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Fragmentos y pensamiento de Parménides

El documento presenta fragmentos del poema filosófico de Parménides de Elea. En las primeras oraciones, describe cómo fue llevado por yeguas al camino de la verdad, donde se encontró con una diosa que le dijo que aprendiera sobre la verdad y los engaños de los mortales. Luego, la diosa le enseña que solo hay dos caminos de investigación: que es y que no es, siendo el primero el único válido porque el ser no puede no ser.

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Fragmentos y pensamiento de Parménides

El documento presenta fragmentos del poema filosófico de Parménides de Elea. En las primeras oraciones, describe cómo fue llevado por yeguas al camino de la verdad, donde se encontró con una diosa que le dijo que aprendiera sobre la verdad y los engaños de los mortales. Luego, la diosa le enseña que solo hay dos caminos de investigación: que es y que no es, siendo el primero el único válido porque el ser no puede no ser.

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2.2.

PARMÉNIDES 33

Allí son las puertas de los caminos de la noche y el día ', y las tiene a
ambos lados un dintel y un umbral de piedra; etéreas', están cubiertas
(= llenas) por grandes hojas; de ellas /ajusticia, la del múltiple «dar pago;>,
tiene las llaves, llaves de doble sentido'. Seduciéndola, las doncellas con
dulces palabras la convencieron hábilmente de que para ellas retirase ve­
loz de las puertas la barra sujeta con una clavija; y las puertas, de la se­
paración de sus hojas, hicieron una abierta garganta 7, lanzándose al vue­
2.2. Parménides lo, haciendo girar alternativamente en los goznes los ejes ricos en bronce,
ajustados mediante herrajes y clavos; por allí, a través de las puertas, rec­
Vivió en la segunda mitad del siglo VI y primera del V. Era de Elea, to condujeron las muchachas por la vía el carro y las yeguas.
ciudad griega en el sur de Italia. Escribió un poema en hexámetros dac­ Y la diosa' me acogió benévolamente, cogió con su mano mi mano de­
tílicos del que se conservan fragmentos. recha, y así dijo su decir y me dirigió la palabra: «Muchacho, compañero
Primeramente traduciremos gran parte de los fragmentos; el lector de aurigas inmortales, que alcanzas mi morada con las yeguas que te lle­
debe volver a ellos, y a las notas que ponemos a pie de página, cuando van, salve, pues no es un destino malo el que te envió a este camino --está,
haya leído nuestra posterior exposición del pensamiento de Parménides. en efecto, al margen de la vía pública de los hombres-, sino lo debido y
Traducimos convencionalmente voEi:v por «pensar», á.A.r¡Sdr¡ por «ver­ la justicia (8É!.LL<; tE 1'\íx'Y) tE). Es preciso que te percates de todo: tanto del
dad», l'>ó1;a por «parecer». corazón sin temblor de la redonda verdad como de los pareceres de los mor­
B l . Las yeguas que me llevan me han enviado tan lejos como el tales', en los que no hay verdadera solidez. Pero, en todo caso, aprende
deseo puede alcanzar, pues, conduciéndome, las diosas me han hecho lle­
gar al camino 1 , rico en decires, que (sobre)pasando todas las ciudades, por­
ta al hombre que sabe (= que ha visto: Ell'>mc;) '; por allí fui llevado; por tuab> o «confectivo», no durativo; «dejando -cada vez de nuevo- atrás la mo­
allí, en efecto, me llevaron, tirando del carro, las yeguas, que ponen de ma­ rada de la noche».
nifiesto muchas cosas, y muchachas mostraban el camino. El eje en los cu­ Abandonar siempre de nuevo la morada de la noche (por lo tanto retomar
bos, ardiendo, lanzaba un sonido de flauta -pues era apretado de ambos siempre a ella) es el camino del sof
'
lados por dos torneadas ruedas-, cuando las hijas del sol se apresuraban «Allí>> es «en el camino», es decir: en cuanto el camino tiene lugar. El ca­
mino es la propia cuestión ser/no-ser, desocultamiento/ocultamiento. La «puer­
a guiar, dejando atrás la morada de la noche, hasta la luz', apartando de
ta» es lo que se «abre», y más abajo Parménides mencionará la abertura de la
sus cabezas con las manos los velos.
puerta con palabras que recuerdan, incluso literal y fonéticamente, el xáo� de
Hesíodo. La «puerta» es otra designación del camino. La puerta, como el ca­
mino, es de-cisión.
'
En vez de «las diosas me han hecho llegar al camino», otra lectura defen­ ' AW'IÍQ («éter») designaba la región superior del aire, o bien el aire como
dible (llaC!!ovo� en vez de llaL!!OVE�) daría: «(las yeguas que me llevan ... ) me claridad, no la bruma, para la que se reservaba ai)Q cuando se quería hacer esta
han hecho llegar al camino del dios» (o «de la diosa»). distinción.
Nótese que a donde ha sido llevado el poeta es al camino. El camino no es 6 La <�usticia» (llCxr¡; recordar a Anaximandro) es el estatuto, la finitud de
algo previo, sino que el poema mismo no presenta otra cosa que el camino. que hablamos en.l y en este mismo capítulo. Las llaves son ({de doble sentido»,
'
«Saber» es «haber visto», porque es asumir aquello que el hombre en cada porque tanto abren como cierran.
caso ya era, pertenecer a aquello a lo que en todo caso ya pertenecíamos. '
«Abierta garganta»: xáa!!' uxavé�; ambas palabras relacionadas con xáo�,
'
«Cuando las hijas del sol se apresuraban ... hasta la luz» quiere decir: en xaCvw (véase 1 ).
cuanto tiene lugar el «camino». El camino es en cada momento de-cisión, por ' A «la diosa» no se le da en el poema otro nombre que este. A partir de
la luz frente a la noche; por eso el camino es doble, como luego dirá el poema. aquí todo el poema es el discurso de la diosa.
De acuerdo con la gramática del texto, «cuando . . . se apresuraban» (iítE mtEQ­ ' �QO'tÓJV M;m: «los pareceres de los que viven los mortales», no «las opi­
xo(m;o) debe tener sentido iterativo («cada vez que se apresuraban», {<en cada niones (subjetivas) de los mortales». Es la cosa la que (a)parece, no los hombres
caso en que se apresuraban»), y «dejando atrás» (rtQOAt.:rtoiiam) sentido «pun- los que «opinan» y se equivocan.

