del lepidóptero Ostrinia nubilabis. Una vez solubilizadas es-
tas toxinas se activan y se pegan a las membranas de las células colum-
nares del intestino formando canales iónicos que provocan la ruptura
de las células epiteliales y consecuentemente la muerte del insecto
(Strizhov et al., 1996). En este caso, aumentarán las probabilidades de
que se seleccionen plagas con resistencia a estas proteínas tóxicas. El
B. thuringiensis se ha usado como insecticida microbiano, incluso en
agricultura orgánica, por más de 30 años. Debido a que se degrada
relativamente rápido en el ambiente, los insectos se ven expuestos
de manera limitada y es quizá por esta razón que no se ha registrado
resistencia al Bt usado de esta forma. Esto ha sustentado el desarro-
llo biotecnológico de resistencia a plagas mediante la expresión de
Bt. Sin embargo, para el caso de los transgénicos que expresan esta
toxina, la aparición de plagas resistentes al Bt puede ser más factible
si no se usan las prácticas adecuadas. Esto se debe a que el uso de los
transgénicos que expresan Bt puede llegar a ser indiscriminado y la
exposición de la plaga a la toxina puede llegar a ser mucho mayor y
más directa que la experimentada en las prácticas orgánicas. La gene-
ración de resistencia sería negativa porque se perdería, además de la
efectividad de los cultivos Bt, la posibilidad de utilizar este insecticida
biológico (Gould, 1998).
Por esa razón se han desarrollado varias prácticas para disminuir la
velocidad con la que se seleccionan insectos resistentes a las toxinas
producto de la modificación transgénica (Andow, 2002). Estas prác-
ticas incluyen la utilización de zonas de refugio en las que se cultivan
plantas sin transgenes; la generación de nuevas variedades de la toxi-
na para evitar que se fije la resistencia en los insectos a una variedad
particular, y la precaución de no introducir de manera simultánea
diferentes genes de resistencia a plagas en la misma variedad agrícola
para que la presión de selección sobre las plagas no las lleve a fijar
resistencia a varias toxinas diferentes. También se han practicado ro-
taciones de cultivos resistentes y no resistentes para evitar una presión
de selección constante sobre los insectos e impedir así que desarro-
llen resistencias. Por lo tanto, es claro que si ocurre el flujo no inten-
cional y controlado de estos transgenes de resistencia a poblaciones
no sujetas a regulación en la aplicación de este tipo de prácticas, se
pueden originar plagas de insectos nuevas y difíciles de controlar y en
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 197

ese caso será necesario usar otros insecticidas. Es importante hacer


énfasis en que el éxito en el uso de las plantas-Bt depende del uso de un
plan integral de manejo de plagas que es muy poco factible que se
implemente en países como México.

Erosión genética. En la mayoría de los casos, la introducción de


nuevos alelos por flujo génico aumenta la diversidad genética local,
al menos temporalmente. Las circunstancias en las cuales la introduc-
ción de un alelo puede reducir la diversidad génica son restringidas.
Pero esto puede ocurrir si este alelo confiere ventajas adaptativas
importantes y si la selección natural en su favor y en contra de otras
variantes alélicas nativas es muy grande. En este caso, el alelo nuevo
y cualquier otro alelo cercanamente ligado a éste sustituirán la varia-
ción alélica local en los loci involucrados. Al fenómeno por medio
del cual se seleccionan varios loci cercanamente ligados a uno que
confiere adecuaciones muy altas se le conoce como hitchhiking en in-
glés. Sin embargo, en especies de polinización abierta como el maíz,
la recombinación aseguraría que los efectos detrimentales sobre la va-
riabilidad genética ocurriera raramente y se restringieran a porciones
del genoma sumamente pequeñas (Ellstrand, 2003).

Efectos no esperados. Los descendientes de plantas transgénicas que


de manera no intencional han polinizado plantas para las cuales
no fueron diseñados los genes introducidos por la técnica de adn
recombinante, pueden tener consecuencias no esperadas. Por ejem-
plo, la expresión de toxinas puede dañar insectos que no son plagas
y sí son benéficos. El caso más estudiado corresponde al posible
efecto nocivo de la toxina Bt en la mariposa monarca. Losey et al.
(1999) presentaron evidencia de que el polen de maíz transgénico
depositado sobre las hojas de las asclepias de las que se alimentan
las larvas de la mariposa monarca, afectaba significativamente la
sobrevivencia y crecimiento de las larvas de esta mariposa en
condiciones de laboratorio, y ellos mismos reconocieron la necesidad
de hacer estudios de campo. Como respuesta a este trabajo, muchos
otros investigadores exploraron los efectos del polen de maíz Bt en
las larvas de la mariposa monarca y otras, tanto en condiciones de
laboratorio como en condiciones naturales (Hellmich et al., 2001;
Oberhauser et al., 2001; Sears et al., 2001; Stanley-Horn et al., 2001;
Zangerl et al., 2001). No faltaron las controversias: en algunos casos
se descubrieron efectos sobre el crecimiento y la sobrevivencia de
198 elena álvarez-buylla roces

algunos estadios larvarios, aunque en otros estudios no se observaron


diferencias significativas con estos parámetros entre las larvas
expuestas a polen de maíz Bt y los controles. El resultado general más
importantes es que los efectos dependen de los niveles de exposición
y del suceso del que se trate (de la variedad especifica de Bt), y los
niveles de exposición que se esperan en el campo son muy bajos.
Sin embargo, de esta serie de estudios surgen recomendaciones de
manejo de riesgos, como seleccionar transgénicos que no expresen
las endotoxinas del Bt en el polen sino únicamente en las partes de la
planta de las que se alimenta la plaga.
Aun cuando los efectos documentados en el caso del maíz Bt en
campo parecen practicamente inexistentes, es claro que los efectos
ecosistémicos de los transgenes son posibles y por tanto resulta
importante extender este tipo de investigación a todos los eventos
liberados al ambiente. Por ejemplo, aunque que la proteína Cry se
produce naturalemente por bacterias del suelo, las proteínas de
plantas transgénicas pueden ser cualitativa y cuantitativamente dis-
tintas a las producidas naturalmente por las bacterias, y ya que ahora
sabemos que las proteínas Cry persisten en el suelo durante periodos
mucho más largos que los previstos, se especula sobre sus posibles
efectos ecológicos (Stotzky, 2002) y se refrenda la necesidad de hacer
estudios a más largo plazo.
Además de los efectos sobre organismos que no blanco de este
uso, se espera que la introducción de un gen tenga efectos múltiples,
algunos no esperados y dependientes del ambiente en donde crece
una planta. A los efectos colaterales de los genes se les conoce como
pleiotrópicos y ocurren por lo general en los genomas de todos los
organismos. Durante la etapa de desarrollo de los organismos mo-
dificados genéticamente (omg), las industrias y los laboratorios de
investigación llevan a cabo programas extensivos de selección en los
que se evalúan efectos no esperados en las líneas transgénicas genera-
das. Estos programas han revelado que sólo una pequeña fracción de
las líneas transgénicas obtenidas cumplen todos los requerimientos
esperados por los biotecnólogos. La dificultad para encontrar líneas
adecuadas tiene relación, además, con el hecho de que la expresión
de los transgenes depende de dónde se inserten dentro del genoma de
la planta receptora. El sitio de inserción no se puede predecir, ni
determinar a priori, con base en las técnicas actuales de adn recom-
binante disponibles para plantas y animales. Además, los estudios
incluyen ambientes relativamente limitados y exploran efectos en los
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 199

fenotipos a corto o, rara vez, a mediano plazo. Es necesario, por lo


anterior, mantener monitoreos sistemáticos en todos los ambientes
donde se liberen los omg, ya que la expresión de éstos puede resultar
influida por el medio y la recombinación.
La literatura sobre efectos no esperados de la modificación
genética tiene un interesante ejemplo relacionado con diferentes
sucesos relacionados con el maíz Bt. Saxena y Stotzky (2001) com-
pararon diferentes híbridos de maíz Bt, correspondientes a tres
hechos transgénicos distintos, con sus respectivas líneas isogénicas
relacionadas con el contenido de lignina. Encontraron en el tallo
de las plantas de maíz transgénico un contenido de lignina signifi-
cativamente mayor (33 a 97%) que sus respectivas líneas isogénicas.
Esta tendencia se mantuvo tanto en plantas crecidas en cámaras de
crecimiento como en plantas en el campo. Más aún, el contenido
de lignina fue consistentemente mayor en plantas genéticamente
modificadas crecidas en el campo que en las que se desarrollaron
en los ambientes controlados dentro de cámaras de crecimiento.
Los autores analizan una serie de implicaciones ecológicas que esta
característica, producto de interacciones genéticas, podría acarrear
al ambiente. Algunas son potencialmente benéficas, como la mayor
resistencia mecánica de los tallos o el efecto positivo de la lignina
sobre la materia orgánica del suelo y el control de la erosión. Otras
son potencialmente nocivas, como la mayor permanencia de la pro-
teína tóxica en el suelo y la baja digestibilidad del maíz transgénico
usado como forraje. El punto central, sin embargo, es lo inesperado
del efecto y lo poco que sabemos hasta ahora del mecanismo gené-
tico y metabólico que vincula la producción de la proteína Cry1Ab
con la producción de lignina y probablemente con otros procesos
hasta ahora inexplorados.
200 elena álvarez-buylla roces

estado de conocimiento:
áreas con asuntos no resueltos y controversiales

En este apartado se resumen los debates más importantes en cada


área del conocimiento desglosada en el apartado anterior.

México como centro de origen y diversidad de maíz:


estado actual de la biodiversidad en razas locales y teosintes silvestres

Aún se debate sobre el número de variedades de maíz, sus relaciones


genealógicas y su historia evolutiva con respecto a los teosintes. El
debate se debe a que distintos autores siguen criterios diferentes para
delimitar las variedades. Este panorama debe esclarecerse para poder
hacer evaluaciones de los impactos de los transgenes en la biodiver-
sidad cultivada y silvestre de maíz en México. En la última sección
de este ensayo se plantean recomendaciones concretas y prioritarias
para resolver esta laguna del conocimiento y promover la conserva-
ción de la riqueza genética del maíz en México.

Efectos de la liberación en el ambiente de variedades transgénicas de maíz

Flujo génico

Se han destacado el estudio y la importancia del flujo de las varieda-


des transgénicas a las silvestres, pero el flujo de cultivo transgénico a
no transgénico es igualmente importante. A pesar de que en México
se mantiene desde 1998 una moratoria de facto a la siembra semico-
mercial y comercial de maíz transgénico, reportes recientes apuntan
a que variedades remotas de maíz criollo en Oaxaca pueden ya tener
transgenes provenientes de distintas líneas desreguladas en Estados
Unidos. Esto ha despertado una polémica de trascendencia por las
consecuencias biológicas (discutidas en apartados anteriores), agríco-
las y socioeconómicas (discutidos en otras partes de este documento)
que ese fenómeno podría alcanzar.

Presencia de transgenes en variedades criollas de maíz en México. El estudio


de Quist y Chapela (Dalton, 2001) constituye la primera evidencia
empírica publicada de la presencia de transgenes en cultivos criollos
de maíz en México. Estos autores encontraron bandas de pcr positi-
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 201

vas que indican la presencia del promotor del 35S del virus del mo-
saico de la coliflor en el genoma de maíces criollos. Este promotor se
ha utilizado en prácticamente todos los desarrollos biotecnológicos
de plantas transgénicas hechos hasta ahora. También se encontró la
presencia del terminador nos de Agrobacterium tumefaciens y el gen
Cry1Ab, que codifica para la proteína insecticida Bt, Bacilus thurin-
giensis. Sin embargo, una nota publicada poco después del estudio de
Quist y Chapela (Hodgson, 2002) refuta los hallazgos de Chapela. Su
principal argumento se basa en un estudio, publicado en la página
electrónica del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Tri-
go (Castillo González y Goodman, 1997; Christou, 2002), donde se
muestra que análisis de investigadores de este centro no encontraron,
siguiendo la técnica de pcr, la construcción transgénica que contiene
el gen promotor 35S del virus del mosaico de coliflor en muestras de
maíz de Oaxaca colectado entre 1999 y 2001. Meses después de la
publicación de Quist y Chapela (2002) apareció en Nature una carta
de su editor, en la que señala que la revista no se hace responsable de
lo publicado por Quist y Chapela. El deslinde se basa en en las con-
clusiones de un grupo de científicos que cuestionan tanto las técnicas
utilizadas como el reporte original, los resultados y las conclusiones
de Quist y Chapela. Dos de las cartas recibidas por Nature, con críticas
a Quist y Chapela, se adjuntan a la nota del editor (Metz y Fütterer,
2002; Kaplinsky et al., 2002). Los científicos argumentan que la téc-
nica de pcr puede estar sujeta a artefactos especialmente cuando
se usan dos rondas de la reacción para obtener bandas positivas.
También argumentan que para poder asegurar la presencia de trans-
genes en el genoma de los maíces criollos es necesario contar con
experimentos de hibridación tipo Southern. Finalmente cuestionan
las conclusiones del artículo de Quist y Chapela, según las cuales los
transgenes se encuentran en múltiples contextos genómicos en los
maíces criollos. En este caso demuestran que varias de las secuencias
clonadas por Quist y Chapela a partir de la técnica inverse- pcr son
artefactuales y se deben a que el genoma de maíz reviste secuencias
muy similares a ciertas regiones de las secuencias del promotor del
35S utilizado en las variedades transgénicas objeto de las búsquedas
de Quist y Chapela. Sin embargo, los dos grupos concluyen que es
probable encontrar los transgenes en las variedades criollas, a pesar
de que, por falta de resultados contundentes, es prematuro derivar
conclusiones sobre su efecto en la diversidad de maíces locales. Tam-
bién rechazan la posibilidad de que los transgenes sean inestables. En
202 elena álvarez-buylla roces

el mismo número, Quist y Chapela (2002) publicaron una carta con


datos nuevos de hibridación de muestras no digeridas (dot-blot) que
corroboran sus hallazgos y reconocen que algunos (no todos) de sus
resultados de i- pcr pueden ser artefactuales. Sin embargo, reafirman
su conclusión de que los transgenes están presentes en las variedades
criollas de México.
Motivados por los estudios de Quist y Chapela, el ine y la conabio
encargaron a dos laboratorios (el de Rafael Rivera en el cinvestav de
Irapuato, y el de Elena Álvarez-Buylla en la unam) la elaboración de
estudios más exhaustivos para documentar la posible introgresión
de transgenes a variedades criollas en México. Los primeros estudios
derivados de este esfuerzo se enviaron a Nature, pero no fueron pu-
blicados con base en una serie de críticas técnicas —en evaluación en
este momento para revisar y en su caso repetir algunos experimentos
antes de someter nuevamente el estudio para su publicación. (Véase
en apéndice el resumen de este hallazgo.) Los resultados recabados
hasta ahora apuntan a corroborar la presencia de los transgenes en
razas criollas de maíz de Oaxaca y Puebla. Resolver la incertidumbre
sobre esta problemática será fundamental por las consecuencias bio-
lógicas (y de otra índole) del posible flujo e introgresión de transge-
nes a variedades locales. Las consecuencias aún sujetas a polémica o
respecto de las cuales existen lagunas de conocimiento se discuten en
los apartados que siguen.

Consecuencias del flujo génico

Efectos ecosistémicos en especies no emparentadas y especies que no son el


blanco. Las variedades transgénicas pueden alterar la biodiversidad
por sus efectos en el ambiente y en otras especies no emparentadas
que no son el objetivo o blanco del desarrollo de una variedad trans-
génica particular. El ámbito de estos impactos es el ecosistémico. Los
datos para documentar estos efectos son aún muy escasos. Entre los
efectos negativos sobre organismos que no son el blanco destacan
aquellos que impactan a insectos benéficos y polinizadores o incluso
a parásitos de las plagas que sí son blanco de los transgenes. El estu-
dio más conocido es el de la mariposa monarca y el polen de maíz
Bt, resumido en el apartado anterior. Aunque en este caso los expe-
rimentos hasta ahora disponibles concluyen que el efecto no será
significativo, es importante seguir investigando los efectos a largo
plazo en este caso y otros similares.
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 203

temas prioritarios en los que se necesita


mayor investigación para mejorar
el entendimiento de los riesgos para la biodiversidad

En los apartados anteriores se hizo mención de algunas áreas en las


que hace falta investigación. Aquí se resumen aquellas con mayores
urgencias.

Biodiversidad en razas locales y teosintes silvestres

Los criterios para distinguir las razas y variedades deben cambiar a


métodos moleculares modernos que permiten establecer las relacio-
nes genéticas o de parentesco entre las razas y comparar estas relaciones
con las establecidas por criterios morfológicos y con los criterios de
los agricultores. Con esto se podrá uniformar la documentación y
caracterización de la biodiversidad de maíces y parientes asociados en
México. Ésta es una base imprescindible para evaluar el impacto de
la biotecnología en esta biodiversidad. En el apéndice ii se detallan
algunos aspectos prioritarios por estudiar y las acciones concretas que
hacen falta para impedir la extinción de razas de maíz y especies de
sus parientes silvestres.

Efectos de la liberación al ambiente de variedades transgénicas de maíz

Flujo génico

Presencia de transgenes en variedades criollas de maíz en México. Es priori-


tario corroborar los resultados de Quist y Chapela (2001). De corro-
borarse la presencia de transgenes en razas criollas de maíz mexicano
tendrán que extremarse las medidas para evitar que el flujo alcance
a criollos y teosintes. Es importante determinar si ha habido flujo
génico a teosintes y si los bancos de germoplasma están completa-
mente libres de transgenes. También será muy importante evaluar
la dinámica espacio-temporal de la presencia de los transgenes, sus
contextos genómicos y las razas criollas afectadas. Asimismo, será
fundamental averiguar el origen de los transgenes encontrados. Una
posible fuente de entrada es la venta en tiendas rurales de granos
fértiles de maíz importado, algunos de los cuales provienen de va-
204 elena álvarez-buylla roces

riedades transgénicas desreguladas en Estados Unidos. Esto se debe


evaluar. Para cada caso deberán impulsarse estudios detallados que
aborden todos los aspectos discutidos en los apartados anteriores y
evaluar su posible impacto en términos de los apartados que se discu-
ten a continuación.

Consecuencias del flujo génico

Transferencia horizontal: transferencia de la resistencia a antibióticos. Se ha


extendido la polémica en torno a la posibilidad de que cualquiera de
las secuencias insertadas por la tecnología de adn recombinante se
pueda transferir horizontalmente a bacterias, virus u otros organis-
mos rompiendo las barreras naturales al entrecruzamiento entre es-
pecies emparentadas. Esto ha ocurrido en la historia evolutiva natural
de la vida en la tierra. La duda es si las nuevas combinaciones crea-
das por la tecnología de adn recombinante pueden implicar riesgos
novedosos para la ecología. Las consecuencias de las transferencias
horizontales son difíciles de predecir por ahora, pero podrían ser
importantes, por ejemplo, en caso de generación de nuevos microor-
ganismos patógenos. Este tema adquiere una relevancia inmediata en
relación con la posible transferencia de los genes de resistencia a an-
tibióticos, que portan casi todas las plantas transgénicas desreguladas
hasta ahora, a microorganismos que podrían ser patógenos y volverse
resistentes a varios antibióticos. (Véase apéndice iii.)

Acumulación de ADN desnudo en el ambiente: ¿desecho biotóxico? Algunos


investigadores han manifestado su preocupación por la acumulación
en el ambiente de desechos de la biotecnología en forma de adn
desnudo (secuencias amplificadas muchas veces por la reacción
en cadena de la polimerasa, agregaciones de secuencias que no se
encuentran juntas naturalmente y se generan por la técnica de adn
recombinante, plásmidos y otros vectores, etc.) debidos a escapes
no intencionales de laboratorios o plantas biotecnológicas. Pero
también puede acumularse adn recombinante después de que los
organismos transgénicos liberados al ambiente (maíz transgénico,
por ejemplo) se mueren. Estos dejarán en el ambiente grandes can-
tidades de adn desnudo recombinante después de muertos e incluso
después de su degradación. Hay evidencia de que los ácidos nuclei-
cos pueden retener actividad biológica mucho después de la muerte
de los organismos (por ejemplo, Lorenz y Wackernagel, 1994; Niel-
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 205

sen et al., 1998). ¿Pueden éstos ser biotóxicos? ¿Cuál será el efecto
ecológico de estos ácidos nucleicos a corto y largo plazo? Este tema
está íntimamente ligado con el anterior por la posibilidad de que
estos ácidos nucleicos, producto de la tecnología del adn recombi-
nante y novedosos para la naturaleza tanto por su calidad como por
su cantidad, sean incorporados por bacterias o virus (transferencia
horizontal). Es urgente desarrollar investigaciones en estos temas.

Inestabilidad genómica de los transgenes. Hay grandes incógnitas en torno


a la estructura y dinámica del genoma. Responderlas es importante
para saber si existen regiones que puedan considerarse más idóneas
y seguras que otras para la integración de los transgenes. Por el mo-
mento no se puede predecir el sitio de inserción de los transgenes en
plantas y animales, de ahí que la selección de las mejores líneas trans-
génicas se lleve a cabo con base en pruebas de laboratorio, inverna-
dero y campo a posteriori y de manera empírica (prueba y error). Se
prevé que en este decenio se avanzará de manera considerable en el
conocimiento necesario para perfeccionar este aspecto tecnológico
en la generación de plantas y animales transgénicos. A partir de este
conocimiento se podrán entender mejor las anomalías en la herencia
transgénica y se podrán elaborar hipótesis más precisas de su dinámi-
ca ecológica y evolutiva. Pero en relación con las variedades de maíz
(y de plantas en general) se han presentado algunas discusiones rele-
vantes. (Véase su resumen en el apéndice iv.) Para abundar en este
tema y en muchos relacionados con la necesidad de echar a andar
programas de monitoreo eficaces es prioritario que las empresas u
organismos que desarrollan maíz transgénico faciliten la descripción
no sólo de las construcciones transgénicas, sino de la secuencia de al
menos cinco kilobases de adn a cada costado del transgén insertado,
así como la ubicación, mediante marcadores moleculares, de los
transgenes en los mapas cromosómicos del maíz. De esta manera se
podrá detectar y caracterizar de manera fina, a medida que aumente
nuestro conocimiento de la organización del genoma del maíz y su
dinámica, la estabilidad de los transgenes dentro del genoma y sus
consecuencias a largo plazo. Pero, en general, las compañías gene-
radoras y comercializadoras de las variedades transgénicas deben
poner a disposición de la comunidad científica y de la ciudadanía
toda la información y materiales necesarios para diseñar prácticas de
monitoreo con los controles adecuados. (Véase en apéndice iv las
discusiones relacionadas con este tema.)
206 elena álvarez-buylla roces

Posible impacto de nuevos desarrollos en maíz, aún no desregulados, que pro-


ducen fármacos y sustancias de uso industrial. Dado que el flujo génico
y la introgresión de variedades transgénicas a variedades locales de
maíz destinadas al consumo humano o animal son claramente posi-
bles, si no ya un hecho (véase discusión de datos de Quist y Chapela),
es particularmente preocupante que pueda haber introgresión en varie-
dades utilizadas para el consumo animal o humano por variedades
creadas para producir sustancias industriales o fármacos (Ellstrand,
2001). Esto podría afectar la seguridad alimentaria, de ahí que su
evaluación resulte prioritaria y, en su caso, tomar medidas de conten-
ción o freno. Resumimos aquí los riesgos que revisten los desarrollos
más recientes en maíz. El “Information Systems for Biotechnology
website and database of United States field tests of trasgenic plants”
<[Link]/cfdocs/[Link]> proporciona una lista de
1 065 pruebas de campo aprobadas desde enero de 2001. Cada prue-
ba puede incluir más de un campo de cultivo y la mayoría de éstos
(más de 700) son para maíz con fenotipos parecidos a los ya desregu-
lados y discutidos en este ensayo (resistencia a herbicidas y a plagas
de insectos y variedades de esterilidad masculina). Sin embargo, 216
pruebas de campo incluyen otras alteraciones: perfil del contenido
de aminoácidos o aceites, variedades con mayor producción de pro-
teínas, variedades de mayor rendimiento, con alteraciones morfológi-
cas, fenológicas, etc. La información de éstas es muy limitada, pues
aún no se desregulan (National Academy of Sciences 2002) y por lo
tanto no podemos evaluar su probable efecto biológico.
Sin embargo, es relevante notar que 37 de los registros para maíz,
asentados desde enero de 2001, corresponden a variedades carac-
terizadas como “proteínas farmacéuticas”, “proteínas novedosas”
o “enzimas industriales”. Este número de nuevos desarrollos viene
creciendo de manera acelerada. Hay que notar que para todas las
otras especies de plantas existen solamente nueve entradas de estas
características, de donde queda claro que los biotecnólogos han se-
leccionado precisamente el maíz para convertirlo en “biorreactor”
para la generación de químicos de distinta naturaleza. ¿Cual será
el efecto de estos nuevos compuestos? Probablemente, el consumo
de muchos de ellos no tendrá consecuencias graves, pero preocu-
pa que se estén desarrollando tantos productos de esta naturaleza
sobre maíz. En caso de que cualquiera de estos productos resulte
con efectos nocivos en la salud humana o animal y su polen fertili-
ce cultivos de maíz para el consumo animal y humano, se pueden
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 207

esperar consecuencias muy negativas. En este caso, una mera conta-


minación, sin introgresión, podría ser problemática si el producto
de la concentración de la toxina en las semillas híbridas y la tasa de
hibridización fueran suficientemente altos.
Dadas las medidas de regulación actuales en Estados Unidos, es
posible pensar que puede haber escapes de los campos de prueba
de las variedades no desreguladas (aphis 1997, National Academy of
Sciences 2002). Aun pequeños escapes a campos de maíz “no trans-
génicos” podrían tener consecuencias devastadoras al multiplicarse
por introgresión y reproducción subsecuente en Estados Unidos y
luego fuera del país. Debido a que por el momento no es posible
identificar fácilmente la semilla que acarrea un transgén, que a su
vez expresa alguna sustancia para uso industrial, de otra que no lo
lleva, será muy difícil evaluar si un gen de esta naturaleza llega a una
población de maíces criollos en México. El caso del reporte de Quist
y Chapela demuestra lo difícil que es alcanzar estándares científicos
(para transgenes desregulados, de los cuales tenemos mucha más in-
formación) que ameriten su publicación. El problema de monitoreo
será, entonces, mucho mayor con este nuevo tipo de variedades para
las cuales hay poca información disponible.
Los antecedentes expuestos hacen claro que si el polen y las se-
millas de estas nuevas variedades no son contenidas totalmente, es
probable que lleguen a México. Esto ocurriría seguramente aunque
se mantenga la moratoria a la siembra de estas variedades y otras
transgénicas. Si estos genes que expresan productos industriales
llegaran a las poblaciones de teosintes sería imposible “limpiarlos”,
a menos que confirieran desventajas claras en las plantas híbridas.
Por tanto, la contaminación de las razas locales de maíz en México
o en cualquier otro sitio con genes que codifican para la producción
de sustancias tóxicas, es probablemente el asunto más preocupante
ligado al flujo génico de variedades transgénicas de maíz y de sus con-
secuencias para la biodiversidad, pero también para la salud humana.
Por lo tanto es un tema de la más alta prioridad y urgencia. (Véase en
apéndice v un ejemplo particular.)
208 elena álvarez-buylla roces

apéndice i. avances de los estudios


sobre la posible introgresión de variedades transgénicas
a variedades criollas de maíz en oaxaca y puebla, méxico

