La tragedia de la familia Rufino
La tragedia de la familia Rufino
Los Rufino eran una familia adinerada de Pedro Martínez, un pequeño pueblo de
agricultores del interior de Granada. Tenían ganado, tierras y una tienda de ultramarinos
que regentaba la madre. La hija mayor, María Francisca, era su ojito derecho. Tocaba el
acordeón y vestía bonitos trajes bordados. Su asesinato en 1904, a manos de un joven
albañil que intentó violarla, sumió en la oscuridad a sus padres y cinco hermanos.
Vestidos de negro, se encerraron para siempre en casa y cortaron casi todos los lazos
con el mundo exterior.
Enclaustrados, sin televisor, fueron ajenos a dos golpes de Estado, una guerra civil, la
represión de la dictadura, la muerte del caudillo, la llegada de la democracia y el fracaso
rotundo de España en el único mundial de fútbol que ha organizado. Ignoraron el
tiempo en el que les tocó vivir. El reloj de sus vidas se había parado en el instante en el
que María Francisca había muerto desangrada, a los 16 años de edad, en un sofá de
madera tallado con motivos florales.
El asesinato fue el punto de quiebre de sus vidas. “Vivieron ese trauma y culparon al
mundo. Perdieron la fe en la humanidad”, dice Antoñito intentando descifrar el misterio
de su encierro. Este soltero preocupado por preservar las tradiciones de un entorno rural
sin empleo y cada vez más deshabitado, fue durante cuatro décadas secretario del
Ayuntamiento y fuma tabaco negro con elegancia, lo que le emparenta con otros
paisanos como García Lorca.
Él se ocupó de comprarles comida y partir leña para que no pasaran frío. La casa estaba
en mal estado y dentro convivían con un mulo, una oveja y una cabrilla ciega (“parece
que la estoy viendo”, recuerda). Los hijos de los Rufino apenas se relacionaron nadie y
por supuesto ni se casaron ni tuvieron descendencia. Las pertenencias de valor se las
habían robado los milicianos durante la guerra civil, sin que ellos opusieran ninguna
resistencia, y el ganado y las tierras se las habían quedado los trabajadores a su cargo
que vieron cómo se desentendían de todo. A Antoñito nunca le hablaron del asesinato,
aunque en su día, ochenta años atrás, había tenido eco en la prensa.
Del asesino se sabe más bien poco. No hay rastro de su detención ni condena en los
archivos de la Guardia Civil ni en los juzgados. La creencia general es que fue
condenado a morir en el patíbulo, que más tarde recibió un indulto y que, al salir de
prisión, vivió en Marruecos oculto bajo otra identidad. La vergüenza lo desterró para
siempre.
En el pueblo, casi nadie sabe que en esa cripta sin inscripción, con dos clavos sobre el
cemento, uno por cada puñalada que recibió María Francisca, es la sepultura de la
familia en el cementerio. Es un lugar tan anónimo y discreto como fue su paso por la
vida. Cada año, Antoñito arranca las malas hierbas, pinta de negro la verja, de blanco el
sepulcro. Tiene 72 años y dice que, antes de que su tiempo también se acabe, quiere
colocar una placa que diga: “Aquí yacen Los Rufino, dos veces muertos”.
Así fueron los colonizadores de la Florida
española
Una investigación liderada por un académico de
Estados Unidos rescata nombres, detalles y oficios
de miles de habitantes de la península durante tres
siglos
Miami 3 ABR 2018 - 10:24 CEST
La investigación para poner en marcha el archivo digital ha durado dos años con Francis
como investigador principal, aportando el bagaje de la década que ya se había pasado él
trabajando estos materiales, una decena de historiadores fijos o colaboradores –incluido,
desde Asturias, Javier Ángel Cancio-Donlebún Ballvé, descendiente directo del sexto
gobernador de Florida, Gonzalo Méndez de Cancio– y la firma tecnológica española
Edriel Intelligence. Los principales archivos de los que están sacando información son
el de la parroquia de San Agustín (primera ciudad colonial de Estados Unidos, fundada
en Florida en 1565, hoy un atractivo histórico-turístico), el General de Indias en Sevilla,
el de Simancas (Valladolid) y el Histórico Nacional en Madrid, además de otros
particulares como el Jesuíta de Roma –"gran fuente de 1566 a 1572"–.
El mayor hallazgo que han hecho es que el primer matrimonio cristiano del que hay
registro en los Estados Unidos continentales fue entre los españoles Miguel Hernández,
herrero y soldado de Segovia, y Luisa Ábrego, una negra libre que había trabajado de
sirvienta en Jerez de la Frontera. El dato apareció en una pesquisa por supuesta bigamia
instruida por el Santo Oficio de la Inquisición en México en 1575. Ábrego y Hernández
llegaron juntos a Florida en la expedición fundacional de Pedro Menéndez de Avilés
(1565) y se casaron ese mismo año.
Entre los 3.711 colonos que ya están en la base de datos se encuentra una vasta variedad
de oficios. Curioseando por categorías, uno puede por ejemplo dar con siete barberos
españoles, un calafate (el que tapaba las juntas de las maderas de las naves con estopa y
brea para que no entrase agua), seis escribanos, un zapatero, cuatro herreros o diez
carpinteros. En la expedición del capitán Menéndez de Avilés iba hasta un maestro
cervecero.
El doctor Francis quisiera escribir un libro titulado Los diez floridianos del siglo XVI
que me hubiera llevado al pub. Y el número uno en su lista no es un español sino un
portugués llamado Pablos Juan que en 1576 denunció a un gobernador colonial "que le
hizo darle un beso a un perro en el culo", fue expulsado de Florida y reaparece en
documentos de 12 años más tarde en Madrid acusando a las autoridades de Florida de
haber robado el dinero de la corona en ultramar y atribuido el saqueo, para encubrirse,
al temible corsario Francis Drake.
En una época en la que el poder del mundo aún tenía que ver con los océanos conocidos
y las rutas comerciales marítimas, el británico John Harrison se hizo famoso, aunque
no rico, al evitar la sangría de muertes que los naufragios y los barcos perdidos
ocasionaban. Su descubrimiento del funcionamiento de un cronómetro para hallar la
longitud marina y, por tanto, la localización en un punto del planeta junto con la latitud,
le ha permitido pasar a la historia como inventor.
El oficio de carpintero lo vio desde pequeño John Harrison en casa, pero quiso dar un
paso más en el rudimentario trabajo que desempeñaba su padre y se convirtió en
autodidacta. A base de montar y desmontar la maquinaria de los relojes logró ser un
especialista a la vez que se interesó por la música.
Pero su mayor reto no fue montar las maquinarias que previamente desmontaba, sino
inventar el cronómetro marino que permitía a un barco conocer con precisión su
longitud en el mar. El Parlamento británico había convertido a principios del siglo
XVIII en un problema nacional la pérdida y el naufragio de tantos barcos y, por este
motivo, ofreció 20.000 libras a la primera persona que encontrara una solución.
John Harrison nació en Foulby, cerca de Wakefield, West Yorkshire (Reino Unido), un
3 de abril, de 1693. El carpintero y relojero pasó a ser mundialmente famoso por
inventar el cronómetro marino que permitía a un barco conocer con precisión su
longitud en el mar (posición en el acceso este-oeste) y su descubrimiento fue
fundamental en el desarrollo de la navegación a larga distancia, que tomó un nuevo
impuso en el siglo XVIII.
Pocos detalles se conocen, sin embargo, de sus primeros años de vida. Era el mayor de
cinco hermanos y, al parecer, durante un ataque de viruela a los seis años de edad que le
obligó a permanecer en la cama una temporada fue cuando comenzó a indagar y diseñar
mecanismos de relojería. Aunque no se destacan hechos significativos en su vida como
carpintero en sus primeros 30 años, sí se sabe que acabó su primer reloj de péndulo en
1713, antes de cumplir 20 años. Este primer reloj, es una incógnita al intentar
comprender cómo pudo afrontar semejante proyecto con sus conocimientos, así que solo
su capacidad autodidacta de aprendizaje lo explicaría. El reloj puede verse hoy en una
vitrina del museo del Excelentísimo Gremio de Relojeros en Guildhall (Londres), que
tiene de singular que fue construido íntegramente en madera de roble y boj, algo que
Harrison repitió después con otros dos relojes de madera en los años 1715 y 1717.
Cuando tenía 25 años se casó con una joven 10 años menor, con quien tuvo su primer
hijo, aunque al cumplir el niño siete años su mujer enfermó y falleció poco después.
Apenas medio año después volvió a contraer matrimonio y tuvo dos hijos más. Pero la
desgracia de su primer matrimonio continuó con el fallecimiento de su primer hijo
cuando cumplió 18 años.
Aunque empezó a destacar por sus dotes creativas, Harrison nunca tuvo habilidades
sociales y el trato con otras personas se convirtió en una gran barrera, así que fue
ayudado por George Graham y Edmond Halley para conseguir financiación y apoyo
para sus proyectos.
Su invento más importante fue encontrar una solución al problema de la longitud. Desde
muchos años antes se buscaba una solución a poder conocer la posición de longitud de
un barco. Se hicieron numerosos intentos, pero ninguno tuvo éxito. La capacidad de
saber la longitud era esencial para la navegación segura de los navíos, y el problema se
consideró tan importante que el Parlamento ofreció una recompensa de 20.000 libras
esterlinas a la primera persona que proporcionara una solución al grave problema. El
propio sir Isaac Newton había mostrado sus dudas de que se pudiera crear ese
dispositivo.
Su hallazgo, sin embargo, no fue suficiente para lograr el premio que ofrecía el
Parlamento británico, ya que requería un uso en rutas transatlánticas. Por este motivo,
en los años siguientes construyó diferentes versiones que lograron mejorar el diseño.
Algunas modificaciones tenían que ver con los balances circulares, que no se veían
afectados por la acción de balanceo del mar, y así fue como sus siguientes modelos, H2
y H3, vieron la luz, aunque nunca alcanzaron el éxito del primero, por lo que alrededor
de 1750 Harrison abandonó su ambicioso proyecto y comenzó a trabajar en un reloj
marino más pequeño.
Incorporando elementos de otros relojes construidos por Thomas Judge, John Harrison
desarrolló un nuevo modelo avanzado y más compacto de reloj marino, el H4. Aunque
tardó otros seis años en construirse, Harrison pudo probar con éxito que al usar este
reloj la longitud podía medirse con mayor precisión aún. En la primera prueba en una
ruta a Jamaica realizada por su hijo, su reloj marino resultó ser muy preciso, con solo
5,1 segundos de retraso, aunque el jurado del Parlamento británico siguió sin concederle
el perseguido premio económico argumentando que el resultado podría deberse a la
buena suerte.
Harrison tuvo que hacer otras pruebas, y mientras tanto, surgió un nuevo reloj, el H5.
Una vez más, resultó ser preciso y más manejable que los modelos anteriores, pero
nuevamente el Parlamento se mostró reacio a concederle el premio. Al final, con la
ayuda del rey Jorge III y cuando ya había cumplido 80 años le otorgaron 8.750 libras en
concepto de premio, pero el galardón íntegro nunca fue otorgado a nadie.
El trabajo al que dedicó toda su vida John Harrison se vio completado después de años
de arduo trabajo para mejorar el diseño y sus buenos resultados permitieron que pronto
se extendiera su uso. De hecho, el famoso capitán James Cook, por ejemplo, utilizó una
copia del H4, ya que a pesar de su alto coste, los relojes marinos demostraron ser muy
útiles para una navegación más segura.
A juzgar por los documentos relacionados con su testamento y con la venta de su propia
colección, Rubens consideraba sus bocetos pintados como algo diferente de sus dibujos
y probablemente también de sus pinturas. En sus últimas voluntades, redactadas el 27 de
mayo de 1640, se estipula que sus dibujos no debían venderse como el resto de su obra,
sino guardarse por si alguno de sus herederos en el futuro decidiera ser artista. Esa
cláusula no incluía los bocetos pintados, que salieron a la venta con el resto de su
colección a finales de 1640.
