0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas241 páginas

SM PDF

Cargado por

CelesteZaisei
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas241 páginas

SM PDF

Cargado por

CelesteZaisei
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Moderadora de Traducción

3LIK@

Staff de Traducción
MEW RINCONE ENI ARIFUE
EVARG7 SARA HERONDALE RUFIARP
PILI EMI_93 3LIK@
XIIME~ MUSA65

Moderadora de Corrección
ENI

Staff de Corrección
AHRIEL YESS24 JANE
ENI EVARG7
KARLIX MEW RINCONE

Recopilación y Revisión
3LIK@ & ENI

Diseño
Mew Rincone
Agradecimientos Capítulo 13
Sinopsis Capítulo 14
Dedicación Capítulo 15
Prólogo Capítulo 16
Capítulo 1 Capítulo 17
Capítulo 2 Capítulo 18
Capítulo 3 Capítulo 19
Capítulo 4 Capítulo 20
Capítulo 5 Capítulo 21
Capítulo 6 Capítulo 22
Capítulo 7 Epílogo
Capítulo 8 Sobre la autora
Capítulo 9 Agradecimientos
Capítulo 10 Info. RyR
Capítulo 11 Créditos
Capítulo 12
de veinte años nunca imaginó que su
aburrido usual verano en el quinto infierno, podría requerir un cambio de
zapatos de punta a botas de caza o sus monótonos libros de texto
universitarios para descifrar el mapa del tesoro. Nunca imaginó que después
de romper el precioso cuadro de nativa americana de su abuela, el peligro, el
tesoro perdido de oro de los Cherokee y situaciones de rehenes surgirían.
Tampoco podía predecir que el hombre destinado a protegerla a ella y a su
familia sería su némesis de la infancia y su primer amor, Maddox Díaz.

Regresando después de tres años en el ejército, de


veintitrés años se enfrenta a más de lo que contemplaba cuando accede a
ayudar a Lane, su amiga de la infancia y su más profundo arrepentimiento.
De pronto, se ve envuelto en un peligroso juego del gato y el ratón con los
despiadados y armados buscadores de tesoros, terminando así en
persecuciones de autos y tiroteos, todo en presencia de la chica que aún se
empeña en acosar sus sueños y volverlo loco de deseo.
Lane ha decido negar la química que chisporrotea con el hombre que le
robó la virginidad y le rompió el corazón. Ella sólo quiere seguir con vida y
con su corazón intacto. ¿Será capaz de resistirse al hombre cuyo cuerpo le
prende fuego a todos sus sentidos?
Un agradecimiento especial a mis difuntos padres, quienes me infundieron un
profundo aprecio por la historia. A mi padre, Raye, quien hizo su propia búsqueda del
tesoro a través de la detección de metales y el Club de Buscadores de Tesoros de
Georgia, y a mi madre, Ginger, cuyo amor por la enseñanza de la historia se extendió
mucho más allá de las aulas para darme mayor perspectiva sobre el mundo.
Traducido por 3lik@
Corregido por Eni

Con tan sólo la luz tenue de la linterna iluminando el camino, apenas podía ver lo
que estaba directamente en frente de mí, y mucho menos qué estaba más allá de la
curva. Las paredes escarpadas y rocosas de la cueva nos rodeaban. El aire empezó
hacerse más frío e insoportable, gotas saladas de sudor aún escocían mis ojos,
nublando mi visión. Nuestros pies chapoteaban en los charcos sucios mientras
intentaba calmar mis latidos irregulares que retumbaban como cañones en mis oídos.
Doblamos la esquina e inmediatamente estuvimos cegados por la luz solar y ruidos
ensordecedores.

Grité de miedo cuando mis zapatos patinaron hasta detenerse justo antes del
borde del desmoronamiento de la cueva. Maddox me agarró del brazo, sacudiéndonos
de vuelta antes de que ambos pudiéramos caer. Mirando por encima del borde
cubierto de musgo, tragué la bilis en mi garganta. La simple visión de las enormes
cataratas arremolinándose con fuerza, hizo que el nudo en mi estómago y mi cuerpo
se estremecieran en completo miedo. —Oh, mierda —murmuré.

Con un agarre firme, Maddox me sostuvo por los hombros y me giró hacia él. —
Bien, no tenemos muchas opciones aquí, Lane. ¡Tenemos que saltar! —dijo a través del
ruido del agua cayendo.

Mis ojos se ampliaron.

—¿Estás loco?

—¿Y qué otra cosa sugieres?

Mientras contemplaba su desesperada expresión junto con las circunstancias


desgarradoras a la que nos enfrentamos, luché con las ganas de echar mi cabeza hacia
atrás y reír maniáticamente. Si me hubieras dicho hace cuarenta y ocho horas que yo,
Lane Montgomery —estudiante universitaria, bailarina a tiempo parcial, amparada e
hija única mimada— estaría huyendo por mi vida de unos trastornados buscadores
de tesoros con el chico que me rompió el corazón y robó mi virginidad, me hubiera
reído en tu cara.
Maddox extendió la mano.

—Tienes que confiar en mí.

Luché con las ganas de decir, como si no hubieras afirmado eso antes. Ante el
sonido de unos pasos, me di cuenta que no tenía más tiempo para debatir mis
opciones. Me di la vuelta para ver la sombra amenazante acercándose. Su voz hizo eco
a través de la cueva hacia nosotros. —Muy bien, ¡ya basta de sus juegos de mierda!
¡Entréguenmelo, o empezaré a disparar!

—¡Lane, vamos! —gritó Maddox.

Con mi pecho agitado, mi mano temblorosa buscaba la suya. A ciegas me aferré a


la nada, por fin sentí los dedos de Maddox que se acercaban a los míos. Una vez que mi
mano estaba firmemente estrechada entre las suyas, cerré los ojos y traté de
prepararme para dar el paso, en más de un sentido.
Traducido por Evarg7
Corregido por Eni

—Bien, desde la primera posición a la segunda —instruí. Mi voz se elevó para ser
oída sobre el clásico compás de Bach sonando por el sistema de sonido elevado.
Pequeñas bailarinas vestidas con mallas de varios colores se retorcían y se reían en
vez de asumir las posiciones correctas. Mirando el reloj, soplé algunas hebras errantes
de pelo oscuro que se habían escapado de mi apretado moño para sacarlas de mis
ojos. A falta de sólo cinco minutos antes de que la clase de danza se acabara y
empezaran las vacaciones de verano, no sé por qué me molestaba con alguna
instrucción. Sus mentes estaban a kilómetros de distancia—. Chicas, ¿alguna me está
escuchando?

—Sí, Señorita Lane —replicaron obedientemente.

—Bien. Entonces vayan a empacar pronto. Luego pueden bailar libremente


durante los últimos minutos.

Grititos ensordecedores de deleite aumentaron en la sala. No había nada que les


gustara más que ser capaces de hacer el tonto frente a los espejos al final del día. No
pude evitar sonreír por su entusiasmo.

Faltaban cinco minutos para empezar el mismo ritual veraniego que había hecho
toda mi vida. Abandonaría las comodidades de casa en Marietta—un suburbio de
Atlanta— por las montañas salvajes de North Georgia. Cambiaría los libros de la
universidad, junto con mis tutús, por el tiempo familiar extremo y mi trabajo de
verano en Mountain Orchard and Brewery de Maudie.

Una vez que la última niña me dio un abrazo y recogí bastantes regalos de fin de
año de los padres, entré al baño para quitarme mis mallas negras y la falda y ponerme
unos pantalones cortos. Cuando me puse mi ropa doblada en mi bolso, mi celular sonó
por un mensaje de texto.

—Papá —murmuré sin siquiera mirar la pantalla. Aunque mi cumpleaños


número veinte estaba a sólo unos días, mis padres sobreprotectores lo pasan mal al
saber que ya no soy su niñita. En lugar de ir yo sola fuera de la ciudad, me recogerían.
Decían que tenía más sentido financiero que fuera con uno de ellos, ya que teníamos
dos autos en nuestra casa de verano, pero yo tenía más conocimiento. Era porque ellos
querían ser padres sobreprotectores y asfixiantes.

Tirando mi bolso sobre mi hombro, agarré mis maletas y le di una mirada final a
mi estudio antes de salir. El camión de bomberos de papá, rojo, Volvo y convertible,
estaba en el bordillo.

—Hola, nena.

Salió del asiento delantero para ayudarme a cargar mis regalos y bolso en el
camión.

—Parece que volviste a acumularlos hoy —musitó.

Sonreí.

—Eso creo. Tengo suficientes tarjetas Starbucks para todo el verano.

—Y afortunadamente Ellijay se ha hecho más civilizado al construir uno.

—Lo sé. Gracias a Dios.

Cuando me abroché el cinturón de seguridad, papá dijo—: Mamá acaba de entrar


en la interestatal, así que no está muy por delante de nosotros.

—Suena bien.

El teléfono de papá sonó en ese momento y tuvimos que pasar treinta minutos
envueltos en nuestras conversaciones sociales individuales. Cuando finalmente colgó,
me miró con una sonrisa.

—Ah, huele ese hermoso smog libre de oxígeno. —Inhaló intensamente, tragando
el aire como un hombre ahogándose que acaba de llegar a la superficie del aire.
Probablemente, hubiera hecho algo de verdad mortificante, como sacar su cabeza por
la ventana como un perro, pero no tenía mucho sentido hacer eso en un convertible.

—Sí, es totalmente asombroso, papá —murmuré en respuesta, sin sacar mis ojos
de mi iPhone. —Mis dedos volaban furiosamente sobre el teclado mientras usaba los
últimos momentos preciados antes de que el servicio fuera irregular a medida que nos
acercábamos a las montañas. Les prometí a mis amigos que estaría en Facebook y que
les enviaría mensajes y que quizá incluso volviera a la ciudad algunas veces antes de
que llegara agosto.
—Apuesto a que no puedes esperar a quitar esa arenilla de la ciudad de tu pelo y
meter un poco de aire fresco de montaña en tus pulmones.

Gemí para mis adentros por su extremo entusiasmo. Pero cuando papá me miró
de reojo, pegué mi más sincera sonrisa en mi cara.

—Claro.

Papá sonrió.

—Ésa es mi chica.

Usualmente, no es tan bobo cuando estábamos en Marietta. Pero algo siempre le


pasa ese primer día que empacamos y salimos del pueblo. Supongo que podrías decir
que las montañas eran las musas de mi papá, el lugar donde escribía las novelas
negras por las que era famoso.

Señalando con su cabeza al manuscrito atado en mi regazo, preguntó—: ¿Y qué


piensas de la nueva?

Incluso cuando sólo estaba saliendo de mi segundo año en la universidad, papá


confiaba en mí como una de las primeras personas en leer sus novelas antes de
enviarlas a su agente y editor. De alguna manera, en secundaria me gradué de Harry
Potter y metí mi cabeza en el mundo crudo del famoso detective sureño de papá,
Harrison Baylor.

Dejando de lado mi celular, hojeé las páginas de su última obra maestra,


balanceando mi cabeza con entusiasmo.

—Creo que es otra pieza de otro sólido del New York Times.

—¿De verdad? —preguntó papá, con la voz insegura.

—Por supuesto. Y me gusta mucho cuando vas por el lado oscuro de Harrison.

—¿No crees que es demasiado… oh, cuál es la palabra que ustedes los
adolescentes usan para “depresión”?

—¿Emo?

—Ésa es.

Un resoplido escapó de mis labios por lo totalmente despistado que papá era al
pensar que su detective de 1,90m. y 113 kg. estaba cerca de la angustia adolescente.
—No, creo que es genial. Muestra el crecimiento del personaje desde los libros
anteriores.

—Bien. Eso es exactamente lo que buscaba.

Pasamos volando por la interestatal 515 con el viento propagándose por mi pelo
y ropa. Escarbando en mi bolso en busca de mi cepillo, me puse el pelo en un moño
francés flojo. Aunque el aire era más frío a medida que nos alejábamos de la ciudad y
entrábamos en las montañas, todavía era el típico día sofocante de junio. Me moví
entre mi enorme bolso y mi bolso de baile, intentando sacar mis piernas de la luz solar
directa. A pesar de mi cabello oscuro, no quería que me ardiera más tarde por
quemarme mi piel ultra-pálida.

Cuando mi estómago empezó a resonar, giré la cabeza para sondear dónde


estábamos. Como si fuera una señal, una gran letrero apareció: “Mountain Brewery
and Orchard de Maudie. A 1 milla”.

Me incliné hacia delante en mi asiento.

—Nos detendremos en la tienda de Maudie, ¿cierto?

Papá sonrió.

—Por supuesto. Incluso si intentáramos escabullirnos en la cabaña, nunca


terminaríamos de oírlo.

Me reí.

—Tienes razón.

—Le dije a tu madre que también se pare allí.

No sólo las montañas eran las musas de papá, sino también la casa de Maudie
Sinclair—la que una vez fue su madre adoptiva—. Sólo tenía cinco años cuando se
mudó con ella y su marido, John, durante tres años hasta que fue adoptado. Pero
siempre se mantuvo en estrecho contacto con Maudie, y ella siempre ha sido como
una segunda abuela para mí.

Entramos en el rebosante estacionamiento de la tienda. Papá se metió entre dos


autos con matrícula de fuera del estado. Hace veinte años, Maudie había empezado a
hacer mermeladas y gelatinas como un hobby para ganar dinero extra. Eso progresó
hasta abrir una tienda en una cabaña justo fuera de la interestatal. Pero el real avance
vino después de mezclar jugo de manzana y melocotón, junto con algunos otros
brebajes, para hacer la infusión espumosa y ácida de Mountain de Maudie. Venía en
versiones con y sin alcohol. Su negocio seguía creciendo, y ahora incluía tiendas en
todo Georgia del Norte. La tienda principal todavía estaba en una cabaña de madera
situada justo debajo de su casa y a una media milla de distancia de la nuestra. Una de
las mejores partes de mis veranos, era trabajar para Maudie.

Papá ni siquiera tuvo la oportunidad de llamar a la puerta de la oficina antes de


que ella saliera a encontrarse con nosotros con mamá siguiéndole los talones.

—¡Bueno, hola! Estoy tan contenta de que finalmente hayan llegado.

De un verano al otro, Maudie nunca cambiaba. Siempre vestía alguna clase de


falda suelta y diáfana junto con una blusa campesina, tenía una apariencia de abuela
hippie. Su largo cabello plateado estaba atado en su usual moño flojo y un largo
colgante de atrapasueños turquesa colgaba de su cuello.

Me lancé hacia delante para envolver mis brazos a su alrededor. Cerrando los
ojos, descansé mi cabeza en su hombro, inhalando su fragancia confortante a fresa.

—Te he echado de menos.

—También te he echado de menos, Laney-Poo —respondió ella, abrazándome


con fuerza. Cuando finalmente nos separamos, meneó un dedo hacia mi padre—.
Stephen, será mejor que empieces a venir más durante el invierno. Estoy muy sola.

Papá levantó sus manos en un gesto fingido de rendición.

—Sí, señora. Claro que lo intentaré.

Mamá sonrió.

—En verdad, es mi culpa. Mi horario de enseñanza dificulta salir más de unos


pocos días a la vez. Y luego está la universidad de Lane y el horario de danza.

Maudie sonrió y me sacó el pelo de la cara.

—Ah, sí, nuestra pequeña Twinkle Toes.

—Ugh, sabes que odio ese apodo —protesté, codeando juguetonamente a


Maudie.

—Siempre voy a llamarte así. Incluso si llegas al Ballet Nacional, te lo gritaré en


una de las actuaciones.

—¿El Ballet Nacional? Creo que estás poniendo la barra un poco alta para mí, sin
juego de palabras.
Maudie ahuecó mi barbilla.

—¿Y por qué no?

Negué con la cabeza ferozmente.

—Eso es demasiado agotador e intenso para mí. Sólo quiero ganarme mi título y
un día tener mi propio estudio de danza.

—Me gusta una chica con un plan —replicó con una sonrisa.

—De tal palo tal astilla —reflexionó papá.

El sonido de resoplidos y gruñidos detrás de nosotros interrumpieron nuestra


conversación. Dos repartidores estaban balanceando una gran caja de madera entre
los dos.

—¿Dónde quiere esto, Sra. Sinclair?

—Ooh, tráiganla a mi oficina, chicos —gritó Maudie, aplaudiendo como una


entusiasmada niña pequeña. Sus ojos verdes bailaban con emoción cuando se volvió a
girar hacia nosotros—. Esperen a que vean mi más nuevo tesoro.

Mamá y papá se rieron en voz baja por el entusiasmo de Maudie.

—Apuesto a que es otra pieza de arte Cherokee —dijo mamá.

Maudie tenía debilidad por el arte nativo estadounidense, especialmente de las


tribus de Georgia, como el Cherokee y Creeks. Su casa era prácticamente un museo de
esculturas, pinturas y alfarería. Tenía una de las colecciones más grandes del sudeste
y siempre estaba añadiendo cosas.

Mientras uno de los hombres presionaba para abrir la barra, Maudie suspiró de
alegría.

—Acabo de obtenerla de una subasta hace unas semanas en Carolina del Norte —
nos dijo. Luego, con una sonrisa tímida, añadió—: Gasté mucho más de lo que debía.
Por supuesto, no ayudó que estuviera allí ese hombre repulsivo intentando hacer una
oferta más alta que yo. Sólo tuve que ponerlo en su lugar.

Nos reímos junto con ella. Después de todo, la cualidad terca de Maudie era bien
conocida.

Cuando el marco cubierto de oro fue quitado de la caja, todos nos inclinamos
hacia delante, mirando expectantes. Maudie le dio una mirada adoradora.
—¿No es hermoso?

Ladeando la cabeza, examiné la pintura al óleo. Me recordaba a un cuadro que


había visto en mi libro de texto de Historia de Estados Unidos sobre el Sendero de
Lágrimas. En lugar de varios hombres y mujeres Cherokee, con bultos de piel de
animales y mantas, caminando a la deriva con expresiones angustiadas, sólo había un
hombre. La pena estaba grabada en su cara muy arrugada cuando levantaba sus
ensangrentadas manos hacia el cielo. A sus pies, un cervatillo yacía desplomado en la
nieve, con un río carmesí saliendo de ella.

—No sé si es hermoso. —La mandíbula de Maudie cayó en derrota, así que añadí
velozmente—. Quiero decir, es un poco triste, ¿no?

—Bueno, querida, ¡ése es el punto! Las emociones que salen de esto son
palpables. Pero no es sólo el dibujo lo que lo hace un raro hallazgo.

—¿Oh?

Meneó su cabeza gris.

—Éste fue hecho por el nieto de un Jefe Cherokee. Lo dibujó con conocimiento de
primera mano de lo que pasó su tatarabuelo. No conseguí todos los datos, pero se
supone que es una representación simbólica de la muerte de su hija. Pasó por dos
generaciones hasta que la familia cayó en momentos difíciles y tuvo que venderlo.

—Es fascinante —replicó mamá, sus sentidos de profesora de historia estaban


cosquilleando.

Papá y yo intercambiamos una mirada divertida antes de mover nuestras


cabezas en muestra de que estábamos de acuerdo.

—Y también sé el lugar perfecto para el. —Hizo señas hacia la pared vacía por
encima del sofá de su oficina—. Pero primero, tengo que reponer el colgador de la
parte de atrás. No parece lo suficientemente fuerte, y odiaría que se dañara. —Volvió a
poner el cuadro en la caja y cerró la tapa—. Ahora, ¿qué tal una cena? —sugirió
Maudie.

Papá miró a mamá antes de negar con la cabeza.

—No, tenemos que llegar a la casa e instalarnos.

Mamá se rió.

—Lo que quiere decir es que Lane y yo haremos la instalación mientras él


desaparece en el porche trasero con su portátil.
—Exactamente —repliqué.

La cara de papá enrojeció momentáneamente.

—¿Qué puedo decir? Tengo que trabajar cuando la inspiración llega, y puedo
sentir los jugos empezar a cocinarse.

Maudie sonrió.

—Lo entiendo. Si tu inspiración coopera, ¿podría anotarte para una comida


casera para mañana por la noche?

Después de que mamá y papá aceptaron, Maudie se giró hacia mí.

—¿Y te veré mañana a primera hora?

Sonreí.

—Por supuesto.
Traducido por Evarg7
Corregido por Eni

Mientras mis zapatillas de deporte crujían en el camino de gravilla hacia la tienda


de Maudie, el compás del Concierto 21 de Mozart todavía flotaba en mis oídos desde la
rutina diurna de ballet. Me levanté levantado temprano para escapar del sótano. Hace
años, mis padres convirtieron una de las habitaciones en un improvisado estudio
completo de ballet, con espejos y una barra de prácticas. No sólo me había ayudado a
mantener mi entrenamiento intenso durante los “meses de descanso” de mi escuela de
danza, sino que también había sido una ofrenda de paz por apartarme de la ciudad
todos los veranos.

Una mirada a mi iPhone mostró que eran las 8:50, así que incluso si decidía
caminar, iba a llegar con tiempo de sobra. Después de pasar por la gigante cresta de la
montaña separando el camino y la tienda de Maudie, esquivé los camiones que hacían
sus usuales repartos matutinos. Me saqué mis auriculares antes de decir “hola” a
varios de los trabajadores justo antes de entrar por la puerta trasera. Maudie no abría
oficialmente hasta las nueve, así que la tienda estaba bastante desierta, aparte de Eula,
la cocinera, y una de las cajeras del día.

—¡Buen día! —grité cuando entré en la oficina de Maudie.

—¡Buen día, cariño! ¿Lista para volver al trabajo?

Me reí.

—Tan lista como alguna vez estaré, supongo.

Después de tomar un gigante trago de café, dijo—: ¿Por qué no empiezas a


acomodar mermeladas y gelatinas? Siempre sabes el lugar justo y correcto para que
funcione el escaparate.

—Está bien, suena bien.


Pasé la siguiente hora ordenando el pasillo de la mermelada para alistarme para
el más nuevo envío. A las 10:00, la tienda había cobrado vida con clientes y la mayoría
del turno diurno. Maudie volvió para escudriñar mi progreso.

—Luce bien.

—Gracias.

—¿Desayunaste?

—Comí una barra de cereales de camino. ¿Por qué?

—Oh, es sólo que vi a Eula sacar un molde de sus legendarias tartas de manzana
fritas y pensé que podrías estar hambrienta.

Riéndome por lo bajo, negué con la cabeza.

—Eres una mala influencia. Además, ni siquiera es hora de mi descanso todavía.

Me guiñó el ojo.

—Está todo bien. Calmaré las cosas con tu jefe.

Un chico con el pelo rubio y rizado que nunca había visto asomó la cabeza por el
pasillo. Cuando su mirada se fijó en el portapapeles frente a él, gritó—: ¡Hola Maudie,
ese envío de mermelada acaba de entrar de la planta de Duluth! —Levantó la mirada
y, al verme, enrojeció—: Lo siento, no me di cuenta de que estabas hablando con
alguien.

Maudie sonrió.

—Está todo bien, Drew. Ésta es una de mis nietas adoptivas, Lane. Trabajará con
nosotros este verano.

Drew vino hacia nosotras. Tendió la mano y me dio una brillante sonrisa que
acentuó sus hoyuelos.

—Es agradable conocerte.

—A-agradable co-conocerte también. —De alguna manera, siempre me convierto


en una idiota total alrededor de miembros del sexo opuesto… especialmente aquellos
que creo que son bonitos. Y Drew, con su figura desgarbada, cabello rizado que caía
sobre su frente, y gafas, era seriamente bonito… bueno, de una forma un poco nerd.

Nuestras manos se quedaron pegadas hasta que Maudie se aclaró la garganta.


Drew dio un rápido asentimiento.
—Sí, um, mejor voy a desempaquetar las cajas. —Empezó a volver al almacén,
pero luego se giró—. Encantado de conocerte, Lane.

—Encantada de conocerte también.

Cuando oímos el sonido de la puerta del almacén cerrarse, Maudie me codeó de


forma juguetona.

—Creo que estaban bastante embelesados el uno con el otro.

—¡Oh, por favor!

—Después de tu ruptura, creo que una aventura de verano es justo lo que


necesitas.

Mi estómago se apretó momentáneamente con la mención de mi “ruptura”.


Habían pasado cinco meses desde que rompí con Eli, mi novio de dos años. Incluso
cuando fui yo la que terminó, todavía estaba un poco acobardada por un nuevo chico.
Si realmente fuera honesta conmigo misma, no fue Eli quien me había acobardado, fue
un error de mi pasado que me hacía incapaz de dar todo mi corazón a cualquier otro
chico.

Con un empujón, Maudie me sacó de mis pensamientos.

—Por supuesto, si no te convence totalmente del Sr. Drew Lancaster, entonces


puede haber alguien más que encienda tu interés.

Como estaba temerosa de sus habilidades de emparejamiento, protesté—: Pero


estoy aquí para trabajar, no para un romance.

Meneando sus cejas, Maudie preguntó—: ¿Y por qué no matar dos pájaros de un
tiro?

Gemí. En el fondo, una parte de mí estaba lista para una relación nueva. Pero
entre la universidad y mi intenso horario de ballet, nunca parecía haber mucho
tiempo para las citas. También estaba el hecho de que la mayoría del tiempo, los
únicos chicos con los que realmente podía hablar sin tartamudear, ruborizándome
como una tonta, vestían ceñido, usaban maquillaje y no estaban exactamente atraídos
por el sexo opuesto. Tampoco ayudaba que fuera a una universidad de sólo chicas.

Maudie enlazó su brazo con el mío.

—Ahora, hablando de romance, tengo una sorpresa para ti.

Arrugué la nariz mientras caminábamos.


—Sabes que odio las sorpresas.

—Bueno. ¿Adivina qué hombretón de tu pasado acaba de terminar su gira en el


ejército y está de vuelta en casa?

Me congelé frente a un escaparate de Patatas Fritas de Manzana de la Señorita


Maudie. Una ola de náuseas abrumadora se estrelló conmigo. Oh, no. Por favor, dime
que no. Esto no puede estar pasando. Mi error adolescente no podía volver a ponerse
en el centro de mi vida.

Maudie tomó mi mano en la suya.

—Lane, te ves verde. ¿No me digas que no estás feliz al pensar en volver a ver a
Maddox?

Oh, Dios, ella ha dicho su nombre. Mi pasado volvió para perseguirme de la forma
más horrible posible: atrapada durante el verano con el chico que más odiaba en el
mundo. Supongo que “odiaba” no es una palabra lo suficientemente fuerte, “aborrecía”
y “despreciaba” probablemente se acercarían más a lo que de verdad sentía por
Maddox Diaz.

Lo conocí cuando que tenía siete años, y él diez. Su papá fue asesinado en alguna
misión especial en el ejército, enviando a su ya frágil mamá al alcoholismo. No pasó
mucho tiempo antes de que perdiera la custodia de él y su hermana mayor. Con toda
la familia paterna de Maddox en Puerto Rico y su familia materna reticentes a
llevárselos consigo, fueron de aquí para allá por varias casas de acogida hasta que
Maudie los acogió, justo como lo había hecho con mi papá. Pero como Maddox tenía
diez y su hermana, Neely, tenía doce, nunca fueron adoptados. En lugar de eso, sólo se
quedaron con Maudie. Aunque ella y su marido los hubieran adoptado oficialmente, la
madre de Maddox había sido internada y marcada como incapaz de estar en su sano
juicio para firmar documentos legales, como papeles de adopción.

Jugábamos juntos durante los veranos y las vacaciones, pero siempre se las
arreglaba para hacer algo mezquino y hacerme llorar casi todos los días. Pero justo
antes de que fuera corriendo hacia mis padres o Maudie para acusarlo, él me envolvía
en un gran abrazo de oso y me daba las disculpas más dulces y más encantadoras que
pudiera esperar. Olvidaba totalmente que había estado enfadada con él, hasta la
siguiente vez que me molestaba.

Para cuando éramos adolescentes, él había perfeccionado ese encanto para


enamorar a todas las chicas en un radio de cien millas… excepto a mí. Bueno, supongo
que eso no es completamente justo, ya que él me había más que encantado.
—Lane, ¿estás bien? —me preguntó Maudie, sacándome de mi aturdimiento.

—Oh, perdón. Supongo que desconecté por un minuto.

Me sonrió compasivamente.

—Sé lo terrible que es lo que pasó con Maddox. Porque, cuando pienso en el
asqueroso cuidado que tuvo en ese hospital del ejército y en que eso llevó a esa
horrible infección de estafilococos, me amargo y me pongo triste. Sencillamente no es
justo cómo terminó siendo dado de baja médicamente del servicio cuando tenía todos
esos sueños de subir de rango y viajar por el mundo.

Entonces fue interrumpida por la voz de su secretaria hablando por el


intercomunicador:

—Maudie, se te necesita en recepción. Maudie, a recepción.

Ella resopló con exasperación.

—¡Sí que odio las interrupciones! —Antes de girarse para irse, dijo—: No muevas
un músculo. Volveré enseguida.

Asentí. Mientras miraba su figura en retirada, mi mente giró frenéticamente en


busca de excusas para salir del trabajo en la tienda de Maudie este verano.
Posiblemente, podría todavía dar clases en mi campamento de verano de estudio de
danza. Por supuesto, cualquier cosa, desde levantar basura de la carretera hasta fregar
baños, sería mejor que tener que estar cerca de Maddox por cualquier cantidad de
tiempo.

El estrés de las noticias hizo que mi estómago retumbara a altas velocidades.


Ignorando la petición de Maudie para que me quedara ahí, empecé a ir hacia Eula y las
tartas fritas. Sabía que nada me sacaría de la mente a Maddox tanto como una tarta de
manzana. Mientras caminaba con ahínco hacia el pasillo, les sonreí y hablé a los
clientes habituales. Pero luego una voz muy conocida hizo que derrapara al
detenerme.

Me escondí detrás de un escaparate alto de té Peach Fuzz. Cuando estuve


satisfecha de que él no estuviera cerca, estiré mi cuello alrededor de las botellas. Mi
corazón se agitó un poco al verlo. Habían pasado tres años desde que lo había visto
por última vez. Ahora tenía veintidós años —un verdadero hombre—. Si siquiera
fuera posible, incluso lucía mejor. Quizá, sólo estaba más trabajado de lo que
recordaba. Sus bíceps estiraban la camiseta de Cerveza Artesanal de La Srta. Maudie
que vestía, por no mencionar el inequívoco contorno de sus abdominales cincelados
de pack de seis. Había heredado el cabello negro azabache y el bronceado natural de
su padre puertorriqueño, y los ojos azules de su mamá. Por supuesto, su pelo oscuro
estaba todavía rapado por sus recientes días en el ejército.

El sonido de pasos me dio un tremendo susto. Me di la vuelta para encontrar a


Drew mirándome fijamente a través de sus gafas. Con su ceño fruncido y labios
apretados, supongo que no todos los días atrapaba a alguien escondiéndose detrás de
jugo procesado de melocotón.

—Oh… um… hola —dije, agachando la cabeza.

—Maudie me pidió que te diga que está ocupada, pero que vayas adelante y sigas
trabajando en ese escaparate de mermeladas y gelatinas.

—Claro, por supuesto —le repliqué a los pies de Drew.

Se aclaró la garganta.

—Acaba de decirme que te diga eso. No es que esté tratando de ser tu jefe o algo
así.

Levanté la cabeza rápidamente.

—Oh, no, está bien. De verdad.

Drew me sonrió soñador y con hoyuelos antes de gritar más allá de mí.

—¡Oye, Maddox! —Me encogí mientras esperaba su respuesta.

—¿Sí?

—Agarra esas cajas verdes de dentro del almacén y tráelas hasta el pasillo tres
para Lane.

—¡Lo haré!

Drew asintió.

—Bien, supongo que te veré más tarde.

—Adiós —dije, dándole un breve saludo con la mano mientras se apresuraba a


irse.

Empecé la triste peregrinación hacia el pasillo tres, enferma por darme cuenta de
que no había escapatoria de Maddox ahora. Suspirando, volví a la caja y empecé a
meter las botellas multicolores de mermelada en la estantería.
El sonido de sus pasos detrás de mí hizo que mi respiración se atorara en mi
garganta. La estaba aguantando cuando Maddox puso una caja rebosante de
mermelada a mis pies. Me di la vuelta y nuestros ojos se encontraron. Sus comisuras
se curvaron y no supe si estaba tratando de sonreír o si estaba luchando contra la
urgencia de decir algo profundo sobre nuestro encuentro. Por supuesto, ahí estaba el
gigante elefante rosa dando zancadas alrededor de la sala, y ése era nuestro pasado.
Estoy segura de que estaba tratando de estimar si iba a ponerme hecha una perra
psicótica y desfigurarlo, o si lo dejaría pasar. Decidí ir por el camino del éxito en vez de
hacerlo arrodillarse con una patada rápida a las pelotas.

—Bienvenido a casa.

Cualquier vacilación se desvaneció rápidamente, y fue cubierta por su típica


sonrisa fanfarrona.

—¡Gracias, enana!

Por dentro, gemí por el uso de mi apodo por ser una niña bajita. Cualquier
pensamiento que tenía de tratar de tolerar su presencia arrogante y vanidosa con
elegancia y dignidad se evaporó rápidamente. Lo miré con los ojos entrecerrados.

—Sabes que odio cuando me llamas así.

—Lo siento. —Después sus ojos vagaron por mí cuerpo, ladeó la cabeza con
apreciación—. Maldición, Lane, apenas te reconozco. Has crecido.

Apreté mis puños a mis costados. Después de todo lo que había pasado entre
nosotros, tenía la audacia de concentrarse en mi apariencia. ¡Era tan irritante! Con él
siendo tan irritante, no había manera en que admitiera las noches que me había
quedado despierta preocupándome por él mientras estaba en Basic o cuando fue
herido y estuvo en el hospital

En lugar de discutir que había tenido la misma altura, si no el mismo tamaño de


copa, apenas una B, desde la última vez que me vio, seguí ordenando la mermelada.
Cuando permanecí sin responder, inclinó la cabeza hacia mí.

—¿Así que esto es todo lo que tienes para tu estimado viejo amigo y soldado?

—Te dije “Bienvenido a casa”, ¿no? —Hice una mueca por la hostilidad de mis
palabras. ¿De verdad estaba siendo así de cruel con él después de todo lo que había
pasado? Después de un poner un frasco de mermelada albaricoque en la estantería,
me volví a girar hacia él—. ¿De verdad te dispararon en las posaderas como a Forest
Gump?
Se rió por lo bajo.

—No, eso sólo fue algo que le dije a Maudie para que no se preocupara tanto. —
Levantó el dobladillo de su camisa para mostrar la cicatriz justo por encima de la
pretina de sus jeans—. Estuvo horriblemente cerca de mis riñones.

Por un momento, mi enfado por su ego fue olvidado, y mi corazón se hinchó con
compasión por él.

—Siento que tuvieras que pasar por eso. De verdad que sí —murmuré. Luego mi
mirada se concentró en la forma en que sus jeans estaban bajos en sus caderas,
dándome una vista ladeada de sus marcados abdominales. Un estremecimiento pasó a
través de mí cuando recordé cómo se sentían esos abdominales contra mis manos…
contra mi cuerpo. Sacudí la cabeza para liberarme de mis pensamientos ridículos y
empecé a poner frascos de mermelada en el estante.

Nos quedamos en un silencio incómodo por unos segundos. La conversación


nunca había sido así de tensa entre nosotros, incluso cuando éramos niños y
estábamos enfadados con el otro por algo. Maddox frotó su barba de varios días.

—Y… después de todo este tiempo y todo lo que ha pasado, esperaba que no
guardaras rencor.

Un frasco de mermelada de Muscadinia se me resbaló de los dedos y luego se


destrozó en el suelo.

—¿Rencor? Estaba tratando de ser cortés y educada al intentar ignorar lo que me


hiciste. Quiero decir, ¡lo que pasó entre nosotros no fue como la vez que quemaste
“accidentalmente” mi pelo cuando éramos niños! —Cuando su expresión seria se hizo
divertida, cambié el curso también y espeté—: ¡Tuve que cortarlo diez centímetros!
¡Apenas podía levantarlo para el moño de mi recital!

—¿Qué puedo decir? Era un punk de los pies a la cabeza. Y tú —se inclinó más
cerca de mí—, eras demasiado princesita.

Lo empujé hacia atrás.

—No lo era.

—Sí, lo eras. —Me sonrió—. Nunca querías jugar fuera y ensuciarte, ir a pescar,
ni hacer cualquiera de las cosas que yo quería hacer.

—Oh, ¿es por eso que me pusiste gusanos en la camiseta o que me empujaste en
pilas de barro, para que pudieras hacer lo que querías?
—Nah, eso fue sólo por ser un tarado —replicó.

—Tu principal característica. —Empecé a inclinarme para limpiar el frasco roto


cuando Maddox tomó mi mano en la suya.

Me sonrió sinceramente arrepentido.

—Mira, siento mucho lo que pasó antes. —Apretó y soltó su mandíbula—. Quiero
más que nada en el mundo que nos divirtamos trabajando juntos, como hicimos hace
unos años. ¿Crees que podemos poner ese único error detrás de nosotros y seguir
adelante?

Bajé la mirada a donde sus dedos envolvían mi brazo. Maddox tocándome otra
vez me hacía tener piel de gallina. Pero, más que nada, fue el hecho de que pensara
que podía sólo barrer lo que había hecho debajo de la alfombra tan fácilmente. Aparté
mi brazo con brusquedad y anuncié—: Me tomaré mi descanso.

—¿Qué hay de este desastre? —preguntó Maddox, señalando la mermelada rota.

—Lo limpias tú. —Luego estreché mis ojos al mirarlo—. Después de la forma en
que me trataste hace un par de años, ¡creo que me debes un favor o dos!

Mientras él hacía un sonido estrangulado, me di la vuelta y fui hacia la sección de


refrigerados. Después agarré una botella de mi sidra favorita de la Srta. Maudie, y salí
por la puerta del porche trasero. Afortunadamente, no había clientes comiendo afuera
debido al intenso calor, así que abrí mi bebida y me senté en una de las mecedoras
desde donde se veía un pequeño riachuelo. Mientras el dulce sabor cubría mi
garganta, los pensamientos de ese infame cuatro de julio entraron en mi mente y, por
un momento, mi estómago se apretó tanto que pensé que podría vomitar.
Traducido por Evarg7
Corregido por Eni

Tres años antes


Girándome a la izquierda y a la derecha, estudié mi reflejo en el espejo del baño.
El elegante vestido de verano rojo era probablemente uno de los conjuntos más
osados que me había puesto fuera del escenario. Mostraba más piel, básicamente más
escote, de lo que solía mostrar. Pero necesitaba algo que llamara su atención. Esta
noche era la noche en que iba a decirle finalmente a Maddox cómo me sentía por él en
verdad.

Todo se había estado construyendo para este momento. Me enamoré de él


durante los dos anteriores veranos, pero no me había dado la hora hasta este año.
Empezó de a poco: salir por ahí para charlar, guiñarme el ojo desde el otro lado de la
tienda, pidiéndome que comiera con él. Luego empezamos a pasar tiempo juntos en su
casa o la mía, usualmente viendo películas o jugando videojuegos. Todas las señales de
que éramos una pareja estaban ahí… excepto que no decíamos las palabras.

Así que esta noche, más que nada, quería que admitiera cómo se sentía por mí.
Que me diera alguna señal para esperarlo mientras no estuviera. Ya sabes, toda la idea
romántica de la vieja escuela de ser la chica a la que él escribía y suplicaba paquetes
de galletas hechas en casa. Incluso cuando las relaciones a distancia apestaban, estaba
dispuesta a hacer cualquier cosa por Maddox, tanto era mi amor.

Respirando profundo, revisé una última vez mi apariencia un tanto excesiva


antes de salir de mi dormitorio.

—Me voy a la casa de Sarah —les dije a mis padres, que estaban viendo una
película en la sala de estar. Una explosión de osadía y remordimiento me atravesó al
mentirle a mis padres. Pero como eran tan sobreprotectores, nunca me dejarían ir a
una fiesta en la casa de Maddox sin Maudie en casa.

—Diviértete, cariño —replicó papá con la boca llena de palomitas de maíz.


—Los veré en la mañana —dije antes de cerrar la puerta delantera detrás de mí.

Mientras mis zapatillas crujían a lo largo del camino de gravilla de la casa de


Maudie, sonreía cuando pensaba en cómo Maddox se me había acercado
anteriormente en esa semana. Yo acababa de llamar por teléfono a algunos clientes
cuando su cabeza apareció sobre la parte de arriba de la caja registradora.

—Hola —dijo con una sonrisa perezosa.

—Hola —dije casualmente mientras intentaba mantener mi indiferencia con él


tan cerca.

—Escucha, haré una fiesta Bon Voyage el viernes por la noche, y quiero que estés
ahí.

Mis cejas se elevaron por la sorpresa.

—¿D-de verdad? ¿Yo?

—Demonios, sí.

—Gracias. Me encantará ir. —Mientras decía mi frase, lo miré con la cabeza


ladeada—. ¿Eso significa que Maudie sabe sobre esa fiestecita que harás?

Él se rió por lo bajo.

—Sí, lo sabe. De hecho, me dará la casa durante el fin de semana mientras ella va
a una subasta de arte fuera del pueblo.

—Ya veo.

—¿Entonces estarás ahí? —Presionó insistentemente.

—Por supuesto. No me lo perdería por nada del mundo.

Maddox me guiñó un ojo antes de irse pavoneándose. Observaba su figura


alejándose tan intensamente que no noté cuando llegó el siguiente cliente. Se tuvo que
aclarar la garganta para llamar mi atención.

—Lo siento —murmuré.

Cuando empecé a subir los escalones del porche de Maudie, bajé la mirada a mi
teléfono. Era poco después de las nueve, y no podía evitar sentirme decepcionada
porque no había un mensaje “¿Dónde estás?” de Maddox. Por los sonidos de la
multitud borracha dentro, la fiesta había estado en su auge durante horas, así que
debió haberse preguntado dónde estaba yo. El momento en que pasé por la puerta
principal, la gente me miró. Con nervios, me cambié el bolso de brazo y busqué en la
multitud a Maddox. La gente parecía ser los amigos de Maddox del colegio, y no
parecían tener ni pizca de ganas para hablarle a una novata y forastera como yo.

Después de agarrar una botella de vino de fresa de la cocina, me senté en el sofá


junto a una pareja que procedió a ponerse como conejos en el momento en que me
puse cómoda. Nerviosa, sorbí mi bebida mientras esperaba y esperaba a que Maddox
me viniera a buscar.

Pero no estaba en ningún sitio. Y tampoco había mensajes de él. Así que fui la fea
del baile durante una hora mientras las parejas bebían y follaban a mi alrededor. Al
final, con un suspiro derrotado y el espíritu arruinado, agarré mi bolso y fui hasta la
puerta.

Después de salir, el chirrido del balancín del porche llamó mi atención. Entorné
los ojos hasta el otro lado del porche.

—Maddox, ¿eres tú?

—Sí, soy yo.

Caminé hacia él.

—¿Qué estás haciendo solo aquí fuera?

Se encogió de hombros.

—Sólo necesitaba aire fresco. —Se pasó la mano por su pelo oscuro antes de
respirar profundamente—. No te vas, ¿cierto?

—Oh, um, sí. Esto no es realmente mi estilo.

Maddox sonrió.

—¿Por qué no me sorprende? Siempre has sido una chica demasiado buena para
ir a fiestas y beber.

—Sí, bueno, no conozco a nadie aquí, y el anfitrión de la fiesta, muy maleducado,


no estaba por ahí para darme instrucciones.

Arqueó una ceja al mirarme.

—¿Es verdad?

—Sí, lo es.
—Qué bastardo. Alguien debería patearle el culo totalmente por ser tan idiota
con una chica tan asombrosa —musitó.

Le sonreí.

—Sí, deberían.

La mirada de Maddox pasó por mí apreciativamente.

—¿Te pusiste ese vestido ardiente sólo para él?

Oh, demonios, sí, lo hice.

—No exactamente —mentí.

—Bien. Él no merece a una chica tan fina como tú. —Negó con la cabeza
lentamente una y otra vez y luego me sonrió con suficiencia—. Qué buena eres, Lane.
Sexy, dulce, mala y buena.

Entonces balanceé la botella medio vacía en mi mano.

—No sé eso de ser tan buena. Sí que tomé una botella —protesté.

Un brillo burlón, pero sexy, encendió sus ojos oscuros.

—Ooh, eres muy mala. —Inclinándose hacia delante, agarró mi brazo. La


electricidad se disparó hasta mi hombro antes de enviar sensaciones de cosquillas a
todo mi cuerpo—. Fuera de broma, no te vayas. Siéntate un minuto. —Maddox palmeó
el asiento de madera junto a él de forma invitante. Por supuesto, no me tomó mucho
sentarme a su lado.

El columpio apenas nos contenía a los dos, y me encontré prácticamente en su


regazo. El calor de su cuerpo quemaba la piel de mis muslos y brazos. Se estiró y
agarró dos botellas de cerveza de la mesa del costado. Me tendió una y, de forma
reluctante, la agarré.

—¿Qué te parece un brindis, ya que me iré?

—Está bien.

Su frente se arrugó mientras peleaba por encontrar las palabras correctas.

—¿Qué te parece: Por todas las locuras de mierda que hemos hecho juntos desde
que éramos niños, y todas las locuras de mierda que haremos cuando vuelva?
—Suena bien. —Choqué el cuello de mi botella de cerveza con la de él—. Por
nuestro pasado y futuro —murmuré antes de tomar un sorbo femenino.

Maddox resopló, haciendo que pegara un salto.

—¿Por qué no te sacas el palo del culo, me demuestras que estoy equivocado y le
das un buen trago a esa cosa?

Bajando mi botella, lo miré con odio. Él sabía que odiaba cuando me desafiaba a
hacer algo, usualmente era ésa la razón por la que me metía en problemas cuando
éramos pequeños. Parte de mí quería decirle que lo olvidara, que no iba a caer en su
usual provocación. La otra parte de mí quería demostrarle que no era sólo una “chica
buena”, como le gustaba llamarme, y que podía ser la correcta. Era especialmente
importante porque era la hora del ahora o nunca para cementar nuestra relación.

—Bien. —Levanté la botella y empecé a vaciar el contenido de ella con tragos


largos y espumosos. Llegué a la mitad antes de que mis ojos se llenaran de lágrimas y
mi pecho pareciera que iba a explotar. Cuando mi estómago se sacudió, aparté la
botella, escupiendo lo que estaba en mi boca sobre las tablas de madera. Antes de
poder limpiarme la boca, un eructo retumbó por mi garganta y salió por mis labios.

Los ojos de Maddox se agrandaron antes de estallar en carcajadas. La vergüenza


me calentó las mejillas y cuello mientras su cuerpo sacudió el columpio con diversión.
Pasé la palma de mi mano por mi cara y me limpié la boca. Estaba pensando en salir
corriendo del porche cuando Maddox golpeó mi espalda con energía como si fuera
uno de sus amigotes.

—Eso fue asombroso, Lane.

—Oh, sí. Realmente genial —murmuré.

—No, de verdad. —Luego me guiñó un ojo, haciendo que mi corazón


revoloteara—. Pero en el futuro, creo que es mejor si sorbes lentamente que si tratas
de probar que estoy equivocado.

Sin apartar mis ojos de los suyos, tomé un gran trago, estremeciéndome por el
sabor, pero luego le sonreí dulcemente.

—Gracias por el consejo.

Se rió por lo bajo y negó con la cabeza.

—Maldición, voy a echarte de menos.


Mi corazón fue de revolotear a entrar a pleno galope. Nos sentamos en silencio
por unos minutos, sólo escuchando los sonidos de la fiesta, y el ir y venir del columpio.
Al final, me aclaré la garganta, la que parecía un monte de aserrín.

—Sabes que te estás perdiendo tu fiesta —dije suavemente.

Maddox se encogió de hombros.

—Fue tonto hacer una fiesta porque no tengo muchas ganas de celebrar. —
Después de tomar el resto de su cerveza y de lanzar la botella, se estiró hasta el
refrigerador junto a él y nos consiguió a ambos una más. Cuando los sonidos
bufonescos de dentro de la casa se hicieron más altos, Maddox se levantó y me tendió
su mano libre.

—Vamos. Salgamos de aquí.

Extendí mi temblorosa mano para encontrar la suya.

—Claro —murmuré. No estoy segura de cómo mis temblorosas piernas me


soportaban, pero después de poner un pie delante del otro, dejé que él me llevara
fuera del porche y dentro del patio. Cuando llegamos al viejo roble en el extremo más
alejado del patio, supongo que Maddox sintió que nos habíamos distanciado lo
suficiente de la casa porque se detuvo.

Cuando pasé la punta de mis dedos sobre el asiento del desgastado columpio,
Maddox me miró con la cabeza ladeada.

—¿Quieres que te empuje como en los viejos tiempos?

—No estoy segura de que sea seguro.

Maddox se rió mientras me hacía señas para que me sentara.

—Tú siempre tan cauta, Lane.

—Bien, pero será mejor que no me caiga de culo de esta cosa —murmuré cuando
me senté en el asiento de madera.

Su respiración se cernió sobre mi lóbulo.

—Si te haces daño en el culo, lo besaré y te haré sentir mejor. —Cuando jadeé por
su insinuación desvergonzada, él se rió—. Sólo bromeo.

—No sé qué me conmociona más: tu sugerencia obscena o el hecho de que


realmente te importaría que me hiciera daño. Quiero decir, cuando éramos niños,
siempre me lo hacías pasar fatal si lloraba cuando me cortaba o me hacía un moretón.
Maddox hizo una mueca.

—Sí, fui un gran imbécil contigo la mayoría del tiempo, ¿no?

—Sí, bastante.

Me tiró hacia atrás, luego me empujó hacia delante en el columpio.

—Bueno, ¿no hay una teoría sobre niños que tratan a las niñas como la mierda
para llamarles la atención porque en el fondo tienen un flechazo por ellas?

Giré mis dedos con más fuerza alrededor de la cuerda del columpio mientras
intentaba calmar mi respiración errática.

—Hay algo como eso —murmuré. Mirando sobre mi hombro, vislumbré la


expresión intensa de Maddox. Mordisqueando mi labio, contemplé si ahora era el
momento correcto para aclarar las cosas con él sobre mis sentimientos.

De repente, una mirada divertida pasó por su cara.

—Oye, ¿recuerdas la vez que todos fuimos de acampada, y el viejo perro de caza
de Maudie entró en el refrigerador en medio de la noche y comió todos los perritos
calientes?

—¿Al que le pusiste el nombre de Lane?

—Ése.

Me reí por lo bajo.

—Sí, me acuerdo.

Entonces nos zambullimos en un viaje de horas por el carril del recuerdo. No


pasó mucho tiempo antes de que Maddox se metiera a mi lado en el columpio. Para
cuando terminamos de hablar, me las había arreglado para terminar el resto de mi
cerveza. En realidad, estaba adquiriendo gusto por ello, lo que era mucho decir por mi
parte. Por supuesto, también empezaba a sentirme un poco chiflada, y el constante
movimiento del columpio me estaba mareando. Clavé los dedos de mis pies en la
tierra, deteniendo el columpio.

—¿Estás bien?

Poniendo mi mano en mi cabeza, repliqué—: Lo estaré cuando el mundo deje de


girar.
—Oh, oh —dijo Maddox. Rodeó el columpio. Después de poner uno de mis brazos
sobre su cuello, usó el otro para cargarme en sus brazos.

—Oh, Dios mío, ¡no tienes que cargarme! No estoy tan mareada —protesté.

—Sí, pero me da la oportunidad de parecer fuerte y conseguir sentirte cerca de


mí. —Cuando levanté la mirada hacia él, me guiñó el ojo. Como me gustó a dónde
estaba yendo la conversación y no quería que el momento terminara, le sonreí de
forma suplicante.

—¿Me llevarás junto al río?

—¿No quieres volver a la casa?

Negué con la cabeza.

—Sólo quiero estar contigo. Bueno, supongo que debería decir a solas contigo.

Los oscuros ojos de Maddox se quedaron en mi cara por un momento antes de


menear su cabeza.

—Bueno, pero déjame volver al porche para buscar mi refrigerador.

—Suena a que tenemos un plan.

Maddox me puso de pie suavemente. Cuando empecé a rodear el árbol para ir a la


orilla del río, me agarró la mano.

—Espera, no vayas sola.

—Um, está bien, Sr. Paranoico.

Se rió entre dientes antes de cruzar trotando el patio hasta la casa. A la distancia,
lo observé subir los escalones del porche, saludar con la mano a algunos fiesteros que
se iban mientras agarraba el refrigerador, y luego volvió trotando hacia mí.

Una vez que volvió a mi lado, dejamos que la luna llena sobre nuestras cabezas
nos guiara hasta el río. Luego ambos nos sentamos en una de las viejas mantas que
Maudie había dejado en la orilla. Generalmente, bajaba al río todas las mañanas con su
café antes de hacer sus poses de Yoga.

—Maldición, mira esas estrellas —comentó Maddox, estirando el cuello para ver
todo el cielo.

Cuando una luciérnaga se encendió frente a nosotros, hice señas hacia ella.
—¿Recuerdas cuánto odiaba cuando atrapabas ésas y las ponías en un frasco?

Maddox sonrió en la oscuridad.

—Pensabas que era cruel porque no podían volar por ahí con sus amigas
luciérnagas.

Me reí por lo bajo.

—Siempre iba detrás de ti y las liberaba.

Con la misma sonrisa traviesa que tenía cuando niño, Maddox preguntó—:
Recuerdas todo sobre nosotros mientras crecíamos, ¿no?

—Claro que sí.

—Entonces no vas a olvidarme cuando no esté, ¿cierto? —preguntó.

—¿Cómo puedes decir algo así? Nunca podría olvidarte. —Lo miré a los ojos, que
mostraron miedo por primera vez desde que podía recordar. El alcohol en mí me hizo
actuar mucho más valiente de lo que me sentía. Agarré su mano—. Rezaré por ti todas
y cada una de las noches, Maddox. Sólo tienes que tener fuerza mientras estés lejos, y
volver a nosotros sano y salvo.

Apretó mi mano con fuerza.

—Gracias. Eso significa mucho.

—Y yo estaré aquí esperándote cuando vuelvas.

Maddox se acercó y me envolvió con sus brazos, abrazándome fuerte. Me


presioné contra él, disfrutando de la forma en que mi cuerpo se amoldaba al suyo. Al
querer incluso más de él, hundí mi cabeza y empecé a hociquear con mi cara en su
cuello. En todos nuestros años juntos, nunca, en ningún momento, habíamos estado
así de cerca. De sólo pensarlo me hacía tener hormigueos por todo el cuerpo, y suspiré
de felicidad.

—Maldición, hueles bien.

Me reí.

—Es sólo una crema de vainilla que me puse antes de venir.

—¡Yo diría que hueles tan bien como para comerte!


Cuando levanté la mirada hacia él, contoneó las cejas y, para bromear, se lamió
los labios. Sabía que estaba esperando que me muriera de vergüenza, pero no lo hice.
En lugar de eso, saqué la valentía que me dio el alcohol pulsando por mis venas. Me
acerqué un poco a su cara. Mi corazón martilleaba en mis orejas cuando suspiré:

—¿Por qué no me besas en lugar de eso?

Los segundos pasaban agonizantemente mientras esperaba su respuesta. Su cara


no mostraba expresiones, excepto por el deseo ardiendo en sus ojos oscuros. Luego se
inclinó y llevó sus labios hasta los míos para mi primer beso real. Claro, había tenido
un pico o dos con chicos, pero nada como eso. Era todo lo que una flor tardía como yo
siempre había esperado y fantaseado que sería: especialmente porque era con
Maddox.

