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Poemas de Juan Manuel Roca y Silva

Este documento presenta un resumen de varios poemas y textos literarios escritos por Juan Manuel Roca. Incluye extractos de obras como "Monólogo de José Asunción Silva", "Monólogo de la Abadesa", "Memorial del provocador de sueños", "Las enfermedades del alma" y "Sueño con ángeles". También proporciona información sobre el tallerista Henry Alexander Gómez y sus correos electrónicos de contacto.
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Poemas de Juan Manuel Roca y Silva

Este documento presenta un resumen de varios poemas y textos literarios escritos por Juan Manuel Roca. Incluye extractos de obras como "Monólogo de José Asunción Silva", "Monólogo de la Abadesa", "Memorial del provocador de sueños", "Las enfermedades del alma" y "Sueño con ángeles". También proporciona información sobre el tallerista Henry Alexander Gómez y sus correos electrónicos de contacto.
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Escrituras de Bogotá

Red de Talleres Locales de Escritura de Bogotá


Tallerista: Henry Alexander Gómez
Correo: u-miskatonikhenry@[Link] - literaturaymetal@[Link]

Juan Manuel Roca

MONÓLOGO DE JOSÉ ASUNCIÓN SILVA Estatuas de nieve a la entrada de una iglesia,


A Ricardo Cano Gaviria Maniquíes
La ciudad que me rodea Apenas movidos por el frío cuchillo del
Y se duplica en los charcos de la lluvia Páramo.
Tiene un ropaje de sombras. Ese viento, mi alma es ese viento.
El viento que viene del páramo de Cruz Verde ¿Quién dibuja en mi blusa el mapa del corazón?
Con su negro levitón nocturno ¿Quién traza un centro a la ruta de mi fiebre?
Rasguña los vitrales de la casa, La hermana muerta atraviesa el patio:
Se cuela en los campanarios, Su voz ya pertenece
Golpea A las construcciones secretas del vacío.
Los aldabones de bronce de La Candelaria. Ese viento, mi alma es ese viento.
Ese viento, mi alma es ese viento. La aldea despereza su piel de adormidera,
Entre cercanos silencios Filtra una luz en los costados de la plaza
Resuenan las guerras del país A una hora en que la ciudad parece viva.
Mientras tintinea el quinqué Hablo de su lentitud, de su pasmosa fijeza:
Con el que alumbro mis confusos libros Mientras concluye el gesto de un hombre
De comercio. Que lleva de la mesa a la boca su pocillo,
Ese viento, mi alma es ese viento. Cruza la eternidad, el mundo cambia de
Los corrillos de seres embozados Estaciones,
Murmuran a mi paso. Figuras fijas al paisaje, Pasan las guerras, hay futuros en fuga

1
Y el hombre no termina el ademán /al desove,
Que funde sus labios a la taza de café. un barco cargado de palabras
Todos parecen tocados del embrujo, saqueado por monjes y escribanos,
Acaso miren en su quietud una muchacha que toca el arpa de la lluvia,
El pajaro invisible la cava de tu voz untada de apio o de canela.
Que les señala un oculto retratista. La poesía es un sueño provocado,
Y de nuevo, el viento. un ruido de pasos en las catedrales de la noche,
Ese viento, mi alma es ese viento. una mujer del desierto que inicia su danza
Un disparo más, dirá el vecindario, para espantar a los chacales,
Un disparo más en las eternas guerras un ganso perseguido por los perdigones del granizo.
Del olvido. La poesía es un sueño provocado,
La vida, esa feroz bancarrota. un fantasma que cruza las fronteras como Pedro
/por su casa,
MONÓLOGO DE LA ABADESA un gato, ese anarquista de los tejados
Sólo temo vivir en un vacío de Dios. que duerme en un sillón su profundo Nirvana,
Arropado en negros andrajos la primera noche del hombre salido de la cárcel,
Se aparece el enemigo. A veces un hombre que se niega a ir a su propio funeral.
Viste de fraile mi acechante demonio La poesía es un sueño provocado,
Y Dios me consuela con hablas interiores. alguien que regresa de las provincias del silencio.
El habla de Dios es una espada mística:
Entrambos edificamos el silencio. POÉTICA
¿Mi nombre? Sor Francisca Josefa de Castillo. Tras escribir la palabra coyote
¿Mi ciudad? Tunja, villorio suspendido Hay que vigilar que ese vocablo carnicero
En el aire del siglo XVII, No se apodere de la página,
Un puñado de casas tiradas en lo verde Que no logre esconderse
Como cantos rodados de la cima de Dios. Detrás de la palabra jacaranda
Fui monja, portera del convento A esperar a que pase la palabra liebre y destrozarla.
Y ahora soy Abadesa Para evitarlo,
Que sólo teme vivir en un vacío de Dios. Para dar voces de alerta
Vuelan lentas sobre mí unas nubes de plomo Al momento en que el coyote
Pero veo todo el cielo en un clavel. Prepara con sigilo su emboscada,
En mi celda pende un espejo de lágrimas Algunos viejos maestros
Aunque el habla de mi amante Que conocen los conjuros del lenguaje
Destile miel entre rosas y lirios. Aconsejan trazar la palabra cerilla,
Rueda de navajas, peines ardiendo son mis días. Rastrillarla en la palabra piedra
Mucho tiempo ha estado mi alma en destierro Y prender la palabra hoguera para alejarlo.
Traspasada por tempestades de saetas. No hay coyote ni chacal, no hay hiena ni jaguar,
Mi temor es como el pájaro No hay puma ni lobo que no huyan
Que queriendo apagar su nido en llamas Cuando el fuego conversa con el aire.
Bate sobre él las alas que avivan el fuego.
Mi temor es vivir en la amnesia de Dios. LAS ENFERMEDADES DEL ALMA
Me da luna
MEMORIAL DEL PROVOCADOR DE SUEÑOS Verte Cruzar Por Una esquina
La poesía es un sueño provocado, De Cuando sí Enciende el faro de la isla
un potro escondido en un bosque de niebla, Y sí apagan los barcos del contrabando.
el niño que azota el agua con una serpiente muerta,
las terrazas de agua por donde viajan los salmones Me da río

