Campo eléctrico en puntos específicos
Campo eléctrico en puntos específicos
m i é r c o l e s , 1 8 d e m a r z o
6: Los diagramas espacio-tiempo de Minkowski
La Teoría Especial de la Relatividad, tal y como fue enunciada por vez primera por Einstein, era una teoría puramente
algebraica, sin referencia alguna a ningún tipo de geometría. Se debe a Hermann Minkowski la proeza de haberla convertido en
una teoría geométrica llevando a cabo de paso la unificación de dos conceptos que en la mecánica clásica habían sido
considerados completamente independientes y separados el uno del otro: el espacio y el tiempo. Gracias a Minkowski, el
espacio y el tiempo fueron unificados en un solo concepto básico e indivisible bajo una sola palabra, el espaciotiempo (aquí lo
llamaremos espacio-tiempo en el entendido de que ambos conceptos han sido fusionados en uno solo), de modo tal que no era
posible hablar ya del espacio como entidad individual y del tiempo como entidad individual también, separados el uno del otro.
Pero aquí nos estamos adelantando a nuestra historia.
Considerando para fines ilustrativos una velocidad de la luz de c = 1 metro por segundo, el diagrama espacio-tiempo para un
rayo de luz es el siguiente:
Sobre el mismo diagrama, la especificación de la coordenada x de una partícula material que nos indica la posición en la cual se
encuentra la partícula y del tiempo t al que corresponde esta coordenada, se dice que determina un evento o un suceso. Si
representamos la posición x en el eje de las abcisas (eje horizontal) y el tiempo t en las ordenadas (eje vertical), cada punto
del plano x-t corresponde a un posible evento. En un diagrama así podemos representar dos eventos distintos vistos por un
mismo observador, trátese de dos eventos distintos que ocurren en el mismo lugar en tiempos diferentes, dos eventos distintos
que ocurren al mismo tiempo en distintos lugares, o dos eventos distintos que ocurren en tiempos diferentes en lugares
diferentes, como es el siguiente caso:
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El lugar en un plano x-t de los eventos que representan las coordenadas apareadas de una partícula en varios instantes se conoce
en los estudios de la relatividad como línea del mundo (world line) y también como línea del universo. En la Teoría Especial
de la Relatividad, la línea del mundo es siempre una línea recta como la línea azul que tenemos en el diagrama de arriba porque
la partícula material viaja siempre en movimiento rectilíneo en una misma dirección, recorriendo distancias iguales en tiempos
iguales. Si en el instante t1 la coordenada de una partícula móvil es x1, entonces las magnitudes x1 y t1 determinan el evento
E1. Análogamente, x2 y t2 determinan el evento E2. Los eventos para un mismo y único observador están separados en el
espacio por una distancia Δx = x2 - x1 y en el tiempo por una distancia Δt = t2 - t1.
En los estudios sobre la relatividad, no se acostumbra revolver peras con manzanas, no se acostumbra revolver metros con
segundos al medir sobre coordenadas rectangulares. Para que en un diagrama espacio-tiempo tanto el eje horizontal como el eje
vertical usen el mismo tipo de unidades, se acostumbra multiplicar el tiempo en el eje vertical que corresponde al tiempo por la
constante universal absoluta que es la velocidad de la luz c, ya que con ello ct se convierte en una distancia que está medida en
metros, no en segundos. De este modo, no mezclamos peras con manzanas, al medir tanto en el eje vertical como en el eje
horizontal lo estamos haciendo en metros. En todos los diagramas espacio-tiempo que serán utilizados aquí, la ordenada vertical
estará en dimensiones de metros, o sea multiplicada por c, representado en la ordenada vertical como ct. Aunque aparezca t en
lugar de ct, se sobreentenderá que siempre nos estamos refiriendo a ct. Además, para fines de simplificación, le seguiremos
dando a c el valor de 1 metro por segundo. Sin embargo, para fines de cálculo numérico, estamos en libertad de regresar a las
mediciones en segundos sobre el eje vertical.
En la última gráfica de arriba, tenemos representados dos eventos distintos, uno ocurriendo en la posición x1 en un tiempo
representado en la posición ct1, y el otro evento ocurriendo en la posición x2 en un tiempo representado en la posición ct2.
Poniendo números y usando una velocidad de la luz igual a c = 1 metro/segundo, las coordenadas respectivas de cada evento y
la distancia entre ambos eventos es:
x1 = 1 metro
x2 = 2 metros
ct1 = 1 metro
ct2 = 3 metros
Δx = x2 - x1 = 2 metros - 1 metro = 1 metro
cΔt = ct2 - ct1 = 3 metros - 1 metro = 2 metros
PROBLEMA: Una vara de medir de tres metros de largo se encuentra en reposo en el marco de referencia del observador O,
y sus extremos coinciden con las coordenadas x1 = 2 metros y x2 = 5 metros. Trazar las líneas del mundo de los extremos de
la vara de medir en un diagrama espacio-tiempo del observador O.
El diagrama espacio-tiempo pedido es el siguiente:
No es un requisito indispensable que en la construcción de un diagrama del espacio-tiempo se utilicen ejes ortogonales
(perpendiculares, puestos en ángulos rectos el uno con respecto al otro). Es factible e inclusive deseable por razones que pronto
serán obvias construír el diagrama espacio-tiempo utilizando ejes que no son perpendiculares. A continuación tenemos un
diagrama en el cual los ejes principales no son perpendiculares:
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Obsérvese la manera de leer las coordenadas de un punto cualesquiera en este tipo de diagrama, trazando desde el punto líneas
paralelas a uno de los ejes principales hasta topar con el eje principal de la otra coordenada.
Y a continuación tenemos otro diagrama espacio-tiempo en el cual los ejes principales tampoco son perpendiculares:
Para un mismo observador, el anterior diagrama espacio-tiempo nos dá la distancia Δx que separa dos eventos E1 y E2, y nos dá
también la distancia cΔt que separa a dichos eventos. Pero este diagrama espacio-tiempo describe la situación de un solo
observador. El diagrama espacio-tiempo para un observador solitario no nos es de mucha utilidad en la resolución de problemas
propios de la relatividad. Es necesario juntar de alguna manera los diagramas espacio-tiempo de dos observadores que están en
movimiento relativo el uno con respecto al otro en uno solo. Lo que estamos buscando es algo que geométricamente nos
permita visualizar en un mismo diagrama la situación de dos observadores. Esto se logra con un procedimiento que nos fue dado
por el matemático Hermann Minkowski que será dado a continuación.
(1) Supondremos que la velocidad de la luz tiene un valor de c = 1 metro/segundo. Empezamos trazando dos coordenadas
perpendiculares que representan el diagrama espacio-tiempo de un observador al cual llamaremos O y que se considera a sí
mismo en estado de reposo en su marco de referencia S, con la coordenada horizontal asignada a la representación de la
posición de un objeto en el eje-x y con la coordenada vertical asignada a la representación del tiempo en el cual el objeto está
en cierta posición:
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(2) El diagrama espacio-tiempo más elemental que combina a dos observadores es el diagrama trivial en el cual ambos
observadores está reposo el uno frente al otro en el mismo lugar (x = x’) y tienen sus relojes sincronizados al mismo tiempo (t =
t’), lo que permite que los orígenes de ambos sistemas de referencia S y S’ coincidan en un mismo punto:
En forma similar a como sucede para el observador O, el eje ct’ es el lugar de los puntos tales que los eventos que ocurren a
lo largo de dicho eje ocurren en el mismo lugar x’ = 0 pero en tiempos distintos para un observador O.
(3) Para trazar un diagrama espacio-tiempo combinado juntando a dos observadores diferentes que están en movimiento
relativo el uno con respecto al otro a una velocidad V, trazamos primero el eje-t’ del marco de referencia S’ sobre el
diagrama espacio-tiempo del observador en reposo usando para ello la velocidad relativa entre ambos observadores. No es
necesario que los orígenes de los diagramas espacio-tiempo del observador O y del observador O’ coincidan, esto es mera
cuestión de conveniencia. Construiremos un diagrama en el que ambos orígenes coinciden.
Suponiendo que la velocidad relativa entre ambos marcos de referencia es de V = 0.4c (o.4 metros/segundo) entonces para
moverse una distancia x = 1 metro el observador O’ debe de haberse movido en un tiempo t = x/V = 2.5 segundos con respecto
al origen, y para moverse una distancia x = 2 metros el observador O’ debe de haberse movido en un tiempo t = x/V = 5
segundos. Todos estos puntos están conectados con una línea recta, la cual trazamos sobre el diagrama como se muestra arriba.
Esta recta corresponde al tiempo t’ del marco de referencia S’. Obsérvese que entre menor sea la velocidad relativa V más y
más cercana estará la línea que hemos trazado a la vertical que corresponde a t, hasta que ambas llegan a coincidir cuando la
velocidad relativa entre los dos observadores es cero. Para mayor simplicidad, prescindiremos de las graduaciones que hemos
puesto en las coordenadas de ambos ejes del observador O:
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(4) A continuación trazamos sobre el diagrama espacio-tiempo la ruta que corresponde a la trayectoria de un rayo de luz con una
velocidad c = 1 metro/segundo:
(5) Ahora vamos a trazar la coordenada de x’ superimponiéndola en el mismo diagrama. Para poder localizarla en dicho
diagrama, considérese primero un rayo de luz lanzado en el marco de referencia del observador O’ en un tiempo (medido en
metros) ct’ = -a desde la coordenada x’ = 0, un evento al que llamaremos E, el cual es reflejado en sentido opuesto en un
tiempo ct = 0 por un espejo en un evento al que llamaremos P, para regresar nuevamente a la coordenada x’ = 0 en un evento al
que llamaremos R ocurriendo en el tiempo ct’ = +a (podemos imaginar lo que ocurre como una descripción geométrica en el
espacio-tiempo del experimento llevado a cabo por el viajero en el ferrocarril al que vimos en la entrada titulada “La física es
parada de cabeza” cuando nos encontramos por vez primera el efecto relativista de la dilatación del tiempo):
Desde la perpectiva del observador estacionario O, la situación del rayo de luz que fue reflejado en el marco de referencia de
O’ es la siguiente:
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Tanto en el marco de referencia del observador O’ como en el marco de referencia del observador O la luz sigue teniendo la
misma velocidad, como lo enuncia el segundo postulado de la Teoría Especial de la Relatividad. Por lo tanto, el rayo de luz que
es lanzado en el marco de referencia de O’ también tendrá la misma pendiente de 45 grados en el marco de referencia de O. En
el diagrama de arriba ubicamos arbitrariamente sobre el eje ct’ el evento E en el punto ct’ = -a, y trazamos desde dicho punto
una trayectoria de 45 grados que corresponde al rayo de luz que es lanzado por el observador O’. Por otro lado, ubicamos sobre
el eje t’ el evento R en el punto ct’ = +a, y trazamos desde allí la trayectoria que representa el rayo de luz reflejado por el
espejo desde el punto que debe representar al evento P, una línea recta también de 45 grados (en concordancia con el segundo
postulado de la Teoría Especial de la Relatividad) pero yendo de derecha a izquierda, extendiendo dicha línea hasta que se
cruce con la otra línea que habíamos trazado. Esto nos dá unívocamente en el diagrama la localización del evento P. Por último,
trazamos una línea punteada que conecta el origen común de ambos observadores hasta el punto que representa al evento P.
Esta es la línea que corresponde a la coordenada de x’. No tardamos en descubrir que el ángulo que forma la coordenada x con
la coordenada x’ es el mismo ángulo que el que forma la coordenada ct con la coordenada ct’. Con esto, hemos terminado
esencialmente con la construcción del diagrama.
Una cosa que resalta del diagrama espacio-tiempo final es el hecho de que los dos eventos identificados con cuadritos rojos y
con los números 1 y 2 que son simultáneos para el observador O’ (ambos ocurren en su tiempo t’ = 0) no ocurren al mismo
tiempo en el marco de referencia del observador O. Esta es nuestra perspectiva geométrica del verdadero origen de los
fenómenos relativistas de dilatación del tiempo y contracción de longitud: la simultaneidad deja de ser absoluta. En el
universo de los absolutos, en la física pre-relativista, si dos eventos ocurrían al mismo tiempo para un observador estacionario,
también ocurrían al mismo tiempo para otro observador en movimiento, lo cual deja de ser válido en la Teoría Especial de la
Relatividad.
Una cosa que no hemos hecho y la cual dejaremos pendiente por el momento es graduar (marcar con divisiones igualmente
espaciadas) las coordenadas (x,t) del observador O y las coordenadas (x’,t’) del observador O’ de modo tal que podamos
resolver gráficamente un problema relativista obteniendo aproximaciones numéricas al igual que como lo hacen los ingenieros
que utilizan papel gráfico para la resolución aproximada de problemas de otra índole (el Smith Chart utilizado para la resolución
de problemas eléctricos de líneas de transmisión, y el diagrama de humedad o carta psicométrica usada para la resolución de
problemas de humedad relativa y punto de rocío). Esta graduación es conocida también como la calibración de los ejes, y se
puede llevar a cabo mediante cálculos numéricos con las ecuaciones de transformación de Lorentz que veremos posteriormente
o con el procedimiento geométrico de la hipérbola invariante.
Así pues, nuestro principal medio de trabajo para el análisis geométrico de los problemas de la Teoría Especial de la Relatividad
es el diagrama espacio-tiempo de Minkowski:
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Este es el diagrama espacio-tiempo desde la perspectiva del observador O en reposo. Si queremos, podemos dibujar también
el diagrama espacio-tiempo desde la perspectiva del observador O’ cuando este se considera en reposo y cuando ve al
observador O en movimiento hacia la izquierda:
En esencia, lo que hemos hecho a sido tomar el diagrama básico para un observador O en reposo en un marco de referencia S,
trazando sobre el mismo la línea que marca la trayectoria de un rayo de luz con una pendiente de 45 grados que corresponde a
una velocidad c de 1 metro por segundo:
y sobre este diagrama, usando como referencia común la bisectriz que ambos diagramas deben tener identificando en el mismo
la línea del mundo de un rayo de luz común a ambos observadores O y O’ en los marcos de referencia S y S’, hemos agregado al
diagrama del observador estacionario O el siguiente diagrama espacio-tiempo de O’ (nos queda pendiente el asunto de cómo se
lleva a cabo la graduación o calibración de los ejes x’-t’):
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para así tener el siguiente diagrama espacio-tiempo combinando a ambos observadores desde la perspectiva del observador
estacionario O:
PROBLEMA: Representar en un diagrama espacio-tiempo cuatro eventos distintos cuyas coordenadas son las siguientes:
E1(x1, c t1) = (1, 2)
E2(x2, c t2) = (2, 5)
E3(x’1, c t’1) = (4, 1)
E4(x’2, c t’2) = (2, 2)
Los eventos E1 y E2 están especificados sobre las coordenadas del observador en reposo O en su marco de referencia S, y en el
diagrama espacio-tiempo combinado estarán ubicados en las siguientes posiciones (se han representado los dos eventos en el
diagrama con unos cuadritos de color púrpura):
Los eventos E3 y E4 están especificados sobre las coordenadas del observador en movimiento O’ en su marco de referencia S’, y
en el diagrama espacio-tiempo combinado estarán ubicados en las siguientes posiciones (se han representado los dos eventos en
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el diagrama con unos cuadritos de color verde):
Cuanto más alta sea la velocidad relativa V entre dos marcos de referencia acercándose o alejándose a una velocidad cada vez
más cercana a la velocidad de la luz, tanto más se irán cerrando los ejes que corresponden al marco de referencia en
movimiento S’ como podemos apreciarlo en el siguiente diagrama espacio-tiempo:
En el diagrama espacio-tiempo de arriba, tenemos sobrepuestos a tres observadores, el observador que consideramos
estacionario, el observador O’ que se está moviendo a una velocidad relativa V con respecto al observador O, y un tercer
observador O’’ que se está moviendo a una velocidad todavía mayor con respecto al observador O. Nótese cómo se van
cerrando cada vez más y más los ejes coordenados x-t de un observador móvil conforme va aumentando su velocidad V con
respecto al observador estacionario.
Cuando se prescinde de un diagrama espacio-tiempo como el caso en el que se vaya a efectuar un cálculo numérico, para la
especificación completa de un mismo evento E cualquiera se deben especificar cuatro coordenadas, las coordenadas (x,t) del
evento en el marco de referencia S, y las coordenadas (x’,t’) del evento en el marco de referencia S’, de modo tal que un
evento quedará registrado como E(x,t,x’,t’) en forma completa. Esto es válido para cualquier evento. El único evento que
tendrá las mismas coordenadas tanto para S como para S será el que ocurra en el punto común de origen, o sea E(x,t,x’,t’) =
(0,0,0,0). En todos los demás casos las coordenadas diferirán. Sin embargo, al hablar de un evento se está hablando de un mismo
y único evento visible para todos los observadores. Cuando un carro choca contra otro, ya sea visto por un observador
estacionario o por un observador móvil, no existen dos marcos de referencia distintos en los cuales uno de los carros choque y el
otro no. Distintos observadores siempre se podrán poner de acuerdo en un evento específico, cada uno asignándole sus propias
coordenadas. En lo que no se podrán poner de acuerdo es en la duración del lapso de tiempo entre dos eventos distintos E1 y E2
y en la distancia espacial que separe a dos eventos distintos. Un observador dirá que el lapso de tiempo entre dos eventos E1 y
E2 fue Δt mientras que el otro dirá que fue Δt’. Un observador dirá que la distancia espacial entre dos eventos fue Δx mientras
que el otro dirá que fue Δx’, y en los diagramas de arriba podemos ver por qué no podrán ponerse de acuerdo jamás, a menos
de que tomen en cuenta las correciones relativistas.
Dado un evento E cualquiera puesto en un diagrama espacio-tiempo que involucre a dos observadores en movimiento relativo el
uno con respecto al otro, las coordenadas del mismo se pueden obtener tanto en un marco de referencia como en el otro
trazando desde el evento líneas paralelas a cada uno de los ejes coordenados respectivos de cada observador, como lo muestra
el siguiente diagrama:
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En el diagrama espacio-tiempo de arriba tenemos un evento A. Trazando una línea horizontal hacia la izquierda hasta llegar al
eje vertical ct podemos obtener el valor de ct con lo cual podemos obtener el tiempo, y trazando una línea vertical hacia abajo
podemos obtener la coordenada de la distancia x. Del mismo evento A podemos hacia la línea ct’ una línea paralela a la
coordenada x’ con lo cual obtenemos el valor de ct’, y podemos trazar hacia abajo otra línea paralela a ct con lo cual
obtenemos el valor de x’.
PROBLEMA: Mediante un diagrama espacio-tiempo, obtener y explicar el efecto relativista de la dilatación del tiempo.
El análisis se llevará a cabo considerando a nuestro proverbial viajero el cual dentro de un vagón de ferrocarril arroja un rayo de
luz hacia arriba desde una linterna, el cual es reflejado por un espejo regresando al punto de partida, mientras que un
observador sentado a un lado de las vías del ferrocarril observa al rayo de luz recorrer una trayectoria mayor. En la construcción
de cualquier diagrama espacio-tiempo se vuelve necesario identificar claramente los eventos que ocurren. En este caso, nos
basta con identificar sobre el diagrama espacio-tiempo dos eventos: el primer evento que llamaremos E1 ocurre cuando el rayo
de luz sale de la linterna, y el segundo evento que llamaremos E2 ocurre cuando el rayo de luz regresa reflejado por el espejo al
punto desde donde fue lanzado. Ambos eventos ocurren en el mismo lugar para el observador viajero O’, al cual le asignaremos
la coordenada x’ = 0, pero en tiempos diferentes t’1 y t’2. Una vez localizados ambos eventos en el sistema de referencia S’ de
O’, nos basta con trazar dos líneas horizontales desde las coordenadas (x’, t’1) y (x’, t’2) hacia el eje de tiempos del
observador O para obtener las coordenadas correspondientes en el marco de referencia de O de los dos eventos:
Darse cuenta de que efectivamente hay una dilatación del tiempo requiere que pongamos sobre los ejes del diagrama espacio-
tiempo divisiones graduadas en los ejes de los tiempos, o sea que llevemos a cabo la calibración de los ejes, lo cual se verá en
una entrada posterior. Obsérvese que a diferencia de como sucede con el observador O’, los eventos E1 y E2 no sólo ocurren en
tiempos diferentes t1 y t2; también ocurren en lugares diferentes x1 y x2.
PROBLEMA: Ilustrar mediante un diagrama espacio-tiempo el fenómeno de la contracción de longitud sobre una vara de
medición, suponiendo que:
a) El observador en reposo O es el que tiene la vara de medir y el observador O’ es el que la ve pasar frente a él.
b) El observador en movimiento O’ es el que lleva consigo la vara de medir y el observador en reposo O es el que la ve pasar
frente a él.
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a) En el primer caso, si el observador en reposo es el que tiene una vara de medir de longitud L0, las líneas del mundo de los
dos extremos de la vara de medir se mantendrán como dos líneas verticales paralelas proyectadas hacia arriba como lo muestra
el siguiente diagrama espacio-tiempo:
En este caso, el observador estacionario O mide para la vara al mismo tiempo t = 0 en su tiempo propio una longitud L0. Pero
el observador móvil O’ mide la coordenada de cada extremo de la vara en tiempos diferentes y concluye que hubo una
contracción en la longitud de la vara.
b) En el segundo caso, si el observador en movimiento O’ es el que lleva consigo la vara de medir de longitud L0, las líneas del
mundo de los dos extremos de su vara de medir se mantendrán como dos líneas paralelas las cuales a su vez serán paralelas a su
eje vertical ct’ como lo muestra el siguiente diagrama espacio-tiempo:
En este caso, el observador O’ mide para su vara al mismo tiempo t’ = 0 en su tiempo propio una longitud L0. Pero el
observador O mide la coordenada de cada extremo de la vara en tiempos diferentes y concluye por su parte que hubo una
contracción en la longitud de la vara.
Hemos visto una forma convencional del diagrama espacio-tiempo de Minkowski, pero no es la única manera de construír un
diagrama espacio-tiempo. Otra forma de lograrlo es recurriendo a un truco. El truco consiste en que sobre un mismo diagrama,
usando el mismo origen para dos observadores distintos que se están moviendo a una velocidad relativa V el uno con respecto al
otro, se tracen dos ejes de espacios correspondiendo a los espacios propios medidos por cada observador, y además se tracen
dos ejes de tiempos correspondiendo a los tiempos propios medidos por cada observador, de modo tal que el eje de tiempos
de un observador sea perpendicular al eje de espacios del otro observador y que el eje de espacios de dicho observador sea
perpendicular al eje de espacios del otro observador. Esto es lo que nos produce esencialmente lo que se llama un diagrama
espacio-tiempo de Loedel, así llamado en referencia a su creador, el físico latinoamericano Enrique Loedel Palumbo:
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El diagrama de Loedel es una modificación con fines didácticos del diagrama espacio-tiempo que fue concebido por Hermann
Minkowski.
Ahora veremos con mayor detalle el asunto de la simultaneidad, visto desde la óptica de la Teoría Especial de la Relatividad.
El primer contacto que tienen muchos estudiantes con la explicación de la pérdida de la simultaneidad absoluta se basa en un
ejemplo como el siguiente en el cual tenemos a nuestro proverbial pasajero de ferrocarril colocado justo a la mitad de los dos
extremos del convoy de vagones. En el marco de referencia S del observador situado a un lado de las vías del ferrocarril justo a
la mitad de dos torres de luz se activan en forma sincronizada (al mismo tiempo) dos pulsos luminosos emanados de las dos
torres de luz usando relojes sincronizados en el marco de referencia de S para lanzar los pulsos luminosos, en forma tal que el
estallido de uno de los pulsos luminosos coincidirá justo con el extremo delantero del ferrocarril y el estallido del otro pulso
luminoso coincidirá justo con el extremo trasero del ferrocarril:
El observador estático situado a un lado de las vías del ferrocarril en el marco de referencia S recibe los dos pulsos luminosos al
mismo tiempo, y por lo tanto concluye que ambos eventos fueron simultáneos dentro de su marco de referencia. Por su parte,
en virtud de que la luz tiene una velocidad finita y en virtud de que el pasajero del ferrocarril está en movimiento rápido, uno
de los pulsos luminosos le llega primero que el otro, y el pasajero concluye que los destellos no ocurrieron al mismo tiempo, que
no fueron simultáneos, dada la diferencia de tiempos en que tardan en llegarle los dos rayos de luz a su plataforma móvil, y por
lo tanto para él los eventos no son simultáneos en su marco de referencia S’.
La anterior es una explicación simplista y en cierta forma errónea porque no toma en cuenta para nada los efectos relativistas de
la dilatación del tiempo y la contracción de longitud. La pérdida en la simultaneidad se debe, según la explicación anterior, a la
velocidad finita de la luz. Si no hubiese dilatación del tiempo ni contracción de longitud, si no hubiese relatividad, si existiesen
el tiempo absoluto y el espacio absoluto, la pérdida en la simultaneidad sería meramente una ilusión, una pérdida de
simultaneidad aparente. La situación actual es más complicada que la descrita en el ejemplo anterior precisamente porque hay
efectos relativistas de dilatación del tiempo y contracción de longitud. Efectivamente, hay una diferencia de tiempos en la
llegada de los dos pulsos luminosos al viajero en el ferrocarril, pero también hay una pérdida de simultaneidad real que no es
ocasionada por la velocidad finita de la luz sino por efectos de índole relativista, y es en este caso en donde los diagramas
espacio-tiempo de Minkowski resultan de una ayuda invaluable para entender lo que está sucediendo, permitiéndonos ir más allá
de la anterior explicación simplista. Para entender lo que está sucediendo, es necesario identificar a los dos eventos que
ocurren simultáneamente en el marco de referencia S como E1 y E2 y ver las coordenadas (x’,t’) de cada uno de dichos eventos
en el marco de referencia S’.
Si dos eventos ocurren al mismo tiempo en el mismo lugar se puede afirmar sin lugar a dudas que ambos eventos son
simultáneos. Cuando dos aviones chocan en el aire, no existe marco de referencia alguno en el cual la colisión de ambos aviones
no sea simultánea. Pero entre mayor sea la distancia entre dos eventos que ocurren en distintos lugares tanto mayor será la
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dificultad para los observadores en decidir por cuenta propia el asunto de la simultaneidad.
Considérese el siguiente diagrama espacio-tiempo de Minkowski que ilustra la situación de eventos que son simultáneos en un
marco de referencia S del observador O y que NO son simultáneos en un marco de referencia S’ del observador O’, así como
eventos que son simultáneos en un marco de referencia S’ pero que NO son simultáneos en el marco de referencia S:
En este diagrama, los eventos A y B ocurren simultáneamente a un mismo tiempo en el marco de referencia S en dos lugares
distintos que podemos identificar como x1 y x2. Pero resulta claro que, relativísticamente hablando, los mismos eventos A y B
ocurren en tiempos diferentes en el marco de referencia de S’, los cuales podemos ubicar en los tiempos t’1 y t’2. Los dos
eventos A y B ocurren en tiempos diferentes en lugares diferentes para un observador situado en S’. Aquí lo que es
simultáneo para S no es simultáneo para S’. Por otro lado, los eventos C y D ocurren simultáneamente a un mismo tiempo en el
marco de referencia S’ en dos lugares distintos que podemos identificar como x’3 y x’4. Pero resulta claro que,
relativísticamente hablando, los mismos eventos C y D ocurren en tiempos diferentes en el marco de referencia de S, los cuales
podemos ubicar en los tiempos t3 y t4. Los dos eventos C y D ocurren en tiempos diferentes en lugares diferentes para un
observador situado en S. Aquí lo que es simultáneo para S’ no es simultáneo para S. Y en cuanto a los eventos E y F, tales
eventos no son simultáneos ni para S ni para S’. Todo esto lo podemos ver claramente tal como es en los diagramas espacio-
tiempo de Minkowski. Desafortunadamente, aunque estos gráficos son de gran ayuda, no se prestan para cálculos numéricos de
precisión, para lo cual tendremos que recurrir a una herramienta algebraica conocida como las ecuaciones de transformación de
Lorentz.
A continuación tenemos otro diagrama espacio-tiempo que nos ilustrara la falla de la simultaneidad dentro de la Teoría Especial
de la Relatividad:
En este diagrama espacio-tiempo, para el observador en el marco de referencia S cuyas coordenadas son (x, ct), dos eventos
son simultáneos cuando de acuerdo con su reloj ocurren al mismo tiempo t = t0 en dos lugares diferentes que podemos
identificar simplemente como x1 y x2, marcados por los puntos obscuros que están puestos sobre la línea horizontal que
corresponde a un tiempo t = t0.
Sin embargo, para el otro observador cuyas coordenadas son (x’, ct’), los dos eventos no ocurren simultáneamente, ocurre
primero uno y después ocurre el otro. En su reloj un evento ocurre primero en el tiempo t’1 y el otro evento ocurre después
en el tiempo t’2. Esta anomalía relativista en la simultaneidad es precisamente la que ocasiona los efectos físicos de la
dilatación del tiempo y la contracción de longitud. Todas las dificultades para comprender las aparentes paradojas que están
detrás de la Teoría Especial de la Relatividad surgen de nuestra renuencia a rechazar de manera definitiva el falso concepto de
la simultaneidad absoluta. Si hubiera simultaneidad absoluta, no habría dilatación relativista del tiempo ni contracción de
longitud, aunque ello requeriría neceariamente la aceptación del movimiento absoluto, lo cual a estas alturas ya hemos
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descartado por completo.
PROBLEMA: Mediante un diagrama espacio-tiempo, obtener y explicar el efecto relativista de la contracción de longitud.
Si en lugar de un diagrama espacio-tiempo trazado sobre una hoja hacemos un esfuerzo extra por representar dos coordenadas
de la posición (x,y) y la coordenada del tiempo (ct) apuntando esta última hacia arriba, podemos dibujar algo que se conoce
como superficies de simultaneidad tanto para el observador O en reposo en el marco de referencia S como el observador en
movimiento O’ en el marco de referencia S’:
En el diagrama de la izquierda, tenemos dos eventos representados con puntitos rojos que ocurren al mismo tiempo,
simultáneamente, en el marco de referencia S del observador O, y tenemos otros dos eventos representados con puntitos
amarillos que ocurren en tiempos diferentes en el marco de referencia S’ del observador O’. Pero en el diagrama de la
izquierda, los dos eventos representados con puntitos amarillos sí ocurren al mismo tiempo, simultáneamente, en el marco de
referencia S’ del observador O’, aunque los eventos representados con puntitos rojos y que eran simultáneos en el marco de
referencia S del observador O han dejado de ser simultáneos para el observador O’.
La limitante de que ningún objeto puede viajar a una velocidad mayor que la velocidad de la luz se refleja no tan sólo en un
cuadrante del diagrama espacio-tiempo, se refleja en los cuatro cuadrantes, y el “origen” del observador puede no
necesariamente coincidir con el origen del diagrama espacio-tiempo que está situado en x = 0 y ct = 0, en virtud de que la
fijación de las coordenadas es una mera cuestión de conveniencia:
En el diagrama de arriba, tenemos a un cuerpo que al moverse del punto A al punto B se ha movido en línea recta de x1 = 0.5
metros y x2 = 0.75 metros a partir de un tiempo t1 = 0.5 segundos a un tiempo t1 = 1.75 segundos, siendo por lo tanto su
velocidad igual a v = 0.2 c. Puesto que el avance natural del tiempo es siempre hacia arriba, el cuerpo sólo puede desplazarse
también junto con el tiempo de abajo hacia arriba, en cualquier trayectoria rectilínea cuya pendiente no exceda la velocidad
de la luz, lo cual está marcado por el área punteada. Del punto B hay un conjunto de puntos que marcan el futuro de la posición
del cuerpo en el diagrama espacio-tiempo, y hay también un conjunto de puntos que marcan el pasado de la posición del cuerpo
en el diagrama espacio-tiempo.
No es necesario limitarnos a un diagrama espacio-tiempo de tan sólo dos dimensiones. Podemos agregar una dimensión
adicional, como correspondería a la coordenada y en un plano Cartesiano x-y, para tener lo que parece ser un cono dentro del
cual están circunscritas las trayectorias posibles de un objeto, llamado cono de luz:
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De este modo, podemos tener las siguientes dos trayectorias rectilíneas posibles en el siguiente diagrama espacio-tiempo
tridimensional:
Antes del advenimiento de la Teoría Especial de la Relatividad, podíamos hablar acerca de un “ahora” universal, podíamos
hablar acerca de un “pasado” común universal y acerca de un “futuro” común universal, comunes a todos los que habitamos en
este Universo, puesto que el tiempo absoluto marchaba al unísono por igual en todo el Universo, sin retrasarse ni adelantarse en
ninguno de sus confines:
Pero a partir del advenimiento de la Teoría Especial de la Relatividad, para cada observador hay un “pasado”, un presente y un
“futuro”, delimitados por el cono de luz:
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En este último diagrama, la línea del mundo (de color verde) corresponde a un observador que está en reposo. El punto en el
que se tocan los dos conos de luz que corresponden al “pasado” y al “futuro” del observador viene siendo el “ahora” del
observador. Puesto que ningún objeto puede moverse a una velocidad mayor que la velocidad de la luz, la única forma de poder
llegar al “ahora” desde el pasado (suponiendo una línea del mundo con un movimiento rectilíneo) es haciéndolo dentro del cono
de luz inferior. Y la única forma de poder llegar a cierto punto del diagrama espacio-tiempo en el “futuro” es estando dentro
del cono de luz superior. Las regiones de espacio-tiempo de color gris en el diagrama de arriba son, por lo tanto, regiones
de espacio-tiempo a las que el observador no tiene acceso. Esto fija de manera unívoca todas las relaciones que pueda haber
de causa-efecto entre dos observadores. Los únicos eventos que pueden cambiar el estado de un observador o de un objeto en
su posición actual en el espacio-tiempo deben estar situados en ó dentro del cono de luz que corresponde a su “pasado”. Y los
únicos eventos que pueden ser influenciados por eventos en los que participe un observador o un objeto deben estar situados en
ó dentro del cono de luz que corresponde a su “futuro”. De este modo, en el siguiente diagrama espacio-tiempo:
el evento que tuvo lugar en el punto C pudo muy bien haber cambiado lo que está sucediendo en el “ahora” del observador que
se encuentra en el punto A, y el observador A puede hacer algo para intervenir sobre lo que sucede en el evento que tiene lugar
en el punto B. Pero no puede hacer nada para modificar lo que ocurra en los eventos E y D porque están fuera de su alcance al
no poder establecer una comunicación con ellos debido a la limitante absoluta de la velodidad de la luz. Los puntos E y D están
en regiones prohibidas. Cabe aclarar que la línea en el diagrama que corresponde a la coordenada X no está inclinada como
parece estarlo; es una línea perfectamente horizontal como puede comprobarlo el lector en el monitor de su computadora con
la ayuda de una hoja de papel. Se trata de una ilusión óptica, como lo es la ilusión del concepto de la simultaneidad absoluta que
tanto trabajo le cuesta a muchos estudiantes sepultar.
¿Entonces ya no podemos hablar de un pasado común y un futuro común a todos los habitantes del Universo como se
acostumbraba hacerlo antes? Sí, pero desde la perspectiva relativista. En el siguiente diagrama espacio-tiempo tenemos los
conos de luz que corresponden no a uno sino a dos eventos A y B:
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En este diagrama, el “ahora” del evento A no puede tener efecto alguno sobre el “ahora” del evento B porque ello requeriría
atravesar la zona gris que le está vedada a ambos eventos. Para poder tener efecto alguno sobre el “ahora” de B, el “ahora” del
evento A debería ser capaz de poder transmitir información al “ahora” del evento B a una velocidad mayor que la velocidad de
la luz, lo cual es imposible. Sin embargo, ambos conos de luz tienen dos zonas en común, las zonas en las cuales se traslapan los
dos conos de luz. La zona común en la cual se traslapan los pasados de ambos, de color rosa, es la zona en la cual ambos eventos
pueden intercambiar información que sea capaz de cambiar el “ahora” de cada uno de ellos, es la zona denominada pasado
común. Y la zona común en la cual se traslapan los futuros de ambos, de color azul cielo, es la zona en la cual ambos eventos
podrán intercambiar información en su futuro (a menos de que ocurra un cambio en la línea del mundo de uno de ellos o de
ambos), es la zona denominada futuro común. De cualquier manera, y hablando del Universo como un todo, sí podemos hablar
de un “ahora” universal que sin embargo no es un “ahora” absoluto, porque en la infinitud de las regiones locales de las que está
hecho el Universo habrá variaciones en la marcha del tiempo como las que predice la Teoría de la Relatividad.
En los diagramas espacio-tiempo que hemos visto, sólo hemos considerado objetos que mantienen una trayectoria rectilínea a
velocidad constante sobre la cual se pueden aplicar los principios propios de la Teoría Especial de la Relatividad. Pero también
podemos trazar en un diagrama espacio-tiempo la trayectoria de un objeto que no mantiene una trayectoria rectilínea, que está
cambiando constantemente de dirección. Un diagrama tal tendría un aspecto como el siguiente:
En esta trayectoria tenemos a un viajero que se ha trasladado del punto P al punto Q en un lapso de tiempo Δτ medido en el
reloj con el que va viajando el viajero. Este es precisamente el tipo de movimientos que deben caer bajo el ámbito de una
teoría expandida para analizar movimientos no-rectilíneos o acelerados, una Teoría General de la Relatividad. La trayectoria
de un cuerpo que no avanza en línea recta dentro del cono de luz debe ser tal que la velocidad de la luz nunca debe ser
excedida, o sea que la tangente de la curva nunca debe apartarse más de 45 grados del eje vertical que representa a la
coordenada del tiempo. A continuación tenemos un ejemplo de un recorrido válido y un recorrido inválido:
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Obsérvese del diagrama anterior izquierdo cómo el cono de luz es algo que viaja junto con el observador móvil, el cual puede
definir en cualquier momento cuál será el instante en que su reloj sea ajustado para marcar el “pasado”, el “futuro” y el
“presente” (el instante a partir del cual se empieza a tomar el tiempo para llevar las cuentas de una sucesión de eventos).
Partiendo de sus dos postulados, Einstein dedujo correctamente las nuevas leyes para las transformaciones llevadas a cabo entre
dos marcos de referencia distintos, formalizadas algebraicamente con las ecuaciones de transformación de Lorentz, pero fue
Hermann Minkowski el que demostró que si dejábamos de ver a las tres dimensiones del espacio y a la dimensión del tiempo
como entidades separadas y las uníamos geométricamente en un espacio-tiempo de cuatro dimensiones, entonces las
transformaciones relativistas podían ser vistas como correspondiendo a rotaciones llevadas a cabo en este espacio-tiempo
cuatri-dimensional, lo cual fue una enorme simplificación creando una nueva perspectiva acerca del espacio y del tiempo. Al
principio Einstein no dió mucha importancia a la interpretación geométrica de Minkowski, tomándola meramente como una
formalidad matemática sin significado físico real, pero eventualmente cambió su actitud adoptando el punto de vista cuatri-
dimensional geométrico que después emplearía para la postulación de la Teoría General de la Relatividad.
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
m i é r c o l e s , 1 8 d e m a r z o
7: Las transformaciones de Lorentz
Conforme nos vamos familiarizando más y más con las consecuencias de los postulados de Einstein, se vuelve deseable obtener
fórmulas de carácter general que nos permitan obtener toda la información que describa los eventos analizados por dos
observadores en movimiento relativo el uno con respecto al otro, dos observadores situados en dos marcos de referencia
distintos S y S' (se acostumbra denotar al observador en reposo como un observador colocado en el marco de referencia S
mientras que el observador móvil desplazandose a una velocidad V está puesto en el marco de referencia designado como S’):
Tales ecuaciones de transformación de carácter general de un marco de referencia a otro fueron enunciadas por vez primera no
por Einstein sino por el físico Lorentz, razón por la cual reciben el nombre de ecuaciones de transformación de Lorentz.
Para la derivación de las ecuaciones de transformación, en ambos marcos de referencia se centrará la atención sobre un evento
común descrito por ambas personas, el cual tendrá coordenadas (x,y,z,t) en el marco de referencia S y coordenadas (x’,y’,z’,t’)
en el marco de referencia S’:
Por simplicidad en la derivación de las ecuaciones de transformación, ambos marcos de referencia son seleccionados de modo
tal que sus orígenes (el punto O en el marco de referencia de S y el punto O’ en el marco de referencia de S’) coincidan en los
tiempos t=0 y t’=0.
Supóngase que cuando los orígenes de ambos marcos de referencia coinciden se dispara un pulso de luz en el origen común de
ambos. Por el segundo postulado de la Teoría Especial de la Relatividad, este pulso de luz se propagará con la misma velocidad
tanto dentro del marco de referencia S como dentro del marco de referencia S’. Este es precisamente el punto clave para
poder obtener la transformación de un marco de referencia a otro, el hecho de que la velocidad de la luz c que debe ser la
misma en ambos marcos de referencia, tanto para el marco de referencia S:
c=x/t
x = ct
como para el marco de referencia S’:
c = x’ / t’
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x’ = ct’
¿Cuál es el tipo de transformación que estamos buscando? Si recordamos la derivación de los resultados preliminares sobre los
fenómenos de la dilatación del tiempo y la contracción de longitud, resulta claro que las transformaciones que estamos buscando
deben ser transformaciones lineares. Estando fija la velocidad V a la cual se desplaza el marco de referencia S’, si por la
dilatación del tiempo medido en S’ cuando se mide en S requiere de la aplicación de un factor de corrección constante (esto
es, si la velocidad V es tal que cuando un lapso de tiempo medido en S’ es de 10 segundos entonces el lapso de tiempo medido
en S es de 15 segundos, con lo cual al mantenerse constante el factor de corrección entonces un lapso de tiempo de 20 segundos
medido en S’ equivaldrá a un lapso de tiempo de 30 segundos medido en S del mismo modo que un lapso de tiempo de 30
segundos medido en S’ equivaldrá a un lapso de tiempo de 45 segundos medido en S) el factor de corrección debe ser una
simple constante multiplicativa cuyo valor depende únicamente de la velocidad relativa V entre ambos marcos de referencia, la
cual suponemos constante. Si el factor de corrección no fuera constante, si la dilatación del tiempo de un marco de referencia a
otro no aumentara en forma directamente proporcional entre ellos, entonces la transformación que requeriríamos sería una
transformación de carácter no-linear. Esto en lo que concierne a la dilatación del tiempo. Y en lo que concierne a la contracción
de longitud, también allí al descubrir el fenómeno de la contracción de longitud encontramos que el factor de corrección
requerido era una constante multiplicativa. En ambos casos, necesitamos de transformaciones lineares. Si las transformaciones
no fuesen lineares, una longitud x2-x1 medida en el marco de referencia S dependería de la selección del origen del marco de
referencia, y un intervalo de tiempo t2-t1 dependería de cuándo el tiempo fue seleccionado para tener un valor de cero; en
cierta forma la no-linearidad nos llevaría de regreso hacia los conceptos del tiempo absoluto y la distancia absoluta. Por otro
lado, puesto que el movimiento relativo entre ambos marcos de referencia S y S’ ocurre únicamente en la dirección de los ejes
de las equis (x), las coordenadas y y z deben permanecer iguales, o sea y = y’ y z = z’.
