A MI HIJA
Por cima de la montaña
que nos sirve de frontera,
te envía un alma sincera
un beso y una canción;
tómalos; que desde España
han de ir a dar, vida mía,
en tu alma mi poesía,
mi beso en tu corazón.
Tu padre, tras la montaña
que para ambos no es frontera,
lleva la amistad sincera
del autor de esta canción.
Recibe, pues, desde España
beso y cantar, vida mía,
en tu alma la poesía
y el beso en el corazón.
Si un día de esa montaña
paso o pasas la frontera,
verás el alma sincera
de quien te hace esta canción,
que la hidalguía de España
es quien sabe, vida mía,
dar al alma poesía
y besos al corazón.
Autor del poema: José Zorrilla
HAMBRE
Tierra y alguna china
Es todo cuanto deseo.
El aire también me lo como:
Rocas, carbones, hierro.
Bailad, apetitos míos. Hambres, pasad
Atraed del alegre prado
Venenos de madreselvas
Y toda su sonoridad.
Comed los cantos que se quiebran
En las viejas paredes de Dios.
guijarros de antiguas lluvias,
Panes que el valle sembró.
El lobo escondido que aullaba
Escupió plumas hermosas
De su almuerzo de aves:
Como él, yo lo tragaba:
La ensalada, la fruta
Aguardando la vendimia.
Pero la araña de la mata
Sólo comía malvas.
Quiero dormir, quiero hervir
En los altares de Salomón.
El caldo fluye sobre la herrumbre
Y se mezcla con el Cedrón.
Autor del poema: Arthur Rimbaud
TANTO GENTILE
Tanto es gentil el porte de mi amada,
tanto digna de amor cuando saluda,
que toda lengua permanece muda
y a todos avasalla su mirada.
Rauda se aleja oyéndose ensalzada
-humildad que la viste y que la escuda-,
y es a la tierra cual celeste ayuda
en humano prodigio transformada.
Tanto embeleso el contemplarla inspira,
que al corazón embriaga de ternura:
lo siente y lo comprende quien la mira.
Y en sus labios, cual signo de ventura,
vagar parece un rizo de dulzura
que el alma va diciéndole: ¡Suspira!
Autor del poema: Dante Alighieri
FLUCTUANDO EN LOS CABELLOS DE LISI
En crespa tempestad del oro undoso
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.
Leandro en mar de fuego proceloso,
su amor ostenta, su vivir apura;
Icaro en senda de oro mal segura
arde sus alas por morir glorioso.
Con pretensión de fénix, encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,
intenta que su muerte engendre vidas.
Avaro y rico, y pobre en el tesoro,
el castigo y la hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro.
Autor del poema: Francisco de Quevedo
DULCE DESDÉN...
Dulce desdén, si el daño que me haces
de la suerte que sabes te agradezco,
qué haré si un bien de tu rigor merezco,
pues sólo con el mal me satisfaces.
No son mis esperanzas pertinaces
por quien los males de tu bien padezco
sino la gloria de saber que ofrezco
alma y amor de tu rigor capaces.
Dame algún bien, aunque con él me prives
de padecer por ti, pues por ti muero
si a cuenta dél mis lágrimas recibes.
Mas ¿cómo me darás el bien que espero?,
si en darme males tan escaso vives
que ¡apenas tengo cuantos males quiero!
Autor del poema: Lope de Vega
Octubre
Estaba echado yo en la tierra, enfrente
el infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.
Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente
Pensé en arrancarme el corazón y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
el ancho surco del terruño tierno,
a ver si con partirlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.
Autor del poema: Juan Ramón Jiménez
No volveré a ser joven.
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Autor del poema: Jaime Gil de Biedma.
Palabras para Julia. como a pesar de los pesares
Tú no puedes volver atrás tendrás amigos, tendrás amor. Nunca te entregues ni te apartes
porque la vida ya te empuja junto al camino, nunca digas
como un aullido interminable. Un hombre solo, una mujer no puedo más y aquí me quedo.
así tomados, de uno en uno
Hija mía es mejor vivir son como polvo, no son nada. La vida es bella, tú verás
con la alegría de los hombres como a pesar de los pesares
que llorar ante el muro ciego. Pero yo cuando te hablo a ti tendrás amor, tendrás amigos.
cuando te escribo estas palabras
Te sentirás acorralada pienso también en otra gente. Por lo demás no hay elección
te sentirás perdida o sola y este mundo tal como es
tal vez querrás no haber nacido. Tu destino está en los demás será todo tu patrimonio.
tu futuro es tu propia vida
Yo sé muy bien que te dirán tu dignidad es la de todos. Perdóname no sé decirte
que la vida no tiene objeto nada más pero tú comprende
que es un asunto desgraciado. Otros esperan que resistas que yo aún estoy en el camino.
que les ayude tu alegría
Entonces siempre acuérdate tu canción entre sus canciones. Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora Entonces siempre acuérdate pensando en ti como ahora
pienso. pienso.
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
La vida es bella, ya verás Autor del poema: José Agustín
como ahora pienso.
Goytisolo.
Se equivocó la paloma
¿Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
(Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)
Autor del poema: Rafael Alberti.
Vida.