Cuando sentí la calidez de su lengua rozar mis labios, me relajé en sus brazos e
intenté actuar como si supiera lo que estaba haciendo. Cuando su boca arrasó la mía,
peleé contra el mareo que amenazaba con sobrepasarme. Parecía que el mundo estaba
girando como un juego loco de Ring Around the Roses, y lo único que me mantenía de
pie eran las manos y labios de Maddox en mí.

Apenas me di cuenta cuando Maddox se arrodilló antes de ponerme de espaldas.


Involuntariamente, abrí mis piernas más para permitirle poner sus caderas entre
ellas. Cuando empezó a mecerse contra mí, no pude evitar gemir en su boca. Ahora
sabía lo todos hablaban una y otra vez sobre el sexo y el besuqueo. Cada centímetro de
mí ardía como si estuviera prendiéndome fuego.

Cuando los dientes de Maddox rozaron mi labio inferior, llevé mis manos arriba
para girar y tirar con mis dedos de su cabello. No sé cuánto tiempo nos quedamos así:
con los labios juntos, sus caderas golpeándome con furia y yo levantando mis caderas
torpemente para encontrarme con sus embestidas.

Despegó sus labios de los míos y empezó a besar mi cuello. Cuando sus dedos se
metieron dentro del top de mi vestido, no estaba segura de si estaba completamente
lista para que continuara.

—Lane… —gimió, su respiración calentó mi pecho contra el frío aire nocturno.

—¿Hmm?

—No quiero parar… no sé si puedo parar —jadeó.

El peso de sus palabras me llegó, haciéndome estremecer. No había anticipado


que las cosas escalaran tan rápido. Incluso cuando mi conciencia me decía que a los
dieciséis, casi diecisiete, todavía era demasiado joven, sabía en mi corazón qué quería
hacerlo con desesperación. Exhalé.

—Entonces no lo hagas.

Quitándole su atención a mis pechos, levantó la mirada hacia mí.

—¿Estás segura?

Asentí con frenesí.

—Lo digo en serio. Quiero estar contigo… —Tragué con fuerza—. Quiero que
seas mi primera vez. —El calor pasó por mis mejillas mientras Maddox continuaba
mirándome fijamente—. Te vas, y no puedo pensar en algo mejor que darte que a mí
misma.

—¿Tanto te importo? —preguntó Maddox en un susurro.

—Sí.

Mirando alrededor, sus cejas se fruncieron.

—Pero, ¿aquí afuera?

Asentí rápidamente.

—¿Qué es más romántico que estar aquí fuera contigo bajo las estrellas? —
Mordiendo su labio inferior, Maddox parecía estar en alguna clase de problema
interno por mi petición, haciendo que mi corazón cayera en picado—. Si no me
deseas…

—Acabo de decirte que no quería parar, ¿no? —Cuando no respondí, añadió—:


Sólo esto debería ser suficiente para decirte lo mucho que te deseo. —Empujó su
erección contra mi centro, haciéndome jadear—. Cualquier chico con cerebro querría
dormir contigo. —Mordisqueó su labio inferior antes de cortar su mirada con la mía—
. Carajo, eres muy sexy.

La calidez hizo cosquillas en mis mejillas por sus cumplidos. Las manos de
Maddox fueron a los tirantes de mi vestido. Los bajó por mi hombro hasta donde la
cima de mis pechos estaba expuesta. Su dedo entonces hurgó dentro de la copa de mi
sujetador. Inspiré cuando su pulgar frotó mi endurecido pezón. Sus labios
reemplazaron su pulgar, y apreté los ojos de placer. Mientras mordisqueaba y
chupaba uno de mis pechos, su mano empezó a acariciar el otro. Tenía una sobrecarga
sensorial y no pude detener los jadeos intensos que escaparon de mis labios.
Una mano abandonó mi pecho para ir a mi espalda. Con poco esfuerzo, se las
arregló para bajar la cremallera de mi vestido. Poniéndose de rodillas, me sacó el
vestido, dejándome con mi ropa interior de encaje. Cuando su mirada me dio un
repaso, gemí por dentro. Nunca pensé que me pondría en este estado, así que estaba
avergonzada por tener un sujetador rojo con culote negro.

Mi ropa interior dispareja no pareció molestarle a Maddox. Se lamió los labios


mientras me evaluaba. Sus manos fueron al dobladillo de su camiseta y luego la tiró
sobre su cabeza. Mis dedos ansiaban pasar por los músculos de su perfecto pecho.

—Eres muy hermoso —murmuré.

Maddox se rió entre dientes.

—Creo que soy yo el que debería decirte eso a ti.

Aparté mis ojos de sus abdominales para encontrar su mirada.

—Entonces dímelo.

—Lane Montgomery, eres la chica más hermosa con la que rodé en el césped en
toda mi vida.

Golpeando su brazo, negué con la cabeza.

—Qué forma de arruinarlo.

Se rió.

—Me encanta molestarte. Me ha gustado desde que éramos niños, y eso nunca va
a cambiar. —Mordisqueó en su camino de mi mandíbula hasta mi oreja—. Créeme
cuando digo que te has convertido en la chica más linda en la que he puesto mis ojos
—susurró.

Cuando se retiró para mirarme, dije como un chirrido—: ¿Lo dices en serio?

—Mmm, hmm, y no puedo esperar a ver qué tan hermosa eres desnuda.

Sabía que quería provocarme con su comentario, pero no le di la satisfacción. En


lugar de eso, me senté. Envolviendo mis manos en mi espalda, desabroché mi
sujetador. Cuando se cayó, Maddox me miró con intensidad. Con manos temblorosas,
mis dedos agarraron la banda elástica de mi culote. En un rápido movimiento, lo bajé
hasta las rodillas y por mis piernas. Cuando me atreví a volver a mirar a Maddox, me
sonrió de forma genuina.

—Justo lo que pensé… hermosa.


—Gracias —murmuré.

Sus manos fueron a su cinturón, y lo siguiente que supe fue que sus pantalones
estaban en una pila junto con el resto de nuestra ropa. No pude evitar robar una
mirada a su erección a través de sus bóxers. No conseguí mirar mucho tiempo porque
Maddox se cernió sobre mí, presionándome hacia abajo, sobre la manta.

Cuando su mano fue entre mis piernas, grité, haciéndolo reír. —Espero oír una
clase distinta de ruido de ti en un segundo.

Cuando metió un dedo y luego dos dentro de mí, lo recompensé con un gemido.
Metió y sacó sus dedos de mí, haciendo que la humedad entre mis piernas creciera.

—Oh… oh… Dios —susurré.

—Di mi nombre —ordenó él con su respiración intensa sobre mi ombligo. Luego


bajó, besando para formar un ardiente camino, hacia mis piernas. Mis rodillas
dobladas temblaron cuando las amplió más.

—¡Maddox! —grité cuando su lengua salió y me lamió. Mis caderas se levantaron


involuntariamente hacia su boca. Nunca había sentido nada como la sensación de la
boca de Maddox cerrándose sobe mi centro, lamiendo y mordisqueando.

Cuando metió su lengua dentro de mí, me vine rápido y con fuerza. Grité y agarré
su pelo.

—Oh, Maddox… ¡Oh, sí, sí! —grité, sin importarme quién me oyera.

—Tranquila, nena, no me quites todo el pelo antes de que pueda hacerlo el


ejército —murmuró contra la sensible piel de mis muslos internos.

—Lo siento, es sólo que… Oh, guau.

Su risa contra mi bajo vientre hizo que mi estómago se apretara.

—Te gustó eso, ¿eh?

—Nunca había tenido uno de ésos con nadie.

Con una sonrisa relajada, Maddox arqueó sus cejas.

—Ah, te has estado cuidando sola, ¿eh?

El calor fluyó por mis mejillas.

—Sí —murmuré.
—Me siento bastante honrado por darte orgasmos, Lane.

Bajé la mirada al bulto que estaba tirando de sus bóxers.

—Quieres que…

Poniéndose otra vez de rodillas, Maddox negó con la cabeza.

—Yo me vendré más tarde. No te preocupes. —Después de hurgar en su billetera,


sacó un preservativo. Levanté la mirada al follaje de árboles esmeralda en vez de a él
poniéndose la protección. Se puso entre mis piernas.

—Lane, mírame.

Cuando encontré su mirada, me dio media sonrisa antes de entrar en mí


lentamente. Con una embestida, era suya. No hubo dolor, los años de intenso ballet me
prepararon de alguna manera. Supongo que tuvo algo que ver con todos esos
estiramientos y pesas.

Su boca buscó la mía, y su lengua entró en mí, imitando a su cuerpo inferior.


Mientras la presión se construía, mis uñas raspaban por su espalda. Antes de saberlo,
me estaba viniendo otra vez.

—¡Maddox! —grité, agarrándome de sus hombros.

Empujó con más fuerza y más rápido hasta que un gemido bajo escapó de sus
labios. Se estremeció y luego se derrumbó sobre mí. Con su respiración calentando mi
pecho, mis dedos fueron a su pelo.

—Eso fue asombroso, Maddox. Todo lo que esperé que sería y más.

Cuando no respondió, besé la parte de arriba de su cabeza.

—Te amo, siempre te he amado y siempre te amaré.

Mis palabras hicieron que su cabeza se levantara bruscamente. A la luz de la luna,


la incredulidad pasó por sus ojos. Parpadeó un par de veces como si intentara aclarar
su mente. Luego me volvió a mirar, con el dolor marcado en su cara.

—Oh, mierda…

Apartándose de mí, se puso de pie rápidamente. Su figura desnuda empezó a


pasear frente a mí.

—¿Qué pasa?
Maddox se rió de forma maníaca.

—¿Qué pasa? ¿De verdad tienes que hacer esa pregunta?

—Sí. Quiero decir, sé que estás perdiendo los estribos, y no entiendo el porqué.

Maddox se agachó y agarró sus pantalones.

—Cristo, Lane, acabamos… yo… ¡¡¡MIERDA!!! —Se puso el pantalón con la


velocidad del rayo.

Bajé la cabeza y luché para recobrar el aliento. Agarrando las puntas de la manta,
la puse a mi alrededor para cubrirme. La desesperación me atormentó hasta las
entrañas mientras trataba de procesar qué demonios estaba pasando. ¿Cómo pasó de
tener sexo conmigo un minuto para sentirse casi repugnado por mí al siguiente? ¿Fue
porque dije que lo amaba? Mi pecho amenazaba con derrumbarse como la vez que me
quedé sin aliento cuando me caí de los juegos del parque en la casa de Maudie.
Irónicamente, fue la culpa de Maddox aquella vez también, porque me había empujado
cuando quería bajar por el tobogán.

—¿Te arrepientes de hacerme el amor? —le pregunté con un susurro.

Después de subirse la cremallera de su pantalón con brusquedad, Maddox bajó la


mirada hacia mí.

—Lane, eres como mi hermana menor, y acabo de follarte… carajo, de profanarte


en una vieja manta de Maudie. —Negó con la cabeza—. Jesús, ¡estropeé todo! —Pasó
una mano temblorosa por su pelo—. No olvidemos que tienes dieciséis años…
prácticamente menor de edad.

—No me importa nada de eso. Me importas tú —argumenté. No pude evitar que


mi labio temblara cuando añadí—: Te amo, Maddox.

—No puedo hacer esto —gimió.

—No me amas —dije, más para mí misma como un pensamiento que para él. En
lentos movimientos, levanté la cabeza para encontrarme con su mirada. Las lágrimas
picaban en mis ojos, y no pude luchar contra ellas sin importar lo mucho que lo
intenté. Mis lagrimones hicieron que Maddox se fuera a trompicones. No me molesté
en llamarlo cuando empezó a volver corriendo a la casa de Maudie. ¿Qué podía decir?
Había sido rechazada en todas las formas, figuras y maneras.

Nos fuimos al día siguiente por la segunda etapa de la gira de publicación del
libro de papá. Nunca le conté a nadie lo que pasó, ni a mamá ni a Maudie. Leí las cartas
que le envió a mis padres, que encima puso a mi nombre, y firmó las cartas y
provisiones que le enviamos. Pero nunca intentó arreglar las cosas, así que al final
terminé ignorándolo.

Hasta ahora.
Traducido por 3lik@
Corregido por Eni

Cuando me dirigí a la tienda de Maudie la mañana siguiente, evité estirar mi


cuello o lanzar mi mirada a los alrededores del estacionamiento. Se podría decir
que estaba en estado de alerta para detectar cualquier señal de la presencia de
Maddox. Ayer, me las arreglé para evitarlo después de nuestro encuentro
demasiado-cerca-para-mi gusto. Por suerte, Maudie parecía estar usando la fuerza
bruta de Maddox en el almacén. El verano era una de las temporadas más
ajetreadas, debido a que vendemos frutas y hortalizas frescas de los huertos
locales.

No tenía sonrisas o saludos para los trabajadores. En lugar de ello,


simplemente caminé rápido junto a ellos hacia el reloj de control de asistencia.
Luché con la tentación cuando pasé por Eula y el olor embriagador de sus pasteles
fritos. Cuando entré a la oficina de Maudie, la encontré con un martillo en la mano
derecha y algunos clavos en la otra.

—Buenos días sol. Estaba a punto de colgar mi pintura.

—Buenos días a ti también. ¿Necesitas ayuda?

—No, creo que estoy bien. Eso si hoy no tengo un millón de interrupciones
con todos los camiones repartidores.

Como si fuera una señal, su altavoz zumbó. —Maudie, te necesitamos en la


recepción de envío. Ha habido un tremendo lío con las entregas de hortalizas.

Maudie rodó los ojos. —Hablando del diablo —resopló y bajó los clavos y el
martillo—. ¿Significa reabastecer los estantes con bebidas de melocotón y
manzana?

—Claro, me pongo con ello.

Maudie sonrió y me dio unas palmaditas en la espalda.


—¡Esa es mi chica!

El resto de la mañana pasó volando mientras reabastecía y reorganizaba


todos los jugos y tés de frutas de la Señorita Maudie’s. Drew fue bueno al traerme
las cajas y retirar las viejas, y nos las arreglamos para tener un par de
conversaciones cortas. Pensé que en verdad era dulce que quisiera estar cerca de
mí, pero me gustó incluso más si eso alejaba a Maddox.

Descubrí que Drew se desplazaba al trabajo desde Kennesaw, tenía dos


hermanas pequeñas que lo volvían loco, y que trabajó en un bar de mala muerte
para ahorrar dinero para un apartamento cuando se trasladó al Tecnológico de
Georgia. Se dio cuenta de que era hija única y luego se burló de mí cuando le dije
que había ido a la Preparatoria de Westminster antes de ir a Agnes Scott. Cuando
terminé, le ayudé a sacar el último grupo de cajas. No me di cuenta de lo mucho
que habíamos estado conversando hasta que la voz de Maddox retumbó detrás de
nosotros.

—Oye Drew, una vez que hayas terminado de babear por Lane, ¿podrías
venir al almacén para ayudarnos con aquellas cajas de productos?

Cuando Drew se sonrojó de unos diez tonos de rojo, luché contra el impulso
de golpear a Maddox. —Uh, sí, ya voy —respondió Drew.

—Hablamos más tarde —le dije.

Él asintió antes alejarse. Capté la mirada de Maddox, y me dio una sonrisa


maliciosa. Le respondí disparándole una mirada de muerte antes de volver a
entrar. Me topé con Maudie después de cerrar la puerta de golpe. —Lane, ¿estás
bien?

—Sí, estoy bien.

Maudie me dio una mirada sospechosa antes de decir—: ¿Venía a ver si


estabas lista para almorzar? Hice un poco de ensalada de pollo que te gusta.

—Eso suena muy bien.

Sonrió. Ve y saca las cosas de la nevera, y yo nos traeré algo de beber.

Está bien le contesté, cuando fui de la tienda a su oficina. Alcé en mis


brazos el pan y el contenedor de la ensalada de pollo y pensé en el comentario de
Maddox hacia Drew. Si él seguía así, nunca seríamos capaces de tener una
conversación decente durante todo el verano. Él era un exasperante egocéntrico.
Jadeando, me dejé caer en la silla de Maudie. La acción mandó las ruedas a
toda marcha, catapultándome hacia atrás. El pan y el contenedor salieron volando
de mis brazos. Cayeron al suelo al instante que la silla golpeó la pared. Bueno, al
menos pensé que era la pared.

Empecé a deslizarme de nuevo al escritorio cuando escuché que algo crujió


en el suelo.

—¡Mierda!

La última vez que había visto la pintura fue esta mañana cuando estaba en el
sofá de Maudie, por lo que era natural suponer que seguía allí o estaba en la pared.

No, me equivoqué.

Le di una miraba rápida a la pared y vi un clavo listo para sostener la pintura.


Sólo podía suponer que ella no había sido capaz de levantarla y la había traído a la
mesa para llamar a alguien que viniera a ayudarla cuando fue interrumpida por
algo o por alguien.

Cuando por fin me atreví a recoger la pintura, mi estómago se sacudió. El


lienzo se había separado del marco. Pasé mis dedos temblorosos por la superficie
de los bordes. Afortunadamente, no sentí ninguna rotura o desgarre en la pintura
misma. Pero el marco estaba totalmente arruinado.

—¡Oh no!

La puerta se abrió, y me di la vuelta. Maudie entró apresuradamente por la


puerta con nuestras bebidas. Se detuvo en seco, al ver el horror en mi rostro.

—Lane, ¿qué pasa?

—Yo... eh... eh...

Estás pálida como una hoja puso los vasos de sidra de manzana sobre el
escritorio y comenzó a sentir mi frente. No hay fiebre. Me miró de pies a
cabeza antes de bajar la voz y preguntar : ¿Problemas femeninos?

Su preocupación me hizo sentir peor. No, Maudie, no es nada de eso. Es


que... he hecho algo terrible. Sus ojos se ampliaron, rápidamente me apresuré—:
créeme no era mi intención hacerlo, pero todo sucedió al mismo tiempo.

Bueno, ¿qué es?

Haciendo una mueca, murmuré : Accidentalmente rompí tu pintura nueva.


Maudie se quedó sin aliento y se llevó una mano a la garganta. Se quedó
inmóvil por un momento antes de inclinarse y agarrar al marco. Cuando hizo un
inventario de los daños, el aliento que asumí que ella estaba conteniendo la
venció. Lane, está bien. Podemos arreglar esto. Veré que uno de mis carpinteros
ponga de nuevo el lienzo en el marco.

¿Estás segura? Me sentía muy mal porque parecía que estaba saliendo de
ésta muy fácil.

Maudie asintió mientras presionaba a lo largo del borde de la pintura. De


repente, un ceño fruncido marcó su frente. Esto sí que es gracioso.

—¿Qué?

—Se siente como que hay algo atorado detrás del lienzo y el marco. Como
que un trozo de papel o algo así. La lengua de Maudie se asomaba mientras
intentaba pellizcar el borde del papel. Cuando este no se movió, examinó sus
hinchados dedos artríticos antes de ver los míos . Mejor inténtalo tú.

Maudie mantuvo la pintura estable para mí. Usé mi dedo índice y pulgar
como un par de pinzas, agarré a una fina pieza de papel. Lentamente, lo moví de
un lado a otro para conseguir una mejor sujeción. Pero cuando me estaba
abriendo camino, se quedó atascado.

Me quedé helada y luego miré a Maudie. Me dio una sonrisa alentadora. —Si
tienes que romper más el marco, adelante. ¡Tengo que saber qué hay detrás!

—Está bien, entonces.

Apliqué más presión a la madera. Con un chasquido fuerte, el marco y el


lienzo se separaron completamente de la parte inferior. Mis dedos se adentraron
una vez más en el interior, y deslizaron fuera el papel. Estaba amarillento por lo
viejo y olía a tierra húmeda. De forma rectangular, ya que había sido doblado dos
veces.

¿Supongo que es mejor veamos lo que hay dentro? sugirió Maudie.

Delicadamente, lo desdoblé. Me quedé mirando las letras y símbolos


extraños. Recuerdos de ver The Goonies y Pirates of the Caribbean con Maddox y
su hermana, Neely, inundaron mi mente.

Sí, claro murmuré con incredulidad.

¿Qué crees que sea? preguntó Maudie.


Se ve como una especie de mapa del tesoro.
Traducido por 3lik
Corregido por Eni

Los ojos de Maudie se ampliaron como platos.

—No puedo creerlo.

Mis dedos recorrieron el pergamino.

—Definitivamente es antiguo, y el papel se siente como…

Maudie me quitó el mapa para sentir la textura del papel.

—Piel de animal.

—Extraño, ¿no? —Le eché un vistazo a la escritura del mapa—. No hay una
marca X en el lugar, cosa que ves en las películas, pero ciertamente esos símbolos y
letras parecen llevarte a un lugar o algo. —Negué con la cabeza—. Por supuesto, no
puedo imaginar que exista un tesoro real, y menos aún por qué alguien se molestara
en ponerlo detrás de la pintura.

Fuimos interrumpidas por Maddox, quien asomaba su cabeza por la puerta. Sólo
la visión de él hizo que mi estómago se revolviera. —Hola, estaba a punto de llevar esa
entrega a Perkins. —Dudó debido a las expresiones desconcertadas tanto en el rostro
de Maudie como en el mío—. ¿Qué hay de malo?

Maudie furiosamente le hizo señas con la mano. —¡Cierra la puerta!

Él entró, arqueando las cejas inquisitivamente. —¿Murió alguien o algo?

—No, no, por supuesto que no. —Maudie rió. Me quitó nuevamente el mapa de
las manos y se lo entregó a Maddox—. ¿Qué crees que sea?

Como no quería estar demasiado cerca de Maddox, me alejé un poco de Maudie.


Sus ojos azules escaneaban el papel antes de darle la vuelta. —¿Es algún tipo de
documento de los Cherokee?
Maudie se golpeó la frente. —No puedo creer que no me haya dado cuenta de la
escritura. Es, definitivamente, parte del silabario Cherokee.

—¿Crees que se pueda leer?—preguntó Maddox.

Maudie negó con la cabeza. —Desafortunadamente no. Incluso si tuviera una


copia del alfabeto en frente de mí, aún necesitaría un experto en lingüística.

Miré el mapa otra vez. —Así que realmente crees que podría llevarte a algún
tesoro enterrado de los Cherokee?

Maddox resopló. —¿No me digan que ustedes dos piensan que esto es una
especie de mapa del tesoro?

Olvidando que estaba tratando de ignorarlo, repliqué—: ¿Y por qué no podría


serlo?

—Um, ¿tal vez porque suena absolutamente sin sentido? quiero decir, estamos
hablando de los Cherokees, no de piratas.

Maudie sonrió mientras apuntaba a Maddox con un dedo. —Oh, ¿qué pasa con la
leyenda del oro oculto de los Cherokee?

Él cruzó los brazos sobre su pecho. —No creo que recuerde alguna, pero estoy
seguro que podrías iluminarme.

Ella asintió. —Antes de que todo el mundo se dirigiera a California en 1848,


tuvimos una pequeña fiebre de oro aquí en Georgia en Dahlonega. Por supuesto, la
tierra donde fue encontrado pertenecía a los Cherokees. Toda esa riqueza sin explotar
le pertenencia a los indios que no se llevaban bien con el gobierno, por lo que
encontraron la manera de quitárselos. Crearon una especie de lotería de tierras y se
las asignaron a los hombres blancos. Como si eso no fuera suficientemente malo,
eliminaron todas las tribus del Este poco después.

Maudie respiró dolorosamente. —Dado que los indios tenían permitido llevarse
pocos objetos personales, muchos eligieron esconder su oro antes de irse. Muchos
pretendieron volver un día a su tierra y reclamar sus riquezas. Por desgracia,
murieron en el trayecto por la dura caminata, nunca lograron despegarse de las
reservas de Oklahoma.

—Eso es tan horrible—murmuré.


Maddox rodó los ojos. —¿Y esa historia se supone que debe validar que este
pedazo de piel de animal es un mapa del tesoro que nos llevará al oro oculto de los
Cherokee?

—Bueno, Sr. Sabiondo, da la casualidad de que muchos Cherokees dejaron


instrucciones escritas y verbales a los miembros de la familia de donde estaba
escondido el oro. Es factible que este podría ser uno de esos mensajes, todo que a su
vez podría considerarse una especie de mapa del tesoro.

La expresión de Maddox se mostraba escéptica. Sí, bueno, eso está genial de


creer. Si te hace feliz.

Maudie rió. No te preocupes, tonto. No estoy agarrando mi pala y corriendo en


busca del tesoro.

—Espero que no. —Moviéndose a la puerta, dijo : Bien, ahora que esta emoción
se acabó, realmente tengo que llevar esa entrega a Perkins.

Ella asintió. Adelante.

No vemos más tarde entonces respondió despidiéndose con la mano. Antes


de cerrar la puerta, le oí gruñir—: El oro oculto de los Cherokee.

Cuando se fue, Maudie se giró hacia mí. ¿Crees que puedes tomar las riendas
por un rato?

Claro, ¿por qué?

Ella sonrió. ¡Voy a la casa en este momento a poner este bebé en la caja fuerte!

Me eché a reír. ¡Suena como una buena idea para mí!


****

Alrededor de una hora Maudie regresó, su voz se escuchó por encima del altavoz.

Lane, tienes una llamada. —Empujé la botella de té en mi mano en el estante y


corrí por el pasillo a la oficina de Maudie. Cuando llegué allí, sonrió . Es tu padre. Él
espera en la línea cuatro.

Me recosté en el respaldo del sillón de cuero. Apreté la luz intermitente y dije—:


Hola Papá

Hola calabaza. Tengo malas noticias sobre el libro.


Oh, ¿qué pasa?

Mi editor llamó, y me han reservado en la última etapa de esta gira Southern


Secrets con un montón de escritores de misterio. La primera firma es mañana por la
mañana en Charleston. Mamá y yo estamos haciendo las maletas para tomar un vuelo
esta noche. ¿Quieres venir con nosotros?

¡Fantástico! Esta es la manera perfecta de zafarme de trabajar con Maddox. Pero


decir sí significaba acompañar a mamá a muchísimas tiendas de antigüedades,
mientras ella dice ooh y aah durante horas, sin mencionar tener una lección de
historia en todos y cada sitio para turistas imaginable. Uf, eso no suena como una
buena idea en absoluto. No, en lugar de estar completamente aburrida, me quedaría.
Después de todo, habían pasado tres años, y era capaz de tolerar la presencia de
Maddox.

Por muy tentador que parezca comencé, adulando tanto como pude , mejor
me quedo aquí a trabajar. No puedo dejar a Maudie estancada.

Fue entonces cuando un hombre de mediana edad con un traje negro irrumpió
por la puerta. Los oscuros ojos del hombre se clavaron en los míos, y me dio una
mirada de disculpa. Ahuequé mi mano sobre el receptor y pregunté—: ¿Puedo
ayudarle?

Tengo que ver Maudie Sinclair. Inmediatamente.

El tono y el lenguaje corporal del hombre me dijeron que iba en serio.

—Um, papá, tengo que irme. Tengan un buen viaje.

—Está bien. Te amo cariño.

—También te amo.

Colgué el teléfono. —Lo siento por hacerlo esperar. ¿Maudie lo está esperando?

De la nada, Su expresión oscura se iluminó. Sus labios se curvaron en una sonrisa


dentada del tipo escalofriante y de un infame presentador de concurso. —No, no
exactamente. Tengo que ver a la señora Sinclair acerca de unos asuntos pendientes.
Por supuesto, no esperaba encontrar una cosa así de bonita y joven en su oficina.

Uf. Definitivamente escalofriante.

Permítame localizarla le dije, mientras me levantaba de la silla. Hice clic en


el localizador y luego mi voz se escuchó en toda la tienda. —Maudie, te necesitan en tu
oficina. —Rodeé la mesa, tratando de poner más espacio entre el Escalofriante y yo.
Afortunadamente, Maudie estaba cerca. Extrañada al ver mi expresión, ella
levantó las cejas antes de dirigirse el “Escalofriante”.

—¿Puedo ayudarle en algo?

Mi nombre es Jensen. —Miró de Maudie a mí . Gracias por tu ayuda, ¿te


importaría disculparnos?

Um, claro le contesté. No me gustaba dejar a Maudie completamente sola, así


que en lugar de cerrar la puerta, la dejé entreabierta. Luego me escondí en el otro lado
y espié.

Te conozco dijo Maudie, señalando con el dedo. Eres el hombre de la


subasta. Quien quiso superar mi oferta.

Sí, lo soy. La pintura es la razón por la que he venido a verla.

—¿Ah, sí?

No soy el tipo de hombre al que le gusta perder, Sra. Sinclair. Tenía la intención
o debería decir intento . tener esa pintura. Soy seguro que tiene una apreciación
estética de la misma, pero para mí, es un profundo apego personal. Uno que se
remonta a mis antepasados.

Maudie permaneció en silencio y contemplativa. Me preguntaba qué


pensamientos estaban pasando por su mente.

Jensen respiró fuerte. En el momento de la subasta, tenía un problema de flujo


de efectivo. Desde entonces, fui capaz de conseguir más fondos. Estoy dispuesto a
ofrecerle diez mil más de lo que pagó.

Mire, Sr. Jensen, aprecio su tenacidad, pero me temo que no puedo venderle la
pintura. Sobre todo ahora que se ha dañado.

Jensendio grito ahogado antes de exigir—: ¿Dañado? ¿Qué quiere decir?

—Me temo que el marco va tener que ser reemplazado. Algún tipo de percance
de envío.

Aspiré una carcajada ante la explicación de Maudie. El color volvió al rostro de


Jensen. Oh, bueno, estaré feliz de hacerlo yo mismo. —Metió la mano en el bolsillo
para sacar su pañuelo . Así que mi oferta sigue en pie.

No, me temo que voy a tener que declinar.


—Quince mil.

—Sr. Jensen…

—¡Entonces, ponga el precio!

Maudie negó con la cabeza. Ella comenzó a rodear su escritorio hacia la puerta, y
me paralicé. —Aprecio que haya venido hasta aquí, pero realmente no quiero
deshacerme de ella.

Una expresión siniestra, oscuridad casi brilló momentáneamente en el rostro de


Jensen antes de que lograra darle a Maudie una sonrisa tensa. Bueno, supongo que
no se puede culpar a un hombre por intentarlo. Tal vez algún día seré capaz de
persuadirla a renunciar a ella. Entonces se dio la vuelta y salió por la puerta tan
rápido que no tuve tiempo de escapar. Él me dio una breve mirada cabreada antes
alejarse.

Corrí a la oficina de Maudie. —¿Estás bien?

¿Yo? Mejor que nunca respondió, con voz temblorosa.

—¿Estás segura? Ese tipo era absolutamente escalofriante. —Cuando Maudie


empezó a protestar, negué con la cabeza. No quería dejarte a solas con él, así que me
escondí en la puerta. No me gustaba lo que te estaba diciendo la forma en que te
amenazó.

Una risita nerviosa se le escapó de los labios. —Oh, él es sólo un obsesivo


coleccionista de arte quien suele conseguir lo que quiere. —Se pasó una mano
temblorosa por algunos cabellos que se habían soltado de su moño—. Pero se dio
cuenta de que no iba a ceder ante él. —Cuando empecé a abrir la boca para protestar,
Maudie negó con la cabeza . Entonces dijo, tomando aliento, ¿qué quería tu
padre?

—Oh, él tiene que ir a una gira del libro por una o dos semanas. Mamá va con él.

—¿Y tú decidiste quedarte aquí conmigo, entre un montón de mermeladas y


jaleas, esperando a los ansiosos turistas?

Claro que sí le contesté.

Tomó mi barbilla y sonrió. —Esa es mi niña.

Gemí. —Maudie, voy a tener veinte en dos días, ¿recuerdas?

—Incluso cuando tengas treinta o cuarenta años, siempre serás mi niña.


Le sonreí. Está bien, está bien. Mi mirada fue al reloj antiguo en la pared
sobre su escritorio. —Oye, falta sólo una hora para la hora de salida. ¿Por qué no
vamos a cenar? Sólo tú y yo. Me muero de ganas de probar ese nuevo lugar.

Maudie hizo una mueca. Me encantaría, pero tengo que quedarme hasta tarde
para recibir las entregas y hacer algunos inventarios. Se alejó de su escritorio—.
Maddox y tú deberían ir. Él estaba diciendo la otra noche cuanto quería un buen
bistec.

Ah, sí, eso claramente no pasará. No, no, te ayudaré le espeté.

Maudie alzó las cejas.

—¿Aún te sientes intimidada por Maddox?

—No, no es eso. Es sólo que...

Mierda, ¿cómo iba a salir de ésta?

Frunciendo los labios, Maudie se acomodó en su silla. —Sabes, he estado


preocupada por conseguir que Maddox se aclimate a la casa. Esperaba que contigo
aquí fuera un recordatorio de su pasado que podría ayudarle. Pero hasta ahora los
dos han estado evitándose el uno al otro como de la peste. ¿Hay algo que no me estás
diciendo?

Bajé la cabeza, negándome a encontrarme con su mirada ardiente. En cambio,


froté mis chanclas en la alfombra de la India frente a su escritorio. Es sólo que ha
pasado mucho tiempo desde que estuvimos juntos, eso es todo. La gente cambia,
cuando se separa durante tanto tiempo. Maddox y yo simplemente somos dos
personas muy diferentes ahora.

Hmm, creo que son muy parecidos de lo que te das cuenta, pero eres
demasiado terco para admitirlo.

Suspiré. —¿Podemos por favor, simplemente volver a la parte donde te ayudo


esta noche en vez de salir con Maddox?

Cariño, trabajas lo suficientemente duro durante el día.

Pero quiero hacerlo. Iré a traernos algo de cenar.

La decisión de Maudie parecía disminuir cuando se dio cuenta que no iba a


hablar conmigo sobre salir con Maddox en la ciudad.

—Bueno, si estás segura que no te importa...


—No, no me importa.

—Está bien, entonces. Estaré encantada de tener un poco de ayuda y compañía.

Después de dejar escapar un suspiro de alivio, sonreí.

—Genial.
Traducido por Emi_93 & AriFue
Corregido por Yess24

A las seis, me desperté y enfilé por la interestatal a Zaxby, que pasó a ser
nuestro restaurante de comida rápida favorito. Después de resistir el impulso de
un plato de alas y patas de pollo, nos ordené a ambas ensaladas de pollo grillado.
Tomó una eternidad para pasar por la línea y casi llamé a Maudie para decirle que
no la había dejado plantada. Cuando finalmente regresé, el estacionamiento de
empleados estaba vacío, por lo llegué fácilmente al puesto junto al Cadillac de
Maudie. Me alegró ver que el Jeep de Maddox no estaba a la vista. Tenía una
sospecha creciente cuando me fui, que ella tal vez intentaría orquestar alguna
reunión para nosotros al pedirle que se quede tarde también. Por supuesto,
conociéndolo, probablemente tenía alguna cita caliente con una rubia.

Cuando me estiré para tocar, la puerta trasera se abrió con un crujido. Eh, eso
era raro. Maudie usualmente dejaba todo bien cerrado, especialmente después de
horas. Incluso aunque se suponía que sólo éramos nosotras dos trabajando, miré
alrededor para ver si uno de los otros trabajadores tal vez la había dejado
entreabierta. Moviendo nuestras ensaladas en mi brazo, entré.

—¿Maudie?

Desde el otro lado de la tienda, pude oír voces exaltadas y el sonido de cajas
estrellándose y cayendo. Rebusqué el teléfono en mi cartera para llamar al 911.
Después de que salí a tropezones, comencé a ir hacia la oficina de Maudie. Había
hecho medio camino por un pasillo cuando oí una voz de hombre. Sólo me tomó
un minuto reconocerlo como el “Escalofriante”, o el Sr. Jensen de más temprano.

—Sé que estás mintiendo. El maldito marco está quebrado en la pintura, ¡así
que no trates de decirme que no sabes nada sobre el mapa!

—Se lo diré una vez más, Sr. Jensen. El marco llegó con daños cuando la
pintura me fue enviada. Puedo asegurarle que no tengo idea sobre el tonto mapa
del que habla.
El sonido de vidrio roto causó que saltara.

—¡Deja de mentir! Si tengo que destrozar cada objeto de la tienda, lo haré. No


me iré de aquí sin el mapa.

Mientras mi corazón corría con miedo, mi cuerpo entero comenzó a temblar.


Intenté evitar que mi mano temblara mientras marcaba el 911.

Con voz áspera, dije—: Ha habido un allanamiento en el 259 Mountain Laurel


Blvd-o el Brewery de la Srta. Maudie. Envíen a alguien tan pronto como puedan. El
hombre aún está aquí.

—Está bien, señora. Necesito su nombre y que se quede en línea mientras…

Me desconecté de la operadora mientras la voz exaltada de Maudie flotaba


hacia mí.

—No sé quién se cree que es, pero no va a entrar aquí y destruir mi negocio.
Mejor se va en este minuto o llamaré a la policía.

El sonido de un disparo me hizo saltar hacia atrás. Las ensaladas y mi


teléfono volaron por el aire mientras me movía para el costado y golpeé contra
una pared antes de agarrar alguna clase de estantería de metal para mantener el
equilibrio. Mi ritmo cardíaco atronó en mis oídos mientras un pánico helado me
invadía. Poniéndome de nuevo de pie, mis ojos, que ya estaban llenos de lágrimas,
se centraron de nuevo en la oficina de Maudie.

Mi mente corría pensando, pero el primero gritó “No, no, ¡NO!” Esto no podía
estar pasando. Tenía que ser solo un sueño. Si sólo cerraba los ojos, me
despertaría de nuevo en la cabaña para encontrar que todo este día había sido
solo un sueño extraño.

A través de mi niebla de sobrecarga emocional, oí la distante voz de la


operadora llamando.

—¿Hola? ¿Hubo un disparo?

Me arrastré por el suelo para encontrar mi teléfono.

—¡Sí! Le han disparado a Maudie. Envíen una ambulancia.

Una mano tapó mi boca y me tiró al suelo contra un cuerpo sólido como roca.
Empecé inmediatamente a patear y removerme contra la persona.

—Soy yo —susurró Maddox, su aliento calentando mi oído.


Me relajé en sus brazos y él apartó su mano. Lágrimas cayeron por mi rostro.

—Maudie…ese tipo Jensen…le disparó —jadeé incoherentemente entre mis


sollozos.

Su rostro se contrajo en agonía. A pesar de que permaneció fijo al suelo, pude


ver que no quería más que irrumpir en la oficina.

—¡Maldito infierno! Dejé mi pistola en mi Jeep —gruñó.

Con una expresión cenicienta, pareció estar sopesando las opciones sobre
regresar para buscarla cuando dos hombres pesados salieron de la oficina de
Maudie. Maddox nos arrastró sobre el suelo.

Jensen salió de la oficina y comenzó a ladrar órdenes.

—Muy bien, chicos. Diviértanse. Quiero que cada pulgada de este lugar sea
revisado concienzudamente. No hay pistas de donde podría haberlo escondido o
dónde tendría una caja fuerte.

Uno de los hombres siguió fijo en el suelo.

—¿Revisar el lugar? Prometiste que esto sería un trabajo sencillo. Seguro


como el infierno que nadie mencionó nada sobre matar gente o tener que rebuscar
el mapa.

Volviéndose, Jensen estrechó los ojos.

—Mira Parker, esto no es sólo un esquema de hackeo como el que haces


desde las líneas laterales. Sabías eso cuando firmaste eso en el contrato. Así que
mejor cállate, comienza a buscar o vete a caminar.

Parker gruñó por lo bajo antes de seguir renuentemente a Jensen. Cuando


ellos salieron por la puerta trasera hacia el granero, Maddox y yo corrimos hacia la
oficina brillantemente iluminada. El cuarto parecía saqueado. Papeles y libros
cubrían el suelo mientras cajones de los gabinetes estaban abiertos y había
expedientes desparramados.

—¿Maudie? —llamé suavemente. Finalmente, vi su cuerpo ocultó detrás del


escritorio. Sus ojos estaban cerrados, nunca la había visto tan pálida. Mi mano
tembló mientras me estiraba para tocar su hombro—. Maudie, ¿puedes oírme? Soy
Lane.

Sus párpados temblaron antes de que finalmente los abriera de par en par.
—¡Tienes que salir de aquí!

Negué con la cabeza. —No vamos a dejarte así. La policía y una ambulancia
están de camino.

—¡No! Vete ahora.

Maddox hizo un sonido estrangulado en su garganta. Cuando levanté la


mirada, lágrimas brillaban en sus ojos.

—No te dejaremos para morir —discutió él en una voz estrangulada.

Su respiración comenzó a salir en jadeos rasposos.

—Consigan el mapa. Está en la caja fuerte. La que está detrás de la pintura del
cuarto. —Asentí y ella inhaló una respiración áspera—. La combinación… la fecha
de comisión en la parte trasera… de la pintura. Dentro están el mapa y mi
testamento. —Miró a Maddox y agarró su brazo, sus ojos llenos de
desesperación—. No dejes que nada le pase a Lane. Protégela con tu vida.
Prométemelo.

Él se agachó a mi lado, tomando la mano de Maudie en la suya. Su mandíbula


se apretó y se relajó, pude ver que estaba luchando para evitar perderlo
realmente. Para mí, las lágrimas corrían libremente por mis mejillas.

—Prometo que lo haré —dijo él.

—Tú también mantente a salvo. Y a tu hermana. —Ella apretó tiernamente la


mejilla de Maddox—. Te amo con todo mi corazón, dulce niño. Eres mi hijo. —Nos
dedicó una débil sonrisa—. Los amo tanto a ambos. Recuerden eso… siempre.

Maddox apretó la mano de Maudie.

—También te amo.

Sollozos pasaron por mi pecho tan fuertes que apenas pude murmurar las
palabras.

—Ahora váyanse antes de que regresen. ¡Apresúrense!

—No, no te dejaré —protesté.

El entrenamiento militar de Maddox tomó el control y me levantó del suelo.

—Maudie dijo que nos fuéramos, Lane, así que vamos. —Desesperada por no
irme, Maddox tuvo que arrastrarme por la puerta—. ¡Basta! No podemos hacer
nada más por ella. Ella quiere que nos larguemos jodidamente de aquí y
consigamos el mapa, así que eso es lo que vamos a hacer. —Sus dedos apretaron
mi barbilla para encontrar su mirada intensa—. ¿Entiendes?

Asentí débilmente mientras me secaba los ojos e intentaba aclarar mi cabeza.


Obviamente no era lo suficientemente rápido. Maddox puso la tira de mi cartera
sobre mi hombro y me dio un áspero apretón.

—¡Muévete! —gritó.

Entonces comenzamos a correr a través de la tienda oscurecida. Antes de que


llegáramos a la puerta que llevaba afuera, Jensen y sus hombres entraron y
tuvimos que ocultarnos detrás de algunas estanterías.

—Les digo que oí voces aquí cuando me detuve a orinar —dijo uno de los
tipos.

Jensen gruñó con frustración.

—Debimos separarnos. Este lugar es lo suficientemente grande como para


que alguien pudiera ocultarse fácilmente.

Mientras se separaban y comenzaban esparcirse por la tienda, Maddox movió


la cabeza hacia la puerta trasera. Corrimos, agachados, para poder mantenernos
ocultos. Mi corazón estaba latiendo tan sonoramente en mi pecho de que estaba
segura que Jensen y sus esbirros serían capaces de oírlo. Mientras me alejaba de
Maddox, salí por la puerta trasera con tal golpe de adrenalina que pensé que se
saldría de sus escalas.

La puerta salió hacia atrás, enviando la barra de metal a la entrepierna de


Maddox. Él dedicó un gruñido agonizante antes de poder detenerse.

—¿Qué fue ese ruido? —demandó Jensen.

—Vino del granero.

—Maldición —siseó Maddox. Cerró la puerta detrás de nosotros y puso una


bola de heno frente a ella.

En un susurro, repliqué—: Lamento tanto, tanto lo de tú… —Cuando me di


cuenta de que iba a tener que mencionar sus bolas, apreté los labios.

—Como sea. Vamos. —Me agarró del brazo y me arrastró al lado más lejano
del granero. Cuando oímos que la puerta se abría de nuevo, nos agachamos detrás
de una alta pila de balas de heno.
Maddox miró por el costado, intentando obtener un vistazo de Jensen.

Pareció un segundo antes de que la voz sonara, haciendo eco en las paredes
de metal y cerrándose a nuestro alrededor.

—De acuerdo quien este allí mejor salga jodidamente ahora mismo, porque
cuanto más tiempo mis hombres y yo busquemos por ti, más enojados estaremos.
Y confía en mí cuando digo, NO deseas hacerme enojar.

Retuve mi respiración, intentando no mover ni un musculo. Miedo como


jamás había conocido antes reverberó a través de cada fibra de mi ser. A mi lado,
Maddox se agachó todavía igual. Incluso en ese momento, di las gracias a mi buena
estrella de que él se había presentado como mi respaldo. No me podía imaginar
tener que enfrentarme a todo esto sola.

—Ahora escucha sé que alguien está aquí. Si eres la cosa caliente y dulce de
esta tarde, definitivamente quiero poner mis manos en ti.

Maddox se tensó y se colocó a sí mismo más cerca de mí, como si estuviera


estableciendo una barrera entre Jensen y yo. Su reacción hizo que mi corazón ya
palpitante latiera un poco más rápido cuando una ola de ternura de él se apoderó
de mí. Fui sacada de mis pensamientos por el sonido de cajas que se estrellaban.
Lo único que nos separaba de Jensen, sus matones y el mismo destino que Maudie
eran de pared a pared las cajas de mermeladas, jaleas y bebidas.

No era un pensamiento reconfortante.

La voz de Jensen resonó de nuevo.

—De acuerdo sean tan obstinados como esa vieja perra. Somos tres de
nosotros y tú sólo una, así que voltearemos cada cajón y cada caja hasta que te
encontremos.

Cuando noté a Maddox mirando las puertas dobles que llevaban al


estacionamiento, le pregunté—: ¿Crees que deberíamos tratar de huir de ellos?

Él sacudió su cabeza.

—No, tiene una alarma silenciosa. En el minuto que la atravesemos, todos en


un radio de un kilómetro sabrán exactamente donde estamos. Por lo tanto no hay
manera de que pudiéramos llegar hasta la oficina de Maudie sin que nos vean.
Necesitamos una distracción hasta que la policía llegue, pero dame un segundo
para llegar a un plan que mantenga a esos idiotas y a sus armas lejos.
Sacudí mi cerebro con lo que podría hacernos despedirnos de Jensen y sus
hombres. Algo que nos compraría el tiempo suficiente para conseguir el mapa de
Maudie seguros. Mis ojos se enfocaron en la caja en frente de mí. Dos palabras se
destacaron para mí entre todos los ingredientes. Contenido Inflamable.

—¿Tienes un encendedor?

Maddox me miró como si hubiera perdido completa y totalmente lo que


quedaba de mi mente. Rodé los ojos y sacudí mi cabeza hacia la caja. Cuando me di
cuenta de que mi plan se había registrado en la cabeza, le pregunté:

—¿Demasiada distracción?

Él me dio una mirada de incredulidad antes de sonreír.

— No, creo que es suficientemente loco como para funcionar. Estoy


impresionado por las ruedas girando en esa cabeza tuya. Enana. —Le lancé una
mirada de muerte antes de que él asomara la cabeza por la parte superior de la
caja—. De acuerdo mira. Hay una caja de fósforos y algún líquido para
encendedores en el cajón de las herramientas. Comienza a verter algunas
Mountain Brew mientras voy a conseguirlos.

Asentí.

—Si Jensen o uno de esos culos de payasos se acercan a ti, no esperes por mí,
solo comienza a correr como el infierno ¿Lo entiendes?

—De acuerdo —susurré.

Manteniéndose tan bajo en el suelo como fuera posible, Maddox maniobró


hacia la mitad de la bodega en donde se balanceaba una caja de herramientas
puesta junto a una carretilla elevadora. Jensen y sus hombres estaban empujando
y empujando cajas enfrente de donde estaba Maddox. Cuando alcancé en la caja
algunas botellas del potente Mountain Brew, silenciosamente agradecí a los
empaquetadores por no hacerlas con un corcho. Desenrosqué las tapas, y luego
empecé a verter un chorro continuo alrededor de la caja. Agarré dos botellas más
de las cajas y las coloqué hacia la puerta de atrás.

Empecé a volver para más botellas cuando escuché—: ¡Deténganse! —


Congelándome, eché un vistazo por el lado de la caja. El secuaz más bajo apuntaba
en la dirección de Maddox.

—¡Hola hay alguien por aquí!


El mundo se desaceleró hasta casi detenerse cuando Jensen levantó la
pistola. En un instante, arrojé una de las botellas vacías en mis manos hacia el otro
lado de la bodega. Se estrelló contra la pared haciendo que Jensen y sus hombres
dieran vueltas alrededor.

—¡Por allí! —gritó el secuaz. Jensen disparó una ronda, arrojé otra botella.
Cuando se volvieron en la dirección del sonido, salí a tirar de nuevo. Pero entonces
Jensen hizo un gesto con su cabeza hacia atrás y me vio.

—Bueno, bueno, miren lo que tenemos chicos. Una hermosa asesina armada.

Me quedé inmóvil de miedo cuando Jensen apuntó su arma. No podía correr y


no podía gritar para pedir auxilio porque eso habría delatado la ubicación de
Maddox. Por no mencionar el hecho de que estábamos fuera de la ciudad en el culo
del mundo lo que significaba que tomaría más tiempo para que llegara la policía.

Básicamente, estaba total y completamente jodida.

Cuando Jensen y sus hombres comenzaron a ir hacia mí, Maddox empujó la


caja de herramientas con todas sus fuerzas. Pasó a toda velocidad directamente
hacia Jensen. Lo golpeo tirándolo al suelo, mientras sus hombres se apresuraron.

Maddox corrió hasta mí. Comenzó a chorrear el líquido de encendedor


encima de las cajas de Mountain Brew. Entonces él arrancó un manojo de cerillas y
los golpeó contra la base del libro. Una llama farfulló de azul a rojo y después a
anaranjado.

—Cuando esto suba, comienza a ir a la puerta —ordenó antes de arrojar las


cerillas separadas en los arroyos de alcohol.

Ellos chispearon azul mientras se inclinaron por el suelo ganando impulso.


Cuando la llama llegó a la caja y a las cajas de los alrededores explotaron en una
bola naranja de fuego con encrespado humo negro. Sólo tomó unos segundos para
que la parte posterior del depósito fuera devorada.

—¡Ahora! —gritó Maddox

Empujé las puertas de atrás abriéndolas, causando que la alarma sonara alto.
No tuve que mirar detrás de mí para ver dónde estaba Maddox ya que él apareció
a mi lado en un instante. Frenética, examiné el estacionamiento.

—¿Tu Jeep?
—Lo dejé en la casa de Maudie y caminé. —Señaló a la cresta en frente de la
casa de Maudie en lugar del camino de grava—. Por aquí.

Nuestros pies resbalaron y se deslizaron por el barro del aguacero de anoche.


Más de una vez, perdí el equilibrio y caí de bruces sobre la hierba. Cada vez,
Maddox me tiro de vuelta y nos mantuvo.

La casa de Maudie se cernía delante de nosotros. Aporreados hasta los


escalones del porche. Excavando en su bolsillo, Maddox buscó sus llaves. Una vez
que abrió la puerta, la alarma de la casa comenzó a sonar hasta que ingresó el
código. Se giró hacia mí.

—Tú agarra el mapa. Yo iré a agarrar unas cuantas municiones y luego tendré
el Jeep esperando.

Asentí y me dirigí por el pasillo hasta el dormitorio de Maudie. El momento


en que abrí la puerta el olor de su perfume me bombardeo. Flotaba tan pesado a
mí alrededor que sentí como si fuera aparecer en cualquier momento. El llanto
subiendo ardía en mi garganta, pero me empujé hasta llegar al antiguo tocador
frente a mí. Por encima de él colgaba una pintura de una joven india envuelta en
los brazos del guerrero que amaba.

Le di una mirada momentánea antes de quitarla de la pared. Le di la vuelta


para leer la fecha de la comisión.

—10…17…49 —murmuré mientras giraba la perilla que me recordaba al dial


en mi casillero, de ida y vuelta y más allá de cero. Oí la captura y luego la puerta de
la caja se abrió. Agarré el mapa y luego un sobre azul grueso con las palabras
Fiscalía Legal Fletcher & Smith. Estaba a punto de cerrarla cuando un destello
verde me llamó la atención. Eran pilas de billetes de cien dólares. Sin saber lo que
nos esperaba a Maddox y a mí los tomé también.

Con una última mirada a la habitación de Maudie, corrí hacia el pasillo. Metí
todo en mi bolso que se había milagrosamente quedado envuelto alrededor de mi
cuello y el hombro. Al doblar la esquina en la sala de estar, pude escuchar a
Maddox calentando el motor del Jeep en el garaje. Corriendo a través de la cocina,
el aullido de las sirenas de ambulancias y patrullas de policía llenó mis oídos.

Por primera vez en toda la noche, sentí una pequeña esperanza.


Traducido por AriFue
Corregido por Jane

Salí corriendo de la cocina y me dirigí al garaje. Cuando me subí en el jeep,


Maddox preguntó—: ¿Conseguiste el mapa?

—Sí, está en mi bolso.

Luego tiró de la marcha en reversa, enviándonos volando hacia atrás en el


camino de entrada. Justo cuando hizo girar el volante para enderezar el Jeep, nos
enfrentamos a lo que sólo podía ser el negro carbón Mercedes tipo sedán de
Jensen.

—¡Oh mierda! —No lo enfrentamos por mucho tiempo antes de que un brazo
saliera de la ventana del lado del pasajero y nos apuntara con un arma.

—¡Agáchate! —ordenó Maddox, y luego ambos nos doblamos lo que


pudimos. Los músculos de mi estómago se constriñeron en agonía.

Cuando la bala atravesó el parabrisas, sonó como una carga apagándose a


nuestro alrededor. Grité, sobresaltada por el ruido y los fragmentos de vidrio
cayeron sobre mí. Después de unos segundos sin aliento, Maddox interrogó—:
¿Estas bien?

Moví mi cabeza hacia arriba y me di una rápida inspección. No había cortes o


sangre.

—Sí —chillé.

—Agárrate fuerte. —Maddox aceleró el motor, nos envió embistiendo hacia


delante más allá del Mercedes. Los latidos de mi corazón se aceleraron, junto con
el motor del Jeep cuando uno de los hombres de Jensen disparó otros dos tiros.
Cada chasquido del arma hizo que mi cuerpo se estremeciera. Afortunadamente,
las balas no llegaron a través del marco metálico del Jeep. Los neumáticos
chirriaron en el camino de entrada mientras nos dirigíamos a la carretera
principal del barrio Lauren Valle Hideaway. Mi pecho se apretó al pasar por mi
casa. No quería nada más que la seguridad de sus paredes familiares. Pero Maddox
rugió a la derecha en último momento y decidió abandonar la interestatal por los
caminos libres de tráfico de la muy arbolada selva virgen.

El Jeep se salía dentro y fuera del pavimento, mientras mis dedos formaron
un apretón de muerte a los lados del asiento. Las maderas se fundieron en un
borrón de verdes esmeralda poniendo revuelto mi estómago. A medida que nos
dirigimos más lejos de la civilización, las casas y cabañas que salpican el paisaje
comenzaron a ser cada vez menos. Maddox había hecho un giro agudo a la derecha
con la esperanza de perder Jensen, pero ellos siguieron detrás de nosotros.

