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La tragedia de la familia Rufino

El documento resume la historia de la familia Rufino, una familia adinerada de Granada que se recluyó en su casa tras el asesinato de su hija María Francisca en 1904. Vestidos de negro, cortaron casi todos los lazos con el mundo exterior y vivieron ajenos a los cambios del siglo XX. El último miembro de la familia murió a finales de los 80, y Antoñito continúa cuidando sus tumbas en el cementerio cada año.

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La tragedia de la familia Rufino

El documento resume la historia de la familia Rufino, una familia adinerada de Granada que se recluyó en su casa tras el asesinato de su hija María Francisca en 1904. Vestidos de negro, cortaron casi todos los lazos con el mundo exterior y vivieron ajenos a los cambios del siglo XX. El último miembro de la familia murió a finales de los 80, y Antoñito continúa cuidando sus tumbas en el cementerio cada año.

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Los Rufino, dos veces muertos

Una familia se enclaustró para siempre en casa tras el


asesinato de una hija hasta que el último de sus
miembros murió casi un siglo después
85
Conéctate
Juan Diego Quesada
Pedro Martínez 3 ABR 2018 - 11:07 CEST
. La adolescente, su asesino y el juez que lo mandó a la horca hace mucho que están
muertos. Las ferias de ganado de principios del siglo XX han desaparecido y tampoco
suena ya la música de los bailes populares que animaron una España en blanco y negro.
El mundo en el que esto sucedió no existe, se lo ha tragado el tiempo, pero Antoñito, el
último testigo del sufrimiento hasta la locura de la familia de la víctima, acude una vez
al año a adecentar sus tumbas en el cementerio.

Los Rufino eran una familia adinerada de Pedro Martínez, un pequeño pueblo de
agricultores del interior de Granada. Tenían ganado, tierras y una tienda de ultramarinos
que regentaba la madre. La hija mayor, María Francisca, era su ojito derecho. Tocaba el
acordeón y vestía bonitos trajes bordados. Su asesinato en 1904, a manos de un joven
albañil que intentó violarla, sumió en la oscuridad a sus padres y cinco hermanos.
Vestidos de negro, se encerraron para siempre en casa y cortaron casi todos los lazos
con el mundo exterior.

Enclaustrados, sin televisor, fueron ajenos a dos golpes de Estado, una guerra civil, la
represión de la dictadura, la muerte del caudillo, la llegada de la democracia y el fracaso
rotundo de España en el único mundial de fútbol que ha organizado. Ignoraron el
tiempo en el que les tocó vivir. El reloj de sus vidas se había parado en el instante en el
que María Francisca había muerto desangrada, a los 16 años de edad, en un sofá de
madera tallado con motivos florales.

Ese mueble de época, restaurado, preside hoy el salón de la vivienda de Antoñito, el


hombre que se ocupó de los dos últimos miembros de la familia hasta que el último de
ellos murió a finales de los 80. Al poco tiempo de morir José, el hermano que vestía con
elegantes trajes llenos de lamparones, como Antonio Machado, una hermana llamada
Pepica le pidió a través de la ventana a Antoñito (José Antonio López Mesa según el
DNI) que las ayudara. Solo quedaba ella y Casilda, una beata huidiza que pasaba la vida
bordando y leyendo folletos parroquiales.

El asesinato fue el punto de quiebre de sus vidas. “Vivieron ese trauma y culparon al
mundo. Perdieron la fe en la humanidad”, dice Antoñito intentando descifrar el misterio
de su encierro. Este soltero preocupado por preservar las tradiciones de un entorno rural
sin empleo y cada vez más deshabitado, fue durante cuatro décadas secretario del
Ayuntamiento y fuma tabaco negro con elegancia, lo que le emparenta con otros
paisanos como García Lorca.
Él se ocupó de comprarles comida y partir leña para que no pasaran frío. La casa estaba
en mal estado y dentro convivían con un mulo, una oveja y una cabrilla ciega (“parece
que la estoy viendo”, recuerda). Los hijos de los Rufino apenas se relacionaron nadie y
por supuesto ni se casaron ni tuvieron descendencia. Las pertenencias de valor se las
habían robado los milicianos durante la guerra civil, sin que ellos opusieran ninguna
resistencia, y el ganado y las tierras se las habían quedado los trabajadores a su cargo
que vieron cómo se desentendían de todo. A Antoñito nunca le hablaron del asesinato,
aunque en su día, ochenta años atrás, había tenido eco en la prensa.

Una muchacha de extraordinaria hermosura

Los detalles del crimen se publicaron en el Noticiero Granadino, un periódico de la


época. El periodista A. López Argüeta va directo al grano: “Anteayer en el pueblo de
Pedro Martínez se cometió un crimen”. A continuación narra que una muchacha “de
extraordinaria hermosura” estaba sola en casa cuando Antonio Fernández Rama, su
primo, intentó obtener “gracias que ella se negó a otorgar”. Remata: “Encolerizado,
acometió a la joven con una faca asestándole siete puñaladas, dos de ellas mortales de
necesidad. El criminal se presentó en el juzgado. El brutal crimen ha causado
indignación en Pedro Martínez”.

La información es cierta en su esencia aunque imprecisa en los detalles, como recoge en


algunos de sus libros Juan Rodríguez Titos, un historiador local. El asesino no era
familia de la víctima y en realidad utilizó para matarla un estilete que clavó dos veces,
según el acta de defunción. A Titos se le ha pasado por la cabeza escribir una novela
realista al estilo de A sangre fría, y un escritor del lugar, Francisco del Valle Sánchez,
prepara una serie de relatos en el que incluye el caso de los Rufino.

El que se adentre en la mitología de Pedro Martínez deberá estirar los límites de lo


humano. El pueblo cambió en los sesenta la ubicación de su cementerio. Los que
trasladaron el ataúd de la joven asesinada dijeron haber encontrado el cuerpo intacto,
vestido de blanco, tal y como lo habían enterrado medio siglo antes. Cuando
transportaban el cadáver, un golpe de viento lo desintegró y sus cenizas se esparcieron
por el monte. Los vecinos le dan fe testamentaria a los que lo contaron.

Del asesino se sabe más bien poco. No hay rastro de su detención ni condena en los
archivos de la Guardia Civil ni en los juzgados. La creencia general es que fue
condenado a morir en el patíbulo, que más tarde recibió un indulto y que, al salir de
prisión, vivió en Marruecos oculto bajo otra identidad. La vergüenza lo desterró para
siempre.

En el pueblo, casi nadie sabe que en esa cripta sin inscripción, con dos clavos sobre el
cemento, uno por cada puñalada que recibió María Francisca, es la sepultura de la
familia en el cementerio. Es un lugar tan anónimo y discreto como fue su paso por la
vida. Cada año, Antoñito arranca las malas hierbas, pinta de negro la verja, de blanco el
sepulcro. Tiene 72 años y dice que, antes de que su tiempo también se acabe, quiere
colocar una placa que diga: “Aquí yacen Los Rufino, dos veces muertos”.
Así fueron los colonizadores de la Florida
española
Una investigación liderada por un académico de
Estados Unidos rescata nombres, detalles y oficios
de miles de habitantes de la península durante tres
siglos
Miami 3 ABR 2018 - 10:24 CEST

El profesor J. Michael Francis (Calgary, 1967) es un erudito de la historia de la Florida


colonial, del periodo en el que la corona española gobernó la península entre 1513
(descubrimiento por Juan Ponce de León) y 1821 (entrega a Estados Unidos). Durante
más de una hora desgrana por teléfono detalles que forman parte de la investigación que
ha dirigido y acaba de presentar, La Florida: el archivo digital interactivo de las
Américas; un portal en desarrollo que dibuja un retrato de la Florida de esa etapa a
través de las biografías de sus gentes.

Ya han archivado nombres y detalles, accesibles en la web, de 3.711 colonos de Florida


y avanza que faltan miles más, "si Dios quiere". Este historiador canadiense de la
Universidad del Sur Florida Saint Petersburg (USFSP), que aprendió español en una
estancia en Perú en los años ochenta y se doctoró en Cambridge con un estudio sobre
Nueva Granada (hoy Colombia), afirma que "se conoce muy poco de la presencia
española en Florida y, sin embargo, existe una cantidad de documentación
impresionante. Pese a que se trataba de una frontera del imperio español, no de un
centro, era un lugar imprescindible en la política de defensa del Caribe de la corona".
Asegura que los materiales son tantos que otros podrían proseguir su labor durante
décadas.

La investigación para poner en marcha el archivo digital ha durado dos años con Francis
como investigador principal, aportando el bagaje de la década que ya se había pasado él
trabajando estos materiales, una decena de historiadores fijos o colaboradores –incluido,
desde Asturias, Javier Ángel Cancio-Donlebún Ballvé, descendiente directo del sexto
gobernador de Florida, Gonzalo Méndez de Cancio– y la firma tecnológica española
Edriel Intelligence. Los principales archivos de los que están sacando información son
el de la parroquia de San Agustín (primera ciudad colonial de Estados Unidos, fundada
en Florida en 1565, hoy un atractivo histórico-turístico), el General de Indias en Sevilla,
el de Simancas (Valladolid) y el Histórico Nacional en Madrid, además de otros
particulares como el Jesuíta de Roma –"gran fuente de 1566 a 1572"–.

El mayor hallazgo que han hecho es que el primer matrimonio cristiano del que hay
registro en los Estados Unidos continentales fue entre los españoles Miguel Hernández,
herrero y soldado de Segovia, y Luisa Ábrego, una negra libre que había trabajado de
sirvienta en Jerez de la Frontera. El dato apareció en una pesquisa por supuesta bigamia
instruida por el Santo Oficio de la Inquisición en México en 1575. Ábrego y Hernández
llegaron juntos a Florida en la expedición fundacional de Pedro Menéndez de Avilés
(1565) y se casaron ese mismo año.

Entre los 3.711 colonos que ya están en la base de datos se encuentra una vasta variedad
de oficios. Curioseando por categorías, uno puede por ejemplo dar con siete barberos
españoles, un calafate (el que tapaba las juntas de las maderas de las naves con estopa y
brea para que no entrase agua), seis escribanos, un zapatero, cuatro herreros o diez
carpinteros. En la expedición del capitán Menéndez de Avilés iba hasta un maestro
cervecero.

"Eso es lo que queremos", incide el historiador, "recuperar historias de personas


desconocidas que son las que realmente colonizaron Florida y tuvieron allí sus familias.
En los libros llamamos a todos los que vinieron a esta tierra conquistadores, pero esa
palabra no capta la complejidad y las diferencias que había entre toda esa población.
Nosotros realmente planteamos esta pregunta: ¿Quiénes fueron?".

Otro detalle sorprendente que ha arrojado la revisión documental es que la primera


celebración del día de San Patricio en Estados Unidos fue en San Agustín en el año
1600; 137 años antes que en Boston. Hubo una procesión y se dispararon cañones. La
razón de esta peculiaridad: que un gobernador de Florida se llevó consigo desde Puerto
Rico, como cura, a un amigo irlandés.

El doctor Francis quisiera escribir un libro titulado Los diez floridianos del siglo XVI
que me hubiera llevado al pub. Y el número uno en su lista no es un español sino un
portugués llamado Pablos Juan que en 1576 denunció a un gobernador colonial "que le
hizo darle un beso a un perro en el culo", fue expulsado de Florida y reaparece en
documentos de 12 años más tarde en Madrid acusando a las autoridades de Florida de
haber robado el dinero de la corona en ultramar y atribuido el saqueo, para encubrirse,
al temible corsario Francis Drake.

John Harrison, el relojero autodidacta


que midió con precisión la longitud
El hallazgo del cronómetro marino, al que el británico
dedicó gran parte de su vida, impulsó las rutas
transatlánticas al permitir a los barcos no desviarse
del rumbo exacto
12
Conéctate
Alberto López
3 ABR 2018 - 12:01 CEST

En una época en la que el poder del mundo aún tenía que ver con los océanos conocidos
y las rutas comerciales marítimas, el británico John Harrison se hizo famoso, aunque
no rico, al evitar la sangría de muertes que los naufragios y los barcos perdidos
ocasionaban. Su descubrimiento del funcionamiento de un cronómetro para hallar la
longitud marina y, por tanto, la localización en un punto del planeta junto con la latitud,
le ha permitido pasar a la historia como inventor.

El oficio de carpintero lo vio desde pequeño John Harrison en casa, pero quiso dar un
paso más en el rudimentario trabajo que desempeñaba su padre y se convirtió en
autodidacta. A base de montar y desmontar la maquinaria de los relojes logró ser un
especialista a la vez que se interesó por la música.

Pero su mayor reto no fue montar las maquinarias que previamente desmontaba, sino
inventar el cronómetro marino que permitía a un barco conocer con precisión su
longitud en el mar. El Parlamento británico había convertido a principios del siglo
XVIII en un problema nacional la pérdida y el naufragio de tantos barcos y, por este
motivo, ofreció 20.000 libras a la primera persona que encontrara una solución.

John Harrison nació en Foulby, cerca de Wakefield, West Yorkshire (Reino Unido), un
3 de abril, de 1693. El carpintero y relojero pasó a ser mundialmente famoso por
inventar el cronómetro marino que permitía a un barco conocer con precisión su
longitud en el mar (posición en el acceso este-oeste) y su descubrimiento fue
fundamental en el desarrollo de la navegación a larga distancia, que tomó un nuevo
impuso en el siglo XVIII.

Pocos detalles se conocen, sin embargo, de sus primeros años de vida. Era el mayor de
cinco hermanos y, al parecer, durante un ataque de viruela a los seis años de edad que le
obligó a permanecer en la cama una temporada fue cuando comenzó a indagar y diseñar
mecanismos de relojería. Aunque no se destacan hechos significativos en su vida como
carpintero en sus primeros 30 años, sí se sabe que acabó su primer reloj de péndulo en
1713, antes de cumplir 20 años. Este primer reloj, es una incógnita al intentar
comprender cómo pudo afrontar semejante proyecto con sus conocimientos, así que solo
su capacidad autodidacta de aprendizaje lo explicaría. El reloj puede verse hoy en una
vitrina del museo del Excelentísimo Gremio de Relojeros en Guildhall (Londres), que
tiene de singular que fue construido íntegramente en madera de roble y boj, algo que
Harrison repitió después con otros dos relojes de madera en los años 1715 y 1717.

Cuando tenía 25 años se casó con una joven 10 años menor, con quien tuvo su primer
hijo, aunque al cumplir el niño siete años su mujer enfermó y falleció poco después.
Apenas medio año después volvió a contraer matrimonio y tuvo dos hijos más. Pero la
desgracia de su primer matrimonio continuó con el fallecimiento de su primer hijo
cuando cumplió 18 años.

Aunque empezó a destacar por sus dotes creativas, Harrison nunca tuvo habilidades
sociales y el trato con otras personas se convirtió en una gran barrera, así que fue
ayudado por George Graham y Edmond Halley para conseguir financiación y apoyo
para sus proyectos.

Su invento más importante fue encontrar una solución al problema de la longitud. Desde
muchos años antes se buscaba una solución a poder conocer la posición de longitud de
un barco. Se hicieron numerosos intentos, pero ninguno tuvo éxito. La capacidad de
saber la longitud era esencial para la navegación segura de los navíos, y el problema se
consideró tan importante que el Parlamento ofreció una recompensa de 20.000 libras
esterlinas a la primera persona que proporcionara una solución al grave problema. El
propio sir Isaac Newton había mostrado sus dudas de que se pudiera crear ese
dispositivo.

El descubrimiento de Harrison consistió en desarrollar un reloj capaz de combinar las


fluctuaciones en la temperatura y la presión del aire, pudiendo mantener un tiempo muy
exacto durante mucho tiempo, valga la redundancia. A John Harrison le costó cinco
años desarrollar su primer reloj marino, conocido como H1. Para logarlo incorporó
rodillos, ruedas de madera y dos balanzas con mancuernas unidas. Después de recibir la
aprobación de la Royal Society, su primera prueba en mar abierto se realizó en una ruta
a Lisboa y fue un éxito, con el reloj de Harrison -de 34 kilos- prediciendo con exactitud
la longitud en comparación con los métodos antiguos que lo hacían a 60 millas de
distancia.

Su hallazgo, sin embargo, no fue suficiente para lograr el premio que ofrecía el
Parlamento británico, ya que requería un uso en rutas transatlánticas. Por este motivo,
en los años siguientes construyó diferentes versiones que lograron mejorar el diseño.
Algunas modificaciones tenían que ver con los balances circulares, que no se veían
afectados por la acción de balanceo del mar, y así fue como sus siguientes modelos, H2
y H3, vieron la luz, aunque nunca alcanzaron el éxito del primero, por lo que alrededor
de 1750 Harrison abandonó su ambicioso proyecto y comenzó a trabajar en un reloj
marino más pequeño.

Incorporando elementos de otros relojes construidos por Thomas Judge, John Harrison
desarrolló un nuevo modelo avanzado y más compacto de reloj marino, el H4. Aunque
tardó otros seis años en construirse, Harrison pudo probar con éxito que al usar este
reloj la longitud podía medirse con mayor precisión aún. En la primera prueba en una
ruta a Jamaica realizada por su hijo, su reloj marino resultó ser muy preciso, con solo
5,1 segundos de retraso, aunque el jurado del Parlamento británico siguió sin concederle
el perseguido premio económico argumentando que el resultado podría deberse a la
buena suerte.

Harrison tuvo que hacer otras pruebas, y mientras tanto, surgió un nuevo reloj, el H5.
Una vez más, resultó ser preciso y más manejable que los modelos anteriores, pero
nuevamente el Parlamento se mostró reacio a concederle el premio. Al final, con la
ayuda del rey Jorge III y cuando ya había cumplido 80 años le otorgaron 8.750 libras en
concepto de premio, pero el galardón íntegro nunca fue otorgado a nadie.

El trabajo al que dedicó toda su vida John Harrison se vio completado después de años
de arduo trabajo para mejorar el diseño y sus buenos resultados permitieron que pronto
se extendiera su uso. De hecho, el famoso capitán James Cook, por ejemplo, utilizó una
copia del H4, ya que a pesar de su alto coste, los relojes marinos demostraron ser muy
útiles para una navegación más segura.

John Harrison murió el 24 de marzo de 1776 a los 82 años y fue enterrado en


Hampstead. Dedicó 31 años de su vida a la experimentación para dar con el reloj
adecuado que midiera con exactitud la longitud en el mar y revolucionó la navegación
naval gracias a su descubrimiento, permitiendo acelerar la considerada como Edad de
los Descubrimientos y el Colonialismo.
El dispositivo de Harrison fue más tarde mejorado por John Arnold, quien permitió la
producción de relojes más económicos y generalizó su uso en los barcos. En la
actualidad, los H1, H2, H3 y H4 restaurados se exhiben en el Museo Marítimo Nacional
de Greenwich.

Un hueco para el espíritu (y la


imaginación)
Ante los bocetos al óleo de Rubens, asumimos el papel
de creadores e intentamos, instintivamente,
terminarlos
Conéctate
Alejandro Vergara
10 ABR 2018 - 13:38 CEST

Los bocetos eclécticos y multifuncionales de Rubens (1577-1640) son los herederos de


los dibujos y pinturas preparatorios de sus predecesores. Espoleado por sus necesidades
organizativas, que se derivaban de su éxito, transformó ese tipo de imagen en un
componente sistemático del proceso de preparación de sus cuadros. Estas obras del
artista flamenco representan una nueva forma de pintar, en la que se aúnan las fases de
dibujo y color del trabajo previo. Como consecuencia de su finalidad, que era avanzar la
creación de otra obra de arte, exigían menos esfuerzo y tiempo que los productos
finales, lo cual se traducía en un nivel menor de acabado y en dimensiones más
pequeñas.

A juzgar por los documentos relacionados con su testamento y con la venta de su propia
colección, Rubens consideraba sus bocetos pintados como algo diferente de sus dibujos
y probablemente también de sus pinturas. En sus últimas voluntades, redactadas el 27 de
mayo de 1640, se estipula que sus dibujos no debían venderse como el resto de su obra,
sino guardarse por si alguno de sus herederos en el futuro decidiera ser artista. Esa
cláusula no incluía los bocetos pintados, que salieron a la venta con el resto de su
colección a finales de 1640.

Los documentos de la testamentaría demuestran que los bocetos pintados se


denominaban de la misma forma que los dibujos: teekeningen, desseins y draughts, en
los tres idiomas en que se anunció la venta. Esta ambigüedad pone de manifiesto el
lugar indeterminado que todavía ocupaba el boceto pintado, incluso para los redactores
de la lista de contenidos de la almoneda, que eran personas próximas al artista. Con el
tiempo, y debido en gran medida a la dedicación de Rubens a esta práctica, otros
creadores y aficionados al arte llegarían a considerar ese tipo de obras como una
categoría propia y un nuevo vehículo de expresión.

Los bocetos de Rubens no son esencialmente distintos del resto de sus pinturas. La
acción dramática y la intensidad emocional que encontramos en ellos, productos de la
prodigiosa imaginación del artista y del toque de su pincel, concuerdan plenamente con
lo que esperamos de él. Estos dibujos no nos acercan más que otras obras suyas al
misterio de su genio creativo. Nacen del mismo impulso, y su energía es producto del
mismo manejo del pincel. Y sin embargo, tienen algo de singular.