[32]
34 2. LA ÉPOCA ARCAICA 2.2. PARMENIDES

también esto: que (y cómo) lo aparente tenía que ser de modo digno de aquel " que andan errantes (o <(tambaleándose») " los mortales, que nada
10•
crédito. atravesando todo de un lado a otro saben (= han visto), dobles cabezas; pues en sus pechos la ausencia de re­
B 2. Diré -tú escucha y guarda mis palabras- qué únicos caminos cursos dirige un pensar errante; son llevados, sordos y ciegos a la vez, es­
de búsqueda hay que pensar: . ., tupefactos, turba sin discernimiento, para quienes el ser y no ser vale como
el uno: que es. v que no es no-ser; es el camino de la convzccwn -pues lo mismo y como no lo mismo, y de todos ellos es camino el dar vueltas

sigue a la verdad ; sobre sus propios pasos.
el otro: que no es, y que no-ser es preciso; éste te hago saber que es B 7. Pues he aquí lo que nunca será domado: no-ente ser ". Tú, apar­
un sendero absolutamente desconocido 11 ; pues no podrás conocer el no-ser ta tu pensamiento de este camino de búsqueda, y no te lleve a la fuerza
-no es, en efecto, cumplible- ni podrás darlo a conocer. el hábito de la mucha experiencia por este camino: mover el oio que no
B 3. p ues lo mismo es pensar y ser. ex{lmina y el oído lleno de ruido y la charla; por el contrario, decide con
B 4. Mira, sin embargo, (cómo) lo ausente (es) firmemente presen­ discernimiento (XQivm M Aóyq>) la litigiosa cuestión que por mí ha sido
te para el pensamiento "; pues no sepa�arás el ser, cort�n�olo, 1e su ad­ dicha ".
herencia (exeoem: «tenerse», «estar asido a») al ser; nz dzspersandolo to­ B 8 . 20 Queda un solo decir del camino: que es; sobre ese camino
talmente por todas partes, con arreglo al orden, ni componié�dolo. 13 hay múltiples señales: que, siendo no nacido, es también no perecedero,
B 5. Común es, de donde yo empiece; pues a ello volvere de nuevo . pues es de miembros intactos, y sin temblor y sin final; nunca era ni será,
B 6. Es preciso decir y pensar que el ser es14; en efecto, ser es, nada, puesto que es ahora Jodo a la vez, uno, continuo; pues ¿qué nacimiento de
en cambio, no es; de esto te ordeno que te apercibas. En primer lugar te él buscarás?, ¿cómo y de dónde ha crecido?,· no te permitiré decir ni pensar
aparto de este camino de búsqueda ", pero a continuación (te aparto) de que de no-ser; pues ni decir se puede ni pensar que no es. Y ¿qué necesi-