—¿Tienes alguna idea de adónde vamos? —pregunté.

—Nosé exactamente —respondió, con los nudillos blancos por su agarre


demasiado apretado en el volante. Miré por encima de él, y por primera vez, me di
cuenta de que el sudor corría por su sien y su mandíbula endurecida. La tensión de
mantener sus emociones bajo control era visible, pero de alguna manera se las
arreglaba para no perder la cabeza. Estaba agradecida por eso porque sentía como
si cada molécula de mi cuerpo se fuera a esparcir en cualquier momento.

Si Maddox no sabía a dónde iba, yo no tenía idea. Habíamos ido más allá de
los proyectos inmobiliarios de lo que jamás había estado, y estábamos muy, muy
profundo en el bosque. El camino no estaba pavimentado, y caímos a lo largo del
sendero de grava y suciedad. No podía distinguir ninguna casa, en su lugar, era
todo árboles, junto a un arroyo corriendo del lado derecho.

Maddox casi se volcó por un camino de tierra cuando sacó el Jeep a través de
unos arbustos y de nuevo hacia el camino. Un horrible ruido chirriante, junto con
el sonido del silbido del aire me sacudió en mi asiento. Desesperadamente, me
volví hacia Maddox.

—Maldita sea, justo cuando teníamos una ventaja sobre ellos, disparan a los
neumáticos traseros. —Él miró a la izquierda y a la derecha antes de decidirse por
tomar el camino de tierra a la izquierda.

—¿Qué vamos a hacer ahora? Quiero decir, como que necesitamos


neumáticos en medio de una persecución en auto.

Maddox se giró para darme una mirada que solamente podía clasificar como
¡Mantén tu histeria en calma por ti misma, porque realmente no puedo manejar tu
mierda ahora mismo! Él tomó una respiración antes de responder.
—Tan pronto como el jeep se detenga saltamos fuera y comenzamos a correr
como el demonio hacia el bosque.

Abrí mis ojos mientras el miedo helado pinchaba mi piel. ¿Correr por el
bosque mientras trataba de esquivar una lluvia de balas? ¿Estaba loco? Me tomó
unos segundos encontrar mi voz e incluso entonces apenas podía evitar
atragantarme.

—¿Eso es todo? ¿Ese es el plan?

—Mira, tan pronto como pueda conseguir alguna cubierta detrás de un árbol
caído o algo, voy a empezar a devolver el fuego. Tengo suficiente munición para
ganar tiempo.

Su plan no parecía tan reconfortante. Seguro, él tenía el entrenamiento del


ejército y se había lanzado en paracaídas desde aviones, ¿Pero yo? Yo era una
bailarina desamparada y sin esperanza. Y estaba bastante segura de que no podía
hacer piruetas para salir de aquí.

Un rápido vistazo en el espejo retrovisor mostró el auto de Jensen atascado


en el mismo camino. Sus neumáticos giraban enviando ramas y barro volando.
Comenzaron avanzar poco a poco. Al mismo tiempo, escuché el sonido fuerte de
nuestros neumáticos ir totalmente plano.

—De acuerdo, vamos a ir hacia la derecha sobre esa colina —instruyó


Maddox mientras agarraba su mochila junto con una brillante escopeta de
cañón—. ¡Vamos!

Mis dedos se enredaron momentáneamente con la manija de la puerta.


Finalmente la abrí. Apenas dejé que mis pies tocaran el suelo antes de empezar a
correr como una flecha sobre las ramas de árboles y troncos mientras daba mi
mejor esfuerzo para no resbalar y caer.

Maddox apareció a mi lado, empujándome delante de él para que pudiera


actuar como escudo humano. El gesto me hizo sentir un poco más de confianza, y
me empujé para correr más rápido. No me atrevía a mirar hacia atrás, y el miedo
se apoderó de mí cuando escuché chillido del auto de Jensen salir de su prisión de
barro y comenzó a acelerar hacia nosotros.

El próximo sonido que oí fue el estallido de una pistola. Grité justo antes de
que Maddox nos tirara al suelo. Afortunadamente aterrizamos junto a un roble
vuelto hacia arriba cuyas raíces enormes se extendía seis metros en el aire. Para el
momento, estaba tan asustada que estaba temblando tan fuerte que los dientes me
castañeteaban.

—Vamos —ordenó Maddox, tirando de mí hacia adelante para arrastrarnos


detrás de las raíces de los árboles. Me tapé la cabeza con mis manos cuando Jensen
y sus hombres comenzaron a disparar rápidamente. Enviando terrones de tierra
que llovían sobre nosotros junto con la explosión de la corteza del árbol.

Me asomé a través de mis manos para ver a Maddox levantando la escopeta


en la base de su hombro. Tentativamente, miró alrededor de las raíces de los
árboles. Con el objetivo en la dirección de los disparos, luego disparó dos rondas
rápidas antes de parar para recargar. Justo cuando terminaba de poner la
munición, su hombro derecho se echó hacia atrás, haciéndolo caer el arma.

—¡MIERDA! —gritó, y su voz resonó por la cresta.

Horrorizada, mis ojos se arrastraron hasta su bíceps. La manga de su


camiseta había sido arrancada por una bala, y la sangre brotaba de su piel.

—¡Oh mi Dios! ¡Te dispararon!

—Gracias Capitana Obvia —gruñó, apretando su mano con fuerza contra la


herida para detener el sangrado—. Es sólo un rasguño. Nada que amenace mi vida.
—Hizo una mueca mientras trataba de llegar a la escopeta de nuevo—. Será mejor
que trate con las pistolas.

Las balas seguían zumbando por encima y alrededor de nuestras cabezas.


Maddox gruñó y escupió una serie de improperios mientras cogía su bolsa con la
pistola. Miré con recelo la escopeta a sus pies. Como no me había criado cerca de
pistolas, nunca había disparado una antes. Yo había logrado disparar las falsas en
la sala de juegos en Dave and Buster, ¿Así que, que tan difícil podría ser?

Antes de que Maddox pudiera protestar, agarré la escopeta. Levantándola,


me tranquilicé a mí misma mientras tomaba una respiración profunda para
calmarme. Copié a Maddox, levanté el arma y apunté, apuntando al más bajo de los
matones de Jensen. Mi dedo apretó el gatillo justo cuando Maddox demandó:

—¿Qué demonios?

La siguiente cosa que supe fue que una fuerza invisible me envió volando
hacia atrás. El arma cayó de mis manos, y comencé agitar los brazos para
mantener el equilibrio. Pero no sirvió de nada. Mi espalda golpeó de plano sobre el
suelo.
—Oomph —murmuré, mi aliento saliendo en un jadeo áspero. De acuerdo,
quizás en mi adrenalina había olvidado todo el asunto las armas tienen un
contragolpe. No sería algo que olvidaría fácilmente

Mientras mis ojos se centraron en el cielo por encima de mí, la cara de


Maddox lo bloqueó. Miré hacia él, su expresión estaba en shock total y completo.
Fue entonces cuando me di cuenta de voces elevándose e insultos al otro lado de
la cresta.

—Que me condenen —murmuró Maddox, arrancando su mirada de la mía


para mirar a través de los árboles.

—¿Qué? —dije con voz ronca, apenas siendo capaz de respirar y mucho
menos hablar.

—Le diste a uno… realmente malditamente le diste a uno.

Me tomó un minuto procesar lo que decía.

—¿Quieres decir… que le disparé a un tipo?

—Seguro como el infierno que lo hiciste. Le diste al más bajito en el hombro.


—Él extendió su mano su mano derecha, la que no estaba cubierta de sangre. La
tomé y él me jaló poniéndome de pie—. Tenemos que partir mientras están
distraídos con él. —Él tomó una pistola de plata brillante de su bolsa—. Comienza
a correr y te cubriré.

Lo miré con la boca abierta.

—¿Con tu brazo lesionado?

Rodó los ojos.

—Confía en mí. Todavía puedo disparar.

Lo dudaba seriamente ¿Pero qué otra opción teníamos?

—De acuerdo, pero cuídate. ¿De acuerdo?

—Sí, sí. Sólo sal jodidamente de aquí. —No me molesté en mirar sobre mi
hombro antes de empezar a correr por la cresta. El miedo me impulsó, mi aliento
salía frenéticos respiros y jadeos. Pero no importaba lo mucho que corriera, sentía
como si nunca llegaría a los árboles. Al sonido de los disparos, me sacudí hasta
detenerme. El pánico reverberó a través de mí. Oh Dios, por favor, no dejes que
Maddox esté lastimado. Por favor, no dejes que Maddox esté... muerto. Recé una y
otra vez en mi mente cuando empecé a correr de nuevo. Salté sobre las rocas y
ramas caídas antes de presionarme a mí misma detrás de un árbol para esperar a
Maddox. Justo cuando pensaba que mi corazón golpearía fuera de mi pecho, él
saltó sobre la cresta.

—¿Lane? —preguntó en un susurro.

—Justo aquí.

—Creo que están a punto de dejar al bajito atrás para venir tras nosotros. —
Él agarro mi mano y me tiró hacia adelante—. Tenemos que arrastrar nuestros
culos.

Empezamos a correr a toda velocidad. Era como una carrera de obstáculos


extrema donde tenías que esquivar ramas de árboles, escalar pequeñas
formaciones rocosas, y subir empinadas colinas y crestas. Después de unos quince
minutos, empecé a perder fuerza. Mis piernas empezaron a sentirse de goma, y
mis pulmones ardían con cada respiración. Mientras Maddox metía el acelerador
hasta el fondo, comencé a rezagarme. No le tomo mucho tiempo extrañarme.

Él se dio la vuelta.

—¿Te importaría coger un poco el ritmo? Recuerdas que tenemos hombres


armados en nuestros traseros, ¿no?

Le fruncí el ceño mientras luchaba por recuperar el aliento.

—Discúlpeme Sargento instructor —jadeé—. ¡Pero en caso de que no lo


hayas notado… mis piernas… no son tan largas como las tuyas! —Después de unos
largos segundos de mirarnos el uno al otro y respiración jadeante en oxígeno
dentro y fuera, le espeté—: ¡Por no mencionar, que no he pasado el último año
haciendo trabajo militar como lo has hecho tú!

Él sonrió.

—Cierto, en cambio has estado haciendo ballet.

Eligiendo ignorar su actitud sarcástica. Me incliné y apoyé los codos en las


rodillas y finalmente regulando mi respiración.

—Pienso que es seguro decir que los hemos perdido hace un rato.

Maddox le echó un vistazo al terraplén arbolado por alguna señal de Jensen y


sus matones. Luego ladeó la cabeza hacia la derecha y escuchó los sonidos de la
naturaleza a nuestro alrededor, las ardillas corriendo alrededor en la hierba junto
con los pájaros llamando desde sus nidos encima de nosotros. Cuando estuvo
satisfecho de que nadie se encontraba en el bosque tras nosotros, dijo—: Creo que
tienes razón.

—¿Qué pasa ahora? Quiero decir, ¿vamos a seguir huyendo?

—Al menos hasta que lleguemos a una casa, un negocio o algo.

Me mordí el labio para no decir que estaba bastante segura que nos habíamos
perdido en medio de la nada. Por no mencionar que había una buena probabilidad
de que llegáramos a algunos montañeses sin dientes tocando el banjo.

Hice un gesto a su bíceps que goteaba sangre.

—¿Crees que deberíamos limpiar eso ahora?

—Supongo.

Agarré una botella de agua de mi bolso mientras Maddox enrollaba lo que


quedaba de la manga de su camisa. Había un corte profundo a lo largo de la piel en
donde la bala le había dado. Él me quitó la botella y comenzó a verter agua sobre
la herida. Inmediatamente contuvo el aliento e hizo una mueca de dolor.

—¿Estás bien?

—Eso deberá ser suficiente. —Cuando él terminó, asintió hacia su bolsa—.


Sácame una camiseta extra y mi cuchillo Bowie.

—Um, que es un…

Soltó un gruñido frustrado.

—Es el realmente grande en la funda de cuero.

—Lo tengo. —Me agaché y comencé a buscar en su bolsa. Encontré la funda y


le di un doble vistazo—. Caramba, este es un gran cuchillo —murmuré,
entregándoselo y la camiseta por encima de él. La enorme cuchilla captó la
descolorida luz del sol y momentáneamente cegó mis ojos—. ¿Qué planeas hacer?

—Necesito un torniquete o algo que detenga la sangre. —Comenzó a cortar la


camisa en largos trozos de tela.

Me entregó una, y lo miré tontamente.

—¿Para qué es esto?


—Una vez que limpie la herida, voy a necesitar que la ates fuerte de modo
que el sangrado se detenga. —Él vertió agua sobre otra tira y comenzó a quitar
toda la sangre.

Tragué saliva mientras miraba el corte abierto. Las náuseas se deslizaron en


mi estómago, y tomé unas cuantas respiraciones profundas.

Cuando capturé la mirada de Maddox, sus labios se curvaron en una sonrisa.

—¿No me digas que todavía le temes a la sangre?

—¿Cómo siquiera te acuerdas de eso?

—Bueno, es difícil olvidar cuando alguien prácticamente se desmaya cuando


ve sangre.

Ante mi vacilación, puso los ojos en blanco.

—De acuerdo, la ataré yo mismo. —Cuando alcanzó su brazo, me adelanté y


golpeé su mano.

—Creo que descubrirás Maddox, que ya no soy una niña. —Bufé, coloqué la
tira alrededor de su bíceps. Su intensa mirada calentó mis mejillas mientras tiraba
de la tela para apretarla. Podría haberla apretado más de un poco porque dio un
ligero quejido—. Lo siento —murmuré.

Se rió entre dientes

—Oh no, no lo haces.

Encogiéndome de hombros, comencé a recoger los materiales y meterlos


nuevamente dentro de su mochila. Me di la vuelta para ver Maddox rodando su
hombro y luego haciendo una mueca de dolor. Busqué en mi bolso y saqué la
botella gigante de Advil que siempre llevaba alrededor. Aunque el ballet parecía
todo elegante y delicado, podría ser insoportable sobre el cuerpo. Después de
sacar cuatro, sostuve mi mano hacia él.

—Necesitas tomar estas.

—Estoy bien.

—Oh por favor. Para de actuar todo comando Chuck Norris. Te han disparado
por Dios Santo. Además, es Advil, no morfina.
Maddox me miró antes de finalmente ceder y tomar las píldoras. Bebió hasta
lo último de nuestra agua. Si íbamos a estar huyendo por mucho más tiempo,
tendríamos que empezar a buscar otra fuente para reponer las botellas.

—Venga. Sigamos adelante nuevamente —dijo.

Me quedé un paso detrás de él. Afortunadamente, caminamos más que


correr. Las raíces de los árboles nudosos presionaban en mis zapatos mientras me
agachaba dentro y fuera de las copas de los árboles. El sol comenzó a hundirse en
el oeste, y el anochecer se estaba asentando en el bosque. Empecé a tener la
incómoda sensación sobre estar aquí con las criaturas de la noche como los lobos
y los coyotes.

—¿Crees que encontremos algo de civilización antes de que oscurezca? —


pregunté rompiendo el silencio.

—Eso espero.

Continuamos por unos minutos antes de que dijera—: Sí, umm, hablando de
civilización ¿Cuál es exactamente el plan cuando lleguemos allí?

—¿Por qué diablos me lo preguntas a mí? —gruñó.

Su tono me picó momentáneamente. Traté de ignorarlo considerando que el


Advil no había tenido tiempo para surtir efecto, y él estaba probablemente con
mucho dolor.

—No sé. Supongo que, porque entre nosotros dos, tú eres el que tiene mayor
entrenamiento de supervivencia siendo un ex soldado y todo.

Maddox soltó un gruñido.

—Sí, no he tenido mucho en básico sobre qué hacer cuando tienes un mapa
del tesoro en tu poder y matones enloquecidos lo quieren.

—Y pensar Jensen parecía tan inofensivo antes. Un poco repugnante, sí, pero
no ciertamente alguien psicópata que maneja una pistola con un par de secuaces
igualmente psicóticos. —Un horrible pensamiento cruzó mi mente y dejé escapar
un sollozo ahogado.

Maddox se dio la vuelta antes de que sus ojos comenzaran a lanzarse de


izquierda a derecha.

—¿Qué está mal? ¿Escuchaste algo?


Sacudí la cabeza.

—Pensaba en Eula y Drew y los demás trabajadores. ¿Qué pasa si Jensen va


tras ellos o algo? Ya sabes por información sobre nosotros.

—¿En serio?

Asentí.

—Ya sabes cómo cuando ellos toman a alguien como rehén para obtener
información sobre el paradero de alguien más. Podrían torturarlos para llegar a
nosotros.

Maddox resopló.

—Creo que has leído demasiadas novelas de detectives de tu papá. —Se frotó
la parte de atrás de su cuello antes de darme una sonrisa torcida—. ¿Estás segura
que no te estás poniendo toda molesta ante la idea de que tal vez Drew sea
tomado como rehén en lugar de Eula?

Mis cejas se fruncieron en confusión.

—¿Qué se supone que significa eso?

Se encogió de hombros.

—Supongo que pensé que tú y Drew estaban un poco cachondos el uno por el
otro... bueno, tanto como dos personas que se gustan como ustedes se calientan.

Frené en seco en la hierba alta.

—Eres un verdadero idiota ¿Lo sabías?

Maddox se dio la vuelta y arqueó las cejas.

—¿Discúlpame?

—Me escuchaste perfectamente bien. —Sin quitar mis ojos de él, caminé con
determinación hacia él hasta que estábamos de pie cara a cara. Moví la cabeza en
alto—. Eso fue un golpe bajo para Drew y para mí. No es que haya algo más que
amistad entre Drew y yo, sé que es probable que sea difícil para tu inflado ego
captar que no eres el único hombre por el que me he preocupado. Después de que
me trataste como lo hiciste, no me aferré a la esperanza de que fueras a venir por
mí, ni tampoco simplemente me consumí suspirando porque regresaras a casa.

Maddox apretó su mandíbula.


—Nunca dije que lo hicieras.

—¡Bueno, sólo para que conste, amé a alguien más, y cuando finalmente
tuvimos sexo, no salió corriendo, haciéndome sentir usada y horrible. Y a pesar de
que lo miras por debajo de tu nariz, ¡Drew tiene más integridad y carácter del que
tú tendrás jamás cuando se trata de lidiar a una mujer! —Pasé junto a él y
comencé una caminata poderosa hacia el claro.

—Demonios, Lane, cuida las garras —replicó.

Me di la vuelta y lo pinché con el dedo.

—Acostúmbrate a ellas, Chico Grande. Voy a tenerlas afuera en tanto


continúes comportándote como un idiota. Yo estaba haciendo un comentario serio
sobre el destino de las personas con las que trabajamos, y de alguna manera
conseguiste girarlo en otra cosa.

—Espera, espera, no estés tan irritada —replicó, sosteniendo sus manos


arriba rindiéndose. Crucé los brazos sobre mi pecho y lo miré—. Lo siento, de
acuerdo. Estoy seguro de que los otros estarán bien. Jensen sabe que tenemos el
mapa, así que probablemente él no vaya a involucrar a nadie más, ¿de acuerdo?

Maddox en realidad sonaba sincero, así que asentí.

—¿Y Maudie? —pregunté en un susurro.

Él aparto la mirada de mí, pero pude ver la turbación de angustia destellando


en sus ojos.

—Lo único que podemos esperar es que la ambulancia llegara allí, y le estén
dando la ayuda que necesita. Ella tiene que estar bien. Tenemos que mantenernos
juntos para poder pasar por las próximas horas.

—Lo intentaré —respondí, sonando más segura de lo que me sentía al


respecto.

Se balanceó sobre sus talones.

—Y hablando de sobrevivir las próximas horas… Voy a ser totalmente franco


y honesto contigo. No sé qué demonios hacer. Una parte de mí dice llamar a la
policía en la primera oportunidad que tengamos. La otra parte se pregunta si todo
esto es demasiado grande para la policía.

Una sensación helada cayó sobre mí.


—Eso es tan reconfortante.

—Lo siento, pero trataba de ser sincero contigo.

—Lo sé. Y me alegra. Algo.

Alcanzándome, Maddox arrancó una hoja de mi cabello, haciendo que mi


estómago diera un tirón irritante.

—Le prometí a Maudie que cuidaría de ti, y lo haré.

La determinación en su voz junto a su intensa mirada hizo que mi aliento se


enganchara. Aunque me odiaba a mí mismo por ello, no podía dejar de encontrar
lo que dijo muy, muy romántico.

—Gracias.

Una vez que se dio cuenta de que estábamos bailando precariamente en el


territorio de minas de "sentimientos" y "emociones", rápidamente se apartó de mí.
Frotándose las manos sobre los ojos, suspiró.

—Sí, supongo que hay una tercera opción realmente atroz que es entregarle
el mapa a Jensen. —Di un grito ahogado.

—¡No, no podemos! ¡No después de lo que le hizo a Maudie! Por no


mencionar que ella quería que llegara al mapa antes que Jensen, eso tiene que
significar algo.

Su expresión se volvió oscura.

—Dije que era una opción atroz ¿No? Jensen parece del tipo que se rinde
fácilmente. Es bastante obvio que ha estado buscando y rastreando la pintura con
el mapa por lago tiempo. Y él conoce su mierda. Lo más probable es que haya
estado en prisión y aprendido del mejor como pelear y esquematizar su camino
para conseguir lo que quiere. Esta todo eso más su alegre banda de matones, que
lo convierte en una combinación sorprendentemente brillante.

Me estremecí a pesar de la calurosa noche de verano.

—Así que con todo eso ¿En realidad alguna vez consideraste darle a Jensen el
mapa?

Arqueó una ceja hacia mí.

—¿Siquiera tienes que preguntar?


—Bueno, yo…

Maddox sacudió la cabeza.

—Soy un hombre de palabra, Lane. Sabes que le hice la promesa a Maudie de


mantenerte a salvo. Así que si todo se reduce a tu vida, sí, entregaría el mapa. Sin
hacer preguntas.

—Oh, ya veo —murmuré. Sabía que no era sólo el sofocante calor de Georgia,
lo que causó que mis mejillas se encendieran. Fueron las palabras y las acciones de
Maddox. Él mismo chico que yo había calificado como un total y completo idiota
era de hecho heroico cuando las cosas se venían abajo. Fue emocionalmente
perturbador en muchos niveles. ¿Eran sus acciones sólo por el entrenamiento del
ejército tomando el control? Cuando llegara el momento yo no sabía si él
honestamente se preocupaba por mí o si era realmente todo acerca de honrar la
promesa de Maudie. O tal vez... en el fondo, realmente sentía algo por mí. Después
de que tomé un momento para recuperarme, le dije—: Sólo esperemos que nunca
llegue a eso. Ya sabes, mi vida… o la tuya.

Señaló a la distancia.

—Bueno, parece que por el momento, nuestra suerte ha cambiado.


Traducido por RufiArp
Corregido por Eni

Entrecerré los ojos contra el horizonte para ver la cabaña de madera de dos
plantas, con un aumento en el delgado techo verde en medio de la nada como un
espejismo en el desierto. De repente, mis pies doloridos se sintieron ligeros
mientras daba un paso hacia la cabaña.

—Espero que quien sea que viva aquí esté dispuesto a ayudarnos.

—Sí, bueno, tenemos un poco de protección de nuestro lado. —Agitó una


brillante pistola.

—¿Qué pasó con la escopeta?

—Tuve que dejarla atrás. —Por mi expresión preocupada, se rió entre


dientes—. No te preocupes, Lane. Entre la pistola y la Glock, estaremos bien.

—Eso espero.

Una sonrisa arrogante se escabulló en su cara.

—Dejando el armamento a un lado, me tienes a mí para protegerte.

—Cierto. Tú y el brazo que fue herido.

Se rió. —Confía en mí. Este no es más que un pequeño rasguño.

—Oh, por favor —murmuré, mientras apartábamos la hierba del camino


pavimentado de la cabaña. Era bastante obvio por la falta de jardinería y
esculturas de césped, que era la casa de fin de semana o de alquiler. Tenía la
sensación de que por la distancia que hemos recorrido probablemente
estábamos a las afueras del condado Gilmer y en algún lugar en Blue Ridge, que
contaba con una gran cantidad de cabañas en medio de la nada.

—Bonito lugar —reflexionó Maddox, mientras subíamos los escalones de la


entrada. Cuando vio que no había un timbre, golpeó la puerta.

—¿Hola? ¿Hay alguien en casa?

Los segundos pasaron sin obtener respuesta. Golpeó otra vez y apoyó su
oído contra la puerta. —No hay nadie aquí. —Lo seguí fuera del pórtico alrededor
de la cochera. Ahuecó sus manos alrededor de sus sienes y se asomó—. No hay
autos dentro. —Hizo una pausa, y metió la cabeza—. No hay manchas frescas de
aceite o charcos de anti-congelante. No parece que alguien haya estado aquí, por
un largo tiempo.

—Suenas como el papá del personaje de Harrison Baylor —me reí.

Se dio la vuelta y me dio una de sus sonrisas, una que sabía era sincera y
verdadera sin nada de su ego.

—Vamos a decir que es una combinación de leer todos los libros de tu


padre, junto con el tiempo que pase con el tío Sam.

—Eso suena como una combinación espantosa.

Maddox no pareció oír mi respuesta. En cambio, se quedó con la mirada fija


en señal de Brinks Home Security que estaba colocado en la hierba, entre la
entrada y el garaje. Sus ojos se perdieron en la parte trasera de la casa.

—Vamos.

La parte de atrás de la cabaña tenía una pequeña terraza con una bañera de
hidromasaje.

—Lindo —murmuró Maddox antes de dirigirse hacia las corredizas puertas


de cristal. Se agachó en frente de ellas, pasando sus dedos debajo del marco.
Suavemente, sacó un grueso cable blanco—. Hazme un favor. Saca la linterna de
mi bolso.
—Armas, cuchillos y linternas, realmente empacaste para la supervivencia
—dije, mientras rebuscaba en la bolsa—. La tengo.

—Bien. Ahora mantén la luz constantemente sobre este cable.

Miré por encima de su hombro.

—¿Qué es lo que vas a hacer?

—Trabajar en la pequeña magia que aprendí en el entrenamiento de


operaciones especiales.

—¿En términos de civiles, por favor?

Se rió entre dientes. —Voy a desactivar el sistema de alarma. —Excavando


en su bolsa por el épico cuchillo de antes, sacó sus llaves. Un cuchillo de bolsillo
colgando en la cadena junto con otras mil llaves. Suavemente, cortó la cubierta
blanca. Cuando había recortado un poco, sacó un cablecillo azul—. Bueno espero
que éste sea el correcto.

—¿Y si no lo es?

—Digamos que, tendríamos que hablar con la policía mucho más pronto de
lo que pensábamos.

—Entiendo.

Maddox cortó el cable azul, dejando el verde y el rojo entrelazados.

—Bien. Espero que haya sido ése. —Sacó la cartera de su bolsillo trasero y
después una tarjeta de crédito.

—Espera, en serio estás tratando de deslizarte dentro de la puerta con eso


—pregunté, señalando su tarjeta.

Un suspiro despectivo escapó de sus labios. —Como si esto fuera a


funcionar en las puertas de cristal corredizas. Esto es para el frente. —Cuando se
puso en marcha fuera de la terraza. Lo seguí. Caminamos alrededor del pórtico,
subiendo las escaleras otra vez. Maddox metió la tarjeta en la ranura arriba de la
perilla. Trabajando la tarjeta arriba y abajo en la ranura. Finalmente, un sonido
provino del seguro.

Maddox se giró hacia mí y sonrió. —¡Bingo! —No acababa de compartir su


entusiasmo así que le di una débil sonrisa. A pesar de que no teníamos opción,
todavía sentía que la sombra de alguien más irrumpiría en la casa.

Empezó a girar la perilla y cerré los ojos, esperando escuchar el estruendo


de la alarma. Cuando no pasó nada, abrí los ojos y lo vi empujar la puerta.

—¿Hola? —llamó, su voz haciendo eco a través de la casa vacía. Se giró hacia
mí—. Parece despejado.

Asentí y lo seguí dentro del vestíbulo. Con la luz de la linterna pude ver la
sala de estar que se extendía hasta la cocina en un estilo de concepto abierto. El
techo era alto con vigas de madera expuestas, y la pared del fondo se componía
con ventanas del suelo al techo. Era realmente impresionante.

—Espera aquí, mientras reviso todo el lugar.

Asentí. En cuanto Maddox se perdió en el pasillo, le eché un vistazo a las


fotos de la pared. Quienquiera que fueran los dueños del lugar, era claro que
estaban obsesionados consigo mismos. No había fotos familiares, de abuelos,
niños o primos. Cada foto era de la misma pareja. El hombre se veía como de
unos cincuenta y con calvicie, mientras que la mujer se veía cerca a los treinta.
Ella era prácticamente una Barbie, falso cabello rubio, ridículos implantes
extragrandes y su amplia sonrisa, cubierta de dientes. Las imágenes me dieron
un poco de consuelo por el hecho de que parecía como que ellos disfrutaban
viajar y esperaba que no llegaran aquí pronto.

Con mis pies matándome, decidí tomar un descanso en una de las sillas de
cuero. Hizo un desagradable ruido silbante justo cuando Maddox reapareció.

—¿Así que cuál es el veredicto? —pregunté.

—No se ve como que alguien haya estado aquí por un tiempo.

—Hay un montón de gente que tiene cabañas de invierno. Piensas que ésta
podría ser una de esas.
La mirada de Maddox se posicionó en una foto de los dueños en un barco. —
Luce como una. —Se acercó a una de las ventanas y miró a través de las
persianas de madera—. Pienso que aunque parece que no hay nadie cerca, es
mejor mantener las luces apagadas. Ya sabes para qué nada parezca sospechoso.

—¿Podríamos buscar unas velas o algo?

—Cuando estaba cerca de la cochera, creo que vi unas linternas Coleman,


voy por ellas.

Asentí. Ya que se había puesto más oscuro, la parte de mí que era una gallina
no quería quedarse sola, pero al mismo tiempo, había pasado un largo tiempo,
largo tiempo desde que había ido al baño. Con mi linterna, busqué las puertas
abiertas que podrían conducir a uno. Encontré uno y entré. Justo había
terminado cuando Maddox regresó.

Antes de que pudiera decirle algo, mi teléfono sonó en mi bolso. Lo busqué


a tientas y miré el identificador.

—Oh mierda, son mis padres. —Miré a Maddox—. ¿Qué les digo?

—Nada, a menos que pregunten. Sólo pretende que todo está bien.

Amplié los ojos. —Pero soy una terrible mentirosa. Nunca me salgo con la
mía —protesté.

Maddox puso los ojos en blanco.

—Por él amor de Dios, Lane, has estado por dos años en la universidad, ¿y
todavía no puedes mentirle a tus padres?

—Así no soy y lo sabes.

—Bueno, es mejor que hagas tu mejor acto.

—Es más fácil decirlo que hacerlo —me quejé. Con las manos temblorosas,
presioné el botón y llevé el teléfono a mi oído—. ¿Hola?

—Hola linda. Es mamá.


—H-Hola. ¿Acaban de aterrizar? Me encogí cuando mi voz se quebró.

—Sí, fue un vuelo tranquilo. Tu padre está haciendo el seguimiento del


equipaje mientras hablamos. Le dije que no revise una maleta debido a nuestra
suerte con el equipaje perdido, pero ya lo conoces.

Aunque mamá continuó parloteando, dejé de sintonizarla. Era doloroso


escuchar su voz. Más que nada, quería estar con ella, para que me envolviera en
sus brazos mientras llorábamos juntas por lo de Maudie. Y quería estar con mi
papá para que me protegiera de toda la locura de Jensen.

—¿Lane? ¿Sigues ahí?

—Oh, um, lo siento. Sí.

—¿Todo está bien en casa?

Tragué saliva y me encontré con los ojos de Maddox. Cuando ladeó las cejas,
le dije—: Sí, claro. Todo está bien.

—Eso es bueno. Ahora no te quedes despierta hasta tarde y recuerda


programar la alarma.

Agarré mi teléfono con más fuerza. Honestamente, la última cosa que


necesito ahora era a mi mamá volviéndose sobreprotectora. Tuve que luchar
conmigo misma para no decir, sabes qué mamá, he sido perseguida por matones
hoy y le disparé a un hombre, por no mencionar que dejé a Maudie en charco de
sangre, creo que ya estoy un poco pasadita para sistemas de alarmas y horas de
sueño. Pero en lugar de eso, respondí—: Mamá podrías por favor recordar qué
tengo diecinueve. He vivido en un dormitorio de estudiantes por amor de Dios.

—Lo sé, linda. Solo hay una mamá sobreprotectora en mí. Me preocupas, no
importa donde estés ¿Oh tienes el equipaje, Stephen? Maravilloso. Lane, cariño,
tengo que irme. Hablamos mañana, ¿de acuerdo?

—Seguro, mamá.

—Te amo un montón. Papá te manda su amor también.

—Te amo, también.


Cuando colgué me encontré con los ojos interrogantes de Maddox. —Ella
piensa que todo está bien.

—Bien.

—Sí, es bueno que piense eso, pero es la cosa más lejos de la verdad

—¿Y?

Levanté las manos con exasperación. —¿Y? Solo oculté totalmente todo lo
que paso hoy. Mis padres están en Charleston camino a su habitación de hotel, sin
idea de que a Maudie le dispararon y podría estar muerta, y nosotros estamos
huyendo de los asesinos que quieren nuestro mapa del tesoro.

Me miró por un momento antes de dar un ligero movimiento de cabeza. —


Te ves como el infierno. Mejor deberías tomar una ducha. Aunque parece que
todo el lugar está cerrado, mejor voy a revisar mientras te limpias. —Él hizo un
gesto hacia el pasillo—. En la primera puerta a la derecha están el cuarto y el
baño de invitados. La siguiente puerta son el cuarto y baño principales. Escoge el
que quieras.

Ahora era mi turno de mirar con incredulidad. Quiero decir, no hay palabras
de consuelo o un reconocimiento de mis sentimientos, o por lo que le sucedió a
Maudie? En cambio había sido un completo idiota espetando sobre mi apariencia.
Hice bola mis puños luchando contra la urgencia de darle un golpe a su rostro
perfecto.

Se inclinó y comenzó a rebuscar en su bolsa. Cuando me quedé clavada en el


suelo, se dio la vuelta. —Maldita sea, Lane, ¿estás sorda? Dije que fueras a
asearte.

—¡Basta!

—¿Disculpa?

—Deja de actuar como un sargento de taladro dando órdenes. Tengo


sentimientos, sabes, y creo que a pesar de todo, estoy haciendo un trabajo
bastante decente al mantenerme tranquila. Pero simplemente no puedes ignorar
lo que pasó hoy. —La expresión de Maddox se ensombreció, le dije—: Sí, tenemos
que mantenernos juntos, pero sé que tienes que estar molesto por lo que le pasó
a Maudie…

—¡No quiero hablar de ella! —gritó, con su cara enrojecida.

—Y por qué no? Sé lo mucho que la amas… ella ha sido una madre para ti. —
Maddox dio un paso hacia mí y levantó la mano como para hacerme callar. Pero
rápidamente le espeté—: La amo demasiado, sabes. No puedo dejar de pensar en
ella cada segundo… en si ella ya se había ido, si los paramédicos llegaron allí, o si
fueron capaces de ayudarla. Y estoy segura que no puedes dejar de hacer lo
mismo.

Maddox cerró los ojos como si estuviera tratando de contar hasta diez para
mantener la calma.

—Lane, yo no voy a discutir más esto.

—Pero…

—Juro por Dios que si no mueves tu culo por el pasillo ahora mismo, yo
mismo te voy a arrastrar a la ducha.

—No te atreverías —repliqué.

Con un gruñido profundo en su garganta, Maddox caminó hacia mí. La


intensidad de su mirada me hizo estremecer.

—Tú has sido y siempre serás un épico dolor en mi culo —rugió antes de
agarrarme por la cintura.

—Basta —grité, tratando de zafarme de su agarre.

Ignorando mis protestas y mis pataletas, me tiró sobre su hombre de un


solo golpe. Mi barbilla golpeó su omóplato mientras ajustaba su agarre bajo mi
trasero.

—¡Bájame! —Golpeé su espalda con mis puños antes de enviar un azote


justo a lo largo de la curva de su trasero.
—Oh Lane, no sabía que podrías ser tan pervertida —murmuró mientras me
arrastraba a través de la habitación y dentro del cuarto de baño oscuro.

—No soy pervertida, idiota, estoy enojada.

Cambiando mi peso en uno de sus brazos, con la otra mano encendió la


ducha. —Maddox, no…

Mis gritos se ahogaron cuando me dejó caer sobre mis pies bajo el chorro
de agua. Grité cuando las gotas heladas cayeron contra mi piel. Cuando empezó a
alejarse, agarré su camisa en puños con ambas manos, y tiré de él. Nos quedamos
ahí a pocos centímetros de distancia, mi pecho agitado y temblando por lo duro
que mis dientes castañeteaban, nos dimos miradas de muerte.

—¡T-tú eres un h-hijo de puta h-hombre de las c-cavernas!

Él se acercó más, su boca cerniéndose peligrosamente cerca de la mía. El


calor de su cuerpo calentó mi congelamiento. Recuerdos de nuestra noche juntos
asaltaron mi mente, la forma en que sus labios se sintieron sobre los míos, la
forma en que sus fuertes manos trabajaron mi cuerpo. Ladeando la cabeza a un
lado, me sonrió. —Sabes que eres un poco sexy así empapada hasta los huesos. —
Se lamió los labios—. Esto realza tus deliciosas curvas. —Con su aliento
abrasador contra mi mejilla, dijo—: Esto me hace querer besarte.

Se fuerte, Lane. No caigas en esta mierda con él así como antes. —Sabes lo
que tirarme a la ducha me dan ganas de hacerte?

—¿Qué?

—Esto —respondí, antes de darle un ligero rodillazo en las pelotas.

—Ummph —murmuró.

Después de que estuvo jadeando y resoplando por uno segundos, Maddox


salió tambaleándose de la ducha. Lo seguí sobre sus talones empapando el suelo.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó, con los dientes apretados.

—Necesito una de las linternas.


—Te traeré una. —Cuando abrí la boca para protestar, él levantó su mano—
. No necesitas ir goteando por toda la casa.

—Está bien. —Mientras él iba a traer la linterna, hurgué abajo en el


mostrador buscando champú y jabón. Por suerte tuve oportunidad de coger unas
cosas buenas para el momento que regresó.

—Toma —se quejó antes de empujar la linterna hacia mí.

—Gracias —respondí suavemente.

Cuando Maddox puso los ojos en blanco, cerré la puerta con seguro detrás
de él. Entonces cometí el error de mirarme en el espejo. Diablos, él tenía razón.
Yo era un desastre, mi pelo estaba enmarañado y enredado. Por no mencionar
unas cuantas hojas que traía. Suciedad llenaba mis mejillas, mi ropa estaba
cubierta de barro. Rápidamente me desvestí y me metí nuevamente en la ducha.

En cuanto me deslicé bajo el chorro de agua humeante, gemí. Después de un


día completo de trabajo en pareja, junto con la huida, mis músculos gritaron en
agonía. Giré la llave al máximo y dejé que el agua martilleara en mi cuerpo. Cerré
los ojos tratando de borrar todos los acontecimientos del día. En su lugar se
estrellaron una y otra vez en mí.

Los pensamientos causaron un bulto del tamaño de una roca en mi garganta,


mientras los sollozos se construían en mi pecho. No importa qué tan duro tratara,
no podía quitar de mi mente la imagen de Maudie estropeada en el suelo. Los
sollozos comenzaron a brotar de mí y no me molesté en luchar contra ellos. En
cambio me aferré a los lados de la ducha y cedí a la desesperada agitación de mi
cuerpo. Sabía que con el agua Maddox no podría escucharme. No debería
importarme lo que él pensara, pero estaba cansada de parecer como una total y
completa débil emocional.

Cuando los sollozos finalmente terminaron en hipos y suspiros, me limpié el


barro de cuerpo y lavé con champú la arena de mi cabello. Me podría haber
quedado en la ducha para siempre, pero entonces recordé que Maddox
necesitaba agua caliente también. Después de cerrar el agua, salí de la ducha y
miré mi ropa rasgada, empapada y llena de barro. Supongo que debía ver en él
armario por algo para cambiarme. Por supuesto que daba un poco de miedo
pensar en lo que encontraría allí, después de ver las fotos del propietario y su
esposa trofeo en el pasillo.
Estaba pensando en envolver una toalla alrededor de mi cuerpo, cuando vi
una bata colgada detrás de la puerta. La retiré del gancho y ladeé la cabeza. Era
una seductora bata de seda roja. Parecía de esas que puedes ver en los
mostradores de Victoria’s Secret.

De mala gana, me deslicé en ella, Una mirada en el sombrío reflejo en el


espejo, reiteró lo poco de piel que cubría. Pero tendría que usarla hasta que
encontrara algo que ponerme.

Abrí la puerta y miré a la derecha, dentro estaba Maddox, vestido solo con
un par de calzoncillos. Tiré de la poca tela que llevaba alrededor de mí. —¿Q-Qué
estás haciendo?

—Mientras esperaba a que terminaras, pensé en buscar en el armario de la


habitación principal, algo de ropa. —Él sostenía en su brazo un par de pantalones
vaqueros y una camisa polo.

Apenas escuché su respuesta. En cambio, mi mirada se perdió en su ancho


pecho. Mientras él se había jactado antes de tener el abdomen cincelado, los
tatuajes multicolores eran nuevos desde la última vez que lo había visto sin
camisa. De repente, mi boca se sintió seca. Miré hacia arriba para ver que me
estaba sonriendo.

—Bonita bata —dijo.

—Lo que sea —murmuré, empujando más allá de él. Sabiendo que sus ojos
estaban todavía en mí, tiré del dobladillo de la bata para evitar mostrar mi
trasero. Gracias a Dios por las luces tenues de la linterna. Sentía que las sombras
me mantendrían cubierta de su mirada lasciva.

Me detuve en el tocador por un pañuelo desechable. —Has estado llorando


—señaló Maddox

La repentina ternura en su voz hizo que me congelara. Me negué a dar la


vuelta, para que él pudiera ver mi cara. —No, solo un poco de agua que entró en
mis ojos.
En un instante él estaba a mi lado. —Escucha Lane, yo, eh, no debería
haberte hablado de esa manera antes. Y seguro como él infierno qué no te habría
metido en la ducha así. Es que en los últimos años he sido programado para
manejar mis emociones de cierta forma.

Solté un bufido. —¿En los últimos años? Trata toda tú vida. —Cuando no
respondió, lo miré por encima de mi hombro. En las sombras, él no lucía su cara-
de-idiota que usualmente veía. En su lugar, tenía esa expresión de cachorro que
solía usar cuando éramos niños y él de verdad quería que aceptara sus disculpas.

Se balanceó atrás y adelante sobre sus talones mientras trataba de


pronunciar las palabras que siempre fueron difíciles de decir para él. —Lo sé. De
todas maneras yo, uh, lo siento.

—Gracias. Te lo agradezco.

Él asintió levemente y se volvió para dirigirse al baño, pero extendí la mano


hasta su brazo. —¿Maddox?

—¿Si?

—Estoy aquí para ti, cada que quieras hablar. ¿Vale?

En vez de reconocer, su mirada se enfocó en algo en el techo. Él ladeó la


cabeza. —Qué me condenen. Nunca había visto uno de estos en la vida real antes.

Estirando el cuello, me asomé en el espejo. Di un grito ahogado cuando me


di cuenta de lo que estaba directamente sobre la cama.

Se desplomó sobre el colchón. —Eso es caliente.

—Ugh, creo que es repugnante, es obvio que las personas que viven aquí son
maniacos del sexo.

—Por supuesto que sí, Princesa. —Se apoyó sobre sus codos y me sonrió—.
Pero estoy de acuerdo contigo de que los dueños son unos raros. ¿Quién es
todavía dueño de una cama de agua?

Por primera vez, me di cuenta de que estaba rodando sobre la cama. —Ew,
¿es en serio?
—Sí. —Palmeó el espacio a su lado—. ¿Quieres probarlo?

—No, gracias.

Se rió entre dientes. —No importa el tiempo que haya estado fuera de casa,
algunas cosas nunca cambian. Siempre vas a ser una buena chica precavida.

Esperando borrar la sonrisa satisfecha de la cara de Maddox, aceché hacia


la cama y me monté en ella. Mi esfuerzo provocó que ambos nos sacudiéramos
atrás y adelante como si estuviéramos montando olas en el océano. Cuando nos
estabilizamos un poco, me giré hacia él y le sonreí dulcemente. —No me
subestimes, Maddox. No soy la misma chica que dejaste hace tres años.

Las esquinas de sus labios se curvaron. —¿Eso es cierto?

—Sí, lo es.

Su mirada dejo la mía, para echarle un vistazo a mi cuerpo. —Sabes creo


qué tienes razón, esas tetas te han crecido desde qué me fui.

Bufé con exasperación. —Ni siquiera debería dignarme a responder.


Apoyándome en mis codos, hice una seña a su entrepierna. —Por supuesto, yo
siempre tengo una rodilla lista y esperando.

Maddox sonrió. —Creo que tienes una obsesión enfermiza con mis bolas,
nena.

—Estoy familiarizada con tus bolas, y no puedo decir que estaba muy
impresionada.

La siguiente cosa que supe fue que Maddox rodó hasta quedar a horcajadas
sobre mí. Susurré en agravación del hecho de que solo un par de bóxers y mi ropa
interior debajo de la delgada bata nos separaba. Los recuerdos de la primera vez
que hicimos el amor me asaltaron, luché para escapar mentalmente de ellos,
estando contra el pecho de Maddox. Sus manos rápidamente aprisionaron mis
muñecas sobre mi cabeza. Sus esfuerzos nos llevaron a rodar nuevamente sobre
el colchón de agua. Mi pecho subió y cayó, lleno de ira y frustración sexual.
Detente, ahora con los sentimientos, Lane. Solo porque estás sola en medio de la
nada con un chico que tiene el cuerpo increíble, y que te gustaba, no significa que
tengas que estar toda caliente y molesta. Le grité a mi cuerpo traidor. Sí, puede
que Maddox te haya salvado la vida hoy, pero él sigue siendo un idiota épico que
rompió mi corazón.

Maddox me miró de forma arrogante. —No estás impresionada con mis


bolas, uh? Eso es una mierda, porque si no recuerdo mal, te corriste dos veces esa
noche, una de ellas cuando estaba dentro de ti. Lo cual es bastante impresionante
en una primera vez.

Apreté los labios, luchando conmigo para contraatacar con, es un poco


espeluznante que tengas memoria fotográfica de nuestra aventura sexual. En
cambio, respondí. —¿Y qué tiene eso que ver con tus bolas?

Puso los ojos en blanco. —Duh, que están unidas a mi polla, la épica varita
mágica que te dio ese orgasmo.

Rompí a reír. —Oh vamos. De verdad sorprendes a las chicas llamando a


tu… Tragué fuerte antes de poder decir la palabra—. Pene, ¿varita del amor?

Maddox sonrió. —No, en realidad no. Usualmente ellas no necesitan ninguna


persuasión verbal o resumen de mis habilidades sexuales para quererme.

Resoplé. —Ugh, si consideras follar mujerzuelas un reto, entonces lo es. —


Lo empuje—. Déjame levantarme.

—No.

Mis cejas se elevaron en sorpresa.

—¿Disculpa?

Sacudió la cabeza lentamente atrás y adelante. —No hasta que reconozcas


que soy un dios del sexo.

—Oh, por favor, si estuvimos juntos un mísero tiempo.

Meneando sus cejas, contraatacó—: Apuesto a que soy el mejor que has
tenido.
Por mucho que odiaba admitirlo, él tiene razón. El sexo con Eli era dulce y
tierno, no era nada parecido a lo que tuve, aunque brevemente, con Maddox.
¿Cómo puedes superar tener sexo bajo las estrellas con él amor de tu vida?

Pero en lugar de darle esa satisfacción, estreché los ojos. —¿De verdad
quieres dar un paseo por la línea del tiempo? No creo que nuestras versiones de
lo que pasó esa noche coincidan.

Su expresión fue casi burlona mientras me miraba sin pestañear y sin


moverse de encima de mí. —Tú piensas que robé tu virginidad, ¿no? Eso que
tomé, que nunca debería haber tenido.

—No he dicho eso.

Gruñó. —No tienes que hacerlo. Esta escrito por toda tu cara. Moviendo la
cabeza, respondió—: Sin importar lo que pienses qué pasó, lo querías tanto como
yo.

Resoplé frustrada. —Sí, lo quería, porque te amaba, y amarte significaba


hacer cualquier cosa por ti, incluyendo perder mi virginidad con alguien que
nunca la apreciaría.

El color se drenó lentamente de la cara de Maddox, y su expresión se torno


herida. Me miró atentamente hasta que finalmente tuve que mirar a otro lado. —
Jesús Lane, lo siento. Soy un maldito idiota, ¿de acuerdo? Solo te estaba tomando
el pelo, antes. Supongo que me deje llevar. No era mi intención lastimarte, ni
ahora y tampoco entonces.

Devolví mi mirada hacia él. —Tú nunca sabias cuando parar cuando éramos
niños, y todavía no lo haces. Lo siento si la verdad te lastima, pero sí, me
lastimaste. —Bajo mi aliento, murmuré—: Más de lo que puedes imaginar.

—Solo soy un imbécil insensible, que no sabe manejar sus emociones. —Sus
manos liberaron las mías, y él rodó fuera de mi—. Soy como mi madre, lastimo a
los que amo.

El dolor de Maddox era evidente. Aunque me lastimo, me moví un poco más


cerca de él. —Escucha, ha sido un día largo, los dos estamos desgastados física y
emocionalmente. Realmente no podemos tomar en cuenta lo que estábamos
diciendo. Solo vamos a olvidar todo lo que paso este día, ¿sí?
—¿Quieres decir, una tregua?

Asentí.

—Seguro. —Se levantó hasta estar sentado. Una sonrisa auténtica curvo sus
labios—. Si estamos llamando a un alto-al-fuego, me gustaría que mis disculpas
queden anotadas, digo para él registro.

—Disculpas aceptadas y anotadas —le respondí con una sonrisa.

—Bien. Me alegra oírlo. —Él levantó su mano para ayudarme a salir de la


cama—. Mejor me voy a limpiar.

—Está bien, tan pronto como encuentre algo para ponerme, voy a la cocina a
ver si encuentro algo qué cocinar para nosotros.

—Suena maravilloso —respondió Maddox, mientras se dirigía al baño.


Cuando él cerró la puerta, tomando mi linterna entre en el closet. Como sospeche,
el vestuario de la esposa trofeo dejaba mucho qué desear, no había spandex, solo
ropa que encandilaba y mostraba él estomago. Finalmente me deslicé en unos
pantalones de yoga y una camiseta que no mentía al leer, Follada en Nooki’s en la
ciudad de Panamá, la cual deduje era de un bar de ostras. También tomé un par
de vaqueros los cuales probablemente me quedarían ajustados, y la única
camiseta que no era estilo halter, en caso de que necesitará mañana.

Cuando me dirigí a la cocina, la que por suerte parecía ser la única


habitación normal de la cabaña. La nevera estaba limpia, pero la despensa estaba
bien surtida. Después de revisar la caducidad de la jarra de la salsa de espagueti,
agarré algunos fideos y me puse trabajar. Solía cocinar en casa todas las veces,
pero esta nueva experiencia de cocinar con una linterna, en la cocina de un
desconocido, era extraña. Decidí que al final esto era como un pequeño
campamento.

Maddox apareció detrás de mi justo cuando la salsa empezaba a hervir


sobre la estufa. Él olfateó el aire de manera apreciativa. —Esto huele increíble.
Dios, estoy famélico.

Lo miré. Su pelo todavía estaba mojado por la ducha, solo se puso una
camiseta blanca que decía “golpeador de mujeres” y un par de bóxers cubiertos
por completo con pimientos rojos. “Lindos, shorts”, murmuré mientras colaba el
agua de los espaguetis. La verdad es que aunque el diseño era muy gracioso, él se
veía prácticamente comestible en ellos, ciertamente no necesitaba estar teniendo
esos pensamientos sobre él.

Se rió entre dientes. —Sí, este fue la única ropa interior limpia que encontré
que no fuera blanquita o de neopreno. —Él se estremeció—. No puedo ni
imaginar qué estaría haciendo este colega llevando un traje de neopreno.

Ahogué una risita. —De todas la cabañas en las que podíamos irrumpir,
teníamos que entrar en una de unos pervertidos de pacotilla.

—No es broma —murmuró, vertiendo un vaso con agua.

Después de servir una ración de espaguetis, le entregué el plato a Maddox.


En el tiempo en que preparaba mi plato y llenaba el vaso con algo de tomar, él
había engullido la mayor parte del suyo. —Um, ¿muy hambriento?

—Te dije que estaba famélico, por no mencionar que con toda esta carrera,
necesito recuperar carbohidratos.

—Bueno, siéntate. Ya te preparo otro plato.

Medí una porción decente para mí, antes de poner el resto en un plato para
Maddox, en la tenue luz de la linterna, él estaba inclinado sobre la mesa de
centro. Tenía extendido el mapa y lo miraba como si esperara que de pronto todo
tuviera sentido. Supongo que todas las dudas cerca de la validez del mapa se
habían ido con la entrada de Jensen en la escena. Le pasé su plato, y por unos
minutos los únicos sonidos que se escuchaban eran los de los cubiertos contra él
plato y de nosotros masticando. Tomé un trago de agua. —¿Entonces qué va a
pasar en la mañana?

Se encogió de hombros. —Iba a preguntarte lo mismo.

Enrollé unos pocos fideos en mi tenedor. —Llámame loca, pero nunca creí
que me iba a debatir entre ir a la policía o a la caza del tesoro.

—Háblame de eso —murmuró, con sus dedos recorriendo las letras


descoloridas—. Si tuviéramos a alguien que pudiera leer esta mierda...
—No debería ser tan difícil. La última vez que lo comprobé, Cherokee no
estaba en la lista de posibles lenguajes extranjeros, que podías elegir en la
escuela.

Maddox resopló con la boca llena de pasta. —Hice lo menos posible para
aprender sobre los Nativos Americanos cuando estaba en la escuela. Creo que mi
maestro el señor “Ojo de Bicho” Boyer secretamente era un racista.

Nos quedamos en silencio por unos minutos. Ninguno de nosotros


podíamos dejar de mirar el mapa. —¿Qué piensas qué Maudie querría que
hiciéramos? —pregunté suavemente.

La mandíbula de Maddox se tensó mientras trataba de mantener sus


emociones bajo control. —Infiernos, ella se puso en peligro solo para mantener
esta estúpida cosa, por no mencionar lo mucho que quería que nosotros lo
consiguiéramos. —Llevó su tenedor al plato, para conseguir más fideos—. Ella
querría que nosotros encontráramos el oro. Usarlo para la universidad o algo
como eso.

Sonreí ante la idea. Pero antes de que pudiera argumentar lo peligroso que
podría ser, un pensamiento pasó por mi cabeza, casi me caigo en mi plato. —
Nueva Echota.

Maddox me miró como si hubiera perdido la cabeza.

—¿Qué?

—No puedo creer que no hubiera pensado en eso antes. Esa es la antigua
capital Cherokee, y ahora es un parque estatal… creo qué fui cuando estaba en
octavo grado en un viaje escolar. Esto no está muy lejos de aquí. Es terminando...
uh, el condado Gordon donde están todos esos centros comerciales.

—¿Cómo demonios sabes eso?