Refiriéndose a este tipo de pintura en la década de 1760, Diderot se preguntaba: "¿Por


qué un boceto hermoso procura más placer que una pintura hermosa?". No tenemos que
estar de acuerdo con esta afirmación para reconocer que es una opinión bastante
generalizada. Al contestar a su propia pregunta, el filósofo se dio cuenta de que la clave
de nuestra reacción a estas obras previas radica en cómo percibimos las imágenes de
aspecto inacabado: "Tal vez el boceto nos atrae con tanta fuerza porque, siendo algo
indeterminado, deja más espacio para nuestra imaginación, que ve en él lo que le place".
Byron lo dijo más poéticamente en su Don Juan: "An outline is the best -- lively reader
´s fancy does the rest" ("Un mero trazo es lo mejor, lo demás lo pone la imaginación del
lector"; canto VI).

Esta respuesta al arte y a las imágenes explica la atracción de los bocetos de Rubens.
Aunque son obras terminadas, dan la impresión de no estarlo, de ser productos en los
que el pintor aún está trabajando. Ante estos dibujos asumimos el papel de creadores e
intentamos, instintivamente, terminarlos.

Este texto es un extracto de uno de los textos que forman parte de la publicación que
acompaña a la exposición del Museo del Prado, Rubens. Pintor de bocetos, del que son
autores Friso Lammertse y Alejandro Vergara.

Alrededor de la exposición

Por qué los números primos siguen


fascinando a los matemáticos, 2.300
años después
El premio Abel es el último galardón que premia el
estudio de lo que es, posiblemente, el conjunto de
datos matemáticos mayor y más antiguo
10 ABR 2018 - 06:28 CEST

El 20 de marzo, el matemático estadounidense de origen canadiense Robert Langlands


fue distinguido con el Premio Abel por toda una vida dedicada a las matemáticas. La
investigación de Langlands ha demostrado que conceptos derivados de la geometría, el
álgebra y el análisis numérico podían conectarse a través de un vínculo común con los
números primos.

Cuando el rey de Noruega le entregue el galardón a Langlands, el próximo mayo, estará


premiando el último de los esfuerzos que desde hace 2.300 años tratan de entender los
números primos, posiblemente el conjunto de datos matemáticos mayor y más antiguo.
Como matemático dedicado a este programa Langlands, me fascina la historia de los
números primos y los recientes avances que ayudan a desenmarañar sus secretos. ¿Por
qué llevan milenios cautivando a los matemáticos?

Cómo encontrar números primos

Para estudiar los números primos, los matemáticos extraen números enteros de una tabla
virtual tras otra, hasta dejar solo los primos. Este procedimiento de criba produjo tablas
de millones de primos en el siglo XIX. En la actualidad, permite a los ordenadores
encontrar miles de millones de números primos en menos de un segundo. Pero la idea
fundamental de la criba permanece inmutable desde hace más de 2.000 años.

“Un número primo es aquel que solo es medido por la unidad”, escribía el matemático
Euclides en el año 300 a. C. Esto significa que los números primos no son divisibles
entre ningún número menor que ellos, excepto 1. Por convención, los matemáticos no
cuentan el 1 como número primo.

Si bien Euclides demostró que los números primos son infinitos, la historia indica que
fue Eratóstenes quien nos aportó la criba que permite hallarlos con rapidez. Esta es la
idea de la criba. Primero, filtramos los múltiplos de 2, luego de 3, de 5 y de 7, los cuatro
primeros números primos. Si lo hacemos con todos los números del 2 al 100, solo
quedarán números primos. Con ocho pasos de filtrado, podemos aislar los números
primos hasta 400. Con 168 pasos de filtrado, podemos aislar primos hasta 1 millón. Esa
es la capacidad de la criba de Eratóstenes.

Tablas y tablas

Una de las primeras figuras en el listado de primos fue John Pell, un matemático inglés
que se dedicó a crear tablas de números útiles. Su motivación era resolver problemas
aritméticos antiguos planteados por Diofanto, pero también un objetivo personal de
organizar verdades matemáticas. Gracias a sus esfuerzos, a principios del siglo xviii
circulaban ya los números primos hasta 100.000. En 1800, distintos proyectos
independientes habían hallado ya los primos hasta 1 millón.

Para automatizar los tediosos pasos de criba, un matemático alemán llamado Carl
Friedrich Hindenburg utilizó deslizadores ajustables para eliminar de inmediato
múltiplos en toda una página de una tabla. Otro método poco tecnológico pero eficaz
empleaba plantillas para localizar los múltiplos. A mediados del siglo XIX, el
matemático Jakob Kulik se había embarcado en un ambicioso proyecto para encontrar
todos los números primos hasta 100 millones.

Estos “grandes datos” del siglo XIX podrían haber servido solo como tabla de
referencia si Carl Friedrich Gauss no hubiera decidido analizar los números primos por
sí mismos. Armado con una lista de primos hasta 3 millones, Gauss empezó a contarlos,
de “chiliada” (grupos de 1.000 unidades) en chiliada. Contó los primos que hay hasta
1.000, después entre 1.000 y 2.000, después entre 2.000 y 3.000 y así sucesivamente.

Gauss descubrió que, a medida que aumentan los números, la frecuencia de los primos
desciende de acuerdo con una ley de “logaritmo inverso”. La ley de Gauss no muestra
con exactitud cuántos primos hay, pero ofrece un cálculo bastante bueno. Por ejemplo,
su ley predice la existencia de 72 primos entre 1.000.000 y 1.001.000. La cifra correcta
es de 75, un error de aproximadamente el 4%.

Un siglo después de las primeras exploraciones de Gauss, el “teorema de los números


primos” demostró su ley. El porcentaje de error se aproxima a cero en las cadenas de
primos de mayor tamaño. La hipótesis de Riemann, un problema que vale 1 millón de
dólares en la actualidad, describe también lo exacto que es realmente el cálculo de
Gauss.

El teorema de los números primos y la hipótesis de Riemann reciben la atención y el


dinero, pero ambos se basan en análisis de datos anteriores y menos glamurosos.

Misterios modernos de los números primos

Hoy en día, nuestros conjuntos de datos proceden de programas informáticos, y no de


plantillas hechas a mano, pero los matemáticos siguen hallando nuevos patrones en los
primos.

Excepto el 2 y el 5, todos los números primos acaban en 1, 3, 7 o 9. En el siglo XIX se


demostró que estos posibles últimos dígitos se dan con la misma frecuencia. En otras
palabras, si observamos los primos hasta un millón, aproximadamente el 25% termina
en 1, el 25% en 3, el 25% en 7 y el 25% en 9.

En lo que al estudio de números primos sucesivos se refiere, los matemáticos se ven


limitados al análisis de datos y a la persuasión

Hace unos años, dos teóricos de números de Stanford, Robert Lemke Oliver y Kannan
Soundararajan, se sorprendieron al observar peculiaridades en los últimos dígitos de
números primos. Un experimento observaba el último dígito de un primo y el último
dígito del siguiente. Por ejemplo, el número primo que sigue a 23 es 29: vemos un 3 y
después un 9 en sus últimos dígitos. ¿Es la secuencia 3 - 9 entre los últimos dígitos de
los números primos más frecuente que la de 3 - 7?

Los teóricos de números esperaban cierta variación, pero lo que encontraron superó con
creces sus expectativas. Los primos están separados por diferentes intervalos; por
ejemplo, 23 está a seis números de 29. Pero la secuencia de primos terminados en 3 y a
continuación 9, como 23 y 29, es mucho más común que 7 – 3, aunque ambos procedan
de un intervalo de seis.

Los matemáticos pronto encontraron una explicación verosímil. Pero en lo que al


estudio de números primos sucesivos se refiere, los matemáticos se ven limitados
(principalmente) al análisis de datos y a la persuasión. Parece que las pruebas –el patrón
oro de los matemáticos para explicar por qué las cosas son ciertas– tardarán décadas.

Martin H. Weissman es profesor asociado de matemáticas en la Universidad de


California en Santa Cruz

Cláusula de divulgación. Martin Weissman recibe financiación de la Fundación


Simons para la colaboración en matemáticas.
Paleodieta: ¿lo primitivo es saludable?
Las pautas propuestas por esta dieta inventada no
encajan con una alimentación sana
28
Conéctate
Julio Basulto Marset
10 ABR 2018 - 12:28 CEST

Que una dieta esté de moda, o que haya numerosos libros que hablen de ella, no
garantiza que dicha dieta sea recomendable. Es difícil saber hasta qué punto la
denominada “paleodieta” está de moda, pero sí sabemos que los libros que abordan este
planteamiento dietético son best sellers. Uno de ellos se titula La dieta paleolítica. La
paleodieta. Lo escribió en 2002 Loren Cordain, un autodenominado experto en
nutrición (se define como “autoridad mundial en dietética y nutrición”). Como una de
las claves para detectar si un libro es desaconsejable es localizar graves errores en su
interior, es preciso saber que en el libro de Cordain los errores son más norma que
excepción. Así, no tardaremos en dar con afirmaciones tan descabelladas como estas:
“Te garantizo que te sentirás mejor inmediatamente” (página 50), “Puedes perder 10-
13,5 kg en un año tomando la misma cantidad de alimento que comes y sin hacer
ningún cambio en tus hábitos de ejercicio” (página 81), “La paleodieta es una forma de
comer para toda la vida que normaliza el peso de cualquier persona” (página 91) o “Vas
a descubrir que desaparecen tus problemas digestivos”.

La OMS advierte de que “las dietas ricas en carnes rojas podrían ser responsables de
50.000 muertes por cáncer al año en todo el mundo”

Es peligroso garantizar mejoras milagrosas de salud, porque generará frustración y


culpabilidad en muchos pacientes. Pero ante todo es engañoso, por lo que podría
considerarse incluso ilegal, a juzgar por lo detallado en el texto “Si le parece engañoso,
entonces le parece ilegal”, escrito en febrero de 2017 por Francisco José Ojuelos,
abogado experto en Derecho Alimentario. Es particularmente flagrante la promesa de
pérdida de peso “sin hacer ningún cambio en tus hábitos de ejercicio”, máxime si
tenemos en cuenta que España es uno de los países más sedentarios de Europa. Lo cierto
es que no existe ni una sola prueba en la literatura científica que permita dar
credibilidad a las frases recién citada. Por ello, resulta muy sensato ubicar el libro en la
estantería de pseudociencias, cerca de los libros de astrología, quiromancia u
homeopatía.

Pero todavía no he explicado en qué consiste la paleodieta. El tesauro de la Biblioteca


Nacional de Medicina de Estados Unidos (MESH) la define así: “Plan nutricional
basado en la presunta dieta de los ancestros humanos preagrícolas. Consiste
principalmente en carne, huevos, frutos secos, raíces, hortalizas y frutas frescas, y
excluye los granos, las legumbres, los productos lácteos y los azúcares dietéticos
refinados”.
La expresión “presunta dieta” en la recién citada definición es relevante, porque
actualmente no se sabe con seguridad de qué se alimentaba el hombre del Paleolítico.
Juanjo Cáceres, doctor en Historia, expuso en el texto El ‘desconocido’ consumo de
vegetales en el Paleolítico que los fragmentarios conocimientos de los que disponemos
sobre las dietas prehistóricas “están utilizándose para sustentar propuestas como la
llamada paleodieta, etiqueta bajo la cual se están llenando páginas y páginas con
recomendaciones dietéticas inadecuadas”. Por ello, nos invita a “cuidarnos de los sesgos
con que lanzamos una mirada hacia la Prehistoria, pues corremos el riesgo de que una
perspectiva incompleta del pasado facilite la difusión de propuestas simplistas en el
presente”. Añade una consideración importantísima: “Si no estamos seguros de cuál era
su composición [de la alimentación en el Paleolítico], es evidente que tampoco estamos
en las condiciones idóneas para evaluar lo que nos conviene comer hoy en día a partir
de lo que suponemos que comían nuestros ancestros”.

La expresión “presunta dieta” en la recién citada definición es relevante, porque


actualmente no se sabe con seguridad de qué se alimentaba el hombre del Paleolítico

Retomemos ahora la definición que propone el MESH. Expone que esta dieta se basa en
consumir huevos, frutos secos, raíces y hortalizas y frutas frescas, pero también carne.
En el libro de Loren Cordain se aconseja sin titubeos el consumo de “carne roja (vacuno
y cerdo)”, “las asaduras y la carne de animales de caza” (página 122) y se llega a
afirmar que “el principal alimento de la paleodieta es la carne magra” (página 139). Es
momento de recordar que la Organización Mundial de la Salud detalló en octubre de
2015 que “las dietas ricas en carnes rojas podrían ser responsables de 50.000 muertes
por cáncer al año en todo el mundo”. Dos años después, investigadores del Instituto
Nacional del Cáncer de Estados Unidos (National Cancer Institute) evaluaron el efecto
del consumo de carnes rojas y procesadas en una cohorte de 536.969 personas. Su
conclusión fue la siguiente: “Los resultados muestran una asociación entre el consumo
de carnes rojas, tanto sin procesar como procesadas, y un mayor riesgo de mortalidad
por todas las causas".

Fijémonos también en lo que excluye la dieta paleolítica: se aconseja eliminar los


azúcares refinados, un consejo que, sin duda, generará beneficios en la salud, pero
también se recomienda excluir los lácteos, las legumbres y los cereales. Empecemos por
los cereales. Mientras que en el libro de Cordain leemos que “es mejor dejar los cereales
para los pájaros” (página 62), todas las entidades de referencia en nutrición aconsejan
hoy consumir granos integrales con el objetivo de mejorar nuestra salud. Encontramos
el motivo en trabajos como el metaanálisis de estudios prospectivos publicado en junio
de 2016 por Geng Zong y colaboradores. La investigación constató que un mayor
consumo de cereales integrales se relaciona con un menor riesgo de mortalidad y que
“los hallazgos fueron particularmente fuertes y sólidos para la mortalidad por
enfermedad cardiovascular”. Una investigación similar, publicada en enero de 2018 por
Zhang y colaboradores, ha llegado a la misma conclusión. Por tanto, la exclusión de los
cereales propuesta por la paleodieta no solo no es beneficiosa, sino que, a escala
poblacional, podemos considerarla arriesgada.

Tambien debemos considerar arriesgado excluir de la dieta de la población las


legumbres. En el documento titulado Legumbres y salud: las pruebas apuntan a 4
raciones a la semana (una rigurosa revisión publicada el 25 de enero de 2018 por parte
de la Red de Nutrición Basada en la Evidencia #REDNuBE, @EvidNutrition) leemos
que el consumo diario de legumbres puede prevenir la obesidad y se ha relacionado con
un menor riesgo de padecer cáncer colorrectal y enfermedad isquémica del corazón.

Aunque no parece arriesgado, tampoco tiene justificación sanitaria excluir totalmente


los lácteos de la alimentación. La revisión sistemática con metaanálisis publicada en
2015 por Larsson y colaboradores constató que el consumo de leche no eleva el riesgo
de mortalidad. El doctor Dariush Mozaffarian revisó a fondo el papel de los lácteos en
la salud en 2016 y concluyó que “ningún estudio a largo plazo apoya posibles riesgos
[atribuibles al consumo de lácteos]”.

La exclusión de los cereales propuesta por la paleodieta no solo no es beneficiosa, sino


que, a escala poblacional, podemos considerarla arriesgada

¿Hay estudios sobre la paleodieta? Los hay, pero de ninguna manera sustentan lo que
proponen los libros centrados en esta propuesta o lo que prometen los falsos gurús que
la defienden. La práctica totalidad de tales estudios han consistido en seguimientos a
corto plazo de grupos pequeños de individuos, lo que impide extrapolar sus resultados a
la población general. Uno de ellos, llevado a cabo en setenta mujeres con obesidad
(media de edad, 60 años) constató ciertos beneficios, pero la mayoría de ellos
desaparecieron a los 24 meses de seguimiento. Además, la adherencia a la dieta, un
factor determinante en el control de peso corporal, fue baja en el grupo de mujeres que
siguió la paleodieta. Un año después, la revista American Journal of Clinical Nutrition
publicó una revisión que parecía dar credibilidad a los defensores de la paleodieta. Sin
embargo, en septiembre de 2016, los doctores Tanis y Carol J. Fenton evaluaron dicha
revisión y justificaron que sus conclusiones no son más que “tergiversaciones” de la
ciencia de la nutrición.

Ante la actual avalancha de estudios sobre nutrición y de propuestas dietéticas de todo


tipo (como la macrobiótica), vale la pena recordar estas palabras de la doctora Marion
Nestle: “Lo que realmente necesitamos son estudios bien diseñados de patrones
dietéticos. Los realizados hasta la fecha sugieren que las dietas basadas principalmente
en alimentos de origen vegetal se relacionan con una excelente salud y longevidad”.
Algo incompatible con darle un papel protagonista a la carne o con excluir granos
integrales o legumbres, que es lo que defienden los paleodietistas.

Un consejo final: huya de las dietas con apellido.

Julio Basulto (@JulioBasulto_DN) es un Dietista-Nutricionista que intenta convencer


al mundo de que comer mal no se compensa con una zanahoria. También imparte
conferencias, ejerce como docente en varias instituciones académicas, colabora con
diferentes medios de comunicación y es autor de numerosas publicaciones científicas y
divulgativas ([Link]).

De las pirámides a Stonehenge: ¿eran


astrónomos los pueblos de la
prehistoria?
Una disciplina científica denominada
“arqueoastronomía” o “astronomía cultural”
empieza a aportar ideas
8 ABR 2018 - 09:22 CEST

Desde que los humanos pudimos mirar al cielo, nos asombramos de su belleza y sus
incontables misterios. Naturalmente, a menudo se describe la astronomía como la más
antigua de las ciencias, una inspiración para los humanos desde hace miles de años. Las
pinturas rupestres prehistóricas reflejan fenómenos celestes. Y monumentos como las
grandes pirámides de Guiza y Stonehenge parecen alinearse con precisión con los
puntos cardinales o con los puntos del horizonte por los que salen o se ponen la luna, el
sol o las estrellas.

Hoy en día parece que tenemos dificultades para imaginar cómo pudieron los antiguos
construir y orientar dichas estructuras. Esto ha hecho que surgiesen muchas
suposiciones. Algunos insinúan que los pueblos prehistóricos debían de tener
conocimientos matemáticos y científicos para hacerlo, mientras que otros llegan incluso
a conjeturar que a lo mejor unos visitantes alienígenas les enseñaron a hacerlo.

¿Pero qué sabemos en realidad acerca de cómo entendían los humanos del pasado el
cielo y cómo desarrollaron una cosmología? Una disciplina científica denominada
“arqueoastronomía” o “astronomía cultural”, nacida en la década de 1970, empieza a
aportar ideas. Esta materia combina diversas áreas especializadas, como la astronomía,
la arqueología, la antropología y la etnoastronomía.

Métodos simplistas

Las pirámides de Egipto se encuentran entre los monumentos antiguos más


impresionantes, y varias de ellas están orientadas con gran precisión. El egiptólogo
Flinders Petrie efectuó la primera investigación de alta precisión de las pirámides de
Guiza en el siglo XIX. Descubrió que cada uno de los cuatro bordes de la base de las
pirámides apunta hacia un punto cardinal con un margen de un cuarto de grado.

¿Pero cómo sabían eso los egipcios? No hace mucho, Glen Dash, un ingeniero que
estudia estas pirámides, planteaba una teoría. Se basa en el antiguo método del “círculo
indio”, que solo necesita una vara que proyecte una sombra y una cuerda para establecer
una dirección este-oeste. Subraya que, basándose simplemente en su simplicidad, este es
un método que pudo haber sido utilizado para las pirámides.

Tenemos que entender que nunca habrá una única explicación o respuesta a cómo pudo
alinearse o utilizarse un monumento

¿Podría ser? No es imposible, pero en este punto corremos el peligro de caer en la


popular trampa de proyectar en el pasado nuestros métodos, visiones del mundo e ideas
actuales. Es probable que el estudio de la mitología y de los métodos pertinentes
conocidos y empleados en aquel entonces proporcionen una respuesta más fiable.
No es la primera vez que los científicos lanzan conclusiones acerca del método
científico aplicado en el pasado. Algo similar ocurrió con Stonehenge. En 1964, el
astrónomo Gerald Hawkins desarrolló un intrincado método de utilizar hoyos y
marcadores para predecir eclipses en el misterioso monumento. Sin embargo, esto no
significa que ese fuera el uso que se daba a Stonehenge.

Modo de avanzar

Para empezar a entender el pasado necesitamos incluir diferentes métodos de otras


disciplinas para apoyar una idea. También tenemos que entender que nunca habrá una
única explicación o respuesta a cómo pudo alinearse o utilizarse un monumento.

¿Cómo puede entonces la astronomía cultural explicar el alineamiento de las pirámides?


Un estudio realizado en 2001 proponía que dos estrellas, Megrez y Phad, pertenecientes
a la constelación conocida como Osa Mayor, quizá escondan la clave. Estas estrellas
son visibles durante toda la noche. Su posición más baja en el cielo durante la noche
puede marcar el norte usando el merjet, un antiguo medidor del tiempo, compuesto por
una plomada con un mango de madera, que sigue el alineamiento de las estrellas.

La ventaja de esta interpretación es que se relaciona con la mitología estelar obtenida de


las inscripciones del templo de Horus en Edfu. Estas inscripciones hablan del uso del
merjet como herramienta de agrimensura, una técnica que tal vez explique también la
orientación de otros monumentos egipcios. La inscripción incluye el jeroglífico
denominado “la Pata Delantera del Toro” que representa la constelación del Carro y su
posible posición en el firmamento.

Hatshepsut y Seshat tensando la cuerda en Karnak, e imagen de la diosa con su signo


jeroglífico sobre la cabeza. Juan Antonio Belmonte

De igual modo, se han ofrecido mejores ideas para Stonehenge. Un estudio de 2001
halló extraños círculos de madera cerca del monumento, y planteó que tal vez
representasen a los vivos mientras que las rocas representarían a los muertos. Prácticas
similares se observan en monumentos hallados en Madagascar, lo que da a entender que
quizá fuese una manera corriente entre los prehistóricos de pensar en los vivos y en los
muertos. También ofrece una forma interesante y nueva de observar Stonehenge en
medio del paisaje circundante. Otros han interpretado que este monumento, en especial
su avenida, marca el tránsito ritual por el inframundo con vistas de la luna en el
horizonte.

