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El cuento del Rey Midas resumido

Baco le otorga al Rey Midas su deseo de que todo lo que toque se convierta en oro. Midas se da cuenta de que esta habilidad es una maldición cuando no puede comer ni beber sin que la comida y el agua se conviertan en oro también. Le pide a Baco que revierta el hechizo, y Baco le dice que se sumerja en el río Pactolo para lavarse de la maldición.
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El cuento del Rey Midas resumido

Baco le otorga al Rey Midas su deseo de que todo lo que toque se convierta en oro. Midas se da cuenta de que esta habilidad es una maldición cuando no puede comer ni beber sin que la comida y el agua se conviertan en oro también. Le pide a Baco que revierta el hechizo, y Baco le dice que se sumerja en el río Pactolo para lavarse de la maldición.
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El rey Midas.

En una ocasión Baco, el dios del vino,


tuvo que agradecer al rey Midas. Su viejo
padrino se había perdido borracho por el
campo. Unos campesinos lo encontraron y lo
llevaron donde el rey. Midas lo reconoció y lo
atendió con mucha comida y festejos.
Después lo llevo donde su ahijado.

-¡¡Brindo por ti, Rey Midas!! –dijo Baco-. En


recompensa por tu atención, pídeme lo que
quieras, te lo cumpliré.
-Sólo quiero una cosa –dijo el Rey-: ¡qué todo
lo que toque se convierta en oro!
-Si eso es lo que quieres, tendré que
concedértelo –dijo Baco-. Apenado de que no
hubiera pedido algo mejor.
Midas volvió a su casa caminando feliz y
en el camino decidió probar su nuevo don.
Miro una ramita de un árbol y la corto. ¡En
sus dedos tenía una ramita de oro puro!,
toco una piedra… ¡y se volvió de oro!
Entonces todo lo que tocaba se convertía en
oro como manzanas, sillas, vasos y platos.
-¡Soy el hombre más rico del mundo! -grito
encantado

Midas ordeno a sus sirvientes que le


sirviera una generosa comida. Tenía hambre
y quería celebrar su buena fortuna. Pero
cuando toco el pan, este se convirtió en oro,
cuando llevaba un bocado de carne a la boca
también se convirtió en oro, si poder
comerlo.
Fue así que vio su propia locura.
Apenado comprendió que pronto moriría
de hambre y de sed y quiso deshacerse de su
nuevo terrible poder. Ahora odiaba el don
que tanto había soñado.
Levantó sus brazos cubiertos de oro y le
pidió al dios Baco que todo volviera a la
normalidad.

-Amigo tonto y codicioso –dijo-. Ve al rio


Pactolo y síguelo hasta sus fuente. Ahí
hunde tu cabeza y tu cuerpo y el agua del
rio lavara tu falta y tu castigo.
Así lo hizo Midas y tan pronto su cuerpo
toco el agua, se traspasó a este el extraño
don y desde entonces las arenas del rio
llevan el oro.

El rey Midas.
En una ocasión Baco, el dios del vino,
tuvo que agradecer al rey Midas. Su viejo
padrino  se  había  perdido  b
Midas volvió a su casa caminando feliz y
en el camino decidió probar su nuevo don.
Miro una ramita de un árbol y la corto. ¡E
Apenado comprendió que pronto moriría
de hambre y de sed y quiso deshacerse de su
nuevo terrible poder. Ahora odiaba el don
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