Sonreí. —Porque mi profesor de octavo grado de la historia de Georgia,


tenía una seria adicción por las tribus Nativo-Americanas.

Maddox me miró como si tratara de no reírse. —¿Realmente acabas de decir


adicción?
Incliné la cabeza hacia él. —¿Qué si, lo hice? ¿Entonces porque no terminas
de carcajearte de mi y terminamos con esto de una vez?

Eso fue todo lo que necesito para que se dejara ir. Su risa se esparció por
todo él, y me hizo recordar que así era cuando éramos niños. —Oh, Lane, tú
nunca cambias.

—Gracias… creo.

Enderezándose, Maddox dijo—: Entonces, el condado Gordon no está muy


lejos de aquí, ¿cierto?

—Sí, creo que cerca de una hora o dos.

Maddox pareció perdido en sus pensamientos. —Maldita sea —murmuró


sacudiendo la cabeza—. Podría ser al otro lado del país tomando en cuenta que
no tenemos un auto.

—Buen punto. Quiero decir, tenemos acceso a vehículos, pero estamos


directamente en la línea de fuego. —Por alguna razón, eso era extrañamente
reconfortante. Había una parte de mí qué me rogaba que me olvidara del mapa,
que me suplicaba que fuera a la estación de policía más cercana e hiciera una
denuncia a Jensen y todos sus hombres. Quería ser capaz de llamar a mis padres
y decirles que vuelvan a casa porque Maudie podría estar muerta. Más que nada
quería olvidar la emoción de volver al mundo en que sabía que estaba a salvo,
uno que no implicaba un tesoro perdido y hombres con armas de fuego. La
siguiente pregunta de Maddox me sacó de mi lucha interna.

—¿Cuánto dinero tienes en el banco?

—¿Eh?

—Vamos a necesitar dinero en efectivo para un auto. Quería saber cuánto


tenías.

—No tengo lo suficiente como para un auto, incluso una chatarra.

—Genial —resopló, cruzando los brazos en el pecho en señal de frustración.


Fue entonces cuando me detuve a escuchar la molesta voz en mi cabeza. Esa
que a pesar de lo loco y triste de todo lo que paso hoy, quería surgir a través de
mi. Y eso me estaba manejando de forma persistente también, para por una vez
en mi vida tener una aventura. Quiero decir entre la danza y la escuela, realmente
nunca he tratado de soltarme, por no mencionar qué era la última en seguir las
reglas. Mintiéndole a mis padres, en busca del tesoro perdido Cherokee, y
potencialmente ser perseguida por hombres armados, definitivamente era una
aventura.

—Espera un minuto… —Recogí mi bolso y comencé a rebuscar en el.


Cuando saqué el fajo de billetes los ojos de Maddox se ampliaron. Se lo entregué.

—¿De dónde sacaste esto? —pregunto.

—De la caja fuerte de Maudie.

Pasó a través de los billetes. —Hay por lo menos cinco mil dólares aquí.

—Suficiente para un auto… —pregunté, con mi voz entre una mezcla de


esperanza y miedo.

—Exactamente.

Tragué saliva. —Realmente vamos a hacer esto, ¿eh?

Dio un breve encogimiento de hombros. —Supongo. ¿Por qué no?

Me dejé caer sobre los cojines con exasperación. —¿Supones? Por favor
dime que tu formación en él ejercito te provoca un conflicto sobre esto. —Su
expresión en blanco, negué con la cabeza—. Maddox esta es una decisión
demasiado seria como para dejarla en una suposición. Estamos hablando sobre
dejar la precaución a la deriva diciéndole jódete a Jensen y sus matones, haciendo
caso omiso de todo aquello que nos dice que vayamos a la policía, estamos
hablando de poner nuestras vidas en peligro.

Una lenta sonrisa se escabulló en su cara. —Bueno, cuando lo pones de esa


forma, yo tendría que decir, infiernos, si. ¡Vamos a hacer esto!

No pude evitar poner los ojos en blanco y mirar al techo ante su respuesta.
—Bien. Hagamos esto.
Maddox se inclinó, su rostro a centímetros del mío. —Oh, vamos Lane, no
me digas que no deseas encontrar el tesoro. Tu cabeza probablemente te esté
diciendo que es terriblemente peligroso, y que podrías salir herida o muerta.
Estoy seguro de que tu corazón dice que hagas esto por Maudie.

Apenas podía respirar con él tan cerca. —Tal vez —murmuré.

Sus ojos se enfocaron en mis labios antes de mirarme de nuevo a los ojos. —
A pesar de que detestas y desprecias mi compañía, estás dispuesta a aguantar
hasta el final porque se trata de lo más emocionante que has tenido en tu
pequeño mundo de princesita, y te encanta.

Nos miramos el uno al otro por un momento. Tenía razón y ambos lo


sabíamos. Pero yo no iba a admitirlo. —¿Oh, no me digas que es emocionante
para ti también Rambo? —repliqué.

El brillo en sus ojos se desvaneció y fue reemplazado por una mirada triste.
—Esto es lo mas emocionado que me he sentido desde que me dieron de alta
médicamente del ejercito.

Se me apretó el corazón al ver la expresión herida en su rostro. Ahora tenía


otra razón para encontrar el tesoro. Quería hacerlo por Maddox y por cualquier
sentimiento que aun tuviera por él.

—Está bien. Bien, te aseguro como él infierno qué quiero hacer esto —le
respondí, con una sonrisa.

Él sonrió. —Bueno. Me alegra oír eso.

Fue cuando caímos en el silencio, que me di cuenta de lo cerca que


estábamos sentados. Para revisar el mapa, estábamos juntos en el sofá. El aliento
tibio de Maddox sopló en mi mejilla. Mi mirada se sumergió en su boca, mientras
mi lengua salió para humedecer mis labios resecos.

Me quedé helada cuando Maddox se acercó y llevó su mano a mi cara. Su


pulgar rozó la esquina de mi boca. —Tenías un poco de salsa de tomate —
explicó.
—Oh —murmuré. Pensando que soy un desastre me pasó la mano por mi
cara—. ¿Lo quitaste todo?

Maddox me miró por un momento antes de poner su pulgar en la boca y


chuparlo. —Si lo quité todo.

Ese gesto hizo que mi corazón latiera más rápido mientras el calor quemaba
por debajo de mi cintura. Inclinándose hacia adelante Maddox estuvo más cerca
de mí. Justo cuando pensaba que iba a darme un beso, el sonido del timbre de su
teléfono nos hizo separarnos el uno del otro.

—Mierda —murmuró antes de buscar en su bolsillo trasero. Cuando miró el


identificador de llamadas hizo una mueca—. Mierda, es mi hermana. —Llevó el
teléfono a su oreja—. Hola Neely, ¿qué pasa?

Ella empezó a hablar frenéticamente y... extremadamente alto. Tanto que


Maddox tuvo que alejar el teléfono de su oído. A pesar de que no podía entender;
la mayor parte de lo que estaba diciendo, oí. —¿Dónde demonios has estado? ¡He
estado tratando de hablar contigo! —A lo que Maddox respondió—: Si, lo siento.
He estado en los bosques y la recepción es una mierda. — Entonces de la nada se
drenó la sangre de su rostro y se le cayó el teléfono resonando en el piso de
madera.

—¿Qué?, ¿Qué es? —lloré.

Sin responder Maddox buscó su teléfono mientras mi mano iba hacia mi


pecho sobre mi errático corazón palpitante.

—¿Acabas de decir que Maudie está viva y en coma?


Traducido por 3lik@
Corregido por Jane

Sentada en mi lugar en el sofá en shock. Apenas si podía parpadear,


permitiéndome solo procesar sus palabras. No dejaba de repetirlas una y otra vez
en mi mente. Maudie está viva. Maudie está viva. Maudie está ¡VIVA!

Pero en estado de coma.

Luego Neely dijo otra cosa, Maddox le respondió con voz angustiada—:
Pensamos lo peor, que ella estaba... muerta.

Ella continuó hablando a mil por hora. Partes y pedazos de su conversación


flotaron hacía mí. —Fue transportada vía helicóptero al Erlanger Trauma Center.
Con protección policial las veinticuatro horas fuera de su habitación. En la UCI.
Esperan que se recupere. Puede que tenga un largo camino de recuperación.
Estamos listados como sus familiares más cercanos. Hay que tomar todas las
decisiones sobre su atención médica. —Y luego, finalmente, uno muy insistente. —
¡Trae tu trasero aquí ahora!

—Realmente quiero hacerlo. Pero no puedo —respondió Maddox.

—¿Perdón? —chilló Neely antes de lanzarse a una diatriba que no pude


distinguir.

Maddox cerró los ojos y la dejó despotricar por minuto más o menos. Por
último, le gritó:

—¿Podrías por favor callarte y dejarme explicarte? —De repente, estaba


callado y tranquilo en su extremo—. No puedo ir al hospital ahora mismo. Lane y
yo estamos... bueno, estamos haciendo algo por Maudie. —Dirigió sus ojos hacia
mí, y asentí. Luego procedió a contarle todo lo que había sucedido y lo que
estábamos planeando hacer mañana.

—¿Hablas en serio? —preguntó Neely.


—Sí, lo hago.

—Déjame hablar con Lane.

Maddox dudó antes de entregarme el teléfono. Visiones de Neely de


adolescente arreglándome el cabello, experimentando con el maquillaje, y
bailando conmigo al ritmo de los Backstreet Boys llenaron mi mente. Yo la había
idolatraba como la hermana mayor que nunca tuve mientras crecía. Maddox le
encantaba ser un niño típico agravante, también conocido como un idiota, pero
ella siempre fue tan dulce.

—Hola —le dije.

—¿Mi hermano está diciendo la verdad? —exigió.

—Uh, sí, lo está.

Neely suspiró. —Pensaba que de todos, tú hablarías con él para sacarlo de


toda esta locura. Ustedes dos deberían estar en la estación de policía local o aquí
en el hospital, no en la búsqueda de un tesoro.

—Tienes razón, pero tenemos que hacer esto por…

—Maudie. Sí, lo sé.

—Confía en mí, sé que suena estúpido y egoísta y ridículo, pero te prometo


que para cuando encontremos el tesoro, iremos al hospital.

Muy bien, entonces. Pon a mi hermano en altavoz.

—Está bien —le contesté, antes de pulsar el botón.

—¿Maddox? ¿Estás escuchando? —preguntó Neely.

—Sí.

—Independientemente de lo estúpido e irresponsable que creo que es esta


pequeña búsqueda, quiero que me prometas que si en algún momento esto se
pone peligroso otra vez, pararás. No me quiero imaginar más enfrentamientos
armados o persecuciones de autos, ¿de acuerdo?

—Está bien —se quejó.

—Hablo en serio. Ya lidié contigo haciéndote daño una vez. No puedo hacerlo
de nuevo, especialmente con Maudie en la forma en la que está. Eres todo lo que
tengo, hermanito.
El rostro de Maddox se suavizó. —Te prometo que estaré a salvo.

—¿Y mantendrás a salvo a Lane, también?

—Sí, lo intentaré. —Él me miró y guiñó un ojo—. Ella en realidad no es tan


indefensa como ella solía ser.

—Ja, ja —murmuré.

—Bueno, está bien. Lane, ¿has hablado con tus padres?

—Sí... pero no les he dicho exactamente lo que pasó. Están en Charleston en la


gira promocional del libro de papá.

—¿No crees que querrían saber?

Luché contra el impulso de decir; Bueno, duh, por supuesto que sí, pero
cuando se enteren, se pondrán furiosos. ¡No habrá oportunidad en el infierno para
vaya a buscar el oro! En su lugar, le contesté—: Sí.

—Escucha, tengo que irme. Se supone que debo obtener una actualización de
los doctores.

—Realmente odio que estés sola, hermanita —dijo Maddox, cariñosamente.

—Bueno... Justin está aquí conmigo ahora.

Maddox frunció el ceño ligeramente. —Sí, eso es bueno. Supongo.

—Bien. Cuídate, y hablaré contigo pronto. Te quiero.

—Yo también te quiero.

Maddox colgó, y yo no podía dejar de preguntar—: ¿Quién es Justin?

Arrugó la nariz con disgusto. —Él es el idiota con el que Neely ha estado
saliendo, un año más o menos. —Se movió en el sofá, cerrando y apretando su
mandíbula—. Quiero decir, no es realmente un mal tipo. Él es maestro y
entrenador, y está loco por ella. No es como los otros tontos con los que ha salido.

—Entonces ¿cuál es el problema?

Él se encogió de hombros. —No sé. Supongo, que es sólo la idea de ella va en


serio con alguien.

—Hablas como un verdadero fóbico al compromiso —murmuré.


—¿Qué se supone que significa eso?

—Creo que ambos sabemos que no quieres una relación, por lo que no
quieres que tu hermana la tenga también.

—Eso no es cierto.

—¿Qué parte? ¿La de Neely o la tuya?

—Yo tengo relaciones.

—¿Oh en serio? No estabas interesado en tener una conmigo. —Solté eso


antes de que pudiera detenerme.

—Sí, bueno eras diferente —respondió.

—Bien entonces. Nombra la última chica con la que saliste más de un mes—.
Las cejas de Maddox se fruncieron mientras el silencio colgaba en la habitación—.
Está bien, te la pondré fácil. ¿Nombra una chica con la que saliste con por lo menos
durante dos semanas?

—No es una buena pregunta ya que he estado fuera de casa los últimos años
—argumentó.

—Muy bien, entonces. ¿Qué tal en la secundaria?

Se giró. —Está bien. Tienes razón. No tengo relaciones. ¿Feliz ahora?

—En realidad no.

—¿Y por qué es eso?

—Todo el mundo debería tener a alguien especial en su vida.

—Oh, no te preocupes. Ha habido un montón de alguien especial en los


últimos años —dijo, meneando las cejas.

Rodé los ojos. —Eso no es lo que quiero decir, y lo sabes.

Él sonrió. —¿Esta conversación te hace sentir incómoda?

—Probablemente casi tan incómoda como lo es todo lo emocional para ti —


repliqué.

—Touché, princesa. —Él se levantó del sofá y miró su reloj—. Maldita sea.
Son casi las once.
Cautelosamente, miré de reojo la habitación y el infame espejo en el techo. —
Um, exactamente ¿cómo manejaremos los arreglos para dormir? Quiero decir,
¿debería ir a dormir en la habitación de invitados?

—No, creo que tendremos que dormir aquí. Debemos estar cerca de las
puertas por si acaso tenemos que largarnos hacia al Dodge.

—Me parece bien.

Se inclinó y sacó su pistola de su bolso. Comprobó el cargador antes de


dejarla sobre la mesa de café. Cuando me pilló mirándolo, dijo:

—Es para ti.

—¿En serio?

—Mantendré la mía debajo de la almohada.

Hice un gesto a la almohada con su encaje fuera-de-control. —Es un poco


extraño mantener un arma debajo de eso.

Se rió. —Ni que lo digas.

—Supongo ¿qué tomaras el sofá?

—Duh, soy más alto que tú.

—Está bien. Puedo dormir aquí —le dije, hundiéndome en el sofá para dos.

Después de que Maddox se dejó caer en el sofá, ahuecó la almohada un par de


veces antes de acomodarse de lado. Lamentablemente se encontró cara a cara con
mis pies. Hizo una mueca mientras contemplaba algunos callos y ampollas. —
Jesús, ¿alguna vez oíste hablar de una pedicura?

—Para tu información, estos son causados por zapatos de punta. Cada


bailarín tiene sus pies así de espantosos.

—¿No tienes algo que les puedas poner? Quiero decir, incluso en el ejército,
nos enseñan acerca del pie de atleta y el pie de trinchera.

Sí, hay ejercicios que podemos hacer y poner cinta en ellos ayuda. Pero a
veces aún se ven así.

—La danza debe doler como el infierno.


Me encogí de hombros. —Uso Orajel para adormecerlos mientras bailo,
realmente ayuda a reducir el dolor.

—Amigo, no me imagino dando vueltas por ahí con mis jodidos dedos en
punta durante horas y horas.

—Sí, bueno, no puedo imaginarte dando vueltas, punto.

Maddox se rió entre dientes. —No. Yo tampoco. — Le dio un codazo a mi pie


juguetonamente—. Sabes, fui a una de tus actuaciones una vez.

Me levanté en mis codos para mirarlo. —¿En serio?

—Sí.

—¿Pero cuándo? ¿A cuál? —solté.

—El Cascanueces cuando estaba en casa por permiso el año pasado.

Negué con la cabeza. —No puedo creerlo. Siempre odiaste el ballet. Solías
decir que sólo alguna vez lo verías si estabas borracho o en coma.

Una sonrisa maliciosa se escabulló de su rostro. —Créeme, aún lo odio. Pero


tenía que matar el tiempo, y todos y cada vez que hablaba con Maudie, me
presumía sobre el importante papel ganaste este Fairy…

—The Rose Fairy —lo interrumpí.

—Lo que sea. De todos modos, pensé que iba a morir durante el primer acto.
Probablemente revisé mi teléfono y correo electrónico una y mil veces. Y luego
saliste. —Él negó con la cabeza—. Estaba fascinado.

Mi corazón dio un salto en mi garganta. —¿En serio?

—No podía imaginar que hiciste todo eso con los dedos de los pies y joder.
Me asusté cuando esos mariquitas en mallas comenzaron a lanzarte.

Me reí. —Se llama alzar, no lanzar. Y créeme, no son mariquitas. Deberías ver
el tono muscular que tienen.

Maddox arrugó la nariz. —Estaba demasiado distraído por la forma en que


sus mayas resaltaban sus... ya sabes... —Hizo un gesto hacia su entrepierna—,
paquetes.

—¿Acabas de admitir que mirabas el paquete de un tipo? —pregunté con una


sonrisa.
Él le dio un codazo a mis piernas. —Cuidado.

Bueno, estoy muy halagada y honrada de que tu aburrimiento te arriesgara


venir a verme.

—No, estoy muy contento de haberlo hecho. Nunca te había visto así antes.
Así elegante y confiada... por no hablar de lo increíblemente hermosa.

El calor subió en mi rostro. —Es la combinación de los trajes, el maquillaje y


la iluminación. Hace que cualquier persona hermosa.

—Créeme, no eran por todas esas cosas. Era la pequeña Lane que solía
empujar en el lodo, y ella era hermosa.

Oh Dios, ¿Está pasando de verdad? ¿Estaba solo en una cabaña en medio de la


nada con Maddox, y él me decía que era fascinante y hermosa?

—Gracias —murmuré.

Él sonrió. —De nada.

Tratando de alejarme de más comentarios acerca de mi apariencia, le


pregunté:

—¿Por qué no trataste de encontrarme después? Podríamos haber ido a


cenar o algo así. —Una mirada brillaba en sus ojos en mí casi alusión de una cita,
así que rápidamente añadí—: Mis padres y yo nos hubiera gustado haberte visto.

—Sí, eso hubiera sido genial, pero no tenía tiempo... ya sabes, tenía que coger
un vuelo y demás.

Asentí. Un incómodo silencio se cernía sobre nosotros hasta que finalmente


me aclaré la garganta. —Supongo que será mejor tratar de dormir un poco, ¿eh?

—Sí. Bueno, buenas noches entonces.

Era realmente desconcertante que lo único que me separaba de Maddox era


la mesa de café de hierro forjado. No quería acostarme frente a Maddox, así que
me di la vuelta de mi lado, de cara al sofá para dos. Estaba demasiado caliente para
mantas, sin aire acondicionado. Después acurruqué mis piernas hacia arriba, cerré
los ojos, y, a su vez, traté de apagar los eventos locos del día. Pero mi mente seguía
siendo un torbellino de pensamientos fuera-de-control. Traté de tomar unas
cuantas respiraciones profundas para despejar mi mente. Una vez más, el rostro
de Maudie apareció ante mí, entonces Jensen y sus hombres disparándonos. Me
preguntaba que pasó en The Brewery después del incendio... me preguntaba si mis
padres se enterarían de lo que pasó.

Después de lo que pareció una eternidad, comencé a imaginarme en el


escenario bailando en la producción de La bella durmiente. Mi estudio de baile la
abrirá en otoño, y tengo mi corazón puesto en Aurora, la protagonista. Estuve
viendo clips de actuaciones pasadas en YouTube. Concentrándome en los pliés y
en los saltos que eran exactamente lo que necesitaba para finalmente quedarme
dormida.

No pasé mucho tiempo dormida, cuando empecé a soñar. Al principio estaba


perdida en una niebla asfixiante, y no podía encontrar a Maddox. Seguí caminando
y caminando, pero nunca parecía llegar a ninguna parte. Luego de que el sueño se
desvaneció y fue reemplazado por uno más aterrador. Maudie apareció ante mí,
con sus manos ensangrentadas extendidas hacia mí. —Ayúdame, Lane. ¡Ayúdeme
por favor! —exclamó.

Cuando di un paso, Maudie desapareció, y el rostro de Jensen se apareció


delante de mí. Un destello amenazador brillaba en su rostro.

—Dame el mapa del tesoro. Quiero el oro. Tú no lo mereces —gruñó,


envolviendo sus manos alrededor de mi cuello. Sus dedos apretaban mi garganta,
cortándome el aire.

—¡No! ¡Déjame en paz! —me atraganté, tratando de apartar sus dedos.

Sus ojos se oscurecieron, dándole la apariencia de un demonio.

—Te haré daño. Mataré a cada persona que amas hasta que consiga el oro.

Me desperté gritando en la habitación a oscuras. Jadeando, traté de alejar las


horribles imágenes de mi mente. La luz de una linterna se encendió. —Lane, ¿estás
bien? —preguntó Maddox.

Estaba temblando tanto que no podía hablar. En ese momento, no me


importó que él me viera llorar. En cambio, dejé escapar unos fuertes sollozos que
devastaron mi cuerpo.

—Oye, no llores. Sólo fue un sueño —dijo Maddox.

Envolví mis brazos alrededor de mi cintura y me abracé con fuerza, tratando


desesperadamente de tranquilizarme. Mi mirada frenética se encontró con la de
Maddox, y pude ver el conflicto entre la suya. Sin romper el contacto visual,
empezó a acercarse lentamente a través del sofá hacía mí. Dudando, extendió sus
brazos, y yo prácticamente me zambullí en ellos.

—Shh, está bien —murmuró en mi oído. Me acomodó en su regazo, y envolví


mis brazos alrededor de su pecho. Mientras me mecía adelante y atrás, por fin dejé
de temblar. —Esa debió ser un infierno de pesadilla.

Sí. Fue una muy mala. —Me estremecí y hundí mi rostro en su pecho
desnudo.

—¿Quieres hablar de ella? —preguntó vacilante.

—Maudie... ella…

Maddox se tensó, y me di cuenta que no estaba dispuesto a escuchar algo de


la pesadilla sobre Maudie. En cambio, él murmuró:

—Está bien. Estoy aquí, y todo irá bien. —Él empezó a frotar mi espalda en
amplios círculos, haciéndome sentir segura.

Después de unos minutos, finalmente me calmé. Me aparté para limpiar mis


lágrimas antes de sonreírle. —Perdón por enloquecer de esa manera.

—No tienes que disculparte.

—Ugh, pero es tan vergonzoso.

—Deja de torturarte al respecto.

—Está bien, lo intentaré.

—¿Crees que puedes volver a dormir ahora?

—Tal vez...—Estaba segura de que el momento en que las luces se apagaran y


estuviera acostada sola, mi pesadilla continuaría atormentándome—. Es sólo que
no quiero estar sola.

Él me dio una sonrisa de medio lado. —No estás sola. Estoy aquí.

—Sabes lo que quiero decir. Quiero... quiero quedarme así hasta que vuelva a
dormirme. —Ante su duda, dije la palabra que nunca pensé que le diría—. Por
favor.

Desde el ceño fruncido y los labios apretados, parecía que estaba librando
una batalla épica en su mente.
Justo cuando estaba a punto de decirle que lo olvidara, me dio un rápido
movimiento de su cabeza. Él se recostó en el sofá y luego me llevó a su lado.
Cuando envolvió su brazo derecho a mí alrededor, acurruqué mi cabeza en el
hueco de su hombro.

Oh Dios, se siente tan bien estar cerca de él. No pude evitar el suspiro de
satisfacción que se escapó de mis labios. Él se puso rígido momentáneamente.
Levanté mi cabeza y le dije:

—Gracias.

—¿Por qué?

Por todo, por mantenerme a salvo de Jensen y por reconfortarme después de


mi pesadilla. Sé que no te van las cosas sentimentales, lo que lo hace que valga
mucho.

La mandíbula de Maddox se apretó. —Sí, lo que sea. De nada, supongo.

Sabía que lo estaba haciendo sentir incómodo, así que puse mi cabeza de
nuevo en su hombro y cerré los ojos.

No sé cuánto tiempo estuve así. Se sentía como por siempre y al mismo


tiempo, como si acabara de bajar mi cabeza. En algún lugar de ese punto medio
entre el sueño y la conciencia escuché un ruido. Al principio, no distinguí si lo
había imaginado o si era real. Parpadeando, me di cuenta de que tenía que estar
cerca de la madrugada con la luz ámbar que se filtraba a través de las persianas.
Mi cuello se sentía doloroso después de dormir en el sofá. Soñolienta, estiré mis
brazos sobre mi cabeza, tratando de decidir si necesitaba despertarme, cuando
escuché el ruido de nuevo.

Esta vez me levanté y miré hacia la puerta principal. —Maddox —le susurré.
Para ser un presunto chico del ejército que vive al límite, duerme en cualquier
lugar, él estaba profundamente dormido y roncando muy alto. Estiré la mano y lo
sacudí—. Maddox…

—¿Q-Qué-? —preguntó, somnoliento.

—Creo que alguien está en la puerta.

Al distintivo clic de una cerradura, Maddox ya estaba de pie, con la pistola en


mano. —¡Mierda! —Sus ojos se movieron alrededor de la habitación en busca de
otra salida—. La terraza —dijo, señalando con la cabeza hacia la cocina.
Agarré mi bolso y comencé a retroceder, sin apartar mi mirada de la puerta.
Pero cuando se abrió de golpe, me congelé. Eran los dueños de la cabaña, en vivo y
en directo. Miré sorprendida a Maddox, quien hizo una mueca.

—Esa es la última vez que vuelo en Delta. No puedo creer que nuestro vuelo
se haya desviado a Chattanooga, y tengamos que conducir a Savannah —se quejó
Barbie.

El hombre parecía estar vociferando. En cambio, se puso de pie en frente del


teclado de la alarma, sus cejas estaban fruncidas en confusión. —Es gracioso. Sé
que encendí la alarma.

Pataleando con sus tacones, la Barbie gritó:

—¡Eddie, ¿me estás escuchando?!

Él saltó y se dio la vuelta. —Dulzura, no te enojes. Podemos tomar un avión


en Atlanta.

Ella rodó los ojos. —Pero la idea de estar atrapada aquí, en el quinto infierno,
incluso por solo veinticuatro horas durante el verano es tan degradante. Todo el
mundo está en sus botes haciendo fiestas justo ahora.

El hombre ni siquiera intentó engatusarla. En cambio, su atención se dirigió


hacia donde Maddox y yo estábamos de pie como estatuas en el centro de la sala
de estar.

—¿Quién demonios son ustedes, y qué diablos están haciendo en mi casa?

Levanté mis manos en señal de rendición. —Mire, nuestro auto se dañó, y


sólo necesitábamos un lugar para pasar la noche.

—Pensábamos que no había nadie aquí para el verano —intervino Maddox.

—Y le juro que no hemos hurtado nada —le contesté.

Barbie entrecerró sus ojos. —Es ropa la que llevas.

Un tono rojo de vergüenza inundó mis mejillas. —Bueno, nuestras ropas se


estropearon, así que no teníamos opción. —Busqué desesperadamente en mi
bolso y saqué dos billetes de veinte del fajo del dinero de Maudie.

—Aquí. Esto debe cubrir la ropa y la comida.

—¡Se comieron nuestra comida también! —Ella se giró a su marido—. Eddie,


¡Llama a la policía!
—Eso no será necesario. Nos vamos. Ahora. —Maddox agitó el arma hacia
ellos para enfatizar causando que Eddie y Barbie jadearan al unísono—. No
queremos ningún problema. —Estaba clavada en el suelo, por lo que Maddox tuvo
que tirar de mi manga—. Ven. Vámonos.

Dejé caer los veintes en la mesa de café. —Una vez más, lo siento mucho. —
Maddox comenzó a arrastrarme con su mano libre—. Quiero decir, ambos lo
sentimos.

Con el arma apuntándolos, Eddie y Barbie no se movieron, creo que ni


siquiera se atrevieron a parpadear o a respirar. Llegué a la puerta trasera, y mis
manos temblorosas buscaban a tientas el pomo de la puerta sólo para darme
cuenta de que estaba cerrada. En el momento en que esta se abrió salí volando a la
terraza.

Maddox salió por la puerta detrás de mí. Él no tenía que darme ninguna
orden. Yo sabía exactamente qué hacer. Sin dudar troté bajando por las escaleras y
corrí por el camino de la entrada hacia la carretera principal. Creo que nunca he
corrido tanto en mi vida como lo he hecho en las últimas veinticuatro horas. Mis
músculos duelen están oprimidos por el esfuerzo, y tuve que morderme los labios
para no gemir.

A Maddox no le tomo mucho alcanzarme. Llevábamos una milla de recorrido


por la carretera principal de la selva virgen cuando ya no podía más. —Tengo.
Que. Parar —le dije jadeando a Maddox, agachada en mis rodillas.

Sus zapatos se deslizaron sobre la grava. Me alegré de ver que él también


estaba sin aliento. —Bien.

Me apoyé en un árbol, jadeando y resollando para recuperar el aliento. El


sudor se formaba a lo largo de mi línea del cabello y en la base de mi cuello antes
de correr por mi espalda en ríos salados. Eran apenas las siete de la mañana, pero
el calor era intenso. Estiré las esquinas de camisa prestada de Barbie y me limpié
el rostro. —No puedo creer que aparecieran —gemí.

Maddox se rió. —Hablando del destino, trabaja en contra de nosotros con


toda la cosa del desvío del avión.

—Tal vez el universo está tratando de decirnos algo —murmuré, más para mí
que para él.

—Sí, Delta es una aerolínea de mierda —respondió lacónicamente.


Nos quedamos en un sepulcral silencio por un momento. Acomodé mi cabello
sudado en una alisada coleta de caballo. Empecé a abrir la boca, pero Maddox alzó
la mano para detenerme. —Déjame adivinar. Vas a preguntar ¿qué hacemos
ahora?

Sonreí. —Por lo menos soy constante.

—Sí, eres constantemente irritante —respondió, balanceando su hombro


vendado. Él me miró y guiñó un ojo—. Yo digo que pidamos aventón a la ciudad
para encontrar el lote de autos usados más cercano, y luego conseguir cualquier
chatarra que nuestro dinero pueda comprar.

Mi estómago rugió. —Y el desayuno. No olvides eso.

—Está bien, desayuno y una chatarra. —Él miró de izquierda y a derecha


antes de salir de la carretera y a la espesura de los árboles. Luego se inclinó y
comenzó a buscar en su bolso. Sacó el par de jeans que había hurtado del armario
de Eddie junto con una camisa polo—. No hay manera en el infierno que alguien
nos lleve conmigo en estos shorts.

Me reí cuando lo vi deslizar una pierna en los jeans. Le eché una mirada a mi
propio atuendo. Probablemente no quería encontrarme con el experto en el
idioma Cherokee vistiendo una camiseta que decía, Follada en Nooky´s. —Creo
que me cambiaré también.

Cuando estaba terminando, sorprendí a Maddox mirándome. Sus ojos


vagaban de mi cabeza a la camisa más ajustada que normalmente suelo usar,
prácticamente me veía desnuda en solo jeans. Luego él hizo un gesto agradecido.
—Llevando solo eso pueda que consigamos aventón a la ciudad.

—Oh, lo que sea. —Metí la camisa y los pantalones en su bolsa desde que mi
bolso ya estaba abultado. Luego salimos del bosque y empezamos a deambular
por el camino. Giré mi cuello para mirar arriba y abajo de la carretera—. Pienso
que ¿habrá mucho tráfico viniendo de allá?

—Eso espero.

Pensamientos horribles de asesinatos y mutilaciones pasaban por mi mente


ante el pensamiento de pedir aventón. Después de todo, la segunda novela
Harrison Baylor de papá trataba de un asesino en serie donde su blanco eran
personas que piden aventón. Tragué saliva nerviosamente. —¿De verdad crees
que es seguro pedir aventón?
Maddox se rió entre dientes. —Ahí va esa imaginación tuya otra vez, Lane—.
Él palmeó la bolsa. —¿Olvidas que tenemos Amos de nuestro lado?

—No, no he olvidado las armas de fuego... o tú supuestamente siendo Rambo.

—Oye, soy tan Rambo.

Lo supuse por su musculatura, tatuajes, no podía estar más de acuerdo con él.
Pero, por supuesto, no le daría la satisfacción, así que simplemente respondí:

—¡En tus sueños!

El sonido de una camioneta que retumbaba por el camino llamó nuestra


atención. Inclinando su cabeza de lado, Maddox murmuró:

—Hmm, un clásico Chevy Cheyenne... del 76, tal vez del 77.

Rodé los ojos y retiré los mechones de cabello de mi rostro.

—¿Por qué no estoy sorprendida de que conozcas la marca y el modelo?

Él no respondió. En cambio, comenzó a acariciar su barbilla como pensando.


—Escucha, si se orilla, realmente necesitas parecer dulce. El atuendo es bueno si
se trata de un tipo, pero si es una chica probablemente estemos más propensos a
que nos lleve porque te ves como una chica buena e inocente.

Lo dices como si fuera algo malo.

—Significa que si te ves perdida y miserable, es menos probable que parezca


que ¡vayas a robarles el auto!

Incliné la cabeza hacia él. —Dado que estamos perdidos y nuestra situación
es totalmente miserable, creo que debería ser capaz de lograrlo.

Al vernos, la camioneta comenzó a desacelerar. El conductor se parecía a un


típico hombre de montaña, con barba espesa, overoles desteñidos. Básicamente,
podría pasar por uno de la familia de Duck Dynasty. Él bajó la ventana. —Chicos,
¿necesitan un aventón?
Traducido por Xiime~
Corregido por Eni

Esbocé la sonrisa más dulce que pude.

—Sí, señor. Vea, perdimos dos neumáticos saliendo de la carretera, y solo hay
un repuesto. ¿Cree que puede llevarnos hasta la ciudad?

Cuando me atreví a mirar a Maddox, me estaba mirando fijamente con


incredulidad. El hombre sólo sonrió.

—Por supuesto. Voy para allá. Entren.

Maddox me hizo entrar primero, así que terminé sentada junto al hombre. A
regañadientes, me deslicé por el asiento. Ya que mi mamá siempre me recalcó la
importancia de los modales, extendí la mano.

—Soy Lane Montgomery.

Me tomó la mano en la suya con forma de garra, y me la sacudió fuerte.

—Soy Byron Sutton. —Se inclinó hacia delante para echarle un vistazo a
Maddox—. ¿Cómo se llama tu novio?

Me mordí la lengua para no decir, ¡No es mi novio! En cambio, dije—: Él es


Maddox.

—Encantado de conocerlo ―dijo Maddox, extendiendo el brazo por delante


de mí para sacudir la mano de Byron.

—Encantado de conocerlos a ambos, también. —Byron llevó el camión de


vuelta a la carretera—. ¿Dijiste que tu apellido es Montgomery?

—Sí, señor.

Movió la mascada de tabaco en su boca.

—No creo que conozca a ningún Montgomery por aquí.


—En realidad vivimos en Ellijay ―contestó Maddox.

Después de ojear la etiqueta de la bandera de Estados Unidos y el emblema


de Vietnam en un lado del parabrisas, escupí―: En realidad él acaba de llegar del
servicio.

Los ojos de Byron se iluminaron.

—¿En serio? Bueno, déjame decir lo encantado que estoy de ayudar a un


compañero militar.

—Gracias —dijo Maddox.

—¿Qué rama?

—Armada. 101 Fuerza Aerotransportada.

Una gran sonrisa se extendió en el rostro de Byron.

—Las Águilas Gritonas. ¡Yo fui una!

Maddox rió.

—¿Cuál brazo?

Mi boca se abrió ante la amistad instantánea entre los dos. Byron mantuvo
una mano en el volante, y usó la otra para enrollarse hacia arriba la manga de su
brazo derecho. Un águila gigante con garras extendidas cubría la mayor parte de
su bíceps. Maddox asintió y luego se enrollo su manga izquierda para mostrar un
águila más pequeña con las palabras Fuerzas Aerotransportadas debajo.

Me reí.

—Vaya, creo que acabo de tener un extraño Déjà vu de esa escena en la


película A-Team cuando todos revelan sus tatuajes de Comando de la Armada y se
unen para luchar contra el mal.

—Con Jensen en fuga, necesitaríamos toda la ayuda que podamos conseguir


—murmuró Maddox en voz baja.

Byron se arregló la camisa, sin perder la sonrisa.

—Sabía que había algo bueno en ustedes dos cuando los vi. No suelo recoger
extraños.

—Estamos encantados de que lo hiciera —respondí.


La carretera terminó en la autopista, y me di cuenta de que no estábamos tan
lejos de la civilización como había pensado. Maddox me dio un codazo. Seguí su
mirada por el parabrisas donde había un grupo de autos usados en la distancia.

—Oiga Byron, ¿Le importaría dejarnos en esa Casa de Waffles ahí adelante?
Viendo que probablemente tengamos que esperar un rato por los neumáticos,
realmente nos vendría bien algo para comer.

—No hay problema. —Puso la luz de giro y nos dejó en el estacionamiento.

—Gracias otra vez por traernos —dijo Maddox con una sonrisa.

—Estuve encantado.

—¿Podemos darte algo de dinero para el combustible? —pregunté.

Byron sacudió la cabeza.

—Estuve encantado de ayudar a un amigo veterano y a su dulce chica.

Tragué fuerte ante la idea de ser la chica de Maddox.

—Bueno, gracias otra vez —dije antes de deslizarme por el asiento. Supongo
que estaba fingiendo ser le novio perfecto, porque Maddox me ayudó a bajar.

Caminamos por la parte de delante de la camioneta para estar del lado de


Byron. Maddox metió la mano por la ventana y volvió a sacudir la mano de Byron.

—Fue un verdadero placer conocerlo, señor. Tengo mucho respeto por lo que
hicieron en Nam, a pesar de lo que diga alguna gente.

Byron pareció quedarse sin palabras por lo que dijo Maddox. Finalmente, se
aclaró la garganta.

—Escucha, si alguna vez necesitas algo, solo pégame una llamada, ¿sí? Soy
Byron Sutton en la guía de teléfono. No me va muy bien con eso del celular.

Maddox asintió.

—Gracias. Realmente lo aprecio.

—Cuídense ambos.

—Lo haremos —respondí.

Con un último adiós, Byron puso en marcha el camión y se fue. Maddox lo


observó irse con la sombra de una sonrisa en su rostro.
—Apostaría a que él y un par de sus amigos podrían ayudarnos con la
situación de Jensen.

—Entonces supongo que es bueno saber cómo contactarlo.

Maddox asintió y me hizo una seña para que entrara al restaurante. Estaba
bastante lleno con camioneros y turistas. Después de que nos deslizáramos en una
cabina, una camarera con cabello abombado y mucho delineador azul se acercó y
tomó nuestra orden. Acababa de irse cuando mi celular comenzó a sonar en mi
bolso.

—Dios, pensé que ya iba a estar muerto para ahora —murmuré mientras
buscaba el celular con torpeza. Una mirada al identificador de llamada, y estaba
llena de miedo y fastidio a la vez.

Me llevé el teléfono a la oreja y dije—: Hola mamá.


Traducido por Pili
Corregido por Mew Rincone

—Lane Elizabeth Montgomery, ¿tienes alguna idea de en qué nos has metido?

Hice una mueca y sujeté el teléfono lejos de mi oreja. El agudo chillido de mi


madre junto con el lloriquear al otro lado me dijeron que sabían todo sobre
Maudie, y que estaba en un gran, enorme problema.

—Lo siento. Escucha…

—¿Por qué no has estado en contacto con nosotros? El oficial de policía, el


que nos llamó esta mañana para contarnos sobre Maudie, dijo que pasó por tu
casa, y que tú no estabas allí. Así que, ¿dónde estás?

—Estoy con Maddox —contesté.

Suspiró con alivio. —Oh, entonces, ¿están los dos en el hospital?

Oh mierda. No había forma de salir de ésta que no implicara incluso más


mentiras. No podía decirle que en lugar de estar al lado de la cama de Maudie
como una buena chica, no solo había cometido allanamiento de morada en una
cabaña en algún lugar de Blue Ridge, sino que iba a seguir buscando el oro
Cherokee oculto mientras que nos perseguían unos esbirros armados.

—Um, sí, estoy con él —contesté, tratando de encubrir diciendo lo menos


posible.

—Bien. Yo estoy tratando de conseguirnos un vuelo mientras que tu padre se


ha ido a la librería para intentar limar asperezas sobre las firmas que faltan. Tan
pronto como podamos, estaremos llegando al hospital para estar con Maudie.

—¿Y, cuando crees que será? —pregunté, jugando distraídamente con mis
cubiertos de plata.

—Probablemente no hasta esta tarde o esta noche.


Genial. Tenía un par de horas hasta que estallara el infierno. —Bien, bueno,
supongo que nos vemos luego.

—Dile a Maudie que la amamos, y que llegaremos tan pronto como podamos,
¿de acuerdo?

Oh Dios. En realidad ella había ido allí. ¿Qué clase de persona era yo que
podía mentir sobre estar al lado de una mujer en estado de coma? Mi pecho se
encogió, y luché por respirar. —Está bien —dije en voz baja.

Desde algún lugar lejano, la escuché decirme que me amaba y despedirse. Me


colgó el teléfono y bajé la vista hacia la grasa incrustada en la mesa fórmica.
Estaba tan atontada que ni si quiera me di cuenta de la camarera dejando mi plato.

La voz de Maddox me sacó de mi estupor. —¿Qué pasa? ¿Estás en problemas?

—Ella piensa que estamos en el hospital. Vienen esta tarde o esta noche. Y
luego... —Tragué. —Dijo que le diera a Maudie su amor —dije en voz baja.

Súbitamente se sacudió hacia atrás como si le hubiera abofeteado. Por


supuesto, su reacción desgarradora no ayudaba a mi sobrecarga emocional. A
pesar de que lo intenté, no pude evitar las lágrimas que brotaron de mis ojos y se
derramaron sobre mis mejillas.

Maddox se movió por su asiento mientras se rascaba su cuello


frenéticamente. —Sí, uh, tú quédate aquí y tómalo con calma. Yo iré a ver si
conseguimos un auto.

Miré hacia el plato lleno de comida que apenas había tocado. —¿Y qué hay de
tu desayuno?

—Puedo comer por el camino. Ya sabes, nos hará actuar más rápido y todo.
—Ante mi expresión herida, gimió—. Mira, ambos sabemos que nunca he sido un
tipo cursi.

—¿Entonces?

—Entonces, es sólo que no puedo verte llorar, ¿de acuerdo?

—Anoche pudiste —indiqué.

Él frunció el ceño. Antes de que pudiera replicarme, nos llamó la atención la


fuerte conversación de una mesa llena de camioneros. —Dicen que no fue un robo
típico. No se llevaron el dinero, y la persona que lo hizo fue lo suficientemente
sabia como para llevarse los vídeos de seguridad.
—Algunos dicen que parece un trabajo profesional —ya sabes, algún ex-
presidiario en libertad condicional. Pero a mí me parece un trabajo interno. Ya
sabes, algún empleado enojado o algo así —alegó un hombre con un sombrero de
John Deere.

Otro hombre meneó la cabeza. —Le serví a Maudie varias veces, y no hay
ninguna forma de que algún trabajador estuviera lo suficientemente loco como
para tratar de matarla. Ella trataba a todos como familia.

—Sin ninguna duda es una lástima el incendio del almacén. La Policía dice
que se debió empezar para quemarlo todo y ocultar el crimen. Fue una suerte que
los bomberos llegaran a tiempo para apagarlo. El almacén probablemente habría
sido una pérdida total en vez de solo perderse la mitad de él.

El hombre John Deere se inclinó hacia adelante. —Creo que el mayor misterio
de todos es, ¿quién demonios llamó al 911?

Un dolor punzante cruzó mi pecho y me quedé sin aliento para respirar.


¿Cómo podían estar hablando estos camioneros al azar de Maudie? La manera en
que hablaban de ella lo hacía sonar como si ella no hubiera sobrevivido. Supongo
que eso era bueno, teniendo en cuenta que su habitación en la UCI estaba siendo
vigilada por la policía en caso de que Jensen o alguno de sus secuaces regresaran.

—No vayas ahí, Lane —dijo Maddox.

Sacudí la cabeza para contemplarle. —¿Qué?

—No deberías permitirte ni durante un minuto creer que Maudie no va a


recuperarse del coma y a ponerse bien.

—Pero ella podría morir. Es una verdad que tenemos que afrontar.

Con un encogimiento de hombros, Maddox empezó a devorar su tocino.


Podía vivir negándolo todo lo que quisiera, pero yo no podía ignorar la cruda
realidad de nuestra situación. Mientras él seguía devorando su plato, me di cuenta
que era una de esas personas que se comían sus emociones. Claramente
mordisqueaba con cólera.

—¿Cómo pudo viajar tan rápido la noticia? Apenas han pasado catorce horas.

Permanecí tranquila mientras empujaba mi plato lejos. Mi muerte inminente


una vez que mis padres descubrieran lo que había hecho, junto con las
conversaciones de los camioneros sobre Maudie, había aniquilado completamente
mi apetito. Una vez hubo limpiado su plato, Maddox rebuscó por un poco de
dinero en su cartera para pagar el desayuno. Ni siquiera me molesté en protestar
en que él no debería pagar el mío y el suyo. No me gustaba el furioso brillo en sus
ojos.

Hizo una mueca cuando sacó su teléfono del bolsillo. —¡Maldita sea! mi
teléfono está muerto.

—El mío está a punto de morir. Probablemente necesitaremos que el GPS nos
ayude a rastrear la ubicación del oro —Hice señas hacia fuera de la ventana al
Wal-Mart cruzando la calle—. ¿Por qué no voy a conseguir un cargador mientras
tú consigues un auto?

—Suena como un plan para mí.

****
Después de comprar un cargador de móvil, un libro de diferentes mapas de
Georgia, un paquete de agua embotellada y unos bocadillos, me quedé fuera de
Wal-Mart esperando a que Maddox me recogiera. Llevando mi mano a mis ojos,
cambié mis compras a un brazo y, a continuación, protegí mi mirada del intenso
sol. En realidad le oí llegar mucho antes de que lo viera. Había comprado una gran
camioneta diesel de la clase que transporta caballos.

Maddox se metió en la acera, y tuve que andar de puntillas para meter mi


cabeza por la ventana. —Esta cosa es enorme.

Su sonrisa era completamente de chico malo con un súper juguete nuevo. —


4000, toda una ganga después de un intenso regateo. Está construido
fundamentalmente para la conducción en cualquier tipo de terreno, sin
mencionar que el cuerpo de acero reforzado es básicamente impenetrable. Ya
sabes, si Jensen y sus matones aparecen para otro tiroteo —Él golpeó el volante—.
¡Este bebé es feroz!

Giré la cabeza hacia él. —No estoy segura de si voy a poder entrar ahí con
tanta testosterona flotando.

—Esta es la camioneta de un autentico hombre, nena. No dejes que te asuste.

—Hmm. ¿Qué pasa con ese viejo refrán sobre chicos que necesitan grandes
camionetas para compensar su falta de hombría?
Él se rió. —Solo mete tu trasero aquí dentro, Enana.

Abrí la puerta y observé una correa de cuero colgando del techo. —¿Qué es
esto?

—Es para ayudarte a entrar. Sabes, porque estás tan lejos del suelo.

—Oh, ya veo. —Me agarré de la correa y luego me metí en la cabina.

—Agárrate fuerte. Voy a mostrarte lo que puede hacer este bebé.

Aceleró el motor lanzándome disparada contra el asiento. —Umph —


refunfuñé. Salimos disparados del estacionamiento hacia los cuatro carriles—.
¿Todo esto es realmente necesario? —grité por encima del rugido del motor.

—Oh diablos si —respondió Maddox. Con un movimiento de la muñeca,


prendió la radio. Una canción de AC/DC sonó en los altavoces e hizo daño a mis
oídos.

—¿No puedo opinar sobre qué escuchamos?

Sonrió abiertamente. —No.

Me incorporé y golpeé su brazo juguetonamente. —Eso no es justo.

—Está bien, de acuerdo. Busca la emisora que quieras. Pero nada demasiado
de chicas y nada de esa mierda de banda de chicos. —Con una risita, giré la perilla
hasta que encontré una estación tocando música de los 80.

—¿Qué tal esto? —pregunté sobre You Give Love a Bad Name de Bon Jovi.

—Me parece bien —respondió, golpeando con ritmo sus dedos sobre el
volante. Con los pies de plomo de Maddox sobre el acelerador, hicimos un buen
tiempo. Una gran parte del viaje fue a través de una vía de dos carriles y a través
de zonas rurales. Comprendiendo que estábamos llegando, saqué mi neceser de
mi bolso. Odiaba la idea de un encuentro con la etimología Cherokee viéndome
como algún gatito rezagado y después de correr como una loca para escapar de
Eddie y de Barbie, imaginé que estaba muy cerca de parecer eso. Bajé el visor y
miré fijamente en el espejo. Eesh, tenía razón. Necesitaba desesperadamente un
poco de ayuda.

Cuando comencé a frotarme el maquillaje, Maddox echó un vistazo sobre mí.

—¿Qué haces?

—Mierda, ¿qué parece que estoy haciendo?


—¿Por qué necesitas maquillaje de todos modos? —Me encogí de hombros.

—Quise arreglarme un poco. Ya sabes, para no asustar a todos en Nueva


Echota con mi aspecto fantasmal.

—Eres demasiado bella para asustar a nadie, Lane. —Le mire, con los ojos
abiertos y con la boca abierta a la que él sonrió.

—Um, gracias —A continuación, traté de ignorar el aleteo de mi corazón


junto con las mariposas en el estómago. Lo maldije. ¿Cómo era capaz de hacerlo
después de todo lo que había sucedido entre nosotros? ¿Iba en serio o solo estaba
tomándome el pelo?

Permaneció callado después de eso, mirándome por el rabillo del ojo,


mientras yo terminaba con el polvo, colorete y sombra de ojos. Apenas había
terminado de aplicar brillo de labios cuando vi la señal de Nueva Echota. —Oye,
hemos llegado —grité.

—Ninguna mariconada —respondió Maddox, encendiendo el intermitente.

Al ir a través del parque me sentí transportada a otro lugar y tiempo. Colinas


verdes se extendían tanto como podía ver a lo largo de una antigua Taberna y la
Casa del Consejo. —¿Dónde están las tiendas de los Indios? —preguntó Maddox.

—Ellos no vivieron en tiendas en los últimos años. Vivieron en cabañas como


aquellas. —Señalé a una de las pocas restantes que permanecían en pie.

Entramos en un espacio de estacionamiento delante del Centro de Visitantes


también duplicado como un museo. Miré a Maddox. —No hay nada que perder.

Salimos de la camioneta y fuimos superados por una marea de chicos de


secundaria que estaban claramente en un viaje de campo. Antes de que
pudiéramos entrar por la puerta, una guía turística en edad universitaria nos
asaltó. —Hola. Acompañantes, ¿necesitan sus identificaciones?

—En realidad, estamos buscando alguien que pueda leer y traducir la lengua
Cherokee —respondí.

Las cejas de la chica se arrugaron como si yo hubiera estado fumando la pipa


de la paz y quisiera ver cabelleras humanas colgando de un palo. —Ah, um,
supongo que tendrás que preguntar dentro acerca de eso.

—Gracias —dijo Maddox.


Fuimos recibidos con una ráfaga de aire helado cuando entramos en el
edificio. Las flautas y los tambores de los Nativos Americanos se reproducían
suavemente a través del sistema de altavoces. Echamos un vistazo alrededor del
vestíbulo antes de acercarnos a recepción.

—¿Cuántas entradas? —preguntó un hombre.

—En realidad, necesitamos hablar con alguien que pueda traducir Cherokee
—le contesté.

—Ese sería el Dr. Bretsky. Su oficina está detrás de la sala de exposiciones. —


Cuando comenzamos a darle la espalda, dijo—: Discúlpenme, pero necesitan
entradas para pasar allí.

Maddox frunció el ceño. —Pero no estamos aquí para las cosas del museo. Te
hemos dicho…

—Sí, lo sé y como he dicho antes, necesitarán dos entradas.

Con un gruñido de frustración, Maddox hurgó en su billetera. Arrojó un


billete de diez hacia el hombre que le devolvió un tensa sonrisa antes de
entregarnos dos entradas. —¡Todo tiene que ser un dolor en el culo!

No pude evitar sonreír. —Creo que es seguro decir que nada va a ser fácil
para nosotros.

Tejimos nuestro camino a través de un laberinto de artefactos Cherokees


conservados detrás de vitrinas hasta que llegamos a un largo pasillo. Leí las placas
de identificación doradas antes de detenerme en la que se leía “Dr. Paul Bretsky”.

Golpeó ligeramente en la puerta.

—¿Sí? —demandó una voz.

Maddox arqueó las cejas antes de girar el pomo de la puerta. La gigantesca


mesa delante de nosotros estaba enterrada debajo de libros y archivos. Apenas
podía ver al hombre sentado detrás de ella. Era sorprendentemente más joven de
lo que imaginé. Me preguntaba si era mucho mayor de treinta, incluso con una
ligera calvicie y gafas con montura de alambre. Miraba con expectación hacia
nosotros.

—Discúlpenos, ¿pero es usted el Dr. Bretsky? —dijo Maddox.

Él soltó un profundo suspiro. —Sí, soy yo.


Me puse delante de Maddox. —¡Oh, Maravilloso! Soy Lane Montgomery, y
este es Maddox Diaz. No puede comenzar a imaginar lo emocionados que estamos
de haberlo encontrado. —Extendí mi mano para estrechar la mano del Dr. Bretsky.

Él les echó un vistazo antes de darme un apretón poco entusiasta. —No sabía
que tenía un club de fans.

Saqué el mapa de mi bolso. —Mire, realmente, de verdad necesitamos a


alguien que pueda traducir esto. Ya sabe, el manual Cherokee al inglés.

—No pueden hablar en serio.

Maddox y yo intercambiamos una mirada en tono exasperado hacia el Dr.


Bretsky. —Sí, lo hacemos —respondió Maddox.

—Pensamos que sería una parte muy importante de la historia de Cherokee


—añadí.

El Dr. Bretsky continúo mirándonos sin responder. Maddox carraspeó. —


Estamos dispuestos a pagar por su tiempo.

—Oh, ¿de verdad? que amable —dijo glacialmente.

Maddox se inclinó sobre el escritorio del Dr. Bretsky. —Amigo, ¿cuál es tu


problema? Eres un jodido experto en el lenguaje Cherokee trabajando en un
jodido Parque histórico Cherokee ¿No estás si quiera interesado en la historia en
potencia que rodea este documento?

Estrechando sus ojos, el Dr. Bretsky contestó—: Por supuesto me preocupo


por la historia. Es el trabajo de mi vida.

—¿Entonces cómo puedes quedarte sentado y no estar totalmente


sobrecogido por algo como esto? —pregunté.