10
Sobre la última frase de B 1, obsérvese: es preciso». El pertenecer a este camino es apartamiento, (no-)experiencia; a tal
a) «tenía que» (imperfecto; también en griego): la necesidad del parecer pertenecer invita la diosa al pensador.
"
es «anterior», porque es la verdad misma. . _
La Mi;a. Las palabras «pero a continuación» indican que el <<apartar» se
b) «lo aparente>> (tú l)o x.oüvta) es lo ente (véase 1, este mismo capttulo Y enuncia ahora en una dirección distinta de la enunciada en la frase anterior.
11
2.4). ' . Otra interpretación defendible: «que se forjan>>, en vez de «que andan
e) «atravesando todo de un lado a otro»: en todo el ambito de la presen- errantes (... )».
cia; el ámbito de la Mi;a es -por así decir- extensionalmente el mtsmo de la '" Lo presente en el modo de la Mi;a es ciertamente tóvta (ente), pero su
• .
ai.r¡edTJ. . carácter de ente, el ser, en sí mismo pasa desapercibido, no aparece, no es. Por
11
Otra lectura defendible (rravrotEL6Ea en vez de rravrotE1J6EU) dana «en tanto, lo presente en el modo de la M;a «es» (es presente) en un modo que,
el que no puede haber convicción alguna» en vez de ((absolutamente descono­ precisamente, consiste en que el ser mismo (la presencia misma) se substrae; el
cido». «Ser>> en el sentido inmediato y cotidiano, en el sentido de la Msa, consiste pre­
"
Tanto Jo presente (ltaQEóvta) como Jo ausente (arrEóvta) es tóvta. Lo cisamente en dejar de lado el ser, en no-ser; lo ente es así �� Eóvta (no-ente);
ente en cuanto a su ser (es decir: para el voEi:V, que es el hacerse cargo del ser) es lo ente, pero su carácter de tal consiste en que quede en la sombra el propio
es todo uno, no admite corte ni yuxtaposición, porque el ser es uno para todo. ser, consiste en no-ser; es, pues, no-ente. La existencia cotidiana es un «decir»
'' Todo lo que se dice en el poema es una sola cosa; aquello de lo que se constantemente «es», «no es», que propiamente no dice nada, es una <(charla».
parte es aquello a Jo que se vuelve siempre de nuevo. . ., «Nunca esto será domado: no-ente ser» quiere decir dos cosas:
Heidegger ha observado que no sólo ((que el ser es», smo �mbten «es. pre­
"
a) Que nunca será impuesto que sea aquello cuyo (<Ser>> consiste en no-ser.
ciso decir y pensar», tiene importancia en esta frase. Para XQTJ (((es [Link]», Es decir: que la Msa nunca será verdad.
((Se requiere»), cf. lo dicho de tó XQE<ÍlV en Anaximandro. Ese «requenr» es el b) Que nunca será vencido el que tenga lugar aquello cuyo ser consiste en
conducir cada cosa a la presencia, traer a la luz, el Myo�-<pÚOL�. En ese reque­ no-ser. Que el ocultamiento a que el ser está entregado jamás será suprimido;
rir es requerido el hombre a ser-hombre (a [Link] y voetv); y en ese ser reque­ por tanto, que la Mi;a es necesaria.
rido por y para la presencia misma consiste el ser-hombre. " La «cuestión» ser(no-ser.
" A saber: del ((Otro» camino mencionado en B 2: ((que no es, y que no-ser " B 8 seguía inmediatamente a B 7 en el poema.
36 2. LA ÉPOCA ARCAICA 2.2. PARMÉNIDES 37

dad lo habría empujado, antes o después, partiendo de la nada, a ser? Así, en modo alguno menos, sino que es todo lleno de ser. Por eso es todo con­
es preciso que o sea de todas todas o no sea. Nunca la fortaleza de la con­ tinuo ( de una vez); pues ser toca (= alcanza, limita con) a ser.
=

