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Cuento corto: Alicia en el país de las maravillas

Este resumen describe el cuento clásico Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll. Alicia sigue a un conejo blanco que usa un reloj a través de un agujero y se encuentra en un mundo fantástico. En este mundo, Alicia experimenta cambios de tamaño después de beber de una botella y comer una galleta. Conoce varios personajes extraños como el Sombrerero Loco y la Reina de Corazones. Finalmente, Alicia se despierta y descubre que todo fue solo un sueño extraño.
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Cuento corto: Alicia en el país de las maravillas

Este resumen describe el cuento clásico Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll. Alicia sigue a un conejo blanco que usa un reloj a través de un agujero y se encuentra en un mundo fantástico. En este mundo, Alicia experimenta cambios de tamaño después de beber de una botella y comer una galleta. Conoce varios personajes extraños como el Sombrerero Loco y la Reina de Corazones. Finalmente, Alicia se despierta y descubre que todo fue solo un sueño extraño.
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Cuento: Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el país de las Maravillas : Cuento


clásico

Érase una vez una niña llamada Alicia. Alicia se encontraba un día sentada en el jardín de su
hogar, tomando el fresco de la sombra bajo un árbol y charlando con su gatita Diana que, como
suele ser costumbre en los gatos, no sabía hablar. Acariciándola suavemente, Alicia dijo:
 Si yo pudiese tener mi propio mundo, los animales y las floreas hablarían, y nada sería absurdo.
De este modo reflexionaba Alicia y por ello no se extrañó cuando un conejo blanco le pasó por
delante. El conejo, sacando un reloj del bolsillo, miró la hora y echó a correr diciendo:
 ¡Es tarde! ¡Voy a llegar tarde!
 ¿A dónde va, señor Conejo?, preguntó Alicia.
El conejo, muy apurado, apenas respondió:
 ¡Es tarde! ¡Tengo prisa!
Corriendo, el conejo se adentró en un tronco de árbol hueco y desapareció. Entonces, Alicia
sintió curiosidad por saber a dónde se dirigía el conejo. Aquello, sin duda, era realmente
extraño: ¡un conejo que usaba reloj! Desde luego, Alicia nunca había visto algo así antes y, por
ello quiso descubrir qué significaba. Miró por el agujero del árbol y, viendo que era grande,
decidió seguir al conejo. Entró en el hueco y…
 ¡Ay! ¿Qué pasa?- Exclamó Alicia sorprendida.
Alicia comenzó a caer por un pozo muy raro, con las paredes revestidas de armarios con
vajillas, libros, lámparas y jarrones de flores. Alicia caía y caía sin rumbo, y cuando ya se había
acostumbrado a caer y pensaba que iba a salir por el otro lado de la Tierra, llegó al suelo. De
pronto, se encontró en una sala en la cual había una puertecita por la que estaba saliendo el
conejo, siempre diciendo que era tarde. Una vez cerrada por el conejo, Alicia intentó abrirla,
cuando el picaporte protestó:
 ¡Ay! ¡Que me retuerces la nariz!
Alicia, sin apenas extrañarse más de lo que estaba, explicó al picaporte que quería pasar por la
puerta. Como no cabía por ella, el picaporte le dijo que bebiese de un frasquito que había sobre
una mesa. Alicia hizo caso al picaporte, ingirió aquel brebaje, y tras ello se hizo tan pequeña
que no alcanzaba la llave. El picaporte, entonces, le mandó comer una galleta. Alicia hizo caso
al picaporte y tras comerse aquella galleta creció y creció hasta hacerse enorme.
 ¡Ahora nunca podré pasar por la puerta!- Exclamó Alicia llorando tanto, que sus lágrimas
formaron un inmenso riachuelo.
Alicia bebió de nuevo del frasquito para intentar volver a su forma, y se hizo entonces tan
pequeña que cabía incluso por el ojo de la cerradura. Al otro lado, encontró unos cuantos
animales nadando en sus lágrimas y tras el baño, se pusieron a bailar en corro alrededor de
una roca para secarse. En medio de aquel corro de animalitos, Alicia volvió a ver al Conejo
Blanco corriendo, mirando como siempre el reloj y diciendo que era tarde.
 ¿Qué haces aquí, Ana María? Ve a casa a buscar mis guantes y mi abanico- Ordenó el conejo a
Alicia.
 Me llamo Alicia, no Ana María- Respondió la niña pensando que el conejo estaba
rematadamente loco.
 ¡No me importa cómo te llames, Ana María!- Dijo el conejo- Ve a buscar lo que te he pedido y
deprisa, o si no, llegaré tarde.
 Pero…, buscar, ¿dónde?- Preguntó Alicia.
 ¡En mi casa!- Respondió el conejo- Y corre que no puedo esperar.
El conejo salió corriendo en dirección a su casa para guiar a la joven Alicia. Alicia sin dudarlo