Un resoplido desdeñoso escapó de los labios del Dr. Bretsky. —¿No creerán
que ustedes son las primeras personas que han irrumpido por mi puerta con lo
que pensaron que era un auténtico objeto histórico Cherokee? —Cuando ni
Maddox y ni yo respondimos, el Dr. Bretsky rodó los ojos—. Por lo menos una vez
al mes, me llega algún loco con un pergamino o cerámica o punta de flecha por lo
que creen que el parque les pagará mucho dinero. El noventa y nueve por ciento
del tiempo, resulta ser basura que me hace perder el tiempo a mí y a ellos.
Me moví sobre mis pies, negándome a aceptar un no como respuesta. —¿Pero
qué pasa si nuestro mapa pudiera estar ligado a las leyendas del oro Cherokee
escondido?

—Como si yo no hubiera escuchado eso antes. —Maddox y yo abrimos


nuestras bocas para protestar, pero el Dr. Bretsky levantó su mano para
silenciarnos—. ¿Ven esto? —preguntó, gesticulando violentamente hacia un
montón de papeles sobre su escritorio. Maddox y yo asentimos con la cabeza—.
Tengo que pasar por todo esto para una subvención que el parque necesita
desesperadamente. ¿Y cuándo tengo que hacerlo? Mañana. Así que, lo siento si no
tengo tiempo para jugar juntos a descodificar el mapa y a la búsqueda del tesoro.

—Pero si usted pudiera…

El Dr. Bretsky salió de repente de su asiento como un gato en la caja. —


Escuchen atentamente lo que voy a decir. Yo vivo en el mundo real —con un
trabajo, con plazos y tanto estrés que tengo una úlcera. Sí, hay leyendas de un oro
escondido, pero eso es lo que son: leyendas. Cualquier oro que pudiera haber
estado oculto fue confiscado por el gobierno de los E.E.U.U. o reclamado por la
familia de los miembros hace muchos años.

—Pero esto es un asunto de vida o muerte —me quejé, mi voz elevándose


una octava con desesperación.

El Dr. Bretsky gruñó. —Voy al baño ahora. Cuando regrese, es mejor que
ustedes dos se hayan ido. —Entonces salió de la habitación.

Al oír cerrarse de golpe la puerta del baño, pregunté—: Genial. ¿Ahora qué?

Maddox se rascó la barbilla. —Está bien, momentos desesperados requieren


medidas desesperadas.

—No sé qué otras medidas podrían existir. Hemos apelado a todo lo que le
podría interesar —la historia Cherokee, el tesoro. Incluso le ofrecí dinero y aún así
no le interesa.

—Sí, bueno, nosotros no hemos apelado a todo. —Su mirada se movió sobre
mí antes de que moviera sus cejas arriba y abajo—. Creo que vas a tener que
mostrar un poco de piel. Tal vez darle un poco de primera base.

Mis ojos se abrieron. —¿Estás loco? ¡No voy a dirigir ni siquiera mi pecho en
su dirección!
—No es como si te pidiera que durmieras con él o algo. Un poco de coqueteo
inofensivo. —Abrí la boca para continuar protestando, pero Maddox me agarró
por los hombros—. ¿Lane, debo recordarte en qué jodida situación estamos
metidos? El mapa tiene que ser traducido y este imbécil es la única persona en un
radio de mil millas que puede hacerlo.

A pesar de que odiaba admitirlo, Maddox tenía razón. Estaba a punto de


aceptar la derrota cuando algo en la librería llamó mi atención y me hizo reír a
carcajadas. Cuanto más lo pensaba, más gracioso era y más me reía
histéricamente.

—Oh, ¿así que ahora crees que esto es algo gracioso?

Me limpié los ojos. —No, estaba pensando que por lo que parece, no soy yo
quien va tener que mostrar algo de piel.

—¿Eh?

Señalé al cuadro arco iris sobre la estantería. Contenía una foto del Dr.
Bretsky y varios hombres en el desfile del Orgullo Gay de Atlanta.

Maddox echó un vistazo a la imagen y a mí y sacudió su cabeza. —Ni siquiera


lo pienses.

—¿Discúlpame? Hace dos segundos estabas más que feliz por mí


prostituyéndome y ahora que el zapato va en el otro pie, ¿no estás dispuesto a
ayudar a nuestra causa?

—Esto no está pasando —musitó. La vena en el lado derecho de su cabeza


comenzó a palpitar y sabía que estaba muy, muy cabreado. No ayudó que su rostro
se hubiera vuelto de unos matices berenjenas. Pero de repente algo más en la
estantería me llamó la atención, y me apresuré hacia ello.

—¡No voy a flirtear con ese tipo o con otro, ni por todo el oro Cherokee en el
mundo! ¿Entendiste?

—Deja de ser tan homofóbico —Saqué un libro del estante y lo agité hacia él
—. Además, creo que tengo un plan que mantendrá tu dignidad y tu camiseta
puesta.

Maddox cruzó sus brazos sobre su pecho y frunció el ceño hacia mí. El Dr.
Bretsky regresó, rodó sus ojos y resopló. —¿Están todavía aquí? ¿Tengo que
llamar a la seguridad del Parque?
Le sonreí dulcemente mientras señalaba a su librería. —Me he dado cuenta
de que tiene toda una colección de libros de Stephen Montgomery.

—Sí, es el mejor novelista de la década. ¿Cuál es tu punto?

—¿Y si le dijera que Stephen Montgomery resulta que es mi padre?

—Podría decir que una vez más están haciendo que pierda mi tiempo con sus
mentiras estúpidas y mapas del tesoro.

Punzando el aire delante de él con su dedo, Maddox ordenó. —Está en


Google.

Asentí. —Creo que le gustaría ir a su sitio web. Hay una bonita foto familiar
en su biografía.

El Dr. Bretsky entrecerró los ojos. —Es sólo por puro morbo que aún estoy
siguiendo el juego de este tonto espectáculo y no los estoy haciendo arrastrar
fuera de aquí. —Se desplomó sobre su silla y comenzó con una ráfaga de golpes en
el teclado. Después de unos pocos clics con el ratón, y una mirada desde el
ordenador hacia mí y alzo sus cejas. —Bien, estoy escuchando.

Una franca sonrisa se dibujó en mis labios. —Soy hija única, no hay casi nada
que mi padre no haría por mí. Así que, estoy segura de que si se enterara de que
usted me ayudó con algo súper importante, él realmente querría darle las gracias.
—Me incliné hacia adelante en su escritorio—. ¿Cómo tal vez discutir sus novelas
en la cena... tal vez incluso leer su libro más reciente antes de que se publique?

En este punto, el Dr. Bretsky prácticamente salivaba sobre su barbilla. —


¿Hablas en serio?

—Totalmente. —Alcancé y agarré un bloc de papel y un lápiz de su escritorio.


Escribí el número del teléfono de papa y luego arranqué el papel. Con una sonrisa,
lo provoqué ondeando el número delante de su cara. —Este podría ser tu día de
suerte.

—Independientemente de cómo me siento acerca de la autenticidad del


mapa, creo que realmente no tomaría mucho tiempo descodificarlo —dijo
vacilante.

—Entonces, ¿tenemos un trato? —pregunté.

Asintió. —Pero sólo para la traducción, están por su cuenta después de eso.
No tengo tiempo para sentarme y ayudar a resolver lo que significa.
—Está bien, es un trato, Dr. Bretsky. —Le entregué el trozo de papel. No
queriendo para nada que llamara a mi padre rápidamente dije—: Él está en una
gira literaria bastante estresante en este momento. Si pudiera esperar una semana
o dos para llamar, tendrá toda su atención.

Sus labios se curvaron en una sonrisa satisfecha. —Gracias. Y por favor,


llámame Paul. —Me hizo señas para entregarle el mapa. En lugar de comenzar a
leer los símbolos y las letras, lo sujetó a la luz. Luego sacó una lupa del cajón de su
escritorio y empezó a mirarlo más de cerca. Su expresión era de incredulidad. —
Esto es auténtica piel de animal.

No pude evitar rodar los ojos. —Sí, somos conscientes de eso, Paul.

—Sí, pero el hecho de que los Cherokee dejaron de usar pieles de animales
para los documentos a principios de 1800 hace esto incluso más “legítimo” como
tú dices. —Paul continuó examinando el pergamino—. ¿Dónde encontraste el
mapa?

—Estaba oculto tras el marco de una pintura Cherokee —respondí.

—Interesante. Supongo que era antigua.

—Sí, lo era. Maudie dijo que... —Mi pecho se apretó, provocando que mi voz
se cortase. Todo lo que yo podía ver era a ella yaciendo inmóvil en estado de coma
mientras las máquinas pitaban a su alrededor. No pude terminar lo que iba a decir,
así que miré impotente hacia Maddox.

Él respiró hondo. —La señora que nos dio el mapa dijo que fue pintado por el
nieto de un jefe Cherokee que participó en el traslado y en el Sendero de
Lágrimas1.

Articulé un “gracias” hacia él a lo que me dio una pequeña sonrisa.

El entusiasmo danzó en los ojos de Paul. —Es fascinante. Se debió de heredar


dentro de la familia, pero al mismo tiempo, el mapa fue encubierto dentro de la
pintura.

—Probablemente. Es decir, fue un accidente incluso que lo encontráramos.


Encontramos escondido dentro el mapa después de que yo rompiera el marco.

1 En inglés Trail of Tears. Hace referencia al traslado forzado de los Choctaw en 1831 y los
Cheroquis en 1838 al Oeste de los Estados Unidos. En el idioma Cheroqui, este evento se designa
como «NunnadaulIsunyi», que en español podría traducirse como «el camino donde nosotros
lloramos»
—Eso lo cambia todo —murmuró.

Maddox y yo intercambiamos una mirada. —¿Qué quieres decir? —pregunté.

Paul echó un vistazo al mapa y sonrió con firmeza. —Me temo que voy a
tener que renegociar nuestro trato.

—¿Quieres algo más para fantasear y pasar la noche en casa de Lane o algo
así? —preguntó Maddox.

—Por muy tentador que suene eso, estaba pensando más bien en una
recompensa monetaria.

Levanté mis manos en exasperación. —Tienes que estar bromeando. Hace


diez minutos éramos una plaga con un mapa falso y ahora debido a un pequeño
pergamino de piel de animal, ¿quieres un pedazo del “presunto oro”?

Paul me dio una sonrisa arrogante. —¿No te has detenido a pensar que
podría ser una formalidad a mis servicios?

—Pero ni siquiera vas a traducirlo entero.

—Mantén esa actitud, y no traduciré ni una palabra —retó él.

—Suficiente. —Maddox caminó entre Paul y yo—. Estaremos felices de


dividir contigo la parte que encontremos.

Crucé mis brazos sobre mi pecho y gruñí en frustración. —Era la pintura de


Maudie. Ella se merece todo el oro teniendo en cuenta que casi muere por ello. —
Entonces procedí a derramar toda la historia de lo que nos había pasado en las
últimas quince horas. No pude evitar las lágrimas cuando le conté a Paul sobre el
disparo de Maudie y ella entrando en estado de coma. Paul estaba boquiabierto, y
sus ojos bien abiertos en las partes en las que Jensen nos perseguía y el tiroteo que
vino a continuación.

—Es increíble —dijo cuando finalicé.

Limpié mis ojos. —Sí, y presuntamente es un mapa del oro Cherokee oculto.

Paul se recostó en su silla, y suavizó su expresión. —Créanme cuando digo


que estoy realmente apenado por lo que los dos han tenido que pasar.

—Gracias —murmuramos Maddox y yo al unísono.


—Me doy cuenta de que después de tratar con hombres armados y asesinos
potenciales, cuando te dije que quería una compensación monetaria, tú asumiste
que mis intenciones eran egoístas —que el dinero sería sólo para mí.

—¿Bien, para quién más sería? —pregunté.

—Lo quiero para el Parque —ya sabes, para financiar más proyectos
educativos. Las piezas históricas por las que no podemos conseguir subvenciones
económicas —Él le echó un vistazo al montón de papeles sobre su escritorio con
desdén—. Y para ayudar a rellenar nuestro presupuesto así no atascarme
haciendo todo este trabajo suplementario.

—¿En serio? —preguntó Maddox.

Paul asintió. —Es la verdad.

Eché un vistazo a Maddox, y él dio una breve reverencia de su cabeza. Es


decir, ¿qué otra opción teníamos? Estábamos entre la espada y la pared, y al
menos el oro iría a una buena causa y no a un idiota como Jensen.

—Está bien —Extendí mi mano—. Hay trato.

Paul estrechó mi mano. A continuación volvió a sentarse y tomó un


reglamentario bloc de notas y bolígrafo. Y comenzó a garabatear palabras
frenéticamente. Su cabeza se movía de arriba a abajo entre el mapa y el papel.

Finalmente posó su bolígrafo. —Está bien, creo que lo tengo.

Me incliné sobre ello y comencé a leer en voz alta:

Con el poder del blanco, váyase donde se encuentra el camino y viaja hacia
el lugar donde el regalo amarillo se encontró primero. Desde allí, alejar la
devastación del Hombre Negro para ir a donde las rocas hablan. Encuentre la
cueva donde el bello cervatillo derramó sus lágrimas. En el lugar del fuego sagrado
encontraras el tesoro manchado de sangre.

—¿Eso es todo?

Paul y yo echamos una ojeada a Maddox. Su cara estaba desencajada con


profunda frustración. —Eso es como un jodido enigma. ¡No dice nada acerca de
dónde está el oro!

Paul suspiró dramáticamente. —¿Realmente creyeron que esto se explicaría


todo detalladamente para ustedes? Los Cherokees no eran estúpidos,
especialmente cuando se trataba de su tesoro.
Gruñí y eché la cabeza hacia atrás. —¿Y ahora qué?

—Según nuestro trato, no hay nada más que se necesite que yo haga. Está
todo en sus manos —respondió Paul.

—Entonces estamos total y completamente jodidos —gruñó Maddox,


dejándose caer en el sofá de cuero.

—Mira, todavía no estoy un cien por cien convencido sobre la autenticidad


del mapa o el hecho de que no hay realmente oro al final de la búsqueda. Pero para
demostrarte que no soy totalmente insensible, tengo otra cosa que debería tener
las respuestas que necesitan —dijo Paul, caminando a uno de sus estantes de
libros.

—Déjame adivinar. ¿Se trata de un gordo volumen de la sabiduría nacional de


los Cherokees que tendrá las respuestas a nuestro enigma? —preguntó Maddox.

Paul se rió burlonamente. —¿No eres alguien inteligente? —Él seleccionó un


libro de aspecto antiguo que se podría tomar como un arma puesto lo pesado que
era. Cuando lo depositó en mis manos, el olor a polvo y moho invadieron mi nariz.

Corrí los dedos sobre la cubierta desgastada que decía Sabiduría popular
Cherokee: La Historia del Grupo Este Cherokee, pasado y presente. —Vaya eso es
un título intenso para un libro de aspecto intenso.

—El historiador que lo escribió fue muy cuidadoso.

—Gracias. Se lo agradezco —Me volví hacia Maddox y sacudí la cabeza en


dirección a la puerta—. Creo que tenemos que irnos. Sé que tienes mucho trabajo
que hacer.

Maddox saltó del sofá. —Sí, y por desgracia nosotros lo mismo.

Justo cuando llegamos a la puerta, Paul carraspeó. —Hay una última cosa y,
después tienen que realmente largarse de aquí. —Después de que Maddox y yo
nos volteáramos, el continuó—. Los Cherokees fueron realmente grandes en
números y en la representación simbólica colorida. Yo comenzaría ahí con la
investigación.

Sonreí. —Gracias, lo haremos.

Después de cerrar la puerta de la oficina, Maddox gimió y se frotó los ojos. —


Genial. Ahora tenemos que pasar el resto de la tarde leyendo este libro mohoso en
lugar de cazar el tesoro.
—Podría ser peor.

Ladeó sus cejas. —¿Y exactamente cómo sería eso posible?

—Oh, me ocurren un montón de cosas. Pero el principal que me viene a la


mente te implica a ti coqueteando con Bretsky para obtener la traducción.

Maddox puso cara horrorizada. —Bien, bien. Tienes razón.

—Probablemente deberíamos encontrar una habitación de hotel para que


podamos concentrarnos y no ser interrumpidos.

—Oh, la ironía de nuestra situación.

—¿Qué quieres decir? —pregunté.

Él sonrió. —La mayoría de la gente de nuestra edad no se registra en hoteles


para estudiar libros antiguos y mapas del tesoro.

Mi cara se coloreó cuando comprendí el significado. La siguiente cosa que


supe es que él me estaba metiendo en una oficina vacía y cerrando la puerta
detrás de nosotros. Estaba oscuro dentro, y apenas podía distinguir a Maddox
delante de mí. —¿Qué de…?

Ahuecó su mano sobre mi boca. —El matón alto de Jensen está en el salón de
exposiciones —susurró.

Miedo glacial cayó sobre mí. Maddox vio que yo estaría tranquila y retiró su
mano. Se recostó contra el lado derecho de la puerta y movió con cuidado su mano
sobre el pomo.

Con cuidado, se volvió, y entreabrió la puerta. Permanecimos de pie como


estatuas de mármol tan angustiosamente marcados por los segundos. El sonido de
unos pasos en el pasillo hizo que me helara.

—Maldición —murmuró Maddox. Se volvió de nuevo hacia mí—. Va hacia la


oficina de Bretsky.

Me estremecí. —Oh Dios, ¿No creerás que él… —tragué—… le haga daño a
Paul?

—No lo sé. —Se asomó al pasillo nuevamente—. Solo sé que tenemos que
salir de aquí. Rápido.
Me agarró la mano y me empujó con brusquedad a través de la puerta. Sin
mirar atrás, empezamos a correr a través de la sala de exposiciones —chocando
con los turistas y casi arrasando una exhibición Cherokee de arcos y flechas.

—¡Deténganse! —Alguien gritó hacia nosotros, pero le ignoramos. Justo al


doblar la esquina, nos encontramos cara a cara con el secuaz pequeño de Jensen.
Momentáneamente, todos nos congelamos, mirándonos unos a los otros en estado
de shock. Solo fue necesario un segundo para que Maddox rápidamente pasara a la
acción. Saltó delante de mí, salvaguardándome del tipo.

—¡No te muevas, joder! —gruñó el secuaz mientras torpemente tocaba la


pistola que soportaba sobre su pecho.

—¡Vete Lane! —Me ordenó Maddox empujándome hacia adelante. Sin


dudarlo, comencé a correr otra vez.

—¡Alto o disparo!

Cuando me atreví a mirar por encima de mi hombro, el secuaz tenía su


pistola levantada y apuntaba directamente hacia nosotros. Mi corazón se detuvo, y
se sentía como minutos, en lugar de segundos. Los gritos perforaron mis tímpanos
cuando todo el mundo a nuestro alrededor comenzó a tirarse al suelo. El miedo
me hizo tambalearme, mandándome directamente sobre el cuerpo de Maddox,
uno al lado del otro ahora, él trató de impulsar su cuerpo por delante del mío. Con
una mano en mi cintura, usó su otro brazo para agarrar una estatua tamaño
natural de un guerrero Cherokee. Gruñendo, tiró con todas sus fuerzas. La estatua
se tambaleó antes de caerse de su expositor, creando una barrera entre el secuaz y
nosotros.

No nos detuvimos hasta que llegamos a la camioneta y trepamos dentro.


Maddox sacó las llaves y encendió el motor. Metió la marcha atrás, los neumáticos
chirrearon al salir de la plaza de estacionamiento, esquivando a un grupo de
Jubilados. Ellos nos lanzaron malas miradas mientras les adelantábamos. Pero sus
expresiones cambiaron rápidamente a horror cuando dos hombres de Jensen
corrieron fuera de la sala de exposiciones con armas en la mano. Me agaché
anticipando balas volando hacia la camioneta, pero en cambio, una sirena policial
rechinó en mis oídos. La seguridad del parque seguida por dos autos de Gordon el
Sheriff del Condado venía rugiendo adelantándonos.

—Parece que el Calvario finalmente apareció —dijo Maddox mientras pisaba


el acelerador de la camioneta. Arrancamos del estacionamiento prácticamente
sobre dos ruedas. Ambos estábamos jadeando. Nos tomó unos minutos calmarnos
y recuperar el aliento. Una vez Maddox hubo puesto suficiente distancia entre
Nueva Echota y nosotros, le pregunté—: ¿Cómo diablos Jensen supo dónde
encontrarnos?

—¿Tal vez investigó un poco y descubrió el único lugar en el estado en que


podríamos ir a obtener la traducción?

—Eso es simplemente genial.

—Creo que una habitación de hotel está fuera de cuestión, ¿no? Con Jensen y
sus hombres en toda la zona.

Maddox sacó el móvil de su bolsillo. —En realidad, creo que tengo el lugar
perfecto para pasar la noche, y esta solo a unos treinta minutos de aquí. Es
probablemente el único lugar en el que Jensen no pensaría en buscarnos.
Traducido por Xiime~
Corregido por Ahriel

—¡Tienes que estar bromeando! —exclamé al ver el Roadside Diner de West.

Maddox apagó el motor y me echó un vistazo.

―¿Cuál es el problema?

Ni siquiera podía hablar. Estaba en shock. Quiero decir, cuando oí las


palabras “roadside grill”, esperaba algún tipo de restaurante, no una parada en la
Carretera Hacia el Infierno. Todo lo que podía hacer era quedarme mirando el
cromo brillante de las veintitantas motos que teníamos delante, sin mencionar los
dieciocho vehículos estacionados en el lote de al lado.

―¡No puedes esperar que entre ahí!

Maddox frunció el ceño.

―¿Y por qué no?

―E-Es como un bar de moteros del infierno o algo.

Se rió entre dientes.

―¿En serio tienes miedo?

Aunque odiaba admitirlo, asentí.

―No te preocupes. Quédate cerca de mí y estarás bien.

Maddox comenzó a abrir la puerta, pero lo agarré del brazo.

―Pero soy menor de edad.

Se encogió de hombros.
―West lo va a arreglar. —Mi recelo hizo que emitiera un ruido frustrado con
la garganta―. Mira, Princesa, lo siento si no es Four Seasons, pero con los hombres
de Jensen por ahí, los hoteles están fuera de la cuestión.

Su repentina actitud hizo que le espetara:

―¿Y dónde se supone que vamos a dormir? ¿En la mesa de billar o detrás de
la barra?

Maddox se agarró al volante hasta que sus manos se volvieron blancas.

―West dijo que había una habitación arriba con una cama y un baño en la que
podemos apretujarnos. Libre de cargos.

No quería ni imaginar cómo luciría el llamado hospedaje. Dejé salir un


suspiro, dándome cuenta de que con hombres armados rastreándonos y un tesoro
que encontrar, los mendigos no podíamos elegir.

―Está bien, vamos.

―Dios, no te mates dando las gracias por encontrar un lugar donde relajarse
y dormir ―se quejó mientras cerraba la puerta de golpe.

Poniendo los ojos en blanco, me colgué la cartera del hombro y me metí el


libro de Dichos Populares Cherokees bajo el brazo. Vino por la parte delantera de
la camioneta con una mirada agria en el rostro.

―Lo siento, ¿vale? Realmente aprecio que nos hayas conseguido esto.

―¿En serio?

―Sí, en serio. Tal y como están las cosas no creo que Jensen y sus hombres
puedan pensar ni por un momento que estamos en un bar de moteros.

Maddox se rió.

―No, no creo que lo pensaran.

Comenzamos a cruzar el estacionamiento.

―Así que este tal West… ¿Estuvieron juntos en la armada?

―Nah, terminamos en el mismo hospital de Virginia. En realidad él hizo un


tour en Afganistán pero una bomba al lado de la carretera lo dejó fuera de
combate. Está mucho mejor ahora que está en casa y trabajando para su viejo.
―¿Y este West tiene un primer nombre?

Maddox se encogió de hombros.

―Siempre ha sido West para mí. ―Con una risa corta dijo―: Probablemente
tenga un primer nombre afeminado y está avergonzado, como Terry o Sebastian.

Me sostuvo la puerta, apoyando una mano en mi espalda. El pequeño gesto


era reconfortante, pero habría preferido su brazo entero a mi alrededor. El aire
estaba lleno de vagos anillos de humo, haciendo que me picaran los ojos y tosiera.
A través de mi visión nublada, vi que varias de las cabinas y las mesas estaban
llenas. Incluso aunque todavía no fuera la Hora Feliz, algunos hombres con
sombreros de camioneros estaban ya junto a la barra, tomando cervezas con
espuma.

Un tipo alto y desgarbado con cabello negro desgreñado estaba junto a un


cartel de neón de Budweiser, limpiando vasos con un trapo. Hasta desde donde
estaba se podían ver las cicatrices de metralla en su cuello. Al vernos en su rostro
se extendió una gran sonrisa.

―¡Si estaré maldito! Mira lo que ha traído la marea.

Maddox dejó caer la mano que tenía a mi alrededor y la extendió para


golpear la de West.

―Es bueno volver a verte, hombre. Especialmente fuera del agujero de


mierda de ese hospital de Virginia ―luego se volvió hacia mí―. Lane, este es mi
amigo West, del que te estaba hablando.

West me echó una ojeada de la cabeza a los pies antes de sonreírle


astutamente a Maddox.

―Te gustan algo jóvenes, ¿eh?

Maddox hizo una mueca cuando dije―: Oh no, no estamos juntos así.

West bufó.

―Sí, como si no hubiera escuchado eso antes.

Poniendo los ojos en blanco, Maddox argumentó―: Tiene diecinueve,


estúpido, y crecimos juntos. Su padre pasó un tiempo con Maudie.

West no pareció creerse la explicación de Maddox. Con un guiño, se inclinó


sobre la barra.
―¿Puedo conseguirte algo para tomar, corazón? ¿Quizás algo de leche?

Maddox gruñó con frustración.

―Escucha, hombre, solo danos un respiro. Las últimas veinticuatro horas han
sido un puro infierno.

―Déjame adivinar. ¿La dejaste preñada, sus padres te odian a muerte y ahora
están de camino a Ringgold, la capital del mundo de la fuga a este lado del
Mississippi?

Me sonrojé.

―¿Perdón?

―Lane, está… ―comenzó Maddox.

―¿En serio parezco embarazada tú… tú… idiota?

West se encogió de hombros.

―Tarda un tiempo en notarse.

Le clavé un dedo a Maddox.

―¡No he tenido sexo con él en tres años! ―grité sobre la música. Justo cuando
terminé, me di cuenta de que la rocola se había apagado. Mi afirmación hizo eco en
la habitación, causando que los camioneros se dieran la vuelta y me miraran―. Oh
Dios ―gemí, enterrando la cabeza en las manos.

―Lo dice en serio hombre. Nos… ―Maddox se rascó el cuello e hizo una
mueca―. Nos enganchamos antes de que me fuera a la Armada, pero ahora ya
nada y por supuesto que no nos estamos fugando para casarnos ―dijo Maddox.

―Está bien, está bien, lo siento.

Alcé la cabeza.

―Eso espero.

―Aun así no puedes culparme por pensarlo. Quiero decir, el viejo Mad Dog2
Diaz aquí presente era conocido por ser un mujeriego.

2 Mad Dog, apodo de Maddox, en español sería Perro Rabioso, un juego de palabras con su nombre.
Miré a Maddox y lo encontré con los ojos como platos. Sacudió la cabeza
frenéticamente y le lanzó a West una mirada suplicante.

―¿Acabas de llamarlo Mad Dog? ―pregunté, disfrutando ver retorcerse a


Maddox.

West sonrió.

―Oh, sí. Prácticamente les sacó la bata a todas las enfermeras del hospital.

―¡Viejo, haznos un favor a los dos y cierra la maldita boca! ―gruñó Maddox.

―Está bien, está bien, entendido. ―West alzó las manos en señal de
rendición―. ¿Por qué no me dejas compensároslo con un almuerzo gratis?

Mi estómago rugió ante la mención de la comida.

―Eso sería genial, pero no podemos permitirlo. Quiero decir, ya estás siendo
lo suficientemente amable dejando que nos quedemos esta noche.

―Lane tiene razón ―respondió Maddox.

West asintió.

―Bien entonces. Habrá almuerzo, pero la casa no paga. ¿Por qué no van a la
última cabina del rincón? ―Nos indicó un área apartada de la mayor parte del
ruido y el humo―. Enviaré a Tina para que les tome el pedido.

―Gracias, hombre. ―Maddox agarró su bolso y luego me indicó que pasara


primero. Creo que tenía menos que ver con lo de las damas primero y más con que
quería mantener un ojo en mi trasero en caso de que alguno de los clientes
habituales se pasara de la raya. Me deslicé en la cabina y dejé el libro de Historias
de los Cherokees a un lado de la mesa. Maddox agarró dos menús de detrás del
bote de servilletas y me pasó uno.

A mí y a mi hambre no nos tomó mucho tiempo decidirnos, aunque tampoco


había mucho donde elegir. Tina apareció para tomarnos el pedido con una
camiseta ajustada y pantalones cortos Daisy Duke.

―¿Qué puedo ofrecerles?

―Quiero una hamburguesa de queso con tocino doble, patatas fritas, judías
batidas y una Coca Dietética ―miré por encima del menú y vi a Maddox
mirándome con la boca abierta―. ¿Qué?
―Di que estoy loco, pero creía que las bailarinas de ballet subsistían a base de
apio y tofu.

―Sí, bueno, esta bailarina está extremadamente estresada y quiere la ayuda


de un montón de grasa.

Sonrió y sacudió la cabeza.

―Dame lo mismo. Aunque tomaré una Budweiser.

―Enseguida ―dijo Tina.

Tan pronto como se alejó de la mesa, Maddox se puso manos a la obra. Sacó
un cuaderno y un par de lápices de su bolsa. Abrió el papel con la decodificación
del mapa de Paul y lo deslizó en el centro de la mesa donde ambos podíamos
leerlo. Cuando nos organizamos y estuvimos listos, nos quedamos simplemente
mirando las palabras hasta mucho después de que Tina hubiera regresado con
nuestras bebidas.

Maddox tomó un gran trago de cerveza y se frotó las manos.

―Está bien, esto es lo que pienso. El regalo amarillo tiene que ser oro,
¿verdad?

―Sí, yo también lo creo. Y si el regalo amarillo es oro, entonces el lugar donde


fue encontrado primero tiene que ser Dahlonega, la ex-capital de mina de oro en
Georgia.

Maddox anotó Dahlonega = regalo amarillo en la libreta. Me miró y sonrió.

―¡Oye, hemos descubierto algo!

Me reí.

―Creo que es un poco pronto para estar celebrando.

Se golpeó la sien con el dedo.

―Hay que pensar positivamente.

―Pues siendo positiva, creo que voy a hacer una parada rápida en el baño.

―Ve. ―Maddox giró su cuello hacia la barra―. Oye West, ¿dónde tienes el
baño para niñas?

―Por ahí ―le contestó West, apuntando sobre el hombro.


―Podría haberlo encontrado sola ―murmuré, poniéndome de pie.

Entré y salí deprisa del baño, que no solo tenía el retrete lleno de grafitis, sino
también las paredes. Llegué a la cabina justo cuando Tina estaba dejando nuestros
platos. El mapa fue olvidado momentáneamente cuando el olor celestial de la
grasa invadió mis sentidos. Tomé un bocado gigante de mi hamburguesa. Estaba
tan buena y tenía tanta hambre que prácticamente me la terminé en tres bocados.

Con un poco de esfuerzo, continué.

―Está bien, Paul dijo que los colores y los números eran simbólicos, así que
probablemente deberíamos empezar por ahí. ―Me metí una patata frita en la boca
y busqué el índice de la parte de atrás, encontré la página que quería y comencé a
leer en voz alta―. El simbolismo de los colores jugaba una parte importante en el
sistema chamanista de los Cherokees. Cada uno de los puntos cardinales tenía su
color y significado correspondiente. Los chamanes usaban los colores para invocar
a los espíritus.

Maddox abrió más los ojos.

―¿Así que “poder del blanco” y “mantén a raya al Hombre Negro” nos están
dando direcciones físicas de algún lugar?

Asentí mientras moví mi dedo por los renglones.

―El norte es azul, el sur es blanco, el oeste es negro y el este es rojo.

Una vez más, Maddox escribió en la libreta.

―Está bien, entonces tenemos que buscar primero al sur y después al este.

―Eso parece. ―Fruncí el ceño con frustración cuando leí los renglones otra
vez―. ¿Pero por dónde diablos empezamos?

Nos quedamos sentados perdidos en nuestros pensamientos unos segundos,


hasta que Maddox se inclinó hacia delante.

―Está bien, todo ese “deja el lugar donde hay marcas” tiene que significar
algo. Cuando te vas, vas en una dirección, ¿verdad?

―Sí, ¿y?

―Está bien, fíjate si puedes encontrar algo en el libro sobre un lugar con la
palabra “marca” en el, y yo buscaré en mi móvil.
Mientras Maddox usaba el buscador moderno de Google, hojeé el libro.
Pasaron los minutos, y comencé a ponerme un poco inquieta. Acababa de
confeccionar una lista de posibles lugares cuando Maddox dijo:

―Creo que he encontrado algo. ―Sostuvo su teléfono para que pudiera leer la
pantalla―. ¿Ves esa palabra rara, Datsu’nalasgunyi? significa “donde hay marcas”.

―Espera un segundo. Déjame ver en el índice. ―Después de echarle un


vistazo a las D, contuve el aliento. ―Datsunal’asgunyi o “donde hay marcas” se
refiere al Track Rock Gap a 8 kilómetros fuera de Blairsville en Union Country.
―Levanté la cabeza del libro y sonreí―. Houston, creo que tenemos un lugar real
para empezar.

Maddox rió.

―Oh, sí.

Mientras él escribía Track Rock Gap, saqué de mi mochila la guía de mapas de


Georgia, abrí uno en el que aparecían todos los países del norte e hice un círculo
alrededor de Union. ―Está bien, entonces vamos al sur desde Track Rock Gap y
luego a algún lugar en el este…

―Más allá de las rocas parlantes ―respondió Maddox.

―No, “donde hablan las rocas” no “rocas parlantes”.

―¿Cuál es la diferencia?

―Así como “donde hay marcas”, apuesto a que tenemos que encontrarlo
como “donde hablan las rocas”.

Maddox refunfuñó.

―Lo que sea. ¡Todo suena como si alguien hubiera estado fumando la pipa de
la paz mientras escribía esto!

Ignoré el comentario y comencé a leer sobre nombres de lugares Cherokees


que pudieran estar al sureste de Track Rock Gap. Acababa de ponerle algo de
kétchup a una patata cuando mis ojos aterrizaron en las palabras Roca Parlante.

―Oh, Dios. Aquí está ―grité, pasándole el libro a Maddox.

Comenzó a leerlo en voz alta.


―Aunque Roca Parlante se convirtió oficialmente en un pueblo en 1852, al
principio era un arrollo en Pickens County que fluía hacia el Río Coosawatee. Hay
dos teorías sobre cómo recibió su nombre Cherokee, Nunyu-gunwani’ski, o donde
hablan las rocas. Una dice que los ecos de entre las rocas hacían que pareciera que
había alguien hablando o que las rocas mismas estaban hablando. La otra viene de
una cierta roca cerca del arroyo donde las tribus Cherokees tenían usualmente
reuniones de consejo ―miró hacia arriba―. Bien, entonces. Es Roca Parlante.

Mirando el mapa, le hice un círculo a Pickens County.

―Oye, mira. Coincide con las direcciones también ―dije, yendo con mi dedo
hacia el sur de Track Rock Gap y al este hasta Roca Parlante―. Ahora solo tenemos
que encontrar dónde hay cuevas en Roca Parlante.

―Se supone que están donde Pretty Fawn derramó sus lágrimas…―Maddox
se frotó la barbilla, su peculiaridad usual cuando pensaba mucho―. Los Cherokees
eran como la mayoría de los Nativos Americanos, y ponían nombres de animales a
la gente y todo eso. ¿Y si esta “pretty fawn derramando lágrimas” era una chica?

―Hmm, déjame ver que hay aquí bajo el nombre de Pretty Fawn. —Mientras
leía los títulos, pregunté― ¿Quieres postre?

―¿Aún tienes hambre? ―preguntó Maddox.

Levanté la mirada del libro justo lo suficiente para lanzarle una mirada
desagradable.

―Sí, aún tengo hambre. ¿Tienes algún problema?

Sacudió la cabeza mientras alzaba las manos como si se rindiera mientras


escondía una sonrisa.

―Tranquila. No te enojes. Te conseguiremos chocolate ―llamó a Tina para


que volviera―. ¿Nos traes dos sundaes con caramelo caliente, por favor?

―Ahora mismo.

Sonrió.

―¿Feliz ahora?

―Sí. Gracias.

―¿Has encontrado algo?


Hojeé un par de páginas, buscando desesperadamente cualquier cosa que
mencionara a una cervatilla. Después de que Tina hubiera regresado con nuestros
sundaes, encontré algo.

―Parece haber una leyenda sobre la hija de un Jefe llamada Pretty Fawn y el
hombre blanco del que estaba enamorada.

―¿Por qué tengo esta sensación enfermiza de que va a terminar como el


argumento de una telenovela?

―Bien pensado ―respondí.

Suspiró.

―Bien. Dispara.

―Parece que Pretty Fawn estaba comprometida con un gran guerrero Creek
llamado Águila Gris para pactar la paz entre las dos tribus. Pero ella no amaba a
Águila Gris, sino que se había enamorado de un granjero llamado… ―casi me
ahogo con mi sundae―. No puede ser.

―¿Qué? ¿Cuál es el problema?

―El nombre del granjero era Avery Jensen.

Maddox abrió más los ojos.

―¿Jensen? ¿Cómo el asqueroso que quiere matarnos, Jensen?

Asentí.

―Cuando vino a casa de Maudie por primera vez, mencionó algo sobre que la
pintura estaba conectada con su familia. No tenía ni idea de que era algo así.

―Hombre, eso es serio. ―Sacó una cucharada de helado―. ¿Qué más dice?

―Parece que Pretty Fawn tomó parte de la dote que tenía que darle a Águila
Gris y la enterró en una cueva secreta donde ella y Avery solían encontrarse. Se
suponía que sería el dinero con el que se escaparían. Pero la noche en la que
Pretty Fawn y Avery iban a huir, Águila Gris y algunos de sus guerreros Creeks
atraparon a Avery Jensen y lo asesinaron.

―Eso apesta ―contestó Maddox con la boca llena de helado―. ¿Qué le sucedió
a ella?

Tuve un escalofrío.
―Cuando descubrió lo que le había pasado a Jensen, saltó del acantilado más
alto de las cataratas junto a su lugar de encuentro y se ahogó. ―Mi apetito
desapareció repentinamente, así que alejé mi sundae a medio comer―. Eso es tan
triste.

Maddox frunció el ceño.

―Está bien, saltó, ¿Cómo se enteró alguien sobre el oro o hizo el mapa?

―Eh, no había pensado en eso ―contesté volviendo a leer―. Ah, aquí vamos.
El padre de Pretty Fawn, Onaconah, estaba tan apenado después de su suicido que
veía la dote como dinero de sangre y no quiso tomar parte en ello. Envió a su hijo,
Notley, a la cueva a enterrar el resto del dinero en el mismo lugar donde lo había
escondido Pretty Fawn.

Con un chasquido de los dedos, Maddox dijo:

―¿Y qué te apuestas a que Notley es el que hizo el mapa?

―Y ―hice una pausa, dejando que cayera en cada detalle―, se convirtió en el


jefe que estaba en el retrato de Maudie.

―Maldición… eso es algo serio a lo Sherlock Holmes.

Me reí.

―Sí, ¿verdad?

Maddox deslizó el libro para poder leer.

―La cueva está a tres kilómetros de Roca Parlante caminando más allá del
camino rural de las Cataratas. Los historiadores notan la ironía de la ubicación de
la cueva de Pretty Fawn. Estaba al noroeste de la tribu, y ya que los Cherokees
creían que la dirección del norte significaba derrota y problemas, mientras que el
oeste significaba la muerte, se piensa que Pretty Fawn y Jensen estaban malditos
desde el comienzo. ―Cerró el libro―. Bien. Nada como un poco de supersticiones o
malos augurios con la ubicación de la cueva.

―Al menos sabemos a dónde ir. Aún podríamos estar atascados en el primer
cuadro sobre dónde estaba la cueva.

―Cierto. Muy cierto.

Nos quedamos en silencio por un momento, mirando el mapa con miradas


incrédulas en nuestros rostros.
―No puedo creer que en serio lo hayamos descubierto todo ―dije.

Maddox sonrió.

―Supongo que hacemos un buen equipo, ¿eh? Quizás podamos convertirnos


en luchadores contra el crimen o alguna mierda.

Me reí.

―¿Eso significaría que podemos usar atuendos geniales o tener nombres en


código?

―Quizás. O podríamos convertirnos en agentes del FBI e ir mostrando


nuestras placas.

―Eres un hombre con un plan, eso seguro.

Maddox miró su reloj.

―Ya que el día prácticamente se está acabando, ¿qué te parece si lo dejamos


aquí y seguimos mañana temprano?

―Tiene sentido para mí. ―Miré el bar, que estaba comenzando a llenarse con
parte de la multitud de la noche―. ¿Qué sugieres que hagamos mientras estamos
aquí?

Movió las cejas.

―Todo y nada.

Internamente, gemí. Tenía la sensación de que iba a ser una noche muy, muy
larga.
Traducido por Musa65 & 3lik@
Corregido por Mew Rincone

Acababa de empezar a empacar el libro de Sabiduría Popular Cherokee y nuestras


libretas de pistas en la bolsa de Maddox cuando West se encaminó a la mesa.
Rápidamente deslicé el mapa de nuevo a mi enorme bolso antes de que pudiera verlo.
West arrojaba una moneda arriba y abajo en su palma.

—¿Han terminado, chicos?

—Si, por fin —contesté.

—¿Entonces eso significa que pueden empezar a relajarse? —Maddox se echó a


reír.

—Sí, así es. ¿Qué tienes en mente?

—¿Qué tal un poco de música? —Me encogí de hombros.

—Claro, ¿por qué no? —West asintió y luego se dirigió a la máquina de discos a
través de nosotros. Maddox acababa de tomar un gran trago de cerveza cuando la
canción sonó por los altavoces. Inmediatamente, empezó a ahogarse, arrojando una
corriente de Budweiser sobre la mesa.

—¿Estás bien? —pregunté, pasándole unas servilletas.

—Bien —murmuró, aunque sus rasgos tan habituales parecían haber palidecido.
Entre los episodios de tos, sacó la soda. West llegó paseando de nuevo hacia nosotros
con una sonrisa de come mierda plasmada en su rostro.

—Pensé que debía torturarte un poco con esto. —Maddox lo fulminó con la mirada.

—Gracias, hombre. Realmente aprecio el viaje al pasado.

—¿Cual es el asunto con la canción? —pregunté, mi conocimiento de la década de


los ochentas en metal, bandas de pelo largo venían con Maddox, algunos conciertos. Él
me había pasado la apreciación por el género durante los veranos juntos
West ignoró la mirada suplicante de Maddox. —Sí, es No te olvidaré de Poison —
Arrastró una silla a nuestra mesa. Le dio la vuelta y se sentó a horcajadas, cubriendo con
sus brazos el peldaño superior—. Déjame que te cuente lo que este idiota solía hacer.
Los viernes por la noche en el hospital, teníamos karaoke. Y cada maldita vez, Mad Dog
tenía que cantar No te olvidaré.

—No sabía que podías cantar —le dije a Maddox. West hizo una mueca.

—Confía en mí, él no puede.

Me reí cuando Maddox espetó—: ¡Idiota!

—Amigo, después de lo que nos hiciste pasar, te mereces un poco de burlas.

—¿Así de mal cantaba? —pregunté.

—Nah, no era solo que cantaba la misma canción una y otra vez. Generalmente se
ponía muy borracho antes con cerveza de contrabando y cuando la canción terminaba,
empezaba a llorar sobre esa chica que...

Maddox interrumpió a West con una patada en la espinilla. Ante la mirada


inquisitiva de West, Maddox apretó sus dientes. —Es suficiente.

West se inclino para frotarse la pierna. —Está bien, hombre. Cristo, pero no tenías
porque golpearme tan mierda —Negó con la cabeza—. Deberías de estar bebiendo algo
más fuerte en alcohol que la cerveza —Empujándose fuera de la silla, dijo—: Te voy a
decir el qué. Ya que mi viejo no está aquí esta noche, voy a sacar un poco del mejor
Patrón que tenemos bajo la mesa para ti. —El rostro de Maddox se extendió en una
amplia sonrisa.

—Ahora, eso es algo que recuerdas sobre mí que es bueno —West le guiñó el ojo
antes cojear hacia detrás de la barra. Agarró un par de vasos de chupitos, una gran
botella de lo que supuse era Patrón y a continuación, llegó a nuestra mesa de nuevo.
Sirvió dos vasos llenos y le pasó uno a Maddox.

—Por nosotros, hombre.

—Por nosotros. Águilas Gritonas por siempre —Maddox golpeó su vaso con el de
West y luego bebió el líquido de un trago. Gruñó y se llevó la mano a la boca para
limpiarse los labios. —Es bueno este tequila.

—¿Quieres tomar un trago con nosotros, Lane? —preguntó West, rellenando su


vaso.
Abrí la boca para responder, pero Maddox me hizo callar con una risita. —Amigo, le
estas ladrando al árbol equivocado. Lane no bebe.

West arqueó la ceja. —¿No?

—Si lo hago —protesté.

Maddox negó con la cabeza. —Uno o dos sorbos de cerveza, tal vez. Sabes que no
eres de fiestas.

—Ah, ¿así que ella es realmente una santurrona? —preguntó West.

Maddox sonrió. —Sí, una total niña de coro en zapatos de puntas, nada menos.

—Mmm, una bailarina de ballet. ¡Tienes que ser bastante flexible para todo eso! —
dijo West levantando las cejas con una ligera mueca. Maddox le golpeó el brazo y le lanzó
una mirada de disgusto. Cogí el vaso vacio y lo empujé delante de West.

—Llénalo hasta arriba.

—¿No eres una descarada? —West se rio entre dientes. Me sirvió el trago—. Hasta
el fondo.

A medida que mis labios se cernían alrededor del vaso, cogí a Maddox y a West con
una expresión de intriga. Estaba segura que ellos pensaban que en cualquier momento
me acobardaría. Oh si, se los iba a demostrar. Eché mi cabeza para atrás e ingerí el
contenido de un solo ardiente trago. Mis ojos se humedecieron cuando el tequila se
deslizó por mi garganta para quemar mi estomago. Mi tos se convirtió en un gemido y
luego sonreí dulcemente a sus caras desencajadas.

—Otro.

—Buenísimo, tenemos con nosotros una viva —exclamó West.

Maddox puso su mano sobre la mía y me dio una mirada de advertencia. —Creo
que uno es suficiente.

West no le hizo caso y llenó el vaso hasta el borde. —Oh vamos, Mad Dog, deja que
la chica se deje llevar por una vez. Ella ha tenido la cabeza enterrada en un libro de
mierda mohoso durante horas. —Me dio el trago y luego tomó el suyo—. Salud.

No me atreví a mirar a Maddox. En cambio, hice tintinear mi vaso con West. —


Salud —repetí.

Después de tomarnos los tragos, West se inclinó y me sonrió. Hizo un gesto hacia
donde la variopinta banda había montado un pequeño escenario de madera.
—¿Quieres bailar?

—Claro, yo...

—Olvídalo, hombre. Ella solo tiene diecinueve.

—¿Y? —West respondió, con un brillo en sus ojos.

Maddox le lanzó una mirada asesina. —¿Además del hecho que tú tienes
veinticinco? Digamos que te conozco muy bien.

—Bueno, tendré veinte mañana —argumenté.

—Eso no significa una mierda —gruñó Maddox.

West parecía estar disfrutando con la ira de Maddox. Sus ojos brillaron. —Solo le
pedí bailar, Mad Dog.

—Y yo quiero —le dije, poniéndome entre los dos. Dos tragos de tequila
bombeando en mi sistema me habían llenado con valor líquido. Por supuesto, era con
Maddox y no con West, con el que quería bailar, pero él no estaba mordiendo para el
momento.

West me sonrió. —Puesto que eres la bailarina, dejaré que me guíes.

Con una risita, tomé su mano y lo arrastré hasta la pista de baile. Nuestros cuerpos
se movieron frenéticamente con la rítmica canción. Normalmente hubiera estado tensa
por hacer el ridículo, pero después de cinco minutos, el tequila se hizo cargo de
cualquier tipo de inhibiciones que pudiera haber tenido.

—Así que dime, pies ligeros —gritó West sobre el bajo auge de la banda—. ¿Qué
pasa contigo y Maddox y toda la investigación que están haciendo?

—No es nada en realidad.

West negó con la cabeza. —No, definitivamente es algo. Mad Dog no lee y estoy
seguro como el demonio que no puedo imaginarlo estudiando —Una vez más me
encontré riendo como una cabeza hueca. Estúpido tequila.

—Tienes razón en eso. —Bailé un poco más cerca de West—. No me lo creerías si


te lo dijera.

El alzo una ceja. —Pruébame.

—Está bien. Si quieres saberlo, estamos en busca de un tesoro enterrado.


—Estás bromeando —respondió West con una sonrisa.

—No, lo digo en serio. Es un oro escondido que perteneció a una princesa india
Cherokee llamada Pretty Fawn y ella...

West dio un bufido de desprecio. —Lo que sea. Es una tomadura de pelo y mantén
tu pequeño secreto.

Estaba a punto de discutir con él cuando Maddox le dio un golecito a West en el


hombro. —Voy a interrumpir. —Su tono contundente hizo que mi corazón diera
golpeteos y luché por mantener una sonrisa satisfecha en mi cara.

—Seguro, hombre. —West me hizo girar en torno y golpeé el pecho de Maddox.


Mareada, mis manos se hicieron puños en su camisa para mantener el equilibrio.
Rápidamente me aparté—. Es toda tuya —Me guiñó el ojo antes de irse. Mientras otras
parejas bailaban alrededor nuestro, los dos nos quedamos inmóviles, mirándonos.

—¿Pensé que tu no bailabas? —pregunté finalmente.

—No lo hago. —Se pasó la mano por el pelo—. Pero estoy seguro como el demonio
que no me gusta que bailes con West.

—¿En serio Mad Dog? Después de escuchar más aventuras acerca de tu más que
dudosa reputación, no estoy segura de que deba bailar contigo —dije, manteniendo el
dedo en su pecho—. Podrías tratar de encantar mis pantalones para quitármelos... otra
vez.

Entrecerró los ojos. —Mira, me siento mal por lo que hice y nunca jamás voy a
aprovecharme de ti otra vez. Pero entonces, parece que otra vez estas bien con dejar
que West ponga las manos sobre ti.

Abrí mis ojos ampliamente. —Él no me estaba manoseando. Solo estábamos


haciendo el tonto. No era como si hubiéramos estado intentando follar aquí. —En el
momento que mis palabras salieron de mis labios, me enrojecí. Oh, por Dios, realimente
no debí beber.

Los labios de Maddox se arquearon por mi vergüenza. En lugar de hacerme pasar


un mal rato, se acercó más. Para nuestra sorpresa, la banda cambió a una canción lenta.
Sin apartar sus ojos de los míos, se acercó para enganchar sus dedos en dos de mis
presillas. Frotó los pulgares a lo largo de la tela por un momento antes de acercarme a él.
Cuando mis caderas golpearon las suyas, él soltó la presilla del cinturón y rodeó con sus
brazos mi cintura. Con el tacto de sus dedos rozando ligeramente debajo de mi camisa,
me quedé sin aliento. Respira Lane, solo respira.
Instintivamente, mis brazos rodearon su cuello. Entonces Maddox se apretó contra
mí hasta que estuvimos uno pegado al otro. Cuando apoyé la cabeza en su hombro, su
aliento era cálido contra mi sien mientras nos balanceamos con la conmovedora canción
de amor de la banda.

Dado que estaba sintiendo todo demasiado en ese momento, decidí que era hora de
cambiar el tema. Para romper el silencio, le pregunté: —¿Y qué vas hacer con tu parte
del tesoro?

El se encogió de hombros. —No sé. En realidad no he pensado mucho en ello. ¿Lo


has hecho tú?

—Tal vez.

—Déjame adivinar. ¿Quieres zapatillas de punta con incrustaciones de oro? —Me


preguntó con una sonrisa.

—Ja, ja muy divertido.

—¿Entonces qué?

—No, solo pensaras que es estúpido y seguirás burlándote de mí.

Él golpeó su cadera con la mía. —Vamos dime.

—Bien —resoplé—. Me gustaría ir a Londres para ver actuar al Royal Ballet, y


luego tal vez iría a Rusia para el Ballet de Moscú. Pero no solo quiero ver los ballets más
famosos, quiero ir por toda Europa para ver los lugares sobres los que siempre he leído.
Y luego me gustaría ahorrar algo de dinero, así algún día tendré mi propio estudio de
baile.

En lugar de burlarse de mí, Maddox me dio una sonrisa sincera. —Suena como si le
hubieras dado más que un pensamiento.

—Bueno, siempre he querido viajar.

—Yo también. Pensé que al unirme al ejército sería capaz de hacerlo. Ver todos los
lugares de los que mi padre solía hablar cuando estaba en servicio —Su expresión se
ensombreció—. Pero entonces todo se jodió durante esa misión de práctica. La estúpida
infección por estafilococos me arruino una carrera en el ejército.

Desesperada por abrazarlo, apreté mis brazos alrededor de su cuello en su lugar. —


Lamento mucho lo que te pasó.
—No hay nada que puedas hacer —Un filo frío se deslizó por su voz y supe que
estaba empezando a cerrarse.

—No hagas eso.

—¿Qué?

—Ponerte en plan tipo duro. Está bien sentir cosas y mostrar emociones, Maddox.
Especialmente a mí alrededor.

Entrecerró los ojos. —No tienes que estar toda preocupada por mí. Vi a varios así
cuando estaba en el hospital.

—Si bueno, yo no soy doctor con una bata de laboratorio. Soy tu amiga y me
preocupo por ti, ¿está bien?

—No sé porque lo haces. Te traté como una mierda en el pasado.

No queriendo agregar sal a sus heridas, le respondí: —Oh, vamos. No eras tan
malo.

—Sí, lo era —murmuró entre dientes. Me miró y movió la cabeza—. Si alguien


necesita preocuparse, eres tú. Debe haber algo mal en ti para que quieras estar
alrededor de alguien tan idiota como yo.

A pesar de que no debí haberlo hecho, me eche a reír.

Incredulidad brillo en su cara antes de pasar a la ira. —¿Crees que esto es


divertido?

—No, en realidad no. Es solo, ¿Hola? Éramos jóvenes y tontos. Es muy noble de ti
insistir en llevar la culpa de las cosas que pasaron cuando éramos niños, pero en
realidad, no es necesario. Te lo prometo.

Ante su expresión triste, suspiré. —¡Deja de golpearte a ti mismo! Tuviste algunos


momentos dulces, también. Como cuando siempre tenías cebo para mi anzuelo cuando
íbamos a pescar y siempre me dejabas coger la última paleta incluso cuando realmente
lo querías coger tú. —Antes de que pudiera discutir conmigo, seguí balbuceando—. ¡Y
no nos olvidemos de como tu vieja perra de caza consiguió su nombre! Porque bien,
realmente nunca me gustó preguntar aquello de: “¿A quién estás llamando, a la Lane
humana o a la Lane peluda?”

Arqueó las cejas. —¿Estás segura que no solo es el alcohol el que está hablando?