vicción dejará que de no-ser llegue a ser algo aparte de ello mismo" ; por Por otra parte, inmóvil en los límites de fuertes vínculos es sin princi­
ello ni que nazca ni que perezca deja la justicia, soltando sus lazos, sino pio y sin cese, puesto que nacimiento y muerte han sido apartados lejos,
que mantiene; y el juicio acerca de ello está en esto": es o no es; y está la convicción verdadera los ha rechazado. Permaneciendo lo mismo y en
desde luego decidido, según necesidad, dejar sin pensar y sin nombre el lo mismo, yace cabe sí, y así permanece allí mismo firme; pues la fuerte
uno (de los dos caminos) -pues no es camino verdadero- y que el otro necesidad lo tiene en las ataduras del límite, que por ambos lados lo re­
es y es verdadero. ¿Cómo, siendo, podría perecer luego?", ¿cómo podría tiene, por lo cual es ley que el ser no es sin fin; pues es no necesitado; y
haber nacido?,· si nació, no es, ni si en algún momento va a ser. Así queda siendo (sin fin) necesitaría de todo (= de totalidad, de compleción, de aca­
extinguido el nacimiento e ignorado el perecer. bamiento) ".
No es divisible, puesto que es todo lo mismo,' ni en modo alguno «allí Y lo mismo es pensar y aquello por lo cual es el pensamiento. Pues
más», lo que le impediría ser continuo (O'UVÉXE08m: «tenerse junto»), ni sin el ser, en el cual ha sido dicho", no encontrarás el pensar; nada, en
efecto� es o será " otro aparte del ser, puesto que la Moira lo ha ligado a
ser entero y sin movimiento; por ello será nombre " cuanto los mortales
"
han fijado, convencidos de que es verdadero, nacer y perecer, ser y no ser
Así, según el texto de [Link]. Una corrección propuesta por Rein­ (Elvaí tE xa'L aúxí), y cambiar de lugar y mudar la superficie brillante .
hardt daría: «Tampoco dejará nunca la fortaleza de la convicción que del ser lle­ (= el color).
gue a ser algo aparte de él mismo». Y otra correción,yropuesta por Heidegger,
Pero, puesto que (hay) límite (, el cual es lo) último, está terminado
daría: «... que de algo que de alguna manera es (Éx rcn ÉÓvto�) llegue a ser otra
de todas partes, semejante al volumen de una esfera bien redondeada; de
cosa que eso mismo (= que algo que de alguna manera es)». Esta última correc­
ción da al pasaje un sentido muy coherente con las nociones fundamentales que igual peso en todas direcciones a partir del centro; pues ni mayor en nada
tratamos de exponer: se trata de mostrar que el ser no puede haber nacido; para ni en nada menor es preciso (= conviene) que sea aquí o allá. Pues ni hay
ello, desde «¿qué nacimiento de él buscarás? ... », se procede así: no ser", que le impida llegar a la igualdad, ni el ser es de modo que haya
A. Se demuestra que no puede haber nacido del no-ser; en efecto: a) no pue­ más ser por aquí, menos por allí, puesto que es todo inviolable; en efecto,
de no-ser, no-ser está excluido; b) ¿qué necesidad habría empujado al ser a ser, de todas partes igual a sí, se encuentra de igual modo en los límites.
partiendo de no-ser? Aquí pongo término a mi segura razón (Aóyo<;) y pensamiento acerca
B. Se demuestra que no puede haber nacido de algo ente; en efecto: de de la verdad; a partir de aquí, aprende los pareceres de los que se nutren
algo ente sólo puede nacer algo ente, no el ser. los mortales, oyendo el orden engañoso de mis palabras')9.
Parménides no dice que lo ente no nace ni perece, sino, precisamente , que
es lo ente lo que nace y perece; e/ ser no nace ni perece, precisamente porque
no es un ente, sino el arrancar(se) al ocultamiento, y, por tanto, la negativa al " La transmisión da: «no siendo, necesitaría de todo». La corrección que
no-ser, y el nacer y perecer es no-ser. Porque no nace ni perece, tampoco era. hemos incorporado al texto, consistente en suprimir ¡.t� («no»), es discutida.
ni será. Y excluir nacer (en griego «llegar a ser») y perecer («dejar de ser») es " «Dicho» = llevado a aparecer, determinado, definido como ... El pensar