2
Ver los muertos en los trenes desbocados Me da lunes
Que Viajan Hacia el Mar de las Antillas. Pensar en la molienda
De caña o de maíz.
Me da nube
Mirar Como. trepan por El aire Me da arcángel
Las catedrales calladas. El Viento Que Llena de Hojas secas
Los patios de la Aurora.
Me da barca
De Cuando cruzas, sonámbula, Me da nardo
Como si empujaras al viento. Tu aliento que florece
En la penumbra del Cuarto.
Me da Libro
El tren Que PARECE la cremallera de la noche, Me da noche
La Poderosa maquinaria La tinta Derramada Por descuido
Que Rebana dos tajos de oscuridad. En el manto de la Tarde.

Me dan buitres SUEÑO CON ÁNGELES


Las noches góticas Han llegado los ángeles en un buque de carga
Que se pueblan de cirios y cilicios. María Baranda
Por el sueño navega un barco cargado de ángeles. Vienen en
Me da puerto cajas de madera, en guacales de tablones salvados de un
De Cuando el río sestea al Mediodía naufragio.
Entre Bosques de pimienta Los marineros los ven comiendo flores en su cepo como reos
O Bajo los Brazos de la ONU samán. andróginos de una mudez de ostra.
Su destino es un misterio. No se sabe si serán vendidos a un
Me da Sur, zoológico, a un circo, a un aviario, a un taxidermista, a un
Mucho Sur, Oír tu silencio tratante de alas.
Que acompasa la Música Por tratarse de un extraño contrabando, -aunque no hay leyes
Con do discreta percusión. marítimas que prohiban el transporte de ángeles en barcos-
por tratarse de un tráfico de sueños, el capitán evita tocar los
Me da aguja grandes puertos del mundo.
La sombra cimbreante Es como si el barco estuviera condenado a no anclar nunca, a
Que vive cosida a tu belleza. viajar sin destino con la carga emplumada y melancólica. Cada
día huelen peor, a pústulas y almizcle, los maltrechos ángeles
Me da bar en sus podridos guacales. La nave se enfantasma en la niebla
De Cuando escucho en la madrugada apagando sus luces y sus voces. Y la tripulación empieza a
El taladro de la lluvia. impacientarse, empieza a impacientarse...

