Las nociones de conocimiento, explicación y comprensión.
En la reflexión sobre el conocimiento los filósofos comienzan por preguntarse si el
conocimiento es posible, y a veces terminan por responder negativamente; es por eso que
para comenzar a explicar las nociones relacionadas al mismo primero que nada resulta
pertinente dar respuesta a la pregunta ¿qué es el conocimiento? y por eso expondré a
continuación algunos de sus resultados.
Con respecto a este tema, el método consiste en preguntarnos en qué casos nos atribuiríamos
o atribuiríamos a otros algún conocimiento, y en cuáles nos negaríamos a hacerlo. Semejante
análisis permite establecer, por ejemplo, que no clasificamos como conocimientos a las
creencias que consideramos falsas.
Todos sabemos, o conocemos, muchas cosas, algunas interesantes y otras triviales. Por
ejemplo, conocemos Nuevo Laredo, sabemos escribir a máquina, sabemos que el radio de la
Tierra es de 6.370 kilómetros. Estos tres conocimientos ejemplifican tres tipos distintos de
conocimiento. Cuando decimos que conocemos Nuevo Laredo, queremos decir que alguna
vez hemos estado en esta ciudad; de modo semejante, cuando decimos que conocemos a una
persona, queremos decir que la hemos visto, o que nos la han presentado y hemos hablado
con ella. Se trata en ambos casos de algo que podemos llamar conocimiento directo.
Cuando decimos que sabemos escribir a máquina o andar en bicicleta, lo que decir es que
somos capaces de hacer algo, que tenemos cierta habilidad; es lo que a veces se llama también
un saber hacer o un saber-cómo.
Por último, cuando decimos que sabemos que el radio de la Tierra es de 6.370 kilómetros,
nos estamos atribuyendo un saber-que o un conocimiento proposicional; se lo llama de esta
última manera porque, en las afirmaciones del tipo “Sabemos que…”, lo que sigue a la
palabra “que” es proposición, como “El radio de la Tierra es de 6.370 kilómetros”.
El conocimiento proposicional es el tipo más interesante de conocimiento, tanto en el terreno
del sentido común como en el de la ciencia. En lo que concierne a esta última, aunque el
desarrollo de la actividad científica requiere conocimiento directo y habilidades, el
conocimiento científico –producto de esa actividad– es conocimiento proposicional. Para que
alguien tenga un conocimiento proposicional, se deben satisfacer al menos tres condiciones:
la condición de creencia, la de verdad y la de prueba.
Explicación y comprensión
La investigación y disputa entre lo que fue considerado en el siglo XIX una de las polémicas
más interesantes dentro de la filosofía fue el tema de la comprensión y explicación. Esta se
enfocó en dilucidar el problema metodológico del entendimiento –atendiendo a las
reflexiones que había propuesto Hume dos siglos antes- entre las ciencias del espíritu,
actualmente conocidas como ciencias sociales y humanidades, versus ciencias naturales. La
importancia de la distinción de los métodos para alcanzar el entendimiento fue de suma
importancia a la luz del surgimiento de nuevas categorías de conocimiento vinculadas a las
necesidades del Estado moderno heredero de los ideales de la Ilustración de los siglos XVII
y XVIII. Podemos ver que históricamente la distinción se dio en un contexto en el cual las
ciencias sociales se van separando paulatinamente de la filosofía natural, y una de las
consecuencias es que fueron adquiriendo su propia autonomía. En este sentido, como
menciona Wallerstein, la creación de múltiples disciplinas se basó en la creencia de que las
investigaciones requerían de una autonomía racional y sistemática propia. Países como Gran
Bretaña y Francia impulsaron la legitimidad de las nacientes ciencias sociales como una
respuesta al nuevo orden social que vino después de la Revolución industrial y la Revolución
francesa. El motivo fue estudiar y comprender las reglas que gobernaban este nuevo orden.
En el libro Explicación y comprensión (1971), de nuevo Von Wright nombró a Johan Gustav
Droysen como el responsable de la distinción entre explicación (Erklären) y comprensión
(Verstehen). La intención de Droysen era dotar a los estudios históricos de un método propio
que se situara a una distancia equidistante entre la especulación filosófica y teológica y la
explicación causal. Dilthey observó que la explicación causal de la naturaleza busca
generalizaciones cada vez más amplias; la comprensión, por su parte, aspira a adquirir
conocimiento de la cosa individual articulando las típicas estructuras de la vida propias de la
experiencia vivida que, según Dilthey, posee un sentido, es significativa.