excluir todo ambio, toda modificación; ya que todo lo que cambia «llega a ser» tiene lugar (es, es pensar) por cuanto el ser es. Cf. B 6 y la nota 14.
"
algo y «deja de sen> algo, y el ser no es más que eso: ser, y no puede «llegar a Una conjetura de Bergk daría: «no era, en efecto, o es o será» otro apar­
ser» ser ni «dejar de ser» ser. Una vez más, Parménides no dice que lo ente no te del ser.
21
cambia, sino, precisamente, que lo que cambia es lo ente. . . Ahora (hasta « ... brillante») se refiere a la 1\ó!;a. «Nombre» (o vo¡w) no
El ser, de-<:isión frente al no-ser, es «de una vez», es dec1r: «uno, contmuo», significa lo que nosotros llamaríamos «mero nombre». No hay en griego, que
sin partes ni etapas. Es «todo a la vez» y, por tanto, «todo igual», sin partes, sepamos, ninguna palabra que signifique la «mera palabra», que no envuelva de
sin «aquí más . . . ni allí menos». . . un modo u otro la presencia de la cosa. Ovo¡.ta es aquí la presencia de cada
" cosa, el modo de presencia caracterizado por el «. . . y... y. . . ».
Desde «sino que mantiene» hasta «en esto» puede no ser de Parmemdes, "
sino una glosa posterior. «No ser» es oux Éóv. Reservamos «no-ser» para ¡.t� f.óv.
" "
Así, según el texto de Kranz. Según el de Diels sería: «¿Cómo podría el En adelante todo el poema se refiere a la 1\ó!;a. Esto -a saber: que es
ser haber llegado a ser luego?» M!;a y no verdad- es lo que quiere decir «engañoso».
2. LA ÉPOCA ARCAICA 2.2. PARMÉNIDES 39
38

Pues han fiiado su juicio en nombrar dos formas, de las cuales una (ta <'ioxoüvta), y «el ser» (tó Eóv) al aparecer mismo es decir: a la cons­
no es preciso (= no conviene) " -en lo cual andan errantes-; han discer­ i
titución del aparecer en sí mismo, a lo que hace pos ble que algo e n ge­
neral aparezca, o sea: a la claridad (ál..r¡BEÍTj) misma.
nido la fifiura en contrarios y han puesto las señales unas fuera de otras,
A la oposición verdad/parecer corresponde la oposición de dos pos­
aquí el fuego etéreo de la llama, que es favorable, ligero, lo mismo consi­
turas fundamentales del ser humano, de las cuales una es la posibilidad
go en todas partes y no lo mismo que lo otro: y enfrente han puesto tam­
de asumir propiamente aquello que en el fondo el hombre es en todo
bién aquello otro en sí mismo: la noche sin conocimiento. cuerpo denso y
caso; este modo de ser propio del hombre es el voetv (véase 1 ) . Bien en­
compacto. Toda la disposición aparente yo te muestro, para que nunca una
tendido que el pensar (el voeiv) no es ajeno a la ból;a, sino que preci­
sentencia de los mortales te eche a un lado " .
samente es asumir la necesidad de ésta. El tema del pensar es la verdad
* * * (= el ser), pero este tema es al mismo tiempo la necesidad del parecer.
Esto ocurre porque el tema del pensar es en sí mismo algo doble,
es una oposición, una «litigiosa cuestión», como lo indica la propia pa­
El pensador ha de hacerse cargo tanto de la verdad (áATJBELTJ, véa­
labra «verdad» (á-ATJBELTJ), que expresa el 'árrancar(se) al ocultamiento,
se 1) -del «corazón sin temblor de la redonda verdad»- como del pa�
por 1? tanto una lucha. Por eso dice Parménides que el VOEtv se encuen­
recer, del que se nutren los mortales, porque el parecer pertenece esen­
tra siempre ante dos caminos: «el uno: que es, y que no es no-ser» {es
cialmente a la verdad (véase B 1, final, y la nota correspondiente). El .
decir: presencia, desocultamiento), «el otro: que no es, y que no-ser es