Los bocetos de Rubens no son esencialmente distintos del resto de sus pinturas. La
acción dramática y la intensidad emocional que encontramos en ellos, productos de la
prodigiosa imaginación del artista y del toque de su pincel, concuerdan plenamente con
lo que esperamos de él. Estos dibujos no nos acercan más que otras obras suyas al
misterio de su genio creativo. Nacen del mismo impulso, y su energía es producto del
mismo manejo del pincel. Y sin embargo, tienen algo de singular.
Esta respuesta al arte y a las imágenes explica la atracción de los bocetos de Rubens.
Aunque son obras terminadas, dan la impresión de no estarlo, de ser productos en los
que el pintor aún está trabajando. Ante estos dibujos asumimos el papel de creadores e
intentamos, instintivamente, terminarlos.
Este texto es un extracto de uno de los textos que forman parte de la publicación que
acompaña a la exposición del Museo del Prado, Rubens. Pintor de bocetos, del que son
autores Friso Lammertse y Alejandro Vergara.
Alrededor de la exposición
Para estudiar los números primos, los matemáticos extraen números enteros de una tabla
virtual tras otra, hasta dejar solo los primos. Este procedimiento de criba produjo tablas
de millones de primos en el siglo XIX. En la actualidad, permite a los ordenadores
encontrar miles de millones de números primos en menos de un segundo. Pero la idea
fundamental de la criba permanece inmutable desde hace más de 2.000 años.
“Un número primo es aquel que solo es medido por la unidad”, escribía el matemático
Euclides en el año 300 a. C. Esto significa que los números primos no son divisibles
entre ningún número menor que ellos, excepto 1. Por convención, los matemáticos no
cuentan el 1 como número primo.
Si bien Euclides demostró que los números primos son infinitos, la historia indica que
fue Eratóstenes quien nos aportó la criba que permite hallarlos con rapidez. Esta es la
idea de la criba. Primero, filtramos los múltiplos de 2, luego de 3, de 5 y de 7, los cuatro
primeros números primos. Si lo hacemos con todos los números del 2 al 100, solo
quedarán números primos. Con ocho pasos de filtrado, podemos aislar los números
primos hasta 400. Con 168 pasos de filtrado, podemos aislar primos hasta 1 millón. Esa
es la capacidad de la criba de Eratóstenes.
Tablas y tablas
Una de las primeras figuras en el listado de primos fue John Pell, un matemático inglés
que se dedicó a crear tablas de números útiles. Su motivación era resolver problemas
aritméticos antiguos planteados por Diofanto, pero también un objetivo personal de
organizar verdades matemáticas. Gracias a sus esfuerzos, a principios del siglo xviii
circulaban ya los números primos hasta 100.000. En 1800, distintos proyectos
independientes habían hallado ya los primos hasta 1 millón.
Para automatizar los tediosos pasos de criba, un matemático alemán llamado Carl
Friedrich Hindenburg utilizó deslizadores ajustables para eliminar de inmediato
múltiplos en toda una página de una tabla. Otro método poco tecnológico pero eficaz
empleaba plantillas para localizar los múltiplos. A mediados del siglo XIX, el
matemático Jakob Kulik se había embarcado en un ambicioso proyecto para encontrar
todos los números primos hasta 100 millones.
Estos “grandes datos” del siglo XIX podrían haber servido solo como tabla de
referencia si Carl Friedrich Gauss no hubiera decidido analizar los números primos por
sí mismos. Armado con una lista de primos hasta 3 millones, Gauss empezó a contarlos,
de “chiliada” (grupos de 1.000 unidades) en chiliada. Contó los primos que hay hasta
1.000, después entre 1.000 y 2.000, después entre 2.000 y 3.000 y así sucesivamente.
Gauss descubrió que, a medida que aumentan los números, la frecuencia de los primos
desciende de acuerdo con una ley de “logaritmo inverso”. La ley de Gauss no muestra
con exactitud cuántos primos hay, pero ofrece un cálculo bastante bueno. Por ejemplo,
su ley predice la existencia de 72 primos entre 1.000.000 y 1.001.000. La cifra correcta
es de 75, un error de aproximadamente el 4%.
Hace unos años, dos teóricos de números de Stanford, Robert Lemke Oliver y Kannan
Soundararajan, se sorprendieron al observar peculiaridades en los últimos dígitos de
números primos. Un experimento observaba el último dígito de un primo y el último
dígito del siguiente. Por ejemplo, el número primo que sigue a 23 es 29: vemos un 3 y
después un 9 en sus últimos dígitos. ¿Es la secuencia 3 - 9 entre los últimos dígitos de
los números primos más frecuente que la de 3 - 7?
Los teóricos de números esperaban cierta variación, pero lo que encontraron superó con
creces sus expectativas. Los primos están separados por diferentes intervalos; por
ejemplo, 23 está a seis números de 29. Pero la secuencia de primos terminados en 3 y a
continuación 9, como 23 y 29, es mucho más común que 7 – 3, aunque ambos procedan
de un intervalo de seis.
Que una dieta esté de moda, o que haya numerosos libros que hablen de ella, no
garantiza que dicha dieta sea recomendable. Es difícil saber hasta qué punto la
denominada “paleodieta” está de moda, pero sí sabemos que los libros que abordan este
planteamiento dietético son best sellers. Uno de ellos se titula La dieta paleolítica. La
paleodieta. Lo escribió en 2002 Loren Cordain, un autodenominado experto en
nutrición (se define como “autoridad mundial en dietética y nutrición”). Como una de
las claves para detectar si un libro es desaconsejable es localizar graves errores en su
interior, es preciso saber que en el libro de Cordain los errores son más norma que
excepción. Así, no tardaremos en dar con afirmaciones tan descabelladas como estas:
“Te garantizo que te sentirás mejor inmediatamente” (página 50), “Puedes perder 10-
13,5 kg en un año tomando la misma cantidad de alimento que comes y sin hacer
ningún cambio en tus hábitos de ejercicio” (página 81), “La paleodieta es una forma de
comer para toda la vida que normaliza el peso de cualquier persona” (página 91) o “Vas
a descubrir que desaparecen tus problemas digestivos”.
La OMS advierte de que “las dietas ricas en carnes rojas podrían ser responsables de
50.000 muertes por cáncer al año en todo el mundo”
Retomemos ahora la definición que propone el MESH. Expone que esta dieta se basa en
consumir huevos, frutos secos, raíces y hortalizas y frutas frescas, pero también carne.
En el libro de Loren Cordain se aconseja sin titubeos el consumo de “carne roja (vacuno
y cerdo)”, “las asaduras y la carne de animales de caza” (página 122) y se llega a
afirmar que “el principal alimento de la paleodieta es la carne magra” (página 139). Es
momento de recordar que la Organización Mundial de la Salud detalló en octubre de
2015 que “las dietas ricas en carnes rojas podrían ser responsables de 50.000 muertes
por cáncer al año en todo el mundo”. Dos años después, investigadores del Instituto
Nacional del Cáncer de Estados Unidos (National Cancer Institute) evaluaron el efecto
del consumo de carnes rojas y procesadas en una cohorte de 536.969 personas. Su
conclusión fue la siguiente: “Los resultados muestran una asociación entre el consumo
de carnes rojas, tanto sin procesar como procesadas, y un mayor riesgo de mortalidad
por todas las causas".
¿Hay estudios sobre la paleodieta? Los hay, pero de ninguna manera sustentan lo que
proponen los libros centrados en esta propuesta o lo que prometen los falsos gurús que
la defienden. La práctica totalidad de tales estudios han consistido en seguimientos a
corto plazo de grupos pequeños de individuos, lo que impide extrapolar sus resultados a
la población general. Uno de ellos, llevado a cabo en setenta mujeres con obesidad
(media de edad, 60 años) constató ciertos beneficios, pero la mayoría de ellos
desaparecieron a los 24 meses de seguimiento. Además, la adherencia a la dieta, un
factor determinante en el control de peso corporal, fue baja en el grupo de mujeres que
siguió la paleodieta. Un año después, la revista American Journal of Clinical Nutrition
publicó una revisión que parecía dar credibilidad a los defensores de la paleodieta. Sin
embargo, en septiembre de 2016, los doctores Tanis y Carol J. Fenton evaluaron dicha
revisión y justificaron que sus conclusiones no son más que “tergiversaciones” de la
ciencia de la nutrición.
Desde que los humanos pudimos mirar al cielo, nos asombramos de su belleza y sus
incontables misterios. Naturalmente, a menudo se describe la astronomía como la más
antigua de las ciencias, una inspiración para los humanos desde hace miles de años. Las
pinturas rupestres prehistóricas reflejan fenómenos celestes. Y monumentos como las
grandes pirámides de Guiza y Stonehenge parecen alinearse con precisión con los
puntos cardinales o con los puntos del horizonte por los que salen o se ponen la luna, el
sol o las estrellas.
Hoy en día parece que tenemos dificultades para imaginar cómo pudieron los antiguos
construir y orientar dichas estructuras. Esto ha hecho que surgiesen muchas
suposiciones. Algunos insinúan que los pueblos prehistóricos debían de tener
conocimientos matemáticos y científicos para hacerlo, mientras que otros llegan incluso
a conjeturar que a lo mejor unos visitantes alienígenas les enseñaron a hacerlo.
¿Pero qué sabemos en realidad acerca de cómo entendían los humanos del pasado el
cielo y cómo desarrollaron una cosmología? Una disciplina científica denominada
“arqueoastronomía” o “astronomía cultural”, nacida en la década de 1970, empieza a
aportar ideas. Esta materia combina diversas áreas especializadas, como la astronomía,
la arqueología, la antropología y la etnoastronomía.
Métodos simplistas
¿Pero cómo sabían eso los egipcios? No hace mucho, Glen Dash, un ingeniero que
estudia estas pirámides, planteaba una teoría. Se basa en el antiguo método del “círculo
indio”, que solo necesita una vara que proyecte una sombra y una cuerda para establecer
una dirección este-oeste. Subraya que, basándose simplemente en su simplicidad, este es
un método que pudo haber sido utilizado para las pirámides.
Tenemos que entender que nunca habrá una única explicación o respuesta a cómo pudo
alinearse o utilizarse un monumento
Modo de avanzar
De igual modo, se han ofrecido mejores ideas para Stonehenge. Un estudio de 2001
halló extraños círculos de madera cerca del monumento, y planteó que tal vez
representasen a los vivos mientras que las rocas representarían a los muertos. Prácticas
similares se observan en monumentos hallados en Madagascar, lo que da a entender que
quizá fuese una manera corriente entre los prehistóricos de pensar en los vivos y en los
muertos. También ofrece una forma interesante y nueva de observar Stonehenge en
medio del paisaje circundante. Otros han interpretado que este monumento, en especial
su avenida, marca el tránsito ritual por el inframundo con vistas de la luna en el
horizonte.
La astronomía cultural también ha contribuido a arrojar luz sobre las tumbas de corredor
–un tipo de tumba compuesta por una cámara de piedras conectadas y una entrada larga
y estrecha– de 6.000 años de antigüedad estudiadas en Portugal. El arqueólogo Fabio
Silva ha demostrado que la vista desde el interior de las tumbas enmarca el punto del
horizonte en el que Aldebarán se eleva sobre una cadena montañosa. Esto podría
significar que fueron construidas para permitir ver la estrella desde el interior, ya fuese a
muertos o a vivos, posiblemente como ritual de iniciación.
Pero Silva también recopiló pruebas más amplias. La cadena montañosa enmarcada era
el lugar al que los constructores de las tumbas debían de emigrar con su ganado en el
verano. La estrella Aldebarán se eleva aquí en el horizonte por primera vez en el año —
el conocido como orto heliaco— al comienzo de esta migración. Es interesante que el
folclore antiguo hable también de un pastor de esta zona que divisó una estrella tan
brillante que iluminaba las montañas. Al llegar allí, decidió darles a las montañas y a su
perro el nombre de la estrella; ambos nombres siguen existiendo en la actualidad.
Pero aunque es fácil asumir que los prehistóricos eran astrónomos analíticos con
grandes conocimientos científicos, es importante recordar que esto solo refleja nuestra
visión moderna de la astronomía. Los hallazgos de la astronomía cultural demuestran
que las personas del pasado observaban de hecho el cielo e incorporaban lo que veían a
muchos aspectos de su vida. Aunque sigue habiendo muchos misterios que rodean el
significado y los orígenes de las estructuras antiguas, un enfoque basado en el estudio
de tantos campos como sea posible, incluso experiencias, y con un significado atractivo
probablemente sea nuestra mejor apuesta para descubrir para qué se utilizaron en
tiempos pasados.
