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Leyendas cortas de terror en Brasil

La leyenda del pozo Prohibido habla de un pozo pequeño del que salían criaturas monstruosas como elefantes que devoraban a humanos. Los nativos enviaban sacrificios humanos al pozo para aplacar a las bestias. Un explorador no creyó las historias y fue arrastrado al pozo por un tentáculo. La leyenda del diablo en pañales cuenta cómo un hombre borracho encontró a un bebé llorando, pero resultó ser un cerdo con ojos rojos. La daga de plata trata sobre unos jó

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Leyendas cortas de terror en Brasil

La leyenda del pozo Prohibido habla de un pozo pequeño del que salían criaturas monstruosas como elefantes que devoraban a humanos. Los nativos enviaban sacrificios humanos al pozo para aplacar a las bestias. Un explorador no creyó las historias y fue arrastrado al pozo por un tentáculo. La leyenda del diablo en pañales cuenta cómo un hombre borracho encontró a un bebé llorando, pero resultó ser un cerdo con ojos rojos. La daga de plata trata sobre unos jó

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LEYENDAS

La leyenda del pozo Prohibido


Cuenta la leyenda que en el año 1920 dos grupos de exploradores se encontraron
un pozo pequeño, que según referían no debería tener más de 30 metros de
longitud, los exploradores decidieron evitarlo y seguir su camino. En el pueblo de
Matabele escucharon hablar a los nativos de dicho pozo junto con la advertencia
que no se debía acerca a el en ninguna circunstancia.