«caminm> del parecer es el que andan «errantes, los mortales que nada
preciso» (ocultamiento, necesidad del no-ser). En otras palabras:
saben». El «camino» de la verdad es propio del pensador. Pero los dos
a) Si «ser» se convierte en tema de consideración, es que hay -me-
caminos no se dan el uno sin el otro: .
JOr: que (no-)hay- no-ser (véase 1 ).
Por una parte, nada podría parecer ni aparecer si no hubiese de an­
b) «Ser», en efecto, se entiende como presencia, en el sentido de
temano claridad (véase 1 ), abertura, ÚATJ8ELTJ; por tanto, el parecer pre­
qnímc; expuesto en 1 , y, por tanto, como .arrancar{se) al ocultamien to.
supone la verdad, y el «estar en la apariencia>> presupone un originario
Pero 1� �xperiencia del no-ser es (no-)experiencia (véase de nuevo 1 );
«estar en la verdad», aunque de modo necesario éste resulte comúnmen­ .
es no-percibir, no-expenmentar, no-decir.
te dejado atrás y olvidado. Por otra parte: la verdad, el desocultamien­
Precisamente porque la experiencia del ser, de la presencia, es al mis­
to, es la claridad en la que algo puede aparecer; pero lo que en el deso­
mo tiempo experiencia del ocultamiento, de la nada, y, por tanto, no­
cultamiento aparece, lo que reclama la atención, lo que se afirma -por
experiencia, huida, por eso a la verdad le pertenece quedar olvidada
así decir- como tema expreso, no es la claridad misma, sino aquello que
como tal, por eso es necesario el parecer.
en tal claridad aparece; y la exclusividad de esto, de lo apareciente, fren­
Estamos viendo que las oposiciones que «definen» la noción de ser
te a las condiciones mismas del aparecer, es el «parecer» (Oó!;a) de que
pueden exponerse también como oposiciones constitutivas de la propia
nos habla Parménides. Llamamos «lo ente» (ta tóvta) a lo que aparece
existencia del hombre. Esto responde a que el ser humano (cuya desig­
nación esencial en Parménides es el VOELV) no es otra cosa que estar
abierto a la presencia: la presencia de lo ente (y precisamente en su do­
,. Lo que «no conviene nombrar» (porque nombre es presencia) es el no­
ser. Por tanto, las dos «formas» de que nos habla Parménides (fuego -o luz­ ble vertiente de presencia y de afirmación exclusiva de lo presente, de
y noche) corresponden a ser y no-ser. verdad y de M!;a) es al mismo tiempo la existencia (el ser-hoinbre) del
Ser/no-ser no son «dos». Lo mismo da decir que no son dos porque «ser hombre: «lo mismo es voei:v y ser» (B 3). Otra interpretación -aparen­
es» es lo mismo que «no-ser no-es», que decir: sólo el ser es, el no-ser no-es, por temente otra- de esta frase no es sino la misma: voeiv es percibir, y
lo tanto no son dos. todo lo que entra en el ámbito de la percepción, ese ámbito mismo, es
"
Son 19 los fragmentos conservados de Parménides, pero los que no he­ ser; no-ser es substraerse a la presencia y, por tanto, a la percepción. Por­
mos traducido (algunos de los cuales citaremos) son todos breves (de 7 versos que ser no tiene lugar de otro modo que como arrancar(se) al no-ser,
el mayor), con un total de 38 versos, mientras que lo traducido son 122 versos. por eso el voeiv no es sino arrancar(se) a un no-percibir, a un escapár­
La desigualdad de estas dos cifras no responde a la relación primitiva de exten­
senos la cosa, a una huída.
sión entre las dos partes del poema, sino a las particularidades de la transmisión.
40 2. LA ÉPOCA ARCAJCA 2.2. PARMÉNJDES 41