Durante milenios, los seres humanos se creyeron el centro del universo, el pueblo
elegido que había heredado la Tierra. Después, el relato comenzó a cambiar. Las teorías
evolutivas mostraron que compartíamos ancestros con todos los animales que pueblan el
planeta y los astrónomos nos colocaron en las afueras de una galaxia entre miles de
millones. Pero los científicos, que no sienten aversión hacia el ego humano sino más
bien al contrario, tras sacarnos del centro de la creación han intentado entender qué nos
separa del resto de los seres vivos, qué nos hace especiales.
Nuestra reacción ante la muerte parece uno de esos rasgos. Hay otros animales que se
lamentan cuando muere alguien cercano, que se consuelan y que saben que lo sucedido
es irreversible. Pero ninguno honra a sus muertos con los complejos rituales humanos.
Por ahora, además de nuestra especie, solo los neandertales parecen gozar (o sufrir) de
la capacidad de abstracción y previsión suficiente para asumir su mortalidad y la de sus
congéneres y actuar con la solemnidad que demanda ese conocimiento.
Los primeros en hablar de rituales funerarios más allá de los Homo sapiens fueron los
hermanos Jean y Amédée Bouyssonie, dos curas católicos que en 1908 descubrieron los
restos de un neandertal de hace 50.000 años en la cueva de La Chapelle-aux-Saints, en
Francia. Según los Bouyssonie, la posición fetal del cuerpo y las herramientas que lo
acompañaban en la zanja donde lo encontraron apuntaban a un entierro intencionado.
Abundando en la especulación, sugerían que los autores de aquel ritual tenían capacidad
simbólica y creían en una vida después de la muerte. La condición sacerdotal de los
hermanos y las dudas sobre sus técnicas de excavación hicieron que otros científicos de
mayor prestigio desdeñaran sus hipótesis. Sin embargo, un artículo publicado en 2013
en la revista PNAS sugería que, como mínimo, los parientes de aquel viejo neandertal lo
enterraron intencionalmente y con cuidado.
En 1908, dos curas católicos encontraron los restos de un neandertal al que, según ellos,
habían enterrado de acuerdo a creencias en el más allá
A principios del siglo pasado, los neandertales aún eran vistos como brutos, ajenos a las
glorias intelectuales de la humanidad. Desde entonces, los hallazgos arqueológicos los
han revelado como una especie muy cercana a la nuestra a la que se atribuye incluso la
primera obra de arte de la historia. Por el momento, los únicos animales capaces de
realizar algo parecido a lo que consideraríamos un funeral son los humanos y
neandertales de los últimos 100.000 años.
El caso del yacimiento sudafricano es aún más sorprendente. Los heidelbergensis están
en la línea de ancestros directos de los neandertales y su cráneo ya tiene un gran
tamaño. El caso del Homo naledi, la especie encontrada en Rising Star, es muy distinto.
Poseía un cráneo de solo 500 centímetros cúbicos, menos de la mitad que un
heidelbergensis. De hecho, antes de datar los restos con precisión, sus características
anatómicas hicieron pensar que vivieron hace dos millones de años. La datación reveló
que pese a algunas características supuestamente primitivas, existieron hace menos de
300.000 años, mucho después de la muerte de los humanos encontrados en la Sima de
los Huesos.
Para llegar hasta la cámara donde se hallaron los huesos era necesario recorrer 80
metros de cueva, trepar por una pared y descender por una angosta grieta. Un trayecto
en tinieblas que parece el único por el que los huesos de aquellos ancianos, adultos y
niños llegaron hasta allí. Además, ninguno tiene signos de haber sido devorado por
algún animal, como sí sucede en el yacimiento burgalés.
“Lo que el estudio sí ha puesto de relieve sin ambigüedad es que la interpretación actual
del equipo de Atapuerca de que la Sima es una acumulación antrópica con mínimo
impacto de carnívoros hay que recharzarla. El estudio muestra que o bien es natural o si
es antrópica ha sufrido una alteración de carnívoros considerable lo cual obliga a
plantear qué carnívoro ha sido ya que los osos normalmente casi no modifican los
huesos”, concluye Domínguez Rodrigo que considera que “la evidencia no permite
asegurar que ninguna de las dos acumulaciones haya sido realizada por homínidos” y
harán falta estudios más exhaustivos para confirmar que cualquiera de esas especies
tenía una conciencia de la mortalidad similar a la nuestra.
José María Bermúdez de Castro, codirector de los yacimientos de Atapuerca, considera
que el hecho de que fuesen los propios heidelbergensis los que depositasen en la sima
los cadáveres está fuera de duda. “Otra cosa es que se discuta si lo hicieron con una
intención ritual, como hicieron los neandertales o hacemos nosotros”, añade. “A mí no
me extrañaría en absoluto que lo hiciesen, porque son casi neandertales”, continúa. Por
otra parte, Bermúdez de Castro lamenta que los autores hayan escrito su artículo sin
visitar Atapuerca. “Para escribir un artículo científico hay que visitar los yacimientos.
Estos autores no conocen el yacimiento y eso es bochornoso”, afirma.
A falta de nuevos hallazgos que relacionen a estas especies que vivieron hace más de
300.000 años con comportamientos simbólicos, aunque se pueda afirmar con cierta
confianza que fueron humanos los que arrojaron a sus congéneres a aquellos pozos,
seguirá siendo difícil asegurar que lo hacían como parte de un ritual para facilitar su
paso al otro mundo o aliviar a los que quedaban en este. Como recordaba Frans de Waal
en un artículo sobre el tema, si animales como los chimpancés se asentasen durante
mucho tiempo en el mismo lugar, pronto se darían cuenta de que los cadáveres atraen a
depredadores peligrosos. “No excedería en absoluto la capacidad mental del simio
resolver el problema cubriendo los cadáveres malolientes o quitándolos de en medio”,
escribía. Pero más allá de eso, por ahora solo podemos asegurar que hay dos especies
conscientes de que todos vamos a morir.
Entre sus aportaciones destacan los teoremas sobre las llamadas singularidades, en
colaboración con el físico matemático Roger Penrose. A partir de estos trabajos, las
singularidades pasaron a ser una parte integral de la teoría de la relatividad general. El
concepto de singularidad es complejo y admite varias versiones. En los teoremas de
Hawking, que el espacio-tiempo contenga una singularidad equivale a decir que es
(geodésicamente) incompleto. La geodésica es la generalización del concepto de línea
recta para espacios curvos. Por ejemplo, en el caso de la superficie de una esfera, las
geodésicas son los segmentos de las circunferencias máximas. En el universo relativista,
la luz sigue siempre trayectorias geodésicas. Que el espacio-tiempo sea singular, quiere
decir que al seguir la trayectoria de la luz, llega un momento en el que desaparece de
forma abrupta.
Los teoremas de Hawking y Penrose afirman que las singularidades aparecen de forma
habitual tanto en cosmología, es decir, en la descripción del universo en su conjunto,
como a la hora de describir objetos compactos como son las estrellas. En concreto, sus
trabajos sirvieron para cimentar la teoría de los agujeros negros y del Big Bang, ambos
ejemplos de singularidades. Las partículas que entran en un agujero negro desaparecen
para nosotros, y algo parecido ocurre en el Big Bang, con el tiempo invertido: si
seguimos una partícula yendo hacia al pasado, acercándose a ese momento primigenio
del universo, llega un momento en el que desaparece.
Las ecuaciones que describen los agujeros negros y el Big Bang son consecuencia de la
teoría de la relatividad general, que estaba respaldada desde el principio por
experimentos; sin embargo, estas ideas fueron tratadas durante mucho tiempo como un
invento de ciencia ficción. Las objeciones provenían, en parte, de su carácter tan
extraño, contra intuitivo, que dificultaba imaginarlas: los agujeros negros son objetos
que absorben cualquier cosa, incluso la luz; y el Big Bang establece que el universo
estuvo contraído a un tamaño muchísimo más pequeño que el de una canica.
Además, algunos físicos argumentaban que los modelos eran demasiado simples y, por
lo tanto, poco realistas. Aseguraban que, si se partiese de condiciones más generales, se
vería que eran consecuencia de la simplificación. Por ejemplo, para obtener las
ecuaciones de los agujeros negros se imponía la hipótesis de que fuesen objetos
completamente esféricos, aunque esta perfección no existe en la realidad. En el modelo
cosmológico del Big Bang se partía de un universo homogéneo e isótropo (igual en
todas las direcciones), cosa que sólo es cierta de forma aproximada.
La petición de Aristóteles
Si los dioses te concedieran un deseo y quisieras
beneficiar a toda la humanidad, ¿qué les pedirías?
185
Conéctate
Carlo Frabetti
30 MAR 2018 - 12:05 CEST
Puesto que una falacia es un argumento que parece válido pero no lo es, el concepto es
necesariamente impreciso, ya que incluye algo tan subjetivo y dependiente de las
circunstancias como el “parecer”; no es extraño, por tanto, que el tema haya suscitado
un amplio -y a veces acalorado- debate (300 comentarios en el momento de escribir
estas líneas).
Betty Boop (ver comentario 105 de la semana pasada) sugiere una jocosa recalificación
de algunas falacias clásicas:
Falacia "post hoc ergo propter hoc" (o falacia catalana): Las empresas se van por el 155.
Falacia "ad hominem" (o falacia del "cuñao"): Si lo dice tu hermano, es una tontería.
(En muchos sitios se considera un método científico porque casi siempre es cierta).
Falacia "ceteris paribus" (o falacia del economista): Si bajan los tipos, sube la bolsa.
Falacia "ad ignorantiam" (o falacia legal): Uno es inocente hasta que se demuestre lo
contrario.
Con respecto a la “falacia legal”, habría que matizar que la presunción de inocencia
obliga, sí, a tratar a alguien como si fuera inocente mientras no se demuestre lo
contrario; pero, ironías aparte, ser inocente y ser tratado como inocente no son
exactamente lo mismo. (En esta línea, tal vez convenga aclarar, para no correr el riesgo
de herir susceptibilidades, que no estoy de acuerdo con todas las valoraciones implícitas
en los ejemplos de BB; pero me parecen muy acertados como ilustración jocosa de los
distintos tipos de falacia: como solemos decir los italianos, “Se non è vero, è ben
trovato”).
¿Te parece acertada la petición de Aristóteles? ¿Qué les pedirías tú a los dioses para
beneficiar a la humanidad?
Nunca los pensionistas han estado mejor que ahora, ni en términos absolutos ni por
comparación con el resto de la población. En los años de la crisis, la renta media de los
pensionistas se ha situado por encima de la renta media del resto de la población, cosa
que nunca había ocurrido antes. En estos mismos años, la pobreza de los pensionistas ha
venido a menos mientras la pobreza del resto de la población iba a más, llegando esta a
doblar la de los pensionistas.
Las pensiones de jubilación pueden verse como transferencias de los que están en
situación de trabajar (potencialmente activos) a los que no lo están, la mayor parte por
su edad. Los que piden una subida general de las pensiones están diciendo que los
pensionistas tienen derecho a más y los potencialmente activos, a menos. ¿Es esto así?
Consideremos primero la cuestión de derecho (¿cuánto debe transferirse?) y luego la
cuestión de hecho (¿cuánto se está transfiriendo?).
¿Cuánto deberían recibir los retirados de los potencialmente activos? Como punto de
partida, parece razonable estipular que los dos grupos tienen derecho al mismo nivel de
vida, y que, por tanto, las pensiones deberían igualar la renta media de unos y otros. No
solo es este un criterio razonable, sino que se aproxima mucho a lo que ocurre en
Europa, nuestro modelo habitual.
Y bien, ¿qué encontramos? A mediados de los años noventa, en la Europa de los Quince
las personas mayores de 64 años tenían una renta media igual al 87% de la renta de las
personas entre 16 y 64 años; en Reino Unido esa cifra era del 73%; en Finlandia, del
82%; en Alemania, del 90%. Hace unos diez años, justo antes de la crisis, en el conjunto
de la zona euro la renta media de los mayores también equivalía al 87% de la renta de
los de 16 a 64 años; en Reino Unido la razón era del 75%; en Finlandia, del 74%; en
Alemania, del 87%. En 2015 (último año para el que hay datos), las cifras han cambiado
a 96% en la zona euro, a 86% en Reino Unido, al 86% en Finlandia y al 85% en
Alemania. Es decir, durante los últimos veinte años parece haber dominado en Europa el
criterio de que los maduros cumplen con transferir a los mayores una renta algo menor
que la suya.