Este era el pozo prohibido según lo llamaban los lugareños y según cuentan,
albergaba criaturas extrañas, monstruos grandes como elefantes surgían del agua
aterrorizando a los que estuvieran cerca, cargados de una gran hambre devoraban
todo lo que estuviera delante de ellos incluyendo seres humanos.
En las noches habían momentos en que se escuchaban gritos y sonidos
desgarradores en dirección al pozo. El miedo de una de las tribu que era cercana a
este pozo fue tal, que habían optado por enviar sacrificios humanos esperando
aplacar la ira de la o las bestias que ahí se encontraban.
Un explorador, que no creía en dichas historias, se adentro el busca de las
supuestas criaturas y del pozo, para esto se salio al anochecer sin que nadie se
diera cuenta.
Al caminar en la oscuridad de la selva en busca del pozo durante horas el incauto
explorador no se percato que estaba a escasos 30 cms de el y sin previo aviso un
tentáculo enorme salio desde las profundidades del pozo y lo arrastro sin merced
alguna.
El explorador, tratando de aferrarse a su vida, grito despavorido en busca de ayuda,
pero era muy tarde, sus gritos de ayuda solo aumentaban el apetito de su cazador
hasta que los gritos cesaron, no se escuchaba nada, la calma que había sido
perturbada por lo gritos del explorador había vuelto y la zona estaba como si nada
nunca hubiese sucedido.
Leyenda el diablo en pañales
El Diablo se divierte cuando puede influir el miedo en las personas que se
encuentran de lo más desprevenidas. Esta es la leyenda de un hombre que no
estaba en uno de sus mejores días y que había bebido muchas copas de más. Ya
se encontraba volviendo al hogar, pero para ello tenía que atravesar un puente
oscuro. Detrás de sí, los faros de la cuadra hacían toda clase de figuras aterradoras
y tétricas, pero él no se percató de las energías que fluían por el sitio donde estaba
caminando. Ni siquiera podía mantenerse caminando por la misma línea, pero aun
así supo reconocer el llanto de un bebé.
Cuando estaba cruzando el puente, un llanto penetró su cabeza por completo, se
trataba de una pobre criatura que estaba llorando por alguna parte. Giró sobre sí
mismo para encontrarse con ese bebé que estaba solo en medio de la noche y no
entendía razón para que esto sucediera. Se dio cuenta pronto que el llanto
desgarrador venía de la parte de abajo del puente. Allí estaba el niño, con una manta
que lo tapaba, muy tierno y solito porque una madre lo había abandonado a su
suerte con una noche tan fría.
El hombre que estaba borracho, tuvo que respirar profundo y tomar la canastita
donde se encontraba la criatura porque no dejaría que se muera de frío y hambre.
La cargó en sus brazos y empezó a caminar por toda clase de cuadras, algunas
más oscuras que otras. De pronto se dio cuenta que el niño empezó a pesar mucho
más que cuando lo había recogido, lo cual le extrañó bastante. Cuando se acercó a
una luz clara, miró fijamente al bebé y resulta que se había transformado en un
cerdo que lo miraba con los ojos rojos y llenos de oscuridad. El hombre dio un salto
de mil demonios y lanzó a este animal lejos de sí, gritó muy fuerte y salió corriendo.
La daga de plata
En un arranque de juventud y aventura, 4 jóvenes en el estado de Puebla,
decidieron internarse en un cementerio de la localidad, justo a la media noche, hora
de ánimas y espíritus. Además, por si no encontraban algo, decidieron hacerlo un
dos de noviembre, en el cual se celebra el día de muertos
El héroe de esta ocasión, se llamaba Joaquín. Ese día en horas tempranas, un
señor de avanzada edad les comentaba que su plan no era original, pues él mismo
lo había hecho en su juventud para aquella ocasión, sólo pudo salir con vida uno.
Como reto, les planteó buscar una tumba de madera, la única con esa característica
y clavar una daga que les proveería el mismo anciano. A cambio, un premio
sorpresa por la valentía a quien lo hiciera.
Aceptado el reto, llegaron a la noche indicada y fueron al lugar, en busca de emoción
que cada vez era más aterradora, con una brisa endemoniada, temperaturas baja y
una oscuridad cada vez más densa, tenebrosa y lúgubre.
En el cementerio, Joaquín tomó la voz de mando ante la cobardía de sus tres
acompañantes, se guardó la daga y acomodo su bufanda. Ya no veía nada, no
distinguía su ubicación pero sí pudo encontrar la tumba, en la que sin pensarlo clavó
la daga de un golpe.
Pero de pronto, algo lo detuvo por el cuello, no podía avanzar y el miedo se
apoderaba de aquel muchacho que ya sin fuerzas, se dejó caer.
Al día siguiente, la tumba estaba acompañada de la daga y el cuerpo sin vida de
Joaquín, que con un infarto por el susto, cayó desplomado. Lo que lo sujetó por su
cuello, lo que lo llenó de miedo y causó el ataque cardíaco, no fue más que la misma
daga, que entre el apuro clavó también la bufanda, dejando su cuello atrapado y a
Joaquín, sin vida.
MITOS
La pisadeira
Cuentan los pobladores de sao Pablo y minas Gerais (Brasil) que todas las noches
sale una lúgubre figura, una mujer muy delgada, casi que esquelética, con uñas
largas amarillentas y filosas casi como garras.
Los más viejos de la zona dicen que es la materialización misma de todas las
pesadillas de sus antepasados.
No habla pero, emite una oscura carcajada o risas con sonidos graves que surgen
su boca la que siempre mantiene abierta, las personas que no son de su interés no
la pueden percibir, solo a quien ella ha elegido puede darse cuenta de su presencia.
La creencia general es que la Pisadeira ronda los techos en la noche buscando una
ventana abierta o cualquier otro medio para ingresar a la casa y atacar a sus
desprevenidas víctimas. Le gusta hacerlo después de que la persona cena, cuando
la futura víctima esta lista para dormir.
Cuando la persona duerme, la Pisadeira trepa y se coloca sobre el vientre y pecho
de la víctima y oprime con todo su peso causando que poco a poco la víctima se
asfixie, de esta manera la victima queda paralizada sin fuerzas para reaccionar, aun
después de darse cuenta que le está pasando y solo sea un observador indefenso.
El mito del Cóndor

Se dice que en un pueblo, un hombre vivía con su hija. La hija cuidaba obejas y
otros animales y cada día un joven vestido con elegancia iba a visitarla, el joven
tenía un traje negro hermoso, chalina blanca y un gran sombrero. Cada día el joven
iba a visitar a la jovencita, y se hicieron buenos amigos.
Un día comenzaron a jugar así: “Álzame tú y yo te alzaré”. Comenzaron el juego, y
el joven alzo a la joven. Recién cuando la había alzado en alto, la joven se dio cuenta
de que estaba volando.
El joven puso a la niña dentro de un nido en un barranco. Allí el joven se convirtió
en cóndor. Por varios meses el cóndor cuido a la joven, le daba toda clase de carnes
para comer y bebidas para tomar.