Todo lo que Parménides (mejor dicho: <da diosa») dice del ser con­ M!;a e s una exposición del orden de las cosas, del cielo, l a tierra, el sol,
siste en desarrollar los dos aspectos mencionados de la oposición fun­ la luna, los dioses, los hombres, es decir: lo ente. También aquí parte de
damental; consiste, en efecto, en apartar del ser todas las determinacio­ dos contrarios fundamentales: el «fuego» (:n:ug) -a veces la «luz»
nes de lo ente y todo no-ser. Nos referimos concretamente a B 8 (hasta (cpáo�)- y la «noche» (vú!;), que, ciertamente, corresponden a «ser» y
«Aquí pongo término ... »; véase, junto con las notas correspondientes). «no-ser», a claridad y ocultamiento, pero de modo que la diferencia es
Vamos a insistir aquí en lo referente a la finitud del ser: la siguiente:
a) El ser no es finito en el sentido de que empiece a ser y deje de En el plano de la verdad no hay ser y no ser, sino que «ser es» es
ser, porque el ser no puede no-ser. lo mismo que «no-ser no-es»; no se trata de «dos», sino de que el uno
b) Tampoco es finito en el sentido de que sea algún esto o aquello que une todo es en sí mismo lucha; en la parte del poema relativa a la
determinado, porque el ser no es ningún ente. verdad no aparece la palabra «dos», ni el «y» entre «sen> y «no-ser».
e} Sin embargo, es preciso que no sea infinito; en efecto, el ser tie­ En cambio, al comenzar la exposición del parecer, se nos dice que los
ne su propio estatuto, su propio límite, su propia necesidad, que preci­ hombres han ftjado (xatÉ8tvto; de xatatieT]¡.tL, verbo que sólo aparece
samente le impide moverse, nacer y perecer, etc. De algún modo el ser referido a la M!;a) la denominación (óvo�tá�ELV, también, como óvo­
tiene una cierta constitución; pero esto es lo mismo que hemos dicho al �ta, palabra exclusiva de este plano) de dos «formas» (!lOQcpaL), que las
decir que es oposición a algo, y es esto lo que quiere decir «finitud». El han puesto (�8Evto) una enfrente (y fuera) de la otra, y cada una en sí
ser no es ningún ente, pero de alguna manera tiene sentido afirmar de misma. A partir de estos dos contrarios fundamentales se construye todo.
él que «es» (es decir: que aparece, que puede hacerse digno de conside­
ración, que podemos preguntarnos por él), y esto sólo tiene sentido si
La parte del poema referente a la Oó�a era de considerable exten­
es finito, si es oposición a ... ; también por eso la (no-)experiencia del no­
sión, y no cabe duda de que para Parménides tenía verdadera importan­
ser es necesaria. Luego es la propia oposición fundamental la que cons­
cia; era como la aplicación de su ontología al conocimiento de las cosas,
tituye el estatuto, la ley, la necesidad, deL ser, la que determina qué es aplicación que Parménides se cuida ante todo de distinguir de la ontolo­
lo que el ser puede y qué es lo que no puede; ésta es la aváyxT], la ¡.toi:­ gía misma, pero que no por eso deja de ser algo suyo; incluso de hecho,
ga y la I>LXT] de que nos habla el fragmento 8. . históricamente, es original; asimila elementos de la «cosmología» de la
d) Pensado en griego, tener límite no es ser «limitado» (en el sen­ época, pero sus líneas fundamentales sólo pueden explicarse a partir de
tido moderno), por lo tanto imperfecto, sino ser acabado, completo. El la propia ontología de Parménides. Por desgracia, la tninsmisión de la
ser es completo por lo mismo que es finito; es «semejante al volumen de parte del poema relativa a la lió�a es muy deficiente. Podemos decir lo
una esfera bien redondeada»; la esfera, en efecto, no tiene un comienzo que sigue:
y un final, ni necesita de nada (no tiene prolongación posible en ningu­ J . Según Parménides, el todo está lleno por igual de luz y de noche,
na dirección), no tiene direcciones privilegiadas, ni está dividida, sino y nada hay aparte de luz y noche.
2. Los círculos de Jos astros son unos de fuego y otros de mezcla
que es igual por todas partes y en todas direcciones, y precisamente por
de fuego y noche. La tierra -probablemente- es según Parménides «no­
todo eso es finita, acabada, cerrada en sí misma. che» (cf. B 8: «cuerpo denso y compacto»); de aquí, quizá, el que Aris­
Después de todo lo anterior (más aquello en lo que no hemos insis­ tóteles, al citar Jos «contrarios» de Parménides, les llame «fuego» y «tie­
tido) acerca del «ser», Parménides (mejor dicho: «la diosa») anuncia que rra». En cambio, el «cielo» (la bóveda celeste, que es lo último y es es­
ha terminado su decir acerca de la verdad, y que a continuación va a férica) fue, al parecer, considerado por Parménides como «fuego» .
exponer las M!;m («pareceres»), de las que se nutren los mbrtales. 3. También el hombre e s fuego y noche, y el percibir tiene lugar de
En el plano de la M!;a hay diversidad, es decir: yuxtaposición: esto Jo mismo por lo mismo: el hombre percibe el fuego en cuanto que el hom­
y aquello, ser y no ser («no» es aquí oú: A es A y no (oú) es B); cada bre mismo es fuego, (no-)percibe la noche en cuanto que él mismo es no­
cosa es ftjada («fijar»: xatatl8w8m) en sí misma; la determinación de che; porque el fuego es la claridad, Jo visible, y la noche es lo impenetra­
cada cosa -cada determinación- es ovo¡.ta («nombre»), es decir: pre­ ble, la oscuridad, y en toda percepción hay ambas cosas; B 1 6 dice: «Se­
gún cada cual tiene la mezcla de sus miembros múltiplemente errantes,
sencia -designación- de cada cosa, en o posición a Myo� (presencia de
así se instala cabe los hombres el percibir (vóoc;); pues lo mismo es para
todo a la vez, uno-todo; véase 1 ). Lo que Parménides presenta como Jos hombres, para todos y para cada uno, lo que piensa (cpgovÉEL): la
42 2. LA ÉPOCA ARCAICA