¿Se aparta más España del criterio de igualdad que Europa? Las mismas tablas de
Eurostat nos lo dicen. En 1996 la renta de los mayores de 65 años era el 92% de la renta
de maduros, por encima de la media europea. Desde entonces, ¿ha habido cambios
perjudiciales para los pensionistas? En los años siguientes hasta 2007, es decir, en el
período de mayor crecimiento económico, la renta media de los maduros aumentó más
que la renta media de los mayores, reduciendo la ratio entre ambas al 85%, más o menos
en la media de la zona euro. Durante los años de crisis la renta media de los mayores se
ha mantenido constante, mientras la renta de los maduros ha descendido, quedando
incluso un poco por debajo; para 2015, las cifras exactas que da Eurostat son 16.086
euros por cada mayor de 64 y 15.842 por cada persona entre 16 y 64 años. Es decir,
aproximadamente una razón de uno a uno.
Para completar el panorama, podemos tener en cuenta a los menores de 16 años; durante
todo el período que va de 1996 a 2015, la renta disponible de los estos jóvenes se ha
mantenido en torno al 90% de renta de los maduros y en 2015 era un 10% inferior a la
renta de los mayores.
Los mayores de 64 reciben 16.086 euros al año. La media de las personas activas es de
15.842
Puede objetarse que los pensionistas no protestan por el nivel medio, sino por la
desigualdad, y en particular por las pensiones más bajas. Pues bien, es sabido que la
desigualdad entre los pensionistas es menor que entre la población potencialmente
activa. Ello se debe a que hay menos pensionistas ricos, pero también a que hay menos
pensionistas pobres.
Veamos otra vez los datos de Eurostat, que muestran las siguientes tasas de pobreza
relativa (por debajo del 60% de la mediana) por edades. Entre 16 y 64 años: 18% a
mediados de los años noventa, 17% a mediados de la década pasada, 23% en los años
posteriores a la crisis. Para la población mayor de 65 años: 16% a mediados de los años
noventa, 29% en los años anteriores a la crisis, 12% en los años tras la crisis. El 23% es
la tasa de pobreza más alta de los últimos veinte años para los potencialmente activos y
el 12% la más baja para los retirados. Exactamente al contrario ocurrió antes de la crisis,
cuando las tasas de pobreza de los jubilados llegaron al 29%. En cuanto a los menores
de 16 años, su riesgo de pobreza estuvo en torno al 25% desde los años noventa a la
crisis, pero con esta subió al 29%, tan alta como la de los mayores de 64 en sus peores
momentos.
A nadie se le ocurrió pedir más para los pensionistas en los momentos en que su
situación relativa empeoraba (los de la burbuja); quizás fuera porque al compararse
consigo mismos sentían que iban mejor, sin importarles que a los jóvenes les fuera
mejor todavía. Pero justo cuando su poder adquisitivo medio es más o menos igual que
el de los activos y hay entre estos muchos más pobres, los pensionistas llenan las
grandes avenidas reclamándoles más. Parecen bastante egoístas, pero también debe de
haber ingenuos que se dejan manipular por demagogos. A estos, a los demagogos, les
corresponde una mayor responsabilidad por el desatino, pues saben, o deberían saber,
que si la renta relativa de los pensionistas empeora cuando las cosas van bien y mejora
cuando van mal es porque los gobiernos protegen las pensiones del ciclo económico. Y
saben también que eso mismo es lo que harían ellos si gobernaran.
Los pensionistas han quedado al margen de la crisis; deberían esperar un tiempo hasta
beneficiarse del crecimiento. Podrían esperar, por ejemplo, hasta que los niños los
igualen en rentas medias y en tasas de pobreza.
El valor de la constante de estructura fina que comunican los autores del artículo es tan
preciso que la incertidumbre no se manifiesta hasta el décimo decimal. El resultado es
comparable a medir la longitud del Gran Cañón con la precisión del grosor de un
cabello humano. Sus resultados desafían los límites de la física conocida y tal vez nos
proporcionen una pista de qué hay más allá.
El resultado es comparable a medir la longitud del Gran Cañón con la precisión del
grosor de un cabello humano
Por ejemplo, esta medición puede servir para comprobar la existencia de la materia
oscura, la misteriosa sustancia responsable del 27% de la masa y la energía del universo
que, según se cree, rodea las galaxias. Varios físicos sostienen la teoría de que es posible
que la materia oscura interactúe con los fotones oscuros, la versión de la luz de la
materia oscura. Si los fotones oscuros existen, los experimentos tal vez arrojen un valor
de la constante de estructura fina diferente del esperado.
Según Holger Müller, investigador principal y coautor del trabajo, los fotones oscuros
rastreados en su experimento deberían de interactuar con las partículas de materia
oscura. El investigador afirma que el fotón oscuro es “una partícula mensajera capaz de
entenderse tanto con la materia oscura como con la materia convencional”. Si los
fotones oscuros son reales, cabe la posibilidad de que proporcionen el primer indicio de
la existencia de la materia oscura.
La técnica que hace posible estas mediciones precisas se llama interferometría de ondas
de materia. Hace tiempo que los físicos saben que la materia –como, por ejemplo, los
átomos– puede comportarse como una ola. El equipo de Müller puede manipular esas
ondas de materia y conseguir que interfieran entre sí de manera parecida a las ondas en
un estanque. Cuando, en su experimento, los átomos de cesio caen, sus ondas de materia
interfieren. La interferencia revela y refuerza determinadas propiedades sutiles de los
átomos. En este caso se utilizó para comprobar el retroceso del cesio tras haber sido
bombardeado con fotones.
Trabajamos de manera que lográsemos entender todas las sorpresas hasta que dejaban
de serlo
Desde el pasado día 21 de marzo, la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) ha sido
objeto de numerosas informaciones, muchas de ellas relacionadas con hechos de una
gravedad extrema, que repercuten directa y negativamente en el prestigio y la
reputación de nuestra institución.
Son muchos los que han aprovechado esta circunstancia en beneficio de sus propios
intereses y batallas, y en contra de la propia Universidad, olvidando a menudo que
somos un centro educativo y de conocimiento y no una arena política donde dirimir sus
diferencias.
Como Universidad y desde nuestras capacidades y recursos, durante las últimas
semanas, hemos actuado con eficiencia, rigurosidad y energía para erradicar
irregularidades que nunca deberían haber pasado en un centro educativo, y por las que,
en nombre de la URJC, pedimos disculpas a la comunidad educativa y a la sociedad, en
general.
Reconozco que resulta muy doloroso ver cómo unas actuaciones circunscritas en un
centro determinado y con unos implicados muy concretos dañan el buen hacer de toda la
URJC, cuando esta institución, en su gran mayoría, trabaja diariamente ajena a esa triste
realidad y lo hace con la mayor honestidad y profesionalidad posible. Está fuera de duda
la honorabilidad de la inmensa mayoría del profesorado, del personal de administración
y servicios de los centros de esta Universidad y por supuesto de sus estudiantes.
Se han cometido errores en estos días, no somos infalibles, pero se han tomado todas las
decisiones posibles que estaban en la mano del equipo de Gobierno de la Universidad
para poner punto y final a la peor situación vivida en nuestra historia reciente. Y es
posible que en el proceso de llegar hasta donde sea necesario, se detecten o se conozcan
nuevas irregularidades o incidencias y, ante ello, ya ha quedado suficientemente claro
que no vamos a desistir en nuestro empeño de erradicarlas.
Para nosotros, lo sucedido queda encauzado por las soluciones planteadas: Traslado a la
fiscalía de todas las irregularidades detectadas, intervención del Instituto afectado por
los casos detectados, apertura de expedientes disciplinarios a las personas implicadas e
inicio de auditorías contables y académicas en todos los institutos y centros propios de
la Universidad.
Aunque los medios de comunicación y una parte importante de la sociedad nos solicita
la retirada del título de la alumna Cristina Cifuentes Cuencas, tengo que insistir en que
este proceso no puede iniciarse hasta que se pronuncien los órganos judiciales. No
tengan ninguna duda de que, de confirmarse el delito de falsedad documental,
solicitaremos al Ministerio de Educación su retirada.
La URJC quiere ser y va a ser, desde hoy mismo, referencia en el marco de la ética, la
profesionalidad, la transparencia y el buen hacer. Estamos trabajando para ello, a pesar
de que todos esos acontecimientos fueron originados con anterioridad al actual equipo
de Gobierno, que apenas ha cumplido un año en sus funciones.
Ese va a ser desde hoy nuestro principal objetivo y nuestro día a día.
Quiero manifestar que, a partir de ahora, cualquier nuevo caso de corrupción académica
o económica que descubramos en nuestra Institución, no vamos a considerarla como un
caso más, sino como un caso menos, que nos acerca a la máxima integridad moral.
Doblegar al Estado
Lo ocurrido en Cataluña entre septiembre y octubre no
habría sucedido si los nacionalistas no hubieran
tenido durante décadas poder y recursos públicos
para organizar la sedición y alzarse contra el
Estado al que debían su poder y su lealtad
Conéctate
Santos Juliá
16 ABR 2018 - 00:00 CEST
EDUARDO ESTRADA
Hubo una vez en España una generación, de la que aún quedan (quedamos) algunos
supervivientes, que por haber nacido poco antes, durante o poco después de la Guerra
Civil fue bautizada como la de los niños, luego hijos, de la guerra. Algunos hermanos
mayores de esa generación, los nacidos entre 1930 y 1939, cuando llegaron a la edad de
la razón política, se presentaron en la escena pública dispuestos a clausurar la guerra de
sus padres y abuelos calificándola, en un manifiesto elaborado en Barcelona, de “inútil
matanza fratricida”. Lo hicieron reclamando no una nación verdadera, formada por un
solo pueblo, sino un Estado democrático, garante de las libertades que con la victoria de
los rebeldes habían quedado destrozadas.
Fue, por esa razón, y contando desde principios del siglo XIX, la primera generación de
españoles más preocupada por el Estado que por la nación, quizá porque la identificada
como nación española única y verdadera había sido secuestrada por los vencedores; o
tal vez porque la libertad importaba más, infinitamente más, en los años cincuenta o
sesenta que la identidad española o que el sentimiento de pertenencia a cualquiera de las
posibles Españas.
No hay más que leer los manifiestos con que fueron sembrando su paso por la política y
la sociedad de aquellos años para percibir que a esa generación, o a sus miembros
políticamente más activos, les traía mayormente sin cuidado la nación española, que
para nada aparecía en sus protestas y reivindicaciones.
Esa generación, al ir alcanzado lo que Ortega llamó la mitad del camino de la vida, los
treinta años más o menos, encontró en Cataluña el espejo en que mirarse, pues fue allí
donde más avanzado iba el proyecto de Estado al que aspiraba. En Cataluña era, en
efecto, desde finales de los años sesenta, donde las mesas redondas en las que se
sentaban desde comunistas hasta católicos, pasando por nacionalistas de izquierda y
derecha e incluyendo a socialistas y liberales, marcaban el camino hacia un encuentro
de todas las fuerzas políticas que pudiera plasmarse en un programa de acción firmado
por partidos y sindicatos de todo tipo y procedencia.
Allí fue donde germinó y donde más adelantada estaba la convicción de que a la
dictadura solo podría sustituirla un pacto entre demócratas, al modo en que surgió la
Assemblea de Catalunya. Cataluña y pacto con vistas a la construcción de un Estado
español democrático que garantizara las libertades individuales y colectivas y la
autonomía de todos los pueblos, regiones o nacionalidades de España eran, a nuestra
mirada, una y la misma cosa.