Cuando habían estado unos años juntos, ella llego a ser mujer y dio a luz un niño,
pero, la ya ahora mujer, lloraba día y noche por su padre, a quien había dejado en
su pueblo.
“¿Cómo puede estar solo mi padre? ¿Quién está cuidando a mi padre? ¿Quién está
cuidando a mis ovejas? Devuélveme a mi casa”, le rogaba la mujer al cóndor pero
él hacia caso omiso a sus peticiones.
Un día un picaflor apareció. La mujer le dijo: “¡Ay, picaflor! no tengo ninguna manera
de bajar de aquí, Hace más de un año, un cóndor, convirtiéndose en joven, me trajo
aquí. Ahora soy mujer. Y he dado a luz a su hijo”.
El picaflor le contestó: “Escúchame, no llores. Te voy a [Link]é a contarle a tu
papá dónde estás, y tu papá vendrá a buscarte”.
La joven le dijo: “Escúchame, picaflor. ¿Conoces mi casa, no? En mi casa hay
muchas flores, te aseguro que si tú me ayudas, todas las flores que hay en mi casa
serán para ti”.
Cuando dijo eso, el picaflor voló contento al pueblo, y fue a decir al padre de la
mujer: “He descubierto dónde está tu hija. Está en un nido en el barranco.
Es la mujer de un cóndor, va a ser difícil bajarla. Tenemos que llevar un burro
muerto”, dijo el picaflor, y explico su plan al viejo.
Dejaron el burro muerto en el suelo. Y mientras el cóndor estaba comiendo el burro,
el picaflor y el viejo ayudaron a la jovencita a bajar del barranco.
Después llevaron dos sapos: uno pequeño y otro grande, dejaron los sapos en el
nido del barranco. Bajaron el viejo y su hija y fueron hacia el pueblo.
El picaflor fue donde estaba el cóndor, y le contó: “Oye, cóndor. Tú no sabes que
desgracia hay en tu casa”. “¿Que ha pasado?” el cóndor le preguntó. “Tu mujer y tu
hijo se han convertido en sapos”. El cóndor sorprendido se fue volando a ver. Ni la
joven, ni su hijo estaban dentro del nicho, solamente dos sapos.
El cóndor se asustó, pero no pudo hacer nada; y el picaflor está todos los días entre
las flores en la casa de la jovencita.
Mientras ella, su hijo y su padre viven felices en la comunidad.
El carrao

El "Carrao" era un hombre que no conocía el miedo y sentía placer desafiando el


peligro; amigo de las noches oscuras y extraordinario jinete, ningún caballo había
logrado quitárselo de los lomos por muy bravo que fuera, como nunca un toro bravo
había logrado tocarlo con sus cuernos. El Carrao era feliz andando en plenas
tormentas nocturnas, no le importaba que su caballo fuera salvaje era tanta la
confianza que se tenía que sabía que nunca se caería de un caballo, pues sus
piernas habían nacido para domar caballos fieros.

Su inseparable compañero y amigo era su polo opuesto, un hombre aplomado,


juicioso y talentoso en todos sus aspectos.
Una tarde, cuando el sol palidecía y la noche comenzaba a imponer su color sobre
la llanura, se advertía en el horizonte cercano una horrible tempestad que hacía
pensar que la noche iba a ser tormentosa, se fue al mangón y amarró el caballo que
estaba trochando, lo trajo al corral, lo ensilló y le pegó la margalla, cagalerióla soga
y montándose en el brioso caballo se despidió de Mayalito. Abrió la puerta de
trancas del corral y en medio de candelosos rayos se fue alejando en la oscuridad
de la sabana, esta vez... para nunca regresar.

Al ver que su amigo y compañero no regresó, se dio la tarea de buscarlo en todas


las noches oscuras por los distintos rumbos de las comunales sabanas,
especialmente por las partes que sabía que al Carrao le gustaba frecuentar.

Fueron muchas las noches que se buscoa al Carrao escuchando solo la respuesta
producida por el eco de su voz. Una noche, mientras acortaba una travesía en medio
de una tormenta de rayos, a la luz de un relámpago vió que algo brillo a los pies de
su caballo, se acerco e inspeccionó el objeto, se sorprendió cuando lo identificó
pues se trataba de las zapatas del freno metálico del apero de "Carrao", las alzó y
las llevó consigo.

Desde entonces puso énfasis en la búsqueda de su compañero, pensó que algo le


había ocurrido y que no estaría muy lejos de allí; continuó su tarea noche tras noche,
hasta que tampoco regresó nunca más al hogar, se lo tragó la sabana junto con
Carrao. Su compañero se convirtió en un ave que vuela en las noches oscuras
produciendo un canto: Carraoooo, carraooo.

A esta ave se le conoce en el llano con el nombre de Carrao...

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