A partir de la publicación de Quist y Chapela (2001), el ine y la co-


nabio encargaron a dos laboratorios de México realizar estudios más
detallados para corroborar la posible introgresión de transgenes a
maíces criollos de Oaxaca. Se hicieron colectas en este estado y en
Puebla y se obtuvieron resultados de pcr, de actividad de la proteína
Bt, de hibridación tipo Southern y de resistencia a basta. Los resulta-
dos disponibles hasta el momento apuntan a que sí hay transgénicos
en los maíces criollos colectados. Este estudio está aún en proceso, sin
embargo. Se esperan pronto los resultados definitivos.

apéndice ii. estrategias para prevenir la extinción


de variedades de maíz y especies de teosintes

• Iniciar un programa de actualización de colecciones y de fortaleci-


miento de la infraestructura de los bancos de germoplasma tanto
de teosinte como de razas locales de maíz. En las recolecciones es
importante elaborar estrategias de muestreo que permitan estudiar
la variación genética, la estructura genética espacio-temporal de al-
gunas razas de maíz y teosinte. En este esquema de actualización de
las colecciones se recomienda incorporar sistemas de información
geográfica para el estudio de la diversidad y para la concentración
de información, así como para la revisión de poblaciones de maíz
y de la difusión de maíz transgénico y análisis de riesgo (lamp,
1992; Sánchez et al., 1998; Ruiz et al., 2001; Serratos et al., 2001).
Entre los criterios a considerar para establecer los posibles riesgos,
debidos a la introducción de transgénicos, está la extensión que
ocupa una raza, los riesgos de ser sustituida o eliminada, los riesgos
de hibridarse o adquirir transgenes que reduzcan su potencial agrí-
cola o adaptabilidad a su medio agrícola por cercanía a la entrada
de híbridos mejorados o transgénicos. Por ejemplo, los criollos es-
tán en mayor riesgo de desaparecer en los sitios en donde penetran
los maíces híbridos de alto rendimiento, donde es más probable
que entren las variedades transgénicas. También será importante
considerar el riesgo de desaparición de razas endémicas de sitios en
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 209

los que su siembra está en decremento por efectos de la migración


de la población activa. En muchos sitios sólo quedan agricultores de
más de 50 años cultivando maíz criollo. Será importante, por últi-
mo, tener en mente que las razas son dinámicas en su constitución,
pues resultan de una selección constante a condiciones ambienta-
les y gustos (adaptación local) y un flujo conveniente que evita la
depresión por endogamia y mantiene el vigor de una raza. Por lo
tanto, debe haber un programa de actualización continua de los
bancos de germoplasma.
• Será fundamental corroborar que las colecciones de los bancos de
germoplasma nacionales e internacionales están libres de transge-
nes. Resultará muy importante contar con este material bien co-
rroborado para posibles programas futuros de reintroducción de
semilla libre de transgénicos en sitios en donde haya habido flujo
de transgenes por hibridación o introgresión. En este sentido, se
vuelve prioritario revisar, y adaptar a las circunstancias actuales, la
metodología que siguen los bancos de germoplasma para asegurar
que sus acervos no incorporen transgenes.
• A la par de la actualización de las colecciones es importante revisar
y modernizar los criterios para determinar las razas de maíz y sus
relaciones genéticas con los teosintes. En este último caso hay algu-
nos avances citados arriba, pero aún no se conocen las relaciones
genealógicas de las razas de maíz con base en marcadores molecu-
lares. Estos datos serán referencia obligada para evaluar la posibili-
dad de hechos pasados de flujo génico entre variedades de maíz y
entre éstas y sus parientes silvestres. Estos análisis genéticos deben
sobreponerse a los criterios tradicionales con base en los caracteres
morfológicos que se han usado para distinguir las razas de maíz.
También es importante actualizar los criterios socioculturales que
definen a las razas de maíz (ejemplo, gustos y tradiciones) y sobre-
ponerlos con los criterios genéticos y morfológicos. Es importante
contar con marcadores moleculares neutrales confiables con los
cuales hacer las filogenias o genealogías de las razas para mapear
sobre éstas los datos de variación morfológica y fisiológica. Esta
información, además de aportar datos valiosos y muy interesantes
sobre la historia evolutiva de la domesticación del maíz en México,
puede servir de base para establecer criterios para la recolección y
conservación de la diversidad de maíces y teosintes y evaluar el im-
pacto de la introgresión en la biodiversidad del maíz en México. Las
colecciones deben tener representado todo el rango de variación
210 elena álvarez-buylla roces

de una raza, incluidos individuos de poblaciones tanto simpátricas


como alopátricas. Puede ser un ejercicio muy interesante comparar
la variación genética y fenotípica (morfología y fisiología) dentro
de las razas para localizar algunos genes que pueden ser responsa-
bles de diferencias fenotípicas importantes que se han selecciona-
do y fijado en las distintas razas. Es probable que la diferenciación
genética entre las razas sea baja y que sólo algunos pocos genes
sean responsables de las claras diferencias fenotípicas distingui-
das por los agricultores. Dado que las diferencias genéticas entre
razas debe ser pequeña, será importante montar un sistema de
marcadores hipervariables (por ejemplo, microsatélites) para po-
der detectar diferencias entre razas y sus relaciones genealógicas.
Estos marcadores también serán importantes para evaluaciones de
tasas de flujo génico. (Véase abajo.)
• Considerando que las especies silvestres de Zea representan menos
de 2% en relación con las colecciones de maíz en los bancos de
germoplasma de México y a la desaparición, fragmentación y re-
ducción del tamaño de algunas poblaciones de teosinte, es muy im-
portante impulsar un programa especial de recolección exhaustiva,
conservación in situ y ex situ y monitoreo sistemático de los teosintes
en México. Adicionalmente, se deberá obtener la información ne-
cesaria que permita identificar los factores ambientales que afectan
a las poblaciones naturales; asimismo, deberá entenderse más acer-
ca de la percepción de los agricultores hacia el teosinte, incluidas
sus prácticas para fomentar o eliminar las poblaciones.
• Establecer una red de bancos de germoplasma regionales con capaci-
tación técnica local que controlen el acceso y la extracción de germo-
plasma del banco y de las áreas naturales a otros sitios de México y fuera
del país. Con este sistema será importante fomentar una mayor retroali-
mentación entre los programas de conservación in situ y ex situ.
• Establecer un esquema de prioridades para asignar recursos a la
conservación de razas de maíz con mayor riesgo de desaparecer.
También será importante crear un sistema de incentivos econó-
micos para favorecer que los campesinos conserven sus variedades
criollas puras y viables, pero libres de transgénicos (evitando, por
ejemplo, las cruzas con híbridos mejorados no bien identificados
o maíces de las tiendas rurales). Por tanto, será muy valioso echar
a andar un sistema de monitoreo para corroborar que el maíz que
llega al campo está libre de transgenes.
• Iniciar un esquema de revisión espacio-temporal de la entrada y
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 211

diseminación de transgenes en México. Como parte de esta acción


será muy importante mantener una inspección sistemática que evi-
te que los bancos de germoplasma se conviertan en “dispersores”
de transgénicos.
• Dada la precariedad de la conservación de muchos teosintes en
México, se propone que todos los teosintes sean considerados
especies en peligro de extinción. Incorporar los teosintes a la lista
de cites (Convención sobre el Comercio Internacional de Espe-
cies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres). Promover reservas
naturales para la conservación de los teosintes. En México la única
reserva in situ para un maíz silvestre es la de la sierra de Manantlán,
Jalisco, para Zea diploperennis. Por esa razón se deberán promover
reservas para otros teosintes y condiciones que también favorezcan
la conservación de las razas de maíz en el campo.

apéndice iii. resistencia a antibóticos


de plantas transgénicas

El desarrollo de bacterias resistentes a antibióticos no es un problema


nuevo, pero sí es un problema creciente relacionado con el uso indis-
criminado de los antibióticos (Kruse y Sørum, 1994). Las construccio-
nes transgénicas insertadas en plantas contienen normalmente un gen
que hace a las plantas transgénicas resistentes a algún antibiótico. De
tal manera que este gen de resistencia se usa como marcador durante
el proceso de generación de la variedad transgénica al permitir selec-
cionar las células o individuos que han incorporado el transgén cuando
se las cultiva en presencia del antibiótico idóneo, ya que solamente las
transgénicas crecerán en este medio. Una vez seleccionadas las células
transformadas, los marcadores han cumplido su función en el proceso
tecnológico y ya no son necesarios. Sin embargo, las plantas transgé-
nicas generadas con esta tecnología mantienen el gen marcador y lo
expresan. Hasta ahora, casi todas las variedades transgénicas liberadas
en el ambiente tienen algún gen de resistencia. Los nuevos desarrollos
prescinden de estos genes en las variedades finales. Para ello, los genes
marcadores se insertan entre dos secciones homólogas que muestran
fuerte atracción entre sí. Durante la meiosis celular, al momento de la
recombinación, se promueve la separación del fragmento de dna mar-
cador entre ambas secciones homólogas, debido a que éstas se unen
por sus bases complementarias (Meyer, 2000). Otra forma de mitigar
los posibles riesgos derivados de la expresión de genes de resistencia
212 elena álvarez-buylla roces

a antibióticos en las variedades transgénicas es disminuir el espectro


de marcadores utilizados, para a su vez disminuir la probabilidad de
generar resistencias múltiples difíciles de controlar; esto es posible y
conveniente si no se requiere retransformar un omg.

apéndice iv. transferencia horizontal


y estabilidad de las inserciones en las plantas transgénicas

El mejoramiento tradicional de variedades vegetales, “mezclando”


(favoreciendo la hibridación) artificialmente genomas enteros de
variedades distintas de plantas o animales y luego seleccionándolas
implica riesgos distintos a los que implica la generación de nuevas
variedades transgénicas por medio de la tecnología del adn recombi-
nante. Ésta permite la introducción de genes que han evolucionado
en un contexto totalmente distinto al de su organismo receptor y que
trasciende las barreras reproductivas fijadas mediante el proceso evo-
lutivo. Por lo tanto, debe de evaluarse científicamente el efecto de la
biotecnología en, por ejemplo, la posibilidad de que ésta aumente la
probabilidad de transferencia horizontal o de que la que ocurre na-
turalmente abra la posibilidad de dar origen a nuevos virus potencial-
mente patógenos, como se ha discutido en otros apartados. (Véanse
revisión y ejemplos en Ho et al., 1999, 2000a, 2000b.)
Relacionada con este punto está la pregunta: ¿tendrá algún efecto
el uso de adn que contienen zonas de recombinación elevada en la
adecuación de las construcciones introducidas al genoma o en los
organismos que lo conllevan? Esta pregunta debería de ser resuelta
antes de realizar experimentos de contexto (por ejemplo, ¿cuál es el
efecto sobre la probabilidad de reproducción y sobrevivencia de la
planta receptora, el contexto genómico de una inserción; por ejem-
plo, la proximidad de los transgenes a otras regiones genómicas pue-
den alterar su nivel de expresión? ¿Tal es el caso de la asociación con
secuencias reguladoras, asociación con cromatina, etc.?). Por ejem-
plo, se sabe que los promotores usados (véase adelante) en práctica-
mente todos los desarrollos biotecnológicos en plantas se constituyen
en sitios de mucha recombinación, alterando así las probabilidades
de recombinación de los sitios de inserción de transgenes (Kohli et
al., 1999). Esto hace difícil predecir cuál va a ser la segregación gené-
tica de los transgenes y por tanto su dinámica evolutiva.
aspectos ecológicos, biológicos y de agrobiodiversidad 213

Hay muy poca evidencia con respecto a estas interrogantes. En par-


ticular, el artículo de Kohli et al. (1999) habla de una zona de alta re-
combinación dentro del promotor 35S de cmv en plantas transgénicas
de arroz. El tipo de recombinación estudiado es plásmido-plásmido,
es decir, recombinaciones entre los plásmidos utilizados durante la
transformación de la planta por medio de biobalística. En este estudio
se observó que ciertas secuencias de los plásmidos involucrados en la
transformación del promotor recombinaron a través del promotor 35S
con mecanismos tanto de microhomolgía como de recombinación
ilegítima. En otros estudios (Srivastava et al., 1996) se observó que las
secuencias transgénicas se eliminaron en el curso de unas cuantas ge-
neraciones, quizás debido a inestabilidades estructurales ocasionadas
por la recombinación entre las múltiples copias de los transgenes.
Queda por estudiar si la pérdida de transgenes conlleva pérdida de
genes de la planta.

apéndice v. riesgos asociados a la generación de transgénicos


que producen fármacos o sustancias de uso industrial

Existe una tendencia a desarrollar cultivos genéticamente modifi-


cados para fines distintos a la alimentación humana o animal. Por
ejemplo, existen en Estados Unidos solicitudes de patente para la
producción a gran escala de fármacos o químicos de uso industrial.
Estos casos representan enormes retos para los que regulan los omg
debido a que se debe anticipar cuáles son los posibles efectos de cual-
quier residuo químico de estos cultivos inéditos sobre la biodiversi-
dad, el suelo o la calidad del agua —en particular en los casos en que
estos químicos no se degraden rápidamente o sean bioacumulables.
Se vislumbra un problema sumamente grave para los casos en los que
existe la posibilidad de que ciertos químicos o fármacos pudieran en-
trar en la red trófica si el polen de los cultivos transgénicos industria-
les no aptos para consumo llega a los cultivos para uso alimenticio o
a sus parientes silvestres, o si las semillas de los primeros se mezclaran
con las de los segundos. El connotado caso del maíz genéticamente
modificado StarLink es ejemplo de cómo, pese a la regulación, un
producto aprobado únicamente para consumo animal puede llegar
a la cadena alimenticia humana incluso en países con regulaciones
claramente establecidas y aplicadas de manera estricta. En México,
214 elena álvarez-buylla roces

las normas de regulación de transgénicos están apenas en proceso


de evaluación, y su ejecución implica retos muy grandes ante la falta
de control sobre el uso y distribución de semillas y la diversidad de
realidades ecológicas, agrícolas y ambientales en donde se usan. Basta
imaginar las graves consecuencias que generaría el que un producto
genéticamente modificado como el “maíz anticonceptivo”, que ex-
presa anticuerpos que atacan el esperma humano (Víctor y Runge,
2002), llegara por flujo génico accidental a la cadena de consumo y
las mesas de miles de casas. Sería imperativo discutir la posibilidad de
que escapes de este tipo de nuevos desarrollos ocurran, incluso antes
de su desregulación en Estados Unidos.

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CONSECUENCIAS PARA LA INDUSTRIA ALIMENTARIA
DE LA UTILIZACIÓN DE ORGANISMOS
MODIFICADOS GENÉTICAMENTE

amanda gálvez mariscal∗

resumen

En el presente documento se analizará la situación actual de la libe-


ración de los organismos modificados genéticamente (omg) en el
nivel global y los que se cultivan en México. Se revisará en específico
el flujo génico encontrado en maíces criollos mexicanos y su posible
impacto en el comercio mexicano y la alimentación. Se harán tam-
bién algunas recomendaciones para el manejo de los omg en un país
que es centro de origen y diversificación como lo es México del maíz
y otros cultivos de importancia comercial en el mundo.

antecedentes

¿Qué cultivos transgénicos existen actualmente?


A escala global los cultivos manipulados genéticamente se en-
cuentran dominados por dos rasgos o características principales:
la resistencia a insectos y la tolerancia a herbicidas. Ambos rasgos
agronómicos tienen como propósito facilitar el cultivo de estas
variedades en particular y, eventualmente, permitir mejorar al
agricultor su economía, al reducir los costos de producción ya que
se cultivan más fácilmente ante la presencia de plagas o de malezas
en el campo. Otra posible ventaja es que estas variedades requieren
menos agroquímicos para lograr buenas cosechas, lo que es ecoló-
gicamente conveniente. Sin embargo, hasta ahora, el consumidor
final no ve una ventaja clara en los alimentos transgénicos, puesto
que las variedades transgénicas comerciales actuales no le reportan
ningún beneficio directo.


Facultad de Química, unam.

[219]
220 amanda gálvez mariscal

En la tabla 1 aparecen los datos sobre la superficie sembrada en


años recientes y la proporción que ocupan del área cultivable global,
es decir, en el nivel mundial, de cultivos transgénicos. Esto da una
idea de la extensión de las áreas actualmente sembradas con transgé-
nicos en el mundo.

tabla 1. Cultivos transgénicos más difundidos en la agricultura mundial


Cultivo Millones % del total de
de hectáreas transgénicos
Soya tolerante a herbicidas 25.8 59
Maíz Bt 6.8 15
tolerante a herbicidas 2.1 5
Bt y tolerante a herbicidas 1.4 3
Canola tolerante a herbicidas 2.8 6
Algodón tolerante a herbicidas 2.1 5
Bt y tolerante a herbicidas 1.7 4
Bt 1.5 3
Total 44.2 100

fuente: modificada de Clive James, 2001.

En resumen, puede decirse que en la actualidad se cultivan cua-


tro variedades modificadas genéticamente: la soya, con 63% de la
superficie total; el maíz (19%); el algodón (13%) y la canola, a veces
denominada colza (5%). (Datos del año 2001); <[Link]>;
(James, 2001).
Hay dos actividades comerciales que involucran el movimiento
transfronterizo, es decir, el transporte entre países para importación
y exportación de omg. La primera es el movimiento de granos para
alimentación, proceso y consumo directo, y la segunda es el movi-
miento transfronterizo de plantas y semillas transgénicas para realizar
pruebas agronómicas. La diferencia importante entre estas dos activi-
dades es que la segunda implica la liberación en el medio ambiente
de cultivos transgénicos, ya que requiere de la siembra en el campo de
plantas modificadas genéticamente para comprobar su funcionalidad
y estudiar su adaptación e impactos en el medio ambiente que las re-
cibe. En el caso de la primera actividad, que sólo implica el movimiento
de granos a granel, no debería haber impacto alguno en el medio am-
biente puesto que son granos que se destruyen durante su aplicación:
consecuencias para la industria alimentaria 221

molienda, fabricación de alimentos y extracción de aceite y almidón.


Al perderse la integridad del grano, éste ya no será capaz de germinar
y producir una planta capaz de transferir su material genético.
Sin embargo, actualmente se ha comprobado que su control no es
simple. Ya en México, en Oaxaca y Puebla, se han utilizado estos gra-
nos como semillas y se han sembrado inadvertidamente, por lo cual
un escape importante de genes ya ocurrió (Ezcurra, 2002). Su impac-
to debe estudiarse cuidadosamente, sobre todo porque ha sucedido
en México, centro de origen y diversidad de esa planta: el maíz.

méxico como país centro de origen y diversificación (cod)

El ser cod implica que en ese territorio se originó un cultivo y que,


además, allí se encuentra el mayor número de variedades de dicha
especie. La significación de este hecho reside, justamente, en la nece-
sidad de conservar esa biodiversidad para el mundo entero. Además,
en estos territorios cod existe una interrelación entre las plantas cul-
tivadas y sus parientes silvestres, que en el caso del maíz es el teosinte
o teocintle.
La variabilidad del maíz (Zea mays) se ha logrado mediante la evo-
lución de sus características gracias a la adaptación a microclimas, a
tipos de suelos diferentes, a diferentes condiciones de cultivo, como
pueden ser las adaptaciones que requiere la planta a suelos pobres o
contaminados, etc. La evolución de esas variedades se debe en gran
parte a las actividades de los campesinos que las cultivan. Esta diver-
sificación y la gran adaptación que ha tenido el maíz en México hace
que las variedades criollas mexicanas se conviertan en una especie de
“banco de germoplasma” vivo y que evoluciona constantemente. Esta
conservación in situ del germoplasma del maíz permite “guardar” en
las plantas toda clase de genes que se expresan y se mantienen justa-
mente porque están vivas las plantas que los contienen (Van Aken,
1999; Global Biodiversity Outlook, 2001).
En otras palabras, los genes particulares del maíz que han evolu-
cionado en México son sumamente valiosos puesto que ya contienen
la información necesaria para permitir su adaptación a condiciones
climáticas distintas, a plagas o a enfermedades. Los agricultores y
los fitomejoradores recurren a esa base genética para lograr nuevas
variedades, por ejemplo, al hacer cruzas para obtener variedades de
222 amanda gálvez mariscal

polinización libre. Esto a su vez permite continuar la evolución de la


especie. Otra información genética de gran importancia es la resis-
tencia a enfermedades desarrollada en maíces criollos: es vital que
se pueda contar entonces con ese germoplasma poder remediar
enfermedades.
A pesar que algunas de estas variedades criollas no tienen altos
rendimiento comerciales, generalmente desarrollan resistencias a las
condiciones de estrés biológico mencionadas, lo que las convierte en
depositarias de información genética valiosa. Esta conservación no
necesariamente se logra con bancos de germoplasma ex situ, es decir,
con muestras de granos en congeladores, que no dejan de ser impor-
tantes para el futuro de la agricultura. Pero es también importante
promover el cultivo de esas variedades criollas para permitirles seguir
adaptándose y cambiando.
Conservar esta “biodiversidad agrícola” está ligado a la conser-
vación de la forma tradicional de cultivo: en la milpa, y a la de la
supervivencia de las poblaciones agrícolas que la realizan. Sus prin-
cipales enemigos son la urbanización y la migración de los campe-
sinos hacia las ciudades, que abandonan la agricultura. Un cambio
hacia la utilización exclusiva de variedades híbridas mejoradas po-
dría resultar en una amenaza a la biodiversidad agrícola. Pero hay
una consideración más en una país donde es difícil cuantificar el pa-
pel del “maíz de autoconsumo”. Las milpas se consideran unidades
productivas de baja eficiencia, que no se subsidiarán a partir del año
2008, de acuerdo con la percepción del gobierno de México. El uso
sustentable de esta biodiversidad agrícola se encuentra en peligro si
se continúa con esta inclinación a forzar la agricultura mexicana a
sistemas que no necesariamente son útiles en nuestro país, como la
agricultura extensiva. La solución integral que contemple una mejo-
ra de las condiciones de los campesinos respetando el uso sustenta-
ble de la biodiversidad no es simple, y de hecho es un gran reto para
nuestro país: desafortunadamente no hay un esfuerzo coordinado
para lograrlo. Debe recordarse ahora que México es también cod
de otros cultivos comercialmente importantes: tomate, cacao, papa,
frijol, entre otros.
consecuencias para la industria alimentaria 223