Es dramático que unos jueces alemanes no vean un delito equivalente a la alta traición
Este fue el proyecto que acabó triunfando en los duros años de lo que, con toda razón y
basado en lo que ya era una larga tradición, llamamos transición a la democracia. Fue
un pacto en el que los catalanes —comunistas, socialistas, nacionalistas, democristianos,
liberales— desempeñaron un papel fundamental. Las voces de Jordi Pujol, Jordi Solé
Tura, Joan Reventós, Miquel Roca o Anton Cañellas, y hasta Heribert Barrera, además
de sostener ese pacto, fueron las de sus más fervientes —pues algo de fervor había en
sus discursos— defensores. Por un momento, pareció como si la ya vieja aspiración de
Pere Bosch Gimpera, la de concebir España como una comunidad de pueblos en la que
catalanes, vascos y gallegos, pero también castellanos, andaluces, manchegos y todos
los demás aparecieran fraternalmente unidos, estuviera a punto de convertirse en
realidad.
Agua pasada no mueve molinos, se podrá decir. Y así es. Pero tampoco tiene por qué
bloquearlos ni destruirlos. Los molinos allí pueden quedar, señalando parte del camino
que hemos recorrido hasta llegar…, hasta llegar ¿adónde? A unos aciagos días de
septiembre y octubre, 40 años después, cuando en un Parlamento en el que habían
alcanzado una escueta mayoría de escaños sostenidos en una minoría de votos, los
nacionalistas catalanes quebrantaron gravemente el pacto que habían sellado, rompiendo
con su propio pasado, que era el pasado de todos, y siguiendo la peor tradición política
española, se pronunciaron por la independencia violando la Constitución que habían
sellado y el Estatuto de Autonomía que les había permitido gobernar legítimamente
durante 40 años.
Último hasta que otro poder del Estado, el Parlamento catalán, añadió a la figura del
pronunciamiento un carácter civil. Esta es la alta traición al Estado, a su propia historia
y a más de la mitad del pueblo catalán, al que dicen representar, por la que habrán de ser
juzgados por un tribunal civil los nacionalistas catalanes que la cometieron y no
consiguieron con su acción doblegar al Estado.
Inquilinos desahuciados
El encarecimiento del alquiler obliga a aumentar la
oferta de pisos en arriendo para frenar la escalada
de desahucios
20 ABR 2018 - 00:00 CEST
En la última década se han multiplicado las noticias científicas sobre ellos y todas van
en un mismo sentido: no son, ni de lejos, tan brutos como los habíamos imaginado
desde que, a mediados del siglo XIX, empezaron a aparecer cráneos que correspondían
a una especie humana cercana, pero claramente distinta de nosotros, los homo sapiens.
Ahora sabemos que compartimos una parte de nuestros genes con ellos —entre un 2 y
un 4%, tal vez más—, que disponían de un lenguaje, que se medicaban, que cuidaban de
los enfermos y los ancianos, que manejaban una tecnología muy avanzada y, desde hace
unos meses, gracias a unas nuevas dataciones, que habían construido un pensamiento
simbólico, ya que dejaron dibujos geométricos en unas cuantas grutas españolas.
En este caso, vestida por Agnes B, con una revista femenina en la mano, esta joven
neandertal muestra una amplia sonrisa, una melena pelirroja, los ojos grandes y claros y
el rostro muy blanco, lleno de pecas —no hay que olvidar que los neandertales son una
especie que evolucionó en Europa: tenían la tez tremendamente blanca, nosotros en
cambio, los sapiens, veníamos de África y nuestra tez era oscura—. Es una persona muy
cercana, pero diferente, porque los neandertales tenían, por ejemplo, una nariz mucho
más grande y la frente hacia atrás. Preguntada sobre ella por una radio francesa que
estaba haciendo un reportaje sobre la exposición, una niña sonrió y respondió: “No es
fea”.
Otro malentendido -en personas formadas e informadas en otros ámbitos, por otro lado-
es utilizar como sinónimos palabras como psicótico, psicópata, esquizofrénico,
psiquiátrico… La relevancia clínica y social de estos trastornos exige que clarifiquemos
estos conceptos y combatamos los mitos y las tergiversaciones. A esto no contribuye el
diccionario de la RAE que considera que psicosis, en su primera acepción, significa
“enfermedad mental” (demasiado general), aunque luego especifica: “enfermedad
mental caracterizada por delirios y alucinaciones, como la esquizofrenia o la paranoia”.
Otras definiciones, como la del diccionario Webster´s hacen referencia a la “pérdida de
contacto con la realidad” (el núcleo de la psicosis) y a la frecuente aparición de
alucinaciones y delirios. Efectivamente, los trastornos psicóticos son un grupo de
enfermedades que cursan con alucinaciones (es decir, percepciones sin objeto, falsas
percepciones), delirios (creencias falsas mantenidas con una convicción total a pesar de
la evidencia contraria o la argumentación lógica, que invaden y dominan al sujeto) y/o
lo que llamamos desorganización del pensamiento, es decir, pérdida de la capacidad
para estructurar las ideas, mantener una conexión significativa lógica entre ellas.
Esto se entiende mejor con un caso clínico, de los muchos que vemos en la consulta. F.,
un chico joven, de unos 18 años, por lo demás completamente normal, comienza, en el
curso de unos meses, a cambiar su manera habitual de comportarse: deja de ir a clase, se
sale del equipo de baloncesto, pasa mucho tiempo encerrado en su habitación, bien
conectado a Internet o leyendo libros y revistas de temas singulares, en concreto sobre
la vida extraterrestre y el más allá; fuma secretamente porros, porque -según él- es “lo
único que le calma”; los padres le notan retraído, huidizo, irritable, “como cambiado”.
Sus escasas conversaciones empiezan a girar invariablemente sobre asuntos
“filosóficos”, abstractos, que los padres no llegan a entender. En su discurso, parece que
todo lo que ocurre en el mundo hace referencia a él: la gente le mira por la calle, le hace
gestos, los antiguos amigos le mandan mensajes indirectos a través de Internet o TV, los
libros de su habitación le desvelan poco a poco un poderoso complot contra su persona.
Un día confiesa a su asustada madre que escucha voces en su cabeza que le insultan y
atormentan. Cada vez se siente más en peligro porque de todas partes le llegan mensajes
amenazantes, y su sensación de soledad e indefensión es absoluta. No puede dormir, no
puede comer ante el miedo a ser envenenado, no puede estudiar ni hacer deporte ni salir
con sus amigos, cree ser grabado con cámaras de vídeo colocadas en su casa, se siente
parte de una pesadilla espantosa de la que no puede salir y en la que no puede confiar en
nadie. No considera estar enfermo, porque ¿cómo puede uno dudar de su representación
de la realidad? Si oye voces (no las imagina, no las recuerda: las oye), si siente que le
persiguen (no se imagina, no fantasea, no cree: lo siente, lo sabe), si todo esto le está
pasando, ¿cómo va a ser esto una enfermedad, que vaya a mejorar con un tratamiento?
El caso es que F. tiene un episodio psicótico, y hay que estudiarlo, descartar causas
médicas o tóxicas (el cannabis podría tener algo que ver, seguramente como
desencadenante), evaluar el tipo de psicosis que tiene y tratarlo. Tratarlo significa
fundamentalmente ofrecerle una ayuda, una confianza y una esperanza, transmitiéndole
que esa pesadilla puede remitir. Tratar significa acompañarlo, garantizar su seguridad,
favorecer su red de apoyo personal en este momento crítico. Y, junto a esto, de forma
imprescindible, corregir el desequilibrio bioquímico que está favoreciendo estos
síntomas tan aterradores. Afortunadamente tenemos herramientas farmacológicas para
combatir eficazmente los delirios, las alucinaciones y la desorganización del
pensamiento. Utilizaremos las dosis mínimas eficaces (no las mega-dosis de antaño) y
durante los tiempos que marcan las guías Internacionales de práctica clínica, en la fase
aguda y posteriormente, para prevenir recaídas, dado que la recurrencia en los trastornos
psicóticos es muy alta. En la mayoría de casos como el de F., al cabo de unas semanas,
el paciente estará mejor y podrá reiniciar, progresivamente y con ayuda, sus proyectos
vitales. Algunos de estos trastornos psicóticos evolucionan a una esquizofrenia,
enfermedad grave que cursa con recaídas y, entremedias, lo que llamamos síntomas
negativos (desmotivación, apatía, aplanamiento afectivo…), pero otros tendrán una
evolución distinta, hacia un curso más esporádico o benigno. En todos los casos será
decisiva la ayuda familiar, social y profesional, y la participación activa del paciente en
la gestión de su caso, con un solo objetivo: la recuperación funcional.
Pero para ello, antes es necesario que la psicosis salga del rincón oscuro del
desconocimiento y el miedo. Que se conozcan estos trastornos, se sepa que la inmensa
mayoría de los pacientes psicóticos no son violentos ni peligrosos (es evidente que
merecen más nuestra empatía que nuestro miedo), que se sepa que además de sus
síntomas tienen que soportar el rechazo y la discriminación. Que se difunda que estos
trastornos tienen tratamiento efectivo (farmacológico y psicosocial), que es posible la
integración y que la sociedad -como ha empezado a hacer con los pacientes depresivos-,
algún día, se tomará en serio apoyar a chicos como F. y a sus familias.
Todas las especies que habitan en el planeta Tierra tienen un antepasado común. La
evolución fue dando lugar a diferentes especies, siguiendo caminos a veces misteriosos.
Aunque la historia evolutiva de algunos grupos de especies es conocida, quedan por
determinar las relaciones de miles de ellas. El genoma es una de las herramientas
empleadas para enfrentar este reto, en un campo llamado filogenética, en el que
colaboran biólogos, estadísticos, matemáticos e informáticos.
El objetivo final de esta disciplina sería poder describir todas las relaciones entre
cualquier conjunto concreto de especies, a través de un esquema llamado árbol
filogenético. En este diagrama las hojas representan las especies actuales; la raíz, el
ancestro común a todas esas especies; los nodos, las especies ancestrales; y la división
de ramas, la creación de especies. Por ejemplo, al considerar el gorila, el chimpancé y el
humano, hay sólo tres árboles filogenéticos que podrían explicar su evolución: el que
presenta al gorila y al chimpancé como especies más cercanas (con un ancestro común),
el que une al gorila y humano y el que junta chimpancé y humano, como muestra la
figura.
Ejem
plo de árbol filogenético de gorila, humano y chimpancé marta casanellas
A partir del genoma de las especies actuales se intenta deducir qué configuración, entre
todos los posibles árboles, parece la más apropiada. Como no disponemos del genoma
de las especies ancestrales, se emplean modelos de evolución de las secuencias de ADN
a lo largo del árbol. Los parámetros de estos modelos, que desconocemos, son las
probabilidades de mutación de las secuencias a lo largo del proceso evolutivo en cada
rama. A partir de los datos genómicos de las especies actuales, se escoge el árbol y los
parámetros que maximizan la probabilidad de observar los genomas de las especies
actuales. Este proceso de optimización necesita gran cantidad de datos (secuencias de
ADN muy largas); como esto no siempre es posible, la inferencia está sujeta a error.
Pero, además, este método solo se puede emplear para estudiar grupos de menos de
veinte especies, ya que el número de árboles filogenéticos va aumentando de forma
exponencial según el número de especies a estudiar. Para tres, sólo hay tres posibles
configuraciones, como ya hemos visto. Pero cuando se añade una nueva especie, se
obtiene un total de quince árboles filogenéticos posibles, y para 50 especies, se obtienen
alrededor de 3x1076 posibilidades (este número no está muy lejos del número estimado
de partículas del universo). Este crecimiento de las opciones hace inviable inferir el
árbol comprobando todos los árboles posibles. Una forma de inferir el árbol de un grupo
grande de especies es usar la aglomeración de árboles más pequeños. Este método tiene
sus problemas, ya que las piezas pequeñas pueden ser incompatibles entre ellas.
Alternativamente, también se puede construir directamente un árbol estimando la
distancia evolutiva entre las especies, es decir, estimando la cantidad de mutaciones que
han sufrido durante la evolución. A partir de aquí se escoge el árbol que minimiza la
distancia evolutiva total entre las especies del árbol.
Recientemente han surgido técnicas que se enmarcan dentro de una nueva disciplina
llamada estadística algebraica. Estas herramientas están basadas en el estudio algebraico
de los modelos de evolución y permitirían la inferencia del árbol filogenético sin tener
que estimar las probabilidades de mutación del ADN. Estos métodos están en sus
primeros pasos de desarrollo, son válidos de momento para reconstruir árboles con un
número pequeño de especies y hay que adaptarlos a los métodos de aglomeración para
poder construir árboles mayores y usarlos con datos reales del genoma. Pero hasta ahora
han dado buenos resultados en datos simulados y ya se han implementado en alguno de
los paquetes de software más usados por los biólogos.
