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Reencuentro inesperado en Moscú

La protagonista decide pasar el fin de semana en casa de sus padres, donde se entera de la reciente aceptación de su hermano en un puesto de trabajo. Durante una visita a un centro comercial, se reencuentra inesperadamente con Elena Katina, quien le provoca una reacción emocional intensa. La protagonista reflexiona sobre su pasado con Elena y su amigo Mathew la presiona para hablar sobre sus sentimientos no resueltos.

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Reencuentro inesperado en Moscú

La protagonista decide pasar el fin de semana en casa de sus padres, donde se entera de la reciente aceptación de su hermano en un puesto de trabajo. Durante una visita a un centro comercial, se reencuentra inesperadamente con Elena Katina, quien le provoca una reacción emocional intensa. La protagonista reflexiona sobre su pasado con Elena y su amigo Mathew la presiona para hablar sobre sus sentimientos no resueltos.

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Salía de mi consultorio con destino a mi apartamento, pero de solo pensar que allá me sentiría

más sola y eso no me ayudaba mucho, sin darle tantas vueltas al asunto, decidí irme a casa de
mis padres, últimamente mi papá se pasaba más tiempo en casa y pues mi madre era una
costumbre para ella permanecer allí, recibiendo visitas o haciendo reuniones con sus amigas.
-Lena ¿Cómo estás princesa? – Saludó mi padre desde la entrada.
-Hola a todos. – Dije al ver que mis hermanos también estaban en casa.
-¿Te quedarás a cenar, hija? – Me preguntó mi mamá.
-En realidad vine a quedarme el fin de semana.
-Nos parece maravilloso. – Sonrió mi papá.
-¿Y a que se debe esta coincidencia de que todos estemos reunidos?
-Tus hermanos me avisaron que cenarían aquí hoy, además Vlad está muy contento, ¿Sabes
que lo aceptaron en el puesto de supervisor en la empresa de los Volkov?
-Felicitaciones. – Le sonreí a mi hermano, él me lo agradeció.
-Oye Vlad ¿No te da pavor pensar en la posibilidad de tener a Yulia Volkova como jefa? Digo,
ya sabes los rumores, dicen que Yulia es una chica soberbia. – Comentó Dmitri.
-Pues, eso me tiene sin cuidado, también dicen que Yulia nunca volverá de Londres.
-¿Londres? – Interrumpí, nunca supe donde se había metido todo este tiempo, ¿Cómo no se
me ocurrió antes?
-Si, estudia allá, en la universidad de Londres. – Me explicó. – Se que pronto se graduará si no
es que ya lo hizo, el caso es que ella ya empezó a hacer negocios allá, así que se duda mucho
de que regrese. – Agregó.
-Yo no lo pienso así. – Refutó Dima. – Verán que Yulia regresará cuando menos se lo esperen,
tengo ese leve presentimiento.
-¿Acaso tienes una bola de cristal o que? – Lo molestó Vlad.
-Que pesado eres Vlad.
Platicamos durante la cena, después de eso avisé que iría a mi habitación a descansar, el resto
de mi familia continuaron charlando hasta altas horas de la noche, era algo que tenían por
costumbre, yo me había sentido lo suficientemente agotada debido a todo el trajín del día,
papá me ha insistido a que renuncie al trabajo del hospital para no tener sobrecarga laboral,
pero para mí era un escape, de esa manera mantengo mi mente ocupada en otras cosas.
Como era fin de semana, a la mañana siguiente, me animé a dar un paseo por un reciente
centro comercial que habían inaugurado en la ciudad, era bastante moderno y también quería
compara algo de ropa, eso me entretenía siempre. Pero ese día también me llevé una gran
sorpresa, no contaba con encontrar en ese mismo lugar a una persona…

Durante la primera semana, me encargué de explicarle el funcionamiento de la empresa y las