Me da nieve EN EL CAFÉ DEL MUNDO


Por la mañana,
El Llanto De Una Niña Cuando un sol de páramo merodea la ciudad,
Que rompe el silencio del vecindario. Las meseras del café
Limpian las sobras de una conversación
Me da cafetal Y las manchas que dejan en el piso
El Nombre de Mi País Las voces nocturnas.
Pronunciado en el exilio. A alguien debió caersele en el baño
La palabra amor,

3
Pues no se soporta el olor a flor marchita El eco del silencio que atraviesa la noche.
Que invade sus muros.
Limpien, limpien las palabras regadas en el mantel UNA CARTA RUMBO A GALES
O esparcidas como cigarros apagados Me pregunta usted dulce señora
En los rincones. Sólo son pavesas de voces, Qué veo en estos días a este lado del mar.
Cenizas del verbo, frutas disecadas. Me habitan las calles de este país
Las meseras espantan a las moscas con un diario: Para usted desconocido,
Las palabras no son hadas caídas de labios del fabulador, Estas calles donde pasear es hacer un
Ni cadáveres en fuga hacia el vacío, Largo viaje por la llaga,
Pero las moscas se frotan las patas Donde ir a limpiar luz
Frente a sus melancólicos residuos. Es llenarse los ojos de vendas y murmullos.
Talvez al borde del vaso con restos de cerveza
La palabra país se haga recuerdo Me pregunta
Pues hay algo de tela de araña, de ruina de tiempo, Qué siento en estos días a este lado del mar.
De un mestizaje de sueño y pesadumbre Un alfileteo en el cuerpo,
En torno de la mesa. La luz de un frenocomio
Aún están las sillas con las patas arriba Que llega serena a entibiar
Como carrileras o pirámides o torres Las más profundas heridas
De una Babel silenciosa Nacidas de un poblado de días incoloros.
Y las meseras se aprestan a barrer un otoño de voces.
Palabras que fueron mordidas con pasión ¿Y el sol?
O arrojadas por la espalda, El sol, un viejo drogo que ha lamido esas heridas.
Palabras titubeantes en labios del herido Porque sabe usted , dulce señora,
O untadas de una tenaz melancolía, Es este país una confusión de calles y heridas.
Mariposas derribadas en su vuelo. La entero a usted:
Las meseras ignoran que limpian y barren las palabras, Aquí hay palmeras cantoras
Que algunas recorrieron el mundo, muelles y hangares, Pero también hay hombres torturados.
Para venir a morir bajo una mesa. Aquí hay cielos absolutamente desnudos
La palabra libertad que agitó su bandera de harapos Y mujeres encorvadas al pedal de la Singer
Se deshace entre los restos de la noche Que hubieran podido llegar en su loco pedaleo
Y no es fácil remendarla con agujas de lluvia. Hasta Java y Burdeos,
Ni perros ni gatos husmean los escombros Hasta el Nepal y su pueblito de Gales,
Donde se acumulan los sinónimos del hombre.
Hasta la palabra miedo Donde supongo que bebía sombras su querido Dylan Thomas.
Ha mudado de piel y ya no tiembla.
Ah, diligentes meseras que ponen órden a los objetos Las mujeres de este país son capaces
Aunque nadie los nombre. Yo las veo De coserle un botón al viento,
Recogiendo pedazos de la palabra cristal, De vestirlo de organista.
Entre enceguecidos Narcisos
Que fingen no verse en aguas pantanosas. Aquí crecen la rabia y las orquídeas por parejo,
La palabra muerte no quiere deshacerse, No sospecha usted lo que es un país
Se resiste a morir en el café de la noche. Como un viejo animal conservado
Las pulcras meseras recogen, En los más variados alcoholes,
Entre papeles arrugados y sombras y cabellos y fantasmas, No sospecha usted lo que es vivir
Las sílabas del día, sus inciertas potestades. Entre lunas de ayer, muertos y despojos.
Limpien, limpien llanuras, suburbios, subterráneos,
Glaciares y jardines y patios y collares,

4
ÚLTIMA COSTURA EN EL AGUA A los que alguien asedia con el fuego.
Es vano remendar el agua, Señor de la duda, si existieras,
Hacer trenzas de lluvia, Escucha la oración del descreído.
Pintar lagos de voces
Y lotos de silencio.
Escribimos la palabra grifo, POSTAL DE NINGUNA PARTE
La dejamos abierta En mi país, ese país que es un deseo de espíritu,
Y soñamos, un contrasepulcro.
Oh gavilla de ilusos RENÉ CHAR.
Que se convierta en río. Crecen los tulipanes
En el parque
Donde las mujeres pasean
LA CAÍDA DEL REINO Con levedad de nube.
El poema ocurre así:
Uno llega el templo con sus dioses, Ningún habitante tiene que verse
Lo puebla de objetos Forzado a exprimir piedras
Sacros para el rito O a pastorear fantasmas
Pero puede poblarse En su alcoba.
Con el brillo de los mercaderes.
El poema sigue así: Los cuchillos no tienen
Uno regresa a él, Apetencia de heridas
Latiga las palabras que le sobran, Ni hambre de piel.
Desaloja a los mercaderes y su brillo,
Desperdiga por el suelo No gobiernan las sombras
Los objetos del rito, Este lugar hecho de nieve.
Advierte que sus dioses
Son ídolos de arcilla Confortables son las casas
Y sólo encuentra Con sus leños ardiendo
El peso de un silencio malogrado. Como la zarza milagrosa.
El poema termina
Como un barco de papel Es el Reino de la confianza
En los deltas del vacío. Donde nadie te hiere
Por la espalda.