Cuando ocurre el evento en el cual el pulso luminoso (disparado cuando los orígenes O y O’ de ambos marcos de referencia
coincidían) llega al punto P, de acuerdo con la perspectiva del observador en S el marco de referencia móvil S’ se ha
desplazado hacia la derecha una distancia de Vt en un tiempo t medido por el observador en S. Pero también desde la
perspectiva del observador en S, una vara de medir llevada consigo por S’ a lo largo del eje de las equis (x) se ha contraído por
un factor de corrección constante que llamaremos a. Para el observador fijo, por lo tanto, la relación entre su marco de
referencia y el marco de referencia móvil debe ser:
x = ax’ + bt’
x = a{x’ + (b/a} t’
en donde a y b son simples constantes multiplicativas (factores lineares que son independientes de x’ y t’).
Así como los fenómenos de la relatividad se vuelven cada vez más evidentes a velocidades cercanas a la velocidad de la luz,
algo que también debe ser cierto es que a bajas velocidades las ecuaciones de transformación que hemos escrito arriba se
deben reducir a los resultados clásicos que ya conocemos, las transformaciones de Galileo basadas en la noción del tiempo
absoluto y el espacio absoluto:
x = x - Vt
En otras palabras, para valores bajos de V/c, a debe acercarse a 1 y b/a debe acercarse a V, la transformación relativista se
debe reducir a la transformación clásica para bajas velocidades de V. Esto nos permite escribir la transformación relativista
como:
x = a{x’ + Vt’}
La transformación inversa debe tener la misma forma, excepto por el cambio de signo involucrado por el hecho de que el
marco de referencia S se está desplazando hacia la izquierda mientras que el marco de referencia S’ permanece estático.
x’ = a{x - Vt}
Pero ya se había señalado que, por el segundo postulado de la Teoría de la Relatividad:
x = ct
x’ = ct’
Sustituyendo estas dos relaciones tanto en la transformación de S’ a S como en la transformación inversa de S a S’, obtenemos lo
siguiente:
ct = a ( ct’ + Vt’ )
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ct = a ( c + V ) t’
y:
ct’ = a ( ct - Vt )
ct’ = a ( c - V ) t
Eliminando t de ambas ecuaciones obtenemos lo siguiente:
ct’ = a (c - V ) (1/c) a (c + V) t’
c² t’ = a² (c² - V² ) t’
De lo cual obtenemos para a lo siguiente:
a² = c² / (c² - V²)
a² = 1 / (1 - V²/c² )
a = 1 / √(1 - V²/c²)
Este resultado nos debería de ser ya familiar. a es el mismo factor de corrección γ que habíamos obtenido anteriormente. En
pocas palabras, a = γ.Con esto:
x = γ{x’ + Vt’}
Podemos obtener la ecuación de transformación para el tiempo de la ecuación
x’ = a{x - Vt}
usando
x = a{x’ + Vt’}
para t:
x’ = a [ a (x’ + Vt’) - Vt]
de lo cual:
t = at’ + ( a - 1/a) (x’/V)
t = a (t’ + Vx’ /c²)
Resumiendo, y empleando el símbolo γ en lugar de a, para cambiar del marco de referencia S’ que se está moviendo de
izquierda a derecha a una velocidad V al marco de referencia S del observador estacionario, las ecuaciones de transformación
de Lorentz son:
____x = γ(x’ + Vt’)
____y = y’
____z = z’
____t = γ(t’ + Vx’/c²)
Podemos obtener la transformación inversa para cambiar del marco de referencia S al marco de referencia S’ directamente de
las anteriores ecuaciones. De la primera ecuación y de la cuarta ecuación, podemos reescribirlas en forma tal que tanto la
variable x’ como la variable t’ puedan ser despejadas por medio de ecuaciones simultáneas (por medio de determinantes
aplicando la regla de Cramer o cualquier otra técnica matemática del gusto del estudiante):
x' + Vt' = x/γ
(V/c²) x' + t' = t/γ
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Es así como obtenemos el siguiente conjunto de ecuaciones:
____x’ = γ(x - Vt)
____y’ = y
____z’ = z
____t’ = γ(t - Vx/c²)
Obsérvese que, exceptuando por la diferencia entre los signos “+” y “-” entre la primera y la cuarta ecuación de ambas
transformaciones, ambas transformaciones son completamente simétricas. La diferencia en el signo simplemente indica que
mientras que para el observador en S la persona en S’ se está moviendo en una dirección positiva (hacia la derecha), para la
persona en S’ el observador en S se está moviendo en sentido contrario, en una dirección negativa (hacia la izquierda).
En virtud de que se requiere algo de práctica para poder adquirir cierta destreza en el empleo de las transformaciones de
Lorentz para la resolución de problemas, a continuación veremos algunos ejercicios que nos darán una familiaridad en la
transformación de coordenadas de un sistema de referencia a otro. Se observará que estas transformaciones de coordenadas no
son muy diferentes a las transformaciones (clásicas) de coordenadas de Galileo, excepto que las fórmulas que empleamos aquí se
basan en la validez de los dos postulados de la Teoría Especial de la Relatividad.
PROBLEMA: Para un observador O un destello de luz sale del punto x = 100 kilómetros, y = 20 kilómetros, z = 30 kilómetros
en un tiempo t = 0.0005 segundo. ¿Cuáles son las coordenadas del evento para un segundo observador O que se mueve con
respecto al primero a lo largo del eje común x-x’ a una velocidad de V = -0.8c?
El factor de corrección en este caso es:
γ = 1 / √(1 - V²/c²) = 1 / √(1 - (-0.8)² = 1 / 0.6 = 1.667
De las transformaciones de Lorentz para pasar del sistema de referencia S al sistema de referencia S tenemos entonces lo
siguiente:
____x’ = γ(x - Vt) = (1.667)[100 Km - (-0.8) (3·108 m/seg) (5·10-4 seg)] = 367 Km
____y’ = y = 20 Km
____z’ = z = 30 Km
____t’ = γ(t - Vx/c²) = (1.667)[5·10-4 seg - (-0.8c) (100 Km ) /c² ] = 12.8·10-4 seg
De esta manera, el evento tiene las siguientes coordenadas:
__En S: (x, y, z, t) = (100 Km, 20 Km, 30 Km, 5·10-4 seg)
__En S’: (x’, y’, z’, t’) = (367 Km, 20 Km, 30 Km, 12.8·10-4 seg)
En la mayoría de los problemas relativistas, más que obtener las coordenadas de un mismo evento visto en dos marcos de
referencia distintos, en lo que realmente estamos interesados es en obtener la diferencia entre las coordenadas de dos eventos
distintos y comparar dicha diferencia de un marco a otro.
PROBLEMA: Derivar, empleando las transformaciones de Lorentz, la fórmula para la dilatación del tiempo, especificando las
coordenadas de cada evento involucrado en el análisis.
Es suficiente considerar únicamente dos eventos para la resolución de este problema. El primer evento es aquél en el cual los
relojes de S y S’ están el uno frente al otro, sincronizados:
El segundo evento es aquél en el cual, de acuerdo con el observador en el sistema S, el reloj en S’ se ha movido de una
posición x1 a una posición x2 en su eje de coordenadas:
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Obsérvese que que para el reloj viajero la coordenada posición x’ dentro de su marco de referencia S’ no cambia en lo
absoluto, ya que viaja a una velocidad V (con respecto al sistema de referencia S) llevando consigo su sistema de referencia.
Sea Δt’ = t’2 - t’1 el intervalo de tiempo propio medido dentro del marco de referencia S’ en un mismo punto fijo x’0 dentro
del marco de referencia S’. El intervalo de tiempo Δt entre los dos eventos que corresponde al marco de referencia S puede ser
obtenido de las ecuaciones de transformación de Lorentz:
t2 = γ( t’2 + V x’2/c²) = γ( t’2 + V x’0/c²)
t1 = γ( t’1 + V x’1/c²) = γ( t’1 + V x’0/c²)
Δt = t2 - t1
Δt = γ( t’2 + V x’0/c²) - γ( t’1 + V x’0/c²)
Δt = γ(t’2 - t’1)
Δt = γΔt’
Este es el fenómeno relativista de la dilatación del tiempo. Hemos obtenido directamente a partir de las transformaciones de
Lorentz la relación para la dilatación del tiempo de un reloj. La resolución del problema requirió determinar los eventos sobre
los cuales se llevaría a cabo la transformación de las coordenadas. Una vez que se han logrado determinar los eventos, el
problema está prácticamente resuelto.
PROBLEMA: Derivar, empleando las transformaciones de Lorentz, la fórmula para la contracción de longitud.
Considérese una vara de medición cuyos extremos en el marco de referencia S’ están identificados como x’2 y x’1. La longitud
propia L0 de la vara de medición dentro del marco de referencia S’ será:
L0 = x’2 - x’1
La longitud de esta vara de medición, medida en el marco de referencia S con ambos extremos medidos en el mismo tiempo
t0, en S será:
L = x2 - x1
Usando las relaciones de transformación de Lorentz, tenemos lo siguiente:
x’2 = γ(x2 - Vt2) = γ(x2 - Vt0)
x’1 = γ(x1 - Vt1) = γ(x1 - Vt0)
Por lo tanto:
x’2 - x’1 = γ(x2 - Vt0) - γ(x1 - Vt0)
x’2 - x’1 = γ(x2 - x1)
x2 - x1 = (x’2 - x’1) /γ
L = L0/γ
Este es el fenómeno relativista de la contracción de longitud.
Las transformaciones de Lorentz nos preparan para un nuevo efecto relativista que no habíamos encontrado previamente: la
desincronización relativista de los relojes.
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PROBLEMA: Considérense dos relojes sincronizados que están puestos en lugares diferentes x’1 y x’2 dentro del marco de
referencia S’ al cual consideramos el marco de referencia móvil. ¿Cuáles serán los tiempos dados por dichos relojes en el
tiempo t0 dentro del marco de referencia S?
En los problemas anteriores, teníamos puestos dos o más relojes sincronizados en el marco de referencia fijo S, pero teníamos
puesto un solo reloj en el marco de referencia móvil S. Ahora vamos a complicar un poco más esa situación, con dos relojes
colocados en el marco de referencia móvil en lugares diferentes. Supongamos que hay un reloj A puesto en la coordenada x’1
del marco de referencia móvil y otro reloj B puesto en la coordenada x’2 del mismo marco de referencia.
De las ecuaciones de transformación de Lorentz tenemos lo siguiente para dos relojes diferentes puestos en el marco de
referencia móvil S’:
t’A = γ( t0 + V x1/c²)
t’B = γ( t0 + V x2/c²)
Entonces los tiempos de los relojes desincronizados dentro el marco de referencia S, relojes de S que están sincronizados en S,
estarán relacionados de la manera siguiente:
t’A - t’B = γ(x2 - x1)(V/c²)
t’A - t’B = L0V/c²
en donde L0 = γ(x2 - x1) = x’2 - x’1 es la distancia propia entre los dos relojes situados dentro del marco de referencia S’.
Este resultado que acabamos de obtener tiene implicaciones mucho más profundas de lo que aparentan a primera vista. Dos
relojes separados por una distancia L0 y sincronizados dentro del marco de referencia en el que se encuentran se verán
desincronizados en un marco de referencia S’ en el que se estén moviendo a una velocidad V, con el reloj perseguidor
retrasado por un tiempo L0V/c². Esto significa que dos eventos diferentes que ocurran a un mismo tiempo en un marco de
referencia S’ ocurrirán en tiempos diferentes para en un marco de referencia S. En efecto, dos eventos diferentes que sean
simultáneos dentro de un marco de referencia S no serán simultáneos para un observador que viaje en un marco de referencia
S’ del mismo modo que dos eventos diferentes que sean simultáneos dentro de un marco de referencia S’ no serán simultáneos
para un observador que viaje en un marco de referencia S. Esto nos confirma algebraicamente lo que ya habíamos visto
geométricamente en nuestra introducción a los diagramas espacio-tiempo de Minkowski, el hecho de que, relativísticamente
hablando, no existe la simultaneidad absoluta. La falta plena de entendimiento de este hecho es lo que dá pie a falsos
razonamientos que conducen a paradojas y confusiones entre quienes empiezan sus estudios de relatividad por vez primera.
Los problemas relativistas de contracción de longitud en los que todo se resuelve con la simple aplicación de la fórmula L = L0√(1
- V²/c²) son problemas sencillos que involucran meramente una separación espacial de las coordenadas, mientras que los
problemas relativistas en los que simplemente se busca una dilatación del tiempo son problemas sencillos que involucran
meramente una separación temporal de las coordenadas. Es importante establecer claramente la diferencia profunda entre el
concepto de la “separación espacial de las coordenadas” y “longitud”. Un error común en la solución de problemas consiste en
simplemente multiplicar o dividir un determinado intervalo espacial por el término √(1 - V²/c²). Esta aproximación es válida si
se trata de hallar relaciones entre longitudes, entendiéndose por longitud algo como x2 - x1. Sin embargo, si se trata de un
intervalo espacial entre dos acontecimientos que no tienen lugar simultáneamente, la respuesta se obtiene utilizando la
técnica de substracción en coordenadas de Lorentz y no multiplicando o dividiendo la expresión espacial original por √(1 -
V²/c²). Del mismo modo, si los observadores O y O’ miden la separación temporal entre dos acontecimientos que para ambos
observadores tienen lugar en diferentes sitios, estas separaciones temporales no se relacionan simplemente multiplicando o
dividiendo por √(1 - V²/c²). La resolución de los siguientes problemas hará más claro lo que se acaba de afirmar, y será obvio
que no basta con simplemente multiplicar o dividir por el término √(1 - V²/c²) para resolver problemas relativistas. Es necesario
aplicar las transformaciones de Lorentz.
PROBLEMA: Para un observador O, dos acontecimientos están separados en el espacio y en el tiempo por 600 metros y por
8·10-7 segundo. ¿Con qué velocidad debe moverse un observador O’ con respecto a O para que los acontecimientos aparezcan
simultáneos a O’?
Establecemos la diferencia de tiempos de acuerdo con la transformación de Lorentz:
t’ = γ(t - Vx/c²)
La diferencia de tiempos será:
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t’2 - t’1 = γ(t2 - Vx2/c²) - γ(t1 - Vx1/c²)
Para que los dos acontecimientos aparezcan simultáneos a , se requiere que t’2 = t’1. Entonces:
0 = γ(t2 - Vx2/c²) - γ(t1 - Vx1/c²)
t2 - t1 = V/c² (x2 - x1)
Convertimos primero las millas por hora a millas por segundo tanto para la velocidad del tren como para la velocidad de la luz
tomando en cuenta que una milla equivale a 1.609 kilómetros:
V = (100 millas/hora) (1 hora / 3600 segundos) = 2.78·10-2 millas/segundo
c = 3·108 m/seg/(1 milla/1609 metros) = 1.86·105 millas/segundo
Para este problema:
V/c = (2.78·10-2 millas/segundo) /(1.86·105 millas/segundo) = 1.495·10-7
y el factor γ = 1 / √(1 - V²/c²) para fines prácticos lo podemos tomar como igual a la unidad.
Establecemos ahora la diferencia de tiempos de acuerdo con la transformación de Lorentz para pasar del sistema de referencia
S’ al sistema de referencia S:
t = γ(t’ + Vx’ /c²)
La diferencia de tiempos entre los dos acontecimientos (los dos destellos de luz) de acuerdo con el observador S será:
t2 - t1 = γ ( t’2 + V x’2/c²) - γ ( t’1 + V x’1/c²)
t2 - t1 = (t’2 - t’1) + (V/c²) (x’2 - x’1)
Si los dos destellos inciden simultáneamente en los extremos del tren para un observador en tierra (ocurriendo al mismo tiempo)
entonces t1 = t2 y:
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0 = (t’2 - t’1) + {(2.78·10-2 milla/seg) / (1.86·105 millas/seg)² } (0.5 milla)
De acuerdo con la explicación que dan en dichos libros, el observador en tierra situado a un lado de las vías del ferrocarril en el
marco de referencia S recibe los dos pulsos luminosos al mismo tiempo, y por lo tanto concluye que ambos eventos fueron
simultáneos dentro de su marco de referencia, pero a causa de la velocidad finita de la luz y en virtud de que el pasajero del
ferrocarril está en movimiento, uno de los pulsos luminosos le llega primero que el otro, y el pasajero concluye que los destellos
no ocurrieron al mismo tiempo, que no fueron simultáneos, dada la diferencia de tiempos en que tardan en llegarle los dos rayos
de luz a su plataforma móvil, y por lo tanto para él los eventos no son simultáneos en su marco de referencia S’. Sin embargo,
ya se había señalado que esta explicación es una explicación simplista y en cierta forma errónea porque no toma en cuenta para
nada los verdaderos efectos relativistas de pérdida de simultaneidad que hemos visto arriba, y como acabamos de ver en los
problemas que se han resuelto la pérdida en la simultaneidad no se debe simplemente a la velocidad finita de la luz.
Efectivamente, hay una diferencia de tiempos en la llegada de los dos pulsos luminosos al observador viajero que está en el
ferrocarril, pero también hay una pérdida de simultaneidad real que no es ocasionada por la velocidad finita de la luz sino por
efectos de índole relativista, y para poder calcular numéricamente ésta pérdida relativista de simultaneidad es necesario
identificar a los dos eventos que ocurren simultáneamente en el marco de referencia S y calcular las coordenadas (x’,t’) de cada
uno de dichos eventos (o mejor dicho, las diferencias entre las coordenadas) para S’ de acuerdo con las transformaciones de
Lorentz. Si queremos agregarle a todo esto lo que el viajero situado a la mitad de los vagones del ferrocarril ve entonces
tenemos que llevar a cabo cálculos adicionales en base a la velocidad finita de la luz, lo cual viene a complicar el problema. Si
el viajero pudiese estar mágicamente al mismo tiempo en ambos extremos del tren por algún milagro de ubicuidad (como el
que se le atribuye a algunos santos) de modo tal que la luz de ambos destellos no tenga que recorrer ni siquiera un milímetro
para que el viajero los vea justo cuando ocurren frente a él, de cualquier manera vería a un destello ocurrir antes que el otro,
y la diferencia de tiempos entre ambos acontecimientos sería la misma predicha por las transformaciones de Lorentz. Esto ya no
tiene nada que ver con el tiempo finito de la velocidad de la luz sino con el hecho de que relojes que están sincronizados en
un marco de referencia se salen fuera de sincronía en otro marco de referencia porque el tiempo no es absoluto. Hay una
distinción bastante clara entre ver un acontecimiento y medir las coordenadas del mismo, del mismo modo que hay una
distinción bastante clara entre ver dos acontecimientos que nos parecen o no nos parecen ser simultáneos y medir la pérdida de
simultaneidad a causa de los efectos relativistas.
PROBLEMA: (a) Un observador O’ se mueve con una velocidad V = 0.8c respecto a otro observador O. Los relojes se ajustan
de tal manera que t = t’ = 0 en x = x’ = 0. Si para O un destello de luz sale en x = 50 metros y t = 2·10-7 segundo, ¿cuál es el
tiempo de este acontecimiento medido por O’ ? (b) Si un segundo destello aparece en x’ = 10 metros y t’ = 2·10-7 segundo
para el observador O’, ¿cuál será el intervalo de tiempo entre los dos acontecimientos medido por O? (c) ¿Cuál es la
separación espacial entre los dos acontecimientos medida por O’? (d) ¿Cuál es la separación espacial entre los dos
acontecimientos medida por O?
(a) Este parte del problema involucra una transformación a una coordenada de tiempo t’ que se lleva a cabo en forma directa
con una de las ecuaciones de transformación de Lorentz:
t’ = γ(t - Vx/c²)
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La evaluación de γ nos dá:
γ = 1 / √(1 - V²/c²) = 1 / √(1 - (0.8) = 1 / √0.36 = 1/0.6 = 1.667
Entonces:
t’ = (1.667) [2·10-7 segundo - (0.8c) (50 metros)/c² ]
t’ = (1.667) [[2·10-7 segundo - 1.333·10-7 segundo] = 1.11·10-7 segundo
(b) Para un segundo destello de luz, identificamos sus coordenadas en S’ como (x’2, t’2) = (10 m, 2·10-7 segundo). El intervalo
de tiempo t2 - t1 entre los dos acontecimientos medido por O estará dado por:
t2 - t1 = γ( t’2 + V x’2/c²) - γ( t’1 + V x’1/c²)
t2 - t1 = γ(t’2 - t’1) + γ (V/c²) (x’2 - x’1)
t2 - t1 = γ [(t’2 - t’1) + γ (V/c²) (x’2 - x’1)]
Tenemos el tiempo t’1 del primer acontecimiento (destello) medido por O’ que es el que acabamos de obtener arriba, 1.11·10-7
segundo, y tenemos la coordenada espacial x’2 del segundo acontecimiento. Pero no tenemos aún la coordenada espacial x’1 del
primer acontecimiento, la cual tenemos que calcular antes de poder seguir adelante:
x’1 = γ (x1 - Vt1)
t2 - t1 = 1.78·10-7 segundo
(c) Teniendo x’1 y x’2, la evaluación de x’2 - x’1 es directa:
x’2 - x’1 = 10 metros - 3.33 metros = 6.67 metros
(d) Recurrimos nuevamente a las transformaciones de Lorentz para encontrar la diferencia entre las coordenadas espaciales de
los dos acontecimientos en S cuando se conoce la diferencia entre las coordenadas espaciales de los dos acontecimientos en S’:
x2 - x1 = γ (x’2 + Vt’2) - γ (x’1 + Vt’1)
x2 - x1 = γ (x’2 - x’1) + γV (t’2 - t’1)
x2 - x1 = (1.667) [6.67 metros + (0.8) (3·108 m/seg) (2·10-7 seg - 1.11·10-7 seg)]
x2 - x1 = 11.11 metros + 35.60 metros = 46.7 metros
Repasando la relación:
t2 - t1 = γ(t’2 - t’1) + γ (V/c²) (x’2 - x’1)
se concluye que si dos acontecimientos son simultáneos para O (lo cual requiere t1 = t2) no pueden ser simultáneos para O’ ; esto
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es imposible. Y si dos acontecimientos son simultáneos para O’ (lo cual requiere t’1 = t’2) no pueden ser simultáneos para O.
Esto ya lo habíamos visto geométricamente al estudiar los diagramas espacio-tiempo de Minkowski, y lo comprobamos ahora
algebraicamente con las ecuaciones de transformación de Lorentz.
Las ecuaciones de transformación de Lorentz, aplicadas bajo el contexto de la Teoría Especial de la Relatividad, aparecen
publicadas en el primer trabajo de Einstein en el que expuso los conceptos de dicha teoría (el cual es reproducido en su versión
inglesa en un apéndice puesto al final de esta obra):
Posiblemente haya quien se pregunte aquí por qué son llamadas ecuaciones de transformación de Lorentz y no ecuaciones de
transformación de Einstein. Esto se debe a que, si bien fue Einstein quien generalizó estas ecuaciones de transformación
derivándolas de los dos postulados sobre los cuales está fundada la Teoría Especial de la Relatividad, el holandés Hendrik Antoon
Lorentz se le adelantó publicándolas primero, pero no aplicadas a los fenómenos propios de la mecánica sino de la
electrodinámica, y ello sin suponer efectos relativistas, sino meramente como un esquema ingenioso de simplificación
matemática para hacer valer las ecuaciones de Maxwell dándoles cierta cualidad de invariancia. El mérito de Einstein fue el
haberles dado a estas ecuaciones de transformación un carácter universal, general, aplicable no sólo a la electrodinámica sino a
toda la mecánica, derivándolas no de consideraciones hechas sobre fenómenos propios de la teoría del electromagnetismo, sino
de los dos postulados básicos.
En la resolución de muchos problemas propios de la Teoría Especial de la Relatividad, conviene resolverlos tanto
algebraicamente con las ecuaciones de transformación de Lorentz como representarlos geométricamente con los diagramas
espacio-tiempo de Minkowski, conviene recurrir a ambos métodos que se complementan formidablemente el uno al otro y nos
dan una mejor idea de lo que está sucediendo.
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
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24: El tensor métrico
La distancia ║PQ║ entre dos puntos P(x1, y1, z1) y Q(x2, y2, z2) especificados en un espacio de tres dimensiones en coordenadas
rectangulares Cartesianas (x,y,z) se obtiene mediante la aplicacion directa del teorema de Pitágoras en tres dimensiones:
║PQ║² = (x2 - x1)² + (y2 - y1)² + (y2 - y1)²
Esta misma definición se puede extender sin dificultad alguna hacia un espacio de cuatro dimensiones en el cual por
conveniencia notacional usaremos una representación de los componentes en coordenadas generalizadas (x1, x2, x3, x4) estando
el punto P especificado como P((x1, x2, x3, x4) y estando especificado el punto Q como Q(y1, y2, y3, y4)
║PQ║² = (x1 - y1)² + ( x2 - y2)² + (x3 - y3)² + (x4 - y4)²
Utilizando el símbolo δij de Kronecker y la convención de sumación, podemos expresar esta distancia en un espacio de cuatro
dimensiones de una manera más compacta:
║PQ║² = δijΔxiΔxj
Esta fórmula es válida cuando usamos coordenadas Cartesianas rectangulares en un espacio de cuatro dimensiones, y la distancia
║PQ║ entre los puntos P y Q es preservada (como el número escalar que es) bajo una transformación que nos cambia de un
marco de referencia S a otro marco de referencia S'. Pero en otro sistema de coordenadas (por ejemplo, coordenadas
esféricas), la fórmula deja de funcionar en su preservación de la distancia entre dos puntos, y la distancia entre dos puntos bajo
tal sistema no-Cartesiano de coordenadas no es la misma en un sistema de referencia S y otros sistema de referencia S' en dicho
sistema de coordenadas.
La pregunta que nos hacemos ahora es: ¿cómo podemos redefinir la fórmula de la distancia ║PQ║ entre dos puntos en un espacio
n-dimensional de modo tal que dicha fórmula sea capaz de preservar la distancia entre dos puntos al ir de un sistema de
referencia S a otro sistema de referencia S', de modo tal que dicha fórmula general se reduzca al caso ya conocido para las
coordenadas Cartesianas?
La respuesta resulta ser mucho más sencilla de lo que muchos pudieran suponer. Basta con introducir en la fórmula que ya
tenemos para la distancia entre dos puntos un factor que denominaremos gij con el cual la fórmula queda redefinida de la
manera siguiente:
║PQ║ = gijΔxiΔxj
Para el caso específico en el cual estamos utilizando coordenadas Cartesianas, el factor gij se reduce al símbolo δij de
Kronecker, y representando sus componentes en una matriz cuadrada 4x4 tenemos esencialmente lo que equivale a una matriz
unitaria:
y la fórmula para la distancia entre dos puntos P y Q se convierte en lo que ya había sido señalado anteriormente. Pero para
otras distancias medidas en un espacio-tiempo plano, los componentes de este factor gij pueden cambiar ligeramente. Tal es el
caso del espacio-tiempo plano propio de la Teoría Especial de la Relatividad, en el cual si definimos a la distancia entre dos
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eventos de la siguiente manera:
Tenemos entonces el siguiente factor gij que preserva la distancia de un marco de referencia S a otro marco de referencia S':
Este factor gij, el cual es especificado en su totalidad en un espacio de cuatro dimensiones por 16 componentes, es mejor
conocido como el tensor métrico. La distancia ds² sobre la cual está definido el tensor métrico es conocida ya sea como el
elemento de línea y más frecuentemente como la métrica.
La métrica es todo lo que necesitamos ver para saber si el espacio-tiempo en el que estamos trabajando es un espacio-tiempo
plano propio de la Teoría Especial de la Relatividad o un espacio-tiempo curvo propio de la Teoría General de la Relatividad.
A continuación tenemos el tensor métrico para describir en coordenadas esféricas (r,θ,φ) el espacio-tiempo en torno un hoyo
(agujero) negro tipo Schwarzschild de masa M:
Podemos ver de inmediato que todas las entradas diagonales de este tensor métrico conocido también como la métrica de
Schwarzschild son diferentes. La entrada que más nos puede llamar la atención es la entrada que corresponde al segundo
renglón y la segunda columna, la entrada g22, en la cual tenemos a la cantidad:
1/(1 - 2GM/rc²)
No se requiere de mucho esfuerzo para ver que, para cierto valor del radio r dado por:
r = 2GM/c²
tenemos lo que equivale a una singularidad matemática, una división entre cero, algo que nos estalla en las manos yéndose hasta
el infinito. De esto es de lo que tratan precisamente los agujeros negros en la fábrica del tiempo-espacio curvo, son
singularidades matemáticas incapaces de ser descritas con herramientas de medición finitas.
PROBLEMA: Expresar la métrica Euclideana en coordenadas polares.
La métrica Euclideana:
ds² = (dx)² + (dy)²
expresada en coordenadas polares (r, θ) para las cuales:
x = r sen θ
dx = (r cos θ) (dθ) + (sen θ) (dr)
y = r cos θ
dy = (-r sen θ) (dθ) + (cos θ) (dr)
será:
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ds² = [(r cos θ) (dθ) + (sen θ) (dr)]² + [(-r sen θ) (dθ) + (cos θ) (dr)]²
= r² cos² θ dθ² + 2r sen θ cos θ dθ dr + sen² θ dr²
+ r² sen² θ dθ² - 2r sen θ cos θ dθ dr + cos² θ dr²
ds² = (sen² θ + cos² θ) dr² + r²(sen² θ + cos² θ) dθ²
ds² = dr² + r² dθ²
en donde hemos usado la identidad trigonométrica:
sen² θ + cos² θ = 1
Puesto que el elemento de línea puede ser re-escrito como:
ds² = 1·(dr)(dr) + 0·(dr)(dθ) + 0·(dθ)(dr) + r²·(dθ)(dθ)
ds² = grr·(dr)(dr) + grθ·(dr)(dθ)
___+ gθr·(dθ)(dr) + gθθ·(dθ)(dθ)
la representación matricial G de la métrica es la siguiente:
PROBLEMA: Obténgase la métrica Euclideana que corresponde a un elemento de línea trazado sobre la superficie de un
cilíndro.
La métrica Euclideana:
ds² = (dx)² + (dy)² + (dz)²
expresada en coordenadas cilíndricas (r, θ, z):
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dz = dz
será:
ds² = [(-r sen θ) (dθ) + (cos θ) (dr)]²+ [(r cos θ) (dθ) + (sen θ) (dr)]²
+ (dz)²
ds² = r² sen² θ dθ² - 2r sen θ cos θ dθ dr + cos² θ dr²
+ r² cos² θ dθ² + 2r sen θ cos θ dθ dr + sen² θ dr² + dz²
ds² = (sen² θ + cos² θ) dr² + r²(sen² θ + cos² θ) dθ² + dz²
ds² = dr² + r² dθ² + dz²
La métrica Euclideana que corresponde a un elemento de línea trazado sobre la superficie de un cilíndro corresponde a un
elemento para el cual la distancia al eje z (que corresponde al radio del cilindro es constante), con lo cual dr = 0, y será:
ds² = dr² + r² dθ² + dz²
ds² = r² dθ² + dz²
Puesto que el elemento de línea puede ser re-escrito como:
ds² = r²·(dθ)(dθ) + 0·(dθ)(dz) + 0·(dz)(dθ) + 1·(dz)(dz)
ds² = gθθ·(dθ)(dθ) + gθz·(dθ)(dz)
___+ gzθ·(dz)(dθ) + gzz·(dz)(dz)
la representación matricial G de la métrica es la siguiente:
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y = r senθ senφ
dy = senθ senφ dr + r cosθ senφ dθ + r senθ cosφ dφ
z = r cosθ
dz = cosθ dr - r senθ dθ
será:
ds² = (senθ cosφ dr + r cosθ cosφ dθ - r senθ cosφ dφ)²
+ (senθ senφ dr + r cosθ senφ dθ + r senθ cosφ dφ)²
+ (cosθ dr - r senθ dθ)²
Después de un poco de álgebra laboriosa, encontramos que el elemento de línea en coordenadas esféricas está dado por:
ds² = dr² + r² dθ² + r² sen²θ dφ²
Puesto que el elemento de línea puede ser re-escrito como:
ds² = 1·(dr)(dr) + 0·(dr)(dθ) + 0·(dr)(dφ)
+ 0·(dθ)(dr) + r²·(dθ)(dθ) + 0·(dθ)(dφ)
+ 0·(dφ)(dr) + + 0·(dφ)(dθ) + r² sen²θ·(dφ)(dφ)
ds² = grr·(dr)(dr) + grθ·(dr)(dθ) + grφ·(dr)(dφ)
+ gθr·(dθ)(dr) + gθθ·(dθ)(dθ) + gθφ·(dθ)(dφ)
+ gφr·(dφ)(dr) + gφθ·(dφ)(dθ) + gφφ·(dφ)(dφ)
la representación matricial G de la métrica es la siguiente:
PROBLEMA: Expresar la métrica Euclideana que corresponde a un elemento de línea trazado sobre la superficie de una
esfera de radio r.
Podemos utilizar en ventaja nuestra la resolución del problema anterior, ya que para un radio fijo tenemos dr = 0:
ds² = dr² + r² dθ² + r² sen²θ dφ²
ds² = r² dθ² + r² sen²θ dφ²
Puesto que el elemento de línea puede ser re-escrito como:
ds² = r²·(dθ)(dθ) + 0·(dθ)(dφ) + 0·(dφ)(dθ) + r² sen²θ·(dφ)(dφ)
ds² = gθθ·(dθ)(dθ) + gθφ·(dθ)(dφ)
___+ gφθ·(dφ)(dθ) + gφφ·(dφ)(dφ)
la representación matricial G de la métrica es la siguiente:
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Hemos visto cómo partiendo de un elemento de línea expresado para el espacio Euclideano de tres dimensiones en coordenadas
rectangulares Cartesianas (x,y,z) de la manera siguiente:
ds² = (dx)² + (dy)² + (dz)²
dicho elemento de línea puede ser puesto dentro de un marco de coordenadas esféricas (r,θ,φ) como:
ds² = dr² + r² dθ² + r² sen²θ dφ²
Supóngase que estamos interesados en llevar a cabo el procedimiento inverso. Después de aplicar una transformación, queremos
invertir el procedimiento para recuperar lo que teníamos inicialmente. Si avanzamos con un carro hacia adelante un kilómetro,
debe ser posible retroceder hacia atrás el mismo kilómetro para regresar al sitio en donde estábamos. Si existe una
transformación para estirar una esfera convirtiéndola en un elipsoide, entonces hablando geométricamente (y matemáticamente
también) debe existir una transformación inversa que nos permita “comprimir” al elipsoide restaurándolo a su forma original de
esfera. La aplicación de un transformación seguida de la operación inversa, dejándonos las cosas tal y como estaban
originalmente, nos debe producir el elemento identidad que representa la ausencia de modificación alguna.
En el caso del tensor métrico, tenemos lo que se conoce como el tensor métrico conjugado, simbolizado la mayoría de las
veces como g-1, y cuyas componentes en notación tensorial de componentes se representan como gαβ·. Obsérvese que
utilizamos super-índices para representar las componentes del tensor métrico conjugado. Los super-índices no son exponentes
matemáticos, son simplemente super-índices. La matriz en la cual acomodamos a los componentes del tensor métrico conjugado
se simboliza como G-1:
Si G es la matriz que representa al tensor métrico, y G-1 es la matriz que representa al tensor métrico conjugado, entonces la
operación combinada G-1G nos debe resultar en la matriz identidad I:
Llevando a cabo el producto matricial del lado izquierdo e igualando con las componentes correspondientes del lado derecho
que sean iguales a 1, en conformidad con la fórmula tensorial en notación de componentes:
De este modo, al llevarse a cabo el producto tensorial g·g-1 = g-1·g se nos debe producir el tensor identidad δ, o sea el tensor
delta de Kronecker (δij):
g·g-1 = g-1·g = δ
Puesto que toda operación tensorial con tensores de orden dos se puede manejar también con su representación matricial
equivalente, esto nos dá una pista sobre cómo obtener los componentes del tensor métrico conjugado g-1 a partir de un tensor
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métrico g: obtenemos la matriz inversa a partir G a partir de la matriz G formada con los componentes del tensor g, en virtud
de que:
G-1G = GG-1 = I
siendo I la matriz identidad.
PROBLEMA: Encontrar tanto el tensor métrico como el tensor métrico conjugado que corresponden al siguiente elemento de
línea que está expresado en coordenadas generalizadas:
ds² = 5(dx1)² + 3(dx2)² + 4(dx3) - 6(dx1)(dx2) + 4(dx2)(dx3)
Obsérvese que en este elemento de línea tenemos dos términos “cruzados” que tienen que ser repartidos en dos mitades iguales
para poder escribir los componentes del tensor métrico como los requiere la propiedad de simetría gab = gba. Los componentes
del tensor métrico son:
g11 = 5___g22 = 3___g33 = 4
g12 = g21 = - 3
g23 = g32 = 2
g13 = g31 = 0
La representación matricial de este tensor métrico es la siguiente:
Para obtener las componentes del tensor métrico conjugado, tenemos que invertir la matriz G. Obteniendo dicha inversa por
medio de cualquiera de los varios procedimientos matemáticos disponibles, tenemos entonces:
Esto nos dá una simplificación enorme en los cálculos requeridos para obtener el tensor métrico conjugado g-1 a partir del tensor
métrico g, tomando en cuenta que el procedimiento de inversión de matrices, sobre todo cuando se lleva a cabo a mano, no
sólo puede ser laborioso sino que es propenso a equivocaciones.
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Efectuando el producto de la matriz diagonal G que representa a un tensor métrico g por la matriz diagonal inversa G-1 que
representa al tensor métrico conjugado g-1 :
Obtenemos de inmediato las siguientes relaciones para los componentes respectivos del tensor métrico conjugado:
g11 = 1/g11___g22 = 1/g22___g33 = 1/g33___g44 = 1/g44
Estas relaciones frecuentemente se representan como gii = 1/gii. En esta simbolización no se aplica la convención de sumación
para índices repetidos, ya que no hay sumación alguna involucrada, se trata de componentes individuales para cada valor de i.
PROBLEMA: Utilizando los resultados del problema anterior, determinar el tensor métrico conjugado para un elemento de
línea trazado sobre la superficie de una esfera.
Todo lo que tenemos que hacer es obtener la inversa de la matriz G que corresponde a la métrica, o sea tenemos que invertir la
matriz G por los procedimientos usuales del álgebra matricial. Aquí podemos usar a nuestro favor el hecho ya señalado arriba: la
matriz G es una matriz diagonal, cuyos únicos elementos diferentes de cero están situados a lo largo de la diagonal principal, y
para obtener la matriz inversa únicamente tenemos que tomar la inversa de cada elemento correspondiente. Con esto en
mente, el tensor métrico conjugado que corresponde al elemento de línea que habita en la superficie de una esfera (obsérvese
que todos los componentes del tensor métrico conjugado son representados como componentes de un tensor contravariante, con
super-índices):
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Usando notación de componentes, el producto externo de dos tensores de orden dos A = (Aαβ) y B = (Bγδ) se puede llevar a
cabo directamente como:
AαβBγδ
y el producto interno de los dos tensores se obtiene llevando a cabo la doble contracción igualando los índices superiores a los
índices inferiores sobre dicho producto externo de modo tal que entre automáticamente en acción la convención de sumación:
Aαβ·Bαβ
Por ningún motivo se debe confundir esta última operación con la operación gpr·grq = δpq que hemos efectuado arriba, se
trata de operaciones completamente diferentes como puede verse en la simbolización de los índices tanto los de arriba como
los de abajo. Una representa una sola contracción que nos produce un tensor mixto, el tensor delta Kronecker, mientras que la
otra representa una doble contracción que nos resulta en un escalar. Se hace necesario recalcar esto en virtud de que por los
parecidos que hay en la notación esto frecuentemente suele ser causa de muchas confusiones, equivocaciones y malentendidos
entre los principiantes en el estudio del análisis tensorial.
PROBLEMA: Recurriendo a la notación de componentes y utilizando tanto los componentes gαβ del tensor métrico g que
corresponde a la métrica Euclideana en coordenadas esféricas como los componentes del tensor métrico conjugado g-1 que
corresponde a la misma métrica, demostrar que el producto
gαβ·gαβ
nos produce una invariante.
La primera expansión de acuerdo a la convención de sumación la podemos llevar a cabo sobre el índice monigote α produciénse
lo siguiente:
gαβ·gαβ = g1β·g1β + g2β·g2β + g3β·g3β
Llevando a cabo la segunda expansión sobre el segundo índice monigote β esto nos produce la siguiente suma de nueve
términos:
gαβ·gαβ =
g11·g11 + g12·g12 + g13·g13
+ g21·g21 + g22·g22 + g23·g23
+ g31·g3β + g32·g32 + g33·g33
La notación numérica ha sido puesta de conformidad con las coordenadas generalizadas. Para las coordenadas esféricas tenemos
1 = r, 2 = φ, 3 = θ, con lo cual:
gαβ·gαβ =
grr·grr + grθ· grθ + grφ· grφ
+ gθr· gθr + gθθ· gθθ + gθφ· gθφ
+ gφr· gφr + gφθ· gφθ + gφφ·gφφ
Empleando los componentes que obtuvimos en los problemas anteriores:
gαβ·gαβ =
grr·grr + grθ· grθ + grφ· grφ
+ gθr· gθr + gθθ· gθθ + gθφ· gθφ
+ gφr· gφr + gφθ· gφθ + gφφ·gφφ
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gαβ·gαβ
= (1)(1) + (0)(0) + (0)(0)
+ (0)(0) + (1/r²)(r²) + (0)(0)
+ (0)(0) + (0)(0) + (1/r² sen² θ)(r² sen² θ)
gαβ·gαβ = 1 + 1 + 1 = 3
Esto nos demuestra que si tomamos el producto tensorial interno del tensor métrico g y de su conjugado que corresponden a la
métrica Euclideana en coordenadas esféricas, el resultado es un escalar, el número 3, y por lo tanto el producto interno de dos
tensores de orden dos es una invariante.
El problema anterior nos lleva a una relación importante.
PROBLEMA: Demostrar que en un espacio n-dimensional, para un tensor métrico diagonal en el cual gij = 0 para i ≠ j la doble
contracción del tensor métrico g con el tensor métrico conjugado g-1 nos produce el siguiente resultado:
gαβ·gαβ = n
En este caso se tiene:
gαβ·gαβ = g11·g11 + g22·g22 + g33·g33 + ... + gnn·gnn
gαβ·gαβ = 1 + 1 + 1 + ... + 1
Para nosotros es importante que el producto interno de dos tensores de orden dos sea una invariante por el hecho de que los
tensores que aparecen en la ecuación fundamental de la Relatividad General, tanto el tensor de Einstein G como el tensor
energía-tensión T son también tensores de orden dos, son tensores capaces de generar invariantes, si usamos la ayuda tanto del
tensor métrico como del tensor métrico conjugado en las operaciones de cálculo como lo hemos hecho aquí.
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
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Gimnasia de índices
Con la ayuda de un tensor métrico g = (gαβ) que sea válido dentro de cierto espacio N-dimensional podemos convertir a un
tensor contravariante T = (Ti) de orden 1 en un tensor covariante del mismo orden T = (Ti) con el simple hecho de tomar el
producto interno del tensor T con el tensor métrico g formando el producto gT = Tg y aplicando la convención de sumación
igualando el índice superior del tensor T con uno de los índices inferiores del tensor métrico g (para un tensor métrico cuya
representación sea una matriz diagonal no importa cuál de los dos índices se seleccione ya que el resultado será el mismo), un
procedimiento que ya habíamos definido como contracción. La operación de convertir a un tensor del tipo T = (Ti) en un tensor
del tipo T = (Ti) es conocida como bajado de índice (en inglés se le llama index lowering). Del mismo modo, con la ayuda de un
tensor métrico conjugado g-1 = (gαβ) que sea válido dentro de cierto espacio N-dimensional podemos convertir a un tensor
covariante T = (Ti) de orden 1 en un tensor contravariante del mismo orden T = (Ti) con el simple hecho de tomar el producto
interno del tensor T con el tensor métrico conjugado g-1 formando el producto g-1 T = Tg-1 y aplicando la convención de
sumación. La operación de convertir a un tensor del tipo (Ti) en un tensor del tipo (Ti) es conocida como subida de índices (en
inglés se le llama index raising).