La astronomía cultural también ha contribuido a arrojar luz sobre las tumbas de corredor
–un tipo de tumba compuesta por una cámara de piedras conectadas y una entrada larga
y estrecha– de 6.000 años de antigüedad estudiadas en Portugal. El arqueólogo Fabio
Silva ha demostrado que la vista desde el interior de las tumbas enmarca el punto del
horizonte en el que Aldebarán se eleva sobre una cadena montañosa. Esto podría
significar que fueron construidas para permitir ver la estrella desde el interior, ya fuese a
muertos o a vivos, posiblemente como ritual de iniciación.

Pero Silva también recopiló pruebas más amplias. La cadena montañosa enmarcada era
el lugar al que los constructores de las tumbas debían de emigrar con su ganado en el
verano. La estrella Aldebarán se eleva aquí en el horizonte por primera vez en el año —
el conocido como orto heliaco— al comienzo de esta migración. Es interesante que el
folclore antiguo hable también de un pastor de esta zona que divisó una estrella tan
brillante que iluminaba las montañas. Al llegar allí, decidió darles a las montañas y a su
perro el nombre de la estrella; ambos nombres siguen existiendo en la actualidad.

El trabajo que yo he realizado en colaboración con Silva ha demostrado también que la


visión desde dentro de los corredores largos y estrechos de las tumbas podía ampliar la
visibilidad de la estrella, al restringir la visión a través de una apertura.

Pero aunque es fácil asumir que los prehistóricos eran astrónomos analíticos con
grandes conocimientos científicos, es importante recordar que esto solo refleja nuestra
visión moderna de la astronomía. Los hallazgos de la astronomía cultural demuestran
que las personas del pasado observaban de hecho el cielo e incorporaban lo que veían a
muchos aspectos de su vida. Aunque sigue habiendo muchos misterios que rodean el
significado y los orígenes de las estructuras antiguas, un enfoque basado en el estudio
de tantos campos como sea posible, incluso experiencias, y con un significado atractivo
probablemente sea nuestra mejor apuesta para descubrir para qué se utilizaron en
tiempos pasados.

Daniel Brown es profesor de astronomía. Universidad Nottingham Trent

Cláusula de divulgación. Daniel Brown no trabaja para ninguna empresa u


organización que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones
en ellas ni recibe financiación. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte
del cargo académico mencionado.

¿Cuándo comenzaron los humanos a


celebrar funerales?
Un estudio pone en duda que dos acumulaciones de
fósiles humanos de hace más de 300.000 años
fuesen realizadas por humanos con intención
simbólica
27
Conéctate
Daniel Mediavilla
6 ABR 2018 - 08:13 CEST

Durante milenios, los seres humanos se creyeron el centro del universo, el pueblo
elegido que había heredado la Tierra. Después, el relato comenzó a cambiar. Las teorías
evolutivas mostraron que compartíamos ancestros con todos los animales que pueblan el
planeta y los astrónomos nos colocaron en las afueras de una galaxia entre miles de
millones. Pero los científicos, que no sienten aversión hacia el ego humano sino más
bien al contrario, tras sacarnos del centro de la creación han intentado entender qué nos
separa del resto de los seres vivos, qué nos hace especiales.
Nuestra reacción ante la muerte parece uno de esos rasgos. Hay otros animales que se
lamentan cuando muere alguien cercano, que se consuelan y que saben que lo sucedido
es irreversible. Pero ninguno honra a sus muertos con los complejos rituales humanos.
Por ahora, además de nuestra especie, solo los neandertales parecen gozar (o sufrir) de
la capacidad de abstracción y previsión suficiente para asumir su mortalidad y la de sus
congéneres y actuar con la solemnidad que demanda ese conocimiento.

Los primeros en hablar de rituales funerarios más allá de los Homo sapiens fueron los
hermanos Jean y Amédée Bouyssonie, dos curas católicos que en 1908 descubrieron los
restos de un neandertal de hace 50.000 años en la cueva de La Chapelle-aux-Saints, en
Francia. Según los Bouyssonie, la posición fetal del cuerpo y las herramientas que lo
acompañaban en la zanja donde lo encontraron apuntaban a un entierro intencionado.
Abundando en la especulación, sugerían que los autores de aquel ritual tenían capacidad
simbólica y creían en una vida después de la muerte. La condición sacerdotal de los
hermanos y las dudas sobre sus técnicas de excavación hicieron que otros científicos de
mayor prestigio desdeñaran sus hipótesis. Sin embargo, un artículo publicado en 2013
en la revista PNAS sugería que, como mínimo, los parientes de aquel viejo neandertal lo
enterraron intencionalmente y con cuidado.

En 1908, dos curas católicos encontraron los restos de un neandertal al que, según ellos,
habían enterrado de acuerdo a creencias en el más allá

A principios del siglo pasado, los neandertales aún eran vistos como brutos, ajenos a las
glorias intelectuales de la humanidad. Desde entonces, los hallazgos arqueológicos los
han revelado como una especie muy cercana a la nuestra a la que se atribuye incluso la
primera obra de arte de la historia. Por el momento, los únicos animales capaces de
realizar algo parecido a lo que consideraríamos un funeral son los humanos y
neandertales de los últimos 100.000 años.

En las tareas de definición de la familia humana, parece difícil rechazar a los


neandertales, pero cuando se trata de ir más allá, crecen las dudas. En este territorio
nebuloso se encuentran dos yacimientos sorprendentes, la Sima de los Huesos de
Atapuerca, en Burgos y la cueva Rising Star, a unos 50 kilómetros de Johannesburgo
(Sudáfrica).

En la primera se han encontrado huesos de 28 individuos de diferentes edades de la


especie Homo heidelbergensis, unos ancestros de los neandertales que habitaron esta
zona de la sierra burgalesa hace 400.000 años. En 2012, Juan Luis Arsuaga, uno de los
directores del yacimiento de Atapuerca, afirmaba que “se trataría del primer santuario
de la humanidad” y que la sima era “la prueba más antigua de un comportamiento
funerario y de una acumulación colectiva” de restos fósiles humanos. El hallazgo junto
a los cadáveres de Excalibur, un hacha de mano rojiza elaborada con un material poco
frecuente en la zona, se ha interpretado como un tributo a los muertos que fortalecería la
hipótesis del enterramiento con sentido simbólico.

El caso del yacimiento sudafricano es aún más sorprendente. Los heidelbergensis están
en la línea de ancestros directos de los neandertales y su cráneo ya tiene un gran
tamaño. El caso del Homo naledi, la especie encontrada en Rising Star, es muy distinto.
Poseía un cráneo de solo 500 centímetros cúbicos, menos de la mitad que un
heidelbergensis. De hecho, antes de datar los restos con precisión, sus características
anatómicas hicieron pensar que vivieron hace dos millones de años. La datación reveló
que pese a algunas características supuestamente primitivas, existieron hace menos de
300.000 años, mucho después de la muerte de los humanos encontrados en la Sima de
los Huesos.

En la Sima de los Huesos se encontraron los restos de 28 individuos de distintas edades


muertos hace 400.000 años

Para llegar hasta la cámara donde se hallaron los huesos era necesario recorrer 80
metros de cueva, trepar por una pared y descender por una angosta grieta. Un trayecto
en tinieblas que parece el único por el que los huesos de aquellos ancianos, adultos y
niños llegaron hasta allí. Además, ninguno tiene signos de haber sido devorado por
algún animal, como sí sucede en el yacimiento burgalés.

La ausencia de otras muestras de comportamiento simbólico, como pinturas o figuras


talladas, que se puedan asociar sin duda a estas dos especies, cuestiona que se trate de
un enterramiento voluntario de individuos preocupados por el destino de los muertos.
Además, esta misma semana se ha publicado un artículo en la revista PNAS que plantea
incluso que la inopinada acumulación de fósiles humanos puede ser casual.

Un equipo internacional de científicos, liderado por Charles Egeland, de la Universidad


de Carolina del Norte en Greensboro, empleó un sistema de inteligencia artificial para
comparar la acumulación de restos humanos de Atapuerca y Rising Star con otros
yacimientos en los que sin duda hubo enterramientos humanos y otras acumulaciones de
huesos de animales que fueron casuales. Después, “empleando algoritmos de
aprendizaje como los que emplea Amazon para predecir el comportamiento de los
clientes o los que utilizan los coches autónomos, pedimos que nos interpreten qué es la
Sima de los Huesos y qué es el yacimiento de los naledi”, explica Manuel Domínguez-
Rodrigo, investigador de la Universidad Complutense de Madrid y coautor del estudio.

Frans de Waal considera que, si los chimpancés permaneciesen mucho tiempo en el


mismo sitio, también ocultarían los cadáveres

Los resultados de estas simulaciones informáticas indican que las acumulaciones de


fósiles del yacimiento español y el sudafricano son similares a las de restos humanos
que habían sido consumidos como carroña o de babuinos que murieron de forma natural
y cuyos restos acabaron después en una cueva. Los autores del trabajo aclaran que sus
resultados no refutan el origen humano de las acumulaciones de los heidelbergensis y
los naledi, pero plantean que pueden ser el resultado de una acumulación casual o
influida en parte por animales que devorasen los cuerpos de los fallecidos.

“Lo que el estudio sí ha puesto de relieve sin ambigüedad es que la interpretación actual
del equipo de Atapuerca de que la Sima es una acumulación antrópica con mínimo
impacto de carnívoros hay que recharzarla. El estudio muestra que o bien es natural o si
es antrópica ha sufrido una alteración de carnívoros considerable lo cual obliga a
plantear qué carnívoro ha sido ya que los osos normalmente casi no modifican los
huesos”, concluye Domínguez Rodrigo que considera que “la evidencia no permite
asegurar que ninguna de las dos acumulaciones haya sido realizada por homínidos” y
harán falta estudios más exhaustivos para confirmar que cualquiera de esas especies
tenía una conciencia de la mortalidad similar a la nuestra.
José María Bermúdez de Castro, codirector de los yacimientos de Atapuerca, considera
que el hecho de que fuesen los propios heidelbergensis los que depositasen en la sima
los cadáveres está fuera de duda. “Otra cosa es que se discuta si lo hicieron con una
intención ritual, como hicieron los neandertales o hacemos nosotros”, añade. “A mí no
me extrañaría en absoluto que lo hiciesen, porque son casi neandertales”, continúa. Por
otra parte, Bermúdez de Castro lamenta que los autores hayan escrito su artículo sin
visitar Atapuerca. “Para escribir un artículo científico hay que visitar los yacimientos.
Estos autores no conocen el yacimiento y eso es bochornoso”, afirma.

A falta de nuevos hallazgos que relacionen a estas especies que vivieron hace más de
300.000 años con comportamientos simbólicos, aunque se pueda afirmar con cierta
confianza que fueron humanos los que arrojaron a sus congéneres a aquellos pozos,
seguirá siendo difícil asegurar que lo hacían como parte de un ritual para facilitar su
paso al otro mundo o aliviar a los que quedaban en este. Como recordaba Frans de Waal
en un artículo sobre el tema, si animales como los chimpancés se asentasen durante
mucho tiempo en el mismo lugar, pronto se darían cuenta de que los cadáveres atraen a
depredadores peligrosos. “No excedería en absoluto la capacidad mental del simio
resolver el problema cubriendo los cadáveres malolientes o quitándolos de en medio”,
escribía. Pero más allá de eso, por ahora solo podemos asegurar que hay dos especies
conscientes de que todos vamos a morir.

Las matemáticas que dejó Stephen


Hawking
Entre las aportaciones del científico fallecido en
colaboración con el físico matemático Roger
Penrose destacan los teoremas sobre las llamadas
singularidades
4 ABR 2018 - 13:57 CEST

Sin lugar a dudas el físico contemporáneo más conocido es el recientemente fallecido


Stephen Hawking. Alcanzó su fama a partir del libro de divulgación Una breve historia
del tiemp¨, y esta fue amplificada por las difíciles circunstancias desde las que hizo gran
parte de su contribución científica: desde una silla de ruedas y comunicado a través de
una máquina que él operaba con el movimiento de los ojos. Sin embargo, su legado
matemático, de gran impacto en la comunidad científica, ha pasado más inadvertido
para el público.

Entre sus aportaciones destacan los teoremas sobre las llamadas singularidades, en
colaboración con el físico matemático Roger Penrose. A partir de estos trabajos, las
singularidades pasaron a ser una parte integral de la teoría de la relatividad general. El
concepto de singularidad es complejo y admite varias versiones. En los teoremas de
Hawking, que el espacio-tiempo contenga una singularidad equivale a decir que es
(geodésicamente) incompleto. La geodésica es la generalización del concepto de línea
recta para espacios curvos. Por ejemplo, en el caso de la superficie de una esfera, las
geodésicas son los segmentos de las circunferencias máximas. En el universo relativista,
la luz sigue siempre trayectorias geodésicas. Que el espacio-tiempo sea singular, quiere
decir que al seguir la trayectoria de la luz, llega un momento en el que desaparece de
forma abrupta.

Los teoremas de Hawking y Penrose afirman que las singularidades aparecen de forma
habitual tanto en cosmología, es decir, en la descripción del universo en su conjunto,
como a la hora de describir objetos compactos como son las estrellas. En concreto, sus
trabajos sirvieron para cimentar la teoría de los agujeros negros y del Big Bang, ambos
ejemplos de singularidades. Las partículas que entran en un agujero negro desaparecen
para nosotros, y algo parecido ocurre en el Big Bang, con el tiempo invertido: si
seguimos una partícula yendo hacia al pasado, acercándose a ese momento primigenio
del universo, llega un momento en el que desaparece.

Las ecuaciones que describen los agujeros negros y el Big Bang son consecuencia de la
teoría de la relatividad general, que estaba respaldada desde el principio por
experimentos; sin embargo, estas ideas fueron tratadas durante mucho tiempo como un
invento de ciencia ficción. Las objeciones provenían, en parte, de su carácter tan
extraño, contra intuitivo, que dificultaba imaginarlas: los agujeros negros son objetos
que absorben cualquier cosa, incluso la luz; y el Big Bang establece que el universo
estuvo contraído a un tamaño muchísimo más pequeño que el de una canica.

Además, algunos físicos argumentaban que los modelos eran demasiado simples y, por
lo tanto, poco realistas. Aseguraban que, si se partiese de condiciones más generales, se
vería que eran consecuencia de la simplificación. Por ejemplo, para obtener las
ecuaciones de los agujeros negros se imponía la hipótesis de que fuesen objetos
completamente esféricos, aunque esta perfección no existe en la realidad. En el modelo
cosmológico del Big Bang se partía de un universo homogéneo e isótropo (igual en
todas las direcciones), cosa que sólo es cierta de forma aproximada.

Hawking y Penrose demostraron que no eran necesarias las hipótesis de esfericidad u


homogeneidad para obtener las singularidades, partiendo de hipótesis físicas razonables
y utilizando argumentos muy generales. Así, quedó demostrado y zanjado que las
singularidades son reales, y no fruto de simplificaciones. Sin embargo los teoremas no
explican otros aspectos insatisfactorios de la singularidad, por ejemplo, ¿qué pasa con la
partícula que desaparece? ¿Por qué sucede esto? Una pregunta parecida es ¿y qué
ocurrió antes del Big Bang? ¿Todo surge de la nada? Hay muchas respuestas parciales a
estas preguntas, pero ninguna con el rigor y la generalidad de los teoremas de Hawking-
Penrose, que sin duda fueron un antes y un después en las implicaciones de la teoría de
la relatividad general, y quedarán para siempre.

Ernesto Nungesser es investigador asociado al Instituto de Ciencias Matemáticas


(ICMAT); Ágata Timón es responsable de Comunicación y Divulgación en el ICMAT.

La petición de Aristóteles
Si los dioses te concedieran un deseo y quisieras
beneficiar a toda la humanidad, ¿qué les pedirías?
185
Conéctate
Carlo Frabetti
30 MAR 2018 - 12:05 CEST

Puesto que una falacia es un argumento que parece válido pero no lo es, el concepto es
necesariamente impreciso, ya que incluye algo tan subjetivo y dependiente de las
circunstancias como el “parecer”; no es extraño, por tanto, que el tema haya suscitado
un amplio -y a veces acalorado- debate (300 comentarios en el momento de escribir
estas líneas).

Betty Boop (ver comentario 105 de la semana pasada) sugiere una jocosa recalificación
de algunas falacias clásicas:

Falacia "ad verecundiam" (o falacia de los padres): Porque lo digo yo y punto.

Falacia "post hoc ergo propter hoc" (o falacia catalana): Las empresas se van por el 155.

Falacia "ad hominem" (o falacia del "cuñao"): Si lo dice tu hermano, es una tontería.
(En muchos sitios se considera un método científico porque casi siempre es cierta).

Falacia "ceteris paribus" (o falacia del economista): Si bajan los tipos, sube la bolsa.

Falacia "ad ignorantiam" (o falacia legal): Uno es inocente hasta que se demuestre lo
contrario.

Falacia "ad consecuentiam" (o falacia placebo): La homeopatía es buena porque a mí


me funciona.

Con respecto a la “falacia legal”, habría que matizar que la presunción de inocencia
obliga, sí, a tratar a alguien como si fuera inocente mientras no se demuestre lo
contrario; pero, ironías aparte, ser inocente y ser tratado como inocente no son
exactamente lo mismo. (En esta línea, tal vez convenga aclarar, para no correr el riesgo
de herir susceptibilidades, que no estoy de acuerdo con todas las valoraciones implícitas
en los ejemplos de BB; pero me parecen muy acertados como ilustración jocosa de los
distintos tipos de falacia: como solemos decir los italianos, “Se non è vero, è ben
trovato”).

¿Estamos de acuerdo con Aristóteles?

Si el lenguaje no fuera ambiguo y dependiente del contexto, si no hubiera un “plano


connotativo” distinto para cada persona e inevitablemente ligado a sus experiencias
individuales, prácticamente no habría falacias (ni poesía), puesto que las falsedades
serían evidentes y habría muy poco margen para la ambigüedad. Como vimos, el
primero que estudió sistemáticamente las falacias lógicas y argumentativas fue
Aristóteles. Un estudio que debió de agudizar al máximo su conciencia del peligro de
los malentendidos, por lo que no es sorprendente que cuando le preguntaron: “Si
pudieras pedirles a los dioses algo que beneficiara a toda la humanidad, ¿qué les
pedirías?”, él contestara: “Pediría que hicieran que las palabras significaran lo mismo
para todos”. (En el famoso cuadro de Rafael, diríase que es Platón quien le pregunta a
su discípulo favorito: “¿Qué les pedirías a los de arriba?”).

¿Te parece acertada la petición de Aristóteles? ¿Qué les pedirías tú a los dioses para
beneficiar a la humanidad?

Carlo Frabetti es escritor y matemático, miembro de la Academia de Ciencias de


Nueva York. Ha publicado más de 50 obras de divulgación científica para adultos, niños
y jóvenes, entre ellos Maldita física, Malditas matemáticas o El gran juego. Fue
guionista de La bola de cristal.

Pensionistas, egoístas y demagogos


Los jubilados han quedado al margen de la crisis y
deberían esperar un tiempo hasta beneficiarse del
crecimiento. Su poder adquisitivo medio es similar
al de los activos, pero llenan las grandes avenidas
reclamando más
Conéctate
Julio Carabaña
9 ABR 2018 - 00:00 CEST
EVA VÁZQUEZ

Nunca los pensionistas han estado mejor que ahora, ni en términos absolutos ni por
comparación con el resto de la población. En los años de la crisis, la renta media de los
pensionistas se ha situado por encima de la renta media del resto de la población, cosa
que nunca había ocurrido antes. En estos mismos años, la pobreza de los pensionistas ha
venido a menos mientras la pobreza del resto de la población iba a más, llegando esta a
doblar la de los pensionistas.

Las pensiones de jubilación pueden verse como transferencias de los que están en
situación de trabajar (potencialmente activos) a los que no lo están, la mayor parte por
su edad. Los que piden una subida general de las pensiones están diciendo que los
pensionistas tienen derecho a más y los potencialmente activos, a menos. ¿Es esto así?
Consideremos primero la cuestión de derecho (¿cuánto debe transferirse?) y luego la
cuestión de hecho (¿cuánto se está transfiriendo?).

¿Cuánto deberían recibir los retirados de los potencialmente activos? Como punto de
partida, parece razonable estipular que los dos grupos tienen derecho al mismo nivel de
vida, y que, por tanto, las pensiones deberían igualar la renta media de unos y otros. No
solo es este un criterio razonable, sino que se aproxima mucho a lo que ocurre en
Europa, nuestro modelo habitual.

Eurostat nos pone fácil comprobarlo. La oficina europea de estadística ofrece


estimaciones de la renta disponible equivalente desde mediados de los años noventa
para diversos grupos de edad. La renta disponible equivalente, o por unidad de
consumo, se considera un indicador preferible a la renta per capita porque tiene en
cuenta el tamaño de los hogares; Eurostat cuenta el primer miembro del hogar como 1,
el segundo como 0,7 y el resto como 0,5 (escala OECD). Al tomar grupos de edad,
asumimos un error ignorando a la gente entre 16 y 64 años que no puede trabajar, pero
aun así es una aproximación razonable.