Todos estos esfuerzos en el avance de la filogenética no sólo son útiles para entender la
historia evolutiva y, por ejemplo, determinar en qué momento se separaron dos grupos
de especies, sino que las mismas herramientas se emplean también en genómica (para
determinar elementos funcionales del genoma), en biomedicina (por ejemplo, para
determinar el origen de cepas de virus) e incluso en lingüística.
Tamayo Acosta (Amusco. Palencia. 1946) recuerda que este mes se cumplen cincuenta
años de su actividad docente, desde que comenzó en 1968 en la Escuela de Artes y
Oficios de Palencia, hasta la protocolaria Ultima lectio (Ultima lección) de ayer en la
Carlos III. Por el camino, deja medio centenar de libros fundamentales para entender el
pensamiento religioso contemporáneo (más otras 25 publicaciones colectivas
promovidas por él mismo: “Tengo más libros que años”, ironiza), muchos de ellos
traducidos al italiano, portugués, francés, inglés, árabe, polaco y alemán, además de
incontables artículos de investigación en revistas de filosofía, teología y ciencias
sociales. También impulsó con lo más granado de la teología española la Asociación de
Teólogos y Teólogas Juan XXIII, de la que es secretario general, y enseña como
profesor invitado en las mejores universidades de Europa, América Latina, Estados
Unidos y África. Es, sin duda, un teólogo famoso, como sus editores constatan cada año
por las ventas de sus libros en varios países.
Cuando comenzó a escribir esta lección jubilar, en realidad un mero ritual académico
pues continua como profesor emérito, a Tamayo le vino a la memoria un texto escrito
por un autor hebreo entre los siglos IV y III antes de la era común y recogido en la
Biblia judía con el título Palabras de Qohélet, hijo de David, rey de Jerusalén (en la
biblia cristiana, el Eclesiastés). En realidad, Qohélet no es un nombre propio, sino el
que habla en la asamblea, el Predicador. Se abre con la famosa proclamación: “Vanidad
de vanidades, y todo vanidad” (en griego Mataiotes mataiotetos, kai panta mataiotes), y
transmite el pesimismo que más tarde predica el cristianismo romano al definir el
mundo como un valle de lágrimas.
Esto afirma Tamayo: “El libro transmite una filosofía pesimista, subraya la negatividad
de la historia, rechaza el presente y llama la atención sobre la vacuidad del bienestar. Es
una de las primeras obras que cultiva la distopía como género literario y como actitud
ante la vida, para quien la fe-confianza en Dios todopoderoso constituye una alternativa
imposible”.
Pero la utopía vive hoy horas bajas. Sostiene Tamayo: “No parece que sean estos
tiempos propicios para la utopía. Quizá ningún otro tiempo lo haya sido, como tampoco
lo serán los tiempos venideros. Es posible sea ese su estado propio: no el buen lugar,
sino el no-lugar, al que hace referencia el neologismo creado por Tomás Moro: u-topía
(no-lugar), el tener que nadar contracorriente y ascender cuesta arriba con el viento de
cara. Así lo tradujo Francisco de Quevedo en el prólogo a la primera edición castellana
en 1637: no ai tal lugar”.
Calificar hoy a una persona de utópica no es, precisamente, un halago, y menos aún el
reconocimiento de un valor o de una cualidad encomiable. “Muy al contrario: es una
descalificación en toda regla. Es como llamarla ingenua, no tener sentido de la realidad,
vivir colgada de las nubes sin hacer pie en la realidad, ser una ilusa, y otras lindezas
similares. Las personas y los proyectos utópicos, así como los movimientos sociales
críticos con la globalización neoliberal, las organizaciones alterglobalizadoras que
luchan por otro mundo posible, sufren hoy un clamoroso e inmerecido destierro, similar
al de los poetas en la República de Platón, que eran expulsados de la ciudad ideal
porque eran meros imitadores y no alcanzaban la verdad”.
Tamayo quiere vivir utópicamente, “sin renunciar a los sueños, sobre todo a los sueños
despiertos”. Pese a su fama y prestigio entre los pensadores de todas las religiones, ha
sufrido no pocos disgustos a lo largo de su vida académica. Su primer libro, Iglesia
popular. Por una Iglesia del pueblo, fue secuestrado en 1976 por orden del Tribunal de
Orden Público (TOP). La Conferencia Episcopal Española, entonces un poder fáctico, lo
consideraba insultante pese a no contar más que verdades como puños; y en 2002, la
Pontificia Congregación para la Doctrina de la Fe, que es como se llama ahora el
siniestro Santo Oficio de la Inquisición, y su equivalente en la Conferencia Episcopal
Española, condenaron sin contemplaciones su libro Dios y Jesús. El horizonte religioso
de Jesús de Nazaret.
Desde entonces es oficialmente un hereje, según los obispos, y uno de los teólogos más
famosos, según los cristianos de bases. Pese a su disgusto, pues sigue considerándose un
teólogo católico, creyente y practicante, se toma con ironía la situación. Dice: “Dos
pensadores de orientación religiosa tan divergente como Pablo de Tarso y Ernst Bloch
convienen en la necesidad de la herejía. Interpreto que es la herejía de la esperanza.
Pablo de Tarso afirmaba: "oportet haereses ese”, que suele traducirse como “conviene
que haya disensiones" para que resplandezca la verdad; y Ernst Bloch escribe en el
frontiscipio de su libro El ateísmo en el cristianismo: "Lo mejor de las religiones es que
produce herejes". Efectivamente, así ha sido históricamente: la heterodoxia religiosa en
el terreno doctrinal ha dado lugar a las grandes revoluciones”.
“Ya le toca”, se oye decir en todas partes, sugiriendo que el triunfo de López Obrador,
luego de dos intentos de ganar la presidencia, es cosa de razonable rutina democrática.
Se oye también: “Ha cambiado”. “No hay que hacer caso de lo que dice: se moderará,
una vez en la presidencia”. Entre economistas: “Los mercados ya descontaron el riesgo
de que gane. Su triunfo no traerá un terremoto financiero”. El dicho más socorrido es:
“México no puede estar peor. Necesita una sacudida”.
Lo común a estos modos verbales son las ganas de creer que las elecciones de 2018
serán un acto de turno democrático rutinario, que López Obrador ha cambiado, que la
presidencia lo moderará, que los mercados no se sacudirán con su triunfo y que el país
no debe temer nada, pues no puede estar peor.
Tengo la impresión contraria: el triunfo de López Obrador no será de rutina
democrática, sino de un intento de ruptura histórica; su proyecto y sus palabras prueban
cualquier cosa menos que haya cambiado; la presidencia, lejos de moderarlo, lo
inflamará; la sacudida de los mercados no ha empezado: vendrá con su triunfo, y el país
puede estar peor, mucho peor.
Cuatro de cada diez votantes parecen dispuestos a jugar la baraja del cambio de López
Obrador, sin reparar demasiado en los detalles de su propuesta de ruptura, ni en su
fuerte acento de vuelta al pasado.
El eje del proyecto es desmontar lo hecho desde entonces. A López Obrador le parece
que el Tratado de Libre Comercio con América del Norte ha traído pocas cosas. Que al
país de 120 millones de habitantes lo gobierna una pequeña mafia de políticos y
empresarios. Que la democracia no es confiable, aunque lo haya electo jefe de gobierno
de la Ciudad de México en el año 2000, haya hecho posible que compitiera dos veces
por la presidencia y esté a punto de darle el triunfo en la tercera.
En realidad, nos dice, quiere acabar con el “Estado neoliberal” de las últimas décadas y
volver al “Estado rector” de 1982: un Estado que gobernaba la política, la sociedad, la
economía y que ahora, en la propuesta de López Obrador, intentará también gobernar la
moral, mediante la redacción, por un grupo de sabios y ministros religiosos, de una
“Constitución moral”.
El corazón de aquel “Estado rector” que lo gobernaba todo era un “presidente rector”
que gobernaba todo el Estado. Esos fueron los presidentes y el Estado que terminaron
en 1982, en medio de una crisis mayúscula de legitimidad política y de finanzas
públicas, con un déficit fiscal de 16 puntos del PIB, justamente en el año 1982.
Mucha gente en México cree que las cosas no pueden estar peor. Se equivocan
México pasó la siguiente década sumido en una crisis asfixiante que tomaba lo mejor de
sus ahorros y del valor de su moneda.
El “Estado rector” de aquellos tiempos y sus presidentes todopoderosos no se
disolvieron por la conspiración de los ideólogos neoliberales, sino por sus propias
cuentas de ilegitimidad, corrupción, dispendio, estatismo y abusos presidenciales.
Las cuentas terminaron de saldarse con el advenimiento de la democracia, que jugó a las
carreras con la crisis económica, hasta cruzar la meta de la alternancia en el año 2000.
Todo eso es historia conocida y juzgada para los mexicanos de mi generación, pero no
para López Obrador, que se refiere a la época anterior a 1982 como a la última buena
época de México. Aquella historia tampoco está clara para la mayoría de los mexicanos
que ven hoy en López Obrador el rostro del cambio deseado y se aprestan a votar por él.
Cambiar es el verbo de la hora en México, porque está todo el mundo harto del
Gobierno y de sus muchas horas paralíticas. Pero la definición fundamental es qué clase
de cambio: un cambio como reforma o un cambio como ruptura. La ruptura suena
siempre más atractiva que la reforma, pero es más riesgosa en sus resultados y más
incierta en su ejecución. Los riesgos se minimizan hoy en la opinión pública porque,
como sugerí antes, mucha gente en México cree que las cosas no pueden estar peor. Se
equivocan: pueden estar mucho peor.
La propuesta de López Obrador supone procesos legales y políticos tan complejos que
su ejecución implica mucho tiempo y mucha fricción. En más de un sentido, López
Obrador quiere meterle reversa a un coche que va andando. Su proyecto tiene todos los
rasgos de una utopía regresiva. Literalmente, quiere regresar al año 1982, en el que,
según él, empezó la decadencia neoliberal de México.
Ironías de la historia: después de las mayores reformas con potencial de futuro que haya
pactado la democracia mexicana, los ciudadanos de esa democracia se aprestan a
negarlas y a saltar al pasado.
El gran banquete
¿Cuánto van a tardar las grandes tecnológicas en
fagocitar a la banca o a las energéticas?
Conéctate
Jesús García López
24 ABR 2018 - 00:00 CEST
Las comidas largas crean vidas cortas”, decía Alcofribas Nasier, el escritor que hizo del
humanista francés François Rabelais un anagrama para escapar de la censura del siglo
XVI. Los gigantes tecnológicos empiezan a mostrar un pantagruélico apetito comprador
surgido de la enorme liquidez. Es la embrionaria manufactura producto de la
monetización tras el olvidado fiasco de las [Link] burbuja tecnológica
devino en un fenómeno resiliente y voraz que nos retrotrae a la década de los noventa,
cuando el Nikkei coqueteaba con los 40.000 puntos y los 18 mayores bancos mundiales
eran nipones.
Compañías como Alphabet, Apple, Amazon, Facebook o la china Alibaba tienen una
liquidez que les permitiría adquirir cada año sectores enteros de la economía española
Los nuevos gargantúas del dinero tienen la pituitaria irritada por lo que ven comestible a
su alrededor, pero su dieta consiste en comidas cortas centrando su objetivo en una larga
vida, que diría el visionario Alcofribas. El gran banquete está trufado de empresas
ajenas a estas dentelladas, mientras los monstruos tecnológicos se relamen disfrazados
de jóvenes en camiseta y pantalón corto que juegan al pimpón en sus headquarters
californianos. Ojo a los próximos bocados.
Hace 103 años, los Jóvenes Turcos y su partido político, Comité de Unión y Progreso,
ordenaron el asesinato de toda intelectualidad armenia en Constantinopla. Desarmaron a
los varones, los condujeron a las afueras de la ciudad y los fusilaron. Otros fueron
ahorcados en público. Las mujeres sufrieron violaciones como arma de guerra y toda la
infancia fue enterrada en cunetas.