Para convertir a un tensor del tipo (Ti) en un tensor del tipo (Ti), o sea para bajar el índice del tensor, utilizamos un tensor
métrico g = (gij) como se muestra a continuación en notación tensorial de componentes:
gkj Tj = Tk
Obsérvese que al bajar el índice del tensor T con la ayuda del tensor métrico, en virtud de haberse llevado a cabo una
operación de contracción el super-índice j del tensor ha pasado a ser el sub-índice k. El índice que ha sido bajado siempre toma
la letra del otro índice del tensor métrico que no ha participado en la operación.
Del mismo modo, para convertir a un tensor del tipo (Ti) en un tensor del tipo (Ti), o sea para subir el índice del tensor,
utilizamos el tensor métrico conjugado g-1 = (gij) como se muestra a continuación:
gkj Tj = Tk
Nuevamente, obsérvese que al subir el índice j con la ayuda del tensor métrico conjugado, en virtud de haberse llevado a cabo
una operación de contracción el sub-índice j del tensor ha pasado a ser un super-índice k. El índice que ha sido subido siempre
toma la letra del otro índice del tensor métrico conjugado que no ha participado en la operación.
PROBLEMA: Escribir los tensores producidos por las siguientes operaciones:
a) girTr jk
b) Tαμγ gβμ
c) gαμTμβγ
d) gγμTαβμ
e) glsTijk s
h) ΛirTjrk
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En cada caso, nos fijamos en el índice del tensor métrico g (o del tensor métrico conjugado g-1 en su caso) que sea igual al
índice del tensor T que va a ser subido o bajado, y una vez subido o bajado deberá utilizar la otra letra que caracterizaba al
tensor métrico con la cual se produjo la operación.
a) En esta operación vamos a subir un índice, el índice r:
girTr jk = girTr jk = Tijk
b) En esta operación vamos a bajar un índice, el índice μ:
Tαμγ gβμ = Tαμγ gβμ = Tα βγ
f) Este problema es una aplicación del tensor métrico g y del tensor métrico conjugado g-1 en la cual utilizamos el tensor
métrico g para bajar el índice β del tensor T y en la cual utilizamos el tensor métrico conjugado g-1 para subir el índice ε del
tensor T:
gαβ giε Tμβrεγ = gαβ Tμβirγ = gαβ Tμβirγ = Tμiαrγ
Obsérvese que esta aplicación combinada del tensor métrico con el tensor métrico conjugado no cambia en lo absoluto el orden
del tensor. Aquí empezamos con un tensor de orden cinco y terminamos con un tensor de orden cinco. Puesto que,
generalmente hablando, los índices son índices monigote en la cual el símbolo utilizado para denotarlos carece de importancia,
una operación combinada como la que hemos llevado a cabo no resulta de gran utilidad.
g) Este problema es una aplicación repetida del tensor métrico g en la cual utilizamos el tensor métrico para bajar los dos
índices β y ε del tensor T:
gαβ gδε Tμβε = gαβ gδε Tμβε = gαβ gδε Tδμβ = gαβ gδε Tδμβ = Tαδμ
Esta operación tomó un tensor contravariante de orden tres, y nos produjo un tensor mixto covariante de orden dos y
contravariante de orden uno. Una operación tensorial de este tipo puede ser y de hecho resulta ser de gran utilidad en
aplicaciones prácticas.
h) En este problema aparece un ligero cambio de notación, sugiriendo que el tensor métrico en este caso es un tensor especial,
el tensor Λ que corresponde a un espacio-tiempo relativista plano (Lorentziano). Puesto que ésto lo único que hace es
especificar las componentes del tensor que corresponden a dicho 4-espacio, esto no cambia en nada la naturaleza matemática
de las operaciones tensoriales que estamos llevando a cabo.
ΛirTjrk = ΛirTjrk = T j ik
PROBLEMA: En cada uno de los siguientes casos, determinar el tipo de tensor métrico (o tensores métricos, en caso de que
se requieran varios) que necesitamos para llevar a cabo la conversión requerida:
1) Tαβγδ ⇒ Tβαγδ
2) Tαβγδερλ ⇒ Tαβγδερλ
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3) Tαβγδερλ ⇒ Tαβγδερλ
4) Tαβγδερλ⇒ Tαβγδερλ
5) FαβFλβ ⇒ FαβFλβ
Tβαγδ = gβνTανγδ
5) En este caso requerimos de un solo tensor métrico para bajar el índice α que corresponde al primer factor Fαβ en el término
FαβFλβ:
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U = (U1, U2) = (x’, ct’)
De este modo, la transformación llevada a cabo se puede representar de la siguiente manera:
para tener a la mano lo que es ni más ni menos una transformación tensorial que cumple con la definición del tensor:
En este caso empezamos con una transformación generalizada que supone un tensor covariante. Pero igual podríamos haber
empezado con la transformación empleando como punto de partida un tensor contravariante. Lo importante es mantener una
consistencia conforme a lo largo de un desarrollo un tensor covariante se vaya convirtiendo en contravariante o viceversa.
La misma transformación (con movimiento relativo entre ambos marcos de referencia a lo largo del eje-x común) extendida a un
4-espacio, el espacio-tiempo de la Teoría Especial de la Relatividad, es la siguiente en donde se ha hecho la simplificación β =
V/c:
Podemos representar cada uno de los componentes de esta matriz Lorentziana con notación mixta, utilizando un super-índice
para designar el renglón al que pertenece el elemento y un sub-índice para designar a la columna:
A continuación se muestra la manera en la cual se lleva a cabo la transformación de Lorentz sobre un 4-vector poniéndose como
paso intermedio la sumación que es activada en virtud del índice repetido:
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Si en lugar de un 4-vector tenemos un tensor contravariante de orden dos F = (Fαβ), podemos convertir uno de los índices del
tensor de un sistema de referencia S a otro sistema de referencia S’ de la siguiente manera:
Pero tratándose no de vectores (tensores de orden uno) sino de tensores de orden dos, la transformación en uno solo de los
índices no nos basta para llevar a cabo una transformación completa, tenemos que transformar los dos índices, lo cual significa
que tenemos que emplear nuevamente a Λ para llevar a cabo una segunda transformación sobre el otro índice:
De este modo, con la ayuda de Λ podemos pasar los componentes del tensor F de un marco de referencia S a otro marco de
referencia S’, y aunque aquí hemos llevado a cabo una manipulación de índices empleando a Λ como tensor métrico
(Lorentziano), el tensor F sigue siendo un tensor contravariante de orden dos, tal y como lo esperaríamos de una expresión que
involucra tensores.
PROBLEMA: Suponiendo que tenemos un tensor F = (Fμν) definido en un 4-espacio Lorentziano, escríbase explícitamente la
expresión para llevar a cabo la conversión del componente F11 del tensor de un marco de referencia S a otro marco de
referencia S’.
Llevando a cabo la sumación sobre el primer índice (μ) según la prescripción dada arriba, obtenemos la suma de cuatro
términos:
Llevando a cabo ahora la sumación sobre el segundo índice (ν) tendremos ahora el siguiente resultado, al expandirse cada
término anterior a cuatro términos dando un total de 16 términos:
Una inspección detallada de este resultado nos revela que el componente transformado de F11 puede ser obtenido mediante las
operaciones especificadas por la siguiente fórmula matricial:
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F = ΛFΛT
PROBLEMA: Supóngase que se nos ha proporcionado el siguiente tensor F:
Obténgase el componente F42 del tensor F en el sistema de referencia S’ suponiendo que se le ha aplicado al tensor F una
transformación de Lorentz.
De acuerdo con la definición dada arriba, el componente F42 se obtiene mediante mediante la siguiente sumatoria doble:
La sumatoria sobre un índice nos produce cuatro términos, y la sumatoria sobre el otro índice nos produce cuatro términos en
cada uno de los cuatro términos que ya teníamos, dándonos un total de 16 términos. En este caso resultará más ventajoso
efectuar evaluaciones con los componentes del tensor dado primero sobre una sumatoria y después sobre la otra en lugar de
llevar a cabo la expansión de todos los 16 términos dejando la substitución de componentes hasta el final. Empezaremos con la
expansión de la sumatoria sobre el índice μ substituyendo de inmediato los componentes indicados:
Los componentes de Λ que son iguales a cero se han destacado de color rojo, habiendo tres de ellos que terminan nulificando
tres de los términos de la sumatoria sobre μ. El otro componente es igual a la unidad, dejándonos un solo término sobre el cual
podemos llevar a cabo ahora la expansión sobre el índice ν:
PROBLEMA: Continuando con el problema anterior, obténganse todos los demás componentes de dicho tensor F después de
que se le ha aplicado una transformación de Lorentz
Las operaciones matemáticas involucradas en la transformación de Lorentz del tensor F que ya de por sí pueden ser tediosas se
pueden manejar metódicamente en una forma más ordenada mediante la representación matricial de la transformación que
viene siendo:
F = ΛFΛT
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En mayor detalle, esto involucra las siguientes operaciones matriciales:
En virtud de la propiedad de asociatividad para la multiplicación de matrices (AB)C = A(BC), podemos multiplicar las primeras
dos matrices y multiplicar la matriz resultante por la tercera matriz, o podemos multiplicar la segunda y tercera matrices
multiplicando el resultado por la primera matriz, obteniendo en ambos casos el mismo resultado. Multiplicaremos aquí primero la
segunda matriz por la tercera matriz:
La matriz que hemos obtenido la podemos multiplicar ahora por la primera matriz. Los elementos de la matriz resultante, que a
su vez son los componentes del tensor F, son los siguientes:
F11 = 0___F12 = - E1___F13 = - γ(E2 - βB3)___F14 = - γ(E3 + βB2)
entonces igualando componentes se puede ver que la transformación Lorentz del tensor F convirtiéndolo en un tensor F nos ha
producido las siguientes relaciones de transformación:
E1 = E1___E2 = γ(E2 - βB3)___E3 = γ(E3 + βB2)
B1 = B1___B2 = γ(B2 + βE3)___B3 = γ(B3 - βE2)
Ahora considérese una métrica en la cual el intervalo relativista Lorentziano está definido de la siguiente manera:
ds² = c² dt² - dx² - dy² - dz²
Entonces, haciendo c = 1 como se acostumbra hacerlo con unidades geometrizadas dándonos:
ds² = dt² - dx² - dy² - dz²
la representación matricial que corresponde al tensor métrico que corresponde a este elemento de línea es la siguiente:
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Esta es precisamente la métrica que utilizamos en un espacio-tiempo plano (Lorentziano) para subida y bajada de índices en un
espacio tiempo Lorentziano. Si queremos subir o bajar índices, utilizamos a g. Pero si lo que queremos es llevar a cabo una
transformación de Lorentz de un 4-vector o de un tensor pasándolo de un sistema de referencia S a otro sistema de referencia
S’, entonces utilizamos a Λ. Tanto g como Λ tienen cada uno su lugar respectivo.
PROBLEMA: Dado el 4-vector contravariante P = (Pα) = (E/c, px, py, pz), obtener el 4-vector covariante P = (Pα) empleando el
tensor métrico g del espacio-tiempo Lorentziano. Usar el resultado para obtener PαPα.
La operación requerida para bajar el índice es la siguiente:
Pμ = gμβPβ
Expandiendo la sumatoria sobre el 4-espacio:
Pμ = gμ1P1 + gμ2P2 + gμ3P3 + gμ4P4
Substituyendo valores:
P1 = g11P1 + 0 + 0 + 0 = (1)(E/c) = E/c
P2 = 0 + g22P2 + 0 + 0 = (- 1)(px) = - px
P3 = 0 + 0 + g33P3 + 0 = (- 1)(py) = - py
P4 = 0 + 0 + 0 + g44P4 = (- 1)(pz) = - pz
Con esto tenemos entonces:
(Pα) = (E/c, - px, - py, - pz)
Usando este resultado:
PαPα = P1P1 + P2P2 + P3P3 + P4P4
(1) Bajar el primer índice (α) obteniendo así el tensor Tαβ y (2) bajar el segundo índice obteniendo así el tensor Tαβ. (3) ¿Son
iguales Tαβ y Tαβ? (4) ¿Cómo se pueden obtener Tαβ y Tαβ de Tαβ mediante operaciones matriciales? (5) Obtener el tensor
Tαβ.
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Para bajar el primer índice (α) utilizamos la relación:
Tαβ = gαμTμβ
Expandiendo la sumatoria sobre el 4-espacio:
Tαβ = gα1T1β + gα2T2β + gα3T3β + gα4T4β
Para α = 1 y β = 2:
T12 = g11T12 + g12T22 + g13T32 + g14T42 = g11T12 = (1)(b) = b
Para α = 2 y β = 1:
T21 = g21T11 + g22T21 + g23T31 + g24T41 = g22T21 = (-1)(e) = - e
Para α = 2 y β = 3:
T23 = g21T13 + g22T23 + g23T33 + g24T43 = g22T23 = (-1)(g) = - g
Del mismo modo:
T31 = g3μTμ1 = g33T31 = (-1)(i) = - i
Matricialmente hablando, este resultado puede ser obtenido pre-multiplicando a la matriz que representa los componentes del
tensor T contravariante con la matriz que representa a los componentes del tensor métrico g:
Juntando en un arreglo matricial todos los componentes de Tαβ que se van generando con las sumatorias tenemos lo siguiente:
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Matricialmente hablando, este resultado puede ser obtenido post-multiplicando a la matriz que representa los componentes del
tensor T contravariante con la matriz que representa a los componentes del tensor métrico g:
La primera conclusión firme es que los tensores Tαβ y Tαβ no son iguales pese a que fueron obtenidos ambos del mismo tensor
Tαβ. En ambos casos, vimos que el resultado se puede obtener de una manera más ordenada (y en cierta forma, más rápida) con
la ayuda de operaciones matriciales. Para bajar el primer índice tuvimos que recurrir a una pre-multiplicación, mientras que
para bajar el segundo índice tuvimos que recurrir a una post-multiplicación. Esto significa que la operación de descenso de
índice se puede obtener mediante una de las siguientes operaciones matriciales:
[ gαμ][Tμβ] = [Tαβ]
[Tαμ][gμβ] = [Tαβ]
Obsérvese que en ambos casos los índices repetidos de cada matriz deben estar contiguos el uno al otro (apareados). Esto es lo
que nos proporciona la clave para convertir las operaciones tensoriales de sumatorias en operaciones matriciales. Siendo así,
podemos postular que para obtener un tensor covariante de orden dos a partir de un tensor contravariante de orden dos las
operaciones matriciales que debemos llevar a cabo para bajar ambos índices están especificadas por el siguiente producto
matricial múltiple:
[Tαβ] = [gαμ][Tμν][gνβ]
Llevando a cabo estas operaciones matriciales, obtenemos el siguiente resultado:
Una forma de verificar la integridad de los pasos que se están llevando a cabo en el desarrollo de una ecuación tensorial cuando
en dicha ecuación se está utilizando notación de componentes, especialmente cuando se está llevando a cabo gimnasia de
índices, es la observancia en el balanceo de los índices simbólicos, lo cual consiste en verificar que el balance de índices
simbólicos del lado izquierdo de una igualdad tensorial coincida con el balance de índices simbólicos del lado derecho de dicha
igualdad. Un ejemplo lo tenemos en la siguiente expresión tensorial:
En el lado izquierdo tenemos dos índices libres α y β que en un espacio N-dimensional pueden tomar cualquiera de N valores
diferentes. En el lado derecho tenemos dos términos dentro de los paréntesis rectangulares, siendo el primer término FαλFλβ con
un índice monigote λ. Al llevarse a cabo la contracción del término tensorial provocada por el índice repetido λ que activa a la
convención de sumación, tras la suma desaparece el índice monigote y nos quedan únicamente los dos super-índices α y β que se
corresponden con los índices libres α y β de Tαβ. En este caso, los índices están balanceados. Y en lo que respecta al segundo
término, tenemos el producto de los factores FμλFμλ que con dos índices monigote repetidos (μ y λ) activa una doble sumatoria
tras la cual nos quedan únicamente los dos índices libres superiores del tercer factor, gαβ, los cuales balancean también a los
índices libres α y β de Tαβ. La ecuación, en lo que respecta al balanceo de índices, es correcta.
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La verificación del balanceo de índices se puede llevar a cabo inclusive aunque no tengamos la menor idea del significado del
enunciado que está especificando una expresión tensorial, como en el siguiente caso:
En el lado izquierdo de esta expresión tenemos un sub-índice μ en ∂μ que en combinación con el super-índice μ en Tμ activa a la
convención de sumación al estar repetido el mismo índice, lo cual elimina dicho índice al llevarse a cabo la sumación implícita.
El super-índice numérico 4 en d4x no es tomado en cuenta para nada al llevarse a cabo el balanceo de índices puesto que no es
un índice libre ni es un índice monigote. Y en el lado derecho tenemos nuevamente como super-índice a μ que en Tμ activa a la
convención de sumación al estar repetido el mismo índice en dSμ, eliminando también a dicho índice en el lado derecho de la
expresión. La ecuación, en lo que respecta al balanceo de índices, es correcta. Se agregará aquí que ∂μ se interpreta como
∂/∂xμ
y que d4x se interpreta como el producto cuádruple de elementos diferenciales en las cuatro coordenadas generalizadas, o sea
como (dx1)(dx2)(dx3)(dx4), mientras que la ecuación es la expresión tensorial del conocido teorema de Gauss generalizado del
espacio tridimensional al 4-espacio.
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
m i é r c o l e s , 1 8 d e m a r z o
La derivada covariante de un tensor I
Los tensores, al igual que otros objetos matemáticos, también pueden ser diferenciados con las herramientas del cálculo
infinitesimal. Sin embargo, hay que tomar aquí ciertas precauciones. Considérese un tensor covariante T = (Tp(x(t))) en donde la
notación nos indica que para las operaciones que vamos a llevar a cabo este tensor está definido a lo largo de una curva x(t)
expresada en ecuaciones paramétricas tales como (x1= 1+2t², x2=-4+5t, x3= 6t). Si la derivada de un tensor ha de estar bien
definida, no basta con que apliquemos las reglas del cálculo infinitesimal que ya conocemos para obtener algo que podríamos
sentirnos tentados a llamar “la derivada de un tensor”. Es necesario que el resultado obtenido también se comporte como un
tensor, es necesario que también se transforme de acuerdo con la definición del tensor bajo un cambio de coordenadas. Si esto
no ocurre, la operación no nos sirve de nada, porque al no poderse transformar “la derivada del tensor” como un tensor bajo un
cambio de coordenadas, entonces una ecuación tensorial que involucre derivadas de los mismos no será independiente de un
cambio de coordenadas, contraviniendo la principal razón para recurrir al uso de tensores que es para poder escribir relaciones
matemáticas como las que ocurren en la Relatividad General, independientes del sistema de coordenadas utilizado. Y resulta
que la diferenciación ordinaria de un tensor no nos produce un tensor.
PROBLEMA: Demostrar que la derivada de un tensor covariante de orden uno T = (Tp) no es un tensor.
Si T = (Tp) es un tensor covariante, entonces de acuerdo a la definición de tensor:
Aplicando la regla de la cadena a la inversa con el fin de que el primer término se transforme de acuerdo con la definición del
tensor:
Reacomodando:
El primer término en el lado derecho de la igualdad efectivamente transforma de acuerdo con la definición del tensor, pero el
segundo término resaltado en amarillo parece resistir cualquier intento de manipulación para lograr que también transforme de
acuerdo con la definición del tensor. La derivada ordinaria del tensor T podría haber sido también un tensor, de no haber sido
por este término adicional que ha aparecido como consecuencia de la aplicación de la regla de Leibnitz (la diferencial del
producto de dos cantidades es igual a la primera por la diferencial de la segunda más la segunda por la diferencial de la
primera). Lo que tenemos obviamente ya no es un tensor, porque no se transforma como un tensor, no cumple con la definición
básica del tensor.
A menos de que estemos dispuestos a llevar a cabo alguna redefinición de la derivada del tensor, tal parece que hemos llegado
hasta donde podíamos haber llegado, tal parece que nos tendríamos que conformar con la simple aritmética de tensores que ya
hemos visto, limitados a efectuar la suma, la diferencia y el producto de tensores (además de las operaciones adicionales de
contracción).
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Buscando solventar este problema, el matemático Elwin Bruno Christoffel propuso la única salida posible: redefinir el concepto
de derivada de tensor agregando justo el término adicional requerido para cancelar el término extra que aparece en la
diferenciación ordinaria del tensor, haciéndolo de tal manera que se preserve la independencia de coordenadas que los
tensores nos ofrecen en su notación compacta. Esta propuesta la dió a conocer al mundo en 1869 en su papel titulado “Über die
Transformation der homogen Differentialausdrücke zweiten Grades”, y el “término de corrección” es conocido en lo que hoy se
conoce en el análisis tensorial como los símbolos de Christoffel del primer género y del segundo género, los cuales están
definidos mediante tres índices y los cuales son obtenidos a su vez del tensor métrico del espacio bajo consideración. Junto con
los símbolos de cuatro índices introducidos por Bernhard Riemann (empleados en la definición del tensor de Riemann) los
símbolos son conocidos hoy como los símbolos Riemann-Christoffel.
Naturalmente, al crear una nueva definición de la derivada de tensor que no concuerda con la diferenciación ordinaria, ya no se
le puede seguir llamando derivada, llamándosele por lo tanto la derivada covariante (no hay nada que esté definido como
“derivada contravariante”, tal cosa no existe).
La presencia de los símbolos de Christoffel en la derivada covariante de un tensor garantizan que ésta derivada covariante
también será un tensor, asegura que también se transformará como un tensor de acuerdo a la definición fundamental del tensor,
porque bajo la transformación el símbolo de Christoffel adquiere un término que cancela el término problemático que impediría
que la derivada covariante pueda transformarse como un tensor. Ese término extra es el que surge de la otra parte de la
derivada covariante, que es la derivada parcial del tensor. Esta es la verdadera razón que dió origen a los símbolos de
Christoffel.
Desde el punto de vista geométrico, mientras que el tensor métrico nos describe sobre un espacio curvo (como la superficie de
un globo) una especie de “derivada de primer orden” de la curvatura, los símbolos de Christoffel, definidos como están a partir
de las derivadas covariantes del tensor métrico, nos describen una especie de “derivada de segundo orden” de la curvatura.
Dicho lo anterior, introduciremos ahora la definición de los símbolos del Christoffel del primer género ó de primera especie
(first kind), caracterizados porque todos los índices que los caracterizan son sub-índices (subscriptos), estando simbolizados en
la mayoría de los libros de texto con los siguientes dos tipos de notación:
Los símbolos de Christoffel del primer género, con todos los tres índices abajo, están definidos mediante la siguiente relación:
Introduciremos ahora una notación abreviada utilizada frecuentemente en muchos textos, razón por la cual conviene recordarla:
Con esta notación condensada, el símbolo de Christoffel del primer género se puede escribir de la manera siguiente:
Desafortunadamente, esta no es la única notación abreviada utilizada para la derivada parcial que queremos representar (ojalá y
lo fuera). Existe otro tipo de notación, también utilizada ampliamente tanto en los libros de texto como en la literatura técnica,
conocida como la notación de la coma, de acuerdo con la cual si vamos a llevar a cabo una diferenciación parcial de algo como
gjk con respecto a la coordenada xμ, entonces representamos dicha diferenciación simplemente como gjk,μ. En otras palabras:
Con la notación condensada de “coma”, el símbolo de Christoffel del primer género se puede escribir de la manera siguiente:
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Por si la anterior carga de simbología nueva no fuese suficiente, existe en otros libros la convención de que al utilizar el símbolo
de la “coma” para indicar diferenciación se prescinda del uso de la coma por completo, “sobreentendiéndose” que la derivada
parcial del tensor métrico g con respecto a la coordenada xμ será simbolizado con el sub-índice μ que corresponda puesto al
final prescindiendo de la coma. O sea que la anterior fórmula se puede escribir igualmente en forma aceptable (aunque menos
clara) como:
Esto último frecuentemente se escribe de la siguiente manera mediante un simple reacomodo de los términos con el único
propósito de hacerlo más fácilmente memorizable (mnemónica) recurriéndose a la permutación cíclica de los sub-índices:
Γijk = (- gij,k + gjk,i + gki,j)/2
Con el fin de ir familiarizando aquí mismo al lector con los tipos de notación abreviada mencionada, se utilizarán
indistintamente las formas abreviadas.
PROBLEMA: Verificar que si se intercambian los dos primeros índices en un símbolo de Christoffel del primer género, el
componente obtenido es el mismo.
Puesto que el tensor métrico es simétrico, o sea:
gij = gji
Tomando derivadas parciales con respecto a las coordenadas xi, xj y xk obtenemos (utilizando la coma para abreviar la
simbolización de la derivada parcial):
gij,k = gji,k___gjk,i = gkj,i___gki,j = gik,j
Puesto que:
Γijk = (- gij,k + gjk,i + gki,j)/2___Γjik = (- gij,k + gik,j + gkj,i)/2
obtenemos de inmediato que Γijk = Γjik. Este resultado nos es de utilidad en cualquier problema en donde queramos reducir los
cálculos requeridos para la obtención de los símbolod de Christoffel del primer género.
PROBLEMA: Demuéstrese que en cualquier sistema de coordenadas, los símbolos de Christoffel del primer género se
desvanecen sí y solo sí el tensor métrico tiene componentes constantes en dicho sistema de coordenadas.
Permutando los índices de los símbolos de Christoffel del primer género del arreglo (ijk):
Γijk = (- gij,k + gjk,i + gki,j)/2
al arreglo (jki) obtenemos lo siguiente:
Γjki = (- gjk,i + gki,j + gij,k)/2
Sumando ambas expresiones obtenemos lo siguiente:
Si el tensor métrico g tiene componentes constantes en cierto sistema de coordenadas, entonces todas las derivadas del tipo
∂gik /∂xk serán iguales a cero, y la única manera en la que la suma de los componentes Γijk y Γjki sea cero en todos los casos es
que los símbolos de Christoffel sean iguales a cero en todos los casos.
La importancia de la definición que se ha dado a los símbolos de Christoffel que se obtienen a partir de un tensor métrico g es
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que si se conocen todos los componentes del tensor métrico g entonces a través de la definición se pueden obtener todos los
símbolos de Christoffel del primer género. Y una vez obtenidos, podemos obtener la derivada covariante que estamos
buscando, lo cual es nuestro propósito final.
PROBLEMA: Obtener los símbolos de Christoffel del primer género para la métrica Euclideana en coordenadas esféricas.
En coordenadas esféricas (x1,x2,x3) = (r,θ,φ), el elemento de línea ds² está dado por:
ds² = dr² + r²(dθ)² + r² sen²θ (dφ)²
ds² = (dx1)² + (x1)²(dx2)² + (x1)² sen2(x2) (dx3)²
Entonces los componentes del tensor métrico g, en su representación matricial explícita G, se pueden escribir de la siguiente
manera:
Con los componentes del tensor métrico g en nuestras manos, el cálculo de los símbolos de Christoffel procede de manera
directa. Empezaremos con la evaluación de Γ111 = Γrrr:
Γ111 = (- g11,1 + g11,1 + g11,1)/2
Γrrr = (- grr,r + grr,r + grr,r)/2
Γrrr = ( grr,r)/2 = (∂grr/∂r)/2 = 0
Tenemos que grr,r es igual a cero porque grr es una constante (1) cuya derivada es cero. Procediendo en forma similar,
obtenemos otros símbolos de Christoffel:
-----------------
Γ221 = (- g22,1 + g21,2 + g12,2)/2
Γθθr = (- gθθ,r + gθr,θ + grθ,θ)/2
Γθθr = (- ∂gθθ/∂r + ∂gθr/∂θ + ∂grθ/∂θ)/2
Γrrr = (- 2r)/2 = - r
-----------------
Γ212 = (- g21,2 + g22,1 + g21,2)/2
Γθrθ = (- gθr,θ + grθ,θ + gθθ,r)/2
Γθrθ = (- ∂gθr/∂θ + ∂grθ/∂θ + ∂gθθ/∂r)/2
Γθrθ = (∂gθθ/∂r)/2
Γθrθ = (2r)/2 = r
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-----------------
Γ122 = (- g12,2 + g22,1 + g21,2)/2
Γrθθ = (- grθ,θ + gθθ,r + gθr,θ)/2
Γrθθ = (- ∂grθ/∂θ + ∂gθθ/∂r + ∂gθr/∂θ)/2
Γrθθ = (2r)/2 = r
-----------------
Γ331 = (- g33,1 + g31,3 + g13,3)/2
Γφφr = (- gφφ,r + gφr,φ + grφ,φ)/2
Γφφr = (- ∂gφφ/∂r + ∂gφr/∂φ + ∂grφ/∂φ)/2
Γφφr = - r sen²θ
-----------------
Γ323 = (- g32,3 + g23,3 + g33,2)/2
Γφθφ = (- gφθ,φ + gθφ,φ + gφφ,θ)/2
Γφθφ = (∂gφφ/∂θ)/2
Γφθφ = (2r² senθ cosθ)/2
Γφθφ = r² senθ cosθ
Y del mismo modo, tenemos:
Γ332 = Γφφθ = - r² senθ cosθ
Γ133 = Γrφφ = r sen²θ
Γ313 = Γφrφ = r sen²θ
Γ233 = Γθφφ = r² senθ cosθ
siendo todos los demás símbolos de Christoffel iguales a cero.
La repetición de algunas de las respuestas anteriores nos hace sospechar que no es necesario evaluar individualmente todos y
cada uno de los símbolos de Christoffel para todas las combinaciones posibles de componentes, de que por razones de simetría
es posible acortar el trabajo.
PROBLEMA: Demostrar que los símbolos de Christoffel de primer género son simétricos en el intercambio de los dos primeros
índices.
Tomamos la definición de los símbolos de Christoffel de primer género:
Γijk = (- gij,k + gjk,i + gki,j)/2
e intercambiamos los dos primeros índices, obteniendo:
Γjik = (- gji,k + gik,j + gkj,i)/2
En esta última expresión usamos la propiedad de simetría del tensor métrico gpq = gqp:
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Γjik = (- gij,k + gjk,i + gki,j)/2
Comparando las dos expresiones para Γijk y Γjik concluímos que los símbolos de Christoffel de primer género son simétricos en
el intercambio de los dos primeros índices, o sea
Γijk = Γjik
Habiéndose definido ya los símbolos de Christoffel del primer género, ahora pasamos -con la ayuda del tensor métrico g para
subir el tercer sub-índice- a la definición de los símbolos de Christoffel del segundo género, la cual como se ve depende de
la definición dada previamente de los símbolos de Christoffel del primer género:
Γ i jk = girΓjkr
En realidad, esta segunda definición es hasta cierto punto trivial, porque no es más que una subida de índice con la ayuda del
tensor métrico que ya habíamos estudiado previamente en la “Gimnasia de índices”.
Es importante recalcar el hecho de que aunque la operación de elevación del tercer sub-índice en los símbolos de Christoffel
del primer género siempre se hace con la ayuda del tensor métrico g y aunque se escriben de una manera parecida a como se
escriben las expresiones propias del cálculo tensorial, los símbolos de Christoffel no son tensores. No pueden serlo, ya que
fueron agregados precisamente como una “compensación” para poder definir una derivada tensorial. No pueden serlo, porque
para obtenerlos es necesario obtener las derivadas parciales ordinarias del tensor métrico, las cuales no son tensores por las
razones ya señaladas desde el principio de esta entrada. No pueden serlo porque no se transforman como los tensores bajo un
cambio de coordenadas.
Precisamente ante la posibilidad de que los símbolos de Christoffel pudieran ser confundidos con tensores, anteriormente se
utilizaba, además de la notación alterna [ij,k] con la cual se simbolizan los símbolos de Christoffel del primer género, la
notación de corchetes para definir a los símbolos de Christoffel del segundo género:
Esta equivalencia entre ambas notaciones es fácil de recordar, porque el símbolo superior puesto entre los corchetes es el
mismo que el superíndice en la notación Γ, y el par de símbolos puestos abajo en la notación entre corchetes es el mismo que el
par puesto abajo en la notación Γ. Con la notación de corchetes, el ascenso de índice que convierte a un símbolo de Christoffel
de primer género en uno de segundo género:
Γ i jk = girΓjkr
en notación de corchetes se viene escribiendo como:
Si hacemos una comparación entre ambos tipos de notación, podemos ver que el cambio de una notación a otra se puede llevar
a cabo sin problema alguno puesto puesto que los símbolos para los super-índices y los sub-índices siguen el mismo orden y la
misma nomenclatura en la notación de corchetes y paréntesis cuadrados.
Del mismo modo como se tuvo Γijk = Γjik para los símbolos de Christoffel del primer género, esta propiedad de simetría se
aplica también a los símbolos de Christoffel del segundo género sobre los dos índices inferiores, o sea Γi jk = Γi kj.
Una vez familiarizados con los símbolos de Christoffel, si vamos a definir un nuevo tipo de derivada que vamos a llamar la
derivada covariante de un tensor, la cual tendrá como propósito principal el producir algo que pueda ser transformado de
acuerdo con la definición del tensor, este tipo de derivada no puede ser simbolizado con la misma “coma” que utilizamos para
la definición de la diferenciación parcial ordinaria abreviada. Para ello, utilizamos el semicolon, o sea “;”.
Definimos formalmente a los componentes de la derivada covariante de un tensor contravariante T = (Ti) con respecto a una
coordenada xk como:
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Obsérvese cómo al principio en el lado derecho utilizamos un semicolon para indicar que se está tomando la derivada
covariante del tensor T, mientras que dentro de la expresión que define a los componentes utilizamos una coma para denotar a
la derivada parcial ∂Ti /∂xk. Esta es la diferencia notacional entre una derivada parcial ordinaria y una derivada covariante. Sin
embargo, una vez que se ha sobreentendido al tratarse de obtener la derivada de un tensor hay que recurrir a la definición
de la derivada covariante, en una buena cantidad de textos y publicaciones se prescinde del semicolon y se denota todas las
derivadas mediante la coma. , y el tipo de derivada que hay que aplicar se saca mediante el contexto respondiento a la
pregunta: ¿Se trata de un tensor, sí o no? Si es un tensor, hay que aplicar la derivada covariante. Y si no es un tensor, recurrimos
a la diferenciación ordinaria. Es muy importante tener esto en mente con el fin de evitar confusiones y malentendidos.
Dada la anterior definición, definimos formalmente a los componentes de la derivada covariante de un tensor covariante T =
(Ti) con respecto a una coordenada xk como:
Para sistemas rectangulares (coordenadas Cartesianas) los símbolos de Christoffel se reducen a cero, con lo cual derivadas
covariantes se reducen a las derivadas parciales comunes.
Las definiciones dadas arriba se pueden extender a derivadas covariantes de tensores de orden mayor. En el caso más general,
estamos hablando de la derivada covariante de un tensor mixto contravariante de orden M y covariante de orden N. La
derivada covariante de un tensor cualquiera incrementa el orden covariante del tensor resultante en una unidad. De este
modo, la derivada de un tensor mixto contravariante de orden siete y covariante de orden cuatro será un tensor de orden doce,
aún contravariante de orden siete pero covariante de orden cinco.
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La derivada covariante de un tensor II
Puesto que los símbolos de Christoffel son cruciales para poder definir la derivada de un tensor de modo tal que esta también
sea un tensor, en esta entrada nos enfocaremos sobre algunas propiedades en la evaluación de los mismos.
PROBLEMA: Comprobar que los símbolos de Christoffel de segundo género son simétricos en el intercambio de los dos sub-
índices.
Ya se demostró previamente que los símbolos de Christoffel de primer género son simétricos en el intercambio de los dos
primeros índices, Γabc = Γbac. Puesto que los símbolos de Christoffel de segundo género son obtenidos a partir de los símbolos de
Christoffel de primer género con la ayuda del tensor métrico conjugado g-1 :
girΓabr = Γiab
sin tocarse para nada los dos sub-índices que le dan la propiedad de simetría a los símbolos de Christoffel de primer género, se
concluye que también los símbolos de Christoffel de segundo género son simétricos en el intercambio de sus dos sub-índices.
PROBLEMA: Obtener los símbolos de Christoffel de segundo género para la métrica en coordenadas polares.
El punto de partida es, como siempre, la definición del elemento de línea. Tratándose de las coordenadas polares, el elemento
de línea es:
ds² = dr² + r²(dθ)²
Entonces los componentes del tensor métrico g que corresponden a este elemento de línea, acomodados en forma matricial,
tienen el siguiente aspecto:
La obtención de los símbolos de Christoffel de segundo género para cualquier métrica requiere que primero se evalúen los
símbolos de Christoffel de primer género, lo cual se hará a continuación con la definición básica en su forma mnemónica
(memorizable):
Γ111 = (- g11,1 + g11,1 + g11,1)/2
Γrrr = (- grr,r + grr,r + grr,r)/2
Γrrr = ( grr,r)/2 = (∂grr/∂r)/2 = 0
Puesto que los símbolos de Christoffel del primer género son simétricos en el intercambio de sus primeros dos índices, una vez
evaluado Γ121 = Γrθr no es necesario evaluar Γ211 = Γθrr ya que son iguales. Entonces:
Γ121 = (- g12,1 + g21,1 + g11,2)/2
Γrθr = (- grθ,r + gθr,r + grr,θ)/2
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Γrθr = (- ∂grθ/∂r + ∂gθr/∂r + ∂grr/∂θ)/2
Γrθr = (0 + 0 + 0)/2 = 0 = Γθrr = Γ211
-----------------
Γ122 = (- g12,2 + g22,1 + g21,2)/2
Γrθθ = (- grθ,θ + gθθ,r + gθr,θ)/2
Γrθθ = (- ∂grθ/∂θ + ∂gθθ/∂r + ∂gθr/∂θ)/2
Γrθθ = (0 + 2r + 0)/2 = (2r)/2 = r = Γθrθ = Γ212
-----------------
Γ221 = (- g22,1 + g21,2 + g12,2)/2
Γθθr = (- gθθ,r + gθr,θ + grθ,θ)/2
Γθθr = (- ∂gθθ/∂r + ∂gθr/∂θ + ∂grθ/∂θ)/2
Γθθr = (- 2r + 0 + 0)/2 = (- 2r)/2 = - r
Continuando de la misma manera completamos los ocho símbolos de Christoffel para las coordenadas polares:
Γ112 = Γrrθ = (- ∂grr/∂θ + ∂grθ/∂r + ∂gθr/∂r)/2 = 0
Γ222 = Γθθθ = (- ∂gθθ/∂θ + ∂gθθ/∂θ + ∂gθθ/∂θ)/2 = (0 + 0 + 0)/2 = 0
Una vez que tenemos los símbolos de Christoffel de primer género, el siguiente paso consiste en elevar el tercer índice de los
mismos para obtener los símbolos de Christoffel del segundo género, para lo cual necesitamos los componentes del tensor
métrico conjugado g-1 , los cuales se obtienen obteniendo la inversa de la matriz que contiene los componentes del tensor
métrico g. Puesto que la matriz G es diagonal, la inversa de dicha matriz se obtiene invirtiendo cada uno de los componentes a
lo largo de la diagonal principal de g, dejando los demás componentes fuera de la diagonal iguales a cero:
o bien:
En este problema sólo hay tres símbolos de Christoffel de primer género que no son cero: Γ221 = Γθθr, y Γ122 = Γ212 = Γrθθ = Γθrθ.
Todos los símbolos de Christoffel de primer género que son cero seguirán siendo cero tras la operación de elevación del índice.
Aquellos que no lo son se muestran evaluados a continuación:
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g11 Γ221 = grr Γθθr = (1)(- r)
Γ122 = Γrθθ = - r
puede ser convertido a un tensor métrico g cuya representación matricial es la de una matriz diagonal:
siempre y cuando se cumpla la propiedad de simetría gij = gji, podemos esperar entonces que todos los tensores métricos con los
que habremos de trabajar en la Teoría de la Relatividad serán tensores “diagonales”, porque si no lo son ciertamente pueden ser
puestos en dicha forma. Siendo así, cabe preguntarse entonces si podemos utilizar este hecho en ventaja nuestra para reducir la
cantidad de cálculos requeridos para encontrar todos los símbolos de Christoffel que pertenezcan a cierta métrica dada. Ya
vimos que en el caso de los símbolos de Christoffel tanto del primer género como del segundo género estos son simétricos en el
intercambio de sus primeros dos índices, y con este solo hecho pudimos recortar la cantidad de cálculos requeridos. Teniendo a
la mano el bono extra de que el tensor métrico sea diagonal, con todos los componentes iguales a cero para i ≠ j, debe de haber
simplificaciones adicionales que podamos llevar a cabo para recortar aún más la cantidad de cálculos requeridos, y
efectivamente tal cosa es posible.
PROBLEMA: Si g es un tensor métrico tal que gpq = 0 si p ≠ q, demostrar que para los símbolos de Christoffel de primer
género:
1) Γpqr = (∂gpp/∂xp)/2 para p = q = r
Γpqr = (0 + 0 + 0)/2 = 0
PROBLEMA: Usando los resultados del problema anterior, y considerando de nuevo que g es un tensor métrico tal que gpq = 0
si p ≠ q, obtener los resultados que correspondan al caso de los símbolos de Christoffel de segundo género.
Para obtener los símbolos de Christoffel de segundo género a partir de los símbolos de Christoffel de primer género,
necesitamos los componentes del tensor métrico conjugado g-1. Si el tensor métrico g es un tensor “diagonal”, entonces el
tensor métrico conjugado g-1 también lo será, y como ya lo vimos en la entrada titulada “El tensor métrico”, cada uno de sus
componentes gii será obtenido de los componentes gii mediante la siguiente relación:
gii = 1/gii
Se recuerda que en esta simbolización específica no aplica la convención de sumación para índices repetidos.
De este modo, cuando r ≠ s:
Γs pq = gsr Γpqr = 0
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Γs pq = Γp pp = Γppp /gpp = [(∂gpp/∂xp)/2]/gpp
= [(∂gpp/∂xp)/gpp]/2
Es costumbre en los libros de texto de análisis tensorial agregar aquí un paso adicional de simplificación, recurriéndose a la
definición de la derivada del logaritmo natural:
que cuando se trata de una función general de varias coordenadas toma la siguiente forma:
De este modo, para el caso en el que todos los índices son iguales, p = q = s, tenemos:
Se debe recalcar aquí que esta representación se dá en los textos únicamente por “elegancia matemática”, ya que al momento
de efectuar los cálculos en realidad no vamos a tomar el logaritmo natural de nada. De cualquier manera, es mejor que el lector
esté familiarizado con esta simbología porque seguramente volverá a encontrarla si continúa con estudios posteriores sobre el
tema.
2) En el caso en el que los índices p y q son iguales ambos pero diferentes del índice s, habíamos obtenido lo siguiente:
Γpps = - (∂gpp/∂xs)/2
Entonces la elevación del tercer índice nos produce el siguiente símbolo de Christoffel de segundo género:
Γs pq = Γs pp = Γpps /gss = [- (∂gpp/∂xs)/2]/gss
= - [(∂gpp/∂xs)/gss]/2
En este caso, la simplificación simbólica mediante la derivada del logaritmo natural no es aplicable.