Durante la crisis, la pobreza ha disminuido entre los pensiones y aumentado en el resto

Y bien, ¿qué encontramos? A mediados de los años noventa, en la Europa de los Quince
las personas mayores de 64 años tenían una renta media igual al 87% de la renta de las
personas entre 16 y 64 años; en Reino Unido esa cifra era del 73%; en Finlandia, del
82%; en Alemania, del 90%. Hace unos diez años, justo antes de la crisis, en el conjunto
de la zona euro la renta media de los mayores también equivalía al 87% de la renta de
los de 16 a 64 años; en Reino Unido la razón era del 75%; en Finlandia, del 74%; en
Alemania, del 87%. En 2015 (último año para el que hay datos), las cifras han cambiado
a 96% en la zona euro, a 86% en Reino Unido, al 86% en Finlandia y al 85% en
Alemania. Es decir, durante los últimos veinte años parece haber dominado en Europa el
criterio de que los maduros cumplen con transferir a los mayores una renta algo menor
que la suya.

¿Se aparta más España del criterio de igualdad que Europa? Las mismas tablas de
Eurostat nos lo dicen. En 1996 la renta de los mayores de 65 años era el 92% de la renta
de maduros, por encima de la media europea. Desde entonces, ¿ha habido cambios
perjudiciales para los pensionistas? En los años siguientes hasta 2007, es decir, en el
período de mayor crecimiento económico, la renta media de los maduros aumentó más
que la renta media de los mayores, reduciendo la ratio entre ambas al 85%, más o menos
en la media de la zona euro. Durante los años de crisis la renta media de los mayores se
ha mantenido constante, mientras la renta de los maduros ha descendido, quedando
incluso un poco por debajo; para 2015, las cifras exactas que da Eurostat son 16.086
euros por cada mayor de 64 y 15.842 por cada persona entre 16 y 64 años. Es decir,
aproximadamente una razón de uno a uno.

Para completar el panorama, podemos tener en cuenta a los menores de 16 años; durante
todo el período que va de 1996 a 2015, la renta disponible de los estos jóvenes se ha
mantenido en torno al 90% de renta de los maduros y en 2015 era un 10% inferior a la
renta de los mayores.

Los mayores de 64 reciben 16.086 euros al año. La media de las personas activas es de
15.842

Puede objetarse que los pensionistas no protestan por el nivel medio, sino por la
desigualdad, y en particular por las pensiones más bajas. Pues bien, es sabido que la
desigualdad entre los pensionistas es menor que entre la población potencialmente
activa. Ello se debe a que hay menos pensionistas ricos, pero también a que hay menos
pensionistas pobres.

Veamos otra vez los datos de Eurostat, que muestran las siguientes tasas de pobreza
relativa (por debajo del 60% de la mediana) por edades. Entre 16 y 64 años: 18% a
mediados de los años noventa, 17% a mediados de la década pasada, 23% en los años
posteriores a la crisis. Para la población mayor de 65 años: 16% a mediados de los años
noventa, 29% en los años anteriores a la crisis, 12% en los años tras la crisis. El 23% es
la tasa de pobreza más alta de los últimos veinte años para los potencialmente activos y
el 12% la más baja para los retirados. Exactamente al contrario ocurrió antes de la crisis,
cuando las tasas de pobreza de los jubilados llegaron al 29%. En cuanto a los menores
de 16 años, su riesgo de pobreza estuvo en torno al 25% desde los años noventa a la
crisis, pero con esta subió al 29%, tan alta como la de los mayores de 64 en sus peores
momentos.

A nadie se le ocurrió pedir más para los pensionistas en los momentos en que su
situación relativa empeoraba (los de la burbuja); quizás fuera porque al compararse
consigo mismos sentían que iban mejor, sin importarles que a los jóvenes les fuera
mejor todavía. Pero justo cuando su poder adquisitivo medio es más o menos igual que
el de los activos y hay entre estos muchos más pobres, los pensionistas llenan las
grandes avenidas reclamándoles más. Parecen bastante egoístas, pero también debe de
haber ingenuos que se dejan manipular por demagogos. A estos, a los demagogos, les
corresponde una mayor responsabilidad por el desatino, pues saben, o deberían saber,
que si la renta relativa de los pensionistas empeora cuando las cosas van bien y mejora
cuando van mal es porque los gobiernos protegen las pensiones del ciclo económico. Y
saben también que eso mismo es lo que harían ellos si gobernaran.

Los pensionistas han quedado al margen de la crisis; deberían esperar un tiempo hasta
beneficiarse del crecimiento. Podrían esperar, por ejemplo, hasta que los niños los
igualen en rentas medias y en tasas de pobreza.

Julio Carabaña es catedrático de Sociología (emérito) en la Universidad Complutense


de Madrid.

Átomos en ‘caída libre’ para rastrear los


fotones oscuros
Las mediciones ultraprecisas de los átomos tienen
consecuencias trascendentales para la física
18 ABR 2018 - 10:17 CEST

Físicos de la Universidad de California en Berkeley han medido con precisión la fuerza


que gobierna la carga eléctrica, los imanes y la luz haciendo rebotar esta última contra
átomos en caída. Esta medición tiene consecuencias trascendentales para la física que
van desde desvelar qué hay en el interior de un electrón hasta comprender el
comportamiento de la materia oscura en las galaxias lejanas.

Como explican en un artículo publicado la pasada semana en la revista Science, los


científicos han estudiado en detalle cómo reaccionan los átomos de cesio al impacto de
los fotones (partículas de luz). Para ello, los lanzaron varios metros hacia arriba en el
aparato de medición, y a continuación los bombardearon con fotones mientras caían.
Utilizando los átomos de cesio midieron la constante de estructura fina con más
precisión de la lograda hasta ahora por ningún experimento. Esta constante caracteriza
la fuerza electromagnética, responsable de infinidad de fenómenos físicos y famosa por
su función en la electricidad, el magnetismo y la luz.

El valor de la constante de estructura fina que comunican los autores del artículo es tan
preciso que la incertidumbre no se manifiesta hasta el décimo decimal. El resultado es
comparable a medir la longitud del Gran Cañón con la precisión del grosor de un
cabello humano. Sus resultados desafían los límites de la física conocida y tal vez nos
proporcionen una pista de qué hay más allá.

El resultado es comparable a medir la longitud del Gran Cañón con la precisión del
grosor de un cabello humano

Por ejemplo, esta medición puede servir para comprobar la existencia de la materia
oscura, la misteriosa sustancia responsable del 27% de la masa y la energía del universo
que, según se cree, rodea las galaxias. Varios físicos sostienen la teoría de que es posible
que la materia oscura interactúe con los fotones oscuros, la versión de la luz de la
materia oscura. Si los fotones oscuros existen, los experimentos tal vez arrojen un valor
de la constante de estructura fina diferente del esperado.

Según Holger Müller, investigador principal y coautor del trabajo, los fotones oscuros
rastreados en su experimento deberían de interactuar con las partículas de materia
oscura. El investigador afirma que el fotón oscuro es “una partícula mensajera capaz de
entenderse tanto con la materia oscura como con la materia convencional”. Si los
fotones oscuros son reales, cabe la posibilidad de que proporcionen el primer indicio de
la existencia de la materia oscura.

Estas mediciones también permiten obtener información sobre el interior de una


partícula ya conocida: el electrón. Si el electrón está compuesto por otras partículas
ocultas, estas también deberían afectar a la constante de estructura fina. El grupo de
Müller no ha observado este efecto. Ahora sabemos que, o bien las partículas del
interior del electrón tienen efectos más débiles de lo pensado, o bien este no está
compuesto por nuevas partículas.

La técnica que hace posible estas mediciones precisas se llama interferometría de ondas
de materia. Hace tiempo que los físicos saben que la materia –como, por ejemplo, los
átomos– puede comportarse como una ola. El equipo de Müller puede manipular esas
ondas de materia y conseguir que interfieran entre sí de manera parecida a las ondas en
un estanque. Cuando, en su experimento, los átomos de cesio caen, sus ondas de materia
interfieren. La interferencia revela y refuerza determinadas propiedades sutiles de los
átomos. En este caso se utilizó para comprobar el retroceso del cesio tras haber sido
bombardeado con fotones.

Trabajamos de manera que lográsemos entender todas las sorpresas hasta que dejaban
de serlo

A fin de lograr una precisión aún mayor, el equipo de la Universidad de California se


propuso entender y reducir cualquier posible fuente de error en el experimento. Para
evitar posibles sesgos, llevaron a cabo la prueba a ciegas, es decir, se ocultaron el
verdadero valor de lo que estaban midiendo. Müller reconoce que, como es natural,
estaba un poco nervioso cuando sus colaboradores descubrieron el resultado por primera
vez. Para asegurarse de su validez cuando lo diesen a conocer, los científicos
comprobaron dos veces cada componente del experimento y del equipo. Según su
director, “trabajamos de manera que lográsemos entender todas las sorpresas hasta que
dejaban de serlo”.

La interferometría de las ondas de materia forma parte de un esfuerzo continuado de los


físicos por descubrir la materia oscura. Con anterioridad, un experimento independiente
había detectado una ligera anomalía en las propiedades magnéticas del muon, el
pariente pesado del electrón. La responsabilidad se atribuyó a los fotones oscuros. Si
esto fuese cierto, “los fotones oscuros influirían también en los observables de los
electrones, los cuales, como se desprende de los resultados del artículo, no muestran
esta discrepancia”, afirma David G. Cerdeño, especialista en materia oscura de la
Universidad de Durham. Aun así, cabe la posibilidad de que los fotones oscuros existan,
si bien Müller y los coautores del trabajo puntualizan que es muy probable que no
expliquen la irregularidad del muon.

Según el científico, en estos momentos la medición de la constante de estructura fina se


encuentra “en la zona gris entre el acuerdo y el desacuerdo”. El valor obtenido no
concuerda con exactitud con la teoría, pero no es demasiado sorprendente dado el error.
Si la precisión aumenta, es posible que la diferencia se acentúe. Con los avances en la
técnica de la interferometría de las ondas de materia se abre la puerta a una mayor
precisión. Una discordancia altamente precisa podría ser el primer indicio del
descubrimiento de nuevas partículas de materia oscura.

“Si hay falsedad, pediremos retirar el


título a Cifuentes”
El rector de la Universidad Rey Juan Carlos se
compromete a velar por la ética
Conéctate
Javier Ramos López
17 ABR 2018 - 00:00 CEST

Desde el pasado día 21 de marzo, la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) ha sido
objeto de numerosas informaciones, muchas de ellas relacionadas con hechos de una
gravedad extrema, que repercuten directa y negativamente en el prestigio y la
reputación de nuestra institución.

Son muchos los que han aprovechado esta circunstancia en beneficio de sus propios
intereses y batallas, y en contra de la propia Universidad, olvidando a menudo que
somos un centro educativo y de conocimiento y no una arena política donde dirimir sus
diferencias.
Como Universidad y desde nuestras capacidades y recursos, durante las últimas
semanas, hemos actuado con eficiencia, rigurosidad y energía para erradicar
irregularidades que nunca deberían haber pasado en un centro educativo, y por las que,
en nombre de la URJC, pedimos disculpas a la comunidad educativa y a la sociedad, en
general.

A partir de ahora, y de hecho ya lo estamos haciendo, vamos a tomar todas aquellas


decisiones necesarias no solo para garantizar que las malas praxis detectadas no se
vuelvan a producir, sino también para actuar de manera contundente y de la mano de la
justicia contra todos aquellos responsables de este desprestigio.

Reconozco que resulta muy doloroso ver cómo unas actuaciones circunscritas en un
centro determinado y con unos implicados muy concretos dañan el buen hacer de toda la
URJC, cuando esta institución, en su gran mayoría, trabaja diariamente ajena a esa triste
realidad y lo hace con la mayor honestidad y profesionalidad posible. Está fuera de duda
la honorabilidad de la inmensa mayoría del profesorado, del personal de administración
y servicios de los centros de esta Universidad y por supuesto de sus estudiantes.

No vamos a permitir que 46.000 estudiantes y cerca de 3.000 docentes y empleados,


además de las 345 titulaciones oficiales, resulten afectados por las malas prácticas de un
solo centro y de unas determinadas personas.

Se han cometido errores en estos días, no somos infalibles, pero se han tomado todas las
decisiones posibles que estaban en la mano del equipo de Gobierno de la Universidad
para poner punto y final a la peor situación vivida en nuestra historia reciente. Y es
posible que en el proceso de llegar hasta donde sea necesario, se detecten o se conozcan
nuevas irregularidades o incidencias y, ante ello, ya ha quedado suficientemente claro
que no vamos a desistir en nuestro empeño de erradicarlas.

Para nosotros, lo sucedido queda encauzado por las soluciones planteadas: Traslado a la
fiscalía de todas las irregularidades detectadas, intervención del Instituto afectado por
los casos detectados, apertura de expedientes disciplinarios a las personas implicadas e
inicio de auditorías contables y académicas en todos los institutos y centros propios de
la Universidad.

Aunque los medios de comunicación y una parte importante de la sociedad nos solicita
la retirada del título de la alumna Cristina Cifuentes Cuencas, tengo que insistir en que
este proceso no puede iniciarse hasta que se pronuncien los órganos judiciales. No
tengan ninguna duda de que, de confirmarse el delito de falsedad documental,
solicitaremos al Ministerio de Educación su retirada.

La URJC quiere ser y va a ser, desde hoy mismo, referencia en el marco de la ética, la
profesionalidad, la transparencia y el buen hacer. Estamos trabajando para ello, a pesar
de que todos esos acontecimientos fueron originados con anterioridad al actual equipo
de Gobierno, que apenas ha cumplido un año en sus funciones.

Adoptadas las medidas necesarias y establecido el marco de actuación ante


irregularidades, iniciamos una nueva etapa donde todos juntos coincidimos en que la
URJC va a volver a trabajar en la senda que habíamos marcado antes de lo sucedido:
una clara vocación internacional, la captación de talento y una oferta educativa adaptada
a las necesidades de la sociedad actual.

Ese va a ser desde hoy nuestro principal objetivo y nuestro día a día.

Quiero manifestar que, a partir de ahora, cualquier nuevo caso de corrupción académica
o económica que descubramos en nuestra Institución, no vamos a considerarla como un
caso más, sino como un caso menos, que nos acerca a la máxima integridad moral.

Javier Ramos es rector de la Universidad Rey Juan Carlos.

Doblegar al Estado
Lo ocurrido en Cataluña entre septiembre y octubre no
habría sucedido si los nacionalistas no hubieran
tenido durante décadas poder y recursos públicos
para organizar la sedición y alzarse contra el
Estado al que debían su poder y su lealtad
Conéctate
Santos Juliá
16 ABR 2018 - 00:00 CEST
EDUARDO ESTRADA

Hubo una vez en España una generación, de la que aún quedan (quedamos) algunos
supervivientes, que por haber nacido poco antes, durante o poco después de la Guerra
Civil fue bautizada como la de los niños, luego hijos, de la guerra. Algunos hermanos
mayores de esa generación, los nacidos entre 1930 y 1939, cuando llegaron a la edad de
la razón política, se presentaron en la escena pública dispuestos a clausurar la guerra de
sus padres y abuelos calificándola, en un manifiesto elaborado en Barcelona, de “inútil
matanza fratricida”. Lo hicieron reclamando no una nación verdadera, formada por un
solo pueblo, sino un Estado democrático, garante de las libertades que con la victoria de
los rebeldes habían quedado destrozadas.

Fue, por esa razón, y contando desde principios del siglo XIX, la primera generación de
españoles más preocupada por el Estado que por la nación, quizá porque la identificada
como nación española única y verdadera había sido secuestrada por los vencedores; o
tal vez porque la libertad importaba más, infinitamente más, en los años cincuenta o
sesenta que la identidad española o que el sentimiento de pertenencia a cualquiera de las
posibles Españas.

No hay más que leer los manifiestos con que fueron sembrando su paso por la política y
la sociedad de aquellos años para percibir que a esa generación, o a sus miembros
políticamente más activos, les traía mayormente sin cuidado la nación española, que
para nada aparecía en sus protestas y reivindicaciones.
Esa generación, al ir alcanzado lo que Ortega llamó la mitad del camino de la vida, los
treinta años más o menos, encontró en Cataluña el espejo en que mirarse, pues fue allí
donde más avanzado iba el proyecto de Estado al que aspiraba. En Cataluña era, en
efecto, desde finales de los años sesenta, donde las mesas redondas en las que se
sentaban desde comunistas hasta católicos, pasando por nacionalistas de izquierda y
derecha e incluyendo a socialistas y liberales, marcaban el camino hacia un encuentro
de todas las fuerzas políticas que pudiera plasmarse en un programa de acción firmado
por partidos y sindicatos de todo tipo y procedencia.

Allí fue donde germinó y donde más adelantada estaba la convicción de que a la
dictadura solo podría sustituirla un pacto entre demócratas, al modo en que surgió la
Assemblea de Catalunya. Cataluña y pacto con vistas a la construcción de un Estado
español democrático que garantizara las libertades individuales y colectivas y la
autonomía de todos los pueblos, regiones o nacionalidades de España eran, a nuestra
mirada, una y la misma cosa.

Es dramático que unos jueces alemanes no vean un delito equivalente a la alta traición

Este fue el proyecto que acabó triunfando en los duros años de lo que, con toda razón y
basado en lo que ya era una larga tradición, llamamos transición a la democracia. Fue
un pacto en el que los catalanes —comunistas, socialistas, nacionalistas, democristianos,
liberales— desempeñaron un papel fundamental. Las voces de Jordi Pujol, Jordi Solé
Tura, Joan Reventós, Miquel Roca o Anton Cañellas, y hasta Heribert Barrera, además
de sostener ese pacto, fueron las de sus más fervientes —pues algo de fervor había en
sus discursos— defensores. Por un momento, pareció como si la ya vieja aspiración de
Pere Bosch Gimpera, la de concebir España como una comunidad de pueblos en la que
catalanes, vascos y gallegos, pero también castellanos, andaluces, manchegos y todos
los demás aparecieran fraternalmente unidos, estuviera a punto de convertirse en
realidad.

Agua pasada no mueve molinos, se podrá decir. Y así es. Pero tampoco tiene por qué
bloquearlos ni destruirlos. Los molinos allí pueden quedar, señalando parte del camino
que hemos recorrido hasta llegar…, hasta llegar ¿adónde? A unos aciagos días de
septiembre y octubre, 40 años después, cuando en un Parlamento en el que habían
alcanzado una escueta mayoría de escaños sostenidos en una minoría de votos, los
nacionalistas catalanes quebrantaron gravemente el pacto que habían sellado, rompiendo
con su propio pasado, que era el pasado de todos, y siguiendo la peor tradición política
española, se pronunciaron por la independencia violando la Constitución que habían
sellado y el Estatuto de Autonomía que les había permitido gobernar legítimamente
durante 40 años.

Pues un pronunciamiento civil fue lo que denominaron Declaración Unilateral de


Independencia. Hasta entonces, en España, quienes se pronunciaban eran militares, un
poder del Estado siempre dispuesto a quebrantar el curso de la política hasta su
esperpento final, un día de febrero de 1981. Porque era una exclusiva militar,
pronunciamiento significa, en el DRAE, “alzamiento militar contra el Gobierno”, pero
desde octubre de 2017 habrá de significar también la liturgia civil seguida por los
nacionalistas catalanes que, como titulares legítimos de un poder de Estado, se alzaron
no ya contra el Gobierno, sino contra el Estado cuyo poder ostentaban.
El Parlamento catalán añadió a la figura del pronunciamiento un carácter civil

Lo ocurrido en Cataluña nunca habría sucedido si los nacionalistas no hubieran


dispuesto durante décadas de un poder de Estado y de abundantes recursos públicos
para organizar la sedición y alzarse contra el mismo Estado al que debían su poder y su
lealtad.

Es absolutamente risible, si no fuera dramático, que unos jueces de un land de Alemania


no encuentren en el pronunciamiento catalán un delito equivalente a la alta traición
porque los presuntos rebeldes no doblegaron al Estado. Pues claro que no lo
doblegaron; si lo hubieran conseguido, como fue el caso del general Primo de Rivera en
1923, serían ellos los que someterían a juicio o a destierro a quienes se hubieran
resistido a sus pretensiones. Fracasaron en su empeño, como ocurrió con el general
Sanjurjo en 1932, hecho prisionero y sometido a consejo de guerra por la República
contra la que se pronunció, como serán también sometidos a consejo de guerra por una
democracia todavía frágil los generales Armada y Milans del Bosch y los secuaces que
protagonizaron el último intento de pronunciamiento militar.

Último hasta que otro poder del Estado, el Parlamento catalán, añadió a la figura del
pronunciamiento un carácter civil. Esta es la alta traición al Estado, a su propia historia
y a más de la mitad del pueblo catalán, al que dicen representar, por la que habrán de ser
juzgados por un tribunal civil los nacionalistas catalanes que la cometieron y no
consiguieron con su acción doblegar al Estado.

Santos Juliá es historiador.

Inquilinos desahuciados
El encarecimiento del alquiler obliga a aumentar la
oferta de pisos en arriendo para frenar la escalada
de desahucios
20 ABR 2018 - 00:00 CEST

Un mercado de alquiler vigoroso es condición necesaria para frenar burbujas


inmobiliarias como la que llevó a la gravísima recesión española reciente. Pero no basta
con observar cómo aumentan sin cesar los precios de los alquileres —según sean las
tasaciones y las localizaciones, entre el 9% y el 18% en 2017— para dar por hecho que
el mercado funciona sin distorsiones. En los últimos 18 meses se advierte un
desequilibrio que debería ser corregido con la acción conjunta del Gobierno y los
Ayuntamientos. El número de desahucios atribuidos a impagos del alquiler aumentan de
forma preocupante, al tiempo que disminuyen los causados por impago de hipotecas.