En enero de 1915 el ministro de Estado fue puesto en aviso desde Jerusalén por De la
Cierva acerca de la preocupante radicalización turca: “la noticia de la supresión de las
Capitulaciones por el Imperio Otomano ha causado un efecto de regocijo entre los
musulmanes y alarma entre los cristianos, cantando y vociferando contra los
extranjeros. Pues en esas manifestaciones existe odio contra los cristianos” (AHN,
Ministerio de Exteriores, Política Turquía 1914-20. Legajo H2702, nº22).
Cónsul en Constantinopla: "Los Jóvenes Turcos dicen que se bastan para vivir y hay que
eliminar a todos los extranjeros: así han acabado con armenios y griegos”
Julián del Arroyo lamentó en telegrama cifrado las consecuencias de La Ley Provisional
“que se acaba de dictar y que va dirigida contra los armenios. Hace temblar a los pobres
interesados de los abusos que augura esa ley en manos de autoridades turcas” (loc. cit.,
nº372). El 31 de mayo de 1915, el Consejo de Ministros Otomano tomó la decisión de
expropiar hogares armenios y confiscar sus bienes para liquidarlos en subasta pública
tras su marcha forzada. Sus casas serían más tarde ocupadas por colonos musulmanes.
Los armenios de Cilicia, la región de Van o Adana que sobrevivieron al terror escaparon
a Ammán, Beirut, Haifa, Jerusalén y a Europa. Se convirtieron en refugiados. Sin
embargo, los topónimos de Alepo, Raqqa, Damasco o Deir ez-Zor son sinónimos de
campos de concentración y aniquilación de población armenia en aquel momento y hoy
aún son urbes bajo fuego.
Del Arroyo se adelantó en lo relativo a los armenios, pero también predijo la eterna
desfragmentación de Oriente Próximo debido al fanatismo: “en distintas ocasiones he
llamado la atención sobre xenofobia y arrogancia de estos Jóvenes Turcos. Dicen que se
bastan para vivir y hay que eliminar a todos los extranjeros: así han acabado con
armenios y griegos”(loc. cit., nº458).
Sin premeditación no hay genocidio. Los Jóvenes Turcos tuvieron sus planificadores:
Ahmed Jemal (ministro de Marina y Gobernador de Siria), Ismael Enver (ministro de
Guerra) y Mehmet Talaat (ministro de Interior). En marzo de 1916, el Gobierno español
leyó: “Aún sigue la persecución a pesar de las unánimes protestas de todos los países. Y
nada de extraño será que, si los asuntos no se desarrollan a completa satisfacción de los
Jóvenes Turcos, se vuelva a decretar la matanza y exterminio de los armenios que aún
quedan con vida. El gobierno obtuvo el completo resultado de su plan: que era el de
asesinar a unos dos millones y medio que existían en Turquía” (loc. cit., nº153).
Investigaciones como ésta pretenden que España sea un actor internacional con
responsabilidad moral más que penal
Del Arroyo se entera tres semanas más tarde de que Talaat mantendrá dentro de
fronteras turcas a Komitas Vardapet por ser un notable músico. El final de la carta
concluye: “Sabía que mi petición no sería atendida, tanto por miedo a que ese erudito
pudiera narrar la verdad de los horrores y crímenes que se han cometido contra los
armenios como porque quieren tenerles de rehenes para poder saciar algún día el odio
que les tienen”.
Alberto López
Madrid 30 ABR 2018 - 19:34 CEST
El genio hecho a sí mismo. Johann Carl Friedrich Gauss fue un niño prodigio que
nació en una familia humilde y de padres analfabetos pero que fue autodidacta para
aprender a leer y llegar a ser conocido como “el príncipe de los matemáticos” y
reconocido por sus coetáneos como el “matemático más grande desde la antigüedad”.
Así de simple es la definición de Carl Friedrich Gauss, que comparte el olimpo de los
elegidos en las ciencias con Arquímedes, Newton, Euler… y pocos más.
Los profesores de Gauss vieron en él un don para las matemáticas, así que hablaron con
sus padres para que recibiera clases complementarias. Cuando apenas tenía 10 años
Johann Carl Friedrich Gauss ya había descubierto dos métodos para calcular raíces
cuadradas de números de 50 cifras decimales y hasta encontró pequeños errores en
tablas logarítmicas que cayeron en sus manos.
Fue recomendado al duque de Brunswick por sus profesores y éste le subvencionó sus
estudios secundarios y universitarios. Con 11 años ingresó en la escuela secundaria,
donde aprendió, sobre todo, cultura clásica. No descuidó, sin embargo, su formación
matemática, que continuó con clases particulares y la lectura de libros. Allí conoció al
matemático Martin Bartels, que fue su profesor. Ambos estudiaron juntos, se apoyaron y
se ayudaron para descifrar y entender los manuales que tenían sobre álgebra y análisis
elemental.
Nadie dudaba de que Gauss en ese momento ya tenía suficientes conocimientos como
para haberse graduado, así que en 1795 dejó el centro habiendo hecho tantas
matemáticas como para terminar una carrera, pero lo hizo para ingresar en la
Universidad de Göttingen, posiblemente por la gran biblioteca matemática que poseía.
Dos años tan intensos en Göttingen le bastaron para darse cuenta de que ya nadie podía
hacerle avanzar allí, por lo que regresó a su casa en Brunswick para escribir su tesis
doctoral. Una investigación que presentó en 1799 y que versó sobre el teorema
fundamental del álgebra, que establece que toda ecuación algebraica de coeficientes
complejos tiene soluciones igualmente complejas.
En 1801 Gauss publicó las Disquisiciones aritméticas, una obra destinada a influir de
forma decisiva en la conformación de las matemáticas y en especial en el ámbito de la
teoría de números. En esa obra destacan los siguientes hallazgos: la primera prueba de
la ley de la reciprocidad cuadrática; una solución algebraica al problema de cómo
determinar si un polígono regular de ‘n’ lados puede ser construido de manera
geométrica; un tratamiento exhaustivo de la teoría de los números congruentes; y
numerosos resultados con números y funciones de variable compleja que marcaron el
punto de partida de la moderna teoría de los números algebraicos.
Cuando fue capaz de predecir con exactitud el comportamiento orbital del asteroide
‘Ceres’, avistado por primera vez pocos meses antes, su fama creció de forma
exponencial. Para lograrlo empleó el método de los mínimos cuadrados que él mismo
desarrolló en 1794 y que en la actualidad continúa siendo la base computacional de
estimación astronómica.
En esos años Johann Carl Friedrich Gauss maduró sus ideas sobre la construcción de
una geometría lógicamente coherente que prescindiera del postulado de Euclides de las
paralelas y con la que se adelantó en más de treinta años a los trabajos posteriores de
Lobachevskiy y Bolyai.
En esos años, su esposa, con quien había contraído matrimonio en 1805, falleció al dar a
luz a su tercer hijo; y más tarde se casó en segundas nupcias y tuvo tres hijos más.
Otros resultados relacionados con su interés por la geodesia son la invención del
heliotropo, y, en el campo de la matemática pura, sus ideas sobre el estudio de las
características de las superficies curvas que, desarrolladas en su obra Disquisitiones
generales circa superficies curvas (1828), sentaron las bases de la moderna geometría
diferencial.
También prestó atención al fenómeno del magnetismo, que culminó con la instalación
del primer telégrafo eléctrico (1833). En 1835 Gauss formuló la ley o teorema de
Gauss. Esta ley fue una de sus contribuciones más importantes en el campo del
electromagnetismo, y de ella derivarían dos de las cuatro ecuaciones de Maxwell.
Otras áreas de la física que Gauss estudió fueron la mecánica, la acústica, la capilaridad
y, muy especialmente, la óptica, sobre la que publicó el tratado Investigaciones
dióptricas (1841), en las que demostró que un sistema de lentes cualquiera es siempre
reducible a una sola lente con las características adecuadas.
Gauss fue un perfeccionista, hasta el punto de que solo publicó obras que creía eran
perfectas. Muchos de los avances significativos que descubrió permanecieron inéditos
hasta después de su muerte, como bastante oculta fue siempre su capacidad docente, al
pensar que los alumnos no estaban lo suficientemente preparados, si bien hasta eso
cambió a lo largo de su vida y se convirtió en un imán de talentos en la universidad de
Göttingen, ciudad en la que falleció mientras dormía el 23 de febrero de 1855. Tenía 77
años.
Carl Friedrich Gauss fue un hombre bondadoso, que odiaba viajar y que solo dejó
Göttingen una vez en 48 años para asistir a una conferencia en Berlín. Era un
apasionado de la literatura y de la recopilación de datos, con una biblioteca personal
provista de 6.000 libros escritos en los idiomas que había dominado incluyendo danés,
inglés, francés, griego, latín, ruso y su alemán nativo.
La palabra de Trump
EE UU pretende modificar de forma unilateral el
acuerdo nuclear con Irán
30 ABR 2018 - 00:00 CEST
El histórico acuerdo alcanzado en 2015 hizo que el régimen de Teherán pusiera bajo
control internacional su programa de enriquecimiento de uranio, permitiera inspecciones
a sus instalaciones nucleares y, en la práctica, detuviera el programa destinado a
convertir Irán en una potencia nuclear. A cambio, la comunidad internacional redujo las
sanciones económicas impuestas a Teherán.
El acuerdo nuclear con Irán es uno de los logros más importantes de la política exterior
europea en décadas. No se trata únicamente de resultado sino en cómo se fraguó este.
Europa logró sentar a una misma mesa a los principales actores del conflicto,
organizaciones internacionales y a las potencias mundiales. Se trata de una solución casi
permanente a un problema complejísimo que además abre otras vías, porque su éxito
consiste en que sirve de modelo válido para negociar con países que alberguen
ambiciones nucleares.
Todo esto sucede cuando se está siguiendo la dirección opuesta —diálogo y diplomacia
— con Corea del Norte. Con su modificación unilateral del acuerdo con Irán, Trump
envía a Corea del Norte la señal de que los acuerdos no valen el papel en el que están
firmados. Un grave error.
En parte, por la testosterona, que dificulta nuestro autocontrol. Aun así, con la misma
biología, los hombres cometemos hoy menos crímenes que en el pasado.
Con una siniestra excepción. Seguimos agrediendo a las mujeres. Y las razones hay que
buscarlas en un aspecto poco conocido de la naturaleza masculina: nuestra sensibilidad.
Por ejemplo, el éxito profesional o social de nuestras parejas afecta negativamente a
nuestra autoestima. En contraste, la confianza de las mujeres no se ve minada por
nuestros logros. Los hombres somos el sexo sensible. Ellas, el resistente.
Los hombres somos más impresionables por el entorno. Y dos cambios sociales han
contribuido a que nos mostremos particularmente agresivos con las mujeres. El primero
es intuitivo. La revolución tecnológica ha dejado en la cuneta de la economía a millones
de hombres con estudios bajos. La incertidumbre sin precedentes que sufren les lleva a
adoptar comportamientos adictivos, erráticos y potencialmente violentos.
La cultura de la violación
La cultura de la violación está instalada en todos los
ámbitos, incluido el sistema judicial y legal que es
el reflejo de nuestra sociedad rota
Conéctate
Amparo Díaz Ramos
30 ABR 2018 - 11:58 CEST
La idea de que una mujer basta con que no esté suplicando de manera indiscutible (las
súplicas pueden ser interpretadas como un juego erótico) por su vida para que se
considere que está disfrutando mientras la penetran brutalmente, recuerda mucho a los
guiones de películas porno y a lo que relatan mujeres en situación de prostitución,
donde no es raro que los amigos acudan juntos a tener una juerga sexual, en la que los
únicos que están de juerga son ellos.
Muchas personas que defendemos los derechos humanos estamos hartas de que se
considere normal que mujeres en situaciones vulnerables, simplemente por ser niñas, o
por estar bebidas, o en zonas de conflictos armados, o por andar solas por la calle, en
vez de recibir apoyo y cuidado, o como mínimo respeto, por parte de todos los hombres,
haya alguno que aproveche esa situación para tocar sexualmente, incluso violar. Es una
atrocidad que ante una chica bebida haya hombres que se acerquen para violarla en vez
de para preguntar si necesita ayuda. Es una atrocidad que se produzcan violaciones de
mujeres en situaciones de guerra incluso por hombres de la ONU. Es una atrocidad que
el futuro que se presente a las mujeres que huyen de guerras o desastres naturales, sea la
explotación sexual. ¿Es eso lo que puede ofrecer nuestra sociedad a las mujeres en
situaciones de crisis?