—No, tonto, no lo es. No tomé mucho de todos modos —protesté.


—Te tomaste dos tragos de tequila y nunca habías tomado antes.

—¿Y?

Un retumbante gemido salió del pecho de Maddox. —Si, Lane, pero además de la
mierda cuando éramos niños, rompí...

Cubrí su boca con mi mano.

—No vamos a ir por ahí de nuevo, ¿de acuerdo? Vamos a quedarnos con el viejo
pensamiento de “se necesitan dos para bailar tango”.

Maddox me sorprendió quitando mi mano, la intensidad ardía tan fuertemente en


sus ojos oscuros que me hicieron sentir escalofríos.

—No, es necesario que me dejes decir esto. He huido el tiempo suficiente de lo que
verdaderamente sentía por ti. Teniendo en cuenta todo lo que estamos pasando, tengo
que hacer esto. Tengo que decirte lo que realmente pasó esa noche.

Tragué saliva. —Entonces dilo —susurré.

—Lane, cuando me dijiste que me amabas, yo no fui honesto contigo. No te dije


que también te amaba porque no quería hacerte daño metiéndote dentro.

Observé su expresión de dolor con incredulidad. —¿Discúlpame? ¿Te das cuenta de


lo retorcido que suena eso?

—Pero es la verdad. Sabía que no era nada bueno para ti —Pasando su pulgar por
mi mejilla, sonrió con tristeza—. Nunca olvidaré la expresión de tu rostro o tus lágrimas.
Durante tres años, he estado llevando este sentimiento de culpa por lo mucho que te
herí. Tenía la esperanza de que lo hubieras superado —que dejarías de preocuparte por
mí por completo. Pero cuando reaccionaste tan fríamente conmigo el primer día donde
Maudie, me di cuenta de que no. Pero aún así no me atreví a decirte cómo me sentí esa
noche porque no quería hacerte más daño de lo que ya lo había hecho.

Me tomó unos momentos para que sus palabras me calaran. —Espera un minuto.
Así que, ¿mentiste presuntamente para herir mis sentimientos? ¿Cuán egoísta es esa
mierda? ¿Qué hay de lo que yo sentía —lo que siento? —exigí.

—Te juro que no lo hice por ser egoísta.

—Oh, por favor.

Su rostro se ensombreció. —¡Maldita sea, te estoy diciendo la verdad! Por primera


vez en mi vida, quería ser justo y honesto con una chica porque me importaba. Yo
quería que te olvidaras de mí. Quería que reaccionaras y que te dieras cuenta de lo
estúpida que eras por tener sentimientos por mí.

Lo miré. —Déjame adivinar, yo fui «estúpida», como dices, por preocuparme por
ti, porque tú nunca podías sentir algo por mí, ¿cierto? Yo no iba a fiestas o salía con los
chicos, y simplemente era una rígida princesita que habías tenido que soportar desde
que eras un niño. —Me alejé de su abrazo—. Por no hablar que cuando se trataba de
apariencias, estabas totalmente fuera de mí alcance.

Maddox se me quedó mirando como si me hubieran crecido cuernos. —¿Cómo


puedes pensar realmente esas cosas?

—¿Y por qué no? —exigí, cuando la ira y el dolor se arremolinaban dentro de mí,
las lágrimas picaban en mis ojos. Lo empujé lejos de mí y empecé a caminar hacia donde
West estaba sirviendo las bebidas. Golpeando mi palma en la barra, grité—: Dame dos
tragos más.

West me rodó los ojos. —¿Crees que podrías llamar más la atención, Señorita
Menor de Edad?

Sabiendo cómo atraer a un hombre como él, me incliné sobre la barra, dejando que
tuviera un buen vistazo en el interior de mi camisa. Batí mis pestañas y le lancé una
sonrisa triunfante. —¿Por favor?

Con una sonrisa lasciva, West sirvió dos tragos y los deslizó hacia mí. —Aquí
tienes, dulzura.

—Gracias, lindo. —Le di un guiño coqueto cuando Maddox se acercó.

—No hemos terminado de hablar, Lane.

—Sí, bueno, pero tus pequeñas declaraciones me hicieron necesitar más tequila —
Me tomé el chupito de un solo trago, dejando que el líquido quemara mi garganta.

—¿Pagas tú Mad Dog, o tengo que tratar algún pago con ella? —bromeó West.

El rostro de Maddox enrojeció de sus mejillas hasta su cuello. Arrojó uno de veinte
en la cara de West. —Creo que ella está cubierta —gruñó.

West resopló antes de verter otro trago para Maddox. —Aquí tienes, amigo.
Obviamente, necesitas algo más de esto para sacar ese palo de tu culo.

Me reí cuando me bebí el segundo trago. El trago de tequila me hizo estremecer de


pies a cabeza.
Pasando mis manos por mis caderas, incliné mi cabeza hacia Maddox. —Así que,
vas a quedarte ahí mirándome, o ¿vamos a bailar un poco más?

La banda había cambiado a una canción animada, una un tanto sensual. Incluso
con todos los camioneros y provincianos mirando, la pista de baile parecía algo sacado
de la escena inicial de Dirty Dancing con todos los roces y caricias. Un brillo perverso se
posó en los ojos oscuros de Maddox. —Está bien, Princesa. ¿Quieres bailar? Pues
bailemos.

Maddox tomó mi mano y me arrastró tras de sí a la pista de baile. Me atrajo con


fuerza a su cuerpo para que pudiéramos estar pegados el uno al otro. Sus dedos se
clavaron en mis caderas antes de que rozara su ingle contra mí al ritmo de la canción. Di
un grito ahogado cuando el calor comenzó a agitarse por debajo de mi cintura con el
contacto. Mis pechos se frotaban con dureza contra los firmes pectorales de Maddox,
haciendo que mis pezones fueran guijarros debajo de mi camisa.

Sus manos dejaron mi cintura para acunar ambas mejillas de mi trasero. Cuando
chillé por sus acciones, amasó mi piel con sus manos. —Querías bailar, ¿no? —exigió.

—Sí —murmuré.

Una de sus manos dejó mi trasero y la serpenteó por mi espalda. Sus dedos se
enredaron en los hilos empapados de sudor de mi cabello, tiró mi cabeza hacia atrás para
que le mirara. —No te oí, Lane. ¿No quieres bailar?

—Sí —respondí.

—Entonces espero que estés disfrutando de esto.

Teniendo en cuenta su media erección frotándose contra mi estómago, incliné mi


cabeza hacia él. —Pensaría que tu también lo haces —repliqué antes de bajar la mirada
a su entrepierna.

Sus ojos perforaban los míos. —Francamente, creo que es una mierda que tú seas
la que lleve la dirección, no yo, pero mi pene tiene mente propia.

Ríos salados de sudor corrían por mi espalda por nuestros esfuerzos. El aliento de
Maddox quemó contra mi oído. —Así que, ¿vas a dejarme terminar de hablar contigo
ahora?—A pesar de que lo había preguntado, me di cuenta de que no iba a aceptar un no
por respuesta.

—Mmm, mmm —murmuré, mi mente perdía en la niebla que el cuerpo de Maddox


me causaba.
La banda cambió de canción y Maddox me alejó de él. Nos quedamos mirándonos el
uno al otro, el pecho nos subía y bajaba, mientas intentábamos atrapar el aliento y salir
de la bruma de nuestros sexos. Mientras las parejas bailaban lento a nuestro alrededor,
aún nos manteníamos separados.

Posando una mano en mis caderas, dije—: Bueno, ¿por qué no fui estúpida como
para pensar que no podías preocuparte por mí?

Maddox rodó los ojos. —Lane, ¿no lo ves? No quería que te enamoraras de mí,
porque yo no era lo suficientemente bueno para ti.

Mi boca se abrió en shock. Ciertamente no lo había oído bien. ¿Cómo era


remotamente posible que el Sr. Encantador Díaz pudiera pensar que no era lo
suficientemente bueno para mí? —¿D…discúlpame…me? —farfullé.

Él levantó las manos. —Jesús, ¿cómo lo hago sencillo para que me entiendas?
Estaba enamorando de ti. Y estaba tan asustado por lo del Ejército y lo que significaba
para nosotros cuando me enlisté. Por no hablar del hecho de que tenías apenas
dieciséis. No creo que fuera justo para ti pedirte que renunciaras a gran parte de tu vida
por esperarme.

Parpadeé un par de veces mientras intentaba procesar sus palabras. —Espera...


¿quieres decir, que realmente te importaba, y yo no estaba haciendo toda la cosa en mi
mente?

—Por supuesto que sí —me dio una sonrisa tentativa—. ¿Cómo no iba a
importarme alguien tan increíble y maravillosa como tú?

Espera, ¿él pensaba que yo era increíble y maravillosa? De alguna manera por la
intensa música de la banda pensé que podría posiblemente no escucharle bien.
Sacudiendo mi cabeza, contrarresté. —Pero si era sólo la cosa de la edad y el ejército,
habría preferido mucho más esperarte en lugar de pensar que fui rechazada.

Maddox hizo una mueca. —Porque realmente estaba pensando en ti, en vez de mí.
Tenía la esperanza de que si te hería lo suficiente, ibas a encontrar a alguien que fuera
realmente merecedor de ti—alguien que no estuviera jodido y dañado desde su infancia.
Necesitabas a alguien quien te tratara como te merecías y pudiera darte la luna y las
estrellas —Una triste sonrisa se formó en sus labios—. Pero por mucho que luché para
olvidarte y luché como el infierno, nunca pude dejar de tener sentimientos por ti...
cariño por ti.

Tomé un tremendo aliento. —Entonces, ¿la canción de Poison? Era por...

—Ti.
Lo siguiente que supe es que me estaba atrayendo hacia él para que nuestros
rostros estuvieran a pocos centímetros de distancia. No podía creer que este momento
realmente estuviera sucediendo. Maddox estaba de pie delante de mí admitiendo que le
importaba. Me miró a los ojos, buscando en ellos por lo que pareció una eternidad. Fue
tan intenso que tuve que luchar para recuperar el aliento. —Lane, yo...

Sabía que él estaba luchando con las palabras—palabras de las que estaba bastante
segura que sólo las había dicho a sus padres, su hermana, y a Maudie. Pero aún tenía
ganas de oírlo decírmelas a mí. Apretó la mandíbula con frustración. Por último,
prácticamente gruñó—: ¡Oh, a la mierda! —Agarró mi cara entre sus manos—. ¡Te amo,
Lane!

Cerré los ojos para aquietar el salón dando vueltas. Su confesión, junto con el
alcohol, me había enviado en un emotivo carrusel fuera de control. Después de todo este
tiempo, realmente le importaba más que una amiga. Más que eso, él me amaba. Todos
estos años, me había permitido fantasear acerca de un momento como éste —uno
donde Maddox venía precipitado para decirme que yo era su inigualable. Por supuesto,
nunca imaginé que estaríamos escapando de un buscador de tesoros sediento de sangre
o de pie en medio un bar de mala muerte. Su confesión, junto con las últimas
veinticuatro horas, era demasiado, y me tambaleé sobre mis pies.

—Lane, ¿estás bien? —preguntó Maddox.

Levanté la mirada para ver a dos de él, que me miraban con preocupación. —
Teniendo en cuenta que estoy viendo doble, probablemente no.

—Maldita sea. ¡De todas las veces que tenías para emborracharte! —Luego pasó
un brazo alrededor de mi cintura como apoyo y me empezó a sacar de la pista de baile.
Me dirigió hacia la barra, donde West estaba mezclando bebidas.

—Oye hombre, nosotros terminamos por hoy.

West deslizó dos vasos llenos de alcohol oscuro hacia Tina antes de mirarme
fijamente. —Oh sí. Ella esta fuera —respondió. Sus manos buscaban debajo de la barra
antes de reincorporarse con una llave—. Aquí tienes. Hay sábanas limpias sobre la
cama, y debe haber algunas toallas limpias en el armario. —Señaló con el pulgar hacia la
cocina—. Pasen por allí y giren a la derecha por la puerta trasera. La habitación está
subiendo las escaleras.

—Gracias —dijo Maddox, tomando la llave.

—Buenas noches cosa bonita —bromeó West.

—Buenas noches —murmuré.


—Idiota —dijo Maddox por encima del hombro mientras me empujaba hacia la
cocina. Me tropezaba un poco a medida que hacíamos nuestro camino a través de las
cajas y equipos. Además de la sensación de mareo, me sentía como si alguien me
estuviera apuñalando entre los ojos con un picahielos. El momento en que llegamos
fuera, suspiré con alivio. Tragué una bocanada de aire fresco no contaminado por el
humo de cigarrillo.

—Vamos. Sólo un poco más —dijo, empujándome hacia la derecha.

Cuando se detuvo, levanté la cabeza y miré el tramo de escaleras. Parecían una


espiral hasta el infinito y más allá. Ante el pensamiento de subirlas hizo que la banda en
mi cabeza golpeando el metal empeorara.

—No puedo llegar allí —me quejé.

—No tienes que hacerlo —Entonces Maddox tomó mi brazo y se lo echó al


hombro. Luego se inclinó sobre mí y pasó un brazo bajo mis rodillas. Con un rápido
movimiento, me levantó de mis pies. Mis ojos se abrieron con horror. —¿Vas a
cargarme?

—Dijiste que no podías hacerlo.

—Sí, pero no me refería a que lo hicieras tú. Esto es embarazoso —gemí.

—¿Embarazoso? —cuestionó Maddox con un resoplido.

—Sabes lo que quiero decir —arrastré las palabras. El alcohol parecía tener un
efecto aún mayor sobre mí.

—Sí, bueno, independientemente de cómo lo digas, prefería que pensaras que era
romántico —murmuró Maddox.

Cuando levanté la mirada, vi el destello de su expresión herida antes de que él


endureciera su rostro.

—Oh, lo siento. No me di cuenta que estabas tratando de ser romántico.

Maddox rodó los ojos. —Bien, mejor que te agarres fuerte. Odiaría dejar caer tu
trasero indefenso por las escaleras.

Con un chillido, llevé mi otro brazo alrededor de su cuello y apreté mis manos.
Nuestros rostros estaban a pocos centímetros de distancia, y la mezcla embriagadora de
su olor amaderado y tequila invadió mis embriagados sentidos. —Eres taaaan fuerte,
Maddox.
Cuando levanté la mirada hacia él, resopló frustrado. —No puedo creer que te hayas
emborrachado tanto que no puedas mantener en pie tu propio trasero. Literalmente.

Hipeé. —Sí, bueno, tú... tú no deberías haberle dicho a este tipo… — Miré hacia
Maddox. ¿De nuevo, cuál es el verdadero nombre de Sebastián?

La diversión brillaba en los ojos de Maddox. —Quieres decir West.

—Cierto. West. No debiste haberle dicho a West que yo no bebía. Odio cuando me
desautorizan... Quiero decir, me subestiman. Has hecho esa mierda desde que éramos
niños.

—Sí, bueno, el primer trago de tequila me demostró que estaba equivocado,


princesa. Los dos últimos fueron principalmente por emoción—ira y frustración.

—Sí, y ¿quién tiene la culpa de eso? —el esfuerzo de discutir, junto con la mención
de mi consumo de cuatro tragos de Patrón, hizo que mi estómago se revolviera y se
agitara—. Oh Dios. No vuelvas a hablar de alcohol de nuevo —gemí cuando llegamos al
rellano.

—¿Puedes sostenerte por ti misma? —preguntó Maddox.

—Creo que sí.

Maddox me bajo lentamente sobre el suelo. A medida que mis piernas temblaban,
me aferraba a su cuello como si mi vida dependiera de mantenerme en pie. —Whoa,
agárrate —instó.

En mi estado de embriaguez, no pude evitar los escalofríos de emoción que


corrieron arriba y abajo por mi espina dorsal por la sensación de estar pegada contra su
duro pecho y sus abdominales. Estar sostenida en sus brazos tenía un efecto
vertiginoso. Cerré los ojos y me acurruqué más cerca de él, inhalando su camisa.

Preocupado, Maddox dijo—: Lane, tengo que abrir la puerta.

—Pero me gusta estar aquí —murmuré soñolienta.

Suspiró. —Vamos. Tenemos que entrar para que puedas acostarte —Mientras yo
mantenía mi cabeza en su pecho, me movió un poco hacia la izquierda—. Vamos,
déjame hacer esto —Me apoyó contra la pared, manteniendo una palma extendida
contra mi abdomen para sostenerme. Luego abrió la puerta. Su mano dejó mi abdomen
para envolverla alrededor de mi cintura. Me condujo lentamente dentro.
Ambos miramos alrededor de la habitación, tenía el papel tapiz despegado, una
pequeña cocina y sillas con respaldar recto. Se veía como algo salido de un mal
programa de televisión de los 70s.

—Ah, una sola cama —Una sonrisa burlona brilló en el rostro de Maddox—. Eso
debería ser agradable y acogedor.

Y fue entonces cuando vomité.

Todo encima de Maddox.


Traducido por Mew Rincone
Corregido por Ahriel

Mis párpados aletearon mientras recuperaba la consciencia. El olor a humo


mezclado con leche agria llenó mis fosas nasales. Me di cuenta de que estaba tendida
boca abajo sobre un colchón raído. Me moví y el dolor atravesó mis brazos y piernas.
La oscuridad me envolvía por todas partes a excepción de un pequeño rayo de luz que
entraba por la agrietada puerta del baño. Por el sonido del agua corriendo, asumí que
Maddox se estaba duchando.

Gimiendo, me di la vuelta en la cama. El pequeño esfuerzo hizo que la cabeza me


diera vueltas. El aire frío contra mis piernas hizo que notara la ausencia de pantalones.
Un tanteo rápido de mi mano sobre mi abdomen desnudo reveló que también estaba
sin blusa.

—¿Pero qué…? —Una mezcla de rabia al rojo vivo y vergüenza me recorrió.


Maddox me había desnudado mientras estaba desmayada. Justo cuando pensaba que
el caballero en él había superado al imbécil, iba él y me demostraba que estaba
equivocada.

Me levanté de la cama, lo que hizo que la habitación se inclinara y girara a mí


alrededor. Mientras me llevaba la mano a la frente para calmar el torbellino
enloquecedor, los acontecimientos de la noche pasada volvieron a mí con tanta fuerza
que me estremecí. Todas y cada una de las palabras que Maddox me había dicho se
reprodujeron como una película en mi mente. Oh. Dios. Mío. Maddox me había
limpiado. Él se había preocupado por mí todos estos años y seguía haciéndolo.

Y en lugar de decirle que todavía lo amaba, me había emborrachado... y luego le


vomité encima. La bilis subió por mi garganta y corrí lo mejor que pude todo el camino
hacia el cuarto de baño. No quería ver más de Maddox de lo que necesario, pero no
tenía elección. Cuando llegué al baño, oí un gemido que venía de dentro de la ducha, y
mis ganas de vomitar se desvanecieron rápidamente.

A través de la débil excusa de cortina de ducha, se podían apreciar todos los


rasgos cincelados del cuerpo desnudo de Maddox. Pero en lugar de estar limpiándose
el sudor y la suciedad del día, su enjabonada mano llevaba a cabo un propósito mucho
más definitivo. Esta se deslizaba de arriba abajo sobre su tensa erección.

A pesar de que cada fibra de mi ser me decía que saliera como alma que lleva el
diablo de allí, me quedé congelada en el lugar, hipnotizada por las reacciones de su
cuerpo a lo que estaba haciéndose a sí mismo. Con la otra mano apoyada por encima
de su cabeza en el sucio azulejo, presionaba la cabeza contra sus musculosos y
tatuados bíceps. Su rostro estaba girado hacia mí, pero afortunadamente tenía los ojos
cerrados debido al éxtasis. Emitía pequeños gemidos y gruñidos.

El latido de mi corazón retumbaba en mi pecho y un fuego lento y constante


llenaba mi mitad inferior mientras observaba lo que él estaba haciendo.

—Oh Dios —gemí en voz baja antes de poder detenerme. Gotas de sudor
crepitaban sobre mi piel, y no era a causa del vapor caliente. La humedad llenó mis
bragas mientras mis pezones se endurecían bajo mi sujetador.

Pero después de un momento, la claridad irrumpió a través de la bruma de mi


lujuria. Me di cuenta de que no era más que una Peeping Tom3 excitándome viendo a
Maddox dándose placer a sí mismo, así que me di la vuelta, lista para salir corriendo
del cuarto de baño. Y entonces el gruñido gutural de una palabra hizo que me
congelara.

—Lane.

Mi mano se paralizó en el pomo de la puerta mientras mi respiración ya frenética


aumentaba a un nivel de total jadeo. Mierda, ¿me había pillado? Girándome
lentamente, mi hambrienta mirada se centró en él de nuevo. Afortunadamente, sus
ojos aún estaban cerrados.

—Oh joder, sí, Lane —murmuró y comenzó a bombear con su mano más rápido y
más duro. Sus palabras causaron que una oleada de vértigo llenara mi mente y tuve
que agarrarme al fregadero para sujetarme o podría carme al suelo. Maddox estaba
fantaseando conmigo… Maddox estaba llamándome a mí.

Sin pensar, alargué la mano y agarré la cortina de la ducha. Maddox saltó tan
fuerte al girarse que su espalda se estrelló contra las baldosas del otro lado. Sus
bronceados rasgos palidecieron ante mi aparición, mientras sus cejas se alzaban hasta
el nacimiento de su pelo.

3. Tom el mirón, un personaje de la leyenda de Lady Godiva que no pudo resistir la tentación de
mirar a la mujer por un agujero. Peppin Tom es definición de mirón.
—¿Pero qué…?

No le di la oportunidad de preguntar por qué diablos estaba de pie delante de él


en mi ropa interior, observándolo. En cambio, me metí en la ducha sin ni siquiera
quitarme el sujetador y las bragas. Sus ojos, nublados por la sorpresa y la lujuria
insatisfecha, se empaparon de mi apariencia. Completamente mojada después de unos
segundos bajo el agua, me acerqué hasta que solo nos separaban unos pocos
centímetros. El calor irradiaba de su cuerpo y quemó el mío. Mil pensamientos y
emociones no dichas se arremolinaban en mi mente listas para salir. Pero en vez de
decir algo, alargué mi mano para envolver tentativamente mis dedos alrededor de su
dura erección.

Los ojos oscuros de Maddox se agrandaron.

—Lane...

—Has dicho mi nombre —le susurré.

Él hizo una mueca.

—Sí... Yo, eh, bueno, nosotros prácticamente estuvimos follando en la pista de


baile esta noche. Así que algo de eso me golpeó al haberte visto en sujetador y tanga
cuando te desnudé.

Incliné la cabeza hacia un lado mientras lo apretaba un poco más en mi mano.

—¿Así que, simplemente era la imagen más conveniente en la que podías pensar
para hacerte una paja? —repliqué.

El pecho de Maddox subió y bajó tanto por mi agarre como por mi pregunta.

—No —murmuró.

—Entonces, ¿por qué?

Su cuerpo se estremeció cuando ralenticé mis movimientos. Sus oscuros ojos me


perforaron.

—Porque a pesar de que no debería y aunque no esté bien, te deseo.

Mi latido galopó salvajemente ante su admisión.

—Entonces tómame.

Apretando la mandíbula, Maddox negó con la cabeza.


—No puedo. No con toda esta mierda de vida y muerte a nuestro alrededor.

Le lancé una mirada mordaz.

—¿Así que prefieres masturbarte en la ducha con restos de jabón a tener sexo
conmigo?

—Simplemente no quiero hacerte daño de nuevo.

Avanzando poco a poco más cerca de él, le dije—: Te lo haré saber si eres
demasiado rudo.

—Eso no es lo que he querido decir y lo sabes —gruñó.

Se puso tenso cuando deslicé un brazo alrededor de su cuello.

—La única forma en la que podrías volver a lastimarme sería huyendo lejos, y
por cómo lo veo, estamos juntos en la huida ahora.

—No bromees con esto, Lane.

Suspiré.

—Bien entonces. Eso no cambia lo que siento.

—¿Todavía me deseas? —preguntó con incredulidad.

—Mmm, mmm… —Rápidamente, le pregunté—: Y a pesar de lo que tu mente y tu


corazón te están diciendo, tu cuerpo me desea, ¿verdad?

—Sí —respondió en un gemido casi agonizante.

Acerqué los labios a su oreja y le susurré—: Y me amaste una vez.

Se echó hacia atrás para mirarme con los ojos muy abiertos.

—Incluso con todo ese tequila, ¿te acuerdas de lo que te dije en la pista de baile?

—Digamos que un poco de todo volvió a mí —le sonreí—. Cuando se trata de


esto, siempre has sido el único, Maddox. Desde que tenía catorce años, no ha habido
otro hombre para mí, y nunca lo habrá.

Una sonrisa vacilante jugó en boca de Maddox.

—¿Así que todavía me quieres?

Inclinando mi cabeza hacia él, le pregunté—: ¿Ahora quién está siendo estúpido?
Él se echó a reír. —Te quiero, Lane.

—Y yo te quiero a ti, Maddox.

Cuando finalmente llevó sus labios a los míos, cada molécula de mi cuerpo
explotó, y me estremecí. Luché contra el impulso que pellizcarme para asegurarme de
que todo esto era real, y que no estaba teniendo algún tipo de alucinación tardía por el
alcoholismo. Pero entonces, cuando la lengua caliente de Maddox se deslizó en mi
boca, supe que era, oh, muy real. Me alcé para pasar mis brazos alrededor de su cuello.
Sus labios fueron lentos y suaves al principio, pero luego ambos nos volvimos
hambrientos. Supongo que el ser disparados y huir de matones realmente aumenta la
pasión.

Estuvimos besándonos lo que me pareció una deliciosa eternidad, hasta que ya


no pude ignorar más la dureza presionándose contra mi abdomen. Cuando la erección
de Maddox latió contra mí, supe que necesitaba atención.

Alejando mis labios de los suyos, empecé deslizarme hacia abajo por su cuerpo.
Cuando estuve casi arrodillada delante de él, Maddox me agarró por debajo de los
brazos y me levantó.

—No lo hagas, Lane.

Mientras yo deslizaba una mano sobre su tensa erección, respondí—: Necesitas


esto y no conseguí hacerlo por ti la última vez.

Negó con la cabeza.

—De ninguna manera voy a permitir que mi chica me sirva sobre sus rodillas en
esta asquerosa ducha —antes de que pudiera protestar, cerró el grifo y salió de la
bañera. Sus fuertes manos se posaron en mi cintura antes de que me levantara sobre
el borde. Una vez más, deslizó su brazo bajo mis rodillas para llevarme fuera del baño.

—¿No nos secamos? —pregunté.

Me dedicó una sonrisa maliciosa.

—Me gustas más así, mojada.

Ya que no podía discutir con eso, mis labios se lanzaron a mordisquear y aspirar
a lo largo de su cuello, lo que le hizo gemir. En una maraña de brazos y piernas, nos
derrumbamos sobre el colchón desvencijado. En un instante, Maddox me despojó del
sujetador y de las bragas. Entonces él volvió a poner sus labios en los míos. Nuestras
lenguas se enfrentaban entre sí mientras Maddox movía su erección entre mis piernas.
Levanté las caderas para encontrarme con las suyas, con ganas de tenerlo dentro de
mí. Él se apartó cuando estuvimos un poco demasiado cerca.

—Espera un minuto, cariño. No podemos hacer esto sin protección.

—Estoy tomando la píldora —jadeé.

Negó con la cabeza.

—No voy a arriesgarme a nada contigo, Princesa. Todavía no.

Le sonreí tímidamente mientras él luchaba por encontrar su pantalón en el suelo.


Después de andar en el para sacar un condón de su cartera, hizo una mueca.

—Maldita sea, solo hay uno.

Sosteniéndome sobre un codo, le disparé una mirada de complicidad mientras él


arrancaba el papel de aluminio.

—Supongo que los utilizaste todos montándotelo con todas las enfermeras del
hospital, ¿eh?

La expresión de Maddox se ensombreció.

—A pesar de lo que dijo West, no lo hice con tantas enfermeras.

Antes de darme cuenta, se había deslizado el condón y me cubría de nuevo con su


cuerpo sobre el colchón. Sus ojos oscuros me miraron fijamente

—Créeme cuando te digo esto, Lane, no importa con quién haya estado después
de ti, siempre deseaba que fueras tú.

Las palabras de Maddox me dejaron sin aliento y luché para conseguir llevar aire
dentro y fuera de mis pulmones.

—¿De verdad? —jadeé.

Él asintió con la cabeza.

—Quería que fueran tus labios los que me besaran —llevó su boca a la mía,
chupando tiernamente mi labio inferior entre los suyos—. Y tus tetas las que estaba
tocando. —Tomó mi pecho, palpando la carne sensible en su mano—. Más que nada,
deseaba estar enterrado en tu interior. —Deslizó la otra mano entre mis piernas,
haciéndome gemir. Justo cuando sus dedos estaban llevándome a un frenesí de lujuria
y estaba empapada de necesidad, apartó la mano, haciendo que gimiera—. Pero yo
nunca he querido sólo tu cuerpo, Lane. Siempre he querido tu corazón. Simplemente
estaba demasiado asustado para pedirlo.

—Siempre fue tuyo —jadeé, mi pecho subiendo y bajando en desesperados


jadeos —. Mi corazón, cuerpo y alma siempre han sido y siempre serán tuyos, Maddox.
—Alcé las manos para ahuecar su rostro—. Ahora, hazme el amor.

Sonrió

—Estaré feliz de hacerlo.

Posándose entre mis piernas, guió su erección hacia mis pliegues. Con un solo
golpe, fuimos uno solo una vez más, igual que aquella noche bajo las estrellas hace
tantos años. Suavemente, se llevó a sí mismo dentro y fuera de mí en movimientos
largos y pausados. Nuestros ojos se quedaron fijos el uno en el otro mientras nuestras
respiraciones se alzaban y caían al unísono.

—Te sientes increíble —murmuró.

Sonreí.

—Tú también.

—¿Está bien así? —preguntó sobre su lánguido ritmo.

—Tómame como sea que quieras tomarme, Maddox. Rápido, duro, lento, soy
tuya.

—Si insistes —guiñó un ojo antes de deslizarse fuera de mí—. Date la vuelta —
ordenó. Dándome la vuelta, esperé sobre mi estómago. Entonces me hizo ponerme
sobre mis rodillas—. Agárrate de la cabecera. —Mis dedos buscaron la estructura de
hierro de la desvencijada cama. Cuando sujeté la cabecera, Maddox se estrelló contra
mí, haciéndome jadear.

—Oh mierda, ¿lo he hecho muy duro? —preguntó con pánico mientras se salía.

—No, no, está bien.

—¿Estás segura?

Echando un vistazo por encima del hombro, le sonreí maliciosamente.

—Házmelo como tú quieras, Mad Dog.

Los ojos de Maddox se estrecharon.


—No me llames así nunca más. Eso es el pasado, y esto es el futuro —se metió
dentro de mí otra vez—. Para ti soy Maddox, no Mad Dog.

Di un grito ahogado.

—Está bien, entonces. Házmelo como tú quieras, Maddox.

Se lamió los labios.

—Está bien, nena, lo tienes —gruñó cuando se estrelló contra mí de nuevo. Esta
vez era muy diferente a la primera, pero yo no iba a quejarme ni un poco. Con cada
embestida, mis manos hacían que la cabecera de hierro golpeara contra la pared, por
no mencionar que el chirriante colchón gemía bajo nuestros esfuerzos.

Cuando Maddox salió de nuevo, gemí. Antes de que pudiera preguntar, se puso
debajo de mí. Se recostó contra el cabecero. Cogiendo mis manos, las puso sobre sus
hombros y me instó a ponerse a horcajadas sobre él. Ante mi expresión interrogante,
él sonrió.

—Quiero poder ver tus ojos cuando te corras.

Mi corazón se aceleró al escuchar sus palabras mientras acomodaba mis caderas


hasta deslizarlo de nuevo en mi interior.

—Yo también quiero verte.

Maddox apartó los largos mechones de mi cabello fuera de mi cara. Capturando


mi barbilla con los dedos, llevó sus labios a los míos. Me levanté y caí sobre su
erección mientras su lengua empujaba dentro y fuera de mi boca. Sus manos dejaron
mi pelo para agarrar mis caderas, apretándome más duro y más frenéticamente
contra él. Cerré los ojos, sintiéndome cada vez más y más cerca. Cuando la mano de
Maddox se deslizó entre mis piernas hacia el lugar donde nos uníamos, me estremecí.

—¡Oh Maddox! —lloré mientras empezaba a llegar al límite.

—Abre los ojos, Lane —me ordenó.

A medida que empezaba a convulsionar a su alrededor, abrí los ojos. Mi mirada


se quedó fija en la de Maddox mientras cabalgaba sobre las olas de mi orgasmo. Él
siguió empujando con sus caderas hasta que él también se vino. Sus ojos sólo dejaron
los míos cuando su cabeza cayó hacia adelante sobre mi pecho. Luego llevó las manos
a mi espalda para pasar los dedos como plumas en movimientos lentos de arriba a
abajo. Después de varios segundos de tratar de recuperar el aliento, se rió entre
dientes. Levantó la cabeza, y me sonrió.
—Tres años y aún lo tenemos.

Inclinando la cabeza, sonreí.

—No lo sé. Creo que puede que hayamos mejorado un poco con el tiempo.

—Puede que tengas razón en eso, Princesa. —Maddox rozó mi labio inferior
juguetonamente con sus dientes—. Pero sigo pensando que la práctica hace al
maestro —dijo con una sonrisa maliciosa.

—Por supuesto que sí. —Bajé de su regazo para acurrucarme contra su costado.
Pasó un brazo alrededor de mis hombros, acercándome más a él. Nos quedamos en
silencio durante varios minutos. Entonces me acordé de lo que había causado esto y
me había hecho ir al baño—. Por cierto, ¿dónde está mi ropa?

—La metí en la lavadora de la planta baja después de que vomitaras en ella.

Fruncí el ceño.

—Espera, te vomité a ti.

—La primera vez, sí. La segunda vez, lo hiciste sobre ti misma.

Gimiendo, me froté la frente.

—Qué vergüenza.

Él sonrió.

—Oye, es perfectamente normal que vacíes las tripas la primera vez que pillas
una buena borrachera.

—Si tú lo dices.

Maddox marcó un camino juguetonamente con su dedo de atrás hacia adelante a


través de mi clavícula.

—Sabía que te molestaría que te hubiera desnudado, pero tenía que hacer algo.

—No, no pasa nada. Hubiera sido peor despertar acostada sobre mi vómito. —
Sosteniéndome sobre un codo, le sonreí—. Además, ¿cómo podría estar enfadada
contigo cuando simplemente estabas cuidando de mí? —Tiernamente le besé el lado
izquierdo del pecho—. Realmente tienes un buen corazón, Maddox.

—Es todo tuyo, nena.


—Me lo quedo. —Inclinándome, deposité un beso en sus labios. Cuando me
aparté, reí—. ¿Quién habría pensado que se necesitaba que huyéramos de unos
buscadores de tesoros para que volviéramos a estar juntos?

—O que estar en un entorno tan lleno de mierda conseguiría ponernos tan


calientes —reflexionó Maddox.

Contemplé nuestro triste entorno y le di la razón.

—Tal vez cuando toda la locura se haya calmado, podamos cambiar nuestra parte
del oro e ir a algún lugar muy romántico.

Él gimió.

—¿Ahora voy a tener que ser romántico también?

Me reí y froté el rostro contra su pecho.

—Oh, sí. Y vas a tener que estar en una relación. Sólo tú y yo.

—¿Nunca has oído hablar de los pasos de bebé?

—No en lo que a esto respecta. Es todo o nada. Mejor aún, soy todo o nada.

—Bien —resopló. Pero cuando alcé mi cabeza para mirarlo a los ojos, sonreía—.
Bueno, creo que es hora de que consigamos dormir algo.

Cuando empecé a alejarme hacia mi lado de la cama, envolvió sus brazos


estrechamente a mi alrededor.

—No, podemos quedarnos justo así.

No traté de ocultar mi tonta sonrisa cuando apoyé la cabeza en su pecho. A


medida que empezaba a ir a la deriva en un feliz sueño, supe que incluso si no
encontráramos el oro de Pretty Fawn, toda esta aventura habría valido la pena solo
por el hecho de haber escuchado a Maddox decir que me amaba.
Traducido por Musa65
Corregido por Karlix

A la mañana siguiente, me desperté por la luz del sol que entraba por las
persianas de plástico rotas y algo caliente y pesado cubriendo mi pecho. No, espera.
No era algo, era alguien.

Parpadeé, el pánico se apoderó de mí mientras trataba desesperadamente de


recordar donde estaba y quién podría ser el que estaba acostado en mí. Entonces los
acontecimientos de anoche empezaron a llegar a mí de nuevo, y me sonrojé de pies a
cabeza. Cuando me recuperé de revivir cada mortificante, así como delicioso detalle,
agarré el hombro de Maddox y traté de rodarlo fuera. Él era mucho más pesado de lo
que pensaba. Con un gruñido, finalmente lo empujé hacia donde él se dejó caer sobre
su espalda a mi lado. No puedo evitar la risa que se escapó de mis labios cuando él
todavía permanecía muerto para el mundo.

Con voz cantarina, le dije—: Maddox despierta. —Le hice cosquillas a su bíceps
izquierdo con el tatuaje de Águilas Gritonas. Sus cejas se arrugan, pero no abre los
ojos. Tenía una idea bastante clara que él estaba despierto y me ponía a prueba. No
quería darle ventaja, así que me incliné y empecé a besar un rastro caliente de sus
cuello a su boca. Llegué a sus labios para encontrar que estaba listo porque su lengua
salió para encontrarse con la mía.

Llevó sus manos a mi cabeza, enredando sus dedos por mi cabello y me atrajo
más cerca de él. Los ojos de Maddox se abrieron y sonrió.

—Buenos días hermosa.

El calor inundo mis mejillas por su saludo.

—Buenos días.

—¿Sintiéndote bien?

—Estoy bien. ¿Por qué?


—Tenía miedo de que podrías tener un poco de resaca.

Galante, respondí—: Oh, umm, no. Creo que toda mi aventura embarazosa de
vomitar se hizo cargo de eso. —Él se rio entre dientes.

—Me alegro de oír que algo bueno salió de eso. —Caímos en un silencio
incómodo, luego ambos nos quedamos simplemente mirándonos, el hecho que
hayamos tenido sexo otra vez era enorme, pero luego estaba el aún más épico y
espectacular momento de haber profesado nuestro amor. Pero ahora en la luz de la
mañana, estaba terriblemente temerosa que todo había sido parte de un sueño, uno
que había sido retorcido por lo que habíamos pasado con el tesoro.

Dejé caer mi mirada de Maddox y jugué con la orilla de la sabana.

—¿Qué está pasando en esa cabeza tuya? —preguntó. Me encogí de hombros.

—Nada realmente.

—Lane, apestas mintiendo, ¿recuerdas?

Después de unos momentos, suspiré.

—Supongo que estoy preocupada por lo que pasara ahora.

—¿Con el tesoro?

—No… con nosotros. —Maddox se movió más cerca de mí. Llevó sus dedos a mi
mentón, levantando mi cabeza, así podía mirarlo a sus oscuros ojos.

—¿Tienes miedo que lo de anoche no fuera real, verdad?

—No sé, quizás. El mundo gira fuera de control alrededor de nosotros con Jensen
y lo que pasó con Maudie y el principio de la carrera. —Sacudió la cabeza.

—Hablaba en serio con todo lo que dije e hice ayer. ¿Tú no?

—Claro que sí.

—Entonces deja de preocuparte. —Se inclinó sobre mí y me dio un muy


reconfortante beso—. ¿Está bien?

Sonreí.

—Bien. —Me acarició el cuello con la nariz.


—Pero desde que tú eres una chica y necesitas reconfortarte. Te lo diré de nuevo.
—Haciéndose para atrás me da la más genuina de las sonrisas, de las sinceras que
conozco desde que éramos niños—.Te amo, Lane.

No pude evitar la sonrisa de mis labios.

—También te amo, mucho, muchísimo. —Pasó una mano por mi estómago y


luego la deslizó entre mis piernas, causando que gimiera.

—¿Qué tal un rápido regalo de cumpleaños? —Mis ojos se abrieron como platos
con la declaración y por lo que sus mágicos dedos estaban haciendo.

—Casi lo olvido. Es mi cumpleaños.

—Feliz cumpleaños, cariño —me susurró en mi oído antes de meter un dedo en


mí.

—No estoy segura si es más un regalo para ti que para mí —me burlé. Deslizó
otro dedo dentro de mí mientras presionaba su pulgar contra mi clítoris.

—¿Estás diciendo que esto no es bueno para ti? —Succionó mi aliento.

—No, es bueno. —Se hizo mejor aún, ya que aumentó el ritmo del juego—. Mmm
Maddox —gemí mientras sus dedos bombeaban dentro y fuera de mí. Su cálida boca
se pegó a mi pezón y no podía dejar de arquearme hacia él. A medida que mis caderas
bombeaban al ritmo de sus dedos, sentí que llegaba al borde y cerré los ojos.

—Maddox.

—Eres tan hermosa cuando te corres —murmuró en mi oído.

—¿Incluso con el pelo revuelto y con aliento mañanero? —repliqué mientras


trataba de recuperar el aliento. Se rió entre dientes.

—Sí, incluso con todo eso. —Sin apartar la mirada de la mía, deslizó un dedo en
su boca—. Mmm, me había olvidado lo bien que sabes. —No pude evitar el rubor
caliente que lleno mis mejillas por sus acciones y palabras.

—Eres tan malo. —Finalmente respondí.

Con un guiño dijo—: Pero me amas de todos modos.

Sonreí.

—Sí, supongo que sí. —Cuando empezó a alejarse de mí, mi ceño se frunció con
sorpresa—. ¿A dónde vas?
—Cariño, cuando te dije que ese era tu regalo de cumpleaños, lo dije en serio. —
Sus labios mordieron la punta de mi nariz—. Además hemos utilizado mi último
condón anoche.

—¿Y? —repliqué, levantándome en mis rodillas. Con una sonrisa burlona, me


deslicé hacia él a horcajadas. Agarrando mis caderas, negó con la cabeza
violentamente.

—No estaremos haciendo nada que te vaya a dejar embarazada.

—Me doy cuenta de eso —murmuré cuando comencé a besar su pecho. Siseó
cuando mi lengua se detuvo cerca de uno de sus pezones. Sabía que tenía que guardar
ese pequeño detalle para más tarde cuando se tratara de él disfrutando. Cuando llegué
a sus cincelados abdominales, su estómago se tenso, pero el resto de su cuerpo se
relajó de nuevo en el colchón. Apenas había llegado a darle cualquier atención oral
ayer por la noche, antes de que él me empujara, y esta vez, tenía la intensión de
llevarlo a cabo hasta al final. Tomando su erección en mi mano, saqué rápido mi
lengua y toqué la punta antes de deslizarme hacia abajo de su longitud.

—Oh, Jesús —gimió Maddox, pasando un brazo por sus ojos. Me reí antes de
tomarlo en mi boca—. Mmm, nena —murmuró Maddox mientras trabajaba con mi
mano arriba abajo de su eje mientras se deslizaba dentro y fuera de mi boca. Una de
las manos de Maddox buscó mi pelo y pasó los dedos por las hebras.

—Oh, mierda sí. —No tuve que trabajar mucho antes de sentir su
endurecimiento. A pesar de que estaba bien que se corriera en mi boca, se deslizó
suavemente fuera de mis labios. Seguí trabajando con mi mano mientras se corría en
su estómago y las sabanas. Cuando terminó con sus espasmos, tomó suavemente mi
mano en la suya y la limpió con la sabana antes que a su estómago.

—Gracias mi amor. —Llevó sus labios a los míos para darme un largo y
persistente beso. Cuando se apartó, una sonrisa de total saciedad se formó en su
rostro—. Supongo que es mejor darse prisa, ¿eh?

—Si tenemos que llegar a Talking Rock y encontrar algo de oro. —Puse un último
beso en sus labios antes de que me arrastrara fuera de la cama. Mientras lo hacía,
Maddox juguetonamente palmeó mi parte trasera. Me reí mientras quitaba su mano—.
Voy a tomar una ducha rápida, ¿de acuerdo? —Maddox asintió.

—Voy a ver tomar prestadas un par de palas y otras herramientas de West. —Se
desenredó de las sabanas y luego saltó de la cama—. Eso es, ¿a menos que quieras que
me una a la ducha? —No pude evitar que mis ojos se ampliaran en asombro.
—¡Eres insaciable! —Me guiñó un ojo.

—¿Qué puedo decir? Sacas de mí el malvado sexo.

—Sí, ¿y qué pasa con eso de “no hay condones”? —Se encogió de hombros.

—Podría tomar uno de West. —Arrugué la nariz.

—Ew, ni siquiera vayas por ahí. —Maddox se rió entre dientes.

—Bueno, no puedes culpar a un hombre por intentar.

Con un codazo juguetón, le dije—: Sí, solamente ve por las herramientas. Oh y


saca mi ropa de la secadora.

—Tu ropa ya está aquí.—Maddox señaló hacia donde estaban mis pantalones
vaqueros y camisa que estaban sobre la silla de la cocina.

—Oh, no sabía que los trajiste arriba. —Maddox se rascó la nuca.

—No lo hice.

—¿Qué?

Él se encogió de hombros. —Creo que lo hizo West. —Di un grito ahogado.

—¿Quieres decir que nos vio... ya sabes? —Maddox extendió su mano sobre su
boca mientras sus ojos se abrían con fingido horror.

—¡Oh no, nos vio... durmiendo en la cama! ¡Qué impactante! —Poniendo los ojos
en blanco, tomé mi ropa y me fui al baño.

—Eres imposible.

Después de tomar una ducha en tiempo record, me vestí y me sequé el pelo con
una vieja secadora que encontré debajo del fregadero. Fui a buscar a Maddox que
había agarrado algunas galletas y jugo.

—¿Obtuviste las herramientas?

—Sí. No puede encontrar a West por ninguna parte, así que solo le dejé una nota
diciendo que las traería de vuelta —respondió con la boca llena de comida. Luego
fuimos interrumpidos por el sonido de mi teléfono. Miré hacia abajo al identificador e
hice una mueca.

—Mierda, es mi papá. —Incluso Maddox hizo una mueca.


—Es mejor que contestes. —Mi mano temblaba ligeramente tan pronto llevé el
móvil a mi oído.

—Está bien, ya sé que estoy en un montón de problemas, pero…

—Sí, creo que asume correctamente, señorita Montgomery —respondió una voz
áspera.

—Oh dios. —Miedo helado se estrelló en la parte superior de mi cabeza y


recorrió mi cuerpo, poniéndome a temblar. Solo tomo un segundo en reconocer quién
era.

—Por el tono de tu voz, supongo que sabes quién soy.

—Jensen —murmuré.
Traducido por Pili
Corregido por Eni

Ante la mención del nombre de Jensen, Maddox dejó caer el zumo en sus
manos, enviándolo en cascada sobre el linóleo desgastado. Una mezcla de miedo y
furia brilló en su cara

—Sabía que eras una niña muy perceptiva.

—Pero cómo... ¿Cómo tienes el teléfono de mi padre?

—Buena pregunta. Después de nuestro pequeño percance del mapa, decidí que
sería mejor hacer una visita a tu padre, en lugar de correr por el campo detrás de ti y
el Sr. Díaz. Lamentablemente, él no hará su próxima parada en su gira —no me gusta
ser la causa de fans decepcionados. Es bastante irónico cuando hice la conexión entre
tú y Stephen Montgomery. Verás, he leído todos sus libros durante mi desafortunado
encarcelamiento. Es un buen escritor él tenía bastante seguimientos con los reclusos.

Me quedé boquiabierta como si el mundo alrededor de mí se inclinara y diera


vueltas. Mi mano voló a mi frente para intentar todavía el giro. —¿T-tú-s-
secuestraste... a mi papá?

—Me temo que así es.

Las lágrimas quemaban mis ojos, y mis piernas se tambaleaban, amenazando


con derrumbarse. Justo antes de que pensé que me iba a partir en dos, Maddox me
agarró y me mantuvo erguida.

—¿Por qué? —exigí débilmente.

—Acabo de decírselo, Srta. Montgomery. Porque ahora que he tenido tiempo


para pensar y reflexionar desde nuestro último encuentro, me doy cuenta que cada
plan debe optimizarse, sobre todo después de su pequeña pelea con mis hombres en
Nueva Echota. Una vez que mi socio, Terrence, persuadió al Dr. Bretsky de darle la
traducción del mapa, me di cuenta de cuánto trabajo implicaría la decodificación.
También me di cuenta de que tú y el Sr. Díaz trabajarían como esclavos en la
decodificación. Parecía tener más sentido hacerle hacer todo el trabajo duro. La
detención de tu padre era simplemente una herramienta de negociación para
asegurarme de que lo hiciste como te pedí.

Reuní toda la fuerza que me quedaba para gritar al teléfono. —¡Quiero hablar
con mi padre!

—Me temo que no puede venir al teléfono ahora. Está amarrado.

—¿Qué hiciste con él? ¿Y dónde está mi mamá? —exigí.

—Dejé que mami se tomara un descanso y solo me lleve a tu padre. Estoy seguro
que se está preguntando por qué él no ha regresado de su parada en la librería.

—¿Qué le has hecho a mi papá —psicótico ex-presidiario?

—Ahora no te pongas así. Hasta ahora solo lo he retenido. Después de todo, no


pasé tiempo en la cárcel por asesinato, Srta. Montgomery."

—¿Sí pero que hay de Maudie?

Jensen gruñó ante la mención de su nombre. —Tuve que ocuparme de la Sra.


Sinclair porque entró en mi camino.

Me quedé boquiabierta. —¿Mi papá…está él en tu camino?

—Cualquier otra cosa que le pase dependerá de ti y de tu amigo.

Las lágrimas caían por mis mejillas, y luché para evitar perderlas.

—¡Por favor no lo lastimen! No tiene nada que ver con nada de esto. Lo juro.

Jensen ignoró mi súplica. —Hazme un favor y pon el teléfono en altavoz. Quiero


hablar contigo y con el Sr. Díaz.

Mis dedos temblaban cuando retiré el teléfono de mi oreja y presioné el botón.


—Está bien, él está escuchando también.

—Bien. Estoy seguro de que ambos van a hacer exactamente lo que les pido.
Entonces no le pasará nada al querido papi

—¿Pero, cómo sabías dónde encontrar al papá de Lane? —preguntó Maddox.

—Un socio mío, que sabe de computadoras, me debe un favor o dos.

¿Un socio como un compañero de prisión o algo así? —pregunté.


Jensen se rió entre dientes. —Sí, conozco a Parker desde mis días de cumplir una
condena o dos por robo a mano armada. Mientras que las autoridades podrían llamar
a Parker un hacker peligroso, es una suerte para mí porque fue capaz de averiguar el
horario de visita de tu padre cuando pirateó registros del teléfono móvil de tu familia.
Así tuvimos una ubicación exacta de cuándo y dónde encontrarlo.

—Vete al grano maldito, Jensen —gruñó Maddox.

—Con la ayuda de Parker, fui capaz de encontrar al Sr. Montgomery para traerlo
de vuelta a Georgia, y también supe que ustedes estaban en la carretera entre
Roadside Bar de West y Grill in Calhoun.

Intercambié una mirada horrorizada con Maddox. —Si sabes dónde estamos,
¿por qué molestarse con una llamada telefónica?

—Quiero estar tranquilo sabiendo que van a hacer todo lo que les pido y tú harás
todo el trabajo sucio por mí.

—¿Que quieres que hagamos?

—Creo que es seguro asumir que probablemente han descubierto la ubicación


del oro. ¿Tengo razón?

Maddox se tenso a mi lado. Yo podía ver que no quería decirle nada a Jensen,
pero ¿qué otra opción tenemos? —Sí —murmuré.

—Bien, entonces. Esto es lo que va a pasar. Se van a ir a buscar el oro y van a


traérmelo. La recompensa por todo tu esfuerzo será que no les haré daño ni a ti ni al
Sr. Montgomery. Entonces me quedo con el oro, y olvidaremos que alguna vez tuvimos
el placer de conocernos. ¿Entendido?

Maddox frunció el ceño. —Sí, lo que sea.

—¿Ven lo fácil que puede ser esto? —se burlo Jensen, una irritante sonrisa en su
voz.

¡Solo dinos qué hacer! —grité.

—Tan impacientes, ¿no es así? —Cuando no respondí, Jensen continuó—: Ahora


los pequeños dispositivos GPS en sus teléfonos que ayudaron a rastrear también van a
decirme exactamente donde quiera que vayan o lo que hagan. Lo considero mi póliza
de seguro contra ustedes haciendo algo raro. No traten de llamar a nadie,
especialmente a la policía. No hagan ninguna parada extensa porque sabré el
momento en que la hagan, y tendremos un problema. Si se deshacen de los teléfonos o
pierdo la conexión GPS, entonces papá saldrá lastimado. Mucho .Y estoy seguro de que
no deseas que eso ocurra.

Me ahogo con los sollozos que se elevan en mi garganta. —No, por favor, haré
cualquier cosa. Simplemente no le lastimes.

—Ahora, ahora, no te pongas así. Necesitarás tu fuerza y toda tu atención en la


búsqueda del tesoro. ¿Dónde se supone que te tienes que ir?

—Talking Rock en el Condado de Pickens —respondió Maddox.

—Parker dame una estimación del tiempo de llegada a Talking Rock, por favor.
—Los segundos pasaron—. Esto les debería tomar aproximadamente una hora. Voy a
ser generoso y les daré un tiempo extra de diez minutos esta vez para que lleguen a la
dirección correcta. El momento en que lleguen a la ubicación, me llaman a este
número y se registran. Iremos desde allí.

Jensen, a continuación, desconectó el teléfono. Mis piernas se volvieron de goma


y ya no podían sujetarme. Incluso con los brazos de Maddox a mi alrededor, me
desplomé en el suelo, temblando y sollozando. Maddox bajó junto a mí y me tiró en
sus brazos. Creo que se dio cuenta de la magnitud de la situación debido a que no se
molestó siquiera tratando de decirme de no a llorar o que todo iba a estar bien. Sólo
me sujetó fuerte y me dejo gritar y gritar como una loca.

Todo lo que podía pensar era que mi papá acabara como Maudie... o mucho peor.
Podría ser asesinado todo por mí y mi ridícula necesidad de tener una aventura. Era
demasiado para pensar, sin mencionar tener que soportarlo. Y estaban también los
pensamientos horribles de lo que nos podría suceder a Maddox y a mí si no
encontrábamos el oro.

Finalmente empecé a salir de mi crisis. Mi aliento pasó a jadeos irregulares


mientras mi garganta parecía que había sido cortada con cuchillas de afeitar.

El aliento de Maddox era cálido contra mi oído. —Escucha, el rescate de Jensen


—no cambia nada. Todavía vamos a por el oro, y lo vamos a encontrar.

Me voltee exabruptamente hacia atrás para mirarlo fijamente. —¿No lo


entiendes? No sólo se trata de nosotros renunciando al tesoro por él. ¿Qué pasa si no
deja ir a mi padre? ¿Y si se lleva el oro y luego nos mate a todos?

—Luego ideamos un plan de emergencia que garantice que todos salgamos de


esto vivos —preferiblemente con el oro.
—Pero ya oíste a Jensen. Él sabrá si tratamos de llamar a la policía o a cualquier
otra persona.

—Desde nuestros teléfonos móviles. No significa que no podamos llamar a


alguien más.

Sacudí la cabeza furiosamente. —Nos está siguiendo como animales, Maddox.