Muchos propietarios de las viviendas están aplicando con rigor la Ley de


Arrendamientos Urbanos de 2013. Inician un proceso de desahucio al primer impago, en
espera de nuevos inquilinos que paguen mensualidades más elevadas. Los efectos
moderadores de un mercado de alquiler se producen no sólo porque ofrecen una opción
distinta de la propiedad, sino porque ofrecen una vivienda estable a quienes la necesitan
para desarrollar o aspirar a un trabajo estable. Por eso son admirables los sistemas de
alquiler en Reino Unido o los países nórdicos: comprometen al propietario por largos
periodos de tiempo, muy superiores a los tres años que reconoce la ley española.

Si la propiedad es cara e inaccesible y también se disparan los alquileres, el mercado de


la vivienda tiene un grave problema social. Pero la ampliación legal de la duración
mínima de los contratos de alquiler y la renovación automática que proponen algunos
partidos no resuelven el problema, puesto que tienden a retraer la oferta. Es necesario
explorar otras fórmulas. Por ejemplo, que los Ayuntamientos hagan censos de viviendas
alquilables e incentiven fórmulas contractuales más largas para el inquilino y más
seguras para los propietarios

La revancha de los neandertales


Una exposición sobre la especie humana extinta se
convierte en el fenómeno de la temporada en París
París 27 ABR 2018 - 08:22 CEST
. Desaparecieron de la tierra hace por lo menos 39.000 años, pero ha llegado el
momento de su revancha: los neandertales han regresado para quedarse. Una exposición
sobre esta especie humana, que vivió en Europa durante cientos de miles de años, ha
batido récords de visitas en el renovado Museo del Hombre de París, mientras que en las
librerías francesas pueden encontrarse todo tipo de títulos sobre nuestros primos más
cercanos, cuya extinción sigue siendo un misterio.

En la última década se han multiplicado las noticias científicas sobre ellos y todas van
en un mismo sentido: no son, ni de lejos, tan brutos como los habíamos imaginado
desde que, a mediados del siglo XIX, empezaron a aparecer cráneos que correspondían
a una especie humana cercana, pero claramente distinta de nosotros, los homo sapiens.
Ahora sabemos que compartimos una parte de nuestros genes con ellos —entre un 2 y
un 4%, tal vez más—, que disponían de un lenguaje, que se medicaban, que cuidaban de
los enfermos y los ancianos, que manejaban una tecnología muy avanzada y, desde hace
unos meses, gracias a unas nuevas dataciones, que habían construido un pensamiento
simbólico, ya que dejaron dibujos geométricos en unas cuantas grutas españolas.

También se ha descubierto que los neandertales tenían la costumbre de comerse a otros


neandertales, un asunto tratado sin prejuicios en la exposición, porque el canibalismo no
les aleja de la única especie humana que ha sobrevivido, la nuestra, sino que les acerca.
Se trata de una costumbre sin duda desagradable, pero muy habitual en la prehistoria, ya
sea por motivos nutricionales o rituales, como comerse a un antepasado —no en vano
una de las novelas más famosas sobre el pasado remoto del hombre, del periodista y
divulgador científico Roy Lewis, se titula Por qué me comí a mi padre (Editorial
Contraseña)—. Uno de los lugares donde esto ha quedado más claro es en la cueva de
El Sidrón, en Asturias, donde aparecieron restos de 13 neandertales, todos ellos
cuidadosamente devorados.

“A causa de la multiplicación de noticias, nos dimos cuenta de que era necesario


montar una exposición para contar cómo había cambiado nuestra imagen de ellos”,
explica una de las comisarias de la muestra, la prehistoriadora Marylène Patou-Mathis,
que desde hace unas semanas se multiplica en los medios de comunicación franceses.
Acaba de publicar Patou-Mathis, Neandertal de A a Z (Allary Éditions), uno de los
títulos que pueden encontrarse en las mesas de novedades, junto al catálogo de la
exposición, coeditado por Gallimard, y otros libros como Neandertal, mon frère
(Neandertal, mi hermano), de Silvana Condemi y François Savatier, que ganaron el
premio al mejor ensayo de arqueología de 2017, o Qui a tué neandertal? (¿Quién mató
al neandertal?), de Éric Pincas, convertido en un documental, estrenado esta semana en
la cadena France 5.

La estrella de la muestra surge precisamente de la ciencia, de la capacidad actual para


recrear de forma precisa la morfología a partir de restos óseos. Kinga, a la que
conocemos en la última sala de la exposición, es una neandertal de un metro cincuenta,
reconstruida por Élisabeth Daynès, una artista que empezó en el teatro y que luego ha
trabajado en proyectos como la réplica de la cueva de Lascaux, en el sur de Francia.
Kinga responde a la vieja pregunta de qué pensaríamos si nos encontrásemos a un
neandertal en el metro.

Kinga, una neandertal vestida por Agnes B

En este caso, vestida por Agnes B, con una revista femenina en la mano, esta joven
neandertal muestra una amplia sonrisa, una melena pelirroja, los ojos grandes y claros y
el rostro muy blanco, lleno de pecas —no hay que olvidar que los neandertales son una
especie que evolucionó en Europa: tenían la tez tremendamente blanca, nosotros en
cambio, los sapiens, veníamos de África y nuestra tez era oscura—. Es una persona muy
cercana, pero diferente, porque los neandertales tenían, por ejemplo, una nariz mucho
más grande y la frente hacia atrás. Preguntada sobre ella por una radio francesa que
estaba haciendo un reportaje sobre la exposición, una niña sonrió y respondió: “No es
fea”.

“Si neandertal es reconocido ya por la comunidad científica como el representante de


una humanidad completa, su imagen entre el público sigue siendo negativa. Es todavía
percibido muchas veces como un infrahombre primitivo, como un bruto”, escriben en la
introducción del catálogo los dos comisarios, Mathou-Pathis y Pascal Depaepe. Detrás
de la imagen de Kinga, una frase del gran antropólogo francés Claude Levi-Strauss,
sacada de su libro clásico El pensamiento salvaje, resume lo que han tratado de
transmitir a los visitantes durante el recorrido: “No existen civilizaciones primitivas, ni
civilizaciones más evolucionadas: solo existen respuestas diferentes de problemas
idénticos y fundamentales”.

Por qué la psicosis te da miedo


El cambio en la percepción social sobre la depresión no
se ha producido, ni de lejos, en un grupo de
trastornos mentales que afectan al 3 % de la
población: los psicóticos
24 ABR 2018 - 09:36 CEST

En el campo de la depresión las cosas están cambiando. Un programa de televisión de


máxima audiencia abre su temporada con una abierta descripción del sufrimiento por el
que pasan los pacientes depresivos; varios personajes queridos y admirados por el
público reconocen haber transitado por ese infierno y haber salido adelante; un cómic
sobre un perro negro se hace viral y ayuda a personas afectadas y a sus familiares. La
audacia y sensibilidad de periodistas, actores, escritores, dibujantes… lo están
consiguiendo, y el mensaje ha calado: la depresión existe, afecta a mucha gente, genera
un inmenso sufrimiento y una gran discapacidad, pero tiene tratamiento. Este cambio en
la percepción social del trastorno es histórico y puede significar un vuelco en la vivencia
futura del paciente depresivo: tendrá menos reparo o vergüenza en expresar su dolencia,
pedirá ayuda antes, el tratamiento -al ser más temprano- resultará más eficaz, y la
persona integrará más fácilmente su trastorno dentro del amplio catálogo de
experiencias humanas, en vez de considerarse secretamente alguien tarado y anómalo.

Pero este cambio no se ha producido, ni de lejos, en un grupo de trastornos mentales que


afectan al 3% de la población y representan la tercera causa de discapacidad médica
entre los 15 y los 44 años: los trastornos psicóticos. Para mucha gente ajena al campo
médico o psicológico, la palabra psicosis evoca aún la aterradora silueta de un Anthony
Perkins muy alto, con peluca de mujer y un cuchillo en la mano. Es decir, el miedo, el
espanto, lo impredecible, lo siniestro. Se entiende que el paciente psicótico sea reticente
a aceptar tener este trastorno, porque socialmente significa poco menos que encarnar las
fuerzas de mal y del peligro.

Otro malentendido -en personas formadas e informadas en otros ámbitos, por otro lado-
es utilizar como sinónimos palabras como psicótico, psicópata, esquizofrénico,
psiquiátrico… La relevancia clínica y social de estos trastornos exige que clarifiquemos
estos conceptos y combatamos los mitos y las tergiversaciones. A esto no contribuye el
diccionario de la RAE que considera que psicosis, en su primera acepción, significa
“enfermedad mental” (demasiado general), aunque luego especifica: “enfermedad
mental caracterizada por delirios y alucinaciones, como la esquizofrenia o la paranoia”.
Otras definiciones, como la del diccionario Webster´s hacen referencia a la “pérdida de
contacto con la realidad” (el núcleo de la psicosis) y a la frecuente aparición de
alucinaciones y delirios. Efectivamente, los trastornos psicóticos son un grupo de
enfermedades que cursan con alucinaciones (es decir, percepciones sin objeto, falsas
percepciones), delirios (creencias falsas mantenidas con una convicción total a pesar de
la evidencia contraria o la argumentación lógica, que invaden y dominan al sujeto) y/o
lo que llamamos desorganización del pensamiento, es decir, pérdida de la capacidad
para estructurar las ideas, mantener una conexión significativa lógica entre ellas.

Esto se entiende mejor con un caso clínico, de los muchos que vemos en la consulta. F.,
un chico joven, de unos 18 años, por lo demás completamente normal, comienza, en el
curso de unos meses, a cambiar su manera habitual de comportarse: deja de ir a clase, se
sale del equipo de baloncesto, pasa mucho tiempo encerrado en su habitación, bien
conectado a Internet o leyendo libros y revistas de temas singulares, en concreto sobre
la vida extraterrestre y el más allá; fuma secretamente porros, porque -según él- es “lo
único que le calma”; los padres le notan retraído, huidizo, irritable, “como cambiado”.
Sus escasas conversaciones empiezan a girar invariablemente sobre asuntos
“filosóficos”, abstractos, que los padres no llegan a entender. En su discurso, parece que
todo lo que ocurre en el mundo hace referencia a él: la gente le mira por la calle, le hace
gestos, los antiguos amigos le mandan mensajes indirectos a través de Internet o TV, los
libros de su habitación le desvelan poco a poco un poderoso complot contra su persona.
Un día confiesa a su asustada madre que escucha voces en su cabeza que le insultan y
atormentan. Cada vez se siente más en peligro porque de todas partes le llegan mensajes
amenazantes, y su sensación de soledad e indefensión es absoluta. No puede dormir, no
puede comer ante el miedo a ser envenenado, no puede estudiar ni hacer deporte ni salir
con sus amigos, cree ser grabado con cámaras de vídeo colocadas en su casa, se siente
parte de una pesadilla espantosa de la que no puede salir y en la que no puede confiar en
nadie. No considera estar enfermo, porque ¿cómo puede uno dudar de su representación
de la realidad? Si oye voces (no las imagina, no las recuerda: las oye), si siente que le
persiguen (no se imagina, no fantasea, no cree: lo siente, lo sabe), si todo esto le está
pasando, ¿cómo va a ser esto una enfermedad, que vaya a mejorar con un tratamiento?

El caso es que F. tiene un episodio psicótico, y hay que estudiarlo, descartar causas
médicas o tóxicas (el cannabis podría tener algo que ver, seguramente como
desencadenante), evaluar el tipo de psicosis que tiene y tratarlo. Tratarlo significa
fundamentalmente ofrecerle una ayuda, una confianza y una esperanza, transmitiéndole
que esa pesadilla puede remitir. Tratar significa acompañarlo, garantizar su seguridad,
favorecer su red de apoyo personal en este momento crítico. Y, junto a esto, de forma
imprescindible, corregir el desequilibrio bioquímico que está favoreciendo estos
síntomas tan aterradores. Afortunadamente tenemos herramientas farmacológicas para
combatir eficazmente los delirios, las alucinaciones y la desorganización del
pensamiento. Utilizaremos las dosis mínimas eficaces (no las mega-dosis de antaño) y
durante los tiempos que marcan las guías Internacionales de práctica clínica, en la fase
aguda y posteriormente, para prevenir recaídas, dado que la recurrencia en los trastornos
psicóticos es muy alta. En la mayoría de casos como el de F., al cabo de unas semanas,
el paciente estará mejor y podrá reiniciar, progresivamente y con ayuda, sus proyectos
vitales. Algunos de estos trastornos psicóticos evolucionan a una esquizofrenia,
enfermedad grave que cursa con recaídas y, entremedias, lo que llamamos síntomas
negativos (desmotivación, apatía, aplanamiento afectivo…), pero otros tendrán una
evolución distinta, hacia un curso más esporádico o benigno. En todos los casos será
decisiva la ayuda familiar, social y profesional, y la participación activa del paciente en
la gestión de su caso, con un solo objetivo: la recuperación funcional.

El abordaje de la psicosis es una asignatura pendiente de nuestra sociedad. Tenemos un


déficit de inversión en asistencia e investigación de los trastornos psicóticos respecto a
los países avanzados. Mientras en Reino Unido hay 15 psiquiatras por cada 100.000
habitantes (en Holanda 20 y en Noruega 29), en España hay ocho. Esta diferencia es aún
más clamorosa en los psicólogos clínicos y enfermeros especialistas en salud mental.
España invierte en salud mental 5,5 euros por cada 100 que destina al gasto total
sanitario, una cifra inferior a la media de la UE, que alcanza los siete euros, lo que
explica la falta de recursos y repercute en las personas con trastornos psicóticos. Algún
partido político, digo yo, cogerá la bandera de la integración de las personas con
trastornos mentales y quizá la situación pueda cambiar.

Pero para ello, antes es necesario que la psicosis salga del rincón oscuro del
desconocimiento y el miedo. Que se conozcan estos trastornos, se sepa que la inmensa
mayoría de los pacientes psicóticos no son violentos ni peligrosos (es evidente que
merecen más nuestra empatía que nuestro miedo), que se sepa que además de sus
síntomas tienen que soportar el rechazo y la discriminación. Que se difunda que estos
trastornos tienen tratamiento efectivo (farmacológico y psicosocial), que es posible la
integración y que la sociedad -como ha empezado a hacer con los pacientes depresivos-,
algún día, se tomará en serio apoyar a chicos como F. y a sus familias.

Guillermo Lahera Forteza es psiquiatra, profesor de Psiquiatría y Psicología Médica


en la Universidad de Alcalá e investigador adscrito al CIBERSAM.

Matemáticas para descifrar la evolución


de las especies
La filogenética es clave para descubrir la historia
evolutiva desconocida
25 ABR 2018 - 11:05 CEST

Todas las especies que habitan en el planeta Tierra tienen un antepasado común. La
evolución fue dando lugar a diferentes especies, siguiendo caminos a veces misteriosos.
Aunque la historia evolutiva de algunos grupos de especies es conocida, quedan por
determinar las relaciones de miles de ellas. El genoma es una de las herramientas
empleadas para enfrentar este reto, en un campo llamado filogenética, en el que
colaboran biólogos, estadísticos, matemáticos e informáticos.

El objetivo final de esta disciplina sería poder describir todas las relaciones entre
cualquier conjunto concreto de especies, a través de un esquema llamado árbol
filogenético. En este diagrama las hojas representan las especies actuales; la raíz, el
ancestro común a todas esas especies; los nodos, las especies ancestrales; y la división
de ramas, la creación de especies. Por ejemplo, al considerar el gorila, el chimpancé y el
humano, hay sólo tres árboles filogenéticos que podrían explicar su evolución: el que
presenta al gorila y al chimpancé como especies más cercanas (con un ancestro común),
el que une al gorila y humano y el que junta chimpancé y humano, como muestra la
figura.

Ejem
plo de árbol filogenético de gorila, humano y chimpancé marta casanellas

A partir del genoma de las especies actuales se intenta deducir qué configuración, entre
todos los posibles árboles, parece la más apropiada. Como no disponemos del genoma
de las especies ancestrales, se emplean modelos de evolución de las secuencias de ADN
a lo largo del árbol. Los parámetros de estos modelos, que desconocemos, son las
probabilidades de mutación de las secuencias a lo largo del proceso evolutivo en cada
rama. A partir de los datos genómicos de las especies actuales, se escoge el árbol y los
parámetros que maximizan la probabilidad de observar los genomas de las especies
actuales. Este proceso de optimización necesita gran cantidad de datos (secuencias de
ADN muy largas); como esto no siempre es posible, la inferencia está sujeta a error.

Pero, además, este método solo se puede emplear para estudiar grupos de menos de
veinte especies, ya que el número de árboles filogenéticos va aumentando de forma
exponencial según el número de especies a estudiar. Para tres, sólo hay tres posibles
configuraciones, como ya hemos visto. Pero cuando se añade una nueva especie, se
obtiene un total de quince árboles filogenéticos posibles, y para 50 especies, se obtienen
alrededor de 3x1076 posibilidades (este número no está muy lejos del número estimado
de partículas del universo). Este crecimiento de las opciones hace inviable inferir el
árbol comprobando todos los árboles posibles. Una forma de inferir el árbol de un grupo
grande de especies es usar la aglomeración de árboles más pequeños. Este método tiene
sus problemas, ya que las piezas pequeñas pueden ser incompatibles entre ellas.
Alternativamente, también se puede construir directamente un árbol estimando la
distancia evolutiva entre las especies, es decir, estimando la cantidad de mutaciones que
han sufrido durante la evolución. A partir de aquí se escoge el árbol que minimiza la
distancia evolutiva total entre las especies del árbol.

Recientemente han surgido técnicas que se enmarcan dentro de una nueva disciplina
llamada estadística algebraica. Estas herramientas están basadas en el estudio algebraico
de los modelos de evolución y permitirían la inferencia del árbol filogenético sin tener
que estimar las probabilidades de mutación del ADN. Estos métodos están en sus
primeros pasos de desarrollo, son válidos de momento para reconstruir árboles con un
número pequeño de especies y hay que adaptarlos a los métodos de aglomeración para
poder construir árboles mayores y usarlos con datos reales del genoma. Pero hasta ahora
han dado buenos resultados en datos simulados y ya se han implementado en alguno de
los paquetes de software más usados por los biólogos.

Todos estos esfuerzos en el avance de la filogenética no sólo son útiles para entender la
historia evolutiva y, por ejemplo, determinar en qué momento se separaron dos grupos
de especies, sino que las mismas herramientas se emplean también en genómica (para
determinar elementos funcionales del genoma), en biomedicina (por ejemplo, para
determinar el origen de cepas de virus) e incluso en lingüística.

Marta Casanellas es profesora del Departament de Matemàtiques de la Universitat


Politècnica de Catalunya

El teólogo Tamayo reclama la utopía


como motor de la historia
En su ‘última lección’ en la Universidad Carlos III
recordó cómo Pablo de Tarso y Bloch pensaban que
lo mejor de las religiones es que producen
disensiones y herejes
5
Conéctate
Juan G. Bedoya
26 ABR 2018 - 09:28 CEST

“Buena parte de mi trabajo intelectual, de mis publicaciones y de mis sueños despiertos


han girado en un juego dialéctico entre la utopía y la distopía. Días enteros y muchas
noches en vigilia he dedicado a intentar hacerlas realidad a través de la praxis histórica
emancipatoria”, escribe el teólogo Juan José Tamayo Acosta en ¿Ha muerto la utopía?
¿Triunfan las distopías?. Así ha titulado su última lección como profesor de la
Universidad Carlos III, en Getafe (Madrid), publicada en forma de libro con 140
páginas. Un resumen lo leyó anoche en la facultad de Humanidades, Comunicación y
Documentación, en la que en los últimos 19 años ha dirigido la Cátedra de Teología y
Ciencias de la Religión Ignacio Ellacuría por un empeño personal de su primer rector,
Gregorio Peces Barba.

Tamayo Acosta (Amusco. Palencia. 1946) recuerda que este mes se cumplen cincuenta
años de su actividad docente, desde que comenzó en 1968 en la Escuela de Artes y
Oficios de Palencia, hasta la protocolaria Ultima lectio (Ultima lección) de ayer en la
Carlos III. Por el camino, deja medio centenar de libros fundamentales para entender el
pensamiento religioso contemporáneo (más otras 25 publicaciones colectivas
promovidas por él mismo: “Tengo más libros que años”, ironiza), muchos de ellos
traducidos al italiano, portugués, francés, inglés, árabe, polaco y alemán, además de
incontables artículos de investigación en revistas de filosofía, teología y ciencias
sociales. También impulsó con lo más granado de la teología española la Asociación de
Teólogos y Teólogas Juan XXIII, de la que es secretario general, y enseña como
profesor invitado en las mejores universidades de Europa, América Latina, Estados
Unidos y África. Es, sin duda, un teólogo famoso, como sus editores constatan cada año
por las ventas de sus libros en varios países.

La tesis de Tamayo es que la utopía constituye el motor de la historia. "Sin ella la


humanidad se hubiera detenido en un pasado a-histórico y la vida de los seres humanos
sería un viaje a ninguna parte sin norte. Sin utopía en el horizonte se impone la barbarie.
El adagio popular ‘la esperanza es lo último que se pierde’ convive con la afirmación de
Dante a la entrada del infierno: ‘dejad a la puerta toda esperanza’. Si el adagio primero
genera unas ganas de vivir irreprimibles, la afirmación de Dante puede desembocar en
resignación insuperable o en desesperación. El inconformismo cohabita con el
conformismo en el ser humano".