Un pájaro de papel en el pecho
dice que el tiempo de los besos no ha llegado;
vivir, vivir, el sol cruje invisible,
besos o pájaros, tarde o pronto o nunca.
Para morir basta un ruidillo,
el de otro corazón al callarse,
o ese regazo ajeno que en la tierra
es un navío dorado para los pelos rubios.
Cabeza dolorida, sienes de oro, sol que va a ponerse;
aquí en la sombra sueño con un río,
juncos de verde sangre que ahora nace,
sueño apoyado en ti calor o vida.
Autor del poema: Vicente Aleixandre
LO QUE DEJÉ POR TI
Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.
Autor del poema: Rafael Alberti
Serán ceniza…
Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.
Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.
Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.
Autor del poema: José Ángel Valente
UNA NOCHE OSCURA
1. En una noche oscura
con ansias, en amores inflamada, 6. En mi pecho florido,
¡oh dichosa ventura! que entero para él solo se guardaba,
salí sin ser notada, allí quedó dormido,
estando ya mi casa sosegada. y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
2. A oscuras, y segura,
por la secreta escala disfrazada, 7. El aire de la almena,
¡Oh dichosa ventura! cuando yo sus cabellos esparcía,
a oscuras, y en celada, con su mano serena
estando ya mi casa sosegada. en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
3. En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía, 8. Quedeme, y olvideme,
ni yo miraba cosa, el rostro recliné sobre el Amado,
sin otra luz y guía, cesó todo, y dejeme,
sino la que en el corazón ardía. dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
4. Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía, AUTOS DEL POEMA; SAN JUAN DE LA CRUZ
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada:
oh noche que juntaste
Amado con Amada.
Amada en el Amado transformada!
ALBA
Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.
La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.
¡Qué haré yo sobre estos campos
Cogiendo nidos y ramas
Rodeado de la aurora
Y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
Muertos a las luces claras
Y no ha de sentir mi carne
El calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
En aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
Como una estrella apagada.
Autor del poema: Federico García Lorca
Adios alucinación.
En costa lejana No te digas solo
y en mar de Pasión, ni pida tu voz
dijimos adioses albergue para uno
sin decir adiós. al albergador.
Y no fue verdad Echarás la sombra
la alucinación. que siempre se echó,
Ni tú la creíste morderás la duna
ni la creo yo, con paso de dos...
«y es cierto y no es cierto» Para que ninguno,
como en la canción. ni hombre ni dios,
Que yendo hacia el Sur nos llame partidos
diciendo iba yo: como luna y sol;
«Vamos hacia el mar para que ni roca
que devora al Sol». ni viento errador,
Y yendo hacia el Norte ni río con vado
decía tu voz: ni árbol sombreador,
«Vamos a ver juntos aprendan y digan
donde se hace el Sol». mentira o error
Ni por juego digas del Sur y del Norte,
o exageración del uno y del dos!
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueño y el
Autor del poema: Gabriela Mistral.
Algunas bestias la noche pura y pululante
Era el crepúsculo de la iguana. de hocicos saliendo del légamo,
Desde la arcoirisada crestería y de las ciénagas soñolientas
su lengua como un dardo un ruido opaco de armaduras
se hundía en la verdura, volvía al origen terrestre.
el hormiguero monacal pisaba El jaguar tocaba las hojas
con melodioso pie la selva, con su ausencia fosforescente,
el guanaco fino como el oxígeno el puma corre en el ramaje
en las anchas alturas pardas como el fuego devorador
iba calzando botas de oro, mientras arden en él los ojos
mientras la llama abría cándidos alcohólicos de la selva.
ojos en la delicadeza Los tejones rascan los pies
del mundo lleno de rocío. del río, husmean el nido
Los monos trenzaban un hilo cuya delicia palpitante
interminablemente erótico atacarán con dientes rojos.
en las riberas de la aurora, Y en el fondo del agua magna,
derribando muros de polen como el círculo de la tierra,
y espantando el vuelo violeta está la gigante anaconda
de las mariposas de Muzo. cubierta de barros rituales,
Era la noche de los caimanes, devoradora y religiosa.
Amor eterno
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.
Acabar con todo
Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.
Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.
Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.
AUTOR DEL POEMA: RUDY ALFONSO
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.
Un desastroso espirítu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.
Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.
Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.
Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semiespañola,
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.
AUTOR DEL POEMA: PAULO COELHO
La princesa está triste… Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
¿Qué tendrá la princesa? ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
que ha perdido la risa, que ha perdido el color. Y están tristes las flores por la flor de la corte,
La princesa está pálida en su silla de oro, los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
está mudo el teclado de su clave sonoro, de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
Parlanchina, la dueña dice cosas banales, en la jaula de mármol del palacio real;
y vestido de rojo piruetea el bufón. el palacio soberbio que vigilan los guardas,
La princesa no ríe, la princesa no siente; que custodian cien negros con sus cien alabardas,
la princesa persigue por el cielo de Oriente un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de (La princesa está triste, la princesa está pálida)
China,
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
o en el que ha detenido su carroza argentina
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
en el cinto la espada y en la mano el azor,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
el feliz caballero que te adora sin verte,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
a encenderte los labios con un beso de amor».
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Rubén Dario.