3) En el caso en el que los índices p y s son iguales ambos pero diferentes del índice q, habíamos obtenido lo siguiente:
Γpqp = (∂gpp/∂xq)/2
Entonces la elevación del tercer índice nos produce el siguiente símbolo de Christoffel de segundo género:
Γs pq = Γp pq = Γpqp /gpp = [(∂gpp/∂xq)/2]/gpp
= [(∂gpp/∂xq)/gpp]/2
Esta expresión sí se presta para la representación logarítmica simbólica. Es la siguiente:
4) En el caso en el que los tres índices p, q y r son distintos, habíamos obtenido lo siguiente:
Γpqs = 0
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Puesto que la elevación del índice de algo cuya evaluación resultó ser cero deberá ser necesariamente también cero, se
concluye que para el caso en el que todos los índices son distintos entonces:
Γs pq = 0
Los resultados que hemos logrado aquí nos permiten avanzar más rápidamente en la evaluación de los símbolos de Christoffel de
segundo género que necesitamos para poder obtener, eventualmente, la derivada de un tensor. Podemos memorizar mejor
estos “atajos” con una “tabla” como la siguiente teniendo siempre en mente que estos procedimientos abreviados de cálculo
sólo son válidos para una métrica cuya representación matricial es la de una matriz diagonal:
Cada quien podrá desarrollar, según su propia experiencia, los trucos que le ayuden a memorizar mejor estas relaciones que son
de gran utilidad.
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La derivada covariante de un tensor III
En esta entrada aprovecharemos las simplificaciones obtenidas al final de la entrada previa para poder obtener los símbolos de
Christoffel de segundo género cuando se trata de tensores métricos cuya matriz es una matriz diagonal.
PROBLEMA: Determinar los símbolos de Christoffel de segundo género para las coordenadas cilíndricas.
Para las coordenadas cilíndricas:
(x1, x2, x3) = (r, φ, z)
el elemento de línea es:
ds² = dr² + r²dθ² + dz²
con lo cual las componentes diagonales del tensor métrico son:
g11 = 1____g22 = r²____g33 = 1
Puesto que tanto g11 como g33 son constantes, de acuerdo con lo que vimos en la entrada previa los únicos símbolos de
Christoffel que no son cero los tendremos para p = 2. Usando las fórmulas simplificadas, estos son:
PROBLEMA: Determinar los símbolos de Christoffel de segundo género para las coordenadas esféricas.
Para las coordenadas esféricas:
(x1, x2, x3) = (r, φ, z)
el elemento de línea es:
ds² = dr² + r²dθ² + r² sen²θ dθ²
con lo cual las componentes diagonales del tensor métrico son:
g11 = 1____g22 = r²____g33 = r² sen² θ
Puesto que tanto g11 es constante, de acuerdo con lo que vimos en la entrada previa los únicos símbolos de Christoffel que no
son cero los tendremos para p = 2 o p = 3. Usando las fórmulas simplificadas, estos son:
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Los símbolos de Christoffel NO son tensores. Sin embargo, cabe hacernos la siguiente pregunta: si queremos pasar de un sistema
de coordenadas a otro, ¿cuáles serán entonces las propiedades de transformación de los símbolos de Christoffel, tanto del
primer género como del segundo género?
PROBLEMA: Derivar la ley de transformación para los símbolos de Christoffel de primer género.
La naturaleza del problema consiste en obtener el procedimiento requerido para transformar un símbolo de Christoffel de
primer género Γabc a su correspondiente símbolo de Christoffel Γabc. (con una barra encima de la letra gamma). El punto de
arranque para la solución empieza, desde luego, con la ley tensorial de transformación para el tensor métrico:
Tenemos que obtener tres derivadas parciales del tensor métrico con respecto a cada una de las coordenadas del sistema hacia
el cual se va a llevar el símbolo de Christoffel a ser transformado. Aplicando la regla de Leibniz para la diferencial del producto
de tres funciones:
d(uvw) = uv·dw + uw·dv + vw·du
y aplicando también la regla de la cadena a ∂gpq /∂xm, la primera derivada parcial será:
Aplicando la misma regla de Leibniz, podemos obtener las otras dos derivadas parciales. Sin embargo, podemos ahorrarnos algo
de trabajo si simplemente tomamos la expresión para la primera derivada que acabamos de obtener y aplicamos una
permutación cíclica de los índices para obtener la segunda derivada:
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j→k
k→ m
m→ j
que resulta ser:
Restando ∂gjk/∂xm de la suma de ∂gkm/∂xj y ∂gmj/∂xk, multiplicando por 1/2 y metiendo las definiciones de los símbolos de
Christoffel de primer género, obtenemos la siguiente ley de transformación:
con la que el símbolo de Christoffel de primer género Γpqr es transformado a Γjkm. Obsérvese que si no fuese por el segundo
término en el lado derecho, los símbolos de Christoffel se transformarían también como tensores. Pero no son tensores, ya que
fueron de hecho concebidos como el “factor de corrección” requerido para que la derivada de un tensor pueda ser redefinida
como derivada covariante de modo tal que esta también sea un tensor.
PROBLEMA: Derivar la ley de transformación para los símbolos de Christoffel de segundo género.
Puesto que los símbolos de Christoffel de segundo género se obtienen a partir de los símbolos de Christoffel de primer género,
para lo cual se utiliza el tensor métrico conjugado g-1 para subir el tercer índice, no debe causar asombro de que una vez
obtenida la ley de transformación para los símbolos de Christoffel de primer género en el problema anterior recurramos al
tensor métrico conjugado aplicándolo sobre dicho resultado para poder obtener la ley de transformación para los símbolos de
Christoffel de segundo género.
En este caso, utilizamos la relación que nos define al tensor métrico conjugado como un tensor, la cual es:
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Utilizamos esta relación en la ley de transformación para los símbolos de Christoffel de primer género que obtuvimos en el
problema anterior, la parte izquierda de la relación en el lado izquierdo de la ecuación y la parte derecha de esta relación en el
lado derecho de la ecuación:
En el lado izquierdo de esta ecuación el tensor métrico conjugado gnm eleva al tercer índice m del símbolo de Christoffel de
primer género Γjkm convirtiéndolo en un símbolo de Christoffel de segundo género con el super-índice n:
Lo mismo sucede en el lado derecho de la ecuación en donde el tensor métrico conjugado eleva al tercer índice del símbolo de
Christoffel de primer género convirtiéndolo en uno de segundo género. Obsérvese que hemos agrupado dos simplificaciones, las
cuales nos resultan en la siguiente ley de transformación para los símbolos de Christoffel de segundo género:
Obsérvese que si no fuese por el segundo término en el lado derecho, los símbolos de Christoffel de segundo género se
transformarían también como tensores.
PROBLEMA: Demostrar la siguiente relación:
Para demostrar la relación proporcionada, usaremos la ley de transformación para los símbolos de Christoffel de segundo género
obtenida en el problema anterior. Si multiplicamos ambos lados de dicha ley por ∂xm/∂xn, tenemos entonces, introduciendo en
el lado derecho los deltas Kronecer δms y δmp:
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Despejando esto último para ∂²xm/∂xj∂xk obtenemos la relación pedida.
Este último resultado nos posibilita llevar a cabo una demostración importante, la demostración de que la derivada covariante
de un tensor es un tensor.
PROBLEMA: Demostrar que la derivada covariante de un tensor es un tensor.
Para la resolución de este problema podemos utilizar ya sea un tensor covariante o un tensor contravariante. La demostración
que será llevada a cabo aquí utilizará un tensor contravariante; en el caso del tensor covariante la demostración es casi idéntica
con modificaciones triviales en los pasos.
Considérese el tensor contravariante T = (Tp) de orden uno. Siendo un tensor, entonces debe obedecer la regla fundamental de
transformación:
Tomamos ahora la derivada del producto de las dos cantidades ∂x i/∂xr y Tr:
Utilizaremos ahora la relación obtenida en el problema anterior, con la cual obtenemos lo siguiente:
Y puesto que, por la misma definición de tensor para el caso de un tensor contravariante de orden uno:
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la expresión que estamos desarrollando se convierte en:
Factorizando el lado derecho, reacomodando los términos, renombrando índices según se requiera y utilizando la propiedad de
simetría de los símbolos de Christoffel, llegamos a lo siguiente:
Obsérvese bien la forma en la cual se han puesto tanto el lado izquierdo como el lado derecho de la relación. Del lado
izquierdo, lo que tenemos es ni más ni menos que la derivada covariante del tensor T = (Tp) en el sistema de coordenadas de
barra. Y lo que tenemos del lado derecho es ni más ni menos que la derivada covariante del tensor original T en el sistema de
coordenadas original (sin la barra). Esto significa que la relación se reduce a:
Lo que nos está diciendo esto esencialmente es que la derivada covariante del tensor contravariante de orden uno T = (Tp),
simbolizada mediante el semicolon como T;k = (Tp;k), se transforma justo como lo requieren las propiedades de la definición de
un tensor. Queda demostrado entonces que la derivada covariante de un tensor es también un tensor. Esto, desde luego, se lo
debemos a la ayuda de los símbolos de Christoffel que nos dieron la “corrección” necesaria para poder definir a la derivada
covariante de un tensor.
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La derivada covariante de un tensor IV
Una vez que hemos entendido bien la naturaleza de los símbolos de Christoffel y cómo se obtienen a partir del tensor métrico
g, el siguiente paso natural consiste en utilizarlos para obtener la derivada covariante de cualquier tensor T. El primer término
en la derivada covariante de un tensor dado será simplemente la derivada ordinaria del tensor con respecto a la coordenada
específica sobre la cual se esté evaluando el componente tensorial. Los demás términos serán los términos de “corrección”
necesarios para que la derivada del tensor sea también un tensor, y cada uno de estos términos de corrección será el producto
de un símbolo de Christoffel por el tensor que va apareado con dicho tensor dependiendo del tipo de tensor del que se trate, ya
sea un tensor covariante (con un sub-índice), un tensor contravariante (con un super-índice), o inclusive un tensor mixto que
pueda tener varios sub-índices y super-índices. Cada índice covariante (sub-índice) dá lugar a un término de “término de
corrección” que va de acuerdo con la definición de la derivada covariante de un tensor covariante, y cada índice
contravariante (super-índice) dá lugar a un término de “término de corrección” que va de acuerdo con la definición de la
derivada covariante de un tensor contravariante, razón por la cual resulta ventajoso aprenderse ambas fórmulas de memoria o
tenerlas a la mano cuando se van a utilizar en la evaluación de la derivada covariante de un tensor mixto con varios índices. Con
el objeto de que se vaya adquiriendo familiaridad en la aplicación de las fórmulas, a continuación se verán varios problemas en
los cuales obtenemos la derivada covariante de varios tensores, la cual será simbolizada por la notación del semicolon. Es
importante no perder la perspectiva de que en los “términos de corrección” la convención de sumación para índices repetidos
se aplica en toda la extensión de la palabra, y cada término de corrección inevitablemente generará varios términos
adicionales. Es aquí cuando apreciamos la ventaja simplificadora de la convención de sumación que nos permite omitir el tener
que escribir los símbolos de sumatoria Σ que sólo agregarían más confusión a una notación de por sí extensa.
PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjk con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor covariante de orden dos. Tendremos por lo tanto dos términos de corrección, ambos de signo
negativo de acuerdo a la definición de la derivada covariante de un tensor covariante. La respuesta a este problema es la
siguiente:
PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjk con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor contravariante de orden dos. Tendremos por lo tanto dos términos de corrección, ambos de
signo positivo de acuerdo a la definición de la derivada covariante de un tensor contravariante. La respuesta a este problema es
la siguiente:
PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjkl con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor mixto de orden tres, covariante de orden dos y contravariante de orden uno. Tendremos por lo
tanto tres términos de corrección, dos con signo negativo y el otro con signo positivo de acuerdo a las definiciones de la
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derivada covariante de un tensor covariante y de un tensor contravariante. La respuesta a este problema es la siguiente:
PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjkl con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor mixto de orden tres, covariante de orden uno y contravariante de orden dos. Tendremos por lo
tanto tres términos de corrección, uno con signo negativo y los otros dos con signo positivo de acuerdo a las definiciones de la
derivada covariante de un tensor covariante y de un tensor contravariante. La respuesta a este problema es la siguiente:
PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjklm con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor mixto de orden cuatro, covariante de orden dos y contravariante de orden dos. Tendremos por
lo tanto cuatro términos de corrección, dos con signo negativo y los otros dos con signo positivo de acuerdo a las definiciones
de la derivada covariante de un tensor covariante y de un tensor contravariante. La respuesta a este problema es la siguiente:
PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjklm con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor mixto de orden cuatro, covariante de orden tres y contravariante de orden uno. Tendremos por
lo tanto cuatro términos de corrección, tres con signo negativo y el otro con signo positivo de acuerdo a las definiciones de la
derivada covariante de un tensor covariante y de un tensor contravariante. La respuesta a este problema es la siguiente:
PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjklm con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor mixto de orden cuatro, covariante de orden uno y contravariante de orden tres. Tendremos por
lo tanto cuatro términos de corrección, tres con signo positivo y el otro con signo negativo de acuerdo a las definiciones de la
derivada covariante de un tensor covariante y de un tensor contravariante. La respuesta a este problema es la siguiente:
PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjklmn con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor mixto de orden cinco, covariante de orden dos y contravariante de orden tres. Tendremos por
lo tanto cinco términos de corrección, tres con signo positivo y dos con signo negativo de acuerdo a las definiciones de la
derivada covariante de un tensor covariante y de un tensor contravariante. La respuesta a este problema es la siguiente:
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PROBLEMA: Obtener la derivada covariante del tensor Tjklmn con respecto a xq.
En este caso, tenemos un tensor mixto de orden cinco, covariante de orden tres y contravariante de orden dos. Tendremos por
lo tanto cinco términos de corrección, dos con signo positivo y los otros tres con signo negativo de acuerdo a las definiciones de
la derivada covariante de un tensor covariante y de un tensor contravariante. La respuesta a este problema es la siguiente:
Una vez familiarizados con la derivación covariante de tensores, podemos investigar las similitudes que hay entre la
diferenciación ordinaria y la diferenciación covariante. Y encontraremos que hay muchas similitudes.
PROBLEMA: En el cálculo diferencial ordinario, el diferencial del producto de dos funciones u y v es igual al producto de la
primera función u por la diferencial dv de la segunda más la segunda función v por la diferencial du de la primera:
d(uv) = udv + vdu
Esta regla es conocida como la regla de Leibniz. Demostrar que para el producto de dos tensores T y S también tenemos una
regla similar.
La demostración se puede llevar a cabo para dos tensores covariantes, o dos tensores contravariantes, o una mezcla de ambos
tipos. Para una demostración lo más amplia posible que cubra a ambos tipos, nos conviene considerar a T y a S como tensores
mixtos del mismo orden, de orden dos, lo cual cubre todas las posibilidades. No es necesario considerar tensores de orden
mayor.
Si T y S son tensores mixtos de orden dos, entonces T = (Ti j) y S = (Si j). El producto de dichos tensores, componente por
componente, será (recuérdese la definición del producto externo de dos tensores):
TS = U = (Tpr · Sqs)
A continuación formaremos la suma del producto de la derivada covariante del tensor T (la cual simbolizaremos con la notación
del semicolon puesto como sub-índice) por el tensor S y del producto del tensor T por la derivada covariante del tensor S, lo
cual es el símil de la regla de Leibinz en el cálculo diferencial ordinario:
(Tpr ; k) · (Sqs) + (Tpr) · (Sqs ; k)
Queremos demostrar que esto se nos reduce a la derivada covariante de algo como U = (Upqrs) (recuérdese que el producto de
dos tensores mixtos de orden dos nos debe producir un tensor de orden 4, covariante de orden dos y contravariante de orden
dos), o sea a:
Upq rs ; k
Para formar la suma de productos Leibniz indicada arriba, a continuación podemos aplicar directamente la definición de la
derivada covariante metiendo en el panorama a los símbolos de Christoffel, tomando en cuenta que se trata tanto de la
derivada covariante del tensor T como de la derivada covariante del tensor S:
Podemos remover los paréntesis, reagrupar, y simplificar usando el hecho de que por la definición del producto externo de dos
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tensores:
(Ttr) · (Sqs) = Utq rs
Lo que se ha puesto de color rojo entre los paréntesis es algo que puede ser simplificado, ya que es esencialmente igual a la
derivada parcial ordinaria (¡no covariante!) de Upq rs:
Pero todo esto no es más que la derivada covariante de Upq rs, siendo el tensor U el producto directo de los tensores S y T, o
sea Upq rs;k. Entonces:
Upq rs;k =
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regla de Leibniz.
Si tomamos directamente el producto tensorial dado y le aplicamos la definición de la derivada covariante, tenemos lo
siguiente:
Simplificando (tomando la derivada parcial ordinaria del producto de Uj k y Vlm n reagrupando bajo paréntesis los términos
comunes a cada uno de los dos tensores mixtos):
Pero el factor entre paréntesis del primer término es simplemente la derivada covariante de Ujk con respecto a xq, mientras
que el factor entre paréntesis del segundo término es simplemente la derivada covariante de Vlmn con respecto a xq. Entonces:
PROBLEMA: Demostrar que la derivada covariante del tensor métrico g es igual a cero.
Aplicando rigurosamente la definición de la derivada covariante a la diferenciación covariante del tensor métrico g = (gjk),
tenemos lo siguiente:
Como puede verse, tanto en el segundo término como en el tercer término del lado derecho se pueden bajar los índices de los
símbolos de Christoffel por la acción del tensor métrico, convirtiendo a ambos en símbolos de Christoffel de primer género:
Con esto el resultado se nos hace cero. La derivada covariante del tensor métrico g es igual a cero.
PROBLEMA: Demostrar que la derivada del tensor métrico conjugado g-1 es igual a cero.
Aplicando rigurosamente la definición de la derivada covariante a la diferenciación covariante del tensor métrico conjugado g-1
= (gjk), tenemos lo siguiente:
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Pero aquí tenemos también otra identidad tensorial fácilmente demostrable:
con la cual el resultado se nos hace cero. La derivada covariante del tensor métrico conjugado g-1 es igual a cero.
PROBLEMA: Demostrar que la derivada covariante del tensor delta Kronecker es igual a cero.
Aplicando rigurosamente la definición de la derivada covariante a la diferenciación covariante del tensor mixto delta Kronecker
δ = (δjk), tenemos lo siguiente:
La derivada ordinaria del tensor delta Kronecker es igual a cero porque el tensor delta Kronecker contiene únicamente términos
constantes. Aplicando la propiedad del tensor delta Kronecker para el reemplazo de los índices, esto nos deja únicamente con lo
siguiente:
En general, al llevar a cabo una diferenciación covariante, tanto el tensor métrico g como el tensor métrico conjugado g-1 como
el tensor delta Kronecker δ pueden ser tratados como si fuesen constantes.
Antes de dejar este tema, veremos algo de interés relacionado con lo que hemos estado tratando y la Teoría de la Relatividad.
PROBLEMA: Obtener los símbolos de Christoffel de primer género para el 4-espacio de la Teoría Especial de la Relatividad.
Para el espacio-tiempo de la Teoría Especial de la Relatividad podemos utilizar como elemento de línea ds² el siguiente:
ds² = (cdt)² - (dx)² - (dy)² - (dz)²
que en coordenadas generalizadas haciendo:
(x1, x2, x3, x4) = (ct, x, y, z)
podemos escribir como:
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ds² = (x1)² - (x2)² - (x3)² - (x4)²
De aquí podemos obtener directamente los elementos del tensor métrico g para este 4-espacio, que son:
g11 = 1
g22 = g33 = g44 = -1
gij = 0 para i ≠ j
Con esto, la evaluación de los símbolos de Christoffel de primer género es directa e inmediata, y todos ellos son iguales a cero
porque todos los gij son constantes o son cero, como en el siguiente caso en el que i = 2, j = 2 y k = 4:
Γijk = (- gij,k + gjk,i + gki,j)/2
Γ224 = (- g22,4 + g24,2 + g42,2)/2
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
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El determinante del tensor métrico
A cualquier matriz cuadrada siempre podemos definirle un número único obtenido mediante una combinación de operaciones
matemáticas que hacen que dicho número dependa del valor numérico de cada componente en dicha matriz (hay otros números
que son característicos o propios a cada matriz, los cuales son conocidos como los valores eigen que en alemán significa
precisamente “característico” o “propio”, los cuales no nos conciernen para la discusión que será llevada a cabo aquí). Ese
número se llama el determinante de la matriz, y está definido mediante una expansión que se conoce como la expansión de
Laplace:
Y a continuación tenemos una expansión de Laplace efectuada en base al primer renglón del determinante de la matriz
mostrada:
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Obsérvese que los signos positivos y negativos de los cofactores aparecen mostrados en la matriz de signo puesta en la esquina
superior derecha. Cada signo está dado de acuerdo con la fórmula dada arriba para la expansión de Laplace. Así, al menor M23
que corresponde al elemento puesto en el segundo renglón y en la tercera columna le tocará un signo negativo:
(-1) i + j = (-1) 2 + 3 = (-1) 5 = -1
mientras que a un menor M24 que corresponda al elemento de una matriz 6x6 puesto en el segundo renglón y en la cuarta
columna le tocará un signo positivo:
(-1) i + j = (-1) 2 + 4 = (-1) 6 = + 1
Para el ejemplo numérico mostrado, el valor del determinante en base a la expansión de Laplace será:
det(A) = (+1)(-1)[4-9] + (-1)(2)[-6+2] + (+1)(0)[27-4]
det(A) = 5 + 8 + 0
det(A) = 13
No es difícil demostrar que el determinante de una matriz tiene el mismo valor independientemente del renglón y la columna
que sean escogidos para llevar a cabo la expansión de Laplace, y esta es una de las primeras cosas que se deben enseñar en un
curso introductorio de Algebra Lineal.
La representación matricial G de un tensor métrico g se presta de modo natural para que incorporemos el concepto del
determinante del tensor métrico, al cual para evitar que se le confunda con el tensor métrico g o con cualquier otra cantidad
física se le simbolizará de color azul como g. Así, mediante la expansión de Laplace, podemos definir al determinante del tensor
métrico de la siguiente manera:
expresar el determinante de dicho tensor evaluado en términos de los elementos del segundo renglón y sus cofactores
correspondientes. Generalizar el resultado obtenido a un determinante de cualquier tamaño.
Cada cofactor de gij es el determinante que obtenemos al borrar el renglón i y la columna j en la que aparece gij, asociando el
signo (-1) i + j a dicho determinante. Designando a los cofactores de g21, g22 y g23 como G(2,1), G(2,2) y G(2,3),
respectivamente, tenemos entonces que dichos cofactores son:
Entonces, por la expansión de Laplace, tenemos que el determinante del tensor métrico será:
g = g21G(2,1) + g22G(2,2) + g23G(2,3)
La generalización hacia un determinante de cualquier tamaño empleando la convención de sumación para índices repetidos será:
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g = gijG(i,j)
Tómese nota de que la convención de sumación se está aplicando aquí únicamente al índice j, no al índice i. Por esta razón y
para evitar confusiones, es mejor escribir esta definición de determinante basada en la expansión por cofactores mostrando
explícitamente el símbolo de la sumatoria que normalmente omitimos en otros casos:
Los cofactores no solo sirven para ayudarnos a encontrar el determinante g de una matriz. También nos sirven para encontrar la
matriz inversa G-1 de una matriz G. Si se nos dá una matriz A y se nos pide obtener la matriz inversa de A, el procedimiento es
el siguiente (nótese que en la matriz de cofactores Cij los componentes son colocados en forma transpuesta):
Esto significa que podemos obtener todos los componentes del tensor métrico conjugado g-1 = (gpq) a partir de los cofactores
obtenidos de la matriz G del tensor métrico original g. La relación utilizada es la siguiente:
PROBLEMA: Obtener los componentes del tensor métrico conjugado g-1 que corresponden al tensor métrico g en
coordenadas esféricas evaluando el determinante g y los cofactores necesarios a partir de la matriz G que corresponde al
tensor métrico g.
Para el tensor métrico g expresado en coordenadas esféricas, puesto que la representación matricial G de los componentes de la
métrica es:
La evaluación de los componentes que corresponden al tensor métrico conjugado se muestran a continuación:
g11 = (cofactor de g11)/g = G(1,1) /g
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g11 = 1
g22 = (cofactor de g22)/g = G(2,2) /g
g22 = 1/r²
g33 = (cofactor de g33)/g = G(3,3) /g
g33 = 1/r²
g21 = (cofactor de g12)/g = G(1,2) /g
g21 = 0
Podemos ver que para todos los demás gjk para los cuales g ≠ k, estos tendrán un valor de cero.
PROBLEMA: Demuéstrese que:
g11G(1,3) + g21G(2,3) + g31G(3,3) = 0
y una vez que esto ha sido demostrado, generalizar el resultado tanto para una expansión sobre renglones como para una
expansión sobre columnas.
Apliquemos al siguiente determinante la expansión de Laplace para determinar a través de los cofactores el valor g del
determinante llevando a cabo la expansión sobre la tercera columna sin fijarnos por el momento en la forma en la cual están
escritos los elementos puestos en la tercera columna pero respetando al pie de la letra la notación que corresponde a cada
cofactor asociado con dicha posición:
La expansión de Laplace del determinante llevada a cabo sobre los elementos de la tercera columna tal y como están escritos
viene siendo la siguiente:
g = g11G(1,3) + g21G(2,3) + g31G(3,3)
Inspeccionando el determinante dado, nos damos cuenta de que tanto la primera columna del determinante como la tercera
columna son iguales. Pero sabemos por las propiedades de los determinantes que si un determinante tiene dos renglones o dos
columnas iguales, el valor del determinante será cero, lo cual ocurre en este determinante en el que la primera columna (de
color magenta) es igual a la tercera columna (de color rojo). Esto implica que:
g=0
lo cual a su vez implica que:
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g11G(1,3) + g21G(2,3) + g31G(3,3) = 0
Podemos hacer una generalización de este resultado para una expansión llevada a cabo sobre una columna, la cual es la siguiente
(llevando a cabo la sumación de términos sobre k):
g1jG(1,p) + g2jG(2,p) + g3 jG(3,p) + g4 jG(4,p) + ... = 0
Σk gkjG(k,p) = 0 si j ≠ p
Del mismo modo, la generalización para una expansión llevada a cabo sobre un renglón es la siguiente (llevando a cabo la
sumación de términos sobre p):
gj1G(p,1) + gj2G(p,2) + gj3G(p,3) + gj4G(p,4) + ... = 0
Σk gjkG(p,k) = 0 si j ≠ p
PROBLEMA: Demostrar que bajo las relaciones dadas arriba para la obtención de los componentes del tensor métrico
conjugado mediante el determinante g de la matriz de los componentes del tensor métrico y los cofactores de la misma, se
cumple la siguiente relación:
gjk gpk = gpk gjk = δpj
Usando los resultados de los problemas anteriores, podemos afirmar que:
gjk G(j,k) = g
gjk [G(j,k)/g] = g/g
gjk gjk = 1
Y por otro lado:
gjkG(p,k) = 0 si j ≠ p
gjk[G(p,k)/g] = 0/g
Esta es la formalización matemática del hecho de que la contracción tensorial entre un tensor métrico g y su
correspondiente tensor métrico conjugado g-1 nos resulta en el tensor delta Kronecker.
A continuación demostraremos una relación importante que será utilizada cuando tratemos el tema de la divergencia de un
tensor.
PROBLEMA: Demostrar que:
Empezaremos con la definición de la expansión de Laplace para la evaluación del determinante g escogiéndose un renglón para
llevar a cabo la sumatoria (si en vez de escoger un renglón escogemos una columna, esto en nada altera el resultado final):
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A continuación tomaremos la derivada del determinante g con respecto a un elemento específico gjr de la matriz de la cual
proviene el determinante. Esta operación la podemos llevar a cabo puesto que en su construcción el cofactor G(j,k) no contiene
explícitamente al elemento gjk y por lo tanto podemos tratar al cofactor como si fuese una constante. En la sumatoria, la
diferenciación no abarcará los términos para los cuales k ≠ r puesto que estos se volverán cero, quedándonos como el único
elemento diferenciable aquél elemento para el cual k = r. A manera de ejemplo, se llevará a cabo la demostración de esto para
una expansión de Laplace sobre el tercer renglón de una matriz 3x3:
Anteriormente ya habíamos encontrado la siguiente relación entre símbolos de Christoffel de primer género (en la segunda línea
se hace uso de la propiedad de simetría bajo la cual los símbolos de Christoffel permanecen iguales tras el intercambio de los
dos primeros sub-índices):
Introduciendo esto en la relación de arriba y dejando que gjr actúe sobre cada símbolo de Christoffel de primer género
convirtiéndolo en un símbolo de Christoffel de segundo género tras la elevación del tercer sub-índice se tiene entonces:
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Puesto que queremos una expresión en la que haya un solo símbolo de Christoffel involucrado, y puesto que para nuestros fines
podemos hacer que el símbolo de Christoffel Γjjm represente lo mismo que el símbolo de Christoffel Γrrm, podemos escribir j = r
y tener así:
Esto lo podemos poner en una forma más compacta metiendo el símbolo g dentro de la derivada usando para ello la definición
de la derivada del logaritmo natural:
Usando las propiedades de los logaritmos, el factor (½) puede entrar como una exponenciación fraccionaria de g, que viene
siendo en realidad una raíz cuadrada. De este modo, llegamos a nuestro resultado final:
Obviamente, en la Teoría de la Relatividad, siendo una teoría basada en un 4-espacio, el determinante del tensor métrico será:
El tensor métrico más simple de todos es el que corresponde a un espacio-tiempo plano, Lorentziano, y ya sea que tomemos
como elemento de línea (dándole a la velocidad de la luz un valor unitario) el siguiente:
ds² = - dt² + dx² + dy² + dz²
o que tomemos el siguiente:
ds² = dt² - dx² - dy² - dz²
el determinante del tensor métrico Lorentziano que identificaremos aquí como η y que corresponde a este elemento de línea
será -1:
Es aquí en donde tiene su origen el signo negativo que encontramos en conversiones relativistas de coordenadas y en las
fórmulas en las cuales aparece el determinante g del tensor métrico g dentro de una raíz cuadrada con signo negativo. Sin
embargo, a la hora de llevar a cabo cálculos numéricos, en ningún momento tomamos la raíz cuadrada de algún número negativo
venido de un determinante, y para evitar esta posibilidad (o más bien, confusión) en algunos textos se acostumbra encerrar a g
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entre las barras verticales que indican que se debe tomar el valor absoluto (siempre positivo) del mismo, apareciendo en dichas
fórmulas como |g|. Los números imaginarios que provienen de la raíz cuadrada de números negativos no tienen cabida dentro
de la Teoría de la Relatividad.
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
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La divergencia de un tensor I
Teniendo ya en nuestras manos la definición de una derivada que puede comportarse como un tensor bajo una transformación de
coordenadas, la derivada covariante, la cual aplicándose a un campo tensorial V = (Vα) se escribe con la notación del semicolon
como:
lo cual hace que entre en acción la convención de sumación para índices repetidos efectuándose de este modo la operación
tensorial de contracción que nos producirá en este caso un escalar. Pero, ¿qué significa el número así obtenido? Esto es lo que
cubriremos en esta entrada.
Uno de los conceptos fundamentales en el análisis vectorial es el de la divergencia. En un espacio de tres dimensiones, al hablar
acerca de la divergencia en realidad estamos hablando de la divergencia de un campo vectorial. Matemáticamente hablando,
para definir a la divergencia utilizamos el operador vectorial del ó nabla ∇, (en griego la palabra “nabla” significa “arpa”).
Pero antes de entrar con mayor formalidad en detalles técnicos, es conveniente tener una idea sobre el significado físico de lo
que estamos hablando.
Como ya se había explicado previamente en la entrada “Introducción al cálculo tensorial”, un campo vectorial es algo que
podemos imaginar como una infinitud de vectores en un espacio tri-dimensional, en donde a cada punto en el espacio se le
asigna un vector específico. Un ejemplo de un campo vectorial puede ser la representación gráfica aproximada de varios
vectores típicos de un remolino de agua. Otro ejemplo lo pueden ser las líneas del campo de fuerza eléctrico que emanan de
una carga eléctrica positiva. Hay muchísimos ejemplos que podríamos citar, pero la idea sigue siendo la misma.
En dondequiera que haya un campo vectorial, podemos trazar una superficie y podemos formularnos una pregunta acerca del
flujo neto de líneas de fuerza que están atravesando dicha superficie. Aunque la cantidad de líneas de fuerza que atraviesan un
pedazo pequeño de la superficie es infinito (al haber una cantidad infinta de puntos dentro de dicho pedazo de superficie), de
cualquier manera nos las podemos arreglar para definir el flujo de líneas de fuerza que están atravesando ese pedazo de
superficie. Esto requiere que consideremos únicamente las líneas de fuerza que, efectivamente, están atravesando la
superficie. Si en una porción pequeña de la superficie las líneas de fuerza son tales que están recorriendo la superficie
tangencialmente, sin entrar ni salir de la misma, entonces no hay flujo alguno de líneas de fuerza a través de dicha superficie.
En la siguiente ilustración, tenemos un flujo de vectores fluyendo en el sentido del eje-x que está atravesando una lámina plana
cuadrada montada con sus orillas sobre el eje-y y el eje-z, estando por lo tanto perpendicular al eje-x:
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Es obvio que si la lámina estuviera acostada en el plano formado por el eje-x y el eje-y, aunque el flujo de vectores se
mantuviera igual no habría un flujo de vectores atravesando la lámina. Obviamente, la orientación que tenga una superficie con
respecto a un flujo de vectores es importante para determinar cuantitativamente el flujo que la atraviesa y al cual
denominaremos con la letra Φ.
Vectorialmente hablando, utilizando los vectores unitarios de base usuales i = (1,0,0), j = (0,1,0) y k = (0,1,0) en un sistema de
coordenadas rectangulares, y suponiendo que el flujo de vectores de la ilustración de arriba tiene una intensidad de 5 unidades,
este flujo de vectores lo podemos representar como:
F=5i +0j +0k
F=5i
En este caso, podemos definir el flujo vectorial Φ a través de la lámina simplemente multiplicando la magnitud de la intensidad
del flujo de vectores F por el área que está atravesando:
Φ=F· A
que evaluada numéricamente para este caso resulta ser simplemente:
Φ = F · Δx Δy = 5 · (1) (1) = 5
Este es un ejemplo sencillo, inclusive trivial. Pero si inclinamos la lámina o inclusive si la doblamos, ya no resulta tan trivial. Y si
además de ello en vez de un campo vectorial de magnitud constante la lámina es atravesada por un campo vectorial que cambia
de dirección constantemente, como en el caso de la siguiente figura en donde la lámina ha sido deformada y en donde el campo
vectorial cambia de magnitud y cambia de dirección constantemetne:
entonces la determinación del flujo tiene que ser formalizada de alguna manera. Lo primero que se nos viene a la mente es sub-
dividir la lámina (como se ha hecho en la figura de arriba) en un gran número de pequeños “pedazos” de superficie, determinar
el flujo a través de cada uno de ellos, y sumar la contribución individual para así obtener el flujo total a través de la lámina.
Puesto que en cada punto del espacio tri-dimensional cada vector tiene bien definida su magnitud y su dirección, para definir la
operación del flujo vectorial en cada uno de esos pequeños “pedazos” de superficie tenemos que asignarle una dirección a cada
elemento de superficie.
¿Y cómo le asignamos una dirección a una superficie?
Mediante un vector normal a dicha superficie, un vector perpendicular como el que se muestra a continuación:
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Resulta evidente que para una superficie que no es plana, para una superficie curva, habrá un gran número de normales que
podemos trazar en cada “pequeño pedazo de superficie”:
De este modo, habiéndole asignado una dirección a cada “pequeño pedazo de superficie” si calculamos el flujo ΔΦ que
atraviesa cada “pequeño pedazo de superficie” ΔS, podemos definir el flujo que atraviesa a ΔS como el producto punto o
producto escalar de los vectores F y ΔS:
ΔΦ = F · ΔS
El flujo total Φ que atraviesa la superficie de la lámina será igual con un buen grado de precisión a la suma de las contribuciones
individuales, o sea:
Φ = Σ F · ΔS
La evaluación será matemáticamente exacta si en vez de recurrir a pequeños pedazos discretos utilizamos pedacitos
infinitesimales y llevamos a cabo la integración:
Φ = ∫ F · ΔS
La pregunta que nos hacemos ahora es la siguiente: ¿Y si consideramos toda una superficie cerrada? En tal caso, podemos
considerar la posibilidad de que al flujo total de líneas de fuerza saliendo a través de una superficie cerrada pueda asignársele
un número positivo, el cual nos indicaría que a través de dicha superficie después de sumar el flujo neto de líneas que entran
por la superficie y el flujo total de líneas de fuerza que salen de la superficie tenemos una salida neta de líneas de fuerza, lo
cual nos indica que adentro de la superficie cerrada hay “algo” que nos está generando líneas de fuerza, hay una fuente. Y al
haber un flujo neto de líneas de fuerza saliendo de una superficie cerrada, decimos que hay una divergencia (positiva) de líneas
de fuerza, o más formalmente, decimos que la divergencia del campo vectorial sobre esa superficie cerrada es positiva.
Por otro lado, también podemos considerar la posibilidad de que al flujo total de líneas de fuerza entrando a través de una
superficie cerrada pueda asignársele un número negativo, el cual nos indicaría que a través de dicha superficie después de
sumar el flujo neto de líneas que entran por la superficie y el flujo total de líneas de fuerza que salen de la superficie tenemos
una entrada neta de líneas de fuerza, lo cual nos indica que adentro de la superficie cerrada hay un sumidero. Y al haber un
flujo neto de líneas de fuerza entrando hacia una superficie cerrada, decimos que hay una divergencia (negativa) de líneas de
fuerza, o más formalmente, decimos que la divergencia del campo vectorial sobre esa superficie cerrada es negativa.
Y en el caso en el que el flujo neto total de líneas de fuerza que atraviesan a una superficie cerrada sea igual a cero, esto nos
indicaría que a través de dicha superficie el flujo neto de líneas que entran por la superficie es igual al flujo total de líneas de
fuerza que salen de la superficie.
Considérese a continuación el campo vectorial que representa las líneas de fuerza eléctrica de una carga positiva situada en el
centro, de la cual emanan las líneas de fuerza que repelen a otra carga de prueba (también positiva) que se quiera acercar a la
carga situada en el centro (aunque el dibujo es un dibujo en dos dimensiones, en realidad se está tratando de representar un
campo vectorial de tres dimensiones):
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Si esta fuente de líneas de fuerza la encerramos dentro de una esfera imaginaria, podemos ver que a través de la superficie de
dicha esfera no habrá líneas de fuerza entrando, atravesándola desde fuera hacia adentro; únicamente hay líneas de fuerza que
están saliendo. Entonces el flujo neto de líneas de fuerza tiene que ser una cantidad positiva. La divergencia del campo
eléctrico ocasionado por una carga eléctrica positiva siempre tiene un valor positivo cuando la superficie con la cual se mide
dicha divergencia únicamente encierra esa carga positiva.
Considérese a continuación el campo vectorial que representa las líneas de fuerza eléctrica de una carga negativa situada en el
centro, la cual genera líneas de fuerza que no repelen sino que atraen a otra carga de prueba (positiva) que se quiera acercar a
la carga situada en el centro:
Si este sumidero de líneas de fuerza lo encerramos dentro de una esfera imaginaria, podemos ver que a través de la superficie
de dicha esfera no habrá líneas de fuerza saliendo, atravesándola desde dentro hacia afuera; únicamente hay líneas de fuerza
que están entrando. Entonces el flujo neto de líneas de fuerza tiene que ser una cantidad negativa. La divergencia del campo
eléctrico ocasionado por una carga eléctrica negativa siempre tiene un valor negativo cuando la superficie con la cual se mide
dicha divergencia únicamente encierra esa carga negativa.
Ahora veremos un ejemplo en el que la divergencia de líneas de fuerza es cero. Considérese no una carga elétrica positiva
solitaria o una carga eléctrica negativa solitaria sino un par de cargas eléctricas iguales en magnitud y diferentes únicamente en
cuanto al signo, una carga positiva y una carga negativa, como lo muestra la siguiente figura:
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De nueva cuenta, si encerramos la carga positiva situada a la izquierda dentro de una superficie esférica imaginaria, entonces
habrá una divergencia positiva del campo vectorial sobre dicha superficie. Y si si encerramos la carga negativa situada a la
derecha dentro de una superficie esférica imaginaria, entonces habrá una divergencia negativa del campo vectorial sobre dicha
superficie. Pero si encerramos ambas cargas dentro de una superficie esférica, la divergencia del campo vectorial sobre dicha
superficie será igual a cero, porque todas las líneas de fuerza que entran es igual a las líneas de fuerza que salen. En el
dibujo de arriba, aunque es bi-dimensional, podemos ver que por cada línea de fuerza que entra a la superficie esférica
imaginaria que encierra ambas cargas habrá una línea de fuerza que sale “cancelándola”. Pero no es necesario que la superficie
imaginaria sea esférica. La superficie puede tener cualquier configuración, como la de una caja. La divergencia seguirá
siendo igual a cero, porque dentro de la superficie hay una fuente y un sumidero que se cancelan mutuamente.
Consideremos un último ejemplo, el de un imán cuyo campo vectorial posiblemente ha sido “visualizado” por muchos niños y
jóvenes que han tenido la oportunidad de poner un imán debajo de una hoja de papel esparciendo encima de la hoja limaduras
de hierro:
En este caso, podemos trazar una superficie cerrada de cualquier forma en torno a cualquier parte del imán, y la divegencia
será cero, porque por cada línea de fuerza que entre a dicha superficie habrá una línea de fuerza que salga. A diferencia de lo
que ocurre con las cargas eléctricas, no hay monopolos magnéticos en donde uno de ellos actúe como una fuente (el monopolo
“norte”) y el otro como un sumidero (el monopolio “sur”) de líneas de fuerza. Si los hay, no han sido descubiertos hasta la fecha
ni han podido ser producidos en el laboratorio. En el dibujo de arriba tal vez algunos puedan confundirse al creer que en el
extremo izquierdo del imán (el polo sur) hay un sumidero y que en el extremo derecho del imán (el polo norte) hay una fuente
de líneas de campo magnético, pero debe tomarse en cuenta de que todas las líneas de fuerza que están entrando en el extremo
izquierdo del imán se están yendo dentro del imán hacia el extremo derecho, de modo que el flujo neto de líneas de fuerza es
igual a cero.
La realidad física de que no existen ni fuentes ni sumideros de líneas del campo magnético fue expresada por James Clerk
Maxwell con la siguiente fórmula:
∇·B = 0
Esta fórmula lo que nos dice es que, para cualquier superficie cerrada, la divergencia de las líneas del campo magnético,
representadas con un campo vectorial designado como B, es igual a cero.
Se había señalado arriba que la divergencia es un simple número, un escalar. Pero en la fórmula de arriba, a la izquierda de la
misma tenemos un campo vectorial. La única forma en la cual podamos obtener un escalar (o hablando “tensorialmente”, un
tensor de orden cero) en el lado derecho de la fórmula, es llevando a cabo un producto interno de los tensores de orden uno
que aparecen en el lado izquierdo de la fórmula. Esto quiere decir que ∇ es un operador tensorial. Para un campo de fuerza
vectorial F = (Fx, Fy, Fz ) definido en coordenadas Cartesianas:
F = Fx i + Fy j + Fz k i
la divergencia del campo vectorial sobre una superficie cerrada está dada por:
Con la ayuda de los tensores, el concepto de la divergencia se puede extender de un campo vectorial hacia un campo tensorial
en cualquier número de dimensiones, sin tener que limitarnos a las tres dimensiones originales sobre las cuales fue concebida
dicha idea. La definición de la divergencia de un campo tensorial T = (Tα) se puede comenzar dándola como la divergencia de
un tensor contravariante de orden uno de la siguiente manera:
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∇ ·T = ∂μTμ = ∂Tμ/∂xμ
Por los índices repetidos, vemos que la convención de sumación entra en acción de inmediato, y que en un caso general la
divergencia de un campo tensorial en un espacio n-dimensional será:
∇ ·T = ∂T1/∂x1 + ∂T2/∂x2 + ∂T3/∂x3 + ...