Cuando comenzó a escribir esta lección jubilar, en realidad un mero ritual académico
pues continua como profesor emérito, a Tamayo le vino a la memoria un texto escrito
por un autor hebreo entre los siglos IV y III antes de la era común y recogido en la
Biblia judía con el título Palabras de Qohélet, hijo de David, rey de Jerusalén (en la
biblia cristiana, el Eclesiastés). En realidad, Qohélet no es un nombre propio, sino el
que habla en la asamblea, el Predicador. Se abre con la famosa proclamación: “Vanidad
de vanidades, y todo vanidad” (en griego Mataiotes mataiotetos, kai panta mataiotes), y
transmite el pesimismo que más tarde predica el cristianismo romano al definir el
mundo como un valle de lágrimas.
Esto afirma Tamayo: “El libro transmite una filosofía pesimista, subraya la negatividad
de la historia, rechaza el presente y llama la atención sobre la vacuidad del bienestar. Es
una de las primeras obras que cultiva la distopía como género literario y como actitud
ante la vida, para quien la fe-confianza en Dios todopoderoso constituye una alternativa
imposible”.

En el mayo francés de 1968, los manifestantes gritaban “Sed realistas. Pedid lo


imposible”. Eran rebeldes sin causa y con ella, a la manera de las grandes utopías tejidas
mediante una literatura que tiene títulos inmortales, como la República de Platón;
Utopía de Tomás Moro, creador del neologismo; la Era del Espíritu de Joaquín de
Fiore; la Ciudad del Sol, de Tomasso Campanella, o la Nueva Atlántida de Francis
Bacon. Son los libros que han iluminado a Tamayo, y también las utopías del Buen Vivir
de las comunidades aymaras, quechuas y qichwas, o Tierra sin Mal, de los guaraníes.

Pero la utopía vive hoy horas bajas. Sostiene Tamayo: “No parece que sean estos
tiempos propicios para la utopía. Quizá ningún otro tiempo lo haya sido, como tampoco
lo serán los tiempos venideros. Es posible sea ese su estado propio: no el buen lugar,
sino el no-lugar, al que hace referencia el neologismo creado por Tomás Moro: u-topía
(no-lugar), el tener que nadar contracorriente y ascender cuesta arriba con el viento de
cara. Así lo tradujo Francisco de Quevedo en el prólogo a la primera edición castellana
en 1637: no ai tal lugar”.

¿Optimista o pesimista? ¿Utópico o distópico? Es la pregunta que suelen hacerle a


Tamayo al final de sus clases, cursos y conferencias sobre la utopía. Ha decidido
definirse como un pesimista esperanzado. “La realidad no da para ser optimista.
Estamos sometidos a una serie de sistemas de dominación en racimo que se apoyan y
legitiman, cuyo objetivo último es robarnos la esperanza, robársela a las personas y
colectivos empobrecidos, que es, posiblemente, uno de los mayores latrocinios que está
cometiendo el neoliberalismo. Pero al mismo tiempo soy esperanzado, porque ese
pesimismo no me lleva a cruzarme de brazos, sino que me induce a actuar, y la acción
es ya de por sí una respuesta al pesimismo ambiente. Coincido con Antoni Gramsci
cuando habla del pesimismo de la razón y del optimismo de la voluntad, y con José
Carlos Mariátegui, que se refiere al pesimismo de la realidad y el optimismo de la
acción.”

Calificar hoy a una persona de utópica no es, precisamente, un halago, y menos aún el
reconocimiento de un valor o de una cualidad encomiable. “Muy al contrario: es una
descalificación en toda regla. Es como llamarla ingenua, no tener sentido de la realidad,
vivir colgada de las nubes sin hacer pie en la realidad, ser una ilusa, y otras lindezas
similares. Las personas y los proyectos utópicos, así como los movimientos sociales
críticos con la globalización neoliberal, las organizaciones alterglobalizadoras que
luchan por otro mundo posible, sufren hoy un clamoroso e inmerecido destierro, similar
al de los poetas en la República de Platón, que eran expulsados de la ciudad ideal
porque eran meros imitadores y no alcanzaban la verdad”.

Tamayo quiere vivir utópicamente, “sin renunciar a los sueños, sobre todo a los sueños
despiertos”. Pese a su fama y prestigio entre los pensadores de todas las religiones, ha
sufrido no pocos disgustos a lo largo de su vida académica. Su primer libro, Iglesia
popular. Por una Iglesia del pueblo, fue secuestrado en 1976 por orden del Tribunal de
Orden Público (TOP). La Conferencia Episcopal Española, entonces un poder fáctico, lo
consideraba insultante pese a no contar más que verdades como puños; y en 2002, la
Pontificia Congregación para la Doctrina de la Fe, que es como se llama ahora el
siniestro Santo Oficio de la Inquisición, y su equivalente en la Conferencia Episcopal
Española, condenaron sin contemplaciones su libro Dios y Jesús. El horizonte religioso
de Jesús de Nazaret.

Desde entonces es oficialmente un hereje, según los obispos, y uno de los teólogos más
famosos, según los cristianos de bases. Pese a su disgusto, pues sigue considerándose un
teólogo católico, creyente y practicante, se toma con ironía la situación. Dice: “Dos
pensadores de orientación religiosa tan divergente como Pablo de Tarso y Ernst Bloch
convienen en la necesidad de la herejía. Interpreto que es la herejía de la esperanza.
Pablo de Tarso afirmaba: "oportet haereses ese”, que suele traducirse como “conviene
que haya disensiones" para que resplandezca la verdad; y Ernst Bloch escribe en el
frontiscipio de su libro El ateísmo en el cristianismo: "Lo mejor de las religiones es que
produce herejes". Efectivamente, así ha sido históricamente: la heterodoxia religiosa en
el terreno doctrinal ha dado lugar a las grandes revoluciones”.

México, saltando al pasado


Cambiar es el verbo del momento, pero la ruptura
siempre conlleva más riesgos que la reforma. La
propuesta de López Obrador supone procesos
legales y políticos tan complejos que su ejecución
implica mucho tiempo y mucha fricción
Conéctate
Hector Aguilar Camin
24 ABR 2018 - 00:00 CEST

La ventaja de López Obrador en la carrera por la presidencia de México, medida por EL


PAÍS en su edición del 21 de abril pasado, es contundente: 43,4% de intención de voto
contra 27,7% de su seguidor más cercano. Los números corresponden al clima de la
conversación mexicana sobre el tema.

“Ya le toca”, se oye decir en todas partes, sugiriendo que el triunfo de López Obrador,
luego de dos intentos de ganar la presidencia, es cosa de razonable rutina democrática.
Se oye también: “Ha cambiado”. “No hay que hacer caso de lo que dice: se moderará,
una vez en la presidencia”. Entre economistas: “Los mercados ya descontaron el riesgo
de que gane. Su triunfo no traerá un terremoto financiero”. El dicho más socorrido es:
“México no puede estar peor. Necesita una sacudida”.

Lo común a estos modos verbales son las ganas de creer que las elecciones de 2018
serán un acto de turno democrático rutinario, que López Obrador ha cambiado, que la
presidencia lo moderará, que los mercados no se sacudirán con su triunfo y que el país
no debe temer nada, pues no puede estar peor.
Tengo la impresión contraria: el triunfo de López Obrador no será de rutina
democrática, sino de un intento de ruptura histórica; su proyecto y sus palabras prueban
cualquier cosa menos que haya cambiado; la presidencia, lejos de moderarlo, lo
inflamará; la sacudida de los mercados no ha empezado: vendrá con su triunfo, y el país
puede estar peor, mucho peor.

Cuatro de cada diez votantes parecen dispuestos a jugar la baraja del cambio de López
Obrador, sin reparar demasiado en los detalles de su propuesta de ruptura, ni en su
fuerte acento de vuelta al pasado.

Quien haya leído el libro de López Obrador 2018. La salida. Decadencia y


renacimiento de México (Planeta) sabe que el centro de su proyecto es poner fin a las
“políticas neoliberales” de México y regresar a la época anterior a “la política del
pillaje”, cuyo inicio él cifra en el año 1983 (página 14).

A López Obrador le parece que el Tratado de Libre Comercio con EE UU ha traído


pocas cosas

El eje del proyecto es desmontar lo hecho desde entonces. A López Obrador le parece
que el Tratado de Libre Comercio con América del Norte ha traído pocas cosas. Que al
país de 120 millones de habitantes lo gobierna una pequeña mafia de políticos y
empresarios. Que la democracia no es confiable, aunque lo haya electo jefe de gobierno
de la Ciudad de México en el año 2000, haya hecho posible que compitiera dos veces
por la presidencia y esté a punto de darle el triunfo en la tercera.

De ganar la presidencia, López Obrador se propone acabar con la reforma energética,


que tiene rango constitucional y que ha licitado hasta ahora unos 90 contratos
internacionales con valor de 80.000 millones de dólares.

Se propone cancelar la reforma educativa, también inscrita en la Constitución, que


rompió el dominio de las redes sindicales sobre el sistema escolar.

Quiere echar atrás el proyecto de aeropuerto de la Ciudad de México, en el que se han


invertido ya unos 3.000 millones de dólares.

En realidad, nos dice, quiere acabar con el “Estado neoliberal” de las últimas décadas y
volver al “Estado rector” de 1982: un Estado que gobernaba la política, la sociedad, la
economía y que ahora, en la propuesta de López Obrador, intentará también gobernar la
moral, mediante la redacción, por un grupo de sabios y ministros religiosos, de una
“Constitución moral”.

El corazón de aquel “Estado rector” que lo gobernaba todo era un “presidente rector”
que gobernaba todo el Estado. Esos fueron los presidentes y el Estado que terminaron
en 1982, en medio de una crisis mayúscula de legitimidad política y de finanzas
públicas, con un déficit fiscal de 16 puntos del PIB, justamente en el año 1982.

Mucha gente en México cree que las cosas no pueden estar peor. Se equivocan

México pasó la siguiente década sumido en una crisis asfixiante que tomaba lo mejor de
sus ahorros y del valor de su moneda.
El “Estado rector” de aquellos tiempos y sus presidentes todopoderosos no se
disolvieron por la conspiración de los ideólogos neoliberales, sino por sus propias
cuentas de ilegitimidad, corrupción, dispendio, estatismo y abusos presidenciales.

Las cuentas terminaron de saldarse con el advenimiento de la democracia, que jugó a las
carreras con la crisis económica, hasta cruzar la meta de la alternancia en el año 2000.

Todo eso es historia conocida y juzgada para los mexicanos de mi generación, pero no
para López Obrador, que se refiere a la época anterior a 1982 como a la última buena
época de México. Aquella historia tampoco está clara para la mayoría de los mexicanos
que ven hoy en López Obrador el rostro del cambio deseado y se aprestan a votar por él.

Cambiar es el verbo de la hora en México, porque está todo el mundo harto del
Gobierno y de sus muchas horas paralíticas. Pero la definición fundamental es qué clase
de cambio: un cambio como reforma o un cambio como ruptura. La ruptura suena
siempre más atractiva que la reforma, pero es más riesgosa en sus resultados y más
incierta en su ejecución. Los riesgos se minimizan hoy en la opinión pública porque,
como sugerí antes, mucha gente en México cree que las cosas no pueden estar peor. Se
equivocan: pueden estar mucho peor.

La propuesta de López Obrador supone procesos legales y políticos tan complejos que
su ejecución implica mucho tiempo y mucha fricción. En más de un sentido, López
Obrador quiere meterle reversa a un coche que va andando. Su proyecto tiene todos los
rasgos de una utopía regresiva. Literalmente, quiere regresar al año 1982, en el que,
según él, empezó la decadencia neoliberal de México.

Ironías de la historia: después de las mayores reformas con potencial de futuro que haya
pactado la democracia mexicana, los ciudadanos de esa democracia se aprestan a
negarlas y a saltar al pasado.

Héctor Aguilar Camín es escritor y director de la revista Nexos.

El gran banquete
¿Cuánto van a tardar las grandes tecnológicas en
fagocitar a la banca o a las energéticas?
Conéctate
Jesús García López
24 ABR 2018 - 00:00 CEST

Las comidas largas crean vidas cortas”, decía Alcofribas Nasier, el escritor que hizo del
humanista francés François Rabelais un anagrama para escapar de la censura del siglo
XVI. Los gigantes tecnológicos empiezan a mostrar un pantagruélico apetito comprador
surgido de la enorme liquidez. Es la embrionaria manufactura producto de la
monetización tras el olvidado fiasco de las [Link] burbuja tecnológica
devino en un fenómeno resiliente y voraz que nos retrotrae a la década de los noventa,
cuando el Nikkei coqueteaba con los 40.000 puntos y los 18 mayores bancos mundiales
eran nipones.

Esos bancos y corporaciones industriales empezaron construyendo trenes como


Mitsubishi y terminaron haciendo turbinas, automóviles, electrodomésticos, banca,
recorriendo toda la cadena de producción de todos los sectores con los que se topaban.
La consolidación de estas grandes corporaciones japonesas fue producto de una política
monetaria laxa y los torrentes de liquidez conseguidos con sus boyantes negocios que
prometían hacer la vida más fácil a los ciudadanos del mundo desarrollado.

El fenómeno se reproduce en EE UU ahora, corregido y aumentado, con media docena


de compañías cuya capitalización supera el PIB de muchos países tras haber conseguido
un negocio global con millones de usuarios. Las cinco mayores firmas mundiales por
capitalización son Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook, con un valor de 2,2
billones de euros. Es como si hubieran surgido un ramillete de Da Vincis que se han
arrogado la tarea de reinventar el mundo en un tiempo récord.

George Soros, filántropo y especulador, advirtió en Davos sobre posibles prácticas


torcidas de estas tecnológicas cuya materia prima son los datos que pueden componer
tendencias del comportamiento humano. Facebook, con 2.000 millones de usuarios, ha
sido el primer caso y no parece que vaya a ser el último tras el escándalo de la filtración
de los datos de 87 millones de personas a través de Cambridge Analytica. La posibilidad
de que esa fuga de información pudiera haber interferido en las elecciones en las que
fue elegido Trump ha llevado a Mark Zuckerberg, creador de Facebook, a una
maratoniana comparecencia ante el Congreso americano. Lo novedoso es que, por fin,
se ha suscitado el debate de una regulación de Internet que proteja la privacidad de los
usuarios. El comercio de los datos privados muestra un inquietante presente.

Compañías como Alphabet, Apple, Amazon, Facebook o la china Alibaba tienen una
liquidez que les permitiría adquirir cada año sectores enteros de la economía española

Otro ejemplo de la transformación de los negocios mundiales es Amazon, la empresa


que desde la logística está poniendo en jaque las relaciones con los consumidores de
acuerdo con los modelos de antaño. A golpe de inteligencia y de talonario adquirió por
13.700 millones los supermercados Whole Food. Ahora ha llamado a la puerta de los
hogares inteligentes con la compra de la empresa de timbres Ring por 1.000 millones de
dólares. Un sector en el que compite con Google y del que se espera un negocio
gigantesco. Como los innovadores de oriente en los años noventa, compran empresas de
cualquier sector y las transforman. Empresas cuya materia prima son los datos
aportados por los consumidores, que cuentan con armas como el big data y la
inteligencia artificial y que se abren paso en una innovadora revolución industrial con
sus amenazas inherentes al poder del conocimiento de las costumbres.

La importancia de esto radica además en su enorme músculo comprador. Compañías


como Alphabet, Apple, Amazon, Facebook o la china Alibaba, con una liquidez que les
permitiría adquirir cada año sectores enteros de la economía española, por ejemplo.
¿Cuánto van a tardar en fagocitar a la banca o a las energéticas? Dependerá de la
capacidad de estas para el cambio.
En los años noventa, desde la puerta del neoyorquino Waldorf Astoria se oteaba un
cartel de la Pan Am en uno de los edificios icónicos de la ciudad. Empresas
tradicionales demasiado grandes para quebrar tratan de hacer frente a la revolución que
viene.

Los nuevos gargantúas del dinero tienen la pituitaria irritada por lo que ven comestible a
su alrededor, pero su dieta consiste en comidas cortas centrando su objetivo en una larga
vida, que diría el visionario Alcofribas. El gran banquete está trufado de empresas
ajenas a estas dentelladas, mientras los monstruos tecnológicos se relamen disfrazados
de jóvenes en camiseta y pantalón corto que juegan al pimpón en sus headquarters
californianos. Ojo a los próximos bocados.

Jesús García López es periodista financiero y consultor de comunicación.

Limpiando el polvo a la memoria


armenia
La correspondencia diplomática española de 1915
muestra el conocimiento de la matanza de
armenios, pero España aún no ha reconocido el
genocidio
Conéctate
Iván Gaztañaga
24 ABR 2018 - 00:00 CEST

El Archivo Histórico Nacional (AHN) guarda correspondencia de las legaciones


diplomáticas y consulares de España en el Imperio Otomano que describen los crímenes
de los turcos contra el pueblo armenio que arrancó en 1915. Como cada 24 de abril,
miles de armenias y armenios se vuelcan en las calles de Buenos Aires, Moscú, Los
Ángeles, París y Ereván para que la sociedad internacional reconozca el primer crimen
de masas a gran escala del siglo XX. La aniquilación planificada y sistemática costó la
vida a 1,5 millones de personas de la minoría cristiana armenia.

Los legajos incluyen telegramas cifrados, manuscritos, estadísticas, recortes de prensa y


mapas enviados a Madrid. La documentación compone el testimonio personal sobre la
limpieza étnica por parte de Julián María del Arroyo, cónsul en Constantinopla (actual
Estambul), o de Antonio de la Cierva y Lewita, Jerusalén. Los expedientes pretenden
convertirse en pruebas con valor jurídico y político a fin de impulsar el reconocimiento
del Medz Yeghern o Gran Crimen en España.

Hace 103 años, los Jóvenes Turcos y su partido político, Comité de Unión y Progreso,
ordenaron el asesinato de toda intelectualidad armenia en Constantinopla. Desarmaron a
los varones, los condujeron a las afueras de la ciudad y los fusilaron. Otros fueron
ahorcados en público. Las mujeres sufrieron violaciones como arma de guerra y toda la
infancia fue enterrada en cunetas.
En enero de 1915 el ministro de Estado fue puesto en aviso desde Jerusalén por De la
Cierva acerca de la preocupante radicalización turca: “la noticia de la supresión de las
Capitulaciones por el Imperio Otomano ha causado un efecto de regocijo entre los
musulmanes y alarma entre los cristianos, cantando y vociferando contra los
extranjeros. Pues en esas manifestaciones existe odio contra los cristianos” (AHN,
Ministerio de Exteriores, Política Turquía 1914-20. Legajo H2702, nº22).

Cónsul en Constantinopla: "Los Jóvenes Turcos dicen que se bastan para vivir y hay que
eliminar a todos los extranjeros: así han acabado con armenios y griegos”

Julián del Arroyo lamentó en telegrama cifrado las consecuencias de La Ley Provisional
“que se acaba de dictar y que va dirigida contra los armenios. Hace temblar a los pobres
interesados de los abusos que augura esa ley en manos de autoridades turcas” (loc. cit.,
nº372). El 31 de mayo de 1915, el Consejo de Ministros Otomano tomó la decisión de
expropiar hogares armenios y confiscar sus bienes para liquidarlos en subasta pública
tras su marcha forzada. Sus casas serían más tarde ocupadas por colonos musulmanes.

Los armenios de Cilicia, la región de Van o Adana que sobrevivieron al terror escaparon
a Ammán, Beirut, Haifa, Jerusalén y a Europa. Se convirtieron en refugiados. Sin
embargo, los topónimos de Alepo, Raqqa, Damasco o Deir ez-Zor son sinónimos de
campos de concentración y aniquilación de población armenia en aquel momento y hoy
aún son urbes bajo fuego.

Del Arroyo se adelantó en lo relativo a los armenios, pero también predijo la eterna
desfragmentación de Oriente Próximo debido al fanatismo: “en distintas ocasiones he
llamado la atención sobre xenofobia y arrogancia de estos Jóvenes Turcos. Dicen que se
bastan para vivir y hay que eliminar a todos los extranjeros: así han acabado con
armenios y griegos”(loc. cit., nº458).

Sin premeditación no hay genocidio. Los Jóvenes Turcos tuvieron sus planificadores:
Ahmed Jemal (ministro de Marina y Gobernador de Siria), Ismael Enver (ministro de
Guerra) y Mehmet Talaat (ministro de Interior). En marzo de 1916, el Gobierno español
leyó: “Aún sigue la persecución a pesar de las unánimes protestas de todos los países. Y
nada de extraño será que, si los asuntos no se desarrollan a completa satisfacción de los
Jóvenes Turcos, se vuelva a decretar la matanza y exterminio de los armenios que aún
quedan con vida. El gobierno obtuvo el completo resultado de su plan: que era el de
asesinar a unos dos millones y medio que existían en Turquía” (loc. cit., nº153).

Investigaciones como ésta pretenden que España sea un actor internacional con
responsabilidad moral más que penal

Hay un archivo delicado, se trata del cruce de correspondencia entre España y


Constantinopla para extender protección diplomática al músico y folclorista armenio
Komitas Vardapet y ponerlo a salvo en Viena. En la primera petición lanzada a España
desde Turquía en enero de 1916 se puede leer: “al principio de la persecución y matanza
de armenios, Komitas fue internado en Asia Menor, pero gracias a las gestiones a su
favor por la Embajada Americana fue devuelto a esta Capital” (H3025/4 Política-
Turquía. Gestiones a favor del Padre Komitas).
Del Arroyo se interesa por el religioso y le conoce personalmente. Con estilo
preocupado continúa en otra carta: “a mi pregunta contestó, que lo único que deseaba
era poder marchar a Viena llevándose consigo sus escritos y estudios sobre música
armenia”. Del Arroyo hizo de Komitas una cuestión personal y, persistente en las
audiencias con las autoridades otomanas, hizo llegar el tema del salvoconducto hasta el
racista Mehmet Taalat por medio de Halil Bey.