algunas consideraciones sobre la alimentación en méxico

El ser cod del maíz, va emparejado con un altísimo consumo de maíz


entre la población. Se considera que 40% de nuestro consumo diario
de proteínas viene del maíz (Bourges, H., 2000) y las estimaciones del
consumo per cápita van de 285 a 480 gramos al día, dependiendo de
las fuentes de los datos utilizadas para hacer el cálculo y del segmento
de la población particular. La forma de consumirlo en México no se
compara con el consumo en países industrializados, es decir, que no
sólo se consume en forma de subproductos como aceite, almidón, ja-
rabes edulcorantes o maltodextrinas. Se consume con más frecuencia
como cereal integral en la forma de elotes, tortillas, tamales, esquites,
etc., etc. (Serna-Saldívar et al., 1990) y, además, se involucra una gran
variedad de condiciones de cocinado y proceso que pueden ser tan
simples como la ebullición o tan astringentes como la nixtamaliza-
ción, cuyos efectos no se han estudiado en términos de impacto en
la desnaturalización de las proteínas expresadas en el maíz o en la
integridad del adn transgénico.
En el campo mexicano se han sembrado desde hace aproximada-
mente cinco años algunos cultivos transgénicos, bajo la vigilancia de
la Secretaría de Agricultura. Las empresas que pretenden liberar ex-
perimentalmente en el campo plantas transgénicas piden un permiso
a la Dirección General de Sanidad Vegetal de la sagarpa. Es menester
mencionar que una vez que las autoridades mexicanas de la sagarpa
han realizado las evaluaciones de riesgos a la biodiversidad de acuerdo
con la nom-056-fito-1995, a su comité de bioseguridad se invita a los
expertos del sector salud para que evalúen la seguridad del consumo
de estos alimentos. Sin embrago, no hay normas en el sector salud
para realizar las evaluaciones de riesgos en alimentos y las evaluaciones
de riesgos se hacen, pero se corre el riesgo de tomar decisiones hasta
cierto punto discrecionales. Esto no quiere decir que los alimentos
transgénicos importados en este país no sean seguros. De hecho son
los alimentos más estudiados de la historia, y no por ser transgénicos
tendrán mayores riesgos que los alimentos ya conocidos, y en México
la ssa hace esas consideraciones.
Con todo lo anterior se pretende dar las bases para comprender
que no todos los transgénicos son iguales. Deben considerarse caso
por caso, pues algún cultivo que es seguro de liberar en un sitio, pue-
de no serlo para otro territorio.
224 amanda gálvez mariscal

los cultivos transgénicos de méxico

Un ejemplo interesante es el algodón Bollgard que ha demostrado su


utilidad en el norte de México. Actualmente se cuenta con ese doble
o politransgénico de Monsanto, que expresa doble toxina y que en
México finalmente logró controlar el complejo bellotero que es la
principal plaga en Tamaulipas. En este estado se siembran actual-
mente superficies de 10 mil hectáreas o mayores, que mientras no
se apruebe la nueva nom-fito/ecol para ensayos precomerciales y
siembras comerciales de plantas transgénicas, se seguirá monitorean-
do con la nom-056-fito-1995.
Resulta además de sumo interés la experiencia que los agricultores
locales y también las autoridades de la sagarpa, en Tamaulipas y en
Sonora donde también se siembra algodón Bt, han adquirido en estas
siembras de gran escala. La familiaridad que se ha obtenido con respec-
to al manejo integrado de plagas, y del manejo de las pastas residuales
de la extracción de aceite en despepitadoras designadas, es también de
gran interés. Esta familiaridad se ha desarrollado para con el algodón
Bt o tolerante a herbicidas, la soya tolerante a herbicidas y tomates de
larga duración en el estado de Sinaloa permite realizar evaluaciones de
riesgo más eficientemente. No hay que descartar los cultivos transgéni-
cos de las posibilidades de negocios en nuestro país.
Un caso controversial es el cultivo de maíz transgénico en México
para el que hay una moratoria de facto, aun para hacer pruebas expe-
rimentales. Ésta es una medida astringente que la sagarpa impuso
desde 1998. Por otro lado se importa maíz transgénico sin identifi-
cación de Estados Unidos y Canadá por las cuotas del tlcan para
consumo y procesamiento, por medio del sector salud. El maíz trans-
génico de los almacenes y silos de diconsa, y que no está identificado
como tal, es una de las fuentes de los transgenes hallados en Oaxaca
y Puebla. Existen otras posibles fuentes del flujo génico, como es el
contrabando de semillas y los bancos de germoplasma entre otras.
No se conoce a ciencia cierta el nivel de introgresión de los trans-
genes en Oaxaca y Puebla. Y algo que no se ha logrado es iniciar
pruebas experimentales que permitan responder preguntas acerca
del comportamiento de los transgenes en el campo en una variedad
de polinización abierta como es el maíz. Las plantas eliminan a veces
información genética que les resulta una carga energética excesiva,
de forma que algunos transgenes probablemente se perderán con
el paso del tiempo, o bien pueden “silenciarse” perdiendo entonces
consecuencias para la industria alimentaria 225

su expresión. Pero también es posible que la planta y los genes su-


fran cambios que sean inesperados o imposibles de predecir. Otra
posibilidad es la movilización de la información genética, dentro del
propio genoma del maíz y acarrear algunos efectos secundarios de la
expresión de los transgenes.
Lo anterior le sucede a las plantas transgénicas y también se espe-
raría que sucediera en las plantas que han sufrido flujo génico, como
un efecto de haber adquirido el o los transgenes. Este tipo de efectos
debe estudiarse en el caso del flujo génico en las plantas de maíz en
México, pero no existe un mandato claro de las instituciones del go-
bierno para comisionar este trabajo. Además, hay que mencionar que
en el país no hay un organismo que certifique análisis o laboratorios
para la detección de secuencias transgénicas y su identificación y mo-
nitoreo en plantas, alimentos o granos a granel.
Surgen en este punto nuevas incógnitas dadas las posibilidades
anteriores:
¿Se incrementa alguna de las posibilidades de efectos secunda-
rios inesperados en los criollos que han sufrido introgresión de
transgenes? ¿Qué pasará si las características se heredan subsecuen-
temente en varias generaciones del criollo? ¿Hay formas de “medir”
las consecuencias, cuando ni siquiera se conoce la variabilidad in-
trínseca de nuestros criollos?
Las respuestas a estas preguntas están en el tintero, pues desafortu-
nadamente a la moratoria de facto para la liberación de maíz, no se le
aunó un programa de estudio de los posibles impactos del flujo géni-
co. La investigación que dé las respuestas está todavía por hacerse. Y
algo que agrava la situación es que las variedades criollas, tan valiosas
en términos de biodiversidad, no se conocen desde el punto de vista
bioquímico. No se sabe cuál es la expresión diferencial de proteínas
en la especie Zea mays en condiciones ambientales variadas. En pocas
palabras, se desconoce la variabilidad intrínseca de la especie, por
lo que se torna aún más difícil realizar estudios que visualicen la ex-
presión de proteínas extrañas a la especie y no esperadas, debido a
posibles efectos secundarios a la manipulación genética.
Los riesgos de efectos secundarios o inesperados mencionados
anteriormente no son exclusivos de los transgénicos, puesto que en
las plantas existe la introgresión interespecífica, es decir, dentro del
genoma de las plantas hay transferencia de fragmentos largos de cro-
mosomas, que en el caso del fitomejoramiento tradicional dan lugar
a plantas ni apropiadas agronómicamente ni para el consumo. Y esto
226 amanda gálvez mariscal

nunca ha sido vigilado como sucede con las plantas transgénicas:


las plantas obtenidas por fitomejoramiento no se han evaluado tan
exhaustivamente. Por lo tanto, mientras se trate de modificaciones
genéticas como las que hasta ahora han sido aprobadas, y mientras no
se trate de genes que permiten la expresión de productos farmacéuti-
cos o industriales en variedades alimenticias, los riesgos para la salud
provenientes de los transgénicos no necesariamente son mayores que
los tradicionales.
Pero algo que sí debe mejorarse es la capacidad de monitoreo de las
plantas transgénicas y de las que han sufrido flujo génico. Es necesario
aprovechar la capacidad de detección y herramientas de estudio de
proteínas heterólogas, es decir, de las proteínas foráneas que ahora
son expresadas en las plantas transgénicas, para minimizar las preocu-
paciones de su potencial alergénico y tóxico, sin pasar por alto las
evaluaciones toxicológicas que normalmente se realizan en una planta
novedosa, transgénica o no, para vigilar la posibilidad de que se expre-
sen sustancias tóxicas naturales como serían algunos alcaloides o glu-
cosinolatos, etc., así como también deberán realizarse las evaluaciones
del valor nutricional de la nueva planta, arrancando con el principio
de equivalencia sustancial (es) como el punto de inicio para una eva-
luación completa (Millstone et al., 1999; Schenkelaars, 2002).
Dentro de las posibilidades de cambios en el valor nutricional, será
importante prevenir que en el futuro hubiera escapes de genes en las
variedades comestibles, importantes para la nutrición de los mexica-
nos, de genes capaces de producir grasas modificadas y nutracéuticos
que no necesariamente se deben consumir en grandes cantidades o
indiscriminadamente. La industria nacional debe estar al tanto de
estas posibilidades ya que no sólo es importante monitorear y evaluar
los riesgos en la producción nacional, sino que podrían poner en pe-
ligro sus exportaciones, pues en Europa y Japón estas cosas se vigilan
estrechamente.
Cualquiera de estas cosas se dificulta si no se tiene forma de saber
qué variedades de genes se están liberando en Estados Unidos, sino
qué escapes de genes han sufrido en su territorio, puesto que justa-
mente de allí provienen los granos que dieron lugar al flujo génico en
México. Debemos recordar que han sucedido al menos dos escapes
graves:
El primero denunciado en septiembre del 2000, se trató del ya bien
conocido maíz Starlink. Ésta es una variedad de maíz Bt con una toxi-
na distinta de las bien conocidas toxinas Cry1Ab y Cry1Ac del mismo
consecuencias para la industria alimentaria 227

microorganismo: la Cry9C que no tenía la aprobación en ese momen-


to para consumo humano, sólo para alimentación animal puesto que
la proteína heteróloga expresada, es decir, la toxina, se consideraba
potencialmente alergénica porque es termorresistente, o sea que no
se desnaturaliza fácilmente con calor. Estas características le permi-
ten resistir los tratamientos térmicos normales del procesamiento de
alimentos, aumentando la posibilidad de que llegue intacta al tracto
gastrointestinal de los consumidores y potencialmente causar, de esa
forma, reacciones alérgicas (Harl et al., 2000).
El año pasado se descubrió un segundo escape grave, en Nebraska,
del que resultó responsable la compañía Prodigene. El hallazgo se rea-
lizó un año después de que la empresa rentó un lote de cultivo, y entre
la soya cosechada en la temporada siguiente se descubrió rastrojo de
maíz que expresaba una proteína experimental para una vacuna porci-
na, a decir del usda. El rastrojo transgénico provino de granos de maíz
que quedaron en el suelo posterior a la cosecha del transgénico expe-
rimental productor del fármaco, que fue cultivado negligentemente a
cielo abierto, sin nivel de contención alguno (Gillis, 2002).
La preguntas ahora se completarían de la siguiente manera:
¿Qué hacemos si sabemos que los genes de los cultivos estaduni-
denses pueden llegar hasta Oaxaca o llegar a las variedades naciona-
les comerciales? ¿Qué hacemos con los alimentos mexicanos de maíz,
si es una variedad de polinización abierta y por lo tanto las variedades
criollas pueden ser fertilizadas con polen transgénico? ¿Es un proble-
ma de legislación? ¿Es un problema de control? ¿Es un problema de
ética? ¿Cómo reaccionará nuestra industria?
Hay una complicación más. Los modelos experimentales para la
evaluación de riesgos en alimentos no están a punto. Falta generar
conocimiento sobre las proteínas expresadas normalmente en el
maíz, es decir, generar la proteómica del maíz y su genómica tam-
bién, ya sea mediante el uso de huellas digitales de las proteínas y los
ácidos nucléicos por medio de la generación de “mapas” producidos
por electroforesis bidimensional o por cromatografía de sus hidro-
lizados u otros métodos modernos. También se puede recurrir a la
metabolómica, pues sería de gran interés conocer los metabolitos o
sustancias que se producen normalmente en la planta y cuando ésta
se encuentra en condiciones de estrés.
Pero considerando los muchos criollos y los microclimas de Méxi-
co, esta tarea resulta muy complicada y este tipo de estudios básicos
se han dejado a un lado en este país.
228 amanda gálvez mariscal

Respecto de lo que actualmente se hace por mejorar las evalua-


ciones de riesgos en México, es claro que se requiere de una mejor
comunicación en este rubro con las autoridades de salud (fda) y de
agricultura (usda) en Estados Unidos, mediante interlocutores bien
informados y entrenados en el área de nuestro gobierno. Actual-
mente, México obtuvo un donativo sustancial del Global Environment
Facility (gef) para llevar a cabo el entrenamiento de los oficiales
del gobierno mexicano encargados de las evaluaciones de riesgos
<[Link]>.
Como corolario, pueden listarse las áreas donde la investigación
en México tiene campo abierto, pues es necesario generar informa-
ción nacional sobre:
• Importaciones, es decir, cuáles variedades, evaluadas o no desde el
punto de vista de salud en México, se están liberando en Estados
Unidos y que por lo tanto podrán ser importadas para consumo y
proceso.
• Impacto en dieta mexicana, dados los niveles de exposición de
nuestra población.
• Datos nutricionales de las variedades a importarse (habrá que revi-
sarlos más de cerca).
• Información toxicológica, mediante la aplicación de posibilidades
realistas pues actualmente no se tienen modelos animales adecua-
dos para estas evaluaciones.
• Generar conocimiento acerca de los efectos del procesamiento,
como la nixtamalización, sobre la integridad del adn, que en reali-
dad no presenta problemas de toxicidad, pero en el caso de las pro-
teínas sí falta información sobre su integridad, sean heterólogas o
autólogas, para evaluar su potencial alergenicidad y su impacto en
términos de su posible rechazo si son detectadas en un cargamento
de exportación a Europa o Japón.
• Caracterización de los maíces criollos para conocer mejor su varia-
bilidad intrínseca, sin olvidar darles el valor apropiado para su uso
sustentable.

recomendaciones

En este caso, puesto que tienen que tomarse decisiones de alto nivel
e impacto, se requieren recomendaciones al gobierno de México y a
consecuencias para la industria alimentaria 229

sus socios comerciales del tlcan para armonizar el comercio con la


investigación que se requiere en un país que debe proteger su biodi-
versidad.
La reglamentación nacional necesita ser completada: faltan nor-
mas para poder ejercer lo que ya se encuentra en los reglamentos y
las leyes.
Hay que poner a punto el monitoreo y vigilancia, que no nece-
sariamente implica que se hagan detecciones de laboratorio en las
fronteras o en los puertos de entrada de los cargamentos de granos a
granel. Pero ya que México es parte del Protocolo de Cartagena, éste
así lo requiere, pero es claro que falta generar esa capacidad en el
gobierno. Sin embargo, ya se trabaja en esto a través del Proyecto gef
del Gobierno de México <[Link]>.
Debe iniciarse la certificación de laboratorios y de las metodolo-
gías que no están a punto ya que las instancias involucradas en las
evaluaciones de riesgos de los transgénicos debe responsabilizarse de
capacitar y equipar a sus evaluadores. Se requiere la voluntad y el es-
fuerzo de las secretarías involucradas en estas evaluaciones, como ya
lo están realizando la sagarpa y la semarnat y, por su lado, el sector
salud con la nueva coferpis (Comisión Federal para la Protección
contra Riesgos Sanitarios) <[Link]/unidades/dgcs/> que
sería el equivalente de la fda en México, y la Secretaría de Economía
en lo que respecta a normas y al sistema de aduanas que debe estar
más integrado en un esfuerzo nacional.
Para la industria es necesario un mayor escrutinio en las importa-
ciones y proponer a nivel internacional la prohibición de expresar
productos industriales en maíz, como lo están haciendo ahora en Es-
tados Unidos en el estado de Dakota del Norte y la asociación de pro-
ductores de granos en ese país <[Link], marzo 1, 2003>.
La defensa de la biodiversidad de maíz en México es un reto com-
plejísimo que querámoslo o no, debemos enfrentar.
230 amanda gálvez mariscal

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CONTAMINACIÓN GENÉTICA DEL MAÍZ

liza covantes torres *

activando la memoria y la reflexión

A cuatro años y medio de iniciado el debate público sobre las impor-


taciones de maíz transgénico y el riesgo de que estas semillas contami-
narán genéticamente las variedades de maíz mexicano o sus parientes
silvestres, la situación nacional en general no ha cambiado mucho, no
hay, por ejemplo, avances en cuanto a políticas y marco legal en biose-
guridad o manejo seguro de organismos transgénicos. Sin embargo,
la situación sí ha empeorado, las importaciones de maíz transgénico
siguen a la alza, y lo peor, está comprobada la contaminación de maí-
ces nativos con secuencias de adn transgénico.
El análisis y discusión por parte de científicos sociales sobre el uso
e implicaciones diversas de la biotecnología y sus productos (entre
ellos los organismos transgénicos) se inicia en México a principios de
los años ochenta del siglo xx. No obstante, es hasta 1990, cuando pro-
movido por investigadoras de la uam-Azcapotzalco y de la unam, de
los Institutos de Investigaciones Económicas y el de Investigaciones
Sociales, que se instituye un primer foro de discusión interinstitucio-
nal y multidisciplinario, en un seminario permanente que concluyó
en 1991 con un Simposio Nacional sobre “Efectos socioeconómicos
de la biotecnología”.
El foro, considerado por sus organizadoras como “un hecho sig-
nificativo en sí mismo”, fue muy importante para plantear una pre-
ocupación básica de este sector académico: “La reflexión social sobre
este campo resulta necesaria por diversas razones: definir las condi-
ciones y las limitaciones de la ciencia y la tecnología, determinar los
efectos reales de su aplicación en la sociedad y finalmente definir las
orientaciones de la política científica y tecnológica que tengan reper-
cusiones sociales y económicas” (Casas et al., 1992).
En palabras del doctor Ricardo Pozas Horcasitas, los científicos
participantes en el simposio plantearon “este debate, opacado por un

*
Coordinadora de la campaña de ingeniería genética Greenpeace, México.

[233]
234 liza covantes torres

clima intelectual y político, que convierte el patrimonio público y social


en derecho privado, no es soslayado por los científicos sociales que
participan en los textos del presente libro (las memorias del simposio),
quienes mantienen viva la tradición humanista del científico y su pre-
ocupación por el beneficio racional de los hallazgos tecnológicos”.
A once años de este seminario, las preocupaciones siguen siendo
las mismas, las preguntas por parte de muchos miembros de la socie-
dad sobre las repercusiones de este cambio tecnológico siguen sien-
do las mismas. Ambas siguen siendo vigentes y aún no hay suficientes
respuestas.
Después de años de discusión vale la pena preguntarnos ¿qué
queremos saber y hacer como sociedad mexicana con los organismos
transgénicos?
La iniciativa de ley de bioseguridad votada por el Senado de la Repú-
blica parece más una propuesta de ley para proteger el interés privado
que el interés público; más para promover la liberación en el ambiente
de organismos transgénicos porque “no hay” alternativa tecnológica
para proteger la riqueza biológica de México; más para evitarle a la in-
dustria de alimentos informar a sus clientes qué materia prima utilizan
que para brindar el derecho a la elección del consumidor y proveer
a la Secretaría de Salud de un elemento para el monitoreo, rastreo y
vigilancia de los productos transgénicos que aprueba para consumo
humano, como lo puede ser el etiquetado obligatorio.
Si no tenemos clara la respuesta, seguiremos caminando en cír-
culos, ante la complacencia de los únicos que se benefician de esto:
las grandes corporaciones agrobiotecnológicas y de la industria de
alimentos.
Para Greenpeace, la liberación en el ambiente de organismos
transgénicos implica riesgos para los ecosistemas, muchos de ellos
incluso son desconocidos. Lo peor es que una vez liberados en el
ambiente, retirarlos será prácticamente imposible.
Para el caso del maíz transgénico, Greenpeace considera que la
liberación de esta especie, simplemente porque somos centro de ori-
gen y diversidad genética, debe ser prohibida. Es un error arriesgar a
los cientos de variedades nativas de las cuales se alimentan millones
de mexicanos. El maíz es estratégico en términos de seguridad alimen-
taria nacional y mundial y en su centro de origen ya está contaminado
con secuencias de adn transgénico.
Ante la gravedad de los hechos, no creo que muchos estemos
dispuestos a seguir perdiendo el tiempo en debates, mientras la dis-
contaminación genética del maíz 235

persión y la frecuencia de los transgenes en la diversidad biológica


de maíz en su centro de origen avanza, el gobierno federal hace lo
imposible por no hacer nada y el Congreso se preocupa por proteger
al capital privado.
En el caso del gobierno federal, por ejemplo, por consigna, no se
habla públicamente del asunto por parte de la Secretaría de Agricul-
tura, al contrario, el señor secretario, Javier Usabiaga, ha demostrado
una y otra vez que desconoce el significado del maíz para la población
de México al insistir en que los campesinos no siembren más maíz
porque no es negocio. Además, Usabiga es un excelente vendedor de
transgénicos. También la Secretaría de Salud ha comprado el boleto
de los transgénicos. Juntas estas secretarías han aprobado diversos pro-
ductos transgénicos importados para consumo humano y para siembra
experimental, sin el cuestionamiento riguroso que amerita el asunto.
Nosotros preguntamos: ¿A quién consultaron? ¿En qué marco le-
gal se basaron para dichas aprobaciones? ¿Qué estudios de impacto
ambiental y de salud realizaron para aprobar esta tecnología y cuáles
otros realizan para confirmar su efecto en el ambiente y la salud?
El gobierno federal ha aprendido bien la publicidad de Monsanto,
Syngenta y otros, y la repiten hasta el cansancio: dice que hay que
elevar la producción de alimentos, pero no apoyan la producción
nacional. Dice que como México no produce lo suficiente, entonces
aprueban más importaciones. Dice que los transgénicos elevan la pro-
ductividad en la agricultura y así se podrá resolver el problema del
hambre en el mundo, un discurso gastado desde la promoción de la
revolución verde. Todos estos argumentos denotan una falta de res-
peto a la población, pues para muchos nos es claro que la producción
de alimentos no es sólo una cuestión de falta de desarrollo tecnológi-
co, que para el caso existen otras alternativas a la ingeniería genética
para resolver los mismos problemas que los transgénicos pretenden
resolver. El hambre en el mundo es un problema complejo con varia-
bles como: deterioro ambiental, distribución de la riqueza, guerras,
por mencionar sólo algunas.
Después de estos 4 años y medio de trabajo público de Greenpeace
y oros grupos sobre las importaciones de maíz transgénico merece-
mos, por hacer público lo que con tanto esmero ha mantenido oculto
el gobierno, un cambio de actitud, tanto del poder ejecutivo, como
de los legisladores y del resto de la sociedad sobre estos asuntos.
236 liza covantes torres

queremos una nueva actitud

A todo lector debe quedarle claro que toda propuesta tecnológica


aplicada en una sociedad tiene efectos sobre la misma. “La tecnolo-
gía, vista como producto de la acción humana, ha sido ampliamente
estudiada desde aproximaciones teóricas que centran su análisis en
el consumo de bienes y servicios, la aceleración de los flujos econó-
micos, etc. Pero la tecnología, además de producto, también es prác-
tica social, donde intervienen técnicas, fórmulas y herramientas en
estrecha interacción con aspectos sociales, políticos y culturales que
afectan nuestra forma de vivir” (Massieu et al., 2002).
En la historia más reciente, la aplicación del uso de la tecnología
derivada de la síntesis química y la energía nuclear no fue evaluada
por la población a quien se destinó su uso final. Hay casos derivados
de estas tecnologías, promovidas principalmente por las corpora-
ciones creadoras, que han sido impuestos por organismos interna-
cionales y por gobiernos, sin mayor cuestionamiento que cuánta
ganancia o ahorro económicos significan, pero sin una evaluación
costo-beneficio, que considere efectos socioeconómicos y mucho
menos ambientales.
Si bien muchos productos de las tecnologías derivadas de la quí-
mica y de la física han tenido efectos positivos, como por ejemplo en
el área médica, también ha habido casos de efectos negativos sobre
los usuarios (agroquímicos) o consumidores finales, así como afecta-
ción del medio ambiente. Estos últimos, desgraciadamente, han sido
observados varios años después, sin que gobiernos responsables de
su aprobación ni empresas creadoras y comercializadoras de estos
productos enfrenten algún cargo legal por responsabilidad del daño
causado a personas, animales ni ecosistemas. Lo más increíble es que
en los países pobres, aun cuando está comprobado que tal o cual
compuesto es tóxico, cancerígeno o teratogénico y además con evi-
dencia de personas afectadas por los mismos, estos compuestos aún
se producen y se venden al amparo y complacencia de los gobiernos y
la satisfacción de sus productores. En México, por ejemplo, se venden
compuestos que ya están prohibidos en otros países: paratión metíli-
co, paraquat o endosulfán (Bejarano, 2002).
Nos toca vivir en la era de las ciencias biológicas, gracias al avance
del conocimiento de los seres vivos. En esta era se revaloran los pro-
ductos y procesos naturales sobre los sintéticos, la preocupación por
la protección de la diversidad biológica y sus ecosistemas.
contaminación genética del maíz 237