corrió detrás de él hasta que le perdió de vista, quedándose sin saber qué camino debía seguir
entonces. En aquel justo instante oyó una risotada. Alicia miró hacia arriba y vio a un gato que
hacía muecas sobre la rama de un árbol, y decidida le preguntó hacia donde podía ir.
 Eso depende de adónde quieras llegar- Contestó el gato de Cheshire- Hacia la derecha, la casa
del Sombrerero; hacia la izquierda, la de la Liebre. ¡Los dos están locos!
El gato soltó otra carcajada y desapareció. Poco rato después, sin embargo, su cabeza surgió en
el aire y preguntó:
 ¿Vas a jugar hoy con la reina? Allí nos veremos.
Alicia continuó en su camino, y entre tanto encontró a la Liebre y al Sombrerero tomando té
con el Lirón, que dormía en la tetera. Se encontraban celebrando el no-cumpleaños. Alicia
cogió un pastel movida por la magia del instante, y cuando sopló la velita el pastel estornudó.
Pero a Alicia no le gustó demasiado aquella broma y, ante su rostro, el Sombrerero dijo:
 Podemos limpiarte echando té.
Tras aquellas palabras, el Sombrerero quiso que Alicia adivinara por qué el cuervo era negro
como una pizarra.
 ¡Estoy harta de su locura! ¡Me voy a casa!- Contestó Alicia dirigiéndose hacia el bosque.
Más adelante, una vez retomado de nuevo el camino, Alicia encontró a dos hombrecillos muy
gordos y tan inmóviles que no parecían vivos. Se llamaban Ran Patachunta y Patachú. Alicia
bailó con ellos y les preguntó por qué el cuervo era negro como una pizarra, pero no la
contestaron manifestando que aquello era un secreto. Otra vez sola, Alicia decidió quedarse
quieta en aquel mismo sitio un rato, cuando apareció el Gato de Cheshire Éste, se dirigió hacia
el Grifo para que mostrara un camino a Alicia. El Grifo se aproximó diciendo:
 No irrites a la reina, porque si no…
El Grifo llevó a la niña al jardín de la reina, donde los jardineros se encontraban pintando de
rojo las rosas. Alicia encontró aquello tan raro que preguntó:
 ¿Por qué pintan las rosas?
 Pues porque esto debía ser un rosal de rosas rojas, pero resulta que plantaron uno de rosas
blancas por equivocación.
En aquel instante, sonaron clarines y apareció la Reina de Corazones. Delante del cortejo venía
el Conejo Blanco.
 ¡Por eso tenía tanta prisa! Debía anunciar a la reina- Concluyó Alicia.
 ¿Quién eres tú, que no eres de corazones?- Dijo la reina a la niña.
 Me llamo Alicia y estoy tratando de encontrar el camino de vuelta a mi casa- Respondió.
 Aquí todos los caminos son míos- Dijo la reina- Aquí todos somos de corazones. Y si tú no eres
de corazones, ni de oros, ni de espadas, ni de copas… ¡te juzgaremos como intrusa!
El conejo acusó a Alicia de hacer perder la paciencia a la reina y llamó a la Liebre loca y al Lirón
como testigos para el enjuiciamiento de Alicia. Y cuando el Gato de Cheshire apareció de nuevo
por allí, todos echaron a correr de miedo.
 ¡No les tengo miedo! ¡No son más que un puñado de naipes! Me voy a casa antes de que se haga
tarde- Exclamó Alicia.
Y en aquel momento, Alicia oyó el maullido de Diana.
Se había despertado y se encontraba de nuevo en el jardín de su casa bajo la sombra del árbol.
 ¡Qué sueño más extraño!- Se dijo, desperezándose.
Esta era una muchacha de nombre Alicia, de cabellos rubios como el sol y muy curiosa, que
una tarde de verano decidió dar un paseo por el bosque como acostumbraba cada tarde.
Después de un largo caminar, Alicia sintió tanto calor que no pudo más que echarse a la
sombra de un árbol para descansar. Al cabo de unos minutos, la niña sintió un ruido extraño
cerca del lugar, y al volver la vista hacia unos arbustos, logró avistar un conejo blanco que
saltaba de un lugar a otro a toda velocidad vistiendo un elegante traje.

“¡Qué tarde es! ¡No lograré llegar a tiempo!” – gritaba el conejo desenfrenadamente
mientras consultaba su reloj con desesperación. Alicia pensó que aquel conejo estaba loco,
pues nunca había visto un animal que se preocupara tanto por el tiempo. Sin embargo,
como no podía resistir su curiosidad, la niña decidió seguir al conejo bosque adentro, y tras
unos minutos, el animal se perdió en el interior de un pequeño agujero que había en el
suelo.

Sin pensarlo dos veces, Alicia se dispuso a seguir al conejo hacia el interior de aquel hueco,
y en poco tiempo se encontró atravesando un estrecho túnel que conducía a una estancia
hermosamente decorada. En aquel lugar, existía una mesa repleta de manjares y postres
deliciosos, y en una de sus esquinas, se encontraba un pequeño frasco con un líquido azul
que decía: “Bébeme”.