Del Arroyo se entera tres semanas más tarde de que Talaat mantendrá dentro de
fronteras turcas a Komitas Vardapet por ser un notable músico. El final de la carta
concluye: “Sabía que mi petición no sería atendida, tanto por miedo a que ese erudito
pudiera narrar la verdad de los horrores y crímenes que se han cometido contra los
armenios como porque quieren tenerles de rehenes para poder saciar algún día el odio
que les tienen”.

España no reconoce oficialmente el Genocidio contra los Armenios aunque sí lo han


hecho los parlamentos autonómicos balear, catalán, navarro y vasco. Investigaciones
como ésta pretenden que España sea un actor internacional con responsabilidad moral
más que penal. Se intenta que España dé un paso en la reparación de la memoria y se
sitúe a la vanguardia de Estados europeos y americanos que ya lo han hecho. En fechas
recientes el Parlamento alemán y holandés reconocieron el genocidio bajo graves
amenazas turcas. Las amenazas se han esfumado.

Iván Gaztañaga González es politólogo, doctorando en Universidad de Granada e


investigador para la National Association of Armenian Studies and Research de
Belmont, [Link] y del Museo del Genocidio Armenio de Ereván, Armenia.

Johann Carl Friedrich Gauss, el niño


prodigio que supo de todas las
matemáticas
Su curiosidad y capacidad de aprendizaje le
permitieron realizar también grandes
contribuciones a la astronomía, la óptica, la
electricidad, el magnetismo, la estadística y la
topografía
14
Conéctate

Alberto López
Madrid 30 ABR 2018 - 19:34 CEST

El genio hecho a sí mismo. Johann Carl Friedrich Gauss fue un niño prodigio que
nació en una familia humilde y de padres analfabetos pero que fue autodidacta para
aprender a leer y llegar a ser conocido como “el príncipe de los matemáticos” y
reconocido por sus coetáneos como el “matemático más grande desde la antigüedad”.
Así de simple es la definición de Carl Friedrich Gauss, que comparte el olimpo de los
elegidos en las ciencias con Arquímedes, Newton, Euler… y pocos más.

Gauss fue matemático, astrónomo, geodesta y físico alemán que contribuyó


significativamente en muchos campos, incluida la teoría de los números, el análisis
matemático, la geometría diferencial, la estadística, el álgebra, la geodesia, el
magnetismo y la óptica.

Su influencia fue notable en muchos campos de la matemática y de la ciencia y sus


teorías continúan vigentes en la actualidad. De hecho, fue de los primeros en extender el
concepto de divisibilidad a otros conjuntos y posiblemente la teoría de números sea la
rama de las matemáticas en la que la influencia ejercida por Gauss haya sido mayor,
aunque ni mucho menos la única.

Su nombre completo es Johann Carl Friedrich Gauss y nació un 30 de abril de hace


241 años en Brunswick, Alemania. La prodigiosidad de Gauss en su niñez, en lo que se
refiere a las matemáticas en general, y al cálculo en particular, quedó patente a los 3
años cuando corrigió a su padre una operación que estaba realizando relacionada con
pagos de salarios a los trabajadores que tenía a su cargo. Sin embargo, la anécdota más
conocida de su infancia ocurrió en el colegio cuando tenía 7 años. El profesor castigó a
toda la clase con sumar todos los números naturales desde el 1 hasta el 100 y casi de
forma instantánea Gauss tenía la respuesta correcta: 5.050.

Los profesores de Gauss vieron en él un don para las matemáticas, así que hablaron con
sus padres para que recibiera clases complementarias. Cuando apenas tenía 10 años
Johann Carl Friedrich Gauss ya había descubierto dos métodos para calcular raíces
cuadradas de números de 50 cifras decimales y hasta encontró pequeños errores en
tablas logarítmicas que cayeron en sus manos.

Fue recomendado al duque de Brunswick por sus profesores y éste le subvencionó sus
estudios secundarios y universitarios. Con 11 años ingresó en la escuela secundaria,
donde aprendió, sobre todo, cultura clásica. No descuidó, sin embargo, su formación
matemática, que continuó con clases particulares y la lectura de libros. Allí conoció al
matemático Martin Bartels, que fue su profesor. Ambos estudiaron juntos, se apoyaron y
se ayudaron para descifrar y entender los manuales que tenían sobre álgebra y análisis
elemental.

A pesar de su juventud, Johann Carl Friedrich Gauss ya había descubierto la ley de


los mínimos cuadrados, lo que indica su temprano interés por la teoría de errores de
observación y su distribución. A los 17 tuvo sus primeras ideas intuitivas sobre la
posibilidad de otro tipo de geometría y a los 18 años dedicó sus esfuerzos a completar lo
que, a su juicio, habían dejado sin concluir sus predecesores en materia de teoría de
números. Así, descubrió su pasión por la aritmética, área en la que poco después tuvo
sus primeros éxitos. Su gusto por la aritmética prevaleció por toda su vida, ya que para
él “la matemática es la reina de las ciencias y la aritmética es la reina de las
matemáticas”.

Nadie dudaba de que Gauss en ese momento ya tenía suficientes conocimientos como
para haberse graduado, así que en 1795 dejó el centro habiendo hecho tantas
matemáticas como para terminar una carrera, pero lo hizo para ingresar en la
Universidad de Göttingen, posiblemente por la gran biblioteca matemática que poseía.

Su primer gran resultado en 1796 fue la demostración de que se puede construir un


heptadecágono, un polígono regular de 17 lados, con regla y compás en el sentido
clásico de este tipo de construcciones. En solo seis meses, Gauss resolvió un problema
que matemáticos habían intentado solucionar durante 2.000 años. Los antiguos griegos
habían demostrado que los polígonos regulares de 3, 5 y 15 lados pueden construirse
utilizando solo una regla y una compás, pero no han podido descubrir más formas de
este tipo. Pero Gauss fue incluso más allá del heptadecágono. Descubrió una fórmula
matemática para encontrar todos los polígonos regulares que pueden construirse usando
solamente regla y compás, y encontró 31. Gauss estaba tan orgulloso de la demostración
de este resultado que decidió estudiar Matemáticas.

Como anécdota, Johann Carl Friedrich Gauss mantuvo un diario de sus


descubrimientos, comenzando con el heptadecágono. El diario, que enumera 146
descubrimientos, estuvo perdido durante más de 40 años después de su muerte.

Estando todavía en la universidad Gauss realizó otros importantes descubrimientos,


entre los que destacan la aritmética modular, que sirvió para unificar la teoría de
números; la ley de reciprocidad cuadrática, enunciada pero no demostrada
completamente por Legendre unos años antes, y también que todo número entero
positivo puede expresarse como suma de como mucho tres números triangulares.

Dos años tan intensos en Göttingen le bastaron para darse cuenta de que ya nadie podía
hacerle avanzar allí, por lo que regresó a su casa en Brunswick para escribir su tesis
doctoral. Una investigación que presentó en 1799 y que versó sobre el teorema
fundamental del álgebra, que establece que toda ecuación algebraica de coeficientes
complejos tiene soluciones igualmente complejas.

En 1801 Gauss publicó las Disquisiciones aritméticas, una obra destinada a influir de
forma decisiva en la conformación de las matemáticas y en especial en el ámbito de la
teoría de números. En esa obra destacan los siguientes hallazgos: la primera prueba de
la ley de la reciprocidad cuadrática; una solución algebraica al problema de cómo
determinar si un polígono regular de ‘n’ lados puede ser construido de manera
geométrica; un tratamiento exhaustivo de la teoría de los números congruentes; y
numerosos resultados con números y funciones de variable compleja que marcaron el
punto de partida de la moderna teoría de los números algebraicos.

Cuando fue capaz de predecir con exactitud el comportamiento orbital del asteroide
‘Ceres’, avistado por primera vez pocos meses antes, su fama creció de forma
exponencial. Para lograrlo empleó el método de los mínimos cuadrados que él mismo
desarrolló en 1794 y que en la actualidad continúa siendo la base computacional de
estimación astronómica.

En 1807 aceptó el puesto de profesor de Astronomía en el Observatorio de Göttingen,


cargo en el que permaneció durante el resto de su vida. Tal vez lo hizo porque un año
antes falleció el duque de Brunswick y con él también acabó el apoyo financiero a
Gauss. El científico tomó su nuevo trabajo de astronomía en serio, utilizando
regularmente su telescopio para observar el cielo nocturno, e hizo varias mejoras
prácticas a los instrumentos astronómicos y supervisó la construcción de un nuevo
observatorio.

En esos años Johann Carl Friedrich Gauss maduró sus ideas sobre la construcción de
una geometría lógicamente coherente que prescindiera del postulado de Euclides de las
paralelas y con la que se adelantó en más de treinta años a los trabajos posteriores de
Lobachevskiy y Bolyai.

En esos años, su esposa, con quien había contraído matrimonio en 1805, falleció al dar a
luz a su tercer hijo; y más tarde se casó en segundas nupcias y tuvo tres hijos más.

En 1820, ocupado en la determinación matemática de la forma y el tamaño del globo


terráqueo, Gauss desarrolló numerosas herramientas para el tratamiento de los datos
observacionales. Entre ellas destaca la curva de distribución de errores que lleva su
nombre, conocida también con el apelativo de distribución normal y que constituye uno
de los pilares de la estadística.

Otros resultados relacionados con su interés por la geodesia son la invención del
heliotropo, y, en el campo de la matemática pura, sus ideas sobre el estudio de las
características de las superficies curvas que, desarrolladas en su obra Disquisitiones
generales circa superficies curvas (1828), sentaron las bases de la moderna geometría
diferencial.

También prestó atención al fenómeno del magnetismo, que culminó con la instalación
del primer telégrafo eléctrico (1833). En 1835 Gauss formuló la ley o teorema de
Gauss. Esta ley fue una de sus contribuciones más importantes en el campo del
electromagnetismo, y de ella derivarían dos de las cuatro ecuaciones de Maxwell.

Otras áreas de la física que Gauss estudió fueron la mecánica, la acústica, la capilaridad
y, muy especialmente, la óptica, sobre la que publicó el tratado Investigaciones
dióptricas (1841), en las que demostró que un sistema de lentes cualquiera es siempre
reducible a una sola lente con las características adecuadas.

Posiblemente fue la última aportación fundamental de Johann Carl Friedrich Gauss,


un científico cuya profundidad de análisis, amplitud de intereses y rigor de tratamiento
le merecieron en vida el apelativo de “príncipe de los matemáticos” y que fue tan
reconocido que los últimos billetes de 10 marcos en Alemania, antes de la entrada del
euro tenían su efigie.

Gauss fue un perfeccionista, hasta el punto de que solo publicó obras que creía eran
perfectas. Muchos de los avances significativos que descubrió permanecieron inéditos
hasta después de su muerte, como bastante oculta fue siempre su capacidad docente, al
pensar que los alumnos no estaban lo suficientemente preparados, si bien hasta eso
cambió a lo largo de su vida y se convirtió en un imán de talentos en la universidad de
Göttingen, ciudad en la que falleció mientras dormía el 23 de febrero de 1855. Tenía 77
años.

Fue enterrado en el cementerio Albanifriedhof de Göttingen, cerca de la universidad. En


sus últimos años, Gauss seguía estando tan orgulloso de su logro juvenil del
heptadecágono que pidió que fuera tallado en su lápida, al igual que Arquímedes tenía
una esfera dentro de un cilindro tallado en el suyo. Por desgracia, su deseo no se
cumplió, ya que el cantero dijo que sería demasiado difícil esculpir un heptadecágono
que no se pareciera a un círculo.

Carl Friedrich Gauss fue un hombre bondadoso, que odiaba viajar y que solo dejó
Göttingen una vez en 48 años para asistir a una conferencia en Berlín. Era un
apasionado de la literatura y de la recopilación de datos, con una biblioteca personal
provista de 6.000 libros escritos en los idiomas que había dominado incluyendo danés,
inglés, francés, griego, latín, ruso y su alemán nativo.

La palabra de Trump
EE UU pretende modificar de forma unilateral el
acuerdo nuclear con Irán
30 ABR 2018 - 00:00 CEST

En uno de sus movimientos más peligrosos, el presidente de Estados Unidos, Donald


Trump, ha anunciado que no certificará el acuerdo nuclear con Irán. La medida, aunque
no supone —todavía— la ruptura total del compromiso, anuncia una estrategia mucho
más agresiva con Teherán y aumenta la incertidumbre en Oriente Próximo. El plazo
para la certificación expira el próximo día 12.

El histórico acuerdo alcanzado en 2015 hizo que el régimen de Teherán pusiera bajo
control internacional su programa de enriquecimiento de uranio, permitiera inspecciones
a sus instalaciones nucleares y, en la práctica, detuviera el programa destinado a
convertir Irán en una potencia nuclear. A cambio, la comunidad internacional redujo las
sanciones económicas impuestas a Teherán.

Trump quiere que el Congreso de EE UU añada nuevas limitaciones a Irán y que, en


caso de incumplimiento, se reanuden los castigos. En este nuevo umbral punitivo
entrarían el programa balístico, la posibilidad de tener una bomba atómica en menos de
un año y la negativa a extender la duración de las restricciones a la producción de
combustible nuclear.

El acuerdo nuclear con Irán es uno de los logros más importantes de la política exterior
europea en décadas. No se trata únicamente de resultado sino en cómo se fraguó este.
Europa logró sentar a una misma mesa a los principales actores del conflicto,
organizaciones internacionales y a las potencias mundiales. Se trata de una solución casi
permanente a un problema complejísimo que además abre otras vías, porque su éxito
consiste en que sirve de modelo válido para negociar con países que alberguen
ambiciones nucleares.

Lo más importante es que demuestra la utilidad de la vía diplomática por encima de la


militar, pero además permite ampliaciones que contribuyan a rebajar todavía más la
tensión. Europa quiere abordar con Teherán un tratado complementario para que el
régimen iraní no desarrolle su programa balístico. Y eso puede conseguirlo
precisamente gracias a la vigencia del texto firmado en 2015. Trump va en dirección
completamente contraria.

Es necesario subrayar que la actual situación en Oriente Próximo es mucho más


inestable que hace tres años. Además, Irán sigue representando un gran desafío por sí
mismo. El acuerdo nuclear ha sacado el armamento atómico de la ecuación, pero si se
rompe no solo ocurrirá que Teherán continuará recorriendo la senda que le lleva a
conseguir una bomba atómica, sino que toda la región se zambullirá en una peligrosa
carrera de proliferación nuclear.

Trump está desmantelando tres pilares esenciales del entramado de acuerdos


internacionales que sostienen la paz y prosperidad global: comercio, clima y seguridad.
El acuerdo con Irán es una pieza importantísima de este último. Derribarlo, como se
propone hacer Trump, pone en riesgo toda una estructura de estabilidad internacional
que ha costado décadas construir.

Todo esto sucede cuando se está siguiendo la dirección opuesta —diálogo y diplomacia
— con Corea del Norte. Con su modificación unilateral del acuerdo con Irán, Trump
envía a Corea del Norte la señal de que los acuerdos no valen el papel en el que están
firmados. Un grave error.

Por qué los hombres violamos


Educar en la igualdad de género ayudaría a los
hombres a liberarnos los corsés emociones y de la
competitividad extrema
Conéctate
Víctor Lapuente
30 ABR 2018 - 00:00 CEST

En parte, por la testosterona, que dificulta nuestro autocontrol. Aun así, con la misma
biología, los hombres cometemos hoy menos crímenes que en el pasado.

Con una siniestra excepción. Seguimos agrediendo a las mujeres. Y las razones hay que
buscarlas en un aspecto poco conocido de la naturaleza masculina: nuestra sensibilidad.
Por ejemplo, el éxito profesional o social de nuestras parejas afecta negativamente a
nuestra autoestima. En contraste, la confianza de las mujeres no se ve minada por
nuestros logros. Los hombres somos el sexo sensible. Ellas, el resistente.

Los hombres somos más impresionables por el entorno. Y dos cambios sociales han
contribuido a que nos mostremos particularmente agresivos con las mujeres. El primero
es intuitivo. La revolución tecnológica ha dejado en la cuneta de la economía a millones
de hombres con estudios bajos. La incertidumbre sin precedentes que sufren les lleva a
adoptar comportamientos adictivos, erráticos y potencialmente violentos.

El segundo cambio es contraintuitivo. La revolución feminista ha llenado de mujeres las


aulas y los lugares de trabajo. En pocas décadas, hemos pasado de un monopolio
masculino del espacio público a la paridad, o incluso superioridad femenina, en algunos
ámbitos. Y, como advierten los antropólogos, las ratios entre hombres y mujeres
determinan las actitudes sexuales de los primeros. Ya sea en la selva amazónica o en las
universidades americanas, si los hombres son mayoría, invierten esfuerzos en construir
relaciones saludables con las mujeres. Si son minoría, prefieren el sexo esporádico y se
vuelven más violentos.

Pero no estamos condenados a una mayor violencia masculina. Educar en la igualdad de


género ayudaría a los hombres a liberarnos de dos estresores que alimentan nuestra
violencia: los corsés emocionales y la competitividad extrema. Así, seríamos menos
violentos. Y viviríamos más, como apunta el psicólogo Daniel Kruger, pues la
desigualdad de género de un país predice el exceso de muertes masculinas por causas
conductuales. El patriarcado es también terrible para la salud de los hombres.
@VictorLapuente

La cultura de la violación
La cultura de la violación está instalada en todos los
ámbitos, incluido el sistema judicial y legal que es
el reflejo de nuestra sociedad rota
Conéctate
Amparo Díaz Ramos
30 ABR 2018 - 11:58 CEST

La cultura de la violación de la pornografía machista y de la prostitución, núcleo duro


del machismo, nos dice que las mujeres estamos disponibles sexualmente para los
hombres, es más, que esa es nuestra obligación. Y que ellos pueden usarnos y
convertirnos en objetos sexuales, cuando quieran. Nos dice además que en el fondo nos
encanta ser usadas, nos gusta el asedio sexual, que de una forma o de otra podemos
sacar beneficios de eso. Ya sea un disfrute sexual inesperado, regalo grupal de unos
desconocidos, o de un conocido, ya sea dinero “fácil”. Nos dice también que si sufrimos
algún daño, la culpa es nuestra, por habernos puesto en esa situación o por no habernos
resistido. Salvo si el resultado es que nos matan, entonces sí que recibimos casi de
manera unitaria comprensión y apoyo póstumo. Y digo casi de manera unitaria porque
todavía quedan personas que cargan la culpa sobre la víctima muerta.

Esta cultura de la violación, del porno y de la prostitución ha sido fervientemente


difundida por las publicaciones y películas porno, pero también por las publicaciones
ordinarias y por la publicidad (recordemos las imágenes sublimando una violación en
grupo), y actualmente además, y de manera masiva, a través de internet. Y por supuesto
mediante la normalización de los “eventos de ocio” que consisten en compras del
cuerpo de las mujeres para que actúen como robots al servicio del putero. La cultura de
la violación está instalada en todos los ámbitos, incluido el sistema judicial y legal que
es el reflejo de nuestra sociedad rota.

La idea de que una mujer basta con que no esté suplicando de manera indiscutible (las
súplicas pueden ser interpretadas como un juego erótico) por su vida para que se
considere que está disfrutando mientras la penetran brutalmente, recuerda mucho a los
guiones de películas porno y a lo que relatan mujeres en situación de prostitución,
donde no es raro que los amigos acudan juntos a tener una juerga sexual, en la que los
únicos que están de juerga son ellos.

Muchas personas que defendemos los derechos humanos estamos hartas de que se
considere normal que mujeres en situaciones vulnerables, simplemente por ser niñas, o
por estar bebidas, o en zonas de conflictos armados, o por andar solas por la calle, en
vez de recibir apoyo y cuidado, o como mínimo respeto, por parte de todos los hombres,
haya alguno que aproveche esa situación para tocar sexualmente, incluso violar. Es una
atrocidad que ante una chica bebida haya hombres que se acerquen para violarla en vez
de para preguntar si necesita ayuda. Es una atrocidad que se produzcan violaciones de
mujeres en situaciones de guerra incluso por hombres de la ONU. Es una atrocidad que
el futuro que se presente a las mujeres que huyen de guerras o desastres naturales, sea la
explotación sexual. ¿Es eso lo que puede ofrecer nuestra sociedad a las mujeres en
situaciones de crisis?

No creo que esta cruda realidad sea, respecto de los delitos contra la libertad e
indemnidad sexual, la misma que hace diez años. En mi opinión hay un empeoramiento
muy significativo, en buena parte debido a que la cultura de la violación, del porno y la
prostitución, ha llegado a niveles muy crueles y, además, se extiende como la pólvora a
través de internet. Niños están viendo porno cruel en internet, donde las mujeres son
penetradas en grupo como si fueran objetos con múltiples agujeros, y lo único que
importa es la fuerza y prepotencia masculina. Se difunden además videos de violaciones
o que simulan violaciones, obviándose el sufrimiento de la mujer.

La cultura de la violación, del porno y de la prostitución deshumaniza a las mujeres. Se


nos despoja de nuestros deseos, de nuestros sentimientos, de nuestros derechos.