ORACIÓN AL SEÑOR DE LA DUDA No serás condenado


Más que fe, dame un equipaje de dudas. A disparar la flecha
Ellas son mi puente, mi afluente, mi oleaje. Y además ser su blanco.
Venga a nos el Reino de lo Incierto.
Mantén en vilo mis verdades, El sueño es bienvenido,
Concebidas, muertas y sepultadas Ningún jabalí gruñe en la noche
En los telares del olvido. Llévame Asediado por una jabalina.
Por las arenas movedizas,
Dame a comer el plan de la derrota, No es este un mapa
A beber el agua del silencio. De transterrados, de desterrados,
No hay timos ni trucajes: De gentes desplazadas
Estoy herido y soy mi camillero. Como una gavilla de viento.
Sean las certezas palacios de nieve

5
Es posible que este lugar MEMORIA DEL MURO
Resulte inexistente, Bajo la piel de la pintura,
Pero a decir verdad, Bajo su leve cascarón, la tosca grafía del acosado
Es todo lo que no es mi país, Reclama la muerte del tirano.
Lo que nunca fue mi país, Hunde el punzón en el muro. Despelleja su color,
Cada vez más lejano. Y ese muro te hablará de días propicios para el
crimen.
Si te asomas a su más antigua piel
BOTELLAS DE NÁUFRAGO Verás que otras letras se fueron en el barco de
En la pequeña habitación en donde vivo los años.
Como Jonás en el vientre de un cetáceo, Quítale capas al muro, almanaque de otros días,
Pienso: quizás los poemas sólo sean Y acaso encuentres el búho de negro tizón
Mensajes enviados por un náufrago, Dibujado por quien hoy es sólo sombra.
Botellas con gritos pobremente escritos Oye transpirar en su centro, como si deshojaras
Que acaso vayan desde el mar de los silencios la alcachofa,
A las playas del olvido. Esa tapia cubierta de pieles como una antigua
Pero he aquí que lanzo una botella y otra, dama.
Y una última habitada por mis miedos. Sólo empañeta su piel, viejo albañil, cubre el
En la pequeña habitación en donde vivo deseo,
Como Jonás en el vientre de un cetáceo, Pinta el debajo del debajo, el color que se
Van quedando pocas botellas del naufragio. oculta en el color,
Y una boca de sombra engullirá todas sus voces.

LOS MUROS DE LA NOCHE


Correteando los rincones de la noche EXILIADOS
Viene de ronda mi voz Recorren parajes de trenes
Por la oscura nación de los espejos. En cuyas blancas estaciones
Amplio presidio, mi país, Se viaja al olvido.
En su alta torre de mil pájaros Hombres con el gesto de quien se sabe
Asomarse a la ventana sanea el corazón. Limítrofe entre el aire y el presidio
Aún corre mi antigua voz Hablan en lenguas extrañas
De la edad de los aromas, De una luz, de un nuevo viento.
Corre junto al sonoro mar de cafetales, Hombres cuyo país
En el olor de los manglares No es más que un trozo azul de lejanía.
Sube hasta el cielo.
Mi voz resuena en las praderas del pecho
Cuando un trampero camufla CANCIÓN DEL QUE FABRICA LOS ESPEJOS
La boca a la cisterna Fabrico espejos:
O pinta un túnel en los muros de una celda. Al horror agrego más horror,
Inmenso hospicio, mi país, Más belleza a la belleza.
Evadiendo trampa a trampa, muro a muro, Llevo por la calle la luna de azogue:
Viene de ronda mi voz El cielo se refleja en el espejo
Por la oscura nación de los espejos. Y los tejados bailan
como un cuadro de Chagall.
Bogotá, octubre 10/80 Cuando el espejo entre en otra casa
Borrará los rostros conocidos,
Pues los espejos no narran su pasado,

6
No delatan antiguos moradores.
Algunos construyen cárceles,
Barrotes para jaulas.
Yo fabrico espejos:
Al horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.

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