qním� de los (propios) miembros; en efecto, el más (= el predominio, de


luz o noche), eso es la percepción». Una noticia de Teofrasto nos hace
pensar que el recuerdo sería predominio del fuego, el olvido predominio
de la noche; y, sabido que la muerte es la pérdida del fuego y el dominio
exclusivo de la noche, Teofrasto cita, como expresamente dicho por Par­
ménides (aunque no sean palabras textuales), lo siguiente: «que el muer­
to no siente la luz y el calor y el sonido, ... , pero siente el frío y el silencio
y los (demás) contrarios». 2.3. Heráclito
4. «En el medio» de los círculos, pero sin que nos sea posible pre­
cisar más con los textos de que disponemos, está «la diosa (baÍJ!WV), que Vivió, com� Parménides, en la segunda mitad del siglo VI y primera
gobierna todo, que en todo rige el terrible parto y la mezcla, enviando lo del V. Era de Efeso, ciudad griega (jónica) en Asia Menor. Escribió en
femenino a mezclarse con lo masculino y, a la inversa, lo masculino a mez­ prosa jónica.
clarse con lo femenino» (B 12). Todo hace pensar que la «mezcla» es la Mientras que de Parménides conocemos 19 fragmentos, de Herácli­
mezcla de la luz y noche, que «lo masculino» es la luz y «lo femenino»
to tenemos 1 30 (cifra aproximada, porque hay algunos dudosos), y, sin
la noche. B 1 3 nos dice que «de todos los dioses, (la diosa) concibió (!lTJ'tL­
omo: ideó, maquinó, meditó) el primero al amor (EQWS)». embargo, del volumen total de texto podemos decir al menos que no es
considerablemente mayor. Es que los fragmentos de Parménides son de
La interpretación tradicional de Parménides arranca de la interpre­ extensión muy variada, y los de Heráclito todos muy breves, desde una
tación de tó tóv como «lo (verdaderamente) ente» y de ta ooxoúvta sola palabra hasta no más de ocho líneas.
como «lo aparente» (que «propiamente no es»). Es decir: arranca de la Heráclito fue llamado «el oscuro», y las noticias nos han transmiti­
posición «platónica» (para una relativización de este adjetivo véase 4), do su imagen como la de quien desprecia todo aquello a lo que «la mul­
según la cual lo ente propiamente dicho es lo inmóvil, y las cosas sensi­ titud» hace caso.
bles, en cuanto sensibles, propiamente no son. Consecuentemente, el Como al tratar de Parménides, traduciremos primero parte de los
voEi:v es interpretado como el «conocimiento superior (o intelectual)», fragmentos; luego haremos una introducción general al pensamiento de
opuesto al «conocimiento sensible». Esta manera de interpretar a Par­ Heráclito, después de la cual el lector debe retornar a los fragmentos y
ménides es un claro ejemplo de algo que se ha hecho en general con los a las notas con las que tratamos de ayudar a su comprensión. Dejamos
pensadores que estamos estudiando: tomar implícitamente como desig­ sin traducir varias palabras, como A.óyo� y cpúm�, cuyo sentido hemos
nación seria la habitual palabra «presocráticos» (o, lo que es lo mismo, tratado de aclarar en las primeras páginas de este libro.
«preplatónicos»), o sea: interpretarlos en función de Platón y Aristóte­ B l . Siendo este A.óyo� (siempre), (siempre) los hombres no com­
prenden, antes de oír y habiendo oído al principio; pues, produciéndose
les, lo cual impide entre otras cosas entender a Platón y Aristóteles des­
todo según este A.óyo�, (ellos) semejan a inexpertos, cuando experimentan
de sus verdaderas raíces, desde sus raíces griego-arcaicas.
palabras y obras tales cuales yo expongo definiendo cada cosa según (jl'ÚOL�
y poniendo de manifiesto cómo es. A los demás hombres les pasa desaper­
cibido cuanto hacen despiertos, igual que olvidan cuanto hacen durmien­
do ' .

' B J. «Siempre» está en el texto, pero, textualmente, no es posible deci­


dir que vaya con «Siendo este A.óyo�» ni que vaya con «los hombres no com­
prenden».
«Cuanto hacen durmiendo» no se refiere a lo que sueñan, sino a lo que ha­
cen mientras están dormidos (sin darse cuenta, como sonámbulos). El «sueño»,
del que Heráclito hablará varias veces (la traducción castellana se presta nece-

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