A continuación llevaremos a cabo la derivación de la fórmula tensorial para poder obtener la divergencia de un campo vectorial
en un espacio n-dimensional cualquiera.
PROBLEMA: Demostrar que la divergencia de un campo vectorial V = (Vα) está dada por la siguiente fórmula:
Para un campo vectorial V = (Vα), y téngase en mente que un vector es un tensor, la definición de la derivada covariante
empleando la notación del semicolon e involucrando a los símbolos de Christoffel se puede escribir de la siguiente manera:
Vα;β = Vα,β + Γαβμ Vμ
Esta definición nos proporciona la siguiente relación para la divergencia del campo vectorial al llevarse a cabo la igualación de
los índices en la definición de la derivada covariante de un tensor contravariante de orden uno:
div Vp = Vp;p = Vk,k + Γppk Vk
Para mayor claridad, prescindiremos de la notación de la coma utilizada para denotar en forma compacta la diferenciación
parcial, y escribiremos la relación en su forma explícita:
Ahora utilizaremos la siguiente relación demostrada en la entrada “El determinante del tensor métrico”:
Tomaremos la derivada eliminando del panorama al logaritmo natural y preparando el terreno para una simplificación posterior:
La simplificación que podemos llevar a cabo consiste en unirlo todo, la suma de dos términos, bajo un solo término, la derivada
de un producto:
Es conveniente hacer aquí un señalamiento. En algunos libros de texto y en algunas publicaciones de índole técnica y científica,
en las dos fórmulas que acabamos de demostrar el determinante g del tensor métrico se escribe dentro de los radicales no como
lo hemos mostrado sino con un signo negativo. Es así como se nos muestran las siguientes fórmulas que nos pueden parecer un
poco extrañas a primera vista:
En realidad, esta última notación es algo confusa y no está realmente justificada, porque en ningún momento tomamos la raíz
cuadrada de un número negativo (lo cual nos produciría un número imaginario). La intención original en escribir así las fórmulas
tensoriales de la divergencia de esta manera era advertir que, siendo el determinante g de una matriz un número que puede ser
positivo o negativo, en caso de ser negativo la fórmula se debería aplicar la fórmula tal cual, y en caso de ser positivo
simplemente se ignoraba el signo negativo. Desafortunadamente, la costumbre en el uso de esta notación se asentó sin ser
acompañada en todo momento por las razones detrás de su razón de ser, aumentando la confusión en quienes tienen la intención
de aprender la Teoría de la Relatividad como autodidactas sin contar con un buen maestro que les aclare estos puntos confusos.
PROBLEMA: Obtener la expresión para la divergencia de un campo vectorial V = (Vα) expresada en coordenadas polares.
Para el tensor métrico g expresado en coordenadas polares, puesto que la representación matricial G de los componentes de la
métrica es:
En coordenadas polares (r,θ), si denotamos las componentes del tensor V como (Vr,Vθ), la aplicación de la fórmula tensorial para
la divergencia obtenida en la entrada previa es directa e inmediata. Empezando con la fórmula:
lo primero que podemos hacer es llevar a cabo la expansión de las sumatorias dentro de la fórmula para cada coordenada como
lo indica la convención de sumación para índices repetidos utilizando el hecho de que:
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con lo cual tenemos, representando las diferenciaciones parciales con la notación de la coma (esta representación que pudiera
parecer superflua tiene la intención de ir familiarizando a los lectores con otros tipos de notación utilizadas para representar la
evaluación de la divergencia de un campo vectorial bajo algún sistema de coordenadas) :
Escribiendo los términos explícitamente como lo indica la notación de la coma como índice que significa diferenciación parcial:
En esta expresión se ha puesto de color rojo la parte del término que en virtud de la independencia de las coordenadas será
eliminado, dejándonos con lo siguiente:
Reacomodando los términos es así como llegamos a la expresión de la fórmula final del modo más compacto posible:
PROBLEMA: Obtener la expresión para la divergencia de un campo vectorial V = (Vα) expresada en coordenadas esféricas.
Para el tensor métrico g expresado en coordenadas esféricas, puesto que la representación matricial G de los componentes de la
métrica es:
En coordenadas esféricas (r,θ,φ), si denotamos las componentes del tensor V como (Vr,Vθ,Vφ), la aplicación de la fórmula
tensorial para la divergencia es directa e inmediata. Nuevamente, recurrimos a la fórmula tensorial para la divergencia:
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Habiendo reemplazado al determinante g por su valor, la expansión que habremos de llevar a cabo sobre los índices repetidos
en base a la convención de sumación deberá ser:
Esta expansión de sumatorias dentro de la fórmula se debe llevar a cabo para cada una de las tres coordenadas tal y como lo
indica la convención de sumación para índices repetidos, lo cual nos resulta en:
El tercer término al llevarse a cabo la diferenciación con respecto a obviamente se nos volverá cero. Llevando a cabo las
diferenciaciones de los términos dentro del paréntesis tenemos entonces:
Simplificando:
Expandiendo el término remanente hacia la sumatoria requerida sobre las tres coordenadas de acuerdo a la convención de
sumación para índices repetidos:
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
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La divergencia de un tensor II
Asociado con el concepto de la divergencia está un teorema famoso debido a Gauss, conocido como el teorema de la
divergencia, el cual clásicamente (en el Análisis Vectorial) se expresa mediante la siguiente igualdad que relaciona a una
integral de superficie evaluada sobre una superficie cerrada (un cubo, una esfera, una pirámide, etc.) con una integral evaluada
sobre el volumen encerrado dentro de dicha superficie:
En esta fórmula, del lado izquierdo tenemos un campo vectorial F del cual obtenemos la divergencia del mismo mediante la
aplicación del operador diferencial nabla ∇, tras lo cual llevamos a cabo una integración en torno a cierto volumen, y del lado
derecho tenemos una integral de superficie llevada a cabo sobre una superficie cerrada (el círculo abrazando los dos signos
integrales se usa para indicar precisamente que se trata de una superficie cerrada) con la cual evaluamos el flujo neto de líneas
de fuerza que están atravesando dicha superficie cerrada.
La derivación de la fórmula clásica que expresa el teorema de la divergencia no es un asunto difícil. Para obtenerla,
consideramos una región del espacio que está inmersa en un campo vectorial F (el cual puede representar las líneas de fuerza de
un campo eléctrico, las líneas de fuerza de un campo magnético, la velocidad de las moléculas del aire moviéndose en cierta
dirección del viento, etc.) Subdividimos esta región volumétrica en pequeños “cubitos” iguales de volumen dV y determinamos
el flujo neto de líneas de fuerza entrando a través de una cara del cubito y saliendo por la cara opuesta:
Si hay divergencia dentro del cubito, entonces la densidad de líneas de fuerza que salen por la cara opuesta será mayor que la
densidad de líneas de fuerza que entran por la cara principal, pero si la densidad es la misma entonces no hay divergencia alguna
en esa dirección. Tenemos que considerar además la cara superior del cubito y la cara inferior por la posibilidad de que aunque
no haya divergencia alguna en el sentido frontal-trasero del cubito sí pueda haber divergencia en el sentido superior-inferior. Y
tenemos que considerar también las caritas laterales para determinar si hay un incremento o decremento en las líneas de fuerza
que puedan estar entrando o saliendo por las caras laterales. Hecho esto, vamos juntando los demás cubitos tomando en cuenta
que el flujo de líneas de fuerza que salen por la cara de un cubito debe ser igual al flujo de líneas de fuerza que entran por esa
misma cara cuando se considera al cubito adyacente, pero por estar orientadas ambas caras en sentidos opuestos los vectores
normales de superficie n a dichas caras apuntarán en direcciones opuestas y los efectos se cancelarán. Al final, nos quedaremos
con tan sólo la parte exterior de las caras de los cubitos que coinciden con la superficie del volumen bajo consideración.
Un caso especial que nos interesa sobremanera del teorema de la divergencia es aquél en el cual no hay divergencia alguna del
campo vectorial F, lo cual termina siendo evaluado como:
∇·F = 0
Cuando esto ocurre, entonces la integral del lado izquierdo en la fórmula que tenemos arriba del teorema de la divergencia
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termina siendo cero, dejándonos tan sólo con lo siguiente:
Esto significa que en donde no hay divergencia el flujo neto de líneas de fuerza que atraviesan una superficie cerrada es igual
a cero. Si hay líneas de fuerza en la región, entonces hay tantas líneas de fuerza atravesando una superficie cerrada de dicha
región como líneas de fuerza saliendo de la misma, lo cual dá un flujo neto de cero.
Si queremos extender el teorema de la divergencia hacia la Teoría de la Relatividad, la fórmula dada arriba no nos es suficiente
ya que está definida para un espacio tri-dimensional. En el caso que nos ocupa, la Teoría de la Relatividad, necesitaríamos
definir a la divergencia en un espacio de cuatro dimensiones, a la cual podemos llamar la 4-divergencia.
La pregunta que nos hacemos ahora es: ¿podemos extender el teorema de la divergencia hacia el 4-espacio de la Teoría de la
Relatividad? Esto equivale a preguntarnos primero si podemos replantear el teorema de la divergencia en notación tensorial, la
herramienta matemática que nos permite “saltar” del limitado espacio tri-dimensional hacia un espacio multi-dimensional de
cualquier número de dimensiones.
PROBLEMA: Expresar el teorema de la divergencia usando notación tensorial.
Defínase un campo tensorial de orden uno F = (Fα), y denótese como nα al vector unitario normal que va asociado a cualquier
punto sobre una superficie cerrada S que encierra a un volumen V. Entonces, en notación tensorial, el teorema de la divergencia
puede ser escrito de la siguiente manera:
En el lado izquierdo tenemos una operación de contracción tensorial llevada a cabo sobre la derivada del tensor F (obsérvese
que no es una diferenciación covariante), mientras que en el lado derecho tenemos un producto escalar de dos tensores, el
tensor contravariante Fk y el tensor covariante nk. Hemos logrado expresar el teorema de la divergencia en notación tensorial, y
por lo tanto debe ser válido en todos los marcos de referencia.
Tenemos ya el teorema de la divergencia en notación tensorial. ¿Pero podemos extenderlo hacia un espacio N-dimensional que
incluya al 4-espacio de la Teoría de la Relatividad? La respuesta es afirmativa. Todo lo que tenemos que hacer es reemplazar a
la integral triple por una N-integral (una integral cuádruple tratándose del 4-espacio de la Teoría de la Relatividad) y reemplazar
a la integral doble por una integral N-1. La invariante Fk,k es la divergencia de Fk. Y la invariante Fknk es el producto escalar de
Fk y nk análoga al producto A·n en notación vectorial.
PROBLEMA: Determinar si los siguientes campos vectoriales exhiben divergencia.
a) F = 5 i - 3 j + 7 k + 2 l
b) V = [(x3)² - 1] e1 + 4 (x2)² e2 - 2 (x1 + x2 + x4)² e3 - 8 e4
a) En este 4-espacio estamos utilizando los vectores de base ortogonales i, j, k y l cuyas propiedades son:
i·i = j·j = k·k = l·l = 1
i·j = i·k = i·l = j·k = j·l = k·l = 0
La 4-divergencia para el campo vectorial dado es:
∇·F = Fα,α = Fi,i + Fj,j + Fk,k + Fl,l
Siendo F = Fα = (5, -3, 7, 2) un campo vectorial cuyas componentes son todas constantes numéricas, tenemos entonces:
Fα,α = 0 + 0 + 0 + 0
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Fα,α = 0
Siendo la divergencia igual a cero, este campo vectorial no exhibe divergencia alguna en ninguna región del 4-espacio, de modo
tal que en cualquier superficie cerrada el flujo neta de líneas de fuerza que entran a dicha superficie será igual al flujo neto de
líneas de fuerza que salen de dicha superficie.
b) Este problema es casi idéntico al anterior. Lo único que realmente cambia es que en vez de utilizar para los vectores
unitarios de base la notación i, j, k y l estamos usando la notación e1, e2, e3 y e4 en coordenadas generalizadas, que a fin de
cuentas viene representando exactamente lo mismo.
La 4-divergencia para el campo vectorial dado V es:
∇·V = Vα,α = V1,1 + V2,2 + F3,3 + F4,4
Vα,α = 0 + 8 + 0 + 0
Vα,α = 8
En este caso, el campo vectorial V exhibe una divergencia que podemos ver que ocurre a lo largo de la coordenada
generalizada x2, la cual es positiva. Esto significa que las líneas de fuerza van aumentando en intensidad en el sentido positivo
de la coordenada x2, posiblemente como resultado de alguna fuerza de atracción que hace que las partículas se aceleren en
dicha dirección. No hay divergencia alguna en el sentido de la coordenada x1, ni en el sentido de las coordenadas x3 y x4.
Hemos logrado redefinir al teorema de la divergencia para un espacio multi-dimensional. Pero no debemos olvidar que el
teorema de la divergencia fue desarrollado dentro del contexto de un espacio tri-dimensional Euclideano, ciertamente plano.
¿Pero podemos redefinirlo para que sea válido también dentro de un espacio multi-dimensional curvo?
PROBLEMA: Obtener la fórmula para el teorema de la divergencia en el 4-espacio de la Teoría de la Relatividad.
No tenemos que batallar mucho para resolver este problema. Todo lo que tenemos que hacer es tomar la fórmula obtenida en la
entrada anterior para la evaluación de la divergencia de un campo tensorial general F:
Pasamos el denominador que está en el lado derecho de esta ecuación hacia el lado izquierdo:
y nos preparamos así para llevar a cabo una integración cuádruple en ambos lados sobre un 4-volumen:
Simplificaremos la notación del 4-volumen infinitesimal con la siguiente abreviatura más compacta:
d4x = dx1dx2dx3dx4
con la cual tenemos:
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Si ponemos atención, veremos que el lado derecho de esta ecuación no involucra diferenciación covariante alguna, sólo
involucra derivadas parciales simples, y por lo tanto podemos aplicar la versión tensorial del teorema de la divergencia
substituyendo el lado derecho de la ecuación que se lleva a cabo sobre un 4-volumen por la integral cerrada sobre la 4-
superficie:
Este resultado que acabamos de obtener demuestra que el teorema de la divergencia también es aplicable hacia un espacio
multi-dimensional como el espacio-tiempo curvo de la Relatividad General. La aplicación de la fórmula requiere del lado
izquierdo de la ecuación el cálculo de la divergencia Fα;α (¡utilizando la derivada covariante!) sobre un 4-volumen (un volumen
propio en el sentido utilizado en la Teoría de la Relatividad) y el cálculo del “flujo” sobre una 3-superficie (una superficie
propia en el sentido utilizado en la Teoría de la Relatividad).
¿Qué interpretación geométrica (visual) podemos darle a un teorema que relaciona una “3-superficie” con un “4-volumen”?
Del mismo modo en el que una esfera tri-dimensional encierra un volumen acotado por la superficie de la esfera, una 3-esfera o
hiperesfera encierra un 4-volumen, quedando definido de modo categórico el “interior” y el “exterior” de la hiperesfera. Así
como la 2-esfera es la superficie bi-dimensional en el espacio tri-dimensional Euclideano (x,y,z) dada por la ecuación:
x² + y² + z² = r²
en donde r es el radio de la esfera, del mismo modo la 3-esfera es la superficie tri-dimensional en el 4-espacio Euclideano
(x,y,z,w) dada por la ecuación:
x² + y² + z² + w² = r²
en donde r es el radio de la 3-esfera. Es importante recalcar que la 2-esfera del 3-espacio es incapaz de poder encerrar un 4-
volumen finito en un 4-espacio en virtud de que con cuatro coordenadas disponibles en el 4-espacio, la ecuación de la 2-esfera:
x² + y² + z² = r²
se puede mantener como válida para un valor finito del radio r pese a que la cuarta coordenada (w) puede ser variada desde -∞
hasta +∞, aceptando volúmenes infinitos. Se requiere forzosamente de una (N-1)-superficie para poder encerrar un N-volumen.
Pero la 3-esfera no es la única superficie que podemos definir geométricamente (o mejor dicho, matemáticamente) en un 4-
espacio. Del mismo modo en el que un cubo-tridimensional encierra un volumen acotado por tres pares de caras que definen a la
superficie total del cubo, un hipercubo cuatri-dimensional encierra un 4-volumen acotado por cuatro pares de caras que definen
a la 3-superficie de un hipercubo. Como no es posible dibujar en un pedazo de papel plano (o en el monitor de una
computadora) un hiper-cubo, nos conformaremos con dibujar una de las “caras” de una de las hipersupericies que encierran al 4-
volumen. Lo haremos sobre un diagrama espacio-tiempo como corresponde a la perspectiva geométrica de la Teoría de la
Relatividad en la que la “cuarta coordenada” es la coordenada del tiempo:
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Las hipersuperficies de las que estamos hablando aquí son unas “superficies” muy curiosas, ya que están medidas no en metros
cuadrados ni en centímetros cuadrados sino en metros cúbicos o en centímetros cúbicos. ¡Y el 4-volumen está medido no en
metros cúbicos sino en metros cuárticos!
En las coordenadas Cartesianas de un plano bi-dimensional, el elemento infinitesimal de área sobre el cual podemos llevar a
cabo una integración está dado por:
dA = dx dy
Y en un espacio tri-dimensional, los elementos infinitesimales de superficie posibles en coordenadas Cartesianas sobre los cuales
podemos llevar a cabo una integración son los siguientes:
dS = dx dy
dS = dx dz
dS = dy dz
Hasta aquí estamos hablando de elementos infinitesimales de 2-superficie (se acostumbra usar también la palabra 2-especie para
definir este concepto). En un espacio 4-dimensional, podemos definir también elementos infinitesimales de 2-superficie, siendo
posibles seis en coordenadas generalizadas:
dS = dx1 dx2
dS = dx1 dx3
dS = dx1 dx4
dS = dx2 dx3
dS = dx2 dx4
dS = dx3 dx4
Sin embargo, si de lo que estamos hablando es de elementos infinitesimales de 3-superficie, estos serán los siguientes en el 4-
espacio de la Teoría de la Relatividad (para mayor simplicidad, igualaremos la constante c de la velocidad de la luz a la unidad,
con lo cual podemos escribir la coordenada temporal simplemente como dt en lugar de cdt):
d3S = dx dy dz
d3S = dt dy dz
d3S = dx dt dz
d3S = dx dy dt
Hay pues cuatro pares de caras para definir las hipersuperficies del hipercubo. En el diagrama de arriba que muestra un 4-
volumen acotado por cuatro hipersuperficies, se muestran dos caras de la hipersuperficie xyz (denotadas en el diagrama
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simplemente como hiper-superficie x1
e hiper-superficie x2 ante la imposibilidad de poder dibujar en el plano las otras dos coordenadas) en las cuales el triplete
(x,y,z) permanece constante conforme variamos la coordenada t, y las dos caras de la hipersuperficie tyz (denotadas en el
diagrama simplemente como hiper-superficie t1 e hiper-superficie t2 ante la imposibilidad de poder dibujar en el plano las otras
dos coordenadas) en las cuales el triplete (t,y,z) permanece constante conforme variamos la coordenada x.
Si tenemos un flujo cuatri-dimensional F = (Ft,Fx,Fy,Fz) atravesando un hipercubo como el mostrado parcialmente en el
diagrama, entonces para el cálculo del total neto de dicho flujo que aparece en el lado derecho de la ecuación del teorema de
la divergencia tensorial podemos definir vectores normales unitarios n perpendiculares a cada una de las hipersuperficies al igual
que como se acostumbra hacerlo en el Análisis Vectorial. Para el diagrama de arriba, tendremos los siguientes vectores normales
a cada una de las cuatro hipersuperficies:
Obsérvese que el vector unitario normal a la hiper-superficie t1 tiene un signo opuesto (negativo) al de la hiper-superficie t2
(positivo) en virtud de que esta normal “hacia afuera” del 4-volumen apunta “hacia atrás” en el tiempo. Y en lo que respecta al
vector unitario normal a la hiper-superficie x1, este tiene signo negativo porque la hipersuperficie está orientada en dirección
opuesta a la hiper-superficie x2.
Para calcular el flujo neto a través del hipercubo mostrado, hay que calcular el flujo a través de los cuatro pares de
hipersuperficies. En el caso del diagrama mostrado arriba, el cálculo involucra la suma de las siguientes integrales (todas son
integrales triples, pero se ha utilizado un solo símbolo para simplificar la notación; y del mismo modo se ha omitido la raíz
cuadrada del determinante g en virtud de que siendo g un número la raíz cuadrada de dicho número también lo es y podemos
sacarlo fuera de la integral):
Podemos definir otra hiper-región del 4-volumen acotada por la hiper-superficie y1 y la hiper-superficie y2 así como por la
hiper-superficie z1 y la hiper-superficie z2 evaluando el flujo con la siguiente totalización de integrales:
Podemos juntar bajo un mismo proceso de integración el cálculo del flujo de un campo vectorial F a través de las
hipersuperficies de dos caras opuestas del hipercubo de la manera siguiente:
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En este caso, Ft(t2) es la componente de flujo del campo vectorial F que atraviesa la hiper-cara del hipercubo al salir fuera del
4-volumen en la misma dirección en la cual está orientada la cara, mientras que Ft(t1) es la componente de flujo del campo
vectorial F que atraviesa la cara opuesta del hipercubo. Si el flujo neto (sumado) de ambas caras es cero, entonces hay tantas
líneas de fuerza entrando como líneas de fuerza saliendo a través de dicho par de caras opuestas del hipercubo.
Sumando todas las contribuciones de las caras opuestas del hipercubo, 4 pares de caras en total, obtenemos el flujo neto de
líneas de fuerza a través del hipercubo como lo indica el lado derecho de la ecuación de arriba para el teorema de la
divergencia en un espacio multi-dimensional:
Sólo nos falta un detalle por aclarar. Para que el teorema de la divergencia que acabamos de derivar extendido hacia un espacio
4-dimensional que puede ser curvo o plano sea creíble como enunciado tensorial, tenemos que demostrar que el elemento
infinitesimal de 4-volumen que aparece en el lado izquierdo de la ecuación:
es una invariante, algo que no hemos hecho. Esto lo demostraremos con los siguientes dos problemas.
PROBLEMA: Demostrar que
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en donde hemos aplicado como paso intermedio la bien conocida propiedad de los determinantes que nos dice que el
determinante del producto de dos matrices cuadradas de igual tamaño A y B es igual al producto de los determinantes de cada
matriz, o sea |AB| = |A||B|.
Pero |∂xp/∂xj| es simplemente el Jacobiano J de la transformación. A manera de ejemplo, el Jacobiano J de las coordenadas
rectangulares (x,y,z) con respecto a las coordenadas esféricas (r,θ,φ) se acostumbra representarlo de modo más explícito de la
siguiente manera:
Otra forma de representar el Jacobiano, en este caso usando coordenadas generalizadas para un espacio multi-dimensional, es la
siguiente:
De este modo, podemos regresar a la relación en la que estábamos trabajando escribiéndola de la siguiente manera:
g=J· Jg
g = J² g
Tomando la raíz cuadrada de ambos lados, obtenemos:
Esto nos demuestra que la raíz cuadrada del determinante g del tensor métrico g es un tensor relativo. En el caso en el cual el
Jacobiano sea igual a la unidad, el tensor relativo será simplemente un tensor común y corriente sin una constante de
“amplificación”.
PROBLEMA: Demostrar que:
es una invariante.
Empezaremos la demostración con la siguiente relación:
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Usando el resultado del problema anterior, podemos escribir la relación de la siguiente manera:
El Jacobiano J para esta transformación escrito en forma abreviada será simplemente J = |∂x/∂x|:
Con esto, lo que tenemos en el lado derecho es simplemente el elemento infinitesimal de volumen dV en un espacio N-
dimensional. Se concluye que:
En palabras llanas, el elemento infinitesimal de volumen en el espacio N-dimensional en la forma en la que se ha definido
arriba es una invariante.
Siendo el elemento infinitesimal de volumen dV una invariante en el espacio N-dimensional, si Φ es también una invariante se
concluye que:
Del mismo modo, repitiendo los mismos pasos, podemos obtener un enunciado similar para la invariancia de las superficies en el
espacio N-dimensional, con lo cual el lado derecho de la ecuación del teorema de la divergencia para un espacio N-dimensional
ya sea plano o curvo queda plenamente justificado desde el punto de vista tensorial.
Así, la 4-divergencia de un campo tensorial V de orden uno que en un espacio multi-dimensional plano está definida bajo la
siguiente fórmula general de contracción tensorial (obsérvese el uso de la coma que indica diferenciación parcial simple):
quedará ahora redefinida para espacio multi-dimensional curvo como (obsérvese el uso del semicolon en lugar de la coma que
indica diferenciación covariante):
Hemos logrado redefinir exitosamente el concepto de la divergencia hacia un espacio multi-dimensional que puede ser plano o
curvo, y en el camino hemos logrado extender también el teorema de la divergencia hacia estos espacios multi-dimensionales.
Pero hasta ahora lo hemos hecho manejando únicamente campos tensoriales (vectoriales) expresados como tensores
contravariantes de orden uno. Esto no nos será suficiente en el estudio de la Relatividad General. Téngase en cuenta que en la
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Teoría de la Relatividad debemos considerar que hemos pasado del 4-vector energía-momentum (un tensor de orden uno) al
tensor contravariante de segundo orden energía-tensión T = (Tμν), de modo tal que en la Teoría de la Relatividad tenemos que
extender el concepto de la divergencia de un tensor hacia un tensor de orden dos.
¿Es posible extender el concepto de la divergencia para que abarque tensores de orden general que inclusive puedan ser
tensores mixtos?
La respuesta a esta pregunta es afirmativa, y la definición matemática de divergencia para un tensor general mixto con respecto
a su k-índice contravariante es la siguiente que involucra la operación tensorial de contracción mediante la igualación de
índices:
Ha llegado el momento de que, en base a lo que hemos visto arriba, le echemos un vistazo al tensor energía-impulso (o tensor
energía-tensión) que aparece en la ecuación tensorial fundamental de la Teoría General de la Relatividad.
En la Teoría Especial de la Relatividad, en un espacio-tiempo plano, seguimos utilizando derivadas parciales para la obtención
de la divergencia de un tensor, y la divergencia del tensor T = (Tμν) se acostumbra escribirla de la manera siguiente:
Tμν,ν
utilizando la notación de la coma para denotar las derivadas parciales. Por otro lado, la divergencia del tensor T = (Tμν),
extendida hacia el espacio-tiempo curvo de la Relatividad General, resulta ser:
Tμν;ν
utilizando la notación del semicolon para denotar la derivada covariante. Este es un ejemplo de la regla “la coma va hacia un
semicolon”, bajo la cual si tenemos algún enunciado que es válido en un espacio-tiempo plano (en un marco inercial de
referencia) propio de la Teoría Especial de la Relatividad, entonces para escribir el enunciado de modo tal que sea válido
dentro de la Relatividad General reemplazamos la coma por un semicolon, y en vez de evaluar derivadas parciales evaluamos
derivadas covariantes.
El concepto de la divergencia del tensor energía-tensión T = (Tμν) juega un papel muy importante en todo lo que concierne a la
Teoría de la Relatividad, porque expresa el principio de la conservación de la energía-momentum. Para la Teoría Especial de
la Relatividad, esto se enuncia de la siguiente manera expresando la conservación local de la energía:
Tμν, ν = 0
Y para la Relatividad General, el enunciado equivalente de la conservación local de la energía-momentum es:
Tμν; ν = 0
Como puede verse, la diferencia entre ambas expresiones está en la coma y el semicolon. En el caso de la Teoría Especial de la
Relatividad se aplica la diferenciación parcial ordinaria, mientras que en la Teoría General de la Relatividad se aplica la
diferenciación covariante.
La importancia del hecho de que la divergencia del tensor energía-tensión T = (Tμν) pueda ser utilizada para resumir el principio
de la conservación local de la energía (o mejor dicho, el principio de la conservación local de la energía-momentum) ha llevado
a un segmento apreciable de la comunidad científica a considerar esto como “la tercera ley de la Relatividad General” (las otras
dos siendo la ecuación tensorial básica y la ecuación geodésica).
En el estudio del tensor de Riemann se descubre que en lo que respecta al tensor de curvatura de Einstein G, el cual expresa
tensorialmente la curvatura del espacio-tiempo, la divergencia del tensor de Einstein es igual a cero en todos los puntos de
una métrica Riemanniana cualquiera. Si tomamos como base la ecuación tensorial básica de la Relatividad General:
G = 8πGT
entonces al expresar dicha ecuación tensorial en notación de componentes:
Gαβ = 8πGTαβ
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y al tomar la derivada covariante de la misma en ambos lados efectuando al mismo tiempo una operación de contracción con la
igualación de índices para así obtener en el lado izquierdo la divergencia del tensor de Einstein G y obtener del lado derecho la
divergencia del tensor energía-tensión T:
Gαβ ; β = 8πGTαβ ; β
entonces si la divergencia del tensor de Einstein es cero la divergencia del tensor T necesariamente debe ser cero también.
Esto significa que el hecho de que la divergencia del tensor de curvatura de Einstein sea cero automáticamente implica el
principio de la conservación de la energía-momentum en la Teoría de la Relatividad, tanto la Especial como la General. Esto
lo podemos expresar con una doble implicación lógica:
Gαβ ; β = 0 ⇔ Tαβ ; β = 0
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
m i é r c o l e s , 1 8 d e m a r z o
El tensor energía-tensión
En la ecuación tensorial fundamental de la Relatividad General, el tensor T que aparece en el lado derecho de dicha ecuación:
G = 8πGT
conocido como el tensor energía-tensión, el tensor energía-impulso y también como tensor energía-momentum, es la extensión
del concepto básico del 4-vector energía-momentum utilizado en el espacio-tiempo plano de cuatro dimensiones de la Teoría
Especial de la Relatividad, generalizado hacia un espacio-tiempo curvo.
Antes de intentar dar un significado físico al tensor T cuatri-dimensional de la Relatividad General, empezaremos por dar una
interpretación a un tensor en un espacio ordinario de tres dimensiones utilizado en los estudios de la teoría de la elasticidad, del
cual parte precisamente el origen de la palabra tensión interpretada en el sentido usual de la mecánica clásica.
Imaginemos por un momento que tenemos en nuestras manos un bloque cúbico hecho de hule, al cual le ponemos encima en su
cara superior la palma de nuestra mano mientras que la cara inferior la dejamos reposar en contacto sobre la superficie de una
mesa de madera con la cual haya suficiente fricción para que el bloque de hule permanezca en la misma posición al irse
deformando conforme empezamos a aplicar una fuerza superficial lateral en la cara superior del bloque a la cual llamaremos σ,
produciendo una tensión mecánica sobre la superficie del mismo capaz de deformar ligeramente al bloque en el sentido en el
cual aplicamos la tensión. Conociendo el coeficiente de elasticidad del hule, podemos calcular sin problema alguno el grado de
deformación del bloque de hule suponiendo que la cara inferior que está en contacto con la mesa permanece inmóvil.
Si la cara superior del bloque de hule la identificamos con un sistema de coordenadas Cartesianas situando simétricamente una
esquina de la cara superior del bloque de hule en el origen de dichas coordenadas, entonces podemos aplicarle la tensión en una
dirección que coincida con el eje-x. Del mismo modo, podemos aplicarle la tensión en una dirección que coinicida con el eje-y.
Pero si le aplicamos la tensión en una dirección que no coincida ni con el eje-x ni con el eje-z, entonces la tensión estará
caracterizada por cuatro componentes posibles: σxx, σxy, σyx, y σzz. Estos cuatro componentes pueden ser agrupados dentro de
un solo símbolo que representa a los cuatro, un tensor covariante (o contravariante) de orden dos en un espacio de dos
dimensiones, al cual por comodidad llamaremos σ.
La situación se complica si además de aplicar una tensión mecánica a la cara superior del bloque de hule le aplicamos también
una tensión mecánica hacia abajo, en la dirección de un tercer eje-z. En tal caso, tenemos una distribución más elaborada de
tensiones como nos lo muestra la siguiente figura:
En este caso, tenemos un total de nueve componentes, los cuales también pueden ser agrupados dentro de un solo símbolo que
representa a los nueve componentes, un tensor covariante (o contravariante) de orden dos en un espacio de tres dimensiones.
Si lo que estamos describiendo es un mismo y único fenómeno físico, entonces la deformación del bloque de hule que tenemos
arriba debe ser exactamente la misma si imprimimos una rotación al sistema de coordenadas con el que estamos describiendo
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los componentes. Naturalmente, al girar el sistema de coordenadas, las componentes individuales van a cambiar, y si tenemos
expresiones matemáticas en función de dichos componentes, también van a cambiar. Pero el símbolo σ bajo el cual agrupamos
a dichos componentes sigue siendo el mismo. De este modo, si en coordenadas generalizadas -usando notación (x1, x2, x3)-
tenemos la siguiente situación:
entonces tras imprimir una rotación al sistema de coordenadas tendremos algo como lo siguiente:
Ahora bien, puesto que el sistema de coordenadas indicado -coordenadas Cartesianas- es un sistema de coordenadas arbitrario,
lo podemos reemplazar por otro siempre y cuando el fenómeno físico que está siendo descrito no cambie al cambiar el sistema
de coordenadas. Naturalmente, para ciertos problemas habrá un sistema de coordenadas cuyo uso será mil veces preferible a los
demás sistemas de coordenadas que podamos utilizar en virtud de la simplificación que podamos obtener en nuestros cálculos
matemáticos bajo cierto sistema. De cualquier manera, lo que no cambiará notacionalmente en lo absoluto es el símbolo del
tensor T bajo el cual se agrupan los componentes. Un cierto tensor T podrá ser descompuesto en los componentes propios de un
sistema de coordenadas rectangulares o en los componentes propios de un sistema de coordenadas esféricas, pero el tensor en
sí no cambia en nada.
Ahora veremos más a fondo lo que nos representa el tensor energía-tensión que aparece en la Relatividad General. En
coordenadas generalizadas, las componentes de dicho tensor de orden dos para el cual utilizaremos aquí notación contravariante
se acostumbran exhibir mediante una matriz como la siguiente:
Aunque un cuádruplo de coordenadas generalizadas lo podemos representar de la siguiente manera con los índices empezando
desde uno:
(x1, x2, x3, x4)
en muchos textos se acostumbra comenzar la simbolización numérica indexal desde cero:
(x0, x1, x2, x3)
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extendiéndose dicha representación al mismo tensor energía-tensión de modo tal que tenemos un componente como T00. Esto
no debe representar problema alguno, y el contexto del trabajo científico o del libro de texto consultado debe ser suficiente
para dejar en claro cuál es la convención seguida.
Antes de continuar, es importante dejar una cosa en claro:
El tensor de Einstein (simbolizado como G) y el tensor métrico g son dos cosas completamente distintas que no deben ser
confundidas en ningún momento y bajo ninguna circunstancia.
Es hasta cierto punto desafortunado el que para poder representar a la matriz que agrupa a los componentes del tensor métrico
g se acostumbre usar con cierta frecuencia la misma letra G que la que usamos para representar al tensor de curvatura de
Einstein; y más desafortunado aún el que la misma letra se utilice para representar a la constante G de la gravitación universal.
Para evitar ambigüedades, podríamos inventar nuevos símbolos, pero esto simplemente reemplazaría una confusión con otra al
requerir el aprendizaje de símbolos venidos de otros alfabetos, razón por la cual nos apegaremos aquí al uso de los símbolos más
tradicionales.
Una característica fundamental que tomamos como dada es que los componentes del tensor energía-tensión T son
simétricos, o sea T = (Tij) = (Tji) al igual que los componentes del tensor de curvatura de Einstein G que está al otro lado de la
ecuación deben serlo consecuentemente. Si se desea, se puede llevar a cabo un interesante ejercicio matemático suponiendo
que ni el tensor G (y por lo tanto tampoco el tensor T) son simétricos, pero esto complica enormemente las cosas y no resulta
claro que una suposición así podría llevarnos a ninguna conclusión útil, de modo que nos aferraremos a la suposición esencial de
la simetría en estos tensores a lo largo de esta obra.
A primera vista, para quienes están acostumbrados a pensar en términos de la física clásica, deberá parecerles extraño que para
poder describir a la densidad de la energía y el momentum vistos desde marcos de referencia distintos se requiera de un tensor
de orden dos sin ser suficientes los vectores N-dimensionales, pero el tensor de orden dos resulta ser indispensable. Para
describir la energía y el momentum relativistas de una sola partícula ciertamente nos basta un 4-vector. Pero para poder
describir un gas de partículas, o para poder describir campos (como el campo electromagnético) necesitamos de un tensor de
orden dos que nos pueda combinar la densidad de la energía (energía por unidad de volumen), el flujo de energía (o la densidad
del momentum que en realidad vienen siendo lo mismo) y el flujo de momentum, algo que excede las capacidades de un simple
vector.
Considérese una caja en reposo de dimensiones Δx, Δy y Δz de volumen V = ΔxΔyΔz que encierra un total de N partículas:
Por una vieja costumbre cuyo origen se desconoce a ciencia cierta, dentro de la Relatividad General a esta colección de
partículas flotando en estado de reposo dentro de la caja se ha dado por llamarle polvo, aunque en realidad esta designación
tiene poco que ver con eso que se acumula en los muebles. La densidad de partículas en dicha caja, el número de partículas por
unidad de volumen que llamaremos n, será N/V. Ahora bien, la energía en reposo de cada partícula, de acuerdo con la Teoría
Especial de la Relatividad, será m0c². Habiendo un total de N partículas en la caja, la energía total contenida en dicha caja será
Nm0c². La densidad de energía en dicha caja que llamaremos ρ será igual a la energía total dividida entre el volumen de la
caja:
ρ = Nm0c²/V = nm0c²
Pongamos ahora a la caja en movimiento a lo largo de la dirección del eje-x con una velocidad V. Por los efectos de la
contracción relativista de longitud:
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Δx se reducirá a Δx' por un factor de √1 - V²/c², entanto que las longitudes perpendiculares a la dirección del movimiento
permanecerán iguales. Esto significa que el número de partículas por unidad de volumen ahora será:
n/√1 - V²/c²
Pero la densidad de partículas no es lo único que cambia al ponerse la caja en movimiento. La energía en reposo de cada
partícula aumenta en un factor de 1/√1 - V²/c². Consecuentemente, la densidad de energía de la caja para un observador que ve
a la caja en movimiento aumenta no en un factor de 1/√1 - V²/c² sino en dos factores de dicha cantidad, resultando en un factor
combinado de aumento:
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definido el producto cuña Λ (wedge product) que entre sus características tiene la propiedad de que la “suma” de dos vectores
no es conmutativa porque el orden en el cual se toma la suma (simbolizada como uΛv) nos dá el sentido de la rotación que
podemos asignar a dicha operación:
La ruta de análisis basada en las álgebras Clifford en la que hablamos de vectores, bivectores y trivectores es precisamente la
ruta de ataque que siguen Charles Misner, Kip Thorne y John Archibald Wheeler en su venerable y voluminoso libro Gravitation,
pero seguir esta ruta nos sacaría fuera del ámbito del cálculo tensorial en el que hemos estado trabajando, razón por la cual
omitiremos adentrarnos en este tema. Las álgebras Clifford y el cálculo exterior son útiles para darnos un poco más de
comprensión en el tema que estamos tratando, pero no son absolutamente indispensables. Einstein pudo obtener y desarrollar sus
ecuaciones de campo manteniéndose por completo dentro del ámbito del cálculo tensorial, y aquí podemos hacer lo mismo.
Lo primero que haremos será “construír” un tensor de curvatura de Einstein G. Podemos hacerlo recurriendo a las coordenadas
Cartesianas rectangulares que utilizamos en la Teoría Especial de la Relatividad para denotar las coordenadas de un objeto en un
marco de referencia 4-dimensional:
(ct, x, y, z)
Pero siendo los tensores objetos matemáticos que permanecen invariantes al pasar de un sistema de coordenadas a otro,
podemos darnos el lujo de unir la coordenada temporal con el sistema de coordenadas esféricas para así especificar los cuatro
componentes de un 4-espacio de la manera siguiente:
(t, r, θ, φ)
A continuación, acomodaremos estos cuatro componentes en un renglón a un lado de los mismos cuatro componentes
acomodados formando una columna, como si fuésemos a construír una tabla con ambos:
Con este “esqueleto” procedemos a escribir adentro del espacio vacío uno a uno los componentes del tensor de curvatura de
Einstein. Podemos escribirlos como los componentes de un tensor covariante de orden dos, los componentes de un tensor mixto,
o los componentes de un tensor contravariante de orden dos, todo es cuestión de gustos que al fin y al cabo podemos “subir” y
“bajar” los índices a nuestro antojo con la ayuda del tensor métrico g. Lo haremos aquí representándolos como los componentes
contravariantes de un tensor de orden dos:
Esto automáticamente nos fija la manera en la cual tenemos que escribir los componentes del tensor energía-tensión T, también
como componentes de un tensor contravariante de orden dos, dada la igualdad tensorial:
G = 8πGT
que nos lleva a:
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Como podemos ver, la representación matricial de los componentes del tensor energía-tensión T no parece darnos mucha
información sobre la naturaleza de los mismos. La interpretación de su significado físico se antoja un reto. Pero ello se debe a
que no hemos considerado al 4-vector energía-momentum como el verdadero punto de partida para obtener una interpretación
física. Recordemos cómo el 4-vector energía-momentum:
(E/c, p) = (E/c, p1, p2, p3)
en cierta forma deriva del 4-vector de coordenadas del espacio-tiempo Lorentziano al obtener primero de éste el 4-vector
velocidad y posteriormente el 4-momentum con la inclusión de la masa en reposo m0. Podemos establecer una correspondencia
entre la representación matricial dada arriba para T y una “tabla” que consta de cuatro renglones y cuatro columnas en la cual
acomodamos como tabulador horizontal a los componentes del 4-vector posición y en la cual acomodamos como tabulador
vertical a los componentes del 4-vector energía-momentum:
Para los componentes del tensor energía-tensión T cuyo significado físico se dará a continuación, se acostumbra utilizar como
guía la siguiente definición general:
Tab = _____________________________________
flujo de momentum a atravesando una superficie de b constante
Y al hablar aquí del momentum estamos hablando de 4-momentum.
Es importante tener presente que en el 4-espacio de la Teoría de la Relatividad tenemos no tres sino cuatro superficies que en
un sistema de coordenadas Cartesianas (rectangulares) podemos identificar de la siguiente manera: (1) una superficie de t =
constante (la que corresponde a la coordenada “cero” o la coordenada temporal), (2) una superficie de x = constante, (3) una
superficie de y = constante, (4) una superficie de z = constante. Al hablar acerca de un flujo de energía-momentum a través de
una superficie como la superficie x en realidad estamos hablando acerca de un flujo a través de todas las superficies de x =
constante. A continuación tenemos una representación esquemática de un flujo de energía-momentum a través de tres de los
cuatro tipos de superficie:
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En sentido vertical, de abajo hacia arriba, tenemos un flujo de energía-momentum a través de varias superficies de t =
constante (la primera superficie podría representar un tiempo de 1 segundo, la segunda superficie podría representar un tiempo
de 2 segundos, y así sucesivamente). No es necesario que algo se esté moviendo de un lado a otro para que ocurra este flujo,
puesto que basta con que una partícula u objeto esté en reposo absoluto para que el reloj que marca el tiempo siga avanzando.