Necesitamos un sistema judicial y legislativo que no perpetúe esa deshumanización,


sino que acabe con ella. Es urgente concretar conceptos indeterminados por los que se
cuelan prejuicios machistas o se nos escapa la situación de las mujeres. El cambio
judicial y legal es posible si trabajamos en común desde todos los sectores implicados
sin ira, con humildad, sentido de corresponsabilidad y vocación de servicio. Es el
momento de aprender de la experiencia y sumar conocimiento porque necesitamos un
cambio total del sistema para garantizar la igualdad entre hombre y mujeres, y restituir
la confianza en las instituciones. Ahora más que nunca, debemos recordar que sin
igualdad no hay justicia, y sin ella no hay paz social.

Amparo Díaz Ramos es abogada especialista en violencia de género.

El universo es finito, según la última


investigación de Stephen Hawking
Un trabajo del físico británico fallecido y Thomas
Hertog, publicado ahora, propone una nueva teoría
cosmológica
3 MAY 2018 - 09:23 CEST

La última teoría sobre el origen del universo de Stephen Hawking, desarrollada en


colaboración con el profesor Thomas Hertog, de la universidad KU Leuven, ha sido
publicada esta semana por el Journal of High-Energy Physics. La teoría, que fue
aceptada para su publicación antes de la muerte del físico británico el pasado 14 de
marzo, predice que el universo es finito y más simple de lo que establecen los actuales
estudios sobre el Big Bang, según una nota difundida por el European Research Council
(ERC), que apoya el trabajo de Hertog. La investigación fue anunciada en julio del
pasado año en una conferencia celebrada en Cambridge con motivo del 75 cumpleaños
de Hawking.

Las modernas teorías sitúan la creación del universo en una breve explosión, durante
una mínima fracción de segundo después del Big Bang, cuando el cosmos se expandió
rápidamente. Se cree que, una vez producida la inflación, hay regiones que nunca han
dejado de crecer y que, debido a los efectos cuánticos, este fenómeno es eterno. De
acuerdo a esta tesis, según la nota de el ERC, la parte observable de nuestro universo es
una mínima porción donde el proceso ha terminado y se han formado estrellas y
galaxias.

"La teoría habitual de inflación eterna predice que nuestro universo es como un infinito
fractal [objeto geométrico cuya estructura básica, fragmentada o aparentemente
irregular, se repite a diferentes escalas] con un mosaico de diferentes pequeños
universos separados por océanos que crecen", afirmó Hawking en una entrevista el
pasado otoño. "Las leyes de la física y la química pueden ser diferentes entre un
universo y otro que, juntos, forman un multiverso. Pero nunca he sido un defensor del
multiverso. Si la escala de los diferentes universos en el multiverso es grande o infinita,
no se puede probar", añadió.

En la investigación recién publicada, Hawking y Hertog afirman que esta teoría de la


expansión infinita es errónea. “El problema habitual con esta teoría es que asume la
existencia de un universo de fondo que evoluciona de acuerdo a la teoría general de la
relatividad de Einstein y trata los efectos cuánticos como pequeñas fluctuaciones a su
alrededor. Sin embargo, la dinámica de la expansión eterna barre la separación entre la
física cuántica y la clasica", afirma Hertog en la nota difundida por el ERC.
“Predecimos que nuestro universo, a gran escala, es razonablemente liso y globalmente
finito. Así que no es una estructura fractal", afirma Hawking en la investigación
publicada.

Hertog y Hawking utilizaron su nueva teoría para derivar predicciones más fiables sobre
la estructura global del unvierso. Sus resultados, si se confirman con nuevos trabajos,
tendrán implicaciones para el paradigma del multiverso. "Nuestros hallazgos implican
una significativa reducción del multiverso a una categoría mucho más pequeña de
posibles universos", defiende la última teoría de Hawking.

Hertog planea estudiar esta teoría a pequeñas escalas que se hallen al alcance de la
capacidad de nuestros telescopios espaciales. Cree que las ondas gravitacionales
primordiales son las más prometedoras vías de probar el modelo. La expansión del
universo desde su origen significa que esas ondas gravitacionales tendrían una muy
larga longitud de onda, fuera del alcance de nuestros actuales detectores LIGO (Laser
Interferometer Gravitational-Wave Observatory). Pero podrían ser detectadas por el
previsto observatorio espacial europeo de ondas gravitacionales (LISA) o por futuros
experimentos de mediciones del fondo de microondas cósmico. En 2014, Hertog fue
becado con dos millones de euros por el ERC por sus cinco años de trabajo sobre
Cosmología Holográfica Cuántica.

Giordano Bruno, cazador apasionado de


la verdad
El pensador ilustrado quebró las murallas de la
mentalidad medieval
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Conéctate
1 MAY 2018 - 16:55 CEST

Cerrad los ojos y pensad en el Universo. Lo veréis sin fin, con innumerables soles y
mundos, posiblemente habitados. Esta visión cosmológica la imaginó por primera vez
Giordano Bruno, pensador del infinito y geómetra del espacio cósmico. Su concepción
de infinitos mundos, cada uno con su geometría, anticipaba la posibilidad de geometrías
no Euclidianas. Su pensamiento revolucionario topó con la mentalidad dogmática de su
época y murió quemado vivo en la hoguera, condenado por la Inquisición.

Giordano Bruno nació en 1548 en la ciudad de Nola. Era un muchacho precoz cuando
en 1562 se fue a Nápoles para completar su formación. La Nápoles española de aquellos
años era una de las más grandes metrópolis de Europa, que en ese tiempo acogió a
Cervantes. Era una ciudad espléndida y miserable, rica en iglesias y palacios, en curas y
cortesanas, en mercaderes, artistas y ladrones, nobles y villanos; una multitud de tipos
de entre los que, desde Caravaggio a Ribera, lo Spagnoletto, habrían tomado como
modelos para sus pinturas.

Bruno entró en la orden de los Dominicos para dedicar su vida al estudio. Se formó a
través de los clásicos y, a escondidas, leyendo los textos de Erasmo, su verdadero
maestro. En 1576, huyendo de una primera acusación de herejía - dudaba de la Trinidad
- dejó el hábito y comenzó su peregrinaje por Europa. De Ginebra a París, de Londres a
Praga, fue interlocutor de reyes y reinas; polemizó con calvinistas, puritanos, luteranos
y todo tipo de pedantes aristotélicos, y fue excomulgado por todos ellos. El retrato que
mejor representa su labor está en Madrid, en la Real Academia de Bellas Artes. Es el
retrato de un caporal de minadores que en las campañas de Flandes colocaba cargas bajo
las defensas enemigas.

Con su obra, Giordano Bruno hace saltar por los aires las murallas del pensamiento
medieval, y da inicio a la filosofía moderna como dice James Joyce. El Nolano retomó
el pensamiento filosófico más antiguo, el atomismo de Demócrito, la dialéctica de
Platón, el devenir de Heráclito y el ser de Parménides, llegó hasta la sabiduría mágica
egipcia, y de allí se proyectó hacia el futuro. Fue embajador del pensamiento de
Copérnico, precursor del materialismo de Spinoza y de la crítica al cristianismo de
Nietzsche. Alguna consideración sobre el valor social del trabajo parece anticipar
también al joven Marx.

Bruno desarrolló una concepción cinética de los entes geométricos, qué luego Newton
retomó. Mostró que un punto en movimiento describe una línea, que una línea genera
una superficie, y esta un volumen. Interesado en las relaciones entre los conceptos de
finito e infinito, Bruno consideró un procedimiento general de límite basado en la
construcción de sucesiones de figuras geométricas semejantes, el gnomon, ilustrado en
la parte iconográfica de su obra.

El pensamiento del Nolano abarcó desde la cosmología a la geometría, desde la


mnemotécnica a la magia y desde la metafísica a la moral. En uno de sus diálogos
morales, Los heroicos furores, el mito de Acteón juega un papel central. Según este
relato, el cazador Acteón sorprendió a Diana desnuda en el baño rodeada de sus ninfas,
y la diosa de la naturaleza, ofendida, lo transformó en ciervo, haciendo que sus propios
perros lo devorasen. Para Bruno, el mito es una alegoría de la búsqueda de la sabiduría.
El cazador busca la verdad en el mundo, y al distinguir la divina desnudez de Diana, se
descubre como parte consciente de la infinita naturaleza. Encuentra dentro de sí la
verdad que buscaba fuera. Se ve transformado de cazador a presa. Desgarrado por sus
pensamientos heroicos y anhelantes, renace a una vida extraordinaria de saber y
conocimiento.

Consciente de desempeñar una misión histórica de mensajero de la verdad, Giordano


Bruno quiso regresar a Italia, confiando en la liberalidad de la República de Venecia.
Fue traicionado y encarcelado por la Inquisición. Llevado a Roma, fue condenado y el
17 de febrero de 1600 quemado vivo en el Campo de' Fiori, con la lengua atada para
que no pudiera hablar al público mientras era conducido a la hoguera. Hoy una estatua
recuerda en ese lugar su figura.

Franco Ventriglia es profesor de la Universidad 'Federico II' de Nápoles y miembro del


INFN, Sección de Nápoles. Traducción: Alberto Ibort y Fernando Lledó (UC3M-
ICMAT)

Las tres gracias de Rubens son cuarks


Un libro invita a contemplar las obras del Museo del
Prado a través de los ojos de la ciencia
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Sergio C. Fanjul
Madrid 3 MAY 2018 - 09:03 CEST
Ver fotogalería 'Las tres Gracias' (1635), de Rubens.

Las tres gracias son cuarks. Al menos eso se puede ver en la representación de Rubens
(de 1635) que se expone en el Museo del Prado: bailan muy juntas, unidas por unas
leves gasas, cada una con el cabello de un color. Los cuarks, según la teoría física
actualmente aceptada, el Modelo Estándar, son los componentes fundamentales de otras
partículas como el protón. Se reúnen de tres en tres, fuertemente unidos y pueden ser de
diferentes colores (como las melenas de las Gracias). Tres cuarks forman un protón. Así,
las tres Gracias, pueden ser, también, un protón.

Quien ve esta curiosa analogía científica es el matemático y novelista José David de la


Fuente, que ha pasado tres años paseando por el Museo del Prado y tratando de
encontrar la ciencia dentro de los cuadros. Y ciencia de altos vuelos: Relatividad,
Mecánica Cuántica, Física de Partículas… A veces, como se ve, de manera muy
imaginativa. “Se suelen enseñar la ciencia y el arte como elementos inconexos”, dice De
la Fuente, “yo pretendo tender puentes entre ambos campos”.

Por ejemplo, en El Lavatorio (1547) de Tintoretto se encuentra la contracción


einsteniana del espacio y en El rapto de Helena (1579), del mismo autor, en vez de una
batalla entre troyanos y espartanos, De la Fuente ve una lucha entre terrícolas y
alienígenas procedentes de un planeta cuántico donde la incertidumbre de Heisenberg se
percibe a nivel macroscópico. “Hay que fijarse en esos caballos que se desdoblan, en
esa masa de cuerpos borrosos que se despliega al fondo”, indica el profesor. Algunos
ciervos, los del cuadro Cacería en el castillo de Torgau en honor a Fernando I (1545),
de Lucas Cranach el Viejo, producen con su movimiento en las aguas revueltas algo así
como la representación del espacio tiempo curvo que Einstein desarrolla en la Teoría de
la Relatividad General: la masa hace que el espacio tiempo se deforme y los sucesos
muy violentos pueden crear ondas gravitacionales.

“Fra Angelico no lo sabía, pero en La Anunciación, de 1426, estaba adelantando alguno


de los conceptos einstenianos”, dice el profesor. Uno de los experimentos mentales
claves en el desarrollo conceptual de Einstein fue imaginar cómo sería ir montado en un
rayo de luz. “Fra Angelico representa el Espíritu Santo como una paloma sobre un rayo
de luz”, dice De la Fuente, “además, al viajar a la velocidad de la luz la masa de los
cuerpos se transforma totalmente en energía: como el Espíritu Santo”. Si bien se mira,
todo encaja.

Después de jubilarse de sus clases, el matemático convirtió al museo en algo así como
su “segunda casa”. Y de sus expediciones por sus salas ha salido el libro Diálogos en el
Prado sobre ciencia y arte, publicado por la Consejería de Educación, Juventud y
Deporte de la Comunidad de Madrid, que se puede descargar gratuitamente de Internet.
Especialmente dedicado a los jóvenes (y a cualquier persona que no tenga
conocimientos científicos), en él reproduce el género del diálogo que conduce al
conocimiento, siguiendo la tradición de los Diálogos de Platón o el Diálogo sobre los
dos máximos sistemas del mundo, de Galileo. En este caso, el profesor dialoga con su
joven nieta.

Además de las grandes teorías de la Física moderna, el autor se fija en la precisa forma
de representar la luz y las sombras que se ve en el cuadro Santa Bárbara (1438) de
Robert Campin, en los pliegues las técnicas de superposición de figuras que produce la
imagen tridimensional en El descendimiento (1443) de Van Der Weyden o en la
presencia de las ideas creacionistas en El jardín de la delicias (1515) de El Bosco que,
además, en su trasera muestra una grisalla con una representación ptolemaica, es decir,
geocéntrica, del Universo.
“Hay gente a la que le puede parecer prosaico o extraño buscar la ciencia dentro de estas
obras, pero otro de mis propósitos es mostrar que la belleza no solo se encuentra en el
arte y las Humanidades”, dice el autor. Como ejemplifica, para algunos matemáticos
como Paul Dirac, la belleza también era importante a la hora de encontrar ecuaciones
físicas (una ecuación bella es la que tiene sencillez, simetría, etcétera). “Quien sepa
conjugar la belleza plástica con la intelectual conseguirá disfrutar mucho más del Museo
del Prado”.

En la sala de las atormentadas Pinturas Negras de Goya, El perro semihundido (1823),


misterioso, mira, hacia ningún sitio desde una entidad extraña que lo engulle
irremediablemente. “¡Qué forma más bella y enigmática de representar un agujero
negro!”, concluye De la Fuente.

Daniel Ortega debe marcharse


Nicaragua vive en un clima de inestabilidad que no
favorece ni al país ni a la región
2 MAY 2018 - 00:00 CEST

Las protestas sociales que comenzaron el pasado 18 de abril en Nicaragua se extienden


cada vez más y desafían abiertamente la continuidad de Daniel Ortega, en el poder
desde 2007. Antes, ya lo estuvo entre 1981 y 1990.

Este fin de semana, cientos de miles de nicaragüenses tomaron las calles. Ya no se


trataba de la exigencia de que el presidente diera marcha atrás y retirara una
controvertida reforma del sistema de Seguridad Social, cosa que solo aceptó hacer tras
una sangrienta represión por parte de la policía y grupos paramilitares afines al
sandinismo que se saldó con decenas de muertos. Ahora se trata de pedir democracia,
justicia y respeto a los derechos humanos, necesidades elementales que en la Nicaragua
de Daniel Ortega brillan por su ausencia.

Desde que regresó al poder en 2007, Ortega ha gobernado mediante decreto y con mano
dura, forjando una alianza con el sector privado, acallando a los críticos y desarrollando
una gestión populista. Una buena prueba de la amplitud del rechazo que genera el
Gobierno sandinista es la heterogeneidad de quienes expresan su descontento. Aunque
la manifestación fue convocada por los obispos, la secundaron masivamente colectivos
feministas y homosexuales, organizaciones de campesinos y familiares de víctimas en la
represión en los pasados días, entre otros grupos.

El hostigamiento gubernamental ha afectado de lleno a los medios. El diario La Prensa


y la revista Confidencial —ambos, opositores— han denunciado ataques contra sus
web. Por su parte, hackers afiliados a Anonymous han bloqueado El 19 Digital, la
publicación en la que Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua y mujer de Ortega,
lee el parte diario sobre el trabajo del Ejecutivo.
Los nicaragüenses no se merecen vivir más tiempo bajo la crueldad, la corrupción y la
opresión que representa Ortega. Es ya hora de que renuncie y dé paso a una democracia
de verdad.

Miente más que parpadea


El fiscal especial Mueller va estrechando lentamente el
cerco alrededor de Trump
3 MAY 2018 - 00:00 CEST

La verdad y el presidente no siempre se han llevado bien. Más bien al contrario. Entre
los inquilinos de la Casa Blanca, bastan los ejemplos de las mentiras de Nixon y
Clinton, amenazados ambos por el impeachment. A Bush padre le destruyó una promesa
incumplida: “Lean mis labios, nada de nuevos impuestos”. Al hijo, la mentira de las
armas de destrucción masiva que le sirvió para invadir Irak.

La contribución del actual presidente no tiene parangón. Trump y la verdad son


incompatibles. Miente más que parpadea, como dice el célebre verso del coplista, y de
ahí el peligro del largo interrogatorio sobre las interferencias rusas en la campaña
presidencial al que pretende someterle el fiscal especial Robert Mueller. Sus abogados
saben que cuantas más preguntas se le formulen más alta será la probabilidad de que le
cacen en una mentira.

Del interés de los abogados por conocer los propósitos del fiscal especial han salido 49
preguntas, a cual más peligrosa para alguien con dificultades para trazar una línea clara
entre la realidad y sus fantasías. Versan sobre tres personajes y un tema común a todos
ellos como son las interferencias rusas. Son su primer y efímero consejero nacional de
Seguridad, Michael Flynn, destituido por mentir sobre sus contactos con los rusos; el
fiscal general Jeff Sessions, que también tuvo contactos con ellos y se recusó como
fiscal general para no verse obligado a dimitir; y el exdirector del FBI James Comey,
que estaba investigándolos y fue destituido por el presidente.

Las 49 preguntas ofrecen por primera vez una idea de la amplitud de la investigación
sobre la colusión entre la campaña de Trump y los intereses de Moscú, así como los
esfuerzos por ocultarla desde el Despacho Oval. Ninguna de ellas se responde con un
monosílabo, sino que exigen explicaciones en las que fácilmente tropezará un personaje
tan propenso a la tergiversación y a la autoindulgencia. Su propósito es transparente: se
trata de averiguar si se ha producido una obstrucción de la acción de la justicia por parte
del presidente, la cuestión que condujo a Nixon y Clinton al borde de la destitución.

La mayor ironía del cuestionario, al que ha accedido The New York Times por una fuente
desconocida, es que lo ha redactado uno de los abogados de Trump, tras reunirse con los
investigadores del fiscal especial. El abogado quería conocer el alcance de los intereses
de Mueller para disuadir a Trump de que aceptara el interrogatorio, tal como quería el
presidente, inexplicablemente seguro de su inocencia y de su capacidad persuasiva.
Mueller no tiene cargos contra Trump, al menos de momento, pero ya ha manifestado su
intención de interrogarle, emitiendo si hace falta una citación judicial para que
comparezca ante un gran jurado, algo que los abogados presidenciales intentarán evitar
a toda costa y que puede terminar ante el Tribunal Supremo. Con el impeachment en el
horizonte, estas 49 preguntas pesarán permanentemente sobre la presidencia de Trump
mientras no obtengan una respuesta satisfactoria.

Fábrica de naciones
De instrumento de comunicación, el idioma pasa
entonces a ser llave de un poder político ilegítimo
Conéctate
Antonio Elorza
2 MAY 2018 - 00:00 CEST

En una conferencia pronunciada hace años, un inteligente politólogo catalán ya


desaparecido quiso aclarar ante su auditorio alicantino qué era lengua nacional.
Ejemplo, el uso generalizado del catalán, perceptible por cualquier visitante de
Barcelona. Luego el catalán era la lengua nacional. Al poco añadió: I ara com estem a
Alacant vaig a parlar en català. Es decir, daba lo mismo que el catalán fuese
minoritario en Alicante: al pertenecer a los Países Catalanes la prioridad del catalán
como idioma nacional debía quedar asegurada.

En ese sentido, cabe admitir que existe un riesgo político y cultural no desdeñable ante
estrategias tendentes a invertir la situación vigente en España de pluralismo lingüístico
jerarquizado. Durante la Transición, el argumento para Cataluña era que la
“normalización lingüística”, la preeminencia del idioma llamado propio, facilitaría la
integración democrática al compensar el desgaste sufrido bajo el franquismo. Hoy
vemos que no ha sido así y que el resultado consistió en la acentuación de las distancias
culturales y políticas, empujando al enfrentamiento con España. Cuando la presión
periférica sobre el tema se intensifica en el País Valenciano, Baleares, e incluso en
Asturias, conviene abordar el tema, y no precisamente en blanco y negro.

La primera falacia a desterrar es que cualquier canalización normativa de tal presión


supone un retorno al franquismo. Más bien se trataría de adecuación al entorno europeo.
El ejemplo catalán prueba que el riesgo no reside en fomentar y cooficializar una lengua
propia, sino en autorizar que se ponga en marcha un proceso de desplazamiento
normativo del español. Titular en dos idiomas, ningún problema; sancionar a quien no
use la llamada lengua propia, u otorgarle prioridad absoluta, no. Es el caso del catalán y
los médicos en Baleares; como mérito, bien; garantía de monopolio por exclusión,
inaceptable. En un tiempo de difícil acceso al mercado de trabajo, semejante
exclusividad sirve solo para cercenar los derechos del conjunto de los trabajadores e ir
constituyendo una elite autóctona que por propio interés se orienta a asentar una
identidad política excluyente sobre tal privilegio.
De instrumento de comunicación, el idioma pasa entonces a ser llave de un poder
político ilegítimo al socavar el principio de igualdad entre los ciudadanos. En suma,
construya quienquiera su nación, pero como proceso endógeno, no frente a un Estado
democrático, respetuoso del pluralismo. Sí a la plurinacionalidad existente, incluido
pleno esporpolle (bable) de los rasgos culturales propios; no la ampliada hasta la
disgregación. Sería necesario que el PSOE reflexionase sobre eso tras el tremendo
resbalón del Estatut y su marasmo actual, y que el PP y Ciudadanos percibieran que la
salida no está en una nueva centralización, sino en el federalismo.

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