cosas más esenciales a Mathew, él estaba asombrado por la estructuración y la buena
producción que obteníamos, me dijo que no sería problema para él estar al frente de la nueva
sucursal, y que de hecho ya tenía algunas excelentes ideas en la mente. A partir del viernes,
decidimos que daríamos un tour por los principales lugares de la ciudad, tanto históricos como
novedades, a Mat le gustó mucho Moscú, ya que no dejaba de perder ese aire de ciudad
europea.
El sábado le pedí que me acompañara a un nuevo centro comercial del que escuche hablar, lo
construyeron en mi ausencia, así que quise aprovechar para recorrer el novedoso lugar,
además me habían hablado muy bien de este.
-¿Y que hacías para divertirte aquí en Moscú?
-Pues… aquí hay de todo para hacer. – Le contesté a mi amigo mientras veía las vitrinas de los
almacenes, buscando algo que llamara mi atención.
-Este lugar está genial. – Comentó.
-Estoy de acuerdo contigo.
-hoy estás como aburrida. – Me dijo y yo lo miré.
-No es cierto. – Refuté volviendo mi vista a las vitrinas.
-Amargada. – Empezó a provocarme en broma.
-Tonto.
-Amargada nuevamente. – Me enseñó la lengua.
-Te voy a matar. – Lo amenacé en juego, entonces él salió corriendo y yo le seguí a toda
velocidad, sin importar que lucíamos como unos niños, Mat entró a un almacén para
camuflarse entre la ropa, yo intenté atraparlo pero cuando quise correr nuevamente tras él,
tropecé accidentalmente a una persona, haciéndole tirar todas sus bolsas.
-Disculpe. – Dije pero sin sentirme arrepentida.
-Claro… esto de que las personas corran dentro de los almacenes es novedad. – Comentó, pero
yo simplemente ignoré las palabras mientras que recogíamos las bolsas tiradas.
-Bien, eso es todo. – Dijo y ambas levantamos la mirada a la misma vez, decir que el mundo se
me paralizó es poco para poder describir mi verdadera reacción, tenía a nada más y nada
menos que Elena Katina frente a mí, después de tantos años, lucía algo diferente pero sin
dudas mucho más hermosa que años atrás, si antes era una diosa ahora no se lo que sería,
vestía de una manera algo des complicada, lo que me extraño, pues recordaba que Lena
siempre tenía que lucir bien aunque fuera a hacer cualquier actividad insignificante, esta vez,
solo llevaba unos jeans, una blusa informal y sobre ella una gabardina café, sumado a unas
botas del mismo color, era una gran casualidad reencontrarnos de la misma manera que
cuando nos dirigimos por primera vez la palabra, tal y como aquella ocasión que chocamos en
las escaleras de la escuela.
-¿Yulia Volkova? – Preguntó con total sorpresa.
-¿Eh? – Fue lo único que pude articular.
-Hey Yulia, ¿Te cansaste tan rápido, enana? – Interrumpió Mathew. – Wow. – Dijo al ver a
Lena, obviamente impactado por su belleza.
Mientras tanto yo no apartaba mi mirada de la de ella, pero sentía un nudo en la garganta que
me impedía hablar, lo único que hice fue soltar las bolsas que le había recogido e irme de la
tienda, por supuesto Mat se fue tras de mí y me interceptó en el auto.
-¿Qué fue eso Yulia? Te pasaste de grosera con esa chica, ¿Cómo se te ocurre comportarte de
esa manera con una chica tan linda?
-¡Cállate! – Grité repentinamente. – Tú no sabes nada de nada.
-Cálmate, ¿Por qué te molesta tanto? Espera… ¿Es la misma chica de aquella foto? No, no
puedo equivocarme, nunca olvido una cara bonita ¿Es una amiga tuya? ¿Fue una amiga tuya?
– Empezó a bombardearme con sus preguntas.
-Ya déjame, Mathew. – Le ordené con fastidio.
-Ay Yulia ¿Cuándo dejarás esa actitud? – Habló con indignación.
-¿Cuál actitud? ¿Cuándo será el día en que comprendas mi manera de ser?
-Que te hayan roto el corazón no quiere decir que tienes que comportarte de esa manera…
¿No crees? –Las palabras de Mat me sacaron de órbita, pero tarde me di cuenta que todo
había sido un malentendido, yo creí que él se refería a Lena, cuando nunca fue así, entonces
dije la estupidez de mi vida:
-¿Cómo sabes que ella me rompió el corazón? – Le pregunté alterada.
-¿Qué? – Hizo una mueca de total confusión, y fue entonces cuando caí en la cuenta, de
inmediato me di un golpe en la frente. - ¿Qué acabas de decir?
-Demonios. – Estaba enfadada conmigo misma.
-Creó que ya sacaré mis propias conclusiones.
-Espera Mat, todo tiene una explicación.
-Yulia. – Me detuvo y me sonrió. - ¿Crees que me afectaría que te hayas enamorado de una
chica? Yo te quiero tal y como eres, no me importa si te gustan las mujeres.
-Pensé que tal vez…
-Siempre sacando conclusiones precipitadas. – Sonrió.
-Quien te escuchara diría que me conoces de toda la vida.
-¿A poco no es así? – Bromeó.
-Eres un completo tonto. – Puse mis ojos en blancos.
-¿Y entonces?
-¿Entonces que? – Pregunté sin responder.
-¿No me contarás que pasó con esa hermosa pelirroja?
-No tengo por que hacerlo. – Dije con brusquedad.
-Al menos podrías decirme lo más importante. – Insistió.
-Bien, si con eso me dejas en paz. –Suspiré con indignación. – El tiempo en que estuve en
Moscú fuimos pareja, después me di cuenta que ella solo quería jugar conmigo, entonces me
regresé a Londres, lejos de todo esto. – Expliqué.
-Ahora entiendo por que nunca querías volver a Moscú. – Comentó pensativo.
-No se por que siempre crees que lo sabes todo. – Sonreí.
-¿Y todavía la quieres? – Me preguntó de repente.
-No tengo por que responderte esa pregunta. – Dije seria.
-El que calla otorga.
-Bueno, no voy seguir discutiendo este tedioso tema, Elena Katina no hace parte de mi vida, ni
de mis conversaciones desde hace muchos años…
-Pero si de tus pensamientos. – No sabía por que mi amigo solía presionarme constantemente.
-Ella es cosa del pasado ¿De acuerdo? – Dije en tono molesto.
-Está bien, está bien, no tienes por que empezar a alterarte.

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