Nos vamos fuera de la cuadrícula un minuto y le disparará a mi papá, igual que lo hizo
con Maudie.

Maddox dio un brinco lejos del suelo y comenzó a andar de acá para allá.

—¡ Maldita sea, tiene que haber una forma.

Sequé las lágrimas de los ojos con mis puños y a continuación, respiré hondo. Yo
tenía que ser fuerte y pensar con claridad. Ya no se trataba de encontrar el tesoro. —
Mira, no tenemos tiempo para discutir acerca de esto. Jensen nos está cronometrando,
¿recuerdas? —Me levanté del suelo. Sin otra palabra para Maddox, agarré mi bolso.
Atropelladamente fui hacia la puerta. Desatranqué la cerradura. Cuando aún no se
movió, eché un vistazo hacia él por encima de mi hombro—. ¿Vienes o no?

Él entornó los ojos. Podría decir que había aproximadamente un millón de cosas
que quería decirme en ese momento, pero sorprendentemente, contuvo su lengua.
Agarró su bolso y colgó la correa en su hombro.

Aporreé la puerta, y a continuación comencé a bajar las escaleras. El pecho me


dolía por la diferencia entre el modo en que los bajé este mañana, toda rota y
derrotada en espíritu desde la llamada de Jensen, en contraposición a cómo Maddox
me había cargado borracha la noche anterior como un caballero de brillante
armadura. Todo parecía tan diferente en la rigurosa luz del día.

Abalanzándome sobre la puerta abierta de la camioneta tiré mi bolso dentro.


Entonces pasé la mano a través del arnés y yo misma me metí dentro de la cabina.
Maddox abrió su puerta mientras yo cerraba de golpe la mía. Estiré el cuello para
observar el fondo del camión, donde él había puesto las herramientas antes. Noté dos
palas y una linterna Coleman casi como las que habíamos usado en la casa que
habíamos entrado.

Maddox arrancó el motor y luego metió la marcha atrás. Cuando nos


precipitamos en la autopista, me abroché el cinturón de seguridad.

Atraje mis rodillas hacia mi pecho y envolví firmemente mis brazos alrededor de
ellas. Volviendo mi cabeza lejos de Maddox, miré fijamente por la ventana,
silenciosamente rezando repetidas veces: Por favor, no permitas que Jensen haga
daño a mi papá. Por favor, tratemos de encontrar el oro. Por favor, haznos salir de esta
pesadilla sanos y salvos.

Pero incluso a través de mis oraciones, mi mente hilaba pensamientos horribles


sobre papá. Todos y cada uno de ellos involucraban a papá tirado en un charco de
sangre similar al Maudie. Eran tan intensos que el olor metálico invadió mi nariz. Se
me hizo un nudo en el estomago y yo sabía que iba a arrojar mi desayuno.

—Detente —ordené.

—¿Qué? —Maddox echó un vistazo para ver mi boca tapada con mi mano—. ¡
Mierda! —Se puso en el carril de emergencias.

El momento en que la camioneta derrapó hasta detenerse salté fuera. Apenas lo


hice antes de que vomitara en la hierba. Vomité una y otra vez hasta que mi cuerpo se
sacudió con las arcadas.

Aún doblada, escuché los pies de Maddox crujir sobre la grava hacia mí. No podía
levantar mi cabeza y mirarle. No me gustaba que él tuviera que verme de este modo —
una princesa débil, vulnerable vomitando sus vísceras en el lado del camino.

Su mano rozó tentativamente mi espalda. —Va a estar bien, Lane. Te lo prometo.

Volteé la cabeza hacia arriba para contemplarlo. —No puedes prometerme eso.
Nadie puede.

Exhaló ruidosamente. —Lo siento. No sé nada más que decir o hacer.

Arrastré mi mano por mi boca. —No hay nada que puedas decir. —Me limpié
delante de él para entrar en la camioneta. No sé por qué estaba siendo una zorra con
él. No fue su culpa, y sólo estaba tratando de ayudar, simplemente no podía procesar
nada más que tratar de llegar hasta mi papá.

Una vez que volvimos de vuelta a la carretera, descansé mi cabeza contra la


ventana. Pasaron treinta minutos antes de que Maddox me hablara de nuevo,
haciéndome brincar.

—¿Sabes qué salida debemos tomar?

Asentí y luego saqué de mi bolso mi teléfono móvil. Hice clic en el correo


electrónico donde había guardado nuestra ruta.

—La salida nueve. A continuación gira a la derecha —dije con voz ronca. Mi
garganta todavía me dolía por gritar tan fuerte y de vomitar.
Saqué un chicle de mi bolso cuando Maddox murmuró—: Lane.

Su expresión era muy afligida, pero él despegó su mano del volante, y enroscó su
dedo en el mío. El pequeño e insignificante detalle me quebró. No me detuve a pensar.
En cambio, me solté del cinturón que me mantenía prisionera. Finalmente, liberada
me deslicé a lo largo del asiento. Me acurruqué hacia él, envolví mis brazos alrededor
de su cintura y sepulté mi cabeza contra su pecho.

—Lo siento por ser tan bruja.

—No fuiste una bruja. —Con ternura, besó la parte superior de mi cabeza. —¿Me
estás matando, lo sabes? Verte sufrir de este modo y no ser capaz de hacer cualquier
cosa, me duele muchísimo. Y entonces el hecho de que me necesites tanto
emocionalmente, y no sé si podré hacerlo... —Hizo una mueca—. Es una agonía.

—Lo siento —dije en voz baja.

—No lo hagas. Soy yo quien debería sentirlo. Debería haber dicho desde el
primer día que toda esta cosa del mapa era estúpida, y deberíamos haber ido a la
policía. Tal vez entonces los federales podrían haber llegado a Jensen y tu padre
estaría bien.

—Pero quisimos esto —yo quise esto. Una aventura loca. —Sacudí la cabeza—.
Nunca supusimos que terminaría así.

Un ruido frustrado vino desde la parte posterior de la garganta de Maddox.

—¡Oh vamos! ¿Qué diablos pasa con nosotros? Estamos actuando como si
estuviéramos muertos y enterrados. Acabados, finiquitados.

Le disparé una mordaz mirada.

—¿Estás tratando de decir, que después de la llamada de Jensen aún podemos


tener una felices para siempre?

—¡Por supuesto! No he pasado dieciocho meses en el ejército entrenando para


quedarme de brazos cruzados y fallecer cuando esto se pone duro. Aguanta y da todo
lo que tienes hasta que no tengas algo más. Jensen no sabe lo que le viene encima.

Un pequeño rayo de esperanza parpadeó dentro de mí ante sus palabras, y casi


creí que podríamos vencer a Jensen. Maddox estaba siendo tan fuerte por los dos que
no pude evitar plantarle un beso en la barba áspera de su mejilla.

—En cualquier momento, nena. ¿Te sientes un poco mejor ahora?


Asentí. —No te identificaba como uno que da charlas motivacionales.

Me dio una sonrisa tímida. —Sí, bueno, esperaba algún día ser un oficial.
Necesitas un poco la valentía para conducir a las tropas en peligro y todo eso.

Sonreí. —Lograrás ser un gran...Capitán Diaz... no, General Díaz.

Quitó sus ojos de la carretera para darme una mirada atónita.

—¿Lo crees así?

—Sí, lo sé. Estoy totalmente resuelta a patear el trasero de Jensen ahora.

Maddox se rió entre dientes. —¿En serio, Princesa?

—Al menos por el momento. Estoy segura de que mi determinación comenzará a


desaparecer pronto.

Dándome un codazo, dijo—: A mí me gusta la pateadora de traseros mucho más


que tú toda triste y llorona.

—Me imagino. —Una señal de carretera me llamó entonces la atención.

—Oye, estamos casi en nuestra salida.

—¿La siguiente salida?

Asentí.

Maddox pasó la interestatal. —¿A dónde nos dirigimos ahora?

—Vale, gira a la derecha.

Él tocó los frenos y comenzó a aminorar la velocidad. Nos facilitó la rampa de


salida sobre la autopista de doble calzada.

—Ahora, vamos a ir dos millas antes de girar a la izquierda —ordené.

—¿Eso está en el quinto pino?

—Casi. Es girar después de que vayamos cinco kilómetros por la carreta.

—Fabuloso.

Atravesamos una zona muy poblada con centros comerciales y lugares de


comida rápida antes de hacer nuestro siguiente giro. Después de sólo un kilómetro,
habíamos dejado atrás la civilización. Pastos verdes con caballos y vacas pastando
salpicaron el horizonte. Un par de casas alineadas en la carretera pero eran pocas y
distantes entre ellas. Seguimos en marcha yendo más allá en el bosque hasta entrar en
una carretera dejo de ser asfaltada para convertirse en grava.

Eché un vistazo a mi teléfono de nuevo.

—El sendero para Talking Rock Springs debe estar justo a la izquierda.

Maddox y yo, ambos miramos detenidamente a través del parabrisas buscando


la curva. Una vez que lo hicimos, el camino se volvió menos grava y más hierba alta.
Tres ramas de un árbol se golpearon de frente contra nuestras ventanas y golpearon
contra las puertas. Entonces ocurrió lo inimaginable: una reja nos cerró el resto del
camino.
Traducido por Sara Herondale
Corregido Karlix

Con un gemido, pregunté—: Bien, ¿y ahora qué?

—Bueno, podemos caminar el resto del camino cargando todas las herramientas.
O podemos hacer esto. —Maddox aceleró y la camioneta avanzó hacia delante,
girando y doblando el hierro mientras se desplomaba contra la puerta. Me agarré del
lado de mi asiento mientras el impacto me empujaba y sacudía mi cuerpo. Finalmente,
seguimos recto y suspiré de alivio.

—Te dije que este chico malo era una bestia épica, ¿no es así? —preguntó
Maddox con una sonrisa.

—Oh sí, es épico —murmuré, mis dientes castañeteaban mientras


traqueteábamos en el terreno irregular. Maddox lanzó la camioneta en marcha baja y
aceleró el motor, enviándonos cuesta arriba. Había pasado mucho tiempo desde que
cualquier tipo de vehículo pasara por el camino.

—Espero que esto no sea propiedad privada. La última cosa que necesitamos es
un tiroteo con un loco pueblerino haciendo guardia en su tierra —reflexionó Maddox.

—Ni que lo digas.

Pero luego, todas las preocupaciones acerca de un “dueño de la propiedad


blandiendo una escopeta” se desvanecieron mientras mis ojos se enfocaban en algo en
la distancia. Me incliné hacia delante en el asiento para mirar por el parabrisas. En
lugar de una mejor vista, fui recompensada con golpearme la cabeza contra el techo
después de que pasamos sobre un bache. El dolor fue momentáneamente olvidado ya
que en mi visión observaba claramente una formación rocosa.

—¡Ahí está! —grité señalando.

—Seré condenado —respondió Maddox. Aceleró, llevándonos a toda velocidad


hacia la boca de la cueva. Cuando casi llegamos, aflojó el acelerador y nos hizo
detenernos en una espesura de árboles. Después de que apagó el motor, se volvió
hacia mí—. ¿Quieres hacer los honores de llamar a Jensen? —Ante la idea de hablar
con Jensen, mi garganta se cerró como si me hubiera tragado aserrín.

Negué con la cabeza y dije con voz ronca—: Tú. —Maddox asintió y tomó mi
teléfono. Era más que raro, que para hablar con Jensen tuviera que llamar al celular de
papá. Alguien contestó al segundo timbrazo.

—Sí, es Maddox. Estamos en la cueva. —No pude escuchar la respuesta. Solo vi


un destello de frustración en el rostro de Maddox—. ¡El margen de tiempo es una
mierda! No tenemos ni idea de lo que encontraremos cuando estemos adentro. —Su
expresión se apagó—. Bien. Te llamaremos cuando tengamos el oro. —Luego colgó y
lanzó mi teléfono contra el panel de instrumentos. Hizo un ruido terrible antes de
caer al suelo. Sus ojos se abrieron—. ¡Mierda! Lamento lo de tu teléfono. Sólo que
Jensen… realmente me hizo enojar.

—¿Qué te dijo? —Maddox se volvió hacia mí.

—Nos está dando una hora para encontrar el tesoro y luego volverlo a llamar.
¡Una hora! ¡Es un puto loco! —Mi boca se secó ante la perspectiva, y tenía que luchar
contra el pánico creciente que amenazaba con apoderarme.

—¿Eso es todo?

—Sí. Así que será mejor que nos pongamos en marcha. Ahora.

En un instante, saltó de la camioneta y cerró la puerta de golpe, haciéndome


saltar. Estiré el cuello para verlo buscando y agarrando las herramientas que
necesitaríamos. Trabajó como si estuviera poseído. Creo que estaba luchando con
algunas de las mismas emociones que yo sentía. Por mucho que quisiera perderlo,
sabía que no podía. Necesitaba ser fuerte por Maddox y a largo plazo, también por mi
papá. Después de agarrar mi bolso, me apresuré hacia la puerta y fui alrededor de la
parte trasera de la camioneta. Maddox murmuraba en voz baja insultos hacia Jensen.

Susurré tentativamente—: ¿Puedo llevar algo? —Levantó la cabeza y su


expresión se suavizó momentáneamente.

—Lamento volverme mierda allí por un minuto.

—No hay nada por qué disculparse. Creo que ambos sentimos lo mismo sobre
Jensen.

—Por alguna razón, es difícil creer que quieres ponerle tanto como yo una bala
entre los ojos. —Me estremecí ante el pensamiento.
—Eh, bueno. No sé nada de eso. —Maddox sonrió.

—No lo creo.

—Créeme, quiero lastimarlo. Mucho. Pero más que nada, quiero castigarlo, con
una larga y prolongada sentencia en prisión donde él no tenga el mando. Eso mataría
el control del bicho raro.

Inclinándose para darme la linterna, Maddox preguntó—: ¿Y también esperas


que mientras él esté en prisión se convierta en la perra de alguien? —No podía evitar
que mis mejillas se sonrojaran así que bajé la cabeza.

—Quizás —admití finalmente. Maddox se rió mientras cogía la pala y se colgaba


el hacha en el hombro.

—¿No estás llenas de sorpresas? —Puso su mano libre atrás de mi cuello—.


Vamos a buscar el tesoro y luego averiguamos como castrar a Jensen.

Después puse mi bolso sobre mi cuello y mi hombro, y agarré apretadamente el


mango de la linterna. Caminamos a través de la hierba alta y de las malas hierbas que
fluían como olas de mar en la brisa.

—Cuidado con las serpientes —me advirtió Maddox y momentáneamente me


paralicé de miedo. Pero mi voz interna gritaba, tranquilízate, Lane. Deja de actuar
como una pequeña princesa asustada todo el tiempo. Así que levanté un pie y seguí.

Los escombros bloqueaban la entrada de la cueva, mostrando cuánto tiempo


había pasado desde que alguien estuvo adentro. Maddox y yo pusimos las
herramientas abajo y empezamos a mover las rocas, ramas y pedazos de árboles.
Después de limpiar lo suficiente para poder entrar, junto con una fácil forma de
escapar, recogimos nuestras herramientas y entramos. La linterna iluminó poco el
camino mientras avanzábamos hacia la oscuridad. Nuestros pasos resonaban en las
paredes, repitiendo el ruido misteriosamente una y otra vez mientras el sonido volvía
a nosotros. Me estremecí y prácticamente permanecí sobre la espalda de Maddox. Lo
siguiente que supe era que algo pegajoso empezó a trepar sobre mí. Grité y arrojé la
linterna cuando me di cuenta que estábamos atrapados en una complicada telaraña de
arañas.

Parpadeando, la desgarré lejos de mi cara y de mis brazos mientras Maddox


casualmente las barría lejos. Cuando finalmente me recuperé, él me lanzó una mirada
divertida sobre su hombro.

—Supongo que no eres una fan de las arañas, ¿eh?


—Creí que recordarías eso de cuando éramos más jóvenes. Siempre me asustaba
y te hacia matarlas. —Sonrió y se dio la vuelta.

—Ah sí, es cierto. Jesús, eres una chica tan femenina.

—Oh, cállate —me quejé, quitándole la linterna. Alcanzándome, arrancó de mi


cabeza una gota de alguna cosa. Sólo podía imaginar que era más telaraña.

—Pero me gustas tal y como eres. —Sonreí.

—¿No eres tú el encantador?

Fue entonces cuando volví mi atención a la cueva. Mientras miraba alrededor,


finalmente mis ojos se ajustaron a la oscuridad. Observando el entorno desolado, traté
de imaginar cómo debe haber sido para Pretty Fawn, huyendo lejos de su tribu en la
mitad de la noche en esta cueva con Avery Jensen. Tramando y planeando con él sobre
su vida futura una vez que huyeran juntos. Y luego lo horrible que la última vez debió
haber sido para ella después de que él fue asesinado, el momento cuando vino aquí
para acabar con su vida. También tuve que preguntarme cómo es que la reserva
genética de la familia Jensen se había vuelto lo suficiente agria para producir a alguien
como nuestro ex convicto y secuestrador Jensen.

La voz de Maddox me sobresaltó.

—¿En qué estás pensando?

—En Pretty Fawn y Avery Jensen estando aquí.

—Hum, ¿en si alguna vez ellos lo hicieron estando aquí? —preguntó, moviendo
sus cejas de arriba a abajo.

—No pervertido, eso no era lo que estaba pensando. —Aunque a decir verdad,
esa idea pasó por mi mente… más de una vez. Para hablar de otra cosa, pregunté—:
Así que, ¿cuál es el plan para encontrar la localización del fuego sagrado, Capitán? —
Maddox rodó los ojos.

—Bueno, sabelotodo, tenemos que encontrar el centro de la cueva. Según el libro


Cherokee Lore, el fuego sagrado era parte de las siete principales direcciones y
siempre en el centro.

—Vaya, de verdad leíste y prestaste atención. Estoy impresionada.—


Ignorándome, prosiguió.
—Una vez que hayamos medio localizado el centro, tenemos que empezar a
examinar el suelo. Tiene que haber un tipo de marcas, una sangría quemada en la
piedra o roca cortada, algo que pruebe que alguna vez hubo un incendio.

—Está bien, suena bien.

Seguimos adelante, tratando de mantener una medida de por dónde íbamos y


hasta donde habíamos llegado. No era fácil con una sola linterna y una lámpara.
Después de lo que pareció una eternidad, pero que probablemente solo fueron veinte
minutos, empecé a sentirme ansiosa. La sensación familiar de pánico creció en mi
mente y empecé a tener dificultades. Mi mente comenzó a girar. Intenté calmarme
haciendo un par de respiraciones tranquilas, pero mi pecho empezó a hincharse de
enojo junto con frustración. Por alguna razón, creía que íbamos a movernos en la
cueva y encontrar algunos viejos registros o una pila de hollín y ceniza esparcida en el
suelo. ¿Cómo pude haber sido tan estúpida? Doscientos años borraron cualquier resto
del lugar de encuentro de Pretty Fawn y Avery. Empecé a sentir como se rompía el
frágil hilo de mi cordura.

—¡Esto es putamente genial! —Maddox me miró boquiabierto por mi


exclamación grosera. Pateé una piedra, dispersándola por el suelo, antes de volver mi
cabeza hacia él—. Sí, me oíste. Veinte minutos buscando y nada. Ni siquiera una roca
agrietada para señalarnos si estamos cerca. ¿Cómo se supone que vamos a encontrar
el lugar donde estaba el fuego sagrado? ¡Apenas podemos ver!

—Lane, recuerda lo que hablamos de mantenernos fuertes y seguir juntos —me


advirtió.

—Esto podría tomar horas, y nunca lo encontraremos a tiempo. Y Jensen… él va


a… mi papá. —Y ahí fue cuando la rabia estalló en pura emoción. El mundo giró
alrededor de mí y tuve que luchar por respirar. Incluso, con pantalones andrajosos me
sentía como si pudiera hiperventilar. Maddox me tiró hacia él, aplastándome contra su
pecho. Dejé salir mis emociones y luego los sollozos desesperados. Él sólo me dejó
llorar un minuto antes de que sus dedos agarraran mi barbilla y me forzara a mirarlo a
los ojos.

—Ahora escúchame. Hemos llegado muy lejos para que ahora te rindas. Quiero
ver la Lane que iba a patearle el culo a Jensen no hace treinta minutos. ¿Está bien? Y
mira, si empezamos a quedarnos sin tiempo llamamos a Jensen y le explicamos. Eso es
parte de tener un plan. No partirnos en pedazos. ¿Entiendes?

Moqueando y sorbiendo, me pasé una mano por mi nariz congestionada.


—Tienes razón. Desanimarme no nos llevara a ningún lado, así que lo lamento. Y
a pesar de lo que he dicho antes, realmente voy a tratar de mantenerme tranquila esta
vez. —Pasó su pulgar por mi mejilla, sorprendiéndome una vez más por su lado
tierno.

—Esa es mi chica. —Le sonreí.

—Sabes, después de lo que dijiste en la camioneta y ahora aquí, eres muy bueno
en todo esto del amor.

—Solo alégrate de que no estuviste en mi pelotón. Hubiera hecho de todo para


mantenerte enfocada. —Se rió entre dientes ante mi mirada indignada—. Soy militar,
¿recuerdas? —Golpeé su brazo.

—Sí, bueno, nunca olvides que soy una civil. —Sonrió.

—Buen punto, Princesa. —Después de frotarse las manos, miró alrededor de la


cueva—. Todo bien entonces. Volvamos al trabajo.

Maddox me entregó otra linterna. La encendí y empecé apuntando alrededor de


las paredes por alguna pista. Mientras lo hacía, Maddox puso la lámpara abajo y luego
mantuvo su linterna en el suelo y examinaba por cualquier marca quemada. Un
destello de algo con alas llamó mi atención. Mierda, la última cosa en la tierra que
ahora necesitábamos era una bandada de murciélagos rabiosos. Estiré mi cabeza y
alumbré con la linterna la parte de arriba de la cueva. Suspiré de alivio cuando no vi
ninguna criatura alada mirándome con ojos rabiosos. Pero luego mi corazón se detuvo
y se reinició. Entrecerré los ojos para ver un parche descolorido en el techo justo
encima de mí. Parecía… ennegrecida.

—¡Maddox! —grité. Él se dio la vuelta.

—¿Qué?

—Mira ahí. ¿Eso del techo parece marcas quemadas? —Pasando por encima de
mí, él mantuvo su mirada fija en el techo.

—Sí, así es.

—¿Significa que el fuego sagrado estaba en algún lugar por aquí? —Golpeé mi pie
sobre el suelo, esperando que mágicamente pudiera escuchar el lugar hueco donde
estaba enterrado el tesoro.

—Estoy seguro y espero que así sea. —Maddox observó el techo de la cueva y
luego barrió el suelo. Volvió a hacerlo varias veces—. Está bien, tiene que estar en
alguna parte por aquí. —Con un pie directamente en frente del otro, caminó un
pequeño perímetro que podría haber permitido la mancha de humo. Tomando la
cabeza de la pala, empezó a tocar el suelo como hice con mi pie. Permanecí inmóvil sin
querer perderme la señal reveladora. Y entonces sucedió. No era muy parecido al
sonido de madera ahuecada, pero sin duda era diferente. Maddox señaló hacia arriba
con la cabeza. Sus ojos estaban muy abiertos, con la boca abierta, su mirada me
reflejaba.

—Mierda, creo que esto es realmente eso —murmuró. Queriendo una prueba
visual, enfoqué mi linterna hacia donde estaba la pala. Di un grito ahogado al ver
grandes fisuras en el suelo donde una vez la roca había sido cortada o rota. El tiempo y
los elementos se habían fusionado casi juntos. También había signos de hendiduras
quemadas donde había estado el fuego.

—Aquí es. Comienza a cavar —grité. Maddox resopló.

—Esto no es exactamente tierra baldía, lo sabes. —La emoción avanzó a través


de mí mientras me retorcía como un perrito.

—No me importa lo que es. Solo haz un hueco o algo. —Dándome una épica
rodada de ojos, Maddox golpeó el filo duro de la pala sobre una de las grietas. Siguió
repitiendo el proceso, golpeando y abriendo un camino que amplió la grieta hasta que
la roca empezó a desmoronarse. Me arrojé al suelo y frenéticamente empecé a recoger
los pedazos rotos y los lanzaba atrás detrás de mí. Maddox hizo lo mismo, liberando y
lanzando lejos las rocas. Finalmente, habíamos quitado muchas, ya que podía ver el
interior del lugar escondido.

—Necesito un poco de luz. —Maddox sostuvo la linterna y la lámpara sobre mí


mientras me asomaba por el agujero. Tentativamente, extendí la mano y la metí
adentro. Intente ignorar mi mente hiperactiva que pensaba de arañas a serpientes y
escorpiones que podían estar en el hueco. Cuando mi mano rozo contra algo, grité y
salté hacia atrás.

—¿Qué es? ¿Encontraste algo? —exigió Maddox.

—No lo sé. Pero definitivamente sentí algo. —Respiré rápido y luego volví a
meter mi mano en el agujero. Esta vez no me asusté cuando mis dedos chocaron
contra algo—. Creo que es una bola o algo.

—Sólo esperemos que sea una mina de oro —reflexionó Maddox. Alcancé lo que
asumía era el fondo y comencé a subirlo a la superficie. Era tan brillante que me
empecé a preguntar si el tesoro se había regado. Cuando finalmente lo traje a la
superficie lo empujé hacia el frente del haz de la linterna. La imagen que vi envió mi
grito resonando hacia las paredes de la cueva. Lo arrojé inmediatamente al suelo. Una
mandíbula enorme y ancha de un cráneo humano me devolvió la sonrisa.

—¿Q-Qué demonios? —pregunté. Maddox se agachó y lo recogió. Lo volteó hacia


los lados, examinándolo en la luz. Lo sostuvo hacia mí pero me alejé.

—Hay un agujero de bala atrás —jadeé—.Así que este es… ¿Avery Jensen?

—Tiene que ser. ¿Quién más podría estar enterrado aquí? Pretty Fawn saltó de
los acantilados de la cascada. —Luego Maddox alumbró con la lámpara hacia el
agujero.

—¿Hay más de él ahí abajo? —pregunté, con un escalofrió recorriéndome.

—No lo sé. Parece que ahí hay algún tipo de material, tal vez ropa o algo. —Me
acerqué más a Maddox y al cráneo.

—¿Crees que ella enterró el oro junto con él?

—Bueno, según la leyenda, enterró parte de él y también lo hizo su hermano,


Notley.

—Oh, está bien.

—Bueno entonces veamos lo que tenemos. —Movió sus dedos hacia el agujero.
Me alegré de que fuera él y no yo. La última cosa que quería era mi mano en un
agujero oscuro, agarrando más restos de esqueleto. Sus dedos intentaron agarrar la
tela. Después de que fuera capaz de agarrar lo suficiente dentro de su mano, empezó a
empujar hacia fuera del agujero—. ¡Oh! Hombre, ¡es pesado!

—Eso es algo bueno ¿no? Digo, Mientras más pesado sea, es más probable que
sea el oro…bueno, no es parte de Avery. —Maddox se rió disimuladamente.

—Eso espero. —Mientras más se acercaba a la superficie, podía ver el tejido


complejo de una manta. Parecía del tamaño de una toalla para manos o la manta de un
bebé. El diseño rojo y negro que alguna vez fue brillante se había desteñido y estaba
cubierto de una capa gris de ceniza y polvo. Otra cosa con manchas salpicadas
atravesaba la manta.

—Um, ¿eso es lo que creo que es?

—Sí. Es sangre—respondió Maddox. Tragué saliva.

—Oh hombre. Eso es intenso.


—Ten —dijo dándomela. Ya me la estaba pasando antes de que pudiera
protestar. Podía haber cualquier cosa en la manta, desde oro hasta el corazón
marchito de Avery Jensen. Con dedos temblorosos trabajé para desatar el nudo
alrededor de la manta. Cuando lo logré, saqué la primera capa. Mi respiración se
detuvo cuando quité la segunda. Entonces me inundó alivio, seguido de emoción.

—¡Oh, guau! —murmuré mientras un rayo de luz brillaba a través de lo que


parecía cientos de pequeñas pepitas de oro. Maddox se desplomó sobre su trasero,
abrumado por realmente poder ver el tesoro.

—Por alguna razón, pensé que iban a ser monedas…No tenía idea de que sería
así. —Removí más profundo en la manta.

—Oh, también hay monedas. —Saqué algunas para mostrárselas. Tomó una y la
alzó hacia la linterna.

—¡Que me jodan! Pretty Fawn debió haber sido una princesa para tener este
gran dote.

—Bueno, su papá era el Cacique. Supongo que él no quería ahorrar ningún costo
a la hora de mostrar cuanto amaba a su hija… —Mi voz se ahogó por las emociones de
mi propio padre. Maddox colocó la moneda otra vez en la manta y se puso de pie.

—Bueno, tenemos lo que vinimos a buscar. Vamos a cerrar el trato, llamamos a


Jensen y traemos a tu padre de vuelta.

—Um, ¿qué pasa con él? —pregunté mirando entre Maddox y el cráneo que
permanecía en el suelo.

—Supongo que lo ponemos de vuelta. —Miró de nuevo el agujero antes de


hundir su mano en el interior. Después de tenerla adentro unos segundos, negó con la
cabeza—. Creo que solo estaba el cráneo. —Abrí mis ojos con horror con el
pensamiento de Pretty Fawn trayendo la cabeza cortada de Avery Jensen a la cueva.

—¿Qué crees que pasó con el resto de él? —Maddox se encogió de hombros.

—Estamos hablando de un guerrero Indio y de sus amigos enojados con el


hombre blanco por el romance con su mujer. Seguro que le dispararon, pero quién
sabe qué más le hicieron para torturarlo. —Un escalofrió me recorrió.

—Bueno, eso es muy horrible. ¿Por favor podemos salir de aquí? Ahora.

—No tan rápido, cobarde —dijo Maddox.


—¿Cobarde? No creo haber escuchado eso desde que éramos niños —le contesté
envolviendo el oro en la manta como lo habíamos encontrado. Luego metí todo en el
bolso. Así no había manera de preocuparme por dejar caer algo o perderlo en el
camino de vuelta hacia la camioneta. Cuando levanté la vista, Maddox me estaba
sonriendo.

—¿Qué? —pregunté.

—Sólo estaba pensando que esta es la única vez que estaré feliz de que estés
llevando un gigante bolso. —Me reí.

—Tienes razón. —El cierre se tensó contra el contenido, pero de alguna manera
me las arreglé para meter todo adentro y poder cerrar el bolso. Justo cuando me puse
de pie, se disparó un arma, enviando una bala rebotando alrededor de las paredes de
la cueva. Grité y cubrí mi cabeza mientras Maddox se lanzó sobre mí, arrojándonos al
suelo. Estuvimos inmóviles hasta que la bala se quedó en las rocas encima de
nosotros.

—Ohhh —murmuré mientras Maddox rodaba lejos de mí y se ponía de pie.

—¿Quién está ahí? ¿Jensen? —dijo Maddox, su voz haciendo eco a través de la
cueva. Levanté la cabeza y miré con atención hacia la oscuridad. Una imagen se formó
en mi cabeza justo cuando Maddox habló.

—¡Jesús West! ¿Qué demonios estás haciendo? ¡Pudiste habernos matado, sin
mencionar también a ti mismo! ¿Disparando en una cueva? ¡La cueva hace rebotar las
balas! —West dio un paso hacia la luz de la linterna. Las sombras daban en su cara y
destacaban sus cicatrices, haciéndolo parecer amenazante.

—Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas.

—¿Qué significa eso? —pregunté. Él rodo los ojos.

—Voy a compartir el tesoro. ¿Qué demonios parece que estoy haciendo?


Capítulo 18
Traducido por Eni
Corregido por Karlix

Maddox y yo intercambiamos una mirada de preocupación. —¿Cómo supiste


sobre el tesoro? —exigió Maddox.

Con una sonrisa maliciosa, West me apuntó con el arma. —Anoche supe que
ustedes dos hablaban muy en serio acerca de ese tonto libro. Luego, después que Lane
se entonara con el tequila, soltó la lengua diciendo que estaban a la caza de oro
escondido.

Mis ojos se ampliaron. —¿Lo hice? —Todo eso pasó entre esas cuatro copas de
tequila y todo era un borrón total. Mierda, mierda, ¡MIERDA! ¿En que estaba
pensando?

—Oh sí, lo hiciste. Al principio, pensé que me estabas tomando el pelo. Pero
anoche después que se fueran a dormir decidí que sacaría la ropa de Lane de la
secadora y llevarla arriba. Eso me dio una excusa para colarme en tu habitación en
caso de que despertaras. Afortunadamente, no lo hiciste. Así que leí tus notas. —Se rió
y sacudió la cabeza—. No podía creer que decías la verdad. Supe entonces, que tenía
que seguirte para conseguir el tesoro.

—Mira amigo, simplemente no podemos compartir… —comenzó Maddox.

—Oh diablos, si puedes. Con ese oro, dejaría de trabajar para mi viejo y en
realidad hacer lo que quiera para variar.
—Pero no entiendes. ¡Hombres armados están reteniendo a mi padre hasta que
le llevemos este oro! —grité

—Sí, bueno, eso es jodidamente malo. Por lo que veo, hay un hombre armado de
pie delante de ti en este momento del cual deberías estar preocupada. —Movió su
arma hacia mí por si acaso.

La desesperación hizo que levantara la voz. —Pero lo van a matar. De verdad lo


harán. Ya intentaron matar a Maudie, y no van a dudar en hacerlo de nuevo.

West se encogió de hombros. —Lo siento, cariño, pero he visto a hombres volar
en pedazos frente a mí, uno más muerto no va a hacer mucha diferencia. Todos
tenemos nuestros problemas, ¿sabes? Cualquier oportunidad que tenía de librarme de
mi viejo y de Calhoun se fue al infierno el día que esa bomba estalló. Así que, tu triste
historia no me importa. —Me entregó su bolso—. Comienza a dividir el oro. Me
imagino que ustedes pueden tener la mitad, y yo la otra mitad.

Miré a Maddox. Bajó la mirada hacia la roca de ladrillo que aún sostenía en sus
manos después de despejar el agujero. Luego, me miró de nuevo. Inmediatamente,
comprendí. Le di un leve asentimiento concordando.

Entonces, todo a mi alrededor se estremeció paralizándose. Extendí mi brazo


para agarrar el bolso de West con un movimiento lento mientras Maddox lanzaba la
roca tan fuerte como pudo. Cuando se estrelló contra la mano de West, un chasquido
hizo eco a través de la cueva. Me encogí momentáneamente ante el pensamiento de
todos sus huesos rotos.

West gritó antes de doblarse de dolor, haciendo que su arma volara detrás de él.

—¡Vamos! —gritó Maddox, agarrándome por el brazo. Cuando rodeábamos la


esquina, miré sobre mi hombro para ver a West aún sosteniendo su mano herida que
ahora estaba sangrando. Sabía que sólo era cuestión de segundos antes que
comenzara a buscar su arma y venir tras nosotros.

—¿Estás seguro que no estamos corriendo hacia un callejón sin salida? —


pregunté, mi voz hacía eco en la cueva.

—No, tiene que haber una salida en alguna parte. Y donde quiera que sea tiene
que ser mejor que volver allí con West.

Con la luz tenue de la linterna, apenas podía ver lo que estaba en frente de mí y
mucho menos lo que estaba más adelante. El aire comenzaba a disminuir y nuestros
pies comenzaban a resbalarse por el suelo mojado. Fue en ese momento que empecé a
tener el mal presentimiento de que estábamos demasiado cerca de las cascadas.
Doblamos en la esquina e inmediatamente estuvimos cegados por la luz solar y
un ruido atronador. Nuestros zapatos patinaron hasta detenerse justo antes del borde
de la cueva. Me asomé para ver el lugar donde las cataratas fluían rápidas en una
corriente. Tenían que ser por lo menos cinco metros.

Maddox me agarró por los hombros y me volvió hacia él. —Está bien, no tenemos
opción aquí. ¡Tenemos que saltar! —gritó por encima del rugido del agua.

Mis ojos se ampliaron. —¿Estás loco?

—¿Qué otra opción tenemos? ¡La única otra salida es el callejón sin salida con
West tomando el oro!

Cuando tomó un paso más cerca del borde, sacudí la cabeza violentamente con
miedo. —¿Qué pasa con Pretty Fawn? Si recuerdo la leyenda correctamente, todo el
salto de los acantilados no terminó muy bien para ella.

—Ella no podía nadar. Vamos a ser capaces de llegar a la orilla. —Me tendió la
mano—. Dame tu bolso. El oro te pesará demasiado.

Sin decir nada, me saqué la correa sobre la cabeza y se lo di a Maddox. Al


instante, me sentí más ligera. Se lo lanzó sobre su cuello para pasarlo por sus
hombros. —Bien, hagámoslo. —Ante mi vacilación, él sonrió—. Confía en mí.

Al escuchar unos pasos, me di cuenta que no teníamos más tiempo para debatir
mis opciones. Me giré para ver la sombra de West acercándose. Su voz hizo eco en la
cueva hacia nosotros.

—¡Muy bien, ya terminé de jugar sus juegos de mierda! ¡Entréguenme el bolso


con el oro o empezaré a disparar!

Sin pensarlo más, agarré la mano de Maddox. —Confío en ti.

—Entonces, saltemos.
Traducido por Mew Rincone & Eni
Corregido por Evarg7

No puedo describir lo que se siente al tener que saltar en el aire desde una roca
sólida. Mis piernas se agitaron desesperadas por conectar con algo. Comenzamos una
caída libre, con el aire corriendo hacia nosotros mientras el agua se acercaba. Nuestra
ropa y pelo azotaban y se ondeaban contra nosotros, pero durante todo el camino,
Maddox no soltó mi mano. Sólo nos separamos cuando nos sumergimos en el agua.

Caí en picado a través de las oscuras profundidades del río. Cuando mis piernas
se deslizaron a lo largo de la parte inferior, abrí los ojos y busqué la luz por encima de
mí, desesperada por llegar a la superficie y a Maddox. Empecé a patalear
frenéticamente y a bracear, forzándome hacia arriba. Cuanto más me acercaba a la luz,
más lejos parecía estar. Mis pulmones ardían y dolían por la falta de oxígeno. En
silencio, le agradecí a Dios que Maddox llevase el oro, o creo que podría haber
continuado hundiéndome.

Cuando por fin salí a la superficie, tragué una bocanada de aire, resoplando y
chisporroteando. Las rugientes aguas rápidas me lanzaron de un lado al otro,
hundiendo mi cabeza y haciéndome tragar agua. Una vez que conseguí alzar mi cabeza
de nuevo, pataleé con todas mis fuerzas para mantenerme a flote.

—¡Maddox! —grité, buscándolo en el agua. Estiré el cuello, buscando


frenéticamente una señal de él. No lo podía encontrar, y una ola de miedo cayó sobre
mí. Finalmente su cabeza salió a la superficie un par de metros por delante de mí. Mi
corazón se reavivó mientras la felicidad se apoderaba de mí.

Los rápidos empezaron a calmarse y a fluir suavemente. Maddox nadó junto a mí.

—¿Estás bien?

—Creo que sí. ¿Tienes el oro?

Acarició la bolsa a su lado.

—Todavía lo tengo. —Sonrió—. Te dije que confiaras en mí, ¿no es así?


—Sí.

Maddox me agarró en un abrazo de oso y me dio la vuelta en el agua.

—No me puedo creer que hayamos acabado de saltar de ese jodido acantilado.

—Yo tampoco —grité, antes de disolverme en una risa histérica—. Y realmente


estamos vivos.

—Nunca dudé de que lo lograríamos, ni por un segundo.

—¡Ja! Fácil para ti decirlo, Señor Solía-saltar-de-los-aviones-en-el-ejército.

Dio un resoplido indignado.

—Uh, no, ése es un juego de pelota totalmente diferente, listilla. Yo tenía una
pequeña cosa llamada paracaídas en ese entonces. Nosotros estábamos en caída libre
hacia la nada.

Incliné la cabeza hacia él, bebiendo de lo lindo que era cuando estaba enojado. En
lugar de discutir con él, las enloquecidas endorfinas que bombeaban por mi sistema,
querían una cosa.

A él.

Piel sobre piel con sus labios sobre los míos. Ni siquiera me detuve para
cuestionarlo. Agarré su camisa mojada y tiré de él hacia mí.

—Teniendo en cuenta que ésta ha sido la tercera vez que casi hemos muerto en
las últimas cuarenta y ocho horas; ¿no vas a darle a la chica un pequeño beso de
victoria?

Una lenta sonrisa se dibujó en su rostro.

—Ooh, Princesa, creo que me gusta lo que hace en ti lo de caminar por el lado
salvaje. —Agarré su apretada camisa y me apoyé en él. Alzó sus manos para ahuecar
mi cara y entonces, el calor de su boca estuvo en la mía. Nos besamos durante unos
momentos felices que hicieron que haber saltado del acantilado valiera la pena—.
Maldita sea. Sabes bien —murmuró contra mis labios.

Gemí.

—Nos tenemos que ir. Papá... Jensen —discutí, pero seguí apretándome a él.

Pero entonces ambos entramos en razón y nos apartamos. Negó con la cabeza.
—Mencionar a Jensen fue una forma definitiva de matar el momento.

Se formaron nudos en mi estómago ante el pensamiento de papá.

—¿Cuál es el plan? ¿Vemos adónde lleva la corriente?

—No, si conozco a West, no va a rendirse tan fácil. Va a estar esperándonos aguas


abajo. Tenemos que ir hacia atrás para volver a la camioneta.

—Lo que tú digas.

Maddox comenzó a nadar contra la corriente. Lo hizo parecer mucho más fácil de
lo que realmente era. Puede que yo fuera capaz de seguirle el ritmo en tierra, pero con
la ropa mojada y la fuerza del agua, fue difícil. Mis brazos y piernas se agitaron y
ondearon para evitar ser arrastrada, y mi respiración venía en frustrados jadeos por
todo el esfuerzo. Afortunadamente, no tuvimos que ir demasiado lejos para llegar a la
costa.

Maddox se subió a una roca, y entonces se volvió para ayudarme. Cuando fui a
dar un paso, mi zapato se escurrió en el resbaladizo musgo, y Maddox tuvo que
subirme de un tirón en la roca. Me golpeé con él y casi pierde el equilibrio.

—¿Te he hecho daño? —preguntó.

—No, estoy bien.

—Tenía miedo de haberte sacado el brazo del sitio o algo así.

Me eché a reír.

—No soy tan frágil, muchas gracias.

Maddox palmeó mi cuello juguetonamente.

—Sí, sí.

Entonces saltó de la roca hacia la orilla. Esta vez tuve la oportunidad de hacerlo
sin su ayuda. Una vez estuvimos a salvo en tierra, Maddox estiró el cuello a la
izquierda y luego a la derecha. Parecía estar calculando en qué dirección ir. Entonces
se decidió por una.

—Por aquí —dijo, antes de empezar a correr a toda velocidad. Fui justo detrás de
él. Corrimos a través del bosque fuertemente alineado de árboles con agua salpicando
de nosotros y de nuestros zapatos. Las ramas de los árboles golpeaban contra mi cara,
produciendo punzantes arañazos en mi mejilla, por no mencionar que tomaban
mechones de mi pelo mojado. Pero seguí corriendo.
Finalmente, llegamos a un lado de la entrada de la cueva. Mi corazón se aceleró
cuando conseguí ver nuestra camioneta, pero entonces traqueteó de miedo por el que
supuse era el auto de West casi directamente detrás de ella.

—Espera aquí —ordenó Maddox.

Sabía que no debía discutir con él, así que me quedé inmóvil. Encorvado, se
arrastró a lo largo de la pared exterior de la cueva. Cuando llegó a la apertura, entró.
Los segundos pasaron de forma angustiosa mientras esperaba que él estuviera bien y
que West no nos hubiera engañado quedándose donde estaba y no persiguiéndonos.

Justo cuando empecé a avanzar lentamente hacia la entrada de la cueva, Maddox


apareció con su bolsa y nuestros suministros. Cuando me vio, alzó las cejas.

—¿Es que nunca me escuchas?

Alcé mis manos.

—Tú no volvías. Pensé que West podría estar apuntándote con una pistola o algo.

—Y si lo estaba, ¿ibas a irrumpir y rescatarme? —preguntó, su voz mezclada con


humor.

Llevé mi mano a mi cadera.

—Sí, sabelotodo, lo haría. El camión con las armas está justo ahí. Podría haber ido
y haber cogido una fácilmente.

—Bien pensado lo de las armas. Creo que voy a utilizar una ahora para darnos
una pequeña póliza de seguros.

Lo seguí a la camioneta, de donde sacó la pistola.

—¿Qué vas…? —Empecé antes de que se girara y apuntara hacia el auto de West.
Dos rápidos estallidos dejaron fuera de combate a la rueda delantera y trasera del
lado izquierdo. Me miró y sonrió mientras el aire salía de los desinflados neumáticos y
el auto se hundía en la hierba.

Me eché a reír.

—Bien pensado. ¡Seguro que va a estar cabreado cuando las vea!

—Sí, y creo que nosotros tenemos que habernos ido mucho antes de que él tenga
la oportunidad de hacerlo —dijo Maddox, subiéndose al camión—. ¿Cómo vamos a
tiempo?
Me apoyé en la cabina y agarré mi teléfono desde el suelo donde Maddox lo había
tirado.

—Diez minutos de sobra.

—Supongo que es mejor que llamemos y nos reportemos con Jensen. Ver cuál es
la siguiente orden del titiritero.

—Pero ¿qué pasa con nuestro siguiente movimiento?

—¿Quieres decir el plan de coger a tu papá e irnos con el oro?

—Ése.

Maddox hizo una mueca mientras se frotaba la barba en su rostro.

—Sí... sigo estando en blanco en cuanto a ese momento se refiere.

Mirando por encima de mi hombro, miré el auto hundido de West y una idea me
vino a la cabeza. Me apresuré al auto mientras Maddox silbaba entre dientes:

—Lane, vuelve aquí. Puedes apostar a que ha escuchado los disparos y está de
camino ahora mismo.

No le hice caso y tiré de la puerta del lado del pasajero. West debió haber estado
verdaderamente apurado por llegar a nosotros porque no se molestó en bloquear sus
puertas. Ahí residía la clave de nuestro plan.

El teléfono de West.

Cogiéndolo, salí pitando y volví a la camioneta y me monté.

—Está bien, conduce.

Maddox lanzó la camioneta en reversa.

—¿Has tomado su teléfono?

—Necesitamos una manera de obtener ayuda sin que Jensen lo sepa, y si nos
detenemos en algún lugar, sospecharía absolutamente. —Agité la mano con el teléfono
de West en ella—. Éste es nuestro boleto.

Maddox se me quedó mirándome con incredulidad antes de que una lenta


sonrisa se extendiera por su cara.

—Maldita sea, veo por dónde vas con esto.


Le devolví la sonrisa.

—Me alegra que estés a bordo.

—¿Y cuál es el primer paso?

—Llama a Jensen para ver dónde quiere que nos encontremos con él.

Maddox asintió. Una vez más, Jensen respondió rápidamente.

—Sí, tenemos el oro. ¿Dónde quieres reunirte con nosotros?

Jensen debió haber hecho algún tipo de demanda porque Maddox puso los ojos
en blanco.

—Está bien. —Luego puso el teléfono en el altavoz—. Quiere asegurarse de que


no has huido en busca de ayuda o algo así. Así que di hola.

—Oh, um, todavía estoy aquí. No he ido a ninguna parte.

—Bueno, me alegra oír eso señorita Montgomery. Tu padre está muy contento de
escuchar eso, ¿no es verdad?

Una voz apagada vino del fondo y me lancé hacia adelante en mi asiento,
agarrando el teléfono.

—¡Papá! Papá, ¿estás bien? Oh, Dios, te amo tanto, y ¡vamos a traerte de regreso!

—Qué conmovedor. Creo que hay lágrimas tanto en mis ojos como en los de papi
—rumió Jensen.

Mientras un grito ahogado brotaba de mí, Maddox gruñó.

—Deja de joder con su mente. Dinos dónde entregarte el dinero o cállate.

—Paciencia, Sr. Díaz. Ya han llegado hasta aquí. No hay necesidad de perderlo
todo justo en la línea de meta.

Maddox cerró los ojos y tomó unas cuantas respiraciones profundas. Si pudiera
pasar a través del teléfono y estrangular a Jensen, lo habría hecho.

—Está bien. Estoy escuchando.

—Basado en tu localización GPS, quiero que des marcha atrás por el mismo
camino a la carretera principal. Toma la derecha. Continúa quince kilómetros y
llegarás a una gasolinera abandonada. Ve a la parte trasera. Te estaremos esperando.
—Está bien —murmuró Maddox.

—Hasta ahora, han sido muy buenos en evitar la ridícula teatralidad. Espero que
ambos continúen pensando claramente. Odiaría que algo malo sucediera esta tarde en
el juego.

Pulverizando las lágrimas de mis ojos, espeté:

—Sencillamente mantén tu parte del trato, Jensen, y nosotros mantendremos la


nuestra.

—Oh, la mantendré así como ese fuego inesperado tuyo, señorita Montgomery.
Estoy ansioso por verte. Recuerda, sin policías y sin dramas de último minuto. —
Entonces colgó.

Me encontré con la mirada de Maddox y sacudí la cabeza.

—Cambié de opinión. ¡Estoy totalmente dispuesta a poner una bala entre los ojos
de Jensen!

Se rió.

—¡Ésa es mi chica!

—¡Qué hijo de puta inimaginable!

—Ah, ahí está tu fuego entrañable —bromeó, imitando a Jensen.

—No es gracioso.

Usando el teléfono de West, llamé al 411, el número de información del


Departamento del Alguacil del condado. Al conectarme con el operador, le entregué el
teléfono a Maddox. Con todo su entrenamiento, era la mejor opción para ser el
portavoz.

—Sí, tengo información importante sobre la persona que intentó matar a Maudie
Sinclair. Y no quiero desperdiciar mi tiempo con un suplente. Quiero a un agente de la
GBI, y quiero hablar ahora.

La intensidad de su voz me impresionó. Pasaron varios segundos antes de ser


transferido. Maddox accionó el altavoz para que yo también pudiera escuchar. Una
rica voz profunda llenó la cabina del camión.

—Habla el agente Montrose. ¿Entiendo que tiene información sobre uno de mis
casos?
Maddox respiró profundo.

—Mire, no tengo mucho tiempo, así que, va a tener que trabajar conmigo y
confiar en que lo que le estoy diciendo es la pura verdad, ¿de acuerdo?

El agente Montrose no se alteró en lo más mínimo antes de contestar.

—Escucho.

Entonces, Maddox procedió a contarle al agente Montrose cada detalle increíble


del mapa y el tesoro desde la visita inicial de Jensen a Maudie hasta el incendio en el
almacén y la persecución en auto, y luego que nosotros encontramos el tesoro. No
omitió ni un solo detalle. Bueno, se las arregló para dejar de lado los embarazosos,
como anoche o esta mañana.

—Ahora después de todo lo que hemos pasado, estoy bastante seguro de que
quiero huir con el oro, y también quiero que Jensen termine de nuevo en una prisión
de máxima seguridad. —La mirada de Maddox se movió rápidamente hacia la mía—.
Más que todo, tengo que conseguir que Lane y Stephen salgan ilesos. Pero no puedo
hacerlo solo. Así que, ¿qué va a hacer para ayudarnos?

Mi respiración quedó atrapada en mi garganta esperando la respuesta del agente


Montrose.

—Es toda una odisea por lo que han pasado. Puedo asegurarle que la agencia y yo
haremos todo lo que podamos para asegurar su seguridad. Carl Jensen ha estado en
nuestro radar por algún tiempo, en realidad está subiendo en la lista de los más
buscados de Georgia. Ya he puesto un rastreador en este teléfono y sé su ubicación
exacta. Deme los números de teléfono que Jensen está siguiendo también. —Después
de que Maddox le diera la información, el agente Montrose dijo—: Estoy despachando
agentes y auxiliares al área, así como también un equipo Swat y un helicóptero
preparado.

Maddox sonrió.

—Trabaja bastante rápido.

El agente Montrose se rió.

—Se supone que lo sea. Por suerte, en los asuntos de vida o muerte, trabajamos
extremadamente rápido. Va a ser muy importante que se guarde este teléfono para
que podamos usar el GPS. Es una precaución sólo en caso de que Jensen decida
llevarlo a otro lugar de encuentro.
Ese pensamiento hizo que una sensación desesperada rebotara dentro de mí. No
quería que hubiera ni un nanosegundo en que nuestros paraderos pudieran ser
desconocidos para el GBI. Ya era lo suficientemente aterrador que tuviéramos que
encontrarnos con Jensen sin ellos.

—Está bien, podemos intentarlo.

—Me alegro de oír eso. Quiero que estén tranquilos sabiendo que hicieron lo
correcto al llamarnos. Y vamos a hacer todo lo que podamos para ayudar.

—Gracias —respondió Maddox.

—Escuche, tengo que salir para ponerme en acción. Pero no importa lo que pase,
tiene que estar calmado. Confíe en sus instintos y entrenamiento.

—Lo haré.

—Lo veo pronto.

—Sí, nos vemos. —Maddox colgó y me tiró el teléfono. Golpeando el volante,


exclamó—: ¡Esto es un maldito desastre! Me siento como si estuviera de vuelta en mi
antiguo pelotón en una misión.

—Quisiera poder decir lo mismo —contesté.

Maddox se volvió hacia a mí.

—Oye, deja de preocuparte. Todo va a salir bien.

—Lo sé.

Tamborileando los dedos sobre el volante, Maddox dijo:

—Vamos a necesitar una manera de tener el teléfono con nosotros, así la policía
podrá rastrearnos. Pero tiene que ser un lugar bien escondido porque, conociendo a
Jensen, nos va a hacer una requisa en el momento que salgamos del auto.

—¿Te refieres en alguna parte en uno de nuestros cuerpos?

—Sí, así tiene que ser. Van a revisar nuestros bolsos, incluso probablemente el
camión para asegurarse de que no estemos escondiendo el oro. —Entonces sus ojos se
enfocaron en mi pecho. Di un grito ahogado.

—¿Quieres que meta el teléfono en mi sujetador?

—¿Puedes pensar en un lugar mejor?


—Um, en este momento…no. Pero dame un segundo —resoplé.

Maddox sonrió.

—Confía en mí, es el mejor lugar. Aunque Jensen y sus hombres sean unos
imbéciles, no van a hacer que te quites la camiseta ni te tocarán. Pensarán que eres
demasiado dulce e inocente para esconder algo en tu sostén.

—¿Y qué si atan cabos dándose cuenta de que eres un depravado que estaría más
que feliz por darme un escote electrónico? —repliqué.

Se rió.

—Momentos desesperados, nena.

Miré el teléfono con desprecio. Si alguien me hubiera dicho hace treinta seis
horas que estaría obligada a esconder un teléfono en mi sostén para que el GBI nos
rastreara en el camino del encuentro con los matones, le habría dicho en su cara que
estaba loco o loca. Desafortunadamente, la verdad era demasiado real.

—Vamos, al menos intentémoslo —instruyó Maddox.

—Ya voy, ya voy. —Tomando un momento para apagar el teléfono, levanté mi


camiseta húmeda, deslizando el teléfono debajo. Cuando llegué al sujetador, lo metí en
una de las copas y luego en la otra. Traté de aplastarlo con ambos lados. Gracias a
Dios, llevaba uno de mis sujetadores deportivos ya que nunca habría funcionado con
alguno de los de encaje, necesitaba todo el apoyo y la tela que pudiera conseguir. Sólo
esperaba que al final la tela mojada no dañara el teléfono, o más precisamente, el GPS.