Desde hace algunos decenios la propuesta tecnológica era que,


la biotecnología sería la gran apuesta de muchos para remediar casi
todos los problemas del mundo.
Al mismo tiempo, hay desequilibrio de los ecosistemas derivados
del modelo agrícola utilizado, cuya solución implica cambiar las for-
mas de producir y no sólo tratar de resolver parcialmente el problema
con tecnologías novedosas, sin atacar de raíz la causa de los mismos.
Dentro de la biotecnología, definida como el uso de los seres vivos
para obtener bienes o servicios, hay múltiples técnicas y con aplicacio-
nes muy diversas, como las áreas médica, industrial, ambiental y agrí-
cola, pero la técnica que nos ocupa y nos preocupa es la ingeniería
genética. Ésta, como nueva herramienta de la ciencia, representa uno
de los elementos más polémicos de nuestro tiempo por sus alcances e
implicaciones, pero también por sus incertidumbres.
Consideramos que la era de la biología nos lleva a un urgente y
necesario cambio de actitud en la sociedad, ante los productos deri-
vados de la ingeniería genética: los organismos transgénicos.
La sociedad que está siendo afectada, de una forma u otra, por la
nueva propuesta tecnológica, debe decidir si quiere que se utilice tal
o cuál técnica para resolver un problema, previniendo así que su uso
no nos lleve a un problema mayor.
Se requieren discusiones éticas, legales, ecológicas, económicas,
sociales, etc. Es muy importante reconocer las fallas del pasado, para
evitar cometerlas de nuevo. Aprender de los errores es más sabio que
dejarnos intimidar por los sabios científicos de las grandes corporacio-
nes, secundados por los gobiernos, que quieren imponernos, una vez
más, el uso y consumo de sus productos sin mayor cuestionamiento.
Todos aquellos que hemos emitido críticas a la propuesta de los culti-
vos transgénicos tenemos claro que la nueva tecnología biológica implica
un mayor conocimiento de los seres vivos y los ecosistemas, que está aún
en desarrollo. Pero lo más importante ante la embestida tecnológica es,
primero, el entendimiento real del problema que se pretende resolver y
el análisis de cuál puede ser la mejor opción para su solución.
Ante la capacidad humana de crear nuevas combinaciones genéticas
sin precedentes, también tenemos claro que hay una gran incertidum-
bre. Los conocimientos actuales son insuficientes para evaluar los benefi-
cios y riesgos de los organismos modificados genéticamente (omg).1

1
Taller Científico Internacional Pugwash: Impacto y riesgos de la biotecnología
agrícola, ciudad de México, mayo 2002, <[Link]>.
238 liza covantes torres

El planteamiento de los nuevos retos y nuevas responsabilidades


como sociedad requiere, sin duda, de nuevas actitudes.
En diversas ocasiones se ha puesto en cuestión el comportamiento
de los científicos de una institución pública tan prestigiada como lo
es la unam, así como del carácter “neutro” que se le asigna al conoci-
miento científico. La biotecnología moderna y los cambios en mate-
ria legal de propiedad intelectual para privatizar la materia viva, más
la promesa de mucha ganancia económica debido al monopolio de
comercialización de los productos biotecnológicos durante 20 años,
menoscaban el interés público y general y el interés privado se va
apoderando de la capacidad científica pública. Esto ha ocurrido ya en
Estados Unidos, como en otros países desarrollados, en donde cada
vez es más difícil encontrar científicos que realizan trabajo indepen-
diente del interés privado.
Por lo anterior, una vez más, insistimos en que es urgente un cam-
bio de actitud de toda la sociedad.

historia breve del modelo tecnológico


en la agricultura “moderna”

Hace varios decenios surgió la llamada “revolución verde”, un mo-


delo de producción promovido como la vía por la cual se acabaría
con el hambre en el mundo. Los promotores del modelo (países en
desarrollo) convencieron a los gobiernos de países pobres para que
se adoptara.
Este modelo agrícola se basa en el uso de semillas híbridas, semi-
llas de alta homogeneidad genética;2 uso de fertilizantes químicos

2
Estas semillas en muchos casos son semillas híbridas. Los híbridos se obtienen
al cruzar una planta de una línea madre pura y una planta de una línea padre pura.
Las líneas puras son plantas que durante mucho tiempo se cruzaron consigo mismas.
La semilla híbrida da origen a una planta que mostrará las mejores características
seleccionadas de su madre y las de su padre. Las semillas nietas de abuelos puros, o
sea, las semillas que nacen de un híbrido y que son la segunda generación, no serán
igual de “magníficas” que sus padres, manifestarán características no tan deseadas de
los abuelos y de los bisabuelos, por lo que su producción nunca será tan buena como
la de la madre. Los agricultores que usan semillas híbridas una vez, cosechan y venden
sus semillas para consumo, no las vuelven a sembrar, así que para la próxima siembra
vuelven a comprar nueva semilla híbrida que venden las empresas como Pioneer,
Monsanto y otras semilleras. Muchos campesinos en México fueron engañados por
contaminación genética del maíz 239

para que esas semillas produzcan mucho; agroquímicos biocidas


(que matan lo vivo), como insecticidas, herbicidas, fungicidas, ne-
maticidas, etc., uso de maquinaria agrícola y agua de riego. Con
todo este suministro de energía al sistema agrícola, la producción
de alimentos se elevó, aunque los rendimientos, consideramos, no
compensan la inmensa inversión energética. Lo interesante es que el
hambre en el mundo, 40 años después de la aplicación intensiva del
modelo, es mayor.
Por un lado, los sistemas con alta homogeneidad genética son muy
frágiles. Por otro, los cultivos derivados de estos sistemas son plantas
que se debilitan con los fertilizantes y con los biocidas. Hay que re-
cordar que las plantas son también seres vivos y entonces los biocidas
las matan o las debilitan. Además, por su alta homogeneidad genéti-
ca y por su debilidad, son presa fácil de enfermedades causadas por
hongos o bacterias y del ataque de insectos. Pero para la lógica del
modelo no hay problema, esto está previsto, siempre habrá otro pro-
ducto biocida para resolver el nuevo problema, generando así una
dependencia de sustancias para que el cultivo sobreviva.
A 40 años de la receta de “revolución verde”, debido al uso inten-
sivo del modelo de “alta productividad”, el remedio ha salido más
caro que la enfermedad, ha generado gran cantidad de problemas
ambientales: contaminación de suelos y aguas, salinizado los suelos
por los fertilizantes; y si bien ha eliminado insectos plaga, también
aquellos que no lo eran; se generaron nuevas plagas; se eliminaron
muchas plantas por considerarlas malezas; en el mundo, según la
fao3 (Hammer, 1998), en el siglo xx se perdió 75% de las semillas
nativas de muchos cultivos (erosión genética) para alimentación
humana, debido a la sustitución por semillas híbridas; en México,
se desmontaron muchos bosques y selvas para establecer grandes ex-

el gobierno, quien para otorgar apoyo económico para la siembra, les condicionó
este apoyo siempre y cuando se usara semilla híbrida, supuestamente para mejorar la
producción. No les aclaró que una vez que se siembran, tienen que seguirla comprando
cada siembra. El apoyo no fue para siempre y eso ha generado que muchos campesinos
perdieran sus semillas nativas, semillas que producen menos que un híbrido, pero
que están bien adaptadas al lugar de donde son y que además siempre, aunque
poco, producen. Al perderse las semillas nativas por el cambio obligado a variedades
híbridas, se perdió un tesoro genético que pone en riesgo la seguridad alimentaria de
los campesinos, en primera instancia.
3
Cita núm. 10, pág. 6, del documento “Cita en Centros de Diversidad: La
riqueza biológica de los cultivos tradicionales, herencia mundial amenazada por la
contaminación genética” (1999), Greenpeace.
240 liza covantes torres

tensiones de monocultivo o de atos ganaderos y con esto último, de


paso, se incrementó la erosión de los suelos y se perdió la capacidad
de infiltración de agua en el suelo por la eliminación de la cubierta
vegetal, causando escasez de agua.
De paso y rápido, menciono que por el uso y abuso de los biocidas
también se han perdido o afectado vidas humana por intoxicaciones,
cáncer, problemas del sistema nervioso y otros efectos negativos de
los compuestos agroquímicos.
Después del primer episodio, nos quieren obligar a continuar con
la segunda parte de esta película, esto es, con la “revolución verde ii”.
El modelo no cambia, sólo es una segunda parte. El cambio ahora es
el uso de semillas híbridas, pero transgénicas. El resto de los insumos
son los mismos.
Consideramos que la manipulación genética de los organismos
vivos puede tener implicaciones serias. Los organismos transgénicos u
omg son organismos nuevos, inéditos en la naturaleza, pues poseen
información genética nueva que no existía en la especie que se trans-
forma, por eso se trata de combinaciones genéticas sin precedentes.
Desde 1999, Greenpeace inicia una campaña en contra de la libe-
ración de organismos transgénicos, por considerar que su liberación
en el ambiente posee riesgos, los cuales no han sido suficientemente
estudiados. No se conoce su comportamiento ni los efectos que sus
modificaciones puedan generar sobre su metabolismo y el de otros,
ante distintas condiciones ambientales como variaciones de tempera-
tura, limitaciones de agua, capacidad para desplazar otras especies,
etcétera.
Son organismos que, en principio, resultan exóticos en un ecosis-
tema. Su liberación puede tener efecto negativo sobre el equilibrio
natural de los ecosistemas, la biodiversidad, la salud humana y ani-
mal. Aunque en este momento no veamos consecuencias, pueden
llegar a representar problemas ambientales a mediano y largo plazos
que se sumarían a los ya existentes.
Una preocupación es que una vez liberados los organismos trans-
génicos y cuando se hayan mezclado con los organismos convencio-
nales o silvestres (flujo genético de los transgenes), la situación será
irreversible.
Algunos riesgos discutidos mundialmente acerca de los organis-
mos transgénicos se añadirían a los daños ya conocidos derivados
de la “revolución verde i”: 1] erosión genética; 2] competitividad
extrema, debido a características que brindan mayor capacidad de
contaminación genética del maíz 241

competencia comparadas con las variedades locales; 3] eliminación


de diversidad vegetal por el uso de agroquímicos (la mayor parte de
las variedades transgénicas comerciales son resistentes a herbicidas),
contaminándose también suelo y agua; 4] contaminación genética
(flujo genético entre plantas transgénicas, variedades locales o pa-
rientes silvestres), cuyos efectos se desconocen; 5] desconocimiento
del comportamiento de transgenes en variedades de maíz mexicano;
6] al caso de maíz se sumaría la incertidumbre y riesgo debido a sus
secuencias genéticas móviles (trasposones), 7] desarrollo de resisten-
cia por parte de las plagas, debido a que se continúa con monocul-
tivos altamente homogéneos y se mantiene la carrera armamentista
contra los insectos, en lugar de convivir dentro de cierto umbral con
ellos; 8] efectos sobre otros organismos, esto es, afectación dentro
del ecosistema (suelo y los de la superficie); 9] desconocimiento sobre
el comportamiento de secuencias virales de las construcciones gené-
ticas, y 10] para el caso de maíz Bt, se desconocen los efectos de la
toxina exudada en el ecosistema suelo, en donde habitan miles de
organismos macro y micro y que juegan un papel importante en la
degradación de materia orgánica y disponibilidad de minerales para
que las plantas los absorban, 11] otros aún no vislumbrados.

¿por qué el tema de bioseguridad y liberación en el ambiente


de organismos transgénicos es importante para méxico?

La riqueza biológica que existe en el territorio nacional es uno de los


principales elementos. Existen otros de índole sociocultural y econó-
mico que no son menos importantes.
México es uno de los países con más diversidad del planeta, junto
con otros países como Colombia y Brasil, Perú, Indonesia, Madagas-
car, India, China y Australia. También es uno de los centros de origen
y diversidad de plantas cultivadas del mundo. Pertenece a una de las
regiones que más aportes ha dado a la agricultura mundial en térmi-
nos de recursos genéticos para la alimentación mundial: maíz, frijol,
calabaza, papa, yuca, tomate, chile, cacao, algodón, camote, aguaca-
te, entre otras especies. Es en esta región mesoamericana, como lo
es en los otros centros de origen y diversidad de plantas cultivadas
(Andes, Suroeste asiático, China, Sureste asiático, Indo-Burma, Asia
central, Mediterráneo y Abisinia), en donde se desarrollaron las
242 liza covantes torres

grandes culturas de la civilización humana, basada en sus inicios en


el surgimiento y desarrollo de la agricultura.
Dentro de la riqueza biológica mexicana está el maíz, uno de los
cereales más importantes para la alimentación humana, considerado
como “el gran regalo de Mesoamérica para el mundo” (Taba, 1995).
Se origina y desarrolla en México como cultivo y como cultura.4 Su
gran diversidad se debe no sólo a la diversidad de climas y ecosiste-
mas, sino a la diversidad cultural de México. Es imposible para la ma-
yoría de la sociedad y culturas actuales de México pensar en el maíz
sólo en términos de un producto alimenticio, tal como se concibe en
otros países del mundo. Este cereal representa una cultura, una for-
ma de vida, parte de nuestra raíz y muchos mexicanos no concebimos
a este país sin maíz, a pesar de opiniones contrarias como las del ahora
secretario de agricultura de México, el gobierno de Estados Unidos
y diversos empresarios mexicanos y estadunidenses, quienes también
consideran que no le “conviene” a México seguir cultivando maíz,
porque no es negocio. La cultura tampoco lo es.
En México existe aún esta gran riqueza genética del maíz gracias a
que cientos de variedades criollas se siguen sembrando. Según datos
de cimmyt, para México y el resto de América Latina, maíces crio-
llos se cultivan en 54% de la superficie destinada a este cereal. Para
México, este porcentaje es mayor para muchos estados. En México se
considera que aún se siembran variedades de 50 razas (Taba, 1995).
Es una responsabilidad para la nación proteger y preservar dichos
recursos, no sólo para la población del país, sino para la población
mundial.
Además de las múltiples variedades criollas y de variedades mejo-
radas, existen en México varias poblaciones de teocintle, considerado
el ancestro del maíz, recurso que también debe ser protegido. Pobla-
ciones de teocintle se reportan para Chihuahua, Durango, Jalisco,
Nayarit, Colima, Michoacán, Guerrero, Morelos, estado de México,
Guanajuato y Oaxaca (Sánchez y Ordaz, 1987).

4
El 6 de marzo de 2003, se inaguró en el Museo de Culturas Populares (pleno centro
de Coyoacán, D. F.), la exposición “Sin maíz no hay país”. Esta exposición permaneció
el resto de año. Diversas actividades (conferencias, mesas redondas, debates, muestras
gastronómicas, obras de teatro, etc.) se llevaron a cabo durante la exhibición.
contaminación genética del maíz 243

contaminación de maíz por secuencias de adn transgénico

Desde 1999, cuando inicia la campaña pública de maíz transgénico


de Greenpeace, se pidió detener su importación por el riesgo que
este significa para los maíces mexicanos. La preocupación mayor era
que se pudiera contaminar genéticamente el maíz mexicano con los
transgenes del maíz estadunidense.
Desafortunadamente, lo tantas veces advertido, tanto por diversas
organizaciones civiles y campesinas, así como por diversos miembros
de la comunidad científica mexicana (conacyt y conabio, 1999), la
contaminación ocurrió.
Esta contaminación fue detectada por campesinos de Oaxaca,
quienes al iniciar un proceso de certificación de sus maíces nativos
como orgánicos (cultivados sin el uso de agroquímicos) encontraron
presencia de transgenes. Esto ocurrió con ayuda dos investigadores
de la Universidad de California en Berkeley (Quist y Chapela, 2001).
Greenpeace, ante el silencio de las autoridades sobre el asunto,
decide hacer público el caso el 17 de septiembre. Un día después, la
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (semarnat) da
a conocer resultados preliminares de una investigación en proceso,
iniciada a partir del aviso de los campesinos de Oaxaca. Sus resul-
tados confirmaron la presencia de transgenes en variedades nativas
y en semillas en venta para consumo humano en un almacén de
distribución de alimentos básicos de Distribuidora e Importadora
Conasupo, s. a. (diconsa).
Este hecho es realmente grave, se trata del primer centro de ori-
gen y diversidad de un cultivo —de los tres que existen en el mun-
do— que es contaminado por organismos transgénicos. El maíz para
México es un asunto de seguridad nacional; su contaminación por
transgenes pone en riesgo la diversidad genética del grano y es una
grave amenaza para la seguridad alimentaria del mundo.
El hecho de que existan maíces nativos contaminados en el estado
de Oaxaca, en una comunidad en la sierra y donde el maíz importado
transgénico es distribuido por diconsa,5 significa que todo el terri-
torio nacional puede estar ya contaminado. Oaxaca no es un caso
especial, es únicamente el caso del que se tiene noticia.

5
diconsa distribuye alimentos básicos en aproximadamente 23 mil comunidades
rurales de México. <[Link]>.
244 liza covantes torres

apéndice. la respuesta ciudadana


a la contaminación de maíz transgénico

Se presenta a continuación una breve reseña de las acciones ciuda-


danas en México desde la muestra de la evidencia de que en México
se importan semillas de maíz transgénico proveniente de Estados
Unidos; el hallazgo de la contaminación genética del maíz mexicano,
hasta la fecha de terminación de este texto (31 de marzo de 2003).
• Enero, 1999. Greenpeace inicia una campaña contra las importa-
ciones de maíz transgénico, advirtiendo del riesgo de una contami-
nación.
• Abril, 1999. Científicos mexicanos entregan a la presidencia un
informe en donde se reconoce el riesgo de una contaminación.
• Mayo, 1999. Greenpeace demuestra la presencia de maíz transgénico.
• Junio, 1999. El Gobierno Federal [Secretaría de Agricultura, Gana-
dería, Pesca y Alimentación (sagarpa)] anuncia una moratoria de
facto para experimentos con maíz transgénico.
• Desde finales de 1999 y hasta la fecha se han multiplicado las voces.

Algunas de las organizaciones en México que se han ido incorporando, desde 1998, al
debate sobre la introducción a México de cultivos transgénicos y a la defensa del maíz

Greenpeace México Centro de Análisis Social, Información y


Colectivo Ecologista Jalisco Formación Popular (Casifop)
Grupo de Estudios Ambientales Consejo Nacional Indígena
Red de Acción sobre Plaguicidas y Huicholes y Plaguicidas
Alternativas en México (rapam) Red Mexicana de Acción frente al Libre
Asociación Nacional de Empresas Comercio (rmalc)
Comercializadoras de Productos del Red Nacional de Promotoras y Asesoras
Campo (anec) Rurales
Guerreros Verdes Ambientalistas de Tlaxcala
Grupo Vicente Guerrero Red de Información y Acción Ambiental
Centro de Estudios para el Cambio en el de Veracruz (riaaver)
Campo Mexicano (ceccam) Bios Iguana
Unión Nacional de Organizaciones Red de Estudios para el Desarrollo Rural
Rurales Campesinas Autónomas (red)
(unorca) Centro Nacional de Ayuda a las Misiones
Grupo etc Indígenas (cenami)
Consejo de Médicos y Parteras Indígenas Centro de Investigaciones Económicas
Tradicionales de Chiapas (compitch) y Políticas de Acción Comunitaria
Red Ambiental Morelos (ciepac)
Entre otras
contaminación genética del maíz 245

algunas acciones a partir del conocimiento


de la contaminación genética de maíces mexicanos

En 2001

• 17 de septiembre. Greenpeace revela la contaminación genética.


• 18 de septiembre. Gobierno Federal (Semarnat), como reacción,
hace públicos los datos de la contaminación.
• 24 de septiembre. Cuarenta organizaciones ambientalistas y campe-
sinas entregamos al gobierno una propuesta de Plan de emergen-
cia para enfrentar la contaminación.
• 29 de noviembre. Ochenta científicos de todo el mundo firman
una carta pidiendo evitar la contaminación de más variedades de
maíz mexicano.
• 11 de diciembre. Cinco organizaciones y 13 individuos interpone-
mos una denuncia popular ante la Procuraduría Federal de Protec-
ción al Ambiente (Profepa).

En 2002

• 23 y 24 de enero. Se lleva a cabo el seminario “En defensa del


maíz”. Nos reunimos en la ciudad de México cerca de 138 orga-
nizaciones campesinas, indígenas, ambientales, sociales y académi-
cos, para discutir la problemática del maíz. El objetivo: construir
colectivamente propuestas y estrategias de acción en el nivel local,
nacional e internacional para enfrentar la situación de emergencia
en que se encuentra el maíz mexicano. En este seminario nos com-
prometemos a: 1] multiplicar con urgencia la información en todo
el territorio nacional, 2] formar comités de vigilancia y monitoreo,
3] exponer el caso de la contaminación del maíz mexicano en el
mundo, entre otras tareas.
• 18 de febrero. En una primera reunión de países megadiversos
afines, Greenpeace entrega a de los representantes de gobiernos
asistentes (12) información sobre la contaminación. Éstos acuer-
dan promover firma y ratificación Protocolo de Cartagena sobre
Seguridad de la Biotecnología.
• 24 de abril. Reunión del Protocolo de Cartagena, en sesión plena-
ria y frente a más de 135 países, Greenpeace y un representante
246 liza covantes torres

de las comunidades oaxaqueñas afectadas, exponen el caso de la


contaminación genética en México.
• 25 de abril. Afectados de Oaxaca, con apoyo de 4 ong ambientales
solicitan a la cca-tlcan (Comisión de Cooperación Ambiental-
Tratado de Libre Comercio de América del Norte) un estudio de
las implicaciones ambientales, socioeconómicas y culturales de la
contaminación de sus maíces nativos.
• En mayo y junio, más de 90 ong de México, Estados Unidos y Ca-
nadá, y algunas de otros países, se suman a la petición de la cca-
tlcan.
• Greenpeace expone el caso de México en Nicaragua, donde parti-
cipa en una denuncia internacional de presencia de maíz transgé-
nico en ayuda alimentaria enviada a ese país desde Estados Unidos.
Se propone formar la red mesoamericana de defensa del maíz.
• Greenpeace expone el caso de México al gobierno de China.
• ceccam, Casifop y Grupo etc organizan una conferencia pública
con científicos de otros países que cuestionan seriamente la libera-
ción en el ambiente y aprobación para consumo de cultivos trans-
génicos.
• En junio, anec, ceccam y unorca exponen el caso de la contami-
nación genética de maíz en México, en Roma, reunión de la fao.
• Greenpeace, en reunión internacional de maíz (Chicago, Estados
Unidos), expone el caso y de ahí también se propone formar una
red mesoamericana de defensa del maíz.
• Reuniones diversas: Plan Puebla-Panamá, sobre diversidad bioló-
gica y cultural, encuentros campesinos varios, reuniones en contra
del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, entre otras, han
discutido el tema de la contaminación y han emitido declaraciones
públicas en contra de las importaciones de maíz transgénico.
• Seminario internacional (agosto), resultado de un gran esfuer-
zo de rapal (Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en
América Latina), organizaciones ambientalistas, campesinas, in-
dígenas y algunos representantes de la academia nos reunimos
en Chapingo para discutir esta problemática y buscar alternativas
para solucionarla.
• Noviembre de 2002, dan inicio las movilizaciones campesinas6 en
búsqueda de una nueva política para el campo mexicano, en las

6
Conformación de la coalición de organizaciones campesinas bajo el nombre “El
campo no aguanta más” (noviembre 2002).
contaminación genética del maíz 247

que además de la petición de renegociación del tlcan y sacar el


maíz y el frijol del tratado, por ser estratégicos para México, piden
se detengan las importaciones de maíz transgénico
• Noviembre de 2002, en estas jornadas “Alimentos transgénicos, un
problema y una solución desde la interdisciplina”, diversas orga-
nizaciones civiles exponemos, una vez más, nuestra preocupación
por la contaminación.

En 2003

• Marzo de 2003, se realiza el ii Seminario América del Norte, Eva-


luación de los Efectos Ambientales derivados del Comercio (cca-
tlcan).7 Académicos y organizaciones no gubernamentales de
Estados Unidos y México presentan estudios sobre: la importancia
de conservar la diversidad genética de maíz in situ y otro sobre el
problema de especies invasoras como problema derivado del co-
mercio agrícola y forestal, en el que la contaminación genética de
maíz en Oaxaca y Puebla fue presentada como uno de estos casos.

algunos logros o avances en méxico y el mundo,


gracias al esfuerzo de ciudadanos mexicanos en 2002 y 2003

1]La contaminación genética de maíz mexicano se conoce ya en


México y en gran parte del mundo.
2]Se forma la Red Mexicana en Defensa del Maíz, lista electrónica:
maiceros-l@[Link].
3]El Senado mexicano ratifica el Protocolo de Cartagena.
4]Ante críticas a científicos, descubridores, junto con las comunida-
des de Oaxaca, de la contaminación, señalamiento de industriales
y algunos científicos, que la contaminación existe en el “imaginario
colectivo” y presión pública, la Semarnat confirma los resultados
positivos.
5]El gobierno de Etiopía pide en la reunión del Protocolo de Cartagena,
en La Haya, se incluya en agenda de discusión el asunto de la contami-
nación transgénica de centros de origen y diversidad de cultivos.

7
Ponencias en <[Link]/symposium>.
248 liza covantes torres

6]Aceptación de la solicitud de estudio de las implicaciones de la


contaminación por la cca-tlcan. No sólo estudiará Oaxaca, sino
todo el país.
7]El gobierno de Zimbawe rechaza ayuda alimentaria con semillas
viables de maíz transgénico, para evitar contaminación de sus va-
riedades de maíz.
8]Decisión del gobierno de China de establecer zonas de prohibición
de liberación de soya transgénica para evitar contaminación de la
diversidad genética soya ahí presente.