La partícula “avanza” en el tiempo. Pero en el sentido del eje-x, la partícula u objeto ciertamente está cambiando de posición
continuamente, pasando de una hipersuperficie plana x a otra. Aquí si hay “movimiento”, aquí si hay un “flujo” observable con
nuestros sentidos. Lo mismo se puede decir acerca de un flujo que ocurre a lo largo del eje-y atravesando los planos de y =
constante. Y lo mismo puede decirse acerca de un flujo que ocurre a lo largo del eje-z atravesando los planos de z = constante,
aunque no haya sido posible ya representarlo dentro de la figura de arriba.
El primer componente que identificaremos dentro del tensor energía-tensión T arreglado con sus componentes identificadores
en forma de “tabla” -en los cuales hemos puesto en el tabulador horizontal a los componentes del 4-vector posición y en la cual
hemos puesto en el tabulador vertical a los componentes del 4-vector energía-momentum- es el que está situado en la esquina
superior izquierda, de color amarillo, identificado como el componente T00 en muchos libros de texto. Este es un componente
extremadamente importante del tensor energía-tensión T. Este componente puede leerse directamente como el 0-momentum
(masa relativista, que es a su vez energía) de un fluído que está fluyendo no en alguna dirección en particular sino fluyendo en el
0-espacio (el tiempo) como ocurre con un observador que está en reposo en un diagrama espacio-tiempo de Minkowski. Este,
por lo tanto y sin lugar a dudas, es el componente que nos suministra la densidad de la masa relativista (el equivalente
energético de la masa dividido entre el cuadrado de la velocidad de la luz en conformidad con la relación E = mc²) simbolizada
como ρ, y en un marco de referencia estático nos representa la cantidad total de masa-energía sumada al combinado total de
todos los demás tipos de energía (electromagnética, calorífica, energía de rotación, etc.).
Si todo lo que tenemos en el marco de referencia para el cual se está especificando el tensor energía-tensión T es un cuerpo o
una colección de partículas (polvo) en absoluto reposo, entonces el componente T00 será la única entrada en el tensor; todos los
demás componentes serán iguales a cero. Sin embargo, si ponemos dicho cuerpo o dicha colección de partículas en movimiento
en cierta dirección, entonces habrá una transferencia o flujo de masa-energía de un lugar a otro. Pero es importante tener en
cuenta que dicho “movimiento” no se llevará a cabo simplemente a una velocidad ordinaria V en tres dimensiones, sino que se
llevará a cabo a una 4-velocidad relativista que el tensor energía-tensión de orden dos debe estar preparado para manejar. Esto
nos lleva al verdadero punto de origen del tensor energía-tensión T. Del mismo modo en que el 4-momentum P unifica los
conceptos clásicamente dispares de la energía y el momentum por medio del 4-vector velocidad U:
P = m0U
no debe sorprendernos que el equivalente requerido para la Relatividad General se base en la extensión directa de este
concepto generalizándolo con el producto tensorial directo del 4-vector velocidad U consigo mismo, reemplazándose a la masa
en reposo (que es también el equivalente a una energía en reposo en base a la relación E = m0c²) con la densidad de la masa del
conjunto de partículas “flotantes” que constituyen el “polvo”:
T=ρU⊗ U
Es recomendable tomarse un poco de tiempo para comparar ambas expresiones antes de seguir adelante.
En un sistema arbitrario de coordenadas xμ en el cual la 4-velocidad del polvo es U = (Uμ), una vez identificada la densidad de
energía (energía por unidad de volumen) del polvo como ρ entonces todas las componentes contravariantes posibles del tensor T
estarán dadas en notación de componentes por:
Tμν = ρ Uμ Uν
Es momento de recordar la definición básica de la 4-velocidad, la cual es:
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U = (U0, U1, U2, U3) = (γc, γv1, γv2, γv3)
Con esta definición, podemos escribir la definición dimensionalmente correcta del componente T00:
T00 = ρ U0U0 = ρ (γc)(γc) = γ²c²ρ
Dimensionalmente hablando, esta relación explica el por qué dividiendoT00 entre c² nos proporciona una densidad de masa (el
factor gamma es adimensional).
Habiendo identificado el significado físico de T00, ahora para mayor comprensión haremos aquí un cambio de coordenadas y
utilizaremos las coordenadas Cartesianas rectangulares en lugar de las coordenadas esféricas con las que comenzamos arriba, con
lo cual los componentes del tensor energía-tensión T que vamos a identificar quedan destacados de la siguiente manera:
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En general, si utilizamos coordenadas generalizadas, podemos identificar a T0i como el flujo de masa (energía) a través de la
superficie xi (la cual puede ser x1, x2 o x3).
Por último, tenemos que para i ≠ 0 y j ≠0:
Tij = ρUiU j = ρ (γvi)(γvj) = γ²ρvivj
Esto lo podemos interpretar como el i-momentum fluyendo en la j-dirección por unidad de área por unidad de tiempo
atravesando la superficie de j = constante.
PROBLEMA: Demostrar que los componentes
Tij = ρUiU j = ρ (γvi)(γvj) = γ²ρvivj
para i ≠ 0 y j ≠0 del tensor energía-tensión T se pueden interpretar como un flujo de i-momentum fluyendo por unidad de
área por unidad de tiempo a través de una superficie-j.
Los pasos para llegar a esta interpretación se detallan a continuación:
En el primer paso, simplemente multiplicamos y dividimos por un elemento infinitesimal de tiempo dt y un elemento
infinitesimal de la superficie dAj que está siendo atravesada por la masa (energía) en movimiento. En el segundo paso, el
producto de vj y dt nos dá la distancia infinitesimal recorrida en ese tiempo dt por la masa en movimiento, distancia que
multiplicada por dAj nos dá el elemento infinitesimal de volumen dV:
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La densidad de masa ρ la podemos tomar como un elemento infinitesimal de masa propia dm0 dividida entre un elemento
infinitesimal de volumen dV. En el tercer paso, agrupamos bajo un mismo paréntesis al elemento infinitesimal de masa propia
dm0 y a la velocidad vj formando de este modo el elemento infinitesimal de momentum dPi. Lo que tenemos a fin de cuentas es
un flujo de i-momentum fluyendo a través de la superficie-j.
De este modo, podemos identificar al primer componente diagonal de color café ubicado en T11 como el 1-momentum fluyendo
en la 1-dirección por unidad de área por unidad de tiempo. El flujo de momentum por unidad de tiempo equivale clásicamente
a una fuerza F = d(mv)/dt que está siendo ejercida por dicho momentum sobre la hipersuperficie 1 = constante. Y siendo ésta
una fuerza por unidad de área, lo cual es ni más ni menos que la presión ejercida por el “polvo”, se trata precisamente de la
presión que está ejerciendo el polvo sobre una superficie perpendicular a la dirección 1 a lo largo de la cual está fluyendo el
polvo (que en este caso tomamos como el eje-x):
Del mismo modo, identificamos al segundo componente diagonal de color café ubicado en T22 como el 2-momentum fluyendo
en la 2-dirección por unidad de tiempo por unidad de área, lo cual podemos interpretar también como la presión que ejerce el
polvo sobre una superficie perpendicular a la dirección 2 a lo largo de la cual está fluyendo el polvo (que en este caso podemos
tomar como la superficie perpendicular al eje-y). Y finalmente, identificamos al tercer componente diagonal de color café
ubicado en T33 como el 3-momentum fluyendo en la 3-dirección, lo cual podemos interpretar también como la presión que
ejerce el polvo sobre una superficie perpendicular a la dirección 3 a lo largo de la cual está fluyendo el polvo (que en este caso
podemos tomar como la superficie perpendicular al eje-z).
Veamos ahora los componentes del tensor energía-tensión T = (Tij) que corresponden a los bloques de color verde, los
componentes “cruzados”. Un término como T12 vendría siendo la transferencia de 1-momentum en la 2-dirección. ¿Pero cómo
puede ser esto posible? se preguntarán quizá algunos. ¿Cómo es posible que algo que está fluyendo única y exclusivamente en la
dirección del eje-x transfiera algún efecto a una coordenada que le es perpendicular? Una transferencia de este tipo de una
coordenada a otra sólo puede llevarse a cabo a través de algún tipo de fricción o de viscosidad en el fluído, precisamente el
tipo de fenómeno que dió origen a la creación del concepto matemático del tensor. De allí provienen precisamente las
designaciones para los componentes como σxy y σyz del tensor que nos describe las tensiones mecánicas en el bloque de hule
descrito arriba. De no ser por este tipo de transferencias “cruzadas” de una coordenada a otra, no necesitaríamos de los
tensores.
En cuanto a los componentes del tensor energía-tensión T = (Tij) con j = 0 que corresponden a los bloques de color rojo, el
componente T10 es identificado como el flujo de 1-momentum a través de una superficie de t = constante, lo cual viene siendo
la densidad del momentum a lo largo de la dirección 1. Obsérvese que hay una diferencia muy sutil en la interpretación física
que se ha dado arriba para T01 (el flujo de la componente de masa-energía del 4-vector energía-momentum a través de la
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superficie 1) y la definición que se está dando aquí para T10. Esto, desde luego, puede causar consternación después de haberse
afirmado que el tensor energía-tensión es simétrico, lo cual implica necesariamente que T01 = T10. ¿Seguimos hablando de lo
mismo o estamos hablando de dos cosas diferentes? En las aplicaciones prácticas que se han dado hasta la fecha del tensor
energía-tensión T, no se han encontrado aún circunstancias en las cuales Tij ≠ Tji para i ≠ j ni se han concebido ejemplos en los
cuales ocurra tal anomalía. Sin embargo, esto podría muy bien cambiar con el advenimiento de una Teoría Cuántica de la
Gravedad, y tendría la repercusión inmediata de que los componentes del tensor de Einstein G tampoco serían simétricos. De
hecho, hay miembros respetables de la comunidad científica que han estado investigando activamente esta posibilidad, aunque
aún no nos es posible “ver” claramente cómo ensamblar las piezas de este rompecabezas que eludió al mismo Einstein.
Además del término de polvo que usamos arriba para describir a una colección de partículas en reposo, en la Relatividad
General manejamos también el término de fluído como “algo que fluye” sin impedimento mecánico alguno, sin fuerzas de
fricción internas entre sus sub-elementos adyacentes de volumen que obstaculicen el movimiento del fluído en general.
Específicamente, estamos hablando de un fluído perfecto, aquél en el cual no hay rozamientos o viscosidades o fricciones
internas ni transferencias de calor, aquél para el cual todos los términos espaciales Tij del tensor energía-tensión T en que i ≠ j
son iguales a cero. El fluído perfecto es la generalización del concepto del gas ideal usado en la termodinámica.
Para un fluído perfecto, si no hay transferencias de calor, en el marco de referencia comóvil (el marco de referencia en el cual
el fluído está instantáneamente en reposo) los componentes T0i =
Ti0 del tensor energía-tensión T tendrán un valor de cero, ya que la energía puede fluír de un lado a otro únicamente si las
partículas pueden fluír también. Y en lo que respecta a la ausencia de viscosidad, esto significa que las fuerzas deben ser
siempre perpendiculares a la superficie, lo cual implica que todos los términos espaciales Tij del tensor energía-tensión T en que
i ≠ j deben ser iguales a cero, lo cual implica a la vez que T en su representación matricial debe ser una matriz diagonal. Y
puesto que la ausencia de viscosidad es algo que debe ser independiente de los ejes espaciales de las coordenadas, la matriz
debe seguir siendo diagonal para todos los marcos de referencia comóviles del fluído. La única matriz que puede permanecer
diagonal en todos los marcos de referencia debe ser un múltiplo de la matriz identidad, y por lo tanto todos sus términos
diagonales deben ser iguales. La superficie-x sólo tendrá sobre ella una fuerza que viene del eje-x, y lo mismo se puede decir
para las otras dos superficies. Estas fuerzas por unidad de área que deben ser todas iguales en un fluído perfecto es lo que
llamamos la presión. De este modo, tenemos que para las componentes espaciales del tensor T se debe tener Tij = pδij en donde
p es la presión y δij es el tensor delta Kronecker.
Y así, de acuerdo con lo que hemos visto, un fluído perfecto (visto desde un marco de referencia en reposo, sin fricción alguna,
bajo una métrica Lorentziana) tendrá el siguiente tensor energía-tensión (se ha dado aquí a la velocidad de la luz cuyo cuadrado
divide a las componentes p el valor de uno con el fin de simplificar la escritura de la matriz):
en donde ρ es la densidad de masa (energía) del fluído (el componente T00 en este caso) en kilogramos por metro cúbico y p es
la presión ejercida por el fluído en la dirección especificada (los componentes T11, T22 y T33) en newtons por metro cuadrado.
No es difícil verificar que si el fluído está en movimiento a una 4-velocidad U = (Uμ) en donde Uμ = dxμ/dτ con respecto a otro
marco de referencia, los componentes del tensor energía-tensión se pueden escribir tensorialmente en notación de componentes
de la siguiente manera:
Tab = (ρ + p/c²) UaUb + p gab
siendo g = (gab) el tensor métrico del espacio-tiempo que estamos considerando como Lorentziano bajo la métrica:
g00 = - c²____g11 = g22 = g33 = 1
gij = 0____para i ≠ j
A modo de ejemplo, en un marco de referencia comóvil, el único componente de la 4-velocidad que no es cero es el
componente temporal, con lo cual U0U0 = (1)(1) = 1 y para a= b= 0 tenemos:
T00 = (ρ + p/c²) U0U0 + p g00 = ρ
En notación tensorial más compacta, la fórmula se puede escribir de la siguiente manera:
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T = (ρ + p/c²) U⊗U + g-1
Un fluído con términos de viscosidad o elementos anómalos agregaría términos “cruzados” a la fórmula, lo cual no es deseable a
menos de que haya una buena razón para ello.
Hemos escogido representar aquí a los componentes del tensor energía-tensión T como los componentes de un tensor
contravariante de orden dos, pero igualmente podríamos haber escogido una representación covariante T = (Tab) para los
mismos, estamos en completa libertad de hacerlo siempre y cuando en las operaciones tensoriales acomodemos los índices de
modo tal que las operaciones tensoriales (tales como la contracción ocasionada por los índices repetidos de acuerdo a la
convención de sumación y la derivada covariante de algún tensor o tensores) se sigan llevando a cabo como se deben llevar a
cabo. Así, lo que aquí menos llamado T00 en otros libros y publicaciones será llamado T00 o inclusive T11 si se escoge numerar los
índices de las coordenadas generalizadas a partir de uno en lugar de a partir de cero, porque en la Teoría de la Relatividad todo
es relativo, inclusive ésto.
PROBLEMA: ¿Cuál será la representación del tensor relativista energía-tensión a escala astronómica para un fluído no
relativista como una nebulosa o una estrella de secuencia principal?
En un fluido no relativista como una nebulosa o una estrella de la secuencia principal, todos los componentes del tensor de
energía-tensión son nulos o de muy poca importancia, salvo el elemento T00 que corresponde a la densidad de masa-energía y
que es el único que contribuye sensiblemente a la atracción gravitatoria y a la curvatura del espacio-tiempo. Naturalmente, si
queremos medir la contracción de volumen producida por la masa-energía presente en una determinada región, tenemos que
aplicar las ecuaciones de campo dadas por la fórmula tensorial fundamental de la Relatividad General.
PROBLEMA: Demuéstrese que si el tensor energía-tensión T representa la energía-momentum de un fluído perfecto,
entonces dicho tensor puede ser utilizado para expresar la ley de la conservación de la energía y el momentum. (No es
necesario recurrir a la derivada covariante para resolver este problema).
Considérese el siguiente corte seccional de un elemento cúbico de lados L del fluído a lo largo del plano-z (estamos
considerando únicamente a los componentes espaciales del tensor):
Supondremos que el flujo de energía se puede llevar a cabo a través de cualquiera de los lados del cubo. Tómese por ejemplo la
cara d del cubo, de color azul. La razón del flujo de energía a través del área L² dicha cara es:
L²T0x (en x = 0)
Del mismo modo, la razón del flujo de energía a través del área L² de la cara opuesta del cubo, la cara b, debe ser:
- L²T0x (en x = L)
Este término tiene un signo negativo puesto que representa energía fluyendo fuera del volumen del cubo, mientras que el
término anterior tiene un signo positivo puesto que representa energía fluyendo hacia adentro del volumen del cubo.
El flujo neto de energía en el sentido del eje-x será igual a la suma de los dos términos anteriores, o sea:
L²T0x (en x = 0) - L²T0x (en x = L)
Esto a su vez debe ser igual a la contribución a lo largo del eje-x a la razón de aumento (o disminución) de energía en el interior
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del cubo, o sea:
∂(L3T00)/∂t
Del mismo modo, para la cara a del cubo, de color rojo, la razón del flujo de energía a través del área L² dicha cara es:
L²T0y (en y = 0)
y la razón del flujo de energía a través del área L² de la cara opuesta, la cara c, debe ser:
- L²T0y (en y = L)
Enunciados similares aplican al flujo de energía en las caras del cubo situadas en el plano-z.
Sumando todas las contribuciones de flujo de energía al interior del volumen del cubo que aumentarán (o disminuirán) la
densidad de energía del cubo, tenemos:
∂(L3T00)/∂t = _____________
L²T0x (en x = 0) - L²T0x (en x = L)
+ L²T0y (en y = 0) - L²T0y (en y = L)
+ L²T0z (en z = 0) - L²T0z (en z = L)
A continuación, podemos dividir todo entre L3 y tomar el límite L → 0. Al hacer esto, podemos aplicar la definición de la
derivada ordinaria (¡no es necesaria aquí la derivada covariante puesto que estamos trabajando en el marco de referencia
comóvil!):
Podemos escribir esto de una manera más compacta usando la notación de la coma y pasando todo del lado izquierdo:
T00,0 + T0x,x + T0y,y + T0z,z = 0
Añlicando la convención de sumación para índices repetidos, esto se reduce a:
T0j, j = 0
Esta es precisamente la ley de la conservación de la energía.
Del mismo modo, repitiendo los mismos pasos, encontramos que el momentum también debe ser conservado. La única
diferencia es que el índice 0 debe ser cambiado a cualquier coordenada espacial que corresponda al componente del momentum
que debe ser conservado. La ley general para la conservación de la energía-momentum del tensor energía-tensión T debe ser
por lo tanto:
Tαβ, β = 0
Esto que acabamos de derivar es válido para un espacio-tiempo plano, Lorentziano, o sea en el ámbito de la Teoría Especial de
la Relatividad. Si queremos que el resultado sea válido para un espacio-tiempo curvo, o sea en el ámbito de la Relatividad
General, la coma debe ser reemplazada por un semicolon, lo cual significa que la diferenciación ordinaria debe ser reemplazada
por una diferenciación covariante.
PROBLEMA: Usando la relación Tαβ, β = 0, demuéstrese que para un sistema acotado en el cual T = (Tαβ) = 0 afuera de cierta
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región acotada de espacio:
Sobreentendiéndose que la integral es una integral triple llevada a cabo sobre un 3-volumen, usaremos a nuestro favor la
simetría del tensor métrico, con lo cual T0α, α = Tα0, α y:
o bien:
y si los componentes de Tμ son diferentes de cero en una región espacial finita, entonces la integral sobre un 3-espacio
(tomando dentro del integrando a la primera componente -la componente temporal- del vector T):
es una invariante.
La demostración de este teorema requiere el empleo del teorema de Gauss generalizado hacia un 4-espacio, en donde una
integral de volumen es equivalente a una integral llevada a cabo sobre una superficie que encierra a dicho volumen:
siendo dSμ un elemento infinitesimal de una 3-superficie que encierra un 4-volumen, con lo cual la integral puesta en el lado
izquierdo de esta fórmula es una integral cuádruple mientras que la integral en el lado derecho de la fórmula es una integral
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triple que se debe llevar a cabo sobre una 3-superficie cerrada. A continuación tenemos una “rebanada” del 4-volumen sobre el
cual se deben llevar a cabo las integraciones (hay otros dos diagramas espacio-tiempo que se pueden construír para x2 y x3):
En este diagrama espacio-tiempo de Minkowski en el cual los ejes verticales son los ejes temporales, las hipersuperficies A y C
son seleccionadas de modo tal que los componentes (espaciales) de Tμ se desvanecen en A y en C (obsérvese que las normales a
las superficies A y C son perpendiculares al eje temporal x1). Esto siempre es posible porque se supone que la región sobre la
cual los componentes de Tμ son diferentes de cero es de extensión finita. La superficie B es seleccionada de modo tal que sea
perpendicular al eje-x1 (obsérvese que la normal dS1 es paralela a x1) mientras que la superficie D es seleccionada de modo tal
que sea normal (perpendicular) al eje-x1 (aunque no lo parece, esto debe ser obvio tomando en cuenta la forma en la cual se
construyen los diagramas de Minkowski para el sistema de referencia S’ que se supone en movimiento). Aquí los xμ y los xμ son
coordenadas en dos marcos de referencia inerciales (Lorentzianos) arbitrarios. Haciendo uso del hecho de que TμdSμ es un
escalar (teniendo por lo tanto el mismo valor en todos los marcos inerciales de referencia), el lado derecho del teorema de
Gauss como está enunciado arriba nos permite afirmar que:
∫∫∫T1 d3x
es una invariante.
El argumento utilizado para llevar a cabo esta demostración también nos sirve para confirmar que la integral I es una constante
en el tiempo; sólo basta considerar el límite en el que ambos marcos inerciales de referencia son idénticos (S = S’) de modo tal
que x1 coincida con x1 y x2 coincida con x2.
Ahora generalizaremos el resultado anterior de un vector a un tensor de orden dos. Supóngase que tenemos un 4-tensor de orden
dos Q = (Qμν) que satisface la condición:
Sea también A = (Aμ) un 4-vector cuyos coeficientes no varían con respecto a su posición en el espacio-tiempo (tomémoslos
como meras constantes numéricas). Entonces AQ = AνQμν = (Tμ) = T debe satisfacer la relación:
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y por lo tanto:
debe ser una invariante por el resultado que obtuvimos en el problema anterior. Sin embargo, recurriendo a la convención de
sumación para índices repetidos, podemos escribir:
I = AμBμ
en donde:
Se sigue entonces de la ley del cociente para tensores (la cual nos dice que si B es un tensor cualquiera y si el producto XB nos
produce otro tensor C, o sea XB = C, entonces la cantidad X es también un tensor) que si AμBμ es una invariante para un Aμ
arbitrario (recuérdese que lo hemos definido como un 4-vector cuyas componentes no varían con respecto a su posición en el
espacio-tiempo, siendo meras constantes numéricas), entonces Bμ se debe de transformar como un 4-vector (constante en el
tiempo). En pocas palabras:
∫∫∫Qμ d3x
es una invariante.
Los dos resultados que hemos obtenido, tanto para un 4-vector como para un 4-tensor de orden dos, son los que nos permiten
convertir leyes diferenciales de conservación en leyes integrales de conservación.
Un ejemplo de la aplicación de lo que hemos obtenido consiste en demostrar que a partir de la ley de la conservación para la
carga eléctrica, ∂μJμ = 0, se encuentra que la carga total contenida en cierta región es a la vez constante en el tiempo e
invariante para todos los marcos de referencia.
PROBLEMA: Demostrar que la ley de la conservación de la carga eléctrica, escrita en forma diferencial:
∂μJμ = 0
implica el resultado de que la carga total contenida en cierta región es a la vez constante en el tiempo e invariante para
todos los marcos de referencia.
La expresión ∂μJμ = 0 es una ley diferencial de conservación. Usando los resultados anteriores y tomando en cuenta que de
acuerdo a la electrodinámica el componente temporal del 4-vector J es igual a J1 = cρ en donde ρ es la densidad de la carga
eléctrica (carga por unidad de volumen), podemos escribir la ley integral de conservación de la siguiente manera:
Una vez expresada de esta manera la ley integral de conservación de la carga eléctrica, la conclusión es inmediata: la carga
eléctrica es constante en el tiempo y es una invariante para todos los marcos de referencia.
En este último problema hemos dado un salto breve hacia el tema de la electrodinámica relativista (el cual trataremos más a
fondo en entradas posteriores) con el fin de que el lector se vaya acostumbrando y se vaya familiarizando con el tratamiento
tensorial de casi todo lo que tiene que ver con los temas fundamentales de la física.
El tensor energía-tensión que hemos estudiado aquí es uno que tiene que ver con la materia como fuente primaria de masa-
energía para provocar una curvatura del espacio-tiempo. Pero no es la única fuente para producir tal cosa. Posteriormente
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estudiaremos otro tensor, el tensor electromagnético energía-tensión, en el cual la energía es la contenida en un campo
electromagnético. Cualquier fuente de energía, trátese de energía nuclear, energía solar, lo que sea, todo ello tendrá su propio
tensor energía-tensión, y el efecto total combinado sumado tensorialmente (componente a componente) será lo que producirá
la curvatura geométrica del espacio-tiempo. Esto significa que el tensor T en las ecuaciones de campo de la Relatividad General
es en realidad una suma de tensores, todos ellos expresados necesariamente en el mismo sistema de coordenadas (y desde luego
en el mismo sistema de unidades), de modo tal que las ecuaciones de campo de la Relatividad General son realmente:
G = 8πG (T1 + T2 + T3 + ...)
Sin embargo, y para fines prácticos, podemos limitarnos a trabajar con el tensor que hemos estudiado aquí, porque es el único
que a fin de cuentas produce una curvatura apreciable que puede ser confirmada a través de las observaciones astronómicas.
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Armando Martínez Téllez
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
m i é r c o l e s , 1 8 d e m a r z o
Electrodinámica relativista I
Aunque este tema correponde más bien a la Teoría Especial de la Relatividad que a la Relatividad General, se ha
puesto aquí siguiendo no sólo la metodología pedagógica que indica que los temas deben ser puestos en orden
ascendente de dificultad sino tomando en cuenta el hecho de que el tratamiento del tema requiere de un
conocimiento previo del análisis tensorial que no se acostumbra dar en un curso introductorio de la Teoría
Especial de la Relatividad pero que es mandatorio antes de entrar de lleno en el tema de la Relatividad General.
Este tema requiere de cierta familiaridad con las nociones básicas del electromagnetismo.
Antes de que hubiera una Teoría de la Relatividad, ya había una teoría matemática del electromagnetismo en la cual se inspiró
Einstein, a grado tal que su primera publicación se tituló “Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento”. Estudiar los
orígenes de las ideas de Einstein invariablemente lleva a cualquiera a estudiar los tratados del matemático James Clerk Maxwell
basadas en la tesis de que en los fenómenos electromagnéticos lo que importa es el movimiento relativo de las cargas eléctricas
y los campos eléctricos en movimiento.
Empezaremos con el estudio de una señal viajera que en cierto instante de tiempo podemos visualizar como estacionaria con la
siguiente forma de onda que corresponde a una onda senoidal alternando entre valores positivos y negativos:
La ecuación que nos describe una onda de este tipo cuya amplitud (que puede ser la amplitud de un campo eléctrico E o de un
campo magnético B) es A es la siguiente:
y(x) = A sen(kx)
en donde k es una constante numérica conocida como la constante de propagación cuya única función es “estirar” o
“comprimir” la onda senoidal horizontalmente.
Si queremos poner a la onda estacionaria de arriba en movimiento, basta con modificar la expresión agregando la variable
tiempo t de la siguiente manera:
y(x) = A sen(kx - ωt)
en donde ω es otra constante numérica cuya función es fijar la velocidad a la cual se está desplazando la señal hacia la derecha
(si queremos que la señal se desplace hacia la izquierda al ir aumentando el valor de t en el sentido positivo, reemplazamos el
signo negativo con un signo positivo).
La ecuación anterior es válida en una sola dimensión medida a lo largo del eje-x. Pero si queremos describir una onda senoidal
viajando en un espacio tri-dimensional Cartesiano, reemplazamos a la variable x por el vector posición x = (x1,x2,x3)
multiplicado en producto escalar vectorial por el vector de propagación k = (k1,k2,k3) de modo tal que:
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De este modo, llegamos a la siguiente ecuación de onda en donde haremos un ligero cambio de notación para denotar la
amplitud instantánea como φ y la amplitud máxima como φ0:
φ(x) = φ0 sen(k · x - ωt)
Otra ecuación igualmente válida es la siguiente en la cual usamos la función cosenoidal en lugar de la función senoidal:
φ(x) = φ0 cos(k · x - ωt)
Usando la ecuación de Euler:
eiθ = cos θ + i sen θ
podemos escribir:
φ = φ0 exp i(k · x - ωt)
Esta es la ecuación general de una onda viajera plana de amplitud φ0 medida por un observador en reposo. Esperamos que,
desde la perspectiva de la Teoría de la Relatividad, la ecuación de esta onda viajera para otro observador en movimiento
relativo con respecto al observador en reposo, tenga la misma forma (invariante):
φ’ = φ0 exp i(k’ · x’ - ωt’)
La onda plana debe seguir siendo plana porque la transformación del marco de referencia S al marco de referencia S’ es una
transformación linear (transformación de Lorentez).
A continuación llevaremos a cabo la construcción de un 4-vector que llamaremos K, un 4-vector de propagación que añadiremos
a nuestra lista de 4-vectores. Para ello, escribiremos los “factores de fase” de las ondas φ y φ’ de la siguiente manera como el
producto vectorial escalar de dos vectores de dos componentes cada uno:
k · x - ωt = k · x + (iω/c)(ict)
k · x - ωt = (k, iω/c) · (x, ict)
k · x - ωt = K · X
y del mismo modo:
k’ · x’ - ωt = (k’, iω/c) · (x’, ict) = K’ · X’
puesto que t en esta fórmula se corresponde con ω/c² y puesto que x se corresponde con k, tenemos entonces el siguiente
resultado:
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Si la velocidad del marco de referencia S’ con respecto al marco de referencia S es v, y si θ es el ángulo entre los 3-vectores k
y v, entonces con k = ω/c² obtenemos la siguiente expresión que nos proporciona la frecuencia de la onda electromagnética en
el sistema S’:
ω’ = γω [1 - (v/c) cos θ]
que podemos escribir de la siguiente manera:
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En la figura de arriba, una corriente eléctrica de 4 amperes está circulando a través de un conductor cuyo tramo inicial tiene una
superficie transversal S1 igual a 4 centímetros, la cual se reduce a una superficie transversal S2 igual a 1 centímetro cuadrado.
Obviamente, la densidad de corriente eléctrica es cuatro veces mayor en el segundo tramo del conductor que en el primero,
esto es precisamente lo que nos mide el J tridimensional. La corriente de carga eléctrica I que está atravesando una superficie
está dada por la siguiente definición vectorial:
siendo n un vector unitario normal a la superficie que está siendo atravesada por la corriente y siendo J = (Jx, Jy, Jz). Por su
parte, el 4-vector densidad de corriente J = (Jμ) está definido como se ha indicado arriba, siendo ρ la densidad de carga
eléctrica de modo tal que la carga infinitesimal dQ en un volumen pequeño está dada por ρd3x, o bien, para la carga completa
encerrada en un 3-volumen Euclideano:
Q = ∫∫∫ ρ dx dy dz
Resulta obvio que en la teoría relativista la densidad de corriente eléctrica J y la densidad de carga eléctrica ρ no pueden ser
entidades físicas independientes puesto que una carga eléctrica que permanece estática en un sistema de referencia en reposo S
se nos convertirá en una distribución de corriente eléctrica en un marco de referencia móvil. Esto nos proporciona la
justificación que necesitamos para juntar la densidad de corriente eléctrica J y la densidad de carga eléctrica ρ en un 4-vector
J de la siguiente manera:
J = (cρ, J)
J = (cρ, ρu)
J = (cρ0 /√1 - V²/c², uρ0 /√1 - V²/c²)
J = ρ0 (c /√1 - V²/c², uρ0 /√1 - V²/c²)
J = ρ0 (γc, γu)
Aquí podemos reconocer casi de inmediato lo que tenemos entre los paréntesis. Es el 4-vector velocidad U que ya habíamos
visto con anterioridad al introducir el tema de los 4-vectores. Es así como llegamos al siguiente resultado básico:
J = ρ0 U
Puesto que ρ0, la densidad de carga eléctrica local medida en el sistema de referencia en reposo S, es una invariante escalar, y
U es un 4-vector, el 4-vector velocidad, J debe poseer las mismas propiedades de transformación de U y por lo tanto también
es un 4-vector.
Ya se ha mencionado con anterioridad cómo para desarrollar la Teoría Especial de la Relatividad Einstein se inspiró en la teoría
del electromagnetismo de Maxwell, en la cual tampoco hay observadores privilegiados capaces de poder detectar el
movimiento absoluto. Siendo así, no nos debe extrañar el que las ecuaciones de campo del electromagnetismo son
invariantes bajo las transformaciones de Lorentz.
En la electrodinámica clásica, tanto el vector del campo eléctrico E = (E1,E2,E3) como el vector del campo magnético B =
(B1,B2,B3) no son 4-vectores, constan de tres componentes. Sin embargo, las seis componentes E1, E2, E3, B1, B2 y B3 pueden
ser utilizadas para definir un tensor antisimétrico como lo veremos a continuación. En el procedimiento, utilizaremos la
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convención:
(x1, x2, x3, x4) = (ct, x, y, z)
PROBLEMA: Se puede definir un tensor antisimétrico F = (Fμν) mediante las siguientes relaciones:
F1i = - Ei __(i = 2, 3, 4)
Este tensor es mejor conocido como el tensor de Faraday, y logra unifica en un 4-espacio las tres componentes del vector
campo eléctrico E con las tres componentes del vector campo magnético B.
Si en vez de utilizar sub-índices numéricos para representar los componentes alineados con las coordenadas generalizadas de los
componentes de E y B utilizamos lo que realmente significan dichos sub-índices en coordenadas Cartesianas (rectangulares)
entonces el tensor de Faraday que tenemos arriba, un tensor contravariante de orden dos, se puede escribir del siguiente modo
menos confuso:
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Es importante tomar nota de lo siguiente: los sub-índices numéricos empleados para distinguir las componentes de E y de B no
se corresponden directamente con los índices numéricos empleados para distinguir los 16 componentes del tensor de Faraday.
Una cosa que suele sorprender a algunos principiantes en el tema de la Relatividad General es que el tensor métrico g, muy
característico de la métrica que describe la curvatura del espacio-tiempo en un 4-espacio relativista, pueda ser utilizado
también para subir los índices de los componentes de un tensor electromagnético, tomando en cuenta el hecho de que el
electromagnetismo y la gravedad son dos fenómenos físicos diferentes. No lleva mucho tiempo adaptarse a esta nueva idea
siempre y cuando nos mantengamos en el ámbito de la Teoría Especial de la Relatividad, llevándonos a sospechar
eventualmente que el campo electromagnético y el campo gravitacional tal vez puedan ser unificados bajo un solo esquema
matemático, y de hecho esto sucedió como lo demuestró el trabajo de Kaluza-Klein al respecto. Aceptando esto como un
hecho, podemos utilizar al tensor métrico g del espacio-tiempo plano de la Teoría Especial de la Relatividad para bajar ambos
índices del tensor de Faraday dado arriba. Podemos obtener el tensor de Faraday con dos índices covariantes bajando cada
índice del tensor de Faraday que se acaba de dar arriba con la ayuda del tensor métrico g = (gαβ) que corresponde al elemento
de línea propio de un 4-espacio Lorentziano en donde hacemos c = 1 para fines de simplificación:
la operación del descenso de los dos índices se puede representar de la siguiente manera:
Fαβ = gαγ Fγδ gδβ
La ecuación anterior es una ecuación tensorial en notación de componentes que requiere llevar a cabo una doble sumatoria
sobre los índices repetidos. El cómputo se puede facilitar si en lugar de la ecuación tensorial utilizamos la ecuación matricial
correspondiente:
Podemos multiplicar las dos primeras matrices y multiplicar el producto resultante por la tercera matriz, o podemos multiplicar
las últimas dos matrices y multiplicer el producto resultante por la primera matriz, el resultado será el mismo en virtud de la
propiedad asociativa de la multiplicación de matrices. Multiplicando la segunda matriz por la tercera matriz obtenemos lo
siguiente:
A continuación pre-multiplicamos esta matriz por la primera matriz para así obtener los componentes del tensor de Faraday en
su representación tensorial covariante:
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Resulta obvio que los elementos de Fαβ se pueden obtener a partir de los elementos de Fαβ con la simple inversión de los signos
de los componentes de E, o sea sustituyendo E por -E.
Al igual que como lo hicimos arriba, podemos representar los componentes de los campos E y B mediante notación Cartesiana
que nos puede ahorrar equivocaciones y confusiones:
Otra variante del tensor de Faraday que resulta extremadamente útil es el tensor dual de fuerza del campo electromagnético
o simplemente el tensor de fuerza del campo electromagnético, para cuya obtención definimos primero el siguiente tensor (o
mejor dicho, pseudotensor) ε = (εαβγδ) de orden cuatro totalmente antisimétrico:
εαβγδ = + 1 para α = 1, β = 2, γ = 3 y δ = 4 o cualquier permutación par de índices
εαβγδ = - 1 para cualquier permutación impar de índices
εαβγδ = 0 si dos índices son iguales
Con esta definición, y llevando a cabo las sumatorias para la evaluación de componentes individuales, obtenemos el siguiente
tensor de fuerza del campo electromagnético:
Comparando este tensor con el tensor Fαβ, podemos ver que lo podemos obtener de Fαβ haciendo los cambios E → B y B → - E
en Fαβ .
De este modo, al igual que como ocurre con la Teoría Especial de la Relatividad en la cual el espacio y el tiempo son unificados
bajo un solo concepto en un espacio-tiempo cuatri-dimensional como un vector que incluye los componentes de ambos, en el
electromagnetismo de Maxwell el campo elétrico y el campo magnético también pueden ser unificados bajo el tensor de orden
dos conocido como el tensor de Faraday en donde B = (Bx,By,Bz) es la parte magnética del campo electromagnético expresada
en sus tres componentes espaciales Cartesianas, y E = (Ex,Ey,Ez) es la parte eléctrica del mismo campo electromagnético.
¿Podemos recuperar las ecuaciones del electromagnetismo de Maxwell a partir del tensor de Faraday? La respuesta es
afirmativa, pero para ello necesitamos de la ayuda de dos ecuaciones diferenciales adicionales, siendo la primera de ellas la
siguiente:
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En notación de la coma utilizada para simbolizar derivadas, esta ecuación se escribe de la manera siguiente (aquí no empleamos
a la derivada covariante simbolizada con el semicolon puesto que todo lo que está siendo desarrollado aquí pertenece al campo
de la Teoría Especial de la Relatividad):
PROBLEMA: Demuéstrese que la ecuación que se acaba de proporcionar nos conduce directamente al principio de la
conservación de la carga eléctrica Jμ,μ= 0.
Escribiendo la relación con un ligero cambio de notación, en su forma explícita:
La condición matemática para la conservación de la carga eléctrica, Jμ,μ= 0, requiere que tomemos la derivada con respecto xμ,
lo cual en conformidad con la convención para índices repetidos activa la sumación de términos. Tomando, pues, la derivada
con respecto a xμ en ambos lados de la ecuación:
Sin embargo, el tensor de Faraday F = (Fαβ) es antisimétrico, o sea que Fμν = - Fνμ, lo cual implica a su vez que:
en donde hemos invertido también el orden de la diferenciación dado que en la diferenciación ordinaria (a diferencia de lo que
ocurre con la derivada covariante) el orden de la diferenciación no altera el resultado final. Pero en el lado derecho de la
ecuación los índices que tenemos son índices monigote, los cuales podemos renombrar como δ, λ, ξ, lo que queramos, siempre y
cuando mantengamos la misma forma. Aquí simplemente cambiaremos μ por ν y viceversa:
Lo que tenemos entonces es una expresión del tipo a = -a. Pero ninguna cantidad puede ser igual al negativo de la misma, a
menos de que esta sea cero. Se concluye que el lado izquierdo de la expresión debe ser igual a cero, dejándonos únicamente
con:
Jμ,μ = 0
que es la condición para la conservación de la carga eléctrica.
PROBLEMA: Obtener la primera ley del electromagnetismo de Maxwell, ∇·E = 4πρ, a partir del tensor de Faraday.
Empezamos con la relación dada arriba, escrita en su forma más explícita:
Poniendo β = 1 en la expresión y desarrollando la sumatoria de acuerdo a la convención de sumación para índices repetidos,
tenemos lo siguiente:
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Puesto que F11 = 0, se ha puesto de color rojo el primer término, con lo cual sólo nos quedan tres términos en el lado izquierdo
de la ecuación. Para mayor claridad, se harán de lado las coordenadas generalizadas y se escribirán los componentes del tensor
de Faraday en función de las coordenadas rectangulares Cartesianas regulares. Substituyendo los valores del tensor de Faraday de
conformidad con lo que tenemos arriba:
Se ha subsituído el valor correspondiente al primer componente J1 en el 4-vector J = (Jβ) que como se definió arriba es igual a
cρ. No nos lleva mucho tiempo identificar lo que tenemos en el lado izquierdo de la ecuación; se trata de la divergencia del
vector de campo eléctrico E. Entonces lo anterior se puede simplificar y escribir como:
∇·E = 4πρ
Esta es precisamente la primera ley de Maxwell que nos describe la divergencia de las líneas de fuerza del campo eléctrico E
para una carga eléctrica puesta dentro de una superficie cerrada.
PROBLEMA: Obtener la ley de Maxwell:
Puesto que F22 = 0, se ha puesto de color rojo el segundo término, con lo cual sólo nos quedan tres términos en el lado izquierdo
de la ecuación. Nuevamente, para mayor claridad, se harán de lado las coordenadas generalizadas y se escribirán los
componentes del tensor de Faraday en función de las coordenadas rectangulares Cartesianas regulares. Substituyendo los valores
del tensor de Faraday de conformidad con lo que tenemos arriba:
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Finalmente, para β = 4, obtenemos:
Pero las tres relaciones obtenidas se pueden simplificar metiéndolas en una sola con la ayuda del operador rotacional que
consiste en tomar el producto cruz del operador diferencial vectorial ∇ con el campo magnético y utilizar las relaciones en el
orden requerido para obtener la ecuación de Maxwell pedida. A partir de su definición, el vector rotacional definido sobre un
vector A en función de sus tres componentes espaciales es obtenido mediante el siguiente determinante:
Esta ecuación ciertamente es lo más compacto que pueda haber resumiendo una gran cantidad de información en unos cuantos
símbolos. Sin embargo, podemos obtener lo mismo mediante otra ecuación en la cual utilizamos el tensor de Faraday covariante
de dos, la cual se encuentra con mayor frecuencia en los libros de texto:
Y en notación de componentes recurriendo a la coma para representar la derivada parcial, la fórmula toma el siguiente aspecto:
PROBLEMA: A partir del tensor de Faraday, obténgase la ley de Maxwell que afirma que la divergencia vectorial de un campo
magnético cualquiera es igual a cero.
