Carnaval
La celebración del Carnaval tiene su origen en fiestas paganas, como las que se realizaba en
honor a Baco, el Dios de vino, las saturnales y las lupercales romanas o las que se realizaban en
honor del buey Apis en Egipto. Según algunos historiadores, los orígenes de esta festividad se
remontarían a la Sumeria y el Egipto antiguos, hace más de 5000 años, con celebraciones muy
parecidas en la época del Imperio romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa,
siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir de fines del siglo
XV. En Ecuador, el registro más antiguo que prohibía el juego con agua fue el decreto expedido
por el Congreso de 1868. Pero no solo las autoridades adoptaron esa medida. Se conoce que
en el siglo XVII los jesuitas exponían al Santísimo Sacramento en la iglesia de la Compañía,
durante los tres días del Carnaval, “para evitar los juegos con agua, muy propios del demonio”.
En aquella época, el Obispo de la ciudad de Quito amenazó con la excomunión a todo aquel
que jugara al Carnaval. Asimismo atribuía a este juego el motivo principal del terremoto de
Píllaro en 1755. Pese a todas esas prohibiciones y amenazas, el juego de Carnaval se mantiene
hasta la actualidad
Según información de la página [Link], Patricio Sandoval, investigador del Instituto
Iberoamericano de Patrimonio Natural y Cultural (Ipanc), asegura que las raíces del Carnaval
ecuatoriano están vinculadas con la fiesta indígena de fin de año solar o Paucar Huatay, una de
las cuatro más grandes del año.
Esto quiere decir que el Carnaval es la culminación del ciclo agrícola y la inauguración de otro.
Él explica que en las zonas andinas, por ejemplo, se trata de una fiesta comunitaria que
robustece el sentido de la organización, mientras el Carnaval de los mestizos, en contraste con
los rituales indígenas, termina con el inicio de la Cuaresma.
Destaca además que pese a todo, el festejo tiene la virtud de unir o encadenar a los pueblos a
través de la comida, agua y coplas.
Así lo festeja el país