Por todo lo anterior, y con toda autoridad moral, por el esfuerzo


que como ciudadanos hemos hecho, en muchas ocasiones prácti-
camente sin recursos económicos, pero con la seguridad de que
proteger al maíz es proteger nuestra identidad y recuperar nuestra
soberanía y seguridad alimentaria, así como ejercer el derecho a un
entorno limpio y sano, exigimos:
• Respeto a la cultura del maíz.
• Alto a las importaciones de maíz transgénico.
• Remediación de la contaminación.
• Acción legal contra los responsables.
• Una ley de bioseguridad de interés público y no para las trasna-
cionales, que contemple: la aplicación del principio precautorio
para el uso de organismos transgénicos; prohibición de cultivos
transgénicos en centros de origen y diversidad biológica; el
derecho a información clara y transparente; la consulta pública
para la toma de decisiones; identificación y etiquetado de omg y
productos derivados; responsabilidad civil y penal de los creadores
de los omg.

bibliografía y fuentes consultadas

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plaguicidas, de la serie Cuadernos para una agenda ciudadana, Red
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contaminación genética del maíz 249

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Taba, S. (ed.), 1995, Maize genetic resources. Maize program special report,
México, cimmyt.
MAÍZ TRANSGÉNICO EN MÉXICO:
APAGAR EL FUEGO CON GASOLINA

ana de ita rubio*

Hace más de un año, en septiembre pasado, el ine y la conabio


(2000) confirmaron con base en los resultados de los análisis realiza-
dos por el cinvestav el hallazgo de los científicos de la Universidad
de Berkeley, Ignacio Chapela y David Quist (2001: 541-543), de maíz
nativo contaminado con maíz transgénico en las comunidades de
Oaxaca y Puebla. Hasta ahora, el gobierno mexicano no ha tomado
ninguna acción seria, mientras los promotores de los cultivos transgé-
nicos buscan eliminar la prohibición de siembra de maíz transgénico
en el país.
En México, por ser país centro de origen, diversidad y domestica-
ción del maíz, hasta ahora está prohibida la siembra y liberación en el
ambiente del maíz transgénico. En 1995, los especialistas nacionales
e internacionales de maíz, convocados por el cimmyt, el inifap, y
el Comité Nacional de Bioseguridad Agrícola (cnba), preocupados
porque la liberalización comercial del cultivo de maíz Bt se daría en
Estados Unidos para 1996 —dos empresas habían ya recibido la apro-
bación del gobierno— señalaron que “si en Estados Unidos se desre-
gula el maíz transgénico, lo más probable es que éste llegue a México
en un tiempo muy corto. Aun cuando parte de ese maíz transgénico
no se adaptara bien a México es casi seguro que habrá polinización
cruzada con el tiempo (cimmyt et al., 1995). A fines de 1998, el Co-
mité Nacional de Bioseguridad Agrícola estableció una moratoria de
facto al no aceptar nuevas solicitudes para realizar pruebas de campo.
Entre 1993 y 1998 se habían permitido 22 ensayos de campo de maíz
transgénico bajo condiciones de alta seguridad: en extensiones no
mayores a 50 metros y deteniendo el desarrollo de la planta antes de
la reproducción. Diez de ellos los llevó a cabo el sector público —ci-
mmyt y cinvestav— entre 1993 y 1999, y doce, las corporaciones pri-
vadas —Asgrow, Monsanto, Pioner y Mycogen— entre 1996 y 1998.1
*
Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (ceccam).
1
sagar, registro de ensayos de maíz transgénico en México 1998-2000. Serratos, J.
A., comunicación personal 2000.

[251]
252 ana de ita rubio

Sin embargo, las importaciones de maíz de Estados Unidos —alre-


dedor de 6 millones de toneladas anuales— que contienen mezclado
maíz genéticamente modificado ingresan al país sin ninguna regu-
lación, requisito de segregación, ni etiquetado. La siembra del maíz
transgénico importado provocó la contaminación de variedades de
maíz nativo.

impactos en la biodiversidad

México supera a cualquier otro país en la riqueza de sus razas y varie-


dades de maíz (cimmyt et al., 1995). Existen 53 razas y 16 mil accesio-
nes2 o muestras de materiales mexicanos, con presencia endémica de
sus parientes silvestres o teocintles.3 El teocintle se cruza con el maíz
y ha tenido gran influencia en la formación de las principales razas
de maíz.4
Los agricultores y los fitomejoradores requieren de una base gené-
tica muy amplia para buscar características deseables de los cultivos.
La causa principal de la disminución de la diversidad genética es la
sustitución de variedades tradicionales por nuevas variedades homo-
géneas. Según datos de la fao de las variedades locales de maíz que se
conocían en México en 1930, sólo queda actualmente 20 por ciento.
El maíz es un cultivo de polinización abierta o cruzada, a diferen-
cia de los otros cereales básicos como el trigo y el arroz que se autopo-
linizan. Cuando el maíz se reproduce el polen de una planta fecunda
a las plantas vecinas y todas las plantas de un campo de maíz serán
diferentes de la generación anterior y entre ellas (cimmyt, 2000: 26).
Bajo condiciones favorables el polen se puede trasladar grandes dis-
tancias y ser efectiva su fertilización.

2
Una accesión es cada variedad de semilla recogida en una comunidad determina-
da. Así, el número de variedades es menor que el de las accesiones, pues una misma
variedad puede estar guardada como accesión en varios bancos.
3
Zea perennis (teocintle perenne tetraploide); Zea diploperennis (teocintle perenne
diploide silvestre). Los teocintles anuales, todos diploides, se designan como Zea mexi-
cana. Para establecer diferencias entre los teocintles anuales es importante separar las
poblaciones de teocintles anuales del sur de Guatemala, Zea luxurians, y el teocintle del
norte de Guatemala más parecido a Tripsacum. Wilkes, 1979, en cimmyt (1995: 15).
4
Wellhausen, 1951; Mangelsdoorf y Reeves, 1959; Mangelsdorf, 1974 y 1986;
Wilkes, 1979, en cimmyt (1995: 20).
maíz transgénico en méxico 253

A pesar de que muchos cultivos son genéticamente diversos, el


maíz es notable por la extensión en que la diversidad genética se
maneja en el nivel de la parcela. Es común encontrar en cada parcela
tres, cuatro, o quizá más variedades distintas de maíz. La selección y
el intercambio de semillas entre los campesinos es de gran importan-
cia y existe un flujo constante de material genético entre diferentes
comunidades y áreas geográficas (Lovette, 1995: 60).
La contaminación transgénica amenaza la diversidad de razas de
maíz ya que sólo es cuestión de tiempo el que las variedades de maíz
nativo contengan transgenes. Según Ellstrand, el flujo de genes es
capaz de contrarrestar otras fuerzas evolutivas como la mutación o
la selección. “Una consecuencia evolutiva del flujo genético es su
tendencia a homogeneizar la estructura de la población. El flujo ge-
nético entre un cultivo de manejo industrial es más importante que
la mutación. La tasa de incorporación de alelos foráneos bajo esos
niveles de hibridación parece ser de órdenes de magnitud mayores
que los de una mutación típica. La homogeneización depende de si
los alelos inmigrantes son neutrales, tienen ventajas o desventajas en
el ambiente ecológico y genómico de la población que los recibe”
(Ellstrand et al., 1999: 539-563).
El maíz transgénico estará intercambiando información genética
con una gran variedad de maíces nativos. La velocidad de expansión
de los transgenes depende del área plantada con maíz convencio-
nal y de la cantidad inicial de maíz transgénico. Mientras la tasa de
difusión sea mayor que cero, es sólo cuestión de tiempo el que los
transgenes se introduzcan a todo el maíz convencional. Es muy fácil
integrar nuevos genes al sistema pero es muy complicado, si no impo-
sible, erradicarlos (Serratos-Hernández et al., 2001: 6). No existen for-
mas prácticas al alcance de los mejoradores o de los productores, para
eliminar los genes no deseados de una población (Nigh et al., 2000).
Varios especialistas en maíz han demostrado que el flujo de genes
desde el maíz al teocintle ocurre.5 Según Ellstrand, el flujo de genes del
maíz transgénico al teocintle puede tener como consecuencia su evo-
lución como maleza agresiva o el aumento de la probabilidad de su
extinción (Ellstrand et al., 1999).

5
“El flujo genético entre el maíz y dos especies de teocintle (Zea mexicana y Zea per-
viglumis) es mayor que cero, porque sus cruzas son compatibles, coexisten en el espacio
y su época de floración se traslapa”, Sánchez y Ordaz, 1987, en Serratos-Hernández, J.
A. et al. (2001: 5).
254 ana de ita rubio

impactos económicos y ambientales

El maíz es el segundo cultivo transgénico en importancia después de


la soya, ocupa 19% de la superficie plantada con cultivos transgéni-
cos. En el mundo se siembran 140 millones de hectáreas de maíz y
de éstas 9.8 millones —equivalentes a 7%— son de maíz transgénico;
87% de la superficie de maíz transgénico está plantada con semillas
propiedad de Monsanto (esto en el año 2001).
Durante los años 2000 a 2001, la superficie plantada con maíz
transgénico en el mundo se redujo. Pasó de 11.2 millones de ha en
1999 a 9.8 millones de hectáreas. Las mayores reducciones se dieron
en Estados Unidos y, según los expertos de las empresas biotecnológi-
cas, se explican por los bajos niveles de infestación de la plaga (barre-
nador europeo de maíz) durante 1999, la pérdida de confianza de los
consumidores y los bajos precios del grano (James, 2001).
Estados Unidos es el mayor productor de maíz transgénico, ab-
sorbe 77% de la superficie de maíz transgénica en el mundo. De las
32 millones de hectáreas sembradas con maíz en Estados Unidos,
7.5 millones (23%) están cultivadas con maíz transgénico (en el
2001).
El maíz es el cultivo más importante de México. Anualmente tres
millones de campesinos —la mayoría (90%) con parcelas menores a
5 hectáreas— producen 18.2 millones de toneladas, en una superficie
sembrada de 8.5 millones de hectáreas.
Después de cincuenta años de “revolución verde” en el país, los
híbridos o variedades mejoradas de maíz, únicamente se utilizan en
15% de la superficie, el resto se siembra con maíz nativo (cimmyt
et al., 1995). Éste es el mercado que las transnacionales semilleras
quieren invadir.
Las empresas productoras de semillas transgénicas afirman que los
cultivos genéticamente modificados representan significativos bene-
ficios ambientales y económicos: aumento de productividad, reduc-
ción de costos, menores aplicaciones de insecticidas convencionales,
sin impactos negativos sobre los ecosistemas.
Los impulsores de la liberación de la siembra de maíz transgénico
en México declaran que estos beneficios deben llegar a los millones
de campesinos que cultivan el maíz (Martínez Soriano, 2001). Sin
embargo, para el caso de México los tres tipos de maíz transgénico
que existen en el mercado no provocarán ningún beneficio y sí muy
altos riesgos.
maíz transgénico en méxico 255

Durante el año 2001, en el mundo se sembraron 5.9 millones de


hectáreas con maíz Bt, y 2.1 millones de hectáreas fueron de maíz
transgénico resistente a herbicidas; las restantes 1.8 millones de hec-
táreas se plantaron con maíz transgénico que combina la tolerancia a
herbicidas y la resistencia a insectos (James, 2001).
El maíz Bt es el más importante en extensión sembrada, fue di-
señado específicamente para controlar al barrenador europeo del
maíz Ostrinia nubilalis, la plaga más importante de Estados Unidos
y Canadá, pero que en México no existe.6 La agencia de protección
Ambiental de Estados Unidos aprobó el maíz Bt en agosto de 1995.
Su uso aumentó hasta 1999, antes de disminuir en el año 2001.
Los agricultores de Estados Unidos han hecho varios análisis
de costo beneficio, pues únicamente les conviene sembrar maíz Bt
cuando tienen una infestación alta de barrenador europeo. Si no
es el caso, el costo de las semillas transgénicas y la licencia es mayor
que la reducción de pérdidas.7 “Con una mínima incidencia de la
plaga, la reducción del daño del barrenador es menor que el costo
adicional del maíz Bt. El uso del maíz Bt únicamente está justificado
cuando la población de barrenadores provoca un daño mayor a una
cavidad por cada dos mazorcas. [...] En ausencia de la plaga, un maíz
Bt reporta rendimientos iguales a los híbridos similares no transgéni-
cos.”8 Además la tecnología Bt puede reportar ganancias únicamente
cuando los rendimientos son superiores a 8.4 toneladas de maíz por
hectárea (Jeffrey Hyde, 2001). Los rendimientos promedio en Méxi-
co para el año 2001, son de 4.6 toneladas por hectárea en riego y de
1.99 toneladas por hectárea en temporal.
La adopción de esta tecnología está también relacionada con el
comportamiento de los precios. Si los precios son bajos, el uso de
esta semilla no es rentable. Los precios del maíz mexicano se han
reducido en 45% en términos reales entre 1993 y 2001, en tanto que
los precios internacionales se han reducido en 18% a partir de 1999,
respecto de los vigentes durante los primeros años del decenio de los
noventa, sin considerar los años de precios más altos (1996-1998).
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (epa)
esperaba una reducción de 1 a 2% en el uso de insecticidas, a raíz de

6
La plaga más común de México es el gusano cogollero Spodoptera frugiperda que la
toxina del Bt no controla.
7
Las semillas Bt cuestan 14 dólares más por bolsa. Ric Bessin, extension
Entomologist, Bt Corn, University of Kentucky, Entomology.
8
Ric Bessin, extension Entomologist, Bt Corn, University of Kentucky Entomology.
256 ana de ita rubio

la siembra de maíz Bt. Sus estudios demuestran que esto no ocurrió:


“La mayoría de productores de maíz en Estados Unidos no utiliza
insecticidas químicos para controlar plagas específicas, de ahí que
no se registren beneficios de reducción plaguicidas.”9 Muchos de los
productores que ahora usan maíz Bt, anteriormente no utilizaban
ningún insecticida, y otros deben usar distintos insecticidas para con-
trolar plagas que el Bt no controla.
Otra gran preocupación es que los insectos desarrollan resisten-
cias al Bt, por ello los agricultores de Estados Unidos deben com-
prometerse a prevenir el desarrollo de resistencias y poner zonas de
amortiguamiento, sembrando 20% de maíz convencional. Algunos
estudios demuestran que después de ocho generaciones de uso de
Bt, se presenta la resistencia en insectos, y para reducirla los produc-
tores deben intercalar ciclos enteros de siembra de cultivos no Bt, o
aumentar el porcentaje de sus predios sin transgénicos a 40% (Jeffrey
Hide, 2001).
En Estados Unidos, con muy distintas condiciones de producción
a las de México y en donde la plaga existe, el uso de esta tecnología
reporta beneficios económicos sólo bajo determinadas circuns-
tancias y no ha reportado beneficios ambientales. En México, en
donde la principal plaga que combate el maíz Bt no existe, los ren-
dimientos del maíz no aumentarán, ni disminuirá el volumen de
insecticidas empleado, pero los productores aumentarán sus costos
en la compra de las semillas y deberán pagar derechos por el uso
de la licencia.
El maíz tolerante a herbicidas es el segundo más sembrado, pues
reduce considerablemente el uso de mano de obra y equipo en el
deshierbe, que resulta muy importante en la agricultura industrial
de grandes extensiones de monocultivo. Es negocio redondo para las
compañías como Monsanto pues la semilla está adaptada para tolerar
el herbicida —RoundUp Ready a base de glifosato— que produce la
misma compañía.
El glifosato es un herbicida persistente. Según pruebas realizadas
por Monsanto se necesitan 140 días para que la mitad del producto
aplicado a los suelos agrícolas se degrade. Residuos de glifosato se
encontraron en cosechas de zanahoria, lechuga y centeno planta-
das un año después de haber tratado el campo con el producto. El
glifosato puede dispersarse por el viento en un área de hasta 400 m

9
epa, Bt Plant-Pesticides Biopesticides Registration, Action Document, 2000.
maíz transgénico en méxico 257

en aplicaciones terrestres y 800 m en aplicaciones aéreas.10 Según la


Organización Integral para el Control Biológico el RoundUp Ready
también mata insectos benéficos.
El maíz tolerante a herbicidas presenta problemas de comerciali-
zación y el RoundUp Ready de Monsanto no está aprobado para los
mercados de exportación europeos. La Asociación de Productores de
Maíz de Iowa recomienda a sus integrantes segregarlo y considerar
los problemas de comercialización que enfrentarán, antes de decidir-
se a plantarlo.
En el caso mexicano, al existir flujo de genes entre el maíz y el
teocintle, el maíz tolerante a herbicidas puede convertir al teocintle
en una maleza. Además, este tipo de maíz terminaría con la cultura
de la milpa, al destruir los cultivos asociados al maíz, como el frijol,
el chile, la calabaza, los quelites, las plantas medicinales, además de
homogeneizar las variedades de maíz.
El tercer maíz transgénico comercial es el que combina ambas ca-
racterísticas: tolerancia a herbicidas y resistencia a insectos.
La siembra de maíz transgénico en México no resuelve los prin-
cipales problemas que enfrentan los productores —falta de rentabi-
lidad, competencia con las importaciones, bajos precios internos e
internacionales, altos subsidios a los productores de Estados Unidos,
control monopsónico de los mercados— sino que, por el contrario,
aumenta su dependencia de las empresas transnacionales.
Las empresas transnacionales que controlan los mercados agríco-
las mundiales fortalecieron su participación en el mercado mexicano
de maíz a raíz del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (tl-
can) y de la desaparición de la empresa estatal comercializadora de
granos básicos conasupo. Actualmente, operan en el país tres de los
principales carteles de empresas industrializadoras y comercializa-
doras de maíz: Arancia-Minsa-Corn Products International; Maseca-
Archer Daniels Midland (adm)-diconsa; Cargill-Continental. Estas
empresas controlan las exportaciones de maíz de Estados Unidos y
son, a su vez, las principales importadoras de maíz a México y casi las
únicas opciones de compra de las cosechas a los productores.
Las importaciones de maíz han crecido exponencialmente duran-
te el tlcan, pasaron de 152 000 toneladas en 1993, a 5.6 millones de
10
Extension Toxicology Network, Pesticide Information Profiles Glyphosate,
Cooperative Extension Offices of Cornell University, Oregon State University, the
University of Idaho, and the University of California at Davis and the Institute for
Environmental Toxicology, Michigan State University. Revised June 1996.
258 ana de ita rubio

toneladas en 2001. El gobierno mexicano durante seis de los ocho años


de vigencia del tlcan —1995, 1996, 1998, 1999, 2000 y 2001— eliminó
los aranceles para las importaciones por arriba de las cuotas negociadas
en el tlcan para favorecer a estas empresas. Las importaciones presio-
nan los precios internos a la baja, que se han reducido en más de 45%
durante el periodo tlcan (1993-2001). Cargill está ligada a Monsanto
el gigante mundial de semillas transgénicas, adm está vinculada a No-
vartis. La liberación de la siembra del maíz transgénico en México les
permitirá cerrar el círculo de dependencia campesina.
Los estudios del ine y la conabio revelan que la contaminación
puede ser un hecho generalizado en otras regiones de México y no ex-
clusivo de la Sierra Norte de Oaxaca, y apoyan el hecho de que el maíz
de diconsa está contaminado con transgénicos (ine, conabio, 2002).
La siembra de maíz transgénico se inició en 1996 en Estados
Unidos, de esa fecha hasta el año 2001 puede considerarse estadís-
ticamente que México ha importado 5.5 millones de toneladas de
maíz transgénico. diconsa distribuye anualmente más de 600 000
toneladas de maíz, por medio de 300 almacenes rurales y 23 000 tien-
das comunitarias ubicadas en 93% de los municipios del país. Más de
200 000 toneladas distribuidas por diconsa son de maíz importado,
mientras que las restantes 400 mil provienen de comercializadoras
privadas, que también pueden contener maíz importado y en menor
medida de cosechas compradas a organizaciones de productores.
diconsa abastece maíz a la población rural —consumidores, pero
también productores— sin ningún etiquetado que alerte sobre la po-
sibilidad de contener granos transgénicos, ni les prevenga sobre los
riesgos de su siembra para las variedades nativas.
Los agricultores y campesinos en distintas partes del mundo
—Francia, India, Brasil, Canadá— enfocan su lucha en contra de los
derechos de propiedad intelectual de las compañías biotecnológicas
que les impiden mantener la práctica milenaria de seleccionar, con-
servar y replantar sus propias semillas. Percy Schmeiser es un agri-
cultor canadiense demandado por Monsanto. La compañía afirma
que plantó semillas Monsanto sin comprarlas ni pagar la licencia. En
realidad, el campo de Percy se contaminó con canola transgénica de
los campos vecinos. Percy hasta ahora lleva perdido el juicio frente a
Monsanto, a pesar de nunca haber comprado una semilla a Monsan-
to, ni haber firmado ningún contrato con esta empresa. El contrato
de Monsanto le retira a los agricultores todos sus derechos, pero
además, como es el caso de Percy, el contrato aplica aunque los agri-
maíz transgénico en méxico 259

cultores no lo hayan firmado. En Canadá, Monsanto tiene una fuerza


policiaca propia que la usa para imponer su contrato y además utili-
za una carta de extorsión. La policía de Monsanto transgrede uno de
los valores fundamentales del capitalismo: la propiedad privada.
Mientras el taller internacional de Pugwash sobre los impactos y
riesgos de la biotecnología agrícola11 destacó como una de sus con-
clusiones que: “Los conocimientos actuales son insuficientes para
evaluar los beneficios y riesgos de los organismos modificados gené-
ticamente (omg), especialmente a la luz de las consecuencias a largo
plazo que estas tecnologías puedan tener en la biosfera y las futuras
generaciones”, la industria biotecnologíca presiona al gobierno mexi-
cano para conseguir la liberación de la siembra de maíz transgénico
en México, lo que significa intentar apagar el fuego con gasolina.

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11
Realizado en la ciudad de México del 28 al 31 de mayo de 2002.
260 ana de ita rubio

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en la conferencia “gmos: real risks or chimeras”, Brasilia, Brazil, binas,
unido.
BIOTECNOLOGÍA MODERNA
PARA EL DESARROLLO DE MÉXICO1

francisco g. bolívar zapata∗

Cancelar o incluso limitar el uso y el desarrollo de las técnicas de la bio-


tecnología moderna y, en particular, las que permiten la construcción
de organismos modificados genéticamente (omg), significa cancelar
nuestra capacidad para contender con muchos problemas y por ello
arriesgar la soberanía de la nación; señalo ejemplos y escenarios.
Es posible pensar en la aparición de nuevas y poderosas enferme-
dades, contra las cuales, las técnicas más tradicionales tengan muy
baja oportunidad de éxito. Por ejemplo, nuevas plagas que pueden
atentar contra la destrucción de cultivares autóctonos. Renunciar al
uso de técnicas de la ingeniería genética para su solución podría im-
plicar, incluso, perder estas especies.
El uso de las vacunas para inmunizarnos contra enfermedades im-
plica riesgos. Sin embargo, el no utilizarlas implica escenarios de des-
trucción de muchísimos seres humanos. Por ello se usan aun cuando
hay riesgos. Vacunas modernas, como por ejemplo la que protege
contra la hepatitis, se han podido desarrollar usando las técnicas de la
biotecnología moderna; antes no había vacuna contra hepatitis y si se
hubiera prohibido usar la ingeniería genética, no habría ésta y otras
nuevas vacunas recombinantes. Si alguna vez existe vacuna contra el
sida, estoy seguro que será producto de las técnicas modernas de la
biotecnología.
El uso de organismos transgénicos para la solución de problemas
específicos se inicia hace 25 años. Participé en la construcción de los
primeros microorganismos transgénicos diseñados con el propósito
perfectamente acotado de producir hormonas humanas recombinan-
tes. Sin el concurso de esta tecnología, de haberse prohibido su uso
como se solicitó por muchos, y de manera violenta en algunos casos,
no tendríamos hoy en las farmacias muchísimas nuevas proteínas hu-
1
Artículo publicado en Este País (140: 56-59, noviembre de 2002), se publica aquí
con autorización del autor y del director de esa revista.
*
Instituto de Biotecnología, unam. El Colegio Nacional. Academia Mexicana de
Ciencias.