Para esta demostración utilizaremos los índices espaciales del tensor de Faraday, evitando el uso del índice temporal (el índice
1). Haciendo α =2, β = 3 y γ = 4, cualquiera de las últimas tres ecuaciones que se acaban de dar arriba se traducen en lo
siguiente:
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Reemplazando cada uno de los valores de los componentes de acuerdo a su posición notacional en el tensor covariante de
Faraday, obtenemos entonces:
o bien:
El lado izquierdo lo reconocemos de inmediato como la divergencia del vector del campo magnético B, lo cual se representa de
forma más compacta con la ayuda del operador diferencial ∇ como:
∇·B = 0
Si utlizamos cualquier otra combinación de índices que excluya al índice 1, obtendremos exactamente el mismo resultado. No
cuesta mucho trabajo darse cuenta de que todas las combinaciones posibles de índices 2, 3 y 4 (no repetidos en un mismo
término) generan la ley de Maxwell que afirma que no hay monopolos (“cargas”) magnéticos, formando las líneas del campo
magnético siempre trayectorias cerradas. Esta es pues la primera ecuación que podemos extraer de la ecuación diferencial.
PROBLEMA: Obtener la ley de Maxwell:
Reemplazando cada uno de los valores de los componentes de acuerdo a su posición notacional en el tensor covariante de
Faraday, obtenemos entonces:
Probando otras combinaciones de índices, todas las cuales incluyen al índice 1, podemos obtener otras dos ecuaciones:
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Nuevamente, y al igual que como ocurrió arriba, las tres relaciones se pueden simplificar metiéndolas en una sola con la ayuda
del operador rotacional ∇ aplicado al campo eléctrico E, obteniendo así la ecuación de Maxwell pedida.
Existe otra manera de definir la ecuación diferencial a partir de la cual podemos obtener del tensor de Faraday las últimas dos
ecuaciones de Maxwell que se acaban de demostrar, y esta consiste en utilizar el tensor de Faraday contravariante F = (Fαβ) en
lugar del tensor de Faraday covariante. Para ello, partiendo de la definición del símbolo ∂α, cuyas componentes en el 4-espacio
son:
le subimos el índice a este símbolo con la ayuda del tensor métrico conjugado basado en la métrica del espacio-tiempo plano:
Una vez que nos hemos puesto de acuerdo en esto, la ecuación diferencial puede ser escrita de la siguiente manera:
La ventaja de esta simbolización es que podemos escribirla de inmediato con solo observar que los índices de un término al
siguiente siguen un orden de permutación cíclico. La desventaja es que tenemos que ser cuidadosos al momento de reemplazar
los índices generales por índices numéricos en las derivadas parciales. A modo de ejemplo, si usamos la combinación α =3, β = 1
y γ = 2, entonces la expansión de la expresión nos dá:
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Sustituyendo valores:
FαβFαβ =______________________
(0)(0) + (E1)(- E1) + (E2)(- E2) + (E3)(- E3)
+ (- E1)(E1) + (0)(0) + (B3)(B3) + (- B2)(- B2)
+ (- E2)(E2) + (- B3)(- B3) + (0)(0) + (B1)(B1)
+ (- E3)(E3) + (B2)(B2) + (- B1)(- B1) + (0)(0)
FαβFαβ =_________________
- E1² - E2² - E3² - E1² + B3² + B2²
- E2² + B3² + B1² - E3² + B2² + B1²
Puesto que tanto B² como E² son escalares, se concluye que la cantidad FαβFαβ es un escalar invariante de Lorentz.
PROBLEMA: Si aplicamos una rotación de Lorentz en el 4-espacio a un tensor de Faraday F suponiendo que el movimiento
entre los dos marcos de referencia está limitado a un movimiento relativo a lo largo del eje-x común, las componentes
(espaciales) del campo eléctrico E y el campo magnético B entre ambos marcos de referencia están relacionadas de la
siguiente manera (la derivación de las relaciones fue llevada a cabo en la entrada titulada “Gimnasia de índices”):
E1 = E1___E2 = γ(E2 - βB3)___E3 = γ(E3 + βB2)
B1 = B1___B2 = γ(B2 + βE3)___B3 = γ(B3 - βE2)
Usando estas relaciones, demostrar que el producto E·B es una invariante Lorentziana.
E·B = E1B1 + E2B2 + E3B3
E·B = (E1)(B1) + [γ(E2 - βB3)][γ(B2 + βE3)] + [γ(E3 + βB2)][γ(B3 - βE2)]
E·B = E1B1 + γ²(E2 - βB3)(B2 + βE3) + γ²(E3 + βB2)(B3 - βE2)
E·B = E1B1 + γ²(E2B2 + βE2E3 - βB2B3 - β²E3B3)
+ γ²(E3B3 - βE2E3 + βB2B3 - β²E2B2)
E·B = E1B1 + γ²(1 - β²)E2B2 + γ²(1 - β²)E3B3
E·B = E1B1 + E2B2 + E3B3
E·B = E·B
De este resultado se puede sacar una conclusión importante. Siendo el producto E·B una invariante de Lorentz, si el campo
eléctrico E es perpendicular al campo magnético B en un marco de referencia S, entonces ambos seguirán siendo
perpendiculares en cualquier marco de referencia S’.
PROBLEMA: Descomponiendo vectorialmente los campos E y B en sus componentes paralelas y perpendiculares al eje del
movimiento relativo entre los marcos de referencia, demostrar que el campo eléctrico y el campo magnético no pueden
tener una existencia independiente el uno del otro.
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Si descomponemos los campos E y B en sus componentes paralelas y perpendiculares al eje del movimiento relativo entre los
marcos de referencia S y S’, entonces podemos escribir lo siguiente (se recurrirá aquí a la comilla en lugar de la barra horizontal
superior para denotar los vectores en el marco de referencia S’ con el fin de que no se pueda confundir la barra horizontal
superior con la flecha puesta también encima para simbolizar la naturaleza vectorial de cada campo):
Inspeccionando las relaciones puestas al principio del problema anterior, podemos generalizarlas para escribir las siguientes
relaciones vectoriales válidas para el campo eléctrico:
Para el campo magnético también obtenemos relaciones similares, las cuales difieren de las del campo eléctrico mediante un
simple intercambio de un signo dentro del paréntesis además del intercambio de las literales E y B:
Estos resultados nos indican que el campo eléctrico y el campo magnético no pueden tener una existencia independiente el uno
del otro. Un campo eléctrico puro E (sin la presencia de campo magnético alguno) en el sistema de referencia S se transforma
en campos eléctrico y magnético en el sistema de referencia S’. Pero no existe velocidad alguna menor que la velocidad de la
luz que permita la existencia de un campo magnético puro B en el sistema de referencia S’. En pocas palabras, si existe un
marco de referencia Lorentziano en el cual el campo sea completamente eléctrico, es imposible encontrar otro marco de
referencia Lorentziano en el cual el campo sea completamente magnético. De este modo, así como el espacio y el tiempo han
dejado de tener una existencia independiente el uno del otro (matemáticamente hablando) y han sido unificados en un 4-vector
como un solo concepto, el del espacio-tiempo, del mismo modo el campo eléctrico y el campo magnético tampoco tienen una
existencia independiente el uno del otro, habiendo sido unificados bajo el tensor de Faraday. Esta es a fin de cuentas la razón
de ser del tensor de Faraday, el llevar a cabo a su máximo la unificación de las leyes del electromagnetismo.
Sumando vectorialmente las componentes paralelas y perpendiculares de cada campo y simplificando, podemos demostrar que la
transformación general de los campos eléctrico y magnético está dada por las siguientes relaciones:
Nuevamente, estas relaciones demuestran que E y B no tienen existencia independiente. Un campo puramente eléctrico o
puramente magnético en un sistema de referencia aparecerá como una mezcla de ambos en cualquier otro sistema de
referencia. De este modo, en vez de hablar separadamente del campo eléctrico E y del campo magnético B, más
apropiadamente uno debe de hablar del campo electromagnético Fαβ.
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
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Electrodinámica relativista II
Aunque este tema correponde más bien a la Teoría Especial de la Relatividad que a la Relatividad General, se ha
puesto aquí siguiendo no sólo la metodología pedagógica que indica que los temas deben ser puestos en orden
ascendente de dificultad sino tomando en cuenta el hecho de que el tratamiento del tema requiere de un
conocimiento previo del análisis tensorial que no se acostumbra dar en un curso introductorio de la Teoría
Especial de la Relatividad pero que es mandatorio antes de entrar de lleno en el tema de la Relatividad General.
Este tema requiere de cierta familiaridad con las nociones básicas del electromagnetismo.
El tensor de Faraday F tiene otras aplicaciones además de las que ya hemos visto previamente. Una de ellas consiste en
utilizarlo para definir dentro del ámbito de la electrodinámica clásica la densidad de fuerza de Lorentz o 4-fuerza
electromagnética de Minkowski f β de la siguiente manera:
Esta definición se basa en la definición del siguiente 4-vector (contravariante) densidad de corriente J:
J = (Jα) = (cρ, J) = (cρ, Jx, Jy, Jz)
Puesto que es la expresión covariante del tensor J la que es utilizada en la definición de la densidad de fuerza de Lorentz,
necesitamos bajar el índice con la ayuda del tensor métrico g que corresponde a la métrica de la Teoría Especial de la
Relatividad:
(Jα) = (gαμJμ) = (cρ, - Jx, - Jy, - Jz) = (cρ, - J)
PROBLEMA: Demostrar que la densidad de la fuerza Lorentz es igual a un 4-vector con los siguientes componentes temporal y
espacial:
Puesto que F11 (puesto en rojo) es igual a cero, ello nos deja únicamente tres términos cuya substitución nos resulta en lo
siguiente:
Para β = 2 (primer componente espacial) la definición de la fuerza de Lorentz nos proporciona lo siguiente:
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Substituyendo valores y haciendo uso de la definición del producto cruz de dos vectores, tenemos entonces:
Procediendo de idéntica manera, obtenemos las otras dos componentes espaciales de f β que resultan ser:
Juntando los cuatro resultados obtenidos obtenemos así la expresión que deseábamos demostrar para la 4-densidad de fuerza de
Lorentz.
Hablando en términos generales, las fuerzas dinámicas, las fuerzas en movimiento, no tienen cabida dentro de la Teoría de la
Relatividad, y esto se aplica no solo a la atracción de la gravedad que es generada no como resultado de una fuerza de atracción
de un cuerpo sobre otro sino como resultado del campo con el cual un cuerpo genera en torno suyo una curvatura en el espacio-
tiempo; se aplica también a los fenómenos eléctricos y magnéticos. Quizá la ley más básica que podamos encontrar en la
electroestática es la ley de Coulomb, pre-relativista, que nos dice en similitud con la ley de gravitación universal de Newton:
“dos cuerpos cargados eléctricamente se atraen en proporción directa del producto de sus cargas y en razón inversa del
cuadrado de la distancia que los separa”. Esta ley, expresada matemáticamente en unidades del sistema MKS (metro-kilogramo-
segundo) tiene la siguiente forma:
El problema esencial con la ley de Coulomb, al igual que el problema con la ley de la gravitación universal de Newton, es que
están basadas en el concepto de la “acción a distancia”, el cual supone que entre dos cuerpos que están separados una distancia
que (teóricamente) podría ser medida en miles de millones de kilómetros existe una fuerza invisible que los conecta
instantáneamente. En principio, si uno de los cuerpos es alejado del otro, la fuerza entre ambos cambia instantáneamente, sin
que el límite natural impuesto por la velocidad de la luz presente obstáculo alguno para la “acción a distancia” instantánea. En la
ley de Coulomb no aparece la velocidad de la luz, e inclusive ni siquiera aparece el tiempo como factor limitante a la variación
de la fuerza de atracción o repulsión electroestática. Esto significa que si ponemos a una carga eléctrica en movimiento sus
efectos sobre todas las demás cargas eléctricas del Universo será transmitido instantáneamente, lo cual por sí solo despierta
sospechas y dudas.
Las limitaciones impuestas por la ley de Coulomb para el análisis de las cargas eléctricas en movimiento pueden ser superadas
con la ayuda de las leyes del electromagnetismo de Maxwell, las cuales son relativísticamente correctas. Esto requiere el
abandono definitivo del concepto Coulombiano de la “fuerza eléctrica de atracción o repulsión entre dos cargas eléctricas”
substituyéndolo por el concepto del campo generado por dichas cargas. A continuación tenemos dos cargas, una carga positiva
de dos unidades (q = +2) y una carga negativa de una unidad (1 = -1), mostrándose los campos eléctricos generados en torno a
cada carga y la forma en la que interactúan tratándose de cargas eléctricas de signos opuestos:
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En la misma figura se han trazado dos trayectorias, tanto la de una carga positiva que sale disparada (repelida) por la carga
eléctrica positiva y que es atraída por la carga eléctrica negativa (trayectoria de color rojo), así como la de una carga negativa
que sale disparada (repelida) por la carga eléctrica negativa y que es atraída por la carga eléctrica positiva (trayectoria de color
azul). En la siguiente figura tenemos una partícula que sale disparada y repelida con tal fuerza y en tal dirección por la carga
positiva que no alcanzará a encaminarse hacia la carga negativa, pudiéndose ver que a lo largo de su trayectoria su vector
velocidad (flechita de color verde) no necesariamente será perpendicular a las líneas del campo:
A continuación tenemos dos simulaciones de “fotografías instantáneas” con varias cargas eléctricas de signos diversos cercanas
unas a las otras, en las cuales podemos ver la manera en la cual interactúan entre sí los campos de dichas cargas:
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Del análisis de las cargas eléctricas puntuales (suponiendo toda la carga eléctrica concentrada en un punto) en movimiento, con
la ayuda de las ecuaciones de Maxwell se pueden obtener no sin poco esfuerzo los potenciales Liénard-Wiechert que describen
el efecto electromagnético clásico de una carga eléctrica en movimiento en términos de un campo potencial vectorial A y un
potencial escalar V. Es importante señalar que los potenciales Liénard-Wiechert preceden a la Teoría de la Relatividad, lo cual
explica las dificultades empleadas en obtener clásicamente dichos potenciales a partir de las leyes de Maxwell sin el beneficio
de la filosofía relativista.
Para obtener el campo eléctrico E producido por una carga en movimiento, podemos recurrir al procedimiento pre-relativista
partiendo de los potenciales Liénard-Wiechert. O podemos utilizar en nuestra ventaja los resultados obtenidos con la ayuda de
la Teoría de la Relatividad a través del tensor de Faraday. Ya vimos en una entrada previa que cuando sometemos al tensor de
Faraday F a una transformación de Lorentz, los tres componentes del campo eléctrico original E = (E1,E2,E3) y del campo
magnético original B = (B1,B1,B3) están relacionados con los componentes de los campos ya transformados E = (E1,E2,E3) y B =
(B1,B2,B3) mediante las siguientes relaciones:
E1 = E1___E2 = γ(E2 - βB3)___E3 = γ(E3 + βB2)
B1 = B1___B2 = γ(B2 + βE3)___B3 = γ(B3 - βE2)
De conformidad con la filosofía relativista, en vez de considerar la fuerza eléctrica descrita por ley de Coulomb consideraremos
el campo eléctrico E generado por una carga puntual en reposo a una distancia r de dicha carga, definido de la siguiente manera
(r es el vector radial, de magnitud variable r):
Estamos interesados en obtener el campo eléctrico generado por esta carga tal y como sería visto por un observador situado en
un sistema de referencia S’ en movimiento relativo con respecto al sistema de referencia S dentro del cual la carga eléctrica
está en reposo, un sistema que se mueve a una velocidad uniforme V a lo largo del eje-x1 de S. Por conveniencia,
consideraremos el campo electrico medido por el observador en S’ cuando los orígenes de ambos marcos de referencia
coinciden, y designaremos a este instante t = t’ = 0.
Puesto que una carga eléctrica en reposo no genera campo magnético alguno, B = 0 en el sistema de referencia S, o sea que
todas las componentes de B deben ser iguales a cero. Entonces las ecuaciones de transformación de S a S’ nos dicen que
debemos tener lo siguiente:
E1 = E1___E2 = γ(E2 - βB3) = γE2___E3 = γ(E3 + βB2) = γE3
En el momento t = t’ = 0, las coordenadas son por transformación inversa de Lorentz:
x1 = γx1___x2 = x2___x3 = x3
La distancia radial r del punto de origen en donde está centrada la carga eléctrica al punto de observación (o medición) está
dada entonces por la siguiente relación:
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De este modo, las componentes del campo eléctrico generadas por la carga eléctrica en movimiento (al estar en el sistema de
referencia S’) serán:
En el sistema de referencia S’ la proyección del vector posición r de la carga en movimiento sobre el eje-x1 será:
x1 = r cos θ
Y del mismo modo:
r² = (x1)² + (x2)² + (x3)²
Entonces:
(x2)² + (x3)² = r² sen² θ
Por lo tanto:
(γx1)² + (x2)² + (x3)² = γ² r² cos² θ + r² sen² θ
(γx1)² + (x2)² + (x3)² = r² [γ² cos² θ + sen² θ]
(γx1)² + (x2)² + (x3)² = r² [cos² θ/(1 - β²) + sen² θ]
(γx1)² + (x2)² + (x3)² = r² [cos² θ + sen² θ - β² sen² θ]/(1 - β²)
(γx1)² + (x2)² + (x3)² = γ² r² [1 - β² sen² θ]
Con esto, el vector del campo eléctrico de la carga en movimiento resulta ser:
en donde r es un vector radial unitario apuntando radialmente hacia afuera (o hacia adentro) de la carga puntual. Esto lo
podemos escribir también de la siguiente manera:
Este es el mismo resultado, pre-relativista, obtenido laboriosamente a partir de los potenciales definidos en partes primero por
Alfred-Marie Liénard en 1898 e independientemente por Emil Wiechert en 1900.
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Otro resultado que podemos obtener desde la óptica relativista con lo que ya hemos visto es la ley de Biot-Savart que nos
proporciona la inducción magnética B producida por un alambre infinitamente largo que transporta una corriente eléctrica:
Clásicamente, para obtener la ley que nos proporciona la magnitud de B a cierta distancia (perpendicular) al hilo conductor,
primero subdividimos el hilo en segmentos infinitesimales de longitud:
y llevando a cabo una integración sobre la contribución infinitesimal dB al campo producida por cada elemento infinitesimal de
corriente:
B = ∫dB
obtenemos la siguiente expresión:
Para obtener este mismo resultado por la vía de la relatividad, suponemos primero un hilo cargado eléctricamente acomodado a
lo largo del eje-x1 de S, de modo tal que la distribución de cargas eléctricas sobre el hilo estará en reposo para un observador
situado justo a un lado del hilo en el sistema de referencia S. Pero si ponemos al hilo de cargas en movimiento longitudinal con
respecto a nosotros (o bien si nos desplazamos paralelamente al eje a velocidad constante) poniéndonos así en un sistema de
referencia S’, entonces para nosotros el hilo tendrá el equivalente real de una corriente eléctrica. Si hay una densidad uniforme
de carga lineal ρ a lo largo del hilo en S, entonces en cualquier elemento infinitesimal de longitud dx1 habrá una carga eléctrica
ρdx1. De acuerdo con la ley de la conservación de la carga eléctrica, hay una cantidad igual de carga contenida en el intervalo
dx1 en un sistema de referencia S que esté en movimiento relativo con respecto a S, con lo cual:
ρ dx1 = ρ dx1
Puesto que en el sistema de referencia S no hay campo magnético alguno al estar las cargas en reposo, si tomamos las relaciones
dadas arriba:
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B1 = B1___B2 = γ(B2 + βE3)___B3 = γ(B3 - βE2)
tenemos entonces:
B1 = B1___B2 = γβE3___B3 = - γβE2
Por lo tanto, el campo magnético dB debido a un elemento de carga móvil ρdx1 en S’ será:
Con las relaciones obtenidas por la vía del tensor de Faraday tenemos entonces:
Usando lo que hemos visto con anterioridad para el caso de una carga eléctrica individual en movimiento, llegamos a lo
siguiente:
o bien:
En forma similar a como ocurre en la derivación clásica (pre-relativista) de la ley de Biot-Savart, obtenemos el campo total B
integrando esta última expresión sobre la longitud total (infinita) de la distribución de cargas:
B = ∫dB
Combinando lo que hemos obtenido, tenemos entonces la expresión final para B, que es:
B = 2I/cr0
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Esta es precisamente la ley Biot-Savart.
Las predicciones hechas por estas leyes, formuladas antes del arribo de la Teoría de la Relatividad, son relativísticamente
exactas, y no requieren de modificación alguna que tome en cuenta la velocidad de las cargas, sobre todo para velocidades
cercanas a la velocidad de la luz.
Lo que hemos visto ha establecido una conexión entre el electromagnetismo de Maxwell y la Teoría Especial de la Relatividad.
Pero no hemos establecido ninguna conexión entre el electromagnetismo y la Relatividad General. Esto lo podemos hacer en
cierta forma a través del tensor energía-tensión como lo veremos a continuación.
El tensor energía-tensión T de las ecuaciones de campo de la Relatividad General es extraordinario en el sentido de que incluye
todas las energías posibles habidas y por haber: la energía equivalente de una masa, la energía térmica, la energía de rotación,
la energía de movimiento lineal, la energía de enlace entre dos átomos, la energía de enlace nuclear; y desde luego, la energía
electromagnética. Y si la energía que estamos considerando es energía electromagnética pura, el tensor que empleamos para
estos casos es el tensor electromagnético energía-tensión o tensor electromagnético energía-momentum, el cual puede ser
definido de la siguiente manera:
Una ligera variante de la fórmula se obtiene llevando a cabo la subida del índice μ como lo indica la contracción de Fμλ con el
tensor gαμ, aunque esto nos resulta en la pérdida de la simetría que exhiben los dos términos dentro del paréntesis:
Esta definición está basada en el tensor de Faraday F que ya vimos previamente, y en el tensor métrico conjugado g-1 = (gμν)
para el espacio-tiempo Lorentziano definido aquí como ya lo hemos visto previamente:
g11 = 1___g22 = g33 = g44 = - 1
gij = 0___para i ≠ j
PROBLEMA: Obtener los componentes del tensor electromagnético energía-tensión T a partir de la definición dada
anteriormente.
Empezaremos con el componente T11, para lo cual hacemos las substituciones α = β = 1 en la definición del tensor energía-
tensión T para el campo electromagnético:
Puesto que la métrica es diagonal, en el primer término dentro de los paréntesis el único valor de μ para el cual g1μ no será cero
es μ = 1. Por otro lado, en el segundo término tenemos la doble contracción FαβFαβ del tensor de Faraday, la cual ya vimos
previamente que nos produce la expresión 2(B² - E²). Expandiendo la sumatoria que nos resulta en el primer término de acuerdo
con la convención de sumación para índices repetidos, después de haber puesto g11 = 1, tenemos entonces:
A continuación, substituímos cada uno de los elementos tomándolos tanto del tensor de Faraday en su forma contravariante Fαβ
como del tensor de Faraday en su forma covariante Fαβ, obteniendo con esto (se recuerda aquí nuevamente que los sub-índices
numéricos dados a las tres componentes espaciales tanto del campo elétrico E como del campo magnético B no tienen relación
directa con los índices numéricos empleados para identificar a las componentes del tensor electromagnético energía-tensión T,
al igual que como ocurre en el caso del tensor de Faraday F):
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Simplificando con el hecho de que E·E = E² = Ex² + Ey² + Ez² = E1² + E2² + E3²:
Como se ha destacado con la simbolización en color azul, el componente T11 resulta ser una expresión muy importante que
encontramos en los cursos introductorios de la electrodinámica clásica mucho antes de que se tenga conocimiento alguno de lo
que es un tensor. Se trata de la densidad de energía del campo electromagnético, la energía del campo electromagnético por
unidad de volumen. Esta cantidad puede considerarse como una especie de energía potencial. La cantidad ∫ε dv (una integral
volumétrica) es considerada usualmente como la energía del campo electromagnético. El concepto de una energía almacenada
en un campo en lugar de residir dentro de una partícula es un concepto básico del campo electromagnético, y se corresponde. El
componente T11 se corresponde con lo que ya habíamos visto previamente cuando identificamos el componente T11 en el
ámbito de la Relatividad General como la densidad de masa-energía ρ.
A continuación, llevaremos a cabo la evaluación del componente T12 repitiendo los pasos que acabamos de efectuar, haciendo α
= 1 y β = 2 en la definición del tensor electromagnético energía-tensión:
Puesto que g12 es igual a cero, se ha destacado de color rojo indicándose así con ello que se llevará a cabo la eliminación del
segundo término, dejándonos únicamente con:
Llevamos a cabo la expansión de la sumatoria de acuerdo con la convención de sumación, destacando de antemano los
componentes del tensor de Faraday que son iguales a cero:
Substituyendo los valores de cada componente de los tensores de Faraday covariante y contravariante que se requieren en este
caso, tenemos lo siguiente:
En la tercera línea se ha efectuado una conversión de los índices numéricos a las coordenadas espaciales Cartesianas para que
sea más claro lo que se va a llevar a cabo. La forma del término entre los paréntesis es la misma que la de un producto cruz,
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cuyos componentes en coordenadas rectangulares referidas a un triplete de vectores unitarios de base i, j y k, tiene la
definición usual que se le dá al producto cruz mediante el determinante de la siguiente matriz:
En base a esto, podemos ver que la componente producida por el producto cruz corresponderá al vector ExB que apunta a lo
largo de la coordenada espacial x2 = x, o sea:
Procediendo de modo similar, obtenemos las otras dos componentes que corresponden a los elementos espaciales del tensor T
colocados a lo largo del primer renglón en su representación matricial, los cuales apuntan a lo largo de las coordenadas
espaciales x3 = y y x4 = z respectivamente:
De igual manera, se puede verificar que las tres componentes que corresponden a los elementos espaciales del tensor T
colocadas a lo largo de la primera columna son las siguientes:
Para obtener esto último, no es necesario llevar a cabo las evaluaciones detalladas a partir de la definición, porque el tensor
electromagnético energía-tensión de la electrodinámica T, al igual que el tensor energía-tensión T de la Relatividad General, es
simétrico.
A esto último podemos darle una interpretación física inmediata apelando a la definición del vector de Poynting S, el cual en
unidades Gaussianas está dado por la relación:
El vector de Poynting nos expresa el flujo de energía electromagnética a través del espacio libre, y nos proporciona la
cantidad de energía electromagnética que está pasando a través de una superficie por unidad de área por unidad de tiempo.
Habiendo determinado las componentes que corresponden al primer renglón y a la primera columna de la matriz que representa
al tensor electromagnético energía-tensión, si borramos el el primer renglón y la primera columna de la matriz nos queda una
sub-matriz. Esta sub-matriz, con un signo negativo antepuesto, es mejor conocida como el tensor de tensión de Maxwell
(Maxwell stress tensor), la cual podemos representar como [TM]. A continuación procederemos a determimar el elemento T23
que corresponde a esta sub-matriz de acuerdo a la definición del tensor completo T dada arriba.
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Expandiendo la sumatoria de acuerdo a la convención de sumación:
A continuación, substituímos los componentes del tensor de Faraday covariante y contravariante en esta expresión, pero para
evitar una posible confusión de los sub-índices numéricos empleados en la designación de los componentes de E y B con los
índices del tensor emplearemos la notación correspondiente a las coordenadas rectangulares Cartesianas:
Ahora evaluaremos el componente T22 que corresponde a una de las entradas diagonales del tensor tensión de Maxwell:
En el primer término, la expansión de la sumatoria sobre μ sólo es efectiva para μ = 2 en virtud de que para cualquier otro valor
g2μ es igual a cero. Sacándolo fuera del paréntesis y substituyéndolo por su valor g22 = -1 tenemos entonces:
Obsérvese con atención que no hemos puesto μ = 2 en el segundo término, en virtud de que los índices no son índices libres sino
índices monigote al llevar a cabo la doble sumatoria sobre ambos índices como lo requiere la convención de sumación.
El segundo término nos debe resultar familiar, ya que en un problema anterior se demostró que la expresión FαβFαβ es igual a
2(B² - E²). Substituyendo este resultado y llevando a cabo la sumación en el primer término tenemos entonces:
Substituímos ahora los componentes de los tensores de Faraday covariante y contravariante empleando en los sub-índices de los
componentes (espaciales) de los campos E y B la notación usual de coordenadas rectangulares Cartesianas para obtener así:
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Puesto que:
B² = Bx² + By² + Bz²
Bx² - B² = - Bz² - By²
tenemos entonces:
Procediendo de igual forma, encontramos que los componentes T33 y T44 son los siguientes:
Tenemos ya pues los elementos que forman parte de la sub-matriz 3x3 que constituye el tensor tensión de Maxwell.
No cuesta mucho trabajo verificar que los resultados que acabamos de obtener se pueden obtener también mediante la
siguiente fórmula:
en la cual i = 1, 2, 3 y j = 1, 2, 3. Los índices numéricos en esta última fórmula no son los índices del tensor energía-tensión
del campo electromagnético, son los índices que corresponden e identifican a los elementos de la representación matricial
del tensor tensión de Maxwell.
La selección de componentes a ser utilizados dependerá de cada situación en particular, como lo demuestra el siguiente
ejemplo.
PROBLEMA: Construír la representación matricial del tensor tensión de Maxwell para el caso en el cual tenemos un campo
eléctrico estático.
En este caso, el campo magnético B = 0 y los elementos de la matriz se reducen a los siguientes:
Los resultados que hemos obtenido para el tensor energía-tensión del campo electromagnético se pueden resumir de la siguiente
manera:
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De este modo, si tomamos los elementos principales comunes del tensor electromagnético energía-tensión T agrupándolos de
acuerdo con el significado común que se les puede dar, tenemos los siguientes cuatro sub-grupos:
En forma similar a como ocurre con el tensor energía-tensión T de la Relatividad General, el elemento Tμν del tensor
electromagnético energía-tensión se puede interpretar como el flujo de la μ-componente del 4-momentum P = (Pμ) del campo
electromagnético a través del hiperplano xν = constante, y representa la contribución del electromagnetismo a la fuente del
campo gravitacional en la Relatividad General.
Podemos representar los sub-bloques de los que consta el tensor electromagnético energía-tensión usando la definición de la
densidad del momentum del campo electromagnético g dada en función del vector de Poynting (no se confunda con el símbolo
utilizado para representar al tensor métrico):
Mediante un poco de gimnasia de índices podemos obtener las siguientes representaciones equivalentes del tensor
electromagnético energía-tensión:
PROBLEMA: Demostrar que el tensor energía-tensión del campo electromagnético tiene una traza de cero.
La traza del tensor T la obtenemos sumando los elementos de la diagonal principal de su representación matricial (aquí usaremos
la convención de sumación con los índices repetidos):
tr {T} = Tμμ
tr {T} = T11 + T22 + T33 + T44
Ya vimos arriba que el componente T11 es ε, la densidad de energía del campo electromagnético, con lo cual:
tr {T} = ε + Tkk
en donde hemos representado (recurriendo nuevamente a la convención de sumación empleando índices repetidos) como Tkk a
la suma de los componentes espaciales diagonales del tensor T. Puesto que tenemos que llevar a cabo la suma de T22 + T33 + T44,
los agruparemos aquí nuevamente en preparación para la adición de los mismos:
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Tenemos entonces:
y dado que:
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Si la constante cosmológica del Universo es puesta igual a cero (Λ = 0) como terminó haciéndolo Einstein, las ecuaciones
Einstein-Maxwell se reducen a:
En principio, de acuerdo con esto último y aunque los efectos son insignificativamente minúsculos, el campo electromagnético
tiene la capacidad para provocar una curvatura en el espacio-tiempo. Puesto que un fotón de luz es esencialmente un corpúsculo
de energía electromagnética, el torrente de fotones con los cuales el Sol está bañando constantemente a la Tierra permitiendo
que la vida florezca en nuestro planeta tiene la capacidad para producir en conjunto una pequeñísima curvatura en el espacio-
tiempo. En pocas palabras, la luz puede provocar los efectos típicos de una atracción gravitatoria. Esta es una conclusión
sorprendente, no prevista por la ley de la gravitación universal de Newton, tomando en cuenta que ni en los tiempos de Newton
ni en los tiempos modernos de hoy se considera que el fotón pueda tener masa alguna. A un fotón se le puede asignar una
“masa” en función de su energía E = hf y en base a la equivalencia relativista E = mc², pero carece de masa en reposo. Esto
significa que, ni más ni menos, algo que carece de masa puede ejercer una atracción gravitatoria a causa de la curvatura que
provoca en el espacio-tiempo.
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La Teoría de la Relatividad
ESTE ES UN TRABAJO BAJO CONSTRUCCION
m i é r c o l e s , 1 8 d e m a r z o
Electrodinámica relativista III
Aunque este tema correponde más bien a la Teoría Especial de la Relatividad que a la Relatividad General, se ha
puesto aquí siguiendo no sólo la metodología pedagógica que indica que los temas deben ser puestos en orden
ascendente de dificultad sino tomando en cuenta el hecho de que el tratamiento del tema requiere de un
conocimiento previo del análisis tensorial que no se acostumbra dar en un curso introductorio de la Teoría
Especial de la Relatividad pero que es mandatorio antes de entrar de lleno en el tema de la Relatividad General.
Este tema requiere de cierta familiaridad con las nociones básicas del electromagnetismo.
El tensor de Faraday F, tan importante para el tratamiento tensorial dado a la electrodinámica clásica, puede ser a su vez
definido en términos de un potencial electromagnético A utilizándolo como punto de partida, a manera de axioma o postulado
Euclideano, para el desarrollo de todo lo demás. La definición del tensor de Faraday en su forma covariante sobre esta base es
la siguiente:
El potencial electromagnético A es, desde luego, un tensor, cumpliendo con la definición básica de un tensor:
PROBLEMA: Demostrar que, bajo una transformación de coordenadas al pasar de un sistema de referencia S a otro sistema de
referencia S’, la definición del tensor de Faraday F en función del potencial electromagnético A cumple con la definición
fundamental de un tensor.
En el sistema de referencia S’, la definición covariante del tensor de Faraday F, si es que ha permanecido realmente invariante
en forma, debe tener el siguiente aspecto:
Puesto que A es un tensor, lo podemos substituír aquí por su definición tensorial básica:
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Lo último es precisamente la definición de un tensor covariante de orden dos. Se concluye que el tensor de Faraday, definido en
términos del potencial electromagnético A, es un tensor.
Siendo el tensor de Faraday F un tensor, en el pleno sentido de la palabra, podemos tomar la derivada covariante de dicho
tensor, lo cual nos introduce los símbolos de Christoffel de la siguiente manera (como siempre, usamos el semicolon para
denotar la derivación covariante y la coma para denotar la derivación ordinaria):
Fαβ;γ = Fαβ,γ - ΓμαγFμβ - ΓμβγFαμ
Se vuelve necesario advertir aquí que la reformulación tensorial de las leyes de la electrodinámica de Maxwell sólo es válida
para las leyes de Maxwell en el vacío, o sea para campos electromagnéticos propiamente dichos, conocidas también como las
leyes “microscópicas” de Maxwell. Para las leyes “macroscópicas” de Maxwell aplicadas a materiales de todo tipo, la presencia
de dichos materiales establece un marco de referencia fijo con lo cual las leyes dejan de ser covariantes. Las ecuaciones de
Maxwell para el campo electromagnético macroscópico en la materia pueden ser deducidas de las ecuaciones de Maxwell
postuladas para el campo electromagnético microscópico. La influencia de la materia es lo que dá origen a una densidad de
carga eléctrica microscópica y a una densidad de corriente eléctrica microscópica. Como tales, los electrones producen
cambios espaciales rápidos en el campo electromagnético.
El tensor de Faraday es utilizado tanto en el estudio de los campos electromagnéticos como de las cargas eléctricas en
movimiento. Para que las formulaciones tensoriales puedan ser covariantes, invariantes en forma al pasar de un sistema de
referencia S a otro sistema de referencia S’, es necesario reformular las variaciones con respecto al tiempo en función del
tiempo propio (local) τ medido por un observador situado en el sistema en reposo, y se vuelve necesario reformular también las
definiciones dadas clásicamente en el 3-espacio Euclideano de modo tal que puedan ser enunciadas en función de 4-vectores. Un
buen ejemplo de ello lo tenemos en la ecuación de Lorentz para una carga eléctrica en movimiento. Clásicamente, el campo
eléctrico E está dado en función de la fuerza de atracción (o repulsión) FE que actúa sobre una carga de prueba situada a cierta
distancia de la carga puntual que está generando dicho campo, mientras que la fuerza FB que actúa sobre una carga en
movimiento cuando está viajando dentro de un campo de inducción magnética B está dada en función del producto cruz de la
velocidad u de la carga y la intensidad B del campo magnético.
La fuerza total F que actúa sobre la carga será igual a la suma vectorial de FE y de FB:
Puesto que, clásicamente, la fuerza dinámica actuando sobre una partícula es por definición igual al cambio en su cantidad de
movimiento, dp/dt, el lado izquierdo de la expresión anterior lo podemos escribir de la siguiente manera:
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Esta es la ecuación de fuerza de Lorentz, una expresión clásica pre-relativista, válida en el 3-espacio Cartesiano únicamente
para velocidades suficientemente bajas en comparación con la velocidad de la luz. Vamos a tratar ahora de reformular esta
última ecuación para que sea covariante, invariante bajo transformaciones de Lorentz. Antes de continuar, es importante aclarar
de antemano que un postulado esencial en la electrodinámica relativista es el de la invariancia de la carga eléctrica, o sea que
la carga eléctrica de una partícula es una cantidad cuya magnitud no cambia, se conserva absolutamente sin variar al pasar la
partícula de un sistema de referencia a otro. La invariancia de la carga bajo transformaciones de Lorentz, o más concretamente,
la independencia de la velocidad de la carga observada de una partícula, es algo establecido experimentalmente que no resulta
de teoría alguna.
En la ecuación de fuerza de Lorentz, el momentum p de la partícula consta de tres componentes:
p = (px, py, pz)
Si este momentum p forma parte de un 4-vector, tal vector no puede ser otro más que el 4-vector energía-momentum P que ya
hemos estudiado con anterioridad:
P = (pα) = (p1, p) = (E/c, px, py, pz)
Pero el 4-momentum relativista P es simplemente el producto de la masa propia mo por cada una de las componentes de la 4-
velocidad U = (Uα) de la Teoría Especial de la Relatividad, o sea:
P = (moU1, moU) = moUα
Si usamos el tiempo propio (local) τ en lugar del tiempo absoluto t para la diferenciación, entonces la ecuación de fuerza de
Lorentz puede ser escrita de la siguiente manera para el 4-espacio:
Podemos introducir además el tensor de Faraday F para escribir de este modo ambos lados de la 4-fuerza de Lorentz en
notación tensorial de componentes:
Ambos lados de esta expresión están escritos en función de la 4-velocidad U. Si queremos escribirlos en función de la 4-posición,
entonces la expresión resultante es la siguiente:
en donde la integración múltiple se extiende sobre una hipersuperficie t = constante. Si definimos a n como un vector
unitario normal a esta hipersuperficie, demostrar que:
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En un 3-espacio Euclideano, el 3-vector n = (n1, n2, n3) es un vector unitario normal (perpendicular) a un elemento de una 2-
superficie dS, de modo tal que el flujo de un vector A a través de dicha superficie es:
A · dS = A · n dS = (A1, A2, A3) · (n1, n2, n3) dS
En el 4-espacio relativista, el flujo neto a través de una 3-superficie quedará definida de la misma manera, como AαnαdS. Si en
el 2-espacio tenemos que llevar a cabo una doble integración para cada sección de superficie atravesada por el campo vectorial
A, en el 3-espacio tenemos que llevar a cabo una triple integración para cada 3-superficie. Si llevamos a cabo la evaluación de
la integral del vector J = (Jα) sobre una superficie, entonces el flujo total cuando la integración se lleva a cabo sobre una
hipersuperficie t = constante está dado por:
Obviamente, las últimas tres integrales se desvanecen al llevarse a cabo las integraciones sobre una hipersuperficie t =
constante. Esto nos produce la expresión que se deseaba demostrar para la obtención de la carga eléctrica total Q en un 4-
espacio relativista.
Hasta aquí hemos visto que un campo eléctrico E y un campo magnético B no poseen una existencia verdaderamente
independiente ni poseen separadamente cada uno de ellos una invariancia Lorentziana, y hemos visto que ambos son a su vez
meros componentes del tensor de Faraday F, el cual sí es una invariante de Lorentz, el cual es la descripción invariante de los
campos electromagnéticos dentro de la Teoría de la Relatividad. Hemos analizado, desde el punto de vista relativista, lo que
ocurre cuando consideramos una carga eléctrica que está en reposo en un marco de referencia y que vista desde otro marco de
referencia se encuentra en movimiento. También hemos estudiado cómo una línea infinitamente larga cargada eléctricamente,
si es vista por un observador moviéndose a lo largo de un eje paralelo a dicha línea, produce la inducción propia de un campo
magnético B. La concordancia plena entre la electrodinámica clásica y la Teoría General de la Relatividad es algo que no se
pone a discusión. Sin embargo, al tratar de extender la electrodinámica clásica hacia marcos de referencia acelerados, no
tardamos en toparnos con problemas al tratar de compaginar los resultados con las conclusiones obtenidas mediante la
Relatividad General para el caso del campo gravitacional. Antes de entrar en detalle sobre los problemas que confrontamos al
tratar de “pegar” a la electrodinámica clásica con la Relatividad General, estudiaremos el caso de una carga eléctrica que está
siendo sometida a una aceleración constante. El libro convencional “Classical Electrodynamics” de John David Jackson utilizado
ampliamente para el estudio de la electrodinámica en programas de postgrado al igual que muchos otros textos inspirados en
este libro adoptan la postura de que la potencia de la radiación emitida por una carga eléctrica que está siendo acelerada
depende exclusivamente de la aceleración. El punto usual de partida es la definición del vector de Poynting S. No es difícil
demostrar que la potencia de la energía electromagnética está dada por la siguiente fórmula conocida como fórmula de Larmor
para velocidades suficientemente bajas en comparación con la velocidad de la luz:
siendo q la carga eléctrica de la partícula y siendo a = (ax, ay, az) la aceleración en coordenadas Cartesianas rectangulares. Esta
fórmula tiene además la propiedad de que es una invariante de Lorentz, pese al hecho de que sólo es válida para velocidades
suficientemente bajas en comparación con la velocidad de la luz.
PROBLEMA: Sin recurrir a cálculos detallados, demostrar que la fórmula de Larmor es una invariante de Lorentz que
conserva su forma tras un cambio de marcos de referencia.
La potencia de la energía electromagnética que está siendo radiada por la carga eléctrica que está siendo acelerada está dada
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por la razón de la pérdida de energía, - dW/dt, tal y como se observa y se mide en el sistema de referencia S. Del mismo
modo, en el sistema de referencia S’, la pérdida de energía está dada por - dW’/dt’. Pero W es proporcional a la primera
componente del 4-vector energía-momentum (E/c, px, py, pz), mientras que t es proporcional también a la primera componente
de un 4-vector, el vector posición (ct,x,y,z), y en este caso ambas cantidades están sujetas a la misma transformación de
Lorentz, con lo cual la los factores comunes de conversión Lorentziana tanto en el numerador como en el denominador se
cancelan, dejándonos con la misma expresión. Se concluye que la fórmula de Larmor es una invariante de Lorentz, y puede ser
escrita para el sistema de referencia S’ de la siguiente manera:
Sin embargo, tanto en el sistema de referencia S como en el sistema de referencia S’, la fórmula de Larmor es sólo válida
para velocidades suficientemente bajas en comparación con la velocidad de la luz, de modo tal que la fórmula de Larmor no
es covariante. El primer paso consistirá en modificar la fórmula para que ésta sea covariante, tensorial. La reformulación de la
3-aceleración a como una 4-aceleración A se puede efectuar mediante una contracción tensorial en el 4-espacio de la siguiente
manera empleando la convención de sumación por la vía de los índices repetidos:
AμAμ
De este modo, la fórmula de Larmor covariante queda escrita del siguiente modo especificada para el 4-espacio en lugar del 3-
espacio:
Esta es la fórmula de Larmor expresada en forma covariante. Pero aún no es una fórmula relativísticamente correcta. Puesto que
en la fórmula original de Larmor tanto la aceleración a en el sistema de referencia S’ como la aceleración a en el sistema de
referencia S son 3-aceleraciones, el paso lógico consiste en reemplazar la 3-aceleración con una 4-aceleración A = (Uα),
obtenida directamente de la diferenciación con respecto al tiempo propio (local) τ de la 4-velocidad U = (Uα) empleada en la
Teoría Especial de la Relatividad, la cual en nuestra introducción a los 4-vectores vimos que era igual a:
U = (Uα) = (γc, γu)
siendo u la 3-velocidad. La diferenciación de la 4-velocidad U con respecto al tiempo propio τ viene siendo entonces:
Para poder llevar a cabo la contracción tensorial de Aμ con Aμ como se indica arriba, necesitamos la forma covariante de la 4-
aceleración A, la cual obtenemos con la ayuda del tensor métrico g = (gαβ) que corresponde al espacio-tiempo Lorentziano de la
Teoría Especial de la Relatividad, con lo cual obtenemos lo siguiente tras bajar el índice de Aμ:
Pero el tiempo t y el tiempo propio τ están relacionados mediante la expresión relativista para la dilatación del tiempo t = γτ.