No creo que esta cruda realidad sea, respecto de los delitos contra la libertad e
indemnidad sexual, la misma que hace diez años. En mi opinión hay un empeoramiento
muy significativo, en buena parte debido a que la cultura de la violación, del porno y la
prostitución, ha llegado a niveles muy crueles y, además, se extiende como la pólvora a
través de internet. Niños están viendo porno cruel en internet, donde las mujeres son
penetradas en grupo como si fueran objetos con múltiples agujeros, y lo único que
importa es la fuerza y prepotencia masculina. Se difunden además videos de violaciones
o que simulan violaciones, obviándose el sufrimiento de la mujer.
Las modernas teorías sitúan la creación del universo en una breve explosión, durante
una mínima fracción de segundo después del Big Bang, cuando el cosmos se expandió
rápidamente. Se cree que, una vez producida la inflación, hay regiones que nunca han
dejado de crecer y que, debido a los efectos cuánticos, este fenómeno es eterno. De
acuerdo a esta tesis, según la nota de el ERC, la parte observable de nuestro universo es
una mínima porción donde el proceso ha terminado y se han formado estrellas y
galaxias.
"La teoría habitual de inflación eterna predice que nuestro universo es como un infinito
fractal [objeto geométrico cuya estructura básica, fragmentada o aparentemente
irregular, se repite a diferentes escalas] con un mosaico de diferentes pequeños
universos separados por océanos que crecen", afirmó Hawking en una entrevista el
pasado otoño. "Las leyes de la física y la química pueden ser diferentes entre un
universo y otro que, juntos, forman un multiverso. Pero nunca he sido un defensor del
multiverso. Si la escala de los diferentes universos en el multiverso es grande o infinita,
no se puede probar", añadió.
Hertog y Hawking utilizaron su nueva teoría para derivar predicciones más fiables sobre
la estructura global del unvierso. Sus resultados, si se confirman con nuevos trabajos,
tendrán implicaciones para el paradigma del multiverso. "Nuestros hallazgos implican
una significativa reducción del multiverso a una categoría mucho más pequeña de
posibles universos", defiende la última teoría de Hawking.
Hertog planea estudiar esta teoría a pequeñas escalas que se hallen al alcance de la
capacidad de nuestros telescopios espaciales. Cree que las ondas gravitacionales
primordiales son las más prometedoras vías de probar el modelo. La expansión del
universo desde su origen significa que esas ondas gravitacionales tendrían una muy
larga longitud de onda, fuera del alcance de nuestros actuales detectores LIGO (Laser
Interferometer Gravitational-Wave Observatory). Pero podrían ser detectadas por el
previsto observatorio espacial europeo de ondas gravitacionales (LISA) o por futuros
experimentos de mediciones del fondo de microondas cósmico. En 2014, Hertog fue
becado con dos millones de euros por el ERC por sus cinco años de trabajo sobre
Cosmología Holográfica Cuántica.
Cerrad los ojos y pensad en el Universo. Lo veréis sin fin, con innumerables soles y
mundos, posiblemente habitados. Esta visión cosmológica la imaginó por primera vez
Giordano Bruno, pensador del infinito y geómetra del espacio cósmico. Su concepción
de infinitos mundos, cada uno con su geometría, anticipaba la posibilidad de geometrías
no Euclidianas. Su pensamiento revolucionario topó con la mentalidad dogmática de su
época y murió quemado vivo en la hoguera, condenado por la Inquisición.
Giordano Bruno nació en 1548 en la ciudad de Nola. Era un muchacho precoz cuando
en 1562 se fue a Nápoles para completar su formación. La Nápoles española de aquellos
años era una de las más grandes metrópolis de Europa, que en ese tiempo acogió a
Cervantes. Era una ciudad espléndida y miserable, rica en iglesias y palacios, en curas y
cortesanas, en mercaderes, artistas y ladrones, nobles y villanos; una multitud de tipos
de entre los que, desde Caravaggio a Ribera, lo Spagnoletto, habrían tomado como
modelos para sus pinturas.
Bruno entró en la orden de los Dominicos para dedicar su vida al estudio. Se formó a
través de los clásicos y, a escondidas, leyendo los textos de Erasmo, su verdadero
maestro. En 1576, huyendo de una primera acusación de herejía - dudaba de la Trinidad
- dejó el hábito y comenzó su peregrinaje por Europa. De Ginebra a París, de Londres a
Praga, fue interlocutor de reyes y reinas; polemizó con calvinistas, puritanos, luteranos
y todo tipo de pedantes aristotélicos, y fue excomulgado por todos ellos. El retrato que
mejor representa su labor está en Madrid, en la Real Academia de Bellas Artes. Es el
retrato de un caporal de minadores que en las campañas de Flandes colocaba cargas bajo
las defensas enemigas.
Con su obra, Giordano Bruno hace saltar por los aires las murallas del pensamiento
medieval, y da inicio a la filosofía moderna como dice James Joyce. El Nolano retomó
el pensamiento filosófico más antiguo, el atomismo de Demócrito, la dialéctica de
Platón, el devenir de Heráclito y el ser de Parménides, llegó hasta la sabiduría mágica
egipcia, y de allí se proyectó hacia el futuro. Fue embajador del pensamiento de
Copérnico, precursor del materialismo de Spinoza y de la crítica al cristianismo de
Nietzsche. Alguna consideración sobre el valor social del trabajo parece anticipar
también al joven Marx.
Bruno desarrolló una concepción cinética de los entes geométricos, qué luego Newton
retomó. Mostró que un punto en movimiento describe una línea, que una línea genera
una superficie, y esta un volumen. Interesado en las relaciones entre los conceptos de
finito e infinito, Bruno consideró un procedimiento general de límite basado en la
construcción de sucesiones de figuras geométricas semejantes, el gnomon, ilustrado en
la parte iconográfica de su obra.
Las tres gracias son cuarks. Al menos eso se puede ver en la representación de Rubens
(de 1635) que se expone en el Museo del Prado: bailan muy juntas, unidas por unas
leves gasas, cada una con el cabello de un color. Los cuarks, según la teoría física
actualmente aceptada, el Modelo Estándar, son los componentes fundamentales de otras
partículas como el protón. Se reúnen de tres en tres, fuertemente unidos y pueden ser de
diferentes colores (como las melenas de las Gracias). Tres cuarks forman un protón. Así,
las tres Gracias, pueden ser, también, un protón.
Después de jubilarse de sus clases, el matemático convirtió al museo en algo así como
su “segunda casa”. Y de sus expediciones por sus salas ha salido el libro Diálogos en el
Prado sobre ciencia y arte, publicado por la Consejería de Educación, Juventud y
Deporte de la Comunidad de Madrid, que se puede descargar gratuitamente de Internet.
Especialmente dedicado a los jóvenes (y a cualquier persona que no tenga
conocimientos científicos), en él reproduce el género del diálogo que conduce al
conocimiento, siguiendo la tradición de los Diálogos de Platón o el Diálogo sobre los
dos máximos sistemas del mundo, de Galileo. En este caso, el profesor dialoga con su
joven nieta.
Además de las grandes teorías de la Física moderna, el autor se fija en la precisa forma
de representar la luz y las sombras que se ve en el cuadro Santa Bárbara (1438) de
Robert Campin, en los pliegues las técnicas de superposición de figuras que produce la
imagen tridimensional en El descendimiento (1443) de Van Der Weyden o en la
presencia de las ideas creacionistas en El jardín de la delicias (1515) de El Bosco que,
además, en su trasera muestra una grisalla con una representación ptolemaica, es decir,
geocéntrica, del Universo.
“Hay gente a la que le puede parecer prosaico o extraño buscar la ciencia dentro de estas
obras, pero otro de mis propósitos es mostrar que la belleza no solo se encuentra en el
arte y las Humanidades”, dice el autor. Como ejemplifica, para algunos matemáticos
como Paul Dirac, la belleza también era importante a la hora de encontrar ecuaciones
físicas (una ecuación bella es la que tiene sencillez, simetría, etcétera). “Quien sepa
conjugar la belleza plástica con la intelectual conseguirá disfrutar mucho más del Museo
del Prado”.
Desde que regresó al poder en 2007, Ortega ha gobernado mediante decreto y con mano
dura, forjando una alianza con el sector privado, acallando a los críticos y desarrollando
una gestión populista. Una buena prueba de la amplitud del rechazo que genera el
Gobierno sandinista es la heterogeneidad de quienes expresan su descontento. Aunque
la manifestación fue convocada por los obispos, la secundaron masivamente colectivos
feministas y homosexuales, organizaciones de campesinos y familiares de víctimas en la
represión en los pasados días, entre otros grupos.
La verdad y el presidente no siempre se han llevado bien. Más bien al contrario. Entre
los inquilinos de la Casa Blanca, bastan los ejemplos de las mentiras de Nixon y
Clinton, amenazados ambos por el impeachment. A Bush padre le destruyó una promesa
incumplida: “Lean mis labios, nada de nuevos impuestos”. Al hijo, la mentira de las
armas de destrucción masiva que le sirvió para invadir Irak.
Del interés de los abogados por conocer los propósitos del fiscal especial han salido 49
preguntas, a cual más peligrosa para alguien con dificultades para trazar una línea clara
entre la realidad y sus fantasías. Versan sobre tres personajes y un tema común a todos
ellos como son las interferencias rusas. Son su primer y efímero consejero nacional de
Seguridad, Michael Flynn, destituido por mentir sobre sus contactos con los rusos; el
fiscal general Jeff Sessions, que también tuvo contactos con ellos y se recusó como
fiscal general para no verse obligado a dimitir; y el exdirector del FBI James Comey,
que estaba investigándolos y fue destituido por el presidente.
Las 49 preguntas ofrecen por primera vez una idea de la amplitud de la investigación
sobre la colusión entre la campaña de Trump y los intereses de Moscú, así como los
esfuerzos por ocultarla desde el Despacho Oval. Ninguna de ellas se responde con un
monosílabo, sino que exigen explicaciones en las que fácilmente tropezará un personaje
tan propenso a la tergiversación y a la autoindulgencia. Su propósito es transparente: se
trata de averiguar si se ha producido una obstrucción de la acción de la justicia por parte
del presidente, la cuestión que condujo a Nixon y Clinton al borde de la destitución.
La mayor ironía del cuestionario, al que ha accedido The New York Times por una fuente
desconocida, es que lo ha redactado uno de los abogados de Trump, tras reunirse con los
investigadores del fiscal especial. El abogado quería conocer el alcance de los intereses
de Mueller para disuadir a Trump de que aceptara el interrogatorio, tal como quería el
presidente, inexplicablemente seguro de su inocencia y de su capacidad persuasiva.
Mueller no tiene cargos contra Trump, al menos de momento, pero ya ha manifestado su
intención de interrogarle, emitiendo si hace falta una citación judicial para que
comparezca ante un gran jurado, algo que los abogados presidenciales intentarán evitar
a toda costa y que puede terminar ante el Tribunal Supremo. Con el impeachment en el
horizonte, estas 49 preguntas pesarán permanentemente sobre la presidencia de Trump
mientras no obtengan una respuesta satisfactoria.
Fábrica de naciones
De instrumento de comunicación, el idioma pasa
entonces a ser llave de un poder político ilegítimo
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Antonio Elorza
2 MAY 2018 - 00:00 CEST
En ese sentido, cabe admitir que existe un riesgo político y cultural no desdeñable ante
estrategias tendentes a invertir la situación vigente en España de pluralismo lingüístico
jerarquizado. Durante la Transición, el argumento para Cataluña era que la
“normalización lingüística”, la preeminencia del idioma llamado propio, facilitaría la
integración democrática al compensar el desgaste sufrido bajo el franquismo. Hoy
vemos que no ha sido así y que el resultado consistió en la acentuación de las distancias
culturales y políticas, empujando al enfrentamiento con España. Cuando la presión
periférica sobre el tema se intensifica en el País Valenciano, Baleares, e incluso en
Asturias, conviene abordar el tema, y no precisamente en blanco y negro.