[261]
262 francisco g. bolívar zapata

manas recombinantes para el tratamiento de muchas enfermedades:


insulina, interferones, factores anticoagulantes de la sangre, anticuer-
pos humanos contra el cáncer y para detectar enfermedades.
Antes de estas técnicas no se podían obtener industrialmente estos
nuevos medicamentos; sólo de cadáveres o tejidos humanos en pe-
queñas cantidades, no para uso clínico, masivo.
Hace 25 años aparecieron las mismas preocupaciones, que hoy
resurgen, en relación con los transgénicos. En particular, que su uso
implicaba riesgos desconocidos muy altos, incluyendo los escenarios de
poder ser los humanos invadidos y colonizados por estos organismos
y por lo cual muchos enfermaríamos y moriríamos de nuevas enfer-
medades. También, que su liberación en el medio ambiente causaría
grandes problemas, contaminando mantos freáticos y generando
nuevas enfermedades en animales. Después de 25 años de diseñar,
construir y utilizar muchísimos organismos transgénicos, nadie puede
asegurar que no haya pasado absolutamente nada por haberlos utiliza-
do, pero sí se puede decir que, después de todos estos años, nada grave
o importante ha sucedido por la utilización de los transgénicos, y que
estos nuevos organismos, totalmente naturales, no sólo han permitido
resolver un buen número de problemas sino que han abierto también
avenidas novedosas y extraordinarias para satisfacer las necesidades
de la sociedad humana y del planeta. Indudablemente, si algo grave o
importante pasara por la utilización de los transgénicos, habría que
reevaluar la situación, tanto en lo general como en lo particular. Pero
insisto, como se ha constatado, hasta ahora esto no ha sido el caso,
aunque aceptamos que la posibilidad existe.
Es importante señalar también que hay ejemplos muy claros en los
cuales todos coincidimos desde un inicio, en que estas técnicas no
deberían utilizarse. Por ejemplo, en la construcción de nuevas armas
biológicas: la clonación de la toxina proveniente del bacilo del botu-
lismo en E. coli, comensal humano.
Desde entonces, hace 25 años, el principio que ha guiado y que ha
prevalecido en el uso de esta tecnología, para la solución de proble-
mas específicos, que a mi juicio y el de muchos debe seguir utilizán-
dose, es el principio de analizar el uso de transgénicos caso por caso.
Por esto, es fundamental que la nueva ley de bioseguridad adopte
este principio.
Pensamos que el llamado “enfoque precautorio”, el cual implica
no utilizar una tecnología dada mientras no se demuestre la ausencia
de riesgo, es inadecuado porque, además de que inmobiliza, el uso
biotecnología moderna para el desarrollo de méxico 263

de cualquier tecnología implica riesgo y no vamos a poder demostrar


nunca la ausencia de riesgo cuando se utiliza la biotecnología moder-
na, lo cual cancelaría su aplicación.
México enfrenta grandes retos para proporcionar una vida digna
a sus habitantes. Tenemos problemas (enfermedades) y demandas
de la sociedad (grandes volúmenes de alimentos sanos, nutritivos,
un medio ambiente no contaminado), que han implicado y seguirán
implicando el uso de tecnología y, ciertamente, la biotecnología mo-
derna es herramienta poderosa para contender con estos retos. Lo
importante entonces, insistimos, es que analicemos caso por caso las
alternativas tecnológicas con las que se cuenta para resolver los pro-
blemas, incluyendo el análisis comparativo de sus posibles riesgos, y
no cancelar a priori el uso de los omg, en particular los transgénicos,
para la solución de problemas relevantes solamente por el hecho ais-
lado, descontextualizado, de los posibles riesgos que implica su uso,
ya que el no utilizarlos, en ciertos escenarios puede implicar riesgos
más altos; éste es el caso de seguir utilizando pesticidas químicos para
contener con las plagas de los cultivos que destruyen la biodiversi-
dad de manera inespecífica, que contaminan el medio ambiente de
manera permanente porque no son biodegradables y que generan
problemas a la salud.
México es un país biológicamente muy diverso con la responsabi-
lidad de desarrollar una visión diferente, propia y especializada de la
biotecnología. La biotecnología moderna debe servir para el manejo
y preservación de estos recursos, indispensables para el mantenimien-
to sustentable de los ecosistemas nacionales y globales. Por otro lado,
el potencial de la biotecnología en un país tan diverso como México
es muy vasto. La biodiversidad es riqueza renovable, patrimonio na-
cional, que de ser utilizada de manera inteligente y sustentable, con
el concurso de la biotecnología, puede potenciarse enormemente y
constituirse en un soporte constante, no sólo para resolver proble-
mas importantes y demandas actuales de la nación, sino también
para convertir a nuestro país en líder mundial por su capacidad de
generar y exportar tecnología biológica y productos terminados de
alto valor agregado, de origen biológico.
Sin embargo, es importante reconocer también que nuestra enor-
me diversidad nos expone a riesgos que no enfrentan otras regiones
de menor diversidad biológica. Con base en lo anterior, es priori-
tario apoyar decididamente la investigación de la biodiversidad y el
desarrollo de la biotecnología básica y aplicada en las instituciones
264 francisco g. bolívar zapata

públicas, y generar también la capacidad para analizar y evaluar las


múltiples implicaciones del uso de la biotecnología en lo ecológico,
respecto de la salud humana, en los sectores de la producción y en
lo social.
Por todo lo anterior, resulta indispensable desarrollar en México
una cultura amplia de bioseguridad, para dar cabida al establecimien-
to de medidas y acciones de evaluación de riesgos y monitoreo de
los impactos de productos químico-biológicos en todos los sectores
de actividad y en particular el del medio ambiente. Dentro de esta
perspectiva general, un paso importante en esa dirección sería el
establecimiento, como lo ha señalado el doctor José Antonio de la
Peña, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, de una ley de
bioseguridad para el manejo de organismos genéticamente modifica-
dos que establezca las bases que garanticen la protección del medio
ambiente, la biodiversidad, la salud humana y la sanidad vegetal y
animal, en particular en un país tan diverso y centro de origen como
México, mediante la regulación de aspectos concretos de evaluación
y monitoreo de posibles riesgos en el manejo de estos omg resultantes
de las técnicas de la biotecnología moderna, pero que al mismo tiem-
po no obstaculice el desarrollo científico y tecnológico del país.
Con base en lo expuesto, es necesario insistir en que desarrollar
un marco jurídico restrictivo que implicara el no utilizar o limitara de
manera importante el uso de organismos transgénicos en México sería
improcedente e inadecuado y, además, sería rebasado rápidamente
por varias razones: a] los transgénicos ya están en México y el maíz
Bt es un ejemplo; b] estos organismos se siguen construyendo en el
mundo para ser utilizados como alimentos y seguirán produciéndose
en cantidades gigantescas. Es prácticamente imposible pensar en que,
a largo plazo, será factible impedir su entrada al país, pues hay muchos
caminos, muchos vectores, que lo propiciarán y lo permitirán; el caso
de enfermedades, como la gripe, el cólera, el sida son ejemplo de la
ausencia de fronteras para los organismos vivos. Lo mismo podemos
decir de muchas plagas de cultivos y de otros tipos como las abejas
africanas.
El cancelar en México el uso de esta tecnología tendría también
otras consecuencias muy graves.
La investigación y el desarrollo de nuevas variedades mejoradas
por estas técnicas no se harían en México. Eventualmente, habría
variedades transgénicas de plantas como la papaya, el agave, el agua-
cate, con propiedades mejoradas, que indudablemente se empezarán
biotecnología moderna para el desarrollo de méxico 265

a cultivar en otros países y ocasionalmente, aparecerán en el territo-


rio nacional pues incorporarán características superiores en muchos
aspectos (nutricionales, económicas), a las originales autóctonas. En
un escenario a largo plazo, esta situación va a ocurrir en muchos ca-
sos, porque no se puede detener, por mandato judicial, la entrada de
estos nuevos organismos vivos, como no se ha detenido la entrada
del cólera o de la gripe o de las abejas africanas y de otras plagas.
Además, debemos estar también preparados para contender con la
aparición de nuevas plagas y para desarrollar nuevas variedades de
cultivos y plantas mexicanas capaces de colonizar y crecer en nuevos
nichos ecológicos (terrenos con alta salinidad o baja humedad), y
ampliando los terrenos cultivables (como ha ocurrido en Israel), así
como contender con el peligro del bioterrorismo. Por ello, resulta
vital desarrollar nuestra propia estrategia y capacidad en el área de la
biotecnología moderna, para enfrentar y conducir los cambios de
manera orientada y con los menores efectos negativos posibles. Así,
por ser indispensables en la defensa y el potenciamiento de la biodi-
versidad mexicana no es posible renunciar al uso de las técnicas de la
biotecnología moderna.
Por otro lado, tampoco queremos que el escenario de la industria
petrolera se repita en el área de la diversidad biológica: exportando
petróleo e importando productos derivados de alto valor agregado;
exportando plantas y cultivos autóctonas e importando alimentos
y productos farmacéuticos y de otros tipos de alto valor agregado,
fabricados a partir de ellos; esto es absurdo y atenta contra nuestra
soberanía a largo plazo.
Finalmente, si bien en principio aceptamos la existencia de posi-
bles riesgos por el uso de omg, es fundamental insistir y señalar que,
hasta la fecha, en el área de la salud, no existe ninguna evidencia
sustentada científica y técnicamente que indique que el uso de los
productos derivados de organismos transgénicos o los propios trans-
génicos, utilizados como medicamentos, vacunas, alimentos, cosmé-
ticos, textiles, entre otros, generen problemas novedosos y relevantes
o adicionales a los ya existentes cuando se utilizan organismos o
productos llamémosles convencionales, no transgénicos. Es decir, los
transgénicos y sus productos para efecto de la salud son equivalentes
a los organismos convencionales.
También es importante señalar, aceptando los posibles riesgos,
la inexistencia de evidencia de que los transgénicos liberados en el
medio ambiente hayan generado problemas novedosos, relevantes.
266 francisco g. bolívar zapata

En lo personal, la presencia, que no contaminación, del maíz Bt en


el campo mexicano, no ha generado, hasta ahora, ningún problema
importante, incluyendo el hecho de la presencia del transgene en
maíces criollos. Ciertamente, y estoy de acuerdo también, ahora hay
que monitorear con cuidado y detalle a corto, mediano y largo pla-
zos lo que ocurra con estas plantas y este transgén. La información y
experiencia será muy importante para evaluar realmente los posibles
riesgos biológicos. Sin embargo, no considero que la presencia de
este transgén en particular vaya a significar la desaparición de los maíces
criollos en México.
¿Por qué tanta preocupación por los transgénicos? Me permito
recordarles que el genoma humano está constituido, en cerca de
50%, de material repetido derivado de reliquias retrovirales, resulta-
do posiblemente de diversos sucesos de transferencia horizontal por
infecciones virales como el sida, a lo largo de la evolución. Por otro
lado, compartimos 98% de nuestro genoma con el chimpancé, 90%
con el ratón, 70% con la mosca y un alto porcentaje también con las
plantas. También tenemos muchos genes que tienen un origen bacte-
riano, probablemente debido a infecciones o transferencias virales y
bacterianas (mitocondrias), ocurridas a lo largo de diferentes etapas
de la evolución de nuestra especie.
Si los seres vivos compartimos tanta información y no somos tan
diferentes, desde el punto de vista genético, ¿no debería ser esto un
elemento para mitigar la preocupación de la transferencia de mate-
rial genético entre especies, mediada por el hombre, ya que este tipo
de fenómeno ocurre a diario en la naturaleza? Nuestro genoma y el
de todos los animales y plantas tienen muchos genes de origen bac-
teriano, tanto en el nivel de los cromosomas del núcleo, como en el
propio cromosoma de la mitocondria de todas nuestras células. Por
ello, sinceramente, pienso que si alguna planta o animal adquiere
algún o algunos genes por transferencia horizontal o transgenosis
mediada por el hombre, no significa que esto sea en principio un he-
cho antinatural. La construcción de organismos transgénicos por el
hombre debe tener un propósito definido y tendiente a conocernos
mejor, a entender y defender mejor la naturaleza y a enfrentar nues-
tras enfermedades y nuestras necesidades. Habrá siempre propuestas
y alternativas no adecuadas, como la fabricación de armas biológicas y
el bioterrorismo, las cuales hay que rechazar y prohibir, pero habrá
otras profundamente pertinentes e indispensables para la propia de-
fensa del medio ambiente, la biodiversidad y la salud.
biotecnología moderna para el desarrollo de méxico 267

Por ello, concluyo insistiendo en la importancia de tener una legis-


lación avanzada, moderna, flexible, que garantice la protección del
medio ambiente, la salud humana y la biodiversidad, pero que al mis-
mo tiempo facilite y fomente el desarrollo de la biotecnología para
los mismos fines y también para contender con las grandes demandas
de alimentos, sanos, nutritivos, medicamentos avanzados y un medio
ambiente no contaminado.
Para alcanzar lo anterior, la ley de bioseguridad debe contemplar,
como parte de sus principios, que el uso de transgénicos para la
solución de problemas específicos debe analizarse y evaluarse caso
por caso, e incorporar en el análisis los riesgos de las alternativas tec-
nológicas (por ejemplo, pesticidas químicos) con los que se cuenta
para resolver un problema. De este análisis comparativo debe surgir
la decisión de usar y en su caso liberar, transgénicos en el medio am-
biente, para la solución de un problema específico.
Ciertamente, existen posibles riesgos por el uso de transgénicos en
diferentes escenarios, pero los riesgos de cancelar el uso de transgénicos
para la solución de problemas específicos son enormes y seguramen-
te implican y conllevan a la dependencia tecnológica y a la pérdida
de la soberanía nacional.
No debemos olvidar que a lo largo de la historia se ha señalado en
diversas ocasiones que hay ciertos asuntos, ciertas áreas, en las cuales
el hombre no debe incursionar, ni conocer, por el riesgo o peligro
que implica su conocimiento. Sin embargo, no podemos estar de
acuerdo con el hecho de que si bien cierto tipo de conocimiento
implica riesgo y peligro, la solución para a esto sea la ignorancia, la
prohibición o la condena. La solución debe ser la inteligencia y la sabi-
duría. No debemos simplemente rechazar el peligro y el riesgo, sino
aprender a manejarlos.
Después de todo, éste ha sido desde su inicio y seguirá siendo el
reto de nuestra especie: desarrollar conocimiento y tecnología para
comprender su existencia y para su supervivencia y, simultáneamen-
te, aprender a contender con los riesgos que implica el uso de este
conocimiento y la tecnología que de él se deriva y, hoy más que nunca,
en armonía con el medio ambiente.
COMENTARIOS AL PROYECTO DE LEY DE BIOSEGURIDAD
DE LOS ORGANISMOS MODIFICADOS GENÉTICAMENTE

jorge fuentes morúa*

1] La lectura del comentario a la iniciativa de ley sobre bioseguridad


y el mismo proyecto de ley se encuentran saturados de la palabra
riesgo, esto se debe no tanto a la carencia de sinónimos sino al hecho
de que tal palabra es más que eso, es un concepto jurídico que hace
referencia a instituciones propias de la legislación mexicana (unam/
profepa, 2003) y a algunas otras propias de la legislación internacio-
nal (Betancor, 2001). Además, en los últimos años la sociología ale-
mana ha desarrollado aportes notables a propósito de este concepto,
mismo que expresa problemas sociales, económicos y políticos, origi-
nados por el impulso industrializador y tecnológico contemporáneo
(Beck, 1998, 1998a y 2002; Luhman, 1998). En consecuencia, los
desarrollos jurídicos y sociológicos permiten comprender las razones
que explican por qué en la iniciativa de ley examinada, el concepto
riesgo y otros como precaución y peligro, figuran de modo reiterado.

El 12 de noviembre de 2002 se presentó al pleno de la Cámara de Senadores


del H. Congreso de la Unión la iniciativa de lbomg, materia de este dictamen,
suscrita por 17 legisladores integrantes de las Comisiones de Ciencia y
Tecnología, Salud y Seguridad Social, de Agricultura, Ganadería y Desarrollo
Rural, de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, de Gobernación,
de Comercio y Fomento Industrial, de Hacienda y Crédito Público, de
Administración, de Relaciones Exteriores América Latina y el Caribe, de
Justicia, de Puntos Constitucionales, de Equidad y Género, de Distrito Federal,
de Trabajo y Previsión Social, de Recursos Hidráulicos, de Vivienda, de Marina,
y de Juventud y Deporte, quienes también forman parte de todas las fracciones
parlamentarias que integran el Senado de la República.1

*
Departamento de Sociología, uam-Iztapalapa.
1
Gaceta Parlamentaria, núm. 101, jueves 24 de abril, 2003. Secretaría de Medio
Ambiente y Recursos Naturales. Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo
Rural, Pesca y Alimentación.

[269]
270 jorge fuentes morúa

El amplio espectro de tendencias políticas y sociales revela la im-


portancia social, política y económica contenida en la problemática
de la biotecnología moderna, asunto cada vez más debatido y discuti-
do en México (Rivas H., 2022; Pérez H., 2001).
Esta iniciativa de ley es de orden público y de interés social tal
como lo establece en el artículo 1. Por estas razones tiene relevancia
examinar un aspecto que aparece reiteradamente: la preocupación
por prevenir riesgos. Ésta tiene relevancia, tanto por la manera como
repite este asunto como por los bienes tan significativos que pretende
tutelar: la salud humana, el medio ambiente, la diversidad biológica,
la sanidad animal, vegetal y acuícola.
Por lo anterior, se preocupa por el establecimiento de procedi-
mientos administrativos para la evaluación de los riesgos. Define la
bioseguridad como el conjunto de acciones y medidas destinadas al
control de los riesgos que implican las actividades concurrentes para
el desarrollo de la biotecnología moderna. Reconoce el enfoque me-
todológico paso a paso:

[...] conforme al cual todo omg que esté destinado a ser liberado comercialmente
debe ser previamente sometido a pruebas satisfactorias conforme a los estudios
de riesgo, la evaluación de riesgos y los reportes de resultados aplicables en la
realización de actividades de liberación experimental y de liberación en
programa piloto de dichos organismos, en los términos de esta ley.2

La liberación de organismos modificados genéticamente exige


estudios de riesgo y evaluaciones de riesgo de acuerdo con la
mejor técnica disponible. También para el análisis de soluciones
a los problemas derivados del uso de los organismos modificados
genéticamente será necesario tener presente los posibles riesgos que
esto implique.3
En relación con la distribución de facultades corresponde a la
Secretaría de Agricultura Ganadería Desarrollo Rural, Pesca y Ali-
mentación:

Analizar y evaluar caso por caso los posibles riesgos que las actividades con
omg pudieran ocasionar a la sanidad animal, vegetal y acuícola, así como
al medio ambiente y a la diversidad biológica, con base en los estudios de

2
Artículo 3, fracción xxii.
3
Artículo 9, fracciones viii, ix, xv y xvii.
comentarios al proyecto de la ley de bioseguridad 271

riesgo y los reportes de resultados que elaboren y presenten los interesados,


en los términos de esta ley. [...] Suspender los efectos de los permisos,
cuando disponga de información científica y técnica superviviente de la
que se deduzca que la actividad permitida supone riesgos superiores a los
previstos.4

Corresponde a la Secretaría de Salubridad y Asistencia:

Evaluar caso por caso los estudios que elaboren y presenten los interesados
sobre la inocuidad y los posibles riesgos de los omg sujetos a autorización
en los términos del título quinto de esta ley. […] Solicitar a la semarnat o
a la sagarpa,5 según se trate, con apoyos en elementos técnicos y científicos,
la suspensión de los efectos de los permisos de liberación al ambiente de
omg, cuando disponga de información de la que se deduzca que la actividad
permitida por esas Secretarías supone riesgos superiores a los previstos que
pudieran afectar la salud humana.6

Las secretarías correspondientes podrán negar el permiso de


liberación de omg cuando “[...] concluya que los riesgos que pudieran
presentar los omg de que se trate afectarán negativamente la salud
humana o la diversidad biológica o la sanidad animal, vegetal o
acuícola, pudiéndoles causar daños graves o irreversibles”.7 Por otra
parte, el artículo 37 propone medidas de monitoreo, prevención y
control de los posibles riesgos; así, la fracción ii establece: “medidas
de seguridad para que el posible riesgo se mantenga dentro de los
límites de tolerancia aceptados en la evaluación y monitoreo de la
actividad de que se trate, en relación con los posibles riesgos que
dicha actividad pudiera generar”.8
El artículo 38 establece:

La secretaría que expida el permiso podrá modificar las medidas de monito-


reo, control y prevención, requerir al interesado la implantación de nuevas
medidas, así como suspender o revocar dicho permiso, previa audiencia que
se otorgue a los interesados, cuando disponga de información científica o

4
Artículo 13, fracciones ii y vi.
5
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Secretaría de Agricultura,
Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación.
6
Artículo 16, fracciones ii y vi.
7
Artículo 34, fracción ii, inciso c.
8
Artículo 37, fracciones ii y iii.
272 jorge fuentes morúa

técnica de la que se deduzca que la actividad puede suponer riesgos supe-


riores o inferiores a los previstos originalmente en los estudios correspon-
dientes. Lo anterior deberá ser establecido en los permisos que expidan las
secretarías competentes.

El artículo 42 establece:

La solicitud del permiso para realizar la liberación experimental en el am-


biente de omg incluyendo su importación para esa actividad, deberá acom-
pañarse de la siguiente información:
[...] En su caso, se presentarán consideraciones sobre los riesgos de las
alternativas tecnológicas con las que se cuente para contender con el proble-
ma para el cual se construyó el organismo modificado genéticamente que se
pretende liberar.

El artículo 50 establece un conjunto de condiciones cuyo cumpli-


miento deberán garantizar las secretarías correspondientes. Tales ga-
rantías alertan sobre los riesgos que implican la liberación de omg. Es
muy clara la preocupación ambiental contenida en ese artículo, pues
señala los riesgos que puede acarrear dicha liberación para la diversi-
dad biológica, la sanidad ambiental, vegetal o acuícola. El artículo 53
establece la responsabilidad que tiene el titular del permiso de libe-
ración por los riesgos que las liberaciones de omg puedan significar
para el medio ambiente y la diversidad biológica; en consecuencia,
la responsabilidad por los efectos de la liberación de los omg obli-
ga tanto a las instituciones de gobierno como a los permisionarios.
Refrenda la responsabilidad para el particular en el artículo 54: “El
titular del permiso estará obligado a informar inmediatamente a la
secretaría correspondiente, cualquier situación que en la realización
de la liberación permitida, pudiera incrementar o disminuir los posi-
bles riesgos para el medio ambiente, la diversidad biológica o la salud
humana.”
El título segundo, capítulo iii, “Estudio y evaluación del riesgo”,
plantea en su articulado lo siguiente:

La evaluación del riesgo es el proceso por el cual se analizan caso por caso,
con base en estudios fundamentados científica y técnicamente que deberán
elaborar los interesados, los posibles riesgos o efectos que la liberación ex-
perimental en el ambiente de omg pueden causar al medio ambiente y a la
diversidad biológica, así como a la sanidad animal, vegetal y acuícola.
comentarios al proyecto de la ley de bioseguridad 273

Los posibles riesgos a la salud humana serán materia de estudio de ries-


gos para la obtención de la autorización del omg de que se trate, en los
términos de esta ley.

El artículo 61 establece los lineamientos para realizar estudios y


evaluación del riesgo. La fracción iii de este artículo determina: “la
falta de conocimiento o consenso científico no se interpretará nece-
sariamente como identificador de un determinado nivel de riesgo, de
ausencia de riesgo o de la existencia de un riesgo aceptable.”
El artículo 62 establece las etapas básicas a seguir en el estudio
y evaluación del riesgo, conviene anotar algunas fracciones de este
artículo:

i. La identificación de características nuevas asociadas con el omg que pudie-


ran tener posibles riesgos en la diversidad biológica.
ii. La evaluación de que estos posibles riesgos ocurran realmente, teniendo
en cuenta el nivel de tipo de exposición del omg.
iii. La evaluación de las consecuencias, si posibles riesgos ocurrieran real-
mente.
iv. La estimación del posible riesgo global que represente el omg, basada en
la evaluación de la probabilidad de que los posibles riesgos y las consecuen-
cias identificadas ocurran realmente.
v. La recomendación sobre si los posibles riesgos son aceptables o maneja-
bles, o no lo son, incluyendo la determinación de estrategias para el mane-
jo de esos posibles riesgos.

En relación con la incertidumbre, el artículo 63 establece:

Cuando haya incertidumbre acerca del nivel del posible riesgo que los omg
puedan causar a la diversidad biológica, las secretarías correspondientes so-
licitarán dentro del procedimiento administrativo de permiso de la actividad
de liberación en el ambiente de omg de que se trate, información adicional
sobre cuestiones concretas del estudio de riesgo o adoptarán estrategias
apropiadas para el manejo del riesgo y el monitoreo de omg en el ambiente
receptor.
En caso de peligro de daño grave o irreversible, la incertidumbre acerca
del nivel de los posibles riesgos que los omg puedan causar a la diversidad
biológica o a la salud humana, no deberá utilizarse como razón para que la
secretaría correspondiente postergue la adopción de medidas eficaces que
impidan la afectación negativa de la diversidad biológica o de la salud huma-
274 jorge fuentes morúa

na. En la adopción de dichas medidas, la secretaría correspondiente tomará


en cuenta la evidencia científica existente que le sirva de fundamento o cri-
terio para el establecimiento de la medida o medidas; los procedimientos ad-
ministrativos establecidos en esta ley, y la normatividad comercial contenida
en tratados y acuerdos internacionales de los que Estados Unidos Mexicanos
sean parte.
Artículo 64. El interesado podrá presentar de manera adicional al estudio
de los posibles riegos, otros estudios o consideraciones en los que se analice
tanto la contribución del omg a la solución de problemas ambientales, sociales,
productivos o de otra índole, las consideraciones socioeconómicas que existan
respecto de la liberación de omg en el ambiente, como una evaluación de los
riesgos de las opciones tecnológicas alternas para contender con la problemá-
tica específica para la cual el omg fue diseñado. Estos análisis deberán estar
sustentados en evidencias científicas y técnicas, en los antecedentes sobre uso,
producción y consumo, y podrán ser considerados por las secretarías compe-
tentes como elementos adicionales para decir sobre la liberación experimental
en el ambiente, y consecuentes liberaciones en el ambiente en programa pilo-
to y comercial, respectivamente, del omg de que se trate.
.
Cabe preguntar, rigurosamente, ¿ventajas o pseudoventajas, para
quién? Sin embargo, no hay respuesta, porque de modo ambiguo,
la iniciativa de ley abre una posibilidad para atenuar el riesgo,
podría ser que el uso de omg contribuyera a resolver problemas
persistentes, tales como los descritos en este artículo. Sin embargo,
la generalidad propia de la ley, sirve para evadir la definición del su-
jeto jurídico, por eso no se sabe cómo comprender nociones como
sociales o productivas, pues tan social es un grupo de empresarios,
como lo son las organizaciones en regiones indígenas, anotando de
este modo un ejemplo deliberadamente polarizado, no por este tex-
to sino por la realidad histórica contemporánea, no sólo en México,
también en otros lugares del mundo (Montemayor, 2003).
Título segundo, capitulo vi, “de la revisión de los permisos”, está
compuesto por tan solo un artículo, lo cual permite advertir las difi-
cultades que serán necesarias superar para dejar sin efecto un permi-
so ya otorgado.