Entonces de inicio tenemos que tener algo como lo siguiente para el 4-vector velocidad U:
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De este modo, tenemos lo siguiente:
Este paso anterior era necesario porque nuestro punto de partida fue una relación especificada no en el tiempo propio τ sino en
el tiempo del observador externo t, y esto nos introduce un factor γ al ponerlo todo en función de los 4-vectores relativistas,
algo que tenemos que agregar a la relación final que obtengamos.
Con lo que tenemos arriba, el procedimiento de desarrollo para obtener la 4-aceleración relativista que tenemos que utilizar en
la versión covariante de la fórmula de Larmor es directo. El álgebra es un poco laboriosa y no será reproducida aquí. Sin
embargo, una simplificación que podemos utilizar en los procedimientos algebraicos para ahorrarnos varios pasos es la siguiente:
El término entre los paréntesis es esencialmente un término relativista de aceleración. Podemos poner esta ecuación en una
forma un poco más útil, en lo que a interpretación de resultados físicos se refiere, recurriendo a la definición del producto cruz
de dos vectores especificado del siguiente modo:
y recurriendo también a la definición del producto escalar de dos vectores especificado del siguiente modo:
Con estas dos relaciones vectoriales, podemos efectuar la siguiente manipulación del término relativista dentro los paréntesis en
la fórmula de Larmor:
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La fórmula relativista de Larmor toma entonces la siguiente forma:
En un movimiento de aceleración lineal el 3-vector velocidad u siempre será paralelo al 3-vector aceleración du/dt, de modo
tal que el segundo término dentro del paréntesis se desvanece proporcionándonos la energía electromagnética emitida por la
carga acelerada moviéndose siempre en una misma dirección. Y en un movimiento en el cual el 3-vector velocidad u está
cambiando de dirección constantemente, siendo perpendicular al 3-vector aceleración du/dt como ocurre en el caso de los
aceleradores de partículas tales como el ciclotrón y el sincrotrón, el segundo término contribuirá a la radiación emitida, y es
precisamente éste término el que pone un límite práctico a la velocidad que se le pueda imprimir a partículas atómicas y sub-
atómicas en un acelerador rotatorio. Haciendo la simplificación β = u/c y metiendo la constante c² tomándola del denominador
del factor externo para meterla en el primer témino dentro del paréntesis, juntándola con la otra constante c² que está en el
segundo término para incorporarla del mismo modo en cada u del segundo término, tenemos otra variante de la fórmula de
Larmor relativista, válida para cualquier velocidad:
PROBLEMA: Obtener una fórmula para la potencia de la energía electromagnética radiada en función del cambio de la
energía cinética K de la partícula con respecto a la distancia recorrida (= dK/dx) para una aceleración lineal. Suponiendo para
los aceleradores electroestáticos lineales de partículas una ganancia de 10 MeV/metro, demuéstrese que bajo tales
condiciones la pérdida de energía por radiación es despreciable.
Ya hemos visto previamente en otra entradas que la energía cinética relativista K está dada por la fórmula:
K = (γ - 1) m0c²
Tomando la derivada de K con respecto al tiempo y usando un resultado obtenido arriba tenemos entonces:
Reemplazando esto en la expresión para la potencia radiada en el caso de que la aceleración es lineal con la velocidad u y la
aceleración du/dt colineares (apuntando en la misma dirección) obtenemos la expresión deseada:
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Evaluaremos ahora la potencia electormagnética radiada para un valor de dK/dt = 10 MeV/metro. Podemos llevar a cabo los
cálculos numéricos de una manera más elegante y menos propensa a errores escribiendo lo anterior de la siguiente manera:
Con estos cambios, en el denominador tenemos a la energía en reposo m0c² de la partícula, que para un electrón es igual a 0.511
MeV. Y en el numerador tenemos una cantidad (q²/m0c²) que resulta ser igual a una longitud que en este caso viene siendo el
radio clásico del electrón que fue obtenido por Thomson con la siguiente fórmula en el sistema de unidades Gaussianas:
Para que esto sea cierto, tenemos que utilizar para la unidad fundamental de carga un valor de 4.8·10-10 statcoulombs (o bien
4.8·10-10 esu ó electrostatic unit, siendo el statcoulomb una unidad cuya conversión al sistema SI es 1 statcoulomb ≈
3.33564×10−10 coulombs). Empleando valores numéricos tenemos entonces que la potencia radiada será:
{[2(2.82·10-13 metro)(3·1010 cm/seg)]/[3(0.511 MeV)]}/{10 MeV/100 cm}²
≈ 11·10-5 MeV/segundo
La fracción de la potencia que es perdida por radiación electromagnética para esta partícula, en este caso un electrón que
suponemos que está viajando a velocidades relativistas, será entonces:
(11·10-5 MeV/segundo)/[(10 MeV/100 cm)(3·1010 cm/seg)]
≈ 3.67·10-14
Esta es una fracción despreciable, y tiene una consecuencia que será relevante para nuestra discusión posterior: es
prácticamente imposible obtener de una partícula que está siendo acelerada linealmente información experimental que
confirme la exactitud de las fórmulas relativistas para la radiación electromagnética radiada por una carga acelerada.
En realidad, hay un pequeño detalle que hemos pasado por alto con el fin de no embrollar más los cálculos teóricos. Si una
partícula es acelerada produciendo con ello un campo electromagnético de radiación, el movimiento posterior de la partícula
indudablemente será modificado por este campo de radiación. Este fenómeno es conocido teóricamente como reacción de
radiación o amortiguamiento por la radiación (radiation damping). De cualquier manera, en lo que hemos visto acerca de
cargas eléctricas y consecuentemente campos eléctricos acelerados todo hasta aquí parece ser consistente, libre de conflictos
internos. Consideraremos ahora cómo empiezan a surgir dificultades en cuanto entra en el panorama la Relatividad General.
Si aceptamos en toda su extensión el principio fuerte de equivalencia de la Relatividad General, la equivalencia plena entre la
gravedad y la aceleración, la sola idea de que la radiación electromagnética es una función de la aceleración de una carga
eléctrica se vuelve problemática, porque bajo este contexto un objeto puede estar estacionario en el mismo lugar y
acelerándose al mismo tiempo. Por ejemplo, un objeto cargado eléctricamente puede estar en reposo sobre la superficie de la
Tierra, y sin embargo está sujeto también a una aceleración gravitatoria g de aproximadamente 9.8 metros/seg². Es
precisamente esta aceleración gravitatoria la que ocasiona que una masa tenga peso (W = mg), y que ese peso sea menor en la
superficie de un cuerpo celeste con menor atracción gravitatoria (como la Luna) o mayor en la superficie de un cuerpo celeste
con mayor atracción gravitatoria (como el planeta Júpiter), siendo el peso igual a cero cuando el objeto está flotando
libremente en el espacio. Podemos decir con plena certeza que un objeto que permanece estacionario sobre la superficie de la
Tierra no está radiando energía electromagnética, al menos desde el punto de vista de observadores co-estacionarios. Si
estuviese radiando energía electromagnética, tendríamos entonces una fuente perpetua y gratuita de energía. Puesto que la
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fuerza de empuje que sostiene al cuerpo en su lugar en la superficie terrestre no actúa a lo largo de distancia alguna, el trabajo
hecho por esta fuerza es cero. Entonces no se está metiendo energía alguna en el objeto, de modo tal que si el objeto
estuviese emitiendo energía electromagnética (y suponiendo que la energía interna del objeto permanece constante)
tendríamos una violación del principio de la conservación de la energía.
Naturalmente, podríamos poner en tela de duda la aserción de que no se está haciendo trabajo alguno por la fuerza de empuje
que mantiene al objeto en la superficie de la Tierra. Si imaginamos una cápsula herméticamente sellada en caída libre, y si
dentro de dicha cápsula un objeto se está acelerando (hacia arriba) de forma tal que mantiene la misma altura relativa en
relación a la fuente gravitatoria externa, podríamos decir que dentro de la cápsula hemos estado haciendo un trabajo sobre el
objeto al ir aumentando su velocidad (hacia arriba) dentro de la cápsula, relativa a la cápsula misma, pese a que desde el punto
de vista (externo) de la fuente gravitatoria (la Tierra) el objeto permanece estacionario y no se ha efectuado trabajo alguno
sobre el objeto. Esto no debe sorprendernos, puesto que el trabajo y la energía cinética son entendidos como conceptos
relativos, pero nos conduce a la conclusión inusual de que la radiación electromagnética también debe ser un concepto relativo.
La relatividad que ya nos debe ser familiar de la energía cinética se corresponde con la simetría que hay entre marcos de
referencia distintos, es decir, siempre podemos encontrar un marco inercial (Lorentziano) de referencia con respecto al cual
cualquier objeto (en un instante dado) tiene una energía cinética igual a cero por estar el objeto instantáneamente en reposo en
dicho marco de referencia que hemos llamado el marco de referencia comóvil. El considerar partículas cargadas eléctricamente
en presencia de un campo gravitacional parece sugerir de igual modo que siempre podemos encontrar un sistema de
coordenadas (al menos localmente) con respecto al cual un objeto cargado eléctricamente no emite radiación electromagnética
alguna en un instante dado, aunque la partícula pueda estar emitiendo radiación electromagnética con respecto a otro sistema
de coordenadas.
También podemos cuestionar el hecho de que las ecuaciones de la electrodinámica realmente impliquen el hecho de que una
carga eléctrica que se esté acelerando necesariamente deba radiar energía electromagnética. Sorprendentemente, este asunto
es un asunto que no se ha zanjado del todo en la teoría clásica del electromagnetismo. La dificultad radica en saber cómo poder
dilucidar la influencia de una partícula cargada eléctricamente sobre sí misma. Recordemos aquí que dos electrones se repelen
el uno al otro con una fuerza que es estáticamente proporcional al recíproco de la distancia que hay entre las cargas. Esto es
entendido tradicionalmente como la interacción de cada partícula con el campo eléctrico de la otra partícula. La intensidad del
campo eléctrico producido por cada carga aumenta hasta el infinito conforme la distancia hacia la carga se aproxima a cero
(suponiendo cargas puntuales, algo que la Mecánica Cuántica considera insostenible). Pero es aquí en donde encontramos una
dificultad conceptual, porque de acuerdo con esta descripción todo electrón está situado precisamente en un lugar en donde
existe una fuerza de repulsión infinitamente grande en contra de los electrones.
Podemos intentar manejar esto último de varias maneras. La solución más simplista consiste simplemente en proclamar que un
electrón no interactúa de modo alguno con su propio campo eléctrico, y cuando interactúa lo hace con los campos de otras
partículas. Si adoptamos éste punto de vista, tenemos que explicar entonces el por qué una partícula cargada eléctricamente
opone una mayor resistencia a cambios en su estado de movimiento que una partícula sin carga eléctrica alguna pero con la
misma masa inercial. El análisis tradicional de las cargas aceleradas nos dice que ésta “fuerza de reacción de radiación” aplicada
a lo largo del movimiento de la carga acelerada es la que nos proporciona el suministro de energía que es emitida en la forma
de ondas electromagnéticas. Tradicionalmente se ha explicado que esta fuerza tiene su origen en la interacción de la partícula
con su propio campo eléctrico. Por lo tanto, si proclamamos que las partículas cargadas eléctricamente no interactúan con su
propio campo, entonces tenemos que buscar una explicación alterna a la reacción de radiación. Un candidato para tal cosa es la
teoría del absorbedor Wheeler-Feynman, la cual empieza con la idea de que toda solución válida a las ecuaciones del campo
electromagnético tiene que ser simétrica con respecto a la inversión del tiempo (t → - t), como lo son las mismas ecuaciones
del campo electromagnético, siendo la motivación para dicha propuesta la importancia que la simetría del tiempo tiene en el
estudio de la física, y de acuerdo con la cual la resistencia adicional presentada por una partícula cargada a cambios en su estado
de movimiento se debe a ondas avanzadas emanando hacia atrás en el tiempo de un conjunto de absorbedores en el futuro,
cuyas ondas son excitadas por las ondas retardadas emanando de la partícula hacia adelante en el tiempo. El problema con esta
explicación es que pone en aprietos al principio básico de la causalidad de la ciencia.
También podríamos argumentar que aunque la fuerza de repulsión sobre una partícula cargada producida por su propio campo es
infinita, ésta debe ser igualmente infinita en todas las direcciones posibles, de modo tal que las fuerzas infinitas se cancelan
dejando una fuerza neta de cero sobre la partícula debida a su propio campo, al menos si la partícula está en movimiento
uniforme. Podemos suponer además que la aceleración de una partícula cargada altera esta situación singular al irse
sobreponiendo a su propio campo, ocasionando por lo tanto una fuerza neta. La misma perturbación del campo nos produce una
radiación, de modo tal que observamos una correlación entre radiación y reacción. Sin embargo, este argumento nos lleva
demasiado pronto a conclusiones que desafían nuestra intuición, empezando por el hecho de que la ecuación de movimiento
que se obtiene basada en esta premisa implica que una carga eléctrica que se está acelerando no emite radiación alguna. A esto
se le llama generalmente movimiento hiperbólico, porque la línea del mundo de la partícula en un diagrama espacio-tiempo de
Minkowski resulta ser una hipérbola asintótica al cono de luz. Aún más perturbador resulta el hecho de que las ecuaciones de
movimiento para una partícula cargada basadas sobre estas consideraciones poseen soluciones de fuga (runaway) en las cuales la
partícula se acelera rápidamente hacia la velocidad de la luz. El que estas soluciones puedan ser reales o no sigue siendo motivo
de debate, pero la ausencia de radiación predicha para el movimiento hiperbólico ha sido citada algunas veces como una forma
de reconciliar el Principio de Equivalencia de la Relatividad General con el hecho de que una partícula cargada eléctricamente
en reposo sobre la superficie de la Tierra no emite radiación electromagnética pese a que está experimentando una aceleración
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propia (local) de 9.8 metros/seg². En la obra Feynman Lectures on Gravitation, Richard P. Feynman va tan lejos como para
afirmar que “hemos heredado el prejuicio de que una carga que se está acelerando debe emitir radiación” (Feynman fue un
científico prolífico ganador del Premio Nobel que dió un gran impulso al campo de la electrodinámica cuántica o QED - Quantum
Electrodynamics), y tras hacer esta aserción argumentó que la fórmula clásica que nos proporciona la potencia radiada por una
carga que se está acelerando como proporcional al cuadrado de la aceleración “nos ha separado del camino correcto” porque
ésta fórmula se aplica únicamente a movimientos cíclicos o acotados como los que se llevan a cabo en los aceleradores de
partículas, afirmando que el trabajo hecho por unidad de tiempo en contra de la “fuerza de reacción de radiación” por una
partícula que se está moviendo a lo largo del eje-x es:
De acuerdo con esta fórmula, la fuerza de reacción de radiación (y por lo tanto la potencia radiada) es proporcional a la tercera
derivada de la posición, de forma tal que si la partícula se está moviendo con una aceleración constante (con lo cual d3x/dt3 =
0) entonces la partícula no emite radiación electromagnética alguna. Pero si esto es cierto, ¿entonces por qué estamos
acostumbrados a considerar a la radiación estrictamente como una función de la aceleración? Feynman señala que la ecuación
puede ser escrita de la siguiente manera:
en donde podemos reconocer en el primer término a la fórmula de Larmor para la potencia radiada. Para un movimiento
ondulatorio senoidal sencillo x(t) = sen(wt), el primer término es proporcional a w4sen²(wt), el cual es definitivamente positivo
(positive definite) mientras que el segundo término es proporcional a w4cos(2wt) que oscila por intervalos de tiempo iguales
entre valores positivos y negativos. Con esto, el trabajo acumulativo integrado representado por el segundo término sobre
cualquier número entero de cicles es igual a cero, mientras que el trabajo representado por el primer término aumenta
paulatinamente. Esto explica el por qué usualmente ignoramos el segundo término y tomamos el primer término como la
definición de la potencia electromagnética radiada, lo cual nos lleva a la conclusión errónea de que la radiación es
estrictamente una función de la segunda derivada (aceleración), cuando de hecho es proporcional a la tercera derivada de la
posición. (Dicho sea de paso, si regresamos a la ecuación original anterior aplicándola a nuestra partícula sinusoidal, obtenemos
una potencia que es proporcional a w4cos²(wt), lo cual demuestra que el efecto del término que no es definitivamente positivo
en la segunda ecuación equivale a desplazar la fase de la potencia por un ángulo de π/2.
Pese a las correcciones hechas por Feynman, no existe un acuerdo general en la literatura acerca de si una carga acelerada
uniformemente es capaz de radiar en el ámbito de la electrodinámica clásica, e inclusive mucha gente rechaza las conclusiones
de Feynman como absurdas. A modo de ejemplo, en el libro “Electromagnetic Fields and Interactions” de Richard Becker
encontramos en el párrafo 4 de la Parte II el argumento de que la ecuación de Feynman es válida únicamente para movimientos
casi periódicos para los cuales todas las derivadas de la posición son proporcionales a las potencias correspondientes de las
frecuencias, señalando que “se obtienen resultados absurdos si (la ecuación de Feynman) es aplicada a otros tipos de
movimiento, tales como el retardamiento de un electrón libre en un campo eléctrico que se opone a su avance. En este caso,
sólo la segunda derivada será diferente de cero, y la ecuación no será capaz de predecir ningún amortiguamiento ocasionado
por la radiación (esto es conocido en los textos de la electrodinámica clásica como radiation damping). La derivación dada
arriba del amortiguamiento de la radiación no es satisfactoria, porque no está claro cómo la onda esférica que es emitida influye
en el movimiento del electrón. Para poder lograr un entendimiento más cercano sobre la naturaleza de esta ‘auto-reacción’ es
necesario calcular la fuerza resultante sobre todos los elementos de volumen del electrón. Tipos de movimiento (tales como el
del electrón libre) sólo pueden ser tratados a la luz de un conocimiento más preciso de la estructura del electrón”. De este
modo, Becker rechaza como absurda la noción de que una carga en movimiento uniformemente acelerado no experimenta
reacción de radiación, mientras que Feynman defiende su propuesta basándose en el Principio de Equivalencia de la Relatividad
General.
Naturalmente, sabemos que arriba de cierta frecuencia (o debajo de cierta longitud de onda, que viene siendo el enunciado
equivalente) las ecuaciones clásicas del electromagnetismo dejan de ser válidas:
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como lo muestra el contraste entre la conclusión matemática clásica de la “catástrofe del ultravioleta” proveniente del análisis
de una radiación de cavidad y los resultados obtenidos experimentalmente. El efecto fotoeléctrico debe ser tomado en cuenta
también al igual que todos los demás efectos de naturaleza mecánico-cuántica, los cuales son incompatibles con la concepción
ondulatoria sencilla de la radiación electromagnética. De cualquier modo, aún en la teoría cuántica de la electrodinámica
encontramos que el asunto de la reacción de radiación nos conduce a dificultades que hasta la fecha sólo han podido ser
resueltas de una manera ad hoc mediante el proceso matemético de renormalización.
Resulta interesante considerar el resultado de tratar a la radiación electromagnética simplemente como la emisión de partículas
clásicas moviéndose a velocidad constante, muy al estilo de la teoría corpuscular de Newton. Aquí encontramos de inmediato
dificultades, porque estos corpúsculos de luz son portadores de momentum, y si se considera que son emitidos de manera
discreta (en “cuantos”) por la partícula cargada, entonces la reacción debería ser un impulso, lo cual implica una aceleración de
la partícula emisora, aunque de una duración infinitesimalmente pequeña de tiempo. Ahora bien, si la radiación
electromagnética proveniente de esta partícula es estrictamente proporcional a la aceleración, debemos esperar que la
partícula esté radiando a una razón infinita por un un período infinitesimalmente pequeño de tiempo debido a la reacción de la
emisión de un solo corpúsculo de radiación. Podría argumentarse que el monto total (integrado) de esta radiación es finito, pero
la emisión de cada uno de estos corpúsculos radiados le dá un impulso adicional de aceleración a la partícula cargada
eléctricamente, resultando a su vez en más radiación, y así sucesivamente. Esto nos demuestra claramente la naturaleza
problemática de las proposición dual de que la aceleración produce radiación y de que la radiación provoca aceleración. Resulta
obvio que estas dos proposiciones deben ser balanceadas cuidadosamente para poder producir resultados bien comportados.
En el pasaje introductorio de su primer trabajo publicado en 1905 sobre la Teoría de la Relatividad titulado “Sobre la
electrodinámica de los cuerpos en movimiento”, Einstein usa como paradigma el movimiento relativo entre un conductor y un
imán moviéndose a una velocidad constante, destacando que es el movimiento relativo entre ambos lo que produce el
fenómeno de inducción, sin hacer referencia alguna a ningún tipo de radiación electromagnética, destacando también que el
tratamiento clásico pre-relativista (basado en las transformaciones de Galileo) conduce a asimetrías que no están presentes en
los fenómenos de la electrodinámica. Hoy nos encontramos en una situación parecida a la que encontró Einstein al tratar de
liberar a la electrodinámica clásica de su tiempo de dichas asimetrías si intentamos extender la filosofía relativista a cargas que
están siendo aceleradas, porque si hacemos tal cosa nos topamos nuevamente con la existencia de asimetrías que no son parte
inherente de los fenómenos bajo observación, especialmente si aceptamos plenamente la versión fuerte del Principio de
Equivalencia de la Relatividad General. Si sometemos a una partícula cargada a un movimiento acelerado periódico mientras un
conductor distante está en reposo o en movimiento a velocidad constante, la partícula cargada emitirá radiación
electromagnética con momentum y energía bien definidos por la electrodinámica clásica, y esta radiación inducirá corrientes
pequeñas en el conductor. Por otro lado, si es la partícula la que está en reposo o en movimiento uniforme mientras que el
conductor distante es sometido a un movimiento oscilatorio acelerado, no habrá radiación electromagnética emanada de la
carga (de acuerdo con el punto de vista tradicional) aunque de cualquier manera aparecerán corrientes en el conductor, ahora
atribuídas al campo eléctrico estático. Parece razonable sugerir que no es justificable la distinción trazada por el punto de vista
tradicional sobre las dos circunstancias mencionadas, y el principio de la relatividad debe poder ser aplicado a las descripciones
de efectos físicos con respecto a sistemas de referencia mucho más generales. Esto es en efecto lo que abarca la versión fuerte
del Principio de Equivalencia, y es la razón por la cual Einstein consideró a su teoría de la gravedad como una generalización y
extensión del principio de la relatividad. En 1917 Einstein escribió lo siguiente: “De acuerdo con esta concepción, uno no puede
hablar de la aceleración absoluta de un sistema de referencia, del mismo modo que en la Teoría de la Relatividad uno no puede
hablar de la velocidad absoluta de un sistema”. Sin embargo, no todos están de acuerdo con esta observación fundamental
hecha por Einstein, entre ellos Hans Ohanian y Remo Ruffini, los cuales en su libro “Gravitation and Spacetime” escriben:
“Resulta tentador darle al principio de invariancia general la interpretación física de que la aceleración también es relativa.
Einstein llamó a su teoría de la gravedad la teoría de la relatividad general porque él pensaba que (localmente) los fenómenos
observados en un campo gravitacional son indistinguibles de aquellos fenómenos observados en un sistema acelerado de
referencia. Sin embargo, los efectos de marea (estos no tienen nada que ver con la marea que provoca la Luna en el nivel del
mar en los puertos, son consecuencia del hecho de que las trayectorias de dos cuerpos en caída libre convergen hacia un
mismo punto cuando son extendidas) nos permiten establecer una distinción clara entre las fuerzas gravitacionales y las pseudo-
fuerzas encontradas en los marcos acelerados de referencia. Por lo tanto es falso hablar de una relatividad general del
movimiento”. La respuesta dada por los relativistas teóricos a este argumento es que en primer lugar la teoría de Einstein no es
propiamente hablando la teoría de la relatividad general, sino una teoría general de la relatividad, y en segundo lugar la idea de
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que los efectos de marea falsifican el Principio de Equivalencia es incorrecta, la cual surge del fallo en reconocer que la
restricción de localización es tanto temporal como espacial y que, más aún, aquellos que suponen que la “gravedad verdadera”
sólo existe en donde hay una curvatura local del espacio-tiempo, yerran en considerar circunstancias en las cuales se puede
producir un campo gravitacional perfectamente uniforme sobre una región limitada mediante un arreglo adecuado de materia;
¿podrían realmente argumentar que no hay gravedad verdadera en tal región sólo porque no hay una curvatura local? En este
respecto, el Principio de Equivalencia no es más que la versión en el espacio-tiempo de la proposición de la geometría
Riemanniana de que una “hoja” diferenciable es localmente Euclideana (esto lo iremos viendo con mayor detalle en entradas
posteriores).
Una de las bases de nuestro prejuicio de que la radiación electromagnética debe ser absoluta es la noción de que la radiación
está formada por esas entidades discretas identificables y localizables que llamamos fotones, desligadas en el curso de su
existencia tanto de sus entidades emisoras como de las entidades que las absorben. Este modo de pensar es lo que ha llevado a
mucha gente a aceptar ciegamente la existencia del “fotón libre”, aunque de acuerdo a nuestra experiencia en realidad tal cosa
no existe, ya que un fotón es necesariamente emitido y absorbido. De no ser así, no tendríamos conocimiento de su existencia.
Los únicos eventos que son directamente observables son la emisión y la absorción del fotón, no la existencia de alguna entidad
“en tránsito”. Esto está relacionado directamente con la imposibilidad de la existencia de una onda electromagnética
perfectamente monocromática (“vibrando” a una sola frecuencia fija):
porque para que ésta sea perfectamente monocromática no debe tener principio ni fin. Si consideramos puntos de inicio y
terminación como necesariamente tiene que ocurrir con los fotones de luz:
esto nos introduce componentes de frecuencia adicionales de acuerdo a lo que nos dice la teoría matemática conocida como el
análisis de Fourier. Inclusive es dudoso que ésta última representación sea la que más aproxima a la realidad física, y la
representación de un cuanto de onda electromagnética podría ser también la siguiente (entre muchas otras posibles):
Se debe recordar también que una onda perfectamente monocromática no es portadora de información alguna, y por lo tanto no
está sujeta a limitación alguna de esa característica física que llamamos su velocidad de fase. Usualmente consideramos que la
limitación relativista impuesta por la velocidad de la luz se aplica tanto a la energía como a la información, de modo tal que
esto plantea la interrogante filosófica de que algo que sea perfectamente monocromático (si es que tal cosa realmente exista)
pueda ser portador de energía alguna. Muchos de los que han estudiado este asunto a fondo enfatizan la distinción que debe de
haber entre una carga eléctrica que ha sido uniformemente acelerada para todo el tiempo y una carga eléctrica que ha sido
acelerada por un período prolongado de tiempo pero finito. Ultimadamente esto tiene una conexión con la distinción que pueda
haber entre un fotón libre (si es que tal cosa existe) y un fotón real que es necesariamente emitido y absorbido.
Otro punto de vista lo encontramos en el libro “Electrodynamics and Classical Theory of Fields and Particles” de Asim Orhan
Barut, publicado en 1964 y nuevamente en 1980, en el cual lleva a cabo una derivación de la fuerza de reacción de radiación
empleando como punto de partida un simple balance de energía basado en la premisa de que la potencia electromagnética,
considerada como energía por unidad de tiempo, está dada por la fórmula de Larmor. Igualando la integral de esta potencia
electromagnética con la integral del producto de la fuerza de reacción de radiación por la velocidad tenemos el siguiente
enunciado (estamos utilizando aquí la notación del punto puesto encima de la variable para indicar la derivada con respecto al
tiempo de la variable, y un doble punto para indicar la segunda derivada con respecto al tiempo de la variable):
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Haremos uso de la siguiente igualdad:
De este modo, si seleccionamos un intervalo de tiempo {0,T} tal que la primera o la segunda derivada sea cero en ambos
extremos de la integral, entonces el primer término en el lado derecho de esta expresión se desvanece, lo cual nos permite
substituír esto en la ecuación del “balance de energía” y reacomodar los miembros bajo un solo símbolo integral para obtener
así:
Tras esto, Barut hace la observación de que una solución (aunque no necesariamente la única) de esta última expresión se
obtiene fijando el integrando a cero, obteniéndose así:
De este modo, hemos llegado a la fórmula original de Feynman, aunque aquí está ocurriendo algo inusual, porque Feynman
empezó su análisis con esta relación argumentando que es aplicable a movimientos generales, tras lo cual derivó la ecuación de
Barut para el “balance de energía” como una aproximación al movimiento periódico. En contraste, Barut empezó con su
igualdad para el “balance de energía” defendiendo su validez para movimientos generales, tras lo cual derivó la ecuación
original de Feynman como una aproximación para un movimiento periódico, precisamente el reverso del razonamiento de
Feynman. Como si esto no fuese ya de por sí suficientemente confuso, Barut concluye diciendo que: “La suposición hecha arriba
de que d²x/dt² se desvanece en t = 0 y en t = T es ciertamente verdadera para el movimiento oscilatorio, pero esperamos que
un resultado como la ecuación (5) deba ser generalmente cierto”. Desafortunadamente, no entra en detalle del por qué
deberíamos esperar ésto. Casi todos parecen invocar la identidad:
pero no parece haber un consenso común sobre cómo deba interpretarse, y sobre qué términos deba considerarse fundamental.
Mucha de la literatura sobre el asunto de la radiación proveniente de cargas aceleradas se enfoca en la ecuación del movimiento
Lorentz-Dirac interactuando tanto con un campo externo como con su propio campo. Esta ecuación es el origen de la ecuación
de Feynman, pero es importante recordar que está basada en la electrodinámica clásica de partículas puntuales en vez de estar
basada en la electrodinámica cuántica, de modo tal que su relevancia física es cuestionable. El mismo principio de
incertidumbre de Heisenberg descarta cualquier posibilidad de existencia de una partícula puntual porque de ser así, no habría
límite alguno, ni siquiera teórico, para la ubicación de una carga eléctrica con un grado ilimitado de precisión, lo cual sabemos
ya que no es posible en virtud de la naturaleza ondulatoria de la materia. Más aún, la validez de la ecuación Lorentz-Dirac es
puesta en entredicho debido a la existencia de soluciones de fuga para la misma que presumiblemente no son observadas en el
laboratorio, aunque sería interesante considerar como podría comportarse una partícula de fuga. El problema fundamental es
que, aunque esta ecuación involucra la tercera derivada de la posición, no podemos especificar plenamente las condiciones
iniciales únicamente en términos de la posición y la velocidad como podemos hacerlo para las ecuaciones ordinarias del
movimiento. En la mecánica teórica, el espacio fase (phase space) usual para N partículas tiene 6N dimensiones (tres
coordenadas para la dimensión y tres coordenadas para el momentum de cada partícula), mientras que el espacio fase para una
partícula cargada bajo la ecuación de Lorentz-Dirac tendría 9N dimensiones. Típicamente, consideramos a la posición y a la
velocidad (o el momentum) como parámetros independientes libres, en el sentido de que cualquier sistema físico puede ser
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postulado como residente en cualquier punto de ese espacio fase, tras lo cual irá evolucionando de acuerdo a las leyes del
movimiento. Sin embargo, ya no es tan claro el que la posición, la velocidad, y la aceleración puedan ser considerados en el
mismo sentido como parámetros libres mutuamente independientes. Las ecuaciones de campo de la Relatividad General
proporcionan una buena ilustración de cómo leyes que son no-lineares implican restricciones (tales como las identidades de
Bianchi) sobre las condiciones iniciales permisibles, de modo tal que no estamos libres de poder especificar un sistema en un
punto arbitrario del espacio fase. Este tipo de restricción es aplicable también a la ecuación Lorentz-Dirac, puesto que ésta
ecuación también es no-linear. Sin embargo, la existencia de soluciones de fuga (presumiblemente irreales) nos indica un tipo
más sutil de restricción sobre las condiciones iniciales permisibles. Los puntos permisibles en el espacio fase no sólo deben
satisfacer las restricciones instantáneas, también deben ser (evidentemente) tales que nunca terminen evolucionando hacia
regiones singulares o irreales del espacio fase. Por otro lado, el desprecio usual al campo estático “cercano” al estar analizando
el campo de radicación “lejano” está basado en la suposición de que la distancia r a la fuente es lo suficientemente grande como
para que términos proporcionales a 1/r² sean despreciables en comparación con los términos proporcionales a 1/r, aunque los
cálculos de la reacción de radiación se extienden hasta r = 0. De cualquier manera, pese a la posición y fisicalidad dudosa de la
ecuación Lorentz-Dirac, es instructivo repasar brevemente la forma de ésta ecuación así como sus implicaciones. Después de la
re-normalización de la masa, y utilizando para la velocidad de la luz un valor igual a la unidad con fines de simplificación, esta
ecuación para una partícula de masa m y carga q se puede escribir de la manera siguiente:
en donde U es la 4-velocidad, A es la 4-aceleración, F es la 4-fuerza de Minkowski (con los componentes Fm = Fmnum debidos a
un campo externo Fmn), τ es el tiempo propio a lo largo de la línea del mundo de la partícula (en el diagrama espacio-tiempo de
Minkowski), mientras que A² es el invariante escalar obtenido de la contracción del vector A consigo mismo. El primer término
en el lado derecho es la fuerza de Lorentz, y el segundo término es la fuerza de reacción de radiación. Para nuestros propósitos,
el aspecto más interesante de esta ecuación es el hecho de que la fuerza de radiación se desvanece si la aceleración propia A
de la partícula es constante. En otras palabras, la cantidad dentro de los paréntesis es igual a cero bajo estas condiciones. El
desvanecimiento de la cantidad entre los paréntesis puede ser expresado de la siguiente manera (la derivada de la 4-aceleración
se toma aquí como la segunda derivada de la 4-velocidad):
La condición de una aceleración propia constante implica que el cuadrado de la magnitud de la 4-aceleración sea también
constante, igual al negativo del cuadrado de la magnitud a² del 3-vector a con respecto al marco de referencia co-móvil
instantáneo. Por lo tanto, la fuerza de reacción de radiación se desvanece (para una carga diferente de cero) sí y solo sí el 4-
vector velocidad satisface la ecuación harmónica:
El movimiento debe ser a lo largo de una línea recta, de modo tal que podemos considerar únicamente un movimiento a lo largo
del eje-x con un tiempo de coordenada t, en cuyo caso ésta ecuación implica lo siguiente al considerar el primer componente
(temporal, que aquí identificaremos con el índice cero como se acostumbra hacerlo en muchos textos) y el segundo componente
(espacial, a lo largo del eje-x, que aquí identificaremos con el índice 1):
que representan las ecuaciones familiares de “movimiento hiperbólico”, movimiento con una aceleración propia constante. Esta
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es la base para la propuesta de que una carga uniformemente acelerada no es capaz de emitir radiación electromagnética
alguna, porque la energía de radiación presumiblemente viene del trabajo efectuado en contra de la fuerza de reacción de
radiación, el cual es igual a cero para un movimiento con aceleración propia constante, al menos de acuerdo con la ecuación
Lorentz-Dirac. Sin embargo, como ya se ha señalado con anterioridad, esta ecuación está fincada sobre suposiciones
cuestionables, y se sabe que posee soluciones dudosas, de las cuales las más problemáticas son las soluciones de fuga. Para una
partícula cargada eléctricamente, la ecuación Lorentz-Dirac se reduce a:
Enfocándonos nuevamente a un movimiento a lo largo del eje-x, esta ecuación vectorial puede ser descompuesta en sus
componentes esenciales, el primero de los cuales es:
teniendo la condición hiperbólica U0² - U1² = 1, y una forma de asegurar automáticamente esta condición consiste en fijar:
U0(τ) = cosh{f(τ)}____U1(τ) = senh{f(τ)}
para alguna función arbitraria f. Insertando estas dos relaciones en la ecuación anterior, tenemos entonces:
Por lo tanto la velocidad de la partícula con respecto a las coordenadas (t,x) viene siendo:
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La tangente hiperbólica es asintótica a ±1, de modo tal que dependiendo del signo de K la velocidad de la partícula se aproxima
rápidamente a la velocidad de la luz conforme el tiempo t aumenta. Estas soluciones de fuga (conocidas también como
soluciones “auto-aceleradas”) son consideradas generalmente como carentes de significado físico, poniendo en entredicho la
validez de la ecuación de movimiento Lorentz-Dirac. Es interesante observar que estas soluciones no son simétricas en el
tiempo, porque la constante C = (2q²)/(3m0) es definitivamente positiva (presumiblemente). Por lo tanto, la partícula libre con
carga eléctrica se aproxima a la velocidad de la luz en la dirección positiva de t, mientras que en la dirección negativa de t se
aproxima a una velocidad fija tanh(J). Estas soluciones serían simétricas (en el tiempo) solo si q² o m0 pudieran ser negativos.
Las rarezas de estas soluciones de fuga han llevado a una inspección más cuidadosa de las premisas sobre las cuales se basa la
ecuación Lorentz-Dirac. Existen diferencias sutiles de interpretación cuando se intenta igualar la energía de la radiación
electromagnética emitida por una partícula con el trabajo hecho sobre la partícula, y esto sin mencionar la dificultad en intentar
aislar la masa inercial m de la “masa” electromagnética (por ejemplo, si nos preguntamos si una partícula cargada
eléctricamente requiere la misma fuerza de empuje hacia arriba para mantenerla estacionaria sobre la superficie de la Tierra
que una partícula con la misma masa pero sin carga eléctrica, tenemos que considerar cuidadosamente cómo la carga eléctrica
puede contribuír a la masa de la partícula. Como resultado de estas consideraciones, la ecuación Lorentz-Dirac no nos
proporciona una respuesta sobre si una carga eléctrica uniformemente acelerada es capaz de emitir radiación electromagnética.
En síntesis, aunque la electrodinámica clásica Maxwelliana que inspiró a Einstein parece tener una concordancia excelente con la
Teoría Especial de la Relatividad, a la hora de considerar cargas eléctricas aceleradas empezamos a ser acosados con
dificultades de difícil resolución. Una parte de estas dificultades se pueden sobrellevar dando el salto de la eletrodinámica
clásica a la electrodinámica cuántica. Pero el panorama está notoriamente incompleto en virtud de que al considerar
movimientos acelerados de cuerpos con masa, no tenemos hasta el momento algo que nos permita transitar de la Teoría de la
Relatividad hacia una Teoría Cuántica de la Relatividad, lo cual tiene a su vez un impacto directo sobre la misma
electrodinámica cuántica al considerar que bajo una teoría cuántica de la gravedad el campo electromagnético debe ser capaz
de interactuar con el campo gravitacional pudiéndose predecir nuevos fenómenos que hasta el momento permanecen fuera de
nuestras capacidades predictivas. Una teoría cuántica de la gravedad debe ser capaz, en principio, de poder unificar
plenamente la masa inercial de una partícula con su “masa” eléctrica que tradicionalmente hemos identificado como la carga
eléctrica de la partícula, y aunque tradicionalmente se han manejado como dos propiedades diferentes de la misma partícula
resulta obvio que ambas “masas” deben estar unificadas de un modo fundamental que está eludiendo a nuestras mejores mentes.
Esta unificación (de la cual la unificación de la carga eléctrica con la masa inercial no es más que parte del asunto) era
precisamente lo que buscaba Einstein en su búsqueda de un gran “campo unificado”, tarea en la cual fracasó quizá porque tal
unificación requiere de una perspectiva nueva, de una forma nueva e imaginativa de pensar y ver las cosas que resulta difícil de
adoptar y asimilar del mismo modo en que la propia Teoría de la Relatividad encontró dificultades en su aceptación por varias
décadas. O quizá lo que nos hace falta es el desarrollo de nuevas técnicas matemáticas que nos permitan “soldar” el
determinismo causalístico de la Teoría de la Relatividad con la naturaleza probabilística de la dualidad onda-partícula de la
materia, técnicas matemáticas que nos permitan utilizar e inclusive ampliar lo que ya tenemos a la mano sin necesidad de tener
que desmoronar todo el edificio como lo hizo Einstein con la mecánica de Newton. O quizá nos hacen falta ambas cosas.
Mientras no tengamos tal teoría y tales técnicas a la mano, parece que en contra del optimismo exagerado manifestado por
algunos científicos de prestigio en el sentido de que está cercano el momento de que en la física muy pronto ya no habrá nada
nuevo por descubrir al contar con la Teoría del Todo parece carecer de justificación. El campo sigue abierto para todos,
especialmente para las nuevas generaciones. De cualquier modo, aún con las limitaciones teóricas ya señaladas, se siguen
produciendo trabajos interesantes en el campo de la electrodinámica relativista asociada a la Relatividad General, entre los
cuales se puede mencionar un trabajo de Amos Harpaz titulado “An electric field in a gravitational field” (publicado en arXiv) en
el cual se analiza el comportamiento de un campo eléctrico en un campo gravitacional, encontrándose que debido a la masa
(energia) del campo eléctrico éste queda sometido a la acción de la gravedad, y su caída introduce una curvatura en el campo
gravitacional, creando una fuerza de reacción o fuerza de tensión (stress force), teniendo como consecuencia el hecho de que
la interacción de esta fuerza de reacción con la carga eléctrica estática dá origen a la emisión de radiación. En pocas palabras,
un campo eléctrico por sí solo es capaz de emitir radiación electromagnética cuando es sometido a un campo gravitacional (sin
embargo, la emisión sólo puede ocurrir mientras el campo eléctrico se ajusta al campo gravitacional y no después, ya que de
otra manera tendríamos una fuente gratuita y perpetua de energía en violación de los principios ya conocidos). Otro trabajo
interesante es el de James M. Nester y Chung-Ming Ko titulado “An accelerated charge is also absorbing power” (también
publicado en arXiv) en el que repiten una conclusión que es frecuentemente pasada por alto: el que una carga eléctrica
acelerada no sólo está emitiendo energía, sino que también la está absorbiendo a una razón igual a la razón de la potencia
radiada predicha por la fórmula de Larmor, apoyando una propuesta presentada previamente por Jerzy Kijowski. Todos estos
trabajos, desde luego, están expuestos a una revisión profunda en el momento en que podamos tener en nuestras manos una
teoría que unifique plenamente a la Teoría Especial de la Relatividad y a la Relatividad General con la electrodinámica; mientras
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tanto hay que seguir trabajando con lo que ya se tiene.
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