Alicia dudó por unos instantes, pero finalmente, terminó por abrir el frasco y beberse todo
el líquido azul de un golpe. En ese momento, sucedió algo sorprendente, pues la niña
empezó a achicarse y achicarse hasta que se volvió un ser diminuto. En el suelo, y sin
haberla visto antes, se encontraba una llave dorada tan pequeña como Alicia. Ahora solo
necesitaba una puerta para poder utilizar aquella llave, así que se dispuso a recorrer la
habitación con sumo detenimiento.

En uno de los rincones, Alicia pudo encontrar una puertecita, en la que penetró para
avanzar por un largo pasadizo. Aunque no pudo encontrar al conejo en aquel lugar, la niña
quedó sorprendida al contemplar una casita que se alzaba sobre un hermoso jardín lleno de
flores. Al entrar en ella, Alicia se encontró rodeada de exquisitos platos. Guisos, sopas,
helados, todo en aquel lugar parecía tan sabroso que la niña decidió probar un bocado de
cada cosa.

De repente, Alicia comenzó a crecer y a crecer hasta que alcanzó el techo de la casa, pero
este no resistió por mucho tiempo y se rompió sin remedio. Un ave que posaba en el tejado
se asustó tanto de ver a la niña que comenzó a gritar desesperadamente: “¡Una bestia!
Auxilio, por favor”, pero Alicia le replicó diciendo: “Yo no soy una bestia. Soy una niña”.
El ave se alejó del lugar a toda velocidad, y Alicia pudo notar que uno de los platos en la
casita contenía unas setas que parecían muy suculentas. “Quizás si como de estas setas
podré volver a mi antiguo tamaño”, pensó, y efectivamente, tan pronto probó un bocado su
cuerpo se encogió nuevamente y pudo abandonar la casa donde se encontraba atrapada.

Continuando su viaje por aquel extraño lugar, Alicia arribó al cabo de un tiempo a un lago
de aguas cristalinas donde habitaban unas criaturas muy extrañas. Aquellos seres no hacían
otra cosa que mirar a la niña y murmurar entre ellos. En el grupo había un zorro de color
rosado con orejas tan largas que rodeaban todo su cuerpo, además de una rana con pelos y
barba, un pez con nariz y un pato cuyo pico era tan grande que dentro de él había otro lago
con plantas y hasta peces.

Al preguntarles cómo podía salir de aquel lugar, los animales no le hicieron caso y
continuaron murmurando entre ellos con poco disimulo. “¡Qué maleducados! Deberían
aprender a tener más educación” – gritó Alicia con cierto enfado y se alejó del lugar
caminando por la orilla del lago. Tiempo después, y extenuada de tanto andar, la niña
decidió sentarse a descansar en un hongo gigante de color amarillo. En ese momento,
apareció junto a ella un anciano gusano con mirada triste.

“Hola. ¿Sabes cómo puedo retornar a mi tamaño natural?”, preguntó Alicia al animalillo y
este le respondió: “Por supuesto niña. Ese hongo donde estás sentada te hará crecer o
hacerte más pequeña según el lado por donde lo comas”, y sin perder un segundo, la niña
mordió un costado del hongo y comenzó a hacerse más grande aún. Rápidamente, Alicia
mordió el lado contrario del hongo y su cuerpo comenzó a disminuir.

Cuando por fin recuperó su tamaño, la pequeña decidió proseguir su camino hasta llegar a
un claro del bosque donde se encontraba una mesa alargada. Alrededor de aquella mesa
compartían espacio un grupo de seres muy extraños, pero entre ellos, también se hallaba el
conejo blanco. Después de comer junto a sus nuevos amigos, Alicia descubrió que en un
rosal cerca de aquel lugar, unas cartas de baraja muy sobrias se dedicaban a pintar de rojo
las rosas blancas.

“La reina así lo ha ordenado” – dijeron al mismo tiempo las cartas cuando Alicia les
preguntó. Entonces, de repente, apareció entre los rosales la mismísima reina, y observando
a la pequeña con aire de superioridad, le gritó a sus guardias que le cortaran la cabeza. Para
defenderse, Alicia sopló tan fuerte que las cartas se desplomaron en el suelo, pero luego
arribaron más guardias, y sin otro remedio, la niña quedó prisionera.
Acusada de intrusa en el reino, Alicia fue llevada ante un consejo que la acusaba por toda
clase de tonterías. Sin poder replicar, la niña se sintió cada vez más enfurecida, y en un
intento por escaparse, corrió con todas sus fuerzas lejos de aquel lugar. Tras ella, un ejército
de cartas le perseguía de cerca y justo cuando estaban a punto de alcanzarla, comenzó a
gritar con todas sus fuerzas hasta que se encontró nuevamente en el árbol donde había
decidido sentarse a descansar. Entonces, Alicia comprendió que todo había sido una terrible
pesadilla, y como la noche comenzaba a aparecer, se dispuso a regresar a casa.

Alicia en el país de las maravillas

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