Artículo 69. La secretaría correspondiente, en cualquier momento y sobre la


base de nueva información científica o técnica acerca de los posibles riesgos
que puedan provocar los omg a la salud pública o al medio ambiente y a la
diversidad biológica, podrán revisar los permisos otorgados y, en su caso, sus-
comentarios al proyecto de la ley de bioseguridad 275

pender sus efectos o revocar dichos permisos, conforme a los procedimien-


tos que establezcan las disposiciones reglamentarias que deriven de esta ley,
cuando considere como causas que:
i. Se presente un cambio en las circunstancias de las actividades que pue-
de influir en el resultado del estudio de la evaluación de los posibles riesgos
en el cual se basó el permiso o,
ii. Se cuente con información científica o técnica adicional que pudiese
modificar cualesquiera condiciones, limitaciones o requisitos del permiso.

No es posible olvidar que bajo la discusión científica y jurídica


permanecen con gran fuerza los intereses comerciales inherentes
al impulso que la biotecnología moderna generados por las grandes
corporaciones transnacionales. Por esta razón, la iniciativa de ley se
ocupa de la secrecía así sea de modo frágil en el capítulo vii, “Confi-
dencialidad”. Este apartado se integra tan sólo por dos artículos, el 70
y el 71, este último relaciona confidencialidad y riesgo:

No tendrán carácter de confidencial:


i. La descripción general de los omg;
ii. La identificación del interesado o responsable de la actividad;
iii. La finalidad y el lugar o lugares de la actividad;
iv. Los sistemas y las medidas de bioseguridad, monitoreo, control y emer-
gencia y,
v. Los estudios sobre los posibles riesgos a la salud humana o al medio
ambiente y a la diversidad biológica.
La información a que se refieren las fracciones anteriores será de uso ex-
clusivo de semarnat o sagarpa, según su ámbito de competencia conforme
a esta ley, una vez que se expidan los permisos respectivos en los términos del
presente ordenamiento. Lo anterior también será aplicable a la formación
para la autorización de omg que expide la ssa de conformidad con esta ley.

Preocupa el uso del término exclusivo, en relación con información


sobre cuestiones que son de interés público. Cuando el lector ha lle-
gado al artículo 71, está consciente de que este ordenamiento ha con-
fesado que la materia de la que se ocupa es peligrosa, riesgosa, no sólo
para el medio ambiente todo, también para la sociedad, por ello son
inaceptables exclusivismos en asuntos de evidente interés público.
De nueva cuenta, ya hacia el final de la Iniciativa de ley se incluyen
cuestiones relevantes, es decir, el capítulo destinado a establecer “Me-
didas de seguridad o de urgente aplicación”:
276 jorge fuentes morúa

Artículo 118. Las secretarías, en el ámbito de su competencia conforme a


esta ley, ordena alguna o algunas de las medidas que se establecen en este
artículo en caso de que en la realización de actividades con omg se presente
lo siguiente:
I. Surjan riesgos no previstos originalmente, que pudieran causar daños o
efectos adversos y significativos a la salud humana o a la diversidad biológica
o a la sanidad animal, vegetal o acuícola.
II. Se causen daños o efectos adversos y significativos a la salud humana o
a la diversidad biológica o a la sanidad animal, vegetal o acuícola, o
III. Se liberen accidentalmente omg no permitidos o no autorizados al
ambiente.
En estos casos, las medidas podrán ser las siguientes:
A. Clausura temporal, parcial o total, de los lugares y de las instalaciones
en que se manejen o almacenen omg o se desarrollen las actividades que den
lugar a los supuestos que originan la imposición de la medida;
B. El aseguramiento precautorio de omg, además de los bienes, vehículos,
utensilios e instrumentos directamente relacionados con la acción u omisión
que da lugar a la medida;
C. La suspensión temporal total o parcial de la actividad que motive la
imposición de la medida;
D. La repatriación de omg a su país de origen;
E. La realización de las acciones y medidas necesarias para evitar que se
continúen presentando los supuestos que motiven la imposición de la medi-
da y,
F. La destrucción de omg de que se trate a costa del interesado, para lo
cual se deberá atender lo siguiente:
a] Procederá únicamente en caso de que los riesgos o daños sean graves o
irreparables y sólo mediante la imposición de esta medida sea posible evitar,
atenuar o mitigar los riesgos o daños que la motivaron;
b] Para determinar la imposición de la medida, la secretaría competente
deberá emitir un dictamen, sustentado técnica y científicamente, mediante
el cual de justifique la procedencia de la destrucción del omg de que se tra-
te, debiéndolo hacer del conocimiento del interesado, para que éste dentro
de los cinco días siguientes exponga lo que a su derecho convenga y, en su
caso, aporte las pruebas con que cuente y,
c] En tanto la secretaría competente dicta la resolución que proceda,
podrá ordenar, de manera previa, el aseguramiento precautorio de los omg,
pudiéndolo llevar a cabo la propia secretaría o a través del interesado.
Asimismo, la secretaría competente que imponga las medidas a que se
refiere este artículo podrá promover ante las otras secretarías competentes
comentarios al proyecto de la ley de bioseguridad 277

la ejecución de alguna o algunas medidas que se establezcan en otros orde-


namientos.

“Palo dado ni Dios lo quita”, conviene atender esta conseja popular,


pues en este artículo no se proponen medidas destinadas a reparar el
daño ambiental. Es importante subrayar cómo la iniciativa reconoce
la posibilidad de que surjan riesgos imprevistos. Esto es adecuado y
congruente con la caracterización riesgosa que la ley señala una y otra
vez, por eso, las prácticas científicas y comerciales relacionadas con
los organismos genéticamente modificados deben autorizarse con la
condición de que los autorizados directamente, es decir, los permisio-
narios, depositen fianzas que aseguren los fondos necesarios para la
reparación del daño ambiental. Contra lo que pudiera pensarse, una
medida de tal naturaleza no es excesiva, basta con reflexionar sobre
el hecho de que un contrato de arrendamiento exige al inquilino la
presentación de una fianza; también, un contrato de compraventa
establece las figuras jurídicas capaces de garantizar lo pactado, si así
ocurre, en prácticas mercantiles añosas, que no implican el interés
público, ¿por qué no exigir las condiciones necesarias para reparar el
daño ambiental? Afectación que es por definición a la sociedad en su
conjunto y de consecuencias ubicuas.

2. La iniciativa de ley recurre a otro concepto, a otro principio


característico del derecho ambiental como lo es el de precaución.
En consecuencia, la complejidad y los peligros que implican la pro-
ducción, distribución y consumo de omg se aprecian por medio de
las múltiples referencias al riesgo así como por la invocación del
principio precautorio. El artículo 9 de esta iniciativa reglamenta
aspectos de la formulación y conducción de la política de bioseguri-
dad, en la fracción iv establece:

Con el fin de proteger el medio ambiente y la diversidad biológica, el Estado


mexicano deberá aplicar el enfoque de precaución conforme a sus capacida-
des, tomando en cuenta los compromisos establecidos en tratados y acuerdos
internacionales de los que Estados Unidos Mexicanos sean parte. Cuando haya
peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no
deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces
en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente y de
la diversidad biológica. Dichas medidas se adoptarán de conformidad con las
previsiones y los procedimientos administrativos establecidos en esta ley.
278 jorge fuentes morúa

También la fracción xv de este artículo señala:

La aplicación de esta ley, los procedimientos administrativos y criterios para


la evaluación de los posibles riesgos que pudieran generar las actividades
que regula esta ley, los instrumentos de control de dichas actividades, el
monitoreo de las mismas, sus reglamentos y las normas oficiales mexicanas
que de ella deriven, los procedimientos de inspección y vigilancia para
verificar y comprobar el cumplimiento de esta ley y de las disposiciones
que de ella deriven, la implantación de medidas de seguridad y de urgente
aplicación, y la aplicación de sanciones por violaciones a los preceptos de
esta ley y las disposiciones que de ella emanen son forma en que el Estado
mexicano actúa con precaución, de manera prudente y con bases cientí-
ficas y técnicas para prevenir, reducir o evitar los posibles riesgos que las
actividades con omg pudieran ocasionar a la salud humana o al medio am-
biente y la diversidad biológica.

El artículo 11 de esta iniciativa delimita las facultades de la semar-


nat; así, en la fracción vii dice: “Ordenar y aplicar las medidas de
seguridad o de urgente aplicación pertinentes, con bases científicas y
técnicas y en el enfoque de precaución, en los términos de esta ley.”
El artículo 13, fracción vii, establece exactamente la misma
disposición para la sagarpa. El artículo 16, fracción v, estipula la
misma facultad para la ssa. Lo significativo reside en el hecho de
que para las tres secretarías el principio precautorio es reconocido
nítidamente.
Conviene presentar algunos aspectos útiles para explicar las
características del principio jurídico ambientalista: precaución.
Este principio, en su acepción más contundente, se fundamenta
en las siguientes ideas: a] el daño ambiental no puede ser conocido
previamente pues son desconocidos los efectos inmediatos y también
los que se manifestarán posteriormente. Además, es limitada la
capacidad para conocer previamente el modo en que avanzará
la metodología científica que posteriormente pueda descubrir lo
que en el momento inicial de arriesgar el uso de una sustancia
probablemente dañosa se conocía. b] Es casi imposible adoptar
medidas para prevenir daños futuros cuyas manifestaciones dañosas
son incalculables en el momento de decidir el uso de los omg
(Betancor, 2001: 155).
La cautela, la precaución, se convierte en principio inspirador
de la política y de la acción ambiental debido a la limitación del
comentarios al proyecto de la ley de bioseguridad 279

conocimiento, a la incertidumbre (Betancor, 2001: 159). No hay


manera de saber con precisión los efectos tóxicos que puedan
generar tanto para los hombres como para todos los seres vivos los
omg. Lo que encontramos tanto en la discusión mexicana, como en
la internacional, son posiciones enfrentadas o “neutrales”, agnósticas.
Esto demuestra que la verdad científica, en esta materia, está en
proceso de construcción.
La imposibilidad de establecer verdades científicas, absolutas,
definitivas, capaces de definir los efectos que pueda tener la
introducción de factores cuyos efectos no pueden conocerse
inmediatamente, abre la posibilidad de construir otro tipo de verdad,
que bien puede denominarse verdad social.9 Este tipo de certeza
reconoce inmediatamente su carácter pasajero, transitorio, pero al
mismo tiempo subraya su solidez. La firmeza de esta verdad social se
origina en el hecho de que la sociedad juzga determinada práctica
científica o ciertos elementos como riesgosos y peligrosos y que en
tanto no se demuestre lo contrario se debe evitarlos, rodeándolos
de todo tipo de medidas precautorias. Sin embargo, el relativismo
inherente al principio precautorio supone un activo ejercicio de
acciones comunicativas, un amplio diálogo social, con la finalidad
de relativizar las afirmaciones que sustentan la cautela y hasta el
temor. No obstante, esta actividad dialógica requiere estar presidida
de fuertes contenidos éticos que reconozcan como principal valor
el estado de la verdad, el avance del conocimiento y no los intereses
pecuniarios (Habermas, 1991: 57-199). Esto significa que para
poder construir la verdad social, aproximándola, relacionándola
con la verdad científica es necesario que los ciudadanos puedan
acceder a la información, dicha información deberá rebasar la mera
formalidad y estar presentada de modo accesible para los interesados.
Esta perspectiva plantea serios cuestionamientos a la iniciativa de ley
sobre bioseguridad, pues no se aprecia una orientación destinada a
fomentar la información y la participación de los sectores productivos
más depauperados como son indígenas y campesinos, es difícil afirmar
que la cibiogem (Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los
Organismos Genéticamente Modificados) constituya la alternativa
informativa que se requiere. En efecto, figura como una institución
compuesta a partir de altos funcionarios del poder ejecutivo y por
notabilidades científicas, esto se aprecia en el apartado: “De la

9
“Verdad científica” contra “verdad social” (Betancor, 2001: 160).
280 jorge fuentes morúa

coordinación y participación”, integrado por los artículos 19, 20,


21 y 23. En relación con la problemática informativa, es pertinente
exponer la normativa del Consejo Consultivo Mixto:

Se crea el Consejo Consultivo Mixto de la cibiogem que fungirá como ór-


gano auxiliar de consulta y opinión de la propia cibiogem. Se integrará por
representantes de asociaciones, cámaras o empresas de los sectores privado,
social y productivo. Su función fundamental será conocer y opinar sobre
aspectos sociales, económicos, y otros aspectos relativos a las políticas regu-
latorias y de fomento, así como sobre las prioridades en la normalización y
el mejoramiento de trámites y procedimientos en materia de bioseguridad
de los omg. Las funciones específicas del Consejo Consultivo Mixto y los
mecanismos para la incorporación de sus integrantes serán establecidas por
la cibiogem.

Ni en este artículo ni en el apartado en su conjunto figuran las con-


diciones para la participación de organizaciones, asociaciones, munici-
pios integrados por campesinos e indígenas depauperados o no, esas
ausencias son significativas pues en medios informativos distintos han
explicado la liberación de cereales transgénicos como el maíz, afectan-
do zonas propias de la agricultura campesina.

3. Después de realizar la lectura de esta iniciativa de ley, detenién-


dose en los nichos problemáticos concernientes tanto al riesgo como
a la precaución originada por este factor, aparecen las siguientes
interrogantes: ¿por qué permitir el desarrollo de una actividad como
la que produce organismos modificados genéticamente?, ¿cuáles son
las necesidades sociales prioritarias que podría resolver el empleo de
estos omg?, ¿el ciudadano, de qué instrumentos jurídicos y sanitarios
dispone para enfrentar los efectos inciertos que rodea el consumo de
alimentos en cuya composición se detectan omg?, ¿están informados
los ciudadanos de aquellos alimentos impregnados por los omg?,
¿la agricultura campesina y aun la pequeña empresa agrícola tiene
información, mapas, descripciones, etc. de los lugares donde se han
empleado para la producción agraria omg? Fácilmente pueden enun-
ciarse muchas interrogantes, problematizando el tema de los omg
hasta el punto de empezar con la cuestión inicial: ¿para qué recurrir
a los organismos modificados genéticamente?
Los omg, independientemente de los muchos juicios que puedan
formularse sobre estos nuevos productos e insumos sociales, son
comentarios al proyecto de la ley de bioseguridad 281

resultado de un largo proceso de investigación, pruebas, análisis,


etc., es decir, son productos humanos para cuya manufactura se
han requerido voluminosas cantidades de dinero, de modo más
específico, de dólares. Estamos entonces ante un hecho fundamental,
mejor, fundacional en tanto que se está efectuando el proceso de
producción de nuevas cosas que como toda cosa ha requerido para su
manufactura de trabajo social; dinero, es decir, capital. Los omg son
pues mercancías emanadas de la laboriosidad de un sector específico
del trabajo social: los científicos, los técnicos, los ingenieros y también
del capital, concentrado en grandes corporaciones que durante
decenios se han dedicado a la producción de mercancías surgidas de
la ingeniería química industrial y actualmente de la biotecnología.
En consecuencia, los omg son mercancías que una vez producidas
exigen circular por el mundo libremente hasta ser consumidas.
Una vez establecido el estatuto social de los omg, es decir,
habiendo reconocido su rostro genuino, que no es otro que el de una
mercancía, es factible comprender que todas las preguntas planteadas
anteriormente y otras tantas que pudieran hacerse, son vacuas, en
tanto no se parta de su naturaleza genuina: es una mercancía que
como toda mercancía exige un mercado. Una vez colocada en el
ámbito mercantil, presenta las mismas exigencias que cualquier
otra mercancía, control del mercado, es decir, eliminación de otras
mercancías que impidan su flujo omnipotente. La producción de
omg trabaja afanosamente para eliminar biológicamente a otros
organismos que no han sido modificados genéticamente, esto se
advierte claramente en el caso de la agricultura. Entonces se trata
de una forma de control del mercado que no se conforma con la
destrucción de las empresas rivales, la lucha por el monopolio o
al menos por la estructuración del oligopolio va mas allá que la
eliminación comercial, se trata de anular físicamente, genéticamente,
a las otras mercancías. Para tales propósitos, es indispensable
emprender una lucha por abrir el mercado. Los omg no vagan
suspendidos en el espacio social, por el contrario, están fuertemente
asidos a la sólida fortaleza de las corporaciones que le dan sustento.
Para cierta concepción de la política, el escenario propio de
dicha actividad está constituido por la esfera de las instituciones
tradicionalmente legalizadas, legitimadas, en suma, institucional-
izadas. Sin embargo, al lado de tan amplio espectro conformado
por instituciones añosas, ya centenarias, ha surgido otra forma de
politicidad, originando lo que algunos especialistas denominan
282 jorge fuentes morúa

la subpolítica10 (Beck, 1998a: 104-109; 2002: 143-173). Para caracteri-


zar esta práctica es posible recurrir a la coyuntura que da origen a la
iniciativa de ley multicitada. La revisión hemerográfica de los últimos
cinco años advierte del lento pero constante incremento de noticias
y artículos editoriales, analizando, o simplemente describiendo, re-
uniones o manifestaciones en torno al surgimiento de una nueva y
peculiar mercadería: semillas transgénicas. Pero al mismo tiempo
que se mencionaba la inmigración a México de este nuevo personaje
mercantil, omg, también aparecía un personaje social inesperado: las
organizaciones ambientalistas, los científicos críticos, las organizacio-
nes ecologistas. Para escribirlo de modo directo, también sintético, la
nueva problemática se define como la reacción adversa, desde abajo,
ante un sutil proceso de introducción de mercancías (omg) rodeadas
por la incertidumbre, cuya carta de presentación consiste en una pre-
gunta: “¿Cuánta seguridad es suficiente seguridad?” (Beck, 2002: 92),
ante productos que aún no manifiestan sus estragos. Recurriendo a la
analogía histórica, ¿será necesario un Chernobil en materia de omg
para así temerles? Planteada de otro modo la problemática: a pesar de
las insistentes proclamas sobre las cualidades y seguridades que ofre-
cen estos nuevos productos, los omg son mercancías insuficientemente
conocidas en cuanto a sus efectos negativos, tóxicos, para esperar paci-
entemente a que rompan el cordón sanitario, el cordón precautorio.
Lo cierto es que la introducción en México de los omg abrió un
espacio para el ejercicio de una práctica política distinta: ecopolítica.
De la duda metódica del ambientalismo a la crítica certera del
ecologismo. De este modo, esta crítica descubrió un horizonte
inesperado, una politicidad que trasciende determinaciones clasistas,
y pone en la mesa de la discusión el destino de los bienes comunes
(Ostrom, 2000). La debilitada soberanía nacional ya había sido burlada
con la introducción de omg. Sin embargo, esto descubrió y también
propició reconocer que aquí como en otros países se mantenía una
firme lucha desigual, en contra de los intereses de los productores
de los omg. En consecuencia, ocurrió una globalización desde abajo,
pues pronto el ambientalismo crítico percibió sus iguales en otros
lados del mundo.11 El descubrimiento del valor de la naturaleza

10
El concepto subpolítica no implica devaluación, tan sólo que esta politicidad
se desarrolla de modo paralelo al tradicional. Tal vez resulta más conveniente
denominarla parapolítica.
11
Medios de comunicación nacionales han cubierto ampliamente aspectos de la
lucha de Bové contra la contaminación de la agricultura francesa con transgénicos.
comentarios al proyecto de la ley de bioseguridad 283

generó rápidamente una politicidad extra institucional que, a pesar


de ser así, rápidamente inició la construcción de la política del débil,
que por eso tenía que construir una crítica ética moral y finalmente
política, hasta desembocar en un nuevo proyecto, la democracia
ecológica (Beck, 2002: 108-112) a la cual se oponen las grandes
transnacionales de la biotecnología cuyas matrices se encuentran en
Estados Unidos, expandiéndose en aquellos países cuyos gobiernos
adoptan políticas crecientemente desnacionalizadoras.
La presión, el activismo, la conformación de una opinión
pública, debates y escritos propiciaron crecientemente la denuncia
y el desacuerdo ante la ilegal intromisión de los omg, mercancías,
cuyos efectos tóxicos se debaten hasta la fecha. Estas circunstancias,
obligan a la política institucional a impulsar la legalización de los
intercambios, de la circulación de los omg. Las mercancías no
concurren por sí solas al mercado, ni se cambian por sí mismas,
deben recurrir a la fuerza o al derecho, para imponer su férula en
el mercado (Pashukansis, 1976: 107). Los mecanismos de fuerza,
la fuerza de los hechos, ya han sido usados para la introducción de
omg, pero al hacerlo han politizado y desarrollado la politicidad
ecológica. El poder, el de las transnacionales y el gubernamental,
debe recurrir entonces al poder del derecho, de la ley, construyendo
las relaciones jurídicas suficientes para legalizar el camino de las
mercancías, de estas mercancías. Si observamos la iniciativa de ley
como un momento muy relevante en el proceso de legalización y
legitimación de la circulación, de la mercancía novedosa, entonces se
comprende el doble carácter de este tipo de iniciativas, por una parte
legalizan la mercancía riesgosa, peligrosa y, por otro lado, levanta un
valladar a la politicidad ambientalista que ha mantenido la crítica a la
nueva mercancía. La iniciativa de ley consagra la estructura piramidal
indispensable para asegurar el proceso por lo pronto de distribución
y consumo de los omg, también para complicar hasta el infinito la
lucha legal de quienes hasta ahora han mantenido la politicidad
ecológica a parir de argumentos éticos morales y científicos. Sin
duda la iniciativa de ley legaliza los omg y crea las condiciones
para ilegalizar las acciones que se desarrollen fuera del ámbito
legal establecido. Esta iniciativa de ley es en consecuencia el inicio
de los eslabones protectores de la difusión de los omg, acotando y
complicando el proceso democratizador ecológico.
284 jorge fuentes morúa

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francés José Bové abandona la prisión”, La Jornada, 3 de agosto, México,
p. 27.
¿DEMOCRATIZANDO LA TECNOLOGÍA
O TECNOLOGIZANDO LA DEMOCRACIA?
RESPUESTAS EUROPEAS A LOS CULTIVOS TRANSGÉNICOS*

les levidow**

introducción

Las nuevas tecnologías se han vuelto el centro del debate acerca del
futuro de la sociedad. El proceso de diseño de la tecnología ha sido
criticado por favorecer la maestría especialista, mientras que por otra
parte excluye otras perspectivas más amplias. Como un remedio, los
críticos han demandado la participación pública en la evaluación de
tecnología como una vía para democratizar la tecnología y de influir
en su diseño. Los procedimientos deliberativos se proponen abrir te-
mas al debate público —no sólo de discutir riesgos y beneficios, sino
de reconsiderar el problema que necesita ser resuelto, en lugar de
simplemente argumentar a favor o en contra de una tecnología. En
esos procedimientos, surgen conflictos acerca de los términos de par-
ticipación —por ejemplo, quién debería participar y sobre qué base.
Esos conflictos nos llevan a preguntarnos: ¿por qué la tecnología
es antidemocrática?, ¿es debido a la falta de participación o a una
forma estrecha de especialización? Aunque estos aspectos pueden
ser importantes, yo argumento aquí que las soluciones tecnológicas
son antidemocráticas por el modo en que definen los problemas, de
manera que involucran el fetichismo y la reificación.
El fetichismo puede ser familiar cuando se usa en frases metafó-
ricas como armas inteligentes, tecnología limpia, bancos de genes,
capital natural e incluso bienes valuables. Capacidades o calidades
humanas son fetichizadas como propiedades de cosas, las cuales de-
ben por tanto tomar una vida propia, por ejemplo, como una medida
o incluso un sustituto de capacidades humanas. En el intercambio de
bienes como mercancías,

*
Traducción: Lev Jardón Barbolla
**
Centro para estrategia de tecnología, Open University, Londres, Inglaterra.