Me volví en mi asiento donde Maddox pudiera verme mejor.

—¿Cómo se ve?

Apartó la mirada de la carretera dirigiéndola directamente a mi pecho.

—Muévete un poco.

Suspiré y me giré de derecha a izquierda y luego me incliné hacia delante. Lo


siguiente que supe fue que Maddox estiró la mano para agarrar el frente de mi
camiseta.

—¡Oye! —grité, apartándola.

Puso los ojos en blanco.


—Jesús, Lane, tenía que ver si podía sentirlo. Por si Jensen o alguien se roza
contra ti.

—Lo siento, pero pudiste darme un pequeño aviso —argumenté.

Sacudiendo la cabeza, se rió estrepitosamente.

—¿Sabes qué? Realmente deberías hacer eso si Jensen o algún otro hombre se
acerca. Déjalos pensar que estás insultada por su manoseo en lugar de tratar de
esconder algo.

—Créeme. Si hacen lo que acabas de hacer, no creo que tenga que fingir.

Maddox me miró.

—Me alegra saber que tocar tus tetas te pone como loca.

Solté una risita.

—Generalmente, me gusta cuando tocas mis pechos.

—¿No tus tetas?

Arrugando la nariz, contesté:

—No me gusta mucho esa palabra.

Sonrió.

—¿Pero te gusta que toque tus pechos?

—Oh, sí, me gusta mucho.

—Es bueno saberlo.

Echándole un vistazo a la camiseta, pregunté:

—¿Entonces piensas que estoy bien?

Maddox asintió.

—Creo que sí.

Estiré la camiseta sobre mis rodillas.

—Sólo para estar seguros, trataré de estirarla un poco. Se esconderá mejor si la


tela es más flexible.
—Haz lo que tengas que hacer para que funcione.

Justo cuando terminé de ajustar la camiseta, una señal oxidada apareció a la vista.

—Mierda. Aquí vamos —dijo Maddox.


Traducido por Sara Herondale
Corregido por Ahriel

Dimos la vuelta en el estacionamiento abandonado. El camión traqueteó en el


pavimento. Mientras miraba aquel entorno desolado, mis ojos captaron el infame
Mercedes negro casi oculto al otro lado de la tienda. Todo lo que podía ver era la parte
delantera del parachoques y del capó. Maddox llevó el camión hasta una señal de stop,
y apagó el motor.

—Oh Dios, creo que voy a vomitar —murmuré. Maddox me dedicó una enorme
sonrisa.

—Todo va a salir bien. Ya lo verás. —Quería creerle. Terrance, el más alto de los
dos secuaces, dio un paso fuera del Mercedes—. Creo que ya estamos todos —dijo
Maddox, abriendo la puerta.

Con las palmas sudorosas, deslicé mis temblorosas manos en la manilla de la


puerta. Tuve que intentarlo dos veces antes de ser capaz de mantenerla abierta. Mis
también temblorosas piernas apenas me sostuvieron cuando me bajé de un salto.
Maddox me esperaba al frente del camión. Deslizó sus igualmente sudorosas palmas
en las mías y me llevó al otro lado, donde se encontraba Terrance.

—Me alegro que llegaran a tiempo. El Sr. Jensen aprecia su puntualidad —dijo.

—¿Y dónde está Jensen? —preguntó Maddox.

—Está en el punto de encuentro con el Sr. Montgomery.

— ¿Punto de encuentro? —repetí.

—El intercambio no será aquí —le eché una mirada a Maddox.

—Entonces, ¿dónde va a ser?

—Ya lo averiguaran. Primero, necesito que los dos entren en la parte trasera.
En ese momento, un hombre que nunca antes había visto se bajó del asiento del
copiloto del Mercedes. Con su alta estatura y enormes músculos, él tenía que ser el
portero-gorila-del equipo. Se movió atropelladamente hacia nosotros. Lo que llevaba
en las manos me hizo lanzar un grito apagado. Vendas y sogas. Maddox siguió mi
mirada. Su cuerpo se tensó antes de volverse con furia hacia Terrance.

—¡No me jodas! Nadie dijo nada sobre vendarnos los ojos o atarnos.

—Lo siento, pero Jensen insistió. Es tanto para su protección como para la suya.
Los meteremos en el auto antes de que tengan que ponérselas. Pero primero, me temo
que tenemos que registrarlos. —Me sonrió—. Las damas primero.

Cuando no me moví, Maddox apretó mi mano tranquilizadoramente. Él había


previsto todo esto, pero no el resto. Ahora que lo tenía justo delante, la idea de ser
registrada no solo me asustaba, también me aterrorizaba. Terrance me tiró del brazo,
alejándome de Maddox. Grité mientras me empujaba contra el muro de ladrillos de
delante, forzando mis brazos encima de mi cabeza. Pasó sus manos por mi aun
húmedo cabello, apartándome el pelo del cuello con sus ásperos dedos.

—¿E-Es esto realmente n-necesario? —pregunté.

—Me temo que sí. Hay órdenes estrictas de no portar armas ni dispositivos de
comunicación —respondió, deslizando sus manos a los lados de mi cuerpo. Cuando
llegó a mi abdomen, aguanté la respiración, esperando y rezando para que no fuera
más arriba y descubriera el teléfono en mi sujetador. Finalmente, bajó su mano hacia
mi cintura. Sentí vergüenza cuando metió sus dedos dentro del cinturón de mis jeans
antes de revisar mis bolsillos. Miré sobre mi hombro hacia Maddox. Tenía los puños
apretados a los lados, y sabía que estaba luchando para no retorcerle el pescuezo a
Terrance.

—Está limpia, estúpido —gritó. Terrance lo ignoró y lo sentí bajar por mis
piernas.

—Quítate los zapatos —me exigió. Rápidamente me saque los tenis. Después de
asegurarse de que tampoco llevaba nada en las medias, asintió con la cabeza y se
volvió hacia Maddox—. Todo bien, ahora tú.

Entonces el gorila me agarró por los hombros y me empujó hacia el auto. Su


rudeza no le sentó bien a Maddox ya que lo próximo que supe es que había empujado
a Terrance y se apresuraba hacia mí.
—Juro por Dios que si la vuelves a tocar así una vez más, te romperé el cuello —
gruñó. Con un resoplido despreciativo, el gorila se paró frente a Maddox antes de
meter la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacar una enorme pistola.

—Cállate.

En la frente de Maddox latía una vena y temía que fuera a explotar. Rápidamente,
llevé mis manos a su cara, forzándolo a mirarme.

—Estoy bien —le aseguré. Su expresión era de tortura, pero asintió ligeramente
con la cabeza. El gorila se burló de Maddox antes de deslizar un brazo alrededor de mi
cintura y arrastrarme bruscamente. Terrance se aclaró la garganta.

—Tranquilo Julius. Recuerda lo que dijo Jensen sobre herirlos. —Con eso, Julius
disminuyó su agarre.

—Entra —me exigió. Miré con nerviosismo la soga en sus manos.

—¿N-No me vas a a-atar?

—No, creo que las reservaremos para el chico enamorado —crucé la puerta y me
deslicé en el asiento. Cuando iba a ponerme el cinturón, sacudió la cabeza.

—Al suelo —miré hacia abajo y tragué con fuerza. Todo era una pesadilla. Me
arrodillé detrás del asiento del conductor. Apoyándose en él, Julios cogió una de las
vendas y cubrió mis ojos. La oscuridad me envolvió y no podía dejar de temblar. El
pánico invadió mi piel y luchaba por respirar. Mantén la calma, Lane. Todo va a estar
bien. Maddox está aquí, el GBI está en camino, y todo va bien. Pero no importaba lo
mucho que intentara tranquilizarme, no ayudaba. Terrance debía de haber terminado
con Maddox, porque escuché su voz cerca de la puerta del lado del conductor.

—Julius, ponte detrás con ellos. Parker te llevará a la localización, y yo los seguiré
en su camión.

—Como quieras —respondió Julius. Justo cuando pensaba que me iba a poner a
hiperventilar, Maddox se dejó caer a mi lado. Julius nos dio con el codo para que nos
quedáramos abajo, así estaríamos mejor escondidos. Después de que estirara las
piernas y de que Maddox se pusiera junto a mí, una gruesa manta nos envolvió,
haciéndonos aún más difícil poder respirar. De alguna manera la voz de Maddox
consiguió abrirse paso en la oscuridad emocional y física que nos rodeaba.

—Todo va a estar bien. Te quiero, y vamos a superar esto.


—Yo también te quiero —susurré. Sus labios encontraron los míos en un beso
tranquilizador. Nos sacudimos cuando el auto dio marcha atrás. Nuestros cuerpos se
agitaban y vibraban con el traqueteo del auto mientras se movía por el asfalto. Cuando
nos detuvimos en una parada la barbilla de Maddox me golpeó en la frente.

—Ouch —grité.

—Lo siento —murmuró. Traté de alzar la mano para frotármela, pero el auto dio
una sacudida en la autopista, arrojándonos el uno contra el otro de nuevo. Al ritmo al
que íbamos, estaríamos negros y azules para el momento en el que llegáramos a la
guarida de Jensen. Probablemente habíamos estado viajando solo unos cuantos
minutos cuando el peso de Maddox sobre mí hizo que se me durmieran las piernas.
Intenté moverlas, pero terminé asestándole un rodillazo en la ingle a Maddox. Fuerte.
Él gritó agónicamente y se alejó.

—Dios, lo lamento mucho —dije. Julius nos pateó.

—¡Que se queden abajo!

—Que te den una patada a ti en los huevos y me dices a ver si eres capaz de
quedarte quieto —contestó Maddox.

Mientras Parker se reía en voz baja en el asiento delantero, la bota de Julius nos
pegó otra vez.

—Cállate de una puta vez antes de que te amordace.

Maddox murmuró una serie de groserías mientras apartaba sus piernas para no
correr peligro de ser golpeado por mí de nuevo. Soltó un suspiro frustrado.

—¿Estás bien? —susurré.

—Estoy atado y con los ojos vendados, he sido acosado por unos imbéciles
armados, y hace nada que mis bolas han sido reordenadas. Oh sí, estoy genial —
repuso. Aunque sabía que no podía verme, puse los ojos en blanco.

—No puedo creer que estés siendo sarcástico en un momento así.

—Si bueno, lamento no cumplir tus expectativas de héroe, Princesa.

Estaba a punto de darle una respuesta inteligente, cuando salimos de la carretera


y nos metimos por un camino empedrado. Una vez más, Maddox y yo fuimos lanzados
el uno contra el otro mientras éramos golpeados y empujados en aquel espacio
irregular. La idea de que nos estuviéramos acercando a Jensen me causaba escalofríos.
Maddox debió sentir mi tensión porque apoyó mi frente en su cuello. Todos mis
molestos sentimientos se evaporaron con el calor de su respiración en mi cara.

—Discúlpame por ser un idiota —murmuró.

—No, yo también lo siento.

Empezó a reírse silenciosamente.

—Eres una toca pelotas, en más de un sentido, Lane —solté una risita,
agradeciendo silenciosamente que intentara aliviarme aunque fuera por un momento
mi tensión y hacerme olvidar la venda en los ojos y el estar siendo apuntada con una
pistola. Nos detuvimos y Terrance apagó el motor.

—Todo terminará pronto y cuando miremos atrás nos reiremos de esto —me
aseguró Maddox en un susurro. Asentí en respuesta mientras silenciosamente rezaba
para que el Agente Montrose cumpliera su palabra y fuera rápido. Por encima de mí,
escuché abrirse la puerta trasera. El auto se tambaleó bajo su peso cuando Julius
entró. Pasaron unos segundos antes de que nos quitaran la manta de encima.

—Está bien, levántate chico enamorado —dijo Julius.

Apartó a Maddox de mi lado. Julius debió haberlo sacado del auto porque lo que
escuché después fue un cuerpo arrastrándose por el suelo y a Maddox maldiciendo.
Me levanté del suelo e intenté subirme al asiento, pero Julius me agarró del brazo con
su mano enorme y me arrastró fuera.

Seguía sin poder ver, así que perdí el equilibrio y me caí al suelo, justo encima de
Maddox.

—Mierda.

—Lo siento —rodé lejos de él y me tambaleé sobre mis pies.

Unas manos agarraron mis hombros, y luego Julius me quitó bruscamente la


venda. La luz intensa del mediodía me quemó los ojos, y tuve que mantener los ojos
cerrados para que pudieran ajustarse. Después de unos cuantos segundos, los abrí.
Parpadeé mientras miraba alrededor, intentando desesperadamente asimilarlo todo
de una sola vez. Le eché un vistazo a Maddox. Agitó su cabeza como si dijera: ¿Dónde
demonios estamos?

Con todas las curvas que habíamos pasado, estábamos definitivamente fuera del
área rural. Crecían hierbas altas alrededor, y un granero rústico se encontraba en el
centro del campo abandonado. Detrás del granero, podía ver dónde había existido una
vez una vieja granja porque aún quedaban en pie dos chimeneas. Empujándonos por
la espalda Julius nos impulsó hacia delante cruzando el campo de hierba hacia el
granero. Una vez que llegamos a la puerta, llamó.

—Adelante —respondió una voz desde el interior.

Entramos en el granero, y Julius cerró rápidamente la puerta. Vi movimiento a mi


izquierda. De repente, Jensen dio un paso atrás. Sin dirigirnos ni una palabra, nos dio
la espalda y empujó a alguien hacia delante.

—¡Papá! —grité, liberándome de Terrance.


Traducido por 3lik@
Corregido por Eni

Papá tenía las manos atadas a la espalda, sólo podía tirar mis brazos alrededor
de su pecho. Apretándolo firmemente, sin pelear con las lágrimas que pinchaban mis
ojos.

Él inclinó la cabeza para besar mi mejilla. —Gracias a Dios que estás bien. He
estado tan preocupado, cariño —murmuró, con la voz quebrada.

Me siento de la misma manera.

Tratando de aliviar la tensión, reflexionó—: Mi hija, cazadora de tesoros.

Incluso en su broma, no podía luchar contra los sollozos que se escapaban de mis
labios.

—Lo siento, lo siento tanto.

Papá me dio una sonrisa fantasma. —Está bien.

Y entonces nuestra breve reunión se hizo añicos con Jensen acercándose


sigilosamente detrás de mí. Me puse rígida cuando sentí su aliento en mi cuello. —
Odio interrumpir una escena tan conmovedora, pero creo que tenemos algunos
asuntos que atender.

Sabía que él quería que lo siguiera, pero me negaba a cooperar. Me quedé clavada
en el suelo con los brazos alrededor de papá. —Señorita Montgomery, por favor
coopere —dijo Jensen. Él me alejó de papá y me llevó hasta un sofá raído que solía ser
un comedero donde un animal se alimentaba. Maddox estaba junto al sofá,
moviéndose con ansiedad de ida y vuelta sobre sus talones. Sabía que él estaba
pensando lo mismo que yo. ¿Dónde diablos estaban el Agente Montrose y el GBI?

Miré por encima del hombro para ver a Terrance agarrar a papá. —¿Quieres que
lo llevemos de vuelta en el establo? —preguntó.
Jensen negó con la cabeza. —Sólo mantén un ojo sobre él. Si todo está en orden,
no va a estar aquí mucho más tiempo—. Él me hizo señas para que me sentara, pero
me mantuve de pie. Su mandíbula se apretó en señal de desaprobación, pero no me
forzó.

—Asumo que desde que Julius barrió tu camioneta y no encontró el oro, ¿está en
algún lugar en ti?

—Sí —murmuré.

Cruzó los brazos sobre el pecho.

—¿Estás tratando de jugar conmigo, señorita Montgomery?

—No.

—La Sra. Sinclair quería jugar conmigo sobre el mapa. Ya viste cómo terminó
ella—. Él sacó una pistola del bolsillo de su chaqueta. —Sé una chica inteligente y
dame el oro.

Dudé por un instante antes de que mi mano temblorosa se posicionara en la


cremallera de mi bolso. Jensen sonrió a mi cumplimiento. —Sé lo que estás pensando.
No es justo que te hayas pasado por tantos problemas para conseguir el oro y ahora
tienes que renunciar a ello. Pero en realidad no es tuyo. Realmente le pertenece a mi
familia.

—No, el oro era de Pretty Fawn. Si le pertenece a alguien, a sus antepasados.

Jensen entrecerró los ojos. —Ahora escúchame. Mi tatarabuelo, Arch, era el


hermano de Avery Jensen. Después de que Avery fuera asesinado, Arch pasó la mayor
parte de su vida buscando el mapa y el oro —llevándolo a la locura. Justo antes de que
mi abuelo muriera, él descubrió el mapa había sido escondido en una pintura —una
pintura hecha por el nieto de Notley, el hermano de Pretty Fawn. Él me hizo jurarle en
su lecho de muerte que encontrara la pintura, sin importa las consecuencias.

Cuando él alcanzó mi bolso, di un paso atrás. Traté de pensar en alguna manera


de seguir hablando y darle al Agente Montrose y al GBI un poco más de tiempo. Me
mordí el labio por un minuto antes de descolgarme, pero ¿por qué ahora? ¿Por qué no
intentaste buscar el tesoro años atrás?

Jensen gruñó con frustración. —Bueno, si quieres saberlo pequeña perra


entrometida, era porque tenía cosas mejores que hacer con mi tiempo que ir en una
maldita búsqueda inútil de un tesoro que ni siquiera podría existir y había llevado a
mi familia a la locura. Pero después de aterrizar en la cárcel por segunda vez, una
noche pasé de estar aburrido de mi mente. Empecé a hojear una revista de arte que
algún idiota había donado. ¿Y qué es lo que veo? La propia pintura por la que mi
familia ha estado salivando.

Jadeé. —¿Viste que iba a ser vendida en la subasta en Carolina del Norte? Una a la
que Maudie asistió.

—¿No estamos en perceptiva? Afortunadamente, mi fecha de libertad condicional


coincidió con la subasta — reflexionó Jensen.

—Pero, ¿por qué no robarla de la casa de subastas?

Jensen rodó los ojos. —Oh, por favor, esos lugares son casi tan extremadamente
armados y protegidos como un camión blindado de Brink. No tiene sentido si no vas a
comprar la pintura, en cambio puedes persuadir al siguiente dueño que te permita
comprarla... o tomarla. —Debió haber visto mi expresión de disgusto, porque Jensen
se rió entre dientes—. Verá, señorita Montgomery, tenía tiempo de sobra en la cárcel
para pensar en cómo conseguir el tesoro. También conocí a algunas personas muy
importantes que iban a ayudarme a conseguirlo, por una parte del tesoro, por
supuesto. —Hizo un gesto alrededor de la habitación señalando a Parker y a
Terrence—. Es mi llave para desaparecer fuera del radar y sin tener que preocuparme
por ir de nuevo a la cárcel. Tiene que ser por lo menos un millón de dólares ahí, si no
más, y va a ser mío.

Una vez más, él alcanzó mi bolso, pero antes de que pudiera tomarlo, Julius entró
por la puerta. —¡Tenemos compañía!

Mi mirada aliviada se giró a Maddox. Una sonrisa brillante en su rostro antes de


que él pronunciara, “Agente Montrose”. Le di una leve sacudida de mi cabeza antes de
inspeccionar la habitación para asegurarme de que nadie sospechaba de nosotros.
Afortunadamente, todos estaban prestando atención por la forma imponente de Julius
tendida en la entrada.

— ¿Qué quieres decir? —preguntó Jensen.

—Alguien está ahí fuera en el bosque.

La electricidad en el aire cambió, enviando tensión que ya enfermaba mis nervios


a toda marcha. Jensen se dio la vuelta. La furia ardía en sus ojos y su expresión de
rabia me hizo encoger y anhelaba estar lejos de él. Pero él no me permitiría escapar.
En cambio, me agarró de los hombros y me tiró contra él. Sus dedos se clavaron en mi
piel tan fuerte que sabía que iba a sufrir moretones después.

—Alguien ha sido una chica muy mala.


Con furia, negué con la cabeza. —No, yo no hice nada. Lo juro. Tienes nuestros
teléfonos y GPS.

Apartó sus ojos salvajes de mí y bajó la mirada hacia mi pecho que estaba al ras
de él. La expresión de su rostro me dijo que conocía mi secreto. Metió la mano dentro
de la camisa, sacó el teléfono. —Chasqueó la lengua—. No me gusta que me mientan
señorita Montgomery.

—Pero yo…

Jensen me hizo callar mediante una bofetada en todo mi rostro. Tanto papá como
Maddox se lanzaron hacia adelante, pero Terrance y Julius los tiraron al suelo. Maddox
se apresuró a volver a levantarse con las manos atadas, pero Julius le apuntó con la
pistola. Derrotado, Maddox agachó la cabeza.

—Bien, bien.

Jensen volvió su ira momentánea en sus hombres. —¿No les dije que los
registraran por completo?

—Sí lo hicimos —respondieron Terrance y Julius al unísono.

—Pero, ¿cómo es posible que la perra tenga un teléfono con ella? Un teléfono que
trajo a los malditos federales a nuestra puerta. —Ninguno de los dos respondió—.
¡Respóndanme! —gritó Jensen.

—¿Qué querías que hiciéramos? ¿Desvestirla? —protestó Terrance.

—Yo quería que ella viniera aquí limpia —sin ningún dispositivo. Y ahora ustedes
dos lo arruinaron totalmente.

Julius abrió la boca para decir algo cuando el sonido distintivo de un megáfono se
hizo eco a través del granero. —Muy bien, este es el Agente Montrose del GBI. Todos
deben abandonar las instalaciones inmediatamente. Bajen sus armas y salgan con las
manos en la cabeza.

— ¡Mierda! —exclamó Terrance.

—¿Quieres que haga detonar los perímetros del exterior? —preguntó Parker.

—¿No me digas, que eres un hacker y un experto en explosivos, también? —


murmuró Maddox.

—Mi tiempo en el ejército me sirvió de mucho —contestó Parker.


Maddox negó con la cabeza. —Amigo, eres una desgracia seria para las fuerzas
armadas. Sólo quiero que sepas eso.

— ¡Cállate! —gruñó Parker, cargando su arma sobre Maddox.

Jensen se pasó los dedos por el cabello. —Dame uno o dos minutos para los
explosivos. Tenemos que darles un poco de distracción primero.

La voz del Agente Montrose se acercó al megáfono de nuevo. —No hagas esto
más difícil de lo que tiene que ser. Salgan por la puerta, bajen sus armas, y dejen que el
señor Díaz y los Montgomery se vayan.

—Tú vienes conmigo —gruñó Jensen. Girándome a su alrededor, envolvió un


brazo alrededor de mi cuello y luego colocó su pistola contra mi sien. —Si haces un
movimiento, te volaré la cabeza. ¿Entendido?

La intensa presión de su brazo contra mi garganta apenas me permitía respirar,


déjame hablar a solas. Me las arreglé para murmurar débilmente. —Sí.

Mientras Jensen se las arreglaba para agarrar el pomo de la puerta, mi mirada se


posó en el suelo. Maddox y papá me miraban con expresiones de dolor. Ambos
parecían querer nada más que liberarse de Julius y Terrance para rescatarme.

Como un verdadero cobarde, Jensen me empujó fuera primero a dónde iba a ser
un escudo contra los rifles capacitados en el granero. Mi mirada se dio la vuelta al
claro, en busca de los agentes del GBI o los asistentes del departamento del Sheriff. Vi
al Agente Montrose con su megáfono en la mano. Pero él era el único visible —asumía
que todos los demás estaban ocultos cuidadosamente. Sus ojos se abrieron al ver una
situación de rehenes ahora profunda.

—Ahora escúchame. ¡Tú y tus hombres es mejor que retrocedan! —gritó Jensen.

Él Agente Montrose negó con la cabeza. —No seas estúpido. Tenemos toda la
propiedad rodeada. No empeores las cosas al tratar de correr o hacerle daño.

—No, tú no hagas las cosas peor por no tomarme en serio. Tú y tus hombres es
mejor que bajen sus armas, o les daré la orden a mis hombres de dispararles a todos.

Los segundos pasaban, y me sentía abrumada por lo surrealista que era la


experiencia, como si estuviera de pie fuera de mí misma mirando la escena
proyectada. ¿Cuántas veces había visto algo similar en la televisión o en el cine? Por
supuesto, no creo que jamás hayan capturado adecuadamente el terror de la víctima,
no sólo por haber sido tomada como rehén, pero al pensar en cómo hacerse pipí en los
pantalones del miedo añadiría a su humillación.
De repente, el sonido de un vidrio roto y la madera astillándose de la parte
posterior del granero. Voces gritando—: ¡Alto! ¡Tiren sus armas!

Cualquier alivio que pude haber sentido fue de corta duración. El terreno
alrededor del claro explotó. Quería taparme los oídos, pero Jensen me tenía
demasiado apretada. La suciedad y ramas salieron volando por el aire. Unos segundos
pasaron antes de que la otra parte volara también. Los gritos de confusión llenaban el
aire mientras los agentes intentaban reagruparse.

—¿Lista para el gran final? —me preguntó Jensen al oído. Luego


momentáneamente aflojó la llave en el cuello para disparar una ronda hacia Montrose.

Cuando le perforó su pecho, grité, enviando al brazo de Jensen de vuelta


alrededor de mi cuello. El mundo se estremeció hasta detenerse cuando Montrose se
desplomó sobre el césped. Apenas tuve tiempo para procesar lo que ocurrió cuando
varios agentes llegaron pisoteando a través de los bosques, a través de la pantalla de
humo y la hierba quemada. Afortunadamente, sus rifles estaban mejor posicionados
sobre Jensen.

Los disparos resonaron detrás de mí. Todo lo que podía pensar era en papá y en
Maddox... ¿si hubieran recibido un disparo en el fuego cruzado... estaban heridos o
muertos...? Jensen comenzó a arrastrarme hacia un lado del claro. Sabía que tenía que
llegar a Maddox y a papá, pero lo más importante, era que tenía que liberarme de
Jensen. Un pensamiento se cruzó delante de mí de lo fácil que había inhabilitado a
Maddox antes con mi distraída patada en la ingle.

Mi mente voló con la logística. No podía liberarme de Jensen lo suficiente para


darle una patada, y no había manera de que pudiera darle con el codo tampoco, sólo si
pudiera darle en el estómago. Tendría que pegarle muy fuerte para derribarlo, y no
sabía si tenía la fuerza física para hacerlo. Luego se me prendió el foco.

El bolso, cargado con oro, colgado a mi lado. Poco a poco, alargué la mano y lo
sostuve. Tomé una respiración profunda. Esto fue todo. Ahora o nunca. Canalicé mi
rabia y desesperación, traje la bolsa hacia adelante y luego la embestí de nuevo en
Jensen, directamente en las pelotas.

Su brazo dejó mi cuello, y me atoré en busca de aire. Jadeando y resoplando,


comenzó a encorvarse. Aproveché el momento y me di la vuelta, dándole una lluvia de
patadas. Su arma cayó al suelo antes de que él cayera de rodillas.

Reñidos y maldiciones se hicieron eco en la granja cuando los agentes


sometieron a los hombres de Jensen. Mi mirada buscó en la multitud por papá y
Maddox. La vista de ellos, en cuclillas al lado del sofá, reanudó los latidos de mi
corazón, y exhalé con alivio. Un gemido salió de detrás de mí.

Me di la vuelta para ver a Jensen que luchaba en la hierba. Me había olvidado por
completo la regla carnal de nunca darle la espalda a los tipos malos. Sus labios se
apretaron en desprecio.

—¡Perra! Matarte será lo último que haga.

Como yo había agotado toda mi adrenalina con mi ataque a la entrepierna de


Jensen, hice lo más femenino que podía pensar. —¡AYUDA! —grité a todo pulmón.
Cuando Jensen se puso de pie, los caballeros de brillante armadura vinieron a la carga
por el claro.

Hasta que pudieron acercarse, comencé un extraño tango gracioso con Jensen,
daba un paso al costado, y él lo imitaba. Si me movía hacia atrás, él se movía hacia
adelante. Cada vez que probaba darles a los agentes un tiro claro, Jensen lo bloqueaba.

—Quieto Jensen. No te muevas. ¡Vamos a dispararte! —gritó un agente.

Él me dio una sonrisa maniática. —Simplemente traten sin darle a ella —dijo por
encima de su hombro.

—¡Equipo Alfa muévanse para derribarlo! —llamó un agente.

—¡Agente caído! ¡Agente caído! —llegó otra voz.

Luego de un largo gemido salió del claro. —Estoy despejado. Tengo el chaleco —
dijo el agente Montrose.

Jensen se abalanzó sobre mí, y me esquivó fuera de su camino. Al pasar a toda


velocidad por el muro de la granja, me arrastré en la tierra por su pistola.

Con mano temblorosa, le apunté a Jensen. Él la miró y luego me sonrió. —Oh, ¿de
verdad crees que vas a dispararme?

—No, pero ellos lo harán. —Señalé con la cabeza a los agentes—. Todo lo que
tengo que hacer es dar un paso fuera de su camino, y estarás en su línea de fuego. —
Mantuve la pistola apuntada en Jensen, poco a poco me alejé de él—. Muy bien, es todo
suyo.

Los agentes corrieron hacia adelante, sacándome del camino. Me di la vuelta,


evitando ser pisoteada.
Tenían a Jensen despatarrado en el suelo y con las manos esposadas al momento
que recobré mi equilibrio. Di un suspiro de alivio y luego me apoyé en el granero. Los
mareos me vencieron, y mis rodillas temblorosas amenazaron con no sostenerme.

—¿Lane? —llamó Maddox desde la puerta. Sus manos estaban desatadas, y su


expresión era de puro pánico mientras frenéticamente observaba la multitud.

—Estoy aquí —dije tímidamente.

Se abalanzó sobre mí y me tomó en sus brazos. —¡Me asustaste! No pude verte y


con esa arma de fuego...

Abrí la boca para protestar, pero sus labios se aplastaron contra los míos. Envolví
mis brazos alrededor de su cuello, tirando de él más cerca de mí. Me soltó la boca y
empezó a emplumar suaves besos en mi mejilla, la que Jensen había abofeteado antes.

—No sé lo que habría hecho si algo te pasara. Te amo, nena.

Las lágrimas escocían mis ojos. —Yo también te amo mucho.

Alguien se aclaró la garganta detrás de nosotros. Maddox se apartó de mí, y se


sonrojó al ver a papá de pie detrás de nosotros con los brazos cruzados sobre el
pecho. Inclinó la cabeza hacia nosotros. —¿Alguno de ustedes le gustaría explicarme lo
que está pasando aquí?

—Sí señor —respondió Maddox, sonando como si estuviera dirigiéndose a un


sargento en lugar de papá—. Amo a su hija, y me gustaría su permiso para salir con
ella.

Papá sonrió. —Tienes que aprender algo sobre el momento, hijo. Es lo suficiente
abrumador salir de una situación de rehenes. No le agregues a mi nivel de estrés pedir
salir con Lane.

Maddox frunció el ceño. —¿Quiere decir que no?

Con una sonrisa, papá palmeó la espalda de Maddox. —Es más como un tipo de
respuesta de “déjame recuperar el aliento antes de darte mi apoyo”.

Entonces nuestra atención se dirigió a la SUV del GBI que venía en camino,
levantando una nube de polvo detrás de ellos. Frenaron en el claro, y los agentes y
asistentes del alguacil se bajaron. Terrance, Parker, y Julius fueron sacados del establo
y conducidos hacia el claro. Cada uno fue llevado a la SUV por separado.

—No puedo decir que voy a estar muy triste de ver que se vayan —reflexioné.
Un agente que no parecía mucho mayor que Maddox estaba corriendo hacia
nosotros. Él extendió la mano. Soy el agente Greenburg. —Si todos me siguen, nos
dirigiremos de nuevo a la Oficina del Sheriff donde pueden ser interrogados y luego
liberados.

Papá pasó un brazo alrededor de mi hombro y me besó la coronilla. —Ven,


vamos a casa
Traducido por Pili
Corregido por Eni

En el camino de regreso al Departamento del Sheriff, me senté entre papá y


Maddox. El Agente Greenburg me había ofrecido el asiento del pasajero en la SUV pero
no estaba preparada para separarme de papá o Maddox, y el sentimiento era mutuo
para ellos también. Papá mantuvo su brazo a mi alrededor mientras que Maddox
sujetaba una de mis manos. Era un total sándwich Lane entre los hombres de mi vida.
Mi bolso lleno del oro de Pretty Fawn descansando sobre mis piernas. Incluso ahora
que todo terminó, todavía no quería dejarlo fuera de mi vista por un instante.

Coronamos la colina en lo alto el Departamento del Sheriff y me quedé


boquiabierta. Las furgonetas de noticias de TV llenaban el aparcamiento, sus torres de
antena extendiéndose en el cielo. Inclinándome sobre Maddox, apreté mi rostro
contra la ventana. Todas las estaciones locales de Atlanta estaban allí junto con
algunas de lugares lejanos como Chattanooga.

El Agente Greenburg apenas podía entrar en el aparcamiento mucho menos


encontrar un lugar para estacionarse. Él tocó la bocina en señal de frustración, pero no
funciono.

Los reporteros y fotógrafos arremetieron contra nosotros. Incluso con las


ventanas cerradas, nos acribillaron a preguntas veloces mientras los flashes me
cegaban.

—¡Mierda! —exclamó Maddox, observando el caos.

—¿Todo este alboroto es por nosotros? —pregunté.

Mi papá rió burlonamente con afabilidad. —Oye, no todos los días te secuestran y
te retienen por un rescate mientras tu hija y su novio buscan el oro enterrado.

Maddox se río mientras que yo me sonrojé por mi papá usando la palabra "novio"
para describir a Maddox.

—Creo que tienes razón —dije.


—La gente espera, te abriré la puerta —dijo el Agente Greenburg. Él solito se
arrojo a la multitud—. Muy bien, ahora todos retrocedan. Estas personas han tenido
una experiencia angustiosa y merecen un descanso. Sé que estamos planeando una
rueda de prensa para hoy en la tarde por lo que obtendrán respuesta a todas sus
preguntas. Pero, por ahora, por favor, déjenlos pasar para dentro.

Bien él podría haber gritado—: ¡Estampida! porque la prensa lo ignoró. En su


lugar, se empujaban y se daban codazos en su camino hacia nosotros.

—¿Es verdad que un Agente resulto herido?

El Agente Greenburg hizo una mueca. —Sí, lo han llevado a un hospital local solo
como medida de precaución. Todos estamos agradecidos que su chaleco anti-balas lo
salvara.

Los periodistas hicieron más preguntas sobre el derribo de GBI y Jensen. Traté de
esconderme detrás de Maddox y papá, pero los ojos oscuros de una reportera de sexo
femenino apuntaron hacia mí.

—¿Lane, es cierto que después de que fue testigo del intento de asesinato de
Maudie Sinclair, luego se vio obligada a huir de Jensen y de sus hombres?

Mi lengua se sentía pegada al techo de mi boca, y el calor corría por mis mejillas
bajo la mirada intensa de la cámara. —Bueno, sí. —Contemplé a los reporteros que
salivaron por conocer más de la historia—. Fue tan aterrador. Intentó matarnos varias
veces, incluso Maddox resultó herido.

Esa afirmación envió a los reporteros a saltar sobre Maddox. El abrió sus ojos
hacia mí. —Lo siento —dije por encima del estruendo.

—¿Que tan malo fue el disparo? —preguntó un hombre alto.

—¿Dónde te pegaron el tiro? —exigió la reportera persistente.

Maddox observó los micrófonos clavados en su cara. —El bíceps izquierdo. Y


realmente no fue nada, sólo un pequeño rasguño. Quiero decir, he estado en el
ejército, cuesta mucho tumbarme. —Los periodistas se rieron, y Maddox les dio una
genuina sonrisa.

Justo cuando pensaba que estaba a salvo, otro periodista preguntó—: ¿Lane,
cómo te sentiste cuando te enteraste de que tu papá fue tomado como rehén, y que si
tú no encontrabas el oro, él podría morir?
—Devastada —respondí, ahogando mi voz. Papá alcanzó a poner su brazo
alrededor de mi hombro. Alcé la vista hacia él, mis ojos cubiertos de lágrimas—. Era
insoportable pensar que le harían daño o que le asesinarían por algo que era mi culpa.
Rescatarlo era lo único que me mantuvo cuerda, aunque la perdí un poco un par de
veces. —Me limpié los ojos, y a continuación me encontré con la mirada de Maddox.
Con una sonrisa, agregué—: Y Maddox me dio la fuerza para superar todo.

Un coro de “Ohhhhhhh” sonó en la multitud.

—¿Así que, Lane y Maddox, este es un tipo desenlace final "felices para siempre"?
—preguntó alguien.

Maddox sonrió. —No sé sobre todas esas cosas de cuentos de hadas. Como yo lo
veo, tuvimos que hacer un rescate heroico mientras poníamos en su sitio a algunos
tipos malos, y conseguimos rastrear un tesoro escondido. —Se giró hacia mí y guiñó
un ojo—. Pero lo más importante, me quedé con la chica.

Papá aclaró su garganta. —Sí, recuerda que es mi niña, también.

Los periodistas rieron efusivamente, especialmente cuando me sonrojé. —


¿Stephen, su calvario le da alguna idea para su próxima novela? —Con una gran
sonrisa, papá respondió—: Sí, en realidad lo hace. En cuanto que llegue a casa seguro
que estaré frente al portátil por un largo, largo tiempo.

El Agente Greenburg entonces levantó su mano. —Esas son suficientes preguntas


por ahora. Ustedes pueden quedarse para la rueda de prensa de más tarde. —Hizo
señas a algunos alguaciles que habían salido de la oficina. Nos escoltaron dentro y a
una sala de descanso en la que había sillas y sofás—. Traeremos café y sodas para los
chicos. Sólo tomen asiento y pónganse cómodos —dijo el Agente Greenburg.

Me dejé caer en uno de los sofás de cuero. Mi cuerpo se sentía como el resonar de
un muñeco de trapo. Cualquier adrenalina restante que había tenido se había agotado
con la fiebre de los periodistas.

—Maldita sea, eso fue intenso. Estoy sudando seriamente. —Maddox levantó su
camisa antes de hacer rápidamente una comprobación de olor de sus axilas. Cuando
atrapo mi expresión, se rió—. No puedo encontrarme con mi adorado público oliendo
como un animal apestoso ahora, ¿cierto?

Rodé los ojos.

—¿No me digas que vas a dejar que esto se te suba a la cabeza y comenzar a
firmar autógrafos?
—Alégrate de que estuviéramos juntos oficialmente antes de que todas las fans
femeninas griten intentan conseguir un pedazo de mí —respondió con un guiño.

—Eres imposible —murmuré.

Gritos en el pasillo nos interrumpieron. La puerta se abrió y mi madre histérica


irrumpió. Todo acerca de ella, de su ropa arrugada con su cabello despeinado, gritaba
que había estado en modo pánico durante mucho tiempo. Su cara iluminada con
rastros de lágrimas al vernos.

—¡Oh, gracias a Dios! ¡Que los dos están bien!

Echó sus brazos alrededor de papá y de mí, alternando para besar nuestras caras.
Cuando finalmente se detuvo para recobrar su aliento, papá preguntó—: ¿Cómo
llegaste aquí?

—La GBI fue lo bastante amable como para enviar un helicóptero por mí. No
había manera de que pudiera esperar un vuelo comercial o conducir. —Las lágrimas
se derramaron por sus mejillas pero no se molestó en limpiarlas—. No sentí que podía
respirar hasta que vi que estaban bien.

Eché un vistazo sobre los hombros de mamá hacia Maddox. Estaba mirando hacia
abajo en sus manos. Mi corazón sufría por él porque no estaba teniendo una reunión
como esta. Neely se tiraría sobre él, pero estaba con Maudie. Pero Mamá, siendo la
persona intensa que apoya a cualquiera, salvó el día llegando y lanzando sus brazos
alrededor del cuello de Maddox.

—Gracias a Dios estás bien, también. Nunca voy a poder estar lo suficientemente
agradecida contigo por cuidar de nuestra dulce Lane. Eres un ángel de la guarda,
simple y llanamente. —Ella se detuvo para besar su mejilla, y él se sonrojó.

—Creo que es un poco más que un ángel de la guarda para Lane —dijo papá, una
sonrisa divertida en su rostro.

Mamá pareció momentáneamente perpleja pero sus ojos se suavizaron cuando


comprendió el significado de lo que dijo papá.

—Oh, bien, es posible que tengamos que discutir esto un poco.

—¡Mamá! —protesté de manera abrupta al mismo tiempo que Maddox.

—¿Que no soy lo suficiente para salir con Lane?

—Oh, cariño, no tiene nada que ver. Es que ella aún no tiene veinte y tú tienes
veinticuatro.
—No, tengo veinte años. Hoy es mi cumpleaños, ¿Recuerdas?

Papá se aclaró la garganta. —Tenía veintidós y tú tenías dieciocho años. ¿Cuál es


tu punto? —El brillo en sus ojos traviesos trajo una sonrisa a la cara de mamá, y ella
movió un dedo hacia él. Normalmente, habría sido suficiente para hacerme vomitar,
pero después de todo lo que habíamos sufrido, podría dejarles coquetear un poco.

Afortunadamente fueron interrumpidos por el sonido de un teléfono sonando.


Maddox se sentó recto en su asiento ante el sonido del timbre.

—Oye, ese es el mío.

El oficial Greenburg sacó un teléfono del bolsillo de su abrigo. —Sí, hemos


encontrado esto en uno de los hombres de Jensen.

Maddox lo arrancó de las manos de Greenburg y luego hizo una mueca al


identificar la llamada. —Oh mierda, es Neely. Ella probablemente ha escuchado las
noticias y está lista para taladrarme.

Él dudó para responder, así que le di un codazo. —Apúrate. Ella va a enloquecer


más si no aceptas su llamada.

Maddox se quejó, pero entonces llevó el teléfono a su oreja. —Bien, sé que estás
enojada, pero… —Él aspiro y luego levantó la mirada hacia nosotros. Una amplia
sonrisa se extendió a través de su cara—. ¿Maudie está despierta?
Traducido por Eni
Corregido por Yess24

Tres meses después.


—¿Te quedarías quieto? —exigí, tratando desesperadamente de enderezar la
corbata de Maddox.

Él jugueteaba como un niño e hizo una cara horrible.

—¿En serio tengo que usar esto? —señaló la corbata de color rosado eléctrico—.
Me veo absolutamente como un estúpido.

—Claro que no. —Di un paso atrás, dejando que Maddox tuviera una vista
completa de sí mismo en el espejo.

—¿Ves? Te ves guapo y distinguido.

Resopló. —Como si necesitara verme distinguido. Es sólo una fiesta por el


regreso de Maudie al trabajo, no una cena en la Casa Blanca.

—Mejor que no dejes que Maudie te oiga decir eso. Ella se ha ido por lo alto,
incluso hay una carpa en el césped y una banda. —Me eché un vistazo en el espejo,
alisando mi vestido de chifón rosa con su corpiño de lentejuelas y cuentas—. Además,
no sólo se trata de su regreso al trabajo. Ella va a compartir su parte del oro con el Dr.
Bretsky para el nuevo centro educativo en Nueva Echota.

—Sí me preguntas, es un desperdicio de una perfecta noche de viernes. Sobre


todo ahora que estás de vuelta a la escuela y sólo puedo verte los fines de semana. —
Poniéndose detrás de mí, envolvió sus brazos alrededor de mi cintura antes de
acariciar mi oído. Inmediatamente, mi pulso comenzó a acelerarse cuando la calidez y
el poder de su cuerpo se apoderaron de mí—. Podríamos estar cruzando el lago en mi
bote, tú usando ese sexy traje de baño.
Solté una risita y aparté sus manos. —Hace mucho frío para un traje de baño,
tonto.

—Entonces, podrías no usar nada en absoluto y yo podría mantenerte muy, muy


caliente fuera del agua. —Su boca se movía sobre mi oreja—. Prometo usar mis
manos, mi boca, mi lengua y mi polla para mantenerte muy caliente.

Ante la imagen mental que sus palabras invocaron, luché para recuperar el
aliento. Finalmente, cuando pude formar palabras de nuevo, contesté—: Tentador,
pero no.

La única compra compulsiva de Maddox con su parte del oro fue un bote. ¿Yo?
Aún no había hecho una compra compulsiva, pero me estaba inclinando por un auto.
Por suerte, tenía todo el tiempo del mundo para decidirme y una cantidad bastante
considerable con la que trabajar.

Una vez que el oro de Pretty Fawn fue valorado, la cantidad fue de un millón y
medio de dólares después de los impuestos. Se podría decir que estábamos más que
un poco sorprendidos, más bien estupefactos. Maudie insistió en dividirlo en tres
partes, a pesar de que Maddox y yo argumentamos que por derecho era suyo por
haber comprado la pintura. Pero ella no lo tomaría. Desde el momento que vio el oro
en el hospital, dejó muy claro que ganamos nuestra parte por lo que habíamos pasado.
Así que, decidimos seguirle la corriente y aceptamos.

Maddox comenzó a ponerse inquieto con su corbata.

—No he tenido que usar una de éstas ya que en el ejército llevaba un uniforme
verde.

Envolví los brazos alrededor de su cintura y ladeé la cabeza.

—Si prometo rasgar esa corbata más tarde cuando estemos solos, ¿dejarías de
quejarte?

Una lenta sonrisa se escabulló por su rostro. —¿Hablas en serio?

—Tal vez. Pero sólo si eres un buen chico.

—Eres una provocadora.

—Hmm, no tienes idea de la clase de provocadora que voy a ser.

—Oh, ¿en serio?


Tirando del final de su corbata, contesté—: Después que te quite esto de encima,
planeo usarla para atar tus manos en donde serás mi total y completo prisionero.

Los oscuros ojos de Maddox resaltaron. —Joder.

—Sí, eso es lo que planeo hacer después de que hayas suplicado y rogado lo
suficiente. —Su mano acarició mi trasero.

—¿Quién iba a decir que tenía una chica tan traviesa?

—¿Así que, te gusta lo que tengo preparado para ti?

—Oh sí, mucho. —Se inclinó hacia abajo y llevó sus labios a los míos.

Justo cuando profundizó el beso, alguien se aclaró la garganta detrás de mí. Me


giré para encontrar a Maudie sonriéndonos.

—Bueno, tortolitos, ¿pueden lograr apartarse un poco el uno del otro por unos
minutos para la entrega del cheque?

—Lo siento. Estaba arreglando la corbata de Maddox —respondí.

Un brillo travieso destelló en los ojos de Maudie.

—Oh, ¿eso era lo que estabas haciendo?

Solté una risita. —Sí, eso era.

—Bueno, ahora parece que terminaste, así que salgan. Tu padre necesita un
rescate de la peor manera. Ha sido emboscado por reporteros y el Dr. Bretsky casi
toda la noche.

—Llévalo a otra parte —dijo Maddox.

El bastón de Maudie hacía un ruido sordo a lo largo de la tarima, su ligera cojera


era un recordatorio diario de su terrible experiencia personal con Jensen. Ella había
pasado los tres últimos meses en una terapia intensiva, aprendiendo a caminar de
nuevo. Había hecho grandes progresos, pero aún no estaba cien por ciento
recuperada, ésa era la única razón por la que esperó para regresar a trabajar.

Todos estábamos muy emocionados cuando Jensen y su alegre banda de


secuaces fueron puestos tras las rejas, por un largo, largo tiempo. Estuve igual de
emocionada al saber que West iba a estar un tiempo allí por intento de robo. Con
todos los chicos malos fuera de la vista y de la mente, fuimos capaces de seguir
adelante y comenzar el proceso de curación.
Al pasar por el estudio, Maddox se detuvo abruptamente.

—¿Conseguiste un nuevo escritorio? —Seguí su mirada hacia una monstruosidad


caoba que ocupaba el fondo de la pared del estudio. Parecía el escritorio de un político
o algún VIP. No podía imaginar porqué Maudie lo querría.

Los ojos de Maudie se iluminaron. —Oh, sí, ese es el último tesoro de la subasta.
Tiene más de doscientos años de antigüedad. El tallado a mano es hermoso, sin
mencionar algunas de las campanas y silbatos con cajones entrelazados. ¡Juro que es
como el escritorio de la Reina Victoria en la segunda película National Treasure!

—Eso es genial —dijo Maddox, acercándose al escritorio. Jugueteó con algunas


de las manijas, haciendo que un cajón oculto se saliera. Un pedazo de papel
amarillento cayó al suelo—. Oye, ¿qué es eso? —preguntó recogiéndolo.

Maudie jadeó. —¿No me digas que eso puede ser otro mapa del tesoro?

Sacudí la cabeza violentamente. —Oh no. ¡Ponlo de nuevo donde lo encontraste!


No quiero ver otro mapa de tesoro en mi vida.

Maddox se rió. —¿Por qué no?

—¿No me digas que no te gustaría repetir todo lo que vivimos?

Se encogió de hombros. —Algunas partes no estuvieron tan mal.

—No, pero al mismo tiempo, sólo quiero graduarme de la universidad y vivir una
vida normal. No quiero ningún gemelo malvado de Jensen detrás de mí y los
reporteros acosándome día y noche.

—Creo que estamos a salvo por ahora —contestó, dándole vuelta al papel
revelando un recorte de periódico viejo.

Pasé una mano por mi corazón y suspiré de alivio. —Gracias a Dios.

Maddox se rió entre dientes. Apareció a mi lado y tomó mi mano en la suya. —


Eres demasiado ingenua.

—Y tú eres tan irritante por provocarme de esa manera.

—Así que a ambos nos gusta provocarnos. Pueden pasar cosas peores. —Tiró de
mi mano—. Vamos, princesa. Demos una vuelta.

Sonreí y dejé que me condujera por el pasillo. Cuando estuvimos fuera, la música
flotó hacia nosotros. Papá se había deshecho del Dr. Bretsky y de los reporteros y
bailaba con mamá. Byron Sutton, el hombre de las montañas que nos trajo al pueblo,
estaba fuera de su overol y tenía puesto un traje. Estaba tomando un turno para bailar
con Maudie en la pista de baile y su rostro estaba sonrojado de emoción. Envolví los
brazos alrededor de la cintura de Maddox y le sonreí. No pude recordar cuando había
estado más feliz.

A pesar de que casi morimos, Maudie recibió un disparo y papá fue secuestrado,
el mapa y el tesoro escondido siempre serían una de las mejores cosas que me han
pasado en la vida. Maddox y yo estamos juntos de nuevo de una manera que nunca
podría haber imaginado. Cada día agradezco por su amor, su verdadero corazón
compasivo, su alma caritativa y su habilidad para darme orgasmos alucinantes.

Sabía que el futuro se veía brillante con Maddox a mi lado.

Fin.
Katie Ashley es la autora de The
Proposition, el best-seller según The New York
Times, USA Today, y Amazon. Vive en las
afueras de Atlanta, Georgia, con sus dos
consentidos perros y un sin número de gatos.
Tiene una pequeña obsesión con Pinterest,
The Golden Girl, Harry Potter, Shakespeare,
Supernatural, Designing Women, y Scooby-
Doo.
Pasó once años y medio educando a
la juventud americana, enseñando inglés en la escuela secundaria,
hasta que lo dejó para escribir a tiempo completo en diciembre de
2012.
Al pueblo de Georgia y la Nación Cherokee: Gracias por dejarme usar un poco
de “licencia poética” cuando abordé la geografía y Nueva Echota. A mis antepasados
cherokee que se refugiaron en las montañas y en cuevas de Gilmer y los Condados de
la Unión, para escapar de la repatriación, espero haber hecho justicia al honor y la
integridad de nuestra gente.

Marion Archer: ¿Cómo puedo adecuadamente agradecerte por tus increíbles


observaciones como socio crítico? No estoy segura dónde estaría Search Me sin tus
incansables esfuerzos por tantos borradores. Además de tu don para la trama y
encantamiento de los personajes, estoy verdaderamente bendecida al llamarte amigo
y guerrero nato. Un día, mi amor, nos reuniremos en “Australia”, y conseguiré darte
finalmente un abrazo por todo lo que significas para mí.

Rachel Simon: No me basta para agradecerte por tu amor y el aprecio a esta


novela —bueno, ¡por todos mis libros! Incluso en tu infancia, amabas la historia, los
personajes y la acción/aventura. Me presionaste a hacerlo y a no rendirme ante el. Tu
entusiasmo significó mucho, al igual que nuestra amistad. Nos tomó cuatro años
cumplirlo, pero estoy muy contenta de que finalmente ¡lo consiguiéramos! Te adoro,
chica. Y rezo con la esperanza de que todos tus sueños literarios se hagan realidad.

Melanie Kramer Santiago: Estoy siempre en deuda contigo por leer Search Me
en sus primeros borradores, y hacerme profundizar en las secuencias de acción.
Realmente ayudaste a darle vida al libro. Gracias por estar ahí para mí durante los
tiempos difíciles. Realmente valoro nuestra amistad.

Hayley Varnholt y Rachael Allen, gracias por ser los primeros lectores de ¡hace
muchos, muchos meses atrás! Gracias sobre todo por nuestras salidas para comer
Cheesecake y sesiones de chismes.

JB McGee: Como siempre, te agradezco, tanto por tu formato y los detalles


especiales que le agregas a mis libros. Gracias por ser un increíble artista gráfico y
gran amigo.
Marilyn Medina: Mi gemelita Golden Girl y Eagle Eyes, te doy las gracias por
recurrir a mí ¡una vez más! Tu humor, apoyo y amor, significan mucho.

Cris Hardaly: Eres la más increíble admiradora, animadora,


extraordinariamente provocativa que ningún escritor puede esperar. Estoy tan
agradecida por nuestra amistad y en cómo siempre me haces sonreír.

Raine Miller y RK Lilley: Gracias por tu increíble amistad, amor y apoyo. ¡No
podría hacerlo sin ustedes!

Michelle Eck: Oh Capitán, mi Capitán, gracias por estar siempre ahí para
asesorarme y chulearme a mí y a mis libros con tu increíble don para las relaciones
públicas.

Shannon Furhman, Emilie Gris, Tamara Debbaut, y Lorena Masterson: Muchas


pero muchas gracias, por sus dotes artísticas sobre las obras de arte que ayudan a
promover y a homenajear mis libros. No sé donde estaría sin ustedes, chicas por traer
mis palabras plasmadas al darles vida a través de imágenes. Muchas gracias por
apoyar el libro.

Karen Lawson, Mrose Cam, y Amy Lineweaver: Ustedes “sexis” que me


divierten y hacen que este trayecto sea mucho más fácil.
La recopilación, redacción y realización completa de este
documento es total y directamente sin ánimo de lucro. Con esto
no se intenta agraviar los bienes o posibles beneficios de los
autores ni causar inconvenientes a las partes legales con
derecho de autoría. Por el contrario, intentamos divulgar su
trabajo que de otra forma, a causa de la no publicación de los
ejemplares en español, no podría llegar.
También queremos esparcir y difundir la lectura a todas las
personas que sea posible. La dedicación y entrega que hace
posible cada trabajo es gracias a las aportaciones y ayuda de
todas lectoras comprometidas con los proyectos sin ninguna
otra intención que el amor por leer.
Con esto, no ganamos dinero ni tampoco lo pretendemos.
Pero si invitamos a nuestras lectoras a apoyar a las autor@s con
la compra de ejemplares físicos siempre que les sea posible y así
ayudar e incentivar futuras obras. Este trabajo es únicamente
por diversión y aprecio a la literatura y sin intención de
perjudicar a nadie, así que esperamos no causar inconvenientes
a ninguna de las partes.

También podría gustarte