La reflexión en torno a la explicación o la comprensión tiene antecedentes muy anteriores a
los citados hasta ahora en esta introducción y no siempre vinculados a la distinción
metodológica entre ciencias naturales y ciencias humanas y sociales. En «Explicatio (pliegue
e historia)», Jesús Ezquerra Gómez repasa las diversas formas en las que ha sido formulada
a lo largo de la historia la distinción cusana entre explicatio y complicatio, sus posibilidades
y sus límites.
Al hablar de explicación se habla del modo de dar razón de los fenómenos naturales por
medio de leyes que establecen conexiones constantes entre estos. Mientras que al hablar de
comprensión hablamos del modo de dar razón de las acciones, instituciones y obras humanas
a partir de las creencias e intenciones que les confieren sentido.
Las leyes científicas establecen relaciones constantes entre fenómenos observables: siempre
que ocurre “x”, ocurre “y”. Estas relaciones son a menudo de tipo causal: el fenómeno “x”
causa o produce el fenómeno “y”. Este modo de explicación es característico de las ciencias
naturales, y, como veremos inmediatamente, hay razones para pensar que es insuficiente en
el ámbito de las ciencias humanas.
Entre muchos filósofos y teóricos de la ciencia, existe la tendencia a aplicar en las ciencias
Humanas el modelo explicativo propio de las ciencias naturales. Esta tendencia se observa
con claridad en ciencias como la economía, la sociología e incluso la psicología.
El deseo de aplicar a las ciencias humanas el tipo de explicación propio de las ciencias
naturales es comprensible: después de todo, las ciencias naturales han logrado un grado de
exactitud y de desarrollo extraordinarios; de ahí que se piense a menudo que las ciencias
humanas alcanzarán el mismo tipo de desarrollo si se aplica en ellas el modelo explicativo
de las ciencias naturales. Sin embargo, entre el objeto de las ciencias naturales y el objeto de
las ciencias humanas existe una diferencia fundamental. Cuando explicamos mediante leyes
la caída de una piedra o la relación entre la presión y el volumen de un gas (ideal) a
temperatura constante, no nos preguntamos para qué actúan de ese modo las piedras o las
partículas de los gases, qué sentido tiene su comportamiento. Por el contrario, cuando
estudiamos las acciones, las instituciones y las producciones de los seres humanos, nos parece
necesario comprender su sentido.
Ya en el siglo pasado, Dilthey decía: “Explicamos la naturaleza, comprendemos el espíritu”.
(Las ciencias humanas solían denominarse por entonces “ciencias del espíritu”). La
diferencia consiste, en último término, en que, para comprender las acciones humanas, así
como las instituciones y las producciones culturales (obras de arte, etc.), es necesario tener
en cuenta las intenciones y las creencias en que se basan. La acción humana y los productos
culturales son intencionales, tienen sentido.
Esta distinción entre “explicar” y “comprender” continúa siendo objeto de debate en la
actualidad. Respecto de este tema conviene tener en cuenta las siguientes consideraciones:
1. Hay autores que consideran que en las ciencias humanas hay que aplicar el modelo de
explicación propio de las ciencias naturales. Estos autores, evidentemente, sostienen que la
distinción entre “explicar” y “comprender” no es suficiente para reclamar un método de
explicación propio y distinto para las ciencias humanas. No existe, a su juicio, más que un
método científico y una forma de explicación: establecer leyes generales que conecten entre
sí fenómenos observables (leyes que, a su vez, se integrarán en amplias teorías).
2. Por el contrario, hay otros autores que exigen métodos distintos para cada uno de estos
tipos de ciencias. La comprensión exige procedimientos ajenos al método de las ciencias
naturales. El método propio de la comprensión se denomina hermenéutica o método
hermenéutico. Los autores de orientación hermenéutica han subrayado que la comprensión
se lleva a cabo siempre desde un determinado horizonte, el horizonte en el cual se halla
situado el que quiere comprender: así, hemos de comprender otras culturas desde el horizonte
de nuestra propia cultura; hemos de comprender acciones, instituciones, obras (arte, textos
literarios, etc.) del pasado desde nuestro presente. Esta situación se denomina círculo
hermenéutico: la comprensión (plena) se lleva a cabo desde una cierta comprensión previa
(pre-com prensión) inicial que nos viene dada por nuestra propia situación cultural. Por ello,
la comprensión se basa siempre en la interpretación.
Bibliografía
T. Calvo Martínez y J.M .Navarro (eds.), Filosofía, Anaya, M adrid,2002
Dilthey, Wilhelm 1978 Introducción a las ciencias del espíritu. Ed. FCE, segunda
reimpresión. Traductor Eugenio Ímaz, México.
Friedman, Michael 1974 Explanation and Scientific Understanding. The Journal of
Philosophy, Vol. 71, No. 1, pp. 5-19 Published by: Journal of Philosophy, Inc.