[285]
286 les levidow

[…] [la mercancía] refleja ante los hombres el carácter social de su propio
trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo,
como propiedades sociales naturales de dichas cosas […] A esto llamo el
fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce
como mercancías […]
[…] [para los productores] por ende, las relaciones sociales entre traba-
jos privados se les ponen de manifiesto como lo que son, vale decir, no como
relaciones sociales trabadas entre las personas mismas, en sus trabajos, sino
por el contrario como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones
sociales entre las cosas.1

De esta manera, las relaciones entre personas son reificadas como


si fueran relaciones entre cosas. Esta reificación no es meramente
una apariencia o concepción errónea. Más bien, las relaciones socia-
les aparecen como lo que son.
El resto de este artículo aplicará estos conceptos a conflictos al-
rededor de la biotecnología agrícola, especialmente en Europa. La
conclusión vuelve al tema general de democratizar la tecnología.

problemas y metáforas biotecnológicos

Los productos de la biotecnología agrícola fueron originalmente lla-


mados “genéticamente diseñados” o “dirigidos” o “transgénicos”, luego
fueron llamados “modificados” y ahora algunas veces cultivos “mejora-
dos”. En general, en estos productos se cambia un carácter controlado
por un solo gen, por ejemplo: resistencia a herbicidas o resistencia a
plagas. ¿Cuál es el problema para cuya solución están diseñados?
Durante al menos un par de decenios ha habido un amplio debate
acerca del daño ambiental y los problemas sistémicos del monocul-
tivo intensivo, el cual recrea las condiciones para las epidemias de
plagas y la dependencia en una “rueda sin fin de pesticidas”.2 Sin

1
En “El carácter fetichista de la mercancía y su secreto”, de El Capital (vol. 1, 88-89)
de Karl Marx (1975) [1865], se presentan los fragmentos que cita el autor tal y como
aparecen en las traducciones al español directamente de la obra original hecha por
Pedro Scarón y publicada por Siglo XXI Editores. [t.]
2
También llamadas “ruedas para roedor”, en las que aunque el animal corre, no
avanza. El autor se refiere al proceso en el que la presión de selección que constituyen
los pesticidas fija las características de resistencia a los mismos en las poblaciones de
¿democratizando la tecnología o tecnologizando la democracia? 287

embargo, por medio de la biotecnología, esos problemas inherentes


son fetichizados como deficiencias genéticas. Para corregir estas de-
ficiencias, la investigación biotecnológica intenta descubrir defensas
en el nivel molecular (buena naturaleza) contra amenazas externas
(mala naturaleza). La dependencia socioeconómica de los agriculto-
res hacia insumos comprados es reificada como una relación entre
cosas —como lo es, por ejemplo, una relación entre los cultivos y
las amenazas externas. Irónicamente, esa dependencia es mostrada
como la liberación de los cultivos de las amenazas naturales.
Así, un compromiso institucional con el monocultivo intensivo es
reificado como una relación entre cosas. Mientras la biotecnología
agrícola forma parte de una estrategia político-agronómica, tal op-
ción es mostrada como un descubrimiento de relaciones naturales
entre genes. Cualquier límite o falla debe ser remediado mediante
más de las mismas soluciones, por ejemplo, mediante una rueda sin
fin genética-pesticida.
La estrategia de control biotecnológico es frecuentemente expre-
sada por medio de metáforas sociales —por ejemplo, códigos, com-
bate y mercancías. Mediante una metáfora computacional, los genes
se convierten en información codificada en un lenguaje molecular
universal —por ser leído, intercambiado, editado, etc. Mediante una
limpia precisión quirúrgica, se rediseña la naturaleza para el combate
militar —por ejemplo, para atacar pestes o para proteger cultivos de
aerosoles herbicidas.
El proyecto biotecnológico de mercantilización ha sido expresado
como “genética de valor agregado”, es decir, una búsqueda de cambios
genéticos que mejoran el valor de mercado de insumos o productos
agrícolas. Esta búsqueda está ilustrada por una caricatura donde la
famosa doble hélice se convierte en un árbol de dinero —retoñando
billetes y siendo cultivada por un técnico de laboratorio. (Véase la
figura 1.) En esa vena, los cultivos son reconceptualizados como ma-
terias primas intercambiables, abastecidas flexiblemente. Mediante
estas metáforas, la naturaleza es modificada a la imagen de la biotecno-
logía; las elecciones de diseño toman la forma reificada de propieda-
des naturales por ser descubiertas y mejoradas.

plagas, generando la llamadas “súper plagas”. La respuesta a estas “súper plagas” suele
ser el desarrollo de pesticidas más potentes que vuelven a depurar las poblaciones de
la plaga sin resolver el problema. [t.]
288 les levidow

figura 1. La doble hélice como árbol de dinero.

promoción y críticas iniciales de la agrobiotecnología

El fetichismo también ha permeado el marco de la política neoliberal


de promoción de la biotecnología agrícola. Sus promotores advertían
que la industria agroalimentaria debería ser “dependiente de la bio-
tecnología” en aras de su propia sobrevivencia económica, por ejem-
plo, por medio de la mayor eficiencia en la producción.
Asimismo, la economía entera debería ser “dependiente de la bio-
tecnología” para atraer la inversión en investigación y desarrollo. Así,
la competitividad económica fue fetichizada como una propiedad de
una tecnología particular.
A mediados del decenio de los noventa del siglo xx, los promo-
tores abogaron por muchas políticas para ayudar a la biotecnología.
Desde su punto de vista:
• Los derechos de patente eran indispensables para garantizar una
recompensa financiera por “invenciones biológicas”, el nuevo nom-
bre para el descubrimiento y transferencia de material genético.
• Las cargas regulatorias deben ser “proporcionales a los riesgos” y,
por lo tanto, presumir un conocimiento adecuado de esos riesgos
antes de asentar criterios reguladores.
• Los “problemas agrícolas” familiares deben ser aceptables o irrele-
vantes para la regulación de los cultivos transgénicos, porque esos
problemas (por ejemplo, malezas resistentes a herbicidas e insectos
tolerantes a pesticidas) no son exclusivos de estos productos.
• El etiquetado mg3 no debería ser necesario para productos que han
sido aprobados como seguros.

3
Genetically Modified (modificado genéticamente). [t.]
¿democratizando la tecnología o tecnologizando la democracia? 289

Los críticos y los escépticos plantearon muchos tipos de contraar-


gumentos:
• Los derechos de patente sobre plantas incrementan la biopiratería.
• La novedad genética de los cultivos transgénicos plantea incerti-
dumbres especiales acerca del riesgo e impone un “paso irreversi-
ble” hacia una naturaleza genéticamente diseñada.
• La biotecnología es una medida más para industrializar la agri-
cultura, por ejemplo, mediante nuevos vínculos entre químicos y
cultivos resistentes a herbicidas, mediante una imperativo de efi-
ciencia mal guiado, mayor dependencia hacia insumos comprados
y mediante la mercantilización.
• Los cultivos transgénicos amenazan con imposibilitar alternativas
benéficas, por ejemplo, aquéllas que podrían realzar la biodiversi-
dad, evitar las plagas, fortalecer la independencia de los campesi-
nos, etcétera.

ejercicios deliberativos: un arma de doble filo

En respuesta a las críticas y protestas iniciales, algunos gobiernos eu-


ropeos llevan a cabo experimentos sociales llamados de forma diversa:
conferencias de consenso, conferencias ciudadanas, etc. En general,
esto se traduce en la selección de un pequeño número de gente ordi-
naria para un “panel de legos”. El panel pasa por sesiones preliminares
intensivas, examina los puntos de vista de expertos y bosqueja un re-
porte, el cual a su vez informa el debate público.
Estos encuentros ganaron una audiencia más amplia para el de-
bate público y las voces críticas. Temas prominentes incluyeron: la
dependencia hacia las compañías multinacionales, problemas de sus-
tentabilidad, incertidumbres científicas acerca de los riesgos, entre
otros. Sin embargo, al hacer recomendaciones, el panel generalmen-
te reducía los temas a directrices para controlar los riesgos biofísicos;
implícitamente, ellos daban por supuesto que los problemas del mo-
nocultivo intensivo serían solucionados por la biotecnología. Aunque
criticando por inadecuados los estudios oficiales hechos por expertos,
las recomendaciones generalmente sirvieron para apoyar la reforma
institucional de procedimientos de análisis de riesgo-beneficio.
Así, estos ejercicios deliberativos tendieron a funcionar como un
arma de dos filos. Los conflictos sobre el control sociopolítico son
290 les levidow

reducidos a controles regulatorios. En lugar de democratizar la tec-


nología, los procedimientos participativos tienden a tecnologizar la
democracia. Los prospectos de alternativas dependerán más bien de
protestas de masas como estímulo.

protestas de masas a finales de los años noventa

Cuando Europa recibió los embarques de maíz transgénico de Es-


tados Unidos en 1997-1998, los manifestantes se enfocaron en la
comida que se derivaba de este grano y demandaron alternativas. En
respuesta a tales protestas, las cadenas menudistas y los procesadores
de alimentos decidieron excluir el grano transgénico de sus produc-
tos de marca propia. Consecuentemente, pocos agricultores europeos
han comprado las semillas transgénicas que fueron aprobadas para
su cultivo allí. Los comerciantes de Estados Unidos han intentado
segregar los envíos de grano no transgénico especialmente para la
exportación a Europa. De esta manera, los cultivos transgénicos se
han vuelto una desventaja económica y las fuerzas comerciales han
sido más importantes que los controles regulatorios en la limitación
al uso de los cultivos transgénicos.
La protesta de masas creó una crisis de legitimidad de la biotecno-
logía agrícola y de sus reguladores gubernamentales. Inicialmente, la
tecnología fue promovida mediante imágenes cornucopias de pro-
ductos “limpios”, los cuales corrigen de manera precisa deficiencias
genéticas y mejoran la eficiencia productiva. Los reguladores ponían
énfasis en su preparación para manejar cuidadosamente el riesgo bio-
físico. Sin embargo, los críticos debilitaron esos marcos favorables y
contrapusieron formas de remplazar el monocultivo intensivo.

figura 2: Cultivos transgénicos como un símbolo de daño biológico


¿democratizando la tecnología o tecnologizando la democracia? 291

En Reino Unido, los que protestaban estigmatizaron a los pro-


ductos transgénicos como contaminantes, por ejemplo, al asociarlos
con el símbolo de peligro biológico. Ellos se presentaban a sí mismos
como una bola de nieve barriendo esos contaminantes. (Veáse la fi-
gura 2.) La metáfora de la contaminación tuvo varios significados:

• Inestabilidad: al amenazar las combinaciones genéticas no natura-


les el “delicado balance ecológico”;
• lucro obsceno, al pervertir los intereses del dinero a la ciencia y a la
investigación sobre riesgos;
• la globalización corrompiendo los procedimientos nacionales de-
mocráticos;
• métodos intensivos perpetuando la dependencia tecnológica hacia
las compañías multinacionales;
• herbicidas de amplio espectro esterilizando los hábitats de la vida
silvestre; y
• flujo de polen contaminando los cultivos no transgénicos, impi-
diendo así al consumidor elegir comida no transgénica.

Por medio de estos significados la gente que protestaba ganó


apoyo público a su actividad de “descontaminación” en tanto “res-
ponsabilidad civil”, mientras deslegitimaban al gobierno como anti-
democrático.
En Francia, un gran movimiento de oposición ha englobado un
amplio rango de organizaciones, incluyendo ambientalistas y cam-
pesinos. Algunos agricultores a gran escala buscaron inicialmente
tener acceso a los cultivos transgénicos como una manera de me-
jorar su competitividad económica, aunque otros habían tomado
la visión contraria. La Confédération Payssane Française rechazó el
término moderno “fermier”, asociado a la agricultura industrializada.
Contrapusieron una visión positiva: Pour autre agriculture: maitriser et
repartir les productions pour installer et mantenir des paysans nombreux.4
Desde esta perspectiva ellos observaban a los cultivos transgénicos
como una amenaza para su independencia económica, para sus
habilidades, para los productos franceses de alta calidad, para la
capacidad de elección del consumidor e incluso para la democracia.

4
Por otra agricultura: controlar y repartir las producciones para instalar y mante-
ner el número de campesinos, en francés en el original. [t.]
292 les levidow

Cuando los activistas campesinos fueron perseguidos por efectuar


sabotajes en las tiendas de grano modificado genéticamente, ellos
usaron el juicio para ganar mayor apoyo público. Contra los insumos
mercantilizados, ellos contrapusieron su propio paysan savoir-faire.5
Esta visión resonó en la tendencia francesa hacia producir comida
como terroir,6 etiquetada de acuerdo con su origen de localidades es-
pecíficas y cultivadores campesinos. Visiones similares guiaron las afi-
liaciones nacionales de la Confédération Paysanne Europeán al oponerse
a los cultivos transgénicos.

agricultura sustentable

La controversia sobre cultivos transgénicos se ha intersectado con


un interés popular mayor en la “agricultura sustentable”. Las com-
pañías de biotecnología han mostrado los cultivos transgénicos en
esos términos, por ejemplo, en terrenos en los que ellos incremen-
tarán la eficiencia en el uso de recursos. Pero otros significados de
“agricultura sustentable” entran en conflicto con los cultivos trans-
génicos. En respuesta a la protesta, los procedimientos regulatorios
ya no aceptan los peligros del monocultivo intensivo como punto de
partida para los efectos de los cultivos transgénicos.
Ejemplos de algunos países: Dinamarca ha impulsado una polí-
tica de reducción drástica en el uso de pesticidas, de manera que
el agua superficial pueda ser usada directamente para beber; desde
esta posición, los cultivos tolerantes a herbicidas amenazan la calidad
del agua. Desde los años noventa del siglo xx Austria ha promovido
y subsidiado la agricultura orgánica, como ventaja de exportación y
como norma ambiental; desde esta posición, los reguladores exigen
evidencia de que los cultivos transgénicos no causan más daño que
la agricultura orgánica. En Reino Unido, dos tercios del territorio es
propio para la agricultura y es ampliamente reconocido como parte
del ambiente, donde el uso de agroquímicos ha dañado hábitats de la
vida silvestre; desde esta posición, los cultivos tolerantes a herbicidas
animarán el uso de herbicidas de amplio espectro, los cuales podrían
eliminar más eficientemente esos hábitats.

5
Saber-hacer campesino. [t.]
6
Literalmente “terruño”. [t.]
¿democratizando la tecnología o tecnologizando la democracia? 293

Mientras tanto, la protesta contra la biotecnología ha estimulado y


reforzado las alternativas. Por ejemplo, la industria alimentaria peque-
ña ha establecido “cadenas de abastecimiento verde”, es decir, abaste-
cimiento de granos que han sido producidos con menos agroquímicos.
Esta presión favorece el manejo integrado de cultivos y así realza el co-
nocimiento de los campesinos sobre cómo evitar los problemas de pla-
gas. Algunas compañías de semillas desarrollan variedades resistentes a
las plagas y a la enfermedad; esto revierte la tendencia a criar semillas
principalmente para una mayor cosecha, protegidas de las pestes por
una “sombrilla de pesticidas”.

¿democratizando la tecnología?

La biotecnología ejemplifica cómo la nueva tecnología en general pro-


mueve modelos de sociedad futuros y de esta manera provoca contro-
versias tanto acerca de los riesgos como de los problemas por resolver.
La protesta ha bloqueado en gran medida el modelo biotecnológico de
agricultura en Europa. Mediante varias organizaciones de la sociedad
civil, la gente ha debatido los cultivos transgénicos y la alternativas.
Los procedimientos participativos han sido vistos como medios
para democratizar la tecnología, pero en la práctica tienden a tecno-
logizar la democracia. Por medio de los procedimientos deliberativos
oficiales, por ejemplo, las conferencias de consenso, los ciudadanos
ordinarios han criticado la regulación por inadecuada para manejar
los riesgos. Sus conclusiones todavía aceptan la biotecnología como
una herramienta neutral para incrementar la eficiencia ecológica o la
competitividad económica. Los asuntos del control políticoeconómi-
co se reducen a medidas directivas para controlar el riesgo biofísico.
Más aún, el debate público se refiere comúnmente a “la tec-
nología”, como si ésta significara solamente cultivos transgénicos.
Los métodos alternativos rara vez son llamados “tecnologías”. ¿Por
qué? Quizá porque este término es aplicado sólo cuando cualidades
humanas son fetichizadas como propiedades de cosas, y donde las
relaciones sociales toman la forma de relaciones entre cosas. Tal
lenguaje excluye definiciones alternativas de problemas, procesos,
habilidades, entre otras.
Así, existe una paradoja necesaria en los desarrollos actuales. Para
democratizar la tecnología, entonces, será necesario desafiar los mo-
294 les levidow

delos prevalecientes tanto de democracia como de tecnología. Esto


significa desreificar “tecnología” en dos sentidos:

• Como relaciones sociales de poder.


• Como elecciones de metáforas para cultivar la naturaleza.

En el rediseño de la tecnología, necesitaremos hacernos preguntas


fundamentales:

• ¿Qué problemas hay que resolver?


• ¿Qué tipo de sociedad y de naturaleza queremos?
LOS AUTORES

elena álvarez-buylla. Investigadora titular en el Laboratorio de


Genética Molecular, Desarrollo y Evolución de Plantas del Instituto
de Ecología, unam. Doctorada en Genética en la Universidad de
Berkeley y posdoctorada en la Universidad de San Diego en genética
molecular del desarrollo en plantas. Sus líneas de investigación giran
en torno a la biología del desarrollo y la evolución de los mecanismos
del desarrollo. Premio de la Sociedad de Naturalistas de usa, Premio
unam a Jóvenes Universitarios, Premio de Investigación (biología)
de la Academia Mexicana de Ciencias. Fue miembro del Consejo
Consultivo de Bioseguridad y ha participado en la organización
de talleres sobre el posible impacto de organismos geneticamente
modificados.

ana barahona echeverría. Bióloga, profesora titular de la Facultad


de Ciencias de la unam. Pionera en los estudios históricos y filosóficos
de la ciencia. Desde 1980, ha publicado una extensa obra consistente
en artículos y libros especializados. Como epistemóloga se ha preocu-
pado por el análisis y evaluación de la ciencia en educación básica.
Nombrada consejera técnica del Instituto Nacional para la Evalua-
ción de la Educación, para el periodo 2002-2010.

francisco gonzalo bolívar zapata. Doctor en química (bioquími-


ca), investigador y ex director del Instituto de Biotecnología. Pionero
de la investigación y desarrollo tecnológico a escala mundial en el
área de la biología molecular y la biotecnología; tiene más de 140 pu-
blicaciones en revistas y libros, miembro de El Colegio Nacional. Por
su trabajo, ha recibido varias distinciones y 12 premios, entre los que
destacan: Premio Nacional de Química; Premio Investigación en Ciencias
Naturales; Premio Manuel Noriega; Premio Universidad Nacional; Premio
Príncipe de Asturias, entre otros.

liza ma. covantes torres. Ingeniera agrónoma, colaboradora en


Greenpeace México. Su área de especialidad es el metabolismo se-
cundario de plantas y las políticas y regulaciones en bioseguridad.
[295]
296 autores

Tiene varias publicaciones sobre organismos transgénicos tales como:


Expedientes ambientales: maíz transgénico, Organismos transgénicos: sus im-
plicaciones ambientales y su presencia en México, entre otras.

alejandra a. covarrubias robles. Doctora en genética y biología


molecular; investigadora del Instituto de Biotecnología de la unam.
Su área de especialidad es genética y biología molecular; biología
molecular y celular de plantas. Pertenece al Comité Editorial de la
revista Plant Physiology. Es autora de más de cincuenta publicaciones
en su área de conocimiento.

jorge fuentes morúa. Doctor en estudios latinoamericanos, profe-


sor investigador en el Departamento de Sociología, uam-i. Ha partici-
pado en procesos sociales y jurídicos emprendidos por organizaciones
civiles opuestas a la biopiratería y al saqueo genético. Ha publicado
trabajos sobre derecho ambiental, en la coyuntura del movimiento
indígena actual, entre otros, La comunidad negada. También es autor
del libro: José Revueltas. Una biografía intelectual, M. A. Porrúa-uam-i.

amanda gálvez mariscal. Doctora en biotecnología; profesora de


la Facultad de Química de la unam. Sus áreas de investigación son:
la modificación y aplicación de proteínas funcionales, y la detección
molecular de secuencias transgénicas en alimentos de maíz. Sus
trabajos han sido reconocidos con el Premio Nacional de Ciencia y
Tecnología de Alimentos en 1990 y en 2002.

luis herrera estrella. Es egresado de la carrera de ingeniería bio-


química de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del ipn. Realizó
estudios de maestría en el Centro de Investigación y de Estudios Avan-
zados del ipn (Cinvestav) y de doctorado en la Universidad Estatal de
Gante, en Bélgica. Actualmente es investigador y director de la Unidad
de Biotecnología Agrícola del Cinvestav en Irapuato, Guanajuato. Por
sus contribuciones al desarrollo de la tecnología para la producción
de plantas transgénicas y el estudio de los mecanismos moleculares
que regulan la expresión de genes en plantas, fue galardonado con el
Premio Nacional de Ciencias y Artes, y recientemente electo miembro
extranjero de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos.

ana de ita. Maestra en sociología; investigadora del Centro de Es-


tudios para el Cambio en el Campo Mexicano (ceccam). Sus líneas
autores 297

de investigación son: libre comercio y agricultura, políticas agrícolas


comparadas y movimientos sociales campesinos. Asesora de organiza-
ciones campesinas y ha escrito varios artículos en prensa.

les levidow. Doctor e investigador en la Open University de Londres,


Inglaterra. Donde está estudiando la regulación sobre seguridad e in-
novación de cultivos transgénicos. Esta investigación abarca la Unión
Europea, Estados Unidos y sus conflictos de Comercio. Editor de la
Revista Science as Culture, y coeditor de varios libros incluyendo Science,
Technology and the Labour Process: Marxist Studies; Anti-Racist Science
Teaching y Cyborg Worlds: The Military Information Society.

agustín lópez-munguía canales. Investigador del Instituto de Bio-


tecnología de la unam en proyectos relacionadas con la aplicación
de enzimas en la producción y transformación de alimentos. Cuenta
con varias obras de divulgación en el tema de la biotecnología, en
particular sobre los alimentos transgénicos.

miguel martínez trujillo. Biólogo (1983) por la Universidad Mi-


choacana de San Nicolás de Hidalgo, maestro en ciencias (1989) por
el Departamento de Genética y Biología Molecular y doctor en cien-
cias (2002) por el Departamento de Ingeniería Genética de Plantas,
del cinvestav-ipn. Actualmente es profesor investigador titular en la
Universidad Michoacana y trabaja mecanismos de regulación genéti-
ca en plantas. Candidato a investigador nacional.

julio muñoz rubio. Biólogo egresado de la Facultad de Ciencias de


la unam (1983), maestro en ciencias (biología) por la misma Facultad
(1996) y doctor en filosofía por la Universidad Autónoma de Barce-
lona (2000). Su campo de trabajo es la filosofía de la ciencia, en el
que está desarrollando investigaciones críticas del reduccionismo en
biología. Es investigador titular de tiempo completo del Centro de
Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la
unam.

león olivé moret. Doctor en filosofía, investigador y ex director del


Instituto de Investigaciones Filosóficas de la unam. Autor de seis li-
bros como autor único; ha editado diez libros colectivos, y ha publica-
do alrededor de setenta artículos sobre temas de epistemología y de
filosofía de la ciencia y de la tecnología, así como de filosofía política
298 autores

y social. Recibió el Premio de Investigación de la Academia Mexicana


de Ciencias (1988).

jaime padilla acero. Biólogo, doctor en ciencias. Investigador del


Centro de Investigaciones en Energía, unam/ Temixco. Su área de
especialidad es la bioquímica y biología molecular de plantas: fisiología
molecular de interacciones planta-microorganismos/ estrategias y
aplicaciones del análisis genómico en plantas. Ha participado en
varios foros de discusión sobre los impactos de la biotecnología en la
agricultura y ha publicado en revistas especializadas y escrito varios
artículos de divulgación.

silvia ribeiro. Periodista y trabaja como investigadora del Grupo


etc (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración,).
Ha desarrollado actividades como editora, periodista y campañista
en temas ambientales en Uruguay, Brasil, Suecia y México. Tiene
una amplia trayectoria en la crítica, documentación y activismo
ambiental, particularmente en diversidad biológica y cultural,
recursos genéticos, propiedad intelectual, biopiratería, transgénicos
y globalización corporativa, entre otros temas. Sus artículos han
aparecido en diversas publicaciones de América Latina, Europa
y Norteamérica. Actualmente colabora en el diario La Jornada de
México.

jose luis solleiro rebolledo. Doctor en ciencias técnicas con


especialidad en desarrollo tecnológico; su línea de investigación se
concentra en el tema de estrategias de innovación en la evaluación de
la competitividad de la industria de alimentos y sistemas sectoriales
de innovación. Ha sido evaluador, docente y asesor de empresas
privadas, públicas, universidades y organismos internacionales en
cuestiones relacionadas con la gestión de la innovación.

víctor manuel toledo manzur. Investigador del Instituto de


Ecología de la unam, se dedica al estudio de las culturas indígenas y
la biodiversidad, la ecología política y el desarrollo sustentable. Autor
de más de 200 publicaciones científicas, de divulgación, incluyendo
12 libros. Fue distinguido con el Premio al Mérito Ecológico en 1999
por el gobierno de México.
formación de betzabé valdez
familia tipográfica: new baskerville 10/12

se terminó de imprimir
en octubre de 2004
en los talleres de
impresora publimex, s.a de c.v.
calz. san lorenzo 279-32
col. estrella, iztapalapa, 09850, d.f.

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